31 julio 2017

La cocina del infierno, parte 7

Previously in Lorz...
No tengo edaaaaaaad
No tengo edaaaaaaaaaaaaad...

Bueno, pues después de dejar a los niños en sus respectivas instituciones me volví a casa a esperar al electricista, que por lo general trabaja solo, pero se vino con un par de colegas para que le ayudaran a mover cosas y eso porque debió pensar que si tenía que contar conmigo lo llevaba claro.
Yo les dije que tenía que trabajar, que es lo mismo que le digo a Nena-chan cuando me voy a actualizar el blog y el día que descubra que en realidad me vengo a aquí a blogger a hacer el chorra ya verás el trauma, y me escondí en la habitación con el ordenador.
-¡Pero avisadme cuando vayáis a cortar la luz para que guarde antes!
-Claro, claro.
Pues adivinad qué.
Después de que me cortaran la luz un par de veces dejándome con el documento sin guardar empecé a medio pegar la oreja, y en una de estas se ponen a hablar de que la instalación está hecha una mierda (sorpresón) que van a tardar más de lo que esperaban, que ni de coña terminan antes de comer y que mira las horas que son.
Y va el jefe y les dice:
-¿Qué hacemos? ¿Nos vamos a comer y volvemos después hasta que acabemos o seguimos del tirón y comemos después?
-Es que... -dijo uno de los señores- es el último día de guardería de mi niña y quería ir a buscarla yo.
Y me dio como mucha cosita, porque ir a recoger a los niños del colegio es como lo mejor que hay en el mundo mundial, porque te miran como si te quisieran y se alegraran de verte, y además me parecía supertierno que fuera un papá, porque por lo general a la salida del cole ves a más mamás y además las hormonas de la teta me están volviéndo loca, ¿vale? Que hay que decirlo todo.
-Bueno, pues no te preocupes, que ya me ocupo yo.
Estuvieron trabajando un rato más y a las tres o así fui convocada a su presencia y me encontré la cocina hecha un caos, cables colgando, enchufes sin poner... Pesadilla en la cocina. Pero de verdad.

(Testimonio gráfico)

-Señora, lo vamos a dejar aquí por hoy.
-Pero esto está sin terminar... -digo yo, que soy muy de recalcar lo evidente.
-Ya, pero es que verá, me faltan piezas, no tengo herramientas, es mejor que venga otro día... No le importa, ¿verdad?
Y ahora con qué cara le digo yo que sí.

Continuará...


24 julio 2017

La cocina del infierno, parte 6

Previously in Lorz…
Que sí, que el niño es de bajo peso.


Estaba deseando que Bebé-kun dejara de cantar y se durmiera, y ya se sabe que hay que tener cuidado con lo que se desea: Bebé-kun dejó de cantar porque se puso a mil (aproximadamente) de fiebre, y la fiebre le debió dar sed, y no mamá el suero no me apetece pero un poco de tetita…
Diooooooooooooooos que calooooooooooooooor…
En fin. Seré breve.
Bueno, no. 
Al día siguiente, en realidad no era el día siguiente sino un par de horas más tarde, me sentía un poco así como cansada y no fui a trabajar, y ahora que me doy cuenta habría sido mejor ir, porque en el trabajo por lo general no me paso ocho horas dando teta de pie mientras canto “Five Little monkeys”.
Por lo general. Que yo por un módico precio hago lo que sea.
Pero bueno, no había muchas opciones, porque Bebé-kun no puede permitirse el lujo de estar un día sin comer, y ese día lo único que podía comer era teta, y eso me hacía algo así como necesaria en casa.
Es que solo le gusta directa de la ubre, que ya sé que me vais a venir todos con que me la saque (la leche) y tal.
Bueno, se me está yendo la mano con los preliminares. Porque realmente la obra propiamente dicha no empezó hasta el día siguiente, que además coincidió con que era el primer día sin cole de nenachan.
Bieeeeeeeeeeeeeen…
Bueno, no os preocupéis, porque el ayuntamiento de Madrid ofrece campamentos de verano.
Solo que no conseguimos plaza.
Pero no pasa nada porque encontramos una ludoteca estupenda.
Solo que entonces anunciaron el cierre de la línea 5 y ya no nos cuadraba.
Y luego encontramos otra.
El único problema de todo esto es que hemos hecho un esfuerzo gigante para que durante el curso escolar los niños no estén más de siete horas institucionalizados, y justo ahora que llegan las vacaciones van a estarlo nueve.
Hola, ¿es el Premio a los Peores Padres de la Historia? Pónganme en lista de espera, por favor.
Y eso significa que tenemos que salir de casa a las 7:30 de la mañana.
Subiendo puestos en la lista de espera…
Y era el primer día.
Y teníamos toda la cocina desmontada.
Y yo estaba muy, muy cansada.
Así que Nena-chan se hizo el desayuno más o menos sola (leche fría y Nesquik rosa), mientras que a Bebé-kun le di un yogur de chupar para que se lo tomara en el carrito, de camino.
Ya sé que soy lo peor, no hace falta que venta el tío de los terrones de azúcar a hacerme una foto.
Y se lo tomó. Y pidió más.
-Jajaja, menos mal que he traído otro… Toma.
-SLURP. YATÁ. ERO MÁS.
-Ay, pues ya no tengo más.
-ERO MÁS.
-No hay, lechoncillo.
-ERO COMÉ. ERO BOBÚ. ERO OTO. COMÉ.
-Es que no tengo más yogur.
-TÍ. BOBÚ. COMÉ. ÑAAAAAAM. BOBÚ.
Genial, mi hijo no tiene dos años y ya cree que soy idiota.
-Ya sé que quieres comer, es que no tengo más yogur.
-¡¡¡BUAAAAAA!!! ¡¡¡ERO COMÉ!!! ¡¡¡ERO COMÉ!!!
Dejé a Nena-chan en su ludoteca (“Hola, me llamo Nena-chan, tengo cuatro años, voy a cole de MAYORES pero hoy no porque son VACASIONES y vengo a la DUDOTECA, este es mi hermanito, se llama Bebé-kun, no tiene dos años porque todavía no es su CUMPLEÑAÑOS, está llorando porque tiene mucha HAMBRE porque mi mamá no le da de SISIYUNAR. Es que es un poco TONTA, jijiji, qué GRECIA”) y salí corriendo a toda velocidad, con el objetivo de parar en un bar, el que fuera, a darle algo de desayunar a Bebé-kun.
Bueno, quizá me precipité un poco con “el que fuera”.
Para empezar el camarero estaba fumando en la puerta, que ya me tenía que haber echado para atrás, pero Bebé-kun estaba gritando mucho y cuando Bebé-kun grita yo ni pienso ni nada.
El camarero me miró mal pero entró, llevando consigo una nube de humo de tabaco tóxico, y me puso el vaso de leche más diminuto de la historia, junto con un vaso de agua del mismo calibre, y un croasán tan duro que tenía miedo de que se me cayera encima del niño y le abriera una brecha.
Bebé-kun se negó a comerse aquello porque es pequeño pero no es imbécil, y rápidamente recurrió al plan T.
-¿TETA-TETITA?
-Ay, no, aquí no.
-ERO COMÉ. ETO NO. TETA-TETITA.
-Ay…
Me saqué la teta y fue como magia: de pronto yo tenía más público que la tele. El camarero no me quitaba ojo. Intenté concentrarme en mirar para abajo pero era uno de esos bares en los que a cada mesa le asignan una mosca, y la nuestra estaba dándolo todo, ahora me poso en tu brazo, ahora en tu teta, ahora en la cara de Bebé-kun, y yo estaba ahí con las teta al viento y agitando los brazos, que parecía una estríper con epilepsia. 
Entonces el camarero, que se ve que ya no podía aguantar más, se acercó a nuestra mesa.
-Pero a ver, ¿este niño cuántos años tiene?
-UBO -respondió Bebé-kun con un dedillo levantado. Es que hemos estado practicando para epatar a las viej...ancianas del autobús.
 -¿Y no es muy mayor para teta?
Bueno, teniendo en cuenta que usted no le quita ojo, yo diría que la teta no tiene edad.



