19 noviembre 2018

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-Mamá, quero ese gugeteeeeee.
-Es que lo tiene Nena-chan ahora.
-¡Es que me la quitato!
-No es verdad, Nene-kun. Tú estabas viendo la tele y Nena-chan estaba jugando.
-¡Pero es que lo queroooooo!
-Bueno, vamos a hacer una cosa: ve a Nena-chan y le dices, "Nena-chan, ¿me prestas un rato el juguete, por favor?". Y seguro que te lo presta.
-Vale.
Nene-kun se acerca a Nena-chan con una sonrisa amistosa, y cuando está como a diez centímetros le dice:
 -¡Nena-chan, dame el gutete! -y acto seguido se lo quita y le mete un bofetón.
 -¡Nene-kun! -le digo-. ¡Muy mal! ¡No se quita! ¡No se pega! ¡Eso no es lo que te ha dicho mamá!
Nene-kun me pone cada de inocente.
 -Pero mamá, es que hay que compartiiiiir...
Verás si al final me va a salir communista estalinista...



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12 noviembre 2018

El lolinal

Nene-kun es muy pequeño.
La gente me dice:
-No te preocupes que ya crecerá.
Y yo no me preocupo, pero tampoco puedo negar que la pequeñez de Nene-kun ocasiona leves problemas de logística: por ejemplo, tuvimos que retrasar algunas vacunas porque no daba la talla o, mejor dicho, el peso. Tampoco podía tomar algunos medicamentos, por lo mismo.
Cuando se sienta en los asientos plegables del cine acaba convertido en un sándwich y si se monta en un balancín lo más probable es que acabe experimentando el vuelo sin motor. (Una vez se chocó con el triciclo contra un bordillo y salió disparado, dio una voltereta en el aire y aterrizó en el suelo cuan largo era, o sea, poco, mientras ZaraJota y yo mirábamos ojipláticos, que no sabíamos si recogerlo o puntuar el salto).
Encontrar ropa es un número: lo que le está bien de ancho le está corto, lo que le está bien de largo, se le cae (una de sus primeras frases completas fue "se me caen los lalones"). Encima fue muy precoz con el despañale, que quieras que no el pañal hace bulto, y la única forma de conseguir calzoncillos para ese culete era comprarlos de algodón y lavarlos a 60º para que encogieran.
En los últimos tres años me he hecho una experta mundial en poner elastiquillos, meter anchos y encoger ropa interior.
Debería ponerlo en mi currículum.
Os cuesto esto para que entendáis porqué Nene-kun, con sus tres años ya pasados, no usa el inodoro: básicamente, no le llegan las patas. No, ni con el escalón universal de Ikea.
Pero como nuestra vida está falta de emociones últimamente hemos decidido que va siendo hora de decirle adiós al orinal.
Que estoy del orinal hasta el potorro.
O al menos decirle adiós a la costumbre milenaria de hacer caca en el orinal justo cuando es hora de salir de casa para el colegio.
Por favor. 
Así que le dije a Nene-kun:
-¿Qué te parece si hoy hacemos pipí en el váter?
A lo cual Nene-kun respondió:
-No.
Vale, quizá fuera necesario otro enfoque.
Esa noche, cuando Nene-kun se durmió, subí el orinal al sitio más alto que se me ocurrió, esto es, al mueble que hay encima del lavabo, que es donde ZaraJota me pone el rollo de papel higiénico en curso cuando quiere reírse un rato de lo canija que soy.
El muy c*br*n.
A la mañana siguiente Nene-kun fue a hacer pipí y no encontró el orinal por ninguna parte.
-No tá lolinal. Sa ío -anunció.
Y acto seguido hizo pis en el váter, y ZaraJota y yo le aplaudimos y le dijimos que lo había hecho muy bien, y el niño nos miró en plan mis padres son idiotas, y para mí que esto se hereda.
Por desgracia ZaraJota es mala persona.
Esa tarde bañó a Nene-kun y luego lo puso de pie en nuestra cama para vestirlo, que diréis, pues vaya sitio tan raro, pero cuando tienes un niño al que le gusta saltar cuando está desnudo lo menos que puedes hacer es llevarlo a un sitio donde si se cae caiga en blando, que luego en urgencias hay que dar muchas explicaciones.
Y ¿qué se ve perfectamente cuando saltas desnudo en la cama de nuestro dormitorio?
Lo que hay encima del mueble del baño.
Así es como descubrí lo del papel higiénico, obviamente.  
Nene-kun vino a buscarme corriendo (y desnudo).
-¡Mamá! ¡Tá ahí lolinal! ¡Mira!
Y claro, no me quedó más remedio que fingir sorpresa y bajarlo.
-Anda, ¡mira dónde estaba! ¡Menos mal que lo has encontrado!
LÁGRIMAS NEGRAS EN MI CORAZÓN; SI LO LLEGO A SABER PASAMOS DEL BAÑO.
Dejé que el niño usara el orinal un par de días y después, aprovechando que no estaba en casa, lo metí en un armario. Al orinal, no al niño.
A tomalpolculo. 
Cuando el niño volvió, me dijo:
-Mamá, teno caca.
-Claro, amor, ve a hacer caca.
-Es que no tá lolinal. Sa ío.
-No pasa nada, gordito, tú ya eres muy mayor, ¿a que sí?  ¡No necesitas el orinal para hacer caca!
-Vale.
Nene-kun se fue al baño y volvió dejando estala y con un bulto muy raro en los pantalones.
-Bene-kun, ¿te has hecho caca en los pantalones?
-Shiii.
-¿Y eso por qué?
-Soy mu mayó. No nesesito lolinal. 
Me da que la comunicación ha fallado en algún punto.


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05 noviembre 2018

Los efectos secundarios

Pues esta es la situación.
A la enésima vez que fui al médico de cabecera con una contractura muscular en el cuello y/o la espalda y andando como las muñecas de Famosa se dirigen el portal para regalarle al niño su cariño y su amistad y Jesús en el pesebre sonríe porque está alegre nochebuena de amor, navidad jubilosa, es el mensaje feliz, de las muñecas Famosa, es que una vez que empiezo o la canto entera o no me quedo a gusto, el médico me dijo:
-Esto es por la tensión.
-Ah, por eso voy siempre dando calambre.
-No, por la electricidad no. Por el estrés.
-Ah.
Se ve que cuando estoy en tensión, que es prácticamente siempre, aprieto tanto la mandíbula que me hago daño en el cuello.
Después de saber esto, ZaraJota perdió súbitamente todo interés por el sexo oral. 
-¿Has pasado últimamente por alguna situación estresante? -me preguntó el médico.
-Pues verá...
Seis horas más tarde salí de la consulta con una receta para un antidepresivo, que ahora que lo pienso no sé si era para mí o para el médico, que después de escucharme tenía muy mala cara.
Simultáneamente una persona de mi entorno cuyo nombre no desvelaré para garantizar su derecho a la intimidad también fue al médico porque tenía un derrame en el ojo.
-Hola -dijo-. Soy ZaraJota. Vengo porque tengo un derrame en el ojo.
El médico le miró el ojo y dijo:
-Esto es por la tensión.
-Ya.
Se ve que cuando esta persona anónima cuyo nombre no vamos a mencionar está en tensión los ojitos le hacen "pop".
-¿Has pasado últimamente por alguna situación estresante?
-Defina "últimamente".
Seis horas más tarde la persona anónima salió de la consulta con una receta para un antidepresivo.
Ambos compramos nuestro antidepresivo y lo llevamos a casa.
Yo empecé a tomarlo y me pasé el primer día riéndome como una loca, el segundo en posición fetal mirando la pared con los ojos vacíos, y a partir de ahí, muy bien.
O sea, tampoco es que fuera dando saltos por la calle.
Que tengo la espalda hecha m**rd*. 
Pero de pronto desapareció mi bola de angustia.
Llevaba tanto tiempo ahí que ya no me acordaba de que se podía vivir sin ella.
De hecho, me cuesta mucho escribir sin ella. Me falta como... odio. 
Para ser sincera, no recuerdo haber vivido sin ella. Nunca.
Y además, no notaba ningún efecto secundario.
 Aparte de que me cuesta mucho más escribir personajes repugnantes a los que asesinar brutalmente después. Pero creo que puedo vivir sin eso. 
Estaba encantada con mis pastillitas.
Pero cuando se me acabó la primera caja y fui con mi receta electrónica a comprar más, el farmacéutico me dio unas totalmente diferentes.
-Creo que esto no es -le dije.
-Sí es. Es lo que pone en tu receta.
-Pero lo que yo estaba tomando venía en una caja verde, y esta es rosa.
-Pues lo que tienes recetado es esto.
-¿No será que han cambiado la caja?
-Siempre ha sido así.
-¿Y si la otra vez me dieron un genérico o algo?
-No hay genérico de esto, señora.
-Tiene que haber un error.
El farmacéutico me enseñó la pantalla y efectivamente, me estaba dando exactamente lo que me habían recetado.
Me fui a casa con mis pastillas, un poco confusa.
¿Me habrá cambiando el médico la receta por su cuenta?
¿Se puede hacer eso?
¿Se confundiría el primer farmacéutico?
¿O el segundo?
A lo mejor era lo mismo, pero de dos marcas diferentes, y cada farmacéutico tenía sus manías.
Ni idea.
Bueno, empecé a tomarme mis nuevas pastillas y, definitivamente, aquella no era la misma mandanga.
Me sentaba muy mal.
Ya no es que no pudiera escribir gore, es que todo lo que escribía parecía sacado del BOE. Y la bola de angustia volvió convertida en BOLÓN. Casi no podía respirar. Y solo pensaba en COMER.
Cuando llevaba varios días comiendo donuts coincidí por ahí con la persona anónima de la que hablaba antes.
En concreto, coincidimos en la cama, porque esa noche nuestros hijos habían decidido dormirse cada uno en la suya, para variar.
Y le conté la situación.
-Creo que estas pastillas no son las mismas de antes, pero el farmacéutico dice que son las que tengo en la receta.
-¿Cuáles son?
-Estas.
-No puede ser, nos habían recetado lo mismo a los dos, ¿no?
-No lo sé. ¿Cuál es la tuya?
-Una verde.
-Como la mía. ¿Y te sentaba bien?
-Ah, es que no me la estoy tomando.
-¿Y eso?
-Porque no las encuentro por ninguna parte. Las dejé en tu mesilla y cuando fui a buscarlas la caja verde había desaparecido, solo había una caja rosa.
-Ay.
-No me gusta ese "ay".
-ZaraJota, creo que llevo un mes tomándome tus pastillas.
-Ay.
Bueno, pues después de eso tuve que volver al médico para una consulta "de seguimiento".
No sabía muy bien cómo explicarle la situación porque, admitámoslo, "es que las pastillas de mi marido me sientan mejor que las mías" suena un poco a vieja loca adicta a "Saber vivir".
Y eso, siendo optimista.
Pero el médico se lo tomó muy bien.
Es que ya me conoce y eso. 
-No te preocupes, Lorz, las dos son prácticamente lo mismo.
-¿En serio?
-Sí, solo se diferencian en un efecto secundario sin importancia: la rosa abre el apetito y muchos pacientes engordan cuando la toman.
"Sin importancia", dice.





