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25 enero 2021

Un descansito

 



Ahora que los niños han vuelto al cole (y ojalá que por mucho tiempo) las madres por fin podemos dedicarnos a eso que nos gusta tanto: ponernos al día con todo el trabajo acumulado durante el mes que los niños han estado en casa, y cuando digo "en casa" me refiero a literalmente en casa, y hemos tenido que ser profesoras, monitoras de tiempo libre, diosas de las manualidades, expertas en la gestión de conflictos, cocineras, gestoras de residuos, chaos coordinators y real life managers a tiempo completo. 

Hace unos días, en el #videoclub de lectura de La Sombra, me preguntaban qué necesito para escribir y yo, que soy un alma de cántaro, no fui capaz de dar la respuesta más obvia: tiempo. No cualquier tiempo: a ser posible, a solas, y sin tener que ponerme una alarma porque hay que recoger a los niños, tengo que entregar este proyecto, se acerca la hora de comer, el súper cierra y no tenemos leche. 

Tiempo sin condiciones y sin limitaciones, en lugar de minutos arañados por aquí y por allí mientras hago malabarismos con las prioridades.

Todo este rollo es para deciros que ahora mismo estoy un poco saturada y que no sé cuándo volveré a postear. Probablemente en un par de semanas, ¿eh? O sea, soy una adicta. Pero ahora mismo no sabría decir cuándo podré volver a centrarme como para escribir una entrada.

Estoy centrada en otras cosas, por supuesto. Tengo proyectos bonitos en proceso: terminar Crónicas Funestas, publicar un libro de una personita (pun intended) chachi y un nuevo verkami en el que a lo mejor hay hasta sugus, pero no prometo nada.

Si me echáis de menos, me tenéis en Twitter (si alguien está pensando que si dedicara menos tiempo a Twitter tendría más tiempo para otras cosas que se lo haga mirar, por favor). También tenéis quince años de archivo del blog, que se dice pronto: quince años, pero te paras a pensarlo y menudo vértigo.

Y por supuesto, tenéis todos mis libros: en papel en La Sombra y en digital en Lektu.




28 septiembre 2020

La vuelta al cole

 


La vuelta al cole bien, gracias. 
Os voy a ahorrar mi opinión sobre Lord Vetinari la presidenta de la comunidad de Madrid y su gestión, que básicamente ha consistido en decir "que se haga la luz" y a esperar que la luz se haga mágicamente, sin plantearse por un momento cómo, ni facilitar medios, ni proponer ideas, ni dar tiempo a ponerlas en práctica porque todo se hace a última hora, mal y, por motivos que no acabo de entender, ofendiendo al mayor número de madrileños posible.
Bueno, al mayor número no. Solo a los que no les votan.
Por si habéis estado viviendo en Marte durante el último mes y os habéis perdido el sainete, aquí os dejo el resumen de Polònia:





