29 marzo 2018

Mi agüita amarilla

La semana pasada me encontraba muy mal y no encontré las ganas de postear.
Disculpen las molestias.

Esta es la situación.
Estoy teniendo unas reglas muy malas, así que el médico me recomendó tomar la píldora anticonceptiva, una en concreto.
-Con esto ya verás como se te soluciona lo de las reglas.
Y tanto que se me solucionó: como que me dejó venir por completo.
Eso sí, me encontraba muy fatalmente. Y como todavía seguía con los vértigos y tal pues pensé en ir al médico y contárselo todo en plan "Sicilia, 1958. Una joven de abundantes pechos...".
Así que me dije pues mira, aprovechando que me he cogido el día porque los niños no tienen colegio pues me voy con ellos al médico y echamos allí la mañana tan ricamente, que seguramente nos están echando de menos ya.
Quizá no fue la mejor idea, porque mi médico es de esos que tienen en la puerta un cartel:

LA HORA DE LA CITA ES ORIENTATIVA.
El médico no va con atraso.
El atraso sería no dedicarle a cada paciente el tiempo que necesite.

Que es una cosa que nos parece muy bien cuando ya estamos en la consulta, pero cuando estamos una hora en la sala de espera con dos niños pequeños pues un poco menos, la verdad.
La naturaleza humana es así.
Cuando por fin entramos a la consulta los niños ya estaban que se subían por las paredes y yo en plan no, por las paredes no, que a saber cuándo las pintaron por última vez.
-Hola Lorz -me dijo el médico-. ¿Cómo estás?
-Bien, ¿y usted?
-...
-Lo he vuelto a hacer, ¿verdad?
-Cada vez. Cada puñetera vez...
-Bueno, pues ya que NO es una pregunta retórica, no estoy muy bien. Sigo con náuseas y vertigos. Y no me ha venido la regla.
-¿Desde hace cuánto?
-No sé, ¿en qué año estamos?
El médico miro a Nena-chan y Bebé-kun, que estaban intentando recolocar los cables del ordenador, y palideció ligeramente.
-Te voy a hacer un test de embarazo.
El médico me dio un vaso de plástico. Un vaso-vaso, de los de botellón. Y me dijo que hiciera pis en el vaso.
-Pero no aquí -aclaró-. En el baño que hay fuera.
Desde luego es que los médicos son de lo que no hay: cuando a ellos les conviene todo es desnudarse, pero cuando no, te bajas las bragas en mitad de la consulta y todo son aspavientos.
Salí a la sala de espera con los dos niños.
-Mamá tiene que entrar un momento al baño para hacer pipí. ¿Os quedáis aquí sentaditos portandoos súper bien?
-Sí -dijo Nena-chan.
-No -dijo Bebé-kun.
-Vale: tú aquí sentadita. Tú, conmigo.
Me metí en el baño con Bebé-kun. El cubículo era enano y bueno, ya sabéis cómo hacemos pis las mujeres en los baños públicos, sobre todo en invierno, ¿no? Pues añadid un vaso, un niño de dos años y la perspectiva de estar embarazada de otro. Y, a mitad de la meada, una niña empujando la puerta para entrar porque "no quiero estar aquí solita".
Salí del baño con el vaso en la mano.
-Mamá, ¿que hay en ese vaso?
-Pipí.
-¿De quién?
-Mío.
Nena-chan me miro como si pensara que su madre había tocado fondo, cosa que pensándolo bien probablemente fuera cierta. Ahora me pregunto si le hubiera parecido mejor que el pipí fuera de otro. Supongo que perdí para siempre la oportunidad de descubrirlo.
-Pero mamá, ¡los vasos no son para hacer pipí! ¡Eso es una guarrería muy gorda!
Para entonces ya nos miraba toda la concurrencia de viej...ancianas, y todavía faltaba lo peor: Bebé-kun descubrió que yo llevaba un vaso en la mano.
-QUERO ABUA -dijo, señalando el vaso.
-No es agua, lechoncillo. Es pipí.
-QUERO ABUA.
-No es agua.
-QUERO ABUA.
-Es. Pipí.
Mientras tanto Nena-chan estaba gozando del momento:
-¡MI MAMÁ HA HASIDO PIS EN UN VASOOOOOOOO!
Las viej... ancianas se reían sin disimulo y yo no paraba de mirar la puerta y el cartel de la puerta y de pensar que ojalá a mi médico le importara un poquito menos el bienestar de los pacientes y un poquito más el quitárselos de encima rapidito, cosa que en circunstancias normales jamás habría pensado pero es que estaba un poco estresada así sin motivo aparente.
Al final el médico nos llamó de nuevo a consulta.
Le entregué el vaso, para escándalo de Nena-chan, y metió dentro una varita blanca.
-Mamá, ¿por qué mete eso en tu pipí?
-Para mirar si vas a tener otro hermanito.
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos porque claro, quiere mucho a Bebé-kun y eso pero es pequeño, y a ella lo que le gustaría es que le encargáramos un hermanito de su misma edad, o quizá un poco más mayor, puestos a pedir.
Pero el médico se volvió hacia nosotros con el predictor en ristre.
-Lo siento, Nena-chan, no vas a tener un hermanito.
-¿Cómo lo sabes?
-Por el pipí de tu mamá.
-¿Lo ha hasido mal?
Va a ser eso, sí.

18 marzo 2018

La masturbación

No sé cómo va a salir esto, por la cosa de que este fin de semana he dormido como diez horas en total porque estaba haciendo cosas.
¿Cosas nazis?
No, definitivamente no cosas nazis.
Soviéticas, un poco. Pero nazis seguro que no.
Además, sigo con los vértigos.
El médico dice que es porque tengo mal las cervicales.
-Pues quitémelas -le dije.
-Pero Lorz, ¿cómo te las voy a quitar?
-¡Y yo qué sé! ¡El médico es usted!
Que tengo que estar yo a todo siempre.
El médico me dio cuatro pautas "muy sencillas" para no forzar las cervicales, que me tienen que durar toda la vida.
1. No leer.
Ja, ja.
2. No usar el ordenador.
Ja, ja.
3. No cargar peso.
Ja, ja.
4. Dormir en buena postura.
Ja, ja.
Yo no le hice ni puñetero caso, así que no entiendo por qué estoy cada vez peor.
Aparte de que la habitación crece y decrece a mi alrededor, y de que a veces me siento caer al vacío, he empezado a desorientarme de pronto: el otro día salí del ascensor y de pronto no tenía la menor idea de dónde estaba: solo sabía que ese no era el descansillo "correcto".
Me senté un rato en el suelo hasta que conseguí centrarme: estaba en el descansillo de mi casa.
Pero lo peor es que he empezado a mezclar palabras. Quiero decir "queso" y digo "churrete", y me doy cuenta de que algo no encaja, pero tardo un rato en darme cuenta de qué es.
Hace unos días me pasó con "confirmación". Necesitaba que alguien me confirmara algo, pero al ir a verbalizarlo, en vez de "confirmación" me salía, dios sabrá por qué, "masturbación". 
Os voy a ahorrar los detalles escabrosos: solo os diré que ahora mismo soy extremadamente popular en la agencia de viajes del barrio.

12 marzo 2018

Pantera Negra

Fue más o menos así:
-Oye, ZaraJota, podíamos ir a ver Pantera Negra.
Acto seguido sonó el teléfono.
-¡YO ME PUEDO QUEDAR CON LOS NIÑOS! -dijo mi madre en cuanto cogí el auricular, sin darme tiempo a decir ni hola ni nada.
-Madre, ¿cómo has sabido de lo que estábamos hablando?
-¡¡¡NO TENGO MICRÓFONOS EN VUESTRA CASA NI HE DESARROLLADO UNA APP PARA QUE ME SALTE UNA ALARMA CUANDO DECÍS DE SALIR Y GOOGLE TODAVÍA NO ME LA HA COMPRADO, ESTAMOS NEGOCIANDO LAS CONDICIONES!!!
-...
-¡¡¡Y NO HE TENIDO NADA QUE VER CON QUE ADELANTARAN LA FECHA DE ESTRENO DE VENGADORES: INFINITY WAR!!!
-...
-Me puedo quedar con los niños el sábado. Por si queréis ir al cine. Que no sé si queréis. Es una idea que se me ha ocurrido así, de pronto.
-Valeee, sí, queremos ir al cine el sábado.
-Pues nada que se vengan a casa. ¿Vais por la mañana o por la tarde?
-Por la tarde.
-Ah, entonces se tendrán que quedar todo el fin de semana.
-¿Perdón?
-Son las normas, no me las estoy inventando.
-¿Seguro?

Este era el plan:
1. El sábado por la mañana me depilaría. Que no es que tener pelos me importe demasiado, pero es que ya no me cerraban las camisas.
2. Después iríamos a comer con mis padres.
3. Dejaríamos a los niños allí.
4. Iríamos al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís.

