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31 julio 2025

Veinte años de lorzedad 31 y adiós


Foto de EmeA. Bueno, EmeA tomó la foto.
La que sale en la foto soy yo. O EmeA. 
O quizá EmeA y yo seamos realmente la misma persona.
Hace tanto tiempo que es difícil saberlo.


31 julio 2005, hace veinte años

Empieza la cuenta atrás

Miro el calendario y descubro con horror que en veinticinco días cumpliré veinticinco años. Sí, así es. Lo he comprobado con la agenda, el teléfono y el ordenador; incluso he mirado la fecha de nacimiento de mi DNI. Todo concuerda. Ya no hay vuelta atrás. En pleno ataque de pánico me he puesto a pensar (creo) y me he dado cuenta de que, aunque mi cuerpo no parece verse afectado de momento, a todos los efectos ya soy demasiado vieja para un montón de cosas, a saber:

-Presentar un programa de la MTV.

-Tener un lío pseudoplatónico con Lobezno/Carcayú/Wolverine/Parche o como quiera Stan Lee que se llame ahora.

-Ser una supernena. Incluso había elegido un nombre: Bufas. Empieza por B.

-Recibir una carta informándome de que soy una bruja y que a partir de septiembre empezaré a estudiar en un nuevo y maravilloso colegio, que no nombraré porque es un secreto que no debo compartir con muggles (JA). Por otra parte, todavía estoy a tiempo de solicitar el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y poner fin a mi vida de aquí a junio.

-Ser una niña prodigio. Cualquiera pensaría nada más verme que lo que es un prodigio es que haya llegado a adulta, pero en el mundo del espectáculo eso no es suficiente.

-Convertirme en una ninja de la Villa Oculta de la Hoja.

-Hacerme contorsionista. Es muy práctico, por ejemplo, para mirarse el propio culo sin ayuda de un espejo.

-Que el Conde Olaf sea mi tutor e intente apoderarse de mi enoooorme fortuna. A la mierda. Me conformo con tener una enoooorme fortuna.

-Ser una deportista de elite de cualquier deporte que no sea petanca. Debe ser muy divertido, todo el día anunciando maquinillas de afeitar y pepsi.

-Que despierte mi poder mutante. Mi única esperanza es meter una araña en el micro y después encabronarla para que me pique, pero es que las muy guarras se lo huelen, y no hay manera de pillar ninguna. No veas como corren en cuantito me ven, y, lógicamente, al tener más patas corren más que yo. Cuatro veces más, que no es poco, y a ras del suelo, con lo que no ofrecen resistencia al aire, mientras que yo con mi metro sesenta y mis sesenta y cinco kilos tengo a toda la atmósfera en mi contra.

Pero lo peor de todo, sin duda, peor incluso que no haber sido descubierta por un ojeador de beisbol mientras jugaba el partido de los domingos justo el día que mi padre, un ejecutivo superocupado, comprendía el verdadero sentido de la navidad y decidía venir a verme jugar es que de aquí a un año mi carnet joven perderá validez y tendré que pagar la entrada completa cuando vaya al cine.




31 julio 2025, hoy

Empieza la cuenta atrás

Miro el calendario y descubro con horror que en veinticinco días cumpliré cuarenta y cinco años. Sí, así es. Lo he comprobado con la agenda, el teléfono y el ordenador; incluso he mirado la fecha de nacimiento de mi DNI, y de paso me he dado cuenta de que ya solo tengo que renovarlo cada diez años. Resulta que soy mayor, muy mayor; de hecho, soy veinte años mayor que cuando pensaba que ya era demasiado vieja para hacer un montón de cosas.
Me temo que esa lista ha crecido con los años.
Como yo. Lo que pasa es que yo he crecido, sobre todo, a lo ancho. Eso también afecta a las cosas que ya no puede hacer una, por lo que sea.
Kilos aparte, es verdad que empiezo a estar crecidita para muchas cosas.
Las más dolorosa de admitir es esta:

Soy demasiado mayor para seguir jugando a que escribo, especialmente un diario, especialmente público, especialmente desde que no es anónimo.

También lo soy para ignorar que avanzamos hacia un mundo cada vez más literal, con menos sentido del humor y menor capacidad para distinguir la realidad de la ficción, con cada vez más gente que solo sabe compensar sus propias deficiencias con malismo hacia los demás. Y no hablo precisamente de "los jóvenes de hoy en día", sino que de gente ya talludita, que se aferra a un humor que no entiende para juzgar a personas que no conoce.

Desde luego, soy demasiado mayor para tener paciencia con los señoros que "me descubren" cuando llevo veinte años escribiendo y sienten la imperiosa necesidad de validarme con su aprobación de la forma más ofensiva y condescendiente posible.

Y, sobre todo, soy demasiado mayor para seguir quitando tiempo a mi familia, a mis hijos y a mi propio descanso.
Especialmente lo último.
Estoy muy cansada, como solo se puede estar después de 20 años haciendo comedia de tu propia vida, especialmente cuando esa vida no ha sido particularmente divertida ni especialmente fácil.

Ha llegado el momento de madurar.
Ha llegado el momento de cerrar esta etapa.
Ha llegado el momento de centrarme en mi familia, en mi trabajo, en mi futuro, en mí.
Escribir aquí ha sido una experiencia maravillosa, durante años.
Este blog me ha sacado de agujeros profundos, me ha descubierto posibilidades, me ha abierto puertas y, sobre todo, me ha ayudado a encontrar una familia: empezando por un marido, ZaraJota, con quien me he apañado para fabricar dos hijos; siguiendo por muchísimos amigos, conocidos, una red de apoyo enorme, a veces invisible, pero siempre presente.
Para una persona que ha crecido escuchando variantes de "cómo eres, así nunca te va a querer nadie", exponerse en internet y no solo a pesar de eso, sino gracias a eso, hacer amigos (no hablemos ya de hacer hijos) significa un mundo.
Quiero daros gracias a todos, a todes y especialmente a todas por haber estado ahí a lo largo de los años.
Por las risas que hemos compartido en los buenos momentos y todo el apoyo que me habéis dado en los malos.
Por haberme ayudado a creer en mí.
La Lorz que se va de blogger no es la misma que la Lorz que vino, y eso es gracias a vosotros.
Ha sido un placer conoceros.
Espero seguir viéndoos en el cielito.
El blog de Lorzagirl se despide recordándoos, por última vez, que podéis encontrar mis libros, esos libros que existen gracias a vosotros, aquí.

