Mostrando entradas con la etiqueta vida íntima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida íntima. Mostrar todas las entradas

24 marzo 2025

El alien



Yo estoy a favor de una sanidad pública, gratuita y de calidad. 
El problema es que cuando llevas más de un año con un dolor como si un alien estuviera intentando salir a mordiscos de tu estómago, has ido a tu médico de cabecera y a urgencias incontables veces, y la respuesta ha sido, por decirlo suavemente, variopinta (la último fue: "un dolorcito de barriga que quizá estés exagerando"), como que te dan ganas de coger tus principios y metérselos a alguien por el orto. 
A alguien que lleve bata blanca. O pijama azul. La verdad es que no soy caprichosa. 
Ya sé lo que estáis pensando: "La que hay que hacer es seguir luchando por la sanidad pública".
Y es lo que pienso seguir haciendo, pero por lo que sea para eso necesito seguir viva. Y si os digo la verdad, durante los últimos meses estaba convencida de que me iba a morir; no porque tuviera nada grave, sino porque no estaba recibiendo ninguna atención médica, más allá de recetarme ansiolíticos para mi dolor imaginario mientras me decían que intentara no tomármelos, que lo que tengo que hacer es mantener una actitud más positiva.
Cómo se supone que tienes que mantener una actitud positiva mientras te sientes todo el rato como si un alien estuviera intentando salir a mordiscos de tu estómago pero tienes que hacer vida absolutamente normal porque los médicos insisten en que te lo estás inventando yahoo respuestas. 
El caso es que después de un año me rendí e hice exactamente lo que las personas que están destruyendo la sanidad pública quieren: irme a la sanidad privada.
Porque la sanidad privada no es ni mejor, ni más rápida, ni más eficiente, pero con tal de cobrar al seguro son capaces de extraerle el apéndice a un huevo duro. Que no era mi caso. Pero a lo mejor al alien que intentaba salir a mordiscos de mi estómago le apetecía un huevo duro. O un apéndice. A esas alturas ya me parecía todo bien.
En cuestión de semanas me hicieron analíticas como para alimentar a varios vampiros pobres, ecografías, estudios de la orina (se ve que hay gente para todo) y lo último era la gastroscopia. 
-Con sedación general, no te preocupes -me dijeron.
Yo no me preocupé, al contrario, casi me emociono pensando en que iba a dormir sin sentir el dolor permanente del alien incluso en sueños.
Estaba encantada con la idea.
Al menos hasta que llegué a mi cita y me dijeron que me desnudara por completo.
-¿Para una gastroscopia?
-Y para la colonoscopia.
-¿Qué colonoscopia?
-La que te vamos a hacer. 
-Qué.
-¿Nadie te ha dicho nada?
-No.
A ver, yo no tengo nada en contra de que me profanen los orificios pero no sé, qué menos que avisarme, decirme unas palabritas cariñosas, quizá una cena romántica antes...
-Pero no te preocupes que te vamos a sedar.
-Ah, vale, que lo van a hacer mientras estoy inconsciente, eso mejora la cosa muchísimo...
-Señora, por favor. 
Ese día, entre los nervios y el estómago vacío, tenía al alien dando saltos, así que valoré mis opciones y no me quedó más remedio que aceptar. Me desnudé, me pusieron una vía (esa es otra historia, pero la cuento mejor en persona), me tumbaron en una camilla y me pusieron un tubito por la nariz.
-¿Tenéis algo para las orejas? Quiero batir el récord de orificios profanados simultáneamente.
-Señora, por favor, intente relajarse, la anestesia le hará efecto enseguida.
-Señora será tu fruta madre y la anestesia no me está haciendo ef...
Lo siguiente que recuerdo es que estaba en otra habitación. Una enfermera me dijo que la anestesia tardaba un rato en disiparse y que me lo tomara con calma y le contesté que lo único que quería tomarme con calma era el desayuno, por favor y gracias. 
Salí un poco haciendo eses y me encontré con ZaraJota en la sala de espera. 
-¡Que me ha hecho una colonoscopia! -le grité. Varios pacientes que esperaban para entrar se encogieron en sus asientos.
-¿Qué?
-¡Que me han metido un tubo por el prisonwallet!
-¿Y la gastroscopia?
-También.
-Pues espero que no hayan usado el mismo tubo.
-¡AAAAAAAAAAARG!
-Pero Lorz, no te preocupes por eso, lo importante aquí es que tú tenías razón: es un alien.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque cuando hay sondas anales siempre son los aliens.



- - - - - - - - - - - - - - - - - 
Última semana para comprar mis libros en Lektu. 


15 julio 2024

La hormiga


Tengo un hormiguero en el baño.
Bueno, la salida está en el baño, el hormiguero estará en las paredes o en el suelo, yo qué sé, vivo en un quinto, las reglas básicas de lo hormigueril se fueron a tomar bien hace tiempo ya.
El caso es que una de las salidas está en el baño. Intento no pensar demasiado en la dieta de esas criaturas, la verdad. De vez en cuando veo a una de ellas cargando con un trozo de algo (por suerte para mí) inidentificable y pienso: "Suelta eso y te doy una miguita de pan aunque sea, pero por dios suelta eso". 
El problema es que si le das una miguita de pan vienen más. Las hormigas son un poco así, como los turistas. Así que lo que hago es coger a la hormiguita con un trocito de papel y soltarla en el cubo de la basura, donde espero que se dé un atracón con la verdura que mis hijos no se comen antes de viajar a lugares lejanos en un camión verde del ayuntamiento.
Pero al día siguiente siempre hay otra. Y yo la quito. Y al día siguiente hay otra.
Y así llevo tres veranos, que a lo mejor estáis pensando: pues echa insecticida en la salida del hormiguero y eso ya lo sé yo, pero es que está detrás de la lavadora y está encastrada en un mueble, si no de qué.
El caso es que estaba un día en el baño haciendo el número dos cuando vi pasar a la enésima hormiguita y pensé: vamos a ver, ¿no se suponía que estos bichos eran inteligentes y súper organizados y que tienen una estructura social de la hostia?
Hace mínimo cuatro años que tendrían que haberse dado cuenta de que obrera que sale por ese agujero, obrera que no vuelve, ¿no? Sin embargo, siguen mandando obreras. 
¿Por qué?
Bueno, en ese momento elaboré cuatro teorías:

Uno.
El funcionario que lleva la gestión de los destinos, debido a los retrasos administrativos y a un error recurrente con su certificado digital, todavía no ha dado cuenta de que hormiga que sale, hormiga que no entra. 

Dos. 
El funcionario que lleva la gestión de destinos se ha dado cuenta de que hormiga que sale, hormiga que no entra, pero cree que es porque son jóvenes emprendedoras que han conseguido establecerse por su cuenta. Cada vez que una desaparece, se congratula por lo bien que va la economía del hormiguero.

Tres.
El funcionario que lleva la gestión de los destinos se ha dado cuenta de que hormiga que sale, hormiga que no entra, pero considera que esto tiene un efecto positivo sobre el empleo juvenil porque se crea una empleo nuevo cada día. Quizá no sea la forma más ortodoxa de crearlo pero se pone muy contento cuando ve que el paro juvenil baja.

Cuatro. 
No negaré que es mi favorita.
Las hormigas que yo echo a la basura, después de un épico viaje, consiguen volver a casa con las alforjas llenas de viandas, en plan Hormigal Colón, por lo que a la hormiga reina (que se llama Isabel, cero pruebas, cero dudas) le sigue saliendo a cuenta financiar esas expediciones. Las hormigas que yo echo a la basura son, de hecho, una hormiga, siempre la misma, que sale aposta cada vez que me ve sentarme en el trono (probablemente cree que soy una especie de dios o algo así, vaya, que yo soy de natural modesta pero si me viera desde el suelo también lo pensaría) para que la dirigiera hacia su destino.

Cuanto más miraba a la hormiga hacer ochos delante de mí, más convencida estaba de que la cuarta teoría era la correcta. Empecé a sentirme un poco culpable por estar usando papel higiénico para cogerlas. A lo mejor podía usar algo un poco más digno, como una cucharita. Podría dejarla de manera permanente en el vaso de los cepillos de dientes, por ejemplo. Ahora que lo pensaba, era posible que tuviera alguna de plat...
-¿Mami? 
El problema de tener solo un baño es que nunca lo tienes para ti sola mucho rato.
-¿Sí?
-¿Qué haces?
Pues mejor le digo que caca, porque como le diga que estaba jugando a ser dios no se lo va a creer.


