27 julio 2020

La casa de las cajas

Lunes
-Mamá, ¿hoy vamos a la pisina?
-No, Nene-kun, hoy no podemos ir a la piscina, mamá tiene que esperar a que le traigan unas cajas de libros.
-¿De Villamatojo?
-No, los de Vayamos por partes.
-Oh. ¿Y por qué no los recoge papá cuando vengan?
-Porque son muchos libros. ¡Cientos de libros! ¡Miles de libros!
Media hora más tarde, un mensajero apareció con dos cajitas de libros.
Nene-kun me mira con rencor.
-¿E-esto es todo? -pregunto. 
-Sí.
El mensajero parece totalmente convencido. 
-Vaaale -le dijo. 
El mensajero se va y yo abro la caja: 
-Vaaaale, se ve que me han mandado por un lado la primera parte y por otro la segunda... ¡Lo han mandado por partes, Nene-kun! ¡JAJAJAJA! ¡Me mondo yo sola!
A Nene-kun, sin embargo, no le hacía gracia.
-Entonces, ¿ya podemos ir a la pisina?
-No, pedorrillo, tenemos que esperar a que lleguen el resto de las cajas.

Martes
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No, lechoncillo, tenemos que esperar a que lleguen las cajas.
-¿Y cuándo van a venir?
-Pues espero que hoy, la verdad...
Justo en ese momento suena el teléfono.
-Hola, soy el mensajero, que tengo aquí unas cajas...
-Gracias a dios...
-Lo que pasa es que pesan mucho. 
-...ya, son libros. 
-¿Van a estar ustedes en casa?
-Sí, claro. 
O sea, ¿dónde vamos a ir? ¿A la piscina? ¿En julio? ¿Estamos locos o qué?
-Bueno, yo les llevo las cajas pero me tienen que ayudar ustedes porque pesan mucho.
-...
Creo que no lo he contado nunca: mi cuñado tiene una empresa de portes y mudanzas. Una grande, con su flotilla de camiones, incluso de los que tienen una plataforma elevadora para meter y sacar cosas por los balcones.
En aquel momento me di cuenta de que mi cuñado tiene el negocio muy mal planteado, o sea: ¿para qué necesitas una plataforma elevadora cuando puedes decirle al cliente que el sofá pesa y que ya lo suba él si eso?
-¿Señora?
-Está bien, no se preocupe, yo le ayudo. 
Que hace mucho que no me rompo y en urgencias me deben estar echando de menos. 
-¿Tienen ascensor, no?
-Sí, pero está en la entreplanta.
-[&%*%$]
-Hombre, son seis escalones, tampoco es para ponerse así...
-Bueno, yo le dejo las cajas en el portal y ustedes las suben. 
Bueno, son sólo unos doscientos libros y pesan sólo medio kilo cada uno, ¿qué puede salir mal?

Miércoles
-Me... muero...
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No... yo... espalda... cajas...
-¿Hoy también tienen que traer cajas?
-Sí, de ibuprofeno. En vena.


Jueves
-Mamá, ¿hoy podemos ir la pisina?
-No, mi amor, hoy me tienen que traer más libros.
-¿De Villamatojo?
Cuando Nene-kun dice Villamatojo con su vocecilla me imagino a los zombis como peluches de colores pastel que lanzan arcoiris por el culete.
-Sí, de Villamatojo.
Media hora más tarde, tenemos en la puerta a la mensajera. Una señora. Que pudo subir la caja con los libros ella solita y todo (eran muchos menos, esto también es verdad).
Mientras firmo la entrega, Nene-kun asoma la cabeza.
-Mamá, ¿quién es?
-Una señora que ha venido a traernos los libros.
-¿Los de Villamatojo?
-Sí.
-Pues pregúntale si ya nos podemos ir a la pisina.


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¿Quién dijo que quería Villamatojo en papel?


20 julio 2020

La hucha de cerdito


Cuando ZaraJota y yo nos casamos, mis hermanos nos regalaron una hucha de cerdito rellena de céntimos.
Bueno, en realidad fueron dos, pero una de ellas reventó, literalmente, por el peso de los céntimos.
Igual se les fue un poco la mano ahí.
La otra tiene aproximadamente el tamaño de un balón de baloncesto y todavía sobrevive.
Después de la boda, la vaciamos, nos gastamos la pasta, y de inmediato empezamos el proceso de rellenarla, que nos ha llevado diez años.
Y eso que yo estoy súper concienciada, que echo ahí todas las moneditas de céntimo que caen en mis manos y las de cincuenta que aparecen en la lavadora por motivos que no acabo de entender.
Lo que pasa es que bueno, la malvada hucha tiene un agujero por abajo y alguna vez que nos hemos visto pillados hemos recurrido a él.
No me juzguéis.
Bueno, el caso es que después de diez años alimentando el cerdito, por fin llegó el día en que fui a meter una moneda y no entró.
Había llegado el momento de contar nuestras monedas y hacer un tío Gilito con ellas.
El problema es que después ningún banco aceptaba cambiárnoslas.
-Esto sólo lo hace el Banco de España -nos dijeron.
Así que hice lo que cualquier persona normal haría en plena pandemia: llamar al Banco de España a pedir explicaciones.
En el Banco de España fueron muy amables y me dieron cita para ir un día con mis dineros.
-¿Puedo llevarme a mi hijos? -pregunté.
-Claro.
Maldición.
Así fue como una mañana de julio, en plena pandemia, cogí a mis dos hijos y unos quince kilos en monedas y me subí a un autobús con destino al Banco de España.
Os voy a decir una cosa: si las medidas de seguridad del supermercado os parecen un engorro, os sugiero evitar el Banco de España. Porque si ya con eso de ser un banco son un poco paranoicos con lo de la seguridad, con el tema de la pandemia no os quiero ni contar.
Nada más llegar a la puerta, se nos acercó un guardia civil con todo el equipo, subfusil incluido.
-Hola -nos dijo. A lo que, sin la menor provocación, Nene-kun contestó:
-Yo de mayor quiero ser policía.
El guardia civil, que era muy joven y muy buen puesto (para los que no viváis en Madrid, debo aclarar que en los edificios oficiales suele haber guardias civiles un poco más entrados en años y en carnes), se lo tomó con diplomacia.
-No soy un policía, soy un guardia civil.
-Pues yo quiero ser policía.
Llega a este punto, decidí que era mejor intervenir.
-Nenekun -le dije- un guardia civil es como un policía pero de color verde.
Esto lo oye mi abuelo, que era guardia civil, y me mete collejas hasta en el carnet de identidad, pero como tuvo el mal gusto de morirse hace unos años ahora que no venga a quejarse.
Nene-kun, que desde hace tiempo sospechamos que es daltónico, miró al guardia civil de arriba a abajo.
-Es mejor ser policía.
El guardia civil se lo pensó un momento.
-La verdad es que lo mejor es ser ingeniero -dijo.
Llegado ese punto nos dijeron que podíamos pasar y salí corriendo a toda la velocidad que me permitían los quince kilos de céntimos que llevaba en la mochila.
Pasamos un control.
Pasamos otro control.
Pasamos otro control.
Y por fin nos vimos dentro del Banco de España.
A ver si conseguimos que no nos echen, pensé.
Ese fue el momento en el que Nena-chan decidió intervenir gritando a voz en cuello con su dulce voz..
-MAMÁ, ¿POR QUE ESTE BANCO ES TAN GRANDE? ¿SON RICOS O QUÉ?
A dios pongo por testigo que la próxima mascarilla se la voy a comprar con silenciador.
-Este es el banco de todos los bancos.
-¿Y TIENEN MUCHO DINERO?
-Sí, mucho.
-¿Y ENTONCES POR QUÉ TENEMOS QUE TRAERLES EL NUESTRO?
Buena pregunta.
Por suerte para mi salud mental, la cajera no tardó en salir a atendernos.
-Hola guapos -les dijo a los niños, porque las cosas como son, mis hijos están guapos hasta con la mascarilla puesta-, ¿venís a traer monedas?
-Sí, de nuestra hucha de cerdito.
-Muy bien, muy bien. Pues nada, sacadlas y las vais poniendo en esta bandeja.
Me quité la mochila, la dejé caer en la mesa (la mesa aguantó) y empecé a sacar bolsas de monedas una detrás de otra.
-Pero... -preguntó la cajera-, ¿cómo de grande era esa hucha?
-Muy grande -aseguró Nena-chan.
A lo que Nene-kun consideró necesario añadir:
-Yo de mayor quiero ser policía.
Creo que la próxima vez me gastaré las monedas en tragaperras.


