27 agosto 2018

Japiberdei tu Nene-kun

Hoy Bebé-kun cumple tres años y se convierte oficialmente en Nene-kun.
Ay, parece que fue ayer cuando me retuvieron a la fuerza en una instalación del gobierno por hacerme pis encima.
¡Y hace tres años ya!
Como a lo mejor recordaréis, cuando Nena-chan cumplió tres años lo celebramos con un concurso: el objetivo era adivinar el título correcto de las películas y series favoritas de Nena-chan a partir del nombre que le daba la niña por entonces.
Nos hubiera gustado hacer lo mismo con Bebé-kun, pero como es el segundo pasamos de él es hombre de pocas palabras inteligibles, y no muy aficionado a series y películas.*
A BebéNene-kun lo que de verdad le gusta son los vídeos musicales.
Y aunque realmente me hubiera gustado ver vuestras respuestas a qué canción es "eversi", "titi tiri", "bibisá", o, atención a esta que despierta furor, "vaso vaso", la verdad es que no soy tan cabrona.
Así que hemos decidido darle la vuelta a la cosa, y en vez de hacer un concurso vamos a cantarle sus canciones favoritas,** para que las tenga siempre a mano, como ya hicimos con su hermana.
Aquí las tenéis.
Atención a la señorita en primer plano, que nos acompaña de manera excepcional y por ser una fecha tan señalada.











* En las últimas semanas, como suele ocurrir en vacaciones, BebéNene-Kun se ha lanzado a hablar y al frikismo y ahora pide perfectamente "Lalabú" y "Esbalo en el sofá".
** Salvo "vaso, vaso", que necesita un poco más de ensayo. Y que compremos más vasos.

20 agosto 2018

MESAL

Bebé-kun se está haciendo mayor.
Iba a decir que muy rápido, pero la verdad es que estos tres años se me han hecho larguísimos.
No ha sido un niño fácil, no.
Guapo, lo que quieras, pero fácil no.
No se puede tener todo en la vida.
Lo cierto es que en los últimos meses lo hemos visto evolucionar muy rápido y hace unas semanas decidimos que por fin, por fin, estaba preparado para ir al cine.
Otra vez.
Porque cuando el gordo tenía como tres o cuatro meses o así nos lo llevamos a ver Star Wars: The Force Awakens, lo que pasa es que no se acuerda porque en vez de prestar atención a la pantalla se pasó todo el rato dormido con la teta en la boca.
Las nuevas generaciones son así: no tienen claras sus prioridades.
Antes de seguir, dejemos claro que fuimos (en las dos ocasiones) bastante respetuosos: elegimos una de las sesiones menos frecuentadas, miramos por internet que no hubiera demasiada gente, elegimos los asientos lo más lejos posible del resto de espectadores y al lado de la puerta y en todo momento tuvimos claro que si los niños empezaban a molestar nos saldríamos y punto.
Que luego me viene la masa niñofóbica con las antorchas en ristre y me da mucha pereza.
La cosa empezó bien porque nada más vernos aparecer con los niños a la señora que controlaba las entradas se le puso una sonrisa de oreja a oreja.
Nena-chan se tomó aquello como una invitación y le fue directa.
-HolavengoaverLosIncreíblesDos.
-Muy bien, muy bien. Pero sabes que la película es en inglés, ¿verdad?
-No lo sabía -le contestó Nena-chan sin inmutarse-, pero no pasaría nada porque a veces también veo películas en español.
Que de verdad que no la hemos entrenado para que vaya troleando a la gente, es que la niña es así.
Pasamos y ZaraJota y Nena-chan se fueron a por palomitas mientras que Bebé-kun y yo íbamos a buscar nuestros asientos.
Cuando entramos la sala ya estaba a oscuras y estaban poniendo anuncios de coches.
En español, claro, porque si eres un extranjero de vacaciones que ha decidido refugiarse del calor en el cine lo que necesitas es justamente enterarte de que tienes los audis de oferta.
El niño llegó medio desorientado hasta el asiento y de pronto se dio la vuelta y vio LA PANTALLA.
Si os digo que alucinó me quedo corta: se le descolgó la mandíbula.
Levantó un dedito, señaló a la pantalla y me dijo:
-MAMÁ MIRA.
-Shhhhh, lechoncillo, es el cine...
-PERO MIRA.
-Sí, ya lo veo, es chulo, ¿eh?
-TÍ. CHULO CHULO.
Y se quedó mirando con la boca abierta y el dedillo extendido.
Aproveché para soltar las innumerables bolsas que iba cargando, y luego sujeté con una mano el asiento abatible y con la otra subí a Bebé-kun.
Entonces fue cuando descubrí que el niño no pesa lo suficiente para mantener el asiento bajado: Bebé-kun se convirtió en la asombrosa empanadilla humana.
El pobre ni se quejó ni nada. Seguía con la boca abierta; entre la gomaespuma y el terciopelo falso asomaba un dedillo que apuntaba a la pantalla.
Bajé el asiento y coloqué al niño al borde del todo. Parecía que ahí aguantaba.
Entonces llegaron ZaraJota y Nena-chan con el cubo de palomitas más grande que ha existido jamás.
Las palomitas eran la pieza clave en la operación Mantén En Silencio Al Lechoncillo: en una de las innumerables bolsas llevaba incluso dos cuencos de plástico para que cada niño tuviera su ración de palomitas y no hubiera incidentes.
También llevaba agua, gominolas, tortitas de arroz, muñequitos de Peppa Pig, un yogur que metí tres días antes y olvidé sacar y una guirnalda de cumpleaños.
No preguntéis por qué: de verdad, no queréis saberlo.
La operación MESAL funcionó extraordinariamente bien y todos salimos muy contentos del cine. Bueno, contentos y aliviados.
-Qué bien se han portado -le dije a ZaraJota.
-Sí, y el personal del cine ha sido muy amable. Incluso se han ofrecido a darme un montón de revistas para el niño.
-¿Por si se aburría?
-Para que se sentara encima. Pero les he dicho que no hacía falta, que ya es lo bastante alto para ver.
Ciertamente, la altura nunca ha sido un problema.




