16 abril 2018

Un poco más, Lorz

Estoy sufriendo viviendo una etapa de trabajo intensivo.
Justo mientras escribo esto se cumplen tres meses desde que empecé a trabajar entre cincuenta y sesenta horas semanales, salvando la semana santa que me volví tó loca y me fui cuatro días a Barcelona.
La gente, que se coge vacaciones y así va el país. 
La verdad, si no me gustara tanto lo que hago no sé si habría aguantado...
Y si no fuera tan cabezota y tan absolutamente incapaz de reconocer cuando estoy agotada. 
Entre semana, cuando llego a casa los niños están o dormidos o muy cansados y de mal humor.
Como yo, vaya. 
Y los fines de semana intento estar con ellos de día y quedarme trabajando de noche, pero no acaba de funcionar del todo bien porque paso más tiempo con ellos, sí, pero estoy tan cansada y tan irritable que sería mejor que no lo pasara.
O eso dice la culpa de madre trabajadora™.
Y me voy durmiendo por todas partes.
La semana pasada estuve en un evento austenita que me hacía una ilusión loca, pero había estado trabajando hasta las cinco de la mañana, así que a media tarde empecé a cabecear y me tuve que ir a casa. De camino me dormí en el autobús, y cuando abrí el ojo ya iba camino a cocheras.
-¡Eso te pasa por ir mirando el móvil! -me gritó el busero.
-¡SÍ, ESO, IBA MIRANDO EL MÓVIL, POR ESO HA SIDO! -le contesté yo, secándome la baba de la barbilla.
Al menos esta vez no iba vestida de época...
Lo que peor llevo es que he tenido que aparcar todos mis proyectos personales: otro Quiero volver, otro Villamatojo, una saga épica que me encontré en un cajón y, lo que más ilusión me hacía, otro #Lorzfunding. También los proyectos de otras personas, que estaba corrigiendo con mucha emoción.
Bueno, no, eso no es lo peor.
Lo peor es que ahora en casa cocina ZaraJota.
Que yo llevo la fama pero vaya...
Lo primero que hizo fue cuscús. Siguió las instrucciones de la receta paso a paso, literalmente. Tan literalmente que el primer paso era "hidrate el cuscús siguiendo las instrucciones del envase", y como tengo la costumbre de meter el cuscús en un tarro transparente, ZaraJota hizo exactamente lo que ponía ahí, que es absolutamente nada. Jamás había comido una gravilla tan sabrosa.
Por suerte tengo reservas acumuladas estratégicamente en todo el cuerpo y entre eso y los trozos de galleta que los niños esconden en mi cama creo que podré resistir una temporada.
Resistir es bueno, resistir es divertido, resistir aleja a los señores de la bata blanca.
El caso es que entre unas cosas y otras últimamente no me siento muy Lorzagirl.
De hecho me imagino a Lorzagirl con los brazos en jarras y mirada de desaprobación.
Vale, puede que los señores de la bata blanca no anden tan lejos como parece...
Pero ya queda poco.
Tres días más y recuperaré mi preciada anormalidad.
O empezaré a valorar más a los señores de la bata blanca.

Gracias por seguir en antena.
(También podéis seguirme en twitter. que escribo más)

