27 agosto 2013

Vamos a la playa calienta el sol, 5

Previously in Lorz...
Me he dado a mí misma un día para regodearme en mi sufrimiento.
Ahora toca olvidarlo y seguir adelante.
¿Por dónde íbamos? 


Yo fui una niña de veranos felices.
Todos los años pasaba un mes a remojo en la piscina de los abuelos maternos, y otro mes a remojo en la playa con los abuelos paternos, que tenían una casita en Blanes. Y digo tenían porque un día mi abuelo tuvo una crisis pitopausica y la vendió.
A decir verdad, antes nos preguntó.
-¿Qué os parece si vendo la casa en la playa y me compro una casa en semiruinas en medio de un matojal?
-Es tu casa y puedes hacer lo que quieras -le dije-, pero no puedes comprarte un descapotable y liarte con la secretaria como hacen los demás?
El abuelo se compró la casa en semiruinas, la arregló y quedó muy bonita.
El pueblo era muy bonito, también.
Y más aburrido que hacerle el censo a los puntos del gotelé de tu habitación.
A mis padres les gusta mucho ir cuando están estresados: dicen que se pasan el día durmiendo y vuelven relajadísimos.
Ahora que lo pienso, lo que dicen es que se han pasado el fin de semana sin salir de la cama.
Enhorabuena, abuelo: has vendido el piso de la playa y te has montado un picadero en Villamatojo. El resultado es que cuando nos queremos ir a la playa tenemos que pedirle al tito que nos preste la casa.
Bueno, más que pedir-pedir lo que hacemos es decir "oyetú que vamos", y el tito responde "pues regarme las plantas".
Por mucho que el tito nos deje su casa de buen grado, tenemos que admitir que, al menos por mi parte, es un poco doloroso ir de prestado habiendo tenido allí un sitio familiar, una casita que nos ha visto crecer y jugar a todos los primos juntos. La cuestión es más punzante si cabe porque la casa del tito están en la misma finca, tiene el mismo acceso e incluso vistas al patio.
Así, como con recochineo.
-Que pesa estar aquí tan cerca y no poder entrar -le dije a mi madre un día-. ¿Sabemos quién lo ha comprado?
-Sí, pero ahora está alquilado.
-¡Que bien! Igual si les pregunto me dejan entrar.
-No creo, me parece que son rumanos.
De pronto me alegré de que hubiéramos incinerado a mi abuelo, porque con lo fachilla que era se entera de que hay rumanos viviendo en su casa y vuelve de la tumba.
-¿Una familia?
-Jijijiji, que va, esa es la mejor parte: son unas chicas que trabajan en un "club nocturno".
Creo que deberíamos incinerar también a mi abuela. Está todavía viva, pero por prevenir.
-Unas pilinguis... en casa de los abuelos... haciendo negocio... ¡y sin que la abuela saque beneficio de ello!
-No sabemos que sean pilinguis, sólo que trabajan en un club nocturno. Pueden ser cualquier cosa: camareras, limpiadoras, gerentes...
-Claro que sí: depende de lo que se disfracen para hacer el estriptis.
-¡Lorz!
-Joooo, es que me gustaría mucho enseñarle a Bebé-chan donde dormía yo cuando era pequeña...
-Bueno, ¿por qué no vas y preguntas?
-¿El qué? ¿Si son putas?
-¡No, Lorz, si puedes entrar!
-Ah, eso. Bueno, puedo matar dos pájaros de un tiro: les pido permiso para entrar y así como quién no quiere la cosa intento sonsacarles a qué se dedican.
-Vale, pero sé sutil, ¿eh?

Cinco minutos más tarde...
-Hola, soy Lorz, es que mi familia vivía aquí cuando yo era pequeña y quería preguntarle...
-¿Sí?
-¿Vosotras sois putas o qué?

No me dejaron entrar.
Lo tomaré como un sí.


Continuará...


15 agosto 2013

Vamos a la playa calienta el sol, 4

Previously in Lorz... 
Si un tren sale de A en dirección a B a 300 km/h, 
y un coche sale de A en dirección a B a 120 km/h, 
y otro tren sale de A en dirección a B a 300 km/h, 
¿quién es el primero es darse cuenta de lo absurdo de la situación? 


 Toda mujer, desde que entra en edad de merecer (que en mi pueblo es a partir de las 24 horas de vida o así), debe asumir que en cada reunión familiar, en cada celebración, incluso en cada entierro le van a hacer la misma pregunta:

-Niña, ¿ya tienes novio?

Que conste que la pregunta en sí no tiene nada de malo: el problema viene dado por la repetición.
Que incordio con la preguntita. Ni que fuera asunto suyo. Además, ¿qué pasa? ¿que si digo que no me vas a vender por tres cabras o qué? ¡Pues al menos que sean bonitas!
Pues un día dices que sí, que venga, que tienes novio, y crees que te has librado de las preguntitas.
Pues no.

-Niña, ¿y cuándo os casáis?

Cada navidad. Cada cumpleaños. Cada p*t* comida familiar lo mismo. Un día, por fin, anuncias la feliz noticia: te casas. Y llega el feliz día, y sales de la iglesia/registro/pérgola jedi sonriendo de oreja a oreja. ¿Porque es el día más feliz de tu vida?
NO: ¡porque sabes que nunca más te harán la preguntita de las narices!
...te harán otra.

 -Niña, ¿y los niños cuando?

A mí me daban ganas de contestar "pues cuando papá ponga la semillita en mamá... ¡Y LA EMPUJE CON LA P*LL*!". Pero no lo decía, ¿eh?
Bueno, casi nunca.
Bueno, a veces.
Bueno,  la mayoría de las veces.
Vale, sí, lo decía siempre, ¿qué pasa?

Entonces te quedas embarazada y piensas "j*d*r, j*d*r que mal rollo que ahora todo el mundo se va a imaginar a ZaraJota™ empujando la semillita". Así que lo ocultas hasta que ya no puedes más y un día alguien te dice:

 -Niña, ¿y los niños cuando?
Y tú contestas:
-EL PLAZO ESTIMADO DE ENTREGA ES 19/09/2012. GRACIAS POR REALIZAR SUS COMPRAS EN NUESTRA WEB.

Y gracias por dejar las preguntitas... al menos hasta que se les ocurre la siguiente:

-¿Tú prefieres niño o niña?
¿Cómo que qué prefiero? ¿Es que se puede elegir? ¿Y si elijo y me sale lo otro y el bebé piensa que me ha decepcionado*? ¿No es mejor dejar que la máquina elija por mí?

Entonces tienes a tu bebé. Cuyo sexo, por cierto, NO has podido elegir.
Y durante unos meses vives en paz....
Hasta que un día de pronto la gente se da cuenta de que tus tetas han mermado y deducen que ya no estás lactando y por tanto estás preparada para...

-Niña, ¿y el segundo cuando?

¿El segundo?
¿Esperan que tenga más de uno?
¿Por qué?
¿No he hecho bien el primero y lo tengo que repetir?
A ver, que a mí me gustaría tener dos o tres (o cuatro o cinco) si nuestras circunstancias fueras buenas, pero tener niños así porque sí, como si fueran coleccionables, no me acaba de convencer.
No le veo la lógica. O no se la veía, porque recientemente he empezado a vérsela.
Fue en Barcelona, durante una conversación con una persona cuyo nombre no voy a decir porque luego me dicen que me meto con mi suegra.
-Lorz, ¿vais a tener más?
-No lo creo, suegra, tal y como están las cosas...
-Ya, ya, es lo más sensato... aunque a mí tener sólo uno no me parece bien.
-Si, se lo pasan mejor si tienen hermanitos de su edad.
Lo digo por experiencia: varios hermanitos de edades cercanas=mola.
-Sí, bueno, y que si tienes uno y le pasa algo, ¿qué haces?
Entonces por fin comprendí por qué la gente tiene más hijos: para tener repuesto.
Imagina que te llaman del hospital:
-Oiga, que su hijo se ha muerto.
-No pasa nada, tengo otro. No le tengo tanto cariño como al primero, pero bueno, nos tendremos que apañar.
Unos días más tarde le estaba contando la historia a GordiPe.
-Ahora que ya sé para qué tiene la gente dos hijos -le dije-, lo que no me queda claro es por qué algunos tienen un tercero.
Por suerte GordiPe sí lo sabía.
-Mujer, para reserva de órganos.
Bien pensado creo que sí voy a tener los cinco o seis y a venderlos por piezas.




Continuará...

*Creo que ya lo he contado antes. 
Mis reservas a expresar preferencia por el sexo del bebé tienen origen en la famosa frase de mi abuela:

"Cuando nació tu padre me decepcioné mucho porque yo quería una niña.
Cuando nació tu tía me decepcioné mucho porque yo quería una niña guapa"

Nota del *: Por motivos que no alcanzamos a comprender, mi tía tiene complejo de fea. 

Nota a la nota del *: Digo complejo porque ella es la única que piensa que es fea. Incluso mi abuela ha admitido recientemente que mi tía es muy guapa ahora.

Nota a la nota de la nota del *: Sólo para dejarlo claro y garantizar mi integridad física, no creo que mi tía sea fea, ni conozco a nadie que lo crea.  

06 agosto 2013

Vamos a la playa calienta el sol 3

Previously in Lorz...
A los abuelos siempre les toca sacrificarse.

Como íbamos diciendo, el plan original era que mis padres se fueran en coche a Blanes.

Después pensaron que sería buena idea llevarse a Bebé-chan.
 Por desgracia, Bebé-chan venía con efectos secundarios.
 Más o menos por entonces La Tita del Puerto dijo que ella también venía.
Primero dijo que iría en tren hasta Blanes.


Luego se lo pensó mejor: cogería el tren hasta Madrid, y luego seguiría en coche con nosotros hasta Blanes.


Entonces pensé que siete horas encerrada con mis padres y mi tía iban a ser una tortura insoportable en el coche iba a ser demasiado para Bebé-chan, y que era mejor que nos fuéramos en tren, que sólo son tres horas y además se puede pasear.

