19 agosto 2019

La copa

En plena ola de calor, estaba contemplando la posibilidad de ponerme un tampón para poder irme a la piscina cuando de pronto me acordé de la copa menstrual. La antigua la tiré hace tiempo porque entre los embarazos y la desgana posterior había dejado de usarla y se había convertido en una especie de vaso de chupito fosilizado con antena, así que tenía que comprarme una nueva.
Para mi sorpresa, ahora no solo se venden en cualquier farmacia, sino que además están perfectamente a la vista, junto a los tampones y las compresas. Y para mi sorpresa, ya no están hechas del mismo material que los trajes antirradiación. Y las hay de colores. Y vienen con su propio esterilizador, ya no tienes que usar el cepillo de dientes de tu marido para limpiarlas, que es una cosa que además a ZaraJota le molestaba mucho, ya sabéis cómo se ponen los hombres con todo lo que tiene que ver con la menstruación. 
Así que me fui al farmaceútico y le dije: 
–Buenos días –ante todo, educación–, quiero una copa menstrual. 
–Muy bien. ¿Qué edad tienes? 
–¿Por qué? ¿Ya vienen llenas de alcohol?
–No.
–Una pena. Pues voy a cumplir 39.
–¿Has tenido hijos?
–Yo diría que aún los tengo, lo que pasa es que no sé dónde los he puesto.*
–¿Parto vaginal o cesárea?
–Uno de cada. La parejita, ya sabe.
–¿Y tienes muchto flujo?
–No, la verdad es que flujo no tengo nada, si lo tuviera ya habría convertido el coche en una máquina del tiempo. 
–Que cuánto manchas.
–Uf, infinito, yo es que me pongo con la pintura de dedos y me vuelvo loca.
–Que si sangras mucho. 
–Mogollón. Es que soy muy de caerme. Y cuando no me estoy cayendo estoy en el hospital y les da por pincharme y claro...
–¿Sabes qué? Llévate una L. 
–Gracias, siempre había querido una. Pero yo a lo que venía era a por una copa. UNA COPA.
Desde luego es que hay gente que es incapaz de centrarse.


*Resultó que estaban con ZaraJota.

05 agosto 2019

Campamentos de verano

1.-La primera norma del campamento de verano es no hablar del campamento de verano. 
Todos los días, cuando voy a recoger a los niños:
–Nena-chan, ¿qué habéis hecho hoy en el campamento?
–Nada.
–¿Qué habéis comido?
–No me acuerdo.
–¿Has jugado con tus amigas?
–No lo sé.

Una vez al mes, cuando consigo cinco minutos para sentarme tranquilamente en el baño para hacer cierta función fisiológica:
–¡MAMÁ! –aporrea la puerta–. ¿SABES QUE EN EL CAMPAMENTO DE VERANO HAY UNA NIÑA DE MI COLE Y TENGO MUCHAS AMIGAS Y UN DÍA COMIMOS MACARRONES Y AYER FUIMOS A LA PISCINA Y HOY HEMOS APRENDIDO UNA CANCIÓN QUIERES QUE TE LA CANTE EH MAMÁ TE LA CANTO EH MAMÁ POR QUÉ NO CONTESTAS QUÉ HACES AHÍ DENTRO MAMÁ?

2.-Lo que va al campamento se queda en el campamento. 
Ya puedes marcarlo con su nombre o con sangre: cualquier objeto personal que vaya al campamento es susceptible de no volver o de volver irreconocible o de desaparecer durante meses, hasta el momento exacto en que te rindas y compres otro, que entonces aparece mágicamente.

3.-La vida se abre paso.
Solo diré una palabra: piojos. Muchos piojos.

4.-Hay un amigo en mí.
Qué bonito es ir de campamento y hacer amigos que pueden enseñarnos nuevas habilidades como eructar, tocar la lambada con pedos o todo un nuevo surtido de palabras malsonantes. Este año el megahit del recreo ha sido contar historias de miedo sobre Annabelle a los pequeños.

5.-La vida es una caja de bombones.
Hagan lo que hagan, coman los que coman, los niños siempre salen del campamento cubiertos de una mugre pringosa y marrón.

6.-Mi tesoro.
En todos los campamentos hay al menos un taller de manualidades en el que los niños hacen un robot con bricks de zumo, un catalejo con un rollo de papel higiénico, una flor con cápsulas de café... Sea lo que sea e independientemente del estado de integridad e higiene en el que se encuentre, el niño querrá comer con eso en la mesa y dormir con eso en la cama durante los siguientes seis meses... y dios no quiera que se rompa o se pierda.

7.-Hakuna matata.
La primera vez que Nena-chan estuvo en un campamento urbano tenía tres años, y cuando me dijeron que se iban en autobús de excursión a la piscina me hice un poco pipí encima de la impresión.
La monitora me dijo: "La niña se lo va a pasar muy bien".
O lo que es lo mismo: no me seas agonías, hazmelfavor, que ya tienes una edad.

8.-Tócala otra vez, Sam.
Sí, en el campamento aprenden exactamente las mismas canciones que se cantaron en el primer campamento urbano, allá por la prehistoria. Los niños llegan a casa muy contentos porque han aprendido una canción "nueva" y te dicen:
–Mamá, ¿tú te sabes la canción de los tres alpinos que venían de la guerra?
–Claro.
–¿La cantamos?
Y entonces la empiezas a cantar y así como a mitad te das cuenta de que no te acuerdas de la letra porque la última vez que la cantaste fue en el Pleistoceno o así. Milenio arriba, milenio abajo.

9.-Madre de dragones
Si estás esperando para recoger a tus hijos y oyes decir algo como "pues hoy un niño le ha pegado a otro/ha vomitado/se ha metido una canica en la nariz/etc" no te apresures a juzgar: lo más seguro es que haya sido el tuyo.

10.-Luke, yo soy tu padre.
No importa cuánto papeleo rellenes: el único día que vaya su padre a buscarlos resultará que te olvidaste de autorizarlo para las recogidas. Entonces la monitora te llama:
–Oye, que hay aquí un señor que quiere llevarse a tus hijos.
A lo que tú, con toda tranquilidad, le contestas:
–¡QUE SE LOS LLEVE! ¡SEA QUIEN SEA, QUE SE LOS LLEVE!

29 julio 2019

Mi abuela y el calippo

Pues cuando la casa estuvo compuesta invité a cenar a toda mi familia, que aceptó estoicamente a venirse uno de los días más calurosos de este verano, a sabiendas de que no tengo aire acondicionado y de que les iba a poner pizza en platos de plástico, pero es que mi familia es así, inasequible al desaliento.
Total que se comieron las pizzas y después les saqué helado por aquello de bajar la temperatura corporal. Ahí me había estirado mogollón y había comprado unos magnum premium golden whatevers para los adultos y un surtido de polos para los niños, que realmente a mí me da igual lo que se coma cada uno, lo que pasa es que me daba la impresión de que a los niños el salted caramel magnum premium golden whatever no les iba a emocionar demasiado.
El caso es que solté los helados, me fui a la cocina y cuando volví mi abuela se estaba comiendo un minicalippo de cola y partiéndose el culo, y lo siento por usar esta expresión que es muy poco respetuosa para una abuela, pero que conste que ella empezó.
Que se hubiera comido el salted caramel magnum premium golden whatever, que era lo que tenía que hacer.
Como decía, mi abuela estaba comiéndose el minicalippo de cola y riéndose como una loca, que se había puesto colorada y todo, y eso es mucho decir de la persona a la que su marido esposó al cabecero de cama y luego perdió las llaves y tuvo que salir a pedir una sierra a los vecinos. En un cuartel. En los años cincuenta. No sé si me explico.
Por otra parte también es cierto que ella había pedido una clara para beber y, como la fanta de limón estaba caliente, le habíamos acabado poniendo la cerveza tal cual, apostando a que con el calor que hacía lo más seguro es que se bebiera la cerveza fresquita y no se diera ni cuenta.
Viendo las risas que se traía, parece que acertamos.
–Niña, ¿qué es esto? –me preguntó.
–Es un calippo de toda la vida, abuela.
–Uy, yo nunca había visto esto. ¡Verás cuando se lo cuente a mis amigas!
Mi abuela tiene un grupo de amigas. Iba a decir de su edad pero la verdad es que ella es la más viej...anciana, para qué nos vamos a engañar. Mi abuela y sus amigas se van a merendar o quedan en el parque y se sientan en el banco a darle a la sin hueso en plan Sálvame Deluxe pero con más pastill... olvidadlo, no he dicho nada.
–Si llego a saber que te haría tan feliz te habría comprado tres cajas...
–Mujer, ¿cómo no me va a hacer feliz? Es una cosita alargada, que la coges entre las mano y sube y sube y sube, y entonces te la metes en la boca, ¡jajajajaja! ¡Verás cuando se lo cuente a mis amigas!
Bien pensado, quizá lo mejor habría sido que mi abuela no descubriera los calippos jamás. Vaya, que si ha podido vivir sin ellos 85 años seguramente es que no los necesitaba.
–Ay, abuela...
–¿Y dónde dices que se compra esto?
–Pues en los supermercados, no sé... En los quioscos de helado de la calle también.
–¿En los quioscos?
–Sí.
–¡Me voy a llevar a mis amigas a comer calippos al parque!
Verás como al final me las detienen por escándalo púbico.

22 julio 2019

Los sin techo, epílogo

¿Pensabais que se acababa ya?


