11 febrero 2019

Una tarde en el museo

Este año nos hemos hecho amigos del Museo del Prado porque somos de ese tipo de personas que solo hacemos amigos a cambio de dinero.
El primer día iba muy ilusionada porque El Prado me gusta más que a un tonto un lápiz, entre otras cosas porque tiene calefacción y por esas fechas estábamos bajo cero. Nena-chan estaba muy ilusionada porque le molan las princesas y visitar a Margarita de cuando en cuando. ZaraJota estaba ilusionado porque le gusta ir a sitios donde nadie nos conoce y no pueden relacionarnos.
Y Nene-kun estaba de mal humor.
Probablemente necesitaba una siesta, no digo yo que no. Está durmiendo mal últimamente porque intenta subir la media nacional de mocos per capita el solito.
Así que entramos, dejamos la mochila en consigna, empezamos a ver el museo y a los cinco minutos o así Nene-kun empezó a gritar que quería beber agua.
–¡QUERO AGUAAAAAA! ¡QUERO AGUAAAAAAA!
Nos habían confiscado el agua a la entrada, así que salimos corriendo a un baño y le ayudamos a beber agua en el lavabo.
Seguimos recorriendo el museo y a los cinco minutos o así Nene-kun empezó a gritar que quería agua. Otra vez.
–¡QUERO AGUAAAAAA! ¡QUERO AGUAAAAAAA!
Salimos corriendo al baño. Otra vez.
–¡NOOOO! ¡QUERO AGUA DE VERDAAAAAAA! ¡EN UN VASOOOOOOO!
Intentamos convencerlo de que el agua de grifo es DE VERDAD pero no hubo forma, así que salimos corriendo otra vez hacia consigna para recuperar la mochila donde siempre llevamos un vaso de plástico porque ya sabemos que Nene-kun es muy especial con sus cosas.
Volvimos a pasar el control con el vaso de plástico, nos fuimos al baño, llenamos el vaso, Nene-kun se bebió el agua, pidió más, se la bebió de nuevo, dijo "Yatá", secamos el vaso y reanudamos la visita al museo, que ya habíamos cruzado de lado a lado tres veces, para que luego digan que no se puede ver El Prado en una tarde.
Pensé que a la tercera va la vencida y que podríamos empezar una visita decente.
Por fin.
Pero no.
Ya os he dicho que Nene-kun tenía un mal día.
–Mamá, disiste que íbamos a ver cosas chulas.
–Esto es muy chulo, ¿no?
–No, son pinturas nada más.
–Pero son muy chulas, ¿no?
–No. Quero cosas chulas.
–Vale. ¿Quieres ver un tesoro? Es superchulo.
–Sí. Pinturas no, solo chulo, ¿vale?
–Vale.
Nos volvimos a cruzar el museo de lado a lado para ver el tesoro del Delfín, que antes estaba en un sótano en unas estanterías del tipo que usan las abuelas para guardar los recordatorios de las comuniones y ahora está en una sala que parece una nave espacial.
A los niños les flipó todo.
Nene-kun no paraba de preguntar.
–¿Qué es eso?
–Una copa.
–Aaah. ¿Y eso?
–Otra copa.
–Aaah.¿Y eso?
–Otra copa.
Y así dos vueltas a la nave espacial, con visita intermedia al baño para beber más agua, dios bendiga al vaso de plástico.
Pasadas las vueltas de rigor, optamos por irnos. Solo que estábamos totalmente desorientados, así que nos metimos en un ascensor.
–Yo le doy al botón –dijo Nene-kun apenas un segundo antes de darle al botón de alarma.
¿Cómo decir esto suavemente?
Empezó a sonar la alarma.
Mucho.
Y después, a todo volumen, algo así como 
"LLAMANDO A LA CENTRAL DE ALARMAS. POR FAVOR, ESPERE A SER ATENDIDO. TUUUUUUUU. TUUUUUUU. TUUUUUUUU...".
ZaraJota y yo nos miramos con cara de pasmo, pero Nene-kun no cejaba en su empeño.
–No se cierra puerta. Le doy otra vez.
–¡¡¡NOOOOO!!!
Ha llegado el momento de felicitar a los vigilantes de sala, porque llegaron walkie en ristre a una velocidad prodigiosa.
–El niño... le ha dado al botón... normalmente no están tan bajos...
–Es que esto no es un ascensor, es un montacargas para sillas de ruedas.
–Estooooo... es que estábamos en el tesoro del Delfín... nos hemos desorientado... queríamos salir...
–Y la salida está en otra dirección.
No, si al final nos quitarán el carnet de amigos en la primera visita.

