21 septiembre 2020

El sello de aprobación


Como seguramente sepáis todos los que me hayáis visto llorar en Twitter, Correos no ha estado funcionando demasiado bien. 
A ver, partimos de la base de que Correos no ha funcionado demasiado bien nunca. O sea, se supone que el servicio que ofrecen es enviar cosas, pero cuando vas a enviar algo y te dicen "si no quieres que se pierda por el camino es mejor que lo envíes certificado" llega un momento en el que más que un servicio parece una extorsión.
Pero bueno, en condiciones normales sabes que pagas el impuesto revolucionario certificado y las cosas llegan.
El problema es que este año no está siendo muy normal, no sé sí lo habéis notado. 
La madre que lo parió. 
Así que cuando llegó el momento de enviar las recompensas del #relorzfunding, allá por febrero, las cosas no salieron exactamente como esperaba.
Primero, todo lo que envié a finales de febrero y principios de marzo vino devuelto. 
¿Por qué?
"Ausente de domicilio".
Es decir: según Correos, durante el mes de marzo de 2020, en pleno estado de alarma y con el confinamiento más estricto, no pudo entregar los paquetes porque los mecenas no estaban en su puñetera casa. 
Que a ver, pongamos por caso que los mecenas son un poco sinvergüenzas, no digo yo que no, y que alguno estuviera bailando la conga en la calle cuando estaba prohibido, pero ¿todos? Pues no sé, me cuesta un poco creerlo, la verdad.
Visto lo visto, detuve el envío de recompensas y esperé a tiempos mejores.
Los tiempos mejores todavía no han llegado porque sigue siendo 2020 y eso, pero al menos pasados unos meses nos desconfinaron y retomamos los envíos.
Y ojo, que algunos llegaron. Pero aproximadamente el 20% no. Esta vez, el motivo no era "ausente de domicilio" sino, en la mayoría de los casos, "no recogido en oficina". 
Después de hablar con varios mecenas, llegué a la conclusión de que no habían recogido los paquetes porque Correos no les había dejado aviso en el buzón de que tuvieran que recoger nada y como resulta que no son adivinos pues no se les había ocurrido pasar por la oficina a ver si tenían algo. 
(Y si lo hubieran hecho, les habrían dicho que no podían darles nada sin el aviso).
Entonces llegó agosto y alcanzamos una nueva fase en la que los paquetes ni llegaban ni volvían y no teníamos ni idea de lo que había pasado. 
Os cuento todo esto para poneros en antecedentes de lo que ocurrió a continuación.
En septiembre, y cuando yo empezaba a estar un poco hasta las narices de Correos, del #relorzfunding y de la rana cantando debajo del agua, empecé a encontrarme avisos en el buzón porque al parecer, el destinatario no estaba en casa cuando le fueron a llevar el paquete pero yo tampoco cuando vinieron a devolvérmelo, a pesar de que mi marido trabaja en casa y sólo sale a tirar la basura, y yo sólo salgo a llevar a los niños al colegio y hacer la compra y además normalmente la que le abre la puerta al cartero soy yo. 
Pero bueno, supongo que, ciertamente, si estoy abajo abriéndole la puerta al cartero no estoy en mi casa para que me entreguen el paquete: un punto para ti, Correos.
En fin. 
El caso es que acumulé avisos de correos y cuando ya tenía un taco que era como el tomo de la A de la enciclopedia me fui a la oficina feliz como una lombriz. 
-No podemos darte estos paquetes-me dijeron-: están a nombre de FoscaNetworks.
En aquel momento maldije muy mucho y por lo bajo la idea de usar pegatinas para ahorrarme poner el nombre del remitente.
Por suerte iba preparada.
Yo siempre voy preparada.
O sea: tengo hijos y son un poco trolls.
Más me vale ir preparada.
-Ah, claro, pero he traído toda esta documentación que demuestra que puedo operar en su nombre.
-Eso no me sirve.
Ahí reconozco que bufé un poco por lo bajo porque si la documentación le sirve a Hacienda, a la Seguridad Social e incluso a Correos para hacerme la tarjeta Correos que usé para enviar por Correos los mismos paquetes que ahora estaba intentando recuperar en Correos, no entendía por qué no le podía servir a Correos. 
Pero bueno.
-Está bien: ¿qué necesitaría para demostrar que puedo operar en nombre de FoscaNetworks?
-Un sello.
-¿Cómo?
-Un sello de caucho. 
-Tiene que ser una broma.
-Ya sabes, con el mando de madera y las letritas; lo mojas en tinta y...
Salí de la oficina que no sabía si reírme o si llorar o qué. 
Después de toda la documentación que había llevado... ¿les parecía más fiable un sello?
Pero si se pueden hacer hasta con una patata...
De hecho, hace meses que compuse un sello para mandarlo a hacer, pero todavía no lo había encargado porque me parecía que en el siglo XXI ya lo teníamos superado.
En fin. Salí de la oficina de Correos y ya que estaba al lado me metí en el Lidl a comprar patatas para hacer un sello porque había visto que tenían cosas para la vuelta al cole y pensé que dadas las circunstancias por todos conocidas serían lexatines o algo así.
Resultó que lexatines no había, en cambio tenían sellos para marcar la ropa.
Nada más verlos me entró la risa floja.
Puedo, pensé, ir a casa, donde tengo unos iguales para marcar la ropa de mis hijos, componer un sello y volver a Correos mañana. 
Ooo, puedo comprar otro, componerlo aquí mismo y llevarme los dichosos paquetes del #relorzfunding hoy.
Así que compré el sello, lo compuse sobre la marcha, sellé los avisos de correos y volví a la oficina. 
Reconozco que me sentía un poco estafadora de la vida. Me sudaban las palmas de las manos y un sudor frío recorría mi espina dorsal porque he leído mucho Stephen King. Le enseñé los avisos sellados a la señorita de la ventanilla y le dirigí mi mejor sonrisa inocente, aunque ella jamás lo supo porque llevaba la mascarilla puesta, claro.
-Pero esto... 
ES UN SELLO DEL LIDL PARA MARCAR LA ROPA DE LOS NIÑOS Y LO ACABO DE MONTAR YO MISMA EN UN BANCO DE LA CALLE ESTÁ BIEN LO CONFIESO POR FAVOR NO LLAME A LA POLICÍA...
-¿Sí?
-Se han olvidado de autorizarte. ¿Ves? Además de poner el sello, la empresa tiene que rellenar el campo de "Autorizo a...".
Está bien, Lorz, tranquilízate: todo está bien. Te han pedido un sello de la empresa y tú has hecho un sello para la empresa, por fin. No hay que ponerse nervioso. Es perfectamente válido ya que, entre otras cosas, en cualquier caso tendrías que ser tú la que encargara el puñetero sello.
Compórtate con naturalidad y todo irá bien.
-Entonces, ¿la empresa sólo tiene que rellenar ese campo?
Muy bien, Lorz. Disimula.
-Eso es.
-Estupendo. ¿Me presta ese boli un momento?
Adiós al disimulo.