Entonces La Tita del Puerto pensó que era una idea estupenda, y que ella también se venía en tren, porque en el coche se agobia mucho.
 

Entonces mi padre dijo que para que no cogiéramos el cercanías ellos vendrían a buscarnos. 
Primero irían a Blanes a recoger las llaves de la casa y dejar las maletas, luego vendrían a Barcelona, nos recogerían y nos llevarían a Blanes en coche. 
Pero entonces yo le dije que no, porque había quedado a comer con la hermana de ZaraJota™, y no sabía cuando iba a terminar, así que mejor me iba en cercanías cuando acabara. 
Entonces mi tía dijo que ella no pintaba nada levantándose a las cinco de la mañana para ver a la familia de ZaraJota™, y que mejor cogía el tren de las diez, ya si eso.

Esto fue lo que hicimos al final.
Bebé-chan y yo conseguimos llegar a Barcelona y nos fuimos a ver a la hermana de ZaraJota™.
-Anda, ¿venís solas?
-Sí.
-Creí que también venían tus padres y tu tía.
-Sí, sí, bueno, mis padres van directos a Blanes.
-¿Y tu tía?
-No, viene aquí, es que su tren llega más tarde.
-Claro, porque viene de El Puerto, ¿no?
-No, viene de Madrid.
-¿Y tus padres?
-De Madrid también.
-¿Todos venís de Madrid?
-Sí.
-¿Y todos venís hoy?
-Sí.
-¿Y por qué no habéis venido todos juntos?
Y yo que sé...


Continuará...


Los dibujitos, como siempre, de Planearium.

01 agosto 2013

Vamos a la playa, calienta el sol 2

Previously in Lorz...
Mis padres no decepcionan.


 Al mismo tiempo que los de Recursos Humanos jugaban al teto con mis vacaciones, en la guardería de Bebé-chan pegaban un cartel informativo en la puerta. 
"Queridos padres", decía el cartel, "os informamos que la guardería permanecerá cerrada durante la segunda quincena de agosto."
Y nuestras vacaciones, por supuesto, eran la primera quincena. 
-No te preocupes -me dijo mi madre-. Seguro que entre todos nos podemos apañar para quedarnos con la niña, ¿cuándo has dicho que cierran?
-La segunda quincena. 
-Ah, vaya, que casualidad tan tonta.... Es justo cuando nosotros nos vamos a la playa. Bueno, pues nada, tendremos que llevárnosla. 
-¿Qué?
-No, si yo no quería, pero si no hay otra solución... ya sabes, al final siempre le toca sacrificarse a los abuelos. 
Que mis padres se sacrificaran me causaba mucha inquietud. Para empezar, ya llevan muchas vacaciones sacrificadas para ocuparse de diferentes familiares. Y para terminar, tenía la impresión de que iban a coger a la niña y salir corriendo y agitando los bracitos. 
Muy discretamente hice gestiones primero, para encontrar una canguro (encontré dos con muy buenas referencias) y después, para buscar una guardería que admitiera niños en vacaciones (también encontré dos, creo que es una señal de universo para que tenga otro niño).
Y volví a hablar con mi madre.
-Madre, hemos encontrado una guardería y al final no hace falta que os quedéis con Bebé-chan la segunda quincena de agosto.
-Bueno, nos la llevamos la primera quincena y ya está.
-¡Si la primera quincena está abierta su guarde!
-Lo sé, lo sé, tú no te preocupes, si no es molestia. 
-¿Qué?
-A ver, si no queda más remedio... ya sabes, al final siempre le toca sacrificarse a los abuelos. 
-Pero, ¿me estás escuchando al menos?
Al final recursos humanos me puso las vacaciones la primera quincena de agosto. Y claro, volví a llamar a mi madre. 
-Madre, tengo vacaciones la primera quincena de agosto. 
-No te preocupes, que ya te he dicho que me sacrifico y me quedo con Bebé-chan. 
-¡Que tengo vacaciones! ¡Que me quedo yo con ella!
-Ay, hija, que borde eres... pues veniros las dos y ya está.
-Es que ZaraJota™ también tiene vacaciones.
-Pues veniros los tres.
-Es que nos gustaría pasar las primeras vacaciones de Bebé-chan solos, ya sabes, como una familia.
-...
-¿Estás bien?
-Sí, sí, claro. A ver, si no queda más remedio... ya sabes, al final siempre le toca sacrificarse a los abuelos. 
Aquello me dio un poco de pena. No sé, si mi madre tenía ganas de sacrificarse, ¿quién soy yo para quitarle la ilusión?
Después de unas intensas negociaciones con ZaraJota™ que ríete tú de las de Oriente Medio, volví a llamar a mi madre.
-Madre, que al final Bebé-chan y yo nos vamos con vosotros unos días de vacaciones.
-¿De verdad?
-Sí.
-¡Que bien! ¡De vacaciones con Bebé-chan! ¡Que bien lo vamos a pasar las dos! ¡La voy a llevar a la playa! ¡La voy a llevar al botánico! ¡La voy a llevar de paseo!
-Madre, has oído la parte de que yo también voy, ¿verdad?
-Sí, sí, claro. A ver, si no queda más remedio... ya sabes, al final siempre le toca sacrificarse a los abuelos.

25 julio 2013

Vamos a la playa calienta el sol (probablemente capítulo 1, tengo mucha fe en mis padres)

La semana que viene estaré de vacaciones con mis padres, y todos sabemos lo que eso significa: 
¡MACROSAGA!



Una de las ventajas de la inestabilidad laboral es que ya no me pongo nerviosa el primer día de trabajo: total, ¡he tenido tantos! 
En mi primer día en este trabajo estaba feliz como una perdiz. 
En realidad no. Ya os contaré lo que le pasó a Bebé-chan justo justo justo ese día.  
O quizá no. He recibido amenazas, ¿sabéis? 
De momento nos quedamos con que estaba feliz como una perdiz esparciendo el caos a mi alrededor cuando me llamaron de recursos humanos. 
-¿Lorz?
-Sí, soy yo. 
-Te llamo de recursos humanos. 
Ya lo sé: lo ponía al principio. M**r*, tengo que dejar de hacerme spoilers a mí misma.
-Hola recursos humanos, ¿qué ocurre? 
-Estoy viendo que no has pedido las vacaciones. 
-Bueno, es que soy nueva y me parecía un poco feo. 
Imagina la situación: "hola, hoy es mi primer día, ¿cuándo son mis vacaciones?" Tal y como están las cosas eran capaces de contestarme "ahora mismo y para siempre". 
-Pues es que tienes que pedirlas. 
-Vale, vale, ahora las pido. 
-No, no, ahora no. Estás fuera de plazo. Tenías que haberlas pedido antes del 30 de mayo. 
-¡Sí el 30 de mayo no había empezado a trabajar!
Ni había hecho la entrevista.
Ni siquiera había echado el curriculum. 
¡Si no estaba ni publicada la oferta de empleo! 
-Las normas son para todos, Lorz, no podemos hacer excepciones. 
Ni siquiera con la gente que todavía no trabaja aquí, por lo visto. 
-Bueno, ¿qué hacemos entonces con mis vacaciones?
-Te las asignamos directamente desde recursos humanos. 
-Vale, vale... ¿cuándo?
-La semana que viene. 
-¡Anda ya!
-Es el único hueco que queda. 
-¡Pero es que acabo de empezar a trabajar! ¡No puedo irme de vacaciones!
-Si querías otras fechas haberlo pedido dentro de plazo. 

El día de antes de irme de vacaciones volvieron a llamarme. 
-Lorz, ¿mañana te vas de vacaciones?
-Sí. 
-No, no puedes. 
-¿Perdón?
-No puedes irte de vacaciones. ¡Si acabas de entrar!
-Pero...
-Pero nada. Menudo disparate. ¡Imagina que no pasas el periodo de prueba!

Inciso: ¿imagina que QUÉ?

-Está bien, pues no me las cojo. 
-Mujer, ¿cómo no te las vas a coger? A ver, ¿cuándo las quieres?
-¿Cómo que cuando?
-Sí, dime cuándo las quieres y yo te las pongo.
-Creí que no quedaba hueco. 
-Mujer, si hace una semana ni siquiera trabajabas aquí: no se va a notar mucho si te vas. 
Gracias, me siento muy apreciada. 

Unos días antes de irme de vacaciones-esta-vez-sí-de-verdad me llamó mi abuela. 
-Hola nieta, ¿cómo estás?
-Pues nada, aquí...
-Claro, como este año no tendrás vacaciones. 
-Sí que tengo, la semana que viene. 
-¡Anda ya! ¡Si acabas de empezar! 
Ya salió la lista que todo lo sabe. 



Pd: adoro mi nuevo trabajo. 

19 julio 2013

Lorzía y el sexo

"Todos los niños tienen una hora mala", Be, sacerdotisa jedi y gurú en general.


