Mostrando entradas con la etiqueta bebé-chan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bebé-chan. Mostrar todas las entradas

17 diciembre 2018

Solo sé que no sé nada, 2

Previously in Lorz...
Yo qué sé.

Llegó un punto en que la única que no sabía el secreto de la sorpresa era Nena-chan, precisamente la persona que iba a darla.
Eso sí, ella estaba emocionadísima.
El día D a la hora H, mi madre y yo nos subimos al tren con los dos niños, los abrigos, dos maletas, su bolso, mi mochila, la mochila de los juguetes, la bolsa de la merienda, la bolsa con los sándwiches de Rodilla que un niño más grande y más fuerte que ella le había obligado a comprar, un ramo de flores y una caja con pasteles.
-Lo bueno de ir a casa de tu tía -me dijo mi madre-, es que tiene de todo y no hace falta que llevemos mucho equipaje.
Yo no hice ningún comentario, pero la verdad es que si eso le parecía poco equipaje me gustaría saber exactamente qué llevaba cuando se fue con mi padre a recorrer Italia, y si alquilaron un remolque o directamente un camión de dos cuerpos.
Mientras nosotras colocábamos la impedimenta, Nena-chan y Nene-kun habían localizado sus asientos, habían bajado las bandejas y dispuesto los juguetes en lo más parecido posible a un bazar.
Mi madre se quedó boquiabierta.
-Estos niños, ¿es que no se extrañan de nada?
Que una vez más me tuve que callar, pero cómo se van a extrañar de nada estos niños, si les hacemos cada cosa que ya están curados de espanto con todo.
Entre nuestros grandes hits vacacionales: tomar un tren, un cercanías y un autobús que nos dejó en mitad de un descampado, desde donde tuvimos que cargar con los dos niños y toda la parafernalia hasta un cámping; alquilar un coche automático que ZaraJota claramente no sabía manejar, y del que nuestras costillas todavía se acuerdan; equivocarnos de parada y bajarnos dos antes, y tener que andar dos kilómetros por un polígono desierto y bajo cero; perdernos en mitad del bosque, por supuesto a pie y con un jabalí acechando; y por favor no olvidemos aquella vez que me pareció una idea grandiosa ir con Nena-chan, entonces un Bebé-chan de un año, y equipaje para un mes a Barcelona, en metro y vuelta hasta la Boquería para ver a la familia de ZaraJota, después en cercanías hasta Blanes, luego en autobús hasta la casa del Tito, autobús y cercanías de vuelta para Barcelona y tren hasta Valencia, donde nos estaba esperando ZaraJota. Y luego que por qué me duele la espalda. 
En cualquier caso, los niños estaban encantados con el viaje, la sorpresa, los juguetes y las chuches que les había comprado con la esperanza de comérmelas yo.
Vana esperanza, diría. 
Además yo empecé en plan telonero a caldear el ambiente.
-¿Dónde vamos?
-¡Al Cuerto de Santa María!
-¿A quién vamos a ver?
-A la tita del Cuerto y del Sur.
Y de Todos los Santos, amén. 
-¿Y ella lo sabe?
-Nooooooo, es una SORPRESA.
-Anda, ¿y cómo vamos a hacer para que nos abra el portal sin enterarse?
-...
-Ya sé, podemos decir que somos un cartero comercial.
-¿Cartero comercial?
-Es el señor que deja en el buzón los folletos de juguetes.
Entre otras muchas mierdas que no voy a entrar a describir. 
-Ahhhh.
-A ver, Nena-chan, cómo lo dices.
-Cartero comercial.
-No, no. La voz más grave.
-Cartero comercial. 
-Perfecto. Sigue practicando hasta que lleguemos, que mamá se va echar una siesta.
Pues como diez mil horas más tarde, porque los viajes con los niños siempre son eternos, llegamos a la puerta de la Tita del Cuerto, del Sur y de Todos los Santos. Le endosamos el ramo de flores a la niña, los pasteles al niño, y llamamos al telefonillo.
-Holaaaaa, ¿quién es?
-Cartero comercial. 
-Ah, sí, pase, pase.
La verdad sea dicha: Dios no llamó a mi tía para el mundo de la actuación. Pero la niña estaba tan emocionada que le dio lo mismo.
Subimos a casa de mi tía, plantamos a la niña, al niño, el ramo de flores y los pasteles delante de la puerta, llamamos al timbre y mi madre y yo nos escondimos en el hueco de la escalera, riéndonos discretamente a todo volumen.
Dios tampoco nos ha llamado para ser actrices, para qué nos vamos a engañar.
Mi tía abrió la puerta y se encontró el panorama niña, niño, flores, pastel.
-Ay, qué sorpresa más grandeeeeee.
Lo siento, Tita, este año el Oscar tampoco.
Mi madre y yo salimos del escondite y entramos todos a la casa, donde mi tía estaba explicándoles a los niños que ella no se lo esperaba PARA NADA.
-Ay, ay, como no habéis avisado no tengo juguetes para vosotros.
-Bueno, no pasa nada -dije.
-¿Qué tal el viaje?
-Mátame -mi madre me dio un codazo. Es que está en contra de la violencia en general, pero no contra mí en concreto.
-Ay, pobres. ¿Queréis tomar algo? Tengo zumos, colacao, franfurkechu, chocolate y galletas. Pero de casualidad, ¿eh? Porque yo no tenía ni idea de que veníais. 
Menos mal que era un viaje sorpresa, porque si llegamos a estar encubriendo un asesinato lo llevábamos claro.

09 julio 2018

La vida maternosexual

Lo que nadie te dice cuando vas a ser madre es lo mucho que cambia tu vida sexual..
Sí, se hacen muchas bromas con que "se acabó el sexo y dormir" (cuando nació Nena-chan nos regalaron una caja con chocolates que llevaban exactamente ese texto). Pero eso no es exactamente cierto.
El sexo no se acaba, como demuestran las familias numerosas.
Ciertamente, la cantidad se reduce.
Pero lo que de verdad cambia no es la cantidad, sino la calidad.
Me explico.

1. Cambia la relación con tu cuerpo. 
Sobre todo en los primeros meses después del parto, todo era "no aprietes ahí que se me escapa la leche", "no toques ahí que tengo la cicatriz muy sensible", "cuidado con esa postura, que todavía estoy muy chunga de la ciática". Al final ZaraJota le pilló el tranquillo y directamente preguntaba "a ver, ¿dónde puedo tocar hoy?".

2. No puedes hacer ruido. 
Que se despiertan los niños.
No os voy a negar que lo del sexo silencioso tiene su morbo las primeras quinientas veces. A partir de ahí uno empieza a echar de menos un gemidito de vez en cuando.

3. Desarrollas superoído. 
Deriva del punto anterior: estás con la oreja puesta por si oyes levantarse a algún niño.
Porque crees que vas a oír si se levanta algún niño. La triste realidad es que los niños descalzos hacen poquísimo ruido.

4. De pronto el sexo es como en las películas.
Esto es: tapados hasta las orejas. Porque no sabes cuándo va a aparecer un niño por la puerta. Y la verdad es que yo no soy excesivamente pudorosa y los niños están acostumbrados a verme en pelotas, pero no a verme en pelotas haciendo según que cosas. El resultado es sexo con sábana sobaquera, o sexo con camiseta puesta. Me siento generosa y os dejo elegir.

5. De pronto ya no decides cuándo acaba. 
Ya no es solo que te pillen, es que pueden pedir agua, pis, que les enciendas la luz o, horror de los horrores, irse a la cama contigo.
Pero hay algo peor: que uno de los participantes se quede dormido a la mitad.
Las noches sin dormir siempre acaban pasando factura.

6. Le das un nuevo significado a la palabra "juguete sexual".
Cuando eres padres, "juguete sexual" significa que lo mismo estás f*ll*nd* encima de un playmobil, pero no te atreves a parar para quitarlo de ahí porque cada segundo cuenta.

7. Niños aparte, pase lo que pase, no paras. 
Me da igual que sea un tirón, que llamen al timbre o que la casa esté en llamas. Otra vez.
Niños aparte, pase lo que pase, sigues.
Me voy a citar a mí misma en un bonito ejemplo ilustrativo.


Iniciamos la conversación a un ritmo estupendo y antes de darnos cuenta se convirtió en un debate animadísimo, réplica va, contrarréplica viene, y en una de estas de pronto VI UN PIOJO CORRETEANDO POR EL PECHO MUSCULOSO Y PELUDO DE ZARAJOTA.

LO VI CLARAMENTE A PESAR DE QUE TENGO SEIS P*T*S DIOPTRÍAS Y EN ESE MOMENTO NO LLEVABA GAFAS. ASÍ DE GRANDE ERA EL P*T* PIOJO.
Pero, jo, ¡llevábamos tanto tiempo sin conversar! ¡Y estaba resultando una conversaciónMUY interesante! ZaraJota, desde luego, parecía estar, digamos, disfrutando del intercambio de opiniones, y no me parecía educado interrumpir. Además, no había forma de saber cuándo podríamos hablar otra vez. Y estábamos REALMENTE necesitados de conversación.
Por eso en vez de avisar a ZaraJota agarré el piojo entre el pulgar y el índice, lo crují a conciencia y seguí como si no hubiera pasado nada.
El problema era que sí había pasado. Ahora tenía un piojo (fenecido) en la mano y no sabía qué hacer con él. Mantuve la mano en alto mientras pensaba a la desesperada. ¿Lo dejo caer? De eso nada, que acabamos de barrer el suelo. ¿Lo pego en la almohada? Total, vamos a tener que lavarla otra vez de todas formas. Pero, ¿y si sigue vivo y vuelve mientras acabamos la conversación? ¡Son muy rápidos estos bichos! Será mejor que lo deje en la mano... la mantendré en alto por si acaso... que ZaraJota no sospeche nada, no vaya a perder la concentración...


-Lorz...

...quizá si canto unas sevillanas...
-Lorz...
...no le parezca tan raro que esté con el brazo en alto mientras hablamos...
-¡LORZ!
-¿Qué?
-¿Qué te pasa? Pareces distraída.
-Nada, que tengo un piojo en la mano, pero no te preocupes, podemos seguir charlando.
-Pe-pero... ¡Yo no puedo concentrarme si estás pensando en el piojo!
Claaaro, ahora será culpa del piojo.


(Mamá en Bulgaria acuñó el término piojus interruptus para esta ocasión).

