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31 julio 2025

Veinte años de lorzedad 31 y adiós


Foto de EmeA. Bueno, EmeA tomó la foto.
La que sale en la foto soy yo. O EmeA. 
O quizá EmeA y yo seamos realmente la misma persona.
Hace tanto tiempo que es difícil saberlo.


31 julio 2005, hace veinte años

Empieza la cuenta atrás

Miro el calendario y descubro con horror que en veinticinco días cumpliré veinticinco años. Sí, así es. Lo he comprobado con la agenda, el teléfono y el ordenador; incluso he mirado la fecha de nacimiento de mi DNI. Todo concuerda. Ya no hay vuelta atrás. En pleno ataque de pánico me he puesto a pensar (creo) y me he dado cuenta de que, aunque mi cuerpo no parece verse afectado de momento, a todos los efectos ya soy demasiado vieja para un montón de cosas, a saber:

-Presentar un programa de la MTV.

-Tener un lío pseudoplatónico con Lobezno/Carcayú/Wolverine/Parche o como quiera Stan Lee que se llame ahora.

-Ser una supernena. Incluso había elegido un nombre: Bufas. Empieza por B.

-Recibir una carta informándome de que soy una bruja y que a partir de septiembre empezaré a estudiar en un nuevo y maravilloso colegio, que no nombraré porque es un secreto que no debo compartir con muggles (JA). Por otra parte, todavía estoy a tiempo de solicitar el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y poner fin a mi vida de aquí a junio.

-Ser una niña prodigio. Cualquiera pensaría nada más verme que lo que es un prodigio es que haya llegado a adulta, pero en el mundo del espectáculo eso no es suficiente.

-Convertirme en una ninja de la Villa Oculta de la Hoja.

-Hacerme contorsionista. Es muy práctico, por ejemplo, para mirarse el propio culo sin ayuda de un espejo.

-Que el Conde Olaf sea mi tutor e intente apoderarse de mi enoooorme fortuna. A la mierda. Me conformo con tener una enoooorme fortuna.

-Ser una deportista de elite de cualquier deporte que no sea petanca. Debe ser muy divertido, todo el día anunciando maquinillas de afeitar y pepsi.

-Que despierte mi poder mutante. Mi única esperanza es meter una araña en el micro y después encabronarla para que me pique, pero es que las muy guarras se lo huelen, y no hay manera de pillar ninguna. No veas como corren en cuantito me ven, y, lógicamente, al tener más patas corren más que yo. Cuatro veces más, que no es poco, y a ras del suelo, con lo que no ofrecen resistencia al aire, mientras que yo con mi metro sesenta y mis sesenta y cinco kilos tengo a toda la atmósfera en mi contra.

Pero lo peor de todo, sin duda, peor incluso que no haber sido descubierta por un ojeador de beisbol mientras jugaba el partido de los domingos justo el día que mi padre, un ejecutivo superocupado, comprendía el verdadero sentido de la navidad y decidía venir a verme jugar es que de aquí a un año mi carnet joven perderá validez y tendré que pagar la entrada completa cuando vaya al cine.




31 julio 2025, hoy

Empieza la cuenta atrás

Miro el calendario y descubro con horror que en veinticinco días cumpliré cuarenta y cinco años. Sí, así es. Lo he comprobado con la agenda, el teléfono y el ordenador; incluso he mirado la fecha de nacimiento de mi DNI, y de paso me he dado cuenta de que ya solo tengo que renovarlo cada diez años. Resulta que soy mayor, muy mayor; de hecho, soy veinte años mayor que cuando pensaba que ya era demasiado vieja para hacer un montón de cosas.
Me temo que esa lista ha crecido con los años.
Como yo. Lo que pasa es que yo he crecido, sobre todo, a lo ancho. Eso también afecta a las cosas que ya no puede hacer una, por lo que sea.
Kilos aparte, es verdad que empiezo a estar crecidita para muchas cosas.
Las más dolorosa de admitir es esta:

Soy demasiado mayor para seguir jugando a que escribo, especialmente un diario, especialmente público, especialmente desde que no es anónimo.

También lo soy para ignorar que avanzamos hacia un mundo cada vez más literal, con menos sentido del humor y menor capacidad para distinguir la realidad de la ficción, con cada vez más gente que solo sabe compensar sus propias deficiencias con malismo hacia los demás. Y no hablo precisamente de "los jóvenes de hoy en día", sino que de gente ya talludita, que se aferra a un humor que no entiende para juzgar a personas que no conoce.

Desde luego, soy demasiado mayor para tener paciencia con los señoros que "me descubren" cuando llevo veinte años escribiendo y sienten la imperiosa necesidad de validarme con su aprobación de la forma más ofensiva y condescendiente posible.

Y, sobre todo, soy demasiado mayor para seguir quitando tiempo a mi familia, a mis hijos y a mi propio descanso.
Especialmente lo último.
Estoy muy cansada, como solo se puede estar después de 20 años haciendo comedia de tu propia vida, especialmente cuando esa vida no ha sido particularmente divertida ni especialmente fácil.

Ha llegado el momento de madurar.
Ha llegado el momento de cerrar esta etapa.
Ha llegado el momento de centrarme en mi familia, en mi trabajo, en mi futuro, en mí.
Escribir aquí ha sido una experiencia maravillosa, durante años.
Este blog me ha sacado de agujeros profundos, me ha descubierto posibilidades, me ha abierto puertas y, sobre todo, me ha ayudado a encontrar una familia: empezando por un marido, ZaraJota, con quien me he apañado para fabricar dos hijos; siguiendo por muchísimos amigos, conocidos, una red de apoyo enorme, a veces invisible, pero siempre presente.
Para una persona que ha crecido escuchando variantes de "cómo eres, así nunca te va a querer nadie", exponerse en internet y no solo a pesar de eso, sino gracias a eso, hacer amigos (no hablemos ya de hacer hijos) significa un mundo.
Quiero daros gracias a todos, a todes y especialmente a todas por haber estado ahí a lo largo de los años.
Por las risas que hemos compartido en los buenos momentos y todo el apoyo que me habéis dado en los malos.
Por haberme ayudado a creer en mí.
La Lorz que se va de blogger no es la misma que la Lorz que vino, y eso es gracias a vosotros.
Ha sido un placer conoceros.
Espero seguir viéndoos en el cielito.
El blog de Lorzagirl se despide recordándoos, por última vez, que podéis encontrar mis libros, esos libros que existen gracias a vosotros, aquí.