09 abril 2018

Me han robado el móvil

Hace unos días me robaron el móvil mientras iba en el autobús de pie (por supuesto) cargando con dos niños, dos mochilas, un bolso tamaño cabina, el paraguas y el abrigo de Bebé-kun, que había manifestado amablemente su disconformidad cuando intenté ponérselo.
-¡¡¡NOOOOOO!!! ¡¡¡NO QUEROOOO!!! ¡¡¡MAMÁÁÁ!!!*
*reconstrucción dramática.
La verdad es que no sé con qué me pude distraer.
El caso es que me bajé del autobús y las dos cremalleras del bolso (la general y la del bolsillo interior) estaban abiertas y el móvil había desaparecido y solo quedaba la cartera, porque alguna ventaja debía de tener el ir por la vida con cara de pobre, digo yo.
Como consuelo era un poco escaso. 
-¿Tenías algo importante en el móvil? -me preguntó mi padre en cuanto se lo conté.
-TODO.
Las fotos de los niños, pensé en el primer momento de pánico.
Pero luego me acordé de que había hecho una copia de seguridad justo la semana anterior.
Chúpate esa, ladrón de móviles.
¿Qué más podía tener ahí metido?
Villamatojo III.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, quizá pueda recuperar una parte...
Vale, solo he recuperado un párrafo.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, Lorz. Respira.
Has perdido un cuento entero.
Pero, PERO, lo había dejado en un cliffhanger muy difícil de resolver, así que...
Chúpate esa, ladrón de móviles.
A ver, a ver... ¿Qué más he podido perder?
Nada importante. Solo la segunda parte del #Lorfunding.
JODER, JODER, JODER, CAGONLALECHE CON TOAS SUS LETRAS.
Lo estábamos montando para septiembre, pero en las últimas semanas me había animado para lanzarlo en julio. Ahora tendrá que esperar a diciembre.
No pasa nada, lo sacaremos adelante de todas formas.
Chúpate esa, ladrón de móviles. 
Esa misma tarde le estaba contando toda esta movida al policía que me estaba tomando la denuncia, cuando me preguntó si no me daba pena el terminal.
-Ja, ja. No.
-¿Era muy viejo?
-No, pero la pantalla me estaba dando problemas.
-Anda, ¿y no probaste a hablar con el servicio técnico?
-Sí, pero no podían hacer nada porque técnicamente no estaba rota.
De hecho, el problema de la pantalla era que funcionaba bien. 
Demasiado bien.
Tan bien, que se activaba con la luz. Ella solita. Los días que hacía bueno se volvía loca, empezaba a recibir como ocho mil estímulos al mismo tiempo, hasta el punto de que atinaba a quitar el bloqueo por su cuenta y riesgo.
Yo ya le había pillado el truco y la postura y me medio apañaba, pero la verdad es que era un p*t* engorro.
Y en casa era peor,  porque el único sitio donde lo podía enchufar era en la cocina, justo debajo del plafón del techo.
Y la luz del fluorescente lo volvía LOCO de verdad.
Pero en plan SUPERLOCO.
Se desbloqueaba solo y empezaba a llamar a todos mis contactos, uno por uno.
Y, desgraciadamente, el primero de la lista de contactos es mi ex, porque su nombre empieza por A.
Os podéis imaginar la conversación.
-Lorz, ¿te encuentras bien?
-Sí, claro. ¿Por?
-Me has llamado tres veces.
-Ah, no he sido yo, ha sido el plafón de la cocina.
-Eh... clarooo, clarooo.
-De verdad, el móvil se activa con la luz del plafón.
-Ya veo. ¿No habrás estado haciendo manualidades con pegamento otra vez, verdad?
Pues le conté esto al policía y estuvo de acuerdo conmigo en que quizá lo mejor para todos era que tuviera que comprarme un móvil nuevo, porque según él ningún juez, en ningún caso, habría aceptado "yo no fui, fue el plafón de la cocina" como defensa válida en un caso de acoso.
Mucho prejuicio es lo que hay, me parece a mí.
-Volviendo al robo -siguió el policía-. ¿Sabes quién ha podido ser?  
-Pues ni idea... Pero ojalá que tenga un ex cuyo nombre empiece por A.







PD. Lo que sí me ha j*d*d* viva es que en la carcasa del móvil llevaba este dibujo de Ana. 

29 marzo 2018

Mi agüita amarilla

La semana pasada me encontraba muy mal y no encontré las ganas de postear.
Disculpen las molestias.

