06 septiembre 2021

Paso brevemente por aquí...

 


...para decir que el sábado 18 de septiembre a las 12 horas 
estaré firmando ejemplares de Mi Obra (TM) junto a las maravillosas Patricia Tablado y Marina Such
en la librería La Sombra.
Si no podéis venir, podéis pedir vuestro ejemplar firmado en la página de la librería. 

Espero veros a todos allí el 18...

...y por aquí mismo, con energías renovadas, el primer lunes de octubre. 

23 agosto 2021

Debido a circunstancias familiares...

...esta semana no habrá actualización.
Volveremos en breve
(esperamos)
y con más energía.  

Mientras tanto, podéis encontrar mis libros en papel en La Sombra y en digital en Lektu.


Editado 28/8
La vida siempre es complicada: es lo que la hace divertida.
Sin embargo, hay momentos en los que se vuelve incluso un poquito más complicada de lo normal y el tiempo para todo lo que no sea imprescindible escasea. 
Me temo que voy a seguir una temporada sin aparecer por aquí. 
El día 30 de septiembre, sin embargo, estaré sí o sí en el videoclub de lectura de La Sombra dedicado a Crónicas Funestas
Gratuito, por zoom, se puede asistir sólo como oyente, o no poner la cámara, o hacer un pregunta, bueno, más que una pregunta es una reflexión, en realidad más que una reflexión es mi tesis doctoral sobre cefalópodos bizcos, que no viene a cuento para nada pero es que me hace ilusión, gracias por venir.
Y si todavía no te has leído el libro, tenemos un becario encargado de avisar de todos los spoilers, para que puedas taparte las orejitas y gritar HABLA CHUCHO, QUE NO TE ESCUCHO mientras dure el peligro.
El videoclub es un espacio seguro, amable y abierto a todes. Me gustaría decir que me ha ayudado a mantener la cordura durante la pandemia, pero como no tenía mucha cordura ya para empezar igual no es la mejor de las recomendaciones. Me consta que no soy la única a la que estas reuniones semisemanales le han ayudado infinito en estos tiempos pandemials, preguntad por ahí y os responderán.
Para apuntarse a esta sesión, a otras o a todas sólo hay que mandar un MD a los malvados libreros o un mail a contacto@librerialasombra.com
Os enviarán en enlace el mismo día del club. 
Espero veros a todos : ) 






