24 mayo 2014

Gilipuertas, parte 1

Este NO es un post sobre vómito.
Por variar un poco.




Bebé-chan no quería dormir.
Era muy tarde y seguía corriendo por toda la casa mientras agitaba los bracitos y gritaba:
-¡PATATA! ¡PATATA!
Los días anteriores Bebé-chan había estado malita, y ZaraJota™ y yo habíamos dormido poquísimo. Ella también, pero luego en la guarde se echaba una siestorra y todo arreglado.
-¡PATATA! ¡PATATA!
ZaraJota™ estaba cansado. Yo estaba cansada. Y Bebé-chan... no.
-¡PATATA! ¡PATATA!
Ya había probado todos los trucos para dormir bebés que se me ocurrían, y al final pensé en recurrir a la psicología inversa.
ZaraJota™ se retiró al salón y cerró la puerta. Yo apagué la luz del dormitorio, me metí en la cama, y anuncié:
-Bebé-chan, mamá se va a dormir. Tú verás lo que haces.
Y lo que hizo fue ir a la puerta y pillarse los dedos.
Cada vez que hemos contado esta historia (somos muy pesados), invariablemente, alguien nos ha dicho:
-Pues venden unos topes para las puertas para que los niños no se pillen que...
Gracias por el consejo. Ya lo sabemos. Es más: tenemos unos topes de puerta muy bonitos. 

El problema es que esos topes de puerta sirven para que el niño no se pille los dedos CON ESE LADO DE LA PUERTA. 
Esto se hace así porque la mayoría de los accidentes con niños y puertas se producen porque el niño intenta cerrar la puerta y se olvida de que sus dedos están en medio y se los pilla. 
Por desgracia, Bebé-chan no estaba intentando cerrar la puerta, sino abrirla.
Esto es lo que creo que ocurrió: 
Bebé-chan tiró de la puerta, y la puerta no solo no se abrió sino que le dio una torta en toda la cara. Entonces pensó: tirando del lado derecho no se abre, voy a empujar el lado izquierdo. 

Bien. Para seguir con la historia voy a contar con la ayuda de un experto forense que, utilizando la tecnología más avanzada disponible en el mercado, va a ayudarme a reconstruir la escena con innovadores gráficos en 3D. De esta forma podréis entender en toda su plenitud lo que ocurrió a continuación. 

No, el dibujo no lo he hecho yo porque estaba aburrida en clase. 
Ya os he dicho que ha sido un experto forense. 
A ver si prestamos atención. 
Bien.
Bebé-chan se pilló los dedos con la puerta y gritó. 
Los niños de hoy en día es que son así: cuando algo les duele, lloran. Es como si pensaran que te importa lo que les pase. Una cosa rarísima. 
Al oír el grito, ZaraJota™ y yo fuimos corriendo a ver lo que había pasado. 
Observamos la situación y la analizamos fríamente. 
Más o menos. 
Así que allí estábamos: ZaraJota™ llorando por un lado, Bebé-chan y yo llorando por el otro, y una puerta con cuatro dedos en medio. 
Cada vez que hemos contado esta historia (ya os he dicho que somos muy pesados), invariablemente, alguien nos ha dicho:
-Si hubieras abierto la puerta habría salido. 
O, por el contrario: 
-Si hubieras cerrado la puerta habría salido. 
Bien. 
Puede ser. 
El problema era que no había forma de abrir o cerrar la puerta sin partir los dedos de Bebé-chan, que estaban atravesados de por medio. 
Y si pensáis que vosotros habríais podido, os animo a meter la mano, a ver qué pasa. Si es posible, grabadlo en vídeo.  
Nosotros lo intentamos, con mucho cuidado, pensando que en cualquier momento íbamos a oír el crack de cuatro deditos partiéndose a la vez. 
No hubo forma. 
Entonces ZaraJota™, abriendo un poquito la puerta, intentó empujar los deditos uno a uno desde su lado. 
Consiguió sacar uno. No es que sea gran cosa, pero entre perder el 80% de tus dedos y perder el 60%, me quedo con el 60%. 
-¿Qué hacemos? -le grité a ZaraJota™ a través de la puerta.
-Voy a intentar desmontar la puerta. 
Más tarde nos dimos cuenta de que era la peor idea que se nos había podido ocurrir: si ZaraJota™ hubiera conseguido desmontar la puerta, se nos habría caído encima a Bebé-chan y a mí, probablemente chafando los deditos de camino. Pero en aquel momento Bebé-chan llevaba cinco minutos atrapada y los dedos se estaban poniendo muy blancos, así que me pareció una idea estupenda. 
-Vale, vale. 
-...
-¿Qué pasa? 
-El destornillador está en TU lado. 
-Pero...sob... es que no puedo soltar a la nena. 
La nena no paraba de retorcerse y tirar para intentar sacar la mano, y tenía que sujetarla para que no se hiciera más daño.
-Vas a tener que soltarla un momento para coger el destornillador, ¿vale?
-Sob... vale, vale. Voy. 
Solté a la nena y fui a por el destornillador, sin acordarme de que ZaraJota™ lo había cambiado de sitio cuando recolocamos los muebles. 
-¡NO LO ENCUENTRO! 
-¡Sí! ¡Está ahí! ¡Está... encima del armario...
.

Nuestro armario mide 2,5 metros de alto. Yo mido 1,57. Ni dando saltitos. 
ZaraJota™! ¡NO LLEGOOOOO! 
-No pasa nada, Lorz... súbete a una silla. 
-Sí... sob... una silla... Eh... ¿dónde hay una silla?


Perfecto.

Continuará...



Pd: Aceite. La solución era echar aceite en los dedos para que resbalaran solos. Solo tardamos tres días en darnos cuenta. 

17 mayo 2014

Día internacional de la lavadora 2014

Esta es otra historia sobre vómito.
Lo siento.
Soy madre y esto es lo que hacemos.


Un año más es el día internacional de la lavadora. Creo. He dormido poco esta noche. Y la anterior. Y la anterior. Y la anterior.
Y no es por Bebé-chan, no. Bueno, no siempre. Es porque este año la primavera me ha atacado la garganta y me siendo como si tuviera un estropajo nanas metido por la mismamente susodicha.
En cambio no tengo mocos: los tiene todos Bebé-chan.
Bueno, más o menos. Porque cuando a Bebé-chan le salen mocos viene corriendo a buscarme y levanta las manitas para que la coja en brazos y yo me muero de amor y la cojo en brazos y entonces FLASH, FLASH, frota la nariz contra mi amoroso pecho y me deja una estela de mocos de lado a lado. Tengo el escote más brillante que si lo usara para criar caracoles, no digo más.
Ese es uno de los muchos motivos por lo que desde que nació Bebé-chan mi amor por la lavadora ha aumentado, no sé, digamos... exponencialmente, que es una palabra que no sé lo que significa pero la dicen mucho en las películas y siempre he querido usarla. Exponencialmente. Ahí está. Me gusta como suena. Creo que voy a incrementar su uso, así a ojo, exponencialmente.
Una amiga me contó una vez que su hijo, siendo muy pequeñito, había cogido uno de estos virus que te hacen potar como si no hubiera un mañana. El nene se empapó de... eso y fue a cambiarlo, antes de que terminara de cambiarlo se volvió a empapar, y entonces cogió al nene en brazos y se fue al armario a buscar otra muda, con tan mala suerte que cuando abrió la puerta del armario el nene volvió a potar... dentro del armario.
Os ahorraré los detalles e iré directamente al final: el nene durmió esa noche envuelto en una toalla, que era lo único que quedaba limpio.
Cuando me contaron esa historia tener hijos estaba totalmente fuera de mis planes, así que me hizo muchísima gracia. Ahora que tengo a Bebé-chan y a medida que va pasando el tiempo la historia me hace cada vez menos gracia, aunque no sabría decir exactamente por qué.
Que coño, claro que sé por qué: porque Bebé-chan todavía no ha potado dentro del armario, pero podría hacerlo cualquier día, que tiene un tino...
Un ejemplo:
15 de mayo, nueve de la noche.
Bebé-chan tenía fiebre y solo quería estar acurrucada en mis brazos.
De pronto hizo cof-cof.
-¿Qué pasa, petitona, tienes tos?
¡¡¡BLOURP!!!
Os ahorraré los detalles una vez más: no era tos.
Mirándolo por el lado positivo, he aprendido a valorar la mancha de mocos del escote.
Esa misma noche, como estaba malita, Bebé-chan se quedó a dormir en nuestra cama. Mejor dicho, se quedó a nodormir con nosotros.
Así como a las cuatro de la mañana, de pronto, hizo cof-cof.
Rápida como el viento la cogí por las orejas y la saqué de la cama justo a tiempo para que hiciera BLOURP encima mía, como está mandado.
Que calentitooo...
La dejé en el suelo, pero se resbalaba en... eso y se caía. Sí, sobre... eso. Yo quería cogerla, pero estaba cubierta de... eso y no me atrevía por si lo empeoraba. Mientras tanto, ZaraJota™ intentaba pasar por encima de... eso para ayudarnos.
Al final tomé una decisión difícil: me quité la ropa y cogí a la niña en brazos. La verdad es que me lo podía haber ahorrado, porque ya había... eso por todo el doquier que se os pueda ocurrir.Total que me quedé en pelota picá y cogí la nena, pero me sentía un poco pervertida, allí de pie en pelota picá con un bebé en brazos, así que intenté coger ropa limpia, pero no podía porque todo el suelo estaba lleno de... eso, y lo único que conseguí fue un camisón, pero no ropa interior, así que allí estaba, saltando charcos de... eso a las cuatro de la mañana sin bragas y sosteniendo un bebé en brazos.
Para cuando acabamos de limpiar, ducharnos, ponernos pijamas limpios y poner a dormir a Bebé-chan eran las cinco de la mañana. ZaraJota™ se levanta a las seis de la mañana para ir a trabajar, así que como os podéis imaginar no cabía en sí de gozo.
-Vamos a dormir un poco, ¿vale? -me dijo.
-Espera un momento, que voy a poner una lavadora.
-¿A las cinco de la mañana?
-Sí.
-¿Y eso?
Exactamente: y eso.

