16 julio 2018

El monstruo de Frankenstein

El otro día me fui al cine a ver Mary Shelley con ZaraJota.
Me gustaría daros mi opinión al respecto pero no puedo porque me fui del cine a la mitad cabreada como una mona.
Y mira que últimamente voy tan poco al cine que todo me parece bien.
Que me gustan hasta los anuncios de restaurantes para bodas que ponen antes de los trailers, no os digo más.
Pero aquello era absolutamente insufrible.
Al principio pensé que el problema era yo, que había leído demasiado sobre Mary madre, Mary hija y el resto de la parentela. Pero entonces miré a ZaraJota y le vi la cara de espanto y me dije mira, esta vez el problema no soy yo, es la película.
Y la película es un horror.
Como dicen en No Submarines, lo que nos están intentando vender como una historia feminista sobre la formación de una escritora es, en realidad, la biografía de Mary Shelley contada por la vieja del visillo. Uy, uy, uy, que la madre era una guarrilla que se murió cuando ella tenía diez días. Uy, uy, uy, que el padre se volvió a casar, y la madrastra no veas el carácter que tiene. Uy, uy, uy, que me han dicho que a la chica le ha dado por leer novelas de misterio. Uy, uy, uy, los acreedores. Uy, uy, uy, que se ha fugado con el novio. Uy, uy, uy, que el novio ya estaba casado. Uy, uy, uy, que tiene una hija y todo. Uy, uy, uy, la hermana. Uy, uy, uy, más acreedores. Uy, uy, uy, BYRON (con el rabillo del ojo pintao).
Y claro, después de todo a la chiquilla no le queda más remedio que escribir Frankenstein.
Porque los lexatines no se habían inventado y eso.
Yo miraba la pantalla con la boca abierta porque a ratos no sabía si estaba viendo Blancanieves o Juana la Loca.

¡¡¡Mi madre ha muertoooooooo!!!
¡¡¡Mi marido me engañaaaaa!!!

Desde luego, no estaba viendo nada feminista. Al contrario, lo que estaba viendo era como el talento de una mujer excepcional iba quedando en segundo plano porque el cotilleo era más importante que ella.
Los actores parecen estar pensando lo mismo, o, al menos, preguntándose qué hacen allí. Muy fuerte. Todavía no tengo claro qué pinta el personaje de Maisie Williams, aparte de justificar que se trata de una película feminista. Porque ¿cómo no va a ser feminista una película con Maisie Williams?
Pero lo peor es la pobre Elle, que con cada mirada al infinito parece estar viendo un Oscar que se aleja.
Bueno, lo peor no. Lo peor es que está todo mal. Desde el número de hijos de Shelley hasta la línea temporal, pasando por un vestuario en el que parecen haber asaltado el armario de la BBC al grito de "¡cualquier cosa con corte imperio nos vale!".
Ahora bien, lo que me terminó de cabrear es que pintan a Claire de tontita. Tontita guarrilla, eso sí, pero tontita. Porque igual si pones a dos mujeres inteligentes en la misma película el universo implota o algo.
En fin. Que cuando solo le quedaba media hora para acabar decidimos que no podíamos más, nos levantamos y nos fuimos.
Así al menos podremos fingir que mejoraba al final.



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09 julio 2018

La vida maternosexual

Lo que nadie te dice cuando vas a ser madre es lo mucho que cambia tu vida sexual..
Sí, se hacen muchas bromas con que "se acabó el sexo y dormir" (cuando nació Nena-chan nos regalaron una caja con chocolates que llevaban exactamente ese texto). Pero eso no es exactamente cierto.
El sexo no se acaba, como demuestran las familias numerosas.
Ciertamente, la cantidad se reduce.
Pero lo que de verdad cambia no es la cantidad, sino la calidad.
Me explico.

1. Cambia la relación con tu cuerpo. 
Sobre todo en los primeros meses después del parto, todo era "no aprietes ahí que se me escapa la leche", "no toques ahí que tengo la cicatriz muy sensible", "cuidado con esa postura, que todavía estoy muy chunga de la ciática". Al final ZaraJota le pilló el tranquillo y directamente preguntaba "a ver, ¿dónde puedo tocar hoy?".

2. No puedes hacer ruido. 
Que se despiertan los niños.
No os voy a negar que lo del sexo silencioso tiene su morbo las primeras quinientas veces. A partir de ahí uno empieza a echar de menos un gemidito de vez en cuando.

3. Desarrollas superoído. 
Deriva del punto anterior: estás con la oreja puesta por si oyes levantarse a algún niño.
Porque crees que vas a oír si se levanta algún niño. La triste realidad es que los niños descalzos hacen poquísimo ruido.

4. De pronto el sexo es como en las películas.
Esto es: tapados hasta las orejas. Porque no sabes cuándo va a aparecer un niño por la puerta. Y la verdad es que yo no soy excesivamente pudorosa y los niños están acostumbrados a verme en pelotas, pero no a verme en pelotas haciendo según que cosas. El resultado es sexo con sábana sobaquera, o sexo con camiseta puesta. Me siento generosa y os dejo elegir.

5. De pronto ya no decides cuándo acaba. 
Ya no es solo que te pillen, es que pueden pedir agua, pis, que les enciendas la luz o, horror de los horrores, irse a la cama contigo.
Pero hay algo peor: que uno de los participantes se quede dormido a la mitad.
Las noches sin dormir siempre acaban pasando factura.

6. Le das un nuevo significado a la palabra "juguete sexual".
Cuando eres padres, "juguete sexual" significa que lo mismo estás f*ll*nd* encima de un playmobil, pero no te atreves a parar para quitarlo de ahí porque cada segundo cuenta.

7. Niños aparte, pase lo que pase, no paras. 
Me da igual que sea un tirón, que llamen al timbre o que la casa esté en llamas. Otra vez.
Niños aparte, pase lo que pase, sigues.
Me voy a citar a mí misma en un bonito ejemplo ilustrativo.


Iniciamos la conversación a un ritmo estupendo y antes de darnos cuenta se convirtió en un debate animadísimo, réplica va, contrarréplica viene, y en una de estas de pronto VI UN PIOJO CORRETEANDO POR EL PECHO MUSCULOSO Y PELUDO DE ZARAJOTA.

LO VI CLARAMENTE A PESAR DE QUE TENGO SEIS P*T*S DIOPTRÍAS Y EN ESE MOMENTO NO LLEVABA GAFAS. ASÍ DE GRANDE ERA EL P*T* PIOJO.
Pero, jo, ¡llevábamos tanto tiempo sin conversar! ¡Y estaba resultando una conversaciónMUY interesante! ZaraJota, desde luego, parecía estar, digamos, disfrutando del intercambio de opiniones, y no me parecía educado interrumpir. Además, no había forma de saber cuándo podríamos hablar otra vez. Y estábamos REALMENTE necesitados de conversación.
Por eso en vez de avisar a ZaraJota agarré el piojo entre el pulgar y el índice, lo crují a conciencia y seguí como si no hubiera pasado nada.
El problema era que sí había pasado. Ahora tenía un piojo (fenecido) en la mano y no sabía qué hacer con él. Mantuve la mano en alto mientras pensaba a la desesperada. ¿Lo dejo caer? De eso nada, que acabamos de barrer el suelo. ¿Lo pego en la almohada? Total, vamos a tener que lavarla otra vez de todas formas. Pero, ¿y si sigue vivo y vuelve mientras acabamos la conversación? ¡Son muy rápidos estos bichos! Será mejor que lo deje en la mano... la mantendré en alto por si acaso... que ZaraJota no sospeche nada, no vaya a perder la concentración...


-Lorz...

...quizá si canto unas sevillanas...
-Lorz...
...no le parezca tan raro que esté con el brazo en alto mientras hablamos...
-¡LORZ!
-¿Qué?
-¿Qué te pasa? Pareces distraída.
-Nada, que tengo un piojo en la mano, pero no te preocupes, podemos seguir charlando.
-Pe-pero... ¡Yo no puedo concentrarme si estás pensando en el piojo!
Claaaro, ahora será culpa del piojo.


(Mamá en Bulgaria acuñó el término piojus interruptus para esta ocasión).

8. En realidad no estás a lo que estás
Sorprendente pero cierto. Por si todo lo anterior no os ha dado una idea del nivel de concentración necesario, añado: Bebé-kun nació con un poder mutante inesperado. El nene se echaba a llorar cada vez que su padre me tocaba. No hacía falta ni que nos estuviera mirando, ni que estuviera en la misma habitación, a veces no estaba ni en la misma casa: solo con que nos rozáramos se echaba a llorar. A veces ZaraJota me rozaba una teta solo para ver cómo de sensible era el sentido arácnido de Bebé-kun.
Bueno, puede que también le apeteciera tocarme una teta y eso fuera todo lo que podía conseguir.
"Alarma de castidad", lo llamábamos.
Durante los primeros meses de Bebé-kun, la única forma de que ZaraJota y yo mantuviéramos relaciones sexuales era que uno de los dos meciera la cuna de Bebé-kun durante todo el proceso.
No voy a entrar en detalles pero sí os diré que una vez que te acostumbras no distrae tanto como pudiera parecer.

9. El final siempre es insatisfactorio.
Porque el final tendría que ser dormirse plácidamente en pelotas.
Pero no.
Porque tienes niños y tus niños tienen la costumbre de levantarse de madrugada y meterse en tu cama, además de la costumbre de hablar muy alto y decir cosas como "MAMÁ, ¿PORQUÉ PAPÁ Y TÚ ESTÁIS DESNUDOS EN LA CAMAAAA?".
Así que cuando terminas te levantas, te vistes y, según lo que hayas hecho, te lavas las manos por si hay que atender a un niño durante la noche.
Si eso no es cortar el rollo ya me diréis lo que es.

10. De pronto no importa si te apetece tener sexo o no. 
Si habéis prestado atención a los 9 puntos anteriores quizá habréis llegado a la conclusión de que no siempre se puede tener sexo cuando se quiere: hay que tener sexo cuando se puede.
A veces es en plan: llevamos levantados desde las seis de la mañana, hemos pintado todo el piso, tenemos un virus intestinal y nos duele la vida... PERO LOS NIÑOS ESTÁN CON LOS ABUELOS Y HOY SE MOJA SÍ O SÍ.



PD: Ya sabéis que no puedo contestar a vuestros comentarios, pero os agradecería que me contarais si vuestra vida materno-sexual es igual de penosa que la mía, por aquello del mal de muchos...



