13 junio 2022

El cuarto en discordia



Se acercan las vacaciones y los niños no paran de preguntar qué vamos a hacer este año.
La verdad es que tenemos preparada una sorpresa alucinante pero claro, como es una sorpresa no se lo podemos decir, así que la respuesta es invariablemente que no lo sabemos.
O que ya veremos.
Lo que sí tienen clarísimo es que no podemos ir a VillamatojoVillanueva de la Vera. 
(O eso creen ellos, vaya, que hay un hostal majísimo). 
La cosa fue más o menos así.
Esta semana santa, Nena-chan me dijo que le hacía mucha ilusión ir a Villanueva, así que escribí al grupo de la familia para preguntar si alguien la iba a usar en esas fechas tan señaladas.
Después de tan solo cuatro horas, mi padre presuntamente respondió que "Esa que tu llamas la casa de la abuela es también mía" y que no me autorizaba el acceso.
En ese momento me entró una risa floja muy grande porque 
a) presuntamente eso es mentira, porque en quince años no han podido arreglar los papeles de la herencia de mi abuelo, así que técnicamente la casa sigue siendo de mi abuelo.
b) presuntamente aunque arreglaran los papeles de mi abuelo, la casa seguiría en usufructo de mi abuela.
c) aunque no hiciéramos caso del usufructo, presuntamente mientras mi abuela viva mi padre solo posee el 25% de la casa.
d) presuntamente en ese grupo de whatsapp, que incluye a los presuntos propietarios del 75% restante, presuntamente todos los saben y presuntamente nadie dijo ni mu.
A mí irme a Villanueva de vacaciones me parecía regulinchi porque el pueblo muy bonito, pero son tres plantas de casa, con el baño abajo y la lavadora arriba, y yo tengo otro concepto de las vacaciones así como en general, así que me vino muy bien para decirle a los niños que no podíamos ir.
-¿Por qué?
-El abuelo dice que no podemos ir?
-Pero la casa es de la bisabuela.
-Bueno, se ve que el 25% -risa floja incontenible- es del abuelo.
-¿El 25%? ¿Eso cuánto es?
-Un cuarto.
-¿Un cuarto? -Nena-chan se lo pensó unos segundos-. ¡Pues que nos diga qué cuarto es, y le prometemos que a ese no entramos!


 - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
Este verano os recomiendo encarecidamente visitar Villanueva de la Vera (Cáceres), un pueblo precioso con mucha sombra, unas piscinas naturales increíbles y un quiosco bajo árboles y al lado de un pilón donde hacen una leche merengada riquísima. El Cubanito, se llama, al lado de la parada del autobús.
Si no podéis ir, siempre os queda leer Villamatojo, que viene a ser lo mismo pero con zombis.


30 mayo 2022

Nadie espera la inquisición festivalera


Me acabo de dar cuenta de que ya llevo casi una década de estar detrás del mostrador en ferias del libro grandes, pequeñas, feriecillas, mesitas montadas a la salida de algún evento y ventas ambulantes en general.
Es una cosa que me flipa, como paseante y como participante, y eso que a mí tratar con la gente se me da regulín... supongo que mi cerebro se deja engañar con la idea de que no soy yo, soy la persona que está atendiendo el chiringuito, y el mostrador me protege, no sé.
El caso es que me flipan.
Con el tiempo, acabas reconociendo a la gente: está quien iba de paseo y se encontró con un festivalito de pronto y no tiene ni idea de qué va a ver; quien lleva días esperando para conocer a su autor favorito; quien viene con su lista para que no se le escape nada; quien espera que le seduzcan... y niños, muchos niños.
Pero hay un personaje entrañable que no me ha fallado en ninguna feria, y es el inquisidor general, que por lo que sea se cree en la necesidad de poner a prueba tus conocimientos para ver si te pilla en un error y él gana la muñeca chochona en la tómbola o algo, ni idea, es que no se me ocurre qué otro motivo puede tener... 
Mi primer contacto con un inquisidor general fue allá por 2014. Se acercó a la caseta, en ese caso de la Feria del Libro, con mucha determinación y me dijo:
-A ver, ¿qué tienes?
Así, con educación.
-Pues un poco de todo: ensayo, fotografía...
-Sí, sí, pero dime de qué van -dijo el examinador, pensando que ahí me iba a pillar.
-Este va de... y aquel...
Al inquisidor general no le gustó que supiera de qué iban los libros. Supongo que la mera existencia de una mujer que supiera hacer su trabajo iba contra su sistema de creencias más arraigado, no sé. 
Así que lanzó su ataque definitivo:
-Sí, sí, pero tú cuáles te has leído.
-Todos.
-¿Cómo?
-Soy una de las correctoras. Me los he leído todos
-Sí, bueno -dijo el inquisidor general, un poco a la desesperada-. ¡Pero por obligación!
Que leer por obligación no cuenta como haber leído, al parecer.
Esto me ha seguido pasando, con diferentes variantes, a lo largo de los años, y he llegado a la conclusión de que lo quieren estas personas es autoconvencerse de que los libros de hoy en día no merecen ser ni comprados ni leídos, para poder seguir sin leer un año más. Si alguien tiene una teoría mejor soy toda oídos.
Como decía, me volvió a pasar hace un par de semanas en Santa Librada donde, por ciento, lo gozamos locamente y conocimos a gente estupenda pero claro, para que un festivalito esté completo tiene que haber un inquisidor general, si no te quitan el permiso municipal.
Y lo hubo.
-A ver, ¿qué tienes?
-Pues un poco de todo: ensayo, cómic, novela... Somos cuatro editoriales compartiendo espacio.
-¿Y la tuya cuál es?
-Esta de aquí.
-Pues a ver, dime de qué van los libros.
-Este va de... y aquel de aquello... y el de más allá...
-Sí, sí, muy bien -el inquisidor general puso cara de "a mí no me engañas" y se preparó para asestar el golpe definitivo-. Pero tú, ¿cuáles te has leído?
-Eh... todos.
-Sí, claro.
-Bueno, es que la mitad los he escrito yo.
Al inquisidor general le cortocircuitó el cerebro, pero no se rindió.
-¿Cuáles?
-Pues... los que ponga 'Lorzagirl' en la cubierta, supongo.
El inquisidor general observó los libros de la mesa.
-Pero aquí hay libros escritos por otras personas. 
Menos mal que me lo dice porque si no yo ni me entero.
-Sí, ya.
-¿Y esos también te los has leído?
Supongo que esperaba que dijera que no, así que pensé en darle una pequeña satisfacción.
-No, soy la editora: voy eliminado párrafos al azar sin mirar lo que dicen, ¡muajajaja!
Creo que no le hizo gracia.



