23 febrero 2013

Las mamás son la leche

Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos mamás.
Winston Lorzill


Bebé-chan ya va a la guardería. 
Y se la sopla. 
Bebé-chan es una niña feliz y le da lo mismo estar en casa, con los abuelos, tirada de cualquier manera en un banco del Vips (verídico) o en la blanca superficie de la luna... mientras no tenga hambre o frío y pueda ver lo que pasa alrededor. 
Para mí la adaptación ha sido un poco más difícil. 
Elegir la guardería ya fue un trauma, porque por más que leía y llamaba y preguntaba me seguía faltando información.
-¡Si tienes hasta el árbol genealógico de las cuidadoras! -me decía ZaraJota™- ¿Qué más necesitas?
-Jo, no sé, que me digan si van a maltratar a la niña.
-¡Eso no te lo van a decir en un folleto!
-Pues no entiendo por qué, sería mucho más cómodo para todos.
-Vamos a ver, Lorz... Si en la publicidad de la guardería pusiera "maltrato individualizado" o "expertos en pederastia" nadie llevaría a sus hijos.
-No sé, no sé... ¡hay gente para todo!
Aparte de la seguridad de Bebé-chan, lo que más me preocupaba de la guardería era tener que socializar con otras mamás.
En general no soy una persona sociable (aunque comparada con ZaraJota™ soy Miss Abrazos Gratis, ¿eh?), y si a alguien se lo he parecido alguna vez es porque he hecho un curso de Habilidades Sociales.
De hecho, lo que más me gusta de Madrid es que puedes salir a la calle y no tienes que hablar con nadie... a no ser que tengas un bebé.
Porque cuando tienes un bebé, gente a la que no conoces de nada siente la imperiosa necesidad de hablar contigo cuando te la cruzas por la calle. La mayoría se limitan a decir "que niño más guapo" o te preguntan qué edad tiene. Y luego está la pequeña minoría.
Aparentemente, existe una pequeña minoría de seres humanos que cree que tener un hijo ya te convierte en un experto en crianza, y que cree que su deber, no, su obligación es ir aleccionando a los demás por la calle.
Mi primera experiencia con este colectivo de madres aleccionantas fue en el hospital, con las enfermeras.
-Le das teta cada vez que lo pida -dijo la primera.
-Aunque no te lo pida, le das teta cada tres horas-dijo la segunda-, y la dejas ahí hasta que la suelte.
-Le das teta diez minutos cada tres horas -dijo la tercera-, y si con eso se queda con hambre ya espabilará en la próxima toma.
Cuando el pediatra vino al día siguiente me dijo que la niña había perdido más peso del normal.
-¿Cómo le estás dando de comer? -preguntó.
-Pues verá, como las enfermeras no se ponían de acuerdo, al final le he comprado una pizza y le he dicho "mira bonita, cuando tengas hambre te la calientas en el microondas", y no debe tener mucha hambre, porque de momento la pizza ni mirarla.
Cuando Bebé-chan tenía un mes o así, íbamos las dos en el autobús, balanceándonos de un lado a otro a toda velocidad, cuando se nos acercó una viej...anciana.
"Viene a ofrecerme el asiento", pensé, y le sonreí y todo.
Pues no, no quería cederme el asiento, porque lo que me dijo fue:
-Vergüenza te tenía que dar sacar a una niña tan pequeña a la calle.
-Tengo que llevarla al pediatra.
-¡Qué pediatra ni qué pediatra! ¡En mis tiempos no había tanto pediatra y tanta tontería como ahora!
En sus tiempos cuando una viej... anciana se rompía la cadera se quedaba inválida para siempre y se tenía que quedar en su casa.
Por desgracia, no podemos volver a esos felices tiempos.
En otra ocasión, también en el autobús, Bebé-chan se puso a llorar.
-Tiene hambre -dijo una viej... anciana.
-Tiene sueño -dijo otra.
-Tiene frío -dijo otra.
Lo que tiene son tres viej... ancianas gritándole a un palmo de la cara, más bien.
Y así todo.
Con las otras mamás es peor.
Científicos de todo el mundo han demostrado que las mamás son los animales más competitivos de la naturaleza, sólo superados por las abuelas, que a fin de cuentas no dejan de ser mamás al cuadrado.
Para comprobarlo no tenéis más que acercaros una tarde a su hábitat natural, el parque, y escuchar alguna de las conversaciones.
-Mi Yosua se comió ayer un plátano- dice una de las madres congregadas.
-Pues mi Nazan dos -contesta la otra.
-Pues mi Kevin tres -remata la última.
Que te dan ganas de preguntarles qué hacen perdiendo el tiempo en el parque, con la pasta que se podrían sacar alquilándolos a un seminario.
Curiosamente la competitividad se aplica a lo bueno y a lo malo.
-Mi Yosua tiene mocos.
-Pues mi Nazan tiene gripe.
-Pues mi Kevin tiene ébola, y acaba de estornudarle encima al tuyo.
Y así todo.
Mi último descubrimiento es la relación matemática directa entre la competitividad de la madre y la fealdad del hijo.
-Que grande está tu niña -me dijo una un día-. Eso es porque le das teta.
No le dije nada, porque la leche materna no es precisamente desnatada.
Y al día siguiente:
-Que ojos tan azules tiene tu niña. Eso es porque le das teta.
Infeliz de mí, pensando que era por las leyes de Mendel.
Y al otro:
-Que espabilada está tu niña. Eso es porque le das teta.
La teta de la sabiduría, así la voy a llamar.
Al final hubo un día que no me pude contener.
-Que guapa está tu niña -empezó-. Eso es porque le das teta.
Entonces miré a la mamá. Miré al niño. Volví a mirar a la mamá, y le dije:
-Tú al tuyo le das leche artificial, ¿no?
-Sí, ¿cómo lo has sabido?
Ahora es cuando se lo explico y me parte la cara.


14 febrero 2013

La jungla del culo

-Jo, que pena -me dijo un día ZaraJota™.
-¿Qué pasa?
-Nada, que me han mandado un mail para el pase de prensa de La Jungla de Cristal 5 (lo del culo).
-¿Y te da pena por eso? Pues sí que debe ser mala.
-No, me da pena porque no puedo ir.
-¿Y yo?
-No, tú tampoco... Es el día 14 por la mañana.
-Jo... Espera, sí es por la mañana sí que puedo. Me da tiempo a dejar a Bebé-chan en la guardería y volver.
-¿Quieres que te apunte?
-Jo, no sé. Es que ir sola me da pereza.
-Ya.
-Podías pedirte el día en el trabajo y venir conmigo.
-¿QUÉ? Lorz, no puedo pedirme el día para ir a ver La Jungla de Cristal 5 (lo del culo)...
-¡Por supuesto que no! Te lo pides para llevar a Bebé-chan en la guardería .... y para matar el tiempo hasta que sea hora de recogerla.
-Que no.
-Venga, va... Sería como una cita... el día de San Valentín, tú y yo solitos, el cine, una peli romántica...
-¿Romántica? ¿La Jungla?
-Bueno, es más romántica que las m**rd*s que me llevas a ver habitualmente.
-Que no, Lorz, que no.
-¡Pues como no vengas conmigo me enfado y no respiro!
Y así fue como Hermano Pequeño acabó solo en el pase de prensa de la película.
-Recuérdale -me dijo ZaraJota™- que luego tiene que escribir una reseña, que siempre dice que sí que sí, y en el momento de la verdad es que no, que no.
-No te preocupes, ya la escribo yo.
-¡Si no vas a ver la película!
-No pasa nada, Hermano Pequeño la ve y luego me la cuenta. No sería la primera vez*.
-No nos volverán a invitar, ya verás...
Esta mañana Hermano Pequeño me ha mandado un whatsapp para avisarme de que ya había terminado.
"Vale", le he contestado, "dime algo de la película para que escriba la reseña".
La respuesta no se ha hecho esperar:
"Las malas llevan escote".
Muy bien, muy bien... si la reseña fuera para Interviu.










*Bonus track:
Hace unos años estaba mi abuelo rodeado de sus cinco nietos.
Como era un hombre generoso, echó la mano a la cartera, sacó un billete de 10 euros y con aire de gran satisfacción nos dijo:
-Tomad, para que os vayáis al cine.
Se veía tan contento que nadie se atrevió a decirle que con 10€ nos daba, con suerte, para una entrada y media. Cogimos el billete y le dimos las gracias muy educadamente, mientras pensábamos para nuestros adentros si el abuelo estaba chocho o qué.
-¿Qué hacemos? -pregunté.
-Muy fácil -dijo Hermano Mediano-:yo voy al cine y luego os lo cuento.
Más tarde, el abuelo fue a echar mano a su cartera y se encontró un billete de 50 €.
-Anda c*ñ*... -se dijo-. Si el de 50 está aquí, ¿qué le he dado yo a mis nietos?
Una anécdota, abuelo, una anécdota.