16 agosto 2021

El chiringuito

 Pues un día de estos le dijimos a los niños: 
-Hoy nos vamos a quedar en la playa hasta que se haga de noche, y luego cenaremos en el bar de aquí mismo. 
-¡Bieeeen!
Que habíamos reservado con una antelación estimada de entre cuatro y cinco años, porque el chiringuito a pie de playa, por motivos desconocidos, en verano está muy solicitado. De hecho está tan solicitado que según reservas te asignan ya la mesa directamente. Y, cuando reservas, te advierten de que sólo te la guardan una hora, que a mí me parece una barbaridad porque creo que si reservas a las nueve es para estar allí a las nueve. Como mucho a las nueve y diez. Lo que pasa es que después de estudiar las costumbres locales y, especialmente, el ritmo frenético que llevan, he comprendido que si reservas una mesa a las nueve la hora estimada de llegada son las diez menos cinco.
En fin. 
Que nos plantamos allí a las nueve con más hambre que vergüenza después de toda la tarde en la playa haciendo el pino puente trasverso con dos niños encima, pedimos las bebidas y preguntamos si la cocina estaba abierta.
-Claro, a lah nueve abrimoh.
-Ah, pues nos gustaría ir pidiendo la comida.
-Pero mushasha, ehperaté. Te vah tomando el reflehquito, vah dehando que sasiente, que haga la digehtión...
En verdad os digo que yo lo de dejar que se asiente me parece muy bien cuando me he metido tres platos de cocido, pero por una cocacola  no lo había oído nunca. Sin embargo, siempre fiel a la Primera Directriz, le dije al camarero que bueno, que vale, que nohibamoh a relahá con la comida. 
Y esperamos.
Y esperamos. 
Y esperamos. 
Y esperamos. 
Unos cuarenta y cinco minutos más tarde conseguimos que el camarero accediera a tomar nota, lo que nos hizo pensar que a lo mejor la gente llega tarde porque sabe que de todas maneras no le van a atender, no sé. 
El caso es que para entonces la comida había pasado a un segundo plano y toda nuestra atención estaba puesta en el espectáculo.
La cosa empezó con un grupo que apareció para cenar y no tenía reserva. 
Eran como cuatro personas de esas que llevan tupecito, camisa de manga larga cuidadosamente remangada para dejar ver la pulserita que les recuerda de qué país son (porque uno nunca sabe cuándo te lo van a preguntar y lo mismo no te acuerdas, ojo), el mismo pantalón que usan para la oficina en invierno pero en versión corta y mocasines. 
-Eh que lo tenemoh tó reservao -les explicó el camarero.
-Pero si hay un montón de mesas vacías. 
-Pero ehtán reserváh y lah tenemoh que guardá hahta la dié. Si quieren se ehperan a ver si alguna se queda libre.
-Es que nosotros queremos cenar ya.
Y yo, pensé mentalmente, pero no lo dije por no interrumpir. 
-Poh ya no puede ser porque está tó reservao.
-Pero si está vacío.
-Porque...
-Qué le cuesta poner una mesa.
Los señores de las camisas de manga larga dobladas para no olvidar su nacionalidad empezaron a hacer comentarios que dudan de las ganas de trabajar de los camareros. Porque claro, todos sabemos que lo que no hace un camarero en un chiringuito de playa es trabajar. Eso, y cotizar. Y cobrar las horas extra.
Así que el caramero les acaba sacando una mesa. 
Total, sólo son cuatro.
Nada más sentarse, aparece otro grupo. 
Estos sí tenían reserva, pero la tenían "fuera", no "dentro".
-Si ehtá fuera eh porque al reservá pidió fuera.
Que las mesas de fuera están muy demandadas porque están en la puñeterísima línea de playa nivel cuando la marea está alta te salpican las olitas. Pillar una mesa de fuera no es poca cosa. 
-Ya, pero es que donde estamos vemos los columpios y claro, mi hija va a querer irse y no va a cenar.
El camarero, sin duda agradecido por la obligación de llevar mascarillas y que no le vean la cara, acepta. 
-Weno, poh se pueden venir a ehta.
-¿No puede ser otro?
-...
-¿Aquella?
-Eh que ya ehtá reservá.
-Pero está vacía.
-Eh que ehtá reservá.
-Bueno, pero ahora mismo no hay nadie. 
