29 junio 2020

La nueva normalidad piscinera

Por si no hubiéramos sufrido ya bastante en lo que va de año, ahora van y reabren los gimnasios.
Y con todas las medidas de seguridad, para que no podamos excusarnos en el coronavirus para no ir.
Vergüenza les tenía que dar.
Encima, reabren pero sin las clases de natación para los niños, también conocidas como "la media horita en la que me siento en la cafetería de delante para leer en silencio". 
Muy mal todo.
-Pero la piscina está abierta -me dijeron en recepción-. Puedes venir si quieres.
-¿Con los niños?
-Si quieres.
La verdad es que querer, lo que se dice querer, no quería mucho, lo que pasa es que hemos tenido unos días de mucho calor y como de todas formas cuando estamos en casa no me dejan trabajar pues mira, allá que vamos. 
Además, ahora que ya son más mayores (7 y 4) ir con los niños a la piscina es relativamente sencillo. Bueno, era.
En la nueva normalidad, ya nada es sencillo.
Para empezar, llevábamos las mascarillas. Nene-kun también, porque tener menos de 6 años no le va a impedir lucir el complemento de moda y aquí hemos venido a jugar.
Llegamos al gimnasio y aquello es como Eurodisney: han creado un circuito para hacer cola, un circuito para entrar, otro para salir y otro para moverse entre medias. Los niños están encantados de la vida porque como son true madrileñers todo lo que sea hacer cola les parece maravilloso; yo también estoy muy a favor de las colas, lo que pasa que voy cargando con las seis toallas, los bañadores, la crema solar, el gel, el champú, el repelente de piojos, las botellas de agua y el UNO, porque en esta familia no se va a ningún lado sin el UNO, y lo de esperar lo llevo un poco peor.
Cuando por fin nos toca turno, nos dicen que pongamos los pies es algo llamado "alfombrilla desinfectante".
-Y ahora, haced el Michael Jackson.
Los niños miran al monitor de lado a lado como si fuera de otro planeta y Nena-chan me dice, muy seria:
-Mamá, ¿qué es un Michael Jackson?
¿Oís ese crujido?
Es el corazón del monitor rompiéndose.
-Que frotes los pies contra la esterilla, hija.
El siguiente paso es ponerse gel desinfectante en las mano. 
-Frotad muy bien, ¡tenemos que aplastar a todos los virus! -dice el monitor, que todavía no ha perdido del todo la fe en la juventud.
Veo que Nena-chan va a intervenir (me huelo que está preparando algo del tipo: "No podemos aplastarlos porque son seres mircoscópicos") y le lanzo una mirada asesina que de verdad si hay algún virus de por medio se muere en el acto. 
-Que te frotes las manos -le digo. 
La temperatura no nos la toman y menos mal, porque después de hacer cola al sol con la bolsa de los arreos lo mismo no apruebo, así os lo digo, que me sudaba el bigote, el entreteto y el entreculo que no era ni medio normal para las diez de la mañana.
Conseguimos llegar al vestuario y nos encontramos que lo han adaptado para la nueva circunstancia, siendo la nueva circunstancia que estoy muy jodida porque han puesto separadores para crear espacios individuales y voy con dos niños y una bolsa más grande que yo. 
Empujo a los niños hasta la cabina más ancha y les digo que se vayan quitando la ropa.
-¿Ya no podemos quitar la mascarilla? -preguntan a dúo.
-No.
Acto seguido ambos niños se quitan las camisetas y sucede lo que seguramente ya habéis imaginado que sucedería: ambas mascarillas acaban en el suelo.
-Mierdaaa...
Bueno, no pasa nada, porque entre el millón de cosas que llevo en el bolso hay mascarillas de repuesto.
El problema es que los niños son considerablemente más jóvenes y más ágiles que yo (y están más cerca del suelo, pero no mucho más) y antes de que me dé tiempo a alcanzar las mascarillas ya las han recogido y se las han puesto, porque otra cosa no pero los tengo muy concienciados.
-Mierdaaa...
Me digo a mí misma que no pasa nada porque:
a) Regla de los 10 segundos.
b) El gimnasio acaba de abrir. Ese día y después de tres meses.
c) El vestuario huele a desinfectante, el suelo huele a desinfectante, hasta el desinfectante huele a desinfectante.
d) De todas formas vamos a morir todos.
Consigo que los niños se cambien sin mayores incidentes y empiezo a cambiarme yo.
El bañador ha debido encoger porque casi no me entra y cuando consigo ponérmelo me corta la respiración pero pienso que bueno, si los pulmones funcionan como al 10% de su capacidad tengo también un 90% menos de probabilidades de inhalar un virus, ¿no? 
O sea, las matemáticas no fallan.
Conseguí salir del vestuario con los niños, las mascarillas (puestas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO, porque sin el UNO no somos nadie y llegamos al acceso a la piscina. 
El monitor de turno nos dice que nos desinfectemos las manos con gel.
-Frotad muy bien -nos dice- tenemos que...
-MIRA, NI LO INTENTES.
-Vale.
Nos frotamos, cruzamos el umbral y nos dice:
-Muy bien, ya podéis quitaros las mascarillas.
-¡PERO SIN QUE SE OS CAIGAN! -añado.
Tarde. 
Por otra parte, a esas alturas ya me empieza a dar todo un poco igual.
En el suelo han marcado unos rectángulos para que cada bañista se coloque en uno y mantenga la distancia social. Les digo a los niños que se pongan en fila india detrás de mí (para mantener aún más la distancia a los lados) y que no pisen los rectángulos y empiezo a caminar hacia nuestro espacio asignado. 
De pronto les escucho reírse.
Miro para atrás, y están saltando de rectángulo en rectángulo.
-¿PERO QUÉ OS HE DICHO YO?
-Que no pisemos los rectángulos.
-¿Y qué estáis haciendo?
-Saltar para no pisar los rectángulos, mira, no hemos pisado ni una línea. 
Empiezo a sentir que mi párpado derecho se contrae. El tic en el ojo va a empezar de un momento a otro. Consigo llegar a nuestro rectángulo, suelto las toallas, las mascarillas (quitadas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO porque si no llevamos el UNO se acaba el universo. 
Sudo cual gorrino en San Andrés. En ese momento me habría metido en la piscina aunque estuviera vacía.
-Venga, ahora nos damos una duchita y al agua.
-Yo no quiero ducharme.
-Nene-kun, siempre hay que ducharse antes de entrar la piscina.
-Pues yo no quiero.
-Pues no te bañas.
-Pues no me baño.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS VENIDO HASTA AQUÍ CON LAS SEIS TOALLAS, LOS BAÑADORES, LA CREMA SOLAR, EL GEL, EL CHAMPÚ, EL REPELENTE DE PIOJOS, LAS BOTELLAS DE AGUA Y EL P*T* UNO DE LOS COJONES?, pregunta educadamente mi niña interior.
-Pues no te bañes -dice mi voz exterior. 
Nene-kun se sienta en nuestro rectángulo asignado y yo me voy a controlar a Nena-chan, que lleva un rato metida en el agua y gritando "MAMÁ, MIRA" mientras yo me esfuerzo por fingir que no la conozco de nada.
Nene-kun se queda en el césped con cara de niño abandonado, que es una cosa que se le da muy bien y que normalmente me hace mucha gracia, lo que pasa es que en ese momento no estaba del humor apropiado para apreciarlo. 
Yo le iba echando reojos y al rato veo que se le acerca un monitor y el niño me señala, y el monitor se viene al borde de la piscina y me dice:
-Señora, el niño no puede estar solo.
Y yo le digo que vale, vale, que ya voy, pero entonces a la que dejo sola es a Nena-chan, que está en el agua y por tanto en una situación considerablemente más peligrosa.
Así que le digo a la nena que se venga conmigo.
-¡No quiero! ¡Quiero quedarme en el agua!
-Es sólo un momento, por favor.
-¡QUE NO QUIERO!
Me meto en el agua, cojo a la nena como a un lechón, salgo de la piscina, voy hasta Nene-kun.
El niño me mira como si se acabara de dar cuenta de que está ahí.
-¿Vas a ducharte?
-NO -dice Nene-kun.
-¿Jugamos al UNO un rato?
-NO -dice Nena-chan.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS TRAÍDO EL UNO DE LOS C*J*N*S?, dice mi niña interior.
Decido ignorar a los tres y cojo el móvil para ver si ya es hora de volver a casa y llorar en bajito.
Tengo un mensaje en la aplicación del gimnasio. La abro para ver si nos han echado ya y tengo excusa para no volver.
Es una encuesta: 
ESPERAMOS QUE SU VISITA HAYA SIDO SATISFACTORIA.
VALORE DEL 1 AL 10 EL NIVEL DE SATISFACCIÓN CON SU VISITA.
Creo que me voy a abstener.