Y entonces empezaron los vértigos. Leeros el post anterior, que no me apetece poner el enlace.
-Niña -me dijo mi madre, que volvió a llamar por teléfono sin razón aparente mientras ZaraJota y yo hablábamos de anular el cine-. Que he pensado que ya que te encuentras mal lo mejor es que los recoja directamente en el colegio el viernes y que se vengan a casa y ya que se queden a vivir aquí y eso...
-¿PERDÓN?
-Nada.
Así que llegamos a la conclusión NO ME PREGUNTÉIS CÓMO de que ya que yo me encontraba muy mal lo más lógico y sentato era que ZaraJota y yo fuéramos al cine un día antes.
-Pero no podemos ir al cine el viernes -protestaba yo-. Que no me da tiempo a depilarme.
-¿Y por qué ibas a depilarte para ir al cine?
-Sin comentarios al respecto. 
No pasa nada. Soy una mujer flexible. Podía cambiar de planes:
1. No depilarme.
2. Ir a trabajar.
3. Quedar con ZaraJota.
4. Ir al cine.
5. Cena en pareja.
6. Jugar al parchís. A oscuras, preferiblemente.

Habíamos completado con éxito el paso 5 y estábamos volviendo a casa en autobús así todo acaramelados y cogidos de la manita y eso, sin parar de mirar alrededor porque continuamente pensábamos que se nos habían perdido los niños.
-Jo -le dije a ZaraJota-, ¿cuánto tiempo hacía que no salíamos así, de noche? Me siento súper joven ahora mismo. Salir a cenar... Volver a las mil...
-Lorz...
-Acostarse al amanecer y levantarse con resaca...
-Lorz, acabamos de pasar por el mercadona y está abierto.
-No pretenderás ir a la compra ahora, cuando me estoy sintiendo joven y alocada.
-No son ni las nueve de la noche, Lorz.
De verdad que son ganas de cortarme el rollo. 

05 marzo 2018

Bamboleoooooo bambolea

Lo primero fue el dolor en el pecho y en un brazo, pero vaya, que no le hice mucho caso porque el colecho es lo que tiene: te duelen cosas donde y cuando menos te lo esperas. 
Lo que pasa es que luego empecé a bandearme de un lado para el otro, pero tampoco le di demasiada importancia porque me pasaba solo cuando salía a la calle por la mañana con el paraguas. 
Bueno. Con el paraguas, Bebé-kun en brazos, su mochila, mi bolso (tupper incluido) y Nena-chan colgada del bolso, dejándose arrastrar como un peso muerto. 
Pero, básicamente, la culpa es del paraguas. 
Seguramente os preguntaréis porqué no llevo a Bebé-kun y a los pertrechos en un carrito. O a los niños en patinete, como veo hacer a otras mamás que viven más cerca. 
Pues porque a metro de Madrid NO LE SALE DE AHÍ poner acceso adaptado, ya sea ascensor, rampa o un puñetero teletransporte. Si llevara carrito, tendría que hacer siete tramos de escaleras cargando con el carrito y los pertrechos sin soltar la mano de Bebé-kun, que todavía es pequeño para semejante escalada. 
Y eso sin contar con que cuando llegas a los tornos no suele haber nadie para abrir la puerta lateral. Sí, esa puerta lateral que han puesto para que pasen las sillas que tienen que llegar ahí mágicamente. 
A lo que iba: que andaba por la calle haciendo eses, pero bueno, como normalmente los hombres que vienen de frente no son capaces de redirigir el rumbo cuando ven a una mujer con niños sino que siguen en línea recta y que se aparten los demás pues me venía hasta bien. 
El caso es que un día estaba sentada leyendo y de pronto la habitación empezó a encoger. 
Jo, pensé, cada vez engordo más rápido. 
Pero luego la habitación volvió a su tamaño. 
Y luego volvió a encoger.
Y luego volvió a su tamaño. 
Verás las estrías que se me van a quedar con tanto cambio de peso, pensé. 
Y luego me levanté y ya no fui capaz de recorrer en línea recta el pasillo de la oficina, que no mide ni dos metros. 
Pero lo peor es que al cerrar los ojos empecé a oír trino de pájaros. Con la que estaba cayendo.
Así que pensé, mira, me voy a urgencias que hace mucho que no voy. 
-¿Has vivido alguna situación estresante últimamente? -me preguntó el médico. 
-No.
O sea, ¿qué es "últimamente"?  
-¿Has levantado peso? 
-No.
Técnicamente no lo levanto: me pongo en cuclillas y los niños me trepan.
-¿Has dormido en mala postura?
-No.
Para dormir en mala postura es requisito indispensable dormir, vaya. 
-Lorz, en tu expediente pone que tienes dos hijos y acabas de destetar al pequeño. 
-Ya estamos sacando conclusiones precipitadas...
Entonces el médico me dijo que me quitara la camiseta y le dije que no podía. 
-¿Por el dolor del pecho?
-No, es que llevo un sujetador muy feo y estoy sin depilar. 
-De verdad, Lorz, me da igual. 
-Pero a mí no. 
-Bueno, levántate la camiseta por un lado. 
El médico me miró por todas partes y llegó a un primer diagnóstico que es que me había mareado por leer. 
-Te he visto leyendo un libro en la sala de espera -me dijo. 
Me mordí la lengua porque vaya, ya es mala suerte que justo lo que me siente mal sea sentarme a leer. Sobre todo porque mi trabajo consiste precisamente en leer y yo diría que ya estoy así como acostumbrada. 
Mejor no se lo expliques, pensé, que este es capaz de darte la baja y si no puedes ir a trabajar a ver cuándo descansas. 
En fin. El médico llegó a la conclusión de que tengo un cuadro de contractura+migraña+vértigo en el que no se sabe qué provoca qué. 
-Podría recetarte una pastilla...
Me encojo. Por un momento pienso que me va a decir "pero no es compatible con la lactancia". 
Entonces me acuerdo: ya no estoy dando el pecho. 
Puedo meterme lo que quiera: alcohol, drogas, barras de uranio. 
Ciertamente, debido a la falta de costumbre me tomo media cerveza y acabo bailando desnuda encima de una mesa. Y con suerte es la mesa de mi casa. O sea, que estoy sin depilar y no es plan. 
Pero lo que es poder, puedo tomar lo que quiera. 
Sonrío como una lunática. 
-¿Sí? -le dijo al médico, para animarle a continuar. Bueno, en realidad es más un "¡SÍ, SÍ!".
-...pues podría recetarte una pastilla, pero uno de sus efectos secundarios es que estimula la producción de leche. 
-TIENE QUE SER UNA P*T* BROMA.
No lo era. 

26 febrero 2018

Villamatojo II

Lo he vuelto a hacer: he escrito otra historia de zombis que, según su único lector beta (el otro estaba "ocupado" porque, según él, tenía que "trabajar" y "déjame en paz que son las tres de la mañana") está muy bien.
Bueno, en realidad lo que ha dicho es que "da mucho repelús" y que "va a peor", lo que, ahora que lo pienso, es más o menos lo mismo que dice de mí.
No importa.
Seguro que Mary Shelley oía lo mismo todos los días: su marido también tenía pinta de quejica.
"Is qui siy in piiti rimíntico, is qui siy in piiti rimíntico". Anda y calla, mediatorta.
El caso es que Villamatojo II está o estará disponible en breve (Amazon y sus cosas), junto con Villamatojo I, aquí.
Espero que os guste: he tardado en escribirlo por lo menos siete viajes en metro.






Pd: ¿He dicho ya por aquí que ZaraJota ha empezado a dibujar para la segunda parte del #Lorzfunding?

19 febrero 2018

El destete (y ya dejo de hablar de tetas, lo prometo)

Destetar a Bebé-kun fue más fácil que destetarme a mí.
A medida que iban pasando los días, empecé a notarme hinchada, afiebrada, confundida y desorientada; y luego empezaron las nauseas, los calambres y el dolor abdominal.
Cuando anunciaba que Bebé-kun había dejado la NETITA la gente me preguntaba "¿cómo te sientes?", y yo siempre respondía "embarazada".
J*d*r.
Me sentía embarazada.
Aguanté unos días y al final me rendí y me fui al médico.
-¿Qué tal estas Lorz?
-Bien, gracias, ¿y usted?
-...
-Ay, perdón, que siempre se me olvida que la pregunta es en serio. Pues estoy un poco regular porque he dejado de dar el pecho. POR FIN.
-¿Todavía le dabas el pecho?
-Sí.
-POR EL AMOR DE DIOS, LORZ, ¿PERO QUÉ EDAD TIENE NENA-CHAN?
-Cinco años y medio.
-Madre del amor hermoso...
-Pero al que he destetado es al pequeño, que tiene treinta meses.
-Ah, vale. Los sustos que me das, maja...
-Me encuentro muy mal. Creo que tengo las hormonas totalmente turuletas.
-¿Y has pensado en volver a tomar la píldora?
-¡Jajaja! ¿Para qué?
Si ZaraJota y yo apenas dormimos en la misma cama. Por no hablar de dormir solos en la misma cama. Y quizá debamos reformular lo de dormir. 
-Para regularte un poco las hormonas.
-Ah, para eso. No me lo había planteado. Vale.
-Pues te voy a recetar la píldora y una pastilla para el destete.
-Vale, vale.
-La leche que ya tienes no te la va a quitar, pero te va a ayudar a regular los síntomas. ¿Necesitas algo más?
-Pues ahora que lo dice no he comprado el pan.
-Adiós, Lorz.
De verdad creo que mi médico tiene un problema con las preguntas retóricas...
Me fui a la farmacia con las dos recetas.
-A ver -me dijo el farmaceútico-, la píldora anticonceptiva y una pastillas para cortar la lech...
Tomé aire porque me imaginaba lo que venía a continuación: bronca por no dar el pecho. Que es el mejor regalo y tal. Que las defensas y el cáncer de mama. Que cuando das teta la lluvia es de azúcar y las calles de mazapán.
-Sí.
El farmaceútico me miró de arriba a abajo.
-Te veo muy fresca para estar recién parida.
-Bueno, es que no estoy muy recién.
-¿No?
-El niño ya tiene treinta meses.
Que casi dejo la teta porque el bigote me la irrita, jo.
-¿TREINTA MESES? ¿Y cómo has aguantado?
Lo importante no es el cómo. Lo importante es por quién. 





