25 enero 2021

Un descansito

 



Ahora que los niños han vuelto al cole (y ojalá que por mucho tiempo) las madres por fin podemos dedicarnos a eso que nos gusta tanto: ponernos al día con todo el trabajo acumulado durante el mes que los niños han estado en casa, y cuando digo "en casa" me refiero a literalmente en casa, y hemos tenido que ser profesoras, monitoras de tiempo libre, diosas de las manualidades, expertas en la gestión de conflictos, cocineras, gestoras de residuos, chaos coordinators y real life managers a tiempo completo. 

Hace unos días, en el #videoclub de lectura de La Sombra, me preguntaban qué necesito para escribir y yo, que soy un alma de cántaro, no fui capaz de dar la respuesta más obvia: tiempo. No cualquier tiempo: a ser posible, a solas, y sin tener que ponerme una alarma porque hay que recoger a los niños, tengo que entregar este proyecto, se acerca la hora de comer, el súper cierra y no tenemos leche. 

Tiempo sin condiciones y sin limitaciones, en lugar de minutos arañados por aquí y por allí mientras hago malabarismos con las prioridades.

Todo este rollo es para deciros que ahora mismo estoy un poco saturada y que no sé cuándo volveré a postear. Probablemente en un par de semanas, ¿eh? O sea, soy una adicta. Pero ahora mismo no sabría decir cuándo podré volver a centrarme como para escribir una entrada.

Estoy centrada en otras cosas, por supuesto. Tengo proyectos bonitos en proceso: terminar Crónicas Funestas, publicar un libro de una personita (pun intended) chachi y un nuevo verkami en el que a lo mejor hay hasta sugus, pero no prometo nada.

Si me echáis de menos, me tenéis en Twitter (si alguien está pensando que si dedicara menos tiempo a Twitter tendría más tiempo para otras cosas que se lo haga mirar, por favor). También tenéis quince años de archivo del blog, que se dice pronto: quince años, pero te paras a pensarlo y menudo vértigo.

Y por supuesto, tenéis todos mis libros: en papel en La Sombra y en digital en Lektu.




18 enero 2021

Controla tu caspa

Jueves 7 de enero de 2021
–Lorz, tendríamos que hacer la compra. 
–Todavía podemos aguantar, ya iré el sábado si eso. 


Sábado 9 de enero de 2021


–Caca.

La gran nevada histórica, la que dejo Madrid incomunicada bajo medio metro de nieve, nos pilló sin leche, patatas, arroz, pasta o pan de ningún tipo (ni siquiera colines), salchichas o embutidos, queso o túpers en el congelador.
En el cajón de la fruta había una pera; y en el de la verdura, tres zanahorias verdes y con pelusa que me saludaron al verme. 
–Al menos tenemos papel higiénico –le dije a ZaraJota, que por lo que sea no estaba muy dispuesto a comerse el papel higiénico, y eso que ni siquiera estaba usado. 
–Luego voy a ver si hay algo abierto –me dijo, pero no fue porque ZaraJota es así, en cuanto sale a la calle y se hunde en la nieve hasta el sobaco como que pierde las ganas. 
Bueno, a ver, para ser justos, el que se hundió hasta el sobaco, se había puesto pantalones de chándal en vez de los de la nieve, y al sacarlo del agujero estaba empapado y le faltaba una bota que hubo que rescatar cavando con las manos fue Nene-kun, pero no vamos a dejar que la realidad nos estropee la historia. 
La verdad es que ZaraJota no le hizo falta ir a ningún lado porque en nuestra plaza tenemos un servicio de inteligencia basado en gritarse de lado a lado QUE NO VAYÁIS AL MERCADONA QUE ESTÁ TÓ CERRAO.
–No te preocupes –le dije–, nos podemos apañar con lo que hay en la nevera.
–En la nevera sólo hay medio bote de membrillo y un bote de huevas de lumpo. 
–Ooo podemos comernos al gato, que para eso lo tenemos. 
Por desgracia, en esos momentos el gato tenía una infección de oído y no nos pareció saludable comérnoslo, y además se nos ha roto el horno.
–Podemos comernos al hámster –sugerí.
El hámster tiene el tamaño aproximado de una uva, pero yo sé que con eso se puede hacer como mínimo un fumet, que lo he visto hacer en Masterchef. Vale, lo he visto hacer con cabezas de gamba, no con un hámster, pero supongo que el principio básico es el mismo. 
Lo que pasa es que ZaraJota se opuso porque él es muy de "miradme, miradme, odio a los bichos" pero luego va por ahí sin comerse a ninguno y poniéndole las gotas de los oídos al gato.
De hecho, fue ZaraJota el que dio la voz de alarma. 
–Tampoco nos queda arena para el gato. 
Eso sí que era una emergencia porque el gato come mucho y el pienso de gato ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. En concreto, se transforma en unos zurullos enormes y apestosos que, por suerte, se pueden retirar con facilidad (y una pala) pero el pis ya es más difícil.
Así que se me ocurrió una idea grandiosa: sacar el cagadero del gato a la terraza. Para que no empezara a oler y eso.


El gato en la terraza, mirando en plan "humana, controla tu caspa".

El gato, por decirlo suavemente, no estaba a favor. De hecho, cada vez que quería hacer sus cosas nos avisaba, metíamos el cagadero en casa, hacía sus cosas y lo volvíamos a sacar. Que yo lo entendería si tuviera que bajarse los pantalones, que con este tiempo no apetece, pero va siempre con el ojete al viento así que no sé qué más le dará, pero bueno. 
El caso es que eso nos llevó al problema números dos: también se nos estaba acabando la comida del gato, que es especial porque está a dieta porque es de huesos anchos pero el veterinario no le comprende, #stopgordofobia. Así que aunque abrieran las tiendas, no la podíamos comprar, porque el veterinario la había encargado y me daba a mí que no la habría recibido, yo qué sé. 
–Bueno, mejor –le dije a ZaraJota–. Si no come no hace caca.
–Lorz, estoy segura de que incluso tú puedes darte cuenta de que tu plan tiene un pequeñísimo fallo.
–Cierto. El auténtico problema es el pis. ¡Tendríamos que quitarle el agua también!




