18 marzo 2019

La mani-fiesta-acción

No sé de dónde sacó la idea, pero Nena-chan me dijo que quería ir conmigo a la "mani-fiesta-acción" del 8 de marzo.
Yo era reticente.
No es que fuera su primera mani-fiesta-acción y la anterior había ido muy bien.
Por otra parte, la anterior la había organizado el colegio y todo había sido muy niño-friendly.
–Y además ahora la niña ya sabe leer –me recordó una compañera de trabajo, provocándome un microinfarto instantáneo solo de pensar en la niña llegando al colegio el lunes y gritando según qué cosas.*
Lo que pasa es que la niña insistió, insistió, insistió e insistió y... ¿lo digo o no lo digo? En el trabajo de una "amiga mía", ya sabéis, algunas compañerAs intentaron presionar para que las demás no hicieran huelga porque, en fin, un año está muy bien por hacer la gracia, pero seguir insistiendo año tras año cuando las mujeres ya han alcanzado la igualdad con los hombres es un poco como de rencorosas.
Sin comentarios.**
Y como a mi amiga le gusta llevar la contraria, pues hizo huelga total, aunque inicialmente tenía pensado teletrabajar (para quedarse con los niños y que las maestras pudieran hacer huelga) y rendir como cualquier otro día o más.
En fin.
Que me desvío del tema.
Pues nada, le colgué a la nena un cartel con su nombre y mi teléfono, recogimos a mi madre, que se apunta a un bombardeo, y nos fuimos a la mani-fiesta-acción.
La cosa empezó mal porque aunque la mani era a las 19, a las 17 ya era imposible subirse a los autobuses y el tráfico estaba cortado porque había una marea morada por la calle. Mi plan era unirme a las Mujeres del Libro, pero fue imposible dar con ellas, así que mi madre, la nena y yo nos fuimos por libre.
Nena-chan estaba encantada de la vida. Unas chicas le dieron un globo MORADO y la abuela le trajo un bocadillo DE CHORIZO y nos lo comimos en mitad de LA CALLE y además cantamos "Un bote, dos botes, nosequé el que no vote" y todo el mundo SALTABA.
Pero no sé muy bien cómo acabamos al lado de un sindicato de muy izquierdas. Eran señoras de mediana edad y pensé que estábamos a salvo de consignas peligrosas.
Pero no.
–¡¡¡MADRID SERÁ / LA TUMBA DEL MACHISMO!!!
–Mamá, ¿qué es una tumba?
–El sitio donde se entierra a la gente cuando... eh... se muere y tal.
–¡¡¡ESTAMOS HASTA EL CULO / DE TANTO MACHIRULO!!!
–Mamá, ¿qué es un machirulo?
–Eh...
–¡¡¡LA TALLA TREINTA Y OCHO / ME OPRIME EL CHOCHO!!!
–Mamá, ¿qué es la talla treinta y ocho?
Llegado ese punto mi madre decidió cambiar bruscamente de tema.
–Lorz, ¿has hecho una foto para la Tita del Puerto?
Que ya me dirás tú para qué necesita la Tita del Puerto una foto al azar del 8-m, pero bueno, en ese momento cualquier distracción me parecía una idea estupenda.
–Anda, pues no.
Saqué el móvil y me puse a hacer fotos y así estaba cuando de reojo vi a una niña con el mismo abrigo rojo que Nena-chan pasar por delante de mí y perderse entre la multitud a mi izquierda.
Levanté la vista del móvil y le pregunté a mi madre:
–¿Dónde está Nena-chan?
–Contigo, ¿no?
–¿No está contigo?
–No.
–MIERDA, MIERDA, MIERDA, MIERDA.
En fin. Si habéis visto las noticias seguramente sabéis que a esa mani apenas fue gente: solo la justa para llenar de lado a lado las calles desde la estación de Atocha hasta Cibeles y luego desde Cibeles hasta plaza de España. Y a Nena-chan se la había tragado la multitud.
Empecé a llamarla a gritos mientras apartaba a la gente a empujones, corriendo hacia donde creía que podía estar.
–¡NENA-CHAN! ¡NENA-CHAN!
Nena-chan se volvió hacia mí tan tranquila y me contestó:
–¿Qué?
–¿Dónde vas?
Nena-chan se miró la mano. Estaba cogida de una señora.
–Creía que era la mano de la abuela.***
–¡Pero Nena-chan! ¿Cómo has podido pensar que era la mano de la abuela?
A mi madre le faltan varios trozos de la mano y os aseguro que cuando le das la mano SE NOTA. Pero es que además las manos de la abuela tienen una característica única: al otro lado del brazo suelen llevar pegada a la abuela. No a otra señora al azar que nos hemos encontrado por ahí. A la abuela.
–No sé.
La niña soltó a la señora, la señora se perdió entre la multitud y la nena y yo volvimos con mi madre.
El resto de la mani-fiesta-acción transcurrió sin incidentes reseñables y al final de la noche la niña declaró que aquel había sido el mejor día DE TODA SU VIDA.
Seis años, tienen.
Por mi parte, cuando llegué a casa todavía me temblaban las patas por aquello de haber perdido a la niña en mitad de una manifestación multitudinaria y tal. 
–Qué mal lo he pasado –le dije a ZaraJota–. Lo único en lo que pensaba era en que tendría que decirle a la policía que había perdido a la niña por estar mirando el móvil y seguro que me miraban mal.
–¿Y no se te ocurrió pensar en cómo te miraría yo?
Desde luego es que no falla: es entrar en escena un tío y ya tiene que hacerse el protagonista.


