23 abril 2018
Los yogures
Estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie y durmiendo a pierna suelta cuando me despertaron unos gritos.
Francamente, y cuando digo francamente no tengo claro qué significa eso, despertar a una madre cuando está durmiendo debería estar penado por la ley.
Pero muy penado, en plan que vayas por la calle y la gente diga "uy, mira ese lo penado que va", y le contesten "es que despertó a una madre", "anda, pues que se joda entonces".
Como iba diciendo, oí los gritos y lo primero que pensé es que eran mis propios hijos míos, pero abrí un ojo legañoso y vi que tenía un niño dormido debajo de cada sobaco.
Que tampoco sería óbice para que gritaran porque el sonambulismo es fuerte en nosotros, pero en este caso no, estaban totalmente tocinetes los dos.
Los gritos no eran de los niños, sino de una pareja (presuntamente) que se estaba gritando de todo, dando portazos, tirando muebles, yo que sé. Debían de estar bastante lejos, porque tanto en nuestra planta como en la de arriba y la de abajo solo viven solteros y un matrimonio muy mayor.
Que no digo yo que los matrimonios mayores no se griten, pero en este caso el marido es sordo y mira, es verdad que los sordos también gritan pero ¿para qué? O sea, que es como perder saliva y tal.
Y esta pareja estaba gritándose a toda hostia, y lo mismo me tendría que haber preocupado, pero no me pareció que fuera la típica cosas de agresor-víctima, vaya, que los dos parecían estar bastante igualados con el tema.
Y yo estaba muy cansada.
Vaya, que con gritos y todo me volví a dormir.
Lo siguiente que sé es que alguien estaba llamando al timbre.
Llamaban insistentemente, y oí cómo ZaraJota se levantaba y preguntaba "¿Quién es?", con la misma voz que usa cuando cuenta el cuento de Caperucita y hace de la abuelita, deber ser para que si es un ladrón tenga claro que dentro hay alguien indefenso y eche la puerta abajo sin miedo.
Me levanté y abrí yo misma la puerta pensando mira, si es un ladrón que me lleve, que total yo lo mismo me duermo en mi cama que en el maletero de un coche, pero con este trajín no se puede.
Pero cuando abrí la puerta lo que me encontré fueron dos policías.
Ya ha empezado, pensé. Vienen a por los catalanes. Bueno, si se lo van a llevar que sea rapidito, que me caigo de sueño.
Pero los policías ignoraron a ZaraJota.
-Señora -me dijeron, mirándome fijamente-, ¿hay algún problema?
La pregunta me desconcertó un poco. De verdad, estaba MUY dormida. ¿Un problema de qué? ¿Dónde? ¿En mi casa? ¿En España? ¿En el mundo?
-Bueno -dije, con la voz pastosa de recién despertada-, se nos han acabado los yogures, y el niño si no hay yogur no desayuna, ¿sabe usted?
-...
-Es que está bajo de peso.
-¿No han oído ustedes voces?
-NO, SEÑOR, YO NUNCA OIGO VOCES Y SIEMPRE ME TOMO MI MEDICACIÓN.
-Una discusión, señora. Que si han oído ustedes una discusión.
-Ah, sí.
-¿Y no saben de dónde podía venir?
-De aquí no.
-Entiendo -dijo el policía, y me dio la impresión de que lo que estaba entendiendo lo mismo acababa con ZaraJota en un calabozo, y no precisamente por catalán.
-Perdón, estoy muy dormida. Si la discusión hubiera sido cerca -les dije- los niños se habrían despertado con los gritos.
Y entonces la que hubiera gritado habría sido yo, añadí para mis adentros, pero de desesperación.
-Entonces, señora, ¿está usted segura de que no tienen ningún problema aquí?
-Bueno... - contesté-, está el asunto de los yogures...
16 abril 2018
Un poco más, Lorz
Justo mientras escribo esto se cumplen tres meses desde que empecé a trabajar entre cincuenta y sesenta horas semanales, salvando la semana santa que me volví tó loca y me fui cuatro días a Barcelona.
La gente, que se coge vacaciones y así va el país.
La verdad, si no me gustara tanto lo que hago no sé si habría aguantado...
Y si no fuera tan cabezota y tan absolutamente incapaz de reconocer cuando estoy agotada.
Entre semana, cuando llego a casa los niños están o dormidos o muy cansados y de mal humor.
Como yo, vaya.
Y los fines de semana intento estar con ellos de día y quedarme trabajando de noche, pero no acaba de funcionar del todo bien porque paso más tiempo con ellos, sí, pero estoy tan cansada y tan irritable que sería mejor que no lo pasara.
O eso dice la culpa de madre trabajadora™.
Y me voy durmiendo por todas partes.
La semana pasada estuve en un evento austenita que me hacía una ilusión loca, pero había estado trabajando hasta las cinco de la mañana, así que a media tarde empecé a cabecear y me tuve que ir a casa. De camino me dormí en el autobús, y cuando abrí el ojo ya iba camino a cocheras.
-¡Eso te pasa por ir mirando el móvil! -me gritó el busero.
-¡SÍ, ESO, IBA MIRANDO EL MÓVIL, POR ESO HA SIDO! -le contesté yo, secándome la baba de la barbilla.
Al menos esta vez no iba vestida de época...
Lo que peor llevo es que he tenido que aparcar todos mis proyectos personales: otro Quiero volver, otro Villamatojo, una saga épica que me encontré en un cajón y, lo que más ilusión me hacía, otro #Lorzfunding. También los proyectos de otras personas, que estaba corrigiendo con mucha emoción.
Bueno, no, eso no es lo peor.
Lo peor es que ahora en casa cocina ZaraJota.
Que yo llevo la fama pero vaya...
Lo primero que hizo fue cuscús. Siguió las instrucciones de la receta paso a paso, literalmente. Tan literalmente que el primer paso era "hidrate el cuscús siguiendo las instrucciones del envase", y como tengo la costumbre de meter el cuscús en un tarro transparente, ZaraJota hizo exactamente lo que ponía ahí, que es absolutamente nada. Jamás había comido una gravilla tan sabrosa.
Por suerte tengo reservas acumuladas estratégicamente en todo el cuerpo y entre eso y los trozos de galleta que los niños esconden en mi cama creo que podré resistir una temporada.
Resistir es bueno, resistir es divertido, resistir aleja a los señores de la bata blanca.
El caso es que entre unas cosas y otras últimamente no me siento muy Lorzagirl.
De hecho me imagino a Lorzagirl con los brazos en jarras y mirada de desaprobación.
Vale, puede que los señores de la bata blanca no anden tan lejos como parece...
Pero ya queda poco.
Tres días más y recuperaré mi preciada anormalidad.
O empezaré a valorar más a los señores de la bata blanca.
Gracias por seguir en antena.
(También podéis seguirme en twitter. que escribo más)
09 abril 2018
Me han robado el móvil
-¡¡¡NOOOOOO!!! ¡¡¡NO QUEROOOO!!! ¡¡¡MAMÁÁÁ!!!*
El caso es que me bajé del autobús y las dos cremalleras del bolso (la general y la del bolsillo interior) estaban abiertas y el móvil había desaparecido y solo quedaba la cartera, porque alguna ventaja debía de tener el ir por la vida con cara de pobre, digo yo.