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Ya está disponible en Lektu Crónicas Funestas III. Hijo de la espada.



13 julio 2020

La mudanza


Hace unas semanas, escribí un hilo (de broma) sobre cómo pensaba que sería la vuelta al cole en la Comunidad de Madrid.
Lo que no me vi venir bajo ninguna circunstancia es que hubiera que sacar la oficina del AMPA del colegio.
-Es para evitar que los padres entren en el edificio principal, donde van a estar los niños -me explicó ZaraJota.
-Ah, pues me parece muy bien, porque la mayoría venimos al cole directos del trabajo y en transporte público y a saber qué miasma traemos encima.
-Entonces, ¿te parece buena idea? ¿De verdad?
Que a ZaraJota le importara mi opinión sobre el particular me tendría que haber resultado sospechoso, porque yo en el AMPA no pinto nada, lo que pasa es que como ZaraJota me habla tan poco cuando lo hace me pongo nerviosa y ya no coordino.
-Claro, me parece genial; lo que es una pena es que se les haya ocurrido hasta ahora, porque la mudanza se podría haber hecho antes de que apretara el calor, pero bueno, eso es problema de quien la tenga que hacer.
-Pues ahora que lo mencionas...
Mi sentido arácnido se volvió loco, en plan, totalmente loco. Que no es que estuviera demasiado cuerdo para empezar, así que imaginaros.
-¿Quién va a hacer la mudanza, ZaraJota?
-Son las cosas del AMPA, la mudanza la tiene que hacer el AMPA.
-Muy bien, muy bien.
Como os decía, yo en el AMPA no pinto nada, así que todo bien.
-Lo que pasa es que claro, estamos en pleno mes de julio y la mayor parte de los papás están o trabajando o de vacaciones o no tienen con quién dejar a los niños, ya sabes...
Mi sentido arácnido se subió a la azotea y se lanzó al vacío para poner fin a su sufrimiento.
-Mira, ZaraJota -le dije-, si crees que en pleno mes de julio, a las cinco de la tarde, a 35º a la sombra y con la dichosa mascarilla puerta te voy a ayudar a hacer una mudanza estás muy, pero que muy equivocado.
Dos días más tarde, en pleno mes de julio, a las cinco de la tarde, a 35º a la sombra y con la dichosa mascarilla puesta estaba ayudando con la mudanza, por supuesto.
-Te odio -le gritaba a ZaraJota cada vez que nos cruzábamos por el pasillo. Bueno, en realidad no gritaba, porque para gritar hay que tener aliento y yo en esos momentos no tenía aliento ni para pensar fuerte. Pero así, con carácter retroactivo, en mi mente le estaba gritando muy fuerte.
Que, la verdad sea dicha, a mí me gustan las mudanzas más que a un tonto un lápiz y además siempre he sido de las que se apuntan a un bombardeo. Lo que pasa es que además del calor y de la mascarilla había una cosa que me inquietaba mucho.
-Oye, ZaraJota, ¿y si los vecinos nos ven sacando muebles del colegio con la cara tapada y creen que estamos robando?
-No digas bobadas, ¿quien iba a ponerse a robar un colegio en pleno mes de julio, a las cinco de la tarde, a 35º a la sombra y con la dichosa mascarilla puesta?
Visto así lo de la mudanza suena mucho más lógico, dónde va a parar.


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Todos mis libros aquí.

06 julio 2020

Las gafas rotas

En el 2020 todo son desgracias: primero la plaga, luego abrieron los gimnasios y cuando ya creía que no podía pasar nada más se me rompieron las gafas.
No sé cómo puedo ocurrir, vaya, que sólo tenían algo así como tres años, sólo se me han caído al suelo un millón de veces, y ese día sólo habían recibido un cabezazo de Nene-kun,justo antes de caerse y de que el niño y yo aterrizáramos encima.
Debe ser la obsolescencia programada esa de la que hablan tanto.
Si esto le hubiera pasado a ZaraJota no habría sido para tanto, porque es de esas personas que sólo llevan gafas para ser todavía más sexis, no como yo, que las llevo porque sin ellas no veo mi propio culo.
Bueno, con ellas tampoco. Para que luego me digan que lo tengo gordo.
Como he comentado alguna vez, tengo algo así como un porrón de dioptrías y de lo más variado: astigmatismo, miopía e hipermetropía.
Sin gafas veo cero patatero.
Por suerte, siempre tengo unas gafas de repuesto. Lo que pasa es que es posible que las gafas de repuesto sean de hace diez años. Y hayan pasado unos nueve en su funda. Y puede durante ese tiempo se hubiera creado en ella un nuevo ecosistema y que no fuera sensato extraer las gafas de allí así de pronto. Porque, bueno, básicamente, al entrar en contacto con el oxígeno de la atmósfera, las gafas de repuesto se desintegraron.
Caca.
No me quedaba más remedio que ir a la óptica.
Os voy a decir una cosa: quizá una plaga mundial no sea el mejor momento para eso.
Para empezar, está el tema ese de no tocar nada.
-No te preocupes -me dijeron en la óptica-, puedes probarte las que quieras. Luego las desinfectamos.
-Ah, vale.
Me probé unas.
-Um... No.
Las devolví, la señora que me estaba atendiendo las limpió cuidadosamente con gel desinfectante y las dejó en una caja aparte.
Entonces me probé otras.
-Jajaja... No.
Las devolví, la señora que me estaba atendiendo las limpió cuidadosamente con gel desinfectante y las dejó en una caja aparte.
Cogí otras, ya mirando de reojo la caja.
-Vaya, estas tampoco.
Las devolví, la señora que me estaba atendiendo las limpió cuidadosamente con gel desinfectante y las dejó en una caja aparte.
-¿Tienes que hacer eso con todas?
-Sí, pero no te preocupes, tú pruébate todas las que haga falta.
-Creo que cogeré unas como las que tengo y ya está, de todas formas con la mascarilla da lo mismo.
Vaya, que para probarme las mascarilla con la cara tapada lo mismo me daba que se las probara ella, ZaraJota o el lucero del alba.
-Ay, mujer, haberlo dicho. Mira, lo que puedes hacer es quedarte en un ladito, sola, te quitas la mascarilla y yo te voy acercando las gafas que quieras probarte.
-Vale.
Me quedé en un ladito, sola, y me quité la mascarilla.
Las cosas como son: a estas alturas de la plaga me siendo desnuda sin ella.
Además, cada prueba suponía que la amable señora me acercaba las gafas, yo aguantaba la respiración hasta que se alejaba, me probaba las gafas, las devolvía, la amable señora las limpiaba cuidadosamente con gel desinfectante y las dejaba en una caja aparte.
Sólo verlo ya era agotador y, además, mi incomodidad social habitual se estaba poniendo por las nubes.
-Mira, ¿sabes qué?  -le dije-. Que estas mismas me valen.
De todas formas, dios sabe si podremos salir a la calle sin mascarilla alguna vez.
-Ay, me temo que estas no van a poder ser.
-¿No?
-No, es que tu cristal es demasiado grueso.
La cosa es llamarme gorda, como siempre.