El camarero calibra la situación y esto os va a sorprender, pero el señor acaba exactamente en la mesa que quería. Que casualmente es al lado de los otros. 
Y, lo más casual aún, resulta que se conocen. Qué coño, si son hasta familia. 
La endogamia es lo que tiene. 
Nada más sentarse, aparece la presunta mujer con un bebé de un año en brazos, que a mí es que estas cosas se me olvidan, pero yo juraría que con un año los bebés ni cenan a las nueve de la noche ni se montan en los columpios, pero bueno. A lo mejor la niña es muy precoz y ya anda, corre y como tortillitas de camarones, no sé. 
Según se acomodan aparece otro grupito.
Tampoco tienen reserva.
-Son amigos nuestros -dicen los del bebé-. Se pueden sentar con nosotros.
-Pero eh que la mesa eh de cuatro y...
-Pues pon otra mesa. 
La terraza del bar está como Primark Gran Vía el día de la inauguración y no hay ni una mascarilla a la vista porque todos sabemos que las pulseras con banderita dan poderes. 
Yo me estoy comiendo los colines de cuatro en cuatro y valorando la posibilidad de cederles mi mesa e irme al burgerking. 
-Eh que no...
-Mira, pones una de las que hay vacías y ya.
-Pero eh que ehtan reservás y...
-Bueno, nosotros teníamos reserva, ¿no? Pues vienen con nosotros.
Llegado este punto el camarero cortocircuita y les pone una mesa con sus correspondientes sillas.
Lo que pasa es que los recién llegados traen un carrito de bebé, así que sin dudarlo mucho, y protestando porque les han dado el peor sitio, los papás de la criatura INCRUSTAN EL CARRITO ENTRE SU MESA Y LA NUESTRA, AHÍ, SIN VASELINA NI NADA. 
Llegado este punto yo empezaba a estar un poco tensa porque no me he pasado el verano con la mascarilla pegada para que ahora me venga media Moraleja a lanzarme microgótulas de esas, por mucho que sean microgótulas de marca. Además, ya no me quedaban colines. Ni paciencia. 
Así que estaba pensando en hacer cosas locas como ponerme a cantar "Todos mis amigos se llaman Cayetano" (y luego pasar la gorra), pero me distrajo un señor del primer grupo, que se levantó, sin mascarilla ni nada porque el covid es de pobres, para decirle al camarero que le habían llamado unos amigos, que no tenían reserva, pero que les pusiera una mesa al lado suyo. No hacía falta que fuera en la misma mesa que ellos, porque tampoco eran tan amigos, pero que les pusiera cerca, si podía ser. 
A dios pongo por testigo que en ese momento pude escuchar claramente cómo el corazón del camarero se rompía. 
El señor se volvió a su mesa totalmente satisfecho de sí mismo y sin esperar respuesta porque claramente no le daba el cerebro para plantearse otra posibilidad. 
Yo estaba ojiplática. 
Y además seguía sin cenar, pero es que los camareros llevaban una hora poniendo y moviendo mesas sin parar, así que tampoco me iba a quejar. 
La cosa pareció tranquilizarse durante un rato, sobre todo porque, casualidad asombrosa, a estos grupos se les tomó nota y se le sirvió la comida antes que a nadie. Que no me quejo, porque si yo fuera los camareros también estaría deseando librarme de ellos lo antes posible. Y, además, ZaraJota y yo queríamos aguantar hasta el final porque nos habíamos apostado a que no dejaban propina. 
El caso es que cuando ya parecía que habían terminado e iban a largarse al club naútico del que se hubieran escapado, la puerta se abrió y llegaron LOS NIÑOS. 
Cientos y cientos (vale, igual eran menos) de niños. Ellos, la camisa de manga larga cuidadosamente doblada para dejar a la vista la pulsera, pantalones cortos y mocasines, que no quiero ni pensar en cómo olerá aquello cuando se lo quiten. Ellas, con el vestidito que les corta la circulación en la sisa pero como no se les ve el culo todavía puede aguantar tres o cuatro veranos más. 
Los niños caen sobre las mesas de sus respectivos progenitores como las salvajes hordas en las llanuras de Zama y las madres les preguntan por la cena, si se lo han comido todo y esas cosas que preguntamos las madres.
-Sí, todo.
-Pues nada, quedaros un rato por aquí.
Claro que sí, señora, no se vaya a quedar el local vacío. 