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29 octubre 2018

Halloween 2018

La vieja y malvada bruja
quiso sacarse un dinero
supo que había una feria
y allá fue con su puchero.
En el centro de la feria
ella montó un tenderete
y puso el puchero al fuego
y empezó a cortar filetes.
Ancas de rana,
muslos de rata,
también una araña
con todas sus patas.
Y mientras cocía
escribió un letrero:
"por una moneda
cuenco de puchero".
Pasó una señora,
pasó un caballero,
miraron con asco
a bruja y puchero.
Pasó una anciana
vio ancas de rana
y salió corriendo
sin bastón ni nada.
¡La bruja mohína
porque ella creía
ser la más mejor
en una cocina!
Pasó un pequeñajo
cubierto de andrajos
miraba el puchero
con cara de anhelo.
La bruja suspira
y sopa le da;
total, va a tirarla,
que le importa ya.
El niño se come
todo el contenido,
la bruja lo observa
comer entre gruñidos.
Termina el primero,
un segundo y un tercero;
la bruja le ofrece
cucharón y puchero.
Se lo come todo,
apura y rebaña,
¡está tan delgado
y tiene tanta gana!
La bruja lo mira,
medita y cavila
si llevarlo a casa
y darle más comida.
Está tan flaquito
ese pobre niño...
necesita comida
y necesita mimos.
Con mucho cuidado
engorda seguro...
¡y entonces la bruja
se lo come crudo!


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22 octubre 2018

Lo del wifi, bonus track

Venga, va.
La última.

Por suerte, no todo en el vida es el wifi: también están los datos del móvil.
Y además, ¿quién se acuerda de internet en vacaciones? 
Yo, j*d*r, yo, quiero internet, NECESITO internet, y me da igual si soy una adicta, ¿me oís? ME DA IGUAAAAAAL...
Lo bueno de las vacaciones en el pueblo es que además se pueden hacer muchísimas cosas chulas. A veces todas el mismo día. 
Es lo que pasa cuando no tienes internet, que te sobra el tiempo por todos lados. 
Había días que nos levantábamos al amanecer, nos íbamos a coger moras y semillas de donpedro (si la próxima primavera empezáis a ver donpedros por Carabanchel ya sabéis de dónde han salido), luego al mercadillo, luego a la compra, a la una estábamos comiendo, y todavía nos daba tiempo a ir a la piscina hasta que caía el sol, volver a casa, ducharnos, pasear por el pueblo, cenar, ir al cine de verano, llegar a casa y decir, anda, si todavía no son las once de la noche y además da igual la hora que sea porque los niños todavía están dando saltos. 
O, como muy sabiamente lo expresó mi madre: "Menos mal que existe Ladybug, porque ya no puedo más"(acto seguido echó la cabeza para atrás y se quedó frita en el sofá).
Cuando los niños se quedaban dormidos por fin me los llevaba a la cama y me quedaba mirando al techo, insomne perdida, con un niño a cada lado.
Empezamos a dormir juntos porque durante los primeros días estuvimos en la casa ciento cien personas (nueve)  y no quedaban camas, pero cuando se fueron todos y me quedé a solas con mi madre siguieron durmiendo conmigo porque esa casa de noche me da un miedo que te c*g*s y no quería dormir sola para que no pasaran miedo por la noche, pobrecitos. 
Pero los niños y el miedo que te c*g*s no eran la razón por la que no podía dormir. 
Tampoco los gritos de los vecinos que hacían barbacoa nocturna debajo de mi ventana un mínimo de diez veces por semana, os lo juro, jamás he visto a una gente que le gustaran tanto las barbacoas, de verdad que su médico tendrían que decirles algo, que se les van a poner las transaminasas por las nubes. 
Si no podía dormir es porque padecía un caso grave de maternitis aguda: estaba tan cansada y me dolía todo tanto que no podía conciliar el sueño, y me quedaba mirando al techo, viendo como giraba lentamente y sin razón alguna la lámpara, o como la araña que tenía también en el techo, justo a la altura de mi cabeza, hacía bolitas con los mosquitos que cazaba y los ponía a curarse como un jamón de bellota, pero en mejor porque las moscas tienen más patas que los cerdos y lógicamente cunde más. 
Así que una noche me tomé media (ahí, locamente) pastilla para dormir antes de irme a la cama. De hecho, ni siquiera era una pastilla para dormir, sino un lorazepam. Bueno, uno no, medio. Que me pierdo yo sola.
Gracias al abuso de estupefacientes caí en la cama como una piedra, con un niño debajo de cada sobaco, y dormí hasta la mañana siguiente, eso sí, pero tuve una pesadilla horrible: soñé que volvía a darle teta al artista antes conocido como Bebé-kun. Mejor dicho, soñé que Nene-kun, aprovechando la nocturnidad, la cercanía y que la camiseta del pijama me quedaba ancha había vuelto a la no-tan-lejana costumbre del buffet libre nocturno.
Cuando me desperté sentí muchísimo alivio: solo había sido una pesadilla. Me cosquilleaban las tetas, pero seguramente era solo sugestión, por la pesadillas. Y tenía la camiseta levantada, pero vaya, con lo que me muevo dormida podía ser cualquier cosa. Y tenía un cerco de leche en la camisera pero bueno, a mí no me gusta exagerar pero quizá sea el momento de que cunda el pánico.
Venga, Lorz, me dije. Mantén la calma.
Piensa que las hormonas son muy hijafrutas.
Es posible que al estar tantos días durmiendo con el niño se hayan, yo qué sé, reactivado de alguna manera.
Además, el artista antes conocido como Bebé-kun estaba a punto de cumplir tres años, y aunque yo no me notaba especialmente mustia por lo rápido que pasa el tiempo y hay que ver, que mi bebé está creciendo y todo eso, más bien al contrario porque han sido tres años larguísimos y difíciles y no veía el fin, era posible que a nivel subconsciente sí.
Seguro que es eso, me dije.
Hormonas, cansancio y penita porque el niño se hace mayor.
Nada de qué preocuparse.
Jajajajajajajaja.
Qué boba.
Estaba riendo histéricamente de buena gana cuando se despertó el niño.
-Hola, gordito.
-Quero sayunar.
-Claro. ¿Quieres colacao?
-No, quero más netita.
Quizá haya llegado el momento de que cunda el pánico. 

15 octubre 2018

Lo del wifi, 7

Previously in Lorz...
Enseñando el matojo a toda la villa.

Pues cuando llevaba tres días en la casa con nosotros mi padre dijo que se volvía a Madrid.
-Tengo que trabajar.
-Pero si tenías dos semanas de vacaciones.
-¡Falso!
-Mira, nos hiciste un cuadrante y todo.
-Bueno, pues... me han llamado. Sí. Eso. Tengo que cancelar mis vacaciones con vosotros y volver a Madrid urgentísimamente.
Y me tiró el router a la cara y salió corriendo y agitando los bracitos.
Se ve que había aparcado lejos o algo, yo qué sé.
Fue mi momento de triunfo: al fin tenía el router en las manos.
Lo abrí, conseguí la contraseña, lo volví a cerrar, lo enchufé para cargarlo y lo encendí...
Y nada.
Pero nada de nada.
Aquello no pillaba señal lo pusiera donde lo pusiera, ni siquiera en el sobrao inquietante, ni siquiera en el alfeizar de la ventana, ni siquiera atándolo a un palo y agitándolo sentada en el alfeizar de la ventana.
Mi padre me había dicho que la señal era mala porque las paredes de la casa son muy gordas, pero el maldito cacharro no pillaba señal ni en la calle, que a lo mejor es que la tecnología ha avanzado tanto que aunque estés en mitad de la plaza el servidor dice "a esa no le des señal, que es la de la casa con paredes gordas", pero vaya, yo diría que no.  y gastando MIS DATOS DE MI TELÉFONO, que si eso no es violencia estructural ya me dirás tú qué es.
Como no podía entretenerme con internet me entretuve haciéndole fotos a las lámparas y a mandárselas a mi padre por whatsapp porque siempre dice que las lámparas de esa casa le dan miedo y pensé PUES SI ME DEJAS SIN WIFI TE VOY A LLENAR EL WHATSAPP DE LÁMPARAS.
Sin rencores.
Entonces fue cuando me di cuenta: el papel de plata.
Estaba en el calentador.



Y pensé: lo mismo no está bien sellado y pusieron papel de plata para evitar que salga el humo.
No es que sea la mejor solución, pero en un momento de emergencia te hace el apaño. 
También había papel de plata en la lámpara de la cocina.

Bueno, pensé, igual el cable estaba un poco pelado y le pusieron papel de plata para taparlo. Que no digo yo que poner algo metálico en una conducción eléctrica sea la mejor de las ideas, pero bueno, yo tampoco soy la más brillante de las personas así que no puedo criticar. 
Más difícil de explicar fue lo de la reja de la cocina. 


