20 mayo 2019

Los sin techo, 4

Previously in Lorz...
La señora nos está robando los juguetes.

Bueno, ahora empieza lo movidito, agarraos que vienen curvas.
Pues nada, la señora nos dijo que le gustaba nuestro piso y empezamos a preparar el papeleo para la venta. Francamente, tampoco era mucho papeleo. Además lo teníamos relativamente a mano porque, bueno, el piso lo compramos hace solo siete años y, bueno, puede que yo tenga un problema con el orden. Y con las carpetas. Y con ponerle etiquetas a las carpetas. Ordenadamente.
Vaya, que básicamente le dimos a la agencia toda la documentación en el acto, se la fotocopiaron y nos la devolvieron, que ahora que lo pienso no entiendo para qué tanta fotocopia, porque el notario nos acabó pidiendo toda la documentación original, pero esa es otra historia.
–Si falta algo nos avisáis –les dije, bastante segura de que no faltaba nada.
Pero a la semana o así nos llamaron para decir que habían fotocopiado las escrituras solo por una cara y que al parecer al notario le gusta ver las dos, que también los notarios es que tienen unos caprichitos...
Les volvimos a llevar las escrituras para que hicieran una copia y a la semana o así nos volvieron a llamar para decirnos que al fotocopiar se habían saltado una hoja, así, en mitad del taco, a traición.
Se las volvimos a llevar y volvieron a fotocopiar todo el taco, pero no en la oficina, porque al parecer se les había estropeado la fotocopiadora, a ver si pensáis que eso solo pasa en vuestro trabajo, que va, las fotocopiadoras son así en todas partes.
Pero al poco se pusieron de nuevo en contacto con nosotros.
–Lorz, te vas a reír.
Bueno, la verdad es que siempre me da por reírme cuando estoy atacada de la vida y todo el mundo me dice que tomarse las cosas así es muy sano cuando en realidad lo que me pasa es que estoy en la fase de negación, así que el de la agencia podía haber apostado a que sí, me iba a reír.
Pues resulta que el técnico había ido a arreglar la fotocopiadora y se había encontrado con que no estaba rota, solo atascada. En concreto, atascada con la página desaparecida de nuestras escrituras, que habían tenido que sacar a trocitos con unas pinzas y ahora era un puzzle de tres mil piezas, hasta el punto de que en la agencia habían tenido que pegarla con celo pedacito a pedacito para averiguar de qué piso era.
Ciertamente, me reí.
–El problema –me dijo el de la agencia– es que necesitamos las escrituras para la venta del piso.
Para entonces ya llevábamos una semana en la casa de mis padres porque la mía estaba totalmente vacía y alargar la situación no me apetecía nada. Así que simplemente le dije:
–Caca.
–Tenéis que ir al notario a pedirle una copia de las escrituras, es muy fácil, solo tardará una semana.
–Doble caca.
O lo que es lo mismo, cacacaca. O KK... mejor lo olvidamos.
Cuando se lo conté a ZaraJota se me caían unos lagrimones para abajo que ni yo sabía si eran de risa o de pena o de que había vuelto a confundir el colirio con el colutorio.
–Así que ahora –le dije– necesitamos una copia de las escrituras.
ZaraJota puso de pronto cara de pensar, que es más o menos la misma que pone cuando se golpea el dedo gordo del pie con la pata de la cama.
–Tenemos dos copias de las escrituras –dijo.
–Creo que ya tenemos tres, pero a todas les falta una hoja.
–No, no. Como hicimos separación de bienes nos dieron dos copias de las escrituras.
¡Para que luego digan que la separación de bienes no sirve para nada!
De inmediato llamé a la agencia.
–¡Tenemos otra copia de las escrituras!
–Pero tiene que ser original.
–¡Como todo lo nuestro!
–...
–Hicimos separación de bienes, así que nos dieron dos copias de las escrituras.
–Estupendo. Espera, ¿tenéis separación de bienes?
–¡Sí!
–Pues entonces necesito esas capitulaciones también. ¿Te importa que les haga una fotocopia?
–Hazles lo que quieras menos trocitos.

Continuará...

12 mayo 2019

Los sin techo, 3

Previously, in Lorz...
Que me quedo sin casa.