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Este jueves a las 21:30 hay videoclub de lectura sobre Quiero volver
El libro está disponible en la librería La Sombra (papel) y Lektu (digital)
El club de lectura es gratuito y por vídeoconferencia, podéis apuntaros enviando un mensaje a la librería 







11 enero 2021

La nevada

Quizá no os hayáis enterado porque apenas ha salido en las noticias, pero este fin de semana ha estado nevando.
Cuando empezó el viernes fue una cosa como de muy bonito todo, pero esto no va a cuajar.
Que me bajé con los niños a la plaza de prisa y corriendo y todo en plan: venga, a hacer la croqueta en donde pilléis nieve porque a saber cuándo la volvéis a ver. 
Para el viernes por la tarde la cosas seguía igual y como tenía entradas para el teatro y no están los precios del teatro como para no ir, envolví a la niña en unas ochocientas capas y para Gran Vía que me fui con Nena-chan y con mi madre. 
Cuando llegamos a Gran Vía caían copitos y había una finísima capa de nieve-hielo en el suelo. La gente estaba flipadísima haciendo fotos y había dos barrenderos (dos) repartiendo sal con un cubito (uno), que yo no es por criticar, pero por poco que nevara con lo grande que es la Gran Vía igual un solo cubo de sal se les quedaba corto, yo qué sé.
-Cuando salgamos del teatro nos volvemos en taxi, que hace mucho frío para la niña -dijo mi madre, y yo le dije que sí porque la niña es inmune al frío y al calor y a la ventisca, pero a mí se me estaban quedando los dedillos de los pies como para echarlos en un vaso de tubo para enfríar cubatas.
Pues nada, vimos la obra, que por cierto os recomiendo infinito porque es de mucho reírse y 2021 viene como muy necesitado de eso, y al salir nos encontramos con este panorama: 


Creo que esto es la calle Libreros.

Callao.

Las fotos son muy malas porque al parecer la pantalla táctil del móvil no funciona bien a bajo cero, será la obsolescencia programada esa, yo qué sé. 

Gran Vía en dirección Princesa.

-Me parece que no vamos a encontrar ningún taxi -dijo mi madre. 
Se equivocaba: encontramos dos, con las luces de emergencia puestas y enterrados hasta media rueda en la nieve, y a los respectivos taxistas mirando alrededor en plan si quieres coger un taxi vas a tener que cogerlo pero a pulso, a ver si lo sacas de aquí. 
Dadas las circunstancias nos metimos en el metro, que no sabíamos si iba a funcionar pero al menos estaría calentito, y nos encontramos con que funcionaba a la perfección porque el metro de Madrid es así; si caen cuatro gotas deja de funcionar pero la nevada del siglo en medio de la pandemia del siglo pues como si nada.
Cuando Nena-chan y yo llegamos a nuestra parada la calle estaba así:

General Ricardos.

Camino Viejo de Leganés. Creo.

Esto podría ser la calle Radio, yo qué sé.



Nuestra calle.

Recuerdo muy bien el preciso momento en el que hice esta foto porque fue cuando Nena-chan me dijo:
-Mamá, he perdido el playmobil.
-¿Qué playmobil?
-El que llevaba en la mano. 
Mis hijos siempre salen a la calle con algún juguete pequeño por si tienen que entretenerse un rato mientras hago la compra o lo que sea, y desde que empezó la pandemia el juguete siempre es un playmobil porque hemos descubierto que tolera razonablemente bien los fregados con gel hidroalcohólico. Esa tarde, la niña había salido a la calle con una sirena porque "las sirenas están acostumbradas al agua y la nieve es agua congelada", un argumento que me pareció perfectamente razonable a las seis de la tarde, cuando caían copitos y no una ventisca histórica.
-¿Sabes dónde se te ha podido caer?
-En la nieve.
Teniendo en cuenta que todo estaba completamente cubierto de nieve parecía la hipótesis más razonable, sí.
-Lo que quiero decir es que cuándo te acuerdas de haberlo visto por última vez.
-En el metro.
La madre que parió al metro, a la ventisca, al playmobil y a todo lo que se menea.
-Nena-chan, creo que podemos darlo por perdido.
-¡No!
-Va a ser imposible encontrarlo en medio de una tormenta de nieve, a las once de la noche y con este frío. Tienes muchos playmobil, creo que podemos renunciar a este.
-¡¡¡BUAAAAAAAAA!!!
-Pero Nena-chan...
-¡ES QUE ESTE ME LO REGALÓ LA TITAAA! ¡Y LA TITA SE HA MUERTOOO!
-A ver, tú sabes que cuando sacamos un juguete a la calle corre el riesgo de que se pierda, si es especial para ti no tendrías que haberlo sacado.
-¡PERO ES QUE ME DIJISTE QUE ERA UNA TARDE DE CHICAS Y YO QUERÍA QUE LA TITA VINIERAAA! ¡PERO LA TITA SE HA MUERTOOO! ¡LA ECHO DE MENOS Y NO VA A VOLVER NUNCAAA!
J*d***r...
Así fue como en mirad de una ventisca en mitad de una pandemia, a una hora del toque de queda, bajo cero y con la nieve hasta las rodillas, la niña y yo volvimos sobre nuestros pasos. 
O algo así. 
La nieve caía con tanta fuerza que no veíamos nuestras propias huellas, y aunque las hubiéramos visto el viento nos empujaba para un lado y el otro. 
El parque donde Nena-chan creía que se le había caído la muñeca.

A Nena-chan se le habían congelado los lagrimones y había dejado de llorar para no perder los ojos por congelación, y yo tenía las gafas empañadas y no paraba de pensar en que ojalá la Tita le hubiera regalado a la niña un bloque de cemento, una bombona de butano o una boya marina, yo qué sé, algo que se viera bien al caerse de noche en medio metro de nieve. 
Habíamos conseguido retroceder unas dos manzanas cuando, al borde de la congelación, me volví a Nena-chan.
-Escucha, esto es imposible. 
-Pero la Tita...
-A la Tita no le hubiera gustado que muriéramos de congelación, ¿no crees?
Nena-chan se lo pensó. Se lo pensó. 
-No. 
-Vamos a volver, ¿vale?
Volvimos a casa con hipotermia severa, que es una cosa que le molesta mucho al gato porque nos peleamos por llevárnoslo cada uno a nuestra cama, y al día siguiente, quizá no lo sabréis porque apenas se ha hablado de ello en las noticias, Madrid amaneció tal que así:


-Venga -les dije a los niños-. Abrigaos que nos vamos a la calle.
-Mamááá, no encuentro mis guanteees.
Es una verdad universalmente conocida que los hijos nunca encuentran los guantes. Me puse a rebuscar por toda la casa hasta que di con los de Nena-chan, que estaban hechos una pelota. Los estiré y ¿qué me encontré dentro? 
La dichosa sirena de Playmobil.
-Mira, Nena-chan, mira lo que he encontrado -le dije.
-¡La sirena! ¿Dónde estaba?
-Dentro de tu guante. 
-Ah, sí, ahí no pasa frío. 
Los demás ya si eso, claro.