*   *   *

El jueves 16 de julio, videoclub de lectura online sobre Villamatojo en librería La Sombra.
La participación en el club es gratuita, sólo hay que escribir a La Sombra para que os faciliten el acceso.
El libro se puede adquirir entero o por partes aquí.







22 junio 2020

A través del espejo

Pues durante el curso pasado Nena-chan empezó a escribir en espejo; esto es, empezó a escribir letras y números al revés. 
La seño nos dijo que era normal (lo de la escritura en espejo, no la seño) y con el tiempo se ha ido corrigiendo solo, salvo una cosa: por más que nos empeñemos, la nena sigue confundiendo la b y la d. 
A falta de una idea mejor, se me ocurrió empezar a escribirle una d en la mano derecha todas las mañanas, justo antes de hacer los deberes, así:
Reconstrucción de los hechos.
La mano es azul porque últimamente nos da poco el sol.


-La D es como tu mano DErecha, tiene el DEdo gordo en el mismo lado -le dije a Nena-chan y al principio todo fue bien.
Lo que pasa es que yo, como buena zurda que soy, también tengo mis momentos de escritura espejo, sobre todo cuando he dormido poco y tengo a dos niños gritándome a moviéndose a mi alrededor y a la vez.
Por eso (y porque soy muy tonta, claro) un día en vez de una d le escribí...

...una B.
-Mamá, mamá, mamá, la has escrito al revés.
-M**rd*.
Con rotulador indeleble, claro. Y aunque hubiera sido rotulador normal, la piel atópica de Nena-chan es particularmente sensible al jabón.
-¿Qué hacemos, mamá?
-No te preocupes, Nena-chan, esto lo arreglo yo en un segundo, ¿Ves? Ya tienes tu D.

-Pero mamá, ahora no sé cuál es la buena.
-No te preocupes, ahora tachamos la que no es.
Pero poco, que tampoco es plan de llevarle a la chiquilla la mano de rotulador, así:

-Tacha también el palito, mamá.
-Tacho el palito.
Había salvado la situación y me sentía la mejor madre del universo y del mundo, cuando ZaraJota salió de la habitación en la que afirma teletrabajar y se quedó mirando a Nena-chan con cara de pasmo.
-Lorz... -me dijo-. Sabes que yo respeto mucho tus métidos materno-pedagógicos, ¿verdad?
-No, la verdad es que hasta ahora no me ha dado esa impresión.
-Bueno... el caso es que me gustaría saber, si no te importa, POR QUÉ LE HAS PINTADO A NENA-CHAN UNOS GENITALES MASCULINOS EN LA MANO.
-Pues porque es la mano derecha, obviamente.




--------------------------------------------------
¡Nuevo diseño disponible en nuestra tienda Redbubble!

15 junio 2020

Las recompensas del #relorzfunding

Por si a alguien no le ha llegado el mail, o le ha ido directo a spam, o ha pasado de leerlo:

como quizá hayáis visto, hemos reanudado el envío de recompensas del #relorzfunding.

Todavía no tenemos el libro impreso por no sé qué de una pandemia, pero tenemos todo lo demás desde finales de febrero y el peso de las cajas estaba empezando a afectar a la estructura del edificio. Y que me tropiezo con ellas cada vez que paso porque tengo el sentido espacial un poco j*d*d*.
Por eso hemos dicho: vamos a enviar ahora lo que tengamos y el libro ya llegará si eso.
Algún día.
Preferiblemente, antes que el meteorito.
Así que, por favor, si en estos meses os habéis mudado, o estáis temporalmente fuera de casa, o nos pusisteis la dirección de una oficina a la que actualmente no vais, o de una tienda que en estos momentos está cerrada, os agradecemos que lo comuniquéis en lorzagirl@gmail.com.
Si os quedasteis con ganas de alguna recompensa (pedisteis el libro pero después habéis comprendido que vuestra vida no merece la pena sin el imán, por ejemplo) todavía estáis a tiempo de decirlo.
Por último, a los amigos y residentes en Madrid: no hemos perdido la esperanza de entregaros las recompensas en mano; probablemente empezaremos a repartirlas en un par de semanas; si alguien prefiere que se las mandamos ya y/o por correo, sólo tiene que decirlo.
Como siempre, podéis contactar con nosotros en lorzagirl@gmail.com
Gracias por vuestra colaboración.

EDITADO 16/6/2020
Acabamos de enviar por mail el libro electrónico de Vayamos por partes. Segunda parte.
Los mecenas del #relorzfunding lo habrán recibido en el mail que dieron al participar.
Si alguien no lo ha recibido, o no puede descargarlo, o cualquier otra cosa, que contacte con nosotros en lorzagirl@gmail.com







08 junio 2020

Cocina de aprovechamiento

Cada vez que vamos al súper lo mismo:
-A ver, Nena-chan, ¿qué quieres de fruta? LOS LACASITOS NOS SON FRUTA.
Me da igual lo que diga ZaraJota: ser redondos y de colores no los convierten automáticamente en fruta.
-Pueeeeees... plátano.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Mira que luego los tengo que tirar y me da mucha rabia.
-De verdad que me los como.
-Bueno, ya veremos.
Cuatro días más tarde tenía en casa dos plátanos negros como nuestro futuro y un cabreo monumental.
Ah, no, me dije.
Me niego a tirar los plátanos. Esto lo reaprovecho yo como sea. ¡Que no están las cosas como para tirar comida!
Me acordé entonces de que Cattz hace una especie de bizcocho de plátano que yo no he probado nunca, pero sólo con las fotos ya puedo deciros que eso sabe a gloria bendita. Y si Cattz, que es prácticamente una extranjera, puede hacer pan de plátano, ¿cómo no voy a poder hacerlo yo?
Encontré una receta y me pareció súper fácil.
Quizá el problema sea ese.
El primer problema fue que no tenía huevos.
O sea, tenía, pero sólo cuatro, y como estaba en pleno proceso de hacer filetes rusos pensé, uy, no puedo gastarlos todos, así que en vez de cuatro, que era lo que pedía la receta, eché dos.
Para compensar le eché un yogur. De plátano, por supuesto a ver si os pensáis que estoy loca.
Harina sí tenía de sobra, pero me apetecía cero sacar la báscula, porque la tengo con las cosas del #relorzfunding para pesar los paquetes, así que pensé que bueno, tampoco pasaba nada por echarla a ojo.
Y ya puestos a echar, mejor que sobre que no que falte.
Me pasó lo mismo con el azúcar y la leche, aunque en mi defensa debo decir que sé que en uno de mis vasos caben 180 ml, así que eché a ojo más o menos la mitad y arreglado.
Además, puede que se me olvidara echar la levadura aunque, bien pensado, quizá sea hasta lo mejor.
El resultado fue una masa tan espesa que incluso absorbía la luz de su alrededor y que olía como los baberos rancios de las primeras papillas.
Las madres me entendéis.
Aquello era un desastre de proporciones épicas, así que hice lo único que podía hacer: echarle un poco de sal (para compensar) y meterlo en en horno.
Media hora más tarde tenía una especie de empanada de engrudo, a saber:

Imagen
En mi defensa debo decir que al menos no sé quemó.
Por otra parte, el horno está fallando y se apagó por su cuenta a media cocción, así que lo mismo tampoco es mérito mío.
El sabor no era malo. Era intenso. Muy intenso. Como si alguien te inyectara leche condensada con sabor a plátano directamente en el cerebro. Me tomé una cucharada y se me coagularon 2/3 de las venas. Con la segunda, dejé de ver. Con la tercera, perdí la sensibilidad en la lengua, se me cayeron tres muelas y decidí dejar de comer.
-Creo que voy a tirarla -le dije a ZaraJota.
-Pero Lorz, creía que el objetivo de todo esto era no tirar comida.
-No, no, no, el objetivo era no tirar los plátanos.
Que hay que explicarlo todo.




-----------------------
Pd: ¿Ya tenéis vuestra camiseta para no ir* al desfile del orgullo?


* Porque de momento se ha pospuesto, obviamente.