8. En realidad no estás a lo que estás
Sorprendente pero cierto. Por si todo lo anterior no os ha dado una idea del nivel de concentración necesario, añado: Bebé-kun nació con un poder mutante inesperado. El nene se echaba a llorar cada vez que su padre me tocaba. No hacía falta ni que nos estuviera mirando, ni que estuviera en la misma habitación, a veces no estaba ni en la misma casa: solo con que nos rozáramos se echaba a llorar. A veces ZaraJota me rozaba una teta solo para ver cómo de sensible era el sentido arácnido de Bebé-kun.
Bueno, puede que también le apeteciera tocarme una teta y eso fuera todo lo que podía conseguir.
"Alarma de castidad", lo llamábamos.
Durante los primeros meses de Bebé-kun, la única forma de que ZaraJota y yo mantuviéramos relaciones sexuales era que uno de los dos meciera la cuna de Bebé-kun durante todo el proceso.
No voy a entrar en detalles pero sí os diré que una vez que te acostumbras no distrae tanto como pudiera parecer.

9. El final siempre es insatisfactorio.
Porque el final tendría que ser dormirse plácidamente en pelotas.
Pero no.
Porque tienes niños y tus niños tienen la costumbre de levantarse de madrugada y meterse en tu cama, además de la costumbre de hablar muy alto y decir cosas como "MAMÁ, ¿PORQUÉ PAPÁ Y TÚ ESTÁIS DESNUDOS EN LA CAMAAAA?".
Así que cuando terminas te levantas, te vistes y, según lo que hayas hecho, te lavas las manos por si hay que atender a un niño durante la noche.
Si eso no es cortar el rollo ya me diréis lo que es.

10. De pronto no importa si te apetece tener sexo o no. 
Si habéis prestado atención a los 9 puntos anteriores quizá habréis llegado a la conclusión de que no siempre se puede tener sexo cuando se quiere: hay que tener sexo cuando se puede.
A veces es en plan: llevamos levantados desde las seis de la mañana, hemos pintado todo el piso, tenemos un virus intestinal y nos duele la vida... PERO LOS NIÑOS ESTÁN CON LOS ABUELOS Y HOY SE MOJA SÍ O SÍ.



PD: Ya sabéis que no puedo contestar a vuestros comentarios, pero os agradecería que me contarais si vuestra vida materno-sexual es igual de penosa que la mía, por aquello del mal de muchos...



¿Te ha gustado? Ayúdame a seguir escribiendo.

24 junio 2018

La fabulosa trapecista Lorzagirl

Mi espalda igual, gracias.
El fisio me dice que es porque tengo "trapecios" y yo le digo que me viene de familia porque mi bisabuelo trabajaba en un circo.
-¿De verdad? ¿Y qué hacía?
-Tocaba el clarinete en la orquesta.
-Ah.
He tenido la conversación del circo como medio millón de veces y todo el mundo se decepciona cuando digo lo del clarinete. ¿Qué esperaban que hiciera? ¿Tragar sables? ¿Vosotros sabéis lo indigestos que son? Y no quiero ni pensar en la hora de ir al baño.
Aunque, bien pensado, a lo mejor es así como se fabrican los cuchillos de postre.
Superado el chasco, el fisio me dijo que me mandaría por mail unos ejercicios para ponerme mejor.
En la siguiente sesión me preguntó si había hecho los ejercicios.
-¿Hacer? ¡Te entendí que me pondría mejor cuando me los mandaras!
-¡Y los hicieras!
-¡Nadie dijo nada de hacer!
-¡Estaba implícito!
-Claro, claro, qué casualidad que ahora hay un testigo sorpresa...
El caso es que no sé por qué no estoy mejorando tan rápido como esperaba.
Y luego están los niños.
Ahora que hace calor, Bebé-kun ha decidido que la ropa es de cobardes, y tengo que vestirlo por la fuerza todas las mañanas, que de verdad a veces pienso cómo es posible que haya gente que secuestre niños, si a veces necesitamos tres adultos para ponerle a Bebé-kun un calcetín.
Desgraciadamente, por las mañanas en casa solo hay un adulto. 
Más desgraciadamente aún, ese adulto soy yo.  
Mientras tanto Nena-chan ha decidido que hacerme caso es de cobardes, y simplemente hace lo que le da la gana.
Eso, o empieza a mostrar síntomas de TDA. 
Que le viene de familia, como lo de tener trapecio. 
Nena-chan hace cosas como:

  • Ponerse los dos calcetines en el mismo pie, "porque no me he dado cuenta".
  • Ponerse la ropa encima del pijama, "porque no me he dado cuenta". 
  • Quitarse el pijama, y volverse a poner el pijama sin braguitas, "porque no me he dado cuenta".
  • Quitarse el pijama, vestirse perfectamente, e irse al cole sin braguitas, "porque no me he dado cuenta". (De la impresión que te llevas cuando la niña sale del colegio sin bragas ya hablamos otro día). 
  • Quedarse dentro del ascensor "porque se me olvida salir". 
  • No subirse al autobús "porque no me he dado cuenta de que estaba ahí". POR EL AMOR DE DIOS QUE ES UN AUTOBÚS DOBLE CÓMO C*J*N*S PUEDE NO DARSE CUENTA DE QUE ESTÁ AHÍ SI ADEMÁS LA LLEVO COGIDA DE LA MANO ES QUE DE VERDAD NO ME LO EXPLICO. 

En fin.
A lo mejor estáis pensando que quizá debería yo estar más pendiente de ella. Seguramente sí. Pero todas estas cosas se producen MIENTRAS yo le voy recordando que se ponga los calcetines (uno en cada pie), que se quite el pijama, que POR DIOS BENDITO, hagas lo que hagas, ponte bragas.
En fin.
Prepararlos para el colegio, y encima con este dolor de espalda, es una p*t* tortura complicado.
A veces les digo que los voy a vender a un circo.
Otra veces pienso que es mejor que la que se vaya con el circo soy yo.
No sé tocar el clarinete pero al menos tengo trapecios. 
A veces pierdo los nervios y les meto el clásico bocinazo que ya sé yo que no hay que gritarles a los niños, pero mira, tampoco hay que llegar tarde al colegio y no se puede tener todo en la vida.
Total, que hace unos días nos cruzamos con una de las vecinas en el descansillo, una señora mayor que lleva toda la vida en el edificio.
-Ay, qué grandes están -me dice-, si parece que fue ayer cuando estabas con la tripa.
-A mí no me parece ayer -le dije, puede que llorando interiormente un poquito.
-Te dan mucha guerra, ¿eh?
-[Llorando interiomente] No.
Entonces la vecina se volvió a los niños.
-Anda, anda, menudos pillines. A ver, ¿quién es el que baja todas las mañanas las escaleras gritando?
A lo cual los dos pequeños traidores contestaron al unísono:
-Mamá.
Ya está, es definitivo, me voy al circo.



¡El colegio terminó y ahora solo tenemos que hacer equilibrios con los horarios  las ubicaciones de tres campamentos urbanos diferentes!
¿No es genial la conciliación? 




¿Te ha gustado? Ayúdame a seguir escribiendo.



23 noviembre 2016

El copipeis


Esto lo publiqué originalmente en facebook, porque pensé que era demasiado serio para un aquí, y después descubrí que hay gente que no tiene/no usa facebook (¡el fin de la civilización occidental tal y cómo la conocemos!) y que querían leerlo también (¿por qué? ¿POR QUÉ?). 
Además esta semana estoy bastante saturada de actividades y me viene fenomenal hacer un copipeis, para qué nos vamos a engañar. 




Hola, soy Lorz y vengo aquí a indignarme. 
[Adelante, Lorz. Para eso están las redes sociales, Lorz, ¿no lo sabías?] 
Debido a Lo Que Le Pasa a #Bebekun, o, mejor dicho, debido a Que No Tenemos Ni Puta Idea De Lo Que Le Pasa a #Bebekun, estoy leyendo todo lo que cae en mis manos sobre pediatría, pedagogía, psicología y zombis (por variar) y de vez en cuando me estoy encontrando con artículos de presuntos expertos que recomiendan a las mamás, nunca a los papás, que dediquen menos tiempo a las labores domésticas y más tiempo a estar con los niños. 
Ajá. 
Menos mal que nos lo dicen, porque a mí solita jamás se me hubiera ocurrido pensar que el problema de los niños actuales es que a las mujeres nos gusta mucho fregar. Pues nada, soltamos la fregona y solucionado, ¿no?
Por desgracia los expertos se olvidan de algún detalle sin importancia como que los niños necesitan MUCHO estar con sus padres, sí, pero también necesitan otras cosas. 
Necesitan, por ejemplo, comer sano. Para tener siempre en casa frutas y verduras frescas hay que ir a la compra al menos un par de veces por semana. Para convertirlas en una cena saludable se necesita tiempo. Después hay que recoger la mesa y fregar los platos, manías tontas que tiene una. 
Los niños también, al menos cuando salen a la calle, necesitan ropa relativamente limpia. Como mínimo, que no tenga costras de vómito seco (ni húmedo). Sorprendentemente la ropa no se mete sola en la lavadora, no se tiende sola ni se dobla o plancha sola. 
Por último, los niños necesitan un entorno mínimamente higiénico. No hablo de asepsia total; es bien sabido que un poco de mierda es buenísima para el sistema inmunológico. Pero un poco. De vez en cuando, aunque solo sea porque los vecinos se quejan del olor, hay que barrer, fregar y sacar la basura. 
Y aunque en mi casa todas las labores domésticas se hacen en familia, los expertos no consideran que esto sea "tiempo de calidad", y por tanto no cuenta. 
Vayaaaa...
Hay otra cosa que los expertos parecen olvidar: muchas mujeres dedican una parte considerable de su tiempo a trabajar fuera de casa. Bastante más tiempo, incluso, del que dedican a las dichosas tareas domésticas.
Sorprendente pero cierto. 
Y lo hacen, en muchos casos, porque hay una cosa que los niños también necesitan en cantidades industriales: dinero.
No porque vivamos en una sociedad consumista en la que primemos los objetos materiales sobre las relaciones personales, y hay que ver los niños de hoy que tienen de todo y no aprecian nada, no como en mis tiempos que no teníamos nada y éramos mucho más felices (¿en serio? ¿de verdad los niños eran más felices en una época en la que estaba bien visto pegarles?). No estoy hablando de juguetes, videojuegos o ropa de marca. Me refiero a cosas que los niños necesitan DE VERDAD como un techo sobre sus cabezas, calefacción en invierno, frutas y verduras frescas, gafas, visitas al dentista, medicamentos o libros. Si además tienes un niño con necesidades especiales puede que tengas que cubrirlas: me refiero a cosas tan triviales como las mil extraescolares de los niños con TDAH, los productos de higiene específicos para pieles atópicas, los productos sin gluten para celíacos... por no meterme en casos más dramáticos. 
A los presuntos expertos les costará creerlo, pero las mamás somos capaces de tener en cuenta TODAS las necesidades de nuestros hijos CONTINUAMENTE y A LA VEZ, y priorizar la más urgente en cada momento. A veces eso significa que nos pasamos toda la tarde jugando y luego cenamos cualquier porquería precocinada, pero eso no siempre es posible, y al día siguiente tocará ir al mercado, comprar verduras y hacer algo decente para cenar. 
Las mamás somos generales en campaña: estamos en guerra contra el tiempo. No necesitamos que ningún experto de a treinta euros la columna nos diga que tenemos que estar más con nuestros hijos: lo sabemos. Si no lo hacemos es porque humanamente no podemos, y ya nos sentimos lo bastante culpables sin su ayuda, gracias. 
Señores expertos, háganle un favor a la raza humana: en vez de dedicar sus revistas, webs, boletines y blogs para regodearse en su superioridad moral y decirnos a las madres que lo estamos haciendo mal, úsenlos para pedir a los gobiernos políticas de conciliación; que la seguridad social cubra gafas, dentista o cremas; que se subvencionen los libros de texto; o que se cubran las necesidades especiales de todos los niños, porque todos las tienen, en mayor o menor medida. 
Esto SÍ sería una gran ayuda. 
Para sentirnos culpables, se lo aseguro, no necesitamos ninguna.

