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24 enero 2022

La verbena de la paloma



Mi comunidad está en guerra con dos palomas calientes.
Y digo calientes no porque estén bien abrigadas, no. Lo digo porque se pasan el día dándole al parchís en la fachada. 
Concretamente, se ponían en el luminoso del negocio que hay en el bajo. Ahí, sin reparo. Que yo estoy a favor de la libertad sexual, sobre todo en cuanto a la cantidad, pero los vecinos del primero se quejaban de que hacían mucho ruido y los del bajo de que... ¿cómo decirlo? Al parecer a las palomas el sexo les resulta laxante. Muy laxante. Y por lo que sea, a la gente no le gusta salir o entrar de un negocio y que se le caguen encima. ¡Con la buena suerte que trae! La gente es que no tiene claras sus prioridades. 
Así que le pusieron espinitas al luminoso para que las palomas no pudieran ponerse.
Ahí. 
Para que no pudieran ponerse ahí. 
Porque como un metro a la derecha había un aparato de aire acondicionado de los grandes y nunca adivinaréis lo que pasó.
El fornicio. 
Ahora ya no era una pareja de palomas sino varias parejas, ahí todo el día, que de verdad que yo no sé qué comen esos bichos para tener tanto aguante. Las cacas ya no caían tanto al suelo porque el aire acondicionado tenía superficie de sobra para fornicio y estropicio, pero el ruido era peor, mucho peor. 
La comunidad tuvo que contratacar a toda velocidad, poniendo espinitas alrededor del aire acondicionado, pero el ardor, esto... guerrero de las palomas era más fuerte y conseguían colarse entre ellas. Así que además de las espinitas se puso una red de malla. Pero las palomas se enganchaban a la malla y le daban al tema en vertical. Así que la comunidad puso alambre de espino, minas antipersona, dos nidos de ametralladoras y a Ismael Serrano cantando en directo todo el día. 
Las palomas se rindieron. 
O eso creímos.
No debimos confiarnos, ni celebrar la victoria tan pronto. 
Porque medio metro a la derecha está la puerta de la comunidad. Encima no hay ningún luminoso, aire acondicionado, ni saledizo en el que pueda pararse una paloma. 
Lo que hay es un tubito diminuto de gas natural.
Y ese es el motivo por el que ahora siempre tengo que salir de casa con paraguas.


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23 noviembre 2020

Jinmu

Pues parece que he perdido una tía pero he ganado un gato. 


La cosa fue así: 
La Tita tiene dos gatos. Tenía. O sea, los gatos siguen, la que no está es la Tita. 
Su último y único deseo fue que sus minonis no acabaran en un refugio, así que mi madre dijo:
-No te preocupes que yo me los quedo.
Mi madre ya tenía dos gatos y un piso pequeño, pero no pasa nada porque mi madre es una optimista de la vida y además nadie se interesó por heredar esa parte concreta de las pertenencias de la Tita, qué cosas. 
Así que cogió a los dos gatos, los metió en el coche sin endrogar, porque el veterinario les dijo que no era recomendable dados los problemas de salud que tienen (los gatos, no mi madre) y se hizo 700 kilómetros en coche con mi padre, dos gatos y la rana croando debajo del agua. 
Lo normal que hace uno un lunes durante una pandemia mundial.
Volviendo a los cuatro gatos, yo ahí vi una ventana de oportunidad que aquello no era ventana, era un ventanal, un escaparate, un rosetón gótico.
-Ay -le dije a ZaraJota-, mi pobre madre ahora, en ese piso tan pequeño, con cuatro gatos.
-Sí -respondió ZaraJota, porque él es así como parco en palabras y eso. 
-Pero claro, el refugio ni se plantea -insistí.
-Por supuesto: tu madre no cabe en las jaulas.
-Y Hermano Mediano ya tiene gatos.
-Claro, claro.
-Y Hermano Pequeño ya tiene gatos.
-Claro, claro.
-Los único que no tenemos gatos somos nosotros.
Dicho esto, ZaraJota tuvo un microinfarto cerebral asistólico con ictus de parranda y dengue parayá.
-Lorz...
-¡Es una buena obra! ¡Piensa en mi madre!
-¡Precisamente de ella me estoy acordando ahora, sí!
-¡Sólo sería uno! 
-¿Uno?
-Uno chiquitiiito, chiquitiiito...
ZaraJota, que ya se había visto con dos gatos, de pronto la idea de que sólo fuera uno no le parecía ni tan mal.
-¿Cuál?
-Bueno, obviamente no vamos a separar a los minonis de la Tita, porque ya han tenido bastantes cambios en su vida y eso. Tendría que ser uno de los de mi madre.
-¿CUÁL?
Durante los tres meses que vivimos con mis padres el año pasado, ZaraJota tuvo ocasión de conocer a los dos gatos de mi madre. Íntimamente. 
-Bueno, ya sabes cómo es Niobe, que se asusta de todo. Si la sacamos de su ambiente le puede dar un patatús. Así que...
-No...
-Sólo puede ser Jinmu, claro. 
-NO. JINMU NO.
-Pero...
-Mira, Lorz: acepté tener una cobaya; acepté tener un hámster; acepto tener UN gato, dadas las circunstancias... ¿Pero tiene que ser justo el gato de quince kilos que se pasa el día encima de mí tirándose pedos?
No respondas, Lorz, que es una pregunta con trampa...


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Pedidlos ahora, que luego viene la navidad y todo son prisas.

















22 julio 2019

Los sin techo, epílogo

¿Pensabais que se acababa ya?


Pues todavía no estábamos instalados en la casa nueva cuando nos convocaron a la primera reunión de vecinos y allí me fui yo, que es que me va la marcha.
Voy a intentar reconstruir los hechos como buenamente pueda, ordenadamente y con colorines, a ver si puedo daros una idea aproximada de lo que ocurrió.
–Buenas tardes a todos, iniciamos esta reunión de vecinos con el punto número uno, que es el listado de morosos.
–¡ESO, ESO!
–Como ya sabéis, los del piso 1 no pagan la comunidad desde la operación policial contra el narcopiso.
–¿Perdón? –esta soy yo.
–¿Y no les podemos denunciar?
–A ver, por poder... pero están en la cárcel por una operación antidroga a gran escala, no creo yo que la deuda con nuestra comunidad sea la primera de sus preocupaciones.
–Ya.
–Siguiente. Los del piso 2 no pagan porque son okupas. 
–¿Perdón? –sigo siendo yo.
–¡Pero si siempre han pagado sin problemas!
–Ya, lo que pasa es que como el propietario les intentó desalojar pues dijeron que entonces pasaban de pagar la comunidad, claro. 
–Claro.
–Y el dueño dice que mientras el piso esté okupado pues que no paga.
–Claro.
–Otro. El piso 3...
–¡Presente!
–El piso 3 no paga hasta que no se arregle el problema de la arqueta.
–¡Exacto!
–Pero el problema de la arqueta no se podía resolver porque había que acceder por el piso 1 y los del narcopiso no nos dejaban entrar.
–¡Pero los del narcopiso ya no están!
–Claro, y entonces entró un fontanero, y nos dio presupuesto, pero como no ha habido reunión de vecinos hasta ahora no lo hemos podido aprobar.
–¿Y a qué estamos esperando?
–A acabar con el listado de morosos.
–Ah.
–Los del piso 4...
–¡Presente!
–...no pagan hasta que no se arregle el problema del muro que se desplomó el año pasado.
–¿PERDÓN?
–¿Y por qué no se arregla?
–Pues porque cuando votamos si se arreglaba el piso 3 votó en contra.
–¡Porque primero hay que arreglar lo de la arqueta!
–Pero lo de la arqueta no se podía arreglar porque los del narcopiso no nos dejaban entrar.
–¡PERO LOS DEL NARCOPISO YA NO ESTÁN!
–¡YA LO SABEMOS! ¡EL FONTANERO ESTUVO Y NOS DIO PRESUPUESTO! ¡PERO TODAVÍA NO ESTÁ APROBADO! 
–¿Y A QUÉ ESTAMOS ESPERANDO?
–A ACABAR CON EL LISTADO DE MOROSOS. 
–¡PUES HASTA QUE NO SE ARREGLE LO DE LA ARQUETA YO NO VOTO A FAVOR DE ARREGLAR EL MURO!
–¡PUES HASTA QUE NO SE ARREGLE EL MURO YO NO VOTO A FAVOR DE ARREGLAR LA ARQUETA!
–¿Y si todos votamos a favor de todo?
–Bueno, vale.
–Venga.
–Los del piso 5... anda los del piso 5 no están... Bueno, mejor. Los del piso 5 no pagan hasta que no se arregle el problema de la fachada.
–¿PERDÓN?
–¿Qué le pasa a la fachada?
–Eso, eso, ¿qué le pasa?
–Nada, no se sí habéis notado que cuando rozas la fachadas aunque sea así con el dedillo los ladrillos se caen a trozos.
–aire, necesito aire...
–Anda, pues ahora que lo dices sí...
–Pues nada, que a los del piso 5 se ve que les están saliendo humedades por eso y claro, hasta que no lo arreglemos...
–¿Pero de verdad es culpa de la comunidad?
–El caso es que averiguarlo cuesta más o menos lo mismo que repararlo.
–¡Pues arreglémoslo también!
–Eso, arreglémoslo todo.
–Habrá que subir la comunidad.
–¡Pues la subimos!
–¡Venga!
–A ver, ¿cuánto la subimos?
–Espera, que calculo los gastos...
–¡No te olvides de contar también con los extintores!
–¿Qué le pasa a los extintores?
–Pues que no hay.
–Anda, pues ahora que lo dices...
–Pero había, ¿no? ¿Qué les ha pasado?
–Nada, que el verano anterior, cuando se incendió la escalera... uy, la nueva está muy pálida.
–¿Estás bien, bonita?
–donde me he metidooooo... dónde me he metidoooooo...
–¿Te estamos asustando?
–Pobrecilla...
–Pero mujer, no te preocupes, si esta es una comunidad muy tranquila... Llevamos aquí toda la vida, nos conocemos muy bien, somos como una familia...
–Sí, no te asustes, somos todos del barrio de siempre.
–Bueno, en el piso 6 hay negros. ¡Pero siempre saludan al entrar!
Visto lo visto, lo sorprendente es que se atrevan a entrar.

