28 abril 2014

Antes muerta que sencilla IV

Sí, este el post que subí por error la semana parada. 
¿O quizá no?

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La mortaja es el regalo de estas navidades.

Como decía, el tanatorio tenía estas salitas con un cristal: a un lado del cristal están los vivos, tomando café malísimo en los sofás más incómodos que ha concebido el hombre, y al otro el difunto, rodeado de flores. Muchas, muchas flores: en ramo, en corona, en algo parecido a un cesto... y todas ellas con banda tipo miss España, solo que en vez de miss España ponía el nombre de los oferentes (¿esa palabra existe?).
BISNIETOS, ponía una.
-Jajaja, que nombre tan feo -dije-. Desde luego, mira que hay padres crueles...
-Lo de BISNIETOS va por vosotros.
-Ah.
TATARANIETOS, ponía otra.
-De parte de los tataranietos -me dijeron, sin que preguntara ni nada.
Es lo malo de la familia: que te conocen y ya te ven venir.
Pero había bandas que no se leían, y eso que mi familia, aplastando la nariz contra el cristal, ponía empeño.
-Esa es la del grupo -decían.
Mi bisabuela era "del grupo". Gran parte de mi familia "es del grupo". Nunca he sabido lo que significa pero, dado que ninguno sabemos tocar ningún instrumento y la mayoría cantamos de puñetera pena, la única teoría razonable que se me ocurre es que pertenezcamos al IRA.
Sí, tendríais que oír las teorías no razonables. Son lo más.
-Y esa corona es de los primos.
Lo cual es lo mismo que no decir nada, porque mi familia llama "primos" tanto a los primos hermanos como a los primos segundos, terceros o incluso gente que no tienes muy claro como clasificar.
Por ejemplo: tengo una "prima" cuyo abuelo paterno era hermano de mi abuelo y cuya abuela paterna era hermana de mi bisabuela (pero no la madre de mi abuelo, sino su suegra).
Ser de pueblo es lo que tiene.
-¿Y esa?
-No sé, ¿veis lo que pone?
-Parece que pone no sé qué RDO.
-¿LERDO? -propuse, por ayudar.
-Será IZQUIERDO.
-¿Conocemos algún Izquierdo?
-¿O a algún Lerdo? -insistí, por si acaso.
-No, no conocemos ningún Izquierdo.
-Pues pone Izquierdo.
-Que no.
-Que sí.
-Bueno, pues ya lo veremos cuando la saquen.
-Ooooo... podemos entrar ahí.
Que quede claro: la idea no fue mía. De hecho, fui la primera en oponerse.
-¡No podemos entrar ahí!
-¿Por qué? ¿Te da cosa?
-¡No es que me dé cosa, es que está mal!
-Mujer, que más dará... Además, sería solo un momentito.
-No es que vayamos a hacerlo.
-No, no.
-Pero si lo hiciéramos no pasaría nada.
-No, no.
-Es solo por ver qué poner en la cinta.
-Sí, sí.
Llegado a ese punto me fui a buscar un café. Cuando mi madre y sus hermanas entran en bucle es como oír a un dragón de cuatro cabezas interpretando una canción de Pimpinela, a grito pelao y sin escuchar a los demás.
Cuando volví casi se me cae el café del susto: a este lado del cristal la salita estaba desierta. Al otro, entre el ataúd, las coronas de flores y demás, estaba mi familia al completo.
Mi madre empezó a hacerme gestos para que me acercara, y eso hice: a los  no-muertos hay que respetarlos.
Y cuando estuve más cerca, vi que se ponía las manos en la boca para hacer de altavoz.
-¡PONE IZQUIERDO!
Estupendo: pues que vayan preparando otra porque creo que de esta me da un infarto.


Y para aquellos que ya leyeron el post cuando saltó la semana pasada, un bonus track.

Mi familia no tardó en salir.
-Jajaja, ¡la cara que has puesto!
-Me lo puedo imaginar: como si me fuera  a dar una infarto.
-¡Sí! ¿Cómo lo has sabido?
-¡PORQUE CASI ME DA UN INFARTO!
-Mi hija hay que ver lo que exagerada que es.
-Espero que al menos hayáis disfrutado la experiencia.
-Uy, no nada -dijo mi madre-. ¡Tienen el aire acondicionado puesto! ¿Te lo puedes creer? ¡Ahí dentro te mueres de frío!
Claro. Por eso los usuarios ya vienen muertos de casa.


Continuará...






24 abril 2014

Antes muerta que sencilla III

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Si desea leer su post ahora haberlo solicitado hace quince días. Coño.

Después de recorrer cuatrocientos cincuenta y cuatro kilómetros llegamos al pueblo para descubrir que todavía teníamos que hacer unos pocos más porque:
La abuela se había muerto en un pueblo, al que llamaremos Pueblo A.
El tanatorio estaba en el Pueblo B.
Para la misa había que volver al pueblo A.
Después de la misa había que ir al crematorio del Pueblo C.
Y finalmente las cenizas debían ser depositadas en el cementerio del Pueblo A.
Un trajín; que más que un ataúd aquello parecía un comando itinerante.
Cuando llegamos al tanatorio nos encontramos a toda la familia allí, en una de esas salitas que tiene una pared de cristal para que puedas ver al muerto. Solo que no se podía ver el muerto, porque el ataúd estaba cerrado.
Menos mal.
Cuando se murió mi abuelo dejaron el ataúd abierto y lo pasamos muy mal porque le habían puesto una mortaja de raso con volantitos, que el pobre parecía un lolailo, y cada vez que lo veíamos nos daba la risa floja, y entre eso y que nos enviaron un cura de esos que.
No saben leer.
De corrido.
Y cada final.
De línea.
Hace un punto y a.
Parte.
pues teníamos un cachondeo que no era propio.
Parecía que en el entierro de la bisabuela no había peligro de choteo, pero de todas formas, como soy de lo que no hay, tuve que preguntar:
-No, no hay mortaja -me contestaron.
-¡NO ME JODAS QUE VA EN PLAN COMANDO! ¡NO ME EXTRAÑA QUE LO HAYAN CERRADO!
-¿En plan comando?
-¿Cómo?
-En pelota picá dentro del ataúd.
-No, no, la han amortajado en una sábana.
-Anda ya. ¿No tenía una mortaja?
Mi bisabuela era una persona alegre y optimista de la vida que tenía preparada su mortaja aproximadamente desde el minuto en que nació. Por si acaso. Y se lo había dicho a todo el mundo, que la tenía y dónde la guardaba. Por si acaso también.
-Sí, tenía una mortaja muy bonita pero la regaló.
Como decía, mi bisabuela era una persona alegre y optimista de la vida... y hacía unos regalos de cumpleaños muy raros.

Continuará...

21 abril 2014

Antes muerta que sencilla II

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La muerta no era ahí.

Por entonces yo trabajaba en una de esas empresas en las que haces aproximadamente unas cincuenta horas extra al día que nadie te paga ni devuelve ni agradece pero si un día llegas tarde o faltas tienes que llevar un justificante y además te descuentan del sueldo un 10% por cada hora de ausencia.
La única forma razonable de poder faltar dos días sin tener que acabar pagando yo a la empresa era pedir esos días como vacaciones.Por eso cuando la tía nos dijo que la bisabuela esta-vez-sí-de-verdad se había muerto fui a hablar con recursos humanos.
-Hola, quiero cogerme dos días.
-Lorz, sabes perfectamente que no se pueden coger días sueltos, solo semanas completas.
-Pero si tenemos treinta días de vacaciones y solo nos podemos coger semanas completas siempre nos van a sobrar dos días que no nos podremos coger, ¿no? ¿Qué pasa con esos dos días?
-...
-Esta bien, quiero la semana completa.
-Muy bien, ¿desde cuándo?
-Desde mañana.
-Lorz, las vacaciones hay que pedirlas con quince días de antelación.
-¡Pero es que no puedo avisar con quince días de antelación! ¡Mi bisabuela se ha muerto hoy, y el entierro es mañana!
-Claaaro, y ahora me dirás que se ha muerto así, de pronto.
-Bueno, tanto como así de pronto, no. Era una señora mayor, llevaba por lo menos diez años en proceso.
-¡LO QUE YO DECÍA!
-Pero...
-Que no.
No conseguí que me dieran los días, pero de todas maneras a la mañana siguiente en vez de ir a trabajar me fui al pueblo. Cuando estaba más o menos por Despeñaperros llamé a mi jefa.
-Hola, que hoy no voy porque tengo que ir al entierro de mi bisabuela.
-Ay, pobre, vaya, lo siento mucho.
-¿Me puedo coger dos días?
-Claro, claro, lo que haga falta mujer. No tenías ni que haber llamado. Tú no te preocupes por nada.
Y así fue como ese mes no cobré.

Continuará...



15 abril 2014

Antes muerta que sencilla I

La culpa de todo la tiene la declaración de la renta.
¿El cambio climático? La renta.
¿El mal en el mundo? La renta.
¿Los calcetines arrugaos? La renta.
¿Que las tostadas siempre caigan por el lado de la mantequilla? La renta.
Y todo así.
Hace unos días intentaba ver mi borrador de la declaración de la renta (¿lo veis?) y como siempre me faltaba un dato (¡maldita casilla 620!) y me puse a revolver entre mis papeles como una loca y entre las muchísimas cosas que aparecieron (como, por ejemplo, unos trescientos partes de urgencias, todos míos) me encontré... un flashback:





Hace seis años mi familia en pleno acudió a un entierro, en concreto, el de mi bisabuela.
La experiencia fue tan... interesante que nada más montarme en el autobús de vuelta empecé a escribir, en el mismo billete, (y luego en el de mis hermanos) todo lo que había pasado. Después, como siempre que se trata de mi familia, le pedí permiso a mi madre para subirlo a internet.
Mi madre fue muy comprensiva:
-Ni hablar.
Y luego me e ofreció una explicación razonable: 
-Porque lo digo yo y punto.
Parecía pensar que alguien podría ofenderse (?), que lo que había escrito era irreverente (?) irrespetuoso (?) y que no tenía ninguna gracia (?):
-¡Como todo lo que escribo! -le dije.
Al final conseguí convencerla.
-¡Que he dicho que no y es que no!
Casi. 
Así fue como mis papelitos acabaron en una caja con todas las cosas que tendría que tirar pero nunca me atrevo... hasta ahora.
Porque este año se habrían cumplido 100 del nacimiento de mi bisabuela, que además justo este año habría conocido a tres bisnietas más (y en los últimos dos años, dos tataranietos más, de un total de cuatro) y porque si alguien se pica es que ajos come. 
Además, como ahora soy madre, yo también puedo decirlo: 
Y porque lo digo yo y punto.  



