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16 octubre 2022

La mochila

 

Estaba pensando que a lo mejor queréis saber cómo me fue en Eurodisney, lo que pasa es que ya lo fui contando en directo y claro, luego me dicen que me repito. 
Aparte, y para sorpresa de todos, fue un viaje casi sin incidentes. Vale, es cierto que a la ida Nena-chan se saltó el control porque iba súper motivaba, yo me dejé la tarjeta de embarque en una de las bandejas de plástico que se llevaron de inmediato y desapareció en una montaña de bandejas de plástico, y a ZaraJota le hicieron el cacheo completo con guante de látex incluido porque tiene cara de delincuente, pero para lo que somos nosotros la verdad es que nos pareció hasta poca cosa. 
Es posible que los cuatro días siguientes hayan sido los más felices de mi vida hasta la fecha, las cosas como son. No creo que tuviera tanto que ver con Eurodisney, que vale, esto también hace, como con estar los cuatro juntos y sin la típica presión de hay que ir al cole, hacer la comida, que si la compra, que si los deberes, que si la rana croando debajo del agua. 
Pero todo lo bueno se acaba, especialmente el chocolate, y finalmente tuvimos que coger el avión de vuelta a España. Como íbamos con agencia, un autobús pasó de hotel en hotel recogiendo gente para llevarla al aeropuerto.
Ahí es cuando entraron en nuestra vida los Borjamaris. Era un grupo de unas diez personas; ellos, pantalón corto y nautico sin calcetines; ellas, rubias carasco monísimas de la muerte; los niños, una panda de salvajes a la que no controlaba nadie y que se pasaron el viaje en autobús gritando, peleándose y dando patadas a los asientos mientras sus amados progenitores pasaban de ellos como del trabajo manual.
Cuando llegamos al aeropuerto hicimos todo lo posible por dejarlos atrás pero claro, ni el aeropuerto es tan grande ni hay tantos aviones, así que acabamos en la misma cola para el check in. 
Por suerte la cosa estaba muy bien organizada, y antes de que llegaras al mostrador se te acercaba un azafato para asegurarse de que todo estaba correcto y ahorrar tiempo.
Aquí es cuando empezó la fiesta de verdad. 
Los Borjamaris llevaban maletas, una mochila cada uno y un montón de bolsas de plástico con compras en las manos, que no sé, Borjamari, ya no es que vayas a coger un avión, es que no puedes ir así por la vida cuando no tienes el servicio a mano.
El azafato les explicó que las bolsas no se podían llevar así y que además eran demasiadas para llevarlas como equipaje de mano y que para qué querían tanta bolsa que el plástico contamina mucho, Borjamari, agrupa las compras que pareces tonto. Bueno, a lo mejor esto último no lo dijo pero seguro que lo pensó, yo desde luego lo llevaba pensando un rato. Lo que sí les dijo muy amablemente fue que se apartaran a un ladito y solucionaran aquello como fuera antes de llegar al mostrador.
Al Borjamari principal, o Borjamari Alfa, aquello le sentó regumal. Empezó a gritar y a bufar como un energúmeno mientras daba vueltas como un toro con nauticos. Que no hay derecho. Que si no se pueden llevar bolsas por qué hay tiendas (en Eurodisney, ojo, que ni siquiera eran bolsas del aeropuerto). Que él ha viajado mucho y esto es la primera vez que me pasa. 
En fin.
En ese momento, anuncian por megafonía que el vuelo va muy lleno y que quien lo desee puede facturar su equipaje de mano gratis. Que es que no te lo pueden poner más fácil, Borjamari. Facturas un par de mochila y lo apañas, de verdad. Pero por motivos desconocidos el Borjamari Alfa llegó a la conclusión de que le estaban haciendo el lío personalmente a él.
-Estos lo que quieren es ahorrarse espacio en la cabina -empezó a gritar-. A ver si se creen que somos tontos.
Mientras el Borjamari Alfa gritaba, una de las She-Borjamari abrió una de las maletas grandes, repartió un juguete a cada niño para que lo llevara en la mano, repartió el resto en huecos por la maleta, hizo magia de madre en general y de pronto todas las bolsas habían desaparecido. 
-¿Pero qué haces? -le gritaba el Borjamari Alfa-. ¿No ves que nos están chuleando?
-Ya bueno...
-Es que eres tonta, te engañan como quieren...
-Ya, pero...
-Yo puedo llevar bolsas en las manos si quiero.
Para entonces nosotros habíamos conseguido hacer el check-in  y le dije a ZaraJota que por lo que más quisiera que CORRIERA, porque yo no quería hacer la cola de control con los Borjamaris detrás. Llevamos a los niños casi en volandas, las ruedas de la maleta de mano soltando chispas en las curvas. 
No hubo suerte porque si nosotros corrimos, los Borjamaris corrieron más. 
Nunca subestimes el pánico que siente un español a quedarse solo en un país extraño, que de verdad esa necesidad de ir en grupo con gente a la que no conoces pero es que son españoles a mí me supera. Tres veces. 
Colocamos nuestras cositas en tres bandejitas: la primera de ZaraJota, la segunda de los niños, y la tercera la mía. Luego pusimos las bandejitas en la cinta transportadora, y planeábamos acompañarlas hasta que entraran en la máquina, pero llegaron los Borjamaris, todavía dando gritos, y el segurata nos dijo que no esperáramos a las bandejas, que pasáramos el arco, que tantos españoles juntos no podían traer nada bueno.
Pasamos el arco sin problemas. Bueno, a ZaraJota lo cachearon, vaya, lo normal, y nos fuimos a esperar que salieran las bandejas con nuestras cosas. 
Salió la de ZaraJota.
Salió la de los niños. 
Salieron las de los Borjamaris. 
Salieron las de una familia eslava. 
Salió la de un erasmus.
Salió...
Bueno, allí salió de todo menos la bandeja con mi mochila. 
Entonces me fui a un segurata. El segurata no hablaba inglés porque para qué vas a necesitar idiomas trabajando en un aeropuerto. Y mi francés es regulero en sus mejores momentos. Y ese no era un buen momento.
-Pegdon mesié mon sac sa pegdú.
-Espere a que salga de la máquina -me contestó. En francés, claro.
-Ye he espegú me le sac na pá sogtí.
-Saldrá cuando tenga que salir, espere su turno.
-No, no, no, le sac de mon maguí ha sogtí, le sac de mon fils ha sogtí, me mon sac ne ha sogtí pa.
-Ya saldrá.
-No, no, no, no, han sogtí les sacs de tgua familes more after my husband sac -es posible que llegado a ese punto yo estuviera cortocircuitando-, me non mon sac, mon sac sa pegdú FOREVER.
-¿Tú bolso no ha salido?
-NOOO. (T_T)
-¿Cómo es?
-Cest un sac... Cest ne pa un sac, il é un... backpack.
-¿Backpack?
-Uí. Backpack -empecé a canturrear "Backpack, backpack" como en Dora la Exploradora pero por la cara del segurata intuí que no iba por el buen camino. Salvo que quisiera acabar en una institución mental, que en ese caso iba perfectamente enfilada-. Nuag. Like a shat, gouse ears, black. No, nuag.
Para mí que mi descripción era absolutamente clara, pero por lo que sea el segurata no estaba convencido.
-¿Está usted segura de que la ha puesto en la cinta?
-UÍÍÍÍÍÍÍÍ.
-Venga conmigo. 
Entonces hice una cosa loquísima: cruzar el arco hacia fuera. Porque no había otra forma de pasar. 
El segurata se acercó a la persona que está ahí mirando cómo la gente pone las bandejas en la cinta, que debe ser un trabajo apasionante, también os digo. 
-¿Has visto por aquí una mochila negra?
-Amb orelles roseta de gatet -añadí, en mi mejor catalán en años. El bandejeitor no lo apreció. Hay gente que no tiene gusto ninguno.
-No he visto nada - contestó el bandejeitor en perfecto francés.
El segurata señaló una bandeja que alguien había apartado hasta quedar en la parte de la cinta que no es cinta, sino rulitos que no avanzan si no los empujas tú.
-¿Y eso?
-Ah, eso. No lo había visto. 
-¿Es esta su mochila, señora?
-UÍ. UÍ. MEGCÍ SEGURITÉ, MEGCÍ, TE DOY LAS GRACIAS, MEGCÍ POR SEG ASÍ-puede que dijera esto con la sintonía de un conocido anuncio de bombones. No sé. Jamás podréis demostrarlo.
-Señora, es que si deja la bandeja aquí no entra sola en la máquina.
-Que yo no la dejé ahí pa, que esto han sido los Borjamaris seguro, les Bogjamaguís, que la han apartado para que las suyas pasaran antes, como si lo viera.
El segurata puso cara de no entender. Porque no entendía, claro.
-Bueno, ponga la mochila en la cinta para que pase y acabemos con esto -me dijo en francés.
A mí la idea de volver a soltar la mochila me provocaba ciertos recelos.
-No -dije, abrazándome a ella.
-Señora, por favor. 
-Me je me quederé here hasta que je la vuá entgeg dans le machin.
-Está bien. 
Solté la mochila en la cinta y me quedé mirando hasta que la vi desaparecer satisfactoriamente. Entonces intenté cruzar el arco.
Y pité. 
-Señora, no puede pasar -me dijo otro segurata totalmente distinto, también en francés.
-Me je he sogtí.
-Pero no puede entrar. Ponga todos sus objetos metálicos en esta bandeja.
-Me je he entré hace un rato cap problem!
-Señora, por favor, está obstaculizando. 
Mientras me quitaba los mismos pendientes, gafas y pulsera con las que había entrado sin el menor problema un rato antes, vi mi mochila salir de la máquina y alejarse por la cinta. Más lejos aún, vi a ZaraJota, que había estado distraído con los niños y se acababa de dar cuenta de que yo había desaparecido.
Terminé de quitarme todo, volví a pasar por el arco, volví a pitar. 
-Nooo, de veguité, je he entgé before, he sogtí pasque le seguguité me ha dit que sogtí pasque mon backpack sa pegdú and je la tguvé me je'm going to pegdú una altra vegada...
Por lo que sea, a segurata no le pareció que mi historia fuera convincente y me cachearon alegremente mientras observaban la bandeja con la bisutería como si fuera a explotar de un momento a otro. 
Cuando por fin de me dejaron pasar, me encontré con que ZaraJota ya había recuperado mi mochila y me estaba esperando con los niños.
-¿Dónde estabas?
-Buscando mi mochila, que no aparecía.
-¿Tu mochila? Si lleva aquí media hora.
Encima cachondeo.




