29 junio 2020

La nueva normalidad piscinera

Por si no hubiéramos sufrido ya bastante en lo que va de año, ahora van y reabren los gimnasios.
Y con todas las medidas de seguridad, para que no podamos excusarnos en el coronavirus para no ir.
Vergüenza les tenía que dar.
Encima, reabren pero sin las clases de natación para los niños, también conocidas como "la media horita en la que me siento en la cafetería de delante para leer en silencio". 
Muy mal todo.
-Pero la piscina está abierta -me dijeron en recepción-. Puedes venir si quieres.
-¿Con los niños?
-Si quieres.
La verdad es que querer, lo que se dice querer, no quería mucho, lo que pasa es que hemos tenido unos días de mucho calor y como de todas formas cuando estamos en casa no me dejan trabajar pues mira, allá que vamos. 
Además, ahora que ya son más mayores (7 y 4) ir con los niños a la piscina es relativamente sencillo. Bueno, era.
En la nueva normalidad, ya nada es sencillo.
Para empezar, llevábamos las mascarillas. Nene-kun también, porque tener menos de 6 años no le va a impedir lucir el complemento de moda y aquí hemos venido a jugar.
Llegamos al gimnasio y aquello es como Eurodisney: han creado un circuito para hacer cola, un circuito para entrar, otro para salir y otro para moverse entre medias. Los niños están encantados de la vida porque como son true madrileñers todo lo que sea hacer cola les parece maravilloso; yo también estoy muy a favor de las colas, lo que pasa que voy cargando con las seis toallas, los bañadores, la crema solar, el gel, el champú, el repelente de piojos, las botellas de agua y el UNO, porque en esta familia no se va a ningún lado sin el UNO, y lo de esperar lo llevo un poco peor.
Cuando por fin nos toca turno, nos dicen que pongamos los pies es algo llamado "alfombrilla desinfectante".
-Y ahora, haced el Michael Jackson.
Los niños miran al monitor de lado a lado como si fuera de otro planeta y Nena-chan me dice, muy seria:
-Mamá, ¿qué es un Michael Jackson?
¿Oís ese crujido?
Es el corazón del monitor rompiéndose.
-Que frotes los pies contra la esterilla, hija.
El siguiente paso es ponerse gel desinfectante en las mano. 
-Frotad muy bien, ¡tenemos que aplastar a todos los virus! -dice el monitor, que todavía no ha perdido del todo la fe en la juventud.
Veo que Nena-chan va a intervenir (me huelo que está preparando algo del tipo: "No podemos aplastarlos porque son seres mircoscópicos") y le lanzo una mirada asesina que de verdad si hay algún virus de por medio se muere en el acto. 
-Que te frotes las manos -le digo. 
La temperatura no nos la toman y menos mal, porque después de hacer cola al sol con la bolsa de los arreos lo mismo no apruebo, así os lo digo, que me sudaba el bigote, el entreteto y el entreculo que no era ni medio normal para las diez de la mañana.
Conseguimos llegar al vestuario y nos encontramos que lo han adaptado para la nueva circunstancia, siendo la nueva circunstancia que estoy muy jodida porque han puesto separadores para crear espacios individuales y voy con dos niños y una bolsa más grande que yo. 
Empujo a los niños hasta la cabina más ancha y les digo que se vayan quitando la ropa.
-¿Ya no podemos quitar la mascarilla? -preguntan a dúo.
-No.
Acto seguido ambos niños se quitan las camisetas y sucede lo que seguramente ya habéis imaginado que sucedería: ambas mascarillas acaban en el suelo.
-Mierdaaa...
Bueno, no pasa nada, porque entre el millón de cosas que llevo en el bolso hay mascarillas de repuesto.
El problema es que los niños son considerablemente más jóvenes y más ágiles que yo (y están más cerca del suelo, pero no mucho más) y antes de que me dé tiempo a alcanzar las mascarillas ya las han recogido y se las han puesto, porque otra cosa no pero los tengo muy concienciados.
-Mierdaaa...
Me digo a mí misma que no pasa nada porque:
a) Regla de los 10 segundos.
b) El gimnasio acaba de abrir. Ese día y después de tres meses.
c) El vestuario huele a desinfectante, el suelo huele a desinfectante, hasta el desinfectante huele a desinfectante.