04 febrero 2019

Los pajaritos

Total, que nos fuimos a Barcelona al bautizo de uno de los niños más guapos del universo. 
Fue un viaje exprés: creo que no llegamos a estar fuera ni veinticuatro horas. De hecho íbamos tan justos de tiempo que alquilamos un coche para movernos más rápido. 
Que el dios del transporte público nos perdone.
Encima llegamos tan tarde que ZaraJota tuvo que salir corriendo para la oficina de alquiler de coches porque cerraba en veinte minutos o así, mientras yo cruzaba Sants ligeramente más despacio, con un gripazo que no veía, los dos niños a rastras (Nene-kun dormido y con unos mocarros que le caían barbilla abajo, Nena-chan renqueando por un esguince y con un flemón), las maletas, la bolsa con la merienda, en fin, los cien quilos de impedimenta obligatorios para cualquier madre. 
Conseguimos llegar a la oficina, montar las sillas de los niños que venimos cargando desde Madrid porque la oficina de alquiler "no garantiza la disponibilidad", nos montamos en el coche, atamos a los niños con los variados sujetatrones de las sillas y arrancamos. 
Y como al medio minuto o así, ZaraJota me dice: 
–Lorz, pon el tontón, que no sé ir. 
–No sabes ir. 
–No.
–A casa de tu madre. 
ZaraJota tuvo la decencia de parecer avergonzado. 
–Es que Barcelona ha cambiado mucho en los últimos años. 
–Estamos en la Diagonal. Lleva cayendo en selectividad unos cuarenta años o así. 
–¿Y qué?
–QUE NO HA CAMBIADO UNA M**RD*.
Estábamos debatiendo amistosamente si la Diagonal ha cambiado una m*rd* o no cuando se pusieron a nuestra altura dos furgonetas blindadas de los mossos. 
Ya está, me dije, hemos herido su orgullo nacional o algo, con tanta Diagonal y tanta m**rd* en la misma frase. Nos paramos en un semáforo, las lecheras se pararon a nuestro lado y el copiloto de la primera bajó la ventanilla, se asomó y nos hizo pincitas con las manos. 
–ZaraJota, el mosso te está intentando decir algo. 
–¿A mí?
–Eso o está bailando "Los pajaritos", pero no me parecen horas. 
ZaraJota se volvió hacia el mosso, le sonrió y le levantó la mano en plan "gracias por avisar" y los mossos se fueron y nos dejaron allí. 
–¿Qué querían? –le pregunté a ZaraJota. 
–Uy, ni idea. 
–"Los pajaritos", te lo digo yo, que se le veía muy animado.
Llegamos a casa de mi suegra sanos y salvos gracias al tontón y al día siguiente nos fuimos al bautizo del nene, que era en un pueblo. Primero a la iglesia, luego a un bar, luego a un restaurante, de lado a a lado con el coche. Debían ser como las doce de la noche e íbamos en dirección contraria por un polígono porque es que Barcelona ha cambiado mucho y eso cuando me dice ZaraJota: 
–Uy. 
–¿Qué pasa?
–Te vas a reír. 
–Son las doce de la noche, llevo diez horas con unos zapatos de tacón nuevos, tengo fiebre y vamos en dirección contraria por un polígono industrial a oscuras.
–Por eso. Ya sé por qué está todo tan oscuro: resulta que el botón al que le estaba dando no era el de las luces. 
–¿Y qué era?
–Bueno, lo único que puedo decirte es que no era ni el asiento eyector ni las luces. 
–Lo mismo era eso lo que nos quería decir el mosso. 
–Seguramente. 
Me gustaba más la opción de "Los pajaritos", para qué nos vamos a engañar. 