Vale, me dije, lo más seguro es que estuviera un poco oxidada y lo hayan tapado con papel de plata para que no manche. A diferencia del calentador y del cable presuntamente pelado aquí si me atreví a investigar, pero no hubo forma: aquello estaba repegao y no hubo forma de quitarlo. 
Daba igual, porque ahora que me había fijado en el papel de plata ya lo veía por todas partes: en la lámpara del pasillo:


En la lámpara del dormitorio: 


En el marco de un cuadro: 



Vale. 
Podía entender que se pusiera un poco de papel de plata en el tubo del calentador. En las lámparas. Incluso en la reja de la cocina. Pero ¿en un cuadro? ¿En el marco de madera? ¿Por qué?
Solo había una explicación posible: mi padre había forrado la casa con papel de plata para evitar que entrara la señal de internet. 
Me fui hasta mi madre con los brazos en jarras. 
-¡Padre ha arruinado mi vida!
-Creía que habíamos dejado esta etapa atrás. Hace como veinte años o así. 
-¡Ha forrado la casa con papel de aluminio para que no coja wifi!
-...
-Mira, mira: el calentador, las lámparas, ¡el cuadro, j*d*r, el cuadro!
-Lorz, eso siempre ha estado así. 
-¡No me lo creo!
Que una ha leído a Stephen King y sabe que cuando algo ha estado siempre así es que ayer no existía. 
-Tengo fotos.
M**rd*.
Mi madre no ha aprendido todavía a usar el filtro beauty del móvil, así que era impensable que hubiera trucado las fotos. No me quedaba más remedio que aceptar la realidad: el papel de plata siempre había estado ahí. 
Pero ¿por qué? 
Después de pensarlo mucho, en plan como diez segundos o así. 
-Creo que ya sé por qué hay tanto papel de plata por todas partes. 
-Por favor no me digas que es una conspiración del gobierno para que no tengas wifi. 
-¡Por supuesto que no! Es para que los extraterrestres no nos lean el cerebro. 
Mi madre se lo pensó también mucho, en plan cinco segundos, puede que diez. 
-Puede ser... Porque como lean el tuyo, nos aniquilan sin dudarlo. 


Fin





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Si quieres. Que no es obligatorio. Ojito cuidao ahí que nos ponemos muy tensos a veces.

08 octubre 2018

Lo del wifi, 6

Previously in Lorz...
Libando rocío con las hadas.


Para tranquilidad de Necio Hutopo lo primero que os voy a decir es que Hermano Mediano estaba en casa tan tranquilo, tirado en el sofá y jugando con la Nintendo Switch.
En su defensa diré que está muy lesionado de varias partes de su cuerpo, que necesita una especie de tobillera para andar, que con la tormenta se le había mojado y que después de quitársela estaba rabiando de dolor y sin poder ponerse de pie.
Hermano Pequeño y yo fuimos a comprarle una tobillera de urgencia en cuanto solucionamos el resto de la papeleta.
Y había mucha papeleta que solucionar.
El carrito tenía como cinco centímetros de agua dentro.
Niños y adultos estábamos ensopados.
Toda la ropa, la merienda, las toallas, los millones de juguetes, todo, estaba chorreando agua.
Parecíamos supervivientes del Titanic.
Y encima mi padre no paraba de hacer preguntas estúpidas.
-Pero ¿por qué no me habéis llamado para que os fuera a recoger con el coche?
Vale, a lo mejor la pregunta no era tan estúpida.
-No se nos ocurrió. 
Puede, PUEDE, que cuando empezara a llover me viera en mitad del campo con dos niños pequeños y entrara en pánico sin tener en cuenta que me rodeaban cuatro adultos más, y que mi padre estaba en casa con el coche perfectamente aparcado y las sillas de los niños puestas.
Puede que Hermano Pequeño también entrara en pánico debido a un razonamiento similar y saliera corriendo con el carrito sin pararse a pensar en nada.
Puede que mi madre llegara a las mismas conclusiones y saliera corriendo también.
Puede que los tres hiciéramos el camino gritando, corriendo y agitando los bracitos mientras la Tita del Puerto y Hermano Mediano nos seguían sin entender qué mosca nos había picado de pronto.
Puede.
Lo importante era que ya estábamos en casa.
Mi madre se puso a bañar a los niños y yo me puse a achicar agua del carro, a tender toallas, a buscar ropa seca, qué se yo.
En algún momento me di cuenta de que estaba tiritando, pero solo pensaba en que los niños no pillaran frío, así que me quité el bañador para no coger lo que mi abuela llama "una infersión en el chichi" y seguí con el vestido mojado en plan comando para arriba y para abajo.
Ya había parado de llover, los niños estaban limpios, secos y tomando leche calentita, y pensé en llevarme el carro a la fuente para limpiarle el barro que tenía por todas partes. Lo arrastré hasta la fuente y lo miré por todas partes: parecía que lo mejor era ponerlo bocabajo y echarle cubos de agua a saco. Me agaché para volcarlo y entonces sentí una brisilla en cierto sitio.
M**rd*.
Cuando volví a casa con el carro limpio me encontré a mi madre en el pasillo.
-Madre -le dije-: no llevo bragas.
-Filla: preferiría no saberlo.
-Creo que los vecinos también, pero no les he dejado elección.



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01 octubre 2018

Lo del wifi, 5

Previously in Lorz...
Llevas un router en el bolsillo os es que te alegras de verme.

Pues al día siguiente decidimos irnos todos en comandita a la piscina.
Bueno, todos no.
-Lo he mirado en internet -dijo mi padre, que no dejaba pasar ocasión de presumir de que el sí tenía conexión- y hay un 10% de posibilidades de lluvia.
A nosotros nos entró la risa floja porque somos de Córdoba, o sea, un 10% de posibilidades de lluvia es como cuando haces un examen y te ponen un 1 por poner el nombre.
Lo que viene siendo el premio de consolación.
Así que mi madre, la Tita, Hermano Mediano, Hermano Pequeño, Nena-chan, el artista antes conocido como Bebé-kun y yo nos fuimos a la piscina, y mi padre se quedó rumiando que él no iba porque seguro que llovía y él no iba.
La piscina está a una distancia razonable: según google maps, un kilómetro y medio.


Lo que no te dice google maps es que a la vuelta es un kilómetro y medio cuesta arriba.
Sí, a la vuelta. Cuando ya vas cansado y empapado y cargando con todas las toallas mojadas y uno o dos niños dormidos.
Pensando en esa circunstancia, nos habíamos hecho con un vehículo de tracción animal, siendo normalmente el animal ZaraJota.

Por desgracia, en cuanto apareció mi familia ZaraJota recordó que tenía un compromiso urgente en Madrid, así que tuvimos que probar otras alternativas, algunas de ellas no muy acordes con la Declaración Universal de los Derechos de los Niños.

O sea, que el animal acabé siendo yo. 
Total que aquel día llegamos a la piscina, instalamos el chiringuito: aparcamos el carro, extendimos las toallas, sacamos la merienda, nos quedamos en bañador, nos pusimos los zapatos de bañarse en el río sin sufrir lesiones permanentes, hinchamos los manguitos... y empezó a chispear. 
Miramos alrededor: los nativos ni se alteran. 
Luego nos dimos cuenta de que los nativos van a la piscina en coche y si de pronto se desatan las furias del infierno no tienen más que subir al coche y en tres minutos están en casa. 
Pero en aquel momento solo vimos que ellos no se movían, y que nosotros no íbamos a ser menos. 
Entonces empezó a tronar. 
Ahí ya no empezamos a poner nerviosos porque una cosa es mojarse y otra cosa electrocutarse.
Pero los nativos seguían sin moverse. 
Por suerte en aquel momento el artista entonces conocido como Bebé-kun empezó a amoratarse y temblar y pensamos: Nos vamos, pero por el niño, pobrecito, que está helado. 

No tenemos miedo, nos vamos porque queremos.

Total, que empezamos a subir la cuesta con el carrito, los niños, la impedimenta, mi madre que está fatal de lo suyo, la Tita que está fatal de lo suyo, Hermano Mediano que está fatal de lo suyo, Hermano Pequeño que está fatal de lo suyo... y como a mitad de camino empieza a diluviar
Y mi madre, que no ve una m**rd* dicho sea de paso, otea el horizonte y dice: 
-¡Refugiémonos debajo de aquel árbol! 
A lo que Hermano Mediano, que habitualmente es puro zen pero todo en la vida tiene un límite, le contesta: 
-CLARO QUE SÍ, MADRE, EN MITAD DE UNA TORMENTA ELÉCTRICA, SUBIDOS A UN CERRO Y DEBAJO DEL ÚNICO ÁRBOL, A VER SI SALIMOS EN LAS NOTICIAS. 
A mí lo de salir en las noticias me parecía bien, pero se ve que mi familia es tímida y decidieron seguir adelante, que total estábamos empapados, qué más daba ya. 
Una señora que estaba en la puerta de su chalet observando el apocalipsis nos ofreció refugio hasta que pasara la tormenta, pero muy dignamente le dijimos que no.  
-¿Tormenta? ¿Qué tormenta? No habíamos notado nada. 
Entonces fue cuando empezó a granizar. A LO BESTIA. Unos granizos como cerezas, que se note que estamos en el valle del Jerte. 
Los granizos rebotaban y se colaban dentro del carrito, que ya tenía como dos dedos de agua en el fondo. 
Quizá fue ese el momento en el que entramos en pánico. 
Hermano Pequeño, que en esa ocasión se había ofrecido amablemente a tirar del carrito, empezó a CORRER. 
Pero a CORRER A SACO. 
Yo iba como a 100 metros detrás suya, gritándole que parara, pero no me hacía ni caso. Qué velocidad. Luego se queja de que se le cargan las piernas. 
Le alcanzo como a diez metros del pueblo. Hay que cruzar la calle, pero no hay calle: solo hay agua, como a treinta centímetros de altura. 
-¿Qué hacemos? -pregunta. 
-Cruzamos, pero deja que te ay...
Hermano Pequeño sale disparado tirando del carrito, lo hunde en el agua, cruza la calle y lo sube a empujones por el otro lado. 
-Uy -dice. 
-¿Los niños están bien? ¿Qué pasa?
-Nada, creo que se te ha roto el carrito. 


Ahora será culpa mía.
Estamos mirando la rueda con cara de pasmo mientras nos chorrea agua por la cara cuando nos ofrecen refugio otra vez. Una pareja nos deja pasar a su portal, nos da toallas, nos arregla la rueda...
-Podéis quedaros aquí hasta que pare de llover -nos dicen.
Entonces se me acerca Hermano Mediano.
-Oye, ¿estás bien? ¿Los niños están bien?
-Sí, sí. Están un poco asustados pero bien.
-Vale, pues yo me piro que mi sudadera es impermeable.
-¿QUÉ?
Pero Hermano Mediano ya no me oía. Iba calle adelante, con su sudadera impermeable. El muy c*br*n.
Bueno. Una tormenta tan intensa no podía durar mucho, así que poco a poco empezó a escampar.
Nos despedimos de la amable familia y recorrimos los escasos cien metros que nos quedaban. En la puerta de la casa, perfectamente sequito y con una sonrisa de oreja a oreja, nos estaba esperando mi padre.
-¿Qué, os ha pillado la tormenta?
-No, es que hemos estado libando rocío con las hadas, no te j*d*.



