Hoy,
los mismos políticos que impidieron la ampliación de la baja por maternidad (y paternidad);
que aprobaron una ley que permite despedir a mujeres embarazadas siempre y cuando en el motivo de despido no ponga "te echamos por estar embarazada";
que permiten que en las entrevistas de trabajo se siga preguntando, aunque sea veladamente, si tienes hijos o planeas tenerlos;
que perpetúan la existencia de trabajos precarios, impidiendo que las familias ofrezcan una mínima seguridad y estabilidad a sus hijos, si es que se pueden permitir tenerlos;
que no han aprendido nada, y vuelven a apostar por la especulación inmobiliaria;
que boicotean hasta el intento más nimio de conciliación;
que son ciegos ante la brecha salarial y el techo de cristal;
que convirtieron las ayudas a la dependencia en un proceso kafkiano, tan lento y farragoso que muchos de los solicitantes mueren antes de haber recibido ni un solo euro;
que incluyen o eliminan ciertas vacunas del calendario según lo cerca que estén las elecciones;
que no dan cobertura ni a dentista ni a oculista, salvo para mirar al niño y decir "pues mira, sí, necesita un empaste/gafas";
que subieron los precios de las guarderías públicas hasta hacerlos prohibitivos para las familias con rentas medias;
que están desmantelando la sanidad y la educación públicas, y encima se atreven a insultar a los profesionales de ambos sectores;
que reducen más y más las becas y que han convertido la palabra "becario" en una forma bonita de decir "esclavo";
que, en definitiva, convierten la maternidad en algo mucho más difícil de lo que tendría que ser, y que solo se preocupan de los niños para usarlos como arma arrojadiza en sus debates;
hoy,
esos políticos y, no lo olvidemos, políticas,
llamarán por teléfono a sus mamás,
o se presentarán en su puerta un ramo de flores.
Y como el amor de madre es ciego sus madres pensarán:
"siempre fue un chico estupendo".
Mostrando entradas con la etiqueta día de la madre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta día de la madre. Mostrar todas las entradas
06 mayo 2018
01 mayo 2015
Día de la madre 2015: cuestión de estilo
Y no me vengáis con que no es el día de la madre, porque para una madre su día es aquel en el que ha dormido más de cuatro horas seguidas.
Si eres madre o vas a serlo, seguramente te has enfrentado alguna vez a esa terrible pregunta:
¿Lo estoy haciendo mal?
Hoy, por ser el día que es, y porque me siento generosa, voy a sacaros de vuestra angustia y responder a vuestras dudas.
Sí.
La respuesta es sí.
Lo estás haciendo mal.
De hecho, lo estás haciendo TAN mal que cualquier día la Madre Naturaleza™ abrirá sus carnes de piedra para tragarse a toda la civilización, castigándola por lo mal que lo estás haciendo.
Ojo, que no lo digo yo.
Lo dice tu vecina cuando te grita que llevajarniño mu dehpechugao, que vacogé frío. Y la misma vecina, cuando al siguiente te vuelve a gritar que llevajer chiquillo pa criá polloh, con la caló que hase.
Lo dice tu cuñada cuando te pregunta si piensas darle teta al niño hasta que tenga quince años (para una fruta serie que ve y tenía que ser Juego de Tronos). Lo dice la expresión de la gente cuando les explicas que das biberón porque nunca te subió la leche (eres menos mujer por eso Y LO SABES). Y lo dice muy elocuentemente la matrona cuando le explicas que no quieres dar teta y que vas a enchufar al nene al biberón directamente (my boobs, my rules).
Lo dice tu suegra cuando descubre que colechas (no te apures, cuando queremos jugar al parchís usamos tu cama; ahora que sacas el tema, quizá deberías cambiar las sábanas, puede que haya habido un... eh... accidente). Lo dicen tus amigas cuando descubren con horror que mandaste la cuna y lo que habita dentro a la primera oportunidad (el condenado RONCA).
Lo dice tu tía abuela cuando te aconseja que no lo cojas tanto, que se acostumbra; y cinco minutos más tarde cuando te pide que le dejes cogerlo, que hay que ver como eres, que no la dejas cogerlo nunca (que qué?).
Lo dice esa señora que oye llorar a la nena en el bus y te grita que lo que tienes que hacer es darle chupete (lo siento, a mi hija le da arcadas chupar el látex, no como a tu hija la "actriz"). Lo dice ese señor que te pregunta si piensas dejarle el chupete hasta que cumpla quince años (¿por qué? ¿cree que los niños de quince años deberían estar chupando otra cosa?).