Pero luego me acordé de que había hecho una copia de seguridad justo la semana anterior.
Chúpate esa, ladrón de móviles.
¿Qué más podía tener ahí metido?
Villamatojo III.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, quizá pueda recuperar una parte...
Vale, solo he recuperado un párrafo.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, Lorz. Respira.
Has perdido un cuento entero.
Pero, PERO, lo había dejado en un cliffhanger muy difícil de resolver, así que...
A ver, a ver... ¿Qué más he podido perder?
Nada importante. Solo la segunda parte del #Lorfunding.
JODER, JODER, JODER, CAGONLALECHE CON TOAS SUS LETRAS.
Lo estábamos montando para septiembre, pero en las últimas semanas me había animado para lanzarlo en julio. Ahora tendrá que esperar a diciembre.
No pasa nada, lo sacaremos adelante de todas formas.
Chúpate esa, ladrón de móviles.
-Ja, ja. No.
-¿Era muy viejo?
-No, pero la pantalla me estaba dando problemas.
-Anda, ¿y no probaste a hablar con el servicio técnico?
-Sí, pero no podían hacer nada porque técnicamente no estaba rota.
De hecho, el problema de la pantalla era que funcionaba bien.
Tan bien, que se activaba con la luz. Ella solita. Los días que hacía bueno se volvía loca, empezaba a recibir como ocho mil estímulos al mismo tiempo, hasta el punto de que atinaba a quitar el bloqueo por su cuenta y riesgo.
Yo ya le había pillado el truco y la postura y me medio apañaba, pero la verdad es que era un p*t* engorro.
Y en casa era peor, porque el único sitio donde lo podía enchufar era en la cocina, justo debajo del plafón del techo.
Y la luz del fluorescente lo volvía LOCO de verdad.
Pero en plan SUPERLOCO.
Se desbloqueaba solo y empezaba a llamar a todos mis contactos, uno por uno.
Y, desgraciadamente, el primero de la lista de contactos es mi ex, porque su nombre empieza por A.
Os podéis imaginar la conversación.
-Lorz, ¿te encuentras bien?
-Sí, claro. ¿Por?
-Me has llamado tres veces.
-Ah, no he sido yo, ha sido el plafón de la cocina.
-Eh... clarooo, clarooo.
-De verdad, el móvil se activa con la luz del plafón.
-Ya veo. ¿No habrás estado haciendo manualidades con pegamento otra vez, verdad?
Pues le conté esto al policía y estuvo de acuerdo conmigo en que quizá lo mejor para todos era que tuviera que comprarme un móvil nuevo, porque según él ningún juez, en ningún caso, habría aceptado "yo no fui, fue el plafón de la cocina" como defensa válida en un caso de acoso.
Mucho prejuicio es lo que hay, me parece a mí.
-Volviendo al robo -siguió el policía-. ¿Sabes quién ha podido ser?
-Pues ni idea... Pero ojalá que tenga un ex cuyo nombre empiece por A.
29 marzo 2018
Mi agüita amarilla
La semana pasada me encontraba muy mal y no encontré las ganas de postear.
Disculpen las molestias.
Esta es la situación.
Estoy teniendo unas reglas muy malas, así que el médico me recomendó tomar la píldora anticonceptiva, una en concreto.
-Con esto ya verás como se te soluciona lo de las reglas.
Y tanto que se me solucionó: como que me dejó venir por completo.
Eso sí, me encontraba muy fatalmente. Y como todavía seguía con los vértigos y tal pues pensé en ir al médico y contárselo todo en plan "Sicilia, 1958. Una joven de abundantes pechos...".
Así que me dije pues mira, aprovechando que me he cogido el día porque los niños no tienen colegio pues me voy con ellos al médico y echamos allí la mañana tan ricamente, que seguramente nos están echando de menos ya.
Quizá no fue la mejor idea, porque mi médico es de esos que tienen en la puerta un cartel:
LA HORA DE LA CITA ES ORIENTATIVA.
El médico no va con atraso.
El atraso sería no dedicarle a cada paciente el tiempo que necesite.
Que es una cosa que nos parece muy bien cuando ya estamos en la consulta, pero cuando estamos una hora en la sala de espera con dos niños pequeños pues un poco menos, la verdad.
La naturaleza humana es así.
Cuando por fin entramos a la consulta los niños ya estaban que se subían por las paredes y yo en plan no, por las paredes no, que a saber cuándo las pintaron por última vez.
-Hola Lorz -me dijo el médico-. ¿Cómo estás?
-Bien, ¿y usted?
-...
-Lo he vuelto a hacer, ¿verdad?
-Cada vez. Cada puñetera vez...
-Bueno, pues ya que NO es una pregunta retórica, no estoy muy bien. Sigo con náuseas y vertigos. Y no me ha venido la regla.
-¿Desde hace cuánto?
-No sé, ¿en qué año estamos?
El médico miro a Nena-chan y Bebé-kun, que estaban intentando recolocar los cables del ordenador, y palideció ligeramente.
-Te voy a hacer un test de embarazo.
El médico me dio un vaso de plástico. Un vaso-vaso, de los de botellón. Y me dijo que hiciera pis en el vaso.
-Pero no aquí -aclaró-. En el baño que hay fuera.
Desde luego es que los médicos son de lo que no hay: cuando a ellos les conviene todo es desnudarse, pero cuando no, te bajas las bragas en mitad de la consulta y todo son aspavientos.
Salí a la sala de espera con los dos niños.
-Mamá tiene que entrar un momento al baño para hacer pipí. ¿Os quedáis aquí sentaditos portandoos súper bien?
-Sí -dijo Nena-chan.
-No -dijo Bebé-kun.
-Vale: tú aquí sentadita. Tú, conmigo.
Me metí en el baño con Bebé-kun. El cubículo era enano y bueno, ya sabéis cómo hacemos pis las mujeres en los baños públicos, sobre todo en invierno, ¿no? Pues añadid un vaso, un niño de dos años y la perspectiva de estar embarazada de otro. Y, a mitad de la meada, una niña empujando la puerta para entrar porque "no quiero estar aquí solita".
Salí del baño con el vaso en la mano.
-Mamá, ¿que hay en ese vaso?
-Pipí.
-¿De quién?
-Mío.
Nena-chan me miro como si pensara que su madre había tocado fondo, cosa que pensándolo bien probablemente fuera cierta. Ahora me pregunto si le hubiera parecido mejor que el pipí fuera de otro. Supongo que perdí para siempre la oportunidad de descubrirlo.
-Pero mamá, ¡los vasos no son para hacer pipí! ¡Eso es una guarrería muy gorda!
Para entonces ya nos miraba toda la concurrencia de viej...ancianas, y todavía faltaba lo peor: Bebé-kun descubrió que yo llevaba un vaso en la mano.