- - - - - - - - - - - - - -
Escribo libros de todas las formas y modelos. Algunos te dejan el  corazón calentito, otros el cuerpo regular. 






26 junio 2017

La cocina de infierno, parte 2

Previously in Lorz
Pues no, no se podía hacer en una tarde.

A nosotros perder un día más de vacaciones en una tontada más se nos hacía un poco cuesta arriba, para qué nos vamos a engañar. Que entre las pupeces de los niños, los días sin cole, los festivales, las emergencias y demás rara vez podemos usar las vacaciones para, bueno, irnos de vacaciones.
Pero bueno, como este año hemos estado en Eurodisney llegamos a la conclusión de que con eso ya vamos surtidos de diversión para todo el año, y decidimos sacrificar todavía dos días más a la causa.
-Me los cojo yo -le dije a ZaraJota-, y así plancho.
Que ZaraJota me deja las camisas que es para verlas.
-Lorz -me dijo ZaraJota-, no quiero reventar tu burbujita de felicidad, pero me temo que el electricista tendrá que cortar la luz.
-Bueno, a mí no me molesta, anda que no entra luz por la ventana.
-¿Y dónde piensas enchufar la plancha?
-Uy. Bueno, pues aprovecho y actualizo el blog.
-Mira, Lorz, yo sé que te cuesta mucho entender estas cosas que son como magia y tal, pero el ordenador también funciona con electricidad.
-¡Finciini cin ilictricidid! ¡Finciini cin ilictricidid! Ya lo sé. Lo dejo cargando toda la noche y ya está.
-Pero Lorz, tú sabes que no vas a tener internet, ¿verdad?
-Anda ya. ¿Por qué?
-Pues porque sin electricidad no va el módem.
-No pasa nada: para eso tenemos wi-fi, ¿no?
ZaraJota suspiró. Se pone melancólico, a veces. 
-La wi-fi sale del módem.
Jo.

El mundo está lleno de sutilezas que escapan a mi comprensión. 


Continuará...

12 mayo 2017

Eurodisney, parte 5 (lo del culo)

Previously in Lorz...

Mierdaseca me llaman.
Es una expresión que usan en mi pueblo. Ni idea de lo que significa, pero me gusta porque tiene un aire como de haiku.


A ZaraJota le gusta mucho la peli de Aladdin, verbigracia, y total, como estábamos en Eurodisney y Nena-chan ya se había montado en todo lo montable y vimos que había un Meet Aladdin and Friends y pensamos pues venga, vamos.
Luego llegamos allí y resultó que el que estaba era Jafar, que ni es Aladdin ni es Friends, pero mola mucho también, y además había muy poca cola, y nos quedamos.
Lo que pasa es que cuando estaba a punto de tocarnos, el asistente de Jafar nos dijo que iban a hacer un descanso para tomar el té, que perdonadme que os diga que el té será muy de Arabia y lo que tú quieras, pero para un malo queda un poco como de blandurrio, no sé si me explico.
-Jafar volverá en cinco minutos -dijo el asistente. Y pensamos pues venga, esperamos. Y esperamos. Y esperamos. Y esperamos. Más de cinco minutos y más de diez y más de quince y si os digo la verdad yo me había ido, pero teníamos detrás a un grupito de preadolescentes que no paraban de empujarnos, intentar colarse, gritar palabrotas y arrancar plantas, y, francamente, irnos era un poco como ceder ante el chantaje terrorista.
En fin.
Llevábamos como una hora o así cuando volvió el asistente y nos dijo que Jafar se había tenido que quedar peleando con Aladdin, y que no sabían cuándo iba a volver.
-Vaya, que al tío del disfraz le ha dao un chungo -dijo una de las madres de los adolescentes, que llevaban todo el rato ahí, pero no habían podido controlar a sus retoños porque estaban muy ocupadas poniendo verde a otra mamá de su grupo que en ese momento no estaba presente.
-Pues que me traigan el disfraz, que para una mierda de foto lo mismo da.
Ahí ya no pude más y les lancé una mirada furibunda, porque vaya, los adolescentes son adolescentes y no lo pueden evitar los pobres, pero cuando ya tienes una edad se supone que eres capaz de comportarte en público, sobre todo si hay niños delante, en concreto los míos, que no creen que Jafar sea un tío disfrazado sino... bueno, Jafar.
El asistente las ignoró por completo y se fue derecho a Nena-chan.
-Jafar no puede venir -le dijo.
-Pero es que yo quería verlo -pucherito.
-Bueno, ¿qué te parece si en vez de esperar a Jafar te vas a tomar un helado?
Y le dio un cheque regalo de 25 euros.
Nos quedamos mirando aquello con cara de pasmo mientras las señoras de los adolescentes recordaban de pronto que a ellas les hacía muchísima ilusión hacerse una foto con el auténtico Jafar y saltaban sobre el asistente (y su chequera) en plan Walking Dead.
-Darle un cheque a un niño para que no llore -le dije a ZaraJota-: esto es lo más estadounidense que me ha pasado jamás.
Pues nada, que ese día estábamos a 5 ºC y en vez canjear el cheque por helados lo canjeamos por una figurita de acción.
Vale, no, era una muñeca de Frozen. Pero una monísima.
Bien, pues al día siguiente sí que hacía calor y nos animamos a tomarnos el helado.
O, más bien, ZaraJota y yo nos animamos a tomarnos el helado, porque Nena-chan decidió tropezar con absolutamente nada, flotar grácilmente durante unos segundos y caer en toda su longitud, desparramando el helado intacto por las aceras impolutas de Main Street.
-¡¡¡BUAAAAAAAAA!!!
De pronto se materializó a nuestro lado un señor con uniforme de Eurodisney.
-¿Te has hecho daño, bonita?
-¡¡¡BUAAAAAAAAA!!!
-Se te ha caído el helado, pobrecita... Espera, que te doy un cheque para que te den otro.
ZaraJota y yo rechazamos el cheque.
Teníamos nuestros motivos.
Por ejemplo, que somos rematadamente idiotas.
Pero de camino al hotel ZaraJota iba aún más callado de lo habitual.
-Lorz -me dijo al final-, si alguna vez volvemos a Eurodisney... ¿te importaría mucho si empujo a Nena-chan cada vez que nos crucemos con algún empleado?
-Pues a 25 euros el empujón, probablemente no.