Mi bisabuela era de esas personas que están toda la vida muy malas, muy malas, muy malas... y que viven sin mayor contratiempo hasta pasados los noventa años.
En honor a la verdad, la bisabuela se murió un par de veces cuando ya estaba en los ochenta, pero siempre pudieron reanimarla y se recuperó. De hecho, durante una época, la tía que se ocupaba de ella nos llamaba periódicamente para decirnos que "el médico dice que le quedan veinticuatro horas". Entonces la familia, que por aquella época vivía desperdigada por varios países, reservaba vuelos, desempolvaba trajes, pedía días en el trabajo y, cuando estaba a punto de salir, la tía volvía a llamar para decir que había sido una falsa alarma.
-Que la han reanimado.
-¿Y qué hace ahora?
-Pues nada, aquí está, comiendo.
La cosa llegó a ser tan frecuente que mi por entonces novio acabó rebelándose:
-Mira, a mí avísame cuando esté muerta-muerta, que esto es un no parar.
En 2008 (la bisabuela había nacido en 1914, haced la cuenta) parecía que esta vez sí que de verdad el final estaba cerca.
La bisabuela vivía en un pueblo pequeño, y la noticia corrió rápidamente.
-Se está muriendo...
No es que yo lo viera en ese caso en concreto, pero lo he visto en un montón: mi madre subía a la plaza del mercado ("de abastos", lo llamaban) con todos los críos a rastras, y se le acercaba la cotilla de turno:
-Se está muriendo Fulanita.
Lo decía en voz bajita, como si fuera un secreto, pero a la vez con un regocijo que daba gusto verla. Es que en los pueblos la gente se aburre mucho, y morirse será una mierda, pero no deja de ser una novedad.
Total, que mi bisabuela estaba en trance de morirse otra vez y todas las cotillas del pueblo estaban en trance de encontrarse en la plaza para anunciárselo unas a otras en voz bajita cuando de pronto empezaron a tocar a muerto.
"Tocar a muerto" podría ser una tómbola en la que se rifaran cadáveres, pero no lo es (lo he preguntado), si no que es una forma peculiar de hacer sonar las campanas de la iglesia para que todo el pueblo se entere de que se ha muerto alguien.
¿Y quién se ha muerto?
Pues Fulanita, que esta mañana he subido a la plaza y me han dicho que estaba a punto.
¿Lo veis? Lo tienen todo pensado.
Las cotillas del pueblo se apresuraron a ir a dar el pésame a casa de mi tía, lo cual tiene mucho mérito, porque mi tía vive en lo más alto de la cuesta más empinada del pueblo; y eso es mucho decir porque, según ZaraJota™ el dichoso pueblo "solo tiene cuestas, y todas son para arriba".
Cuando llegaron a la cumbre, llamaron a la puerta de mi tía, que salió a abrirle rauda y veloz.
Más o menos.
Mi tía, es más corredora de fondo que sprinter.
-¿Es aquí la muerta? -le preguntaron.
En el pueblo es que son así: una delicadeza, una diplomacia, un tacto...
-No, todavía no.
Mi tía es que es una optimista de la vida.
-Anda que no, si están tocando a muerto.
-Sí, pero es por Menganito.
-No me digas. ¿Y hemos subido aquí para nada?
Desde luego es que la gente no tiene consideración ni para morirse.

Continuará...

05 abril 2014

El cambio de hora

La semana pasada cambiaron la hora.
Otra vez.
Se ve que no les gustaba la que había.
Cuando me desperté el domingo por la mañana lo primero que hice fui mirar la pantalla del móvil.
9:00
-Anda, mira, ZaraJota™, hemos dormido hasta las diez de la mañana, como si fuéramos jóvenes de la vida salvaje.
-Déjame en paz.
Pobre ZaraJota™, que mal le sienta dormir hasta tarde.
Luego me fui al Ipad...
9:00
Al ordenador...
9:00
Y finamente a mi reloj de pulsera.
13:30
Bueno, mi reloj nunca volvió a ser el mismo después de que Bebé-chan lo usara de mordedor durante un par de días. Se ver que no era waterproof.
-Que fuerte -le dije a ZaraJota™- ¡se ha cambiado de hora todo solo!
-Lorz -me contestó-. Las nueve de la mañana de hoy son las ocho de la mañana de ayer así que perdona si no comparto tu entusiasmo.
-¿Que qué?
-¡QUE ME DEJES DORMIR!
Pobre ZaraJota™, que mal le sienta el cambio de hora.
La cuestión es que yo me equivocaba: no todo se había cambiado de hora solo.
Había algo que se había resistido tenazmente, pero no nos dimos cuenta hasta la hora de dormir...

22:00, una hora menos en Bebé-chan
-Bebé-chan, ¿vamos a dormir?
-NO.
-Es hora de dormir.
-NO.
-Bueeeeeno, cinco minutitos más y te vas a la cama.
-NO.

22:30, una hora menos en Bebé-chan
Meto a Bebé-chan en la cama, me tumbo a su lado y empiezo a hacerle mimitos.
Se está calentito y a gusto, así las dos pegaditas.
Creo que voy a cerrar un ojo un momento...

22:35, una hora menos en Bebé-chan
-¿Te has dormido? -pregunta ZaraJota™.
-¿Eh? ¿Qué? No, no. Lo tengo todo controlado.
-Entonces supongo que es normal que Bebé-chan se haya quitado el pijama y esté corriendo por toda la casa en pelota picada mientra grita y agita los bracitos.
-Mierda...
-No te preocupes, ya se cansará.

23:00, una hora menos en Bebé-chan
-¡PATATA! ¡PATATA! ¡PATATA! ¡PATATA!
-Pues no se cansa, no.

23:30, una hora menos en Bebé-chan
-Bebé-chan, papá y mamá se van a la cama.
-¡PATATA!
-¿Quieres venir con nosotros?
-NO.

0:00, una hora menos en Bebé-chan
-¡VEN... A... DORMIR!
-¡PATATA!
-¡TE LLEVARÉ A RASTRAAAAS!
-Lorz, ya la estás llevando a rastras. Llevas llevándola a rastras media hora. Y no es que no avances, es que te estás alejando.
-¿Tú de parte de quién estás!

0:30, una hora menos en Bebé-chan.
En la cama.
-¡PATATA! ¡PATATA! ¡PATATA!
-Bebé-chan, es muy tarde. Tienes que dormirte.
-NO.
-Muy bien, no te duermas si no quieres, pero papá y mamá tienen que dormir.
-¿Tí?
-Porque mañana madrugan y tienen que ir a trabajar.
-¿PAPAMAMA? OOOOOOOOH...
-ZaraJota™, creo que por fin lo ha entendido.
-¡TIIIII!
PATA, PATAATA
PATA, PATAAA
PATA, PATAAATA
PATA, PATAAA
-¿Nos estás cantando una nana para que nos durmamos?
-¡Tiiiiiii!
Las hay que no pillan las indirectas.

28 marzo 2014

Los infinitos organismos de este planeta

Dos semanas sin escribir... que mal... pensé que no podría escribir nunca más y mi madre me diría "te lo dije, que dije que cuando naciera Bebé-chan ya no tendrías tiempo para tonterías", y yo le diría "pues no he tenido ningún problema los primeros dieciocho meses" y ella me diría "ya salió la lista que todo lo sabe" y todo así. 



Viernes...
-Bebé-chan tiene un sarpullidito en el culete -nos dijeron cuando fuimos a buscarla a la guardería. 
-Ya, ya. 
Es una verdad universalmente conocida que a todos los bebés se les irrita el culete cuando les están saliendo los dientes. Como Bebé-chan tiene la costumbre de echar dientes en grupos de a cuatro, su culete tiende a irritarse tanta facilidad que podríamos llamarla Bebé-Culito Irritado-chan. 
M**rd*. Ojalá se me hubiera ocurrido antes. ¿Ya es tarde para ir al registro a cambiarle el nombre?

El sábado el sarpullidito se había extendido por los muslos hasta llegar a las rodillas.  
-Es como si algo le hubiera dado alergia -le dije a ZaraJota™.
-Algo... o alguien...
-No sé que ha podido ser... lleva todo el día con mis padres.
-Lo que yo decía: alguien.
-Ha debido ser de los pantalones, justo ayer llevaba los nuevos... Cuando los lavé soltaron un montón de color, seguro que le han provocado reacción.

El domingo el sarpullidito se había extendido hasta los tobillos.
-Pues los vaqueros no han sido -le dije a ZaraJota™- porque lo he estado pensando y era por lo menos la segunda o tercera vez que se los ponía.
-Pues será el detergente.
-No, no, porque es el mismo que uso para todo, le tendría que haber salido por todas partes.

El lunes el sarpullidito estaba por todas partes.
Por hablar.
-No puede ser -le dije a ZaraJota™-. Es el mismo detergente que usamos siempre y nunca ha pasado nada.¡Si es hipoalergénico, ph neutro y para pieles sensibles! ¡Es prácticamente saliva con un poco de colorante!
ZaraJota™ no acababa de verlo claro. En la guardería, tampoco.
-Llevadla al pediatra -nos dijeron por la tarde, cuando fuimos a recogerla.
-Sí, sí, es que hasta mañana no tenemos la cita.
-Pues llevadla. Sin falta. A ser posible, envuelta en plástico de cocina.
-Vale, vale.
-Y si os dicen que es contagioso, no volváis.

El martes fuimos al pediatra.
-Es que le ha salido un sarpullidito.
-A ver... ¡ARG!
-¿Es grave?
-No, no.
-¿Y por qué se está lavando frenéticamente las manos con ácido?
-Eh... ¿porque trae buena suerte?
-Que bien. Entonces, ¿Qué es?
-Es un virus.Por el aspecto, muy contagioso.
-¿Como de contagioso?
-Contagioso nivel "si se la vendes a un terrorista te forras":
-Entonces, ¿puedo llevarla a la guardería?
-Más bien no... aunque seguramente lo ha cogido allí. Espera, ¿la llevasteis la semana pasada?
-Sí, claro.
-Entonces la puedes llevar sin problemas: a estas alturas ya deben estar todos más que jodidos.
Al salir del pediatra llamamos a la guardería.
-¿Qué os han dicho? -nos preguntaron.
-Nada, que la podemos llevarla a la guardería problemas.
-Que raro... tenía pinta de ser contagiable.
-Precisamente: dice que es tan contagioso que a estas alturas ya estarán todos incubando.
Y entonces, sin motivo aparente, Bebé-chan fue expulsada de la guardería.









Pd: De manera temporal, ¿eh? En  cuando desaparezca el sarpullido, la bañemos en desinfectante y quememos todos sus efectos personales podrá volver.



17 marzo 2014

The camera never lies

La semana pasada estuve en la presentación de un libro cuyo nombre no voy a decir para preservar su anonimato. Dos veces. Dos veces estuve en la presentación, no dos veces no voy a decir su nombre para preservar su anonimato.
Mierda, lo acabo de hacer.
Da igual.
Si estuve en la presentación no fue por gusto. Bueno, sí, pero poco, porque ni había croquetas ni nada. Si fui a la presentación, con ZaraJota™ como fiel escudero (léase "adulto responsable") fue con el único objetivo de grabarla en vídeo.
Por las risas y tal.
La grabación fue un desastre. En parte porque la cámara que usamos no es profesional, sino la típica cámara de oferta que te compras cuando acabas de fabricar tus propias marionetas y estás pensando en hacer unos veinte vídeos musicales con ellas (vaya, lo normal), en parte porque la luz no era muy buena, en parte porque en vez de sostener la cámara la dejamos en precario equilibrio sobre una pila de libros y en parte, sobre todo, porque hacia mitad de la charla pasó por la calle una manifestación y se oían más los gritos de la calle que lo que se hablaba dentro.
Y así todo.
Cuando acabó la charla y aplaudimos y tal empezamos a levantarnos, con tan mala suerte que se me cayó el bolso, me agaché a cogerlo y entonces noté una brisilla por los bajos y me quedé paralizada.
-Ay... -dije.
-¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto a enganchar el labio en la cremallera del pantalón?
-No...
-¿Entonces?
-Creo que estoy enseñando la hucha.
La hucha, por si alguien no lo sabe, es como se llama finamente a la rajalculo cuando asoma por encima de la cintura del pantalón. Así que cuando dije "estoy enseñando la hucha" lo que quería decir es "estoy enseñando tolculo".
-Sí, ahora que lo dices sí -encima ZaraJota™ animando.
-Jo...
-Venga, levanta.
-Nooooo... me esconderé debajo de la silla y no volveré a salir nunca. Tendré que alimentarme de pelusillas y mis propias uñas, pero es mejor eso que afrontar la vergüenza.
-Deja de decir tonterías: si no te ha visto nadie.
-¿No?
-No. Ahora sí: en cámara has debido quedar estupenda.
Lo que yo decía: encima ZaraJota™ animando.
En cuanto llegamos a casa le pedí que me enseñara el vídeo enterito, plaaaaaaaano a plaaaaaaaano.
-No se ve nada -dije, al final, con bastante alivio.
-¿Lo ves?
-Y además el vídeo ha quedado bastante bien.
-Aparte de la falta de luz, que la imagen no para de temblar y que se oye más la manifestación que al señor que presenta el libro.
-Bueno, sí. Lo que es una pena es la gorda esa que no para de cruzarse.
-¿La gorda?
-Sí, esa gorda imbécil que no para de cruzarse. ¿Es que no se da cuenta de que hay una cámara grabando o qué?
-Lorz, eres tú.
-Sí, Lorz soy yo, y tú eres tú, me lo has explicado muchas veces, pero ahora estamos hablando de la gorda.
-La gorda, Lorz, esa gorda que ves en la pantalla, Lorz, ERES TÚ.
-...
-Exacto.
-¿Y por qué me veo tan gorda?
-No me obligues a responder, por favor.
-Bueno, es que la cámara engorda, ¿no? Eso dicen.
-Pues yo también salgo y a mí no me engorda.
Es que ZaraJota™ cuando se pone a animar no tiene freno. 