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Ya se puede reservar en la librería La Sombra Crónicas Funestas. Aprovechad, que hasta el 30 de agosto tienen los gastos de envío en promoción. 






09 agosto 2021

La mediación




Presuntamente todo, ¿eh?

Por si os estáis preguntando por qué le aguantamos tantas tonterías a LBP, os voy a confesar que había un buen motivo: la Tita del Puerto dejó dispuestas las cosas de manera que tanto LBP como une hije suye tenían que firmar las escrituras.
Hasta en Marte saben que la Tita lo hizo así para que LBP se chinchara pero bien chinchada y tuviera que estar delante cuando nosotros recibiéramos todo, pero la jugada le ha salido regular porque hemos dependido de su capriche hasta que le ha dado la gane a elle. 
Y es que esto os va a sorprender, pero LBP no quería firmar. Bueno, eso no es exactamente cierto. Lo que nos dijo el notario es que era "reticente", que a mí me pareció muy bien, porque "reticente" termina en -e y así me encaja sin tener que hacer cambios que puedan hacer llorar a Toni Cantó.
El caso es que elle era reticente, y su hije era reticente. Pero no era por egoísmo, no.
-Es que ya hemos pagado mucho -nos dijeron-. Cada vez que vamos al notario nos toca pagar, y es un dineral.
A mi madre eso le pareció muy razonable. A ver, que es muy duro soltar pasta sólo para facilitar que les den pasta a otros. Sobre todo si esos otros somos nosotros, que bien, lo que se dice bien, no les caemos.
Bueno, mis hermanos no sé, pero a mí le hije de LBP me hacía bulling en el colegio pero en los eventos familiares pretendía que fuéramos besties y yo por lo que sea no acababa de tragar con eso; aunque la verdad es que yo siempre he sido muy rara y muy arisca, preguntadle a LBP que ella siempre ha estado dispuesta a decírselo a cualquiera.
El caso es que mi madre nos cogió a mis hermanos y a mí por banda y nos dijo: 
-Tenemos que pagarle todos los gastos que hayan tenido por culpa del testamento.
Y mis hermanos y yo dijimos que sí, que por supuesto, que hasta la última fotocopia que hubiera tenido que hacer.
-Pero pídele las facturas -le dije. Que yo las facturas no las quería para nada, pero es que desde que soy autónoma lo de pedir facturas es como un tic nervioso que tengo; me dices cualquier cosa y yo "pero dame factura". El del pan se esconde cuando me ve venir, no os digo más. 
-Vale, vale. 
Así que mi madre le dijo a la familia Buene Persone que nos hacíamos cargo de todos los gastos futuros y les pagábamos todos los gastos pasados, TODOS, hasta del abogade que habían consultade por su cuente (presuntamente para ver cómo impugnaban el testamento) si nos presentaben les factures. 
-Es que el notario no nos quiere dar las facturas. 
-¿Cómo?
-Que no nos las quiere dar. 
-Pero, ¿las habéis pagado? 
-Sí, pero no nos las quiere dar si no le damos más dinero, y nosotros no podemos pagar más.
A mi madre le dio mucha lástima aquello porque ella sabe lo que es pasar necesidad, así que además de ofrecerse a pagar las facturas se ofreció a mediar con la notaría.
Así que mi madre llamó a la notaría una mañana cualquiera y les dijo que a partir de ese momento ella se hacía cargo de todos los gastos, pero por favor que le dieran a LBP las facturas.
-¿Qué facturas?
-Las que ya ha pagado.
-Si no ha pagado nada.
-¿Cómo que no?
-No, de hecho no les hemos presentado ninguna factura, os lo estamos cargando todo a los de Madrid.
Pues que nos carguen también un par de cajas de lexatines, que con este panorama falta nos van a hacer.


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Durante el mes de agosto, la librería La Sombra está de promoción. 
Aprovechad, que tienen todos mis libritos. 

02 agosto 2021

Lloro y pido

 Ay, lo que os he echado de menos. 

La Tita del Puerto y del Sur tenía esta nota en su casa. 
Científicos de todo el mundo han estudiado los oscuros motivos que la llevaron a ello.

Venga, que vamos a empezar fuertecito. 