-QUERO ABUA -dijo, señalando el vaso.
-No es agua, lechoncillo. Es pipí.
-QUERO ABUA.
-No es agua.
-QUERO ABUA.
-Es. Pipí.
Mientras tanto Nena-chan estaba gozando del momento:
-¡MI MAMÁ HA HASIDO PIS EN UN VASOOOOOOOO!
Las viej... ancianas se reían sin disimulo y yo no paraba de mirar la puerta y el cartel de la puerta y de pensar que ojalá a mi médico le importara un poquito menos el bienestar de los pacientes y un poquito más el quitárselos de encima rapidito, cosa que en circunstancias normales jamás habría pensado pero es que estaba un poco estresada así sin motivo aparente.
Al final el médico nos llamó de nuevo a consulta.
Le entregué el vaso, para escándalo de Nena-chan, y metió dentro una varita blanca.
-Mamá, ¿por qué mete eso en tu pipí?
-Para mirar si vas a tener otro hermanito.
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos porque claro, quiere mucho a Bebé-kun y eso pero es pequeño, y a ella lo que le gustaría es que le encargáramos un hermanito de su misma edad, o quizá un poco más mayor, puestos a pedir.
Pero el médico se volvió hacia nosotros con el predictor en ristre.
-Lo siento, Nena-chan, no vas a tener un hermanito.
-¿Cómo lo sabes?
-Por el pipí de tu mamá.
-¿Lo ha hasido mal?
Va a ser eso, sí.
18 marzo 2018
La masturbación
No sé cómo va a salir esto, por la cosa de que este fin de semana he dormido como diez horas en total porque estaba haciendo cosas.
¿Cosas nazis?
No, definitivamente no cosas nazis.
Soviéticas, un poco. Pero nazis seguro que no.
Además, sigo con los vértigos.
El médico dice que es porque tengo mal las cervicales.
-Pues quitémelas -le dije.
-Pero Lorz, ¿cómo te las voy a quitar?
-¡Y yo qué sé! ¡El médico es usted!
Que tengo que estar yo a todo siempre.
El médico me dio cuatro pautas "muy sencillas" para no forzar las cervicales, que me tienen que durar toda la vida.
1. No leer.
Ja, ja.
2. No usar el ordenador.
Ja, ja.
3. No cargar peso.
Ja, ja.
4. Dormir en buena postura.
Ja, ja.
Yo no le hice ni puñetero caso, así que no entiendo por qué estoy cada vez peor.
Aparte de que la habitación crece y decrece a mi alrededor, y de que a veces me siento caer al vacío, he empezado a desorientarme de pronto: el otro día salí del ascensor y de pronto no tenía la menor idea de dónde estaba: solo sabía que ese no era el descansillo "correcto".
Me senté un rato en el suelo hasta que conseguí centrarme: estaba en el descansillo de mi casa.
Pero lo peor es que he empezado a mezclar palabras. Quiero decir "queso" y digo "churrete", y me doy cuenta de que algo no encaja, pero tardo un rato en darme cuenta de qué es.
Hace unos días me pasó con "confirmación". Necesitaba que alguien me confirmara algo, pero al ir a verbalizarlo, en vez de "confirmación" me salía, dios sabrá por qué, "masturbación".
Os voy a ahorrar los detalles escabrosos: solo os diré que ahora mismo soy extremadamente popular en la agencia de viajes del barrio.
12 marzo 2018
Pantera Negra
-Oye, ZaraJota, podíamos ir a ver Pantera Negra.
Acto seguido sonó el teléfono.
-¡YO ME PUEDO QUEDAR CON LOS NIÑOS! -dijo mi madre en cuanto cogí el auricular, sin darme tiempo a decir ni hola ni nada.
-Madre, ¿cómo has sabido de lo que estábamos hablando?
-¡¡¡NO TENGO MICRÓFONOS EN VUESTRA CASA NI HE DESARROLLADO UNA APP PARA QUE ME SALTE UNA ALARMA CUANDO DECÍS DE SALIR Y GOOGLE TODAVÍA NO ME LA HA COMPRADO, ESTAMOS NEGOCIANDO LAS CONDICIONES!!!
-...
-¡¡¡Y NO HE TENIDO NADA QUE VER CON QUE ADELANTARAN LA FECHA DE ESTRENO DE VENGADORES: INFINITY WAR!!!
-...
-Me puedo quedar con los niños el sábado. Por si queréis ir al cine. Que no sé si queréis. Es una idea que se me ha ocurrido así, de pronto.
-Valeee, sí, queremos ir al cine el sábado.
-Pues nada que se vengan a casa. ¿Vais por la mañana o por la tarde?
-Por la tarde.
-Ah, entonces se tendrán que quedar todo el fin de semana.
-¿Perdón?
-Son las normas, no me las estoy inventando.
-¿Seguro?
Este era el plan:
1. El sábado por la mañana me depilaría. Que no es que tener pelos me importe demasiado, pero es que ya no me cerraban las camisas.
2. Después iríamos a comer con mis padres.
3. Dejaríamos a los niños allí.
4. Iríamos al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís.
Y entonces empezaron los vértigos. Leeros el post anterior, que no me apetece poner el enlace.
-Niña -me dijo mi madre, que volvió a llamar por teléfono sin razón aparente mientras ZaraJota y yo hablábamos de anular el cine-. Que he pensado que ya que te encuentras mal lo mejor es que los recoja directamente en el colegio el viernes y que se vengan a casa y ya que se queden a vivir aquí y eso...
-¿PERDÓN?
-Nada.
Así que llegamos a la conclusión NO ME PREGUNTÉIS CÓMO de que ya que yo me encontraba muy mal lo más lógico y sentato era que ZaraJota y yo fuéramos al cine un día antes.
-Pero no podemos ir al cine el viernes -protestaba yo-. Que no me da tiempo a depilarme.
-¿Y por qué ibas a depilarte para ir al cine?
-Sin comentarios al respecto.
No pasa nada. Soy una mujer flexible. Podía cambiar de planes:
1. No depilarme.
2. Ir a trabajar.
3. Quedar con ZaraJota.
4. Ir al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís. A oscuras, preferiblemente.
Habíamos completado con éxito el paso 5 y estábamos volviendo a casa en autobús así todo acaramelados y cogidos de la manita y eso, sin parar de mirar alrededor porque continuamente pensábamos que se nos habían perdido los niños.
-Jo -le dije a ZaraJota-, ¿cuánto tiempo hacía que no salíamos así, de noche? Me siento súper joven ahora mismo. Salir a cenar... Volver a las mil...
-Lorz...
-Acostarse al amanecer y levantarse con resaca...
-Lorz, acabamos de pasar por el mercadona y está abierto.
-No pretenderás ir a la compra ahora, cuando me estoy sintiendo joven y alocada.
-No son ni las nueve de la noche, Lorz.
De verdad que son ganas de cortarme el rollo.
05 marzo 2018
Bamboleoooooo bambolea
26 febrero 2018
Villamatojo II
Bueno, en realidad lo que ha dicho es que "da mucho repelús" y que "va a peor", lo que, ahora que lo pienso, es más o menos lo mismo que dice de mí.
