09 julio 2018

La vida maternosexual

Lo que nadie te dice cuando vas a ser madre es lo mucho que cambia tu vida sexual..
Sí, se hacen muchas bromas con que "se acabó el sexo y dormir" (cuando nació Nena-chan nos regalaron una caja con chocolates que llevaban exactamente ese texto). Pero eso no es exactamente cierto.
El sexo no se acaba, como demuestran las familias numerosas.
Ciertamente, la cantidad se reduce.
Pero lo que de verdad cambia no es la cantidad, sino la calidad.
Me explico.

1. Cambia la relación con tu cuerpo. 
Sobre todo en los primeros meses después del parto, todo era "no aprietes ahí que se me escapa la leche", "no toques ahí que tengo la cicatriz muy sensible", "cuidado con esa postura, que todavía estoy muy chunga de la ciática". Al final ZaraJota le pilló el tranquillo y directamente preguntaba "a ver, ¿dónde puedo tocar hoy?".

2. No puedes hacer ruido. 
Que se despiertan los niños.
No os voy a negar que lo del sexo silencioso tiene su morbo las primeras quinientas veces. A partir de ahí uno empieza a echar de menos un gemidito de vez en cuando.

3. Desarrollas superoído. 
Deriva del punto anterior: estás con la oreja puesta por si oyes levantarse a algún niño.
Porque crees que vas a oír si se levanta algún niño. La triste realidad es que los niños descalzos hacen poquísimo ruido.

4. De pronto el sexo es como en las películas.
Esto es: tapados hasta las orejas. Porque no sabes cuándo va a aparecer un niño por la puerta. Y la verdad es que yo no soy excesivamente pudorosa y los niños están acostumbrados a verme en pelotas, pero no a verme en pelotas haciendo según que cosas. El resultado es sexo con sábana sobaquera, o sexo con camiseta puesta. Me siento generosa y os dejo elegir.

5. De pronto ya no decides cuándo acaba. 
Ya no es solo que te pillen, es que pueden pedir agua, pis, que les enciendas la luz o, horror de los horrores, irse a la cama contigo.
Pero hay algo peor: que uno de los participantes se quede dormido a la mitad.
Las noches sin dormir siempre acaban pasando factura.

6. Le das un nuevo significado a la palabra "juguete sexual".
Cuando eres padres, "juguete sexual" significa que lo mismo estás f*ll*nd* encima de un playmobil, pero no te atreves a parar para quitarlo de ahí porque cada segundo cuenta.

7. Niños aparte, pase lo que pase, no paras. 
Me da igual que sea un tirón, que llamen al timbre o que la casa esté en llamas. Otra vez.
Niños aparte, pase lo que pase, sigues.
Me voy a citar a mí misma en un bonito ejemplo ilustrativo.


Iniciamos la conversación a un ritmo estupendo y antes de darnos cuenta se convirtió en un debate animadísimo, réplica va, contrarréplica viene, y en una de estas de pronto VI UN PIOJO CORRETEANDO POR EL PECHO MUSCULOSO Y PELUDO DE ZARAJOTA.

LO VI CLARAMENTE A PESAR DE QUE TENGO SEIS P*T*S DIOPTRÍAS Y EN ESE MOMENTO NO LLEVABA GAFAS. ASÍ DE GRANDE ERA EL P*T* PIOJO.
Pero, jo, ¡llevábamos tanto tiempo sin conversar! ¡Y estaba resultando una conversaciónMUY interesante! ZaraJota, desde luego, parecía estar, digamos, disfrutando del intercambio de opiniones, y no me parecía educado interrumpir. Además, no había forma de saber cuándo podríamos hablar otra vez. Y estábamos REALMENTE necesitados de conversación.
Por eso en vez de avisar a ZaraJota agarré el piojo entre el pulgar y el índice, lo crují a conciencia y seguí como si no hubiera pasado nada.
El problema era que sí había pasado. Ahora tenía un piojo (fenecido) en la mano y no sabía qué hacer con él. Mantuve la mano en alto mientras pensaba a la desesperada. ¿Lo dejo caer? De eso nada, que acabamos de barrer el suelo. ¿Lo pego en la almohada? Total, vamos a tener que lavarla otra vez de todas formas. Pero, ¿y si sigue vivo y vuelve mientras acabamos la conversación? ¡Son muy rápidos estos bichos! Será mejor que lo deje en la mano... la mantendré en alto por si acaso... que ZaraJota no sospeche nada, no vaya a perder la concentración...