Fin





30 abril 2017

Eurodisney, parte 4


Previously in Lorz...
En el aeropuerto ya para las vacaciones de agosto.

Si no tenéis niños pequeños es probable que no sepáis que para los viajes se recomienda llevar 6 pañales por cada niño y día porque el pañal se debe cambiar cada 3-4 horas, tanto si está sucio como si no.
Siguiendo esta lógica, y teniendo en cuenta que a Bebé-kun le cuesta hacer caca, para nuestro primer día en Eurodisney puse cuatro pañales en la mochila, y uno en el culete del niño.
5 pañales para 12 horas.
ZaraJota y Nena-chan se fueron a montarse en cosas (#cosas) y Bebé-kun y yo nos quedamos paseando por Fantasyland, hasta que Bebé-kun descubrió los bancos.
Los bancos de Fantasyland tienen una altura estupenda para ser un niño de 19 meses al que le gusta Subirse y Bajarse de Sitios Una y Otra Vez.
Se subía.
-¡BIEEEEEN! -se aplaudía un poco a sí mismo.
Se bajaba.
-¡BIEEEEEN! -se aplaudía un poco a sí mismo.
Se volvía a subir...
Bueno, lo vais pillando.
Cuando vi que el nene lo tenía todo controlado me senté en un ladito del banco y me relajé.
Ay. Me dije. Qué bonito es esto. Y qué relajante. Y qué limpio está todo, no se ve ni un papel en el suelo. Y... bueno... la verdad es que para lo limpio que está huele un poco como a caca. A caca recién hecha, además. Calentita.
-Bebé-kun, ¿te has hecho caca?
-TÍ. ¡BIEEEEEN!
Nos fuimos al baño y le cambié el pañal. Para cuando salimos ya casi era su hora de comer y Bebé-kun estaba entrando en masa crítica, así que hice una cosa de la que avergüenzo ligeramente.
-Hoy nos vamos a tomar el tarrito a temperatura ambiente, ¿vale?
-¡VALE! ¡BIEEEEEN! -y se aplaudió un poquito, para animarse un poco, digo yo, aunque realmente no era para tanto, vaya, que era puré de calabacín y estábamos a 30 °C; además el aceite de palma conserva el calor estupendamente.
El mejunje aquel le sentó muy bien, tanto que se sentó al sol y se relajó. Mucho. Hasta rebosar el pañal o así.
Me lo llevé al baño y le cambié el pañal, con tan mala suerte que se me cayó uno al lavabo y lo tuve que tirar. 
Solo nos quedaba otro pañal limpio, pero con suerte y un poco de contención igual podíamos aguantar hasta que fuéramos al hotel a dormir la siesta.
Salí del baño y me encontré a ZaraJota y Nena-chan, que venían haciendo eses después de montarse en Dumbo en innumerables ocasiones (2).
-Ay, qué bien me vienes -le dije a ZaraJota-. Coge al niño, que voy a hacer pis.
Cuando salí del baño, otra vez, ZaraJota tenía esa expresión de "acabo de hacer algo responsable" que he aprendido a temer.
-Le he cambiado el pañal al niño.
La espalda me hizo esa cosa que dice Stephen King que le pasa a la gente que tiene mucho miedo.
-¿Se había hecho caca?
-No, es que he pensado que ya llevaba mucho rato con ese.
-¡NOOOOOOOOOO!
-Por cierto, no quedan pañales.
Lloré un poco, pero en bajito, por miedo a que Walt Disney en persona viniera a devolverme la felicidad.
Y luego, me rehice.
A ver.
Son las tres y tenemos que ir a comer o perderemos la reserva.
Bebé-kun solo tiene el pañal que lleva puesto.
Por otra parte hoy ha hecho mucha caca.
Sin duda podemos aguantar hasta después de comer con el pañal que le acabamos de poner, ¿verdad?
Y así nos fuimos a comer con toda mi familia al Auberge du Cendrillon, que para el que no lo sepa es el restaurante donde están todas las princesas, y pasan a saludarte mientras comes, y es muy bonito todo y la gente llora, pero yo no porque tengo dignidad, o la tenía hasta que se nos acercó Blancanieves y Nena-chan la abrazó y a tomar viento la dignidad porque me eché a llorar porque la niña ha tenido etapa Frozen y etapa Rapunzel y etapa Trolls, pero la primera y a la que siempre volvemos es a Blancanieves.

(Aunque por supuesto cuando Blancanieves le preguntó cuál era su princesa favorita, Nena-chan contestó "no lo sabo" y me entraron ganas de lanzarle un zapato)

Acababa de irse Blancanieves y estábamos todos los adultos mirando al techo para hacer como que no llorábamos cuando mi madre dijo:
-Qué bonito es todo, desde luego, cuidan cada detalle. Lo que no me explico es lo mal que huele de vez en cuando.
-Pues yo no he notado nada -dije, y de pronto me llegó un aroma familiar.
Le di a ZaraJota una patada para llamar su atención y luego le dije telepáticamente: "Tenemos un problema".
”¿Has vuelto a tragarte el tenedor por accidente?"
"Dos problemas. Tu hijo se ha hecho caca"
"¿ESE OLOR SALE DE BEBÉ-KUN?"
"¡No grites! Disimula. A ver si aguantamos hasta que hayamos comido"
"¿Con esta peste?"
"Me lo voy a quedar en brazos para que no lo esparza, a ver si nadie se da cuenta"
Y lo cogí en brazos. Pero entonces mi madre dijo:
-Ay, Bebé-kun, así no dejas comer a mamá. Anda, ven conmigo...
No llevaba ni tres segundos con el niño en brazos cuando empezó a olisquearlo.
-Lorz -me dijo-, ¡este niño huele muy mal!
Desde luego es que hay que ver cómo somos: diez minutos con la realeza y ya le empezamos a arrugar la nariz a los pobres.

Continuará...

23 abril 2017

Eurodisney, parte 3

Previously in Lorz...
Eh jodío de ehplicar.

Voy a decir una cosa que me va a traer muchos problemas, pero no puedo ocultaros la verdad ni un minuto más:

soy la más normal de mi familia.

Ya está. Ya lo he dicho.

Mi familia tiene puñetitas de todos los modelos, pero la puñetita más general y compartida es la manía de la puntualidad.
Bueno, puntualidad. 
Ser puntual es llegar a la hora que toca.
Para mi familia ser puntual es llegar un cuarto de hora antes, media hora antes para ir con un poco de margen. De hecho, si vas una hora antes, mejor, que siempre te puede surgir cualquier imprevisto.
Cuando estamos por separado todavía somos capaces de disimular la tarita, pero cuando estamos juntos nos retroalimentamos y alcanzamos dimensiones épicas.
Por suerte, casi nunca estamos todos juntos.
Pero claro...


FLASHBACK...

-Todos, Lorz. Nos vamos a Eurodisney TODOS.

FLASHFORWARD...