Continuará…

17 julio 2017

La cocina del infierno, parte 5

Previously in Lorz…
Bebé-kun ya pesa más de nueve kilos, y lo demás no importa.


A Bebé-kun le dieron jarabe, esperamos media hora a ver si su cuerpo lo echaba o qué, su cuerpo o qué, y le autorizaron a beber suero, a razón de 3 ml cada cinco minutos.
La primera dosis no le hizo mucha gracia porque ya está muy resabiao y desconfía de los señores de bata blanca que pretenden meterle cosas en orificios.
La segunda la rechupeteó bien a gusto.
La tercera le supo a poco.
-ERO MÁS.
-No puede ser, lechoncillo.
-¡ERO MÁS!
-Hay que esperarse, ¿vale?
-¡ERO MÁS! ¡ERO ESO! ¡MÁS! ¡MAMÁ! ¡ERO ESO MÁS ERO ESO! ¡MÁS!
Me fui a una enfermera y le pregunté si podía darle más. Vaya, que estábamos a 40 ºC y esa tarde el niño había potado hasta la última gota de agua de su organismo.
-Un poquito, pero muy poco, que es un bajo peso.
Precisamente porque es de bajo peso, cuando me dice que quiere tomarse algo voluntariamente y sin recibir presión externa me cuesta mucho negarme, oigausted, pero bueno, yo soy mucho de hacer lo que los señores y señoras de la bata blanca me digan.
-ERO MÁS.
-Ya te he dado un poco más, y ahora hay que esperar un poco.
-ERO ESO MÁS.
Entonces llegó el pediatra.
-¿Cómo está ese niño?
-ERO MÁS.
-Bueno, si lo pide dale todo el suero que quiera, pero despacito que es un bajo peso.
A la mierda el suero: traedme tequila y cada vez que digáis “bajo peso” me tomo un trago yo.
El nene se bebió medio vaso y luego pidió más y entonces el pediatra dijo que estaba perfectamente recuperado y que nos podíamos ir a casa, pero que lo observáramos bien porque, bueno, nunca adivinaríais qué: es un bajo peso.
Mientras tanto al niño le había dado un subidón que no podía con él, e iba por la calle cantando que la vida es un carnaval (“NANANÁ, NANA NA NANANÁ, JEI, JEI”) a voz en grito. Viendo las cosas desde el lado positivo, para mucha gente empezaba a ser hora de levantarse, así que mira qué bien, despertador que se ahorran. 
Cuando llegué a casa, de madrugada, empujando el carrito, tuve la suerte de que me abriera un vecino.
-Espera, que te abro la puerta. ¿Te ayudo a subir el carrito por las escaleras?
-Gracias, puedo yo sola: es que es de bajo peso, ¿sabe?
-¿El niño o el carrito?

Uy, pues ahora que lo dice, voy a tener que preguntárselo al  pediatra la próxima vez. 


Continuará...

10 julio 2017

La cocina del infierno, parte 4

Previously in Lorz…
Si tengo que sentarme a esperar yo me siento sin problemas, que no se diga.




Pues salí de casa con un Bebé-kun en modo aspersor así como a las diez de la noche, y según salí a la calle me asaltó una señora.
-¿Tiene un minuto para que le hable de Dios?
-¡No!
-Seré muy breve… -miró a Bebé-kun. Bebé-kun vomitó en plan niña del exorcista- ¡QUE DIOS LE BENDIGA, ADIÓS!
Pues sí que ha sido breve, sí.
Como suele ocurrir, cuando llegamos al hospital Bebé-kun se había quedado frito.
En la garita de seguridad de la puerta nos dieron el alto.
-Señora, ¿dónde va?
-A urgencias.
-¿Sabe dónde es?
-Eres nuevo, ¿verdad?
Pues claro que sé dónde está urgencias, si han puesto una placa en mi honor y todo: “Gracias a Lorz por generar empleo en este hospital”.
Pues nada, llegué a urgencias y como siempre, “hola, Lorz, ¿a qué vienes hoy? No, no me des la tarjeta sanitaria que ya me sé el número de memoria, no te preocupes, tú ve pasando que ya sabes dónde es. Creo que el asiento que te gusta está libre”. Y lo mismo en triaje, “anda, Lorz, que hace por lo menos un mes que no te vemos, ¿todo bien? Bueno, pasa a la consulta que más te guste, que tú esto del triaje lo tienes superado”.
Total, que pasamos y lo primero fue pesar a Bebé-kun, que por cierto ya pesa nueve kilos y un poco, y le empecé a hacer fiestas en plan “qué bien, gordito, ya pesas como un niño de nueve meses, o como tu hermana con seis, enhorabuena, campeón, se nota que comes fenomenal, ven que te doy un achuchón”, mientras la pediatra nos miraba con el ceño fruncido.
-Este niño está bajo de peso.
-Ya, ha tenido dificultades.  
-Sí, lo he visto en su expediente.
Que es como la enciclopedia británica, no sé si me explico. Pesa más el expediente que el niño.
-¡Pero ya pesa nueve kilazos! ¡Se me está poniendo gordo!
Si fuera un hámster, por ejemplo, estaría gordísimo.
-¿Cuántas veces ha vomitado?
-Pues la verdad es que ni idea, pero hemos cambiado el agua de la fregona unas tres veces, y luego dos veces las sábanas de mi cama, la funda del sofá, las cortinas…
-Gracias por compartir conmigo semejante imagen.
-… una alfombra, un par de toallas [gracias Tama], la alfombrilla del baño… Prácticamente todo menos su cuna, que es lo único a lo que no se acerca jamás.
-Vale, pues vamos a darle un jarabe y a dejarlo en observación.
-¿Y no lo pueden observar así por encima y nos vamos a casa? Vaya, que es pequeño, no hay mucho que ver.
-Es mejor que se quede porque es un bajo peso.  
-Pues es la primera vez que me lo dicen, oiga.
-Ya te he dicho que me he leído el historial.
Para que luego digan que leer es bueno. 


Continuará...

03 julio 2017

La cocina del infierno, parte 3

Previously in Lorz…
Sin wifi no se puede vivir. 


Había todavía una cosa más. Para que el electricista, el fontanero y todos los demás pudieran hacer su trabajo, teníamos que despejar toda la pared del salón a la que normalmente llamamos “cocina”.
Que no es que sea mucho, la verdad sea dicha.
Pero cuando salí del trabajo descubrí que había refrescado un poco y se podía andar por la calle sin morir, así que se me olvidó del todo que tenía que ir a casa rápido para despejar la cocina y me entretuve haciendo recados, y en vez de llegar a casa a las cinco y media llegué raspando las siete.
-Mierdaaaaaaaa –dije cuando llegué a casa y vi todos los muebles y cosas en el mismo sitio de siempre.
-Ya -dijo ZaraJota.
-BLUUUUAAAAAAAARP –dijo Bebé-kun. Y a partir de ese momento ya no paró de potar, o, para usar la sofisticada expresión de Nena-chan, “gomitar”.
Nena-chan siempre ha sido de “gomitar” (aunque cuando lo hace ella lo llama elegantemente “escupir”) y está más que acostumbrada, pero el pobre Bebé-kun nunca ha comido lo suficiente para echar nada, y estaba bastante pasmado con que le salieran cosas de la boca, y cada vez que echaba salía corriendo en la dirección opuesta, esparciendo… amor a su paso.
Me puse a despejar la cocina mientras ZaraJota iniciaba un ciclo de niño vomita, corre, lo limpio, vomita, corre. Os ahorraré los detalles: lo único que se salvó de la lluvia de fluidos corporales fue la cocina, ysolo porque como yo la estaba moviendo era más difícil acertar.
Debían ser como las diez de la noche o así cuando terminé con el realojo de todos nuestros artefactos de cocina, y la limpieza de la superficie correspondiente. Entonces volví a prestarle atención a ZaraJota.
-Bebé-kun no para de devolver. Estoy esperando a que pare para limpiar… ya sabes, TODO.
Me asomé a la habitación para ver cómo estaba aquello, pero no hizo falta porque solo con el olor ya me lo podía imaginar.
-Me lo llevo a urgencias -le dije.
 -Puedo ir yo. Total, si allí lo único que hacernos es esperar sentados.
-¡PIDO YO! ¡PIDO YO! ¡PIDO YO!



