13 agosto 2015

10 cosas que no me gusta que ocurran durante el acto sexual

Ayer leí este estremecedor testimonio y no pude evitar sentirme absolutamente conmovida por el sufrimiento que destila. Jamás se me hubiera ocurrido pensar que los hombres lo pasaran  tan mal durante el acto sexual, ¡y todo por culpa de la falta de consideración de las mujeres! 
Pero ojo, que las mujeres también sufrimos los nuestro. 
Aquí van 

10 cosas que no me gusta que ocurran durante el acto sexual 
(a.k.a. Jugar al Parchís)

Lo siento, ZaraJota, el mundo tiene derecho a saber la verdad. 



1 . Que mi madre llame al timbre.
Mi madre NUNCA viene a mi casa sin avisar. Es más: solemos quedar el día de antes, me confirma por la mañana, y me manda un mensaje cuando viene de camino. Pues aún así, es sorprendente el número de veces que llama al timbre cuando estamos en plena faena. Y no entiendo por qué.
¿Somos nosotros, que calculamos mal el tiempo?
¿Es ella, que se mueve más rápido de lo normal?
Seguiremos investigando hasta descubrirlo.
Mientras tanto, gracias mamá por no mencionar nunca lo mucho que tardamos en ir a abrir la puerta.

Mi madre al menos llama al timbre. Mi hija entra en la habitación y se queda mirando, porque es muy educada y no le gusta interrumpir. 

3. Un tirón.
Cuando el único ejercicio que haces habitualmente es correr para que no se te vaya el metro, no es de extrañar que el ejercicio digamos más intenso y prolongado (especialmente si hay implicadas posturitas) provoque tirones.
Lo que no acabo de entender es por qué me dan tirones en los dedos de los pies, cosa extremadamente dolorosa que solo me ocurre en momentos de intimidad y en la piscina. 

4. Descubrir que no quedan preservativos.
Lo que me lleva a afirmar que si dios no hubiera querido que usáramos preservativos no habría inventado las farmacias 24 horas. 

5. Perder el preservativo dentro.
Algunas marcas fabrican los preservativos más pequeños que otros. Y cualquiera podría pensar que  bueno, si es más pequeño más ajustadito queda y menos peligro hay de que se caiga. Pues no. Si es pequeño se enrolla sobre sí mismo, sale disparado hacia las profundidades y hay que pescarlo.No es precisamente lo más erótico del mundo y tiende a cortar el rollo. 

6. Ese pelo que se queda pegado en la garganta. 
Y la tosecilla subsiguiente. Y, ya que estamos, la tos en general, los estornudos, el hipo... y en casos extremos, las potas

7. Las ganas de hacer pipí.
Estoy embarazada, ¿vale? Voy al baño aproximadamente cada diez minutos. O vamos al grano rapidito o lo más seguro es que tenga que interrumpir el tema. 

8. Que se te caiga un cuadro encima. 
Lorzconsejo: deja siempre la cama a un par de centímetros de la pared. 

9. Que me venga la regla.
Que no es que me importe mucho durante, vaya. El problema es después. Sobre todo si en vez de en la cama estás en el sofá. Especialmente si no es tu sofá. Ni tu casa.

10. Ponerme de parto durante.
Para ser sincera, esto todavía no me ha pasado.
Dadme un par de días.


Editado 16/08/2015
Añado por mérito propio:

11. Vía JF.
"Que estando en un hotel, en vez de poner cama de matrimonio, pongan dos camitas juntas que tienen ruedas en las patas, y que a mitad de partida de parchís las camas se separen y te metas un costalazo"

12. Vía Fabio.
"Los preservativos de sabores estan bien para las chicas/chicos a los que no les mole el sabor a latex, pero si lo usas para jugar al parchís, lo más probable es que la habitación termine como si hubieses encendido velas aromáticas en el mejor de los casos, o como una frutería en el peor...en el mío con mi señora, probamos los de sabor chocolate y la habitación termino oliendo a cola cao cosa mala"

06 agosto 2015

La maleta de maternidad

Cualquiera podría pensar que cuando una mujer está llegando al final de su embarazo bastante hace con arrastrarse a sí misma.
Yo, desde luego, así lo creo.
Pero entonces llega la matrona y te dice:
-Toma, la lista de las cosas que tienes que llevar al hospital.
Y tú piensas que se ha vuelto loca, pero entonces vas a hospital a una visita guiada, y al salir te dicen:
-Toma, la lista de cosas que tienes que traer al hospital.
Y sigues pensando que están locos, pero entonces vas a hacerte las pruebas del tercer trimestre y te dicen:
-Toma, la lista de las cosas que tienes que meter en la maleta del hospital.
Y entonces llegas a la única conclusión lógica posible:
Hay una conspiración internacional instigada por la CIA y un laboratorio secreto luso-lapón para volver locas a las embarazadas añadiendo un peso físico y mental extra a la recta final del embarazo.
Por otra parte, será mejor seguirles la corriente, por si son peligrosos.
En fin.
Cuando investigas un poco por internet, te das cuenta de que listas de hospital hay muchas, dependiendo de las manías de cada hospital, pero todas son sospechosamente parecidas (¡conspiración! ¡conspiración!), y van más o menos así:


PARA EL BEBÉ

Un gorro. 
Vale, un gorro.

Dos pares de calcetines. 
Pocos me parecen para lo pequeños que son y lo fácil que se pierden.

Una toquilla o arrullo. 
"Toquilla" y "arrullo" son las típicas palabras que solo por saber su significado te convierten automáticamente en vieja. Mejor pídele a una de las abuelas que se encargue. En serio, cuanto menos sepas del tema, mejor.

Dos bodys de manga corta (verano) o manga larga (invierno).
Vale.

Dos o tres pijamas o dos o tres cambios de ropa o faldón o pantalones según su criterio. 
Eh... ¿Qué?
Dos o  tres pijamas o dos o tres cambios de ropa o faldón o pantalones según su criterio. 
Pero... ¡estoy embarazada!
¡No tengo criterio!
¿No puedes concretar un poco?
Dos o tres pijamas o dos o tres cambios de ropa o faldón o pantalones según su criterio. 
Mira, yo me llevo una toalla y una grapadora y ya le improviso un modelito si eso.

Útiles de aseo.
Gracias, capitán concreto.


PARA LA MAMÁ

Tarjeta sanitaria.
Que no está el tema como para ir indocumentado.

Los informes del último trimestre. 
Si se te olvidan no pasa nada.
Bueno, nada: se pueden negar a ponerte la epidural.
Mejor te los grapas al culo desde ya.

Una bata.
A mí lo de la bata me parecía una solemne estupidez hasta que llegué al hospital y me dieron uno de esos camisones abiertos por detrás que dejan al aire todo el pompis.
Y cuando digo "todo", me refiero a "TODO": el camisón que me dieron no era específico para embarazadas, y con el tripón toda la tela disponible se iba para adelante y no quedaba nada para detrás.
"Bueno", pensé, "al menos no me va a ver nadie".
Entonces la enfermera dijo:
-¿Ya estás? Pues vente conmigo, que te veo muy bien y creo que podemos ir paseando hasta quirófano.
Moraleja: llevaos la dichosa bata.

Uno o dos camisones.
Ya empezamos... ¿uno o dos?
Abiertos por delante para favorecer la lactancia.
Sí, sí, pero ¿uno o dos?
A ser posible de tejidos naturales.
¿PERO UNO O DOS?
Y ya.
Vale, que echo dos.

Sujetador de lactancia.
Según mi matrona, con uno es suficiente para TODA la lactancia.
Yo no voy a opinar al respecto, en vez de eso os voy a contar una anécdota:
Una vez, una mamá reciente me dijo que para ella lo peor de la lactancia era el olorcito a leche agria que llevaba siempre encima.
-¿A ti no te pasa? -me preguntó.
Antes de que mi cerebro tuviese tiempo de intervenir, mi boca ya había contestado.
-No, yo es que me ducho.
Todavía me pregunto cómo salí viva de aquello.

Discos de lactancia.
Eso demuestra el absoluto atraso del sistema sanitario español. O sea, ¿para qué llevar discos, cuando todos los móviles ya reproducen MP3?
Y además, ¿de lactancia? ¿Y varios?
Os juro que me he estrujado la cabeza y solo he encontrado uno:


Braguitas, preferentemente de papel. 
Para que hagan ruidito cada vez que muevas y puedas decir, por primera vez en nueve meses, que estás que crujes.

Zapatillas de estar por casa. 
Total, tus zapatos no te van a caber.

Ropa para el alta hospitalaria. 
¿Qué alta? Joder, ¡al menos decidme qué medidas tiene! ¿O tengo que adivinar la talla también?

Y una vez más:
Útiles de aseo.
En serio,
¿Qué son "'útiles de aseo?
¿Cepillo de dientes, peine y champú?
¿O tengo que llevarme también mi propio papel higiénico y toallas?

En fin.
Hasta aquí lo que te recomiendan llevar los profesionales de maternidad.
Y a partir de aquí, lo que te recomiendo llevar yo.

Un par de calcetines que no te aprieten.
Es el momento de tu vida en el que vas a estar más en contacto con tu femineidad, y todos sabemos que no hay nada más femenino que tener los pies helados, por mucho que la habitación de hospital esté a 40º.

Toalla. 
Las toallas de hospital, si te las dan , rascan que te cagas. Y tu no vas a tener el cuerpo para tonterías.

Pañuelos de papel.
Que lo mismo te da por llorar o algo. Además viene muy bien si al final resulta que no te dan papel higiénico.

Tijeras. 
Por si los pelos del piticlín. También vienen muy bien para abrir sobres de jamón ibérico envasado al vacío (si las has usado para el tema piticlín límpialas antes, hazme el favor) y para cortar los kilómetros de etiquetas de los peluches.

Cargador del móvil, o batería extra. 
Porque todos sabemos que el padre de la criatura siempre tiene el móvil cargado, salvo cuando te pones de parto.

Algo de dinero...
Volvemos al tema de que lo mismo tienes que irte tú sola al hospital: mejor ten algo para el taxi.