- - - - - - - - - - - - 





03 julio 2023

Los calores


 
Vosotros no lo sabéis porque apenas lo he dicho, pero me estoy haciendo el láser en el chichi. Bueno, ya cada vez menos, porque por lo que sea, cuando achicharras un pelo tres o cuatro cinco veces con un láser como que se le van quitando las ganas de salir. Así que ahora solo voy a lo que llamar "recordatorio", que básicamente consiste en soltarte media docena de chispazos para recordarle a los pelos quién manda ahí.
Por si se les había olvidado. 
A mí casi se me había olvidado, porque cuando me dieron las braguitas de celulosa que te dan para salvaguardar lo poco que queda de tu dignidad no sabía ni como ponérmelas.
Con todo, el achicharramiento genital fue debidamente realizado y salí de allí echando humo (literal y metafóricamente), porque los niños me habían estado esperando en la sala de espera, que es una cosa que también relaja mucho cuando alguien se va a acercar a tu piticlín con un pinchito láser.
Salimos los tres a toda leche porque teníamos un montón de recados por hacer.
El problema fue que, ¿cómo decirlo? En cuanto empecé a andar empezó a picarme muchísimo lo que viene siendo la hucha. Pero un montón.
No entendía nada, porque el láser no se había acercado a esa zona para nada, pero como otras veces sí a lo mejor estaba picando así como por costumbre, no sé. Bueno, daba igual porque no tenía tiempo para eso.
Hicimos varios trasbordos, fuimos y vinimos, cargamos cosas de un lado para el otro, y cada vez me picaba más. 
Pensé que a lo mejor volvía a tener lombrices. Otra vez. No era momento de ponerme a buscar criaturas fantásticas, así que seguí con mis recados y mis niños para arriba y para abajo y cada vez más picores en lo que viene siendo la zona ojetil y luego en lo que viene siendo la zona chichil, que tenía totalmente on fire. La verdad es que estábamos como a 45º y todo estaba bastante on fire. Pero mi chichi más.
Se podía freír un huevo ahí. No sería muy higiénico, eso sí.
A lo mejor volvía a tener piedras en el riñón; a lo mejor estaba echando arenilla otra vez.
Estaba deseando llegar a casa. 
Cada vez tenía más picores y me estaba empezando a obsesionar un poco. Un mucho,
No podían ser lombrices porque solo salen de noche (la maternidad es una fuente sin fin de conocimientos asquerosos). No parecían piedras porque me picaba por fuera, no por dentro.
Tenía que ser algo relacionado con el láser. ¿Y si me había sentado mal?
¿Y si había reaccionado con alguna crema o alguna medicación o algo que hubiera comido?
¿Y si mi chichi se me estaba cayendo a trozos? ¡Con lo bonito que lo tenía! 
Llegué a casa en pleno estado de pánico, dispuesta a mirarme con un espejito.
Pero lo primero es lo primero: hacer un pis.
Que aguantárselo es muy malo.
Pero al ir a hacer pis resultó que no salía. 
Pero en plan... nada. 
O sea, yo lo notaba salir, pero no caía.
Aquello ya me llevó directamente por la senda de la locura.
Era el láser. Tenía que ser el láser.
De alguna forma, en vez de depilación me había hecho una cirugía y me había dejado el chichi liso como el de una Barbie.
Tenía que haber sido el laser. 
Era la única explicación. 
Mi primer impulso fue enseñárselo a ZaraJota.
O sea, prioridades.
Foto no le iba a hacer porque me conozco y seguro que acababa haciendo un "enviar a todos", pero enseñárselo a ZaraJota y echarnos unas risas: SIN DUDA.
Así como por costumbre cogí un poco de papel higiénico y fue a limpiarme.
Jo, si es que hasta el tacto era diferente.
Como de celulosa...
como el de las braguitas que me habían dado en la clínica para el láser...
que no me había quitado antes de ponerme las mías y se me estaban clavando por todas partes.
Ya sabía yo que la culpa de todo la tenía el láser.


- - - - - - - - - - - - - - - - - -
Escribo libros y puedes encontrarlos aquí. 

 

17 mayo 2021

Cada uno tiene el suyo




El otro día estaba haciéndome el repaso del láser en el piticlín cuando la esteticista, que es un amor y desde aquí le mando un saludo, me dijo: 
-¿Sabes qué? Para la piel tan blanca que tienes, el ano lo tienes muy oscurito. 
Esta información me dejó con las patas colgando. Bueno, que con las patas colgando ya estaba de antes por lo de la depilación del piticlín y eso. 
-No tenía ni idea.
A ver, es que yo el ano, así por lo general, no me lo veo. Y cuando me lo han visto otras personas, así por lo general, ha sido en situaciones poco apropiadas para sacar la pantonera e iniciar un debate sobre el tema, no sé si me explico.
Pero es que además yo no tenía ni idea de que los anos podían tener diferentes gamas cromáticas. Tampoco me lo había planteado nunca, la verdad. Y es raro, porque mi abuela me ha contado en numerosas ocasiones la vez que ella y sus siete hermanas se encerraron en el baño para mirar si todas tenían el vello púbico del mismo color y para su regocijo descubrieron que los siete matojillos eran diferentes. 
Llevo toda la vida con esta imagen en la cabeza y ahora también está en las vuestras. 
Basándome en semejante experimento empírico, es raro que yo (o ellas) no llegara a la conclusión de que lo de atrás también debía ser diferente. 
Que ahora que lo pienso, a lo mejor por eso el gato se empeña en ponerme el culo en la cara mientras duerno, a ver si así me caigo del guindo ojetil y descubro por fin una de las Verdades De La Vida.
-¿Te acuerdas de hace unos años -decía la esteticista- que a las famosas les dio por blanquearse el ano?
-Ay, es verdad.
Ahí disimulé súper bien, pero el caso es que me volví a quedar de pasta boniato. Porque yo, durante todo este tiempo, estaba convencida de que lo que se blanqueaban eran lo de dentro
Me parecía raro, pero no más raro que el concepto de blanquearse el ano, en general.
En fin.
El casi es que como soy así naturalmente tímida y pudorosa y además tengo poca tendencia a exagerar, según salí de la clínica me apresuré a anunciarlo en whatsapp, telegram, facebook, un directo de instagram, el tablón de anuncios de la comunidad de vecinos y la hoja parroquial del barrio: 
QUE TENGO EL OJETE NEGRO.
La mayor parte de la gente me respondía lo mismo que hubiera respondido yo unas horas antes, cuando aún vivía en la ignorancia: 
-Todos los son, ¿no?
-No, no: lo de alrededor
-Ostras, pues no me lo había planteado. 
-Quizá deberías mirarte con un espejo cuando llegues a casa.
-¡Lorz!
-Tú sabes que lo vas a hacer, yo sé que lo vas a hacer, el único que no sabe lo que se le viene encima es el espejo.
-¿Cómo no lo vas a tener negro, si te empeñas en achicharrártelo con láser? -me decían otras personas.
Que como explicación no me convence demasiado porque
a) es luz pulsada
b) si fuera sí, también se me habrían oscurecido las ingles, las axilas y las piernas, y de momento siguen atascadas en el blanco nuclear/amarillo macilento, según la época del año.
Mi padre reaccionó distinto. Quizá porque se lo conté a gritos en la terraza del bar que hay debajo de su casa, no sé. 
-Niña, no seas ordinaria -me dijo. Que teniendo en cuenta que su madre se metía en el baño con sus siete hermanas para estudiarse los pelos del ciertositio y luego nos lo contaba, la verdad es que no sé cómo esperaba que le saliera yo, pero bueno.
Mi madre, en cambio, se lo tomó mejor, porque las madres somos así y queremos a nuestros hijos sin tener en cuenta de qué color son sus partes íntimas.
-Lo que no entiendo -me dijo- es para qué necesitas quitarte los pelos de ahí.
-Pues que se aprecie mejor el color que tiene, por supuesto.





- - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Vayamos por partes III está próximo a agotarse. Si todavía no tienes el tuyo, puedes encontrarlo en La Casa Tomada (Sevilla), La Sombra (Madrid) y Lektu



14 septiembre 2020

La vida interior

 
―He pillado lombrices en el pueblo ―le dije a ZaraJota.
―Ya lo sé ―me contestó, muy despacio, el verano pasado.
El verano pasado volví del pueblo con lombrices. El médico me dijo que lo más seguro era que me lo hubieran pegado los niños, pero mis hijos no tenían ni tuvieron absolutamente ningún síntoma de vida interior.
Sin embargo, como habíamos hecho muchas excursiones, nos habíamos sentado a comer bocatas en cualquier lado, nos habíamos bañado en el río, habíamos comido moras directamente de la mata y por supuesto sin lavar y habíamos compartido merienda con prácticamente todos los niños de la calle pensé que bueno, simplemente me había tocado y punto. Me tomé las pastillas, dejé que el genocidio siguiera su curso y al poco tiempo estaba como siempre: muerta por dentro.
―No ―le insistí a ZaraJota―; este año también he pillado lombrices.
―Es imposible. 
Este año, por ya-sabéis-qué, no ha habido excursiones, ni bocatas, ni río, ni moras, no compartir. 
Aunque lo hubiera habido, nos lavamos las manos con tal frecuencia que cualquier intento de invasión parasitaria habría fracasado por puro aburrimiento.
―Eso sólo puede significar una cosa ―dijo ZaraJota.
―¿Que en realidad era el marido el que le mandaba el ramito de violetas?
―...no. Que tienen que estar en algún lado dentro de la casa.
―Pero entonces todos tendríamos lombrices.
Desde el principio del verano, prácticamente toda mi familia ha pasado, por turnos, temporadas en la casa.
―Tiene que haber algo en la casa que sólo hagas tú...
―¿Escribir novelas de zombis?
―...parece poco probable que puedas pillas lombrices por escribir novelas, sean de zombis o de cualquier otra cosa.
―Bueno, el primer Villamatojo lo escribí en trozos de papel higiénico.
―Pero estaba sin usar, ¿no?
―...
―Olvídalo, no quiero saberlo. A ver, piensa qué has podido tocar que no toque nadie más.
―Bueno, los niños y tú no subís al sobrao.
―Pero tu familia sí.
Es una verdad universalmente conocida que en el baño del sobrao es donde mejor se hace popó. 
―Yo subo a tender y a poner la lavadora.
―Tu madre también. 
―Y uso mucho la pila.
―Los niños también.
Cuando no tengo ropa sucia suficiente para poner la lavadora, la meto en la pila, le echo un poco de jabón de lagarto y agua y luego pongo a los niños a "pisar la uva".
Algún día van a necesitar un psiquiatra muy caro, lo presiento.
Pero al pensar en la pila me había acordado de una cosa.
―Bebo agua directamente del grifo de la pila.
Mis padres sólo beben agua embotellada, mis hijos no llegan al grifo, ZaraJota no sube al sobrao y bueno, básicamente no hay nadie tan idiota como para beber de ahí.
―¡Pero Lorz!
―¡El agua de ese grifo sabe mejor!
―¡Pues ahora ya sabes por qué!
Tenía que avisar a mis padres para que no se les ocurriera beber del grifo del sobrao. Así que les llamé y les dije que volvía a tener lombrices.
―Tu gusto en mascotas es de lo más particular ―me dijeron.
―Ya van dos años seguidos, estoy casi segura de la que las pillo por beber agua del grifo de la pila.
―Es imposible, el grifo es nuevo.
―¿Sí?
―Sí, lo cambié yo mismo hace dos ver...
―Ajá. 
Cuando tuvieron oportunidad, mis padres desmontaron el grifo.
―No tienes ni idea de lo que ha salido de ahí.
―Bueno, a ver: un poco de idea me hago.
O sea, que todavía tengo el pompis un poco on fire.
―Menos mal ―le dije después a ZaraJota―, que me he dado cuenta antes de ir a que me hagan la depilación láser en el piticlín.
―Mujer, no pasa nada: le dices que aproveche y haga tiro al blanco: ¡piñum, piñum!
No estoy segura de que sea así como funciona el tema...