La neurosis colectiva empezó varias semanas antes de la hora prevista de embarque, pero os voy ahorrar los detalles para que no tengáis pruebas contra nosotros el día que decidan internarnos en un centro especial. 
El vuelo salía a las 8:45 de la fruta mañana de un fruto sábado, y calculé que con salir de casa a las 6:00 era más que suficiente. Vaya, que el aeropuerto está a escasos 20 minutos de casa, y a esas horas ni hay tráfico ni nada, pero bueno, mi idea era llegar, pasar el control, y sentarme a dar tetica tranquilamente frente a la puerta de embarque.
Pero la víspera mi familia alcanzó el punto crítico.
Antes de nada, un poco de contexto.
Me había levando a las 6:00, había llevado a los niños al colegio y me había ido a trabajar. Llevaba toda la tarde intentando encajar el equipaje de cuatro personas (peor: de tres personas y un bebé) en una única maleta (spoiler: no lo conseguí), planchando cositas de última hora, intentando recordar si llevaba todo lo que necesitaba o no. Eran las nueve de la noche, no habíamos cenado, y los niños estaban que se subían por las paredes.
Y entonces mi madre llamó por teléfono.
-Filla -me dijo-, que llevo ya un rato sentada en el sofá con el abrigo puesto.
-¿Vas a montar una granja de pollos?
-No, es para irme ya al aeropuerto.
Jo. Me gustan los pollos.
-¿YA?
-Sí, es que tu hermano dice que deberíamos estar allí a las 6. Y claro, para estar allí a las 6 hay que salir de casa por lo menos a las 4, y para salir a las 4 yo tengo que levantarme por lo menos a la 1, y he pensado que mira, que ni me acuesto.
-Vale, ¿por qué llevas el abrigo puesto?
Que estamos a treinta grados, por el amor de dios.
-Porque he mirado la previsión del tiempo para los próximo diez días, y el martes va a refrescar.
-Claro. Bueno, rebobinemos un poco: ¿que mi hermano ha dicho QUÉ?
Hermano Mediano ha estado en Finlandia, Islandia, Japón y China, en esta última varias veces. Cualquiera diría que a estas alturas ya se habría acostumbrado a todo el tema de los horarios y los aeropuertos.
Sí, cualquiera lo diría.
Pero yo no.
-Que tenemos que estar allí por los menos dos horas antes del vuelo, y como el vuelo sale a las 8...
-¡El vuelo sale a las 8:45!
-Pero la hora de embarque es a las 8:15, así que tenemos que estar allí como mínimo a las 6 y claro, ¡es que es prácticamente hora de salir ya!
Lo primero que pensé es que mi madre se había vuelto loca de pronto. Luego me lo replanteé y me dije que bueno, igual tan de pronto no era.
Pero no se trataba de eso. A mí me daba pánico pensar que iba a pasar tres horas en el aeropuerto, con todo cerrado, nada que hacer, dos niños pequeños, mis padres, mis hermanos y ZaraJota drogado (esa historia para otro día...). Tenía que encontrar la forma de poner un poco de sensatez pero claro, la sensatez no es mi fuerte.
Por eso recurrí a una autoridad superior.
-Pero vamos a ver... ¿padre qué opina de todo esto?
-¿Tu padre? ¡Hace una semana que salió para el aeropuerto!

Estamos apañados.

continuará...

17 abril 2017

Eurodisney, parte 2

Previously in Lorz...
Cuando ahorremoh un poquillo-o-o.


La verdad es que mis padres no habían ahorrao un poquillo, como demuestra el hecho de que nos íbamos ocho personas, cuatro días, a pensión completa, a uno de los mejores hoteles, y que después no nos han dejado pagar ni un café.
Para ser justos, mi madre me dejó pagarle un café. 
1,35 €. 
Ahora que lo pienso, también quiso un croasán para acompañar. 
Otro 1,95 €
Es que mi madre siempre ha sido muy de abusar. 
Mi padre solo puso una condición.
-A mí darme de comer bien.
-Bueno, con el paquete que has contratado tenemos acceso a muy buenos restaurantes; la única pega es que hay que reservar con mucha antelación.
-Pues ocúpate tú, que entiendes de estas cosas.
Me quedé un poco perpleja. ¿De qué cosas? ¿De comer? ¿De restaurantes? ¿De reservar?
Pero bueno, ya que nos íbamos a Eurodisney totalmente por la cara tampoco me iba a negar a hacer unas llamadas.
El teléfono de reservas de Eurodisney te da la opción de atenderte en varios idiomas, entre ellos el castellano.
-Qué bien -pensé, pulsando la opción "castellano".
-Bon jour.
-La p*t*.
-Ah, ¿espagnol?
-Oui. Sí. Yo qué sé.
-Si pguefiegue le puedoo atendeg en espaniol.
-Sí, por favor. Quiero hacer una reserva para el restaurante de las princesas... eh... ¿le Auberge du Cendrillon?
-Oui. ¿Cuantas pegsonas?
-Seis adultos, una niña, un bebé.
-Ocho pegsonas. Paga senag está todo completo-o. Paga comeg tenemos hueco-o a las 11:30. Nada má-ás.
-¡Si queda más de un mes!
-Son muy populague-es, las pguinsesa-as. Espegue-e, tenemos otgo-o hueco a las 15:30.
Estimado dios, si existes, que le pase algo bueno a la familia que decidió anular su reserva en ese preciso momento. Gracias.
-¡Ese! ¡Me lo quedo! Es un poco tag... tarde pero me da igual.
-Es una hora muy espaniola para comeg, jijiji...
-Y queremos una tarta de cumpleaños.
-Pegfecto, ¿qué eda-ad tiene el niño-o?
-Um... sesenta.
-¡Pegfecto-o! Nos gustan los niño-os de todas las edade-es!

Me quedé tan contenta con mi reserva, pero pasados unos días volví a llamar.
No es porque tenga toc y haya llamado unas sesenta veces a confirmar que todo esté correcto, ¿eh?
Es que tardé un poco en cuadrar el planning.
Y además tengo toc.
Pero esta vez la llamada fue un poco diferente.
-Buenoh díah, soy Hosé Cal·los.
Hace poco he leído un libro que decía que el catalán es el único idioma europeo que utiliza la l geminada. Falso: el gaditano la usa continuamente.
-Eh... hola... ¿es el teléfono de reservas de Eurodisney?
-Claro, mujeh.
-Eh... Quiero hacer una reserva para Chez Rémy.
-¿Cuántoh soih?
-Seis adultos, una niña, un bebé.
-A mí dime los culoh que tengo que sentar.
-Eh... -yo no sabía que en Eurodisney se podía tener culo-, um... ocho.
-Ocho. Ehtoy viendo que tieneh una reserva pal Auberch du Sendrillón, con tarta de cumpleañoh.
-Sí.
Miarma.
-Pueh te cuento: aquí tieneh apuntao que quiereh la tarta de fresa y nata.
-Sí.
Albergaba la esperanza de que la nata fuera en realidad chantilly. Por las risas.
-Eh que ahora tenemos también la tarta del veintisinco aniversario.
-Ah, genial. Y ¿cómo es?
-Pueh la verdad, eh mu jodío de ehplicar.
Parece la tarta ideal para mi familia, sí.

continuará...



La jodía tarta. 

12 abril 2017

Eurodisney, parte 1

1992, antigua carretera nacional IV, en algún punto entre Sevilla y Córdoba. 
-Niñoh, ¿oh ha guhtado la Ehpo? -dijo mi padre, mirándonos de reojo mientras conducía.
-¡Sííííííííií!
-¿Dónde quereih que vayamoh la prósima veh?
-¡A URODIHNI!
-Bueno, eso-o-o cuando ahorremoh un poquillo-o-o.


2016, Madrid, en algún punto de Carabanchel. 
-El año que viene cumplo 60 -me dijo mi padre.
-¡GUAU!
-Impresiona, ¿eh?
-No, es que han abierto una tienda de galletas para perros, y quiero ver si doy el pego y me puedo comprar una. ¡GUAU, GUAU!
-... claro... Bueno, que estoy pensando en hacer algo especial. Pero "especial" de verdad, no especial como tú.
-Pues para los 60 no sé qué harás, pero para los 65 podíamos ir todos a Eurodisney.
Que 60 es una cifra muy redondita y muy mona y muy tal, pero el verdadero hito es cumplir 65, jubilarse (ja, ja) y a vivir la vida.
-Bueno -dijo mi padre-, eso-o-o cuando ahorremoh un poquillo-o-o.
O sea: que no.


2017, Madrid, en el mismo punto de Carabanchel que antes. Exactamente el mismo punto. Es que en mi familia somos un poco especiales con el tema de los asientos para comer y tal. 
-No hagáis planes para semana santa -dijo mi padre-, que nos vamos a Eurodisney.
Se me escapó la fanta por la nariz de la impresión.
-Mira -le dijo-, solo porque madre y tú os vayáis a Eurodisney no voy a quedarme yo sin salir, por mucho que vuestro gato sea idiota y le dé miedo quedarse solo en casa.
-Todos, Lorz. Nos vamos a Eurodisney TODOS.
Me quedé sin palabras. Y creedme, eso no pasa a menudo.
-No sé qué te sorprende tanto, Lorz, si fue idea tuya.
-¡Yo dije a los 65! ¡Que ahora me paso el día con la teta al viento y en Eurodisney hace mucho frío!
Coñoyá.
-¡Pero es que hemoh ahorrao un poquillo-o-o AHORA!
Así visto, ahora es un momento estupendo.


continuará...