    

09 junio 2025

Lo que le faltaba a Pedro Sánchez

 


Volvemos al apagón porque eran las dos de la tarde y yo tenía que irme a trabajar. Bueno, no tenía-tenía, pero es que me va la marcha.
El metro estaba cerrado, el túnel de la M30 estaba cerrado, y no sabía si los autobuses estaban pasando, así que tomé una decisión desesperada: cruzar el puente de Toledo a pie. 
Es que todas las desgracias me vienen juntas. 
Una vez en Pirámides, tuve la increíble suerte de que pasó un autobús. Y además había sitio para sentarse. Y además al lado de los cargadores para el móvil. Donde procedí a cargar el móvil, por si acaso, porque no había ni línea, ni internet, ni la madre que lo parió.
Yo iba mandando mensajes con la esperanza de que en algún momento llegaran, pero es que no iban ni los SMS, no sé, lo siguiente era que dejara de funcionar la rueda o el fuego.
El autobús me dejó en la Plaza Mayor, donde de pronto conseguí cobertura, cosa que estaría muy bien si no fuera porque ahora los que no tenían cobertura eran los demás. 
El centro era un homenaje al absurdo. Había tiendas cerradas del todo. Había tiendas que no podían echar el cierre y habían hecho barricadas cajas o carritos, y los dependientes estaban haciendo guardia mientras se echaban un cigarro. Otras estaban totalmente abiertas y la gente estaba mirando ropa, totalmente ajena al hecho de que si quisieran llevarse algo no iban a poder pagarlo. En el Desigual, la dependienta explicaba a unas señoras que tenían que salir, y las señoras protestaban porque no entendían por qué. La mayoría de los bares estaban abiertos; la gente que intentaba volver a casa se mezclaba con la que estaba de paseo porque no tenía nada mejor que hacer. Sin acceso a internet, se preguntaban unos a otros cómo ir a tal sitio, si había luz de donde ellos venían, si pasaban autobuses. Y, sin embargo, casi todo era silencio.
En Sol, a saber cómo, conseguí la cobertura suficiente como para enterarme de que, debido a las circunstancias, tenía que incorporarme al trabajo en otra dirección.
Pero en otra, otra. Como si a mitad de camino a la Ciudad Esmeralda, a Dorothy le hubieran dicho oye, pásate por donde los winkis para comprar el pan.
Que me podía haber rendido, pero es que yo estaba a topísimo con lo de la supervivencia, me había hecho una mochila prepper con un cargador solar, agua, comida, dinero en efectivo, un botiquín y hasta cerillas por si tenía que prenderle fuego a algo.
Coger un taxi ni me lo planteé. No había ni uno libre, y los que pasaban llevaban tres o cuatro personas ya. Aproveché una miajita de internet para mirar cómo llegar a mi destino y descubrí que había un autobús que salía desde Moncloa, así que lo único que tenía que hacer era llegar a Moncloa. Cogí Gran Vía por la acera de los pares con la idea de ir andando hasta que pasara un autobús, y tuve la tremenda suerte de subirme a uno en Plaza de España. Y además había sitio para sentarse. Y además al lado de los cargadores para el móvil. Donde procedí a recargar el móvil, exhausto de buscar señal, turnándome con otros viajeros que también tenían el móvil canino.
Una hora más tarde, el autobús seguía a una parada de Moncloa. Habría tardado exactamente la mitad si hubiera ido andando, pero me habría perdido la charla del señor que nos explicaba que esto tenía que haber sido Putin. O Israel. O ambos.
El busero me abrió la puerta a mitad de calle y me fui andando hasta Moncloa donde, una vez más, tuve suerte y me subí a un autobús enseguida. Y además había sitio para sentarse. Y además al lado de los cargadores para el móvil. Y una vez más procedí a turnarme con otros viajeros para cargar el móvil. 
La salida de Madrid era un atasco. La entrada estaba desierta. Con tremenda lentitud, hicimos un recorrido que, para total regocijo de los viajeros, pasaba por delante de La Moncloa. 
No lo alargo más: conseguí llegar a trabajar. Solo tardé cuatro horas, cuando normalmente tardo media. Pero llegué. 
Estaba orgullosísima de mí misma. Y empapada de sudor. Y méándome viva. Pero esa es otra cuestión.
En fin.
El problema, el verdadero problema, fue volver a casa.
Básicamente porque (casi) todos los accesos a Madrid estaban cerrados. Eran pasadas las doce de la noche, íbamos en coche por una carretera desierta, y cada vez que parecía que podíamos entrar a Madrid nos encontrábamos el paso cortado por camiones de tráfico o de limpieza totalmente atravesados y, lo más espeluznante de todo, totalmente vacíos. Dimos vueltas y vueltas durante casi dos horas, buscando un carrilito que se hubieran dejado sin cerrar y topándonos con las barreras más dispares, acercándonos a casa un poco más en cada vuelta, hasta que conseguimos cruzar el puente de Segovia.
Respiramos aliviados. Ya estábamos casi en casa. En el peor de los casos, siempre podíamos aparcar y acabar el viaje a pie.
Tiramos por el Paseo de la Ermita, pensando que lo íbamos a conseguir, cuando, justo delante del cementerio, nos encontramos la calle cortada por dos lecheras y unos veinte policías en plan Rambo.
Por si no conocéis la zona, os traigo la imagen de Google Maps.

A la izquierda hay un parque enorme. A la derecha hay un cementerio enrome. Y en medio, todos los antidisturbios que no nos habíamos encontrado en dos horas dando vueltas por los alrededores de Madrid.
-Pero qué coño.
Giramos hacia Quince de Mayo despacio, muy despacio.
-Pero qué coño -repetí. Unas veinte o treinta veces-.  Pero qué coño. ¿Qué hacen todos esos policías ahí? Si esto es todo campo. Pero qué coño. Delante del cementerio.
-Lorz -me dijo ZaraJota-, ¿te acuerdas de cuando Pedro Sánchez dijo que solo le faltaba el apocalipsis zombi?
-Uy.


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26 mayo 2025

La Purga



Que me han preguntado mucho en el otro lao qué pasó con la aborrescente niña en día del apagón.
La niña está bien.
ZaraJota fue a buscarla a pie. No es muy lejos. El único problema es que está pasado el río y eso significa que vayas en la dirección que vayas, siempre hay una cuesta abajo y una cuesta arriba.
Con el calor que hacía, que era mucho, y la creciente escasez de árboles de sombra que, por motivos ignotos, asola Madrid desde hace unos años. 
ZaraJota había conseguido contactar con una madre y le había avisado de que se traería a la criatura correspondiente. Que no es que no hubiera podido volver sola, pero eso lo sabemos ahora, es decir, en el momento no sabíamos que iba a estallar la Purga de un momento a otro o qué.
ZaraJota acompañó a la niña hasta su casa sin mayor problema que el calor y dos adolescentes sin un móvil para distraerse. 
El problema empezó cuando llegaron a la casa, porque la familia de la niña vivía en un piso alto.
La niña no tenía llave.
El telefonillo no funcionaba.
Las líneas telefónicas y de internet se habían caído definitivamente. 
Básicamente: aunque había sido fácil llevar a la niña del punto a, el instituto, al punto b, la puerta de su casa, era imposible llevarla desde el punto b hasta el punto c, el interior del piso.
ZaraJota se planteó sus opciones, entre las que destacaba muy fuerte no haberse levantado esa mañana.
No podía volver a casa, porque no podía avisar a la otra madre y les estaba esperando.
No podía dejar a la niña sola en la puerta, porque todavía no descartaba por completo que estallara la Purga.
No podía lanzar a la niña hasta su casa con una catapulta. 
Porque no tenía ninguna catapulta, obviamente.
En esas estaba cuando vio gente a través de la ventana de bajo y dio un par de golpecitos en el cristal para llamar su atención.
Los vecinos lo miraron de hito en hito. 
La verdad es que no, porque ZaraJota es así como larguirucho y a través de la ventana no creo que pudieran mirar mucho, pero es que me gusta esa expresión.
Por la cara que pusieron, debieron pensar que por fin había estallado la Purga y que ZaraJota iba a por ellos. 
Entonces ZaraJota, que no es peliculero ni nada, levantó las manos y dio un par de pasos atrás para que vieran que estaba desarmado.
Para mí que esto incrementó la sospecha de los vecinos de que la Purga había llegado, pero supongo que hay que verse en esa situación. Con el calor que hacía y dos niñas, una ajena, sin teléfono móvil.
Los vecinos seguían desconfiando pero se acercaron a la ventana porque una cosa es tener miedo a la Purga y otra cosa es perderse un salseo. ZaraJota les hizo aspavientos para que miraran para abajo. Entonces vieron a las niñas y, en concreto, a una que reconocían.
-Aaaaaaah. 
Los vecinos salieron de casa y les abrieron la puerta del edificio, menos mal.
ZaraJota la acompañó escaleras arriba hasta dejarla sana y salva con su madre. 
ZaraJota compensó gimnasio ese día, las cosas como son.
Luego se vino para nuestra casa con la niña que le quedaba y el calor que hacía. 
-¿Has podido llevar a la otra niña sin problema?
-Sí, lo de llevar ha ido sin problema. Lo de entregar, en cambio...




