22 octubre 2018

Lo del wifi, bonus track

Venga, va.
La última.

Por suerte, no todo en el vida es el wifi: también están los datos del móvil.
Y además, ¿quién se acuerda de internet en vacaciones? 
Yo, j*d*r, yo, quiero internet, NECESITO internet, y me da igual si soy una adicta, ¿me oís? ME DA IGUAAAAAAL...
Lo bueno de las vacaciones en el pueblo es que además se pueden hacer muchísimas cosas chulas. A veces todas el mismo día. 
Es lo que pasa cuando no tienes internet, que te sobra el tiempo por todos lados. 
Había días que nos levantábamos al amanecer, nos íbamos a coger moras y semillas de donpedro (si la próxima primavera empezáis a ver donpedros por Carabanchel ya sabéis de dónde han salido), luego al mercadillo, luego a la compra, a la una estábamos comiendo, y todavía nos daba tiempo a ir a la piscina hasta que caía el sol, volver a casa, ducharnos, pasear por el pueblo, cenar, ir al cine de verano, llegar a casa y decir, anda, si todavía no son las once de la noche y además da igual la hora que sea porque los niños todavía están dando saltos. 
O, como muy sabiamente lo expresó mi madre: "Menos mal que existe Ladybug, porque ya no puedo más"(acto seguido echó la cabeza para atrás y se quedó frita en el sofá).
Cuando los niños se quedaban dormidos por fin me los llevaba a la cama y me quedaba mirando al techo, insomne perdida, con un niño a cada lado.
Empezamos a dormir juntos porque durante los primeros días estuvimos en la casa ciento cien personas (nueve)  y no quedaban camas, pero cuando se fueron todos y me quedé a solas con mi madre siguieron durmiendo conmigo porque esa casa de noche me da un miedo que te c*g*s y no quería dormir sola para que no pasaran miedo por la noche, pobrecitos. 
Pero los niños y el miedo que te c*g*s no eran la razón por la que no podía dormir. 
Tampoco los gritos de los vecinos que hacían barbacoa nocturna debajo de mi ventana un mínimo de diez veces por semana, os lo juro, jamás he visto a una gente que le gustaran tanto las barbacoas, de verdad que su médico tendrían que decirles algo, que se les van a poner las transaminasas por las nubes. 
Si no podía dormir es porque padecía un caso grave de maternitis aguda: estaba tan cansada y me dolía todo tanto que no podía conciliar el sueño, y me quedaba mirando al techo, viendo como giraba lentamente y sin razón alguna la lámpara, o como la araña que tenía también en el techo, justo a la altura de mi cabeza, hacía bolitas con los mosquitos que cazaba y los ponía a curarse como un jamón de bellota, pero en mejor porque las moscas tienen más patas que los cerdos y lógicamente cunde más. 
Así que una noche me tomé media (ahí, locamente) pastilla para dormir antes de irme a la cama. De hecho, ni siquiera era una pastilla para dormir, sino un lorazepam. Bueno, uno no, medio. Que me pierdo yo sola.
Gracias al abuso de estupefacientes caí en la cama como una piedra, con un niño debajo de cada sobaco, y dormí hasta la mañana siguiente, eso sí, pero tuve una pesadilla horrible: soñé que volvía a darle teta al artista antes conocido como Bebé-kun. Mejor dicho, soñé que Nene-kun, aprovechando la nocturnidad, la cercanía y que la camiseta del pijama me quedaba ancha había vuelto a la no-tan-lejana costumbre del buffet libre nocturno.
Cuando me desperté sentí muchísimo alivio: solo había sido una pesadilla. Me cosquilleaban las tetas, pero seguramente era solo sugestión, por la pesadillas. Y tenía la camiseta levantada, pero vaya, con lo que me muevo dormida podía ser cualquier cosa. Y tenía un cerco de leche en la camisera pero bueno, a mí no me gusta exagerar pero quizá sea el momento de que cunda el pánico.
Venga, Lorz, me dije. Mantén la calma.
Piensa que las hormonas son muy hijafrutas.
Es posible que al estar tantos días durmiendo con el niño se hayan, yo qué sé, reactivado de alguna manera.
Además, el artista antes conocido como Bebé-kun estaba a punto de cumplir tres años, y aunque yo no me notaba especialmente mustia por lo rápido que pasa el tiempo y hay que ver, que mi bebé está creciendo y todo eso, más bien al contrario porque han sido tres años larguísimos y difíciles y no veía el fin, era posible que a nivel subconsciente sí.
Seguro que es eso, me dije.
Hormonas, cansancio y penita porque el niño se hace mayor.
Nada de qué preocuparse.
Jajajajajajajaja.
Qué boba.
Estaba riendo histéricamente de buena gana cuando se despertó el niño.
-Hola, gordito.
-Quero sayunar.
-Claro. ¿Quieres colacao?
-No, quero más netita.
Quizá haya llegado el momento de que cunda el pánico. 