09 febrero 2013

El panda del acoso sexual

La culpa de todo la tiene mi suegra. Mejor dicho, la culpa de todo la tiene el salto generacional entre mi suegra y yo.
Me explico:
Desde el principio de los tiempos los padres orgullosos han hecho fotos a sus bebés, y las fotos de los bebés han evolucionado para reflejar los gustos de cada época. 
Por ejemplo, cuando mis padres nacieron la moda era hacer las fotos así:
Este es mi padre. Le hicieron la foto en pelota picá para que la familia que vivía lejos viera "lo hermoso que estaba". Mira tú que bien: tráfico postal de fotos de niños en bolas. Para que veáis que ya está todo inventado.
Dentro de lo que cabe, mi padre fue muy afortunado. Mi tía lo tuvo peor.
-Tu tía era tan fea -me explicó mi abuela-, que no le hicimos foto hasta que tuvo dos años, y sólo porque nos la hizo un feriante y nos la tuvimos que quedar.
Hace poco mi tía confesó que, por motivos que no alcanzamos a comprender, siempre ha tenido complejo de fea.
-Pues no entiendo por qué -contestó mi abuela-, bien guapa que eres ahora.
Eso, abuela, arréglalo...

Pasaron los años, pasaron las modas.
Cuando yo nací, aparentemente, la moda era hacer fotos a los niños así:


Esta soy yo en lo que llamo estilo "niño en ataúd". Para mi gusto a la foto le falta un ramito de crisantemos, unas velitas rojas o una figurita de la Virgen, que así queda todo como muy pobre. 
Cuando el niño en cuestión, o sea, yo, crecía un poquito, se pasaba al estilo "niño en colcha":
Esta soy yo practicando para hacerme bailarina de striptis en Eurovegas. 
La colcha era obligatoria y aparentemente se la iban prestando uno a otros, porque el 90% de los niños de la época tienen foto en colcha y con diferentes cantidades de ropa.
Como mi padre, yo también fui muy afortunada. 
Primero porque mis fotos estilo "niño en colcha" son con ropa. 
Segundo, porque otros niños lo tuvieron peor. Por ejemplo:
No sé qué me inquieta más, si la cara de "ven aquí que te voy a dar con tó lo gordo" que tiene el oso, la cara de acojone que tiene ZaraJota™, o el ambiente de Panda del Acoso Sexual que tiene la foto en general. 

Creo que mi suegra habría admitido fotos de Bebé-chan de cualquier estilo: niña en bolas, niña en ataúd, niña en colcha, niña con Panda del Acoso Sexual...
Por desgracia, se tiene que conformar con las fotos que yo le mando, que suelen ser de este estilo:
Yo a esto lo llamo estilo "a internet no se suben fotos de bebés que hay mucho guarro suelto". 
Estas fotos no tienen mucho éxito con mi suegra. 
-¿Has visto la foto que te ha mandado Lorz? -le pregunta ZaraJota™ cuando la llama por teléfono. 
-Sí, sí...
-¿No te ha gustado?
-Hombre, no es eso... es que no se le ve la cara. No el cuerpo. Ni nada.
-Tanto como nada... se le ve una mano. 
-Ya.
Debe ser por eso que cuando el hermano de  ZaraJota™ vio a Bebé-chan por primera vez le faltó tiempo para sacar la cámara.
-Voy a hacerle una foto de verdad, no como esas m**rd*s que nos mandáis. 
Todavía le estoy dando vueltas a qué habrá intentado decir con eso. 

Bien, pues hace unos días llevé a Bebé-chan al fotógrafo para hacerle fotos de carnet. El fotógrafo la sentó en un taburete y le hizo una foto de carnet tan bonita que me animé a pedirle que le hiciera otra de estudio.
-¿Cómo la quieres?
-No sé, así mismo, sentadita. 
Antes de que me diera cuenta, el fotógrafo había sacado un trozo de seda y había colocado a la niña boca abajo, tal que así. 
Mi opinión sobre Anne Geddes y su obra es que tarde o temprano Garzón la acabará trincando por crímenes contra la humanidad y la dignidad de la infancia. Mientras tanto cruzo los dedos para mantenerme lo más alejada de ella que pueda. 
-No, así no... -le dije al fotógrafo-. Yo quiero algo más, no sé, natural.
-¿Así?
¿Esto es natural? 
¿Por qué?
¿Porque lleva una planta?

-No, más natural. 
-¿Así?
Tres plantas son más que una, eso es innegable.
Ahora, que la foto de tres niños en macetas sea más natural que la de un niño en maceta es más discutible. Digamos que la naturalidad no se mide en cantidad sino en calidad. 
-Más natural -le repetí. y luego añadí, para dejarlo claro-: sin plantas. 
-Entendido. Natural y sin plantas... 
 
... un oso. ¿Qué te parece?
Pues me parece que mi suegra va a recibir otra foto de mano, eso me parece. .

02 febrero 2013

Los pelos del desagüe comen rabos

Se me cae el pelo más que a una Barbi de todo a cien.
El médico dice que es porque la lactancia "coge lo mejor de lo que comes para dárselo a la niña".
-Que lista. Se queda ella todo chocolate y los perritos de IKEA y las galletas integrales mercadona para mí, ¿eh? -le dije al médico.
-Eh... no, no es así como funciona exactamente, Lorz...
-Claro, claro, encima ponte de su parte.
El médico me mandó vitaminas, pero la verdad es que no me hacen nada.
-Si no te las tomas no pueden hacerte efecto -dijo el médico, cuando volví a consulta.
-Claro, claro, siempre es todo culpa mía.
La caída de pelo llegó a ser tan grave que cada vez que me duchaba atascaba el desagüe de la bañera.
-Como esto siga así voy a empezar a venderlo para hacer pelucas -me dijo ZaraJota™ después de hacer un desatasco casero por enésima vez.
Y me dio mucha lástima. Por mi pelo, no por ZaraJota™.
-Pues me lo corto -le dije.
Una mañana dejé a Bebé-chan con su abuelo y me fui a la peluquería.
-Quiero que me cortes el pelo a lo bestia -le dije a la peluquera.
-¿A lo bestia cómo? ¿Con un hacha?
-Eh... No, que me lo cortes muy corto.
-¿Cómo lo quieres?
-Me da igual, siempre que me dejes tapadas las orejitas para que no se me enfríen y que sea fácil de peinar.
En media hora la peluquera me había hecho esto.

-¿Te gusta? -me preguntó.
-¡ME ENCANTA!
-Te queda muy bien.
-Creo que te quiero...
-¿Te importaría que te hiciéramos una foto para nuestra página web?
-No.
Total, con este aspecto de estrella de hollywood adolescente no me va a conocer ni mi madre, como si me queréis hacer una foto del culo, pensé.
-Pues espera un momento que te vamos a hacer unos retoquillos -me dijeron-, para que no salgas con brillos y tal.
-Vale.
Antes de que terminara de decirlo saltaron sobre mí dos de las chicas, una con una plancha del pelo y otra con una paleta de pinturas.
Una hora más tarde, gracias a los retoquillos, estaba así:

(Por cierto, si todavía no habéis visto Reefer Madness ya estáis tardando).

Que no está del todo mal, lo que pasa es que yo me dejé llevar por el pánico y me vi así:


-¡Estás ideal! -me dijo la peluquera.
Sí, para chupar rabos, añadí para mis adentros.
-¡Tu marido va a estar encantado! -añadió.
Bueno, eso depende de quién sea el rabo que chupe.

25 enero 2013

Los cinco lobitos y el riesgo de exclusión social

Una de las cosas que más molan de tener un bebé es que tengo una excusa para cantar continuamente.

Puedo cantar en casa sin que los vecinos protesten.
Mejor eso que un bebé llorando, dicen.

Puedo cantar en la calle sin parecer loca.
Bueno, sin parecer más loca.

Puedo cantar de noche sin que ZaraJota™ intente ahogarme con la almohada.
Otra vez. Es un tic nervioso que tiene.

El afán cantarín comenzó cuando estaba embarazada. Se supone que si durante el embarazo le cantas a tu bebé la misma canción, una y otra vez, cuando están fuera les relaja porque les recuerda la seguridad y comodidad del útero.
Muy obediente, durante todo el embarazo me dediqué a cantar con entusiasmo la Canción para bañar la Luna.
 
Puede que me pasara con el entusiasmo, porque ahora cada vez que intento cantarla Bebé-chan me mira de reojo con un odio y un rencor demasiado grandes para un cuerpo tan pequeño.
Lo único que hemos sacado la experiencia es que a Bebé-chan le encantan las canciones. Puede tirarse horas mirando embobada la tele, siempre y cuando haya música en ella, y creo que  ya dije que cuando tenía los famosos cólicos del lactante sólo se calmaba con Susanita tiene un ratón.