Pues todavía no estábamos instalados en la casa nueva cuando nos convocaron a la primera reunión de vecinos y allí me fui yo, que es que me va la marcha.
Voy a intentar reconstruir los hechos como buenamente pueda, ordenadamente y con colorines, a ver si puedo daros una idea aproximada de lo que ocurrió.
–Buenas tardes a todos, iniciamos esta reunión de vecinos con el punto número uno, que es el listado de morosos.
–¡ESO, ESO!
–Como ya sabéis, los del piso 1 no pagan la comunidad desde la operación policial contra el narcopiso.
–¿Perdón? –esta soy yo.
–¿Y no les podemos denunciar?
–A ver, por poder... pero están en la cárcel por una operación antidroga a gran escala, no creo yo que la deuda con nuestra comunidad sea la primera de sus preocupaciones.
–Ya.
–Siguiente. Los del piso 2 no pagan porque son okupas. 
–¿Perdón? –sigo siendo yo.
–¡Pero si siempre han pagado sin problemas!
–Ya, lo que pasa es que como el propietario les intentó desalojar pues dijeron que entonces pasaban de pagar la comunidad, claro. 
–Claro.
–Y el dueño dice que mientras el piso esté okupado pues que no paga.
–Claro.
–Otro. El piso 3...
–¡Presente!
–El piso 3 no paga hasta que no se arregle el problema de la arqueta.
–¡Exacto!
–Pero el problema de la arqueta no se podía resolver porque había que acceder por el piso 1 y los del narcopiso no nos dejaban entrar.
–¡Pero los del narcopiso ya no están!
–Claro, y entonces entró un fontanero, y nos dio presupuesto, pero como no ha habido reunión de vecinos hasta ahora no lo hemos podido aprobar.
–¿Y a qué estamos esperando?
–A acabar con el listado de morosos.
–Ah.
–Los del piso 4...
–¡Presente!
–...no pagan hasta que no se arregle el problema del muro que se desplomó el año pasado.
–¿PERDÓN?
–¿Y por qué no se arregla?
–Pues porque cuando votamos si se arreglaba el piso 3 votó en contra.
–¡Porque primero hay que arreglar lo de la arqueta!
–Pero lo de la arqueta no se podía arreglar porque los del narcopiso no nos dejaban entrar.
–¡PERO LOS DEL NARCOPISO YA NO ESTÁN!
–¡YA LO SABEMOS! ¡EL FONTANERO ESTUVO Y NOS DIO PRESUPUESTO! ¡PERO TODAVÍA NO ESTÁ APROBADO! 
–¿Y A QUÉ ESTAMOS ESPERANDO?
–A ACABAR CON EL LISTADO DE MOROSOS. 
–¡PUES HASTA QUE NO SE ARREGLE LO DE LA ARQUETA YO NO VOTO A FAVOR DE ARREGLAR EL MURO!
–¡PUES HASTA QUE NO SE ARREGLE EL MURO YO NO VOTO A FAVOR DE ARREGLAR LA ARQUETA!
–¿Y si todos votamos a favor de todo?
–Bueno, vale.
–Venga.
–Los del piso 5... anda los del piso 5 no están... Bueno, mejor. Los del piso 5 no pagan hasta que no se arregle el problema de la fachada.
–¿PERDÓN?
–¿Qué le pasa a la fachada?
–Eso, eso, ¿qué le pasa?
–Nada, no se sí habéis notado que cuando rozas la fachadas aunque sea así con el dedillo los ladrillos se caen a trozos.
–aire, necesito aire...
–Anda, pues ahora que lo dices sí...
–Pues nada, que a los del piso 5 se ve que les están saliendo humedades por eso y claro, hasta que no lo arreglemos...
–¿Pero de verdad es culpa de la comunidad?
–El caso es que averiguarlo cuesta más o menos lo mismo que repararlo.
–¡Pues arreglémoslo también!
–Eso, arreglémoslo todo.
–Habrá que subir la comunidad.
–¡Pues la subimos!
–¡Venga!
–A ver, ¿cuánto la subimos?
–Espera, que calculo los gastos...
–¡No te olvides de contar también con los extintores!
–¿Qué le pasa a los extintores?
–Pues que no hay.
–Anda, pues ahora que lo dices...
–Pero había, ¿no? ¿Qué les ha pasado?
–Nada, que el verano anterior, cuando se incendió la escalera... uy, la nueva está muy pálida.
–¿Estás bien, bonita?
–donde me he metidooooo... dónde me he metidoooooo...
–¿Te estamos asustando?
–Pobrecilla...
–Pero mujer, no te preocupes, si esta es una comunidad muy tranquila... Llevamos aquí toda la vida, nos conocemos muy bien, somos como una familia...
–Sí, no te asustes, somos todos del barrio de siempre.
–Bueno, en el piso 6 hay negros. ¡Pero siempre saludan al entrar!
Visto lo visto, lo sorprendente es que se atrevan a entrar.

15 julio 2019

Los sin techo, 12 y ya

Previously in Lorz...
Que se ocupe mi yo del futuro

ZaraJota y yo, con la ayuda de un par de chavales que nos envió la agencia, tardamos tres días en sacar las posesiones del antiguo propietario. 
Tres días. 
Luego tocó pintar, limpiar, traerse las cosas del trastero y colocarlas, comprar los muebles y los electrodomésticos que nos faltaban, en fin, os hacéis una idea. 
Y cuando por fin estaba todo terminado, llamé a la agencia. 
–Hola, es que hace un mes nos dijisteis que nos ibais a tramitar el alta del gas y seguimos sin gas, y es que llevamos tres meses en la casa de mis padres, ¿sabes? Y yo a mis padres los aprecio como si fueran de la familia, pero si te digo la verdad los aprecio mucho más cuando solo los veo una vez a la semana. 
–Entiendo.
–Entonces, ¿qué? ¿Cómo va lo del gas?
–Bueno, pues íbamos a ponernos con eso justo ahora.
–Mira, déjalo, ya nos ocupamos nosotros si eso.
ZaraJota se enganchó al teléfono y después de hablar solo veinte o treinta veces con la compañía del gas y la compañía suministradora del gas (¡¡¡que no son lo mismo!!!) consiguió por fin desenredar el caos administrativo y que viniera un técnico a revisarnos la instalación.
La visita empezó bien porque nada más ver el calentador al técnico le entró la risa. 
–Señora, ¿de qué año es esto?
–¿Por qué? ¿Está mal?
–No, no, seguro que es perfectamente adecuado para la normativa de la época. Ya sabe, cuando vivía Franco. Lo que pasa es que esa normativa cambió cuando España entró en la Comunidad Económica Europea.
–Bueno, tampoco hace tanto de eso, ¿no?
–La CEE ya ni siquiera existe, señora.
–...
–El manual de instrucciones está en latín. 
–...
–Detrás del calentador me he encontrado una inscripción en sumerio. Dice que el calentador ya era viejo para entonces.
–...
–Cuando lo instalaron el fuego no se había inventado todavía, señora. La gente los tomó por locos. "¡BRUJA, BRUJA!", les gritaban por la calle.
–¿Intenta decirme que hay que cambiarlo?
–Sí. 
–Al menos es solo el calentador, ¿eh?
–Sí, solo el calentador y toda la instalación de gas. Y probablemente la cocina.
–Ah. ¿Y lo puede cambiar así en plan como hoy?
Al técnico le volvió a entrar la risa, lo que pasa es que para entonces yo ya estaba como resabiá y no me lo tomé como una buena señal.
–No.
Caca. 
Por suerte yo... ¿cómo decirlo? Yo... YO SOY DE PUEBLO. 
Ya está, ya lo he dicho. 
Y como soy de pueblo yo... yo... ¡NO NECESITO DUCHARME!
Es broma. 
Lo que no necesito es una ducha. Ni una cocina. Ni una casa. De hecho, puedo sobrevivir en la jungla con un palillo de dientes y un chicle. Siempre y cuando tenga internet, claro. 
El que me ha salido como más blandito es ZaraJota, que de verdad yo no sé para qué hizo la mili si ni se hizo un tatuaje, ni aprendió a jugar al mus ni se acostumbró a ducharse con agua fría ni nada.
Lo que pasa es que yo estaba hasta el potorro de estar en casa de mis padres porque, como he dicho, yo los aprecio mucho pero francamente, hay un límite al zumo de naranja recién exprimido que puede beber una persona. Por no hablar de lo de dormir en una cama de ochenta, en habitaciones separadas, cada uno con un niño, claro. TRES PUÑETEROS MESES. 
Así que nos mudamos, ¡con dos c*j*n*s! Y cada mañana, antes de irme a trabajar, me calentaba tres litros de agua en el microondas (si la calientas al máximo y luego la mezclas con fría, tres litros dan hasta para lavarse el pelo), y luego por la noche repetía el proceso para que se duchara ZaraJota. Y de vez en cuando hasta bañábamos a los niños. Y aprendimos a cocinar usando solo el horno (es chachi). Y colocamos todas las cajas (para ser sinceros, todavía quedan tres). Y no faltamos a ni una extraescolar. Ni al trabajo. Y encima los niños sacaron unas notas estupendas. 
Porque así somos nosotros: NOS VENIMOS ARRIBA EN EL CAOS. 
Y un día, por fin, nos instalaron un calentador de última generación y un técnico superamable nos dio suministro de gas. 
En cuanto se fue me metí en el baño para darme una ducha calentita. Que estábamos como a treinta y cinco grados, pero ahora que por fin tenía calentador pensaba usarlo aunque se me cayera la piel a tiras. Estaba yo tan ricamente debajo del agua calentita cuando de pronto el agua calentita se acabó y empezó a salir agua fría en plan si se choca con el Titanic me lo desgracia. 
–¡¡¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHH!!!
El calentador estaba fallando. Llamé al técnico, el técnico vino, lo revisó y determinó:
–Es que tiene un sistema de seguridad para detectar que el extractor de humos funciona correctamente y evitar accidentes; es un sistema de última generación tan sensible que detecta hasta la más mínima alteración en el sistema de evacuación de gases residuales.
–¿Perdón?
–Que el calentador no funciona cuando le da el viento de cara.
¿Sabéis lo que os digo? Que esto con Franco no pasaba. 

Fin. 


08 julio 2019

Los sin techo, 11

Previously...
¿A quién vas a llamar?


Hace unos meses, yo diría que en febrero o así, Maiko tuiteó algo como: "Shiquillo-oh, apuntarse-e a ehto del Ignite, que eh mu grassio-so".
Bueno, puede que no fuera exactamente así, pero como no encuentro el tuit exacto pues me lo invento y ya está.
El caso es que mandé un mail a la cosa esa y ZaraJota, que es como de pensar mucho, me advirtió:
–Mira, Lorz, piénsate muy bien lo que haces, que esto va de hablar en público y ya sabes que tú y lo de hablar en público como que no.
–No pasa nada –le contesté–. Ya lo resolverá mi yo del futuro.
–Tú verás, pero luego no me vengas con quejas.
Bien.
Os presento a mi yo del futuro.
Bueno, en realidad ahora es mi yo del pasado, lo que pasa es que el día del Ignite era mi yo del presente.
¿Se entiende?
Aprovecho la ocasión para presentaros también las cajas del futuro, en las que presuntamente había ropa limpia para cambiarme.