Continuará...








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24 septiembre 2018

Lo del wifi, 4

Previously in Lorz...
El amor está muy bien, pero el wifi es el wifi.


Mi padre llegó al pueblo con mi madre, la Tita del Puerto, Hermano Mediano, Hermano Pequeño y la rana croando debajo del agua.
Y el router inalámbrico.
-La contraseña está dentro -me dijo, dándome el cacharrito-, pero como no hay dios que lo abra te la apunto aquí.
-Sí, sí -le dije, sin escuchar realmente porque estaba muy ocupada acariciando el router.
Además, en ese momento la situación era totalmente caótica porque las casas en el pueblo tienden a ser muy estrechas y a crecer acumulando pisos hacia arriba, verigracia:

Esta NO es la casa de mi abuela, 
por favor no llaméis al timbre preguntando por "Lorza"
 que lo mismo se lo toman a mal. 

Y allí se habían dejado caer de pronto cinco personas, más las cuatro que ya había, con todo su equipaje, y de pronto había gente, maletas, bolsas, gafas de sol y botas de trekking por todas partes, y ni un solo centímetro libre para hacer cosas tan locas como moverse de un lado para el otro, así que me puse a recoger cosas, esta maleta al dormitorio, este bolso al perchero, ese papelito con unos números misteriosos a la basura y todo así.
Tuvimos un día de locura total, y por la noche, cuando me tumbé en la cama, me di cuenta de que no había tenido ni un minuto para conectarme al dichoso wifi.
Entonces agarré el móvil y me dije, allá vamos.
Le di a conectar y me pidió la contraseña y entonces me di cuenta de que no tenía la contraseña.
-M**rd*****.
Recordaba vagamente que mi padre la había apuntado en alguna parte, pero ¿dónde?
Me levanté y de puntillas empecé a recorrer las habitaciones buscando un papel o algo donde mi padre pudiera haber anotado la contraseña, pero no había nada porque como ya os he dicho el desorden me pone muy nerviosa y me había dedicado a ir poniendo todo en su sitio: esta maleta al dormitorio, este bolso al perchero, ese papelito con unos números misteriosos a la basu...
M**RD*.
Bajé a la cocina y miré dentro del cubo de la basura. El sobre misterioso asomaba por debajo de una cosa viscosa de color naranja fosforito que deduje procedía de una lata de mejillones.
M**rd*.
Pensé en cogerlo pero tengo mis principios y no estaba dispuesta a hurgar en la basura solo para conectarme a internet.



Vale, lo cierto es que saqué el sobre de la basura y los números no se leían bien.
No me juzquéis, llevaba cinco días sin internet, vosotros habríais hecho lo mismo.
Muy bien, Lorz, no pasa nada.
La contraseña está apuntada DENTRO del router.
Solo tengo que abrir el router.
Subí a la salita, que era el último lugar donde se había visto con vida al susodicho.
En la salita había un Hermano Mediano durmiendo en un sofá y un Hermano Pequeño durmiendo en un colchón en el suelo pero ningún router.
M**rd*.
Encendí la luz y empecé a mirar por debajo de la mesa, por debajo del sofá, por debajo de mis hermanos.
-¡LORZ! -me gritó Hermano Mediano, que ahora que sale el tema ya le vale ponerse a gritar, o sea, que en esa casa había gente durmiendo-. ¿SE PUEDE SABER QUÉ HACES?
-Estoy buscando el router.
-Es que son las dos de la mañana y estamos intentando dormir.
-Ah, pues por mí no paréis, que no me molestáis para nada.
Hermano Mediano me dijo ciertas cosas que no se le deberían decir a una pobre chica inocente como yo y no me quedó más remedio que irme.
Sin el router.
De todas formas, no parecía que estuviera allí.
Bueno, tenía varias opciones.
La primera era volverme a la cama y dormir, pero todo este asunto de no tener internet me había puesto muy nerviosa y no creía que pudiera conciliar el sueño.
La segunda era volverme a Madrid, dónde internet, simplemente, ESTÁ. Pero como no tenía internet no podía mirar los horarios de los autobuses. O sea, podía ir a la parada y mirar los horarios pero tenía que andar como doscientos metros para eso. Impensable.
La tercera era preguntarle a mi padre por la ubicación exacta del router. El problema es que mi padre estaba durmiendo en el sobrao, que da un miedo que no veas.



El sobrao, de día. 
No tengo fotos de noche porque de noche no subo ahí ni loca.

Además está el asunto de que el tejado está hecho polvo, pero hecho polvo en plan se ve el cielo, y diréis, qué bonito y qué romántico para dormir debajo de las estrellas. Y yo os diré: MURCIÉLAGOS. COLÁNDOSE POR AHÍ. TODA LA P*T* NOCHE.  


El agujero en el tejado. 


Y luego está la parte en la que se oyen pisaditas, gañiditos y bufiditos misteriosos. 
No tengo foto de la zona que tiene la instalación eléctrica mal 
y si le das al interruptor de la luz la bombilla empieza a encenderse y a apagarse sola 
hasta que estalla.  
O sea, el sobrao de noche es un no-no.


Así que hice de tripas corazón y me volví a la cama. Sin internet. Imaginaos mi lamentable estado. O sea, con esto Dickens te escribe tres novelas. 
Bueno, pues a la mañana siguiente le pregunté a mi padre amablemente DÓNDE C*Ñ* ESTABA EL ROUTER. 
-Ah -dijo, como si fuera lo más normal del mundo-. Lo llevo siempre en el bolsillo. 
Nota mental: ponerme guantes para tocar el router.
-¿Por qué nadie en su sano juicio llevaría siempre el router en el bolsillo? 
Dicho sea desde el respeto y sin acritud, ¿vale?
-Pues porque en esta casa las paredes son muy gordas. 
Me parece a mí que llevar el router tan cerca le está empezando a afectar el celebro. 


Continuará...


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17 septiembre 2018

Lo del wifi, 3

Previoulsy in Lorz...
¿Por qué las tuberías revientan a mi paso?


Pues ZaraJota, los niños y yo estuvimos en el pueblo estupendamente unos días, pero había una nube en el horizonte de nuestra felicidad: no teníamos wifi.
Mientras estaba tumbada al sol en el césped, escuchando el suave susurro del agua del río correr y los menos suaves berridos de los niños al jugar, con un refresco en una mano y algo ligerito para picar, yo qué sé, cochinillo o morcilla o churrasco en la otra, pensaba en el wifi y unos gruesos lagrimones resbalaban por mis mejillas.
-Se fuerte, Lorz -me decía a mí misma-. Tú puedes aguantar sin wifi.
Pero cuando ya llevaba tres o cuatro días la situación se hizo insoportable y ZaraJota llamó a mi familia.
-¡La he pillado subiéndose al tejado para lamer la parabólica del vecino! ¡LA PARABÓLICA! ¿Pero de dónde se ha sacado esta g*l*p*ll*s la idea de que puede pillar señal chupando una parabólica?
-Parecía una paellera -me defendí.
-¿Y DE DÓNDE HAS SACADO LA IDEA DE QUE SE PUEDE PILLAR SEÑAL DE INTERNET CHUPANDO UNA PAELLERA?
ZaraJota es que es así: siempre está cuestionando el método científico.
Total, que mis padres decidieron intervenir.
-Mañana mismo voy -me dijo mi padre- y te llevo el router portátil.
-Vale.
-Me llevaré a tu madre, claro. No me gusta conducir solo.
-Claro, a ver con quién discutes si no.
-Ahora que lo pienso, está aquí la Tita del Puerto. No podemos dejarla en Madrid, ya que ha venido a vernos.
-Claro, claro, que se venga.
-Y tendremos que llevarnos también a Hermano Mediano. Tiene 36 años y hace dos que no vive en casa, pero no vamos a dejarlo aquí solito, pobre.
-Claro, claro, lo que sea.
-Y a Hermano Pequeño. Tiene 33 años y hace casi diez que no vive en casa. De hecho ni siquiera quiere venir. Pero se viene.
-Claro, claro.
-Y bueno, ya que estamos allí no vamos a volvernos en el día. Estamos pensando en quedarnos una semana o así.
-LO QUE SEA PERO TRÁEME EL ROUTER YA.
Por desgracia, ZaraJota no era exactamente de la misma opinión.
-Lorz, si crees que voy a quedarme una semana en la casa de Norman Bates con toda tu familia estás muy equivocada.
-Pero...
-No me gusta tener que ponerte en esta situación, pero esta vez vas a tener que elegir: o tu familia o yo.
-ZaraJota -le dije con los ojos anegados en lágrimas-: sabes que yo siempre te elegiría a ti por encima de cualquiera, incluso de mi familia.
-Gracias.
-Pero es que ellos tienen wifi, así que arreando.

Continuará...







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10 septiembre 2018

Lo del wifi, 2

Previously in Lorz...
50%

Bueno, me están preguntando que por qué si soy de Córdoba la casa de mis abuelos está en Villanueva de la Vera, que no está ni en la misma provincia y yo casi diría que ni en la misma comunidad autónoma, y del país no digo nada porque seguro que ofendo a alguien tanto si digo que sí como si digo que no. 

Esta es la historia muy resumida: 

cuando mi abuelo (natural de Rute pero nacido en Iznájar, guardia civil en Blanes y otros puntos de Cataluña, después vivió muchos años en Madrid, donde falleció) tenía cerca de setenta años, se fue a pasar un fin de semana a la comarca de la Vera (Cáceres), donde no había estado en toda su vida, y aquello le gustó tanto que vendió la casita de la playa y se compró una casa semirruinosa en Villanueva con la idea de irla reformando poco a poco, lo que pasa es que en el entretanto le detectaron un cáncer y se murió y la casa se quedó así un poco de aquella manera. 