Lo dice tu madre cuando empieza "yo a ti nunca" o "yo a ti siempre" (a mí me lo vas a contar).
Lo dice ese señor cuando murmura con desprecio que en sus tiempos no había tantas tonterías (tampoco había ese arsenal de medicamentos, pagados con MIS impuestos, que TÚ te tomas para seguir vivo, así que supongo que estamos empatados, no?).
Lo dicen los ecologistas que se llevan las manos a la cabeza porque usas pañales desechables (tú sabes lo que contamina ESO?) y los ecologistas que se echan las manos a la cabeza porque usas pañales de tela (tú sabes la cantidad de detergentes que se vierten a los ríos con ESO?).
Lo dicen quienes te preguntan por qué tu hija no lleva pendientes, o por qué tu hijo juega con muñecas.
Lo dice tu pareja cuando te pregunta si estás segura de lo que vas a hacer y te dan ganas de gritarle ¡¡¡PUES CLARO QUE NO!!! ¿¿¿QUIÉN TE CREES QUE SOY, LA FRUTA MARÍA MONTESSORI???
Y lo dice tu conciencia, esa mala pécora, cuando pones FRANFURQUECHU para cenar por tercera noche consecutiva, porque llevas una semana trabajando más de doce horas diarias y no has tenido ni un minuto para ir a la compra.
En fin, admitámoslo: somos la generación de mujeres con más formación e información de la historia (tanto en lo profesional como en lo maternal), y ni así damos con la tecla. Así que no sé, lo mismo ha llegado el momento de asumir que "hacerlo bien" con los hijos consiste, simplemente, en quererlos mucho.
Todo lo demás es cuestión de estilo.
Pd. Me dice aquí la Monstrua que la próxima semana hay en Coslada un Encuentro Para Mamás que lo Hacen Mal. Animarse, que tiene muy buena pinta.
Si eres madre o vas a serlo, seguramente te has enfrentado alguna vez a esa terrible pregunta:
¿Lo estoy haciendo mal?
Hoy, por ser el día que es, y porque me siento generosa, voy a sacaros de vuestra angustia y responder a vuestras dudas.
Sí.
La respuesta es sí.
Lo estás haciendo mal.
De hecho, lo estás haciendo TAN mal que cualquier día la Madre Naturaleza™ abrirá sus carnes de piedra para tragarse a toda la civilización, castigándola por lo mal que lo estás haciendo.
Ojo, que no lo digo yo.
Lo dice tu vecina cuando te grita que llevajarniño mu dehpechugao, que vacogé frío. Y la misma vecina, cuando al siguiente te vuelve a gritar que llevajer chiquillo pa criá polloh, con la caló que hase.
Lo dice tu cuñada cuando te pregunta si piensas darle teta al niño hasta que tenga quince años (para una fruta serie que ve y tenía que ser Juego de Tronos). Lo dice la expresión de la gente cuando les explicas que das biberón porque nunca te subió la leche (eres menos mujer por eso Y LO SABES). Y lo dice muy elocuentemente la matrona cuando le explicas que no quieres dar teta y que vas a enchufar al nene al biberón directamente (my boobs, my rules).
Lo dice tu suegra cuando descubre que colechas (no te apures, cuando queremos jugar al parchís usamos tu cama; ahora que sacas el tema, quizá deberías cambiar las sábanas, puede que haya habido un... eh... accidente). Lo dicen tus amigas cuando descubren con horror que mandaste la cuna y lo que habita dentro a la primera oportunidad (el condenado RONCA).
Lo dice tu tía abuela cuando te aconseja que no lo cojas tanto, que se acostumbra; y cinco minutos más tarde cuando te pide que le dejes cogerlo, que hay que ver como eres, que no la dejas cogerlo nunca (que qué?).
Lo dice esa señora que oye llorar a la nena en el bus y te grita que lo que tienes que hacer es darle chupete (lo siento, a mi hija le da arcadas chupar el látex, no como a tu hija la "actriz"). Lo dice ese señor que te pregunta si piensas dejarle el chupete hasta que cumpla quince años (¿por qué? ¿cree que los niños de quince años deberían estar chupando otra cosa?).
Lo dice tu madre cuando empieza "yo a ti nunca" o "yo a ti siempre" (a mí me lo vas a contar).
