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15 marzo 2021

Una semana

 


Es hecho universalmente conocido que en el preciso instante en que termina el tiempo para participar en una campaña de crowdfunding, el creador de la misma recibe media docena de correos electrónicos con asunto: QUIERO PARTICIPAR EN EL VERKAMI Y NO ME DEJA, o bien QUIERO PARTICIPAR EN EL VERKAMI Y SE ME HA PASADO EL PLAZO, o bien ME HUBIERA GUSTADO PARTICIPAR PERO NO AVISASTE. 
En serio. 
Llevo ya unos cuantos crowdfunding a mis espaldas (para mí o para otros) y pasa cada vez. Cada vez.
Y me he jurado que esta vez no.
NADIE SE QUEDA ATRÁS EN MI GUARDIA.
Así que os recuerdo: 

Que tengo en marcha un crowdfunding para financiar la publicación en papel de Crónicas Funestas.

Crónicas Funestas ya se publicó en digital y por partes en Lektu, y que ahora se trata de sacar un tochaco en papel. Según el último recuento tiene 822 páginas, algunas de ellas ilustradas por la maravillosa Gisselle Anderson, cuyos diseños podéis curiosear aquí
El libro narra las aventuras de Coso Abripio, un chaval que escapa de su pueblo después de que su familia sufra un accidente.
Bueno, en realidad mueren en un incendio.
Pero es un incendio accidental.
Vale, sí, lo provocó Coso. 
Lo importante es que Coso llega a la ciudad de Möho, que hace honor a su nombre, encuentra trabajo en un tugurio denominado Farolillo Rojo, y conoce a una persona que cambiará su vida para siempre. 
El destino de Coso acaba ligado al del reino. Si eso es algo bueno o malo todavía está por ver...

Crónicas Funestas tiene aventuras, humor, fantasía, romance y muchos incendios, todos ellos accidentales.
Nunca se puedo demostrar nada. 
Tarde o temprano estará el librerías (mejorando lo presente) pero las recompensas no. 
Y las recompensas son una gozada, con dibujos de Laura S. Maquilón, ganadora del concurso público convocado por las autoridades de Möho para diseñar el logo de la ciudad.
Dicho logo todavía no se ha hecho público debido a un incidente relacionado con un quítame allá ese incendio, pero sí os puedo enseñar el que realizó para el Farolillo Rojo, y que actualmente se usa en el menaje del, ejem, restaurante.


También hay delantales, cuadernos, bolsas, chapas y sugus, claro.

En resumen: queda una semana para participar en el crowdfunding de Crónicas Funestas y hacerse con un ejemplar de mi primera novela, la niña de mis ojos, la historia de Coso Abripio. 