- - - - - 
Ya se puede reservar en la librería La Sombra (Madrid) la edición en papel de Quiero volver




30 marzo 2020

Extrema necesidad

A ver, que yo entiendo que en estos momentos sólo hay que salir en casos de extrema necesidad.
Pero ¿qué es extrema necesidad?
Por que a ver, yo tengo NECESIDADES.
Y, en este momento, empiezan a ser bastante EXTREMAS.
O sea, tengo una niña que nunca se duerme antes de las doce de la noche y un niño que siempre se levanta antes de las siete de la mañana, y entremedias es habitual que se despierten.
Pero no nos llaman a gritos como los niños normales, noooooooooo....
Son como ninjas.
Nene-kun tiene la costumbre de quedarse en el quicio de la puerta de nuestro dormitorio hasta que sentimos el peso de su mirada y nos despertamos (si es que nos habíamos dormido), mientras que Nena-chan prefiere quedarse a los pies de nuestra cama, en silencio, hasta que abrimos un ojo (si es que lo habíamos llegado a cerrar) y la descubrimos ahí.
Esto pasa como media dos o tres veces por noche y desde ya os digo que el corazón lo tenemos fuerte, porque despertarse con el ruido de la respiración de una figura fantasmagórica a los pies de tu cama es como para pararle el pulso a cualquiera.
Ninguno de los dos duerme siesta, benditos sean.
Como comprenderéis, jugar al parchís conyugal en estas condiciones es dificilísimo.
Imposible, de hecho.
En los últimos años, ZaraJota y yo solo hemos conseguido intimar cuando dejamos a los niños con los abuelos para "ir al cine".
Os voy a ser sincera: los abuelos sospechan.
Seguramente os estáis preguntando por qué no les decimos directamente que queremos echar un casquete: pues porque nos corta el rollo que sepan lo que estamos haciendo.
Así que les decimos que nos vamos al cine, aunque en el fondo ellos saben lo que estamos haciendo, y nosotros sabemos que ellos lo saben, y ellos saben que nosotros sabemos que lo saben y nosotros...  espera, ¿por dónde iba?
Bueno, que no es lo mismo.
El caso es que con esto de la cuarentena, llevar a los niños a la casa de los abuelos nos resulta imposible. Nos hemos planteado varias alternativas, desde meter a los niños en el carro de la compra hasta disfrazarlos de perrito. La desesperación nos ha llevado a tal punto que la semana pasada Nena-chan se despertó con un ojo hinchado y lo primero que pensé fue:
ARREANDO PARA CASA DE LOS ABUELOS QUE SI ME PARA LA POLICÍA DIGO QUE VAMOS AL PEDIATRA.
Pero luego me di cuenta de que era absurdo.
Es decir, aunque consiguiéramos llegar con los niños a la casa de los abuelos, ¿cómo íbamos a decirles que nos vamos al cine?
¡Si no hay nada interesante en cartelera!

03 febrero 2020

El parchís interruptus

Por favor, no me juzguéis.
Una tiene sus necesidades y el chocolate solo las cubre hasta cierto punto.

Eran las cuatro de la tarde, los niños estaba jugando tranquilamente en su habitación y se me ocurrió una idea grandiosa, en serio, GRANDIOSA.–Nena-chan –le dije a la nena–, mamá y papá tienen que hablar de una cosa muy importante. Necesito que cuides de Nene-kun un ratito ¿vale?
–Vale.
–Voy a cerrar la puerta de nuestra habitación para que nada nos distraiga, ¿vale?
–Vale.
–¿Podrás cuidar de tu hermano?
–Sí, mamá.
–Muy bien.
Cerré la puerta de su habitación, empujé a ZaraJota hasta nuestra habitación, cerré la puerta y le dije:
–Desnúdate, que vamos a jugar al parchís ahora mismo.
Es que soy una romántica.
–¿Ahora?
–Ahora que están tranquilos y rápido, que no sé cuánto aguantarán.
Nos pusimos a jugar al parchís alegremente, sin preliminares ni nada porque para previo el tiempo que habíamos pasado sin jugar. Y cuando estábamos en lo mejor oímos a los niños gritar. O llorar. O ambas.
–J*d*r.
–No, j*d*r precisamente no.
ZaraJota fue a solventar la crisis, probablemente algo de gran importancia relacionado con que los dos niños querían el mismo pinipon de los ochocientos pinipones que tienen, o el mismo libro de los ochocientos libros que tienen, o el mismo lo que sea de los ochocientos lo que sea que tienen... y al rato volvió a nuestra habitación.
–Ya está, se han quedado tranquilos. ¿Por dónde íbamos?
ZaraJota y yo reanudamos la partida con mucho entusiasmo, porque si seres humanos se desanimaran por la falta de preliminares o las interrupciones sin duda la especie se habría extinguido hace tiempo.
Apenas habíamos tenido tiempo de lanzar los dados cuando alguien empezó a aporrear la puerta de nuestra habitación.
–¡¡¡MAMÁ!!! ¡¡¡TENGO MUCHA HAMBREEE!!!
Y yo también, quise contestar, pero en vez de eso me puse en mi papel y contesté:
–¿Y POR QUÉ NO TE HAS TOMADO EL POLLO A LA HORA DE COMER?
–ES QUE NO QUERIBA MÁS
–¡¡¡PUES HABER QUERIBO!!! ¡¡¡AHORA NO SE COME YA HASTA LA MERIENDA!!!
Nene-kun se batió en retirada y, para mi desgracia, ZaraJota también.
–Va a ser mejor que lo dejemos para luego.
–Eso dijimos el mes pasado.
–Es que he perdido la concentración.
Desde luego los hombres de hoy en día es que se desconcentran con cualquier cosita.
–Bueno, esta noche, ¿vale?
–Vale.
Esa noche los astros nos sonrieron. Los niños se durmieron temprano y cada uno en su cama, no nos lo podíamos creer y tuve que pellizcar varias veces a ZaraJota para asegurarme, hasta que me dijo que si tantas tenía de tocar carne que mejor nos poníamos otra vez con el parchís.
Y eso hicimos, a toda velocidad porque si hay que elegir entre preliminares y rematar la faena se remata la faena, que aquí hemos venido a jugar.
En menos de lo que canta un gallo ya estábamos metidísimos en la partida, con "sí, sí, no pares" por aquí y "no, no, no paro" por allá cuando de pronto oí una vocecita en mi oído. MUY cerca de mi oído.
–Mamá, quiero agua.
Siete años de maternidad me han dejado con nervios de acero, así que simplemente me volví hacia la criaturita de dios y le dije, con mi mejor sonrisa:
–Claro que sí, mi amor, ahora te da papá, que mamá ahora tiene ganas de llorar por dentro.
ZaraJota le dio agua, lo acompañó a la cama y se aseguró de que se quedara dormido... no puedo ni afirmar ni negar que hubiera cloroformo de por medio... y volvió al lecho conyugal.
–Echo de menos cómo era el parchís cuando éramos jóvenes –dijo, metiéndose en la cama.
–¡Pero si ha sido exactamente igual que cuando éramos jóvenes!
–¿Sí? ¿En qué parte?
–Bueno... hemos empezado la partida a las cuatro de la tarde, y a las once de la noche todavía no hemos quedado satisfechos.

13 enero 2020

En Toledo, que no hay nada que ver

¡El #relorzfunding se acaba! 
Si no has participado todavía es tu última oportunidad.