-Lorz...

...quizá si canto unas sevillanas...
-Lorz...
...no le parezca tan raro que esté con el brazo en alto mientras hablamos...
-¡LORZ!
-¿Qué?
-¿Qué te pasa? Pareces distraída.
-Nada, que tengo un piojo en la mano, pero no te preocupes, podemos seguir charlando.
-Pe-pero... ¡Yo no puedo concentrarme si estás pensando en el piojo!
Claaaro, ahora será culpa del piojo.


(Mamá en Bulgaria acuñó el término piojus interruptus para esta ocasión).

8. En realidad no estás a lo que estás
Sorprendente pero cierto. Por si todo lo anterior no os ha dado una idea del nivel de concentración necesario, añado: Bebé-kun nació con un poder mutante inesperado. El nene se echaba a llorar cada vez que su padre me tocaba. No hacía falta ni que nos estuviera mirando, ni que estuviera en la misma habitación, a veces no estaba ni en la misma casa: solo con que nos rozáramos se echaba a llorar. A veces ZaraJota me rozaba una teta solo para ver cómo de sensible era el sentido arácnido de Bebé-kun.
Bueno, puede que también le apeteciera tocarme una teta y eso fuera todo lo que podía conseguir.
"Alarma de castidad", lo llamábamos.
Durante los primeros meses de Bebé-kun, la única forma de que ZaraJota y yo mantuviéramos relaciones sexuales era que uno de los dos meciera la cuna de Bebé-kun durante todo el proceso.
No voy a entrar en detalles pero sí os diré que una vez que te acostumbras no distrae tanto como pudiera parecer.

9. El final siempre es insatisfactorio.
Porque el final tendría que ser dormirse plácidamente en pelotas.
Pero no.
Porque tienes niños y tus niños tienen la costumbre de levantarse de madrugada y meterse en tu cama, además de la costumbre de hablar muy alto y decir cosas como "MAMÁ, ¿PORQUÉ PAPÁ Y TÚ ESTÁIS DESNUDOS EN LA CAMAAAA?".
Así que cuando terminas te levantas, te vistes y, según lo que hayas hecho, te lavas las manos por si hay que atender a un niño durante la noche.
Si eso no es cortar el rollo ya me diréis lo que es.

10. De pronto no importa si te apetece tener sexo o no. 
Si habéis prestado atención a los 9 puntos anteriores quizá habréis llegado a la conclusión de que no siempre se puede tener sexo cuando se quiere: hay que tener sexo cuando se puede.
A veces es en plan: llevamos levantados desde las seis de la mañana, hemos pintado todo el piso, tenemos un virus intestinal y nos duele la vida... PERO LOS NIÑOS ESTÁN CON LOS ABUELOS Y HOY SE MOJA SÍ O SÍ.



PD: Ya sabéis que no puedo contestar a vuestros comentarios, pero os agradecería que me contarais si vuestra vida materno-sexual es igual de penosa que la mía, por aquello del mal de muchos...



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02 julio 2018

Haciendo el g*l*p*ll*s

Esta semana no puedo actualizar porque he estado muy ocupada haciendo el g*l*p*ll*s.







(Más vídeos recientes haciendo el g*l*p*ll*s aquí)