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He escrito un número indeterminado de libros y podéis encontrar la mayoría aquí.

12 mayo 2025

El apagón



Seguramente no os acordáis porque fue hace ya tres o cuatro apocalipsis, pero ha habido un apagón. 
Concretamente el 28 de abril aproximadamente a las 12:30.
Yo estaba intentando escribir cuando se me fue la luz y no le di importancia porque siempre nos salta la luz cuando pongo a la vez el radiador y el horno. Siempre me digo que es la última vez que pasa y que me acordaré para la próxima y siempre se me olvida hasta que vuelve a saltar. El caso es que pensé: ya lo he vuelto a hacer.
Que ese día no estuvieran encendidos ni el radiador ni el horno me pareció un detalle sin importancia. 
"Me estoy superando a mí misma", pensé. 
Mientras tanto, ZaraJota estaba teletrabajando. Su primera reacción al quedarse sin luz fue apagar el radiador y el horno, pero se los encontró ya apagados, así que salió al pasillo de la comunidad y vio que estaba sin luz también.
-Lorz, esta vez te has superado a ti misma -me dijo.
Así que siguió el protocolo establecido para esas ocasiones y mandó un mensaje a su grupo de trabajo.
"Me he quedado sin luz".
Varias personas contestaron: "Y yo también".
El problema es que esas algunas de esas personas no vivían en la misma ciudad. Ni siquiera en la misma comunidad autónoma. Algunas, ni siquiera en comunidades autónomas colindantes.
-Uy.
De momento todavía teníamos datos en el móvil, pusimos 24 horas y vimos en directo la cara del presentador cuando le contaron lo que acababa de pasar y cuando él lo contaba a su vez.
-Uy.
Pero los datos empezaban a fallar. 
-Uy.
-Vamos a comprar un transistor -le dije a ZaraJota. 
Yo tenía uno en la cocina, pero se lo presté a la niña un momento y ahora tengo dos y medio y ninguno funciona. El transistor era lo único que me faltaba en mi equipo prepper: tengo cerillas, velas, linterna, un cargador de móvil solar, comida preparada y papel higiénico.
No estoy loca, es que acabo de publicar un libro sobre una sociedad sin suministro eléctrico y en cuanto te pones a investigar sobre el tema te da por pensar cosas. Y no son cosas bonitas.
El caso es que bajamos corriendo a comprar un transistor.
-Solo puedo cobrar en efectivo -nos dijo la dependienta-, me he quedado sin luz.
-Es nacional, por eso estamos comprando el transistor.
-Uy -dijo la dependienta. Y acto seguido se escondió un transistor para ella debajo del mostrador. 
Encendimos en transistor y con él en la mano y acordándome fuertemente de mi abuelo, que se pasaba los veranos a un transistor pegado, fuimos a por los niños. 
El niño no nos preocupaba demasiado. 
Puede que haya tenido mis desavenencias con el colegio, pero lo cierto es que desde que empezamos allí han pasado por: el derrumbe de parte del tejado, la obra subsiguiente, la pandemia, Filomena, un par de obras más, varios robos masivos, una inundación y dos meses seguidos de lluvia sin poder bajar a los niños al recreo. Y siempre, siempre, han reaccionado rápido, bien y con eficacia.
De hecho, llegaron a enviar un correo tranquilizando a los padres y explicándoles cómo iban a actuar. 
Acto seguido nos quedamos sin internet y yo en concreto no lo recibí hasta pasadas ocho horas, pero el caso es que lo hicieron.
Lo de la nena estaba más complicado.
Obviamente, el metro estaba cerrado, pero lo que no esperábamos era que también se hubiera cerrado el túnel bajo la M30. Básicamente, solo podía volver a casa andando.
No es que fuera peligroso. 
Había pasado menos de una hora desde el apagón y en Marqués de Vadillo ya había policías controlando el tráfico. Se veía que la circulación era difícil, pero no imposible. Había muchísima gente en la calle, toda la que normalmente va por debajo de la calle, supongo, pero caminaba a lo suyo, sin prisa, sin pausa, a veces intercambiando miradas de circunstancias. Otro apocalipsis. Pues nada, esta semana ya hemos cumplido.
El problema es que el sentido de orientación de la nena es... bueno. Es. La queremos mucho. 
Y sin GPS.
Y sin semáforos. 
Y con doce años. 
Y con tendencia a desmayarse cuando hace calor. 
Y qué calor hacía, dos meses lloviendo y justo el día del apagón... menos mal, porque solo faltaba que lloviera.
Le mandamos un mensaje: Espera en la puerta, vamos a buscarte.
Confiamos en que le llegara y si no, no pasaba nada, su padre estaría en la puerta antes de que ella saliera
Teníamos tiempo de sobra, no salía hasta las dos.
Pasada la una y media recibí una llamada suya. De puro milagro, porque internet no iba y la línea telefónica estaba regulinchi.
Esto fue lo que yo escuché:
-Mami -la niña parecía histérica. No sabemos por qué es, pero por teléfono siempre suena absolutamente histérica. Ya sabemos, por ocasiones anteriores, que normalmente no está histérica, pero en ese momento sospecho que lo estaba-. ¿Mami? GSGKFSFGSÑFHGSÑ profesores FSÑGFGKSJFÑKJSFGÑKJSFJG atentado GÑSFSLFJGSJFLGH no hay clase GGSÑJHGSFJGH calle...
Mi úlcera bien, gracias. 
-QUÉDATE EN LA PUERTA, QUÉDATE EN LA PUERTA, QUÉDATE EN LA PUERTA -empecé a gritar, esperando que le llegara alguna.
-GSÑFSÑFGKSFNLSJH mis amigas SJGFJÑSKJGSGHSJKGHSJLG 
-QUÉDAOS EN LA PUERTA, TODAS, QUEDAOS EN LA PUERTA, YO AVISO A LOS PAPÁS, EN LA PUERTA, EN LA PUERTA...
Se cortó.
Y esa fue la última vez que hablé con ella. 
Bien, bien, la úlcera súper bien.
Mientras tanto, el niño salió del colegio.
Estaba tan tranquilo. Al parecer la profe les había dicho que aprovecharan la feliz ocasión para ordenar las cajoneras. Si yo hubiera sabido que un apagón nacional podía servir para que los niños ordenaran habría cortado el suministro yo misma. Con los dientes.
De hecho, no descarto hacerlo en un futuro. 
-Hoy es un día especial -le dije-. Vamos andando a casa porque el metro está cerrado.
-Joooo...  hace mucho calor. 
-¡Pero es mejor! Así vemos lo que pasa por la calle. Es muy importante que nos fijemos en todo, hoy es un día histórico.
La cara del niño fue un poema. Un poema épico. Con muchas estrofas.
Tiene nueve años. 
Hace poco descubrimos que no recuerda NADA previo a la pandemia.
-¿Otro día histórico?
-Sí.
Suspiró.
-¿Qué comemos? 
-Es lunes: lentejas. 
-Entonces vale. 
Al menos tiene claras sus prioridades.