28 enero 2019

Hoy...

Hoy ZaraJota cumple 40 años.

No os preocupéis: sigue siendo sexi.

En la década de los noventa, a mi familia le entró cierta locura por las fiestas de 40 cumpleaños sorpresa. El problema surgió porque a la décima fiesta de cumpleaños sorpresa la víctima como que empezaba a sospechar. La moda de las fiestas de 40 años sorpresa pasó tan rápido como había empezado, que es una suerte por la parte que me toca porque las fiestas sorpresa para los demás me parecen fenomenal, pero para mí misma me dan como repelús.

Pero ZaraJota cumplía 40 años. Y yo quería hacerle una fiesta a lo grande. Y estaba segura de que la única forma de que me dejara hacer una fiesta era no diciéndoselo. O sea: haciendo una fiesta sorpresa.
¡Bieeeeeen!
Lo tenía todo pensado: invitaría a toda la familia y los amigos, la mayor parte de los cuales tendrían que venir de Barcelona, y también a los amigos de los niños porque ya les empezamos a tener como apego, para que vinieran a un parque de bolas para adultos.
Haría camisetas de "ZaraJota mola" para todos.
El día D (de "de esta mi marido me mata"), Hermano Pequeño le contaría a ZaraJota cualquier milonga (Hermano Pequeño es tan raro que nos creemos todo lo que nos cuenta) y lo llevaría al parque de bolas, donde estaríamos todos esperándoles con nuestras camisetas de "ZaraJota mola" y la canción "Nueva Orleans", de Los Toreros Muertos, en versión ZaraJota sonando de fondo.
Lo tenía todo previsto y casi preparado, a falta solo de que el banco me mandara mi tarjeta de débito por undécima vez, porque tengo la bonita costumbre de perderlas.
Por tener, tenía incluso fecha: por diversas circunstancias de agenda, la única disponible era el sábado 19 de enero.
Reservaría en el parque de bolas en cuanto me llegara por correo la tarjeta.
¡Estaba deseando!
Pero el mismo día que recibí la tarjeta también recibí un mensaje de ZaraJota.
Es que nos vemos poco, somos muy desgraciados.
"Me ha llamado mi hermano, que dice que el 19 de enero bautizan al niño".
La madre que los parió a todos.
"¿En Barna?"
"No, en Las Vegas. Pues claro que en Barna"
M**rd*, m**rd*, m**rd*.
"Ya"
"Dice que si no vamos lo entenderá"
QUÉ VA A ENTENDER...
"Claro que vamos, ¿cómo nos lo vamos a perder?"
MIRA COMO MI CORAZÓN SANGRA POR DENTRO.
Cancelé la fiesta que, por suerte, de momento solo existía en mi imaginación.
No solo se trataba de quedarnos sin la única fecha, y sin presupuesto, y de lo difícil que sería que la familia de ZaraJota viniera apenas unos días después de habernos visto allí. Es que además yo estaba a tope de trabajo y no me veía capaz de organizar la fiesta y además un viaje a Barcelona.
En secreto.
Con dos niños.
Así que opté por una versión más sencilla: quedaríamos a cenar con mi familia, y los niños cantarían "Nueva Orleans".
Fácil y mono.
Empecé a ensayar con los niños en el bus, que es el único rato en el que estoy con ellos a solas.
Primero les puse la canción en el móvil y luego empezamos a aprendernos las estrofas una a una, a razón de una al día.

Hola, me llamo
Toni López

Día tras día.

Y ojalá les interese 
escuchar mi historia

Semana tras semana.

Ya tengo cuarenta, 
mido uno ochenta

Durante dos meses.
Y cuando ya la teníamos casi aprendida, una noche estábamos escuchando música mientras cenábamos cuando saltó "Nueva Orleans"
–¡Mamá! –gritó Nena-chan sin el menor rubor–. ¡Es la canción que nos estamos aprendiendo para papá!
ZaraJota, que es muy prudente, fingió un desmedido interés por la mancha de ketchup que tenemos en el techo, y yo aproveché para regañar a Nena-chan por lo bajo.
–¡Era una sorpresa!
–No te preocupes, mamá –me dijo la niña sin el menor reparo ni bajar el tono de voz–. No le he disido que es para cantársela en su cumpleaños.
Mira, yo me rindo con esto.