Para ser justos, el abuelo nos preguntó en su momento qué nos parecía todo el proyecto y le dijimos que era su casa y su dinero y que hiciera lo que le pareciera bien, pero a la hora de la verdad fue como si vendieran el único trozo de mi infancia que quedaba entero (la casa donde crecí se cae a cachos, la casa de mi bisabuela se echó abajo para hacer pisos, la casa de mis otros abuelos... bueno, esa es otra historia), cosa que me dejó muy j*d*d* y que hizo que le cogiera tanta manía al pueblo que empecé a llamarlo, nunca lo adivinaréis Villamatojo (del Arbustillo). 
Ahora que tengo hijos y veo cómo el pueblo se va convirtiendo en un trozo sin playa de su infancia empiezo a reconciliarme con la dichosa casa, y creo que ha llegado el momento de pedir disculpas al pueblo, que es muy bonito y os recomiendo visitar, a ser posible hablando en voz baja, que en esas calles retumba todo, j*d*r, un respeto.

------------

Que ZaraJota encontrara la llave de paso del agua nos vino muy bien porque así nos pudimos duchar, que es una cosa que no hacemos a menudo pero las vacaciones están para eso, para salirse de la rutina y tal.
ZaraJota se duchó el primero porque yo albergaba la esperanza de que se acabara todo el agua y no tuviera que ducharme, pero resulta que los veranos en esa zona no tienen NADA que ver con los veranos en Córdoba y hay agua para aburrir a un tonto, incluso si ese tonto soy yo, que no tengo hartura.
Por eso me extrañó mucho cuando ZaraJota salió de la ducha y me dijo:
-El agua tiene poquísima presión.
-Bueno, es que si está estresada en plenas vacaciones es para preocuparse.
-No, no: que sale muy floja.
-Bueno, tú también me has salido muy flojo y no te lo voy echando en cara todo el día.
-Que apenas sale agua, Lorz.
-Ah. Pues antes he llenado la regadera y ha salido perfectamente.
-Ya, pero en cuanto levantas un poco la alcachofa el agua deja de salir.
-Pues no levantes la alcachofa, que de verdad que no hace falta que limpies las verduras mientras te duchas, que hay agua de sobra.
-Es que si no levanto la alcachofa no me puedo mojar la cabeza.
Ahí me quedé un poco pillada, que lo mismo es que usa la alcachofa como tratamiento capilar y yo todo este tiempo comprándole champús anticaspa como una g*l*p*ll*s.
-Pues agáchate, yo qué sé, y de verdad deja de mojar las alcachofas que luego se ponen marrones y me dices que no te gustan.
Que tengo que estar yo a todo.
-Bueno, dúchate tú y verás.
Y eso hice: me metí en la bañera, cogí el duchatrón, abrí el grifo, y no salió ni una gota por arriba, porque toda salía por abajo.
-Creo que el tubo se ha pasado -le dije a ZaraJota-, vamos a tener que cambiarlo.
Obsérvese el plural mayestático, que se debe a que yo no tenía la menor intención de cambiar nada porque en casa tenemos las tareas perfectamente divididas: yo rompo las cosas y ZaraJota las repara.
ZaraJota no se alteró lo más mínimo porque está más que acostumbrado a las averías acuáticas y además no me estaba escuchando, pero al día siguiente, cuando volvió a ducharse (ahora que lo pienso, ZaraJota se ducha mucho cuando tiene que estar en casa conmigo) decidió por su cuenta que, efectivamente, había que cambiar el tubo, y lo cambió y con eso todos felices.
Casi.
El día siguiente me fui a duchar, que ahora que lo pienso yo también me estuve duchando mucho en el pueblo, que lo mismo va a ser un virus o algo, y cuando abrí el grifo no salió nada por arriba.
Me agaché para mirar la unión del tubo con el grifo y le hice toc-toc con el dedito Y DE PRONTO EMPEZÓ A SALIR AGUA POR TODAS PARTES, EN SERIO, AQUELLO ERA COMO EL TITANIC SOLO QUE EN VEZ DE LLEVAR UN VESTIDO CHULO ESTABA EN PELOTAS, Y ME CAÍ PARA ATRÁS, Y ME RESBALÉ PORQUE LA ALFOMBRILLA ANTIRESBALONES DE LA BAÑERA TIENE MÁS AÑOS QUE LLAMARSE ANGUSTIAS Y YA NO SE QUEDA PEGADA A LA BAÑERA, Y ME FUI A AGARRAR DE LA CORTINA Y NO SÉ CÓMO AGUANTÓ AQUELLO, Y ADEMÁS DIO IGUAL PORQUE ME PEGUÉ UNA TORTA QUE HE ESTADO TRES SEMANAS CON UN MORATÓN EN EL MUSLO TAN GRANDE COMO MI MANO.
Cerré el grifo como pude y lo estudié de cerca: corrosión generalizada. La unión grifo-tubo estaba totalmente podrida.
-¿Y ahora cómo solucionamos esto? -le pregunté a ZaraJota cuando conseguí cerrar el grifo y salir de allí.
-Pues habrá que esperar al lunes, porque un sábado por la tarde y en mitad del puente de agosto ya me dirás dónde encontramos un fontanero.
-¡Pero es que mañana viene mi familia al completo, acuérdate!
-Anda, Lorz, es verdad. Pues entonces ya sé lo que voy a hacer.
-¿Sí?
-Sí: volverme a Madrid.
Así entre nosotros, no estoy segura de que eso sea exactamente una solución.

Continuará...



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03 septiembre 2018

Lo del wifi, 1

Todo empezó cuando cogimos a los niños y unas setecientas maletas, tirando por lo bajo, los metimos en el coche, hicimos doscientos kilómetros y nos plantamos en un pueblo al que, para mantener su anonimato, llamaré Villanueva de la Vera.
El pueblo es muy bonito y la casa de mis abuelos es muy bonita pero más bonito aún era tener una casa en la playa y por más vueltas que le doy no sé qué parrús le entró a mi abuelo para venderla y cambiarla por esta y tiene una puerta muy bonita con una llave muy bonita que no abre. 
-Tu padre me ha dado una llave que no abre -me dijo ZaraJota. 
-Claro, claro, qué casualidad que cuando hace algo mal es mi padre. 
-Es que es tu padre. 
ZaraJota es que es así, muy de ensañarse con los que tenemos padre. 
-¿Y no te ha avisado?
-Sí, me dijo que tenía una llave que funcionaba y otra que no, pero que no sabía cuál era cuál, y que me daba esta porque total, tenía un 50% de posibilidades de ser la correcta. 
-¿Y no podía darte las dos?
-¿Para qué quiero dos llaves si solo hay una puerta? 
Me quedé mirando a ZaraJota con la boca abierta porque no es frecuente que me sienta más lista que él, pero en ese momento me estaba haciendo sentir como un premio Nobel, y no precisamente el de la paz.
Estábamos en estas cuando salió el vecino de delante, y obsérvese que no digo "enfrente"sino "delante", porque la calle tiene como un metro de ancho. 
-¿Que, a pasar unos días aquí?
-Sí, aquí. Literalmente aquí. No podemos abrir la puerta. 
-Ah, la puerta. Es que tiene truco. 
-Sí: traer la llave correcta. 
-Que no, que no, que tiene truco. 
ZaraJota hizo lo que le dijo el vecino y la puerta se abrió y entré con la desesperación de una madre: con la vejiga a punto de reventar, y sin atreverse a decirlo por si los niños se acuerdan de que ellos también. 
Estaba meando empolvándome la nariz cuando me llegó de nuevo la voz de ZaraJota. 
-Lorz, no encuentro la llave del agua. 
-¿No te la ha dado mi padre? 
-¿¡Cómo me va a dar la llave del agua!?
-Ay, no sé, como ahora estáis en plan súper compis, todo el día dándoos llaves...
-La llave del agua tiene que estar en la casa.
-Y la llave de la puerta tiene que ser capaz de abrir la puerta, y mira.  
-Voy a llamar a tu padre -me dijo ZaraJota. Y al rato-: Que dice tu padre que la llave de paso está fuera de la casa. 
-¿No me habías dicho que tenía que estar en la casa?
-Bueno, puede estar en la casa o fuera de la casa. Las posibilidades estaban al 50%.
Como las de recibir una colleja ahora mismo.


Continuará...




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27 agosto 2018

Japiberdei tu Nene-kun

Hoy Bebé-kun cumple tres años y se convierte oficialmente en Nene-kun.
Ay, parece que fue ayer cuando me retuvieron a la fuerza en una instalación del gobierno por hacerme pis encima.
¡Y hace tres años ya!
Como a lo mejor recordaréis, cuando Nena-chan cumplió tres años lo celebramos con un concurso: el objetivo era adivinar el título correcto de las películas y series favoritas de Nena-chan a partir del nombre que le daba la niña por entonces.
Nos hubiera gustado hacer lo mismo con Bebé-kun, pero como es el segundo pasamos de él es hombre de pocas palabras inteligibles, y no muy aficionado a series y películas.*
A BebéNene-kun lo que de verdad le gusta son los vídeos musicales.
Y aunque realmente me hubiera gustado ver vuestras respuestas a qué canción es "eversi", "titi tiri", "bibisá", o, atención a esta que despierta furor, "vaso vaso", la verdad es que no soy tan cabrona.
Así que hemos decidido darle la vuelta a la cosa, y en vez de hacer un concurso vamos a cantarle sus canciones favoritas,** para que las tenga siempre a mano, como ya hicimos con su hermana.
Aquí las tenéis.
Atención a la señorita en primer plano, que nos acompaña de manera excepcional y por ser una fecha tan señalada.











* En las últimas semanas, como suele ocurrir en vacaciones, BebéNene-Kun se ha lanzado a hablar y al frikismo y ahora pide perfectamente "Lalabú" y "Esbalo en el sofá".
** Salvo "vaso, vaso", que necesita un poco más de ensayo. Y que compremos más vasos.