09 marzo 2014

Leyendas urbanas

Tengo otra amiga embarazada.
Estoy empezando a preocuparme. Para mí que esto va a ser contagioso... ¡seguro que se lo han pegado por no usar condón!
Bien, pues como todos los padres primerizos, esta amiga (y su pareja seguramente también, pero es que no le estaba haciendo caso cuando hablaba) está llena de dudas. Porque es que sobre esto de tener hijos hay mucha información, pero también mucha desinformación y muchas leyendas urbanas.
Desde el Departamento de Servicios a la Comunidad y Asesoramiento Maternal de Lorzagirl and Foscanetwoks Associated, con nuestros amplios 18 meses de experiencia, hoy ayudamos a despejar esas leyendas urbanas:

Cuando tienes un hijo se acaba el salir de marcha
Gracias a Dios. Por fin. Desde los 16 años esperando una excusa decente para dejar de meterme en esos antros horrendos en los que se mete a presión gente sudada para oír música que no le gusta a todo berrido y beber garrafón a precio de oro.

Cuando tienes un hijo se acaba el dormir
Como si durmieras mucho cuando salías de marcha, piltrafilla.

Cuando tienes un hijo se acaba quedar con los colegas
Tonterías. Puedes quedar con los colegas siempre que quieras. A las seis de la tarde. En un burger king. Con piscina de bolas.

Cuando tienes un hijo se acaba el ver series
Anda ya. ¿Qué es Peppa Pig? ¡Una serie! ¿Y Pocoyó? ¡Una serie! ¿Gumball? Serie. ¿Adventure Time? Serie. Y así una larga lista.

Cuando tienes un hijo se acaba el hacer cosas frikis
Si hay algo más friki que pasar la noche en vela cosiendo un disfraz no se me ocurre, francamente.

Cuando tienes un hijo se acaba el salir a cenar
Es un error muy común. Cuando tienes un hijos sigues pudiendo salir fuera a cenar. A las seis de la tarde. En un burger king. Con piscina de bolas.

Cuando tienes un hijo se acaba el sexo
Si alguien os dice esto alguna vez no le odiéis: compadecedle. Su pareja le ha dejado sin sexo y encima le ha convencido de que es lo normal.
Si tener un hijo matara el sexo, todas las parejas tendrían solo un hijo. ¿O es que el segundo lo traen las cigüeñas de París? Y a veces hay un tercero, un cuarto... Nueve tuvo mi bisabuela, con varios abortos de por medio. Si a ella no se le se quitaron las ganas de fiesta después de tener el octavo, ¿por qué se nos van a quitar a los demás?
Sé lo que estáis pensando: "eran otros tiempos".
Exacto.
Si a mi bisabuela, sin lavadora, sin microondas, sin pañales desechables, sin leche de fórmula, sin papillas y sin epidural no se le quitaron las ganas de fiesta, ¿por qué se nos van a quitar a los demás?
Y si estáis pensando que se veía obligada a cumplir con los deberes conyugales por alguna especie de marido tiránico, os equivocáis mogollón.
Cuenta la leyenda que cuando uno de sus muchos yernos fue a pedirle la mano de una de sus muchas hijas, el bisabuelo le dijo:
-Espero que no le haya salido a su madre y que te deje descansar por las noches.
¡JA!
Es cierto también que el sexo cambia.
Para empezar, no puedes tener sexo cuanto tú quieres (como si antes tuvieras sexo cuando querías, piltrafilla): como mínimo tienes que esperar a que el bebé no esté delante. Si practicas sexo con un bebé delante (o detrás, o en medio) te puedes meter en un jaleo.
Primero descubres esto, y luego descubres que el bebé siempre está ahí.
En momentos de extrema necesidad, ZaraJota™ y yo le hemos pedido a mis padres que se llevaran a Bebé-chan de paseo... Solo para darnos cuenta de que no podemos tener sexo porque seguro que mis padres están pensando que les hemos pedido que se lleven a la niña solo para tener sexo y no podemos tener sexo mientras ellos estén pensando que estamos teniendo sexo.
Así que no tenemos sexo. Lo cual no impide que mis padres piensen que estamos teniendo sexo.
Y eso demuestra que somos rematadamente idiotas, y además estamos a dos velas.
Nuestra segunda opción es esperar a que Bebé-chan se duerma antes que nosotros.
Esto no ocurre con frecuencia, y cuando ocurre nos encontramos con que el tiempo es poco y las cosas que hacer muchas.
A veces tenemos que elegir entre sexo y dormir y elegimos dormir.
A veces tenemos que elegir entre sexo y comer y elegimos comer.
A veces tenemos que elegir entre sexo y ducharnos y elegimos ducharnos.
Pero eso no es así siempre. A veces elegimos sexo. A veces ni siquiera tenemos que elegir: hay tiempo para sexo y dormir. A veces, incluso, hay tiempo para sexo y dormir y elegimos sexo y sexo.
Otras veces elegimos sexo y ducha y cuanto voy a ducharme descubro que ZaraJota™ ha gastado todo el agua caliente y me ducho con agua fría y pienso, jo, tendría, jo, tendría que haberme duchado antes del sexo, así no habría necesitado el sexo y podría haber aprovechado para planchar.
Lo normal.
Incluso cuando conseguimos llegar al momento de tener sexo, la cosa cambia.
A Bebé-chan le cuesta mucho dormirse, pero una vez que se duerme aguanta ocho o nueve horas del tirón.
Excepto cuando estamos teniendo sexo. No Bebé-chan y yo, ZaraJota™ y yo. Si estamos teniendo sexo (ZaraJota™ y yo), de pronto Bebé-chan tiene el sueño ligero, ligero...
-A lo mejor es que tenemos mala suerte y justo escogemos tener sexo en la noche que Bebé-chan va a dormir mal -le dije a ZaraJota™.
-A lo mejor es que alguien grita como una loca y la despierta -me contestó.
Ostras, ¿quién será? ¡Si yo no he oído a nadie!
El resultado es que ahora cuando Bebé-chan se duerme y está roncando como un camionero plácidamente en su cunita, voy a ZaraJota™ y le digo.
-¡Tú! ¡A la cama! ¡AHORA!
-¿Puedes esperar un minuto? Es que estoy hablando por teléfono con mi madre.
-Pues le cuelgas, que estoy salida.
-¡Hola, Lorz!
-Ejem... tengo el manos libres puesto...
ZaraJota™ siempre pone el manos libres cuando habla con su madre. Así si se aburre puede irse y volver más tarde.
-Eh... hola, suegra. ¡ZaraJota™!
-Adiós mare -pip-. ¿Se ha dormido la nena?
-Sí. Vamos.
-¿Puedo darte un besito al menos?
-Vale. Uno. Pero sin mariconadas, que en cualquier momento se despierta y nos deja a medias otra vez.

Así que no, cuando tienes un hijo no se acaba el sexo: lo que se acaba son los preliminares.

02 marzo 2014

Vuelve a casa vuelve... por febrero IV y ya

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Que no quiero su móvil, coño. 

Llegamos a Barcelona sin más contratiempos; total, ya los habíamos tenido todos.
Y ninguno consiguió impedir que fuéramos a ver a la suegra. Menuda suerte la nuestra, ¿eh?
Aparte de a la suegra, la cuñada, el cuñado, todo el sobrinerío y varias vecinas, el viaje a Barcelona era, básicamente, para ir a conocer a la hija del Primo Buena Persona, a la que para abreviar llamaremos Hija de Primo Buena Persona chan.
Pero claro, cuando llegamos a Barcelona Bebé-chan estaba malita, y cualquiera que haya experimentado el poder de los virus de guardería sabe que lo mejor es cuarentena y, en ocasiones, cauterizar preventivamente de cuello para arriba.
Por eso llamé al Primo Buena Persona:
-Oye, que Bebé-chan está malita, creo que es mejor que no vayamos a veros.
Lo dije así, con la boca pequeña, esperando que me dijera "mujer, por un ratito que vengáis no pasa nada". Aunque fuera por educación o algo.
Sin embargo, lo que dijo Primo Buena Persona fue:
-¡NI SE OS OCURRA VENIR!
-¿Qué?
-¡QUE COÑO! ¡AHORA MISMO OS VAIS PARA MADRID!
-Pero...
-VISCA CATALUNYA LLIURE! VISCA L'INDEPÉNDENCIA! I EL PA AMB TOMÀQUET! I LES COSETES VERDS QUE ES MENGEN AMB SALSA!
-¡Si tú no eres catalán!
-¡Mi hija es catalana! ¡Y la tuya un peligro público!
Bueno, en realidad no fue así, pero total ¿a quién le importa la verdad cuando se trata de Cataluña?
Al día siguiente Bebé-chan estaba perfectamente recuperada, así que volví a llamar.
-Hol...
-¡QUE NO!
-Eh... Es que Bebé-chan ya no tiene fiebre, ni mocos, ni nada.
-Bien por ella.
-Y ZaraJota™ y yo no nos hemos contagiado esta vez. Creo que podríamos ir sin peligro.
-Está bien. Pero tendréis que envolveros en plástico de cocina antes de entrar y prometer no respirar a menos de diez metros de mi hija.
-Está bien.
Esa tarde ZaraJota™ empezó a quejarse de que le dolía mucho la cabeza.
-No digas bobadas -le dije- ¡si solo llevamos veinticuatro horas con tu madre!
A la mañana siguiente ZaraJota™ estaba casi a 40 de fiebre.
Con tal de llamar la atención es capaz de lo que sea.
Llamamos de nuevo a mi primo.
-Lorz, ven, no vengas, haz lo que quieras, pero déjame en paz de una vez.
-ZaraJota™ tiene mucha fiebre.
-¡COMO VENGAS TE MATO TOAAAAAAAA!
Aclarado este punto,. cambiamos los billetes para volver a Madrid cuanto antes. O, al menos, antes de que ZaraJota™ empezara a potar como había potado Bebé-chan.
Cuando estábamos en la estación sonó el teléfono y, sorpresa, era Primo Buena Persona.
-Hola Lorz, ¿cómo estáis?
-Llamas para asegurarte de que nos vamos, ¿verdad?
-Nooooooo...