Y muchas monedas sueltas. 
Esto es, probablemente, lo MÁS importante que puedes echar en la maleta.
De hecho, puede que la supervivencia de algún miembro de tu familia dependa de ello.
No exagero.
En el hospital hace mucho calor, amamantar da una sed que te mueres, y tú no estás como para inclinarte y beber a morro en el lavabo. Así que lo normal es que le pidas a alguien que te traiga agua fresquita.
Ese alma caritativa se va y aparece a la media hora con una botella de dos litros.
-Es que no tenía monedas para la máquina, he tenido que ir a la cafetería y solo tenían de dos litros -te explica-. Pero mejor, ¿no? Así te dura más.
Tú le sonríes amablemente porque el pobre te ha traído el agua con toda su buena intención, no vas a criticarle encima.
A la media hora el agua ya está a 40º, como la habitación, y llena de burbujitas, pero tú sigues bebiendo porque la teta da una sed tremenda y mejor eso que nada. Entonces alguien te dice:
-¿Te importa si bebo un sorbito?
-Claro que no, bebe -te oyes decir a ti misma antes de que tu instinto de supervivencia pueda intervenir.
"Mierdaaaaa...", piensas. Porque lo cierto es que beber de la misma botella donde ha bebido otra persona te da un asco que te cagas.
Desde ese momento la botella de agua es tabú.
Te está vedada.
No solo eso: se convierte en una presencia amenazante en tu mesilla. Aunque no la mires, sabes que está ahí. OBSERVÁNDOTE. Disfrutando de tu sed. Esperando que te rindas y bebas.
-¡NO LO HARÉ! -le gritas, pero en bajito, no se vaya a despertar el nene. Y te levantas a beber de medio lado en el lavabo.
Al día siguiente, el alma caritativa que te trajo la botella te pregunta si necesitas más agua, pero antes de que puedas contestar se contesta solo.
-Ah, no, ¡si te queda un montón!
"Mierda, mierda", piensas, "tenía que haberla tirado cuando no miraban..."
Tres días más tarde, cuando te dan el alta, la botella sigue ahí. Empieza a tener un tono verdoso y probablemente reúne todas las características de la sopa primordial de la que surgió la vida en el planeta. Tú estás recogiendo tus cosas con la ayuda del alma caritativa que te compró la puta botella de los cojones.
-Bueno, pues ya está todo -dices.
-No, no, se te olvida la botella.
-Anda tírala.
POR FAVOR.
-¿Seguro? Si está casi entera...
-Me da igual.
-Desde luego... Yo no sé para qué pides agua si luego no te la bebes.
Encima recochineo.

31 julio 2015

Empieza la cuenta atrás

Miro el calendario y descubro con horror que hoy hace diez años que empecé a escribir en este blog.
En serio.
Diez años.
¿Cómo ha podido ocurrir?
¿Cómo ha pasado tan rápido?
¿Cómo me las he apañado para hablar TANTO?
Y, lo que es peor:
¿Por qué sigo escribiendo si los blogs pasaron de moda hace siglos ya?
No tengo ni idea.
Lo que sí sé es que no puedo parar. Aunque a veces me dan ganas. a veces estoy cansada o triste o poco inspirada o simplemente no tengo nada que contar, y pienso, ya está, lo dejo morir. Pero luego siempre pasa algo, y me digo "esto tengo que contarlo". Y vuelvo a las andadas.
Es un vicio horrible, este que nos une a la Lorz 2005 y a mí. Probablemente, lo único que nos une, porque cada vez me cuesta más reconocerme en aquella chica que pesaba 60 kilos y se veía gorda, que había terminado la carrera pero le faltaba un camino, que tenía un trabajo tan fijo que se sentía atascada en él, y una relación tan estable que no iba a ninguna parte.
La Lorz 2005 sentía que ya había hecho todo lo que tenía que hacer para ser una "buena chica", y que no solo no le había llevado a ningún lado, sino que probablemente no la llevaría nunca. Tampoco es que supiera dónde quería ir, solo sabía que lo que tenía no era lo que quería. Se sentía atrapada, y aunque ella misma no lo supiera, empezó a escribir para dar salida a su frustración.
Lo que Lorz 2005 no sabía es que escribir no era solo una válvula de escape: era la vía de escape en sí misma.
El blog lo cambió todo.
Ahora, a punto de cumplir treinta y cinco años, ya no veo puertas que se cierran sino posibilidades que se abren...
Sé que me quedan muchas cosas por hacer.
Tengo que ver crecer a mis hijos. De hecho, debería empezar por parir al segundo de ellos. Un día de estos. Sin prisas.
Tengo que vigilar a ZaraJota. Si no fuera por mí, comería bocadillo de atún con mayonesa todos los días. Además, estoy haciendo un estudio intensivo y minucioso sobre la consistencia de su trasero a lo largo de los años. Si me habéis visto tocárselo así como quien no quiere la cosa, es por eso. Espero tener conclusiones en breve, ya os contaré.
Tengo que seguir estudiando lo que sea, porque si no me lleno la cabeza con datos nuevos cada día me vuelvo loca.
Tengo que seguir trabajando, aquí o allí, o donde me aguanten y, lo que es más importante, aguante yo, porque no se vive para trabajar, pero no podemos olvidar  que 1/3 de la vida es trabajo.
Tengo que seguir metiéndome en líos porque tengo un don natural para ello.
Y tengo que contarlo.
Como sea.
Por que soy así, y si no lo cuento... si no lo cuento reviento.

Gracias a todos por ayudarme a no reventar durante estos diez años.

¿Alguien se anima a otros diez?





21 julio 2015

Hasta los pelos del piticlín

La culpa fue de la matrona, que es que va provocando.
-Cuando lleguéis al hospital, lo primero que os ofrecerán será un enema y un rasurado.
Que a mí no me gusta criticar, pero cuando la gente viene a mi casa lo que les ofrezco es un café o una cervecita, no les digo "¿os apetece que os meta un chorrito por el culo para que os paséis la próxima media hora patilla abajo full power?". Pero bueno, los médicos son así, y luego se quejan de que la gente le coja manía a los hospitales.
En mi caso, cuando nació Bebé-chan no me "ofrecieron" nada: una enfermera entró en la habitación y me dijo:
-Vengo a ponerte el enema.
Así, de pronto, sin anestesia ni nada. Yo le expliqué muy amablemente dónde se podía meter el enema. Bueno. Es un enema. O sea, que ella ya debía saber más o menos por dónde se mete sin que yo se lo explicara. Pero por si acaso.
Supongo que después de aquello ya no le quedaron ganas de "ofrecerme" un rasurado, así que entré en el quirófano con todos los pelos en el piticlín, pensando que ya me lo harían allí, si eso.
Al día siguiente las enfermeras me dijeron que ya podía quitarme el vendaje de la cesárea para que los puntos "respiraran", aunque la verdad es que si habían aguantado veinticuatro horas sin aire a estas alturas ya debía dar igual.
-¿Cómo? ¿Yo?
-Sí, tú.
Y yo que soy muy obediente me levanté, me fui al baño, y entonces descubrí que me habían pegado todo el vendaje encima de los pelos del piticlín.
Ay...
Después de varios intentos con agua caliente, jabón, alcohol y tirones, ZaraJota salió a buscar una enfermera para que nos prestara unas tijeras.
Volvió al rato, cabizbajo.
-Que dicen que no tienen tijeras.
-¿En toda la planta?
-Nada.
Pues vaya m**rd* de enfermeras, que ni rasuran, ni te hacen las curas, ni te quitan los vendajes, ni tienen tijeras ni nada. Si lo llego a saber hubiera aceptado el enema, para que hicieran algo, las criaturas, que se deben aburrir muchísimo.
Volviendo al tema, quitarme aquel vendaje ha sido la experiencia más dolorosa de mi vida.
Más que la cesárea y su recuperación.
Más que los sucesivos cólicos nefríticos.
Más que cuando me picó la medusa y me dijeron "échate agua del grifo y se te pasa" (no lo hagáis NUNCA, por favor).
Más que cuando me freí el dedo gordo.
Más que cuando me rompí el culo.
LO QUE MÁS.
En fin.
Así que cuando la matrona dijo que me ofrecerían un rasurado, de inmediato supe que diría que sí.
Pero luego me puse a pensar. Es que estoy de baja y me aburro mucho, en algo me tengo que entretener.
Y pensé... rasurarse tiene muchas ventajas. Nadie puede pegarte esparadrapo en los pelos que no tienes. Seguro que a ZaraJota le resulta más cómodo para hacerme curas. Y además, con este calor, cuanto menos pelo tenga encima, mejor.
El problema es que luego el pelo del piticlín vuelve a salir. Y eso tiene pinta de PICAR. Y mucho.
Hice una rápida encuesta por twitter y mis sospechas se vieron confirmadas: que te vuelva a salir el pelo del piticlín pica... bueno, pica un piticlín y medio. Y la verdad, no me apetecía mucho pasarme la primera semana de maternidad rascándome la entrepierna a dos manos cual mandril con el culo irritao, especialmente porque seguro que tengo alguna visita, y hoy en día todo el mundo lleva encima un móvil con cámara. .
-¿Qué hago? -le pregunté a ZaraJota.
-Lo que tú decidas estará bien -respondió.

Inciso:
Durante el último siglo, los avances en los derechos de la mujer han obligado a los hombres a elaborar complicadas estrategias para sobrevivir sin ser acusados de machistas retrógrados falocéntricos imperantes. Después de años de investigaciones secretas en un búnker de máxima seguridad, un grupo de científicos ruso-neozelandeses descubrió la fórmula que garantiza la supervivencia del hombre como especie.
"Lo que tú decidas estará bien", hace pensar al espécimen hembra que su pareja la está apoyando, que está siendo comprensivo, tolerante y respetuoso con sus decisiones...
¡cuando en realidad lo que está haciendo el muy mamón es escaquearse!
Fin del inciso.

Viendo que no podía contar con ZaraJota, seguí dándole vueltas (ya os he dicho que estoy de baja y tengo mucho tiempo libre), y llegué a la conclusión de que lo mejor era hacer una prueba.
De hecho, el razonamiento era bastante lógico:
Todavía me quedan unas seis semanas de embarazo: si me depilo ahora me dará tiempo a que me crezca antes del parto. Y ademas, me paso casi todo el día sola en casa; si me pica puedo rascarme a gusto.
Me pareció una grandísima idea, y al día siguiente, cuando me quedé sola en casa, me metí en el baño en pelotas, armada con una cuchilla. El problema es que cuando miré hacia abajo, lo único que vi fue una enorme tripa sonrosada.
-M**rd****...
Intenté levantar una pierna, intenté doblarme sobre mí misma, intenté contorsionarme... nada. La tripa estaba siempre en medio, y ni siquiera yo estoy tan loca como para acercarme una cuchilla al piticlín cuando no veo lo que estoy haciendo. Ay. Salí del baño, todavía en pelotas y con la cuchilla en la mano, y rebusqué en mi bolso hasta dar con un espejito de mano. Volví al baño. Situé el espejito. Nada: barriga sonrosada por todas partes. Necesitaba un espejo más grande: en nuestro dormitorio hay uno de cuerpo entero. Probé de frente y nada. Probé a levantar una pierna y nada. Qué mal... Quizá si lo descuelgo y me lo llevo al baño...
Esa tarde, cuando llegó ZaraJota, le dije que tenía que hablar con él.
-Verás -le dije- he estado pensando mucho.
-Ay, dios.
Jo, qué fuerte. Si se va a poner así solo porque he estado pensando mejor no le digo lo que he estado haciendo. 
-Y creo que ya he tomado una decisión con respecto a lo de rasurarme.
-¿Si?
-Sí. Lo he estado pensando mucho y creo que la próxima vez... Será mejor que acepte el enema.

Por si acaso.














Aviso a los navegantes:
Porfiplis, si alguien se quedó con ganas de un ejemplar impreso del libro del #Lorzfunding que me envíe un mail a lorzagirl@gmail.com. No un comentario en un post al azar. No un tuit. No un mensaje directo. Un mail a lorzagirl@gmail.com. Cenquius.








15 julio 2015

Bebé-chan vs los minions

¿Os acordáis de esto?