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13 agosto 2018

Pelokiwi

Pues después del embarazo y con la lactancia y eso se me empezó a caer el pelo a saco.
Pero no sabéis cómo.
Era muy deprimente, sobre todo cuando me quedaba parada debajo de una lámpara, que se me veía el cartón cosa mala. Así que tomé una decisión muy loca, y me corté el pelo al estilo Mary Margaret.
Está feo que yo lo diga pero me quedaba fenomenal de la muerte y, lo que es más importante, los niños dejaron de llamarme "señora".
El problema es que como tengo el pelo de rata así como de rata fino y liso tal cual una rata todos los días se me levantaba con pelos de rata de loca. 
-¡Me voy a dejar el pelo largo otra vez! -anuncié.
Estaba sola en la ducha y quedó un poco raro, y eso me pareció una buena señal.
-Pero -dijo la voz de mi madre en mi cabeza- el problema de dejártelo largo es que te saldrán... RABILLOS.
Oh, los rabillos.
Hasta la mujer más empoderada tiempla al escuchar su nombre.
Rabillos.
Esa temida etapa en la que el pelo no es lo bastante corto para ser corto ni lo bastante largo para ser largo, y por detrás pareces un vendedor de coca de los años ochenta.
-No me importa -le grité a la voz de mi madre en mi cabeza- aprovecharé el verano para pasar la etapa de los rabillos. Me haré coletitas y moñitos y de todas formas estaré casi un mes sola en la oficina y otro de vacaciones. Puedo hacerlo. VOY A VENCER A LOS RABILLOS.

Veinticuatro horas más tarde...
-ZaraJota, rápame la cabeza.
-No.
-Por favor, por favor, por favor, no aguanto más...
-¿Por qué no vas a la peluquería y que te lo corten bien?
-Porque JURÉ por mi propia sangre que aguantaría la etapa de los rabillos.
-Estabas hablando sola en la ducha, Lorz.
-¡Por favor!
-Vale, mañana, si sigues estando loca, te cortaré el pelo.
-¡NO! ¡MAÑANA NO! ¡AHORA!
-Son las once de la noche, Lorz,
-¿Cuándo nos ha detenido eso?
-Si no te rapo la cabeza no me vas a dejar dormir, ¿verdad?
-Verdad.
ZaraJota suspiró. Ya sabéis que es asmático y eso.
Me encaramé en un taburete en mitad del baño mientras ZaraJota buscaba la maquinilla de cortar el pelo. En ese momento los niños, que en teoría, EN TEORÍA, estaban dormidos salieron de su habitación.
-¿Qué estáis sasiendo, mamá?
-Probablemente divorciarnos.
-Queremos verlo.
-¡TÍ! ¡QUEREMOS LERLO!
-Vale.
Los niños se sentaron en el pasillo para observar la operación. ZaraJota montó la maquinilla y la puso al nueve.
-¿Estás segura? -me preguntó.
-Sí.
-¿Segura, segura?
-¡Segura!
ZaraJota metió la maquinilla y empezó a caer pelo por todos lados y ahí lo mismo sí que tuve un momento en plan ay, ay, pero qué he hecho, pero cuando levanté la cabeza y me miré en el espejo descubrí que me estaba quedando sorprendentemente bien.
-ME GUSTA MOGOLLÓN -dije poniendo ojitos manga.
Y entonces la maquinilla se paró.
-¿Qué pasa?
-Parece que se ha quedado sin batería.
-¡ARG!
Llevaba aproximadamente la mitad de la cabeza y en lugar de un suave y sedoso kiwi parecía un caniche con tiña.
-No te preocupes, tiene cargador.
Pero resultó que el dichoso aparatito no funciona mientras carga.
Y tarda SIGLOS en cargar.
Y ya eran cerca de las doce de la noche.
-No puedo ir a trabajar así -le dije a ZaraJota.
-Puedes ponerte una bolsa de papel en la cabeza.
-No sé si es muy profesional.
-Tenemos una con el logo de la empresa.
-...
-Puedo intentar arreglártelo con las tijeras.
Así fue como descubrimos que no todas las tijeras sirven para cortar el pelo.
Muy mal, IKEA, muy mal.
Al final ZaraJota acabó dándome trasquilones con las tijeras del pescado.
El resultado, a la mañana siguiente fue exactamente este.

