21 septiembre 2019

La youtuber

Adelantamos un par de días la actualización porque hoy es un día muy importante: Nena-chan cumple siete años.
Me resulta muy difícil explicar lo especial que es esta personita. A ella misma le resulta difícil de entender. A veces, cuando le digo que es guapa o lista o buena o genial, ella misma me dice: "Pero mamá, ¿de verdad lo soy o solo lo crees porque eres mi madre?".
Siete años tiene.
Es amable, simpática y alegre, aunque a veces se deja llevar por angustias que no son propias de su edad.
Quiere ser científica y está preocupada porque ya está todo inventado y a ella no se le ocurre nada nuevo. De vez en cuando pregunta si ella podrá inventar tal o cual cosa. O me hace preguntas tan difíciles que le tengo que contestar: "No lo sé, pero quizá tú lo descubras cuando seas científica". Otras veces no se conforma con eso. Después de "mamá", "¿por qué?" y "¿cómo?" son las palabras que más veces escucho al día.
Su padre y yo le hemos explicado que para ser científica hay que leer mucho y eso hace. Nunca tiene suficiente y si algún día le digo que he estado con el tío Sark lo primero que pregunta es qué libro le he traído. Ciertamente, lo de Nena-chan con los libros ya venía de antes: los tiene desparramados por toda la casa y cuando le decimos que solo se puede llevar uno a la cama, mete dos o tres más de contrabando. ¿Qué le vamos a hacer? No puedo criticarle justo eso.
Lo de la música también le viene de familia. Cuando creces con un micrófono y una caja de mezclas en casa, escapar resulta difícil. Le gusta disfrazarse e inventarse sus propias canciones, tocar el piano o maltratar mi ukelele, por no hablar de mis tímpanos. Reconozco que no siempre tengo la paciencia necesaria para esos recitales, ni para muchas otras cosas. Pero aunque en el momento me saque de mis casillas porque por favor, tenemos que ir al cole, quítate eso, bájate de ahí, presta atención, has vuelto a ponerte los dos calcetines en el mismo pie..., lo cierto es que me parto de risa por dentro. Casi todo el tiempo, vaya.
Últimamente, a Nena-chan le da dado porque quiere grabar "capítulos" (a.k.a. "vídeos de youtube") y que los vea "todo el mundo". Quiere tener un canal y ser famosa, quiere que la conozcan todos los niños porque con los niños que no conoce no puede jugar. Lo de ser tan sociable no sé de dónde le viene, debe ser un fallo genético o algo. Supongo que es un misterio que también tendrá que resolver ella cuando sea científica.
Su padre y yo, después de darle muchas vueltas, accedimos a que tuviera un canal. Lo de que lo vea todo el mundo lo llevamos un poco peor. Vaya, que le dijimos que no.
Pero hoy es su cumpleaños y, cito textualmente a la señorita, "en tu cumpleaños nadie puede decirte que no".
Así que hoy y solo hoy, vamos a desbloquear uno de los vídeos de Nena-chan... y de su hermanito.
Lo grabamos entre el verano de 2016 y el de 2017 para ponerlo en la fiesta de su 5º y 2º cumpleaños, respectivamente. Ni que decir tiene que se convirtió en un éxito inmediato de crítica y público.
El vídeo estará en abierto solo hoy y no tiene habilitados los comentarios, pero si dejáis alguno por aquí me aseguraré de que Nena-chan lo lea.
Espero que disfrutéis de esta obra maestra.

Editado: 22/09/2019
Retiro el vídeo, gracias a todos por vuestros comentarios, Nena-chan está muy contenta : )