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¿Problemas de espacio? 
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14 septiembre 2020

La vida interior

 
―He pillado lombrices en el pueblo ―le dije a ZaraJota.
―Ya lo sé ―me contestó, muy despacio―, el verano pasado.
El verano pasado volví del pueblo con lombrices. El médico me dijo que lo más seguro era que me lo hubieran pegado los niños, pero mis hijos no tenían ni tuvieron absolutamente ningún síntoma de vida interior.
Sin embargo, como habíamos hecho muchas excursiones, nos habíamos sentado a comer bocatas en cualquier lado, nos habíamos bañado en el río, habíamos comido moras directamente de la mata y por supuesto sin lavar y habíamos compartido merienda con prácticamente todos los niños de la calle pensé que bueno, simplemente me había tocado y punto. Me tomé las pastillas, dejé que el genocidio siguiera su curso y al poco tiempo estaba como siempre: muerta por dentro.
―No ―le insistí a ZaraJota―; este año también he pillado lombrices.
―Es imposible. 
Este año, por ya-sabéis-qué, no ha habido excursiones, ni bocatas, ni río, ni moras, no compartir. 
Aunque lo hubiera habido, nos lavamos las manos con tal frecuencia que cualquier intento de invasión parasitaria habría fracasado por puro aburrimiento.
―Eso sólo puede significar una cosa ―dijo ZaraJota.
―¿Que en realidad era el marido el que le mandaba el ramito de violetas?
―...no. Que tienen que estar en algún lado dentro de la casa.
―Pero entonces todos tendríamos lombrices.
Desde el principio del verano, prácticamente toda mi familia ha pasado, por turnos, temporadas en la casa.
―Tiene que haber algo en la casa que sólo hagas tú...
―¿Escribir novelas de zombis?
―...parece poco probable que puedas pillas lombrices por escribir novelas, sean de zombis o de cualquier otra cosa.
―Bueno, el primer Villamatojo lo escribí en trozos de papel higiénico.
―Pero estaba sin usar, ¿no?
―...
―Olvídalo, no quiero saberlo. A ver, piensa qué has podido tocar que no toque nadie más.
―Bueno, los niños y tú no subís al sobrao.
―Pero tu familia sí.
Es una verdad universalmente conocida que en el baño del sobrao es donde mejor se hace popó. 
―Yo subo a tender y a poner la lavadora.
―Tu madre también. 
―Y uso mucho la pila.
―Los niños también.
Cuando no tengo ropa sucia suficiente para poner la lavadora, la meto en la pila, le echo un poco de jabón de lagarto y agua y luego pongo a los niños a "pisar la uva".
Algún día van a necesitar un psiquiatra muy caro, lo presiento.
Pero al pensar en la pila me había acordado de una cosa.
―Bebo agua directamente del grifo de la pila.
Mis padres sólo beben agua embotellada, mis hijos no llegan al grifo, ZaraJota no sube al sobrao y bueno, básicamente no hay nadie tan idiota como para beber de ahí.
―¡Pero Lorz!
―¡El agua de ese grifo sabe mejor!
―¡Pues ahora ya sabes por qué!
Tenía que avisar a mis padres para que no se les ocurriera beber del grifo del sobrao. Así que les llamé y les dije que volvía a tener lombrices.
―Tu gusto en mascotas es de lo más particular ―me dijeron.
―Ya van dos años seguidos, estoy casi segura de la que las pillo por beber agua del grifo de la pila.
―Es imposible, el grifo es nuevo.
―¿Sí?
―Sí, lo cambié yo mismo hace dos ver...
―Ajá. 
Cuando tuvieron oportunidad, mis padres desmontaron el grifo.
―No tienes ni idea de lo que ha salido de ahí.
―Bueno, a ver: un poco de idea me hago.
O sea, que todavía tengo el pompis un poco on fire.
―Menos mal ―le dije después a ZaraJota―, que me he dado cuenta antes de ir a que me hagan la depilación láser en el piticlín.
―Mujer, no pasa nada: le dices que aproveche y haga tiro al blanco: ¡piñum, piñum!
No estoy segura de que sea así como funciona el tema...

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07 septiembre 2020

La siesta

 Pues estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie un sábado por la tarde, durmiendo la siesta en bragas cuando de pronto mi abuela me llamó por teléfono. 
Al principio no me alarmé demasiado porque mi tía (la que vive con mi abuela) y yo nos llamamos igual y mi abuela se confunde a menudo cuando marca.
Lo que pasa es que cuando respondí a la llamada me encontré con que mi abuela estaba llorando. Eso me alarmó un poco más porque mi abuela sólo llora en navidad cuando se toma una copita de vino blanco y se le sube a la cabeza, y la verdad es que me parecía un poco pronto para empezar a celebrar la navidad pero bueno, los supermercados cada vez traen antes los turrones así que por qué no va mi abuela a celebrar la navidad en pleno agosto si le da la gana.
-Niña -me dijo-, que estoy en el hospital.
Ahí ya sí que me empecé a preocupar un poco, porque mi abuela es la típica que siempre está muy mala pero nunca está muy mal, y al hospital va de visita si eso.
-¿Que te ha pasado?
-Naaa... un mareíllo.
Y tenía que ser justo cuando mi padre está a 700 kilómetros, mi tía está a 700 kilómetros (pero no con mi padre) y yo estoy durmiendo la siesta en bragas, claro.
-Voy.
-No hace falta.
¿Entonces para qué me llamas cuando estoy durmiendo la siesta en bragas?, pensé, pero no lo dije porque no quiero que mi abuela sepa que duermo la siesta en ropa interior, a ver si se va a pensar que soy una pervertida o algo.
-Que voy.
-Niña, si con el coronavirus no te van a dejar pasar.
-Mira, se entera mi padre de que me has llamado desde el hospital y no he ido de inmediato y no tengo campo para correr. Voy ahora mismo y si hace falta espero en un banco en la calle.
Llegado este punto empecé a correr por toda mi casa corriendo y agitando los bracitos porque claro, normalmente la que llama desde el hospital a los demás soy yo y nunca me he encontrado en la situación contraria así que no tenía muy claro qué hacer.
Y luego, claro, estaba el covid. De lo primero que me acordé es de que al principio de los tiempos pandémicos se habían pedido donaciones de cepillos y pasta de dientes, "kits de higiene", para los pacientes. Luego me acordé de David Ramírez, que le hizo a su churrings un paquete con calzoncillos y pensé: eso es, tengo que llevarle a mi abuela bragas limpias.
-Pero vamos a ver -me dijo ZaraJota-. ¿Cuánto rato lleva tu abuela en el hospital?
-Me ha dicho que acaba de llegar.
-Entonces a lo mejor es un poco pronto para empezar a pensar en kits de higiene y bragas limpias, ¿no crees?
A mí me parecía que ZaraJota no estaba entendiendo la gravedad del problema, pero decidí seguirle la corriente porque cuando se pone en plan sensato está supersexi.
En ese momento fue cuando me di cuenta de que a lo mejor la que no tenía bragas limpias era yo.
O sea, tenerlas tenía. Lo que pasaba era que llevaba unas dos semanas sin atender la colada y toda la ropa limpia estaba amontonada de cualquier manera y encontrar unas bragas podía llevarme un buen rato.
-Vamos a ver -volvió a intervenir ZaraJota-, ¿qué tienen de malo las bragas que llevas? ¡Te las has puesto esta misma mañana!
-¡Pues que cuando uno va al hospital tiene que ponerse bragas limpias!
-Estoy razonablemente seguro de que la regla, estrictamente, solo se refiere al paciente.
-Oh.
Así fue como acabé en el hospital donde me aseguraron que, efectivamente, mi abuela estaba bien, que solo había sido un mareo, que le darían el alta enseguida y que, aunque por supuesto no podía pasar a verla por el covid, podía quedarme en la sala de espera hasta que la liberaran.
Rápidamente llamé a ZaraJota para darle la buena nueva.
-De todas formas -le dije- creo que debería quedarme esta noche con ella.
-Claro, no hay problema.
-Hombre, tanto como que no hay problema...
-¿Por qué lo dices? ¿Qué ha pasado?
-Pues nada, que no me he traído bragas limpias.


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Ya podéis encontrar Vayamos por partes 1 y 2 tanto en La Sombra como en Lektu.





31 agosto 2020

La tarta de la abuela


 


31 de diciembre de 2019: 
-Este año va a ser súper especial: cumplo cuarenta años de vida, quince de blog, diez años de matrimonio y uno desde que me metí en el último berenjenal y todo coincide con el cumpleaños de los niños así que voy a hacer UN VÍDEO y UNA FIESTA e invitaremos a TODOS nuestros amigos y haremos una FLASH MOB y luego ZaraJota y yo nos iremos de VIAJE solitos los dos y entonces...

10 de marzo de 2020:
-A LA MIERDA TODO.