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¡Se nos vienen unas tardes estupendas de sofá, libro y mantita!
Os recuerdo que tenéis todos mis libros en papel en La Sombra y en digital en Lektu.
Además, el 21 de enero tenemos #videoclub de lectura sobre Quiero Volver.

04 enero 2021

Reyes Majos 2021



Una cosa os voy a decir: creemos que Nena-chan sospecha
Normalmente mi enfoque con Nena-chan suele ser afrontar las cosas directamente, pero en esta ocasión he pensado que preguntarle "oye, ¿tú sospechas que los reyes magos son los padres?" quizá no era la forma más adecuada de abordar la situación.
¿Qué por qué pienso que la niña sospecha
Bueno, ya tiene ocho años y es bastante lista, y no es que lo diga yo que soy su madre, es que es verdad. Por ejemplo, hace unos días compuso su primera canción, que es una cosa que no viene a cuento para nada pero es que me apetecía presumir.
Y los niños mayores del colegio no es que se corten precisamente. En la última semana de cole, fui un día a recogerlos con una bolsa de esa tienda que usted me habla y uno de los mayores se me acercó y me preguntó que había comprado. 
El problema es que yo había comprado bragas, ¿vale? De las de cuello vuelto, en plan hagamos que Viana se sienta orgullosa. Y no era el plan de decírselo al niño en el patio del recreo con todas las madres alrededor. Aunque, ahora que lo pienso, si hubiéramos estado el niño y yo a solas habría sido casi peor. 
Así que le dije:
-Nada. 
-¿Cómo que nada? Algo llevarás.
Los niños de hoy en día son demasiado listos para nuestro bien, así os lo digo.
-Bueno, cosas.
-¿Qué cosas?
El niño hizo amago de mirar dentro de la bolsa y yo tuve un momento flashback pero en el presente, un ahoraback o como se llame, del niño con mis bragas de cuello vuelto en mitad del patio del recreo, y me entraron sudores fríos por el entreteto. Aunque eso bien pudiera ser porque había llegado corriendo y hacía frío. 
-Nada.
-¿SON LOS REGALOS DE REYES DE TUS HIJOS?
Llegado a ese punto la progenitora del susodicho le metió un bocinazo que llegó hasta la muralla china y ahí rebotó y se proyectó hasta el espacio, donde seguirá extendiéndose hasta llegar a los confines de la galaxia. 
Pero era tarde. Nena-chan andaba por ahí y yo no tenía ni idea de cuánto había oído, pero sospecho que bastante, porque a partir de ese día empezó a fijarse en todos los paquetes que entraban en casa. Sólo con los que llegaron de los guirihaikus ya tuvo entretenimiento para rato, así os lo digo. ZaraJota y yo hacíamos lo posible por abrir todas las cajas en su presencia, pero claro, todas-todas no se podían abrir. 
Entonces la niña optó por una aproximación más sutil:
-Mamá -me dijo-, la abuela me ha dicho que el Caga Tió son los padres.
-¿Cómo?
-Que le pregunté que cómo hacía el Tió para cagar regalos y me dijo que los ponían los padres. 
No me podía creer que mi madre hubiera dicho semejante cosa, y con razón porque, según se demostró en la investigación posterior, mi madre NO había dicho semejante cosa, ni nada que se le pareciera. 
Por suerte ahí ZaraJota estuvo rápido de reflejos. 
-Bueno, es que el Caga Tió es una cosa de Barcelona, y la abuela lo ha comprado en Madrid. 
-Pero qué dices, ZaraJota, si mi madre tiene el que nos regaló tu hermana, que lo compró enfrente de la Catedral de Barcelona...
ZaraJota me arreó una patada que me dejó la rodilla tonta para siempre. 
-QUE NO, QUE NO, QUE TU MADRE LO HA COMPRADO EN MADRID Y POR ESO NO FUNCIONA, GUIÑO GUIÑO CODAZO CODAZO. 
No entendía qué me intentaba decir ZaraJota, pero antes de que me diera otra patada pensé que lo mejor era seguirle la corriente.
-Es verdad, que mi madre lo compró aquí en Madrid.
-Eso es.
-Seguramente en un bazar. De los baratos y eso. 
En la investigación posterior se demostró que a mi madre NO le hizo ninguna gracia que dijera que su Caga Tió era de los baratos, con lo contenta que está ella con su Caga Tió que, ahora que lo pienso, no es suyo, es mío y de muy buena calidad, pero bueno.
Después de esto parece que la niña se quedó tranquila, pero al poco volvió a la carga.
-Mamá, ¿los Reyes Magos son convivientes?
La madre que parió al covid, de verdad os lo digo.
-Eh... ¿Sí? ¿No? ¿No lo sé? 
-¿Y cómo van a entrar en España si estamos confinados?
-...
-Y si en las casas sólo puede haber seis personas, ¿cómo van a entrar para traer los regalos? 
-...
-¿Y no son muy viejos? ¿No son población de riesgo?
Una vez más, ZaraJota vino al rescate:
-Sí, viven todos juntos y son grupo burbuja. Tienen un permiso especial del gobierno. Entran en las casas de uno en uno. Debido a su avanzada edad, han sido de los primeros en recibir la vacuna. 
Después de hablar tanto y tan seguido, ZaraJota tuvo que tumbarse un rato, por la falta de costumbre.
Pero la niña todavía tenía más preguntas. 
-Pero mamá, ¿cómo van a entrar en casa, si tenemos alarma?
-LAMENTAMOS INFORMARLE DE QUE EN ESTOS MOMENTOS MAMÁ ESTÁ APAGADA O FUERA DE COBERTURA...
-Mamiii...
Por suerte, una vez más ZaraJota acudió al rescate. Cuando se recuperó del esfuerzo y nos quedamos a solas, me dijo que había tenido una idea para disipar de una vez por todas las dudas de Nena-chan.
-He pensado que el día 6 de enero, de madrugada...
-De entrada ya vamos mal...
-¡PODÍAMOS HACER SALTAR LA ALARMA! ¿Qué te parece?
-Pues que no sé si eso disipará las dudas de Nena-chan, pero los vecinos nos van a disipar a nosotros a tortas. 



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Después de una reimpresión acelerada, Vayamos por partes 3 vuelve a estar disponible en La Sombra
¡Reservad el vuestro antes de que se acaben (otra vez)!