29 junio 2020

La nueva normalidad piscinera

Por si no hubiéramos sufrido ya bastante en lo que va de año, ahora van y reabren los gimnasios.
Y con todas las medidas de seguridad, para que no podamos excusarnos en el coronavirus para no ir.
Vergüenza les tenía que dar.
Encima, reabren pero sin las clases de natación para los niños, también conocidas como "la media horita en la que me siento en la cafetería de delante para leer en silencio". 
Muy mal todo.
-Pero la piscina está abierta -me dijeron en recepción-. Puedes venir si quieres.
-¿Con los niños?
-Si quieres.
La verdad es que querer, lo que se dice querer, no quería mucho, lo que pasa es que hemos tenido unos días de mucho calor y como de todas formas cuando estamos en casa no me dejan trabajar pues mira, allá que vamos. 
Además, ahora que ya son más mayores (7 y 4) ir con los niños a la piscina es relativamente sencillo. Bueno, era.
En la nueva normalidad, ya nada es sencillo.
Para empezar, llevábamos las mascarillas. Nene-kun también, porque tener menos de 6 años no le va a impedir lucir el complemento de moda y aquí hemos venido a jugar.
Llegamos al gimnasio y aquello es como Eurodisney: han creado un circuito para hacer cola, un circuito para entrar, otro para salir y otro para moverse entre medias. Los niños están encantados de la vida porque como son true madrileñers todo lo que sea hacer cola les parece maravilloso; yo también estoy muy a favor de las colas, lo que pasa que voy cargando con las seis toallas, los bañadores, la crema solar, el gel, el champú, el repelente de piojos, las botellas de agua y el UNO, porque en esta familia no se va a ningún lado sin el UNO, y lo de esperar lo llevo un poco peor.
Cuando por fin nos toca turno, nos dicen que pongamos los pies es algo llamado "alfombrilla desinfectante".
-Y ahora, haced el Michael Jackson.
Los niños miran al monitor de lado a lado como si fuera de otro planeta y Nena-chan me dice, muy seria:
-Mamá, ¿qué es un Michael Jackson?
¿Oís ese crujido?
Es el corazón del monitor rompiéndose.
-Que frotes los pies contra la esterilla, hija.
El siguiente paso es ponerse gel desinfectante en las mano. 
-Frotad muy bien, ¡tenemos que aplastar a todos los virus! -dice el monitor, que todavía no ha perdido del todo la fe en la juventud.
Veo que Nena-chan va a intervenir (me huelo que está preparando algo del tipo: "No podemos aplastarlos porque son seres mircoscópicos") y le lanzo una mirada asesina que de verdad si hay algún virus de por medio se muere en el acto. 
-Que te frotes las manos -le digo. 
La temperatura no nos la toman y menos mal, porque después de hacer cola al sol con la bolsa de los arreos lo mismo no apruebo, así os lo digo, que me sudaba el bigote, el entreteto y el entreculo que no era ni medio normal para las diez de la mañana.
Conseguimos llegar al vestuario y nos encontramos que lo han adaptado para la nueva circunstancia, siendo la nueva circunstancia que estoy muy jodida porque han puesto separadores para crear espacios individuales y voy con dos niños y una bolsa más grande que yo. 
Empujo a los niños hasta la cabina más ancha y les digo que se vayan quitando la ropa.
-¿Ya no podemos quitar la mascarilla? -preguntan a dúo.
-No.
Acto seguido ambos niños se quitan las camisetas y sucede lo que seguramente ya habéis imaginado que sucedería: ambas mascarillas acaban en el suelo.
-Mierdaaa...
Bueno, no pasa nada, porque entre el millón de cosas que llevo en el bolso hay mascarillas de repuesto.
El problema es que los niños son considerablemente más jóvenes y más ágiles que yo (y están más cerca del suelo, pero no mucho más) y antes de que me dé tiempo a alcanzar las mascarillas ya las han recogido y se las han puesto, porque otra cosa no pero los tengo muy concienciados.
-Mierdaaa...
Me digo a mí misma que no pasa nada porque:
a) Regla de los 10 segundos.
b) El gimnasio acaba de abrir. Ese día y después de tres meses.
c) El vestuario huele a desinfectante, el suelo huele a desinfectante, hasta el desinfectante huele a desinfectante.
d) De todas formas vamos a morir todos.
Consigo que los niños se cambien sin mayores incidentes y empiezo a cambiarme yo.
El bañador ha debido encoger porque casi no me entra y cuando consigo ponérmelo me corta la respiración pero pienso que bueno, si los pulmones funcionan como al 10% de su capacidad tengo también un 90% menos de probabilidades de inhalar un virus, ¿no? 
O sea, las matemáticas no fallan.
Conseguí salir del vestuario con los niños, las mascarillas (puestas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO, porque sin el UNO no somos nadie y llegamos al acceso a la piscina. 
El monitor de turno nos dice que nos desinfectemos las manos con gel.
-Frotad muy bien -nos dice- tenemos que...
-MIRA, NI LO INTENTES.
-Vale.
Nos frotamos, cruzamos el umbral y nos dice:
-Muy bien, ya podéis quitaros las mascarillas.
-¡PERO SIN QUE SE OS CAIGAN! -añado.
Tarde. 
Por otra parte, a esas alturas ya me empieza a dar todo un poco igual.
En el suelo han marcado unos rectángulos para que cada bañista se coloque en uno y mantenga la distancia social. Les digo a los niños que se pongan en fila india detrás de mí (para mantener aún más la distancia a los lados) y que no pisen los rectángulos y empiezo a caminar hacia nuestro espacio asignado. 
De pronto les escucho reírse.
Miro para atrás, y están saltando de rectángulo en rectángulo.
-¿PERO QUÉ OS HE DICHO YO?
-Que no pisemos los rectángulos.
-¿Y qué estáis haciendo?
-Saltar para no pisar los rectángulos, mira, no hemos pisado ni una línea. 
Empiezo a sentir que mi párpado derecho se contrae. El tic en el ojo va a empezar de un momento a otro. Consigo llegar a nuestro rectángulo, suelto las toallas, las mascarillas (quitadas), las toallas, los manguitos, las botellas de agua, y el UNO porque si no llevamos el UNO se acaba el universo. 
Sudo cual gorrino en San Andrés. En ese momento me habría metido en la piscina aunque estuviera vacía.
-Venga, ahora nos damos una duchita y al agua.
-Yo no quiero ducharme.
-Nene-kun, siempre hay que ducharse antes de entrar la piscina.
-Pues yo no quiero.
-Pues no te bañas.
-Pues no me baño.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS VENIDO HASTA AQUÍ CON LAS SEIS TOALLAS, LOS BAÑADORES, LA CREMA SOLAR, EL GEL, EL CHAMPÚ, EL REPELENTE DE PIOJOS, LAS BOTELLAS DE AGUA Y EL P*T* UNO DE LOS COJONES?, pregunta educadamente mi niña interior.
-Pues no te bañes -dice mi voz exterior. 
Nene-kun se sienta en nuestro rectángulo asignado y yo me voy a controlar a Nena-chan, que lleva un rato metida en el agua y gritando "MAMÁ, MIRA" mientras yo me esfuerzo por fingir que no la conozco de nada.
Nene-kun se queda en el césped con cara de niño abandonado, que es una cosa que se le da muy bien y que normalmente me hace mucha gracia, lo que pasa es que en ese momento no estaba del humor apropiado para apreciarlo. 
Yo le iba echando reojos y al rato veo que se le acerca un monitor y el niño me señala, y el monitor se viene al borde de la piscina y me dice:
-Señora, el niño no puede estar solo.
Y yo le digo que vale, vale, que ya voy, pero entonces a la que dejo sola es a Nena-chan, que está en el agua y por tanto en una situación considerablemente más peligrosa.
Así que le digo a la nena que se venga conmigo.
-¡No quiero! ¡Quiero quedarme en el agua!
-Es sólo un momento, por favor.
-¡QUE NO QUIERO!
Me meto en el agua, cojo a la nena como a un lechón, salgo de la piscina, voy hasta Nene-kun.
El niño me mira como si se acabara de dar cuenta de que está ahí.
-¿Vas a ducharte?
-NO -dice Nene-kun.
-¿Jugamos al UNO un rato?
-NO -dice Nena-chan.
¿ENTONCES PARA QUÉ HEMOS TRAÍDO EL UNO DE LOS C*J*N*S?, dice mi niña interior.
Decido ignorar a los tres y cojo el móvil para ver si ya es hora de volver a casa y llorar en bajito.
Tengo un mensaje en la aplicación del gimnasio. La abro para ver si nos han echado ya y tengo excusa para no volver.
Es una encuesta: 
ESPERAMOS QUE SU VISITA HAYA SIDO SATISFACTORIA.
VALORE DEL 1 AL 10 EL NIVEL DE SATISFACCIÓN CON SU VISITA.
Creo que me voy a abstener.



*   *   *

El jueves 16 de julio, videoclub de lectura online sobre Villamatojo en librería La Sombra.
La participación en el club es gratuita, sólo hay que escribir a La Sombra para que os faciliten el acceso.
El libro se puede adquirir entero o por partes aquí.







22 junio 2020

A través del espejo

Pues durante el curso pasado Nena-chan empezó a escribir en espejo; esto es, empezó a escribir letras y números al revés. 
La seño nos dijo que era normal (lo de la escritura en espejo, no la seño) y con el tiempo se ha ido corrigiendo solo, salvo una cosa: por más que nos empeñemos, la nena sigue confundiendo la b y la d. 
A falta de una idea mejor, se me ocurrió empezar a escribirle una d en la mano derecha todas las mañanas, justo antes de hacer los deberes, así:
Reconstrucción de los hechos.
La mano es azul porque últimamente nos da poco el sol.


