Previously in Lorz...
Otro hiper al que no puedo volver.
¿Quién dijo que echaba de menos a las viej... ancianas?
Salimos del hiper, pasamos por una cafetería para recuperar fuerzas, y después nos fuimos a la parada del autobús a esperar.
-¿Cuánto falta? -pregunté a ZaraJota™
Línea: 34
Destino: Cibeles
Tiempo estimado: 9 minutos
-No me j*d*s...
Esperamos los nueve minutos mientras la parada se iba llenando de viej... ancianas, hasta que finalmente el autobús llegó... y pasó de largo sin parar.
-No puede ser, no puede ser, ¿seguro que ese era nuestro autobús? ¿No será que vienen dos seguidos?
-Voy a ver.
Línea: 34
Destino: Cibeles
Tiempo estimado: +20 minutos.
-No puede ser...
Las viej... ancianas no estaban mucho más contentas.
-No tienen vergüenza.
-Siempre estamos igual.
-Cada vez ponen menos autobuses, pero para cobrar bien que se dan prisa.
-Sí, y encima nos suben el billete.
-La culpa es de los que roban.
-Sí, de Zapatero.
Esto es Zapatero que se levanta una buena mañana y dice, ¿qué hago hoy? Pues voy a hacer que el 34 se salte una parada, ya verás que risas.
-No, de Zapatero no: de todos. Todos son iguales.
-Sí, sí, el de la barba también.
El de la barba debe ser Rajoy. O puede que no. Aparentemente todavía no ha conseguido que la gente sea capaz de acordarse de su nombre. No se preocupe, señor Rajoy, de su madre si que nos acordamos.
-Y los peores, los catalanes.
Así, en bloque, todos ellos, escondidos en sus masías con sus barretinas y conspirando secretamente para que el 34 llegue tarde.
Miré a ZaraJota™, que había agachado la cabeza y empezaba a reírse por lo bajini.
Por favor no digas nada, le dije con las ondas esposa telepáticas.
No voy a decir nada, hay al menos una docena de viej... ancianas cabreadas, no quiero que me linchen, contestó telepáticamente.
-Esos son los peores, no hacen más que chupar del bote, y los madrileños a pagar.
¡Malvados catalanes! ¡Venga a chupar del bote y ni ofrecen ni nada!
-Es que se creen que el dinero crece de debajo de las piedras, venga a pedir, venga a pedir...
-Sí, vienen aquí a que se lo den todo...
Ya no sabía si estaban hablando de Zapatero, de Rajoy, de los catalanes o de la reina de los mares.
-¡Y venga a tener hijos, venga a tener hijos!
Muy despacio me empecé a hacer una bolita, para protegerme la tripa en caso de que alguna viej... anciana intentara asesinar a mi bebé semicatalán no-nato.
-Esa es otra, que tienen hijos y espera que los mantengamos.
Yo creía que era al contrario, que teníamos hijos para que con el tiempo mantuvieran el sistema de pensiones por nosotros, aunque no tuve el valor de decirlo.
-Todos son iguales.
Resumiendo: Zapatero, Rajoy, los catalanes y los padres de familia estaban conspirando para que el 34 llegara tarde.
-Pues cuando llegue yo no pienso picar.
-¡Eso, eso!
-Si el servicio es malo no tengo que pagarlo.
-¡Eso, eso!
-Así aprenderán.
-¡Eso, eso!
-Y si el conductor me dice algo, que llame al interventor, que le voy a decir cuatro frescas.
-¡Eso, eso!
ZaraJota™ y yo nos mirábamos de reojo. Sólo queríamos llegar a casa cuanto antes, y si teníamos que esperar a que viniera el autobús, la señora se amotinara, y viniera el interventor a poner paz no íbamos a llegar nunca a casa.
Vamos a morir aquí, le transmití por las ondas esposa.
Sin duda alguna, contestó.
Veinte minutos de proclamas revolucionarias más tarde, llegó el autobús.
ZaraJota™ y yo fuimos de los primeros en subir, nos fuimos al fondo, y miramos ansiosamente cómo se subían las viej... ancianas, en espera de que estallara el motín.
Subieron dos o tres, y después le llegó el turno a la que decía que se iba a negar a pagar.
-Señora -le dijo el busero- no puede subir: ya llevo tres carros de la compra y el suyo sería el cuarto. Tendrá que esperar al siguiente.
-Ah, vale, gracias.
Y se bajó sin protestar.
Pues vaya chasco, jo.
10 agosto 2012
04 agosto 2012
El momento Memento parte III
Previously in Lorz...
Mi suegra ha venido a verme unos días y ya no sé por dónde iba con la historia... Ah, sí...
Después de las contracciones y el encuentro interdimensional ZaraJota™ y yo pensamos que ya habíamos montado el número como para toda la semana y que nos podíamos arriesgar a salir a la calle sin mayor riesgo.
Errooooooor...
El sábado por la mañana nos fuimos al hiper más cercano a comprar comida para Arale-Chan. No estoy segura de si llegué a entrar en el hiper por mi propio pie. De pronto tenía calor y no veía nada y los oídos me hacían el mismo ruido que hacían las teles antiguas después de la carta de ajuste.
Oía a ZaraJota™ como si estuviera muy lejos.
-¡Ayuda! ¡Alguien! ¡Una silla o algo!
Una chica con uniforme se le acercó.
-¿Y de dónde quieres que saque yo una silla?
Yo quería explicarle que detrás de la consigna hay un despacho y en el despacho hay dos sillas y un botiquín, pero no me salía la voz.
-¡Está embarazada y se va a caer al suelo! -gritaba ZaraJota™.
De alguna parte salió una silla, ZaraJota™ me dejó caer y empezó a abanicarme. En los últimos meses se ha vuelto un experto con el abanico, no veas el arte que tiene; a veces hasta me planteo comprarle una peineta.
Al rato empecé a darme cuenta de lo que había alrededor.
ZaraJota™ con el abanico...
Una dependienta con un puñado de caramelos...
El prosegur...
Media docena de viej...ancianas mirando...
Por suerte me encontraba demasiado mal para sentir vergüenza.
-Ya estoy bien, ya estoy bien.
-No estás bien, no hay más que ver la cara tan descompuesta que tienes -dijo el prosegur.
-Siempre tiene esa cara- explicó ZaraJota™. Ten maridos para esto.
-Yo voy a llamar al médico.
Ese hiper es tan grande que tiene su propio médico en plantilla. Lo sé porque estuve trabajando en ese mismo hiper hace años, y el médico tuvo que remendarme más de una vez.
-No me coge el teléfono.
He dicho que tienen un médico en plantilla, no que tenga que hacer nada útil.
-Voy a llamar al samur.
-Ya estoy bien.
-Puede que tú estés bien -me dijo el prosegur-, pero, ¿y tu hijo?
¡¡¡CHA-CHA CHA CHAAAAAAAN!!!
El prosegur llamó al samur.
-Que ya vienen -y según lo estaba diciendo, apareció una pareja del samur por la puerta- ¡Ya están aquí!.
La pareja del samur pasó de largo.
-Eh! ¡Que es aquí! -gritó el prosegur, y salió corriendo detrás de ellos.
Al rato volvió, sólo.
-Que dicen que han venido a comprar, y que de todas formas no nos podrían atender porque no han recibido el aviso.
Al parecer el samur no actúa sin aviso, así que si alguna vez vais a tener un infarto aseguraos de llamar con antelación, porque si no aunque te vean agonizando no hacen nada.
¿A que da mucha tranquilidad saberlo?
Seguimos esperando... yo ya me encontraba mejor, y estaba casi segura de que estaría bien del todo si en vez de estar en mitad del hiper en una silla con todo el mundo mirando estuviera en una cafetería bebiendo algo frío y zampándome una tapita o dos, pero el prosegur no me dejaba irme.
Entonces apareció el jefe del hiper, que no me reconoció, pero yo a él sí, porque era el mismo que había cuando yo trabajaba allí, y me ha debido firmar permisos de examen, cambios de turno y vacaciones como para aburrir a un tonto.
-¿Qué ha pasado?
-Una mujer embarazada, que se ha mareado.
-Estoy delante, y estoy bien.
-He llamado al samur.
-Lo único que necesito es comer algo...
-No podemos dejar que te levantes hasta estar seguros de que te encuentras bien.
Me estaba empezando a encabronar de verdad.
Porque como ya he dicho, había trabajado en el este hiper antes.
Y porque una vez, años ha, me hice un corte en la pierna mientras trabajaba. Me dieron permiso para subir a la enfermería, a condición de que luego me quedara un rato más hasta terminar lo que estuviera haciendo. El médico me dio cuatro puntos, y me mandó de vuelta al trabajo, con las medias rotas y un zapato inundado de sangre, y encima tuve que quedarme media hora más para compensar el tiempo perdido.
-Sigues teniendo mala cara. ¿De cuánto estás?
-De siete meses.
-Ah, bueno, a esas alturas todas tenéis mala cara.
-Gracias.
-Yo es que tengo tres hijos, ya sé cómo va esto.
-Aix...
-Deberías inclinarte hacia un lado.
-No voy a inclinarme a un lado, todavía soy capaz de caerme.
-Que sí, que sí, que las embarazadas tenéis una vena que se aprieta y os da mareos, pero te tumbas de lado y se te pasa.
Bueno, más o menos. La vena cava la tenemos todos. Es verdad que durante el embarazo a veces recibe más presión de la que debe, la presión no deja pasar la sangre y eso provoca mareos, que se pasan enseguida si te tumbas sobre el costado izquierdo.
-Mi vena cava está bien, ha sido un mareo por el calor, sólo necesito desayunar.
-Que sí, que sí, que te inclines, ya verás que bien.
Así que allí estaba, en una silla en mitad del hiper, torcida como una vespa, rodeada de viej... ancianas mientras ZaraJota™ me abanicaba, cuando llegó la pareja del samur que sí había recibido el aviso.
La pareja del samur me tomó la tensión, el pulso y el pelo. Sobre todo me tomó el pelo, porque para entonces ya estaba perfectamente bien, y seguramente pensaron que era una loca histérica que les había llamado para nada.
-Todo está bien -me dijeron al final-. Lo único que necesitas es desayunar.
-Es lo que llevo diciendo una hora.
Me levanté, devolví la silla, di las gracias a todo el mundo y ya nos íbamos cuando volvió a aparecer el jefe.
-¿Dónde vas?
-A la cafetería.
-No, no puedes.
Eso fue lo que me terminó de cabrear.
-¿Cómo que no puedo? ¿Que es esto, un secuestro? El samur dice que estoy bien y que sólo necesito desayunar. Estoy harta, tengo hambre, me voy a a ir a la cafetería y no me importa lo que me digáis.
-Está cerrada por reformas.
Ya empezamos con la excusitas.
Continuará...
Mi suegra ha venido a verme unos días y ya no sé por dónde iba con la historia... Ah, sí...
Después de las contracciones y el encuentro interdimensional ZaraJota™ y yo pensamos que ya habíamos montado el número como para toda la semana y que nos podíamos arriesgar a salir a la calle sin mayor riesgo.
Errooooooor...
El sábado por la mañana nos fuimos al hiper más cercano a comprar comida para Arale-Chan. No estoy segura de si llegué a entrar en el hiper por mi propio pie. De pronto tenía calor y no veía nada y los oídos me hacían el mismo ruido que hacían las teles antiguas después de la carta de ajuste.
Oía a ZaraJota™ como si estuviera muy lejos.
-¡Ayuda! ¡Alguien! ¡Una silla o algo!
Una chica con uniforme se le acercó.
-¿Y de dónde quieres que saque yo una silla?
Yo quería explicarle que detrás de la consigna hay un despacho y en el despacho hay dos sillas y un botiquín, pero no me salía la voz.
-¡Está embarazada y se va a caer al suelo! -gritaba ZaraJota™.
De alguna parte salió una silla, ZaraJota™ me dejó caer y empezó a abanicarme. En los últimos meses se ha vuelto un experto con el abanico, no veas el arte que tiene; a veces hasta me planteo comprarle una peineta.
Al rato empecé a darme cuenta de lo que había alrededor.
ZaraJota™ con el abanico...
Una dependienta con un puñado de caramelos...
El prosegur...
Media docena de viej...ancianas mirando...
Por suerte me encontraba demasiado mal para sentir vergüenza.
-Ya estoy bien, ya estoy bien.
-No estás bien, no hay más que ver la cara tan descompuesta que tienes -dijo el prosegur.
-Siempre tiene esa cara- explicó ZaraJota™. Ten maridos para esto.
-Yo voy a llamar al médico.
Ese hiper es tan grande que tiene su propio médico en plantilla. Lo sé porque estuve trabajando en ese mismo hiper hace años, y el médico tuvo que remendarme más de una vez.
-No me coge el teléfono.
He dicho que tienen un médico en plantilla, no que tenga que hacer nada útil.
-Voy a llamar al samur.
-Ya estoy bien.
-Puede que tú estés bien -me dijo el prosegur-, pero, ¿y tu hijo?
¡¡¡CHA-CHA CHA CHAAAAAAAN!!!
El prosegur llamó al samur.
-Que ya vienen -y según lo estaba diciendo, apareció una pareja del samur por la puerta- ¡Ya están aquí!.
La pareja del samur pasó de largo.
-Eh! ¡Que es aquí! -gritó el prosegur, y salió corriendo detrás de ellos.
Al rato volvió, sólo.
-Que dicen que han venido a comprar, y que de todas formas no nos podrían atender porque no han recibido el aviso.
Al parecer el samur no actúa sin aviso, así que si alguna vez vais a tener un infarto aseguraos de llamar con antelación, porque si no aunque te vean agonizando no hacen nada.
¿A que da mucha tranquilidad saberlo?
Seguimos esperando... yo ya me encontraba mejor, y estaba casi segura de que estaría bien del todo si en vez de estar en mitad del hiper en una silla con todo el mundo mirando estuviera en una cafetería bebiendo algo frío y zampándome una tapita o dos, pero el prosegur no me dejaba irme.
Entonces apareció el jefe del hiper, que no me reconoció, pero yo a él sí, porque era el mismo que había cuando yo trabajaba allí, y me ha debido firmar permisos de examen, cambios de turno y vacaciones como para aburrir a un tonto.
-¿Qué ha pasado?
-Una mujer embarazada, que se ha mareado.
-Estoy delante, y estoy bien.
-He llamado al samur.
-Lo único que necesito es comer algo...
-No podemos dejar que te levantes hasta estar seguros de que te encuentras bien.
Me estaba empezando a encabronar de verdad.
Porque como ya he dicho, había trabajado en el este hiper antes.
Y porque una vez, años ha, me hice un corte en la pierna mientras trabajaba. Me dieron permiso para subir a la enfermería, a condición de que luego me quedara un rato más hasta terminar lo que estuviera haciendo. El médico me dio cuatro puntos, y me mandó de vuelta al trabajo, con las medias rotas y un zapato inundado de sangre, y encima tuve que quedarme media hora más para compensar el tiempo perdido.
-Sigues teniendo mala cara. ¿De cuánto estás?
-De siete meses.
-Ah, bueno, a esas alturas todas tenéis mala cara.
-Gracias.
-Yo es que tengo tres hijos, ya sé cómo va esto.
-Aix...
-Deberías inclinarte hacia un lado.
-No voy a inclinarme a un lado, todavía soy capaz de caerme.
-Que sí, que sí, que las embarazadas tenéis una vena que se aprieta y os da mareos, pero te tumbas de lado y se te pasa.
Bueno, más o menos. La vena cava la tenemos todos. Es verdad que durante el embarazo a veces recibe más presión de la que debe, la presión no deja pasar la sangre y eso provoca mareos, que se pasan enseguida si te tumbas sobre el costado izquierdo.
-Mi vena cava está bien, ha sido un mareo por el calor, sólo necesito desayunar.
-Que sí, que sí, que te inclines, ya verás que bien.
Así que allí estaba, en una silla en mitad del hiper, torcida como una vespa, rodeada de viej... ancianas mientras ZaraJota™ me abanicaba, cuando llegó la pareja del samur que sí había recibido el aviso.
La pareja del samur me tomó la tensión, el pulso y el pelo. Sobre todo me tomó el pelo, porque para entonces ya estaba perfectamente bien, y seguramente pensaron que era una loca histérica que les había llamado para nada.
-Todo está bien -me dijeron al final-. Lo único que necesitas es desayunar.
-Es lo que llevo diciendo una hora.
Me levanté, devolví la silla, di las gracias a todo el mundo y ya nos íbamos cuando volvió a aparecer el jefe.
-¿Dónde vas?
-A la cafetería.
-No, no puedes.
Eso fue lo que me terminó de cabrear.
-¿Cómo que no puedo? ¿Que es esto, un secuestro? El samur dice que estoy bien y que sólo necesito desayunar. Estoy harta, tengo hambre, me voy a a ir a la cafetería y no me importa lo que me digáis.
-Está cerrada por reformas.
Ya empezamos con la excusitas.
Continuará...
31 julio 2012
El momento Memento, parte II
Hoy hace siete años que empecé a escribir este blog, y el post de hoy no podría ser más apropiado.
Previously in Lorz....
Esperando la oferta de apadrinamiento de Intereconomía.
El autobús tardó 45 minutos en llegar. Para entonces las contracciones habían parado y Bebé-chan estaba no sólo estimulada, sino estimulando a patadas cualquier órgano interno que se le pusiera al alcance.
Me dolía todo el cuerpo y sólo quería irme a casa a meterme en la cama y ponerme en posición fetal.