d) De todas formas vamos a morir todos.
Consigo que los niños se cambien sin mayores incidentes y empiezo a cambiarme yo.
El bañador ha debido encoger porque casi no me entra y cuando consigo ponérmelo me corta la respiración pero pienso que bueno, si los pulmones funcionan como al 10% de su capacidad tengo también un 90% menos de probabilidades de inhalar un virus, ¿no? 
O sea, las matemáticas no fallan.
Conseguí salir del vestuario con los niños, las mascarillas (puestas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO, porque sin el UNO no somos nadie y llegamos al acceso a la piscina. 
El monitor de turno nos dice que nos desinfectemos las manos con gel.
-Frotad muy bien -nos dice- tenemos que...
-MIRA, NI LO INTENTES.
-Vale.
Nos frotamos, cruzamos el umbral y nos dice:
-Muy bien, ya podéis quitaros las mascarillas.
-¡PERO SIN QUE SE OS CAIGAN! -añado.
Tarde. 
Por otra parte, a esas alturas ya me empieza a dar todo un poco igual.
En el suelo han marcado unos rectángulos para que cada bañista se coloque en uno y mantenga la distancia social. Les digo a los niños que se pongan en fila india detrás de mí (para mantener aún más la distancia a los lados) y que no pisen los rectángulos y empiezo a caminar hacia nuestro espacio asignado. 
De pronto les escucho reírse.
Miro para atrás, y están saltando de rectángulo en rectángulo.
-¿PERO QUÉ OS HE DICHO YO?
-Que no pisemos los rectángulos.
-¿Y qué estáis haciendo?
-Saltar para no pisar los rectángulos, mira, no hemos pisado ni una línea. 
Empiezo a sentir que mi párpado derecho se contrae. El tic en el ojo va a empezar de un momento a otro. Consigo llegar a nuestro rectángulo, suelto las toallas, las mascarillas (quitadas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO porque si no llevamos el UNO se acaba el universo. 
Sudo cual gorrino en San Andrés. En ese momento me habría metido en la piscina aunque estuviera vacía.
-Venga, ahora nos damos una duchita y al agua.
-Yo no quiero ducharme.
-Nene-kun, siempre hay que ducharse antes de entrar la piscina.
-Pues yo no quiero.
-Pues no te bañas.
-Pues no me baño.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS VENIDO HASTA AQUÍ CON LAS SEIS TOALLAS, LOS BAÑADORES, LA CREMA SOLAR, EL GEL, EL CHAMPÚ, EL REPELENTE DE PIOJOS, LAS BOTELLAS DE AGUA Y EL P*T* UNO DE LOS COJONES?, pregunta educadamente mi niña interior.
-Pues no te bañes -dice mi voz exterior. 
Nene-kun se sienta en nuestro rectángulo asignado y yo me voy a controlar a Nena-chan, que lleva un rato metida en el agua y gritando "MAMÁ, MIRA" mientras yo me esfuerzo por fingir que no la conozco de nada.
Nene-kun se queda en el césped con cara de niño abandonado, que es una cosa que se le da muy bien y que normalmente me hace mucha gracia, lo que pasa es que en ese momento no estaba del humor apropiado para apreciarlo. 
Yo le iba echando reojos y al rato veo que se le acerca un monitor y el niño me señala, y el monitor se viene al borde de la piscina y me dice:
-Señora, el niño no puede estar solo.
Y yo le digo que vale, vale, que ya voy, pero entonces a la que dejo sola es a Nena-chan, que está en el agua y por tanto en una situación considerablemente más peligrosa.
Así que le digo a la nena que se venga conmigo.
-¡No quiero! ¡Quiero quedarme en el agua!
-Es sólo un momento, por favor.
-¡QUE NO QUIERO!
Me meto en el agua, cojo a la nena como a un lechón, salgo de la piscina, voy hasta Nene-kun.
El niño me mira como si se acabara de dar cuenta de que está ahí.
-¿Vas a ducharte?
-NO -dice Nene-kun.
-¿Jugamos al UNO un rato?
-NO -dice Nena-chan.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS TRAÍDO EL UNO DE LOS C*J*N*S?, dice mi niña interior.
Decido ignorar a los tres y cojo el móvil para ver si ya es hora de volver a casa y llorar en bajito.
Tengo un mensaje en la aplicación del gimnasio. La abro para ver si nos han echado ya y tengo excusa para no volver.
Es una encuesta: 
ESPERAMOS QUE SU VISITA HAYA SIDO SATISFACTORIA.
VALORE DEL 1 AL 10 EL NIVEL DE SATISFACCIÓN CON SU VISITA.
Creo que me voy a abstener.