Todos los lunes en la guarde la seño les pregunta a los niños si han hecho algo especial. Y resulta que los niños son algo así como personas de verdad, con sus propios recuerdos y vivencias e interpretaciones de la realidad. Y nunca sabes por dónde te van a salir. A lo mejor ese fin de semana lo has dado todo y la has llevado al zoo, a la piscina y al parque de atracciones, y cuando la seño pregunta si han hecho algo especial le contestan "¡SIIII! ¡HE COMIDO FRANFURKECHU!".

Pues bien.
A Bebé-chan, como a todos los niños del planeta, le chiflan los BANANA, a.k.a. los minions, y cuando vimos que iban a hacer una película pensamos que era la ideal para convertirse en La Primera Película de Bebé-chan en el Cine.
Lo que no pensamos es que para cuando la estrenaran yo iba a estar hecha una caca, pero bueno, no hay nada que una madre no sea capaz de hacer por estar un rato en un local con aire acondicionado por sus hijos.
Ya que íbamos a hacer el esfuerzo, quisimos que la experiencia fuera a lo grande: le dijimos a la taquillera que era su primera película (la chica respondió con el oportuno entusiasmo), compramos la bolsa de palomitas más grande que había, le dejamos beber todo el zumo que se le antojó, le hicimos fotos con todos y cada uno de los pósters...
La nena estaba alucinada. Se pasó los quince minutos de trailers literalmente con la boca abierta, y cuando empezó la película y aparecieron todos esos BANANA ya no cabía en sí de gozo.
Cuando salimos le preguntamos qué había pasado y nos contó que había visto UNA TELE MU GRANE, que había MUCHOS BANANA, que todo era MU GRANE Y MU BONITO y que quería OTRA VES, FAVOR.
Durante todo el fin de semana se lo estuvo contando a todo el que le preguntara (o no). UNA TELE MU GRANE. MUCHOS BANANA. QUERO MÁS.
El lunes, de camino a la guarde, pensé que sería buena idea recordárselo:
-¿Le vas a contar a la seño que has visto muchos banana?
-¡SÍ! ¡MU GRANE Y MU BONITO TODO!
Le dejé en su clase convencida de que esta vez habíamos triunfado.
En fin.
Para los hechos que voy a relatar a continuación cuento con el testimonio de la seño, que me lo contó después.
Al parecer, como todos los lunes, preguntó:
-¿Qué habéis hecho el fin de semana?
A lo que Bebé-chan, con total seriedad, le respondió:
-PIPÍ Y CACA.
Para ser justos, no puedo decir que la niña mintiera.


Pd: Puede, PUEDE, que la historia fuera un poco más complicada...

10 julio 2015

De baja un batán tan tan 2

Previously in lorz...
Irresponsable, peligroso y estúpido. Sí, suena a algo que yo haría.


Así que el ginecólogo me hizo un informe recomendando que me dieran la baja como que ya, y yo que soy muy obediente me fui a mi médico de cabecera con el informe en la mano.
El problema es que el ginecólogo era un médico privado, mientras que el médico de cabecera era de la medicina pública. Y entre los médicos privados y los públicos hay, digamos, una cierta tensión. En concreto, los médicos de la pública parecen creen que los privados se limitan a seguirle la corriente a los pacientes y darles cualquier cosa que les pidan. Por ejemplo, una baja. Así, por decir lo primero que se me viene a la cabeza.
Por dejarlo claro, eso no es así. Si lo fuera, la fruta prueba de la glucosa se la habría hecho su fruta madre. Por poner también el primer ejemplo que se me viene a la cabeza.
Cuando el médico de cabecera vio el informe con su logo de la clínica privada y todo arrugó la nariz.
-¿De cuánto estás?
-De 29 semanas.
-¿Y no es un poco pronto para coger la baja? -me preguntó.
-Las bajas no se cogen pronto, ni tarde. Se cogen cuando uno las necesita -contesté, cruzando los dedos para que el buen hombre no hubiera visto El señor de los anillos. 
-¿Y qué es lo que dices que te pasa?
-Que cuando ando tengo contracciones, cuando me quedo parada de pie me mareo, cuando estoy sentada tengo sofocos y vértigos y tumbada tengo acidez.
Lo que viene a ser que cada minuto de mi vida es una pura agonía. Sin dramatizar.
-En tu historial consta que trabajas sentada -dijo. Lo que no dijo, pero estaba pensando, es que si trabajas sentada no es para tanto. Y eso me tocó la moral. Porque yo entiendo que un jornalero o un minero o los señores que ponen el asfalto de las carreteras piensen que trabajar sentado no supone mucho esfuerzo, pero que lo piense también un médico de cabecera que, en fin, básicamente trabaja sentado, es un poco el colmo.
-Sí, trabajo sentada. Tengo una silla comodísima y un reposapiés que me he fabricado yo misma con una caja de cartón llena de papel para reciclar. Y tengo el chorro de aire acondicionado justo encima de mi cabeza. Pero también tengo un trayecto en metro con cuatro tramos de escaleras a cada extremo, y cualquier día de estos vamos a tener un disgusto.
-Bueno, si tú quieres la baja, yo te la doy.
Eso me terminó de tocar la moral.
-Yo no quiero la baja. Yo quiero ir a trabajar debajo de mi aire acondicionado. Quiero ser una de esas embarazadas maravillosas que trabajan hasta que les asoma la cabeza entre las piernas, y aun así terminan el informe trimestral antes de ponerse a empujar. Quiero poder con todo yo sola. Pero el ginecólogo opina que no debo.
Coño ya.
El médico me dijo entonces que me daba un par de días de reposo, y que después ya veríamos.
Pasados los días de reposo volví al ambulatorio. Estaba en el mostrador y me estaban contando no sé qué cuando empecé a ver puntitos de colores y a oír un zumbido y lo siguiente que sé es que alguien estaba gritando "¡sujetadla! ¡sujetadla!", y yo pensé vagamente que alguien debía estar intentando escaparse y lo siguiente que sé es que estaba en una silla de ruedas y que una de las chicas de recepción me estaba abanicando.
Fresquito...
Me preguntaron si necesitaba algo y pedí si por favor me podían tomar la tensión, para saber si había sido subida o bajada o qué coño. Empujaron mi silla hasta la consulta de la enfermera, pero cuando se abrió la puerta una viej... anciana se levantó corriendo y se coló dentro.
-Espere un momento, ahora tengo que atender a esta chica -dijo la enfermera.
-¡Me ha dicho antes que ahora me tocaba a mí!
-Ya lo sé, pero esto es una urgencia.
-¡Lo mío también es urgente!
-Sí, pero lo de esta chica es urgente de verdad.
Aquello no le sentó bien a la viej... anciana. Nada bien. Mientras la enfermera me tomaba la tensión y me medía el azúcar ("todo por los suelos, todo") podíamos oír el tumulto fuera.
-Ahora voy a llevarte a que te vea un médico.
-Puedo andar, de verdad.
-De eso nada. Tú te quedas en la silla. Y pon cara de estar muy mala, que nos linchan.
Volví a cruzar la sala de espera en silla de ruedas y poniendo cara de estar muy mala, que tampoco es que me costara mucho, y me dejaron en la consulta de un médico de urgencias.
-¿Esto te pasa muy a menudo? -me preguntó.
-Casi todos los días, pero no pasa nada, de verdad. Estoy acostumbrada.
-¿Tu médico lo sabe?
-Sí, sí, le traje un informe de mi ginecólogo y todo.
-Espera un segundo, voy a preguntar si puede verte.
El médico de urgencias se fue y volvió al rato.
-Tu médico de cabecera dice que no hace falta que te vea... y que aquí tienes tu parte de baja.
Eso, y me lo da ahora que no puedo hacer el bailecito de la victoria.

06 julio 2015

De baja un batán tan tan I

Cualquier médico del mundo te dirá que estar embarazada no es estar enferma, y te lo dirá así, como si se lo creyera y todo.
Yo estaba más o menos de acuerdo porque el embarazo de #bebechan, potas y caídas por las escaleras aparte, fue bastante bueno.
Este lo llevo un poco peor. Desde que me quedé embarazada he tenido:
- Gripe. Técnicamente no tenía nada que ver con estar embarazada, pero al estarlo no podía tomar nada y la pasé a pelo.
-Vértigos. Incomprensiblemente, me dan cuando estoy sentada. La parte positiva es que así no me puedo caer.
-Mareos y bajadas de tensión/azúcar.
-Náuseas y vómitos.
-Dolor de boca generalizado, no tengo ni idea de por qué, seguro que el imbécil de Darwin tiene alguna explicación.
-Dolor de espalda mortal.
-Ardor de estómago. En mi pueblo dicen que si tienes ardor de estómago durante el embarazo es porque el bebé va a tener pelito. Al ritmo que vamos, Bebé-kun se va a acabar pareciendo al Primo Eso.
-Infección de orina.
-Pequeñas hemorragias. Es como estar con la regla, solo que no sientes el alivio de pensar eh, mira, al menos no estoy embarazada. Básicamente, porque lo estás.
-Hongos en cierto sitio que mejor no voy a mencionar.
-Ciática. A veces tan fuerte que se me atascaba la pierna derecha, y cuando intentaba correr detrás de bebechan sólo movía la izquierda y lo único que conseguía era dar vueltas sobre mí misma y levantar polvito.
-Calambres en las piernas. Sirven para que te acuerdes de que las tienes, ya que la tripa no te deja verlas.
-Pies y tobillos hinchados. Porque de algo tienen que vivir los fabricantes de sandalias ortopédicas, digo yo.
Con todo, yo he seguido yendo a trabajar.
Que no se diga.
Que mi trabajo consista básicamente en leer sentada debajo de un chorro de aire acondicionado no ha tenido nada que ver con la decisión.
No.
Que va.
Que tenga demasiado orgullo como para admitir que no puedo más tampoco ha influido para nada.
Ni que piense que coger la baja es rendirse y darle la razón al patriarcado falocéntrico imperante que no contrata mujeres porque piensa que se van a preñar a la primera de cambio y van a faltar.
En realidad, el factor determinante ha sido que cuando iba a las revisiones y el médico me preguntaba:
-Hola, Lorz, ¿cómo estás?
Yo contestaba invariablemente:
-Muy bien, gracias, ¿y usted?
En cuanto salía de la consulta, ZaraJota me echaba la bronca.
-¿Pero por qué le has dicho que estás bien?
-¡Pensaba que era una pregunta de cortesía! ¡Como jauduyudú!
-¡Es un médico! ¡Si te pregunta cómo estás quiere saberlo de verdad!
-¡Me he dado cuenta después! ¡Y ya le había dicho que bien, y no podía decirle que no!
Que se va a pensar que estoy loca, jo.
El caso es que el último mes todo ha ido un poco como a peor. Por eso cuando entré a consulta y el médico me preguntó:
-Hola, Lorz, ¿cómo estás?
Y yo contesté:
-Muy bien, gracias, ¿y usted?
ZaraJota me arreó una patada por debajo de la mesa que me dejó la espinilla tonta.
-Ay... bueno, en realidad no tan bien. He tenido algunas contraccioncitas.
-¿Muy a menudo?
-No, no... Solo cuando camino. O subo escaleras. Bueno, en realidad también a veces cuando estoy sentada o tumbada. Pero poca cosa.
-Ya veo... ¿Algo más?
-Pues... ahora que lo pregunta, a veces me mareo.
-¿A veces?
-Muy pocas veces. Solo todos los días, en el metro.
-¿Vas a trabajar EN METRO?
-Sí, pero los mareos no son culpa del metro, ¿eh? También me pasa cuando estoy mucho rato parada de pie.
-¿Cuánto rato?
-No sé, ¿cuánto tarda un semáforo en cambiar de color?
-Lorz, creo que deberías cogerte la baja.
-¡Pero yo no quiero!
-Yo no te puedo obligar. Lo único que puedo hacer es darte un informe para tu médico de cabecera, y tú decides si se lo llevas o no.
-Vale.
Jijijiji. Pringao.
-Pero quiero que sepas que lo que estás haciendo es irresponsable, peligroso, y estúpido.
 Qué fuerte: apenas me conoce y ya es capaz de describirme en tres palabras.