28 diciembre 2020

Nochevieja 2020



Mis propósitos para 2020 eran:
  • pasar más tiempo con mi familia
  • teletrabajar todo lo posible
  • comer menos fuera y cocinar más en casa
Si nos centramos en esos tres parámetros, el 2020 ha sido todo un éxito.
El que no se anima es porque no quiere. 
El año empezó con un #relorzfunding que, gracias a vuestro apoyo, salió tan bien que nos dio energía no sólo para sacar la segunda parte, sino también para la tercera.
Y me vine arriba, y monté mi propia editorial, porque el editor que se publica a sí mismo tiene a un idiota por cliente y a idiota no me gana nadie.
Y entonces vino la plaga con todas las Cosas Malas detrás. Como todos las tenemos muy presentes, no hablaré de ellas. 
En cambio, hablaré de estar en casa con ZaraJota y los niños, comer juntos todos los días, tenernos al alcance de la mano, tocarnos mucho. 
De los aplausos de las ocho, y de explicarle a Nena-chan que aplaudían por todos los niños, por lo valientes que estaban siendo.
De salir a la terraza a bailar para que a los niños les diera el sol y se les desentumecieran los músculos.
De amasar pan, y bollos, de las caras de satisfacción de los niños al probarlos. 
De cuando convertimos el salón en un jardín de flores de papel, y luego de hojas de otoño, y luego de pájaros, y luego lo decoramos para navidad. 
De todas las manualidades, dibujos, acuarelas, pintura de dedos purpurina y, sobre todo, cartones de papel higiénico (muchos cartones de papel higiénico).
De las tarde de UNO y Virus. 
De la primera vez que los niños pudieran salir a la calle, de cómo los vecinos les aplaudían desde los balcones.
De como un cachorrito se volvió absolutamente loco de alegría al ver a Nene-kun, y la señora que lo paseaba nos explicó que lo había adoptado durante el confinamiento y era la primera vez que veía a un niño. 
De cuando mis padres salieron de paseo por primera vez y nos avisaron para que nos asomáramos a la terraza a verlos, y mi padre gritó: "Nene-kun, qué alto te has puesto". A lo que el niño respondió, sin inmutarse: "Es que estoy en un quinto piso". 
De Nena-chan diciendo que quería ser científica YA para descubrir la vacuna (y, más tarde, experimentando con el gato). 
De pedir cita para ir a la piscina con los niños todos y cada uno de los días de verano, porque era la forma más segura de que les diera el sol e hicieran ejercicio... y de jugar al Pulporón Gigante Asesino (Lagarto Spock).  
De Ratoncito López comiéndose las plantas de mi abuela.
De las vacaciones más marcianas que hemos tenido jamás, en Villanueva de la Vera, donde pude ver por primera vez uno de mis libros en una biblioteca.
De que, poco después, empezaron a estar en una librería
De la vuelta al cole. De las lágrimas de alegría. De los niños con sus mascarillas, haciendo cola para ponerse gel hidroalcohólico antes de entrar, chocándose los coditos al verse (y luego compartiendo las meriendas porque bueno, son niños).
De las tardes de firmas y tarta en La Sombra, rezongándole a Sark porque no encuentro el boli que me gusta o por cualquier otra cosa, porque lo importante es rezongar. 
De los viernes en el Vips, los desayunos y meriendas en Motteau con señoras chachi, ellas ya saben quiénes son.
De Nene-kun, absolutamente convencido de que al lavarse las manos veía caer a los virus, que son "negros y con muchas patitas". 
De Nena-chan, en bici sin ruedines. De Nen-kun, montado por algo más grande que un triciclo por primera vez en su vida. 
De la pérdida, del triste consuelo que supone saber que una persona a la que quieres no ha muerto sola. 
De volver a la normalidad y ver cómo tu empresita empieza a despegar a pesar de la pandemia, la crisis, los meteoritos, las plagas de langosta, las erupciones volcánicas y la reina de los mares. De que la gente confíe en ti para sacar adelante sus proyectos. De publicar un libro tras otro y encontrar apoyo una y otra vez. 
De perder una tía, pero ganar un gato. Y qué gato.
De todos los bebés pandemial que este año ha traído (y lo que que están a medio traer). 
De poner el belén, el árbol de navidad y luces, luces, muchas luces.
De ir a comprar dulces de navidad con Nene-kun, al que no le gustan los dulces, y volver a casa con una bolsa de gusanitos con forma de estrella.
De meter regalos de contrabando en casa y hacer malabarismos para envolverlos y esconderlos.
De Nena-chan preocupada por los reyes magos, porque son muy mayores y además no son convivientes y cómo van a cruzar las fronteras, que están cerradas...
Del videoclub de lectura de La Sombra, que nos ha mantenido leyendo, con contacto humano y relativamente cuerdos durante los peores momentos. 
De todo lo bueno. 
Y de que en 2021 siga habiendo (algunas) cosas buenas para recordar.




 


21 diciembre 2020

Navidad 2020




Las fechas que son y las cenizas sin enterrar.
Yo pensaba que con la última conversación habíamos zanjado el tema pero se ve que no, y la verdad es que no iba a contarlo pero no conozco otra forma de sacarme de encima la ansiedad y la vergüenza ajena que este persone me provoca, así que allá vamos una vez más. 
Pues, como decía, este persone ha seguido llamande. 
Llamando, que me lío. 
Ha llamado a media familia a exigirle el pésame, y a la otra media para quejarse de que las cenizas de la Tita del Puerto estén "por ahí", que oyéndola parece que las hubiéramos mandado a dar la vuelta al mundo como Willie Fog cuando en realidad están en casa de mi madre y ni las sacamos de paseo ni nada. 
También ha seguido llamando a mi madre. 
Una vez, y otra, y otra, pero en este caso (no tengo pruebas pero tampoco dudas) sospecho que es para exigirle que le mande el décimo de la lotería que mi padre (el maleducao) le regala todos los años. Que una cosa es retirarle el pésame a la gente y otra renunciar a cosas gratis. 
El caso es que, en una de estas llamadas, a este persone se le ocurrió una idea revolucionarie: que mi madre (al parecer la idea de que mis hermanos y yo queramos ir al entierro todavía no se le ha ocurrido) fuera a llevar las cenizas en navidad. 
Francamente, me parece una forma estupenda de amargarle a una familia la navidad de por vida, aunque igual es porque yo no soy buena persona ni buena cristiana y no entiendo de estas cosas. 
Pero es que además, en fin, no sé cómo decirlo, a ver si encuentro las palabras adecuadas...