- - - - - - - - - - - - - - - - - - 
Todos los libros que he escrito, editado y, en algún caso, incluso leído, aquí


15 mayo 2022

El bulto



Nena-chan tiene un bulto en la cabeza, una cosa que en mi familia es como muy tradicional: recordemos sin ir más lejos a mi tía la tontusilla.
A diferencia de los bultos anteriores el de Nena-chan está por fuera de la cabeza como si le hubieran metido un lacasito entre el cuero cabelludo y el cráneo. Al principio era muy pequeño y nos resistimos a llevar a la niña al pediatra, porque nuestro pediatra es muy de quitarle hierro a todo porque considera que los padres somos unos histéricos y llevamos a los niños al médico por cosas que son perfectamente normales. Nuestras historias con el pediatra son fuente inagotable de diversión, sobre todo cuando te dice que es perfectamente normal que a un bebé de once meses le sangre el ojete, el niño empeora, acabas en urgencias y en médico de urgencias te dice que cómo has esperado tanto para que al niño lo viera un médico, te acusa de negligencia y amenaza con denunciarte, jajajaja, yo es que me parto con mi pediatra.
Seguramente estáis pensando: pues cambia de pediatra. Bueno, ya lo hemos intentado porque en Madrid hay libertad de elección de médico. El problema es que si pides otro pediatra y el otro ya tiene más pacientes de los que puede atender, te rechaza y te vuelves donde estabas. Y se ve que los pediatras en Madrid ya tienen todos más pacientes de los que pueden atender, porque una cosa es la libertad para elegir y otra poner medios para que la gente elija, se ve. 
El caso es que un par de semanas más tarde el bulto había crecido considerablemente y ni siquiera nuestro pediatra podía decir que aquello era normal. Así que pedimos cita y, por supuesto, el pediatra nos dijo que aquello era perfectamente normal. 
-Pero cómo va a ser normal, que como le crezca un poco más va a ir por la calle escorada como una Vespa.
-Bueno, pues será un pelito enquistado. 
-Pero cómo va ser ser un pelito enquistado.
A ver, que llevo toda la vida depilándome con cuchilla, señora, que otra cosa no pero un pelito enquistado lo reconozco.
-Bueno, pues que tome antibióticos diez días.
Aquello ya me tocó la moral, porque una vez el médico me dijo que a veces receta antibióticos "para madres ansiosas", así que sospeché que
1. A Nena-chan no le hacían falta los antibióticos para nada.
2. Me estaba llamando histérica. Otra vez.
Pero yo soy muy bien mandada, y me recordé a mi misma que el pediatra ha estudiado muchos años, y tiene muchos años de experiencia, y seguramente sabe lo que dice mejor que yo, así que durante diez días le dimos a la nena su pauta de antibióticos.
El tratamiento le sentó fenomenal al bulto: se puso de hermoso y de lustroso que daba alegría verlo. Y se veía, ya os digo yo que se veía. Así que volvimos al pediatra y muy a su pesar nos mandó al especialista. 
El especialista miró el bulto de Nena-chan con mucho interés y por todos los ángulos posibles.
-Seguramente es un quiste sebáceo -dijo-. Lo más seguro es que lo haya tenido siempre, pero a veces cuando reciben un golpe se animan y crecen. ¿Se ha dado un golpe en la cabeza últimamente?
A Nena-chan le entró la risa floja. 
A mí me entró la risa floja.
Que no es que nos tomáramos a guasa la cosa, pero es que "Nena-chan" y "darse un golpe" usados en la misma frase es algo así como redundante. Que estamos hablando de una niña que se tropieza andando en llano. Que a veces estamos comiendo y se cae de la silla, no sé si me explico.
-No recuerdo ningún golpe en especial -dije, recuperando la compostura. Poco, las cosas como son. 
-Ha tenido que ser un buen golpe, es imposible que no te hayas dado cuenta.
-Es que se da muchísimos.
El especialista puso cara de ir a llamarme madre negligente, seguramente con razón, porque hasta yo me doy cuenta de que "es que es muy torpe y siempre se está cayendo" suena a madre maltratadora que intenta ocultarlo. O, como mínimo, a madre que se está haciendo las uñas delante de la tele mientras sus hijos juegan con machetes. Así que me apresuré a explicar:
-Siempre se está dando golpes. Recuerdo muchos golpes en las pasadas semanas, pero es que son tantos que no podría decir cuál en concreto ha podido ser el que causara eso.
-Siempre me estoy dando golpes -intervino la niña como para darme apoyo moral.
-¿Tú te acuerdas de algún golpe que haya podido causar eso?
-No, mami, solo uno no.
Nena-chan empezó a reírse, yo empecé a reírme, y el especialista empezó a mirarnos como si se arrepintiera de no haber estudiado Empresariales, por ejemplo.
-Está bien. 
Le pidió a Nena-chan que bajara de la camilla y se sentara en la silla justo delante de su escritorio, y yo me senté a su lado mientras el especialista tecleaba en el ordenador, seguramente registrando que soy una madre maltratadora que le propina golpes en la cabeza a su hija y al día siguiente ni siquiera se acuerda o algo así.
Nena-chan se quedó en la silla muy formal.
-Entonces -insistió el especialista-, ¿no recuerdas nada de ese golpe?
-No -empezó a decir la niña. Entonces fue a recolocarse en el asiento para apoyarse en el apoyabrazos, pero el brazo le resbaló, la nena perdió el equilibrio, pataleó para recuperarlo y no sé muy bien como acabó estampándose contra el escritorio del médico.
-¿Te has hecho daño? -le pregunté, con el tono monocorde de puro rutinario.
-Jajajaja, sí, jajajajaja.
-Es que menuda torta, hija, jajajaja.
-Sí, jajajaja.
-¿Pero cómo te has podido caer de la silla?
Otra vez, añadí para mis adentros.
-Jajaja, mami, ni idea, jajaja.
El especialista nos observaba con la boca abierta. Bueno, eso creo, porque llevaba mascarilla.
Finalmente se volvió hacia su ordenador y dijo, mientras tecleaba:
-Ha podido darse un golpe pero no lo recuerda.
Es que a veces no hay nada como una demostración práctica.



- - - - - - - - - - - 
El 21 de mayo podréis encontrar mis libros en la caseta de Distinta Tinta en el Krunch! de Quadernillos (Alcalá de Henares). 
El mismo día, mis libros y yo misma estaremos en Santa Librada (detrás del Caixaforum de Madrid).
Y el 22 de mayo a las 12:30 estaré firmando en la caseta de Cicely en la Feria del Libro de Alcobendas. 