Teníamos quince días para vaciar toda la casa e irnos a la de mis padres con lo imprescindible.
Parece fácil, así que lo voy a reformular.
Teníamos quince días, de los cuales diez no llegábamos a casa antes de las ocho de la tarde, para vaciar toda la casa, en la que había más de quinientos libros y aproximadamente la misma cantidad de dvds, e irnos a la casa de mis padres, sin comentarios ahí, con lo imprescindible, que cuando uno tiene niños pequeños es prácticamente todo lo que tienen. Sin dejar de trabajar, sin faltar a una sola extraescolar, dedicando a los niños todo el tiempo de parque, museos, cine y zoo habitual y con el añadido extra de los varios berenjenales en los que me voy metiendo yo sola.
(Aprovecho la ocasión para recordar que el próximo 24 de mayo hay nueva sesión del club de lectura. #venirse.)
Así que optamos por una mudanza kamikaze: pusimos todos los muebles a la venta en esa aplicación de la que usted me habla y a la que para mantener su anonimato llamaremos Gualapop.
Además, la simpática nueva propietaria dijo que a lo mejor le interesaban algunos muebles, así que una tarde se vino a nuestrasu casa con un metro y una madre suya, que siempre vienen muy bien para estas cosas.
Les di a los niños el mando de la tele y un cubo de palomitas y la chica y yo recorrimos la casa en plan oye, ¿y este armario? Pues está un poco baqueteado, pero mira, te da un apaño hasta que te compres otro. ¿Y esta cómoda? Está nuevecita. Toda tuya. ¿Y la nevera? Le quedan dos telediarios, pero mira, después de comprar el piso vas a estar pelada, lo que aguante aguantó, y todo así.
Al final volvimos al salón, donde los niños parecían estar hipnotizados por La Patrulla Canina (a la que Nene-kun empezó llamando "La Polla Camina", pero recientemente ha rebautizado como "La Capulla Camina"), y la nueva propietaria me dijo: Muy bien, me quedo esto, esto y esto.
Francamente, pensé que los niños no estaban escuchando.
A partir de ahí, ZaraJota y yo nos dividimos la tarea: él se llevaba a los niños a las extraescolares y yo me quedaba en casa haciendo cajas y vendiendo nuestras pertenencias, de manera que un día volvieron de la casa de los abuelos y no había estanterías, al siguiente volvieron de música y no había butacas, al otro volvieron de piscina y no había ni un solo libro, al otro... bueno, os hacéis una idea.
–Mamá, ¿dónde están las cosas? –me decían.
Y yo les iba diciendo: nos las hemos llevado al trastero, o se las ha llevado una persona a la que le hacía falta, o las hemos tirado, o lo que tocara.
Hasta que una noche los pillé cuchicheando.
–Ha sido la señora –decía Nena-chan–. ¿Te acuerdas de la señora que vino el otro día?
–Sí.
–Dijo que se iba a quedar con cosas. Se está quedando con nuestras cosas.
Intervine y les expliqué por enésima vez que habíamos vendido la casa para comprar una más grande, más bonita y más cerca del colegio, que nos estábamos llevando todo al trastero, que la señora y los amables usuarios de Gualapop solo se iban a quedar algunos "muebles rollo" y que por favor, POR FAVOR, no les contaran a sus amigos del colegio que una señora se iba a quedar nuestra casa y que estábamos vendiendo todas nuestras cosas, que así dicho suena fatal.
Pero claro, las cosas siguieron desapareciendo y todos sabemos que los niños de tres y cinco años tienen memoria de pez (para todo lo que no sea la melodía de La Capulla Canina, por supuesto).
Pasados unos días, la nueva propietaria vino a medir el baño porque estaba pidiendo presupuestos o no sé qué. En esta ocasión los niños pasaron de la tele y las palomitas y se dedicaron a mirarla con odio.
–¿Qué les pasa?
–Creen que te vas a quedar con sus juguetes.
–Ay, pero bonitos, yo no quiero vuestros juguetes para nada.
–Eso es exactamente lo que diría un ladrón de juguetes.
 Cuando la nueva propietaria se fue, volví a tener una conversación con los niños.
–Vuestros juguetes están a salvo, nos los estamos llevando al trastero. Nadie os va a quitar vuestras cosas, ¿vale?
–Vale.
Quizá hubiera sido preferible definir "vuestras cosas", porque lo siguiente que vendimos en Gualapop fue la trona.
O sea, LA TRONA. Que Nena-chan no llegó a usar porque tenía otra, Nene-kun llevaba un año sin usar porque ya se sienta en silla, y que anteriormente usó poquísimo porque prefería cenar en mis rodillas. Esa trona.
Nena-chan estaba en música, inglés, piscina, malabares o yo qué sé, que tiene la agenda como una folclórica en los años cincuenta, y Nene-kun me observó en silencio durante toda la operación, pero cuando volví a casa después de ayudar a meter la trona en el ascensor me encontré al niño abrazado a su teléfono de juguete.
–Mamá, dile a la señora que esto no, ¡ESTO NO!
Esto va a ser más difícil de lo que yo pensaba.