*   *   *

El jueves 16 de julio, videoclub de lectura online sobre Villamatojo en librería La Sombra.
La participación en el club es gratuita, sólo hay que escribir a La Sombra para que os faciliten el acceso.
El libro se puede adquirir entero o por partes aquí.







22 junio 2020

A través del espejo

Pues durante el curso pasado Nena-chan empezó a escribir en espejo; esto es, empezó a escribir letras y números al revés. 
La seño nos dijo que era normal (lo de la escritura en espejo, no la seño) y con el tiempo se ha ido corrigiendo solo, salvo una cosa: por más que nos empeñemos, la nena sigue confundiendo la b y la d. 
A falta de una idea mejor, se me ocurrió empezar a escribirle una d en la mano derecha todas las mañanas, justo antes de hacer los deberes, así:
Reconstrucción de los hechos.
La mano es azul porque últimamente nos da poco el sol.


-La D es como tu mano DErecha, tiene el DEdo gordo en el mismo lado -le dije a Nena-chan y al principio todo fue bien.
Lo que pasa es que yo, como buena zurda que soy, también tengo mis momentos de escritura espejo, sobre todo cuando he dormido poco y tengo a dos niños gritándome a moviéndose a mi alrededor y a la vez.
Por eso (y porque soy muy tonta, claro) un día en vez de una d le escribí...

...una B.
-Mamá, mamá, mamá, la has escrito al revés.
-M**rd*.
Con rotulador indeleble, claro. Y aunque hubiera sido rotulador normal, la piel atópica de Nena-chan es particularmente sensible al jabón.
-¿Qué hacemos, mamá?
-No te preocupes, Nena-chan, esto lo arreglo yo en un segundo, ¿Ves? Ya tienes tu D.

-Pero mamá, ahora no sé cuál es la buena.
-No te preocupes, ahora tachamos la que no es.
Pero poco, que tampoco es plan de llevarle a la chiquilla la mano de rotulador, así:

-Tacha también el palito, mamá.
-Tacho el palito.
Había salvado la situación y me sentía la mejor madre del universo y del mundo, cuando ZaraJota salió de la habitación en la que afirma teletrabajar y se quedó mirando a Nena-chan con cara de pasmo.
-Lorz... -me dijo-. Sabes que yo respeto mucho tus métidos materno-pedagógicos, ¿verdad?
-No, la verdad es que hasta ahora no me ha dado esa impresión.
-Bueno... el caso es que me gustaría saber, si no te importa, POR QUÉ LE HAS PINTADO A NENA-CHAN UNOS GENITALES MASCULINOS EN LA MANO.
-Pues porque es la mano derecha, obviamente.