01 junio 2020

El desfase


El desfase lo llevamos regular.
Como ya es legal, mis padres han venido a vernos a casa. Digo "vernos" cuando, obviamente, a quienes querían ver es a los nietos, que a fin de cuentas a mí me conocen desde hace cuarenta años y me tienen muy vista y ZaraJota para la conversación que da mejor le pintas una carita a un globo.
La cosa fue más o menos bien al principio: los abuelos venían con mascarilla, guantes, escafandra y un traje de neopreno, que de verdad si me llegan a decir que se iban a seguir los pasos de Costeau me lo habría creído sin problemas.
Pero claro, según entraron en casa los niños se les quisieron echar encima.
-No, no, mira, lo que podemos hacer es frotarnos el codo, así -le dijo mi madre a Nene-kun.
-Pero madre -le dije- que el codo es donde estornudamos.
-¿Y?
-Pues que si el niño estornuda en su codo, luego frota su codo contra el tuyo, y luego tú estornudas los mocos pasan de uno a otro lo mismo.
-Oh.
Mis padres pasaron a casa muy tiesos y se sentaron muy tiesos con su mascarilla, sus guantes, sus escafandras y sus trajes de neopreno.
-¿Queréis una cervecita?
-Vale, una.
-Sí, porque no tengo más.
Desde que el supermercado dejó de hacer envíos a domicilio lo único de peso que entra en casa soy yo.
Les puse la cerveza delante y se la quedaron mirando en plan muy bien, ahora qué hacemos con todo el equipo.
-Quitaos la mascarilla, anda, si total, estamos todos teletrabajando desde hace dos meses.
Mis padres se quitaron la mascarillas para tomarse la cerveza y ya que estábamos pensé, qué lastima, la cerveza (a compartir) y a palo seco, voy a sacar unas patatitas.
Mis padres se quedaron mirando las patatitas en plan muy bien, y nosotros con los guantes puestos.
-Quitaos los guantes, anda, si total, si ninguno salimos de casa para nada.
Mis padres se quitaron la mascarilla y empezaron a tomarse las patatitas.
Y claro, ya que estábamos sin mascarillas, sin guantes, sin escafrandras y sin trajes de neopreno y todos metiendo la manorra en el mismo cuenco de las patatas, nos pareció súper absurdo que los niños mantuvieran la distancia. Sobre todo, porque ya hacía rato que se les habían sentado en las rodillas.
-No pasa nada, venga, si de todas maneras no hemos tenido contacto con nadie.
El caso es que una cosa fue llevando a la otra y para cuando llegó la hora de irse ni distanciamiento, ni asepsia, ni pepinillos en vinagre, que a los niños solo les faltó hacer la croqueta sobre un charco de fluidos corporales.
El caso es que al día siguiente me llamó mi padre:
-Oye, que la abuela está regular y le han hecho la prueba del covid.
-Ay, pobre.
-No te preocupes, que son solo decimillas y un poco de tos. Seguramente no es nada, te lo digo para que os aisléis.
-¿Y por qué me voy a aislar yo ahora, que llevo tres meses sin ver a la abuela?
-Porque nosotros estuvimos en su casa.
-¡Pues aislaros vosotros!
-Es que estuvimos justo antes de ir a la vuestra.
De verdad, pocas cosas nos pasan.




Pd1: Dio negativo. Teniendo en cuenta que se está recuperando de un cáncer y que siempre lo ha pasado muy mal con la alergia, me atrevo a decir que la tos, la fiebre y el cansancio podían deberse a cualquier otra cosa. Así como teoría loca.


Pd2: Como me aburría he escrito otro libro.

25 mayo 2020

Policía de balcón

Después de tan solo 75 días de confinamiento, por fin Madrid pasa hoy a la Fase 1, mientras que en el mundo civilizado se pasa a Fase 2.
En mi calle, en cambio, nos hemos pasado de la fase al desfase desde hace tiempo.
Todo empezó cuando se dio permiso para pasear a determinadas horas del día, según la edad de cada uno.
Los niños podían salir a pasear a la calle de 12 a 19 horas, así que nos sorprendió mucho que en nuestra plaza hubiera chavales un poco pasada la hora, digamos sobre las once de la noche o así. Además, eran muchos, no llevaban mascarillas y no respetaban las distancias de seguridad.
Pero lo que de verdad sacó al policía de balcón que todos llevamos en nuestro interior es que se estaban sacudiendo que daba gusto con una bicicleta.
No por una bicicleta: con una bicicleta.
De paso, se estaban llevando por delante la chapa y pintura de los coches aparcados en la calle.
Los vecinos de la calle, que han cogido la costumbre de salirse a la terraza por las noches, estaban con el espectáculo en directo que ni OT ni Masterchef ni la madre que los parió. El que no estaba grabando la pelea es porque estaba llamando a la policía, así os lo digo.
La policía apareció con la sirena puesta y los chavales se escondieron en los portales, que ya hay que ser tonto, porque había más gente mirando que en una final de la champions. En cuanto los policías se bajaron del coche miraron alrededor y gritaron "¿Dónde?", y todos los vecinos empezaron "Ahí, ahí" como cuando íbamos a ver las marionetas al Retiro, de verdad, el mejor espectáculo que he visto en siglos y allí en directo justo debajo de mi ventana.
La policía entró al edificio de enfrente a mi casa y llamó a un piso concreto. Lo sabemos porque las luces de ese piso se apagaron de inmediato, y lo siguiente que vimos fue a los policías con las linternas como Mulder y Scully.
Yo es que me imagino a los chavales:
-La policía está en la puerta.
-¡Rápido, apaga la luz!
-¿Cómo?
-Si no hay luz no pueden vernos.
-¡Bien pensado!
-¡Maldición! ¡Tienen linternas!
-¿Quién podía haberlo imaginado?
Los pillaron, claro, y los mandaron a su casa porque es que además de estar fuera, a deshoras, destrozando coches y dándose de tortas, que ya hay que ser tonto, es que fueron a esconderse en un domicilio diferente al que estaban empadronados.
La semana siguiente, volvía yo de la compra cuando me volví a encontrar a un grupo de chavales en la plaza. Estaban todos apretados en un ladito mientras la policía hablaba con una señora.
-Su hijo llevaba un arma en la mochila -decía el policía.
Lo típico que estás fuera de casa a deshoras, en grupo, sin mascarilla, no respetando las distancias durante una pandemia, te para la policía, una cosa lleva a la otra y se dan cuenta de que llevas un arma en la mochila.
A mí me ha pasado un millón de veces, como mínimo.
-¿Pero estaba cargada? -preguntaba la mujer.
-No, señora, no tenía munición.
-Ah, bueno.
¿AH, BUENO?
Unos días más tarde, dos chavales estaban en la calle mientras un señor les gritaba desde una terraza.
-¡PASTILLEROS DE MIERDAAA!
No sé, lo normal que grita uno un domingo a media tarde.
-¡TÚ SI QUE ERES UN MIERDAAA! -gritaban los chavales desde abajo.
-¡¡¡A MÍ NO ME VENGÁIS OTRA VEZ A PEDIRME PASTILLAS!!!
-¡¡¡CABRÓN!!!
-¡¡¡LAS PASTILLAS DE TU ABUELA TE VAS A TOMAR!!!
-¡¡¡QUE TE MATO!!!
Llegado a ese punto pensé que sería buena idea llamar a la policía, porque a mí que se griten me da bastante igual, pero es que me estaban amargando la siesta.
La policía vino. Otra vez. Pidió la documentación de los chavales. Otra vez. Los mandó a su puñetera casa. Otra vez.
Mientras tanto, en la plaza, tenemos un grupo que se sienta todos los días beber cerveza en las mesitas que hay para que los viej...ancianos jueguen al ajedrez, que por mí pueden jugar al Monopoly, vaya, pero es que tienen el tablero de ajedrez dibujado.
A mí que estén en grupo, sin mascarilla y a deshoras me da igual porque el alcohol desinfecta mucho y estos beben como para desinfectar todos los hospitales de Madrid, Ifema y la clínica Ruber si hace falta, así que no hay peligro.
Lo que pasa es que hace unos días se trajeron una espada.
En serio.
Una espada.
Yo estaba "trabajando" o, lo que es mismo, diciendo barbaridades en twitter, cuando empezaron a pelearse por jugar con "la espada" y de pronto escuché algo parecido a un hachazo.
Me asomé a la ventana y me puse a destender la ropa porque una es cotilla pero muy disimulada y veo que, efectivamente, estaban en la mesa de los viej...ancianos bebiendo cerveza y turnándose para lanzar un cuchillo largo contra el tronco de un árbol.
Lo normal que haces un miércoles a las doce de la mañana en un parque justo a la hora a la que pueden salir los niños durante una pandemia, no sé.
Me quedé un rato cambiando de sitio los calcetines del tendedero porque no quería ser yo la que llamara a la policía, que me van a acabar conociendo mejor que en urgencias y eso.
Además, imaginaos el papelón: Es que en la plaza hay unos señores con una espada, le aseguro que no estoy loca, señor agente.
-Bueno, un poco sí, pero nada que ver con la espada, se lo aseguro.
En ese momento ZaraJota salió del dormitorio donde se supone que teletrabaja, que para mí que teletrabajar es "esconderse de los niños" en klingon, pero bueno.
-¿Qué haces?
-Nada, aquí mirando a los del botellón, que se han traído una espada.
-No puede ser.
-Mira.
ZaraJota se asomó a la ventana.
-No es una espada -me dijo-. Es un sable
Pues menos mal que no he llamado a la policía, porque habría quedado como una loca.





Escribo libros y hago cosas cuquis.


18 mayo 2020

El masaje cardio respiratorio

Allá vamos.


