16 octubre 2023

Pipí wars

LAS PIPÍ WARS CONTINUAN.
Ya no sabemos qué hacer: el gato sigue haciéndose pis en el mismo punto exacto de la terraza, todos los días por la mañana. 
Nos recomendaron que echáramos vinagre de limpieza en la zona; se ve que es un olor que a los gatos no les gusta. Debe ser cierto, porque el gato se apresuró a cubrirlo con el olor de su propio pis.
Luego pensamos que a lo mejor quería que le cambiáramos el arenero de sitio, así que pusimos el arenero en el lugar preciso en el que se hacía pis; solo conseguimos que se hiciera pis donde antes había estado el arenero. El arenero volvió a su lugar.
Un día me harté del todo y recurrí a los métodos tradicionales: agarré al gato por el pescuezo, lo arrastré hasta la terraza y le froté los morros contra el pis.
Ojalá nunca lo hubiera hecho. Para empezar, está mal. Pero es que además el gato se lo tomó como una declaración de guerra en toda regla. Creo que decir que no le gustó se queda corto. Se quedó plantado en mitad de la terraza con una mirada fría y calculadora que no le había visto nunca. Le sostuve la mirada. Mi autoridad estaba en juego. El gato sostuvo la mía. Sin guiñar los ojos ni nada, como cuando está a punto de mullirme la teta. Mirándome fijamente, sin mover ni un bigote, levantó el culete y se hizo pis en el mismo sitio, con total frialdad, DESAFIÁNDOME. CON LA URETRA.
Después, sin hacer el menor amago de tapar sus cosas, se alejó sin dedicarme ni una mirada por encima del hombro.
Decidí entonces que la puerta de la terraza permanecería cerrada y que el gato no volvería a hacer pis sin supervisión. No conté con su astucia. El gato me pedía salir a hacer pis, PERO NO HACÍA PIS. Se tumbaba al sol un rato, olisqueaba las plantas, se lavaba meticulosamente, observaba una pelusilla... mientras yo iba contando los minutos: se me va a quemar la comida... voy a llegar tarde a por los niños... tengo... tengo... tengo que parpadear...
En cuanto me despistaba un segundo (porque salía humo del horno, por ejemplo) el gato, rápido como el rayo, se hacía pis en el suelo de nuevo. 
Aquello se me estaba escapando de las manos. Necesitaba una medida urgente, como la castración, lo que pasa es que como el gato ya está castrado no me quedaba nada que cortar. 
Así fue como, en un momento de desesperación, lo pillé haciéndose pis en la terraza y le arreé con el mocho en los morros mientras gritaba, totalmente demente, algo así como "QUE NO SE HACE PIS EN LA TERRAZA, QUE NO, QUE NO, PIS EN LA TERRAZA NO".
Después de aquello, seguramente por la impresión, el gato estuvo unos días sin hacerse pis en el arenero. Se podía intuir que estaba rumiando lo que había ocurrido pero ¿a qué conclusión llegaría? Fueron días de incertidumbre y miedo. El cubo de la fregona siempre estaba lleno y al lado de la terraza, por si acaso. El mimo universo parecía contener la respiración. Esa situación no podía durar mucho más, tarde o temprano l gato o yo tendríamos que mover ficha.
Así, una mañana, los niños vinieron a avisarme.
-Mami, el gato...
-¿Se ha vuelto a hacer pis en la terraza?
-No.
-Menos mal -pensé, saboreando mi triunfo de antemano.
-Pero se ha hecho UNA CACOTAAAAA...
La culpa es mía por no especificar.


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02 octubre 2023

La vuelta al cole


Septiembre siempre es un mes loquísimo.

Están los cumpleaños (el del niño, el de la niña, el mío); está la vuelta al cole; está el cambio de tiempo y el cambio de armario; está descubrir que los niños han crecido durante el verano y la del año anterior no les sirve y "cambio de armario" requiere "compra de armario"; están las reuniones con los nuevos tutores; están la recogida de los libros (bendito plan Accede); está reunir todo el material (maldito Lamela amarillo); está el trabajo, claro, y el otro trabajo; está el último Verkami y claro, como vi que me sobraba tiempo, me metí a organizar la TacitaCon.