24 junio 2018

La fabulosa trapecista Lorzagirl

Mi espalda igual, gracias.
El fisio me dice que es porque tengo "trapecios" y yo le digo que me viene de familia porque mi bisabuelo trabajaba en un circo.
-¿De verdad? ¿Y qué hacía?
-Tocaba el clarinete en la orquesta.
-Ah.
He tenido la conversación del circo como medio millón de veces y todo el mundo se decepciona cuando digo lo del clarinete. ¿Qué esperaban que hiciera? ¿Tragar sables? ¿Vosotros sabéis lo indigestos que son? Y no quiero ni pensar en la hora de ir al baño.
Aunque, bien pensado, a lo mejor es así como se fabrican los cuchillos de postre.
Superado el chasco, el fisio me dijo que me mandaría por mail unos ejercicios para ponerme mejor.
En la siguiente sesión me preguntó si había hecho los ejercicios.
-¿Hacer? ¡Te entendí que me pondría mejor cuando me los mandaras!
-¡Y los hicieras!
-¡Nadie dijo nada de hacer!
-¡Estaba implícito!
-Claro, claro, qué casualidad que ahora hay un testigo sorpresa...
El caso es que no sé por qué no estoy mejorando tan rápido como esperaba.
Y luego están los niños.
Ahora que hace calor, Bebé-kun ha decidido que la ropa es de cobardes, y tengo que vestirlo por la fuerza todas las mañanas, que de verdad a veces pienso cómo es posible que haya gente que secuestre niños, si a veces necesitamos tres adultos para ponerle a Bebé-kun un calcetín.
Desgraciadamente, por las mañanas en casa solo hay un adulto. 
Más desgraciadamente aún, ese adulto soy yo.  
Mientras tanto Nena-chan ha decidido que hacerme caso es de cobardes, y simplemente hace lo que le da la gana.
Eso, o empieza a mostrar síntomas de TDA. 
Que le viene de familia, como lo de tener trapecio. 
Nena-chan hace cosas como:

  • Ponerse los dos calcetines en el mismo pie, "porque no me he dado cuenta".
  • Ponerse la ropa encima del pijama, "porque no me he dado cuenta". 
  • Quitarse el pijama, y volverse a poner el pijama sin braguitas, "porque no me he dado cuenta".
  • Quitarse el pijama, vestirse perfectamente, e irse al cole sin braguitas, "porque no me he dado cuenta". (De la impresión que te llevas cuando la niña sale del colegio sin bragas ya hablamos otro día). 
  • Quedarse dentro del ascensor "porque se me olvida salir". 
  • No subirse al autobús "porque no me he dado cuenta de que estaba ahí". POR EL AMOR DE DIOS QUE ES UN AUTOBÚS DOBLE CÓMO C*J*N*S PUEDE NO DARSE CUENTA DE QUE ESTÁ AHÍ SI ADEMÁS LA LLEVO COGIDA DE LA MANO ES QUE DE VERDAD NO ME LO EXPLICO. 

En fin.
A lo mejor estáis pensando que quizá debería yo estar más pendiente de ella. Seguramente sí. Pero todas estas cosas se producen MIENTRAS yo le voy recordando que se ponga los calcetines (uno en cada pie), que se quite el pijama, que POR DIOS BENDITO, hagas lo que hagas, ponte bragas.
En fin.
Prepararlos para el colegio, y encima con este dolor de espalda, es una p*t* tortura complicado.
A veces les digo que los voy a vender a un circo.
Otra veces pienso que es mejor que la que se vaya con el circo soy yo.
No sé tocar el clarinete pero al menos tengo trapecios. 
A veces pierdo los nervios y les meto el clásico bocinazo que ya sé yo que no hay que gritarles a los niños, pero mira, tampoco hay que llegar tarde al colegio y no se puede tener todo en la vida.
Total, que hace unos días nos cruzamos con una de las vecinas en el descansillo, una señora mayor que lleva toda la vida en el edificio.
-Ay, qué grandes están -me dice-, si parece que fue ayer cuando estabas con la tripa.
-A mí no me parece ayer -le dije, puede que llorando interiormente un poquito.
-Te dan mucha guerra, ¿eh?
-[Llorando interiomente] No.
Entonces la vecina se volvió a los niños.
-Anda, anda, menudos pillines. A ver, ¿quién es el que baja todas las mañanas las escaleras gritando?
A lo cual los dos pequeños traidores contestaron al unísono:
-Mamá.
Ya está, es definitivo, me voy al circo.



¡El colegio terminó y ahora solo tenemos que hacer equilibrios con los horarios  las ubicaciones de tres campamentos urbanos diferentes!
¿No es genial la conciliación? 




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18 junio 2018

Mi infancia son recuerdos

La telenovela era esta.
Gracias.
Ahora ya puedo dormir por las noches. 