28 diciembre 2020

Nochevieja 2020



Mis propósitos para 2020 eran:
  • pasar más tiempo con mi familia
  • teletrabajar todo lo posible
  • comer menos fuera y cocinar más en casa
Si nos centramos en esos tres parámetros, el 2020 ha sido todo un éxito.
El que no se anima es porque no quiere. 
El año empezó con un #relorzfunding que, gracias a vuestro apoyo, salió tan bien que nos dio energía no sólo para sacar la segunda parte, sino también para la tercera.
Y me vine arriba, y monté mi propia editorial, porque el editor que se publica a sí mismo tiene a un idiota por cliente y a idiota no me gana nadie.
Y entonces vino la plaga con todas las Cosas Malas detrás. Como todos las tenemos muy presentes, no hablaré de ellas. 
En cambio, hablaré de estar en casa con ZaraJota y los niños, comer juntos todos los días, tenernos al alcance de la mano, tocarnos mucho. 
De los aplausos de las ocho, y de explicarle a Nena-chan que aplaudían por todos los niños, por lo valientes que estaban siendo.
De salir a la terraza a bailar para que a los niños les diera el sol y se les desentumecieran los músculos.
De amasar pan, y bollos, de las caras de satisfacción de los niños al probarlos. 
De cuando convertimos el salón en un jardín de flores de papel, y luego de hojas de otoño, y luego de pájaros, y luego lo decoramos para navidad. 
De todas las manualidades, dibujos, acuarelas, pintura de dedos purpurina y, sobre todo, cartones de papel higiénico (muchos cartones de papel higiénico).
De las tarde de UNO y Virus. 
De la primera vez que los niños pudieran salir a la calle, de cómo los vecinos les aplaudían desde los balcones.
De como un cachorrito se volvió absolutamente loco de alegría al ver a Nene-kun, y la señora que lo paseaba nos explicó que lo había adoptado durante el confinamiento y era la primera vez que veía a un niño. 
De cuando mis padres salieron de paseo por primera vez y nos avisaron para que nos asomáramos a la terraza a verlos, y mi padre gritó: "Nene-kun, qué alto te has puesto". A lo que el niño respondió, sin inmutarse: "Es que estoy en un quinto piso". 
De Nena-chan diciendo que quería ser científica YA para descubrir la vacuna (y, más tarde, experimentando con el gato). 
De pedir cita para ir a la piscina con los niños todos y cada uno de los días de verano, porque era la forma más segura de que les diera el sol e hicieran ejercicio... y de jugar al Pulporón Gigante Asesino (Lagarto Spock).  
De Ratoncito López comiéndose las plantas de mi abuela.
De las vacaciones más marcianas que hemos tenido jamás, en Villanueva de la Vera, donde pude ver por primera vez uno de mis libros en una biblioteca.
De que, poco después, empezaron a estar en una librería
De la vuelta al cole. De las lágrimas de alegría. De los niños con sus mascarillas, haciendo cola para ponerse gel hidroalcohólico antes de entrar, chocándose los coditos al verse (y luego compartiendo las meriendas porque bueno, son niños).
De las tardes de firmas y tarta en La Sombra, rezongándole a Sark porque no encuentro el boli que me gusta o por cualquier otra cosa, porque lo importante es rezongar. 
De los viernes en el Vips, los desayunos y meriendas en Motteau con señoras chachi, ellas ya saben quiénes son.
De Nene-kun, absolutamente convencido de que al lavarse las manos veía caer a los virus, que son "negros y con muchas patitas". 
De Nena-chan, en bici sin ruedines. De Nen-kun, montado por algo más grande que un triciclo por primera vez en su vida. 
De la pérdida, del triste consuelo que supone saber que una persona a la que quieres no ha muerto sola. 
De volver a la normalidad y ver cómo tu empresita empieza a despegar a pesar de la pandemia, la crisis, los meteoritos, las plagas de langosta, las erupciones volcánicas y la reina de los mares. De que la gente confíe en ti para sacar adelante sus proyectos. De publicar un libro tras otro y encontrar apoyo una y otra vez. 
De perder una tía, pero ganar un gato. Y qué gato.
De todos los bebés pandemial que este año ha traído (y lo que que están a medio traer). 
De poner el belén, el árbol de navidad y luces, luces, muchas luces.
De ir a comprar dulces de navidad con Nene-kun, al que no le gustan los dulces, y volver a casa con una bolsa de gusanitos con forma de estrella.
De meter regalos de contrabando en casa y hacer malabarismos para envolverlos y esconderlos.
De Nena-chan preocupada por los reyes magos, porque son muy mayores y además no son convivientes y cómo van a cruzar las fronteras, que están cerradas...
Del videoclub de lectura de La Sombra, que nos ha mantenido leyendo, con contacto humano y relativamente cuerdos durante los peores momentos. 
De todo lo bueno. 
Y de que en 2021 siga habiendo (algunas) cosas buenas para recordar.




 


