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25 octubre 2021

El verano de las contrariedades, 4

El caso es que nos fuimos para el Puerto de Santa María mi madre, los dos niños, el gato (drogado) y yo.
En tren, claro. 
La cosa fue mal desde el principio porque, para empezar, el gato no se durmió sino que se quedó mirando al vacío y multiplicó su ya considerable peso por varios millones. No había quien moviera el dichoso trasportín, aquello pesaba varios megatones y además como la gente no respeta el espacio personal ajeno ni en pandemia y el cacharro es muy mono y parece una maleta, el pobre bicho se llevó más patadas que otra cosa. 
Además, el tren salió media hora tarde. 
Y como nosotros somos como de agobiarnos y llegar una hora antes a todas partes, pues allí que estuvimos en la estación más de una hora con mi madre, los dos niños y el gato (drogado), de pie porque en Madrid todo lo gratis da COVID, incluidos los bancos de la estación y por lo visto el aire acondicionado también, porque aquello parecía una sauna. 
Una sauna MUY llena. 
Al fin nos llaman a embarcar, que íbamos ya como si volviéramos de la vuelta al mundo, nos subimos al tren y por supuesto nuestros asientos iban separados. 
Que ya lo sabíamos, porque habíamos mirado los billetes y eso, pero esperábamos que algún alma caritativa se ofreciera a hacernos el cambio. 
Pues se ve las almas caritativas también dan COVID, como lo gratis, así que acabamos desperdigados a lo largo de dos vagones, mi madre, los dos niños, el gato (drogado) y yo, que para mí que el gato fue el que tuvo mejor viaje, literal y metafóricamente hablando, porque lo que es yo acabé baldada de correr pasillo arriba, pasillo abajo para asegurarme de que los niños no molestaran a sus acompañantes, los acompañantes no molestaran a los niños y el gato no se hiciera tertuliano de Telecinco.
Para cuando llegamos al Puerto, por supuesto, no había taxis en la parada de taxis porque para qué va a haber taxis en la parada de taxis de una estación de tren, en la playa, en pleno verano, cuando llega un tren que ha parado en Madrid, Córdoba y Sevilla, no sé si me explico.
Así que esperamos, esperamos y esperamos mi madre, los dos niños, el gato (cada vez menos drogado) y yo. No pasa nada, sólo eran las tres de la tarde en mitad de julio, y sólo estábamos parados en mitad de un aparcamiento. 
Al final apareció un taxi, que yo ya estaba pensando en irme al piso andando, porque no sería la primera vez y no está tan lejos, pero es que me hacía mucho pipí y me daba miedo que al tirar del trasportín se me fuera el puntillo, que ya era lo que me faltaba. 
Bien.
Lo importante es que después de tan solo ocho horas de viaje llegamos al piso mi madre, los dos niños, el gato (totalmente despierto y bastante nervioso) y yo. 
Hermano Pequeño había estado toda una semana y se había ido esa misma mañana, así que contaba con encontrarme el piso en un estado de mínima habitabilidad. 
Y bueno, depende de lo que consideres habitable, así era.
El caso es que la cama de matrimonio estaba sin hacer, con el colchón al aire, cosa que cuando llegas de un viaje de ocho horas con tu madre, dos niños y un gato (acojonado, debajo de la mesa), desmoraliza bastante, motivo por el cual yo siempre cambio las sábanas antes de irme y dejo la cama hecha. 
Al parecer esa había sido la intención, porque habían lavado las sábanas e incluso las habían tendido, si por tender entiendes hacer una pelota y encajarla entre las dos cuerdas del tendedero como cuando eres pequeño y el balón acababa en el alero de la vecina. 
El váter estaba pringoso. Esto fue de lo que más de desconcertó, porque Hermano Pequeño me había dicho que no había tenido tiempo de fregarlo bien y le había dado con las toallitas del baño de Mercadona, que mira, para unas prisas ni tan mal. Yo las uso a menudo, de hecho. Por eso no acababa de entender cómo podían haber soltado esa pringue. ¿Las toallitas del baño caducan? ¿Se habrían puesto malas con la humedad? No entendía nada... Hasta que descubrí que la Tita no tenía toallitas de baño. Lo que tenía en el baño eran toallitas desmaquillantes. Y ni siquiera eran de Mercadona, eran de Lancome o Vichy, no me acuerdo bien pero son las dos marcas que le gustaban a ella para los potingues de la cara. Así que el váter limpio, lo que se dice limpio, no estaba... pero te dejaba la piel del culo estupenda. 
Mientras yo miraba el váter con estupor, los niños se quejaban de que no funcionaba la tele. Ahí ya empecé a llorar por dentro porque mi salud física y mental estaba pidiendo a gritos que los niños se entretuvieran un rato viendo la tele. Empecé a tocar todos los botones, estupefacta. Mi tía era bastante analógica, si algo tenía esa tele es que era fácil. Dos meses antes, yo misma había podido verla sin problema y ahora... nada. Hicieron falta unos cien mensajes a Hermano Pequeño para descubrir que le había parecido una idea estupenda colocar un ChromeCast. Y lo era, ojo. Lo que hubiera sido una idea estupenda también es que nos lo dijera, no sé. Por ponerle una pega y tal. 
Para entonces yo estaba que me iba a dar un infarto de miocardio. Y todavía no había entrado en la cocina, en cuyo suelo había un puñado de hojas secas (de dónde habían podido salir esas hojas en una zona con humedad del 99 millones por ciento, es un completo misterio) y unas marcas en el suelo como si alguien hubiera arrastrado la basura dejando un reguero a su paso. 
Creo que ese fue el momento en que decidí entregarme a la bebida y abrí la nevera. 
Salvo que no hizo falta, porque ya estaba abierta. 
Y como era una nevera de una cierta edad, al parecer el motor no había podido compensar el calor que entraba y había optado por hacer la suicidación. 
Para que quede claro: al abrir la nevera me golpeó una bofetada de calor. El interior de la nevera estaba como para gratinar macarrones. A las seis (SEIS) botellas de vino tinto abiertas y a medias que encontré en el interior les hubiera venido bien un poquito de azúcar, canela y unas peritas de San Juan para hacer un postre estupendo. 
-Lo escamocho -dije.
-Pero mira qué detalle -dijo mi madre-, nos ha comprado la merienda. 
Yo no podía comprender porqué una porción de tarta de queso, a repartir entre mi madre, los dos niños, el gato (que declinó generosamente) y yo, que llevaba además unas seis horas calentándose en la nevera era una buena noticia, pero claro, yo es que no soy nada detallista y ese tipo de sutilezas se me escapan.
Quizá por eso más que agradecida por el detalle estaba enfurecida por todo lo demás. Yo es que tengo mucho carácter, de toda la vida me lo han dicho. 
El caso es que respiré hondo, tracé un plan de acción, y para compensar mi mal humor les dije a los niños que al día siguiente comeríamos lasaña. 
A los niños les encanta "la saña". ZaraJota siempre dice que es porque "saña con gusto no pica". 
La lasaña es buena, la lasaña es tu amiga. 
La lasaña te reconforta y te hace olvidar todos tus males. 
Al menos, hasta que descubres que el horno no sólo no funciona, sino que cada vez que intentas encenderlo te salta los plomos de toda la casa...
-ME C*G* EN LA VIDA ENTERA, C*Ñ* YA, QUÉ C*J*N*S HAGO AHORA CON LA P*T* LASAÑA DE LOS H**V*S. 
Bueno... supongo que siempre me queda la opción de calentarla en la nevera. 




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23 noviembre 2020

Jinmu

Pues parece que he perdido una tía pero he ganado un gato. 


La cosa fue así: 
La Tita tiene dos gatos. Tenía. O sea, los gatos siguen, la que no está es la Tita. 
Su último y único deseo fue que sus minonis no acabaran en un refugio, así que mi madre dijo:
-No te preocupes que yo me los quedo.
Mi madre ya tenía dos gatos y un piso pequeño, pero no pasa nada porque mi madre es una optimista de la vida y además nadie se interesó por heredar esa parte concreta de las pertenencias de la Tita, qué cosas. 
Así que cogió a los dos gatos, los metió en el coche sin endrogar, porque el veterinario les dijo que no era recomendable dados los problemas de salud que tienen (los gatos, no mi madre) y se hizo 700 kilómetros en coche con mi padre, dos gatos y la rana croando debajo del agua. 
Lo normal que hace uno un lunes durante una pandemia mundial.
Volviendo a los cuatro gatos, yo ahí vi una ventana de oportunidad que aquello no era ventana, era un ventanal, un escaparate, un rosetón gótico.
-Ay -le dije a ZaraJota-, mi pobre madre ahora, en ese piso tan pequeño, con cuatro gatos.
-Sí -respondió ZaraJota, porque él es así como parco en palabras y eso. 
-Pero claro, el refugio ni se plantea -insistí.
-Por supuesto: tu madre no cabe en las jaulas.
-Y Hermano Mediano ya tiene gatos.
-Claro, claro.
-Y Hermano Pequeño ya tiene gatos.
-Claro, claro.
-Los único que no tenemos gatos somos nosotros.
Dicho esto, ZaraJota tuvo un microinfarto cerebral asistólico con ictus de parranda y dengue parayá.
-Lorz...
-¡Es una buena obra! ¡Piensa en mi madre!
-¡Precisamente de ella me estoy acordando ahora, sí!
-¡Sólo sería uno! 
-¿Uno?
-Uno chiquitiiito, chiquitiiito...
ZaraJota, que ya se había visto con dos gatos, de pronto la idea de que sólo fuera uno no le parecía ni tan mal.
-¿Cuál?
-Bueno, obviamente no vamos a separar a los minonis de la Tita, porque ya han tenido bastantes cambios en su vida y eso. Tendría que ser uno de los de mi madre.
-¿CUÁL?
Durante los tres meses que vivimos con mis padres el año pasado, ZaraJota tuvo ocasión de conocer a los dos gatos de mi madre. Íntimamente. 
-Bueno, ya sabes cómo es Niobe, que se asusta de todo. Si la sacamos de su ambiente le puede dar un patatús. Así que...
-No...
-Sólo puede ser Jinmu, claro. 
-NO. JINMU NO.
-Pero...
-Mira, Lorz: acepté tener una cobaya; acepté tener un hámster; acepto tener UN gato, dadas las circunstancias... ¿Pero tiene que ser justo el gato de quince kilos que se pasa el día encima de mí tirándose pedos?
No respondas, Lorz, que es una pregunta con trampa...