Pues el otro día estaba hablando con Hermano Pequeño porque estaba sentado delante de mí y no me quedaba más remedio, y una cosa llevó a la otra y acabamos comentando lo raro que es ser de pueblo y vivir en Madrid, sobre todo cuando oímos a gente de nuestra edad hablando sobre sus infancias y nos damos cuenta de que no tenemos absolutamente nada en común con ellos, y nos sentimos como marcianos por dentro, pero marcianos no en plan Matt Damon, sino en plan Mars Attacks!.
Por ejemplo, hasta que entré en la universidad jamás había oído hablar de Parchís, ni visto ninguna de las películas, aunque sí había escuchado algunas canciones porque el concepto de tortura es universal. Lo mismo me pasaba con Enrique y Ana. No había visto Los Goonies ni El cristal oscuro, aunque sí otras porque teníamos videoclub. La primera vez que entré en un parque de bolas fue con mis hijos, y lo mismo me pasó con un cumpleaños en un Burger King. Y esto os va a flipar, pero el concepto de ir al parque con los niños es totalmente nuevo para mí. Cuando veníamos de visita, mi abuela nos llevaba a la plaza de Peñuelas hasta que la tomaron los yonquis, y luego a Gasómetro hasta que lo tomaron los yonquis. También íbamos a los toboganes del paseo marítimo de Blanes, cuando estábamos ahí. Ese no lo tomaron los yonquis, y sigue en el mismo sitio. Pero el concepto de "llevar a los niños al parque" en el pueblo simplemente no existía. Probablemente porque el parque estaba tomado por los yonquis, ahora que lo pienso. Y los columpios estaban rotos y llenos de óxido y basura y no había ni una puñetera sombra. Y, además, en general los padres no llevaban a los niños a ningún lado: los padres se iban al bar y los niños iban detrás. 
Me estoy yendo por las ramas. 
Pues eso, que estaba hablando con Hermano Pequeño sobre lo raros que somos y lo totalmente incomprensible que nos resulta la infancia de nuestros amigos, y entonces empecé a darle vueltas a cosas y he hecho una lista, y eso está bien, porque ya que no puedo ser una lista al menos puedo hacer una lista, y además a la gente le gustan las listas.
Estas son las cosas que hago diferente por ser de pueblo:
Y por estar loca de atar. 
Imposible saber cuál de las dos cosas pesa más. 


1. Siempre me lavo las manos con agua fría. 
El agua no tenía suficiente presión para hacer saltar el calentador cuando abríamos el grifo del lavabo, así que salía fría de todas formas. Veinte años después de dejar el pueblo, sigo abriendo siempre el agua fría porque para qué. 

2. Los cortes de agua me provocan pánico. 
Viví varios años de sequía en los que solo teníamos suministro de agua durante unas pocas horas al día, o incluso cada varios días. Si llego a casa y han cortado el agua, rápidamente pienso que vamos a morir todos. 

3. Me pone nerviosa oír el agua del grifo correr. 
¿No has leído el punto anterior? No malgastes el agua. Podríamos morir todos. 

4. Creo que la palabra "arroyo" tiene connotaciones negativas. 
La basura se tiraba al arroyo, las aguas fecales iban a parar al arroyo, los cachorritos no deseados se metían en una bolsa y al arroyo, y cuando nos portábamos mal nos decían que nos iban a tirar al arroyo. No entendía, y sigo sin entender, por qué meten tantos arroyos en los cuentos de hadas. Higiene, por favor. 

5. Me encantan las bolsas de basura, porque antes no había. 
La basura se metía en un cubo sin bolsa ni nada y de ahí iba directa a nunca-adivinaréis-dónde. 
Sí, al arroyo.

6. Las bolsas usadas me ponen nerviosa.
Cuando por fin empezamos a poner bolsas en el cubo, eran bolsas de la compra usadas. Ahora veo una bolsa de plástico usada y pienso en basura. No me acerquéis bolsas de plástico usadas. No metáis mi comida en bolsas de plástico usadas. No me la comeré. Pero al menos ya estará metida en una bolsa que podré tirar al arroyo, algo llevamos adelantado. 