-Podemos irnos, si quieres -dijo ZaraJota™.
-No, no, de todas maneras con la tripa no puedo ponerme en posición fetal...
La cena se me hizo eterna, pero a la salida del restaurante hacía fresquito y me sentí mejor. -¿Taxi o metro? -preguntó ZaraJota™.
-Metro. Estoy bien.
Tuvimos suerte, porque el metro llegó enseguida y nos pudimos sentar.
-Cierra los ojos hasta que lleguemos y descansa un ratito, cieliamor -me dijo ZaraJota™.
Desde que soy la portadora del Hereu a veces parece como si me quisiera y todo.
Cerré los ojos, pero no descansé. Estaba muy dolorida, y los asientos del metro me hacían daño en la espalda. Al final abrí lo ojos. ZaraJota™ estaba jugando con el móvil.
-¿Juegas al Angry Birds?
-Sí.
-Hay mucha gente enganchada.
-Es bastante adictivo.
-Deberíamos hacer nuestra propia versión, Angry Cuys. Iría de una cobaya a la que le roban su pimiento.
-¿Y qué haría?
-Es una cobaya: se quedaría en su jaula mirando mal al enemigo.
-No creo que tuviera mucho éxito.
-Nunca me apoyas en NADA.
ZaraJota™ siguió jugando y yo intenté ponerme cómoda, sin éxito. Me sentía mal, dolorida, miserable y muy cansada. Y odiaba a todo el mundo, especialmente al resto de viajeros, que estaban sentaditos tan cómodos mientras a mí se me rompía la espalda con el asiento ergonómico del metro.
Los odiaba mogollón.
Me caen mal, me dije, todos ellos.
Me cae mal el señor gordo con la camiseta sobaquera.
Me cae mal el adolescente que vuelve de marcha.
Me cae mal la chica que escucha música con los casquitos rosa... esa la que más. Seguro que se cree muy especial sólo porque tiene cintura.
Joooo...
Yo quiero tener cintura...
En algún momento del trayecto me debí atocinar un poco y dejé de odiar con claridad. Y de pensar. Y de todo.
Por eso cuando la chica de los cascos rosa se levantó, se acercó a mí y se inclinó para hablarme entré en pánico.
Me ha leído el pensamiento, me dije, sabe que la odio porque tiene cintura.
-Perdona...
Vale, Lorz, no seas estúpida... esta chica NO te ha leído el pensamiento. Querrá preguntarte por alguna parada o algo.
-...¿eres Lorzagirl?
¡H*st** p*t*! ¿Cómo lo sabe? ¡Me ha leído el pensamiento! ¡Lo sabía! J*d*r... ¿qué le digo yo ahora?
-Eh... sí...
Perfecto, Lorz. Un alegato impresionante.
-He reconocido a ZaraJota™.
Vale, no lee el pensamiento...
-Tenemos un amigo en común. Le he visto en algunas fotos.
La chica misteriosa que no lee el pensamiento nos dijo el nombre del amigo en común.
-¡Ah, sí! -dijo ZaraJota™ con tanto entusiasmo que supe de inmediato que no tenía ni idea de quién le estaban hablando. Y me asusté mogollón.
Al día siguiente, cuando se recuperó del shock, se acordó de quién era. Es más, esa noche habíamos cenado con uno de sus hermanos. Se ve que yo no era la única que estaba atocinada.
-Eh... ¿y tú quien eres?
-Soy Hellen, en twitter soy HellenLaSombra .
-Ya sé quién eres -dije. Intenté que sonara como una amenaza. Puede que fracasara-. ¿Y vives por aquí?
-Sí.
¡¡¡NOSOTROS NO!!! ¡¡¡NUNCA HEMOS ESTADO AQUÍ!!! ¡¡¡NUNCA HAS HABLADO CON NOSOTROS!!!, pensé.
-¡Nosotros también! -hasta me dio alegría y todo. Soy una suicida.
-Bueno, pues ya nos veremos.
La chica se fue, porque todavía le quedaba una parada. O eso dijo. Puede que la espantáramos. Nosotros llegamos a casa y nos quedamos dormidos casi de inmediato.
-He soñado que anoche una chica nos reconoció en el metro -le dije a ZaraJota™ la mañana siguiente.
-No lo has soñado.
-M**d*... Ayer sólo pensaba en matar a todo el mundo.
-Como siempre, cieliamor.
-Yo no soy así, ¡soy frágil y delicada como una florecilla del campo! ¡Nunca haría daño a nadie! Menos mal que no había testigos.
-Lo ha contado en su blog.
Debí acabar con ella cuando tuve la oportunidad.
Continuará...
Previously in Lorz....
Esperando la oferta de apadrinamiento de Intereconomía.
El autobús tardó 45 minutos en llegar. Para entonces las contracciones habían parado y Bebé-chan estaba no sólo estimulada, sino estimulando a patadas cualquier órgano interno que se le pusiera al alcance.
Me dolía todo el cuerpo y sólo quería irme a casa a meterme en la cama y ponerme en posición fetal.
-Podemos irnos, si quieres -dijo ZaraJota™.
-No, no, de todas maneras con la tripa no puedo ponerme en posición fetal...
La cena se me hizo eterna, pero a la salida del restaurante hacía fresquito y me sentí mejor. -¿Taxi o metro? -preguntó ZaraJota™.
-Metro. Estoy bien.
Tuvimos suerte, porque el metro llegó enseguida y nos pudimos sentar.
-Cierra los ojos hasta que lleguemos y descansa un ratito, cieliamor -me dijo ZaraJota™.
Desde que soy la portadora del Hereu a veces parece como si me quisiera y todo.
Cerré los ojos, pero no descansé. Estaba muy dolorida, y los asientos del metro me hacían daño en la espalda. Al final abrí lo ojos. ZaraJota™ estaba jugando con el móvil.
-¿Juegas al Angry Birds?
-Sí.
-Hay mucha gente enganchada.
-Es bastante adictivo.
-Deberíamos hacer nuestra propia versión, Angry Cuys. Iría de una cobaya a la que le roban su pimiento.
-¿Y qué haría?
-Es una cobaya: se quedaría en su jaula mirando mal al enemigo.
-No creo que tuviera mucho éxito.
-Nunca me apoyas en NADA.
ZaraJota™ siguió jugando y yo intenté ponerme cómoda, sin éxito. Me sentía mal, dolorida, miserable y muy cansada. Y odiaba a todo el mundo, especialmente al resto de viajeros, que estaban sentaditos tan cómodos mientras a mí se me rompía la espalda con el asiento ergonómico del metro.
Los odiaba mogollón.
Me caen mal, me dije, todos ellos.
Me cae mal el señor gordo con la camiseta sobaquera.
Me cae mal el adolescente que vuelve de marcha.
Me cae mal la chica que escucha música con los casquitos rosa... esa la que más. Seguro que se cree muy especial sólo porque tiene cintura.
Joooo...
Yo quiero tener cintura...
En algún momento del trayecto me debí atocinar un poco y dejé de odiar con claridad. Y de pensar. Y de todo.
Por eso cuando la chica de los cascos rosa se levantó, se acercó a mí y se inclinó para hablarme entré en pánico.
Me ha leído el pensamiento, me dije, sabe que la odio porque tiene cintura.
-Perdona...
Vale, Lorz, no seas estúpida... esta chica NO te ha leído el pensamiento. Querrá preguntarte por alguna parada o algo.
-...¿eres Lorzagirl?
¡H*st** p*t*! ¿Cómo lo sabe? ¡Me ha leído el pensamiento! ¡Lo sabía! J*d*r... ¿qué le digo yo ahora?
-Eh... sí...
Perfecto, Lorz. Un alegato impresionante.
-He reconocido a ZaraJota™.
Vale, no lee el pensamiento...
-Tenemos un amigo en común. Le he visto en algunas fotos.
La chica misteriosa que no lee el pensamiento nos dijo el nombre del amigo en común.
-¡Ah, sí! -dijo ZaraJota™ con tanto entusiasmo que supe de inmediato que no tenía ni idea de quién le estaban hablando. Y me asusté mogollón.
Al día siguiente, cuando se recuperó del shock, se acordó de quién era. Es más, esa noche habíamos cenado con uno de sus hermanos. Se ve que yo no era la única que estaba atocinada.
-Eh... ¿y tú quien eres?
-Soy Hellen, en twitter soy HellenLaSombra .
-Ya sé quién eres -dije. Intenté que sonara como una amenaza. Puede que fracasara-. ¿Y vives por aquí?
-Sí.
¡¡¡NOSOTROS NO!!! ¡¡¡NUNCA HEMOS ESTADO AQUÍ!!! ¡¡¡NUNCA HAS HABLADO CON NOSOTROS!!!, pensé.
-¡Nosotros también! -hasta me dio alegría y todo. Soy una suicida.
-Bueno, pues ya nos veremos.
La chica se fue, porque todavía le quedaba una parada. O eso dijo. Puede que la espantáramos. Nosotros llegamos a casa y nos quedamos dormidos casi de inmediato.
-He soñado que anoche una chica nos reconoció en el metro -le dije a ZaraJota™ la mañana siguiente.
-No lo has soñado.
-M**d*... Ayer sólo pensaba en matar a todo el mundo.
-Como siempre, cieliamor.
-Yo no soy así, ¡soy frágil y delicada como una florecilla del campo! ¡Nunca haría daño a nadie! Menos mal que no había testigos.
-Lo ha contado en su blog.
Debí acabar con ella cuando tuve la oportunidad.
Continuará...
29 julio 2012
El momento Memento, parte I
He tenido un fin de semana muy intenso, y todavía me queda la tarde del domingo.
El viernes por la tarde ZaraJota™ y yo íbamos camino a la clase de preparación al parto cuando empecé a encontrarme mal. Mareada. Dolorida.
Y de pronto, ¡pluf!, una contracción.
Antes de que entremos en pánico, no era una contracción de verdad, de las de ponerse de parto, sino unas falsas contracciones que llaman de Braxton Hicks, aunque me he estado informando y el tal Braxton Hicks no tuvo ni una en toda su vida.
Ya que:
a) Yo sí las he tenido.
b) He descubierto que el tal Braxton Hicks era un fraude.
c) Además de guapa, simpática e inteligente soy muy modesta.
Creo que deberían cambiarles el nombre y ponerle Contracciones de Lorzagirl, pero esa es otra cuestión.
Las contracciones de Braxton Hicks pueden producirse casi durante todo el embarazo y se parecen a las del parto, pero son indoloras, irregulares y menos frecuentes.
¿Qué se siente? Es como si de pronto tu cuerpo decidiera hacer una abdominal por su cuenta. Notas que tu tripa se pone dura, la piel tensa como la de un tambor, sientes que tira de ti y antes de que te des cuenta te estás doblando. En cualquier libro sobre el tema podrás leer que no duelen.
Claro que no, hacer abdominales de manera involuntaria cuando estás de siete meses y vas andando por la calle es de lo más agradable que te puede pasar, hombreyá.
Las contracciones de Braxton Higgs sirven para preparar el cuerpo para el parto y para estimular al feto. “Estimular” debe ser el término médico para “tocarle las narices”, porque el pobre feto está flotando feliz como una perdiz y de pronto el útero decide estrujarlo como a un limón. Para mí que gracia, lo que se dice gracia, no le debe hacer, pero claaaaaro, como yo no soy Braxton Hicks nadie me hace caso.
Estas contracciones me vienen dando desde hace un par de meses, al principio tenía una por semana o algo así, y luego empecé a tenerlas en tardas de tres en aproximadamente media hora, por eso esta vez tampoco me alarmé demasiado.
Durante la clase tuve un par más, y entre contracción y contracción Bebé-chan demostraba lo estimulada que se sentía dando patadas a mis órganos internos. Hacia el final de la clase yo estaba pensando en buscar el tal Braxton Hicks y estimularle las pelotas con un palo de los que tienen un clavo oxidado al final.
Después de clase habíamos quedado para cenar, y nos fuimos a la parada de autobús más cercana, que es la que hay en la Castellana, justo delante de la sede de Intereconomía. Esa parada me gusta mucho porque tiene una pantalla para mirar cuánto le falta al autobús.
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-Nueve minutos para el próximo -me dijo ZaraJota™ -. Te da tiempo a sentarte un poco.
Me senté. Y de inmediato me levanté.
-Con...tracción.
-¿Otra?
-Uf...
-Enseguida viene el autobús, con el aire acondicionado te sentirás mejor.
-¿Cuánto falta?
ZaraJota™ miró de nuevo la pantalla.
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 8 minutos
-Ocho minutos.
-Que lento... uf... pasa el tiempo...
La contracción pasó, pero mi tripa estaba tan tensa que no podía sentarme.
Esperé de pie, medio inclinada hacia delante, apoyada en los soportes de la parada, como esperando a que me empotrara un dothraki.
-¿Quieres que te abanique? -me preguntaba ZaraJota™ .
-Un poco...
-¿Estás mejor?
-Sí... uf... no... mierda... otra...
-No te preocupes, ya sólo quedan...
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-¿Nueve minutos? ¿Otra vez? ¿Nos están vacilando o qué?
Más o menos por entonces empezó a darnos la risa floja.
-Jijiji... hemos viajado en el tiempo, mis contracciones nunca ocurrieron... jijiji...
-Ya sabes que el transporte público de Madrid tiene sus propias reglas espacio-temporales.
-Jijiji... vamos a morir aquí...
-Siempre podemos llamar a Belén. Todavía debe estar trabajando.
-¿Y qué le decimos? ¿Que busque toallas y ponga agua a hervir?
-No sé, que nos deje entrar en recepción para que te sientes un rato al fresco, igual así se te pasan. Y si no se te pasan, mejor parir allí que en la parada del autobús.
-Jijiji... igual lo graban y salimos en directo.
-Podrían hacer un reality.
-Sí, “Baby ¡BUM!”.
-¿Te imaginas llegar al hospital en la unidad móvil de Intereconomía?
-Jijijijiji... uf... otra... ¿Cuánto... uf... falta?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 7 minutos
-Siete minutos.
-Ya no queda nada... Intereconomía va a perder su oportunidad de apadrinar a nuestra hija.
-No creo que les gustáramos. No estamos casados por la iglesia...
-¡Claro que sí! ¡Por la iglesia jedi de Australia!
-Eso mejor que no se lo digamos.
-Pues que no nos apadrinen, pero que nos paguen la universi... uf...
-¿Otra? ¿Cuántas llevas?
-Jijiji... creo que cuatro.
-¿En cuanto tiempo?
-No lo he mirado. ¿Cuándo falta para el autobús?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-¡Anda ya! ¿Otra vez? ¡Esto parece Memento!
-Jijiji... ¡No ha pasado el tiempo desde que llegamos! Jijijiji...¡He tenido cuatro contracciones en un segundo! ¡Seguro que he batido un récord y me dan un premio!
-Quizá deberíamos coger un taxi e ir al hospital.
-No, no. Sólo estoy de siete meses. Y cuatro contracciones son poco, ¿no? Ni siquiera sabemos cuánto tiempo ha pasado entre una y otra. Tengo la impresión de que llevamos horas aquí... A ver -miré el reloj-. Las nueve y media.
-Y hemos salido de clase a las nueve. Eso son cuatro contracciones en media hora, ¿no?
-Uf... cinco... jijijiji...
-¿Te duele?
-Jijijiji... empieza a ser un poco molesto, jijiji... Espera, creo que noto algo húmedo en las piernas.
-¡...!
-Creo que es sudor. No lo sé. ¿Cómo se distingue el sudor del líquido amniótico?
-Ni idea. ¿Lo lamo?
-No, seguro que es sudor. Hace mucho calor... Y no creo que Intereconomía quiera apadrinarnos si te ven lamiéndome las piernas en la parada del autobús. ¿Falta mucho?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 3 minutos
-Tres minutos.
-Bien...
-¿Seguro que no quieres coger un taxi?
-No, jijiji, esto no es nada. Y el autobús casi está aquí, ¿no?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-Eh...
Con este desbarajuste temporal la niña acabará naciendo el año pasado.
Continuará...
El viernes por la tarde ZaraJota™ y yo íbamos camino a la clase de preparación al parto cuando empecé a encontrarme mal. Mareada. Dolorida.
Y de pronto, ¡pluf!, una contracción.
Antes de que entremos en pánico, no era una contracción de verdad, de las de ponerse de parto, sino unas falsas contracciones que llaman de Braxton Hicks, aunque me he estado informando y el tal Braxton Hicks no tuvo ni una en toda su vida.
Ya que:
a) Yo sí las he tenido.
b) He descubierto que el tal Braxton Hicks era un fraude.
c) Además de guapa, simpática e inteligente soy muy modesta.
Creo que deberían cambiarles el nombre y ponerle Contracciones de Lorzagirl, pero esa es otra cuestión.
Las contracciones de Braxton Hicks pueden producirse casi durante todo el embarazo y se parecen a las del parto, pero son indoloras, irregulares y menos frecuentes.
¿Qué se siente? Es como si de pronto tu cuerpo decidiera hacer una abdominal por su cuenta. Notas que tu tripa se pone dura, la piel tensa como la de un tambor, sientes que tira de ti y antes de que te des cuenta te estás doblando. En cualquier libro sobre el tema podrás leer que no duelen.
Claro que no, hacer abdominales de manera involuntaria cuando estás de siete meses y vas andando por la calle es de lo más agradable que te puede pasar, hombreyá.