Epílogo:
Bebé-chan creció cinco centímetros en un fin de semana.
ZaraJota™ estuvo de baja casi cinco días, agonizando. Quejándose. Incordiando. Dentro de la normalidad, vaya.
Lorz estuvo un par de días con dolor de garganta. "Eso te pasa por dormir sin bragas", sentenció su abuela.
Primo Buena Persona mantuvo a Hija de Primo Buena Persona chan a salvo.


 


24 febrero 2014

Vuelve a casa vuelve... por febrero III

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Potas everywhere.

Toda mi vida pasó ante mis ojos.
Bueno, no.
En realidad lo único que pasó ante mis ojos fue el puto autobús.
Allí estábamos, en mitad de la calle, un sábado a las 7 de la mañana, a -2ºC, oliendo a vómito, con un Bebé-chan, un montón de maletas y cara de pasmo.
-Creo que está empezando a llover -dijo ZaraJota™, que es de esas personas que siempre ven el lado positivo de las cosas.
-¿Qué hacemos?
-Vamos a llamar a un taxi.
-Oooooooh podemos volvernos a casa y meternos en la cama.
-Ahora que lo dices, puedes que Bebé-chan se haya estado limpiando la cara en las sábanas después de potar.
-¡Taxi! ¡TAXIIII!
En menos de un minuto estábamos subidos a un taxi, ZaraJota™, Bebé-chan, las maletas, nuestro olor a vómito y yo. Como sabéis, los niños tienen que usar unas sillas especiales cuando viajan en coche, pero al parecer en los taxis no son obligatorias y pueden ir simplemente en brazos de un adulto.
-Pues no lo entiendo -le dije a ZaraJota™-; el peligro es el mismo en un taxi que en un coche privado, ¿no? Además, si yo la llevo bien agarradita, ¿qué puede pasar?
Entonces el taxista frenó y Bebé-chan se me cayó al suelo del coche.Después de eso ya no me quedaron ganas de seguir opinando sobre el asunto.
Al final llegamos a tiempo y conseguimos subir al ave.
-A ver si ahora Bebé-chan se duerme un rato y nos podemos echar una cabezadita también -nos dijimos.
Pues no.
Se ve que si despierta a un bebé a las seis de la mañana, devuelve, sales corriendo de casa, lo montas en un taxi, se da un golpe en la cabeza y luego vuelves a salir corriendo otra vez luego le cuesta relajarse.
Así de tiquismiquis son.
Bebé-chan estaba bastante de los nervios.
Durante un rato se entretuvo gritando porque no quería sentarse, ni estar de pie, ni que la cogiéramos en brazos, y a mí ya solo se me ocurría que intentáramos colgarla boca abajo con una cuerda, pero ZaraJota™ no me dejó porque decía que nos iban a mirar raro.
Cuando conseguimos que se sentara se entretuvo dando patadas al respaldo del asiento de delante, que hacía un ruidito muy gracioso. La señora que estaba ahí también hacía ruiditos. No tan graciosos. De hecho, parecía bastante cabreada. Por suerte para entonces ya habíamos conseguido sacar los juguetes y entretener a Bebé-chan apilando pollitos.


-Ahora que está entretenida -dijo ZaraJota™-, voy a ir a la cafetería a por algo de desayunar.
Y se fue.
Cuando llevaba un rato Bebé-chan se cansó de apilar pollitos y decidió desapilarlos:
Cogió el primero y se lo lanzó a la señora del asiento de delante.
-¡PATATA!
Cogió el segundo y se lo lanzó a la señora del asiento de delante.
-¡PATATA!
Cogió el tercero...
-¡Bebé-chan! ¡No le tires pollos a la señora!
-Si no me importa -contestó la señora, por alusiones.
-¡PATATA!
Después del quinto pollazo la señora no volvió a decir nada más.
Cuando Bebé-chan se quedó sin pollos se echó a llorar, y ese fue justo el momento en el que volvió ZaraJota™.
-¿Qué le pasa? -preguntó.
-Nada, que se ha liado a pollazos con la señora de delante.
-Ya, y se los has quitado para que no siga tirándoselos.
-Eh... más o menos.
-Los pollos no se tiran, Bebé-chan.
-¡PATATAAAAAA!
-No, patata no. ¿Tu ves que papá y mamá vayan por ahí tirando pollos? No, ¿verdad? Pues tú tampoco.
-¡PATATAAAAAA!
-Los pollos no se tiran. ¿Entendido? Muy bien. ¿Quieres que juguemos al Angry Birds?
ZaraJota™!
-¿Qué?
-¡Que luego la niña coge ideas!
-Vale, vale.
De todas formas Bebé-chan no parecía muy interesada en jugar. En cambio encontró una forma de entretenerse a sí misma: el gritito inesperado intermitente. Cuando llevábamos una media hora de berrido rítmico-musical, la señora del asiento de delante se dignó a dirigirnos la palabra de nuevo.
-En mi móvil tengo canciones para niños. Las llevo siempre para mi nieto.
-Ah, que bien.
-Os lo presto para que la niña se entretenga.
-No hace falta, gracias.
-De verdad, toma -insistió la señora.
-En serio, no hace falta. Estamos bien -insistí yo.
-¡PERO YO NO!
Desde luego hay que ver la gente lo tiquismiquis que es.

Continuará...


17 febrero 2014

Vuelve, a casa vuelve... por febrero II

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No eran los dientes, no. 


Esto va a dar un poco de asquito.


El pediatra no nos quiso explicar de qué se reía. Yo supuse que sería uno de esos chistes de médicos, como cuando te dicen "saca la lengua" y te la pillan con un cepo de cazar osos y se parten de risa.
No entiendo por qué. Y eso que me lo hacen continuamente, pero yo sigo sin verle el chiste.
Sea como fuere, el pediatra nos dio permiso para viajar.
El sábado, como viene siendo costumbre cada vez que salimos de vacaciones, me levanté a las cinco de la mañana para terminar de recoger. A las seis desperté a ZaraJota™ y Bebé-chan. Para llegar a tiempo a coger nuestro tren teníamos que coger el autobús de las siete y media. A las siete y cuarto estábamos listos y me disponía a embutir a Bebé-chan en su abrigo cuando se desató la tragedia:
Bebé-chan empezó a vomitar.
A saco.
Sé que todos hemos potado y visto potar, pero no comprendes la magnitud que puede llegar a alcanzar un evento potatoide hasta que ves a un bebé hacerlo: es como si les bombearan desde dentro. En pocos segundos Bebé-chan y ZaraJota™ se convirtieron el la zona cero, y todas las superficies es un radio de dos metros estaban cubiertas de lo que parecía ser el desayuno a medio digerir de Bebé-chan.
-¡No te muevas! -le grité a ZaraJota™.
Rápidamente cogí a la niña con la punta de los dedos, me la llevé a su habitación, puse una toalla sobre el cambiador e intenté sentarla encima, con tan mala suerte que se me escurrió y se golpeó la cabeza.
No muy fuerte, ¿eh? Lo justo para que sonara.
Entonces empezó a llorar y yo le dije "ea, ea" y ella se lo tomó como una señal de que un abracito sería bienvenido. Y me abrazó, claro. Con todas sus fuerzas y su camisetita cubierta de pota.
Más mona, ella.
Al menos mis pantalones siguen limpios, pensé.
Bebé-chan debió de pensar lo mismo y decidió solucionarlo vomitando otra vez. Por suerte me aparté a tiempo y no cayó nada en mis pantalones: todo fue a parar al cesto en el que metemos la ropa sucia que, por supuesto, estaba lleno de ropa.
Que ya estaba sucia, sí, pero no tanto.
-Ay, dios...
Para entonces ZaraJota™ había conseguido salir del charco de pota del salón y estaba intentando fregar, cambiarse de ropa y ayudarme, todo al mismo tiempo. El resultado visible era que corría por toda la casa gritando y agitando los bracitos cubiertos de pota.
Poco a poco conseguimos poner orden en el caos. ZaraJota™ desvistió a Bebé-chan, la frotó con toallitas de arriba a abajo y la volvió a vestir con ropa limpia mientras yo fregaba por todas partes, porque donde no había caído directamente lo habíamos llevado nosotros al pisar.
El caos.
Con todo a las siete y media volvíamos a estar preparados. Más o menos. Confiábamos en que el frescor mañanero (-2ºC marcaba el termómetro) disipara un poco el olor a pota que llevábamos.
Salimos de casa con un Bebé-chan, una maleta, dos bolsos y los regalos de navidad para la familia de ZaraJota™ y echamos a correr como si nos fuera la vida en ello. Cuando estábamos esperando que se pusiera verde el último semáforo vimos pasar por delante nuestra un autobús.
-No te preocupes, Lorz -dijo ZaraJota™-. No es el nuestro.
-¿Cuál es?
-El 247.
-ZaraJota™, el 247 es el nuestro.
-Mierdaaaaaaa...



Continuará...

12 febrero 2014

Vuelve, a casa vuelve... por febrero I

Hace unos meses la familia de ZaraJota™ nos preguntó si iríamos a verles por navidad.
-Uy, uy... es que este año cae fatal.
-¿Y en reyes?
-Fatal, fatal, también... Y además yo el día cinco trabajo hasta tarde.
-El día cinco cae en domingo, Lorz.
-Eh... Yo es que sigo el calendario lunar, ¿sabe?
En enero volvieron a preguntar.
-Uy, uy, es que estamos esperando a que nazca el bebé de Primo Buena Persona para ir a visitarlos a ellos también, ya que vamos.
 -¿Y cuándo salen de cuentas?
-Pues... estoooo... ¿nunca?
Pero el bebé de Primo Buena Persona viene con ganas de llevar la contraria: salió de cuentas y nació a su debido tiempo.
Pequeña traidora. 
No pudimos postponerlo más y fijamos el viaje para el primer fin de semana de febrero.
Cinco días antes del viaje a Bebé-chan le dio fiebre en la guardería.
-Vaaaaaya, no podremos ir de viaje...
-No os preocupéis, le hemos dado un bañito y se le ha bajado.
-Mierda. Quiero decir, ¡qué bien! ¡qué bien!
-Seguramente es por los dientes, estad atentos por si le vuelve a dar.
Yo la vigilé con toda mi ilusión, y al día siguiente Bebé-chan ardía de fiebre.
-Vaaaaaaya, no podremos ir de viaje...
-No te preocupes, Lorz -me dijo ZaraJota™-, de aquí al sábado quedan muchos días.
Cuando llamé a la guardería a avisar de que no iba me volvieron a decir lo mismo: no te preocupes, es de los dientes, se le pasa enseguida.
Por la tarde Bebé-chan estaba perfectamente y al día siguiente volvió a la guardería.
-¿Dónde estuviste ayer? -le preguntaron.
Como Bebé-chan todavía no habla contesté yo.
-Jugando con mis ilusiones.
El jueves por la tarde Bebé-chan volvía a tener fiebre.
-Estoy de los dientes hasta el potorro -anuncié.
El viernes por la tarde ZaraJota™ fue al pediatra con Bebé-chan.
-Lleva con fiebre desde el lunes -le dijo.
-¿Y la traéis ahora?
-Pensábamos que era por los dientes...
-¿Dientes? ¿Qué dientes?
-Los cuatro colmillos que le han salido esta semana.
El pediatra le echó un vistazo a los dientes. Sin acercar la mano, que el hombre es pediatra pero no es tonto.
-Pues sí, está en plena dentición, pero la fiebre no es de eso.
-¿No?
-Esta niña tiene gripe.
-Anda ya.
-Por eso tiene fiebre y vomita.
-No, no. Bebé-chan no ha vomitado.
-¿No? ¡MUA-JA-JA! ¡MUA-JA-JA!