Presuntamente también andaba por ahí la plancha, por si la ropa no estaba planchada como por arte de magia cuando saliera de la caja:

Os presento también a mi rotulación del futuro, porque mi yo del pasado pensó que averiguar qué había dentro de cada caja sería... ¿lo adivináis? Un problema para mi yo del futuro. 
Y ya que estamos con las presentaciones, os presento a mi mano del futuro, que mi yo del futuro se desgració abriendo una caja del futuro. 
Obsérvense mis uñas del futuro con restos de color naranja mandarina número seis incrustados.

Y no por último menos importante, os presento mi charla Ignite del futuro. 




Bien pensado, el tema de hablar en público quizá fuera lo de menos.

Continuará...

01 julio 2019

Los sin techo, 10

Previously in Lorz...
Entrevistamos a la nueva promesa del fútbol, Diego Armando Maradona.

Pues ZaraJota se fue a trabajar porque es un cobarde.
Así que allí estaba yo, tan tranquila, mirando el caos y sufriendo microinfartos recurrentes cuando llamaron al timbre.
¡Mi primera visita en la casa nueva!
Abrí la puerta superemocionada y me encontré a una viej... anciana con su cardadito y todo.
–Hola, soy la vecina de abajo.
–Hola –dije, mientras pensaba que qué maravilla de edificio, que los vecinos venían a darte la bienvenida y todo según llegabas.
–Que vengo a decirte que hacéis mucho ruido todas las noches.
–¿Perdón?
–Que hacéis mucho ruido todas las noches. Y a mí no me gusta quejarme, lo que pasa es mi madre está enferma, mi marido madruga, mi nieto tiene el sueño ligero, mi hámster...
–¡Señora, señora! Voy a pedirle que se detenga justo ahí. El piso lleva diez años vacío. La señora que vivía aquí murió en una residencia hace muchísimo tiempo. Yo me lo acabo de comprar en plan hoy mismo y acabo de cruzar la puerta, ¿ve? Todavía tengo las llaves en la mano, no les he puesto ni el llavero.
–Ah.
–...
–Bueno, pues nada, encantada de conocerte.
La señora se fue y yo, todavía en shock, llamé a ZaraJota.
–Oye, que ha venido a vernos la vecina de abajo.
–¿Y qué quería?
–Avisarnos de que en la casa hay fantasmas, creo.

Continuará...

24 junio 2019

Los sin techo, 9

Parece que esta mañana ha habido algún problema técnico: por favor, que no cunda el pánico.
Y si cunde que sea  en dirección a la panadería, que se me ha olvidado comprar el pan. 
  

Previously in Lorz...
Tal y como le dijimos al de la agencia. 

Cuando por fin conseguimos entrar en nuestro piso recién comprado era de día y sin embargo llovía. 
Y, por supuesto, todas las cosas del antiguo propietario (excepto el sofá, los muebles del dormitorio, la lavadora y la nevera).
Seguían allí. 
De verdad. 
Este es el aspecto que tenía el piso cuando llegamos: 

La entrada. La planta es de plástico. Lo otro, también. 

El salón. Donde, por supuesto, faltaba el sofá. El mueble bar, para mi desgracia, estaba vacío. 


El futuro dormitorio de Nene-kun. Con orla incluida para que no tengamos ni que pagar la universidad.


Aspiradora de mano y mesa con lámpara integrada pero poco porque se caía.

El futuro dormitorio de Nena-chan. Lo del fondo parece ser aquello en tiempos llamado "televisión de tubo".

Mi futuro despacho. 

El dormitorio principal. Sin los muebles, claro. 

En la mayoría de las habitaciones no había luz.
No teníamos gas... y por supuesto la cocina era de gas. 
La mitad de las llaves de paso goteaban / no se abrían / no se cerraban /ambas. 
ZaraJota y yo miramos aquel estropicio con total control sobre nosotros mismos, es decir, que se nos caían unos lagrimones como puños. 
–Todo mal, todo mal... –decía yo por lo bajini mientras recogía periódicos del suelo. 
Por suerte ZaraJota es un optimista de la vida. 
–No, Lorz, todo mal no. Mira: a Maradona parece irle perfectamente. 



Continuará...

PD: Para los ansiosos, fotos del antes y el después.

17 junio 2019

Los sin techo, 8

Previously in Lorz...
¿Voy a seguir con esta saga hasta que termine de pagar mi hipoteca a cuarenta y cinco años? 
Yo digo SÍ.

Para entonces llevábamos ya dos meses en la casa de mis padres y a mí se me estaba agotando la paciencia: mi padre se levantaba contento por la mañana, mi madre se dedicaba a cebarnos por las noches, y entre los dos no nos dejaban hacer una sola tarea doméstica ni pagar una triste cebolla (a veces comprábamos el pan, pero así como quien no quiere la cosa).
Horrible, era horrible. 
Así que cuando el de la agencia me llamó para preguntar por qué se estaba retrasando el tema de la hipoteca, simplemente le contesté que el de la financiera no quería dárnosla hasta que le pagáramos sus honorarios por adelantado y en billetes pequeños y sin marcar.
El de la agencia, que no iba a cobrar sus honorarios hasta que se consumara la venta, no se lo tomó demasiado bien y algo debió de hacer porque en media hora teníamos la tasación por mail, qué cosas, sin tener que desplazarnos a por ella con un maletín lleno de billetes pequeños y sin marcar...
–Bueno, pues ya está todo listo –nos dijo el de la agencia poco después–. Por cierto, me ha dicho el propietario que va a vaciar el piso y que me digáis si queréis quedaros con algo antes de que lo mande todo a Villarratón.
ZaraJota y yo habíamos vendido prácticamente todos nuestros muebles por Gualapop, después de comprar la casa nos íbamos a quedar prácticamente sin ahorros y además somos muy aficionados a frotar cosas con lejía, así que ni nos lo pensamos:
–Queremos el sofá, los muebles del dormitorio (excepto los colchones), la lavadora y la nevera.
–Perfecto –dijo el de la agencia–. Pues le digo al propietario que se lleve todo menos eso.
Con la firma a la vuelta de la esquina, por fin pude dedicarme a una de las cosas que más me gustan en la vida: organizar tareas por prioridades, calcular tiempos y agendarlas en una tablita con muchos colorines.
Lo sé, tengo un problema.
Bueno, en realidad, dos.
Porque cuando llegó el día de la firma y nosotros llegamos a la notaría y el vendedor llegó a la notaría pasó lo que tenía que pasar: que los de la agencia no llegaron. Otra vez.
Así que ZaraJota y yo nos pusimos a charlar con el vendedor de lo normal en estos casos, que si mira cómo llueve, que si la llave de paso está en el baño, que si intenta no fumar cerca del calentador, que si no te preocupes que ya me he llevado el sofá, los muebles del dormitorio (excepto los colchones), la lavadora y la nevera... espera, ¿QUÉ?
–Que ya me he llevado el sofá, los muebles del dormitorio (excepto los colchones), la lavadora y la nevera.
–¡Pero eso era justamente lo que nos queríamos quedar!
–Imposible, le dije al de la agencia que eso me lo llevaba a la casa del pueblo...
–Bueno, qué le vamos a hacer –le dijimos ZaraJota y yo mientras calculando mentalmente cuánto nos iba a costar comprar todo aquello.
Pista: mucho.
El vendedor nos vio cariacontecidos y se ve que quiso animarnos.
O algo.
–Pero no os preocupéis –nos dijo–: todo lo demás lo he dejado en la casa, tal y como le pedisteis al de la agencia.
Mira, yo me rindo ya.

Continuará...

10 junio 2019

Los sin techo, 7

Previously en Lorz...
En trocitos.

Voy a ponerme un poco seria.

El mercado inmobiliario en Madrid es una cosa alucinante, pero el mercado hipotecario en general es una cosa más alucinante aún.
A ver si me explico.