02 mayo 2022

Una tarde en el Retiro


Este año está siendo tan loco que incluso ha hecho bueno en semana santa. 
Precisamente en semana santa nos fuimos una tarde de picnic en el Retiro.
Hacía un día estupendo, así que aproximadamente el 110% de la población mundial había tenido la misma idea. Por suerte, la empresa municipal de transportes había previsto esa situación, y los autobuses al centro estaban pasando en cómodas franjas de 20-30 minutos.
Ahora es cuando viene alguien y me dice: pues en mi pueblo solo hay un autobús al día. 
Bueno, es que a lo mejor todos los vecinos de tu pueblo caben en un banco de Madrid Río, no sé si me explico.
En Madrid capital, determinados días y con determinados destinos, que un autobús pase cada 20 minutos supone que hay 20 personas esperando en cada parada, y te aseguro que cuando llega el autobús TODAS SE SUBEN AL P*T* AUTOBÚS, porque a saber cuándo pasa el siguiente y cómo viene. 
Eso fue lo que hicimos nosotros, y cómo acabé con los dos niños junto a la puerta de salida (más bien, a presión contra la puerta de salida) para que al menos les diera un poco el aire cuando se abría en cada parada.
Dentro del autobús hacía unos ochocientos grados centímetros y un veinte mil de humedad relativa por todos los cuerpos que se iban cociendo dentro. Los niños no tenían dónde agarrarse, así que iban haciendo un pinball moderado de culo en culo, porque como suele ocurrir los festivos el busero suele estar cabreado porque le ha tocado trabajar un festivo y va dando volantazos que casualmente no dan en días laborables, aunque sea el mismo busero, el mismo autobús y el mismo recorrido.
No llevábamos ni tres paradas cuando Nena-chan empezó a sentirme mal.
-Mami, me mareo.
-Lo sé, hace mucho calor.
-Es que me siento muy mal.
-Lo sé, lo sé, OJALÁ LA GENTE SE APARTARA UN POCO PARA QUE TE DÉ UN POCO EL AIRE. 
Pero la gente estaba muy ocupada fingiendo que no nos veía, que no nos oía y poco menos que no estábamos allí. Como una chica embarazada que tenía cada vez peor aspecto y allí estaba, también de pie. 
-Mami, no aguanto más. 
-Un poquito más, sólo quedan dos paradas.
-Es que me mareo.
-Lo sé, lo sé, OJALÁ ALGUIEN FUERA TAN AMABLE COMO PARA DEJAR QUE TE SENTARAS
-Mami, ¿no se puede levantar nadie?
-SE VE QUE NO, QUE NO HAY NADIE LO BASTANTE AMABLE PARA DEJAR QUE UNA NIÑA MAREADA SE SIENTE.
-Mami, voy a vomiGAÑJFNÑFNBAUPFHAFÑVNFÑUGAFHGOFF.
Nena-chan vomitó en la mascarilla. 
-Quítale la mascarilla a la niña se que se le va a manchar.
Me dijo una señora, que se ve que tiene claras sus prioridades.
Otra señora, que viajaba con un bebé y por supuesto también estaba de pie, me pasó un puñado de papel de cocina. Tarde. 
Nena-chan se había apartado la mascarilla y estaba "gomitando" a chorro. Era espectacular, porque además había estado comiendo fresas, y lo que salía de aquella boca era de un rojo subido; baste decir que yo en concreto, que llevaba una camiseta blanca, todavía no he conseguido sacar la mancha.
De pronto se hizo un vacío a nuestro alrededor.
-MIRA, NENA-CHAN, POR LO VISTO AHORA SI PUEDEN APARTARSE UN POCO PARA QUE RESPIRES, QUÉ SUERTE.
La gente a nuestro alrededor, un metro mediante, volvió a fingir que no nos veía.
-Necesito sentarme. 
-PUES COMO NO LE VOMITES ENCIMA A ESTE SEÑOR, QUE NOS LLEVA OYENDO TODO EL RATO Y NO SE LEVANTA, LO VEO DIFÍCIL.
El señor no se movió. La señora de al lado, tampoco.
Los dos de detrás, tampoco. Siguieron mirando al frente como si necesitaran de todas sus fuerzas para mantener el culo pegado al asiento.
Para entonces habíamos llegado a una parada y nos bajamos. No preocuparse, que avisé al busero de que llevaba toda la parte de atrás como un callejón de Huertas. No es que pudiera hacer gran cosa: el bus estaba tan lleno que había gente hasta acodada en el salpicadero.
El autobús arrancó de nuevo, y me despedí de sus pasajeros enseñando mis dos deditos corazón, que son muy bonitos y justo ese día llevaba un anillo en cada uno y tenía que lucirlo. 
-Mami -me dijo Nena-chan-, muy mal, les han enseñado el dedo malo.
-Bueno, tú los has cubierto de vómito hasta las rodillas y no te lo voy echando en cara. 


- - - - - - - - - - - - - 
¡Que he escrito otro libro



18 abril 2022

El simulacro



Entre el viaje, la ola de frío polar, la guerra, al casi exploto de Chernóbil, la calima, la lluvia, la crisis de los transportes, el desabastecimiento, el eccema, el bulto en la cabeza de Nena-chan y esa manía tan tonta de los autónomos de trabajar a destajo he estado un poco perdida. 
Pero todavía os tengo que contar cosas de Barcelona. En concreto, de que en vez de irnos a casa de mi suegra nos fuimos a un hotel. Para empezar, mi suegra no sabía que íbamos. Para terminar, hasta casi el mismo día, nosotros tampoco. 
Pero, sobre todo, nos apetecía ir con los niños a un hotel, porque Nena-chan está súper curtida en lo de viajar y eso, pero con la pandemia el pobre Nene-kun lo más así que conoce es el hostal de mi pueblo, y cuando salimos por la mañana a desayunar la dueña del hostal me dijo oye, ¿tú eres la nieta de? Pues está en mi casa ahora mismo, y acabamos en la parte privada del hostal viendo cómo le daban de desayunar a mi abuelastra, y la verdad es que fue muy bonito pero igual los niños se acabaron llevando una idea un poco equivocada de cómo funciona el tema hospedarse fuera.
Así que llegamos al hotel una fría noche de invierno (lo que, en 2022, llamamos "finales de marzo") y ZaraJota se entretuvo intentando meter el coche en el garaje sin empotrarlo contra ninguna columna mientras yo hacía el check in y los niños corrían por recepción porque después de siete horas de coche a lo mejor tenían un poco de necesidad. 
El recepcionisto era súper amable y experto en poner cara de póker, porque primero me preguntó si era mi primera vez en Barcelona y yo dije que sí, y cuando me sacó el mapa y me empezó a explicar esto es la playa, esto es la montaña, y todo lo de en medio son calles achanflanadas solo por joder, le dije, "ah, no, ya lo sé, si tengo un montón de familia aquí y vengo continuamente" ni me mandó a la mierda ni nada, solo dio por hecho que soy tontísima y ya está. 
-Bueno -me dijo-: aquí tienes la llave, el mapa de Barcelona que no me advertiste que no necesitabas antes de que te lo llenara de marcas, los horarios de desayuno, la clave del wifi y la información sobre el simulacro de incendio.
-¡Pero si no he quemado nada todavía!
-Mañana hay programado un simulacro de incendio entre las doce y la una y les invitamos a participar.
-¡¡¡QUEMANDO COSAS!!!
-No, saliendo ordenadamente a la calle cuando suene la alarma.
-Jo. 
-A los niños les encanta, es muy divertido.
-Pero no tanto como quemar cosas.
-Señora, creo que voy a necesitar su tarjeta de crédito para una cosa.
-PARA QUEM...
-QUE NO SE QUEMA NADA, ¿VALE?
-Vale, vale...
-Está bien. Esto es todo. ¿Le puedo ayudar en algo más?
-Sí, ¿hay microondas en la habitación?
-No, hay un hervidor de agua eléctrico.
-Tendrá que servir.
Me fui a la habitación con los niños y esperé pacientemente a que ZaraJota subiera con el equipaje.
Bueno, a le mejor le llamé media docena de veces y le mandé unos ochenta mensajes, pero es que tenía muchas ganas de contarle lo del simulacro.
-Pero Lorz -me dijo cuando llegó a la habitación-, un simulacro de incendio es eso, un simulacro. Es decir: se simula que hay un fuego.
-¡Pero me dijeron que podía participar!
-En la evacuación.
-¡Pero a mí no me gusta hacer popó en público!
-Creo -dijo ZaraJota-, que lo mejor será que salgamos de paseo toda la mañana.
Claro, lo mejor para él, porque fue precisamente esa mañana cuando me atacó el pato. Y claro, después de eso yo olía a charca, así que volvimos al hotel para darme la segunda ducha del día, con lavado de pelo incluido. Y al ir a secarme el pelo, descubrí que el secador de la habitación no funcionaba.
-¿Puedes bajar a recepción a pedir uno? -le dije a ZaraJota.
-¿Y por qué no bajas tú?
-Creo que el recepcionisto me tiene manía.
-¡Si apenas te conoce!
-¿Verdad? La gente suele esperar a conocerme más.
ZaraJota bajó a recepción a buscar un secador y volvió con el recepcionisto.
Que a lo mejor el plan era soplarme la cabeza hasta que se me secara la melena, no sé, pero me parecía un poco violento tener a un señor soplándome en la cara, no sé, además con la mascarilla y todo no le iba a cundir mucho.
-¿Dónde está ese secador? -dijo.
-¿Qué secador?
-El que no funciona.
-Ah... ahí.
El recepcionisto cogió el secador, apretó un botón y empezó a funcionar.
-¡Halaaa! ¿Cómo lo has hecho!
-Le he dado al botón de 'on'. 
-¡Lorz! -me dijo ZaraJota-, ¿le habías dado al botón de encender?
-¡Por supuesto que sí! ¿Cuál es?
-Este.
-Ah, no entonces no.
ZaraJota miró al recepcionisto. El recepcionisto miró a ZaraJota.
-¿Y cual estabas apretando? 
-El rojo que tiene una llamita.
-Ese es el selector de temperatura. 
-...
-Pensabas que pulsándolo se prendía fuego, ¿verdad?
-Una chica necesita soñar.