Continuará...

26 junio 2017

La cocina de infierno, parte 2

Previously in Lorz
Pues no, no se podía hacer en una tarde.

A nosotros perder un día más de vacaciones en una tontada más se nos hacía un poco cuesta arriba, para qué nos vamos a engañar. Que entre las pupeces de los niños, los días sin cole, los festivales, las emergencias y demás rara vez podemos usar las vacaciones para, bueno, irnos de vacaciones.
Pero bueno, como este año hemos estado en Eurodisney llegamos a la conclusión de que con eso ya vamos surtidos de diversión para todo el año, y decidimos sacrificar todavía dos días más a la causa.
-Me los cojo yo -le dije a ZaraJota-, y así plancho.
Que ZaraJota me deja las camisas que es para verlas.
-Lorz -me dijo ZaraJota-, no quiero reventar tu burbujita de felicidad, pero me temo que el electricista tendrá que cortar la luz.
-Bueno, a mí no me molesta, anda que no entra luz por la ventana.
-¿Y dónde piensas enchufar la plancha?
-Uy. Bueno, pues aprovecho y actualizo el blog.
-Mira, Lorz, yo sé que te cuesta mucho entender estas cosas que son como magia y tal, pero el ordenador también funciona con electricidad.
-¡Finciini cin ilictricidid! ¡Finciini cin ilictricidid! Ya lo sé. Lo dejo cargando toda la noche y ya está.
-Pero Lorz, tú sabes que no vas a tener internet, ¿verdad?
-Anda ya. ¿Por qué?
-Pues porque sin electricidad no va el módem.
-No pasa nada: para eso tenemos wi-fi, ¿no?
ZaraJota suspiró. Se pone melancólico, a veces. 
-La wi-fi sale del módem.
Jo.

El mundo está lleno de sutilezas que escapan a mi comprensión. 


Continuará...

23 junio 2017

La cocina del infierno, parte 1

Me van a arreglar la cocina. 
Vale, es mentira. 
Para empezar no es "me" porque con lo que sale de esa cocina comemos todos, pero bueno. 
Y luego, no me pueden arreglar la cocina porque no tengo cocina, lo que tengo son cuatro muebles sueltos de ikea (uno de ellos con una vitrocerámica encastrada) pegados a una pared del salón (sí, la vitro está enchufada directamente un enchufe normal de la pared). 
Seguramente estáis pensando que ningún ser humano puede sobrevivir en semejantes condiciones de vida, y así es. Pero es que yo no soy humana: soy de pueblo.
He visto cosas que no creeríais. 
He visto gente bebiendo agua de pozo. 
El agua de mi pueblo es prácticamente cal, y eso lo mata todo. 
He visto pavos decapitados correr por el patio. 
He visto salamanquesas del tamaño de mi brazo.
Bueno, debía tener unos cuatro años o así entonces, tampoco es que mi brazo fuera TAN grande. 
Y he visto vuestros pisos compartidos en Malasaña, así que no me vayáis de finos ahora. 
A lo que iba. 
Estábamos pensando en vender el piso y mudarnos a uno más grande y al final hemos pensado que mejor esperamos a que nos llegue uno de esos famosos "INVERSOR CHINO COMPRA PISOS POR LA ZONA" que según los papelitos de las farolas están por todas partes, y nos suelte la millonada por el nuestro. Mientras aparece, vamos a arreglar la cocina porque Nena-chan está empeñada en ir a Masterchef y me da a mí que con una cocina como la nuestra lo más lejos que va a llegar es a PincheChef, que no sé si existe pero habría que inventarlo, en plan un concurso donde se cortaran verduras en juliana, se fregaran ollas y se limpiara el pescado, por ejemplo. 
Total, que fuimos a encargar la cocina, pero no a ikea, sino a una tienda del barrio porque hay que apoyar al pequeño comercio y además estoy engordando y no me conviene comer perritos, aunque mi teoría es que los perritos de ikea no engordan, porque no contienen ningún ingrediente que el sistema digestivo humano esté preparado para digerir. 
Ahora me apetecen perritos calientes por vuestra culpa. 
El pequeño comercio nos dijo que muy bien todo, pero que eso de enchufar la vitro en el mismo enchufe de sobremesa que usamos para cargar los móviles como que no, y mira, para mí que tiene razón, porque claro, tampoco es plan de apagar la vitro cada vez que queramos cargar el móvil, que luego se me quedan duros los garbanzos. 
Así que como paso previo a que nos pongan la cocina, y digo "cocina" en plan "los muebles de la cocina", tenemos que tener una "cocina", en plan un espacio físico con enchufes, tomas de agua y demás tonterías modernas que se ponen ahora, no como antes que se encendía fuego en mitad del salón y a tomar viento todo. 
Lo que significa que hay que poner varios puntos de luz, mover varios otros, desmontar el termo (también tenemos el termo en el salón, es que somos una familia muy unida) y volverlo a instalar un par de metros más allá. 
-Y todo eso... ¿se puede hacer en una tarde? -preguntó ZaraJota, al que a veces le dan prontos como de optimista de la vida. 
Al electricista le entró la risa. 
Jo. 

Supongo que ahora nunca sabremos si se puede hacer en una tarde o no. 


Continuará...

18 junio 2017

Incisito.

Güeno.
El otro día estuve en un sitio con gente haciendo cosas, ahí, concretando, y hablando de sexo o, mejor dicho, de su escasez cuando tienes niños pequeños en casa y no voy a repetir lo que allí se dijo porque después me trajeron en coche y ahora saben dónde vivo y no es plan de que vengan a partirme las piernas, pero quiero dejar claro que le he estado dando vueltas al tema desde entonces porque, no nos vamos a engañar: jugamos menos al parchís que antes. Pero vaya, tampoco hemos dejado de practicar del todo; no lo llevamos tan mal.
Me preocupan más otras cosas.

Y hoy tenía ya algo a medio escribir y pensaba rematarlo y subirlo y plin y resulta que no puedo porque tengo eso ahí atravesado y me lo tengo que quitar de encima.

Así que ahí va, y me van a perdonar ustedes por esto. O no. 

Te quiero, ZaraJota.
Que no se te olvide, aunque a veces a mí me cueste recordar que estás ahí.
Perdóname si paso días enteros sin mirarte a la cara, semanas enteras en las que solo hablo contigo para decirte que te acuerdes de poner la lavadora o que no encuentro el uniforme de los niños.
No me lo tengas en cuenta si a veces vas a tocarme y me aparto. A veces estoy tan cansada, me duele todo tanto.
Sé que no te hago caso. Sé que no me río como antes. Sé que a veces asiento y no tengo ni idea de lo que me acabas de decir, porque simplemente ahora las voces de otros suenan más alto (a veces, literalmente más alto), que la tuya.

Me digo a mí misma que no tenemos tiempo, pero eso no es exactamente cierto, ¿verdad? Estoy escribiendo justo ahora, sin que nadie me moleste.
Tenemos tiempo. No lo tenemos a la vez. 
Nuestros ciclos han cambiado, y no siempre van al mismo ritmo.
Por eso quería recordarte que te quiero, y por escrito porque, ¿cuándo voy a encontrar el momento de decírtelo a la cara?
Y además, ya ves, quiero que se entere todo el mundo. Por si a ti se te olvida y yo no te lo puedo recordar, que no falte quien te lo diga cuando haga falta.


Pd. Una última cosa:








Esto va a ser del calor. 