Primero, cuando compras el piso no pagas solo el piso: también tienes que pagar una serie de gastos muy bestias. El notario, el seguro de la casa (y a veces también de vida), papeleos, yo qué sé. Si quieres comprar un piso de 100.000 (si es que lo encuentras, claro), debes calcular que necesitas al menos otros 20.000 euros más para los papeleos.
Segundo, apenas ningún banco te concede el 100% de la hipoteca; la mayoría se quedan en el 80%, y eso si cumples requisitos tan locos como tener un trabajo indefinido con sueldo decente a jornada completa, preferiblemente dos. Eso significa que para comprar un piso de 100.000 euros (suerte encontrando uno) necesitas, de entrada, 20.000 euros para darlos de entrada y otros 20.000 para afrontar los gastos.
No me pongáis caras. Hoy en día, ¿quién no tiene un contrato indefinido con sueldo decente a jornada completa, preferiblemente dos y 40.000 eurillos sueltos?
Me parto yo sola...
Entonces, ¿cómo hace la gente para comprarse casas?
Bueno, pues hay gente que realmente tiene dinero.
Creo.
O sea, por una mera cuestión estadística, alguno habrá.
El resto... bueno, es resto puede recurrir a una inmobiliaria.
Con la mala fama que tienen, ¿por qué creéis que sobreviven? Porque entre sus servicios ofrecen contacto con una financiera que a su vez tiene contacto con un banco y te puede conseguir la financiación de la vivienda al 100%, a veces incluso con los gastos incluidos.
La única pega es que tanto la inmobiliaria como la financiera se llevan comisión (por un piso de 100.000 euros, unos 6.000 euros cada una; la inmobiliaria, aparte, le cobra una comisión similar al vendedor del piso) que, por suerte, también te financiará el banco, o encima tendrás que pagarla a tocateja.
Si esto no es un negocio redondo, que venga dios y lo vea.*
Después de vender nuestro piso y de vivir by the face en casa de mis padres durante tres meses, que es que no nos dejaban ni pagar el pan y encima nos compraban croasanes todos los días nosotros teníamos un pellizquito que apenas llegaba para cubrir los gastos, así que necesitábamos que nos concedieran una hipoteca al 100%.
Y eso implica necesariamente pasar por el aro de la inmobiliaria y su financiera "independiente" correspondiente. Y por supuesto, pagarles una pasta a ambas por sus presuntos servicios.
Al principio estábamos muy contentos.
El de la financiera nos citó en la oficina y nos dijo:
–Bueno, por vuestra situación yo creo que puedo conseguiros el 100% en casi cualquier banco. Desde luego, seguro que os lo dan en Tal y Pascual. Pero yo creo que quienes os darían mejores condiciones son Pepinillos en Vinagre. ¿Qué os parece?
–Muy bien, muy bien.
Pepinillos en Vinagre es el banco en el que solemos meter nuestros ahorrillos, así que nos parecía fenomenal.
–La única pega es que tardan en concederla un poco más que los otros, porque no se conforman con lo que les contamos sino que estudian si de verdad sois solventes.
–Espera, ¿me estás diciendo que el resto hacen la vista gorda con los clientes que les mandáis?
–Jajaja, no, mujer, qué cosas tienes. Lo que digo es que MIRA, UN ELEFANTE VOLANDO.
–¡Hola, Dumboooooo! Ay, lo que lloré con tu película, la madre que te trajo...
–Lo único que tenemos que hacer es asegurarnos de que el tasador que va sea colega mío para que dé el precio de tasación que nos conviene.
–Espera, ¿estás insinuando que el tasador?
–No, lo que digo es que el tasador HOLA, DUMBOOOOOO.
–¡Holaaaaaaaa! Yo es que me parto con Dumbo.
Bueno, pues nada.
La financiera nos pidió dinero para enviar a un tasador y nosotros se lo dimos y el tasador fue a la casa a tasar y ahí quedó la cosa.
Mientras tanto el de la financiera nos dijo que si queríamos la hipoteca con Pepinillo en Vinagre que mejor que hiciéramos el papeleo nosotros, ya si eso, así que ZaraJota se encargó de ir haciendo todas las gestiones.
Poco a poco. Dolorosamente poco a poco. En eso tengo que reconocer que el de la financiera fue honrado: las hipotecas de Pepinillos en Vinagre no destacan por la velocidad con la que las conceden.
Finalmente Pepinillos en Vinagre nos dijo que la hipoteca estaba lista a falta únicamente de la dichosa tasación. Y nosotros se la pedimos a los de la financiera. Y el de la financiera nos dijo algo así como "MIRA, MIRA, UN ELEFANTE VOLANDO".
Pero ZaraJota no se dejaba distraer tan fácilmente como yo.
–Oigausté, quiero mi tasación y la quiero rait nau.
–Bueno, pues pásate esta tarde por la oficina y te la doy.
–Pero si el tasador os la han mandado por mail, me la reenvías y..
–MIRA, MIRA, ES DUMBO, EL ASOMBROSO ELEFANTE VOLADOR.
ZaraJota fue a la oficina a recoger la dichosa tasación, pero no se lo iban a poner tan fácil.
La cosa fue más o menos así:
–Hola, vengo a recoger mi tasación.
–Uy, sí, aquí la tengo. Lo que pasa es que no te la puedo dar si no me pagas mi comisión por adelantado.
–¿Perdón?
–Preferiblemente en efectivo.
–¿CÓMO?
–Y no te voy a dar factura, claro.
Esto me pasa a mí y me da un ataque de risa que acaban llamando al SAMUR para que me recoloque la mandíbula. Lo que pasa es que ZaraJota es así como más meditado. Además, ZaraJota se había estudiado el contrato en el que ponía que la comisión
a) estaba condicionada a la concesión de la hipoteca (que todavía no estaba concedida, precisamente, porque no nos habían dado la tasación)
b) debía entregarse en el momento de firmar la hipoteca (esa hipoteca que todavía no nos habían concedido porque, bueno, ya sabéis)
y
c) ni de c*ñ* iba a pagar 6.000 euros en efectivo y sin factura.
Así que ZaraJota respiró hondo e hizo lo único que podía hacer.
–MIRA, MIRA –le dijo al de la financiera–: UN ELEFANTE VOLADOR.

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Pd: Llamé a los de la agencia y les dije que toda la operación estaba parada porque al de la financiera no le salía de ahí darnos la tasación. En menos de media hora teníamos el PDF y unas disculpas. 
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*Por si alguien está pensando "bueno, pues alquila", diré que bueno, ya me gustaría. Los precios de los alquileres en Madrid están así. En muchos casos piden, como para hacerte una hipoteca, contrato indefinido con sueldo decente a jornada completa, varios meses de aval aparte de la fianza y además se revisan cada año para ajustarlos a los precios del mercado. Eso, contando con que encuentres un piso decente. Que alguno hay: mis padres llevan veinte años de alquiler y tan felices... de momento. 
Así que la cosa está así: necesitas tener dinero para pedir un préstamo, o necesitas tener dinero para pagar un alquiler abusivo, o te quedas en la casa de tus padres porque los jóvenes de hoy en día son todos unos vagos, ya se sabe, o compartes piso y desde luego es que los jóvenes de hoy en día no quieren tener hijos porque son unos egoístas que van a lo suyo. 

03 junio 2019

Los sin techo, 6

Previously in Lorz...
Que nos quedamos sin casa.

La agencia nos había dicho que se encargaría de todo el papeleo posterior a la venta, que es mucho y muy diverso, pero una vez firmada la venta del piso (a la que llegaron por los pelos) nos dijeron que bueno, que ya lo hiciéramos nosotros si eso, que seguro que lo hacíamos fenomenal.
Ciertamente, lo hicimos fenomenal y sin romper ningún papel importante en un millón de trocitos, que es una cosa que da como mucha alegría.
Lo que también nos daba mucha alegría es que de pronto éramos riquísimos. Éramos unos sin techo, teníamos que dormir en la casa de mis padres compartiendo con los niños camas de ochenta y no sabíamos cuándo volveríamos a tener casa propia, pero la cuenta del banco daba alegría verla.
Aún así, empezamos con la búsqueda de piso.
Estuvimos mirando en varios portales de internet pero la verdad, con nuestros horarios y miles de actividades era simplemente imposible concertar citas, así que cometimos un error táctico: la agencia nos dijo que podía ayudarnos a buscar piso, y nosotros aceptamos.
Así que un día nos sentaron en un despacho y, os aseguro que esto fue exactamente así, nos enseñaron páginas de Idealista impresas.
–Pero que coñ...
–Este tiene sesenta metros, baño reformado... –nos iban leyendo directamente de la fotocopia.
–Sí, sí, si ya lo hemos visto nosotros. Ya sabes, en internet y eso.
–Entonces, ¿os gusta?
–Mucho.
–Pues nada, toma la fotocopia y llama para concertar cita.
–¿Perdón?
–Que concertéis cita con la agencia que lo lleva y vayáis a verlo.
–Pe-pero... ¿esto no lo ibais a hacer vosotros?
–No.
"ZaraJota –le dije telepáticamente–, hemos perdido una hora de nuestra vida para que nos enseñen fotocopias de pisos que ya hemos visto por internet"
"Míralo por el lado positivo –me contestó–. Al menos estas fotocopias no están hechas trocitos"

Continuará...

27 mayo 2019

Los sin techo, 5

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Hecha trocitos. 

Por fin la agencia tenía copias de toda la documentación, incluido el dni de ZaraJota que hubo que fotocopiar tres veces: una porque hacía falta, otra después de darnos cuenta de que estaba caducado y renovarlo in extremis y otra porque la fotocopia anterior se perdió y/o se quedó atascada en la fotocopiadora, yo es que ya prefería no preguntar.
Pero la tarde anterior de la firma, algo así como a las ocho de la tarde, la agencia se puso en contacto con nosotros para decirnos que les faltaba el recibo de haber pagado el IBI.
–Os lo hemos mandado por mail.
–Es que no nos vale el pdf, tiene que ser el documento original.
–¡Pero si luego lo que hacéis es una fotocopia!
–Ya, pero tiene que ser una fotocopia del original.
Ocho de la tarde, en casa de mis padres, con todas nuestras cosas en el trastero y nosotros buscando el recibo original del IBI como si nos fuera el alma en ello hasta que llegamos a una conclusión:
el recibo de pago original en papel del IBI simplemente no existe.
Porque lo tenemos domiciliado y online.
Así que optamos por, sin hacer el menor comentario, volver a enviar el mismo pdf a la agencia.
–Es una copia del original –le dijimos.
–Perfecto.
–¿Ya está todo?
–Sí.
–¿Tenemos que llevar algo mañana?
–No, no. Ya tenemos nosotros copia de todo.
ZaraJota y yo nos fuimos a dormir muy tranquilos. Bueno, bastante tranquilos. Bueno, razonablemente tranquilos. Vale, que no dormimos.
–Yo me voy a llevar los originales de todo por si acaso –dijo ZaraJota.
A la mañana siguiente nos plantamos en el notario a la hora prevista. Los de la agencia no estaban, así que entre la compradora y nosotros nos entretuvimos contándonos cosas, no sé, dándole los manuales de instrucciones de los electrodomésticos, explicándole truquis, contándole cosas de los vecinos, en fin, lo normal.
Al final el notario se hartó de esperar a los de la agencia.
–Bueno, si tenéis la documentación vosotros podemos empezar ya.
–Sí –dijo ZaraJota–, creo que lo tengo todo.
–Estupendo, necesito ver los originales de todo menos el recibo del IBI, que ya lo he consultado yo online.
Mira que me lo veía venir.

Continuará...

20 mayo 2019

Los sin techo, 4

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La señora nos está robando los juguetes.