- - - - - - - - - - - - - - 
El 24 de abril estaré con Patricia Tablado y Cerbero en una charla sobre cómo vender tu libro en redes sociales, todavía queda alguna entrada, #venirse.




28 marzo 2022

El impacto

Hace un par de semanas estuve con ZaraJota y los niños en Barcelona.
Lo recuerdo perfectamente: fue justo después de que empezara la Tercera Guerra Mundial y el precio de la luz se multiplicara por dos y justo antes de que el cielo se tiñera de rojo, lloviera barro y la huelga de los transportistas causara desabastecimiento en los supermercados.
Una semana pandemial cualquiera, vaya.
Nos llovió sin parar durante días, pero no íbamos a dejar que algo tan simple como un aguacero nos detuviera. Es lo bueno de estar en guerra con un tío que tiene bombas atómicas: que relativizas mucho.
Así que nos echamos los cuatro a la calle, y acabamos en el parque de la Ciudadela, o parc de la Ciutadella en el idioma nativo. El parque es muy bonito y sospecho que debe serlo más cuando la temperatura está por encima de los 10ºC y no diluvia, pero no seré yo quien juzgue las costumbres aborígenes, y menos cuando en Madrid lleva tres semanas sin parar de llover, que ya no sé si me compensa más coger el paraguas o echar branquias.
Además en el parque había PATITOS.

 os patitos eran monísimos y había muchísimos, que digo yo que si me hubiera echado uno al bolso no lo habría notado nadie, pero ZaraJota adivinó mis intenciones y se adelantó:
-NO.
-¿Qué?
-Sea lo que sea que estás pensando: NO.
-Jooo, yo solo quería un patito.
-No. 
-Uno chiquitiiito, chiquitiiito.
-Que no.
-Yo lo cuidaré.
-Eso dijiste del gato.
-Ahora será culpa mía que el gato te quiera más a ti.
-QUE NO Y PUNTO.
-Jo. 
-Eres peor que los niños. Anda, tira, que hay mucho parque para ver. Y las manos donde yo las vea.
-Jo.
Empezamos a caminar así agradablemente bajo la lluvia y acabamos en un estanquito. En el estanquito también había patitos, pero una mirada de ZaraJota me impidió hacer comentarios al respecto. De montar, en cambio, la mirada no decía nada.
-¡Montemos en barca! -dije.
-NO.
-Vengaaa...
-Tú solo quieres acercarte a los patitos. 
-¡Nooo! El único deseo de mi corazón es que pases tiempo de calidad con los niños.
Y llevarme un patito. Pero vaya, la mierda del tiempo también.
-¡¡¡Sííí!!! ¡¡¡Papi!!! ¡¡¡Vamos en barca!!!
-¿Ves?
ZaraJota puso los ojos en blanco. Lo hace mucho. Creo que es por la alergia.
-Venga. Pero yo remo, que tú eres capaz de naufragar en un estanque.
-Gracias. 
-No era un halago, Lorz.
-Jo.
Nos montamos en la barca y ZaraJota empezó a remar. Esta como Saúl Craviotto. Bueno, la verdad es que no, pero soñar es gratis. El caso es que nos acercó hacia una islita que había en medio del estanque. 
Atención a la fecha, que se nota que me la he currado.
El caso es que en la islita había un pato ENORME. Enorme. O sea, que stop gordofobia y todo eso, pero aquello no era un pato: era un avestruz con las piernas cortas.
-Jajaja, niños, mirad qué pato más grande.
-¡Es verdad!
-¿Es el papá pato?
-¡Pachín!
-Mamááá...
Nena-chan es que es muy así, como de avergonzarse de mí.
El caso es que mientras estábamos ahí haciendo el tonto, bueno, vale, solo yo hacía el tonto, pero lo hacía como para todos, llegaron a la islita dos patos de tamaño normal. Y se pusieron a discutir con el pato grande. No sé de qué, pero debía ser algo muy tremendo, porque el pato gordo gritó: 
-¡CUAC, CUAC! 
Y echó a volar con mucha dignidad sin mirar siquiera.
Por desgracia, nuestra barca estaba justo delante.
El pato nos vio. Nosotros vimos al pato. A partir de ahí, todo ocurrió a cámara lenta. 
El pato abrió los ojos de par en par. Luego, el pico, pero el cuac que pretendía emitir murió en su garganta. Extendió las alas e intentó frenar, pero no había espacio suficiente. Entonces intentó dar marcha atrás. 
Esto os va a sorprender pero resulta que los patos no pueden volar marcha atrás. La maniobra solo sirvió para ofrecer una mayor superficie de impacto. En concreto, contra mi cara.
-Ay.
El impacto o, mejor dicho, el impato, fue épico. El pato era grande. El pato volaba a gran velocidad. El pato estaba mojado. El pato estaba frío. Eso fue lo peor. 
Fue como si me dieran un fregonazo y me dieran con el mocho en toda la cara.
Salvo que el pato olía peor.
Después de semejante choque, el pato voló hasta una barca y estiró la pata.
Literalmente: primero una, luego la otra. Luego un ala, luego la otra.
Creo que estaba valorando los daños.
Mirad cómo disimula.

Mientras, en la barca nosotros también valorábamos los daños. El pato había impatado contra mí, pero había tenido patós: a Nene-kun, que estaba a mi lado, lo había pateado mientras intentaba evitar el golpe. El niño estaba totalmente epatado. Mientras, Nena-chan se quejaba de que el pato no hubiera impatado con ella: es lo típico de los hermanos, solo están contentos si quedan empatados. 
A mí me iba a dar un patatús. 
Zarajota, por su parte, estaba tranquilo.
-Bueno, Lorz -me dijo-, ¿no decías que querías llevarte un patito?
-Sí. 
-¡Pues te has llevado un patazo!
Eso, encima cachondeo.



Editado mismo día, pero más tarde.
Al ver la foto, varias personas me han informado que no se trataba de un pato, sino de una oca. 
Anna me ha explicado además que hay un blog sobre el tema
Estaré atenta por si escriben una entrada del tipo "Gorda golpea a oca con la cara" o similar.