-La D es como tu mano DErecha, tiene el DEdo gordo en el mismo lado -le dije a Nena-chan y al principio todo fue bien.
Lo que pasa es que yo, como buena zurda que soy, también tengo mis momentos de escritura espejo, sobre todo cuando he dormido poco y tengo a dos niños gritándome a moviéndose a mi alrededor y a la vez.
Por eso (y porque soy muy tonta, claro) un día en vez de una d le escribí...

...una B.
-Mamá, mamá, mamá, la has escrito al revés.
-M**rd*.
Con rotulador indeleble, claro. Y aunque hubiera sido rotulador normal, la piel atópica de Nena-chan es particularmente sensible al jabón.
-¿Qué hacemos, mamá?
-No te preocupes, Nena-chan, esto lo arreglo yo en un segundo, ¿Ves? Ya tienes tu D.

-Pero mamá, ahora no sé cuál es la buena.
-No te preocupes, ahora tachamos la que no es.
Pero poco, que tampoco es plan de llevarle a la chiquilla la mano de rotulador, así:

-Tacha también el palito, mamá.
-Tacho el palito.
Había salvado la situación y me sentía la mejor madre del universo y del mundo, cuando ZaraJota salió de la habitación en la que afirma teletrabajar y se quedó mirando a Nena-chan con cara de pasmo.
-Lorz... -me dijo-. Sabes que yo respeto mucho tus métidos materno-pedagógicos, ¿verdad?
-No, la verdad es que hasta ahora no me ha dado esa impresión.
-Bueno... el caso es que me gustaría saber, si no te importa, POR QUÉ LE HAS PINTADO A NENA-CHAN UNOS GENITALES MASCULINOS EN LA MANO.
-Pues porque es la mano derecha, obviamente.




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15 junio 2020

Las recompensas del #relorzfunding

Por si a alguien no le ha llegado el mail, o le ha ido directo a spam, o ha pasado de leerlo:

como quizá hayáis visto, hemos reanudado el envío de recompensas del #relorzfunding.

Todavía no tenemos el libro impreso por no sé qué de una pandemia, pero tenemos todo lo demás desde finales de febrero y el peso de las cajas estaba empezando a afectar a la estructura del edificio. Y que me tropiezo con ellas cada vez que paso porque tengo el sentido espacial un poco j*d*d*.
Por eso hemos dicho: vamos a enviar ahora lo que tengamos y el libro ya llegará si eso.
Algún día.
Preferiblemente, antes que el meteorito.
Así que, por favor, si en estos meses os habéis mudado, o estáis temporalmente fuera de casa, o nos pusisteis la dirección de una oficina a la que actualmente no vais, o de una tienda que en estos momentos está cerrada, os agradecemos que lo comuniquéis en lorzagirl@gmail.com.
Si os quedasteis con ganas de alguna recompensa (pedisteis el libro pero después habéis comprendido que vuestra vida no merece la pena sin el imán, por ejemplo) todavía estáis a tiempo de decirlo.
Por último, a los amigos y residentes en Madrid: no hemos perdido la esperanza de entregaros las recompensas en mano; probablemente empezaremos a repartirlas en un par de semanas; si alguien prefiere que se las mandamos ya y/o por correo, sólo tiene que decirlo.
Como siempre, podéis contactar con nosotros en lorzagirl@gmail.com
Gracias por vuestra colaboración.

EDITADO 16/6/2020
Acabamos de enviar por mail el libro electrónico de Vayamos por partes. Segunda parte.
Los mecenas del #relorzfunding lo habrán recibido en el mail que dieron al participar.
Si alguien no lo ha recibido, o no puede descargarlo, o cualquier otra cosa, que contacte con nosotros en lorzagirl@gmail.com







08 junio 2020

Cocina de aprovechamiento

Cada vez que vamos al súper lo mismo:
-A ver, Nena-chan, ¿qué quieres de fruta? LOS LACASITOS NOS SON FRUTA.
Me da igual lo que diga ZaraJota: ser redondos y de colores no los convierten automáticamente en fruta.
-Pueeeeees... plátano.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Mira que luego los tengo que tirar y me da mucha rabia.
-De verdad que me los como.
-Bueno, ya veremos.
Cuatro días más tarde tenía en casa dos plátanos negros como nuestro futuro y un cabreo monumental.
Ah, no, me dije.
Me niego a tirar los plátanos. Esto lo reaprovecho yo como sea. ¡Que no están las cosas como para tirar comida!
Me acordé entonces de que Cattz hace una especie de bizcocho de plátano que yo no he probado nunca, pero sólo con las fotos ya puedo deciros que eso sabe a gloria bendita. Y si Cattz, que es prácticamente una extranjera, puede hacer pan de plátano, ¿cómo no voy a poder hacerlo yo?
Encontré una receta y me pareció súper fácil.
Quizá el problema sea ese.
El primer problema fue que no tenía huevos.
O sea, tenía, pero sólo cuatro, y como estaba en pleno proceso de hacer filetes rusos pensé, uy, no puedo gastarlos todos, así que en vez de cuatro, que era lo que pedía la receta, eché dos.
Para compensar le eché un yogur. De plátano, por supuesto a ver si os pensáis que estoy loca.
Harina sí tenía de sobra, pero me apetecía cero sacar la báscula, porque la tengo con las cosas del #relorzfunding para pesar los paquetes, así que pensé que bueno, tampoco pasaba nada por echarla a ojo.
Y ya puestos a echar, mejor que sobre que no que falte.
Me pasó lo mismo con el azúcar y la leche, aunque en mi defensa debo decir que sé que en uno de mis vasos caben 180 ml, así que eché a ojo más o menos la mitad y arreglado.
Además, puede que se me olvidara echar la levadura aunque, bien pensado, quizá sea hasta lo mejor.
El resultado fue una masa tan espesa que incluso absorbía la luz de su alrededor y que olía como los baberos rancios de las primeras papillas.
Las madres me entendéis.
Aquello era un desastre de proporciones épicas, así que hice lo único que podía hacer: echarle un poco de sal (para compensar) y meterlo en en horno.
Media hora más tarde tenía una especie de empanada de engrudo, a saber:

Imagen
En mi defensa debo decir que al menos no sé quemó.
Por otra parte, el horno está fallando y se apagó por su cuenta a media cocción, así que lo mismo tampoco es mérito mío.
El sabor no era malo. Era intenso. Muy intenso. Como si alguien te inyectara leche condensada con sabor a plátano directamente en el cerebro. Me tomé una cucharada y se me coagularon 2/3 de las venas. Con la segunda, dejé de ver. Con la tercera, perdí la sensibilidad en la lengua, se me cayeron tres muelas y decidí dejar de comer.
-Creo que voy a tirarla -le dije a ZaraJota.
-Pero Lorz, creía que el objetivo de todo esto era no tirar comida.
-No, no, no, el objetivo era no tirar los plátanos.
Que hay que explicarlo todo.




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Pd: ¿Ya tenéis vuestra camiseta para no ir* al desfile del orgullo?


* Porque de momento se ha pospuesto, obviamente.