No importa.
Seguro que Mary Shelley oía lo mismo todos los días: su marido también tenía pinta de quejica.
"Is qui siy in piiti rimíntico, is qui siy in piiti rimíntico". Anda y calla, mediatorta.
El caso es que Villamatojo II está o estará disponible en breve (Amazon y sus cosas), junto con Villamatojo I, aquí.
Espero que os guste: he tardado en escribirlo por lo menos siete viajes en metro.
Pd: ¿He dicho ya por aquí que ZaraJota ha empezado a dibujar para la segunda parte del #Lorzfunding?
19 febrero 2018
El destete (y ya dejo de hablar de tetas, lo prometo)
A medida que iban pasando los días, empecé a notarme hinchada, afiebrada, confundida y desorientada; y luego empezaron las nauseas, los calambres y el dolor abdominal.
Cuando anunciaba que Bebé-kun había dejado la NETITA la gente me preguntaba "¿cómo te sientes?", y yo siempre respondía "embarazada".
J*d*r.
Me sentía embarazada.
Aguanté unos días y al final me rendí y me fui al médico.
-¿Qué tal estas Lorz?
-Bien, gracias, ¿y usted?
-...
-Ay, perdón, que siempre se me olvida que la pregunta es en serio. Pues estoy un poco regular porque he dejado de dar el pecho. POR FIN.
-¿Todavía le dabas el pecho?
-Sí.
-POR EL AMOR DE DIOS, LORZ, ¿PERO QUÉ EDAD TIENE NENA-CHAN?
-Cinco años y medio.
-Madre del amor hermoso...
-Pero al que he destetado es al pequeño, que tiene treinta meses.
-Ah, vale. Los sustos que me das, maja...
-Me encuentro muy mal. Creo que tengo las hormonas totalmente turuletas.
-¿Y has pensado en volver a tomar la píldora?
-¡Jajaja! ¿Para qué?
Si ZaraJota y yo apenas dormimos en la misma cama. Por no hablar de dormir solos en la misma cama. Y quizá debamos reformular lo de dormir.
-Para regularte un poco las hormonas.
-Ah, para eso. No me lo había planteado. Vale.
-Pues te voy a recetar la píldora y una pastilla para el destete.
-Vale, vale.
-La leche que ya tienes no te la va a quitar, pero te va a ayudar a regular los síntomas. ¿Necesitas algo más?
-Pues ahora que lo dice no he comprado el pan.
-Adiós, Lorz.
De verdad creo que mi médico tiene un problema con las preguntas retóricas...
Me fui a la farmacia con las dos recetas.
-A ver -me dijo el farmaceútico-, la píldora anticonceptiva y una pastillas para cortar la lech...
Tomé aire porque me imaginaba lo que venía a continuación: bronca por no dar el pecho. Que es el mejor regalo y tal. Que las defensas y el cáncer de mama. Que cuando das teta la lluvia es de azúcar y las calles de mazapán.
-Sí.
El farmaceútico me miró de arriba a abajo.
-Te veo muy fresca para estar recién parida.
-Bueno, es que no estoy muy recién.
-¿No?
-El niño ya tiene treinta meses.
Que casi dejo la teta porque el bigote me la irrita, jo.
-¿TREINTA MESES? ¿Y cómo has aguantado?
Lo importante no es el cómo. Lo importante es por quién.
Mamás y futuras mamás del mundo, después de dos lactancias me siento con derecho a daros un consejo:
Amamantad o no amamantéis, pero no aguantéis m**rd*s de nadie.
¡Mis tetas, mis reglas!
¡Viva el teta power!
12 febrero 2018
BAI-BAI NETITA
Los primeros cuatro meses fueron genial por eso de la baja de maternidad y porque estaba todo el día con el niño colgao como un koala, que a mí me da la impresión de que apenas pedía teta pero ahora pensándolo quizá lo que pasara es que cuando la quería la tenía ahí a mano y ni me enteraba.
La afición de Bebé-kun a la teta-en-boca le ganó el apodo cariñoso de "Lechoncillo". Porque llamar "Mamoncete" a tu propio hijo está mal visto, al parecer.
A partir del cuarto mes yo me incorporé a trabajar y Bebé-kun a la guardería y se desataron las iras de los infiernos. Cuando estábamos juntos, Bebé-kun pedía teta cada dos horas. DÍA Y NOCHE.
Y, lo que es peor: a pesar de las formadísimas opiniones de las viej... ancianas del autobús, el niño no lo hacía ni por vicio ni por joder ni porque quisiera comprobar qué tamaño pueden alcanzar unas tetas humanas, sino porque de verdad lo necesitaba.
No sabéis lo contenta que me iba a trabajar por las mañanas. ¡Ocho horas con las tetas tapadas! No me lo creía ni yo.
La teta cada dos horas día y noche duró hasta los 24 meses.
20 meses dando teta día y noche, sí.
Cada dos horas (salvo cuando me iba a trabajar).
Y oyendo opiniones formadas de doctorados en la Universidad de Métete en tu P*t* Vida y Déjame a mí en Paz, especialidad de Los Problemas de Otro Siempre me Parecen Sencillos de Resolver, rama de Voy Dando Consejos que Nadie me ha Pedido.
En un momento de desesperación me fui todo un fin de semana sola, pensando que el niño se desengancharía. El niño pasó todo el fin de semana estupendamente, pero en cuanto aparecí por la puerta pidió NETITA como si no me hubiera ido.
Yo en cambio me pasé los dos días afiebrada y con un dolor de tetas del copón.
Nunca más, nunca más.
A los 24 meses más o menos Bebé-kun dio un salto madurativo de esos y empezó a dormir sin la teta. Si por la noche se despertaba era siempre ZaraJota el que iba a consolarlo, y por lo que fuera el niño no encontraba apetecible el musculado torso de su padre.
Los pelos. Tiene que ser por los pelos. Si lo llego a saber a los cuatro meses de lactancia me hago un injerto en las tetas y resuelto.
Poco a poco las tomas se redujeron a una. El niño, que por entonces era capaz de desayunar tres magdalenas, almorzar una lasaña familiar de una sentada y merendar pollo al ajillo (y seguir delgado, el muy c*br*n), no se acordaba de la teta hasta que yo llegaba a casa del trabajo, momento en el que se agarraba a mi pierna llorando a todo llorar y gritando "¡NETITAAAAAAAAAAA! ¡NETITAAAAAAAAAAAA!" como si estuviera al borde de la inanición más absoluta.
No sabéis lo relajante que es dar teta cuando llegas a casa a las siete de la tarde, sabes que el niño se te va a enganchar durante una hora, y que tienes que hacer la cena, preparar cosas para el día siguiente y hacer un mínimo caso al resto de la familia.
Por no hablar de mear.
Que tengo el muelle flojo.
Aquello no podía durar mucho así que le dije a Bebé-kun que si quería teta al menos la pidiera con educación.
A partir de entonces yo entraba en casa y el niño me cogía de la mano.
