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07 febrero 2022

La motivación

Quizá lo haya contado ya, pero estoy yendo al gimnasio todos los días.
Más o menos. 
Porque, ¿quién no tiene un ratito para ir al gimnasio todos los días?
O sea, si quitas lo de despertar a los niños, recordarles, insistirles, rogarles, suplicarles y finalmente soltarles un bocinazo para que desayunen, se laven los dientes y se vistan, llevarles al cole, trabajar, recoger a los niños del cole, darles de comer, trabajar otro ratito, llevar a los niños a extraescolares, preparar la cena y la comida del día siguiente, darles de cenar, recordarles, insistirles, rogarles, suplicarles y finalmente soltarles un bocinazo para que se laven los dientes, se pongan el pijama, se vayan a la cama y se duerman, y eso cuando no hay además que limpiar, planchar, ir a la compra, al dentista, al pediatra, a comprar por enésima vez escarpines para la piscina (¿qué c*ñ* hacen con ellos? ¿se los comen o qué?) o cualquier otra cosa, ¿quién no tiene un ratito para ir todos los días al gimnasio?
De pronto necesito echarme un rato.
A mí me costó, pero como todo es posible si te esfuerzas por fin encontré el ratito perfecto: de siete a ocho de la mañana.
Lo voy a decir otra vez:
de siete a ocho de la mañana.
Sí, de verdad necesito echarme un rato. Ahora mismo.
Para estar en el gimnasio a las siete de la mañana más o menos consciente me tengo que levantar a una hora que no voy a decir porque estoy en contra de la violencia innecesaria. 
Tampoco voy a entrar en el frío que hace por la calle a ella hora, ni lo solitaria y vacía que está la calle, porque entonces me entran ganas de ponerme en posición fetal debajo de la cama y no me acuerdo de la última vez que me paré a barrer pelusas en esa área concreta de la casa. 
Y no mencionaré la cantidad de trabajo adicional que supone ir al gimnasio, desde preparar la bolsa la noche antes hasta lavar y doblar una cantidad extra de ropa.
Todo eso no importa porque yo estoy realmente motivada. 
Porque la salud es muy importante, ¿eh?
Y mantenerse en forma.
Y la Organización Mundial de la Salud recomienda hacer al menos media hora de ejercicio al día. 
Y, sobre todo, porque a esa hora me pierdo la hora de desayuno/lavado/vestido de los niños, que es un p*t* infierno y me quita las ganas de vivir desde primera hora de la mañana. 
Ya está, ya lo he dicho.
Es posible que esto me convierta en mala madre pero no lo hago por mí, lo hago por la Organización Mundial de la Salud y para que ZaraJota pase tiempo de calidad con sus hijos.
De calidad cero, en concreto.
Por si esta no fuera suficiente motivación, cuando llegué al gimnasio el primer día me encontré con que hay pantallas individuales con acceso a Netflix delante de cada máquina.
Lo voy a repetir: 
pantallas individuales con acceso a Netflix.
Por qué los gimnasios insisten en promocionarse con la tontería de la salud y ponerse en forma cuando podían estar hablando de esto es un misterio para mí.
-¿Y cómo funciona? -le pregunté al encargado de la mañana, con lágrimas de emoción en los ojos. Yo, no él. Él quizá tuviera lágrimas en los ojos, pero del madrugón.
-¿Tienes cuenta de Netflix?
-Sí.
-Pues nada, entras en tu sesión y ves lo que quieras.
-¿Lo que quiera? -las lágrimas de emoción eran ya como puños.
-Claro.
-¿En serio? ¿Algo que no sea Vivo o la Patrulla Canina?
-Lo que quieras.
-Pero cinco minutos o así, ¿no? Luego vendrá alguien y me obligará a cambiar a Vivo o la Patrulla Canina, ¿no?
El encargado de la mañana, visiblemente acostumbrado a estas escenas, me miró fijamente y me dijo: 
-Puedes ver lo que quieras, todo el tiempo que quieras, sin interrupciones.
Aquello fue como la conversión de san Pablo. De rodillas en el suelo, juré lealtad al gimnasio para el resto de mi vida. No recordaba la última vez que podía haber visto lo que yo quisiera y sin interrupciones. Levantarme de madrugada y hacer ejercicio parecía un pequeño precio a pagar.
Sin embargo, después de unas semanas en las que la motivación no flaqueó ni por un momento, me encontré con que mi viejo enemigo volvía a la carga. 
Eccema. Purulento y asqueroso. En la planta de los pies. 
Vale, también en otros sitios como el cuero cabelludo, las manos o la hucha. Pero, a efectos del gimnasio, vamos a centrarnos en la planta de los pies.
Al principio intenté seguir yendo al gimnasio de todas maneras, porque estaba muy motivada. Y porque tenía la temporada 10 de Walking Dead a medias, vale, eso también. 
Pero a medida que iban pasando los días y se me iban cayendo trozos del cuerpo por doquier, quedó claro que para zombis ya tenía de sobra conmigo, gracias.
Acepté mi derrota con la elegancia que me caracteriza. 
Acordándome de la madre que parió a todo, para empezar.
-Míralo por el lado positivo -me dijo ZaraJota-: así podrás desayunar con los niños.
Eso, encima hurga en la herida.