01 junio 2020

El desfase


El desfase lo llevamos regular.
Como ya es legal, mis padres han venido a vernos a casa. Digo "vernos" cuando, obviamente, a quienes querían ver es a los nietos, que a fin de cuentas a mí me conocen desde hace cuarenta años y me tienen muy vista y ZaraJota para la conversación que da mejor le pintas una carita a un globo.
La cosa fue más o menos bien al principio: los abuelos venían con mascarilla, guantes, escafandra y un traje de neopreno, que de verdad si me llegan a decir que se iban a seguir los pasos de Costeau me lo habría creído sin problemas.
Pero claro, según entraron en casa los niños se les quisieron echar encima.
-No, no, mira, lo que podemos hacer es frotarnos el codo, así -le dijo mi madre a Nene-kun.
-Pero madre -le dije- que el codo es donde estornudamos.
-¿Y?
-Pues que si el niño estornuda en su codo, luego frota su codo contra el tuyo, y luego tú estornudas los mocos pasan de uno a otro lo mismo.
-Oh.
Mis padres pasaron a casa muy tiesos y se sentaron muy tiesos con su mascarilla, sus guantes, sus escafandras y sus trajes de neopreno.
-¿Queréis una cervecita?
-Vale, una.
-Sí, porque no tengo más.
Desde que el supermercado dejó de hacer envíos a domicilio lo único de peso que entra en casa soy yo.
Les puse la cerveza delante y se la quedaron mirando en plan muy bien, ahora qué hacemos con todo el equipo.
-Quitaos la mascarilla, anda, si total, estamos todos teletrabajando desde hace dos meses.
Mis padres se quitaron la mascarillas para tomarse la cerveza y ya que estábamos pensé, qué lastima, la cerveza (a compartir) y a palo seco, voy a sacar unas patatitas.
Mis padres se quedaron mirando las patatitas en plan muy bien, y nosotros con los guantes puestos.
-Quitaos los guantes, anda, si total, si ninguno salimos de casa para nada.
Mis padres se quitaron la mascarilla y empezaron a tomarse las patatitas.
Y claro, ya que estábamos sin mascarillas, sin guantes, sin escafrandras y sin trajes de neopreno y todos metiendo la manorra en el mismo cuenco de las patatas, nos pareció súper absurdo que los niños mantuvieran la distancia. Sobre todo, porque ya hacía rato que se les habían sentado en las rodillas.
-No pasa nada, venga, si de todas maneras no hemos tenido contacto con nadie.
El caso es que una cosa fue llevando a la otra y para cuando llegó la hora de irse ni distanciamiento, ni asepsia, ni pepinillos en vinagre, que a los niños solo les faltó hacer la croqueta sobre un charco de fluidos corporales.
El caso es que al día siguiente me llamó mi padre:
-Oye, que la abuela está regular y le han hecho la prueba del covid.
-Ay, pobre.
-No te preocupes, que son solo decimillas y un poco de tos. Seguramente no es nada, te lo digo para que os aisléis.
-¿Y por qué me voy a aislar yo ahora, que llevo tres meses sin ver a la abuela?
-Porque nosotros estuvimos en su casa.
-¡Pues aislaros vosotros!
-Es que estuvimos justo antes de ir a la vuestra.
De verdad, pocas cosas nos pasan.




Pd1: Dio negativo. Teniendo en cuenta que se está recuperando de un cáncer y que siempre lo ha pasado muy mal con la alergia, me atrevo a decir que la tos, la fiebre y el cansancio podían deberse a cualquier otra cosa. Así como teoría loca.


Pd2: Como me aburría he escrito otro libro.

25 mayo 2020

Policía de balcón

Después de tan solo 75 días de confinamiento, por fin Madrid pasa hoy a la Fase 1, mientras que en el mundo civilizado se pasa a Fase 2.
En mi calle, en cambio, nos hemos pasado de la fase al desfase desde hace tiempo.
Todo empezó cuando se dio permiso para pasear a determinadas horas del día, según la edad de cada uno.
Los niños podían salir a pasear a la calle de 12 a 19 horas, así que nos sorprendió mucho que en nuestra plaza hubiera chavales un poco pasada la hora, digamos sobre las once de la noche o así. Además, eran muchos, no llevaban mascarillas y no respetaban las distancias de seguridad.
Pero lo que de verdad sacó al policía de balcón que todos llevamos en nuestro interior es que se estaban sacudiendo que daba gusto con una bicicleta.
No por una bicicleta: con una bicicleta.
De paso, se estaban llevando por delante la chapa y pintura de los coches aparcados en la calle.
Los vecinos de la calle, que han cogido la costumbre de salirse a la terraza por las noches, estaban con el espectáculo en directo que ni OT ni Masterchef ni la madre que los parió. El que no estaba grabando la pelea es porque estaba llamando a la policía, así os lo digo.
La policía apareció con la sirena puesta y los chavales se escondieron en los portales, que ya hay que ser tonto, porque había más gente mirando que en una final de la champions. En cuanto los policías se bajaron del coche miraron alrededor y gritaron "¿Dónde?", y todos los vecinos empezaron "Ahí, ahí" como cuando íbamos a ver las marionetas al Retiro, de verdad, el mejor espectáculo que he visto en siglos y allí en directo justo debajo de mi ventana.
La policía entró al edificio de enfrente a mi casa y llamó a un piso concreto. Lo sabemos porque las luces de ese piso se apagaron de inmediato, y lo siguiente que vimos fue a los policías con las linternas como Mulder y Scully.
Yo es que me imagino a los chavales:
-La policía está en la puerta.
-¡Rápido, apaga la luz!
-¿Cómo?
-Si no hay luz no pueden vernos.
-¡Bien pensado!
-¡Maldición! ¡Tienen linternas!
-¿Quién podía haberlo imaginado?
Los pillaron, claro, y los mandaron a su casa porque es que además de estar fuera, a deshoras, destrozando coches y dándose de tortas, que ya hay que ser tonto, es que fueron a esconderse en un domicilio diferente al que estaban empadronados.
La semana siguiente, volvía yo de la compra cuando me volví a encontrar a un grupo de chavales en la plaza. Estaban todos apretados en un ladito mientras la policía hablaba con una señora.
-Su hijo llevaba un arma en la mochila -decía el policía.
Lo típico que estás fuera de casa a deshoras, en grupo, sin mascarilla, no respetando las distancias durante una pandemia, te para la policía, una cosa lleva a la otra y se dan cuenta de que llevas un arma en la mochila.
A mí me ha pasado un millón de veces, como mínimo.
-¿Pero estaba cargada? -preguntaba la mujer.
-No, señora, no tenía munición.
-Ah, bueno.
¿AH, BUENO?
Unos días más tarde, dos chavales estaban en la calle mientras un señor les gritaba desde una terraza.
-¡PASTILLEROS DE MIERDAAA!
No sé, lo normal que grita uno un domingo a media tarde.
-¡TÚ SI QUE ERES UN MIERDAAA! -gritaban los chavales desde abajo.
-¡¡¡A MÍ NO ME VENGÁIS OTRA VEZ A PEDIRME PASTILLAS!!!
-¡¡¡CABRÓN!!!
-¡¡¡LAS PASTILLAS DE TU ABUELA TE VAS A TOMAR!!!
-¡¡¡QUE TE MATO!!!
Llegado a ese punto pensé que sería buena idea llamar a la policía, porque a mí que se griten me da bastante igual, pero es que me estaban amargando la siesta.
La policía vino. Otra vez. Pidió la documentación de los chavales. Otra vez. Los mandó a su puñetera casa. Otra vez.
Mientras tanto, en la plaza, tenemos un grupo que se sienta todos los días beber cerveza en las mesitas que hay para que los viej...ancianos jueguen al ajedrez, que por mí pueden jugar al Monopoly, vaya, pero es que tienen el tablero de ajedrez dibujado.
A mí que estén en grupo, sin mascarilla y a deshoras me da igual porque el alcohol desinfecta mucho y estos beben como para desinfectar todos los hospitales de Madrid, Ifema y la clínica Ruber si hace falta, así que no hay peligro.
Lo que pasa es que hace unos días se trajeron una espada.
En serio.
Una espada.
Yo estaba "trabajando" o, lo que es mismo, diciendo barbaridades en twitter, cuando empezaron a pelearse por jugar con "la espada" y de pronto escuché algo parecido a un hachazo.
Me asomé a la ventana y me puse a destender la ropa porque una es cotilla pero muy disimulada y veo que, efectivamente, estaban en la mesa de los viej...ancianos bebiendo cerveza y turnándose para lanzar un cuchillo largo contra el tronco de un árbol.
Lo normal que haces un miércoles a las doce de la mañana en un parque justo a la hora a la que pueden salir los niños durante una pandemia, no sé.
Me quedé un rato cambiando de sitio los calcetines del tendedero porque no quería ser yo la que llamara a la policía, que me van a acabar conociendo mejor que en urgencias y eso.
Además, imaginaos el papelón: Es que en la plaza hay unos señores con una espada, le aseguro que no estoy loca, señor agente.
-Bueno, un poco sí, pero nada que ver con la espada, se lo aseguro.
En ese momento ZaraJota salió del dormitorio donde se supone que teletrabaja, que para mí que teletrabajar es "esconderse de los niños" en klingon, pero bueno.
-¿Qué haces?
-Nada, aquí mirando a los del botellón, que se han traído una espada.
-No puede ser.
-Mira.
ZaraJota se asomó a la ventana.
-No es una espada -me dijo-. Es un sable
Pues menos mal que no he llamado a la policía, porque habría quedado como una loca.