Las contracciones de Braxton Higgs sirven para preparar el cuerpo para el parto y para estimular al feto. “Estimular” debe ser el término médico para “tocarle las narices”, porque el pobre feto está flotando feliz como una perdiz y de pronto el útero decide estrujarlo como a un limón. Para mí que gracia, lo que se dice gracia, no le debe hacer, pero claaaaaro, como yo no soy Braxton Hicks nadie me hace caso.
Estas contracciones me vienen dando desde hace un par de meses, al principio tenía una por semana o algo así, y luego empecé a tenerlas en tardas de tres en aproximadamente media hora, por eso esta vez tampoco me alarmé demasiado.
Durante la clase tuve un par más, y entre contracción y contracción Bebé-chan demostraba lo estimulada que se sentía dando patadas a mis órganos internos. Hacia el final de la clase yo estaba pensando en buscar el tal Braxton Hicks y estimularle las pelotas con un palo de los que tienen un clavo oxidado al final.
Después de clase habíamos quedado para cenar, y nos fuimos a la parada de autobús más cercana, que es la que hay en la Castellana, justo delante de la sede de Intereconomía. Esa parada me gusta mucho porque tiene una pantalla para mirar cuánto le falta al autobús.
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-Nueve minutos para el próximo -me dijo ZaraJota™ -. Te da tiempo a sentarte un poco.
Me senté. Y de inmediato me levanté.
-Con...tracción.
-¿Otra?
-Uf...
-Enseguida viene el autobús, con el aire acondicionado te sentirás mejor.
-¿Cuánto falta?
ZaraJota™ miró de nuevo la pantalla.
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 8 minutos
-Ocho minutos.
-Que lento... uf... pasa el tiempo...
La contracción pasó, pero mi tripa estaba tan tensa que no podía sentarme.
Esperé de pie, medio inclinada hacia delante, apoyada en los soportes de la parada, como esperando a que me empotrara un dothraki.
-¿Quieres que te abanique? -me preguntaba ZaraJota™ .
-Un poco...
-¿Estás mejor?
-Sí... uf... no... mierda... otra...
-No te preocupes, ya sólo quedan...
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-¿Nueve minutos? ¿Otra vez? ¿Nos están vacilando o qué?
Más o menos por entonces empezó a darnos la risa floja.
-Jijiji... hemos viajado en el tiempo, mis contracciones nunca ocurrieron... jijiji...
-Ya sabes que el transporte público de Madrid tiene sus propias reglas espacio-temporales.
-Jijiji... vamos a morir aquí...
-Siempre podemos llamar a Belén. Todavía debe estar trabajando.
-¿Y qué le decimos? ¿Que busque toallas y ponga agua a hervir?
-No sé, que nos deje entrar en recepción para que te sientes un rato al fresco, igual así se te pasan. Y si no se te pasan, mejor parir allí que en la parada del autobús.
-Jijiji... igual lo graban y salimos en directo.
-Podrían hacer un reality.
-Sí, “Baby ¡BUM!”.
-¿Te imaginas llegar al hospital en la unidad móvil de Intereconomía?
-Jijijijiji... uf... otra... ¿Cuánto... uf... falta?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 7 minutos
-Siete minutos.
-Ya no queda nada... Intereconomía va a perder su oportunidad de apadrinar a nuestra hija.
-No creo que les gustáramos. No estamos casados por la iglesia...
-¡Claro que sí! ¡Por la iglesia jedi de Australia!
-Eso mejor que no se lo digamos.
-Pues que no nos apadrinen, pero que nos paguen la universi... uf...
-¿Otra? ¿Cuántas llevas?
-Jijiji... creo que cuatro.
-¿En cuanto tiempo?
-No lo he mirado. ¿Cuándo falta para el autobús?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-¡Anda ya! ¿Otra vez? ¡Esto parece Memento!
-Jijiji... ¡No ha pasado el tiempo desde que llegamos! Jijijiji...¡He tenido cuatro contracciones en un segundo! ¡Seguro que he batido un récord y me dan un premio!
-Quizá deberíamos coger un taxi e ir al hospital.
-No, no. Sólo estoy de siete meses. Y cuatro contracciones son poco, ¿no? Ni siquiera sabemos cuánto tiempo ha pasado entre una y otra. Tengo la impresión de que llevamos horas aquí... A ver -miré el reloj-. Las nueve y media.
-Y hemos salido de clase a las nueve. Eso son cuatro contracciones en media hora, ¿no?
-Uf... cinco... jijijiji...
-¿Te duele?
-Jijijiji... empieza a ser un poco molesto, jijiji... Espera, creo que noto algo húmedo en las piernas.
-¡...!
-Creo que es sudor. No lo sé. ¿Cómo se distingue el sudor del líquido amniótico?
-Ni idea. ¿Lo lamo?
-No, seguro que es sudor. Hace mucho calor... Y no creo que Intereconomía quiera apadrinarnos si te ven lamiéndome las piernas en la parada del autobús. ¿Falta mucho?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 3 minutos
-Tres minutos.
-Bien...
-¿Seguro que no quieres coger un taxi?
-No, jijiji, esto no es nada. Y el autobús casi está aquí, ¿no?
Línea: 5
Destino: Chamartín
Tiempo estimado: 9 minutos
-Eh...
Con este desbarajuste temporal la niña acabará naciendo el año pasado.
Continuará...
26 julio 2012
Mis problemas con la gravedad
Hace unos meses se me inundó la casa. En pleno caos de agua y cascotes me dediqué a mover muebles, achicar, secar y no sé cómo me hice daño en una rodilla. Seguramente tendría que haber ido al médico, hecho reposo o algo; en vez de eso, al día siguiente me fui a Eurodisney.
Cuando volví a casa casi no podía andar. Me dolía mucho la rodillita. Me dolía al moverme. Me dolía si me estaba quieta. Me dolía de pie, sentada y tumbada. Resumiendo: en general, me dolía.
Me fui al médico de cabecera.
-¿De cuánto estás? -me dijo mirándome la tripa.
-De cinco meses.
-Uf...
-Pero lo que me duele es la rodilla.
-No puedo hacerte una radiografía, no puedo mandarte antiinflamatorios... Lo único que puedo decirte es que hagas reposo, te pongas hielo y cruces los dedos para que se te pase solo.
Eso hice.
Y mejoré mucho, de verdad. Algunos días hacía un mal gesto y me dolía, pero por lo general andaba bien... hasta que un día me fui a comer a casa de mis padres.
La casa de mis padres tiene ascensor, pero para llegar al ascensor hay que subir un tramo de escaleras. A la subida me fue muy bien, pero a la bajada lo vi más complicado.
-Agárrate a la barandilla -me dijo mi madre-. Estas escaleras son un peligro: cada dos por tres se cae una vieja.
Fue decirlo y ¡plof! Mi rodillita pocha de pronto decidió no sostenerme. Doblé la patita derecha y empecé a caer lentamente hacia ese lado. Muy despacito, como a cámara lenta, hasta que aterricé sobre el cachete derecho y empecé a bajar escalones saltando sobre mi culo, plop, plop, plop... ZaraJota™ consiguió frenarme antes de que batiera el récord de Salto de Escalón sobre Propio Culo.
Sentada en el último escalón, hice recuento: mi tripa no se había llevado ningún golpe, pero me dolían los brazos, el culo y sobre todo la rodilla.
Mis padres me llevaron a urgencias para que el médico me volviera a decir lo mismo:
-No puedo hacerte una radiografía, no puedo mandarte antiinflamatorios... Lo único que puedo decirte es que hagas reposo, te pongas hielo y cruces los dedos para que se te pase solo.
Otra vez. Y volví a mejorar, de verdad. Hasta que llegó el examen de la oposición.
Antes de nada, quiero que penséis en lo que es un exámen de oposición: nervios, calor, horas en una silla incómoda... Ahora quiero que le suméis una tripa de seis meses. ¿Ya? Y ahora le damos el toque de emoción definitivo.
Iba en el autobús, camino del exámen, cuando me di cuenta de que no sabía dónde me tenía que bajar. Voy a preguntarle al señor busero, me dije. Y me levanté.
No tengo muy claro lo que pasó a continuación: lo siguiente que sé es que estaba en el suelo, entre dos filas de asientos, y que hacía la croqueta siguiendo el ritmo del autobús: ruedo a un lado, ruedo al otro, ruedo a un lado, ruedo al otro...
Estaba tan fascinada con mi propia oscilación que no era capaz ni de gritar. Los que si gritaron fueron el resto de los viajeros, unos cuantos jubilados que no se atrevían a levantarse a ayudarme por miedo a caerse encima mía.
-¡¡¡PARE EL AUTOBÚS!!! ¡¡¡PARE EL AUTOBÚS!!! -le gritaban al busero.
El busero paró el autobús y conseguí levantarme.
-¿Estás bien? -me preguntaron- ¿Quieres que te llevemos al hospital?
-No, no se molesten.
-No es molestia, es en la siguiente parada.
Al final les convencí de que no era necesario y me fui al examen. Gracias a la adrenalina me encontraba superbien.
Claro, al día siguiente me dolía todo.
-Deberías ir al médico -dijo ZaraJota™.
-No hace falta, ya sé lo que me va a decir: "no puedo hacerte una radiografía, no puedo mandarte antiinflamatorios... Lo único que puedo decirte es que hagas reposo, te pongas hielo y cruces los dedos para que se te pase solo".
Y eso hice. Otra vez. Y no sirvió de nada. Otra vez. Y volví a caerme. Otra vez.
-La niña me va a salir centrifugada -decía.
Pero la verdad es que estaba preocupada. Cada vez que me caía había peligro de que me hiciera daño en la tripa, o le pasara algo a la niña, o se me adelantara el parto, o simplemente que me rompiera algo. Por eso volví a ir al médico de cabecera, que esta vez era uno diferente porque el mío estaba de vacaciones.
El médico movió y palpó mi rodilla en todas las direcciones, arrugando el entrecejo cada vez más.
-¿De cuanto estás?
-De siete meses.
-Uf...
-Lo sé, lo sé... no puedes hacerme una radiografía, no puedes mandarme antiinflamatorios, sólo puedo ponerme hielo y crucar los dedos para que se me pase solo.
-¿Pasarse solo? No creo, parece que tienes roto algún ligamento de la rodilla.-Jo.
-Cuando pase el embarazo te haremos una radiografía para verlo mejor, igual me equivoco... aunque lo más seguro es que haya que operar.
-Y mientras tanto, ¿qué hago?
-Agarrarte bien a la barandilla cuando bajes escaleras para no caerte.
-Estupendo. Quizá sería más rápido que me envolviera en papel de burbuja.
-No digas tonterías, Lorz, ¿te has visto la tripa? Necesitarías un rollo ENORME.
Encima regodeándose en mi sufrimiento.
Cuando volví a casa casi no podía andar. Me dolía mucho la rodillita. Me dolía al moverme. Me dolía si me estaba quieta. Me dolía de pie, sentada y tumbada. Resumiendo: en general, me dolía.
Me fui al médico de cabecera.
-¿De cuánto estás? -me dijo mirándome la tripa.
-De cinco meses.
-Uf...
-Pero lo que me duele es la rodilla.
-No puedo hacerte una radiografía, no puedo mandarte antiinflamatorios... Lo único que puedo decirte es que hagas reposo, te pongas hielo y cruces los dedos para que se te pase solo.
Eso hice.
Y mejoré mucho, de verdad. Algunos días hacía un mal gesto y me dolía, pero por lo general andaba bien... hasta que un día me fui a comer a casa de mis padres.
La casa de mis padres tiene ascensor, pero para llegar al ascensor hay que subir un tramo de escaleras. A la subida me fue muy bien, pero a la bajada lo vi más complicado.
-Agárrate a la barandilla -me dijo mi madre-. Estas escaleras son un peligro: cada dos por tres se cae una vieja.
Fue decirlo y ¡plof! Mi rodillita pocha de pronto decidió no sostenerme. Doblé la patita derecha y empecé a caer lentamente hacia ese lado. Muy despacito, como a cámara lenta, hasta que aterricé sobre el cachete derecho y empecé a bajar escalones saltando sobre mi culo, plop, plop, plop... ZaraJota™ consiguió frenarme antes de que batiera el récord de Salto de Escalón sobre Propio Culo.
Sentada en el último escalón, hice recuento: mi tripa no se había llevado ningún golpe, pero me dolían los brazos, el culo y sobre todo la rodilla.
Mis padres me llevaron a urgencias para que el médico me volviera a decir lo mismo:
-No puedo hacerte una radiografía, no puedo mandarte antiinflamatorios... Lo único que puedo decirte es que hagas reposo, te pongas hielo y cruces los dedos para que se te pase solo.
Otra vez. Y volví a mejorar, de verdad. Hasta que llegó el examen de la oposición.
Antes de nada, quiero que penséis en lo que es un exámen de oposición: nervios, calor, horas en una silla incómoda... Ahora quiero que le suméis una tripa de seis meses. ¿Ya? Y ahora le damos el toque de emoción definitivo.
Iba en el autobús, camino del exámen, cuando me di cuenta de que no sabía dónde me tenía que bajar. Voy a preguntarle al señor busero, me dije. Y me levanté.
No tengo muy claro lo que pasó a continuación: lo siguiente que sé es que estaba en el suelo, entre dos filas de asientos, y que hacía la croqueta siguiendo el ritmo del autobús: ruedo a un lado, ruedo al otro, ruedo a un lado, ruedo al otro...
Estaba tan fascinada con mi propia oscilación que no era capaz ni de gritar. Los que si gritaron fueron el resto de los viajeros, unos cuantos jubilados que no se atrevían a levantarse a ayudarme por miedo a caerse encima mía.
-¡¡¡PARE EL AUTOBÚS!!! ¡¡¡PARE EL AUTOBÚS!!! -le gritaban al busero.
El busero paró el autobús y conseguí levantarme.
-¿Estás bien? -me preguntaron- ¿Quieres que te llevemos al hospital?
-No, no se molesten.
-No es molestia, es en la siguiente parada.
Al final les convencí de que no era necesario y me fui al examen. Gracias a la adrenalina me encontraba superbien.
Claro, al día siguiente me dolía todo.
-Deberías ir al médico -dijo ZaraJota™.
-No hace falta, ya sé lo que me va a decir: "no puedo hacerte una radiografía, no puedo mandarte antiinflamatorios... Lo único que puedo decirte es que hagas reposo, te pongas hielo y cruces los dedos para que se te pase solo".
Y eso hice. Otra vez. Y no sirvió de nada. Otra vez. Y volví a caerme. Otra vez.
-La niña me va a salir centrifugada -decía.
Pero la verdad es que estaba preocupada. Cada vez que me caía había peligro de que me hiciera daño en la tripa, o le pasara algo a la niña, o se me adelantara el parto, o simplemente que me rompiera algo. Por eso volví a ir al médico de cabecera, que esta vez era uno diferente porque el mío estaba de vacaciones.
El médico movió y palpó mi rodilla en todas las direcciones, arrugando el entrecejo cada vez más.
-¿De cuanto estás?
-De siete meses.
-Uf...
-Lo sé, lo sé... no puedes hacerme una radiografía, no puedes mandarme antiinflamatorios, sólo puedo ponerme hielo y crucar los dedos para que se me pase solo.
-¿Pasarse solo? No creo, parece que tienes roto algún ligamento de la rodilla.-Jo.
-Cuando pase el embarazo te haremos una radiografía para verlo mejor, igual me equivoco... aunque lo más seguro es que haya que operar.
-Y mientras tanto, ¿qué hago?
-Agarrarte bien a la barandilla cuando bajes escaleras para no caerte.
-Estupendo. Quizá sería más rápido que me envolviera en papel de burbuja.
-No digas tonterías, Lorz, ¿te has visto la tripa? Necesitarías un rollo ENORME.
Encima regodeándose en mi sufrimiento.
20 julio 2012
Prueba de vida 5 y ya
Otro post precocinado. ¡JA!
En capítulos anteriores...
No hay nada como el apoyo de la familia.
Después de la primera extracción y de que me tomara el jarabe de glucosa, mi padre decidió quedarse conmigo un ratito más por si me mareaba, y para distraerme empezó a darme conversación.
-¿Has desayunado?
-No.
-¿Ya puedes desayunar?
-No.
-¿Cuándo puedes?
-Después de la cuarta extracción, sobre las doce o así. No sé si llegaré, tengo un hambre...
-Luego subes a casa y desayunas, ¿vale?
-Vale.
-¿Querrás zumito?
Mi padre hace zumo de naranja todas las mañanas para cualquiera que duerma en su casa, es como un tic que tiene. Cuando mis hermanos llevan amigos a dormir no les pregunta si son drogadictos o cleptómanos: les pregunta si querrán zumito para desayunar.
-Creo que ya he tenido bastante zumito para una temporada.
-Entonces, ¿leche? ¿Tú tomas semi o entera?
-Semi, pero no creo que quiera leche a las doce de la mañana.
-Pues tostadas. ¿No? Tenemos mantequilla, mermelada...
-¿Tú no te ibas?
Mi padre volvió para acompañarme durante la segunda extracción.
-¿Cómo lo llevas?
-Tengo hambre.
-Ahora voy a comprar el pan -anunció.
-Estupendo.
-No sé para qué, yo no puedo comer pan.
Hace poco mi padre descubrió que tiene el azúcar alta, y está haciendo una dieta muy estricta: ha perdido doce kilos en dos meses. Cuando entra en el ascensor tenemos que sujetarle para que no se cuele por el huequito.
-Tampoco lo echo de menos. En realidad me he acostumbrado bastante bien: no echo de menos casi nada. Ni la cerveza. Ni las patatas. Ni los bocatas de panceta. Ni el cocidito de tu madre. Ni...