ZaraJota™ y yo somos jóvenes fuertes y saludables y como tales tenemos nuestras necesidades: en concreto la necesidad de, eh... jugar al parchís.
Cuando empezamos a salir juntos nos pasábamos el día jugando al parchís. 
Quedábamos a comer y en vez de comer jugábamos al parchís.
Quedábamos a cenar y en vez de cenar jugábamos al parchís.
Quedábamos a ver una peli y en vez de ver la peli jugábamos al parchís. 
Nos íbamos a dormir y en vez de dormir jugábamos al parchís.
Y así todo el día, un no parar.
Lo de saltarme comidas no me importaba mucho: para ser sinceros puedo vivir de mis reservas mucho, mucho, mucho tiempo. Lo que llevaba peor era lo de no dormir, hasta el punto de que un día me planté.
-Tengo dos trabajos- le dije a ZaraJota™-, de vez en cuando necesito descansar.
-Claro que sí, cieliamor, claro que sí... ¿cuándo te toca el periodo?
-¡Oye!
-¡Es que no es justo! ¡Te mueves mucho cuando duermes y me despiertas! Y claro, me despierto en mitad de la noche, me encuentro una tía en pelotas en la cama, ¡y no me queda más remedio que ponerme a jugar al parchís!
Con el tiempo el furor por los juegos de mesa se calmó un poco. Pero poco. Mis compañeras de trabajo se reían mucho de mí porque la mayor parte de los lunes tenía dificultades para sentarme.
Ahora que lo pienso, lo que pasa es que eran unas envidiosas.
En fin.
Cuando decidimos ser papás sabíamos que íbamos a tener que dejar un poco de lado nuestra afición por los, ejem, juegos de mesa.
Ciertamente, durante los primeros meses del embarazo es verdad que hubo una desaceleración.
Por una parte me sentía muy cansada, y por otra ZaraJota™ primero tenía miedo de hacerme daño, y luego de que devolviera en mitad de la partida.
Luego, en el segundo trimestre, eh... veréis... durante el segundo trimestre me encontraba muy bien, y estaba inundada de hormonas,  y me sentía supersexi y sentía la imperiosa necesidad de jugar al parchís todo el día, todos los días. A veces tenía tantas ganas de jugar al parchís que esperaba a ZaraJota™ detrás de la puerta con el tablero en la mano, no digo más.
ZaraJota™ estaba un poco desesperado.
-¡Me ha venido el periodo!-gritaba.
-¡No es verdad!
-¡Que sí, mira!
-¡Que estoy harta de decirte que no te eches ketchup en los calçotets, que la mancha sale muy mal y además no cuela!
El tercer trimestre me aplaqué un poco. Pesar unos quinientos kilos, tener una lesión de rodilla y estar a 40ºC dificulta mucho jugar al parchís. Lo peor fue la última semana, cuando el médico nos prohibió hacer nada que pudiera desencadenar el parto, y pensábamos, jo... ¡no es justo! ¡que luego vamos a estar mucho tiempo sin!
Luego nació Bebé-chan. Fue una cesárea y la primera vez que me puse de pie pensé que no iba a poder jugar al parchís nunca más. Además ZaraJota™ me ayudó a cambiarme varias veces, así que pensaba que él tampoco iba a tener ganas nada nunca más.
Se ve que subestimé el poder de la lactancia materna: prueba a ponerle las tetas delante a tu marido ocho veces al día durante un mes, y se olvidará de los puntos, las estrías, la cuarentena y de su propio nombre.
-No es justo -decía ZaraJota™-, todo el día al aire y no las puedo tocar.
-Sí que puedes.
-¿No explotan?
Resumiendo: después de esperar un mes con mucha, mucha paciencia, el ginecólogo me volvió a dar permiso para jugar al parchís.
-Ten en cuenta que durante unos meses jugar al parchís puede escocer un poco. Intenta usar lubricante.
Cuando salí de la consulta cogí a Bebé-chan y salí corriendo a la farmacia.
No es porque estuviera salida, ¿eh? Es que se me había acabado la crema del culete de la niña.
Sí.
Eso.
Entré a la farmacia con Bebé-chan en brazos y sin esperar mi turno ni nada le grité a la farmacéutica:
-¡Deme una paquete de preservativos, lubricante y crema para culos de bebé irritados, por favor!

Lorzconsejo: nunca uséis las palabras "preservativo", "lubricante", "culo irritado" y "bebé" en la misma frase. La gente saca conclusiones precipitadas.

La vuelta a los campeonatos de parchís fue bien.
 Bebé-chan comía y luego dormía tres horas del tirón, así que nos daba mucho margen.
Con tres meses empezó a dormir seis horas del tirón: más margen aún.
Con seis meses empezó a dormir ocho horas.
-Que suerte tenéis -nos decía todo el mundo.
Sí, sí... pero el resto del día Bebé-chan estaba despierta.
MUY despierta.
Todo el día, con la excepción de dos siestas de diez minutos.
Y aunque es muy buena y muy tranquila, todos los días a última hora entraba en su "hora mala": se pone nerviosa, tiene tanto sueño que no come, tanta hambre que no duerme, y en general acabamos todos agotadísimos y sin ganas de jugar al parchís.
-Yo sí tengo ganas -decía ZaraJota™.
-Tú a callar, y date más brío cantando "Susanita tiene un ratón", que no nos cunde.
El colecho no ayudaba nada, porque claro, está feo jugar al parchís con un bebé en la cama. Así que además de conseguir dormirla, teníamos que conseguir trasladarla a su cuna sin que se despertara y que se quedara dormida allí, y que cuando volviéramos a nuestra cama ZaraJota™ y yo aguantáramos despiertos el tiempo suficiente como para, aunque fuera, echar una partida rapidita.
Resumiendo: hemos pasado un tiempo de escasez.
Mucho ojo: escasez no significa inexistencia. Creo que seguimos por encima de la media nacional de partidas de parchís por semana, pero aún así...jo.
Pues bien, recientemente se han producido dos hechos de gran importancia:
Uno, ZaraJota™ ha empezado con la jornada intensiva, y está muchísimo más tiempo en casa.
Dos, la maravillosísima seño de la guarde de Bebé-chan ha conseguido acostumbrarla a dormir una hora de siesta por la tarde.
Seño, te queremos. Mogollón.
El resultado es que un día, de pronto, cuando ZaraJota™ llegó a casa Bebé-chan estaba plácidamente dormida. Bueno, dentro sus posibilidades. Bebé-chan es más de espatarrarse toa y roncar como un animal de bellota.
-Tenemos media hora hasta que se despierte -anuncié-. ¿Prefieres comer o jugar al parchís?
ZaraJota™ se emocionó muchísimo.
-Lorz, ¿no te das cuenta? ¡Es como cuando empezábamos a salir!
Después de una etapa de largas siestas un día ZaraJota™ llegó a casa y Bebé-chan estaba despierta.
-Petitona -le dijo ZaraJota™-, tienes que dormir. Si no te duermes papá y mamá no pueden jugar a Khal Drogo y Daenerys de la Tormenta.
Eso, tú encima dale pistas.

09 julio 2013

Metro

Este es un post serio.

Últimamente se habla mucho de la Marca España, sin que nadie tenga muy claro qué es ni para qué sirve.
Yo he dedicado mucho tiempo a pensar sobre el tema (aproximadamente dos minutos, mientras hacía pipí) y he llegado a la conclusión de que la Marca España, lo que caracteriza a los españoles como ente colectivo, es que no encanta quejarnos de todo sin hacer nada al respecto.
Esto ha sido así desde hace mucho tiempo: el Siglo de Oro, por ejemplo, está formado por un montón de tipos que de tanto quejarse convirtieron la queja en arte. Tenemos queja poética, queja teatral... ¡tenemos hasta queja en pintura! Pero no deja de ser queja, y queja en vacío que no lleva a nada: la prueba es que siglos más tarde nos seguimos quejando de lo mismo.
A veces pienso que internet ha empeorado las cosas.
Antes la gente se quejaba del mundo en pequeños grupos. Se quejaba con el portero, en el bar, en la cola de la pescadería, en la peluquería. Quejas en pequeños círculos, que servían para desahogarse con la tranquilidad de que no iban a llegar a ninguna parte.
Ahora, con las redes sociales, nos seguimos quejando. Cualquier soplapollez que hagan, digan o parezcan los políticos alcanza una repercusión enorme. Todo el mundo opina, protesta y arma mucho escándalo... y seguimos sin hacer nada. Es más, al contrario: cada vez que el gobierno anuncia una nueva medida las redes sociales nos permiten desahogarnos, hacer la catarsis correspondiente, y para cuando la medida en cuestión se aprueba ya lo hemos asumido y aceptamos cualquier cosa que nos hagan.
Al menos así es como lo veo, y no me gusta porque, tengo que admitirlo: yo quiero cambiar el mundo.
Puede que no sea capaz de cambiar gran cosa yo sola, pero oye, a lo mejor de a poquito...
Por eso estos días he estado tan pesadita con el tema del metro.
Para los que no vivan aquí, un poco de contexto:
En los últimos años las tarifas de transporte público de Madrid no han parado de subir hasta costar un güevo y medio. En parte al menos ha sido para financiar ampliaciones y nuevas estaciones que a veces estaban en zonas todavía sin urbanizar o en construcción. Algunas mentes malpensadas podrían decir que se usaba el metro para especular, porque se llevaba hasta un descampado en el que después brotaban los pisos como por arte de magia, mientras que no había dinero para llevar el metro a zonas que llevaban urbanizadas más tiempo.
Al mismo tiempo el servicio se reducía. Se ve que cuando subes el precio varias veces al año y muy por encima del IPC en un país en crisis el número de usuarios se reduce. ¿Quién se lo iba a imaginar? Y resulta que cuanto más se sube el precio más bajan los usuarios, cuanto más bajan los usuarios más sube el precio y así sucesivamente, hasta que al final, en un alarde de brillantez, metro ha decidido reducir el servicio: ahora sólo pasa un tren de cada dos. El precio se mantiene, por supuesto: es como el 2x1 de Carrefour pero al revés.
Por otra parte resulta que al reducirse a la mitad los trenes el número de viajeros de cada tren se multiplica por dos y cuando un vagón va lleno muy por encima de su capacidad hace mucho más calor del que debería, especialmente si se hace poco uso del aire acondicionado. Cuando la gente está mucho rato de pie en un vagón a presión a 45ºC y sin apenas aire se marea, aunque seguramente sólo lo hacen para llamar la atención, que hay mucho cuentista suelto.
Luego están las escaleras. Si unas escaleras mecánicas se estropean no hay ninguna prisa por arreglarlas. Es más: metro se atrevió incluso a lanzar una campaña publicitaria recomendando subir a pie, porque hacer ejercicio es bueno y reduce el riesgo de obesidad, especialmente en aquellas estaciones que están a más de seis pisos de profundidad. En esas se reduce el riesgo de obesidad, así como el de cualquier otra enfermedad, porque lo más posible es que te de un síncope a medio camino.
Aunque todos tuviéramos ese espíritu deportivo, al parecer hay gente que no es capaz de subir y bajar escaleras. No hablo sólo de personas discapacitadas y carritos de bebé: cualquiera puede en un momento dado torcerse un tobillo, ponerse enfermo, marearse, ir con maletas o, simplemente, llegar a viejo.
Y ahí es donde quiero llegar a parar con esta filípica:
metro de Madrid tiene vagones con espacios reservados a discapacitados y colectivos sensibles (enfermos, ancianos, embarazadas y madres con bebés) e incluso tiene una zona del andén dedicada a estas personas, pero no dispone de ascensor en todas las estaciones y en muchas no dispone ni siquiera de escaleras mecánicas.
En mi caso, cojo el metro todos los días, y ni la estación de origen ni la de destino tienen ascensor, una de ellas tiene escaleras mecánicas pero sólo para una línea y la otra tiene escaleras mecánicas que llevan un mes sin funcionar.
No se trata de que no quiera hacer ejercicio. Que si hay que hacerlo se hace. Lo que pasa es que tengo el cuerpo lesionado en varios puntos y un bebé, y por lo general ambas cosas son incompatibles con subir y bajas seis pisos de escaleras, por lo que no puedo llevar a Bebé-chan conmigo.
Si hubiera acceso para discapacitados podría buscar una guardería cerca de donde trabajo y podría pasar dos horas más al día con Bebé-chan, por no hablar de que al estar menos horas institucionalizada tendríamos que pagar 30 € menos de guardería al mes.
Los últimos días lo he estado comentando con compañeras de trabajo, con amigas y por twitter, y casi todo el mundo se sentía identificado: el que no tenía hijos recordaba aquella vez que tuvo un esguince, o cuando volvió de viaje con un maletón enorme, o simplemente ese día que estaban tan cansados que apenas se tenían en pié y todas las escaleras estaban estropeadas. Lo más sorprendente es que nadie había reclamado nunca: se quejaban con los amigos, o en el trabajo, y no hacían nada.
Y esto no puede ser: ya que nos vamos a quejar, al menos quejémonos al responsable del problema, y a ser posible por los canales adecuados. Con un poco de suerte hasta conseguimos que nos hagan caso.
Por eso me he propuesto poner una reclamación cada vez que use el metro y no haya acceso para discapacitados, y os animo a hacer lo mismo: sólo hay que rellenar este formulario.
Esto es todo.
Gracias por vuestra colaboración.