7. Ya que estamos hablando de comida, todos los domingos me sorprendo porque se pueda comprar pan. 
Los domingos las panaderías del pueblo cerraban; los sábados se compraba pan doble. Podías ir a la fábrica de pan directamente o podías esperar a que el panadero pasara por tu calle y tocara el claxon; entonces todas las mujeres salían como quiera que estuvieran a comprar pan de una furgoneta que debía violar como media docena de leyes municipales y de sanidad pública, que a ver si os creéis que el panadero cogía el pan con guantes de plástico o algo. 
Volviendo al tema, los domingo no había ni fábrica ni furgoneta. 
Había varías panaderías y se podrían haber turnado para abrir los domingos, pero eso habría implicado diálogo y probablemente el fin de universo tal y como lo conocemos. 
Lo que sí abría los domingos era la pastelería. Con el tiempo, pensaron que ya que estaban podían vender pan. Bueno, pan no. Que lo mismo los panaderos se enfadaban. Vendían baguettes. Eran más pequeñas y finas que una barra normal, costaban más y se vendían como pan caliente. 
¿Lo pilláis? Porque era pan, y estaba recién hecho. EN DOMINGO. Un locurón. 

8. He tardado años en comprender que El País Semanal se publicaba los domingos.
En el pueblo lo comprábamos los sábados porque, una vez más, la papelería cerraba los domingos. 
Pero eso no significa que los domingos no hubiera prensa: el periódico de los domingos se compraba directamente en la casa de la propietaria de la papelería, que estaba justo encima de la tienda. ¿Tiene todo esto algún sentido? Seguramente sí. Pero no me preguntéis cuál. 

9. No entiendo el clima de Madrid. 
En Córdoba puede llegar a hacer mucho frío. MUCHO. Pero si sale el sol, la temperatura sube, aunque sea un poco. Esto de que en Madrid pueda hacer sol y frío intenso al mismo tiempo, os lo digo claramente, NO ME PARECE NORMAL. 
Tampoco entiendo el tema este de la lluvia. Puedo entender una tormenta salvaje que en una hora deje inundado medio pueblo y se lleve por delante yo qué sé, toda la cosecha. Una cosa razonable, cada cuatro o cinco años o así. Esto de que llueva en otoño y primavera, incluso más de un día seguido, ¿es normal? ¿Es sano? ¿Es por eso que todos tenéis botas de agua y paraguas? ¿Por que esperáis, ya sabéis, usarlos de verdad? 

10. Cada vez que llueve cierro las ventanas porque las corrientes de aire atraen a los rayos. 
Estoy razonablemente segura de que en Madrid hay instalados al menos un par de pararrayos. Pues nada, yo sigo cerrando las ventanas. Lo que ya no hago es desenchufar todos los aparatos eléctricos para evitar subidas de tensión porque, francamente, sería un no parar. Y mira, si sube la tensión que suba; de todas formas yo siempre la tengo bajísima.






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11 junio 2018

El tratamiento homeopático

Lo primero es lo primero, y perdonadme porque sigo sin poder comentar en mi propio blog QUE DE VERDAD LO DE GOOGLE ES DE TRACA. 
Bueno. 
Pues en la entrada anterior hablaba de una telenovela y me decía anónimo que si era esta. Me temo que no. 
La telenovela que yo digo estaba ambientada en el siglo XIX, y lo único que recuerdo era que empezaba siempre con una señora atándose unas botas de cordones que le llegaban a la rodilla, y que en algún momento cruzaba el charco y pasaba varias temporadas en Madrid, donde los presuntos madrileños seguían teniendo el mismo acento (no recuerdo de qué país) pero hablaban a toda velocidad porque eso es lo que hacemos los españoles, al parecer.
¿Alguna idea? 

Mi espalda peor, gracias por preguntar.
El médico me dice que repose, y la verdad es que yo reposo muchísimo después de llevar a los niños al colegio, trabajar, hacer la compra, preparar la cena, acostar a los niños en sus camas y ver cómo vuelven a la mía en cuanto creen que me he dormido.
Pero no estoy mejorando, y ya he llegado a un punto que ni las pastillas me quitan el dolor y solo me las sigo tomando porque me va el vicio.
Así que he tomado una decisión desesperada y he empezado a ir al fisio.