11 mayo 2014

Publicidad subliminal

Vamos por partes.
La primera fue Margaret Macmillan. La primera vez que la vi la llamé vieja (fue un accidente, lo juro) y la segunda ZaraJota™ le tiró una gamba (todos los detalles humillantes aquí).
El segundo fue un poeta español cuyo nombre no diré no vaya a ser que me encuentre. Me temo que me presenté en una reunión una hora tarde y con los zapatos llenos de vómito de Bebé-chan. En mi defensa diré que yo no sabía que tenía esa reunión, que Bebé-chan estaba enferma y que solo pasaba por allí para recoger un par de cosas. Pero aún así...
El tercero... creo que al tercero le hice un calvo. Fue sin querer. Lo juro.
Luego fui a una conferencia que daba un fotógrafo muy bueno, cuyo nombre tampoco voy a decir porque no es plan. Me pasé toda la conferencia haciendo fotos con el móvil, por aquí y por allí. Al final de la conferencia hubo una ronda de preguntas, y una de las cosas que le preguntaron fue qué opinaba de la fotografía digital. No recuerdo exactamente lo que contestó, solo que pensé que por mi propio bien lo mejor era que guardara el móvil y me escondiera en posición fetal debajo de la silla. Y era una silla muy pequeña, tipo plegable. Os lo digo para que entendáis lo motivada que estaba.
Después vino Philip Ball. Lo de Philip Ball fue un momento fan. Por momento fan me refiero a que me entró la risa floja y me puse colorada y fui incapaz de decir nada coherente. Fue espantoso. Y lo más espantoso fue que nadie notara nada, porque eso solo puede significar una cosa: que siempre me comporto así y ni siquiera me doy cuenta.
Ay...
No mucho después de aquello puede que le dijera a un extraordinario escritor español algo que no estoy dispuesta a repetir. Y también puede que alguna vez me haya referido a otro como "friki de Fringe" (a dios pongo por testigo que no sabía de quién era el teléfono que estaba sonando).
Y digo todo esto, aparte de para autofustigarme (que es una razón tan válida como cualquier otra) porque el lunes voy a conocer a este señor... y no sé si tenéis que desearle suerte a él o a mí.







Pd: Un día de estos me tengo que animar y contar lo que le hice a Amenábar, que como hace más de diez años ya habrá prescrito.

03 mayo 2014

Día de la madre 2014

Allá vamos, con un día de antelación, en exclusiva para los que no se han ido de puente.




Ser madre es:

Que la nena empiece a andar y que todo el mundo te diga "verás ahora la espalda" y no saber por qué. Que la nena empiece a correr y, efectivamente, verle la espalda mientras se aleja de ti a toda velocidad.



Pasarse definitivamente al colecho solo para que Bebé-chan decida que prefiere dormir en su cama.
Acostar a la nena en su cama todas las noches y recogerla del suelo todas las mañanas.

Que a pesar de tener un título en Educación Infantil (que me capacita para trabajar en guarderías)  mi opinión sobre crianza siempre valga menos que la de cualquier madre que haya leído UN libro (y ya sabéis a cuál me refiero).

Levantarse media hora antes de lo habitual y hacer el mínimo ruido posible porque como la nena se despierte no te duchas.

Hacer tus necesidades con Bebé-chan intentando meter la cabeza entre tus piernas para ver qué haces.Que, después de estudiar el proceso cuidadosamente, cada vez que haga sus necesidades en el pañal la nena vaya al baño y arranque un trozo de papel higiénico, para después desmigajarlo y esparcirlo por toda la casa.

Que la nena haga sus necesidades en el inodoro cuando está en la guardería, y que en casa pase mogollón incluso de hacerlas en el orinal.

Pasar una media hora al día sentada en el suelo esperando a que Bebé-chan haga pis en el orinal, sabiendo perfectamente que solo te lo ha pedido porque le encanta estar en pelota picá y corretear por toda la casa.

Desayunar a escondidas porque si Bebé-chan ve tu colacao le tienes que dar tus grumitos.

Negociar durante una hora porque la nena no quiere ponerse el zapato izquierdo hoy. Intentar ponerle el zapato a la fuerza y perder la batalla. Llevar a la niña a la guardería sin zapato y que la seño te diga "oye, ¿te has dado cuenta de que le falta un zapato?".

Reinterpretar las instrucciones de los potingues para que el cuidado facial diario se convierta en el cuidado facial semanal, el semanal en el mensual y el mensual en yanorecordabaquelotenía.

Maquillarse esporádicamente y en el metro, de forma que el lado izquierdo de tu cara parece ir con un segundo de retraso con respecto al derecho.

Intentar reforzar la autoestima de tu hija diciéndole "guapa, guapa" mientras la peinas. Que, con el tiempo, la niña empieza a llamar al peine "elguapa". Que, después de que tú te hayas peinado medio correctamente, la niña se empeñe en peinarte de nuevo usando el guapa y deje tu pelo como el niño de un hámster. Que te diga "guapa, guapa", seas incapaz de arreglarlo para no romperle el corazoncito y te vayas a trabajar así.

Que le digas a la nena que hay que limpiar esos mocos y que, muy obedientemente, se abrace a tu pierna y se los limpie en tu pantalón.

Ir a trabajar con un peluche en la mano.

Llevar el bolso lleno de galletitas, bollos y zumos, no siempre dentro de su envase y no siempre con su integridad intacta. Dedicar media hora al día a sacar migas de los diferentes orificios del Ipad.

Que la nena vaya a todas partes con una muñeca y que la gente asuma que le estás dando una educación machista. Renunciar a explicarles que tanto en la guardería como en casa los hombres cuidan de los bebés igual que las mujeres, y que es imposible saber si la niña imita al seño o a la seño, a papá o a mamá... y que en cualquier caso los machistas con ellos por asumir que cuidar un bebé es cosa de mujeres.

Que a la nena le encante coger la escoba y barrer, y que la gente asuma que le estás dando una educación machista. Renunciar a explicarles que todos los días, después de la cena, Bebé-chan ve barrer a su papá, mientras que nunca ve barrer a su mamá (que se asegura de que la nena no esté por medio cuando lo hace). Callarse prudentemente que, dado el estilo que tiene la nena barriendo, sin duda ha aprendido viendo a su papá...  y que en cualquier caso los machistas con ellos por asumir que limpiar en casa es cosa de mujeres.

Que a la nena le encante tocar los botones de la lavadora para ver cómo funciona y la gente asuma que le estás dando una educación machista, como si la lavadora no hubiera sido diseñada por un ingeniero y las mujeres no podamos serlo.

Que los perros te den una asco que te mueres, y empezar a acariciar los que se te acercan por la calle para que Bebé-chan no herede la manía.Ampliar el repertorio hasta acabar acariciando una cabra.




Preparar una cena curradísima para Bebé-chan y cualquier cosa para ti. Que Bebé-chan prefiera la cualquier cosa. Que el día que te pasas una hora cocinando Bebé-chan decida no cenar. Que el día que no tienes en la nevera más que pelusillas Bebé-chan pida primero, segundo y postre.

Descubrir las rabietas. Que las rabietas te descubran a ti y no tener dónde esconderte.

Entrar un día al salón y encontrarte a la nena subida en una escalera y no morirte de un infarto porque es capaz de caerse mientras agonizas.


Ver como crece el vocabulario desde una primera palabra, "más", luego dos: "papá" y "mamá", y luego otra vez una, "patata", que repite a todas horas y a voces.

Decidir que, ya que la nena se ha atascado con la patata, lo mejor es aprender lenguaje de signos, y dedicar horas a practicar con ella. Que, cuando tenéis dominados una cantidad considerable de signos (incluida la canción Twinkle, twinkle), la niña demuestre que sabe hablar si es para decir lo que le interesa:
Daddy Pig, Mummy Pig, Peppa Pig (ella dice Papapi-isss)
caca (pis, caca, pañal, orinal... todo lo que pase de cintura para abajo)
el guapa (el peine)
gua (agua)
guagua (perro)
gatum (gato; los niños de ahora es que ya nacen sabiendo latín)
loca (mamá)
mano (mano)
pesss (pez)
piesss (pies)
sapasss (los zapatos)
ta-í (está ahí, mira eso, quiero eso)
u, tesss (uno, dos y tres; el dos, aparentemente, no es necesario decirlo)

Que su nuevo vocabulario se complemente con una variedad de gestos que demuestran que la niña entiende perfectamente todo lo que dices y que tus días de hablar libremente se han acabado.

Leerle todos sus cuentos, todas las noches, varias veces. Comprar cuentos nuevos porque si tienes que leer una vez más "Sofía se está haciendo mayor, y crece un poquito cada día" te cortarás las venas.

Odiar a muerte cómo está escrito El pollo Pepe, cambiar el texto, y temer el día en que Bebé-chan aprenda a leer y descubra que la has estado engañando.

Tener libros de colorear, ceras y fragmentos de ceras por todas partes.

Ponerte a planchar un día, darte cuenta de que la ropa de Bebé-chan ya no es tan pequeña como solía ser, y que te de como penita.

Intentar pintar en la pared marcas con la altura de Bebé-chan. Que Bebé-chan se ofenda muchísimo porque has ensuciado la pared y explique a todas las visitas que no ha sido ella, ha sido mamá.

Poner pegatinas en la habitación de Bebé-chan, y que Bebé-chan las quite y las pegue en tu butaca, dejando claro el mensaje "toma, mamá, aquí tienes tus mierdas".

Que una frase tan inofensiva como "vamos a jugar con la pintura de dedos" acabe invariablemente con un "vamos a lavar la funda del sofá". Y todo lo que le rodea.



Decidir que vas a tirar la guitarra que lleva siglos acumulando polvo en el altillo, solo para la que nena la vea, la coja y empiece a tocar y cantar como si llevara toda la vida haciéndolo. Darle una segunda oportunidad a la guitarra.


Que nada esté a salvo, y las figuritas de acción, menos.


Acumular millones de diademas, lazos, cintas, pinzas y gomas para el pelo. Esperar dieciocho meses, DIECIOCHO, a que le salga el pelo. Rendirte y darle todo el equipamiento de estilismo para que juegue. Que la muy pérfida disfrute poniéndoselo todo a ZaraJota™.(Iba a poner una foto pero mi integridad ha sido amenazada).

Hacer cosas que juraste que jamás harías como:
- Limpiar un churrete con salivilla (solo ha ocurrido una vez y me perseguirá para siempre).
- Usar la palabra "churrete".

Que de pronto un día la nena entre en tu habitación, sonría de oreja a oreja, te señale y diga:
-¡TA-Í MAMAAAAA!
y morirte de amor.




Ninguna Yotsuba ha sufrido daños durante la grabación de este post. 
Todos ocurrieron antes. 







Editado en el último minuto:
En el día de la madre ayuda a una madre trabajadora: dile a Metro de Madrid lo que opinas:

¡Pon un ascensor, salva una espalda!

01 mayo 2014

Antes muerta que sencilla V y ya

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El LERDO no era el de la corona, no.