16 septiembre 2019

Zumbando

Desde que nos mudamos a la casa nueva no han parado de ocurrirnos desgracias: sin ir más lejos, la semana pasada nos apuntamos al gimnasio.
La decisión tiene una cierta lógica, porque resulta que apuntar solo a los niños a la piscina costaba más o menos lo mismo que apuntarnos los cuatro a todo, pero, como le dije a ZaraJota, a veces en la vida hay cosas más importantes que el dinero. Como, por ejemplo, pasar la tarde en el sofá viendo Netflix, por decir lo primero que se me ha venido a la cabeza. Pero todos mis argumentos cayeron en saco roto y, contra mi expresa voluntad, ZaraJota, los niños y yo acabamos apuntados al gimnasio.
–No pienso ir –declaré.
–Pero Lorz –dijo la recepcionista, que para mí que las entrenan en la CIA o algo así–, ya que estás pagando aprovecha y vente a alguna actividad. Mira, tenemos yoga, pilates...
–No, no, no y NO.
–También tenemos actividades en familia –insistió la recepcionista, que es que huelen la debilidad porque si no es que no me lo explico–, podrías venir con los niños.
–¡¡¡Sí, mamá, yo quiero ir contigo!!!
–Pero Nena-chan, si no sabes ni a qué...
–Pero yo QUIEROOOO...
Así fue como, sin haberle hecho yo nada malo a nadie en la vida, acabé en una clase de zumba en familia.
Bueno, acabamos.
Se ve que ZaraJota no se atrevía a dejarme sola zumbando.
–Que conste que solo he venido para hacer control de daños –me dijo–. Sabes perfectamente que no me gusta bailar, ni la gimnasia, ni estar con otras personas, ni que me vean en público contigo. Y a la primera broma que hagas con el nombre de la clase aquí te quedas porque lo que es yo me voy.
–¿Pero te irías... zumbando?
–¡¡¡LORZ!!!
–Vale, vale, ya paro.
Lo cierto es que ZaraJota no se tendría que haber preocupado porque yo hiciera chistes: en el momento en el que empezó la clase se me quitaron las ganas de bromear. Y de hablar. Y de seguir viviendo. Lo único que me preocupaba era no sufrir un triple infarto coronario-cerebral mientras intentaba seguir los pasos de la profesora.
Cuando terminó la primera canción me dolían hasta los dientes de leche, que se me debieron caer allá por 1986.
Y no exagero: de verdad se me empezaron a caer en 1986.
Me dolían las piernas.
Me dolían los brazos.
Me dolían los párpados.
Pero lo que más me dolía era la traición de ZaraJota, que estaba dándolo absolutamente todo en la clase.
ZaraJota haciendo zumba. Dramatización. 

–¡Me dijiste que no te gustaba bailar! –le dije.
–Y no me gusta.
–¿ENTONCES QUÉ C*Ñ* ESTÁS HACIENDO?
–¿Esto? No lo puedo evitar: llevo el ritmo en el cuerpo.
–¿Se podría decir que estás... zumbado?
Y encima va y se enfada.

09 septiembre 2019

Linneo

Después de pasar un mes en el pueblo correteando salvajes y prácticamente desnudos, la vuelta al piso en Madrid fue un poco el infierno, sobre todo porque además había que hacer gestiones y papeleos y limpieza y cambio de armarios y compra de libros y cosas.
Aún así me propuse que todas las mañanas me llevaría a los niños de excursión; solo les puse una condición: que consiguiéramos salir de casa razonablemente limpios y vestidos antes de las once de la mañana.
El resultado de esta política es que un día, UNO, nos fuimos de excursión al Jardín Botánico. Y porque a los niños se les cruzaron los cables y se despertaron ambos a las seis de la mañana. Y porque les informé, muy diplomática y pedagógicamente, de que nos iríamos a hacer una p*t* excursión aunque tuviera que agarrarles de las p*t*s orejas y arrastrar sus p*t*s cuerpos inanes por el suelo. Con un palo.
Así fue como, de manera voluntaria y sin mediar presión externa, los niños y yo acabamos en el Jardín Botánico, que es un sitio maravilloso para ir llueva, nueve o brille el sol, a cualquier hora del día y en cualquier momento del año.
Y así fue como, no sé muy bien cómo, una cosa llevó a la otra y acabé explicándole a Nena-chan el sistema de clasificación de Linneo.
Nena-chan me miraba a mí y miraba las etiquetas de las flores con la boca abierta y alternativamente como si no se acabara de creer las extensiones a las que puede llegar la estupidez humana.
–¿Y por qué no llaman a las plantas por su nombre y ya está? Por ejemplo, una rosa es una rosa.
–Es una rosa es una rosa es una rosa es una rosa es una rosa es una rosa es una rosa es una rosa es una... –Nena-chan me dio un par de golpecitos. Es que sabe que a veces me atasco–. Bueno, es que hay muchos tipos de rosa, necesitan nombres distintos para distinguirlas.
–Pues que las distingan por el colooooor.
Nena-chan puso los ojos en blanco. Desde luego es que los adultos no nos enteramos de nada.
–Es que hay que tener en cuenta otras cosas.
–¿Qué cosas?
–Pues otras cosas, no sé.
–¿Por qué no lo sabes?
–Porque no soy científica.
–¿Por qué?
–Porque a mí me iban más las letras.
–¿Por qué? ¿No preferías hacer algo interesante con tu vida?
Me quedé mirando la niña con la boca abierta mientras pensaba en vidas interesantes como, por ejemplo, la de Herodes.
–Bueno –conseguí articular–, las letras también son interesantes.
–¿Para quién?
Para Herodes.
–Bueno, pues... para mí, por ejemplo.
–Ya, yo decía gente importante.
Como Herodes.
–Bu-bueno. Los científicos necesitan las letras para contar sus descubrimientos.
–Pero pueden pedirle a otros que lo hagan.
Anda, mira: como Herodes.