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15 junio 2020

Las recompensas del #relorzfunding

Por si a alguien no le ha llegado el mail, o le ha ido directo a spam, o ha pasado de leerlo:

como quizá hayáis visto, hemos reanudado el envío de recompensas del #relorzfunding.

Todavía no tenemos el libro impreso por no sé qué de una pandemia, pero tenemos todo lo demás desde finales de febrero y el peso de las cajas estaba empezando a afectar a la estructura del edificio. Y que me tropiezo con ellas cada vez que paso porque tengo el sentido espacial un poco j*d*d*.
Por eso hemos dicho: vamos a enviar ahora lo que tengamos y el libro ya llegará si eso.
Algún día.
Preferiblemente, antes que el meteorito.
Así que, por favor, si en estos meses os habéis mudado, o estáis temporalmente fuera de casa, o nos pusisteis la dirección de una oficina a la que actualmente no vais, o de una tienda que en estos momentos está cerrada, os agradecemos que lo comuniquéis en lorzagirl@gmail.com.
Si os quedasteis con ganas de alguna recompensa (pedisteis el libro pero después habéis comprendido que vuestra vida no merece la pena sin el imán, por ejemplo) todavía estáis a tiempo de decirlo.
Por último, a los amigos y residentes en Madrid: no hemos perdido la esperanza de entregaros las recompensas en mano; probablemente empezaremos a repartirlas en un par de semanas; si alguien prefiere que se las mandamos ya y/o por correo, sólo tiene que decirlo.
Como siempre, podéis contactar con nosotros en lorzagirl@gmail.com
Gracias por vuestra colaboración.

EDITADO 16/6/2020
Acabamos de enviar por mail el libro electrónico de Vayamos por partes. Segunda parte.
Los mecenas del #relorzfunding lo habrán recibido en el mail que dieron al participar.
Si alguien no lo ha recibido, o no puede descargarlo, o cualquier otra cosa, que contacte con nosotros en lorzagirl@gmail.com







08 junio 2020

Cocina de aprovechamiento

Cada vez que vamos al súper lo mismo:
-A ver, Nena-chan, ¿qué quieres de fruta? LOS LACASITOS NOS SON FRUTA.
Me da igual lo que diga ZaraJota: ser redondos y de colores no los convierten automáticamente en fruta.
-Pueeeeees... plátano.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Mira que luego los tengo que tirar y me da mucha rabia.
-De verdad que me los como.
-Bueno, ya veremos.
Cuatro días más tarde tenía en casa dos plátanos negros como nuestro futuro y un cabreo monumental.
Ah, no, me dije.
Me niego a tirar los plátanos. Esto lo reaprovecho yo como sea. ¡Que no están las cosas como para tirar comida!
Me acordé entonces de que Cattz hace una especie de bizcocho de plátano que yo no he probado nunca, pero sólo con las fotos ya puedo deciros que eso sabe a gloria bendita. Y si Cattz, que es prácticamente una extranjera, puede hacer pan de plátano, ¿cómo no voy a poder hacerlo yo?
Encontré una receta y me pareció súper fácil.
Quizá el problema sea ese.
El primer problema fue que no tenía huevos.
O sea, tenía, pero sólo cuatro, y como estaba en pleno proceso de hacer filetes rusos pensé, uy, no puedo gastarlos todos, así que en vez de cuatro, que era lo que pedía la receta, eché dos.
Para compensar le eché un yogur. De plátano, por supuesto a ver si os pensáis que estoy loca.
Harina sí tenía de sobra, pero me apetecía cero sacar la báscula, porque la tengo con las cosas del #relorzfunding para pesar los paquetes, así que pensé que bueno, tampoco pasaba nada por echarla a ojo.
Y ya puestos a echar, mejor que sobre que no que falte.
Me pasó lo mismo con el azúcar y la leche, aunque en mi defensa debo decir que sé que en uno de mis vasos caben 180 ml, así que eché a ojo más o menos la mitad y arreglado.
Además, puede que se me olvidara echar la levadura aunque, bien pensado, quizá sea hasta lo mejor.
El resultado fue una masa tan espesa que incluso absorbía la luz de su alrededor y que olía como los baberos rancios de las primeras papillas.
Las madres me entendéis.
Aquello era un desastre de proporciones épicas, así que hice lo único que podía hacer: echarle un poco de sal (para compensar) y meterlo en en horno.
Media hora más tarde tenía una especie de empanada de engrudo, a saber:

Imagen
En mi defensa debo decir que al menos no sé quemó.
Por otra parte, el horno está fallando y se apagó por su cuenta a media cocción, así que lo mismo tampoco es mérito mío.
El sabor no era malo. Era intenso. Muy intenso. Como si alguien te inyectara leche condensada con sabor a plátano directamente en el cerebro. Me tomé una cucharada y se me coagularon 2/3 de las venas. Con la segunda, dejé de ver. Con la tercera, perdí la sensibilidad en la lengua, se me cayeron tres muelas y decidí dejar de comer.
-Creo que voy a tirarla -le dije a ZaraJota.
-Pero Lorz, creía que el objetivo de todo esto era no tirar comida.
-No, no, no, el objetivo era no tirar los plátanos.
Que hay que explicarlo todo.




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Pd: ¿Ya tenéis vuestra camiseta para no ir* al desfile del orgullo?


* Porque de momento se ha pospuesto, obviamente.

01 junio 2020

El desfase


El desfase lo llevamos regular.
Como ya es legal, mis padres han venido a vernos a casa. Digo "vernos" cuando, obviamente, a quienes querían ver es a los nietos, que a fin de cuentas a mí me conocen desde hace cuarenta años y me tienen muy vista y ZaraJota para la conversación que da mejor le pintas una carita a un globo.
La cosa fue más o menos bien al principio: los abuelos venían con mascarilla, guantes, escafandra y un traje de neopreno, que de verdad si me llegan a decir que se iban a seguir los pasos de Costeau me lo habría creído sin problemas.
Pero claro, según entraron en casa los niños se les quisieron echar encima.
-No, no, mira, lo que podemos hacer es frotarnos el codo, así -le dijo mi madre a Nene-kun.
-Pero madre -le dije- que el codo es donde estornudamos.
-¿Y?
-Pues que si el niño estornuda en su codo, luego frota su codo contra el tuyo, y luego tú estornudas los mocos pasan de uno a otro lo mismo.
-Oh.
Mis padres pasaron a casa muy tiesos y se sentaron muy tiesos con su mascarilla, sus guantes, sus escafandras y sus trajes de neopreno.
-¿Queréis una cervecita?
-Vale, una.
-Sí, porque no tengo más.
Desde que el supermercado dejó de hacer envíos a domicilio lo único de peso que entra en casa soy yo.
Les puse la cerveza delante y se la quedaron mirando en plan muy bien, ahora qué hacemos con todo el equipo.
-Quitaos la mascarilla, anda, si total, estamos todos teletrabajando desde hace dos meses.
Mis padres se quitaron la mascarillas para tomarse la cerveza y ya que estábamos pensé, qué lastima, la cerveza (a compartir) y a palo seco, voy a sacar unas patatitas.
Mis padres se quedaron mirando las patatitas en plan muy bien, y nosotros con los guantes puestos.
-Quitaos los guantes, anda, si total, si ninguno salimos de casa para nada.
Mis padres se quitaron la mascarilla y empezaron a tomarse las patatitas.
Y claro, ya que estábamos sin mascarillas, sin guantes, sin escafrandras y sin trajes de neopreno y todos metiendo la manorra en el mismo cuenco de las patatas, nos pareció súper absurdo que los niños mantuvieran la distancia. Sobre todo, porque ya hacía rato que se les habían sentado en las rodillas.
-No pasa nada, venga, si de todas maneras no hemos tenido contacto con nadie.
El caso es que una cosa fue llevando a la otra y para cuando llegó la hora de irse ni distanciamiento, ni asepsia, ni pepinillos en vinagre, que a los niños solo les faltó hacer la croqueta sobre un charco de fluidos corporales.
El caso es que al día siguiente me llamó mi padre:
-Oye, que la abuela está regular y le han hecho la prueba del covid.
-Ay, pobre.
-No te preocupes, que son solo decimillas y un poco de tos. Seguramente no es nada, te lo digo para que os aisléis.
-¿Y por qué me voy a aislar yo ahora, que llevo tres meses sin ver a la abuela?
-Porque nosotros estuvimos en su casa.
-¡Pues aislaros vosotros!
-Es que estuvimos justo antes de ir a la vuestra.
De verdad, pocas cosas nos pasan.