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 


 





 

14 marzo 2022

Los planetas


Nene-kun está estudiando los planetas en el cole y está súper motivado.
Se pasa el día cantando la canción de los planetas, en carnaval se disfrazó de planeta (Premio Nobel al Uso de la Pistola de Silicona para la seño), lo hemos llevado al Planetario, le vamos a redecorar la habitación con temática planetaria, le hemos buscado libros sobre los planetas...
Su entusiasmo planetario no tiene fin. El mío, en cambio, empieza a perder fuelle.
-Mamá -me dijo hace unos días-, ¡jugamos a inventar adivinanzas sobre los planetas?
-Vale.
-Um... Está en el espacio y tiene nombre de dios.
La madre que lo parió. En el espacio y con nombre de dios... 
-¿Todos?
-Jajaja, no, ¿cómo van a ser todos? 
Pues literalmente teniendo todos nombre de dios, no sé si me explico. 
-Creo que voy a necesitar alguna pista.
-Vale: es redondo.
Señor, dame fuerzas.
-¿Mercurio?
-No. 
-Venus.
-No.
-Marte.
-No-o.
-Júpiter.
-No.
-Saturno.
-No.
-Urano.
-No.
-Plutón.
-¡Sí! ¡Muy bien, mamá!
Obsérvese que como se los ha aprendido con la canción de Enrique y Ana considera que Plutón es un planeta. Nena-chan, que se los aprendió mirando el libro, considera que no.
-¿Verdad? Solo he necesitado siete intentos.
Menos mal que estamos jugando a adivinar los planetas, porque si llegan a ser islas de Oceanía no acabamos nunca.
-¿Otra?
-Venga.
-Es uno de los que están lejos.
-Todos están lejos.
-¡Todos no!
No, claro, algunos pillan dentro de la zona A del abono transporte.
-Plutón.
-No.
-Urano.
-No.
-Saturno.
-No.
-Júpiter.
-No.
-Marte.
-¡No-o! ¿Cómo va a ser Marte?
Eso, ¿cómo?
-¿Venus?
-No.
-Mercurio.
-¡Sí! ¡Qué lista, mamá, lo has vuelto a adivinar!
-Pero Mercurio está al lado del sol.
-Pero lejos de aquí.
Casi tanto como me gustaría estar a mí ahora mismo, por lo menos.
-Ay.
-¿Otra?
-No.
-Jooo...
-Pero Nene-kun, es que con las pistas que me das lo único que hago es decirlos todos hasta que acierto, es un poco rollo.
-¡Pero yo quiero seguir jugando! 
-Vale, pero ahora me toca a mí. 
-Vale. 
-Pues a ver... lo pintó Velázquez.
-¡Eso es muy difícil!
-Pues dilos todos hasta que aciertes.
-¡Pero eso es un rollo! 
Jamás lo hubiera imaginado, la verdad.


- - - - - - - - - - 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 





28 febrero 2022

Día de Andalucía

Debido a circunstancias poco claras, la pasada semana me enteré de que para celebrar el día de Andalucía, los colegios andaluces ofrecen a los niños, y no tan niños, un "desayuno andaluz" que suele consistir en un mollete (un tipo de plan plano y muy blandito) con aceite y, según los casos, tomate, manteca colorá o jamón.
Me parece una absoluta vergüenza, y esto es así por dos motivos.
Primero, que pasé doce puñeteros años en centros educativos andaluces y es la primera vez que oigo hablar de eso. Me parece súper injusto. Vale, es cierto que cuando yo empecé a ir al colegio sólo se habían celebrado dos días de Andalucía, y lo mismo el tema estaba un poco verde todavía. Recuerdo claramente a doña Rosalía, mi maestra de párvulos, poniendo un casete con el himno porque era una cosa muy nueva y todavía no se lo sabía. De tocarlo con la flauta ni hablamos, por suerte para doña Rosalía, que no tenía la culpa de nada, pobre mujer.
Ni yo tampoco, eh. Por eso pensé que si el mundo fuera justo, la Junta de Andalucía me haría llegar los doce molletitos que me corresponden con efecto retroactivo. No preocuparse, que no me los comería todos de una sentada: congelaría dos o tres para otro día. 
Luego pensé que, puestos a pedir pan con aceite, yo lo que quería de verdad era un joyo
Un joyo es una fantasía de pan, aceite y azúcar que se le daba a los niños para merendar antiguamente y que les daba energía como para que fueran ciegos hasta la hora de cenar.
Solo lleva tres ingredientes: pan, aceite y azúcar.
El pan puede ser de barra, aunque con lo que está bueno de verdad es con lo que en mi pueblo se llama mingo y en el resto del mundo, bollo sevillano, porque los sevillanos si no son el centro de atención van y revientan, eso es así. Yo no he encontrado mingos para hacer el fotocall (Mercadona, hay una ventana de oportunidad ahí) y he usado una barra de pan de toda la vida, de las que en Madrid llaman pistola porque yo qué sé, le echan algo al agua que les afecta a largo plazo, otra cosa no se me ocurre.
El primer paso es sacar el migajón. No preocuparse que aquí no se tira nada. El migajón se guarda que ya veréis que le encontramos utilidad rapidito. 
Luego echamos aceite en el agujero (el hoyo o "joyo").
El aceite cuanto más bueno mejor, parece una perogrullada pero llevo ya casi veinte años en internet y ya me veo venir al que le echa el aceite de haber frito croquetas y luego viene quejándose de que está malísimo.
Tiene que ser aceite apto para consumo humano, a poder ser, y preferentemente aceite de oliva virgen extra, así con todas las letras, porque como dijo el filósofo Lucio Anneo Seneca, ya en el siglo I:

Si lo llama AOVE
no te lo folles.

A lo que Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd, conocido por sus contactos de Tinder como Averroes, añadió: 

AOVE la torta que tienes, con tos los deos estiraos y la palma haciendo hueco, pa que suene.

Aclarado este punto, hay que echar el aceite en el hoyo con cuidadito de que se empapen bien las paredes. Que quede la cantidad justa, sin que haya pan seco ni charco al fondo, requiere de mucho entrenamiento. Las primeras veces lo más probable es que haya aceite de más: pues nada, lo volcamos en el platito, que para eso lo hemos puesto debajo.
No preocuparse que no se va a desperdiciar tampoco.


Lo siguiente es echar el asuquita que ahí os dejo elegir la azúcar blanquilla que más rabia os dé. En mi época los malotes se echaban colacao en vez de azúcar, así que no nos vamos a poner puristas ahora.
La idea es que se reparta por todo el agujero, como no se puede ver en esta foto porque la he hecho con la luz apagada y luego le he metido todos los filtros que había, pero si os imagináis una tostada de aceite con un poquito de azúcar por encima pues es eso pero como en redondo.
Para asegurarme de que queda bien de azuquitar, yo que soy moderada en todos mis actos los que hago es rellenar todo el joyo con azúcar y luego lo vuelco en el plato para que caiga el sobrante. 
No preocuparse que eso tampoco se desperdicia.
El resultado es pan con aceite y azúcar pero en mejor porque según comes se va cayendo todo para abajo y cuando llegas al fondo tienes una costra de aceite y azúcar que te deja viendo doble una semana.
Y por si no fuera bastante, todavía tenemos toda la miga para mojar sopitas en lo que hemos ido dejando en el plato, que no estamos para tirar comida y además estamos en edad de crecer. 
A lo ancho, sobre todo.


 - - - - - - - - - - - -

¡Que me voy a Barcelona! 
Mis libros ya están en La Insôlita, y el día 11 estaré yo en persona humana para esto:


Gratuito y por zoom, sólo hay que pedir el enlace a La Sombra.


¡Venirse! (A todo)



14 febrero 2022

Vuelo sin motor




¿Sabéis las toallitas antivaho para las gafas?
Todas las mañanas, justo antes de salir de casa, cojo las gafitas de Nene-kun y las limpio con su gamuza correspondiente, y luego las froto a conciencia con las toallitas antivaho, para que no se le empañen cuando salga a la calle con la mascarilla puesta. 
Ya que estoy, cojo las mías y hago lo mismo. Somos la familia con las gafas más limpias y antivaho del planeta. 
Y además nos quedan bien. 
El problema es que "justo antes de salir de casa" suele ser como a las 8:30 de la mañana y yo voy (más o menos) todos los días (relativamente) al gimnasio así como a las 6:45, que por circunstancias inexplicables no estoy yo de humor para toallitas antivaho.
Bastante que me acuerdo de respirar. 
Así que claro, según salgo a la calle se me empañan las gafas. Así que, por lo general, me las quito y voy hasta el gimnasio con ellas en la mano porque total, a esas horas ni pasan coches, ni gente, y si me voy dando cabezazos contra las esquinas tampoco me ve nadie.
Además así me va dando el fresco en los ojitos y lo mismo hasta me espabilo, cosas más raras se han visto. 
En el gimnasio no tengo ese problema porque cada máquina tiene su cubículo y me puedo quitar la mascarilla, que además tienen un colgador y todo para dejarla, que digo yo que si todo el mundo la va dejando ahí el colgador tiene más miasmas que un pañuelo de segunda mano. 
Que lo mismo resulta más higiénico guardarse la mascarilla en el entreteto, pillada con el sujetador, pero bueno. 
A lo que iba. 
Resulta que el lunes volví del gimnasio a la maravillosa hora de las ocho de la mañana, con las gafas en la mano y todo iba bien hasta que salí del ascensor.
Porque en mi casa el ascensor está en una entreplanta, y para usarlo hay que subir (o bajar) seis escalones. Y ahí estaba yo bajando mis seis escalones con mis gafas en la mano y mis seis dioptrías en los ojos cuando alguien, probablemente con aviesas intenciones, me cambió un escalón de sitio.
Y volé. 
Toda mi vida pasó antes mis ojos, lo que pasa es que como no llevaba las gafas me la perdí. Lo que no me perdí fue la pared del pasillo, esa me la comí entera. Y luego me comí la pared opuesta. Y luego me comí el suelo.
Luego que si engordo.  
-Ay...
ZaraJota, que sin duda había estado acechando detrás de la puerta para ver si venía ya y me llevaba a los niños al colegio, salió al rescate. 
-¿Te has caído?
-Ay...
-¿Puedes levantarte?
-Ay...
Entonces salió la vecina. La vecina es una mujer muy rubia y muy guapa y estaba estupenda hasta en pijama mientras que yo estaba en chándal haciendo la cucaracha panza arriba en mitad del pasillo.
-¿Te has caído? Espera que te ayudo.
Entre la vecina y ZaraJota consiguieron ponerme en pie y luego me arrastré hasta el sofá.
Entonces llegaron los niños. 
-Mamá, ¿qué ha pasado?
-Nada, que he volado. Por un breve instante, me he entregado a la ingravidez, he desafiado las leyes de la física y he sido libre, ¿me oyes? LIBRE.
-Te has vuelto a caer, ¿verdad?
Me tienen caladita. 


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
Todo mis libros en: 
o bajo pedido en vuestra librería favorita.

07 febrero 2022

La motivación

Quizá lo haya contado ya, pero estoy yendo al gimnasio todos los días.
Más o menos. 
Porque, ¿quién no tiene un ratito para ir al gimnasio todos los días?
O sea, si quitas lo de despertar a los niños, recordarles, insistirles, rogarles, suplicarles y finalmente soltarles un bocinazo para que desayunen, se laven los dientes y se vistan, llevarles al cole, trabajar, recoger a los niños del cole, darles de comer, trabajar otro ratito, llevar a los niños a extraescolares, preparar la cena y la comida del día siguiente, darles de cenar, recordarles, insistirles, rogarles, suplicarles y finalmente soltarles un bocinazo para que se laven los dientes, se pongan el pijama, se vayan a la cama y se duerman, y eso cuando no hay además que limpiar, planchar, ir a la compra, al dentista, al pediatra, a comprar por enésima vez escarpines para la piscina (¿qué c*ñ* hacen con ellos? ¿se los comen o qué?) o cualquier otra cosa, ¿quién no tiene un ratito para ir todos los días al gimnasio?
De pronto necesito echarme un rato.
A mí me costó, pero como todo es posible si te esfuerzas por fin encontré el ratito perfecto: de siete a ocho de la mañana.
Lo voy a decir otra vez:
de siete a ocho de la mañana.
Sí, de verdad necesito echarme un rato. Ahora mismo.
Para estar en el gimnasio a las siete de la mañana más o menos consciente me tengo que levantar a una hora que no voy a decir porque estoy en contra de la violencia innecesaria. 
Tampoco voy a entrar en el frío que hace por la calle a ella hora, ni lo solitaria y vacía que está la calle, porque entonces me entran ganas de ponerme en posición fetal debajo de la cama y no me acuerdo de la última vez que me paré a barrer pelusas en esa área concreta de la casa. 
Y no mencionaré la cantidad de trabajo adicional que supone ir al gimnasio, desde preparar la bolsa la noche antes hasta lavar y doblar una cantidad extra de ropa.
Todo eso no importa porque yo estoy realmente motivada. 
Porque la salud es muy importante, ¿eh?
Y mantenerse en forma.
Y la Organización Mundial de la Salud recomienda hacer al menos media hora de ejercicio al día. 
Y, sobre todo, porque a esa hora me pierdo la hora de desayuno/lavado/vestido de los niños, que es un p*t* infierno y me quita las ganas de vivir desde primera hora de la mañana. 
Ya está, ya lo he dicho.
Es posible que esto me convierta en mala madre pero no lo hago por mí, lo hago por la Organización Mundial de la Salud y para que ZaraJota pase tiempo de calidad con sus hijos.
De calidad cero, en concreto.
Por si esta no fuera suficiente motivación, cuando llegué al gimnasio el primer día me encontré con que hay pantallas individuales con acceso a Netflix delante de cada máquina.
Lo voy a repetir: 
pantallas individuales con acceso a Netflix.
Por qué los gimnasios insisten en promocionarse con la tontería de la salud y ponerse en forma cuando podían estar hablando de esto es un misterio para mí.
-¿Y cómo funciona? -le pregunté al encargado de la mañana, con lágrimas de emoción en los ojos. Yo, no él. Él quizá tuviera lágrimas en los ojos, pero del madrugón.
-¿Tienes cuenta de Netflix?
-Sí.
-Pues nada, entras en tu sesión y ves lo que quieras.
-¿Lo que quiera? -las lágrimas de emoción eran ya como puños.
-Claro.
-¿En serio? ¿Algo que no sea Vivo o la Patrulla Canina?
-Lo que quieras.
-Pero cinco minutos o así, ¿no? Luego vendrá alguien y me obligará a cambiar a Vivo o la Patrulla Canina, ¿no?
El encargado de la mañana, visiblemente acostumbrado a estas escenas, me miró fijamente y me dijo: 
-Puedes ver lo que quieras, todo el tiempo que quieras, sin interrupciones.
Aquello fue como la conversión de san Pablo. De rodillas en el suelo, juré lealtad al gimnasio para el resto de mi vida. No recordaba la última vez que podía haber visto lo que yo quisiera y sin interrupciones. Levantarme de madrugada y hacer ejercicio parecía un pequeño precio a pagar.
Sin embargo, después de unas semanas en las que la motivación no flaqueó ni por un momento, me encontré con que mi viejo enemigo volvía a la carga. 
Eccema. Purulento y asqueroso. En la planta de los pies. 
Vale, también en otros sitios como el cuero cabelludo, las manos o la hucha. Pero, a efectos del gimnasio, vamos a centrarnos en la planta de los pies.
Al principio intenté seguir yendo al gimnasio de todas maneras, porque estaba muy motivada. Y porque tenía la temporada 10 de Walking Dead a medias, vale, eso también. 
Pero a medida que iban pasando los días y se me iban cayendo trozos del cuerpo por doquier, quedó claro que para zombis ya tenía de sobra conmigo, gracias.
Acepté mi derrota con la elegancia que me caracteriza. 
Acordándome de la madre que parió a todo, para empezar.
-Míralo por el lado positivo -me dijo ZaraJota-: así podrás desayunar con los niños.
Eso, encima hurga en la herida.