15 octubre 2018

Lo del wifi, 7

Previously in Lorz...
Enseñando el matojo a toda la villa.

Pues cuando llevaba tres días en la casa con nosotros mi padre dijo que se volvía a Madrid.
-Tengo que trabajar.
-Pero si tenías dos semanas de vacaciones.
-¡Falso!
-Mira, nos hiciste un cuadrante y todo.
-Bueno, pues... me han llamado. Sí. Eso. Tengo que cancelar mis vacaciones con vosotros y volver a Madrid urgentísimamente.
Y me tiró el router a la cara y salió corriendo y agitando los bracitos.
Se ve que había aparcado lejos o algo, yo qué sé.
Fue mi momento de triunfo: al fin tenía el router en las manos.
Lo abrí, conseguí la contraseña, lo volví a cerrar, lo enchufé para cargarlo y lo encendí...
Y nada.
Pero nada de nada.
Aquello no pillaba señal lo pusiera donde lo pusiera, ni siquiera en el sobrao inquietante, ni siquiera en el alfeizar de la ventana, ni siquiera atándolo a un palo y agitándolo sentada en el alfeizar de la ventana.
Mi padre me había dicho que la señal era mala porque las paredes de la casa son muy gordas, pero el maldito cacharro no pillaba señal ni en la calle, que a lo mejor es que la tecnología ha avanzado tanto que aunque estés en mitad de la plaza el servidor dice "a esa no le des señal, que es la de la casa con paredes gordas", pero vaya, yo diría que no.  y gastando MIS DATOS DE MI TELÉFONO, que si eso no es violencia estructural ya me dirás tú qué es.
Como no podía entretenerme con internet me entretuve haciéndole fotos a las lámparas y a mandárselas a mi padre por whatsapp porque siempre dice que las lámparas de esa casa le dan miedo y pensé PUES SI ME DEJAS SIN WIFI TE VOY A LLENAR EL WHATSAPP DE LÁMPARAS.
Sin rencores.
Entonces fue cuando me di cuenta: el papel de plata.
Estaba en el calentador.



Y pensé: lo mismo no está bien sellado y pusieron papel de plata para evitar que salga el humo.
No es que sea la mejor solución, pero en un momento de emergencia te hace el apaño. 
También había papel de plata en la lámpara de la cocina.

Bueno, pensé, igual el cable estaba un poco pelado y le pusieron papel de plata para taparlo. Que no digo yo que poner algo metálico en una conducción eléctrica sea la mejor de las ideas, pero bueno, yo tampoco soy la más brillante de las personas así que no puedo criticar. 
Más difícil de explicar fue lo de la reja de la cocina. 


Vale, me dije, lo más seguro es que estuviera un poco oxidada y lo hayan tapado con papel de plata para que no manche. A diferencia del calentador y del cable presuntamente pelado aquí si me atreví a investigar, pero no hubo forma: aquello estaba repegao y no hubo forma de quitarlo. 
Daba igual, porque ahora que me había fijado en el papel de plata ya lo veía por todas partes: en la lámpara del pasillo:


En la lámpara del dormitorio: 


En el marco de un cuadro: 