-¿TÚ NO TE IBAS?
Mi padre volvió para acompañarme durante la tercera extración... con una barra de pan bajo el brazo.
-¿Cómo lo llevas?
-...ham...bre...
-He comprado el pan.
-...odio...
-Cuando he llegado no tenían, me ha tocado esperar a que lo sacaran del horno. Mira, viene calentito.
-...matar...
-Luego puedes comerte un bocata. Tenemos chorizo.
-...toxo... plasmosis...
-Ah, claro. Bueno, tenemos más cosas. Hay queso. Hay jamón york. Hay pavo. Hay pechuga de pollo. Hay...
-¿Tú... ir... porculo?
Mi padre volvió para acompañarme durante la cuarta extracción y después subimos a su casa.
-¿Cómo lo llevas?
-...
-Bueno, ahora te haces un bocadillo.
Eso, eso, si viene un drogadicto cleptómano le hace zumito, pero a mí que me la pique un pollo.
Pd: Me comí un bocata de pechuga de pavo light baja en sal que me supo a gloria. Una semana más tarde fui al médico a recoger los resultados de la prueba: salió negativa, con mucha diferencia. Ahora puedo tener sobredosis de azúcar cuando quiera.
En capítulos anteriores...
No hay nada como el apoyo de la familia.
Después de la primera extracción y de que me tomara el jarabe de glucosa, mi padre decidió quedarse conmigo un ratito más por si me mareaba, y para distraerme empezó a darme conversación.
-¿Has desayunado?
-No.
-¿Ya puedes desayunar?
-No.
-¿Cuándo puedes?
-Después de la cuarta extracción, sobre las doce o así. No sé si llegaré, tengo un hambre...
-Luego subes a casa y desayunas, ¿vale?
-Vale.
-¿Querrás zumito?
Mi padre hace zumo de naranja todas las mañanas para cualquiera que duerma en su casa, es como un tic que tiene. Cuando mis hermanos llevan amigos a dormir no les pregunta si son drogadictos o cleptómanos: les pregunta si querrán zumito para desayunar.
-Creo que ya he tenido bastante zumito para una temporada.
-Entonces, ¿leche? ¿Tú tomas semi o entera?
-Semi, pero no creo que quiera leche a las doce de la mañana.
-Pues tostadas. ¿No? Tenemos mantequilla, mermelada...
-¿Tú no te ibas?
Mi padre volvió para acompañarme durante la segunda extracción.
-¿Cómo lo llevas?
-Tengo hambre.
-Ahora voy a comprar el pan -anunció.
-Estupendo.
-No sé para qué, yo no puedo comer pan.
Hace poco mi padre descubrió que tiene el azúcar alta, y está haciendo una dieta muy estricta: ha perdido doce kilos en dos meses. Cuando entra en el ascensor tenemos que sujetarle para que no se cuele por el huequito.
-Tampoco lo echo de menos. En realidad me he acostumbrado bastante bien: no echo de menos casi nada. Ni la cerveza. Ni las patatas. Ni los bocatas de panceta. Ni el cocidito de tu madre. Ni...
-¿TÚ NO TE IBAS?
Mi padre volvió para acompañarme durante la tercera extración... con una barra de pan bajo el brazo.
-¿Cómo lo llevas?
-...ham...bre...
-He comprado el pan.
-...odio...
-Cuando he llegado no tenían, me ha tocado esperar a que lo sacaran del horno. Mira, viene calentito.
-...matar...
-Luego puedes comerte un bocata. Tenemos chorizo.
-...toxo... plasmosis...
-Ah, claro. Bueno, tenemos más cosas. Hay queso. Hay jamón york. Hay pavo. Hay pechuga de pollo. Hay...
-¿Tú... ir... porculo?
Mi padre volvió para acompañarme durante la cuarta extracción y después subimos a su casa.
-¿Cómo lo llevas?
-...
-Bueno, ahora te haces un bocadillo.
Eso, eso, si viene un drogadicto cleptómano le hace zumito, pero a mí que me la pique un pollo.
Pd: Me comí un bocata de pechuga de pavo light baja en sal que me supo a gloria. Una semana más tarde fui al médico a recoger los resultados de la prueba: salió negativa, con mucha diferencia. Ahora puedo tener sobredosis de azúcar cuando quiera.
17 julio 2012
Prueba de vida 4
Este es un post precocinado y preparado para emerger mientras estoy en la playa. ¡MUA-JA-JA!
Previously in Lorz...
A mí médico no le gustan las bolas negras. Encima de homófobo, racista.
El sábado siguiente ZaraJota™ y yo volvimos al centro médico para que me hicieran la prueba larga del azúcar. Me sacaron sangre, me dieron el jarabe de glucosa (¡ahora con doble de glucosa!) y me lo tomé casi del tirón.
-Pues no ha sido tan horrible como lo recordaba -anuncié.
Acto seguido expulsé todo el contenido de mi estómago por la nariz. Y con "todo el contenido" me refiero al jarabe de glucosa, porque no había nada más.
-Vas a tener que repetir la prueba otra vez -dijo la enfermera.
-¿Ahora?
-No, ahora no, otro día. A ser posible, en otro centro médico.
"Otro en el que no tengan moqueta. Otro en el que no tenga que limpiar yo", añadió la enfermera para sus adentros. Bueno, eso creo. Todavía no leo el pensamiento.
ZaraJota™ y yo volvimos a casa y miramos en internet dónde podía haber otro centro que nos viniera mejor, y descubrimos que había uno en el bajo de casa de mis padres.
-Pero sólo están de lunes a viernes, no te voy a poder acompañar esta vez.
-No pasa nada, a lo mejor me dejan subir a casa entre extracción y extracción.
-No lo creo... me parece que quieren tenerte a la vista por si te mareas, o potas, o para asegurarse de que no comes.
-Jo.
Cuando se lo contamos a mi madre se le ocurrió una gran idea.
-¿Y si baja tu padre contigo? Para que vean que no vas a estar sola en casa, que te acompaña un adulto responsable.
-Madre, que tengo 31 años. Se supone que yo soy un adulto responsable.
-Es que en esta clínica nos conocen, Lorz, ¡nos conocen!
Al final mi padre me acompañó. Puso cara de adulto responsable y todo. Además ahora lleva bastón, y eso ayuda mucho.
La enfermera me llamó por primera vez y me sacó la primera muestra de sangre.
-Ahora, el zumo.
-Sí, eh... tengo que preguntarle... ¿cuando me tome el zumo me puedo subir a casa? Es justo aquí arriba, y prometo bajar puntual cada hora.
-Verás Lorz, si quieres irte, yo no te puedo retener.
-¡Yuju!
-Pero cuando te mueves quemas azúcar, y eso falsearía los resultados de la prueba. Tú decides. A fin de cuentas es sólo la salud de tu bebé.
P*rr* manipuladora...
-Está bien, me quedo.
-Te diré lo que vamos a hacer: si te quedas, te dejo beberte sólo dos tercios del bote.
-¿Eso no falseará la prueba?
-Claro que no. Es sólo un poco menos, y además no sé qué pasa, que todo el que se bebe el bote entero lo devuelve.
-Tómese uno y lo entenderá.
-¿Qué me dices? ¿Hecho?
-Um... si me deja beber agua, vale.
-Bueeeno, sólo un vaso antes del zumo, luego nada.
-Hecho.
La enfermera tenía más trucos, si tenéis que hacer la prueba tomar nota porque funcionan:
1.- En vez de tomar el potingue directamente del bote, me lo dio en un vaso de plástico. No sé el motivo, pero realmente es mucho más fácil así.
2.- Me dio un algodón empapado en alcohol para olerlo si me mareaba. Cada vez que la cabeza empezaba a darme vueltas me lo acercaba a la nariz y me volvía a espabilar a toda velocidad.
3.- Me dijo que si a pesar de todo me mareaba, en vez de luchar contra el mareo debía aprovecharlo para para echarme una siestecita. Incluso me ofreció una camilla, por si no quería esperar al mareo y prefería ir a la siesta directamente. No me atreví a probar porque tenía miedo de que al tumbarme me saliera otra vez el potingue por la nariz.
Cuando salí de la consulta mi padre ya llevaba diez minutos sentado en la sala de espera y estaba de los nervios.
-¿Qué te han dicho?
-Tengo que quedarme aquí hasta el final de la prueba.
-Pues yo no me quedo tres horas, ¡menudo c*ñ*z*!
Gracias por los anímos, papá.
Continuará...
Previously in Lorz...
A mí médico no le gustan las bolas negras. Encima de homófobo, racista.
El sábado siguiente ZaraJota™ y yo volvimos al centro médico para que me hicieran la prueba larga del azúcar. Me sacaron sangre, me dieron el jarabe de glucosa (¡ahora con doble de glucosa!) y me lo tomé casi del tirón.
-Pues no ha sido tan horrible como lo recordaba -anuncié.
Acto seguido expulsé todo el contenido de mi estómago por la nariz. Y con "todo el contenido" me refiero al jarabe de glucosa, porque no había nada más.
-Vas a tener que repetir la prueba otra vez -dijo la enfermera.
-¿Ahora?
-No, ahora no, otro día. A ser posible, en otro centro médico.
"Otro en el que no tengan moqueta. Otro en el que no tenga que limpiar yo", añadió la enfermera para sus adentros. Bueno, eso creo. Todavía no leo el pensamiento.
ZaraJota™ y yo volvimos a casa y miramos en internet dónde podía haber otro centro que nos viniera mejor, y descubrimos que había uno en el bajo de casa de mis padres.
-Pero sólo están de lunes a viernes, no te voy a poder acompañar esta vez.
-No pasa nada, a lo mejor me dejan subir a casa entre extracción y extracción.
-No lo creo... me parece que quieren tenerte a la vista por si te mareas, o potas, o para asegurarse de que no comes.
-Jo.
Cuando se lo contamos a mi madre se le ocurrió una gran idea.
-¿Y si baja tu padre contigo? Para que vean que no vas a estar sola en casa, que te acompaña un adulto responsable.
-Madre, que tengo 31 años. Se supone que yo soy un adulto responsable.
-Es que en esta clínica nos conocen, Lorz, ¡nos conocen!
Al final mi padre me acompañó. Puso cara de adulto responsable y todo. Además ahora lleva bastón, y eso ayuda mucho.
La enfermera me llamó por primera vez y me sacó la primera muestra de sangre.
-Ahora, el zumo.
-Sí, eh... tengo que preguntarle... ¿cuando me tome el zumo me puedo subir a casa? Es justo aquí arriba, y prometo bajar puntual cada hora.
-Verás Lorz, si quieres irte, yo no te puedo retener.
-¡Yuju!
-Pero cuando te mueves quemas azúcar, y eso falsearía los resultados de la prueba. Tú decides. A fin de cuentas es sólo la salud de tu bebé.
P*rr* manipuladora...
-Está bien, me quedo.
-Te diré lo que vamos a hacer: si te quedas, te dejo beberte sólo dos tercios del bote.
-¿Eso no falseará la prueba?
-Claro que no. Es sólo un poco menos, y además no sé qué pasa, que todo el que se bebe el bote entero lo devuelve.
-Tómese uno y lo entenderá.
-¿Qué me dices? ¿Hecho?
-Um... si me deja beber agua, vale.
-Bueeeno, sólo un vaso antes del zumo, luego nada.
-Hecho.
La enfermera tenía más trucos, si tenéis que hacer la prueba tomar nota porque funcionan:
1.- En vez de tomar el potingue directamente del bote, me lo dio en un vaso de plástico. No sé el motivo, pero realmente es mucho más fácil así.
2.- Me dio un algodón empapado en alcohol para olerlo si me mareaba. Cada vez que la cabeza empezaba a darme vueltas me lo acercaba a la nariz y me volvía a espabilar a toda velocidad.
3.- Me dijo que si a pesar de todo me mareaba, en vez de luchar contra el mareo debía aprovecharlo para para echarme una siestecita. Incluso me ofreció una camilla, por si no quería esperar al mareo y prefería ir a la siesta directamente. No me atreví a probar porque tenía miedo de que al tumbarme me saliera otra vez el potingue por la nariz.
Cuando salí de la consulta mi padre ya llevaba diez minutos sentado en la sala de espera y estaba de los nervios.
-¿Qué te han dicho?
-Tengo que quedarme aquí hasta el final de la prueba.
-Pues yo no me quedo tres horas, ¡menudo c*ñ*z*!
Gracias por los anímos, papá.
Continuará...
13 julio 2012
Prueba de vida 3
Previously in Lorz...
Nada tranquiliza tanto como tu médico de confianza.
Si hay algo que les guste a todos los médicos por igual es sacarte sangre, así, sin mediar provocación ni nada.
-Vamos a hacerte unos análisis para ver cómo estás.
Una semana más tarde...
-Parece que tienes anemia. Vamos a repetirte los análisis para ver si ha sido un error.
Una semana más tarde...
-Confirmado, tienes anemia. Vamos a repetirte los análisis de nuevo para ver cómo evolucionas.
Una semana más tarde...
-Anda, sigues teniendo anemia.
Pues claro que tengo anemia: ya no me queda sangre por sacar.
Un día, el obstetra me dijo que me iban a hacer la prueba del azúcar.
-¡Que bien! ¿Tengo que traerla yo o me van a poner un menú degustación?
-Eh... no exactamente, Lorz.
La prueba del azúcar tiene tres fases:
1.-En ayunas y sin haber bebido agua te hacen una primera extracción de sangre.
Porque si no te sacan sangre no están contentos, claro.
2.-Te dan a beber un potingue que llaman "jarabe de glucosa", una especie de zumito con sabor a naranja o limón.
3.-Esperas una hora más en ayunas y sin beber agua y te vuelven a sacar sangre.
La idea es comparar los niveles de azúcar antes y después, y ver cómo reacciona tu cuerpo si sufre una sobredosis de azúcar.
Así dicho no parece tan terrible, pero si todas las exembarazadas la recuerdan con horror es por algo.
En mi caso lo recuerdo con mucho horror.
Para empezar, tuvimos que ir a la clínica un sábado, y abrían una hora más tarde.
Después mis papelitos fueron a parar donde no debían, la enfermera se olvidó de mí, y para cuando empecé la prueba ya eran las 10 de la mañana.
Cuando me dieron el zumito lo acogí con entusiasmo, porque tenía hambre y sed y estaba frío.
-Pues no está tan malo -le dije a ZaraJota™.
Llevaba más o menos la mitad del bote cuando cambié de opinión.
-No puedo más... como empalaga esto.
-Sólo un poquito más.
-Bebételo tú.
-No.
-La hija es de los dos: lo justo es que tú te bebas la otra mitad.
-No.
-Vale, tú distraes a la enfermera y yo lo tiro en la maceta.
-No.
Mientras tanto la enfermera no nos perdía ojo.
-Venga, un poco más de ritmo, te lo tienes que beber en cinco minutos.
-Será broma...
-Pero tampoco muy rápido, ¿eh? No lo vayas a devolver, que tendremos que empezar desde el principio.
Eso, encima animando.
Al final lo conseguí: me lo bebí todo. Sólo quedaba esperar. Pero tenía sed. Y hacía calor. Y la espantosa silla de madera se me clavava en los cardenales que todavía me quedaban de la caída. Y cuando el azúcar llegó a Bebé-chan empezó a centrifugar como una loca. Y me mareé.
Pero no me caí, ¿eh? Que os veo venir.
Al final la hora pasó, aunque muy lentamente, me volvieron a sacar sangre y me mandaron a desayunar.
Vaya, que así dicho no parece para tanto, ¿no?
Pues lo es, a menos para mí: la mañana de la prueba ha sido la única vez que me he planteado que quedarme embarazada no había sido buena idea. No es sólo por la extracción, ni por el potingue repugnante, es el hambre, la sed, el calor, y esperar en una silla incomódisima con una tripa de seis meses.
Señores médicos: estoy segura de que la misma prueba se puede hacer sin necesidad de torturar al paciente. Al menos pongan un sillón decente. O enciendan el aire acondicionado. O ambas.
No es tan difícil hacer feliz a una embarazada, ¿saben?
Bien, una semana más tarde fuimos al médico a recoger los resultados.
-Lorz, te ha salido el azúcar alta.
Se considera que la prueba ha ido bien si después de meterte la sobredosis de glucosa tienes el azúcar por debajo de 140. Yo la tenía a 155.
-¿Y eso tiene premio?
-Vamos a tener que repetir la prueba, por si ha sido un falso positivo.
-¿Es realmente necesario? No me apetece volver a pasar por lo mismo otra vez.
-No te preocupes, no es lo mismo: esta vez la concentración de glucosa es el doble.
Traducción: el potingue es el doble de repugnante. Y en vez de una hora y dos extracciones son tres horas y cuatro extracciones.
-A ver si lo he entendido bien: como con 50 ml. me ha subido el azúcar, me van a dar 100 ml. a ver que pasa.
-Eso es.
En serio... ¿y qué creían que iba a pasar? Porque yo tenía la ligera sospecha de que iba a pasar exactamente lo mismo. Y repetir la prueba, "para ver que pasa" me parecía un poco absurdo.
-Tengo una idea mejor -le dije al médico-. ¿Y si hacemos la prueba de las Bolas Negras?
-Nunca he oído hablar de ella, ¿qué es?
-Verá, consiste en que le doy 126 patadas en las pelotas, a ver si se le ponen negras. Si se le ponen, repetimos la prueba con 252 patadas, por si ha sido un falso positivo. ¿Qué le parece?