Continuará... (en breve)



02 febrero 2014

On fire

-Jo, Lorz, tú antes molabas.
-¿Antes molaba? ¿Y me lo dices ahora? Eres peor que mi abuela, que solo te dice que has perdido peso si después puede añadir “pero ahora has vuelto a engordar”.
-Es que solo escribes chorradas sobre Bebé-chan.
-Bueno, acabo de escribir una historia sobre el bluray de ZaraJota™.
-Chorradas sobre Bebé-chan, chorradas sobre ZaraJota™... Es la misma mierda siempre.
-Vale. A ver qué te parece esto...
Entonces, para demostrarle al mundo (léase Sark) que era capaz de escribir otras cosas, escribí un post porno.
MUY porno.
Tan porno que solo lo ha leído ZaraJota™, y desde entonces me sonrojo cuando me mira.
Bueno, eso ya me pasaba antes, y no tiene nada que ver con el porn...
Ejem. 
Lo importante aquí es que he aprendido una valiosa lección: cualquier idiota puede escribir porno, pero nadie escribe chorradas sobre Bebé-chan y ZaraJota™ como yo.
Aclarado este punto, voy a contar una historia en la que aparecen mencionado Bebé-chan y ZaraJota™. Y al que no le guste, que no mire.

Durante toda mi vida he pensado que depilarse era una decisión personal que cada uno tomaba según le apeteciera, pero esta semana, gracias a un sesudo debate en twitter, he aprendido que el futuro del feminismo internacional se esconde en nuestros matojos íntimos, a saber:
1.- No te depilas: eres una guarra.
2.- Te depilas: eres una víctima de la sociedad falocéntrica imperante y deberías salir a la calle y quemar tu sujetador de inmediato. A ser posible lejos de un área infantil, gracias.
Con lo feliz que era yo pensando que lo que pasara en mis sobacos era solo asunto mío, y ahora vivo atenazada por la angustia de no saber si mis sobacos son políticamente correctos.
Mi único consuelo es que, sea cual sea el veredicto, mi herencia genética tiene mucho de lo que responsabilizarse.
Por una parte, mi madre. Mi madre tiene tan poco vello corporal que para ella depilarse consiste en coger unas pinzas y contorsionarse en busca de algún pelillo rebelde.
Por otra, mi padre. Mi padre tiene exactamente tres pelos en el pecho. Tres. Y le han salido pasados los cuarenta años. Los tres pelos de mi padre se consideran Especie Protegida: una vez se tiró de uno y Greenpeace organizó una protesta. El vello facial sigue la misma tónica: por lo general la decisión de dejarse barba implica un plan quinquenal.
-Lo que pasa es que estoy muy evolucionado -suele decir mi padre cuando sale el tema.
La teoría de la supuesta evolución de mi padre no se sostiene, entre otras cosas, porque su hijo, Hermano Mediano sí tiene pelos: todos en la cara. Como es moreno y de pelo rizado, cuando se dejaba la barba mi madre lo llamaba "mi pequeño talibán". La broma dejó de tener gracia después del 11-M: de pronto no podía subirse al metro con una mochila sin que los cabrones racistas  seguratas se le echaran encima.
Luego está Hermano Pequeño. Hermano Pequeño no tiene pelos en la cara. Ni uno. Cada vez que intenta dejarse barba se pasa meses oyendo "tienes algo raro en la barbilla". En cambio sí tiene pelos en el cuerpo. No es que se los hayamos visto: lo sabemos porque hemos oído historias terroríficas sobre cómo se los quita. Obviamente, Hermano Pequeño necesita salir a la calle a quemar su sujetador YA.
Y por último estoy yo, que me he dejado a mí misma en último lugar porque soy muy educada.
Mi historia con el vello corporal es tosca y se mete por doquier.
No, no era eso.
Da igual.
Yo no tengo pelo en la cara.
No importa lo que os haya dicho Sark: no tengo bigote.
Es un efecto óptico, ¿vale?
De vez en cuando voy a la peluquería a que me quiten cuatro pelos de las cejas, y lo hago principalmente porque luego me dan un masaje que me deja nueva.
El resto del cuerpo lo tengo a parches.
Nunca he tenido mucho pelo en las piernas, pero después de usar medias seis días en semana durante cuatro años (por motivos laborales) los pocos pelos que tenía empezaron a crecer raquíticos y luego dejaron de crecer. Ahora solo me salen algunos parches en las zonas en las que las medias no rozaban. Hace unos años le pedí a mi peluquera que me hiciera la cera.
La peluquera me miró las piernas con el ceño fruncido.
-Tenemos que esperar a que te crezcan un poco.
Seguimos esperando.
Tampoco tengo mucho pelo en las axilas. Una es casi calva porque tengo una cicatriz; y si no me depilo la otra me siento desequilibrada: como andar con una zapatilla en un pie y un zapato en el otro. Eso me llevó hace unos años a probar la depilación láser. Solo aguanté cuatro sesiones, así que no os preocupéis: el feminismo universal está a salvo por esa parte.
Lo que me da más problemas es el piticlín. Tampoco es que haya mucho donde rascar ahí. Además, las señoritas no se rascan ahí.
A la mierda el feminismo universal.
Los problemas vienen por causas ajenas a mi voluntad: por ejemplo, cuando me hicieron la cesárea las enfermeras decidieron que, para lo que había, "no merecía la pena rasurar". Luego me pegaron encima todo el esparadrapo de las vendas. Y luego... me lo quitaron. Entre la cicatriz de la cesárea y la depilación en seco del esparadrapo mi piticlín ya no es lo que era: ahora pasa muchísimo más frío.
Con todo, lo más dramático que le ha ocurrido a mi vello corporal no ha sido una depilación, sino un teñido.
(Esto ya lo conté una vez hace mucho tiempo en los comentarios, así que los lectores más veteranos se lo pueden saltar)
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, me compré un bikini de color blanco.
-Eso en cuanto se moje se va a transparentar -profetizó mi madre.
Así que me metí en la ducha con el bikini puesto, para demostrarle que no tenía razón.
Y la tenía.
¡Maldita sea! ¿Por qué las madres siempre tienen razón y ahora que yo soy madre no la tengo nunca?
En aquel momento mis opciones eran limitadas:
No podía devolverlo porque ya me había bañado con él.
No podía comprar otro porque me iba de vacaciones al día siguiente y no me daba tiempo.
Mi única salida era atacar la raíz del problema: los pelos.
Primero pensé en depilarme, pero estaba segura de que cuando volviera a crecer iba a picarme un puñao. Además existía la remota posibilidad de que a mi novio de entonces le gustara el resultado y se empeñara en que lo llevara depilado siempre, y la verdad, pasarme la vida quitándome pelos del piticlín me parecía un coñazo (literal y figuradamente).
Así que me lo teñí de rubio. Usé crema andina y no importa lo que te digan: escuece una barbaridad.
CHIRRI ON FIRE.
Big time.
Es una pena que por entonces todavía no existiera la canción de Alicia Keys, porque me había venido que ni al pelo (literal y figuradamente) para expresar mis sentimientos al respecto.


Incluso después de quitarme la crema (con agua HELADA) tuve que estar un buen rato abanicándome el piticlín, y estuve andando como John Wayne al menos semana.
Ahora sí, me quedó monísimo. Gran éxito de crítica y público. Una pena que enseguida empezaron a verse las raíces...
Bueno, no a verse: por lo general no se veían. A ver, que una es muy decente, y por lo general sale a la calle con las bragas (limpias) puestas.
Pero estaban ahí, como acechando.
Por entonces tenía una compañera de trabajo a la que le encantaba la expresión "rubia de bote, chocho negrote". Para mí que sospechaba algo, pero no acababa de saber el qué.
En fin, que así en general no tengo una política muy firme en lo que a vello corporal se refiere: me depilo si me apetece, me dejo greñas si quiero, me tiño cuando no tengo aprecio a mi bienestar físico...
Y esto me lleva a preguntarme: si a mí no me importa lo que pasa en mis sobacos, ¿por qué tendría que importarle al feminismo internacional?








24 enero 2014

El bluray y la tele de chorrocientas pulgadas

Como he recibido quejas sobre la abundancia del contenido materno-filial hoy voy a hablar de otra cosa.
Ya pueden retirar el caballo muerto de mi cama, gracias. 
Bien.
Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana (Carabanchel) ZaraJota™ estaba empeñado en que nos compráramos un bluray. Sus motivos eran extremadamente lógicos:
-¡Es que Atreides tiene uno!
-¿Y si Atreides se tirara por un puente tú también te tirarías?
-¡Nooooo! ¡Aprovecharía para ir a su casa y robarle el bluray! ¡Y la tele de chorrocientas pulgadas!
Por desgracia yo no quería un bluray (ni una tele de chorrocientas pulgadas), y mis motivos también eran extremadamente lógicos:
-¡Que he dicho que no y es que no!
-¡No es justo! ¡Siempre decides tú lo que compramos y lo que no!
-¡Pues apréndete el pin de la tarjeta, que pareces tontito!
Entonces me quedé embarazada (Esto no es contenido materno-filial, esto se llama "contexto"), y ZaraJota™ vio lo que hoy en día llaman "ventana de oportunidad". Sin motivo aparente. Con "oportunidad" sobra, digo yo. ¿Para qué quiere la oportunidad una ventana? ¿No era calva? ¿A cuento de qué viene esto?
La familia venía y preguntaba:
-¿Qué queréis que le regalemos a la niña cuando nazca?
Y antes de que me diera tiempo a contestar, saltaba ZaraJota™.
-¡UN BLURAY!
-Ejem... ¿no os valen unos patuquitos?
Y luego nació Bebé-chan. Y llegó la navidad. Y la familia preguntaba:
-¿Qué le ha pedido Bebé-chan a los Reyes Majos?
ZaraJota™ contestaba:
-¡UN BLURAY!
Y luego Bebé-chan creció. Y antes de que nos diéramos cuenta había pasado un año. Y la familia preguntaba:
-¿Qué quiere Bebé-chan por su cumpleNO VAMOS A COMPRARTE EL PUTO BLURAY!
Parece ser que ya como que se lo veían venir o algo.
Y entonces llegó esta navidad.
Y la familia ni preguntó.
-¡Que no! ¡Que no te compramos el bluray de los güevos! ¡Que el regalo es para la niña, no para el pelma del padre!
-¿Y una PSP? ¿Una pequeñita?
-¡QUE NO!
-Jo...
Y no sé si fueron las hormonas, la falta de sueño, la escasez de sexo o qué, pero me dio mucha pena el pobre. Entonces le escribí una carta a los Reyes Majos:

Queridos Reyes Majos de Andalucía

dos puntos

Sí, soy yo. No llaméis a la policía, por favor. Solo quiero un bluray. Una pequeñito. 
No es para mí, es para un colega. 

Gracias. 