Visto lo visto, pensé que a lo mejor era fijarme una meta más modesta, como por ejemplo, hacer la tarta de galletas que hacía mi abuela cuando éramos pequeños. 
Sólo había un pequeño problema: no me acordaba de cómo se hacía. 
Me puse a bichear por internet y encontré aproximadamente un millón de recetas de tartas de galletas. ¡Hasta yo he publicado una! 
Pero ninguna llevaba exactamente la crema que yo recordaba, y que llevaba, si mi memoria no me engaña: un chorrito de anís, huevos,un chorrito de anís, mantequilla, un chorrito de anís, azúcar, un chorrito de anís y, aunque no estoy segura del todo, un chorrito de anís.
Lo que no conseguía recordar era si tenía que echarle chocolate en polvo o en tableta de postres, las cantidades exactas y si el chorrito de anís había que echarlo con porrón o con manguera.
Así que recurrí a ese pozo de sabiduría insondable que es Twitter y fuimos cerrando el cerco. ¿Por qué la tarta de mi abuela es totalmente diferente a la que hacían mi madre y mis tías? Ah, porque ella tenía un librito de recetas, venía de regalo con su batidora Moulinex. Rápidamente alguien ató cabos y dijo: pues esta. 
Todo parecía indicar que la receta esa esa, pero después de leerla llegué a la conclusión de que no. Para empezar, sólo lleva 10 ml de licor. Además, no me sonaba nada lo de la harina de maíz. 
Todo apuntaba a que mi abuela había empezado siguiendo la receta de Moulinex pero que con el paso del tiempo la había ido adaptando según dios y Anís del Mono le iban dando a entender. 
Llegado este punto empezaba a estar desesperada. O sea, cumplir 40 años de vida y 10 de casada en plena pandemia, sin poder celebrarlo ni con tus amigos ni con tu familia es una caca de la Vaca Paca y no me quejaba porque es posible que este 2020 hayan pasado cosas peores, pero al menos, como mínimo, quería hacer la tarta de mi infancia, jo. 
Así que tomé una decisión desesperada: le pregunté a mi familia. Seguramente estáis pensando que podía haber empezado por ahí, pero es que mi familia es... complicada. 
"Todas las familias, son complicadas, Lorz". Bueno, cuando vuestra familia haya dado para, no sé, quince años de blog de anécdotas venís y me lo contáis, pero de momento voy a dar por hecho que mi familia es más complicada de lo habitual. Y la abuela de la tarta a la que me refiero está en, digamos, el epicentro de la complicación. Por eso al principio me daba un poco de miedo abrir la caja de los truenos pero luego pensé mira, tengo cuarenta años y si no me la empieza a sudar todo ya no sé a qué espero. 
Así que al final le pregunté a mi madre. Tenía grandes esperanzas puestas en ella porque mi madre tiene un archivador de recetas. No una libretita, no una carpetita. UN P*T* ARCHIVADOR. Porque recortaba las recetas de todas las revistas que pillaba y luego las escribía a máquina y les pegaba la foto y luego cuando tuvo ordenador las pasó a ordenador y cuando la tecnología avanzó incluso les puso una foto.
Pero mira tú por donde, justo la receta de mi abuela no la tiene.
-Esa receta no la tengo porque a mí esa tarta nunca me gustó.
Mi madre es que es así, sutil como una apisonadora.
-¿Y la Tita del Puerto?
-Tampoco.
-¿Le has preguntado o es la mente colmena la que habla?
-La mente colmena no sabe a qué te refieres, la mente colmena se reiniciará ahora.
Viendo que no iba a conseguir nada por esa parte, opté por preguntarle a mi otra tía a la que, dicho sea de paso, hacía como una semana que le habían abierto la cabeza, quitado una válvula de los años 80, puesto otra y vuelto a cerrar, así que lo mismo no estaba como para aguantar muchas gilipolleces, la mujer. 
-Oye, tú no tendrás la receta de la tarta de galleta de la abuela, ¿por casualidad?
-...
-¿Tita?
-Lorz, no necesitas receta para eso -me explicó, muy despacito para que lo asimilara bien-, pones una capa de galletas, luego otra de crema, luego otra de galletas...
"Que pareces tonta", le faltó decir. 
-Ya, ya, si lo que no me acuerdo es de cómo hacía la crema.
-Ah, no, eso ni idea.
Jo.
Me iba a rendir ya cuando recibí un mensaje de Bichejo:
una tarrina de mantequilla...
decía. 
Y yo: 
-¿Que si quiero o que si tengo?
-La receta de la tarta, Lorz.
Ah. 

Así que por fin tenía la receta de la crema, que no de la tarta porque, como sabiamente me dijo mi tía, eso es poner una capa de galletas y otra de crema:
una tarrina de mantequilla
un vaso de azúcar menos dos dedos
tres huevos
una tableta de chocolate para postres

Es tan fácil como:
Derrites el chocolate, esto tiene que ser lo primero para que se vaya enfriando.
Bates las claras a punto de nieve.
Mezclas el chocolate, la mantequilla, el azúcar y las yemas.
Añades las claras muy despacio. 

Luego mojas las galletas en anís, leche y anís y vas poniendo capas.

Como la tarta está mejor de un día para el otro, me puse a hacerla la víspera del cumpleaños. 
Lo que pasa es que cuando tuve los ingredientes delante, pensé que quizá no estuviera a la altura del paladar refinado de los niños del siglo XXI, así que empecé a hacer cambios; por ejemplo, en vez de chocolate para postres usé chocolate con leche y en vez de un vaso de azúcar le eché medio y en vez de remojar las galletas en leche con anís las remojé sólo en leche y en vez de...
-¿Estás intentando decirme -me preguntó ZaraJota- que después de estar buscando la receta durante meses, cuando por fin te has puesto a cocinar has hecho lo que te ha dado la gana?
-Hombre, si lo dices de esa manera...

El caso es que la tarta quedó bien, pero no era como yo la recordaba.
-A lo mejor es porque no has seguido la receta -sugirió ZaraJota, que es muy de regodearse en el sufrimiento ajeno.
-No es eso... creo que en el fondo yo lo que quería era volver a sentir lo mismo que cuando era pequeña y mi abuela me hacía la tarta. Pero supongo que eso es imposible, porque en realidad lo que me ponía tan contenta era ser niña, y que fuera mi cumpleaños, y que mi abuela me hiciera una tarta...
-...y que le echara una botella entera de anís.
Vale, sí, igual eso influía también.



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25 agosto 2020

40



Miro el calendario y descubro con horror que hoy, de entre todos los días posibles, cumplo cuarenta años. Sí, así es. Lo he comprobado con la agenda, el teléfono y el ordenador, incluso he mirado la fecha de nacimiento de mi DNI. Todo concuerda. Ya no hay vuelta atrás. 
En pleno ataque de pánico me he puesto a pensar (creo) y me he dado cuenta de que, aunque mi cuerpo no parece verse afectado (de momento) a todos los efectos ya soy demasiado vieja para hacer un montón de cosas. 
Entre ellas, probablemente, seguir manteniendo un blog que empecé, con casi estas mismas palabras, hace ya quince años. 
QUINCE AÑOS.
Eso son un montón de años, si no me creéis intentad contarlos: necesitáis las dos manos y un pie; o los dos pies y una mano, cada uno lo que prefiera, que yo en las fantasías sexuales de la gente no me quiero meter. 
En estos quince años, me he vuelto un poco mayor para seguir autodenominándome girl, creo yo. Es decir, cuando tienes una hija que ya va en bicicleta sin ruedines (sí, todo esto era una triste excusa para presumir de que mi hija ya no necesita ruedines), un hijo que ya garrapatea y un hamster (no ha hecho nada especial últimamente, sólo lo menciono para que no se ponga celoso), igual ha llegado el momento de asumir que ya no eres una chica, sino una mujer.

En concreto, una de mediana edad, canija, gordita y de Carabanchel. 