Por algún motivo, al médico no le pareció bien.
Continuará...
Nada tranquiliza tanto como tu médico de confianza.
Si hay algo que les guste a todos los médicos por igual es sacarte sangre, así, sin mediar provocación ni nada.
-Vamos a hacerte unos análisis para ver cómo estás.
Una semana más tarde...
-Parece que tienes anemia. Vamos a repetirte los análisis para ver si ha sido un error.
Una semana más tarde...
-Confirmado, tienes anemia. Vamos a repetirte los análisis de nuevo para ver cómo evolucionas.
Una semana más tarde...
-Anda, sigues teniendo anemia.
Pues claro que tengo anemia: ya no me queda sangre por sacar.
Un día, el obstetra me dijo que me iban a hacer la prueba del azúcar.
-¡Que bien! ¿Tengo que traerla yo o me van a poner un menú degustación?
-Eh... no exactamente, Lorz.
La prueba del azúcar tiene tres fases:
1.-En ayunas y sin haber bebido agua te hacen una primera extracción de sangre.
Porque si no te sacan sangre no están contentos, claro.
2.-Te dan a beber un potingue que llaman "jarabe de glucosa", una especie de zumito con sabor a naranja o limón.
3.-Esperas una hora más en ayunas y sin beber agua y te vuelven a sacar sangre.
La idea es comparar los niveles de azúcar antes y después, y ver cómo reacciona tu cuerpo si sufre una sobredosis de azúcar.
Así dicho no parece tan terrible, pero si todas las exembarazadas la recuerdan con horror es por algo.
En mi caso lo recuerdo con mucho horror.
Para empezar, tuvimos que ir a la clínica un sábado, y abrían una hora más tarde.
Después mis papelitos fueron a parar donde no debían, la enfermera se olvidó de mí, y para cuando empecé la prueba ya eran las 10 de la mañana.
Cuando me dieron el zumito lo acogí con entusiasmo, porque tenía hambre y sed y estaba frío.
-Pues no está tan malo -le dije a ZaraJota™.
Llevaba más o menos la mitad del bote cuando cambié de opinión.
-No puedo más... como empalaga esto.
-Sólo un poquito más.
-Bebételo tú.
-No.
-La hija es de los dos: lo justo es que tú te bebas la otra mitad.
-No.
-Vale, tú distraes a la enfermera y yo lo tiro en la maceta.
-No.
Mientras tanto la enfermera no nos perdía ojo.
-Venga, un poco más de ritmo, te lo tienes que beber en cinco minutos.
-Será broma...
-Pero tampoco muy rápido, ¿eh? No lo vayas a devolver, que tendremos que empezar desde el principio.
Eso, encima animando.
Al final lo conseguí: me lo bebí todo. Sólo quedaba esperar. Pero tenía sed. Y hacía calor. Y la espantosa silla de madera se me clavava en los cardenales que todavía me quedaban de la caída. Y cuando el azúcar llegó a Bebé-chan empezó a centrifugar como una loca. Y me mareé.
Pero no me caí, ¿eh? Que os veo venir.
Al final la hora pasó, aunque muy lentamente, me volvieron a sacar sangre y me mandaron a desayunar.
Vaya, que así dicho no parece para tanto, ¿no?
Pues lo es, a menos para mí: la mañana de la prueba ha sido la única vez que me he planteado que quedarme embarazada no había sido buena idea. No es sólo por la extracción, ni por el potingue repugnante, es el hambre, la sed, el calor, y esperar en una silla incomódisima con una tripa de seis meses.
Señores médicos: estoy segura de que la misma prueba se puede hacer sin necesidad de torturar al paciente. Al menos pongan un sillón decente. O enciendan el aire acondicionado. O ambas.
No es tan difícil hacer feliz a una embarazada, ¿saben?
Bien, una semana más tarde fuimos al médico a recoger los resultados.
-Lorz, te ha salido el azúcar alta.
Se considera que la prueba ha ido bien si después de meterte la sobredosis de glucosa tienes el azúcar por debajo de 140. Yo la tenía a 155.
-¿Y eso tiene premio?
-Vamos a tener que repetir la prueba, por si ha sido un falso positivo.
-¿Es realmente necesario? No me apetece volver a pasar por lo mismo otra vez.
-No te preocupes, no es lo mismo: esta vez la concentración de glucosa es el doble.
Traducción: el potingue es el doble de repugnante. Y en vez de una hora y dos extracciones son tres horas y cuatro extracciones.
-A ver si lo he entendido bien: como con 50 ml. me ha subido el azúcar, me van a dar 100 ml. a ver que pasa.
-Eso es.
En serio... ¿y qué creían que iba a pasar? Porque yo tenía la ligera sospecha de que iba a pasar exactamente lo mismo. Y repetir la prueba, "para ver que pasa" me parecía un poco absurdo.
-Tengo una idea mejor -le dije al médico-. ¿Y si hacemos la prueba de las Bolas Negras?
-Nunca he oído hablar de ella, ¿qué es?
-Verá, consiste en que le doy 126 patadas en las pelotas, a ver si se le ponen negras. Si se le ponen, repetimos la prueba con 252 patadas, por si ha sido un falso positivo. ¿Qué le parece?
Por algún motivo, al médico no le pareció bien.
Continuará...
10 julio 2012
Prueba de vida 2
Previously in Lorz...
Bebé-chan es testigo de Jehová.
En el centro médico donde me atienden tienen la política de que tienes que ir, al menos, a una visita con cada uno de los obstetras, porque así, si en el momento del parto el tuyo no está disponible te puede atender otro sin que sea un completo desconocido para ti.
La idea es buena, ¿no?
A mí me ha dado mucha tranquilidad, porque ya los conozco a todos y sé que cualquiera de ellos me pude atender con la misma profesionalidad.
La parte mala es que esta política también te permite comparar.
Creedme: si cada embarazo es un mundo, cada obstetra es, como mínimo, dos.
Hay obstetras entusiastas.
-¡Mira, es tu bebé! -me dijo el que me hizo la primera ecografía-. ¿No es precioso?
Tanto como precioso... es como una habichuelilla borrosa y gris.
Hay obstetras con un celo extremo.
-Mira, eso son los bracitos.
-No veo nada.
-Espera -el obstetra me aprieta salvajemente la tripa-. Ahora, ¿lo ves?
-Veo como dos gusanillos que se retuercen de agonía...
-Sí, eso son sus bracitos.
Hay obstetras con afán pedagógico.
-Y ahora vamos a medir el [palabro incomprensible] para saber si la evolución del [palabro incomprensible] es correcta según los parámetros del [palabro incomprensible]. ¿Ves el [palabro incomprensible]? ¡Eso es [palabro incomprensible]!
-¿Yuju?
Hay obstetras que se concentran tanto que se olvidan de que estás ahí.
-¿Puedo ver la pantalla?
-¡¡¡ARG!!! ¡¡¡HAY UNA TÍA GORDÍSIMA EN MI CAMILLA!!!
Hay obstetras que dedican su buena media hora para conseguir una imagen como esta:
Hay obstetras con menos talento fotográfico:
-¿Cómo está mi pequeña?
-Está perfecta, ¿ves?
Pues no, no veo.
Y luego hay obstetras con una gran capacidad para transmitir tranquilidad a la madre.
-Bueno, Lorz, ¿cómo va todo?
-Pues... estoy un poco preocupada sólo estoy de siete meses y ya me ha subido la leche.
-¡Estupendo, estupendo! ¡Esa es muy buena señal!
-¿Sí?
-Claro, mujer, el cuerpo está preparándose por si hay un parto prematuro.
-¿Parto... prematuro...?
-Venga, sube a la camilla que le echamos un vistazo con el ecógrafo, así te quedas más tranquila. A veeeeer... Anda, si ya está cabeza abajo.
-¿Eso es malo?
-No, no, es estupendo: es la posición de salida.
-¿Posición... de salida?
-Eso. ¿Ves cómo no hay motivo de preocupación?
-...parto...prematuro... posición... de salida... parto...prematuro... posición... de salida...
Continuará...
Bebé-chan es testigo de Jehová.
En el centro médico donde me atienden tienen la política de que tienes que ir, al menos, a una visita con cada uno de los obstetras, porque así, si en el momento del parto el tuyo no está disponible te puede atender otro sin que sea un completo desconocido para ti.
La idea es buena, ¿no?
A mí me ha dado mucha tranquilidad, porque ya los conozco a todos y sé que cualquiera de ellos me pude atender con la misma profesionalidad.
La parte mala es que esta política también te permite comparar.
Creedme: si cada embarazo es un mundo, cada obstetra es, como mínimo, dos.
Hay obstetras entusiastas.
-¡Mira, es tu bebé! -me dijo el que me hizo la primera ecografía-. ¿No es precioso?
Tanto como precioso... es como una habichuelilla borrosa y gris.
Hay obstetras con un celo extremo.
-Mira, eso son los bracitos.
-No veo nada.
-Espera -el obstetra me aprieta salvajemente la tripa-. Ahora, ¿lo ves?
-Veo como dos gusanillos que se retuercen de agonía...
-Sí, eso son sus bracitos.
Hay obstetras con afán pedagógico.
-Y ahora vamos a medir el [palabro incomprensible] para saber si la evolución del [palabro incomprensible] es correcta según los parámetros del [palabro incomprensible]. ¿Ves el [palabro incomprensible]? ¡Eso es [palabro incomprensible]!
-¿Yuju?
Hay obstetras que se concentran tanto que se olvidan de que estás ahí.
-¿Puedo ver la pantalla?
-¡¡¡ARG!!! ¡¡¡HAY UNA TÍA GORDÍSIMA EN MI CAMILLA!!!
Hay obstetras que dedican su buena media hora para conseguir una imagen como esta:
Hay obstetras con menos talento fotográfico:
-¿Cómo está mi pequeña?
-Está perfecta, ¿ves?
Pues no, no veo.
Y luego hay obstetras con una gran capacidad para transmitir tranquilidad a la madre.
-Bueno, Lorz, ¿cómo va todo?
-Pues... estoy un poco preocupada sólo estoy de siete meses y ya me ha subido la leche.
-¡Estupendo, estupendo! ¡Esa es muy buena señal!
-¿Sí?
-Claro, mujer, el cuerpo está preparándose por si hay un parto prematuro.
-¿Parto... prematuro...?
-Venga, sube a la camilla que le echamos un vistazo con el ecógrafo, así te quedas más tranquila. A veeeeer... Anda, si ya está cabeza abajo.
-¿Eso es malo?
-No, no, es estupendo: es la posición de salida.
-¿Posición... de salida?
-Eso. ¿Ves cómo no hay motivo de preocupación?
-...parto...prematuro... posición... de salida... parto...prematuro... posición... de salida...
Continuará...
04 julio 2012
Prueba de vida 1
Estar embarazada es una emperiencia maravillosa.
Y entonces, vas al médico.
En las películas, las embarazadas van al médico, se tumban en una camilla y se levantan un poco la camiseta. Entonces llega el médico y les desliza un cacharrín por la tripita, hasta que pueden ver un bebé perfectamente colocado y definido en la pantalla del ecógrafo.
Bien.
Pues no. Durante los primeros meses, el obstetra de verdad no se comporta como el obstetra de las películas. Más bien se comporta como un ginecólogo de los de toda la vida:
llegas a la consulta, trepas a la camilla de tortura, te abres de patitas, y te "explora", que es el término médico para "invasión de bajos con aparatos a temperatura polar".
Lo único que diferencia al obstetra del ginecólogo de toda la vida es que con el obstetra, además, tu madre y tu marido están mirando.
-Esto es muy poco digno -le dije al obstetra una vez.
-Pues vete acostumbrando, que no sabes lo que te queda.
Hay una cosa más. El obstetra no se limita a tocarte los bajos: también pone mucho interés en tocarte la moral. Por ejemplo, tiene una insana obsesión por pesarte.
-Súbete a la báscula -me dice cada vez que voy.
-Vale, pero si me promete que no la enciende.
-No cuela, Lorz.
-Joooo...
-Mira, a mí no me importa que estés gorda...
-¿Me acaba de llamar gorda?
-Es para ver cómo evolucionas.
-Hacia la redondez, pero no veo la necesidad de meter a la báscula en nuestros turbios asuntos.
-¡A la báscula ya!
-Jooo...
A medida que pasan los meses, la visita al obstetra entra en una cierta rutina.
Entras.
Te miden la tensión.
Te pesan.
Te preguntan si has tenido alguna molestia.
Le cuentas las que no has tenido, que es más rápido.
El obstetra se ríe de ti.
Te suben a la camilla.
Te hacen una ecografía.
Ves a tu bebé.
Se produce un babeo parental descontrolado mientras la abuela de la criatura (si está presente) llora.
Te dan una foto.
Sales de consulta.
Llegas a casa.
-¡M**rda! ¡Se me han vuelto a olvidar las recetas!
-¿Qué recetas? -responde ZaraJota™.
-¡Las del antiácido, las del antipotas, las de todo! ¡Te dije que me lo recordaras!
-¡Es que me saca la foto de la nena y me distrae!
-¡Y a mí!
-¿Crees que lo hace a propósito?
-Posiblemente...
De vez en cuando el obstetra se sale de la rutina y es peor.
-Lorz, vamos a hacerte un análisis.
-¿Psiquiátrico?
-No, de sangre.
-M**rd*.
-Es sólo un pinchacito.
-No puede ser, soy testigo de Jehová.
-No lo eres.
-El bebé es testigo de Jehová.
-No lo es.
Ya estamos prejuzgando a la gente antes de conocerla.
Continuará...
Y entonces, vas al médico.
En las películas, las embarazadas van al médico, se tumban en una camilla y se levantan un poco la camiseta. Entonces llega el médico y les desliza un cacharrín por la tripita, hasta que pueden ver un bebé perfectamente colocado y definido en la pantalla del ecógrafo.
Bien.
Pues no. Durante los primeros meses, el obstetra de verdad no se comporta como el obstetra de las películas. Más bien se comporta como un ginecólogo de los de toda la vida:
llegas a la consulta, trepas a la camilla de tortura, te abres de patitas, y te "explora", que es el término médico para "invasión de bajos con aparatos a temperatura polar".
Lo único que diferencia al obstetra del ginecólogo de toda la vida es que con el obstetra, además, tu madre y tu marido están mirando.
-Esto es muy poco digno -le dije al obstetra una vez.
-Pues vete acostumbrando, que no sabes lo que te queda.
Hay una cosa más. El obstetra no se limita a tocarte los bajos: también pone mucho interés en tocarte la moral. Por ejemplo, tiene una insana obsesión por pesarte.
-Súbete a la báscula -me dice cada vez que voy.
-Vale, pero si me promete que no la enciende.
-No cuela, Lorz.
-Joooo...
-Mira, a mí no me importa que estés gorda...
-¿Me acaba de llamar gorda?
-Es para ver cómo evolucionas.
-Hacia la redondez, pero no veo la necesidad de meter a la báscula en nuestros turbios asuntos.
-¡A la báscula ya!
-Jooo...
A medida que pasan los meses, la visita al obstetra entra en una cierta rutina.
Entras.
Te miden la tensión.
Te pesan.
Te preguntan si has tenido alguna molestia.
Le cuentas las que no has tenido, que es más rápido.
El obstetra se ríe de ti.
Te suben a la camilla.
Te hacen una ecografía.
Ves a tu bebé.
Se produce un babeo parental descontrolado mientras la abuela de la criatura (si está presente) llora.
Te dan una foto.
Sales de consulta.
Llegas a casa.
-¡M**rda! ¡Se me han vuelto a olvidar las recetas!
-¿Qué recetas? -responde ZaraJota™.
-¡Las del antiácido, las del antipotas, las de todo! ¡Te dije que me lo recordaras!
-¡Es que me saca la foto de la nena y me distrae!
-¡Y a mí!
-¿Crees que lo hace a propósito?
-Posiblemente...
De vez en cuando el obstetra se sale de la rutina y es peor.
-Lorz, vamos a hacerte un análisis.
-¿Psiquiátrico?
-No, de sangre.
-M**rd*.
-Es sólo un pinchacito.
-No puede ser, soy testigo de Jehová.
-No lo eres.
-El bebé es testigo de Jehová.
-No lo es.
Ya estamos prejuzgando a la gente antes de conocerla.
Continuará...
23 junio 2012
El examen ya llegó y la fiesta comenzó
Pues nada, que la Comunidad de Madrid ha vuelto a convocar oposiciones para profesores de secundaria, mostrando una vez más su compromiso con la educación pública y las políticas de creación de empleo.
Es verdad que convocar oposiciones no les obliga a contratar a nadie después, más bien al contrario. Al convocar oposiciones todos los interinos van a la calle y se les vuelve a empezar a llamar desde el principio de lista por orden. Algunos podrían llegar a decir que se convocan oposiciones sólo para que los interinos tengan que abandonar su puesto sin que parezca un despido y oye, si luego no se llama a nadie para cubrir las bajas no se nota. Pero no vamos a ser malpensados.
.
También es curioso que las tasas de presentación a examen hayan subido. Sabemos que hay pocas plazas y que se presenta mucha gente. Podría parecer incluso que se convoca el examen sólo para sacar un dinerillo que ayude con ese déficit que la Comunidad no tiene. Pero no vamos a ser malpensados.
Y llama la atención que en esa convocatoria no haya puntos por los cursos. Si el auténtico objetivo de esta convocatoria es contratar los mejores profesores, cualquiera diría que hay que dar ventaja a aquellos que han pasado años perfeccionándose, y no a quienes tienen la inmensa suerte de que les cae el único tema que se han estudiado y pueden hacer un examen de matrícula. Pero no vamos a ser malpensados.
