27 enero 2020

¿Es que nadie piensa en los niños?

Pues resulta que después de que su ave llegara tres horas tarde, partirse la pierna, cenar con mi familia, que me diera un cólico nefrítico y que ZaraJota me intentara asesinar lanzándome agua hirviendo mi suegra decidió volver a Barcelona antes de tiempo.
Sois gafes y temo por mi integridad física. –Es que no quiero molestar –dijo.
Y se fue. A mí me dio mucha pena, porque al irse tan pronto se perdió lo mejor: cuando a Nena-chan se le pusieron las anginas como dos balones de baloncesto y a mí me dio un brote de eccema en la planta de los pies que me hacía sangrar a casa paso. ¡La cabalgata de reyes!
De pequeña siempre me daban mucha envidia los niños que iban subidos en esas carrozas tan bonitas, con sus disfraces, arrojando caramelos a diestro y siniestro.
Mis hijos no han tenido la oportunidad de disfrutar de un sentimiento tan navideño porque desde hace un par de años el AMPA de su colegio participa en la cabalgata de reyes.
Normalmente la preceden dos meses maravillosos de coordinación, diseño, planificación y manualidades, que terminan en un día de montaje. Requiere sacar tiempo de donde no lo hay, es agotador, te mueres de frío y, sobre todo, se pasa muy bien y se hacen muchos amigos.
Este año las cosas han sido un poco más ajetreadas de lo normal porque con el cambio de gobierno en vez de dos meses hemos tenido uno para hacerlo todo, pero estábamos muy ilusionados porque nuestro cole tiene el nombre de una activista muy famosa, y este año se cumplen 200 años del nacimiento de la activista, y, por supuesto, queríamos dedicar la carroza a la activista en cuestión.
Presuntamente, ¿eh? Todo lo que voy a contar ahora es muy hipotético y muy presunto y cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia.
Pues presuntamente una de las mamás hizo un diseño magnífico, que incluía una frase de la activista famosa. Digamos, para mantener el anonimato de la activista, que la frase era algo así como: "Abrid melones y se cerrarán bocas".
Si no recuerdo mal, la frase se eligió con un criterio totalmente activista y subversivo: es la frase más corta que dijo la buena mujer. Teniendo en cuenta que teníamos que marcar, cortar, lijar, pintar y pegar las letras una a una, "es la frase más corta" nos parecía un motivo perfectamente razonable.
La víspera de la cabalgata cogimos todas nuestras decoraciones y nos plantamos en el descampado donde se aparcan los camiones para decorar el nuestro. El cielo estaba totalmente gris, hacía una temperatura de unos tres grados y estábamos encima de un camión abierto, en mitad del campo, intentando pegar letras con un pegamento que no pegaba nada porque se secaba en cuanto salía del bote. No sé si ha quedado claro, pero hacía frío. Lo voy a repetir: hacía frío.
Bueno, cuando empezamos, así como a las once de la mañana, hacía frío.
Seis horas más tarde, cuando empezó a caer el sol, aquello era la versión en seco de Titanic.
Para entonces yo ya me estaba planteando dejar de creer en la navidad, en los reyes magos y en la temperatura corporal, pero el resto de los papás eran más resilientes que yo y acabaron de decorar la carroza.
Y entonces el presidente del AMPA recibió LA LLAMADA.
En ese momento yo no estaba delante, así que la voy a intentar reconstruirla presunta e hipotéticamente.
–Hola, le llamo de la Junta de Distrito, queríamos hablar de la carroza porque nos han comentado que el tema no es muy festivo.
–Eh... bueno, hay otra carroza que va de vertedero tóxico. Tampoco parece muy festivo.
–Ya, ya, bueno, es que la frase que habéis puesto no es muy adecuada.
–¿"Abrid melones y se cerrarán bocas"?
–Sí, creemos que es muy agresiva y que algunos niños pueden verse afectados.
–Ajá.
–O sea, imaginad a los niños que van a la carroza con toda su ilusión y se encuentran con eso... Creo que deberíais cambiar la carroza.
–Entiendo. Lo que pasa es que hace un mes que aprobasteis el tema de la carroza y que os mandamos el diseño completo, y ahora ya no nos da tiempo a cambiarla.
–Bueno, yo solo te digo que hables con el resto del AMPA y penséis muy bien en lo que queréis hacer.