15 julio 2019

Los sin techo, 12 y ya

Previously in Lorz...
Que se ocupe mi yo del futuro

ZaraJota y yo, con la ayuda de un par de chavales que nos envió la agencia, tardamos tres días en sacar las posesiones del antiguo propietario. 
Tres días. 
Luego tocó pintar, limpiar, traerse las cosas del trastero y colocarlas, comprar los muebles y los electrodomésticos que nos faltaban, en fin, os hacéis una idea. 
Y cuando por fin estaba todo terminado, llamé a la agencia. 
–Hola, es que hace un mes nos dijisteis que nos ibais a tramitar el alta del gas y seguimos sin gas, y es que llevamos tres meses en la casa de mis padres, ¿sabes? Y yo a mis padres los aprecio como si fueran de la familia, pero si te digo la verdad los aprecio mucho más cuando solo los veo una vez a la semana. 
–Entiendo.
–Entonces, ¿qué? ¿Cómo va lo del gas?
–Bueno, pues íbamos a ponernos con eso justo ahora.
–Mira, déjalo, ya nos ocupamos nosotros si eso.
ZaraJota se enganchó al teléfono y después de hablar solo veinte o treinta veces con la compañía del gas y la compañía suministradora del gas (¡¡¡que no son lo mismo!!!) consiguió por fin desenredar el caos administrativo y que viniera un técnico a revisarnos la instalación.
La visita empezó bien porque nada más ver el calentador al técnico le entró la risa. 
–Señora, ¿de qué año es esto?
–¿Por qué? ¿Está mal?
–No, no, seguro que es perfectamente adecuado para la normativa de la época. Ya sabe, cuando vivía Franco. Lo que pasa es que esa normativa cambió cuando España entró en la Comunidad Económica Europea.
–Bueno, tampoco hace tanto de eso, ¿no?
–La CEE ya ni siquiera existe, señora.
–...
–El manual de instrucciones está en latín. 
–...
–Detrás del calentador me he encontrado una inscripción en sumerio. Dice que el calentador ya era viejo para entonces.
–...
–Cuando lo instalaron el fuego no se había inventado todavía, señora. La gente los tomó por locos. "¡BRUJA, BRUJA!", les gritaban por la calle.
–¿Intenta decirme que hay que cambiarlo?
–Sí. 
–Al menos es solo el calentador, ¿eh?
–Sí, solo el calentador y toda la instalación de gas. Y probablemente la cocina.
–Ah. ¿Y lo puede cambiar así en plan como hoy?
Al técnico le volvió a entrar la risa, lo que pasa es que para entonces yo ya estaba como resabiá y no me lo tomé como una buena señal.
–No.
Caca. 
Por suerte yo... ¿cómo decirlo? Yo... YO SOY DE PUEBLO. 
Ya está, ya lo he dicho. 
Y como soy de pueblo yo... yo... ¡NO NECESITO DUCHARME!
Es broma. 
Lo que no necesito es una ducha. Ni una cocina. Ni una casa. De hecho, puedo sobrevivir en la jungla con un palillo de dientes y un chicle. Siempre y cuando tenga internet, claro. 
El que me ha salido como más blandito es ZaraJota, que de verdad yo no sé para qué hizo la mili si ni se hizo un tatuaje, ni aprendió a jugar al mus ni se acostumbró a ducharse con agua fría ni nada.
Lo que pasa es que yo estaba hasta el potorro de estar en casa de mis padres porque, como he dicho, yo los aprecio mucho pero francamente, hay un límite al zumo de naranja recién exprimido que puede beber una persona. Por no hablar de lo de dormir en una cama de ochenta, en habitaciones separadas, cada uno con un niño, claro. TRES PUÑETEROS MESES. 
Así que nos mudamos, ¡con dos c*j*n*s! Y cada mañana, antes de irme a trabajar, me calentaba tres litros de agua en el microondas (si la calientas al máximo y luego la mezclas con fría, tres litros dan hasta para lavarse el pelo), y luego por la noche repetía el proceso para que se duchara ZaraJota. Y de vez en cuando hasta bañábamos a los niños. Y aprendimos a cocinar usando solo el horno (es chachi). Y colocamos todas las cajas (para ser sinceros, todavía quedan tres). Y no faltamos a ni una extraescolar. Ni al trabajo. Y encima los niños sacaron unas notas estupendas. 
Porque así somos nosotros: NOS VENIMOS ARRIBA EN EL CAOS. 
Y un día, por fin, nos instalaron un calentador de última generación y un técnico superamable nos dio suministro de gas. 
En cuanto se fue me metí en el baño para darme una ducha calentita. Que estábamos como a treinta y cinco grados, pero ahora que por fin tenía calentador pensaba usarlo aunque se me cayera la piel a tiras. Estaba yo tan ricamente debajo del agua calentita cuando de pronto el agua calentita se acabó y empezó a salir agua fría en plan si se choca con el Titanic me lo desgracia. 
–¡¡¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHH!!!
El calentador estaba fallando. Llamé al técnico, el técnico vino, lo revisó y determinó:
–Es que tiene un sistema de seguridad para detectar que el extractor de humos funciona correctamente y evitar accidentes; es un sistema de última generación tan sensible que detecta hasta la más mínima alteración en el sistema de evacuación de gases residuales.
–¿Perdón?
–Que el calentador no funciona cuando le da el viento de cara.
¿Sabéis lo que os digo? Que esto con Franco no pasaba. 

Fin. 


08 julio 2019

Los sin techo, 11

Previously...
¿A quién vas a llamar?


Hace unos meses, yo diría que en febrero o así, Maiko tuiteó algo como: "Shiquillo-oh, apuntarse-e a ehto del Ignite, que eh mu grassio-so".
Bueno, puede que no fuera exactamente así, pero como no encuentro el tuit exacto pues me lo invento y ya está.
El caso es que mandé un mail a la cosa esa y ZaraJota, que es como de pensar mucho, me advirtió:
–Mira, Lorz, piénsate muy bien lo que haces, que esto va de hablar en público y ya sabes que tú y lo de hablar en público como que no.
–No pasa nada –le contesté–. Ya lo resolverá mi yo del futuro.
–Tú verás, pero luego no me vengas con quejas.
Bien.
Os presento a mi yo del futuro.
Bueno, en realidad ahora es mi yo del pasado, lo que pasa es que el día del Ignite era mi yo del presente.
¿Se entiende?
Aprovecho la ocasión para presentaros también las cajas del futuro, en las que presuntamente había ropa limpia para cambiarme.

Presuntamente también andaba por ahí la plancha, por si la ropa no estaba planchada como por arte de magia cuando saliera de la caja:

Os presento también a mi rotulación del futuro, porque mi yo del pasado pensó que averiguar qué había dentro de cada caja sería... ¿lo adivináis? Un problema para mi yo del futuro. 
Y ya que estamos con las presentaciones, os presento a mi mano del futuro, que mi yo del futuro se desgració abriendo una caja del futuro. 
Obsérvense mis uñas del futuro con restos de color naranja mandarina número seis incrustados.

Y no por último menos importante, os presento mi charla Ignite del futuro. 




Bien pensado, el tema de hablar en público quizá fuera lo de menos.

Continuará...

01 julio 2019

Los sin techo, 10

Previously in Lorz...
Entrevistamos a la nueva promesa del fútbol, Diego Armando Maradona.

Pues ZaraJota se fue a trabajar porque es un cobarde.
Así que allí estaba yo, tan tranquila, mirando el caos y sufriendo microinfartos recurrentes cuando llamaron al timbre.
¡Mi primera visita en la casa nueva!
Abrí la puerta superemocionada y me encontré a una viej... anciana con su cardadito y todo.
–Hola, soy la vecina de abajo.
–Hola –dije, mientras pensaba que qué maravilla de edificio, que los vecinos venían a darte la bienvenida y todo según llegabas.
–Que vengo a decirte que hacéis mucho ruido todas las noches.
–¿Perdón?
–Que hacéis mucho ruido todas las noches. Y a mí no me gusta quejarme, lo que pasa es mi madre está enferma, mi marido madruga, mi nieto tiene el sueño ligero, mi hámster...
–¡Señora, señora! Voy a pedirle que se detenga justo ahí. El piso lleva diez años vacío. La señora que vivía aquí murió en una residencia hace muchísimo tiempo. Yo me lo acabo de comprar en plan hoy mismo y acabo de cruzar la puerta, ¿ve? Todavía tengo las llaves en la mano, no les he puesto ni el llavero.
–Ah.
–...
–Bueno, pues nada, encantada de conocerte.
La señora se fue y yo, todavía en shock, llamé a ZaraJota.
–Oye, que ha venido a vernos la vecina de abajo.
–¿Y qué quería?
–Avisarnos de que en la casa hay fantasmas, creo.

Continuará...