Continuará...





30 junio 2015

Crowdfunding para torpes, explicado por la mayor torpe de todas

Ahora que el #Lorzfunding ha acabado y parece que ha acabado bien, me siento capaz de compartir con los demás todo lo que he aprendido en el proceso, a saber:

1. ¿Qué es un crowdfunding? 
Dice la Wikipedia: 
Micromecenazgo (en inglés crowdfunding), también denominado mecenazgofinanciación masivafinanciación en masa o por suscripcióncuestación popularfinanciación colectiva microfinanciación colectiva, es la cooperación colectiva llevada a cabo por personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos.
Después de leer esto seguro que os habéis quedado con las patas colgando. Yo también.
A ver si lo aclaramos:
Un crowdfunding consiste en financiar un proyecto gracias a pequeñas aportaciones de terceros.
Como tiene un nombre muy largo, muy raro, y con muy pocas vocales nos puede parecer algo muy moderno. Pues no.
¿Alguna vez has vendido o comprado papeletas para pagar un viaje de fin de curso?
Enhorabuena: ya has participado en un crowdfunding.
¿Has oído de algún monumento "erigido por suscripción popular"?
Crowdfunding.
¿Le has pedido a tu familia que en vez de regalarte 16 bufandas por navidad, se ponga de acuerdo para comprarte una bici?
Crowdfunding.
¿Te han invitado a una boda, y has calculado el regalo para "pagar el cubierto"?
Crowdfunding.
La diferencia es que ahora se organizan a través de internet, y pueden llegar a tener una gran proyección gracias a la redes sociales.

2. Un crowfunding no sirve para ganar dinero. 
Un crowdfunding sirve para financiar un proyecto. Quizá, una vez desarrollado, ese proyecto se pueda comercializar y obtener beneficios, eso sí. Pero el crowfunding, en sí mismo, no está pensado para lucrarse.

3. Es más, lo más probable es que con el crowfunding pierdas dinero. 
Un crowdfunding consiste en pedir ayuda a los demás para sacar adelante un proyecto. Pedir ayuda significa que tú ya estás poniendo de tu parte todo lo que puedes.
En nuestro caso, pusimos nuestra casa, luz e internet, por supuesto, pero sobre todo pusimos mano de obra, horas y horas de trabajo (que disfrutamos a tope, no penséis que me quejo). A veces se nos echaba el tiempo encima y teníamos que pedir comida para cenar. O necesitábamos paz, y llevábamos a Bebé-chan al parque de bolas para poder escribir. O, simplemente, se nos acababan las pegatinas y bajábamos al chino a por más, y no íbamos a andar descontando un mísero euro del #Lozfunding... Todo eso son gastos que vas acumulando de la manera más tonta.
Repito: no me quejo. Éramos conscientes de que esto iba a pasar, y lo hicimos con todo el placer del mundo. Solo lo digo porque si estáis pensando en montar vuestro propio crowdfunding os interesa tenerlo en cuenta.
Dicho lo cual...

4. El crowdfunding es una actividad económica. 
Y toda actividad económica tiene repercusiones legales y administrativas.
Me refiero, sobre todo, a HACIENDA.
Recordad que hacienda somos todos, y que si de uno en uno ya somos porculeros, todos juntos y en forma de institución no os quiero ni contar.
Informaos muy bien de todas las normas, regulaciones, obligaciones y demás morondangas, y cumplidlas a rajatabla. Lo más seguro es que para cuando hayáis terminado hacienda ya haya encontrado nuevas maneras de tocaros las narices, pero bueno, lo importante es minimizar el daño.

5. Búscate un gestor que te guíe por el laberinto. 
En internet podéis encontrar muchos anuncios de supuestos asesores especializados en crowdfunding. Estos asesores te cobran entre 150 y 200 € por una hora de aleccionamiento vía Skype, y luego si te he visto no me acuerdo: todo el papeleo lo tendréis que hacer vosotros, y las consultas adicionales (que habrá, porque en cada paso surgen nuevas dudas) se tienen que pagar aparte.
Mi consejo no solicitado es que os busquéis a un gestor de los de toda la vida, alguien que no piense que puede cobrar más solo porque la palabra crowdfunding está de moda.
Nosotros tuvimos dos, a Carmelo Medina, de Wacowebs, como guía espiritual (también nos regaló vino, no necesariamente relacionado con lo anterior), y a Kinema, que se encargó de todo el papeleo.
Si antes de llegar a este paso queréis haceros una idea del berenjenal en el que os estáis metiendo, os recomiendo la Guía del Autónomo, de Blackie Books.

6. Elige dónde quieres alojar tu proyecto. 
Hay muchas (cada vez más) páginas web dedicadas a alojar crowdfundings. Ya sabéis que yo estoy encantada con Verkami, pero se trata de que encontréis una que se adapte a vuestras necesidades.
Todas se llevan una comisión por la gestión que realizan.
Si queréis ahorraros esta comisión, también podéis montar vuestra propia página. Wordpress, por ejemplo, tiene una plantilla para que lo hagáis vosotros mismos. Eso sí, va a implicar mucho más trabajo por vuestra parte, y, si queréis que quede algo molón, también de parte de algún colega que sepa de diseño web. A la larga, puede que os compense pagar la comisión y dedicar este tiempo a mejorar y promocionar vuestro proyecto.

7. Haz las cuentas. Y luego, hazlas otra vez.
Que no se te olvide nada, especialmente las comisiones de la página de proyecto, paypal y los bancos, además de los gastos administrativos, las recompensas y el propio proyecto, claro.
Mucho ojo con los gastos de envío que son muy traicioneros (otro día os cuento esa historia).
Si queréis haceros una idea de con qué gastos os podéis encontrar, las cuentas del #Lorzfunding están aquí. 


8. Calcula tu capital social.
Esto va a sonar muy interesado, pero es lo que hay.
Vuestro capital social es la gente a la que sois capaces de llegar: familia, amigos (los de verdad y los de facebook), seguidores en otras redes sociales, los lectores de vuestro blog... Pero también compañeros de trabajo, miembros de club de petanca, la panadera que puede pegar un cartel en la puerta de la tienda...
Toda esa es gente a la que podéis informar de manera directa sobre vuestro proyecto. Eso no significa que vayan a participar, pero al menos van a saber que existe e igual se lo cuentan a sus colegas, dándole difusión.
Una de las razones por las que nosotros nos llevamos una agradable sorpresa con el #Lorzfunding fue porque calculamos mal nuestro capital social. En lugar de mirar las visitas al blog o el número de seguidores, nuestra cuenta fue la siguiente:

A nuestra boda vinieron 100 personas.
Eso significa que en el mundo hay 100 personas que nos quieren lo suficiente como para ponerse traje y torrarse a 35º durante una hora.
Luego nuestro capital social es de 100 personas.

Pero esto nos podía haber salido rematadamente mal.
Así que calculad bien vuestro capital social, porque si sois ermitaños que viven en una cueva aislada de las montañas rodeados de cabras (que molan mucho, pero no suelen tener paypal) y solo tenéis tres seguidores en twitter y encima dos de ellos son bots... bueno, es posible que vuestro proyecto no reciba demasiado apoyo.

9. Aprende de los grandes. 
La mejor forma de aprender cómo funciona un crowdfunding es participar en uno.
ZaraJota, que es muy minucioso, ha participado en muchos: el primero, el de Veronica Mars, y luego otros muchos, entre ellos un disco de Un Pingüino en mi Ascensor y un documental de Lolo Rico; aunque creo que el que le inspiró para que montáramos el nuestro fue el de Murfila.
Ser mecenas te permite estar informado a tiempo real de cómo se organizan otros proyectos, cómo responden a los problemas que les surgen, y conocer el final feliz. Además, te mandan a casa cosas chulas.
Otra forma de aprender es leer sobre el tema. Y, ya que vamos a aprender de los grandes, os recomiendo El arte de pedir, de Amanda Palmer, cuyo nombre no os sonará de nada, pero es la tía que va a traer al mundo otro hijo de Neil Gaiman y solo por perpetuar esos genes merece adoración eterna (la primera mujer de Neil Gaiman también, pero como no ha hecho un crowdfunding no viene al caso). Amanda montó un crowdfunding para financiar un disco: pedía 100.000 €, y consiguió 1.000.000. ¿Cómo? Leed el libro. Bueno, os doy una pista: está como una regadera. Pero, por otra parte, está casada con Neil Gaiman, así que supongo que va un poco en el trabajo.

10. Subid vuestro proyecto, compartidlo en redes, y luego a la cama. 
O al cine o al gimnasio o a dar un paseo. Y no os llevéis el móvil, que ya os veo venir.
Los primeros minutos (u horas) con el contador a cero pueden ser muy angustiosos y quedaros frente a la pantalla dándole a F5 solo servirá para que os salga una úlcera antes de tiempo.
Nosotros, ya lo sabéis, nos fuimos a la cama y nos juramos mutuamente que NO miraríamos la página del proyecto hasta el día siguiente. Pero de madrugada Bebé-chan empezó a potar y cuando cogimos el móvil para ver cuántas horas de sueño nos quedaban y autocompadecernos nos encontramos sopocientas notificaciones de twitter, y el objetivo ya cumplido.
Nos quedamos de pasta boniato, como os podéis imaginar.

11. Planifica una campaña de promoción. 
Ponte en lo peor y prepárate para convencer a los mecenas uno a uno y luchar por cada euro.
Aquí no puedo dar ningún consejo: nuestra campaña de promoción no llegó a usarse nunca, porque una vez alcanzado el objetivo nos daba vergüenza seguir pidiendo más. Así que no sé si habría funcionado o no (supongo que lo averiguaré cuando escriba el siguiente).
Piensa también qué harás si se supera el objetivo antes de tiempo: ¿ampliarás el proyecto? ¿ofrecerás nuevas recompensas? ¿cogerás la pasta y huirás al Caribe?
Lo que sea.
Nosotros jamás pensamos que lo conseguiríamos tan pronto (de hecho, estábamos preparados para poner los últimos 100 o 200 € si hacía falta) y cuando lo vimos nos quedamos a cuadros. Tardamos un poco en reaccionar, y seguramente podíamos haberlo hecho mejor.
Así que pensad en todo, porque nunca se sabe.