Si ya estáis al tanto de que Madrid es España, porque qué es Madrid sino España dentro de España, y España es Madrid, y Madrid es Madrid... y Barajas... paso directamente a contaros mi peripecia. 
Septiembre suele ser el peor mes para la carga maternomental: se junta el cambio de temporada (probar la ropa del año pasado, disponer de la que se ha quedado pequeña, adquirir nueva), la vuelta al cole (no voy a abrir ese melón, pero la cantidad de minitareas asociadas a la vuelta al cole es infinita) y, en nuestro caso, los cumpleaños de los niños (fiesta, regalos, familia, amiguitos) y de dos sobrinos (que no hacen nada malo, las criaturas, pero están lejos y requiere un poco de organización).
Y este año, además, el coronavirus. 
La madre que lo parió. 
El colegio, que ha solucionado con mucha imaginación todos los problemas que Lord Vetinari la comunidad no ha tenido a bien considerar, convocó una reunión informativa por tandas, al aire libre y manteniendo las distancias.
-Los niños -nos dijeron- entrarán a diferentes horas según el curso en el que estén, y saldrán también a diferentes horas.
Eso nos pareció muy sensato, aunque los primeros días se me olvidó más de una vez que Nene-kun salía antes y el pobre se quedó más tirado que una loncha de chóped en un recreo de los ochenta. 
-Les tomaremos la temperatura a la entrada. Salvo que la comunidad todavía no nos ha facilitado los termómetros. Y no sabemos cuándo nos los van a dar. Así que de momento, tomarles la temperatura en casa.
Eso también nos pareció muy sensato, lo que pasa es que el que tenga hijos ya sabe cómo son las mañanas y que lo último que necesitas es, además, pararte a poner termómetros. Además, y os aseguro que yo no lo creía posible, se nos acabó la pila del termómetro después de tan solo quince años de uso. Debe ser la obsolescencia programada esa. Y bueno, ya sabéis lo que pasa con las pilas: que no te acuerdas de comprarlas nunca.
Así que yo si veía que los niños se levantaban con ganas de hablar daba por hecho que estaban estupendamente y para el cole.
Además, los termómetros de la comunidad llegaron antes de lo esperado (teniendo en cuenta que yo apostaba por que no llegarían nunca) y empezaron a tomarles la temperatura en la puerta enseguida, así que una cosa menos. 
-A la hora de entrar, cada curso formará una cola junto a la puerta, manteniendo el acceso despejado y la distancia de seguridad en todo momento.
Ahí me entró la risa floja, porque ya me conozco yo cómo funciona el tema de mantener el acceso despejado: los primeros que llegan se colocan a un ladito ordenadamente, y los que vienen tarde ven la puerta despejada y se colocan ahí porque "no hay nadie" o "es que como estabas lejos no sabía si estabas esperando" o porque patatas, directamente.
La distancia de seguridad entre padres ya si eso.
-Después de tomarles la temperatura, los niños se limpiarán los zapatos en una alfombrilla desinfectante y luego en una zona de secado. 
Eso me pareció muy bien. Además, mis hijos ya están acostumbrados porque en la piscina tienen el mismo sistema. El primer día que fuimos, el monitor les dijo que se pusieran en la alfombra e hicieran el Michael Jackson. Nena-chan le miró de arriba a abajo y me preguntó quién era Michael Jackson, y creo que el monitor todavía está llorando debajo de una mesa, pero aparte de eso todo bien.
-Se limpiarán las manos con gel hidroalcohólico y subirán a su clase.
Creo que ahí iba un "ordenadamente" pero la seño no fue capaz de decirlo y mantener la seriedad.
-En la clase habrá siempre una ventana y una puerta abierta.
Teniendo en cuenta dónde está el colegio y que alguna mañana hemos visto temperaturas de -5º en la glorieta, este último punto me parece una burda estratagema para poner de moda los fachalecos, pero bueno. 
-Los niños se lavarán las manos mínimo cinco veces al día. 
En septiembre hay jornada intensiva y sólo van cuatro horas. Echad la cuenta vosotros mismos.
La seño ya la debe tener echada, porque añadió: "Y si queda tiempo entremedias ya intentaremos dar clase si eso".
-Los niños deberán traer una mascarilla puesta y otra de recambio, además de una bolsita de tela para guardar la mascarilla (la puesta, no la de recambio) mientras se toman la merienda.
Ostras, que además de todo tienen que merendar. Calculo cinco minutos de clase diaria, y eso si ninguno se hace pis.
-La merienda tiene que venir de tal forma que la puedan abrir sin ayuda, ya que las seños tenemos que intentar, dentro de lo posible, no tocarla.
Adiós, yogur. Adiós, batido. Adiós, tuppers que cierran perfecta y herméticamente. Hola, liquidillos misteriosos y migas en el fondo de la mochila. 
-Los niños deberán traer sus propios pañuelos, toallitas, gel y jabón.
Bueno, como no van a necesitar libros porque no les va a quedar tiempo para la clase, tendrán sitio de sobra en la mochila.
-No se puede compartir. No se puede prestar. No se puede ser afectuoso.
A la mierda los tres pilares básicos de la educación infantil. No lo digo yo, lo dijo la seño, pero más educadamente.  
Bueno, no os aburro con más detalles. 
El caso es que las seños nos dejaron con la tranquilidad de que el cole era un espacio seguro (física y, lo más importante, psicológicamente, dadas las circunstancias), de que intentarían hacer su trabajo lo mejor posible y que si todos poníamos un poquito de nuestra parte todo iría razonablemente bien.
Las mamás nos volvimos a casa, preparamos toda la impedimenta de mascarillas, bolsitas, geles, jabones y la madre que no trajo a todos y también preparamos a nuestros hijos, o al menos yo lo hice. 
Les expliqué que el cole iba a ser un poco diferente este año, que tenían que seguir nuevas normas, que no se preocuparan porque si hacían caso a la seño todo iría bien.
Los niños fueron al cole el primer día y salieron encantados de la vida porque tenemos unos profesionales de la docencia que no nos los merecemos.
-Mamá, mamá, ¡lo he hecho todo súper bien!
Nena-chan es así, de autoestima generosa.
-¿De verdad?
-¡Sí! 
-No me he quitado la mascarilla, no he tocada nada, me he quedado en mi sitio y me he lavado las manos.
-¿Con gel o con jabón?
-Una vez con gel y las demás con jabón.
-¿En el baño?
-Sí.
-Anda, qué bien -entonces me acordé de que todavía no habíamos llevado el material, que suele incluir rollos de papel de cocina para estos menesteres-. Oye, ¿y cómo te las has secado?
-¡En la sudadera!
Vale, vamos a morir todos. 