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02 julio 2018

Haciendo el g*l*p*ll*s

Esta semana no puedo actualizar porque he estado muy ocupada haciendo el g*l*p*ll*s.







(Más vídeos recientes haciendo el g*l*p*ll*s aquí)




24 junio 2018

La fabulosa trapecista Lorzagirl

Mi espalda igual, gracias.
El fisio me dice que es porque tengo "trapecios" y yo le digo que me viene de familia porque mi bisabuelo trabajaba en un circo.
-¿De verdad? ¿Y qué hacía?
-Tocaba el clarinete en la orquesta.
-Ah.
He tenido la conversación del circo como medio millón de veces y todo el mundo se decepciona cuando digo lo del clarinete. ¿Qué esperaban que hiciera? ¿Tragar sables? ¿Vosotros sabéis lo indigestos que son? Y no quiero ni pensar en la hora de ir al baño.
Aunque, bien pensado, a lo mejor es así como se fabrican los cuchillos de postre.
Superado el chasco, el fisio me dijo que me mandaría por mail unos ejercicios para ponerme mejor.
En la siguiente sesión me preguntó si había hecho los ejercicios.
-¿Hacer? ¡Te entendí que me pondría mejor cuando me los mandaras!
-¡Y los hicieras!
-¡Nadie dijo nada de hacer!
-¡Estaba implícito!
-Claro, claro, qué casualidad que ahora hay un testigo sorpresa...
El caso es que no sé por qué no estoy mejorando tan rápido como esperaba.
Y luego están los niños.
Ahora que hace calor, Bebé-kun ha decidido que la ropa es de cobardes, y tengo que vestirlo por la fuerza todas las mañanas, que de verdad a veces pienso cómo es posible que haya gente que secuestre niños, si a veces necesitamos tres adultos para ponerle a Bebé-kun un calcetín.
Desgraciadamente, por las mañanas en casa solo hay un adulto. 
Más desgraciadamente aún, ese adulto soy yo.  
Mientras tanto Nena-chan ha decidido que hacerme caso es de cobardes, y simplemente hace lo que le da la gana.
Eso, o empieza a mostrar síntomas de TDA. 
Que le viene de familia, como lo de tener trapecio. 
Nena-chan hace cosas como:

  • Ponerse los dos calcetines en el mismo pie, "porque no me he dado cuenta".
  • Ponerse la ropa encima del pijama, "porque no me he dado cuenta". 
  • Quitarse el pijama, y volverse a poner el pijama sin braguitas, "porque no me he dado cuenta".
  • Quitarse el pijama, vestirse perfectamente, e irse al cole sin braguitas, "porque no me he dado cuenta". (De la impresión que te llevas cuando la niña sale del colegio sin bragas ya hablamos otro día). 
  • Quedarse dentro del ascensor "porque se me olvida salir". 
  • No subirse al autobús "porque no me he dado cuenta de que estaba ahí". POR EL AMOR DE DIOS QUE ES UN AUTOBÚS DOBLE CÓMO C*J*N*S PUEDE NO DARSE CUENTA DE QUE ESTÁ AHÍ SI ADEMÁS LA LLEVO COGIDA DE LA MANO ES QUE DE VERDAD NO ME LO EXPLICO. 

En fin.
A lo mejor estáis pensando que quizá debería yo estar más pendiente de ella. Seguramente sí. Pero todas estas cosas se producen MIENTRAS yo le voy recordando que se ponga los calcetines (uno en cada pie), que se quite el pijama, que POR DIOS BENDITO, hagas lo que hagas, ponte bragas.
En fin.
Prepararlos para el colegio, y encima con este dolor de espalda, es una p*t* tortura complicado.
A veces les digo que los voy a vender a un circo.
Otra veces pienso que es mejor que la que se vaya con el circo soy yo.
No sé tocar el clarinete pero al menos tengo trapecios. 
A veces pierdo los nervios y les meto el clásico bocinazo que ya sé yo que no hay que gritarles a los niños, pero mira, tampoco hay que llegar tarde al colegio y no se puede tener todo en la vida.
Total, que hace unos días nos cruzamos con una de las vecinas en el descansillo, una señora mayor que lleva toda la vida en el edificio.
-Ay, qué grandes están -me dice-, si parece que fue ayer cuando estabas con la tripa.
-A mí no me parece ayer -le dije, puede que llorando interiormente un poquito.
-Te dan mucha guerra, ¿eh?
-[Llorando interiomente] No.
Entonces la vecina se volvió a los niños.
-Anda, anda, menudos pillines. A ver, ¿quién es el que baja todas las mañanas las escaleras gritando?
A lo cual los dos pequeños traidores contestaron al unísono:
-Mamá.
Ya está, es definitivo, me voy al circo.



¡El colegio terminó y ahora solo tenemos que hacer equilibrios con los horarios  las ubicaciones de tres campamentos urbanos diferentes!
¿No es genial la conciliación? 




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18 junio 2018

Mi infancia son recuerdos

La telenovela era esta.
Gracias.
Ahora ya puedo dormir por las noches. 


Pues el otro día estaba hablando con Hermano Pequeño porque estaba sentado delante de mí y no me quedaba más remedio, y una cosa llevó a la otra y acabamos comentando lo raro que es ser de pueblo y vivir en Madrid, sobre todo cuando oímos a gente de nuestra edad hablando sobre sus infancias y nos damos cuenta de que no tenemos absolutamente nada en común con ellos, y nos sentimos como marcianos por dentro, pero marcianos no en plan Matt Damon, sino en plan Mars Attacks!.
Por ejemplo, hasta que entré en la universidad jamás había oído hablar de Parchís, ni visto ninguna de las películas, aunque sí había escuchado algunas canciones porque el concepto de tortura es universal. Lo mismo me pasaba con Enrique y Ana. No había visto Los Goonies ni El cristal oscuro, aunque sí otras porque teníamos videoclub. La primera vez que entré en un parque de bolas fue con mis hijos, y lo mismo me pasó con un cumpleaños en un Burger King. Y esto os va a flipar, pero el concepto de ir al parque con los niños es totalmente nuevo para mí. Cuando veníamos de visita, mi abuela nos llevaba a la plaza de Peñuelas hasta que la tomaron los yonquis, y luego a Gasómetro hasta que lo tomaron los yonquis. También íbamos a los toboganes del paseo marítimo de Blanes, cuando estábamos ahí. Ese no lo tomaron los yonquis, y sigue en el mismo sitio. Pero el concepto de "llevar a los niños al parque" en el pueblo simplemente no existía. Probablemente porque el parque estaba tomado por los yonquis, ahora que lo pienso. Y los columpios estaban rotos y llenos de óxido y basura y no había ni una puñetera sombra. Y, además, en general los padres no llevaban a los niños a ningún lado: los padres se iban al bar y los niños iban detrás. 
Me estoy yendo por las ramas. 
Pues eso, que estaba hablando con Hermano Pequeño sobre lo raros que somos y lo totalmente incomprensible que nos resulta la infancia de nuestros amigos, y entonces empecé a darle vueltas a cosas y he hecho una lista, y eso está bien, porque ya que no puedo ser una lista al menos puedo hacer una lista, y además a la gente le gustan las listas.
Estas son las cosas que hago diferente por ser de pueblo:
Y por estar loca de atar. 
Imposible saber cuál de las dos cosas pesa más. 


1. Siempre me lavo las manos con agua fría. 
El agua no tenía suficiente presión para hacer saltar el calentador cuando abríamos el grifo del lavabo, así que salía fría de todas formas. Veinte años después de dejar el pueblo, sigo abriendo siempre el agua fría porque para qué. 

2. Los cortes de agua me provocan pánico. 
Viví varios años de sequía en los que solo teníamos suministro de agua durante unas pocas horas al día, o incluso cada varios días. Si llego a casa y han cortado el agua, rápidamente pienso que vamos a morir todos. 

3. Me pone nerviosa oír el agua del grifo correr. 
¿No has leído el punto anterior? No malgastes el agua. Podríamos morir todos. 

4. Creo que la palabra "arroyo" tiene connotaciones negativas. 
La basura se tiraba al arroyo, las aguas fecales iban a parar al arroyo, los cachorritos no deseados se metían en una bolsa y al arroyo, y cuando nos portábamos mal nos decían que nos iban a tirar al arroyo. No entendía, y sigo sin entender, por qué meten tantos arroyos en los cuentos de hadas. Higiene, por favor. 

5. Me encantan las bolsas de basura, porque antes no había. 
La basura se metía en un cubo sin bolsa ni nada y de ahí iba directa a nunca-adivinaréis-dónde. 
Sí, al arroyo.

6. Las bolsas usadas me ponen nerviosa.
Cuando por fin empezamos a poner bolsas en el cubo, eran bolsas de la compra usadas. Ahora veo una bolsa de plástico usada y pienso en basura. No me acerquéis bolsas de plástico usadas. No metáis mi comida en bolsas de plástico usadas. No me la comeré. Pero al menos ya estará metida en una bolsa que podré tirar al arroyo, algo llevamos adelantado. 

7. Ya que estamos hablando de comida, todos los domingos me sorprendo porque se pueda comprar pan. 
Los domingos las panaderías del pueblo cerraban; los sábados se compraba pan doble. Podías ir a la fábrica de pan directamente o podías esperar a que el panadero pasara por tu calle y tocara el claxon; entonces todas las mujeres salían como quiera que estuvieran a comprar pan de una furgoneta que debía violar como media docena de leyes municipales y de sanidad pública, que a ver si os creéis que el panadero cogía el pan con guantes de plástico o algo. 
Volviendo al tema, los domingo no había ni fábrica ni furgoneta. 
Había varías panaderías y se podrían haber turnado para abrir los domingos, pero eso habría implicado diálogo y probablemente el fin de universo tal y como lo conocemos. 
Lo que sí abría los domingos era la pastelería. Con el tiempo, pensaron que ya que estaban podían vender pan. Bueno, pan no. Que lo mismo los panaderos se enfadaban. Vendían baguettes. Eran más pequeñas y finas que una barra normal, costaban más y se vendían como pan caliente. 
¿Lo pilláis? Porque era pan, y estaba recién hecho. EN DOMINGO. Un locurón. 

8. He tardado años en comprender que El País Semanal se publicaba los domingos.
En el pueblo lo comprábamos los sábados porque, una vez más, la papelería cerraba los domingos. 
Pero eso no significa que los domingos no hubiera prensa: el periódico de los domingos se compraba directamente en la casa de la propietaria de la papelería, que estaba justo encima de la tienda. ¿Tiene todo esto algún sentido? Seguramente sí. Pero no me preguntéis cuál. 