20 agosto 2018

MESAL

Bebé-kun se está haciendo mayor.
Iba a decir que muy rápido, pero la verdad es que estos tres años se me han hecho larguísimos.
No ha sido un niño fácil, no.
Guapo, lo que quieras, pero fácil no.
No se puede tener todo en la vida.
Lo cierto es que en los últimos meses lo hemos visto evolucionar muy rápido y hace unas semanas decidimos que por fin, por fin, estaba preparado para ir al cine.
Otra vez.
Porque cuando el gordo tenía como tres o cuatro meses o así nos lo llevamos a ver Star Wars: The Force Awakens, lo que pasa es que no se acuerda porque en vez de prestar atención a la pantalla se pasó todo el rato dormido con la teta en la boca.
Las nuevas generaciones son así: no tienen claras sus prioridades.
Antes de seguir, dejemos claro que fuimos (en las dos ocasiones) bastante respetuosos: elegimos una de las sesiones menos frecuentadas, miramos por internet que no hubiera demasiada gente, elegimos los asientos lo más lejos posible del resto de espectadores y al lado de la puerta y en todo momento tuvimos claro que si los niños empezaban a molestar nos saldríamos y punto.
Que luego me viene la masa niñofóbica con las antorchas en ristre y me da mucha pereza.
La cosa empezó bien porque nada más vernos aparecer con los niños a la señora que controlaba las entradas se le puso una sonrisa de oreja a oreja.
Nena-chan se tomó aquello como una invitación y le fue directa.
-HolavengoaverLosIncreíblesDos.
-Muy bien, muy bien. Pero sabes que la película es en inglés, ¿verdad?
-No lo sabía -le contestó Nena-chan sin inmutarse-, pero no pasaría nada porque a veces también veo películas en español.
Que de verdad que no la hemos entrenado para que vaya troleando a la gente, es que la niña es así.
Pasamos y ZaraJota y Nena-chan se fueron a por palomitas mientras que Bebé-kun y yo íbamos a buscar nuestros asientos.
Cuando entramos la sala ya estaba a oscuras y estaban poniendo anuncios de coches.
En español, claro, porque si eres un extranjero de vacaciones que ha decidido refugiarse del calor en el cine lo que necesitas es justamente enterarte de que tienes los audis de oferta.
El niño llegó medio desorientado hasta el asiento y de pronto se dio la vuelta y vio LA PANTALLA.
Si os digo que alucinó me quedo corta: se le descolgó la mandíbula.
Levantó un dedito, señaló a la pantalla y me dijo:
-MAMÁ MIRA.
-Shhhhh, lechoncillo, es el cine...
-PERO MIRA.
-Sí, ya lo veo, es chulo, ¿eh?
-TÍ. CHULO CHULO.
Y se quedó mirando con la boca abierta y el dedillo extendido.
Aproveché para soltar las innumerables bolsas que iba cargando, y luego sujeté con una mano el asiento abatible y con la otra subí a Bebé-kun.
Entonces fue cuando descubrí que el niño no pesa lo suficiente para mantener el asiento bajado: Bebé-kun se convirtió en la asombrosa empanadilla humana.
El pobre ni se quejó ni nada. Seguía con la boca abierta; entre la gomaespuma y el terciopelo falso asomaba un dedillo que apuntaba a la pantalla.
Bajé el asiento y coloqué al niño al borde del todo. Parecía que ahí aguantaba.
Entonces llegaron ZaraJota y Nena-chan con el cubo de palomitas más grande que ha existido jamás.
Las palomitas eran la pieza clave en la operación Mantén En Silencio Al Lechoncillo: en una de las innumerables bolsas llevaba incluso dos cuencos de plástico para que cada niño tuviera su ración de palomitas y no hubiera incidentes.
También llevaba agua, gominolas, tortitas de arroz, muñequitos de Peppa Pig, un yogur que metí tres días antes y olvidé sacar y una guirnalda de cumpleaños.
No preguntéis por qué: de verdad, no queréis saberlo.
La operación MESAL funcionó extraordinariamente bien y todos salimos muy contentos del cine. Bueno, contentos y aliviados.
-Qué bien se han portado -le dije a ZaraJota.
-Sí, y el personal del cine ha sido muy amable. Incluso se han ofrecido a darme un montón de revistas para el niño.
-¿Por si se aburría?
-Para que se sentara encima. Pero les he dicho que no hacía falta, que ya es lo bastante alto para ver.
Ciertamente, la altura nunca ha sido un problema.




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13 agosto 2018

Pelokiwi

Pues después del embarazo y con la lactancia y eso se me empezó a caer el pelo a saco.
Pero no sabéis cómo.
Era muy deprimente, sobre todo cuando me quedaba parada debajo de una lámpara, que se me veía el cartón cosa mala. Así que tomé una decisión muy loca, y me corté el pelo al estilo Mary Margaret.
Está feo que yo lo diga pero me quedaba fenomenal de la muerte y, lo que es más importante, los niños dejaron de llamarme "señora".
El problema es que como tengo el pelo de rata así como de rata fino y liso tal cual una rata todos los días se me levantaba con pelos de rata de loca. 
-¡Me voy a dejar el pelo largo otra vez! -anuncié.
Estaba sola en la ducha y quedó un poco raro, y eso me pareció una buena señal.
-Pero -dijo la voz de mi madre en mi cabeza- el problema de dejártelo largo es que te saldrán... RABILLOS.
Oh, los rabillos.
Hasta la mujer más empoderada tiempla al escuchar su nombre.
Rabillos.
Esa temida etapa en la que el pelo no es lo bastante corto para ser corto ni lo bastante largo para ser largo, y por detrás pareces un vendedor de coca de los años ochenta.
-No me importa -le grité a la voz de mi madre en mi cabeza- aprovecharé el verano para pasar la etapa de los rabillos. Me haré coletitas y moñitos y de todas formas estaré casi un mes sola en la oficina y otro de vacaciones. Puedo hacerlo. VOY A VENCER A LOS RABILLOS.

Veinticuatro horas más tarde...
-ZaraJota, rápame la cabeza.
-No.
-Por favor, por favor, por favor, no aguanto más...
-¿Por qué no vas a la peluquería y que te lo corten bien?
-Porque JURÉ por mi propia sangre que aguantaría la etapa de los rabillos.
-Estabas hablando sola en la ducha, Lorz.
-¡Por favor!
-Vale, mañana, si sigues estando loca, te cortaré el pelo.
-¡NO! ¡MAÑANA NO! ¡AHORA!
-Son las once de la noche, Lorz,
-¿Cuándo nos ha detenido eso?
-Si no te rapo la cabeza no me vas a dejar dormir, ¿verdad?
-Verdad.
ZaraJota suspiró. Ya sabéis que es asmático y eso.
Me encaramé en un taburete en mitad del baño mientras ZaraJota buscaba la maquinilla de cortar el pelo. En ese momento los niños, que en teoría, EN TEORÍA, estaban dormidos salieron de su habitación.
-¿Qué estáis sasiendo, mamá?
-Probablemente divorciarnos.
-Queremos verlo.
-¡TÍ! ¡QUEREMOS LERLO!
-Vale.
Los niños se sentaron en el pasillo para observar la operación. ZaraJota montó la maquinilla y la puso al nueve.
-¿Estás segura? -me preguntó.
-Sí.
-¿Segura, segura?
-¡Segura!
ZaraJota metió la maquinilla y empezó a caer pelo por todos lados y ahí lo mismo sí que tuve un momento en plan ay, ay, pero qué he hecho, pero cuando levanté la cabeza y me miré en el espejo descubrí que me estaba quedando sorprendentemente bien.
-ME GUSTA MOGOLLÓN -dije poniendo ojitos manga.
Y entonces la maquinilla se paró.
-¿Qué pasa?
-Parece que se ha quedado sin batería.
-¡ARG!
Llevaba aproximadamente la mitad de la cabeza y en lugar de un suave y sedoso kiwi parecía un caniche con tiña.
-No te preocupes, tiene cargador.
Pero resultó que el dichoso aparatito no funciona mientras carga.
Y tarda SIGLOS en cargar.
Y ya eran cerca de las doce de la noche.
-No puedo ir a trabajar así -le dije a ZaraJota.
-Puedes ponerte una bolsa de papel en la cabeza.
-No sé si es muy profesional.
-Tenemos una con el logo de la empresa.
-...
-Puedo intentar arreglártelo con las tijeras.
Así fue como descubrimos que no todas las tijeras sirven para cortar el pelo.
Muy mal, IKEA, muy mal.
Al final ZaraJota acabó dándome trasquilones con las tijeras del pescado.
El resultado, a la mañana siguiente fue exactamente este.

Y digo exactamente porque me levanté así, y no hubo manera de cambiarlo ni con la ducha, ni con gomina, ni con laca ni aplastándolo con una piedra: siempre volvía a la misma forma.
Lo reconozco: el aspecto no era exactamente el deseado. Pero era TAN suave que me tenía que contener para no pasarme el día acariciándome la cabecita a mí misma.
-¡Soy mi propia parcelita de césped! -le dije a ZaraJota.
ZaraJota no contestó y me metió la bolsa de papel en la mochila por si acaso.
Cuando volví de trabajar parecía ansioso.
-Quizá deberías acariciarme un poco la cabeza -le dije-: es muy relajante.
-¿Qué te han dicho en el trabajo?
-Ay, ¡les ha gustado muchísimo!
-¿En serio?
-Sí: ¡no paraban de reírse!