Hace unos días se murió un hermano de mi abuelo.
Este hermano de mi abuelo estaba casado con una hermana de mi bisabuela.
A ver si lo aclaro mejor: el hermano de mi abuelo estaba casado con una hermana de la suegra de mi abuelo.
No es tan complicado como parece, salvo que algunos primos de mi madre lo son a la vez en primer y segundo grado, y una de sus tías por parte de padre es a la vez tía abuela por parte de madre, mientras que uno de sus tíos por parte de padre es a la vez tío abuelo por parte de madre y mira, qué más da, si luego a las comuniones los invitabas a todos y ya está.
El caso es que este señor se murió y la Tita del Puerto llamó a su hijo para darle el pésame.
Y un par de días más tarde me llamó a mí, y ahí es cuando la liamos, claro.

-El otro día estuve hablando con el primo, por lo de su padre.
Así, para simplificar. 
-Ay, sí, pobre.
-Hacía por lo menos treinta años que no hablaba con él, desde que se murió Titaelena. ¿Tú te acuerdas de Titaelena? Era hermana de tu bisabuela. 
-No, creo que no.
-Se murió antes de que tú nacieras.
-Entonces quizá por eso no me acuerdo. 
Nota: en la investigación posterior descubrimos que se murió cuando yo tenía dos o tres años. 
-Ay, Titaelena, qué graciosa era.
-¿En serio?
-Sí, es que no se parecía a su familia.
-Eso lo explica todo.
Ese lado de la familia no destaca precisamente por su sentido del humor.
-De graciosa, de divertida, de ocurrente... Nos partíamos con ella.
-Muy bien, muy bien.
-Lo que pasa es que como de vez en cuando le daba por suicidarse pues le tuvieron que hacer una trepanación y se quedó tontusilla. 
-¿Que QUÉ?
La Tita del Puerto es que es muy de estar tan tranquila hablando del tiempo y de pronto soltarte una bomba así, al azar.
-Que le hicieron una trepanación y se quedó tontusilla.
Que conste en acta que la Tita del Puerto es una enfermera con muchísima experiencia en varios campos, incluyendo quirófano, oncología, pediatría y neonatos.
-Tontusilla.
-Eso, tontusilla. La cuidaba una mujer que era un poco bobona.
No confundir con tontusilla.
-Claro.
-Total, que estaba muy mala, y me fui a verla y allí estaba el primo. Y como vimos que se ahogaba dijimos: venga, vamos a hacerle un masaje cardio respiratorio y verás que bien.
-Claro, le sentaría divinamente.
-Sí, sí, estupendamente. Así que nada, allí la dejamos, nos fuimos a la piscina y se murió.
-¿Que QUÉ?
-No te imaginas el número, porque claro, Titapepi nunca se mete del todo en la piscina porque como tiene el pelo rizado...
En mi pueblo, en verano, se pueden llegar a los 50º pero oye, EL PELO ES EL PELO.
-Claro, se le encrespa
Obsérvese mi capacidad de autocontrol, que yo en ese momento estaba en plan VOLVAMOS AL TEMA DE LA TONTUSILLA, POR FAVOR.
-Es que ella no tiene el rizo bonito, como yo.
-Claro.
-Total, que ese día se mojó el pelo. Y se le pusooo... buf, cómo se le puso... Parecía una menina. Total, que llegamos al velatorio con esos pelos... y me encuentro al primo y le digo: Oye, ¿no nos habremos cargado a Titaelena con el masaje? Y me dice: No, mujer, claro que no.
GUIÑO, GUIÑO, CODAZO, CODAZO. 
-Di que sí, primo, tú niégalo todo.
-Total, que miro alrededor y veo a Titapepi, con esos pelos, que parecía una menina... JAJAJAJAJA.
-Pobre.
-Es que ella quería mucho a Titaelena, se llevaban muy bien antes de que ella se quedara tontusilla y eso... 
-Porque le trepanaron para que no le diera por suicidarse.
-Porque le trepanaron para que no le diera por suicidarse. Así que le digo: Titapepi, no te preocupes, que tengo un secador en casa y verás qué bien. 
Claro que sí, como el masaje cardio respiratorio.




Pd: Todos mis libros siguen disponibles en Lektu

11 mayo 2020

Las modas



El jueves pasado estaba yo tan tranquila intentando escribir un libro, corregir otro, maquetar un tercero; controlar que Nena-chan hiciera los deberes, que Nene-kun recogiera la habitación, que Ratoncito López no tirara más arena fuera de la jaula, que la lavadora terminara bien porque últimamente le ha dado por no centrifugar y, sobre todo, intentando que nadie molestara a ZaraJota, que estaba en otra habitación teletrabajando, cuando el susodicho ZaraJota salió de la susodicha habitación, se metió en el baño y empezó a devolver locamente y por doquier.
Vaya por dios, con lo tranquila y relajadita que yo estaba.
Se ve que a algunas personas el corona les empieza con diarrea y vómitos, y además ZaraJota llevaba días muy cansado, que se echaba hasta a dormir la siesta sin ser él del sur de Despeñaperros ni nada.
En fin, que por precaución y mientras conseguíamos contactar con su médico (o él con nosotros), lo mandé aislado a su habitación y, cada vez que salía para el baño, yo iba detrás con el sanitol y la bayeta en la mano porque total, tampoco es como si estuviera ocupada ni nada.
Además, les expliqué a los niños que tenían que mantenerse alejados de papá.
-¿Por qué? -preguntó Nena-chan.
-Porque está malito y como no sabemos si es coronavirus vamos a tomar todas las precauciones por si acaso.
-¿Papá tiene coronavirus?
-Podría tener coronavirus, pero no lo sab...
-¡YO NO QUIERO QUE PAPÁ SE MUERA! -Nena-chan empezó a llorar, o sea, LLORAR, locamente-. ¡NO QUIERO QUE SE MUERA!
-Eh... vamos a ver... No sabemos si tiene corona. Pero aunque tuviera corona, no se tiene por qué morir.
-¡PERO TODO EL MUNDO SE MUERE CON EL VIRUS!
-No es verdad, todo el mundo no. Y papá es joven, está sano y fuerte, seguro que a él no le pasa nada.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Pero otra gente sí se muere.
-Sí, pero papá no.
-¡PERO YO NO QUIERO QUE SE MUERA NADIE!
En ese momento dramático estábamos cuando llamó el médico para hacer telediagnóstico que, perdonadme que os diga, del 1 al 10 me parece fiable en un -23.
ZaraJota la explicó los síntomas y el médico le dijo que tomara paracetamol y mucha agua, que perdonadme que os diga pero es lo mismo que te dicen para prácticamente todo desde un resfriado común hasta el ébola, pero bueno.
-Pregúntale si puede ser corona -le dije a ZaraJota-, que estoy gasta el piticlín de perseguirte con el sanitol en la mano.
ZaraJota le preguntó al médico si los síntomas que tenía podían ser de coronavirus.
-No -le contestó el médico-, probablemente no.
-¿Cómo que probablemente?
O sea, que primero nos dijeron que si no empezaba con fiebre no era corona, luego que si no empezaba con tos no era corona, y a estas alturas parece que hasta un padrastro podría ser un síntoma temprano.
-Que lo más probable es que no, hombre, que ahora parece que todo tenga que ser covid, como se ha puesto de moda...
Me pregunto por qué.




Pd: conseguí terminar el libro y ya está disponible en Lektu, con todos los demás.