10 junio 2017

Las alas

La semana pasada tuve una idea genial:

ZaraJota se quedaría en casa planchando, y yo me iría a la Feria del Libro con los niños.
Un  fin de semana.
En transporte público.
A 30 ºC.
¿He dicho ya que iba con los niños?
Todo fue bien al principio. ¿Sabéis por qué? Por que si algo va mal al principio lo normal es que desistas y no pueda ir a peor. Si todo va bien, en cambio, te confías, y cuando menos te lo esperas ¡ZASCA!
Como decía, las cosas fueron bien al principio. Así, aproximadamente, hasta que nos bajamos del autobús delante del Jardín Botánico y empezamos a subir La Cuesta.
Bueno, en realidad cuando digo "empezamos" me refiero solo a mí, que iba empujando el carrito con Bebé-kun sentado encima y Nena-chan a remolque.
Me sentía como Sísifo con su piedra, con la diferencia de que la piedra al menos no lloraba.
-¡Estoy cansaaaaaadaaaaaaa!*
*El cansancio se evaporó mágicamente cuando llegamos a los columpios.  
-Ya... casi... llegamos...
-¡No puedo más!*
*Ese mismo día estuvimos en el parque hasta las diez de la noche, y porque la sacamos a rastras de allí. 
-Ya... casi... llegamos...
-¿Cuánto faltaaaa?
-Poco... mira, ¿quieres que juguemos al mapa del tesoro?
-No.
-Claro que sí. Ahora tenemos que andar recto hasta que veamos una estatua de un ángel.
-No veo ninguna estuatua.
-Pues seguimos andando hasta que la veas.
-Es que no la veo.
-Pues. Seguimos. Andando.
-No. La. Veo.
-Mira bien.
-Estoy mirando.
-¡Si está justo delante nuestra!
-Es que eso no es un ángel, es un señor con alas.
Bien pensado; solo porque tenga alas no deberíamos visibilizarlo como ángel, porque al hacerlo le ponemos etiquetas y condicionamos su desarrollo personal, obligándole a ser un ángel cuando lo mismo lo que el hombre quiere es ser un centollo, por ejemplo.
Pero vaya, que tampoco me puedo quejar porque al menos en esa parte del trayecto Bebé-kun iba en el carrito y estaba más o menos controlado.
Las cosas se empezaron a poner muy feas cuando llegamos al cuentacuentos y bajé al niño al suelo.
¿Sabéis la velocidad a la que se mueve un niño de casi dos años cuando lo depositas en el suelo tras dos horas en el carro?
A chorrocientos kilómetros hora.
Veamos el lado positivo: esta vez al menos Bebé-kun llevaba ropa. 
Y claro, pasó lo que tenía que pasar: se tropezó.
Todo fue a cámara lenta: miré el pantalón corto... miré las rodillas al aire... miré el suelo irregular del Paseo de Coches... me acordé de cuando me caí, casi en ese mismo punto y me rompí el culo... me lancé a por Bebé-kun en plan Benji, vaya, que tardé cuatro o cinco capítulos en alcanzarlo... calculé mal y en vez de sujetarlo le metí un bofetón que sonó ¡PLAAAAAAAAAAS! en mitad del parque... la fuerza de la toña se sumó a los 9,8 m/s2 multiplicando la velocidad de la caída... Bebé-kun impactó sonoramente contra el suelo.
-¡BUAAAAAAAAAAA!
Levanté al niño y evalué los daños: rodillas raspadas por el asfalto y una herida en la ceja por, presuntamente, impacto de alianza de hierro macizo contra cara.
Mierdaaaaaa...
Le eché un poco de agüita por encima así como para disimular, pero el agua es que tiene un problema: con la tontería esa de que es transparente no disimula nada.
Mierdaaaaaa...
Así que después de pensarlo mucho, al final tomé la decisión más madura: le hice dos agujeros a una bolsa de la feria del libro y se la puse al niño por encima para que nadie le viera la cara, lo que pasa es que la gente es muy de sospechar, y cuando veían la bolsa andando con las dos patitas asomando por debajo nos miraban raro de todas formas, así que nos volvimos para casa.
Nada más entrar en casa ZaraJota, que es muy perspicaz, se dio cuenta de que algo no iba bien.
-¿Porqué lleva el niño una bolsa por encima?
-Le he buscado un trabajo de hombre anuncio.
-Lorz..
-Es una manifestación en apoyo de las pequeñas librerías.
-Lorz...
-Vale, se ha caído.
-A ver... ¿y este corte en la cara?
-Ha sido mamá -intervino Nena-chan-. Le ha dado una gofetada.
No ha sido una gofetada, ha sido una mano con alas.


26 mayo 2017

La bombilla del baño

Después de años de leal servicio la bombilla del baño ha optado por fundirse.
A mí realmente me da igual porque hace años (4) que no me miro en el espejo de casa más que para hacerme selfies, pero a Nena-chan lo de hacer pipí a oscuras como que no le parecía lo mismo.
Que tiene 4 años. Mea más tranquila si no tiene que poner el culete en un agujero negro.
ZaraJota cambió la bombilla y por una vez no rompió el plafón y yo se lo agradezco mucho, porque estoy engordando y no me viene bien ir a Ikea a comer perritos.
Al día siguiente Nena-chan descubrió que la bombilla volvía a funcionar.
-Yo creo -me dijo muy seria- que ayer estaba rompida porque me disiste muchas veses "lávate los dieeeeentes, veeeeeenga, lávate los dieeeeentes, que nos tenemos que ir al cooooole".
Me dio mucha penita. Es que jo, desde pequeñitos los culpabilizamos y los responsabilizamos se todo. Si no haces esto, tal. Si no haces eso, cual. Al final, los pobres acaban cargando el peso del mundo sobre sus hombros.
-¿Crees que la luz se ha roto porque no me hiciste caso? -le pregunté, con la lagrimilla colgando.
-Nooo -contestó-: se ha rompido porque eres muy pesada.
Gracias, ya me siento mejor.

21 mayo 2017

La autorización

Una de las cosas que más me gustan en la vida es hacer la declaración de la renta, porque por lo general siempre me sale a devolver, salvo un año que me salió a pagar y me acordé de su fruta madre mogollón.
Pero este año lo tenía todo supercontrolado y pedí la cita superpronto y me fui a la oficina de hacienda supercontenta. 
Todo súper. 
Era una oficina de hacienda en la que no había estado nunca, y eso ya es una novedad porque lo mío con hacienda es un poco como lo mío con urgencias, o sea, frecuente. 
Yo es que soy muy de ganar dinero, declararlo y gastármelo todo en impuestos. 
Total, que entré a la oficina aquella y me quedé esperando junto al control de seguridad de la entrada a que viniera alguien o algo, pero nadie vino, y al final me asomé por el arco y vi a un señor. 
-Pase, pase -me dijo. Y pasé, pero un poco como asustada porque oye, lo mismo soy peligrosa, y estoy pasando sin que me miren el bolso ni nada, que por otra parte me alegro porque llevo medio plátano y lo mismo lo ve por el escáner y se piensa que es un consolador, y vaya, que a mí me da igual lo que piense de mí la gente, pero es que hacienda no es gente, y lo que piense hacienda de uno es superimportante, que luego pasa lo que pasa. 
El señor apuntó mi nombre en una lista. 
-Suba, suba -me dijo, y yo subí. 
Al final de la escalera había otro señor con otra lista. 
-Siéntese que yo la llamo cuando le toque. 
Y me senté. 
Estaba un poco mosca porque si hay algo que les gusta en hacienda es que pidas número. Varias veces, a ser posible. Y luego poner pantallas gigantes en las que llaman a los números aleatoriamente, en plan ahora el A123, luego el B80000, luego el A45, y, cuando crees que ya lo has visto todo, el ABA123/8000/45. Pero en vez de eso teníamos a un señor que se levantaba, gritaba un nombre y al afortunado que le tocaba le decía "pase, pase". 
"Creo que estoy haciendo la renta en 1986", tuiteé. 
En aquel momento me pareció supergracioso. 
Es que estaba teniendo un día super, ya lo que dicho antes, por favor estad atentos que si no yo no puedo. 
Cuando por fin me tocó el turno, me metí en el cubículo agraciado con el "pase, pase" y le dije al señor que lo habitaba:
-Hola, vengo a hacer la declaración. 
Y le puse delante mi dni y encima la fotocopia del dni de ZaraJota. El señor me miró muy serio. 
-Para hacer la declaración necesito la autorización de su marido. 
-Jajajaja, qué gracioso -dije, pensando, estúpidamente, que el señor había leído mi tuit. 
-No es broma. 
-Jajaja, claro, jajaja, autorización de mi marido... 
-Eh... sí. 
-Jajaja, pero usted sabe que Franco ha muerto, ¿verdad? Jajajaja, y que las mujeres tenemos derecho a voto y todo. Jajaja... ¡con lo que me gusta a mí el topless!
El señor estaba cada vez más serio. 
-Señora, entienda usted que necesito la autorización de su marido. 
-Pues no lo entiendo -admito que empezaba a estar un poco acojonada porque oye, primero el Brexit y luego Trump y además me acabo de leer 'El cuento de la criada" y es que ya me lo creo todo, pero lo que más me preocupaba era que lo mismo durante el ratito que me había atocinado en el metro había viajado en el tiempo.  
Saqué el móvil del bolso y le eché un vistazo a la cobertura. 100%. O el 4G iba genial en los 70, o seguía en 2017. O en 2015, por lo menos. 
-Hace siete años que estoy casada, y nunca me ha hecho falta la autorización de mi marido para nada -insistí, tan indignada con el heteropatriarcado falocéntrico opresor recaudatorio que se me olvidó que ZaraJota no me deja usar el microondas, las cerillas o cualquier instrumento afilado sin su autorización previa. Y nunca me la da.  
-Señora -insistió el señor con paciencia infinita-; entienda usted que no puede hacer la declaración de su marido si él no lo autoriza. 
-Ah... -uy uy uy uy uy-. Es que... Eh... yo solo quería hacer la mía. 
-¿Y por qué me da el dni de su marido? 
Por que soy superidiota, oiga usted. 






Pd: Qué vergüenza. Me pongo colorada solo con acordarme. "Franco ha muerto". No sé como no me lanzó la grapadora a la cara...

16 mayo 2017

Día Internacional de la Lavadora 2017

Lavadora, lavadora
eres mi mejor amiga.
Me lavas los uniformes
y les despegas las migas.

Te tragas el edredón
cuando la niña vomita,
resucitas esos bodys
hasta arriba de caquita.

Y cuando llega el invierno
y todo el mundo se abriga
también eres secadora:
todo seco enseguidita.

Lavadora, lavadora
eres mi mejor amiga,
ojalá dures mil años,
que el Gran A'Tuin te bendiga.




M**rd*, odio la app de blogger para móvil. El Día Internacional de la Lavadora no es hasta mañana.
Bueno, qué más da ya.

12 mayo 2017

Eurodisney, parte 5 (lo del culo)

Previously in Lorz...

Mierdaseca me llaman.
Es una expresión que usan en mi pueblo. Ni idea de lo que significa, pero me gusta porque tiene un aire como de haiku.


A ZaraJota le gusta mucho la peli de Aladdin, verbigracia, y total, como estábamos en Eurodisney y Nena-chan ya se había montado en todo lo montable y vimos que había un Meet Aladdin and Friends y pensamos pues venga, vamos.
Luego llegamos allí y resultó que el que estaba era Jafar, que ni es Aladdin ni es Friends, pero mola mucho también, y además había muy poca cola, y nos quedamos.
Lo que pasa es que cuando estaba a punto de tocarnos, el asistente de Jafar nos dijo que iban a hacer un descanso para tomar el té, que perdonadme que os diga que el té será muy de Arabia y lo que tú quieras, pero para un malo queda un poco como de blandurrio, no sé si me explico.
-Jafar volverá en cinco minutos -dijo el asistente. Y pensamos pues venga, esperamos. Y esperamos. Y esperamos. Y esperamos. Más de cinco minutos y más de diez y más de quince y si os digo la verdad yo me había ido, pero teníamos detrás a un grupito de preadolescentes que no paraban de empujarnos, intentar colarse, gritar palabrotas y arrancar plantas, y, francamente, irnos era un poco como ceder ante el chantaje terrorista.
En fin.
Llevábamos como una hora o así cuando volvió el asistente y nos dijo que Jafar se había tenido que quedar peleando con Aladdin, y que no sabían cuándo iba a volver.
-Vaya, que al tío del disfraz le ha dao un chungo -dijo una de las madres de los adolescentes, que llevaban todo el rato ahí, pero no habían podido controlar a sus retoños porque estaban muy ocupadas poniendo verde a otra mamá de su grupo que en ese momento no estaba presente.
-Pues que me traigan el disfraz, que para una mierda de foto lo mismo da.
Ahí ya no pude más y les lancé una mirada furibunda, porque vaya, los adolescentes son adolescentes y no lo pueden evitar los pobres, pero cuando ya tienes una edad se supone que eres capaz de comportarte en público, sobre todo si hay niños delante, en concreto los míos, que no creen que Jafar sea un tío disfrazado sino... bueno, Jafar.
El asistente las ignoró por completo y se fue derecho a Nena-chan.
-Jafar no puede venir -le dijo.
-Pero es que yo quería verlo -pucherito.
-Bueno, ¿qué te parece si en vez de esperar a Jafar te vas a tomar un helado?
Y le dio un cheque regalo de 25 euros.
Nos quedamos mirando aquello con cara de pasmo mientras las señoras de los adolescentes recordaban de pronto que a ellas les hacía muchísima ilusión hacerse una foto con el auténtico Jafar y saltaban sobre el asistente (y su chequera) en plan Walking Dead.
-Darle un cheque a un niño para que no llore -le dije a ZaraJota-: esto es lo más estadounidense que me ha pasado jamás.
Pues nada, que ese día estábamos a 5 ºC y en vez canjear el cheque por helados lo canjeamos por una figurita de acción.
Vale, no, era una muñeca de Frozen. Pero una monísima.
Bien, pues al día siguiente sí que hacía calor y nos animamos a tomarnos el helado.
O, más bien, ZaraJota y yo nos animamos a tomarnos el helado, porque Nena-chan decidió tropezar con absolutamente nada, flotar grácilmente durante unos segundos y caer en toda su longitud, desparramando el helado intacto por las aceras impolutas de Main Street.
-¡¡¡BUAAAAAAAAA!!!
De pronto se materializó a nuestro lado un señor con uniforme de Eurodisney.
-¿Te has hecho daño, bonita?
-¡¡¡BUAAAAAAAAA!!!
-Se te ha caído el helado, pobrecita... Espera, que te doy un cheque para que te den otro.
ZaraJota y yo rechazamos el cheque.
Teníamos nuestros motivos.
Por ejemplo, que somos rematadamente idiotas.
Pero de camino al hotel ZaraJota iba aún más callado de lo habitual.
-Lorz -me dijo al final-, si alguna vez volvemos a Eurodisney... ¿te importaría mucho si empujo a Nena-chan cada vez que nos crucemos con algún empleado?
-Pues a 25 euros el empujón, probablemente no.





Fin





30 abril 2017

Eurodisney, parte 4


Previously in Lorz...
En el aeropuerto ya para las vacaciones de agosto.