Vale. 
Podía entender que se pusiera un poco de papel de plata en el tubo del calentador. En las lámparas. Incluso en la reja de la cocina. Pero ¿en un cuadro? ¿En el marco de madera? ¿Por qué?
Solo había una explicación posible: mi padre había forrado la casa con papel de plata para evitar que entrara la señal de internet. 
Me fui hasta mi madre con los brazos en jarras. 
-¡Padre ha arruinado mi vida!
-Creía que habíamos dejado esta etapa atrás. Hace como veinte años o así. 
-¡Ha forrado la casa con papel de aluminio para que no coja wifi!
-...
-Mira, mira: el calentador, las lámparas, ¡el cuadro, j*d*r, el cuadro!
-Lorz, eso siempre ha estado así. 
-¡No me lo creo!
Que una ha leído a Stephen King y sabe que cuando algo ha estado siempre así es que ayer no existía. 
-Tengo fotos.
M**rd*.
Mi madre no ha aprendido todavía a usar el filtro beauty del móvil, así que era impensable que hubiera trucado las fotos. No me quedaba más remedio que aceptar la realidad: el papel de plata siempre había estado ahí. 
Pero ¿por qué? 
Después de pensarlo mucho, en plan como diez segundos o así. 
-Creo que ya sé por qué hay tanto papel de plata por todas partes. 
-Por favor no me digas que es una conspiración del gobierno para que no tengas wifi. 
-¡Por supuesto que no! Es para que los extraterrestres no nos lean el cerebro. 
Mi madre se lo pensó también mucho, en plan cinco segundos, puede que diez. 
-Puede ser... Porque como lean el tuyo, nos aniquilan sin dudarlo. 


Fin





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Si quieres. Que no es obligatorio. Ojito cuidao ahí que nos ponemos muy tensos a veces.

08 octubre 2018

Lo del wifi, 6

Previously in Lorz...
Libando rocío con las hadas.


Para tranquilidad de Necio Hutopo lo primero que os voy a decir es que Hermano Mediano estaba en casa tan tranquilo, tirado en el sofá y jugando con la Nintendo Switch.
En su defensa diré que está muy lesionado de varias partes de su cuerpo, que necesita una especie de tobillera para andar, que con la tormenta se le había mojado y que después de quitársela estaba rabiando de dolor y sin poder ponerse de pie.
Hermano Pequeño y yo fuimos a comprarle una tobillera de urgencia en cuanto solucionamos el resto de la papeleta.
Y había mucha papeleta que solucionar.
El carrito tenía como cinco centímetros de agua dentro.
Niños y adultos estábamos ensopados.
Toda la ropa, la merienda, las toallas, los millones de juguetes, todo, estaba chorreando agua.
Parecíamos supervivientes del Titanic.
Y encima mi padre no paraba de hacer preguntas estúpidas.
-Pero ¿por qué no me habéis llamado para que os fuera a recoger con el coche?
Vale, a lo mejor la pregunta no era tan estúpida.
-No se nos ocurrió. 
Puede, PUEDE, que cuando empezara a llover me viera en mitad del campo con dos niños pequeños y entrara en pánico sin tener en cuenta que me rodeaban cuatro adultos más, y que mi padre estaba en casa con el coche perfectamente aparcado y las sillas de los niños puestas.
Puede que Hermano Pequeño también entrara en pánico debido a un razonamiento similar y saliera corriendo con el carrito sin pararse a pensar en nada.
Puede que mi madre llegara a las mismas conclusiones y saliera corriendo también.
Puede que los tres hiciéramos el camino gritando, corriendo y agitando los bracitos mientras la Tita del Puerto y Hermano Mediano nos seguían sin entender qué mosca nos había picado de pronto.
Puede.
Lo importante era que ya estábamos en casa.
Mi madre se puso a bañar a los niños y yo me puse a achicar agua del carro, a tender toallas, a buscar ropa seca, qué se yo.
En algún momento me di cuenta de que estaba tiritando, pero solo pensaba en que los niños no pillaran frío, así que me quité el bañador para no coger lo que mi abuela llama "una infersión en el chichi" y seguí con el vestido mojado en plan comando para arriba y para abajo.
Ya había parado de llover, los niños estaban limpios, secos y tomando leche calentita, y pensé en llevarme el carro a la fuente para limpiarle el barro que tenía por todas partes. Lo arrastré hasta la fuente y lo miré por todas partes: parecía que lo mejor era ponerlo bocabajo y echarle cubos de agua a saco. Me agaché para volcarlo y entonces sentí una brisilla en cierto sitio.
M**rd*.
Cuando volví a casa con el carro limpio me encontré a mi madre en el pasillo.
-Madre -le dije-: no llevo bragas.
-Filla: preferiría no saberlo.
-Creo que los vecinos también, pero no les he dejado elección.



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01 octubre 2018

Lo del wifi, 5

Previously in Lorz...
Llevas un router en el bolsillo os es que te alegras de verme.