Cuando el presidente contó la conversación, los amperos presentes, que llevaban todo el p*t* día desafiando la hipotermia para pegar la frasecita, se mostraron reticentes.
–Pero, ¿qué tiene de malo la frase?
–Que no es navideña.
–El año pasado salió un barco vikingo.
–Ya.
–Y aquellos van de abejas.
–Ya.
–Y aquellos todavía no sabemos de qué van.
–Ya.
El AMPA, probablemente afectada por la falta de oxígeno debido al frío, decidió que la frase se quedaba.

Entonces la Junta del Distrito volvió a llamar al presidente.
–Lo hemos estado pensando –dijeron–, y entendemos que no os da tiempo a remodelar toda la carroza, así que os dejamos salir si quitáis la palabra "bocas".
–Pero entonces la frase queda como "abrid melones y se cerrarán".
–Ya.
–¡Pero eso no tiene ningún sentido!
–Bueno, yo solo te digo que hables con el resto del AMPA y penséis muy bien lo que queréis hacer.

El presidente transmitió el mensaje y los amperos presentes pasaron de la reticencia al cachondeo.
–Si quitamos esa palabra se nos queda un trozo vacío.
–Podemos llenarlo con otra cosa que no moleste a la Junta. Como, no sé, lazos a amarillos.
–O un "Welcome refugees".
–Una foto de Greta.
–No, del alcalde.
–Su cara y una p...
Bueno, os hacéis a la idea. Solo añadiré que yo estaba a favor de poner "Abrid melones y se cerrarán chuminos", pero no conseguí ningún voto.
Me discriminan por ser andaluza, obviamente.

Media hora más tarde, la Junta volvió a llamar. Por desgracia, la llamada la contesté yo.
–Hola, me gustaría hablar con el presidente del AMPA.
–Ahora mismo no se puede poner –iba a añadir que estaba ocupado comprando lacitos amarillos, pero me contuve, para que veáis que de vez en cuando tengo instinto de conservación–. Pero soy del AMPA y estoy informada del tema.
–Ah. ¿Y ya habéis pensado muy bien lo que queréis hacer?
–Sí, la frase se queda.
–Creo que deberíais pensarlo mejor.
–Son las ocho de la tarde y la cabalgata sale mañana a las cuatro. No nos da tiempo a cambiarla.
–¿Pero os dais cuenta de que no es apropiada para que la lean los niños? ¿Que puede ser muy fuerte para ellos?
–Esto es Carabanchel. Creo que los niños están curados de espanto.
O sea, Carabanchel es famoso por la cárcel, Rosendo y Manolito Gafotas. La gente de aquí no se tira pedos con olor a lavanda, precisamente.
–Bueno, desde la Junta creemos que la idea es buena, pero que no habéis tenido en cuenta a los niños.
–¿Cómo?
–Que deberíais pensar más en los niños.
Bueno.
Voy a dar un consejo.
Si estás en un distrito donde un colegio necesitó una reforma urgente porque había peligro para los niños, y perteneces a un partido que votó en contra de arreglar el colegio, y estás hablando con un AMPA que tuvo que manifestarse y salir en televisión para que le arreglaras el dichoso colegio, y en concreto con una madre que lleva todo el día pegando letras para que su hijos puedan subirse a una  carroza  y que se comió un bocadillo a media mañana y ya no se acuerda porque tiene tanto frío que no piensa en nada más quizá, a lo mejor, así como teoría loca, no deberías decir cosas como:
"deberíais pensar más en los niños".
Por tu bien te lo digo.
–Hemos pensado en los niños. Y la frase se queda.
–Bueno, os vamos a dar un poco más de tiempo para que penséis bien lo que queréis hacer y os volveremos a llamar.

Después de esta llamada los amperos presentes pensaron, sí. Sobre todo, pensaron mucho en las redes sociales. En concreto, es lo divertido que sería contarlo todo. Pero entonces recibieron la última llamada.
–Dicen que la frase se queda –dijo el presidente–. Dicen que entienden que no nos da tiempo a cambiarla. Pero también dicen que el año que viene tenemos que pensar en los niños.
Porque este año estábamos pensando en los peces, al parecer.