Creíamos que mi suegra se habría hecho un esguince o algo así, pero lo que había hecho era partirse el peroné, que es una cosa muy de agradecer cuando estás de vacaciones a 700 kilómetros de donde vives.
–Por suerte vuestra casa tiene ascensor, ¿no? –nos dijo, en un raro intento de optimismo. 
–Bueeeenooooo... –dijimos ZaraJota y yo porque efectivamente el edificio tiene ascensor, y ese ascensor está en el entresuelo, y hay que subir (o bajar, a elección) un tramo de escaleras bastante largo para usarlo. 
Para compensar, le dijimos que no se preocupara porque íbamos a alquilar una silla de ruedas, que es la típica cosa que todo el mundo tiene que hacer al menos una vez en la vida. Lo que pasa es que aquello compensaba poco, porque a la buena mujer no le hacía mucha gracia pasarse las navidades en una silla de ruedas. Que le parecía poco festivo, se ve.
–No te preocupes: le pongo un espumillón y unos globos y en vez de una inválida vas a parecer un árbol de navidad.
–Es que no quiero molestar y ahora os vais a pasar las navidades empujando la silla. 
–No, mujer. ¡Si vivimos en lo alto de una cuesta! Te dejamos en la acera enfilada a Madrid Río y ya te recogemos abajo si eso. 
Por motivos que desconozco, aquello tampoco pareció animarle demasiado. Con lo bonito que está Madrid Río. Y lo fresquito. 
En fin.
Que pensamos que entre lo de estar encerrada en el ave tres horas sin agua, sin luz, sin comida y sin wifi y la fractura de la pierna ya había agotado toda la mala suerte para 2019, 2020 y años venideros, así que no había peligro en llevarla a cenar a casa de mis padres. 
En nochebuena. 
Con toda mi familia.
Y más o menos así fue: todo iba razonablemente bien hasta que por motivos desconocidos mi tía de pronto dijo: 
–¿Os he contado la vez que llevé a la abuela a un sex-shop?
Yo escupí la fanta por la nariz porque estoy muy a favor de que las mujeres vivan su sexualidad libremente, siempre y cuanto no lo cuenten en mitad de la cena de nochevieja con mi suegra delante. 
Además, mi abuela va a cumplir 86 años en febrero y mi tía lleva cumpliendo 30 aproximadamente desde las olimpiadas de Barcelona, así que os podéis imaginar la imagen mental. 
Mi tía se aseguró de que tenía la atención de todo el mundo antes de despejar el trozo de mesa que tenía delante y colocar una lata de cocacola, porque ella es que es actriz y la escenografía la domina estupendamente. 
–Pues nada –empezó a decir, haciendo como que le quitaba el polvo a la lata de cocacola–, que un día la abuela y yo nos fuimos a un sex-shop de Toledo.
–¿Y eso?
O sea, que vivimos todos en Madrid. 
–Pues nada, que estábamos en Toledo, no teníamos nada que hacer y dijimos: pues nos vamos a un sex-shop –porque en Toledo no hay absolutamente nada interesante que ver y en algo tiene que entretenerse una, supongo–. Y llegamos allí y tenían una peaso p*ll*.
Y mi abuela: 
–Yo no he visto cosa igual. 
–Era como dos latas de cocacola, una encima de la otra –corroboró mi tía, señalando la cocacola que tenía delante, en adelante PRUEBA 1.
–Con sus venitas y todo. 
–Era la reproducción de la p*ll* de un actor porno famoso.
Y mi abuela: 
–Era NEGRITA.
Para entonces yo no sabía muy bien donde meterme, pero subirme la silla de ruedas y dejarme caer hasta Madrid Río empezaba a parecerme buena idea.
Pero mi tía era inasequible al desaliento.
–Total, que la abuela empezó a manosear aquello para arriba y para abajo, y yo venga a decirle: Mamá, estate quieta. Y la de la tienda: déjala, déjala a la mujer que disfrute. 
A lo que mi abuela, ya sensiblemente ruborizada pero no por vergüenza sino por los calores internos propios de una señora de casi 86 años que recuerda tiempos felices, añade: 
–Una p*ll* negra.
Francamente, teniendo en cuenta que en teoría aquello era como dos latas de cocacola una encima de la otra, me sorprende que mi abuela recordara el color. 
Mientras tanto mi tía seguía acariciando la lata para arriba y para abajo y narrando la historia como el que cuenta que ha ido a comprar el pan. 
–Total, que allí estaba la abuela venga a manosear aquello y al final me dice: voy a parar ya, que me estoy poniendo cachonda.
A lo que mi abuela añadió, por si nos quedaba alguna duda:
–¡Que me estaba poniendo cachonda!
Por el contrario, a mí la libido se me había quedado reducida a la más mínima expresión. Para siempre. Supongo que para compensar y eso. 
Cuando volvíamos para casa mi suegra, que hasta entonces había estado en estado se shock postraumático, me dijo:
–Tu abuela es muy... dicharachera.
–Está como una cabra, sí.
–A veces, cuando nos hacemos mayores, perdemos un poco la vergüenza.
Cuando nos hacemos mayores, dice. 


21 octubre 2019

Los pelos del culo abrigan

El sueño de mi vida era depilarme las ingles con láser.
Bueno, no.
En realidad el sueño de mi vida era que me dieran un Oscar, me da igual en qué categoría (siempre que sea una de las chulas, no de las que dan durante los anuncios), subirme al escenario, decir que no me lo esperaba, que no tengo nada preparado... y sacarme del escote un taco de papel continuo con el guion de unas seis horas de discurso.
Pero, a falta de Oscar, lo de depilarme las ingles con láser podía valer.
Así que me fui a uno de esos sitios de aspecto inocente donde te prometen librarte del pelo de las ingles para siempre y dije:
–Hola, quiero depilarme las ingles con láser.
–Muy bien, muy bien, pero no hacía falta que se bajara los pantalones todavía.
–Ah.
–Mire, la depilación de las ingles sale a treinta euros la sesión, pero ahora mismo tenemos una oferta para zona íntima que sale muchísimo más barato y que te incluye el pubis y la zona perianal.
–¿La zona periQUÉ?
–Perianal.
–...
–El culo.
–Ah... pero yo no tengo pelos en el culo.
–Créeme: todas tenemos pelos en la zona perianal.
Le dije que me lo pensaría y me fui a casa a mirarme el culo con un espejo a darle vueltas al asunto.
No estaba segura de querer hacerme la depilación definitiva de la zona perianal.
Primero, todavía no estaba convencida de tener pelos en el culo porque por más que me retorcí espejo en mano no vi ninguno.
Segundo, me daba la impresión de que quemarse los pelos del culo con láser tenía que doler infinito.
Y tercero, pero no por ello menos importante, no me quitaba de la cabeza las sabias enseñanzas del refranero español: Digan lo que digan, los pelos del culo abrigan.
Por supuesto, y como seguramente la señora de la clínica había previsto, al final pesó más el argumento de la oferta, y un maravilloso día me fui a que me depilaran tó lo de abajo con láser.
La verdad es que iba muy tranquila. Es cierto que para cualquier persona normal, desnudarse de cintura para abajo, subirse a una camilla y que una desconocida te haga cosas (dolorosas) en los bajos puede resultar un poco violento, pero claro, yo no soy una persona normal: soy una madre. Cuando has pasado por dos embarazos, lo de subirse a una camilla y despatarrarse con el matojo al viento ya es que ni te altera.
¿Y las descargas del láser?
Por favor. Por ahí ha pasado una cabeza. Y QUÉ CABEZA.
Así que la depilación frontal la llevé razonablemente bien y ya estaba dispuesta a levantarme de la camilla cuando la depiladora me dijo:
–Espera, que falta la zona perianal.
–No, no, si no hace falta.
–Mujer, ya que la has pagado.
–PUES SI LA HE PAGADO LA QUIERO.
Que no se vive una década con un catalán sin que se te pegue algo.
–Muy bien, pues ponte boca abajo.
Yo me puse boca abajo con muy buena disposición porque nunca hay que llevarle la contraria a una persona que está a punto de achicharrarte el ojete con un láser.
–Separa las piernas...
Y las separé, lo que pasa es que yo soy así como de carnes abundantes y culo prieto (la zumba es muy mala para eso) y claro, allí no se veía el fondo, así que la pobre criatura tuvo que apartar los cachetes con gran dificultad y, sospecho, mantenderlos separados apuntocándolos con un palo.
Entonces tuvo que rasurar con maquinilla porque a ver, aquello debía ser como la selva virgen, jamás tocada por cera, maquinilla o pinza de depilar alguna. De ahí salió pelo como para rellenar una almohada, creo, y digo creo porque yo no lo vi, porque seguía boca abajo con el culo en pompa, pero me hago una idea aproximada porque de pronto vi a la esteticista enchufando una aspiradora de mano y dirigiéndose hacia mi trasero con cara de determinación.
Y después de eso vino el láser.

Cuando la buena mujer terminó y mis cachetes volvieron a reunirse, me senté en la camilla y me puse a mirar el vacío mientras me replanteaba mi vida.
O sea, ¿quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿De verdad era tan necesario que me depilara el ojete?
Entonces la esteticista me dijo:
–Bueno, te dejo sola para que te vistas.
Claro, no vaya a ser que sienta mi intimidad invadida o algo así.