22 octubre 2016

Las vacaciones del horror, 8 y ya

Previously in Lorz...
Eze era el penurtimo capítulo, y ara er úrtimo, shiquillooo.


Las vacaciones en El Puerto nos sentaron muy bien a todos... al menos estadísticamente hablando. Es decir, que a mí me sentaron muy bien y a los niños le sentaron muy bien y la Tita del Puerto dice que le sentaron muy bien, pero lleva en rehabilitación desde entonces. Aunque por otra parte técnicamente ella no estaba de vacaciones, así que no sé de qué se queja, jo, es que aquí tiene que opinar todo el mundo o qué.
El caso es que después de todo el trajín con los niños para arriba y para abajo llegué a Madrid con aproximadamente doscientos kilos de ropa sucia y absolutamente agotada.
Agotada yo, no la ropa. ¿La ropa se agota? Supongo que sí, ¿no? Cuando no queda más en las tiendas y tal. 
-Menos mal que ahora tenemos unos días para descansar antes de que empiece el colegio de verdad -le dije a ZaraJota.
-El colegio empieza esta semana.
-¿QUE QUÉ?
-El jueves.
-Ayayayayayayay...
Es una verdad universalmente conocida que el último sábado antes de que empiece el curso es el Día Internacional de Equipar a los Niños Para el Cole.
No importa que tu hijo sea el último de dieciséis primos y que hasta los piojos los vaya a llevar de segunda mano: el último sábado de vacaciones toca preparar esos libros que en cualquier caso no van ni a tocar hasta octubre; y la ropa de invierno, abrigo incluido, aunque todavía queden dos semanas de verano y Madrid siga por encima de los 30º.
Y esto es así por una razón muy sencilla: de no hacerlo, sería el fin del universo. Y punto.
De hecho, conozco varios casos de madres que han intentado comprar un abrigo infantil en, digamos, diciembre, y han sido abucheadas en plaza del pueblo al grito de "¡Haberlo comprao en septiembre, so loca!" mientras les tiraban higos, con lo que manchan los higos y lo mal que sale la mancha después.
Aunque si dejas la mancha de higo, pasado un tiempo se transforma en mancha de breva. 
Pero ZaraJota era optimista.
-Está haciendo un tiempo estupendo, seguro que nos podemos apañar una semana más.
Y acto seguido bajaron las temperaturas.
No os acordaréis porque os hablo de la primera semana de septiembre y después de eso hemos tenido otro mes de calor, pero de verdad refrescó muchísimo.
Por suerte a Nena-chan le valía la ropa del año anterior y estaba toda a mano porque, ejem, todavía no había encontrado el momento de guardarla para el verano.
Lo sé, soy lo peor. 
Pero a Bebé-kun no le valía nada del año anterior porque, bueno, solo tiene un año. No hay mucho más anterior. Saqué la ropita de Nena-chan, pero... eh... digamos que Nena-chan era... ¿cómo decirlo? Ligeramente más robusta.
Tres papadas. Cuando Nena-chan era Bebé-chan tenía tres papadas, una sobre la otra. Y el resto del cuerpo estaba en proporción. 
Por el contrario Bebé-kun es más del estilo... ¿cómo lo definiría yo...?, con menos carne que el tobillo de un canario. Es tan delgado que esta navidad no necesito la botella de anís del mono: puedo acompañar los villancicos rascándole las costillas.
Pero, al mismo tiempo, es cinco centímetros más alto que su hermana a la misma edad, así que los pantalones que le estaban bien de ancho le quedaban cortos, y los que le quedaban bien de largo había que atárselos a la cintura con una cuerda.
O con un cinturón. Lo que pasa es que con un cinturón da menos pena y no puede vender cerillas. 
En cualquier caso daba igual, porque toda la ropa olía a guardado y había que lavarla antes de ponérsela, y la lavadora ya estaba a pleno rendimiento con todo lo que habíamos traído de la playa, y además mi tendedero es muy pequeños y, y, y...
El apocalipsis. El fruto apocalipsis. 
El primer día de cole le puse a Bebé-kun los últimos pantalones decentes limpios y acto seguido se los manchó. Entonces tuve que recurrir a una medida desesperada:
le puse un pijama.
Ya está, ya lo he dicho. 
Pero, esperad, que hay más:
Llevé al nano a la guardería y cuando le estaba quitando la chaqueta vi que tenía un ENORME agujero ENORME en mitad de la camiseta del pijama.
ENORME.
AGUJERO.
ENORME.

Me dio tanta vergüenza que solté al niño y salí corriendo y agitando los bracitos y entonces oí que me llamaban y vi que me había vuelto a equivocar y había dejado al niño en la panadería y lo recogí y esta vez sí lo llevé a la guarde y lo lancé por la ventana y salí corriendo otra vez y todo sin parar de agitar los bracitos así que me imagino que llevaba al niño agarrado con los dientes, tipo gatito.
En cuanto llegué al trabajo llamé a ZaraJota.
-¿Puedes recoger tú hoy a Bebé-kun?
-¿Qué has hecho esta vez?
-Nada, nada, es que tengo mucho trabajo y voy a salir tarde.
-A mí no me engañas. Quiero un justificante del trabajo. Uno de verdad, no como el último.
-¡Era de verdad!
-¡Estaba escrito con ketchup en una servilleta del vips!
-¿Y...?
Al final ZaraJota accedió a recoger al niño. Para ser más exactos, me escondí dentro de un contenedor de vidrio hasta que llegó la hora de recoger al niño y a ZaraJota no le quedó más remedio que ir.
Cuando llegué a casa, me encontré una bolsa de ropa perfectamente limpia, doblada y de la talla de Bebé-kun.
-¿Y esto? -le pregunté a ZaraJota.
-Nos la ha dado la seño de la guardería.
-Anda, ¿y eso?
-No sé, Lorz, a lo mejor es porque has llevado al niño a la guarde con un pijama roto.
Pues mira, sí, es una posibilidad.



Fin


Pd1: Bebé-kun ya tiene ropa... y un par de tirantes.
Pd2: Por favor decidme que no soy la única a la que le pasan estas cosas. POR FAVOR.


 

28 septiembre 2016

Las vacaciones del horror, 5

Previously in Lorz...
This girl is on fireeeeee! 


No estoy segura de estar contando las cosas en el orden correcto...
El caso es que volvimos a Madrid. Todavía me quedaba una semana de vacaciones y decidí que las iba a disfrutar a tope.
Así que me levanté temprano, hice la comida, cogí a los niños y me fui a hacienda.
Más o menos. Cuando llegué a la calle pensé que no sabía si había cerrado la puerta, que no me acordaba, creía que sí, pero no estaba segura al 100%, ¿y si no la había cerrado?
Volví a subir con los dos niños y todo, pero no pasa nada porque lo hago todos los días.
Estoy mal de la cabeza, ya lo sé.
Cuando llegué a la calle por segunda vez pensé que no sabía si después de hacer la comida había apagado el fuego, que no me acordaba, creía que sí pero no estaba segura al 100%, ¿y si no lo había apagado?
Pero esta vez fui firme.
Lorz, me dije, no puedes ser tan insegura. Que pareces g*l*p*ll*s, subiendo y bajando tres veces para cada salida. Seguro que has apagado el fuego, igual que habías cerrado la puerta y creías que no... Un momento, he comprobado que había cerrado la puerta la primera vez, pero ¿y  si cuando la he abierto para comprobar que estaba cerrada me la he dejado abierta? Quizá debería subir y...
¡LORZ! Retiro lo que de que pareces g*l*p*ll*s. ERES g*l*p*ll*s.
Ni se te ocurra volver a subir.
Y deja de hablar sola, que la gente te está mirando.
Está bien, haré lo que me dice la voz de mi cabeza para demostrarle a los vecinos que no estoy loca...
Me fui a hacienda.
-Hola, es que soy trabajadora por cuenta ajena a tiempo completo, y me ha salido un trabajo extra, y lo quiero todo superlegal, y que cómo lo hago.
-Me parece muy bien, señora, pero yo soy el bedel.
Uy, mierda.
Me fui a la ventanilla.
-Hola, es que soy trabajadora por cuenta ajena a tiempo completo, y me ha salido un trabajo extra, y lo quiero todo superlegal, y que cómo lo hago.
-Tienes que darte de alta como autónoma. 
-¡Pero va a a ser un trabajo superpuntual, y voy a cobrar poquísimo! ¡Probablemente incluso menos que lo que vaya a pagar de autónomos!
-Ya, no te merece la pena. Lo mejor es que no lo hagas.
-Eh... pero... es que yo he leído que si es puntual y vas a cobrar menos que con el salario mínimo interprofesional y además ya estás cotizando todo lo que tienes que cotizar a la seguridad social, pues que no tengo que darme de alta como autónomo.
El funcionario puso los ojos en blanco.
-No sabes lo harto que estoy de forocoches.
-Eh... no lo he leído en forocoches.
Vaya, ni siquiera tengo cuenta en forocoches. No está demostrado, al menos.
-Mira, si vas a cobrar poco lo mejor es que no lo hagas porque no te va a compensar.
Ahí, animando al emprendedor.
Me fui bastante disgustada, porque jo, si los propios funcionarios tienen esta actitud, no me extraña que la gente trabaje en negro. Y como mucha gente curra en negro, el resto tenemos que compensar pagando más impuestos, y hay gente que no puede pagar tanto y curra en negro, y se va haciendo una bola gorda, gorda, gordaaaaa...
Iba pensando en esto cuando me metí en el ascensor con los niños colgados y me llegó un olor a chamusquina.
Ay.
AY.
Pensé mientras el ascensor subía lentamente los cuatro pisos.
El descansillo del cuarto estaba lleno de humo.
SÚPER AY.
Y cuando abrí la puerta de casa había MÁS humo.
Y cuando miré la olla...
cuando miré la olla...


lo que yo decía, trabajando en negro.