Esta es la situación.
Estoy teniendo unas reglas muy malas, así que el médico me recomendó tomar la píldora anticonceptiva, una en concreto.
-Con esto ya verás como se te soluciona lo de las reglas.
Y tanto que se me solucionó: como que me dejó venir por completo.
Eso sí, me encontraba muy fatalmente. Y como todavía seguía con los vértigos y tal pues pensé en ir al médico y contárselo todo en plan "Sicilia, 1958. Una joven de abundantes pechos...".
Así que me dije pues mira, aprovechando que me he cogido el día porque los niños no tienen colegio pues me voy con ellos al médico y echamos allí la mañana tan ricamente, que seguramente nos están echando de menos ya.
Quizá no fue la mejor idea, porque mi médico es de esos que tienen en la puerta un cartel:

LA HORA DE LA CITA ES ORIENTATIVA.
El médico no va con atraso.
El atraso sería no dedicarle a cada paciente el tiempo que necesite.

Que es una cosa que nos parece muy bien cuando ya estamos en la consulta, pero cuando estamos una hora en la sala de espera con dos niños pequeños pues un poco menos, la verdad.
La naturaleza humana es así.
Cuando por fin entramos a la consulta los niños ya estaban que se subían por las paredes y yo en plan no, por las paredes no, que a saber cuándo las pintaron por última vez.
-Hola Lorz -me dijo el médico-. ¿Cómo estás?
-Bien, ¿y usted?
-...
-Lo he vuelto a hacer, ¿verdad?
-Cada vez. Cada puñetera vez...
-Bueno, pues ya que NO es una pregunta retórica, no estoy muy bien. Sigo con náuseas y vertigos. Y no me ha venido la regla.
-¿Desde hace cuánto?
-No sé, ¿en qué año estamos?
El médico miro a Nena-chan y Bebé-kun, que estaban intentando recolocar los cables del ordenador, y palideció ligeramente.
-Te voy a hacer un test de embarazo.
El médico me dio un vaso de plástico. Un vaso-vaso, de los de botellón. Y me dijo que hiciera pis en el vaso.
-Pero no aquí -aclaró-. En el baño que hay fuera.
Desde luego es que los médicos son de lo que no hay: cuando a ellos les conviene todo es desnudarse, pero cuando no, te bajas las bragas en mitad de la consulta y todo son aspavientos.
Salí a la sala de espera con los dos niños.
-Mamá tiene que entrar un momento al baño para hacer pipí. ¿Os quedáis aquí sentaditos portandoos súper bien?
-Sí -dijo Nena-chan.
-No -dijo Bebé-kun.
-Vale: tú aquí sentadita. Tú, conmigo.
Me metí en el baño con Bebé-kun. El cubículo era enano y bueno, ya sabéis cómo hacemos pis las mujeres en los baños públicos, sobre todo en invierno, ¿no? Pues añadid un vaso, un niño de dos años y la perspectiva de estar embarazada de otro. Y, a mitad de la meada, una niña empujando la puerta para entrar porque "no quiero estar aquí solita".
Salí del baño con el vaso en la mano.
-Mamá, ¿que hay en ese vaso?
-Pipí.
-¿De quién?
-Mío.
Nena-chan me miro como si pensara que su madre había tocado fondo, cosa que pensándolo bien probablemente fuera cierta. Ahora me pregunto si le hubiera parecido mejor que el pipí fuera de otro. Supongo que perdí para siempre la oportunidad de descubrirlo.
-Pero mamá, ¡los vasos no son para hacer pipí! ¡Eso es una guarrería muy gorda!
Para entonces ya nos miraba toda la concurrencia de viej...ancianas, y todavía faltaba lo peor: Bebé-kun descubrió que yo llevaba un vaso en la mano.
-QUERO ABUA -dijo, señalando el vaso.
-No es agua, lechoncillo. Es pipí.
-QUERO ABUA.
-No es agua.
-QUERO ABUA.
-Es. Pipí.
Mientras tanto Nena-chan estaba gozando del momento:
-¡MI MAMÁ HA HASIDO PIS EN UN VASOOOOOOOO!
Las viej... ancianas se reían sin disimulo y yo no paraba de mirar la puerta y el cartel de la puerta y de pensar que ojalá a mi médico le importara un poquito menos el bienestar de los pacientes y un poquito más el quitárselos de encima rapidito, cosa que en circunstancias normales jamás habría pensado pero es que estaba un poco estresada así sin motivo aparente.
Al final el médico nos llamó de nuevo a consulta.
Le entregué el vaso, para escándalo de Nena-chan, y metió dentro una varita blanca.
-Mamá, ¿por qué mete eso en tu pipí?
-Para mirar si vas a tener otro hermanito.
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos porque claro, quiere mucho a Bebé-kun y eso pero es pequeño, y a ella lo que le gustaría es que le encargáramos un hermanito de su misma edad, o quizá un poco más mayor, puestos a pedir.
Pero el médico se volvió hacia nosotros con el predictor en ristre.
-Lo siento, Nena-chan, no vas a tener un hermanito.
-¿Cómo lo sabes?
-Por el pipí de tu mamá.
-¿Lo ha hasido mal?
Va a ser eso, sí.