CORONAVIRUS


RESTRICCIONES


PUTAPANDEMIA PUTOMUNDIAL



Por no hablar del frío que hace en ese pueblo, en esa iglesia y en ese cementerio en estas fechas tan señaladas, que digo yo que ya que estamos no nos cuesta nada esperarnos, como mínimo, a primavera. 
El caso es que cuando este persone ya había repetido la idea del sepelio navideño un par de veces, a alguien se le ocurrió decirle que bueno, a lo mejor mi madre prefería quedarse en casa y celebrar la navidad con su familia.
-¿No irá a celebrar la navidad -respondió este persone- cuando se acaba de morir su hermana?
Pero a ver, señore, que no es que nos vayamos a poner a cantar villancicos sobre el cadáver caliente. Que hace más de un mes. Que va a ser una cena tranquila, seis personas como mucho. Y que, además, si mi difunta tía se entera de que sus sobrinonietos se quedan sin navidad por ella es capaz de volver de la tumba (bueno, de por ahí) y pegarnos collejas hasta que se nos caigan los ojos palante. 
-Bueno, aunque no lo celebre, seguramente quiera estar con su familia esa noche. 
-Pues yo no. 
No sé por qué pero no me sorprende.


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Espero que todos paséis unas navidades responsables y felices.
Aunque estéis lejos de la familia, porque este año es lo que toca, poneos vuestras mejores galas, o vuestro pijama favorito, o disfrazaos de unicornio porque bueno, ¿por qué no? 
Comed, bebed, cantad villancicos o canciones picantes, saltad en la cama o bailad pegados.
Abrazaos, si podéis; besaos, si queréis. 
Decíos unos a otros cosas bonitas, haceos cosquillas, contaros los deditos de los pies. 
Asomaos por la ventana y mirad las estrellas, o, si no hay, pintad con los dedos caritas en el vaho. 
Reid, o llorad, si es lo que os apetece.
Y sobre todo, recordad que vivir es el único tributo que los muertos nos exigen.


14 diciembre 2020

Pensamientos cristianos



Pues esto os va a sorprender, pero menos de dos horas después de la conversación anterior la misma persona volvió a llamar, pero esta vez me llamó directamente a mí. 
Me pilló en el tren y gracias a dios no era el vagón silencioso porque me habrían acabado echando. 
En fin.
Al menos no preguntó por cuándo íbamos a llevar las cenizas. 
Lo que quería saber es por qué yo era tan mala con elle.
-Si yo soy buene persone y buene cristiane.
-Pero tú sabes que eso es algo que dicen de uno los demás, ¿verdad? O sea, no es la típica cosa que dice uno de sí mismo...
-A ti te han estado contando mentiras sobre mí. ¿Quién ha sido? ¿Tu padre? 
-Nadie me ha contado nada.
-Claro que sí, a ver si te piensas que soy tonte.
-Ahora que lo mencionas...
-Pues yo no soy tonte, y no te creas que no me he dado cuenta de que últimamente te has distanciado de mí.
A ver, la última vez que vi a esta persona fue porque coincidimos en una boda, jamás hablamos por teléfono y la tengo bloqueada en whatsapp desde hace cinco años porque me mandó un mensaje exigiendo que le mandara fotos bonitas de mis hijos "porque las que he visto son una puñetera mierda". 
-Yo no diría precisamente que nos hemos distanciado... -le contesté, porque cuando me pongo a ser diplomática lo soy a tope.
-Que sí, que sí, que aunque no lo creas yo lo noto... Y no entiendo por qué, si yo soy buene persone y buene cristiane... Alguien te ha puesto en mi contra. ¿Quién ha sido?
-Estooo, ¿tú misme?
-Seguro que ha sido tu padre, que te ha contado mentiras sobre mí. 
-Mi padre no me ha contado mentiras.
Con contar la verdad vamos sobrados de información, gracias.
-Le defiendes porque no sabes cómo es.
A ver si lo entiendo: yo que he vivido con mi padre 27 años no sé cómo es, así que tiene que venir a explicármelo una persona que no se habla con él desde que Felipe González era presidente. 
Sí, parece súper lógico todo. 
-Creo -contesté muy despacito-, que en realidad le defiendo a pesar de que lo sé. 
-Sí me dejaras contarte la verdad te darías cuenta de que yo siempre te he querido mucho.
-Pues lo disimulas estupendamente. 
-Es que no entiendo de dónde has sacado esa idea, seguro que ha sido tu padre.
Empezaba a sospechar que esta persona estaba un poco obsesionade con mi padre. Que a mí me parece muy bien porque cada uno tiene derecho a obsesionarse con lo que le da la gana, pero a mí que no me lo cuente porque me impresiono con facilidad.
-No, mi padre no.
-¿Entonces quién? ¿Tu madre? ¿La Tita? ¿HABLASTE CON LA TITA CUANDO ESTUVISTE CON ELLA EN EL HOSPITAL?
No, me senté dándole la espalda y fingí no conocerla mientras se moría, no te jode. 
-Pues claro que hablé con ella. 
-Bueno, la gente cuando se está muriendo a veces dice cosas que... 
Premio al pensamiento cristiano del año, sí señor. 
-Mira, da igual; yo hablaba con la Tita a menudo y...
-¿Y TE CONTABA MENTIRAS SOBRE MÍ?
-No sé ni qué contestar a eso.
-¿Cómo te ha podido contar cosas malas de mí, si yo soy buene persone y buene cristiane y la quería mucho? 
Sobre todo ahora que se ha muerto, me da la impresión.
-Mira, a mí me da igual lo que pasara entre vosotras. 
-Pero si me dejas explicarte...
Yo empezaba a estar un poco harta de esta conversación. Estaba cansada. Estaba en el tren. Estaba intentando trabajar. Y estaba hasta los cojones de ser educada. 
-Mira -le solté-, a mí no tienes que contarme nada, porque tengo cuarenta años y pelos en el chichi y ya me doy cuenta de cómo son las cosas yo sola, gracias.
Para entonces los viajeros del tren estaban living con la radionovela, porque yo intentaba hablar bajito pero como se habían callado todos de pronto para oír mejor tenía una acústica estupenda. Que sólo les faltó apagar la tele, de verdad, que total la película que estaban poniendo no tenía ni la mitad de trama que mi conversación.
-Y si de verdad eres tan buene persone y tan buene cristiane -seguí- lo único que debería importarte es lo que piense Dios. 
Eso, por lo que fuera, le sentó regular. 
-¿Pues sabes lo que te digo? Que eres una maleducada.
Le dijo la sartén al cazo.
-¿Yo?
-Sí, fíjate que no me has dado ni el pésame. 
Lo que me faltaba.
-Bueno -contesté- tú a mí tampoco.
-Pero yo soy familiar más directo y tengo preeminencia.
Me parece que "alguien" ha visto demasiados capítulos de The Crown.
-Pero -respondí- la que ha estado limpiándole el culo en el hospital he sido yo. 
Aquí de verdad os digo que los otros pasajeros del vagón dieron un bote en el asiento que ni cuando murió JR. 
-¿Pues sabes lo que te digo? Que te retiro el pésame. 
-¿Que qué?
-Que no te mereces mi pésame. Y tu padre tampoco.
-En serio, mi padre...
-Y cuando vaya al tanatorio voy a fingir que no te veo. Y a tu padre tampoco.
-Mucho no tendrás que fingir, porque el velatorio fue ayer y no apareciste. 
Sospecho que eso le sentó regular. 
-¡OS VAIS A IR A TOMAR POR CULO! ¡TÚ Y TU PADRE!
-De verdad que no sé qué pinta mi pad...
-NO TE PIENSO VOLVER A HABLAR JAMÁS, ¡JAMÁS!
-¿Es una promes...?
Y me colgó. 