-MAMÁ, TIÉNTATE -señalaba a la butaca.
-¿Me puedo quitar el abrigo al menos?
-NO. TIÉNTATE -me sentaba en la butaca con el abrigo y todo-. MU BIEN, MAMÁ -encima condescendiente-. NETITA, ALFAVOR.
Y se enganchaba durante una hora (o más).
Pero claro, lo había pedido ALFAVOR y cualquiera le decía que no.
Así estaban más o menos las cosas cuando me surgieron... eh... cómo decirlo... ciertas complicaciones laborales y empecé a llegar a casa a unas horas que no eran ni medio normales.
Llegaba a casa cerca de las ocho de la tarde y cuando el niño pedía NETITA ALFAVOR le decía que íbamos a cenar enseguida, que papá ya tenía lista la cena, y el niño me miraba en plan pues si la ha hecho papá más motivo para que me des NETITA, que cualquiera sabe, pero bueno, a veces la cena era SISANTES o ALCHITCHAS o POTLLO o TORTITCHA o CHOPA, las comidas favoritas de Bebé-kun, y se olvidaba de la NETITA.
Y luego empezó a olvidarse días enteros sin que hubiera comida de por medio.
Se olvidaba un día y al día siguiente se me enganchaba con desesperación, así que al hacer la media de horas de chupóptero nos quedábamos igual, pero bueno.
Y de pronto, a principios de febrero, se olvidó de la teta durante tres días enteros.
Todavía la pedía de noche, pero le decíamos que la NETITA estaba dormida y que no la podía despertar. Que podía dormir con mamá si quería, pero dormir-dormir.
Y el niño se daba la vuelta y se dormía.
Con la mano en la NETITA, vale, pero se dormía.
Fueron pasando los días y Bebé-kun seguía sin enchufarse. Yo estaba en tensión permanente, y no solo porque sintiera las ubres a punto de explorar, sino porque en cualquier momento podía haber una recaída. El niño pediría NETITA, no conseguiríamos distraerlo, o yo sería débil, o él se pondría malito y el pediatra nos recomendaría seguir... y a tomalpolculo todo el esfuerzo.
Y mi espalda. Que ya pesa por lo menos nueve kilos y medio, la criatura.
La crisis iba a llegar tarde o temprano, y llegó.
Estábamos en un cumpleaños y Bebé-kun quería un juguete y otro niño también y francamente cuando pesas aproximadamente la mitad que tus amiguitos lo mejor es conformarse con ser una víctima de la vida, pero Bebé-kun todavía no ha llegado a esa conclusión, hubo un refriega y acabó de morros en el suelo.
-¡¡¡BUAAAAAAAAAAA!!!
-Ay, ¿qué ha pasado? -le dije, y lo cogí en brazos.
Bebé-kun me miró de soslayo.
-¿NETITA?
-Ehhh...
-NOOOOOOO, NETITA TA IO A NOMÍ. SHHHHHHHHH... TÁ NUMIENDO NETITA. CUAIET, CUAIET. SHHHHHHHHHHH... BAI-BAI, NETITA.
Pataleó para que lo soltara y se fue a jugar otra vez con sus amiguitos.
Y, como los seres humanos somos el espíritu de la contradicción, a mí se me escapó una lagrimita.
Pd: Bebé-kun lleva 12 días sin NETITA.
05 febrero 2018
Más teletrabajo
Se nota que Nena-chan es más mayor y me ha estado dejando trabajar en casa sin mayores problemas: hace un par de años mi teletrabajo consistía en atender a la niña toda la mañana y en cuanto llegaba ZaraJota salir corriendo a la casa vacía de algún familiar para trabajar hasta bien entrada la noche.
En esta ocasión le pude explicar la situación directamente.
-Nena-chan, mamá tiene que trabajar y tienes que estar muy tranquilita. ¿Prefieres pintar o ver una peli?
-Pintar.
Nena-chan se sentó a pintar a mi lado mientras yo trabajaba.
Aguantó en silencio y a lo suyo un par de horas, pero se ve que al final ya no pudo más con la intriga.
-Mamá, ¿cuándo vas a empezar a trabajar?
-Eh... llevo trabajando todo este rato.
-Jajaja, ¡si solo estás leyendo!
"Solo", dice. "SOLO".
-No estoy solo leyendo. Mira -le dije, y le enseñé un folio todo marcado con correcciones.
-Aaaah, que también pintas con los colores.
-No estoy...
-Es que me habías disido que estabas sasiendo un libro.
-Estoy haciendo un libro.
-Es que los libros no se sasen así.
-¿Ah, no?
-No, porque la seño me ha enseñado a saser libros, ¿quieres que te enseñe?
-Me voy a arrepentir pero sí.
-Pues coges un montón de papeles y los cortas pequeñitos y luego les pones una grapa en un lado y ya está.
-Eh... vale. Bueno, eso es lo que está haciendo mamá: todos estos papeles luego, eh... los coge alguien y, estoooo... les pone pegamento por un lado y hace un libro.
Más o menos.
-Aaaaah... ¿y será un libro bonito o como los que haces tú siempre?
Creo que Nena-chan ya está lista para volver a colegio.
29 enero 2018
Teletrabajo
Gripa, que dice Necio Hutopo.
Cuando empezó a quejarse pensamos que sería un resfriadillo de un día o dos, pero ha estado en casa una semana.
Y diréis, pues vaya.
Y yo diré, pues vaya también, porque un niño que no va al cole es un adulto que tiene que faltar al trabajo gastando días de sus vacaciones (porque solo es ausencia justificada si el niño está ingresado, y aún así solo tres días, así que si tienes un niño con cáncer, por ejemplo, que por suerte NO es el caso, tu vida laboral está más jodida que Calamardo en El Brillante. "Conciliación", lo llaman).
Bueno.
Pues como resulta que soy una de las afortunadas de la vida que trabajan en un sitio donde lo único que les importa es que trabajes y les da igual si lo haces en la oficina, en casa, en un parque o colgando cabeza abajo del Dragon Kahn, cogí mis papelitos y mis cosas y me fui a casa dispuesta a teletrabajar.
Trabajar en casa con un niño enfermo es fácil: solo tienes que asegurarte de que el niño está lo bastante enfermo. Una buena fiebre que lo deje planchado en la cama es la mejor opción. La afonía también da buenos resultados.
Por si acaso, decidí preparar el terreno.
-Nena-chan -le dije-, hoy es un día especial porque estás malita y mamá tiene que trabajar... ¿quieres -suspiré- que te deje mi casita de muñecas?
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos.
Mi casita lleva cinco años y medio escondida en un armario
-Vale.
-Pero la vas a tratar con cuidado, ¿verdad? Porque
-Claro que sí.
La niña se puso a jugar y yo me puse a trabajar y al rato apareció Hermano Pequeño, que venía a jugar con la niña un rato para asegurarse de que yo me podía concentrar.
-Anda -le dijo a Nena-chan-, qué casita tan bonita.
-Es de mamá, me la ha dejado porque hoy es un día espesial.
-Ah, vale. ¿Puedo jugar contigo?