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Si estás convencido de que todo va a salir bien (pero poco) necesitas una de estas

21 septiembre 2020

El sello de aprobación


Como seguramente sepáis todos los que me hayáis visto llorar en Twitter, Correos no ha estado funcionando demasiado bien. 
A ver, partimos de la base de que Correos no ha funcionado demasiado bien nunca. O sea, se supone que el servicio que ofrecen es enviar cosas, pero cuando vas a enviar algo y te dicen "si no quieres que se pierda por el camino es mejor que lo envíes certificado" llega un momento en el que más que un servicio parece una extorsión.
Pero bueno, en condiciones normales sabes que pagas el impuesto revolucionario certificado y las cosas llegan.
El problema es que este año no está siendo muy normal, no sé sí lo habéis notado. 
La madre que lo parió. 
Así que cuando llegó el momento de enviar las recompensas del #relorzfunding, allá por febrero, las cosas no salieron exactamente como esperaba.
Primero, todo lo que envié a finales de febrero y principios de marzo vino devuelto. 
¿Por qué?
"Ausente de domicilio".
Es decir: según Correos, durante el mes de marzo de 2020, en pleno estado de alarma y con el confinamiento más estricto, no pudo entregar los paquetes porque los mecenas no estaban en su puñetera casa. 
Que a ver, pongamos por caso que los mecenas son un poco sinvergüenzas, no digo yo que no, y que alguno estuviera bailando la conga en la calle cuando estaba prohibido, pero ¿todos? Pues no sé, me cuesta un poco creerlo, la verdad.
Visto lo visto, detuve el envío de recompensas y esperé a tiempos mejores.
Los tiempos mejores todavía no han llegado porque sigue siendo 2020 y eso, pero al menos pasados unos meses nos desconfinaron y retomamos los envíos.
Y ojo, que algunos llegaron. Pero aproximadamente el 20% no. Esta vez, el motivo no era "ausente de domicilio" sino, en la mayoría de los casos, "no recogido en oficina". 
Después de hablar con varios mecenas, llegué a la conclusión de que no habían recogido los paquetes porque Correos no les había dejado aviso en el buzón de que tuvieran que recoger nada y como resulta que no son adivinos pues no se les había ocurrido pasar por la oficina a ver si tenían algo. 
(Y si lo hubieran hecho, les habrían dicho que no podían darles nada sin el aviso).
Entonces llegó agosto y alcanzamos una nueva fase en la que los paquetes ni llegaban ni volvían y no teníamos ni idea de lo que había pasado. 
Os cuento todo esto para poneros en antecedentes de lo que ocurrió a continuación.
En septiembre, y cuando yo empezaba a estar un poco hasta las narices de Correos, del #relorzfunding y de la rana cantando debajo del agua, empecé a encontrarme avisos en el buzón porque al parecer, el destinatario no estaba en casa cuando le fueron a llevar el paquete pero yo tampoco cuando vinieron a devolvérmelo, a pesar de que mi marido trabaja en casa y sólo sale a tirar la basura, y yo sólo salgo a llevar a los niños al colegio y hacer la compra y además normalmente la que le abre la puerta al cartero soy yo. 
Pero bueno, supongo que, ciertamente, si estoy abajo abriéndole la puerta al cartero no estoy en mi casa para que me entreguen el paquete: un punto para ti, Correos.
En fin. 