Por fin llegó el momento del entierro y abandonamos el tanatorio del pueblo B (¿o era C?) para ir a la  iglesia del pueblo A (¿o era B?). De camino, mi padre, que conducía su coche en pos del coche fúnebre, nos iba aleccionando.
-A ver si nos portamos con propiedad -decía.
A mi padre siempre le preocupa que no sepamos comportarnos: esa es la fe que tiene en la educación que nos ha dado. Bueno, eso y que nos conoce.
Pero en este caso su preocupación sobraba: en la iglesia de mi pueblo no ha debido comportarse nadie desde tiempos inmemoriales, empezando por el cura.
Valgan unos ejemplillos:
Durante un entierro (no el de mi bisabuela, otro) se olvidó del nombre del difunto, así que se acercó al primer banco y preguntó a voz en grito:
-Y este, ¿cómo se llamaba?
Antes de la boda de mi prima anunció que quería acabar pronto, que se iba a una barbacoa.
Durante un bautizo en masa le soltó a las madres de las criaturas que si iban a bautizar para luego seguir siendo unas pelandruscas que el pasaba mogollón*
*Puede que esas no fueran las palabras exactas.
Aun así mi padre seguía empeñado con la propiedad.
-A ver si nos comportamos con propiedad -repetía-. Las camisas por dentro. Esos pelos. Las gafas de sol fuera.
Y una larga serie de instrucciones que seguro que causaban furor antes del Concilio Vaticano II.
Volvió a insistir cuando nos bajamos del coche.
-Y a ver si nos comportamos con propiedad.
Después de pasarnos revista y darnos el visto bueno nos acercamos a la puerta de la iglesia.
En mi pueblo hay unos señores que son sacadores de féretros profesionales. Bueno, a decir verdad no cobran, pero le ponen tanto empeño como si lo hicieran: cada vez que hay un entierro están a la puerta de la iglesia, preparados para sacar el ataúd del coche fúnebre y llevarlo en volandas iglesia adentro antes de que al chófer le de tiempo a reaccionar.
El entierro de mi bisabuela no fue una excepción.
Antes de que el chófer hubiera terminado de abrir la portezuela los profesionales ya se habían echado encima del féretro con grave entusiasmo. Por desgracia, la familia ya había decidido que quería portear el féretro por sus propios medios. Por aquel entonces mi bisabuela tenía una hija, cinco nietas, dos nietos, tres nietos políticos, tres bisnietas y dos bisnietos (y estoy contando solo a los mayores de edad), que se lanzaron también en tropel sobre el ataúd. Los porteadores profesionales defendieron su posición y hubo un pequeño rifirrafe en el que cada uno iba dando tirones por su lado hasta que unos de los porteadores decidió intervenir.
-Pero, ¿qué pasa? ¿es que quieren llevarlo ustedes?
-¿USTED QUÉ CREE? -contestó mi madre. Así, con propiedad.
Los porteadores profesionales se replegaron y dejaron a la familia ocupar posiciones en torno al ataúd.
Estábamos entrando muy dignamente en la iglesia, gesto solemne, cajón al hombro y todo lo demás cuando nos dimos cuenta de que, como no nos había dado tiempo a lavarnos los dientes después de comer, nos habíamos metido en la boca un chicle de menta, y ahí seguía.
Hermano Mediano, Hermano Pequeño y yo nos miramos de reojo y tomamos los tres la misma decisión, rápidamente y sin titubear.
GLUP.
Nos lo tragamos.
Cuando la misa terminó y volvíamos en el coche se lo comentamos a mis padres.
-Qué mal rato hemos pasado con el chicle, ¿verdad?
-¿Qué os ha pasado? -preguntó mi madre.
-Nada, que nada más entrar en la iglesia nos hemos dado cuenta de que todavía teníamos el chicle en la boca, y nos lo hemos tenido que tragar.
-Hay que ver lo tontos que son mis hijos. ¿No había otro momento mejor para comer chicle?
-¡Padre también tenía uno!
-¿Sí? ¿Y también se lo tragó?
-No, no -se defendió mi padre-. Yo lo pegué en un banco según andaba pasillo adelante.
Con mucha propiedad, eso sí.



Fin



No me puedo creer que haya esperado ocho años para contar esta historia. ¿Estoy tonta o qué?

28 abril 2014

Antes muerta que sencilla IV

Sí, este el post que subí por error la semana parada. 
¿O quizá no?

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La mortaja es el regalo de estas navidades.

Como decía, el tanatorio tenía estas salitas con un cristal: a un lado del cristal están los vivos, tomando café malísimo en los sofás más incómodos que ha concebido el hombre, y al otro el difunto, rodeado de flores. Muchas, muchas flores: en ramo, en corona, en algo parecido a un cesto... y todas ellas con banda tipo miss España, solo que en vez de miss España ponía el nombre de los oferentes (¿esa palabra existe?).
BISNIETOS, ponía una.
-Jajaja, que nombre tan feo -dije-. Desde luego, mira que hay padres crueles...
-Lo de BISNIETOS va por vosotros.
-Ah.
TATARANIETOS, ponía otra.
-De parte de los tataranietos -me dijeron, sin que preguntara ni nada.
Es lo malo de la familia: que te conocen y ya te ven venir.
Pero había bandas que no se leían, y eso que mi familia, aplastando la nariz contra el cristal, ponía empeño.
-Esa es la del grupo -decían.
Mi bisabuela era "del grupo". Gran parte de mi familia "es del grupo". Nunca he sabido lo que significa pero, dado que ninguno sabemos tocar ningún instrumento y la mayoría cantamos de puñetera pena, la única teoría razonable que se me ocurre es que pertenezcamos al IRA.
Sí, tendríais que oír las teorías no razonables. Son lo más.
-Y esa corona es de los primos.
Lo cual es lo mismo que no decir nada, porque mi familia llama "primos" tanto a los primos hermanos como a los primos segundos, terceros o incluso gente que no tienes muy claro como clasificar.
Por ejemplo: tengo una "prima" cuyo abuelo paterno era hermano de mi abuelo y cuya abuela paterna era hermana de mi bisabuela (pero no la madre de mi abuelo, sino su suegra).
Ser de pueblo es lo que tiene.
-¿Y esa?
-No sé, ¿veis lo que pone?
-Parece que pone no sé qué RDO.
-¿LERDO? -propuse, por ayudar.
-Será IZQUIERDO.
-¿Conocemos algún Izquierdo?
-¿O a algún Lerdo? -insistí, por si acaso.
-No, no conocemos ningún Izquierdo.
-Pues pone Izquierdo.
-Que no.
-Que sí.
-Bueno, pues ya lo veremos cuando la saquen.
-Ooooo... podemos entrar ahí.
Que quede claro: la idea no fue mía. De hecho, fui la primera en oponerse.
-¡No podemos entrar ahí!
-¿Por qué? ¿Te da cosa?
-¡No es que me dé cosa, es que está mal!
-Mujer, que más dará... Además, sería solo un momentito.
-No es que vayamos a hacerlo.
-No, no.
-Pero si lo hiciéramos no pasaría nada.
-No, no.
-Es solo por ver qué poner en la cinta.
-Sí, sí.
Llegado a ese punto me fui a buscar un café. Cuando mi madre y sus hermanas entran en bucle es como oír a un dragón de cuatro cabezas interpretando una canción de Pimpinela, a grito pelao y sin escuchar a los demás.
Cuando volví casi se me cae el café del susto: a este lado del cristal la salita estaba desierta. Al otro, entre el ataúd, las coronas de flores y demás, estaba mi familia al completo.
Mi madre empezó a hacerme gestos para que me acercara, y eso hice: a los  no-muertos hay que respetarlos.
Y cuando estuve más cerca, vi que se ponía las manos en la boca para hacer de altavoz.
-¡PONE IZQUIERDO!
Estupendo: pues que vayan preparando otra porque creo que de esta me da un infarto.


Y para aquellos que ya leyeron el post cuando saltó la semana pasada, un bonus track.

Mi familia no tardó en salir.
-Jajaja, ¡la cara que has puesto!
-Me lo puedo imaginar: como si me fuera  a dar una infarto.
-¡Sí! ¿Cómo lo has sabido?
-¡PORQUE CASI ME DA UN INFARTO!
-Mi hija hay que ver lo que exagerada que es.
-Espero que al menos hayáis disfrutado la experiencia.
-Uy, no nada -dijo mi madre-. ¡Tienen el aire acondicionado puesto! ¿Te lo puedes creer? ¡Ahí dentro te mueres de frío!
Claro. Por eso los usuarios ya vienen muertos de casa.


Continuará...






24 abril 2014

Antes muerta que sencilla III

Previously in Lorz...
Si desea leer su post ahora haberlo solicitado hace quince días. Coño.

Después de recorrer cuatrocientos cincuenta y cuatro kilómetros llegamos al pueblo para descubrir que todavía teníamos que hacer unos pocos más porque:
La abuela se había muerto en un pueblo, al que llamaremos Pueblo A.
El tanatorio estaba en el Pueblo B.
Para la misa había que volver al pueblo A.
Después de la misa había que ir al crematorio del Pueblo C.
Y finalmente las cenizas debían ser depositadas en el cementerio del Pueblo A.
Un trajín; que más que un ataúd aquello parecía un comando itinerante.
Cuando llegamos al tanatorio nos encontramos a toda la familia allí, en una de esas salitas que tiene una pared de cristal para que puedas ver al muerto. Solo que no se podía ver el muerto, porque el ataúd estaba cerrado.
Menos mal.
Cuando se murió mi abuelo dejaron el ataúd abierto y lo pasamos muy mal porque le habían puesto una mortaja de raso con volantitos, que el pobre parecía un lolailo, y cada vez que lo veíamos nos daba la risa floja, y entre eso y que nos enviaron un cura de esos que.
No saben leer.
De corrido.
Y cada final.
De línea.
Hace un punto y a.
Parte.
pues teníamos un cachondeo que no era propio.
Parecía que en el entierro de la bisabuela no había peligro de choteo, pero de todas formas, como soy de lo que no hay, tuve que preguntar:
-No, no hay mortaja -me contestaron.
-¡NO ME JODAS QUE VA EN PLAN COMANDO! ¡NO ME EXTRAÑA QUE LO HAYAN CERRADO!
-¿En plan comando?
-¿Cómo?
-En pelota picá dentro del ataúd.
-No, no, la han amortajado en una sábana.
-Anda ya. ¿No tenía una mortaja?
Mi bisabuela era una persona alegre y optimista de la vida que tenía preparada su mortaja aproximadamente desde el minuto en que nació. Por si acaso. Y se lo había dicho a todo el mundo, que la tenía y dónde la guardaba. Por si acaso también.
-Sí, tenía una mortaja muy bonita pero la regaló.
Como decía, mi bisabuela era una persona alegre y optimista de la vida... y hacía unos regalos de cumpleaños muy raros.

Continuará...

21 abril 2014

Antes muerta que sencilla II

Previously in Lorz...
La muerta no era ahí.