El resultado de dos meses de ensayo diario, aquí:


21 enero 2019

La incursión

Bueno, estaba aquí que si lo cuento que si no, y como no se me ocurre nada mejor lo voy a contar.

Pues veréis: teníamos un montón de trozos de porexpan, 60 metros de luces de navidad y un faldón con el nombre del colegio. Entonces la junta municipal del distrito nos dio un camión y lo convertimos en una carroza para la cabalgata de reyes.
De paso, aprendí una valiosa lección: no hay nada que no se pueda resolver con bridas y cinta de doble cara.
La pistola de silicona, en cambio, deja de ser práctica en cuanto las temperaturas bajan de cero. Por si os lo estáis preguntando. 
Bueno, pues hicimos la cabalgata y así como a las nueve de la noche teníamos a dos niños hiperexcitados, revolucionados y hasta arriba de azúcar, y no de los caramelos (que eran sin azúcar) sino de la merendola que nos habíamos zascado in itinere.
ZaraJota, que acababa de andarse seis kilómetros en el cordón de seguridad de la cabalgata, observó a los niños así como de soslayo y me dijo:
-Me voy a ayudar con el desmontaje me la carroza.
Y se largó, y me dejó a mí con los niños hiperactivos, que no sé por qué nos cogimos el autobús de vuelta porque tal y como estaban podían haber vuelto a casa corriendo. Tres veces. Conmigo en brazos.
Total, que llegamos a casa, consigo tranquilizarlos, los mando a la cama con la vaga promesa de que los mismo vienen los reyes magos esa noche (o no), y me siento en el sofá a tomarme El ColaCao de La Paz, que yo sé que es muy malo y tiene mucho azúcar y lo mismo ya soy un poco mayor, pero esos cinco minutos de tranquilidad mirando al vacío mientras me lo tomo son gloria bendita.
Entonces el grupo de WhatsApp de padres se volvió loco.
"Alguien ha entrado a robar al colegio ☹️"
"Cómo?"
"No puede ser 😥"
"Que sí, que alguien ha entrado a robar"
"Hoy?"
"Ha ido la policía?"
"TODAVÍA ESTÁN DENTRO"
"Hay luz en la biblioteca 😨😨😨"
Entonces recibí una llamada de ZaraJota.
-Soy yo.
-Ya sé que eres tú, lo pone en la pantalla del móvil.
-No, el del colegio.
-¿Y qué haces robando en el colegio?
No es por nada, pero puestos a robar mejor se va uno a otro sitio, sobre todo porque los Reyes Magos y la junta del distrito estaban repartiendo chocolate a menos de cincuenta metros y estaba aquello de bote en bote. 
O sea: repartiendo. Comida gratis. En Carabanchel.
No cabía una viej... anciana más, así os lo digo.
Pero ZaraJota seguía ahí, a lo suyo.
-QUE NO ESTOY ROBANDO, JODER. 
-Claro que no.
Y le guiñé un ojo. Pero él no lo vio y se lo tomó fatal. 
-QUE HE VENIDO A TRAER LOS MATERIALES DE LA CABALGATA.
-Pero hombre, cómo se te ocurre encender las luces del colegio en plena noche, que las ha visto todo el barrio y se han pensado que eran ladrones.
-Si te parece me meto en el colegio a oscuras.
-Hombre, tanto como a oscuras no, con una linterna o algo.
-Claro que sí, y un pasamontañas también.
-¿Un pasamontañas? ¿Por qué? ¿Tienes frío?
-QUE LES DIGAS QUE NO LLAMEN A LA POLICÍA.
-Creo que han llamado ya.
-Ay... espero que el AMPA tenga presupuesto para fianza.
-Pues no sé si el AMPA estará para muchos dispendios: se ve que esta noche han entrado a robar al colegio.