El caso es que acumulé avisos de correos y cuando ya tenía un taco que era como el tomo de la A de la enciclopedia me fui a la oficina feliz como una lombriz. 
-No podemos darte estos paquetes-me dijeron-: están a nombre de FoscaNetworks.
En aquel momento maldije muy mucho y por lo bajo la idea de usar pegatinas para ahorrarme poner el nombre del remitente.
Por suerte iba preparada.
Yo siempre voy preparada.
O sea: tengo hijos y son un poco trolls.
Más me vale ir preparada.
-Ah, claro, pero he traído toda esta documentación que demuestra que puedo operar en su nombre.
-Eso no me sirve.
Ahí reconozco que bufé un poco por lo bajo porque si la documentación le sirve a Hacienda, a la Seguridad Social e incluso a Correos para hacerme la tarjeta Correos que usé para enviar por Correos los mismos paquetes que ahora estaba intentando recuperar en Correos, no entendía por qué no le podía servir a Correos. 
Pero bueno.
-Está bien: ¿qué necesitaría para demostrar que puedo operar en nombre de FoscaNetworks?
-Un sello.
-¿Cómo?
-Un sello de caucho. 
-Tiene que ser una broma.
-Ya sabes, con el mando de madera y las letritas; lo mojas en tinta y...
Salí de la oficina que no sabía si reírme o si llorar o qué. 
Después de toda la documentación que había llevado... ¿les parecía más fiable un sello?
Pero si se pueden hacer hasta con una patata...
De hecho, hace meses que compuse un sello para mandarlo a hacer, pero todavía no lo había encargado porque me parecía que en el siglo XXI ya lo teníamos superado.
En fin. Salí de la oficina de Correos y ya que estaba al lado me metí en el Lidl a comprar patatas para hacer un sello porque había visto que tenían cosas para la vuelta al cole y pensé que dadas las circunstancias por todos conocidas serían lexatines o algo así.
Resultó que lexatines no había, en cambio tenían sellos para marcar la ropa.
Nada más verlos me entró la risa floja.
Puedo, pensé, ir a casa, donde tengo unos iguales para marcar la ropa de mis hijos, componer un sello y volver a Correos mañana. 
Ooo, puedo comprar otro, componerlo aquí mismo y llevarme los dichosos paquetes del #relorzfunding hoy.
Así que compré el sello, lo compuse sobre la marcha, sellé los avisos de correos y volví a la oficina. 
Reconozco que me sentía un poco estafadora de la vida. Me sudaban las palmas de las manos y un sudor frío recorría mi espina dorsal porque he leído mucho Stephen King. Le enseñé los avisos sellados a la señorita de la ventanilla y le dirigí mi mejor sonrisa inocente, aunque ella jamás lo supo porque llevaba la mascarilla puesta, claro.
-Pero esto... 
ES UN SELLO DEL LIDL PARA MARCAR LA ROPA DE LOS NIÑOS Y LO ACABO DE MONTAR YO MISMA EN UN BANCO DE LA CALLE ESTÁ BIEN LO CONFIESO POR FAVOR NO LLAME A LA POLICÍA...
-¿Sí?
-Se han olvidado de autorizarte. ¿Ves? Además de poner el sello, la empresa tiene que rellenar el campo de "Autorizo a...".
Está bien, Lorz, tranquilízate: todo está bien. Te han pedido un sello de la empresa y tú has hecho un sello para la empresa, por fin. No hay que ponerse nervioso. Es perfectamente válido ya que, entre otras cosas, en cualquier caso tendrías que ser tú la que encargara el puñetero sello.
Compórtate con naturalidad y todo irá bien.
-Entonces, ¿la empresa sólo tiene que rellenar ese campo?
Muy bien, Lorz. Disimula.
-Eso es.
-Estupendo. ¿Me presta ese boli un momento?
Adiós al disimulo.