Si no tenéis niños pequeños es probable que no sepáis que para los viajes se recomienda llevar 6 pañales por cada niño y día porque el pañal se debe cambiar cada 3-4 horas, tanto si está sucio como si no.
Siguiendo esta lógica, y teniendo en cuenta que a Bebé-kun le cuesta hacer caca, para nuestro primer día en Eurodisney puse cuatro pañales en la mochila, y uno en el culete del niño.
5 pañales para 12 horas.
ZaraJota y Nena-chan se fueron a montarse en cosas (#cosas) y Bebé-kun y yo nos quedamos paseando por Fantasyland, hasta que Bebé-kun descubrió los bancos.
Los bancos de Fantasyland tienen una altura estupenda para ser un niño de 19 meses al que le gusta Subirse y Bajarse de Sitios Una y Otra Vez.
Se subía.
-¡BIEEEEEN! -se aplaudía un poco a sí mismo.
Se bajaba.
-¡BIEEEEEN! -se aplaudía un poco a sí mismo.
Se volvía a subir...
Bueno, lo vais pillando.
Cuando vi que el nene lo tenía todo controlado me senté en un ladito del banco y me relajé.
Ay. Me dije. Qué bonito es esto. Y qué relajante. Y qué limpio está todo, no se ve ni un papel en el suelo. Y... bueno... la verdad es que para lo limpio que está huele un poco como a caca. A caca recién hecha, además. Calentita.
-Bebé-kun, ¿te has hecho caca?
-TÍ. ¡BIEEEEEN!
Nos fuimos al baño y le cambié el pañal. Para cuando salimos ya casi era su hora de comer y Bebé-kun estaba entrando en masa crítica, así que hice una cosa de la que avergüenzo ligeramente.
-Hoy nos vamos a tomar el tarrito a temperatura ambiente, ¿vale?
-¡VALE! ¡BIEEEEEN! -y se aplaudió un poquito, para animarse un poco, digo yo, aunque realmente no era para tanto, vaya, que era puré de calabacín y estábamos a 30 °C; además el aceite de palma conserva el calor estupendamente.
El mejunje aquel le sentó muy bien, tanto que se sentó al sol y se relajó. Mucho. Hasta rebosar el pañal o así.
Me lo llevé al baño y le cambié el pañal, con tan mala suerte que se me cayó uno al lavabo y lo tuve que tirar. 
Solo nos quedaba otro pañal limpio, pero con suerte y un poco de contención igual podíamos aguantar hasta que fuéramos al hotel a dormir la siesta.
Salí del baño y me encontré a ZaraJota y Nena-chan, que venían haciendo eses después de montarse en Dumbo en innumerables ocasiones (2).
-Ay, qué bien me vienes -le dije a ZaraJota-. Coge al niño, que voy a hacer pis.
Cuando salí del baño, otra vez, ZaraJota tenía esa expresión de "acabo de hacer algo responsable" que he aprendido a temer.
-Le he cambiado el pañal al niño.
La espalda me hizo esa cosa que dice Stephen King que le pasa a la gente que tiene mucho miedo.
-¿Se había hecho caca?
-No, es que he pensado que ya llevaba mucho rato con ese.
-¡NOOOOOOOOOO!
-Por cierto, no quedan pañales.
Lloré un poco, pero en bajito, por miedo a que Walt Disney en persona viniera a devolverme la felicidad.
Y luego, me rehice.
A ver.
Son las tres y tenemos que ir a comer o perderemos la reserva.
Bebé-kun solo tiene el pañal que lleva puesto.
Por otra parte hoy ha hecho mucha caca.
Sin duda podemos aguantar hasta después de comer con el pañal que le acabamos de poner, ¿verdad?
Y así nos fuimos a comer con toda mi familia al Auberge du Cendrillon, que para el que no lo sepa es el restaurante donde están todas las princesas, y pasan a saludarte mientras comes, y es muy bonito todo y la gente llora, pero yo no porque tengo dignidad, o la tenía hasta que se nos acercó Blancanieves y Nena-chan la abrazó y a tomar viento la dignidad porque me eché a llorar porque la niña ha tenido etapa Frozen y etapa Rapunzel y etapa Trolls, pero la primera y a la que siempre volvemos es a Blancanieves.

(Aunque por supuesto cuando Blancanieves le preguntó cuál era su princesa favorita, Nena-chan contestó "no lo sabo" y me entraron ganas de lanzarle un zapato)

Acababa de irse Blancanieves y estábamos todos los adultos mirando al techo para hacer como que no llorábamos cuando mi madre dijo:
-Qué bonito es todo, desde luego, cuidan cada detalle. Lo que no me explico es lo mal que huele de vez en cuando.
-Pues yo no he notado nada -dije, y de pronto me llegó un aroma familiar.
Le di a ZaraJota una patada para llamar su atención y luego le dije telepáticamente: "Tenemos un problema".
”¿Has vuelto a tragarte el tenedor por accidente?"
"Dos problemas. Tu hijo se ha hecho caca"
"¿ESE OLOR SALE DE BEBÉ-KUN?"
"¡No grites! Disimula. A ver si aguantamos hasta que hayamos comido"
"¿Con esta peste?"
"Me lo voy a quedar en brazos para que no lo esparza, a ver si nadie se da cuenta"
Y lo cogí en brazos. Pero entonces mi madre dijo:
-Ay, Bebé-kun, así no dejas comer a mamá. Anda, ven conmigo...
No llevaba ni tres segundos con el niño en brazos cuando empezó a olisquearlo.
-Lorz -me dijo-, ¡este niño huele muy mal!
Desde luego es que hay que ver cómo somos: diez minutos con la realeza y ya le empezamos a arrugar la nariz a los pobres.

Continuará...

23 abril 2017

Eurodisney, parte 3

Previously in Lorz...
Eh jodío de ehplicar.

Voy a decir una cosa que me va a traer muchos problemas, pero no puedo ocultaros la verdad ni un minuto más:

soy la más normal de mi familia.

Ya está. Ya lo he dicho.

Mi familia tiene puñetitas de todos los modelos, pero la puñetita más general y compartida es la manía de la puntualidad.
Bueno, puntualidad. 
Ser puntual es llegar a la hora que toca.
Para mi familia ser puntual es llegar un cuarto de hora antes, media hora antes para ir con un poco de margen. De hecho, si vas una hora antes, mejor, que siempre te puede surgir cualquier imprevisto.
Cuando estamos por separado todavía somos capaces de disimular la tarita, pero cuando estamos juntos nos retroalimentamos y alcanzamos dimensiones épicas.
Por suerte, casi nunca estamos todos juntos.
Pero claro...


FLASHBACK...

-Todos, Lorz. Nos vamos a Eurodisney TODOS.

FLASHFORWARD...

La neurosis colectiva empezó varias semanas antes de la hora prevista de embarque, pero os voy ahorrar los detalles para que no tengáis pruebas contra nosotros el día que decidan internarnos en un centro especial. 
El vuelo salía a las 8:45 de la fruta mañana de un fruto sábado, y calculé que con salir de casa a las 6:00 era más que suficiente. Vaya, que el aeropuerto está a escasos 20 minutos de casa, y a esas horas ni hay tráfico ni nada, pero bueno, mi idea era llegar, pasar el control, y sentarme a dar tetica tranquilamente frente a la puerta de embarque.
Pero la víspera mi familia alcanzó el punto crítico.
Antes de nada, un poco de contexto.
Me había levando a las 6:00, había llevado a los niños al colegio y me había ido a trabajar. Llevaba toda la tarde intentando encajar el equipaje de cuatro personas (peor: de tres personas y un bebé) en una única maleta (spoiler: no lo conseguí), planchando cositas de última hora, intentando recordar si llevaba todo lo que necesitaba o no. Eran las nueve de la noche, no habíamos cenado, y los niños estaban que se subían por las paredes.
Y entonces mi madre llamó por teléfono.
-Filla -me dijo-, que llevo ya un rato sentada en el sofá con el abrigo puesto.
-¿Vas a montar una granja de pollos?
-No, es para irme ya al aeropuerto.
Jo. Me gustan los pollos.
-¿YA?
-Sí, es que tu hermano dice que deberíamos estar allí a las 6. Y claro, para estar allí a las 6 hay que salir de casa por lo menos a las 4, y para salir a las 4 yo tengo que levantarme por lo menos a la 1, y he pensado que mira, que ni me acuesto.
-Vale, ¿por qué llevas el abrigo puesto?
Que estamos a treinta grados, por el amor de dios.
-Porque he mirado la previsión del tiempo para los próximo diez días, y el martes va a refrescar.
-Claro. Bueno, rebobinemos un poco: ¿que mi hermano ha dicho QUÉ?
Hermano Mediano ha estado en Finlandia, Islandia, Japón y China, en esta última varias veces. Cualquiera diría que a estas alturas ya se habría acostumbrado a todo el tema de los horarios y los aeropuertos.
Sí, cualquiera lo diría.
Pero yo no.
-Que tenemos que estar allí por los menos dos horas antes del vuelo, y como el vuelo sale a las 8...
-¡El vuelo sale a las 8:45!
-Pero la hora de embarque es a las 8:15, así que tenemos que estar allí como mínimo a las 6 y claro, ¡es que es prácticamente hora de salir ya!
Lo primero que pensé es que mi madre se había vuelto loca de pronto. Luego me lo replanteé y me dije que bueno, igual tan de pronto no era.
Pero no se trataba de eso. A mí me daba pánico pensar que iba a pasar tres horas en el aeropuerto, con todo cerrado, nada que hacer, dos niños pequeños, mis padres, mis hermanos y ZaraJota drogado (esa historia para otro día...). Tenía que encontrar la forma de poner un poco de sensatez pero claro, la sensatez no es mi fuerte.
Por eso recurrí a una autoridad superior.
-Pero vamos a ver... ¿padre qué opina de todo esto?
-¿Tu padre? ¡Hace una semana que salió para el aeropuerto!