Mamás y futuras mamás del mundo, después de dos lactancias me siento con derecho a daros un consejo:  
Amamantad o no amamantéis, pero no aguantéis m**rd*s de nadie.  
¡Mis tetas, mis reglas! 
¡Viva el teta power! 

12 febrero 2018

BAI-BAI NETITA

Vosotros no lo sabéis porque apenas menciono el tema, pero llevo 30 (TREINTA) meses de lactancia con Bebé-kun.

Los primeros cuatro meses fueron genial por eso de la baja de maternidad y porque estaba todo el día con el niño colgao como un koala, que a mí me da la impresión de que apenas pedía teta pero ahora pensándolo quizá lo que pasara es que cuando la quería la tenía ahí a mano y ni me enteraba.
La afición de Bebé-kun a la teta-en-boca le ganó el apodo cariñoso de "Lechoncillo". Porque llamar "Mamoncete" a tu propio hijo está mal visto, al parecer. 

A partir del cuarto mes yo me incorporé a trabajar y Bebé-kun a la guardería y se desataron las iras de los infiernos. Cuando estábamos juntos, Bebé-kun pedía teta cada dos horas. DÍA Y NOCHE.
Y, lo que es peor: a pesar de las formadísimas opiniones de las viej... ancianas del autobús, el niño no lo hacía ni por vicio ni por joder ni porque quisiera comprobar qué tamaño pueden alcanzar unas tetas humanas, sino porque de verdad lo necesitaba.
No sabéis lo contenta que me iba a trabajar por las mañanas. ¡Ocho horas con las tetas tapadas! No me lo creía ni yo.

La teta cada dos horas día y noche duró hasta los 24 meses.
20 meses dando teta día y noche, sí.
Cada dos horas (salvo cuando me iba a trabajar).
Y oyendo opiniones formadas de doctorados en la Universidad de Métete en tu P*t* Vida y Déjame a mí en Paz, especialidad de Los Problemas de Otro Siempre me Parecen Sencillos de Resolver, rama de Voy Dando Consejos que Nadie me ha Pedido. 

En un momento de desesperación me fui todo un fin de semana sola, pensando que el niño se desengancharía. El niño pasó todo el fin de semana estupendamente, pero en cuanto aparecí por la puerta pidió NETITA como si no me hubiera ido.
Yo en cambio me pasé los dos días afiebrada y con un dolor de tetas del copón. 
Nunca más, nunca más. 

A los 24 meses más o menos Bebé-kun dio un salto madurativo de esos y empezó a dormir sin la teta. Si por la noche se despertaba era siempre ZaraJota el que iba a consolarlo, y por lo que fuera el niño no encontraba apetecible el musculado torso de su padre.
Los pelos. Tiene que ser por los pelos. Si lo llego a saber a los cuatro meses de lactancia me hago un injerto en las tetas y resuelto. 

Poco a poco las tomas se redujeron a una. El niño, que por entonces era capaz de desayunar tres magdalenas, almorzar una lasaña familiar de una sentada y merendar pollo al ajillo (y seguir delgado, el muy c*br*n), no se acordaba de la teta hasta que yo llegaba a casa del trabajo, momento en el que se agarraba a mi pierna llorando a todo llorar y gritando "¡NETITAAAAAAAAAAA! ¡NETITAAAAAAAAAAAA!" como si estuviera al borde de la inanición más absoluta.
No sabéis lo relajante que es dar teta cuando llegas a casa a las siete de la tarde, sabes que el niño se te va a enganchar durante una hora, y que tienes que hacer la cena, preparar cosas para el día siguiente y hacer un mínimo caso al resto de la familia. 
Por no hablar de mear. 
Que tengo el muelle flojo. 

Aquello no podía durar mucho así que le dije a Bebé-kun que si quería teta al menos la pidiera con educación.
A partir de entonces yo entraba en casa y el niño me cogía de la mano.
-MAMÁ, TIÉNTATE -señalaba a la butaca.
-¿Me puedo quitar el abrigo al menos?
-NO. TIÉNTATE -me sentaba en la butaca con el abrigo y todo-. MU BIEN, MAMÁ -encima condescendiente-. NETITA, ALFAVOR.
Y se enganchaba durante una hora (o más).
Pero claro, lo había pedido ALFAVOR y cualquiera le decía que no. 

Así estaban más o menos las cosas cuando me surgieron... eh... cómo decirlo... ciertas complicaciones laborales y empecé a llegar a casa a unas horas que no eran ni medio normales.
Llegaba a casa cerca de las ocho de la tarde y cuando el niño pedía NETITA ALFAVOR le decía que íbamos a cenar enseguida, que papá ya tenía lista la cena, y el niño me miraba en plan pues si la ha hecho papá más motivo para que me des NETITA, que cualquiera sabe, pero bueno, a veces la cena era SISANTES o ALCHITCHAS o POTLLO o TORTITCHA o CHOPA, las comidas favoritas de Bebé-kun, y se olvidaba de la NETITA.
Y luego empezó a olvidarse días enteros sin que hubiera comida de por medio.
Se olvidaba un día y al día siguiente se me enganchaba con desesperación, así que al hacer la media de horas de chupóptero nos quedábamos igual, pero bueno.

Y de pronto, a principios de febrero, se olvidó de la teta durante tres días enteros.
Todavía la pedía de noche, pero le decíamos que la NETITA estaba dormida y que no la podía despertar. Que podía dormir con mamá si quería, pero dormir-dormir.
Y el niño se daba la vuelta y se dormía.
Con la mano en la NETITA, vale, pero se dormía.

Fueron pasando los días y Bebé-kun seguía sin enchufarse. Yo estaba en tensión permanente, y no solo porque sintiera las ubres a punto de explorar, sino porque en cualquier momento podía haber una recaída. El niño pediría NETITA, no conseguiríamos distraerlo, o yo sería débil, o él se pondría malito y el pediatra nos recomendaría seguir... y a tomalpolculo todo el esfuerzo.
Y mi espalda. Que ya pesa por lo menos nueve kilos y medio, la criatura. 

La crisis iba a llegar tarde o temprano, y llegó.
Estábamos en un cumpleaños y Bebé-kun quería un juguete y otro niño también y francamente cuando pesas aproximadamente la mitad que tus amiguitos lo mejor es conformarse con ser una víctima de la vida, pero Bebé-kun todavía no ha llegado a esa conclusión, hubo un refriega y acabó de morros en el suelo.
-¡¡¡BUAAAAAAAAAAA!!!
-Ay, ¿qué ha pasado? -le dije, y lo cogí en brazos.
Bebé-kun me miró de soslayo.
-¿NETITA?
-Ehhh...
-NOOOOOOO, NETITA TA IO A NOMÍ. SHHHHHHHHH... TÁ NUMIENDO NETITA. CUAIET, CUAIET. SHHHHHHHHHHH... BAI-BAI, NETITA.
Pataleó para que lo soltara y se fue a jugar otra vez con sus amiguitos.

Y, como los seres humanos somos el espíritu de la contradicción, a mí se me escapó una lagrimita.




Pd: Bebé-kun lleva 12 días sin NETITA.

05 febrero 2018

Más teletrabajo

La gripe de Nena-chan ha sido eterna.

Se nota que Nena-chan es más mayor y me ha estado dejando trabajar en casa sin mayores problemas: hace un par de años mi teletrabajo consistía en atender a la niña toda la mañana y en cuanto llegaba ZaraJota salir corriendo a la casa vacía de algún familiar para trabajar hasta bien entrada la noche.
En esta ocasión le pude explicar la situación directamente.
-Nena-chan, mamá tiene que trabajar y tienes que estar muy tranquilita. ¿Prefieres pintar o ver una peli?
-Pintar.
 Nena-chan se sentó a pintar a mi lado mientras yo trabajaba.
Aguantó en silencio y a lo suyo un par de horas, pero se ve que al final ya no pudo más con la intriga.
-Mamá, ¿cuándo vas a empezar a trabajar?
-Eh... llevo trabajando todo este rato.
-Jajaja, ¡si solo estás leyendo!
"Solo", dice. "SOLO".
-No estoy solo leyendo. Mira -le dije, y le enseñé un folio todo marcado con correcciones.
-Aaaah, que también pintas con los colores.
-No estoy...
-Es que me habías disido que estabas sasiendo un libro.
-Estoy haciendo un libro.
-Es que los libros no se sasen así.
-¿Ah, no?
-No, porque la seño me ha enseñado a saser libros, ¿quieres que te enseñe?
-Me voy a arrepentir pero sí.
-Pues coges un montón de papeles y los cortas pequeñitos y luego les pones una grapa en un lado y ya está.
-Eh... vale. Bueno, eso es lo que está haciendo mamá: todos estos papeles luego, eh... los coge alguien y, estoooo... les pone pegamento por un lado y hace un libro.
Más o menos.
-Aaaaah... ¿y será un libro bonito o como los que haces tú siempre?
Creo que Nena-chan ya está lista para volver a colegio.