12. El fracaso no existe. 
Una de las cosas que más nos echaba para atrás cuando empezamos en esto era el miedo al fracaso. O lo que es lo mismo: lo que nos daba miedo era que NADIE participara y que TODO el mundo lo supiera.
Qué vergüenza.
Luego nos dimos cuenta de que la verdadera vergüenza estaba en no intentarlo.
Es importante recordar que si no conseguís el objetivo económico en el plazo marcado por la plataforma elegida, NO PASA NADA.
Bueno, sí; habéis perdido el tiempo empleado en planificarlo, y encima no habéis sacado adelante el proyecto y eso siempre es un poco plof. Pero nada os impide volver a intentarlo, ni modificar lo que sea necesario hasta que deis con la tecla.

12. Comunícate con tus mecenas. 
Hay dos estupendas razones:
La primera es que tú tenías un sueño, que a cualquiera le hubiera parecido una locura, y estas personas que no te conocen de nada decidieron apoyarte y darte su dinero para que lo hicieras realidad. Les debes, como mínimo, mantenerles informados de lo que haces, y pedirles su opinión sobre lo que vas a hacer.
La segunda es que tú tenías un sueño, que a cualquiera le hubiera parecido una locura, y estas personas que no te conocen de nada decidieron apoyarte y darte su dinero para que lo hicieras realidad. Y eso solo puede significar una cosa: están aún más locos que tú. Mantenlos vigilados. Por tu propio bien.

13. Intenta no quedarte embarazada hasta que lo termines. 
Me explico. El embarazo es perfectamente compatible con un crowdfunding... al menos hasta que el carboncete de tu médico te pone a dieta y una de las recompensas que ofreces a tus mecenas consiste en sugus y además como vas un poco sobrada de presupuesto has decidido enviar chocolatinas también y toda tu fruta casa huele a vainilla mientras tú desayunas un fruto kiwi y un fruto yogur desnatado que ni es de coco ni nada.
Que no lo digo por mí, lo digo por una amiga que le ha pasado.

14. Disfruta del proceso. 
Es agotador, es estresante, es como tener 310 voces dentro de tu cabeza e intentar agradar a todas a la vez... Y a pesar de eso, o precisamente gracias a todo eso, es una experiencia maravillosa, que te pone en contacto con personas maravillosas, y con la que sacas adelante un proyecto que no puedo llamar maravilloso porque sería poco modesto, así que lo vamos a dejar en apañadito.
Así que si tenéis una idea y no podéis hacerla realidad vosotros solos, os animo a probar este gran salto al vacío que es el crowdfunding.
Y luego venid a contármelo, que nunca se sabe en qué locura estoy dispuesta a participar.

28 junio 2015

Vacaciones de relax, 4 y ya

Previously un Lorz...
Pis... ci... na...

Al final lo de "llevarnos a otro bungalow" resultó ser un eufemismo de esos, porque nosotros mismos recogimos todo. Y con todo, me refiero a MUCHO. Por que cuando uno viaja con niños el equipaje se multiplica por diez o doce (cuánto más pequeño es el niño, más equipaje) y porque cuando uno convive con niños descubre que todo tiende a expandirse hasta ocupar un máximo de superficie, así que nos pasamos horas recogiendo juguetes, calcetines y vasitos adaptados de los doquieres del bungalow inundado.
Además, estábamos en pleno proceso de mudanza cuando apareció un señor en el bungalow nuevo.
-Hola, soy carpintero, vengo a arreglarle la puerta.
-¡LE JURO POR DIOS QUE YO NO LA HE TOCAO!
-No, no, me ha avisado el encargado de que ya estaba rota.
Su fruta madre, las ganas que tienen de matarme a sustos entre todos.
Para cuando terminamos con la mudanza y las reformas del hogar ya era hora de comer y habíamos perdido medio de nuestros cuatro preciosos días de vacaciones, con lo cual nuestro nuevo alojamiento no despertaba nuestras simpatías, precisamente.
Aparte, tenía sus desventajas.
-No tenía cama de matrimonio. "Pues junten las camas", nos dijo el fontanero. Y eso hicimos. Pero siempre quedaba un hueco en medio, y como yo no puedo dormir sin achuchar a Zarajota y Bebé-chan no puede dormir sin achucharme a mí, acabamos los tres en una cama de noventa, que es buenísimo para mantener el calor humano pero para la espalda un poco menos.
-El porche estaba pegado al de los vecinos y nos veíamos y oíamos perfectamente, y como nosotros somos un poco asociales tanto contacto humano nos daba un poco de repelús.
-Uno de los vecinos tenía puesta la música a toda leche continuamente. Podría perdonárselo si no tuvieran también la barbacoa encendida continuamente: la usaban hasta para calentar el café. Yo oscilaba entre la fascinación y la intoxicación por inhalación de humos.
-El tendedero era uno plegable, exactamente igual que el que tenemos en casa. Mismo color y todo. Esto parecerá una tontería, pero es que estábamos de VACACIONES, y cada vez que veía el tendedero tenía como dejavús de esos.
-Además, claramente no tenían previsto ocupar el bungalow en breve, porque faltaban algunas cosas del ajuar doméstico, por decirlo finamente. En concreto, apenas quedaba papel higiénico y una de las toallas estaba sucia.
Pero lo que de verdad no podía perdonarle al bungalow era el tic-tac.
No oímos un ruido en todo el día (probablemente gracias a la música de los vecinos) pero en cuanto nos acostamos y apagamos la luz empezamos a oír el tic-tac tic-tac tic-tac tic-tac...
Buscamos el origen por todas partes, sin resultado, y al final, ZaraJota, que es un hombre pragmático, se dio la vuelta y se quedó dormido.
Pero yo no podía dormir.
Seguramente habéis oído que las embarazadas no pueden hacer esfuerzos ni cargar peso. Tonterías. Claro que pueden. El problema es lo que pasa después.
En mi caso, lo que pasa después de pensar que tu marido ha muerto en una explosión, retirar muebles de cocina empapados y trasladar maletas de un bungalow a otro es que cuando llega la noche y me relajo empiezo a tener contracciones hasta que me duele la tripa como si fuera a explotar.
Y resulta que eso me impide dormir. Así que me quedé despierta abrazándome la tripa y oyendo el tic-tac y poniéndome cada vez más nerviosa.
Tic-tac. Tic-tac. Qué raro. No recuerdo haber visto ningún reloj. Tic-tac. Tic-tac.¿Será el mío? Tic-tac. Tic-tac. Juraría que en Madrid no suena tan fuerte, pero aquí con la paz del campo y esas mierdas... Tic-tac. Tic-tac. Voy a ver. Tic-tac. Tic-tac. No, me lo he dejado en casa. Tic-tac. Tic-tac. ¿Qué puede ser? ZaraJota no usa reloj, y Bebé-chan tampoco. Tic-tac. Tic-tac. Y sí... ¿y si hay OTRA PERSONA en el bungalow? Tic-tac. Tic-tac. Podría ser. No esperaban que viniera nadie. Tic-tac. Tic-tac. Si no hubiera explotado el calentador no nos habrían traído aquí. Tic-tac. Tic-tac.Y la puerta estaba ROTA. Tic-tac. Alguien podría haber forzado la puerta para entrar y vivir aquí a escondidas. Tic-tac.Tic-tac. POR ESO QUEDABA POCO PAPEL HIGIÉNICO. Tic-tac.Tic-tac. Y LA TOALLA SUCIA. Tic-tac.Tic-tac. Seguro que cuando nos oyó entrar se escondió en un armario y ahora está esperando que nos durmamos PARA SALTAR SOBRE NOSOTROS CON UN HACHA. 
Tic-tac.Tic-tac.Tic-tac.
Está bien. Tic-tac. Cálmate, Lorz. Tic-tac. Vamos a ser razonables.
¿De verdad piensas que puede haber alguien escondido en un armario con un hacha?
Tic-tac.
Vale, no. Claro que no. Tic-tac. Es imposible. Tic-tac. Cuando llegamos abrí todos los armarios buscando las toallas. Tic-tac. Jajaja. Tic-tac. Que tonta soy. Tic-tac. Por supuesto que no hay nadie escondido en el armario con un hacha...
Tic-tac.
Tic-tac.
Tic-tac.
Debajo de la cama, en cambio...

A la mañana siguiente vino a visitarnos el vecino del bungalow de al lado.
-Quería preguntaron una cosa -nos dijo-. ¿habéis oído como un tic-tac dentro de vuestro bungalow?
-Sí -contestó ZaraJota.
-Ah, menos mal. Es que en el nuestro también. Jajaja. Me estaba volviendo loco. ¡No he pegado ojo en toda la noche! ¿Y vosotros?
-Ah, no -dijo ZaraJota-. Nosotros hemos dormido perfectamente.
Verás tú si al final la que sale del armario con un hacha voy a ser yo.





Pd: Al final conseguimos ir a la piscina. Bebé-chan cogió una infección de oído, yo cogí una infección de orina, y ZaraJota le cogió manía a ir a la piscina con nosotras. Pero mereció la pena. Ahora Bebé-chan nos pregunta cuando volvemos a la CASA DE MADERA CON PISCHINA.
Cuando termine de afilar el hacha, le contesto. No parece entender la respuesta.

Pd": Me doy cuenta, por vuestros comentarios de ¡QUE NO HE EXPLICADO EL ORIGEN DEL TIC-TAC!
En realidad, nunca llegamos a descubrirlo. Creemos, porque nos parece lo más lógico, que procedía del calentador eléctrico (¿el termostato? ¿la válvula de presión? ¿el asesino del hacha que habita dentro?) que no podíamos ver porque estaba empotrado en el falso techo del cuarto de baño (que, por cierto, era lo bastante amplio como para que cupiera un calentador y un asesino con un hacha). Quizá la próxima vez tenga que hacer un agujero en el yeso para comprobarlo. 

20 junio 2015

Vacaciones de relax, 3

Previously in Lorz...
Quiero mi piscina y la quiero ya.