- - - - - - - - - - - - - - 
Este jueves a las 19:30 estaré en Libros de Arena con Marina Such para hablar de nuestras cosas y quizá de su libro, si nos da tiempo y eso. 
La entrada es gratuita pero para garantizar las medidas de seguridad, distancia y todo el asunto pandemial, es necesario confirmar asistencia en hola@foscanetworks.net
Apuntarse y venirse, que como mínimo nos reiremos un rato.






24 enero 2022

La verbena de la paloma



Mi comunidad está en guerra con dos palomas calientes.
Y digo calientes no porque estén bien abrigadas, no. Lo digo porque se pasan el día dándole al parchís en la fachada. 
Concretamente, se ponían en el luminoso del negocio que hay en el bajo. Ahí, sin reparo. Que yo estoy a favor de la libertad sexual, sobre todo en cuanto a la cantidad, pero los vecinos del primero se quejaban de que hacían mucho ruido y los del bajo de que... ¿cómo decirlo? Al parecer a las palomas el sexo les resulta laxante. Muy laxante. Y por lo que sea, a la gente no le gusta salir o entrar de un negocio y que se le caguen encima. ¡Con la buena suerte que trae! La gente es que no tiene claras sus prioridades. 
Así que le pusieron espinitas al luminoso para que las palomas no pudieran ponerse.
Ahí. 
Para que no pudieran ponerse ahí. 
Porque como un metro a la derecha había un aparato de aire acondicionado de los grandes y nunca adivinaréis lo que pasó.
El fornicio. 
Ahora ya no era una pareja de palomas sino varias parejas, ahí todo el día, que de verdad que yo no sé qué comen esos bichos para tener tanto aguante. Las cacas ya no caían tanto al suelo porque el aire acondicionado tenía superficie de sobra para fornicio y estropicio, pero el ruido era peor, mucho peor. 
La comunidad tuvo que contratacar a toda velocidad, poniendo espinitas alrededor del aire acondicionado, pero el ardor, esto... guerrero de las palomas era más fuerte y conseguían colarse entre ellas. Así que además de las espinitas se puso una red de malla. Pero las palomas se enganchaban a la malla y le daban al tema en vertical. Así que la comunidad puso alambre de espino, minas antipersona, dos nidos de ametralladoras y a Ismael Serrano cantando en directo todo el día. 
Las palomas se rindieron. 
O eso creímos.
No debimos confiarnos, ni celebrar la victoria tan pronto. 
Porque medio metro a la derecha está la puerta de la comunidad. Encima no hay ningún luminoso, aire acondicionado, ni saledizo en el que pueda pararse una paloma. 
Lo que hay es un tubito diminuto de gas natural.
Y ese es el motivo por el que ahora siempre tengo que salir de casa con paraguas.


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
Todo mis libros en: 
o bajo pedido en vuestra librería favorita.



17 enero 2022

El circo


 He tenido una semana muy loca con tercera dosis de la vacuna incluida (me han puesto moderna para disimular que la tercera dosis es de viejos), así que escribo rápidamente solo para decir que del 21 al 23 de enero, lo que viene siendo esta semana de jueves a domingo, la editorial Cerbero organiza lo que ha dado en llamar el Circo de las Tres Cabezas.
Quien iba a decir que, después de nueve años diciéndole a mi hija que la iba a vender a un circo la que acabaría en un circo sería yo.
Son tres días de mesas redondas, talleres, actividades y un poco de todo.
Y, por oscuros motivos y seguramente con aviesas intenciones, me han invitado a participar en una charla.
Será el domingo 23 a las seis de la tarde en la Sala Imaginaria.
Sí, yo al principio también pensé que me la estaban colando, pero se ve que la Sala Imaginaria es real
Estarán también las maravillosas Patricia Tablado y Marina Such, y hablaremos de cómo hemos conseguido publicar nuestros respectivos libros (spoiler: implica violencia).
Podéis conseguir vuestras entradas aquí


10 enero 2022

La cabalgata



Quiero empezar el año con buenas noticias: la aspiradora apareció. 
Entonces resultó que el enchufe era raruno y tuvimos que buscar un adaptador, pero esa es otra historia y tendrá que ser contada en otra ocasión.
Probablemente nunca. 
Es que luego se me olvida.
Lo importante de esta semana ha sido la cabalgata de reyes, en la que hemos vuelto a participar después del parón del Año que no Existió. 
No voy a entrar en la polémica sobre si se tendrían que haber prohibido o no: los bares están abiertos sin límite de aforo y las aceras están tomadas por sus mesas, en las que no es necesario ni llevar mascarilla ni mantener la distancia. 
"Pero es que los bares dan dinero".
La cabalgata también. Cada carroza recibe 1000 € para decoración. Un dinerito que se gasta en el barrio, en luces, bridas, purpurina, bridas, telas y bridas. A veces también se compran bridas. 1000 € por carroza son muchos cafés, y además todos los implicados llevan mascarilla todo el tiempo. 
¿Lo de que se compran bridas lo he dicho ya? Es que son maravillosas, valen para todo. 
El caso es que nos dan el camión, lo decoramos (mayormente con bridas) y el día de la cabalgata nos plantamos con toda la ilusión en el tradicional descampado que sirve de aparcamiento, zona de montaje y secadero de jamones, porque no sabéis el frío que hace ahí.
Lo primero que notamos es que había muchísimas cajas de caramelos. Pero muchísimas. O sea, que yo ya tengo experiencia y calculo a ojo. 
-Como en la cabalgata del centro no van a tirar caramelos por el covid, los han repartido entre los barrios.
-Porque en los barrios no hay covid, claro.
-Sí que hay covid -me dijo un señor, muy serio-. Lo que no hay es ricos.
A mí me parecía que, en teoría, lo de darnos los caramelos del centro era ser un poco cabrón, pero en la práctica teníamos más caramelos que nunca (y más grandes, que no veas cómo se notaba los que eran para nosotros desde el principio y los que venían de segunda mano, por así decirlo) y no nos íbamos a quejar.
Entonces más o menos fue cuando empezó a llover. 
Bueno, no a llover, a diluviar. Diluviar nivel los camiones aparcados se bamboleaban bajo las oleadas de lluvia, las decoraciones salieron volando y los niños se pegaron a sus papás como si la vida les fuera en ello.
-Jajaja, cómo se van a poner los que van en el cordón de seguridad -le dije a ZaraJota.
-Tú vas en el cordón de seguridad.
-¿QUÉ?
-Nos ha fallado uno, tienes que bajar tú.
Que conste en acta que a mí me gusta ir en el cordón, porque cuando vas en el camión ves la cara de felicidad de los niños de la calle, pero cuando vas en la calle ves la cara de felicidad de tus hijos en el camión. Lo que pasa es que no iba lo que se dice preparada.
-Estos zapatos se escurren con la lluvia -le dije. 
-Mira qué bien, puedes deslizarte hasta que lleguemos. 
Visto que ZaraJota no se apiadaba de mi sufrimiento, me dispuse a bajar. Pero entonces apareció alguien de la organización. 
-Debido al covid, este año no se podrán lanzar caramelos. 
-¿Qué? Pero se los llevarán entonces, ¿no?
Más que nada porque no puedes encerrar a 50 niños en un camión con 150 kilos de caramelos y decirles que no los toquen.
-No. 
-¡Pero los niños querrán lanzarlos! 
-Bueno, lo que pueden hacer es que se los pueden pasar a los del cordón y los del cordón los van repartiendo a los niños de la calle. 
-Pero...
-Es por motivos de seguridad. 
Y se fue. 
Así fue como acabamos caminando bajo el diluvio universal, peligrosamente cerca de las ruedas, mientras nuestros hijos sacaban medio cuerpo fuera de un camión en marcha para pasarnos los caramelos uno a uno y que se los entregáramos en mano a la gente de la calle.
Y la gente de la calle, que llevaba paraguas pero sólo para ponerlos al revés y cazar más caramelos, no acababa de sentirse satisfecha con el sistema. 
Aparte de que, si el objetivo de todo aquello era evitar aglomeraciones, tener a una persona con un puñado de caramelitos en la mano para repartir no era precisamente la mejor de las ideas, no sé. 
Bueno. 
El caso es que mientras tanto no paraba de llover, mis zapatos estaban encharcados por dentro, mis guantes pesaban tanto que se me caían y todo lo que no estaba cubierto por el abrigo estaba más mojado que la moqueta del Titanic. 
Lo único que me consolaba era que al menos los niños estaban secos, calentitos y pasándolo bien. De vez en cuando miraba hacia el camión y miraba sus caritas sonrientes... hasta que uno de los drapeados que tan artísticamente habíamos colocado no pudo aguantar el peso del agua que llevaba y les reventó justo encima.
Entonces la carita de felicidad se transformó rápidamente en una carita de hipotermia severa. Y mojada. 
-¿No has traído ropa de cambio? -me gritó una de las mamás desde lo alto del camión.
-NOOO -le grité yo desde abajo. 
Y si la hubiera traído estaría en mi mochila, que en esos momentos tenía como diez centímetros de agua en su interior. 
Las mamás del camión envolvieron a los niños en bufandas, entre ellas la mía, pero los niños seguían azuleando por momentos. 
Así que sin parar de corretear a un lado del camión me quité la mochila, se la pasé a ZaraJota, me quité el abrigo, me acerqué al camión, empecé a dar saltitos porque no llegaba, Nena-chan sacó medio cuerpo por encima de la barrera de protección y después de tan sólo media docena de intentos, sin perder en ningún momento el ritmo del camión, la niña consiguió coger el abrigo.
-Póntelo -le dije.
-No quiero. 
-QUE TE PONGAS EL P*T* ABRIGO LA MADRE QUE TE PARIÓ.
-Vale. 
Para entonces yo había entrado misteriosamente en calor y no echaba en falta el abrigo. 
Y ese fue el momento en que el camión decidió pararse, claro.
Os voy a decir una cosa que seguramente os sorprenda, pero estar totalmente sudada en mitad de la calle, en una noche de enero, sin abrigo y con la ropa empapada no es lo que se dice recomendable. Y eso que llevaba un jersey monísimo. Empapado, pero monísimo.
Para cuando acabó la cabalgata, tenía agua encima como para irrigar el Sáhara simplemente haciendo la croqueta por las dunas. Y el agua estaba fría. Y yo también. 
Me llevé a los niños a casa corriendo, nos cambiamos de ropa y pusimos la calefacción a tope. 
Creo que justo a tiempo, porque al día siguiente estaban como nuevos. 
Yo un poco menos. 
Me dolía todo y tenía frío. Emanaba frío. Y estaba muy cansada.
-¿Crees que será covid? -le pregunté a ZaraJota. 
-Depende. ¿Estuviste tirando caramelos?