24 septiembre 2012

A mi preciosa, no tan diminuta niña

Una vez alguien nos dijo a tu papá y a mí que nos queremos tanto, que en nuestro cuento no queda sitio para un dragón.
Pues no, no nos cabe.
Además, ¿qué hacemos nosotros con un dragón?
Son grandes, escupen fuego, comen carne humana... ¡y deben hacer unas cacas enormes! 
Que no, que no, que son muy poco prácticos.
Además, lo que papá y yo queríamos no era un dragón, sino un bebé.
Es lo que pasa cuando te sale el amor a borbotones, ¿sabes?
Nuestra pequeña familia se nos quedaba aún más pequeña por falta de gente a la que querer.

Entonces mamá tuvo un accidente. Ya hablaremos de eso cuando seas mayor. Ahora lo único que importa es que el médico le dijo a mamá que iba a tener muchas dificultades para tener hijos.
Eso dolió más que el accidente, mucho, mucho más.

Después hubo otro accidente. Sí, también hablaremos de eso cuando seas mayor. Esta vez el médico dijo que mamá iba a tener muchas dificultades para tener hijos, y que de todas maneras quizá era lo mejor para todos.
Ni que decir que no estaba de acuerdo, no lo estaba en absoluto.

Hizo falta otro médico diferente, mucho tiempo después.
-Tienes un útero precioso -dijo.
-¿Y eso que significa?
-Que eres tan fértil que te puedes quedar embarazada bebiendo del mismo vaso que tu marido.
El médico exageraba, no es así como se tienen los bebés... ya te lo explicaré cuando seas mayor. Muy mayor. Unos cincuenta o sesenta o así.

Papá y mamá empezaron a beber del mismo vaso en noviembre del 2011, pero no te fabricaron hasta la navidad de ese mismo año, una de las más tristes que hemos tenido.
A la tita del Puerto le acababan de detectar un cáncer de pecho, y no se podía mover de su casa porque iban llamar para que se operara en cualquier momento. Los abuelos se fueron al Puerto con ella, para que no pasaran la navidad sola. A cambio dejaron a sus hijos solos en Madrid. Que es verdad que ya éramos mayorcitos, pero, ¿te imaginas una cena de navidad sin los abuelos?
Sin los gorritos absurdos de la abuela, sin el abuelo de los nervios porque alguien llega cinco minutos tarde, sin las toneladas de comida, sin el cabreo porque ha salido una botella de cocacola en la foto, sin las velitas y el “mira que mono me ha quedado el árbol”.
No es lo mismo, ¿verdad?

Al final a la tita del Puerto la operaron el mismo día que supimos que venías de camino.
Papá y mamá acordaron no decirle nada a nadie, ¡eras tan pequeñita, tan frágil! Pensábamos que con sólo nombrarte el viento se te llevaría.

Aunque ocultarlo era difícil. Mamá estaba hecha una pupa. Devolvía, se mareaba, le dolía todo, a veces se quedaba dormida de pie... lo que pasa cuando tienes un bichillo inquieto creciendo dentro de ti.
A pesar de todo, ese segundo fin de semana de enero nos fuimos al Puerto a ver a la tita. Nada más verme, me cogió del brazo y me llevó aparte; la tita era la única que sabía que te andábamos buscando.
-¿Que tal?
-¡Creo que estoy embarazada!
A la tita se le cambió la cara.
-¿Seguro?
-El palito dice que no, pero yo lo sé, estoy tan malita...
Y mamá, tan malita como estaba, sonreía.
-¿Se lo vas a decir a tu madre?
-No, no se lo digas, es muy pronto...
Papá y mamá pasaron el fin de semana en el Puerto haciendo equilibrios para que nadie notara nada. La tita, recién operada como estaba, se dedicó a cubrirnos. Creo que en el fondo se lo estaba pasando hasta bien. Y entre unas cosas y otras, nadie notó las escapadas para devolver, o que mamá esquivaba ciertas comidas y luego comía frutos secos y manzanas todo el día, o que apenas tocaba a los gatitos.

Volver a Madrid sólo fue un alivio en parte.
Porque verás, mi niña, cuando estás embarazada (y prométeme que tú tardarás mucho, mucho en estarlo) necesitas mucho a tu mamá. No sé si es el instinto, o que necesitas mimitos, o qué, el caso es que así es. 
Y justo, justo cuando mamá necesitaba a su mamá, la abuela estaba en el Puerto. Un mes entero, y que largo que fue.
Todos los días hablábamos por teléfono, y cuando colgaba me sentía más frustrada que antes, porque no se lo podía decir; la abuela ya lo estaba pasando bastante mal: 
Estaba preocupada por la tita, porque un cáncer no es cosa de broma.
Estaba preocupada por su trabajo, porque para cuidar de la tita había tenido que pedir una excedencia; una suspensión de empleo y sueldo durante un mes, y no sabía si a la vuelta seguiría teniendo trabajo, tal y como estaban las cosas.
Estaba preocupada por el dinero, claro, porque un mes sin sueldo no es algo que una familia pueda asumir así como así.
Estaba preocupada por sus hijos, porque estaban solos en Madrid. Por aquel entonces el más pequeño tenía 26 años y vivía con su pareja, pero los hijos son siempre niños.
Estaba preocupada por el abuelo, porque ya sabes que los abuelos se pasan el día rezongándose, y luego no pueden estar el uno sin el otro.
Y además, “¡a saber cómo me está dejando la casa! Porque ya sabes cómo son los hombres, que limpian, pero no afinan. Le temo, le temo a lo que me voy a encontrar cuando vuelva”. Las cosas de la abuela.

Al final, la tita me convenció para que se lo contara.
Me dijo que la abuela estaba muy triste. Me dijo que eso la animaría. Me dijo que le haría sonreír. Y sobre todo, me dijo que o se lo contaba yo, o se lo contaba ella, que no podía guardarse un secreto tan gordo ni un día más.
Ya sabes cómo son los abuelos. Si se lo hubiera dicho antes a la abuela, el abuelo se habría enfurruñado, “nadie me quiere”, “nadie me cuenta nada”, “no pinto nada en esta casa” y todo lo demás. Si se lo hubiera dicho antes al abuelo, la abuela no me habría vuelto a hablar en la vida. Que ahora que lo pienso, así a largo plazo, igual era una ventaja.
La solución fue mandar un mensaje al móvil, a los dos a la vez, y si uno lo leía antes que el otro era su problema, ¿no?
Ellos no lo vieron así. Sobre todo la abuela. “Mira que decirme una cosa así por mensaje”, decía. El cabreo le duró poco: iba a ser abuela, y estaba muy ocupada anunciándolo a gritos por la calle.

Por aquel entonces eras tan pequeña que papá y yo te llamábamos Cigotito: medías 9 milímetros. Nos parecía mentira que aquella manchita diminuta fuera a convertirse en un bebé, y aún así, empezamos a prepararnos para tu llegada.
Conseguimos una hipoteca, todavía no sabemos muy bien cómo, y nos compramos un piso con una habitación grande y ventilada para ti.
Peleamos con pintores, albañiles, técnicos y papeleos de diverso tipo.
Y luego nos mudamos.

Hija, si puedes, no te mudes nunca, o mejor, múdate mil veces, pero ve ligera de equipaje. Una mudanza es como el infierno, con cajas y pelusas en vez de llamas y diablillos.
La mudanza fue especialmente traumática para Arale-Chan, durante un tiempo pensamos que no lo superaría. 

No te preocupes,  lo superó.


Cuando acabamos las reformas, la mudanza y nos asentamos, ¡pluf! Reventó una tubería que nos inundó la casa. Por suerte el fontanero, no te lo creerás, estaba en el edificio, y actuó rápido. Bueno, actuamos: el fontanero, papá, tú en la tripa y yo, recogiendo agua, apartando muebles, construyendo pequeños diques con toallas... En medio del desbarajuste, mamá se hizo daño en la rodilla, y por eso se pasó los siguientes meses cayéndose de todas partes: de las escaleras, del autobús, andando en llano por la calle... Cada caída era un susto, porque te podías haber hecho daño tú también.


Apenas nos habíamos recuperado de la emoción de tener un parque acuático en casa cuando la tía Noli nos llevó a Eurodisney. Tú ya eras un bichillo de tamaño considerable, empezabas a dar patadas y con ellas jugábamos a imaginar lo que te gustaba y lo que no.