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06 agosto 2018

El único fruto del amor

El otro día experimenté un dejá vu de esos: discutí con una viej... anciana en el supermercado.
Estaba tan feliz pesando unos tomates en la báscula de la frutería cuando se me acerca una viej... anciana más arrugada que una pasa y que no me llegaba al hombro y me suelta:
-Tú, pésame los plátanos. Y pon que son BANANAS. No intentes engañarme.
Por el tono y las maneras la señora en su juventud debió ser atracadora de bancos, así que no me atreví a desobedecerle y le pesé las dichosas bananas.
-¿Qué precio ha salido? -me pregunta.
-1,13.
-¡Qué precio más feo!
-Bueno, señora, pues no haber cogido tantas bananas, a mí que me cuenta.
-¿Seguro que has marcado BANANAS?
-Sí.
-Mira que las bananas son más baratas que los plátanos.
-Sí, señora, pero lleva usted dos kilos, que vaya, me parece que están fenomenal de precio.
-Pues yo no entiendo por qué las bananas son más baratas que los plátanos, si los plátanos son más pequeños.
-Eh... bueno, el precio es POR KILO, el tamaño no importa.
O eso les decimos a ellos, ya sabe.
-Ya, pero es que además los plátanos vienen de Canarias, que está más cerca, tendrían que ser más baratos.
-De verdad, señora, que me da igual.
Que son las nueve de la mañana de un puñetero sábado y solo estoy aquí porque Bebé-kun lleva despierto desde las cuatro de la mañana y yo ya no aguantaba más.
-A no ser qué las bananas -seguía la señora- vengan de más cerca. Porque mira que es casualidad que nunca nos digan de dónde vienen las bananas.
-En la pegatina pone que de Costa de Marfil.
En la pegatina, en las cajas, en los carteles de la oferta...
-Claro, eso PONE. Pero podrían venir de cualquier lado. De Zaragoza, por ejemplo.
O de Móstoles, o de Cuenta, o de Alpedrete. Toda España está llena de plantaciones secretas de bananas que luego llevan al puerto más cercano (probablemente BARCELONA o algún sitio peor) donde les ponen pegatinas FALSAS antes de reenviarlas a Mercamadrid. ¡Por eso se ponen malas tan pronto! ¡Porque ya llevan por lo menos una semana dando vueltas de contrabando!
-Señora, estoy razonablemente segura de que vienen de Costa de Marfil.
-Bueno -insiste las señora-, si las bananas DE VERDAD vienen de Costa de Marfil tendrían que ser más caras, porque el marfil siempre ha sido carísimo.
-...
Sin palabras. La viej... anciana me dejó sin palabras. A MÍ.
-Además, Costa de Marfil está más lejos, y mira cómo está el precio del combustible.
Ahí ya sí que reconozco que se me cruzaron los cables.
-Señora, esto es el siglo XXI: lo que más encarece un producto siempre es la mano de obra. Por poco que cobre un recolector de plátanos en Canarias, seguro que cobra infinitamente más que un recolector de bananas en Costa de Marfil.
Pero a la señora el convenio colectivo de los recolectores de bananas se la sudaba mogollón.
-Pues el otro día oí en las noticias que va a subir el precio de gasoil -me dice.
Ahí fue cuando (tarde, lo admito) me di cuenta de que no merecía la pena seguir hablando. Le di a la viej... anciana las dichosas bananas, le di la espalda y seguí con mi compra.
Según me alejaba, la viej... anciana seguía gritando:
-¡LOS JÓVENES DE HOY EN DÍA, TANTO COCHE TANTO COCHE! ¡Y CLARO, ASÍ ESTÁ EL PRECIO DE LAS BANANAS!
Total, que llego a casa y ZaraJota empieza a sacar la compra del carrito, y de pronto me dice:
-Lorz, has comprado dos kilos de plátanos.
-Sí.
-¿Y eso?
-Es que va a subir el gasoil.




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30 julio 2018

El bichopollo

Ay, que no he contado por aquí lo del bichopollo...

Un día de estos en los que me dolía la espalda un horror e iba (tarde) camino al colegio con los dos niños, las dos mochilas, mi bolsaco y dios sabe qué más nos encontramos un bichopollo perdido en Valle de Oro (la calle se llama así, creo que en sentido irónico porque debe de ser una de las calles más sucias de todo Madrid).
El bichopollo iba dando saltitos por el suelo y se acercaba a todo el que pasaba en plan "¿eres mi madre? ¿no? Pues te pareces".
La madre estaba en un árbol y lo llamaba, pero el bichopollo estaba a por uvas totalmente, y supongo que con tanta gente alrededor no se atrevía a bajar a por él.
Me paré con los niños para ver si el pobre bichopollo estaba bien, y entonces se empezó a parar más gente, y una chica consiguió atraparlo, pero el bichopollo debió sospechar que aquello no era su madre y le soltó un picotazo que no veas, de pronto tenía más pico que cuerpo, el j*d** bicho.
Entonces llegó un viej... anciano y nos dijo que lo que había que hacer era lanzarlo al aire y que el bichopollo volaría solo.
Debo decir que en aquel momento nos pareció que aquello tenía todo el sentido del mundo.
La chica, que todavía estaba intentando defenderse de los picotazos, dijo que no se atrevía, así que el viej... anciano le quitó al bichopollo y lo lanzó al aire con tanta energía que si lo ven en Estados Unidos me lo fichan para un equipo de béisbol.
El bichopollo ascendió...
abrió las alas...
y luego cayó a plomo, dando lo que podríamos denominar un buen pollazo.
Por suerte cayó en un parterre y en blando, y digo por suerte porque algún degenerao se ha dedicado a tirar escombros ahí, escondiéndolos entre la vegetación, y a mí no me gusta criticar pero los escombros llevan meses ahí y el servicio de limpieza del ayuntamiento no los retira.
Volviendo al bichopollo, se quedó ahí protegido por la vegetación, y es de esperar que la madre bajara a buscarlo tarde o temprano.
Nos hubiera gustado quedarnos para ver el desenlace pero ya llegábamos tarde al colegio... y no descarto que fueran los gritos de los niños los que estuvieran asustando a la madre, para empezar.
Total, que unos días más tarde volvemos a pasar por el mismo parterre, y Bebé-kun se empieza a meter entre los arbustos (y los escombros).
-¿Qué haces?
-USCANDO ICHOPOLLO.
Verás si al final se convertirá en el nombre oficial de la especie.




Gracias a esta historia y a Otro Ser Humano descubrí qué hacer si te encuentras un bichopollo en el suelo. 


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23 julio 2018

Frozen Superstar

Esto no lo sabéis porque apenas lo he dicho, pero estoy muy jodida de la espalda.
Hace muchos meses que me duele el pecho, y he ido al médico varias veces (una de ellas, con dolor en pecho y brazo izquierdo, estaba convencida de que me estaba dando un infarto) y siempre me decían que era ansiedad.
-Pero no puede ser -les decía yo-, he tenido ataques de ansiedad antes y no se parecían nada a esto.
-Bueno, es que la ansiedad se manifiesta de muchas formas.
-Y es que además me pongo peor los fines de semana y en vacaciones, cuando estoy con los niños.
-...
-Mis hijos NO me producen ansiedad.
-Bueno, es que la ansiedad es muy puñetera, a veces se manifiesta cuando empiezas a relajarte.
Pues vaya m**rd*.
Al final llegó el día en que no podía andar recto. Ni levantar los brazos. Ni girar el cuello. Era prácticamente un ent. Y el médico reconoció que, efectivamente, tengo la espalda muy j*d*d*.
Llevo desde entonces yendo al fisio y me va fenomenal, calculo que en cien o doscientas sesiones más podré moverme como una persona normal.
Mientras tanto estamos abusando de mis padres más de lo que es habitual, tanto para ocuparse de los niños como para prestarnos el coche.
La última vez fue la semana pasada, cuando tuvimos la ocurrencia de pasar el día en el zoo.
Debo decir que los niños no están acostumbrados al coche y por lo general o se aburren y se ponen tontísimos o, cito a Nena-chan, "gomitan". Los trayectos más o menos largos en coche suelen ser una pesadilla, por eso le dije a ZaraJota que se acordara de coger algo de música para el camino.
-Sí -contestó él con la verborrea que le caracteriza.
Así que llegamos al coche y como es de esos mágicos que funcionan por proximidad nada más subirnos empezó a sonar la música.
CHA CHA CHAAAA
CHA CHA CHAAAA
CHA CHA CHACHA CHA
CHA CHAA CHA CHAA
Y le digo a ZaraJota:
-Esto es Jesucristo Superstar.
Y locuaz como siempre, me contesta:
-Sí.
Total, que termina de atar a los niños, se sienta, se pone el cinturón y arranca. Yo estaba esperando que cambiara la música, porque todavía no entiendo cómo funciona el aparato mágico de reproducir cds, pero él seguía conduciendo como si tal cosa, y yo no quería decirle nada porque se pone muy tenso cuando conduce (a veces se crispa tanto que incluso dice palabrotas, como "Em c*g* en sant Pere beneït").
Mientras tanto yo me iba mordiendo la lengua y pensando ya está, mi padre está pitopáusico perdido, ¡pues no se va a trabajar todos los días con un disco de Camilo Sesto!
Total que ahí estamos, mirando al infinito, ZaraJota con cara de concentración y yo pensando que a ver si pone el cd de Frozen antes de que los niños se aburran y/o gomiten, cuando de pronto va María Magdalena y canta "No sé como QUERER-LEEEE".
Y le dijo a ZaraJota:
-Esta no es la versión de Camino Sesto, esta es la que fuimos a ver tú y yo.
Y ZaraJota, impertérrito:
-Sí.
-¿Y cómo ha llegado esto al coche de mi padre?
Que no es que me importe, pero mi padre es de la generación "Yo no sé cómo AMARLO" y cuando escuchó la versión de "No sé cómo QUERERLE" casi le dio una embolia en el mismo teatro, de la impresión.
-Lo he traído yo -me explicó ZaraJota.
-¿Y eso?
-Me dijiste que trajera música.
-¡Para los niños!
-A los niños les gusta.
Efectivamente, los niños estaban ojipláticos en el asiento de atrás.
Y entonces empieza a sonar:
CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
Y pienso: verás como ahora se lía.
CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
UNO

CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
DOS

CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
TRES
-Mamá -pregunta Nena-chan-, ¿qué están saciendo?
CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
CUATRO
-Nada, hija, aprendiendo a contar.
CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
CINCO
-¿Van a contar hasta ciento cien?
CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
SEIS
-No, no, solo hasta el cuarenta.
CHA CHA CHARARÁ
CHA CHA CHARARÁ
SIETE
Y entonces salta ZaraJota.
-¡Spoilers!
Y yo:
-MEJOR TE CALLAS QUE YA HABLAREMOS LUEGO TÚ Y YO.
En fin, que cuentan hasta cuarenta. Nenachan se queda un poco plof porque cuarenta es un número como muy tonto, no sé, redondea hasta cincuenta o algo. Y yo me quedo tranquila porque, bueno, lo peor ya ha pasado.
Es que a veces parezco tonta. ¡Será que no he visto procesiones ni nada!
De pronto y sin la menor provocación aquello empieza a todo volumen:
CLAVADLO EN UNA CRUZ
CLAVADLO EN UNA CRUZ
CLAVADLO EN UNA CRUZ
Y yo mirando a los niños de reojo, pensando que a lo mejor había suerte y se aburrían y/o gomitaban.
Pero los niños estaban absolutamente ojipláticos, cada uno en su sillita.
Total, que llegamos al zoo, desatamos a las criaturas, nos bajamos del coche, y le digo a ZaraJota:
-Desde luego ya te vale, ¡mira que ponerles Jesucristo Superstar a los niños!
Y me contesta con toda la calma:
-Bueno, han estado tranquilos todo el viaje, ¿no?
Ahora encima tendré que darle la razón.