9. No entiendo el clima de Madrid. 
En Córdoba puede llegar a hacer mucho frío. MUCHO. Pero si sale el sol, la temperatura sube, aunque sea un poco. Esto de que en Madrid pueda hacer sol y frío intenso al mismo tiempo, os lo digo claramente, NO ME PARECE NORMAL. 
Tampoco entiendo el tema este de la lluvia. Puedo entender una tormenta salvaje que en una hora deje inundado medio pueblo y se lleve por delante yo qué sé, toda la cosecha. Una cosa razonable, cada cuatro o cinco años o así. Esto de que llueva en otoño y primavera, incluso más de un día seguido, ¿es normal? ¿Es sano? ¿Es por eso que todos tenéis botas de agua y paraguas? ¿Por que esperáis, ya sabéis, usarlos de verdad? 

10. Cada vez que llueve cierro las ventanas porque las corrientes de aire atraen a los rayos. 
Estoy razonablemente segura de que en Madrid hay instalados al menos un par de pararrayos. Pues nada, yo sigo cerrando las ventanas. Lo que ya no hago es desenchufar todos los aparatos eléctricos para evitar subidas de tensión porque, francamente, sería un no parar. Y mira, si sube la tensión que suba; de todas formas yo siempre la tengo bajísima.






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11 junio 2018

El tratamiento homeopático

Lo primero es lo primero, y perdonadme porque sigo sin poder comentar en mi propio blog QUE DE VERDAD LO DE GOOGLE ES DE TRACA. 
Bueno. 
Pues en la entrada anterior hablaba de una telenovela y me decía anónimo que si era esta. Me temo que no. 
La telenovela que yo digo estaba ambientada en el siglo XIX, y lo único que recuerdo era que empezaba siempre con una señora atándose unas botas de cordones que le llegaban a la rodilla, y que en algún momento cruzaba el charco y pasaba varias temporadas en Madrid, donde los presuntos madrileños seguían teniendo el mismo acento (no recuerdo de qué país) pero hablaban a toda velocidad porque eso es lo que hacemos los españoles, al parecer.
¿Alguna idea? 

Mi espalda peor, gracias por preguntar.
El médico me dice que repose, y la verdad es que yo reposo muchísimo después de llevar a los niños al colegio, trabajar, hacer la compra, preparar la cena, acostar a los niños en sus camas y ver cómo vuelven a la mía en cuanto creen que me he dormido.
Pero no estoy mejorando, y ya he llegado a un punto que ni las pastillas me quitan el dolor y solo me las sigo tomando porque me va el vicio.
Así que he tomado una decisión desesperada y he empezado a ir al fisio.






Perdón, estaba llorando.
Entre que poseo unas habilidades sociales mermaditas y que el contacto físico me pone muy nerviosa, la idea de ir al fisio se me hacía muy cuesta arriba.
Además, estaba el médico de cabecera animando:
-Lorz -me decía-, después de las primeras sesiones te va a doler más que ahora.
Y yo le miraba en plan pero a ver, ¿tú quieres que vaya o no?
Total que me fui al fisio y he decir que el médico de cabecera tenía razón y que después de la primera sesión no es que me quisiera morir, es que quería matar, pero para eso tendría que moverme y no podía.
Así que ZaraJota se quedó en el salón cuidando a los niños y yo me metí en la cama a llorar en bajito.
Pero a media tarde o así ZaraJota apareció en la habitación y pensé ya está, este quiere tema.
Y quería tema, lo que pasa que no el tema que yo pensaba.
-Lorz, voy a bajar a comprar el pan, ¿te importa que los niños se vengan contigo un ratito? No tardo nada en volver.
-Vale.
ZaraJota desapareció y volvió con un niño colgado de cada brazo.
-Me voy a comprar el pan y os tenéis que quedar aquí con mamá un rato. Pero mamá está malita, así que tenéis que cuidarla mucho.
-Vale -contestaron a la vez. Y acto seguido se subieron a la cama y empezaron a saltar.
-No... tardes... mucho... -le dije a ZaraJota, pero no me oyó: ya había salido corriendo mientras agitaba los bracitos.
Los niños seguían saltando y golpeándose salvajemente con la almohada que hasta segundos antes había estado debajo de mi cabeza.
-Por... favor... -no terminé la frase porque uno de ellos se cayó, clavándome dolorosamente un codo en un órgano interno que no soy capaz de identificar, pero todo apunta a que no está preparado para recibir semejante trato. Instintivamente me encogí, con lo que me hice más daño en la espalda, y me quedé en posición fetal mientras se me escapaban unos lagrimones como puños.
-¿QUÉ LE PACHA MAMÁ? -preguntó Bebé-kun.
Pues que me has reventado el bazo, la madre que te parió, pensé.
Pero en vez de eso dije:
-Qué mamá está malita.
Quizá hubiera sido mejor no decir nada porque Nena-chan, que ahora que lo pienso quizá vea demasiada tele, decidió que lo que yo necesitaba en ese preciso instante era que me mullera la almohada. El problema era que en ese momento yo no tenía, así que la recuperó del suelo (por supuesto), me agarró de los pelos, me levantó la cabeza y me incrustó la almohada doblada debajo.
-¿Mejor?
-No, Nena-chan.
-¿Dónde te duele?
-En todas partes.
Nena-chan asintió y se fue.
Bebé-kun sintió entonces que caía sobre él toda la responsabilidad y aplicó su propio tratamiento.
-CHANA CHANA, CURITO E RANA, CHI NO CHANAS HOY, CHANARÁS AÑAÑA...
Y se me quedó mirando como pensando dónde dar el beso.
Entonces apareció Nena-chan con un vaso de agua.
-Toma, mamá, bebe agua, verás como te sientes mejor.
-Espera un momento que me incorpore.
-Vale.
Pero el doctor Bebé-kun consideró que era urgente que me tomara el agua. También debió considerar que necesitaba ayuda para tomármela. Así que, bueno, resumiendo mucho porque no sé ni cómo describir lo que sucedió a continuación, me derramó todo el contenido en la cara.
-¿MEJÓ?
-...
Viendo que el tratamiento homeopático no había funcionado, Nena-chan hizo lo que se suele hacer en estos casos: recurrió a la siensia, o en concreto, a su maletín de médico que, una cosa os voy a decir, maldito sea el maletín, maldita la hora en que decidí comprárselo, y maldita la hora en la que entré en Imaginarium por primera vez.
Nena-chan me incrustó el otoscopio en la oreja izquierda y después me auscultó el ombligo.
-Ya veo... -dijo, y se fue, dejándome con Bebé-kun, que me estaba arrancando pelos a puñados con unas tijeras de plástico que no cortan nada pero se enganchan en todas partes que da gusto.
Más o menos en ese momento volvió ZaraJota, que se había ido a comprar el pan a China, porque si no no me explico cómo pudo tardar tanto.
-Lorz -me dijo-, Nena-chan está sola en la cocina intentando vaciar el tarro de miel con una cuchara.
-Ah, sí. Debe ser para curarme la garganta.
-¿Te duele la garganta?
-¿Importa eso?







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04 junio 2018

Tienes algo en la espalda

Pues resulta que un día me fui a urgencias porque tenía mareos, dolor en el pecho y en la espalda y pensé: Lorz, esto va a ser un infarto, y mucho que estaba tardando.
So gorda.
Pero resultó que no era un infarto sino que tenía cervicales, y le dije al médico que si me las podía quitar, y me dijo que no, y en vez de eso me dio unas pautas, y me mandó reposo, y me dio drogas, y la verdad es que no le hice ni caso, así que no entiendo por qué no me encuentro mejor.
Encima no para de llover, y la humedad es muy mala para estas cosas, así que el lunes de pronto estaba que no podía con la vida, o, más concretamente, no podía mover la espalda, que es mucho peor, porque si lo piensas la espalda es como la mitad del cuerpo.
La de atrás, para ser más específica.
Así que me fui al médico, que hacía mucho que no iba, y el médico me dijo:
-Hola, Lorz, ¿cómo estás?
Y yo le dije:
-Bien, gracias.
Y me volvió a explicar que es una pregunta retórica, y yo le dije ya lo sé, pero es una broma recurrente, y el médico me dijo "pues yo voy a hacer la broma recurrente de no recetarte nada" y ahí pensé que mira, tampoco es una broma tan graciosa y lo mismo ha llegado el momento de parar. 
Pues nada, le dije al médico que me dolía mucho el cuerpo, y el médico me aparpó por todas partes y luego movió la cabeza así como ominosamente, que es una palabra que no sé lo que significa pero siempre me ha gustado para ponérsela de nombre a un hijo que tenga.
-¿Qué me pasa?
-Qué estás hecha una m**rd*, Lorz -me dijo, y así que quede entre nosotros pero la verdad es que no me parece un diagnóstico muy serio, que digamos.
-¿Y más concretamente?
-Que tienes contracturado... pues... a ver... así a ojo... todo menos el párpado izquierdo.
-¿El izquierdo no? Pues me lleva picando todo el día.
-Porque tienes conjuntivitis. Pero contractura no.
-¡Chúpate esa, contractura!
-Te voy a dar un folleto con una tabla de ejercicios. Nos los han dado para los pacientes de la tercera edad, pero ellos no los usan porque están mejor que tú.
-Así va la hucha de las pensiones.
El médico también me recetó cosas. Porque desde que no doy teta puedo tomar cafeína, y alcohol y drogas. Lo que pasa es que la cafeína y el alcohol, me sientan fatal, así que le estoy dando a las drogas a saco para compensar.
Así que llego a casa y le digo a ZaraJota:
-Jo, estoy fatal. Me duele mogollón la espalda.
Y me dice:
-Pues a mí me duele un huevo.
-¿La espalda?
Que no es por dudar de su testimonio, pero para dolerle la espalda lo veía muy suelto.
Y me dice:
-No, Lorz. Un huevo. Céntrate, por favor.
-Será broma.
-No, no. Yo nunca bromeo con mis huevos. No tienen sentido del humor, y además nunca me contestan.
-Eh... vale.
Puede que esto no ocurriera exactamente así porque me había tomado un cóctel de pastillas que si lo ve Mólotov llora y suplica que le pongan su nombre a eso, que las bombas incendiarias son como poca cosa en comparación.
-He mirado en internet -dijo ZaraJota-, y podrían ser paperas.
-Jaja, hombre, cómo van a ser paperas, a estas alturas.
-Bueno, los hijos de mis compañeras de trabajo tuvieron paperas hace un par de semanas.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
QUE NO ME ACUERDO SI AL FINAL LE PUSIMOS LA VACUNA A BEBÉ-KUN O NO.*
Y lo mismo fue porque estaba muy drogada, pero entonces me acordé de una telenovela** de época en la que El Galán de turno era estéril porque había tenido paperas de pequeño y se le habían quedado los testículos arrugados como pasas, y por eso no quería casarse con La Protagonista, y se pasaba el día de putas, El Galán, no la protagonista, que ahora bien pensado no entiendo que tiene que ver una cosa con la otra, pero de verdad que era así y todos sufrían mucho, y yo me empecé a agobiar pensando que a mi niño se le quedarían los testículos arrugados como pasas y no le quedaría más remedio que ponerse a explotar a mujeres como un machirulo heteropatriarcal cualquiera.
Ya os he dicho que estaba muy drogada.
Así que convencí a ZaraJota para que fuera al médico, y en cuanto volvió me lancé a sus brazos llorando a lágrima viva, por favor, por favor, qué te ha dicho el médico.
-Ah, nada, dice que es un dolor de cabeza.
-¿Lo del huevo?
-¿Qué huevo?
-El testículo que te dolía hace un par de días.
-Ah, eso se me pasó. He ido a preguntarle por el dolor de cabeza.
Parece que Bebé-kun estará bien.