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Pedidlos ahora, que luego viene la navidad y todo son prisas.

















24 marzo 2019

Un poco de publicidad al año no hace daño

Sigo sin poder contar lo que me está pasando en la vida, que es mucho y muy interesante, sobre todo para el que lo ve desde fuera, porque yo lo estoy penando como si me hubieran condenado a torturas en el infierno aunque es todo para ir a mejor, el problema es que hasta que lleguemos a mejor hay que marearse mucho por el camino. 
Así que os voy a dejar por aquí el club de lectura de una amiga, GUIÑO GUIÑO CODAZO CODAZO, que es en mi librería de ir a incordiar favorita y además el cartel lo ha hecho Hermano Pequeño siguiendo mis instrucciones, que se reducían a dos: no uses cursivas ni el color amarillo. 


Me aseguran que al resto de sus clientes les hace hasta caso, a mí es que me da un trato especial porque me conoce desde hace muchos años. 
La madre que nos parió. 
Hermano Pequeño es un diseñista de esos y acepta encargos y además hoy es su cumpleaños así que date por regalado, a ver si te piensas que la publicidad es gratis, majo. 


08 octubre 2018

Lo del wifi, 6

Previously in Lorz...
Libando rocío con las hadas.


Para tranquilidad de Necio Hutopo lo primero que os voy a decir es que Hermano Mediano estaba en casa tan tranquilo, tirado en el sofá y jugando con la Nintendo Switch.
En su defensa diré que está muy lesionado de varias partes de su cuerpo, que necesita una especie de tobillera para andar, que con la tormenta se le había mojado y que después de quitársela estaba rabiando de dolor y sin poder ponerse de pie.
Hermano Pequeño y yo fuimos a comprarle una tobillera de urgencia en cuanto solucionamos el resto de la papeleta.
Y había mucha papeleta que solucionar.
El carrito tenía como cinco centímetros de agua dentro.
Niños y adultos estábamos ensopados.
Toda la ropa, la merienda, las toallas, los millones de juguetes, todo, estaba chorreando agua.
Parecíamos supervivientes del Titanic.
Y encima mi padre no paraba de hacer preguntas estúpidas.
-Pero ¿por qué no me habéis llamado para que os fuera a recoger con el coche?
Vale, a lo mejor la pregunta no era tan estúpida.
-No se nos ocurrió. 
Puede, PUEDE, que cuando empezara a llover me viera en mitad del campo con dos niños pequeños y entrara en pánico sin tener en cuenta que me rodeaban cuatro adultos más, y que mi padre estaba en casa con el coche perfectamente aparcado y las sillas de los niños puestas.
Puede que Hermano Pequeño también entrara en pánico debido a un razonamiento similar y saliera corriendo con el carrito sin pararse a pensar en nada.
Puede que mi madre llegara a las mismas conclusiones y saliera corriendo también.
Puede que los tres hiciéramos el camino gritando, corriendo y agitando los bracitos mientras la Tita del Puerto y Hermano Mediano nos seguían sin entender qué mosca nos había picado de pronto.
Puede.
Lo importante era que ya estábamos en casa.
Mi madre se puso a bañar a los niños y yo me puse a achicar agua del carro, a tender toallas, a buscar ropa seca, qué se yo.
En algún momento me di cuenta de que estaba tiritando, pero solo pensaba en que los niños no pillaran frío, así que me quité el bañador para no coger lo que mi abuela llama "una infersión en el chichi" y seguí con el vestido mojado en plan comando para arriba y para abajo.
Ya había parado de llover, los niños estaban limpios, secos y tomando leche calentita, y pensé en llevarme el carro a la fuente para limpiarle el barro que tenía por todas partes. Lo arrastré hasta la fuente y lo miré por todas partes: parecía que lo mejor era ponerlo bocabajo y echarle cubos de agua a saco. Me agaché para volcarlo y entonces sentí una brisilla en cierto sitio.
M**rd*.
Cuando volví a casa con el carro limpio me encontré a mi madre en el pasillo.
-Madre -le dije-: no llevo bragas.
-Filla: preferiría no saberlo.
-Creo que los vecinos también, pero no les he dejado elección.



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01 octubre 2018

Lo del wifi, 5

Previously in Lorz...
Llevas un router en el bolsillo os es que te alegras de verme.

Pues al día siguiente decidimos irnos todos en comandita a la piscina.
Bueno, todos no.
-Lo he mirado en internet -dijo mi padre, que no dejaba pasar ocasión de presumir de que el sí tenía conexión- y hay un 10% de posibilidades de lluvia.
A nosotros nos entró la risa floja porque somos de Córdoba, o sea, un 10% de posibilidades de lluvia es como cuando haces un examen y te ponen un 1 por poner el nombre.
Lo que viene siendo el premio de consolación.
Así que mi madre, la Tita, Hermano Mediano, Hermano Pequeño, Nena-chan, el artista antes conocido como Bebé-kun y yo nos fuimos a la piscina, y mi padre se quedó rumiando que él no iba porque seguro que llovía y él no iba.
La piscina está a una distancia razonable: según google maps, un kilómetro y medio.


Lo que no te dice google maps es que a la vuelta es un kilómetro y medio cuesta arriba.
Sí, a la vuelta. Cuando ya vas cansado y empapado y cargando con todas las toallas mojadas y uno o dos niños dormidos.
Pensando en esa circunstancia, nos habíamos hecho con un vehículo de tracción animal, siendo normalmente el animal ZaraJota.

Por desgracia, en cuanto apareció mi familia ZaraJota recordó que tenía un compromiso urgente en Madrid, así que tuvimos que probar otras alternativas, algunas de ellas no muy acordes con la Declaración Universal de los Derechos de los Niños.

O sea, que el animal acabé siendo yo. 
Total que aquel día llegamos a la piscina, instalamos el chiringuito: aparcamos el carro, extendimos las toallas, sacamos la merienda, nos quedamos en bañador, nos pusimos los zapatos de bañarse en el río sin sufrir lesiones permanentes, hinchamos los manguitos... y empezó a chispear. 
Miramos alrededor: los nativos ni se alteran. 
Luego nos dimos cuenta de que los nativos van a la piscina en coche y si de pronto se desatan las furias del infierno no tienen más que subir al coche y en tres minutos están en casa. 
Pero en aquel momento solo vimos que ellos no se movían, y que nosotros no íbamos a ser menos. 
Entonces empezó a tronar. 
Ahí ya no empezamos a poner nerviosos porque una cosa es mojarse y otra cosa electrocutarse.
Pero los nativos seguían sin moverse. 
Por suerte en aquel momento el artista entonces conocido como Bebé-kun empezó a amoratarse y temblar y pensamos: Nos vamos, pero por el niño, pobrecito, que está helado. 

No tenemos miedo, nos vamos porque queremos.

Total, que empezamos a subir la cuesta con el carrito, los niños, la impedimenta, mi madre que está fatal de lo suyo, la Tita que está fatal de lo suyo, Hermano Mediano que está fatal de lo suyo, Hermano Pequeño que está fatal de lo suyo... y como a mitad de camino empieza a diluviar
Y mi madre, que no ve una m**rd* dicho sea de paso, otea el horizonte y dice: 
-¡Refugiémonos debajo de aquel árbol! 
A lo que Hermano Mediano, que habitualmente es puro zen pero todo en la vida tiene un límite, le contesta: 
-CLARO QUE SÍ, MADRE, EN MITAD DE UNA TORMENTA ELÉCTRICA, SUBIDOS A UN CERRO Y DEBAJO DEL ÚNICO ÁRBOL, A VER SI SALIMOS EN LAS NOTICIAS. 
A mí lo de salir en las noticias me parecía bien, pero se ve que mi familia es tímida y decidieron seguir adelante, que total estábamos empapados, qué más daba ya. 
Una señora que estaba en la puerta de su chalet observando el apocalipsis nos ofreció refugio hasta que pasara la tormenta, pero muy dignamente le dijimos que no.  
-¿Tormenta? ¿Qué tormenta? No habíamos notado nada. 
Entonces fue cuando empezó a granizar. A LO BESTIA. Unos granizos como cerezas, que se note que estamos en el valle del Jerte. 
Los granizos rebotaban y se colaban dentro del carrito, que ya tenía como dos dedos de agua en el fondo. 
Quizá fue ese el momento en el que entramos en pánico. 
Hermano Pequeño, que en esa ocasión se había ofrecido amablemente a tirar del carrito, empezó a CORRER. 
Pero a CORRER A SACO. 
Yo iba como a 100 metros detrás suya, gritándole que parara, pero no me hacía ni caso. Qué velocidad. Luego se queja de que se le cargan las piernas. 
Le alcanzo como a diez metros del pueblo. Hay que cruzar la calle, pero no hay calle: solo hay agua, como a treinta centímetros de altura. 
-¿Qué hacemos? -pregunta. 
-Cruzamos, pero deja que te ay...
Hermano Pequeño sale disparado tirando del carrito, lo hunde en el agua, cruza la calle y lo sube a empujones por el otro lado. 
-Uy -dice. 
-¿Los niños están bien? ¿Qué pasa?
-Nada, creo que se te ha roto el carrito. 


Ahora será culpa mía.
Estamos mirando la rueda con cara de pasmo mientras nos chorrea agua por la cara cuando nos ofrecen refugio otra vez. Una pareja nos deja pasar a su portal, nos da toallas, nos arregla la rueda...
-Podéis quedaros aquí hasta que pare de llover -nos dicen.
Entonces se me acerca Hermano Mediano.
-Oye, ¿estás bien? ¿Los niños están bien?
-Sí, sí. Están un poco asustados pero bien.
-Vale, pues yo me piro que mi sudadera es impermeable.
-¿QUÉ?
Pero Hermano Mediano ya no me oía. Iba calle adelante, con su sudadera impermeable. El muy c*br*n.
Bueno. Una tormenta tan intensa no podía durar mucho, así que poco a poco empezó a escampar.
Nos despedimos de la amable familia y recorrimos los escasos cien metros que nos quedaban. En la puerta de la casa, perfectamente sequito y con una sonrisa de oreja a oreja, nos estaba esperando mi padre.
-¿Qué, os ha pillado la tormenta?
-No, es que hemos estado libando rocío con las hadas, no te j*d*.



Continuará...








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24 septiembre 2018

Lo del wifi, 4

Previously in Lorz...
El amor está muy bien, pero el wifi es el wifi.


Mi padre llegó al pueblo con mi madre, la Tita del Puerto, Hermano Mediano, Hermano Pequeño y la rana croando debajo del agua.
Y el router inalámbrico.
-La contraseña está dentro -me dijo, dándome el cacharrito-, pero como no hay dios que lo abra te la apunto aquí.
-Sí, sí -le dije, sin escuchar realmente porque estaba muy ocupada acariciando el router.
Además, en ese momento la situación era totalmente caótica porque las casas en el pueblo tienden a ser muy estrechas y a crecer acumulando pisos hacia arriba, verigracia:

Esta NO es la casa de mi abuela, 
por favor no llaméis al timbre preguntando por "Lorza"
 que lo mismo se lo toman a mal. 

Y allí se habían dejado caer de pronto cinco personas, más las cuatro que ya había, con todo su equipaje, y de pronto había gente, maletas, bolsas, gafas de sol y botas de trekking por todas partes, y ni un solo centímetro libre para hacer cosas tan locas como moverse de un lado para el otro, así que me puse a recoger cosas, esta maleta al dormitorio, este bolso al perchero, ese papelito con unos números misteriosos a la basura y todo así.
Tuvimos un día de locura total, y por la noche, cuando me tumbé en la cama, me di cuenta de que no había tenido ni un minuto para conectarme al dichoso wifi.
Entonces agarré el móvil y me dije, allá vamos.
Le di a conectar y me pidió la contraseña y entonces me di cuenta de que no tenía la contraseña.
-M**rd*****.
Recordaba vagamente que mi padre la había apuntado en alguna parte, pero ¿dónde?
Me levanté y de puntillas empecé a recorrer las habitaciones buscando un papel o algo donde mi padre pudiera haber anotado la contraseña, pero no había nada porque como ya os he dicho el desorden me pone muy nerviosa y me había dedicado a ir poniendo todo en su sitio: esta maleta al dormitorio, este bolso al perchero, ese papelito con unos números misteriosos a la basu...
M**RD*.
Bajé a la cocina y miré dentro del cubo de la basura. El sobre misterioso asomaba por debajo de una cosa viscosa de color naranja fosforito que deduje procedía de una lata de mejillones.
M**rd*.
Pensé en cogerlo pero tengo mis principios y no estaba dispuesta a hurgar en la basura solo para conectarme a internet.



Vale, lo cierto es que saqué el sobre de la basura y los números no se leían bien.
No me juzquéis, llevaba cinco días sin internet, vosotros habríais hecho lo mismo.
Muy bien, Lorz, no pasa nada.
La contraseña está apuntada DENTRO del router.
Solo tengo que abrir el router.
Subí a la salita, que era el último lugar donde se había visto con vida al susodicho.
En la salita había un Hermano Mediano durmiendo en un sofá y un Hermano Pequeño durmiendo en un colchón en el suelo pero ningún router.
M**rd*.
Encendí la luz y empecé a mirar por debajo de la mesa, por debajo del sofá, por debajo de mis hermanos.
-¡LORZ! -me gritó Hermano Mediano, que ahora que sale el tema ya le vale ponerse a gritar, o sea, que en esa casa había gente durmiendo-. ¿SE PUEDE SABER QUÉ HACES?
-Estoy buscando el router.
-Es que son las dos de la mañana y estamos intentando dormir.
-Ah, pues por mí no paréis, que no me molestáis para nada.
Hermano Mediano me dijo ciertas cosas que no se le deberían decir a una pobre chica inocente como yo y no me quedó más remedio que irme.
Sin el router.
De todas formas, no parecía que estuviera allí.
Bueno, tenía varias opciones.
La primera era volverme a la cama y dormir, pero todo este asunto de no tener internet me había puesto muy nerviosa y no creía que pudiera conciliar el sueño.
La segunda era volverme a Madrid, dónde internet, simplemente, ESTÁ. Pero como no tenía internet no podía mirar los horarios de los autobuses. O sea, podía ir a la parada y mirar los horarios pero tenía que andar como doscientos metros para eso. Impensable.
La tercera era preguntarle a mi padre por la ubicación exacta del router. El problema es que mi padre estaba durmiendo en el sobrao, que da un miedo que no veas.



El sobrao, de día. 
No tengo fotos de noche porque de noche no subo ahí ni loca.

Además está el asunto de que el tejado está hecho polvo, pero hecho polvo en plan se ve el cielo, y diréis, qué bonito y qué romántico para dormir debajo de las estrellas. Y yo os diré: MURCIÉLAGOS. COLÁNDOSE POR AHÍ. TODA LA P*T* NOCHE.  


El agujero en el tejado. 


Y luego está la parte en la que se oyen pisaditas, gañiditos y bufiditos misteriosos. 
No tengo foto de la zona que tiene la instalación eléctrica mal 
y si le das al interruptor de la luz la bombilla empieza a encenderse y a apagarse sola 
hasta que estalla.  
O sea, el sobrao de noche es un no-no.


Así que hice de tripas corazón y me volví a la cama. Sin internet. Imaginaos mi lamentable estado. O sea, con esto Dickens te escribe tres novelas. 
Bueno, pues a la mañana siguiente le pregunté a mi padre amablemente DÓNDE C*Ñ* ESTABA EL ROUTER. 
-Ah -dijo, como si fuera lo más normal del mundo-. Lo llevo siempre en el bolsillo. 
Nota mental: ponerme guantes para tocar el router.
-¿Por qué nadie en su sano juicio llevaría siempre el router en el bolsillo? 
Dicho sea desde el respeto y sin acritud, ¿vale?
-Pues porque en esta casa las paredes son muy gordas. 
Me parece a mí que llevar el router tan cerca le está empezando a afectar el celebro. 


Continuará...


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17 septiembre 2018

Lo del wifi, 3

Previoulsy in Lorz...
¿Por qué las tuberías revientan a mi paso?


Pues ZaraJota, los niños y yo estuvimos en el pueblo estupendamente unos días, pero había una nube en el horizonte de nuestra felicidad: no teníamos wifi.
Mientras estaba tumbada al sol en el césped, escuchando el suave susurro del agua del río correr y los menos suaves berridos de los niños al jugar, con un refresco en una mano y algo ligerito para picar, yo qué sé, cochinillo o morcilla o churrasco en la otra, pensaba en el wifi y unos gruesos lagrimones resbalaban por mis mejillas.
-Se fuerte, Lorz -me decía a mí misma-. Tú puedes aguantar sin wifi.
Pero cuando ya llevaba tres o cuatro días la situación se hizo insoportable y ZaraJota llamó a mi familia.
-¡La he pillado subiéndose al tejado para lamer la parabólica del vecino! ¡LA PARABÓLICA! ¿Pero de dónde se ha sacado esta g*l*p*ll*s la idea de que puede pillar señal chupando una parabólica?
-Parecía una paellera -me defendí.
-¿Y DE DÓNDE HAS SACADO LA IDEA DE QUE SE PUEDE PILLAR SEÑAL DE INTERNET CHUPANDO UNA PAELLERA?
ZaraJota es que es así: siempre está cuestionando el método científico.
Total, que mis padres decidieron intervenir.
-Mañana mismo voy -me dijo mi padre- y te llevo el router portátil.
-Vale.
-Me llevaré a tu madre, claro. No me gusta conducir solo.
-Claro, a ver con quién discutes si no.
-Ahora que lo pienso, está aquí la Tita del Puerto. No podemos dejarla en Madrid, ya que ha venido a vernos.
-Claro, claro, que se venga.
-Y tendremos que llevarnos también a Hermano Mediano. Tiene 36 años y hace dos que no vive en casa, pero no vamos a dejarlo aquí solito, pobre.
-Claro, claro, lo que sea.
-Y a Hermano Pequeño. Tiene 33 años y hace casi diez que no vive en casa. De hecho ni siquiera quiere venir. Pero se viene.
-Claro, claro.
-Y bueno, ya que estamos allí no vamos a volvernos en el día. Estamos pensando en quedarnos una semana o así.
-LO QUE SEA PERO TRÁEME EL ROUTER YA.
Por desgracia, ZaraJota no era exactamente de la misma opinión.
-Lorz, si crees que voy a quedarme una semana en la casa de Norman Bates con toda tu familia estás muy equivocada.
-Pero...
-No me gusta tener que ponerte en esta situación, pero esta vez vas a tener que elegir: o tu familia o yo.
-ZaraJota -le dije con los ojos anegados en lágrimas-: sabes que yo siempre te elegiría a ti por encima de cualquiera, incluso de mi familia.
-Gracias.
-Pero es que ellos tienen wifi, así que arreando.

Continuará...







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18 junio 2018

Mi infancia son recuerdos

La telenovela era esta.
Gracias.
Ahora ya puedo dormir por las noches. 


Pues el otro día estaba hablando con Hermano Pequeño porque estaba sentado delante de mí y no me quedaba más remedio, y una cosa llevó a la otra y acabamos comentando lo raro que es ser de pueblo y vivir en Madrid, sobre todo cuando oímos a gente de nuestra edad hablando sobre sus infancias y nos damos cuenta de que no tenemos absolutamente nada en común con ellos, y nos sentimos como marcianos por dentro, pero marcianos no en plan Matt Damon, sino en plan Mars Attacks!.
Por ejemplo, hasta que entré en la universidad jamás había oído hablar de Parchís, ni visto ninguna de las películas, aunque sí había escuchado algunas canciones porque el concepto de tortura es universal. Lo mismo me pasaba con Enrique y Ana. No había visto Los Goonies ni El cristal oscuro, aunque sí otras porque teníamos videoclub. La primera vez que entré en un parque de bolas fue con mis hijos, y lo mismo me pasó con un cumpleaños en un Burger King. Y esto os va a flipar, pero el concepto de ir al parque con los niños es totalmente nuevo para mí. Cuando veníamos de visita, mi abuela nos llevaba a la plaza de Peñuelas hasta que la tomaron los yonquis, y luego a Gasómetro hasta que lo tomaron los yonquis. También íbamos a los toboganes del paseo marítimo de Blanes, cuando estábamos ahí. Ese no lo tomaron los yonquis, y sigue en el mismo sitio. Pero el concepto de "llevar a los niños al parque" en el pueblo simplemente no existía. Probablemente porque el parque estaba tomado por los yonquis, ahora que lo pienso. Y los columpios estaban rotos y llenos de óxido y basura y no había ni una puñetera sombra. Y, además, en general los padres no llevaban a los niños a ningún lado: los padres se iban al bar y los niños iban detrás. 
Me estoy yendo por las ramas. 
Pues eso, que estaba hablando con Hermano Pequeño sobre lo raros que somos y lo totalmente incomprensible que nos resulta la infancia de nuestros amigos, y entonces empecé a darle vueltas a cosas y he hecho una lista, y eso está bien, porque ya que no puedo ser una lista al menos puedo hacer una lista, y además a la gente le gustan las listas.
Estas son las cosas que hago diferente por ser de pueblo:
Y por estar loca de atar. 
Imposible saber cuál de las dos cosas pesa más. 


1. Siempre me lavo las manos con agua fría. 
El agua no tenía suficiente presión para hacer saltar el calentador cuando abríamos el grifo del lavabo, así que salía fría de todas formas. Veinte años después de dejar el pueblo, sigo abriendo siempre el agua fría porque para qué. 

2. Los cortes de agua me provocan pánico. 
Viví varios años de sequía en los que solo teníamos suministro de agua durante unas pocas horas al día, o incluso cada varios días. Si llego a casa y han cortado el agua, rápidamente pienso que vamos a morir todos. 

3. Me pone nerviosa oír el agua del grifo correr. 
¿No has leído el punto anterior? No malgastes el agua. Podríamos morir todos. 

4. Creo que la palabra "arroyo" tiene connotaciones negativas. 
La basura se tiraba al arroyo, las aguas fecales iban a parar al arroyo, los cachorritos no deseados se metían en una bolsa y al arroyo, y cuando nos portábamos mal nos decían que nos iban a tirar al arroyo. No entendía, y sigo sin entender, por qué meten tantos arroyos en los cuentos de hadas. Higiene, por favor. 

5. Me encantan las bolsas de basura, porque antes no había. 
La basura se metía en un cubo sin bolsa ni nada y de ahí iba directa a nunca-adivinaréis-dónde. 
Sí, al arroyo.

6. Las bolsas usadas me ponen nerviosa.
Cuando por fin empezamos a poner bolsas en el cubo, eran bolsas de la compra usadas. Ahora veo una bolsa de plástico usada y pienso en basura. No me acerquéis bolsas de plástico usadas. No metáis mi comida en bolsas de plástico usadas. No me la comeré. Pero al menos ya estará metida en una bolsa que podré tirar al arroyo, algo llevamos adelantado. 

7. Ya que estamos hablando de comida, todos los domingos me sorprendo porque se pueda comprar pan. 
Los domingos las panaderías del pueblo cerraban; los sábados se compraba pan doble. Podías ir a la fábrica de pan directamente o podías esperar a que el panadero pasara por tu calle y tocara el claxon; entonces todas las mujeres salían como quiera que estuvieran a comprar pan de una furgoneta que debía violar como media docena de leyes municipales y de sanidad pública, que a ver si os creéis que el panadero cogía el pan con guantes de plástico o algo. 
Volviendo al tema, los domingo no había ni fábrica ni furgoneta. 
Había varías panaderías y se podrían haber turnado para abrir los domingos, pero eso habría implicado diálogo y probablemente el fin de universo tal y como lo conocemos. 
Lo que sí abría los domingos era la pastelería. Con el tiempo, pensaron que ya que estaban podían vender pan. Bueno, pan no. Que lo mismo los panaderos se enfadaban. Vendían baguettes. Eran más pequeñas y finas que una barra normal, costaban más y se vendían como pan caliente. 
¿Lo pilláis? Porque era pan, y estaba recién hecho. EN DOMINGO. Un locurón. 

8. He tardado años en comprender que El País Semanal se publicaba los domingos.
En el pueblo lo comprábamos los sábados porque, una vez más, la papelería cerraba los domingos. 
Pero eso no significa que los domingos no hubiera prensa: el periódico de los domingos se compraba directamente en la casa de la propietaria de la papelería, que estaba justo encima de la tienda. ¿Tiene todo esto algún sentido? Seguramente sí. Pero no me preguntéis cuál. 

9. No entiendo el clima de Madrid. 
En Córdoba puede llegar a hacer mucho frío. MUCHO. Pero si sale el sol, la temperatura sube, aunque sea un poco. Esto de que en Madrid pueda hacer sol y frío intenso al mismo tiempo, os lo digo claramente, NO ME PARECE NORMAL. 
Tampoco entiendo el tema este de la lluvia. Puedo entender una tormenta salvaje que en una hora deje inundado medio pueblo y se lleve por delante yo qué sé, toda la cosecha. Una cosa razonable, cada cuatro o cinco años o así. Esto de que llueva en otoño y primavera, incluso más de un día seguido, ¿es normal? ¿Es sano? ¿Es por eso que todos tenéis botas de agua y paraguas? ¿Por que esperáis, ya sabéis, usarlos de verdad? 

10. Cada vez que llueve cierro las ventanas porque las corrientes de aire atraen a los rayos. 
Estoy razonablemente segura de que en Madrid hay instalados al menos un par de pararrayos. Pues nada, yo sigo cerrando las ventanas. Lo que ya no hago es desenchufar todos los aparatos eléctricos para evitar subidas de tensión porque, francamente, sería un no parar. Y mira, si sube la tensión que suba; de todas formas yo siempre la tengo bajísima.






¿Te ha gustado? Ayúdame a seguir escribiendo.

29 enero 2018

Teletrabajo

Nena-chan está con gripe.
Gripa, que dice Necio Hutopo.
Cuando empezó a quejarse pensamos que sería un resfriadillo de un día o dos, pero ha estado en casa una semana.
Y diréis, pues vaya.
Y yo diré, pues vaya también, porque un niño que no va al cole es un adulto que tiene que faltar al trabajo gastando días de sus vacaciones (porque solo es ausencia justificada si el niño está ingresado, y aún así solo tres días, así que si tienes un niño con cáncer, por ejemplo, que por suerte NO es el caso, tu vida laboral está más jodida que Calamardo en El Brillante. "Conciliación", lo llaman).
Bueno.
Pues como resulta que soy una de las afortunadas de la vida que trabajan en un sitio donde lo único que les importa es que trabajes y les da igual si lo haces en la oficina, en casa, en un parque o colgando cabeza abajo del Dragon Kahn, cogí mis papelitos y mis cosas y me fui a casa dispuesta a teletrabajar.
Trabajar en casa con un niño enfermo es fácil: solo tienes que asegurarte de que el niño está lo bastante enfermo. Una buena fiebre que lo deje planchado en la cama es la mejor opción. La afonía también da buenos resultados.
El problema es cuando el niño está enfermo, pero no lo bastante como para dormir todo el día. Como cuando tiene conjuntivitis. O cuando tiene una gripe muy gorda, pero durante un par de horas al día la medicación le hace efecto y se anima.
Por si acaso, decidí preparar el terreno.
-Nena-chan -le dije-, hoy es un día especial porque estás malita y mamá tiene que trabajar... ¿quieres -suspiré- que te deje mi casita de muñecas?
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos.
Mi casita lleva cinco años y medio escondida en un armario PARA QUE NI P*T* DIOS LA TOQUE, J*D*R, QUE ES MÍA, reservada para cuando la niña sea un poco más mayor.
-Vale.
-Pero la vas a tratar con cuidado, ¿verdad? Porque COMO LA ROMPAS O DAÑES DE ALGUNA FORMA O MANERA TE JURO POR TÓ LO QUE SE MUEVE QUE TE VOY A DESTROZAR LA VIDA ya eres una niña mayor.
-Claro que sí.
La casita con sus muebles y su conejo.

La niña se puso a jugar y yo me puse a trabajar y al rato apareció Hermano Pequeño, que venía a jugar con la niña un rato para asegurarse de que yo me podía concentrar.
-Anda -le dijo a Nena-chan-, qué casita tan bonita.
-Es de mamá, me la ha dejado porque hoy es un día espesial.
-Ah, vale. ¿Puedo jugar contigo?
-Es que solo hay una muñeca.
-Vaya, es que me gustaría mucho jugar contigo.
-Bueno, puedes ser esta vaca de goma.
-Pero esta vaca no es de Sylvanian...
-LO TOMAS O LO DEJAS.
-Vale, vale... 'Hola, soy una vaca'.
-Las vacas no hablan.
-¡Tú eres un conejo!
-Pero soy un conejo MAMÁ.
-¿Y las vacas qué son?
-Pues vacas -ojos en blanco de Nena-chan.
-Bueno, al menos déjame que entre en la casita.
-No, no...
-Ahora no me digas que las vacas no entran en la casa PORQUE MIRA, TÚ ERES UN CONEJO.
-¡Un conejo mamá!
-LOS CONEJOS SE COMEN LAS CORTINAS.
-¡No es verdad!
-Y hacen CACA.
Vale, me lo estoy inventando todo. Pero fue más o menos así, y me estaban poniendo la cabeza como un bombo.
-Bueno, se acabó -les dije-. Si bajo a la juguetería -vivimos muy cerca de una, es horrible- y subo otro conejito, ¿ME DEJARÉIS VIVIR?
-Vale.
Bajé a la juguetería.
Ya sé lo que me vais a decir: comprar el buen comportamiento de los hijos con juguetes está MAL.
Pero técnicamente no estaba comprando el buen comportamiento de mis hijos, sino el de Hermano Pequeño, así que no pasa nada.
La señora juguetera me enseñó el conejo un conejo, pero entonces vi esto:

Y pensé, mira, ya que voy a comprar el buen comportamiento de Hermano Pequeño, al menos lo quiero ver dándole a la escobilla con el conejo.
Pero cuando llegué a casa y abrimos la caja resultó que el baño no traía conejo incluido.
Hermano Pequeño se d*sp*ll*b*.
-¿No se te ha ocurrido mirar si el muñeco estaba incluido?
-¡No! ¡He visto la escobilla y he pensado que ya no se le podía pedir más a la vida!
-Pues sigo sin tener muñeco!
-Pero ahora puedes jugar a ser UN VÁTER.
-Lo has hecho aposta, ¿verdad?
A Hermano Pequeño intentó ser un váter durante un rato pero la experiencia debió ser una m**rd* (ja, ja) porque al rato se fue.
Eso o que tenía que trabajar, o un examen o una operación de cerebro, yo qué sé, si la mitad de las veces no le escucho cuando habla.
Nena-chan se quedó jugando con la casita tranquilamente, tan tranquilamente que estuve trabajando un par de horas en absoluto silencio, y de hecho habría seguido más si no llega a ser porque estiré la mano para coger el marcador amarillo y no estaba en el punto exacto donde suelo dejarlo QUE ES EXACTAMENTE SU SITIO Y NO ME VENGÁIS CON QUE TENGO MANÍAS PORQUE NO PODÉIS DEMOSTRARLO.
Miré entonces un poco más lejos y vi a Nena-chan con el rotulador en una mano y el conejo en la otra.
-¡Pero Nena-chan! 
-¿Qué?
-¿Qué le has hecho al conejo? 
-Nada. 
-¿Y por qué es fosforescente?
-Ah, lo he pintado con el rutulador. 
-¡Te dije que trataras la casita con cuidado!
-Por eso he pintado EL CONEJO.  
Bien pensado, tiene razón. 

08 octubre 2016

Las vacaciones del horror, 6

Previously in Lorz...
This olla is on fireeeeee!!!

Un día me fui al ambulatorio a ver los resultados de las pruebas de Bebé-kun y ya no estaba su pediatra ni el pediatra suplente sino otro (¿el suplente del suplente? voy a tener que empezar a ponerles códigos de barras).
-El niño está bajo de hierro -me dijo-. ¿Sabes lo que significa eso?
-Que es inmune a los poderes de Magneto.
-No. Significa que no es celiaco -o celíaco. Todavía no he decidido si quiero decirlo con acento o no. CeliAAAAAco. CeLÍÍÍÍÍÍÍÍaco... No sé, no lo acabo de ver-. A este niño lo que le pasa es que le das mucha teta.
-¿Per-do-naaa?
-Te lo explico. El hierro es lo único que la leche materna no es capaz de suministrar, luego si está bajo de hierro, el problema es que le estás dando demasiada teta.
En este momento tendría que haber dicho otra vez
-¿Per-do-naaa?
Pero en vez de eso dije
-Ya, es que no le gusta la leche normal.
Siendo "normal" un polvo con aroma a vainilla fabricado a partir de presunta leche de vaca. De cualquier vaca. Lo mismo es una vaca que ni conocemos ni nada, vete a saber.
-No, no, no. Leche no. Lo que tiene que hacer es comer. Y claro, como le das el pecho no come.
-Sí come.
-Aquí tengo una anotación que dice que no come, y luego pide pecho cada dos horas.
-Porque A VECES se tira días sin comer. Por el estreñimiento.
El niño tiene dificultades para evacuar. Y, por decirlo finamente, la capacidad de almacenamiento de un cuerpo tan pequeño es muy limitada.
-Claro, no come porque le das mucho pecho. Y luego que si no engorda.
-A veces no come y ENTONCES le doy mucho pecho. Pero el verdadero problema es que otras veces come perfectamente y ADEMÁS sigue pidiendo pecho y A PESAR DE ESO no hace peso.
-Por que no deberías darle el pecho.
-¡Que si no le doy el pecho se me muere!
-Pues entonces lo que tienes que hacer es darle PRIMERO de comer y DESPUÉS ofrecerle el pecho.
-¡QUE ESO ES LO QUE HAGOOOO!
-¡PUES AQUÍ PONE QUE LE DAS EL PECHO CADA DOS HORAAAAAS!
-A ver. El niño va a la guardería de 9 a 17. En ese tiempo, hace tres comidas completas. Sin teta. Nada de teta. ¡NO HAY TETA! Para ser justos, las cuidadoras SÍ tienen tetas. Pero no las comparten, así que es como si no las tuvieran. Y en cuanto yo llego se me aferra, y pide teta. Y la vuelve a pedir cada dos horas. Día y noche. Desde hace seis meses. Y aún así no hace peso.
-Claro, porque la teta no le nutre...
El asombroso caso de la teta light.
-... y además le quita las ganas de comer...
No como tener atravesado un ñordo de dos semanas, que eso abre el apetito de toda la vida.
-...lo que tienes que hacer es darle leche de fórmula...
Una vez más tenía que haberle dicho
-¿Per-do-naaa?
Así que la leche materna le llena y le quita el apetito, y la leche de fórmula no. Será de fórmula multiplícate por cero y divídete por dos...
Pero antes de que pudiera protestar, el pediatra dijo:
-...justo aquí tengo unos folletos de una marca buenísima...
Ajá. Qué casualidad, ¿eh?, que alguien, de forma totalmente desinteresada, le hubiera dado al pediatra esos folletos, y que el pediatra a su vez, y también de forma totalmente desinteresada, pudiera recomendarme esa marca a mí cómo la única solución a lo que sea que le esté pasando a Bebé-kun, que no lo tenemos claro.
Menuda suerte la mía.
Me sentía tan agradecida por ese regalo del destino que le dije que sí a todo y me fui.
Por la noche llamé a mi madre.
-¿Qué te ha dicho el pediatra? -preguntó.
-Que tengo que destetar al niño porque tiene los niveles de hierro bajos.
-Menuda tontería. Eso le viene de familia. Tu hermano, por ejemplo, ha tenido anemia toda su vida.
Uy, uy, que me da que voy a tener que destetarlo también.





Advertencia legal: si padece usted anemia o alguna otra carencia de hierro es posible que esté siendo amamantado inadvertidamente. 
Si usted NO solicitó el mencionado servicio, o SÍ lo solicitó pero desea cancelar su suscripción, envíe un correo a lorzagirl@gmail.com
indicando claramente en el asunto "soy un mamón y no lo sabía". 






Pd: Como sé que os gustan los finales felices, pasados unos días volví al pediatra suplente del suplente del suplente del suplente del suplente del suplen... ¿me he pasado con los suplentes? y me dijo que había cambiado de opinión.
-¿Y eso?
-Es que me he leído el expediente.
Ah, sí, a veces eso ayuda.

21 enero 2016

La venganza de los Reyes Majos

Me imagino que a estas alturas estáis ya todos hasta el potorro de oírme hablar de los biberones de Bebé-kun. 
Yo también.

Como he dicho millones de veces, en mi casa los Reyes Majos vienen el 31 de diciembre. 
Bien pensado, no es mi casa, sino la casa de mis padres. 
Desde que nació Nena-chan he estado intentando convencer a los dichosos Reyes de que traigan los regalos el día que corresponde, pero no hay manera. 
-Es que el 31 de diciembre es el único día que estamos todos -repite mi madre-. Bueno, salvo tu tía, que se va, tu primo, que no viene, tu padre, que al día siguiente madruga, tus hermanos, que salen tarde de trabajar...
El uso que hace mi madre de la palabra "todos" es ocasionalmente preocupante. 
Al final he aceptado caballerosamente la derrota, y he llegado a un acuerdo amistoso: 
dejo a mi familia que reparta sus regalos de reyes cuando le salga de la punta el nabo, y, pase lo que pase, el día 5 me voy con los niños a la cabalgata y a la vuelta, plof, los reyes han dejado en casa alguna cosita para ellos. 
Es como magia. 
Este año, una vez más, los regalos se repartieron en casa de los abuelos el día 31. 
-Creí que iba a ser el día 5 -me dijo Hermano Pequeño-. Me he pedido la tarde libre y todo. 
-Bueno, pues te vienes a la cabalgata con nosotros. 
-Ah -me dijo mi madre-, si Hermano Pequeño va a la cabalgata yo también voy.
-Bueno -le dije a ZaraJota-, si van a venir mi madre y mi hermano más me vale invitar al otro hermano y a mi padre también.
Invitados todos y asistencias confirmadas, me di cuenta de que tenía que avisar a los Reyes Majos de que tenían que traer cositas para más gente. Rápidamente me puse en contacto con ellos por internet, y más rápidamente aún tuve la respuesta por correo electrónico: 

Gracias por realizar su pedido. 
Ha elegido usted entrega urgente 24 horas. 
Fecha estimada de entrega: 26 de enero - 1 de marzo. 

¿Que QUÉ?
¿Más de un mes para recibir los regalos?
¿Es que los traen en camello o qué?
Para entonces Nena-chan ya estaba muy ilusionada con los Reyes Majos, y me daba mucha pena que descubriera que son unos vagos de mierda, así que pensé... por favor, no me juzguéis, que lo hice con muy buena intención... pensé que yo... ay, qué vergüenza... pensé que yo podía comprar los regalos de mi familia y ponerlos bajo el árbol como si los hubieran traído los Reyes. 
Ya está, ya lo he dicho. 
El problema era que los niños ya no tenían colegio ni guardería y, fuera dónde fuera, tenía que ir con ellos. Entonces me acordé de una mamá del colegio. Bueno, y de la guarde. Qué más da, ella ya sabe quién es (¡Hola!). Esta mamá me contó que se había encontrado en una situación parecida, y se había ido de compras con los niños, y que lo hizo tan bien y con tal disimulo que los niños no se enteraron de nada. 
Y pensé que si ella había podido, yo también. ← Quedaos con esta frase, que ha ganado el Premio Internacional a Soy Tontalculo 2016.
Me fui con los niños al centro y compré cuatro chorraditas para mis padres y mis hermanos, y efectivamente los niños no se pisparon de nada en ningún momento. Bueno. No se pisparon de nada hasta fui a salir de la tienda y saltó la alarma, y un amable guardia de seguridad me vació las bolsas una por una delante de los niños. 
Ay. 
No pasa nada, me dije. Son regalos-rollo de adulto. Nena-chan ni se ha fijado. 
Nos fuimos a casa, los empaqueté, los escondí...
El día 5 nos fuimos a la cabalgata de reyes y cuando volvimos... no os lo vais a creer: había un montón de regalos debajo del árbol de navidad. Estaban ahí hasta los que yo había comprado, que si eso no es un milagro navideño ya me dirás.
Yo estaba supernerviosa, y no paraba de mirar a Nena-chan por si ataba cabos, pero no. Habiendo por medio tantos juguetes, ¿para qué iba a fijarse en los regalos-rollo de los adultos?
Efectivamente, la niña no hizo ningún comentario, al menos ese día. Ni al siguiente. Ni al siguiente. Ni al siguiente. De hecho, ya habían pasado dos semanas el día que nos subimos al autobús y un señor saludó a Nena-chan. 
-Hola, bonita, ¿cómo te llamas?
Y entonces, sin mediar provocación alguna, fue Nena-chan y le soltó: 
-Los Reyes Magos me traen muchos guegalos para mí porque yo me porto bien mucho pero a la buela le traen una caja de galletas que compra mamá. 
Mira, niña, si crees que la abuela no se ha portado bien este año dilo claramente. 




03 enero 2016

El chantaje del rey

Esta es la primera navidad que Nena-chan es realmente consciente de lo que pasa a su alrededor.
Aunque en casa no hemos hablado mucho del tema, sus amigas del colegio se han encargado de explicarle lo esencial de estas fiestas, a saber:

Los Reyes Magos traen regalos en camello.

La niña no tiene idea de lo que es un rey, un mago o un camello, pero sí tiene bastante claro lo que es un regalo.
Más o menos.
Durante las semanas previas a navidad nos pasamos días haciéndole la misma pregunta:
-Y tú, ¿qué le vas a pedir a los reyes magos?
-Regalos.
-Eh... Ya. ¿Qué regalos?
-Muchos.
-Por supuesto, pero ¿muchos qué?
-Regalos -ojos en blanco.
-Claro, pero DENTRO del regalo, ¿qué hay?
-...
-Los Reyes Magos traen REGALOS, y los dejan debajo del ÁRBOL, y entonces los ABRIMOS y...
-No se abren.
-Claro que sí, rompemos el papel y...
-¿Rompemos?
-Claro, rompemos el papel de regalo y...
-¡NOOOO! ¡NO QUERO ROMPER MI REGALOOO!
Ay.
Mi madre lo intentó también, recurriendo a sutiles técnicas de manipulación mental.
-Nena-chan, ¿qué le vas a pedir a los reyes?
-Regalos.
-Eh... ya. Y esos regalos, ¿cómo son?
-De juguetes.
-¿Y qué juguetes son?
-De regalos.
Llegado este punto, mi madre renunció a la sutileza y le colocó a la niña delante el catálogo de Playmobil.
Coñoyá.
-Mira, Nena-chan, mira cuántos juguetes.
-Sí.
-¿Cuál le pedimos a los Reyes Magos?
-Este -mi madre sonrió triunfal, anotando mentalmente el juguete señalado-. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este...
Para intentar explicarle que la navidad es algo más la llevamos a una exposición de belenes del mundo que hay en Matadero. La niña iba de belén en belén buscando a los Reyes Magos, hasta que de pronto se volvió hacia mí y me dijo:
-Mamá, mira, ahí hay un bebé.
-Sí, suele ocurrir.
Y en el siguiente belén:
-¡Otro bebé!
-Ya.
-Y aquí otro también.
-Lo sé.
-¡Hay bebé en todos!
Ya ves, debe ser la moda ahora.
Por suerte o por desgracia, en mi familia el asunto reyes dura poco, porque los regalos se entregan religiosamente el 31 de diciembre.
No preguntéis, es mejor no saber.
Antes los regalos los repartíamos nosotros mismos, pero casualmente desde que nació Nena-chan todas las navidades vienen los Reyes Magos en persona.
Bueno, en realidad es solo un Rey Mago.
Bueno, en realidad es Hermano Pequeño disfrazado.
No tenemos tanto caché como para que vengan los de verdad.
El año pasado se disfrazó de Melchor, pero este año pensó que Nena-chan podía reconocerlo, así que se disfrazó de Baltasar: se puso la misma túnica, la misma barba blanca, se pintó la cara de negro y se pegó unas cejas blancas a lo Gandalf. Y luego se escondió en el descansillo de la escalera a esperarnos. Con esas pintas. Yo porque me lo esperaba, pero la vecina del sexto se lo encontró a oscuras y se le reinició el marcapasos de la impresión.
Nena-chan se quedó extasiada.
Un Auténtico Rey Mago.
En el descansillo de casa de los abuelos.
Qué. Fuerte.
El Rey Mago le dio a la niña sus regalos y antes de irse, le dijo que si se portaba bien el año que viene le daría más.
Puto chantajista de mierda... quiero decir... mira qué majo.
-Seguro que te traigo muchos, porque te vas a portar muy bien, ¿verdad?
-...
Unos días más tarde estábamos en una tienda de disfraces y Nena-chan vio una diadema con unas antenitas azules. Nena-chan rara vez pide algo cuando estamos de tiendas, pero esa vez me las pidió. Es que eran MONÍSIMAS.
-Mamá, quero esto.
-¿Se lo pedimos a los Reyes Magos?
-No, mejor las paga mamá.
Por si acaso.

02 diciembre 2015

Un día complicado

Decíamos ayer que la semana pasada Nena-chan estuvo malita con anginas y Bebé-kun penando con los dientes y yo con ambos.
De día se turnaban para llorar y que los cogiera en brazos: cogía a Bebé-kun y lloraba Nena-chan, cogía a Nena-chan y lloraba Bebé-kun, y a veces lloraban los dos y los cogía a los dos. Gracias al sonambulismo que parecen haber heredado ambos, las noches eran igual de interesantes.
El viernes por la tarde, además, fui al dentista.
Cuando llegué allí me preguntó qué tal, porque hacía mucho tiempo que no me veía. 
-Bien, ya he tenido al niño -le dije, señalándome la barriga por si no se había dado cuenta. 
-¡Qué bien, enhorabuena! Espera... ¿le estás dando pecho? 
-Sí, pero me dijeron que no había ningún problema.
-Bueeeenoooo... eso dicen... Prefiero que, por si acaso, te saltes una toma o dos. 
-Eso pensaba, pero justo hoy he sacado mis reservas de leche congelada y las he tenido que tirar porque me olían raro. 
-Qué mala suerte... Bueno, podemos hacer una cosa: pasa a la consulta y veo qué te puedo arreglar sin anestesia. 
Os ahorraré los detalles porque en el fondo os aprecio. 
La cuestión es que al día siguiente estábamos invitados a la inauguración de una librería. Bueno, en realidad no, pero sabíamos que no iban a pedir la invitación en la puerta, así que lo mismo nos daba. 
La inauguración era a las siete. Una pena, tendría que haber sido a las cuatro, que era la hora en la que todavía iba todo bien: niños limpios, comidos y contentos. A las cuatro y cinco, por desgracia, Nena-han hizo eso que hace a veces de cerrar los ojos y roncar. A las cinco decidimos que ya había dormido bastante y empezamos a intentar despertarla, proceso que culminó a las seis de la tarde, cuando Bebé-kun empezó a llorar de hambre. Le enchufé la teta al enano: inmediatamente Nena-chan empezó a llorar porque tenía hambre también. ZaraJota le preparó la merienda para que se la comiera mientras vestíamos a Bebé-kun; luego vestimos a Nena-chan, momento que aprovechó su hermano para hacerse una caca sobaquera. Volvimos a cambiar a Bebé-kun. 
Debían ser las siete pasadas cuando llegamos a la parada de autobús, solo para descubrir que la línea estaba cortada por un partido de fútbol. 
-No pasa nada, a dos manzanas está la parada del 119, que va para el mismo lado -le dije a ZaraJota. 
Caminamos las dos manzanas y miramos la marquesina del bus. 
-Pues por aquí no parece que pase. 
-Uy...
Vale, quizá fueran cuatro manzanas. 
Con los niños en brazos y el bolso cambiador colgando. 
Y frío. 
Cuando por fin llegamos a la parada tuvimos suerte porque justo pasaba un autobús, nos subimos y cuando fui a frotar mi tarjeta... BIP. 
-¿Qué coño...?
La volví a pasar.
BIP.
BIP.
BIP.
-Señora, por más que frote la tarjeta va a seguir estando caducada -me gritó el busero.
Mierda... como llevaba toda la semana sin salir de casa no lo había notado.
Eché mano al bolso para pagar el billete sencillo y entonces me di cuenta de que no llevaba el bolso.
Mierda.
-Eh... ZaraJota, ¿tienes dinero para el bus?
-No, no llevo nada. Espera, sí, creo que tengo las vueltas del pan... ¡Mierda!
-¿Qué pasa?
-Que me han colado diez pesos.
Después de un buen rato haciendo malabarismos en el autobús en marcha con Bebé-kun colgado, conseguí pagar y sentarme.
-Qué bien estamos, ¿verdad? -le dije a Bebé-kun, que me respondió potándome en el escote.
Qué calentito...
Cuando llegamos a la librería estaba llenísima, y la gente empezaba a desparramarse por la acera. Nos encontramos con gente conocida y en algún momento Fanshawe pasó por ahí y pensé que iba a saludar, pero me pareció que dudaba.
Esto es que no se acuerda del nombre, pensé.
-Hola, soy Lorz.
-Eh... ya lo sé, ya nos conocemos.
-Eh... sí.
-Escribiste aquel post, ¿te acuerdas?
-Sí.
-Claaaaro. Claaaaaaro.
Vale, había quedado como una loca otra vez. Por suerte cuando vas con niños siempre tienes alguna excusa para huir.
En este caso, Bebé-kun estaba pidiendo teta.
Me dijeron que estaría más cómoda en el último piso, y cuando subí me encontré a otras mamás en proceso de alimentar a su progenie. Me senté y me coloqué al enano. Al lado mía había una señora dando biberón a su nieto.
-Come muy bien -le estaba diciendo a otra señora. Y en ese preciso instante le retiró el biberón de la boca y el niño... no sé cómo describirlo. Imaginaos que el niño fuera el Vesubio y la señora Pompeya, y de pronto todo estaba cubierto de una lava patrocinada por Nestlé. Pues así.
Bebé-kun me vio reírme por lo bajini y pensó en repetir el chiste potándome de nuevo, pero esta vez falló: en vez de a mí empapó toda su ropita.
Mierda.
Por supuesto todos los aparejos del bebé se habían quedado en la calle, con ZaraJota.
Mierda.
Y entre ZaraJota y yo se interponían varios millones de personas y una mesa con canapés.
Mierda.
Cuando ZaraJota consiguió llegar, arrastrando la bolsa y a la niña. miré alrededor buscando una superficie para cambiar al bebé, pero no encontré ninguna.
-Me parece fatal -le dije a ZaraJota-, ¡tienen todos los libros por medio!
Un alma caritativa despejó una estantería, y así fue como Bebé-kun acabó desnudo en la trastienda de una librería en su fiesta de inauguración.
Ahora que lo pienso, dicho así suena muy mal.
Mientras tanto Nena-chan se estaba portando muy bien y pensé que merecía un premio.
-Escoge un libro, el que quieras -le dije-, que con toda esta gente seguro que lo podemos mangar.
Era broma, ¿vale? Lo que pasa es que mi sentido del humor es tan sofisticado que Nena-chan no lo entiende.
-¡¡¡NOOOOOOOO!!! ¡¡¡NO QUERO MANGAR!!!
-Shhhh... ¡Era broma! ¡Era broma! Mamá lo paga, ¿vale? ¿Te gusta este?
-¡¡¡NO LO TOQUES!!!
Nena-chan me quitó el libro de las manos y fue a leerlo en una esquina, de espaldas a mí, protegiéndolo con su cuerpo.
Ay.
Al final conseguí convencerla de que escogiera un libro y nos fuéramos a pagar.
Entonces Bebé-kun volvió a pedir teta. Claro, como no para de potarla no le cunde nada.
-Vámonos a cenar, anda -le dije a ZaraJota.
Íbamos de camino al restaurante  cuando nos dimos cuenta de que el Chache no venía. EmeA y Scarlett volvieron a buscarle, pero ya se había ido.
-No entiendo nada -dijo ZaraJota-, le dije que se viniera con nosotros.
-Dime, por favor, cuáles fueron tus palabras exactas.
-Yo le dije "luego vamos a cenar por aquí", y él me contestó "yo también" y se fue.
Sin comentarios.
Más o menos entonces nos dimos cuanta de que EmeA y Scarlett se habían traído a cenar a una tía que no conocíamos de nada.
"¿Y esta quién es?", le pregunté a ZaraJota telepáticamente.
"Ni idea"
"¿Será amiga de EmeA?
"No sé, parece que Scarlett la conoce también"
"Mierda, ¿crees que estuvo en su boda?"
"Es posible"
"Joder, joder, joder, si estuvo en la boda SEGURO que nos la presentaron"
"Joder, joder, joder... ¿qué hacemos?"
"Disimular"
Y eso hicimos: durante toda la cena intentamos mantener un equilibrio social de manera que si la conocíamos no pensara que éramos unos bordes, y si no la conocíamos no pensara que nos tomábamos demasiadas confianzas. El resultado debía parecerse bastante a un sociópata bipolar con sonrisa profidén.
Para rematar, algo así como a las diez de la noche se me escapó un grito.
-¿Qué pasa? -me preguntaron todos a la vez.
-¡Que había quedado con Hermano Pequeño!
-¿Cuándo?
-¡HACE UNA HORA!
-Mierda, mierda, mierda, voy a mandarle un mensaje...
Mientras esperábamos que contestara pedimos la cuenta. Y por supuesto, cuando la trajeron nos acordamos de que ZaraJota no traía dinero encima, y yo me había dejado el bolso en casa.
Mierda.
Mientras nos rebuscábamos los bolsillos, EmeA se ofreció amablemente a pagar.
-¡No hace falta! ¡No somos pobres, solo somos muy, muy idiotas!
-Ajá.
Todavía me sentía bastante abochornada cuando me subí al bus y froté la tarjeta.
BIP
-Señora -me gritó el busero-, tiene la tarjeta caducada.
Mierda...
Tenía que haberle pedido a EmeA que me diera también para el bus.



Epílogo.
Hermano Pequeño respondió a mis mensajes de madrugada: "Lo siento, no me acordaba de que habíamos quedado. He tenido un día complicado"
Conozco la sensación.




06 enero 2015

El roscón de reyes

El domingo pasado toda mi familia se vino a comer a mi casa sin motivo aparente.
Estábamos ya con los postres cuando empezamos a planear la merienda del día de reyes, porque mi familia es así: en cuanto ve que una comida se está terminando empieza a pensar en la siguiente.
-Yo compro el roscón -anunció mi madre-, que el del año pasado estaba malísimo.
-El del año pasado lo compraste tú -le dije, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-¿Cómo os gusta?
Mis hermanos y yo nos miramos como de soslayo, porque gustar, lo que se dice gustar, el roscón de reyes no nos gusta a ninguno, y solo nos lo comemos porque mi madre lo compra y luego empieza con "¿para esto compro yo el roscón, para que no os lo comáis?" y nos lo incrusta en el gaznate ayudándose con un palo.
-A mí no me gusta -declaré, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-A mí me gusta sin nada -anunció mi madre, y entonces nos dimos cuenta de que ya no servía de nada objetar porque había cogido carrerilla y estaba soltando el discurso de todos los años-, pero claaaaaro, a vosotros os gusta con mucha nata, venga nata, de verdad, que no sé como a la gente le puede gustar con tanta nata...
Obsérvese como de pronto éramos "gente".
-Que no nos gusta.
-O trufa. La manía con la trufa. Claro, como a vosotros os gusta todo bien cubierto de chocolate...
Mi madre cree que nos alimentamos básicamente de chocolate. Que adoramos el chocolate. Que olemos chocolate y nos hacemos pis de gusto encima... Vale, esto último puede que sea cierto.
-La trufa no es chocolate. Y me gusta menos que el roscón. Si cabe.
-Pues yo de trufa no lo compro. Voy a comprar uno sin nata para mí, que no me gusta tanta tontería, y otro con nata para vosotros.
Mi madre es que desde que es terrateniente se ha visto poseída por el espíritu del capitalismo. Vaya: un roscón para ella y otro para compartir entre siete, en fin...
-¿Madre, no crees que es un reparto un poco... desigual? -le dije, pero me ignoró vilmente porque los capitalistas son así.
-Pero con nata de verdad, ¿eh? No CHANTILLÍ de ese.
Mi madre es una optimista de la vida y no conoce el rencor o el odio. Casi. Pero el chantillí siempre saca lo peor de ella. Mis hermanos y yo nos miramos nerviosos. Presentíamos el desastre.
-Lo que prefieras.
-Que te lo venden como nata, y cuando vas a comértelo no es nata, es CHANTILLÍ de ese. Y el CHANTILLÍ no es nata: es CHANTILLÍ. No sabe igual: ni se le parece. Anda que no está malo. Y a la gente le encanta, pero eso no es nata. Y YO LO QUIERO CON NATA.
-¿No habías dicho que el tuyo era sin nada?
Mi madre se quedó desconcertada unos segundos y aproveché para sacar el café y unas galletitas.
Ilusa de mí, entre las galletas había oreos.
A Hermano Pequeño se le iluminó la cara y comentó el elaborado ritual que implica comer oreos: coge una, quita la galleta de un lado, lame el relleno mientras lanza gemidos de puro placer...
-¿Eso que es? -preguntó la Tita del Puerto, que también estaba presente.
-Una oreo.
-Yo no sé cómo os puede gustar eso. 
A la Tita del Puerto no le gustan las oreos.
-Más hay para mí.
-Es que los niños ven eso negro y se piensan que es chocolate -intervino mi madre, ajena al hecho de que Hermano Mediano va a cumplir treinta años y a estas alturas ya conoce perfectamente la composición de una oreo.
-Me da igual, está buenísima.
-¿Y lo de dentro qué es?
Hermano Pequeño dio otro lametón y fingió pensarlo durante unos segundos.
-Es... CHANTILLÍ.
Es que Hermano Pequeño todavía confunde sinceridad y suicidio.

07 noviembre 2014

[una ordinariez]

En cuanto Bebé-chan empezó a hablar (más o menos) todo el mundo nos advirtió.
-Tened cuidado con lo que decís en casa,  que los niños lo repiten todo.
Mi padre estaba especialmente ilusionado con la idea.
-Sí, sí, porque yo me sé de UNA -UNA soy yo, por si os habéis perdido en la sutileza del argumento-, que un día entró en casa de los abuelos y les soltó "mi papá llama a mi mamá [una ordinariez]".
A mi padre le encanta esa anécdota, porque la tiene catalogada como "Anécdota Humillante de la Infancia de Lorz" (o de UNA, para que no os confundáis).
Yo le digo que la anécdota es humillante, eso seguro, pero que no está tan claro para quién.
-¿Llamabas a mamá [una ordinariez]? -le pregunté.
-Sí.
-Tu padre es que siempre ha sido muy romántico -dijo mi madre.
-¿Y tú le dejabas?
-¿Qué iba a hacer?
-No sé, si Zarajota me llamara [una ordinariez] a mí le partiría la cara así con el canto la mano.
Generalmente no soy partidaria de la violencia conyugal, pero todos tenemos nuestros límites.
-Claro, claro. Como si Zarajota no te llamara cosas a ti.
-¡No es lo mismo!
En los momentos de intimidad en los que se deja llevar por el romanticismo, Zarajota me llama cieliamor.
Sin duda es sonrojante, pero si un día Bebé-chan llega a la guardería y dice a voz en grito:
-¡¡¡MI PAPÁ LLAMA A MI MAMÁ CIELIAMOR!!!
Pensarán que somos unos cursis, no que hay que llamar a los servicios sociales.
Creo.
-Además, padre no te lo decía en los momentos de intimidad: te lo decía delante de tus tres hijos.
-No, no, mujer, eso era antes de que Hermano Pequeño naciera -se ve que después se le quitaron las ganas de [una ordinariez]-. Erais muy pequeñitos.
-¡Peor me lo pones!
-Los niños de esa edad no se enteran.
A ver, en qué quedamos: ¿se enteran o no se enteran?
Una tarde dejamos a Bebé-chan con los abuelos. Y cuando fuimos a por ella, le pregunté:
-¿Te lo has pasado bien con los abuelos?
-¡TIIII!
-¿Qué habéis hecho?
-BUELA DICE "¡CALLA!". BUELO DICE "¡CALLA TÚ!"
Hay que ver cómo ha evolucionado [una ordinariez] en treinta y cinco años de matrimonio.

















Ch*ch*loco.


Lo siento, papá, se me ha vuelto a escapar.
Es como un tic nervioso que tengo.

24 junio 2014

Dinópolis

-Estoy pensando en irme un fin de semana a Londres a ver The Book of Mormon -dijo Hermano Mediano.
Cuando Hermano Mediano era adolescente mi madre estaba preocupada porque salía poco. Desde que nos mudamos a Madrid mi hermano ha estado, si no recuerdo mal, en Finlandia, Fráncfurt, Londres y China, aparte de hacer el camino de Santiago en todas las direcciones posibles, siempre buscándose la vida y por su cuenta. A estas alturas mi madre ya ha debido darse cuenta de que lo que a Hermano Mediano no es que no le gustara salir, es que lo que quería era salir del pueblo.
-Pues yo me apunto -dijo Hermano Pequeño.
-¡Anda! ¡Yo también quiero! -dije yo-. Podíamos ir un fin de semana los cuatro.
-¿A Bebé-chan le gustan los musicales?
-Eh, no. Bebé-chan tendría que quedarse aquí. Estaba pensando en que viniera ZaraJota™.
-Ah.
Solo había un pequeño problema: a ZaraJota™ le da pánico volar. Yo, en cambio, soy mucho más lista: a mí lo que me da pánico es estrellarme. El problema no es que nos muramos y tal, aunque sería un inconveniente; lo que nos preocupa es qué pasaría entonces con Bebé-chan.
-Pues que se quedaría con mis padres -le digo a ZaraJota™.
-¡Eso, tú empeóralo!
-Oye, que me han criado a mí. Tan malo no puede ser. ¿Verdad? ¿Verdad? ¿VERDAD?
En el fondo ambos sabemos que Bebé-chan estaría muy bien con mis padres:
Mi madre adora a Bebé-chan.
Bebé-chan adora a mi madre.
Mi padre adora a Bebé-chan.
Bebé-chan le perdona la vida a mi padre porque sabe que puede manipularlo a voluntad y convertirlo en un mero juguete en sus manos.
Y todo así.
Supongo que lo que nos pasa es una forma extraña, morbosa y enfermiza de celos con anticipación: si algo nos pasa, no seremos nosotros quienes cuidemos de Bebé-chan. Y como la queremos mucho, la idea nos toca los güevos a dos manos.
Volviendo a ZaraJota™, pensé que lo mejor para evitarle meses de angustia era que no supiera donde íbamos hasta el último minuto. Pero tenía que contarle algo. Y, como cuando miento me da la risa floja, tenía que ser lo bastante absurdo como para que la risa floja estuviera justificada, ¿me seguís?
-Mis hermanos están planeando un Viaje de Hermanos Marca Registrada -le dije.
-Estupendo, que lo paséis bien.
-No, hombre, tú también vienes...
-Qué rápido se troca en la vida del hombre el gozo en pesar.
ZaraJota™, es así, le dan como prontos poéticos que no vienen a cuento.
-Hemos pensado en ir un fin de semana a Teruel -informé.
-Anda ya. ¡Si en Teruel no hay nada que ver!
-Ya sabes cómo son mis hermanos: les encanta el camino de Santiago.
-¡Pero Teruel está en la otra punta!
-Tanto como en la otra punta... Lo he mirado en mapa y está como a cinco centímetros o así. Además, podemos ir a Dinópolis.
-...
-Ya sabes cómo son mis hermanos: les encantan los dinosaurios.
-Bueno -suspitó ZaraJota™-, al menos Bebé-chan se lo pasará bien.
-No, no, la nena no viene, se queda con mis padres.
 -Bueno -suspiró ZaraJota™-, entonces al menos podremos aprovechar que estamos solitos en una habitación de hotel para jugar al parchís.
-Estoooo...
Creo que no lo he dicho todavía: nuestro presupuesto era muy limitado, y teníamos que alojarnos en un albergue.
Concretamente, en una habitación compartida con mis hermanos.
-Ya sabes cómo son mis hermanos -le dije a ZaraJota™-. Están siempre pelados.
-...
-Podemos hacer edredoning -sugerí.
Pero ZaraJota™ no estaba por la labor.
-Bueno -suspiró-, al menos podremos descansar.
-Estoooo...
Como he dicho, nuestro presupuesto era limitado. Por eso teníamos que volar con Ryanair. Concretamente, en el vuelo de las 6:30.
-Tenemos que levantarnos a las 4.
-¿A las cuatrooo?
-Para coger el autobús.
-¿Es que no hay más autobuses?
-Ya sabes cómo son mis hermanos: quieren estar en la puerta de Dinópolis antes de que abran.
-Bueno -suspiró ZaraJota™-, al menos saldrá barato.
-Sí, sí. Eso sí. Solo son 300 euros por cabeza.
-¿600 EUROS? ¿POR UN FIN DE SEMANA EN TERUEL? ¿EN AUTOBÚS? ¿COMPARTIENDO HABITACIÓN? ¿LEVANTÁNDONOS A LAS 4 DE LA MAÑANA? ¿Y SIN SEXO? ¿PARA VER EL P*T* DINÓPOLIS?
-Ya sabes cómo son mis hermanos...
-¡IMBÉCILES! ¡TODOS IMBÉCILES!
Bueno, sí, eso también.









No digo que continuará porque tengo que coger un avión y no quiero ser gafe.