A estas alturas ya nos hemos inventado una canción para casi todo: hay una canción para la Araña Ramón, otra para el Moscardón Zumbón, otra para los berrinchillos de "necesito mucho amor"...
Nos las inventamos porque a mí las canciones tradicionales no me gustan. No lo puedo evitar, me resultan muy inquietantes.
Pongamos un ejemplo: Los cinco lobitos

Dice la canción:
Cinco lobitos tiene la loba 
¿CINCOOOO? ¿Es que no ha oído hablar de la planificación familiar o qué? ¿O es que el lobo es de esos machistas que no se ponen preservativo"porque no sienten nada" y la loba que se las componga?

Cinco lobitos detrás de la escoba 
Los cinco caben detrás de la escoba. No me digas más: famélicos. Tal y como están las cosas y con cinco bocas que alimentar... Pues normal, no da para todos.

Cinco parió, cinco crió 
Espera, espera, espera. "Cinco parió", bien. Bueno, bien no, pero si le pusieron la epidural y eso pues nada, quien pare uno pare cinco, y aquí paz y después gloria. "Cinco crió"... ¿ella sola? ¿Y el lobo? ¿Es una manada monoparental? ¿O es que el lobo pasa de cuidar a sus lobitos, el muy machista?

Y a todos ellos la leche les dio
Malos tratos. Se veía venir. El padre un machista, la madre agobiada con las cargas familiares, la crisis, y luego pasa lo que pasa, que se pierden los nervios y colleja va colleja viene.

Cinco lobitos tiene la loba
Que sí, que ya me he enterado.

Blancos y negros detrás de la escoba
¡NOS HA J*D** MAYO CON LAS FLORES! ¡Que cada uno es de un padre! ¡Y ninguno de los padres ayuda a la pobre loba! ¡Esto no es una familia, esto es un drama social!

Cinco parió cinco crió 
Ya, ya... menudo panorama...

Y a todos ellos tetita les dio.
Me imagino, la situación:  la pobre loba dando teta y sacando adelante a sus pobres lobitos ella sola entre escobazo y escobazo luchando por sacar adelante a su familia y mientras tanto los lobos por ahí pasándolo bien... ¡con cualquier zorra!

Otro ejemplo: Los patitos


Vamos directos al estribillo, que es donde está la mandanga.

Dos patitos en el agua
Nada sorprendente aquí. A fin de cuentas se está mejor en el agua que en el menú de un restaurante chino.

Meneaban la colita
¿Que hacían QUÉ?

Y uno al otro, se decían...
"...¿te gustan las ostras o los caracoles?"

Para complicar las cosas, la recomendación pedagógica a partir del cuarto mes de vida es cantar canciones "que les enseñen los números y las diferentes partes del cuerpo".
-Yo no me sé ninguna -dijo ZaraJota™.
-Yo sí. Me la enseñaron los primos Guapo y Buena Persona cuando estuvieron aquí.
-¿Sí? ¿Y cómo es?
-Veamos...
CON LOS DEDOS DE LA MANO
CON LOS DEDOS DE LOS PIES
CON LA PICHA Y LAS PELOTAS 
TODO SUMA VEINTITRÉS

Mucho mejor que las canciones tradicionales, donde va a parar...




Pd: Al final resultó que ZaraJota™ sí se sabía una canción de partes de cuerpo para niños.

17 enero 2013

Elmo cara culo

Toda la noche dando vueltas. Lo cuento... No lo cuento... Lo cuento... No lo cuento...
Y encima, como no es época de margaritas, he tenido que usar un cactus, que no es lo más recomendable ni para la persona humana ni para el cactus, que no tiene la culpa de nada.
El motivo de tanta duda es que no está bien reírse de alguien que te ha hecho un favor muy grande y muy bien hecho. Especialmente cuando, ejem, vas a tener que pedirle más del mismo estilo. Después me he acordado de que cada vez que intento reírme de mis padres todo el mundo se pone de su parte y al final lo único que consigo es darles armamento, así que en el fondo les estoy haciendo un favor.
Además, los abuelos que cambian pañales son sexis y molones.
Padre, no me estoy riendo de ti: te estoy haciendo publicidad.


Dejar a Bebé-chan con quien sea me produce mucha ansiedad, y esto sólo se soluciona acostumbrándome. Por eso he ido practicando poco a poco con mis padres:

Un día mi madre se quedó con ella mientras yo iba a la compra.
Jamás en la vida he hecho la compra tan rápido.

Otro día la dejé con mi madre para irme a ver El Hobbit.
Jamás en la vida una película se me ha hecho tan larga, aunque por lo que he oído es posible que no tuviera nada que ver con Bebé-chan.

Otro día mi padre cogió al carrito y se fue "un momento" a por el pan. Tardó dos horas en volver.
-La niña, que ha querido parar a tomarse una cañas.
-¡Si tiene dos meses!
-Esta juventud de hoy en día, es que hay que ver...

Otro día dejé a Bebé-chan en casa de mis padres y me fui a IKEA. Cuando volví no había nadie en casa y no me cogían ninguno de los teléfonos (y sólo mi madre lleva dos en el bolso siempre).
Al final resultó que habían salido a dar un paseo y hacerle a la niña un Simba...

"¡Mirad mi nieta! ¡Mirad mi nieta!", gritaban a los estupefactos transeúntes.

...y a mitad de camino la niña les había convencido, no, obligado, a parar a tomarse unas cañas.

Ese día comprendí dos cosas:
Una, que Bebé-chan es una mala influencia para mis padres.
Dos, que tengo el corazón a prueba de bombas, porque si no me habría petado ya.

Como a pesar de todo Bebé-chan está muy a gusto con sus abuelos, el martes se la dejé de nuevo a mi padre mientras me iba a hacer una entrevista de trabajo.
-Vete tranquila -me dijo-, que yo esto lo tengo dominado.
-No me lo digas: os vais a ir de cañas.
-¡Por favor, Lorz! ¡De cañas! ¡Que la niña tiene sólo cuatro meses! ¡Dices unas tonterías!
Viendo que mi padre parecía tener la situación controlada, me fui muy tranquila bastante tranquila tranquila me fui.
Tres horas más tarde volví y me encontré a Bebé-chan durmiendo como un bebé(-chan) y con todas sus extremidades en perfecto funcionamiento.
-Le he dado un biberón y le he cambiado el pañal -me informó mi padre.
-¿Le has cambiado el pañal? ¿Tú?
-Pues claro. ¡Anda que no te habré cambiado yo pañales a ti!
-Ya, ya, pero de eso hace treinta años.
-Lorz, hay cosas que nunca se olvidan.
Y con esto cogí a Bebé-chan y me fui a casa. Y cuando llegamos a casa y la cogí en brazos para sacarla del carrito noté que tenía la espalda empapada con una sustancia húmeda, blanda y calentita.
-¿Qué ha pasado? -le pregunté a Bebé-chan.
-Aajo...
-Eso, tú cambia de tema, como siempre.
Cuando le quité la ropita vi claramente lo que había pasado, y para explicároslo voy a contar con un voluntario porque al parecer subir a internet fotos de bebés desnudos está mal.

"Hola, soy un voluntario"


Esto es un pañal del siglo XXI, que no se parece en nada a los pañales de tela que mi padre tiene tanta experiencia cambiando. 

La complejidad de su uso es tal que la marca fabricante se ha visto obligado a dibujar una carita sonriente para mostrar que ese lado va delante.

El pañal bien colocado, queda así:
Casi puedo oír a Coco: 
"La carita de Elmo va DELANTE.
El culito de Elmo va DETRÁS.
DELANTE.
DETRAS.
Ahora REPITE conmigo..."

Mi padre no vio a Coco porque no veía Barrio Sésamo, y no vio a Elmo porque no se puso las gafas de cerca. El resultado es que puso el pañal así:

Elmo sonriendo sin saber que va de culo

Que tiene mérito. A mí me ha costado muchísimo ponerlo así, y eso que Stitch me estaba ayudando. No quiero ni pensar lo difícil que tuvo que ser ponerlo con Bebé-chan moviéndose y amenazando con hacer pis en cualquier momento.
Además de la dificultad, mi padre tuvo mala suerte, porque una de las pegatinas que sujetan el pañal, en vez de quedar completamente pegada al susodicho, se soltó y se pegó sobre sí misma, tal que así:


Después de una hora en el carrito, el pañal estaba así:
 Yo no he hecho una carrera para acabar haciéndole fotos sugerentes al culo de Stitch.