24 junio 2019

Los sin techo, 9

Parece que esta mañana ha habido algún problema técnico: por favor, que no cunda el pánico.
Y si cunde que sea  en dirección a la panadería, que se me ha olvidado comprar el pan. 
  

Previously in Lorz...
Tal y como le dijimos al de la agencia. 

Cuando por fin conseguimos entrar en nuestro piso recién comprado era de día y sin embargo llovía. 
Y, por supuesto, todas las cosas del antiguo propietario (excepto el sofá, los muebles del dormitorio, la lavadora y la nevera).
Seguían allí. 
De verdad. 
Este es el aspecto que tenía el piso cuando llegamos: 

La entrada. La planta es de plástico. Lo otro, también. 

El salón. Donde, por supuesto, faltaba el sofá. El mueble bar, para mi desgracia, estaba vacío. 


El futuro dormitorio de Nene-kun. Con orla incluida para que no tengamos ni que pagar la universidad.


Aspiradora de mano y mesa con lámpara integrada pero poco porque se caía.

El futuro dormitorio de Nena-chan. Lo del fondo parece ser aquello en tiempos llamado "televisión de tubo".

Mi futuro despacho. 

El dormitorio principal. Sin los muebles, claro. 

En la mayoría de las habitaciones no había luz.
No teníamos gas... y por supuesto la cocina era de gas. 
La mitad de las llaves de paso goteaban / no se abrían / no se cerraban /ambas. 
ZaraJota y yo miramos aquel estropicio con total control sobre nosotros mismos, es decir, que se nos caían unos lagrimones como puños. 
–Todo mal, todo mal... –decía yo por lo bajini mientras recogía periódicos del suelo. 
Por suerte ZaraJota es un optimista de la vida. 
–No, Lorz, todo mal no. Mira: a Maradona parece irle perfectamente. 



Continuará...

PD: Para los ansiosos, fotos del antes y el después.

17 junio 2019

Los sin techo, 8

Previously in Lorz...
¿Voy a seguir con esta saga hasta que termine de pagar mi hipoteca a cuarenta y cinco años? 
Yo digo SÍ.

Para entonces llevábamos ya dos meses en la casa de mis padres y a mí se me estaba agotando la paciencia: mi padre se levantaba contento por la mañana, mi madre se dedicaba a cebarnos por las noches, y entre los dos no nos dejaban hacer una sola tarea doméstica ni pagar una triste cebolla (a veces comprábamos el pan, pero así como quien no quiere la cosa).
Horrible, era horrible. 
Así que cuando el de la agencia me llamó para preguntar por qué se estaba retrasando el tema de la hipoteca, simplemente le contesté que el de la financiera no quería dárnosla hasta que le pagáramos sus honorarios por adelantado y en billetes pequeños y sin marcar.
El de la agencia, que no iba a cobrar sus honorarios hasta que se consumara la venta, no se lo tomó demasiado bien y algo debió de hacer porque en media hora teníamos la tasación por mail, qué cosas, sin tener que desplazarnos a por ella con un maletín lleno de billetes pequeños y sin marcar...
–Bueno, pues ya está todo listo –nos dijo el de la agencia poco después–. Por cierto, me ha dicho el propietario que va a vaciar el piso y que me digáis si queréis quedaros con algo antes de que lo mande todo a Villarratón.
ZaraJota y yo habíamos vendido prácticamente todos nuestros muebles por Gualapop, después de comprar la casa nos íbamos a quedar prácticamente sin ahorros y además somos muy aficionados a frotar cosas con lejía, así que ni nos lo pensamos:
–Queremos el sofá, los muebles del dormitorio (excepto los colchones), la lavadora y la nevera.
–Perfecto –dijo el de la agencia–. Pues le digo al propietario que se lleve todo menos eso.
Con la firma a la vuelta de la esquina, por fin pude dedicarme a una de las cosas que más me gustan en la vida: organizar tareas por prioridades, calcular tiempos y agendarlas en una tablita con muchos colorines.
Lo sé, tengo un problema.
Bueno, en realidad, dos.
Porque cuando llegó el día de la firma y nosotros llegamos a la notaría y el vendedor llegó a la notaría pasó lo que tenía que pasar: que los de la agencia no llegaron. Otra vez.
Así que ZaraJota y yo nos pusimos a charlar con el vendedor de lo normal en estos casos, que si mira cómo llueve, que si la llave de paso está en el baño, que si intenta no fumar cerca del calentador, que si no te preocupes que ya me he llevado el sofá, los muebles del dormitorio (excepto los colchones), la lavadora y la nevera... espera, ¿QUÉ?
–Que ya me he llevado el sofá, los muebles del dormitorio (excepto los colchones), la lavadora y la nevera.
–¡Pero eso era justamente lo que nos queríamos quedar!
–Imposible, le dije al de la agencia que eso me lo llevaba a la casa del pueblo...
–Bueno, qué le vamos a hacer –le dijimos ZaraJota y yo mientras calculando mentalmente cuánto nos iba a costar comprar todo aquello.
Pista: mucho.
El vendedor nos vio cariacontecidos y se ve que quiso animarnos.
O algo.
–Pero no os preocupéis –nos dijo–: todo lo demás lo he dejado en la casa, tal y como le pedisteis al de la agencia.
Mira, yo me rindo ya.

Continuará...

10 junio 2019

Los sin techo, 7

Previously en Lorz...
En trocitos.

Voy a ponerme un poco seria.

El mercado inmobiliario en Madrid es una cosa alucinante, pero el mercado hipotecario en general es una cosa más alucinante aún.
A ver si me explico.

Primero, cuando compras el piso no pagas solo el piso: también tienes que pagar una serie de gastos muy bestias. El notario, el seguro de la casa (y a veces también de vida), papeleos, yo qué sé. Si quieres comprar un piso de 100.000 (si es que lo encuentras, claro), debes calcular que necesitas al menos otros 20.000 euros más para los papeleos.
Segundo, apenas ningún banco te concede el 100% de la hipoteca; la mayoría se quedan en el 80%, y eso si cumples requisitos tan locos como tener un trabajo indefinido con sueldo decente a jornada completa, preferiblemente dos. Eso significa que para comprar un piso de 100.000 euros (suerte encontrando uno) necesitas, de entrada, 20.000 euros para darlos de entrada y otros 20.000 para afrontar los gastos.
No me pongáis caras. Hoy en día, ¿quién no tiene un contrato indefinido con sueldo decente a jornada completa, preferiblemente dos y 40.000 eurillos sueltos?
Me parto yo sola...
Entonces, ¿cómo hace la gente para comprarse casas?
Bueno, pues hay gente que realmente tiene dinero.
Creo.
O sea, por una mera cuestión estadística, alguno habrá.
El resto... bueno, es resto puede recurrir a una inmobiliaria.
Con la mala fama que tienen, ¿por qué creéis que sobreviven? Porque entre sus servicios ofrecen contacto con una financiera que a su vez tiene contacto con un banco y te puede conseguir la financiación de la vivienda al 100%, a veces incluso con los gastos incluidos.
La única pega es que tanto la inmobiliaria como la financiera se llevan comisión (por un piso de 100.000 euros, unos 6.000 euros cada una; la inmobiliaria, aparte, le cobra una comisión similar al vendedor del piso) que, por suerte, también te financiará el banco, o encima tendrás que pagarla a tocateja.
Si esto no es un negocio redondo, que venga dios y lo vea.*
Después de vender nuestro piso y de vivir by the face en casa de mis padres durante tres meses, que es que no nos dejaban ni pagar el pan y encima nos compraban croasanes todos los días nosotros teníamos un pellizquito que apenas llegaba para cubrir los gastos, así que necesitábamos que nos concedieran una hipoteca al 100%.
Y eso implica necesariamente pasar por el aro de la inmobiliaria y su financiera "independiente" correspondiente. Y por supuesto, pagarles una pasta a ambas por sus presuntos servicios.
Al principio estábamos muy contentos.
El de la financiera nos citó en la oficina y nos dijo:
–Bueno, por vuestra situación yo creo que puedo conseguiros el 100% en casi cualquier banco. Desde luego, seguro que os lo dan en Tal y Pascual. Pero yo creo que quienes os darían mejores condiciones son Pepinillos en Vinagre. ¿Qué os parece?
–Muy bien, muy bien.
Pepinillos en Vinagre es el banco en el que solemos meter nuestros ahorrillos, así que nos parecía fenomenal.
–La única pega es que tardan en concederla un poco más que los otros, porque no se conforman con lo que les contamos sino que estudian si de verdad sois solventes.
–Espera, ¿me estás diciendo que el resto hacen la vista gorda con los clientes que les mandáis?
–Jajaja, no, mujer, qué cosas tienes. Lo que digo es que MIRA, UN ELEFANTE VOLANDO.
–¡Hola, Dumboooooo! Ay, lo que lloré con tu película, la madre que te trajo...
–Lo único que tenemos que hacer es asegurarnos de que el tasador que va sea colega mío para que dé el precio de tasación que nos conviene.
–Espera, ¿estás insinuando que el tasador?
–No, lo que digo es que el tasador HOLA, DUMBOOOOOO.
–¡Holaaaaaaaa! Yo es que me parto con Dumbo.
Bueno, pues nada.
La financiera nos pidió dinero para enviar a un tasador y nosotros se lo dimos y el tasador fue a la casa a tasar y ahí quedó la cosa.
Mientras tanto el de la financiera nos dijo que si queríamos la hipoteca con Pepinillo en Vinagre que mejor que hiciéramos el papeleo nosotros, ya si eso, así que ZaraJota se encargó de ir haciendo todas las gestiones.
Poco a poco. Dolorosamente poco a poco. En eso tengo que reconocer que el de la financiera fue honrado: las hipotecas de Pepinillos en Vinagre no destacan por la velocidad con la que las conceden.
Finalmente Pepinillos en Vinagre nos dijo que la hipoteca estaba lista a falta únicamente de la dichosa tasación. Y nosotros se la pedimos a los de la financiera. Y el de la financiera nos dijo algo así como "MIRA, MIRA, UN ELEFANTE VOLANDO".
Pero ZaraJota no se dejaba distraer tan fácilmente como yo.
–Oigausté, quiero mi tasación y la quiero rait nau.
–Bueno, pues pásate esta tarde por la oficina y te la doy.
–Pero si el tasador os la han mandado por mail, me la reenvías y..
–MIRA, MIRA, ES DUMBO, EL ASOMBROSO ELEFANTE VOLADOR.
ZaraJota fue a la oficina a recoger la dichosa tasación, pero no se lo iban a poner tan fácil.
La cosa fue más o menos así:
–Hola, vengo a recoger mi tasación.
–Uy, sí, aquí la tengo. Lo que pasa es que no te la puedo dar si no me pagas mi comisión por adelantado.
–¿Perdón?
–Preferiblemente en efectivo.
–¿CÓMO?
–Y no te voy a dar factura, claro.
Esto me pasa a mí y me da un ataque de risa que acaban llamando al SAMUR para que me recoloque la mandíbula. Lo que pasa es que ZaraJota es así como más meditado. Además, ZaraJota se había estudiado el contrato en el que ponía que la comisión
a) estaba condicionada a la concesión de la hipoteca (que todavía no estaba concedida, precisamente, porque no nos habían dado la tasación)
b) debía entregarse en el momento de firmar la hipoteca (esa hipoteca que todavía no nos habían concedido porque, bueno, ya sabéis)
y
c) ni de c*ñ* iba a pagar 6.000 euros en efectivo y sin factura.
Así que ZaraJota respiró hondo e hizo lo único que podía hacer.
–MIRA, MIRA –le dijo al de la financiera–: UN ELEFANTE VOLADOR.

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Pd: Llamé a los de la agencia y les dije que toda la operación estaba parada porque al de la financiera no le salía de ahí darnos la tasación. En menos de media hora teníamos el PDF y unas disculpas. 
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*Por si alguien está pensando "bueno, pues alquila", diré que bueno, ya me gustaría. Los precios de los alquileres en Madrid están así. En muchos casos piden, como para hacerte una hipoteca, contrato indefinido con sueldo decente a jornada completa, varios meses de aval aparte de la fianza y además se revisan cada año para ajustarlos a los precios del mercado. Eso, contando con que encuentres un piso decente. Que alguno hay: mis padres llevan veinte años de alquiler y tan felices... de momento. 
Así que la cosa está así: necesitas tener dinero para pedir un préstamo, o necesitas tener dinero para pagar un alquiler abusivo, o te quedas en la casa de tus padres porque los jóvenes de hoy en día son todos unos vagos, ya se sabe, o compartes piso y desde luego es que los jóvenes de hoy en día no quieren tener hijos porque son unos egoístas que van a lo suyo. 

03 junio 2019

Los sin techo, 6

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Que nos quedamos sin casa.

La agencia nos había dicho que se encargaría de todo el papeleo posterior a la venta, que es mucho y muy diverso, pero una vez firmada la venta del piso (a la que llegaron por los pelos) nos dijeron que bueno, que ya lo hiciéramos nosotros si eso, que seguro que lo hacíamos fenomenal.
Ciertamente, lo hicimos fenomenal y sin romper ningún papel importante en un millón de trocitos, que es una cosa que da como mucha alegría.
Lo que también nos daba mucha alegría es que de pronto éramos riquísimos. Éramos unos sin techo, teníamos que dormir en la casa de mis padres compartiendo con los niños camas de ochenta y no sabíamos cuándo volveríamos a tener casa propia, pero la cuenta del banco daba alegría verla.
Aún así, empezamos con la búsqueda de piso.
Estuvimos mirando en varios portales de internet pero la verdad, con nuestros horarios y miles de actividades era simplemente imposible concertar citas, así que cometimos un error táctico: la agencia nos dijo que podía ayudarnos a buscar piso, y nosotros aceptamos.
Así que un día nos sentaron en un despacho y, os aseguro que esto fue exactamente así, nos enseñaron páginas de Idealista impresas.
–Pero que coñ...
–Este tiene sesenta metros, baño reformado... –nos iban leyendo directamente de la fotocopia.
–Sí, sí, si ya lo hemos visto nosotros. Ya sabes, en internet y eso.
–Entonces, ¿os gusta?
–Mucho.
–Pues nada, toma la fotocopia y llama para concertar cita.
–¿Perdón?
–Que concertéis cita con la agencia que lo lleva y vayáis a verlo.
–Pe-pero... ¿esto no lo ibais a hacer vosotros?
–No.
"ZaraJota –le dije telepáticamente–, hemos perdido una hora de nuestra vida para que nos enseñen fotocopias de pisos que ya hemos visto por internet"
"Míralo por el lado positivo –me contestó–. Al menos estas fotocopias no están hechas trocitos"

Continuará...

27 mayo 2019

Los sin techo, 5

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Hecha trocitos. 

Por fin la agencia tenía copias de toda la documentación, incluido el dni de ZaraJota que hubo que fotocopiar tres veces: una porque hacía falta, otra después de darnos cuenta de que estaba caducado y renovarlo in extremis y otra porque la fotocopia anterior se perdió y/o se quedó atascada en la fotocopiadora, yo es que ya prefería no preguntar.
Pero la tarde anterior de la firma, algo así como a las ocho de la tarde, la agencia se puso en contacto con nosotros para decirnos que les faltaba el recibo de haber pagado el IBI.
–Os lo hemos mandado por mail.
–Es que no nos vale el pdf, tiene que ser el documento original.
–¡Pero si luego lo que hacéis es una fotocopia!
–Ya, pero tiene que ser una fotocopia del original.
Ocho de la tarde, en casa de mis padres, con todas nuestras cosas en el trastero y nosotros buscando el recibo original del IBI como si nos fuera el alma en ello hasta que llegamos a una conclusión:
el recibo de pago original en papel del IBI simplemente no existe.
Porque lo tenemos domiciliado y online.
Así que optamos por, sin hacer el menor comentario, volver a enviar el mismo pdf a la agencia.
–Es una copia del original –le dijimos.
–Perfecto.
–¿Ya está todo?
–Sí.
–¿Tenemos que llevar algo mañana?
–No, no. Ya tenemos nosotros copia de todo.
ZaraJota y yo nos fuimos a dormir muy tranquilos. Bueno, bastante tranquilos. Bueno, razonablemente tranquilos. Vale, que no dormimos.
–Yo me voy a llevar los originales de todo por si acaso –dijo ZaraJota.
A la mañana siguiente nos plantamos en el notario a la hora prevista. Los de la agencia no estaban, así que entre la compradora y nosotros nos entretuvimos contándonos cosas, no sé, dándole los manuales de instrucciones de los electrodomésticos, explicándole truquis, contándole cosas de los vecinos, en fin, lo normal.
Al final el notario se hartó de esperar a los de la agencia.
–Bueno, si tenéis la documentación vosotros podemos empezar ya.
–Sí –dijo ZaraJota–, creo que lo tengo todo.
–Estupendo, necesito ver los originales de todo menos el recibo del IBI, que ya lo he consultado yo online.
Mira que me lo veía venir.

Continuará...

20 mayo 2019

Los sin techo, 4

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La señora nos está robando los juguetes.

Bueno, ahora empieza lo movidito, agarraos que vienen curvas.
Pues nada, la señora nos dijo que le gustaba nuestro piso y empezamos a preparar el papeleo para la venta. Francamente, tampoco era mucho papeleo. Además lo teníamos relativamente a mano porque, bueno, el piso lo compramos hace solo siete años y, bueno, puede que yo tenga un problema con el orden. Y con las carpetas. Y con ponerle etiquetas a las carpetas. Ordenadamente.
Vaya, que básicamente le dimos a la agencia toda la documentación en el acto, se la fotocopiaron y nos la devolvieron, que ahora que lo pienso no entiendo para qué tanta fotocopia, porque el notario nos acabó pidiendo toda la documentación original, pero esa es otra historia.
–Si falta algo nos avisáis –les dije, bastante segura de que no faltaba nada.
Pero a la semana o así nos llamaron para decir que habían fotocopiado las escrituras solo por una cara y que al parecer al notario le gusta ver las dos, que también los notarios es que tienen unos caprichitos...
Les volvimos a llevar las escrituras para que hicieran una copia y a la semana o así nos volvieron a llamar para decirnos que al fotocopiar se habían saltado una hoja, así, en mitad del taco, a traición.
Se las volvimos a llevar y volvieron a fotocopiar todo el taco, pero no en la oficina, porque al parecer se les había estropeado la fotocopiadora, a ver si pensáis que eso solo pasa en vuestro trabajo, que va, las fotocopiadoras son así en todas partes.
Pero al poco se pusieron de nuevo en contacto con nosotros.
–Lorz, te vas a reír.
Bueno, la verdad es que siempre me da por reírme cuando estoy atacada de la vida y todo el mundo me dice que tomarse las cosas así es muy sano cuando en realidad lo que me pasa es que estoy en la fase de negación, así que el de la agencia podía haber apostado a que sí, me iba a reír.
Pues resulta que el técnico había ido a arreglar la fotocopiadora y se había encontrado con que no estaba rota, solo atascada. En concreto, atascada con la página desaparecida de nuestras escrituras, que habían tenido que sacar a trocitos con unas pinzas y ahora era un puzzle de tres mil piezas, hasta el punto de que en la agencia habían tenido que pegarla con celo pedacito a pedacito para averiguar de qué piso era.
Ciertamente, me reí.
–El problema –me dijo el de la agencia– es que necesitamos las escrituras para la venta del piso.
Para entonces ya llevábamos una semana en la casa de mis padres porque la mía estaba totalmente vacía y alargar la situación no me apetecía nada. Así que simplemente le dije:
–Caca.
–Tenéis que ir al notario a pedirle una copia de las escrituras, es muy fácil, solo tardará una semana.
–Doble caca.
O lo que es lo mismo, cacacaca. O KK... mejor lo olvidamos.
Cuando se lo conté a ZaraJota se me caían unos lagrimones para abajo que ni yo sabía si eran de risa o de pena o de que había vuelto a confundir el colirio con el colutorio.
–Así que ahora –le dije– necesitamos una copia de las escrituras.
ZaraJota puso de pronto cara de pensar, que es más o menos la misma que pone cuando se golpea el dedo gordo del pie con la pata de la cama.
–Tenemos dos copias de las escrituras –dijo.
–Creo que ya tenemos tres, pero a todas les falta una hoja.
–No, no. Como hicimos separación de bienes nos dieron dos copias de las escrituras.
¡Para que luego digan que la separación de bienes no sirve para nada!
De inmediato llamé a la agencia.
–¡Tenemos otra copia de las escrituras!
–Pero tiene que ser original.
–¡Como todo lo nuestro!
–...
–Hicimos separación de bienes, así que nos dieron dos copias de las escrituras.
–Estupendo. Espera, ¿tenéis separación de bienes?
–¡Sí!
–Pues entonces necesito esas capitulaciones también. ¿Te importa que les haga una fotocopia?
–Hazles lo que quieras menos trocitos.

Continuará...

12 mayo 2019

Los sin techo, 3

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Que me quedo sin casa.

Teníamos quince días para vaciar toda la casa e irnos a la de mis padres con lo imprescindible.
Parece fácil, así que lo voy a reformular.
Teníamos quince días, de los cuales diez no llegábamos a casa antes de las ocho de la tarde, para vaciar toda la casa, en la que había más de quinientos libros y aproximadamente la misma cantidad de dvds, e irnos a la casa de mis padres, sin comentarios ahí, con lo imprescindible, que cuando uno tiene niños pequeños es prácticamente todo lo que tienen. Sin dejar de trabajar, sin faltar a una sola extraescolar, dedicando a los niños todo el tiempo de parque, museos, cine y zoo habitual y con el añadido extra de los varios berenjenales en los que me voy metiendo yo sola.
(Aprovecho la ocasión para recordar que el próximo 24 de mayo hay nueva sesión del club de lectura. #venirse.)
Así que optamos por una mudanza kamikaze: pusimos todos los muebles a la venta en esa aplicación de la que usted me habla y a la que para mantener su anonimato llamaremos Gualapop.
Además, la simpática nueva propietaria dijo que a lo mejor le interesaban algunos muebles, así que una tarde se vino a nuestrasu casa con un metro y una madre suya, que siempre vienen muy bien para estas cosas.
Les di a los niños el mando de la tele y un cubo de palomitas y la chica y yo recorrimos la casa en plan oye, ¿y este armario? Pues está un poco baqueteado, pero mira, te da un apaño hasta que te compres otro. ¿Y esta cómoda? Está nuevecita. Toda tuya. ¿Y la nevera? Le quedan dos telediarios, pero mira, después de comprar el piso vas a estar pelada, lo que aguante aguantó, y todo así.
Al final volvimos al salón, donde los niños parecían estar hipnotizados por La Patrulla Canina (a la que Nene-kun empezó llamando "La Polla Camina", pero recientemente ha rebautizado como "La Capulla Camina"), y la nueva propietaria me dijo: Muy bien, me quedo esto, esto y esto.
Francamente, pensé que los niños no estaban escuchando.
A partir de ahí, ZaraJota y yo nos dividimos la tarea: él se llevaba a los niños a las extraescolares y yo me quedaba en casa haciendo cajas y vendiendo nuestras pertenencias, de manera que un día volvieron de la casa de los abuelos y no había estanterías, al siguiente volvieron de música y no había butacas, al otro volvieron de piscina y no había ni un solo libro, al otro... bueno, os hacéis una idea.
–Mamá, ¿dónde están las cosas? –me decían.
Y yo les iba diciendo: nos las hemos llevado al trastero, o se las ha llevado una persona a la que le hacía falta, o las hemos tirado, o lo que tocara.
Hasta que una noche los pillé cuchicheando.
–Ha sido la señora –decía Nena-chan–. ¿Te acuerdas de la señora que vino el otro día?
–Sí.
–Dijo que se iba a quedar con cosas. Se está quedando con nuestras cosas.
Intervine y les expliqué por enésima vez que habíamos vendido la casa para comprar una más grande, más bonita y más cerca del colegio, que nos estábamos llevando todo al trastero, que la señora y los amables usuarios de Gualapop solo se iban a quedar algunos "muebles rollo" y que por favor, POR FAVOR, no les contaran a sus amigos del colegio que una señora se iba a quedar nuestra casa y que estábamos vendiendo todas nuestras cosas, que así dicho suena fatal.
Pero claro, las cosas siguieron desapareciendo y todos sabemos que los niños de tres y cinco años tienen memoria de pez (para todo lo que no sea la melodía de La Capulla Canina, por supuesto).
Pasados unos días, la nueva propietaria vino a medir el baño porque estaba pidiendo presupuestos o no sé qué. En esta ocasión los niños pasaron de la tele y las palomitas y se dedicaron a mirarla con odio.
–¿Qué les pasa?
–Creen que te vas a quedar con sus juguetes.
–Ay, pero bonitos, yo no quiero vuestros juguetes para nada.
–Eso es exactamente lo que diría un ladrón de juguetes.
 Cuando la nueva propietaria se fue, volví a tener una conversación con los niños.
–Vuestros juguetes están a salvo, nos los estamos llevando al trastero. Nadie os va a quitar vuestras cosas, ¿vale?
–Vale.
Quizá hubiera sido preferible definir "vuestras cosas", porque lo siguiente que vendimos en Gualapop fue la trona.
O sea, LA TRONA. Que Nena-chan no llegó a usar porque tenía otra, Nene-kun llevaba un año sin usar porque ya se sienta en silla, y que anteriormente usó poquísimo porque prefería cenar en mis rodillas. Esa trona.
Nena-chan estaba en música, inglés, piscina, malabares o yo qué sé, que tiene la agenda como una folclórica en los años cincuenta, y Nene-kun me observó en silencio durante toda la operación, pero cuando volví a casa después de ayudar a meter la trona en el ascensor me encontré al niño abrazado a su teléfono de juguete.
–Mamá, dile a la señora que esto no, ¡ESTO NO!
Esto va a ser más difícil de lo que yo pensaba.

Continuará...

06 mayo 2019

Los sin techo, 2

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Mi compañía de electricidad ha fallado.

Pues nada, que puse a la venta el piso.
Fue fácil y divertido y no ardió nada, que siempre es un plus.
Si he de ser sincera, era el peor momento posible, porque tenía un montón de movidas propias y personales y no podía ni pensar en hacer una mudanza. Pero el de la agencia me tranquilizó.
–No te preocupes, en esta zona los pisos tardan en venderse una media de 72 días.
Aquello me pareció muy bien, porque a mí las medias nunca me duran más de un día y solo de pensar en unas que me duraran más de dos meses me pongo contenta. Además, tendríamos muchísimo tiempo para hacer cajas, encontrar un alojamiento temporal y buscar otro piso.
–Menos mal –le dije al de la agencia–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Todo bien.
El piso se puso a la venta oficialmente un miércoles y el viernes ya recibimos las primeras visitas. El piso estaba razonablemente limpio, los niños estaban razonablemente sobornados con un cubo de palomitas y yo estaba razonablemente nerviosa, porque al final enseñar tu casa es como enseñar las bragas: que si no están decentes luego la gente te juzga.
Los primeros en ver el piso fueron un chaval joven y su padre. El chaval no abrió la boca pero el padre se dedicó a criticar absolutamente todo y a hablarnos de malos modos. Supongo que pensaba que así bajaríamos el precio del piso. Eso, o que era un maleducado de m**rd*, que también puede ser. Al parecer lo que más le ofendía era que lo tuviéramos "todo" eléctrico.
–Es que la luz está muy cara.
–Bueno –le dije–, sí, pero cuando contratas un servicio siempre pagas un mínimo que es fijo: un fijo para el gas, un fijo para la luz, un fijo para el agua caliente... Con todo eléctrico, te ahorras el fijo y solo pagas lo que consumes.
–...
–Además se prevé que las reservas de gas natural se agoten en los próximos veinte años, junto con las de petróleo, los principales metales, los recursos marinos y las principales fuentes de alimento... bien pensado es posible que la raza humana se enfrente a la aniquilación completa, así que...
Por razones que no acabo de entender no volvimos a saber nada del padre y del hijo.
–Menos mal –le dije a ZaraJota–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
A continuación vino una chica muy maja y simpática, pero que no paraba de hacer preguntas. A ver, que yo lo entiendo, que si te vas a hipotecar de por vida más te vale estar seguro y eso. Una de las principales absurdeces del siglo XXI es que para comprarte unos zapatos puedes ir a la tienda y probártelos todas las veces que quieras, mientras que para comprarte una casa la ves una vez diez minutos y arreando.
Pero esta chica preguntaba MUCHO, y con un nivel de detalle tremendo.
ZaraJota y yo llegamos a la misma conclusión: no le gusta y está buscando una forma educada de decírselo al de la agencia.
–Menos mal –le dije a ZaraJota–, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Pero el lunes siguiente nos llamaron de la agencia: la chica quería volver a ver el piso.
–Que lo vea todas las veces que quiera –le dije al de la agencia–. Cuantas más mejor, porque ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo y no puedo ponerme a hacer cajas.
Esa misma tarde el de la agencia y la chica volvieron a visitarnos.
Pero poco.
Porque nada más abrir la puerta, la chica me soltó, con una alegría inusitada:
–¡QUE ME HE COMPRADO TU PISO!
Me parece que voy a tener que ponerme a hacer cajas.

Continuará...

29 abril 2019

Los sin techo, 1

Ya llevamos casi dos meses viviendo en casa de mis padres por un asunto que NO tiene nada que ver con que "alguien" haya quemado la cocina.
En serio.
Entre otras cosas, porque hace casi dos meses que no tenemos cocina. Ni ninguna otra habitación. Resumiendo mucho, hace dos meses que no tenemos casa.
La cosa fue más o menos así.
Estaba una tarde en casa así yo tan tranquila sin meterme con nadie cuando de pronto llamaron al timbre.
A mi casa solo llaman al timbre tres tipos de individuos:
1. Vecinos para avisar de que nos están echando agua / les estamos echando agua.
2. Comerciales de "su compañía de electricidad".
3. El padre de la vecina de al lado, que cuando viene borracho siempre llama a mi timbre y encima se enfada conmigo porque no soy su hija.
Ni que fuera Julio Iglesias, el hombre.
Abrí la puerta con la esperanza de que fueran comerciales de "su compañía de electricidad", que son mis favoritos porque para su desgracia tengo muy poco tolerancia hacia la gente que se dedica a timar viej... ancianas tarde sí tarde también, jo, que ya te he dicho que no vengas más, un poco de retentiva, por favor.
Pero lo que había en la puerta no eran comerciales de "su compañía de electricidad", eran comerciales de una inmobiliaria.
Estos tampoco es que me caigan especialmente bien, entre otras cosas porque una me rompieron el burlete de la puerta intentando incrustar un catálogo, pero yo qué sé. Se ve que me pillaron en un día bueno o me estoy ablandando con la edad, yo qué sé.
–Hola, venimos a saludarte y a traerte un catálogo.
–Pero este catálogo no es de Ikea.
–Eh... no, es de la inmobiliaria.
–Pues vaya.
En verdad os digo los únicos catálogos que merecen existir son los de Ikea y los de juguetes de reyes.
–¿Has pensado en vender tu piso?
–Sí, lo que pasa es que no nos salen las cuentas.
–¿Te queda mucha hipoteca?
–No, solo una.
–...
–Lo que pasa es que los gastos de amortización son de un 0'25% y claro, es muchísimo, ¡la hipoteca entera más una cuarta parte!
–¿Perdón?
–El 0'25% es la cuarta parte –repetí, poniendo los ojos en blanco y todo. Los jóvenes de hoy en día, que ya no saben ni matemáticas.
–No. El 25% ES la cuarta parte. El 0'25% es... bueno, muchísimo menos.
–No puede ser.
Los comerciales me hicieron la cuenta a mano, luego en la calculadora de un móvil y finalmente en la del otro. Siempre daba el mismo resultado.
–¿Ves?
–Pero entonces, ¿cuánto tendría que pagar si cancelara mi hipoteca?
Los comerciales hicieron la cuenta a mano, luego en la calculadora de un móvil y finalmente en la del otro.
–Mira.
Cuando ZaraJota llegó a casa yo seguía ojiplática perdida.
–¿Qué has hecho hoy? –me preguntó, que para mí que sospechaba algo. Ahora que lo pienso, es posible que siempre sospeche algo, porque suele entrar a casa con el móvil en la mano y el 112 marcado.
–Bueno, nada especial –le contesté–. Ah, sí, he puesto a la venta el piso.
–¿QUÉ HAS HECHO QUÉ?
–He puesto a la venta el piso.
–¿Cómo es posible?
–Pues verás, ¿sabes los comerciales de "su compañía de electricidad" que vienen todas las tardes?
–Sí.
–Pues hoy no han venido.


Continuará.


10 septiembre 2018

Lo del wifi, 2

Previously in Lorz...
50%

Bueno, me están preguntando que por qué si soy de Córdoba la casa de mis abuelos está en Villanueva de la Vera, que no está ni en la misma provincia y yo casi diría que ni en la misma comunidad autónoma, y del país no digo nada porque seguro que ofendo a alguien tanto si digo que sí como si digo que no. 

Esta es la historia muy resumida: 

cuando mi abuelo (natural de Rute pero nacido en Iznájar, guardia civil en Blanes y otros puntos de Cataluña, después vivió muchos años en Madrid, donde falleció) tenía cerca de setenta años, se fue a pasar un fin de semana a la comarca de la Vera (Cáceres), donde no había estado en toda su vida, y aquello le gustó tanto que vendió la casita de la playa y se compró una casa semirruinosa en Villanueva con la idea de irla reformando poco a poco, lo que pasa es que en el entretanto le detectaron un cáncer y se murió y la casa se quedó así un poco de aquella manera. 

Para ser justos, el abuelo nos preguntó en su momento qué nos parecía todo el proyecto y le dijimos que era su casa y su dinero y que hiciera lo que le pareciera bien, pero a la hora de la verdad fue como si vendieran el único trozo de mi infancia que quedaba entero (la casa donde crecí se cae a cachos, la casa de mi bisabuela se echó abajo para hacer pisos, la casa de mis otros abuelos... bueno, esa es otra historia), cosa que me dejó muy j*d*d* y que hizo que le cogiera tanta manía al pueblo que empecé a llamarlo, nunca lo adivinaréis Villamatojo (del Arbustillo). 
Ahora que tengo hijos y veo cómo el pueblo se va convirtiendo en un trozo sin playa de su infancia empiezo a reconciliarme con la dichosa casa, y creo que ha llegado el momento de pedir disculpas al pueblo, que es muy bonito y os recomiendo visitar, a ser posible hablando en voz baja, que en esas calles retumba todo, j*d*r, un respeto.

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Que ZaraJota encontrara la llave de paso del agua nos vino muy bien porque así nos pudimos duchar, que es una cosa que no hacemos a menudo pero las vacaciones están para eso, para salirse de la rutina y tal.
ZaraJota se duchó el primero porque yo albergaba la esperanza de que se acabara todo el agua y no tuviera que ducharme, pero resulta que los veranos en esa zona no tienen NADA que ver con los veranos en Córdoba y hay agua para aburrir a un tonto, incluso si ese tonto soy yo, que no tengo hartura.
Por eso me extrañó mucho cuando ZaraJota salió de la ducha y me dijo:
-El agua tiene poquísima presión.
-Bueno, es que si está estresada en plenas vacaciones es para preocuparse.
-No, no: que sale muy floja.
-Bueno, tú también me has salido muy flojo y no te lo voy echando en cara todo el día.
-Que apenas sale agua, Lorz.
-Ah. Pues antes he llenado la regadera y ha salido perfectamente.
-Ya, pero en cuanto levantas un poco la alcachofa el agua deja de salir.
-Pues no levantes la alcachofa, que de verdad que no hace falta que limpies las verduras mientras te duchas, que hay agua de sobra.
-Es que si no levanto la alcachofa no me puedo mojar la cabeza.
Ahí me quedé un poco pillada, que lo mismo es que usa la alcachofa como tratamiento capilar y yo todo este tiempo comprándole champús anticaspa como una g*l*p*ll*s.
-Pues agáchate, yo qué sé, y de verdad deja de mojar las alcachofas que luego se ponen marrones y me dices que no te gustan.
Que tengo que estar yo a todo.
-Bueno, dúchate tú y verás.
Y eso hice: me metí en la bañera, cogí el duchatrón, abrí el grifo, y no salió ni una gota por arriba, porque toda salía por abajo.
-Creo que el tubo se ha pasado -le dije a ZaraJota-, vamos a tener que cambiarlo.
Obsérvese el plural mayestático, que se debe a que yo no tenía la menor intención de cambiar nada porque en casa tenemos las tareas perfectamente divididas: yo rompo las cosas y ZaraJota las repara.
ZaraJota no se alteró lo más mínimo porque está más que acostumbrado a las averías acuáticas y además no me estaba escuchando, pero al día siguiente, cuando volvió a ducharse (ahora que lo pienso, ZaraJota se ducha mucho cuando tiene que estar en casa conmigo) decidió por su cuenta que, efectivamente, había que cambiar el tubo, y lo cambió y con eso todos felices.
Casi.
El día siguiente me fui a duchar, que ahora que lo pienso yo también me estuve duchando mucho en el pueblo, que lo mismo va a ser un virus o algo, y cuando abrí el grifo no salió nada por arriba.
Me agaché para mirar la unión del tubo con el grifo y le hice toc-toc con el dedito Y DE PRONTO EMPEZÓ A SALIR AGUA POR TODAS PARTES, EN SERIO, AQUELLO ERA COMO EL TITANIC SOLO QUE EN VEZ DE LLEVAR UN VESTIDO CHULO ESTABA EN PELOTAS, Y ME CAÍ PARA ATRÁS, Y ME RESBALÉ PORQUE LA ALFOMBRILLA ANTIRESBALONES DE LA BAÑERA TIENE MÁS AÑOS QUE LLAMARSE ANGUSTIAS Y YA NO SE QUEDA PEGADA A LA BAÑERA, Y ME FUI A AGARRAR DE LA CORTINA Y NO SÉ CÓMO AGUANTÓ AQUELLO, Y ADEMÁS DIO IGUAL PORQUE ME PEGUÉ UNA TORTA QUE HE ESTADO TRES SEMANAS CON UN MORATÓN EN EL MUSLO TAN GRANDE COMO MI MANO.
Cerré el grifo como pude y lo estudié de cerca: corrosión generalizada. La unión grifo-tubo estaba totalmente podrida.
-¿Y ahora cómo solucionamos esto? -le pregunté a ZaraJota cuando conseguí cerrar el grifo y salir de allí.
-Pues habrá que esperar al lunes, porque un sábado por la tarde y en mitad del puente de agosto ya me dirás dónde encontramos un fontanero.
-¡Pero es que mañana viene mi familia al completo, acuérdate!
-Anda, Lorz, es verdad. Pues entonces ya sé lo que voy a hacer.
-¿Sí?
-Sí: volverme a Madrid.
Así entre nosotros, no estoy segura de que eso sea exactamente una solución.

Continuará...



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31 diciembre 2017

La cocina del infierno. Epílogo: el horno al fin

Me voy a adelantar a la programación habitual porque no quiero que se acabe 2017 dejando una trama argumental abierta, a saber,

¿qué pasó con el p*t* horno?

Previously in Lorz: 
a ZaraJota y a mí nos dio un pronto y reformamos la cocina. 
Enterita.
Nuevecita. 
Pero cuando encendimos el horno para estrenarlo con una pizza inaugural, empezó a oler a quemado que no veas, ¡y eso que la pizza ni siquiera estaba dentro! 
Resultó que el instalador se había dejado puesta una pegatina, y para quitarla tuvimos que sacar el horno del mueble. Entonces descubrimos que estaba totalmente machacado por detrás. 
Estuvimos un mes llamando al instalador para reclamar que nos lo cambiara (siempre decía que la semana siguiente, y la semana pasaba, y volvíamos a reclamar...) y finalmente fuimos directamente a la tienda, pero resultó que habían cerrado todo el mes de agosto por vacaciones. 
La historia completa aquí.

La primera semana de septiembre me puse en contacto con la tienda. 
-Hola, les llamo por lo del horno. 
-¿Qué horno?
-El horno que instalaron defectuoso. 
-Aquí no sabemos nada de ningún horno. 
-Se lo hemos reclamando al instalador varias veces. 
-Pues no nos ha dicho nada. 
-Bueno, el caso es que hace dos meses nos instalaron un horno defectuoso. 
-¿Dos meses? ¡No pretenderán que se lo cambiemos a estas alturas!
-Pues sí, porque se lo hemos reclamando al instalador media docena de veces.
-Bueno, se lo podríamos cambiar si no lo hubieran usado. 
-Si no lo hubiéramos usado nunca nos habríamos dado cuenta de que está defectuoso, ¿entiende? 
-Claro, pero esto nos lo tenían que haber dicho en el momento. 
-Es que se lo dijimos EN EL MOMENTO al instalador. 
-Bueno, voy a comprobarlo y les vuelvo a llamar. 

Una semana más tarde no nos habían llamado, así que llamamos nosotros. 
-Hola, les llamo por lo del horno.
-¿Qué horno? 
-El defectuoso.
-Ah, sí. ¿No lo habrán usado?
-Claro que lo hemos usado, si no lo hubiéramos usado nunca nos habríamos dado cuenta de que estaba defectuoso. 
De hecho en los cinco meses que estuvimos esperando lo usamos varias veces pensando que bueno, si funcionaba correctamente nos lo quedábamos y ya está, pero incluso después de quitar las pegatinas seguía oliendo mucho a quemado cada vez que lo encendíamos, probablemente porque con el golpe se había dañado alguna de las resistencias. 
-Ah. Bueno, lo que pasa es que ya no me quedan más. 
-Entiendo: se han agotado todos los hornos del mundo mundial. Pero el caso es que ustedes me han instalado un horno defectuoso, y quiero un horno nuevo. 
-Hombre, si se pone así le pediré uno, pero que sepa que va a tardar. 

Dos meses más tarde, a las once de la mañana, el responsable de la tienda se decidió por fin a llamarnos.
-Hola, les llamo para decir que el técnico va camino de su casa con el horno. 
-Pues no estamos en casa. 
-¿Como que no están en casa? 
-Que hemos salido.
-¿Y no pueden volver? 
-¿Y no podían ustedes haber llamado antes? Les hemos advertido una y otra vez que nos tienen que avisar como mínimo el día de antes. Pero cada vez que han venido ha sido avisando en el último minuto y sin avisar. Y como comprenderán DESPUÉS DE CUATRO P*T*S MESES no estamos sentados en casa esperando a que ustedes les dé la P*T* GANA de venir a traernos el horno. 
-Señora, no se ponga así. 
-ME PONGO COMO ME DA LA P*T* GANA, PORQUE TENGO DOS NIÑOS PEQUEÑOS, MUCHA NECESIDAD DE PIZZA Y NINGÚN HORNO. 
-Bueno, ya le he dicho que va el técnico de camino. 
-PUES ESPERO QUE ESTÉ LLEVANDO EL P*T* HORNO A CUESTAS Y SE ENCUENTRE LA P*T* PUERTA CERRADA Y TENGA QUE VOLVERSE A SU P*T* CASA CARGANDO CON ÉL.
Bueno, no sé si os habéis dado cuenta porque tengo una capacidad de autocontrol muy grande, pero es posible que perdiera la calma durante unos breves instantes. Por suerte el responsable de la tienda era bastante perceptivo, y rápidamente entendió lo que estaba pasando. 
-Entonces, ¿no podemos llevarles hoy el horno? 
-No. 
-Bueno, si no les importa esperar... ¿No estarán usando el otro?
-¡¡¡QUE NO!!! 
-Vale, vale, no se ponga así... Voy a mirar la agenda del instalador y mañana les vuelvo a llamar para darle otra fecha. 

Un mes más tarde todavía no nos había llamado, así que volví a llamar yo. 
-Hola, les llamo por lo del horno. 
-¿Qué horno?
Respira, Lorz, tú puedes. 
-El defectuoso. 
-Ah. 
-Me dijeron que me iban a llamar hace un mes. 
-Bueno, señora, es que la última vez que la llamé fue usted muy desagradable conmigo. 
Respira, Lorz, RESPIRA. 
-Lamento mucho si fui desagradable con usted -me disculpé-. Me pilló en un mal momento y perdí la paciencia. 
-Pues debe usted tener bien poca si la pierde tan pronto. 
Ay, me dije. El horno no lo conseguiré, pero el cielo me lo estoy ganando. 

Una semana más tarde nos llamó el responsable para decirnos que el técnico pasaría a las cinco en punto a dejar el horno. 
-¿No puede ser un poco más tarde?
-No, tiene que ser a las cinco porque luego se va a un trabajo. 
-Vale, vale, pues no se preocupe que a las cinco en punto estaremos allí, pero por favor QUE VAYA. 
Nos venía muy mal, pero nos apañamos: ZaraJota salió antes del trabajo, buscó un sustituto para su turno del AMPA, sacó a los niños antes de sus respectivas extraescolares y a las cinco en punto estaba en casa. 
Pero a las siete de la tarde el técnico todavía no había aparecido, y volvimos a llamar a la tienda.  
-Hola, es que nos dijeron que el técnico pasaría a las cinco en punto y no ha aparecido. 
-Bueno, pues ya pasará, ¿tanta prisa tienen? 
Pues francamente: después de cinco meses, como que no. 



El horno llegó a última hora del día siguiente. : ) 



No os voy a desear un feliz 2018 porque un año que rima con ch... vulva tiene que ser bueno por fuerza. 

14 agosto 2017

La cocina del infierno, parte 9

Previously in Lorz...
Al que madruga dios lo deja tirado en Puerta de Toledo con una niña inconsciente y sin haber desayunado. 


Entretanto, en el maravilloso mundo de la cocina, nos habían dicho que los muebles tardarían veinte días, así que en cuanto el electricista terminó pensamos, oye, pues este finde pintamos la cocina.
Mandé a ZaraJota a comprar la pintura con Nena-chan porque lo que es yo por las tardes bastante tengo con dar teta.
-¿Cuánta pintura compro? -me preguntó.
-No sé, dile al señor de la tienda, que seguro que sabe.
Y tanto que sabe, el de la tienda, porque ZaraJota volvió con un bote de cincuenta litros de pintura.
-¿Pero dónde vas con eso?
-A pintar la cocina.
-¿La nuestra y la de cuántos más?
-No sé, es que no quería quedarme corto.
-Ay, ay... bueno, pues ya que estamos pintamos el piso, que hace por lo menos un año que no lo pintamos entero y me están entrando como picores...
Y entonces se me ocurrió que ya que teníamos que vaciar las habitaciones al completo, podíamos aprovechar y hacer un cambio: que los nenes se quedaran con la habitación grande, y nosotros con la pequeña.
-Total, nosotros solo usamos el dormitorio para dormir, y la mitad de noches ni siquiera eso.
Así que vaciamos los dos dormitorios al completo (algunos muebles hubo que desmontarlos) y los amontonamos en el salón durante un par de días, aunque ahora mismo no me acuerdo de por qué, no tiene ningún sentido que no los colocáramos de inmediato, aunque por otra parte nos pega mogollón.
Pues debía ser algo así como un lunes a las seis de la tarde y teníamos el salón como el nido de un hámster cuando nos llamaron los de los muebles de cocina.
-Que mañana a las nueve de la mañana vamos a hacer la instalación.
-¿QUE QUÉ?
-Mañana, a las nueve de la mañana...
-¡Nos dijeron veinte días!
-¡Sí! Qué suerte, ¿eh?
-¡Y son las seis de la tarde! ¡No podemos pedirnos el día libre así, a estas horas y de un día para el otro! ¿No puede ser pasado?
-Uf, imposible... si no es hoy no puede ser ya hasta agosto.
-¡Pero si es cuatro de julio!
-Ya le digo, el próximo hueco en la agenda del instalador es en agosto.
-Bueno, adelante, ya nos apañaremos.
Empezamos a vaciar los muebles de la (ex) cocina a toda prisa, metiendo las cosas en bolsas de cualquier manera y amontonándolas sobre los muebles acumulados en el salón como buenamente podíamos porque total, el Apocalipsis había llegado y qué más daba ya todo.
-Bueno, Lorz -me decía ZaraJota, que a veces parece hasta sensato-, es una paliza, pero ya mañana terminamos con todo, y se acabó.
Y yo le decía sí, sí, muy bien todo, Apocalipsis.
Pero ZaraJota tenía razón: al día siguiente nos trajeron la cocina, y esa misma noche el ayuntamiento recogió los muebles viejos, y el fin de semana colocamos el resto, y cuando por fin estuvo todo en su sitio estrenamos la cocina a lo grande, haciendo pizza.
Vale, no tan a lo grande. Después la obra teníamos el presupuesto un poco perjudicado.
Encendí el horno y esperé pacientemente a que precalentara.
Vale, no, no esperé.
Porque no tengo paciencia y porque nada más encenderlo empezó a oler a quemado.
-¡Lorz! -gritó ZaraJota. Por costumbre, más que nada.
-¡Que esta vez no he sido yo! ¡Que no he hecho nada!
-¿Y por qué huele a quemado?
-¡Yocosé de la vida!
Apagamos el horno y lo inspeccionamos cuidadosamente.
Bueno, en realidad ZaraJota lo inspeccionó cuidadosamente mientras yo gritaba y corría en círculos a su alrededor agitando los bracitos.
Que hay que explicarlo todo.
-Vale -dijo al final- hay una pegatina de plástico que tenemos que quitar antes de encenderlo, pero no puedo quitarla, voy a tener que desmontarlo.
-¡Mi horno! ¡Mi precioso horno!
-Es solo sacarlo de ahí, Lorz...
ZaraJota es que se cree muy listo solo porque hizo la instalación de toda la cocina anterior. Y del baño. Y sabe programar el vídeo.
En el caso de que alguien tenga todavía uno.
Sacó el horno con mucho cuidado y se quedó pasmado mirándolo.
-¿Qué pasa? -le pregunté, porque tenemos las tareas de casa divididas y normalmente la que se pasma soy yo.
-Mira.


-¡H*s*t** p*t*! ¿Lo has roto?
-¡No! Estaba así cuando lo he sacado.
-¿Así?


-Así.
-Ay, ay, mi horno presuntamente nuevo.
-No te preocupes, voy a llamar a ver qué me dicen.
ZaraJota llamó al instalador y le dijo que el horno estaba roto.
-Pues yo no he notado nada raro, pero bueno, si quiere se lo cambio.
-Hombre, pues sí.
-Vale, pues la semana que viene lo tiene.
Pero la semana siguiente no lo tuvimos, así que volvimos a reclamar, y nos dijeron que sí, que sí, que la semana siguiente lo tendríamos, pero no lo tuvimos, así que la semana siguiente lo volvimos a reclamar, y así hasta que de pronto había pasado un mes y seguíamos con el horno así.



(Bueno, así no, lo volvimos a colocar en su sitio, pero la chapa seguía igual).
Así que al final ZaraJota dijo que a la m**rd* todo, que nos íbamos a la tienda a montar un pollo, y yo me puse muy contenta hasta que me explicó que era una forma de hablar y que no había ningún pollo implicado, y yo le dije que vale, que me daba igual que fuera otro animal, que yo no soy especista de esos, y entonces ZaraJota me dijo que mejor iba yo sola a la tienda, porque la mejor defensa es un buen ataque y yo soy un arma de destrucción mental masiva.
Total que me planté en la tienda y me la encontré cerrada y con un cartel en la puerta.

CERRADO POR VACACIONES
DURANTE EL MES DE AGOSTO

Ahora entiendo por qué el instalador tenía un hueco en su agenda.


Continuará...


07 agosto 2017

La cocina del infierno, parte 8

Previously in Lorz...
P*t* conciliación. 

Pues más o menos por esas fechas metro de Madrid decidió cerrar la línea 5 (lo del culo) enterita porque total, el verano solo trabajan los pobres.
Anunciaron un servicio alternativo de autobuses, pero sorprendentemente un autobús avanzando por la vía pública (semáforos, paradas, atascos) no va a la misma velocidad que el metro que va por la vía bajo tierra y a su rollo, y calculé que tardaría aproximadamente una hora más en cada trayecto.
Entonces tenía dos alternativas:
levantar a los niños a las 6 y desayunar en casa
o
levantar a los niños a las 7 y que desayunaran en sus respectivos coles, que, por si metro me está leyendo, es un servicio que tiene coste, y además luego descubrimos que la leche del cole ponía enfermo a Bebé-kun, pero bueno esa ya es otra historia.
Optamos por dormir.
Así que el primer día del metrocalipsis vestí a los niños dormidos, y solo los desperté en el último minuto, cuando ya era hora de salir de casa.
Como iban medio amodorrados, no notaron nada raro, pero a medio camino Nena-chan empezó a llorar porque tenía hambre, y cuando estaba explicándole que llegaríamos enseguida se desplomó en la calle, sin que el comité de expertos reunido a tal efecto haya determinado todavía si de sueño o de hambre.
Por suerte ese tramo de la acera estaba en obras y cayó en blandito, sobre un montón de arena.
Por desgracia, los carritos de bebé no ruedan del todo bien sobre la arena, y en ese momento yo estaba llevando el carrito de Bebé-kun a pulso.
Llegamos a la parada del servicio especial con ligeras dificultades. El autobús pasa puntualmente cada tres minutos namekianos, así que solo tenemos que esperar unos diez a que pase. Bien ahí.
Cuando por fin llega y nos subimos, se sube también una señora.
-¿Cómo es eso de que el metro está cerrado?
-Está cerrado por obras -le contesta el busero.
-¿Y por qué no me han informado?
-Bueno, ha habido carteles, se ha informado por megafonía...
-¡Pero A MÍ no me ha informado nadie!
Esperamos pacientemente a que el busero aplaque a la señora. Y digo pacientemente porque en todo el rato no le tiré nada a la señora, entre otras cosas porque no tenía nada a mano, y además eran las siete de la mañana y no es esa una hora decente para agredir a nadie.
Cuando por fin arrancamos, nos metimos directos en un atasco, que no es que me importe mucho, pero con tanta acelerada y frenazo Bebé-kun se espabiló del todo y se dio cuenta de que le habían tangao.
-¡ERO MOMER! ¡MAMÁ! ¡ERO MOMER!
-Ya llegamos a la guarde, lechoncillo.
-¡ERO NITA! ¡ERO MOMER! ¡MAMÁ! ¡BUAAAAAA! ¡ERO MOMER!
En ese momento decidí fingir que se me habían desabrochado las cordones de los zapatos y me agaché y metí la cabeza en el cesto del carrito para que nadie me viera la cara y pudiera decir mira, mira esa, es una mala madre que mata a su pobre niño de hambre, pobrecito, mira qué delgadito está, se nota que no le dan de comer, pero ella bien que está de buen año, desde luego, vamos a tirarle piedras, yo no tengo ninguna piedra, pues tírale un zapato, es que entonces me quedo solo con uno, pues tírale un moco, yo qué sé, que tienes que ponerle pegas a todo.
Cuando llegué a la guardería de Bebé-kun descubrí con gran alivio que tenían una ventana abierta, así que lancé el niño y salí corriendo, lo que pasa es que tenían echada la mosquitera, rebotó, me dio en la cabeza y tuve que volver, porque cuando uno tiene el día malo es que lo tiene para todo.
Entonces agarré a Nena-chan de un pie y la arrastré hasta la parada del servicio especial.
Otra vez.
Esteramos los 3 minutos namekianos de rigor y nos subimos al autobús.
Expertos de todo el mundo han debatido sobre lo que pasó a continuación, llegando a tres conclusiones:
1 Al subirme al autobús y sentarme me bajó la adrenalina y me quedé ligeramente traspuesta o, como prefiere decir mi madre, meditando.
2 El servicio especial no hace exactamente el mismo recorrido que la línea 5.
3 Cuando me quise dar cuenta estaba en Puerta de Toledo, que, a pesar de su nombre, no está en Toledo, sino en Madrid, así que me pregunto si en Toledo habrá una Puerta de Madrid, así en plan intercambio de rehenes.
Resumiendo: mierda, mierda, mierda. Mierda.
Nos bajamos. Nena-chan va totalmente Walkind Dead pero en monísima. La arrastro hasta la ludoteca no sé ni cómo. Va tropezándose con sus propios pies y llegamos a las mil y monas: el horario de desayuno ha terminado hace siglos.
-Por favor... la niña... desayuno... por favor...
-Bueno, hoy le vamos a dar de desayunar... ¡pero mañana hay que levantarse antes!
Creo que me voy a levantar ya, para estar segura.



Continuará