- - - - - - - - - - - - -
Si os quedasteis sin el libro de la vieja y malvada bruja, ya lo tenéis a vuestra disposición en Lektu (y pronto en vuestra librería favorita).




03 enero 2022

La becaria de Papa Noel



En esta casa somos de los Reyes Magos, claro. 
Lo que pasa es que la suegri ha venido alguna vez en navidad y claro, le hace la carta a Papa Noel, que así la pobre mujer puede ver cómo los niños desenvuelven los regalos al menos. 
Lo que pasa es que ya sabes cómo son estas cosas: te meten en la lista una vez y luego no hay manera de que te borren, así que después de eso Papa Noel ha seguido viniendo en navidad aunque mi suegra no estuviera, todos los años. Que no me quejo, porque así los niños tienen algo nuevo para entretenerse hasta que a los Reyes Magos les da por hacer su trabajo, señores, que digo yo que igual era mejor idea traer juguetes al principio de las vacaciones, no cuando hay que volver al cole, pero bueno, la realeza es lo que tiene, que va y viene de Oriente cuando le la da la gana. 
La cosa es que este año íbamos a pasar la navidad en Barcelona, que la verdad es que a mí la navidad en concreto me gusta más en Madrid, pero ZaraJota estaba súper pesado con que llivi dis iñis sin vir i mi midri, ninini, de verdad, ni que fueran familia.
El problema es que cuando ya teníamos todas nuestras cosas en el maletero, y va en serio, que lo único que faltaba era mi neceser (porque me tenía que lavar los dientes), la Generalitat dijo algo así como que igual había que tomar medidas contra la nueva ola de la pandemia. 
Que ya me dirás tú qué tontería, en Madrid no estamos tomando ninguna y vamos a morir todos estamos estupendamente. El caso es que ninguna de las medidas nos impedía ir, pero pensamos que si la Generalitat ponía restricciones a tres días de la navidad es que la cosa se había puesto seria, muy seria. 
Y nos quedamos. 
Pero claro, ya habíamos escrito al departamento de atención al cliente del Polo Norte para que Papa Noel entregara los regalos en Barcelona. Así que Papa Noel tiene que improvisar. 
Lo de los niños es fácil, porque llega a un acuerdo extraoficial con los Reyes Magos. Que luego se habla mucho de las puertas giratorias, pero a veces también sirven para cosas buenas. 
Pero para los papás resulta un poco más difícil. Así que, en un momento de desesperación, la becaria de Papa Noel decide envolver una aspiradora que le acaba de llegar, ponerle una pegatina de "para papá y mamá" y arreando.
El problema es que cuando está a medio envolver, ZaraJota vuelve con los niños antes de lo esperado y sin llamar al timbre antes de entrar, como había prometido le surge un imprevisto, entra en pánico y esconde la aspiradora a toda prisa.
Cuando llega el día 24, la becaria se pasa el día cocinando para que la cena sea lo más parecida a la de la suegri posible y que a nadie le falte nada. Entre una cosa y otra, se hacen las mil. Los niños están borrachos de azúcar y burrito sabanero. Para cuando se duermen, la becaria está que se le caen los párpados para abajo cosa mala.
Entonces empieza a sacar los juguetes del armario donde lo ha puesto "todo junto, para que sea más fácil". Solo los juguetes. Porque la maldita aspiradora no aparece por ninguna parte. 
El ayudante de la becaria de Papa Noel, al que para respetar su anonimato llamaremos ZaraJota, pregunta si ya está todo.
-No, falta una cosa.
-Aquí no hay nada más.
-QUE TIENE QUE ESTAR.
-¿Era muy pequeño? Se ha podido quedar entre los calcetines.
-No, no puede ser.
-Mujer, por poder...
-QUE NO PUEDE SER, QUE ERA UNA P*T* ASPIRADORA.
Uy. 
A las dos de la mañana, el ayudante y la becaria se rinden. Colocan los juguetes de los niños debajo del árbol y se van a dormir. 
A la mañana siguiente, Nene-kun se despierta el primero, como siempre, y viene a nuestra cama.
-Mamá, mamá, Papa Noel ha traído cosas.
-¿Sí? Las habrá pedido la llalli.
-Pues para vosotros no hay nada. 
-Será que se le ha olvidado, nene-kun.
-O que a vosotros no os quiere. 
Eso, encima animando. 

- - - - - - - - - - - - - - -

Todos mis libros en: 

Libros de Arena y La Sombra (Madrid)
Casa Tomada (Sevilla)
Lektu (online)