Por entonces yo trabajaba en una de esas empresas en las que haces aproximadamente unas cincuenta horas extra al día que nadie te paga ni devuelve ni agradece pero si un día llegas tarde o faltas tienes que llevar un justificante y además te descuentan del sueldo un 10% por cada hora de ausencia.
La única forma razonable de poder faltar dos días sin tener que acabar pagando yo a la empresa era pedir esos días como vacaciones.Por eso cuando la tía nos dijo que la bisabuela esta-vez-sí-de-verdad se había muerto fui a hablar con recursos humanos.
-Hola, quiero cogerme dos días.
-Lorz, sabes perfectamente que no se pueden coger días sueltos, solo semanas completas.
-Pero si tenemos treinta días de vacaciones y solo nos podemos coger semanas completas siempre nos van a sobrar dos días que no nos podremos coger, ¿no? ¿Qué pasa con esos dos días?
-...
-Esta bien, quiero la semana completa.
-Muy bien, ¿desde cuándo?
-Desde mañana.
-Lorz, las vacaciones hay que pedirlas con quince días de antelación.
-¡Pero es que no puedo avisar con quince días de antelación! ¡Mi bisabuela se ha muerto hoy, y el entierro es mañana!
-Claaaro, y ahora me dirás que se ha muerto así, de pronto.
-Bueno, tanto como así de pronto, no. Era una señora mayor, llevaba por lo menos diez años en proceso.
-¡LO QUE YO DECÍA!
-Pero...
-Que no.
No conseguí que me dieran los días, pero de todas maneras a la mañana siguiente en vez de ir a trabajar me fui al pueblo. Cuando estaba más o menos por Despeñaperros llamé a mi jefa.
-Hola, que hoy no voy porque tengo que ir al entierro de mi bisabuela.
-Ay, pobre, vaya, lo siento mucho.
-¿Me puedo coger dos días?
-Claro, claro, lo que haga falta mujer. No tenías ni que haber llamado. Tú no te preocupes por nada.
Y así fue como ese mes no cobré.

Continuará...



15 abril 2014

Antes muerta que sencilla I

La culpa de todo la tiene la declaración de la renta.
¿El cambio climático? La renta.
¿El mal en el mundo? La renta.
¿Los calcetines arrugaos? La renta.
¿Que las tostadas siempre caigan por el lado de la mantequilla? La renta.
Y todo así.
Hace unos días intentaba ver mi borrador de la declaración de la renta (¿lo veis?) y como siempre me faltaba un dato (¡maldita casilla 620!) y me puse a revolver entre mis papeles como una loca y entre las muchísimas cosas que aparecieron (como, por ejemplo, unos trescientos partes de urgencias, todos míos) me encontré... un flashback:





Hace seis años mi familia en pleno acudió a un entierro, en concreto, el de mi bisabuela.
La experiencia fue tan... interesante que nada más montarme en el autobús de vuelta empecé a escribir, en el mismo billete, (y luego en el de mis hermanos) todo lo que había pasado. Después, como siempre que se trata de mi familia, le pedí permiso a mi madre para subirlo a internet.
Mi madre fue muy comprensiva:
-Ni hablar.
Y luego me e ofreció una explicación razonable: 
-Porque lo digo yo y punto.
Parecía pensar que alguien podría ofenderse (?), que lo que había escrito era irreverente (?) irrespetuoso (?) y que no tenía ninguna gracia (?):
-¡Como todo lo que escribo! -le dije.
Al final conseguí convencerla.
-¡Que he dicho que no y es que no!
Casi. 
Así fue como mis papelitos acabaron en una caja con todas las cosas que tendría que tirar pero nunca me atrevo... hasta ahora.
Porque este año se habrían cumplido 100 del nacimiento de mi bisabuela, que además justo este año habría conocido a tres bisnietas más (y en los últimos dos años, dos tataranietos más, de un total de cuatro) y porque si alguien se pica es que ajos come. 
Además, como ahora soy madre, yo también puedo decirlo: 
Y porque lo digo yo y punto.  



Mi bisabuela era de esas personas que están toda la vida muy malas, muy malas, muy malas... y que viven sin mayor contratiempo hasta pasados los noventa años.
En honor a la verdad, la bisabuela se murió un par de veces cuando ya estaba en los ochenta, pero siempre pudieron reanimarla y se recuperó. De hecho, durante una época, la tía que se ocupaba de ella nos llamaba periódicamente para decirnos que "el médico dice que le quedan veinticuatro horas". Entonces la familia, que por aquella época vivía desperdigada por varios países, reservaba vuelos, desempolvaba trajes, pedía días en el trabajo y, cuando estaba a punto de salir, la tía volvía a llamar para decir que había sido una falsa alarma.
-Que la han reanimado.
-¿Y qué hace ahora?
-Pues nada, aquí está, comiendo.
La cosa llegó a ser tan frecuente que mi por entonces novio acabó rebelándose:
-Mira, a mí avísame cuando esté muerta-muerta, que esto es un no parar.
En 2008 (la bisabuela había nacido en 1914, haced la cuenta) parecía que esta vez sí que de verdad el final estaba cerca.
La bisabuela vivía en un pueblo pequeño, y la noticia corrió rápidamente.
-Se está muriendo...
No es que yo lo viera en ese caso en concreto, pero lo he visto en un montón: mi madre subía a la plaza del mercado ("de abastos", lo llamaban) con todos los críos a rastras, y se le acercaba la cotilla de turno:
-Se está muriendo Fulanita.
Lo decía en voz bajita, como si fuera un secreto, pero a la vez con un regocijo que daba gusto verla. Es que en los pueblos la gente se aburre mucho, y morirse será una mierda, pero no deja de ser una novedad.
Total, que mi bisabuela estaba en trance de morirse otra vez y todas las cotillas del pueblo estaban en trance de encontrarse en la plaza para anunciárselo unas a otras en voz bajita cuando de pronto empezaron a tocar a muerto.
"Tocar a muerto" podría ser una tómbola en la que se rifaran cadáveres, pero no lo es (lo he preguntado), si no que es una forma peculiar de hacer sonar las campanas de la iglesia para que todo el pueblo se entere de que se ha muerto alguien.
¿Y quién se ha muerto?
Pues Fulanita, que esta mañana he subido a la plaza y me han dicho que estaba a punto.
¿Lo veis? Lo tienen todo pensado.
Las cotillas del pueblo se apresuraron a ir a dar el pésame a casa de mi tía, lo cual tiene mucho mérito, porque mi tía vive en lo más alto de la cuesta más empinada del pueblo; y eso es mucho decir porque, según ZaraJota™ el dichoso pueblo "solo tiene cuestas, y todas son para arriba".
Cuando llegaron a la cumbre, llamaron a la puerta de mi tía, que salió a abrirle rauda y veloz.
Más o menos.
Mi tía, es más corredora de fondo que sprinter.
-¿Es aquí la muerta? -le preguntaron.
En el pueblo es que son así: una delicadeza, una diplomacia, un tacto...
-No, todavía no.
Mi tía es que es una optimista de la vida.
-Anda que no, si están tocando a muerto.
-Sí, pero es por Menganito.
-No me digas. ¿Y hemos subido aquí para nada?
Desde luego es que la gente no tiene consideración ni para morirse.

Continuará...

05 abril 2014

El cambio de hora

La semana pasada cambiaron la hora.
Otra vez.
Se ve que no les gustaba la que había.
Cuando me desperté el domingo por la mañana lo primero que hice fui mirar la pantalla del móvil.
9:00
-Anda, mira, ZaraJota™, hemos dormido hasta las diez de la mañana, como si fuéramos jóvenes de la vida salvaje.
-Déjame en paz.
Pobre ZaraJota™, que mal le sienta dormir hasta tarde.
Luego me fui al Ipad...
9:00
Al ordenador...
9:00
Y finamente a mi reloj de pulsera.
13:30
Bueno, mi reloj nunca volvió a ser el mismo después de que Bebé-chan lo usara de mordedor durante un par de días. Se ver que no era waterproof.
-Que fuerte -le dije a ZaraJota™- ¡se ha cambiado de hora todo solo!
-Lorz -me contestó-. Las nueve de la mañana de hoy son las ocho de la mañana de ayer así que perdona si no comparto tu entusiasmo.
-¿Que qué?
-¡QUE ME DEJES DORMIR!
Pobre ZaraJota™, que mal le sienta el cambio de hora.
La cuestión es que yo me equivocaba: no todo se había cambiado de hora solo.
Había algo que se había resistido tenazmente, pero no nos dimos cuenta hasta la hora de dormir...

22:00, una hora menos en Bebé-chan
-Bebé-chan, ¿vamos a dormir?
-NO.
-Es hora de dormir.
-NO.
-Bueeeeeno, cinco minutitos más y te vas a la cama.
-NO.

22:30, una hora menos en Bebé-chan
Meto a Bebé-chan en la cama, me tumbo a su lado y empiezo a hacerle mimitos.
Se está calentito y a gusto, así las dos pegaditas.
Creo que voy a cerrar un ojo un momento...

22:35, una hora menos en Bebé-chan
-¿Te has dormido? -pregunta ZaraJota™.
-¿Eh? ¿Qué? No, no. Lo tengo todo controlado.
-Entonces supongo que es normal que Bebé-chan se haya quitado el pijama y esté corriendo por toda la casa en pelota picada mientra grita y agita los bracitos.
-Mierda...
-No te preocupes, ya se cansará.

23:00, una hora menos en Bebé-chan
-¡PATATA! ¡PATATA! ¡PATATA! ¡PATATA!
-Pues no se cansa, no.

23:30, una hora menos en Bebé-chan
-Bebé-chan, papá y mamá se van a la cama.
-¡PATATA!
-¿Quieres venir con nosotros?
-NO.

0:00, una hora menos en Bebé-chan
-¡VEN... A... DORMIR!
-¡PATATA!
-¡TE LLEVARÉ A RASTRAAAAS!
-Lorz, ya la estás llevando a rastras. Llevas llevándola a rastras media hora. Y no es que no avances, es que te estás alejando.
-¿Tú de parte de quién estás!

0:30, una hora menos en Bebé-chan.
En la cama.
-¡PATATA! ¡PATATA! ¡PATATA!
-Bebé-chan, es muy tarde. Tienes que dormirte.
-NO.
-Muy bien, no te duermas si no quieres, pero papá y mamá tienen que dormir.
-¿Tí?
-Porque mañana madrugan y tienen que ir a trabajar.
-¿PAPAMAMA? OOOOOOOOH...
-ZaraJota™, creo que por fin lo ha entendido.
-¡TIIIII!
PATA, PATAATA
PATA, PATAAA
PATA, PATAAATA
PATA, PATAAA
-¿Nos estás cantando una nana para que nos durmamos?
-¡Tiiiiiii!
Las hay que no pillan las indirectas.

