En septiembre mi hija empezará a asistir al colegio, y estos últimos días he estado visitando diversos centros para "elegir" el que más nos guste; y digo "elegir" porque la impresión que da es que lo que se dice elegir puedo elegir poco.
Lo que más me ha sorprendido de los colegios públicos es el profesorado. Esta gente, a la que han recortado la nómina (cuando no suprimido) varias veces, y que trabaja en unas condiciones a veces muy difíciles, desprende un entusiasmo, una dedicación, una profesionalidad que deja boquiabierto. Deberían ustedes subirles el sueldo. O, al menos, pagárselo íntegro. Vamos, como sugerencia y tal.
Pero eso no ha sido lo único que me ha sorprendido.
Va aquí una selección de lo que he estado oyendo estos días.
- "Cuando un niño se hace pipí encima, no lo cambiamos. Llamamos a sus papás para que vengan a cambiarlo, y el pobre se queda mojado lo que tarden en venir. No nos queda más remedio. El ministerio ha metido en los colegios a niños de tres años sin pensar en sus necesidades, como, por ejemplo, que todavía no controlan del todo los esfínteres. A las maestras nos les importaría cambiarles la ropa, pero para eso tendrían que dejar desatendidos a los otros niños de la clase. Es imposible". Pongamos que Bebé-chan se hace pipí encima, nos llaman para que vayamos a cambiarla, y solo localizan a ZaraJota, que gracias a Cercanías y Metro de Madrid tarda como mínimo una hora y media en llegar al colegio. Pues nada, Bebe-chan se espera una hora y media con la ropa empapada. En fin. La idea me molesta, como se puede usted imaginar, pero lo que realmente me saca un poco de quicio es que si el ministerio no ha sido capaz de entender una necesidad tan básica y universal como la de hacer pipí, vaya usted a saber qué otras necesidades menos evidentes pueden estar pasando por alto. Lo que me lleva al siguiente comentario.
-"Nos gustaría tener un sitio más cómodo para que los niños durmieran, pero los inspectores consideran que los niños de tres años no necesitan dormir siesta, y tenemos que hacerlo así, medio a escondidas". Estoy plenamente de acuerdo con los inspectores: dormir está sobrevalorado, como, no sé, la asistencia médica universal gratuita o tener trabajo.
-"Este año, como hay elecciones, es más fácil que nos concedan todo el personal que necesitamos. El año que viene, ya veremos". Es muy tranquilizador pensar que la calidad en la educación de nuestros hijos, e incluso el trato que reciben, depende de si hay elecciones o no. A lo mejor deberíamos tener elecciones todos los años, mira tú.
-"El uniforme de las niñas es una falda de tablas y una camisa blanca. El de los niños un chándal, nos da igual el modelo, pero que no sea de pantalón corto, que luego se caen y se destrozan las rodillas". Ya me parece grave que en un colegio público se segregue por sexos, pero lo que no tiene nombre es que los niños lleven las rodillas protegidas y las niñas no. ¿Qué pasa, las niñas de este cole no se caen? ¿Es os que si se hacen daño no importa? Oye, que igual se lo merecen y todo, por querer correr como los niños y tal.
-"Hemos estado intentando mantener los mismos libros de curso en curso, y favorecer el intercambio entre familias. Además de por ahorrar, lo hacemos porque creemos que bueno para los niños: les enseña a cuidar más el material. Pero ahora, con la nueva ley, vuelven a cambiar todos. Intentaremos elegir los que sean más baratos. Y bueno. si alguien viene con fotocopias... ¿qué le vamos a hacer?". Vamos a ver, señores, en medio de una crisis como esta, ¿de verdad era tan urgente cambiar la ley, sabiendo lo que implica para las familias? ¿No se dan cuenta de que los niños que no puedan tener los libros nuevos parten con desventaja con respecto al resto? ¿No se supone que la escuela pública está para garantizar la igualdad de oportunidades?
-"Este año solo usamos la mitad del comedor. Cada vez vienen menos niños". Qué bien, ¿no? Cada vez más niños comen con sus papás y sus mamás. Debe ser por los extraordinarios avances en conciliación laboral que ha hecho este gobierno. O, o, igual es los papás y las mamás están en paro. Que también podría ser.
Y lo que me parece más grave.
-"Hemos tenido que anular las excursiones. Cada vez había más niños que no podían ir, y nos parecía injusto que se tuvieran que quedar atrás". La excursión en cuestión costaba 20 €. Esto significa que un número significativo de padres no pueden pagar 20 € una vez al año para que sus hijos pasen un día en la granja escuela.
Lo voy a repetir.
HAY FAMILIAS QUE NO SE PUEDEN PERMITIR PAGAR 20 EUROS UNA VEZ AL AÑO.
SON LO BASTANTE NUMEROSAS COMO PARA QUE LOS CENTROS LO NOTEN.
Y ESTO AFECTA AL DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES EDUCATIVAS HABITUALES.
Por no hablar de como afecta al desarrollo de los propios niños y sus padres.
Porque, si los padres no pueden permitirse estos miserables 20 €, a saber qué otras cosas tampoco pueden pagar. Como vacunas. Medicinas. Dentista. Gafas. Alimentos de calidad, sanos y equilibrados.
En fin, esas bobadas.
Yo no me voy a meter en cuestiones educativas.
No voy a decir lo que opino de que en algunos centros haya dos o tres profesores de religión y ninguna enfermera.
O de que una sola maestra tenga que ocuparse de veinticinco niños de tres años, la mayoría de ellos con escaso control de esfínteres, y algunos con discapacidades físicas o mentales.
O de que parece haber más centros bilingües concertados que públicos.
O de que haya clases de danza "para las niñas".
O de que los niños que no dan religión católica tengan que meterse en cualquier zulillo a matar el tiempo mientras el resto se quedan en clase.
O de que sean las ampas las que cubran las necesidades de actividades extraescolares.
O de que todos los comedores los lleven subcontratas, y que el personal que atiende a los niños no tenga que saber nada de nutrición, pediatría, pedagogía o cualquier otra cosa relacionada.
Pero lo que están haciéndole a las familias no tiene nombre.
Espero que algún día se lo pongamos.
Y que estén ustedes delante para verlo.
Lo que más me ha sorprendido de los colegios públicos es el profesorado. Esta gente, a la que han recortado la nómina (cuando no suprimido) varias veces, y que trabaja en unas condiciones a veces muy difíciles, desprende un entusiasmo, una dedicación, una profesionalidad que deja boquiabierto. Deberían ustedes subirles el sueldo. O, al menos, pagárselo íntegro. Vamos, como sugerencia y tal.
Pero eso no ha sido lo único que me ha sorprendido.
Va aquí una selección de lo que he estado oyendo estos días.
- "Cuando un niño se hace pipí encima, no lo cambiamos. Llamamos a sus papás para que vengan a cambiarlo, y el pobre se queda mojado lo que tarden en venir. No nos queda más remedio. El ministerio ha metido en los colegios a niños de tres años sin pensar en sus necesidades, como, por ejemplo, que todavía no controlan del todo los esfínteres. A las maestras nos les importaría cambiarles la ropa, pero para eso tendrían que dejar desatendidos a los otros niños de la clase. Es imposible". Pongamos que Bebé-chan se hace pipí encima, nos llaman para que vayamos a cambiarla, y solo localizan a ZaraJota, que gracias a Cercanías y Metro de Madrid tarda como mínimo una hora y media en llegar al colegio. Pues nada, Bebe-chan se espera una hora y media con la ropa empapada. En fin. La idea me molesta, como se puede usted imaginar, pero lo que realmente me saca un poco de quicio es que si el ministerio no ha sido capaz de entender una necesidad tan básica y universal como la de hacer pipí, vaya usted a saber qué otras necesidades menos evidentes pueden estar pasando por alto. Lo que me lleva al siguiente comentario.
-"Nos gustaría tener un sitio más cómodo para que los niños durmieran, pero los inspectores consideran que los niños de tres años no necesitan dormir siesta, y tenemos que hacerlo así, medio a escondidas". Estoy plenamente de acuerdo con los inspectores: dormir está sobrevalorado, como, no sé, la asistencia médica universal gratuita o tener trabajo.
-"Este año, como hay elecciones, es más fácil que nos concedan todo el personal que necesitamos. El año que viene, ya veremos". Es muy tranquilizador pensar que la calidad en la educación de nuestros hijos, e incluso el trato que reciben, depende de si hay elecciones o no. A lo mejor deberíamos tener elecciones todos los años, mira tú.
-"El uniforme de las niñas es una falda de tablas y una camisa blanca. El de los niños un chándal, nos da igual el modelo, pero que no sea de pantalón corto, que luego se caen y se destrozan las rodillas". Ya me parece grave que en un colegio público se segregue por sexos, pero lo que no tiene nombre es que los niños lleven las rodillas protegidas y las niñas no. ¿Qué pasa, las niñas de este cole no se caen? ¿Es os que si se hacen daño no importa? Oye, que igual se lo merecen y todo, por querer correr como los niños y tal.
-"Hemos estado intentando mantener los mismos libros de curso en curso, y favorecer el intercambio entre familias. Además de por ahorrar, lo hacemos porque creemos que bueno para los niños: les enseña a cuidar más el material. Pero ahora, con la nueva ley, vuelven a cambiar todos. Intentaremos elegir los que sean más baratos. Y bueno. si alguien viene con fotocopias... ¿qué le vamos a hacer?". Vamos a ver, señores, en medio de una crisis como esta, ¿de verdad era tan urgente cambiar la ley, sabiendo lo que implica para las familias? ¿No se dan cuenta de que los niños que no puedan tener los libros nuevos parten con desventaja con respecto al resto? ¿No se supone que la escuela pública está para garantizar la igualdad de oportunidades?
-"Este año solo usamos la mitad del comedor. Cada vez vienen menos niños". Qué bien, ¿no? Cada vez más niños comen con sus papás y sus mamás. Debe ser por los extraordinarios avances en conciliación laboral que ha hecho este gobierno. O, o, igual es los papás y las mamás están en paro. Que también podría ser.
Y lo que me parece más grave.
-"Hemos tenido que anular las excursiones. Cada vez había más niños que no podían ir, y nos parecía injusto que se tuvieran que quedar atrás". La excursión en cuestión costaba 20 €. Esto significa que un número significativo de padres no pueden pagar 20 € una vez al año para que sus hijos pasen un día en la granja escuela.
Lo voy a repetir.
HAY FAMILIAS QUE NO SE PUEDEN PERMITIR PAGAR 20 EUROS UNA VEZ AL AÑO.
SON LO BASTANTE NUMEROSAS COMO PARA QUE LOS CENTROS LO NOTEN.
Y ESTO AFECTA AL DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES EDUCATIVAS HABITUALES.
Por no hablar de como afecta al desarrollo de los propios niños y sus padres.
Porque, si los padres no pueden permitirse estos miserables 20 €, a saber qué otras cosas tampoco pueden pagar. Como vacunas. Medicinas. Dentista. Gafas. Alimentos de calidad, sanos y equilibrados.
En fin, esas bobadas.
Yo no me voy a meter en cuestiones educativas.
No voy a decir lo que opino de que en algunos centros haya dos o tres profesores de religión y ninguna enfermera.
O de que una sola maestra tenga que ocuparse de veinticinco niños de tres años, la mayoría de ellos con escaso control de esfínteres, y algunos con discapacidades físicas o mentales.
O de que parece haber más centros bilingües concertados que públicos.
O de que haya clases de danza "para las niñas".
O de que los niños que no dan religión católica tengan que meterse en cualquier zulillo a matar el tiempo mientras el resto se quedan en clase.
O de que sean las ampas las que cubran las necesidades de actividades extraescolares.
O de que todos los comedores los lleven subcontratas, y que el personal que atiende a los niños no tenga que saber nada de nutrición, pediatría, pedagogía o cualquier otra cosa relacionada.
Pero lo que están haciéndole a las familias no tiene nombre.
Espero que algún día se lo pongamos.
Y que estén ustedes delante para verlo.