* Unos días antes nos enteramos de que la niña había contado a sus amiguitos que iba a ir a una mani-fiesta-acción para odiar a los hombres. El bocinazo que se llevó todavía retumba.
** El mismo día de la manifestación, alguien envió al WhatsApp de padres un enlace para pedir que se prohibiera la manifestación, porque era "cristofóvica" [sic] y porque las feministas no son más que pobres mujeres manipuladas por los políticos. Una vez más, sin comentarios.
*** La niña creía que tenía cogida la mano de la abuela, pero la señora en cuestión también tenía los ovarios de plomo. O sea, ¿no se había dado cuenta de que llevaba una niña pegada? ¿Creía que estaba haciendo la conga o qué? 

11 marzo 2019

Superar la timidez

Pues hará como un mes o así estuve en la librería La Sombra, adonde voy de vez en cuando para cambiarles libros de sitio, usar su baño, quejarme porque no me dan la clave del WiFi y cosas así.
Estaba merodeando por la sección de infantil en busca de libros nuevos del Pollo Pepe cuando me encontré con Gastón.

Nadie más que Gastón 
tiene siempre razón.
La postura, la tripita y la forma de medio taparse los ojillos me recordaron mucho a Nene-kun, que es de lo más tímido que hay, así que cogí el libro y me lo llevé a casa.
Puede que incluso lo pagara. Cosas más raras se han visto.
Llegué a casa y le dije a Nene-kun:
–Mira lo que te he traído, pero no estoy insinuando nada, GUIÑO GUIÑO CODAZO CODAZO.
Pero antes de que Nene-kun rozara el libro, Nena-chan ya le había dado un repelón.
–Mamá, ¿este es un libro para no ser tímido?
–Sí.
–Pues yo lo necesito porque soy muy tímida.
–¿Desde cuándo eres tú tímida? ¡Si te suelto en el parque y a los cinco minutos ya tienes una muy mejor amiga, los juguetes de una segunda y una galleta que te ha dado la madre de una tercera.
–Ya, pero es que yo soy tímida A LA GENTE.
–...
–¿Puedo llevármelo para leer en el autobús?
–Bueno, vale.
Nos subimos al bus y nos sentamos.
Al lado tenemos a un niño al que no conocemos de nada y que ni nos mira.
Pero eso a la señorita tímida le da igual.
–Hola, me llamo Nena-chan, tengo seis años. Mi hermanito se llama Nene-kun, tiene tres. Vamos al mismo colegio pero él va con los pequeños y yo con los mayores. ¿Tú vas a mi colegio? ¿A qué colegio vas? ¿Ya sabes leer? Yo sé leer. Tengo un libro. Mira. Mi mamá me lo ha comprado porque soy muy tímida A LA GENTE.
La madre del otro niño me mira en plan si esta es la tímida de la familia no quiero ver a la extrovertida.
–El libro le ha ayudado mucho –le digo.
Quizá debamos ofrecernos para promocionarlo o algo así.