Por entonces, cuando parecía que todo estaba perfecto y listo para la llegada de nuestra pequeña, mamá se quedó sin trabajo. Económicamente no suponía ningún problema, mamá llevaba muchos años trabajando, y tenía derecho a su prestación. El problema era, precisamente, que mamá llevaba muchos años trabajando, y no sabe estar parada. Y por mucho que buscó trabajo, con cinco millones de parados como había, a ver quién contrataba a una embarazada.
Al final mamá se resignó y se dedicó a estudiar. La de horas que habremos pasado, tú y yo, recitando lecciones de inglés, de historia, de arte. La de exámenes que hemos hecho juntas, escritos y orales, y lo que nos hemos reído cuando los examinadores veían a esa opositora de tripa enorme acercándose a la tarima...

Nada más acabar los exámenes, cuando ya me saboreaba un mes de paz, tranquilidad y piscina, la tita del Puerto tuvo un accidente de coche. El coche quedó como un acordeón. Por suerte la tita llevaba el cinturón puesto, así que en vez de quedar hecha mermelada y que la tuvieran que recoger del asfalto con una palita, sólo se hizo un magullón en el pecho que durante unos días le impidió moverse con normalidad. Para que veas lo importante que es el cinturón, hija, hay que ponérselo siempre. Y si alguna ves no te apetece, piensa si prefieres moratón o mermelada, porque de eso se trata.
Lo peor para la tita fue el bajón, porque acabar un tratamiento de cáncer y justo tener un accidente es como para deprimir a cualquiera. Por eso le dije que me iba con ella unos días.
Eso me costó una bronca con tu padre. Ya sabes que tu padre y yo no discutimos, y no es por que yo no lo intente, que va, es culpa suya, que lo único que hace es levantar una ceja y así no hay manera de discutir con nadie, que poca consideración.
Esta vez, en cambio, tu padre no tuvo bastante con levantar una ceja.
-Es que no entiendo que tengas que ir tú.
-Porque mi madre no puede pedirse más días en el trabajo.
-¿Y no hay nadie más?
-Sí, pero...
-Que no es porque vayas, que ya sabes que no... Es que estás de siete meses, tienes una rodilla inútil, anemia, nauseas casi todas las mañanas y contracciones casi todas las tardes... Que no estás para ayudar a nadie, estás para que te ayuden.
-Bueno, no sé, al menos le haré compañía, ¿no?
Tu padre accedió al fin a regañadientes.
Luego, cuando llegué al Puerto y la tita me vio puso cara de espanto.
-¡Yo no sabía que estabas así!
Que tampoco era para tanto, es que ya sabes lo exageradas que son.


Después de pasar cuatro días con la tita, contracción va, contracción viene, la tenía tan asustada que me acompañó a Madrid porque tenía miedo de lo que me pudiera pasar si me venía sola.
Ya ves, como si no hubiera ido yo sola, para empezar.
Porque había una cosa que tuve clara desde el principio: estar embaraza no es estar enferma.
Bueno, a veces lo es. No en mi caso, no en nuestro caso.
Es verdad que tenía días en los que se encontraba muy mal, y tenía que quedarme en la cama abrazándome la tripita y repitiendo “es por mi bebé, es por mi bebé” como forma de consuelo.
En cambio, la mayoría de los días, hemos hecho de todo juntas, tú y yo.
Hemos hecho exámenes, hemos ido en avión, nos hemos montado en atracciones de Eurodisney. Hemos estado en la playa, y en el cine, y en una obra de teatro en la que mamá se rió tanto que papá dijo que al final nos ibas a salir centrifugada.
Hemos ido a la piscina y nadado largos a un lado y al otro como si nos fuera la vida en ello. Hemos hecho pilates, y ejercicios para embarazadas, y otro tipo de ejercicios de los que te hablaré cuando seas mayor. 
Hemos hecho vida normal, la limpieza de los viernes, la intensiva premudanza y la general de otoño (un poco adelantada), ido a la compra, cargado con el carrito hasta los topes, cocinado cosas ricas para papá, incluso cuando a veces mamá no era capaz de comer nada después.
Hasta el último día, hemos ido a todas partes en autobús y en metro, salvo cuando el abuelo nos hacía de taxista. Una vez hicimos la croqueta en el suelo de un interurbano. Otra, el abuelo nos prestó el coche, se nos rompió en un túnel de la M30 y nos tuvo que sacar la grúa. Hemos viajado en ave, y en un ascensor con sorpresa.
Hemos subido y bajado miles de escaleras, a veces a pie, y a veces dando saltitos sobre el culo de mamá. Ya pasados los ocho meses de embarazo, subimos tres pisos a pie para secuestrar un gato.

Hemos reído hasta llorar, y hemos llorado hasta que papá nos ha hecho reír contándonos chistes de pollos.
Hemos puesto el hombro para que lloraran otras personas, y no quiero señalar a nadie.

Hemos oído miles de horas de música clásica, cantado, escuchado los cuentos que leía papá para que te acostumbraras al sonido de su voz.
Todas las noches le hemos dado el beso de buenas noches a papá, y todas las mañanas hemos recibido los suyos de buenos días, uno para mí y otro en el ombligo para ti.

Y todo eso, mi pequeña, cuando no eras más que un bultito dentro de la tripa de mamá.
Estoy deseando ver todo lo que somos capaces de hacer los tres juntos ahora que estás fuera.








Pd: Un post moñas al año no hace daño, ¿no?


Pd2: Ya está cambiada la errata, quejicas. Así, tecleando con el índice de la mano derecha y sujetando a Bebé-chan con la izquierda.
Gracias a todos por vuestros comentarios (los de este post y los del anterior). Me gustaría responderlos uno a uno, aunque creo que no voy a tener tiempo para hacerlo hasta dentro de unos 18 años o así.

05 junio 2012

La herencia Urodini 8 y ya

Previously in Lorz...
Bebé-chán tiene derecho a elegir el equipo de fútbol con el que quiere amargarse la vida.

Decíamos ayer que después de muchas peripecias conseguimos llegar a Eurodisney, Urodini para los amigos.

Como no me pagan por hacer publicidad (pero pueden, si quieren) no os voy a cansar con lo bonito que es todo, lo bien que me lo pasé, y lo mucho que quiero a mi cuñada por haberme llevado.
A pesar de todo tengo que admitir que me lo hubiera pasado aún mejor si cabe de no haber sido por mi lamentable estado. Porque resulta que Eurodisney no está preparado para mujeres embarazadas y cojas.
Y el problema no son las atracciones, como pensaba mi familia política, sino que hay que andar muchísimo, y las colas son eternas, de pie y muchas veces al sol. En fin, que si hay que hacer cola se hace, pero hacerla a la sombra o tener un banquito de vez en cuando no estaría mal.
Luego está el problema de la comida: es el tipo de comida que a todo el mundo le gusta. Ahora, si no eres como todo el mundo, vas frito. Ya no sólo las embarazadas: las personas con alergias alimentarias o diabetes es mejor que se lleven un tupper de casa. 
Yo misma, algunos días, tuve dificultades para encontrar algo que comer:




Malditas pruebas gráficas...
Bueno, con la comida no, pero sí que tuve otras dificultades.
Por ejemplo, las toallas del hotel no estaban preparadas para mis necesidades específicas:

Nota mental: necesito toallas premamá.

Y es raro. Porque si hay algo que se puede decir de Eurodisney es que está todo perfectamente organizado.
Nos dimos cuenta nada más llegar al aeropuerto.
Un ejemplo:
Imagínate que eres uno de esos señores a los que les gusta dar caramelos a los niños. Pero ya sabes cómo son los padres hoy en día: se ponen muy nerviosos si un extraño intenta que sus hijos le coman su piruleta. Por eso muchos señores a los que les gusta dar caramelos a los niños tienen que esperar a que los niños se separen de sus papás para enseñarles la piruleta. Es un rollo y se pierde mucho tiempo. Por eso los franceses han optimizado el proceso y te avisan de dónde puedes encontrar niños sin sus padres:

Está muy bien pensado.
Ya en el hotel, descubrimos que las habitaciones tienen anticonceptivo incorporado.

-¿Las niñas van a dormir con nosotros? -le pregunté a mi cuñada.
-No, en vuestra habitación sólo dormís vosotros -me explicó-. Privilegios de embarazada.
Claro, a mí no hace falta que me anticonceptiven.

Y luego, en Eurodisney, descubrimos el Baldosas Rosa Memorial:


Después de mucho pensarlo llegamos a la conclusión de que es el listado de los menores no acompañados disponibles para darles piruletas.
Si alguien tiene una teoría mejor que la diga.