Continuará...

06 mayo 2019

Los sin techo, 2

Previously in Lorz...
Mi compañía de electricidad ha fallado.

Pues nada, que puse a la venta el piso.
Fue fácil y divertido y no ardió nada, que siempre es un plus.
Si he de ser sincera, era el peor momento posible, porque tenía un montón de movidas propias y personales y no podía ni pensar en hacer una mudanza. Pero el de la agencia me tranquilizó.
–No te preocupes, en esta zona los pisos tardan en venderse una media de 72 días.
Aquello me pareció muy bien, porque a mí las medias nunca me duran más de un día y solo de pensar en unas que me duraran más de dos meses me pongo contenta. Además, tendríamos muchísimo tiempo para hacer cajas, encontrar un alojamiento temporal y buscar otro piso.
–Menos mal –le dije al de la agencia–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Todo bien.
El piso se puso a la venta oficialmente un miércoles y el viernes ya recibimos las primeras visitas. El piso estaba razonablemente limpio, los niños estaban razonablemente sobornados con un cubo de palomitas y yo estaba razonablemente nerviosa, porque al final enseñar tu casa es como enseñar las bragas: que si no están decentes luego la gente te juzga.
Los primeros en ver el piso fueron un chaval joven y su padre. El chaval no abrió la boca pero el padre se dedicó a criticar absolutamente todo y a hablarnos de malos modos. Supongo que pensaba que así bajaríamos el precio del piso. Eso, o que era un maleducado de m**rd*, que también puede ser. Al parecer lo que más le ofendía era que lo tuviéramos "todo" eléctrico.
–Es que la luz está muy cara.
–Bueno –le dije–, sí, pero cuando contratas un servicio siempre pagas un mínimo que es fijo: un fijo para el gas, un fijo para la luz, un fijo para el agua caliente... Con todo eléctrico, te ahorras el fijo y solo pagas lo que consumes.
–...
–Además se prevé que las reservas de gas natural se agoten en los próximos veinte años, junto con las de petróleo, los principales metales, los recursos marinos y las principales fuentes de alimento... bien pensado es posible que la raza humana se enfrente a la aniquilación completa, así que...
Por razones que no acabo de entender no volvimos a saber nada del padre y del hijo.
–Menos mal –le dije a ZaraJota–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
A continuación vino una chica muy maja y simpática, pero que no paraba de hacer preguntas. A ver, que yo lo entiendo, que si te vas a hipotecar de por vida más te vale estar seguro y eso. Una de las principales absurdeces del siglo XXI es que para comprarte unos zapatos puedes ir a la tienda y probártelos todas las veces que quieras, mientras que para comprarte una casa la ves una vez diez minutos y arreando.
Pero esta chica preguntaba MUCHO, y con un nivel de detalle tremendo.
ZaraJota y yo llegamos a la misma conclusión: no le gusta y está buscando una forma educada de decírselo al de la agencia.
–Menos mal –le dije a ZaraJota–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Pero el lunes siguiente nos llamaron de la agencia: la chica quería volver a ver el piso.
–Que lo vea todas las veces que quiera –le dije al de la agencia–. Cuantas más mejor, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Esa misma tarde el de la agencia y la chica volvieron a visitarnos.
Pero poco.
Porque nada más abrir la puerta, la chica me soltó, con una alegría inusitada:
–¡QUE ME HE COMPRADO TU PISO!
Me parece que voy a tener que ponerme a hacer cajas.

Continuará...

29 abril 2019

Los sin techo, 1

Ya llevamos casi dos meses viviendo en casa de mis padres por un asunto que NO tiene nada que ver con que "alguien" haya quemado la cocina.
En serio.
Entre otras cosas, porque hace casi dos meses que no tenemos cocina. Ni ninguna otra habitación. Resumiendo mucho, hace dos meses que no tenemos casa.
La cosa fue más o menos así.
Estaba una tarde en casa así yo tan tranquila sin meterme con nadie cuando de pronto llamaron al timbre.
A mi casa solo llaman al timbre tres tipos de individuos:
1. Vecinos para avisar de que nos están echando agua / les estamos echando agua.
2. Comerciales de "su compañía de electricidad".
3. El padre de la vecina de al lado, que cuando viene borracho siempre llama a mi timbre y encima se enfada conmigo porque no soy su hija.
Ni que fuera Julio Iglesias, el hombre.
Abrí la puerta con la esperanza de que fueran comerciales de "su compañía de electricidad", que son mis favoritos porque para su desgracia tengo muy poco tolerancia hacia la gente que se dedica a timar viej... ancianas tarde sí tarde también, jo, que ya te he dicho que no vengas más, un poco de retentiva, por favor.
Pero lo que había en la puerta no eran comerciales de "su compañía de electricidad", eran comerciales de una inmobiliaria.
Estos tampoco es que me caigan especialmente bien, entre otras cosas porque una me rompieron el burlete de la puerta intentando incrustar un catálogo, pero yo qué sé. Se ve que me pillaron en un día bueno o me estoy ablandando con la edad, yo qué sé.
–Hola, venimos a saludarte y a traerte un catálogo.
–Pero este catálogo no es de Ikea.
–Eh... no, es de la inmobiliaria.
–Pues vaya.
En verdad os digo los únicos catálogos que merecen existir son los de Ikea y los de juguetes de reyes.
–¿Has pensado en vender tu piso?
–Sí, lo que pasa es que no nos salen las cuentas.
–¿Te queda mucha hipoteca?
–No, solo una.
–...
–Lo que pasa es que los gastos de amortización son de un 0'25% y claro, es muchísimo, ¡la hipoteca entera más una cuarta parte!
–¿Perdón?
–El 0'25% es la cuarta parte –repetí, poniendo los ojos en blanco y todo. Los jóvenes de hoy en día, que ya no saben ni matemáticas.
–No. El 25% ES la cuarta parte. El 0'25% es... bueno, muchísimo menos.
–No puede ser.
Los comerciales me hicieron la cuenta a mano, luego en la calculadora de un móvil y finalmente en la del otro. Siempre daba el mismo resultado.
–¿Ves?
–Pero entonces, ¿cuánto tendría que pagar si cancelara mi hipoteca?
Los comerciales hicieron la cuenta a mano, luego en la calculadora de un móvil y finalmente en la del otro.
–Mira.
Cuando ZaraJota llegó a casa yo seguía ojiplática perdida.
–¿Qué has hecho hoy? –me preguntó, que para mí que sospechaba algo. Ahora que lo pienso, es posible que siempre sospeche algo, porque suele entrar a casa con el móvil en la mano y el 112 marcado.
–Bueno, nada especial –le contesté–. Ah, sí, he puesto a la venta el piso.
–¿QUÉ HAS HECHO QUÉ?
–He puesto a la venta el piso.
–¿Cómo es posible?
–Pues verás, ¿sabes los comerciales de "su compañía de electricidad" que vienen todas las tardes?
–Sí.
–Pues hoy no han venido.


Continuará.


22 abril 2019

La pelotita del oído

Ya llevamos más de un mes viviendo en casa de mis padres por un asunto que NO está relacionado con que "alguien" quemara la cocina.
La convivencia nos está sentando mal.
En concreto, nos está sentando mal convivir en una cama de ochenta con los dos niños todas las noches.
Estamos hechos caca y no paramos de pillarnos resfriados, diarreas y otras dolamas propias del colecho fijo discontinuo en diferido a edades avanzadas.
Por ejemplo, la semana pasada me levanté con un dolor de oído que no podía con él.
Era como si tuviera una pelotita metida en la oreja que rodaba de una lado a otro cuando me movía y que hacía PIIIIIIIIII cuando me tumbaba, pero estaba bastante segura de que no me había metido ninguna pelotita en el oído porque a mí me gusta más usar la nariz.
Además, me dolía mucho la garganta y estaba totalmente afónica, que es una cosa que siempre le da mucha alegría a ZaraJota y nunca he entendido por qué.
–Esto va a ser un resfriado que se me ha subido al oído –le dije.
–Una pena que no se te haya subido al cerebro, así tendríamos una explicación razonable para lo tuyo.
ZaraJota es que es así, siempre empatiza mucho con mis problemas.
Pues nada, me resistí un par de días, pero al final no me quedó más remedio que ir al médico, que la verdad no me apetecía nada, porque había estado como tres días antes para saludar y eso, lo que pasa es que iba haciendo eses por la calle y pensé Lorz, esto te lo van a tener que mirar, que estás tardando el doble para llegar a cualquier lado.
Así que me fui al médico y el médico me dijo "Hola, Lorz, ¿cómo estás?" y yo le dije "Bien, gracias" y se le cayeron dos lagrimones y entonces me acordé de que cuando el médico pregunta que cómo estás lo pregunta en serio y no como la gente que te encuentras por la calle.
–Ah, tengo otitis.
El médico me miró los oídos con el aparato frío de mirar los oídos, que no se debe confundir con el aparato frío de mirar los bajos porque es mucho más pequeño y no hace CRAC CRAC CRAC cuando se abre.
El médico me mira un oído, me mira el otro y me dice:
–Abre la boca.
Será para verme los oídos por dentro, pensé, pero se va a llevar un chasco porque yo ya lo he intentado y no se ve nada. Lo que pasa es que yo soy muy educada y obedecí.
–Intenta abrirla más.
Intenté abrir la boca todo lo que pude, lo que pasa es que pude poco.
–Esto no es otitis, Lorz, esto es bruxismo.
–No me puedo creer que con lo poco que queda para las elecciones sigan apareciendo partidos que no conozco. 
–Es por apretar la mandíbula, Lorz.
–Ah.
–¿Has vivido alguna situación estresante últimamente?
–No.
Aparte del trabajo, el asunto del otro trabajo, estar sin casa por un suceso que NO tiene nada que ver con que "alguien" quemara la cocina, dormir (poco) en una cama de ochenta con dos niños, unas cuestiones administrativas que se nos han complicado y que MI VIDA ACTUALMENTE ES UN PURO Y COMPLETO CAOS... No, no se me ocurría nada.
–Pues esto es de apretar la mandíbula.
–¿Y lo de la garganta?
–También.
–¿Y lo de la espalda?
–También.
–¿Y los vértigos y los mareos y la sensación de estar totalmente atontada?
–Los vértigos y los mareos también. Lo de estar atontada me temo que es congénito.
–¿Ves? No paran de salir partidos políticos nuevos.
–Lo que yo decía.
–Bueno, pues dame drogas.
–Lo que pasa es que como estás con la lactancia no puedo darte más que ibuprofeno.
–Claro, claro.
Pues nada, estaba en la puerta de casa con mi ibuprofeno en la mano cuando me di cuenta de dos cosas:
Primero, estaba intentando abrir con la llave de la casa de mis padres la puerta de una casa en la que no vivo desde hace un mes.
Segundo, hace más de un año que dejé la lactancia.
Tercero, la culpa de todo la tienen los partidos políticos.

15 abril 2019

Nosotros los tímidos

Podría parecer que todos los tímidos se parecen, pero no.
Hay tímidos a la gente, como Nena-chan, cuya característica principal es que no son tímidos en absoluto, lo único que les pasa es que culo veo culo quiero y si su hermano tiene un libro pues ella también.
Luego están los tímidos hacia dentro, como ZaraJota. Los tímidos hacia adentro se repliegan y miran a todo el mundo sin abrir la boca y con una ceja levantada. Suelen parecer fríos, distantes y soberbios cuando lo que les pasa es que su vocecilla interior está corriendo en círculo mientras grita y agita los bracitos: "¡ME ESTÁN HABLANDO! ¡DEBERÍA CONTESTAR! ¿PERO QUÉ? ¡SEGURO QUE CONTESTO Y METO LA PATA! ¡MEJOR ARRUGO LA NARIZ Y QUE LO INTERPRETE COMO QUIERA! ¡YA ESTÁ! ¡NONONONO! ¡NO TE VAYAS! ¡QUE NO HUELES MAAAAAAL! ¡QUE LO PODÍAS INTERPRETAR COMO QUISIERAS PERO NO ASÍ!"
Los tímidos hacia dentro sufren mucho. Al menos, sufren mucho por dentro.
Luego están los tímidos hacia fuera, como yo. Bienvenidos al infierno. Los tímidos hacia fuera se ponen tan nerviosos cuando tienen que interactuar con otro ser humano que empiezan a hablar sin parar y a decir tonterías y a ponerse más nerviosos por lo que hablan más y dicen más tonterías y cuando se quieren dar cuenta están atrapados en una maraña de sandeces.
Los tímidos hacia fuera parecen tontos del culo, cuando en realidad lo que les pasa es que su vocecilla interior está en posición fetal debajo de una cama y su boca ha tomado el control absoluto.
Los tímidos hacia fuera también sufrimos mucho. Por dentro, por fuera y, especialmente, contra las paredes, cuando se dan cabezazos contra ellas al grito de "¿PERO POR QUÉ SOY TAN IDIOTA, POR QUÉ?".
El caso es que hace unos meses una persona a la que acababa de conocer me miró a los ojitos y me dijo "siendo tímida no vas a ninguna parte, Angela".*
En aquel momento me quedé en shock porque esta persona en cuestión me había calado hasta las pelusas de los pies así, de un vistazo. Bueno, y porque ya no queda mucha gente que me llame por mi nombre, también.
La cuestión es que aquello me dejó un poco como pensando.
"Si yo no quiero ir a ningún lado", fue lo primero que se me vino a la cabeza.
"Pero –dijo la vocecilla del interior de mi cabeza, cuando salió de debajo de la cama–, a veces te gustaría haber ido a algún lado y no lo has hecho por timidez, ¿no?".
No sé a vosotros, pero a mí que la vocecilla del interior de la cabeza me deje tirada cada vez que tengo que hablar con alguien y luego venga a refregármelo en la cara no me sienta bien.
 Además, hay otros motivos.
En internet hay mucha loca suelta. Trolls y cosas así. Y una vez que sales ahí fuera, como la verdad en Expediente X, estás expuesta a que cualquiera te haga daño.
Y además, seguro que en directo decepciono. O sea, que por lo general no voy por la calle quemando microondas. Ni contenedores. Sobre todo, contenedores, GUIÑO, GUIÑO, CODAZO, CODAZO. 
¿A dónde voy con toda esta historia?
A que a la m**rd* todo.
A la m**rd* la timidez, el miedo escénico, el terror a que la cámara engorde (¡bastante tenemos con que engorde yo!), a caerme, a quedarme en blanco, a tartamudear, a los trolls y en resumen, el miedo a que la gente se ría de mí, no conmigo.
Voy a participar en una de las charlas Ignite Madrid.
¡Venirse! 
Tienen oradores extraordinarios, brillantes, motivadores y divertidos.
Y también me tienen a mí, cerquita de un extintor, por si acaso.









*Que no lleva tilde, que no. 

08 abril 2019

La Madre Naturaleza

Voy a meterme un poco también con mi madre que si no se me pone pelusona.