Y digo exactamente porque me levanté así, y no hubo manera de cambiarlo ni con la ducha, ni con gomina, ni con laca ni aplastándolo con una piedra: siempre volvía a la misma forma.
Lo reconozco: el aspecto no era exactamente el deseado. Pero era TAN suave que me tenía que contener para no pasarme el día acariciándome la cabecita a mí misma.
-¡Soy mi propia parcelita de césped! -le dije a ZaraJota.
ZaraJota no contestó y me metió la bolsa de papel en la mochila por si acaso.
Cuando volví de trabajar parecía ansioso.
-Quizá deberías acariciarme un poco la cabeza -le dije-: es muy relajante.
-¿Qué te han dicho en el trabajo?
-Ay, ¡les ha gustado muchísimo!
-¿En serio?
-Sí: ¡no paraban de reírse!





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06 agosto 2018

El único fruto del amor

El otro día experimenté un dejá vu de esos: discutí con una viej... anciana en el supermercado.
Estaba tan feliz pesando unos tomates en la báscula de la frutería cuando se me acerca una viej... anciana más arrugada que una pasa y que no me llegaba al hombro y me suelta:
-Tú, pésame los plátanos. Y pon que son BANANAS. No intentes engañarme.
Por el tono y las maneras la señora en su juventud debió ser atracadora de bancos, así que no me atreví a desobedecerle y le pesé las dichosas bananas.
-¿Qué precio ha salido? -me pregunta.
-1,13.
-¡Qué precio más feo!
-Bueno, señora, pues no haber cogido tantas bananas, a mí que me cuenta.
-¿Seguro que has marcado BANANAS?
-Sí.
-Mira que las bananas son más baratas que los plátanos.
-Sí, señora, pero lleva usted dos kilos, que vaya, me parece que están fenomenal de precio.
-Pues yo no entiendo por qué las bananas son más baratas que los plátanos, si los plátanos son más pequeños.
-Eh... bueno, el precio es POR KILO, el tamaño no importa.
O eso les decimos a ellos, ya sabe.
-Ya, pero es que además los plátanos vienen de Canarias, que está más cerca, tendrían que ser más baratos.
-De verdad, señora, que me da igual.
Que son las nueve de la mañana de un puñetero sábado y solo estoy aquí porque Bebé-kun lleva despierto desde las cuatro de la mañana y yo ya no aguantaba más.
-A no ser qué las bananas -seguía la señora- vengan de más cerca. Porque mira que es casualidad que nunca nos digan de dónde vienen las bananas.
-En la pegatina pone que de Costa de Marfil.
En la pegatina, en las cajas, en los carteles de la oferta...
-Claro, eso PONE. Pero podrían venir de cualquier lado. De Zaragoza, por ejemplo.
O de Móstoles, o de Cuenta, o de Alpedrete. Toda España está llena de plantaciones secretas de bananas que luego llevan al puerto más cercano (probablemente BARCELONA o algún sitio peor) donde les ponen pegatinas FALSAS antes de reenviarlas a Mercamadrid. ¡Por eso se ponen malas tan pronto! ¡Porque ya llevan por lo menos una semana dando vueltas de contrabando!
-Señora, estoy razonablemente segura de que vienen de Costa de Marfil.
-Bueno -insiste las señora-, si las bananas DE VERDAD vienen de Costa de Marfil tendrían que ser más caras, porque el marfil siempre ha sido carísimo.
-...
Sin palabras. La viej... anciana me dejó sin palabras. A MÍ.
-Además, Costa de Marfil está más lejos, y mira cómo está el precio del combustible.
Ahí ya sí que reconozco que se me cruzaron los cables.
-Señora, esto es el siglo XXI: lo que más encarece un producto siempre es la mano de obra. Por poco que cobre un recolector de plátanos en Canarias, seguro que cobra infinitamente más que un recolector de bananas en Costa de Marfil.
Pero a la señora el convenio colectivo de los recolectores de bananas se la sudaba mogollón.
-Pues el otro día oí en las noticias que va a subir el precio de gasoil -me dice.
Ahí fue cuando (tarde, lo admito) me di cuenta de que no merecía la pena seguir hablando. Le di a la viej... anciana las dichosas bananas, le di la espalda y seguí con mi compra.
Según me alejaba, la viej... anciana seguía gritando:
-¡LOS JÓVENES DE HOY EN DÍA, TANTO COCHE TANTO COCHE! ¡Y CLARO, ASÍ ESTÁ EL PRECIO DE LAS BANANAS!
Total, que llego a casa y ZaraJota empieza a sacar la compra del carrito, y de pronto me dice:
-Lorz, has comprado dos kilos de plátanos.
-Sí.
-¿Y eso?
-Es que va a subir el gasoil.




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