Bueno, ahora empieza lo movidito, agarraos que vienen curvas.
Pues nada, la señora nos dijo que le gustaba nuestro piso y empezamos a preparar el papeleo para la venta. Francamente, tampoco era mucho papeleo. Además lo teníamos relativamente a mano porque, bueno, el piso lo compramos hace solo siete años y, bueno, puede que yo tenga un problema con el orden. Y con las carpetas. Y con ponerle etiquetas a las carpetas. Ordenadamente.
Vaya, que básicamente le dimos a la agencia toda la documentación en el acto, se la fotocopiaron y nos la devolvieron, que ahora que lo pienso no entiendo para qué tanta fotocopia, porque el notario nos acabó pidiendo toda la documentación original, pero esa es otra historia.
–Si falta algo nos avisáis –les dije, bastante segura de que no faltaba nada.
Pero a la semana o así nos llamaron para decir que habían fotocopiado las escrituras solo por una cara y que al parecer al notario le gusta ver las dos, que también los notarios es que tienen unos caprichitos...
Les volvimos a llevar las escrituras para que hicieran una copia y a la semana o así nos volvieron a llamar para decirnos que al fotocopiar se habían saltado una hoja, así, en mitad del taco, a traición.
Se las volvimos a llevar y volvieron a fotocopiar todo el taco, pero no en la oficina, porque al parecer se les había estropeado la fotocopiadora, a ver si pensáis que eso solo pasa en vuestro trabajo, que va, las fotocopiadoras son así en todas partes.
Pero al poco se pusieron de nuevo en contacto con nosotros.
–Lorz, te vas a reír.
Bueno, la verdad es que siempre me da por reírme cuando estoy atacada de la vida y todo el mundo me dice que tomarse las cosas así es muy sano cuando en realidad lo que me pasa es que estoy en la fase de negación, así que el de la agencia podía haber apostado a que sí, me iba a reír.
Pues resulta que el técnico había ido a arreglar la fotocopiadora y se había encontrado con que no estaba rota, solo atascada. En concreto, atascada con la página desaparecida de nuestras escrituras, que habían tenido que sacar a trocitos con unas pinzas y ahora era un puzzle de tres mil piezas, hasta el punto de que en la agencia habían tenido que pegarla con celo pedacito a pedacito para averiguar de qué piso era.
Ciertamente, me reí.
–El problema –me dijo el de la agencia– es que necesitamos las escrituras para la venta del piso.
Para entonces ya llevábamos una semana en la casa de mis padres porque la mía estaba totalmente vacía y alargar la situación no me apetecía nada. Así que simplemente le dije:
–Caca.
–Tenéis que ir al notario a pedirle una copia de las escrituras, es muy fácil, solo tardará una semana.
–Doble caca.
O lo que es lo mismo, cacacaca. O KK... mejor lo olvidamos.
Cuando se lo conté a ZaraJota se me caían unos lagrimones para abajo que ni yo sabía si eran de risa o de pena o de que había vuelto a confundir el colirio con el colutorio.
–Así que ahora –le dije– necesitamos una copia de las escrituras.
ZaraJota puso de pronto cara de pensar, que es más o menos la misma que pone cuando se golpea el dedo gordo del pie con la pata de la cama.
–Tenemos dos copias de las escrituras –dijo.
–Creo que ya tenemos tres, pero a todas les falta una hoja.
–No, no. Como hicimos separación de bienes nos dieron dos copias de las escrituras.
¡Para que luego digan que la separación de bienes no sirve para nada!
De inmediato llamé a la agencia.
–¡Tenemos otra copia de las escrituras!
–Pero tiene que ser original.
–¡Como todo lo nuestro!
–...
–Hicimos separación de bienes, así que nos dieron dos copias de las escrituras.
–Estupendo. Espera, ¿tenéis separación de bienes?
–¡Sí!
–Pues entonces necesito esas capitulaciones también. ¿Te importa que les haga una fotocopia?
–Hazles lo que quieras menos trocitos.

Continuará...

12 mayo 2019

Los sin techo, 3

Previously, in Lorz...
Que me quedo sin casa.

Teníamos quince días para vaciar toda la casa e irnos a la de mis padres con lo imprescindible.
Parece fácil, así que lo voy a reformular.
Teníamos quince días, de los cuales diez no llegábamos a casa antes de las ocho de la tarde, para vaciar toda la casa, en la que había más de quinientos libros y aproximadamente la misma cantidad de dvds, e irnos a la casa de mis padres, sin comentarios ahí, con lo imprescindible, que cuando uno tiene niños pequeños es prácticamente todo lo que tienen. Sin dejar de trabajar, sin faltar a una sola extraescolar, dedicando a los niños todo el tiempo de parque, museos, cine y zoo habitual y con el añadido extra de los varios berenjenales en los que me voy metiendo yo sola.
(Aprovecho la ocasión para recordar que el próximo 24 de mayo hay nueva sesión del club de lectura. #venirse.)
Así que optamos por una mudanza kamikaze: pusimos todos los muebles a la venta en esa aplicación de la que usted me habla y a la que para mantener su anonimato llamaremos Gualapop.
Además, la simpática nueva propietaria dijo que a lo mejor le interesaban algunos muebles, así que una tarde se vino a nuestrasu casa con un metro y una madre suya, que siempre vienen muy bien para estas cosas.
Les di a los niños el mando de la tele y un cubo de palomitas y la chica y yo recorrimos la casa en plan oye, ¿y este armario? Pues está un poco baqueteado, pero mira, te da un apaño hasta que te compres otro. ¿Y esta cómoda? Está nuevecita. Toda tuya. ¿Y la nevera? Le quedan dos telediarios, pero mira, después de comprar el piso vas a estar pelada, lo que aguante aguantó, y todo así.
Al final volvimos al salón, donde los niños parecían estar hipnotizados por La Patrulla Canina (a la que Nene-kun empezó llamando "La Polla Camina", pero recientemente ha rebautizado como "La Capulla Camina"), y la nueva propietaria me dijo: Muy bien, me quedo esto, esto y esto.
Francamente, pensé que los niños no estaban escuchando.
A partir de ahí, ZaraJota y yo nos dividimos la tarea: él se llevaba a los niños a las extraescolares y yo me quedaba en casa haciendo cajas y vendiendo nuestras pertenencias, de manera que un día volvieron de la casa de los abuelos y no había estanterías, al siguiente volvieron de música y no había butacas, al otro volvieron de piscina y no había ni un solo libro, al otro... bueno, os hacéis una idea.
–Mamá, ¿dónde están las cosas? –me decían.
Y yo les iba diciendo: nos las hemos llevado al trastero, o se las ha llevado una persona a la que le hacía falta, o las hemos tirado, o lo que tocara.
Hasta que una noche los pillé cuchicheando.
–Ha sido la señora –decía Nena-chan–. ¿Te acuerdas de la señora que vino el otro día?
–Sí.
–Dijo que se iba a quedar con cosas. Se está quedando con nuestras cosas.
Intervine y les expliqué por enésima vez que habíamos vendido la casa para comprar una más grande, más bonita y más cerca del colegio, que nos estábamos llevando todo al trastero, que la señora y los amables usuarios de Gualapop solo se iban a quedar algunos "muebles rollo" y que por favor, POR FAVOR, no les contaran a sus amigos del colegio que una señora se iba a quedar nuestra casa y que estábamos vendiendo todas nuestras cosas, que así dicho suena fatal.
Pero claro, las cosas siguieron desapareciendo y todos sabemos que los niños de tres y cinco años tienen memoria de pez (para todo lo que no sea la melodía de La Capulla Canina, por supuesto).
Pasados unos días, la nueva propietaria vino a medir el baño porque estaba pidiendo presupuestos o no sé qué. En esta ocasión los niños pasaron de la tele y las palomitas y se dedicaron a mirarla con odio.
–¿Qué les pasa?
–Creen que te vas a quedar con sus juguetes.
–Ay, pero bonitos, yo no quiero vuestros juguetes para nada.
–Eso es exactamente lo que diría un ladrón de juguetes.
 Cuando la nueva propietaria se fue, volví a tener una conversación con los niños.
–Vuestros juguetes están a salvo, nos los estamos llevando al trastero. Nadie os va a quitar vuestras cosas, ¿vale?
–Vale.
Quizá hubiera sido preferible definir "vuestras cosas", porque lo siguiente que vendimos en Gualapop fue la trona.
O sea, LA TRONA. Que Nena-chan no llegó a usar porque tenía otra, Nene-kun llevaba un año sin usar porque ya se sienta en silla, y que anteriormente usó poquísimo porque prefería cenar en mis rodillas. Esa trona.
Nena-chan estaba en música, inglés, piscina, malabares o yo qué sé, que tiene la agenda como una folclórica en los años cincuenta, y Nene-kun me observó en silencio durante toda la operación, pero cuando volví a casa después de ayudar a meter la trona en el ascensor me encontré al niño abrazado a su teléfono de juguete.
–Mamá, dile a la señora que esto no, ¡ESTO NO!
Esto va a ser más difícil de lo que yo pensaba.

Continuará...

06 mayo 2019

Los sin techo, 2

Previously in Lorz...
Mi compañía de electricidad ha fallado.

Pues nada, que puse a la venta el piso.
Fue fácil y divertido y no ardió nada, que siempre es un plus.
Si he de ser sincera, era el peor momento posible, porque tenía un montón de movidas propias y personales y no podía ni pensar en hacer una mudanza. Pero el de la agencia me tranquilizó.
–No te preocupes, en esta zona los pisos tardan en venderse una media de 72 días.
Aquello me pareció muy bien, porque a mí las medias nunca me duran más de un día y solo de pensar en unas que me duraran más de dos meses me pongo contenta. Además, tendríamos muchísimo tiempo para hacer cajas, encontrar un alojamiento temporal y buscar otro piso.
–Menos mal –le dije al de la agencia–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Todo bien.
El piso se puso a la venta oficialmente un miércoles y el viernes ya recibimos las primeras visitas. El piso estaba razonablemente limpio, los niños estaban razonablemente sobornados con un cubo de palomitas y yo estaba razonablemente nerviosa, porque al final enseñar tu casa es como enseñar las bragas: que si no están decentes luego la gente te juzga.
Los primeros en ver el piso fueron un chaval joven y su padre. El chaval no abrió la boca pero el padre se dedicó a criticar absolutamente todo y a hablarnos de malos modos. Supongo que pensaba que así bajaríamos el precio del piso. Eso, o que era un maleducado de m**rd*, que también puede ser. Al parecer lo que más le ofendía era que lo tuviéramos "todo" eléctrico.
–Es que la luz está muy cara.
–Bueno –le dije–, sí, pero cuando contratas un servicio siempre pagas un mínimo que es fijo: un fijo para el gas, un fijo para la luz, un fijo para el agua caliente... Con todo eléctrico, te ahorras el fijo y solo pagas lo que consumes.
–...
–Además se prevé que las reservas de gas natural se agoten en los próximos veinte años, junto con las de petróleo, los principales metales, los recursos marinos y las principales fuentes de alimento... bien pensado es posible que la raza humana se enfrente a la aniquilación completa, así que...
Por razones que no acabo de entender no volvimos a saber nada del padre y del hijo.
–Menos mal –le dije a ZaraJota–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
A continuación vino una chica muy maja y simpática, pero que no paraba de hacer preguntas. A ver, que yo lo entiendo, que si te vas a hipotecar de por vida más te vale estar seguro y eso. Una de las principales absurdeces del siglo XXI es que para comprarte unos zapatos puedes ir a la tienda y probártelos todas las veces que quieras, mientras que para comprarte una casa la ves una vez diez minutos y arreando.
Pero esta chica preguntaba MUCHO, y con un nivel de detalle tremendo.
ZaraJota y yo llegamos a la misma conclusión: no le gusta y está buscando una forma educada de decírselo al de la agencia.
–Menos mal –le dije a ZaraJota–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Pero el lunes siguiente nos llamaron de la agencia: la chica quería volver a ver el piso.
–Que lo vea todas las veces que quiera –le dije al de la agencia–. Cuantas más mejor, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Esa misma tarde el de la agencia y la chica volvieron a visitarnos.
Pero poco.
Porque nada más abrir la puerta, la chica me soltó, con una alegría inusitada:
–¡QUE ME HE COMPRADO TU PISO!
Me parece que voy a tener que ponerme a hacer cajas.

Continuará...

29 abril 2019

Los sin techo, 1

Ya llevamos casi dos meses viviendo en casa de mis padres por un asunto que NO tiene nada que ver con que "alguien" haya quemado la cocina.
En serio.
Entre otras cosas, porque hace casi dos meses que no tenemos cocina. Ni ninguna otra habitación. Resumiendo mucho, hace dos meses que no tenemos casa.
La cosa fue más o menos así.
Estaba una tarde en casa así yo tan tranquila sin meterme con nadie cuando de pronto llamaron al timbre.
A mi casa solo llaman al timbre tres tipos de individuos:
1. Vecinos para avisar de que nos están echando agua / les estamos echando agua.
2. Comerciales de "su compañía de electricidad".
3. El padre de la vecina de al lado, que cuando viene borracho siempre llama a mi timbre y encima se enfada conmigo porque no soy su hija.
Ni que fuera Julio Iglesias, el hombre.
Abrí la puerta con la esperanza de que fueran comerciales de "su compañía de electricidad", que son mis favoritos porque para su desgracia tengo muy poco tolerancia hacia la gente que se dedica a timar viej... ancianas tarde sí tarde también, jo, que ya te he dicho que no vengas más, un poco de retentiva, por favor.
Pero lo que había en la puerta no eran comerciales de "su compañía de electricidad", eran comerciales de una inmobiliaria.
Estos tampoco es que me caigan especialmente bien, entre otras cosas porque una me rompieron el burlete de la puerta intentando incrustar un catálogo, pero yo qué sé. Se ve que me pillaron en un día bueno o me estoy ablandando con la edad, yo qué sé.
–Hola, venimos a saludarte y a traerte un catálogo.
–Pero este catálogo no es de Ikea.
–Eh... no, es de la inmobiliaria.
–Pues vaya.
En verdad os digo los únicos catálogos que merecen existir son los de Ikea y los de juguetes de reyes.
–¿Has pensado en vender tu piso?
–Sí, lo que pasa es que no nos salen las cuentas.
–¿Te queda mucha hipoteca?
–No, solo una.
–...
–Lo que pasa es que los gastos de amortización son de un 0'25% y claro, es muchísimo, ¡la hipoteca entera más una cuarta parte!
–¿Perdón?
–El 0'25% es la cuarta parte –repetí, poniendo los ojos en blanco y todo. Los jóvenes de hoy en día, que ya no saben ni matemáticas.
–No. El 25% ES la cuarta parte. El 0'25% es... bueno, muchísimo menos.
–No puede ser.
Los comerciales me hicieron la cuenta a mano, luego en la calculadora de un móvil y finalmente en la del otro. Siempre daba el mismo resultado.
–¿Ves?
–Pero entonces, ¿cuánto tendría que pagar si cancelara mi hipoteca?
Los comerciales hicieron la cuenta a mano, luego en la calculadora de un móvil y finalmente en la del otro.
–Mira.
Cuando ZaraJota llegó a casa yo seguía ojiplática perdida.
–¿Qué has hecho hoy? –me preguntó, que para mí que sospechaba algo. Ahora que lo pienso, es posible que siempre sospeche algo, porque suele entrar a casa con el móvil en la mano y el 112 marcado.
–Bueno, nada especial –le contesté–. Ah, sí, he puesto a la venta el piso.
–¿QUÉ HAS HECHO QUÉ?
–He puesto a la venta el piso.
–¿Cómo es posible?
–Pues verás, ¿sabes los comerciales de "su compañía de electricidad" que vienen todas las tardes?
–Sí.
–Pues hoy no han venido.


Continuará.


22 abril 2019

La pelotita del oído

Ya llevamos más de un mes viviendo en casa de mis padres por un asunto que NO está relacionado con que "alguien" quemara la cocina.
La convivencia nos está sentando mal.
En concreto, nos está sentando mal convivir en una cama de ochenta con los dos niños todas las noches.
Estamos hechos caca y no paramos de pillarnos resfriados, diarreas y otras dolamas propias del colecho fijo discontinuo en diferido a edades avanzadas.
Por ejemplo, la semana pasada me levanté con un dolor de oído que no podía con él.
Era como si tuviera una pelotita metida en la oreja que rodaba de una lado a otro cuando me movía y que hacía PIIIIIIIIII cuando me tumbaba, pero estaba bastante segura de que no me había metido ninguna pelotita en el oído porque a mí me gusta más usar la nariz.
Además, me dolía mucho la garganta y estaba totalmente afónica, que es una cosa que siempre le da mucha alegría a ZaraJota y nunca he entendido por qué.
–Esto va a ser un resfriado que se me ha subido al oído –le dije.
–Una pena que no se te haya subido al cerebro, así tendríamos una explicación razonable para lo tuyo.
ZaraJota es que es así, siempre empatiza mucho con mis problemas.
Pues nada, me resistí un par de días, pero al final no me quedó más remedio que ir al médico, que la verdad no me apetecía nada, porque había estado como tres días antes para saludar y eso, lo que pasa es que iba haciendo eses por la calle y pensé Lorz, esto te lo van a tener que mirar, que estás tardando el doble para llegar a cualquier lado.
Así que me fui al médico y el médico me dijo "Hola, Lorz, ¿cómo estás?" y yo le dije "Bien, gracias" y se le cayeron dos lagrimones y entonces me acordé de que cuando el médico pregunta que cómo estás lo pregunta en serio y no como la gente que te encuentras por la calle.
–Ah, tengo otitis.
El médico me miró los oídos con el aparato frío de mirar los oídos, que no se debe confundir con el aparato frío de mirar los bajos porque es mucho más pequeño y no hace CRAC CRAC CRAC cuando se abre.
El médico me mira un oído, me mira el otro y me dice:
–Abre la boca.
Será para verme los oídos por dentro, pensé, pero se va a llevar un chasco porque yo ya lo he intentado y no se ve nada. Lo que pasa es que yo soy muy educada y obedecí.
–Intenta abrirla más.
Intenté abrir la boca todo lo que pude, lo que pasa es que pude poco.
–Esto no es otitis, Lorz, esto es bruxismo.
–No me puedo creer que con lo poco que queda para las elecciones sigan apareciendo partidos que no conozco.
–Es por apretar la mandíbula, Lorz.
–Ah.
–¿Has vivido alguna situación estresante últimamente?
–No.
Aparte del trabajo, el asunto del otro trabajo, estar sin casa por un suceso que NO tiene nada que ver con que "alguien" quemara la cocina, dormir (poco) en una cama de ochenta con dos niños, unas cuestiones administrativas que se nos han complicado y que MI VIDA ACTUALMENTE ES UN PURO Y COMPLETO CAOS... No, no se me ocurría nada.
–Pues esto es de apretar la mandíbula.
–¿Y lo de la garganta?
–También.
–¿Y lo de la espalda?
–También.
–¿Y los vértigos y los mareos y la sensación de estar totalmente atontada?
–Los vértigos y los mareos también. Lo de estar atontada me temo que es congénito.
–¿Ves? No paran de salir partidos políticos nuevos.
–Lo que yo decía.
–Bueno, pues dame drogas.
–Lo que pasa es que como estás con la lactancia no puedo darte más que ibuprofeno.
–Claro, claro.
Pues nada, estaba en la puerta de casa con mi ibuprofeno en la mano cuando me di cuenta de dos cosas:
Primero, estaba intentando abrir con la llave de la casa de mis padres la puerta de una casa en la que no vivo desde hace un mes.
Segundo, hace más de un año que dejé la lactancia.
Tercero, la culpa de todo la tienen los partidos políticos.

15 abril 2019

Nosotros los tímidos

Podría parecer que todos los tímidos se parecen, pero no.
Hay tímidos a la gente, como Nena-chan, cuya característica principal es que no son tímidos en absoluto, lo único que les pasa es que culo veo culo quiero y si su hermano tiene un libro pues ella también.
Luego están los tímidos hacia dentro, como ZaraJota. Los tímidos hacia adentro se repliegan y miran a todo el mundo sin abrir la boca y con una ceja levantada. Suelen parecer fríos, distantes y soberbios cuando lo que les pasa es que su vocecilla interior está corriendo en círculo mientras grita y agita los bracitos: "¡ME ESTÁN HABLANDO! ¡DEBERÍA CONTESTAR! ¿PERO QUÉ? ¡SEGURO QUE CONTESTO Y METO LA PATA! ¡MEJOR ARRUGO LA NARIZ Y QUE LO INTERPRETE COMO QUIERA! ¡YA ESTÁ! ¡NONONONO! ¡NO TE VAYAS! ¡QUE NO HUELES MAAAAAAL! ¡QUE LO PODÍAS INTERPRETAR COMO QUISIERAS PERO NO ASÍ!"
Los tímidos hacia dentro sufren mucho. Al menos, sufren mucho por dentro.
Luego están los tímidos hacia fuera, como yo. Bienvenidos al infierno. Los tímidos hacia fuera se ponen tan nerviosos cuando tienen que interactuar con otro ser humano que empiezan a hablar sin parar y a decir tonterías y a ponerse más nerviosos por lo que hablan más y dicen más tonterías y cuando se quieren dar cuenta están atrapados en una maraña de sandeces.
Los tímidos hacia fuera parecen tontos del culo, cuando en realidad lo que les pasa es que su vocecilla interior está en posición fetal debajo de una cama y su boca ha tomado el control absoluto.
Los tímidos hacia fuera también sufrimos mucho. Por dentro, por fuera y, especialmente, contra las paredes, cuando se dan cabezazos contra ellas al grito de "¿PERO POR QUÉ SOY TAN IDIOTA, POR QUÉ?".
El caso es que hace unos meses una persona a la que acababa de conocer me miró a los ojitos y me dijo "siendo tímida no vas a ninguna parte, Angela".*
En aquel momento me quedé en shock porque esta persona en cuestión me había calado hasta las pelusas de los pies así, de un vistazo. Bueno, y porque ya no queda mucha gente que me llame por mi nombre, también.
La cuestión es que aquello me dejó un poco como pensando.
"Si yo no quiero ir a ningún lado", fue lo primero que se me vino a la cabeza.
"Pero –dijo la vocecilla del interior de mi cabeza, cuando salió de debajo de la cama–, a veces te gustaría haber ido a algún lado y no lo has hecho por timidez, ¿no?".
No sé a vosotros, pero a mí que la vocecilla del interior de la cabeza me deje tirada cada vez que tengo que hablar con alguien y luego venga a refregármelo en la cara no me sienta bien.
 Además, hay otros motivos.
En internet hay mucha loca suelta. Trolls y cosas así. Y una vez que sales ahí fuera, como la verdad en Expediente X, estás expuesta a que cualquiera te haga daño.
Y además, seguro que en directo decepciono. O sea, que por lo general no voy por la calle quemando microondas. Ni contenedores. Sobre todo, contenedores, GUIÑO, GUIÑO, CODAZO, CODAZO.
¿A dónde voy con toda esta historia?
A que a la m**rd* todo.
A la m**rd* la timidez, el miedo escénico, el terror a que la cámara engorde (¡bastante tenemos con que engorde yo!), a caerme, a quedarme en blanco, a tartamudear, a los trolls y en resumen, el miedo a que la gente se ría de mí, no conmigo.
Voy a participar en una de las charlas Ignite Madrid.
¡Venirse! 
Tienen oradores extraordinarios, brillantes, motivadores y divertidos.
Y también me tienen a mí, cerquita de un extintor, por si acaso.









*Que no lleva tilde, que no. 

08 abril 2019

La Madre Naturaleza

Voy a meterme un poco también con mi madre que si no se me pone pelusona.

Como ya sabéis y ZaraJota no para de echarme en cara, estamos pasando una temporada en casa de mis padres por motivos que NO tienen nada que ver con que "alguien" haya quemado la cocina.
A lo largo de las tres últimas semanas hemos probado varias configuraciones nocturnas, hasta que hemos optado por la más cómoda (es un decir): ZaraJota en una cama de ochenta con un niño, y yo en otra cama de ochenta con el otro. Los niños en cuestión nos los vamos turnando porque las patadas voladoras de Nena-chan no son algo que se pueda aguantar muchas noches seguidas.
El caso es que entre unas cosas y otras vamos un poco escasos de sueño y a las nueve estamos que nos caemos por las esquinas y nos retiramos cada uno a nuestros aposentos con el niño que le haya tocado en suerte y el objetivo de estar durmiendo lo antes posible.
Además, así dejamos a mi madre que vea la tele tranquila un rato, se quede gladiator en el sofá o llame a la Tita del Puerto por teléfono.
La Tita del Puerto y mi madre hablan por teléfono casi todas las noches, que es algo que siempre me ha sorprendido porque, con lo alto que hablan las dos, con sacar la cabeza por la ventana tendrían bastante y se ahorrarían pagar la línea.
El caso es que una de estas noches mi madre, muy prudentemente, cerró la puerta del salón para no despertarnos y se puso a hablar con la Tita a gritos.
–HOLA, QUE NO TE HE LLAMADO ANTES PORQUE ESTABA ESPERANDO QUE LOS NIÑOS SE FUERAN A DORMIR.
[–¿YA ESTÁN DURMIENDO?]
Lo pongo entre corchetes porque la respuesta de mi tía no se oía tan bien.
–SÍ, ESTÁN MUY CANSADOS, LOS POBRES.
[–BUENO, PUES HABLA BAJITO.]
–SÍ, SÍ, HE CERRADO LA PUERTA Y TODO.
Llevaban un rato cuando mi padre, que también estaba intentando dormir, decidió hacer una intervención urgente.
–Oye, que me han llamado de la Línea de la Concepción: que repitas lo último que has dicho, que no lo han entendido bien.
–YO NO ESTOY GRITANDO. LO QUE PASA ES QUE TENGO UN TONO DE VOZ ALTO.
–LO QUE TIENES ES UN TORRENTE DE VOZ QUE HAS HECHO SALTAR TRES SISMÓGRAFOS.
–BUENO, PUES YO NO PUEDO HABLAR MÁS BAJO.
–PUES LOS NIÑOS ESTÁN DURMIENDO.
Los c*j*n*s, durmiendo.
–BUENO, PUES CUELGO YA.
–PUES VALE.
–PUES BUENO.
–PUES NADA.
Mis padres se fueron a la cama, todavía rezongándose en tono alto.
Respiré. Los niños no se habían despertado y ya no había peligro de que se despertaran.
–GATITOOO... VEEEEEEEN, BONITOOOO... GATITO...
Mi madre estaba llamando al gato para que se fuera con ella a la cama, que se pasan la vida protestando porque duerme encima de ellos pero claro, es que si no duerme encima de ellos no pueden protestar.
–VEEEEN, GATITO...
El gatito estaba pasando como de comer m**rd*. Ay, no, que es un gato. El gatito estaba pasando mucho.
Venga, gatito, le dije telepáticamente. Ve de una p*t* vez, que tengo un sueño que me caigo.
Pero el gatito no iba.
Entonces me acordé de que mi madre me había dicho que al gato se le forman tapones de cera en los oídos y lo tienen que llevar al veterinario para que se los quiten, pero se le vuelven a formar.
Es curioso, pensé.
A mi hermano también se le forman tapones de los oídos.
A los dos se les forman tapones en los oídos, los dos son los que más tiempo han vivido con mis padres.
Entonces vi la luz, como la vio Darwin el día que se pasó de parada de metro y acabó en las Galápagos.
¿Y si los tapones de cera de los oídos no son un problema, sino una estrategia evolutiva para adaptarse al ambiente sonoro?
¿Y si mi madre le estaba quitando los tapones al gato (mi hermano se los quita solo) y al hacerlo está interponiéndose en los designios inescrutables de la Madre Naturaleza?
De pronto me sentía muy inquieta y no podía dormir.
O sea, que interponerse en los designios inescrutables de la Madre Naturaleza es una cosa muy seria.
Sobre todo si uno tiene el tono de voz alto, que las placas tectónicas son muy sensibles para lo suyo.
A la mañana siguiente yo estaba hecha m**rd*.
Me levanto con el ojo pegao y me encuentro con mi padre que como siempre se ha levantado como si madrugar fuera lo mejor que le ha pasado en la vida.
–Holahijaquiereszumotehagounzumonoquiereszumopuesyomevoyatomarmizumodesdeluegoyoaquícomprandonaranjasparaqueahoranoquierasesquedesdeluego...
–Mátame.
–¿Qué te pasa?
–He dormido muy poco.
–¿Y eso por qué?
–Porque lo he estado pensando mucho... y creo que la Madre Naturaleza ha sido más generosa con el gato que conmigo.

01 abril 2019

La convivencia nunca es fácil

Debido a circunstancias que NO tienen nada que ver con que alguien haya quemado la cocina, ZaraJota, los niños y yo estamos pasando unos días en la casa de mis padres.
Unos días, seis meses... ¿qué más da?
Volver a casa de mis padres me ha resultado muy difícil entre otras cosas porque cada vez que consigo un juego de llaves cambian la cerradura, es una manía tontísima que tienen y que nunca he conseguido entender.
No sé qué de "para que no entres", dicen, pero no acabo de entender a qué se refieren exactamente. 
Al final me he agenciado una ganzúa y oye, fenomenal: por más que cambian la cerradura yo entro y salgo sin problemas.
Bueno, algunos problemas sí que han surgido.
La casa de mis padres está fatalmente comunicada con el trabajo de ZaraJota, que ahora se levanta a las 5:30 de la mañana, que es una hora muy buena para bajar a por churros antes de irse, pero ¿cuántas veces creéis que lo ha hecho? NI UNA.
Que se vaya tan temprano tiene sus ventajas porque así deja una cama libre. Y eso está muy bien porque ahora mismo nos repartimos los cuatro (ZaraJota, los dos niños y yo) en dos camas de ochenta (en habitaciones separadas) y una cama inflable que se desinfla cuando alguien se tumba encima, así que la inflamos todas las noches para que no se sienta discriminada pero no la usamos.
Por otra parte mi madre está intentando librarse de nosotros por el simple procedimiento de cebarnos hasta que reventemos. Nos hace primero, segundo y postre en cada comida y cena y claro, yo es que soy muy educada y no puedo decir que no, sobre todo cuando la pobre mujer cocina sin quemar ninguna habitación, que no lo digo por nadie pero hay gente a la que le pasa.
Pero eso no es lo peor.
Lo peor...
Ay...
Lo peor de toda esta situación es...
[se estremece]
QUE MI PADRE SE LEVANTA DE BUEN HUMOR POR LAS MAÑANAS. 
Ya está, ya lo he dicho. 
No solo eso: DE BUEN HUMOR Y CON GANAS DE HABLAR.
Que lloro. 
Y además... ADEMÁS SE LEVANTA A LAS SIETE DE LA MAÑANA, AUNQUE NO ENTRA A TRABAJAR HASTA LAS CUATRO DE LA TARDE. 
Un degenerao, mi padre es un degenerao. 
Así que yo me levanto a las siete de la mañana, después de haber pasado la noche en una cama de ochenta con dos niños...
Es que los niños se reparten, pero poco.
...y me encuentro a mi padre en el pasillo, sonriendo COMO SI SE PUDIERA SER FELIZ A ESAS HORAS y con ganas de hablar porque lleva toda la noche callado y así no se puede.
–Hola, Lorz, ¿ya te has levantado? Yo me he levantado también, aunque hoy no entro hasta las cuatro, que no sé qué hago levantado a estas horas pero bueno... ¿quieres un zumo? No quedaban naranjas pero ya que estaba levantado he ido corriendo a Valencia, he comprado ocho kilos y he vuelto, que ahora no veas cómo me duelen las rodillas, pero bueno la artrosis es lo que tiene, ¿te hago el zumo o no?
–Que alguien me mate.
–¿Qué?
–No, gracias.
–Pues vaya, si llego a saber que no quieres zumo no habría ido a por las naranjas, que tengo las rodillas fatal de lo mío, pero bueno, ¿quieres otra cosa? ¿Te hago un vaso de leche? Ya que iba a Valencia y me pillaba de camino he estado en Asturias ordeñando vacas.
–Pobres vacas.
–¿Qué?
–No, gracias.
–Desde luego, contigo no hay quien acierte. Bueno, menos mal que tenemos de todo, a ver, ¿qué te hago? ¿Te hago una tostada? ¿Tortitas? ¿Colacao? ¿Solomillo wellington con salsa de menta? ¿Eh? ¿Nada? Venga, algo tendrás que desayunar. ¿Qué quieres? Dímelo y yo te lo hago. ¿Qué quieres?
–¡QUE TE CALLES! ¡QUIERO QUE TE CALLES! ¡POR DIOS! ¡SON LAS SIETE DE LA MAÑANA! ¡NO PUEDES ESTAR DE BUEN HUMOR! ¡NO ES DECENTE!
–Mira que eres borde, desde luego, cualquiera podría pensar que te molesta que esté de buen humor.
Pues mira, ahora que lo mencionas...