Como ya sabéis y ZaraJota no para de echarme en cara, estamos pasando una temporada en casa de mis padres por motivos que NO tienen nada que ver con que "alguien" haya quemado la cocina.
A lo largo de las tres últimas semanas hemos probado varias configuraciones nocturnas, hasta que hemos optado por la más cómoda (es un decir): ZaraJota en una cama de ochenta con un niño, y yo en otra cama de ochenta con el otro. Los niños en cuestión nos los vamos turnando porque las patadas voladoras de Nena-chan no son algo que se pueda aguantar muchas noches seguidas.
El caso es que entre unas cosas y otras vamos un poco escasos de sueño y a las nueve estamos que nos caemos por las esquinas y nos retiramos cada uno a nuestros aposentos con el niño que le haya tocado en suerte y el objetivo de estar durmiendo lo antes posible.
Además, así dejamos a mi madre que vea la tele tranquila un rato, se quede gladiator en el sofá o llame a la Tita del Puerto por teléfono.
La Tita del Puerto y mi madre hablan por teléfono casi todas las noches, que es algo que siempre me ha sorprendido porque, con lo alto que hablan las dos, con sacar la cabeza por la ventana tendrían bastante y se ahorrarían pagar la línea.
El caso es que una de estas noches mi madre, muy prudentemente, cerró la puerta del salón para no despertarnos y se puso a hablar con la Tita a gritos.
–HOLA, QUE NO TE HE LLAMADO ANTES PORQUE ESTABA ESPERANDO QUE LOS NIÑOS SE FUERAN A DORMIR.
[–¿YA ESTÁN DURMIENDO?]
Lo pongo entre corchetes porque la respuesta de mi tía no se oía tan bien.
–SÍ, ESTÁN MUY CANSADOS, LOS POBRES.
[–BUENO, PUES HABLA BAJITO.]
–SÍ, SÍ, HE CERRADO LA PUERTA Y TODO.
Llevaban un rato cuando mi padre, que también estaba intentando dormir, decidió hacer una intervención urgente.
–Oye, que me han llamado de la Línea de la Concepción: que repitas lo último que has dicho, que no lo han entendido bien.
–YO NO ESTOY GRITANDO. LO QUE PASA ES QUE TENGO UN TONO DE VOZ ALTO.
–LO QUE TIENES ES UN TORRENTE DE VOZ QUE HAS HECHO SALTAR TRES SISMÓGRAFOS.
–BUENO, PUES YO NO PUEDO HABLAR MÁS BAJO.
–PUES LOS NIÑOS ESTÁN DURMIENDO.
Los c*j*n*s, durmiendo.
–BUENO, PUES CUELGO YA.
–PUES VALE.
–PUES BUENO.
–PUES NADA.
Mis padres se fueron a la cama, todavía rezongándose en tono alto.
Respiré. Los niños no se habían despertado y ya no había peligro de que se despertaran.
–GATITOOO... VEEEEEEEN, BONITOOOO... GATITO...
Mi madre estaba llamando al gato para que se fuera con ella a la cama, que se pasan la vida protestando porque duerme encima de ellos pero claro, es que si no duerme encima de ellos no pueden protestar.
–VEEEEN, GATITO...
El gatito estaba pasando como de comer m**rd*. Ay, no, que es un gato. El gatito estaba pasando mucho.
Venga, gatito, le dije telepáticamente. Ve de una p*t* vez, que tengo un sueño que me caigo.
Pero el gatito no iba.
Entonces me acordé de que mi madre me había dicho que al gato se le forman tapones de cera en los oídos y lo tienen que llevar al veterinario para que se los quiten, pero se le vuelven a formar.
Es curioso, pensé.
A mi hermano también se le forman tapones de los oídos.
A los dos se les forman tapones en los oídos, los dos son los que más tiempo han vivido con mis padres.
Entonces vi la luz, como la vio Darwin el día que se pasó de parada de metro y acabó en las Galápagos.
¿Y si los tapones de cera de los oídos no son un problema, sino una estrategia evolutiva para adaptarse al ambiente sonoro?
¿Y si mi madre le estaba quitando los tapones al gato (mi hermano se los quita solo) y al hacerlo está interponiéndose en los designios inescrutables de la Madre Naturaleza?
De pronto me sentía muy inquieta y no podía dormir.
O sea, que interponerse en los designios inescrutables de la Madre Naturaleza es una cosa muy seria.
Sobre todo si uno tiene el tono de voz alto, que las placas tectónicas son muy sensibles para lo suyo.
A la mañana siguiente yo estaba hecha m**rd*.
Me levanto con el ojo pegao y me encuentro con mi padre que como siempre se ha levantado como si madrugar fuera lo mejor que le ha pasado en la vida.
–Holahijaquiereszumotehagounzumonoquiereszumopuesyomevoyatomarmizumodesdeluegoyoaquícomprandonaranjasparaqueahoranoquierasesquedesdeluego...
–Mátame.
–¿Qué te pasa?
–He dormido muy poco.
–¿Y eso por qué?
–Porque lo he estado pensando mucho... y creo que la Madre Naturaleza ha sido más generosa con el gato que conmigo.