PD: He intentado se comedida, discreta y pensar en los niños. Si algún miembro del AMPA no se siente cómodo con esta entrada, que no dude en decírmelo y la retiraré.

20 enero 2020

Caliente, muy caliente

Vale.
Es verdad que tener unos días de vacaciones y que justo tu suegra decida venir a visitarte, y que su tren llegue tres horas tarde, y que se parta una pierna, y que la lleves a cenar con tu familia y tu abuela se ponga a contar cuando estuvo acariciando una p*ll* de plástico es un poco deprimente, lo que pasa es que yo estaba convencida de que a partir de ahí todo iría a mejor, nos iríamos de excursión, y a comer chocolate con churros, y al cine. 
Sobre todo al cine. 
Porque veréis, yo había quedado con las chicas del club de lectura para ir a ver Mujercitas, que para eso nos (re)leímos el libros hará dos meses o así. El plan era sencillo: ir a ver la película e indignarnos mucho porque el libro es mejor. 
Ya teníamos compradas las entradas, elegido el sitio para la merienda y estaba dándole vueltas a plantarme mi vestido de época cuando, en un alarde de originalidad, lo que me planté fue un cólico nefrítico. 
Por ser original y eso. 
–Vamos a urgencias –dijo ZaraJota.
Pero yo no tenía la menor intención de ir a urgencias. Me gustaría decir que era para no saturar el hospital, o para no dejar a mi suegra sola con una pierna rota y dos niños, o porque tengo una alta tolerancia al dolor... Lo que pasa es que no me gustan las agujas. Y cuando vas a un hospital, no sé por qué, tarde o temprano aparecen las agujas. Y las vías. Y el suero. 
–No, no –le dije–. Mejor prepárame una bolsa de agua caliente.
Porque ¿quién necesita un hospital habiendo bolsas de agua caliente?
Pues mi amante esposo me preparó una bolsa de agua caliente. MUY caliente. La bolsa, no mi amante esposo. Vale, probablemente mi amante esposo también, porque entre la suegra, los niños...
Bueno, que me distraigo. 
ZaraJota me preparó una bolsa con agua MUY caliente, para que me durara calentita mucho rato. Estaba tan caliente que la tuvo que envolver en una toalla para cogerla. Por desgracia, al envolverla no se dio cuenta de que la bolsa, que ya tiene sus años, se había rajado por un lado. Y también por desgracia, cuando se inclinó para ponerme la bolsa en la espalda, lo que hizo fue tirarme agua hirviendo en la barriga. 
Porque ¿quién necesita un hospital habiendo bolsas de agua caliente?
Pues yo. 
Y con urgencia. 




Pd: Como os aprecio, no os voy a enseñar fotos de la quemadura en sus primeros días; prefiero que veáis cómo está ahora, casi un mes después, y que vosotros os imaginéis el resto. 



13 enero 2020

En Toledo, que no hay nada que ver

¡El #relorzfunding se acaba! 
Si no has participado todavía es tu última oportunidad.



Creíamos que mi suegra se habría hecho un esguince o algo así, pero lo que había hecho era partirse el peroné, que es una cosa muy de agradecer cuando estás de vacaciones a 700 kilómetros de donde vives.
–Por suerte vuestra casa tiene ascensor, ¿no? –nos dijo, en un raro intento de optimismo. 
–Bueeeenooooo... –dijimos ZaraJota y yo porque efectivamente el edificio tiene ascensor, y ese ascensor está en el entresuelo, y hay que subir (o bajar, a elección) un tramo de escaleras bastante largo para usarlo. 
Para compensar, le dijimos que no se preocupara porque íbamos a alquilar una silla de ruedas, que es la típica cosa que todo el mundo tiene que hacer al menos una vez en la vida. Lo que pasa es que aquello compensaba poco, porque a la buena mujer no le hacía mucha gracia pasarse las navidades en una silla de ruedas. Que le parecía poco festivo, se ve.
–No te preocupes: le pongo un espumillón y unos globos y en vez de una inválida vas a parecer un árbol de navidad.
–Es que no quiero molestar y ahora os vais a pasar las navidades empujando la silla. 
–No, mujer. ¡Si vivimos en lo alto de una cuesta! Te dejamos en la acera enfilada a Madrid Río y ya te recogemos abajo si eso. 
Por motivos que desconozco, aquello tampoco pareció animarle demasiado. Con lo bonito que está Madrid Río. Y lo fresquito. 
En fin.
Que pensamos que entre lo de estar encerrada en el ave tres horas sin agua, sin luz, sin comida y sin wifi y la fractura de la pierna ya había agotado toda la mala suerte para 2019, 2020 y años venideros, así que no había peligro en llevarla a cenar a casa de mis padres. 
En nochebuena. 
Con toda mi familia.
Y más o menos así fue: todo iba razonablemente bien hasta que por motivos desconocidos mi tía de pronto dijo: 
–¿Os he contado la vez que llevé a la abuela a un sex-shop?
Yo escupí la fanta por la nariz porque estoy muy a favor de que las mujeres vivan su sexualidad libremente, siempre y cuanto no lo cuenten en mitad de la cena de nochevieja con mi suegra delante. 
Además, mi abuela va a cumplir 86 años en febrero y mi tía lleva cumpliendo 30 aproximadamente desde las olimpiadas de Barcelona, así que os podéis imaginar la imagen mental. 
Mi tía se aseguró de que tenía la atención de todo el mundo antes de despejar el trozo de mesa que tenía delante y colocar una lata de cocacola, porque ella es que es actriz y la escenografía la domina estupendamente. 
–Pues nada –empezó a decir, haciendo como que le quitaba el polvo a la lata de cocacola–, que un día la abuela y yo nos fuimos a un sex-shop de Toledo.
–¿Y eso?
O sea, que vivimos todos en Madrid. 
–Pues nada, que estábamos en Toledo, no teníamos nada que hacer y dijimos: pues nos vamos a un sex-shop –porque en Toledo no hay absolutamente nada interesante que ver y en algo tiene que entretenerse una, supongo–. Y llegamos allí y tenían una peaso p*ll*.
Y mi abuela: 
–Yo no he visto cosa igual. 
–Era como dos latas de cocacola, una encima de la otra –corroboró mi tía, señalando la cocacola que tenía delante, en adelante PRUEBA 1.
–Con sus venitas y todo. 
–Era la reproducción de la p*ll* de un actor porno famoso.
Y mi abuela: 
–Era NEGRITA.
Para entonces yo no sabía muy bien donde meterme, pero subirme la silla de ruedas y dejarme caer hasta Madrid Río empezaba a parecerme buena idea.
Pero mi tía era inasequible al desaliento.
–Total, que la abuela empezó a manosear aquello para arriba y para abajo, y yo venga a decirle: Mamá, estate quieta. Y la de la tienda: déjala, déjala a la mujer que disfrute. 
A lo que mi abuela, ya sensiblemente ruborizada pero no por vergüenza sino por los calores internos propios de una señora de casi 86 años que recuerda tiempos felices, añade: 
–Una p*ll* negra.
Francamente, teniendo en cuenta que en teoría aquello era como dos latas de cocacola una encima de la otra, me sorprende que mi abuela recordara el color. 
Mientras tanto mi tía seguía acariciando la lata para arriba y para abajo y narrando la historia como el que cuenta que ha ido a comprar el pan. 
–Total, que allí estaba la abuela venga a manosear aquello y al final me dice: voy a parar ya, que me estoy poniendo cachonda.
A lo que mi abuela añadió, por si nos quedaba alguna duda:
–¡Que me estaba poniendo cachonda!
Por el contrario, a mí la libido se me había quedado reducida a la más mínima expresión. Para siempre. Supongo que para compensar y eso. 
Cuando volvíamos para casa mi suegra, que hasta entonces había estado en estado se shock postraumático, me dijo:
–Tu abuela es muy... dicharachera.
–Está como una cabra, sí.
–A veces, cuando nos hacemos mayores, perdemos un poco la vergüenza.
Cuando nos hacemos mayores, dice. 


06 enero 2020

El conejo de mi madre

Se acaba la navidad, así que será mejor que empiece a contarla por el principio:
la culpa de todo la tiene el conejo de mi madre.
Mi suegra nunca viene en a vernos más de tres o cuatro días, hasta el año pasado. El año pasado la invitamos a venir en navidad y mis padres la invitaron a cenar en su casa en navidad y mi madre preparó conejo al ajillo.
Se ve que a la suegra le gustó, porque este año nos llamó y nos dijo que se venía también en navidad.
Diez días.
–Se nos va a juntar la navidad con la feria de abril –le dije a ZaraJota.
–Ya, es muy raro, nunca quiere estar fuera de su casa tantos días.
–Esto va a ser –dije en un momento de inspiración– por el conejo de mi madre.
–Por favor, Lorz, vamos a dejar el conejo de tu madre en paz.
–Pero piénsalo: nunca había venido tanto tiempo... ¡hasta que se comió el conejo de mi madre!
–De verdad, Lorz, que se me está poniendo mal cuerpo y todo, deja de tocar los co...
–¿...nejos?
–¡LORZ!
ZaraJota se empeñó en explicarme que la suegra quería venir más días para disfrutar de los niños, para estar con él durante todas sus vacaciones, para que le saliera más barato el billete de tren...
Pero a mí no podía engañarme.
Yo sabía la verdad.
Era por el conejo, el conejo de mi madre.
Pasó el tiempo y un buen día la suegra se montó a un ave en Barcelona y poco después llegó a Madrid. Concretamente, un punto indeterminado de la vía entre Méndez Álvaro y Atocha, donde se quedó parado durante tres horas debido a una avería.
En otro tren.
A mí que me lo expliquen.
Que un ave se retrase es muy raro, que se retrase tres horas es más raro aún, y que apaguen las luces y dejen a los pasajeros sin agua, sin comida, sin baño y sin luz durante todo ese tiempo es mucho más raro aún.
Mientras tanto, en la estación de Atocha, ZaraJota pasó las mismas tres horas con dos niños cada vez más hiperactivos e impacientes, sin recibir de renfe más información que “el tren sufre un retraso indefinido”.
–¡Como los genitales de Ken! –le dije a ZaraJota cuando me lo contó por teléfono.
–De verdad que estás pesadita con las partes pudentas de la gente, Lorz.
–¿Lo dices por el conejo de mi madre?
–¡Sí!
–Entonces será mejor que no te diga lo que estoy pensando.
–Mejor.
–Bueno, venga, te lo voy a decir: el año pasado también cenamos almejas.
–Me rindo, de verdad que sí.
En fin, que tan solo siete horas después de haber salido de Barcelona la suegra consiguió salir del tren en Atocha.
Venía hambrienta, venía miccionándose, venía cansada y venía, probablemente, un poco de los nervios.
Así que supongo que es normal que según saliera de la estación metiera el pie en un agujero, se le doblara de mala manera y acabara partiéndose una pierna.
Lo típico que hace uno.
O sea, el papa besaba el suelo cuando aterrizaba, ¿no?
Pues mi suegra lo mismo, pero con un poco menos de elegancia.
ZaraJota llegó a casa jurando en oscuros idiomas arcanos. También podría ser catalán. Viene a ser lo mismo. Me explicó la situación y yo llamé a mis padres para explicársela a ellos.
–Madre –le dije por teléfono–, hay que reorganizar un poco la mesa para navidad.
–¿Y eso?
–Nada, la suegra, que se ha partido una pierna.
–¿Cómo ha sido?
–Pues verás: ¿te acuerdas que el año pasado hiciste conejo?
–Sí, claro, pero...
–Pues por el conejo ha sido.



Pd: Seguimos de #Lorzfunding. Que no se diga que no avisé. 

30 diciembre 2019

Nochevieja 2019

Dicen por ahí que el año 2019 ha sido malo. No sé si puedo decir tanto.
Ha sido un año muy loco, eso sí.
Mi propósito de año nuevo había sido irme del trabajo.Estaba bastante decidida pero entonces nos pasó la cosa más loca: nos compraron el piso.
Así como de repente.
Entonces tuvimos que meter todas nuestras posesiones mundanas en un trastero (y los libros en otro) y nos fuimos a vivir con mis padres. Bueno, a vivir. En la agencia nos dijeron que la firma del piso nuevo tardaría unas dos semanas, así que como es lógico fueron tres meses.
Tres meses de auténtica locura, dicho sea de paso.
De nervios; de incomodidad; de estrecheces; de ir a buscar eso que necesitas urgentemente y recordar que está en algún punto indeterminado de uno de los trasteros, probablemente debajo del sofá; de hacer papeleos, este sí que es el último, pero ahora que lo pienso para hacer este necesitas otros cuatro más; de dormir en una cama de ochenta con un niño (o dos) y un gato (o dos), de llegar al piso nuevo con toda la ilusión y descubrir que no se han llevado los muebles, que no hay luz, que el calentador no funciona; y luego las cajas, los miles de millones de cajas...
Ahora bien: las risas que nos hemos echado.
Será porque he tenido una infancia... eh... diferente, pero me vengo arriba en el caos. Porque donde hay caos hay posibilidad de poner orden, y el orden es lo mío, maderfacas. No hay nada que me resulte más estimulante que tener delante un problema que se puede resolver con organización y esfuerzo, ponerme a ello y resolverlo.
Por eso, durante los tres meses del caos, me sentí maravillosamente bien. Activa, resolutiva, viva. Y, por supuesto, totalmente distraída de los problemas “de verdad”.
Hubo otras cosas, claro.
Por ejemplo, llevé a Nena-chan a su primera manifestación del 8 de marzo.
También me decidí por fin a abandonar del anonimato y participé en una charla Ignite:



Fue una experiencia muy loca y alucinante pero una cosa os voy a decir: a mí eso de que me dejen hablar solo cinco minutos, como que no. O sea, que en condiciones normales con cinco minutos no tengo ni para los buenos días. Además, la cámara engorda mogollón, que os diga ZaraJota, que yo en directo no aparento más allá de ochenta o noventa kilos. Cien, como mucho.
Como decía, la experiencia estuvo bien, pero mejor está limitarse a escribir guiones y que los nervios los pasen otros. Como Malva Disco. Por decir algo.
Una vez pasó la locura, tuve que tomar una decisión con respecto al tema del trabajo.
Y la decisión implicó un abogado.
Y no fue fácil, porque estoy y siempre estaré agradecida por la oportunidad que me dio esa empresa, y porque hay gente maravillosa trabajando en ella y, sobre todo, porque el mundo es pequeño, el mundillo más pequeño aún y, bueno, la gente que hace cosas con abogados se gana mala fama.
Cuando di el paso, sabía que era posible que no volviera a trabajar en el mundillo nunca más.
Por otra parte, si de verdad el mundillo es así, quizá sea yo la que no quiera volver a trabajar en él, no sé si me explico.
Los meses de verano fueron durísimos pero al fin pude entonar el libre soy y disfrutar de las probablemente mejores vacaciones de mi vida. Hasta ahora.
Luego... bueno, pasaron otras cosas.
Los niños volvieron al colegio. ZaraJota volvió al AMPA.
Yo empecé a hacer un curso que me está dando la vida.
La nena se partió los dientes y el nene se abrió la cabeza y hubo que ponerle grapas.
Se hacen mayores.
Vale, no muy mayores.
Son lo bastante mayores para ser relativamente autónomos. He vuelto a leer. He vuelto a ver series. He vuelto a escribir. He vuelto a pintarme la raya del ojo y he empezado a hacer cosas para sentirme bien conmigo misma, como apuntarme al gimnasio (queda pendiente la parte de ir) o depilarme el ciertositio.
Y, he vuelto al #lorzfunding, claro.
Que ya llevaba mucho tiempo sin hacer publicidad y eso. 
Sin duda, una de las cosas de 2019 de las que más me orgullosa me siento es de formar parte de Mocedades, en la librería La Sombra.
Mocedades es uno de los peores clubs de lectura de la historia: rara vez nos acordamos de inscribirnos, casi nunca nos compramos el libro en cuestión, no siempre nos lo leemos y solo a veces consideramos necesario hablar de él durante la sesión.
Sin embargo, una vez al mes nos reunimos en el sótano de la librería, merendamos cosas ricas, nos reímos muchísimo y salimos cargadas de libros. ¡Y algunos hasta los pagamos!
Lo más importante, nos lo pasamos fenomenal, porque una empieza a tener una edad las cosas o se hacen por las risas o no se hacen.
Quizá sea por eso, por la edad, que me siento optimista con respecto al 2020.
Que sí, que el mundo se ha vuelto loco, que se viene otra crisis, que voy a cumplir cuarenta y la vida ya no tendrá sentido para mí...
Pero me siento optimista.
Y eso es lo que os deseo a todos: que, pase lo que pase, en 2020 podáis seguir siendo optimistas.