Pero donde realmente se ve lo bien organizado que está todo es en los carteles.
Los hay por todas partes y para todo:

 De este había en todas las atracciones:


"Mantenga brazos y piernas dentro del vehículo"
Que ya sabemos la gente como es, venga a tirar miembros fuera de la atracción y lo ponen todo perdido.
 ZaraJota™ dedicó una cantidad insana de tiempo a estudiar este, en parte porque había uno fuera de cada cuarto de baño y yo pasé mucho tiempo en el baño:
Al final conseguimos descifrar su significado:
 1.- Llamar 112 veces.


2.- Dejar inconsciente a un señor calvo sin brazos y arrancarle el corazón.

 3.- Escupir en el corazón. No es estrictamente necesario, es para darle brillito.


4.- Clavar un palo en el cuello del señor calvo sin brazos. Colgar un embudo al extremo del palo, de manera que la sangre que suba por el palo vuelva a caer por el embudo directa al corazón del señor calvo sin brazos. Este sistema se llama autotransfusión y puede ahorrar millones a la salud pública, que no está para ir gastando sangre así como así.

Pero el favorito de  ZaraJota™ es este:


Él lo tradujo como: "Mantén limpia la puerta: vigila tus manos".





Haiku
     En Eurodisney
     es todo muy bonito
     volvamos pronto

02 junio 2012

La herencia Urodini 7

Previously in Lorz...
Todo es una m**rd*.

Desde el aeropuerto de Orly hasta Eurodisney hay aproximadamente 40 kilómetros. Nosotros tardamos tres horas en hacer el recorrido.
-Puesssss a mí no se me ha hecho laaaaaaaargo... -dijo ZaraJota™.
-Porque estás colgado.
-Ah, claaaaaaaaaaro...
Al fin llegamos, encontramos a la familia y por fin, por fin, entramos al parque.
-Oooooohhh... que bonitoooo...
-Es el aparcamiento.

-Es como viviiiiiir es un cuento de hadassss...
-Porque sigues colgado.
-Ah, claaaaaaaaaaro...
ZaraJota™ tardó bastante en limpiar el ansiolítico de su sistema. Para ilustrar cómo fue ese día con un marido drogado contaré sólo un ejemplo:
Por la tarde, cuando llegamos al hotel, me dijo que se iba a duchar y me preguntó donde estaba el champú.
-En mi neceser. Hay dos botes iguales; el que pone “champú” es champú, el que no pone nada es mi crema hidratante.
Adivinad con cuál se lavó el pelo.
-Mira que ssssssuaaaaave esssssstá mi peeeeeeeelo... y como briiiiiiiillaaaa...
Exacto.

Una vez nos vieron llegar sanos y salvos, la familia de ZaraJota™ empezó a preocuparse por una cosa.
Bueno, por dos cosas.
Por aquel entonces todavía no sabíamos que Bebé-chan es una niña, y se admitían apuestas.
La mayoría de la familia quería una niña.
-Pues yo quiero que sea niño -dijo el hermano de ZaraJota™.
El hermano de ZaraJota™ es muy futbolero y siempre quiso tener un niño. Como suele ocurrir en estos casos, tuvo dos niñas, y encima, les gusta el baloncesto.
El mundo es así de injusto.
-Lo que pasa es que si es niño seguramente será del Real Madrid -le dije, por hacerle rabiar un poco.
Por la cara que puso supe que le había dado el equivalente mental a una patada en las pelotas.
-Entonces que sea niña y del Barça.

La segunda preocupación de la familia es que no me iba a poder montar en nada.
Sí, Eurodisney tiene muchas atracciones de riesgo en las que no me podía montar, pero lo cierto es que no me habría montado de todas maneras, porque me dan mucha cosita.
Además, Eurodisney está pensado para todos los públicos, y como consecuencia tiene atracciones para todos los públicos. Y como está todo muy bien organizado, en el plano te marcan cada atracción, con un resumen de lo que te puedes encontrar, y simbolitos con sus características: “no apto para cardíacos”, “podrían asustar a los niños”, “se requiere altura mínima de 1,40 metros”, y así.
Al final, no sólo me pude montar en un montón de atracciones, sino que les superé en número, porque las que tienen más cola son las atracciones de riesgo, y las “aburricosas” tenían minicolitas.
Nada de eso impidió a la familia de Zarajota preocuparse por el bienestrar de mi tripita.
Cada vez que nos encontrábamos, nos daban un resumen:
-Nos hemos montado en el Nemo. Lorz, tú no te montes.
O bien...
-Nos hemos montado en el carrusel, te puedes montar.
En una de las veces, el hermano de ZaraJota™ nos recomendó Phantom Manor.
-¿No es una casa del terror? A ver si me va a dar un infartito.
-No, no, ya verás, móntate que te va a encantar.
Y nos montamos. Hicimos la cola de rigor, a través de un cementerio, entramos a una casa que daba miedito, y nos hicieron subir en un ascensor gigante.
Las puertas se cerraron, el ascensor empezó a bajar y de pronto... dio una sacudida, las luces se apagaron, y todo el mundo empezó a gritar y a empujarse.
Me entró el pánico.
-Tu hermano nos ha engañado -le dije a ZaraJota™.
-Claro que no...
-¡Tu hermano quiere que tenga un infartito! ¡TU HERMANO QUIERE MATAR A NUESTRO BEBÉ!
-¿Por qué iba a querer hacerle daño?
-¡PORQUE LE HE DICHO QUE ES DEL REAL MADRID!
-Si no ha nacido todavía...
-¡A TU HERMANO LE DA IGUAL!
-A ver, Lorz, tranquilízate, mi hermano nunca le haría daño a nuestro bebé.
-¿Ni... sob... aunque sea del Madrid?
-Ni aunque sea del Madrid.
-¿Y si... sob... es del Atlético de Madrid?
-Bueno, en ese caso, quizá, para aliviar su sufrimiento, ya sabes, quizá podría planteárselo, con fines humanitarios y tal.
Para cuando llegamos a la atracción propiamente dicha ya me había tranquilizado. La terrible atracción asesina resultó ser un trenecito que pasea por una casa decorada como una casa encantada. Decorada, y ya. No hay saltos, ni sustos sorpresa, ni nada intenta tocarte. Salí de allí bastante relajadita, en realidad.
Bien, pues esta es la cuestión:
Cuando llevas un ser humano dentro pronto aprendes que todo lo que te pase le afecta.
Si tomas azúcar no notas nada al momento, pero cuando la digieres y llega a su sistemita le da un subidón de azúcar y se pone a bailar la Macarena.
Si tomas cafeína, tarde o temprano la absorbe, le da un subidón, y se pone a bailar, pero ya no la Macarena: los Pitufos Makineros, por los menos.
Y si sufres una descarga de adrenalina no notas nada al momento... hasta que le llega.
ZaraJota™ y yo andábamos por Main Street felices como lombrices cuando Bebé-chan recibió toda la adrenalina que su mamá había producido y se defendió arreando la patada del siglo contra mi órganos internos.
De pronto sentí un dolor intenso en un riñón, dejé de respirar y me doblé sobre mí misma abrazándome la barriga.
-¿Qué te pasa?
-Tu hermano no quiere matar al bebé.
-Ya te he dicho que no.
-¡Quiere matarme a mí!


Continuará...


Haiku:
     Las pataditas
     son monas siempre que
     no acierten blanco

30 mayo 2012

La herencia Urodini 6

Previously in Lorz...
Los franceses te cobran por destruir tus cosas.