29 enero 2018

Teletrabajo

Nena-chan está con gripe.
Gripa, que dice Necio Hutopo.
Cuando empezó a quejarse pensamos que sería un resfriadillo de un día o dos, pero ha estado en casa una semana.
Y diréis, pues vaya.
Y yo diré, pues vaya también, porque un niño que no va al cole es un adulto que tiene que faltar al trabajo gastando días de sus vacaciones (porque solo es ausencia justificada si el niño está ingresado, y aún así solo tres días, así que si tienes un niño con cáncer, por ejemplo, que por suerte NO es el caso, tu vida laboral está más jodida que Calamardo en El Brillante. "Conciliación", lo llaman).
Bueno.
Pues como resulta que soy una de las afortunadas de la vida que trabajan en un sitio donde lo único que les importa es que trabajes y les da igual si lo haces en la oficina, en casa, en un parque o colgando cabeza abajo del Dragon Kahn, cogí mis papelitos y mis cosas y me fui a casa dispuesta a teletrabajar.
Trabajar en casa con un niño enfermo es fácil: solo tienes que asegurarte de que el niño está lo bastante enfermo. Una buena fiebre que lo deje planchado en la cama es la mejor opción. La afonía también da buenos resultados.
El problema es cuando el niño está enfermo, pero no lo bastante como para dormir todo el día. Como cuando tiene conjuntivitis. O cuando tiene una gripe muy gorda, pero durante un par de horas al día la medicación le hace efecto y se anima.
Por si acaso, decidí preparar el terreno.
-Nena-chan -le dije-, hoy es un día especial porque estás malita y mamá tiene que trabajar... ¿quieres -suspiré- que te deje mi casita de muñecas?
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos.
Mi casita lleva cinco años y medio escondida en un armario PARA QUE NI P*T* DIOS LA TOQUE, J*D*R, QUE ES MÍA, reservada para cuando la niña sea un poco más mayor.
-Vale.
-Pero la vas a tratar con cuidado, ¿verdad? Porque COMO LA ROMPAS O DAÑES DE ALGUNA FORMA O MANERA TE JURO POR TÓ LO QUE SE MUEVE QUE TE VOY A DESTROZAR LA VIDA ya eres una niña mayor.
-Claro que sí.
La casita con sus muebles y su conejo.

La niña se puso a jugar y yo me puse a trabajar y al rato apareció Hermano Pequeño, que venía a jugar con la niña un rato para asegurarse de que yo me podía concentrar.
-Anda -le dijo a Nena-chan-, qué casita tan bonita.
-Es de mamá, me la ha dejado porque hoy es un día espesial.
-Ah, vale. ¿Puedo jugar contigo?
-Es que solo hay una muñeca.
-Vaya, es que me gustaría mucho jugar contigo.
-Bueno, puedes ser esta vaca de goma.
-Pero esta vaca no es de Sylvanian...
-LO TOMAS O LO DEJAS.
-Vale, vale... 'Hola, soy una vaca'.
-Las vacas no hablan.
-¡Tú eres un conejo!
-Pero soy un conejo MAMÁ.
-¿Y las vacas qué son?
-Pues vacas -ojos en blanco de Nena-chan.
-Bueno, al menos déjame que entre en la casita.
-No, no...
-Ahora no me digas que las vacas no entran en la casa PORQUE MIRA, TÚ ERES UN CONEJO.
-¡Un conejo mamá!
-LOS CONEJOS SE COMEN LAS CORTINAS.
-¡No es verdad!
-Y hacen CACA.
Vale, me lo estoy inventando todo. Pero fue más o menos así, y me estaban poniendo la cabeza como un bombo.
-Bueno, se acabó -les dije-. Si bajo a la juguetería -vivimos muy cerca de una, es horrible- y subo otro conejito, ¿ME DEJARÉIS VIVIR?
-Vale.
Bajé a la juguetería.
Ya sé lo que me vais a decir: comprar el buen comportamiento de los hijos con juguetes está MAL.
Pero técnicamente no estaba comprando el buen comportamiento de mis hijos, sino el de Hermano Pequeño, así que no pasa nada.
La señora juguetera me enseñó el conejo un conejo, pero entonces vi esto:

Y pensé, mira, ya que voy a comprar el buen comportamiento de Hermano Pequeño, al menos lo quiero ver dándole a la escobilla con el conejo.
Pero cuando llegué a casa y abrimos la caja resultó que el baño no traía conejo incluido.
Hermano Pequeño se d*sp*ll*b*.
-¿No se te ha ocurrido mirar si el muñeco estaba incluido?
-¡No! ¡He visto la escobilla y he pensado que ya no se le podía pedir más a la vida!
-Pues sigo sin tener muñeco!
-Pero ahora puedes jugar a ser UN VÁTER.
-Lo has hecho aposta, ¿verdad?
A Hermano Pequeño intentó ser un váter durante un rato pero la experiencia debió ser una m**rd* (ja, ja) porque al rato se fue.
Eso o que tenía que trabajar, o un examen o una operación de cerebro, yo qué sé, si la mitad de las veces no le escucho cuando habla.
Nena-chan se quedó jugando con la casita tranquilamente, tan tranquilamente que estuve trabajando un par de horas en absoluto silencio, y de hecho habría seguido más si no llega a ser porque estiré la mano para coger el marcador amarillo y no estaba en el punto exacto donde suelo dejarlo QUE ES EXACTAMENTE SU SITIO Y NO ME VENGÁIS CON QUE TENGO MANÍAS PORQUE NO PODÉIS DEMOSTRARLO.
Miré entonces un poco más lejos y vi a Nena-chan con el rotulador en una mano y el conejo en la otra.
-¡Pero Nena-chan! 
-¿Qué?
-¿Qué le has hecho al conejo? 
-Nada. 
-¿Y por qué es fosforescente?
-Ah, lo he pintado con el rutulador. 
-¡Te dije que trataras la casita con cuidado!
-Por eso he pintado EL CONEJO.  
Bien pensado, tiene razón. 

22 enero 2018

Jacinta

Hoy estoy muy cansada y no tengo ganas de contaros mi vida; mejor os cuento un cuento.




Había una vez una niña que se llamaba Cuchufleta María Centolla Rebelde Frufrú, pero todo el mundo la llamaba Jacinta porque es que en los pueblos son así.
Jacinta vivía en un pueblo tan pequeño tan pequeño tan pequeño tan pequeño que cada vez que estornudaba el trasero se le salía del término municipal; por eso Jacinta intentaba no estornudar de noche, porque si lo hacía su madre le gritaba que qué estaba haciendo en el campo a esas horas. Con la helada que está cayendo, chiquilla, y tú en pijama.
Un día la madre de Jacinta la mandó a comprar el pan.
Obviamente el pan se compraba en el pueblo de al lado, porque los hornos suelen ser muy grandes y en el pueblo de Jacinta no cabía ninguno, y además el alcalde estaba a dieta y no podía ser.
Jacinta tenía de obediente lo que un zapato de sabroso, pero le gustaba el pan, así que obedeció a su madre de inmediato. Salió del pueblo y empezó a andar hacia el pueblo de al lado mientras cantaba una canción que se le había pegado de Kiss FM.
El pueblo de al lado no estaba lejos, porque como su propio nombre indica estaba al lado.
A unos cinco metros o así.
Lo que pasa es que la gente de los pueblos está acostumbrada a las distancias cortas y cualquier cosa se les hace un mundo, que parece que les cobraran por pasos o algo.
Jacinta entró a la panadería y descubrió con desesperación que había por lo menos tres personas más esperando para comprar el pan.
Estaba claro que iba a perder toda la mañana con aquello, bufó para sus adentros, mientras miraba de reojo si podía sentarse en algún lado. El panadero, en previsión a las multitudes que solían agolparse en su tienda, había puesto dos sillas de plástico, pero por supuesto estaban ocupadas.
Jacinta maldijo su suerte mientras observaba al primer parroquiano pedir el pan.
-Una barra.
-Son cincuenta céntimos.
-Aquí tiene. Gracias, hasta luego.
-Gracias, hasta luego.
El segundo parroquiano se levantó de la silla y se aproximó al mostrador.
Jacinta volvió a bufar.
-Una barra -dijo el parroquiano.
-Cincuenta céntimos.
-Hasta luego.
Jacinta empezó a dar saltitos, cambiando su peso de un pie al otro.
¿Es que esto no se acababa nunca?
-Una barra -dijo el tercer parroquiano, levantándose de su silla.
-Cincuenta céntimos.
-Aquí están.
-Gracias, hasta luego.
Jacinta se lanzó sobre el mostrador con desesperación.
-¡Una barra! ¡Aquí están los cincuenta céntimos! ¡Hasta luego!
Con la barra en la mano, salió corriendo a la calle.
Por fin. Ya podía volver a su pueblo.
Iba por la carretera tan contenta y distraída cuando vio un hada que venía de frente por el mismo arcén que ella.
A Jacinta aquello le pareció rarísimo: lo correcto es que los peatones circulen por el arcén en sentido contrario al de la circulación de los coches, esto es, el arcén de su izquierda según el sentido de su marcha. ¡Y el hada venía por el arcén de su derecha! 
-¿Pero qué haces, sulnolmal? -le gritó amablemente Jacinta.
-He venido a concederte un deseo -le dijo el hada llegando a su altura.
-Pues haber venido antes y me habría ahorrado bajar a por el pan.