28 marzo 2014

Los infinitos organismos de este planeta

Dos semanas sin escribir... que mal... pensé que no podría escribir nunca más y mi madre me diría "te lo dije, que dije que cuando naciera Bebé-chan ya no tendrías tiempo para tonterías", y yo le diría "pues no he tenido ningún problema los primeros dieciocho meses" y ella me diría "ya salió la lista que todo lo sabe" y todo así. 



Viernes...
-Bebé-chan tiene un sarpullidito en el culete -nos dijeron cuando fuimos a buscarla a la guardería. 
-Ya, ya. 
Es una verdad universalmente conocida que a todos los bebés se les irrita el culete cuando les están saliendo los dientes. Como Bebé-chan tiene la costumbre de echar dientes en grupos de a cuatro, su culete tiende a irritarse tanta facilidad que podríamos llamarla Bebé-Culito Irritado-chan. 
M**rd*. Ojalá se me hubiera ocurrido antes. ¿Ya es tarde para ir al registro a cambiarle el nombre?

El sábado el sarpullidito se había extendido por los muslos hasta llegar a las rodillas.  
-Es como si algo le hubiera dado alergia -le dije a ZaraJota™.
-Algo... o alguien...
-No sé que ha podido ser... lleva todo el día con mis padres.
-Lo que yo decía: alguien.
-Ha debido ser de los pantalones, justo ayer llevaba los nuevos... Cuando los lavé soltaron un montón de color, seguro que le han provocado reacción.

El domingo el sarpullidito se había extendido hasta los tobillos.
-Pues los vaqueros no han sido -le dije a ZaraJota™- porque lo he estado pensando y era por lo menos la segunda o tercera vez que se los ponía.
-Pues será el detergente.
-No, no, porque es el mismo que uso para todo, le tendría que haber salido por todas partes.

El lunes el sarpullidito estaba por todas partes.
Por hablar.
-No puede ser -le dije a ZaraJota™-. Es el mismo detergente que usamos siempre y nunca ha pasado nada.¡Si es hipoalergénico, ph neutro y para pieles sensibles! ¡Es prácticamente saliva con un poco de colorante!
ZaraJota™ no acababa de verlo claro. En la guardería, tampoco.
-Llevadla al pediatra -nos dijeron por la tarde, cuando fuimos a recogerla.
-Sí, sí, es que hasta mañana no tenemos la cita.
-Pues llevadla. Sin falta. A ser posible, envuelta en plástico de cocina.
-Vale, vale.
-Y si os dicen que es contagioso, no volváis.

El martes fuimos al pediatra.
-Es que le ha salido un sarpullidito.
-A ver... ¡ARG!
-¿Es grave?
-No, no.
-¿Y por qué se está lavando frenéticamente las manos con ácido?
-Eh... ¿porque trae buena suerte?
-Que bien. Entonces, ¿Qué es?
-Es un virus.Por el aspecto, muy contagioso.
-¿Como de contagioso?
-Contagioso nivel "si se la vendes a un terrorista te forras":
-Entonces, ¿puedo llevarla a la guardería?
-Más bien no... aunque seguramente lo ha cogido allí. Espera, ¿la llevasteis la semana pasada?
-Sí, claro.
-Entonces la puedes llevar sin problemas: a estas alturas ya deben estar todos más que jodidos.
Al salir del pediatra llamamos a la guardería.
-¿Qué os han dicho? -nos preguntaron.
-Nada, que la podemos llevarla a la guardería problemas.
-Que raro... tenía pinta de ser contagiable.
-Precisamente: dice que es tan contagioso que a estas alturas ya estarán todos incubando.
Y entonces, sin motivo aparente, Bebé-chan fue expulsada de la guardería.









Pd: De manera temporal, ¿eh? En  cuando desaparezca el sarpullido, la bañemos en desinfectante y quememos todos sus efectos personales podrá volver.



17 marzo 2014

The camera never lies

La semana pasada estuve en la presentación de un libro cuyo nombre no voy a decir para preservar su anonimato. Dos veces. Dos veces estuve en la presentación, no dos veces no voy a decir su nombre para preservar su anonimato.
Mierda, lo acabo de hacer.
Da igual.
Si estuve en la presentación no fue por gusto. Bueno, sí, pero poco, porque ni había croquetas ni nada. Si fui a la presentación, con ZaraJota™ como fiel escudero (léase "adulto responsable") fue con el único objetivo de grabarla en vídeo.
Por las risas y tal.
La grabación fue un desastre. En parte porque la cámara que usamos no es profesional, sino la típica cámara de oferta que te compras cuando acabas de fabricar tus propias marionetas y estás pensando en hacer unos veinte vídeos musicales con ellas (vaya, lo normal), en parte porque la luz no era muy buena, en parte porque en vez de sostener la cámara la dejamos en precario equilibrio sobre una pila de libros y en parte, sobre todo, porque hacia mitad de la charla pasó por la calle una manifestación y se oían más los gritos de la calle que lo que se hablaba dentro.
Y así todo.
Cuando acabó la charla y aplaudimos y tal empezamos a levantarnos, con tan mala suerte que se me cayó el bolso, me agaché a cogerlo y entonces noté una brisilla por los bajos y me quedé paralizada.
-Ay... -dije.
-¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto a enganchar el labio en la cremallera del pantalón?
-No...
-¿Entonces?
-Creo que estoy enseñando la hucha.
La hucha, por si alguien no lo sabe, es como se llama finamente a la rajalculo cuando asoma por encima de la cintura del pantalón. Así que cuando dije "estoy enseñando la hucha" lo que quería decir es "estoy enseñando tolculo".
-Sí, ahora que lo dices sí -encima ZaraJota™ animando.
-Jo...
-Venga, levanta.
-Nooooo... me esconderé debajo de la silla y no volveré a salir nunca. Tendré que alimentarme de pelusillas y mis propias uñas, pero es mejor eso que afrontar la vergüenza.
-Deja de decir tonterías: si no te ha visto nadie.
-¿No?
-No. Ahora sí: en cámara has debido quedar estupenda.
Lo que yo decía: encima ZaraJota™ animando.
En cuanto llegamos a casa le pedí que me enseñara el vídeo enterito, plaaaaaaaano a plaaaaaaaano.
-No se ve nada -dije, al final, con bastante alivio.
-¿Lo ves?
-Y además el vídeo ha quedado bastante bien.
-Aparte de la falta de luz, que la imagen no para de temblar y que se oye más la manifestación que al señor que presenta el libro.
-Bueno, sí. Lo que es una pena es la gorda esa que no para de cruzarse.
-¿La gorda?
-Sí, esa gorda imbécil que no para de cruzarse. ¿Es que no se da cuenta de que hay una cámara grabando o qué?
-Lorz, eres tú.
-Sí, Lorz soy yo, y tú eres tú, me lo has explicado muchas veces, pero ahora estamos hablando de la gorda.
-La gorda, Lorz, esa gorda que ves en la pantalla, Lorz, ERES TÚ.
-...
-Exacto.
-¿Y por qué me veo tan gorda?
-No me obligues a responder, por favor.
-Bueno, es que la cámara engorda, ¿no? Eso dicen.
-Pues yo también salgo y a mí no me engorda.
Es que ZaraJota™ cuando se pone a animar no tiene freno. 

09 marzo 2014

Leyendas urbanas

Tengo otra amiga embarazada.
Estoy empezando a preocuparme. Para mí que esto va a ser contagioso... ¡seguro que se lo han pegado por no usar condón!
Bien, pues como todos los padres primerizos, esta amiga (y su pareja seguramente también, pero es que no le estaba haciendo caso cuando hablaba) está llena de dudas. Porque es que sobre esto de tener hijos hay mucha información, pero también mucha desinformación y muchas leyendas urbanas.
Desde el Departamento de Servicios a la Comunidad y Asesoramiento Maternal de Lorzagirl and Foscanetwoks Associated, con nuestros amplios 18 meses de experiencia, hoy ayudamos a despejar esas leyendas urbanas:

Cuando tienes un hijo se acaba el salir de marcha
Gracias a Dios. Por fin. Desde los 16 años esperando una excusa decente para dejar de meterme en esos antros horrendos en los que se mete a presión gente sudada para oír música que no le gusta a todo berrido y beber garrafón a precio de oro.

Cuando tienes un hijo se acaba el dormir
Como si durmieras mucho cuando salías de marcha, piltrafilla.

Cuando tienes un hijo se acaba quedar con los colegas
Tonterías. Puedes quedar con los colegas siempre que quieras. A las seis de la tarde. En un burger king. Con piscina de bolas.

Cuando tienes un hijo se acaba el ver series
Anda ya. ¿Qué es Peppa Pig? ¡Una serie! ¿Y Pocoyó? ¡Una serie! ¿Gumball? Serie. ¿Adventure Time? Serie. Y así una larga lista.

Cuando tienes un hijo se acaba el hacer cosas frikis
Si hay algo más friki que pasar la noche en vela cosiendo un disfraz no se me ocurre, francamente.

Cuando tienes un hijo se acaba el salir a cenar
Es un error muy común. Cuando tienes un hijos sigues pudiendo salir fuera a cenar. A las seis de la tarde. En un burger king. Con piscina de bolas.