Es más, tal y como está planteada la convocatoria, parece como si se hubiera diseñado a propósito para que los profesores que llevan años trabajando de interinos tuvieran todas las de suspender, de manera que sea perfectamente legítimo dejarles sin trabajo, y contratar en su lugar a gente nueva. Que así dicho no es mala idea, hasta que caes en la cuenta que a la gente nueva no hay que pagarle antigüedad, tiene menos experiencia y está tan agradecida de tener un trabajo que puedes reducir sus derechos hasta límites infrahumanos sin que se quejen. Pero no vamos a ser malpensados.
No vamos a ser malpensados porque no merece la pena.
En lugar de eso vamos a seguir estudiando, perfeccionando y mejorando cada día, porque nuestros chavales se merecen los mejores profesores, aunque la Comunidad de Madrid no se los merezca.
Nos vemos en dos semanas, que tengo mucho que repasar.
Es verdad que convocar oposiciones no les obliga a contratar a nadie después, más bien al contrario. Al convocar oposiciones todos los interinos van a la calle y se les vuelve a empezar a llamar desde el principio de lista por orden. Algunos podrían llegar a decir que se convocan oposiciones sólo para que los interinos tengan que abandonar su puesto sin que parezca un despido y oye, si luego no se llama a nadie para cubrir las bajas no se nota. Pero no vamos a ser malpensados.
.
También es curioso que las tasas de presentación a examen hayan subido. Sabemos que hay pocas plazas y que se presenta mucha gente. Podría parecer incluso que se convoca el examen sólo para sacar un dinerillo que ayude con ese déficit que la Comunidad no tiene. Pero no vamos a ser malpensados.
Y llama la atención que en esa convocatoria no haya puntos por los cursos. Si el auténtico objetivo de esta convocatoria es contratar los mejores profesores, cualquiera diría que hay que dar ventaja a aquellos que han pasado años perfeccionándose, y no a quienes tienen la inmensa suerte de que les cae el único tema que se han estudiado y pueden hacer un examen de matrícula. Pero no vamos a ser malpensados.
Es más, tal y como está planteada la convocatoria, parece como si se hubiera diseñado a propósito para que los profesores que llevan años trabajando de interinos tuvieran todas las de suspender, de manera que sea perfectamente legítimo dejarles sin trabajo, y contratar en su lugar a gente nueva. Que así dicho no es mala idea, hasta que caes en la cuenta que a la gente nueva no hay que pagarle antigüedad, tiene menos experiencia y está tan agradecida de tener un trabajo que puedes reducir sus derechos hasta límites infrahumanos sin que se quejen. Pero no vamos a ser malpensados.
No vamos a ser malpensados porque no merece la pena.
En lugar de eso vamos a seguir estudiando, perfeccionando y mejorando cada día, porque nuestros chavales se merecen los mejores profesores, aunque la Comunidad de Madrid no se los merezca.
Nos vemos en dos semanas, que tengo mucho que repasar.
16 junio 2012
La mesa camilla de Skynet
Esta es la versión extendida/edición del director de una historia que conté en facebook.
Un domingo, en una de esas reuniones familiares, mi abuela dijo que quería ponerse intehné.
Mi abuela tiene setenta y ocho años y si alguna vez ha tocado un ordenador ha sido para quitarle el polvo, por lo que hubo cachondeo generalizado.
-¿Y para qué quieres tú internet?
-Para abrirme una cuenta de feisbu.
El cachondeo generalizado se paró en seco y fue rápidamente sustituido por caras de pasmo.
-¿Y eso?
-Porque todas mis amigas tienen.
Si esto fuera una serie de televisión, alguien habría dicho "y si todas tus amigas se tiran de un puente, ¿tú también te tiras?", y el capítulo habría acabado con la moraleja de que hay que ser uno mismo y no dejarse influir por las decisiones de los demás y tal.
Como no era una serie de televisíón, intentamos ir a lo práctico.
-Te das cuenta de que todas tus amigas tienen como mínimo veinte años menos que tú, ¿verdad?
-Oye, un respeto a la abuela...
-Es que igual te resulta un poco difícil.
-Ya... bueno. Da igual. De todas maneras no tengo ordenador.
Y ahí se acabó el tema.
Ah, no...
-Creo que yo tengo uno de sobra en casa -le dije.
Unos días más tarde, mi Hermano Mediano llevó el ordenador a casa de la abuela, un portátil patata que me compré en 2005 y que dejé de usar porque su pobre corazoncito no me seguía el ritmo.
-Total, para lo que va a hacer la abuela... -le dije.
Le quitó programas, le puso otros y, armándose de paciencia, enseñó a mi abuela cómo moverse por la pantalla, a pulsar la E azul para entrar en internet, dónde hay que poner la dirección, y las normas básicas de seguridad y protección de datos.
En muy poco tiempo la abuela tenía correo electrónico, cuenta de facebook, y estaba buscando a sus amigas del colegio.
-Pero no las encuentro, no sé por qué.
-Porque tienen ochenta años, abuela, si es que han vivido hasta esa feliz edad.
-Bueno, da igual, porque me he hecho amiga de las nietas de mis amigas de colegio.
De hombres no, ¿eh? Que mi abuela es una viuda decente, no de esas que en cuanto entierran al marido están todo el día de juerga y que se van a los viajes del inserso a bailar agarrao.
-Muy bien, muy bien.
-También me he hecho de un grupo de alzheimer.
-Anda, que interesante. ¿Y de qué habláis?
-Ni idea, no puedo entrar porque se me ha olvidado la contraseña.
A día de hoy seguimos sin saber si estaba de broma o no.
Pues bien, ya que se ponía a escribir, mi abuela se dio cuenta de que tenía muchas faltas de ortografía.
Mi abuela no tuvo una educación muy boyante: como a mucha gente de su generación, en cuanto aprendió las cuatro reglas básicas la sacaron del colegio para que se pusiera a trabajar. Las cuentecillas se le dan muy bien, la escritura en cambio...
La familia está acostumbrada a leer las notas que se deja a sí misma pegadas en la nevera y más o menos la entendemos. Al parecer sus amigas de facebook estaban teniendo más dificultades.
Esa vez le tocó el turno a Latita, que fue a lo práctico: le enseñó a usar el autocorrector de word.
-Ahora lo escribo todo primero en el guó -explicaba mi abuela- le doy al botón que me dijo Latita, y se me pone todo bien.
-¿En serio?
-Bueno, todo no. Creo que estoy haciendo algo mal: a veces me corrige cosas que no me tiene que corregir, y otras veces hay cosas que están mal y no me las cambia.
-No eres tú, es Microsoft.
-¿El QUÉ?
Para entonces mi abuela mantenía una fluida vida social en facebook, leía las noticias por internet y se metía en blogs. Latita le estaba enseñando a usar un pendrive para almacenar fotos, pasarlas al ordenador, comprimirlas para que pesaran menos y a subirlas al perfil de facebook.
Toda la familia estaba aterrorizada; era como cuando en Terminator Skynet toma conciencia de sí misma. Sólo que en vez de Skynet era mi abuela, que se estaba preparando para dominar el mundo desde la mesa camilla de su casa, con el programa de Ana Rosa de fondo.
-Pues ahora quiero ponerme tuiter -anunció un día-. A ver si me enseñáis.
-Lo de facebook lo puedo entender -le dije a Hermano Mediano-. Lo de tuiter no. ¿Para qué lo quiere?
-Para seguir a las famosas. Dice que todos los programas del corazón tienen, y que si no se hace uno no se va a enterar de nada.
En estas estábamos cuando fui al médico a hacerme la ecografía de las 24 semanas.
-Oye -me dijo mi abuela por teléfono-. Que dice tu padre que tienes una foto nueva de la niña, pero me meto en tu bloh y no la veo.
-No la ha puesto en el blog, sólo en tuiter.
-Ah, hija, es que todavía no tengo tuiter, a ver si alguien me lo pone. Anda, súbela a feisbu que la vea.
-¿Quieres que te la mande al móvil?
-No, niña, no, que ya sabes que a mí las tecnologías no me van.
Ah, bueno, pues la subo a internet, que es mucho menos tecnológico, dónde va a parar.
Un domingo, en una de esas reuniones familiares, mi abuela dijo que quería ponerse intehné.
Mi abuela tiene setenta y ocho años y si alguna vez ha tocado un ordenador ha sido para quitarle el polvo, por lo que hubo cachondeo generalizado.
-¿Y para qué quieres tú internet?
-Para abrirme una cuenta de feisbu.
El cachondeo generalizado se paró en seco y fue rápidamente sustituido por caras de pasmo.
-¿Y eso?
-Porque todas mis amigas tienen.
Si esto fuera una serie de televisión, alguien habría dicho "y si todas tus amigas se tiran de un puente, ¿tú también te tiras?", y el capítulo habría acabado con la moraleja de que hay que ser uno mismo y no dejarse influir por las decisiones de los demás y tal.
Como no era una serie de televisíón, intentamos ir a lo práctico.
-Te das cuenta de que todas tus amigas tienen como mínimo veinte años menos que tú, ¿verdad?
-Oye, un respeto a la abuela...
-Es que igual te resulta un poco difícil.
-Ya... bueno. Da igual. De todas maneras no tengo ordenador.
Y ahí se acabó el tema.
Ah, no...
-Creo que yo tengo uno de sobra en casa -le dije.
Unos días más tarde, mi Hermano Mediano llevó el ordenador a casa de la abuela, un portátil patata que me compré en 2005 y que dejé de usar porque su pobre corazoncito no me seguía el ritmo.
-Total, para lo que va a hacer la abuela... -le dije.
Le quitó programas, le puso otros y, armándose de paciencia, enseñó a mi abuela cómo moverse por la pantalla, a pulsar la E azul para entrar en internet, dónde hay que poner la dirección, y las normas básicas de seguridad y protección de datos.
En muy poco tiempo la abuela tenía correo electrónico, cuenta de facebook, y estaba buscando a sus amigas del colegio.
-Pero no las encuentro, no sé por qué.
-Porque tienen ochenta años, abuela, si es que han vivido hasta esa feliz edad.
-Bueno, da igual, porque me he hecho amiga de las nietas de mis amigas de colegio.
De hombres no, ¿eh? Que mi abuela es una viuda decente, no de esas que en cuanto entierran al marido están todo el día de juerga y que se van a los viajes del inserso a bailar agarrao.
-Muy bien, muy bien.
-También me he hecho de un grupo de alzheimer.
-Anda, que interesante. ¿Y de qué habláis?
-Ni idea, no puedo entrar porque se me ha olvidado la contraseña.
A día de hoy seguimos sin saber si estaba de broma o no.
Pues bien, ya que se ponía a escribir, mi abuela se dio cuenta de que tenía muchas faltas de ortografía.
Mi abuela no tuvo una educación muy boyante: como a mucha gente de su generación, en cuanto aprendió las cuatro reglas básicas la sacaron del colegio para que se pusiera a trabajar. Las cuentecillas se le dan muy bien, la escritura en cambio...
La familia está acostumbrada a leer las notas que se deja a sí misma pegadas en la nevera y más o menos la entendemos. Al parecer sus amigas de facebook estaban teniendo más dificultades.
Esa vez le tocó el turno a Latita, que fue a lo práctico: le enseñó a usar el autocorrector de word.
-Ahora lo escribo todo primero en el guó -explicaba mi abuela- le doy al botón que me dijo Latita, y se me pone todo bien.
-¿En serio?
-Bueno, todo no. Creo que estoy haciendo algo mal: a veces me corrige cosas que no me tiene que corregir, y otras veces hay cosas que están mal y no me las cambia.
-No eres tú, es Microsoft.
-¿El QUÉ?
Para entonces mi abuela mantenía una fluida vida social en facebook, leía las noticias por internet y se metía en blogs. Latita le estaba enseñando a usar un pendrive para almacenar fotos, pasarlas al ordenador, comprimirlas para que pesaran menos y a subirlas al perfil de facebook.
Toda la familia estaba aterrorizada; era como cuando en Terminator Skynet toma conciencia de sí misma. Sólo que en vez de Skynet era mi abuela, que se estaba preparando para dominar el mundo desde la mesa camilla de su casa, con el programa de Ana Rosa de fondo.
-Pues ahora quiero ponerme tuiter -anunció un día-. A ver si me enseñáis.
-Lo de facebook lo puedo entender -le dije a Hermano Mediano-. Lo de tuiter no. ¿Para qué lo quiere?
-Para seguir a las famosas. Dice que todos los programas del corazón tienen, y que si no se hace uno no se va a enterar de nada.
En estas estábamos cuando fui al médico a hacerme la ecografía de las 24 semanas.
-Oye -me dijo mi abuela por teléfono-. Que dice tu padre que tienes una foto nueva de la niña, pero me meto en tu bloh y no la veo.
-No la ha puesto en el blog, sólo en tuiter.
-Ah, hija, es que todavía no tengo tuiter, a ver si alguien me lo pone. Anda, súbela a feisbu que la vea.
-¿Quieres que te la mande al móvil?
-No, niña, no, que ya sabes que a mí las tecnologías no me van.
Ah, bueno, pues la subo a internet, que es mucho menos tecnológico, dónde va a parar.
09 junio 2012
Daylight: pánico en el túnel
Y justo cuando el gobierno anuncia que rescatan a los bancos, yo cuento cómo me rescataron a mí.
Que guapa soy y que tino tengo.
La semana pasada ZaraJota™ y yo pedimos el coche a mis padres para ir a IKEA.
Desde que arrancamos, ZaraJota™ frunció el ceño. Y eso es muy raro. ZaraJota™ nunca frunce el ceño: él es más de levantar una ceja.
-¿Qué pasa?
-No sé, es como si la primera no entrara...
-¿Está mal?
-No, seguramente es cosa mía, que no estoy acostumbrado a coger este coche.
-Si este es el único coche que coges, piltrafilla. ¿No será una avería?
-No creo, acaba de salir del taller.
Hace un mes o así, mis padres llevaron el coche al taller para quitarle unos arañazos.
El coche salió como nuevo.
Una semana más tarde a un taxista le fallaron los frenos y se les empotró contra el lateral.
El coche volvió al taller y salió como nuevo... otra vez.
ZaraJota™ debía tener razón, porque llegamos a IKEA sanos y salvos, hicimos nuestras compras a toda velocidad y antes de que puedas decir CIRKUSTÄLT ya estábamos de nuevo en el coche.
-Por fin -dije. Y me quité los zapatos. El embarazo es así: todo el mundo te dice que tienes que andar, pero nadie te explica que si estás mucho tiempo de pie se te ponen los susodichos como barcas.
ZaraJota™ arrancó y volvió a fruncir el ceño.
-No sé que pasa con la primera, que se niega a entrar.
-¿Eso es grave?
-No, no pasa nada, de todas maneras la primera casi no se usa.
No tuvimos problemas en todo el camino, y apenas tres horas después de haber salido de casa nos metimos en el último túnel de la M30.
-¡Qué prontito vamos a llegar! -dije.
Y entonces, el atasco.
Por hablar.
Nos recorrimos todo el túnel avanzando tramos de un metro.
Un metro.
Parar.
Arrancar.
Un metro.
Parar.
ZaraJota™ fruncía el ceño cada vez.
-La primera... -decía. Así, sin palabrotas. ZaraJota™ nunca dice palabrotas: sólo las piensa, que es mucho peor.
Cuando ya llevábamos un rato, mi sentido arácnido de embarazada empezó a protestar.
-Que mal huele...¿somos nosotros?
-No, no.
Entonces empezó a salir humo del capó del coche.
-¡SÍ, SÍ!
Antes de que me diera cuenta, ZaraJota™ pulsó la luz de emergencia. Como si estar envueltos en una nube de humo no fuera ya una pista, vaya. Al menos el resto de los conductores parecían sospechar algo, porque a pesar de estar atascando el carril central de un túnel nadie pitó.
Y eso, para Madrid, es algo.
ZaraJota™ intentó arrancar de nuevo para apartar el coche y dejar paso, pero nada.
-Voy a poner el triángulo. ¿Sabes dónde está?
-En el maletero.
-Me lo temía.
Mis padres van mucho al campo, pero no a comer filetes rusos y tortilla de patatas, como la gente normal: ellos van en plan Simba, a otear las propiedades. Por eso el maletero de mis padres está siempre lleno de cosas: herramientas de diverso tipo, una linterna, recipientes variados con diferentes líquidos de sospechoso aspecto, y miles de bolsas biodegradables del Carrefour. Nadie sabe por qué, aunque la teoría más generalizada es que las guardan por si se pierden en el campo y tienen que sobrevivir comiendo fibra de fécula de patata.
ZaraJota™ se puso el chaleco reflectante y salió al exterior a rebuscar en el maletero.
Yo establecí mis prioridades:
1.-Ponerme los zapatos por si había que salir por patas. Después de un par de intentos tuve que renunciar, porque tenía los pies tan hinchados que no me cabían.
2.-Llamar a mi padre para avisar que íbamos a llegar un poco tarde. JA.
3.-Llamar al seguro.
Mientras tanto, en el carril de al lado se paró un autobús y vi como ZaraJota™ se subía.
Vienen a rescatarnos, pensé.
-En menudo sitio te has parado, claval -le dijo el busero a ZaraJota™.
-Yo no me he parado, ha sido el coche.
-Es que estás taponando el carril central.
-Y usted el carril izquierdo y no se lo echo en cara.