21 septiembre 2020

El sello de aprobación


Como seguramente sepáis todos los que me hayáis visto llorar en Twitter, Correos no ha estado funcionando demasiado bien. 
A ver, partimos de la base de que Correos no ha funcionado demasiado bien nunca. O sea, se supone que el servicio que ofrecen es enviar cosas, pero cuando vas a enviar algo y te dicen "si no quieres que se pierda por el camino es mejor que lo envíes certificado" llega un momento en el que más que un servicio parece una extorsión.
Pero bueno, en condiciones normales sabes que pagas el impuesto revolucionario certificado y las cosas llegan.
El problema es que este año no está siendo muy normal, no sé sí lo habéis notado. 
La madre que lo parió. 
Así que cuando llegó el momento de enviar las recompensas del #relorzfunding, allá por febrero, las cosas no salieron exactamente como esperaba.
Primero, todo lo que envié a finales de febrero y principios de marzo vino devuelto. 
¿Por qué?
"Ausente de domicilio".
Es decir: según Correos, durante el mes de marzo de 2020, en pleno estado de alarma y con el confinamiento más estricto, no pudo entregar los paquetes porque los mecenas no estaban en su puñetera casa. 
Que a ver, pongamos por caso que los mecenas son un poco sinvergüenzas, no digo yo que no, y que alguno estuviera bailando la conga en la calle cuando estaba prohibido, pero ¿todos? Pues no sé, me cuesta un poco creerlo, la verdad.
Visto lo visto, detuve el envío de recompensas y esperé a tiempos mejores.
Los tiempos mejores todavía no han llegado porque sigue siendo 2020 y eso, pero al menos pasados unos meses nos desconfinaron y retomamos los envíos.
Y ojo, que algunos llegaron. Pero aproximadamente el 20% no. Esta vez, el motivo no era "ausente de domicilio" sino, en la mayoría de los casos, "no recogido en oficina". 
Después de hablar con varios mecenas, llegué a la conclusión de que no habían recogido los paquetes porque Correos no les había dejado aviso en el buzón de que tuvieran que recoger nada y como resulta que no son adivinos pues no se les había ocurrido pasar por la oficina a ver si tenían algo. 
(Y si lo hubieran hecho, les habrían dicho que no podían darles nada sin el aviso).
Entonces llegó agosto y alcanzamos una nueva fase en la que los paquetes ni llegaban ni volvían y no teníamos ni idea de lo que había pasado. 
Os cuento todo esto para poneros en antecedentes de lo que ocurrió a continuación.
En septiembre, y cuando yo empezaba a estar un poco hasta las narices de Correos, del #relorzfunding y de la rana cantando debajo del agua, empecé a encontrarme avisos en el buzón porque al parecer, el destinatario no estaba en casa cuando le fueron a llevar el paquete pero yo tampoco cuando vinieron a devolvérmelo, a pesar de que mi marido trabaja en casa y sólo sale a tirar la basura, y yo sólo salgo a llevar a los niños al colegio y hacer la compra y además normalmente la que le abre la puerta al cartero soy yo. 
Pero bueno, supongo que, ciertamente, si estoy abajo abriéndole la puerta al cartero no estoy en mi casa para que me entreguen el paquete: un punto para ti, Correos.
En fin. 
El caso es que acumulé avisos de correos y cuando ya tenía un taco que era como el tomo de la A de la enciclopedia me fui a la oficina feliz como una lombriz. 