Lo dice ese señor cuando murmura con desprecio que en sus tiempos no había tantas tonterías (tampoco había ese arsenal de medicamentos, pagados con MIS impuestos, que TÚ te tomas para seguir vivo, así que supongo que estamos empatados, no?).
Lo dicen los ecologistas que se llevan las manos a la cabeza porque usas pañales desechables (tú sabes lo que contamina ESO?) y los ecologistas que se echan las manos a la cabeza porque usas pañales de tela (tú sabes la cantidad de detergentes que se vierten a los ríos con ESO?).
Lo dicen quienes te preguntan por qué tu hija no lleva pendientes, o por qué tu hijo juega con muñecas.
Lo dice tu pareja cuando te pregunta si estás segura de lo que vas a hacer y te dan ganas de gritarle ¡¡¡PUES CLARO QUE NO!!! ¿¿¿QUIÉN TE CREES QUE SOY, LA FRUTA MARÍA MONTESSORI???
Y lo dice tu conciencia, esa mala pécora, cuando pones FRANFURQUECHU para cenar por tercera noche consecutiva, porque llevas una semana trabajando más de doce horas diarias y no has tenido ni un minuto para ir a la compra.
En fin, admitámoslo: somos la generación de mujeres con más formación e información de la historia (tanto en lo profesional como en lo maternal), y ni así damos con la tecla. Así que no sé, lo mismo ha llegado el momento de asumir que "hacerlo bien" con los hijos consiste, simplemente, en quererlos mucho.
Todo lo demás es cuestión de estilo.
Pd. Me dice aquí la Monstrua que la próxima semana hay en Coslada un Encuentro Para Mamás que lo Hacen Mal. Animarse, que tiene muy buena pinta.
01 mayo 2011
Día de la madre 2011
Interrumpimos la programación habitual porque hoy es el día de la madre.
Podría hablar de lo mucho que me quiere mi mamá y lo mucho que la quiero yo a ella, pero está feo presumir.
En vez de eso, voy a reirme un poco de ella, y luego cuando vaya a comer dirá "que tonta es mi hija" y me dará de collejas. Con amor, eso sí.
Cuando me independicé, mi madre me llamaba algo así como tres veces al día. Me preguntaba de todo, desde qué había hecho para comer hasta que si limpiaba la casa. Era MUY preocupante. Y me quitaba mucho tiempo. Y era incómodo, porque tenía el teléfono en un sitio muy raro. A medida que pasaban los meses y la situación se mantenía, puse una silla plegable al lado del teléfono. La llamo "la silla de hablar con La Tita del Puerto", pero esa es otra historia, y tendrá que ser contada en otra ocasión.
Con el tiempo la situación mejoró. Ahora casi no me llama nunca, sólo un día de cada dos. Y si no me llama la llamo yo, por si le ha pasado algo.
Además, con mi independencia madre desarrolló otra costumbre curiosa: cada vez que iba a su casa, me daba una tableta de chocolate y una lata de espárragos.
-¿Y esto?
-Para que te lo comas en casa.
Yo estaba fascinada.
Podía llegar a entender lo del chocolate, porque todo el mundo sabe que me encanta, y me lo compraba del bueno-bueno. Lo de la lata de espárragos es un misterio. Es decir, los espárragos me gustan mucho, solos, con mayonesita, en ensalada... y también me los compraba de los buenos-buenos. Pero nunca he tenido una predilección especial hacia ellos. En cambio, sí la tengo, por ejemplo, por los mejillones, que me vuelven loca, o por las aceitunas machacás, cuanto más fuertes mejor.
Que mi madre siguiera dándome una lata de espárragos cada semana era un misterio para mí.
Además, durante meses mi pis olió raro.
Al final se le pasó. Ahora, cuando voy, sólo me da el correo, que sigue llegando misteriosamente allí a pesar de que he cambiado varias veces la dirección en todas partes.
El año pasado se independizó Hermano Pequeño y mis padres no perdieron un hijo: ganaron una habitación. Más o menos. Porque Hermano Pequeño todavía no se ha llevado todas sus cajas, y eso genera un cierto resquemor en mi madre, pero esa es otra historia y tendrá que ser contada en otra ocasión.
La cuestión es que la semana pasada fuimos a comer con mis padres, y, cuando llegó la hora de irnos, mi madre le dió una caja de galletas de marca blanca a Hermano Pequeño.