Editado 11/07/2013 El trayecto que hacemos con el carrito a cuestas:

01 julio 2013

El cuerpo hecho un cristo IV y ya

Previously in Lorz...
Venga que esto se acaba.

Como iba diciendo, ZaraJota™, Bebé-chan y yo nos fuimos a Barcelona a la comunión de la sobrina.
La sobrina es una niña muy peculiar.
-Lorz, ¿puedo hacerte una pregunta? -me preguntó una vez.
-Claro bonita.
-¿ZaraJota™ y tú dormís juntos en la misma cama?
Acababa de conocer a la familia de ZaraJota™ y estábamos todos cenando juntos.
No tenía ni idea de qué responder para quedar bien delante de toda la familia, así que fui a lo seguro.
-Por supuesto que no.
-¿Por qué?
-Porque no estamos casados.
ZaraJota™ me dio una patada por debajo de la mesa que me dejó la espinilla tonta.
-Sus padres tampoco están casados -me explicó luego.
M**rd*.
En la siguiente visita me volvió a hacer otra pregunta.
-¿Quieres jugar conmigo?
-Claro que sí. ¿A qué jugamos?
Era un pregunta retórica: yo ya me veía poniendo lazos en la larga cabellera de un poni rosa.
-Jugamos a que yo te secuestro y pido un rescate a ZaraJota™, y ZaraJota™ no lo paga y te mato.
-Eh... ¿poni?
Pues bien, cinco años más tarde, la niña iba a hacer la comunión y nosotros queríamos hacerle un regalo.
-¿Qué quieres que te regalemos?- le preguntó ZaraJota™ por teléfono.
-No quiero ningún regalo.
-Jajaja, que graciosa.
-Va en serio, no lo hago por los regalos.
-Jajaja, anda ya, y entonces, ¿por qué?
-Quiero formar parte de esta comunidad.
Lo dijo tan convencida que debe ser verdad, pero aún así ZaraJota™ y yo le compramos un regalo, en concreto, un reloj.
Queríamos que fuera un regalo especial, así que estuvimos bastante tiempo hasta que encontramos uno perfecto. Lo que pasa es que el reloj, una vez envuelto, quedaba hecho un paquetito muy pequeño, y todos sabemos que a los niños les gustan los regalos GRANDES, por eso compramos un kilo de caramelos y lo metimos todo en una caja de regalo rosa. Quedó bastante resultón y a la niña le gustó mucho cuando se lo dimos.
Incluso contó los caramelos y todo, que mona ella.
Al día siguiente, con toda la familia, la gente empezó a preguntarle qué le habían regalado.
-El tío ZaraJota™ me ha regalado caramelos.
-¿Sí? -le decían.
-Sí, doscientos siete caramelos.
Y al rato:
-Lorz y ZaraJota™ me han regalado caramelos.
Y al rato:
-Tengo doscientos siete caramelos. Me los ha regalado el tío ZaraJota™.
Cuando ya teníamos a media familia pensando que somos los rácanos que regalan caramelos, decidí intervenir.
-Oye -le dije a la sobri-, sabes que el regalo no eran los caramelos, ¿verdad?
-Claro que no. ¡La caja era muy bonita también!
Vale, me rindo.


Epílogo.
-¿Qué te ha regalado Lorz y ZaraJota™?-le preguntó a la sobrina otro de sus tíos.
-Doscientos siete caramelos.
-¿Doscientos siete? Qué numero más raro. Seguro que había doscientos diez y la tía Lorz se comió tres.
No me los comí: estaban secuestrados y tuve que matarlos porque ZaraJota™ no pagó el rescate.




25 junio 2013

El cuerpo hecho un cristo III

Previously in Lorz...
Salí de Atocha un día
Camino de Barcelona
y en el camino encontré
un papel que así decía:
salí de Atocha un día...


Llegamos por fin a la historia que ZaraJota™ quería que contara, y sólo he tardado un mes. Estoy mejorando en esto de la periodicidad.
La madre de  ZaraJota™ vive en Barcelona.
La comunión de la sobrina de  ZaraJota™ era en Badalona y bien tempranito.
Para no tener que salir de casa de la madre de  ZaraJota™ demasiado temprano y con prisas pensamos que lo mejor sería pasar una noche en un hotel de Badalona, amanecer allí, tener un baño para nosotros solos, ponernos bellos con calma...
Pasar una noche menos con la suegra no influyó para nada en nuestra decisión.
Casi.
Después de muchas consideraciones acabamos reservando en el Hostal Badaloní, que está en un sitio muy bueno y tiene un precio muy razonable que además, incluye espectáculo.
Cuando llegamos con el carrito, las maletas, Bebé-chan, la niña del espejo, cansados después de haber recorrido el metro de Barcelona jugando a Cube con los ascensores, empapados porque nos pilló un tormentazo digno de verse, nos encontramos el hostal cerrado a cal y canto y un cartel en la puerta.

"Para avisar a recepción llamar por teléfono".

-Se referirán al telefonillo, ¿no? -le pregunté a ZaraJota™ señalando al portero automático de la puerta.
-No sé, pone el teléfono y todo.
Estábamos discutiendo si llamar por teléfono o al telefonillo cuando a través de la puerta vimos pasar a la señora de la limpieza.
-¡EEEEEHHH! ¡EEEEHHHH!- gritamos ZaraJota™ y yo agitando los bracitos para llamar la atención.
La señora de la limpieza vino y abrió la puerta.
-¿Qué quieren?
-Eh... es que tenemos una reserva y tal...
La señora de la limpieza nos apartó de un manotazo y empezó a aporrear el telefonillo como una loca.
-¡Que hay gente aquí!-gritaba entre golpe y golpe-. Ya vienen.
Y se fue a limpiar.
Como no habíamos oído responder a nadie nos quedamos en el umbral de la puerta, mirando alternativamente a la señora y al telefonillo, sin saber si era mejor morir de frío fuera o a manos de una demente que oye voces dentro.
-Pasa tú -dijo ZaraJota™.
-No, pasa tú -le dije yo.
-Pasen, pasen -dijo la señora, y no nos quedó más remedio que entrar-, que ya viene el señor.
Pasamos y esperamos de pie delante del mostrador de recepción, mirando de reojillo la puerta por su había que salir corriendo por nuestras vida. Por suerte, nuestra espera se vio recompensada con la aparición del susodicho señor... que venía en bata.
Lo voy a repetir otra vez: el señor de la recepción estaba en bata.
No, no es suficiente, tengo que repetirlo una tercera vez.
¡EN BATA! ¡EL TÍO ESTABA EN BATA!
-Hola -le dije, porque con los desconocidos siempre soy muy simpática por si acaso.
-GRRRRR -contestó el señor, sin mirarme.
-Es que... eh... tenemos una reserva y tal...
-GRRRRR...
-Es... está a nombre de Lorzagirl... y... eh...
-GRRRRR...
-¿Pu... puedo pagar con tarjeta?
El señor en bata consiguió terminar el check-in sin decir ni una sola palabra y nos dio la llave.
ZaraJota™ llevaba un rato dándome tirones de la camiseta para que nos fuéramos, y la verdad, habría sido lo más sensato.
Por eso hice exactamente lo contrario.
-Una pregunta más -le dije al señor de la bata-. ¿Saben dónde puedo calentar un biberón para Bebé-chan?
-AQUÍ NO SERVIMOS COMIDAS.
-Ya lo sé, no quiero que lo preparen, sólo quiero calentarlo.
-NO SERVIMOS COMIDAS.
-Ya, ya, por eso pregunto, por si saben dónde...
-¡QUE NO SERVIMOS COMIDAS!
-Ya, si sólo...
-¡¡¡QUE NO!!!
ZaraJota™ yo cogimos los bártulos, a la niña y corrimos hasta que nos vimos a salvo en nuestra habitación, donde nos dio un ataque de risa floja hasta que Bebé-chan empezó a llorar.
-Creo que tiene hambre -dijo ZaraJota™.
-¿Sí? Bueno, no pasa nada.
-¿Queda agua en el termo?
-No, pero seguro que el amable señor de la bata nos puede decir dónde calentar un biberón.