04 marzo 2019

La galleta del señor

Seguimos con los tiempos interesantes.
En medio del trajín, una tarde me llevé a Nene-kun a hacer papeleos varios, y rematamos la tarde en una oficina en la que había varios chavales jovencitos.
Y digo "chavales jovencitos" por no decir "niños", porque para mí que tenían como doce años el que más, pero bueno.
Cuando vieron a Nene-kun empezaron a hacerle cucamonas, le sacaron pinturas, le inflaron un globo, yo qué sé.
–Es que me recuerda a mi hermano pequeño –me decían, y yo pensaba: si tu hermano pequeño tiene tres años, ¿cuántos años tienes tú, Harry Potter? O sea, que la vida fértil de una mujer no da para tanto. ¿Seguro que tienes edad para trabajar?
En fin, que yo me callé porque soy muy educada, pero en una de estas llega un chaval y le dice al niño:
–Hola, campeón, ¿qué has hecho hoy?
–...
Nene-kun cortocircuitó del todo porque es un poco literal para sus cosas y cuando le preguntan qué ha hecho hoy siempre se queda pensando en plan te lo tengo que contar todo o qué.
Pero el chaval era inmune al desaliento.
–¿Has merendado?
–Tí.
Yo sabía perfectamente que el niño no había merendado y me vi venir lo peor.
–¿Qué has merendado?
–Tí.
Estaba claro que Nene-kun solo había entendido la palabra "merendado" (y tampoco del todo) y pensaba que era un ofrecimiento.
Tragué saliva.
El chaval no se había dado cuenta.
–¿El qué? ¿Qué has merendado?
–Tí.
Por favor, pensé para mis adentros sin saber cómo evitar el drama en ciernes, no insistas.
–¿Galletas? ¿Has merendado galletas?
–Tí, grasias.
Y Nene-kun extendió la manita.
Al chaval le hizo una gracia loca, le hizo al niño un par de carantoñas y se fue riéndose, sin saber que había desencadenado fuerzas que escapaban a su comprensión.
–Mamá. tero llalletas.
–Claro que sí, ahora mismo.
–Ahora mismo no, ahora-ahora.
–Es que no tengo galletas.
–Ese señor tene.
–No, no tiene.
–Sí tene. Me lo ha disido a mí. Llalletas merendar.
Ay...
–Espera, gordito, voy a ver si tengo algo en el bolso.
Rebusqué en el bolso y di con una tortita de arroz tan rancia que al olerla se me puso el pelo verde.
–Mira, lechoncillo, mamá tiene una galleta.
–¡NOOOOOO! ¡ESA LLALLETA NOOOOOOO! ¡QUERO LA LLALLETA DEL SEÑOR!
¿La galleta del señor?
Creo que de pronto entiendo la expresión "pedir una hostia a gritos".

25 febrero 2019

Tiempos interesantes

Estoy viviendo tiempos interesantes.
Interesantes en plan bien.
La única pega es que las cosas interesantes quitan mucho tiempo y cansan mogollón.
Sobre todo lo de cansar.
Hay días que los niños se duermen temprano y podría dedicar dos o tres horas a escribir, pero estoy tan cansada que no me siento capaz de pensar o, justo al contrario, mi cerebro es un avispero del que es imposible sacar nada en claro.
Me han asegurado que esta situación interesante se prolongará, como mucho, hasta principios de abril. Eso espero porque, francamente, ya tengo una edad, y además solo cuando escribo me siento persona.
Hasta que vuelva a ser poco interesante, no puedo estar segura de cuando actualizaré, o cómo.
Por supuesto, seguiré leyendo todos vuestros comentarios, los correos (podéis escribirme a lorzagirl@gmail.com) y, obviamente, también estoy en twitter.
SIEMPRE estoy en twitter.
Y para aquellos que tengáis mi teléfono, no dudéis en darle al whatsapp full power: suelo tener el móvil silenciado : )

Seguimos en contacto.