18 marzo 2018

La masturbación

No sé cómo va a salir esto, por la cosa de que este fin de semana he dormido como diez horas en total porque estaba haciendo cosas.
¿Cosas nazis?
No, definitivamente no cosas nazis.
Soviéticas, un poco. Pero nazis seguro que no.
Además, sigo con los vértigos.
El médico dice que es porque tengo mal las cervicales.
-Pues quitémelas -le dije.
-Pero Lorz, ¿cómo te las voy a quitar?
-¡Y yo qué sé! ¡El médico es usted!
Que tengo que estar yo a todo siempre.
El médico me dio cuatro pautas "muy sencillas" para no forzar las cervicales, que me tienen que durar toda la vida.
1. No leer.
Ja, ja.
2. No usar el ordenador.
Ja, ja.
3. No cargar peso.
Ja, ja.
4. Dormir en buena postura.
Ja, ja.
Yo no le hice ni puñetero caso, así que no entiendo por qué estoy cada vez peor.
Aparte de que la habitación crece y decrece a mi alrededor, y de que a veces me siento caer al vacío, he empezado a desorientarme de pronto: el otro día salí del ascensor y de pronto no tenía la menor idea de dónde estaba: solo sabía que ese no era el descansillo "correcto".
Me senté un rato en el suelo hasta que conseguí centrarme: estaba en el descansillo de mi casa.
Pero lo peor es que he empezado a mezclar palabras. Quiero decir "queso" y digo "churrete", y me doy cuenta de que algo no encaja, pero tardo un rato en darme cuenta de qué es.
Hace unos días me pasó con "confirmación". Necesitaba que alguien me confirmara algo, pero al ir a verbalizarlo, en vez de "confirmación" me salía, dios sabrá por qué, "masturbación". 
Os voy a ahorrar los detalles escabrosos: solo os diré que ahora mismo soy extremadamente popular en la agencia de viajes del barrio.

12 marzo 2018

Pantera Negra

Fue más o menos así:
-Oye, ZaraJota, podíamos ir a ver Pantera Negra.
Acto seguido sonó el teléfono.
-¡YO ME PUEDO QUEDAR CON LOS NIÑOS! -dijo mi madre en cuanto cogí el auricular, sin darme tiempo a decir ni hola ni nada.
-Madre, ¿cómo has sabido de lo que estábamos hablando?
-¡¡¡NO TENGO MICRÓFONOS EN VUESTRA CASA NI HE DESARROLLADO UNA APP PARA QUE ME SALTE UNA ALARMA CUANDO DECÍS DE SALIR Y GOOGLE TODAVÍA NO ME LA HA COMPRADO, ESTAMOS NEGOCIANDO LAS CONDICIONES!!!
-...
-¡¡¡Y NO HE TENIDO NADA QUE VER CON QUE ADELANTARAN LA FECHA DE ESTRENO DE VENGADORES: INFINITY WAR!!!
-...
-Me puedo quedar con los niños el sábado. Por si queréis ir al cine. Que no sé si queréis. Es una idea que se me ha ocurrido así, de pronto.
-Valeee, sí, queremos ir al cine el sábado.
-Pues nada que se vengan a casa. ¿Vais por la mañana o por la tarde?
-Por la tarde.
-Ah, entonces se tendrán que quedar todo el fin de semana.
-¿Perdón?
-Son las normas, no me las estoy inventando.
-¿Seguro?