Estamos apañados.

continuará...

17 abril 2017

Eurodisney, parte 2

Previously in Lorz...
Cuando ahorremoh un poquillo-o-o.


La verdad es que mis padres no habían ahorrao un poquillo, como demuestra el hecho de que nos íbamos ocho personas, cuatro días, a pensión completa, a uno de los mejores hoteles, y que después no nos han dejado pagar ni un café.
Para ser justos, mi madre me dejó pagarle un café. 
1,35 €. 
Ahora que lo pienso, también quiso un croasán para acompañar. 
Otro 1,95 €
Es que mi madre siempre ha sido muy de abusar. 
Mi padre solo puso una condición.
-A mí darme de comer bien.
-Bueno, con el paquete que has contratado tenemos acceso a muy buenos restaurantes; la única pega es que hay que reservar con mucha antelación.
-Pues ocúpate tú, que entiendes de estas cosas.
Me quedé un poco perpleja. ¿De qué cosas? ¿De comer? ¿De restaurantes? ¿De reservar?
Pero bueno, ya que nos íbamos a Eurodisney totalmente por la cara tampoco me iba a negar a hacer unas llamadas.
El teléfono de reservas de Eurodisney te da la opción de atenderte en varios idiomas, entre ellos el castellano.
-Qué bien -pensé, pulsando la opción "castellano".
-Bon jour.
-La p*t*.
-Ah, ¿espagnol?
-Oui. Sí. Yo qué sé.
-Si pguefiegue le puedoo atendeg en espaniol.
-Sí, por favor. Quiero hacer una reserva para el restaurante de las princesas... eh... ¿le Auberge du Cendrillon?
-Oui. ¿Cuantas pegsonas?
-Seis adultos, una niña, un bebé.
-Ocho pegsonas. Paga senag está todo completo-o. Paga comeg tenemos hueco-o a las 11:30. Nada má-ás.
-¡Si queda más de un mes!
-Son muy populague-es, las pguinsesa-as. Espegue-e, tenemos otgo-o hueco a las 15:30.
Estimado dios, si existes, que le pase algo bueno a la familia que decidió anular su reserva en ese preciso momento. Gracias.
-¡Ese! ¡Me lo quedo! Es un poco tag... tarde pero me da igual.
-Es una hora muy espaniola para comeg, jijiji...
-Y queremos una tarta de cumpleaños.
-Pegfecto, ¿qué eda-ad tiene el niño-o?
-Um... sesenta.
-¡Pegfecto-o! Nos gustan los niño-os de todas las edade-es!

Me quedé tan contenta con mi reserva, pero pasados unos días volví a llamar.
No es porque tenga toc y haya llamado unas sesenta veces a confirmar que todo esté correcto, ¿eh?
Es que tardé un poco en cuadrar el planning.
Y además tengo toc.
Pero esta vez la llamada fue un poco diferente.
-Buenoh díah, soy Hosé Cal·los.
Hace poco he leído un libro que decía que el catalán es el único idioma europeo que utiliza la l geminada. Falso: el gaditano la usa continuamente.
-Eh... hola... ¿es el teléfono de reservas de Eurodisney?
-Claro, mujeh.
-Eh... Quiero hacer una reserva para Chez Rémy.
-¿Cuántoh soih?
-Seis adultos, una niña, un bebé.
-A mí dime los culoh que tengo que sentar.
-Eh... -yo no sabía que en Eurodisney se podía tener culo-, um... ocho.
-Ocho. Ehtoy viendo que tieneh una reserva pal Auberch du Sendrillón, con tarta de cumpleañoh.
-Sí.
Miarma.
-Pueh te cuento: aquí tieneh apuntao que quiereh la tarta de fresa y nata.
-Sí.
Albergaba la esperanza de que la nata fuera en realidad chantilly. Por las risas.
-Eh que ahora tenemos también la tarta del veintisinco aniversario.
-Ah, genial. Y ¿cómo es?
-Pueh la verdad, eh mu jodío de ehplicar.
Parece la tarta ideal para mi familia, sí.

continuará...



La jodía tarta. 

12 abril 2017

Eurodisney, parte 1

1992, antigua carretera nacional IV, en algún punto entre Sevilla y Córdoba. 
-Niñoh, ¿oh ha guhtado la Ehpo? -dijo mi padre, mirándonos de reojo mientras conducía.
-¡Sííííííííií!
-¿Dónde quereih que vayamoh la prósima veh?
-¡A URODIHNI!
-Bueno, eso-o-o cuando ahorremoh un poquillo-o-o.


2016, Madrid, en algún punto de Carabanchel. 
-El año que viene cumplo 60 -me dijo mi padre.
-¡GUAU!
-Impresiona, ¿eh?
-No, es que han abierto una tienda de galletas para perros, y quiero ver si doy el pego y me puedo comprar una. ¡GUAU, GUAU!
-... claro... Bueno, que estoy pensando en hacer algo especial. Pero "especial" de verdad, no especial como tú.
-Pues para los 60 no sé qué harás, pero para los 65 podíamos ir todos a Eurodisney.
Que 60 es una cifra muy redondita y muy mona y muy tal, pero el verdadero hito es cumplir 65, jubilarse (ja, ja) y a vivir la vida.
-Bueno -dijo mi padre-, eso-o-o cuando ahorremoh un poquillo-o-o.
O sea: que no.


2017, Madrid, en el mismo punto de Carabanchel que antes. Exactamente el mismo punto. Es que en mi familia somos un poco especiales con el tema de los asientos para comer y tal. 
-No hagáis planes para semana santa -dijo mi padre-, que nos vamos a Eurodisney.
Se me escapó la fanta por la nariz de la impresión.
-Mira -le dijo-, solo porque madre y tú os vayáis a Eurodisney no voy a quedarme yo sin salir, por mucho que vuestro gato sea idiota y le dé miedo quedarse solo en casa.
-Todos, Lorz. Nos vamos a Eurodisney TODOS.
Me quedé sin palabras. Y creedme, eso no pasa a menudo.
-No sé qué te sorprende tanto, Lorz, si fue idea tuya.
-¡Yo dije a los 65! ¡Que ahora me paso el día con la teta al viento y en Eurodisney hace mucho frío!
Coñoyá.
-¡Pero es que hemoh ahorrao un poquillo-o-o AHORA!
Así visto, ahora es un momento estupendo.


continuará...





23 marzo 2017

La dichosa merienda

Dos trabajos.
Dos niños.
Dos horas de transporte público diarias.
Pero lo que REALMENTE me impide actualizar con más frecuencia es que a pesar de tener mis dos cuentas de gmail perfectamente instaladas, hay días en que Google no reconoce la de lorzagirl@gmail.com y no hay manera de acceder al blog.