24 marzo 2019

Un poco de publicidad al año no hace daño

Sigo sin poder contar lo que me está pasando en la vida, que es mucho y muy interesante, sobre todo para el que lo ve desde fuera, porque yo lo estoy penando como si me hubieran condenado a torturas en el infierno aunque es todo para ir a mejor, el problema es que hasta que lleguemos a mejor hay que marearse mucho por el camino. 
Así que os voy a dejar por aquí el club de lectura de una amiga, GUIÑO GUIÑO CODAZO CODAZO, que es en mi librería de ir a incordiar favorita y además el cartel lo ha hecho Hermano Pequeño siguiendo mis instrucciones, que se reducían a dos: no uses cursivas ni el color amarillo. 


Me aseguran que al resto de sus clientes les hace hasta caso, a mí es que me da un trato especial porque me conoce desde hace muchos años. 
La madre que nos parió. 
Hermano Pequeño es un diseñista de esos y acepta encargos y además hoy es su cumpleaños así que date por regalado, a ver si te piensas que la publicidad es gratis, majo. 


18 marzo 2019

La mani-fiesta-acción

No sé de dónde sacó la idea, pero Nena-chan me dijo que quería ir conmigo a la "mani-fiesta-acción" del 8 de marzo.
Yo era reticente.
No es que fuera su primera mani-fiesta-acción y la anterior había ido muy bien.
Por otra parte, la anterior la había organizado el colegio y todo había sido muy niño-friendly.
–Y además ahora la niña ya sabe leer –me recordó una compañera de trabajo, provocándome un microinfarto instantáneo solo de pensar en la niña llegando al colegio el lunes y gritando según qué cosas.*
Lo que pasa es que la niña insistió, insistió, insistió e insistió y... ¿lo digo o no lo digo? En el trabajo de una "amiga mía", ya sabéis, algunas compañerAs intentaron presionar para que las demás no hicieran huelga porque, en fin, un año está muy bien por hacer la gracia, pero seguir insistiendo año tras año cuando las mujeres ya han alcanzado la igualdad con los hombres es un poco como de rencorosas.
Sin comentarios.**
Y como a mi amiga le gusta llevar la contraria, pues hizo huelga total, aunque inicialmente tenía pensado teletrabajar (para quedarse con los niños y que las maestras pudieran hacer huelga) y rendir como cualquier otro día o más.
En fin.
Que me desvío del tema.
Pues nada, le colgué a la nena un cartel con su nombre y mi teléfono, recogimos a mi madre, que se apunta a un bombardeo, y nos fuimos a la mani-fiesta-acción.
La cosa empezó mal porque aunque la mani era a las 19, a las 17 ya era imposible subirse a los autobuses y el tráfico estaba cortado porque había una marea morada por la calle. Mi plan era unirme a las Mujeres del Libro, pero fue imposible dar con ellas, así que mi madre, la nena y yo nos fuimos por libre.
Nena-chan estaba encantada de la vida. Unas chicas le dieron un globo MORADO y la abuela le trajo un bocadillo DE CHORIZO y nos lo comimos en mitad de LA CALLE y además cantamos "Un bote, dos botes, nosequé el que no vote" y todo el mundo SALTABA.
Pero no sé muy bien cómo acabamos al lado de un sindicato de muy izquierdas. Eran señoras de mediana edad y pensé que estábamos a salvo de consignas peligrosas.
Pero no.
–¡¡¡MADRID SERÁ / LA TUMBA DEL MACHISMO!!!
–Mamá, ¿qué es una tumba?
–El sitio donde se entierra a la gente cuando... eh... se muere y tal.
–¡¡¡ESTAMOS HASTA EL CULO / DE TANTO MACHIRULO!!!
–Mamá, ¿qué es un machirulo?
–Eh...
–¡¡¡LA TALLA TREINTA Y OCHO / ME OPRIME EL CHOCHO!!!
–Mamá, ¿qué es la talla treinta y ocho?
Llegado ese punto mi madre decidió cambiar bruscamente de tema.
–Lorz, ¿has hecho una foto para la Tita del Puerto?
Que ya me dirás tú para qué necesita la Tita del Puerto una foto al azar del 8-m, pero bueno, en ese momento cualquier distracción me parecía una idea estupenda.
–Anda, pues no.
Saqué el móvil y me puse a hacer fotos y así estaba cuando de reojo vi a una niña con el mismo abrigo rojo que Nena-chan pasar por delante de mí y perderse entre la multitud a mi izquierda.
Levanté la vista del móvil y le pregunté a mi madre:
–¿Dónde está Nena-chan?
–Contigo, ¿no?
–¿No está contigo?
–No.
–MIERDA, MIERDA, MIERDA, MIERDA.
En fin. Si habéis visto las noticias seguramente sabéis que a esa mani apenas fue gente: solo la justa para llenar de lado a lado las calles desde la estación de Atocha hasta Cibeles y luego desde Cibeles hasta plaza de España. Y a Nena-chan se la había tragado la multitud.
Empecé a llamarla a gritos mientras apartaba a la gente a empujones, corriendo hacia donde creía que podía estar.
–¡NENA-CHAN! ¡NENA-CHAN!
Nena-chan se volvió hacia mí tan tranquila y me contestó:
–¿Qué?
–¿Dónde vas?
Nena-chan se miró la mano. Estaba cogida de una señora.
–Creía que era la mano de la abuela.***
–¡Pero Nena-chan! ¿Cómo has podido pensar que era la mano de la abuela?
A mi madre le faltan varios trozos de la mano y os aseguro que cuando le das la mano SE NOTA. Pero es que además las manos de la abuela tienen una característica única: al otro lado del brazo suelen llevar pegada a la abuela. No a otra señora al azar que nos hemos encontrado por ahí. A la abuela.
–No sé.
La niña soltó a la señora, la señora se perdió entre la multitud y la nena y yo volvimos con mi madre.
El resto de la mani-fiesta-acción transcurrió sin incidentes reseñables y al final de la noche la niña declaró que aquel había sido el mejor día DE TODA SU VIDA.
Seis años, tienen.
Por mi parte, cuando llegué a casa todavía me temblaban las patas por aquello de haber perdido a la niña en mitad de una manifestación multitudinaria y tal. 
–Qué mal lo he pasado –le dije a ZaraJota–. Lo único en lo que pensaba era en que tendría que decirle a la policía que había perdido a la niña por estar mirando el móvil y seguro que me miraban mal.
–¿Y no se te ocurrió pensar en cómo te miraría yo?
Desde luego es que no falla: es entrar en escena un tío y ya tiene que hacerse el protagonista.


* Unos días antes nos enteramos de que la niña había contado a sus amiguitos que iba a ir a una mani-fiesta-acción para odiar a los hombres. El bocinazo que se llevó todavía retumba.
** El mismo día de la manifestación, alguien envió al WhatsApp de padres un enlace para pedir que se prohibiera la manifestación, porque era "cristofóvica" [sic] y porque las feministas no son más que pobres mujeres manipuladas por los políticos. Una vez más, sin comentarios.
*** La niña creía que tenía cogida la mano de la abuela, pero la señora en cuestión también tenía los ovarios de plomo. O sea, ¿no se había dado cuenta de que llevaba una niña pegada? ¿Creía que estaba haciendo la conga o qué? 

11 marzo 2019

Superar la timidez

Pues hará como un mes o así estuve en la librería La Sombra, adonde voy de vez en cuando para cambiarles libros de sitio, usar su baño, quejarme porque no me dan la clave del WiFi y cosas así.
Estaba merodeando por la sección de infantil en busca de libros nuevos del Pollo Pepe cuando me encontré con Gastón.

Nadie más que Gastón 
tiene siempre razón.
La postura, la tripita y la forma de medio taparse los ojillos me recordaron mucho a Nene-kun, que es de lo más tímido que hay, así que cogí el libro y me lo llevé a casa.
Puede que incluso lo pagara. Cosas más raras se han visto.
Llegué a casa y le dije a Nene-kun:
–Mira lo que te he traído, pero no estoy insinuando nada, GUIÑO GUIÑO CODAZO CODAZO.
Pero antes de que Nene-kun rozara el libro, Nena-chan ya le había dado un repelón.
–Mamá, ¿este es un libro para no ser tímido?
–Sí.
–Pues yo lo necesito porque soy muy tímida.
–¿Desde cuándo eres tú tímida? ¡Si te suelto en el parque y a los cinco minutos ya tienes una muy mejor amiga, los juguetes de una segunda y una galleta que te ha dado la madre de una tercera.
–Ya, pero es que yo soy tímida A LA GENTE.
–...
–¿Puedo llevármelo para leer en el autobús?
–Bueno, vale.
Nos subimos al bus y nos sentamos.
Al lado tenemos a un niño al que no conocemos de nada y que ni nos mira.
Pero eso a la señorita tímida le da igual.
–Hola, me llamo Nena-chan, tengo seis años. Mi hermanito se llama Nene-kun, tiene tres. Vamos al mismo colegio pero él va con los pequeños y yo con los mayores. ¿Tú vas a mi colegio? ¿A qué colegio vas? ¿Ya sabes leer? Yo sé leer. Tengo un libro. Mira. Mi mamá me lo ha comprado porque soy muy tímida A LA GENTE.
La madre del otro niño me mira en plan si esta es la tímida de la familia no quiero ver a la extrovertida.
–El libro le ha ayudado mucho –le digo.
Quizá debamos ofrecernos para promocionarlo o algo así.