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La educación privada te da un título a cambio de dinero, cuando lo que debería hacer es darte conocimientos a cambio de dinero.Dada la dificultad de los exámenes los hice todos seguidos, todos del tirón, sin leer los apuntes para nada y en un tiempo aproximado de una hora.
Acto seguido recibí un correo de mi tutor diciéndome que ya había aprobado y dónde y cuándo podría recoger mi título.
Como había hecho el curso en una hora y se suponía que era de 130 me sentí un poco culpable y decidí leerme los apuntes a pesar de todo, a ver si por casualidad aprendía algo.
Pues no. Aprender, lo que se dice aprender, no aprendí nada. Pero los apuntes me trajeron muchos recuerdos de juventud, concretamente de cuando me compré mis primeros apuntes de
Magister: faltas de ortografía y erratas de todo tipo, información incorrecta o directamente errónea, párrafos sin ningún tipo de sentido...
Esto me tocó mucho la moral.
Pero mucho mucho.
Porque veréis,
Magister tiene mucho prestigio en el mundillo. Al menos, entre lo que nunca han sido alumnos suyos.
Parte de este prestigio se debe a que la propia academia difunde el rumor de que:
a) los miembros del tribunal que examina, cuando no conoce un tema, utiliza el manual para corregir
b) los propios profesores de la academia son, en muchas ocasiones, miembros del tribunal examinador
Se supone que esto habla a favor de la academia, pero, aplicando la lógica: ,si lo
Si los miembros del tribunal no tienen ni idea de la materia
Y
los miembros del tribunal son profesores de
MagisterSE DEDUCE QUE
los profesores de
Magister no tienen ni idea de la materia
No lo digo yo, lo dice la Filosofía de 3º de BUP.
Pero no debe estar tan claro, porque con la velada amenaza de que
Magister controla los tribunales de oposición consiguen que no haya nadie que les chiste.
Eso no puede ser. Los alumnos no somos clientes de una mafia, somos clientes de una empresa a la que pagamos porque preste un servicio, y no lo está prestando correctamente. Por ello, en lugar de agachar la cabeza y hacer la pelota al tutor ante la remota posibilidad de que esté en el tribunal que nos examine, deberíamos quejarnos.
Y en consecuencia, fui a poner una reclamación.
Mala, mala idea.
Vivo a escasos 100 metros de la academia y hago todas mis gestiones por internet porque cuando voy me tratan como a ganado. Puedo estar más de media hora esperando a que me atiendan mientras las chicas charlan entre ellas, y cuando por fin me hacen caso es con desgana y sin educación.
Tuve que ir tres veces hasta conseguir que alguna de las chicas me dirigiera la palabra.
A la tercera, muy educadamente, les pedí por favor una hoja de reclamaciones.
-¿Por qué? -Porque quiero poner una reclamación.
-Espera. La chica se fue y volvió con un señor con bigote. El señor con bigote traía la (y digo la porque luego me enteré de que no tenían más) hoja de reclamaciones cogida de una esquinita, como si fuera tóxica.
-¿Eres tú la que ha pedido una hoja de reclamación?A punto estuve de decir que no, pero como no había nadie más me pareció que sería estúpido negarlo.
-Sí.
-¿Por qué?Porque quiero escribir un haiku y me he quedado sin papel, ¿usted qué cree?
-Porque quiero poner una reclamación.
-¿Por qué?Me hace ilusión. Es una apuesta. Me han dicho que si pongo una reclamación me dan una piruleta...
-Porque no estoy contenta con el curso que he hecho.
-¿No?-Está lleno de faltas de ortografía.
-Eso no es cierto.-¿Lo ha leído usted?
-Eh... Nuestro curso está hecho por grandes profesionales. Francamente, que sean obesos no aporta nada a esta conversación. No sé por qué lo sacó a relucir.
-¿Me va a dar la hoja de reclamaciones?
-Te la doy si me explicas para qué la quieres. -Para poner una reclamación.
-No tienes ningún motivo para poner una reclamación. -¡El curso es infecto!
-¿Cómo te atreves a venir a MI casa a insultarme?-No le insulto a usted, es al curso, y no es un insulto, es la cruel realidad.
-¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué hasta ahora no ha venido aquí nadie a quejarse?-No sé, ¿porque es un curso a distancia? ¿Me va a dar la reclamación o no?
-Te la doy, si quieres te la doy, pero no puedes ponerla. ¡Hasta ahora nunca nos han puesto ninguna!-Pues mira que me extraña. ¿Me va a dar la hoja de reclamaciones o no?
-¡Está bien! ¡Te devuelvo el dinero del curso!-No quiero dinero. Quiero la hoja de reclamaciones.
Esto, para mí, no era una cuestión de dinero. Era una cuestión de moral, de que quedara constancia de que esta gente no está haciendo bien su trabajo, y que no formo parte de la masa que se resigna y permite que el sistema se perpetue.
Entonces se giró a las chicas.
-¿Estáis oyendo? ¡Le estoy ofreciendo devolverle el dinero! ¡Y no lo quiere! ¡Sois todos testigos! ¡Le ofrezco dinero en lugar de la hoja de reclamaciones y no lo quiere! ¡Que quede claro que tengo testigos!-Muy bien, ya tiene usted cuatro testigos de que ha intentado sobornarme. Ahora, ¿me puede dar la hoja de reclamaciones?
-Te la doy, si quieres te la doy, pero no puedes ponerla. ¡Hasta ahora nunca nos han puesto ninguna!Me da la impresión de que no estamos avanzando.
Como sé que no os gusta esperar para saber el final, os lo cuento ya y me ahorro unos cuantos twits.
No conseguí que me diera la hoja de reclamaciones, y, como se puso muy violento, me fui sin conseguir rellenarla.
Una vez en la calle me di cuenta: ¡se había salido con la suya!
Volví, y con muchísima dificultad y después de llamar a la policía conseguí que me diera la hoja. La rellené, se la entregué, se retiró a su despacho y me la devolvió con un añadido: "se le ofrece el dinero y no lo quiere".
Estupendo, señor, ahora también ha dejado constancia por escrito.
Continuará...