Y los Reyes Majos le trajeron a ZaraJota™ un bluray, uno pequeñito.
Un bluray pelao y mondao, sin nada más que el bluray y el mando. Y ni siquiera es bonito.
Vaya, el bluray que había de oferta.
Los muy tacaños.
ZaraJota™ le dio igual.
-¿Un bluray? -dijo cuando abrió su regalo- Si no quería...
-Mira, majo, no me toques las narices, que llevas siglos incordiando con el bluray.
-Ya, pero era broma, jajaja.
-¡PUES AHORA TE LO QUEDAS!
-Ya, jaja, es que te vas a reír, jaja, pero nuestra tele no tiene entrada para bluray, jaja, ¿a qué es gracioso?
-...
-¿No te parece gracioso?
-Eh... ¿Te acuerdas en Apolo XIII cuando tienen que encajar una cosa redonda en una cuadrada y si no lo consiguen se van a morir por falta de oxígeno?
-Sí.
-Pues hazte a la idea de que el bluray es la cosa redonda, la tele la cuadrada, y yo la falta de oxígeno.
-Ya veo.
ZaraJota™ lo intentó. Lo intentó durante todo un domingo. Lo intentó de todas las maneras posibles.
Pero nada: aquello era como intentar que un elefante se zumbara a una hormiga.
Al final, cuando se quedó sin ideas, cogió el puñetero bluray, se lo llevó a casa de mis padres, e intentó enchufarlo en su televisión.
-Tengo una noticia buena y una mala -me dijo cuando volvió a casa con el cacharro bajo el brazo.
-¿La buena es que llueven piruletas, y la mala es que caen con el palo pabajo?
-Eh... no. La buena es que el bluray funciona perfectamente, y la mala es que nuestra tele no.
-...
-Podemos devolverlo si quieres.
-Mira, ZaraJota™, llevas años dando la brasa con el bluray. AÑOS. Yo ya no puedo más. El bluray se queda. Así que dime lo que tenemos qué hacer para que funcione. Me da igual. Lo que sea.
-Bueeeeeeno... podríamos comprar una tele nueva.
-Está bien...
-Con una de chorrocientas pulgadas bastaría...
-No tientes tu suerte.
Entonces nos compramos la tele. No es de chorrocientas pulgadas, pero al menos admite el formato bluray. Tardaron casi una semana en traerla a casa, y cuando llegó ZaraJota™ consiguió que funcionara a la primera.
-¡Ya está! -anunció.
-¡Bieeeeeeen!
-¿Y ahora qué?
-Pues ahora habrá que ver algo en el bluray, ¿no?
-Claro, cualquier DVD.
-Ah, no. Ahora que tenemos bluray yo quiero ver un bluray de los de verdad.
-Eh... sí. Pues entonces tengo una noticia buena y una mala.
-¿La buena es que llueve chocolate y la mala es que cae de canto?
-Eh... no. La buena es que tenemos un bluray...
-Ya.
-Y la mala es que tenemos UN bluray.


Creo que me habría ido mejor si los Reyes Majos hubieran llamado a la policía.  







19 enero 2014

Para el Primo Buena Persona y su santa

Mi primo Buena Persona es muy pesao.
Y cuando sea padre va a ser un padre pesao, pesao, de esos que pesan la caca del bebé todos los días y si un día hace tres gramos menos de caca va corriendo a urgencias corriendo y agitando los bracitos y cuando llega allí se dan cuenta de que ha salido de casa con tanta prisa que se ha dejado el bebé atrás, probablemente jugando a lamer la plancha encendida dentro de la bañera o algo peor.
De esos.
Y lo vamos a comprobar muy pronto, porque su señora santa sale de cuentas en breve.
La última vez que lo vimos ya miraba a Bebé-chan con suspicacia, como si su futura hija hubiera enviado un agente infiltrado. De vez en cuando superaba el recelo y me hacía una pregunta. Pero rara, rara, ¿eh? Que la gente normal pregunta cosas como qué marca de pañales usas, y mi primo preguntaba cómo funciona mi secadora.
Y esta es la cuestión: incluso cuando preguntaba, no me atrevía a decirle gran cosa, porque no hay nada más irritante que un padre primerizo que intenta darse aires aleccionado a otro. Y de esos hay mogollón, porque solo hay una cosa que le guste a la gente más que los bebés, y es demostrar que saben más de bebés que nadie.
Por eso los padres primerizos se ven obligados a sufrir un aluvión de consejos no-solicitados cuyo único fin no es ayudar, sino subir la autoestima del padre supuestamente experimentado que los da, y que busca reafirmarse a costa de la menor pericia del otro.
Por supuesto también hay un montón de consejos bienintencionados muy prácticos y hechos con muchísimo amor. Tengo una lista muy larga de personas a las que me gustaría comer los morros por haber dicho la palabra oportuna en el momento apropiado y haberme salvado la vida como madre primeriza; a la cabeza de la lista está Angua, a la que nunca podré comerle los morros porque su marido es muy grande y tiene aspecto de violento.
Bien. Los consejos no-solicitados que recibes son de todo tipo y algunos te dan ganas de matar gente, pero no lo haces porque en el fondo estás pensando "¿y si tienen razón? ¿y si lo estoy haciendo mal? ¿y si soy un mal padre? ¿Y si mi bebé acaba siendo el líder de una banda de moteros drogadictos ninfómanos o peor, ministro?"
Y bueno, también porque matar está mal y eso.
Si te pillan. 
Porque resulta que los padres primerizos, como especie, son muy inseguros, como cualquiera que hace algo extremadamente importante, por primera vez, solo y sin manual de instrucciones.
Los consejos no-solicitados no solo no les ayudan, sino que encima les hacen pensar "todo el mundo lo tiene dominado menos yo, lo voy a hacer fatal, soy un puto desastre".
Por eso yo no quería dar consejos no-solicitados... al principio.
Porque ahora lo estoy pensando y a lo mejor, si le dejo claro que se los envío desde el cariño, el respeto y el entusiasmo por el advenimiento de mi primera (de la que espero que sea una larga serie) sobrina, no le importa que le no-solicitee un poco.
No creas que te voy a no-solicitear con lo primero que se me pase por la cabeza, ¿eh? Llevo pensando por lo menos diez minutos y este es el resultado.



COSAS QUE ME HUBIERA GUSTADO SABER CUANDO NACIÓ BEBÉ-CHAN
(y que a nadie se le ocurrió decirme) 

1.-Los bebés recién nacidos solo conocen dos conceptos: gustito y disgustito.

2.-La definición de gustito y disgustito es más o menos la misma para todos los bebés, por ejemplo: "en brazos de mamá con la tripita llena" suele entrar en la categoría gustito, mientras que "un loco de bata blanca me pincha el talón para sacarme sangre y encima me dice que es por mi bien" suele calificarse como disgustito. 

3.-Peeeeeero hay excepciones. Los bebés son personas, cada uno tiene derecho a tener su propia personalidad y sus propios gustos, y a veces lo que para un bebé es gustito para otro puede ser disgustito, o al revés. Eso significa que a lo mejor el sobrino segundo de tu vecina se dormía estupendamente con el disco del concierto de Aranjuez, pero eso no significa que tu bebé tenga que hacerlo (aunque, en momentos de gran desesperación no está de más probar; nunca se sabe).

4.- Los bebés son más inteligentes que los adultos. Ellos comprenden que no podemos adivinar sus gustos así como así. A ver, que nos acabamos de conocer. Si es tu pareja, que lleva años aguantándote, y a veces te mira como si no supiera de dónde has salido, ¿no? Pues con el bebé igual. Bueno, sí que sabes de dónde ha salido, pero aparte de eso no lo conoces de nada. Por eso cuando están a disgusto te lo comunican, para que lo sepas.

5.-El problema es que la única forma que tienen de comunicarse es llorando. Este es el quid de la cuestión: los bebés lloran. En cualquier momento y lugar, siempre que no están a gustito. Un bebé que llora mucho no es ni más malo ni más bueno que uno que llora poco, simplemente tiene más que comunicar. Los bebés no son ni malos ni buenos, solo son bebés. Lo que pasa es que a la gente le encanta poner etiquetas: un bebé que llora mucho molesta, por tanto es malo. Y si el bebé es malo, es fácil saltar a la conclusión de que sus padres no lo están haciendo bien. Pues no. El bebé llora porque está a disgusto, y sabe que llorando sus padres lo sabrán e irán a ayudarle. ¿Sabes qué bebés no lloran nunca, nunca, nunca? Los que saben que por mucho que lloren nadie les va a ayudar.

6.-El problema del llanto es que significa que el bebé no está a gusto, pero no te explica por qué, y tienes que adivinarlo tú. La única forma de hacerlo es por descarte.
-¿Hambre?
-Nop.
-¿Caca?
-Nop.
-¿Sueño?
-Nop.
-Joder. ¿Comodín del público?
-Lo gastaste ayer con el incidente de los gases.
-Mierda.
-Nop.
Y así hasta que atines.

7.-A veces, por más que lo intentes, no vas a conseguir adivinar qué coño le pasa. Si ha comido, está limpito, está descansado, está sano... ¿por qué sigue llorando? ¿eh? ¿eh? ¿EH?
Esto va a pasar alguna que otra vez, y en esos casos lo único que puedes hacer es darle mucho amor y esperar que pase.
Una vez más: esto no significa necesariamente que seas un mal padre, solo que eres un padre en prácticas.

8.- El bienestar del bebé es responsabilidad tuya, pero no siempre vas a poder garantizarlo. A veces sucederán cosas que no está en tu mano evitar.
Eso no te hace un mal padre, solo te hace un ser humano.

9.- Todo es cuestión de práctica. Lo que no hagas bien el primer día ya lo harás bien el segundo o el tercero. Y si nunca terminas de hacerlo bien, tampoco pasa nada. Lo importante es participar.

10.- El bebé, cuando nace, está programado para quererte y por su parte lo único que necesita es que lo quieras. Todo lo demás no son más que detalles sin importancia.



Corolario: vais a ser unos papás estupendos, disfrutad de vuestra pequeña y todo irá bien.


11 enero 2014

Sinonimia aplicada

Bebé-chan ya dice muchas cosas, por ejemplo:
PAPÁ: mamá.
MAMÁ: caca.
ÑAM-ÑAM: comer.
BIBEBEBE: biberón para el bebé.
ATETA: galleta.
ALA: hola.
YA-TÁ: ya está.
NEIN: no.
OH, OH: yo no he sido, ya estaba así cuando llegué.
PAPPA PIG: Peppa Pig (lo dice con la musiquita y todo).
pato: pato.
patata: todo lo demás. 

Y claro, de pronto me he empezado a preocupar porque repita las cosas que yo digo, porque yo digo muchas, muchas, muchas palabrotas, y no me apetece que Bebé-chan las repita porque cuando eres madre te vuelves un poco gilipollas (que significa "hipócrita" en klingon). 
La cuestión es que dejar de decir palabrotas no es tan fácil como parece: intenté dejarlo de golpe y no funcionó, intenté dejarlo gradualmente y no funcionó y ahora estoy intentando el método de la sustitución, de mucha tradición entre abuelas y señoras de pueblo. 
Me he hecho un listado y todo, a saber: 

PUTA: fruta
HIJO DE PUTA: hijo de fruta
peeeero
TU PUTA MADRE: topota madre
ME CAGO EN TU PUTA MADRE: topota madre y sus siete topotitos
HOSTIA: ostras
COJONES: cajones
CABRÓN: carbón. Esta está inspirada en una canción de la Trinca que además viene muy al pelo con este tema.
COÑO: moño o piticlín.
POLLA: pilila o piticlín.
Bien pensado, debería decir siempre piticlín, porque fomenta la igualdad entre sexos.
CULO: culete.