Perdón, estaba llorando.
Entre que poseo unas habilidades sociales mermaditas y que el contacto físico me pone muy nerviosa, la idea de ir al fisio se me hacía muy cuesta arriba.
Además, estaba el médico de cabecera animando:
-Lorz -me decía-, después de las primeras sesiones te va a doler más que ahora.
Y yo le miraba en plan pero a ver, ¿tú quieres que vaya o no?
Total que me fui al fisio y he decir que el médico de cabecera tenía razón y que después de la primera sesión no es que me quisiera morir, es que quería matar, pero para eso tendría que moverme y no podía.
Así que ZaraJota se quedó en el salón cuidando a los niños y yo me metí en la cama a llorar en bajito.
Pero a media tarde o así ZaraJota apareció en la habitación y pensé ya está, este quiere tema.
Y quería tema, lo que pasa que no el tema que yo pensaba.
-Lorz, voy a bajar a comprar el pan, ¿te importa que los niños se vengan contigo un ratito? No tardo nada en volver.
-Vale.
ZaraJota desapareció y volvió con un niño colgado de cada brazo.
-Me voy a comprar el pan y os tenéis que quedar aquí con mamá un rato. Pero mamá está malita, así que tenéis que cuidarla mucho.
-Vale -contestaron a la vez. Y acto seguido se subieron a la cama y empezaron a saltar.
-No... tardes... mucho... -le dije a ZaraJota, pero no me oyó: ya había salido corriendo mientras agitaba los bracitos.
Los niños seguían saltando y golpeándose salvajemente con la almohada que hasta segundos antes había estado debajo de mi cabeza.
-Por... favor... -no terminé la frase porque uno de ellos se cayó, clavándome dolorosamente un codo en un órgano interno que no soy capaz de identificar, pero todo apunta a que no está preparado para recibir semejante trato. Instintivamente me encogí, con lo que me hice más daño en la espalda, y me quedé en posición fetal mientras se me escapaban unos lagrimones como puños.
-¿QUÉ LE PACHA MAMÁ? -preguntó Bebé-kun.
Pues que me has reventado el bazo, la madre que te parió, pensé.
Pero en vez de eso dije:
-Qué mamá está malita.
Quizá hubiera sido mejor no decir nada porque Nena-chan, que ahora que lo pienso quizá vea demasiada tele, decidió que lo que yo necesitaba en ese preciso instante era que me mullera la almohada. El problema era que en ese momento yo no tenía, así que la recuperó del suelo (por supuesto), me agarró de los pelos, me levantó la cabeza y me incrustó la almohada doblada debajo.
-¿Mejor?
-No, Nena-chan.
-¿Dónde te duele?
-En todas partes.
Nena-chan asintió y se fue.
Bebé-kun sintió entonces que caía sobre él toda la responsabilidad y aplicó su propio tratamiento.
-CHANA CHANA, CURITO E RANA, CHI NO CHANAS HOY, CHANARÁS AÑAÑA...
Y se me quedó mirando como pensando dónde dar el beso.
Entonces apareció Nena-chan con un vaso de agua.
-Toma, mamá, bebe agua, verás como te sientes mejor.
-Espera un momento que me incorpore.
-Vale.
Pero el doctor Bebé-kun consideró que era urgente que me tomara el agua. También debió considerar que necesitaba ayuda para tomármela. Así que, bueno, resumiendo mucho porque no sé ni cómo describir lo que sucedió a continuación, me derramó todo el contenido en la cara.
-¿MEJÓ?
-...
Viendo que el tratamiento homeopático no había funcionado, Nena-chan hizo lo que se suele hacer en estos casos: recurrió a la siensia, o en concreto, a su maletín de médico que, una cosa os voy a decir, maldito sea el maletín, maldita la hora en que decidí comprárselo, y maldita la hora en la que entré en Imaginarium por primera vez.
Nena-chan me incrustó el otoscopio en la oreja izquierda y después me auscultó el ombligo.
-Ya veo... -dijo, y se fue, dejándome con Bebé-kun, que me estaba arrancando pelos a puñados con unas tijeras de plástico que no cortan nada pero se enganchan en todas partes que da gusto.
Más o menos en ese momento volvió ZaraJota, que se había ido a comprar el pan a China, porque si no no me explico cómo pudo tardar tanto.
-Lorz -me dijo-, Nena-chan está sola en la cocina intentando vaciar el tarro de miel con una cuchara.
-Ah, sí. Debe ser para curarme la garganta.
-¿Te duele la garganta?
-¿Importa eso?