Pd: Milagrosamente, lo único que resultó dañado fue la olla, que acabó en la basura. Tuvimos que comer, cenar y dormir fuera de casa. Ha pasado más de un mes y la cocina sigue oliendo a quemado.



Continuará...

30 agosto 2016

Las vacaciones del horror, 1

Parecía que estaba todo controlado y que nos podríamos ir de vacaciones cuando...
eh...
no sé cómo decir esto suavemente...
mejor lo suelto y ya está...
pues veréis, a Bebé-kun empezó a salirle sangre por el culete.
-¡Nooooooo! -exclamé-. ¡Ahora noooo! ¡Esto se hace en periodo lectivo, para que yo pueda darme importancia delante de las otras mamás! ¡Deja de sangrar ahora mismo!
Pero Bebé-kun siguió ahí, a lo suyo. Los niños es que son muy egoístas.
Llamé a ZaraJota y echamos un piedra-papel-tijeras mental para decidir quién se iba al hospital con el nene y quién se quedaba en casa con la nena.
-Tú vas al hospital -dijo ZaraJota después de unos segundos de furiosa batalla.
-¿Eso es que he ganado o que he perdido?
-No estoy seguro -dijo ZaraJota, mirando de reojo la tele con Word Party a todo volumen, el suelo prácticamente cubierto de juguetes y churretes de zumo y la niña hiperactiva saltando en el sofá.
Me fui a urgencias. Por supuesto, de camino (y son CINCO frutos minutos, el hospital está literalmente al final de la calle) el niño no solo dejó de sangrar, sino que empezó a reírse más feliz que una perdiz. Para cuando llegamos a la sala de espera estaba haciendo los cinco lobitos y cantando teee-ta tetiiita, teee-ta tetiiita... Yo empecé a pensar en autolesionarme, al menos que pareciera que teníamos algún motivo razonable para estar allí. Y tuve MUCHO tiempo para pensar, ¿eh?, porque resultó que solo había un pediatra de guardia y se había ido a atender a una mujer de parto, que digo yo que si no podía atendernos a nosotros antes y que esperara la parturienta, que a fin de cuentas estaba tumbada y le daba igual, pero bueno.
En fin. Porque en el fondo os tengo así como cariño, os voy a ahorrar lo que pasó en el hospital y voy a ir directa a la "revisión en una semana con su pediatra habitual".
Pues para empezar, su pediatra habitual no estaba, y casi me alegré porque no me acaba de convencer*.
El pediatra suplente me vio entrar con los dos niños y se echó las manos en la cabeza.
-Pero, pero... ¡esta niña está fatal! ¿No se ha dado cuenta usted de que está llena de eccema?
-Eh... sí, pero su pediatra dice que no es nada y ya se le pasará.
-Pero mujer, ¿cómo se le va a pasar solo...? Y eso son picaduras que se han enquistado por no tratarlas.
-Es que el pediatra dijo que no las tocáramos, que se irían solas.
-... y esto es costra lactea! ¡TODAVÍA tiene costra lactea!
-El pediatra...**
-Bueno, toma: esto para el eccema, esto para las picaduras, esto para la costra, esto para renunciar a la custodia de la niña a favor de los servicios sociales...
-Estooo... Gracias, gracias, pero yo venía por el nene.
El pediatra suplente me miró mal.
-Desnúdelo que lo voy a pesar.
-¡Está bajo de peso! -le dije, mecánicamente. Cada vez que acudimos a consulta el pediatra lo pesa, y cada vez que lo pesa me dice que está bajo de peso, y al final me ha creado un condicionamiento y cada vez que veo una báscula tengo que decir "¡está bajo de peso!" o reviento. Hace meses que el mercado me ha prohibido la entrada, no digo más.
-A ver, ¿qué es bajo de peso, según tú...? ¡UUUUUH! ¡ESTE NIÑO ESTÁ BAJO DE PESOOO!
-Ya.
-A ver el expediente... Pero, pero, ¿usted no había notado nada?
-Claro que sí, ¿por qué cree que lleva los pantalones grapados al pañal? ¡Porque veo que se le caen! Pero su pediatra dice que la felicidad no se mide en kilos, sino en sonrisas.***
-¡Una cosa es que no haya que obsesionarse, y otra que no se observe la evolución!
-¡SI YO OBSERVO! ¡PERO LUEGO NADIE ME HACE CASO! ¡NI EL PEDIATRA, NI LA MATRONA, NI LA ASESORA DE LACTANCIA NI MARÍA LA CANTAORA!
Entonces el pediatra suplente empezó a preguntarme cosas, y a hacer una cosa rarísima. Mientras yo hablaba, no se puso a teclear en el ordenador y a decir "ajaaaaa" a intervalos regulares. En vez de eso se quedó mirándome y asintiendo. Era como... no sé... como si me escuchara a mí de verdad, en vez de oír solo las cosas que confirmaran sus ideas previas. Y cuando acabé, no me dijo que no importara, ni que las madres somos todas unas locas, ni hizo ningún comentario sobre si doy el pecho o no o cómo o cuánto, ni le quitó importancia a lo que le acababa de contar.
En vez de eso me dijo lo que yo llevo repitiendo ya ocho meses: a este niño le pasa algo. Seguramente no es ni grave ni malo ni importante, pero algo le pasa.
-Vamos a hacerle pruebas -me -dijo-, pero tiene toda la pinta de ser celíaco.
-No, no -le dije-. Es Virgo, como su hermana y como yo.
ZaraJota es Acuario. Si sois aficionados a la astrología, ya habréis deducido que su vida es un fruto infierno.
-Me refiero a que es intolerante al gluten.****
No lo pude evitar, se me saltaron los lagrimones del disgusto. Así que yo aquí como una idiota explicándole que los niños pueden tener dos papás o dos mamás, que la belleza está en el interior, y que todos somos iguales hasta que abrimos la boca y metemos la pata, intentando educarle en la diversidad y el respeto... ¡y va el niño y se me hace intolerante de todas formas!




Continuará....







* En teoría en la comunidad de Madrid hay libre elección de médicos, así que una vez intentamos cambiarnos. Obsérvese el "intentamos". En el ambulatorio nos dijeron que sí, incluso nos pegaron la pegatina nueva detrás de la tarjeta. Pero la primera vez que  intentamos pedir cita, descubrimos que el cambio no se había autorizado porque "el médico de nuestra elección" (no habíamos elegido ninguno, solo pedimos que NO fuera el que teníamos) ya tenía demasiados pacientes. La carta informándonos la recibimos meses después. Seguimos con el mismo pediatra.
**¿Veis por qué no me gusta nuestro pediatra habitual?
***Sonreír engorda, no hay más que verme a mí.
****La versión seria del asunto, aquí. (solo para amigos de FaceBook, me temo).

30 mayo 2016

No lo limpies, planta patatas

Yo no soy ninguna obsesa de la limpieza, lo que pasa es que ZaraJota cree que sí porque él es un guarro recio hombretón que durante el servicio militar se acostumbró a vivir en condiciones extremas; por ejemplo, a veces les daban sanjacobos para cenar y no había mayonesa.
A mí, de verdad, la limpieza no me importa tanto.
De hecho, últimamente me estoy relajando mucho. Los cristales, por ejemplo. El único cristal que limpiamos habitualmente es el espejo del lavabo, y solo porque mi madre entra al baño cada vez que viene a casa (probablemente para ver si tengo limpio el espejo). En cuanto al resto... como tenemos mosquitera en todas las ventanas ya estamos acostumbrados a ver la calle borrosa, ¿para qué los vamos a limpiar? Además, los rayos ultravioleta son muy peligrosos: lo de nuestros cristales no es roña, es protección solar. 
Otra cosa en la que me he relajado mucho es en el tema de las sábanas: antes las cambiábamos una vez por semana. Ahora, solo cuando los niños tienen algún "accidente", cosa que ocurre dos o tres veces por semana, a veces incluso todas las noches y a veces varias veces en una misma noche hasta que ya no quedan sábanas limpias y entonces nos vamos al sofá y vuelve a ocurrir otro accidente y acabamos los cuatro durmiendo en el cesto del pan a menudo. Vale, quizá en el tema de las sábanas no me he relajado tanto como parece. 
Con las toallas también me había relajado, pero ahora Nena-chan insiste en lavarse la cara "ella chola", un sistema de limpieza que consiste en dejar correr el grifo durante media hora, quejarse de que es absolutamente imposible lavarse la cara porque el agua está demasiado fría/caliente, regular la temperatura durante otra media hora, meter un dedito bajo el agua, y rozarlo levemente contra la cara, para después frotársela a conciencia con la toalla, que invariablemente queda hecha un cromo: tiesa, peguntosa y a todo color. Así que la relajación me ha durado poco porque lo mismo estoy loca, pero cuando me lavo la cara espero que quede más limpia que antes, no al contrario. 
En fin entre las sábanas, las toallas y la ropa de los niños la pobre lavadora no da abasto, así que con mi ropa he aprendido a considerar las costras de mocos, babas o galleta no como manchas, sino como souvenirs. Mira, esto es de cuando Nena-chan se ha abrazado a mis rodillas. Mira, esto es de cuando Bebé-kun me ha potado en el escote para poder seguir comiendo. Mira, esto no sé lo que es, parece galleta... Los souvenirs no se borran, ¿no? De hecho, no: si no se ponen en remojo, los souvenirs NO se borran.  
En fin. 
Con lo que sí me he relajado muy mucho es con la limpieza del suelo. No es que no limpiemos, no. Es que hemos racionalizado la limpieza, y ahora solo barremos y/o fregamos después de analizar cuidadosamente el estado del suelo: 

1-Pelusas
Las pelusas son buenas, las pelusas son tus amigas, las pelusas también tiene derecho a vivir. ¿No te da pena quitarlas?

2-Crujiente
Dios inventó las migas para que siempre puedas saber, de oídas, por dónde andan los niños. ¿Por qué limpias las migas? ¿Te crees mejor que dios o qué?

3-Peguntoso
Enhorabuena: los restos de zumo, leche, yogur o chuches han creado una película adherente en el suelo que impide que tus hijos se resbalen. ¿Deberías fregarlo? Por supuesto que no: no es mugre, es prevención de riesgos domésticos. 

4-Mullido
¿Cada vez que se cae un juguete al suelo sufres por la vecina de abajo? Tu suelo no tiene la suficiente roña. Un suelo empieza a estar sucio de verdad cuando los pinipones aterrizan sobre un blando colchón de porquería. ¿Deberíamos plantearnos fregar? No. Piensa en la vecina de abajo, piensa en su bienestar.


5-Patatal
Francamente, quizá deberíamos plantearnos fregar, pero los huertos urbanos están TAAAAAAAAN de moda...




...
¿En vuestra casa se limpia o qué? ¿Por qué las otras casas siempre parecen impolutas? ¿Es que vuestros hijos no comen galletas? ¿Es que no usan la funda del sofá de pañuelo? ¿De dónde sacáis el fruto tiempo para limpiar los cristales? ¿De verdad hay gente que limpia los marcos de las puertas por encima? 

07 mayo 2016

Tiran más dos tetas...

Hace tres años.

-¡Corre, ZaraJota, ven!
-¿Qué pasa? ¿Has vuelto a pillarte la lengua con la puerta del microondas?
-No, hoy todavía no. ¡Bebé-chan ha dicho "mamá"!
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-¿Ves?
-¿Seguro? Parece que dice "más"...
-Dice "mamá". Si hasta me mira cuando lo dice.
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-Porque tienes la papilla en la mano.
-¡Me está echando los bracitos!
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-Quiere quitarte la cuchara.
-Tonterías. Lo que pas... ¡ME HA QUITADO LA CUCHARA!


Hoy.
-¡Corre, ZaraJota, ven!
-¿Qué pasa? ¿Has vuelto a tragarte las pinzas de freír pescado?
-No, hoy todavía no. Es Bebé-kun, está diciendo "papá".
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Está pidiendo teta.
-Que va. Lo que pasa es que "teta" y "papá" suenan muy parecido.
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Si tiene la vista fija en tu escote.
-¡De eso nada!
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Está intentando levantarte la camiseta.
-¡Levantar la camiseta es "papá" en lenguaje de signos!


*

Bebé-kun solo quiere teta.
Bueno, solo no. Ya come una amplia variedad de cosas que van desde la verdura hasta las pelusillas que se va encontrando. Y luego pide teta. Cada dos horas. Durante una hora cada vez. Teta y más teta. Y solo le valen las mías: por algún motivo inexplicable, el musculoso (y peludo) pecho de ZaraJota no le sirve.
Y yo estoy hasta el piticlín de la teta. 
Ya está, ya lo he dicho.
Que no puedo más. Que hay mañanas que antes de irme a trabajar ya le he dado dos tomas, y tardes en las que le doy otras dos antes de la cena. ¡Y cenamos a las ocho! ¡Y después de cenar pide teta otra vez!
A ver, que yo soy muy prolactancia. Que yo no digo de destetarlo del todo, solo un poquito. Lo justo para que pueda ir al baño de vez en cuando.
He consultado mi problema con varias asesoras de lactancia y todas me dicen lo mismo:
-La OMS recomienda la lactancia materna EX-CLU-SI-VA hasta el año. 
Bueno, la OMS también recomendó que nos limpiáramos los mocos en el codo para sobrevivir a la gripe A, así que lo mismo hay que tomarse lo que diga con un poquitín de perspectiva.
-Los niños no están preparados para digerir alimentos hasta que les salen los dientes.
A una de mis retías le nació un niño con todos los dientes. Por el mismo razonamiento, ya estaba listo para comerse un whopper, ¿no?
-¿A que tu hijo se estriñe? Eso es porque le das alimentación complementaria y su cuerpo no está preparado para digerirla.
Bebé-kun tiene problemas de estreñimiento desde que nació, supongo que porque ya sabía que con cuatro meses le iba a dar papilla. Su hermana, en cambio, apenas los ha tenido, supongo que porque todavía no se ha dado cuenta que la desteté a los ocho meses.
-Las papillas de cereales son muy malas porque llevan gluten.
Y el gluten es malo per se, en su propia esencia, sea cual sea, porque no tenemos claro ni qué es...
-El gluten es un invento de la industria alimentaria para vender más.
O algo así. Cada vez que empiezo a oír hablar de lo malísimo que es el gluten desconecto.
-Y provoca muchas enfermedades. Algunos niños se ponen muy malitos.
Sobre todo los que son alérgicos o intolerantes al gluten, aunque seguramente sea casualidad.

Después de oír lo mismo una y otra vez empezaba a pensar que ciertas personas (que no todas, que las hay muy serias, muy formadas y muy competentes) se han aprendido una retahíla de clichés y se han autodenominado asesoras de lactancia solo para mangonear a las otras mamás a su antojo.
Y mis sospechas se confirmaron hace unos días.
Estaba en un curso (no relacionado con la lactancia) y Bebé-kun empezó a llorar.
-Venga, que mamá te va a dar ya la papi -le dije.
Y la del curso saltó rápidamente.
-¿Ya le das papilla?
-Sí.
-Pues no deberías, ¿sabes?
-Ya. Eso he oido.
-Yo es que además de esto soy asesora de lactancia.
Con un título de Yo Sé Más Que Tú acreditado por la universidad de Oxford, sin duda.
-Ay, no.
-¿Sabías que la OMS recomienda la lactancia materna EX-CLU-SI-VA hasta el año?
De verdad, a veces me pregunto si la carrera se Asesora de Lactancia Materna tiene una asignatura solo para aprender a decir "EX-CLU-SI-VA" correctamente.
-Ya. Pero es que el niño va a la guardería porque yo tengo que trabajar.
-¿Y? ¿Para qué tienes la hora de lactancia?
-Para salir una hora antes y que el nene no esté mil horas en la guarde, tan pequeñito.
-Bueno, pero es que la hora de lactancia no está para que tú salgas antes, está para que des el pecho.
Por supuesto. En el mágico reino de la piruleta.
-Es imposible, tardo media hora solo en llegar, por no hablar de que no tengo forma de adivinar a qué hora va a querer comer.
Imaginaros el panorama: al niño llora, la seño me avisa de que tiene hambre, dejo cualquier cosa que esté haciendo, cojo el metro, media hora de trayecto, llego, me saco una teta y me voy, con la teta al aire, porque en media hora tengo que estar de vuelta y es justo lo que tarda el metro... practiquísimo.
-Pues entonces lo que tienes que hacer es pedir que te pongan una sala de lactancia en el trabajo.
-¿Que QUÉ?
-La ley te ampara.
Da la casualidad de que mi curro es niño friendly al 100%, pero todos los trabajos no son como el mío.
Creo.
Yo misma he tenido trabajos que no se parecían nada al que tengo ahora. Si cuando estaba en el súper hubiera pedido una sala de lactancia, seguramente me habrían mandado a lactar a mi casa, con carácter permanente.
-Pero -le dije-, entiendes que eso es imposible, ¿verdad?
-Imposible no. Lo que pasa es que hay gente muy tonta que en lugar de exigir sus derechos traga y traga. Y como son mayoría, las que DE VERDAD nos preocupamos por nuestros hijos nos tenemos que aguantar. Y luego pasa lo que pasa, que vienen las alergias, por culpa de la gente como tú.
Al final va a resultar que el gluten soy yo.









Pd: sin ser yo asesora de lactancia con un título de Yo Sé Más Que Tú acreditado por la universidad de Oxford, tengo la teoría de que la leche materna solo alimenta si la madre la ofrece voluntariamente, a gusto, de buen grado y con amor. 

13 enero 2016

Como el Hindenburg

Bebé-kun no quiere el biberón. La madre que lo parió, que casualmente soy yo.
Uy, qué bonito me ha quedado, voy a repetirlo con unas palmitas:

La madre que lo parió
Plas, plas
Que casualmente soy yo
Plas, plas
Plas
Plas, plas

Yo componiendo sevillana habría triunfado.

El niño no quiere el biberón y no hay manera. Ya lo hemos probado TODO:
Con mi leche, con leche artificial, con seis modelos de biberón diferentes, uno de ellos con dos tetinas diferentes, dándole la leche ANTES de que tuviera mucha hambre, esperando a dársela a que tuviera mucha hambre, dejándolo solo con su padre durante horas...
Por cierto, gracias a todos por vuestros consejos y el pitorreo (especialmente por el pitorreo, al menos me he reído). Uno de mis favoritos es este, de Jota EmeE (@privateonof):

"Sácate la leche. Métela en un bibe. Ponle a mamar. Mete tu dedo entre el pezón y su lengua. Sustituye el dedo por el bibe. Suerte!"

Es una idea buenísima, y la probamos hace un par de semanas: el resultado es que ahora el nene se engancha a la teta con las uñas para que no le den el cambiazo. Que es pequeño, pero no tonto. Y tiene una mala lecheeeee...
Jajaja, mala leche. hoy estoy que me salgo.

Al final decidimos consultar con el pediatra.
-El niño, que no quiere el biberón -le dije.
-¡Estupendo! La lactancia materna es el mejor regalo: no solo el mejor alimento, sino que estar en el regazo fomenta el vínculo madre-hijo, le da seguridad, les inicia en el lenguaje...
-Es que tengo que reincorporarme al trabajo.
-Pues estás apañada.
-¿Esa es su opinión profesional?
-Bueno, como ya tiene cuatro meses, empieza con las papillas. ¿Qué es, el segundo? Pues ya sabes de qué va el tema.
Cuando eres el segundo la vida es así de dura: no te hace caso ni el pediatra.
Empecé la introducción de alimentos y fenomenal: el niño se lo come TODO. Algunas cosas las prefiere en papilla, y otras en baby guarring, pero en general todo le parece bien, con una única condición: un chupito de teta de vez en cuando.
El pediatra tenía razón: estoy apañada.
ZaraJota, en cambio, no parecía preocupado.
-Si hay algo que he aprendido de la experiencia con Nena-chan, es que la seño de la guardería lo va a conseguir a la primera.
-Ya, se le da muy bien.
-No es por eso: es que los niños son capaces de cualquier cosa con tal de dejar mal a los padres.
Bueno, también.
Pero ZaraJota se equivocaba. Por primera vez en tres años, la seño, y las ganas de dejarnos mal de nuestros hijos, nos fallaron.
El niño se negó a comer, y lo poco que le entró en la boca de pura casualidad lo acabó devolviendo.
Y solo me quedan unos diez días para volver al trabajo.
Estoy MUY apañada.
Así que ayer me planté. Me puse una camiseta de cuello vuelto, metí un biberón en el bolso y me fui a la calle con Bebé-kun.
-Y esto es lo que hay -le dije.
Durante toda la mañana, cada vez que pedía teta, sacaba el biberón del bolso y se lo enchufaba. El niño lo escupía y cerraba la boca apretando los dientes. Bueno, apretando las encías. Era como Yoda, pero en rosita.
A las tres de la tarde el niño y seguíamos con los dientes (y las encías) apretadas. El biberón estaba frío, al niño le sonaban las tripas, y yo tenía las ubres como el Hindenburg. El pequeño mamoncete, que habitualmente pide teta cada dos horas, llevaba seis horas sin comer, y ni siquiera lloraba: se limitaba a mirarme con rencor.
Como decía mi abuelastra: cabechota hahta dechpuéh de muehta.
-Pues no pienso darte teta -le dije-, así que tú verás lo que haces con tu vida.
-¡¡¡BUUUUUUUUUUUUUUUAAAA...
Hay una cosa que nunca te cuentan en los cursos de preparación al parto: los pechos llenos, duelen. Y, sin motivo aparente, cuando el niño llora duelen MÁS. Y si te has saltado varias tomas y tienes la leche acumulada, y además el niño llora...

HINDENBURG. 

-No... pienso... ceder...
-...AAAAAAAAAAAA!!!
-Toma la tetica, toma la tetica rica, ¿te gusta la tetica? Aquí la tienes, mi amor...
Así que básicamente, nos habíamos pasado una mañana entera los dos sufriendo, para nada. Bueno, para nada no; al menos le había dejado claro quien manda aquí.
Él, claro.




Editado: me dice la seño que hoy ha conseguido que se tome casi medio biberón. Plas, plas.

23 diciembre 2015

Colacao comunitario

La semana pasada...

no sé ni por dónde empezar.

Se me acabó la baja de maternidad, aunque por suerte todavía me queda un mes largo de vacaciones y cuando me reincorpore al trabajo voy a tener un horario chupi. Creo. De vez en cuando me pellizco para estar segura de que no lo estoy soñando.
Entonces fui al colegio a confirmar que Nena-chan empezaría con el horario ampliado en enero, y me dijeron que no quedaban plazas.
-¡Pero si me dijeron que había plazas ilimitadas!
-Eso era cuando lo organizaba el AMPA, ahora lo organiza el ayuntamiento y como es gratis, las plazas son limitadas. Y claro, como es gratis, se han acabado.
-¿Y no podemos ampliar aunque sea pagando?
-No, no, el ayuntamiento no lo permite porque claro, la gente que tenga que pagar se quejaría.
-¡Pero yo quiero pagar y no me quejo! Bueno, sí me quejo, pero solo porque es parte de mi encanto.
Por suerte, la semana anterior había apuntado a Nena-chan a todas las extraescolares que se me habían ocurrido.
Más o menos.
Había ido a apuntar a Nena-chan, pero me habían dicho que estaban muy liados con los recibos del mes en curso, y que volviera otro día, que había plazas de sobra y podíamos hacerlo con más calma.
Y cuando volví resultó que ya no quedaban plazas.
Así que de pronto me encontré con que se me había acabado la baja, y que no tenía dónde dejar a Nena-chan por las tardes. Menos mal que me quedaban vacaciones, ¿eh?

Por su parte, Bebé-kun tiene que incorporarse a la guardería, pero para eso antes tiene que acostumbrarse al biberón. Y no.
Ya lo hemos probado todo:
Darle el bibe antes de que tenga mucha hambre, para que esté más dispuesto a probar.
Dárselo cuando ya tiene mucha hambre, para que esté desesperado y trague con todo.
Darle el pezón, y hacerle el cambiazo a mitad de toma.
Da igual, la respuesta de Bebé-kun es siempre la misma: que me introduzca el biberón por cualquier de mis orificios. Me deja hasta elegir.

Además, me robaron el móvil con tooooodas las fotos de los niños. Y cuando fui a denunciarlo, un tipo entró en comisaría gritando y agitando los bracitos, y cuando la policía lo paró, se negó a quitarse el abrigo, y casi nos hacemos caca encima del susto. Bueno, Bebé-kun se la hizo, pero no del susto. Es que es un bebé.

Después de todo esto, el viernes por la tarde, sin motivo aparente, tenía un tic en el ojo.
-Mañana yo me llevo a Nena-chan a clase de música y tú te quedas en la camita descansando, ¿vale? -me dijo ZaraJota.
-Vale.
Pero se ve que se le olvidó consultarlo con Bebé-kun: a las seis de la mañana del sábado estaba ya despierto y con ganas de fiesta.
-Ajo. Jijijijijiji. Ajo. Jijijijijijijiji. Brrrrrrrrrrup. Ajo. Jiji. Ajo. Babababababababa. Jijiji.
Me lo llevé al salón.
-A las nueve despierto a ZaraJota -me dije.
Pero a las nueve Bebé-kun estaba comiendo.
-Bueno, supongo que ZaraJota se habrá puesto el despertador.
A las nueve y media, viendo que nadie se movía, fui a despertar a ZaraJota. Entonces Nena-chan inició una guerra de cosquillas y me vi tristemente envuelta en el conflicto. No hubo que lamentar pérdidas mortales, pero cuando por fin cesaron las hostilidades eran las diez muy pasadas, estábamos en pijama, sin desayunar, y la clase empezaba a las once.
-Mierdaaaaaaa...
Nos vestimos a toda velocidad, embutimos los múltiples arreos de música en la mochila, salimos de casa...
-Mamá. tengo hambre.
-Mierdaaaaaaaaaaaa...
Hice un colacao a toda prisa, lo metí en un vasito con tapa y se lo di a la cría.
-Que se lo vaya tomando por el camino -le dije a ZaraJota.
Y abrí la puerta del ascensor y a la niña se que cayó todo el colacao dentro.
Enterito.
Vaya mierda de vaso con tapa, por cierto.
ZaraJota se fue con Nena-chan a clase, y yo dejé a Bebé-kun en el carrito y fregué el ascensor y el descansillo de nuestra planta, mientras pensaba que qué suerte que no se le hubiera caído por la ranura entre el ascensor y el suelo, jajaja, menos mal... porque no ha caído, ¿verdad?
Presa de un horrible presentimiento, cogí al niño en brazos, me metí en el ascensor y bajé un piso. La puerta estaba llena de chorreones de colacao y, cuando la abrí, me goteó colacao calentito en la cabeza.
Ay.
Bajé otro piso. Igual.
Otro. Igual.
Otro... en fin. Os hacéis a la idea.
Subí de nuevo a casa a por una bayeta, momento que aprovechó Bebé-kun para anunciar que hacía por lo menos una hora que no comía y que tenía hambre. Me lo enganché a la teta, me volví a meter en el ascensor, y fui bajando piso a piso, limpiando las puertas por dentro con la bayeta.
Cuando llegué al primero una vecina abrió la puerta.
Me miró. Miró al niño, a la teta y a la bayeta.
Yo le devolví la mirada, intentando poner cara de "hoy es el día internacional de Friega el Ascensor con una Teta al Aire, ¿no lo sabía usted?".
La vecina cerró la puerta sin hacer ningún comentario. Supongo que bajó andando. Vaya, vive en el primero; ya hay que ser vaga para bajar en ascensor, digo yo.
Cuando terminé volví a casa, me cambié de ropa, cambié al nene, y volví a salir, porque tenía que ir a la tienda a recoger mi móvil nuevo. En el banco del portal estaba la vecina de antes, con varias de sus muy mejores amigas octogenarias.
En cuanto me vieron se callaron y se hizo un silencio denso.
Jaja, menos mal. Pensé que estarían hablando de mí, pero no, ni siquiera están hablando, jajaja.
Me miraron. Miraron a Bebé-kun.
-Pues sí, pues sí...
-Ya ven.
Claramente la vecina nos les había contado nada. Apenas.
Menos mal.
Me fui al a tienda pensando que ya no me podía pasar nada más, pero cuando llegué el dependiente estaba en la puerta helándose de frío.
-No te lo vas a creer -me dijo-, he salido a fumar y me he dejado las llaves dentro.
Que va. Yo ya me lo creo todo.

18 diciembre 2015

Los niveles de dificultad

Cuando eres madre no puedes ser friki. Yo creía que sí, y ya me voy dando cuenta de que me había equivocado. Un padre friki, por supuesto; una madre friki, ya menos. Hay leyes que lo prohíben, incluso. ¿Sabéis por qué?

Un friki juega a los videojuegos, especialmente los de matar zombis.
Una madre jamás mataría un zombi, porque los zombis le dan ternurita: sabe que tienen el mismo aspecto que ella cuando se levanta a cambiar un pañal a las tres de la mañana. Es lo que Mamá en Bulgaria llama "mombie".

Un friki adora la ciencia ficción.
Una madre está hasta de oír a los médicos que la salida de los dientes no duele, que las vacunas provocarán una reacción "leve" y que las medicinas tienen "un agradable sabor que a los niños les encanta" y empieza a sospechar que la ciencia tiene una gran parte de ficción.

Un friki tiene una mano mágica.
Una madre también, y aunque su uso está igualmente asociado a la calentura, no la utiliza exactamente igual que el friki.

Un friki tiene siempre a mano su destornillador sónico, aunque no lo usa para nada.
Una madre conserva como oro en paño su termómetro sónico, lo usa a menudo, generalmente para confirmar el diagnóstico de la mano mágica.

Un friki se pasa los sábados por la tarde en la tienda de cómics.
Una madre aprovecha los sábados por la tarde para ir a comprarse ese abrigo que le hace falta, pero en vez de eso acaba comprando una sudadera de Batman, unos calcetines de Frozen y galletas de Peppa Pig, porque sabe que a la niña le van a hacer más ilusión que a ella el abrigo.

Un friki juega al rol.
Una madre puede ser despertador, asistente, enfermera, cocinera, personal shopper, asesor de imagen, peluquera, fontanero, princhesa, bruja, monstruo, pirata, poli bueno, poli malo, y Peppa Pig. A veces de forma simultánea y bilingüe.

Un friki lee cómics.
Una madre lee El pollo Pepe. Una vez. Y otra. Y otra. Y otra. Y OTRA. Lee El Pollo Pepe hasta que comprende lo que sentía Conan dándole vueltas a la puta rueda de molino.

Un friki se disfraza para ir al expofriki.
Una madre se disfraza todos los domingos de lluvia.

Un friki "te dice que la fuerza te acompañe".
Una madre te dice "ve con cuidao, y deja de hacer el tonto, que te vas a caer".