Pues al día siguiente decidimos irnos todos en comandita a la piscina.
Bueno, todos no.
-Lo he mirado en internet -dijo mi padre, que no dejaba pasar ocasión de presumir de que el sí tenía conexión- y hay un 10% de posibilidades de lluvia.
A nosotros nos entró la risa floja porque somos de Córdoba, o sea, un 10% de posibilidades de lluvia es como cuando haces un examen y te ponen un 1 por poner el nombre.
Lo que viene siendo el premio de consolación.
Así que mi madre, la Tita, Hermano Mediano, Hermano Pequeño, Nena-chan, el artista antes conocido como Bebé-kun y yo nos fuimos a la piscina, y mi padre se quedó rumiando que él no iba porque seguro que llovía y él no iba.
La piscina está a una distancia razonable: según google maps, un kilómetro y medio.


Lo que no te dice google maps es que a la vuelta es un kilómetro y medio cuesta arriba.
Sí, a la vuelta. Cuando ya vas cansado y empapado y cargando con todas las toallas mojadas y uno o dos niños dormidos.
Pensando en esa circunstancia, nos habíamos hecho con un vehículo de tracción animal, siendo normalmente el animal ZaraJota.

Por desgracia, en cuanto apareció mi familia ZaraJota recordó que tenía un compromiso urgente en Madrid, así que tuvimos que probar otras alternativas, algunas de ellas no muy acordes con la Declaración Universal de los Derechos de los Niños.

O sea, que el animal acabé siendo yo. 
Total que aquel día llegamos a la piscina, instalamos el chiringuito: aparcamos el carro, extendimos las toallas, sacamos la merienda, nos quedamos en bañador, nos pusimos los zapatos de bañarse en el río sin sufrir lesiones permanentes, hinchamos los manguitos... y empezó a chispear. 
Miramos alrededor: los nativos ni se alteran. 
Luego nos dimos cuenta de que los nativos van a la piscina en coche y si de pronto se desatan las furias del infierno no tienen más que subir al coche y en tres minutos están en casa. 
Pero en aquel momento solo vimos que ellos no se movían, y que nosotros no íbamos a ser menos. 
Entonces empezó a tronar. 
Ahí ya no empezamos a poner nerviosos porque una cosa es mojarse y otra cosa electrocutarse.
Pero los nativos seguían sin moverse. 
Por suerte en aquel momento el artista entonces conocido como Bebé-kun empezó a amoratarse y temblar y pensamos: Nos vamos, pero por el niño, pobrecito, que está helado. 

No tenemos miedo, nos vamos porque queremos.

Total, que empezamos a subir la cuesta con el carrito, los niños, la impedimenta, mi madre que está fatal de lo suyo, la Tita que está fatal de lo suyo, Hermano Mediano que está fatal de lo suyo, Hermano Pequeño que está fatal de lo suyo... y como a mitad de camino empieza a diluviar
Y mi madre, que no ve una m**rd* dicho sea de paso, otea el horizonte y dice: 
-¡Refugiémonos debajo de aquel árbol! 
A lo que Hermano Mediano, que habitualmente es puro zen pero todo en la vida tiene un límite, le contesta: 
-CLARO QUE SÍ, MADRE, EN MITAD DE UNA TORMENTA ELÉCTRICA, SUBIDOS A UN CERRO Y DEBAJO DEL ÚNICO ÁRBOL, A VER SI SALIMOS EN LAS NOTICIAS. 
A mí lo de salir en las noticias me parecía bien, pero se ve que mi familia es tímida y decidieron seguir adelante, que total estábamos empapados, qué más daba ya. 
Una señora que estaba en la puerta de su chalet observando el apocalipsis nos ofreció refugio hasta que pasara la tormenta, pero muy dignamente le dijimos que no.  
-¿Tormenta? ¿Qué tormenta? No habíamos notado nada. 
Entonces fue cuando empezó a granizar. A LO BESTIA. Unos granizos como cerezas, que se note que estamos en el valle del Jerte. 
Los granizos rebotaban y se colaban dentro del carrito, que ya tenía como dos dedos de agua en el fondo. 
Quizá fue ese el momento en el que entramos en pánico. 
Hermano Pequeño, que en esa ocasión se había ofrecido amablemente a tirar del carrito, empezó a CORRER. 
Pero a CORRER A SACO. 
Yo iba como a 100 metros detrás suya, gritándole que parara, pero no me hacía ni caso. Qué velocidad. Luego se queja de que se le cargan las piernas. 
Le alcanzo como a diez metros del pueblo. Hay que cruzar la calle, pero no hay calle: solo hay agua, como a treinta centímetros de altura. 
-¿Qué hacemos? -pregunta. 
-Cruzamos, pero deja que te ay...
Hermano Pequeño sale disparado tirando del carrito, lo hunde en el agua, cruza la calle y lo sube a empujones por el otro lado. 
-Uy -dice. 
-¿Los niños están bien? ¿Qué pasa?
-Nada, creo que se te ha roto el carrito. 