Supongo que os acordáis de le buene persone, LBP en adelante porque me canso. 
Si no, aquí, aquí y aquí podéis descubrir cómo las gasta. Ba. Cómo las gastaba
Porque hoy vengo aquí para limpiar su nombre, y eso es así porque, hace unos meses, LBP me llamó para disculparse. Tardó unos meses, eso sí. Y coincidió con que poco antes había descubierto que la Tita del Puerto nos había dejado casi todas sus pertenencias terrenales a mis hermanos y a mí. Bueno, y a Hacienda. 
Pero seguro que fue casualidad y no tiene la menor importancia, lo digo solo para situaros cronológicamente. 
El caso es que LBP me llamó por teléfono y a mí me dio la gran pereza porque ya no sabía cómo decirle que no teníamos ni idea de cuándo iba a ser el entierro, que no dependía de nosotros, sino de una pandemia mundial, y que si tanto interés tenía en decirle una misa que la pagara ella cuando le diera la real gana, ya que no tuvo la decencia de aparecer en el tanatorio. 
-Niñaaa...
La voz como de tener un pie en la tumba que no falte. La Tita del Puerto la llamaba "lloro y pido", que mi madre siempre dice que es un insulto pero yo lo veo más como un resumen. 
-Qué.
-Que estoy muy arrepentida y quiero pedirte perdón.
-¿Qué?
-Que quiero pedirte perdón por todo.
-¿Por TODO?
Que tengo una lista muy larga. 
Larga en plan: en los años ochenta, cada vez que iba a tu casa tu maride me veía me preguntaba si era tan puta como mi madre y tú te reías y decías que sí. Y eso sólo para empezar. 
-Por lo que te dije la última vez que hablamos.
-Mi gozo en un pozo. 
-Que tú también tienes derecho a pésame. 
Que no se entere Hacienda, que se me queda en derecho a pé.
-Ah, gracias. 
-Y que lo siento mucho, y que sólo quiero pedirte perdón. A ti y a tu padre.
Para mí que la obsesión con mi padre se la tiene que hacer mirar, pero como había llamado con buenas intenciones no dije nada. 
-Que sólo quiero pedirte perdón y que intercedas ante tu madre para que me perdone y me coja el teléfono. 
-Entiendo. 
-Que es lo único que pido, hablar con ella y pedirle perdón. Que desde que discutimos tengo un peso muy grande en el alma y lo único que hago es llorar, porque les dos hemos perdido a un familiar cercano y estamos muy afectades por su pérdida, y deberíamos encontrar consuelo le une en le otre.
Debo reconocer que a esas alturas ya me estaba ablandando locamente porque yo soy así: no tengo capacidad de concentración suficiente para odiar durante periodos prolongados. Y LBP parecía realmente afectada por la pérdida. Y es verdad que a veces tengo un pronto muy brusco. Quizá LBP tenía buen fondo, ya que no buenas formas, y yo no supe tener paciencia con elle. 
Jaja, elle. Como le reviste.
Quizá, pensé en un momento de debilidad, TODO FUERA CULPA MÍA, QUE TENGO MUY MAL GENIO.
-Todos estábamos muy cansados y quizá dijimos cosas que no debíamos -le dije. 
-¡Eso es! 
-Hablaré con mi madre.
Vaya si lo hablaré. Le diré que deberíamos hacer un esfuerzo, reconciliarnos, e intentar ser una familia. Que seguro que todo había sido un malentendido. Que a veces, en las familias, las peleas más tontas se enquistan sin necesidad, y que quizá haya llegado el momento de olvidar y perdonar. Eso es. Hablaré con mi madre y le diré...
-Dile que sólo quiero pedirle perdón.
De pronto, la voz de LBP sonaba muy animada.
-Vale.
-Es lo único que pido.
-Ya.
-Bueno, eso y una pasmina. 
-¿Perdón?
-Eso, y una pasmina. Dios sabe que la Tita del Puerto tenía como para poner un puesto.
-Pero...
-Yo le regalé una, una vez. Esa la quiero, y una azulita muy mona que tenía, y si ves alguna más que sea así como de mi estilito... 
-Es...tilito...
-Collares no te voy a pedir ninguno aunque tenía muchísimos y Dios sabe que me corresponderían unos pocos... bueno, con que me metas unos cuantos con las cosas que me mandéis me conformo.
-¿Collares?
-Y pasminas. Creo que va a ser mejor que lo apuntes. ¿Tienes para apuntar?
-Eh... sí. Espera.
-Y un cuadro de unos pajaritos que le regalé yo y que tenía colgado en su casa.
-¿Seguro? No me suena de nada. 
De hecho, LBP ni siquiera ha estado nunca en esa casa, pero bueno.
-Sí, lo tenía según entrabas, en la pared del comedor.
-Bu... bueno, lo buscaré...
-Pero apúntalo, que se te va a olvidar. Y un caminito de mesa, así de color beige, muy mono. ¿Lo estás apuntando?
-Sí, sí.
-Léemelo a ver si lo has apuntado todo.
-Pasminas, collares, un cuadrito, un caminito de mesa...
-Eso es. De lo todo lo que me corresponde, sólo pido eso. Díselo a tu madre.
-Bu... bueno, a mi madre no, tendré que decírselo a mis hermanos.
-¿Qué?
-Mis hermanos. La casa y todo lo que hay dentro es nuestro. 
-¿Vuestro? ¿Lo de dentro también?
-Eso es. 
-Ah. 
-Pero no te preocupes, que yo lo hablo con ellos.
-Vale, vale. 
-Y ya nos veremos en el entierro, ¿no?
-¿El entierro de quién?
Pues sí que está afectada por la pérdida.