Pd1: Dio negativo. Teniendo en cuenta que se está recuperando de un cáncer y que siempre lo ha pasado muy mal con la alergia, me atrevo a decir que la tos, la fiebre y el cansancio podían deberse a cualquier otra cosa. Así como teoría loca.


Pd2: Como me aburría he escrito otro libro.

25 mayo 2020

Policía de balcón

Después de tan solo 75 días de confinamiento, por fin Madrid pasa hoy a la Fase 1, mientras que en el mundo civilizado se pasa a Fase 2.
En mi calle, en cambio, nos hemos pasado de la fase al desfase desde hace tiempo.
Todo empezó cuando se dio permiso para pasear a determinadas horas del día, según la edad de cada uno.
Los niños podían salir a pasear a la calle de 12 a 19 horas, así que nos sorprendió mucho que en nuestra plaza hubiera chavales un poco pasada la hora, digamos sobre las once de la noche o así. Además, eran muchos, no llevaban mascarillas y no respetaban las distancias de seguridad.
Pero lo que de verdad sacó al policía de balcón que todos llevamos en nuestro interior es que se estaban sacudiendo que daba gusto con una bicicleta.
No por una bicicleta: con una bicicleta.
De paso, se estaban llevando por delante la chapa y pintura de los coches aparcados en la calle.
Los vecinos de la calle, que han cogido la costumbre de salirse a la terraza por las noches, estaban con el espectáculo en directo que ni OT ni Masterchef ni la madre que los parió. El que no estaba grabando la pelea es porque estaba llamando a la policía, así os lo digo.
La policía apareció con la sirena puesta y los chavales se escondieron en los portales, que ya hay que ser tonto, porque había más gente mirando que en una final de la champions. En cuanto los policías se bajaron del coche miraron alrededor y gritaron "¿Dónde?", y todos los vecinos empezaron "Ahí, ahí" como cuando íbamos a ver las marionetas al Retiro, de verdad, el mejor espectáculo que he visto en siglos y allí en directo justo debajo de mi ventana.
La policía entró al edificio de enfrente a mi casa y llamó a un piso concreto. Lo sabemos porque las luces de ese piso se apagaron de inmediato, y lo siguiente que vimos fue a los policías con las linternas como Mulder y Scully.
Yo es que me imagino a los chavales:
-La policía está en la puerta.
-¡Rápido, apaga la luz!
-¿Cómo?
-Si no hay luz no pueden vernos.
-¡Bien pensado!
-¡Maldición! ¡Tienen linternas!
-¿Quién podía haberlo imaginado?
Los pillaron, claro, y los mandaron a su casa porque es que además de estar fuera, a deshoras, destrozando coches y dándose de tortas, que ya hay que ser tonto, es que fueron a esconderse en un domicilio diferente al que estaban empadronados.
La semana siguiente, volvía yo de la compra cuando me volví a encontrar a un grupo de chavales en la plaza. Estaban todos apretados en un ladito mientras la policía hablaba con una señora.
-Su hijo llevaba un arma en la mochila -decía el policía.