11 febrero 2019

Una tarde en el museo

Este año nos hemos hecho amigos del Museo del Prado porque somos de ese tipo de personas que solo hacemos amigos a cambio de dinero.
El primer día iba muy ilusionada porque El Prado me gusta más que a un tonto un lápiz, entre otras cosas porque tiene calefacción y por esas fechas estábamos bajo cero. Nena-chan estaba muy ilusionada porque le molan las princesas y visitar a Margarita de cuando en cuando. ZaraJota estaba ilusionado porque le gusta ir a sitios donde nadie nos conoce y no pueden relacionarnos.
Y Nene-kun estaba de mal humor.
Probablemente necesitaba una siesta, no digo yo que no. Está durmiendo mal últimamente porque intenta subir la media nacional de mocos per capita el solito.
Así que entramos, dejamos la mochila en consigna, empezamos a ver el museo y a los cinco minutos o así Nene-kun empezó a gritar que quería beber agua.
–¡QUERO AGUAAAAAA! ¡QUERO AGUAAAAAAA!
Nos habían confiscado el agua a la entrada, así que salimos corriendo a un baño y le ayudamos a beber agua en el lavabo.
Seguimos recorriendo el museo y a los cinco minutos o así Nene-kun empezó a gritar que quería agua. Otra vez.
–¡QUERO AGUAAAAAA! ¡QUERO AGUAAAAAAA!
Salimos corriendo al baño. Otra vez.
–¡NOOOO! ¡QUERO AGUA DE VERDAAAAAAA! ¡EN UN VASOOOOOOO!
Intentamos convencerlo de que el agua de grifo es DE VERDAD pero no hubo forma, así que salimos corriendo otra vez hacia consigna para recuperar la mochila donde siempre llevamos un vaso de plástico porque ya sabemos que Nene-kun es muy especial con sus cosas.
Volvimos a pasar el control con el vaso de plástico, nos fuimos al baño, llenamos el vaso, Nene-kun se bebió el agua, pidió más, se la bebió de nuevo, dijo "Yatá", secamos el vaso y reanudamos la visita al museo, que ya habíamos cruzado de lado a lado tres veces, para que luego digan que no se puede ver El Prado en una tarde.
Pensé que a la tercera va la vencida y que podríamos empezar una visita decente.
Por fin.
Pero no.
Ya os he dicho que Nene-kun tenía un mal día.
–Mamá, disiste que íbamos a ver cosas chulas.
–Esto es muy chulo, ¿no?
–No, son pinturas nada más.
–Pero son muy chulas, ¿no?
–No. Quero cosas chulas.
–Vale. ¿Quieres ver un tesoro? Es superchulo.
–Sí. Pinturas no, solo chulo, ¿vale?
–Vale.
Nos volvimos a cruzar el museo de lado a lado para ver el tesoro del Delfín, que antes estaba en un sótano en unas estanterías del tipo que usan las abuelas para guardar los recordatorios de las comuniones y ahora está en una sala que parece una nave espacial.
A los niños les flipó todo.
Nene-kun no paraba de preguntar.
–¿Qué es eso?
–Una copa.
–Aaah. ¿Y eso?
–Otra copa.
–Aaah.¿Y eso?
–Otra copa.
Y así dos vueltas a la nave espacial, con visita intermedia al baño para beber más agua, dios bendiga al vaso de plástico.
Pasadas las vueltas de rigor, optamos por irnos. Solo que estábamos totalmente desorientados, así que nos metimos en un ascensor.
–Yo le doy al botón –dijo Nene-kun apenas un segundo antes de darle al botón de alarma.
¿Cómo decir esto suavemente?
Empezó a sonar la alarma.
Mucho.
Y después, a todo volumen, algo así como 
"LLAMANDO A LA CENTRAL DE ALARMAS. POR FAVOR, ESPERE A SER ATENDIDO. TUUUUUUUU. TUUUUUUU. TUUUUUUUU...".
ZaraJota y yo nos miramos con cara de pasmo, pero Nene-kun no cejaba en su empeño.
–No se cierra puerta. Le doy otra vez.
–¡¡¡NOOOOO!!!
Ha llegado el momento de felicitar a los vigilantes de sala, porque llegaron walkie en ristre a una velocidad prodigiosa.
–El niño... le ha dado al botón... normalmente no están tan bajos...
–Es que esto no es un ascensor, es un montacargas para sillas de ruedas.
–Estooooo... es que estábamos en el tesoro del Delfín... nos hemos desorientado... queríamos salir...
–Y la salida está en otra dirección.
No, si al final nos quitarán el carnet de amigos en la primera visita.

04 febrero 2019

Los pajaritos

Total, que nos fuimos a Barcelona al bautizo de uno de los niños más guapos del universo. 
Fue un viaje exprés: creo que no llegamos a estar fuera ni veinticuatro horas. De hecho íbamos tan justos de tiempo que alquilamos un coche para movernos más rápido. 
Que el dios del transporte público nos perdone.
Encima llegamos tan tarde que ZaraJota tuvo que salir corriendo para la oficina de alquiler de coches porque cerraba en veinte minutos o así, mientras yo cruzaba Sants ligeramente más despacio, con un gripazo que no veía, los dos niños a rastras (Nene-kun dormido y con unos mocarros que le caían barbilla abajo, Nena-chan renqueando por un esguince y con un flemón), las maletas, la bolsa con la merienda, en fin, los cien quilos de impedimenta obligatorios para cualquier madre. 
Conseguimos llegar a la oficina, montar las sillas de los niños que venimos cargando desde Madrid porque la oficina de alquiler "no garantiza la disponibilidad", nos montamos en el coche, atamos a los niños con los variados sujetatrones de las sillas y arrancamos. 
Y como al medio minuto o así, ZaraJota me dice: 
–Lorz, pon el tontón, que no sé ir. 
–No sabes ir. 
–No.
–A casa de tu madre. 
ZaraJota tuvo la decencia de parecer avergonzado. 
–Es que Barcelona ha cambiado mucho en los últimos años. 
–Estamos en la Diagonal. Lleva cayendo en selectividad unos cuarenta años o así. 
–¿Y qué?
–QUE NO HA CAMBIADO UNA M**RD*.
Estábamos debatiendo amistosamente si la Diagonal ha cambiado una m*rd* o no cuando se pusieron a nuestra altura dos furgonetas blindadas de los mossos. 
Ya está, me dije, hemos herido su orgullo nacional o algo, con tanta Diagonal y tanta m**rd* en la misma frase. Nos paramos en un semáforo, las lecheras se pararon a nuestro lado y el copiloto de la primera bajó la ventanilla, se asomó y nos hizo pincitas con las manos. 
–ZaraJota, el mosso te está intentando decir algo. 
–¿A mí?
–Eso o está bailando "Los pajaritos", pero no me parecen horas. 
ZaraJota se volvió hacia el mosso, le sonrió y le levantó la mano en plan "gracias por avisar" y los mossos se fueron y nos dejaron allí. 
–¿Qué querían? –le pregunté a ZaraJota. 
–Uy, ni idea. 
–"Los pajaritos", te lo digo yo, que se le veía muy animado.
Llegamos a casa de mi suegra sanos y salvos gracias al tontón y al día siguiente nos fuimos al bautizo del nene, que era en un pueblo. Primero a la iglesia, luego a un bar, luego a un restaurante, de lado a a lado con el coche. Debían ser como las doce de la noche e íbamos en dirección contraria por un polígono porque es que Barcelona ha cambiado mucho y eso cuando me dice ZaraJota: 
–Uy. 
–¿Qué pasa?
–Te vas a reír. 
–Son las doce de la noche, llevo diez horas con unos zapatos de tacón nuevos, tengo fiebre y vamos en dirección contraria por un polígono industrial a oscuras.
–Por eso. Ya sé por qué está todo tan oscuro: resulta que el botón al que le estaba dando no era el de las luces. 
–¿Y qué era?
–Bueno, lo único que puedo decirte es que no era ni el asiento eyector ni las luces. 
–Lo mismo era eso lo que nos quería decir el mosso. 
–Seguramente. 
Me gustaba más la opción de "Los pajaritos", para qué nos vamos a engañar. 