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Pd1: Somos gente de recursos: llenamos el lavabo de agua caliente, metimos el biberón dentro y, aunque tardó un poco, se acabó calentando.

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Pd2:
Ya me estoy viendo a mi tía.
-Lorz, estas cosas sólo te pasan a ti.
Pues va a ser que no.

17 junio 2013

El cuerpo hecho un cristo II

Previously in Lorz...
No lo sé. Primero Bebé-chan ha estado muy malita, ahora yo estoy muy malita...
Me encuentro muy mal. 
Me duele la cabeza, me duele la garganta, me duelen los oídos. Estoy muy congestionada y no paro de oír un pitido espantoso. Lo peor es el pitido: empezó esta mañana exactamente a las seis y lo llevo oyendo todo el día a intervalos de cinco minutos y... ahora que lo pienso, puede que se me haya olvidado quitar la alarma del despertador.


Cuando Bebé-chan era más pequeña nos podíamos ir al pueblo con una maleta de fin de semana para las dos: su ropa era muy pequeña y por mucha que llevara siempre abultaba poco, dormía conmigo y yo llevaba la comida incorporada, por decirlo de alguna manera.
Ahora que es prácticamente una mujercita la ropa ya no es tan pequeña, y necesita muchísima porque se mancha arrastrándose por el suelo o jugando con la comida, y la comida también abulta mucho, y los pañales, y además el tiempo ha estado muy revuelto, y teníamos que llevar ropa de invierno, por si hacía frío, ropa de verano por si hacía calor, y ropa de fiesta porque íbamos a un evento muy importante y ropa de repuesto para todo por si Bebé-chan decidía hacer pedorretas con la papilla en el momento más inoportuno.
Y por si no lleváramos bastantes cosas, como me daba asquito que durmiera en la cuna del hotel llevábamos nuestra propia cuna.
Y un gorrito para el sol.
Y juguetes para que no se aburriera.
Y las medicinas, el termómetro y un botiquín.
Y...
Resumiendo: para tres días llevábamos todo esto:
Y el carro.
Y la niña.
Y al Conejo Mulder.
-¿Queréis que os lleve a la estación? -se ofreció mi padre, viendo el alentador panorama.
-Si tu maletero se llena sólo con el carrito.
-Pues yo me llevo a Bebé-chan en el coche y vosotros venís corriendo detrás.
Mi padre todo lo soluciona llevándose a Bebé-chan mientras nosotros corremos detrás. Debe ser su forma de fomentar el deporte.
-Da igual, si aquí vamos en autobús estupendamente. El problema es en Barcelona, que tenemos que coger el metro sí o sí y no hay ascensor.
-Anda ya -decía mi padre-, no me puedo que creer que el metro de Barcelona no tenga ascensor.
-Pues no hay.
-Sí que hay-terció ZaraJota™.
-¿Y por qué me obligas siempre a subir y bajar todos los tramos de escaleras a pinrel vivo?
-Es que los ascensores del metro de Barcelona son... diferentes.
-Hombre, tan diferentes no serán: tendrán el botón de parriba y el botón de pabajo.
-No, no.
-Vaaaale, el botonet de parribet y el botonet de pabajet, que es que hay que ver lo tontos que os ponéis con lo del idioma...
-Que no es eso, que son muy complicados.
-Bueno, por muy complicados que sean con el carrito, la maleta, la mochila, el bolso, el Conejo Mulder y la niña no estamos para andar subiendo y bajando escaleras en cada transbordo, que es que más complicado no lo podemos tener...
Pues sí podíamos porque, para empeorar las cosas, una vez que nos subimos al ave descubrimos que nos había seguido La Niña del Espejo.

La Niña del Espejo es la muy mejor amiga de Bebé-chan y la más fiel: siempre que se asoma a un espejo ahí está esperándola.
A Bebé-chan le da mucha alegría cuando la ve, y se ríe.
La Niña del Espejo se ríe.
Bebé-chan se ríe más.
La Niña del Espejo se ríe más.
Bebé-chan se ríe mucho más.
La Niña del Espejo se ríe mucho más.
Y así hasta que tenemos que separarlas por miedo a que Bebé-chan colapse de la risa.
-Lo que nos faltaba -le dije a  ZaraJota™-: ahora vamos con el carrito, la maleta, la mochila, el bolso, el Conejo Mulder y dos niñas. Tú dirás lo que quieras, pero yo cojo el ascensor sí o sí.
 ZaraJota™ no dijo nada.

Lorzconsejo: cuando  ZaraJota™ no diga nada, desconfiad. Dado que por lo general habla poco, lo mejor es desconfiar siempre, por si acaso.

Cuando llegamos a Barcelona y conseguimos bajar del ave con toda la impedimenta y parentela  ZaraJota™ me guió hasta un cartel en la pared.


-¿Qué es esto?-le pregunté.
-Es el manual de instrucciones para el ascensor.
-Vale, yo me voy por las escaleras y nos vemos en casa de tu madre.


Continuará...





Pd. Como seguro que hay alguien que lo dice, me adelanto y lo digo yo: este en concreto no es el cartel que hay en Sans, porque allí no estaba de humor para hacer la foto. Tampoco estaba de humor cuando llegamos a Trinitat Nova y nos encontramos un cartel similar. Francamente, no recuerdo dónde hice la foto, sólo que me dolían mucho los pies.

11 junio 2013

El cuerpo hecho un cristo I

Estas últimas semanas he estado experimentando problemas técnicos, que en klingon significa "duermo menos que un Bruce Wayne, que de día está sosteniendo el palo de la escoba que tiene metido por el c*l* y de noche se pone la bata de cola y lo saca de paseo".
Entre unas cosas y otras no he contado la historia del viaje a Barcelona, ni la de los exámenes, ni cuando llevamos a Bebé-chan al médico ya no me acuerdo de porqué, ni la de cómo he conseguido un trabajo indefinido, o, lo que es lo mismo, pendiente de definir si me echan hoy, mañana, pasado...
Pensaba saltarme todas esas historias y hacer borrón y cuenta nueva, pero ZaraJota™ está empeñado en que cuente la historia una historia en concreto. Y es una historia larga, que empieza hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana... Barcelona.

Enero.
-Que mi sobrina va a hacer la comunión -me dijo un día  ZaraJota™.
-¡Bien! ¡Bien!
-Es en Barcelona.
-¡Bien! ¡Bien!
-Irá toda mi familia.
-¡Bien! ¡Bien!
-Sabes que tenemos que ir, ¿verdad?
-Uy, mira, me he muerto.
-No cuela.
-¿Y si estiro la patita?
-Sigue sin colar, y deja de hacer el tonto con la pierna que te vas a romper otra vez y en urgencias empiezan a mirarme mal.

Febrero.
La cuestión es que estar en la comunión de la sobrina me apetecía mucho, pero me daba mucha pereza ir hasta allí con Bebé-chan, el carrito, la cuna de viaje y media docena de maletas para tres días.
-¿Y si nos vamos toda la semana? -propuse.
-¿Con mi madre?
-Hombre, no pongas esa cara de terror, que es tu madre.
-Pues por eso.
-¿Y si pasamos la mitad de la semana con tu madre y la otra nos vamos a un hotel a la playa? Tú. Yo. Una habitación de hotel. Mucho atraso...
-¿Y Bebé-chan?
-A Bebé-chan la dejamos atada a una farola en la puerta del hotel.
-¡De eso nada!
-¡Jooo! ¡Nunca me dejas atar a Bebé-chan a una farola!

Marzo.
-Me parece que en mayo voy a tener algún examen -le dije a ZaraJota™.
-¿En serio?
-Sí, sí, pero no te preocupes, ya sería mala suerte que fuera justo en la semana que nos vamos a la playa.

Abril.
-El examen es la semana que nos vamos a la playa.
-¡NO ME PITUFES!
-No pasa nada, no pasa nada... Es el miércoles. Nos vamos sólo media semana y ya está.

Mayo.
-Estooo... ¿ZaraJota™?
-¿Te has vuelto a pillar la lengua con la puerta de la nevera?
-No, no...
-Estoy harto de decírtelo: que sirva para guardar helado no significa que sepa a helado.
-Que no, que es otra cosa. Jajaja, te vas a reír de lo que me ha pasado.
-Mira que lo dudo.
-Verás que despiste más tonto: resulta que no era un examen sino dos, jajaja, ¿a qué es gracioso?
-No.
-Ya, bueno, tenía que intentarlo.
-¿Y cuándo es el otro examen?
-Pues verás... exactamente... ¿qué día hace tu sobrina la comunión?


Continuará...

02 junio 2013

Lorzconsejo

Es un hecho universalmente conocido que para dormir un bebé lo mejor es cantarle una canción.