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El próximo 17 de mayo a partir de las 18 horas estaré en la caseta 9, librería Yume, de la Feria del libro de Vallecas. El resto del fin de semana estaré en el Krunch en el CC. Cuadernillos.
¡Venid a verme antes de que el mundo se acabe (otra vez)!














28 abril 2025

Los ciervitos son un primor

 No sé qué pasa que cada vez que subimos a ver a mi suegra tenemos un incidente zoológico
Esta vez no se trató de patos, sino de ciervos.
Sí, la cosa va escalando.
A mí no me gusta exagerar, pero seguramente lo próximo serán elefantes, ballenas o King Kong.
El caso es que fuimos a una cosa que se llama Parc Samà, que es una cosa muy de catalanes ricos del siglo XIX, con plantitas y edificitos y estanquitos y animalitos.
-Pero patos no habrá, ¿no? -pregunté.
-...
-Mierda.
En el parque este puedes comprar comida para dársela a los animales, que a mí de inicio ya me parece un error cósmico porque por lo general cuando compro comida lo que me gusta es comérmela yo, pero bueno. Pensé que a los niños les haría gracia, así que le dije a ZaraJota:
-Compra comida para los animalitos.
Y ZaraJota me dijo: 
-No me gusta que hables así de tus hijos, y además te he visto meter tres weikis en el bolso antes de salir.
-Para los animalitos del parque. 
Y ZaraJota se fue a comprar comida para los animales y volvió con un vaso de cartón lleno de maíz.
-Ah, estupendo, palomitas, solo necesitamos el microondas.
-Es para los animales. 
-Jo.
Mi decepción era doble y comprensible: primero, porque ahora que habíamos sacado el tema me apetecían mucho las palomitas. 
Segundo, porque no entendía cómo íbamos a darle aquello a los ciervos. ¿Tirándolo al suelo como a las gallinas? Mi experiencias previas no me dieron ninguna pista: cuando vamos a Burrolandia, que es una cosa que recomiendo mucho si tienes los epitelios olfativos atrofiados, siempre nos dan zanahorias y lechugas, que puedes agarrar de un ladito mientras el burrito las coge por el otro pero, ¿MAÍZ?
Mientras paseábamos entre los loritos, los patitos, los gansitos y una cosa que parecía un dinosaurio reducido pero con las ansias de matar intactas, le iba dando vueltas al asunto maíz. Tenía una sospecha. 
Y la sospecha se confirmó cuando por fin llegamos a los ciervitos y vi que la gente se ponía el maíz en el hueco de la mano y los ciervitos hacían el equivalente a un french kissing. Pero en la mano. Con ciervos. 
-AAAARGGGGH -pensé. Ojo que solo lo pensé. Decirlo en alto habría arruinado la magia y además estoy intentando educar a mis hijos para que sean valientes y atrevidos y nos les dé asco que un ciervo practique sexo oral con sus manos.
-¿Quién quiere dar de comer a los ciervitos?
-YO NO -exclamaron al unísono. Cuando quieren se llevan fenomenal.
-Venga, si no pasa nada -le dije, y les llené el hueco de las mano de maíz-. Venga, acercar las manitas.
Otra cosa no, pero mis hijos son obedientes. Levantaron las manitas y ofrecieron el maíz a los ciervitos. Pero cuando los ciervitos se acercaron, los niños entraron en pánico, retiraron la mano y el maíz fue a parar al suelo.
-Ooooohhhh.
A los ciervitos les dio igual. Deben estar acostumbrados. Y ser poco escrupulosos, porque se pusieron a hacerle el beso tuerca al suelo hasta que se comieron todo el maíz.
Luego, se quedaron mirándonos con el morro chorreando barro.
-¿Y ese barro? -pregunté. No tenía que haber preguntado.
-Es lo que pasa cuando mezclas babas de ciervo y tierra de suelo.
Repito: no tenía que haber preguntado.
-¿Y esa espuma?
-Creo que es lo que pasa cuando mezclas babas de ciervo y maíz de vaso.
Una vez más: no tenía que haber preguntado. 
-Bueno... -dije, porque era mi deber como madre-, ¿queréis darle más de comer al ciervito?
-NO.
-Pero si no pasa nada. 
-Pues hazlo tú.
-Eh...
Ser madre es una cosa compleja. Quieres que tus hijos sean mejores que tú, que no tengan tus complejos, tus miedos y tus mierdas. Eso te obliga a veces a hacer cosas que preferirías no hacer.
Como darle de comer a un ciervito babeante.
Cogí un puñado de maíz y alargué la mano para ofrecérselo al ciervito. El ciervito me miró un segundo, chorreando barro y espuma por la boca. Cerré los ojos. Todavía estoy muy delicada de la úlcera y cualquier cosa me hace echar la pota. No me hubiera importado porque empiezo a estar muy acostumbrada, pero es que veía al ciervito capaz de comérsela. 
Sospecho que esto habría arruinado la magia por completo.
Así que cerré los ojos y me mantuve impertérrita mientas el ciervo le hacía a mi mano cosas que jamás le había hecho nadie. Con barro, babas y espuma de maíz. Pero tenía que pensar en mis hijos. Tenía que hacerles creer que aquello era una momento mágico.
-AAAAAAAAAARRRRRRRRRG -grité- QUÉ ASCOOOOOOOOO ESTÁ TODO GRUMOSO DE BARROOOOOO PERO QUÉ ES ESOOOOOO DEJA DE CHUPARME POR FAVOOOOOOOR NO QUEDA MÁS MAÍZ QUÉ PRETENDES SACAR DE AHÍ ME MUERO Y ME MUERO Y CREO QUE VOY A POTAR Y LUEGO ME MUERO.
Cuando el ciervo acabó de lo que fuera que estuviera haciendo, me volví hacia los niños, con la mano chorreando babas marrones, y les dije con mi mejor sonrisa:
-¿Veis como no pasa nasa? Ahora probad vosotros.
-NO.
-Jooooooo, hemos venido para nada.
-No, para nada no - contestó ZaraJota-: te he hecho muchas fotos.

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El sábado 17 de mayo a las 18:00 estaré en la 9ª Feria del Libro de Vallecas, firmando toda mi obra en la caseta de la Librería Yume. Podéis comprar mis libros allí mismo con descuento de feria o traer lo que ya tengáis en casa, yo lo firmo todo. 