*Sigo sin saberlo, pero según la cartilla le hemos puesto todas las que tocan, así que entre esas supongo que una fue la de paperas.  
**Lo único que recuerdo de la serie es lo de las paperas y las putas, y os sorprenderá pero con esos datos no he sido capaz de localizarla. 


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27 mayo 2018

Feria del libro 2018

Me adelanto a mí misma para deciros que este año la Feria del Libro de Madrid le ha dado un especial protagonismo a las mujeres, no solo por el preciosísimo cartel de Paula Bonet...

...sino también porque incluye en su programación tres charlas de las Mujeres del Libro...


 ...cuyo cartel, casualmente, también es de Paula Bonet.
Las entrada a las charlas es no solo libre, sino muy recomendable. Tenéis el programa aquí. Yo intentaré ir como público a todas y, quién sabe, quizá incluso me atreva a hablar en alguna.

Y ya que estamos con los libros y demás, iba a recuperar un hilo, pero mejor os cuento otra cosa.
Aunque no lo parezca, soy tímida patológica.
Muy, muy tímida.
Y muy patológica.
Sobre todo lo segundo.
Cuando era pequeña me daba pánico salir sola a la calle porque, ¿y si me encontraba a alguien y tenía que saludar?
EL HORROR.
Ahora no me pasa tanto porque no veo casi nada a media distancia así que ya pueden saludarme los demás, porque lo que es yo no les voy a ver.
Pero sigo siendo muy tímida.
Siempre hago bromas con que soy asocial, pero no es verdad.
A mí me gusta la gente y relacionarme con la gente.
Es solo que no sé cómo.
Siempre pienso que estoy haciendo algo incorrecto, o diciendo tonterías, y me pongo nerviosa y digo más tonterías y me pongo más nerviosa y digo más tonterías, y al final me voy pensando que soy estúpida y que he quedado como una estúpida, y todo el mundo se ha dado cuenta, y que mejor me escondo en un agujero bien profundo y no salgo más.
Y creo que no soy la única a la que le pasa, ¿por qué tienen las redes sociales tanto éxito, si no?
Para los infraseres como yo, que somos legión, entrar en una librería, o en cualquier pequeño comercio, ya que estamos, es un reto. Preferimos las grandes superficies, donde podemos mezclarnos con la multitud y pasar inadvertidos, sin que nadie nos observe. O, mejor aún, comprar por internet, y no porque sea más cómodo o más barato: es porque no tenemos que interactuar con nadie.
¡Menos oportunidades de incomodidad social!
Quizá por eso (por lo de estar loca y tal) me gusta tanto la Feria del Libro.
Me puedo mezclar con la muchedumbre, como si estuviera en una gran superficie, pero al mismo tiempo tengo acceso a muchísimas librerías, casi todas las que quiera, con una interacción mínima.
Y los libros están ahí, por cientos, caseta por caseta, y todo el mundo entiende que los toques y les des vueltas y curiosees, y encima si te da por comprártelos te hacen un descuento.
Y es en el Retiro, y es primavera, y no se me ocurre un lugar más genial en el que estar.





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21 mayo 2018

Día internacional de la lavadora, parte II y ya

Previously in Lorz...
Dos niños pequeños y una lavadora rota.
EL APOCALIPSIS.

Pues resulta que los vendedores de lavadoras todavía no han oído hablar de la incorporación de la mujer al mundo laboral, y solo reparten por la mañana, dando por hecho que algún ama de casa con rulos y bata de boatiné les abrirá la puerta.
Como en mi casa no hay de eso pues me tocó pedirme un día de vacaciones, porque el señor repartidor tampoco parecía dispuesto a concretar.
-Esa misma mañana le llamo y le digo cuándo voy a ir.
-¿Esa misma mañana a qué hora? Que yo también me tengo que organizar...
-De ocho a nueve la llamo sin falta y le concreto la hora de la entrega.
-Vale.
Como era de esperar no me llamó hasta las nueve y media.
Menos mal.
El universo colapsaría si un señor tuviera que adaptarse a los horarios de una mujer, por mucho que los horarios los haya puesto él.
El señor repartidor me dijo que vendrían a casa de 15 a 17, y pensé, jolín, pues me podía haber ido a trabajar, porque visto lo visto no van a aparecer hasta las siete de la tarde, y me habría dado tiempo a llegar a casa, pero bueno, ya que estoy aquí me quedo.
Pues os vais a quedar con las patas temblando, porque el instalador apareció a las 16:30.
¿Qué cuerpo se os queda?
A mí cuerpo de botijo, aunque la verdad es que ya tenía cuerpo de botijo de antes, para qué nos vamos a engañar.
Total, que aparece el instalador hinchado como un pavo porque venía con un chavalín al que estaba enseñando y se debía creer Obi-Wan. COMO MÍNIMO.
Así que traen la lavadora y empieza a conectar cosas dándose muchas ínfulas, "Mira, ves esto de aquí", decía, y en otro asentía como un loco, y luego los dos negaban con la cabeza, y yo pensaba, ES EL P*T* DESAGÜE DEL FREGADERO, QUÉ MIRÁIS TANTO.
-Lo siento, señora, pero no le puedo dejar la lavadora instalada.
-¿Que QUÉ?
-Es que el desagüe está mal.
-¡Si la lavadora vieja estaba enganchada ahí!
-Ya, pero es que esta es lavadora Y secadora.
-La vieja también.
-¡Que el desagüe está mal!
-Pero... pero... ¿no la puedo usar? ¿hasta cuando?
-Ay... Bueno, si quiere puede poner un cubo debajo del desagüe, y la puede ir usando mientras traemos la pieza que falta.
-Vale.
-Muy bien, pues se la dejo puesta y ahora vengo.
Y entonces, por razones que se me escapan, el técnico puso en marcha la lavadora VACÍA sin esperar a que yo pusiera el cubo debajo.
ADIVINAD QUÉ.
Empezó a salir agua por el desagüe.
Investigaciones posteriores demostraron que el único problema que tenía el desagüe era que el propio instalador lo había aflojado. Supongo que pretendía sacarse un extra "arreglándomelo" después. 
Salí corriendo a buscar el palo de la fregona.
Lo puse debajo del desagüe.
Agarré el manual de instrucciones.
Descubrí cómo se pausaba la lavadora.
Pausé la lavadora.
Saqué el cubo de debajo del desagüe.
Recogí el agua.
Volví a poner el cubo debajo del desagüe.
Despausé la lavadora.
EMPEZÓ A SALIR AGUA A CHORRO POR LA PUERTA DE LA LAVADORA PERO QUÉ C*Ñ* PASA SI YO LA PUERTA DE LA LAVADORA NO LA HE TOCADO EL TÉCNICO SE LA HA DEBIDO DEJAR MAL CERRADA.
Necesito pausar la la lavadora dónde está el manual de instrucciones dónde está no lo encuentro j*d*r j*d*r a la m**rd* todo, Lorz, pon el cubo.
NO ENCUENTRO EL CUBO NO ESTÁ POR NINGUNA PARTE NO PUEDE SER ES VERDE FOSFORITO CÓMO SE HA PODIDO PERDER EL CUBO.
No puede ser: creo que los técnicos me han robado el cubo. La madre que los... ya podían haberse llevado el p*t* ipad, que no vale para nada.
SIGUE SALIENDO AGUA, LORZ, PON TOALLAS.
¡¡¡NO QUEDAN TOALLAS!!!
¡¡¡CORTA EL AGUA!!!
¡¡¡NO PUEDO CORTAR EL AGUA, NO ME DEJAN JUGAR CON TIJERAS!!!
¡¡¡CON LA LLAVE DE PASO, QUE PARECES TONTA!!!
¿DÓNDE ESTÁ LA LLAVE DE PASO?
¡Ya lo sé! Debajo del fregad...

Anda, mira, el cubo.
Bien pensado, habría sido un poco raro que los técnicos me robaran el cubo.
Ya no sale agua por la portezuela de la lavadora, pero tengo la cocina encharcada. Cojo la fregona, saco el cubo. El desagüe empieza a gotear dentro del armario. Vuelvo a poner el cubo.
Miro la fregona. Miro el cubo. Miro el desagüe.
Llamo a ZaraJota, llorando a todo llorar.
-¿Qué te pasa ahora?
-Que necesito el cubo para recoger el agua pero si cojo el cubo cae más agua y no la puedo recoger...



-Lorz, no entiendo lo que te pasa.
-¡PUES TE LO ESTOY DICIENDO BIEN CLARO!
Cuelgo el teléfono.
A la m**rd*, Lorz. Toallas. Pon muchas toallas.
Y a la m**rd* todo.

*

Cuando ZaraJota volvió a casa, tres horas más tarde, el agua está recogida, el cubo debajo del fregadero, la lavadora funcionando...
-No entiendo el pronto que te ha dado antes -me dice- si todo está perfectamente.
-AHORA.
-¿Has metido calcetines en la lavadora? Me estoy quedando sin.
-No, he puesto una lavadora de toallas.
-¿Toallas? ¡Si estaban todas limpias!
Mira, cállate.



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14 mayo 2018

Día internacional de la lavadora 2018, parte I

El día 17 de mayo es el Día Internacional de la Lavadora, pero fiel a mi promesa de actualizar los lunes AUNQUE SEA PUENTE en Madrid aquí estamos. 