Hasta ahí, bien. Lo que ha dado más problemas son las funciones corporales:

MIERDA: al principio empecé a decir CACA, pero al parecer tampoco está bien visto en la guarde, así que rápidamente los sustituí por CAQUITA, y al principio me fue bien porque sí, un bebé de cuatro kilos que solo se alimenta de leche materna hace CAQUITA.
El problema es que el bebé de cuatro kilos que solo se alimenta de leche materna se transforma rápidamente en una bestia parda de diez kilos que come kebab, y ya no hace CAQUITA, hace MIERDACA.
GRANDE. APESTOSA.CALENTITA. CHORREANTE.
Entonces volví a usar la palabra, CACA pero seguía sin estar bien vista en la guarde, y al final la tuve que cambiar por CACOTA, aunque no tiene ninguna lógica, porque para mí que CACOTA es más que CACA, como se puede apreciar en este gráfico.

CAGAR: hacer cacota.
PIS: pipí.
MEAR: hacer pipí.
ME MEO TOA: superpipí.
PEDO: pet.
ZaraJota™ parece pensar que en catalán suena todo como más moñas, así que las palabras que no tienen forma políticamente correcta las dice en catalán: pets, moquets, calçotets...

De todas las funciones corporales ha habido una especialmente problemática, FOLLAR/JODER/SIMILARES. Le hemos dado muchas vueltas, y finalmente hemos encontrado un sinónimo perfectamente apropiado, en concreto:

FOLLAR/JODER/SIMILARES: me CAGO en la HOSTIA, Bebé-chan, duérmete de una PUTA vez, que papá y mamá están salidos y quieren echar uno rapidito aunque sea, COJONES.


Y ahora unos minutos musicales.

04 enero 2014

Yaestuvieronaquí los Reyes Majos

Hoy voy a vivir locamente y no voy a poner asteriscos. 

Decíamos ayer anteayer la semana pasada que para mi familia los Reyes Majos vienen el día treinta y uno de diciembre, o mejor dicho, no vienen y cada uno que se las apañe.
Cabrones.
Este año, con el fin de no confundir a Bebé-chan, intenté mover el reparto de regalos al día de Reyes, pero no hubo forma y tuve que recurrir al Plan B.
-¿Y si alguien se disfraza de Rey Majo? -le propuse a mi madre.
-¿Quién?
-Hermano Pequeño. Ya le he preguntado y está de acuerdo.
-¿De verdad?
-Más o menos.


>>>>¡Flashback!

-Oye, Hermano Pequeño, ¿quieres ver lo que puedo hacer con tres agujas de punto, un soplete y tus testículos?
-Eh... no especialmente. 
-¡PUES YA TE ESTÁS PONIENDO EL DISFRAZ Y LA BARBA, Y RAPIDITO, QUE ES NAVIDAD Y ME PONGO MUY NERVIOSA! 

¡Flashback back!<<<<

Hermano Pequeño, salvando sus testículos.

-¿Y cómo lo hacemos? -preguntó mi madre.
Por suerte yo ya lo tenía todo pensado porque veréis, a mi familia hay que darle todo masticadito. No porque sean tontos, que va: es que si no se lo das todo hecho van y opinan. Y se entusiasman. Y cuando te quieres dar cuenta estás alquilando un helicóptero para que el Rey Majo se tire en paracaídas, pero como hablan todos a la vez y nadie escucha el Rey Majo acaba saltando con una sombrillita de cóctel en vez del paracaídas y se pega un guarrazo, y en vez de repartir regalos acabamos todos en urgencias, mientras mi madre repite lo tontos que son sus hijos. Y todo así.
Pues eso, que tenía un plan:

1.-Mi madre distraería a la concurrencia con los canapés.
2.-Hermano Pequeño se escabulliría discretamente para disfrazarse con la ayuda de la Tita del Puerto.
3.-Cuando estuviera listo, la Tita del Puerto cerraría discretamente la puerta del salón,.
4.-El Rey Majo, también conocido como Hermano In Disguise saldría discretamente de casa.
5.-El Rey Majo llamaría al timbre.
6.-Bebé-chan y yo iríamos a abrir la puerta, para ¡TA-CHAN! encontrarnos allí al Rey Majo.
7.-El Rey Majo distraería discretamente a Bebé-chan en la puerta.
8.-El resto de la familia metería discretamente los regalos en el salón.
9.-Cuando todo estuviera listo el Rey Majo cogería a Bebé-chan en brazos e iría al salón.

Para asegurarme de que todo el mundo sabía lo que tenía que hacer mandé las instrucciones por escrito al grupo de whatsapp que tengo con mis padres y hermanos, al grupo que tengo con mi madre y mi tía, al grupo que tengo solo con mis hermanos, a cada uno de manera individual y luego a todos los contactos del móvil, por si acaso.
Esto me recuerda que tengo que cambiar de dentista. 
Las únicas a las que no avisé fue a Latita y la abuela, por aquello de que alguien se sorprendiera de verdad, pero por lo demás hasta los peces radiactivos del Manzanares lo sabían.
¿Qué podía fallar?

Ejem...

Para empezar la concurrencia cayó sobre los canapés como una plaga de langosta y en menos de cinco minutos había arrasado.
-Creo que deberías ir a cambiarte -le dije a Hermano Pequeño así, discretamente.
Hermano Pequeño fue a cambiarse, pero no encontraba el disfraz, así que empezó a correr por toda la casa agitando los bracitos mientras gritaba:
-¿Dónde está la Tita del Puerto? ¡NECESITO A LA TITA DEL PUERTO!
Así, discretamente.
Cuando la localizó se encerraron en una habitación para vestirse. El problema es que Hermano Pequeño ya se había metido en el papel, y en lugar de vestirse se quedó tieso mientras la Tita del Puerto le ponía el disfraz como el que viste a un torero.
Tardaron siglos, y al final fui a ver qué pasaba.
-Ya casi estamos -dijo la Tita del Puerto.
-Vale, pues ahora cuando termines cierras la puerta del salón.
-¿Y si preguntan por qué cierro?
-Pues les dices que vas a fumar.
-Es que ahora no me apetece fumar.
-No hace falta que fumes, solo que cierres la puerta.
-Bueno, yo cierro la puerta, me fumo un piti, y luego...
-¡Nada de piti! ¡Nada de piti! Ya cierro la puerta yo.
Pero cuando fui a cerrar la puerta descubrí que mi padre tenía algo que hacer urgentemente en la cocina. No me acuerdo qué era, algo sumamente importante como estar por medio en el momento más inoportuno. Prácticamente tuve que arrastrarle de vuelta al salón, y entonces llegó la Tita del Puerto y cerró la puerta... quedándose en el lado de fuera.
La Tita del Puerto reaccionó rápidamente: abrió la puerta y la volvió a cerrar, esta vez con ella dentro.
Muy discreto todo.
Y entonces nos sentamos y esperamos.
Y esperamos.
Y esperamos.
Y esperamos.
-¿No tendría -pregunté- que sonar un timbre?
-Uy, mierda.
La Tita del Puerto se levantó, abrió la puerta del salón, salió del salón, cerró la puerta del salón, abrió la puerta de la calle, gritó "que llames al timbre", cerró, volvió al salón, cerró la puerta y se sentó como si fuera lo más normal del mundo.
Discretísimo.
Para entonces Latita y la abuela, sin motivo aparente, habían empezado a sospechar algo.
-No sé que estáis tramando -anunció Latita- pero disimuláis de puta pena.
Por suerte entonces sonó el timbre.
-UY, UY, ¿QUIÉN SERÁ? -vale, ser actriz no es lo mío- VAMOS, BEBÉ-CHAN, VAMOS A ABRIR.
Y fuimos y abrimos la puerta y nos encontramos a Hermano Pequeño descalzo y a oscuras.
-Su Alteza Real no lleva zapatos -le dije.
-No me jodas ahora... quiero decir... ¿HAY AQUÍ UNA NIÑA QUE SE LLAMA BEBÉ-CHAN?
Lo de actuar tampoco es lo suyo.
A todo esto Bebé-chan...
Veréis, Bebé-chan tiene una forma muy especial de mirar, que en general llamamos la mirada "te tengo a prueba", pero que también podría llamarse mirada de "te perdono la vida", "no me simpatizas", "tu mera existencia es un insulto a la vida" y otras variantes. Bebé-chan tiene esa mirada en su repertorio desde que nació: a veces cuando le daba el pecho me sentía como una vaca en un koljós.
Pues cuando Bebé-chan vio al Rey Majo primero le echó esa mirada. Entonces el Rey Majo intentó ganársela con halagos.
-ME HA DICHO TU MAMÁ QUE HAS SIDO MUY BUENA.
Y la mirada de Bebé-chan evolucionó a un "no engañas a nadie, mamarracho".
-¿QUIERES QUE TE COJA EN BRAZOS PARA QUE NOS HAGAN UNA FOTO?
En la foto, la mirada de Bebé-chan es de "he perdido la fe en toda la raza humana y si no lloro es porque tengo más dignidad que tú".
Entonces el resto de la familia decidió salir en comandita a ver qué estaba pasando.
Muy discretamente.
-¡UN REY MAJO! ¡UN REY MAJO! ¡QUE FUERTE, HA VENIDO UN REY MAJO! 
Con el revuelo y los gritos parecía que Bebé-chan empezaba a reconciliarse con la idea de estar en la calle sentada en el regazo de un tipo descalzo vestido de mamarracho, así que nos decidimos a entrar al salón, donde estaba mi abuela esperando.
-Mirad, mirad quién ha venido -anunciamos.
-Anda, si es Hermano Pequeño disfrazado.
Así, discretamente.




29 diciembre 2013

Yantanquí los Reyes Majos

El año 2013 ha sido un año de extremos: me han pasado cosas extremadamente buenas y extremadamente malas. Como no quiero alardear de las cosas buenas, porque es gafe, y no quiero regodearme en las cosas malas, porque es deprimente, este año no hay balance y vamos directos al turrón. 