24 marzo 2025

El alien



Yo estoy a favor de una sanidad pública, gratuita y de calidad. 
El problema es que cuando llevas más de un año con un dolor como si un alien estuviera intentando salir a mordiscos de tu estómago, has ido a tu médico de cabecera y a urgencias incontables veces, y la respuesta ha sido, por decirlo suavemente, variopinta (la último fue: "un dolorcito de barriga que quizá estés exagerando"), como que te dan ganas de coger tus principios y metérselos a alguien por el orto. 
A alguien que lleve bata blanca. O pijama azul. La verdad es que no soy caprichosa. 
Ya sé lo que estáis pensando: "La que hay que hacer es seguir luchando por la sanidad pública".
Y es lo que pienso seguir haciendo, pero por lo que sea para eso necesito seguir viva. Y si os digo la verdad, durante los últimos meses estaba convencida de que me iba a morir; no porque tuviera nada grave, sino porque no estaba recibiendo ninguna atención médica, más allá de recetarme ansiolíticos para mi dolor imaginario mientras me decían que intentara no tomármelos, que lo que tengo que hacer es mantener una actitud más positiva.
Cómo se supone que tienes que mantener una actitud positiva mientras te sientes todo el rato como si un alien estuviera intentando salir a mordiscos de tu estómago pero tienes que hacer vida absolutamente normal porque los médicos insisten en que te lo estás inventando yahoo respuestas. 
El caso es que después de un año me rendí e hice exactamente lo que las personas que están destruyendo la sanidad pública quieren: irme a la sanidad privada.
Porque la sanidad privada no es ni mejor, ni más rápida, ni más eficiente, pero con tal de cobrar al seguro son capaces de extraerle el apéndice a un huevo duro. Que no era mi caso. Pero a lo mejor al alien que intentaba salir a mordiscos de mi estómago le apetecía un huevo duro. O un apéndice. A esas alturas ya me parecía todo bien.
En cuestión de semanas me hicieron analíticas como para alimentar a varios vampiros pobres, ecografías, estudios de la orina (se ve que hay gente para todo) y lo último era la gastroscopia. 
-Con sedación general, no te preocupes -me dijeron.
Yo no me preocupé, al contrario, casi me emociono pensando en que iba a dormir sin sentir el dolor permanente del alien incluso en sueños.
Estaba encantada con la idea.
Al menos hasta que llegué a mi cita y me dijeron que me desnudara por completo.
-¿Para una gastroscopia?
-Y para la colonoscopia.
-¿Qué colonoscopia?
-La que te vamos a hacer. 
-Qué.
-¿Nadie te ha dicho nada?
-No.
A ver, yo no tengo nada en contra de que me profanen los orificios pero no sé, qué menos que avisarme, decirme unas palabritas cariñosas, quizá una cena romántica antes...
-Pero no te preocupes que te vamos a sedar.
-Ah, vale, que lo van a hacer mientras estoy inconsciente, eso mejora la cosa muchísimo...
-Señora, por favor. 
Ese día, entre los nervios y el estómago vacío, tenía al alien dando saltos, así que valoré mis opciones y no me quedó más remedio que aceptar. Me desnudé, me pusieron una vía (esa es otra historia, pero la cuento mejor en persona), me tumbaron en una camilla y me pusieron un tubito por la nariz.
-¿Tenéis algo para las orejas? Quiero batir el récord de orificios profanados simultáneamente.
-Señora, por favor, intente relajarse, la anestesia le hará efecto enseguida.
-Señora será tu fruta madre y la anestesia no me está haciendo ef...
Lo siguiente que recuerdo es que estaba en otra habitación. Una enfermera me dijo que la anestesia tardaba un rato en disiparse y que me lo tomara con calma y le contesté que lo único que quería tomarme con calma era el desayuno, por favor y gracias. 
Salí un poco haciendo eses y me encontré con ZaraJota en la sala de espera. 
-¡Que me ha hecho una colonoscopia! -le grité. Varios pacientes que esperaban para entrar se encogieron en sus asientos.
-¿Qué?
-¡Que me han metido un tubo por el prisonwallet!
-¿Y la gastroscopia?
-También.
-Pues espero que no hayan usado el mismo tubo.
-¡AAAAAAAAAAARG!
-Pero Lorz, no te preocupes por eso, lo importante aquí es que tú tenías razón: es un alien.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque cuando hay sondas anales siempre son los aliens.



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Última semana para comprar mis libros en Lektu. 


20 enero 2025

Lo sabe


 Nena-chan ya lo sabe
Ya sabéis. 
Lo de los reyes y eso. 
Lo sabe desde hace tiempo, obviamente, pero hasta que no ha entrado al instituto no lo hemos hecho oficial. En fin. Ahora que lo sabe-sabe, le propuse que comprara ella algunos regalos de su parte. Alguna cosilla, solo, para que ella estuviera en el ajo también, pero sin gastarse mucho dinero.
-Calcetines -le dije-, son baratos y siempre hacen falta.
Le pareció bien y un día nos fuimos a un centro comercial la niña, su monederito y yo a comprar calcetines en secreto.
Al principio la cosa fue bien: 
-Estos para Nene-kun, que le gusta mucho Dragonball.
-Perfecto.
-Estos para papá. 
-Pero si tienen gatos. 
-Ya.
-Papá odia a los gatos.
-JAJAJAJAJA, por eso.
-Vale, son tus regalos y no me voy a meter, tú elige libremente.
-Y estos para ti.
-¿Esos? Como me compres eso no me lo pongo, así te lo digo, eso tiene una pinta de rascar cosa mala y encima a ver con qué convino yo el verde aguacate y el amarillo pollo. Coge esos de ajolotes, que por lo menos son rosa.
-¡Pero mamá! ¡No puedes elegirlo tú!
-¿Por qué no? 
-¡Porque entonces no es sorpresa para ti! 
-Bueno, he venido a comprarlos contigo y luego te tengo que ayudar a envolverlos. Mucha sorpresa no esperarías que fuera...
-No sé... Bueno, supongo que no importa porque luego tendrás más regalos, ¿no?
-¿Y quién crees que los coloca debajo del árbol cuando os dormís?
-...
Me da la impresión de que lo sabe, pero se lo plantea lo justito.





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El plazo para participar como expositor (editoriales, librerías, autoeditados, artesanos, artistas, creadores...) estará abierto hasta el 26 de enero.