Cuando tienes un hijo se acaba el sexo
Si alguien os dice esto alguna vez no le odiéis: compadecedle. Su pareja le ha dejado sin sexo y encima le ha convencido de que es lo normal.
Si tener un hijo matara el sexo, todas las parejas tendrían solo un hijo. ¿O es que el segundo lo traen las cigüeñas de París? Y a veces hay un tercero, un cuarto... Nueve tuvo mi bisabuela, con varios abortos de por medio. Si a ella no se le se quitaron las ganas de fiesta después de tener el octavo, ¿por qué se nos van a quitar a los demás?
Sé lo que estáis pensando: "eran otros tiempos".
Exacto.
Si a mi bisabuela, sin lavadora, sin microondas, sin pañales desechables, sin leche de fórmula, sin papillas y sin epidural no se le quitaron las ganas de fiesta, ¿por qué se nos van a quitar a los demás?
Y si estáis pensando que se veía obligada a cumplir con los deberes conyugales por alguna especie de marido tiránico, os equivocáis mogollón.
Cuenta la leyenda que cuando uno de sus muchos yernos fue a pedirle la mano de una de sus muchas hijas, el bisabuelo le dijo:
-Espero que no le haya salido a su madre y que te deje descansar por las noches.
¡JA!
Es cierto también que el sexo cambia.
Para empezar, no puedes tener sexo cuanto tú quieres (como si antes tuvieras sexo cuando querías, piltrafilla): como mínimo tienes que esperar a que el bebé no esté delante. Si practicas sexo con un bebé delante (o detrás, o en medio) te puedes meter en un jaleo.
Primero descubres esto, y luego descubres que el bebé siempre está ahí.
En momentos de extrema necesidad, ZaraJota™ y yo le hemos pedido a mis padres que se llevaran a Bebé-chan de paseo... Solo para darnos cuenta de que no podemos tener sexo porque seguro que mis padres están pensando que les hemos pedido que se lleven a la niña solo para tener sexo y no podemos tener sexo mientras ellos estén pensando que estamos teniendo sexo.
Así que no tenemos sexo. Lo cual no impide que mis padres piensen que estamos teniendo sexo.
Y eso demuestra que somos rematadamente idiotas, y además estamos a dos velas.
Nuestra segunda opción es esperar a que Bebé-chan se duerma antes que nosotros.
Esto no ocurre con frecuencia, y cuando ocurre nos encontramos con que el tiempo es poco y las cosas que hacer muchas.
A veces tenemos que elegir entre sexo y dormir y elegimos dormir.
A veces tenemos que elegir entre sexo y comer y elegimos comer.
A veces tenemos que elegir entre sexo y ducharnos y elegimos ducharnos.
Pero eso no es así siempre. A veces elegimos sexo. A veces ni siquiera tenemos que elegir: hay tiempo para sexo y dormir. A veces, incluso, hay tiempo para sexo y dormir y elegimos sexo y sexo.
Otras veces elegimos sexo y ducha y cuanto voy a ducharme descubro que ZaraJota™ ha gastado todo el agua caliente y me ducho con agua fría y pienso, jo, tendría, jo, tendría que haberme duchado antes del sexo, así no habría necesitado el sexo y podría haber aprovechado para planchar.
Lo normal.
Incluso cuando conseguimos llegar al momento de tener sexo, la cosa cambia.
A Bebé-chan le cuesta mucho dormirse, pero una vez que se duerme aguanta ocho o nueve horas del tirón.
Excepto cuando estamos teniendo sexo. No Bebé-chan y yo, ZaraJota™ y yo. Si estamos teniendo sexo (ZaraJota™ y yo), de pronto Bebé-chan tiene el sueño ligero, ligero...
-A lo mejor es que tenemos mala suerte y justo escogemos tener sexo en la noche que Bebé-chan va a dormir mal -le dije a ZaraJota™.
-A lo mejor es que alguien grita como una loca y la despierta -me contestó.
Ostras, ¿quién será? ¡Si yo no he oído a nadie!
El resultado es que ahora cuando Bebé-chan se duerme y está roncando como un camionero plácidamente en su cunita, voy a ZaraJota™ y le digo.
-¡Tú! ¡A la cama! ¡AHORA!
-¿Puedes esperar un minuto? Es que estoy hablando por teléfono con mi madre.
-Pues le cuelgas, que estoy salida.
-¡Hola, Lorz!
-Ejem... tengo el manos libres puesto...
ZaraJota™ siempre pone el manos libres cuando habla con su madre. Así si se aburre puede irse y volver más tarde.
-Eh... hola, suegra. ¡ZaraJota™!
-Adiós mare -pip-. ¿Se ha dormido la nena?
-Sí. Vamos.
-¿Puedo darte un besito al menos?
-Vale. Uno. Pero sin mariconadas, que en cualquier momento se despierta y nos deja a medias otra vez.

Así que no, cuando tienes un hijo no se acaba el sexo: lo que se acaba son los preliminares.

02 marzo 2014

Vuelve a casa vuelve... por febrero IV y ya

Previously in Lorz...
Que no quiero su móvil, coño. 

Llegamos a Barcelona sin más contratiempos; total, ya los habíamos tenido todos.
Y ninguno consiguió impedir que fuéramos a ver a la suegra. Menuda suerte la nuestra, ¿eh?
Aparte de a la suegra, la cuñada, el cuñado, todo el sobrinerío y varias vecinas, el viaje a Barcelona era, básicamente, para ir a conocer a la hija del Primo Buena Persona, a la que para abreviar llamaremos Hija de Primo Buena Persona chan.
Pero claro, cuando llegamos a Barcelona Bebé-chan estaba malita, y cualquiera que haya experimentado el poder de los virus de guardería sabe que lo mejor es cuarentena y, en ocasiones, cauterizar preventivamente de cuello para arriba.
Por eso llamé al Primo Buena Persona:
-Oye, que Bebé-chan está malita, creo que es mejor que no vayamos a veros.
Lo dije así, con la boca pequeña, esperando que me dijera "mujer, por un ratito que vengáis no pasa nada". Aunque fuera por educación o algo.
Sin embargo, lo que dijo Primo Buena Persona fue:
-¡NI SE OS OCURRA VENIR!
-¿Qué?
-¡QUE COÑO! ¡AHORA MISMO OS VAIS PARA MADRID!
-Pero...
-VISCA CATALUNYA LLIURE! VISCA L'INDEPÉNDENCIA! I EL PA AMB TOMÀQUET! I LES COSETES VERDS QUE ES MENGEN AMB SALSA!
-¡Si tú no eres catalán!
-¡Mi hija es catalana! ¡Y la tuya un peligro público!
Bueno, en realidad no fue así, pero total ¿a quién le importa la verdad cuando se trata de Cataluña?
Al día siguiente Bebé-chan estaba perfectamente recuperada, así que volví a llamar.
-Hol...
-¡QUE NO!
-Eh... Es que Bebé-chan ya no tiene fiebre, ni mocos, ni nada.
-Bien por ella.
-Y ZaraJota™ y yo no nos hemos contagiado esta vez. Creo que podríamos ir sin peligro.
-Está bien. Pero tendréis que envolveros en plástico de cocina antes de entrar y prometer no respirar a menos de diez metros de mi hija.
-Está bien.
Esa tarde ZaraJota™ empezó a quejarse de que le dolía mucho la cabeza.
-No digas bobadas -le dije- ¡si solo llevamos veinticuatro horas con tu madre!
A la mañana siguiente ZaraJota™ estaba casi a 40 de fiebre.
Con tal de llamar la atención es capaz de lo que sea.
Llamamos de nuevo a mi primo.
-Lorz, ven, no vengas, haz lo que quieras, pero déjame en paz de una vez.
-ZaraJota™ tiene mucha fiebre.
-¡COMO VENGAS TE MATO TOAAAAAAAA!
Aclarado este punto,. cambiamos los billetes para volver a Madrid cuanto antes. O, al menos, antes de que ZaraJota™ empezara a potar como había potado Bebé-chan.
Cuando estábamos en la estación sonó el teléfono y, sorpresa, era Primo Buena Persona.
-Hola Lorz, ¿cómo estáis?
-Llamas para asegurarte de que nos vamos, ¿verdad?
-Nooooooo...




Epílogo:
Bebé-chan creció cinco centímetros en un fin de semana.
ZaraJota™ estuvo de baja casi cinco días, agonizando. Quejándose. Incordiando. Dentro de la normalidad, vaya.
Lorz estuvo un par de días con dolor de garganta. "Eso te pasa por dormir sin bragas", sentenció su abuela.
Primo Buena Persona mantuvo a Hija de Primo Buena Persona chan a salvo.


 


24 febrero 2014

Vuelve a casa vuelve... por febrero III

Previously in Lorz...
Potas everywhere.

Toda mi vida pasó ante mis ojos.
Bueno, no.
En realidad lo único que pasó ante mis ojos fue el puto autobús.
Allí estábamos, en mitad de la calle, un sábado a las 7 de la mañana, a -2ºC, oliendo a vómito, con un Bebé-chan, un montón de maletas y cara de pasmo.
-Creo que está empezando a llover -dijo ZaraJota™, que es de esas personas que siempre ven el lado positivo de las cosas.
-¿Qué hacemos?
-Vamos a llamar a un taxi.
-Oooooooh podemos volvernos a casa y meternos en la cama.
-Ahora que lo dices, puedes que Bebé-chan se haya estado limpiando la cara en las sábanas después de potar.
-¡Taxi! ¡TAXIIII!
En menos de un minuto estábamos subidos a un taxi, ZaraJota™, Bebé-chan, las maletas, nuestro olor a vómito y yo. Como sabéis, los niños tienen que usar unas sillas especiales cuando viajan en coche, pero al parecer en los taxis no son obligatorias y pueden ir simplemente en brazos de un adulto.
-Pues no lo entiendo -le dije a ZaraJota™-; el peligro es el mismo en un taxi que en un coche privado, ¿no? Además, si yo la llevo bien agarradita, ¿qué puede pasar?
Entonces el taxista frenó y Bebé-chan se me cayó al suelo del coche.Después de eso ya no me quedaron ganas de seguir opinando sobre el asunto.
Al final llegamos a tiempo y conseguimos subir al ave.
-A ver si ahora Bebé-chan se duerme un rato y nos podemos echar una cabezadita también -nos dijimos.
Pues no.
Se ve que si despierta a un bebé a las seis de la mañana, devuelve, sales corriendo de casa, lo montas en un taxi, se da un golpe en la cabeza y luego vuelves a salir corriendo otra vez luego le cuesta relajarse.
Así de tiquismiquis son.
Bebé-chan estaba bastante de los nervios.
Durante un rato se entretuvo gritando porque no quería sentarse, ni estar de pie, ni que la cogiéramos en brazos, y a mí ya solo se me ocurría que intentáramos colgarla boca abajo con una cuerda, pero ZaraJota™ no me dejó porque decía que nos iban a mirar raro.
Cuando conseguimos que se sentara se entretuvo dando patadas al respaldo del asiento de delante, que hacía un ruidito muy gracioso. La señora que estaba ahí también hacía ruiditos. No tan graciosos. De hecho, parecía bastante cabreada. Por suerte para entonces ya habíamos conseguido sacar los juguetes y entretener a Bebé-chan apilando pollitos.