Ahora será culpa mía.
Estamos mirando la rueda con cara de pasmo mientras nos chorrea agua por la cara cuando nos ofrecen refugio otra vez. Una pareja nos deja pasar a su portal, nos da toallas, nos arregla la rueda...
-Podéis quedaros aquí hasta que pare de llover -nos dicen.
Entonces se me acerca Hermano Mediano.
-Oye, ¿estás bien? ¿Los niños están bien?
-Sí, sí. Están un poco asustados pero bien.
-Vale, pues yo me piro que mi sudadera es impermeable.
-¿QUÉ?
Pero Hermano Mediano ya no me oía. Iba calle adelante, con su sudadera impermeable. El muy c*br*n.
Bueno. Una tormenta tan intensa no podía durar mucho, así que poco a poco empezó a escampar.
Nos despedimos de la amable familia y recorrimos los escasos cien metros que nos quedaban. En la puerta de la casa, perfectamente sequito y con una sonrisa de oreja a oreja, nos estaba esperando mi padre.
-¿Qué, os ha pillado la tormenta?
-No, es que hemos estado libando rocío con las hadas, no te j*d*.



Continuará...








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24 septiembre 2018

Lo del wifi, 4

Previously in Lorz...
El amor está muy bien, pero el wifi es el wifi.


Mi padre llegó al pueblo con mi madre, la Tita del Puerto, Hermano Mediano, Hermano Pequeño y la rana croando debajo del agua.
Y el router inalámbrico.
-La contraseña está dentro -me dijo, dándome el cacharrito-, pero como no hay dios que lo abra te la apunto aquí.
-Sí, sí -le dije, sin escuchar realmente porque estaba muy ocupada acariciando el router.
Además, en ese momento la situación era totalmente caótica porque las casas en el pueblo tienden a ser muy estrechas y a crecer acumulando pisos hacia arriba, verigracia:

Esta NO es la casa de mi abuela, 
por favor no llaméis al timbre preguntando por "Lorza"
 que lo mismo se lo toman a mal. 

Y allí se habían dejado caer de pronto cinco personas, más las cuatro que ya había, con todo su equipaje, y de pronto había gente, maletas, bolsas, gafas de sol y botas de trekking por todas partes, y ni un solo centímetro libre para hacer cosas tan locas como moverse de un lado para el otro, así que me puse a recoger cosas, esta maleta al dormitorio, este bolso al perchero, ese papelito con unos números misteriosos a la basura y todo así.
Tuvimos un día de locura total, y por la noche, cuando me tumbé en la cama, me di cuenta de que no había tenido ni un minuto para conectarme al dichoso wifi.
Entonces agarré el móvil y me dije, allá vamos.
Le di a conectar y me pidió la contraseña y entonces me di cuenta de que no tenía la contraseña.
-M**rd*****.
Recordaba vagamente que mi padre la había apuntado en alguna parte, pero ¿dónde?
Me levanté y de puntillas empecé a recorrer las habitaciones buscando un papel o algo donde mi padre pudiera haber anotado la contraseña, pero no había nada porque como ya os he dicho el desorden me pone muy nerviosa y me había dedicado a ir poniendo todo en su sitio: esta maleta al dormitorio, este bolso al perchero, ese papelito con unos números misteriosos a la basu...
M**RD*.
Bajé a la cocina y miré dentro del cubo de la basura. El sobre misterioso asomaba por debajo de una cosa viscosa de color naranja fosforito que deduje procedía de una lata de mejillones.
M**rd*.
Pensé en cogerlo pero tengo mis principios y no estaba dispuesta a hurgar en la basura solo para conectarme a internet.