06 enero 2025

La Nintendo de segunda mano


Mi marido tenía muchos cómics de grapa.
Pero muchos, muchos.
Algo así como cuatro armarios a rebosar. 
A mí no me importaba porque soy una persona muy comprensiva. Además, los tenía en casa de su madre. 
A su madre, por lo que fuera, le importaba un poco más que a mí, pero lo llevaba con resignación.
Hasta que vendió la casa, claro.
A mí me parecía que lo justo era que los cómics se quedaran donde estaban, ya que llevaban tanto tiempo ahí que probablemente eran necesarios para mantener la integridad estructural del edificio, pero al parecer los nuevos propietarios no estaban de acuerdo. Sus oscuros y seguramente muy egoístas motivos tendrían, yo qué sé. 
Así que este verano Zarajota tuvo que recoger sus cómics, que pasaron a habitar en nuestro maletero.
Es un maletero muy grande, las cosas como son. Lo que pasaba era que tampoco podían quedarse ahí para siempre, porque estaban empezando a causar daños permanentes en la suspensión y eso. 
Entonces Zarajota hizo lo más serio, maduro y responsable: subirlos a Wallapop y cambiarlos por una Nintendo Switch de segunda mano.
Y por casi todos los Asterix, todos los Terry Pratchett, varios mandos, un par de muñequitos y a saber cuántas cosas más. Sospecho que Zarajota es la única persona de España a la que le renta Wallapop.
Da igual, lo importante para esta historia es la Nintendo. 
-¿Qué te has agenciado una Nintendo? -le dije cuando la vi.
-¡Es para los niños! 
-Pues no pensarás dársela ahora, que acaba de ser su cumpleaños y ya han tenido un montón de regalos, y ahora vas y le das una consola que los vas a malacostumbrar, de eso nada, que luego se creen que las cosas aparecen en casa mágicamente.
-La podemos guardar para Reyes.
Así fue como la Nintendo pasó a habitar en el armario a perpetuidad.
Uy, como los cómics.
Tres meses más tarde, Zarajota estaba de la Nintendo en el armario hasta el mismísimo Switch.
-Yo creo -dijo- que en vez de los Reyes podía traerla Papa Noel. 
-Pero Papa Noel solo trae los regalos que le pide tu madre, igual que los Reyes solo traen los regalos que pedimos nosotros. Es la ley.
Zarajota miró al armario una mirada ansiosa.
Torturada, diría yo.
-¿Y cómo van a saber los niños quién le ha pedido quién?
Así fue como el 24 de diciembre, con nocturnidad y alevosía, cambiamos los regalos que la llallí había pedido por una Nintendo Switch de segunda mano comprada en Wallapop.
En perfecto estado, eso sí.
Sospecho que este años los Reyes Magos me van a traer una mierda pinchada en un palo, y lo peor es que me lo mereceré. 
El 25 de diciembre por la mañana, los niños se levantaron, abrieron el regalo y, en lugar de quedar ojipláticos de la emoción, preguntaron con evidente desconfianza: 
-¿La llalli nos ha pedido una videoconsola?
La llalli es que tiene fama de ser bastante analógica, las cosas como son.
-Pues sí, pues sí -les contesté con toda la calma, mientras mi yo interior corría en círculo agitando los bracitos-. Habrá que llamarla luego a darle las gracias, ¿no, Zarajota?
-¡NO! Estooo... quiero decir, que ahora estará dormida y eso.
Entonces fue cuando mi cuñada decidió enviar un vídeo. Dando a entender, así como quien no quiere la cosa, que la familia estaba despierta. 
-Mierda.
-Voy... -dijo Zarajota-, voy a la terraza a hablar por teléfono un segundo. 
-¡Voy contigo!
Y nos salimos los dos a la terraza, lo típico un 25 de diciembre a las nueve de la mañana cuando estás a bajo cero. 
-¿Pero qué haces?
-Llamar a mi madre para avisarle de que le ha pedido una Nintendo a Papa Noel. 
-¡Pero que los niños van a sospechar!
-A ver, Lorz, que tienen doce y nueve años. Yo creo que a estas alturas ya deben saber quién regala qué.
-¡Pues que nos lo expliquen a los demás, que nos hemos perdido hace un rato!


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25 noviembre 2024

En bragas y camiseta



Lo de tener una hija que va al instituto está siendo todo un viaje lleno de descubrimientos. 
El mayor y principal de todos es que de pronto Todo Es Culpa Mía Siempre. 
Esto me ha pillado por sorpresa, porque yo pensaba que al llegar al instituto tendría más autonomía y por tanto yo tendría menos responsabilidades, pero de alguna forma hemos pasado a Algo Ha Salido Mal Le Puede Pasar A Cualquiera Vamos a Arreglarlo Juntas a Todo Es Culpa Mía Siempre.
Esto va a ser por la LOMLOE, seguro. 
Puto Perro Sanxe.
Como si se levanta tarde es culpa mía y si no desayuna es culpa mía y si no lleva chándal en día de educación física es culpa mía y si se le olvida la merienda es culpa mía y si no se peina es culpa mía, el resultado natural de las cosas es que, aunque entro a trabajar nueve horas más tarde, todos los días me levanto a las siete a asegurarme de que no hago nada mal que pueda ser culpa mía luego. 
No voy a entrar en el tema de si esto es mentalmente sano o no.
O tienes una hija adolescente o estás cuerda, pero las dos cosas no se puede. 
Irónicamente, esto es algo que no hacía cuando el año pasado iban al colegio, y que no hago con su hermano pequeño, que sigue yendo al colegio. 
Como decía, esto va a ser por la LOMLOE.
De vez en cuando tengo momentos de lucidez en los que me doy cuenta de que esto no puede ser.
Me levanto a las siete aunque entre a trabajar nueve horas más tarde, me aseguro de que desayune, se ponga el chándal, que se lleve la merienda, se peine... o sea, como todos los días, pero sin parar de soltarle la chapa durante todo el proceso:
-Es que no puede ser, yo tendría que estar durmiendo, donde vas con vaqueros que es martes, ya eres lo bastante mayor para hacer esto sola, coge la merienda, no sé dónde tienes la cabeza, el abrigo...
Lo sé, soy la peor madre del mundo.
Ya lo deduje yo sola cuando me di cuenta de que Todo Es Culpa Mía Siempre.
Una mañana, me vine arribísima y le dije: 
-Vas tardísimo. Cualquier día Amiga-chan se va a ir sin ti.
Porque queda con Amiga-chan para irse juntas, eh. A ver si os penséis que le doy la patada en la puerta y espero que llegue el instituto sola. No: le doy la patada en la puerta y espero que llegue al instituto acompañada.
Total, que le dije: 
-Vas tardísimo. Cualquier día Amiga-chan se va a ir sin ti -y añadí- y te vas a tener que ir tú sola.
Y Nena-chan se fue.
Lo siguiente que sé es que empezó a sonar un pitido.
El pitido resultó ser el móvil de Nena-chan, en concreto, una llamada entrante en el móvil de Nena-chan.
Que no se había llevado, porque yo estaba tan ocupada echándole la peta que no le había recordado que lo cogiera, como hago todos los días.
ZaraJota atinó a contestar la llamada. 
Era Amiga-chan.
-Que estoy esperando a Nena-chan y no viene.
-Pero si bajó hace un rato...
A partir de ahí todo está un poco borroso. 
Puede que entrara en shock.
No era la primera vez que Nena-chan desaparecía, las cosas como son. Puede que la vez anterior me dejara traumita.
Estuve meses con miedo a dormir porque soñaba que Nena-chan era un bebé y se perdía.
Por lo que sea.
El caso es que recuerdo vagamente decirle a Amiga-chan que no esperara, que tirara para el instituto ella sola, y que ya nos encargábamos del tema.
Ni siquiera se me ocurrió pensar en que la niña no podía tirar sola porque no lo había hecho nunca.
Estaba en shock.
También estaba en bragas y camiseta.
¿Por qué estas cosas siempre me pillan así?
Ni idea.
Me fui a la habitación e intenté vestirme pero era incapaz.
Estaba en shock, ¿vale? 
Amiga-chan tiró para el instituto con su padre, que no tenía previsto para nada darse ese paseo pero no iba a dejar la chiquilla sola y además se ofreció a mirar si veía a Nena-chan por el camino.
ZaraJota salió a ver si la encontraba por el barrio. Cero pruebas cero dudas de que lo hizo corriendo en círculos mientras agitaba los bracitos.
Yo seguía en bragas y camiseta.
Lo único que se me ocurría era esperar a las ocho y llamar al instituto a ver si había llegado.
El padre de Amiga-chan no la había visto en la puerta, así que...
Esperé a que empezaran las clases y llamé al instituto.
Seguía en bragas y camiseta.
-Hola, jeje, soy la madre de Nena-chan, jeje, es que ha habido un malentendido y, jeje, no sabemos si ha llegado a clase hoy, jeje, jeje, ¿me lo podrías confirmar? Es de primero...
-Voy a mirar -fue la respuesta. Por el tono, estoy razonablemente segura de que puso los ojos en blanco y pensó "todos los años hay una". Pero fue a mirar, y me confirmó que Nena-chan había llegado a clase y estaba perfectamente bien.
Bueno, al menos lo había estado hasta que la celadora apareció en clase y le dijo delante de todo el mundo que su madre estaba llamando por teléfono en plan loca de la colina.
Alabado sea el señor. 
Cuando la niña salió de clase, tuvimos una charla con ella. 
Ante todo, le dejamos claro que estábamos muy orgullosos de que hubiera sido capaz de llegar sola. Lo único, le dijimos, era que había que pulir algunos detalles porque, bueno, básicamente casi nos morimos del susto. Nosotros, la amiga, la familia de la amiga...
Otro día os hablo de mi úlcera.
-Es que no entiendo por qué te fuiste sola -le dijo Zarajota.
-Bueno, llegué a donde siempre y Amiga-chan no estaba, así que pensé que se había ido sin mí.
-¡Amiga-chan nunca se iría sin ti! ¿De donde has sacado semejante idea?