Pues hace un par de semanas o así la lavadora dejó de funcionar.
¡Así, de pronto! 
Yo es que no me lo explico. ¡Si solo tiene seis años! ¡Y dos reparaciones previas! 
Y sí, es verdad que el técnico que nos hizo la segunda reparación nos dijo que eso no iba a aguantar más de seis meses... ¡Pero solo habían pasado dos años desde entonces! 
¡Y además esa tarde solo la había puesto tres veces seguidas! 
Desde luego, ya no hacen lavadoras como las de antes. Ya sabéis, de esas que eran una señora que se iba al río con el cesto en la cabeza. 
En fin. 
-Al menos ya no nos queda ropa sucia -le dije a ZaraJota-. Podemos aguantar un par de días sin lavadora. 
-Eh... -contestó ZaraJota. 
-¿QUÉ?
-Nada, que Bebé-kun ha hecho caca. 
-Ah, muy bien, Bebé-kun, muy bien, ¿has hecho una caca muy grande en el orinal? 
-Estooo... -insistió ZaraJota-, no la ha hecho en el orinal. 
-Ay.. bueno, dame los calzoncillos que los lavo a mano y ya está.
-Es que... también se ha manchado el pantalón.
-Vale, vale, dame el pantalón también, que te pones muy tonto cuando quieres...
-Es que... bueno, ya sabes lo mucho que le gustan a tu hijo los toboganes. Y hacer toboganes con cojines. Y lanzarse desde desde el sofá. Hasta la alfombra.
-...
-Lorz, dime algo, que te estás poniendo muy blanca. 
-...
-¿Lorz?
-...
-¿Quieres que vayamos a comprar otra lavadora?
-Por favor...

Continuará...

06 mayo 2018

Día de la madre 2018

Hoy,

los mismos políticos que  impidieron la ampliación de la baja por maternidad (y paternidad);
que aprobaron una ley que permite despedir a mujeres embarazadas siempre y cuando en el motivo de despido no ponga "te echamos por estar embarazada";
que permiten que en las entrevistas de trabajo se siga preguntando, aunque sea veladamente, si tienes hijos o planeas tenerlos;
que perpetúan la existencia de trabajos precarios, impidiendo que las familias ofrezcan una mínima seguridad y estabilidad a sus hijos, si es que se pueden permitir tenerlos;
que no han aprendido nada, y vuelven a apostar por la especulación inmobiliaria;
que boicotean hasta el intento más nimio de conciliación;
que son ciegos ante la brecha salarial y el techo de cristal;
que convirtieron las ayudas a la dependencia en un proceso kafkiano, tan lento y farragoso que muchos de los solicitantes mueren antes de haber recibido ni un solo euro;
que incluyen o eliminan ciertas vacunas del calendario según lo cerca que estén las elecciones;
que no dan cobertura ni a dentista ni a oculista, salvo para mirar al niño y decir "pues mira, sí, necesita un empaste/gafas";
que subieron los precios de las guarderías públicas hasta hacerlos prohibitivos para las familias con rentas medias;
que están desmantelando la sanidad y la educación públicas, y encima se atreven a insultar a los profesionales de ambos sectores;
que reducen más y más las becas y que han convertido la palabra "becario" en una forma bonita de decir "esclavo";
que, en definitiva, convierten la maternidad en algo mucho más difícil de lo que tendría que ser, y que solo se preocupan de los niños para usarlos como arma arrojadiza en sus debates;

hoy,

esos políticos y, no lo olvidemos, políticas,
llamarán por teléfono a sus mamás,
o se presentarán en su puerta un ramo de flores.
Y como el amor de madre es ciego sus madres pensarán:

"siempre fue un chico estupendo".

30 abril 2018

La hipotética historia de mi hipotética amiga, hipotéticamente hablando

Esta historia la tuiteé en su día, pero no estaba segura de si debía de contarla por aquí.
La culpa es de google que hace las estadísticas de tráfico de tal forma que hasta un idiota puede entenderlas y claro, voy yo y las entiendo. 
Y las estadísticas me dicen que aquí me lee más gente que en twitter. También me dicen que aquí me lee más gente que me conoce en persona. Y más gente de mi pueblo (¿QUIÉN COJONES HA SOLTADO LA DIRECCIÓN DE ESTO EN MI PUEBLO?, me pregunto retóricamente). Y no quiero que me partan las piernas si algún día se me ocurre pasar por ahí, yo qué sé, porque sea el último lugar del mundo donde venden turrolate o algo así. 
Pero si me resistía a contarlo no era solo por las estadísticas: también porque me doy cuenta de que esto está mal. 
No debemos reírnos de los demás. Sé que parece que es lo único que hago, pero por lo general intento reírme solo de mí. En este caso voy directa a reírme de otros. 
En mi defensa debo decir que durante la eternidad que duró mi vida en el pueblo ellos nunca tuvieron reparos en reírse de mí. Y eso, en los días buenos. 


Os voy a contar una historia hipotética que no le pasó a una amiga, porque es hipotética, que os lo acabo de decir.
A ver si prestamos atención. 
Pues un día estaba el hipotético padre de una hipotética amiga tomándose una hipotética caña en el hipotético bar de su hipotético pueblo.
Con lo a gusto que se está en casa viendo la tele, desde luego es que hay gente para todo. 
Entonces se le acercó un hipotético chaval y le dijo:
-Cucha, ¿me dah eh teléfonoo de tu niñaa?
Quizá penséis que me he saltado el "Hola, don fulanito, ¿cómo está usted?" por agilizar el ritmo narrativo. Pues no. Es que no dijo ni hola. Los pueblos pequeños es lo que tienen, que como se están viendo todo el rato llega un momento en que la gente no se saluda porque sería un no parar. 
El hipotético padre le dio un sorbo a la caña y le dijo con toda la tranquilidad:
-Antes de dártelo le tendré que pedir permiso, ¿no?
Porque el padre de mi amiga cree que las mujeres tienen derecho a darle su teléfono a quién les dé la gana a ellas, una cosa muy loca. Pero el hipotético chaval no iba a dejarse arredrar por una cosa tan tonta como la Ley Orgánica de Protección de Datos.
-Eh que noh vamoh a huntá tó loh del coleguio quentramoh er mihmo añoo, y ella eh lúnica que fartaa.
El hipotético padre no echó la cerveza por la nariz porque ya tiene una edad y no es plan de ir haciendo el guarro en la plaza del pueblo, pero casi infarta allí mismo de la risa.
-Pues si es para eso me parece que vais a seguir sin tener el teléfono.
El hipotético padre no le dio el teléfono de mi hipotética amiga.
No es la primera persona del pueblo que le pide el teléfono y la respuesta ha sido la misma cada vez:

"Padre, tengo el mismo número de móvil desde hace casi veinte años. Un fijo a mi nombre desde hace diez. El mismo mail desde hace quizá quince. Tres cuentas de facebook, dos de twitter, instagram, linkedin. Y un apellido lo bastante peculiar como para que si lo pones mi nombre en google mis datos de contacto aparezcan entre los diez primeros resultados. Si a estas alturas todavía tienen que pedirte a ti el teléfono es que o por falta de interés o de un hervor, y en cualquiera de los dos casos sin duda se trata de alguien con quien no quiero hablar".

O sea, que lo tiene clarísimo. Pero le contó la historia a mi hipotética amiga, por si ella quería ponerse en contacto con esta persona. Mi hipo...
Mira, esto es muy largo así.
Vamos a dejarlo en Hamiga: como la Hamiga Atómica.
A mi Hamiga le entró un poco de risa, para qué nos vamos a engañar. Para que nos hagamos una idea de la situación, cuando su hija le pregunta que dónde fue al colegio, mi Hamiga responde: "En el infierno". Y si la niña pregunta  si algún día irán a verlo, responde: "No, si puedo evitarlo". Así que la idea de reunirse en una habitación con todos sus excompañeros de colegio le daba como risa.
Mi Hamiga tiende a reírse cuando está estresada, es un tic nervioso, no la juzguéis por ello. 
Pero de todas formas decidió investigar el asunto, porque le parecía muy raro. ¡No era el aniversario "redondo" de nada! Ni de la entrada al colegio, ni de la salida, ni, yo qué sé, del año que hicieron la comunión, ni de nada que ella pudiera pensar. La elección de la fecha era especialmente ridícula porque están cerca de cumplir 40 años, que habría sido una fecha bonita para celebrar. ¡Aquello no tenía ningún sentido!
Entonces usó sus poderes google y descubrió que a una de las promociones del colegio se le había ocurrido montar una cena de estas, y todas las demás habían decidido hacerla también. TODAS EL MISMO AÑO. UNA DETRÁS DE OTRA.
Tres hurras por el propietario del único restaurante del pueblo con capacidad para montar estos saraos. 
Mi Hamiga tiene una especie de sexto sentido para el absurdo y además es una blanda. Pensó: "Mira, alguien se ha acordado de ti y ha tenido el valor para preguntarle a tu padre, con el carácter tan dulce que tiene. Lo mínimo que puedes hacer es contactar, agradecer y rechazar la invitación".
¡Si tan solo alguien hubiera inventado algo que nos permitiera mantener el contacto con la gente a través de internet!
Pues aunque nos cueste creerlo, mantener el contacto con tus amigos era uno de los primeros objetivos de facebook; justo detrás de robarnos el alma y alcanzar la dominación mundial. Mi Hamiga se metió en facebook y le mandó un mensaje al único compañero de clase con el que mantiene el contacto porque, sorprendente pero cierto, le cae bien.
Y le lleva cayendo bien desde que tenían cuatro años. 
Y han pasado casi 34 de eso. 
O sea, una pasada. 
Total, que le mandó un mensaje para preguntarle qué sabía del tema, y le contó que, efectivamente, se estaba montando una reunión de toda la quinta.
Como si se hubieran separado mucho unos de otros, para empezar.
Y que incluso han montado un grupo de whatsapp con "todos", unas cien personas redondeando por lo bajo, calculo yo.
Mi Hamiga se tomó un momento ahí para redefinir su idea de "infierno". 
Y que sí, que era donde le habían dicho. ¿Cuándo?
Pues, como todo esto es muy hipotético y muy presunto, y solo por mantener el ritmo narrativo, que es una cosa que no sé lo que significa pero me gusta mucho decir, digamos que la reunión era mañana.
Para ser justos con el primer hipotético chaval, debo decir que él pidió el teléfono con al menos cuatro días de antelación. 
A mi Hamiga le entró la risa, y esta vez no fue por estrés. Mi amiga entendía que a las personas que viven en un ambiente limitado y reducido les cuesta mucho más ponerse en lugar del "Otro". Por ejemplo, no se les ocurre que quizá no puedan desplazarse 500 kilómetros con un preaviso de un par de días, solo para cenar con unas personas que ya hace treinta años no le caían demasiado bien.
Mi Hamiga también entendía que debía disculpar la falta absoluta de modales que supone invitar a alguien a un evento con tan poca antelación. A fin de cuentas, tampoco deben estar acostumbrados a la idea de tener la agenda llena.
O agenda. 
Pero sobre todo mi Hamiga entendió una cosa: en ningún momento habían tenido la menor intención de invitarla. Seguramente alguien vio a su padre tomando cañas y se dijo:
-Hohtia, ¿suh acordaih de la chiquilla aquella que siempre ehcohiamoh la úrtima cuando había caser equipoh? ¡POH LEMOS GÜERTO HASER!