Vale, lo cierto es que saqué el sobre de la basura y los números no se leían bien.
No me juzquéis, llevaba cinco días sin internet, vosotros habríais hecho lo mismo.
Muy bien, Lorz, no pasa nada.
La contraseña está apuntada DENTRO del router.
Solo tengo que abrir el router.
Subí a la salita, que era el último lugar donde se había visto con vida al susodicho.
En la salita había un Hermano Mediano durmiendo en un sofá y un Hermano Pequeño durmiendo en un colchón en el suelo pero ningún router.
M**rd*.
Encendí la luz y empecé a mirar por debajo de la mesa, por debajo del sofá, por debajo de mis hermanos.
-¡LORZ! -me gritó Hermano Mediano, que ahora que sale el tema ya le vale ponerse a gritar, o sea, que en esa casa había gente durmiendo-. ¿SE PUEDE SABER QUÉ HACES?
-Estoy buscando el router.
-Es que son las dos de la mañana y estamos intentando dormir.
-Ah, pues por mí no paréis, que no me molestáis para nada.
Hermano Mediano me dijo ciertas cosas que no se le deberían decir a una pobre chica inocente como yo y no me quedó más remedio que irme.
Sin el router.
De todas formas, no parecía que estuviera allí.
Bueno, tenía varias opciones.
La primera era volverme a la cama y dormir, pero todo este asunto de no tener internet me había puesto muy nerviosa y no creía que pudiera conciliar el sueño.
La segunda era volverme a Madrid, dónde internet, simplemente, ESTÁ. Pero como no tenía internet no podía mirar los horarios de los autobuses. O sea, podía ir a la parada y mirar los horarios pero tenía que andar como doscientos metros para eso. Impensable.
La tercera era preguntarle a mi padre por la ubicación exacta del router. El problema es que mi padre estaba durmiendo en el sobrao, que da un miedo que no veas.



El sobrao, de día. 
No tengo fotos de noche porque de noche no subo ahí ni loca.

Además está el asunto de que el tejado está hecho polvo, pero hecho polvo en plan se ve el cielo, y diréis, qué bonito y qué romántico para dormir debajo de las estrellas. Y yo os diré: MURCIÉLAGOS. COLÁNDOSE POR AHÍ. TODA LA P*T* NOCHE.  


El agujero en el tejado. 


Y luego está la parte en la que se oyen pisaditas, gañiditos y bufiditos misteriosos. 
No tengo foto de la zona que tiene la instalación eléctrica mal 
y si le das al interruptor de la luz la bombilla empieza a encenderse y a apagarse sola 
hasta que estalla.  
O sea, el sobrao de noche es un no-no.


Así que hice de tripas corazón y me volví a la cama. Sin internet. Imaginaos mi lamentable estado. O sea, con esto Dickens te escribe tres novelas. 
Bueno, pues a la mañana siguiente le pregunté a mi padre amablemente DÓNDE C*Ñ* ESTABA EL ROUTER. 
-Ah -dijo, como si fuera lo más normal del mundo-. Lo llevo siempre en el bolsillo. 
Nota mental: ponerme guantes para tocar el router.
-¿Por qué nadie en su sano juicio llevaría siempre el router en el bolsillo? 
Dicho sea desde el respeto y sin acritud, ¿vale?
-Pues porque en esta casa las paredes son muy gordas. 
Me parece a mí que llevar el router tan cerca le está empezando a afectar el celebro. 


Continuará...


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17 septiembre 2018

Lo del wifi, 3

Previoulsy in Lorz...
¿Por qué las tuberías revientan a mi paso?