[Voz en off]: 
Vas tardísimo. Cualquier día Amiga-chan se va a ir sin ti...
se va a ir sin ti...
sin ti...
sin ti...
sin ti...

Vale, Todo Es Culpa Mía Siempre, lo admito.



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Se acerca la navidad y seguro que tenéis que hacer regalos de compromiso a gente que os cae mal.
Elegid libros de editoriales independientes y os aseguraréis de que hacéis feliz al menos a una persona: a la editora.






















 

11 noviembre 2024

La morfina está sobrevalorada


 Vamos a poner las cartas sobre la mesa: durante los últimos meses, he estado total y absolutamente convencida de que me iba a morir. 
No porque tuviera nada grave, qué va. Estaba bastante segura de que no lo era. El problema era que cuando eres una mujer gordita de mediana edad y no tienes ningún síntoma visible, solo dolor, lo más probable es que te lo estés inventando.
-Vete a casa y si te sigue doliendo tómate un ibuprofeno -te dicen. 
-¿Solo eso?
-Bueno, podrías ir pensando en perder peso.
Que no digo yo que no, pero cuando tienes sientes mucho dolor ahora, lo de "ve perdiendo peso ya si eso" suena un poco como a largo plazo. Y a gordofobia. Pero ese melón no lo vamos a abrir. 
El problema viene cuando después de tomar ibuprofeno sientes más dolor y vuelves a urgencias.
Que quizá os estáis preguntando que por qué no fui a mi médico de cabecera: pues porque fue él quien me derivó a urgencias. para que me hicieran una ecografía urgente. Como su propio nombre indica.
Pero no.
-Pues toma paracetamol -fue la respuesta del médico de urgencias.
-¿Solo eso?
-Bueno, podrías ir pensando en perder peso.
-Ajá.
El dolor empeoró considerablemente con el paracetamol.
El dolor llegaba lo era todo. Vivía con dolor, dormía con dolor, iba a trabajar con dolor y, cuando no podía más, me arrastraba con dolor a urgencias con la esperanza de que se dignaran a, cómo mínimo, hacerme la ecografía que el médico de cabecera había pedido. Pero nada. A lo largo de semanas, el dolor no se fue ni con paracetamol, ni con el diclofenaco, la buscapina, algo llamado odolonta y morfina. Por favor, no me hagáis hablar de la morfina. Está sobrevaloradísima.
Los médicos seguían pensando que mi problema era totalmente imaginario, o postural, o gases, o ansiedad o... espera un momento... espera que estoy viendo que tienes antecedentes de salud mental así que... ¿no lo estarás haciendo por llamar la atención? ¿No? Pueeeeees... ¿has pensado en perder peso?
Yo les pedía que por favor me hicieran una ecografía, que para eso me había mandado mi médico de cabecera, pero no.
-Es que aquí no estamos para diagnosticar.
Que yo eso lo entiendo, de verdad, pero si una persona va a urgencias porque el médico de cabecera considera que necesita una ecografía urgente, le recetas cualquier mierda, y luego sigue teniendo que ir corriendo día tras día porque el tratamiento que le estás poniendo solo sirve para empeorar la situación a lo mejor, a lo mejor, eh, llega un momento de dejar de jugar a la ruleta rusa y hacer una puñetera ecografía. O derivar al servicio normal para que te la hagan. O decirte claramente que estás gorda y ojalá te mueras, y al menos te ahorras los viajes a urgencias, yo qué sé, que están los taxis muy caros.
Durante días, días y días, solo tuve media hora de paz y fue gracias a la morfina (so-bre-va-lo-ra-da, que no os engañen) que me pusieron única y exclusivamente porque intentaron pincharme paracetamol, entré en pánico porque era de las cosas que peor me sentaban y entonces mi marido se vio obligado a intervenir. Entró en boxes, miró al médico a los ojos y le dijo: 
-De verdad le duele mucho. 
Como lo había dicho un hombre, y además estaba delgado, supongo que no les quedó más remedio que hacerle caso.
-Vamos a ponerte morfina. 
-No quiero que me pinchen más al tuntún, quiero que me hagan una ecografía para ver qué pasa.
-No podemos hacerte la ecografía si te duele tanto, te pinchamos morfina y cuando te haga efecto te hacemos la ecografía.
Aquello me pareció bastante razonable. Luego pensé en si le dirán lo mismo a la gente con apendicitis o una pierna partida en ocho trozos, y me pareció menos razonable, pero era lo que había.
-Bueno, vale. 
La morfina, que está sobrevaloradísima, me metió un viaje que la niña del Exorcista lo intenta y se queda corta. Mientras me veía convulsionar como si estuviera fuera de mi cuerpo, solo pensaba que me daba igual con tal de que me hicieran la puta ecografía. Mi marido me sujetaba a la cama y le preguntaba a los médicos si eso era normal y los médicos le decían que sí y se reían pero no me importaba, porque por fin me iban a hacer la puta ecografía. Y creo que se me fue el pis. Lo que fuera por la ecografía, ya casi estaba...
Así me dormí, pensando en la ecografía. 
Cuando el dolor volvió a despertarme, estaba sola otra vez; los niños llevaban muchas horas en casa y el algún momento del subidón le dije a mi marido que se fuera con ellos. Ya no necesitaba la validación de un hombre para que me creyeran. O eso pensaba yo.
El médico se acercó a la cama, todavía riéndose. 
-Qué sueño has echado, ¿eh? ¿Ya no te duele?
Literalmente me había despertado el dolor, pero no estaba yo en posición de llevarle la contraria a nadie.
-Ahora estoy mejor, ¿ya me pueden hacer la ecografía?
-¡Pero si estabas durmiendo tan ricamente hace un segundo! Eso es que ya no te hace falta. Vete para casa y si te duele toma paracetamol.
-¿...solo eso?
-Bueno, perder peso no te iría mal.
 Ah, bueno, pues haberlo dicho antes.