Este era el plan:
1. El sábado por la mañana me depilaría. Que no es que tener pelos me importe demasiado, pero es que ya no me cerraban las camisas.
2. Después iríamos a comer con mis padres.
3. Dejaríamos a los niños allí.
4. Iríamos al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís.

Y entonces empezaron los vértigos. Leeros el post anterior, que no me apetece poner el enlace.
-Niña -me dijo mi madre, que volvió a llamar por teléfono sin razón aparente mientras ZaraJota y yo hablábamos de anular el cine-. Que he pensado que ya que te encuentras mal lo mejor es que los recoja directamente en el colegio el viernes y que se vengan a casa y ya que se queden a vivir aquí y eso...
-¿PERDÓN?
-Nada.
Así que llegamos a la conclusión NO ME PREGUNTÉIS CÓMO de que ya que yo me encontraba muy mal lo más lógico y sentato era que ZaraJota y yo fuéramos al cine un día antes.
-Pero no podemos ir al cine el viernes -protestaba yo-. Que no me da tiempo a depilarme.
-¿Y por qué ibas a depilarte para ir al cine?
-Sin comentarios al respecto. 
No pasa nada. Soy una mujer flexible. Podía cambiar de planes:
1. No depilarme.
2. Ir a trabajar.
3. Quedar con ZaraJota.
4. Ir al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís. A oscuras, preferiblemente.

Habíamos completado con éxito el paso 5 y estábamos volviendo a casa en autobús así todo acaramelados y cogidos de la manita y eso, sin parar de mirar alrededor porque continuamente pensábamos que se nos habían perdido los niños.
-Jo -le dije a ZaraJota-, ¿cuánto tiempo hacía que no salíamos así, de noche? Me siento súper joven ahora mismo. Salir a cenar... Volver a las mil...
-Lorz...
-Acostarse al amanecer y levantarse con resaca...
-Lorz, acabamos de pasar por el mercadona y está abierto.
-No pretenderás ir a la compra ahora, cuando me estoy sintiendo joven y alocada.
-No son ni las nueve de la noche, Lorz.
De verdad que son ganas de cortarme el rollo. 