Y entonces fue cuando Bebé-chan decidió hacer su contribución y hizo caca. El resultado fue este:
Verídico. 


Creo que prefiero cuando se van de cañas.

09 enero 2013

Los dientes prominentes

Bebe-chan es una niña buenísima.
Desde recién nacida comía cada tres horas, como si alguien le hubiera explicado que eso era así.
Con un mes empezó a aguantar sin comer cuatro o cinco horas por la noche.
Con tres meses empezó a dormir entre seis y siete horas seguidas por la noche, aunque no se dormía antes de las doce ni pidiéndoselo por favor.
Y si para dormir es buena, despierta ni te cuento.
Le da lo mismo tomar teta o biberón, aunque prefiere la teta y si le damos biberón nos mira de reojillo, como si quisiera dejar claro que sabe que se la estamos colando.
Se entretiene solita, bien en la hamaca, bien en la mantita de juegos, sólo llora cuando realmente le pasa algo y aún así, antes de llorar intenta llamar entonando un "ajo" lastimero. Incluso cuando pasó por los famosos cólicos del lactante se calmaba si le cantaba en bucle Susanita tiene un ratón.
No le importa que la cojan, no extraña los desconocidos, y sonríe a cualquiera que le diga tonterías.

Si digo todo esto no es por alardear.
Bueno, sí, un poco también.
Lo digo porque el problema de tener una niña tan tranquila y tan buena es que cuando tiene una rabieta sabes sin lugar a dudas que le pasa algo. Algo grave. Probablemente MORTAL.
Cuando Bebé-chan cumplió tres meses los cólicos del lactante desaparecieron de pronto y tuvimos una semana de paz y tranquilidad hasta que empezó de nuevo a rabiar.
La pequeñilla lloraba como una loca mientras intentaba meterse en la boca el brazo hasta el codo. Y cuando estaba tranquila, babeaba tanto que hacía burbujitas, y como tragaba tanta babita se le ponía el culito rojo como el de un mandril y le escocía. Por si no tuviera bastantes pistas, cuando se enganchaba al pecho podía notar el pinchazo de los incipientes dientecillos. Dicho sea de paso, pupita gorda...
Bebé-chan parecía sufrir tanto que, incluso sabiendo lo que le pasaba, la llevé al pediatra.
Bueno, ya sabéis como es esto.
Tienes una tos horrible, y cuando llegas a la consulta no toses.
-Tosa -te dice el médico.
-cof, cof -dices, y sabes perfectamente que el médico no se cree que tengas tos ni de c*ñ*.
Pues bien, cuando llegué a la consulta del pediatra, Bebé-chan estaba dormida. No, más que dormida. Estaba despatarrada en el carrito, la boca abierta, un hilito de baba chorreándole por la barbilla y roncando a todo roncar, porque si Bebé-chan tiene un defecto es que ronca como un viej... anciano de 80 años que haya pasado 60 fumando puros dentro de una mina de carbón.
-Bien, ¿qué le pasa a esta niña? -preguntó el pediatra.
-Eh... que lo está pasando muy mal con los dientes.
-¿Sí?
El pediatra mira a la niña, viva imagen de la placidez.
-Eh... sí...
-Ya.
No sé por qué me dio la impresión de que el pediatra no me creía.
-Llora mucho, está muy inquieta, le... le cuesta... ejem... dormir... -expliqué, mientras por dentro rezaba para que Bebé-chan se despertara y se pusiera a llorar antes de que el pediatra llamara a los señores de la bata blanca.
-Vamos a ver.
El pediatra se acercó al carrito y sacudió un poco a Bebé-chan para despertarla. Después de insistir un rato, Bebé-chan abrió un ojo lleno de rencor, y echó al pediatra una mirada asesina antes de cerrar el ojo de nuevo y seguir roncando.
-Eh... llora... nerviosa... codo... -insistí, sin mucha convicción.
El pediatra abandonó sus intentos por despertar a Bebé-chan y se volvió hacia mí.
-Echar los dientes no duele.
-¿No?
-Aunque en las farmacias suelen tener productos para madres... eh... ansiosas.
¿Que me está llamando QUÉ?


Hoy hago un cameo aquí.

03 enero 2013

Carta a los Reyes Majos 2013




Bonus track:

Ufff, que triste está este post, sólo con el vídeo y ni una mísera línea de texto ni nada.
Vamos a meterle algo de mondongo.

Ayer vino a traerme la compra el señor de siempre, que es muy majo y muy simpático y siempre me echa una manilla con las cosas que pesan.
Entre las cosas de la compra venía un rollo de papel de regalo.
-Acuérdate que tienes "esto" -me dice, señalando el rollo-. Aunque claro, tu niña todavía es muy pequeña para darse cuenta de todo el tema de los reyes.
-Sí, de momento sí.
-Al mío se lo hemos tenido que contar esta navidad.
-Pobrecillo... ¿cómo se lo ha tomado?
-Fenomenal. Para él ha sido un alivio saberlo.
-¿Sí?
-Por eso se lo hemos contado, porque el pobre estaba asustadísimo.
-¿De los Reyes Majos?
-Sí, claro, imagínate, el pobre decía "estos tipos se esperan a que esté dormido, se meten en mi habitación, y ahora si me muerde un camello qué hago, ¿eh?"
Así visto tenía razón el niño.

¡Que los Reyes Majos os traigan muchas cosas y que no os muerda un camello!

31 diciembre 2012

Nochevieja 2012

Normalmente en nochevieja siempre aprovecho para hacer balance de año.
Este año ya lo hice cuando nació Bebé-chan, y desde entonces no es que no haya hecho nada interesante, es que lo único que me interesa es Bebé-chan.
La pequeña lo llena todo, porque cuando no estoy directamente cuidando de ella, estoy preparando cosas para ella, o intentando comportarme mejor por ella, porque se ve que los niños hacen lo que hacemos, no lo que les decimos, y ahora me toca dar ejemplo y esas m**rd*s.
No puedo decir que lo esté consiguiendo, pero lo importante es participar, ¿no?
Bueno, eso espero. Creo que será mejor que vaya ahorrando para un buen psiquiatra por si acaso...
Espero que tengáis un feliz año 2013. Salud, dinero y amor y todo eso.
Nos vemos de nuevo el año que viene, con el esperado regreso de los lorzañecos

23 diciembre 2012

El bizcocho navideño II y ya

Previously in Lorz...
-Lorz -dijo mi madre-, he leído lo último que has escrito. 
M**rd*.
-Está bien, dame la colleja.
-No, no... lo digo porque he visto que en los comentarios te han pedido la receta del salmorejo y no has contestado. 
-Ya, es que mi ordenador me da problemas para comentar en blogger, y además Bebé-chan no me deja mucho tiempo para pelearme con el pop-up. 
-Mujer, dile algo, pobre criatura, mira que no haberse comido nunca un buen salmorejo, eso ni es vida ni es nada...
-Vale...

Para hacer salmorejo necesitas:
Pan duro. 
Tomates. 
Un pimiento. 
Un diente de ajo. 
Aceite, un buen chorro.  
Vinagre, un chorrito. 
Sal. 

Las instrucciones son aptas para todos los públicos:
Cortar el pan en trozos y ponerlo en un recipiente con un poco de agua para que se humedezca. 
Pelar el ajo.
Cortar a trozos el resto de los ingredientes (quitándole al pimiento el rabo y las pepitas). 
Mezclarlo todo y triturarlo con la batidora hasta formar una crema uniforme y sin grumos. 
Servir frío y decorado con huevo duro y jamón del güeno picadito por encima. 

El problema del salmorejo no es la ejecución sino la cantidad: depende mucho de lo duro que esté el pan, la madurez y la calidad de los tomates...
Yo lo que hago es empezar con media barra y el resto de los ingredientes menos el tomate, y luego voy añadiendo tomates poco a poco hasta conseguir "el punto". 
Me temo que es cuestión de práctica. 
Espero haber servido de ayuda. 
Y ahora, volvemos de nuevo a la guerra del polvorón. 