    

26 mayo 2025

La Purga



Que me han preguntado mucho en el otro lao qué pasó con la aborrescente niña en día del apagón.
La niña está bien.
ZaraJota fue a buscarla a pie. No es muy lejos. El único problema es que está pasado el río y eso significa que vayas en la dirección que vayas, siempre hay una cuesta abajo y una cuesta arriba.
Con el calor que hacía, que era mucho, y la creciente escasez de árboles de sombra que, por motivos ignotos, asola Madrid desde hace unos años. 
ZaraJota había conseguido contactar con una madre y le había avisado de que se traería a la criatura correspondiente. Que no es que no hubiera podido volver sola, pero eso lo sabemos ahora, es decir, en el momento no sabíamos que iba a estallar la Purga de un momento a otro o qué.
ZaraJota acompañó a la niña hasta su casa sin mayor problema que el calor y dos adolescentes sin un móvil para distraerse. 
El problema empezó cuando llegaron a la casa, porque la familia de la niña vivía en un piso alto.
La niña no tenía llave.
El telefonillo no funcionaba.
Las líneas telefónicas y de internet se habían caído definitivamente. 
Básicamente: aunque había sido fácil llevar a la niña del punto a, el instituto, al punto b, la puerta de su casa, era imposible llevarla desde el punto b hasta el punto c, el interior del piso.
ZaraJota se planteó sus opciones, entre las que destacaba muy fuerte no haberse levantado esa mañana.
No podía volver a casa, porque no podía avisar a la otra madre y les estaba esperando.
No podía dejar a la niña sola en la puerta, porque todavía no descartaba por completo que estallara la Purga.
No podía lanzar a la niña hasta su casa con una catapulta. 
Porque no tenía ninguna catapulta, obviamente.
En esas estaba cuando vio gente a través de la ventana de bajo y dio un par de golpecitos en el cristal para llamar su atención.
Los vecinos lo miraron de hito en hito. 
La verdad es que no, porque ZaraJota es así como larguirucho y a través de la ventana no creo que pudieran mirar mucho, pero es que me gusta esa expresión.
Por la cara que pusieron, debieron pensar que por fin había estallado la Purga y que ZaraJota iba a por ellos. 
Entonces ZaraJota, que no es peliculero ni nada, levantó las manos y dio un par de pasos atrás para que vieran que estaba desarmado.
Para mí que esto incrementó la sospecha de los vecinos de que la Purga había llegado, pero supongo que hay que verse en esa situación. Con el calor que hacía y dos niñas, una ajena, sin teléfono móvil.
Los vecinos seguían desconfiando pero se acercaron a la ventana porque una cosa es tener miedo a la Purga y otra cosa es perderse un salseo. ZaraJota les hizo aspavientos para que miraran para abajo. Entonces vieron a las niñas y, en concreto, a una que reconocían.
-Aaaaaaah. 
Los vecinos salieron de casa y les abrieron la puerta del edificio, menos mal.
ZaraJota la acompañó escaleras arriba hasta dejarla sana y salva con su madre. 
ZaraJota compensó gimnasio ese día, las cosas como son.
Luego se vino para nuestra casa con la niña que le quedaba y el calor que hacía. 
-¿Has podido llevar a la otra niña sin problema?
-Sí, lo de llevar ha ido sin problema. Lo de entregar, en cambio...




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He escrito un número indeterminado de libros y podéis encontrar la mayoría aquí.

28 abril 2025

Los ciervitos son un primor

 No sé qué pasa que cada vez que subimos a ver a mi suegra tenemos un incidente zoológico
Esta vez no se trató de patos, sino de ciervos.
Sí, la cosa va escalando.
A mí no me gusta exagerar, pero seguramente lo próximo serán elefantes, ballenas o King Kong.
El caso es que fuimos a una cosa que se llama Parc Samà, que es una cosa muy de catalanes ricos del siglo XIX, con plantitas y edificitos y estanquitos y animalitos.
-Pero patos no habrá, ¿no? -pregunté.
-...
-Mierda.
En el parque este puedes comprar comida para dársela a los animales, que a mí de inicio ya me parece un error cósmico porque por lo general cuando compro comida lo que me gusta es comérmela yo, pero bueno. Pensé que a los niños les haría gracia, así que le dije a ZaraJota:
-Compra comida para los animalitos.
Y ZaraJota me dijo: 
-No me gusta que hables así de tus hijos, y además te he visto meter tres weikis en el bolso antes de salir.
-Para los animalitos del parque. 
Y ZaraJota se fue a comprar comida para los animales y volvió con un vaso de cartón lleno de maíz.
-Ah, estupendo, palomitas, solo necesitamos el microondas.
-Es para los animales. 
-Jo.
Mi decepción era doble y comprensible: primero, porque ahora que habíamos sacado el tema me apetecían mucho las palomitas. 
Segundo, porque no entendía cómo íbamos a darle aquello a los ciervos. ¿Tirándolo al suelo como a las gallinas? Mi experiencias previas no me dieron ninguna pista: cuando vamos a Burrolandia, que es una cosa que recomiendo mucho si tienes los epitelios olfativos atrofiados, siempre nos dan zanahorias y lechugas, que puedes agarrar de un ladito mientras el burrito las coge por el otro pero, ¿MAÍZ?
Mientras paseábamos entre los loritos, los patitos, los gansitos y una cosa que parecía un dinosaurio reducido pero con las ansias de matar intactas, le iba dando vueltas al asunto maíz. Tenía una sospecha. 
Y la sospecha se confirmó cuando por fin llegamos a los ciervitos y vi que la gente se ponía el maíz en el hueco de la mano y los ciervitos hacían el equivalente a un french kissing. Pero en la mano. Con ciervos. 
-AAAARGGGGH -pensé. Ojo que solo lo pensé. Decirlo en alto habría arruinado la magia y además estoy intentando educar a mis hijos para que sean valientes y atrevidos y nos les dé asco que un ciervo practique sexo oral con sus manos.
-¿Quién quiere dar de comer a los ciervitos?
-YO NO -exclamaron al unísono. Cuando quieren se llevan fenomenal.
-Venga, si no pasa nada -le dije, y les llené el hueco de las mano de maíz-. Venga, acercar las manitas.
Otra cosa no, pero mis hijos son obedientes. Levantaron las manitas y ofrecieron el maíz a los ciervitos. Pero cuando los ciervitos se acercaron, los niños entraron en pánico, retiraron la mano y el maíz fue a parar al suelo.
-Ooooohhhh.
A los ciervitos les dio igual. Deben estar acostumbrados. Y ser poco escrupulosos, porque se pusieron a hacerle el beso tuerca al suelo hasta que se comieron todo el maíz.
Luego, se quedaron mirándonos con el morro chorreando barro.
-¿Y ese barro? -pregunté. No tenía que haber preguntado.
-Es lo que pasa cuando mezclas babas de ciervo y tierra de suelo.
Repito: no tenía que haber preguntado.
-¿Y esa espuma?
-Creo que es lo que pasa cuando mezclas babas de ciervo y maíz de vaso.
Una vez más: no tenía que haber preguntado. 
-Bueno... -dije, porque era mi deber como madre-, ¿queréis darle más de comer al ciervito?
-NO.
-Pero si no pasa nada. 
-Pues hazlo tú.
-Eh...
Ser madre es una cosa compleja. Quieres que tus hijos sean mejores que tú, que no tengan tus complejos, tus miedos y tus mierdas. Eso te obliga a veces a hacer cosas que preferirías no hacer.
Como darle de comer a un ciervito babeante.
Cogí un puñado de maíz y alargué la mano para ofrecérselo al ciervito. El ciervito me miró un segundo, chorreando barro y espuma por la boca. Cerré los ojos. Todavía estoy muy delicada de la úlcera y cualquier cosa me hace echar la pota. No me hubiera importado porque empiezo a estar muy acostumbrada, pero es que veía al ciervito capaz de comérsela. 
Sospecho que esto habría arruinado la magia por completo.
Así que cerré los ojos y me mantuve impertérrita mientas el ciervo le hacía a mi mano cosas que jamás le había hecho nadie. Con barro, babas y espuma de maíz. Pero tenía que pensar en mis hijos. Tenía que hacerles creer que aquello era una momento mágico.
-AAAAAAAAAARRRRRRRRRG -grité- QUÉ ASCOOOOOOOOO ESTÁ TODO GRUMOSO DE BARROOOOOO PERO QUÉ ES ESOOOOOO DEJA DE CHUPARME POR FAVOOOOOOOR NO QUEDA MÁS MAÍZ QUÉ PRETENDES SACAR DE AHÍ ME MUERO Y ME MUERO Y CREO QUE VOY A POTAR Y LUEGO ME MUERO.
Cuando el ciervo acabó de lo que fuera que estuviera haciendo, me volví hacia los niños, con la mano chorreando babas marrones, y les dije con mi mejor sonrisa:
-¿Veis como no pasa nasa? Ahora probad vosotros.
-NO.
-Jooooooo, hemos venido para nada.
-No, para nada no - contestó ZaraJota-: te he hecho muchas fotos.

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El sábado 17 de mayo a las 18:00 estaré en la 9ª Feria del Libro de Vallecas, firmando toda mi obra en la caseta de la Librería Yume. Podéis comprar mis libros allí mismo con descuento de feria o traer lo que ya tengáis en casa, yo lo firmo todo. 













10 marzo 2025

En la iglesia



He escrito otro libro. 
La culpa fue de Patricia, que me dijo:
-Tengo una idea para un libro y no la voy a usar.
Y claro, es que si vamos así, provocando...
El libro va de que el 25 de mayo de 2025
es posible que escogiera el fecha solo porque rima con "te la hinco", no me escondo"
explotan todos los microondas del mundo y el gobierno decide cortar el suministro eléctrico por cuestiones de seguridad.
No sé si alguna vez se os ha ido la luz en casa, pero está sin electricidad es una mierda muy grande. Así que pasan cosas. ¿Cosas nazis? Bueno, eso depende de la interpretación de cada uno.
Pero un poco sí.
El caso es que como es ciencia ficción tenía que hacer "world building", que es cuando llamas a inventarte un montón excesivo de detalles para disimular que ni escribes demasiado bien ni tu idea es demasiado original.
Es broma, es broma.
Yo hago mucho world building. 
Hacía.
Ahora es que me da muchísima pereza acordarme de tantas cosas. 
Así que seguí el clásico consejo: escribe de lo que sabes. Y si hay algo que me sé bastante bien es el camino de mi casa al colegio de los niños. 
Así que ambienté casi todo el libro en esa calle. 
Y en el hotel al que me iba a darle con el novio cuando era joven, vale, eso también.
Cosas que conocía bastante bien. 
Lo único que me fallaba era el interior de la iglesia, básicamente porque no había entrado nunca.
Llevaba un par de meses pensando en entrar de camino o de vuelta del colegio pero siempre voy con prisas y no había manera, pero un domingo pasé con los niños de camino a Madrid Río, vi que la puerta abierta, y entramos.
Lo que no se me ocurrió fue que, siendo domingo y cerca de las doce de la mañana, la puerta estaba abierta porque iba a empezar la misa.
Lo que tampoco se me ocurrió fue que, siendo 2025, hubiera aproximadamente varios millones de familias a las que conocemos, con sus varios trillones de niños.
Toda esa gente nos recibió con una sonrisa.
Estoy segura de que se alegraban sinceramente de que por fin hubiéramos encontrado a dios o lo que sea.
Una vocecita malvada dentro de mí también está segura de que pensaban que por fin nos íbamos a alejar del camino del mariconismo woke feminazi y dejar de dar la brasa con la tontería esa de los derechos humanos, pero bueno.
Puede que parezca que no tengo vergüenza pero el caso es que algo me queda así como en el fondo, así que al ver a todas aquellas caras, en su mayoría conocidas, me quedé un poco parada.
Por un momento pensé en darme la vuelta y salirme tal cual como si no hubiera pasado nada, pero los niños empezaron a saludar a sus amiguitos y me estropearon el plan.
Así que hice lo único que podía hacer: seguir para adelante y ponerme a palpar paredes como si fuera lo más normal del mundo.
Y es lo más normal del mundo. Cuando estás haciendo world building y necesitas saber cuánta humedad transmiten unas paredes, al menos.
Comprobé un par de puntos y luego, como si fuera lo más normal del mundo, les dije a los niños:
-Ya está, vámonos.
Y empecé a salir como si fuera lo más normal del mundo. 
A mis espaldas, escuché a uno de los niños preguntar a los míos:
-¿No os quedáis?
Claro que no nos quedamos, pensé, entrar a una iglesia solo a palpar paredes es lo más normal del mundo. 
Pero lo que mis hijos contestaron fue: 
-No, solo hemos entrado porque mi madre está escribiendo un libro.
Vale, nos vamos a tener que mudar. 


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Lektu acaba de anunciar que cierra a finales de marzo, así que si queréis comprar alguno de mis libros es el momento, porque es el único sitio en el que los podéis comprar online.

20 enero 2025

Lo sabe


 Nena-chan ya lo sabe
Ya sabéis. 
Lo de los reyes y eso. 
Lo sabe desde hace tiempo, obviamente, pero hasta que no ha entrado al instituto no lo hemos hecho oficial. En fin. Ahora que lo sabe-sabe, le propuse que comprara ella algunos regalos de su parte. Alguna cosilla, solo, para que ella estuviera en el ajo también, pero sin gastarse mucho dinero.
-Calcetines -le dije-, son baratos y siempre hacen falta.
Le pareció bien y un día nos fuimos a un centro comercial la niña, su monederito y yo a comprar calcetines en secreto.
Al principio la cosa fue bien: 
-Estos para Nene-kun, que le gusta mucho Dragonball.
-Perfecto.
-Estos para papá. 
-Pero si tienen gatos. 
-Ya.
-Papá odia a los gatos.
-JAJAJAJAJA, por eso.
-Vale, son tus regalos y no me voy a meter, tú elige libremente.
-Y estos para ti.
-¿Esos? Como me compres eso no me lo pongo, así te lo digo, eso tiene una pinta de rascar cosa mala y encima a ver con qué convino yo el verde aguacate y el amarillo pollo. Coge esos de ajolotes, que por lo menos son rosa.
-¡Pero mamá! ¡No puedes elegirlo tú!
-¿Por qué no? 
-¡Porque entonces no es sorpresa para ti! 
-Bueno, he venido a comprarlos contigo y luego te tengo que ayudar a envolverlos. Mucha sorpresa no esperarías que fuera...
-No sé... Bueno, supongo que no importa porque luego tendrás más regalos, ¿no?
-¿Y quién crees que los coloca debajo del árbol cuando os dormís?
-...
Me da la impresión de que lo sabe, pero se lo plantea lo justito.





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El plazo para participar como expositor (editoriales, librerías, autoeditados, artesanos, artistas, creadores...) estará abierto hasta el 26 de enero.