Después de esto me faltó tiempo para proclamar la historia a los cuatro vientos porque, jo, que esta persona te prometa no volver a hablarte es mejor que acertar con los números de la lotería. 
Pero mi gozo duró poco, porque al día siguiente volvió a llamarme y yo, que soy más tonta que hecha a encargo, respondí la llamada pensando que se quería disculpar. 
Pero no. 
-Oye -me dijo. Ni hola ni nada-. Que tu madre no me coge el teléfono.
-Creía que no te hablabas conmigo.
-¡Pero con tu madre sí!
Ah, bueno, eso lo aclara todo, entonces. 




07 diciembre 2020

Las cenizas


Lo siento, sólo sé lidiar con mis traumas riéndome de ellos, esto es lo que hay.


Hace un mes, mientras mi madre, mi padre y yo vivíamos la vida loca de arreglar papeles, pasear gatos y limpiar baños ajenos, había otros miembros de la familia que tenían otras prioridades.
–¿Aviso a la iglesia para que toquen a muerto?
Tocar a muerto es una costumbre muy bonita que tienen en los pueblos que consiste en que las campanas tocan insistentemente y las mujeres se asoman a la acera, preferiblemente en bata boatiné, a preguntar quién se ha muerto, que yo no sé si es que esperan que alguien levante la mano y diga "yo, yo". 
Mi madre, que llevaba días sin dormir, casi sin comer, había pasado mil horas con su hermana moribunda y en ese momento estaba a la vez recogiendo las cuatro cosas que habían acumulado en la taquilla del hospital, intentando localizar el seguro de decesos, escuchando las últimas explicaciones de los médicos e intentando enterarse de si podíamos ir al tanatorio o qué, contestó lo primero que se le pasó por la cabeza porque mi madre es así, se distrae con cualquier menudencia.
Pero la otra persona no se iba a distraer tan fácilmente.
–¿Y las cenizas cuándo las vais a traer?
–A ver, primero nos las tendrán que dar.
Ahí mi madre estuvo espabilada porque, ciertamente, para tener las cenizas del difunto hay que incinerarlo primero, y la Tita estaba todavía de cuerpo presente, y yo es que en ese momento no estaba cerca, porque a mí me dan un mechero y me repiten "cenizas" un par de veces y monto en crematorio allí mismo, sobre todo si hay un microondas cerca. 
–¿Pero cuándo?
–No lo sabemos. Con el confinamiento y las restricciones no tenemos ni idea de cómo va a ser el proceso.
Después de esto, cualquier persona habría llegado a la conclusión de que mi madre, ciertamente, no tenía la menor idea de
a) cuándo iba a ser la cremación,
b) cuándo nos darían las cenizas,
c) cuándo podríamos llevarlas al pueblo para cumplir el último deseo de mi tía, que era que la metieran en el nicho con su madre. Que por una parte yo la comprendo, porque es su madre, pero a toda esa parte de la familia le ha dado por lo mismo y el nicho de mi abuela empieza a estar de bote en bote.
Literalmente.
El caso es que esta persona no debe ver las noticias, ni leer el periódico, ni mirar internet, ni hablar con nadie, porque no entendió que en 2020 no puede uno ir donde quiera y cuando quiera así como así. 
Así que al día siguiente volvió a llamar. Una vez. Y otra. Y otra. 
Mi madre, que seguía casi sin dormir, casi sin comer e intentaba resolverlo todo lo antes posible porque sólo teníamos un permiso de movilidad para atender a una persona enferma y, bueno, dicha persona ya ni siquiera existía y había que volver a Madrid en plan echando virutas (y con dos gatos) empezaba a tener un tic en el ojo, así que la siguiente vez fue mi padre quien respondió al teléfono.
Mi padre, por decirlo finamente, no es una persona diplomática. 
Yo no estaba delante y no sé cómo fue la conversación, pero por lo que me han dicho terminó con un:
–¡QUE ESTAMOS CONFINADOS! ¡C-O-N-F-I-N-A-D-O-S!
–La próxima vez que llame esta persona concreta –le dije a mi madre–, me la pasáis. 
Y lo dije porque
a) no me creía lo que estaba pasando,
b) pensaba que sería capaz de mantener la calma; o sea, diez años de telemarketing y otros cinco de atención al cliente me avalaban,
c) las risas. 
–No volverá a llamar –dijo mi padre.
Mi padre estudió derecho porque estaba claro que como adivino no tenía futuro: la susodicha persona volvió a llamar. Ni dos horas tardó. 
Qué bonito es no tener nada que hacer en todo el día. 
Así que le dije a mi madre que me diera su teléfono y mi madre me lo dio porque ella no vino al mundo a luchar contra los elementos, o al menos contra este elemento concreto, y contesté yo.
–¿Y tu madre?
–No se puede poner.
–¿Está llorando?
Así me gusta, animando el ambiente.
–No, está muy cansada. Ahora mismo necesita que la dejen tranquila.
GUIÑO, GUIÑO, CODAZO, CODAZO.
–Pero es que yo estoy muy preocupada por ella y quiero saber cómo está.
–Cansada. Está cansada. Y necesita que la dejen tranquila.
–Pero es que yo...
En serio, hay gente que no sabe pillar las indirectas. 
–¿Necesitas decirle algo urgente?
–Sí, necesito que me diga cuando va a traer las cenizas.
–No lo sabemos. 
–¡Pero es que yo tengo que pedir la misa!
Supongo que iba a pedirla por Amazon y quería aprovechar el Black Friday, porque si no no me explico las prisas cuando, para empezar, el pueblo estaba confinado porque tenía más positivo que un anuncio de Mister Wonderful y no se podía ni entrar. 
–Me parece muy bien, pero es que mi madre lo que necesita ahora es descansar.
–Pero...
–Pero nada. Mi madre necesita descansar, así que por una vez en tu vida te callas y te aguantas. 
Ahí igual me pasé un poco porque no se debe hablar así a las personas mayores. Por otra parte, cada segundo de conversación me estaba robando diez años de vida, así que se podría decir que a esas alturas la más vieja de la conversación era yo.
–Pero es que yo lo único que quiero saber es cuándo vais a traer las cenizas.
–¡QUE NO LO SABEMOS!
–¿Y quién lo va a saber entonces?
–¡La Organización Mundial de la Salud! ¡Fernando Simón! ¡Salvador Illa! ¡Isabel Díaz Ayuso! ¡No tengo la más remota idea porque no depende de nosotros, depende del coronavirus!
–Oye, Lorz, creo que estás siendo un poco maleducada conmigo.
–¿YO? ¿Yo estoy siendo maleducada CONTIGO?
Vale, un poco igual sí. Pero en mi defensa estaba muy jodida también. O sea, que menos de veinticuatro horas antes estaba intentando fingir delante de la Tita que sus síntomas no eran preocupantes en absoluto. Delante de la Tita, que antes de jubilarse era enfermera en oncología. Que la pobre me miró en plan mi sobrina es tonta y no lo sabe.  
En fin, que igual yo también estaba un poco sensible y eso. 
–Pues sí, muy maleducada, y no hace falta que te pongas así, con que me digas cuándo vais a traer las cenizas...
Llegado este punto, colgué. 
Quince años de atención al cliente no son bastantes para tratar con mi familia, al parecer. 
Pues bien, pasados unos días llamó una persona del pueblo para darnos el pésame y eso.
–Oye, –dijo de paso–, yo no os quiero preocupar, pero cierta persona va diciendo que no traéis las cenizas porque no queréis.
Mira, yo me rindo ya. 