Pero no una cualquiera, que luego pasa lo que pasa

25 mayo 2013

HAVER K ASEMO AORA

Las últimas semanas han sido un despiporre.
Por una parte, he tenido un montón de entrevistas para el puesto "ya te llamaremos", y creo que he debido conseguir el trabajo en todas porque aquí estoy, esperando que me llamen.
Por otra, es época de preinscripciones, solicitudes y becas, y me he pasado varios días corriendo de un lado a otro para entregar impresos por triplicado y fotocopias.
Además he tenido exámenes. Un montón. Las notas todavía no han salido, y teniendo en cuenta lo mal que me ha ido más les vale no salir.
También hemos pasado por un "virus", que en klingon significa "irse por la patilla a saco a la vez que devuelves a saco y no sabes qué parte del cuerpo acercar al retrete hasta que al final decides que da lo mismo y que ya te ducharás cuando pase, si es que pasa, y si es que sobrevives".
Entre medias hemos estado en Barcelona. A ese tema tengo que dedicarle más tiempo, creo.
Y por si eso no fuera poco, el INEM ha decidido que si no encuentro trabajo es porque no quiero, y me ha metido en un programa de búsqueda de empleo activo que consiste en que cada vez que voy a una entrevista tengo que pedir un justificante y llevarlo al INEM.
-Pero, ¿las entrevistas me las buscáis vosotros o qué?
-No, no, las entrevistas las buscas tú.
-A ver si lo entiendo... Tengo que encontrar ofertas de empleo, que ya de por sí hay pocas. Tengo que conseguir que me llamen para hacer una entrevista entrevista. Y una vez que estoy allí, en lugar de centrarme en conseguir el empleo, tengo que pedir un justificante para el INEM.
-Eso es.
-¿Y no creéis que andar tocándole las narices al entrevistador puede limitar mis posibilidades de conseguir el puesto?
-Lo que pasa es que no tienes iniciativa para el empleo, espíritu proactivo y afán emprendedor.
-No, no, por suerte estoy al día de todas mis vacunas.
Pero lo que más tiempo me ha robado ha sido un curso que estoy haciendo. Tenía varias posibilidades, pero lo hice online porque odio a la gente y pensé que así no tendría que relacionarme con nadie no tengo tiempo para ir a clase, y es una pena, con los sociable que yo soy.
Por suerte, existe el wahtsapp.
Yujú.
Y las chicas del curso pensaron que sería una buena idea crear un grupo de whatsapp.
Yujú.
De esta forma podríamos hablar entre nosotras y socializar.
Yujú.
Ahora recibo unos cincuenta mensajes diarios sólo de ese grupo, pero no me importa, porque son superinteresantes, por ejemplo:

"XIKAS, SABEIS N LA PREGUNTA 9 SI AI K PONERLO TODO LO K PREGUNTA O K?"

Yo no lo sé. Lo que sí sé es que al final del tema están las soluciones para que resuelvas todas las dudas que te puedan surgir.

"NO LO SE, LE AS PREGUNTAO A LA TUTORA"

"SI, LE MANDAO UN MENSAGE PERO NO CONTESTA"

A lo mejor es porque son las doce de la noche y está durmiendo. Los profesores es que son todos unos vagos, todo el mundo lo sabe.

"PUES NO SE, HAVER SI MAÑANA T DISE ALGO"

Os lo juro, era todo así. Continuamente. Y a medida que se acercaban los exámenes fue a peor.

"XIKAS, K ME AN DIXO QUE LOS EXAMENES SON MUY DIFICILES", decía una.

"KIEN T A DIXO ESO"

"UNA AMIGA K TIENE UNA AMIGA QUE TIENE UNA AMIGA K UNA VEZ SE CRUSO POR LA CAYE CON UNA XICA K SE AVIA PRESENTAO"

"K FUERTE, VAN A PIYAR, K ME LO HAN DIXO UN DIA QUE FUI A SECRETARIA A PREGUNTAR, K TODOS LOS AÑOS VAN A PIYAR"

Yo me imagino a la chica en cuestión, en la secretaría.
-Hola, ¿tienen hora?
-¡Van a pillar! ¡Que lo sepas! ¡Todos los años van a pillar!

"SON UNOS SINVERGENZAS, VAN A SAKARNOS EL DINERO NA MAS"

Cada asignatura cuesta 9 euros. Esto es robo a gran escala y lo demás son tonterías.

"K SI K ME LO HA DIXO MI PRIMA K TODO EL MUNDO SUSPENDE"

Y así todo.
Yo normalmente ignoraba todos los mensajes, hasta que un día no pude aguantar el ambiente de conspiranoia y decidí intervenir.

"Vamos a ver, no os dejéis llevar por el pánico. Esa gente que dice que los exámenes son muy difíciles ¿te ha explicado por qué? ¿Las preguntas son muy rebuscadas? ¿Preguntan cosas que no están en temario? ¿Puntúan a la baja?"

Después de una larga espera, recibí la respuesta.

"K SON UNOS CABRONES Y KITAN PUNTOS X LAS FALTAS DE ORTOGRAFIA"

Vale, sí, dejaos llevar por el pánico.

11 mayo 2013

Al colecho, pecho.

Acostarse con niños es un delito de colecho


Una de las cosas en las que tienes que pensar cuando vas a tener un bebé es en cómo, dónde y cuándo va a dormir.
Es muy importante que los padres de la criatura hablen del tema y decidan juntos lo que quieren hacer, de esta forma cuando el bebé nazca y haga lo que le salga del piticlín los dos padres se sentirán igual de estúpidos. A esto se le llama "responsabilidad compartida".
ZaraJota™ y yo estuvimos barajando varias opciones. Para ser sinceros, yo barajé varias opciones y ZaraJota™ manifestaba acuerdo o disconformidad con diversos movimientos de ceja.
-La cuna no cabe en nuestra habitación. El moisés sólo le dura unos meses. Podíamos probar el colecho.
Angua, que es mi gurú de parenting, hablaba muy bien del colecho, y me daban ganas de probar.
-No, no -dijo ZaraJota™-. El colecho es cosa de políticos.
-...
-A todos los acusan de lo mismo: prevaricación y colecho.
-Creo que lo de los políticos es "cohecho".
-¿Sí? Entonces, ¿el colecho qué es?
-Acostarse con niños.
-Entonces no es cosa de políticos sino de curas.
-Vale, ¿el moisés lo pido en blanco o en rosa?
Creía que comprando el moisés ZaraJota™ se quedaría tranquilo, pues no.
Durante los dos meses que Bebé-chan durmió ahí, ZaraJota™ lo llamó insistentemente noé. Además, como Bebé-chan tenía el perolo tirando a grande, el moisés se inclinaba hacia abajo por el lado de la cabeza, por lo que acabamos poniendo un biberón lleno de agua en el extremo de los pies para hacer contrapeso.
Cuando por fin el noé moisés se quedó pequeño y lo desmontamos, descubrimos que ZaraJota™ lo había atornillado mal, y por eso se inclinaba...
Volviendo al colecho, durante los primeros meses cuando la niña pedía comida la sacaba del noé moisés, me iba al sofá con ella a ver Bones, y cuando se dormía con la tripa llena la devolvía al noé moisés y seguíamos durmiendo todos tan ricamente.
Hasta que se acercó el invierno.

TIII NO
TINO NINO
TINO NIII
tinonino
tinonino
tinonino
TIII NO
TINO NINO
TINO NIII

De pronto bajaron las temperaturas y me encontré a las tres de la mañana sentada en el sofá, viendo Bones con la teta al viento, pelada de frío, mientras ZaraJota™ roncaba plácidamente debajo de nuestras dos colchas nórdicas (somos muy frioleros, ¿qué pasa?). Y pensé, ¿y si en vez de dar teta aquí me siento un poquito en la cama, bien tapadita? Será sólo un momentito y luego la llevaré a la cuna.
Lo siguiente que supe es que era de día y ZaraJota™ me estaba hablando.
-Lorz, que la niña está en nuestra cama.
-¡ME DIJO QUE ERA MAYOR DE EDAD! ¡LA CULPA ES DE LAS MADRES QUE LAS VISTEN COMO P*T*S!
-No deberías dejarla aquí. ¿Y si no nos damos cuenta y le damos un golpe o la aplastamos?
-Hombre, pesa seis kilos. Tampoco es como si fuera una florecilla del campo...
-Prefiero que te la lleves a la cuna.
-Y yo prefiero que le des teta tú, y me aguanto.
Desde esa noche establecí el sistema de Colecho Fijo Discontinúo, también conocido como Teta Self-service, que consiste en que acostamos a Bebé-chan en su cuna, peeeero si en cualquier momento de la noche decide comer, la traigo a la cama, me dejo una teta fuera y cuando tenga hambre que se sirva ella misma, que dar pecho es una experiencia maravillosa pero dormir lo es aún más.

Durante los primeros meses todos estuvimos felices con el sistema:
La madre en cuestión, que soy yo, dormía mucho más.
El bebé en cuestión, que es Bebé-chan, tenía la teta presta cada vez que la necesitaba, y muchas veces no llegaba ni a despertarse para comer.
El papá en cuestión, que es ZaraJota™, abría los ojos y veía tetas.

Luego Bebé-chan empezó a moverse y descubrimos que:

1.- Es casi imposible aplastar un bebé mientras duerme. Los pequeños c*br*nc*t*s defienden su espacio con uñas y dientes.

2.- Si tu bebé se hace una bolita para dormir en su cuna, lo más probable es que duerma totalmente despatarrado en tu cama, ocupando el máximo de espacio posible.

3.- Un bebé dormido puede caerse de su cama, pero nunca de la tuya, porque eso implicaría dejarte más espacio a ti Y DE ESO NADA.

4.- El bebé puede decidir que abrazar la almohada es mejor que abrazar a mamá, ocupando aún más espacio si cabe.

5.- Si el bebé necesita más espacio, patadas, bofetadas y arañazos son perfectamente admisibles. Si fuera al contrario los Servicios Sociales intervendrían.

6.- Si el bebé, que lleva un body y un pijama de franela, siente calor, es perfectamente capaz de retirar dos fundas nórdicas, dejando la teta de mamá al viento toda la noche. Cualquier intento de volver a taparse es totalmente inútil.

7.- La madre tiende a dormir pegada al bebé. El padre tiende a alejarse lo más posible. El resultado es que con frecuencia la mitad de la cama está vacía, en la otra mitad duermen la madre y el bebé, y el padre duerme colgando de un lado, aferrado al travesaño como Spiderman.