La cosa no quedó ahí. El tema del bizcocho para la cena de navidad volvía a salir cada vez que se mencionaba la cena de navidad. Y eso es mucho, ¿eh? Porque en mi familia hablar de comida nos gusta más que comer.
Mucho más.
-Pero a ver -repetía mi madre-, ¿cómo lo vas a hacer?
-Un bizcocho normal sin nada.
-¿Sin chocolate?
-Que sí, que sí, sin chocolate.
-Pero, ¿sin nada?
-Sin nada.
-¿No le irás a echar fresas ni cosas raras de esas?
Yo estaba pensando en echarle un puñado de pasitas, para hacerlo un poco más festivo. Sin confesarlo, taché mentalmente las pasas de la lista.
-Sin nada.
-¿Ni vainilla?
-Sin nada.
-Es que a veces la gente le echa vainilla de esa, y luego todo sabe a industrial-industrial. No le eches nada industrial-industrial, ¿eh?
Por favor que alguien me explique cómo se puede hacer eso, porque hasta los huevos ecológicos de corral los llevan al supermercado en camión. A mí esto de lo industrial-industrial me descolocó tanto que durante un par de segundos estuve tentada de presentarme en la cena de navidad con un cuenco de harina.
-¿Esto qué es? -diría mi madre.
-Tu bizcocho. ¿No lo querías sin nada? Pues devuélveme el cuenco, que me han dicho que los cuencos de plástico son industriales-industriales.
En vez de eso, respiré hondo, y con toda la paciencia que pude reunir, le dije tranquilamente:
-¡SIN NADA, J*D*R, SIN NADA! ¿QUÉ PARTE DE "SIN NADA" NO TE ESTÁ QUEDANDO CLARA? 
Mi madre me miró sin parpadear un par de segundos.
Ya, está, parece que lo está asimilando, pensé.
-Pero... no le echarás chocolate, ¿no?
O puede que no.
-Lo voy a hacer como el de Lala. Exactamente igual. ¿Te parece bien? -le dije al final.
Lala era mi bisabuela, y hacía el mejor bizcocho-normal-sin-nada del mundo mundial.
La receta es para tontos:

Ingredientes:
1 sobre de levadura
4 huevos

Editado: me dicen que son 3 huevos. Ni idea, yo siempre le echo 4 y me sale bien. Bueno, por lo general se quema, pero eso no tiene nada que ver con los huevos. 
Por llegar a una solución de compromiso, digamos que para hacer el bizcocho hay que echarle huevos y, ocasionalmente, el contenido de varios extintores. 

1 yogurt de limón
El envase del yogurt sirve de medida para el resto de ingredientes:
1 vaso de aceite
2 vasos de azúcar
3 vasos de harina


Preparación:
Precalentar el horno.
Mezclar todos los ingredientes a mogollón hasta conseguir una especie de papilla liquidorra.
Engrasar un molde con mantequilla o aceite para que no se pegue.
Verter la papilla liquidorra en el molde.
Meter el molde en el horno sin tirar la masa.
Hornear. En mi horno es bastante con media hora a 200 ºC. No respondo por otros hornos.

El bizcocho de Lala, conocido por el resto de los mortales como "bizcocho de vasito" o "bizcocho de yogurt" está buenísimo, aunque para mi gusto es demasiado simple para postre de navidad. Al final, después de unas negociaciones que ríete tú del proceso de paz de Oriente Medio, mi madre me dio permiso para que lo adornara con un poco de azúcar. Para darle forma al adorno, me fui a un todoacién y me compré un "Surtido de cortagalletas con diseño navidad", que traía:

Una estrella.
 Por la estrella que guió a los Reyes Majos.



Una estrella fugaz.
Por la estrella que guió a los Reyes Majos. Otra vez.



Un oso.
 Porque la navidad es amor, ¿no? Y los osos son amorosos, ¿no? Pues eso.



Un elefante y un hipopótamo.

Porque el Papa ha dicho que en el portal de Belén no había ni mula ni buey, pero de elefantes e hipopótamos no ha dicho nada, ¿no? Para la próxima que especifique.



Y por último, pero no por ello menos importante...
Un útero.
Eh...
Bueno, pues nada...


¡Feliz útero a todos, 
e hipopótamo a los hombres de buena voluntad! 






19 diciembre 2012

El bizcocho navideño I

Hoy me voy a jugar la vida, que lo sepais. Ni Kosovo ni Bosnia: el auténtico periodismo de guerra es escribir sobre mi madre.

 Mi madre cocina muy bien.
 Bien, primero hazle un poco la pelota para que se ablande. 
 Y en navidad hace auténticas maravillas. Hace años se dio cuenta de que no merecía la pena luchar a muerte contra el pavo porque nos atiborrábamos a canapés y el pavo se quedaba entero. Siguiendo la lógica, lo que hizo mi madre fue multiplicar el número y la variedad de canapés, hasta que el plato principal se convirtió en algo que hace por si acaso, pero que invariablemente acaba quedando para comer al día siguiente.
 El arte que se da mi madre con los canapés es legendario. Hace tartaletas de salmorejo, montaditos de solomillo con cebolla caramelizada, tostadas de jamón ibérico con huevo de codorniz, cremas para untar que se inventa ella misma...
Resumiendo: la cena de navidad de mi madre nos deja a todos con las patas temblando. Lo único que falla es el postre.
 -En Navidad hay que comer polvorones -dice mi madre, y planta la bandeja en mitad de la mesa con mucha decisión.
 Los polvorones sólo le gustan a mi abuela. Por desgracia, a la altura del postre mi abuela ya se ha tomado media copita de vio blanco (no necesita más) y está más interesada en cantar villancicos tradicionales que en los polvorones. El resultado es que los polvorones se quedan sin tocar.
 -Yo no sé para qué compro polvorones -dice mi madre-, si luego no os los coméis.
A lo mejor es porque no nos gustan, ¿eh? cosas más raras se han visto.
 Hace años, así como quien no quiere la cosa, empecé a llevar una caja de bombones a la cena de navidad.
-Mujer -decía mi madre-, no hace falta que traigas nada, si ya tenemos polvorones.
 Pues por eso, madre, por eso...
Cada navidad los bombones se acababan, y los polvorones se volvían a quedar enteros.
 -Mis hijos son más tontos -decía mi madre-, no les gusta más que el chocolate.
Si no recuerdo mal, mis hermanos son muy aficionados a las natillas y al arroz con leche, ZaraJota™ a la tarta de queso, y yo a la de manzana. En general creo que nos apuntamos a todo lo dulce, con una única excepción: los p*t*s polvorones.
 El año pasado, aprovechando que mi madre no estaba, di un paso mas en la guerrilla antipolvorón y preparé una tarta sacher. El éxito de la tarta me dio el valor necesario para avanzar en la campaña antipolvorón y anunciarle a mi madre que este año iba a preparar un bizcocho.
-Pero que no sea de chocolate, ¿eh? -me dijo-. Que a mí el chocolate no me gusta.
Pues coma polvorones, madre, coma polvorones.


 Continuará...

15 diciembre 2012

Y yo con estos pelos III

Previously in Lorz...
Yo iba a contar lo que pasó la primera vez que dejé a Bebé-chan con ZaraJota™ para irme a la peluquería. Entonces empezaron a pasarme cosas en las tiendas del barrio y me desvié del tema. Para rematar, esta semana he estado muy malita. Empezó como un resfriado tonto y acabó conmigo en la cama rodeada de gente. Al día siguiente le dije a ZaraJota™ que la próxima vez no dejara entrar tanta gente, que no había manera de dormir. 
-¿Gente? ¿Qué gente? 
No he vuelto a sacar el tema, por si acaso llama a los señores de la bata blanca. 


Bueno, pues ya que he perdido el hilo, que más da: otra historia de compras navideñas.
Entre las compras de este año estaba un libro. Como es un regalo y no quiero estropearle la sorpresa a nadie, lo llamaré "El señor de los pepinos III: el pepino del rey, Edición Especial Coleccionista en Caja Chachi Piruli Juan Pelotillas".

Lo primero que hice fue hablar con Hermano Pequeño, que trabaja en una librería.
-A nosotros nos queda una, pero la Caja Chachi Piruli Juan Pelotillas está un poco dañada.
Hermano Pequeño es de esas personas que son capaces de venderte tus propias bragas y encima convencerte de que te han hecho un favor, por eso cuando dijo "un poco dañada" no me fié mucho y seguí buscando.
Me puse a mirar por internet, sólo para confirmar mi teoría de que las páginas web españolas son una caca de la vaca Paca. En algunas, el título estaba grabado como "El señor de los pepinos III", en otras como "El pepino del Rey", y en ninguna ponía si era la edición tapa blanda, para e-book, o la Especial Coleccionista en Caja Chachi Piruli Juan Pelotillas, con lo cual era imposible saber si era la que yo quería o no.
Al final, encontré una en la que lo ponía todo bien clarito.
Y por si no era bastante, una foto.
Borrosa, sí.
De canto, sí.
Pero una foto, al menos.
En esta página, además, me ofrecían enviarme el libro en 24 horas* por tan sólo 5 € más, y pensé, bueno, venga, va.
Hice toda la compra, marqué envío en 24 horas*, y cuando fui a meter los datos de la tarjeta me fijé en el asterisco. Busqué como una loca el otro asterisco, y lo encontré al pie de página.

*Envío en 24 horas si el libro está disponible. 

Anda ya... ¿Y cuando estará disponible?

*Sin existencias. Disponibilidad prevista en 7-8 días. 

Así que básicamente, pago el envío urgente para que me llegue dentro de una semana, con suerte. Me pregunto por qué la gente no comprará más en esta tienda...
Me cabreé tanto que no lo compré y me rendí a la evidencia: iba a tener que buscar el libro en tiendas físicas. Peor, en grandes superficies físicas. El horror.
Mi primera visita fue a la Cosa del Libro.
-Hola, ¿tienen "El señor de los pepinos III: el pepino del rey, Edición Especial Coleccionista en Caja Chachi Piruli Juan Pelotillas"? -pregunté a la primera amable señorita que se me acercó.
-¿Hay libro de eso?
-Sí.
-Voy a buscarlo.¿Me deletrea "pepino"?
-Se escribe como suena.
-...
-Como la película.
-Ah... Pues no me aparece nada. ¿Sabe el nombre del autor?
Anda ya...
-J.R.R. Pepino.
-Sí, ya veo, pues no nos queda, está agotadísimo.
Jo.

La siguiente parada fue a la FNUC.
-Hola, ¿tienen "El señor de los pepinos III: el pepino del rey, Edición Especial Coleccionista en Caja Chachi Piruli Juan Pelotillas"? -pregunté a una amable señorita que había detrás de un mostrador.
-Voy a mirar si nos queda... que raro, me dice que no existe... voy a probar otra vez... pues no... a ver si lo estoy escribiendo mal... el autor es J.R.R. Berenjena, ¿no?
-No, es J.R.R. Pepino.
-Anda, es verdad, que tonta... jajaja, la próxima vez que veas a tus amigos se lo cuentas, "mira la tonta de la FNUC, que no se entera", jajaja...
-No, mujer, no...
-¿No?
-Pienso tuitearlo en cuanto salga de aquí.
La pobre chica se puso tan colorada que no fui capaz de hacerlo. Un despiste lo tiene cualquiera, y además fue muy amable, buscó y rebuscó el dichoso libro hasta que al final se tuvo que rendir.
-Pues nada, no nos queda.

La siguiente parada fue El Triangulito Verde.
En esta ocasión, la amable señorita supo al instante del libro que se trataba y donde estaba, pero cuando llegamos a la estantería sólo quedaban el I ("La comunidad del pepino") y II ("Los dos pepinos").
-No nos queda -dijo.
-Bueno, no pasa nada. Gracias.
A pesar de no haberlo encontrado me iba muy contenta porque normalmente en esta tienda o no me atienden, o me atienden a patadas, o si se dignan a hacerme caso no sirve de nada porque las amables señoritas no tienen mucha idea de libros. Encontrar a una señorita amable y que supiera de libros era una novedad.
Estaba a punto de salir cuando vi a la señorita volverse hacia otro cliente.
-Oye -le dijo-. Tienes que venir el sábado.
-¿Y eso? -preguntó el cliente en cuestión.
-Porque viene a firmar el autor de El Hobbit.
Vale, olvidad la parte del "que supiera de libros".




Pd: He estado investigando y he descubierto quien iba a firmar. Tengo que disculparme con la señorita, porque se trata de un error muy habitual: ¿quién no ha confundido a Kiko Pérez con Tolkien alguna vez?



Yo no sé si va a continuar esto o qué...

10 diciembre 2012

Y yo con estos pelos II

Previously in Lorz...
Ni idea. Ha sido un puente muy intenso. Teníamos un millón de compromisos, ZaraJota™ acabó poniéndose enfermo, y Bebe-chan decidió que dormir de noche es de cobardes. Para rematar, fuimos a Cortilandia.


Hoy iba a contar una historia que no recuerdo. Por suerte el viernes me ocurrieron una serie de hilarantes anecdotillas.
Como la mañana estaba buena, Bebé-chan y yo salimos a hacer compras de navidad por el barrio, donde tenemos un montón de tiendecitas. Para mi sorpresa, en todas ellas habían colgado en la puerta un decálogo animando a los clientes a apoyar el pequeño comercio. Y yo lo apoyo, ¿eh? Creo que, una vez perdida la costumbre de sentarse a charlar en un banco, las tiendas de barrio son el único sitio donde se hace realmente vida de barrio, y que son muy importantes para la cohesión social y esas cosas que evitan que un barrio se convierta en una ciudad dormitorio.
Bien, pues en la primera tienda que entré iba a tiro hecho, porque lo que quería comprar estaba en el escaparate. No voy a decir qué era, porque es un regalo de navidad, así que para mantener su anonimato lo llamaré "pepino".
Me acerqué al mostrador, y le dije a la dependienta que quería el pepino que tenían en el escaparate.
-Es que sólo me quedan dos tallas.

Lorzconsejo:
Primero: Jamás entenderé la costumbre de las tiendas pequeñas de promocionar artículos de los que no tienen existencias. Es contraproducente, y un desperdicio del espacio del escaparate.
Segundo: No sabes que talla quiero. No sabes si coincide con las que tienes. "Es que" da imagen de reticencia y poca colaboración. De cara a la venta, es mucho más recomendable empezar con "¿de qué talla?", y, si no la tienes para ese modelo, ofrecer alternativas.

-¿Qué tallas son? -pregunté.
-A ti no te van a valer.

Lorzconsejo: Responde a las preguntas del cliente, sobre todo si van en tu beneficio. Si respondes con evasivas, que sean a favor de la venta, no en contra.

-No es para mí.
-Ah, pues tenemos pepinos de la 44 y la 50.
-¿Puedo ver el de 44?
-Claro -y sacó el pepino y me lo puso en las manos.
-Creo que es un poco grande... ¿si no le está lo puedo cambiar?
-No devolvemos el dinero.

Lorconsejo: Es un hecho universalmente conocido que en el pequeño comercio no devuelven el dinero ni aunque se lo hayas prestado tú. No hace falta que insistas en restregarme tus limitaciones, y menos cuando no es eso lo que he preguntado.

-¿Y cambiarlo por otra talla o modelo?
-Pues... ¿vas a tardar mucho?
-Hombre, es que es un regalo de navidad...
-¿Más de una semana?
-Digamos un mes. Aproximadamente hasta el 6 de enero o así. Por decir una fecha.
-Bueno, igual si te hago una nota y te pongo un sello en el ticket...

Lorzconsejo: Si tienes un cartel animando a los clientes a no esperar al último momento para hacer las compras navideñas, que no te extrañe si necesitan un plazo de más de cinco minutos para hacer los cambios.

-Vale, pues me llevo el pepino. ¿Puedo pagar con tarjeta?
-¿No tienes efectivo?

Lorzconsejo: Si no quieres que  te paguen con tarjeta, no pongas en la puerta la pegatina de VISA. Los clientes se confunden.

La siguiente parada fue una zapatería infantil. Mi familia se viste de gala para la cena de navidad, y quería comprarle a Bebé-chan unos zapatitos monísimos y diminutos zapatitos que había en el escaparate.
-Hola -le dije al señor de la tienda-. Quiero unos zapatitos de bebé.
-No tenemos.
-¿Y esos? -pregunté señalando a los del escaparate.
-No son "zapatitos". Son "botitas".

Lorzconsejo: No sé ni por donde empezar. Al parecer en esta tienda  sólo te venden cosas si las llamas por el nombre exacto. Es una suerte que sea una zapatería infantil, porque si llega a ser de zapatillas para la tercera edad se iban a morir de asco.

En la tercera tienda entré y aparqué el carrito de Bebé-chan en un lado.
-¿Le molesta aquí? -pregunté al dependiente.
-No, no, mientras no haga ruido...

Lorzonsejo:
Primero: me refería a si le molestaba el carrito, no la niña.
Segundo: si te molestan los niños, no sé, a lo mejor me equivoco, ¿eh? , pero en mi opinión quizá no deberías poner una tienda de chucherías.

Continuará...


03 diciembre 2012

Y yo con estos pelos I

Yo antes iba a una peluquería que me gustaba mucho, hasta que la cerraron por una historia que no viene al caso.

Bien pensado, casi nada de lo que cuento viene al caso, así que esta es la historia:
Eran tres hermanas que se hicieron peluqueras, juntaron unos ahorrillos y alquilaron una peluquería. La propietaria les dejó el alquiler muy barato porque el local estaba en condiciones desastrosas y las chicas se comprometieron a hacer ellas todos los arreglos. Poco a poco y siempre con permiso de la dueña fueron adecentando el sitio: un año pintaron, otro pusieron aire acondicionado, otro cambiaron el mobiliario y finalmente arreglaron las tuberías.
Cuando acabó su contrato de cinco años, la propietaria les dijo que si querían renovar el alquiler tenían que pagar el doble "porque antes el local era una birria, ahora está reformado y vale más".
Las chicas no podían permitirse la subida porque todavía estaban pagando el préstamo de la obra, perdieron el local y tuvieron que meterse en juicios para recuperar la inversión que habían hecho.
Para cuando ganaron el juicio habían perdido la ilusión y ya estaban trabajando por cuenta ajena en otras peluquerías.
Y luego nos preguntamos por qué el pequeño negocio va tan mal.

Yo me enteré de toda la historia porque cuando fui a pedir cita para el día de mi boda estaban en mitad del juicio, y las chicas me lo contaron entre lagrimones.
Desde entonces no he tenido peluquería fija: cuando me quería cortar el pelo me metía en la primera que me encontrara y ya.
Eso me ha proporcionado numerosas anecdotillas.

Una vez pedí que me depilaran las cejas, y la chica me dijo que lo iba a intentar aunque nunca lo había hecho antes porque ella era la especialista en ingles. Salí de la peluquería con las cejas sangrando y muy agradecida  por no haber pedido que me depilaran las ingles.

En otra peluquería me depiló una señora con un esguince en la mano izquierda. Salí con la ceja derecha mucho más gruesa que la otra.

En otra, la peluquera tuvo que buscar por internet que es un "desfilado". Mantuve los dedos cruzados durante todo el corte, pero oye, la chica lo clavó gracias a Google Imágenes.

En otra, la peluquera, recién llegada de Cuba, tenía tal acento que tuvimos que llamar a su jefe para traducir. Luego me explicó que era su primer día como peluquera y "que esperaba aprender pronto con la práctica". Hasta el día anterior había sido camarera. Me pasé un mes llevando coleta a todas partes.

La mejor fue cuando, justo antes de salir de cuentas, quise hacerme un arreglo, ya sabéis, para estar bien cuando saliera del hospital y estuvieran todos los medios esperando en la puerta. Recorrí todas las peluquerías de mi calle:
En la primera, todas las peluqueras estaban en la puerta fumando. Les pregunté si me podían dar cita y me dijeron que ya estaba cerrado... a las seis y media de la tarde.
En la segunda directamente no me abrieron la puerta. Llamé al timbre y les miré a través del cristal mientras se afanaban en teñir de violeta a las viej...ancianas de rigor... ni caso. Al final me fui.
En la tercera no había clientes, sólo un señor barriendo el suelo.
-¿Tienen hueco para cortarme el pelo?
-No.
-¿Y otro día?
-No.
Normalmente no habría dejado ahí, pero ya me habían expulsado de dos peluquerías y empezaba a pensar que olía mal o algo.
-¿Es broma?
-No, es que la peluquera no está y no sabemos cuándo va a volver.
-Y si no tienen peluquera, ¿para que tienen abierto?
-Para no perder clientes.
Y luego nos preguntamos por qué el pequeño negocio va tan mal.

Continuará...

29 noviembre 2012

El pececito de papá

Un día ZaraJota™ y yo estábamos vistiendo a Bebé-chan después del baño cuando me di cuenta de que no le había preparado la ropita limpia.
-Distráela un momento con algo mientras le busco un pijama, ¿vale? -le dije a ZaraJota™.
-Vale -respondió, y cogió el primer juguete a mano-. Mira Bebé-chan, tengo un pececito... Mira que bonito es...

-... y si lo giras pone huevos de colores, ¿ves? Mira los huevos del pececito...

 -... ¿Quieres cogerlo tú? ¿Sí? A ver cómo coge mi niña el pececito... No, no, Bebé-chan, no, por el ojo no, por los huevos...
ZaraJota™! ¡Suelta ese pez ahora mismo!
-¿Por qué? A la niña le gusta.
-Sí, ya... Lo que me preocupa es que tarde o temprano empezará a hablar, y ya sabes como son los niños, que lo cuentan todo. Y la gente es muy malpensada, ¿eh? Y muy pervertida. La gente está obsesionada con ya-sabes-qué. Seguro que la oyen hablando del pececito y ya sabes lo que van a pensar...
-Eh... No. No lo sé.
-"Después del baño mi papá saca el pececito y yo lo agarro de los huevos".
-Lorz, ¿estás segura de que es la gente la que es muy malpensada?
No, si al final va a ser culpa mía que el pececito sea un guarro.

26 noviembre 2012

La araña

Cuando tienes un bebé tu capacidad intelectual se reduce a la mitad.
Esto es así y punto. 
Es la única explicación razonable que he encontrado para la cantidad de chorradas que les decimos a los bebés (propios y ajenos).
De hecho, ese es el motivo de que los bebés no hablen: para que no puedan contestar a las paridas que les decimos. Porque imagínate la situación: 

-¿Quién es la niña más bonitaaaaaa?
-Y yo que sé, ¿me has visto cara de wikipedia?

O bien... 
-¿Dónde está la princesita de mamá?
-Donde tú me has dejado, estúpida, ¿dónde voy a ir, si no puedo andar?

O..
-¿Qué le pasa a mi bebé?
-¡QUE TENGO HAMBRE, C*Ñ*! ¡QUE PARECES TONTA, CADA TRES HORAS LA MISMA HISTORIA! ¡DAME LA TETA YA Y DÉJATE DE M**RD*S!

Y ya no digo nada de los apelativos cariñosos. Si Bebé-chan pudiera hablar cada vez que la llamo Piojito me llamaría Garrapata y ya la tendríamos liada. Podría pasar. Y sería horrible. Es lo que me le pasa a una amiga con mi su madre, que se llaman afectuosamente Pedorra y Pedorrilla. 
El resultado es que a veces respondo responde al teléfono diciendo "hola Pedorra" y luego resulta que es mi  su suegra, y ya la tenemos tienen liada. 

Volviendo a Bebé-chan, no tardamos en descubrir que no le gusta que le pongan ropa.
Que la despeloten: estupendo.
Que le limpien el culete: sin problema.
Que la bañen: fiesta.
Que la vuelvan a vestir: eso es maltrato y abuso de la autoridad, como poco.
Cuando era un bebé recién nacido frágil y delicado de cuatro kilos nos podíamos apañar, pero antes de llegar al mes ya era imposible a no ser que la tuviéramos distraída. Fue entonces cuando entró en nuestras vidas el móvil de IKEA.
LEKA Móvil IKEA La mirada de tu bebé se tropezará con las figuritas y el diseño del móvil.

A Bebé-chan le fascina tanto este móvil que como me cruce al diseñador un día por la calle le voy a comer los morros hasta que le sangren, no digo más.
Cuando colgamos el móvil lo primero que hicimos fue tumbar a Bebé-chan en el cambiador para presentarle a sus nuevos muy mejores amigos, y de paso cambiarle el pañal, que llevaba un tufo de los que dejan estela.
-Mira, Bebé-chan -le dije-, esto es una mariposa, y te dice "hola, soy la Mariposa Golosa".
Como decía: la capacidad intelectual se reduce a la mitad. Si encima estás usando parte de esa capacidad para cambiar el pañal sin que salpique caca por doquier, ni te cuento.
-Esto es una abeja, y te dice "hola, soy la Abeja Pelleja".
Ya, es horrible. Se admiten sugerencias.
-Esto es una libélula, y te dice "hola, soy la Libélula Crédula".
De este estoy bastante orgullosa y no lo pienso cambiar.
-Esto es una araña, y te dice... te dice...
Ahí me quedé en blanco. Lo único que se me venía a la cabeza era el chiste de la araña:

Va uno y le dice al otro: "¿Sabes qué animal es dos animales a la vez? El gato, porque es gato y araña"
Y el otro le responde: "Ah, como tu suegra, que es zorra y cobra"

El instinto me decía que el chascarrillo no era adecuado para contárselo a Bebé-chan, pero seguía sin ocurrírseme nada y en un momento de desesperación miré a ZaraJota™ en busca de ayuda.
-Y la araña te dice... -empecé y le hice a ZaraJota™ el gesto universal de "échame una mano, prima, que viene mi novio a verme" - te dice...
Pensaba que no lo íbamos a conseguir, hasta que la cara de ZaraJota™ se iluminó en un instante de inspiración.
-La araña te dice... -repetí, para ganar tiempo-, te dice...
-¡¡¡ME LLAMO RAMÓN!!!
Como decía, cuando se tiene un bebé la capacidad intelectual se reduce a la mitad. 

22 noviembre 2012

Los pendientes reales

Cuando nació Bebé-chan, la enfermera nos preguntó si queríamos hacerle los agujeros de los pendientes.
-No -dijo ZaraJota™-. Si le ponemos pendientes ahora cuando tenga trece años querrá ponerse un piercing en el ombligo. Si no le ponemos pendientes, cuando tenga trece se hará los agujeros en la orejas, y le dolerá tanto que se le quitarán las ganas de hacérselos en ningún sitio más.
-No -dije yo-. Los pendientes son una tradición obsoleta propia de una sociedad patriarcal retrógrada en la que las mujeres son meros escaparates para lucir el estatus del marido a través de joyas y ropajes costosos y los padres tienen tal autoridad que pueden mutilar el cuerpo de sus hijos a voluntad.
-A ver si lo he entendido -dijo la enfermera-: os dan miedo las agujas.
Nos ha calao...

Durante los días siguientes, ZaraJota™ y yo aguantamos la presión de la familia, sabiendo que en cuanto saliéramos del hospital cada uno se iría para su casa y las orejas de Bebé-chan estarían a salvo.
Por desgracia no contamos con que el mundo está lleno de viej... ancianas que no son familia.
¡Y están por todas partes!
El primer día que salí de paseo con Bebé-chan no había andado dos metros cuando se me abalanzó una viej... anciana.
-Oooooooh.... que cosa más ricaaaaaaaa... ¿Es niño o niña?
-Niña.
-¿Seguro? No lleva pendientes.
-Precisamente: le cambio el pañal todos los días, y ahí no pende nada.

No le di la mayor importancia, hasta que al día siguiente volvió a pasar:
-¡¡¡QUE NIÑO MÁS MONOOOOOO!!! -gritó la correspondiente viej... anciana, presumiblemente sorda.
-Es una niña.
-¿Seguro? No lleva pendientes.

Y al otro...
-¡Hola guapetón!

Y  al otro...
-¡Hola pequeñito!

Y al otro... Bueno, os hacéis una idea.

La tensión se fue acumulando hasta que un día no pude más.
-Es un niño, ¿no? -preguntó la viej... anciana de turno. Porque es que se turnan, si no yo no me lo explico.
-Sí, es un niño, lo vestimos de fucsia para que de mayor se haga guionista y triunfe en Broadway.
-¿De verdad?
-¡CLARO QUE NO! ¡LLEVA UN MONO FUCSIA! ¡CON CORAZONES! ¡Y EN EL GORRO VA BORDADO "PRINCESITA DE PAPÁ"! ¿CÓMO VA A SER UN NIÑO?
-Bueno -respondió la viej... anciana sin alterarse-, hoy en día los niños pueden vestir como quieran sin verse limitados por los convencionalismos sociales.
Al final va a resultar que la retrógrada soy yo.

19 noviembre 2012

La tribu entera

Hay un proverbio que dice que para educar a un niño hace falta la tribu entera.
Lo que no te dice es que tribu es, ni si va la tribu a tu casa o tienes que buscarla tú, ni si lo cubre la seguridad social o qué.
Bien pensado, es una m**rd* de proverbio, olvidadlo.
La cuestión es que estás tan ricamente en el hospital, donde te lo dan todo hecho, hasta que un día de pronto te dan a tu bebé y te mandan a casa.
Y cuando llegas a casa, el bebé, que se ha pasado los tres días de ingreso hospitalario durmiendo y comiendo como un bendito, empieza a llorar de pronto. A ser posible, a las tres de la mañana, que es una hora muy buena para estas cosas.
Entonces es cuándo te haces La Gran Pregunta:

¿ahora qué hago yo con esto? 

Cuando llega el momento de la verdad ni los libros, ni las clases de preparación al parto, ni todos los consejos no solicitados que has ido recibiendo contra tu voluntad durante el embarazo te sirven de nada.

Entonces es cuando recurres a la tribu.

En las tribus se suele considerar a los viej.. ancianos como a los más sabios. Por eso la primera opción debería ser consultar con las matriarcas de la familia. Pero no lo es. Porque cuando consultas con las matriarcas de la familia te encuentras cosas como esta:
-En mis tiempos teníamos un remedio buenísimo para los cólicos de los bebés -te dice la bisabuela de la criatura un día.
-¿De verdad? -preguntas con lágrimas de emoción en los ojos, porque llevas tres días sin dormir por culpa de los p*t*s cólicos.
-Sí, pruébalo que es infalible. Necesitas tres plumas de dodo, pelos de mamut, puntas de flecha...
...Y una máquina del tiempo, aparentemente.

Por eso cuando tienes un problema lo normal no es acudir a los viej... ancianos de la familia, sino a tu madre.
Algo sabrá la mujer, te dices, a fin de cuentas me ha criado a mí y mira como he salido.
El problema es que luego lo piensas con más calma y cambias el tono de la frase:
¿Algo sabrá la mujer? Sí, sí. Me ha criado a mí... ¡y mira como he salido!
Así que un día te llega tu pobre madre y te dice:
-¿Sabes lo que es buenísimo para los cólicos?
Y ni corta ni perezosa le contestas:
-¡¡¡NI LO SÉ NI ME IMPORTA!!!
Y se lo toma a mal. Las madres son así, se enfadan por cualquier tontería.
Espera, ahora yo también soy una madre... Creo que voy a tener que empezar a replantearme algunos conceptos.

Aparte de la madre propia, también está la madre del padre de la criatura, por lo general denominada suegra. Las suegras también pueden dar buenos consejos.
A fin de cuentas, ellas también han tenido hijos, ¿no?
Y tan mal no han debido salir, cuando te has casado con uno de ellos, ¿no?
El problema es que a las suegras hay que llevarles la contraria por cuestión de principios. Llevar la contraria a la suegra es una costumbre universal que existe desde el principio de los tiempos y cambiarla podría suponer el fin de la civilización tal y como la conocemos.
De todas formas, los consejos de mi suegra tampoco me convencían demasiado.
-En mis tiempos -explicó una vez-, cuando un niño estaba estreñido se le introducía por el ano un tallo de geranio engrasado con aceite de oliva.
-¿Y daba resultado?-pregunté.
-De inmediato.
No me extraña: me imagino al pobre bebé de turno, mirando de reojo al geranio y pensando "será mejor que haga caca pronto, que es el último tallo del geranio y en el resto de las macetas hay cactus".
La costumbre del geranio rectal me pareció tan bestia que un par de días más tarde se la conté a mi madre.
-¡Que barbaridad! -dijo.
-Ya, ya, es que antes se hacían unas cosas...
-Desde luego... ¡si eso se ha hecho toda la vida con perejil!
Nota mental: no volver a comprar perejil, nunca se sabe en que culo puede haber estado.







Editado por alusiones (otra vez):
Vamos a dejarlo claro, que luego vienen los servicios sociales y pasa lo que pasa. 
A Bebe-chan NO le hemos metido nada por el c*l*. 
Durante las clases de preparación al parto, la enfermera nos dijo que si el bebé estaba estreñido se le podía introducir por el recto un bastoncillo de los oídos lubricado con vaselina. Aunque es más higiénico que el perejil tampoco lo hago porque me da mucho repelús; prefiero hacer los ejercicios y los masajitos que nos enseñó una enfermera maravillosa llamada Charo. 
(¡Hola Charo!)
En cualquier caso, Bebé-chan no tiene problemas de estreñimiento, sino de "cólicos", que es como los pediatras dicen "no tengo ni idea, ya se le pasará". 
Los cólicos consisten en que el bebé se pone histérico durante un rato todas las tardes. Como nadie sabe ni lo que son ni por qué, no hay un remedio universal: depende de cada niño. En el caso de Bebé-chan, el remedio consiste en sentarla en el regazo mirando al frente y mecernos en la butaca mientras le canto "Susanita tiene un ratón" en bucle. 
Es la única canción que funciona, probablemente porque lleva anís, que es muy bueno para los gases. 
Sea por lo que sea, Miliki tiene mi agradecimiento eterno.






15 noviembre 2012

Poner a parir XIV (epílogo)

Previously in Lorz...
Depilado de piticlín en seco.


Un día le dije mi madre que tenía que volver al médico.
-¿Cuándo vas a ir?
-El lunes.
-Vaya... el lunes no estoy en Madrid. 
-Puedo ir sola, madre, que ya tengo una edad.
-¿Y la niña?
-La niña también tiene una edad. En este caso, la suya.
-No, que qué haces con la niña. 
-Me la llevo al médico, claro, no la voy a dejar sola en casa.
-¿Y no puedes ir al médico otro día?
-No, tiene que ser el lunes.
-¿Por qué?
-Porque es cuando acabo la cuarentena, y el médico dijo que tenía que volver cuando acabara la cuarentena.
-Pero no hace falta que sea el mismo día que se acaba, ¿no?
-Sí que hace falta.
-Que no.
-Que sí.
-¿Y eso por qué?
-PORQUE ESTAMOS A DOS VELAS, ¿VALE?
Que hay que explicarlo todo, c*ñ*.



PD: Cuando mi madre volvió de viaje me trajo esto de regalo: