27 mayo 2018

Feria del libro 2018

Me adelanto a mí misma para deciros que este año la Feria del Libro de Madrid le ha dado un especial protagonismo a las mujeres, no solo por el preciosísimo cartel de Paula Bonet...

...sino también porque incluye en su programación tres charlas de las Mujeres del Libro...


 ...cuyo cartel, casualmente, también es de Paula Bonet.
Las entrada a las charlas es no solo libre, sino muy recomendable. Tenéis el programa aquí. Yo intentaré ir como público a todas y, quién sabe, quizá incluso me atreva a hablar en alguna.

Y ya que estamos con los libros y demás, iba a recuperar un hilo, pero mejor os cuento otra cosa.
Aunque no lo parezca, soy tímida patológica.
Muy, muy tímida.
Y muy patológica.
Sobre todo lo segundo.
Cuando era pequeña me daba pánico salir sola a la calle porque, ¿y si me encontraba a alguien y tenía que saludar?
EL HORROR.
Ahora no me pasa tanto porque no veo casi nada a media distancia así que ya pueden saludarme los demás, porque lo que es yo no les voy a ver.
Pero sigo siendo muy tímida.
Siempre hago bromas con que soy asocial, pero no es verdad.
A mí me gusta la gente y relacionarme con la gente.
Es solo que no sé cómo.
Siempre pienso que estoy haciendo algo incorrecto, o diciendo tonterías, y me pongo nerviosa y digo más tonterías y me pongo más nerviosa y digo más tonterías, y al final me voy pensando que soy estúpida y que he quedado como una estúpida, y todo el mundo se ha dado cuenta, y que mejor me escondo en un agujero bien profundo y no salgo más.
Y creo que no soy la única a la que le pasa, ¿por qué tienen las redes sociales tanto éxito, si no?
Para los infraseres como yo, que somos legión, entrar en una librería, o en cualquier pequeño comercio, ya que estamos, es un reto. Preferimos las grandes superficies, donde podemos mezclarnos con la multitud y pasar inadvertidos, sin que nadie nos observe. O, mejor aún, comprar por internet, y no porque sea más cómodo o más barato: es porque no tenemos que interactuar con nadie.
¡Menos oportunidades de incomodidad social!
Quizá por eso (por lo de estar loca y tal) me gusta tanto la Feria del Libro.
Me puedo mezclar con la muchedumbre, como si estuviera en una gran superficie, pero al mismo tiempo tengo acceso a muchísimas librerías, casi todas las que quiera, con una interacción mínima.
Y los libros están ahí, por cientos, caseta por caseta, y todo el mundo entiende que los toques y les des vueltas y curiosees, y encima si te da por comprártelos te hacen un descuento.
Y es en el Retiro, y es primavera, y no se me ocurre un lugar más genial en el que estar.





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21 mayo 2018

Día internacional de la lavadora, parte II y ya

Previously in Lorz...
Dos niños pequeños y una lavadora rota.
EL APOCALIPSIS.

Pues resulta que los vendedores de lavadoras todavía no han oído hablar de la incorporación de la mujer al mundo laboral, y solo reparten por la mañana, dando por hecho que algún ama de casa con rulos y bata de boatiné les abrirá la puerta.
Como en mi casa no hay de eso pues me tocó pedirme un día de vacaciones, porque el señor repartidor tampoco parecía dispuesto a concretar.
-Esa misma mañana le llamo y le digo cuándo voy a ir.
-¿Esa misma mañana a qué hora? Que yo también me tengo que organizar...
-De ocho a nueve la llamo sin falta y le concreto la hora de la entrega.
-Vale.
Como era de esperar no me llamó hasta las nueve y media.
Menos mal.
El universo colapsaría si un señor tuviera que adaptarse a los horarios de una mujer, por mucho que los horarios los haya puesto él.
El señor repartidor me dijo que vendrían a casa de 15 a 17, y pensé, jolín, pues me podía haber ido a trabajar, porque visto lo visto no van a aparecer hasta las siete de la tarde, y me habría dado tiempo a llegar a casa, pero bueno, ya que estoy aquí me quedo.
Pues os vais a quedar con las patas temblando, porque el instalador apareció a las 16:30.
¿Qué cuerpo se os queda?
A mí cuerpo de botijo, aunque la verdad es que ya tenía cuerpo de botijo de antes, para qué nos vamos a engañar.
Total, que aparece el instalador hinchado como un pavo porque venía con un chavalín al que estaba enseñando y se debía creer Obi-Wan. COMO MÍNIMO.
Así que traen la lavadora y empieza a conectar cosas dándose muchas ínfulas, "Mira, ves esto de aquí", decía, y en otro asentía como un loco, y luego los dos negaban con la cabeza, y yo pensaba, ES EL P*T* DESAGÜE DEL FREGADERO, QUÉ MIRÁIS TANTO.
-Lo siento, señora, pero no le puedo dejar la lavadora instalada.
-¿Que QUÉ?
-Es que el desagüe está mal.
-¡Si la lavadora vieja estaba enganchada ahí!
-Ya, pero es que esta es lavadora Y secadora.
-La vieja también.
-¡Que el desagüe está mal!
-Pero... pero... ¿no la puedo usar? ¿hasta cuando?
-Ay... Bueno, si quiere puede poner un cubo debajo del desagüe, y la puede ir usando mientras traemos la pieza que falta.
-Vale.
-Muy bien, pues se la dejo puesta y ahora vengo.
Y entonces, por razones que se me escapan, el técnico puso en marcha la lavadora VACÍA sin esperar a que yo pusiera el cubo debajo.
ADIVINAD QUÉ.
Empezó a salir agua por el desagüe.
Investigaciones posteriores demostraron que el único problema que tenía el desagüe era que el propio instalador lo había aflojado. Supongo que pretendía sacarse un extra "arreglándomelo" después. 
Salí corriendo a buscar el palo de la fregona.
Lo puse debajo del desagüe.
Agarré el manual de instrucciones.
Descubrí cómo se pausaba la lavadora.
Pausé la lavadora.
Saqué el cubo de debajo del desagüe.
Recogí el agua.
Volví a poner el cubo debajo del desagüe.
Despausé la lavadora.
EMPEZÓ A SALIR AGUA A CHORRO POR LA PUERTA DE LA LAVADORA PERO QUÉ C*Ñ* PASA SI YO LA PUERTA DE LA LAVADORA NO LA HE TOCADO EL TÉCNICO SE LA HA DEBIDO DEJAR MAL CERRADA.
Necesito pausar la la lavadora dónde está el manual de instrucciones dónde está no lo encuentro j*d*r j*d*r a la m**rd* todo, Lorz, pon el cubo.
NO ENCUENTRO EL CUBO NO ESTÁ POR NINGUNA PARTE NO PUEDE SER ES VERDE FOSFORITO CÓMO SE HA PODIDO PERDER EL CUBO.
No puede ser: creo que los técnicos me han robado el cubo. La madre que los... ya podían haberse llevado el p*t* ipad, que no vale para nada.
SIGUE SALIENDO AGUA, LORZ, PON TOALLAS.
¡¡¡NO QUEDAN TOALLAS!!!
¡¡¡CORTA EL AGUA!!!
¡¡¡NO PUEDO CORTAR EL AGUA, NO ME DEJAN JUGAR CON TIJERAS!!!
¡¡¡CON LA LLAVE DE PASO, QUE PARECES TONTA!!!
¿DÓNDE ESTÁ LA LLAVE DE PASO?
¡Ya lo sé! Debajo del fregad...

Anda, mira, el cubo.
Bien pensado, habría sido un poco raro que los técnicos me robaran el cubo.
Ya no sale agua por la portezuela de la lavadora, pero tengo la cocina encharcada. Cojo la fregona, saco el cubo. El desagüe empieza a gotear dentro del armario. Vuelvo a poner el cubo.
Miro la fregona. Miro el cubo. Miro el desagüe.
Llamo a ZaraJota, llorando a todo llorar.
-¿Qué te pasa ahora?
-Que necesito el cubo para recoger el agua pero si cojo el cubo cae más agua y no la puedo recoger...