Escribo libros y hago cosas cuquis.


18 mayo 2020

El masaje cardio respiratorio

Allá vamos.


Hace unos días se murió un hermano de mi abuelo.
Este hermano de mi abuelo estaba casado con una hermana de mi bisabuela.
A ver si lo aclaro mejor: el hermano de mi abuelo estaba casado con una hermana de la suegra de mi abuelo.
No es tan complicado como parece, salvo que algunos primos de mi madre lo son a la vez en primer y segundo grado, y una de sus tías por parte de padre es a la vez tía abuela por parte de madre, mientras que uno de sus tíos por parte de padre es a la vez tío abuelo por parte de madre y mira, qué más da, si luego a las comuniones los invitabas a todos y ya está.
El caso es que este señor se murió y la Tita del Puerto llamó a su hijo para darle el pésame.
Y un par de días más tarde me llamó a mí, y ahí es cuando la liamos, claro.

-El otro día estuve hablando con el primo, por lo de su padre.
Así, para simplificar. 
-Ay, sí, pobre.
-Hacía por lo menos treinta años que no hablaba con él, desde que se murió Titaelena. ¿Tú te acuerdas de Titaelena? Era hermana de tu bisabuela. 
-No, creo que no.
-Se murió antes de que tú nacieras.
-Entonces quizá por eso no me acuerdo. 
Nota: en la investigación posterior descubrimos que se murió cuando yo tenía dos o tres años. 
-Ay, Titaelena, qué graciosa era.
-¿En serio?
-Sí, es que no se parecía a su familia.
-Eso lo explica todo.
Ese lado de la familia no destaca precisamente por su sentido del humor.
-De graciosa, de divertida, de ocurrente... Nos partíamos con ella.
-Muy bien, muy bien.
-Lo que pasa es que como de vez en cuando le daba por suicidarse pues le tuvieron que hacer una trepanación y se quedó tontusilla. 
-¿Que QUÉ?
La Tita del Puerto es que es muy de estar tan tranquila hablando del tiempo y de pronto soltarte una bomba así, al azar.
-Que le hicieron una trepanación y se quedó tontusilla.
Que conste en acta que la Tita del Puerto es una enfermera con muchísima experiencia en varios campos, incluyendo quirófano, oncología, pediatría y neonatos.
-Tontusilla.
-Eso, tontusilla. La cuidaba una mujer que era un poco bobona.
No confundir con tontusilla.
-Claro.
-Total, que estaba muy mala, y me fui a verla y allí estaba el primo. Y como vimos que se ahogaba dijimos: venga, vamos a hacerle un masaje cardio respiratorio y verás que bien.
-Claro, le sentaría divinamente.
-Sí, sí, estupendamente. Así que nada, allí la dejamos, nos fuimos a la piscina y se murió.
-¿Que QUÉ?
-No te imaginas el número, porque claro, Titapepi nunca se mete del todo en la piscina porque como tiene el pelo rizado...
En mi pueblo, en verano, se pueden llegar a los 50º pero oye, EL PELO ES EL PELO.
-Claro, se le encrespa
Obsérvese mi capacidad de autocontrol, que yo en ese momento estaba en plan VOLVAMOS AL TEMA DE LA TONTUSILLA, POR FAVOR.
-Es que ella no tiene el rizo bonito, como yo.
-Claro.
-Total, que ese día se mojó el pelo. Y se le pusooo... buf, cómo se le puso... Parecía una menina. Total, que llegamos al velatorio con esos pelos... y me encuentro al primo y le digo: Oye, ¿no nos habremos cargado a Titaelena con el masaje? Y me dice: No, mujer, claro que no.
GUIÑO, GUIÑO, CODAZO, CODAZO. 
-Di que sí, primo, tú niégalo todo.
-Total, que miro alrededor y veo a Titapepi, con esos pelos, que parecía una menina... JAJAJAJAJA.
-Pobre.
-Es que ella quería mucho a Titaelena, se llevaban muy bien antes de que ella se quedara tontusilla y eso... 
-Porque le trepanaron para que no le diera por suicidarse.
-Porque le trepanaron para que no le diera por suicidarse. Así que le digo: Titapepi, no te preocupes, que tengo un secador en casa y verás qué bien. 
Claro que sí, como el masaje cardio respiratorio.




Pd: Todos mis libros siguen disponibles en Lektu

11 mayo 2020

Las modas



El jueves pasado estaba yo tan tranquila intentando escribir un libro, corregir otro, maquetar un tercero; controlar que Nena-chan hiciera los deberes, que Nene-kun recogiera la habitación, que Ratoncito López no tirara más arena fuera de la jaula, que la lavadora terminara bien porque últimamente le ha dado por no centrifugar y, sobre todo, intentando que nadie molestara a ZaraJota, que estaba en otra habitación teletrabajando, cuando el susodicho ZaraJota salió de la susodicha habitación, se metió en el baño y empezó a devolver locamente y por doquier.
Vaya por dios, con lo tranquila y relajadita que yo estaba.
Se ve que a algunas personas el corona les empieza con diarrea y vómitos, y además ZaraJota llevaba días muy cansado, que se echaba hasta a dormir la siesta sin ser él del sur de Despeñaperros ni nada.
En fin, que por precaución y mientras conseguíamos contactar con su médico (o él con nosotros), lo mandé aislado a su habitación y, cada vez que salía para el baño, yo iba detrás con el sanitol y la bayeta en la mano porque total, tampoco es como si estuviera ocupada ni nada.
Además, les expliqué a los niños que tenían que mantenerse alejados de papá.
-¿Por qué? -preguntó Nena-chan.
-Porque está malito y como no sabemos si es coronavirus vamos a tomar todas las precauciones por si acaso.
-¿Papá tiene coronavirus?
-Podría tener coronavirus, pero no lo sab...
-¡YO NO QUIERO QUE PAPÁ SE MUERA! -Nena-chan empezó a llorar, o sea, LLORAR, locamente-. ¡NO QUIERO QUE SE MUERA!
-Eh... vamos a ver... No sabemos si tiene corona. Pero aunque tuviera corona, no se tiene por qué morir.
-¡PERO TODO EL MUNDO SE MUERE CON EL VIRUS!
-No es verdad, todo el mundo no. Y papá es joven, está sano y fuerte, seguro que a él no le pasa nada.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Pero otra gente sí se muere.
-Sí, pero papá no.
-¡PERO YO NO QUIERO QUE SE MUERA NADIE!
En ese momento dramático estábamos cuando llamó el médico para hacer telediagnóstico que, perdonadme que os diga, del 1 al 10 me parece fiable en un -23.
ZaraJota la explicó los síntomas y el médico le dijo que tomara paracetamol y mucha agua, que perdonadme que os diga pero es lo mismo que te dicen para prácticamente todo desde un resfriado común hasta el ébola, pero bueno.
-Pregúntale si puede ser corona -le dije a ZaraJota-, que estoy gasta el piticlín de perseguirte con el sanitol en la mano.
ZaraJota le preguntó al médico si los síntomas que tenía podían ser de coronavirus.
-No -le contestó el médico-, probablemente no.
-¿Cómo que probablemente?
O sea, que primero nos dijeron que si no empezaba con fiebre no era corona, luego que si no empezaba con tos no era corona, y a estas alturas parece que hasta un padrastro podría ser un síntoma temprano.
-Que lo más probable es que no, hombre, que ahora parece que todo tenga que ser covid, como se ha puesto de moda...
Me pregunto por qué.




Pd: conseguí terminar el libro y ya está disponible en Lektu, con todos los demás.