-No podemos darte estos paquetes-me dijeron-: están a nombre de FoscaNetworks.
En aquel momento maldije muy mucho y por lo bajo la idea de usar pegatinas para ahorrarme poner el nombre del remitente.
Por suerte iba preparada.
Yo siempre voy preparada.
O sea: tengo hijos y son un poco trolls.
Más me vale ir preparada.
-Ah, claro, pero he traído toda esta documentación que demuestra que puedo operar en su nombre.
-Eso no me sirve.
Ahí reconozco que bufé un poco por lo bajo porque si la documentación le sirve a Hacienda, a la Seguridad Social e incluso a Correos para hacerme la tarjeta Correos que usé para enviar por Correos los mismos paquetes que ahora estaba intentando recuperar en Correos, no entendía por qué no le podía servir a Correos. 
Pero bueno.
-Está bien: ¿qué necesitaría para demostrar que puedo operar en nombre de FoscaNetworks?
-Un sello.
-¿Cómo?
-Un sello de caucho. 
-Tiene que ser una broma.
-Ya sabes, con el mando de madera y las letritas; lo mojas en tinta y...
Salí de la oficina que no sabía si reírme o si llorar o qué. 
Después de toda la documentación que había llevado... ¿les parecía más fiable un sello?
Pero si se pueden hacer hasta con una patata...
De hecho, hace meses que compuse un sello para mandarlo a hacer, pero todavía no lo había encargado porque me parecía que en el siglo XXI ya lo teníamos superado.
En fin. Salí de la oficina de Correos y ya que estaba al lado me metí en el Lidl a comprar patatas para hacer un sello porque había visto que tenían cosas para la vuelta al cole y pensé que dadas las circunstancias por todos conocidas serían lexatines o algo así.
Resultó que lexatines no había, en cambio tenían sellos para marcar la ropa.
Nada más verlos me entró la risa floja.
Puedo, pensé, ir a casa, donde tengo unos iguales para marcar la ropa de mis hijos, componer un sello y volver a Correos mañana. 
Ooo, puedo comprar otro, componerlo aquí mismo y llevarme los dichosos paquetes del #relorzfunding hoy.
Así que compré el sello, lo compuse sobre la marcha, sellé los avisos de correos y volví a la oficina. 
Reconozco que me sentía un poco estafadora de la vida. Me sudaban las palmas de las manos y un sudor frío recorría mi espina dorsal porque he leído mucho Stephen King. Le enseñé los avisos sellados a la señorita de la ventanilla y le dirigí mi mejor sonrisa inocente, aunque ella jamás lo supo porque llevaba la mascarilla puesta, claro.
-Pero esto... 
ES UN SELLO DEL LIDL PARA MARCAR LA ROPA DE LOS NIÑOS Y LO ACABO DE MONTAR YO MISMA EN UN BANCO DE LA CALLE ESTÁ BIEN LO CONFIESO POR FAVOR NO LLAME A LA POLICÍA...
-¿Sí?
-Se han olvidado de autorizarte. ¿Ves? Además de poner el sello, la empresa tiene que rellenar el campo de "Autorizo a...".
Está bien, Lorz, tranquilízate: todo está bien. Te han pedido un sello de la empresa y tú has hecho un sello para la empresa, por fin. No hay que ponerse nervioso. Es perfectamente válido ya que, entre otras cosas, en cualquier caso tendrías que ser tú la que encargara el puñetero sello.
Compórtate con naturalidad y todo irá bien.
-Entonces, ¿la empresa sólo tiene que rellenar ese campo?
Muy bien, Lorz. Disimula.
-Eso es.
-Estupendo. ¿Me presta ese boli un momento?
Adiós al disimulo.


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¿Problemas de espacio? 
Todos mis libros en formato digital en Lektu.

07 septiembre 2020

La siesta

 Pues estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie un sábado por la tarde, durmiendo la siesta en bragas cuando de pronto mi abuela me llamó por teléfono. 
Al principio no me alarmé demasiado porque mi tía (la que vive con mi abuela) y yo nos llamamos igual y mi abuela se confunde a menudo cuando marca.
Lo que pasa es que cuando respondí a la llamada me encontré con que mi abuela estaba llorando. Eso me alarmó un poco más porque mi abuela sólo llora en navidad cuando se toma una copita de vino blanco y se le sube a la cabeza, y la verdad es que me parecía un poco pronto para empezar a celebrar la navidad pero bueno, los supermercados cada vez traen antes los turrones así que por qué no va mi abuela a celebrar la navidad en pleno agosto si le da la gana.
-Niña -me dijo-, que estoy en el hospital.
Ahí ya sí que me empecé a preocupar un poco, porque mi abuela es la típica que siempre está muy mala pero nunca está muy mal, y al hospital va de visita si eso.
-¿Que te ha pasado?
-Naaa... un mareíllo.
Y tenía que ser justo cuando mi padre está a 700 kilómetros, mi tía está a 700 kilómetros (pero no con mi padre) y yo estoy durmiendo la siesta en bragas, claro.
-Voy.
-No hace falta.
¿Entonces para qué me llamas cuando estoy durmiendo la siesta en bragas?, pensé, pero no lo dije porque no quiero que mi abuela sepa que duermo la siesta en ropa interior, a ver si se va a pensar que soy una pervertida o algo.
-Que voy.
-Niña, si con el coronavirus no te van a dejar pasar.
-Mira, se entera mi padre de que me has llamado desde el hospital y no he ido de inmediato y no tengo campo para correr. Voy ahora mismo y si hace falta espero en un banco en la calle.
Llegado este punto empecé a correr por toda mi casa corriendo y agitando los bracitos porque claro, normalmente la que llama desde el hospital a los demás soy yo y nunca me he encontrado en la situación contraria así que no tenía muy claro qué hacer.
Y luego, claro, estaba el covid. De lo primero que me acordé es de que al principio de los tiempos pandémicos se habían pedido donaciones de cepillos y pasta de dientes, "kits de higiene", para los pacientes. Luego me acordé de David Ramírez, que le hizo a su churrings un paquete con calzoncillos y pensé: eso es, tengo que llevarle a mi abuela bragas limpias.
-Pero vamos a ver -me dijo ZaraJota-. ¿Cuánto rato lleva tu abuela en el hospital?
-Me ha dicho que acaba de llegar.
-Entonces a lo mejor es un poco pronto para empezar a pensar en kits de higiene y bragas limpias, ¿no crees?
A mí me parecía que ZaraJota no estaba entendiendo la gravedad del problema, pero decidí seguirle la corriente porque cuando se pone en plan sensato está supersexi.
En ese momento fue cuando me di cuenta de que a lo mejor la que no tenía bragas limpias era yo.
O sea, tenerlas tenía. Lo que pasaba era que llevaba unas dos semanas sin atender la colada y toda la ropa limpia estaba amontonada de cualquier manera y encontrar unas bragas podía llevarme un buen rato.
-Vamos a ver -volvió a intervenir ZaraJota-, ¿qué tienen de malo las bragas que llevas? ¡Te las has puesto esta misma mañana!
-¡Pues que cuando uno va al hospital tiene que ponerse bragas limpias!
-Estoy razonablemente seguro de que la regla, estrictamente, solo se refiere al paciente.
-Oh.
Así fue como acabé en el hospital donde me aseguraron que, efectivamente, mi abuela estaba bien, que solo había sido un mareo, que le darían el alta enseguida y que, aunque por supuesto no podía pasar a verla por el covid, podía quedarme en la sala de espera hasta que la liberaran.
Rápidamente llamé a ZaraJota para darle la buena nueva.
-De todas formas -le dije- creo que debería quedarme esta noche con ella.
-Claro, no hay problema.
-Hombre, tanto como que no hay problema...
-¿Por qué lo dices? ¿Qué ha pasado?
-Pues nada, que no me he traído bragas limpias.


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Ya podéis encontrar Vayamos por partes 1 y 2 tanto en La Sombra como en Lektu.





03 agosto 2020

Vacaciones mentales

He tenido un año movidito. 
Vaya, como todos. 
Primero tuve un #relorzfunding que, ocho meses después, estoy a punto de dar por terminado.
Luego monté una empresa. La primera semana de marzo parecía un momento estupendo para hacerlo. SPOILER: no lo fue. No, definitivamente no lo fue.
Con todo, me he apañado para escribir, corregir, maquetar y publicar una docena de libros, y para colaborar en otros tantos.
Viendo como avanzaba la cosa también conocida como coronavirus, hice lo mismo que media España: mascarillas. Y ya que estaba, camisetas y otras cosas. 
Como todos, también he aprendido a llevar la logística de la casa saliendo lo menos posible. Por primera vez en mi vida, he planificado menús completos con una semana de antelación, me he ido a la compra con una lista detalladísima y he aprendido a calcular el uso medio de papel higiénico por persona y día.
Por supuestísimo, he hecho pan todos los días.
Me he acostumbrado a las videollamadas en todo tipo de plataformas, al #videoclub de lectura, a las clases online y vía youtube.
Todo esto, por supuesto, con los niños en casa. Dos niños acostumbrados a estar de un lado para otro de 9 a 21 horas de lunes a viernes porque cuando no hay piscina hay música y cuando no hay música hay el cumple de algún amiguito, de pronto, encerrados en casa día tras día.
Como todas las madres y algún padre, he tenido que ser maestra, jefa de estudios, monitora de tiempo libre, psicóloga, animadora sociocultural, logopeda, cocinera, limpiadora, sargento, ordeno y mando. Las veinticuatro horas del día y sin dejar de trabajar ni un momento. 
Y aunque he descubierto, también como mucha gente, que estar en casa es maravilloso (quién nos lo iba a decir...) lo cierto es que también estoy mentalmente agotada.
Necesito unas vacacioncillas.