Un friki compra entradas para el estrenos de la nueva de Star Wars: la operación implica aproximadamente cinco minutos y tres clicks, lo que no le impide anunciar al mundo con orgullo que ha "conseguido" entradas para la primera sesión.
Una madre estudia durante días las sesiones, luego cruza los resultados con los horarios de colegio de Nena-chan y los de comida de Bebé-kun para acabar determinando, en un informe de cinco páginas, que la única opción es ir a la matinal del domingo, y saltarse una toma. Para que el nene no pase hambre, la madre pasa semanas sacándose leche con una bomba y congelándola. Por desgracia un día decide hacer una prueba (bueno, tenía que ir al dentista, lo mismo da) y cuando descongela la leche le entra la paranoia y se empeña en que huele mal y la tira por el desagüe del fregadero mientras llora a todo llorar por, ejem, la leche derramada. Entonces decide que a la mierda y que que le den a todo: el día que vaya al cine le dejará a la abuela un biberón de leche artificial. Pero por supuesto, antes hay que hacer una prueba, no vaya a ser que el nene sea alérgico a la leche de fórmula y haya que salirse de la película a mitad para ir al hospital. Unos días antes le da al nene un poco de leche artificial para probar.
El nene la prueba y le sugiere a la madre un lugar donde puede meterse el biberón con todo su contenido. Y que la fuerza le acompañe, si quiere.
Una madre decide entonces que no va a ir a ver la nueva de Star Wars.
Puede que eche una lagrimita o dos.
-Solo es una puta película -dice el padre de la criatura, que se muere de ganas de ir a verla pero ha decidido, galantemente, que si no va la madre no va él.
Y la madre piensa, pues es verdad.
Además, una vez que se para a considerarlo, lo que le hace ilusión de verdad no es VER la película, sino ver la película CON SU FAMILIA. Y si para eso tiene que esperar, digamos, cuatro o cinco años, se espera.
Sabe que va a merecer la pena, por que en el fondo, y a pesar de la legislación vigente, la madre sigue siendo friki.
Lo que pasa es que se le nota menos, porque ha subido varios niveles de dificultad.


11 diciembre 2015

Perfectamente normal

¿Os acordáis de cuando Nena-chan tuvo anginas?

La semana pasada fuimos a la fiesta de cumpleaños de una amiguita de Nena-chan porque nos habían invitado porque todavía no nos conocen porque estamos intentando parecer normales.
Sin mucho éxito, dicho sea de paso.
Para los que no hayáis frecuentado este tipo de eventos os voy a explicar como funciona con un ejemplo:
En un capítulo de Las chicas Gilmore, Lorelai coge una bolsa de lechuga precortada, la abre, le echa varios ingredientes y aliño, la cierra sujetándola con el puño y la agita hasta que se convierte en una bola verde, húmeda y pringosa, que devora a toda velocidad metiendo el tenedor directamente en la bolsa. 
Quedaos con esa imagen en la cabeza: la bolsa de lechuga ES el cumpleaños.
Bueno, no exactamente: la lechuga no grita. Pero vaya.
Cuando sacamos de allí a Nena-chan estaba tan cubierta de sudor, kétchup, tarta de chocolate del mercadona y fluidos corporales (nasales, en su mayoría) ajenos que cuando llegamos a casa la metimos directamente en la bañera.
Después, para compensar toda la porquería que había comido, le dimos de cenar ensalada con tomate y mozzarella.
La niña está harta de comer tomate y mozzarella, pero debía andar escasa de defensas, o sobrada de ganas de marcha. Una de las dos. 
-Babá, be dica la dengua -nos dijo después de cenar. 
-Uy, Nena-chan, qué interesante, cuéntaselo a papá, que mamá está haciendo pipí
-Babá, be dica la dengua.
-Lorz, ¿es normal que Nena-chan tenga la cara cubierta de erupciones y la lengua, roja e hinchada, le cuelgue por la comisura de la boca?
-Depende, qué tengo que decir para que me dejes mear en paz?
-¡No estás meando! ¡Te has metido en el baño a echar una microsiesta!
-¡¡¡NO PUEDES DEMOSTRARLO!!!
-¡¡¡CLARO QUE PUEDO!!! ¡¡¡LA NIÑA HA DEJADO LA PUERTA ABIERTA!!!
Maldita la hora en la que instalamos la puerta corredera en el baño. 
-Ed que be dica bucho...
-Venga, vamos a urgencias.
Pensábamos ir los cuatro porque cada vez que vamos nos dan un punto, y después de conseguir la sandwichera, el juego de maletas y el recogemigas de mesa ahora estamos intentando reunir los puntos para el fin de semana en Eurodisney. Pero luego me di cuenta de que era una idea bastante estúpida, incluso para nuestros niveles habituales.
-Ve tú con la niña -le dije a ZaraJota-, y yo me quedo con Bebé-kun.
-¡TÚ LO QUE QUIERES ES DORMIR OTRA VEZ!
-¿CÓMO QUE "OTRA VEZ"? ¡¡¡PARA QUE SEA "OTRA VEZ" TIENE QUE HABER PRIMERO "ALGUNA VEZ"!!!
El pediatra de guardia dijo que era una reacción alérgica, probablemente al tomate, y que no tenía la menor importancia. 
-Hay que darle esto cada ocho horas durante tres días; esto, casa seis horas durante dos; esto, una semana en cada comida; esto, solo si tiene un brote fuerte; esto... -me contó ZaraJota, mientras acumulaba botecitos sobre la mesa del comedor. 
-Pues a no tener importancia requiere más cálculos que el lanzamiento de un cohete. 
-Y me ha dicho que volvamos el miércoles por la tarde, aunque cree que no será necesario. 
Ajá. 
El médico tenía razón: no hacía falta que fuéramos el miércoles por la tarde, porque el miércoles por la mañana...
-Lorz -me dijo ZaraJota-, ¿es normal que los ojos de Nena-chan estén rojos, hinchados, y cubiertos de una costra amarilla?
-Depende, ¿qué hora es?
-Las seis de la mañana.
-¡PERFECTAMENTE NORMAL!¡SIEMPRE LOS TUVO ASÍ Y SIEMPRE LOS TENDRÁ!
-Me tengo que ir a trabajar, ¿puedes llevarla tú a urgencias?
En urgencias nos dijeron que era conjuntivitis. 
Para los que no tengáis hijos, creo que es importante que sepáis que la conjuntivitis es la PEOR enfermedad que puede coger un niño, probablemente peor que el ébola. 
Porque veréis: 
Si pilla un virus intestinal le da por devolver e irse por la patilla. Es una porquería, pero el niño se debilita y solo le apetece estar tumbado viendo dibujos. 
Si tiene fiebre, el niño se debilita y solo le apetece estar tumbado viendo dibujos. 
Si le duele la garganta, no puede hablar, y solo le apetece estar tumbado viendo dibujos
¿Veis a dónde quiero ir a parar?
Cuando tiene conjuntivitis, a no ser que sea grave, el niño se encuentra perfectamente. Tiene la misma energía de siempre, pero no puede ir al colegio para desgastarla porque existe el riesgo de que contagie a otros niños. Y en casa hay que vigilarlo permanentemente para que no se toque los ojos y vaya a peor. 
¿Os acordáis de la bolsa de lechuga de antes?
Pues imaginad que en vez de lechuga lleva dentro una cabra epiléptica: cogéis la bolsa, la agitáis un poco, y luego la abrís en un piso de cincuenta metros cuadrados. Y esperáis tres días. 
Eso es tener un hijo con conjuntivitis. Mientras tanto, Bebé-kun estaba en plena crisis de crecimiento: comía cada dos horas durante el día, y de forma perpetua durante la noche. 
Así que, básicamente, me he pasado la última semana sentada con un bebé en el regazo, mientras la niña-cabra saltaba a mi alrededor como... bueno, como una niña-cabra. 
Viendo el lado positivo, he aprendido a sujetar el móvil entre el niño y la teta, y he visto dos temporadas de Vampire Diaries en tres días.
Esta mañana, por fin, parecía que las cosas habían vuelto a la normalidad (dentro de nuestras posibilidades), y he tenido incluso tiempo de mirarme al espejo. 
-Nena-chan -le he dicho, porque siempre que entro al baño ella entra también-, ¿es normal que mis ojos estén rojos, hinchados y cubiertos de una costra amarilla?
-Si. 
Cuánta razón.