Estoy harta de las meriendas del colegio.
Ya está, ya lo he dicho.
Hay veces en las que pienso que nos quedan diez años de colegio con sus correspondientes meriendas y me entra una congojo existencial muy gordo.
Técnicamente, la culpa no es de la merienda.
Es decir, la merienda no tiene la culpa de que mi despertador suene a las 6:30, pero Bebé-kun se aferre a la teta hasta las 7:30, y luego tenga que hacer el desayuno, la merienda y mi tupper a toda prisa, con el niño todavía colgando del pecho y la niña negándose a colaborar.
Y desde luego, la merienda no tiene culpa de que después de todo el esfuerzo, Nena-chan no se la coma.
Y eso que lo he probado todo.
Incluido un aproximado millón de veces que he abierto la nevera en el último momento, he visto que no quedaba nada de fruta, y le he metido en la mochila un zumo (sí, con azúcar) y cuatro galletas (sí, con azúcar).
Ni el otro millón de veces aproximado que, en las mismas circunstancias, le he metido una gelatina de esas de chupar. 
Solo soy humana, y además no consigo que me funcione el giratiempos. 
Primero le compré unos tupper monísimos (de Frozen) y no se comía la merienda.
-Es que la mamá de Amiga-chan le pone la merienda en una bolsa de PLÁSTICO.
-¡Pero tu tupper mola más que una bolsa de plástico!
-¡Es que le pone una pinza ROSA! ¡Y le escribe COSAS!
Después de dirigirle mentalmente un par de apelativos a la madre de Amiga-chan, renuncié a los tuppers de Frozen. Pero Nena-chan seguía sin comerse la merienda.
-Es que el plátano estaba asqueroso ASQUEROSO -me dijo un día. Viendo el aspecto del plátano, tenía toda la pinta de que "alguien" se hubiera sentado encima.
-Es que la manzana me picaba en la boca -probablemente porque después de pasar ocho horas a una temperatura de 22 ºC en una bolsa de plástico había macerado hasta alcanzar estatus de sidra.
-Es que no queriba pera -eso es de vez en cuando, que tiene un día sincero.
Entonces empecé a ser creativa.
Le cortaba los sandwiches con un cortapastas de figuras.
Le ponía tomatitos cherry con queso picado.
Le hacía dibujos con rotulados en el plátano.
Por cierto, mala idea. Con el calor despinta. 
Le hacía bocaditos de galleta integral y queso de untar.
Y, el gran golpe maestro: volví a meterle la merienda en un tupper cuyo principal atractivo era... ¡pertenecer a su hermano!
Vivir para ver. 
Cada vez que introducía en el menú algo nuevo funcionaba un par de veces (no consecutivas) y luego volvíamos a las andadas.
-Nena-chan, no te has comido los tomatitos...
-Es que SIEMPRE me pones tomatitos y mis amigas disen que eso no puede ser.
Primero: una vez por semana no es siempre.
Segundo: nos espera una adolescencia terrible.
A la mañana siguiente le pregunté directamente qué quería merendar, porque total, toda resistencia es fútil.
-No lo sé.
-A ver, ¿qué te gusta?
-Lo que tú no me prepares.
-Sí, ya me voy dando cuenta.
Nena-chan se lo pensó un poco.
-Un día mi amiga trajió unos sereales con leche DENTRO. Yo QUIERO.
-Pero entonces te los habré preparado yo y ya nos los querrás, ¿no?*
-...
-Tengo una idea: como estoy casi segura de que la otra niña le pide a su mamá lo mismo que te hago yo a ti, vamos a seguir como hasta ahora y lo compartís.
-¡NOOOOOO! Yo quiero lo mío para mí. Pero que sea lo de ella.
Creo que a partir de ahora voy a optar por el robo organizado de meriendas.






*Efectivamente, cuando le compré los cereales no los quiso.








07 marzo 2017

Más caca. Lo siento. Es que los niños son en parte catalanes.

Hace unos días nos fuimos al pediatra porque hacía mucho que no íbamos Bebé-kun tenía fiebre y el pediatra lo miró por todos lados y nos dijo:
-Este niño está con gripe.
-Ay, pobre, la gripe ahora...
-No, no, ahora no. La semana pasada, está acabando ya. ¿No habéis notado nada?
Y ZaraJota y yo nos miramos en plan somos lo peor, pero yo qué quieres que le haga si el niño no ha tenido ni fiebre ni tos ni un triste moco hasta hoy.
-¿Y no ha tenido diarrea? Este año la gripe viene con diarrea.
Pues podía venir con un cromo de regalo, francamente te lo digo, que tendría más éxito y la gente lo llevaría mejor.
-Pues no.
-Bueno, se habrá librado. Pues nada, está estupendo, vente un día de estos que le ponemos la vacuna de los 18 meses.
Y eso hice. Un par de días más tarde cogí al chiquillo y le dije a ZaraJota que me iba a que lo vacunaran.
-No me llevo ni el bolso de los arreitos, es un momento y estaremos aquí a lado.
Bebé-kun tiene tendencia al estreñimiento, que es una caca (obsérvese el brillante juego de palabras) pero tiene la ventaja de que puedes salir de paseo alegremente con un paquete de toallitas y un pañal acartonado que lleva en mi bolso ni se sabe el tiempo, porque total, ya sabemos que caca, lo que se dice caca, no va a hacer.
Íbamos de camino a la consulta de la enfermera cuando nos cruzamos con el pediatra, y claro, Bebé-kun lo vio y tuvo como un flashback.

"Este año la gripe viene con diarrea... ea... ea..."

Y me dijo:
-Oh-oh.
Y sonó "PPPPPRRRRROPOPOPOPÓ".

Y entonces LO OLÍ.

Me gustaría poder decir que Bebé-kun se había hecho caca, pero aquello no era una caca: era una m**rd* con todas sus letras.
Y en qué cantidades.
Le rebosó por encima del pañal y empapó, líquida y calentita, el body y la camiseta.
Menos mal que le había quitado el abrigo.
Le rebosó por debajo del pañal y chorreó pantalón abajo.
Y luego empapó los calcetines. Y llenó los zapatos. Y empezó a rebosar los zapatos.
Ay.
Llamé a ZaraJota.
-¿Puedes venir al ambulatorio con una muda para Bebé-kun y tres botes de ambientador?
-Acabo de meter a Nena-chan en la bañera.
-¿Eso es que sí o que no?
-Dame quince minutos.
-¿ESO ES QUE SÍ O QUE NO?
Bebé-kun, felizmente aliviado de su angustia interior, correteaba por el ambulatorio dejando estela. Era como un incensario humano, solo que no olía a incienso.
(Olía a caca. Por si os habéis perdido en mi trepidante ritmo narrativo)
Cuando se sentó en el suelo se oyó "chof" y al levantarse dejó una distintiva marca de humedad.
(Un charco de caca, vaya)
No podíamos esperar quince minutos.
Me lo llevé al cambiador y lo desnudé.
Ay, ay, ay.
Tenía caca aproximadamente desde el sobaco hasta las uñas de los pies. La cabeza se había salvado. Bueno, se salvó hasta que se la tocó con la mano llena de caca.
La sudadera también estaba relativamente bien. Bueno, lo estaba hasta que Bebé-kun la pisó con el pie lleno de caca.
Ay, ay, ay...
Os voy a ahorrar los detalles.
Con mucha dificultad (y caca) limpié al niño, le puse el pañal acartonado que llevaba, lo envolví en mi camisa (agradezco a mi oficina que siempre haga tanto frío y me obligue a llevar tres camisetas interiores) y lo dejé en el carrito, junto a la puerta del cuarto cambiador. Volví a entrar y lo limpié todo lo mejor que pude.
Cuando salí, Bebé-kun se había quitado mi camisa y la había tirado al suelo. La criatura estaba en el carrito en todo su esplendor, sonriendo en topless como un pequeño Buda de percentil 3.
-¡Bebé-kun!
Le eché por encima la camisa y la volvió a tirar y al final pensé que a la m**rd* (exactamente) todo, que total, en ese ambulatorio hace siempre muchísimo calor.
Cruzamos la sala de espera, Bebé-kun saludando como en una carroza de samba y yo evitando cuidadosamente el contacto visual con los demás pacientes, y de pronto va una viej... anciana y me dice:
-Pero mujer, ¿cómo llevas al niño así? ¡Que se va a resfriar!
Debe ser la madurez, porque en vez de mandarla a la m**rd* verbalmente la mandé a la m**d* olfativamente, pasándole bien cerquita con el carro.
Me acababa de sentar delante de la consulta de la enfermera cuando salió y nos llamó.
-¡Aquí estamos! -le dije mientras se me escapaban los lagrimones de la emoción.
La enfermera nos miró a los dos. Sobre todo al chiquito.
-¿Ya le has quitado la ropa? Pues sí que tienes ganas de que lo vacune.
Es que somos unos cagaprisas.







Jajaja, me mondo yo sola.