-Lorz, no entiendo lo que te pasa.
-¡PUES TE LO ESTOY DICIENDO BIEN CLARO!
Cuelgo el teléfono.
A la m**rd*, Lorz. Toallas. Pon muchas toallas.
Y a la m**rd* todo.

*

Cuando ZaraJota volvió a casa, tres horas más tarde, el agua está recogida, el cubo debajo del fregadero, la lavadora funcionando...
-No entiendo el pronto que te ha dado antes -me dice- si todo está perfectamente.
-AHORA.
-¿Has metido calcetines en la lavadora? Me estoy quedando sin.
-No, he puesto una lavadora de toallas.
-¿Toallas? ¡Si estaban todas limpias!
Mira, cállate.



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14 mayo 2018

Día internacional de la lavadora 2018, parte I

El día 17 de mayo es el Día Internacional de la Lavadora, pero fiel a mi promesa de actualizar los lunes AUNQUE SEA PUENTE en Madrid aquí estamos. 



Pues hace un par de semanas o así la lavadora dejó de funcionar.
¡Así, de pronto! 
Yo es que no me lo explico. ¡Si solo tiene seis años! ¡Y dos reparaciones previas! 
Y sí, es verdad que el técnico que nos hizo la segunda reparación nos dijo que eso no iba a aguantar más de seis meses... ¡Pero solo habían pasado dos años desde entonces! 
¡Y además esa tarde solo la había puesto tres veces seguidas! 
Desde luego, ya no hacen lavadoras como las de antes. Ya sabéis, de esas que eran una señora que se iba al río con el cesto en la cabeza. 
En fin. 
-Al menos ya no nos queda ropa sucia -le dije a ZaraJota-. Podemos aguantar un par de días sin lavadora. 
-Eh... -contestó ZaraJota. 
-¿QUÉ?
-Nada, que Bebé-kun ha hecho caca. 
-Ah, muy bien, Bebé-kun, muy bien, ¿has hecho una caca muy grande en el orinal? 
-Estooo... -insistió ZaraJota-, no la ha hecho en el orinal. 
-Ay.. bueno, dame los calzoncillos que los lavo a mano y ya está.
-Es que... también se ha manchado el pantalón.
-Vale, vale, dame el pantalón también, que te pones muy tonto cuando quieres...
-Es que... bueno, ya sabes lo mucho que le gustan a tu hijo los toboganes. Y hacer toboganes con cojines. Y lanzarse desde desde el sofá. Hasta la alfombra.
-...
-Lorz, dime algo, que te estás poniendo muy blanca. 
-...
-¿Lorz?
-...
-¿Quieres que vayamos a comprar otra lavadora?
-Por favor...

Continuará...

06 mayo 2018

Día de la madre 2018

Hoy,

los mismos políticos que  impidieron la ampliación de la baja por maternidad (y paternidad);
que aprobaron una ley que permite despedir a mujeres embarazadas siempre y cuando en el motivo de despido no ponga "te echamos por estar embarazada";
que permiten que en las entrevistas de trabajo se siga preguntando, aunque sea veladamente, si tienes hijos o planeas tenerlos;
que perpetúan la existencia de trabajos precarios, impidiendo que las familias ofrezcan una mínima seguridad y estabilidad a sus hijos, si es que se pueden permitir tenerlos;
que no han aprendido nada, y vuelven a apostar por la especulación inmobiliaria;
que boicotean hasta el intento más nimio de conciliación;
que son ciegos ante la brecha salarial y el techo de cristal;
que convirtieron las ayudas a la dependencia en un proceso kafkiano, tan lento y farragoso que muchos de los solicitantes mueren antes de haber recibido ni un solo euro;
que incluyen o eliminan ciertas vacunas del calendario según lo cerca que estén las elecciones;
que no dan cobertura ni a dentista ni a oculista, salvo para mirar al niño y decir "pues mira, sí, necesita un empaste/gafas";
que subieron los precios de las guarderías públicas hasta hacerlos prohibitivos para las familias con rentas medias;
que están desmantelando la sanidad y la educación públicas, y encima se atreven a insultar a los profesionales de ambos sectores;
que reducen más y más las becas y que han convertido la palabra "becario" en una forma bonita de decir "esclavo";
que, en definitiva, convierten la maternidad en algo mucho más difícil de lo que tendría que ser, y que solo se preocupan de los niños para usarlos como arma arrojadiza en sus debates;

