Lo que pasa es que luego empecé a bandearme de un lado para el otro, pero tampoco le di demasiada importancia porque me pasaba solo cuando salía a la calle por la mañana con el paraguas.
Bueno. Con el paraguas, Bebé-kun en brazos, su mochila, mi bolso (tupper incluido) y Nena-chan colgada del bolso, dejándose arrastrar como un peso muerto.
Pero, básicamente, la culpa es del paraguas.
Seguramente os preguntaréis porqué no llevo a Bebé-kun y a los pertrechos en un carrito. O a los niños en patinete, como veo hacer a otras mamás que viven más cerca.
Pues porque a metro de Madrid NO LE SALE DE AHÍ poner acceso adaptado, ya sea ascensor, rampa o un puñetero teletransporte. Si llevara carrito, tendría que hacer siete tramos de escaleras cargando con el carrito y los pertrechos sin soltar la mano de Bebé-kun, que todavía es pequeño para semejante escalada.
Y eso sin contar con que cuando llegas a los tornos no suele haber nadie para abrir la puerta lateral. Sí, esa puerta lateral que han puesto para que pasen las sillas que tienen que llegar ahí mágicamente.
A lo que iba: que andaba por la calle haciendo eses, pero bueno, como normalmente los hombres que vienen de frente no son capaces de redirigir el rumbo cuando ven a una mujer con niños sino que siguen en línea recta y que se aparten los demás pues me venía hasta bien.
El caso es que un día estaba sentada leyendo y de pronto la habitación empezó a encoger.
Jo, pensé, cada vez engordo más rápido.
Pero luego la habitación volvió a su tamaño.
Y luego volvió a encoger.
Y luego volvió a su tamaño.
Verás las estrías que se me van a quedar con tanto cambio de peso, pensé.
Y luego me levanté y ya no fui capaz de recorrer en línea recta el pasillo de la oficina, que no mide ni dos metros.
Pero lo peor es que al cerrar los ojos empecé a oír trino de pájaros. Con la que estaba cayendo.
Así que pensé, mira, me voy a urgencias que hace mucho que no voy.
-¿Has vivido alguna situación estresante últimamente? -me preguntó el médico.
-No.
O sea, ¿qué es "últimamente"?
-¿Has levantado peso?
-No.
Técnicamente no lo levanto: me pongo en cuclillas y los niños me trepan.
-¿Has dormido en mala postura?
-No.
Para dormir en mala postura es requisito indispensable dormir, vaya.
-Lorz, en tu expediente pone que tienes dos hijos y acabas de destetar al pequeño.
-Ya estamos sacando conclusiones precipitadas...
Entonces el médico me dijo que me quitara la camiseta y le dije que no podía.
-¿Por el dolor del pecho?
-No, es que llevo un sujetador muy feo y estoy sin depilar.
-De verdad, Lorz, me da igual.
-Pero a mí no.
-Bueno, levántate la camiseta por un lado.
El médico me miró por todas partes y llegó a un primer diagnóstico que es que me había mareado por leer.
-Te he visto leyendo un libro en la sala de espera -me dijo.
Me mordí la lengua porque vaya, ya es mala suerte que justo lo que me siente mal sea sentarme a leer. Sobre todo porque mi trabajo consiste precisamente en leer y yo diría que ya estoy así como acostumbrada.
Mejor no se lo expliques, pensé, que este es capaz de darte la baja y si no puedes ir a trabajar a ver cuándo descansas.
En fin. El médico llegó a la conclusión de que tengo un cuadro de contractura+migraña+vértigo en el que no se sabe qué provoca qué.
-Podría recetarte una pastilla...
Me encojo. Por un momento pienso que me va a decir "pero no es compatible con la lactancia".
Entonces me acuerdo: ya no estoy dando el pecho.
Puedo meterme lo que quiera: alcohol, drogas, barras de uranio.
Ciertamente, debido a la falta de costumbre me tomo media cerveza y acabo bailando desnuda encima de una mesa. Y con suerte es la mesa de mi casa. O sea, que estoy sin depilar y no es plan.
Pero lo que es poder, puedo tomar lo que quiera.
Sonrío como una lunática.
-¿Sí? -le dijo al médico, para animarle a continuar. Bueno, en realidad es más un "¡SÍ, SÍ!".
-...pues podría recetarte una pastilla, pero uno de sus efectos secundarios es que estimula la producción de leche.
-TIENE QUE SER UNA P*T* BROMA.
No lo era.