-Es que solo hay una muñeca.
-Vaya, es que me gustaría mucho jugar contigo.
-Bueno, puedes ser esta vaca de goma.
-Pero esta vaca no es de Sylvanian...
-LO TOMAS O LO DEJAS.
-Vale, vale... 'Hola, soy una vaca'.
-Las vacas no hablan.
-¡Tú eres un conejo!
-Pero soy un conejo MAMÁ.
-¿Y las vacas qué son?
-Pues vacas -ojos en blanco de Nena-chan.
-Bueno, al menos déjame que entre en la casita.
-No, no...
-Ahora no me digas que las vacas no entran en la casa PORQUE MIRA, TÚ ERES UN CONEJO.
-¡Un conejo mamá!
-LOS CONEJOS SE COMEN LAS CORTINAS.
-¡No es verdad!
-Y hacen CACA.
Vale, me lo estoy inventando todo. Pero fue más o menos así, y me estaban poniendo la cabeza como un bombo.
-Bueno, se acabó -les dije-. Si bajo a la juguetería -vivimos muy cerca de una, es horrible- y subo otro conejito, ¿ME DEJARÉIS VIVIR?
-Vale.
Bajé a la juguetería.
Ya sé lo que me vais a decir: comprar el buen comportamiento de los hijos con juguetes está MAL.
Pero técnicamente no estaba comprando el buen comportamiento de mis hijos, sino el de Hermano Pequeño, así que no pasa nada.
La señora juguetera me enseñó
Y pensé, mira, ya que voy a comprar el buen comportamiento de Hermano Pequeño, al menos lo quiero ver dándole a la escobilla con el conejo.
Pero cuando llegué a casa y abrimos la caja resultó que el baño no traía conejo incluido.
Hermano Pequeño se d*sp*ll*b*.
-¡No! ¡He visto la escobilla y he pensado que ya no se le podía pedir más a la vida!
-Pues sigo sin tener muñeco!
-Pero ahora puedes jugar a ser UN VÁTER.
-Lo has hecho aposta, ¿verdad?
Eso o que tenía que trabajar, o un examen o una operación de cerebro, yo qué sé, si la mitad de las veces no le escucho cuando habla.
Nena-chan se quedó jugando con la casita tranquilamente, tan tranquilamente que estuve trabajando un par de horas en absoluto silencio, y de hecho habría seguido más si no llega a ser porque estiré la mano para coger el marcador amarillo y no estaba en el punto exacto donde suelo dejarlo QUE ES EXACTAMENTE SU SITIO Y NO ME VENGÁIS CON QUE TENGO MANÍAS PORQUE NO PODÉIS DEMOSTRARLO.
Miré entonces un poco más lejos y vi a Nena-chan con el rotulador en una mano y el conejo en la otra.
-¡Pero Nena-chan!
-Por eso he pintado EL CONEJO.
22 enero 2018
Jacinta
Había una vez una niña que se llamaba Cuchufleta María Centolla Rebelde Frufrú, pero todo el mundo la llamaba Jacinta porque es que en los pueblos son así.
Jacinta vivía en un pueblo tan pequeño tan pequeño tan pequeño tan pequeño que cada vez que estornudaba el trasero se le salía del término municipal; por eso Jacinta intentaba no estornudar de noche, porque si lo hacía su madre le gritaba que qué estaba haciendo en el campo a esas horas. Con la helada que está cayendo, chiquilla, y tú en pijama.
Un día la madre de Jacinta la mandó a comprar el pan.
Obviamente el pan se compraba en el pueblo de al lado, porque los hornos suelen ser muy grandes y en el pueblo de Jacinta no cabía ninguno, y además el alcalde estaba a dieta y no podía ser.
Jacinta tenía de obediente lo que un zapato de sabroso, pero le gustaba el pan, así que obedeció a su madre de inmediato. Salió del pueblo y empezó a andar hacia el pueblo de al lado mientras cantaba una canción que se le había pegado de Kiss FM.
El pueblo de al lado no estaba lejos, porque como su propio nombre indica estaba al lado.
A unos cinco metros o así.
Lo que pasa es que la gente de los pueblos está acostumbrada a las distancias cortas y cualquier cosa se les hace un mundo, que parece que les cobraran por pasos o algo.
Jacinta entró a la panadería y descubrió con desesperación que había por lo menos tres personas más esperando para comprar el pan.
Estaba claro que iba a perder toda la mañana con aquello, bufó para sus adentros, mientras miraba de reojo si podía sentarse en algún lado. El panadero, en previsión a las multitudes que solían agolparse en su tienda, había puesto dos sillas de plástico, pero por supuesto estaban ocupadas.
Jacinta maldijo su suerte mientras observaba al primer parroquiano pedir el pan.
-Una barra.
-Son cincuenta céntimos.
-Aquí tiene. Gracias, hasta luego.
-Gracias, hasta luego.
El segundo parroquiano se levantó de la silla y se aproximó al mostrador.
Jacinta volvió a bufar.
-Una barra -dijo el parroquiano.
-Cincuenta céntimos.
-Hasta luego.
Jacinta empezó a dar saltitos, cambiando su peso de un pie al otro.
¿Es que esto no se acababa nunca?
-Una barra -dijo el tercer parroquiano, levantándose de su silla.
-Cincuenta céntimos.
-Aquí están.
-Gracias, hasta luego.
Jacinta se lanzó sobre el mostrador con desesperación.
-¡Una barra! ¡Aquí están los cincuenta céntimos! ¡Hasta luego!
Con la barra en la mano, salió corriendo a la calle.
Por fin. Ya podía volver a su pueblo.
Iba por la carretera tan contenta y distraída cuando vio un hada que venía de frente por el mismo arcén que ella.
A Jacinta aquello le pareció rarísimo: lo correcto es que los peatones circulen por el arcén en sentido contrario al de la circulación de los coches, esto es, el arcén de su izquierda según el sentido de su marcha. ¡Y el hada venía por el arcén de su derecha!
-¿Pero qué haces, sulnolmal? -le gritó amablemente Jacinta.
-He venido a concederte un deseo -le dijo el hada llegando a su altura.
-Pues haber venido antes y me habría ahorrado bajar a por el pan.
Fin.
15 enero 2018
El Ratoncito Pérez
A pesar de eso, como Nena-chan ha cogido carrerilla con esto de caérsele los dientes, y el Ratoncito ya nos ha visitado exitosamente, pensamos que sería buena idea llevarla a la Casa Museo.
La web advierte que es recomendable reservar, pero también dice que no se puede reservar ni por teléfono ni por internet, hay que ir directamente allí, que no sé a vosotros, pero a mí hacer media hora de trayecto con los dos niños y subir el carrito a pulso un piso solo para comprar las entradas me da una pereza loca.
Pero bueno. He hecho cosas peores y más locas y todas con el carrito a pulso y la teta al viento, así que me fui para allá pensando que por los niños podía pasar por alto que la web sea una patata, que el sistema de reservas sea cutre, que no haya ascensor y que lo poco que se ve desde fuera dé mucho repelús, pero una vez allí vi que iban apuntando las reservas en un cuaderno y pensé, mira, os lo puedo perdonar todo, pero que despreciéis el excel, no.