04 mayo 2020

El Ratoncito Pérez

Como seguramente sabéis, estamos en confinamiento por pandemia.
Durante los primeros díassemanasyoquésé solo podían salir a la calle los trabajadores esenciales.
Eso provocó una oleada de pánico entre ciertos sectores de edad porque claro, no ir a los cumpleaños de los amigos, vale; no poder celebrar tu cumpleaños con los amigos, vale; pero que no venga el Ratoncito Pérez a casa cuando se me cae un diente, ESO SON PALABRAS MAYORES.
Las autoridades competentes se apresuraron en hacer declaraciones para tranquilizar a la población: el Ratoncito Pérez es un trabajador esencial. Muchos alcaldes publicaron bandos e incluso el ministro Pedro Duque hizo declaraciones oficiales al respecto.
Parecía que la recogida de dientes humanos estaba garantizada.
Pero.
Resulta que en nuestra casa es tradición de toda la vida, o por lo menos desde hace tres años, que el Ratoncito Pérez traiga Playmobil.
No os flipéis, que tampoco es para tanto: son figuritas sueltas como las que se encuentran a veces en los quioscos GUIÑO-GUIÑO-CODAZO-CODAZO.
Y claro, ahora los quioscos están cerrados.
Así que cuando a Nena-chan se le cayó un diente, rápidamente preguntó qué iba a pasar, porque está muy bien dar autorización al Ratoncito Pérez para que haga su trabajo, peor si no puede dejar un juguete sus funciones se limitan a meterse de noche en las habitaciones de los niños dormidos para robarles dientes, y dicho así es como mínimo cuestionable.
Le dijimos a Nena-chan que no se preocupara, porque Ratoncito Pérez es un roedor con muchos recursos. Efectivamente, algo así como en febrero, Pérez se había topado con una liquidación de juguetes. Y no os penséis que eran unos juguetes cualquiera, por ejemplo, se topó con esto:
al mismo precio que los Playmobil de los quioscos y claro, el ratón, que no es tonto, hizo un cálculo mental de los cumpleaños a los que tenía que ir en marzo (por qué nacen tantos niños en marzo es para mí un misterio) y arrambló con unas cuantas cajas.
Sin embargo, algo salió mal, porque en marzo no le invitaron a ningún cumpleaños.
Miento: le invitaron a dos.
Ambos se cancelaron por no sé qué de una pandemia mundial porque es que la gente, cuando se pone a buscar excusas para no invitarte, las busca a lo grande.
El caso es que el Ratoncito Pérez tenía ese pedazo de caja de pinipones y eso fue lo que dejó en casa a cambio del diente de Nena-chan.
Claro, a la mañana siguiente la chiquilla alucinó pepinillos (en la foto se puede intuir la sonrisa de oreja a oreja que se le puso). Le pareció todo tan bien que no se paró ni a plantearse cosas.
Nene-kun, por su parte, sí que tenía algunas dudas sobre el procedimiento.
-Mamá -me dijo-, ¿de verdad eso lo ha traído el Ratoncito Pérez?
-Por supuesto.
-Pero eso no cabe por su puertecita.
Empecé a sudar y a maldecir el día que instalamos la puerta para el Ratoncito Pérez.
-Seguramente lo ha metido por la ventana.
-Pero eso es muy grande y el Ratoncito Pérez es muy pequeño.
-El Ratoncito Pérez es muy fuerte, porque come mucha verdura.
Ahí, aprovechando para adoctrinar.
-Pero aunque sea muy fuerte tiene los bracitos muy pequeños y la caja es muy grande y no le llegan.
Si lo llego a saber le dijo al Ratoncito Pérez que traiga un botón, de verdad...
-Sí, lo que pasa es que el Ratoncito Pérez tiene muchos primos, seguro que les ha pedido que le ayuden.
Nene-kun me miró muy serio.
-Mamá, eso es imposible.
-¿Tú crees?
Se lo dije con toda la calma, pero por dentro ya estaba corriendo y agitando los bracitos mientras gritaba que me han pillao, me han pillao, con el carrito del helao.
-Pues claro: el Ratoncito Pérez tiene permiso para salir a la calle, pero sus primos no.
Pues tiene toda la razón.

27 abril 2020

Niños fuera

Cuando nos dijeron que los niños podrían salir a pasear una hora al día se me saltaron las lágrimas de la emoción.
Han estado 46 días encerrados en casa, cosa que de por sí ya es bastante chunga para cualquier persona humana en general, pero para un niño que necesita saltar y correr y que le dé el aire, estar en un sitio pequeño, cerrado y en el que continuamente le recuerdan que hay vecinos en el piso de abajo POR FAVOR es una tortura.
Además no se cansan, pierden el apetito, nunca tienen ganas de dormir y cuando duermen, tienen pesadillas. Hace algunas noches, a Nene-kun se le escapó el pis. Nena-chan llora entre sueños. Yo no recuerdo cuando dormí más de tres horas seguidas. En 2012, probablemente.
En fin.
Luego empezaron don los matices.
Los niños pueden salir una hora al día, manteniendo todas las medidas de seguridad, pero deben quedarse en un radio de un kilómetro de su domicilio.
Venga, vale.
Para Madrid, un kilómetro es poquísimo. Por ejemplo, el colegio está a exactamente un kilómetro, y se considera "cerca".
Que lo he mirado en Google Maps.
La casa de los abuelos también está "cerca", a 1,2 kilómetros, pero no lo bastante como para "pasear" casualmente hasta allí y dejarnos a los niños olvidados en la puerta. Que no lo digo por mí, que lo digo por una amiga que pensó hacerlo.
Pero no lo ha hecho.
Todavía.
-Bueno -le dije a ZaraJota-, de todas formas nadie sabe si estás a un kilómetro de tu casa o a dos. 

-La policía puede pedirte el dni, y en el dni viene tu dirección.
-Jajaja, noooo, porque todavía tengo la antigua. ¡Chúpate esa, estado policial!
-Lorz...
-¿Qué?
-Que entonces solo puedes moverte en un radio de un kilómetro con respecto a la antigua.
-Jo.
Volví a Google Maps. La casa antigua está a exactamente un kilómetro en línea recta de la nueva.
Por los pelos.
O sea, que puedo pasear con los niños en dirección a mi casa antigua y de vuelta.
Al principio estaba muy ilusionada por lo de salir con ellos y eso, pero luego pensé jo, qué pereza. Es cuesta arriba, da el sol, es una calle feísima... Para sacar a lo niños por ahí, casi mejor los ponemos a dar vueltas por el parking, que por lo menos no se queman, no sé. 
Así que le dije a ZaraJota: 
-Creo que es mejor que seas tú quien salga con los niños.
-¿Y eso?
-Bueno, como tengo la dirección antigua y esa calle es feísima, casi que no compensa. Además tú puedes apañarte solo con los dos, solo tienes que asegurarte de que no corran, que no se separen de ti, que se porten bien, que no toquen nada, que estornuden o tosan en el codo, que no se limpien los mocos en la manga, que usen bien el desinfectante, que no se toquen la cara, que no se quiten la mascarilla, que se queden en la acera, que no monten el pollo cuando les digas que no pueden ir al parque; asegúrate de que no pasan frío ni calor y que no les dé mucho el sol y que el niño no pase sed, que ya sabes que se le resecan mucho los labios, y mándame una foto cada treinta segundos y un mensaje cada treinta y tres y...
-¿Sabes qué, Lorz?
-Qué.
-Que lo estoy pensando, y me parece que yo también voy a tener la dirección antigua.
Pues también es mala suerte. 

20 abril 2020

Prioridades

Querida Nena-chan.

Desde que empezó el confinamiento,
hemos hecho:
un cartel de ánimo para ponerlo en el balcón,

flores para convertir el salón en un jardín,

un taller de estampación,

un castillo con material reciclado,

búsqueda de huevos de pascua,

una mona,

un vídeo para celebrar el cumpleaños de Amiga-chan
(este me lo guardo para la posteridad),

conejos,

dos fiestas de cumpleaños vía Skype,

pan, tarta y pizza casera;


hemos aprendido:
a tocar el Himno de la Alegría, La cucaracha y Feliz cumpleaños con el pianot,
a hacer las camas,
la tabla del 6, en proceso la del 7;
hemos visto unas ochocientas películas y leído unos ocho mil libros,
hemos hecho guerras de cosquillas,
has escrito tu propio animalario y estamos escribiendo a cuatro manos un libro de superhéroes...

Así que me gustaría saber, si no es mucha indiscreción, por qué cuándo le profe te pide que anotes qué has hecho estos días, tú respondes:

DESAYUNAR Y LAVARME LOS DIENTES.



Pd: no es broma.





13 abril 2020

La mascarilla

Hace unos días, en el supermercado, una viej... anciana me llamó inconsciente por no llevar mascarilla. Aquello me sentó muy mal porque es verdad que soy una inconsciente, pero de toda la vida, mucho antes de que llevar mascarilla se pusiera de moda.
Además, lo de no llevar mascarilla no era culpa mía: no se encuentran ni por todo el oro del mundo, y se supone que debemos reservarlas para las personas que realmente las necesitan, como, yo qué sé, la viej... anciana que se encaró conmigo.
El caso es que entonces me di cuenta de que yo era la única clienta del supermercado que no llevaba una mascarilla puesta. En serio. Las había de todo tipo: de chichinabo, de runner, de pintor, profesionales, hechas con retales o incluso de ganchillo. DE GANCHILLO. Que si no sirve para hacer preservativos ya me diréis para parar un virus mortal, pero bueno.
Me quedé en plan: o sois todos enfermos y/o grupos de riesgo, que entonces tendríais que estar en vuestra casa, o tenéis encima más tontería que la sonaja de una pandereta, pero bueno.
El problema es que se estaba produciendo el efecto playa nudista: cuando todos van desnudos, el que más llama la atención es el que va vestido. En mi caso, cuando todos van con mascarillas ridículas, el que más llama la atención es el que no la lleva. O lo que es lo mismo, yo.
Por primera vez desde que empezó toda la movida, pasé miedo en la calle. Pero no por el virus, sino por la gente. Que el confinamiento es muy malo para las cabezas y un día te gritan por no llevar mascarilla y al siguiente te llevan a la plaza del pueblo y te tiran al pilón.
Con el frío que está haciendo esta semana santa.
Entonces vino en mi rescate Ca_ín, que me recomendó este tutorial.
Lo que pasa es que ¿para qué seguir un tutorial cuando puedes quemar crear tu propia mascarilla?
Pensé que podía hacer mi propia mascarilla basándome en una que tenemos por casa:
Seguramente estáis pensando: ¿y por qué no usas directamente esa mascarilla?
Bueno, el dentista se la regaló a los niños la primera vez que fueron a consulta, hará como tres años, y la han estado usando para jugar desde entonces. No solo no protege del coronavirus sino que, probablemente, sea el origen.
El caso es que después de relativamente poco esfuerzo tenía mi propia mascarilla.



