22 febrero 2021

El condicionamiento

Mi gato no es gordo, es fuertecito.  
Sí, esa es una butaca de tamaño normal de Ikea.
No la infantil, no. La grande.

La prueba es que a veces Nene-kun se agarra a su cola (la del gato) y el gato lo arrastra por el salón sin el menor esfuerzo.
A estas alturas todavía no estoy segura de quién es más bruto, si el niño por agarrarse a la cola o el gato por tirar, en lugar de quedarse parado hasta que el niño se aburra, que sería lo normal.
De hecho, el gato es tan grande, y tan bruto, que más de una vez me ha tirado al suelo cuando he ido a ponerle de comer, así que empecé a sacarlo a la terraza cada vez que iba a rellenarle el comedero.
Que es muy a menudo.
Porque ese cuerpo hay que mantenerlo, claro. 
Así que llamaba al gato, lo empujaba a la terraza, cerraba la puerta y le llenaba el comedero. 
Puede que mi gato sea gordo, pero no tiene ni un gramo de tonto.
Pasados varios días, dejó de maullar para que le rellenara el comedero. 
En su lugar, maullaba para que abriera la puerta de la terraza.
No solo esto, maullaba para que le abriera la puerta de la terraza, y luego seguía maullando para que me quedara en la cocina mientras él estaba fuera.
-Le dan miedo los coches -le dije a ZaraJota-. No quiere estar solo en la terraza.
-A lo mejor es porque cuando estábamos a bajo cero te lo olvidaste ahí toda una mañana.
ZaraJota es que es muy de echarte en cara toda la vida la hipotermia casi mortal de sus mascotas.
Así que, aprovechando que hacía mejor tiempo, empecé a dejar la puerta de la terraza abierta, pero el gato salía a la terraza y maullaba para llamarme de todas maneras. 
-Creo que piensa que hay una correlación entre salir a la terraza y llenar el comedero -le dije a ZaraJota.
-Me pregunto por qué será.
-Posiblemente porque siempre lo saco a la terraza antes de llenarle el comedero.
ZaraJota puso los ojos en blanco, seguramente porque era incapaz de seguir un razonamiento de tan algo nivel.
-¿Sabes lo que eso significa? -le pregunté-. ¡Significa que le he enseñado un truco!
ZaraJota suspiró. Espero que no sea un síntoma temprano de insuficiencia respiratoria provocada por COVID, porque lo hemos mirado en el seguro y no cubre ingreso hospitalario por pandemia.
-No, Lorz -me dijo-. Significa que el gato te ha enseñado un truco a ti.
Sí, es otra forma de verlo. 








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Ya hemos conseguido llegar al objetivo inicial y ahora nos hemos fijado una meta extra: si llegamos a 5000 €, todos los mecenas tendrán sugus. 
¡No os quedéis sin participar!



15 febrero 2021

La presa Hoover

Pues os voy a contar la historia de una amiga que hace unos días tuvo que subirse a un tren de larga distancia, pero por favor no penséis mal de ella porque era un viaje totalmente justificado para hacer papeles y que el destino tuviera playa era totalmente casualidad. 
Estaba mi amiga en el tren, con el aire acondicionado a tope porque en renfe la hipotermia siempre va de regalo, cuando le dijo a su acompañante:
-Voy a beber agua, que se me está resecando la garganta y como me dé un ataque de tos de los míos va a cundir el pánico.
Así que mi amiga cogió la botella de agua y se metió el pitorro debajo de la mascarilla, porque mi amiga es una profesional de las pandemias y siempre lleva una botella de agua con pitorro para beber con la mascarilla puesta, aunque luego se quedan todas las babas en el pitorro y yo no sé si cuando se evapore será peor, pero bueno. 
El caso es que estaba bebiendo agua con su pitorro y su mascarilla cuando se le ocurrió la chorrada del siglo, que no os voy a contar porque vais a pensar que es tonta perdida, le entró la risa, una cosa llevó a la otra y todo el agua que había bebido acabó saliéndosele por la nariz, que es una cosa muy desagradable en el momento pero que a la larga te despeja mucho. 
El problema es que mi amiga todavía tenía puesta la mascarilla y se ve que era de las buenas de las que no filtra nada, nada, nada, así que el agua se quedó atrapada dentro en plan presa Hoover. 
Mi amiga no sabía qué hacer porque claro, no podía quitarse la mascarilla en medio del tren, pero por otra tampoco podía quedarse con la bolsa de agua colgando hasta que llegaran.
Así que dijo:
-Pues me voy para el baño y me cambio la mascarilla.
La idea era buena, lo que pasa es que la ejecución salió regular. Al levantarse, la presa Hoover antes conocida como mascarilla se abrió y toda el agua que contenía cayó en cascada sobre su canalillo, que como su nombre indica canalizó todo el agua hacia su camiseta.
-¡AAAAAAAAAAARG! 
El agua estaba fría y, recordemos, todo esto había empezado porque el aire acondicionado estaba puesto como si la electricidad fuera gratis. 
-No pasa nada, mujer -le dijo su acompañante, frotándole la mancha-, esto se evapora y y está, sólo es agua. 
-Que ha pasado por mi nariz.
El acompañante se lo pensó un momento. 
-Mejor que no se evapore, entonces -concluyó.
El caso es que al día siguiente, por lo que fuera, mi amiga estaba un poco resfriada. 
-A ver si has pillado el coronavirus en el tren -le dijo alguien.
-Uy, no, imposible. ¡Si llevé mascarilla todo el rato! 





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