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16 septiembre 2024

El tiempo que necesites



En primer lugar, me gustaría desmentir que me haya pasado todo el verano yendo al médico: también he pasado por la consulta de la enfermera. 
Otra cosa que he hecho ha sido tener cuatro trabajos diferentes.
Pero no a la vez, ¿eh?
Bueno, más o menos. 
Todo empezó porque tenía (¿tengo?) mi trabajo como autónoma pero como me gusta cobrar de vez en cuando (tampoco mucho, una vez al mes o así me va bien) también tenía un trabajito por cuenta ajena a media jornada. 
Entonces me ofrecieron un trabajo a jornada completa. 
Esto os va a sorprender porque le pasa a poca gente, pero a mí lo de trabajar todo el día no me gusta especialmente, o sea, tengo cosas mejores que hacer. Lo que sí me gusta, como decía antes, es cobrar de vez en cuando, especialmente si es cobrar mucho, y por ahí fue por donde me pillaron, que si no de qué. 
Así fue como empecé a hacer cosas terribles como madrugar y relacionarme con otras personas. Bueno, tampoco tanto porque teletrabajaba la mayor parte del tiempo. Pero, al parecer, lo poco que me relacioné fue suficiente para pillar la tos ferina, cosa que seguramente os sorprenda porque es un tema del que apenas he hablado los últimos meses.
No voy a decir que haya estado grave, pero he estado jodida. Como los que me seguís en la red social anteriormente conocida como Twitter seguramente habéis deducido por el humor del que he estado todo el verano. Pero bueno. Mis disculpas a los damnificados: mi única excusa es que he estado realmente jodida. Aunque no lo hubiera estado, al parecer es bastante contagiosa y se puede llevar por delante a las personas de riesgo, así que me tuve que coger la baja cuando no llevaba ni un mes trabajando.
La empresa se portó fenomenal. "Tómate el tiempo que necesites". "Lo importante es que te pongas bien". "No te preocupes por nada". "Te estaremos esperando".
Efectivamente, me estaban esperando: en cuanto me reincorporé me dieron la patada.
Por zoom.
-Tu desempeño del último mes -me dijeron- ha sido inferior al esperado.
-Pero si no he venido a trabajar.
-Tu rendimiento ha sido mucho inferior al de tus compañeros.
-A lo mejor es porque ellos han estado trabajando y yo no.
-Francamente, esperábamos más de ti.
-Yo también esperaba estar sana, la vida te da sorpresas.
-A veces estas cosas pasan, no es culpa de nadie.
-¿Que no es culpa de nadie? Pero si la compañera que se sienta justo al lado de mí avisó de que sus dos hijos estaban con tos ferina grave, ella misma ha tenido síntomas leves, pidió teletrabajar todos los días para no contagiar a nadie, y le dijisteis que no porque "sentaría un mal precedente". Literalmente es culpa vuestra. 
-No puedes demostrarlo.
De verdad que dijeron "no puedes demostrarlo". Como un malo de Scooby Doo. O sea, "no puedes demostrarlo". Que, ciertamente, no puedo. Pero cuando te has pasado días enteros al lado de una persona haciendo cof, cof, que tos más rara tengo, una llega a conclusiones, no sé, llamadme loca.
Mi entonces jefe y el responsable de recursos humanos seguían en la pantalla diciendo cosas cuando ZaraJota abrió una rendijita de la puerta, me señaló el carro de la compra y me dijo muy bajito:
-Me voy a la calle. 
-Mira qué casualidad: yo también. 



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Comprad mis libros, a ver si me quito de madrugar.


03 junio 2024

A la hora en punto


 
Vosotros no lo sabéis porque no os lo he dicho nunca, pero mi gato está gordo fuertecito.
Cuando llegó a mi casa pesaba, según su cartilla, 13,5 kilos, que es un peso muy razonable si eres, pongamos por caso, un tigre, pero empieza a ser un poco demasiado para un gato.
El veterinario me echó la bronca como si lo hubiera cebado yo, pero claro, supongo que me vio gorda y la gordura es como el mariconismo, que se pega por contacto, así que dio por hecho que la culpable era yo.
Esto me sentó regular tirando a mal y me tomé como un reto personal que el gato recuperara su peso ideal.
Bueno, su peso ideal no, porque según el veterinario su peso ideal son 7 kilos y a mí me parece que un gato con esta envergadura (jajajaja, en verga dura, jajajaja) si se queda en 7 kilos va a ir desmayándose por las esquinas. 
Así fue como llegó a nuestras vidas el dispensador automático o, como lo llama Patch, el dispiensador.
Al gato, que le retiráramos el comedero y le pusiéramos aquello no le hizo ninguna gracia.
Podría decirse que se cagó en mis muertos pero en realidad donde se cagó fue en mis zapatos. 
Dentro, en todo el medio.
Jamás una mierda de gato había sido depositada con tanta precisión.
Al menos, pensé, el gato sabe quién manda en esta casa.
Los zapatos salieron de nuestras vidas pero el dispensador se quedó.
Más o menos.
Porque el primero vino con un pequeño defecto de fábrica y se adelantaba más o menos un minuto en cada toma, y como eran seis tomas (muy pequeñas, eh) al día se adelantaba seis minutos al día, y a los diez días ya era una hora, y al más ya estaba tomando siete tomas en vez de seis, y a los dos meses ha eran ocho.
Que no es que el gato se quejara.
Él lo llevaba con resignación. O sea, se estaba poniendo gocho, como para quejarse.
Pero a nosotros nos pareció que aquello estaba empeorando el problema, reclamamos al fabricante y nos devolvieron el dinero, que no la paz.
Entonces fue cuando nos regalaron otro dispiensador.
Este funciona perfectamente y además el depósito es tan grande que podemos olvidar de rellenarlo durante semanas.
A veces demasiado.
Hace unos días me desperté a las seis de la mañana con muchísimas ganas de hacer pis.
Esto es raro, porque una de las tomas del dispiensador es a las dos de la mañana, y después de comer el gato siempre necesita desalojar, y cuando necesita desalojar siempre me despierta para que le abra la puerta de la terraza, y yo todas las noches a las dos de la mañana me levanto, voy a la cocina, le explico al gato que la puerta de la terraza está abierta, que es corredera, el gato me dice "ah, sí", y yo ya aprovecho que estoy de pie aprovecho para hacer pis.
Por eso era raro que me despertara a las seis de la mañana con ganas de hacer pis, porque normalmente ya lo tengo hecho de las dos.
Pero ese día el gato no me había despertado.
Pensé que por fin había aprendido a distinguir los estados "abierto" y "cerrado" de la puerta de la terraza y me regocijé en todas las noches de dormir del tirón que me esperaban por delante. El gato, mientras tanto, maullaba delante del comedero.
-No toca hasta las ocho.
-Miau.
-Quedan dos horas.
-Miau.
-Ni miau ni miou, Comes cuando te toque.
A las ocho, el gato se puso pesadísimo pero yo llegaba tarde a trabajar y no le hice ni caso.
A las dos, el gato se puso pesadísimo pero ZaraJota llegaba tarde a recoger a los niños y no le hizo ni caso.
A las ocho (de la tarde) el gato se puso pesadísimo de nuevo.
-Acabas de comer.
-MIAU.
-Hasta las dos no vuelve a tocar.
-MIAU.
-No es culpa mía, es el dispiensador. El malo, el dispiensador, es maaalooo.
Al gato no le convencieron mis argumentos de peso y siguió dando la turra. Como nunca. Se frotaba contra mí, maullaba como un descosido, agredía al dispiensador (le hacía el medievo, que diría también Patch)...
-Tu gato está tontísimo. 
ZaraJota Vino a Ver. 
Cuando ZaraJota Viene a Ver pasan cosas.
-Lorz, el dispiensador está vacío.
-Uy...
-Con razón está tan pesado, se ha debido saltar una toma.
Sí, sí, una.


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El problema de escribir libros es que luego pretendes venderlos. pretendes venderlos.