Entonces fue cuando el gato empezó a hacerse pis fuera del cagadero. En una esquinita, justo al lado del cagadero. Pero fuera. Todas las mañanas. Todas. Las. Putas. Mañanas.

El primer día pensamos que le había dado un apretón y no le había dado tiempo, así que limpié el pis, recogí la cocina, preparé las meriendas de los niños, les recordé amablemente a gritos unas cincuenta veces que se pusieran los zapatos, cogieran las meriendas, los llevé al colegio, me fui a comprar material escolar o a recoger los libros o a comprar un pantalón de chándal o a preparar cajas para la TacitaCon, hice la comida, recogí a los niños, llevé a la nena a inglés, llevé los niños a casa, estuve toda la tarde trabajando y no le di más importancia. 

El segundo día pensamos que se nos había quedado la puerta de la terraza cerrada sin darnos cuenta, así que limpié el pis, recogí la cocina, preparé las meriendas de los niños, les recordé amablemente a gritos unas cincuenta veces que se pusieran los zapatos, cogieran las meriendas, los llevé al colegio, me fui a comprar material escolar o a recoger los libros o a comprar un pantalón de chándal o a preparar cajas para la TacitaCon, hice la comida, recogí a los niños, llevé a la nena a inglés, llevé los niños a casa, estuve toda la tarde trabajando y no le di más importancia. 

El tercer día pensamos que a lo mejor nos habíamos despistado y tenía el arenero sucio, así que limpié el pis, recogí la cocina, preparé las meriendas de los niños, les recordé amablemente a gritos unas cincuenta veces que se pusieran los zapatos, cogieran las meriendas, los llevé al colegio, me fui a comprar material escolar o a recoger los libros o a comprar un pantalón de chándal o a preparar cajas para la TacitaCon, hice la comida, recogí a los niños, llevé a la nena a inglés, llevé los niños a casa, estuve toda la tarde trabajando y no le di más importancia. 

El cuarto día pensamos que a lo mejor era una forma de llamar nuestra atención porque con el cambio de rutina septembrino le estábamos poniendo la comida un poco más tarde de lo normal, así que limpié el pis, recogí la cocina, preparé las meriendas de los niños, les recordé amablemente a gritos unas cincuenta veces que se pusieran los zapatos, cogieran las meriendas, los llevé al colegio, me fui a comprar material escolar o a recoger los libros o a comprar un pantalón de chándal o a preparar cajas para la TacitaCon, hice la comida, recogí a los niños, llevé a la nena a inglés, llevé los niños a casa, estuve toda la tarde trabajando y no le di más importancia. 

Dos semanas más tarde ya no sabía qué pensar. El puto bicho se había pis todos las mañanas, exactamente en el mismo sitio, exactamente a la misma hora, cuando el resto del día usaba el cagadero sin el menor problema. La puerta de la terraza estaba abierta toda la noche, el cagadero estaba limpio, le poníamos la comida a primerísima hora y aún así se seguía haciendo pis en la esquinita de la terraza. Y luego, nos avisaba para que lo limpiáramos. Y yo lo limpiaba. Y luego recogía la cocina, preparaba las meriendas de los niños, les recordaba amablemente a gritos unas cincuenta veces que se pusieran los zapatos, cogieran las meriendas, los llevaba al colegio, me iba a comprar material escolar o a recoger los libros o a comprar un pantalón de chándal o a preparar cajas para la TacitaCon, hacía la comida, recogía a los niños, llevaba a la nena a inglés, llevaba los niños a casa, estaba toda la tarde trabajando y me comía la cabeza pensando en qué coño le podía pasar al gato.

Hasta que lo busqué por internet. 

Ya, ya. Que parezco nueva. 

"Si su gato empieza a hacerse pis fuera de su arenero, puede deberse a que se encuentra estresado", decía la página web.

ESTRESADO. Que el gato estaba estresado. EL GATO.


O sea. 


El GATO.
-Que dice internet -le dice a ZaraJota- que a lo mejor se mea fuera por estrés.
-¿Por estrés? ¿Nuestro gato?
-Sí, bueno, a lo mejor la procesión va por dentro.
-¡Pues que vaya por dentro del arenero!


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El 14 de octubre estaremos en el increíble HULQ, ¡venirse!