30 noviembre 2020

Jinmu: un post de cacas


Pensaba que mi madre se resistiría a la idea, pero cuando le dije que me quería quedar con Jinmu le pareció bien. Muy bien. Demasiado bien. Sospechosamente bien, incluso.
De hecho, me puso al gato en brazos y salió corriendo y agitando los bracitos. Desde entonces no la he vuelto a ver, no me responde al teléfono y en su casa me dicen que ya no vive allí. 
No sé qué ha podido ocurrir, la verdad.
Bueno, el caso es que me traje el gato a casa.
Al principio todo fue bien. Jinmu es un gato muy cariñoso. Mucho. Muchísimo. Lo tenemos siempre encima de nuestras personas humanas, nuestros papeles, nuestros teclados. Se frota contra nosotros (poca broma con esto, que pesa más que Nene-kun y en una de estas me lo va a aviar) y, si no le estamos haciendo caso, nos mira y ronronea. Sí, él sólo y sin que lo toquen.
Creo que es un poco pasivo agresivo. 
El caso es que al principio no nos pareció mal del todo, porque es 2020 y todos estamos muy necesitados de amor. El problema es que a lo largo de los días nos dimos cuenta de una circunstancia: 
el gato no estaba haciendo caca.
La comida era la misma que en la casa de mi madre (literalmente la misma, me llevé el saco), así que fuimos probando otras cosas: le cambiamos el arenero, le cambiamos la arena, le cambiamos el cacharro del agua...
Pero nada funcionó. Pasada una semana, el gato seguía sin hacer caca. 
Bueno, no realmente. 
El gato hacía caca.
Lo que no atinaba era a expulsarla adecuadamente
Cuando ya llevaba una semana sin expulsar caca, la caca empezó a desbordarse por sí sola. 
Lo siento, ya avisé de que esto era un post de cacas.
Como decía, se le desbordaba e iba cayendo en pegotes por donde el gato pasaba que, como he dicho anteriormente, eran nuestras personas humanas, nuestros papeles, nuestros teclados. 
También mi almohada y mi ropa limpia. 
En fin, no entraré en detalles: me limitaré a decir que pasamos una semana muy entretenida.
Y apestosa. 
Pero sobre todo, entretenida.
Además, como era una caca muy densa, se le quedaba pegada al trasero. Nos dimos cuenta porque, de pronto, el gato olía a caca en plan: a todas horas. 
-Gato, hueles a pedo -le decía, y me miraba en plan: pues yo no he sido.
Así que empecé a limpiarle el culo con toallitas de bebé, que por suerte es algo que en esta casa tenemos en abundancia. 
Lo que pasa es que, por razones que se me escapan, al gato no le gustaba que le agarrara entre mis piernas, le abriera de patas y le aplicara una toallita húmeda y helada en los genitales. 
El gato es un poco maniático, si me preguntas mi opinión. 
La cosa mejoró un poco cuando empecé a calentar las toallitas entre las manos antes de limpiarle.
Bueno, un poco no. Mejoró mucho. Casi parecía que el gato lo gozaba. 
Ahora me siento sucia y no de caca.
Creía que había resuelto el problema cuando el gato empezó a supurar un líquido negro y apestoso por una oreja.
-¡La caca! -le dije a ZaraJota-, ¡se le sale hasta por las orejas!
ZaraJota contempló a Jinmu, que en ese momento supuraba cosas negras y apestosas por el 50% de sus orificios. 
-¿No será aquello que te dijo tu madre de los oídos?
A ZaraJota es es que le encanta hacerse como el superior. 
-Anda, pues es verdad.
Así que a partir de ese momento, además de recoger pegotes secos de seca por doquier y limpiarle el culo con una toallita húmeda (pero calentita), tenía que ponerle gotas en el oído y después estar pendiente para limpiarle el líquido que supuraba con un pañuelito.
Empezaba a sospechar que mi madre me había tangado y que tendría que haber elegido a cualquier de los otros tres gatos disponibles. 
Mis sospechas se confirmaron cuando me madre me llamó, una semana después, desde un teléfono oculto y cifrado de extremo a extremo. 
-¿Qué tal con el gato?
-No sé, mamá, no estoy segura de que yo pueda con...
-¡SANTA RITA, RITA...!
Y entonces colgó el teléfono, y ahora nunca sabré cómo acaba la frase.






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Vayamos por partes, tercera parte, ya está disponible en Lektu;
digital en todos los formatos, impreso para enviar a donde queráis.