-Ahora que está entretenida -dijo ZaraJota™-, voy a ir a la cafetería a por algo de desayunar.
Y se fue.
Cuando llevaba un rato Bebé-chan se cansó de apilar pollitos y decidió desapilarlos:
Cogió el primero y se lo lanzó a la señora del asiento de delante.
-¡PATATA!
Cogió el segundo y se lo lanzó a la señora del asiento de delante.
-¡PATATA!
Cogió el tercero...
-¡Bebé-chan! ¡No le tires pollos a la señora!
-Si no me importa -contestó la señora, por alusiones.
-¡PATATA!
Después del quinto pollazo la señora no volvió a decir nada más.
Cuando Bebé-chan se quedó sin pollos se echó a llorar, y ese fue justo el momento en el que volvió ZaraJota™.
-¿Qué le pasa? -preguntó.
-Nada, que se ha liado a pollazos con la señora de delante.
-Ya, y se los has quitado para que no siga tirándoselos.
-Eh... más o menos.
-Los pollos no se tiran, Bebé-chan.
-¡PATATAAAAAA!
-No, patata no. ¿Tu ves que papá y mamá vayan por ahí tirando pollos? No, ¿verdad? Pues tú tampoco.
-¡PATATAAAAAA!
-Los pollos no se tiran. ¿Entendido? Muy bien. ¿Quieres que juguemos al Angry Birds?
ZaraJota™!
-¿Qué?
-¡Que luego la niña coge ideas!
-Vale, vale.
De todas formas Bebé-chan no parecía muy interesada en jugar. En cambio encontró una forma de entretenerse a sí misma: el gritito inesperado intermitente. Cuando llevábamos una media hora de berrido rítmico-musical, la señora del asiento de delante se dignó a dirigirnos la palabra de nuevo.
-En mi móvil tengo canciones para niños. Las llevo siempre para mi nieto.
-Ah, que bien.
-Os lo presto para que la niña se entretenga.
-No hace falta, gracias.
-De verdad, toma -insistió la señora.
-En serio, no hace falta. Estamos bien -insistí yo.
-¡PERO YO NO!
Desde luego hay que ver la gente lo tiquismiquis que es.

Continuará...


17 febrero 2014

Vuelve, a casa vuelve... por febrero II

Previously in Lorz...
No eran los dientes, no. 


Esto va a dar un poco de asquito.


El pediatra no nos quiso explicar de qué se reía. Yo supuse que sería uno de esos chistes de médicos, como cuando te dicen "saca la lengua" y te la pillan con un cepo de cazar osos y se parten de risa.
No entiendo por qué. Y eso que me lo hacen continuamente, pero yo sigo sin verle el chiste.
Sea como fuere, el pediatra nos dio permiso para viajar.
El sábado, como viene siendo costumbre cada vez que salimos de vacaciones, me levanté a las cinco de la mañana para terminar de recoger. A las seis desperté a ZaraJota™ y Bebé-chan. Para llegar a tiempo a coger nuestro tren teníamos que coger el autobús de las siete y media. A las siete y cuarto estábamos listos y me disponía a embutir a Bebé-chan en su abrigo cuando se desató la tragedia:
Bebé-chan empezó a vomitar.
A saco.
Sé que todos hemos potado y visto potar, pero no comprendes la magnitud que puede llegar a alcanzar un evento potatoide hasta que ves a un bebé hacerlo: es como si les bombearan desde dentro. En pocos segundos Bebé-chan y ZaraJota™ se convirtieron el la zona cero, y todas las superficies es un radio de dos metros estaban cubiertas de lo que parecía ser el desayuno a medio digerir de Bebé-chan.
-¡No te muevas! -le grité a ZaraJota™.
Rápidamente cogí a la niña con la punta de los dedos, me la llevé a su habitación, puse una toalla sobre el cambiador e intenté sentarla encima, con tan mala suerte que se me escurrió y se golpeó la cabeza.
No muy fuerte, ¿eh? Lo justo para que sonara.
Entonces empezó a llorar y yo le dije "ea, ea" y ella se lo tomó como una señal de que un abracito sería bienvenido. Y me abrazó, claro. Con todas sus fuerzas y su camisetita cubierta de pota.
Más mona, ella.
Al menos mis pantalones siguen limpios, pensé.
Bebé-chan debió de pensar lo mismo y decidió solucionarlo vomitando otra vez. Por suerte me aparté a tiempo y no cayó nada en mis pantalones: todo fue a parar al cesto en el que metemos la ropa sucia que, por supuesto, estaba lleno de ropa.
Que ya estaba sucia, sí, pero no tanto.
-Ay, dios...
Para entonces ZaraJota™ había conseguido salir del charco de pota del salón y estaba intentando fregar, cambiarse de ropa y ayudarme, todo al mismo tiempo. El resultado visible era que corría por toda la casa gritando y agitando los bracitos cubiertos de pota.
Poco a poco conseguimos poner orden en el caos. ZaraJota™ desvistió a Bebé-chan, la frotó con toallitas de arriba a abajo y la volvió a vestir con ropa limpia mientras yo fregaba por todas partes, porque donde no había caído directamente lo habíamos llevado nosotros al pisar.
El caos.
Con todo a las siete y media volvíamos a estar preparados. Más o menos. Confiábamos en que el frescor mañanero (-2ºC marcaba el termómetro) disipara un poco el olor a pota que llevábamos.
Salimos de casa con un Bebé-chan, una maleta, dos bolsos y los regalos de navidad para la familia de ZaraJota™ y echamos a correr como si nos fuera la vida en ello. Cuando estábamos esperando que se pusiera verde el último semáforo vimos pasar por delante nuestra un autobús.
-No te preocupes, Lorz -dijo ZaraJota™-. No es el nuestro.
-¿Cuál es?
-El 247.
-ZaraJota™, el 247 es el nuestro.
-Mierdaaaaaaa...



Continuará...

12 febrero 2014

Vuelve, a casa vuelve... por febrero I

Hace unos meses la familia de ZaraJota™ nos preguntó si iríamos a verles por navidad.
-Uy, uy... es que este año cae fatal.
-¿Y en reyes?
-Fatal, fatal, también... Y además yo el día cinco trabajo hasta tarde.
-El día cinco cae en domingo, Lorz.
-Eh... Yo es que sigo el calendario lunar, ¿sabe?
En enero volvieron a preguntar.
-Uy, uy, es que estamos esperando a que nazca el bebé de Primo Buena Persona para ir a visitarlos a ellos también, ya que vamos.
 -¿Y cuándo salen de cuentas?
-Pues... estoooo... ¿nunca?
Pero el bebé de Primo Buena Persona viene con ganas de llevar la contraria: salió de cuentas y nació a su debido tiempo.
Pequeña traidora. 
No pudimos postponerlo más y fijamos el viaje para el primer fin de semana de febrero.
Cinco días antes del viaje a Bebé-chan le dio fiebre en la guardería.
-Vaaaaaya, no podremos ir de viaje...
-No os preocupéis, le hemos dado un bañito y se le ha bajado.
-Mierda. Quiero decir, ¡qué bien! ¡qué bien!
-Seguramente es por los dientes, estad atentos por si le vuelve a dar.
Yo la vigilé con toda mi ilusión, y al día siguiente Bebé-chan ardía de fiebre.
-Vaaaaaaya, no podremos ir de viaje...
-No te preocupes, Lorz -me dijo ZaraJota™-, de aquí al sábado quedan muchos días.
Cuando llamé a la guardería a avisar de que no iba me volvieron a decir lo mismo: no te preocupes, es de los dientes, se le pasa enseguida.
Por la tarde Bebé-chan estaba perfectamente y al día siguiente volvió a la guardería.
-¿Dónde estuviste ayer? -le preguntaron.
Como Bebé-chan todavía no habla contesté yo.
-Jugando con mis ilusiones.
El jueves por la tarde Bebé-chan volvía a tener fiebre.
-Estoy de los dientes hasta el potorro -anuncié.
El viernes por la tarde ZaraJota™ fue al pediatra con Bebé-chan.
-Lleva con fiebre desde el lunes -le dijo.
-¿Y la traéis ahora?
-Pensábamos que era por los dientes...
-¿Dientes? ¿Qué dientes?
-Los cuatro colmillos que le han salido esta semana.
El pediatra le echó un vistazo a los dientes. Sin acercar la mano, que el hombre es pediatra pero no es tonto.
-Pues sí, está en plena dentición, pero la fiebre no es de eso.
-¿No?
-Esta niña tiene gripe.
-Anda ya.
-Por eso tiene fiebre y vomita.
-No, no. Bebé-chan no ha vomitado.
-¿No? ¡MUA-JA-JA! ¡MUA-JA-JA!


Continuará... (en breve)



02 febrero 2014

On fire

-Jo, Lorz, tú antes molabas.
-¿Antes molaba? ¿Y me lo dices ahora? Eres peor que mi abuela, que solo te dice que has perdido peso si después puede añadir “pero ahora has vuelto a engordar”.
-Es que solo escribes chorradas sobre Bebé-chan.
-Bueno, acabo de escribir una historia sobre el bluray de ZaraJota™.
-Chorradas sobre Bebé-chan, chorradas sobre ZaraJota™... Es la misma mierda siempre.
-Vale. A ver qué te parece esto...
Entonces, para demostrarle al mundo (léase Sark) que era capaz de escribir otras cosas, escribí un post porno.
MUY porno.
Tan porno que solo lo ha leído ZaraJota™, y desde entonces me sonrojo cuando me mira.
Bueno, eso ya me pasaba antes, y no tiene nada que ver con el porn...
Ejem. 
Lo importante aquí es que he aprendido una valiosa lección: cualquier idiota puede escribir porno, pero nadie escribe chorradas sobre Bebé-chan y ZaraJota™ como yo.
Aclarado este punto, voy a contar una historia en la que aparecen mencionado Bebé-chan y ZaraJota™. Y al que no le guste, que no mire.