Lo típico que estás fuera de casa a deshoras, en grupo, sin mascarilla, no respetando las distancias durante una pandemia, te para la policía, una cosa lleva a la otra y se dan cuenta de que llevas un arma en la mochila.
A mí me ha pasado un millón de veces, como mínimo.
-¿Pero estaba cargada? -preguntaba la mujer.
-No, señora, no tenía munición.
-Ah, bueno.
¿AH, BUENO?
Unos días más tarde, dos chavales estaban en la calle mientras un señor les gritaba desde una terraza.
-¡PASTILLEROS DE MIERDAAA!
No sé, lo normal que grita uno un domingo a media tarde.
-¡TÚ SI QUE ERES UN MIERDAAA! -gritaban los chavales desde abajo.
-¡¡¡A MÍ NO ME VENGÁIS OTRA VEZ A PEDIRME PASTILLAS!!!
-¡¡¡CABRÓN!!!
-¡¡¡LAS PASTILLAS DE TU ABUELA TE VAS A TOMAR!!!
-¡¡¡QUE TE MATO!!!
Llegado a ese punto pensé que sería buena idea llamar a la policía, porque a mí que se griten me da bastante igual, pero es que me estaban amargando la siesta.
La policía vino. Otra vez. Pidió la documentación de los chavales. Otra vez. Los mandó a su puñetera casa. Otra vez.
Mientras tanto, en la plaza, tenemos un grupo que se sienta todos los días beber cerveza en las mesitas que hay para que los viej...ancianos jueguen al ajedrez, que por mí pueden jugar al Monopoly, vaya, pero es que tienen el tablero de ajedrez dibujado.
A mí que estén en grupo, sin mascarilla y a deshoras me da igual porque el alcohol desinfecta mucho y estos beben como para desinfectar todos los hospitales de Madrid, Ifema y la clínica Ruber si hace falta, así que no hay peligro.
Lo que pasa es que hace unos días se trajeron una espada.
En serio.
Una espada.
Yo estaba "trabajando" o, lo que es mismo, diciendo barbaridades en twitter, cuando empezaron a pelearse por jugar con "la espada" y de pronto escuché algo parecido a un hachazo.
Me asomé a la ventana y me puse a destender la ropa porque una es cotilla pero muy disimulada y veo que, efectivamente, estaban en la mesa de los viej...ancianos bebiendo cerveza y turnándose para lanzar un cuchillo largo contra el tronco de un árbol.
Lo normal que haces un miércoles a las doce de la mañana en un parque justo a la hora a la que pueden salir los niños durante una pandemia, no sé.
Me quedé un rato cambiando de sitio los calcetines del tendedero porque no quería ser yo la que llamara a la policía, que me van a acabar conociendo mejor que en urgencias y eso.
Además, imaginaos el papelón: Es que en la plaza hay unos señores con una espada, le aseguro que no estoy loca, señor agente.
-Bueno, un poco sí, pero nada que ver con la espada, se lo aseguro.
En ese momento ZaraJota salió del dormitorio donde se supone que teletrabaja, que para mí que teletrabajar es "esconderse de los niños" en klingon, pero bueno.
-¿Qué haces?
-Nada, aquí mirando a los del botellón, que se han traído una espada.
-No puede ser.
-Mira.
ZaraJota se asomó a la ventana.
-No es una espada -me dijo-. Es un sable
Pues menos mal que no he llamado a la policía, porque habría quedado como una loca.





Escribo libros y hago cosas cuquis.


18 mayo 2020

El masaje cardio respiratorio

Allá vamos.


Hace unos días se murió un hermano de mi abuelo.
Este hermano de mi abuelo estaba casado con una hermana de mi bisabuela.
A ver si lo aclaro mejor: el hermano de mi abuelo estaba casado con una hermana de la suegra de mi abuelo.
No es tan complicado como parece, salvo que algunos primos de mi madre lo son a la vez en primer y segundo grado, y una de sus tías por parte de padre es a la vez tía abuela por parte de madre, mientras que uno de sus tíos por parte de padre es a la vez tío abuelo por parte de madre y mira, qué más da, si luego a las comuniones los invitabas a todos y ya está.
El caso es que este señor se murió y la Tita del Puerto llamó a su hijo para darle el pésame.
Y un par de días más tarde me llamó a mí, y ahí es cuando la liamos, claro.

-El otro día estuve hablando con el primo, por lo de su padre.
Así, para simplificar. 
-Ay, sí, pobre.
-Hacía por lo menos treinta años que no hablaba con él, desde que se murió Titaelena. ¿Tú te acuerdas de Titaelena? Era hermana de tu bisabuela. 
-No, creo que no.
-Se murió antes de que tú nacieras.
-Entonces quizá por eso no me acuerdo. 
Nota: en la investigación posterior descubrimos que se murió cuando yo tenía dos o tres años. 
-Ay, Titaelena, qué graciosa era.
-¿En serio?
-Sí, es que no se parecía a su familia.
-Eso lo explica todo.
Ese lado de la familia no destaca precisamente por su sentido del humor.
-De graciosa, de divertida, de ocurrente... Nos partíamos con ella.
-Muy bien, muy bien.
-Lo que pasa es que como de vez en cuando le daba por suicidarse pues le tuvieron que hacer una trepanación y se quedó tontusilla. 
-¿Que QUÉ?
La Tita del Puerto es que es muy de estar tan tranquila hablando del tiempo y de pronto soltarte una bomba así, al azar.
-Que le hicieron una trepanación y se quedó tontusilla.
Que conste en acta que la Tita del Puerto es una enfermera con muchísima experiencia en varios campos, incluyendo quirófano, oncología, pediatría y neonatos.
-Tontusilla.
-Eso, tontusilla. La cuidaba una mujer que era un poco bobona.
No confundir con tontusilla.
-Claro.
-Total, que estaba muy mala, y me fui a verla y allí estaba el primo. Y como vimos que se ahogaba dijimos: venga, vamos a hacerle un masaje cardio respiratorio y verás que bien.
-Claro, le sentaría divinamente.
-Sí, sí, estupendamente. Así que nada, allí la dejamos, nos fuimos a la piscina y se murió.
-¿Que QUÉ?
-No te imaginas el número, porque claro, Titapepi nunca se mete del todo en la piscina porque como tiene el pelo rizado...
En mi pueblo, en verano, se pueden llegar a los 50º pero oye, EL PELO ES EL PELO.
-Claro, se le encrespa
Obsérvese mi capacidad de autocontrol, que yo en ese momento estaba en plan VOLVAMOS AL TEMA DE LA TONTUSILLA, POR FAVOR.
-Es que ella no tiene el rizo bonito, como yo.
-Claro.
-Total, que ese día se mojó el pelo. Y se le pusooo... buf, cómo se le puso... Parecía una menina. Total, que llegamos al velatorio con esos pelos... y me encuentro al primo y le digo: Oye, ¿no nos habremos cargado a Titaelena con el masaje? Y me dice: No, mujer, claro que no.
GUIÑO, GUIÑO, CODAZO, CODAZO. 
-Di que sí, primo, tú niégalo todo.
-Total, que miro alrededor y veo a Titapepi, con esos pelos, que parecía una menina... JAJAJAJAJA.
-Pobre.
-Es que ella quería mucho a Titaelena, se llevaban muy bien antes de que ella se quedara tontusilla y eso... 
-Porque le trepanaron para que no le diera por suicidarse.
-Porque le trepanaron para que no le diera por suicidarse. Así que le digo: Titapepi, no te preocupes, que tengo un secador en casa y verás qué bien. 
Claro que sí, como el masaje cardio respiratorio.




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