23 noviembre 2020

Jinmu

Pues parece que he perdido una tía pero he ganado un gato. 


La cosa fue así: 
La Tita tiene dos gatos. Tenía. O sea, los gatos siguen, la que no está es la Tita. 
Su último y único deseo fue que sus minonis no acabaran en un refugio, así que mi madre dijo:
-No te preocupes que yo me los quedo.
Mi madre ya tenía dos gatos y un piso pequeño, pero no pasa nada porque mi madre es una optimista de la vida y además nadie se interesó por heredar esa parte concreta de las pertenencias de la Tita, qué cosas. 
Así que cogió a los dos gatos, los metió en el coche sin endrogar, porque el veterinario les dijo que no era recomendable dados los problemas de salud que tienen (los gatos, no mi madre) y se hizo 700 kilómetros en coche con mi padre, dos gatos y la rana croando debajo del agua. 
Lo normal que hace uno un lunes durante una pandemia mundial.
Volviendo a los cuatro gatos, yo ahí vi una ventana de oportunidad que aquello no era ventana, era un ventanal, un escaparate, un rosetón gótico.
-Ay -le dije a ZaraJota-, mi pobre madre ahora, en ese piso tan pequeño, con cuatro gatos.
-Sí -respondió ZaraJota, porque él es así como parco en palabras y eso. 
-Pero claro, el refugio ni se plantea -insistí.
-Por supuesto: tu madre no cabe en las jaulas.
-Y Hermano Mediano ya tiene gatos.
-Claro, claro.
-Y Hermano Pequeño ya tiene gatos.
-Claro, claro.
-Los único que no tenemos gatos somos nosotros.
Dicho esto, ZaraJota tuvo un microinfarto cerebral asistólico con ictus de parranda y dengue parayá.
-Lorz...
-¡Es una buena obra! ¡Piensa en mi madre!
-¡Precisamente de ella me estoy acordando ahora, sí!
-¡Sólo sería uno! 
-¿Uno?
-Uno chiquitiiito, chiquitiiito...
ZaraJota, que ya se había visto con dos gatos, de pronto la idea de que sólo fuera uno no le parecía ni tan mal.
-¿Cuál?
-Bueno, obviamente no vamos a separar a los minonis de la Tita, porque ya han tenido bastantes cambios en su vida y eso. Tendría que ser uno de los de mi madre.
-¿CUÁL?
Durante los tres meses que vivimos con mis padres el año pasado, ZaraJota tuvo ocasión de conocer a los dos gatos de mi madre. Íntimamente. 
-Bueno, ya sabes cómo es Niobe, que se asusta de todo. Si la sacamos de su ambiente le puede dar un patatús. Así que...
-No...
-Sólo puede ser Jinmu, claro. 
-NO. JINMU NO.
-Pero...
-Mira, Lorz: acepté tener una cobaya; acepté tener un hámster; acepto tener UN gato, dadas las circunstancias... ¿Pero tiene que ser justo el gato de quince kilos que se pasa el día encima de mí tirándose pedos?
No respondas, Lorz, que es una pregunta con trampa...


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Os recuerdo que todos mis libros en papel están en La Sombra.
Pedidlos ahora, que luego viene la navidad y todo son prisas.

















16 noviembre 2020

La Tita del Puerto



Hoy voy con un poco de retraso.
Más del normal, vaya. 
Estoy un poco en shock todavía, porque la Tita del Puerto falleció la semana pasada de putocáncer.
Ha sido muy rápido: un día estaba bien, y de pronto estaba ingresada. 
Mi madre, que había ido al Puerto para acompañarla en otra prueba médica que no tenía absolutamente nada que ver, decidió que no hacía falta que fuéramos porque, por supuesto, Ella Puede Sola Con Todo
También por supuesto, mi padre y yo decidimos que No le Íbamos a Hacer Ni Puto Caso y en cuanto resolvimos nuestro asuntos nos plantamos allí.
Vaya por delante que no fue fácil. Tenemos trabajos, niños, gatos y la tontería esa del COVID y del confinamiento. También tenemos la cabeza muy dura: de algo nos tenía que servir.
Pensamos que sería largo, y nos organizamos: yo estaría una semana, Hermano Mediano la siguiente... 
No nos hizo falta llegar más allá. Yo sólo llegue a quedarme en el hospital una noche, que empecé viendo series y acabé vigilando ansiosamente la respiración de la Tita.
Me aterrorizaba tener que ser yo quien llamara a mi madre para decirle que su hermana se había ido. 
La Tita sabía qué le pasaba y que no tenía solución. Cuando se quedaba con mi madre, dejaba salir toda su frustración y su rabia. A mí sólo me dijo que la noticia la tenía "un poco deprimidilla".
Le quedaban menos de 24 horas de vida, así que supongo que estar "un poco deprimidilla" se le puede perdonar. 
La Tita sólo pidió dos cosas: morfina para no sufrir y que no le quitaran la dentadura postiza, porque no le gustaba que la vieran sin ella ("Parezco una vieja").
Mi madre y yo nos aseguramos de las dos cosas, y de que siempre hubiera con ella una persona que la tomara de la mano y le hablara con cariño.
Si no fuera por el putocovid habrían sido muchas más. 
Supongo que por eso, aunque estoy muy jodida, también siento mucha paz. Se ha ido, pero se ha ido con dignidad, cariño y la dentadura puesta. 
Lo único que le ha faltado han sido unos añitos más.




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La próxima semana volveremos de risas, lo prometo. 

09 noviembre 2020

Mensaje subliminal



Hace unos días en la secta el club de lectura decían algo de escribir una canción para fomentar el libro como regalo de navidad y mira, una canción no, pero he escrito un poema. 
Tiene un poco de publicidad subliminal pero es tan discreta que no creo que a nadie le moleste. 
Dice así:

Tarde o temprano 
nos van a confinar
aprovecha ahora 
o lo vas a lamentar:
compra libros.
Busca una librería
independiente
verás como te atienden
alegremente:
compra libros.
Hay librerías
muy pequeñitas
lo están pasando mal
están solitas:
compra libros.
Seguro que en tu barrio
hay alguna chiquitita
sólo tienes que hacerle 
una visita:
compra libros.
Y si te autoconfinas
responsablemente
seguro que te atienden
telefónicamente:
compra libros.
Los libros molan mucho,
los libros son geniales,
con los libros viajas 
sin límites perimetrales:
compra libros.


Ahora sólo necesito que alguien le ponga música y a Eurovisión.

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Mis libros ya sabéis dónde están, pero seguro que en la librería de tu barrio los tienen incluso mejores.