28 enero 2019

Hoy...

Hoy ZaraJota cumple 40 años.

No os preocupéis: sigue siendo sexi.

En la década de los noventa, a mi familia le entró cierta locura por las fiestas de 40 cumpleaños sorpresa. El problema surgió porque a la décima fiesta de cumpleaños sorpresa la víctima como que empezaba a sospechar. La moda de las fiestas de 40 años sorpresa pasó tan rápido como había empezado, que es una suerte por la parte que me toca porque las fiestas sorpresa para los demás me parecen fenomenal, pero para mí misma me dan como repelús.

Pero ZaraJota cumplía 40 años. Y yo quería hacerle una fiesta a lo grande. Y estaba segura de que la única forma de que me dejara hacer una fiesta era no diciéndoselo. O sea: haciendo una fiesta sorpresa.
¡Bieeeeeen!
Lo tenía todo pensado: invitaría a toda la familia y los amigos, la mayor parte de los cuales tendrían que venir de Barcelona, y también a los amigos de los niños porque ya les empezamos a tener como apego, para que vinieran a un parque de bolas para adultos.
Haría camisetas de "ZaraJota mola" para todos.
El día D (de "de esta mi marido me mata"), Hermano Pequeño le contaría a ZaraJota cualquier milonga (Hermano Pequeño es tan raro que nos creemos todo lo que nos cuenta) y lo llevaría al parque de bolas, donde estaríamos todos esperándoles con nuestras camisetas de "ZaraJota mola" y la canción "Nueva Orleans", de Los Toreros Muertos, en versión ZaraJota sonando de fondo.
Lo tenía todo previsto y casi preparado, a falta solo de que el banco me mandara mi tarjeta de débito por undécima vez, porque tengo la bonita costumbre de perderlas.
Por tener, tenía incluso fecha: por diversas circunstancias de agenda, la única disponible era el sábado 19 de enero.
Reservaría en el parque de bolas en cuanto me llegara por correo la tarjeta.
¡Estaba deseando!
Pero el mismo día que recibí la tarjeta también recibí un mensaje de ZaraJota.
Es que nos vemos poco, somos muy desgraciados.
"Me ha llamado mi hermano, que dice que el 19 de enero bautizan al niño".
La madre que los parió a todos.
"¿En Barna?"
"No, en Las Vegas. Pues claro que en Barna"
M**rd*, m**rd*, m**rd*.
"Ya"
"Dice que si no vamos lo entenderá"
QUÉ VA A ENTENDER...
"Claro que vamos, ¿cómo nos lo vamos a perder?"
MIRA COMO MI CORAZÓN SANGRA POR DENTRO.
Cancelé la fiesta que, por suerte, de momento solo existía en mi imaginación.
No solo se trataba de quedarnos sin la única fecha, y sin presupuesto, y de lo difícil que sería que la familia de ZaraJota viniera apenas unos días después de habernos visto allí. Es que además yo estaba a tope de trabajo y no me veía capaz de organizar la fiesta y además un viaje a Barcelona.
En secreto.
Con dos niños.
Así que opté por una versión más sencilla: quedaríamos a cenar con mi familia, y los niños cantarían "Nueva Orleans".
Fácil y mono.
Empecé a ensayar con los niños en el bus, que es el único rato en el que estoy con ellos a solas.
Primero les puse la canción en el móvil y luego empezamos a aprendernos las estrofas una a una, a razón de una al día.

Hola, me llamo
Toni López

Día tras día.

Y ojalá les interese 
escuchar mi historia

Semana tras semana.

Ya tengo cuarenta, 
mido uno ochenta

Durante dos meses.
Y cuando ya la teníamos casi aprendida, una noche estábamos escuchando música mientras cenábamos cuando saltó "Nueva Orleans"
–¡Mamá! –gritó Nena-chan sin el menor rubor–. ¡Es la canción que nos estamos aprendiendo para papá!
ZaraJota, que es muy prudente, fingió un desmedido interés por la mancha de ketchup que tenemos en el techo, y yo aproveché para regañar a Nena-chan por lo bajo.
–¡Era una sorpresa!
–No te preocupes, mamá –me dijo la niña sin el menor reparo ni bajar el tono de voz–. No le he disido que es para cantársela en su cumpleaños.
Mira, yo me rindo con esto.




El resultado de dos meses de ensayo diario, aquí:


21 enero 2019

La incursión

Bueno, estaba aquí que si lo cuento que si no, y como no se me ocurre nada mejor lo voy a contar.

Pues veréis: teníamos un montón de trozos de porexpan, 60 metros de luces de navidad y un faldón con el nombre del colegio. Entonces la junta municipal del distrito nos dio un camión y lo convertimos en una carroza para la cabalgata de reyes.
De paso, aprendí una valiosa lección: no hay nada que no se pueda resolver con bridas y cinta de doble cara.
La pistola de silicona, en cambio, deja de ser práctica en cuanto las temperaturas bajan de cero. Por si os lo estáis preguntando. 
Bueno, pues hicimos la cabalgata y así como a las nueve de la noche teníamos a dos niños hiperexcitados, revolucionados y hasta arriba de azúcar, y no de los caramelos (que eran sin azúcar) sino de la merendola que nos habíamos zascado in itinere.
ZaraJota, que acababa de andarse seis kilómetros en el cordón de seguridad de la cabalgata, observó a los niños así como de soslayo y me dijo:
-Me voy a ayudar con el desmontaje me la carroza.
Y se largó, y me dejó a mí con los niños hiperactivos, que no sé por qué nos cogimos el autobús de vuelta porque tal y como estaban podían haber vuelto a casa corriendo. Tres veces. Conmigo en brazos.
Total, que llegamos a casa, consigo tranquilizarlos, los mando a la cama con la vaga promesa de que los mismo vienen los reyes magos esa noche (o no), y me siento en el sofá a tomarme El ColaCao de La Paz, que yo sé que es muy malo y tiene mucho azúcar y lo mismo ya soy un poco mayor, pero esos cinco minutos de tranquilidad mirando al vacío mientras me lo tomo son gloria bendita.
Entonces el grupo de WhatsApp de padres se volvió loco.
"Alguien ha entrado a robar al colegio ☹️"
"Cómo?"
"No puede ser 😥"
"Que sí, que alguien ha entrado a robar"
"Hoy?"
"Ha ido la policía?"
"TODAVÍA ESTÁN DENTRO"
"Hay luz en la biblioteca 😨😨😨"
Entonces recibí una llamada de ZaraJota.
-Soy yo.
-Ya sé que eres tú, lo pone en la pantalla del móvil.
-No, el del colegio.
-¿Y qué haces robando en el colegio?
No es por nada, pero puestos a robar mejor se va uno a otro sitio, sobre todo porque los Reyes Magos y la junta del distrito estaban repartiendo chocolate a menos de cincuenta metros y estaba aquello de bote en bote. 
O sea: repartiendo. Comida gratis. En Carabanchel.
No cabía una viej... anciana más, así os lo digo.
Pero ZaraJota seguía ahí, a lo suyo.
-QUE NO ESTOY ROBANDO, JODER. 
-Claro que no.
Y le guiñé un ojo. Pero él no lo vio y se lo tomó fatal. 
-QUE HE VENIDO A TRAER LOS MATERIALES DE LA CABALGATA.
-Pero hombre, cómo se te ocurre encender las luces del colegio en plena noche, que las ha visto todo el barrio y se han pensado que eran ladrones.
-Si te parece me meto en el colegio a oscuras.
-Hombre, tanto como a oscuras no, con una linterna o algo.
-Claro que sí, y un pasamontañas también.
-¿Un pasamontañas? ¿Por qué? ¿Tienes frío?
-QUE LES DIGAS QUE NO LLAMEN A LA POLICÍA.
-Creo que han llamado ya.
-Ay... espero que el AMPA tenga presupuesto para fianza.
-Pues no sé si el AMPA estará para muchos dispendios: se ve que esta noche han entrado a robar al colegio.

14 enero 2019

La ballena

Aunque es un poco tarde, voy a contar esto porque no me lo quiero guardar dentro.