Por supuesto, seguiré en Twitter porque soy una adicta.
Además, mis libros siguen a la venta en papel en la librería La Sombra de Madrid, que durante todo el mes de agosto envía gratis a toda la península los pedidos superiores a 25 €. 
También los podéis encontrar en formato electrónico en Lektu

Nos vemos de nuevo el 31 de agosto, si el mundo no se acaba antes. 
Y recordad: 

27 julio 2020

La casa de las cajas

Lunes
-Mamá, ¿hoy vamos a la pisina?
-No, Nene-kun, hoy no podemos ir a la piscina, mamá tiene que esperar a que le traigan unas cajas de libros.
-¿De Villamatojo?
-No, los de Vayamos por partes.
-Oh. ¿Y por qué no los recoge papá cuando vengan?
-Porque son muchos libros. ¡Cientos de libros! ¡Miles de libros!
Media hora más tarde, un mensajero apareció con dos cajitas de libros.
Nene-kun me mira con rencor.
-¿E-esto es todo? -pregunto. 
-Sí.
El mensajero parece totalmente convencido. 
-Vaaale -le dijo. 
El mensajero se va y yo abro la caja: 
-Vaaaale, se ve que me han mandado por un lado la primera parte y por otro la segunda... ¡Lo han mandado por partes, Nene-kun! ¡JAJAJAJA! ¡Me mondo yo sola!
A Nene-kun, sin embargo, no le hacía gracia.
-Entonces, ¿ya podemos ir a la pisina?
-No, pedorrillo, tenemos que esperar a que lleguen el resto de las cajas.

Martes
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No, lechoncillo, tenemos que esperar a que lleguen las cajas.
-¿Y cuándo van a venir?
-Pues espero que hoy, la verdad...
Justo en ese momento suena el teléfono.
-Hola, soy el mensajero, que tengo aquí unas cajas...
-Gracias a dios...
-Lo que pasa es que pesan mucho. 
-...ya, son libros. 
-¿Van a estar ustedes en casa?
-Sí, claro. 
O sea, ¿dónde vamos a ir? ¿A la piscina? ¿En julio? ¿Estamos locos o qué?
-Bueno, yo les llevo las cajas pero me tienen que ayudar ustedes porque pesan mucho.
-...
Creo que no lo he contado nunca: mi cuñado tiene una empresa de portes y mudanzas. Una grande, con su flotilla de camiones, incluso de los que tienen una plataforma elevadora para meter y sacar cosas por los balcones.
En aquel momento me di cuenta de que mi cuñado tiene el negocio muy mal planteado, o sea: ¿para qué necesitas una plataforma elevadora cuando puedes decirle al cliente que el sofá pesa y que ya lo suba él si eso?
-¿Señora?
-Está bien, no se preocupe, yo le ayudo. 
Que hace mucho que no me rompo y en urgencias me deben estar echando de menos. 
-¿Tienen ascensor, no?
-Sí, pero está en la entreplanta.
-[&%*%$]
-Hombre, son seis escalones, tampoco es para ponerse así...
-Bueno, yo le dejo las cajas en el portal y ustedes las suben. 
Bueno, son sólo unos doscientos libros y pesan sólo medio kilo cada uno, ¿qué puede salir mal?

Miércoles
-Me... muero...
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No... yo... espalda... cajas...
-¿Hoy también tienen que traer cajas?
-Sí, de ibuprofeno. En vena.