05 marzo 2018

Bamboleoooooo bambolea

Lo primero fue el dolor en el pecho y en un brazo, pero vaya, que no le hice mucho caso porque el colecho es lo que tiene: te duelen cosas donde y cuando menos te lo esperas. 
Lo que pasa es que luego empecé a bandearme de un lado para el otro, pero tampoco le di demasiada importancia porque me pasaba solo cuando salía a la calle por la mañana con el paraguas. 
Bueno. Con el paraguas, Bebé-kun en brazos, su mochila, mi bolso (tupper incluido) y Nena-chan colgada del bolso, dejándose arrastrar como un peso muerto. 
Pero, básicamente, la culpa es del paraguas. 
Seguramente os preguntaréis porqué no llevo a Bebé-kun y a los pertrechos en un carrito. O a los niños en patinete, como veo hacer a otras mamás que viven más cerca. 
Pues porque a metro de Madrid NO LE SALE DE AHÍ poner acceso adaptado, ya sea ascensor, rampa o un puñetero teletransporte. Si llevara carrito, tendría que hacer siete tramos de escaleras cargando con el carrito y los pertrechos sin soltar la mano de Bebé-kun, que todavía es pequeño para semejante escalada. 
Y eso sin contar con que cuando llegas a los tornos no suele haber nadie para abrir la puerta lateral. Sí, esa puerta lateral que han puesto para que pasen las sillas que tienen que llegar ahí mágicamente. 
A lo que iba: que andaba por la calle haciendo eses, pero bueno, como normalmente los hombres que vienen de frente no son capaces de redirigir el rumbo cuando ven a una mujer con niños sino que siguen en línea recta y que se aparten los demás pues me venía hasta bien. 
El caso es que un día estaba sentada leyendo y de pronto la habitación empezó a encoger. 
Jo, pensé, cada vez engordo más rápido. 
Pero luego la habitación volvió a su tamaño. 
Y luego volvió a encoger.
Y luego volvió a su tamaño. 
Verás las estrías que se me van a quedar con tanto cambio de peso, pensé. 
Y luego me levanté y ya no fui capaz de recorrer en línea recta el pasillo de la oficina, que no mide ni dos metros. 
Pero lo peor es que al cerrar los ojos empecé a oír trino de pájaros. Con la que estaba cayendo.
Así que pensé, mira, me voy a urgencias que hace mucho que no voy. 
-¿Has vivido alguna situación estresante últimamente? -me preguntó el médico. 
-No.
O sea, ¿qué es "últimamente"?  
-¿Has levantado peso? 
-No.
Técnicamente no lo levanto: me pongo en cuclillas y los niños me trepan.
-¿Has dormido en mala postura?
-No.
Para dormir en mala postura es requisito indispensable dormir, vaya. 
-Lorz, en tu expediente pone que tienes dos hijos y acabas de destetar al pequeño. 
-Ya estamos sacando conclusiones precipitadas...
Entonces el médico me dijo que me quitara la camiseta y le dije que no podía. 
-¿Por el dolor del pecho?
-No, es que llevo un sujetador muy feo y estoy sin depilar. 
-De verdad, Lorz, me da igual. 
-Pero a mí no. 
-Bueno, levántate la camiseta por un lado. 
El médico me miró por todas partes y llegó a un primer diagnóstico que es que me había mareado por leer. 
-Te he visto leyendo un libro en la sala de espera -me dijo. 
Me mordí la lengua porque vaya, ya es mala suerte que justo lo que me siente mal sea sentarme a leer. Sobre todo porque mi trabajo consiste precisamente en leer y yo diría que ya estoy así como acostumbrada. 
Mejor no se lo expliques, pensé, que este es capaz de darte la baja y si no puedes ir a trabajar a ver cuándo descansas. 
En fin. El médico llegó a la conclusión de que tengo un cuadro de contractura+migraña+vértigo en el que no se sabe qué provoca qué. 
-Podría recetarte una pastilla...
Me encojo. Por un momento pienso que me va a decir "pero no es compatible con la lactancia". 
Entonces me acuerdo: ya no estoy dando el pecho. 
Puedo meterme lo que quiera: alcohol, drogas, barras de uranio. 
Ciertamente, debido a la falta de costumbre me tomo media cerveza y acabo bailando desnuda encima de una mesa. Y con suerte es la mesa de mi casa. O sea, que estoy sin depilar y no es plan. 
Pero lo que es poder, puedo tomar lo que quiera. 
Sonrío como una lunática. 
-¿Sí? -le dijo al médico, para animarle a continuar. Bueno, en realidad es más un "¡SÍ, SÍ!".
-...pues podría recetarte una pastilla, pero uno de sus efectos secundarios es que estimula la producción de leche. 
-TIENE QUE SER UNA P*T* BROMA.
No lo era. 

26 febrero 2018

Villamatojo II

Lo he vuelto a hacer: he escrito otra historia de zombis que, según su único lector beta (el otro estaba "ocupado" porque, según él, tenía que "trabajar" y "déjame en paz que son las tres de la mañana") está muy bien.
Bueno, en realidad lo que ha dicho es que "da mucho repelús" y que "va a peor", lo que, ahora que lo pienso, es más o menos lo mismo que dice de mí.
No importa.
Seguro que Mary Shelley oía lo mismo todos los días: su marido también tenía pinta de quejica.
"Is qui siy in piiti rimíntico, is qui siy in piiti rimíntico". Anda y calla, mediatorta.
El caso es que Villamatojo II está o estará disponible en breve (Amazon y sus cosas), junto con Villamatojo I, aquí.
Espero que os guste: he tardado en escribirlo por lo menos siete viajes en metro.






Pd: ¿He dicho ya por aquí que ZaraJota ha empezado a dibujar para la segunda parte del #Lorzfunding?