09 julio 2018

La vida maternosexual

Lo que nadie te dice cuando vas a ser madre es lo mucho que cambia tu vida sexual..
Sí, se hacen muchas bromas con que "se acabó el sexo y dormir" (cuando nació Nena-chan nos regalaron una caja con chocolates que llevaban exactamente ese texto). Pero eso no es exactamente cierto.
El sexo no se acaba, como demuestran las familias numerosas.
Ciertamente, la cantidad se reduce.
Pero lo que de verdad cambia no es la cantidad, sino la calidad.
Me explico.

1. Cambia la relación con tu cuerpo. 
Sobre todo en los primeros meses después del parto, todo era "no aprietes ahí que se me escapa la leche", "no toques ahí que tengo la cicatriz muy sensible", "cuidado con esa postura, que todavía estoy muy chunga de la ciática". Al final ZaraJota le pilló el tranquillo y directamente preguntaba "a ver, ¿dónde puedo tocar hoy?".

2. No puedes hacer ruido. 
Que se despiertan los niños.
No os voy a negar que lo del sexo silencioso tiene su morbo las primeras quinientas veces. A partir de ahí uno empieza a echar de menos un gemidito de vez en cuando.

3. Desarrollas superoído. 
Deriva del punto anterior: estás con la oreja puesta por si oyes levantarse a algún niño.
Porque crees que vas a oír si se levanta algún niño. La triste realidad es que los niños descalzos hacen poquísimo ruido.

4. De pronto el sexo es como en las películas.
Esto es: tapados hasta las orejas. Porque no sabes cuándo va a aparecer un niño por la puerta. Y la verdad es que yo no soy excesivamente pudorosa y los niños están acostumbrados a verme en pelotas, pero no a verme en pelotas haciendo según que cosas. El resultado es sexo con sábana sobaquera, o sexo con camiseta puesta. Me siento generosa y os dejo elegir.

5. De pronto ya no decides cuándo acaba. 
Ya no es solo que te pillen, es que pueden pedir agua, pis, que les enciendas la luz o, horror de los horrores, irse a la cama contigo.
Pero hay algo peor: que uno de los participantes se quede dormido a la mitad.
Las noches sin dormir siempre acaban pasando factura.

6. Le das un nuevo significado a la palabra "juguete sexual".
Cuando eres padres, "juguete sexual" significa que lo mismo estás f*ll*nd* encima de un playmobil, pero no te atreves a parar para quitarlo de ahí porque cada segundo cuenta.

7. Niños aparte, pase lo que pase, no paras. 
Me da igual que sea un tirón, que llamen al timbre o que la casa esté en llamas. Otra vez.
Niños aparte, pase lo que pase, sigues.
Me voy a citar a mí misma en un bonito ejemplo ilustrativo.


Iniciamos la conversación a un ritmo estupendo y antes de darnos cuenta se convirtió en un debate animadísimo, réplica va, contrarréplica viene, y en una de estas de pronto VI UN PIOJO CORRETEANDO POR EL PECHO MUSCULOSO Y PELUDO DE ZARAJOTA.

LO VI CLARAMENTE A PESAR DE QUE TENGO SEIS P*T*S DIOPTRÍAS Y EN ESE MOMENTO NO LLEVABA GAFAS. ASÍ DE GRANDE ERA EL P*T* PIOJO.
Pero, jo, ¡llevábamos tanto tiempo sin conversar! ¡Y estaba resultando una conversaciónMUY interesante! ZaraJota, desde luego, parecía estar, digamos, disfrutando del intercambio de opiniones, y no me parecía educado interrumpir. Además, no había forma de saber cuándo podríamos hablar otra vez. Y estábamos REALMENTE necesitados de conversación.
Por eso en vez de avisar a ZaraJota agarré el piojo entre el pulgar y el índice, lo crují a conciencia y seguí como si no hubiera pasado nada.
El problema era que sí había pasado. Ahora tenía un piojo (fenecido) en la mano y no sabía qué hacer con él. Mantuve la mano en alto mientras pensaba a la desesperada. ¿Lo dejo caer? De eso nada, que acabamos de barrer el suelo. ¿Lo pego en la almohada? Total, vamos a tener que lavarla otra vez de todas formas. Pero, ¿y si sigue vivo y vuelve mientras acabamos la conversación? ¡Son muy rápidos estos bichos! Será mejor que lo deje en la mano... la mantendré en alto por si acaso... que ZaraJota no sospeche nada, no vaya a perder la concentración...


-Lorz...

...quizá si canto unas sevillanas...
-Lorz...
...no le parezca tan raro que esté con el brazo en alto mientras hablamos...
-¡LORZ!
-¿Qué?
-¿Qué te pasa? Pareces distraída.
-Nada, que tengo un piojo en la mano, pero no te preocupes, podemos seguir charlando.
-Pe-pero... ¡Yo no puedo concentrarme si estás pensando en el piojo!
Claaaro, ahora será culpa del piojo.


(Mamá en Bulgaria acuñó el término piojus interruptus para esta ocasión).

8. En realidad no estás a lo que estás
Sorprendente pero cierto. Por si todo lo anterior no os ha dado una idea del nivel de concentración necesario, añado: Bebé-kun nació con un poder mutante inesperado. El nene se echaba a llorar cada vez que su padre me tocaba. No hacía falta ni que nos estuviera mirando, ni que estuviera en la misma habitación, a veces no estaba ni en la misma casa: solo con que nos rozáramos se echaba a llorar. A veces ZaraJota me rozaba una teta solo para ver cómo de sensible era el sentido arácnido de Bebé-kun.
Bueno, puede que también le apeteciera tocarme una teta y eso fuera todo lo que podía conseguir.
"Alarma de castidad", lo llamábamos.
Durante los primeros meses de Bebé-kun, la única forma de que ZaraJota y yo mantuviéramos relaciones sexuales era que uno de los dos meciera la cuna de Bebé-kun durante todo el proceso.
No voy a entrar en detalles pero sí os diré que una vez que te acostumbras no distrae tanto como pudiera parecer.

9. El final siempre es insatisfactorio.
Porque el final tendría que ser dormirse plácidamente en pelotas.
Pero no.
Porque tienes niños y tus niños tienen la costumbre de levantarse de madrugada y meterse en tu cama, además de la costumbre de hablar muy alto y decir cosas como "MAMÁ, ¿PORQUÉ PAPÁ Y TÚ ESTÁIS DESNUDOS EN LA CAMAAAA?".
Así que cuando terminas te levantas, te vistes y, según lo que hayas hecho, te lavas las manos por si hay que atender a un niño durante la noche.
Si eso no es cortar el rollo ya me diréis lo que es.

10. De pronto no importa si te apetece tener sexo o no. 
Si habéis prestado atención a los 9 puntos anteriores quizá habréis llegado a la conclusión de que no siempre se puede tener sexo cuando se quiere: hay que tener sexo cuando se puede.
A veces es en plan: llevamos levantados desde las seis de la mañana, hemos pintado todo el piso, tenemos un virus intestinal y nos duele la vida... PERO LOS NIÑOS ESTÁN CON LOS ABUELOS Y HOY SE MOJA SÍ O SÍ.



PD: Ya sabéis que no puedo contestar a vuestros comentarios, pero os agradecería que me contarais si vuestra vida materno-sexual es igual de penosa que la mía, por aquello del mal de muchos...



¿Te ha gustado? Ayúdame a seguir escribiendo.

12 marzo 2018

Pantera Negra

Fue más o menos así:
-Oye, ZaraJota, podíamos ir a ver Pantera Negra.
Acto seguido sonó el teléfono.
-¡YO ME PUEDO QUEDAR CON LOS NIÑOS! -dijo mi madre en cuanto cogí el auricular, sin darme tiempo a decir ni hola ni nada.
-Madre, ¿cómo has sabido de lo que estábamos hablando?
-¡¡¡NO TENGO MICRÓFONOS EN VUESTRA CASA NI HE DESARROLLADO UNA APP PARA QUE ME SALTE UNA ALARMA CUANDO DECÍS DE SALIR Y GOOGLE TODAVÍA NO ME LA HA COMPRADO, ESTAMOS NEGOCIANDO LAS CONDICIONES!!!
-...
-¡¡¡Y NO HE TENIDO NADA QUE VER CON QUE ADELANTARAN LA FECHA DE ESTRENO DE VENGADORES: INFINITY WAR!!!
-...
-Me puedo quedar con los niños el sábado. Por si queréis ir al cine. Que no sé si queréis. Es una idea que se me ha ocurrido así, de pronto.
-Valeee, sí, queremos ir al cine el sábado.
-Pues nada que se vengan a casa. ¿Vais por la mañana o por la tarde?
-Por la tarde.
-Ah, entonces se tendrán que quedar todo el fin de semana.
-¿Perdón?
-Son las normas, no me las estoy inventando.
-¿Seguro?

Este era el plan:
1. El sábado por la mañana me depilaría. Que no es que tener pelos me importe demasiado, pero es que ya no me cerraban las camisas.
2. Después iríamos a comer con mis padres.
3. Dejaríamos a los niños allí.
4. Iríamos al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís.