Lo que es proteger no protege ni del polvo, pero me queda monísima y me realza mucho los ojos, que es lo importante.


Entonces intervino mi madre, que ya ha hecho unas cuantas mascarillas para que le peguen con todo:
-Le puedes poner algo por dentro.
-Ay, qué bien, pues voy a meter el móvil.
-No, Lorz, para que te haga de filtro.
-Ah. ¿Cómo una artesa?
-...quizá algo más pequeño y, bueno, cómodo y... ¿cómo diría? Realista. Hay gente que está usando compresas.
Vaya.
La verdad es que la idea era buenísima, porque las compresas tienen una capa de plástico, muchas de celulosa, se quedan fijas con el pegatrón y se pueden cambiar cada vez que se quiera.
El problema es que no tengo compresas en casa porque yo soy más de copa menstrual.
Pero bueno... supongo que al final lo mismo da una cosa que otra.


06 abril 2020

El aprovisionamiento



Me he hecho una experta en aprovisionamiento durante la plaga.
Es más: estoy haciendo un estudio de qué se agota antes y por qué, para legárselo a las generaciones futuras.
Pensaba que, una vez declarado el estado de emergencia, lo primero que se agotaría en los supermercados serían las latas de fabada litoral y de melocotón en almíbar.
Es que soy de pueblo.
Sin embargo, la realidad ha superado una vez más a la ficción y hemos vivido escasez de los productos más absurdos que uno imaginarse pueda.

Como todos sabemos, lo primero que se agotó fue el papel higiénico.
La prima de ZaraJota tenía una teoría al respecto:
¿Por qué necesitamos tanto papel higiénico? Pues porque uno estornuda y diez se hacen caca.
Vale, no es una teoría. Es un chiste. Presuntamente. Nos lo mandó mientras estaba ingresada por COVID, así que no se lo vamos a tener en cuenta.

Mi madre tenía otra:
El papel higiénico es más grande, y caben menos unidades por palé. Seguramente se han vendido menos paquetes de papel higiénico que de cervezas, por ejemplo, pero en el papel higiénico se nota más. Y claro, una vez que se empieza a ver que no hay papel, la gente entra en pánico y acapara.

Otra teoría, que leí en algún artículo y no recuerdo cuál:
En las películas, cuando hay un apocalipsis la gente llena los carros de papel higiénico (es grande, barato, no pesa, y no hace ruido ni daño si se cae durante el rodaje) y esa imagen se ha quedado grabada en el imaginario colectivo de tal forma que, en cuanto nos anuncian el apocalipsis, llenamos el carro de papel higiénico.

Yo tengo otra teoría:
Se hace mucha caca cuando no tienes nada que hacer más que ver la tele y comer. Pero mucha, mucha.

Ahora el papel higiénico ya no falta, pero sigue estando rodeado de una especie de aura de artículo de lujo: en algunos supermercados lo ponen en los frontales, al lado de las cajas, para que se vea que hay.


Lo siguiente que eché en falta fue la leche, al menos durante los primeros días: llegamos al extremo que solo se encontraba leche marca Día. Saquen sus propias conclusiones.
Lo de la leche tiene su lógica: la leche en brick dura mucho y con los niños en casa se consume a una velocidad cercana a la de la luz: en mi casa caen cerca de dos litros al día, catorce a la semana, y si la intención es no salir a la compra en dos semanas necesitamos... bueno, no tengo la calculadora a mano pero yo diría que muchos.

Luego empezó a faltar la harina.
Desde mi punto de vista tardamos mucho en llegar a este punto, o sea, ¿dónde está la generación de la posguerra cuando se necesita? Con harina y un par de cosas más se pueden hacer un montón de cenas de pobre. Quizá no tengan la aprobación de los mejores nutricionistas, pero el virus tampoco y mira lo bien que le va.
Sin embargo, la harina no se agotó para hacer buñuelos, sino para hacer pan.
Científicos de todo el mundo han estudiado este fenómeno y todavía no saben si es una muestra de compromiso con la política de salir de casa lo menos posible o que somos todos tontos del culo, pero esperan llegar a una conclusión en breve.

Lógicamente, si nos ponemos a hacer pan como locos, lo siguiente que falta es la levadura. Pero a lo bestia. En estos momentos es imposible encontrar levadura de ningún tipo y el FMI se plantea eliminar el patrón oro y crear un nuevo sistema monetario basado en los sobrecitos de Royal.

Pero cuando Dios te quita la levadura, Youtube te da tutoriales de masa madre. Y ¿con qué se hace la masa madre? Con harina integral.
La harina integral desapareció de nuestras vidas, y ahora mismo es tan difícil de encontrar como el vellocino de oro, la ciudad perdida de Atlantis o la levadura.

También han desaparecido algunos tipos de pasta, pero no todos. Algunos días hay solo espaguetis y al siguiente puede haber solo caracolas, es un misterio. Curiosamente, no ha habido escasez de tomate frito y/o triturado. ¿Con qué os estáis haciendo los macarrones, so degenerados?


Hasta aquí las cosas a las que les veo una cierta lógica. Ahora entramos en Villa Maracas.

Es imposible encontrar jabón de manos en gel. El normal de toda la vida. PERO VAMOS A VER. Que sí, que nos han dicho que nos lavemos mucho las manos, y me alegra ver que todos os las estáis lavando mucho, pero con un poco de lógica.
Vaya, que si estás en casa todo el día rascándote los huevos y sin contacto ninguno con el mundo exterior para qué te vas a lavar las manos cada media hora, que se te va a caer la piel. Sobre todo teniendo en cuenta que, hasta donde sabemos, los testículos no son transmisores de coronavirus.

Otra cosa que ha desaparecido sin motivo aparente son las natillas de fresa, probablemente porque es una guarrería que no le gusta a nadie salvo a ZaraJota (no descarto que sea gay). El caso es que hay de todos los sabores menos de fresa.

La lejía y el sanitol. A no ser que estéis aprovechando el confinamiento para hacer limpieza y/o asesinar discretamente a vuestras familias, es totalmente inexplicable.

Las palomitas de maíz. Espero que tarde o temprano alguien exija responsabilidades a Netflix, HBO y Disney+.

El maíz en lata. Vosotros sabéis que con eso no se pueden hacer palomitas, ¿verdad? Que os veo capaces.

Por último, y para mi total desconcierto, han desaparecido los calabacines.
Pero a ver. Que yo entiendo que estamos en una situación muy difícil, que hay que liberar tensiones y todo eso... pero usad un satisfyer, que es mucho más higiénico, por favor.







Pd: Mis libros siguen disponibles en Lektu.

30 marzo 2020

La plaga

Nena-chan está muy agobiada por la situación.
Le hemos explicado lo que pasa y de vez en cuando le dejamos ver las noticias.
También le dejamos ver las comparecencias del presidente porque no se entera de nada de lo que dice pero un señor tan alto y tan serio sin duda debe de tener razón.
Aún así, ella sigue con el roe roe.
Le hemos dicho que no hay motivos para preocuparse, que se está haciendo todo lo que se puede y que si de verdad quiere hacer algo para luchar contra el coronavirus lo mejor es que ordene su habitación.
Ninguna de las tres ha colado.
Al final, una mañana me arrinconó en la cocina.
-Mamá, ¿y si la cuarentena no se acaba nunca?
-Claro que se va a acabar.
O sea, o se muere el bicho o nos morimos nosotros: tarde o temprano esto se acaba.
-¿Cómo lo sabes?
Estoooooo....
-Bueno, mamá estudió Historia. Sabe todo lo que ha pasado desde el origen de los tiempos.
Cuarta arriba, cuarta abajo.
-¿Desde antes de que hubiera Netflix?
-Probablemente. Y por eso sé que a lo largo del tiempo ha habido muchas plagas, muchas epidemias y muchas cuarentenas, y al final todo pasa.
-¿De verdad ha habido muchas?
-Uy, sí. Muchísimas. Por ejemplo, en la edad media hubo una plaga muy grande y muy mala.
-¿Y la gente se ponía enferma?
-Mucho, morían entre terribles dolores.
-¿Mo... morían?
-Sí, un cuarto de la población mundial murió.
-¿Un... cuarto?
-Eso significa que de cada cuatro personas, una moría. Entre terribles dolores y eso.
-Pe... pero... nosotros somos cuatro.
-¡Pues uno para la saca! ¡Jajajajaja!
-...
-Y eso no fue lo peor: la gente entró en pánico, y cada vez que alguien se ponía enfermo, los vecinos tapiaban las puertas y las ventanas de la casa y le prendían fuego ¡con toda la familia dentro!
-...
-Después de eso, faltaban brazos para trabajar el campo, así que hubo escasez de comida y mucha gente murió de hambre. Los sueldos subieron muchísimo, eso sí.
-...
-¿Lo has entendido, Nena-chan?
-Sí.
-¿A que te sientes mejor?
-No.
Los niños de hoy en día es que no aprecian las lecciones de la historia.

Extrema necesidad

A ver, que yo entiendo que en estos momentos sólo hay que salir en casos de extrema necesidad.
Pero ¿qué es extrema necesidad?
Por que a ver, yo tengo NECESIDADES.
Y, en este momento, empiezan a ser bastante EXTREMAS.
O sea, tengo una niña que nunca se duerme antes de las doce de la noche y un niño que siempre se levanta antes de las siete de la mañana, y entremedias es habitual que se despierten.
Pero no nos llaman a gritos como los niños normales, noooooooooo....
Son como ninjas.
Nene-kun tiene la costumbre de quedarse en el quicio de la puerta de nuestro dormitorio hasta que sentimos el peso de su mirada y nos despertamos (si es que nos habíamos dormido), mientras que Nena-chan prefiere quedarse a los pies de nuestra cama, en silencio, hasta que abrimos un ojo (si es que lo habíamos llegado a cerrar) y la descubrimos ahí.
Esto pasa como media dos o tres veces por noche y desde ya os digo que el corazón lo tenemos fuerte, porque despertarse con el ruido de la respiración de una figura fantasmagórica a los pies de tu cama es como para pararle el pulso a cualquiera.
Ninguno de los dos duerme siesta, benditos sean.
Como comprenderéis, jugar al parchís conyugal en estas condiciones es dificilísimo.
Imposible, de hecho.
En los últimos años, ZaraJota y yo solo hemos conseguido intimar cuando dejamos a los niños con los abuelos para "ir al cine".
Os voy a ser sincera: los abuelos sospechan.
Seguramente os estáis preguntando por qué no les decimos directamente que queremos echar un casquete: pues porque nos corta el rollo que sepan lo que estamos haciendo.
Así que les decimos que nos vamos al cine, aunque en el fondo ellos saben lo que estamos haciendo, y nosotros sabemos que ellos lo saben, y ellos saben que nosotros sabemos que lo saben y nosotros...  espera, ¿por dónde iba?
Bueno, que no es lo mismo.
El caso es que con esto de la cuarentena, llevar a los niños a la casa de los abuelos nos resulta imposible. Nos hemos planteado varias alternativas, desde meter a los niños en el carro de la compra hasta disfrazarlos de perrito. La desesperación nos ha llevado a tal punto que la semana pasada Nena-chan se despertó con un ojo hinchado y lo primero que pensé fue:
ARREANDO PARA CASA DE LOS ABUELOS QUE SI ME PARA LA POLICÍA DIGO QUE VAMOS AL PEDIATRA.
Pero luego me di cuenta de que era absurdo.
Es decir, aunque consiguiéramos llegar con los niños a la casa de los abuelos, ¿cómo íbamos a decirles que nos vamos al cine?
¡Si no hay nada interesante en cartelera!

23 marzo 2020

El emprendedurismo

Me dicen por ahí que no he sido lo suficientemente pesada.
Con esto.


No he sido lo suficientemente pesada con esto.
Con otras cosas sí, ¿eh? Que no decaiga la fiesta.
Así que os cuento: me he vuelto tó loca y ahora soy autónoma freelance de las sinergias proactivas.
Me he unido al emprendedurismo.
El emprendedurismo no es exactamente como yo pensaba: para empezar, ZaraJota sigue sin dejarme prender fuego a nada.
Las cosas como son: tampoco he necesitado nunca su permiso.
Y luego, que ha venido la plaga y eso.
Que en sí misma no es que afecte mucho al desarrollo de mi actividad pero, francamente, una pequeña editorial que nace no tiene ninguna oportunidad frente a todas las grandes que, sin duda con la mejor intención, están ofreciendo libros y descargas gratuitas estos días.
Mucho me temo que mi iniciativa empresarial ha nacido muerta (ojalá me equivoque).
Por suerte para mí, mientras dure la cuarentena no tendré que enfrentarme a la realidad y puedo fingirme empresauria todavía unos días más.
¡MUAJAJA! ¡CHÚPATE ESA, REALIDAD!
¡Pero con cuidao, no vayas a pillar algo!
Por el lado positivo, ha sido necesaria una epidemia a nivel mundial y el práctico colapso de la economía para pararme.
Soy el Godzilla del emprendedurismo, y a mucha honra.
En fin, pase lo que pase, dure lo que dure, podéis encontrar mis libros en Lektu.
Y si os da pereza leer, aquí tenéis a ZaraJota haciendo una lectura en directo de Villamatojo I.
Cuidaos, sed buenos y no salgáis a la calle salvo que sea imprescindible.






16 marzo 2020

Somos importantes

Siempre he pensado que, si me tocaba vivir en una situación de emergencia, sentiría miedo.
Estaba preparada para el miedo, o creía estarlo, al menos todo lo preparada que se puede estar.
Sin embargo, lo que realmente sentí la semana pasada fue estupor, desconcierto, descoloque... como cuando te cambian la graduación de las gafas y de pronto se alteran las medidas de la realidad.
Hace unos días, me preguntaba Angua que si estaba usando todo esto de la pandemia como inspiración para escribir.
Ojalá.
Todo es tan raro, tan Terry Gilliam, que si lo escribiera no sería creíble.
Un día llevé a los niños al colegio, y al día siguiente ya no.
Un día bajamos a los columpios, y al día siguiente los columpios aparecieron rodeados de cinta para que nadie los usara.
Un día fui a la compra con total normalidad, y al día siguiente ya no.
Se acabaron todas esas rutinas agotadoras pero necesarias para poner orden en nuestras cabezas: los lunes piscina, los martes música, los miércoles inglés, los jueves música, los viernes ajedrez.
O, pensando en meriendas: lácteo, fruta, bocadillo, fruta, libre (¡pero no bollería industrial!).
O, pensando en pies: zapatillas, zapatos, zapatos, zapatillas, zapatillas.
El último día que salí a la calle, hice una entrevista de trabajo para un puesto al que había que incorporarse hoy, lunes.
Creo que mi cara me delató: de aquí al lunes, pensé, vete tú a saber.
Y también: madre mía, el capitalismo. Y la estupidez. Y las dos cosas combinadas, juntas.
A la vuelta, pasé por Gran Vía. Había mucha gente, como siempre y mucho tráfico como siempre, pero no sonaba como siempre. Parecía como si alguien hubiera bajado el volumen para no molestar a un enfermo o a un niño inquieto que duerme.
Desde entonces, desde casa, hemos visto y oído muchas cosas.
Gente peleándose en los supermercados y seguratas escoltando papel higiénico y gente que viaja y gente que roba mascarillas en urgencias y gente que se mete en un mitin a dar besos sabiendo que está enferma y gente que acapara y gente que difunde bulos y gente que se aprovecha y gente que arrima el ascua a su sardina y gente que sale de cañas o se va al parque o de paseo o a la casa de la playa esparciendo el virus a su paso.
Gente, mucha gente.
La gente es una cosa muy curiosa.
Somos tantos, que hay gente para todo.
Por eso, también hay gente que reparte mascarilla a los hospitales.
Gente que recupera las terrazas de sus casas, habitualmente trasteros al aire libre, como espacios de ocio, y sale a tomar el sol, y se saluda.
Gente que pone carteles en los portales ofreciéndose a ayudar con los niños, los mayores, las mascotas, con lo que sea.
Gente que se organiza para dar comida a quien no puede comprársela.
Gente que ofrece gratuitamente cualquier cosa que se pueda ofrecer online: talleres de bordado, conciertos, libros, asesoramiento, compañía.
Gente que recupera los grupos de whatsapp de padres como centros de apoyo, información y sugerencias de actividades para los niños.
Gente que se organiza para ver una peli a la vez, cada uno en su casa, o tomarse una caña y mandarse la foto, que se reúne virtualmente.
Gente que crea memes porque reírse nunca viene mal.
Gente que no se conoce de nada, preguntándose unos a otros si están bien, si necesitan algo, si pueden ayudar.
Gente que sale a las ventanas a aplaudir, a gritar, a animar. A los demás o a ellos mismos, es difícil saberlo.
Las redes sociales son esto, y existen desde mucho antes que internet.
Y luego, están los niños.
Los niños, al menos los míos, no entienden nada.
Les decimos que cierran el colegio porque hay un virus, pero que no se preocupen, que ellos no se van a poner malitos.
Les decimos que no pueden salir a la calle para no pegárselo a los demás, pero a ver, ¿no me habías dicho que no voy a poner malito? ¿Cómo voy a pegar nada a nadie?
Les decimos que hay que estar en casa con papá y mamá, pero papá y mamá tienen que trabajar y no les hacemos caso.
Les decimos que hagan los deberes, que se estén quietos, que no griten, que no salten en el sofá, que no vean demasiada tele, que ordenen su habitación, que se laven esa cara aunque nadie la va a ver.
El sábado, después de salir al balcón a aplaudir por los sanitarios, les dijimos por primera vez que son importantes.
Que lo que están haciendo, estar en casa y portarse bien o al menos intentarlo, es importante.
Que todo el mundo lo va a recordar.
Que cuando sean mayores, sus hijos y sus nietos les preguntarán cómo fue, cómo lo hicieron, y ellos tendrán que contarles una y otra vez la historia de cuando cerraron los colegios, nos encerramos en casa y colgamos un cartel en el balcón por si había algún niño triste en el edificio de enfrente.