23 diciembre 2019

El tronco de navidad



Seguimos de #lorzfunding pero hoy os voy a contar otra cosa, por variar.


Pues esto os va a sorprender, pero hay gente que todavía no ha oído hablar del Caga Tió.
Y eso que hará como diez años o así lo expliqué perfectamente aquí.
Venga, que os lo resumo: el Tió es una tradición navideña catalana que consiste en que a principio de diciembre en las casas ponen un Tió, un tronco gordote con una cara sonriente pintada y una barretina, que cubren parcialmente con una manta. Todas las noches se le da de comer, y el Tió va engordando debajo de la manta hasta que llega navidad. Entonces los niños de la casa golpean al Tió con un palo mientras cantan una bonita canción que viene a decir algo así como “Caga, tronco, caramelos y turrón, y si no cagas pronto te daré con el bastón”, que si me preguntas a mí no solo es extorsión con violencia, es que además hay que ser muy cínico para amenazar al pobre Tió con que “le darás" cuando le estás curtiendo a palos en directo, pero bueno.
Total, que se termina la canción, se retira la manta y el Tió ha cagado regalitos.
No es broma.
Si no me creéis a mí, creed a Viggo Mortensen, que lo explica mucho mejor porque es Viggo Mortensen y todo lo hace bien:



Pues el caso es que lo del Tió será muy tradiciónal y muy bonito pero si te paras a pensarlo fríamente lo mismo no es para todos los públicos. Es decir, fomenta el maltrato al a flora local, el comportamiento violento, el uso indiscriminado de un palo, la escatología (esto, para los catalanes, no es necesariamente malo porque están OBSESIONADOS con la caca, de verdad os lo digo) y las amenazas, todo ello premiado con regalos.
No sé yo.
A decir verdad, lo que más me preocupaba era lo del palo. Vaya, que mis hijos ya van a urgencias lo suficiente sin que haya palos de por medio. Y yo también.
Por eso cuando ZaraJota me dijo que había apuntado a los niños para hacer el Tió en una librería decidí que alguien tenía que poner un poco de sensatez en el asunto.
–¡Me pido no ir! –dije. Porque yo sensatez no tengo mucha, pero de instinto de conservación voy sobradita.
–Pero Lorz, seguro que a los niños les encanta.
–Pues por eso, mejor que vayas tú y lo disfrutes.
–Pero...
–Lleva casco.
–...
–Y coquilla.
Y así fue como ZaraJota se fue a hacer el Tió con los niños y, sorprendentemente, volvió de una pieza.
–¿Qué tal ha ido?
–Bueno, al principio regular porque cuando le dije a Nena-chan que íbamos a hacer el Caga Tió pensó que los íbamos a hacer de verdad, ya sabes, en plan manualidades.
–Ya veo.
–Pero en cuanto vio que iba de dar palos y recibir regalos se animó. ¡Se lo han pasado genial! Me han dicho que querían hacer el Tió en casa también.
En aquel momento nos llegaron las vocecitas de los niños desde su habitación.
–Nena-chan, ¿jugamos a hacer el Tió?
–Síííí.
–¡Me pido ser el que pega!
–¡Pues yo me pido ser el que caga!
De pronto lo del palo es lo que menos me preocupa.








Feliz navidad, personas y personos.

15 diciembre 2019

Sugus no...

Seguimos con la campaña del #lorzfunding o, como dicen ahora los modernos, #relorzfunding.
La tentación de incluir sugus entre las recompensas es cada día más fuerte...