Y no hemos vuelto.
No parece que el Ratoncito se haya ofendido por el desprecio, porque esta semana a Nena-chan se le ha caído otro diente.
Una vez más se le ha caído en el comedor del colegio y las cuidadoras lo han recogido en una servilleta porque la vida es así y los niños del siglo XXI van por ahí dejando que sean extraños los que les recojan del suelo las partes del cuerpo que van perdiendo.
El problema es que al llegar a casa el diente no estaba.
Pensé que la niña se lo iba a tomar mal, pero estaba supertranquila.
-Bueno -le dije-, si quieres podemos escribir una nota para el Ratoncito Pérez, explicándole que se te ha perdido el diente.
-Podemos firmarla todos como testigos -dijo ZaraJota-. Seguro que en el colegio tienen algún impreso para eso. ¿Te parece bien?
-No -nos dijo Nena-chan-, mejor que mamá me haga una fotos del bujero de la boca y se la mande al Ratoncito Pérez por el móvil.
Ay, bendita inocencia. ¿Cómo le vamos a enviar la foto por internet, si no admite ni las reservas?
08 enero 2018
Dubi dubi dubi du
Me habría venido muy bien endrogarme un poco y eso, pero como nunca adivinaréis a quién no he destetado no me dejan.
Y cuando digo que no me dejan es que no me dejan, al margen de lo que diga e-lactancia, que será muy de fiar pero no tiene ni mi historial ni el de Bebé-kun a mano.
Así que un año más (y van tres) me ha tocado pasar el catarrazo a pelo, y un año más ha derivado en una afonía total, y un año más me viene fatal, porque vuestros hijos no sé pero los míos se activan por voz: a Nena-chan ya le puedes poner el desayuno delante, que si no le repites "desayuna" ochenta y tres (las he contado) veces no desayuna porque cómo va a saber ella que los cereales son para comérselos, oye, que lo mismo se los has puesto para que les escriba un poema, yo qué sé, que la chiquilla no es adivina.
Y lo mismo pasa con Bebé-kun, que desde que le hemos quitado el pañal avisa cuando tiene pipí pero no va al orinal si no le digo "corre al orinal", que me estoy pensando hacerle un poder notarial asegurándole que puede usar el orinal cuando quiera.
En fin, lo que intento decir es que afonía y maternidad no son buena combinación.
Y afonía, maternidad y dos semanas de vacaciones, menos.
Así que recurrí a una web que te lee en voz alta el texto que escribas.
Ay, el siglo XXI es maravilloso.
La abrí en el móvil y escribí: "Hola, Bebé-kun"
-HOLA MAMÁ -contestó Bebé-kun, aparentemente incapaz de distinguir la voz del robot de la mía.
"Te quiero mucho"
-ERO MUCHO.
Y acto seguido me quitó el móvil de la mano y le plantó un beso.
¿Qué coj...?
Bueno, al menos Bebé-kun no parecía traumatizado por la repentina deshumanización de nuestra relación materno-filial.
Entonces probé con Nena-chan.
"Nena-chan, ¿has terminado de desayunar"
Como su hermano, Nena-chan me quitó el móvil de las manos, se lo puso en la oreja y contestó muy seria:
-No.
Empezaba a sospechar que aquello no estaba funcionando del todo como yo quería. Y encima me estaba poniendo celosa del móvil, que ya llevaba media docena de besos por parte de Bebé-kun así porque sí.
Pero claro, tampoco tenía elección.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes", escribí.
Los niños decidieron ignorar aquella instrucción en concreto, así que volví a darle al play.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes"
Nada.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes".
A fuera de repetir la grabación una y otra vez me dí cuenta de que aunque el lector está muy conseguido, no lograba reproducir del todo las inflexiones habituales del habla. Le faltaba ritmo.
Así que añadí:
"Dubi dubi dubi du"
Cuatro veces. Resultando en:
"Venga, vamos a lavarnos los dientes
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du"
Los niños seguían sin lavarse los dientes pero se reían mucho y la risa es muy sana también, probablemente incluso más que lavarse los dientes.
Estuve con el lector todo el día sin problema, hasta que llegó ZaraJota.
-¡Apaga eso de una vez!
"Si solo te he dicho las cosas que hay que comprar"
-¡Pero has escrito cuatro "dubi dubi dubi du" entre cosa y cosa!
Desde luego siempre hay quien le pone pegas al progreso.
05 enero 2018
El servicio prime de los Reyes Magos
Este curso, cuando apuntamos a Nena-chan a la piscina, se empeñó en que quería unas gafas de bucear.
-Pero vamos a ver, petardilla: si no metéis la cabeza debajo del agua.
-¡Pues lo otros niños tienen!
Que no era por no comprarle las gafas, era solo porque ya llevamos bastantes trastos a la piscina, porque estamos en el mismo horario la niña, el niño y yo, y cada vez que nos ven entrar por la puerta nos preguntan si vamos a mudarnos para siempre o a pasar el invierno aprovechando que tienen la calefacción fuertecita.
Además, por esa época lo único que hacía Nena-chan en clase era forrarse con porexpán (dos manguitos, una tablita en el culete, otra en las manos... que entre eso y el gorro y los escarpines yo no sé si la chiquilla llegaba realmente a tocar el agua) y chapotear llevando bolitas de colores de un lado para el otro.
-Bueno, pues vamos a hacer una cosa: lo anotamos en la carta a los Reyes Magos.
Sí, en septiembre.
Porque estamos mu locos y ya en septiembre pusimos un papel detrás de la puerta para ir apuntando cosas que nos hacían falta pero no urgentemente, de forma que se las podíamos pedir a los Reyes.
(La lista incluía cosas como trapos de cocina, una alfombrilla para la ducha, tuppers o imanes de nevera, que los Reyes han ido recopilando durante los últimos meses. Lo digo más que nada porque luego subo fotos de los regalos debajo del árbol y siempre hay quién me dice que son muchos. Pues es que no veas lo que lucen los trapos de cocina cuando los empaquetas uno por uno, jo).
A la niña le pareció muy bien, y apuntó en la lista "gafas para la piscina" con mucha alegría, seguramente porque sabe que si las compro yo me voy a las más baratas mientras que los Reyes tienen tarjeta black y se pueden permitir algo más lustroso.
El problema es que después de unas clases de adaptación el monitor decidió que los niños ya estaban listos para quitarse la media tonelada de corcho y nadar libremente.
De pronto.
En plan: estoy recogiendo pelotitas de colores con manguitos de colores y de pronto estoy tirándome de cabeza y haciendo largos en la piscina olímpica a pecho descubierto.
Y claro a Nena-chan, que nació para princhecha del guisante, se le pusieron los ojos como los testículos de un alien. Verdes. Purulentos. Palpitantes.
Ay... Voy a adelantar el tema gafas, me dije. De hecho, lo adelanté tanto que las pedí por internet en plan urgente.