04 mayo 2020

El Ratoncito Pérez

Como seguramente sabéis, estamos en confinamiento por pandemia.
Durante los primeros díassemanasyoquésé solo podían salir a la calle los trabajadores esenciales.
Eso provocó una oleada de pánico entre ciertos sectores de edad porque claro, no ir a los cumpleaños de los amigos, vale; no poder celebrar tu cumpleaños con los amigos, vale; pero que no venga el Ratoncito Pérez a casa cuando se me cae un diente, ESO SON PALABRAS MAYORES.
Las autoridades competentes se apresuraron en hacer declaraciones para tranquilizar a la población: el Ratoncito Pérez es un trabajador esencial. Muchos alcaldes publicaron bandos e incluso el ministro Pedro Duque hizo declaraciones oficiales al respecto.
Parecía que la recogida de dientes humanos estaba garantizada.
Pero.
Resulta que en nuestra casa es tradición de toda la vida, o por lo menos desde hace tres años, que el Ratoncito Pérez traiga Playmobil.
No os flipéis, que tampoco es para tanto: son figuritas sueltas como las que se encuentran a veces en los quioscos GUIÑO-GUIÑO-CODAZO-CODAZO.
Y claro, ahora los quioscos están cerrados.
Así que cuando a Nena-chan se le cayó un diente, rápidamente preguntó qué iba a pasar, porque está muy bien dar autorización al Ratoncito Pérez para que haga su trabajo, peor si no puede dejar un juguete sus funciones se limitan a meterse de noche en las habitaciones de los niños dormidos para robarles dientes, y dicho así es como mínimo cuestionable.
Le dijimos a Nena-chan que no se preocupara, porque Ratoncito Pérez es un roedor con muchos recursos. Efectivamente, algo así como en febrero, Pérez se había topado con una liquidación de juguetes. Y no os penséis que eran unos juguetes cualquiera, por ejemplo, se topó con esto:
al mismo precio que los Playmobil de los quioscos y claro, el ratón, que no es tonto, hizo un cálculo mental de los cumpleaños a los que tenía que ir en marzo (por qué nacen tantos niños en marzo es para mí un misterio) y arrambló con unas cuantas cajas.
Sin embargo, algo salió mal, porque en marzo no le invitaron a ningún cumpleaños.
Miento: le invitaron a dos.
Ambos se cancelaron por no sé qué de una pandemia mundial porque es que la gente, cuando se pone a buscar excusas para no invitarte, las busca a lo grande.
El caso es que el Ratoncito Pérez tenía ese pedazo de caja de pinipones y eso fue lo que dejó en casa a cambio del diente de Nena-chan.
Claro, a la mañana siguiente la chiquilla alucinó pepinillos (en la foto se puede intuir la sonrisa de oreja a oreja que se le puso). Le pareció todo tan bien que no se paró ni a plantearse cosas.
Nene-kun, por su parte, sí que tenía algunas dudas sobre el procedimiento.
-Mamá -me dijo-, ¿de verdad eso lo ha traído el Ratoncito Pérez?
-Por supuesto.
-Pero eso no cabe por su puertecita.
Empecé a sudar y a maldecir el día que instalamos la puerta para el Ratoncito Pérez.
-Seguramente lo ha metido por la ventana.
-Pero eso es muy grande y el Ratoncito Pérez es muy pequeño.
-El Ratoncito Pérez es muy fuerte, porque come mucha verdura.
Ahí, aprovechando para adoctrinar.
-Pero aunque sea muy fuerte tiene los bracitos muy pequeños y la caja es muy grande y no le llegan.
Si lo llego a saber le dijo al Ratoncito Pérez que traiga un botón, de verdad...
-Sí, lo que pasa es que el Ratoncito Pérez tiene muchos primos, seguro que les ha pedido que le ayuden.
Nene-kun me miró muy serio.
-Mamá, eso es imposible.
-¿Tú crees?
Se lo dije con toda la calma, pero por dentro ya estaba corriendo y agitando los bracitos mientras gritaba que me han pillao, me han pillao, con el carrito del helao.
-Pues claro: el Ratoncito Pérez tiene permiso para salir a la calle, pero sus primos no.
Pues tiene toda la razón.

27 abril 2020

Niños fuera

Cuando nos dijeron que los niños podrían salir a pasear una hora al día se me saltaron las lágrimas de la emoción.
Han estado 46 días encerrados en casa, cosa que de por sí ya es bastante chunga para cualquier persona humana en general, pero para un niño que necesita saltar y correr y que le dé el aire, estar en un sitio pequeño, cerrado y en el que continuamente le recuerdan que hay vecinos en el piso de abajo POR FAVOR es una tortura.
Además no se cansan, pierden el apetito, nunca tienen ganas de dormir y cuando duermen, tienen pesadillas. Hace algunas noches, a Nene-kun se le escapó el pis. Nena-chan llora entre sueños. Yo no recuerdo cuando dormí más de tres horas seguidas. En 2012, probablemente.
En fin.
Luego empezaron don los matices.
Los niños pueden salir una hora al día, manteniendo todas las medidas de seguridad, pero deben quedarse en un radio de un kilómetro de su domicilio.
Venga, vale.
Para Madrid, un kilómetro es poquísimo. Por ejemplo, el colegio está a exactamente un kilómetro, y se considera "cerca".
Que lo he mirado en Google Maps.
La casa de los abuelos también está "cerca", a 1,2 kilómetros, pero no lo bastante como para "pasear" casualmente hasta allí y dejarnos a los niños olvidados en la puerta. Que no lo digo por mí, que lo digo por una amiga que pensó hacerlo.
Pero no lo ha hecho.
Todavía.
-Bueno -le dije a ZaraJota-, de todas formas nadie sabe si estás a un kilómetro de tu casa o a dos. 

-La policía puede pedirte el dni, y en el dni viene tu dirección.
-Jajaja, noooo, porque todavía tengo la antigua. ¡Chúpate esa, estado policial!
-Lorz...
-¿Qué?
-Que entonces solo puedes moverte en un radio de un kilómetro con respecto a la antigua.
-Jo.
Volví a Google Maps. La casa antigua está a exactamente un kilómetro en línea recta de la nueva.
Por los pelos.
O sea, que puedo pasear con los niños en dirección a mi casa antigua y de vuelta.
Al principio estaba muy ilusionada por lo de salir con ellos y eso, pero luego pensé jo, qué pereza. Es cuesta arriba, da el sol, es una calle feísima... Para sacar a lo niños por ahí, casi mejor los ponemos a dar vueltas por el parking, que por lo menos no se queman, no sé. 
Así que le dije a ZaraJota: 
-Creo que es mejor que seas tú quien salga con los niños.
-¿Y eso?
-Bueno, como tengo la dirección antigua y esa calle es feísima, casi que no compensa. Además tú puedes apañarte solo con los dos, solo tienes que asegurarte de que no corran, que no se separen de ti, que se porten bien, que no toquen nada, que estornuden o tosan en el codo, que no se limpien los mocos en la manga, que usen bien el desinfectante, que no se toquen la cara, que no se quiten la mascarilla, que se queden en la acera, que no monten el pollo cuando les digas que no pueden ir al parque; asegúrate de que no pasan frío ni calor y que no les dé mucho el sol y que el niño no pase sed, que ya sabes que se le resecan mucho los labios, y mándame una foto cada treinta segundos y un mensaje cada treinta y tres y...
-¿Sabes qué, Lorz?
-Qué.
-Que lo estoy pensando, y me parece que yo también voy a tener la dirección antigua.
Pues también es mala suerte. 

20 abril 2020

Prioridades

Querida Nena-chan.

Desde que empezó el confinamiento,
hemos hecho:
un cartel de ánimo para ponerlo en el balcón,

flores para convertir el salón en un jardín,

un taller de estampación,

un castillo con material reciclado,

búsqueda de huevos de pascua,

una mona,

un vídeo para celebrar el cumpleaños de Amiga-chan
(este me lo guardo para la posteridad),

conejos,

dos fiestas de cumpleaños vía Skype,

pan, tarta y pizza casera;


hemos aprendido:
a tocar el Himno de la Alegría, La cucaracha y Feliz cumpleaños con el pianot,
a hacer las camas,
la tabla del 6, en proceso la del 7;
hemos visto unas ochocientas películas y leído unos ocho mil libros,
hemos hecho guerras de cosquillas,
has escrito tu propio animalario y estamos escribiendo a cuatro manos un libro de superhéroes...

Así que me gustaría saber, si no es mucha indiscreción, por qué cuándo le profe te pide que anotes qué has hecho estos días, tú respondes:

DESAYUNAR Y LAVARME LOS DIENTES.



Pd: no es broma.