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Durante todo el mes de agosto, la librería La Sombra está de promoción. 
Aprovechad, que tienen todos mis libritos. 

19 julio 2021

Vacaciones


Se hace saber que esta interfecta semoviente que les escribe estará de vacaciones (o similar) mentales hasta el 2 de agosto, reponiendo fuerzas (e ideas) para afrontar el nuevo curso como corresponde. 

Por supuesto que seguiré en Twitter, donde no hace falta tener cuenta para cotillear, simplemente seguir el enlace anterior. Mi abuela lo hace, y eso que tiene más años que el timbre de la puerta de Alcalá.

Además, a estas alturas ya he escrito un buen puñado de libros, la mayoría de los cuales te dejan el cuerpo regular pero bueno, la mitad de lo que comemos en los chiringuitos de playa también y aún así volvemos, así que por qué no.

Si queréis recordar los viejos tiempos, hay tres recopilaciones de las entradas antiguas del blog, Vayamos por partes 1, 2 y 3. Incluyen material adicional y dibujitos de ZaraJota. 


Si os van el terror de ambientación rural con zombis, ahí está Villamatojo. Lo escribí para que diera mucho miedo, pero la mayor parte de las personas que lo leen aseguran que es de humor, así que sospecho que hice algo mal, pero por más vueltas que le doy no acabo de entender el qué.


Madrid 2004 es lo más parecido a una historia romántica que soy capaz de escribir. Al menos nadie la acusa de ser humorística, así que por ahí vamos bien. Está ambientada en el Madrid de los atentados y la boda real. 


Quiero volver es... el libro más difícil de explicar. Porque cualquier cosa que os diga es spoiler. Y a nadie le gustan los spoiler. Salvo a mí, que escribí un libro a tope de spoiler. Hasta el título es spoiler. Así que bueno, yo qué sé. Va de dos chicas que se conocen en un internado, se hacen amigas y acaban metiéndose en un buen lío. Con flashbacks. Lo demás tenéis que descubrirlo porque es parte de la gracia.


Y, por supuesto, está Crónicas Funestas, que se financió vía crowdfunding a principios de año y que debe estar llegando a la casa de los mecenas justo esta semana. Inicialmente se publicó por partes en digital y ahora las he reunido en un tochaco de ochocientas páginas y tapa dura, con ilustraciones, mapa, árbol genealógico y material adicional. Cuenta las aventuras y desventuras de Coso Abripio, desde que su familia sufre un desafortunado accidente y debe huir a la fabulosísima ciudad de Möho, famosa por... bueno, quizá sea mejor no entrar en detalles. 


Todos o casi están disponibles en la Casa Tomada (Sevilla), La Sombra (Madrid) y Lektu (online). 

Nos vemos en un par de semanitas. 

12 julio 2021

¡Vacunada!