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Este jueves a las 19:30 estaré en Libros de Arena con Marina Such para hablar de nuestras cosas y quizá de su libro, si nos da tiempo y eso. 
La entrada es gratuita pero para garantizar las medidas de seguridad, distancia y todo el asunto pandemial, es necesario confirmar asistencia en hola@foscanetworks.net
Apuntarse y venirse, que como mínimo nos reiremos un rato.






06 marzo 2008

It's back!

La cosa purulenta y asquerosa ha vuelto, y esta vez para asentarse en un sitio discreto: en mitad de la cara.
Al principio parecía el típico resultado de la ingesta masiva de conguitos en personas de piel grasa, pero a medida que fue creciendo y extendiéndose se hizo evidente que no.
Esta vez no he intentado ir al médico, porque siempre me dice lo mismo:

- usa jabones naturales
Siempre uso jabón casero fabricado por algún miembro de la familia, y cuando se me acaba el alijo recurro a lo más parecido que hay en las tiendas: el jabón lagarto. Es tan delicado como unas bragas de esparto, pero me deja la piel como el culito de un bebé.

- hidrata la piel de forma continua
Me froto tanto las manitas que a veces me siento un poco mosca.

- dúchate con agua fría
¡Y UNA MIERDA!

- y sobre todo, relájate
¿rela QUÉ?

Mientras tanto, tengo que convivir con eso pegado a mi cara. Es feo, me duele, y cuando hablo o sonrío se resquebraja y supura. De momento todavía no muerde, pero como sigamos así voy a tener que empezar a hacer comida para tres.
En cuanto me vi en el espejo me di cuenta de que si salía así a la calle la gente gritaría "leproso, leproso" y me tiraría piedras y verduras pochas, así que traté de taparlo con una tirita. Fue inútil, porque la tirita se cae (sospecho que la cosa purulenta y asquerosa la empuja).
Después probé a maquillarme. El resultado fue el mismo que meter a un gremlin malo en un cubo de pintura rosa: sigue siendo feo, y encima está cabreao.

Lo único que parece taparlo es un pasamontañas de lana, pero me da la impresión de que si voy, pongamos por caso, a comprar el pan con eso puesto, la tendera no sólo me va a dar el pan sino también el contenido de la caja.

Eso si no me pega.

Así que no me ha quedado más remedio que enfrentarme a la realidad y asumir mi destino, por lo que he tomado una difícil determinación:



voy a quedarme en casa hasta que desaparezca.

13 mayo 2007

Problemas de piel

Claral.


Lo uso en la planta de los pies, el ombligo y los lóbulos de las orejas para evitar que la Cosa Purulenta y Asquerosa me devore.


Nivea.