Este año, el AMPA del colegio al que van Nena-chan y Nene-kun ha tenido la oportunidad de participar en la cabalgata del barrio. 
A mí estas cosas me gustan más que a un tonto un lápiz. O sea: manualidades+hacer el payaso+caramelos. ¿Qué puede salir mal?
Luego me enteré de que estaban trabajando con una pistola de silicona caliente. 
EL SUEÑO DE MI VIDA HECHO REALIDAD AL FIN. 
Lo que pasa es que por cuestiones laborales no pude participar hasta el final. 
-Uy, uy -me dijo ZaraJota, que se implicó en el proyecto desde el principio-, que pena que justo cuando tú te incorporas a los talleres yo tenga que dejarlos. 
-Pero si son por la tarde y tú solo trabajas por la mañana... 
-QUÉ PENA QUE TENGA QUE DEJARLO. 
A pesar de la deserción de ZaraJota me fui a los talleres con mucha ilusión.
Bueno, ilusión y un jersey fino, porque ZaraJota me había dicho que en los talleres pasaba mucho calor. 
Lo que no me había dicho es que hasta entonces los talleres habían sido en días lectivos, por la tarde, cuando la calefacción ya llevaba siete u ocho horas funcionando y los niños cinco o seis emanando calor humano... Mientras que cuando yo fui el colegio llevaba cerrado una semana, con la calefacción apagada y las ventanas del taller abiertas (por la pintura). 
Y estábamos bajo cero. 
Y yo llevaba un jersey fino. 
A dios pongo por testigo que jamás en la vida he pasado tanto frío como sentada en aquel suelo helado, en un pasillo lleno de corrientes, con todas las ventanas abiertas de par en par, en pleno enero. 
Hacía tanto frío que la pantalla táctil del móvil no reconocía mis dedos como algo vivo. 
Hacía tanto frío que no me animaban ni los vapores combinados del pegamento y la pintura. 
Hacía tanto frío que cuando salimos a la calle nos pareció que hacía calor. 
Por el lado positivo, ya tengo congelados unos cuantos óvulos, por si acaso. 
Cuando llevábamos dos o tres horas haciendo el remake en seco de Titanic, llegó el momento culminante: había que pintar una lona con spray. 
La lona era muy grande y no cabía en el taller. Ni en el pasillo. 
-Saquémosla al patio. 
Eran las ocho de la tarde y el patio estaba a oscuras. La temperatura ambiente ni la menciono porque creo que ya os habéis hecho una idea. 
Extendimos la lona donde parecía que había un poco más de luz y nos encontramos con otro problema: teníamos que pisarla y se iba a manchar. 
Entonces se me ocurrió una idea genial. 
-Deberíamos quitarnos los zapatos. 
En mi defensa debo decir que al resto de los padres presentes les pareció buena idea (o al menos no manifestaron lo contrario). 
Así fue como acabamos: tres adultos descalzos en el patio de un colegio, bajo cero, en la noche del dos de enero, a oscuras, pintando con spray. 
A esas alturas yo solo me preocupaban tres cosas: que no se me necrosaran los dedos de los pies, cómo era posible tener un corte de digestión si no me estaba bañando a la hora de la siesta, y que los vecinos llamaran a la policía. 
En realidad, más que la policía me preocupaba la directora. 
No importa la edad que tengas: nadie quiere acabar en el despacho de la directora. 
Pero decidí disimular, porque se supone que soy un adulto responsable y eso. 
-Oye -le dije a ZaraJota, que al final había aparecido por allí y también estaba descalzo, spray en ristre-, y si viene la policía, ¿qué le decimos?
ZaraJota se lo pensó. 
-Que traigan mantas. 

07 enero 2019

Solo sé que no sé nada, 5 y ya

Previously in Lorz...
El wifi, mi archienemigo.


Pues estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie durmiendo la siesta mientras mi madre se ocupaba de mis dos hijos en pleno subidón de azúcar cuando llegó la Tita del Puerto.
-Niña, tú que estás más acostumbrada a internet, ¿me ayudas, que quiero comprar una cosa y no puedo?
Me levanté inflada como un pavo. SuperLorz al rescate de la sesentona analógica, allá voy.
Me senté delante del portátil. La Tita ya tenía abierta la web de la tienda.
-A ver, ¿tienes cuenta?
-Claro, mujer: una para los gastos diarios, otra para mis ahorritos...
-De correo. Cuenta de correo. Para entrar en la web.
-Claro: canario@correo.es
Como os podéis imaginar, los datos son falsos. 
Pero el resto os juro por la gloria de mi madre que es 100% verídico. 
Tecleé canario@correo.es y en la pantalla apareció

cnrio@correo.es

-Pero qué coj...
-Ay, sí, niña, que la a no funciona. Espera -mi tía sacó de detrás del portátil un teclado inalámbrico-. Toma usa este. Es el que uso yo.
Empecé a teclear en el inalámbrico.