Pues nada, ya tengo la vacuna.
Bueno, solo la primera dosis. Que soy joven y eso. 
Vale, la segunda me toca la semana que viene, pero quién lleva la cuenta.
Como decía, ya tengo la vacuna y estoy tan contenta que incluso he empezado a abrazar a algunas personas seleccionadas. Con las mascarilla puesta y sin gozarlo, por si acaso.
Para conseguir cita sólo necesité apuntarme al bot de telegram que te avisa de cuando se abre tu tramo de edad, tener permanentemente abierta la página de autocita y actualizarla cada treinta segundos o así. 
Pero así como de soslayo y eso, fingiendo desinterés. 
Cuando por fin se pudo, además, ZaraJota y yo tuvimos la inmensa suerte de autocitarnos mismo día, mismo sitio, con tan solo media hora de diferencia. 
-¿Y qué hacemos con los niños? -me preguntó.
-¿Ese día o en general desde que nacieron?
-Ese día.
-Ah, porque si es desde que nacieron todavía no tengo la más remota idea... Pues que se queden con mi madre un rato. 
Porque claro, si no contamos a los gatos, mis padres y los niños son cuatro personas, que es lo que está (estaba) permitido en interiores por esas fechas. 
-O toda la tarde -me dijo ZaraJota, poniendo voz sexi. Bueno, la suya normal. 
-Ahora que lo dices, quizá deberían quedarse a dormir. Por si la vacuna nos da reacción y eso.
-Claro, reacción
Porque hay una cosa de la que se habla muy poco, y es el daño que ha hecho la pandemia, y en concreto el confinamiento, a la vida sexual de las parejas con hijos pequeños. 
Así que os lo voy a decir yo: TODO. 
Los niños pandemial no se cansan como antes. Pasan menos tiempo en el parque, hacen las extraescolares por zoom, llegan temprano a casa, si es que llegaron a salir. Los niños pandemial llegan a la noche frescos como una lechuga. Los niños pandemial no se duermen jamás
Y, cuando se duermen, es un sueño ligero, con terrores y pesadillas. Pero no me voy a meter en cómo la pandemia les está jodiendo el cerebro a los niños, que entonces no acabo nunca. 
Por desgracia, los papás pandemial siguen haciendo cosas como trabajar y las tareas domésticas, por lo que llegan a la noche como siempre. 
Y sí, ya sé que en teoría se puede jugar al parchís de día. Pero yo no tengo el cuerpo ya como para hacerlo bajo el mueble del fregadero, qué queréis que os diga.
Volviendo a la vacuna, ZaraJota y yo pensamos que lo mejor era que los niños se fueran a pasar la noche con mis padres. Por si la vacuna nos daba reacción y eso. 
GUIÑO, GUIÑO, CODAZO, CODAZO. 
Voy a confesar aquí y ahora que, en el fondo, yo creía que la vacuna no nos daría reacción ninguna. La mayor parte de la gente que conozco sólo ha tenido dolor en el punto del pinchazo, rigidez en el brazo o, en el peorcísimo de los casos, una noche de febrícula y dolor de cabeza. Así que era optimista al respecto.
ZaraJota y yo nos fuimos al Winzip Center o como se llame, nos pusimos nuestra vacuna y salimos de allí dispuestos a jugar al parchís hasta echar el techo abajo según llegáramos a casa. 
Habíamos esperado los quince minutos de rigor y no habíamos notado absolutamente nada, así que éramos optimistas. Íbamos en el metro tan felices, con nuestros pensamientos sucios y todo eso, cuando de pronto sentí lo que se podría describir como un golpe de remo.
De pronto no tenía energía ni para hablar y eso, viniendo de mí, es mucho. No recuerdo casi nada del trayecto y cuando llegué a casa me metí en la cama con escalofríos, dolor muscular y preciosas alucinaciones en la que me sentaba sobre un tupper y saltaba desde un trampolín para participar en una carrera.
Seguro que Freud tendría mucho que decir al respecto.
El caso es que, tres días más tarde, cuando por fin empecé a reconectar con la realidad (dentro de mis posibilidades) llegué a la conclusión de que si la vacuna le sienta mal a una de cada equismil personas, yo había sido una de las afortunadas. Y a mucha honra, porque si he cubierto el cupo yo, a lo mejor no tiene que cubrirlo una persona de riesgo.
La estadística es así, no me lo estoy inventado yo.
-Espero -me dijo ZaraJota-, que al menos sea efectiva contra el virus.
-Pues contra el virus no sé -le dije-, pero como anticonceptivo es efectivísima. 


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Si has participado en el Verkami de Crónicas Funestas: enhorabuena, deberías recibir tu recompensa este viernes como muy tarde.

Si no, y te has quedado con las ganas, puedes conseguir tu ejemplar de Crónicas Funestas en papel aquí