06 enero 2025

La Nintendo de segunda mano


Mi marido tenía muchos cómics de grapa.
Pero muchos, muchos.
Algo así como cuatro armarios a rebosar. 
A mí no me importaba porque soy una persona muy comprensiva. Además, los tenía en casa de su madre. 
A su madre, por lo que fuera, le importaba un poco más que a mí, pero lo llevaba con resignación.
Hasta que vendió la casa, claro.
A mí me parecía que lo justo era que los cómics se quedaran donde estaban, ya que llevaban tanto tiempo ahí que probablemente eran necesarios para mantener la integridad estructural del edificio, pero al parecer los nuevos propietarios no estaban de acuerdo. Sus oscuros y seguramente muy egoístas motivos tendrían, yo qué sé. 
Así que este verano Zarajota tuvo que recoger sus cómics, que pasaron a habitar en nuestro maletero.
Es un maletero muy grande, las cosas como son. Lo que pasaba era que tampoco podían quedarse ahí para siempre, porque estaban empezando a causar daños permanentes en la suspensión y eso. 
Entonces Zarajota hizo lo más serio, maduro y responsable: subirlos a Wallapop y cambiarlos por una Nintendo Switch de segunda mano.
Y por casi todos los Asterix, todos los Terry Pratchett, varios mandos, un par de muñequitos y a saber cuántas cosas más. Sospecho que Zarajota es la única persona de España a la que le renta Wallapop.
Da igual, lo importante para esta historia es la Nintendo. 
-¿Qué te has agenciado una Nintendo? -le dije cuando la vi.
-¡Es para los niños! 
-Pues no pensarás dársela ahora, que acaba de ser su cumpleaños y ya han tenido un montón de regalos, y ahora vas y le das una consola que los vas a malacostumbrar, de eso nada, que luego se creen que las cosas aparecen en casa mágicamente.
-La podemos guardar para Reyes.
Así fue como la Nintendo pasó a habitar en el armario a perpetuidad.
Uy, como los cómics.
Tres meses más tarde, Zarajota estaba de la Nintendo en el armario hasta el mismísimo Switch.
-Yo creo -dijo- que en vez de los Reyes podía traerla Papa Noel. 
-Pero Papa Noel solo trae los regalos que le pide tu madre, igual que los Reyes solo traen los regalos que pedimos nosotros. Es la ley.
Zarajota miró al armario una mirada ansiosa.
Torturada, diría yo.
-¿Y cómo van a saber los niños quién le ha pedido quién?
Así fue como el 24 de diciembre, con nocturnidad y alevosía, cambiamos los regalos que la llallí había pedido por una Nintendo Switch de segunda mano comprada en Wallapop.
En perfecto estado, eso sí.
Sospecho que este años los Reyes Magos me van a traer una mierda pinchada en un palo, y lo peor es que me lo mereceré. 
El 25 de diciembre por la mañana, los niños se levantaron, abrieron el regalo y, en lugar de quedar ojipláticos de la emoción, preguntaron con evidente desconfianza: 
-¿La llalli nos ha pedido una videoconsola?
La llalli es que tiene fama de ser bastante analógica, las cosas como son.
-Pues sí, pues sí -les contesté con toda la calma, mientras mi yo interior corría en círculo agitando los bracitos-. Habrá que llamarla luego a darle las gracias, ¿no, Zarajota?
-¡NO! Estooo... quiero decir, que ahora estará dormida y eso.
Entonces fue cuando mi cuñada decidió enviar un vídeo. Dando a entender, así como quien no quiere la cosa, que la familia estaba despierta. 
-Mierda.
-Voy... -dijo Zarajota-, voy a la terraza a hablar por teléfono un segundo. 
-¡Voy contigo!
Y nos salimos los dos a la terraza, lo típico un 25 de diciembre a las nueve de la mañana cuando estás a bajo cero. 
-¿Pero qué haces?
-Llamar a mi madre para avisarle de que le ha pedido una Nintendo a Papa Noel. 
-¡Pero que los niños van a sospechar!
-A ver, Lorz, que tienen doce y nueve años. Yo creo que a estas alturas ya deben saber quién regala qué.
-¡Pues que nos lo expliquen a los demás, que nos hemos perdido hace un rato!


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25 noviembre 2024

En bragas y camiseta



Lo de tener una hija que va al instituto está siendo todo un viaje lleno de descubrimientos. 
El mayor y principal de todos es que de pronto Todo Es Culpa Mía Siempre. 
Esto me ha pillado por sorpresa, porque yo pensaba que al llegar al instituto tendría más autonomía y por tanto yo tendría menos responsabilidades, pero de alguna forma hemos pasado a Algo Ha Salido Mal Le Puede Pasar A Cualquiera Vamos a Arreglarlo Juntas a Todo Es Culpa Mía Siempre.
Esto va a ser por la LOMLOE, seguro. 
Puto Perro Sanxe.
Como si se levanta tarde es culpa mía y si no desayuna es culpa mía y si no lleva chándal en día de educación física es culpa mía y si se le olvida la merienda es culpa mía y si no se peina es culpa mía, el resultado natural de las cosas es que, aunque entro a trabajar nueve horas más tarde, todos los días me levanto a las siete a asegurarme de que no hago nada mal que pueda ser culpa mía luego. 
No voy a entrar en el tema de si esto es mentalmente sano o no.
O tienes una hija adolescente o estás cuerda, pero las dos cosas no se puede. 
Irónicamente, esto es algo que no hacía cuando el año pasado iban al colegio, y que no hago con su hermano pequeño, que sigue yendo al colegio. 
Como decía, esto va a ser por la LOMLOE.
De vez en cuando tengo momentos de lucidez en los que me doy cuenta de que esto no puede ser.
Me levanto a las siete aunque entre a trabajar nueve horas más tarde, me aseguro de que desayune, se ponga el chándal, que se lleve la merienda, se peine... o sea, como todos los días, pero sin parar de soltarle la chapa durante todo el proceso:
-Es que no puede ser, yo tendría que estar durmiendo, donde vas con vaqueros que es martes, ya eres lo bastante mayor para hacer esto sola, coge la merienda, no sé dónde tienes la cabeza, el abrigo...
Lo sé, soy la peor madre del mundo.
Ya lo deduje yo sola cuando me di cuenta de que Todo Es Culpa Mía Siempre.
Una mañana, me vine arribísima y le dije: 
-Vas tardísimo. Cualquier día Amiga-chan se va a ir sin ti.
Porque queda con Amiga-chan para irse juntas, eh. A ver si os penséis que le doy la patada en la puerta y espero que llegue el instituto sola. No: le doy la patada en la puerta y espero que llegue al instituto acompañada.
Total, que le dije: 
-Vas tardísimo. Cualquier día Amiga-chan se va a ir sin ti -y añadí- y te vas a tener que ir tú sola.
Y Nena-chan se fue.
Lo siguiente que sé es que empezó a sonar un pitido.
El pitido resultó ser el móvil de Nena-chan, en concreto, una llamada entrante en el móvil de Nena-chan.
Que no se había llevado, porque yo estaba tan ocupada echándole la peta que no le había recordado que lo cogiera, como hago todos los días.
ZaraJota atinó a contestar la llamada. 
Era Amiga-chan.
-Que estoy esperando a Nena-chan y no viene.
-Pero si bajó hace un rato...
A partir de ahí todo está un poco borroso. 
Puede que entrara en shock.
No era la primera vez que Nena-chan desaparecía, las cosas como son. Puede que la vez anterior me dejara traumita.
Estuve meses con miedo a dormir porque soñaba que Nena-chan era un bebé y se perdía.
Por lo que sea.
El caso es que recuerdo vagamente decirle a Amiga-chan que no esperara, que tirara para el instituto ella sola, y que ya nos encargábamos del tema.
Ni siquiera se me ocurrió pensar en que la niña no podía tirar sola porque no lo había hecho nunca.
Estaba en shock.
También estaba en bragas y camiseta.
¿Por qué estas cosas siempre me pillan así?
Ni idea.
Me fui a la habitación e intenté vestirme pero era incapaz.
Estaba en shock, ¿vale? 
Amiga-chan tiró para el instituto con su padre, que no tenía previsto para nada darse ese paseo pero no iba a dejar la chiquilla sola y además se ofreció a mirar si veía a Nena-chan por el camino.
ZaraJota salió a ver si la encontraba por el barrio. Cero pruebas cero dudas de que lo hizo corriendo en círculos mientras agitaba los bracitos.
Yo seguía en bragas y camiseta.
Lo único que se me ocurría era esperar a las ocho y llamar al instituto a ver si había llegado.
El padre de Amiga-chan no la había visto en la puerta, así que...
Esperé a que empezaran las clases y llamé al instituto.
Seguía en bragas y camiseta.
-Hola, jeje, soy la madre de Nena-chan, jeje, es que ha habido un malentendido y, jeje, no sabemos si ha llegado a clase hoy, jeje, jeje, ¿me lo podrías confirmar? Es de primero...
-Voy a mirar -fue la respuesta. Por el tono, estoy razonablemente segura de que puso los ojos en blanco y pensó "todos los años hay una". Pero fue a mirar, y me confirmó que Nena-chan había llegado a clase y estaba perfectamente bien.
Bueno, al menos lo había estado hasta que la celadora apareció en clase y le dijo delante de todo el mundo que su madre estaba llamando por teléfono en plan loca de la colina.
Alabado sea el señor. 
Cuando la niña salió de clase, tuvimos una charla con ella. 
Ante todo, le dejamos claro que estábamos muy orgullosos de que hubiera sido capaz de llegar sola. Lo único, le dijimos, era que había que pulir algunos detalles porque, bueno, básicamente casi nos morimos del susto. Nosotros, la amiga, la familia de la amiga...
Otro día os hablo de mi úlcera.
-Es que no entiendo por qué te fuiste sola -le dijo Zarajota.
-Bueno, llegué a donde siempre y Amiga-chan no estaba, así que pensé que se había ido sin mí.
-¡Amiga-chan nunca se iría sin ti! ¿De donde has sacado semejante idea?

[Voz en off]: 
Vas tardísimo. Cualquier día Amiga-chan se va a ir sin ti...
se va a ir sin ti...
sin ti...
sin ti...
sin ti...

Vale, Todo Es Culpa Mía Siempre, lo admito.



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Se acerca la navidad y seguro que tenéis que hacer regalos de compromiso a gente que os cae mal.
Elegid libros de editoriales independientes y os aseguraréis de que hacéis feliz al menos a una persona: a la editora.






















 

28 octubre 2024

La familia normal



Cuando nacieron los niños me dije que haríamos las cosas bien y que todas las comidas las haríamos adecuadamente en una mesa bien puesta, sin ver la tele, para que fuera un momento de calidad con nuestros hijos, todos juntos, como una familia normal.
Esto os va a sorprender pero lo conseguí. Lo conseguí mucho. En casa se ponía la mesa, correctamente, y se comía sin ver la tele, salvo que hubiera un evento especial como Eurovisión, como una familia normal.
Luego llegó la pandemia y todo se fue a la mierda, obviamente.
No sé si fue porque total ya estábamos pasando todo el día juntos y no necesitábamos más momentos de calidad, por favor y gracias; si porque estábamos siempre comiendo y no merecía la pena poner la mesa bien cada vez; porque necesitábamos ver más televisión para abstraernos de todo o porque la mesa de comedor siempre estaba llena de cosas, de deberes, de trabajo, de las mil manualidades para entretener a los niños o qué, pero empezamos a comer en la mesa baja de centro de mala manera, y desde entonces no hemos parado.
De vez en cuando digo que esto no puede seguir así y que tenemos que empezar a comer en la mesa grande como una familia normal. Lo digo bajito, para qué nos vamos a engañar. Además, la mesa de comedor sigue llena de cosas, yo es que no lo entiendo, ¿el cole en casa no se había acabado ya? ¿De dónde salen tantas cosas? En fin.
Hace unos días hicimos un último intento serio.
Recogí las cosas.
-A partir de mañana comemos en la mesa de comedor, como una familia normal -anuncié.
Y pensé que con eso ya estaba.
Para empezar, al día siguiente tuve que volver a recoger todas las cosas que había encima de la mesa.
En serio, ¿de dónde salen tantas cosas?
Luego pusimos la mesa y resultó que no cabía todo.
Luego me di cuenta de que nuestras sillas son incomodísimas. Al menos, bastante más que el sofá.
Pero lo peor fue el gato.
Normalmente el gato, cuando oye que nos sentamos a comer en la diminuta mesa de centro, viene, se sienta en el otra sofá, nos observa hasta que nos sentamos, servimos y empezamos a comer y luego, con aire satisfecho, sabiendo que ha cumplido su misión en la vida, sea la que sea porque todavía estamos por descubrirlo, procede a quedarse cuajado.
Da igual lo alta que esté la tele, lo alto que hablemos, las cosas que se caigan o se derramen.
El gato duerme hasta que terminamos, entonces se estira, se levanta y se come cualquier cosa que se haya caído al suelo. 
Es la ley, así ha sido y será siempre. 
O eso cree él, que llegó a casa después de la pandemia y de que mis sanos propósitos de comer en una mesa como una familia normal se fueran a tomar viento en bicicleta. 
Así que cuando oyó que nos sentábamos a comer, salió del oscuro agujero donde estuviera dormido, todavía con el ojillo un poco pegao de sueño, se subió al sofá, miró hacia la mesita de centro y, bueno, básicamente, entró en shock.
El shock fue lo bastante evidente como para que uno de los niños soltara una carcajada.
El gato, todavía petrificado en el sofá, miró hacia el otro lado y nos vio comiendo en la mesa grande.
Y volvió a entrar en shock.
A partir de ahí entró en bucle. 
Miraba hacia abajo: "Estoy aquí"
Miraba hacia un lado: "Pero ellos no están ahí"
Miraba hacia el otro: "Pero están ahí"
Volvía a mirar hacia abajo: "Pero yo estoy aquí"
Miraba hacia un lado: "Pero ellos no están ahí"
Miraba hacia el otro: "Pero están ahí"
Y así.
La experiencia "comer como una familia normal" estaba siendo de todo menos normal. El gato estaba a punto de desenroscarse la cabeza de tanto girarla. Los niños estaban mirando al gato, totalmente de espaldas a la mesa. Nadie estaba comiendo. Para rematar, alguien estaba narrando toda la escena poniendo vocecitas. Puede que fuera yo. No podéis demostrarlo. Recoger la mesa grande fue un suplicio, porque el sofá pilla en medio del camino a la cocina y hay que rodearlo cada vez. Se había caído comida por todos los doquieres y luego un poco más. Además, todo este jaleo hizo que el gato se saltara su tercera siestita diaria, y estuvo toda la tarde desquiciado, corriendo de un lado a otro, tirando cosas y maullando. No era para menos. Todo su mundo se había visto sacudido, las verdades universales sobre las que se cimentaba su psique habían sido destruidas, el desgano vital se había adueñado de todos sus pensamientos.
Lo que viene siendo un lunes para cualquier ser humano, vaya.
Para la hora de la cena estábamos todos básicamente de los nervios.
-¿Qué mesa ponemos? -preguntaron los niños-, ¿la grande o la pequeña?
-Tendríamos que comer en la grande como una familia normal -dije. El gato seguía corriendo por toda la casa como un desquiciado, chocándose con las paredes de cuando en cuando. El sofá seguía en medio, ligeramente torcido. Había una patata frita encima de un cojín. La mesa volvía a estar cubierta de cosas varias en su completa totalidad. Para rematar, íbamos a cenar puré de brick y empanada prefabricada comprada el día anterior-. Claro que para eso tendríamos que ser normales primero.





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Escribo libros y algunos son hasta medio normales. Encuéntralos aquí.

15 julio 2024

La hormiga


Tengo un hormiguero en el baño.
Bueno, la salida está en el baño, el hormiguero estará en las paredes o en el suelo, yo qué sé, vivo en un quinto, las reglas básicas de lo hormigueril se fueron a tomar bien hace tiempo ya.
El caso es que una de las salidas está en el baño. Intento no pensar demasiado en la dieta de esas criaturas, la verdad. De vez en cuando veo a una de ellas cargando con un trozo de algo (por suerte para mí) inidentificable y pienso: "Suelta eso y te doy una miguita de pan aunque sea, pero por dios suelta eso". 
El problema es que si le das una miguita de pan vienen más. Las hormigas son un poco así, como los turistas. Así que lo que hago es coger a la hormiguita con un trocito de papel y soltarla en el cubo de la basura, donde espero que se dé un atracón con la verdura que mis hijos no se comen antes de viajar a lugares lejanos en un camión verde del ayuntamiento.
Pero al día siguiente siempre hay otra. Y yo la quito. Y al día siguiente hay otra.
Y así llevo tres veranos, que a lo mejor estáis pensando: pues echa insecticida en la salida del hormiguero y eso ya lo sé yo, pero es que está detrás de la lavadora y está encastrada en un mueble, si no de qué.
El caso es que estaba un día en el baño haciendo el número dos cuando vi pasar a la enésima hormiguita y pensé: vamos a ver, ¿no se suponía que estos bichos eran inteligentes y súper organizados y que tienen una estructura social de la hostia?
Hace mínimo cuatro años que tendrían que haberse dado cuenta de que obrera que sale por ese agujero, obrera que no vuelve, ¿no? Sin embargo, siguen mandando obreras. 
¿Por qué?
Bueno, en ese momento elaboré cuatro teorías:

Uno.
El funcionario que lleva la gestión de los destinos, debido a los retrasos administrativos y a un error recurrente con su certificado digital, todavía no ha dado cuenta de que hormiga que sale, hormiga que no entra. 

Dos. 
El funcionario que lleva la gestión de destinos se ha dado cuenta de que hormiga que sale, hormiga que no entra, pero cree que es porque son jóvenes emprendedoras que han conseguido establecerse por su cuenta. Cada vez que una desaparece, se congratula por lo bien que va la economía del hormiguero.

Tres.
El funcionario que lleva la gestión de los destinos se ha dado cuenta de que hormiga que sale, hormiga que no entra, pero considera que esto tiene un efecto positivo sobre el empleo juvenil porque se crea una empleo nuevo cada día. Quizá no sea la forma más ortodoxa de crearlo pero se pone muy contento cuando ve que el paro juvenil baja.

Cuatro. 
No negaré que es mi favorita.
Las hormigas que yo echo a la basura, después de un épico viaje, consiguen volver a casa con las alforjas llenas de viandas, en plan Hormigal Colón, por lo que a la hormiga reina (que se llama Isabel, cero pruebas, cero dudas) le sigue saliendo a cuenta financiar esas expediciones. Las hormigas que yo echo a la basura son, de hecho, una hormiga, siempre la misma, que sale aposta cada vez que me ve sentarme en el trono (probablemente cree que soy una especie de dios o algo así, vaya, que yo soy de natural modesta pero si me viera desde el suelo también lo pensaría) para que la dirigiera hacia su destino.

Cuanto más miraba a la hormiga hacer ochos delante de mí, más convencida estaba de que la cuarta teoría era la correcta. Empecé a sentirme un poco culpable por estar usando papel higiénico para cogerlas. A lo mejor podía usar algo un poco más digno, como una cucharita. Podría dejarla de manera permanente en el vaso de los cepillos de dientes, por ejemplo. Ahora que lo pensaba, era posible que tuviera alguna de plat...
-¿Mami? 
El problema de tener solo un baño es que nunca lo tienes para ti sola mucho rato.
-¿Sí?
-¿Qué haces?
Pues mejor le digo que caca, porque como le diga que estaba jugando a ser dios no se lo va a creer.


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01 julio 2024

La secretaría virtual



 Un día estás embarazada y al siguiente estás matriculando a tu hija en el instituto, eso es así.

Ay, me acuerdo de cuándo yo misma me matriculé en el instituto, allí de cuerpo presente, con mi triple formulario y el libro de familia y la fotocopia del libro de familia y el carnet de identidad y la fotocopia del carnet de identidad y el graduado escolar y la fotocopia del graduado escolar y mi padre y la fotocopia de mi pad... no, espera, eso no. 

Que a lo mejor estáis pensando "ay, los jóvenes de hoy en día [del siglo pasado] que van a matricularse con sus padres". Bueno, probad a vivir a 15 kilómetros de carretera comarcal de nivel tres del instituto y luego me lo contáis.

Que como sería la carretera que un par de año más tarde llovió (ese año tocaba) y se la llevó enterita por delante, nos pusieron una nueva, pero cuatro años más tarde volvió a llover y se la volvió a llevar. 

Entonces fue cuando se plantearon la solución más lógica: poner el instituto en el mismo pueblo.

Y yo sé que no os lo vais a creer, pero cuatro años más tarde volvió a llover y el agua se llevó por delante el instituto.

Pero volviendo a lo que iba, había que matricular a la niña en el instituto. Que ha sido difícil de elegir porque entre lo que está haciendo el ayusismo ilustrado con los recortes y lo que está haciendo el ayusismo ilustrado con la ideología está el patio regular tirando a mal, y encima hay pocas plazas.

Yo recordaba vagamente que la matrícula del colegio la tuvimos que hacer presencial un martes de 11:15 a 12:30 o algo así, lo que en la consejería de educación consideran conciliación familiar. 

(No me digáis que "es que las personas que trabajan en secretaría también tienen derecho a conciliar", que eso ya lo sé yo, por eso me alegra tanto que trabajen de 8 a 15. Un horario en el que podrían atenderte alegremente a primera hora, por ejemplo, sin necesidad de que te ausentes del trabajo a mitad de jornada o te tengas que pedir el día completo, no sé).

Pero pensaba que era una cosa de los colegios, no sé, una tradición ancestral como la de mandar una circular un domingo a las nueve de la noche pidiendo que al día siguiente vayan todos con una camiseta verde de topos fucsia "como las que todos tenemos en casa". Sobre todo que quede claro que no están pidiendo nada que se salga de lo común.

Pensaba que los institutos serían más como la universidad que, a ver, hace muchos años que no piso ninguna, pero recuerdo LA REVOLUCIÓN cuando en el año 2000 hicimos la matrícula por primera vez directamente por ordenador. En un ordenador de la sala de informática de la propia facultad, no nos flipemos con el tema, pero ya por ordenador. Puede que tardáramos horas en hacer cada matrícula. Puede que tardáramos aún más en recibir la confirmación por correo electrónico. Puede que luego imprimiéramos el comprobante en papel continuo. No fue bonito. Hubo víctimas en ambos bandos. Pero lo hicimos.

Como han pasado más de veinte años de eso, llegué a la conclusión, quizá precipitada, de que las cosas habrían mejorado bastante. Por ejemplo, ahora no hay que conectarse a internet con un cable, marcar y esperar mientras el módem hace ÑIIIIIIIIIIIIIIIIIIUÑIÑIÑIIIIIIIIIIIIIIUUUUUUÑIIIIIII y deja sin teléfono a tus padres. 

Reforzó mi idea el hecho de que el propio instituto recomendara realizar la matrícula online para evitar aglomeraciones. Y que en su propia web tuviera un enlace a la secretaría virtual para hacer la matrícula online.

Pero empecé a sospechar cuando me descargué el formulario de matrícula y me encontré con estas instrucciones: 



¿Fotocopias? ¿Reverso? ¿UNA FOTOGRAFÍA A TAMANO CARNET?

Bueno, vamos a mantener la calma. Seguramente está ahí para las pocas, poquísimas personas que todavía entreguen la matrícula en papel. Vaya, habría que ser tonto para ir en persona, pudiendo hacerlo online.

Seguro que más adelante me pide que suba esos documentos en pdf o algo así.

Y, efectivamente, había un pdf. Pero los campos no eran rellenables.


Que yo cogí y de todas maneras lo rellené con el botoncito de la cajita, pero vaya, sin saber yo nada de eso, luego esas respuestas no se pueden descargar, ¿no? O sea que yo relleno el pdf, y luego en el instituto se tienen que poner a copiar campo por campo en el programa que ellos tengan. Porque tendrán algún programa, ¿verdad? ¿VERDAD?

Bueno, en cualquier caso, eso no era problema mío, yo con subirlo a la secretaría virtual ya está...

Estupendo.
La otra alternativa que daba el centro era enviar la documentación por correo electrónico. 
Me parecía que mandar documentación y toda la información relativa a un menor por correo electrónico y sin encriptar era, como mínimo, peligroso, pero desde luego cualquier cosa mejor que ir a hacer la matrícula presencialmente, o sea, habiendo posibilidad de hacerla online, tendría que ser tonta perdida.
Así que lo mandé por correo. Pero luego me puse a pensar: ¿y si no sirve?
La web dice que se puede hacer por correo electrónico así que con eso tendría que valer. Pero es que la misma web que dice que se puede gestionar por la secretaría virtual, no sé, a lo mejor no es la fuente más fiable del mundo. 
Todavía me quedaba una tercera vía: el teléfono. También estaba en la web del instituto, como la sugerencia de usar la secretaría virtual o la de mandar la documentación por correo, pero al menos la respuesta sería inmediata.
-Hola, estamos intentando hacer la matrícula online y...
-A mí que me cuenta, yo soy el conserje.
Y así fue como acabé acudiendo presencialmente a secretaría.


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¿Sabéis quién tiene también problemas no resueltos con la informática? Baddo.








17 junio 2024

La tos felina


Pues resulta que un día empecé a toser y no le di mucha importancia porque me pasa como a Sabina, que siempre me dan ataques de tos en los momentos más inoportunos.

Lo que pasa es que era una tos muy rara. Como de perro pulgoso. O, puestos ya a compararme con un animal, como un gato cuando intenta expulsar una bola de pelo. "Tos felina", decían mis hijos. Tos de gato.
Y luego dejó de ser en momentos inoportunos a ser todo el rato y además con tanta fuerza que vomitaba y me hacía pis encima y ya me empecé a preocupar y pensé, voy a ir al médico, porque en Madrid es una cosa que tenemos. Agua, libertad y médicos.
Bueno, médicos a lo mejor no tanto, porque cuando intenté pedir cita me la daban para dos semanas y pensé: como tenga que esperar lo mismo voy y me muero. Con lo mal que me viene ahora mismo.
Iba a tener que ir a urgencias, que como todo el mundo sabe es algo que no se puede hacer porque luego va el médico a las redes sociales a quejarse en plan "pues no me ha venido una gilipollas a urgencias por un poco de tos".
Eso, si llegaba a ver al médico, porque las chicas del mostrador del ambulatorio son, a ver cómo lo digo suavemente, BORDES QUE TE CAGAS. Es como si pensaran que la gente se pusiera enferma para molestar. O como si creyeran que los enfermos tienen la culpa de todos sus problemas que, llamadme loca, a lo mejor se solventaban no votando a psicópatas mataviejos o, yo qué sé, sindicándose para luchar por sus derechos, cosas más raras se han visto.
El caso es que iba para el ambulatorio más acojonada por tener que pasar por el mostrador que por la tontería esa de estar tosiendo hasta la muerte.
Por lo que sea.
Crucé la puerta del ambulatorio con el culo más apretao que el hueso de un melocotón y las chicas del mostrador me recibieron con la amabilidad habitual.
-QUE TIENES QUE COGER NÚMERO.
-Vale -dije. Y empecé a toser. Tosí tanto que me doblé sobre mi misma, se me escapó el pis (gracias Tena Lady por tanto), vomité en la mascarilla y se me empañaron las gafas, con lo molesto que es eso.
-BUENO NO COJAS NÚMERO EH.
-Vale.
-PERO TAMPOCO TE ACERQUES.
La chica del mostrador estiró el brazo todo lo que pudo para que le dejara la tarjeta sanitaria en una de esas bacinillas de cartón que usan desde el covid para evitar el contacto con las personas humanas.
No vaya a ser que se les pegue algo.
Como la humanidad, por ejemplo.
Aproveché ese momento de atención al paciente inesperada y conseguí decir entre toses:
-Contacto... tos... ferina. 
-¿HAS ESTADO EN CONTACTO CON ALGUIEN CON TOS FERINA?
En realidad había sido un contacto indirecto, y la persona intermedia no había mostrado el menor síntoma y sigue sin mostrarlo hasta la fecha, pero estaba yo como para entrar en detalles.
Asentí con la cabeza.
Lo que, bien pensado, quizá no fuera la mejor ideas cuando tienes vómito embolsado en la mascarilla.
-SIÉNTATE LO MÁS LEJOS POSIBLE Y MANTENTE APARTADA DE TODO EL MUNDO.
-Pero...
-AHORA VIENE ALGUIEN.
Me senté lo más lejos posible y me las apañé para hacer el cambio de mascarilla porque me da a mí que una vez que la has potado de arriba a abajo pierden un poco de eficacia. 
Mientras tanto, en el mostrador se había formado tremendo revuelo. Una de las chicas preguntaba a gritos dónde estaba la caja con sus mascarillas. Otra hablaba por teléfono con no sé quién haciendo aspavientos. La tercera intentaba darle cita a un señor que no le hacía ni caso porque estaba más ocupado en mirarme de reojo y mantener una saludable distancia. Los viejos que hasta hace un minuto antes estaban peleándose por colarse en las analísticas habían hecho piña y me observaban con recelo desde la pared más alejada a mí.
Yo seguía tosiendo mientras me maravillaba por la capacidad de absorción de la braga de incontinencia Tena Lady, que no ha patrocinado este post pero puede empezar cuando quiera.
-AQUÍ ESTÁ LA DOCTORA -me gritaron desde el mostrador.
Y, efectivamente, se me acercó una doctora.
Pero se me acercó poco. Como a dos o tres metros.
-¿Que tienes tos?
No contesté porque no hizo falta, es lo que tiene la tos, que como que se contesta sola.
-AHORA ESCÚCHAME CON MUCHA ATENCIÓN -me dijo-, TÚ MEDICO DE CABECERA EMPIEZA SU JORNADA EN DIEZ MINUTOS. SUBE A LA SALA DE ESPERA SIN ACERCARTE A NADIE Y SIÉNTATE LO MÁS LEJOS POSIBLE DEL RESTO DE LA GENTE. ¿ME HAS ENTENDIDO?
Asentí otra vez. Con la mascarilla limpia me salió mucho mejor. 
-PERFECTO. 
Y salió corriendo.
Estaba absolutamente maravillada por que no me hubieran salido con "eso no es una urgenciaaaa", "por qué no has pedido citaaaa" y todas las lindezas que te suelen decir cuando tienes la osadía de pasar por el ambulatorio, y eché a correr para la consulta de mi médico como si me fuera la vida en ello.
Bueno, estaba tosiendo como si la vida me fuera en ello, así que normal, supongo. 
Me senté lo más lejos que pude del resto de los pacientes, que tampoco fue difícil porque según me iban oyendo toser se apartaban de mí como las aguas del Mar Rojo. 
Y me puse a toser.
Y a toser. 
Y a toser.
Y a toser.
Y a toser. 
Con algo me tenía que entretener, porque se me había olvidado descargarme los Bridgerton. 
Tampoco me hubiera dado tiempo, porque el médico me llamó a una velocidad inaudita que para mí que no habían pasado los diez minutos y ni había empezado su jornada laboral ni nada pero tampoco seré yo quien me queje cuando francamente me estaba ahogando.
-Así que tienes tos.
-¿Tos... ferina?
-Podría ser porque hay un brote y esa tos es muy característica -"Muy felina", pensé para mis adentros-, lo que pasa es que es imposible saberlo.
-¿No... existen... test?
-A ver, existir existen, lo que pasa es que en los ambulatorios ya no hay.
Son como las meigas, los test.
-Si te pusieras muy mal podrías ir al hospital y que te lo hagan.
-¿Cómo... de... mal?
O sea, que yo en ese momento me sentía bastante mal. Por supuesto tenía la tos, los vómitos, la incontinencia, el dolor de cabeza y muscular y las agujetas de tanto toser. Pero sobre todo es que había salido de casa sin desayunar y a mí estar en ayunas me pone un cuerpo horroroso.
-Si te pones tan mal que no puedes ni hablar.
-Entonces... no... hará... falta...
Porque yo puedo estar sin comer, sin contener, sin dormir y sin respirar si hace falta, pero antes de dejar de hablar REVIENTO. 

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15 abril 2024

Hola, maja, ¿cómo estás?

 Diciembre de 2023

-Cieliamor...
Tenía que haber sospechado. Siempre que ZaraJota me llama así es porque quiere algo. 
-Qué.
-¿Tenemos algo programado para el 20 de abril?
-¿Del noventa? -para mi generación es imposible oír "20 de abril" y no completar con "del noventa", eso sí que es adoctrinamiento y lo demás son tonterías-. No, de momento no, está muy cerca del día del libro pero para entonces nuestra parte, que es enviar los libros, estará terminada.
-Ah, genial, es que quiero ir a un concierto de Celtas Cortos. Hacen otro el 19, pero claro, habiendo el 20 de abril hay que ir a ese. 
Para los que me leéis desde fuera de España, Celtas Cortos son un grupo de música que tiene una canción llamada "20 de abril del 90".

La canción va de un tóxico que va a llorarle a su exnovia porque todos sus amigos han madurado mientras él sigue comiendo Doritos en el sótano de sus padres. La canción se podía haber llamado 20 de noviembre del 75 y habrían tenido muchos problemas con la audiencia nacional, pero me habrían facilitado mucho la vida, como se verá a continuación. 
-Claro, vete el día 20, no creo que nos surja nada. ¿Vas con las Fruitis?
-No, no, con la niña.
-¿Qué niña?
-...la nuestra...
-¿CÓMO QUE LA NUESTRA?
-Es que le gustan mucho.
-PERO CÓMO LE VAN A GUSTAR MUCHO.
Que tienen edad para ser sus abuelos. Por no hablar de que la última vez que fuimos a un concierto de Celtas Cortos olía fuertemente a... incienso. Salimos muy relajados, eso sí.
-Que sí, que sí, que me dijo que tenía muchas ganas de verlos en concierto y claro, yo por acompañarla... Que a mí ni me apetece ni nada... Uy, uy, mira que pereza. Yo por la niña todo. Pero si nos coincide con algo no vamos.
-No, no, no tenemos nada, y si surge algo ya nos apañaremos, raro será que surja todo a la vez.

Abril de 2024
-Bueno, entonces el día 20 yo me voy a Vitoria para el Zabaliburu y tú te vas a Alcalá para el Krunch, el 21 estamos los dos en el Krunch, el 22 me voy a Barcelona para Sant Jordi.*
-Entendido, solo una cosa: ¿a qué hora vuelves de Vitoria?
-Teniendo en cuenta que voy y vuelvo en el día, en bus, para estar el domingo también en el Krunch, yo diría que entre tarde y muy tarde.
Tarde y mal, añadí para mis adentros. Que una ya no tiene edad para pasar la noche en un Alsa.
-Pues a ver qué hago con el niño.
-Será con los niños, y te los puedes llevar al Krunch a echar el día, que les gusta más que a un tonto un lápiz.
-No, no, solo con el niño, porque con la niña me voy al concierto.
Sudores fríos recorrieron mi espina dorsal. Claro que si hubieran recorrido la espina dorsal de otro no me habría enterado.
-Qué concierto.
-El de Celtas Cortos, ¿te acuerdas? 20 de abril.
-Del noventa -terminé. Porque los condicionamientos paulovianos son así, no se desconectan ni cuando estás en una crisis vital extrema.
-Puedo revender las entradas, lo que pasa es que le hace tanta ilusión a la niña...
-Claro, claro.
A la niña.



*Por suerte para nuestra protagonista acabó cancelando ese viaje, aunque sus libros si estarán en Sant Jordi, buscadlos bien. 
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Venid a vernos, necesitaremos todo vuestro apoyo vital, especialmente en forma de cafeína.