ZaraJota entró en el bungalow, presuntamente para fregar los platos. Desde el porche, Bebé-chan y yo oímos como abría el grifo.
Y luego oímos una explosión.
Lo primero que pensé es que había explotado el calentador y que ZaraJota estaba fregando los platos justo al lado y empecé a llamarlo pero no contestaba y entré corriendo en el bungalow esperando encontrarme lo peor por favor por favor por favor que no le haya pasado nada y llegué a la cocina y ZaraJota no estaba.
¿Qué?
En ese momento ZaraJota salió del baño y a dios pongo por testigo que jamás en la vida me he alegrado tanto de que le hubiera dado un apretón.
Mientras tanto, de la pared de la cocina salía agua a chorros. Como tenemos mucha experiencia en estas lides (ZaraJota dice que cuando estoy embaraza tengo el superpoder de hacer reventar tuberías, yo creo que más bien es que el árbol Voldemort que teníamos delante nos había echado una maldición ), rápidamente quitamos el microondas de debajo de la catarata, cortamos el gas, cortamos la luz... Lo que no pudimos cortar fue el agua, porque no encontramos la llave de paso.
-Deberían decirte donde está cuando te dan las llaves -dijo ZaraJota.
-Claro. "Y aquí está la llave de paso por si les explota el calentador". Eso siempre da mucha confianza a los huéspedes.
-Bien pensado, mejor no.
-Creo que deberíamos avisar a recepción.
Y entonces ZaraJota salió corriendo mientras gritaba y agitaba los bracitos, presuntamente para avisar a recepción.
-¡Por teléfono! -le grité cuando estaba a unos cien metros.
ZaraJota volvió sin correr ni gritar, pero todavía agitando los bracitos. Inercia, supongo.
Mientras, yo busqué en teléfono del camping por internet, y llamé.
-Para información y reservas pulse uno, para...
Escuché toda la grabación, pero no había ningún "si le ha explotado el calentador del bungalow pulse x", así que pulsé 1, pensando que era lo más parecido: tenía una información que dar, y muchas reservas sobre cómo iban a tomársela.
Pero se lo tomaron bien, y me dijeron que mandaban a alguien a mirar.
ZaraJota, Bebe-chan y yo nos sentamos a esperar en el porche con el canto de los pájaros y el sonido del agua de fondo. Era muy relajante.
Los fontaneros aparecieron en menos de cinco minutos y cortaron el agua en unos tres segundos. Entonces por fin pudimos ver de donde salía el agua.
Los fontaneros nos dijeron que nunca habían visto una tubería explotar así, y al principio no nos lo creímos: "nunca había visto nada como esto" es una frase que todos los fontaneros tienen la obligación de decir, por convenio, en cada avería. Las otras son "porque es usted, señora, que si no yo no meto la mano ahí" y "¿pero quién le ha hecho esta chapuuuuuzaaaa?".
Nos dijeron que la tubería estaría cambiada en media hora y así fue.
El problema es que cuando abrieron el grifo de nuevo en vez de agua salió vapor a presión.
-Uy...
Resulta que el calentador estaba estropeado y calentaba agua sin parar, aunque no hubiera ningún grifo abierto; eso hizo que el agua dentro del circuito se calentara tanto que la tubería no pudo aguantar más la presión y explotó.
-Esto no lo vamos a poder arreglar hoy -nos dijeron-; les vamos a llevar a otro bungalow.
-¿Uno como este?
El fontanero nos miró de arriba a abajo.
-No, uno con termo eléctrico. 
A ver si ahora encima va a ser culpa muestra.

13 junio 2015

Vacaciones de relax, 2

Previously in Lorz...
Yo lo único que quiero es ir a la piscina.

Al día siguiente estábamos desayunando en el porche del bungalow,  que es como el culmen del relax, siendo "culmen" una palabra para decir que era lo más; no tiene nada que ver con culos (lo he mirado), a no ser que los culos te parezcan lo más, que entonces sí, los culos son el culmen.
Todo estaba en silencio salvo los pajaritos, que empezaban a acercarse a ver si se nos caía algo o qué.
-Mira, Bebé-chan, ¡un pipi! -le dije-. ¿Le damos de comer?
-¡SIIII!
Le echamos una miguita al primer pajarito y enseguida vinieron otros: gorriones, la mayoría, pero también unos más grandes de color negro y otros de color negro y blanco, a los que llamaremos por su nombre científico: PIPI GRANDE y PIPI MÁS GRANDE.
Bebé-chan y yo seguíamos echando miguitas y los pajaritos nos lo agradecían con piiiiiiips y tararís y una especie de fifufí que daba un poco de miedo.
-¿Qué hacen los pipis?
-SE LO COMEN TORO!
Bebé-chan no cabía en sí de gozo.
-¿Y qué dicen?
-DISEM PIIIIIP Y DISEN TARARÍ Y DISEN FIFUFÍ Y DISEN...
Y entonces Bebé-chan abrió mucho los ojos, espantada.
-¿Qué pasa, amorcita?
-¡LOS PIPIS NO DISEN PÍO!
Casi podíamos oír su corazoncito romperse a medida que la inesperada revelación se abría paso entre sus más profundas convicciones:

LOS PÁJAROS NO DICEN PÍO.
Y eso solo puede significar una cosa:
TODA MI VIDA ES UNA FRUTA MENTIRA.

-No pasa nada, petitona.
-NO DISEN PIO.
Bebé-chan estaba al borde de las lágrimas, y es normal. Imagina que vas a la guardería y que aproximadamente el 90% del temario es "los gatos dicen miau, los perros dicen guau, y los pájaros dicen PÍO". Y que, no contentos con eso, todos los frutos días te cantan la canción de los pollitos que dicen pío porque tienen hambre porque tienen frío. Y cuando por fin te encuentras un pájaro DE VERDAD, el fruto bicho te suelta un fifufí.
Y Bebé-chan está en una etapa de su vida en la que cree que todo lo que le cuentan los adultos es verdad.
Pobre infeliz.
Una revelación como esta podría hacerle perder la fe en su seño, en sus papás, en su abuela... ¡seguramente le haría perder la fe en toda la raza humana! Era simplemente cuestión de tiempo de agarrara un hacha y empezara a matar gente. Yo sabía que tenía que decir algo antes de que mi hija se convirtiera irremediablemente en una asesina en serie, pero no se me ocurría qué, y miré a ZaraJota en busca de ayuda.
ZaraJota asumió un aire resuelto y se levantó.
-Me voy a fregar los platos -dijo.
Eso. Huye, cobarde, huye.

07 junio 2015

Vacaciones de relax, 1

Yo lo que quería era descansar unos días, a ser posible en un sitio en el que no hiciera mucho calor. 
Un camping, por ejemplo. 
Vale, quizá un camping no sea el mejor sitio para una embarazada, pero este tenía unos bungalows monísimos, y estaba muy cerca de Madrid y tenía PISCINA. 
Y aunque, como me dijeron por twitter, "una madre nunca descansa", digamos que una madre se cansa menos si su progenie puede corretear todo el día libremente en taparrabos, comer bocadillos, y vivir sin horarios en general. 
¿He dicho ya lo de la piscina?
Para optimizar el descanso al máximo, incluso nos llevamos comida preparada y trescientos millones de mudas: nada de cocinar, nada de limpiar, nada de nada. 
Solo PISCINA. 
La cosa empezó medio regular porque ZaraJota y el tomtom no se entienden demasiado bien y puede que diéramos más vueltas de las necesarias, siendo las necesarias ninguna. Además el aire acondicionado tenía el día vago y solo salía una brisita anémica que no llegaba al asiento de atrás. La pobre Bebé-chan estaba prácticamente en coma. 
Para cuando llegamos al bungalow estábamos asados de calor, y mientras ZaraJota descargaba el coche le pregunté a Bebé-chan si quería beber algo fresquito y me dijo que sí, que quería un CHUMO DE FRECHA, que es un batido de fresa de los de toda la vida. 
Le di su batido y se lo bebió de una sentada y luego pidió otro y se sentó en una silla a tomárselo muy formal hasta que de pronto hizo COF-COF. 
-¿Y esa tos? -le pregunté. Por darle conversación, más que nada.
Y entonces todo el batido de fresa que había ingerido salió de su boca como de un surtidor y se espació por todo el salón y los muebles del bungalow. 
-Uy. 
Bebé-chan es de pota fácil y yo ya estoy acostumbrada a que pasen estas cosas, pero no es lo mismo que te pasen en tu casa, donde tienes previsoramente preparados cientos de toallas, que cuando acabas de entrar por primera vez en una casa totalmente desconocida, sin saber dónde están las cosas de la limpieza, si hay, o el baño, si hay, o la tinaja con ácido, si hay. 
Así que en vez de reaccionar con rapidez me quedé mirando el charco rosa fosforescente.
-MIRA, MAMÁ, ESTOY CHUCHIA -dijo Bebé-chan. 
-Sí, sí. 
Entonces entró ZaraJota y preguntó qué había pasado, que para mí que era una pregunta retórica porque estaba más que claro. 
-Creo que hay una toalla azul en el coche -le dije-, ve a buscarla, porfi. Yo voy a ver si encuentro una fregona o algo. 
ZaraJota se fue y yo me dediqué a abrir armarios y la verdad que me olvidé del todo de la nena hasta que la oí decir: 
-MIRA, MAMÁ, YA LO HE LIMPIARO TODO.
Ay, me dije, Seguí la vocecita hasta lo que resultó ser el cuarto de baño. 
Bien, me dije, Bebé-chan ha encontrado el baño. 
Por desgracia Bebé-chan también había encontrado las toallas, de blanco impoluto, del bungalow, y se había dedicado a frotarse con ellas. Ahora las toallas tenían manchas rosa fosforito y no os voy a decir cómo olían porque en el fondo os aprecio. 
Por suerte, en mi interior habita una gran hipócrita, y fui capaz de poner una sonrisa de oreja a oreja:
-¡Muy bien, Bebé-chan! ¡Lo has limpiado todo tú sola! -le dije mientras un grueso lagrimón me resbalaba mejilla abajo. 
-SIII. 
Entonces entró ZaraJota con la toalla azul en la mano y preguntó qué había pasado. La verdad es que el pobre no estaba en su momento más brillante. 
-Bebé-chan lo ha limpiado todo -le dije. 
-Ay.
-Exacto. 
-¿Qué hacemos? 
 -Tú baña a la niña, y yo voy a lavar las toallas. 
Ahora que lo pienso, seguramente podía haber llamado a centralita a pedir toallas nuevas, pero en aquel momento me pareció buena idea tener algo que golpear, no sé si me explico. 
Lavé las toallas a mano con jabón de fregar los platos, las tendí y volví al bungalow a decirle a ZaraJota que o me metía rápido en la piscina o no respondía de mí misma. 
-Vale, vale. 
ZaraJota se fue al coche a buscar no sé qué y yo me quedé embadurnando a Bebé-chan con protector solar para niños, que es como el normal solo que parece aguaplast, huele a aguaplast, y se absorbe con la misma facilidad que el aguaplast. Cuando terminé, Bebé-chan era ligeramente azul y resbalosa.
-TENO PIPÍ.
-Claro, pero tienes que hacerlo en el váter de mayores, ¿vale?
-VAAALE. 
Bebé-chan se encaramó al váter de mayores y yo empecé a embadurnarme de crema. 
-MAMÁ, ME CAIGO -me gritó desde el baño. 
Suspiré. Bebé-chan siempre cree que se va a caer dentro del váter, pero nunca se cae. 
-No pasa nada, agárrate fuerte y no te caes. 
-SÍ QUE ME CAIGO, MAMÁ. 
Entonces me dí cuenta de que la voz de Bebé-chan sonaba rara, y me asomé al baño. Bebé-chan estaba dentro del váter: lo único que asomaba era una cabecita pelirroja rodeada de manos y pies. 
-¿VES, MAMÁ? ME CAIGO. 
Lo veo, lo veo. 
Lo que pasa es que no me lo creo. 

02 junio 2015

La vela

Estoy de 26 semanas, que en klingon significa estar algo así como de seis meses. 
Un poco menos, en realidad. 
Me quedan todavía tres meses de embarazo y en estos momentos estoy así:



Bueno, esta foto es de la semana pasada; esta semana ya no me he podido hacer porque se me sale la tripa del espejo.
Y mi ombligo, esa víctima inocente, está... bueno, está a punto de dejar de estar:

La gente por la calle ya ha empezado a preguntarme si me queda poquito y yo ni les pego ni nada, lo cual dice mucho de mí.
En concreto, dice mucho de mi pérdida de movilidad.
Cuando les digo que me quedan todavía tres meses me dan palmaditas en la espalda; supongo que para ver si soy como un bote de ketchup y el niño sale ya por el otro lado, no lo sé.
Al médico la barrigota no parece preocuparle demasiado, pero está empeñado en que no gane más peso.
-¡Si solo he hecho tres kilos! -protesté en la última visita. Se supone que entre placenta, líquido amniótico, bebé y... bueno, tetas, un embarazo implica algo así como como un kilo extra al mes. En seis meses he hecho tres. Eso significa que Bebé-kun ha ganado los otros tres a mi costa.
Pero el médico lo veía de otra forma.
-Ni uno tenías que haber hecho.
Y me puso a dieta, que no es mala idea así en general, pero si sumas todo lo que las embarazadas no pueden comer por estar embarazadas y todo lo que yo no puedo comer por estar a dieta, el resultado es que básicamente me alimento de agua con un chorrito de limón. Eso sí: ahorro muchísimo.
El médico también me recomendó que hiciera deporte.
-¡Estupendo! Siempre he querido hacer puenting.
-Eh... mira, tú anda mucho y ya está.
Pero lo de andar está difícil porque estamos a algo así como 35º, y yo tengo la tensión muy baja y me mareo, y además tendría que ir a andar con Bebé-chan y en cuanto llevamos un rato enseguida me dice TOY CANCHADA QUERO BRACHOS MAMÁ, y entonces la cojo en brazos, y estamos a algo así como a 35º y yo tengo la tensión muy baja y me mareo, y hace un par de semanas me desplomé en la calle con Bebé-chan en BRACHOS, y desde entonces como que le he cogido tirria al tema de andar sin necesidad. Manías tontas que coge una.
Entonces pensé en ir a la piscina pero me dijeron que el curso de natación para embarazadas termina en junio, que para mí que está un poco mal planteado el tema pero yo no digo nada porque no soy partidaria de criticar a los demás solo porque sean tontos del culo.
Descartada la piscina, la única opción que cuadraba con mis horarios era el pilates.
-¿Me enseñarán a matar con las manos desnudas?
-Eh... no -dijo la recepcionista del gimnasio-. Pero te ayudará a reforzar tu suelo pélvico.
-¿Y podré matar con el suelo pélvico desnudo?
-Eh... no.
Pues vaya mierda.
La recepcionista, ajena a mi decepción, empezó a explicarme cómo iban las clases.
-En realidad no es una clase específica para embarazadas -me dijo.
-¿Entonces?
-Es una clase mixta, vienen alumnos de básico, de avanzado, con lesiones específicas... La monitora hace algunos ejercicios comunes, y otros específicos para las necesidades de cada uno. Pero tú no te preocupes, que ya me encargo yo de avisar a la monitora de que estás embarazada.
Avisar, dice. Ni que estuviera ciega, la tía.
Los primeros días fueron muy bien. La monitora me dijo que de entrada yo podía hacer todos los ejercicios, y que si había alguno que no, me avisaría.
Así que yo iba haciendo todos los ejercicios, hasta que en alguno la monitora gritaba:
-¡LORZ! ¡ESTE NO LO HAGAS! ¡POR DIOS!
Y yo no lo hacía.
Un día, cuando ya llevaba un par de semanas, vino una monitora diferente. Se presentó y nos dijo que tendría en cuenta nuestras peculiaridades, y empezó la clase.
-Ahora vamos a hacer el no sé qué -decía-. Fulanita, tú no.
O bien:
-Ahora vamos a hacer el no sé cuántos -decía-. Menganita, tú no.
Y llegó un momento en el que dijo:
-Ahora vamos a hacer el ejercicio de la vela.
El ejercicio de la vela consiste en tumbarse, levantar la piernas hasta que se quedan en posición vertical, subir la espalda hasta que queda en posición vertical, y luego flexionar las rodillas.
¿Que qué?
Esto:


En fin. Como no me habían dicho nada, yo levanté mis piernas. Bien.
Luego levanté la espalda. Bien.
Luego flexioné las rodillas. Bien.
Y luego perdí el equilibrio y mis rodillas cayeron sobre mí cara, pero antes toparon con mi tripa y ahí me quedé, hecha una bola, y ni para adelante ni para detrás.
-So-co-rro... -dije.
La monitora vino a mi lado y me ayudó a desenredarme y a quedarme tumbada, y luego se ofreció a ayudarme a repetirlo para que saliera bien.
-Creo que no debería hacer este ejercicio -le dije.
-¿Por qué? ¿Tienes alguna lesión?
-Eh... no. Tengo una preñez.
-¿En serio? No me había dado cuenta.
Pues lo mismo sí que había que avisar a las monitoras...

22 mayo 2015

Los caballitos

ZaraJota y yo estábamos jugando al parchís. Y esta vez no lo digo por presumir: es que es importante para el resto de la historia.
Tampoco hay mucho de lo que presumir:  estoy demasiado embarazada para hacer acrobacias, y demasiado cansada para hacer esfuerzos como quitarme el camisón. O mover los brazos para que ZaraJota me lo quite. O lo que sea. Y no queríamos hacer ruido para no despertar a Bebé-chan.
Así que el resultado era bastante para todos los públicos, pero tampoco nos vamos a quejar.
Estábamos en plena partida cuando oí un ruido.
-Creo que la niña está despierta -le dije a ZaraJota, y el me dijo algo así como "sí, sí, lo que sea", y entonces oímos:
-HOLA, MAMÁ.
Y los dos giramos la cabeza y ahí estaba Bebé-chan, parada en mitad de la habitación, todavía medio dormida pero con esa sonrisa satisfecha de hija única que dice "lo sé, lo sé, el mundo es mejor conmigo en él".
-Eh... Hola amorcilla -le dije, como si fuera lo más normal del mundo-, ¿quieres un cao?
-SÍ.
Y entonces me levanté como pude y me la llevé a desayunar, y ZaraJota se fue a darse una ducha; sus motivos tendría, no digo yo que no.
Mientras Bebé-chan se tomaba su cao yo la observé buscando algún signo de que estuviera traumatizada para siempre, pero no parecía afectada en lo más mínimo. De hecho, no parecía que lo que había visto le hubiera llamado la atención en absoluto.
Con lo que ZaraJota y yo hemos sido, y para lo que hemos quedado.
Lo hemos hecho muy bien, me dije. Hemos reaccionado con normalidad, y la nena se lo ha tomado como algo normal. No hay nada de lo que preocuparse.
A no ser.... Todos los lunes en la guarde la seño les pregunta a los niños si han hecho algo especial.
Y resulta que los niños son algo así como personas de verdad, con sus propios recuerdos y vivencias e interpretaciones de la realidad. Y nunca sabes por dónde te van a salir.
A lo mejor ese fin de semana lo has dado todo y la has llevado al zoo, a la piscina y al parque de atracciones, y cuando la seño pregunta si han hecho algo especial le contestan "¡SIIII! ¡HE COMIDO FRANFURKECHU!".
O justo ha sido un fin de semana tranquilo, pero la nena va y cuenta una aventura que no sabes de donde ha salido (ante la duda, han sido los abuelos).
O estás de obras, y dice " HAY UN SEÑOR METIDO EN EL ARMARIO DE MAMÁ", y acabas teniendo una conversación muy incómoda con la seño.
O dice "PAPÁ SE PONE CORONA ANA-ELSA Y CANTA LETIGÓ", y acabas teniendo otra conversación incómoda.
Ahora que lo pienso, desde que Bebé-chan empezó a hablar mantengo muchas conversaciones incómodas.
Total, que aunque parecía que lo que había visto no le había afectado en nada, no sabíamos lo que podía contar al día siguiente, y pensamos que lo mejor era darle algo más interesante para recordar.
-Vámonos a la verbena -le dije a ZaraJota.
Y nos fuimos a la verbena de san Isidro, para darlo todo: jugamos en los columpios, le compramos un globo, y para rematar fuimos a los caballitos.
-Mira, Bebé-chan, ¡caballitos! ¿Quieres subir?
-¡SIIIII!
Pero cuando vio aquello de cerca no le hizo ni fruta gracia y se agarró al cuello de ZaraJota como si quisiera estrangularlo. Ahora que lo pienso, quizá quería estrangularlo.
-¡NO QUERO CABALLITOS! ¡NO GUTA CABALLITOS!
Tuvimos que salir de allí a toda velocidad.
Por la noche me eché con ella en la cama para repetir el ritual de todos los domingos, que establecimos como una forma de control de daños después de tener varias conversaciones incómodas en la guarde.
-¿Te lo has pasado bien este fin de semana con papá y mamá?
-SIII.
-¡Claro! Hemos jugado con una niña...
-¡CON JUDIT!
-No se llama... Da igual. Hemos ido a los columpios...
Pero Bebé-chan se quedó callada.
-¿No te han gustado los columpios?
-NO GUTA CABALLITOS, MAMA.
Ay.
-Ya lo sé, amorcilla.
-TENO SUTO CABALLITOS.
-No pasa nada, lo intentaremos de nuevo cuando seas mayor.
-¡NOOOOO! ¡NO QUERO SER MAYOOO! ¡CABALLITOS SUTOOO!
Entonces se levantó y fue corriendo con ZaraJota.
-PAPÁ, NO QUERO CABALLITOS. CABALLITOS SUTO.
Y se le echó a los brazos y se le hizo una bolita como si pensara que los caballitos iban a venir a por ella en cualquier momento.
-Creo que la hemos traumatizado -me dijo ZaraJota.
-¡Objetivo conseguido!
-¡LORZ!
-¿Qué? ¿No queríamos que se olvidara de ya-sabes-qué? Pues ya está: olvidado.
Al día siguiente lo comenté a la seño y me dijo que lo mejor que podíamos hacer era no mencionarlo, que a la nena se le olvidaría y seguro que la próxima vez que intentáramos montarla en los caballitos le gustaría mucho.
Y eso hicimos.
Pero más tarde, cuando fui a hacer pipí, me encontré una mancha de sangre en las braguitas, que es una cosa que te da mucha alegría cuando NO quieres estar embarazada pero es un poco mierda cuando SÍ.
La Tita del Puerto me dijo que antes de entrar en pánico mirara bien de donde salía la sangre, así que aparqué a Bebé-chan delante de la tele, me fui a mi habitación, me quité los pantalones, e intenté mirar qué tenía por ahí abajo, pero tenía toda la tripa por medio y no veía nada, así que cogí un espejito, pero la tripa seguía en medio, así que me tumbé en la cama a ver, pero la tripa seguía en medio, así que probé a levantar el culete.
Y ahí estaba: en pelota picada, haciendo el pino puente inverso mientras me contorsionaba para ver el espejo que sostenía entre las piernas, cuando oí una vocecita justo al lado de mi oreja.
-MAMÁ, ¿QUÉ HASE?
Bien, me dije, actúa con normalidad y la niña se lo tomará con normalidad.
-Pues verás amorcilla...
-¿SIII?
-¡¡¡NOS VAMOS A LOS CABALLITOS!!!

12 mayo 2015

Chúpame los huevos

¿Os acordáis de los Joder Amor? ¿Y de Ana, su hermana?
Es lo que más echo de menos de mi antiguo piso.
Bueno, hasta ahora.
Porque ahora tengo al niño Chúpame Los Huevos.
El niño Chúpame Los Huevos debe tener unos doce años y mide poco más que un metro, aproximadamente.
Es canijísimo.
Creedme. Yo mido poco más de metro cincuenta; si a mí me parece canijo es que lo es.
El niño Chúpame Los Huevos está casi siempre solo en casa, jugando con la videoconsola. Los fines de semana empieza a jugar sobre las ocho de la mañana, el pobre, que me dan ganas de ir a preguntarle si se ha tomado un colacao aunque sea, que no puede estar sin comer o no va a crecer nunca.
Durante todo el día no hace otra cosa que jugar a videojuegos: a veces me pregunto si no tendrá puesta una sonda para no tener que levantarse. Pero sus esfuerzos no se ven recompensados: a pesar del gran numero de horas que dedica a jugar, al pobre se le da de pena.
-¡JO-DEEEER! -grita-. ¡SI LE HE DADO!
O,
-¡JO-DEEEER! -exclama-. ¡SI YA LO TENÍA!
Y, cada vez que lo matan:
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
Y lo matan mucho.
De verdad.
Lo matan con tanta frecuencia que hasta la videoconsola ha debido perder todo interés, y lo mata mientras se corta las uñas de los pies.
Así que nos pasamos todos los fines de semana oyendo gritar a intervalos más o menos regulares:
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
Por la mañana...
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
Mientras comemos...
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
En la siesta...
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
Durante la cena...
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
Cuando vemos la tele...
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
Por suerte Bebé-chan solo conoce un tipo de huevos: los HUEVOS COLATE, también conocidos como huevos kinder, y le parece perfectamente normal y razonable que alguien los chupe. Pero aun así cada vez que oímos ¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!, ZaraJota™ y yo los miramos a los ojos y nos preguntamos cuánto tardará Bebe-chan en ponerse a gritar ¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS! en mitad del parque de bolas.
En fin.
Que ayer a las ocho de la mañana sonó el telefonillo, y contesté pensando que sería alguien que se había equivocado de escalera, cosa que pasa unas cincuenta veces al día y que me hace preguntarme a qué se dedica mi equivalente de otra escalera para tener tantas visitas y a horas tan intempestivas.
Pero esta vez era para mí.
-Buenos días, señora -dijo desde abajo el niño Chúpame Los Huevos-. Soy el vecino de al lado, ¿me puede abrir la puerta, que me he dejado las llaves en casa?
Y os voy a decir una cosa: yo normalmente soy una persona razonable y educada que abre la puerta y saluda a los vecinos y todas esas mierdas, pero eran las ocho de la mañana y estábamos a treinta grados y me acababan de sacar de la ducha para llamarme señora y yo así no puedo.
Así que en vez de decirle:
-Sí, claro.
Le dije:
-¡CHUU-PAA-MÉ LOS HUEVOS!
Estoy deseando que llegue el próximo fin de semana.

07 mayo 2015

La opresión falocéntrica del patriarcado imperante. En mi útero. Porque si hay algo más falocéntrico que un útero, la verdad, no se me ocurre.

Vosotros no lo sabéis porque no suelo hablar del tema, pero cuando estaba embarazada de Bebé-chan potaba sin parar.
Los tres primeros meses fueron los peores: a veces potaba tanto que me desmayaba y me hacía pis encima.
O me desmayaba y cuando intentaba volver a levantarme me golpeaba la cabeza con el lavabo y me caía y me hacía pis encima.
O directamente potaba con tanta fuerza que perdía el control de los esfínteres y me hacía pis encima.
Resumiendo: me duchaba mucho.
Durante en primer mes también tuve mucho sueño; luego se me pasó.
También tuve algún día malo, pero malo de verdad, de meterme en la cama y llorar en bajito, pero fueron muy pocos y como al día siguiente me levantaba con la tripa considerablemente más grande me daba mucha alegría.
Y además, aparte de eso estaba bien.
Muy bien.
Preocupantemente bien.
Tenía muchísima energía. Me levantaba (si es que me había acostado) con ganas de FREGAR. Y de PINTAR. Y de ORDENAR ALFABÉTICAMENTE LOS TRAPOS DE COCINA. Iba a natación y andaba unos tres kilómetros diarios, parte de ellos de noche y en mi casa, pasillo arriba pasillo abajo, porque estaba demasiado llena de energía para DORMIR y no podía hacer gran cosa sin despertar a ZaraJota, que sí estaba dormido... o fingía estarlo.
Porque además de superactiva estaba supersalida.
Normalmente llegaba a casa antes que ZaraJota y me quitaba la ropa y me metía en la cama en pelotas a esperarle. Cada día. Todos los días.
Hasta que día ZaraJota llegó a casa y me vio en pelotas y se echó a llorar y me dijo "por favor, hoy no, no puedo más, solo soy humano, tengo mis limitaciones".
ZaraJota es que es así: de vez en cuando se pone emotivo y le da por los temas trascendentales.
En fin.
Con Bebé-kun todo está siendo diferente.
Las náuseas casi nunca se materializan en potas y las potas casi nunca se materializan en pis, y eso está bien porque tengo la piel muy sensible y si me ducho más de tres veces al día se me irrita.
Además, el número de bragas que me caben es limitado, y no puedo andar echándolas a lavar todo el día, que se me acaban.
Pero aparte de eso estoy muy cansada, y muy apática, y muy apagada.
Y nada salida.
Jo.
Mi madre dice que es porque no es lo mismo el primer embarazo, cuando solo tienes que cuidarte tú y puedes meterte en la cama cuando quieras, que el segundo, cuando tienes un bicho de dos años corriendo por la casa y tú tienes que correr detrás.
Que me joda, vaya.
ZaraJota, en cambio, dice que es porque no es lo mismo el primer embarazo, cuando solo nos mudamos, se nos inundó la casa, nos fuimos a Eurodisney, me presenté a las oposiciones y acabé la escuela oficial de idiomas; que el segundo, cuando solo hemos reformado parcialmente dos habitaciones, pintado toda la casa, cambiado los muebles de Bebé-chan y sacado adelante un #Lorzfunding. De momento.
No estoy muy segura de cuál es su argumento, francamente, pero sospecho que va en la línea del que me joda, también.
Al final un día me encontré muy pero que muy mal y me fui a urgencias, por eso de que hacía mucho que no iba y tal y lo mismo me estaban echando de menos.
-Lo que ocurre -dijo el médico- es que las hormonas del bebé se mezclan con las tuyas y producen un desequilibrio que causa cansancio, pena, desgana...
-¿Que el bebé hace qué?
-Es un niño, ¿verdad?
-Sí, sí.
-Pues ese es el efecto que tienen los hombres.
Pues pronto empieza el pequeño opresor falocéntrico.

01 mayo 2015

Día de la madre 2015: cuestión de estilo

Y no me vengáis con que no es el día de la madre, porque para una madre su día es aquel en el que ha dormido más de cuatro horas seguidas. 


Si eres madre o vas a serlo, seguramente te has enfrentado alguna vez a esa terrible pregunta:

¿Lo estoy haciendo mal?

Hoy, por ser el día que es, y porque me siento generosa, voy a sacaros de vuestra angustia y responder a vuestras dudas.

Sí.
La respuesta es sí.
Lo estás haciendo mal.
De hecho, lo estás haciendo TAN mal que cualquier día la Madre Naturaleza™ abrirá sus carnes de piedra para tragarse a toda la civilización, castigándola por lo mal que lo estás haciendo.

Ojo, que no lo digo yo.

Lo dice tu vecina cuando te grita que llevajarniño mu dehpechugao, que vacogé frío. Y la misma vecina, cuando al siguiente te vuelve a gritar que llevajer chiquillo pa criá polloh, con la caló que hase.

Lo dice tu cuñada cuando te pregunta si piensas darle teta al niño hasta que tenga quince años (para una fruta serie que ve y tenía que ser Juego de Tronos). Lo dice la expresión de la gente cuando les explicas que das biberón porque nunca te subió la leche (eres menos mujer por eso Y LO SABES). Y lo dice muy elocuentemente la matrona cuando le explicas que no quieres dar teta y que vas a enchufar al nene al biberón directamente (my boobs, my rules).

Lo dice tu suegra cuando descubre que colechas (no te apures, cuando queremos jugar al parchís usamos tu cama; ahora que sacas el tema, quizá deberías cambiar las sábanas, puede que haya habido un... eh... accidente). Lo dicen tus amigas cuando descubren con horror que mandaste la cuna y lo que habita dentro a la primera oportunidad (el condenado RONCA).

Lo dice tu tía abuela cuando te aconseja que no lo cojas tanto, que se acostumbra; y cinco minutos más tarde cuando te pide que le dejes cogerlo, que hay que ver como eres, que no la dejas cogerlo nunca (que qué?).

Lo dice esa señora que oye llorar a la nena en el bus y te grita que lo que tienes que hacer es darle chupete (lo siento, a mi hija le da arcadas chupar el látex, no como a tu hija la "actriz"). Lo dice ese señor que te pregunta si piensas dejarle el chupete hasta que cumpla quince años (¿por qué? ¿cree que los niños de quince años deberían estar chupando otra cosa?).

Lo dice tu madre cuando empieza "yo a ti nunca" o "yo a ti siempre" (a mí me lo vas a contar).

Lo dice ese señor cuando murmura con desprecio que en sus tiempos no había tantas tonterías (tampoco había ese arsenal de medicamentos, pagados con MIS impuestos, que TÚ te tomas para seguir vivo, así que supongo que estamos empatados, no?).

Lo dicen los ecologistas que se llevan las manos a la cabeza porque usas pañales desechables (tú sabes lo que contamina ESO?) y los ecologistas que se echan las manos a la cabeza porque usas pañales de tela (tú sabes la cantidad de detergentes que se vierten a los ríos con ESO?).

Lo dicen quienes te preguntan por qué tu hija no lleva pendientes, o por qué tu hijo juega con muñecas.

Lo dice tu pareja cuando te pregunta si estás segura de lo que vas a hacer y te dan ganas de gritarle ¡¡¡PUES CLARO QUE NO!!! ¿¿¿QUIÉN TE CREES QUE SOY, LA FRUTA MARÍA MONTESSORI???

Y lo dice tu conciencia, esa mala pécora, cuando pones FRANFURQUECHU para cenar por tercera noche consecutiva, porque llevas una semana trabajando más de doce horas diarias y no has tenido ni un minuto para ir a la compra.

 En fin, admitámoslo: somos la generación de mujeres con más formación e información de la historia (tanto en lo profesional como en lo maternal), y ni así damos con la tecla. Así que no sé, lo mismo ha llegado el momento de asumir que "hacerlo bien" con los hijos consiste, simplemente, en quererlos mucho.

Todo lo demás es cuestión de estilo.




Pd. Me dice aquí la Monstrua que la próxima semana hay en Coslada un Encuentro Para Mamás que lo Hacen Mal. Animarse, que tiene muy buena pinta.