-¿Y esto?
-Para que te lo comas en casa.
-¿Por qué?
-Porque son las que te gustan.
Hermano Pequeño estaba fascinado. Miraba las galletas y miraba a mi madre, preguntándose a qué venía aquello de pronto.
En cambio, yo acababa de encajar todas las piezas. Viendo las galletas, de pronto, todo tenía sentido.
-Mis espárragos eran de marca -le expliqué a Hermano Pequeño-. A mí me debe querer más.
Pd. Dedicado a una persona que ha salido de cuentas. Esperamos con ilusión.
Editado 02/05/2011
Ayer fui a comer con mi familia para celebrar el día de la madre.
Por la noche mi madre me llamó por teléfono.
-¿Te has encontrado algo en el bolso?
-No.
-Jijiji, pues mira, mira.
Y miré, y me encontré una lata de espárragos.
-¡El que ríe el último ríe mejor! -me dijo.
Podría hablar de lo mucho que me quiere mi mamá y lo mucho que la quiero yo a ella, pero está feo presumir.
En vez de eso, voy a reirme un poco de ella, y luego cuando vaya a comer dirá "que tonta es mi hija" y me dará de collejas. Con amor, eso sí.
Cuando me independicé, mi madre me llamaba algo así como tres veces al día. Me preguntaba de todo, desde qué había hecho para comer hasta que si limpiaba la casa. Era MUY preocupante. Y me quitaba mucho tiempo. Y era incómodo, porque tenía el teléfono en un sitio muy raro. A medida que pasaban los meses y la situación se mantenía, puse una silla plegable al lado del teléfono. La llamo "la silla de hablar con La Tita del Puerto", pero esa es otra historia, y tendrá que ser contada en otra ocasión.
Con el tiempo la situación mejoró. Ahora casi no me llama nunca, sólo un día de cada dos. Y si no me llama la llamo yo, por si le ha pasado algo.
Además, con mi independencia madre desarrolló otra costumbre curiosa: cada vez que iba a su casa, me daba una tableta de chocolate y una lata de espárragos.
-¿Y esto?
-Para que te lo comas en casa.
Yo estaba fascinada.
Podía llegar a entender lo del chocolate, porque todo el mundo sabe que me encanta, y me lo compraba del bueno-bueno. Lo de la lata de espárragos es un misterio. Es decir, los espárragos me gustan mucho, solos, con mayonesita, en ensalada... y también me los compraba de los buenos-buenos. Pero nunca he tenido una predilección especial hacia ellos. En cambio, sí la tengo, por ejemplo, por los mejillones, que me vuelven loca, o por las aceitunas machacás, cuanto más fuertes mejor.
Que mi madre siguiera dándome una lata de espárragos cada semana era un misterio para mí.
Además, durante meses mi pis olió raro.
Al final se le pasó. Ahora, cuando voy, sólo me da el correo, que sigue llegando misteriosamente allí a pesar de que he cambiado varias veces la dirección en todas partes.
El año pasado se independizó Hermano Pequeño y mis padres no perdieron un hijo: ganaron una habitación. Más o menos. Porque Hermano Pequeño todavía no se ha llevado todas sus cajas, y eso genera un cierto resquemor en mi madre, pero esa es otra historia y tendrá que ser contada en otra ocasión.
La cuestión es que la semana pasada fuimos a comer con mis padres, y, cuando llegó la hora de irnos, mi madre le dió una caja de galletas de marca blanca a Hermano Pequeño.
-¿Y esto?
-Para que te lo comas en casa.
-¿Por qué?
-Porque son las que te gustan.
Hermano Pequeño estaba fascinado. Miraba las galletas y miraba a mi madre, preguntándose a qué venía aquello de pronto.
En cambio, yo acababa de encajar todas las piezas. Viendo las galletas, de pronto, todo tenía sentido.
-Mis espárragos eran de marca -le expliqué a Hermano Pequeño-. A mí me debe querer más.
Pd. Dedicado a una persona que ha salido de cuentas. Esperamos con ilusión.
Editado 02/05/2011
Ayer fui a comer con mi familia para celebrar el día de la madre.
Por la noche mi madre me llamó por teléfono.
-¿Te has encontrado algo en el bolso?
-No.
-Jijiji, pues mira, mira.
Y miré, y me encontré una lata de espárragos.
-¡El que ríe el último ríe mejor! -me dijo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)