Pd: Perdonadme que me haya puesto intensita, pero si no puedo ponerse así en medio de una pandemia universal ya me diréis cuándo.

09 marzo 2020

Haciendo el #lorzfunding

Mis hijos el #lorzfunding lo llevan regular.
Nena-chan no acaba de entender el concepto.
-Mamá ha puesto una tienda -le dije.
-¿De qué?
-De libros y cosas.
-¿Y cuándo vamos a ir a verla?
-¿Ir? No, la tienda está en internet.
-Ah.
Es el problema de la juventud, que como no vivió la burbuja de las punto com no se emociona con nada.
Empezó a entenderlo mejor a medida que la casa se nos llenaba de cajas.
-¿Y esto?
-Para la tienda de mamá.
-¿Y la gente cómo lo compra?
-Por internet.
-¿Te mandan un whatsapp?
-Algo así.
-Ah.
Pero fue cuando empecé a hacer paquetes cuando lo vio clarísimo. Sobre todo, cuando los paquetes desbordaron mi mesa de trabajo, la mesa del comedor, la mesa de centro y empezaron a apilarse en el pasillo.
-¿Y esto?
-Son cosas que ha comprado la gente en mi tienda.
-¿Se las vas a mandar?
-Sí, por correo.
-Entonces, ¿la gente compra las cosas que tenemos en casa y tú se las mandas?
-Eso es.
-Aaahhh.
Nene-kun, en cambio, vive en un mundo maravilloso en el que le parece perfectamente normal que aparezcan mensajeros con cajas gigantes a cualquier hora, o que todas las superficies de la casa estén invadidas por merchandising, sobres o listas.
No se dio cuenta de que algo raro pasaba hasta que un día me vio haciendo un paquetito.
-Mamá, ¿estás haciendo un regalo?
-Sí, muchos.
En ese momento #Nenekun miró a su alrededor y comprobó que, efectivamente, mi mesa de trabajo había desaparecido debajo de una montaña de paquetes.
-¿Y por qué haces tantos regalos y ninguno es para mi?
Ahí estamos, centrándonos en lo importante.

02 marzo 2020

Caída libre

El autonomismo no se hace solo: yo lo hago con Ratoncito López.
Lo tengo aquí al lado cuando me aburro le doy la brasa hasta que sale y come algo, porque es el típico que come cuando se estresa y se ve que yo le estreso mogollón.
Cómo será la cosa que desde que llegó ha duplicado su tamaño: antes era como una uva, y ahora es casi como dos. En realidad, como dos uvas y dos pasas, porque además de crecer se le han bajado los voluberables.
Ha llegado a tal punto que oye mi voz y se pone al lado del comedero. Y claro, yo lo veo al lado del comedero y le pongo de comer, y el ratón ve comida y come, y yo creo que con la tontería le estoy creando un condicionamiento de esos de los que no tienen nada que ver con lavarse el pelo.
Cuando está despierto, que es algo así como cinco minutos cada dos horas, dedica su tiempo a comer, mirarme con odio e intentar escapar. Más mono él. Está intentando ensanchar un agujerito decorativo que tiene la jaula y para mí que tiene entretenimiento para rato, porque es una placa metálica y eso.
También dedica bastante rato a trepar hasta la trampilla, pero se la encuentra cerrada y se mosquea, y yo le digo mira, si te parece la dejo abierta, pero entonces los niños pueden meter la mano: tú verás.
Entonces se baja como diciendo que cerradita está estupendamente, gracias.
Pues nada, hace unos días estaba limpiando la jaula porque otra cosa no, pero la jaula la tengo siempre como los chorros del oro, y bueno, puede que cogiera el ratón y que el ratón se rebullera como un loco y que me diera miedo de apretar demasiado y que los ojitos le hicieran pop y abrí la mano y una cosa llevó a la otra y el ratón acabó detrás de un mueble del salón.
Lo típico que hace uno un viernes por la mañana.
Aquello me dio muy mala espina porque he tenido experiencias negativas en este sentido.
Me agaché para mirar debajo del mueble, que lo mismo os parece poca cosa, pero no veáis lo que me cuesta plegarme desde que voy al gimnasio.
El ratón estaba ahí y se movía, cosa que me pareció buena señal después de haberse caído desde una altura como de doscientas veces la suya. Intenté retirar el mueble, pero al oír el ruido el ratón se movió y pensé que no era buena idea, que a ver cómo explicaba yo a ZaraJota que el ratón sobrevivió al accidente pero no al intento de rescate.
No sabía muy bien cómo solucionar aquello y la verdad es que no me apetecía correr en círculo agitando los bracitos.
Me senté en el suelo y me llevé las manos a la cara como en el cuadro ese del tío mal dibujado en el puente.
–Ay, Pelotilla... –dije.
Entonces el ratón salió de debajo del mueble, se me acercó y se quedó quieto para que lo cogiera.
Se ve que nos gusta la libertad, pero no tanto como comer.


24 febrero 2020

Piano piano

Me han quitado el baneo del gimnasio y estoy muy indignada porque ahora no me va a quedar más remedio que ir.
El problema es que no se a qué ir.
–A ver, ¿a ti qué es lo que te gusta hacer? –me preguntaron el primer día.
–Nada.
–Mujer, algo te gustará.
–Estirarme en el sofá a leer.
–Algo de deporte.
–Ah... No, nada.
–Entonces lo mejor que puedes hacer es ir probando actividades hasta que encuentres una que te guste.
Yo dudaba seriamente: no se trata de que no me guste una actividad u otra, es que no me gusta la actividad a secas, lo que pasa es que no me gusta llevarle la contraria a gente que puede levantar mi peso con el dedo gordo del pie. Sobre todo teniendo en cuenta mi peso.
Así que primero me apunté a hipopresivos para ver si me gustaba, pero resultó que no tenía absolutamente nada que ver con jugar al tragabolas, y luego me apunté a mantenimiento pero resultó que no tenía absolutamente nada que ver con cambiar bombillas y me empecé a desanimar porque ya había probado por lo menos dos actividades y no me había gustado ninguna, y cuando ya estaba pensando en provocar accidentalmente que me volvieran a banear alguien me recomendó ir a una clase de musculación con los niños.
–Es una sesión para familias, lo que se hace es jugar con pelotitas y cosas así –me dijeron.
Y ME MINTIERON.
Nada más entrar,el monitor dijo que cada adulto tenía que coger un step, una esterilla, dos mancuernas y una barra con sus dos pesas y otra extra suelta. Desde mi punto de vista, solo acarrear todo aquello hasta el hueco que nos habían dejado ya contaba como ejercicio para toda la semana, pero además el monitor pretendía que hiciéramos cosas como ponernos en cuadrupedia que vaya, a mí me gusta mucho Ben-hur y todo eso, pero habiéndose inventado el motor de combustión dime tú a ver qué falta nos hace.
–Muy bien –dijo el monitor, que para mí que padece de optimismo–: ahora quiero que los adultos os pongáis en cuadrupedia, elevéis el brazo izquierdo con la mancuerna de cinco kilos en la mano, la pierna derecha con el step en pino puente inverso y hagáis flexiones con el brazo derecho mientras hacéis la declaración de la renta con el dedo gordo del pie izquierdo y cantáis la Macarena soto voce in crescendo piano piano si arriva lontano.
O algo así. Yo me perdí en el "muy bien", para qué nos vamos a engañar.
–¿Y los niños? –preguntó alguien.
–Los niños que jueguen con las pelotas.
–¿Puedo jugar yo también con las pelotas? –pregunté.
Es que me gusta tocar las pelotas.
–Claro, como prefieras –me dijo el monitor–. Pero entonces será como si no estuvieras haciendo nada.
Parece que al fin he encontrado la actividad perfecta para mí.