Al día siguiente apareció el mensajero, a las ocho de la mañana, con tanto tino que nos estábamos poniendo los abrigos para salir de casa.
-Mamá, ¿qué es eso? -me preguntó Nena-chan cuando vio el paquete.
-Las gafas para la piscina.
-Pero mamá, se las habíamos pidido a los Reyes.
M**rd*, m**rd*, m**rd*... Estaba tan agobiada con los abrigos, las mochilas y llegar tarde que no me había acordado de que las gafas estaban apuntadas para los Reyes Magos.
-Bueno -improvisé-, lo que pasa es que los Reyes Magos se han dado cuenta de que te hacen falta ya y por eso te las han mandado con un mensajero urgente.
-¿DE VERDAD?
-Claro. Los Reyes Magos lo saben TODO.
Nena-chan estaba alucinada.
Tan alucinada que se lo contó a todo el mundo que se cruzó por la calle. Y a los viajeros en el bus. Y a las seños de la guarde de Bebé-kun.
Bendita inocencia, me dije.
Pero cuando llegamos a su colegio la emoción dejó paso a la inquietud.
-Oye -le dijo a una de sus amiguitas-, los Reyes Magos de verdad lo ven todo. Todo TODO.
Verás si al final vamos a tener que devolver las gafas por incumplimiento de contrato...
31 diciembre 2017
La cocina del infierno. Epílogo: el horno al fin
25 diciembre 2017
Los festivales del colegio
18 diciembre 2017
Más publicidad
11 diciembre 2017
Diente por diente, 3 y ya
Olvidad el chupito. Pasemos a inyectarnos morfina directamente.
Bueno, sigo sin poder contestar a los comentarios, así que os cuento:
el problema de que se piquen los dientes de leche es que pueden pasarle la caries a los dientes definitivos, aunque no hayan salido todavía. Y esto pasa porque los dientes definitivos están por ahí, escondidos, lo que bien pensado da mucho repelús.
Además, los dientes de Bebé-kun se estaban llenando de caries a toda velocidad, tanto que el primer dentista que lo vio nos dijo que los molares "tenían caries pero podían esperar", y el tercero que había que hacer los molares cuanto antes, y aunque no nos hubieran dicho nada, en cuestión de días los dientes delanteros estaban desapareciendo.
Estábamos muy agobiados. Y un poco hartos.
Jo, que una caries no es un problema TAN grave.
¿Cómo podía complicarse todo tanto?
¿Por qué Bebé-kun se pasa la vida de médico en médico, si realmente nunca ha tenido nada serio?
¿Seré yo? Por supuesto que soy yo. ¿Lo estaré haciendo mal? Por supuesto que lo estoy haciendo todo mal. ¿Dudé en algún momento del embarazo de si lo quería y este es mi castigo? Obviamente. Pero, ¿por qué tiene que sufrir el niño? Para que la culpa me corroa. Como la caries. Ay, ay... ¡la caries de Bebé-kun es una metáfora!
Así estaba yo, más al borde de la locura de lo que ya es habitual, cuando llegó Patch, que es como una navaja suiza (ocupa poco y sirve para todo) y nos recomendó una clínica (donde nos atendieron fenomenal, aunque al final no se ocuparon de Bebé-kun. Uy, spoilers).
El único problema que tiene es que está en Valdemoro y como sabéis no tenemos coche, así que bueno, en realidad el problema lo tenemos nosotros por vivir la vida al límite y haber hecho del metro nuestro único dios.
-No pasa nada -le dije a ZaraJota-. He hackeado la web de la empresa donde trabaja mi padre y he conseguido descargarme sus horarios.
-¿No hubiera sido más fácil, no sé, eh, así como teoría loca, preguntárselo a él directamente?
-No creas que no lo he intentado.
----Flashback----
-Padre, ¿trabajas el próximo martes?
-¿El martes? Espera, ¿en qué cae? ¿Doce? ¿Trece? No, el trece es jueves. Entonces el próximo martes cae en jueves... ¿O era miércoles? A ver: si el martes cae es miércoles, es que estamos en Bélgica...
----Flashforward----
-Entiendo. ¿Y si le preguntas directamente si te puede dejar el coche?
-Peor.
----Flashback----
04 diciembre 2017
Diente por diente, 2
Chupito.
En la clínica nos dijeron que sí, que claro, pero que necesitábamos un volante de nuestro pediatra.
El pediatra se negó.
-Este niño no tiene caries.
-¿Y ese agujero negro y enorme que se abre en la muela como el vórtice hacia el abismo qué es?
-Un portal interdimensional.
-Ya.
-¿Pero no ves lo feliz que está? -nos dijo la pediatra por enésima vez en la vida de Bebé-kun-. Si un niño está contento es que está sano.
Claro, porque todo el mundo sabe que los niños con cáncer o enfermedades crónicas no se ríen nunca, sino que están todo el día amoinados para que se les note bien y dar pena.
-Bueno, ¿nos puede dar el volante para la clínica y nos aseguramos?
-No. Pero si vas a mostrador y pides cita para el dentista yo no te lo puedo impedir.
Pedimos cita.
Dos semanas más tarde llegué al dentista y me senté en la sala de espera, y Bebé-kun me vio sentada y lo interpretó como una batseñal para enchufarse a la teta.
El dentista salió para llamarnos, me vio con la teta al viento y se le puso esa mueca de tetofóbico que las madres lactantes vemos tanto.
No es pudor. No es asco. Es un "le voy a decir a esta cuatro verdades que se va a enterar".
El dentista inspeccionó a Bebé-kun sin mucho interés.
-Pues sí, tiene alguna caries.
-Ya.
-Eso es porque le das el pecho.
-¿Perdón?
-A partir del año no se les puede dar el pecho porque les provoca caries.
Además es así, automático: como le des teta a las 00:01 del día de su primer cumpleaños ya está j*d*d* para siempre.
-¿PERDÓN?
-La leche materna tiene mucha azúcar, por eso es mejor quitársela cuanto antes.
Claro. Claaaro.
-¿Y qué podemos hacer?
-A mí no me pregunte, yo aquí no atiendo estos casos.
-¿Y no me puede al menos hacer un informe, una nota, lo que sea, para el pediatra? ¿Diciendo que SÍ tiene caries?
-Te puedo dar el nombre de un colutorio con flúor apuntado en un post-it.
-Tendrá que valer.
Salí y llamé a la clínica.
-Pues es que si no tienes una nota del pediatra no te podemos atender.
-¡Es que el pediatra se niega!
-¿Y el especialista que lo lleva?
-¿Que le lleva el qué?
-La discapacidad.
-Eh... mi hijo no tiene ninguna discapacidad.
-Ah, es que aquí tratamos a niños con discapacidad.
-Pero... Ha sido mi dentista el que me mandó aquí... Hemos hablado por teléfono media docena de veces... Llevo un mes intentando conseguir el volante del pediatra...
-Tendría que habernos dicho antes que el niño no tiene ninguna discapacidad.
Cómo no se me habrá ocurrido a mí.