23 abril 2018

Los yogures

Dedicado con cariño y sin ironía al vecino que sí se preocupó y llamó a la policía, y a los dos policías que insistieron pacientemente puerta con puerta hasta asegurarse de que no se estaba maltratando a ninguna mujer en el edificio. 




Estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie y durmiendo a pierna suelta cuando me despertaron unos gritos.
Francamente, y cuando digo francamente no tengo claro qué significa eso, despertar a una madre cuando está durmiendo debería estar penado por la ley.
Pero muy penado, en plan que vayas por la calle y la gente diga "uy, mira ese lo penado que va", y le contesten "es que despertó a una madre", "anda, pues que se joda entonces".
Como iba diciendo, oí los gritos y lo primero que pensé es que eran mis propios hijos míos, pero abrí un ojo legañoso y vi que tenía un niño dormido debajo de cada sobaco.
Que tampoco sería óbice para que gritaran porque el sonambulismo es fuerte en nosotros, pero en este caso no, estaban totalmente tocinetes los dos.
Los gritos no eran de los niños, sino de una pareja (presuntamente) que se estaba gritando de todo, dando portazos, tirando muebles, yo que sé. Debían de estar bastante lejos, porque tanto en nuestra planta como en la de arriba y la de abajo solo viven solteros y un matrimonio muy mayor.
Que no digo yo que los matrimonios mayores no se griten, pero en este caso el marido es sordo y mira, es verdad que los sordos también gritan pero ¿para qué? O sea, que es como perder saliva y tal.
Y esta pareja estaba gritándose a toda hostia, y lo mismo me tendría que haber preocupado, pero no me pareció que fuera la típica cosas de agresor-víctima, vaya, que los dos parecían estar bastante igualados con el tema.
Y yo estaba muy cansada.
Vaya, que con gritos y todo me volví a dormir.
Lo siguiente que sé es que alguien estaba llamando al timbre.
Llamaban insistentemente, y oí cómo ZaraJota se levantaba y preguntaba "¿Quién es?", con la misma voz que usa cuando cuenta el cuento de Caperucita y hace de la abuelita, deber ser para que si es un ladrón tenga claro que dentro hay alguien indefenso y eche la puerta abajo sin miedo.
Me levanté y abrí yo misma la puerta pensando mira, si es un ladrón que me lleve, que total yo lo mismo me duermo en mi cama que en el maletero de un coche, pero con este trajín no se puede.
Pero cuando abrí la puerta lo que me encontré fueron dos policías.
Ya ha empezado, pensé. Vienen a por los catalanes. Bueno, si se lo van a llevar que sea rapidito, que me caigo de sueño.
Pero los policías ignoraron a ZaraJota.
-Señora -me dijeron, mirándome fijamente-, ¿hay algún problema?
La pregunta me desconcertó un poco. De verdad, estaba MUY dormida. ¿Un problema de qué? ¿Dónde? ¿En mi casa? ¿En España? ¿En el mundo?
-Bueno -dije, con la voz pastosa de recién despertada-, se nos han acabado los yogures, y el niño si no hay yogur no desayuna, ¿sabe usted?
-...
-Es que está bajo de peso.
-¿No han oído ustedes voces?
-NO, SEÑOR, YO NUNCA OIGO VOCES Y SIEMPRE ME TOMO MI MEDICACIÓN.
-Una discusión, señora. Que si han oído ustedes una discusión.
-Ah, sí.
-¿Y no saben de dónde podía venir?
-De aquí no. 
-Entiendo -dijo el policía, y me dio la impresión de que lo que estaba entendiendo lo mismo acababa con ZaraJota en un calabozo, y no precisamente por catalán.
-Perdón, estoy muy dormida. Si la discusión hubiera sido cerca -les dije- los niños se habrían despertado con los gritos.
Y entonces la que hubiera gritado habría sido yo, añadí para mis adentros, pero de desesperación.
-Entonces, señora, ¿está usted segura de que no tienen ningún problema aquí?
-Bueno... - contesté-, está el asunto de los yogures...

16 abril 2018

Un poco más, Lorz

Estoy sufriendo viviendo una etapa de trabajo intensivo.
Justo mientras escribo esto se cumplen tres meses desde que empecé a trabajar entre cincuenta y sesenta horas semanales, salvando la semana santa que me volví tó loca y me fui cuatro días a Barcelona.
La gente, que se coge vacaciones y así va el país. 
La verdad, si no me gustara tanto lo que hago no sé si habría aguantado...
Y si no fuera tan cabezota y tan absolutamente incapaz de reconocer cuando estoy agotada. 
Entre semana, cuando llego a casa los niños están o dormidos o muy cansados y de mal humor.
Como yo, vaya. 
Y los fines de semana intento estar con ellos de día y quedarme trabajando de noche, pero no acaba de funcionar del todo bien porque paso más tiempo con ellos, sí, pero estoy tan cansada y tan irritable que sería mejor que no lo pasara.
O eso dice la culpa de madre trabajadora™.
Y me voy durmiendo por todas partes.
La semana pasada estuve en un evento austenita que me hacía una ilusión loca, pero había estado trabajando hasta las cinco de la mañana, así que a media tarde empecé a cabecear y me tuve que ir a casa. De camino me dormí en el autobús, y cuando abrí el ojo ya iba camino a cocheras.
-¡Eso te pasa por ir mirando el móvil! -me gritó el busero.
-¡SÍ, ESO, IBA MIRANDO EL MÓVIL, POR ESO HA SIDO! -le contesté yo, secándome la baba de la barbilla.
Al menos esta vez no iba vestida de época...
Lo que peor llevo es que he tenido que aparcar todos mis proyectos personales: otro Quiero volver, otro Villamatojo, una saga épica que me encontré en un cajón y, lo que más ilusión me hacía, otro #Lorzfunding. También los proyectos de otras personas, que estaba corrigiendo con mucha emoción.
Bueno, no, eso no es lo peor.
Lo peor es que ahora en casa cocina ZaraJota.
Que yo llevo la fama pero vaya...
Lo primero que hizo fue cuscús. Siguió las instrucciones de la receta paso a paso, literalmente. Tan literalmente que el primer paso era "hidrate el cuscús siguiendo las instrucciones del envase", y como tengo la costumbre de meter el cuscús en un tarro transparente, ZaraJota hizo exactamente lo que ponía ahí, que es absolutamente nada. Jamás había comido una gravilla tan sabrosa.
Por suerte tengo reservas acumuladas estratégicamente en todo el cuerpo y entre eso y los trozos de galleta que los niños esconden en mi cama creo que podré resistir una temporada.
Resistir es bueno, resistir es divertido, resistir aleja a los señores de la bata blanca.
El caso es que entre unas cosas y otras últimamente no me siento muy Lorzagirl.
De hecho me imagino a Lorzagirl con los brazos en jarras y mirada de desaprobación.
Vale, puede que los señores de la bata blanca no anden tan lejos como parece...
Pero ya queda poco.
Tres días más y recuperaré mi preciada anormalidad.
O empezaré a valorar más a los señores de la bata blanca.

Gracias por seguir en antena.
(También podéis seguirme en twitter. que escribo más)

09 abril 2018

Me han robado el móvil

Hace unos días me robaron el móvil mientras iba en el autobús de pie (por supuesto) cargando con dos niños, dos mochilas, un bolso tamaño cabina, el paraguas y el abrigo de Bebé-kun, que había manifestado amablemente su disconformidad cuando intenté ponérselo.
-¡¡¡NOOOOOO!!! ¡¡¡NO QUEROOOO!!! ¡¡¡MAMÁÁÁ!!!*
*reconstrucción dramática.
La verdad es que no sé con qué me pude distraer.
El caso es que me bajé del autobús y las dos cremalleras del bolso (la general y la del bolsillo interior) estaban abiertas y el móvil había desaparecido y solo quedaba la cartera, porque alguna ventaja debía de tener el ir por la vida con cara de pobre, digo yo.
Como consuelo era un poco escaso. 
-¿Tenías algo importante en el móvil? -me preguntó mi padre en cuanto se lo conté.
-TODO.
Las fotos de los niños, pensé en el primer momento de pánico.
Pero luego me acordé de que había hecho una copia de seguridad justo la semana anterior.
Chúpate esa, ladrón de móviles.
¿Qué más podía tener ahí metido?
Villamatojo III.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, quizá pueda recuperar una parte...
Vale, solo he recuperado un párrafo.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, Lorz. Respira.
Has perdido un cuento entero.
Pero, PERO, lo había dejado en un cliffhanger muy difícil de resolver, así que...
Chúpate esa, ladrón de móviles.
A ver, a ver... ¿Qué más he podido perder?
Nada importante. Solo la segunda parte del #Lorfunding.
JODER, JODER, JODER, CAGONLALECHE CON TOAS SUS LETRAS.
Lo estábamos montando para septiembre, pero en las últimas semanas me había animado para lanzarlo en julio. Ahora tendrá que esperar a diciembre.
No pasa nada, lo sacaremos adelante de todas formas.
Chúpate esa, ladrón de móviles. 
Esa misma tarde le estaba contando toda esta movida al policía que me estaba tomando la denuncia, cuando me preguntó si no me daba pena el terminal.
-Ja, ja. No.
-¿Era muy viejo?
-No, pero la pantalla me estaba dando problemas.
-Anda, ¿y no probaste a hablar con el servicio técnico?
-Sí, pero no podían hacer nada porque técnicamente no estaba rota.
De hecho, el problema de la pantalla era que funcionaba bien. 
Demasiado bien.
Tan bien, que se activaba con la luz. Ella solita. Los días que hacía bueno se volvía loca, empezaba a recibir como ocho mil estímulos al mismo tiempo, hasta el punto de que atinaba a quitar el bloqueo por su cuenta y riesgo.
Yo ya le había pillado el truco y la postura y me medio apañaba, pero la verdad es que era un p*t* engorro.
Y en casa era peor,  porque el único sitio donde lo podía enchufar era en la cocina, justo debajo del plafón del techo.
Y la luz del fluorescente lo volvía LOCO de verdad.
Pero en plan SUPERLOCO.
Se desbloqueaba solo y empezaba a llamar a todos mis contactos, uno por uno.
Y, desgraciadamente, el primero de la lista de contactos es mi ex, porque su nombre empieza por A.
Os podéis imaginar la conversación.
-Lorz, ¿te encuentras bien?
-Sí, claro. ¿Por?
-Me has llamado tres veces.
-Ah, no he sido yo, ha sido el plafón de la cocina.
-Eh... clarooo, clarooo.
-De verdad, el móvil se activa con la luz del plafón.
-Ya veo. ¿No habrás estado haciendo manualidades con pegamento otra vez, verdad?
Pues le conté esto al policía y estuvo de acuerdo conmigo en que quizá lo mejor para todos era que tuviera que comprarme un móvil nuevo, porque según él ningún juez, en ningún caso, habría aceptado "yo no fui, fue el plafón de la cocina" como defensa válida en un caso de acoso.
Mucho prejuicio es lo que hay, me parece a mí.
-Volviendo al robo -siguió el policía-. ¿Sabes quién ha podido ser?  
-Pues ni idea... Pero ojalá que tenga un ex cuyo nombre empiece por A.







PD. Lo que sí me ha j*d*d* viva es que en la carcasa del móvil llevaba este dibujo de Ana. 

29 marzo 2018

Mi agüita amarilla

La semana pasada me encontraba muy mal y no encontré las ganas de postear.
Disculpen las molestias.

Esta es la situación.
Estoy teniendo unas reglas muy malas, así que el médico me recomendó tomar la píldora anticonceptiva, una en concreto.
-Con esto ya verás como se te soluciona lo de las reglas.
Y tanto que se me solucionó: como que me dejó venir por completo.
Eso sí, me encontraba muy fatalmente. Y como todavía seguía con los vértigos y tal pues pensé en ir al médico y contárselo todo en plan "Sicilia, 1958. Una joven de abundantes pechos...".
Así que me dije pues mira, aprovechando que me he cogido el día porque los niños no tienen colegio pues me voy con ellos al médico y echamos allí la mañana tan ricamente, que seguramente nos están echando de menos ya.
Quizá no fue la mejor idea, porque mi médico es de esos que tienen en la puerta un cartel:

LA HORA DE LA CITA ES ORIENTATIVA.
El médico no va con atraso.
El atraso sería no dedicarle a cada paciente el tiempo que necesite.

Que es una cosa que nos parece muy bien cuando ya estamos en la consulta, pero cuando estamos una hora en la sala de espera con dos niños pequeños pues un poco menos, la verdad.
La naturaleza humana es así.
Cuando por fin entramos a la consulta los niños ya estaban que se subían por las paredes y yo en plan no, por las paredes no, que a saber cuándo las pintaron por última vez.
-Hola Lorz -me dijo el médico-. ¿Cómo estás?
-Bien, ¿y usted?
-...
-Lo he vuelto a hacer, ¿verdad?
-Cada vez. Cada puñetera vez...
-Bueno, pues ya que NO es una pregunta retórica, no estoy muy bien. Sigo con náuseas y vertigos. Y no me ha venido la regla.
-¿Desde hace cuánto?
-No sé, ¿en qué año estamos?
El médico miro a Nena-chan y Bebé-kun, que estaban intentando recolocar los cables del ordenador, y palideció ligeramente.
-Te voy a hacer un test de embarazo.
El médico me dio un vaso de plástico. Un vaso-vaso, de los de botellón. Y me dijo que hiciera pis en el vaso.
-Pero no aquí -aclaró-. En el baño que hay fuera.
Desde luego es que los médicos son de lo que no hay: cuando a ellos les conviene todo es desnudarse, pero cuando no, te bajas las bragas en mitad de la consulta y todo son aspavientos.
Salí a la sala de espera con los dos niños.
-Mamá tiene que entrar un momento al baño para hacer pipí. ¿Os quedáis aquí sentaditos portandoos súper bien?
-Sí -dijo Nena-chan.
-No -dijo Bebé-kun.
-Vale: tú aquí sentadita. Tú, conmigo.
Me metí en el baño con Bebé-kun. El cubículo era enano y bueno, ya sabéis cómo hacemos pis las mujeres en los baños públicos, sobre todo en invierno, ¿no? Pues añadid un vaso, un niño de dos años y la perspectiva de estar embarazada de otro. Y, a mitad de la meada, una niña empujando la puerta para entrar porque "no quiero estar aquí solita".
Salí del baño con el vaso en la mano.
-Mamá, ¿que hay en ese vaso?
-Pipí.
-¿De quién?
-Mío.
Nena-chan me miro como si pensara que su madre había tocado fondo, cosa que pensándolo bien probablemente fuera cierta. Ahora me pregunto si le hubiera parecido mejor que el pipí fuera de otro. Supongo que perdí para siempre la oportunidad de descubrirlo.
-Pero mamá, ¡los vasos no son para hacer pipí! ¡Eso es una guarrería muy gorda!
Para entonces ya nos miraba toda la concurrencia de viej...ancianas, y todavía faltaba lo peor: Bebé-kun descubrió que yo llevaba un vaso en la mano.
-QUERO ABUA -dijo, señalando el vaso.
-No es agua, lechoncillo. Es pipí.
-QUERO ABUA.
-No es agua.
-QUERO ABUA.
-Es. Pipí.
Mientras tanto Nena-chan estaba gozando del momento:
-¡MI MAMÁ HA HASIDO PIS EN UN VASOOOOOOOO!
Las viej... ancianas se reían sin disimulo y yo no paraba de mirar la puerta y el cartel de la puerta y de pensar que ojalá a mi médico le importara un poquito menos el bienestar de los pacientes y un poquito más el quitárselos de encima rapidito, cosa que en circunstancias normales jamás habría pensado pero es que estaba un poco estresada así sin motivo aparente.
Al final el médico nos llamó de nuevo a consulta.
Le entregué el vaso, para escándalo de Nena-chan, y metió dentro una varita blanca.
-Mamá, ¿por qué mete eso en tu pipí?
-Para mirar si vas a tener otro hermanito.
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos porque claro, quiere mucho a Bebé-kun y eso pero es pequeño, y a ella lo que le gustaría es que le encargáramos un hermanito de su misma edad, o quizá un poco más mayor, puestos a pedir.
Pero el médico se volvió hacia nosotros con el predictor en ristre.
-Lo siento, Nena-chan, no vas a tener un hermanito.
-¿Cómo lo sabes?
-Por el pipí de tu mamá.
-¿Lo ha hasido mal?
Va a ser eso, sí.

18 marzo 2018

La masturbación

No sé cómo va a salir esto, por la cosa de que este fin de semana he dormido como diez horas en total porque estaba haciendo cosas.
¿Cosas nazis?
No, definitivamente no cosas nazis.
Soviéticas, un poco. Pero nazis seguro que no.
Además, sigo con los vértigos.
El médico dice que es porque tengo mal las cervicales.
-Pues quitémelas -le dije.
-Pero Lorz, ¿cómo te las voy a quitar?
-¡Y yo qué sé! ¡El médico es usted!
Que tengo que estar yo a todo siempre.
El médico me dio cuatro pautas "muy sencillas" para no forzar las cervicales, que me tienen que durar toda la vida.
1. No leer.
Ja, ja.
2. No usar el ordenador.
Ja, ja.
3. No cargar peso.
Ja, ja.
4. Dormir en buena postura.
Ja, ja.
Yo no le hice ni puñetero caso, así que no entiendo por qué estoy cada vez peor.
Aparte de que la habitación crece y decrece a mi alrededor, y de que a veces me siento caer al vacío, he empezado a desorientarme de pronto: el otro día salí del ascensor y de pronto no tenía la menor idea de dónde estaba: solo sabía que ese no era el descansillo "correcto".
Me senté un rato en el suelo hasta que conseguí centrarme: estaba en el descansillo de mi casa.
Pero lo peor es que he empezado a mezclar palabras. Quiero decir "queso" y digo "churrete", y me doy cuenta de que algo no encaja, pero tardo un rato en darme cuenta de qué es.
Hace unos días me pasó con "confirmación". Necesitaba que alguien me confirmara algo, pero al ir a verbalizarlo, en vez de "confirmación" me salía, dios sabrá por qué, "masturbación". 
Os voy a ahorrar los detalles escabrosos: solo os diré que ahora mismo soy extremadamente popular en la agencia de viajes del barrio.

12 marzo 2018

Pantera Negra

Fue más o menos así:
-Oye, ZaraJota, podíamos ir a ver Pantera Negra.
Acto seguido sonó el teléfono.
-¡YO ME PUEDO QUEDAR CON LOS NIÑOS! -dijo mi madre en cuanto cogí el auricular, sin darme tiempo a decir ni hola ni nada.
-Madre, ¿cómo has sabido de lo que estábamos hablando?
-¡¡¡NO TENGO MICRÓFONOS EN VUESTRA CASA NI HE DESARROLLADO UNA APP PARA QUE ME SALTE UNA ALARMA CUANDO DECÍS DE SALIR Y GOOGLE TODAVÍA NO ME LA HA COMPRADO, ESTAMOS NEGOCIANDO LAS CONDICIONES!!!
-...
-¡¡¡Y NO HE TENIDO NADA QUE VER CON QUE ADELANTARAN LA FECHA DE ESTRENO DE VENGADORES: INFINITY WAR!!!
-...
-Me puedo quedar con los niños el sábado. Por si queréis ir al cine. Que no sé si queréis. Es una idea que se me ha ocurrido así, de pronto.
-Valeee, sí, queremos ir al cine el sábado.
-Pues nada que se vengan a casa. ¿Vais por la mañana o por la tarde?
-Por la tarde.
-Ah, entonces se tendrán que quedar todo el fin de semana.
-¿Perdón?
-Son las normas, no me las estoy inventando.
-¿Seguro?

Este era el plan:
1. El sábado por la mañana me depilaría. Que no es que tener pelos me importe demasiado, pero es que ya no me cerraban las camisas.
2. Después iríamos a comer con mis padres.
3. Dejaríamos a los niños allí.
4. Iríamos al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís.

Y entonces empezaron los vértigos. Leeros el post anterior, que no me apetece poner el enlace.
-Niña -me dijo mi madre, que volvió a llamar por teléfono sin razón aparente mientras ZaraJota y yo hablábamos de anular el cine-. Que he pensado que ya que te encuentras mal lo mejor es que los recoja directamente en el colegio el viernes y que se vengan a casa y ya que se queden a vivir aquí y eso...
-¿PERDÓN?
-Nada.
Así que llegamos a la conclusión NO ME PREGUNTÉIS CÓMO de que ya que yo me encontraba muy mal lo más lógico y sentato era que ZaraJota y yo fuéramos al cine un día antes.
-Pero no podemos ir al cine el viernes -protestaba yo-. Que no me da tiempo a depilarme.
-¿Y por qué ibas a depilarte para ir al cine?
-Sin comentarios al respecto. 
No pasa nada. Soy una mujer flexible. Podía cambiar de planes:
1. No depilarme.
2. Ir a trabajar.
3. Quedar con ZaraJota.
4. Ir al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís. A oscuras, preferiblemente.

Habíamos completado con éxito el paso 5 y estábamos volviendo a casa en autobús así todo acaramelados y cogidos de la manita y eso, sin parar de mirar alrededor porque continuamente pensábamos que se nos habían perdido los niños.
-Jo -le dije a ZaraJota-, ¿cuánto tiempo hacía que no salíamos así, de noche? Me siento súper joven ahora mismo. Salir a cenar... Volver a las mil...
-Lorz...
-Acostarse al amanecer y levantarse con resaca...
-Lorz, acabamos de pasar por el mercadona y está abierto.
-No pretenderás ir a la compra ahora, cuando me estoy sintiendo joven y alocada.
-No son ni las nueve de la noche, Lorz.
De verdad que son ganas de cortarme el rollo. 

05 marzo 2018

Bamboleoooooo bambolea

Lo primero fue el dolor en el pecho y en un brazo, pero vaya, que no le hice mucho caso porque el colecho es lo que tiene: te duelen cosas donde y cuando menos te lo esperas. 
Lo que pasa es que luego empecé a bandearme de un lado para el otro, pero tampoco le di demasiada importancia porque me pasaba solo cuando salía a la calle por la mañana con el paraguas. 
Bueno. Con el paraguas, Bebé-kun en brazos, su mochila, mi bolso (tupper incluido) y Nena-chan colgada del bolso, dejándose arrastrar como un peso muerto. 
Pero, básicamente, la culpa es del paraguas. 
Seguramente os preguntaréis porqué no llevo a Bebé-kun y a los pertrechos en un carrito. O a los niños en patinete, como veo hacer a otras mamás que viven más cerca. 
Pues porque a metro de Madrid NO LE SALE DE AHÍ poner acceso adaptado, ya sea ascensor, rampa o un puñetero teletransporte. Si llevara carrito, tendría que hacer siete tramos de escaleras cargando con el carrito y los pertrechos sin soltar la mano de Bebé-kun, que todavía es pequeño para semejante escalada. 
Y eso sin contar con que cuando llegas a los tornos no suele haber nadie para abrir la puerta lateral. Sí, esa puerta lateral que han puesto para que pasen las sillas que tienen que llegar ahí mágicamente. 
A lo que iba: que andaba por la calle haciendo eses, pero bueno, como normalmente los hombres que vienen de frente no son capaces de redirigir el rumbo cuando ven a una mujer con niños sino que siguen en línea recta y que se aparten los demás pues me venía hasta bien. 
El caso es que un día estaba sentada leyendo y de pronto la habitación empezó a encoger. 
Jo, pensé, cada vez engordo más rápido. 
Pero luego la habitación volvió a su tamaño. 
Y luego volvió a encoger.
Y luego volvió a su tamaño. 
Verás las estrías que se me van a quedar con tanto cambio de peso, pensé. 
Y luego me levanté y ya no fui capaz de recorrer en línea recta el pasillo de la oficina, que no mide ni dos metros. 
Pero lo peor es que al cerrar los ojos empecé a oír trino de pájaros. Con la que estaba cayendo.
Así que pensé, mira, me voy a urgencias que hace mucho que no voy. 
-¿Has vivido alguna situación estresante últimamente? -me preguntó el médico. 
-No.
O sea, ¿qué es "últimamente"?  
-¿Has levantado peso? 
-No.
Técnicamente no lo levanto: me pongo en cuclillas y los niños me trepan.
-¿Has dormido en mala postura?
-No.
Para dormir en mala postura es requisito indispensable dormir, vaya. 
-Lorz, en tu expediente pone que tienes dos hijos y acabas de destetar al pequeño. 
-Ya estamos sacando conclusiones precipitadas...
Entonces el médico me dijo que me quitara la camiseta y le dije que no podía. 
-¿Por el dolor del pecho?
-No, es que llevo un sujetador muy feo y estoy sin depilar. 
-De verdad, Lorz, me da igual. 
-Pero a mí no. 
-Bueno, levántate la camiseta por un lado. 
El médico me miró por todas partes y llegó a un primer diagnóstico que es que me había mareado por leer. 
-Te he visto leyendo un libro en la sala de espera -me dijo. 
Me mordí la lengua porque vaya, ya es mala suerte que justo lo que me siente mal sea sentarme a leer. Sobre todo porque mi trabajo consiste precisamente en leer y yo diría que ya estoy así como acostumbrada. 
Mejor no se lo expliques, pensé, que este es capaz de darte la baja y si no puedes ir a trabajar a ver cuándo descansas. 
En fin. El médico llegó a la conclusión de que tengo un cuadro de contractura+migraña+vértigo en el que no se sabe qué provoca qué. 
-Podría recetarte una pastilla...
Me encojo. Por un momento pienso que me va a decir "pero no es compatible con la lactancia". 
Entonces me acuerdo: ya no estoy dando el pecho. 
Puedo meterme lo que quiera: alcohol, drogas, barras de uranio. 
Ciertamente, debido a la falta de costumbre me tomo media cerveza y acabo bailando desnuda encima de una mesa. Y con suerte es la mesa de mi casa. O sea, que estoy sin depilar y no es plan. 
Pero lo que es poder, puedo tomar lo que quiera. 
Sonrío como una lunática. 
-¿Sí? -le dijo al médico, para animarle a continuar. Bueno, en realidad es más un "¡SÍ, SÍ!".
-...pues podría recetarte una pastilla, pero uno de sus efectos secundarios es que estimula la producción de leche. 
-TIENE QUE SER UNA P*T* BROMA.
No lo era. 

26 febrero 2018

Villamatojo II

Lo he vuelto a hacer: he escrito otra historia de zombis que, según su único lector beta (el otro estaba "ocupado" porque, según él, tenía que "trabajar" y "déjame en paz que son las tres de la mañana") está muy bien.
Bueno, en realidad lo que ha dicho es que "da mucho repelús" y que "va a peor", lo que, ahora que lo pienso, es más o menos lo mismo que dice de mí.
No importa.
Seguro que Mary Shelley oía lo mismo todos los días: su marido también tenía pinta de quejica.
"Is qui siy in piiti rimíntico, is qui siy in piiti rimíntico". Anda y calla, mediatorta.
El caso es que Villamatojo II está o estará disponible en breve (Amazon y sus cosas), junto con Villamatojo I, aquí.
Espero que os guste: he tardado en escribirlo por lo menos siete viajes en metro.






Pd: ¿He dicho ya por aquí que ZaraJota ha empezado a dibujar para la segunda parte del #Lorzfunding?

19 febrero 2018

El destete (y ya dejo de hablar de tetas, lo prometo)

Destetar a Bebé-kun fue más fácil que destetarme a mí.
A medida que iban pasando los días, empecé a notarme hinchada, afiebrada, confundida y desorientada; y luego empezaron las nauseas, los calambres y el dolor abdominal.
Cuando anunciaba que Bebé-kun había dejado la NETITA la gente me preguntaba "¿cómo te sientes?", y yo siempre respondía "embarazada".
J*d*r.
Me sentía embarazada.
Aguanté unos días y al final me rendí y me fui al médico.
-¿Qué tal estas Lorz?
-Bien, gracias, ¿y usted?
-...
-Ay, perdón, que siempre se me olvida que la pregunta es en serio. Pues estoy un poco regular porque he dejado de dar el pecho. POR FIN.
-¿Todavía le dabas el pecho?
-Sí.
-POR EL AMOR DE DIOS, LORZ, ¿PERO QUÉ EDAD TIENE NENA-CHAN?
-Cinco años y medio.
-Madre del amor hermoso...
-Pero al que he destetado es al pequeño, que tiene treinta meses.
-Ah, vale. Los sustos que me das, maja...
-Me encuentro muy mal. Creo que tengo las hormonas totalmente turuletas.
-¿Y has pensado en volver a tomar la píldora?
-¡Jajaja! ¿Para qué?
Si ZaraJota y yo apenas dormimos en la misma cama. Por no hablar de dormir solos en la misma cama. Y quizá debamos reformular lo de dormir. 
-Para regularte un poco las hormonas.
-Ah, para eso. No me lo había planteado. Vale.
-Pues te voy a recetar la píldora y una pastilla para el destete.
-Vale, vale.
-La leche que ya tienes no te la va a quitar, pero te va a ayudar a regular los síntomas. ¿Necesitas algo más?
-Pues ahora que lo dice no he comprado el pan.
-Adiós, Lorz.
De verdad creo que mi médico tiene un problema con las preguntas retóricas...
Me fui a la farmacia con las dos recetas.
-A ver -me dijo el farmaceútico-, la píldora anticonceptiva y una pastillas para cortar la lech...
Tomé aire porque me imaginaba lo que venía a continuación: bronca por no dar el pecho. Que es el mejor regalo y tal. Que las defensas y el cáncer de mama. Que cuando das teta la lluvia es de azúcar y las calles de mazapán.
-Sí.
El farmaceútico me miró de arriba a abajo.
-Te veo muy fresca para estar recién parida.
-Bueno, es que no estoy muy recién.
-¿No?
-El niño ya tiene treinta meses.
Que casi dejo la teta porque el bigote me la irrita, jo.
-¿TREINTA MESES? ¿Y cómo has aguantado?
Lo importante no es el cómo. Lo importante es por quién. 





Mamás y futuras mamás del mundo, después de dos lactancias me siento con derecho a daros un consejo:  
Amamantad o no amamantéis, pero no aguantéis m**rd*s de nadie.  
¡Mis tetas, mis reglas! 
¡Viva el teta power!