canrio

cnari

canao

caca

caca

caca

-¿Qué te pasa?
-No sé, que no me apaño con el teclado inalámbrico.
Entonces mi tía tuvo una idea genial.
Probablemente la más genial de la historia.
-Vale, pues escribe con el teclado normal, y yo pongo las aes cuando me avises.
-Vale.
Que conste en acta que en aquel momento nos pareció superlógico.
¿Habría sido más lógico que ella escribiera todo donde yo le fuera indicando?
Seguramente sí.
¿Por qué no lo hicimos así?
Porque no se nos ocurrió, señores del jurado. NO SE NOS OCURRIÓ.
Así que tecleé una c.
Le dije a mi tía que pusiera una a.
Tecleé una n.
Le dije que pusiera una a.
Tecleé rio@correo.es.
-Ya está le dije. ¿La contraseña?
-Alpiste.
-Vale, pulsa una a...
Bueno, os vais haciendo una idea...
Pues no. No os hacéis una idea. Porque después de pasar por todo el proceso nos salió este bonito mensaje:

El nombre de usuario o la contraseña son incorrectos. 

-Ay, pues nada, prueba con "arroz".
-Vale, pulsa una a...
Media hora más tarde...
-No, arroz tampoco.
-Prueba con "ananas".
-Vale, pulsa la a...
Pero tampoco era ananas, ni amanda, ni lalala...
Entonces se me encendió la bombilla.
-Tita, ¿seguro que tienes cuenta?
-Claro.
-¿Como cliente? ¿De esta tienda online?
-Ah, no. Es la primera vez que entro.
-Ajá.
-¿Pulso una a?
-No. Vamos a crearte un usuario nuevo, ¿vale?
-Vale.
Entramos a crear el usuario nuevo y, salvo el diminuto problema con la a, todo fue más o menos bien.
Los problemas empezaron cuando llegamos a la dirección.
-Voy a ponerlo todo en mayúsculas -le dije-, que queda como más lustroso.
-Vale.
-A ver, dime la dirección.
-Calle Latinoamérica, residencial Argentina, edificio La Pampa, escalera A, puerta A, El Puerto de Santa María, Cádiz.
Esto debe ser el famoso humor gaditano, porque si no no me lo explico.
-Tiene que ser broma -le dije a mi tía.
-No.
-Vale.
Para entonces ya estábamos perfectamente compenetradas, y tecleamos del tirón.

CaLLELaTINOaMERICa

Espera, ¿qué?
-Tita -le pregunté, porque ya me esperaba cualquier cosa-, ¿en ese teclado no funcionan las mayúsculas?
-Claro que funcionan: le estoy dando sin problemas cada vez que tengo que poner una a. 
-Ay. A ver. Si yo tengo marcadas las mayúsculas en este teclado, y tú le vuelves a dar en ese, lo que hace el ordenador es QUITAR las mayúsculas. ¿Entiendes?
-No. 
-NO TOQUES LAS MAYÚSCULAS. 
-Vale. 
Volvimos a teclear.

CaLLELaTINOaMERICa

-¡Tita, le estás dando a las mayúsculas!
-¡Es que no puedo evitarlo, es como un tic nervioso!
-Venga, intentémoslo de nuevo: yo pulso la C. Tú NO PULSAS LAS MAYÚSCULAS y le das a la A...

Media hora más tarde:

CALLELATINOAMÉRICA

Espera, ¿qué?
-Ay, niña. Que se me olvidó decirte que en ese teclado tampoco funciona la barra espaciadora.
-Es un programa de cámara oculta, ¿verdad?
-No te preocupes: tú le das a todo en el teclado del portátil, y yo le doy al espacio y a la a...
-SIN PULSAR LA MAYÚSCULA.
-...sin pulsar la mayúscula, en el teclado inalámbrico.
-Vale.

No me voy a entretener en describir la pesadilla que es escribir

CALLE LATINOAMÉRICA, RESIDENCIAL ARGENTINA, EDIFICIO LA PAMPA, ESCALERA A, PUERTA A, EL PUERTO DE SANTA MARÍA, CÁDIZ

con un teclado al que no le funciona la a ni la barra espaciadora, y teniendo que avisar a tu tía para que le dé a la a SIN PULSAR LA MAYÚSCULA y a la barra espaciadora en un teclado inalámbrico cada vez que lo necesitas.
Para cuando terminamos yo sudaba como un jamón del güeno y había perdido cinco kilos, que lo mismo tengo que hacerlo más a menudo, no digo yo que no.
-Bueno, pues ya está -le dije a mi tía cuando por fin completamos la dichosa compra.
-Ay, niña, gracias.
Gracias, dice.
-De nada.
-Es que de verdad, si lo tengo que hacer yo sola hubiera tardado una hora. Pero la gente joven es que abre la pantallita y todo les parece fácil.
"Fácil", dice.