8.- Si mamá duerme con la boca abierta, el bebé siente la imperiosa necesidad de meter la mano dentro.

9.- Los bebés hablan en sueños. MUY ALTO. Y se ríen, muy alto también.
-¿No te hace feliz que sea feliz? -le preguntaba yo a ZaraJota™ cada vez que a Bebé-chan le daba un ataque de risa en mitad de la noche.
ZaraJota™ se daba la vuelta y se tapaba la cabeza con la almohada.
-¡Pues el que calla asiente!

10.- No hay felicidad más grande que despertarse en mitad de la noche y encontrarse rodeado por papá y mamá, y nada expresa mejor la felicidad que patalear como si estuvieras poseído.







Pd: Para más información, Kamasutra del colecho. (Gracias Adrag por en enlace).

04 mayo 2013

Día de la madre 2013

Que os veo venir. 
"Que el día de la madre es mañana."
Muy bonito, contestando a una madre. 
¿A una madre le vais a decir cuando es el día de la madre?
¿Eh? ¿Eh?
El día de la madre es cuando las madres dicen. 
Que para eso somos madres. 
Y cuando seáis madres, comeréis huevos, lo que en klingon significa que se acabó y punto y como vaya para allá con la zapatilla sus vais a enterar. 





Ser madre es:


Encontrarse pegotes de diferentes fluidos humanos en el pelo, en la cara, en la ropa.

Que todos los coitus sean interruptus. 

Salir de casa con tanta prisa que te paras en mitad de la acera a revisar que te has acordado de ponerte pantalones. 

Ir a comprar los zapatos que tú necesitas y volver con los que Bebé-chan no necesita, porque mira que monos que son. 

Elegir restaurante en función de si tienen cambiador y cómo es. 

Cargar con el carro a pulso tres tramos de escaleras para coger el metro sólo para darte cuenta de que estás en el andén equivocado. Volver a subir el carro a pulso. Repetir. 

Salir de la ducha empapada y con jabón en el pelo porque te parece que quizá a lo mejor has oído algo que se parece remotamente al llanto. 

Descubrir que de pronto cuando llaman por teléfono y preguntan por "la niña" ya no eres tú. 

Empaparte cada vez que llueve porque o empujas el carrito o sujetas el paraguas, pero las dos cosas como que no. 

Cantar Susanita tiene un ratón trescientas veces al día. Cantarla con la a. Con la e. Con la i. con la o. Con la u. Cantarla con ritmo country. Cantarla en balleno. Cantarla dormida. Cantarla mientras vas sola por la calle. Planear mil formas de torturar y asesinar a la p*t* Susanita y el c*br*n del ratón. 

Convertir "ajo" en tu palabra favorita y repetirla unas mil veces al día, con diferentes entonaciones. 

Quitar un pañal sucio, que Bebé-chan  aproveche para hacerse pis, y cuando la has cambiado de arriba a abajo que vomite y haya que volver a empezar. 

Enviar mensajes de móvil en los que pone lhghfvljhcfo.

Inventarte una canción para cada función corporal, por ejemplo: 
     Estoy oyendo tus ruiditos de giñar
     Y estoy oliendo tu perfume embriagador
     Te cambiaré 
     Te cambiaré
     Porque esto ya no se puede aguantar
     
Imaginarte que "nguee" significa "mamá" y "bububu", "papá". Que, pasados unos meses, la muy traidora sólo diga "papá". Esperar con ilusión que "mamá" sea su segunda palabra, para encontrarte con que prefiere "cocó". Pasarte el día oyendo "papá, cocó" mientras te acuerdas en su madre, porque lo que es ella no se va a acordar. 

Hacer tus necesidades con la puerta del baño abierta y cantando "Hola don Pepito" para que sepa que no la has dejado sola. Repetir hasta que cuando oigas la canción sientas la inmediata necesidad de ir al baño. 

Tomarte el almuerzo frío para que Bebé-chan  se lo tome caliente. No tomarse la cena porque te duermes sobre la encimera de la cocina. No tomarte el desayuno porque la cena sigue en el microondas y no tienes fuerzas ni para sacarla de ahí.  

Pasarte la vida esterilizando biberones a sabiendas de que, cuando no miras, Bebé-chan está chupando las ruedas del carrito. 

No ser capaz de vivir sin un paquete de toallitas húmedas al alcance de la mano. Tener un paquete de toallitas abierto en cada habitación, además de uno en el cambiador, otro sobre la mesa, y otro debajo de la almohada. 

Asumir que merendar media mandarina implica fregar el suelo, cambiar la funda del sofá, una muda limpia y un concienzudo lavado de pelo. 

Acordarte del nombre del Poni Penny, la Abeja Pelleja, la Mariposa Golosa, la Libélula Crédula, la Araña Ramón, la Flor Amor, la Jirafa Rafa, el Conejo Mulder y el Conejo Scully... y cuando crees que tu memoria no da más de sí, que el bebé empiece a jugar en la bañera, y tener que añadir a la Rana Montana, la Mariquita Bonita, el Abejorro Pedorro....

Ser madre es...
Ser madre es  lo mejor que me ha pasado nunca. 





Lo siento, ZaraJota™, has bajado al tercer puesto, justo detrás del e-book.








26 abril 2013

Gran reserva. Epílogo

Cuando ya estábamos de vuelta en Madrid, Bebé-chan volvió a la guardería.
-¿Qué tal os ha ido en el pueblo?-preguntó la seño. 
-Bueno...
Si tenéis o habéis tenido un bebé ya sabéis que la rutina es el P*T* AMO. 
Los bebés encuentran consuelo y seguridad en la repetición de los hábitos de la vida diaria: comer, dormir, bañarse... todo a la misma hora, en el mismo sitio y con los mismos instrumentos.
Cuando los sacas de la rutina se ponen más nerviosos que un hámster con la jaula limpia. 
Eso no quiere decir que no se lo pasen bien durante el día: sólo que se van a poner de los nervios por la noche, que es mejor momento. 
Yujú. 
Además los bebés absorben las emociones de su alrededor. Si estás estresada, ten por seguro que tu bebé lo va a estar. Si estás relajada, coges al bebé en brazos y se queda sobado mirándote. 
En el pueblo Bebé-chan estuvo muy bien, pero si mezclamos la salida de la rutina, que hizo poco ejercicio, y el estrés de la situación... digamos que el resultado fue lo que los mejores pediatras del mundo denominan "síndrome de cagada la hemos, Luke". Bueno, en realidad, no, pero molarían mucho más si lo hicieran.  
A la vuelta Bebé-chan y yo estábamos con los nervios tiesos. 
-Bueno -le dije a la seño-, si hoy la puedes dejar descansar un poco, mejor. 
La seño le ha preparado a Bebé-chan una Programación Didáctica que ríete tú de los entrenamientos del equipo nacional de natación sincronizada: hacen psicomotricidad, pilates, juegos... de todo. Y Bebé-chan, encantada. Para mí el único problema es que cuando no va a la guarde demanda el mismo ritmo de actividad  y yo no estoy para estos trotes.
-Haré lo que pueda. 
-Verás, es que se ha pasado los cuatro días casi sin poder jugar, y el ambiente no ha sido el más adecuado...
-Mujer, no pasa nada. Los niños se acostumbran a todo.
-Tú no conoces a mi familia: nadie se acostumbra a eso nunca, cómo mucho aprendes a sobrevivir como George en la Jungla. Y este viaje no ha sido de placer, teníamos que arreglar cosas. Cosas desagradables. Y Bebé-chan ha estado ahí, en medio de todo...
-Vaya, lo siento.
-La verdad es que ha sido todo un poco traumático.
-¿Para ella o para ti?
-¡NECESITO UN ABRACITOOOO!

22 abril 2013

Día del libro 2013

Cuando estaba embarazada de cinco meses se me inundó la casa y me puse a mover muebles como una loca para evitar que se mojaran. En medio del frenesí cartero del Titanic me apañé para hacerme mucha pupa en una rodilla.
Mucha, mucha, mucha.
El médico me dijo que, al estar embarazada, no podía recetarme nada más que reposo absoluto.
Y por supuesto, no le hice ni torta caso.
Cuando estaba más o menos de siete meses el obstetra me dijo que Bebé-chan tenía un nosequé en el nosecuántos, y que o me relajaba yo o me relajaban los señores de la bata blanca en el hospital.
Para entonces pesaba unos trescientos kilos, Madrid estaba pasando la tercera o la cuarta ola de calor, y no me quedó más remedio que empezar a pasar al menos una parte del día tirada en la cama.
Más o menos por entonces mi madre me regaló el libro Cómo no ser una drama mamá.
El regalo iba con retintín, como sólo una madre puede hacerlo.
El mensaje explícito del regalo, como ella misma dijo, era:
- Para que veas que todas las madres acabamos haciendo lo mismo.
El mensaje implícito era:
"Ahora que vas a ser madre comprenderás lo que he tenido que pasar".
Y llevaba corolario:
"Si crees que vas a ser mejor madre que yo, vas de culo".
¡LLevaba incluso puntilla!:
"Te voy a estar vigilando. Puede que tarde meses. Puede que tarde años. Pero al final cometerás un error y todo el mundo sabrá que YO TENÍA RAZÓN".
Razón así, en general, como concepto. No os vayáis a creer que era por nada en concreto.
Las madres somos así. Queremos que nos den la razón incluso cuando no hemos dicho nada.
Total, que como no tenía nada mejor que hacer me empecé el libro sin mucho convencimiento. Me gustó tanto que me lo leí en dos tardes... y habría tardado menos si no fuera porque a veces me reía tanto que se me caía, y al menos una vez ZaraJota™ me lo confiscó.
-Esto no puede ser bueno- me dijo-. ¡Que la niña va a salirnos centrifugada!
La cuestión es que, a pesar de las risas, no se me sentí nada identificada. Mi madre no dice cosas como esas (por suerte). Peeeeero dice otras cosas.
Y siempre me he reído de ella por decirlas.
Y siempre me juré que no las diría.
Y ahora que soy madre, adivinad qué: las digo.
Peor aún: empecé a decirlas antes de ser madre, prácticamente desde el primer día de convivencia con ZaraJota™, probablemente porque no hay nada más maternal que doblarle los calzoncillos a otra persona.