Después de mucho, mucho tiempo, todos los viajeros consiguieron recuperar sus maletas.
-Bueno, ya nos vamos -dijo el chófer.
Recordemos el retrato robot del chófer:

Entonces fue cuando a uno de los miembros de nuestro grupo se le ocurrió hacer una foto a los militares.
Vamos a morir aquí, me dije.
Media hora y un reconocimiento rectal más tarde dejaron ir al listo de las fotos y por fin salimos del aeropuerto.
Y entonces fue cuándo empezó el auténtico espectáculo.
-Bueno, cuidado con la puerta de la furgoneta -explicó el chófer mientras subíamos-. Se ha roto y se cierra sola.
Dos aterrorizados turistas sujetaron la puerta mientras los demás nos subíamos. Después tuvieron que hacer un Indiana Jones para subir. Nadie sufrió la amputación de ningún miembro, aunque estuvimos cerca, y ZaraJota™ tuvo que hacer de escudo humano para que mi tripa no sufriera daños.  
Una vez dentro, descubrimos que la puerta no sólo se cerraba sola: también se abría sola.
-No pasa nada, tengo una cuerda por aquí -dijo el chófer, y ató la puerta a un asiento para que no se abriera.
-¿Cuánto tardamos en llegar a Eurodisney? -preguntó una señora.
-¿A Eurodisney? Una hora, más o menos. Pero no vamos a Eurodisney, vamos a la estación de Austerlitz.
-¿QUÉ?
-Es que se me ha perdido uno del grupo y ha aparecido allí.
Todos nos hicimos la misma pregunta: si pasan cinco minutos y nadie lo reclama, ¿lo harán detonar?
-¡Vamos a llegar tardísimo!
-¿Y yo que quiere que le haga, si esto está fatal organizado?
-Pero lo organiza su empresa...
-¡Yo soy un mandao! ¡A mí me dicen que vaya y voy! ¿Cree que a mí me gusta? ¡Yo por mí me volvía a mi pueblo mañana! ¡Villamatojo de Arriba, lo más bonito que hay! ¡Estoy de los p*t*s franceses hasta los c*j*n*s!
La señora tenía razón para enfadarse, porque habíamos pagado un plus para tener transporte privado y directo y con la tontería íbamos a tardar más que cogiendo el cercanías o un autobús público, y encima con un chófer psicópata y una puerta que no se cerraba.
-Pero...
-J*d*r, es que... que asco de país... todo funciona así: te dan una orden y tienes que cumplirla... Y los franceses... son lo peor.
-Bueno -dije, para aliviar la tensión-, al menos veremos algo de París, ¿no es genial?
-Es una m**rd* de ciudad.
-Eh...
-No tiene nada bonito. ¿La torre Eiffel? Una m**rd*. ¿El Sagrado Corazón? Lleno de moros carteristas. ¿El Louvre? Un timo. Y no me hagas hablar de la comida... ¡Una m**rd*!
-Eh... ¿Usted no vive del turismo?
-¡No me hagas hablar!
En medio de tan animado ambiente llegamos a París.
Vimos la Torre Eiffel de lejos y el grupo de empezó a animar y a señalar las cosas bonitas que veía.
-Oiga -preguntó de nuevo la señora-. ¿Qué es aquello?
-Vete tú a saber. Estos p*t*s franceses le ponen banderitas a cualquier m**rd* de edificio.
-Jo.
Por fin llegamos a la estación. El chófer desató la puerta, el viajero perdido se subió a la furgoneta, el chófer ató de nuevo la puerta y, ahora sí, pusimos rumbo a Eurodisney.
-Ese que estaba contigo en la estación -le dijo al recién llegado- era mi jefe.
-Parecía majo.
-Es un c*br*n. P*t*s franceses... Nos odian a todos los españoles. Nos miran por encima del hombro, ¿sabéis?
-Yo también soy de Villamatojo -se atrevió a decir un señor. Por cambiar de tema, supongo.
-Somos buena gente los de Villamatojo... ¡No como estos p*t*s franceses!
No funcionó.
Por fin llegamos a Eurodisney. Para añadir diversión al asunto, resultó que no íbamos todos al mismo hotel.
Así que el chófer paraba delante de un hotel.
Desataba la puerta.
Se bajaban una o dos personas.
Volvía a atar la puerta.
Siguiente hotel.
Desataba la puerta...
A la tercera parada, el chófer perdió la paciencia.
-Mira -le dijo al señor de Villamatojo-, estamos perdiendo el tiempo con esto de atar y desatar. Mejor sujetas tú la puerta y ya está.
-Eh...
Y arrancó de nuevo.
Estábamos en la carretera cuando el señor de Villamatojo, sin soltar la puerta, se giró hacia nosotros.
-¿Esto es parte de la experiencia Disney?
Ahora le digo que no y le hundo el día.


Continuará...


Haiku:
      Nuestro chófer
      odia a los franceses
       y a todo el mundo


27 mayo 2012

La herencia Urodini 5

Previously in Lorz...
ZaraJota™ no le tiene miedo a nada, salvo a lo que le asusta.

El ansiolítico que se había tomado ZaraJota™ no le hizo nada de efecto. Estaba tan nervioso que si hubieran apagado el motor y le hubieran dejado pedalear habríamos llegado antes y contaminado menos.
Como era de esperar, en el avión sufrimos muchísimas turbulencias.
Aproximadamente la mitad de los pasajeros eran niños de menos de diez años, y uno de los adultos que les acompañaban decidió que sería buena idea plantearlo como un juego. Cada vez que el avión se bamboleaba, descendía en picado o saltaba en el aire aplaudían, gritaban y jaleaban al piloto.
Con cada grito, mi señor marido daba un respingo.
Cada vez estaba más verde, y, para complicar más las cosas, ni en su asiento ni en el mío nos habían dejado pukebag. Si nos daba por potar, iba a tener que ser en el pukesuelo.
-No te preocupes -le dije, para intentar tranquilizarle-. Sólo gritan porque no tienen miedo a morir.
-No pasa nada... No tengo miedo... Llevo mi camiseta de la suerte.
-¿Y esa cuál es?
Mierda.
A pesar de todo, llegamos sanos y salvos al aeropuerto de Orly. Recogimos nuestro equipaje de mano, salimos y localizamos a nuestro chófer.
El chófer era un señor bajito, calvo, con unas orejas y una nariz desproporcionadamente grandes.

Retrato robot.
-¿Van para Eurodisney? -preguntó.
-Sí.
-Esperen por aquí mientras los demás recogen su equipaje.
Nos sentamos en un banco a esperar. A Zarajota empezaba a hacerle efecto el ansiolítico (a buenas horas) y tenía la mirada difusa.
-Rogamos al propietario de una mochila negra que pase a recogerla en el punto de información -oímos de pronto por megafonía.
-Oshtrash, que bieeeeen que endiendo el franceshhh...
-Pequeño, creo que están hablando en castellano.
-Rogamos al propietario de una mochila negra que pase a recogerla en el punto de información -repitió la voz.
-Jijiji, pueeeeeesh que bien entiendo cashtellanooo...
Estábamos en esas cuando de pronto empezaron a aparecer señores militares con metralleta.
-¡TODO EL MUNDO FUERA! ¡TODO EL MUNDO FUERA!
-¿Qué?
-Todo el mundo fuera -nos dijo el chófer-. Va a haber una explosión.
-¿Qué?
Salimos al exterior del aeropuerto.
-Es que aquí si te dejas el equipaje abandonado y no lo reclamas en cinco minutos vienen los artificieros y lo detonan.
-¿Qué?
-Por si hay una bomba dentro.
-A ver... se encuentran una mochila, ¿no? y entonces la cojen y la explotan por si acaso es explosiva.
-Bueno, antes avisan por si alguien la reclama, pero nadie reclama nunca porque la multa por dejar equipaje abandonado es de 750 €.
-¡Es absurdo!
-No, es Sarkozy™.
Allí estábamos, esperando que los artificieros detonaran una mochila que no era explosiva hasta que llegaron ellos, sin podernos ir porque el resto del grupo no había conseguido recoger su equipaje.
Y de pronto me empecé a encontrar mal.
Ya sabéis lo que es. Bueno, con suerte no lo sabéis. De pronto sólo veía puntitos brillantes y sólo oía un zumbido y el cuerpo no me sostenía más.
-Me voy a desmayar -le dije a Zarajota.
-¿Qué te passsssha?
-Ne..cesito... aire...
-¿Te encuentrasssssh maaaaaaal?
-A... i... re...
-¿Qué pueeeeeeeedo haceeeeeeer?
-A... i... re...
-¿Quieressssh que vaya a bushcar ayudaaaaa?
-¡NO ME DEJES SOLA! SON CAPACES DE PENSAR QUE ESTOY ABANDONADA Y HACERME EXPLOTAR!
-¿Qué necesshitash?

-¡AIRE! ¡NECESITO AIRE! ¡POR DIOS! ¡QUÉ SÓLO TE HAS TOMADO MEDIA PASTILLA!
-¿Te abanicooooo?
Después de abanicarme a mí misma un rato porque Zarajota se distraía que los dibujitos del abanico, nos reunimos de nuevo con el chófer.
-Ya nos vamos -dijo-. Están terminando de recoger sus cosas.
-Mi mujer se ha desssssmayado. Essssshtá embarazaaaaada.
-Sí, ya lo he visto.
Gracias por venir a ayudar, majete.



Continuará...



Haiku.

    Si te abandonan
    Te hacen explotar
    y santas pascuas