hoy,

esos políticos y, no lo olvidemos, políticas,
llamarán por teléfono a sus mamás,
o se presentarán en su puerta un ramo de flores.
Y como el amor de madre es ciego sus madres pensarán:

"siempre fue un chico estupendo".

30 abril 2018

La hipotética historia de mi hipotética amiga, hipotéticamente hablando

Esta historia la tuiteé en su día, pero no estaba segura de si debía de contarla por aquí.
La culpa es de google que hace las estadísticas de tráfico de tal forma que hasta un idiota puede entenderlas y claro, voy yo y las entiendo. 
Y las estadísticas me dicen que aquí me lee más gente que en twitter. También me dicen que aquí me lee más gente que me conoce en persona. Y más gente de mi pueblo (¿QUIÉN COJONES HA SOLTADO LA DIRECCIÓN DE ESTO EN MI PUEBLO?, me pregunto retóricamente). Y no quiero que me partan las piernas si algún día se me ocurre pasar por ahí, yo qué sé, porque sea el último lugar del mundo donde venden turrolate o algo así. 
Pero si me resistía a contarlo no era solo por las estadísticas: también porque me doy cuenta de que esto está mal. 
No debemos reírnos de los demás. Sé que parece que es lo único que hago, pero por lo general intento reírme solo de mí. En este caso voy directa a reírme de otros. 
En mi defensa debo decir que durante la eternidad que duró mi vida en el pueblo ellos nunca tuvieron reparos en reírse de mí. Y eso, en los días buenos. 


Os voy a contar una historia hipotética que no le pasó a una amiga, porque es hipotética, que os lo acabo de decir.
A ver si prestamos atención. 
Pues un día estaba el hipotético padre de una hipotética amiga tomándose una hipotética caña en el hipotético bar de su hipotético pueblo.
Con lo a gusto que se está en casa viendo la tele, desde luego es que hay gente para todo. 
Entonces se le acercó un hipotético chaval y le dijo:
-Cucha, ¿me dah eh teléfonoo de tu niñaa?
Quizá penséis que me he saltado el "Hola, don fulanito, ¿cómo está usted?" por agilizar el ritmo narrativo. Pues no. Es que no dijo ni hola. Los pueblos pequeños es lo que tienen, que como se están viendo todo el rato llega un momento en que la gente no se saluda porque sería un no parar. 
El hipotético padre le dio un sorbo a la caña y le dijo con toda la tranquilidad:
-Antes de dártelo le tendré que pedir permiso, ¿no?
Porque el padre de mi amiga cree que las mujeres tienen derecho a darle su teléfono a quién les dé la gana a ellas, una cosa muy loca. Pero el hipotético chaval no iba a dejarse arredrar por una cosa tan tonta como la Ley Orgánica de Protección de Datos.
-Eh que noh vamoh a huntá tó loh del coleguio quentramoh er mihmo añoo, y ella eh lúnica que fartaa.
El hipotético padre no echó la cerveza por la nariz porque ya tiene una edad y no es plan de ir haciendo el guarro en la plaza del pueblo, pero casi infarta allí mismo de la risa.
-Pues si es para eso me parece que vais a seguir sin tener el teléfono.
El hipotético padre no le dio el teléfono de mi hipotética amiga.
No es la primera persona del pueblo que le pide el teléfono y la respuesta ha sido la misma cada vez:

"Padre, tengo el mismo número de móvil desde hace casi veinte años. Un fijo a mi nombre desde hace diez. El mismo mail desde hace quizá quince. Tres cuentas de facebook, dos de twitter, instagram, linkedin. Y un apellido lo bastante peculiar como para que si lo pones mi nombre en google mis datos de contacto aparezcan entre los diez primeros resultados. Si a estas alturas todavía tienen que pedirte a ti el teléfono es que o por falta de interés o de un hervor, y en cualquiera de los dos casos sin duda se trata de alguien con quien no quiero hablar".