Pues eso. Que como hoy es el día del libro, voy a hacer un homenaje al libro que más me ha hecho reír en e último año recopilando las cosas que dice mi madre y que para mi desgracia estoy repitiendo.

Aquí huele a cachorrito.
Cuando éramos pequeños y llegaba la hora del baño, mi madre asomaba a nuestra habitación y decía:
-Venga, al baño, que aquí huele a cachorrito.
En algún momento de la adolescencia la frase evolucionó a:
-A bañarse ya, ¿eh? Que aquí huele a choto.
Todavía sigo sin saber
a) qué es un choto
b) cuándo ha tenido mi madre la oportunidad de oler uno
c) por qué no puede decir, simplemente, "a bañarse ya" y tiene que añadir el comentario zoológico.
"Bebé-chan huele a cachorrito" fue una de las primeras cosas de mi madre que empecé a repetir.
Cuando empezó a comer sólidos la frase evolucionó a "aquí huele a mierda que echa de espaldas".

¿Esto es limpio o sucio?
Tú estás en tu habitación tan feliz. Tu madre entra y no te alteras: crees que está todo en estado de revista.
Pues te equivocas.
Porque las madres tienen una supervista y un superolfato y unas superganas de tenerlo todo escamondao.
Mi madre era capaz de detectar un calcetín debajo de una cómoda. Lo sacaba, lo cogía con la punta de los dedos y estiraba el brazo, como si fuera tóxico, y decía:
-¿Esto es limpio o sucio? Porque como lo tienes aquí tirado, echo un gurruño, vete tú a saber. Que es que yo no sé para qué plancho, si luego lo metes en el armario de cualquier manera.
Porque mi madre plancha los calcetines. Y los trapos de cocina. Y las bragas. Los tangas no, a ver si os pensáis que está loca.
Yo nunca he usado esa frase con Bebé-chan, porque es muy pequeña y total, no me iba a contestar.
Con ZaraJota™ sí que la uso, más o menos un día de cada dos. Es que es un poco desordenado, el chaval.


¿A una madre?
Esta es una frase comodín para cuando hacemos/decimos algo que no le gusta.
-¿A una madre le vas a contestar?
-¿A una madre le vas a decir tonta?
-¿A una madre le vas a dar una patada?
Con el tiempo la frase quedó reducida.
-¿A un madre? -decía, simplemente.
Mi versión es
-¿A mamá se le muerde? -pregunto. Bebé-chan sigue mordiéndome-. Lo tomaré como un sí.


¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar?
Ni se te ocurra dejar una croqueta.
Hacer el favor de comeros eso ahora mismo. 
Los restos mortales.  
Si tienes cinco personas a comer y haces comida como para cincuenta, sorprendente pero cierto, suele ocurrir que sobre comida.
Si además, en vez de hacer plato único, haces un poco de cocido, un poco de ensalada, un poco de embutido, un poco de empanadillas, lo normal es que sobre un poco de todo.
Eso a mi madre le sienta fatal.
La pelea suele empezar en la mesa, cuando ve el panorama desolador.
-¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar? -me pregunta. No tengo ni idea de por qué me pregunta a mí, si a mí no me gustan las croquetas y si alguna vez me como alguna es por educación-. Ni se te ocurra dejarme una croqueta, que luego tengo la nevera de restitos, un platito de esto, un platito de aquello... todo lleno de restos mortales que no sirven para nada. Ahora mismo te comes esa croqueta, hombre.
Cuando me fui a vivir con ZaraJota™ tuve una brillante idea: si el domingo cocinaba el doble de cantidad, ya tenía la comida del lunes apañada. Me equivoqué. Lo único que conseguía es que sobrara una mierdicroqueta.


Un día de estos revientas. 
Esta frase es de mi abuela y la incluyo porque es el caso opuesto a la anterior.
A mi abuelo le gustaba comer. A lo grande. Podía comerse tres platos de cocido con una barra de pan mojada en sopas, y luego no necesitaba ni siesta ni nada. Lo que sí necesitaba era rematar la comida con una manzana.
-¿Una manzana te vas a comer ahora?-preguntaba/gritaba mi abuela.
-Sí mujer.
-¿Es que no has comido bastante?
-¿Qué pasa, no me puedo comer una manzana?
-Por mí, haz lo que quieras, pero que sepas que un día de estos revientas. Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
Mi abuela remataba el discurso cogiendo la manzana, lanzándola con violencia sobre el frutero, agarrando el frutero y llevándoselo a la cocina sin parar de rezongar.
En cuanto la abuela salía del comedor, el abuelo, que había aguantado el chaparrón sin inmutarse, se giraba hacia mí, que siempre me sentaba a su lado.
-Niña, ve a la cocina y tráeme una manzana, pero que no te vea tu abuela, ¿eh? Y si te ve dile que es para ti.
Esto se repetía en cada comida familiar, para regocijo generalizado, porque si bien todos estábamos de acuerdo en que el abuelo comía demasiado, no acabábamos de entender que la abuela le dejara comerse tres platos de cocido sin rechistar y montara el número por una mísera manzana.
Con los años he también he creado mi propia versión:
ZaraJota™ llega a casa del trabajo con cara de lástima.
-Tengo gusita -dice.
-¿Te hago algo para merendar?
-No, no, ya me hago algo yo.
Entonces se corta una triste y miserable rodaja de fuet.
-¿Esa mierdimerienda te vas a hacer?
-Sí...
- Pues ten cuidado, no vayas a reventar... Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
A estas alturas ZaraJota™ todavía se está preguntando qué tendrá que ver el fuet con el inserso.

Te voy a cambiar por dos de quince
Esta frase es de mi padre.
Cuando mi madre tenía treinta, si mi padre se enfurruñaba con ella le decía:
-¡Te voy a cambiar por dos de quince!
Con los años, mi padre ha ido actualizando la frase, hasta llegar a:
-¡Te voy a cambiar por dos de veinticinco!
A lo que mi madre contesta:
-¡Si hombre! ¿Tú, con dos de veinticinco? Pues anda que nos son largas las de veinticinco de hoy en día. Te iban a dar más vueltas que a un tonto.
-Uy, uy, tienes razón, que yo con mi rodilla chunga ya no estoy para esos trotes.
Ahora cuando Bebé-chan se hace caca, le digo.
-Te voy a cambiar... ¡por dos de tres meses!- y luego añado-. Uy, quita, quita, que pereza...

Es mi vida, flas, flas. 
Esta tiene mérito, porque no es una frase que mi madre me haya pegado a mí, sino al contrario.
Cuando todavía vivíamos todos en casa, y teníamos turnos de trabajo, clase y gimnasio diferentes, mi madre se volvía loca para programar las comidas.
-Hoy voy a hacer paella -anunciaba-. ¿Quién va a venir a comer?
Hermano Mediano y yo decíamos que sí, que no, o todo lo contrario. Hermano Pequeño no decía nada.
-Y tú, ¿qué? -preguntaba mi madre.
Hermano Pequeño suspiraba, ponía los ojos en blanco y se iba de la habitación agitando la lustrosa melenita, flas, flas.
-¿Eso es que sí o que no?- insistía mi madre.
-No sé, mamá, no sé...
-Hombre, tan difícil no será saberlo.
-¡Ya me estás controlando la vida!
-¡Si yo lo único que controlo es que el arroz no se pase!
Con el tiempo mi madre dejó de preguntarle a Hermano Pequeño y empezó a preguntarme a mí.
-¿Sabes si tu hermano viene a comer?
-Es mi vida -constestaba yo, poniendo los ojos en blanco-, flas, flas -añadía, meneando mi lustrosa melenita.
Con el tiempo mi madre interiorizó la frase de tal manera que cuando le digo a Bebé-chan, por ejemplo:
-¿Te vas a dormir o qué?
Mi madre contesta por ella:
-Es mi vida, mamá, flas, flas.


Sois todos mutontos. 
Que tontos son mis hijos.
Mis hijos es que hay que ver los tontos que son.
Estas frases son muy buenas para fomentar nuestra autoestima y además valen para todo.
Imagina que tienes lumbago y tus hijos aprovechan que estás tumbada y sin poder moverte para pintarte cosas en las piernas con rotulador indeleble.
-Sois todos mutontos.
Imagina que estás viendo Gladiator y tus hijos usan el móvil para grabarte roncando.
-Que tontos son mis hijos.
Imagina que tu hija tiene un blog y lo usa para reírse de ti:
Mandar un guasap al grupo "familia":
"Mis hijos hay que ver lo tontos que son".
Acto seguido Hermano Pequeño me manda otro guasap a mí sola:
"¿Qué has escrito ahora?".
Y así todo.
Yo nunca le digo a Bebé-chan que es mutonta, porque eso es malo para su autoestima. A quién si se lo digo es a ZaraJota™, porque total, su autoestima ya no tiene remedio.
-Tu papá es un poco tonto.
-¡No le digas eso! -protesta ZaraJota™.
-Si no se entera...
Hace unos días Bebé-chan estaba entusiasmada diciendo papá:
-Pa-pa, PA, pa... papapa, pA, pa-pa -y de pronto, añadió- TO TO -y luego lo repitió, por si no nos había quedado claro-: pa-pá to-to.
Otra que está condenada a repetir las frases de su madre.








Pd: Que sí, que sí, que el día del libro es mañana, que le he dado a publicar en vez de a guardar otra vez.
Lo que pasa es que esta vez, en lugar de borrarlo como si fuera el community manager de un político cualquiera, lo he dejado. ¡Si hasta he confesado y todo!: