19 agosto 2019

La copa

En plena ola de calor, estaba contemplando la posibilidad de ponerme un tampón para poder irme a la piscina cuando de pronto me acordé de la copa menstrual. La antigua la tiré hace tiempo porque entre los embarazos y la desgana posterior había dejado de usarla y se había convertido en una especie de vaso de chupito fosilizado con antena, así que tenía que comprarme una nueva.
Para mi sorpresa, ahora no solo se venden en cualquier farmacia, sino que además están perfectamente a la vista, junto a los tampones y las compresas. Y para mi sorpresa, ya no están hechas del mismo material que los trajes antirradiación. Y las hay de colores. Y vienen con su propio esterilizador, ya no tienes que usar el cepillo de dientes de tu marido para limpiarlas, que es una cosa que además a ZaraJota le molestaba mucho, ya sabéis cómo se ponen los hombres con todo lo que tiene que ver con la menstruación. 
Así que me fui al farmaceútico y le dije: 
–Buenos días –ante todo, educación–, quiero una copa menstrual. 
–Muy bien. ¿Qué edad tienes? 
–¿Por qué? ¿Ya vienen llenas de alcohol?
–No.
–Una pena. Pues voy a cumplir 39.
–¿Has tenido hijos?
–Yo diría que aún los tengo, lo que pasa es que no sé dónde los he puesto.*
–¿Parto vaginal o cesárea?
–Uno de cada. La parejita, ya sabe.
–¿Y tienes muchto flujo?
–No, la verdad es que flujo no tengo nada, si lo tuviera ya habría convertido el coche en una máquina del tiempo. 
–Que cuánto manchas.
–Uf, infinito, yo es que me pongo con la pintura de dedos y me vuelvo loca.
–Que si sangras mucho. 
–Mogollón. Es que soy muy de caerme. Y cuando no me estoy cayendo estoy en el hospital y les da por pincharme y claro...
–¿Sabes qué? Llévate una L. 
–Gracias, siempre había querido una. Pero yo a lo que venía era a por una copa. UNA COPA.
Desde luego es que hay gente que es incapaz de centrarse.


*Resultó que estaban con ZaraJota.

05 agosto 2019

Campamentos de verano

1.-La primera norma del campamento de verano es no hablar del campamento de verano. 
Todos los días, cuando voy a recoger a los niños:
–Nena-chan, ¿qué habéis hecho hoy en el campamento?
–Nada.
–¿Qué habéis comido?
–No me acuerdo.
–¿Has jugado con tus amigas?
–No lo sé.

Una vez al mes, cuando consigo cinco minutos para sentarme tranquilamente en el baño para hacer cierta función fisiológica:
–¡MAMÁ! –aporrea la puerta–. ¿SABES QUE EN EL CAMPAMENTO DE VERANO HAY UNA NIÑA DE MI COLE Y TENGO MUCHAS AMIGAS Y UN DÍA COMIMOS MACARRONES Y AYER FUIMOS A LA PISCINA Y HOY HEMOS APRENDIDO UNA CANCIÓN QUIERES QUE TE LA CANTE EH MAMÁ TE LA CANTO EH MAMÁ POR QUÉ NO CONTESTAS QUÉ HACES AHÍ DENTRO MAMÁ?

2.-Lo que va al campamento se queda en el campamento. 
Ya puedes marcarlo con su nombre o con sangre: cualquier objeto personal que vaya al campamento es susceptible de no volver o de volver irreconocible o de desaparecer durante meses, hasta el momento exacto en que te rindas y compres otro, que entonces aparece mágicamente.

3.-La vida se abre paso.
Solo diré una palabra: piojos. Muchos piojos.

4.-Hay un amigo en mí.
Qué bonito es ir de campamento y hacer amigos que pueden enseñarnos nuevas habilidades como eructar, tocar la lambada con pedos o todo un nuevo surtido de palabras malsonantes. Este año el megahit del recreo ha sido contar historias de miedo sobre Annabelle a los pequeños.

5.-La vida es una caja de bombones.
Hagan lo que hagan, coman los que coman, los niños siempre salen del campamento cubiertos de una mugre pringosa y marrón.

6.-Mi tesoro.
En todos los campamentos hay al menos un taller de manualidades en el que los niños hacen un robot con bricks de zumo, un catalejo con un rollo de papel higiénico, una flor con cápsulas de café... Sea lo que sea e independientemente del estado de integridad e higiene en el que se encuentre, el niño querrá comer con eso en la mesa y dormir con eso en la cama durante los siguientes seis meses... y dios no quiera que se rompa o se pierda.

7.-Hakuna matata.
La primera vez que Nena-chan estuvo en un campamento urbano tenía tres años, y cuando me dijeron que se iban en autobús de excursión a la piscina me hice un poco pipí encima de la impresión.
La monitora me dijo: "La niña se lo va a pasar muy bien".
O lo que es lo mismo: no me seas agonías, hazmelfavor, que ya tienes una edad.

8.-Tócala otra vez, Sam.
Sí, en el campamento aprenden exactamente las mismas canciones que se cantaron en el primer campamento urbano, allá por la prehistoria. Los niños llegan a casa muy contentos porque han aprendido una canción "nueva" y te dicen:
–Mamá, ¿tú te sabes la canción de los tres alpinos que venían de la guerra?
–Claro.
–¿La cantamos?
Y entonces la empiezas a cantar y así como a mitad te das cuenta de que no te acuerdas de la letra porque la última vez que la cantaste fue en el Pleistoceno o así. Milenio arriba, milenio abajo.

9.-Madre de dragones
Si estás esperando para recoger a tus hijos y oyes decir algo como "pues hoy un niño le ha pegado a otro/ha vomitado/se ha metido una canica en la nariz/etc" no te apresures a juzgar: lo más seguro es que haya sido el tuyo.

10.-Luke, yo soy tu padre.
No importa cuánto papeleo rellenes: el único día que vaya su padre a buscarlos resultará que te olvidaste de autorizarlo para las recogidas. Entonces la monitora te llama:
–Oye, que hay aquí un señor que quiere llevarse a tus hijos.
A lo que tú, con toda tranquilidad, le contestas:
–¡QUE SE LOS LLEVE! ¡SEA QUIEN SEA, QUE SE LOS LLEVE!