02 septiembre 2019

No te preocupes, Nena-chan

Hay dos verdades inmutables en la vida:
que cuando te quedas sin trabajo tienes que ir al INEM
y
que cuando eres madre tienes que ir a todas partes con los niños colgando.

De la combinación de ambas resulta que la semana pasada tuve que ir al INEM con los niños colgando. Los dos. Íbamos de camino en el metro cuando me di cuenta de que todavía no les había contado nada.
Bueno, alguna cosa sí.
Les había dicho que a partir de ahora mamá iba a pasar más tiempo con ellos y que iba a intentar trabajar más desde casa. Pero no les había dicho por qué.
Así que pensé que era mejor prevenir porque ya me veía en la oficina del INEM diciendo que no tengo trabajo y a Nena-chan replicando que sí tengo trabajo, que le dije que iba a trabajar en casa, que siempre que estoy con el ordenador le digo que estoy trabajando (si se os ocurre otra forma de ver series me lo contáis) y lo mismo en vez de con una prestación acababa con una sanción, qué se yo.
Así que se lo dije claramente.
–Nena-chan, ahora vamos a un sitio muy importante donde me van a hacer muchas preguntas.
–¿Por qué?
–Porque mamá ya no tiene trabajo.
Creo que si le hubiera dicho que es adoptada se lo hubiera tomado mejor.
–¿POR QUÉ YA NO TIENES TRABAJO, MAMÁ?
–Es un poco largo de contar...
–Pero mamá, ¿QUÉ VAMOS A HACER AHORA? ¡¡¡NO TIENES TRABAJO!!!
La nena estaba llorando como una magdalena en mitad del metro y yo la miraba en plan si lo sé no le digo nada, y al mismo tiempo me arrepentía de no llevar gorra porque entre los gritos, los lloros y el "mi mamá no tiene trabajo" lo mismo la pasamos y nos sacamos unas perrillas.
–No pasa nada, Nena-chan, mamá está muy contenta porque así podremos vernos más y además seguro que encuentro otro trabajo en seguida.
–¡Pero ya no verás a tus amigas del trabajo!
–Bueno, seguro que podemos quedar algún día a merendar.
Lemon pie. En Living in London. Sin presiones.
–¡Pero a mí me gustaba mucho ir a tu oficina!
De hecho, Nena-chan apenas iba últimamente a mi oficina, que en poco tiempo ha pasado de "oficina children friendly" a "la conciliación es una enfermedad tropical".
–Bueno, iremos de visita algún día.
–Pero ya no podremos colarnos en la caseta de la feria.
Lo que le gusta a esta niña ser casetera de la Feria del Libro no es ni medio normal.
–Bueno, se me ocurre mucha gente que nos dejaría entrar en la suya.
–¡Pero ya no podrás hacer libros!
–¡¡¡JA!!! De eso nada, en 2020 hay #Lorzfunding sí o sí.
[Busca desesperadamente un sitio para tocar madera].
–Pero, pero... ¡ES QUE YO QUERÍA TRABAJAR CONTIGO CUANDO FUERA MAYOR!
–Bueno, Nena-chan, no te preocupes por eso.
–¿No?
–Claro que no. No se espera que cuando tú seas mayor HAYA trabajo para nadie.
Ya está, arreglado.