14 enero 2019

La ballena

Aunque es un poco tarde, voy a contar esto porque no me lo quiero guardar dentro.

Este año, el AMPA del colegio al que van Nena-chan y Nene-kun ha tenido la oportunidad de participar en la cabalgata del barrio. 
A mí estas cosas me gustan más que a un tonto un lápiz. O sea: manualidades+hacer el payaso+caramelos. ¿Qué puede salir mal?
Luego me enteré de que estaban trabajando con una pistola de silicona caliente. 
EL SUEÑO DE MI VIDA HECHO REALIDAD AL FIN. 
Lo que pasa es que por cuestiones laborales no pude participar hasta el final. 
-Uy, uy -me dijo ZaraJota, que se implicó en el proyecto desde el principio-, que pena que justo cuando tú te incorporas a los talleres yo tenga que dejarlos. 
-Pero si son por la tarde y tú solo trabajas por la mañana... 
-QUÉ PENA QUE TENGA QUE DEJARLO. 
A pesar de la deserción de ZaraJota me fui a los talleres con mucha ilusión.
Bueno, ilusión y un jersey fino, porque ZaraJota me había dicho que en los talleres pasaba mucho calor. 
Lo que no me había dicho es que hasta entonces los talleres habían sido en días lectivos, por la tarde, cuando la calefacción ya llevaba siete u ocho horas funcionando y los niños cinco o seis emanando calor humano... Mientras que cuando yo fui el colegio llevaba cerrado una semana, con la calefacción apagada y las ventanas del taller abiertas (por la pintura). 
Y estábamos bajo cero. 
Y yo llevaba un jersey fino. 
A dios pongo por testigo que jamás en la vida he pasado tanto frío como sentada en aquel suelo helado, en un pasillo lleno de corrientes, con todas las ventanas abiertas de par en par, en pleno enero. 
Hacía tanto frío que la pantalla táctil del móvil no reconocía mis dedos como algo vivo. 
Hacía tanto frío que no me animaban ni los vapores combinados del pegamento y la pintura. 
Hacía tanto frío que cuando salimos a la calle nos pareció que hacía calor. 
Por el lado positivo, ya tengo congelados unos cuantos óvulos, por si acaso. 
Cuando llevábamos dos o tres horas haciendo el remake en seco de Titanic, llegó el momento culminante: había que pintar una lona con spray. 
La lona era muy grande y no cabía en el taller. Ni en el pasillo. 
-Saquémosla al patio. 
Eran las ocho de la tarde y el patio estaba a oscuras. La temperatura ambiente ni la menciono porque creo que ya os habéis hecho una idea. 
Extendimos la lona donde parecía que había un poco más de luz y nos encontramos con otro problema: teníamos que pisarla y se iba a manchar. 
Entonces se me ocurrió una idea genial. 
-Deberíamos quitarnos los zapatos. 
En mi defensa debo decir que al resto de los padres presentes les pareció buena idea (o al menos no manifestaron lo contrario). 
Así fue como acabamos: tres adultos descalzos en el patio de un colegio, bajo cero, en la noche del dos de enero, a oscuras, pintando con spray. 
A esas alturas yo solo me preocupaban tres cosas: que no se me necrosaran los dedos de los pies, cómo era posible tener un corte de digestión si no me estaba bañando a la hora de la siesta, y que los vecinos llamaran a la policía. 
En realidad, más que la policía me preocupaba la directora. 
No importa la edad que tengas: nadie quiere acabar en el despacho de la directora. 
Pero decidí disimular, porque se supone que soy un adulto responsable y eso. 
-Oye -le dije a ZaraJota, que al final había aparecido por allí y también estaba descalzo, spray en ristre-, y si viene la policía, ¿qué le decimos?
ZaraJota se lo pensó. 
-Que traigan mantas. 

07 enero 2019

Solo sé que no sé nada, 5 y ya

Previously in Lorz...
El wifi, mi archienemigo.


Pues estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie durmiendo la siesta mientras mi madre se ocupaba de mis dos hijos en pleno subidón de azúcar cuando llegó la Tita del Puerto.
-Niña, tú que estás más acostumbrada a internet, ¿me ayudas, que quiero comprar una cosa y no puedo?
Me levanté inflada como un pavo. SuperLorz al rescate de la sesentona analógica, allá voy.
Me senté delante del portátil. La Tita ya tenía abierta la web de la tienda.
-A ver, ¿tienes cuenta?
-Claro, mujer: una para los gastos diarios, otra para mis ahorritos...
-De correo. Cuenta de correo. Para entrar en la web.
-Claro: canario@correo.es
Como os podéis imaginar, los datos son falsos. 
Pero el resto os juro por la gloria de mi madre que es 100% verídico. 
Tecleé canario@correo.es y en la pantalla apareció

cnrio@correo.es

-Pero qué coj...
-Ay, sí, niña, que la a no funciona. Espera -mi tía sacó de detrás del portátil un teclado inalámbrico-. Toma usa este. Es el que uso yo.
Empecé a teclear en el inalámbrico.

canrio

cnari

canao

caca

caca

caca

-¿Qué te pasa?
-No sé, que no me apaño con el teclado inalámbrico.
Entonces mi tía tuvo una idea genial.
Probablemente la más genial de la historia.
-Vale, pues escribe con el teclado normal, y yo pongo las aes cuando me avises.
-Vale.
Que conste en acta que en aquel momento nos pareció superlógico.
¿Habría sido más lógico que ella escribiera todo donde yo le fuera indicando?
Seguramente sí.
¿Por qué no lo hicimos así?
Porque no se nos ocurrió, señores del jurado. NO SE NOS OCURRIÓ.
Así que tecleé una c.
Le dije a mi tía que pusiera una a.
Tecleé una n.
Le dije que pusiera una a.
Tecleé rio@correo.es.
-Ya está le dije. ¿La contraseña?
-Alpiste.
-Vale, pulsa una a...
Bueno, os vais haciendo una idea...
Pues no. No os hacéis una idea. Porque después de pasar por todo el proceso nos salió este bonito mensaje:

El nombre de usuario o la contraseña son incorrectos. 

-Ay, pues nada, prueba con "arroz".
-Vale, pulsa una a...
Media hora más tarde...
-No, arroz tampoco.
-Prueba con "ananas".
-Vale, pulsa la a...
Pero tampoco era ananas, ni amanda, ni lalala...
Entonces se me encendió la bombilla.
-Tita, ¿seguro que tienes cuenta?
-Claro.
-¿Como cliente? ¿De esta tienda online?
-Ah, no. Es la primera vez que entro.
-Ajá.
-¿Pulso una a?
-No. Vamos a crearte un usuario nuevo, ¿vale?
-Vale.
Entramos a crear el usuario nuevo y, salvo el diminuto problema con la a, todo fue más o menos bien.
Los problemas empezaron cuando llegamos a la dirección.
-Voy a ponerlo todo en mayúsculas -le dije-, que queda como más lustroso.
-Vale.
-A ver, dime la dirección.
-Calle Latinoamérica, residencial Argentina, edificio La Pampa, escalera A, puerta A, El Puerto de Santa María, Cádiz.
Esto debe ser el famoso humor gaditano, porque si no no me lo explico.
-Tiene que ser broma -le dije a mi tía.
-No.
-Vale.
Para entonces ya estábamos perfectamente compenetradas, y tecleamos del tirón.

CaLLELaTINOaMERICa

Espera, ¿qué?
-Tita -le pregunté, porque ya me esperaba cualquier cosa-, ¿en ese teclado no funcionan las mayúsculas?
-Claro que funcionan: le estoy dando sin problemas cada vez que tengo que poner una a. 
-Ay. A ver. Si yo tengo marcadas las mayúsculas en este teclado, y tú le vuelves a dar en ese, lo que hace el ordenador es QUITAR las mayúsculas. ¿Entiendes?
-No. 
-NO TOQUES LAS MAYÚSCULAS. 
-Vale. 
Volvimos a teclear.

CaLLELaTINOaMERICa

-¡Tita, le estás dando a las mayúsculas!
-¡Es que no puedo evitarlo, es como un tic nervioso!
-Venga, intentémoslo de nuevo: yo pulso la C. Tú NO PULSAS LAS MAYÚSCULAS y le das a la A...

Media hora más tarde:

CALLELATINOAMÉRICA

Espera, ¿qué?
-Ay, niña. Que se me olvidó decirte que en ese teclado tampoco funciona la barra espaciadora.
-Es un programa de cámara oculta, ¿verdad?
-No te preocupes: tú le das a todo en el teclado del portátil, y yo le doy al espacio y a la a...
-SIN PULSAR LA MAYÚSCULA.
-...sin pulsar la mayúscula, en el teclado inalámbrico.
-Vale.

No me voy a entretener en describir la pesadilla que es escribir

CALLE LATINOAMÉRICA, RESIDENCIAL ARGENTINA, EDIFICIO LA PAMPA, ESCALERA A, PUERTA A, EL PUERTO DE SANTA MARÍA, CÁDIZ

con un teclado al que no le funciona la a ni la barra espaciadora, y teniendo que avisar a tu tía para que le dé a la a SIN PULSAR LA MAYÚSCULA y a la barra espaciadora en un teclado inalámbrico cada vez que lo necesitas.
Para cuando terminamos yo sudaba como un jamón del güeno y había perdido cinco kilos, que lo mismo tengo que hacerlo más a menudo, no digo yo que no.
-Bueno, pues ya está -le dije a mi tía cuando por fin completamos la dichosa compra.
-Ay, niña, gracias.
Gracias, dice.
-De nada.
-Es que de verdad, si lo tengo que hacer yo sola hubiera tardado una hora. Pero la gente joven es que abre la pantallita y todo les parece fácil.
"Fácil", dice.

31 diciembre 2018

Solo sé que no sé nada, 4

Previously in Lorz...
Blanca navidad.


Mientras los niños y yo estábamos en El Puerto con la Tita y mi madre, ¿dónde estaba ZaraJota, el amor de mi vida, el padre de mis hijos y buen tío en general?
En casa.
Con wifi.
Y yo, ¿tenía wifi?
No, señores del jurado.
NO.
-Tita, ¿tienes wifi?
-Claro, niña.
Le di a buscar red en el móvil y efectivamente me salían varias redes, todas ellas con su candadito porque la gente hoy en día ya no sabe lo que es la generosidad.
-¿Y cuál es la tuya?
-Churruflex
-Eh... ya, pero me salen varias. ¿Sabes cuál es la tuya?
-Fibra.
Miré en el móvil todas las redes disponibles y había cinco Churruflex_Fibra.
Vale, no son tantas. Puedo probar en todas.
-¿Y la contraseña?
-Contraseña1.
Me puse a probar Contraseña1 en todas las Churruflex_Fibra, y no pude acceder a ninguna.
-¿Te acuerdas de si pusiste Contraseña1 en mayúscula o minúscula?
-¿Contraseña1?
-La contraseña del wifi.
-No, si el técnico me la cambió por EstaEsLaContraseñaDelWifi la última vez que vino.
-¿Y eso?
-Para que no se me olvidara.
Vale, no pasa nada. Solo son cinco Churruflex_Fibra, puedo escribir EstaEsLaContraseñaDelWifi en el bloc de notas del móvil, y copiarla y pegarla para probar en las cinco.
Fácil.
No pude acceder a ninguna.
-¿PERO QUÉ COJONES LE PASA A MI FAMILIA CON EL PUÑETERO WIFI?
Primero mi padre y ahora...
¡Mi padre!
Mi padre padece un severo caso de memoria fotográfica y es capaz de recordar las contraseñas del wifi, incluso las que son una mezcla de números y letras en mayúscula y minúscula. Que lleve veinte años trabajando en el soporte técnico de Churruflex lo mismo tiene algo que ver.
Le mandé un mensaje.
"Papá, no puedo conectarme al wifi de la Tita"
"La contraseña es EstaEsLaContraseñaDelWifi"
"Ya, lo que no sé es la red"
"¿Has probado a mirarlo en el módem?"
Ya salió el listo que todo lo sabe.