19 agosto 2022

Vacaciones



Desde este momento estoy oficialmente de vacaciones. 

Si me echáis de menos, podéis encontrar todos mis libros en estas librerías y en digital, en Lektu.

Y a mí, desbarrando en directo, en Twitter.

Nos vemos a la vuelta.


08 agosto 2022

La sopera

En capítulos anteriores...
No hay nada que no se solucione con un buen guantazo.



La cosa es que Nena-chan estuvo casi una semana con unas hemorragias nasales bastante explosivas, del tipo que a estas alturas todavía me voy encontrando salpicaduras en las paredes, que a veces pienso que como entre aquí el equipo del CSI con luminol me enchironan aunque no haya muerto nadie.
Al parecer, cuando un niño pierde, no sé, así sin exagerar, varios cientos de litros de sangre en una semana, luego está como débil.
Pero la nena parecía estar bien, así que una mañana nos fuimos a la casa de mi abuela jugándonos el tipo porque mi padre dice, cito textualmente, que "eso que tu llamas casa de la abuela es también mi casa", y al parecer no somos bienvenidos, pero los niños querían ver a su bisabuela y no íbamos a quedar en un banco en el parque en plena ola de calor, no sé.
La verdad es que igual hubiéramos estado mejor en un banco en el parque porque en casa de mi abuela hace siempre un calor que te mueres. Mi teoría es que en invierno ponen la calefacción central tan fuerte que ya les dura todo el año y a mi abuela no le gusta el aire acondicionado porque dice que le sienta mal.
No me extraña, cuando estás acostumbrado a vivir cual cochinillo en el horno, te bajan la temperatura a 30 grados y te da como repeluco.
Bueno, el caso es que hacía mucho calor, y estuvimos bastante rato porque mi abuela decidió por lo que sea que me tenía que dar mi herencia en vida porque "cuando yo me muera, a saber", cosa que interpreté como que, por lo que sea, no se fía mucho de que mi padre me dé nada, y por lo que sea hay cosas que a ella le hace ilusión que tenga yo en concreto.
Así que salimos de allí con una sopera y un montón de bolsos de ganchillo que hace mi abuela a mano y de los que ya tengo chorrocientos pero creedme: nunca se tienen suficientes bolsos de ganchillo.
En la casa que yo llamo de mi abuela hacía calor, pero lo de la calle ya no tenía nombre. Además la acera en la que daba la sombra estaba entera levantada por obras de esas de quitar aparcamientos sin motivo aparente. Que yo muy a favor de peatonalizar las calles, pero me da la impresión de que más que peatonalizar, terracificamos, y eso ya me parece un poco peor.
Bueno, el caso es que nos tuvimos que ir por la acera del sol, cuesta arriba, en plena ola de calor, a las doce de la mañana, con una sopera, una bolsa de bolsos, una niña y un niño.
Que a lo mejor pensáis que se llevaban a sí mismos pero tienen la costumbre de agarrarse de mi mochila para que les arrastre como si hicieran ski acuático, y empiezan a pesar lo suyo. 
En esas estábamos cuando la niña empezó a decir que tenía mucho calor, mucho calor, mucho calor, no veo, CATAPÚN.
En aquel momento pensé que le había dado un golpe de calor porque era lo que estaba de moda en las noticias. Ahora más bien pienso que fue una bajada de tensión, más que nada porque yo también empecé a tenerlas a su edad y de casta le viene al galgo, sobre todo si además lleva una semana perdiendo sangre a chorro.
Bueno, miré alrededor buscando un banco pero claro, con toda la calle en obras ni banco ni banca, y cuando terminen las obras tampoco porque para qué poner bancos pudiendo poner bares. Solo que en ese tramo de la calle tampoco hay bares, así que arrastré a la niña hasta un escalón mientras cargaba con la sopera, los bolsos y su hermano, que seguía haciendo ski acuático con mi mochila, que una cosa os voy a decir: esa mochila ha salido buenísima. Qué resistencia. 
La nena estaba más blanca de lo habitual, con los labios morados, no conseguía sostener la cabeza y no decía más que incoherencias.
Yo estaba totalmente bloqueada, menos mal que Nene-kun me recordó que mi abuela nos había dado una botella de agua "para el camino". Cogí la botella de agua y se la eché a la niña por encima a ver si le bajaba un poco la temperatura corporal un poco, yo qué sé, yo no paraba de pensar en qué coño iba a hacer con una niña, un niño, una sopera y los bolsos, y ya me veía en una ambulancia con todo aquello, dando soperazos por la M30.
Miré alrededor y vi una tienda de alimentación a unos 20 metros. A todo esto, la casa que yo llamo de mi abuela estaba como a 50, pero había que ir por el sol. Que también podía haber llamado a mi abuela para que viniera, pero a ver qué hago yo con la octogenaria, probablemente con perro incorporado, la niña, el niño, la sopera y los bolsos.
Así que le dije al nene: 
-Cuida de tu hermana. Y de la sopera. Y de los bolsos. 
Y me fui a la tienda de alimentación, donde procedí a comprar un aquarius sin dejar de mirar a todos lados por si venía el de los terrones de azúcar a decirme que soy una mala madre.
Cuando salí de la tienda con el aquarius y una bolsa de chuches, porque si va a venir el de los terrones ya que aproveche el viaje, lo primero que vi fue a un chico hablando con los niños.
Lo primero que pensé es que los pederastas de hoy en día cada vez son más rápidos y me fui para allá en modo madre vengadora, dispuesta a arrancarle los ojos o, como mínimo, darle las chuches para que cuando viniera el de los terrones le pegara a él.
Pero cuando me acerqué vi que solo estaba intentando ayudar (¡o eso quería que creyéramos!) porque por lo visto cuando una persona va al cajero y se encuentra en el escalón una niña inconsciente, un niño acojonado, una sopera y un montón de bolsos por lo que sea se preocupa.
-La niña está devolviendo -me dijo.
Que no haya sido dentro de la sopera, pensé, que tiene muchos recovecos y pinta de limpiarse fatal.
A esas alturas, la niña estaba como para el remake de Casper.
El niño solo nos miraba en plan "y yo para qué habré nacido".
La sopera y los bolsos no decían nada. 
La niña se tomó el aquarius sin que nadie apareciera para pegarnos con un palo, y luego algunas chuches, y conseguimos arrastrarnos hasta un banco a la sombra, la niña, el niño, la sopera, los bolsos y yo.
Cuando se encontró un poco mejor, conseguimos arrastrarnos hasta un bar, la niña, el niño, la sopera, los bolsos y yo.
Y luego hasta casa, la niña, el niño, la sopera, los bolsos y yo.
Y según entramos en casa me dice ZaraJota: 
-¿Dónde vas con esa sopera?
Pues a todas partes, por lo visto. A TODAS PARTES.


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