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04 junio 2018

Tienes algo en la espalda

Pues resulta que un día me fui a urgencias porque tenía mareos, dolor en el pecho y en la espalda y pensé: Lorz, esto va a ser un infarto, y mucho que estaba tardando.
So gorda.
Pero resultó que no era un infarto sino que tenía cervicales, y le dije al médico que si me las podía quitar, y me dijo que no, y en vez de eso me dio unas pautas, y me mandó reposo, y me dio drogas, y la verdad es que no le hice ni caso, así que no entiendo por qué no me encuentro mejor.
Encima no para de llover, y la humedad es muy mala para estas cosas, así que el lunes de pronto estaba que no podía con la vida, o, más concretamente, no podía mover la espalda, que es mucho peor, porque si lo piensas la espalda es como la mitad del cuerpo.
La de atrás, para ser más específica.
Así que me fui al médico, que hacía mucho que no iba, y el médico me dijo:
-Hola, Lorz, ¿cómo estás?
Y yo le dije:
-Bien, gracias.
Y me volvió a explicar que es una pregunta retórica, y yo le dije ya lo sé, pero es una broma recurrente, y el médico me dijo "pues yo voy a hacer la broma recurrente de no recetarte nada" y ahí pensé que mira, tampoco es una broma tan graciosa y lo mismo ha llegado el momento de parar. 
Pues nada, le dije al médico que me dolía mucho el cuerpo, y el médico me aparpó por todas partes y luego movió la cabeza así como ominosamente, que es una palabra que no sé lo que significa pero siempre me ha gustado para ponérsela de nombre a un hijo que tenga.
-¿Qué me pasa?
-Qué estás hecha una m**rd*, Lorz -me dijo, y así que quede entre nosotros pero la verdad es que no me parece un diagnóstico muy serio, que digamos.
-¿Y más concretamente?
-Que tienes contracturado... pues... a ver... así a ojo... todo menos el párpado izquierdo.
-¿El izquierdo no? Pues me lleva picando todo el día.
-Porque tienes conjuntivitis. Pero contractura no.
-¡Chúpate esa, contractura!
-Te voy a dar un folleto con una tabla de ejercicios. Nos los han dado para los pacientes de la tercera edad, pero ellos no los usan porque están mejor que tú.
-Así va la hucha de las pensiones.
El médico también me recetó cosas. Porque desde que no doy teta puedo tomar cafeína, y alcohol y drogas. Lo que pasa es que la cafeína y el alcohol, me sientan fatal, así que le estoy dando a las drogas a saco para compensar.
Así que llego a casa y le digo a ZaraJota:
-Jo, estoy fatal. Me duele mogollón la espalda.
Y me dice:
-Pues a mí me duele un huevo.
-¿La espalda?
Que no es por dudar de su testimonio, pero para dolerle la espalda lo veía muy suelto.
Y me dice:
-No, Lorz. Un huevo. Céntrate, por favor.
-Será broma.
-No, no. Yo nunca bromeo con mis huevos. No tienen sentido del humor, y además nunca me contestan.
-Eh... vale.
Puede que esto no ocurriera exactamente así porque me había tomado un cóctel de pastillas que si lo ve Mólotov llora y suplica que le pongan su nombre a eso, que las bombas incendiarias son como poca cosa en comparación.
-He mirado en internet -dijo ZaraJota-, y podrían ser paperas.
-Jaja, hombre, cómo van a ser paperas, a estas alturas.
-Bueno, los hijos de mis compañeras de trabajo tuvieron paperas hace un par de semanas.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
QUE NO ME ACUERDO SI AL FINAL LE PUSIMOS LA VACUNA A BEBÉ-KUN O NO.*
Y lo mismo fue porque estaba muy drogada, pero entonces me acordé de una telenovela** de época en la que El Galán de turno era estéril porque había tenido paperas de pequeño y se le habían quedado los testículos arrugados como pasas, y por eso no quería casarse con La Protagonista, y se pasaba el día de putas, El Galán, no la protagonista, que ahora bien pensado no entiendo que tiene que ver una cosa con la otra, pero de verdad que era así y todos sufrían mucho, y yo me empecé a agobiar pensando que a mi niño se le quedarían los testículos arrugados como pasas y no le quedaría más remedio que ponerse a explotar a mujeres como un machirulo heteropatriarcal cualquiera.
Ya os he dicho que estaba muy drogada.
Así que convencí a ZaraJota para que fuera al médico, y en cuanto volvió me lancé a sus brazos llorando a lágrima viva, por favor, por favor, qué te ha dicho el médico.
-Ah, nada, dice que es un dolor de cabeza.
-¿Lo del huevo?
-¿Qué huevo?
-El testículo que te dolía hace un par de días.
-Ah, eso se me pasó. He ido a preguntarle por el dolor de cabeza.
Parece que Bebé-kun estará bien.


*Sigo sin saberlo, pero según la cartilla le hemos puesto todas las que tocan, así que entre esas supongo que una fue la de paperas.  
**Lo único que recuerdo de la serie es lo de las paperas y las putas, y os sorprenderá pero con esos datos no he sido capaz de localizarla. 


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27 mayo 2018

Feria del libro 2018

Me adelanto a mí misma para deciros que este año la Feria del Libro de Madrid le ha dado un especial protagonismo a las mujeres, no solo por el preciosísimo cartel de Paula Bonet...

...sino también porque incluye en su programación tres charlas de las Mujeres del Libro...


 ...cuyo cartel, casualmente, también es de Paula Bonet.
Las entrada a las charlas es no solo libre, sino muy recomendable. Tenéis el programa aquí. Yo intentaré ir como público a todas y, quién sabe, quizá incluso me atreva a hablar en alguna.

Y ya que estamos con los libros y demás, iba a recuperar un hilo, pero mejor os cuento otra cosa.
Aunque no lo parezca, soy tímida patológica.
Muy, muy tímida.
Y muy patológica.
Sobre todo lo segundo.
Cuando era pequeña me daba pánico salir sola a la calle porque, ¿y si me encontraba a alguien y tenía que saludar?
EL HORROR.
Ahora no me pasa tanto porque no veo casi nada a media distancia así que ya pueden saludarme los demás, porque lo que es yo no les voy a ver.
Pero sigo siendo muy tímida.
Siempre hago bromas con que soy asocial, pero no es verdad.
A mí me gusta la gente y relacionarme con la gente.
Es solo que no sé cómo.
Siempre pienso que estoy haciendo algo incorrecto, o diciendo tonterías, y me pongo nerviosa y digo más tonterías y me pongo más nerviosa y digo más tonterías, y al final me voy pensando que soy estúpida y que he quedado como una estúpida, y todo el mundo se ha dado cuenta, y que mejor me escondo en un agujero bien profundo y no salgo más.
Y creo que no soy la única a la que le pasa, ¿por qué tienen las redes sociales tanto éxito, si no?
Para los infraseres como yo, que somos legión, entrar en una librería, o en cualquier pequeño comercio, ya que estamos, es un reto. Preferimos las grandes superficies, donde podemos mezclarnos con la multitud y pasar inadvertidos, sin que nadie nos observe. O, mejor aún, comprar por internet, y no porque sea más cómodo o más barato: es porque no tenemos que interactuar con nadie.
¡Menos oportunidades de incomodidad social!
Quizá por eso (por lo de estar loca y tal) me gusta tanto la Feria del Libro.
Me puedo mezclar con la muchedumbre, como si estuviera en una gran superficie, pero al mismo tiempo tengo acceso a muchísimas librerías, casi todas las que quiera, con una interacción mínima.
Y los libros están ahí, por cientos, caseta por caseta, y todo el mundo entiende que los toques y les des vueltas y curiosees, y encima si te da por comprártelos te hacen un descuento.
Y es en el Retiro, y es primavera, y no se me ocurre un lugar más genial en el que estar.





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