28 marzo 2022

El impacto

Hace un par de semanas estuve con ZaraJota y los niños en Barcelona.
Lo recuerdo perfectamente: fue justo después de que empezara la Tercera Guerra Mundial y el precio de la luz se multiplicara por dos y justo antes de que el cielo se tiñera de rojo, lloviera barro y la huelga de los transportistas causara desabastecimiento en los supermercados.
Una semana pandemial cualquiera, vaya.
Nos llovió sin parar durante días, pero no íbamos a dejar que algo tan simple como un aguacero nos detuviera. Es lo bueno de estar en guerra con un tío que tiene bombas atómicas: que relativizas mucho.
Así que nos echamos los cuatro a la calle, y acabamos en el parque de la Ciudadela, o parc de la Ciutadella en el idioma nativo. El parque es muy bonito y sospecho que debe serlo más cuando la temperatura está por encima de los 10ºC y no diluvia, pero no seré yo quien juzgue las costumbres aborígenes, y menos cuando en Madrid lleva tres semanas sin parar de llover, que ya no sé si me compensa más coger el paraguas o echar branquias.
Además en el parque había PATITOS.

 os patitos eran monísimos y había muchísimos, que digo yo que si me hubiera echado uno al bolso no lo habría notado nadie, pero ZaraJota adivinó mis intenciones y se adelantó:
-NO.
-¿Qué?
-Sea lo que sea que estás pensando: NO.
-Jooo, yo solo quería un patito.
-No. 
-Uno chiquitiiito, chiquitiiito.
-Que no.
-Yo lo cuidaré.
-Eso dijiste del gato.
-Ahora será culpa mía que el gato te quiera más a ti.
-QUE NO Y PUNTO.
-Jo. 
-Eres peor que los niños. Anda, tira, que hay mucho parque para ver. Y las manos donde yo las vea.
-Jo.
Empezamos a caminar así agradablemente bajo la lluvia y acabamos en un estanquito. En el estanquito también había patitos, pero una mirada de ZaraJota me impidió hacer comentarios al respecto. De montar, en cambio, la mirada no decía nada.
-¡Montemos en barca! -dije.
-NO.
-Vengaaa...
-Tú solo quieres acercarte a los patitos. 
-¡Nooo! El único deseo de mi corazón es que pases tiempo de calidad con los niños.
Y llevarme un patito. Pero vaya, la mierda del tiempo también.
-¡¡¡Sííí!!! ¡¡¡Papi!!! ¡¡¡Vamos en barca!!!
-¿Ves?
ZaraJota puso los ojos en blanco. Lo hace mucho. Creo que es por la alergia.
-Venga. Pero yo remo, que tú eres capaz de naufragar en un estanque.
-Gracias. 
-No era un halago, Lorz.
-Jo.
Nos montamos en la barca y ZaraJota empezó a remar. Esta como Saúl Craviotto. Bueno, la verdad es que no, pero soñar es gratis. El caso es que nos acercó hacia una islita que había en medio del estanque. 
Atención a la fecha, que se nota que me la he currado.
El caso es que en la islita había un pato ENORME. Enorme. O sea, que stop gordofobia y todo eso, pero aquello no era un pato: era un avestruz con las piernas cortas.
-Jajaja, niños, mirad qué pato más grande.
-¡Es verdad!
-¿Es el papá pato?
-¡Pachín!
-Mamááá...
Nena-chan es que es muy así, como de avergonzarse de mí.
El caso es que mientras estábamos ahí haciendo el tonto, bueno, vale, solo yo hacía el tonto, pero lo hacía como para todos, llegaron a la islita dos patos de tamaño normal. Y se pusieron a discutir con el pato grande. No sé de qué, pero debía ser algo muy tremendo, porque el pato gordo gritó: 
-¡CUAC, CUAC! 
Y echó a volar con mucha dignidad sin mirar siquiera.
Por desgracia, nuestra barca estaba justo delante.
El pato nos vio. Nosotros vimos al pato. A partir de ahí, todo ocurrió a cámara lenta. 
El pato abrió los ojos de par en par. Luego, el pico, pero el cuac que pretendía emitir murió en su garganta. Extendió las alas e intentó frenar, pero no había espacio suficiente. Entonces intentó dar marcha atrás. 
Esto os va a sorprender pero resulta que los patos no pueden volar marcha atrás. La maniobra solo sirvió para ofrecer una mayor superficie de impacto. En concreto, contra mi cara.
-Ay.
El impacto o, mejor dicho, el impato, fue épico. El pato era grande. El pato volaba a gran velocidad. El pato estaba mojado. El pato estaba frío. Eso fue lo peor. 
Fue como si me dieran un fregonazo y me dieran con el mocho en toda la cara.
Salvo que el pato olía peor.
Después de semejante choque, el pato voló hasta una barca y estiró la pata.
Literalmente: primero una, luego la otra. Luego un ala, luego la otra.
Creo que estaba valorando los daños.
Mirad cómo disimula.

Mientras, en la barca nosotros también valorábamos los daños. El pato había impatado contra mí, pero había tenido patós: a Nene-kun, que estaba a mi lado, lo había pateado mientras intentaba evitar el golpe. El niño estaba totalmente epatado. Mientras, Nena-chan se quejaba de que el pato no hubiera impatado con ella: es lo típico de los hermanos, solo están contentos si quedan empatados. 
A mí me iba a dar un patatús. 
Zarajota, por su parte, estaba tranquilo.
-Bueno, Lorz -me dijo-, ¿no decías que querías llevarte un patito?
-Sí. 
-¡Pues te has llevado un patazo!
Eso, encima cachondeo.



Editado mismo día, pero más tarde.
Al ver la foto, varias personas me han informado que no se trataba de un pato, sino de una oca. 
Anna me ha explicado además que hay un blog sobre el tema
Estaré atenta por si escriben una entrada del tipo "Gorda golpea a oca con la cara" o similar.


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14 marzo 2022

Los planetas


Nene-kun está estudiando los planetas en el cole y está súper motivado.
Se pasa el día cantando la canción de los planetas, en carnaval se disfrazó de planeta (Premio Nobel al Uso de la Pistola de Silicona para la seño), lo hemos llevado al Planetario, le vamos a redecorar la habitación con temática planetaria, le hemos buscado libros sobre los planetas...
Su entusiasmo planetario no tiene fin. El mío, en cambio, empieza a perder fuelle.
-Mamá -me dijo hace unos días-, ¡jugamos a inventar adivinanzas sobre los planetas?
-Vale.
-Um... Está en el espacio y tiene nombre de dios.
La madre que lo parió. En el espacio y con nombre de dios... 
-¿Todos?
-Jajaja, no, ¿cómo van a ser todos? 
Pues literalmente teniendo todos nombre de dios, no sé si me explico. 
-Creo que voy a necesitar alguna pista.
-Vale: es redondo.
Señor, dame fuerzas.
-¿Mercurio?
-No. 
-Venus.
-No.
-Marte.
-No-o.
-Júpiter.
-No.
-Saturno.
-No.
-Urano.
-No.
-Plutón.
-¡Sí! ¡Muy bien, mamá!
Obsérvese que como se los ha aprendido con la canción de Enrique y Ana considera que Plutón es un planeta. Nena-chan, que se los aprendió mirando el libro, considera que no.
-¿Verdad? Solo he necesitado siete intentos.
Menos mal que estamos jugando a adivinar los planetas, porque si llegan a ser islas de Oceanía no acabamos nunca.
-¿Otra?
-Venga.
-Es uno de los que están lejos.
-Todos están lejos.
-¡Todos no!
No, claro, algunos pillan dentro de la zona A del abono transporte.
-Plutón.
-No.
-Urano.
-No.
-Saturno.
-No.
-Júpiter.
-No.
-Marte.
-¡No-o! ¿Cómo va a ser Marte?
Eso, ¿cómo?
-¿Venus?
-No.
-Mercurio.
-¡Sí! ¡Qué lista, mamá, lo has vuelto a adivinar!
-Pero Mercurio está al lado del sol.
-Pero lejos de aquí.
Casi tanto como me gustaría estar a mí ahora mismo, por lo menos.
-Ay.
-¿Otra?
-No.
-Jooo...
-Pero Nene-kun, es que con las pistas que me das lo único que hago es decirlos todos hasta que acierto, es un poco rollo.
-¡Pero yo quiero seguir jugando! 
-Vale, pero ahora me toca a mí. 
-Vale. 
-Pues a ver... lo pintó Velázquez.
-¡Eso es muy difícil!
-Pues dilos todos hasta que aciertes.
-¡Pero eso es un rollo! 
Jamás lo hubiera imaginado, la verdad.


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