Pues ZaraJota, los niños y yo estuvimos en el pueblo estupendamente unos días, pero había una nube en el horizonte de nuestra felicidad: no teníamos wifi.
Mientras estaba tumbada al sol en el césped, escuchando el suave susurro del agua del río correr y los menos suaves berridos de los niños al jugar, con un refresco en una mano y algo ligerito para picar, yo qué sé, cochinillo o morcilla o churrasco en la otra, pensaba en el wifi y unos gruesos lagrimones resbalaban por mis mejillas.
-Se fuerte, Lorz -me decía a mí misma-. Tú puedes aguantar sin wifi.
Pero cuando ya llevaba tres o cuatro días la situación se hizo insoportable y ZaraJota llamó a mi familia.
-¡La he pillado subiéndose al tejado para lamer la parabólica del vecino! ¡LA PARABÓLICA! ¿Pero de dónde se ha sacado esta g*l*p*ll*s la idea de que puede pillar señal chupando una parabólica?
-Parecía una paellera -me defendí.
-¿Y DE DÓNDE HAS SACADO LA IDEA DE QUE SE PUEDE PILLAR SEÑAL DE INTERNET CHUPANDO UNA PAELLERA?
ZaraJota es que es así: siempre está cuestionando el método científico.
Total, que mis padres decidieron intervenir.
-Mañana mismo voy -me dijo mi padre- y te llevo el router portátil.
-Vale.
-Me llevaré a tu madre, claro. No me gusta conducir solo.
-Claro, a ver con quién discutes si no.
-Ahora que lo pienso, está aquí la Tita del Puerto. No podemos dejarla en Madrid, ya que ha venido a vernos.
-Claro, claro, que se venga.
-Y tendremos que llevarnos también a Hermano Mediano. Tiene 36 años y hace dos que no vive en casa, pero no vamos a dejarlo aquí solito, pobre.
-Claro, claro, lo que sea.
-Y a Hermano Pequeño. Tiene 33 años y hace casi diez que no vive en casa. De hecho ni siquiera quiere venir. Pero se viene.
-Claro, claro.
-Y bueno, ya que estamos allí no vamos a volvernos en el día. Estamos pensando en quedarnos una semana o así.
-LO QUE SEA PERO TRÁEME EL ROUTER YA.
Por desgracia, ZaraJota no era exactamente de la misma opinión.
-Lorz, si crees que voy a quedarme una semana en la casa de Norman Bates con toda tu familia estás muy equivocada.
-Pero...
-No me gusta tener que ponerte en esta situación, pero esta vez vas a tener que elegir: o tu familia o yo.
-ZaraJota -le dije con los ojos anegados en lágrimas-: sabes que yo siempre te elegiría a ti por encima de cualquiera, incluso de mi familia.
-Gracias.
-Pero es que ellos tienen wifi, así que arreando.

Continuará...







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10 septiembre 2018

Lo del wifi, 2

Previously in Lorz...
50%

Bueno, me están preguntando que por qué si soy de Córdoba la casa de mis abuelos está en Villanueva de la Vera, que no está ni en la misma provincia y yo casi diría que ni en la misma comunidad autónoma, y del país no digo nada porque seguro que ofendo a alguien tanto si digo que sí como si digo que no. 

Esta es la historia muy resumida: 

cuando mi abuelo (natural de Rute pero nacido en Iznájar, guardia civil en Blanes y otros puntos de Cataluña, después vivió muchos años en Madrid, donde falleció) tenía cerca de setenta años, se fue a pasar un fin de semana a la comarca de la Vera (Cáceres), donde no había estado en toda su vida, y aquello le gustó tanto que vendió la casita de la playa y se compró una casa semirruinosa en Villanueva con la idea de irla reformando poco a poco, lo que pasa es que en el entretanto le detectaron un cáncer y se murió y la casa se quedó así un poco de aquella manera. 

Para ser justos, el abuelo nos preguntó en su momento qué nos parecía todo el proyecto y le dijimos que era su casa y su dinero y que hiciera lo que le pareciera bien, pero a la hora de la verdad fue como si vendieran el único trozo de mi infancia que quedaba entero (la casa donde crecí se cae a cachos, la casa de mi bisabuela se echó abajo para hacer pisos, la casa de mis otros abuelos... bueno, esa es otra historia), cosa que me dejó muy j*d*d* y que hizo que le cogiera tanta manía al pueblo que empecé a llamarlo, nunca lo adivinaréis Villamatojo (del Arbustillo). 
Ahora que tengo hijos y veo cómo el pueblo se va convirtiendo en un trozo sin playa de su infancia empiezo a reconciliarme con la dichosa casa, y creo que ha llegado el momento de pedir disculpas al pueblo, que es muy bonito y os recomiendo visitar, a ser posible hablando en voz baja, que en esas calles retumba todo, j*d*r, un respeto.