-¿Quieres que llame a la grúa?
-No, no, gracias, ya hemos llamando al seguro.
En el interior del coche, yo intentaba hablar con el seguro.
-¿Me puede indicar dónde se encuentra?
-En el túnel de la M30, en el carril central, justo en la salida de Pirámides.
-¿Me puede indicar el punto kilométrico?
-No...
-No se preocupe, mire a su alrededor y dígame lo que ve.
-¡HUMO NEGRO! ¡HUMO NEGRO POR TODAS PARTES! ¡ESTO ES COMO PERDIDOS, PERO SIN LOS P*T*S FLASHBACKS!
-Está bien, señora, no se preocupe, le mando la grúa.
Estaba intentando ponerme los zapatos otra vez cuando ZaraJota™ llamó a mi puerta.
-Deberías salir, por si algún psicópata no ve el triángulo y se lleva el coche por delante.
-¿Has encontrado el chaleco del acompañante?
-No.
-Pues entonces creo que estoy más a salvo aquí dentro.
Y me crucé de brazos, que es una forma sutil de decir "mi honra está en juego y de aquí no me muevo".
-Está bien, voy a ver si puedo quitar el coche de aquí.
ZaraJota™ volvió al coche y después de darle unas treinta patadas a la palanca de cambios consiguió ponernos en un lateral. Después salió, rescató el triángulo del carril central y lo puso detrás del coche a la distancia regalmentaria.
No le había dado tiempo casi ni a dejarlo en el suelo cuando nos rodeó la policia.
-En menudo sitio te has parado, chaval -le dijo el policía a ZaraJota™.
-Yo no me he parado, ha sido el coche.
-Ya, hemos visto el humo por las cámaras. Vamos a sacaros de aquí, que estáis taponando el carril izquierdo.
Y ustedes el central, pensó ZaraJota™, pero no lo dijo. Que una cosa es tocarle los güevos a un busero y otra a un policía, que ya sabemos cómo las gastan.
Detrás de la policía apareció entonces una grúa de la M30.
Dentro del coche, yo estaba terminando de abrocharme los zapatos cuando apareció un señor con casco en mi ventanilla.
-Señora, salga del vehículo.
-Es que no tengo chaleco reflectante.
-No pasa nada, salga.
-¡Y una m**rd*! ¡Seguro que es una trampa! ¡Seguro que salgo y me pone una multa por salir sin chaleco! ¡Yo de aquí no salgo hasta que no me den un chaleco!
-Señora, de verdad, que no pasa nada, ¿ve? En este lado hay acera. Puede salir sin chaleco.
Muy dignamente salí del coche, y el señor con casco me escoltó hacia una grúa.
-Puede esperar en el asiento de atrás.
El asiento de atrás me llegaba a la altura de la nariz. Miré al asiento. Miré a mi tripa. Miré al asiento.
-Señora, ¿la aupo?
-Porfi...
El señor me aupó.
-Tiene usted un poco de hollín en el brazo -me dijo antes de irse a enganchar el coche.
De todas las cosas que tengo en este momento, pensé.
Estaba limpiándome cuidadosamente la mancha con una toallita húmeda cuando apareció en la puerta un señor totalmente cubierto de hollín.
-¡¡¡ARG!!!
-Soy yo, ¿puedo sentarme contigo?
-Vale, pero no me toques.
Los señores de la M30 engancharon el coche a la grúa y lo sacaron al exterior.
-Os dejamos aquí, que hay un concierto en el Calderón y esto está imposible.
Y se fueron.
Volví a llamar al seguro.
-Que los señores de la M30 nos han sacado del túnel. Ahora estamos al principio de la calle Toledo, en el lado que da al Puente de Toledo, en el carril de subida, delante del colegio.
No he trabajado en seguros durante cinco años para no saber cómo llamar a uno, hombreyá.
Mientras la grúa venía, nos sentamos a esperar.
Y esperamos...
Esperamos...
Hasta que llamó el señor de la grúa.
-Señora, que estoy en el puente de Praga y no les veo.
-Que casualidad, nosotros estamos en el puente de Toledo y tampoco le vemos a usted.
-Eh... voy para alla.
-Vale.
-Eh... ¿dónde está eso?
En serio...
Al final el señor de la grúa nos encontró.
-Perdone que haya tardado, señora, es que esto está imposible hoy.
-Ya.
-¿Tiene un cigarro?
Me miré a la tripa. Miré al señor.
-No.
-¿Y tú, chaval? -le preguntó a ZaraJota™.
-No.
-Jo.
El señor de la grúa enganchó el coche, y entonces vivimos el momento más humillante del día:
ZaraJota™ y yo, sentado en la parada del autobús, esperando el 23 para ir a casa de mis padres, mientras delante nuestra pasaba la grúa con el coche encima.
-Jo, que mal. Ha sido la peor experiencia de mi vida -le dije a ZaraJota™.
-Ya está, Lorz, tampoco ha sido para tanto.
-Claro, chaval, a ti no te ha paracido para tanto, ¡como se nota que a la que han estado llamando señora es a mí!
Cuando llegamos a casa de mis padres, apestando a humo, cubiertos de hollín y agotados, mi padre le quító importancia al asunto.
-No, si la primera ya lleva fallando un tiempecillo.
-¿Sí? -preguntó ZaraJota™, que se sentía un poco culpable.
-Unos seis meses o así.
-¿QUÉ? Quiero decir... y con la cantidad de tiempo que ha pasado en el taller últimamente, ¿no lo podrían haber mirado?
-No, pensé que bueno, tarde o temprano ya reventaría.
Y tenía razón, mira tú que cosas.
Que guapa soy y que tino tengo.
La semana pasada ZaraJota™ y yo pedimos el coche a mis padres para ir a IKEA.
Desde que arrancamos, ZaraJota™ frunció el ceño. Y eso es muy raro. ZaraJota™ nunca frunce el ceño: él es más de levantar una ceja.
-¿Qué pasa?
-No sé, es como si la primera no entrara...
-¿Está mal?
-No, seguramente es cosa mía, que no estoy acostumbrado a coger este coche.
-Si este es el único coche que coges, piltrafilla. ¿No será una avería?
-No creo, acaba de salir del taller.
Hace un mes o así, mis padres llevaron el coche al taller para quitarle unos arañazos.
El coche salió como nuevo.
Una semana más tarde a un taxista le fallaron los frenos y se les empotró contra el lateral.
El coche volvió al taller y salió como nuevo... otra vez.
ZaraJota™ debía tener razón, porque llegamos a IKEA sanos y salvos, hicimos nuestras compras a toda velocidad y antes de que puedas decir CIRKUSTÄLT ya estábamos de nuevo en el coche.
-Por fin -dije. Y me quité los zapatos. El embarazo es así: todo el mundo te dice que tienes que andar, pero nadie te explica que si estás mucho tiempo de pie se te ponen los susodichos como barcas.
ZaraJota™ arrancó y volvió a fruncir el ceño.
-No sé que pasa con la primera, que se niega a entrar.
-¿Eso es grave?
-No, no pasa nada, de todas maneras la primera casi no se usa.
No tuvimos problemas en todo el camino, y apenas tres horas después de haber salido de casa nos metimos en el último túnel de la M30.
-¡Qué prontito vamos a llegar! -dije.
Y entonces, el atasco.
Por hablar.
Nos recorrimos todo el túnel avanzando tramos de un metro.
Un metro.
Parar.
Arrancar.
Un metro.
Parar.
ZaraJota™ fruncía el ceño cada vez.
-La primera... -decía. Así, sin palabrotas. ZaraJota™ nunca dice palabrotas: sólo las piensa, que es mucho peor.
Cuando ya llevábamos un rato, mi sentido arácnido de embarazada empezó a protestar.
-Que mal huele...¿somos nosotros?
-No, no.
Entonces empezó a salir humo del capó del coche.
-¡SÍ, SÍ!
Antes de que me diera cuenta, ZaraJota™ pulsó la luz de emergencia. Como si estar envueltos en una nube de humo no fuera ya una pista, vaya. Al menos el resto de los conductores parecían sospechar algo, porque a pesar de estar atascando el carril central de un túnel nadie pitó.
Y eso, para Madrid, es algo.
ZaraJota™ intentó arrancar de nuevo para apartar el coche y dejar paso, pero nada.
-Voy a poner el triángulo. ¿Sabes dónde está?
-En el maletero.
-Me lo temía.
Mis padres van mucho al campo, pero no a comer filetes rusos y tortilla de patatas, como la gente normal: ellos van en plan Simba, a otear las propiedades. Por eso el maletero de mis padres está siempre lleno de cosas: herramientas de diverso tipo, una linterna, recipientes variados con diferentes líquidos de sospechoso aspecto, y miles de bolsas biodegradables del Carrefour. Nadie sabe por qué, aunque la teoría más generalizada es que las guardan por si se pierden en el campo y tienen que sobrevivir comiendo fibra de fécula de patata.
ZaraJota™ se puso el chaleco reflectante y salió al exterior a rebuscar en el maletero.
Yo establecí mis prioridades:
1.-Ponerme los zapatos por si había que salir por patas. Después de un par de intentos tuve que renunciar, porque tenía los pies tan hinchados que no me cabían.
2.-Llamar a mi padre para avisar que íbamos a llegar un poco tarde. JA.
3.-Llamar al seguro.
Mientras tanto, en el carril de al lado se paró un autobús y vi como ZaraJota™ se subía.
Vienen a rescatarnos, pensé.
-En menudo sitio te has parado, claval -le dijo el busero a ZaraJota™.
-Yo no me he parado, ha sido el coche.
-Es que estás taponando el carril central.
-Y usted el carril izquierdo y no se lo echo en cara.
-¿Quieres que llame a la grúa?
-No, no, gracias, ya hemos llamando al seguro.
En el interior del coche, yo intentaba hablar con el seguro.
-¿Me puede indicar dónde se encuentra?
-En el túnel de la M30, en el carril central, justo en la salida de Pirámides.
-¿Me puede indicar el punto kilométrico?
-No...
-No se preocupe, mire a su alrededor y dígame lo que ve.
-¡HUMO NEGRO! ¡HUMO NEGRO POR TODAS PARTES! ¡ESTO ES COMO PERDIDOS, PERO SIN LOS P*T*S FLASHBACKS!
-Está bien, señora, no se preocupe, le mando la grúa.
Estaba intentando ponerme los zapatos otra vez cuando ZaraJota™ llamó a mi puerta.
-Deberías salir, por si algún psicópata no ve el triángulo y se lleva el coche por delante.
-¿Has encontrado el chaleco del acompañante?
-No.
-Pues entonces creo que estoy más a salvo aquí dentro.
Y me crucé de brazos, que es una forma sutil de decir "mi honra está en juego y de aquí no me muevo".
-Está bien, voy a ver si puedo quitar el coche de aquí.
ZaraJota™ volvió al coche y después de darle unas treinta patadas a la palanca de cambios consiguió ponernos en un lateral. Después salió, rescató el triángulo del carril central y lo puso detrás del coche a la distancia regalmentaria.
No le había dado tiempo casi ni a dejarlo en el suelo cuando nos rodeó la policia.
-En menudo sitio te has parado, chaval -le dijo el policía a ZaraJota™.
-Yo no me he parado, ha sido el coche.
-Ya, hemos visto el humo por las cámaras. Vamos a sacaros de aquí, que estáis taponando el carril izquierdo.
Y ustedes el central, pensó ZaraJota™, pero no lo dijo. Que una cosa es tocarle los güevos a un busero y otra a un policía, que ya sabemos cómo las gastan.
Detrás de la policía apareció entonces una grúa de la M30.
Dentro del coche, yo estaba terminando de abrocharme los zapatos cuando apareció un señor con casco en mi ventanilla.
-Señora, salga del vehículo.
-Es que no tengo chaleco reflectante.
-No pasa nada, salga.
-¡Y una m**rd*! ¡Seguro que es una trampa! ¡Seguro que salgo y me pone una multa por salir sin chaleco! ¡Yo de aquí no salgo hasta que no me den un chaleco!
-Señora, de verdad, que no pasa nada, ¿ve? En este lado hay acera. Puede salir sin chaleco.
Muy dignamente salí del coche, y el señor con casco me escoltó hacia una grúa.
-Puede esperar en el asiento de atrás.
El asiento de atrás me llegaba a la altura de la nariz. Miré al asiento. Miré a mi tripa. Miré al asiento.
-Señora, ¿la aupo?
-Porfi...
El señor me aupó.
-Tiene usted un poco de hollín en el brazo -me dijo antes de irse a enganchar el coche.
De todas las cosas que tengo en este momento, pensé.
Estaba limpiándome cuidadosamente la mancha con una toallita húmeda cuando apareció en la puerta un señor totalmente cubierto de hollín.
-¡¡¡ARG!!!
-Soy yo, ¿puedo sentarme contigo?
-Vale, pero no me toques.
Los señores de la M30 engancharon el coche a la grúa y lo sacaron al exterior.
-Os dejamos aquí, que hay un concierto en el Calderón y esto está imposible.
Y se fueron.
Volví a llamar al seguro.
-Que los señores de la M30 nos han sacado del túnel. Ahora estamos al principio de la calle Toledo, en el lado que da al Puente de Toledo, en el carril de subida, delante del colegio.
No he trabajado en seguros durante cinco años para no saber cómo llamar a uno, hombreyá.
Mientras la grúa venía, nos sentamos a esperar.
Y esperamos...
Esperamos...
Hasta que llamó el señor de la grúa.
-Señora, que estoy en el puente de Praga y no les veo.
-Que casualidad, nosotros estamos en el puente de Toledo y tampoco le vemos a usted.
-Eh... voy para alla.
-Vale.
-Eh... ¿dónde está eso?
En serio...
Al final el señor de la grúa nos encontró.
-Perdone que haya tardado, señora, es que esto está imposible hoy.
-Ya.
-¿Tiene un cigarro?
Me miré a la tripa. Miré al señor.
-No.
-¿Y tú, chaval? -le preguntó a ZaraJota™.
-No.
-Jo.
El señor de la grúa enganchó el coche, y entonces vivimos el momento más humillante del día:
ZaraJota™ y yo, sentado en la parada del autobús, esperando el 23 para ir a casa de mis padres, mientras delante nuestra pasaba la grúa con el coche encima.
-Jo, que mal. Ha sido la peor experiencia de mi vida -le dije a ZaraJota™.
-Ya está, Lorz, tampoco ha sido para tanto.
-Claro, chaval, a ti no te ha paracido para tanto, ¡como se nota que a la que han estado llamando señora es a mí!
Cuando llegamos a casa de mis padres, apestando a humo, cubiertos de hollín y agotados, mi padre le quító importancia al asunto.
-No, si la primera ya lleva fallando un tiempecillo.
-¿Sí? -preguntó ZaraJota™, que se sentía un poco culpable.
-Unos seis meses o así.
-¿QUÉ? Quiero decir... y con la cantidad de tiempo que ha pasado en el taller últimamente, ¿no lo podrían haber mirado?
-No, pensé que bueno, tarde o temprano ya reventaría.
Y tenía razón, mira tú que cosas.
05 junio 2012
La herencia Urodini 8 y ya
Previously in Lorz...
Bebé-chán tiene derecho a elegir el equipo de fútbol con el que quiere amargarse la vida.
Decíamos ayer que después de muchas peripecias conseguimos llegar a Eurodisney, Urodini para los amigos.
Como no me pagan por hacer publicidad (pero pueden, si quieren) no os voy a cansar con lo bonito que es todo, lo bien que me lo pasé, y lo mucho que quiero a mi cuñada por haberme llevado.
A pesar de todo tengo que admitir que me lo hubiera pasado aún mejor si cabe de no haber sido por mi lamentable estado. Porque resulta que Eurodisney no está preparado para mujeres embarazadas y cojas.
Y el problema no son las atracciones, como pensaba mi familia política, sino que hay que andar muchísimo, y las colas son eternas, de pie y muchas veces al sol. En fin, que si hay que hacer cola se hace, pero hacerla a la sombra o tener un banquito de vez en cuando no estaría mal.
Luego está el problema de la comida: es el tipo de comida que a todo el mundo le gusta. Ahora, si no eres como todo el mundo, vas frito. Ya no sólo las embarazadas: las personas con alergias alimentarias o diabetes es mejor que se lleven un tupper de casa.
Yo misma, algunos días, tuve dificultades para encontrar algo que comer:
Malditas pruebas gráficas...
Bueno, con la comida no, pero sí que tuve otras dificultades.
Por ejemplo, las toallas del hotel no estaban preparadas para mis necesidades específicas:
Nota mental: necesito toallas premamá.
Y es raro. Porque si hay algo que se puede decir de Eurodisney es que está todo perfectamente organizado.
Nos dimos cuenta nada más llegar al aeropuerto.
Un ejemplo:
Imagínate que eres uno de esos señores a los que les gusta dar caramelos a los niños. Pero ya sabes cómo son los padres hoy en día: se ponen muy nerviosos si un extraño intenta que sus hijos le coman su piruleta. Por eso muchos señores a los que les gusta dar caramelos a los niños tienen que esperar a que los niños se separen de sus papás para enseñarles la piruleta. Es un rollo y se pierde mucho tiempo. Por eso los franceses han optimizado el proceso y te avisan de dónde puedes encontrar niños sin sus padres:
Está muy bien pensado.
Ya en el hotel, descubrimos que las habitaciones tienen anticonceptivo incorporado.
-¿Las niñas van a dormir con nosotros? -le pregunté a mi cuñada.