Durante toda mi vida he pensado que depilarse era una decisión personal que cada uno tomaba según le apeteciera, pero esta semana, gracias a un sesudo debate en twitter, he aprendido que el futuro del feminismo internacional se esconde en nuestros matojos íntimos, a saber:
1.- No te depilas: eres una guarra.
2.- Te depilas: eres una víctima de la sociedad falocéntrica imperante y deberías salir a la calle y quemar tu sujetador de inmediato. A ser posible lejos de un área infantil, gracias.
Con lo feliz que era yo pensando que lo que pasara en mis sobacos era solo asunto mío, y ahora vivo atenazada por la angustia de no saber si mis sobacos son políticamente correctos.
Mi único consuelo es que, sea cual sea el veredicto, mi herencia genética tiene mucho de lo que responsabilizarse.
Por una parte, mi madre. Mi madre tiene tan poco vello corporal que para ella depilarse consiste en coger unas pinzas y contorsionarse en busca de algún pelillo rebelde.
Por otra, mi padre. Mi padre tiene exactamente tres pelos en el pecho. Tres. Y le han salido pasados los cuarenta años. Los tres pelos de mi padre se consideran Especie Protegida: una vez se tiró de uno y Greenpeace organizó una protesta. El vello facial sigue la misma tónica: por lo general la decisión de dejarse barba implica un plan quinquenal.
-Lo que pasa es que estoy muy evolucionado -suele decir mi padre cuando sale el tema.
La teoría de la supuesta evolución de mi padre no se sostiene, entre otras cosas, porque su hijo, Hermano Mediano sí tiene pelos: todos en la cara. Como es moreno y de pelo rizado, cuando se dejaba la barba mi madre lo llamaba "mi pequeño talibán". La broma dejó de tener gracia después del 11-M: de pronto no podía subirse al metro con una mochila sin que los cabrones racistas  seguratas se le echaran encima.
Luego está Hermano Pequeño. Hermano Pequeño no tiene pelos en la cara. Ni uno. Cada vez que intenta dejarse barba se pasa meses oyendo "tienes algo raro en la barbilla". En cambio sí tiene pelos en el cuerpo. No es que se los hayamos visto: lo sabemos porque hemos oído historias terroríficas sobre cómo se los quita. Obviamente, Hermano Pequeño necesita salir a la calle a quemar su sujetador YA.
Y por último estoy yo, que me he dejado a mí misma en último lugar porque soy muy educada.
Mi historia con el vello corporal es tosca y se mete por doquier.
No, no era eso.
Da igual.
Yo no tengo pelo en la cara.
No importa lo que os haya dicho Sark: no tengo bigote.
Es un efecto óptico, ¿vale?
De vez en cuando voy a la peluquería a que me quiten cuatro pelos de las cejas, y lo hago principalmente porque luego me dan un masaje que me deja nueva.
El resto del cuerpo lo tengo a parches.
Nunca he tenido mucho pelo en las piernas, pero después de usar medias seis días en semana durante cuatro años (por motivos laborales) los pocos pelos que tenía empezaron a crecer raquíticos y luego dejaron de crecer. Ahora solo me salen algunos parches en las zonas en las que las medias no rozaban. Hace unos años le pedí a mi peluquera que me hiciera la cera.
La peluquera me miró las piernas con el ceño fruncido.
-Tenemos que esperar a que te crezcan un poco.
Seguimos esperando.
Tampoco tengo mucho pelo en las axilas. Una es casi calva porque tengo una cicatriz; y si no me depilo la otra me siento desequilibrada: como andar con una zapatilla en un pie y un zapato en el otro. Eso me llevó hace unos años a probar la depilación láser. Solo aguanté cuatro sesiones, así que no os preocupéis: el feminismo universal está a salvo por esa parte.
Lo que me da más problemas es el piticlín. Tampoco es que haya mucho donde rascar ahí. Además, las señoritas no se rascan ahí.
A la mierda el feminismo universal.
Los problemas vienen por causas ajenas a mi voluntad: por ejemplo, cuando me hicieron la cesárea las enfermeras decidieron que, para lo que había, "no merecía la pena rasurar". Luego me pegaron encima todo el esparadrapo de las vendas. Y luego... me lo quitaron. Entre la cicatriz de la cesárea y la depilación en seco del esparadrapo mi piticlín ya no es lo que era: ahora pasa muchísimo más frío.
Con todo, lo más dramático que le ha ocurrido a mi vello corporal no ha sido una depilación, sino un teñido.
(Esto ya lo conté una vez hace mucho tiempo en los comentarios, así que los lectores más veteranos se lo pueden saltar)
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, me compré un bikini de color blanco.
-Eso en cuanto se moje se va a transparentar -profetizó mi madre.
Así que me metí en la ducha con el bikini puesto, para demostrarle que no tenía razón.
Y la tenía.
¡Maldita sea! ¿Por qué las madres siempre tienen razón y ahora que yo soy madre no la tengo nunca?
En aquel momento mis opciones eran limitadas:
No podía devolverlo porque ya me había bañado con él.
No podía comprar otro porque me iba de vacaciones al día siguiente y no me daba tiempo.
Mi única salida era atacar la raíz del problema: los pelos.
Primero pensé en depilarme, pero estaba segura de que cuando volviera a crecer iba a picarme un puñao. Además existía la remota posibilidad de que a mi novio de entonces le gustara el resultado y se empeñara en que lo llevara depilado siempre, y la verdad, pasarme la vida quitándome pelos del piticlín me parecía un coñazo (literal y figuradamente).
Así que me lo teñí de rubio. Usé crema andina y no importa lo que te digan: escuece una barbaridad.
CHIRRI ON FIRE.
Big time.
Es una pena que por entonces todavía no existiera la canción de Alicia Keys, porque me había venido que ni al pelo (literal y figuradamente) para expresar mis sentimientos al respecto.


Incluso después de quitarme la crema (con agua HELADA) tuve que estar un buen rato abanicándome el piticlín, y estuve andando como John Wayne al menos semana.
Ahora sí, me quedó monísimo. Gran éxito de crítica y público. Una pena que enseguida empezaron a verse las raíces...
Bueno, no a verse: por lo general no se veían. A ver, que una es muy decente, y por lo general sale a la calle con las bragas (limpias) puestas.
Pero estaban ahí, como acechando.
Por entonces tenía una compañera de trabajo a la que le encantaba la expresión "rubia de bote, chocho negrote". Para mí que sospechaba algo, pero no acababa de saber el qué.
En fin, que así en general no tengo una política muy firme en lo que a vello corporal se refiere: me depilo si me apetece, me dejo greñas si quiero, me tiño cuando no tengo aprecio a mi bienestar físico...
Y esto me lleva a preguntarme: si a mí no me importa lo que pasa en mis sobacos, ¿por qué tendría que importarle al feminismo internacional?








24 enero 2014

El bluray y la tele de chorrocientas pulgadas

Como he recibido quejas sobre la abundancia del contenido materno-filial hoy voy a hablar de otra cosa.
Ya pueden retirar el caballo muerto de mi cama, gracias. 
Bien.
Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana (Carabanchel) ZaraJota™ estaba empeñado en que nos compráramos un bluray. Sus motivos eran extremadamente lógicos:
-¡Es que Atreides tiene uno!
-¿Y si Atreides se tirara por un puente tú también te tirarías?
-¡Nooooo! ¡Aprovecharía para ir a su casa y robarle el bluray! ¡Y la tele de chorrocientas pulgadas!
Por desgracia yo no quería un bluray (ni una tele de chorrocientas pulgadas), y mis motivos también eran extremadamente lógicos:
-¡Que he dicho que no y es que no!
-¡No es justo! ¡Siempre decides tú lo que compramos y lo que no!
-¡Pues apréndete el pin de la tarjeta, que pareces tontito!
Entonces me quedé embarazada (Esto no es contenido materno-filial, esto se llama "contexto"), y ZaraJota™ vio lo que hoy en día llaman "ventana de oportunidad". Sin motivo aparente. Con "oportunidad" sobra, digo yo. ¿Para qué quiere la oportunidad una ventana? ¿No era calva? ¿A cuento de qué viene esto?
La familia venía y preguntaba:
-¿Qué queréis que le regalemos a la niña cuando nazca?
Y antes de que me diera tiempo a contestar, saltaba ZaraJota™.
-¡UN BLURAY!
-Ejem... ¿no os valen unos patuquitos?
Y luego nació Bebé-chan. Y llegó la navidad. Y la familia preguntaba:
-¿Qué le ha pedido Bebé-chan a los Reyes Majos?
ZaraJota™ contestaba:
-¡UN BLURAY!
Y luego Bebé-chan creció. Y antes de que nos diéramos cuenta había pasado un año. Y la familia preguntaba:
-¿Qué quiere Bebé-chan por su cumpleNO VAMOS A COMPRARTE EL PUTO BLURAY!
Parece ser que ya como que se lo veían venir o algo.
Y entonces llegó esta navidad.
Y la familia ni preguntó.
-¡Que no! ¡Que no te compramos el bluray de los güevos! ¡Que el regalo es para la niña, no para el pelma del padre!
-¿Y una PSP? ¿Una pequeñita?
-¡QUE NO!
-Jo...
Y no sé si fueron las hormonas, la falta de sueño, la escasez de sexo o qué, pero me dio mucha pena el pobre. Entonces le escribí una carta a los Reyes Majos:

Queridos Reyes Majos de Andalucía

dos puntos

Sí, soy yo. No llaméis a la policía, por favor. Solo quiero un bluray. Una pequeñito. 
No es para mí, es para un colega. 

Gracias. 

Y los Reyes Majos le trajeron a ZaraJota™ un bluray, uno pequeñito.
Un bluray pelao y mondao, sin nada más que el bluray y el mando. Y ni siquiera es bonito.
Vaya, el bluray que había de oferta.
Los muy tacaños.
ZaraJota™ le dio igual.
-¿Un bluray? -dijo cuando abrió su regalo- Si no quería...
-Mira, majo, no me toques las narices, que llevas siglos incordiando con el bluray.
-Ya, pero era broma, jajaja.
-¡PUES AHORA TE LO QUEDAS!
-Ya, jaja, es que te vas a reír, jaja, pero nuestra tele no tiene entrada para bluray, jaja, ¿a qué es gracioso?
-...
-¿No te parece gracioso?
-Eh... ¿Te acuerdas en Apolo XIII cuando tienen que encajar una cosa redonda en una cuadrada y si no lo consiguen se van a morir por falta de oxígeno?
-Sí.
-Pues hazte a la idea de que el bluray es la cosa redonda, la tele la cuadrada, y yo la falta de oxígeno.
-Ya veo.
ZaraJota™ lo intentó. Lo intentó durante todo un domingo. Lo intentó de todas las maneras posibles.
Pero nada: aquello era como intentar que un elefante se zumbara a una hormiga.
Al final, cuando se quedó sin ideas, cogió el puñetero bluray, se lo llevó a casa de mis padres, e intentó enchufarlo en su televisión.
-Tengo una noticia buena y una mala -me dijo cuando volvió a casa con el cacharro bajo el brazo.
-¿La buena es que llueven piruletas, y la mala es que caen con el palo pabajo?
-Eh... no. La buena es que el bluray funciona perfectamente, y la mala es que nuestra tele no.
-...
-Podemos devolverlo si quieres.
-Mira, ZaraJota™, llevas años dando la brasa con el bluray. AÑOS. Yo ya no puedo más. El bluray se queda. Así que dime lo que tenemos qué hacer para que funcione. Me da igual. Lo que sea.
-Bueeeeeeno... podríamos comprar una tele nueva.
-Está bien...
-Con una de chorrocientas pulgadas bastaría...
-No tientes tu suerte.
Entonces nos compramos la tele. No es de chorrocientas pulgadas, pero al menos admite el formato bluray. Tardaron casi una semana en traerla a casa, y cuando llegó ZaraJota™ consiguió que funcionara a la primera.
-¡Ya está! -anunció.
-¡Bieeeeeeen!
-¿Y ahora qué?
-Pues ahora habrá que ver algo en el bluray, ¿no?
-Claro, cualquier DVD.
-Ah, no. Ahora que tenemos bluray yo quiero ver un bluray de los de verdad.
-Eh... sí. Pues entonces tengo una noticia buena y una mala.
-¿La buena es que llueve chocolate y la mala es que cae de canto?
-Eh... no. La buena es que tenemos un bluray...
-Ya.
-Y la mala es que tenemos UN bluray.


Creo que me habría ido mejor si los Reyes Majos hubieran llamado a la policía.