O sea, que lo tiene clarísimo. Pero le contó la historia a mi hipotética amiga, por si ella quería ponerse en contacto con esta persona. Mi hipo...
Mira, esto es muy largo así.
Vamos a dejarlo en Hamiga: como la Hamiga Atómica.
A mi Hamiga le entró un poco de risa, para qué nos vamos a engañar. Para que nos hagamos una idea de la situación, cuando su hija le pregunta que dónde fue al colegio, mi Hamiga responde: "En el infierno". Y si la niña pregunta  si algún día irán a verlo, responde: "No, si puedo evitarlo". Así que la idea de reunirse en una habitación con todos sus excompañeros de colegio le daba como risa.
Mi Hamiga tiende a reírse cuando está estresada, es un tic nervioso, no la juzguéis por ello. 
Pero de todas formas decidió investigar el asunto, porque le parecía muy raro. ¡No era el aniversario "redondo" de nada! Ni de la entrada al colegio, ni de la salida, ni, yo qué sé, del año que hicieron la comunión, ni de nada que ella pudiera pensar. La elección de la fecha era especialmente ridícula porque están cerca de cumplir 40 años, que habría sido una fecha bonita para celebrar. ¡Aquello no tenía ningún sentido!
Entonces usó sus poderes google y descubrió que a una de las promociones del colegio se le había ocurrido montar una cena de estas, y todas las demás habían decidido hacerla también. TODAS EL MISMO AÑO. UNA DETRÁS DE OTRA.
Tres hurras por el propietario del único restaurante del pueblo con capacidad para montar estos saraos. 
Mi Hamiga tiene una especie de sexto sentido para el absurdo y además es una blanda. Pensó: "Mira, alguien se ha acordado de ti y ha tenido el valor para preguntarle a tu padre, con el carácter tan dulce que tiene. Lo mínimo que puedes hacer es contactar, agradecer y rechazar la invitación".
¡Si tan solo alguien hubiera inventado algo que nos permitiera mantener el contacto con la gente a través de internet!
Pues aunque nos cueste creerlo, mantener el contacto con tus amigos era uno de los primeros objetivos de facebook; justo detrás de robarnos el alma y alcanzar la dominación mundial. Mi Hamiga se metió en facebook y le mandó un mensaje al único compañero de clase con el que mantiene el contacto porque, sorprendente pero cierto, le cae bien.
Y le lleva cayendo bien desde que tenían cuatro años. 
Y han pasado casi 34 de eso. 
O sea, una pasada. 
Total, que le mandó un mensaje para preguntarle qué sabía del tema, y le contó que, efectivamente, se estaba montando una reunión de toda la quinta.
Como si se hubieran separado mucho unos de otros, para empezar.
Y que incluso han montado un grupo de whatsapp con "todos", unas cien personas redondeando por lo bajo, calculo yo.
Mi Hamiga se tomó un momento ahí para redefinir su idea de "infierno". 
Y que sí, que era donde le habían dicho. ¿Cuándo?
Pues, como todo esto es muy hipotético y muy presunto, y solo por mantener el ritmo narrativo, que es una cosa que no sé lo que significa pero me gusta mucho decir, digamos que la reunión era mañana.
Para ser justos con el primer hipotético chaval, debo decir que él pidió el teléfono con al menos cuatro días de antelación. 
A mi Hamiga le entró la risa, y esta vez no fue por estrés. Mi amiga entendía que a las personas que viven en un ambiente limitado y reducido les cuesta mucho más ponerse en lugar del "Otro". Por ejemplo, no se les ocurre que quizá no puedan desplazarse 500 kilómetros con un preaviso de un par de días, solo para cenar con unas personas que ya hace treinta años no le caían demasiado bien.
Mi Hamiga también entendía que debía disculpar la falta absoluta de modales que supone invitar a alguien a un evento con tan poca antelación. A fin de cuentas, tampoco deben estar acostumbrados a la idea de tener la agenda llena.
O agenda. 
Pero sobre todo mi Hamiga entendió una cosa: en ningún momento habían tenido la menor intención de invitarla. Seguramente alguien vio a su padre tomando cañas y se dijo:
-Hohtia, ¿suh acordaih de la chiquilla aquella que siempre ehcohiamoh la úrtima cuando había caser equipoh? ¡POH LEMOS GÜERTO HASER!

23 abril 2018

Los yogures

Dedicado con cariño y sin ironía al vecino que sí se preocupó y llamó a la policía, y a los dos policías que insistieron pacientemente puerta con puerta hasta asegurarse de que no se estaba maltratando a ninguna mujer en el edificio. 




Estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie y durmiendo a pierna suelta cuando me despertaron unos gritos.
Francamente, y cuando digo francamente no tengo claro qué significa eso, despertar a una madre cuando está durmiendo debería estar penado por la ley.
Pero muy penado, en plan que vayas por la calle y la gente diga "uy, mira ese lo penado que va", y le contesten "es que despertó a una madre", "anda, pues que se joda entonces".
Como iba diciendo, oí los gritos y lo primero que pensé es que eran mis propios hijos míos, pero abrí un ojo legañoso y vi que tenía un niño dormido debajo de cada sobaco.
Que tampoco sería óbice para que gritaran porque el sonambulismo es fuerte en nosotros, pero en este caso no, estaban totalmente tocinetes los dos.
Los gritos no eran de los niños, sino de una pareja (presuntamente) que se estaba gritando de todo, dando portazos, tirando muebles, yo que sé. Debían de estar bastante lejos, porque tanto en nuestra planta como en la de arriba y la de abajo solo viven solteros y un matrimonio muy mayor.
Que no digo yo que los matrimonios mayores no se griten, pero en este caso el marido es sordo y mira, es verdad que los sordos también gritan pero ¿para qué? O sea, que es como perder saliva y tal.
Y esta pareja estaba gritándose a toda hostia, y lo mismo me tendría que haber preocupado, pero no me pareció que fuera la típica cosas de agresor-víctima, vaya, que los dos parecían estar bastante igualados con el tema.
Y yo estaba muy cansada.
Vaya, que con gritos y todo me volví a dormir.
Lo siguiente que sé es que alguien estaba llamando al timbre.
Llamaban insistentemente, y oí cómo ZaraJota se levantaba y preguntaba "¿Quién es?", con la misma voz que usa cuando cuenta el cuento de Caperucita y hace de la abuelita, deber ser para que si es un ladrón tenga claro que dentro hay alguien indefenso y eche la puerta abajo sin miedo.
Me levanté y abrí yo misma la puerta pensando mira, si es un ladrón que me lleve, que total yo lo mismo me duermo en mi cama que en el maletero de un coche, pero con este trajín no se puede.
Pero cuando abrí la puerta lo que me encontré fueron dos policías.
Ya ha empezado, pensé. Vienen a por los catalanes. Bueno, si se lo van a llevar que sea rapidito, que me caigo de sueño.
Pero los policías ignoraron a ZaraJota.
-Señora -me dijeron, mirándome fijamente-, ¿hay algún problema?
La pregunta me desconcertó un poco. De verdad, estaba MUY dormida. ¿Un problema de qué? ¿Dónde? ¿En mi casa? ¿En España? ¿En el mundo?
-Bueno -dije, con la voz pastosa de recién despertada-, se nos han acabado los yogures, y el niño si no hay yogur no desayuna, ¿sabe usted?
-...
-Es que está bajo de peso.
-¿No han oído ustedes voces?
-NO, SEÑOR, YO NUNCA OIGO VOCES Y SIEMPRE ME TOMO MI MEDICACIÓN.
-Una discusión, señora. Que si han oído ustedes una discusión.
-Ah, sí.
-¿Y no saben de dónde podía venir?
-De aquí no. 
-Entiendo -dijo el policía, y me dio la impresión de que lo que estaba entendiendo lo mismo acababa con ZaraJota en un calabozo, y no precisamente por catalán.
-Perdón, estoy muy dormida. Si la discusión hubiera sido cerca -les dije- los niños se habrían despertado con los gritos.
Y entonces la que hubiera gritado habría sido yo, añadí para mis adentros, pero de desesperación.
-Entonces, señora, ¿está usted segura de que no tienen ningún problema aquí?
-Bueno... - contesté-, está el asunto de los yogures...

16 abril 2018

Un poco más, Lorz

Estoy sufriendo viviendo una etapa de trabajo intensivo.
Justo mientras escribo esto se cumplen tres meses desde que empecé a trabajar entre cincuenta y sesenta horas semanales, salvando la semana santa que me volví tó loca y me fui cuatro días a Barcelona.
La gente, que se coge vacaciones y así va el país. 
La verdad, si no me gustara tanto lo que hago no sé si habría aguantado...
Y si no fuera tan cabezota y tan absolutamente incapaz de reconocer cuando estoy agotada. 
Entre semana, cuando llego a casa los niños están o dormidos o muy cansados y de mal humor.
Como yo, vaya. 
Y los fines de semana intento estar con ellos de día y quedarme trabajando de noche, pero no acaba de funcionar del todo bien porque paso más tiempo con ellos, sí, pero estoy tan cansada y tan irritable que sería mejor que no lo pasara.
O eso dice la culpa de madre trabajadora™.
Y me voy durmiendo por todas partes.
La semana pasada estuve en un evento austenita que me hacía una ilusión loca, pero había estado trabajando hasta las cinco de la mañana, así que a media tarde empecé a cabecear y me tuve que ir a casa. De camino me dormí en el autobús, y cuando abrí el ojo ya iba camino a cocheras.
-¡Eso te pasa por ir mirando el móvil! -me gritó el busero.
-¡SÍ, ESO, IBA MIRANDO EL MÓVIL, POR ESO HA SIDO! -le contesté yo, secándome la baba de la barbilla.
Al menos esta vez no iba vestida de época...
Lo que peor llevo es que he tenido que aparcar todos mis proyectos personales: otro Quiero volver, otro Villamatojo, una saga épica que me encontré en un cajón y, lo que más ilusión me hacía, otro #Lorzfunding. También los proyectos de otras personas, que estaba corrigiendo con mucha emoción.
Bueno, no, eso no es lo peor.
Lo peor es que ahora en casa cocina ZaraJota.
Que yo llevo la fama pero vaya...
Lo primero que hizo fue cuscús. Siguió las instrucciones de la receta paso a paso, literalmente. Tan literalmente que el primer paso era "hidrate el cuscús siguiendo las instrucciones del envase", y como tengo la costumbre de meter el cuscús en un tarro transparente, ZaraJota hizo exactamente lo que ponía ahí, que es absolutamente nada. Jamás había comido una gravilla tan sabrosa.
Por suerte tengo reservas acumuladas estratégicamente en todo el cuerpo y entre eso y los trozos de galleta que los niños esconden en mi cama creo que podré resistir una temporada.
Resistir es bueno, resistir es divertido, resistir aleja a los señores de la bata blanca.
El caso es que entre unas cosas y otras últimamente no me siento muy Lorzagirl.
De hecho me imagino a Lorzagirl con los brazos en jarras y mirada de desaprobación.
Vale, puede que los señores de la bata blanca no anden tan lejos como parece...
Pero ya queda poco.
Tres días más y recuperaré mi preciada anormalidad.
O empezaré a valorar más a los señores de la bata blanca.

Gracias por seguir en antena.
(También podéis seguirme en twitter. que escribo más)