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16 julio 2018

El monstruo de Frankenstein

El otro día me fui al cine a ver Mary Shelley con ZaraJota.
Me gustaría daros mi opinión al respecto pero no puedo porque me fui del cine a la mitad cabreada como una mona.
Y mira que últimamente voy tan poco al cine que todo me parece bien.
Que me gustan hasta los anuncios de restaurantes para bodas que ponen antes de los trailers, no os digo más.
Pero aquello era absolutamente insufrible.
Al principio pensé que el problema era yo, que había leído demasiado sobre Mary madre, Mary hija y el resto de la parentela. Pero entonces miré a ZaraJota y le vi la cara de espanto y me dije mira, esta vez el problema no soy yo, es la película.
Y la película es un horror.
Como dicen en No Submarines, lo que nos están intentando vender como una historia feminista sobre la formación de una escritora es, en realidad, la biografía de Mary Shelley contada por la vieja del visillo. Uy, uy, uy, que la madre era una guarrilla que se murió cuando ella tenía diez días. Uy, uy, uy, que el padre se volvió a casar, y la madrastra no veas el carácter que tiene. Uy, uy, uy, que me han dicho que a la chica le ha dado por leer novelas de misterio. Uy, uy, uy, los acreedores. Uy, uy, uy, que se ha fugado con el novio. Uy, uy, uy, que el novio ya estaba casado. Uy, uy, uy, que tiene una hija y todo. Uy, uy, uy, la hermana. Uy, uy, uy, más acreedores. Uy, uy, uy, BYRON (con el rabillo del ojo pintao).
Y claro, después de todo a la chiquilla no le queda más remedio que escribir Frankenstein.
Porque los lexatines no se habían inventado y eso.
Yo miraba la pantalla con la boca abierta porque a ratos no sabía si estaba viendo Blancanieves o Juana la Loca.

¡¡¡Mi madre ha muertoooooooo!!!
¡¡¡Mi marido me engañaaaaa!!!

Desde luego, no estaba viendo nada feminista. Al contrario, lo que estaba viendo era como el talento de una mujer excepcional iba quedando en segundo plano porque el cotilleo era más importante que ella.
Los actores parecen estar pensando lo mismo, o, al menos, preguntándose qué hacen allí. Muy fuerte. Todavía no tengo claro qué pinta el personaje de Maisie Williams, aparte de justificar que se trata de una película feminista. Porque ¿cómo no va a ser feminista una película con Maisie Williams?
Pero lo peor es la pobre Elle, que con cada mirada al infinito parece estar viendo un Oscar que se aleja.
Bueno, lo peor no. Lo peor es que está todo mal. Desde el número de hijos de Shelley hasta la línea temporal, pasando por un vestuario en el que parecen haber asaltado el armario de la BBC al grito de "¡cualquier cosa con corte imperio nos vale!".
Ahora bien, lo que me terminó de cabrear es que pintan a Claire de tontita. Tontita guarrilla, eso sí, pero tontita. Porque igual si pones a dos mujeres inteligentes en la misma película el universo implota o algo.
En fin. Que cuando solo le quedaba media hora para acabar decidimos que no podíamos más, nos levantamos y nos fuimos.
Así al menos podremos fingir que mejoraba al final.



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09 julio 2018

La vida maternosexual

Lo que nadie te dice cuando vas a ser madre es lo mucho que cambia tu vida sexual..
Sí, se hacen muchas bromas con que "se acabó el sexo y dormir" (cuando nació Nena-chan nos regalaron una caja con chocolates que llevaban exactamente ese texto). Pero eso no es exactamente cierto.
El sexo no se acaba, como demuestran las familias numerosas.
Ciertamente, la cantidad se reduce.
Pero lo que de verdad cambia no es la cantidad, sino la calidad.
Me explico.

1. Cambia la relación con tu cuerpo. 
Sobre todo en los primeros meses después del parto, todo era "no aprietes ahí que se me escapa la leche", "no toques ahí que tengo la cicatriz muy sensible", "cuidado con esa postura, que todavía estoy muy chunga de la ciática". Al final ZaraJota le pilló el tranquillo y directamente preguntaba "a ver, ¿dónde puedo tocar hoy?".

2. No puedes hacer ruido. 
Que se despiertan los niños.
No os voy a negar que lo del sexo silencioso tiene su morbo las primeras quinientas veces. A partir de ahí uno empieza a echar de menos un gemidito de vez en cuando.

3. Desarrollas superoído. 
Deriva del punto anterior: estás con la oreja puesta por si oyes levantarse a algún niño.
Porque crees que vas a oír si se levanta algún niño. La triste realidad es que los niños descalzos hacen poquísimo ruido.

4. De pronto el sexo es como en las películas.
Esto es: tapados hasta las orejas. Porque no sabes cuándo va a aparecer un niño por la puerta. Y la verdad es que yo no soy excesivamente pudorosa y los niños están acostumbrados a verme en pelotas, pero no a verme en pelotas haciendo según que cosas. El resultado es sexo con sábana sobaquera, o sexo con camiseta puesta. Me siento generosa y os dejo elegir.

5. De pronto ya no decides cuándo acaba. 
Ya no es solo que te pillen, es que pueden pedir agua, pis, que les enciendas la luz o, horror de los horrores, irse a la cama contigo.
Pero hay algo peor: que uno de los participantes se quede dormido a la mitad.
Las noches sin dormir siempre acaban pasando factura.

6. Le das un nuevo significado a la palabra "juguete sexual".
Cuando eres padres, "juguete sexual" significa que lo mismo estás f*ll*nd* encima de un playmobil, pero no te atreves a parar para quitarlo de ahí porque cada segundo cuenta.

7. Niños aparte, pase lo que pase, no paras. 
Me da igual que sea un tirón, que llamen al timbre o que la casa esté en llamas. Otra vez.
Niños aparte, pase lo que pase, sigues.
Me voy a citar a mí misma en un bonito ejemplo ilustrativo.


Iniciamos la conversación a un ritmo estupendo y antes de darnos cuenta se convirtió en un debate animadísimo, réplica va, contrarréplica viene, y en una de estas de pronto VI UN PIOJO CORRETEANDO POR EL PECHO MUSCULOSO Y PELUDO DE ZARAJOTA.

LO VI CLARAMENTE A PESAR DE QUE TENGO SEIS P*T*S DIOPTRÍAS Y EN ESE MOMENTO NO LLEVABA GAFAS. ASÍ DE GRANDE ERA EL P*T* PIOJO.
Pero, jo, ¡llevábamos tanto tiempo sin conversar! ¡Y estaba resultando una conversaciónMUY interesante! ZaraJota, desde luego, parecía estar, digamos, disfrutando del intercambio de opiniones, y no me parecía educado interrumpir. Además, no había forma de saber cuándo podríamos hablar otra vez. Y estábamos REALMENTE necesitados de conversación.
Por eso en vez de avisar a ZaraJota agarré el piojo entre el pulgar y el índice, lo crují a conciencia y seguí como si no hubiera pasado nada.
El problema era que sí había pasado. Ahora tenía un piojo (fenecido) en la mano y no sabía qué hacer con él. Mantuve la mano en alto mientras pensaba a la desesperada. ¿Lo dejo caer? De eso nada, que acabamos de barrer el suelo. ¿Lo pego en la almohada? Total, vamos a tener que lavarla otra vez de todas formas. Pero, ¿y si sigue vivo y vuelve mientras acabamos la conversación? ¡Son muy rápidos estos bichos! Será mejor que lo deje en la mano... la mantendré en alto por si acaso... que ZaraJota no sospeche nada, no vaya a perder la concentración...


-Lorz...

...quizá si canto unas sevillanas...
-Lorz...
...no le parezca tan raro que esté con el brazo en alto mientras hablamos...
-¡LORZ!
-¿Qué?
-¿Qué te pasa? Pareces distraída.
-Nada, que tengo un piojo en la mano, pero no te preocupes, podemos seguir charlando.
-Pe-pero... ¡Yo no puedo concentrarme si estás pensando en el piojo!
Claaaro, ahora será culpa del piojo.


(Mamá en Bulgaria acuñó el término piojus interruptus para esta ocasión).

8. En realidad no estás a lo que estás
Sorprendente pero cierto. Por si todo lo anterior no os ha dado una idea del nivel de concentración necesario, añado: Bebé-kun nació con un poder mutante inesperado. El nene se echaba a llorar cada vez que su padre me tocaba. No hacía falta ni que nos estuviera mirando, ni que estuviera en la misma habitación, a veces no estaba ni en la misma casa: solo con que nos rozáramos se echaba a llorar. A veces ZaraJota me rozaba una teta solo para ver cómo de sensible era el sentido arácnido de Bebé-kun.
Bueno, puede que también le apeteciera tocarme una teta y eso fuera todo lo que podía conseguir.
"Alarma de castidad", lo llamábamos.
Durante los primeros meses de Bebé-kun, la única forma de que ZaraJota y yo mantuviéramos relaciones sexuales era que uno de los dos meciera la cuna de Bebé-kun durante todo el proceso.
No voy a entrar en detalles pero sí os diré que una vez que te acostumbras no distrae tanto como pudiera parecer.

9. El final siempre es insatisfactorio.
Porque el final tendría que ser dormirse plácidamente en pelotas.
Pero no.
Porque tienes niños y tus niños tienen la costumbre de levantarse de madrugada y meterse en tu cama, además de la costumbre de hablar muy alto y decir cosas como "MAMÁ, ¿PORQUÉ PAPÁ Y TÚ ESTÁIS DESNUDOS EN LA CAMAAAA?".
Así que cuando terminas te levantas, te vistes y, según lo que hayas hecho, te lavas las manos por si hay que atender a un niño durante la noche.
Si eso no es cortar el rollo ya me diréis lo que es.

10. De pronto no importa si te apetece tener sexo o no. 
Si habéis prestado atención a los 9 puntos anteriores quizá habréis llegado a la conclusión de que no siempre se puede tener sexo cuando se quiere: hay que tener sexo cuando se puede.
A veces es en plan: llevamos levantados desde las seis de la mañana, hemos pintado todo el piso, tenemos un virus intestinal y nos duele la vida... PERO LOS NIÑOS ESTÁN CON LOS ABUELOS Y HOY SE MOJA SÍ O SÍ.



PD: Ya sabéis que no puedo contestar a vuestros comentarios, pero os agradecería que me contarais si vuestra vida materno-sexual es igual de penosa que la mía, por aquello del mal de muchos...



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