-No, en vuestra habitación sólo dormís vosotros -me explicó-. Privilegios de embarazada.
Claro, a mí no hace falta que me anticonceptiven.
Y luego, en Eurodisney, descubrimos el Baldosas Rosa Memorial:
Después de mucho pensarlo llegamos a la conclusión de que es el listado de los menores no acompañados disponibles para darles piruletas.
Si alguien tiene una teoría mejor que la diga.
Pero donde realmente se ve lo bien organizado que está todo es en los carteles.
Los hay por todas partes y para todo:
De este había en todas las atracciones:

"Mantenga brazos y piernas dentro del vehículo"
Que ya sabemos la gente como es, venga a tirar miembros fuera de la atracción y lo ponen todo perdido.
ZaraJota™ dedicó una cantidad insana de tiempo a estudiar este, en parte porque había uno fuera de cada cuarto de baño y yo pasé mucho tiempo en el baño:
Al final conseguimos descifrar su significado:
1.- Llamar 112 veces.
2.- Dejar inconsciente a un señor calvo sin brazos y arrancarle el corazón.
3.- Escupir en el corazón. No es estrictamente necesario, es para darle brillito.
4.- Clavar un palo en el cuello del señor calvo sin brazos. Colgar un embudo al extremo del palo, de manera que la sangre que suba por el palo vuelva a caer por el embudo directa al corazón del señor calvo sin brazos. Este sistema se llama autotransfusión y puede ahorrar millones a la salud pública, que no está para ir gastando sangre así como así.
Pero el favorito de ZaraJota™ es este:

Él lo tradujo como: "Mantén limpia la puerta: vigila tus manos".
Haiku
En Eurodisney
es todo muy bonito
volvamos pronto
Bebé-chán tiene derecho a elegir el equipo de fútbol con el que quiere amargarse la vida.
Decíamos ayer que después de muchas peripecias conseguimos llegar a Eurodisney, Urodini para los amigos.
Como no me pagan por hacer publicidad (pero pueden, si quieren) no os voy a cansar con lo bonito que es todo, lo bien que me lo pasé, y lo mucho que quiero a mi cuñada por haberme llevado.
A pesar de todo tengo que admitir que me lo hubiera pasado aún mejor si cabe de no haber sido por mi lamentable estado. Porque resulta que Eurodisney no está preparado para mujeres embarazadas y cojas.
Y el problema no son las atracciones, como pensaba mi familia política, sino que hay que andar muchísimo, y las colas son eternas, de pie y muchas veces al sol. En fin, que si hay que hacer cola se hace, pero hacerla a la sombra o tener un banquito de vez en cuando no estaría mal.
Luego está el problema de la comida: es el tipo de comida que a todo el mundo le gusta. Ahora, si no eres como todo el mundo, vas frito. Ya no sólo las embarazadas: las personas con alergias alimentarias o diabetes es mejor que se lleven un tupper de casa.
Yo misma, algunos días, tuve dificultades para encontrar algo que comer:
Bueno, con la comida no, pero sí que tuve otras dificultades.
Por ejemplo, las toallas del hotel no estaban preparadas para mis necesidades específicas:
Nota mental: necesito toallas premamá.
Y es raro. Porque si hay algo que se puede decir de Eurodisney es que está todo perfectamente organizado.
Nos dimos cuenta nada más llegar al aeropuerto.
Un ejemplo:
Imagínate que eres uno de esos señores a los que les gusta dar caramelos a los niños. Pero ya sabes cómo son los padres hoy en día: se ponen muy nerviosos si un extraño intenta que sus hijos le coman su piruleta. Por eso muchos señores a los que les gusta dar caramelos a los niños tienen que esperar a que los niños se separen de sus papás para enseñarles la piruleta. Es un rollo y se pierde mucho tiempo. Por eso los franceses han optimizado el proceso y te avisan de dónde puedes encontrar niños sin sus padres:
Está muy bien pensado.
Ya en el hotel, descubrimos que las habitaciones tienen anticonceptivo incorporado.
-¿Las niñas van a dormir con nosotros? -le pregunté a mi cuñada.
-No, en vuestra habitación sólo dormís vosotros -me explicó-. Privilegios de embarazada.
Claro, a mí no hace falta que me anticonceptiven.
Y luego, en Eurodisney, descubrimos el Baldosas Rosa Memorial:
Después de mucho pensarlo llegamos a la conclusión de que es el listado de los menores no acompañados disponibles para darles piruletas.
Si alguien tiene una teoría mejor que la diga.
Pero donde realmente se ve lo bien organizado que está todo es en los carteles.
Los hay por todas partes y para todo:
De este había en todas las atracciones:
"Mantenga brazos y piernas dentro del vehículo"
Que ya sabemos la gente como es, venga a tirar miembros fuera de la atracción y lo ponen todo perdido.
ZaraJota™ dedicó una cantidad insana de tiempo a estudiar este, en parte porque había uno fuera de cada cuarto de baño y yo pasé mucho tiempo en el baño:
Al final conseguimos descifrar su significado:
1.- Llamar 112 veces.
2.- Dejar inconsciente a un señor calvo sin brazos y arrancarle el corazón.
3.- Escupir en el corazón. No es estrictamente necesario, es para darle brillito.
4.- Clavar un palo en el cuello del señor calvo sin brazos. Colgar un embudo al extremo del palo, de manera que la sangre que suba por el palo vuelva a caer por el embudo directa al corazón del señor calvo sin brazos. Este sistema se llama autotransfusión y puede ahorrar millones a la salud pública, que no está para ir gastando sangre así como así.
Pero el favorito de ZaraJota™ es este:
Él lo tradujo como: "Mantén limpia la puerta: vigila tus manos".
Haiku
En Eurodisney
es todo muy bonito
volvamos pronto
02 junio 2012
La herencia Urodini 7
Previously in Lorz...
Todo es una m**rd*.
Desde el aeropuerto de Orly hasta Eurodisney hay aproximadamente 40 kilómetros. Nosotros tardamos tres horas en hacer el recorrido.
-Puesssss a mí no se me ha hecho laaaaaaaargo... -dijo ZaraJota™.
-Porque estás colgado.
-Ah, claaaaaaaaaaro...
Al fin llegamos, encontramos a la familia y por fin, por fin, entramos al parque.
-Oooooohhh... que bonitoooo...
-Es el aparcamiento.
-Es como viviiiiiir es un cuento de hadassss...
-Porque sigues colgado.
-Ah, claaaaaaaaaaro...
ZaraJota™ tardó bastante en limpiar el ansiolítico de su sistema. Para ilustrar cómo fue ese día con un marido drogado contaré sólo un ejemplo:
Por la tarde, cuando llegamos al hotel, me dijo que se iba a duchar y me preguntó donde estaba el champú.
-En mi neceser. Hay dos botes iguales; el que pone “champú” es champú, el que no pone nada es mi crema hidratante.
Adivinad con cuál se lavó el pelo.
-Mira que ssssssuaaaaave esssssstá mi peeeeeeeelo... y como briiiiiiiillaaaa...
Exacto.
Una vez nos vieron llegar sanos y salvos, la familia de ZaraJota™ empezó a preocuparse por una cosa.
Bueno, por dos cosas.
Por aquel entonces todavía no sabíamos que Bebé-chan es una niña, y se admitían apuestas.
La mayoría de la familia quería una niña.
-Pues yo quiero que sea niño -dijo el hermano de ZaraJota™.
El hermano de ZaraJota™ es muy futbolero y siempre quiso tener un niño. Como suele ocurrir en estos casos, tuvo dos niñas, y encima, les gusta el baloncesto.
El mundo es así de injusto.
-Lo que pasa es que si es niño seguramente será del Real Madrid -le dije, por hacerle rabiar un poco.
Por la cara que puso supe que le había dado el equivalente mental a una patada en las pelotas.
-Entonces que sea niña y del Barça.
La segunda preocupación de la familia es que no me iba a poder montar en nada.
Sí, Eurodisney tiene muchas atracciones de riesgo en las que no me podía montar, pero lo cierto es que no me habría montado de todas maneras, porque me dan mucha cosita.
Además, Eurodisney está pensado para todos los públicos, y como consecuencia tiene atracciones para todos los públicos. Y como está todo muy bien organizado, en el plano te marcan cada atracción, con un resumen de lo que te puedes encontrar, y simbolitos con sus características: “no apto para cardíacos”, “podrían asustar a los niños”, “se requiere altura mínima de 1,40 metros”, y así.
Al final, no sólo me pude montar en un montón de atracciones, sino que les superé en número, porque las que tienen más cola son las atracciones de riesgo, y las “aburricosas” tenían minicolitas.
Nada de eso impidió a la familia de Zarajota preocuparse por el bienestrar de mi tripita.
Cada vez que nos encontrábamos, nos daban un resumen:
-Nos hemos montado en el Nemo. Lorz, tú no te montes.
O bien...
-Nos hemos montado en el carrusel, te puedes montar.
En una de las veces, el hermano de ZaraJota™ nos recomendó Phantom Manor.
-¿No es una casa del terror? A ver si me va a dar un infartito.
-No, no, ya verás, móntate que te va a encantar.
Y nos montamos. Hicimos la cola de rigor, a través de un cementerio, entramos a una casa que daba miedito, y nos hicieron subir en un ascensor gigante.
Las puertas se cerraron, el ascensor empezó a bajar y de pronto... dio una sacudida, las luces se apagaron, y todo el mundo empezó a gritar y a empujarse.
Me entró el pánico.
-Tu hermano nos ha engañado -le dije a ZaraJota™.
-Claro que no...
-¡Tu hermano quiere que tenga un infartito! ¡TU HERMANO QUIERE MATAR A NUESTRO BEBÉ!
-¿Por qué iba a querer hacerle daño?
-¡PORQUE LE HE DICHO QUE ES DEL REAL MADRID!
-Si no ha nacido todavía...
-¡A TU HERMANO LE DA IGUAL!
-A ver, Lorz, tranquilízate, mi hermano nunca le haría daño a nuestro bebé.
-¿Ni... sob... aunque sea del Madrid?
-Ni aunque sea del Madrid.
-¿Y si... sob... es del Atlético de Madrid?
-Bueno, en ese caso, quizá, para aliviar su sufrimiento, ya sabes, quizá podría planteárselo, con fines humanitarios y tal.
Para cuando llegamos a la atracción propiamente dicha ya me había tranquilizado. La terrible atracción asesina resultó ser un trenecito que pasea por una casa decorada como una casa encantada. Decorada, y ya. No hay saltos, ni sustos sorpresa, ni nada intenta tocarte. Salí de allí bastante relajadita, en realidad.
Bien, pues esta es la cuestión:
Cuando llevas un ser humano dentro pronto aprendes que todo lo que te pase le afecta.
Si tomas azúcar no notas nada al momento, pero cuando la digieres y llega a su sistemita le da un subidón de azúcar y se pone a bailar la Macarena.
Si tomas cafeína, tarde o temprano la absorbe, le da un subidón, y se pone a bailar, pero ya no la Macarena: los Pitufos Makineros, por los menos.
Y si sufres una descarga de adrenalina no notas nada al momento... hasta que le llega.
ZaraJota™ y yo andábamos por Main Street felices como lombrices cuando Bebé-chan recibió toda la adrenalina que su mamá había producido y se defendió arreando la patada del siglo contra mi órganos internos.
De pronto sentí un dolor intenso en un riñón, dejé de respirar y me doblé sobre mí misma abrazándome la barriga.
-¿Qué te pasa?
-Tu hermano no quiere matar al bebé.
-Ya te he dicho que no.
-¡Quiere matarme a mí!
Continuará...
Haiku:
Las pataditas
son monas siempre que
no acierten blanco
Todo es una m**rd*.
Desde el aeropuerto de Orly hasta Eurodisney hay aproximadamente 40 kilómetros. Nosotros tardamos tres horas en hacer el recorrido.
-Puesssss a mí no se me ha hecho laaaaaaaargo... -dijo ZaraJota™.
-Porque estás colgado.
-Ah, claaaaaaaaaaro...
Al fin llegamos, encontramos a la familia y por fin, por fin, entramos al parque.
-Oooooohhh... que bonitoooo...
-Es el aparcamiento.
-Es como viviiiiiir es un cuento de hadassss...
-Porque sigues colgado.
-Ah, claaaaaaaaaaro...
ZaraJota™ tardó bastante en limpiar el ansiolítico de su sistema. Para ilustrar cómo fue ese día con un marido drogado contaré sólo un ejemplo:
Por la tarde, cuando llegamos al hotel, me dijo que se iba a duchar y me preguntó donde estaba el champú.
-En mi neceser. Hay dos botes iguales; el que pone “champú” es champú, el que no pone nada es mi crema hidratante.
Adivinad con cuál se lavó el pelo.
-Mira que ssssssuaaaaave esssssstá mi peeeeeeeelo... y como briiiiiiiillaaaa...
Exacto.
Una vez nos vieron llegar sanos y salvos, la familia de ZaraJota™ empezó a preocuparse por una cosa.
Bueno, por dos cosas.
Por aquel entonces todavía no sabíamos que Bebé-chan es una niña, y se admitían apuestas.
La mayoría de la familia quería una niña.
-Pues yo quiero que sea niño -dijo el hermano de ZaraJota™.
El hermano de ZaraJota™ es muy futbolero y siempre quiso tener un niño. Como suele ocurrir en estos casos, tuvo dos niñas, y encima, les gusta el baloncesto.
El mundo es así de injusto.
-Lo que pasa es que si es niño seguramente será del Real Madrid -le dije, por hacerle rabiar un poco.
Por la cara que puso supe que le había dado el equivalente mental a una patada en las pelotas.
-Entonces que sea niña y del Barça.
La segunda preocupación de la familia es que no me iba a poder montar en nada.
Sí, Eurodisney tiene muchas atracciones de riesgo en las que no me podía montar, pero lo cierto es que no me habría montado de todas maneras, porque me dan mucha cosita.
Además, Eurodisney está pensado para todos los públicos, y como consecuencia tiene atracciones para todos los públicos. Y como está todo muy bien organizado, en el plano te marcan cada atracción, con un resumen de lo que te puedes encontrar, y simbolitos con sus características: “no apto para cardíacos”, “podrían asustar a los niños”, “se requiere altura mínima de 1,40 metros”, y así.
Al final, no sólo me pude montar en un montón de atracciones, sino que les superé en número, porque las que tienen más cola son las atracciones de riesgo, y las “aburricosas” tenían minicolitas.
Nada de eso impidió a la familia de Zarajota preocuparse por el bienestrar de mi tripita.
Cada vez que nos encontrábamos, nos daban un resumen:
-Nos hemos montado en el Nemo. Lorz, tú no te montes.
O bien...
-Nos hemos montado en el carrusel, te puedes montar.
En una de las veces, el hermano de ZaraJota™ nos recomendó Phantom Manor.
-¿No es una casa del terror? A ver si me va a dar un infartito.
-No, no, ya verás, móntate que te va a encantar.
Y nos montamos. Hicimos la cola de rigor, a través de un cementerio, entramos a una casa que daba miedito, y nos hicieron subir en un ascensor gigante.
Las puertas se cerraron, el ascensor empezó a bajar y de pronto... dio una sacudida, las luces se apagaron, y todo el mundo empezó a gritar y a empujarse.
Me entró el pánico.
-Tu hermano nos ha engañado -le dije a ZaraJota™.
-Claro que no...
-¡Tu hermano quiere que tenga un infartito! ¡TU HERMANO QUIERE MATAR A NUESTRO BEBÉ!
-¿Por qué iba a querer hacerle daño?
-¡PORQUE LE HE DICHO QUE ES DEL REAL MADRID!
-Si no ha nacido todavía...
-¡A TU HERMANO LE DA IGUAL!
-A ver, Lorz, tranquilízate, mi hermano nunca le haría daño a nuestro bebé.
-¿Ni... sob... aunque sea del Madrid?
-Ni aunque sea del Madrid.
-¿Y si... sob... es del Atlético de Madrid?
-Bueno, en ese caso, quizá, para aliviar su sufrimiento, ya sabes, quizá podría planteárselo, con fines humanitarios y tal.
Para cuando llegamos a la atracción propiamente dicha ya me había tranquilizado. La terrible atracción asesina resultó ser un trenecito que pasea por una casa decorada como una casa encantada. Decorada, y ya. No hay saltos, ni sustos sorpresa, ni nada intenta tocarte. Salí de allí bastante relajadita, en realidad.
Bien, pues esta es la cuestión:
Cuando llevas un ser humano dentro pronto aprendes que todo lo que te pase le afecta.
Si tomas azúcar no notas nada al momento, pero cuando la digieres y llega a su sistemita le da un subidón de azúcar y se pone a bailar la Macarena.
Si tomas cafeína, tarde o temprano la absorbe, le da un subidón, y se pone a bailar, pero ya no la Macarena: los Pitufos Makineros, por los menos.
Y si sufres una descarga de adrenalina no notas nada al momento... hasta que le llega.
ZaraJota™ y yo andábamos por Main Street felices como lombrices cuando Bebé-chan recibió toda la adrenalina que su mamá había producido y se defendió arreando la patada del siglo contra mi órganos internos.
De pronto sentí un dolor intenso en un riñón, dejé de respirar y me doblé sobre mí misma abrazándome la barriga.
-¿Qué te pasa?
-Tu hermano no quiere matar al bebé.
-Ya te he dicho que no.
-¡Quiere matarme a mí!
Continuará...
Haiku:
Las pataditas
son monas siempre que
no acierten blanco
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