02 diciembre 2015

Un día complicado

Decíamos ayer que la semana pasada Nena-chan estuvo malita con anginas y Bebé-kun penando con los dientes y yo con ambos.
De día se turnaban para llorar y que los cogiera en brazos: cogía a Bebé-kun y lloraba Nena-chan, cogía a Nena-chan y lloraba Bebé-kun, y a veces lloraban los dos y los cogía a los dos. Gracias al sonambulismo que parecen haber heredado ambos, las noches eran igual de interesantes.
El viernes por la tarde, además, fui al dentista.
Cuando llegué allí me preguntó qué tal, porque hacía mucho tiempo que no me veía. 
-Bien, ya he tenido al niño -le dije, señalándome la barriga por si no se había dado cuenta. 
-¡Qué bien, enhorabuena! Espera... ¿le estás dando pecho? 
-Sí, pero me dijeron que no había ningún problema.
-Bueeeenoooo... eso dicen... Prefiero que, por si acaso, te saltes una toma o dos. 
-Eso pensaba, pero justo hoy he sacado mis reservas de leche congelada y las he tenido que tirar porque me olían raro. 
-Qué mala suerte... Bueno, podemos hacer una cosa: pasa a la consulta y veo qué te puedo arreglar sin anestesia. 
Os ahorraré los detalles porque en el fondo os aprecio. 
La cuestión es que al día siguiente estábamos invitados a la inauguración de una librería. Bueno, en realidad no, pero sabíamos que no iban a pedir la invitación en la puerta, así que lo mismo nos daba. 
La inauguración era a las siete. Una pena, tendría que haber sido a las cuatro, que era la hora en la que todavía iba todo bien: niños limpios, comidos y contentos. A las cuatro y cinco, por desgracia, Nena-han hizo eso que hace a veces de cerrar los ojos y roncar. A las cinco decidimos que ya había dormido bastante y empezamos a intentar despertarla, proceso que culminó a las seis de la tarde, cuando Bebé-kun empezó a llorar de hambre. Le enchufé la teta al enano: inmediatamente Nena-chan empezó a llorar porque tenía hambre también. ZaraJota le preparó la merienda para que se la comiera mientras vestíamos a Bebé-kun; luego vestimos a Nena-chan, momento que aprovechó su hermano para hacerse una caca sobaquera. Volvimos a cambiar a Bebé-kun. 
Debían ser las siete pasadas cuando llegamos a la parada de autobús, solo para descubrir que la línea estaba cortada por un partido de fútbol. 
-No pasa nada, a dos manzanas está la parada del 119, que va para el mismo lado -le dije a ZaraJota. 
Caminamos las dos manzanas y miramos la marquesina del bus. 
-Pues por aquí no parece que pase. 
-Uy...
Vale, quizá fueran cuatro manzanas. 
Con los niños en brazos y el bolso cambiador colgando. 
Y frío. 
Cuando por fin llegamos a la parada tuvimos suerte porque justo pasaba un autobús, nos subimos y cuando fui a frotar mi tarjeta... BIP. 
-¿Qué coño...?
La volví a pasar.
BIP.
BIP.
BIP.
-Señora, por más que frote la tarjeta va a seguir estando caducada -me gritó el busero.
Mierda... como llevaba toda la semana sin salir de casa no lo había notado.
Eché mano al bolso para pagar el billete sencillo y entonces me di cuenta de que no llevaba el bolso.
Mierda.
-Eh... ZaraJota, ¿tienes dinero para el bus?
-No, no llevo nada. Espera, sí, creo que tengo las vueltas del pan... ¡Mierda!
-¿Qué pasa?
-Que me han colado diez pesos.
Después de un buen rato haciendo malabarismos en el autobús en marcha con Bebé-kun colgado, conseguí pagar y sentarme.
-Qué bien estamos, ¿verdad? -le dije a Bebé-kun, que me respondió potándome en el escote.
Qué calentito...
Cuando llegamos a la librería estaba llenísima, y la gente empezaba a desparramarse por la acera. Nos encontramos con gente conocida y en algún momento Fanshawe pasó por ahí y pensé que iba a saludar, pero me pareció que dudaba.
Esto es que no se acuerda del nombre, pensé.
-Hola, soy Lorz.
-Eh... ya lo sé, ya nos conocemos.
-Eh... sí.
-Escribiste aquel post, ¿te acuerdas?
-Sí.
-Claaaaro. Claaaaaaro.
Vale, había quedado como una loca otra vez. Por suerte cuando vas con niños siempre tienes alguna excusa para huir.
En este caso, Bebé-kun estaba pidiendo teta.
Me dijeron que estaría más cómoda en el último piso, y cuando subí me encontré a otras mamás en proceso de alimentar a su progenie. Me senté y me coloqué al enano. Al lado mía había una señora dando biberón a su nieto.
-Come muy bien -le estaba diciendo a otra señora. Y en ese preciso instante le retiró el biberón de la boca y el niño... no sé cómo describirlo. Imaginaos que el niño fuera el Vesubio y la señora Pompeya, y de pronto todo estaba cubierto de una lava patrocinada por Nestlé. Pues así.
Bebé-kun me vio reírme por lo bajini y pensó en repetir el chiste potándome de nuevo, pero esta vez falló: en vez de a mí empapó toda su ropita.
Mierda.
Por supuesto todos los aparejos del bebé se habían quedado en la calle, con ZaraJota.
Mierda.
Y entre ZaraJota y yo se interponían varios millones de personas y una mesa con canapés.
Mierda.
Cuando ZaraJota consiguió llegar, arrastrando la bolsa y a la niña. miré alrededor buscando una superficie para cambiar al bebé, pero no encontré ninguna.
-Me parece fatal -le dije a ZaraJota-, ¡tienen todos los libros por medio!
Un alma caritativa despejó una estantería, y así fue como Bebé-kun acabó desnudo en la trastienda de una librería en su fiesta de inauguración.
Ahora que lo pienso, dicho así suena muy mal.
Mientras tanto Nena-chan se estaba portando muy bien y pensé que merecía un premio.
-Escoge un libro, el que quieras -le dije-, que con toda esta gente seguro que lo podemos mangar.
Era broma, ¿vale? Lo que pasa es que mi sentido del humor es tan sofisticado que Nena-chan no lo entiende.
-¡¡¡NOOOOOOOO!!! ¡¡¡NO QUERO MANGAR!!!
-Shhhh... ¡Era broma! ¡Era broma! Mamá lo paga, ¿vale? ¿Te gusta este?
-¡¡¡NO LO TOQUES!!!
Nena-chan me quitó el libro de las manos y fue a leerlo en una esquina, de espaldas a mí, protegiéndolo con su cuerpo.
Ay.
Al final conseguí convencerla de que escogiera un libro y nos fuéramos a pagar.
Entonces Bebé-kun volvió a pedir teta. Claro, como no para de potarla no le cunde nada.
-Vámonos a cenar, anda -le dije a ZaraJota.
Íbamos de camino al restaurante  cuando nos dimos cuenta de que el Chache no venía. EmeA y Scarlett volvieron a buscarle, pero ya se había ido.
-No entiendo nada -dijo ZaraJota-, le dije que se viniera con nosotros.
-Dime, por favor, cuáles fueron tus palabras exactas.
-Yo le dije "luego vamos a cenar por aquí", y él me contestó "yo también" y se fue.
Sin comentarios.
Más o menos entonces nos dimos cuanta de que EmeA y Scarlett se habían traído a cenar a una tía que no conocíamos de nada.
"¿Y esta quién es?", le pregunté a ZaraJota telepáticamente.
"Ni idea"
"¿Será amiga de EmeA?
"No sé, parece que Scarlett la conoce también"
"Mierda, ¿crees que estuvo en su boda?"
"Es posible"
"Joder, joder, joder, si estuvo en la boda SEGURO que nos la presentaron"
"Joder, joder, joder... ¿qué hacemos?"
"Disimular"
Y eso hicimos: durante toda la cena intentamos mantener un equilibrio social de manera que si la conocíamos no pensara que éramos unos bordes, y si no la conocíamos no pensara que nos tomábamos demasiadas confianzas. El resultado debía parecerse bastante a un sociópata bipolar con sonrisa profidén.
Para rematar, algo así como a las diez de la noche se me escapó un grito.
-¿Qué pasa? -me preguntaron todos a la vez.
-¡Que había quedado con Hermano Pequeño!
-¿Cuándo?
-¡HACE UNA HORA!
-Mierda, mierda, mierda, voy a mandarle un mensaje...
Mientras esperábamos que contestara pedimos la cuenta. Y por supuesto, cuando la trajeron nos acordamos de que ZaraJota no traía dinero encima, y yo me había dejado el bolso en casa.
Mierda.
Mientras nos rebuscábamos los bolsillos, EmeA se ofreció amablemente a pagar.
-¡No hace falta! ¡No somos pobres, solo somos muy, muy idiotas!
-Ajá.
Todavía me sentía bastante abochornada cuando me subí al bus y froté la tarjeta.
BIP
-Señora -me gritó el busero-, tiene la tarjeta caducada.
Mierda...
Tenía que haberle pedido a EmeA que me diera también para el bus.



Epílogo.
Hermano Pequeño respondió a mis mensajes de madrugada: "Lo siento, no me acordaba de que habíamos quedado. He tenido un día complicado"
Conozco la sensación.




14 noviembre 2015

Haikus

Hoy, o ayer, no sé, los días empiezan a ser una sucesión confusa para mí, me han echado en cara que ya no escribo haikus.
Jo.
Que no perdonáis ni una.
Y es verdad que no los escribo, pero los pienso, continuamente: tengo esa manía y la de hacer operaciones matemáticas con los números de las matrículas hasta que el resultado final sea el número 20.
Ya, estoy muy loca.
Pensándolo bien, tengo muchas manías más:
No soporto las bolsas de plástico usadas, por ejemplo.
Me pone muy nerviosa que haya alguien de pie detrás mía, sobre todo si me está mirando.
No puedo dormir si los zapatos no están bien colocados, uno junto al otro. En realidad, últimamente no duermo de ninguna de las maneras, así que lo mismo los zapatos no tienen la culpa.
No me gusta comer cosas hechas con diferentes tipos de carne como salchichas (las frankfurt no cuentan porque no me creo que lleven carne de verdad), croquetas, hamburguesas o incluso sopa, porque... a ver cómo lo explico... me da pena obligar a mezclarse a animales que no se han conocido en vida. Me parece algo así como obsceno. Una fosa común alimenticia, digamos.
Lo llevo mejor si soy yo la que hace la comida, porque mientras la preparo dedico un momento a pensar en cómo serían la vaca, el cerdo o la gallina, y a imaginármelos en el mismo establo.
Ya os he dicho que estoy muy loca.
Volviendo a los haikus, los pienso, pero no los escribo, porque

Me paso el día
Cuidando de dos niños
Hiperactivos

Bueno, en realidad no está demostrado que sean hiperactivos, pero tampoco que no lo sean. Digamos que la cosa está al 50%.

El día empieza
despertando a la niña
que feliz duerme

Porque alguien tiene que dormir en esta casa.

Vamos al cole
la niña cree que yo
la espero fuera

Uno de los motivos por los que Nena-chan va tan feliz al colegio es porque cree que Bebé-kun y yo nos quedamos esperándola en la puerta todo el rato. Piensa que somos unos pringados y que es una afortunada por poder entrar.

De nuevo en casa
la vecina está echando
su piso abajo

"Reforma integral", lo llama ella. "Su fruta madre", lo llamo yo.

Bebé-kun llora
los ruidos que no cesan
niño no duerme

La mejor parte de la obra de la vecina es que cuando acaben en su casa tienen que venir a la mía a arreglar el baño.

Corro al colegio
es la hora de buscar
a la princhesa


Me coloco en la puerta del colegio como si no me hubiera movido de ahí desde las nueve de la mañana.

Luego en el bus
la niña siempre dice
que se micciona

Inevitablemente, en cuanto estamos subidas en el autobús Nena-chan dice que se hace pipí.

Hazlo en el cole
a la hora del recreo
por tos tus muertos

Una vez llegó a hacérselo encima. Otra vez me bajé del bus y volví al cole a que hiciera pipí. Otra vez bajé a mitad de camino para que lo hiciera en un arbusto (se negó). Ahora ya paso mucho: si llega a casa, bien, y si no, lavadora y punto.

De nuevo en casa
ZaraJota me llama
mientras comemos

Es una gilipollez, pero si me llama en su hora de la comida y estoy comiendo es como si comiéramos juntos. O algo.

Pasamos las horas
intentando hacer algo
con nuestras vidas

Este me ha quedado así como profundo.
La actividad por la tarde se resume en coger en brazos a los niños por turnos. Básicamente.

Llegan las siete
ZaraJota está en casa
descanso brazos

Más o menos: ahora cojo al mismo niño todo el rato, mientras ZaraJota se ocupa del otro.

Hora del baño
agua formando olas
hasta el pasillo

A Nena-chan le gusta chapotear. Mucho.

Luego la cena
un ratito de Peppa
niña inconsciente

¡Una menos! A por el otro.

La última toma
una tripita llena
niño inconsciente

Son las nueve de la noche y tengo a los dos niños dormidos. Me froto las manos: esta noche nos ponemos con el tema parchís, que lo tenemos muy desatendido. Me vuelvo a ZaraJota y

Está roncando
nuestra vida sexual es
muy complicada

Bien, supongo que al menos eso me deja un poco de tiempo para mí. Enciendo el ordenador e intento escribir algo pero

No se me ocurre
porque no he hecho nada
en todo el día

O algo así.




Pd: Espero que con esto tengáis haikus para una temporada.