Por eso, a principios de años había decidido que en cuanto cumpliera cuarenta dejaría el blog.
O sea, los blog ya ni siquiera están de moda. De hecho, no estoy segura de que sigan existiendo. Es más: es probable que haya vuelto a confundir el pegamento con el dentífrico y ahora mismo esté alucinando y creyendo que escribo cuando en realidad lo que estoy haciendo es abrazar un cactus.

Otra vez. 

Como decía, el caso es que yo había planeado dar un cierre a Lorzagirl porque, últimamente, me cuesta ponerme en su piel. Nos conocemos desde hace demasiado tiempo y somos como un matrimonio viejo que ha oído sus propias batallitas demasiadas veces. 

A veces le dijo: Lorz, te repites.
Y ella me contesta: A mí no me mires, que solo soy una voz en tu cabeza.
Y yo le dijo: Deberíamos parar antes de que esto degenere.
Y ella me contesta: Estás hablándole a una voz en tu cabeza, yo creo que ya ha degenerado de sobra.

Con todo... coincidiréis conmigo en que si algo ha hecho el 2020 por nosotros es echar por tierra todos nuestros planes. 

Nuestros planes, nuestra economía, nuestra esperanza de vida, nuestra fe en la raza humana... el 2020 tiene tierra para todos. Nunca mejor dicho.

Además, yo también había planeado perder peso y he hecho cinco kilos (más), así que al peo con los planes, las resoluciones y los buenos propósitos. Y tengo tantas cosas que contar todavía... Tengo un millón de historias que son demasiado largas para un tuit y demasiado cortas para un libro; algo así como un trillón de anécdotas; y pensamientos estúpidos como para llenar de palabras el mundo.
Así que creo que me quedaré por aquí petardeando un poco más. 
Otros quince años o así, si de mí depende.


03 agosto 2020

Vacaciones mentales

He tenido un año movidito. 
Vaya, como todos. 
Primero tuve un #relorzfunding que, ocho meses después, estoy a punto de dar por terminado.
Luego monté una empresa. La primera semana de marzo parecía un momento estupendo para hacerlo. SPOILER: no lo fue. No, definitivamente no lo fue.
Con todo, me he apañado para escribir, corregir, maquetar y publicar una docena de libros, y para colaborar en otros tantos.
Viendo como avanzaba la cosa también conocida como coronavirus, hice lo mismo que media España: mascarillas. Y ya que estaba, camisetas y otras cosas. 
Como todos, también he aprendido a llevar la logística de la casa saliendo lo menos posible. Por primera vez en mi vida, he planificado menús completos con una semana de antelación, me he ido a la compra con una lista detalladísima y he aprendido a calcular el uso medio de papel higiénico por persona y día.
Por supuestísimo, he hecho pan todos los días.
Me he acostumbrado a las videollamadas en todo tipo de plataformas, al #videoclub de lectura, a las clases online y vía youtube.
Todo esto, por supuesto, con los niños en casa. Dos niños acostumbrados a estar de un lado para otro de 9 a 21 horas de lunes a viernes porque cuando no hay piscina hay música y cuando no hay música hay el cumple de algún amiguito, de pronto, encerrados en casa día tras día.
Como todas las madres y algún padre, he tenido que ser maestra, jefa de estudios, monitora de tiempo libre, psicóloga, animadora sociocultural, logopeda, cocinera, limpiadora, sargento, ordeno y mando. Las veinticuatro horas del día y sin dejar de trabajar ni un momento. 
Y aunque he descubierto, también como mucha gente, que estar en casa es maravilloso (quién nos lo iba a decir...) lo cierto es que también estoy mentalmente agotada.
Necesito unas vacacioncillas.

Por supuesto, seguiré en Twitter porque soy una adicta.
Además, mis libros siguen a la venta en papel en la librería La Sombra de Madrid, que durante todo el mes de agosto envía gratis a toda la península los pedidos superiores a 25 €. 
También los podéis encontrar en formato electrónico en Lektu. 

Nos vemos de nuevo el 31 de agosto, si el mundo no se acaba antes. 
Y recordad: 

27 julio 2020

La casa de las cajas

Lunes
-Mamá, ¿hoy vamos a la pisina?
-No, Nene-kun, hoy no podemos ir a la piscina, mamá tiene que esperar a que le traigan unas cajas de libros.
-¿De Villamatojo?
-No, los de Vayamos por partes.
-Oh. ¿Y por qué no los recoge papá cuando vengan?
-Porque son muchos libros. ¡Cientos de libros! ¡Miles de libros!
Media hora más tarde, un mensajero apareció con dos cajitas de libros.
Nene-kun me mira con rencor.
-¿E-esto es todo? -pregunto. 
-Sí.
El mensajero parece totalmente convencido. 
-Vaaale -le dijo. 
El mensajero se va y yo abro la caja: 
-Vaaaale, se ve que me han mandado por un lado la primera parte y por otro la segunda... ¡Lo han mandado por partes, Nene-kun! ¡JAJAJAJA! ¡Me mondo yo sola!
A Nene-kun, sin embargo, no le hacía gracia.
-Entonces, ¿ya podemos ir a la pisina?
-No, pedorrillo, tenemos que esperar a que lleguen el resto de las cajas.

Martes
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No, lechoncillo, tenemos que esperar a que lleguen las cajas.
-¿Y cuándo van a venir?
-Pues espero que hoy, la verdad...
Justo en ese momento suena el teléfono.
-Hola, soy el mensajero, que tengo aquí unas cajas...
-Gracias a dios...
-Lo que pasa es que pesan mucho. 
-...ya, son libros. 
-¿Van a estar ustedes en casa?
-Sí, claro. 
O sea, ¿dónde vamos a ir? ¿A la piscina? ¿En julio? ¿Estamos locos o qué?
-Bueno, yo les llevo las cajas pero me tienen que ayudar ustedes porque pesan mucho.
-...
Creo que no lo he contado nunca: mi cuñado tiene una empresa de portes y mudanzas. Una grande, con su flotilla de camiones, incluso de los que tienen una plataforma elevadora para meter y sacar cosas por los balcones.
En aquel momento me di cuenta de que mi cuñado tiene el negocio muy mal planteado, o sea: ¿para qué necesitas una plataforma elevadora cuando puedes decirle al cliente que el sofá pesa y que ya lo suba él si eso?
-¿Señora?
-Está bien, no se preocupe, yo le ayudo. 
Que hace mucho que no me rompo y en urgencias me deben estar echando de menos. 
-¿Tienen ascensor, no?
-Sí, pero está en la entreplanta.
-[&%*%$]
-Hombre, son seis escalones, tampoco es para ponerse así...
-Bueno, yo le dejo las cajas en el portal y ustedes las suben. 
Bueno, son sólo unos doscientos libros y pesan sólo medio kilo cada uno, ¿qué puede salir mal?

Miércoles
-Me... muero...
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No... yo... espalda... cajas...
-¿Hoy también tienen que traer cajas?
-Sí, de ibuprofeno. En vena.


Jueves
-Mamá, ¿hoy podemos ir la pisina?
-No, mi amor, hoy me tienen que traer más libros.
-¿De Villamatojo?
Cuando Nene-kun dice Villamatojo con su vocecilla me imagino a los zombis como peluches de colores pastel que lanzan arcoiris por el culete.
-Sí, de Villamatojo.
Media hora más tarde, tenemos en la puerta a la mensajera. Una señora. Que pudo subir la caja con los libros ella solita y todo (eran muchos menos, esto también es verdad).
Mientras firmo la entrega, Nene-kun asoma la cabeza.
-Mamá, ¿quién es?
-Una señora que ha venido a traernos los libros.
-¿Los de Villamatojo?
-Sí.
-Pues pregúntale si ya nos podemos ir a la pisina.


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¿Quién dijo que quería Villamatojo en papel?