Frena a la Cosa Purulenta y Asquerosa en el resto del cuerpo, especialmente en manos y codos.


Aciclovir.

Para el hermano pequeño de la Cosa Purulenta y Asquerosa que suele salir en las comisuras de la boca y en los orificios nasales.

Parches.


Para que el hermano pequeño de la Cosa Purulenta y Asquerosa no se agriete y deje cicatriz.

Y además...

Jabón de barro marino, que es el único que no hace que se me caiga la piel a tiras.

Sal marina sin tratar, para remojarme de cuando en cuando.

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El sábado pasado mi madre me estuvo mirando la espalda.

-Eh, Lorz, ahora tienes la piel muy bien.
-Sí, parece que mejora.
-Claro, como ahora [suprimido por taco].

Jo.
¿Por qué el dermatólogo no me recomendó que hiciera eso desde el principio?

24 septiembre 2005

Las Cosa III: Una nueva esperanza

Que no es un hongo. La Cosa Purulenta Y Asquerosa Que Campa Alegremente Por Mis Pies no es un hongo. Es un E.E. (eccema esqueroso, pero esqueroso de verdad).
Y está cabreado como una mona, porque yo llevo un mes honguicida para arriba, honguicida para abajo, y a juzgar por como huele debe saber fatal.
Ahora ya no me echo honguicida, claro, y empiezo a entender por qué La Cosa no iba a mejor. Tampoco froto el pie contra la almohada de Hermano Mediano, porque si no es contagioso ni deja mancha, para qué. Por cierto, Hermano Mediano, ese olor extraño que notabas no era el nuevo suavizante para la ropa.
Bien, ahora tengo un tratamiento nuevo.
El médico dice que al E.E. le vendrían muy bien unos días en la playa. Toma, y a mí. Mientras tanto, lo que hago es meter los pies en agua tibia con sal y cantar "Hawai, Bombay", y de vez en cuando me quejo de la arena y critico a los guiris. Joder, es que vienen aquí, y nos quitan el trabajo... no, espera, esos son otro tipo de extranjeros.
El médico también dice que trate de que nada oprima al E.E... En fin, puedo quitarme los zapatos y los calcetines, pero peso más de sesenta kilos y el E.E. está en la planta del pie, así que tengo la gravedad en mi contra, y Yoda se niega a darme clases desde el incidente de la orden de alejamiento.
El caso es que desde que me unto la crema, que ni huele ni nada, y me baño a la orilla del barreño, y no me pongo medias, ni zapatos, ni nada que irrite a La Cosa (por ejemplo, un CD de María Jiménez) bueno... que ya no palpita, ni nada, y no es lo mismo. Echo mucho de menos su vocecita gritando "dejame en paz, petarda" cuando le echaba los polvos, y el ruidito que hacía cuando se comía los calcetines, y aquella vez que devoró al gato y hubo que hacerle un lavado de estómago para que lo escupiera...
Cuantos recuerdos...
La voy a echar de menos, a la jodía.
Si es que de verdad se va, claro.

12 septiembre 2005

La Cosa II: más grande, más largo, con dientes

En honor a Lasita, mi único lector en formato papel, va mi última composición:

Mi pequeño hongo
la cosita peluda
y maloliente


Y, ya que estamos con el tema, quiero dar las gracias a todos los que se han interesado por La Cosa Purulenta Y Asquerosa Que Ya Se Ha Adueñado De Mis Dos Pies Y Empieza A Subir Por Las Piernas Con Lenta Pero Indestructible Resolución. Sí, sigue aquí, y sigue bien, a pesar de la crema, los polvos, la criptonita, las balas de plata y la espada de Godric Gryffindor empuñada por un corazón leal.
Ya me dijo el médico que, tal y como pintaba la cosa, tenía dos opciones: cortar por lo sano o acostumbrarme. Yo elegí cortar, pero no hubo manera; se defendió con unas y dientes, el muy pedorro, así que me lo tuve que quedar.
Al final no ha sido tan horrible; la convivencia no es tan dura como parece, una vez que te haces a la idea. Lo único que me molesta es la forma de gritar que tiene cuando me pongo los calcetines ("Me ahogo, me ahogo", dice, pero no se ahoga y sigue gritando "be agogo, be agogo" hasta que se aburre), y esa extraña manía suya de morderme cada vez que intento cortarme las uñas de los pies.
Hasta mi novio se ha acostumbrado, y ya no lo llama "eso"; se limita a fingir que no existe. El único que parece no hacerse a la idea es Gato, no sé si por el irritante olor o porque el hongo se come su pienso cuando no mira.


Nota a mi novio: sé que cada vez que voy a tu casa esperas a que me vaya para desinfectar todo lo que toco. Es inútil, las esporas son muy resistentes, y ya han formado una colonia en la alfombrilla de tu baño. La llaman Lugar En El Que Esperaremos A Que Esté Distraído Para Abalanzarnos Sobre Él; Gotham para abreviar. Yo de ti iría al baño envuelto en papel de plata.

21 agosto 2005

Haiku

Un haiku es un tipo de poema breve japonés, que se compone de 17 sílabas repartidas en tres versos, generalmente de 5, 7, y 5 sílabas.
Mi primer haiku lo compuse a medias con Hermano Mediano, y empezaba así:

Feliz Cumpleaños, puta

Se trataba de una composición en honor de una amiga de Hermano Pequeño, y el resto estaba a la altura del primer verso, de verdad; por eso no lo reproduzco.
Diez minutos después llegaba mi primera creación en solitario:

Ladilla, ladilla,
pequeño animal
colgado a un güevo

Estaba muy emocionada con mi obra hasta que Hermano Mediano empezó a decir que en un haiku siempre hay que hacer mención a las estaciones, y no sé que más, así que tuve que reescribirlo:

Ladilla de otoño
pequeño animal
colgado a un güevo

No es perfecto, lo admito, pero para ser el primero no está mal. Gatito jodón, mi segunda obra, está más lograda:

Gatito jodón
en verano llenas
mi sofá de pelo

Lo que no me sale muy bien es lo del 5-7-5, pero voy mejorando, gracias a la práctica constante que llevo a cabo, sobre todo, en horas de trabajo (Vieja sorda/entregue la pasta/y salga de aquí). La dedicación incesante ha generado una rápida evolución en mi estilo, y puede decirse que mi última obra cierra ya una primera etapa, de iniciación y experimentación, para entrar en la madurez artística plena que en breve me conducirá a la perfección lírico-musical a la que aspiro en mis composiciones:

Hongo asqueroso
el mes de agosto entero
pegado a mis pies



PD: Pido humildemente perdón al universo entero por este atropello. La mayoría de los haikus (es decir, todos menos los que componemos Eric Cartman y yo) son composiciones muy hermosas, de una belleza que queda fuera de mi alcance mental, como las matemáticas y las normas del beisbol.


19 agosto 2005

La Cosa

Cuando una persona humana almacena tanto glamour en su cuerpo como el que tengo yo, es inevitable que este acabe escapando por alguna rendija; eso es lo que me sucede en estos momentos.
Estoy floreciendo.
Para ser más concreta; me ha salido un hongo. En el pie, el derecho; si me hubiera salido en el izquierdo a estas alturas ya lo tendría también en la boca (nota mental: envolverme el pie en plástico de cocina antes de irme a dormir).
Por supuesto mi novio dice que él no ha tenido nada que ver, y se niega a asumir ninguna responsabilidad en el asunto. Ni siquiera me deja que le ponga su nombre, así que lo he llamado La Cosa Purulenta y Asquerosa Que Se Extiende Más y Más Por Mi Pie Derecho y Que Empieza a Aparecer Por El Izquierdo.
Es mucho mejor que llamarse Yonatán, y si le ponemos detrás mi apellido (ya que mi novio se niega a darle el suyo) va a quedar impresionante.
Más impresionante, quiero decir.