Fin.

15 enero 2018

El Ratoncito Pérez

Llamadme loca, pero cuando algo tiene una web tan cutre como la de la Casa Museo del Ratoncito Pérez empiezo a pensar en que si la imagen que ofrecen al mundo exterior es así como estará lo que no se ve, como, por ejemplo, el sistema de prevención de incendios, la limpieza de las alfombras o (me estremezco solo de pensarlo) el baño.
A pesar de eso, como Nena-chan ha cogido carrerilla con esto de caérsele los dientes, y el Ratoncito ya nos ha visitado exitosamente, pensamos que sería buena idea llevarla a la Casa Museo.
La web advierte que es recomendable reservar, pero también dice que no se puede reservar ni por teléfono ni por internet, hay que ir directamente allí, que no sé a vosotros, pero a mí hacer media hora de trayecto con los dos niños y subir el carrito a pulso un piso solo para comprar las entradas me da una pereza loca.
Pero bueno. He hecho cosas peores y más locas y todas con el carrito a pulso y la teta al viento, así que me fui para allá pensando que por los niños podía pasar por alto que la web sea una patata, que el sistema de reservas sea cutre, que no haya ascensor y que lo poco que se ve desde fuera dé mucho repelús, pero una vez allí vi que iban apuntando las reservas en un cuaderno y pensé, mira, os lo puedo perdonar todo, pero que despreciéis el excel, no.
Y no hemos vuelto.
No parece que el Ratoncito se haya ofendido por el desprecio, porque esta semana a Nena-chan se le ha caído otro diente.
Una vez más se le ha caído en el comedor del colegio y las cuidadoras lo han recogido en una servilleta porque la vida es así y los niños del siglo XXI van por ahí dejando que sean extraños los que les recojan del suelo las partes del cuerpo que van perdiendo.
El problema es que al llegar a casa el diente no estaba.
Pensé que la niña se lo iba a tomar mal, pero estaba supertranquila.
-Bueno -le dije-, si quieres podemos escribir una nota para el Ratoncito Pérez, explicándole que se te ha perdido el diente.
-Podemos firmarla todos como testigos -dijo ZaraJota-. Seguro que en el colegio tienen algún impreso para eso. ¿Te parece bien?
-No -nos dijo Nena-chan-, mejor que mamá me haga una fotos del bujero de la boca y se la mande al Ratoncito Pérez por el móvil.
Ay, bendita inocencia. ¿Cómo le vamos a enviar la foto por internet, si no admite ni las reservas?

08 enero 2018

Dubi dubi dubi du

Como viene siendo habitual, me he pasado las últimas dos semanas de vacaciones con un resfriado muy gordo.
Me habría venido muy bien endrogarme un poco y eso, pero como nunca adivinaréis a quién no he destetado no me dejan.
Y cuando digo que no me dejan es que no me dejan, al margen de lo que diga e-lactancia, que será muy de fiar pero no tiene ni mi historial ni el de Bebé-kun a mano.
Así que un año más (y van tres) me ha tocado pasar el catarrazo a pelo, y un año más ha derivado en una afonía total, y un año más me viene fatal, porque vuestros hijos no sé pero los míos se activan por voz: a Nena-chan ya le puedes poner el desayuno delante, que si no le repites "desayuna" ochenta y tres (las he contado) veces no desayuna porque cómo va a saber ella que los cereales son para comérselos, oye, que lo mismo se los has puesto para que les escriba un poema, yo qué sé, que la chiquilla no es adivina.
Y lo mismo pasa con Bebé-kun, que desde que le hemos quitado el pañal avisa cuando tiene pipí pero no va al orinal si no le digo "corre al orinal", que me estoy pensando hacerle un poder notarial asegurándole que puede usar el orinal cuando quiera.
En fin, lo que intento decir es que afonía y maternidad no son buena combinación.
Y afonía, maternidad y dos semanas de vacaciones, menos.
Así que recurrí a una web que te lee en voz alta el texto que escribas.
Ay, el siglo XXI es maravilloso.
La abrí en el móvil y escribí: "Hola, Bebé-kun"
-HOLA MAMÁ -contestó Bebé-kun, aparentemente incapaz de distinguir la voz del robot de la mía.
"Te quiero mucho"
-ERO MUCHO.
Y acto seguido me quitó el móvil de la mano y le plantó un beso.
¿Qué coj...?
Bueno, al menos Bebé-kun no parecía traumatizado por la repentina deshumanización de nuestra relación materno-filial.
Entonces probé con Nena-chan.
"Nena-chan, ¿has terminado de desayunar"
Como su hermano, Nena-chan me quitó el móvil de las manos, se lo puso en la oreja y contestó muy seria:
-No.
Empezaba a sospechar que aquello no estaba funcionando del todo como yo quería. Y encima me estaba poniendo celosa del móvil, que ya llevaba media docena de besos por parte de Bebé-kun así porque sí.
Pero claro, tampoco tenía elección.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes", escribí.
Los niños decidieron ignorar aquella instrucción en concreto, así que volví a darle al play.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes"
Nada.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes".
A fuera de repetir la grabación una y otra vez me dí cuenta de que aunque el lector está muy conseguido, no lograba reproducir del todo las inflexiones habituales del habla. Le faltaba ritmo.
Así que añadí:
"Dubi dubi dubi du"
Cuatro veces. Resultando en:
"Venga, vamos a lavarnos los dientes
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du"
Los niños seguían sin lavarse los dientes pero se reían mucho y la risa es muy sana también, probablemente incluso más que lavarse los dientes.
Estuve con el lector todo el día sin problema, hasta que llegó ZaraJota.
-¡Apaga eso de una vez!
"Si solo te he dicho las cosas que hay que comprar"
-¡Pero has escrito cuatro "dubi dubi dubi du" entre cosa y cosa!
Desde luego siempre hay quien le pone pegas al progreso.

05 enero 2018

El servicio prime de los Reyes Magos

Voy a contar otra vez la historia de las gafas de la piscina, que tengo a la chiquilla entusiasmada con el tema.


Este curso, cuando apuntamos a Nena-chan a la piscina, se empeñó en que quería unas gafas de bucear.
-Pero vamos a ver, petardilla: si no metéis la cabeza debajo del agua.
-¡Pues lo otros niños tienen!
Que no era por no comprarle las gafas, era solo porque ya llevamos bastantes trastos a la piscina, porque estamos en el mismo horario la niña, el niño y yo, y cada vez que nos ven entrar por la puerta nos preguntan si vamos a mudarnos para siempre o a pasar el invierno aprovechando que tienen la calefacción fuertecita.
Además, por esa época lo único que hacía Nena-chan en clase era forrarse con porexpán (dos manguitos, una tablita en el culete, otra en las manos... que entre eso y el gorro y los escarpines yo no sé si la chiquilla llegaba realmente a tocar el agua) y chapotear llevando bolitas de colores de un lado para el otro.
-Bueno, pues vamos a hacer una cosa: lo anotamos en la carta a los Reyes Magos.
Sí, en septiembre.
Porque estamos mu locos y ya en septiembre pusimos un papel detrás de la puerta para ir apuntando cosas que nos hacían falta pero no urgentemente, de forma que se las podíamos pedir a los Reyes.
(La lista incluía cosas como trapos de cocina, una alfombrilla para la ducha, tuppers o imanes de nevera, que los Reyes han ido recopilando durante los últimos meses. Lo digo más que nada porque luego subo fotos de los regalos debajo del árbol y siempre hay quién me dice que son muchos. Pues es que no veas lo que lucen los trapos de cocina cuando los empaquetas uno por uno, jo).
A la niña le pareció muy bien, y apuntó en la lista "gafas para la piscina" con mucha alegría, seguramente porque sabe que si las compro yo me voy a las más baratas mientras que los Reyes tienen tarjeta black y se pueden permitir algo más lustroso.
El problema es que después de unas clases de adaptación el monitor decidió que los niños ya estaban listos para quitarse la media tonelada de corcho y nadar libremente.
De pronto.
En plan: estoy recogiendo pelotitas de colores con manguitos de colores y de pronto estoy tirándome de cabeza y haciendo largos en la piscina olímpica a pecho descubierto.
Y claro a Nena-chan, que nació para princhecha del guisante, se le pusieron los ojos como los testículos de un alien. Verdes. Purulentos. Palpitantes.
Ay... Voy a adelantar el tema gafas, me dije. De hecho, lo adelanté tanto que las pedí por internet en plan urgente.
Al día siguiente apareció el mensajero, a las ocho de la mañana, con tanto tino que nos estábamos poniendo los abrigos para salir de casa.
-Mamá, ¿qué es eso? -me preguntó Nena-chan cuando vio el paquete.
-Las gafas para la piscina.
-Pero mamá, se las habíamos pidido a los Reyes.
M**rd*, m**rd*, m**rd*... Estaba tan agobiada con los abrigos, las mochilas y llegar tarde que no me había acordado de que las gafas estaban apuntadas para los Reyes Magos.
-Bueno -improvisé-, lo que pasa es que los Reyes Magos se han dado cuenta de que te hacen falta ya y por eso te las han mandado con un mensajero urgente.
-¿DE VERDAD?
-Claro. Los Reyes Magos lo saben TODO.
Nena-chan estaba alucinada.
Tan alucinada que se lo contó a todo el mundo que se cruzó por la calle. Y a los viajeros en el bus. Y a las seños de la guarde de Bebé-kun.
Bendita inocencia, me dije.
Pero cuando llegamos a su colegio la emoción dejó paso a la inquietud.
-Oye -le dijo a una de sus amiguitas-, los Reyes Magos de verdad lo ven todo. Todo TODO.
Verás si al final vamos a tener que devolver las gafas por incumplimiento de contrato...

31 diciembre 2017

La cocina del infierno. Epílogo: el horno al fin

Me voy a adelantar a la programación habitual porque no quiero que se acabe 2017 dejando una trama argumental abierta, a saber,

¿qué pasó con el p*t* horno?

Previously in Lorz: 
a ZaraJota y a mí nos dio un pronto y reformamos la cocina. 
Enterita.
Nuevecita. 
Pero cuando encendimos el horno para estrenarlo con una pizza inaugural, empezó a oler a quemado que no veas, ¡y eso que la pizza ni siquiera estaba dentro! 
Resultó que el instalador se había dejado puesta una pegatina, y para quitarla tuvimos que sacar el horno del mueble. Entonces descubrimos que estaba totalmente machacado por detrás. 
Estuvimos un mes llamando al instalador para reclamar que nos lo cambiara (siempre decía que la semana siguiente, y la semana pasaba, y volvíamos a reclamar...) y finalmente fuimos directamente a la tienda, pero resultó que habían cerrado todo el mes de agosto por vacaciones. 
La historia completa aquí.

La primera semana de septiembre me puse en contacto con la tienda. 
-Hola, les llamo por lo del horno. 
-¿Qué horno?
-El horno que instalaron defectuoso. 
-Aquí no sabemos nada de ningún horno. 
-Se lo hemos reclamando al instalador varias veces. 
-Pues no nos ha dicho nada. 
-Bueno, el caso es que hace dos meses nos instalaron un horno defectuoso. 
-¿Dos meses? ¡No pretenderán que se lo cambiemos a estas alturas!
-Pues sí, porque se lo hemos reclamando al instalador media docena de veces.
-Bueno, se lo podríamos cambiar si no lo hubieran usado. 
-Si no lo hubiéramos usado nunca nos habríamos dado cuenta de que está defectuoso, ¿entiende? 
-Claro, pero esto nos lo tenían que haber dicho en el momento. 
-Es que se lo dijimos EN EL MOMENTO al instalador. 
-Bueno, voy a comprobarlo y les vuelvo a llamar. 

Una semana más tarde no nos habían llamado, así que llamamos nosotros. 
-Hola, les llamo por lo del horno.
-¿Qué horno? 
-El defectuoso.
-Ah, sí. ¿No lo habrán usado?
-Claro que lo hemos usado, si no lo hubiéramos usado nunca nos habríamos dado cuenta de que estaba defectuoso. 
De hecho en los cinco meses que estuvimos esperando lo usamos varias veces pensando que bueno, si funcionaba correctamente nos lo quedábamos y ya está, pero incluso después de quitar las pegatinas seguía oliendo mucho a quemado cada vez que lo encendíamos, probablemente porque con el golpe se había dañado alguna de las resistencias. 
-Ah. Bueno, lo que pasa es que ya no me quedan más. 
-Entiendo: se han agotado todos los hornos del mundo mundial. Pero el caso es que ustedes me han instalado un horno defectuoso, y quiero un horno nuevo. 
-Hombre, si se pone así le pediré uno, pero que sepa que va a tardar. 

Dos meses más tarde, a las once de la mañana, el responsable de la tienda se decidió por fin a llamarnos.
-Hola, les llamo para decir que el técnico va camino de su casa con el horno. 
-Pues no estamos en casa. 
-¿Como que no están en casa? 
-Que hemos salido.
-¿Y no pueden volver? 
-¿Y no podían ustedes haber llamado antes? Les hemos advertido una y otra vez que nos tienen que avisar como mínimo el día de antes. Pero cada vez que han venido ha sido avisando en el último minuto y sin avisar. Y como comprenderán DESPUÉS DE CUATRO P*T*S MESES no estamos sentados en casa esperando a que ustedes les dé la P*T* GANA de venir a traernos el horno. 
-Señora, no se ponga así. 
-ME PONGO COMO ME DA LA P*T* GANA, PORQUE TENGO DOS NIÑOS PEQUEÑOS, MUCHA NECESIDAD DE PIZZA Y NINGÚN HORNO. 
-Bueno, ya le he dicho que va el técnico de camino. 
-PUES ESPERO QUE ESTÉ LLEVANDO EL P*T* HORNO A CUESTAS Y SE ENCUENTRE LA P*T* PUERTA CERRADA Y TENGA QUE VOLVERSE A SU P*T* CASA CARGANDO CON ÉL.
Bueno, no sé si os habéis dado cuenta porque tengo una capacidad de autocontrol muy grande, pero es posible que perdiera la calma durante unos breves instantes. Por suerte el responsable de la tienda era bastante perceptivo, y rápidamente entendió lo que estaba pasando. 
-Entonces, ¿no podemos llevarles hoy el horno? 
-No. 
-Bueno, si no les importa esperar... ¿No estarán usando el otro?
-¡¡¡QUE NO!!! 
-Vale, vale, no se ponga así... Voy a mirar la agenda del instalador y mañana les vuelvo a llamar para darle otra fecha. 

Un mes más tarde todavía no nos había llamado, así que volví a llamar yo. 
-Hola, les llamo por lo del horno. 
-¿Qué horno?
Respira, Lorz, tú puedes. 
-El defectuoso. 
-Ah. 
-Me dijeron que me iban a llamar hace un mes. 
-Bueno, señora, es que la última vez que la llamé fue usted muy desagradable conmigo. 
Respira, Lorz, RESPIRA. 
-Lamento mucho si fui desagradable con usted -me disculpé-. Me pilló en un mal momento y perdí la paciencia. 
-Pues debe usted tener bien poca si la pierde tan pronto. 
Ay, me dije. El horno no lo conseguiré, pero el cielo me lo estoy ganando. 

Una semana más tarde nos llamó el responsable para decirnos que el técnico pasaría a las cinco en punto a dejar el horno. 
-¿No puede ser un poco más tarde?
-No, tiene que ser a las cinco porque luego se va a un trabajo. 
-Vale, vale, pues no se preocupe que a las cinco en punto estaremos allí, pero por favor QUE VAYA. 
Nos venía muy mal, pero nos apañamos: ZaraJota salió antes del trabajo, buscó un sustituto para su turno del AMPA, sacó a los niños antes de sus respectivas extraescolares y a las cinco en punto estaba en casa. 
Pero a las siete de la tarde el técnico todavía no había aparecido, y volvimos a llamar a la tienda.  
-Hola, es que nos dijeron que el técnico pasaría a las cinco en punto y no ha aparecido. 
-Bueno, pues ya pasará, ¿tanta prisa tienen? 
Pues francamente: después de cinco meses, como que no. 



El horno llegó a última hora del día siguiente. : ) 



No os voy a desear un feliz 2018 porque un año que rima con ch... vulva tiene que ser bueno por fuerza. 

25 diciembre 2017

Los festivales del colegio

Qué bonita la navidad. 
Con sus funciones de navidad. 
Y su grupos de whatsapp de padres, llamados así irónicamente porque suelen incluir mayoritariamente madres. 
¡Qué prácticos son! 
Desde que tenemos grupos de whatsapp, organizar los festivales es mucho más sencillo, por ejemplo el año pasado la seño mandó un mensaje más o menos así: 

Seño: El próximo miércoles celebraremos un pequeño festival donde las alumnas harán una demostración de lo aprendido durante el trimestre. Ese día deben venir a clase con camiseta NEGRA, leggins NEGROS y tutú ROJO. 

Madre1: OK!

Madre2: Vale!

Madre3: Ay, qué ilusión

Madre4: [825 emojis escogidos aparentemente al azar]

Madre5: Mi hija no tiene tutú rojo, ¿puede ser verde?

Madre6: A mi hija es que le apetece mucho más ir disfrazada de lagarterana. 

Madre7: ¿Tutú corto o largo? 

Madre 3: Estoy en la tienda y tienen tres tonos de verde, ¿cuál es?

Madre 2: Es rojo.  

Madre 1: La seño ha dicho verde. 

Madre 4: Yo ya lo había comprado rojo, voy a ver si me lo cambian.

Madre 2: Yo estoy igual. :(

Seño: El tutú tiene que ser ROJO. 

Madre 5: ¿Por qué algunas van de rojo y otras de verde? ¿No es mejor que vayan todas iguales? 

Seño: Todas de ROJO. 

Madre 6: Yo ya lo he comprado verde y no me dejan cambiarlo, tenías que haber dejado claro el color desde el principio. 

Madre 1: ¿No habíamos dicho que todas de lagarterana? 

Después de la experiencia, este año la seño ha optado por enviarnos el siguiente mensaje: 

Seño: El próximo miércoles celebraremos un pequeño festival donde las alumnas harán una demostración de lo aprendido durante el trimestre. Ese día deben venir a clase con camiseta y pantalón largo, o corto, o falda, o tutú de cualquier color. 

O lo que os de la p*t* gana, coñoyá.

Mientras tanto, en la guarde de Bebé-kun nos avisaron de que tendría que ir vestido de algo navideño. 
-Pues lo llevamos en pelotas con un poco de azúcar glass por encima y decimos que va de polvorón. 
-En la circular -dijo ZaraJota-, pone bien claro que tiene que ir VESTIDO. 
-M**rd*. ¿Pone algo de que tenga que llevar zapatos? 
-No. 
-Pues le ponemos unos pantalones negros, una camiseta interior de tirantes y le enseñamos a decir "Yippie-Kay-Yei, hijo de puta".
-No creo que sea una buena idea. 
A ZaraJota mis ideas nunca le parecen buenas.
-A ver, Bebé-kun, di "Yippie-Kay-Yei".
-¡EEE-PA PÍ, JARL!
-No, Peppa no. 
-¡EEE-PA PÍ!
-Nonononono, "Yippie-Kay-Yei".
-INQUEL INQUEL ITEL STAAAAAAAA.
-Vale, ya te compro un disfraz si eso. 
Que la verdad es que suelo comprar porque se tarda mucho tiempo en coser uno, pero luego a Bebé-kun hay que meterle tanto de largo, de ancho y de todo que me saldría más a cuenta coserlo desde el principio, pero bueno. 
Pues estábamos en la tienda y me encapriché del disfraz de Baltasar, sobre todo porque tenía colorines y brillitos y un turbante chachi, y además era rojo y al tono de piel de Bebé-kun el rojo le queda fenomenal, y porque la alternativa era el disfraz de pastor, que no deja de ser un chaleco, y el de chupapo también es básicamente un chaleco, y cuando se visten de flamencos también les encasquetan un chaleco, y francamente, no puedo más con los chalecos, habiendo tantas cosas bonitas y no chalequiles para disfrazarse en la vida. 
Cogí una de las bolsas y me fui al señor de la tienda a preguntar si lo tenían en talla XXXXXXXXS, y el señor de la tienda me miró de arriba abajo y me preguntó si era para mí. 
-No, para mi hijo.
-Pero ese disfraz es para un niño negro. 
-¿En serio? -francamente, si en Halloween los niños se disfrazan de calabaza y no tienen la piel naranja, no entiendo porqué en navidad no pueden disfrazarse del rey mago que más les mole sin tener en cuenta la melanina de cada uno-. Pero... ¿el niño viene incluido? 
-No. 
-Entonces búsqueme la talla XXXXXXXXS, que ya meteré yo dentro al niño que tenga por casa. 



Mientras tanto en whatsapp...
Madre 8: Dice mi hija que mañana hay festival y tiene que llevar un tutú verde. Podíais haber avisado, que para eso está el grupo. 






¡Feliz navidad! 

18 diciembre 2017

Más publicidad

Una vez más me toca hacer publicidad, pero es por una buena causa.
Se acerca la navidad y seguro que tenéis que hacer mogollón de regalos para gente especial. 
Ya sabéis, para gente que no os cae bien y eso. 
Hacer un regalo a una persona que odiáis, o, peor, que os da totalmente igual es una tortura, y aquí vengo yo a recomendaros mis libros: de todas formas, a esa persona no le va a gustar nada que le regaléis, y a mí me hacéis un favor.
Tenéis tres a vuestra disposición. 

Este ya lo conocéis, es el que sacamos adelante con vuestra ayuda en el #Lorzfunding. 
Es una recopilación de entradas del blog, mejoradas, ampliadas y con dibujos de ZaraJota. 
Lo podéis encontrar en ebook; también me queda alguna copia impresa en casa, podéis escribirme a lorzagirl@gmail.com si queréis una.



Tan breve es esta historia que solo tiene 12 páginas. 
Por eso solo está disponible en ebook. 
Villamatojo cuenta la historia de una familia que está de vacaciones en el pueblo cuando de pronto aparecen los zombis. 
Me temo que cuando la escribí se me había agotado el sentido del humor, y me ha quedado bastante oscura. 



Está tanto en ebook como en papel. 
Llevo casi treinta años dándole vueltas a esta historia, y ahora que por fin la he publicado la echo de menos: me había acostumbrado a que me rondara, y me arrepiento un poco de haberla soltado. 
¡Todavía podía haberle dado más vueltas! 
Es la historia de una niña que va a una fiesta y es testigo de un intento de asesinato. A partir de ahí la vida se le complica. Un poco. Tampoco es que le quedara demasiado margen para complicar. 
Yo la considero juvenil, aunque tiene palabrotas y se menciona la palabra "sexo" al menos una vez. 


Ya que me pongo con esto de la publicidad, os animo a seguirme en la otras redes sociales: FaceBook, Instagram, Twitter. En Twitter me paso la vida, y contesto al segundo.


Como siempre, también estoy disponible en lorzagirl@gmail.com.

¡Nos vemos! 






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Ruegos y preguntas. 

¿Puedo encontrar tus libros en librerías?
No. En ninguna. A no ser que el librero se haya comprado alguno y se lo haya dejado por ahí. 

¡Muy mal, Lorz! 
Para poner un libro en librerías se necesitan, entre otras cosas, imprimir una cantidad mínima que garantice que habrá libros en las librerías, aunque luego no se vayan a vender. 
Y lo más probable es que la mayoría no se vendan y acaben en una incineradora.
Hasta que no esté segura de que mis libros van a encontrar un hogar, prefiero no matar más árboles de los necesarios.

¡Pero hay que apoyar a las librerías! 
Yo las apoyo. Comprando. Aunque no mis libros. Hay libros de sobra en todas. 

Vale, pero ¿por qué los libros solo están disponibles en amazon, que es El Mal Encarnado™?
Porque llega a todo el mundo y así me aseguro que mis tres seguidores en Brasil (por ejemplo) pueden tener el libro si lo quieren. De hecho me proporciona herramientas para saber que en Brasil hay tres personas que compran mis libros. Y así puedo decirles hola. ¡Hola! 

Pues yo conozco una plataforma maravillosa que...
En estos momentos no dispongo de tiempo para adaptar, subir y gestionar mis libros en todas las plataformas maravillosas que hay.
Además, muchas plataformas tienen mínimos de ventas, es decir, que si subo mi libro a diez plataformas y vendo cinco en cada una, lo más probable es que no cobre absolutamente nada por ninguno. 
Mis cifras de ventas son tan bajas que, de momento, necesito centralizar. 

¿Y qué más da vender? ¡La escritura no es un negocio, es una pasión! 
Es una pasión a la que hay que dedicarle tiempo. MUCHO tiempo. Cuanto menos tiempo deba dedicar a ganarme la vida, más tiempo tendré para escribir. Luego el dinero es importante, aunque solo sea para poder seguir escribiendo.
En ese sentido, somos los lectores los que decidimos quién se convierte en escritor profesional y quién no. 

Pues yo me lo pienso bajar pirata. 
Vale. Menos probabilidades hay que escriba otro. Como he dicho, son los lectores los que deciden. 
Aunque si crees que mi trabajo no vale nada, quizá no deberías perder tu valioso tiempo leyéndolo.  

Pues mira, tienes razón: paso de leerlo. De todas formas no me gusta como escribes.
¿Y qué haces aquí, entonces?

No puedo irme. Soy tu voz interior. 
M**rd*.

FRACASAAAAAAAADA....
Si crees que a estas alturas voy a picar con el síndrome del impostor...

¡ERES TONTA Y FEA Y TUS PADRES NO TE QUIEREN!
Me parece que lo que le he echado al pollo no era tomillo. 

11 diciembre 2017

Diente por diente, 3 y ya

Previously in Lorz...
Olvidad el chupito. Pasemos a inyectarnos morfina directamente. 

Bueno, sigo sin poder contestar a los comentarios, así que os cuento:
el problema de que se piquen los dientes de leche es que pueden pasarle la caries a los dientes definitivos, aunque no hayan salido todavía. Y esto pasa porque los dientes definitivos están por ahí, escondidos, lo que bien pensado da mucho repelús.
Además, los dientes de Bebé-kun se estaban llenando de caries a toda velocidad, tanto que el primer dentista que lo vio nos dijo que los molares "tenían caries pero podían esperar", y el tercero que había que hacer los molares cuanto antes, y aunque no nos hubieran dicho nada, en cuestión de días los dientes delanteros estaban desapareciendo.
Estábamos muy agobiados. Y un poco hartos.
Jo, que una caries no es un problema TAN grave.
¿Cómo podía complicarse todo tanto?
¿Por qué Bebé-kun se pasa la vida de médico en médico, si realmente nunca ha tenido nada serio?
¿Seré yo? Por supuesto que soy yo. ¿Lo estaré haciendo mal? Por supuesto que lo estoy haciendo todo mal. ¿Dudé en algún momento del embarazo de si lo quería y este es mi castigo? Obviamente. Pero, ¿por qué tiene que sufrir el niño? Para que la culpa me corroa. Como la caries. Ay, ay... ¡la caries de Bebé-kun es una metáfora!
Así estaba yo, más al borde de la locura de lo que ya es habitual, cuando llegó Patch, que es como una navaja suiza (ocupa poco y sirve para todo) y nos recomendó una clínica (donde nos atendieron fenomenal, aunque al final no se ocuparon de Bebé-kun. Uy, spoilers).
El único problema que tiene es que está en Valdemoro y como sabéis no tenemos coche, así que bueno, en realidad el problema lo tenemos nosotros por vivir la vida al límite y haber hecho del metro nuestro único dios.
-No pasa nada -le dije a ZaraJota-. He hackeado la web de la empresa donde trabaja mi padre y he conseguido descargarme sus horarios.
-¿No hubiera sido más fácil, no sé, eh, así como teoría loca, preguntárselo a él directamente?
-No creas que no lo he intentado.

----Flashback----
-Padre, ¿trabajas el próximo martes?
-¿El martes? Espera, ¿en qué cae? ¿Doce? ¿Trece? No, el trece es jueves. Entonces el próximo martes cae en jueves... ¿O era miércoles? A ver: si el martes cae es miércoles, es que estamos en Bélgica...
----Flashforward----

-Entiendo. ¿Y si le preguntas directamente si te puede dejar el coche?
-Peor.

 ----Flashback----
-Padre, ¿nos prestas el coche?
-¿El coche? ¿Y eso? ¿Dónde vais? ¿Al médico? ¿Con el niño? ¿El niño está enfermo? ¡¡¡QUE ALGUIEN LLAME A UNA AMBULANCIA, EL NIETÍSIMO NECESITA UN MÉDICO!!!
----Flashforward----

-Entonces, ¿dices que has hackeado la web y...?
-He descubierto que libra el próximo jueves y por tanto no necesita el coche. Después me he descolgado desde la azotea y me he colado en su casa por la ventana del dormitorio para coger las llaves del coche, que he sustituido por una morcilla de Burgos para que no sospechen nada. 
-Pero seguramente se darán cuenta de que el coche ya no está donde lo dejaron. 
-No te preocupes: he dejado otra morcilla de Burgos en el hueco. 
Que hay que pensar en todo. 
Una vez asegurado el transporte, tuvimos que cuadrar los horarios, en este caso con la guardería. 
Una vez más lo tenía todo pensado. 
-A las 10:00 el helicóptero aterrizará en la azotea... -le expliqué a la seño. 
-Ahí están los tendederos, Lorz.  
-...yo me descolgaré y entraré por la ventana...
-Tenemos rejas, Lorz.
-...agarraré al niño de los pelos...
-Acabas de raparlo al uno, Lorz.
-...y me lo llevaré al dentista...
-¿Dentista? ¿Vas al dentista? 
-Eh... sí. 
-Hay uno a dos manzanas buenísimo. Están especializados en peques. 
Menos mal que guardé el ticket de compra del helicóptero. 


Fin. 






Venga, un epílogo. 
Pues sí, había un dentista pediátrico relativamente cerca de casa, y en mi defensa alegaré que lleva poco tiempo en funcionamiento y había pasado desapercibido a mi radar de madre intensita. 
Bebé-kun ya lleva dos empastes, uno de ellos con pulpotomía (también llamado "matar el nervio"), si todo va bien, esta semana le harán el resto así, del tirón. 
Aparte de que ahora cada vez que ve una bata blanca se tapa la boca con las dos manos, no parece que el niño tenga secuelas graves.  
Las intervenciones no han durado más de veinte minutos cada una, y no ha sido necesario ni anestesia general, ni sedación, ni atarlo a la cama, ni ninguna de las otras barbaridades que nos habían propuesto, solo un poco más de paciencia de lo normal. 
Gracias a todos por vuestro interés. 

04 diciembre 2017

Diente por diente, 2

Previously in Lorz...
Chupito.


La dentista nos dijo que no podía atender a Bebé-kun y nos remitió a una clínica que según ella atendía este tipo de casos.
En la clínica nos dijeron que sí, que claro, pero que necesitábamos un volante de nuestro pediatra.
El pediatra se negó.
-Este niño no tiene caries.
-¿Y ese agujero negro y enorme que se abre en la muela como el vórtice hacia el abismo qué es?
-Un portal interdimensional.
-Ya.
-¿Pero no ves lo feliz que está? -nos dijo la pediatra por enésima vez en la vida de Bebé-kun-. Si un niño está contento es que está sano.
Claro, porque todo el mundo sabe que los niños con cáncer o enfermedades crónicas no se ríen nunca, sino que están todo el día amoinados para que se les note bien y dar pena.
-Bueno, ¿nos puede dar el volante para la clínica y nos aseguramos?
-No. Pero si vas a mostrador y pides cita para el dentista yo no te lo puedo impedir.
Pedimos cita.
Dos semanas más tarde llegué al dentista y me senté en la sala de espera, y Bebé-kun me vio sentada y lo interpretó como una batseñal para enchufarse a la teta.
El dentista salió para llamarnos, me vio con la teta al viento y se le puso esa mueca de tetofóbico que las madres lactantes vemos tanto.
No es pudor. No es asco. Es un "le voy a decir a esta cuatro verdades que se va a enterar".
El dentista inspeccionó a Bebé-kun sin mucho interés.
-Pues sí, tiene alguna caries.
-Ya.
-Eso es porque le das el pecho.
-¿Perdón?
-A partir del año no se les puede dar el pecho porque les provoca caries.
Además es así, automático: como le des teta a las 00:01 del día de su primer cumpleaños ya está j*d*d* para siempre. 
-¿PERDÓN?
-La leche materna tiene mucha azúcar, por eso es mejor quitársela cuanto antes.
Claro. Claaaro.
-¿Y qué podemos hacer?
-A mí no me pregunte, yo aquí no atiendo estos casos.
-¿Y no me puede al menos hacer un informe, una nota, lo que sea, para el pediatra? ¿Diciendo que SÍ tiene caries?
-Te puedo dar el nombre de un colutorio con flúor apuntado en un post-it.
-Tendrá que valer.
Salí y llamé a la clínica.
-Pues es que si no tienes una nota del pediatra no te podemos atender.
-¡Es que el pediatra se niega!
-¿Y el especialista que lo lleva?
-¿Que le lleva el qué?
-La discapacidad.
-Eh... mi hijo no tiene ninguna discapacidad.
-Ah, es que aquí tratamos a niños con discapacidad.
-Pero... Ha sido mi dentista el que me mandó aquí... Hemos hablado por teléfono media docena de veces... Llevo un mes intentando conseguir el volante del pediatra...
-Tendría que habernos dicho antes que el niño no tiene ninguna discapacidad.
Cómo no se me habrá ocurrido a mí.


Continuará...

27 noviembre 2017

Diente por diente, 1

La piscina nos está sentando fenomenal.
Sobre todo a mí: es el único rato que paso cerca de Bebé-kun sin que se me enganche a la ubre.
No es que no lo intente, lo que pasa es que mi bañador deportivo se me queda un poco repegao y no consigue bajármelo.
Bueno, alguna vez lo ha conseguido, pero como no llevo gafas no lo veo y me da igual.
A lo que iba.
Estaba en la piscina sujetando a Bebé-kun por los deditos para que flotara libremente envuelto en unas treinta toneladas de porexpán y de pronto se me escurrió, entró en pánico, empezó a aletear y me soltó, presuntamente sin querer, una bofetada que me dejó tonta.
Más tonta.
Le debió parecer la monda y empezó a reírse con toda la boca abierta, y entonces dije uy, me parece que este niño tiene una caries, y ya os podéis imaginar cómo sería aquello si lo vi sin gafas ni nada aunque tengo seis dioptrías y a medio metro no le distinguía ni la cara.
Entonces nos fuimos al dentista.
A uno privado, obviamente, porque como es lógico en el siglo XXI la salud dental depende de que te la puedas pagar.
(Otro día hablamos de las gafas.)
El dentista le echó un vistazo a la boca de Bebé-kun.
Un vistazo rápido.
Muy rápido.
Y eso que Bebé-kun en cuanto lo sujetamos de pies y manos entre tres adultos empezó a cooperar por completo.
-Pues sí, tiene caries -nos dijo el dentista.
-¿Muchas?
-No, mujer, muchas no. Una en cada diente, nada más.
-¿QUEEEEEE?
-Tiene incluso en los molares que le acaban de salir, es fascinante...
-¿Y por qué puede ser?
-Bueno, esto es lo que pasa cuando se abusa del biberón. 
-¿Perdone usted?
-La leche artificial contiene muchos azúcares que favorecen la caries. La leche materna, en cambio...
Ahí ya me entró la risa floja, y ZaraJota empezó a darme patadas por lo bajini, y Nena-chan que por supuesto estaba en medio de todo el fregao empezó a preguntar "papá, ¿por qué le estás pegando a mamá otra vez?" y no me quedó más remedio que darle explicaciones al dentista.
-El niño ha tenido lactancia materna exclusiva.
Exclusivamente j*d*d*, por concretar más.
-Uy, pues eso sí que es raro. ¿Ha tenido algún problema digestivo?
"Algún", dice...
-Sí.
-Pues puede ser que no esté absorbiendo bien el calcio.
Le lancé a #bebekun una mirada furibunda.
"Mira, nene", le dije mentalmente, "si vas a estar enganchado a la teta full power lo mínimo que puedes hacer, LO MÍNIMO, es absorber como dios manda".
Pero a Bebé-kun la mirada furibunda le dio exactamente igual.
-¿Y qué podemos hacer?
-Pues habría que empastar, lo que pasa es que aquí no lo podemos hacer porque habría que anestesiar y no podemos porque no llega al peso.
Bueno, yo tampoco llego al último estante de la cocina y me anestesian sin problemas.

Continuará...

20 noviembre 2017

Atención, noticias breves

Interrumpimos la transmisión durante un par de semanas porque #cosas.
#Cosas buenas, de las que se leen.
Sin zombis.
Será por una buena causa, ya lo veréis.