Jueves
-Mamá, ¿hoy podemos ir la pisina?
-No, mi amor, hoy me tienen que traer más libros.
-¿De Villamatojo?
Cuando Nene-kun dice Villamatojo con su vocecilla me imagino a los zombis como peluches de colores pastel que lanzan arcoiris por el culete.
-Sí, de Villamatojo.
Media hora más tarde, tenemos en la puerta a la mensajera. Una señora. Que pudo subir la caja con los libros ella solita y todo (eran muchos menos, esto también es verdad).
Mientras firmo la entrega, Nene-kun asoma la cabeza.
-Mamá, ¿quién es?
-Una señora que ha venido a traernos los libros.
-¿Los de Villamatojo?
-Sí.
-Pues pregúntale si ya nos podemos ir a la pisina.


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¿Quién dijo que quería Villamatojo en papel?


15 junio 2020

Las recompensas del #relorzfunding

Por si a alguien no le ha llegado el mail, o le ha ido directo a spam, o ha pasado de leerlo:

como quizá hayáis visto, hemos reanudado el envío de recompensas del #relorzfunding.

Todavía no tenemos el libro impreso por no sé qué de una pandemia, pero tenemos todo lo demás desde finales de febrero y el peso de las cajas estaba empezando a afectar a la estructura del edificio. Y que me tropiezo con ellas cada vez que paso porque tengo el sentido espacial un poco j*d*d*.
Por eso hemos dicho: vamos a enviar ahora lo que tengamos y el libro ya llegará si eso.
Algún día.
Preferiblemente, antes que el meteorito.
Así que, por favor, si en estos meses os habéis mudado, o estáis temporalmente fuera de casa, o nos pusisteis la dirección de una oficina a la que actualmente no vais, o de una tienda que en estos momentos está cerrada, os agradecemos que lo comuniquéis en lorzagirl@gmail.com.
Si os quedasteis con ganas de alguna recompensa (pedisteis el libro pero después habéis comprendido que vuestra vida no merece la pena sin el imán, por ejemplo) todavía estáis a tiempo de decirlo.
Por último, a los amigos y residentes en Madrid: no hemos perdido la esperanza de entregaros las recompensas en mano; probablemente empezaremos a repartirlas en un par de semanas; si alguien prefiere que se las mandamos ya y/o por correo, sólo tiene que decirlo.
Como siempre, podéis contactar con nosotros en lorzagirl@gmail.com
Gracias por vuestra colaboración.

EDITADO 16/6/2020
Acabamos de enviar por mail el libro electrónico de Vayamos por partes. Segunda parte.
Los mecenas del #relorzfunding lo habrán recibido en el mail que dieron al participar.
Si alguien no lo ha recibido, o no puede descargarlo, o cualquier otra cosa, que contacte con nosotros en lorzagirl@gmail.com







30 diciembre 2019

Nochevieja 2019

Dicen por ahí que el año 2019 ha sido malo. No sé si puedo decir tanto.
Ha sido un año muy loco, eso sí.
Mi propósito de año nuevo había sido irme del trabajo.Estaba bastante decidida pero entonces nos pasó la cosa más loca: nos compraron el piso.
Así como de repente.
Entonces tuvimos que meter todas nuestras posesiones mundanas en un trastero (y los libros en otro) y nos fuimos a vivir con mis padres. Bueno, a vivir. En la agencia nos dijeron que la firma del piso nuevo tardaría unas dos semanas, así que como es lógico fueron tres meses.
Tres meses de auténtica locura, dicho sea de paso.
De nervios; de incomodidad; de estrecheces; de ir a buscar eso que necesitas urgentemente y recordar que está en algún punto indeterminado de uno de los trasteros, probablemente debajo del sofá; de hacer papeleos, este sí que es el último, pero ahora que lo pienso para hacer este necesitas otros cuatro más; de dormir en una cama de ochenta con un niño (o dos) y un gato (o dos), de llegar al piso nuevo con toda la ilusión y descubrir que no se han llevado los muebles, que no hay luz, que el calentador no funciona; y luego las cajas, los miles de millones de cajas...
Ahora bien: las risas que nos hemos echado.
Será porque he tenido una infancia... eh... diferente, pero me vengo arriba en el caos. Porque donde hay caos hay posibilidad de poner orden, y el orden es lo mío, maderfacas. No hay nada que me resulte más estimulante que tener delante un problema que se puede resolver con organización y esfuerzo, ponerme a ello y resolverlo.
Por eso, durante los tres meses del caos, me sentí maravillosamente bien. Activa, resolutiva, viva. Y, por supuesto, totalmente distraída de los problemas “de verdad”.
Hubo otras cosas, claro.
Por ejemplo, llevé a Nena-chan a su primera manifestación del 8 de marzo.
También me decidí por fin a abandonar del anonimato y participé en una charla Ignite:



Fue una experiencia muy loca y alucinante pero una cosa os voy a decir: a mí eso de que me dejen hablar solo cinco minutos, como que no. O sea, que en condiciones normales con cinco minutos no tengo ni para los buenos días. Además, la cámara engorda mogollón, que os diga ZaraJota, que yo en directo no aparento más allá de ochenta o noventa kilos. Cien, como mucho.
Como decía, la experiencia estuvo bien, pero mejor está limitarse a escribir guiones y que los nervios los pasen otros. Como Malva Disco. Por decir algo.
Una vez pasó la locura, tuve que tomar una decisión con respecto al tema del trabajo.
Y la decisión implicó un abogado.
Y no fue fácil, porque estoy y siempre estaré agradecida por la oportunidad que me dio esa empresa, y porque hay gente maravillosa trabajando en ella y, sobre todo, porque el mundo es pequeño, el mundillo más pequeño aún y, bueno, la gente que hace cosas con abogados se gana mala fama.
Cuando di el paso, sabía que era posible que no volviera a trabajar en el mundillo nunca más.
Por otra parte, si de verdad el mundillo es así, quizá sea yo la que no quiera volver a trabajar en él, no sé si me explico.
Los meses de verano fueron durísimos pero al fin pude entonar el libre soy y disfrutar de las probablemente mejores vacaciones de mi vida. Hasta ahora.
Luego... bueno, pasaron otras cosas.
Los niños volvieron al colegio. ZaraJota volvió al AMPA.
Yo empecé a hacer un curso que me está dando la vida.
La nena se partió los dientes y el nene se abrió la cabeza y hubo que ponerle grapas.
Se hacen mayores.
Vale, no muy mayores.
Son lo bastante mayores para ser relativamente autónomos. He vuelto a leer. He vuelto a ver series. He vuelto a escribir. He vuelto a pintarme la raya del ojo y he empezado a hacer cosas para sentirme bien conmigo misma, como apuntarme al gimnasio (queda pendiente la parte de ir) o depilarme el ciertositio.
Y, he vuelto al #lorzfunding, claro.
Que ya llevaba mucho tiempo sin hacer publicidad y eso. 
Sin duda, una de las cosas de 2019 de las que más me orgullosa me siento es de formar parte de Mocedades, en la librería La Sombra.
Mocedades es uno de los peores clubs de lectura de la historia: rara vez nos acordamos de inscribirnos, casi nunca nos compramos el libro en cuestión, no siempre nos lo leemos y solo a veces consideramos necesario hablar de él durante la sesión.
Sin embargo, una vez al mes nos reunimos en el sótano de la librería, merendamos cosas ricas, nos reímos muchísimo y salimos cargadas de libros. ¡Y algunos hasta los pagamos!
Lo más importante, nos lo pasamos fenomenal, porque una empieza a tener una edad las cosas o se hacen por las risas o no se hacen.
Quizá sea por eso, por la edad, que me siento optimista con respecto al 2020.
Que sí, que el mundo se ha vuelto loco, que se viene otra crisis, que voy a cumplir cuarenta y la vida ya no tendrá sentido para mí...
Pero me siento optimista.
Y eso es lo que os deseo a todos: que, pase lo que pase, en 2020 podáis seguir siendo optimistas.

15 diciembre 2019

Sugus no...

Seguimos con la campaña del #lorzfunding o, como dicen ahora los modernos, #relorzfunding.
La tentación de incluir sugus entre las recompensas es cada día más fuerte...

09 diciembre 2019

Qué cosas hacen...



Ya está disponible el #lorzfunding edición 2020.
Pero, por favor, no dejéis que eso os distraiga de lo verdaderamente importante: el pelazo que tengo en este vídeo.
No me lo creo ni yo.