20 julio 2020

La hucha de cerdito


Cuando ZaraJota y yo nos casamos, mis hermanos nos regalaron una hucha de cerdito rellena de céntimos.
Bueno, en realidad fueron dos, pero una de ellas reventó, literalmente, por el peso de los céntimos.
Igual se les fue un poco la mano ahí.
La otra tiene aproximadamente el tamaño de un balón de baloncesto y todavía sobrevive.
Después de la boda, la vaciamos, nos gastamos la pasta, y de inmediato empezamos el proceso de rellenarla, que nos ha llevado diez años.
Y eso que yo estoy súper concienciada, que echo ahí todas las moneditas de céntimo que caen en mis manos y las de cincuenta que aparecen en la lavadora por motivos que no acabo de entender.
Lo que pasa es que bueno, la malvada hucha tiene un agujero por abajo y alguna vez que nos hemos visto pillados hemos recurrido a él.
No me juzguéis.
Bueno, el caso es que después de diez años alimentando el cerdito, por fin llegó el día en que fui a meter una moneda y no entró.
Había llegado el momento de contar nuestras monedas y hacer un tío Gilito con ellas.
El problema es que después ningún banco aceptaba cambiárnoslas.
-Esto sólo lo hace el Banco de España -nos dijeron.
Así que hice lo que cualquier persona normal haría en plena pandemia: llamar al Banco de España a pedir explicaciones.
En el Banco de España fueron muy amables y me dieron cita para ir un día con mis dineros.
-¿Puedo llevarme a mi hijos? -pregunté.
-Claro.
Maldición.
Así fue como una mañana de julio, en plena pandemia, cogí a mis dos hijos y unos quince kilos en monedas y me subí a un autobús con destino al Banco de España.
Os voy a decir una cosa: si las medidas de seguridad del supermercado os parecen un engorro, os sugiero evitar el Banco de España. Porque si ya con eso de ser un banco son un poco paranoicos con lo de la seguridad, con el tema de la pandemia no os quiero ni contar.
Nada más llegar a la puerta, se nos acercó un guardia civil con todo el equipo, subfusil incluido.
-Hola -nos dijo. A lo que, sin la menor provocación, Nene-kun contestó:
-Yo de mayor quiero ser policía.
El guardia civil, que era muy joven y muy buen puesto (para los que no viváis en Madrid, debo aclarar que en los edificios oficiales suele haber guardias civiles un poco más entrados en años y en carnes), se lo tomó con diplomacia.
-No soy un policía, soy un guardia civil.
-Pues yo quiero ser policía.
Llega a este punto, decidí que era mejor intervenir.
-Nenekun -le dije- un guardia civil es como un policía pero de color verde.
Esto lo oye mi abuelo, que era guardia civil, y me mete collejas hasta en el carnet de identidad, pero como tuvo el mal gusto de morirse hace unos años ahora que no venga a quejarse.
Nene-kun, que desde hace tiempo sospechamos que es daltónico, miró al guardia civil de arriba a abajo.
-Es mejor ser policía.
El guardia civil se lo pensó un momento.
-La verdad es que lo mejor es ser ingeniero -dijo.
Llegado ese punto nos dijeron que podíamos pasar y salí corriendo a toda la velocidad que me permitían los quince kilos de céntimos que llevaba en la mochila.
Pasamos un control.
Pasamos otro control.
Pasamos otro control.
Y por fin nos vimos dentro del Banco de España.
A ver si conseguimos que no nos echen, pensé.
Ese fue el momento en el que Nena-chan decidió intervenir gritando a voz en cuello con su dulce voz..
-MAMÁ, ¿POR QUE ESTE BANCO ES TAN GRANDE? ¿SON RICOS O QUÉ?
A dios pongo por testigo que la próxima mascarilla se la voy a comprar con silenciador.
-Este es el banco de todos los bancos.
-¿Y TIENEN MUCHO DINERO?
-Sí, mucho.
-¿Y ENTONCES POR QUÉ TENEMOS QUE TRAERLES EL NUESTRO?
Buena pregunta.
Por suerte para mi salud mental, la cajera no tardó en salir a atendernos.
-Hola guapos -les dijo a los niños, porque las cosas como son, mis hijos están guapos hasta con la mascarilla puesta-, ¿venís a traer monedas?
-Sí, de nuestra hucha de cerdito.
-Muy bien, muy bien. Pues nada, sacadlas y las vais poniendo en esta bandeja.
Me quité la mochila, la dejé caer en la mesa (la mesa aguantó) y empecé a sacar bolsas de monedas una detrás de otra.
-Pero... -preguntó la cajera-, ¿cómo de grande era esa hucha?
-Muy grande -aseguró Nena-chan.
A lo que Nene-kun consideró necesario añadir:
-Yo de mayor quiero ser policía.
Creo que la próxima vez me gastaré las monedas en tragaperras.


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Ya está disponible en Lektu Crónicas Funestas III. Hijo de la espada.



13 julio 2020

La mudanza


Hace unas semanas, escribí un hilo (de broma) sobre cómo pensaba que sería la vuelta al cole en la Comunidad de Madrid.
Lo que no me vi venir bajo ninguna circunstancia es que hubiera que sacar la oficina del AMPA del colegio.
-Es para evitar que los padres entren en el edificio principal, donde van a estar los niños -me explicó ZaraJota.
-Ah, pues me parece muy bien, porque la mayoría venimos al cole directos del trabajo y en transporte público y a saber qué miasma traemos encima.
-Entonces, ¿te parece buena idea? ¿De verdad?
Que a ZaraJota le importara mi opinión sobre el particular me tendría que haber resultado sospechoso, porque yo en el AMPA no pinto nada, lo que pasa es que como ZaraJota me habla tan poco cuando lo hace me pongo nerviosa y ya no coordino.
-Claro, me parece genial; lo que es una pena es que se les haya ocurrido hasta ahora, porque la mudanza se podría haber hecho antes de que apretara el calor, pero bueno, eso es problema de quien la tenga que hacer.
-Pues ahora que lo mencionas...
Mi sentido arácnido se volvió loco, en plan, totalmente loco. Que no es que estuviera demasiado cuerdo para empezar, así que imaginaros.
-¿Quién va a hacer la mudanza, ZaraJota?
-Son las cosas del AMPA, la mudanza la tiene que hacer el AMPA.
-Muy bien, muy bien.
Como os decía, yo en el AMPA no pinto nada, así que todo bien.
-Lo que pasa es que claro, estamos en pleno mes de julio y la mayor parte de los papás están o trabajando o de vacaciones o no tienen con quién dejar a los niños, ya sabes...
Mi sentido arácnido se subió a la azotea y se lanzó al vacío para poner fin a su sufrimiento.
-Mira, ZaraJota -le dije-, si crees que en pleno mes de julio, a las cinco de la tarde, a 35º a la sombra y con la dichosa mascarilla puerta te voy a ayudar a hacer una mudanza estás muy, pero que muy equivocado.
Dos días más tarde, en pleno mes de julio, a las cinco de la tarde, a 35º a la sombra y con la dichosa mascarilla puesta estaba ayudando con la mudanza, por supuesto.
-Te odio -le gritaba a ZaraJota cada vez que nos cruzábamos por el pasillo. Bueno, en realidad no gritaba, porque para gritar hay que tener aliento y yo en esos momentos no tenía aliento ni para pensar fuerte. Pero así, con carácter retroactivo, en mi mente le estaba gritando muy fuerte.
Que, la verdad sea dicha, a mí me gustan las mudanzas más que a un tonto un lápiz y además siempre he sido de las que se apuntan a un bombardeo. Lo que pasa es que además del calor y de la mascarilla había una cosa que me inquietaba mucho.
-Oye, ZaraJota, ¿y si los vecinos nos ven sacando muebles del colegio con la cara tapada y creen que estamos robando?
-No digas bobadas, ¿quien iba a ponerse a robar un colegio en pleno mes de julio, a las cinco de la tarde, a 35º a la sombra y con la dichosa mascarilla puesta?
Visto así lo de la mudanza suena mucho más lógico, dónde va a parar.


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Todos mis libros aquí.