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Que ZaraJota encontrara la llave de paso del agua nos vino muy bien porque así nos pudimos duchar, que es una cosa que no hacemos a menudo pero las vacaciones están para eso, para salirse de la rutina y tal.
ZaraJota se duchó el primero porque yo albergaba la esperanza de que se acabara todo el agua y no tuviera que ducharme, pero resulta que los veranos en esa zona no tienen NADA que ver con los veranos en Córdoba y hay agua para aburrir a un tonto, incluso si ese tonto soy yo, que no tengo hartura.
Por eso me extrañó mucho cuando ZaraJota salió de la ducha y me dijo:
-El agua tiene poquísima presión.
-Bueno, es que si está estresada en plenas vacaciones es para preocuparse.
-No, no: que sale muy floja.
-Bueno, tú también me has salido muy flojo y no te lo voy echando en cara todo el día.
-Que apenas sale agua, Lorz.
-Ah. Pues antes he llenado la regadera y ha salido perfectamente.
-Ya, pero en cuanto levantas un poco la alcachofa el agua deja de salir.
-Pues no levantes la alcachofa, que de verdad que no hace falta que limpies las verduras mientras te duchas, que hay agua de sobra.
-Es que si no levanto la alcachofa no me puedo mojar la cabeza.
Ahí me quedé un poco pillada, que lo mismo es que usa la alcachofa como tratamiento capilar y yo todo este tiempo comprándole champús anticaspa como una g*l*p*ll*s.
-Pues agáchate, yo qué sé, y de verdad deja de mojar las alcachofas que luego se ponen marrones y me dices que no te gustan.
Que tengo que estar yo a todo.
-Bueno, dúchate tú y verás.
Y eso hice: me metí en la bañera, cogí el duchatrón, abrí el grifo, y no salió ni una gota por arriba, porque toda salía por abajo.
-Creo que el tubo se ha pasado -le dije a ZaraJota-, vamos a tener que cambiarlo.
Obsérvese el plural mayestático, que se debe a que yo no tenía la menor intención de cambiar nada porque en casa tenemos las tareas perfectamente divididas: yo rompo las cosas y ZaraJota las repara.
ZaraJota no se alteró lo más mínimo porque está más que acostumbrado a las averías acuáticas y además no me estaba escuchando, pero al día siguiente, cuando volvió a ducharse (ahora que lo pienso, ZaraJota se ducha mucho cuando tiene que estar en casa conmigo) decidió por su cuenta que, efectivamente, había que cambiar el tubo, y lo cambió y con eso todos felices.
Casi.
El día siguiente me fui a duchar, que ahora que lo pienso yo también me estuve duchando mucho en el pueblo, que lo mismo va a ser un virus o algo, y cuando abrí el grifo no salió nada por arriba.
Me agaché para mirar la unión del tubo con el grifo y le hice toc-toc con el dedito Y DE PRONTO EMPEZÓ A SALIR AGUA POR TODAS PARTES, EN SERIO, AQUELLO ERA COMO EL TITANIC SOLO QUE EN VEZ DE LLEVAR UN VESTIDO CHULO ESTABA EN PELOTAS, Y ME CAÍ PARA ATRÁS, Y ME RESBALÉ PORQUE LA ALFOMBRILLA ANTIRESBALONES DE LA BAÑERA TIENE MÁS AÑOS QUE LLAMARSE ANGUSTIAS Y YA NO SE QUEDA PEGADA A LA BAÑERA, Y ME FUI A AGARRAR DE LA CORTINA Y NO SÉ CÓMO AGUANTÓ AQUELLO, Y ADEMÁS DIO IGUAL PORQUE ME PEGUÉ UNA TORTA QUE HE ESTADO TRES SEMANAS CON UN MORATÓN EN EL MUSLO TAN GRANDE COMO MI MANO.
Cerré el grifo como pude y lo estudié de cerca: corrosión generalizada. La unión grifo-tubo estaba totalmente podrida.
-¿Y ahora cómo solucionamos esto? -le pregunté a ZaraJota cuando conseguí cerrar el grifo y salir de allí.
-Pues habrá que esperar al lunes, porque un sábado por la tarde y en mitad del puente de agosto ya me dirás dónde encontramos un fontanero.
-¡Pero es que mañana viene mi familia al completo, acuérdate!
-Anda, Lorz, es verdad. Pues entonces ya sé lo que voy a hacer.
-¿Sí?
-Sí: volverme a Madrid.
Así entre nosotros, no estoy segura de que eso sea exactamente una solución.

Continuará...



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