A mi casa vienen los Reyes Majos. No Papá Noel, ni Santa Claus, ni nada porque mi madre, que se ha apuntado rápidamente a la moda de Halloween, de las fajitas, de la cebolla frita de Ikea, y que tiene una bandera republicana en casa (para cuando va de manifestación) insiste en que los Reyes Majos son "más españoles" que Santa Claus. 
Y tanto: son tres para hacer el trabajo de uno, lo hacen dos semanas más tarde, y encima hay que darles de comer. ¡Más español no se puede ser! 
Cuando éramos pequeños y vivíamos en el pueblo los Reyes Majos venían el día 5 de enero. 
Nos mandaban a todos los niños a la cabalgata con instrucciones de reunirnos después en casa de los abuelos. Y cuando llegábamos a casa de los abuelos maternos, que tiene un portal muy bonito, nos encontrábamos todos los regalos amontonados en la escalera, y los adultos histéricos: 
-¡Que han venido los Reyes! ¡Que han venido los Reyes! 
Molaba mil. 
Un año decidieron gastarnos una broma: en lugar de poner los regalos en las escaleras los escondieron detrás de las cortinas del salón, donde hay unos ventanales muy grandes. Por desgracia se les olvidó cerrar las contraventanas, y al pasar por la calle vimos todos los regalos allí apelotonados contra los cristales. Cuando entramos nos encontramos a los adultos de moco caído.
-Que no han venido los Reyes... Que no han venido los Reyes...
A los niños, que habíamos visto los regalos a través del cristal y los bultos a través de la cortina, se nos quedó una cara de pasmo que para qué.
¿Qué pasa? ¿Son tontos o se lo hacen? 
Incapaces de decidir cuál de las posibilidades era más turbadora optamos por seguirles la corriente, por si eran peligrosos o algo. 
-¿No han venido los Reyes?
GUIÑO-GUIÑO, CODAZO-CODAZO
-No...
-Vaya...
-¡Que sí, que los Reyes están detrás de la cortina!
SORPRESÓN.
-¡Jajaja, la cara que se os ha quedado, jajaja! ¡Pensabais que no había regalos, jajaja!
La historia les hizo tanta gracia que lo volvieron a repetir año tras año. 
-¡Jajaja, la cara que se os ha quedado, jajaja! ¡Pensabais que no había regalos, jajaja! -repetían cada vez. 
A ver que me explique. 
Primero: incluso si el primer año te hubiera pillado de sorpresa, a partir del quinto año ya como que te lo hueles. 
Segundo: algunos de los "niños" ya teníamos pelos en el piticlín. 
Tercero: si vais a insistir con la broma año tras año al menos cerrad las p*t*s contraventanas, c*ñ*, que no es tan difícil. 
Cuando nos mudamos a Madrid los Reyes Majos empezaron a venir a casa de los abuelos paternos. Se ve que el padrón les vende los datos, o que les informan de las actualizaciones o yo qué sé. 
Pero en casa de los abuelos paternos había un problema: mi tía estaba separada
Lo escribo así porque así es como lo decía mi abuela en esa época, "mi hija es que está... separada". Mi abuela también dice que los vecinos son de fuera o que alguien es de la otra acera. Esta forma de hablar tiene mucho mérito, sobre todo porque mi abuela es capaz de decirlo así, y a la vez a gritos.  
Bien, pues como mi tía estaba separada mis primos tenían que dividir las vacaciones entre su padre y su madre, y no sabemos cómo lo hacían que siempre les tocaba pasar los reyes con su padre. 
Entonces empezamos a dar los reyes en nochebuena. Pero entonces no sé por qué, mis primos empezaron a pasar la nochebuena con su padre también. Les gustaría más su pavo, digo yo. 
Solo nos quedó la nochevieja, y como mis abuelos eran fieles a la política "aquí los Reyes Majos vienen cuando estemos todos o no vienen", y los Reyes Majos no se atrevían a desafiar a mi abuelo (menudo era) empezaron a venir en nochevieja, después de las uvas. 
Bueno, a venir no, porque se ve que por convenio los Reyes Majos no trabajan en nochevieja, así que nos traían los regalos antes, con el nombre del destinatario en una pegatina, y los repartíamos nosotros mismos. 
Como además daba la casualidad que el 1 de enero era el cumpleaños de mi abuelo todo quedaba como muy festivo. 
Desde entonces los Reyes Majos han seguido no viniendo en nochevieja; se ve que la última reforma laboral no les afecta.Y este año me he plantado. 
Todo empezó porque le pregunté a una compañera venezolana cuándo se daban los regalos en su casa. 
-El 24 de diciembre, ¿y en la tuya?
-El 31 de diciembre. 
-¿Y eso? ¿Es una costumbre española?
-Bueno... Si consideras "no hacer nunca nada todos a la vez" como una costumbre española...
Entonces fue cuando me di cuenta de que lo que estábamos haciendo era absurdo porque para empezar mis primos hace años que son mayores de edad y pasan las fiestas donde les sale del piticlín, y para terminar uno de ellos ni siquiera vive en Madrid, y mi abuelo murió hace años, y todos, lo que se dice todos, no estamos nunca. 
Así que fui a mi madre: 
-Madre, esto no puede seguir así, que Bebé-chan empieza a darse cuenta de las cosas y esto es muy confuso para un niño. 
Y para un adulto. Y para cualquiera. 
-Ya hija, pero es que yo no tengo la culpa de que tengamos este gobierno...
-Los Reyes Majos, mamá, me refiero a los Reyes Majos.
-Ah. ¿Cuándo los damos? ¿En nochevieja? 
-Hombre, lo suyo sería que vinieran el día de Reyes. 
-¡Pero es que en Reyes no estamos todos!
-¿No estáis?
-Anda, pues sí. 
-Pues los damos en Reyes.
-Es que... ya hemos dicho que en nochevieja... y además...
-Que ya los tenéis y padre no es capaz de aguantar para darlos, ¿eh?
-Más o menos...
-Jo, es que me hacía ilusión que para Bebé-chan los Reyes vengan en reyes...
-Bueno, lo que podemos hacer es darlos en nochevieja, ¿vale? Lo que pasa es que los escondemos, y después de cenar decimos que han venido los Reyes y los sacamos. Pero en vez de repartirlos nosotros como estos años los escondemos, y cuando terminemos de cenar decimos que han venido los Reyes y los sacamos. 
-Bueeeeno... ¿y dónde los escondemos?
-Pues no sé... ¡detrás de la cortina del salón! 
Lo sabía. 


22 diciembre 2013

El mal de ojo

Navidah, navidah en canar sul,
navidah, navidah en canar sul,
nuehtra navidah...



Cuando éramos pequeños mi madre ponía un belén  muy grande.
Teníamos unas figuritas horrorosas, de plasticorro, pintadas a mano. Y sabíamos a ciencia cierta que eran pintadas a mano porque ni una tenía el ojo pintado en su sitio, oye, ni una.
Además teníamos un montón porque cuando veníamos a Madrid a ver a mis abuelos siempre comprábamos alguna nueva en los puestos de la plaza Mayor. Teníamos todo el reparto:
El san José con cara de mustio y un ojo más grande que el otro.
La virgen de rodillas, que es lo más normal después de soltar un niño de la mitad de su tamaño, y un ojo más grande que el otro.
El niño Jesús en pelota picá en mitad de diciembre y un ojo más grande que el otro.
La mula y el buey, mirándose con arrobo y un ojo más grande que el otro.
El ángel, que no se sostenía de pie y tenía un ojo más grande que el otro.
Y una población aproximada de unas cien figuritas más, todas ellas con un ojo más grande que el otro.
El casting incluía una rica fauna, formada por animales que tenían un ojo más grande que el otro y de dudosa escala: el gallo era mucho más grande que las ovejas, aunque lo mismo daba, porque las ovejas tenían unas patillas esmirriadas (y un ojo más grande que el otro) y siempre se estaban cayendo, que a veces más que un rebaño parecía una masacre.
La adquisición más celebrada fue la de las luces. Era una ristra verde con luces de colores que parpadeaban... Para que os hagáis una idea, eran exactamente como las de ahora. Se ve que el campo de las luces de navidad alcanzó su cima en los años 90 y desde entonces no han evolucionado una m**rd*.
Mi madre, que es muy del rigor histórico, siempre insistía en que en el portal teníamos que poner una hoguerita, "para calentar al niño". Que digo yo que si a su propia madre no le importaba un pimiento tener al niño en paños menores en pleno diciembre por qué nos teníamos que complicar la vida nosotros. Y es que la hoguerita consistía en cuatro palitos y una lucecita de navidad debajo, y mi madre insistía en que esa, precisamente esa, tenía que ser roja.
Todos los años pasaba lo mismo: el enchufe en un lado, el portal en el otro, y en medio la lucecita roja, que no llegaba. Y cuando llegaba teníamos otro problema, porque el número de lucecitas rojas era limitado. Poníamos una en el portal, otra con los pastores (los pastores tenían que tener otra hoguera también, los pesaos) y antes de que nos diéramos cuenta sólo quedaban luces rosas y verdes. Así es como la castañera acababa siempre asando castañas a la luz de un fuego verde (de probable origen extraterrestre) y la posada acababa iluminada por una luz rosa intermitente.
-Parece un puticlub -decía mi madre.
Y es que lo parecía. Tanto que con el paso de los años la pobre casita de corcho acabó siendo conocida por todos como "el puticlub", y le adjudicábamos la luz rosa aunque hubiera otra libre.
Nos los currábamos mucho. Íbamos a la carpintería a pedir serrín (hace un par de meses me he enterado de que la carpintería estaba en la casa que se jugó mi abuelo a las cartas, así que todo quedaba en familia), y un año que no conseguimos serrín usamos arena de gato. Limpia, ¿eh? Al menos estaba limpia cuando la pusimos. Luego la encontró el gato, y ya se sabe que los gatos son animales de costumbres: el nuestro se había acostumbrado a la arena y, bueno, el sitio le pareció un poco incómodo, pero claro, si la arena estaba allí sería por algo, ¿no?
Poníamos arena, poníamos el consabido río hecho con papel de plata con los patos gigantes de color amarillo fosforescente... y poníamos musgo.
El musgo requería de una expedición al campo. Mi madre cogía su coche, un Dyane 6 de decimosexta mano, metía en el asiento de atrás a todos los niños que se encontrara rondando por casa, y nos íbamos en busca de musgo, que a ver si os pensáis que encontrar musgo en Córdoba es tan fácil.
En mi tierra el campo está ocupado por olivos. Hay olivos hasta en lo más empinado. Hay olivos incluso en sitios donde la maquinaria no puede acceder y tienen que arar con una mula. Todo está lleno de olivos.
¿Todo? ¡No! Porque en mitad de las tierras de la familia hay una colina tan llena de meños y tan inclinada que ni las cabras pueden subir, y en ese peñascal vertical y lleno de zarzas nos metía mi madre para buscar musgo, ramitas, piedrecitas y cualquier cosa que sirviera para el belén.
Para darle más emoción en diciembre todavía es temporada de caza y, ¿adivinad qué? ¡El meño aquel era coto de caza!
Pero no pasaba nada, porque mi madre tenía un plan.
-Vamos a cantar algo para que si los cazadores ven movimiento sepan que somos personas y no nos disparen.
Y oye, a nosotros nos parecía de lo más razonable y cantábamos como posesos hasta que se nos acababa el repertorio.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Pues cantamos otra.
-Es que ya no nos sabemos más.
-Pues nos la inventamos.
Y mi madre se inventó una bonita canción que decía así:

Vamos de excursión
todos a mogollón
y si encontramos culebras
les tiraremos una piedra
y si encontramos un bicho
le pegaremos con un pincho...

La canción seguía hasta completar todo el repertorio animal de la agreste campiña cordobesa, pasando por los saltamontes, los murciélagos y los topos. Era como el Pollito Pío en rústico, y repartiendo leña a todos, porque al que no le pegábamos con un pincho le dábamos de collejas (había uno al que solo le gritábamos "fuera, fuera", pero no me acuerdo de cuál era el afortunado). Que ahora lo pienso, y entre que por una parte estábamos arrasando con la flora y que por otra amenazábamos con maltratar a la fauna no sé yo cómo no intervenían los de Montes.
La canción acabó siendo la Banda Sonora Oficial Para Ir A Jugarnos La Vida Recogiendo Musgo Para El Belén™ y la cantábamos cada año, hasta que nos mudamos a Madrid y el belén empezó a ser más reducido y sin musgo. Como hace ya casi veinte años lo lógico sería que la canción se me hubiera olvidado del todo (por eso de borrar los recuerdos traumáticos y tal), pero hace un par de días estaba adornando el árbol de navidad y se me vino a la cabeza.
Y claro, le pregunté a mi madre.
-¿Te acuerdas de la canción que te inventaste cuando fuimos a por musgo al campo?
-No.
-Sí, la del bicho que le pegábamos con un pincho.
-Hija, no me suena de nada.
Ahora me pregunto si además de musgo recogíamos también setas.





Pd: Y lo bien que nos lo pasábamos.