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¿Problemas de espacio? 
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08 octubre 2015

Precisión militar

Según Google Maps, vivimos a 170 metros de un colegio. En realidad no: esa sería la distancia a la puerta principal, y hay otra más cerca. Varios de los excompañeros de guarde de Nena-chan van a ese colegio, y sus madres están muy contentas. Tiene un huerto, una biblioteca muy activa y abierta a los padres, un hilo musical que eligen los niños, un comedor separado por edades y una zona infantil muy mona con macetitas.
Lo único que le falta es justo lo que una madre trabajadora necesita: clases extraescolares para niños de infantil. Y las que hay para niños mayores terminan alrededor de las cuatro. Como para una prisas.
Por eso en vez de llevar a la nena a un colegio que está a, literalmente, dos minutos andando, nos hemos ido a uno que está a unos dos kilómetros. En fin, al menos es cuesta abajo, en línea recta y bien comunicado. Llevar y recoger a Nena-chan de camino al trabajo va a ser relativamente sencillo.
La cuestión es que ahora estoy de baja por maternidad y claro, Bebé-kun no va todavía a la guardería, y además, estando yo todo el día en casa, ¿para qué tener a Nena-chan todo el día en el colegio?
A ZaraJota le preocupaba que no pudiera apañarme yo sola.
-¿Cómo vas a ir y volver en el autobús, tú sola, con los dos niños y las cosas del colegio?
-El autobús es la parte fácil: el niño en la mochila y la nena de la mano. Lo que me preocupa es que consigamos salir de casa... Pero no pasa nada, lo tengo todo previsto con precisión militar:
7:00, suena el despertador. Le doy a la nena el primer aviso, y me meto en la ducha mientras se despereza.
7:30, segundo aviso a la nena, acompañado de colacao. Mientras se lo toma le enchufo la teta a Bebé-kun.
8:00, tercer aviso. Es que le cuesta arrancar por las mañanas. Mientras se asea, visto al nene, luego visto a la nena.
8:30, salimos de casa a todo meter.
8:50, en la puerta del cole.
-¿Estás segura?
-Claro que sí, ¿qué puede salir mal?

DÍA 1
7:00, suena el despertador.
Todo sale a la perfección, según el horario previsto.
-¿Ves? -le dije a ZaraJota-. No era tan difícil.

DÍA 2
7:00, suena el despertador.
Me levanto, me asomo al moisés de Bebé-kun y descubro que ha echado un poquito durante la noche y que tiene una costra de pota seca pegada al pelo.
Ya me ducharé luego, pienso. Baño a Bebé-kun. Nena-chan se despierta sola y viene a ver qué hacemos. Gracias a eso nos adelantamos media hora.
-Pues al final nos ha ido hasta bien -le dije a ZaraJota-. Creo que voy a empezar a bañar siempre al nene por las mañanas.