13 abril 2020

La mascarilla

Hace unos días, en el supermercado, una viej... anciana me llamó inconsciente por no llevar mascarilla. Aquello me sentó muy mal porque es verdad que soy una inconsciente, pero de toda la vida, mucho antes de que llevar mascarilla se pusiera de moda.
Además, lo de no llevar mascarilla no era culpa mía: no se encuentran ni por todo el oro del mundo, y se supone que debemos reservarlas para las personas que realmente las necesitan, como, yo qué sé, la viej... anciana que se encaró conmigo.
El caso es que entonces me di cuenta de que yo era la única clienta del supermercado que no llevaba una mascarilla puesta. En serio. Las había de todo tipo: de chichinabo, de runner, de pintor, profesionales, hechas con retales o incluso de ganchillo. DE GANCHILLO. Que si no sirve para hacer preservativos ya me diréis para parar un virus mortal, pero bueno.
Me quedé en plan: o sois todos enfermos y/o grupos de riesgo, que entonces tendríais que estar en vuestra casa, o tenéis encima más tontería que la sonaja de una pandereta, pero bueno.
El problema es que se estaba produciendo el efecto playa nudista: cuando todos van desnudos, el que más llama la atención es el que va vestido. En mi caso, cuando todos van con mascarillas ridículas, el que más llama la atención es el que no la lleva. O lo que es lo mismo, yo.
Por primera vez desde que empezó toda la movida, pasé miedo en la calle. Pero no por el virus, sino por la gente. Que el confinamiento es muy malo para las cabezas y un día te gritan por no llevar mascarilla y al siguiente te llevan a la plaza del pueblo y te tiran al pilón.
Con el frío que está haciendo esta semana santa.
Entonces vino en mi rescate Ca_ín, que me recomendó este tutorial.
Lo que pasa es que ¿para qué seguir un tutorial cuando puedes quemar crear tu propia mascarilla?
Pensé que podía hacer mi propia mascarilla basándome en una que tenemos por casa:
Seguramente estáis pensando: ¿y por qué no usas directamente esa mascarilla?
Bueno, el dentista se la regaló a los niños la primera vez que fueron a consulta, hará como tres años, y la han estado usando para jugar desde entonces. No solo no protege del coronavirus sino que, probablemente, sea el origen.
El caso es que después de relativamente poco esfuerzo tenía mi propia mascarilla.



Lo que es proteger no protege ni del polvo, pero me queda monísima y me realza mucho los ojos, que es lo importante.


Entonces intervino mi madre, que ya ha hecho unas cuantas mascarillas para que le peguen con todo:
-Le puedes poner algo por dentro.
-Ay, qué bien, pues voy a meter el móvil.
-No, Lorz, para que te haga de filtro.
-Ah. ¿Cómo una artesa?
-...quizá algo más pequeño y, bueno, cómodo y... ¿cómo diría? Realista. Hay gente que está usando compresas.
Vaya.
La verdad es que la idea era buenísima, porque las compresas tienen una capa de plástico, muchas de celulosa, se quedan fijas con el pegatrón y se pueden cambiar cada vez que se quiera.
El problema es que no tengo compresas en casa porque yo soy más de copa menstrual.
Pero bueno... supongo que al final lo mismo da una cosa que otra.


06 abril 2020

El aprovisionamiento



Me he hecho una experta en aprovisionamiento durante la plaga.
Es más: estoy haciendo un estudio de qué se agota antes y por qué, para legárselo a las generaciones futuras.
Pensaba que, una vez declarado el estado de emergencia, lo primero que se agotaría en los supermercados serían las latas de fabada litoral y de melocotón en almíbar.
Es que soy de pueblo.
Sin embargo, la realidad ha superado una vez más a la ficción y hemos vivido escasez de los productos más absurdos que uno imaginarse pueda.

Como todos sabemos, lo primero que se agotó fue el papel higiénico.
La prima de ZaraJota tenía una teoría al respecto:
¿Por qué necesitamos tanto papel higiénico? Pues porque uno estornuda y diez se hacen caca.
Vale, no es una teoría. Es un chiste. Presuntamente. Nos lo mandó mientras estaba ingresada por COVID, así que no se lo vamos a tener en cuenta.

Mi madre tenía otra:
El papel higiénico es más grande, y caben menos unidades por palé. Seguramente se han vendido menos paquetes de papel higiénico que de cervezas, por ejemplo, pero en el papel higiénico se nota más. Y claro, una vez que se empieza a ver que no hay papel, la gente entra en pánico y acapara.

Otra teoría, que leí en algún artículo y no recuerdo cuál:
En las películas, cuando hay un apocalipsis la gente llena los carros de papel higiénico (es grande, barato, no pesa, y no hace ruido ni daño si se cae durante el rodaje) y esa imagen se ha quedado grabada en el imaginario colectivo de tal forma que, en cuanto nos anuncian el apocalipsis, llenamos el carro de papel higiénico.

Yo tengo otra teoría:
Se hace mucha caca cuando no tienes nada que hacer más que ver la tele y comer. Pero mucha, mucha.

Ahora el papel higiénico ya no falta, pero sigue estando rodeado de una especie de aura de artículo de lujo: en algunos supermercados lo ponen en los frontales, al lado de las cajas, para que se vea que hay.


Lo siguiente que eché en falta fue la leche, al menos durante los primeros días: llegamos al extremo que solo se encontraba leche marca Día. Saquen sus propias conclusiones.
Lo de la leche tiene su lógica: la leche en brick dura mucho y con los niños en casa se consume a una velocidad cercana a la de la luz: en mi casa caen cerca de dos litros al día, catorce a la semana, y si la intención es no salir a la compra en dos semanas necesitamos... bueno, no tengo la calculadora a mano pero yo diría que muchos.

Luego empezó a faltar la harina.
Desde mi punto de vista tardamos mucho en llegar a este punto, o sea, ¿dónde está la generación de la posguerra cuando se necesita? Con harina y un par de cosas más se pueden hacer un montón de cenas de pobre. Quizá no tengan la aprobación de los mejores nutricionistas, pero el virus tampoco y mira lo bien que le va.
Sin embargo, la harina no se agotó para hacer buñuelos, sino para hacer pan.
Científicos de todo el mundo han estudiado este fenómeno y todavía no saben si es una muestra de compromiso con la política de salir de casa lo menos posible o que somos todos tontos del culo, pero esperan llegar a una conclusión en breve.

Lógicamente, si nos ponemos a hacer pan como locos, lo siguiente que falta es la levadura. Pero a lo bestia. En estos momentos es imposible encontrar levadura de ningún tipo y el FMI se plantea eliminar el patrón oro y crear un nuevo sistema monetario basado en los sobrecitos de Royal.

Pero cuando Dios te quita la levadura, Youtube te da tutoriales de masa madre. Y ¿con qué se hace la masa madre? Con harina integral.
La harina integral desapareció de nuestras vidas, y ahora mismo es tan difícil de encontrar como el vellocino de oro, la ciudad perdida de Atlantis o la levadura.

También han desaparecido algunos tipos de pasta, pero no todos. Algunos días hay solo espaguetis y al siguiente puede haber solo caracolas, es un misterio. Curiosamente, no ha habido escasez de tomate frito y/o triturado. ¿Con qué os estáis haciendo los macarrones, so degenerados?


Hasta aquí las cosas a las que les veo una cierta lógica. Ahora entramos en Villa Maracas.

Es imposible encontrar jabón de manos en gel. El normal de toda la vida. PERO VAMOS A VER. Que sí, que nos han dicho que nos lavemos mucho las manos, y me alegra ver que todos os las estáis lavando mucho, pero con un poco de lógica.
Vaya, que si estás en casa todo el día rascándote los huevos y sin contacto ninguno con el mundo exterior para qué te vas a lavar las manos cada media hora, que se te va a caer la piel. Sobre todo teniendo en cuenta que, hasta donde sabemos, los testículos no son transmisores de coronavirus.

Otra cosa que ha desaparecido sin motivo aparente son las natillas de fresa, probablemente porque es una guarrería que no le gusta a nadie salvo a ZaraJota (no descarto que sea gay). El caso es que hay de todos los sabores menos de fresa.

La lejía y el sanitol. A no ser que estéis aprovechando el confinamiento para hacer limpieza y/o asesinar discretamente a vuestras familias, es totalmente inexplicable.

Las palomitas de maíz. Espero que tarde o temprano alguien exija responsabilidades a Netflix, HBO y Disney+.

El maíz en lata. Vosotros sabéis que con eso no se pueden hacer palomitas, ¿verdad? Que os veo capaces.

Por último, y para mi total desconcierto, han desaparecido los calabacines.
Pero a ver. Que yo entiendo que estamos en una situación muy difícil, que hay que liberar tensiones y todo eso... pero usad un satisfyer, que es mucho más higiénico, por favor.







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