06 julio 2020

Las gafas rotas

En el 2020 todo son desgracias: primero la plaga, luego abrieron los gimnasios y cuando ya creía que no podía pasar nada más se me rompieron las gafas.
No sé cómo puedo ocurrir, vaya, que sólo tenían algo así como tres años, sólo se me han caído al suelo un millón de veces, y ese día sólo habían recibido un cabezazo de Nene-kun,justo antes de caerse y de que el niño y yo aterrizáramos encima.
Debe ser la obsolescencia programada esa de la que hablan tanto.
Si esto le hubiera pasado a ZaraJota no habría sido para tanto, porque es de esas personas que sólo llevan gafas para ser todavía más sexis, no como yo, que las llevo porque sin ellas no veo mi propio culo.
Bueno, con ellas tampoco. Para que luego me digan que lo tengo gordo.
Como he comentado alguna vez, tengo algo así como un porrón de dioptrías y de lo más variado: astigmatismo, miopía e hipermetropía.
Sin gafas veo cero patatero.
Por suerte, siempre tengo unas gafas de repuesto. Lo que pasa es que es posible que las gafas de repuesto sean de hace diez años. Y hayan pasado unos nueve en su funda. Y puede durante ese tiempo se hubiera creado en ella un nuevo ecosistema y que no fuera sensato extraer las gafas de allí así de pronto. Porque, bueno, básicamente, al entrar en contacto con el oxígeno de la atmósfera, las gafas de repuesto se desintegraron.
Caca.
No me quedaba más remedio que ir a la óptica.
Os voy a decir una cosa: quizá una plaga mundial no sea el mejor momento para eso.
Para empezar, está el tema ese de no tocar nada.
-No te preocupes -me dijeron en la óptica-, puedes probarte las que quieras. Luego las desinfectamos.
-Ah, vale.
Me probé unas.
-Um... No.
Las devolví, la señora que me estaba atendiendo las limpió cuidadosamente con gel desinfectante y las dejó en una caja aparte.
Entonces me probé otras.
-Jajaja... No.
Las devolví, la señora que me estaba atendiendo las limpió cuidadosamente con gel desinfectante y las dejó en una caja aparte.
Cogí otras, ya mirando de reojo la caja.
-Vaya, estas tampoco.
Las devolví, la señora que me estaba atendiendo las limpió cuidadosamente con gel desinfectante y las dejó en una caja aparte.
-¿Tienes que hacer eso con todas?
-Sí, pero no te preocupes, tú pruébate todas las que haga falta.
-Creo que cogeré unas como las que tengo y ya está, de todas formas con la mascarilla da lo mismo.
Vaya, que para probarme las mascarilla con la cara tapada lo mismo me daba que se las probara ella, ZaraJota o el lucero del alba.
-Ay, mujer, haberlo dicho. Mira, lo que puedes hacer es quedarte en un ladito, sola, te quitas la mascarilla y yo te voy acercando las gafas que quieras probarte.
-Vale.
Me quedé en un ladito, sola, y me quité la mascarilla.
Las cosas como son: a estas alturas de la plaga me siendo desnuda sin ella.
Además, cada prueba suponía que la amable señora me acercaba las gafas, yo aguantaba la respiración hasta que se alejaba, me probaba las gafas, las devolvía, la amable señora las limpiaba cuidadosamente con gel desinfectante y las dejaba en una caja aparte.
Sólo verlo ya era agotador y, además, mi incomodidad social habitual se estaba poniendo por las nubes.
-Mira, ¿sabes qué?  -le dije-. Que estas mismas me valen.
De todas formas, dios sabe si podremos salir a la calle sin mascarilla alguna vez.
-Ay, me temo que estas no van a poder ser.
-¿No?
-No, es que tu cristal es demasiado grueso.
La cosa es llamarme gorda, como siempre.





29 junio 2020

La nueva normalidad piscinera

Por si no hubiéramos sufrido ya bastante en lo que va de año, ahora van y reabren los gimnasios.
Y con todas las medidas de seguridad, para que no podamos excusarnos en el coronavirus para no ir.
Vergüenza les tenía que dar.
Encima, reabren pero sin las clases de natación para los niños, también conocidas como "la media horita en la que me siento en la cafetería de delante para leer en silencio". 
Muy mal todo.
-Pero la piscina está abierta -me dijeron en recepción-. Puedes venir si quieres.
-¿Con los niños?
-Si quieres.
La verdad es que querer, lo que se dice querer, no quería mucho, lo que pasa es que hemos tenido unos días de mucho calor y como de todas formas cuando estamos en casa no me dejan trabajar pues mira, allá que vamos. 
Además, ahora que ya son más mayores (7 y 4) ir con los niños a la piscina es relativamente sencillo. Bueno, era.
En la nueva normalidad, ya nada es sencillo.
Para empezar, llevábamos las mascarillas. Nene-kun también, porque tener menos de 6 años no le va a impedir lucir el complemento de moda y aquí hemos venido a jugar.
Llegamos al gimnasio y aquello es como Eurodisney: han creado un circuito para hacer cola, un circuito para entrar, otro para salir y otro para moverse entre medias. Los niños están encantados de la vida porque como son true madrileñers todo lo que sea hacer cola les parece maravilloso; yo también estoy muy a favor de las colas, lo que pasa que voy cargando con las seis toallas, los bañadores, la crema solar, el gel, el champú, el repelente de piojos, las botellas de agua y el UNO, porque en esta familia no se va a ningún lado sin el UNO, y lo de esperar lo llevo un poco peor.
Cuando por fin nos toca turno, nos dicen que pongamos los pies es algo llamado "alfombrilla desinfectante".
-Y ahora, haced el Michael Jackson.
Los niños miran al monitor de lado a lado como si fuera de otro planeta y Nena-chan me dice, muy seria:
-Mamá, ¿qué es un Michael Jackson?
¿Oís ese crujido?
Es el corazón del monitor rompiéndose.
-Que frotes los pies contra la esterilla, hija.
El siguiente paso es ponerse gel desinfectante en las mano. 
-Frotad muy bien, ¡tenemos que aplastar a todos los virus! -dice el monitor, que todavía no ha perdido del todo la fe en la juventud.
Veo que Nena-chan va a intervenir (me huelo que está preparando algo del tipo: "No podemos aplastarlos porque son seres mircoscópicos") y le lanzo una mirada asesina que de verdad si hay algún virus de por medio se muere en el acto. 
-Que te frotes las manos -le digo. 
La temperatura no nos la toman y menos mal, porque después de hacer cola al sol con la bolsa de los arreos lo mismo no apruebo, así os lo digo, que me sudaba el bigote, el entreteto y el entreculo que no era ni medio normal para las diez de la mañana.
Conseguimos llegar al vestuario y nos encontramos que lo han adaptado para la nueva circunstancia, siendo la nueva circunstancia que estoy muy jodida porque han puesto separadores para crear espacios individuales y voy con dos niños y una bolsa más grande que yo. 
Empujo a los niños hasta la cabina más ancha y les digo que se vayan quitando la ropa.
-¿Ya no podemos quitar la mascarilla? -preguntan a dúo.
-No.
Acto seguido ambos niños se quitan las camisetas y sucede lo que seguramente ya habéis imaginado que sucedería: ambas mascarillas acaban en el suelo.
-Mierdaaa...
Bueno, no pasa nada, porque entre el millón de cosas que llevo en el bolso hay mascarillas de repuesto.
El problema es que los niños son considerablemente más jóvenes y más ágiles que yo (y están más cerca del suelo, pero no mucho más) y antes de que me dé tiempo a alcanzar las mascarillas ya las han recogido y se las han puesto, porque otra cosa no pero los tengo muy concienciados.
-Mierdaaa...
Me digo a mí misma que no pasa nada porque:
a) Regla de los 10 segundos.
b) El gimnasio acaba de abrir. Ese día y después de tres meses.
c) El vestuario huele a desinfectante, el suelo huele a desinfectante, hasta el desinfectante huele a desinfectante.
d) De todas formas vamos a morir todos.
Consigo que los niños se cambien sin mayores incidentes y empiezo a cambiarme yo.
El bañador ha debido encoger porque casi no me entra y cuando consigo ponérmelo me corta la respiración pero pienso que bueno, si los pulmones funcionan como al 10% de su capacidad tengo también un 90% menos de probabilidades de inhalar un virus, ¿no? 
O sea, las matemáticas no fallan.
Conseguí salir del vestuario con los niños, las mascarillas (puestas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO, porque sin el UNO no somos nadie y llegamos al acceso a la piscina. 
El monitor de turno nos dice que nos desinfectemos las manos con gel.
-Frotad muy bien -nos dice- tenemos que...
-MIRA, NI LO INTENTES.
-Vale.
Nos frotamos, cruzamos el umbral y nos dice:
-Muy bien, ya podéis quitaros las mascarillas.
-¡PERO SIN QUE SE OS CAIGAN! -añado.
Tarde. 
Por otra parte, a esas alturas ya me empieza a dar todo un poco igual.
En el suelo han marcado unos rectángulos para que cada bañista se coloque en uno y mantenga la distancia social. Les digo a los niños que se pongan en fila india detrás de mí (para mantener aún más la distancia a los lados) y que no pisen los rectángulos y empiezo a caminar hacia nuestro espacio asignado. 
De pronto les escucho reírse.
Miro para atrás, y están saltando de rectángulo en rectángulo.
-¿PERO QUÉ OS HE DICHO YO?
-Que no pisemos los rectángulos.
-¿Y qué estáis haciendo?
-Saltar para no pisar los rectángulos, mira, no hemos pisado ni una línea. 
Empiezo a sentir que mi párpado derecho se contrae. El tic en el ojo va a empezar de un momento a otro. Consigo llegar a nuestro rectángulo, suelto las toallas, las mascarillas (quitadas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO porque si no llevamos el UNO se acaba el universo. 
Sudo cual gorrino en San Andrés. En ese momento me habría metido en la piscina aunque estuviera vacía.
-Venga, ahora nos damos una duchita y al agua.
-Yo no quiero ducharme.
-Nene-kun, siempre hay que ducharse antes de entrar la piscina.
-Pues yo no quiero.
-Pues no te bañas.
-Pues no me baño.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS VENIDO HASTA AQUÍ CON LAS SEIS TOALLAS, LOS BAÑADORES, LA CREMA SOLAR, EL GEL, EL CHAMPÚ, EL REPELENTE DE PIOJOS, LAS BOTELLAS DE AGUA Y EL P*T* UNO DE LOS COJONES?, pregunta educadamente mi niña interior.
-Pues no te bañes -dice mi voz exterior. 
Nene-kun se sienta en nuestro rectángulo asignado y yo me voy a controlar a Nena-chan, que lleva un rato metida en el agua y gritando "MAMÁ, MIRA" mientras yo me esfuerzo por fingir que no la conozco de nada.
Nene-kun se queda en el césped con cara de niño abandonado, que es una cosa que se le da muy bien y que normalmente me hace mucha gracia, lo que pasa es que en ese momento no estaba del humor apropiado para apreciarlo. 
Yo le iba echando reojos y al rato veo que se le acerca un monitor y el niño me señala, y el monitor se viene al borde de la piscina y me dice:
-Señora, el niño no puede estar solo.
Y yo le digo que vale, vale, que ya voy, pero entonces a la que dejo sola es a Nena-chan, que está en el agua y por tanto en una situación considerablemente más peligrosa.
Así que le digo a la nena que se venga conmigo.
-¡No quiero! ¡Quiero quedarme en el agua!
-Es sólo un momento, por favor.
-¡QUE NO QUIERO!
Me meto en el agua, cojo a la nena como a un lechón, salgo de la piscina, voy hasta Nene-kun.
El niño me mira como si se acabara de dar cuenta de que está ahí.
-¿Vas a ducharte?
-NO -dice Nene-kun.
-¿Jugamos al UNO un rato?
-NO -dice Nena-chan.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS TRAÍDO EL UNO DE LOS C*J*N*S?, dice mi niña interior.
Decido ignorar a los tres y cojo el móvil para ver si ya es hora de volver a casa y llorar en bajito.
Tengo un mensaje en la aplicación del gimnasio. La abro para ver si nos han echado ya y tengo excusa para no volver.
Es una encuesta: 
ESPERAMOS QUE SU VISITA HAYA SIDO SATISFACTORIA.
VALORE DEL 1 AL 10 EL NIVEL DE SATISFACCIÓN CON SU VISITA.
Creo que me voy a abstener.



*   *   *

El jueves 16 de julio, videoclub de lectura online sobre Villamatojo en librería La Sombra.
La participación en el club es gratuita, sólo hay que escribir a La Sombra para que os faciliten el acceso.
El libro se puede adquirir entero o por partes aquí.







22 junio 2020

A través del espejo

Pues durante el curso pasado Nena-chan empezó a escribir en espejo; esto es, empezó a escribir letras y números al revés. 
La seño nos dijo que era normal (lo de la escritura en espejo, no la seño) y con el tiempo se ha ido corrigiendo solo, salvo una cosa: por más que nos empeñemos, la nena sigue confundiendo la b y la d. 
A falta de una idea mejor, se me ocurrió empezar a escribirle una d en la mano derecha todas las mañanas, justo antes de hacer los deberes, así:
Reconstrucción de los hechos.
La mano es azul porque últimamente nos da poco el sol.


-La D es como tu mano DErecha, tiene el DEdo gordo en el mismo lado -le dije a Nena-chan y al principio todo fue bien.
Lo que pasa es que yo, como buena zurda que soy, también tengo mis momentos de escritura espejo, sobre todo cuando he dormido poco y tengo a dos niños gritándome a moviéndose a mi alrededor y a la vez.
Por eso (y porque soy muy tonta, claro) un día en vez de una d le escribí...

...una B.
-Mamá, mamá, mamá, la has escrito al revés.
-M**rd*.
Con rotulador indeleble, claro. Y aunque hubiera sido rotulador normal, la piel atópica de Nena-chan es particularmente sensible al jabón.
-¿Qué hacemos, mamá?
-No te preocupes, Nena-chan, esto lo arreglo yo en un segundo, ¿Ves? Ya tienes tu D.

-Pero mamá, ahora no sé cuál es la buena.
-No te preocupes, ahora tachamos la que no es.
Pero poco, que tampoco es plan de llevarle a la chiquilla la mano de rotulador, así:

-Tacha también el palito, mamá.
-Tacho el palito.
Había salvado la situación y me sentía la mejor madre del universo y del mundo, cuando ZaraJota salió de la habitación en la que afirma teletrabajar y se quedó mirando a Nena-chan con cara de pasmo.
-Lorz... -me dijo-. Sabes que yo respeto mucho tus métidos materno-pedagógicos, ¿verdad?
-No, la verdad es que hasta ahora no me ha dado esa impresión.
-Bueno... el caso es que me gustaría saber, si no te importa, POR QUÉ LE HAS PINTADO A NENA-CHAN UNOS GENITALES MASCULINOS EN LA MANO.
-Pues porque es la mano derecha, obviamente.




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15 junio 2020

Las recompensas del #relorzfunding

Por si a alguien no le ha llegado el mail, o le ha ido directo a spam, o ha pasado de leerlo:

como quizá hayáis visto, hemos reanudado el envío de recompensas del #relorzfunding.

Todavía no tenemos el libro impreso por no sé qué de una pandemia, pero tenemos todo lo demás desde finales de febrero y el peso de las cajas estaba empezando a afectar a la estructura del edificio. Y que me tropiezo con ellas cada vez que paso porque tengo el sentido espacial un poco j*d*d*.
Por eso hemos dicho: vamos a enviar ahora lo que tengamos y el libro ya llegará si eso.
Algún día.
Preferiblemente, antes que el meteorito.
Así que, por favor, si en estos meses os habéis mudado, o estáis temporalmente fuera de casa, o nos pusisteis la dirección de una oficina a la que actualmente no vais, o de una tienda que en estos momentos está cerrada, os agradecemos que lo comuniquéis en lorzagirl@gmail.com.
Si os quedasteis con ganas de alguna recompensa (pedisteis el libro pero después habéis comprendido que vuestra vida no merece la pena sin el imán, por ejemplo) todavía estáis a tiempo de decirlo.
Por último, a los amigos y residentes en Madrid: no hemos perdido la esperanza de entregaros las recompensas en mano; probablemente empezaremos a repartirlas en un par de semanas; si alguien prefiere que se las mandamos ya y/o por correo, sólo tiene que decirlo.
Como siempre, podéis contactar con nosotros en lorzagirl@gmail.com
Gracias por vuestra colaboración.

EDITADO 16/6/2020
Acabamos de enviar por mail el libro electrónico de Vayamos por partes. Segunda parte.
Los mecenas del #relorzfunding lo habrán recibido en el mail que dieron al participar.
Si alguien no lo ha recibido, o no puede descargarlo, o cualquier otra cosa, que contacte con nosotros en lorzagirl@gmail.com







08 junio 2020

Cocina de aprovechamiento

Cada vez que vamos al súper lo mismo:
-A ver, Nena-chan, ¿qué quieres de fruta? LOS LACASITOS NOS SON FRUTA.
Me da igual lo que diga ZaraJota: ser redondos y de colores no los convierten automáticamente en fruta.
-Pueeeeees... plátano.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Mira que luego los tengo que tirar y me da mucha rabia.
-De verdad que me los como.
-Bueno, ya veremos.
Cuatro días más tarde tenía en casa dos plátanos negros como nuestro futuro y un cabreo monumental.
Ah, no, me dije.
Me niego a tirar los plátanos. Esto lo reaprovecho yo como sea. ¡Que no están las cosas como para tirar comida!
Me acordé entonces de que Cattz hace una especie de bizcocho de plátano que yo no he probado nunca, pero sólo con las fotos ya puedo deciros que eso sabe a gloria bendita. Y si Cattz, que es prácticamente una extranjera, puede hacer pan de plátano, ¿cómo no voy a poder hacerlo yo?
Encontré una receta y me pareció súper fácil.
Quizá el problema sea ese.
El primer problema fue que no tenía huevos.
O sea, tenía, pero sólo cuatro, y como estaba en pleno proceso de hacer filetes rusos pensé, uy, no puedo gastarlos todos, así que en vez de cuatro, que era lo que pedía la receta, eché dos.
Para compensar le eché un yogur. De plátano, por supuesto a ver si os pensáis que estoy loca.
Harina sí tenía de sobra, pero me apetecía cero sacar la báscula, porque la tengo con las cosas del #relorzfunding para pesar los paquetes, así que pensé que bueno, tampoco pasaba nada por echarla a ojo.
Y ya puestos a echar, mejor que sobre que no que falte.
Me pasó lo mismo con el azúcar y la leche, aunque en mi defensa debo decir que sé que en uno de mis vasos caben 180 ml, así que eché a ojo más o menos la mitad y arreglado.
Además, puede que se me olvidara echar la levadura aunque, bien pensado, quizá sea hasta lo mejor.
El resultado fue una masa tan espesa que incluso absorbía la luz de su alrededor y que olía como los baberos rancios de las primeras papillas.
Las madres me entendéis.
Aquello era un desastre de proporciones épicas, así que hice lo único que podía hacer: echarle un poco de sal (para compensar) y meterlo en en horno.
Media hora más tarde tenía una especie de empanada de engrudo, a saber:

Imagen
En mi defensa debo decir que al menos no sé quemó.
Por otra parte, el horno está fallando y se apagó por su cuenta a media cocción, así que lo mismo tampoco es mérito mío.
El sabor no era malo. Era intenso. Muy intenso. Como si alguien te inyectara leche condensada con sabor a plátano directamente en el cerebro. Me tomé una cucharada y se me coagularon 2/3 de las venas. Con la segunda, dejé de ver. Con la tercera, perdí la sensibilidad en la lengua, se me cayeron tres muelas y decidí dejar de comer.
-Creo que voy a tirarla -le dije a ZaraJota.
-Pero Lorz, creía que el objetivo de todo esto era no tirar comida.
-No, no, no, el objetivo era no tirar los plátanos.
Que hay que explicarlo todo.




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Pd: ¿Ya tenéis vuestra camiseta para no ir* al desfile del orgullo?


* Porque de momento se ha pospuesto, obviamente.

01 junio 2020

El desfase


El desfase lo llevamos regular.
Como ya es legal, mis padres han venido a vernos a casa. Digo "vernos" cuando, obviamente, a quienes querían ver es a los nietos, que a fin de cuentas a mí me conocen desde hace cuarenta años y me tienen muy vista y ZaraJota para la conversación que da mejor le pintas una carita a un globo.
La cosa fue más o menos bien al principio: los abuelos venían con mascarilla, guantes, escafandra y un traje de neopreno, que de verdad si me llegan a decir que se iban a seguir los pasos de Costeau me lo habría creído sin problemas.
Pero claro, según entraron en casa los niños se les quisieron echar encima.
-No, no, mira, lo que podemos hacer es frotarnos el codo, así -le dijo mi madre a Nene-kun.
-Pero madre -le dije- que el codo es donde estornudamos.
-¿Y?
-Pues que si el niño estornuda en su codo, luego frota su codo contra el tuyo, y luego tú estornudas los mocos pasan de uno a otro lo mismo.
-Oh.
Mis padres pasaron a casa muy tiesos y se sentaron muy tiesos con su mascarilla, sus guantes, sus escafandras y sus trajes de neopreno.
-¿Queréis una cervecita?
-Vale, una.
-Sí, porque no tengo más.
Desde que el supermercado dejó de hacer envíos a domicilio lo único de peso que entra en casa soy yo.
Les puse la cerveza delante y se la quedaron mirando en plan muy bien, ahora qué hacemos con todo el equipo.
-Quitaos la mascarilla, anda, si total, estamos todos teletrabajando desde hace dos meses.
Mis padres se quitaron la mascarillas para tomarse la cerveza y ya que estábamos pensé, qué lastima, la cerveza (a compartir) y a palo seco, voy a sacar unas patatitas.
Mis padres se quedaron mirando las patatitas en plan muy bien, y nosotros con los guantes puestos.
-Quitaos los guantes, anda, si total, si ninguno salimos de casa para nada.
Mis padres se quitaron la mascarilla y empezaron a tomarse las patatitas.
Y claro, ya que estábamos sin mascarillas, sin guantes, sin escafrandras y sin trajes de neopreno y todos metiendo la manorra en el mismo cuenco de las patatas, nos pareció súper absurdo que los niños mantuvieran la distancia. Sobre todo, porque ya hacía rato que se les habían sentado en las rodillas.
-No pasa nada, venga, si de todas maneras no hemos tenido contacto con nadie.
El caso es que una cosa fue llevando a la otra y para cuando llegó la hora de irse ni distanciamiento, ni asepsia, ni pepinillos en vinagre, que a los niños solo les faltó hacer la croqueta sobre un charco de fluidos corporales.
El caso es que al día siguiente me llamó mi padre:
-Oye, que la abuela está regular y le han hecho la prueba del covid.
-Ay, pobre.
-No te preocupes, que son solo decimillas y un poco de tos. Seguramente no es nada, te lo digo para que os aisléis.
-¿Y por qué me voy a aislar yo ahora, que llevo tres meses sin ver a la abuela?
-Porque nosotros estuvimos en su casa.
-¡Pues aislaros vosotros!
-Es que estuvimos justo antes de ir a la vuestra.
De verdad, pocas cosas nos pasan.




Pd1: Dio negativo. Teniendo en cuenta que se está recuperando de un cáncer y que siempre lo ha pasado muy mal con la alergia, me atrevo a decir que la tos, la fiebre y el cansancio podían deberse a cualquier otra cosa. Así como teoría loca.


Pd2: Como me aburría he escrito otro libro.