DÍA 3
7:00, suena el despertador.
Abro el ojo y descubro que el nene ha vuelto a echar, solo que como me dormí antes de dejarlo en el moisés ha potado en mi cama, y luego ambos nos hemos remozado en la mancha.
Lo baño. La nena ya sabe de qué va el tema y ni se inmuta.
-Venga, pedorrilla, despierta -le digo.
Termino de vestir al nene y me meto en la ducha, que en esta ocasión es impostergable.
Salgo de la ducha, Nena-chan sigue dormida.
-Venga, hay que ir al cole.
Bebé-kun empieza a llorar y le enchufo una teta.
-¿Mamá?
La nena se ha despertado con el llanto.
-¡Un momento!
-Tengo pipí.
-Ve, corre.
-No puedoooo...
Voy al baño con el niño enganchado al pecho y me encuentro a la nena intentando bajarse las braguitas, que se le han enrollado por detrás y no bajan. Sin soltar al niño me pongo en cuclillas e intento ayudarle con una mano... tarde.
Suelto al niño y, mientras berrea, baño y visto a a Nena-chan. Me coloco la mochila, coloco al niño, me saco una teta y salimos de casa a toda mecha.


DÍA 4
7:00, suena el despertador. Lo apago.
7:30, suena el despertador.
Mierdaaaaaaaaaaaaa...
Salgo de la cama y voy a despertar a Nena-chan. Ni se inmuta. Le retiro las mantas para que el fresco la espabile. En lugar de eso, se hace pis en la cama.
Mientras la estoy bañando, Bebé-kun pide comida. Me pongo la mochila, coloco al niño y me saco una teta. Visto a la nena y le doy el desayuno con el niño colgado y sin parar de mamar.
Estamos terminando: solo me falta ponerle a Nena-chan la chaqueta y podremos salir de casa.
Me agacho a abrocharle los botones y Bebé-kun suelta la teta y me pota en el escote.
Premio a la puntería.
-Si esto sigue así -le digo a ZaraJota-, voy a empezar a dormir en el colegio para ahorrarme el mal rato.


DÍA 5
7:00, suena el despertador.
Todo vuelve a ir como la seda y llegamos a la puerta del colegio sin contratiempos.
Le estoy cogiendo el tranquillo, me digo, puedo hacerlo, puedo hacerlo, puedo hacerlo...
-Mamá -me dice la niña-, ¿dónde está la bolsa de mi merienda?
-Hoy no hay que traer merienda.
-¿Por qué?
-Porque ayer me diste un papel donde ponía que hoy es el cumpleaños de un amiguito y no hay que traer merienda.
-No.
-Claro que sí. ¿A que la seño te dio un papel ayer?
-Yo lo cojo del suelo.
Tu fruta madre.
Salgo corriendo con Bebé-kun colgado de la mochila y la niña a rastras. Por suerte hay un mercado cerca, y algunos puestos están abiertos. Compro dos mandarinas, las pelo, las meto en una bolsita.
A las 8:58 estamos de nuevo los tres en la puerta del colegio, pringosos de sudor y mandarina y oliendo a pota (nota mental: a Bebé-kun no le gusta que corra cuando lo llevo colgado).
Nos tropezamos con otra mamá, que lleva una bolsa enorme con zumos y galletas.
-Hoy es el cumple de mi nena -me dice-, ¿te has acordado de no traer merienda?
-Claro, claro -le digo mientras escondo las mandarinas en mi bolso-. Nos dieron un papelito ayer, ¿verdad, Nena-chan?
-Sí, la seño me da papel, y se cae, ¡pero no pasa nada porque yo lo cojo del suelo!
A este ritmo me vas a tener que recoger a mí también.