Y entonces empezaron los vértigos. Leeros el post anterior, que no me apetece poner el enlace.
-Niña -me dijo mi madre, que volvió a llamar por teléfono sin razón aparente mientras ZaraJota y yo hablábamos de anular el cine-. Que he pensado que ya que te encuentras mal lo mejor es que los recoja directamente en el colegio el viernes y que se vengan a casa y ya que se queden a vivir aquí y eso...
-¿PERDÓN?
-Nada.
Así que llegamos a la conclusión NO ME PREGUNTÉIS CÓMO de que ya que yo me encontraba muy mal lo más lógico y sentato era que ZaraJota y yo fuéramos al cine un día antes.
-Pero no podemos ir al cine el viernes -protestaba yo-. Que no me da tiempo a depilarme.
-¿Y por qué ibas a depilarte para ir al cine?
-Sin comentarios al respecto. 
No pasa nada. Soy una mujer flexible. Podía cambiar de planes:
1. No depilarme.
2. Ir a trabajar.
3. Quedar con ZaraJota.
4. Ir al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís. A oscuras, preferiblemente.

Habíamos completado con éxito el paso 5 y estábamos volviendo a casa en autobús así todo acaramelados y cogidos de la manita y eso, sin parar de mirar alrededor porque continuamente pensábamos que se nos habían perdido los niños.
-Jo -le dije a ZaraJota-, ¿cuánto tiempo hacía que no salíamos así, de noche? Me siento súper joven ahora mismo. Salir a cenar... Volver a las mil...
-Lorz...
-Acostarse al amanecer y levantarse con resaca...
-Lorz, acabamos de pasar por el mercadona y está abierto.
-No pretenderás ir a la compra ahora, cuando me estoy sintiendo joven y alocada.
-No son ni las nueve de la noche, Lorz.
De verdad que son ganas de cortarme el rollo. 

14 noviembre 2015

Haikus

Hoy, o ayer, no sé, los días empiezan a ser una sucesión confusa para mí, me han echado en cara que ya no escribo haikus.
Jo.
Que no perdonáis ni una.
Y es verdad que no los escribo, pero los pienso, continuamente: tengo esa manía y la de hacer operaciones matemáticas con los números de las matrículas hasta que el resultado final sea el número 20.
Ya, estoy muy loca.
Pensándolo bien, tengo muchas manías más:
No soporto las bolsas de plástico usadas, por ejemplo.
Me pone muy nerviosa que haya alguien de pie detrás mía, sobre todo si me está mirando.
No puedo dormir si los zapatos no están bien colocados, uno junto al otro. En realidad, últimamente no duermo de ninguna de las maneras, así que lo mismo los zapatos no tienen la culpa.
No me gusta comer cosas hechas con diferentes tipos de carne como salchichas (las frankfurt no cuentan porque no me creo que lleven carne de verdad), croquetas, hamburguesas o incluso sopa, porque... a ver cómo lo explico... me da pena obligar a mezclarse a animales que no se han conocido en vida. Me parece algo así como obsceno. Una fosa común alimenticia, digamos.
Lo llevo mejor si soy yo la que hace la comida, porque mientras la preparo dedico un momento a pensar en cómo serían la vaca, el cerdo o la gallina, y a imaginármelos en el mismo establo.
Ya os he dicho que estoy muy loca.
Volviendo a los haikus, los pienso, pero no los escribo, porque

Me paso el día
Cuidando de dos niños
Hiperactivos

Bueno, en realidad no está demostrado que sean hiperactivos, pero tampoco que no lo sean. Digamos que la cosa está al 50%.

El día empieza
despertando a la niña
que feliz duerme

Porque alguien tiene que dormir en esta casa.

Vamos al cole
la niña cree que yo
la espero fuera

Uno de los motivos por los que Nena-chan va tan feliz al colegio es porque cree que Bebé-kun y yo nos quedamos esperándola en la puerta todo el rato. Piensa que somos unos pringados y que es una afortunada por poder entrar.

De nuevo en casa
la vecina está echando
su piso abajo

"Reforma integral", lo llama ella. "Su fruta madre", lo llamo yo.

Bebé-kun llora
los ruidos que no cesan
niño no duerme

La mejor parte de la obra de la vecina es que cuando acaben en su casa tienen que venir a la mía a arreglar el baño.

Corro al colegio
es la hora de buscar
a la princhesa


Me coloco en la puerta del colegio como si no me hubiera movido de ahí desde las nueve de la mañana.

Luego en el bus
la niña siempre dice
que se micciona

Inevitablemente, en cuanto estamos subidas en el autobús Nena-chan dice que se hace pipí.

Hazlo en el cole
a la hora del recreo
por tos tus muertos

Una vez llegó a hacérselo encima. Otra vez me bajé del bus y volví al cole a que hiciera pipí. Otra vez bajé a mitad de camino para que lo hiciera en un arbusto (se negó). Ahora ya paso mucho: si llega a casa, bien, y si no, lavadora y punto.

De nuevo en casa
ZaraJota me llama
mientras comemos

Es una gilipollez, pero si me llama en su hora de la comida y estoy comiendo es como si comiéramos juntos. O algo.

Pasamos las horas
intentando hacer algo
con nuestras vidas

Este me ha quedado así como profundo.
La actividad por la tarde se resume en coger en brazos a los niños por turnos. Básicamente.

Llegan las siete
ZaraJota está en casa
descanso brazos

Más o menos: ahora cojo al mismo niño todo el rato, mientras ZaraJota se ocupa del otro.

Hora del baño
agua formando olas
hasta el pasillo

A Nena-chan le gusta chapotear. Mucho.

Luego la cena
un ratito de Peppa
niña inconsciente

¡Una menos! A por el otro.

La última toma
una tripita llena
niño inconsciente

Son las nueve de la noche y tengo a los dos niños dormidos. Me froto las manos: esta noche nos ponemos con el tema parchís, que lo tenemos muy desatendido. Me vuelvo a ZaraJota y

Está roncando
nuestra vida sexual es
muy complicada

Bien, supongo que al menos eso me deja un poco de tiempo para mí. Enciendo el ordenador e intento escribir algo pero

No se me ocurre
porque no he hecho nada
en todo el día

O algo así.




Pd: Espero que con esto tengáis haikus para una temporada.

09 noviembre 2015

El colecho fijo discontinuo itinerante en diferido

Mucha gente me pregunta si Bebé-kun es bueno y nos deja dormir por las noches.
Voy a intentar responder lo más sencillamente que pueda a esa pregunta.

La noche empieza con todos en sus posiciones de salida:
ZaraJota y yo dormimos juntos en una cama de matrimonio, a nuestro lado duerme Bebé-kun en un moisés, y Nena-chan duerme en su dormitorio, en una cama gigante.

0:00
Bebé-kun es pequeño y todavía come cada tres horas, aunque por la noche aguanta más: normalmente pide teta sobre las doce de la noche, y luego aguanta hasta las cinco.
Creo.
Y digo creo porque cuando llega la toma de las doce me levanto, cojo en brazos al niño, me meto en la cama, me saco una teta y le digo:
-Tú ve comiendo, que mamá va a cerrar los ojos un segundito -y ya no los vuelvo a abrir.

2:00
Más o menos.
Porque resulta que Nena-chan es sonámbula: prácticamente desde que nació, canturreaba dormida, y  a medida que ha ido adquiriendo destrezas ha ido aumentando sus habilidades nocturnas. Ha hecho de todo, desde hablar hasta pasearse por la casa, intentar saltar por encima de los barrotes de la cuna, golpearse la cabeza contra el cabecero pensando que se sale por ahí...
El pediatra nos dijo que era habitual en los niños alrededor de un año, y que luego se le pasaría. Menos mal que el buen hombre se hizo pediatra, porque como adivino habría sido una mierda. Hasta que Nena-chan cumplió dos años, la única forma de garantizar su seguridad por las noches era que durmiera en nuestra cama, con ZaraJota a un lado cogiéndole del brazo toda la noche, y yo al otro con mi mano en su tripa para despertarme si se movía. Aún así, se nos cayó de la cama dos veces.
Con el tiempo, los episodios noctámbulos se han reducido (que no desaparecido) y ha empezado con los terrores nocturnos, que son como pesadillas a lo bestia. El espectáculo suele empezar cada noche sobre las dos de la mañana.
ZaraJota se levanta con un ojo pegao y se va a la cama de Nena-chan a abrazarla hasta que se calma.

3:00
ZaraJota vuelve a nuestra cama y se queda dormido de inmediato. Nena-chan, absolutamente dormida, nota que está sola y se viene también. Ya somos cuatro en una cama de uno cincuenta, y me gustaría decir que el espacio se reparte a partes iguales, pero lo cierto es que Nena-chan utiliza patadas voladoras sonámbulas para hacerse con aproximadamente la mitad de la cama, mientras Bebé-kun se asegura su espacio vital gruñendo como un animalito cada vez que alguien se le acerca.
Para que luego digan que el colecho es peligroso.
Cuando me harto de hacer equilibrios aferrada al travesaño de la cama mientras recibo patadas y gruñidos, cojo al niño en brazos y me voy a dormir a la cama de Nena-chan.

4:00
Abro un ojo y en la penumbra veo a un tío parado en mitad de la habitación.
-¡¡¡AAAAARRRRG!!!
-Soy yo, soy yo -dice ZaraJota-, Nena-chan se ha dormido y vengo a traerla a su cama.
-¿Y por qué no la dejas en la nuestra?
-Me está crujiendo a patadas... pensaba irme al sofá pero no encuentro la manta. Haz sitio.
Cojo a Bebé-kun en brazos, lo llevo a su moisés y me acuesto en mi cama. ZaraJota suelta a Nena-chan en su camita y se vuelve a la nuestra.
Hemos vuelto a la posición de salida.

5:00
Bebé-kun se despierta porque le toca comer. Lo vuelvo a meter en mi cama y no me desabrocho el camisón porque cuando voy a hacerlo me doy cuenta de que ya está abierto y que llevo toda la noche con una teta fuera.
Luego que si me resfrío.
-Tú ve comiendo -le digo a Bebé-kun-, que mamá va a cerrar los ojos un segundito.

6:00
Suena el despertador de ZaraJota

6:05
Suena el despertador de ZaraJota

6:10
Suena el despertador de ZaraJota

6:15
Suena el despertador de ZaraJota

6:20
Suena el despertador de ZaraJota

6:25
Suena el despertador de ZaraJota

6:30
ZaraJota corre por la casa agitando los bracitos mientras se viste.

6:45
ZaraJota se va.
Por mucho cuidado que ponga cerrando la puerta, Nena-chan siempre la oye. Lo siguiente que sé es que está otra vez en mi cama.
-Quero con mamá.
-Vale, un ratito solo.

7:00
Suena mi despertador.

Esto sucede con ligeras variantes casi todas las noches, y a veces se adereza con enfermedades, potas, "accidentes" de pipí, caídas de la cama...
Por eso cuando la gente me pregunta si dormimos, contesto que no.
Porque mi familia no duerme: mi familia se baraja.






Pd: Bebé-kun también es sonámbulo. Creo que estamos muuuuuuuy jodidos.


13 agosto 2015

10 cosas que no me gusta que ocurran durante el acto sexual

Ayer leí este estremecedor testimonio y no pude evitar sentirme absolutamente conmovida por el sufrimiento que destila. Jamás se me hubiera ocurrido pensar que los hombres lo pasaran  tan mal durante el acto sexual, ¡y todo por culpa de la falta de consideración de las mujeres! 
Pero ojo, que las mujeres también sufrimos los nuestro. 
Aquí van 

10 cosas que no me gusta que ocurran durante el acto sexual 
(a.k.a. Jugar al Parchís)

Lo siento, ZaraJota, el mundo tiene derecho a saber la verdad. 



1 . Que mi madre llame al timbre.
Mi madre NUNCA viene a mi casa sin avisar. Es más: solemos quedar el día de antes, me confirma por la mañana, y me manda un mensaje cuando viene de camino. Pues aún así, es sorprendente el número de veces que llama al timbre cuando estamos en plena faena. Y no entiendo por qué.
¿Somos nosotros, que calculamos mal el tiempo?
¿Es ella, que se mueve más rápido de lo normal?
Seguiremos investigando hasta descubrirlo.
Mientras tanto, gracias mamá por no mencionar nunca lo mucho que tardamos en ir a abrir la puerta.

Mi madre al menos llama al timbre. Mi hija entra en la habitación y se queda mirando, porque es muy educada y no le gusta interrumpir. 

3. Un tirón.
Cuando el único ejercicio que haces habitualmente es correr para que no se te vaya el metro, no es de extrañar que el ejercicio digamos más intenso y prolongado (especialmente si hay implicadas posturitas) provoque tirones.
Lo que no acabo de entender es por qué me dan tirones en los dedos de los pies, cosa extremadamente dolorosa que solo me ocurre en momentos de intimidad y en la piscina. 

4. Descubrir que no quedan preservativos.
Lo que me lleva a afirmar que si dios no hubiera querido que usáramos preservativos no habría inventado las farmacias 24 horas. 

5. Perder el preservativo dentro.
Algunas marcas fabrican los preservativos más pequeños que otros. Y cualquiera podría pensar que  bueno, si es más pequeño más ajustadito queda y menos peligro hay de que se caiga. Pues no. Si es pequeño se enrolla sobre sí mismo, sale disparado hacia las profundidades y hay que pescarlo.No es precisamente lo más erótico del mundo y tiende a cortar el rollo. 

6. Ese pelo que se queda pegado en la garganta. 
Y la tosecilla subsiguiente. Y, ya que estamos, la tos en general, los estornudos, el hipo... y en casos extremos, las potas

7. Las ganas de hacer pipí.
Estoy embarazada, ¿vale? Voy al baño aproximadamente cada diez minutos. O vamos al grano rapidito o lo más seguro es que tenga que interrumpir el tema. 

8. Que se te caiga un cuadro encima. 
Lorzconsejo: deja siempre la cama a un par de centímetros de la pared. 

9. Que me venga la regla.
Que no es que me importe mucho durante, vaya. El problema es después. Sobre todo si en vez de en la cama estás en el sofá. Especialmente si no es tu sofá. Ni tu casa.

10. Ponerme de parto durante.
Para ser sincera, esto todavía no me ha pasado.
Dadme un par de días.


Editado 16/08/2015
Añado por mérito propio:

11. Vía JF.
"Que estando en un hotel, en vez de poner cama de matrimonio, pongan dos camitas juntas que tienen ruedas en las patas, y que a mitad de partida de parchís las camas se separen y te metas un costalazo"

12. Vía Fabio.
"Los preservativos de sabores estan bien para las chicas/chicos a los que no les mole el sabor a latex, pero si lo usas para jugar al parchís, lo más probable es que la habitación termine como si hubieses encendido velas aromáticas en el mejor de los casos, o como una frutería en el peor...en el mío con mi señora, probamos los de sabor chocolate y la habitación termino oliendo a cola cao cosa mala"

21 julio 2015

Hasta los pelos del piticlín

La culpa fue de la matrona, que es que va provocando.
-Cuando lleguéis al hospital, lo primero que os ofrecerán será un enema y un rasurado.
Que a mí no me gusta criticar, pero cuando la gente viene a mi casa lo que les ofrezco es un café o una cervecita, no les digo "¿os apetece que os meta un chorrito por el culo para que os paséis la próxima media hora patilla abajo full power?". Pero bueno, los médicos son así, y luego se quejan de que la gente le coja manía a los hospitales.
En mi caso, cuando nació Bebé-chan no me "ofrecieron" nada: una enfermera entró en la habitación y me dijo:
-Vengo a ponerte el enema.
Así, de pronto, sin anestesia ni nada. Yo le expliqué muy amablemente dónde se podía meter el enema. Bueno. Es un enema. O sea, que ella ya debía saber más o menos por dónde se mete sin que yo se lo explicara. Pero por si acaso.
Supongo que después de aquello ya no le quedaron ganas de "ofrecerme" un rasurado, así que entré en el quirófano con todos los pelos en el piticlín, pensando que ya me lo harían allí, si eso.
Al día siguiente las enfermeras me dijeron que ya podía quitarme el vendaje de la cesárea para que los puntos "respiraran", aunque la verdad es que si habían aguantado veinticuatro horas sin aire a estas alturas ya debía dar igual.
-¿Cómo? ¿Yo?
-Sí, tú.
Y yo que soy muy obediente me levanté, me fui al baño, y entonces descubrí que me habían pegado todo el vendaje encima de los pelos del piticlín.
Ay...
Después de varios intentos con agua caliente, jabón, alcohol y tirones, ZaraJota salió a buscar una enfermera para que nos prestara unas tijeras.
Volvió al rato, cabizbajo.
-Que dicen que no tienen tijeras.
-¿En toda la planta?
-Nada.
Pues vaya m**rd* de enfermeras, que ni rasuran, ni te hacen las curas, ni te quitan los vendajes, ni tienen tijeras ni nada. Si lo llego a saber hubiera aceptado el enema, para que hicieran algo, las criaturas, que se deben aburrir muchísimo.
Volviendo al tema, quitarme aquel vendaje ha sido la experiencia más dolorosa de mi vida.
Más que la cesárea y su recuperación.
Más que los sucesivos cólicos nefríticos.
Más que cuando me picó la medusa y me dijeron "échate agua del grifo y se te pasa" (no lo hagáis NUNCA, por favor).
Más que cuando me freí el dedo gordo.
Más que cuando me rompí el culo.
LO QUE MÁS.
En fin.
Así que cuando la matrona dijo que me ofrecerían un rasurado, de inmediato supe que diría que sí.
Pero luego me puse a pensar. Es que estoy de baja y me aburro mucho, en algo me tengo que entretener.
Y pensé... rasurarse tiene muchas ventajas. Nadie puede pegarte esparadrapo en los pelos que no tienes. Seguro que a ZaraJota le resulta más cómodo para hacerme curas. Y además, con este calor, cuanto menos pelo tenga encima, mejor.
El problema es que luego el pelo del piticlín vuelve a salir. Y eso tiene pinta de PICAR. Y mucho.
Hice una rápida encuesta por twitter y mis sospechas se vieron confirmadas: que te vuelva a salir el pelo del piticlín pica... bueno, pica un piticlín y medio. Y la verdad, no me apetecía mucho pasarme la primera semana de maternidad rascándome la entrepierna a dos manos cual mandril con el culo irritao, especialmente porque seguro que tengo alguna visita, y hoy en día todo el mundo lleva encima un móvil con cámara. .
-¿Qué hago? -le pregunté a ZaraJota.
-Lo que tú decidas estará bien -respondió.

Inciso:
Durante el último siglo, los avances en los derechos de la mujer han obligado a los hombres a elaborar complicadas estrategias para sobrevivir sin ser acusados de machistas retrógrados falocéntricos imperantes. Después de años de investigaciones secretas en un búnker de máxima seguridad, un grupo de científicos ruso-neozelandeses descubrió la fórmula que garantiza la supervivencia del hombre como especie.
"Lo que tú decidas estará bien", hace pensar al espécimen hembra que su pareja la está apoyando, que está siendo comprensivo, tolerante y respetuoso con sus decisiones...
¡cuando en realidad lo que está haciendo el muy mamón es escaquearse!
Fin del inciso.

Viendo que no podía contar con ZaraJota, seguí dándole vueltas (ya os he dicho que estoy de baja y tengo mucho tiempo libre), y llegué a la conclusión de que lo mejor era hacer una prueba.
De hecho, el razonamiento era bastante lógico:
Todavía me quedan unas seis semanas de embarazo: si me depilo ahora me dará tiempo a que me crezca antes del parto. Y ademas, me paso casi todo el día sola en casa; si me pica puedo rascarme a gusto.
Me pareció una grandísima idea, y al día siguiente, cuando me quedé sola en casa, me metí en el baño en pelotas, armada con una cuchilla. El problema es que cuando miré hacia abajo, lo único que vi fue una enorme tripa sonrosada.
-M**rd****...
Intenté levantar una pierna, intenté doblarme sobre mí misma, intenté contorsionarme... nada. La tripa estaba siempre en medio, y ni siquiera yo estoy tan loca como para acercarme una cuchilla al piticlín cuando no veo lo que estoy haciendo. Ay. Salí del baño, todavía en pelotas y con la cuchilla en la mano, y rebusqué en mi bolso hasta dar con un espejito de mano. Volví al baño. Situé el espejito. Nada: barriga sonrosada por todas partes. Necesitaba un espejo más grande: en nuestro dormitorio hay uno de cuerpo entero. Probé de frente y nada. Probé a levantar una pierna y nada. Qué mal... Quizá si lo descuelgo y me lo llevo al baño...
Esa tarde, cuando llegó ZaraJota, le dije que tenía que hablar con él.
-Verás -le dije- he estado pensando mucho.
-Ay, dios.
Jo, qué fuerte. Si se va a poner así solo porque he estado pensando mejor no le digo lo que he estado haciendo. 
-Y creo que ya he tomado una decisión con respecto a lo de rasurarme.
-¿Si?
-Sí. Lo he estado pensando mucho y creo que la próxima vez... Será mejor que acepte el enema.

Por si acaso.














Aviso a los navegantes:
Porfiplis, si alguien se quedó con ganas de un ejemplar impreso del libro del #Lorzfunding que me envíe un mail a lorzagirl@gmail.com. No un comentario en un post al azar. No un tuit. No un mensaje directo. Un mail a lorzagirl@gmail.com. Cenquius.








22 mayo 2015

Los caballitos

ZaraJota y yo estábamos jugando al parchís. Y esta vez no lo digo por presumir: es que es importante para el resto de la historia.
Tampoco hay mucho de lo que presumir:  estoy demasiado embarazada para hacer acrobacias, y demasiado cansada para hacer esfuerzos como quitarme el camisón. O mover los brazos para que ZaraJota me lo quite. O lo que sea. Y no queríamos hacer ruido para no despertar a Bebé-chan.
Así que el resultado era bastante para todos los públicos, pero tampoco nos vamos a quejar.
Estábamos en plena partida cuando oí un ruido.
-Creo que la niña está despierta -le dije a ZaraJota, y el me dijo algo así como "sí, sí, lo que sea", y entonces oímos:
-HOLA, MAMÁ.
Y los dos giramos la cabeza y ahí estaba Bebé-chan, parada en mitad de la habitación, todavía medio dormida pero con esa sonrisa satisfecha de hija única que dice "lo sé, lo sé, el mundo es mejor conmigo en él".
-Eh... Hola amorcilla -le dije, como si fuera lo más normal del mundo-, ¿quieres un cao?
-SÍ.
Y entonces me levanté como pude y me la llevé a desayunar, y ZaraJota se fue a darse una ducha; sus motivos tendría, no digo yo que no.
Mientras Bebé-chan se tomaba su cao yo la observé buscando algún signo de que estuviera traumatizada para siempre, pero no parecía afectada en lo más mínimo. De hecho, no parecía que lo que había visto le hubiera llamado la atención en absoluto.
Con lo que ZaraJota y yo hemos sido, y para lo que hemos quedado.
Lo hemos hecho muy bien, me dije. Hemos reaccionado con normalidad, y la nena se lo ha tomado como algo normal. No hay nada de lo que preocuparse.
A no ser.... Todos los lunes en la guarde la seño les pregunta a los niños si han hecho algo especial.
Y resulta que los niños son algo así como personas de verdad, con sus propios recuerdos y vivencias e interpretaciones de la realidad. Y nunca sabes por dónde te van a salir.
A lo mejor ese fin de semana lo has dado todo y la has llevado al zoo, a la piscina y al parque de atracciones, y cuando la seño pregunta si han hecho algo especial le contestan "¡SIIII! ¡HE COMIDO FRANFURKECHU!".
O justo ha sido un fin de semana tranquilo, pero la nena va y cuenta una aventura que no sabes de donde ha salido (ante la duda, han sido los abuelos).
O estás de obras, y dice " HAY UN SEÑOR METIDO EN EL ARMARIO DE MAMÁ", y acabas teniendo una conversación muy incómoda con la seño.
O dice "PAPÁ SE PONE CORONA ANA-ELSA Y CANTA LETIGÓ", y acabas teniendo otra conversación incómoda.
Ahora que lo pienso, desde que Bebé-chan empezó a hablar mantengo muchas conversaciones incómodas.
Total, que aunque parecía que lo que había visto no le había afectado en nada, no sabíamos lo que podía contar al día siguiente, y pensamos que lo mejor era darle algo más interesante para recordar.
-Vámonos a la verbena -le dije a ZaraJota.
Y nos fuimos a la verbena de san Isidro, para darlo todo: jugamos en los columpios, le compramos un globo, y para rematar fuimos a los caballitos.
-Mira, Bebé-chan, ¡caballitos! ¿Quieres subir?
-¡SIIIII!
Pero cuando vio aquello de cerca no le hizo ni fruta gracia y se agarró al cuello de ZaraJota como si quisiera estrangularlo. Ahora que lo pienso, quizá quería estrangularlo.
-¡NO QUERO CABALLITOS! ¡NO GUTA CABALLITOS!
Tuvimos que salir de allí a toda velocidad.
Por la noche me eché con ella en la cama para repetir el ritual de todos los domingos, que establecimos como una forma de control de daños después de tener varias conversaciones incómodas en la guarde.
-¿Te lo has pasado bien este fin de semana con papá y mamá?
-SIII.
-¡Claro! Hemos jugado con una niña...
-¡CON JUDIT!
-No se llama... Da igual. Hemos ido a los columpios...
Pero Bebé-chan se quedó callada.
-¿No te han gustado los columpios?
-NO GUTA CABALLITOS, MAMA.
Ay.
-Ya lo sé, amorcilla.
-TENO SUTO CABALLITOS.
-No pasa nada, lo intentaremos de nuevo cuando seas mayor.
-¡NOOOOO! ¡NO QUERO SER MAYOOO! ¡CABALLITOS SUTOOO!
Entonces se levantó y fue corriendo con ZaraJota.
-PAPÁ, NO QUERO CABALLITOS. CABALLITOS SUTO.
Y se le echó a los brazos y se le hizo una bolita como si pensara que los caballitos iban a venir a por ella en cualquier momento.
-Creo que la hemos traumatizado -me dijo ZaraJota.
-¡Objetivo conseguido!
-¡LORZ!
-¿Qué? ¿No queríamos que se olvidara de ya-sabes-qué? Pues ya está: olvidado.
Al día siguiente lo comenté a la seño y me dijo que lo mejor que podíamos hacer era no mencionarlo, que a la nena se le olvidaría y seguro que la próxima vez que intentáramos montarla en los caballitos le gustaría mucho.
Y eso hicimos.
Pero más tarde, cuando fui a hacer pipí, me encontré una mancha de sangre en las braguitas, que es una cosa que te da mucha alegría cuando NO quieres estar embarazada pero es un poco mierda cuando SÍ.
La Tita del Puerto me dijo que antes de entrar en pánico mirara bien de donde salía la sangre, así que aparqué a Bebé-chan delante de la tele, me fui a mi habitación, me quité los pantalones, e intenté mirar qué tenía por ahí abajo, pero tenía toda la tripa por medio y no veía nada, así que cogí un espejito, pero la tripa seguía en medio, así que me tumbé en la cama a ver, pero la tripa seguía en medio, así que probé a levantar el culete.
Y ahí estaba: en pelota picada, haciendo el pino puente inverso mientras me contorsionaba para ver el espejo que sostenía entre las piernas, cuando oí una vocecita justo al lado de mi oreja.
-MAMÁ, ¿QUÉ HASE?
Bien, me dije, actúa con normalidad y la niña se lo tomará con normalidad.
-Pues verás amorcilla...
-¿SIII?
-¡¡¡NOS VAMOS A LOS CABALLITOS!!!