Esta es otra historia sobre vómito.
Lo siento.
Soy madre y esto es lo que hacemos.
Un año más es el
día internacional de la lavadora. Creo. He dormido poco esta noche. Y la anterior. Y la anterior. Y la anterior.
Y no es por Bebé-chan, no. Bueno, no siempre. Es porque este año la primavera me ha atacado la garganta y me siendo como si tuviera un estropajo nanas metido por la mismamente susodicha.
En cambio no tengo mocos: los tiene todos Bebé-chan.
Bueno, más o menos. Porque cuando a Bebé-chan le salen mocos viene corriendo a buscarme y levanta las manitas para que la coja en brazos y yo me muero de amor y la cojo en brazos y entonces FLASH, FLASH, frota la nariz contra mi amoroso pecho y me deja una estela de mocos de lado a lado. Tengo el escote más brillante que si lo usara para criar caracoles, no digo más.
Ese es uno de los muchos motivos por lo que desde que nació Bebé-chan mi amor por la lavadora ha aumentado, no sé, digamos... exponencialmente, que es una palabra que no sé lo que significa pero la dicen mucho en las películas y siempre he querido usarla. Exponencialmente. Ahí está. Me gusta como suena. Creo que voy a incrementar su uso, así a ojo, exponencialmente.
Una amiga me contó una vez que su hijo, siendo muy pequeñito, había cogido uno de estos virus que te hacen potar como si no hubiera un mañana. El nene se empapó de...
eso y fue a cambiarlo, antes de que terminara de cambiarlo se volvió a empapar, y entonces cogió al nene en brazos y se fue al armario a buscar otra muda, con tan mala suerte que cuando abrió la puerta del armario el nene volvió a potar... dentro del armario.
Os ahorraré los detalles e iré directamente al final: el nene durmió esa noche envuelto en una toalla, que era lo único que quedaba limpio.
Cuando me contaron esa historia tener hijos estaba totalmente fuera de mis planes, así que me hizo muchísima gracia. Ahora que tengo a Bebé-chan y a medida que va pasando el tiempo la historia me hace cada vez menos gracia, aunque no sabría decir exactamente por qué.
Que coño, claro que sé por qué: porque Bebé-chan todavía no ha potado dentro del armario, pero podría hacerlo cualquier día, que tiene un tino...
Un ejemplo:
15 de mayo, nueve de la noche.
Bebé-chan tenía fiebre y solo quería estar acurrucada en mis brazos.
De pronto hizo cof-cof.
-¿Qué pasa, petitona, tienes tos?
¡¡¡BLOURP!!!
Os ahorraré los detalles una vez más: no era tos.
Mirándolo por el lado positivo, he aprendido a valorar la mancha de mocos del escote.
Esa misma noche, como estaba malita, Bebé-chan se quedó a dormir en nuestra cama. Mejor dicho, se quedó a nodormir con nosotros.
Así como a las cuatro de la mañana, de pronto, hizo cof-cof.
Rápida como el viento la cogí por las orejas y la saqué de la cama justo a tiempo para que hiciera BLOURP encima mía, como está mandado.
Que calentitooo...
La dejé en el suelo, pero se resbalaba en...
eso y se caía. Sí, sobre...
eso. Yo quería cogerla, pero estaba cubierta de...
eso y no me atrevía por si lo empeoraba. Mientras tanto,
ZaraJota™ intentaba pasar por encima de...
eso para ayudarnos.
Al final tomé una decisión difícil: me quité la ropa y cogí a la niña en brazos. La verdad es que me lo podía haber ahorrado, porque ya había...
eso por todo el doquier que se os pueda ocurrir.Total que me quedé en pelota picá y cogí la nena, pero me sentía un poco pervertida, allí de pie en pelota picá con un bebé en brazos, así que intenté coger ropa limpia, pero no podía porque todo el suelo estaba lleno de...
eso, y lo único que conseguí fue un camisón, pero no ropa interior, así que allí estaba, saltando charcos de...
eso a las cuatro de la mañana sin bragas y sosteniendo un bebé en brazos.
Para cuando acabamos de limpiar, ducharnos, ponernos pijamas limpios y poner a dormir a Bebé-chan eran las cinco de la mañana.
ZaraJota™ se levanta a las seis de la mañana para ir a trabajar, así que como os podéis imaginar no cabía en sí de gozo.
-Vamos a dormir un poco, ¿vale? -me dijo.
-Espera un momento, que voy a poner una lavadora.
-¿A las cinco de la mañana?
-Sí.
-¿Y eso?
Exactamente: y eso.