03 abril 2016

Mi piso y el de al lado, 1

Ya no aguantaba más : ) 






Estos son mi piso y el de al lado.
Vale, sí, es una mierda de cuadrado coloreado con el paint. ¿Qué pasa? 
¿Me voy un par de semanas y ya os creéis todos arquitectos? 

Durante los últimos cincuenta años han pertenecido a la misma señora, que los ha ido modificando según le venía bien: primero estuvieron separados, luego juntos, luego juntos pero separados por una puerta cerrada con llave, luego separados pero no siguiendo la disposición original y finalmente separados de nuevo. 
Para añadir más confusión, el marido de la antigua propietaria decidió reformar la parte de mi piso para alquilarlo, pero murió durante la reforma. 

Bueno, en realidad lo que la señora nos dijo es que murió antes de terminar la reforma, no tenemos pruebas de que muriera mientras hacía la reforma en nuestro piso. Por lo que sabemos, el pobre hombre pudo morirse en cualquier parte. 
Mejor. 

A pesar de que estaba a medio arreglar, la buena mujer decidió alquilar el piso de todas formas, con tan buena suerte que el nuevo inquilino lo destrozó. Bueno, tampoco hay que exagerar: un par de baldosas arrancadas por aquí, un agujero por allá, las paredes a medio pintar de colores, la pintura sobrante tirada por el inodoro (todavía no he conseguido quitarla)...
Después de aquello y sin motivo aparente, la propietaria le cogió manía al piso y decidió venderlo.
Entonces fue cuando lo compramos Zarajota y yo. 
Jo, ya era hora. O sea, que la protagonista soy yo, no la antigua propietaria. Si quiere que hablen de ella que se abra su propio blog o algo. 
Nosotros sabíamos que el piso necesitaba reformas. Para empezar, no tenía persianas. Ni una. Pronto descubrimos que las persianas son muy importantes, sobre todo si la ventana de tu dormitorio mide dos metros y medio de ancho y otros dos de alto, y has tenido la grandiosa idea de poner unas cortinas blancas de muselina. A veces pienso que los vecinos acabaron tan hartos de verme en bolas que se vieron abocados al homoerotismo. 
Tampoco tenía cocina (siendo estrictos, sigue sin tener).
En algunas partes faltaban baldosas, y en una pared había un agujero del tipo "cañonazo en fachada de catedral". Además, en el dormitorio, tenemos una toma de luz que no se correspondía con ningún interruptor (después nos han confirmado que el piso de al lado tiene un interruptor que no se corresponde con ninguna toma de luz). Y alguien había metido los cables por la preinstalación del aire acondicionado. Para que estuvieran fresquitos, sin duda. 
De hecho, al señor que mediohizo la reforma le debía preocupar mucho el fresquito, porque también dejó la instalación de fontanería llena de piezas mal encajadas y agujeritos por los que salía el agua tan ricamente. Era como tener nuestro propio parque acuático.
Por desgracia a ZaraJota lo de tener agua cayendo sobre sus cómics no le hacía ninguna gracia, y cada vez que reventaba una tubería por aquí o por allá me obligaba a llamar a un fontanero. El pobre hombre me decía lo mismo cada vez que venía. 
-Me cagontó...
-Yo también, pero lo mío es porque he vuelto a confundir los laxantes con caramelos. 
-Este piso ¿no estaría antes unido con el de al lado?
-Uy, no, que va... ¿de dónde saca semejante conclusión?
-Pues... bueno, he estado mirando su instalación, y sus tuberías tienen este recorrido:

-Oh, ah, gran sorpresa. 
-Puedo arreglar esta avería, pero que sepa que mientras esto siga así va a seguir reventando por todos lados, y el seguro no te va a cubrir nada porque se debe a un defecto de construcción. 
-¿Y no se puede arreglar del todo en vez de hacer otra ñapa?
-Claro. Solo habría que tirar abajo todo tu piso y el de al lado. 
-¡Ñapa! ¡Ñapa! ¡ÑAPA! 



Continuará...


PD. He leído (y seguiré leyendo) todos los comentarios y mails, aunque la vida no me cunde lo bastante para responderlos todos. Gracias por vuestro apoyo. 

07 marzo 2016

Ayer...

Ayer escribí una parrafada explicando por qué me he puesto candadito en twitter e instagram y por qué ya no puedo seguir con el blog ni un día más.
Pensaba subirla esta misma tarde, pero nada más salir del trabajo me he encontrado con esto:
Y he pensado que lo mismo es una señal para que me lo piense un poco más antes de empezar a borrar, bloquear y eliminar como una loca.
Quizá lo que necesito no es mandarlo todo a la mierda YA, sólo tomarme mi tiempo para redefinir lo que quiero.
Quizá así pueda invertir esas energías en la segunda parte de "Vayamos por partes" (y en la tercera, en la cuarta... por falta de material no será), o en la media docena de novelas que he ido escribiendo en trocitos de papel que ahora pululan por los cajones.
No lo sé.
Sólo sé que ayer tomé una decisión, y que hoy de pronto no parece tan decisiva.
Y creo que volveremos a vernos.
Pronto.
: )

27 febrero 2016

...y cebolla

Se ve que los gripazos de la leche (nunca mejor dicho) no se curan simplemente bebiendo agua.
Sorpresón.
Por el contrario, en vez de irse se atascan en la garganta y se convierten en una tosesilla.
Volví a la farmacia y me dieron un licor de hierbas con alcohol, eucalipto, alcohol, miel, alcohol, limón... Ahora que lo pienso, creo que también llevaba alcohol. Me lo empecé a tomar y bueno... La tos no se me iba, pero no veas lo contenta que estaba.
Con los días la tosesilla se convirtió en tos, y la tos en tos del carajo, y luego en súper-mega-leche-de-tos.
Volví al médico, pero no al mismo.
-Que es que tengo mucha tos.
-Pues tómate algo mujer.
Ah, que idea más buena, no se me había ocurrido a mí.
-Es que estoy lactando.
-Jodeeeer... -y empezó a darse cabezazos contra la mesa. La gente es que hace muchas tonterías para alisarse el flequillo-. Bueno, hay una cosa que va muy bien: coges una cebolla, la picas, le echas tres cucharadas de azúcar moreno, la dejas macerar y luego te bebes el caldito.
-Suena delicioso -delicioso en plan #no.
-Está muy bueno.
-Ya.
Si hay algo que sé de la vida es que cuando un médico dice "sabe muy bien", "no te va a doler" o "venga, sólo un empujoncito más, que ya le veo la cabeza" estás más jodido que un calamar en un bocata.
-Bueno, también puedo mirar si hay algo compatible en e-lactancia.org.
No. Me. J*d*s.
El médico dio con un jarabe compatetible, me apuntó en nombre en un papelito, y me fui corriendo a la farmacia.
Bueno, corriendo. Es un decir. No paraba de toser.
La farmaceútica miró el papelito.
-¿Esto te vas a tomar?
-Mayormente.
-Es que tengo otra cosa que es mucho mejor.
-No me lo diga: cebolla con azúcar.
Un remedio que no te quita la tos: la hace huir de espanto.
-No, es un remedio homeopático.
-Prefiero lo que me ha mandado el médico.
-¿Qué pasa, no crees en la homeopatía?
-Yo creo lo que me diga el médico.
Que digo yo que de algo le habrá servido estudiar medicina.
-Es que lo que yo te digo es buenísimo, mira.
-¡Si es el licor de hierbas que llevo tomando una semana!
-¿Y no te ha quitado la tos?
-No, y además me da resaca.
-Bueno, que no te haya hecho efecto no significa que no funcione.
Juraría que "no hacer efecto" es la pura definición de "no funcionar", pero vaya, tampoco vamos a discutir con la farmaceútica, que también habrá estudiado lo suyo, digo yo.
-Yo solo quiero mis drogas...
La farmacéutica me dio el jarabe y me lo tomé y el efecto se notó muy rápido y despareció igual de rápido también.
-Me... ahogo...
Volví al médico a todo meter. Bueno, ya sabéis.
-Es el problema de los medicamentos compatibles con la lactancia, que siempre son más suaves que los demás...
-¿Y qué hago?
-Bueno... creo que lo mejor es que estés sin hablar hasta que dejes de toser.
Si lo llego a saber me quedo con la cebolla.






Epílogo.
-Mamá, ¿me cuentas un cuento?
Miro a ZaraJota con ojitos de cordero degollado para que intervenga.
-Mamá no puede hablar.
-Vale. Mamá, ¿me cuentas un cuento?
-No puede hablar, Nena-chan.
-Vale, no quero que hable: quero que me cuente un cuento.
Esto va a ser más duro de lo que me pensaba.

19 febrero 2016

Ajo y agua

Cuando estás embarazada o lactando la mayoría de los médicos solo te recomiendan un tratamiento:
Que bebas mucha agua.
¿Resfriada? 
Bebe agua.
¿Dolor de cabeza? 
Bebe agua.
¿Crujimiento de espalda?
Bebe agua.
¿Decapitación?
Bebe agua. Con pajita, que lo vas a poner todo perdido.
-Hija -me decía mi madre-, la maternidad es ajo y agua: a joerse y aguantarse. 
Así me gusta, animando. 
Mucha gente me recomienda la página e-lactancia.org, que informa sobre los medicamentos compatibles, pero cada vez que se lo comento a mi médico me dice lo mismo: 
-¿Te vas a fiar de internet más que de mí?
-Hombre, claro. 
-Pues que te haga internet la receta. 
Hasta ahora he tenido suerte y no he pillado nada grave, sólo un resfriado tremendo: así es como descubrí que amamantar al niño en un banco del parque cuando estamos a -5° igual no es la mejor de las ideas. 
Estaba tan acatarrada que dormía abrazada a un rollo de papel higiénico para que absorbiera los mocos según fueran chorreando para abajo, y era un rollo (¿lo pillais? rollo) porque el papel de higiénico húmedo hace como unas pelotillas blancas que se meten por todas partes y resulta incomodísimo.
Estaba ya harta, y me fui a la farmacia. 
-Hola -le dije a la señora farmaceútica-. ¿Me puede dar algo para el resfriado que sea compatible con la lactancia? 
-Por supuesto que sí, mujer.
-¿De verdad? -se me saltaron las lágrimas y todo, de la emoción. Bueno, y del trancazo.
-Claro. Toma: un paquete de pañuelos de papel. Te lo regalo.
-Eh... gracias.
Sí, gracias por jugar con mis ilusiones, so [suprimido por taco CF RS adC VCC q].
-¡Y recuerda beber mucha agua!
Encima eso. 
Un par de días más tarde mi catarro y yo nos fuimos a una charla sobre lactancia. Masoquismo, lo llaman. Al final de la charla hubo ronda de preguntas y levanté la mano.
-Hola, me llamo Lorz y vengo de Madrid.
-Lorz, esto es un cursillo, no el Ahora Caigo. 
-Ah... Bueno, quería preguntar por qué cuando tengo el periodo tengo menos leche, y cómo lo arreglo. 
-Bueno, Lorz, me temo que es por la alteración hormonal, y que no tiene remedio.
-¿Ni siquiera bebiendo mucha agua?
-No, no, el agua no sirve para nada -¡JA! ¡LO SABÍA!-. Pero podrías probar a comer mucho ajo.
Estáis todos confabulados contra mí, ¿verdad? 

13 febrero 2016

Japón. Qué lejos que está Japón.

Hermano Mediano se ha ido de vacaciones a Japón.
También.
Últimamente, toda la gente de mi entorno se va a Japón. En serio. ¿Qué os pasa? ¿Regalan billetes de avión con los phoskitos o qué?
ZaraJota, de hecho, tiene una teoría:
-Es lo más lejos de ti que se pueden ir.
-No es cierto. Nueva Zelanda está más lejos.
-Y por eso sería el primer lugar en el que mirarías.
Anda, pues es verdad.
El cabrón de Hermano Mediano así se le atragante el sushi estaba muy contento con su viaje porque es un egoísta de mierda y le da igual que YO lo necesite aquí para enseñarme a usar snapchat.
Es una historia muy larga, ya os la cuento otro día si eso.
Yo estaba menos contenta con el muy capullo, pero como además de egoísta es muy listo rápidamente urdió una treta para manipularme y ponerme a su favor.
-Bueno -me dijo-, ¿qué quieres que te traiga de Japón?
Ahí, atacando mi punto débil.
-Pues no sé, algo que mole.
Hermano Mediano se lo pensó.
-Pues te voy a traer un rollo de plástico de cocina, que me han dicho que allí venden uno buenísimo.
Anda, vete.
Y más te vale que la estancia sea larga.

05 febrero 2016

La bandera de nuestros hijos

Me gusta MUCHO disfrazarme, y a ZaraJota no. Es por lo de ser un sieso y tal. Durante todos estos años he sufrido en silencio... bueno, en silencio no, pero sí que he sufrido mucho, porque claro, yo sola no me iba a disfrazar. 
Que queda raro.
Así que pensé en una forma de arreglarlo.
-Pues nada, voy a tener hijos y ya está.
-¿Y si tampoco les gusta disfrazarse, qué? -preguntó ZaraJota, que además de sieso es un poco agonías-. ¿Les vas a obligar?
-¿Yo? ¡Por supuesto que no! Para eso está el colegio. 
Yo ya me veía rodeada de metros y metros de tela para hacer disfraces de extraterrestre, princhesa, jedi, o las tres cosas a la vez.
Lamentablemente, el colegio tiene sus propias ideas, y más lamentablemente aún, estas ideas son de la peor especie: de las sensatas. 
Jo. 
Efectivamente, la semana pasada recibimos la correspondiente circular, junto con las instrucciones y los materiales para hacer el disfraz; entre ellos, una bolsa de basura. Nada más verla me acordé del disfraz de bolsa de basura de Drama Mamá y me entró la risa floja.
-La niña va a ir saladísima -le dije a ZaraJota.
-Pues será del sudor, porque como la tengan toda la mañana metida en la bolsa de basura y con estos calores ya me dirás.
La ejecución del disfraz era sencillísima, pero nos llevó toda la tarde ajustarlo porque la bolsa de basura venía en talla única para todo el colegio: en concreto, la única lo bastante grande para meter dentro a un niño de doce años. A Nena-chan (tres años, un metro de alto, quince kilos de peso) le quedaba, por decirlo suavemente, ancho de sisa. Nada que dos o tres rollos de celo no arreglen. 
-Mamá, ¿qué haces? -preguntaba Nena-chan desde el interior de la bolsa de basura. 
-Acordarme de tu colegio, de su madre, de la madre de su madre, de la madre de la madre de su madre...
-¿Y por qué jugas con la bolsa?
-Eso mismo digo yo. Las bolsas no son juguetes, Nena-chan, las bolsas no son juguetes, ¿te enteras?
-Sí.
-¡¡¡PUES TU COLE SE VA A ENTERAR TAMBIÉN!!!
Más difícil de arreglar era el tema de la bandera. El disfraz requería pintar la bandera de un país, y se sugería que podía ser la de nuestro país de origen.
Es que son ganas de provocar.
-Pues yo no la mando con la bandera española -le dije a ZaraJota.
Que luego la que tiene que aguantar a la familia catalana soy yo.
-Pues yo no la mando con la bandera catalana -dijo ZaraJota-, que no quiero perder días de vacaciones yendo a tutorías.
Al final optamos por la vía cobarde:
Dibujamos dos líneas como si hubiéramos querido hacer la bandera española, pero luego le dijimos a la niña que la coloreara con los colores que ella quisiera.
Pensamos que elegiría colores al azar, y bueno, supongo que eso hizo...

Preveo una tutoría en breve. 

30 enero 2016

La OTRA venganza de los Reyes Majos, que tardé casi un mes en descubrir

Es una verdad universalmente conocida 
que los seres humanos no están hechos 
para soportarse sin interrupción 
durante períodos prolongados de tiempo.
Lorz Austen


No me malinterpretéis: si por mí fuera, estaría con los niños siempre. Lo que pasa es que a veces hay que echarse un poco de menos para no echarse de más. 
Esta semana pasada me he reincorporado mi puesto laboral, y ahora todo el mundo me pregunta cómo lo llevo "con los niños y tal".
Pues lo llevo exactamente igual que cuando no trabajaba, solo que ahora estoy obligada, por contrato, a estar en un sitio donde pretenden que pase un bien número de horas sentada. 
La vida a veces es maravillosa.
Es más: en las ocasiones que estoy de pie, ¡nadie espera que me balancee rítmicamente! Por el contrario, si alguien me sorprende en el cuarto de la fotocopiadora balanceándome y tarareando, ¡les parece hasta raro y todo! 
Yo misma me siento rarísima. Por ejemplo: ¿siempre había tenido dos brazos? Estaba convencida de que mi cuerpo de componía de pierna izquierda, niña derecha, brazo derecho y niño izquierdo... Y ahora me miro los brazos y me digo: "Mira, si hay dos. Son tan largos y paralelos... Pueden levantar grandes pesos, aunque ellos mismos son tan ligeros...". 
Otra cosa que he descubierto es que todavía tengo reflejo: entre que llevo meses sin mirarme al espejo y que estoy viendo todas las series de vampiros a mi alcance no estaba segura de tenerlo todavía. Pero ahí está. No es que me alegre especialmente: la primera vez que te miras al espejo después de varios meses de maternidad se produce el Efecto Qué:
Qué pelos llevo.
Qué cara.
Qué tripa. 
Y qué pintas... 
No me puedo creer que haya estado saliendo así a la calle, menos mal que siempre voy con el bebé, que es un escudo deflector estupendo.
Lo del pelo tiene fácil arreglo: te lo rapas y punto. Volverá a crecer, o casi mejor que no crezca, que no estoy para ir mucho a la peluquería.
Lo de la cara es peor: cuando te has pasado cinco meses mirando sin descanso la carita perfecta de un bebé y de pronto miras la propia es difícil no hacer comparaciones. La falta de sueño, de alimentación y de cuidado tampoco ayuda mucho. Por cierto, ¿alguien sabe si es normal que la crema hidratante tenga una capita como de pelusilla verde por encima? Juraría que no estaba ahí cuando me la compré, pero hace tanto tiempo que no estoy segura del todo. 
De la tripa prefiero no hablar. Me siento como esa bolsa de plástico vieja y arrugada que alguien olvidó y flota llevada por el viento, solo que está llena de piedras y en vez de flotar se arrastra penosamente cuesta arriba. Así. Eso sí, para compensar tengo un escote estupendo. Bueno, casi todo el tiempo. A lo largo del día, y según cuántas horas lleve el enano sin comer, mi delantera evoluciona desde "pasita arrugada" hasta "ubre reventona". Calculo que mi mejor momento es a media mañana o así.  
Lo de la ropa ha sido lo peor. Me he pasado los últimos meses alternando vaqueros viejos, en su mayoría con costras de pintura de dedos seca que no se va por mucho que las lave, y camisetas con el cuello cedido y de fácil acceso pectoral. Un par de días antes de reincorporarme al trabajo abrí el armario, esquivé en plan Matrix los murciélagos que salían espantados, y me puse a buscar algo ponible. Después de un rato, mis estándares de calidad se rebajaron a "cualquier cosa que no esté manchada de pintura de dedos y/o fluidos corporales, o al menos que no se note mucho y/o no huela". 
Encontré un único pantalón, y, como no tengo mucho tiempo de andar probándome cosas, me lo llevé a la tienda y compré uno exactamente igual. Pero cuando me lo llevé a casa, no me cabía. 
En serio, ¿cómo es posible? ¡Si era la misma talla y todo! Pues no me entraba ni la punta del pie. 
Volví a la tienda para cambiarlo, y le expliqué a la dependienta lo que pasaba. 
-Es que no lo entiendo -le dije-. ¡Tendrían que ser idénticos! Pero los viejos me caben y los nuevos, no. 
-Buenos, seguramente a medida que tú has ido engordando tus pantalones han ido cediendo. 
Todavía no sé lo que pretendía insinuar. 
Además, estaba preocupada por el tema de los zapatos, básicamente porque llevo mucho tiempo recorriendo el mundo con unas zapatillas viejas y comodísimas, y estaba segura de que el día que las dejara para ponerme otra cosa me iban a doler los pies a lo grande. Por suerte los Reyes Majos ya habían pensado en esa posibilidad, y me habían traído unas zapatillas. 
Comodísimas. 
Bueno. 
Más o menos. 
Por algún extraño motivo, la izquierda era mucho más cómoda que la derecha, que además se me salía todo el rato, como si me estuviera grande. 
Jo, pensaba. Estoy amorfa perdida. No sabía yo que el embarazo te cambiara tanto el cuerpo. ¡Hasta los pies me los ha dejado tontos! 
Al final, un día me harté de que se me saliera la dichosa zapatilla y la cogí para ver si es que se me había movido la plantilla o algo. 
Y no, la plantilla estaba perfectamente bien. 
El resto de la zapatilla, en cambio...


 

21 enero 2016

La venganza de los Reyes Majos

Me imagino que a estas alturas estáis ya todos hasta el potorro de oírme hablar de los biberones de Bebé-kun. 
Yo también.

Como he dicho millones de veces, en mi casa los Reyes Majos vienen el 31 de diciembre. 
Bien pensado, no es mi casa, sino la casa de mis padres. 
Desde que nació Nena-chan he estado intentando convencer a los dichosos Reyes de que traigan los regalos el día que corresponde, pero no hay manera. 
-Es que el 31 de diciembre es el único día que estamos todos -repite mi madre-. Bueno, salvo tu tía, que se va, tu primo, que no viene, tu padre, que al día siguiente madruga, tus hermanos, que salen tarde de trabajar...
El uso que hace mi madre de la palabra "todos" es ocasionalmente preocupante. 
Al final he aceptado caballerosamente la derrota, y he llegado a un acuerdo amistoso: 
dejo a mi familia que reparta sus regalos de reyes cuando le salga de la punta el nabo, y, pase lo que pase, el día 5 me voy con los niños a la cabalgata y a la vuelta, plof, los reyes han dejado en casa alguna cosita para ellos. 
Es como magia. 
Este año, una vez más, los regalos se repartieron en casa de los abuelos el día 31. 
-Creí que iba a ser el día 5 -me dijo Hermano Pequeño-. Me he pedido la tarde libre y todo. 
-Bueno, pues te vienes a la cabalgata con nosotros. 
-Ah -me dijo mi madre-, si Hermano Pequeño va a la cabalgata yo también voy.
-Bueno -le dije a ZaraJota-, si van a venir mi madre y mi hermano más me vale invitar al otro hermano y a mi padre también.
Invitados todos y asistencias confirmadas, me di cuenta de que tenía que avisar a los Reyes Majos de que tenían que traer cositas para más gente. Rápidamente me puse en contacto con ellos por internet, y más rápidamente aún tuve la respuesta por correo electrónico: 

Gracias por realizar su pedido. 
Ha elegido usted entrega urgente 24 horas. 
Fecha estimada de entrega: 26 de enero - 1 de marzo. 

¿Que QUÉ?
¿Más de un mes para recibir los regalos?
¿Es que los traen en camello o qué?
Para entonces Nena-chan ya estaba muy ilusionada con los Reyes Majos, y me daba mucha pena que descubriera que son unos vagos de mierda, así que pensé... por favor, no me juzguéis, que lo hice con muy buena intención... pensé que yo... ay, qué vergüenza... pensé que yo podía comprar los regalos de mi familia y ponerlos bajo el árbol como si los hubieran traído los Reyes. 
Ya está, ya lo he dicho. 
El problema era que los niños ya no tenían colegio ni guardería y, fuera dónde fuera, tenía que ir con ellos. Entonces me acordé de una mamá del colegio. Bueno, y de la guarde. Qué más da, ella ya sabe quién es (¡Hola!). Esta mamá me contó que se había encontrado en una situación parecida, y se había ido de compras con los niños, y que lo hizo tan bien y con tal disimulo que los niños no se enteraron de nada. 
Y pensé que si ella había podido, yo también. ← Quedaos con esta frase, que ha ganado el Premio Internacional a Soy Tontalculo 2016.
Me fui con los niños al centro y compré cuatro chorraditas para mis padres y mis hermanos, y efectivamente los niños no se pisparon de nada en ningún momento. Bueno. No se pisparon de nada hasta fui a salir de la tienda y saltó la alarma, y un amable guardia de seguridad me vació las bolsas una por una delante de los niños. 
Ay. 
No pasa nada, me dije. Son regalos-rollo de adulto. Nena-chan ni se ha fijado. 
Nos fuimos a casa, los empaqueté, los escondí...
El día 5 nos fuimos a la cabalgata de reyes y cuando volvimos... no os lo vais a creer: había un montón de regalos debajo del árbol de navidad. Estaban ahí hasta los que yo había comprado, que si eso no es un milagro navideño ya me dirás.
Yo estaba supernerviosa, y no paraba de mirar a Nena-chan por si ataba cabos, pero no. Habiendo por medio tantos juguetes, ¿para qué iba a fijarse en los regalos-rollo de los adultos?
Efectivamente, la niña no hizo ningún comentario, al menos ese día. Ni al siguiente. Ni al siguiente. Ni al siguiente. De hecho, ya habían pasado dos semanas el día que nos subimos al autobús y un señor saludó a Nena-chan. 
-Hola, bonita, ¿cómo te llamas?
Y entonces, sin mediar provocación alguna, fue Nena-chan y le soltó: 
-Los Reyes Magos me traen muchos guegalos para mí porque yo me porto bien mucho pero a la buela le traen una caja de galletas que compra mamá. 
Mira, niña, si crees que la abuela no se ha portado bien este año dilo claramente. 




13 enero 2016

Como el Hindenburg

Bebé-kun no quiere el biberón. La madre que lo parió, que casualmente soy yo.
Uy, qué bonito me ha quedado, voy a repetirlo con unas palmitas:

La madre que lo parió
Plas, plas
Que casualmente soy yo
Plas, plas
Plas
Plas, plas

Yo componiendo sevillana habría triunfado.

El niño no quiere el biberón y no hay manera. Ya lo hemos probado TODO:
Con mi leche, con leche artificial, con seis modelos de biberón diferentes, uno de ellos con dos tetinas diferentes, dándole la leche ANTES de que tuviera mucha hambre, esperando a dársela a que tuviera mucha hambre, dejándolo solo con su padre durante horas...
Por cierto, gracias a todos por vuestros consejos y el pitorreo (especialmente por el pitorreo, al menos me he reído). Uno de mis favoritos es este, de Jota EmeE (@privateonof):

"Sácate la leche. Métela en un bibe. Ponle a mamar. Mete tu dedo entre el pezón y su lengua. Sustituye el dedo por el bibe. Suerte!"

Es una idea buenísima, y la probamos hace un par de semanas: el resultado es que ahora el nene se engancha a la teta con las uñas para que no le den el cambiazo. Que es pequeño, pero no tonto. Y tiene una mala lecheeeee...
Jajaja, mala leche. hoy estoy que me salgo.

Al final decidimos consultar con el pediatra.
-El niño, que no quiere el biberón -le dije.
-¡Estupendo! La lactancia materna es el mejor regalo: no solo el mejor alimento, sino que estar en el regazo fomenta el vínculo madre-hijo, le da seguridad, les inicia en el lenguaje...
-Es que tengo que reincorporarme al trabajo.
-Pues estás apañada.
-¿Esa es su opinión profesional?
-Bueno, como ya tiene cuatro meses, empieza con las papillas. ¿Qué es, el segundo? Pues ya sabes de qué va el tema.
Cuando eres el segundo la vida es así de dura: no te hace caso ni el pediatra.
Empecé la introducción de alimentos y fenomenal: el niño se lo come TODO. Algunas cosas las prefiere en papilla, y otras en baby guarring, pero en general todo le parece bien, con una única condición: un chupito de teta de vez en cuando.
El pediatra tenía razón: estoy apañada.
ZaraJota, en cambio, no parecía preocupado.
-Si hay algo que he aprendido de la experiencia con Nena-chan, es que la seño de la guardería lo va a conseguir a la primera.
-Ya, se le da muy bien.
-No es por eso: es que los niños son capaces de cualquier cosa con tal de dejar mal a los padres.
Bueno, también.
Pero ZaraJota se equivocaba. Por primera vez en tres años, la seño, y las ganas de dejarnos mal de nuestros hijos, nos fallaron.
El niño se negó a comer, y lo poco que le entró en la boca de pura casualidad lo acabó devolviendo.
Y solo me quedan unos diez días para volver al trabajo.
Estoy MUY apañada.
Así que ayer me planté. Me puse una camiseta de cuello vuelto, metí un biberón en el bolso y me fui a la calle con Bebé-kun.
-Y esto es lo que hay -le dije.
Durante toda la mañana, cada vez que pedía teta, sacaba el biberón del bolso y se lo enchufaba. El niño lo escupía y cerraba la boca apretando los dientes. Bueno, apretando las encías. Era como Yoda, pero en rosita.
A las tres de la tarde el niño y seguíamos con los dientes (y las encías) apretadas. El biberón estaba frío, al niño le sonaban las tripas, y yo tenía las ubres como el Hindenburg. El pequeño mamoncete, que habitualmente pide teta cada dos horas, llevaba seis horas sin comer, y ni siquiera lloraba: se limitaba a mirarme con rencor.
Como decía mi abuelastra: cabechota hahta dechpuéh de muehta.
-Pues no pienso darte teta -le dije-, así que tú verás lo que haces con tu vida.
-¡¡¡BUUUUUUUUUUUUUUUAAAA...
Hay una cosa que nunca te cuentan en los cursos de preparación al parto: los pechos llenos, duelen. Y, sin motivo aparente, cuando el niño llora duelen MÁS. Y si te has saltado varias tomas y tienes la leche acumulada, y además el niño llora...

HINDENBURG. 

-No... pienso... ceder...
-...AAAAAAAAAAAA!!!
-Toma la tetica, toma la tetica rica, ¿te gusta la tetica? Aquí la tienes, mi amor...
Así que básicamente, nos habíamos pasado una mañana entera los dos sufriendo, para nada. Bueno, para nada no; al menos le había dejado claro quien manda aquí.
Él, claro.




Editado: me dice la seño que hoy ha conseguido que se tome casi medio biberón. Plas, plas.

03 enero 2016

El chantaje del rey

Esta es la primera navidad que Nena-chan es realmente consciente de lo que pasa a su alrededor.
Aunque en casa no hemos hablado mucho del tema, sus amigas del colegio se han encargado de explicarle lo esencial de estas fiestas, a saber:

Los Reyes Magos traen regalos en camello.

La niña no tiene idea de lo que es un rey, un mago o un camello, pero sí tiene bastante claro lo que es un regalo.
Más o menos.
Durante las semanas previas a navidad nos pasamos días haciéndole la misma pregunta:
-Y tú, ¿qué le vas a pedir a los reyes magos?
-Regalos.
-Eh... Ya. ¿Qué regalos?
-Muchos.
-Por supuesto, pero ¿muchos qué?
-Regalos -ojos en blanco.
-Claro, pero DENTRO del regalo, ¿qué hay?
-...
-Los Reyes Magos traen REGALOS, y los dejan debajo del ÁRBOL, y entonces los ABRIMOS y...
-No se abren.
-Claro que sí, rompemos el papel y...
-¿Rompemos?
-Claro, rompemos el papel de regalo y...
-¡NOOOO! ¡NO QUERO ROMPER MI REGALOOO!
Ay.
Mi madre lo intentó también, recurriendo a sutiles técnicas de manipulación mental.
-Nena-chan, ¿qué le vas a pedir a los reyes?
-Regalos.
-Eh... ya. Y esos regalos, ¿cómo son?
-De juguetes.
-¿Y qué juguetes son?
-De regalos.
Llegado este punto, mi madre renunció a la sutileza y le colocó a la niña delante el catálogo de Playmobil.
Coñoyá.
-Mira, Nena-chan, mira cuántos juguetes.
-Sí.
-¿Cuál le pedimos a los Reyes Magos?
-Este -mi madre sonrió triunfal, anotando mentalmente el juguete señalado-. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este...
Para intentar explicarle que la navidad es algo más la llevamos a una exposición de belenes del mundo que hay en Matadero. La niña iba de belén en belén buscando a los Reyes Magos, hasta que de pronto se volvió hacia mí y me dijo:
-Mamá, mira, ahí hay un bebé.
-Sí, suele ocurrir.
Y en el siguiente belén:
-¡Otro bebé!
-Ya.
-Y aquí otro también.
-Lo sé.
-¡Hay bebé en todos!
Ya ves, debe ser la moda ahora.
Por suerte o por desgracia, en mi familia el asunto reyes dura poco, porque los regalos se entregan religiosamente el 31 de diciembre.
No preguntéis, es mejor no saber.
Antes los regalos los repartíamos nosotros mismos, pero casualmente desde que nació Nena-chan todas las navidades vienen los Reyes Magos en persona.
Bueno, en realidad es solo un Rey Mago.
Bueno, en realidad es Hermano Pequeño disfrazado.
No tenemos tanto caché como para que vengan los de verdad.
El año pasado se disfrazó de Melchor, pero este año pensó que Nena-chan podía reconocerlo, así que se disfrazó de Baltasar: se puso la misma túnica, la misma barba blanca, se pintó la cara de negro y se pegó unas cejas blancas a lo Gandalf. Y luego se escondió en el descansillo de la escalera a esperarnos. Con esas pintas. Yo porque me lo esperaba, pero la vecina del sexto se lo encontró a oscuras y se le reinició el marcapasos de la impresión.
Nena-chan se quedó extasiada.
Un Auténtico Rey Mago.
En el descansillo de casa de los abuelos.
Qué. Fuerte.
El Rey Mago le dio a la niña sus regalos y antes de irse, le dijo que si se portaba bien el año que viene le daría más.
Puto chantajista de mierda... quiero decir... mira qué majo.
-Seguro que te traigo muchos, porque te vas a portar muy bien, ¿verdad?
-...
Unos días más tarde estábamos en una tienda de disfraces y Nena-chan vio una diadema con unas antenitas azules. Nena-chan rara vez pide algo cuando estamos de tiendas, pero esa vez me las pidió. Es que eran MONÍSIMAS.
-Mamá, quero esto.
-¿Se lo pedimos a los Reyes Magos?
-No, mejor las paga mamá.
Por si acaso.

31 diciembre 2015

Estimado 2016

Estimado 2016

dos puntos.

Aunque todavía no nos conocemos, tengo la impresión de que vamos a pasar mucho tiempo juntos.
Como un año o así.
Mi madre suele decir que más vale una colorá que cien amarillas, y por eso he pensado que es mejor dejar las cosas claras desde el principio:

No nos toques los cojones, 2016.

Llevamos ¿siete? ¿ocho? años de crisis y estamos un poco jarticos ya. "Refugiado" es la palabra del año. Y hemos descubierto que "cambio climático" significa "cocerse a 50º C durante dos meses" en klingon.
Por poner unos ejemplillos nada más.
Y eso que a mí en 2015 me ha ido bastante bien, hasta me ha tocado la lotería y todo. Bueno, cien euros. Y ya me los he gastado. A lo que voy es que cada cosa estupenda que me ha pasado ha quedado empañada por alguna circunstancia mierder de mi entorno.
Y así no hay manera.

En fin, que tú verás lo que haces. Luego no digas que no te avisé.

23 diciembre 2015

Colacao comunitario

La semana pasada...

no sé ni por dónde empezar.

Se me acabó la baja de maternidad, aunque por suerte todavía me queda un mes largo de vacaciones y cuando me reincorpore al trabajo voy a tener un horario chupi. Creo. De vez en cuando me pellizco para estar segura de que no lo estoy soñando.
Entonces fui al colegio a confirmar que Nena-chan empezaría con el horario ampliado en enero, y me dijeron que no quedaban plazas.
-¡Pero si me dijeron que había plazas ilimitadas!
-Eso era cuando lo organizaba el AMPA, ahora lo organiza el ayuntamiento y como es gratis, las plazas son limitadas. Y claro, como es gratis, se han acabado.
-¿Y no podemos ampliar aunque sea pagando?
-No, no, el ayuntamiento no lo permite porque claro, la gente que tenga que pagar se quejaría.
-¡Pero yo quiero pagar y no me quejo! Bueno, sí me quejo, pero solo porque es parte de mi encanto.
Por suerte, la semana anterior había apuntado a Nena-chan a todas las extraescolares que se me habían ocurrido.
Más o menos.
Había ido a apuntar a Nena-chan, pero me habían dicho que estaban muy liados con los recibos del mes en curso, y que volviera otro día, que había plazas de sobra y podíamos hacerlo con más calma.
Y cuando volví resultó que ya no quedaban plazas.
Así que de pronto me encontré con que se me había acabado la baja, y que no tenía dónde dejar a Nena-chan por las tardes. Menos mal que me quedaban vacaciones, ¿eh?

Por su parte, Bebé-kun tiene que incorporarse a la guardería, pero para eso antes tiene que acostumbrarse al biberón. Y no.
Ya lo hemos probado todo:
Darle el bibe antes de que tenga mucha hambre, para que esté más dispuesto a probar.
Dárselo cuando ya tiene mucha hambre, para que esté desesperado y trague con todo.
Darle el pezón, y hacerle el cambiazo a mitad de toma.
Da igual, la respuesta de Bebé-kun es siempre la misma: que me introduzca el biberón por cualquier de mis orificios. Me deja hasta elegir.

Además, me robaron el móvil con tooooodas las fotos de los niños. Y cuando fui a denunciarlo, un tipo entró en comisaría gritando y agitando los bracitos, y cuando la policía lo paró, se negó a quitarse el abrigo, y casi nos hacemos caca encima del susto. Bueno, Bebé-kun se la hizo, pero no del susto. Es que es un bebé.

Después de todo esto, el viernes por la tarde, sin motivo aparente, tenía un tic en el ojo.
-Mañana yo me llevo a Nena-chan a clase de música y tú te quedas en la camita descansando, ¿vale? -me dijo ZaraJota.
-Vale.
Pero se ve que se le olvidó consultarlo con Bebé-kun: a las seis de la mañana del sábado estaba ya despierto y con ganas de fiesta.
-Ajo. Jijijijijiji. Ajo. Jijijijijijijiji. Brrrrrrrrrrup. Ajo. Jiji. Ajo. Babababababababa. Jijiji.
Me lo llevé al salón.
-A las nueve despierto a ZaraJota -me dije.
Pero a las nueve Bebé-kun estaba comiendo.
-Bueno, supongo que ZaraJota se habrá puesto el despertador.
A las nueve y media, viendo que nadie se movía, fui a despertar a ZaraJota. Entonces Nena-chan inició una guerra de cosquillas y me vi tristemente envuelta en el conflicto. No hubo que lamentar pérdidas mortales, pero cuando por fin cesaron las hostilidades eran las diez muy pasadas, estábamos en pijama, sin desayunar, y la clase empezaba a las once.
-Mierdaaaaaaa...
Nos vestimos a toda velocidad, embutimos los múltiples arreos de música en la mochila, salimos de casa...
-Mamá. tengo hambre.
-Mierdaaaaaaaaaaaa...
Hice un colacao a toda prisa, lo metí en un vasito con tapa y se lo di a la cría.
-Que se lo vaya tomando por el camino -le dije a ZaraJota.
Y abrí la puerta del ascensor y a la niña se que cayó todo el colacao dentro.
Enterito.
Vaya mierda de vaso con tapa, por cierto.
ZaraJota se fue con Nena-chan a clase, y yo dejé a Bebé-kun en el carrito y fregué el ascensor y el descansillo de nuestra planta, mientras pensaba que qué suerte que no se le hubiera caído por la ranura entre el ascensor y el suelo, jajaja, menos mal... porque no ha caído, ¿verdad?
Presa de un horrible presentimiento, cogí al niño en brazos, me metí en el ascensor y bajé un piso. La puerta estaba llena de chorreones de colacao y, cuando la abrí, me goteó colacao calentito en la cabeza.
Ay.
Bajé otro piso. Igual.
Otro. Igual.
Otro... en fin. Os hacéis a la idea.
Subí de nuevo a casa a por una bayeta, momento que aprovechó Bebé-kun para anunciar que hacía por lo menos una hora que no comía y que tenía hambre. Me lo enganché a la teta, me volví a meter en el ascensor, y fui bajando piso a piso, limpiando las puertas por dentro con la bayeta.
Cuando llegué al primero una vecina abrió la puerta.
Me miró. Miró al niño, a la teta y a la bayeta.
Yo le devolví la mirada, intentando poner cara de "hoy es el día internacional de Friega el Ascensor con una Teta al Aire, ¿no lo sabía usted?".
La vecina cerró la puerta sin hacer ningún comentario. Supongo que bajó andando. Vaya, vive en el primero; ya hay que ser vaga para bajar en ascensor, digo yo.
Cuando terminé volví a casa, me cambié de ropa, cambié al nene, y volví a salir, porque tenía que ir a la tienda a recoger mi móvil nuevo. En el banco del portal estaba la vecina de antes, con varias de sus muy mejores amigas octogenarias.
En cuanto me vieron se callaron y se hizo un silencio denso.
Jaja, menos mal. Pensé que estarían hablando de mí, pero no, ni siquiera están hablando, jajaja.
Me miraron. Miraron a Bebé-kun.
-Pues sí, pues sí...
-Ya ven.
Claramente la vecina nos les había contado nada. Apenas.
Menos mal.
Me fui al a tienda pensando que ya no me podía pasar nada más, pero cuando llegué el dependiente estaba en la puerta helándose de frío.
-No te lo vas a creer -me dijo-, he salido a fumar y me he dejado las llaves dentro.
Que va. Yo ya me lo creo todo.

18 diciembre 2015

Los niveles de dificultad

Cuando eres madre no puedes ser friki. Yo creía que sí, y ya me voy dando cuenta de que me había equivocado. Un padre friki, por supuesto; una madre friki, ya menos. Hay leyes que lo prohíben, incluso. ¿Sabéis por qué?

Un friki juega a los videojuegos, especialmente los de matar zombis.
Una madre jamás mataría un zombi, porque los zombis le dan ternurita: sabe que tienen el mismo aspecto que ella cuando se levanta a cambiar un pañal a las tres de la mañana. Es lo que Mamá en Bulgaria llama "mombie".

Un friki adora la ciencia ficción.
Una madre está hasta de oír a los médicos que la salida de los dientes no duele, que las vacunas provocarán una reacción "leve" y que las medicinas tienen "un agradable sabor que a los niños les encanta" y empieza a sospechar que la ciencia tiene una gran parte de ficción.

Un friki tiene una mano mágica.
Una madre también, y aunque su uso está igualmente asociado a la calentura, no la utiliza exactamente igual que el friki.

Un friki tiene siempre a mano su destornillador sónico, aunque no lo usa para nada.
Una madre conserva como oro en paño su termómetro sónico, lo usa a menudo, generalmente para confirmar el diagnóstico de la mano mágica.

Un friki se pasa los sábados por la tarde en la tienda de cómics.
Una madre aprovecha los sábados por la tarde para ir a comprarse ese abrigo que le hace falta, pero en vez de eso acaba comprando una sudadera de Batman, unos calcetines de Frozen y galletas de Peppa Pig, porque sabe que a la niña le van a hacer más ilusión que a ella el abrigo.

Un friki juega al rol.
Una madre puede ser despertador, asistente, enfermera, cocinera, personal shopper, asesor de imagen, peluquera, fontanero, princhesa, bruja, monstruo, pirata, poli bueno, poli malo, y Peppa Pig. A veces de forma simultánea y bilingüe.

Un friki lee cómics.
Una madre lee El pollo Pepe. Una vez. Y otra. Y otra. Y otra. Y OTRA. Lee El Pollo Pepe hasta que comprende lo que sentía Conan dándole vueltas a la puta rueda de molino.

Un friki se disfraza para ir al expofriki.
Una madre se disfraza todos los domingos de lluvia.

Un friki "te dice que la fuerza te acompañe".
Una madre te dice "ve con cuidao, y deja de hacer el tonto, que te vas a caer".

Un friki compra entradas para el estrenos de la nueva de Star Wars: la operación implica aproximadamente cinco minutos y tres clicks, lo que no le impide anunciar al mundo con orgullo que ha "conseguido" entradas para la primera sesión.
Una madre estudia durante días las sesiones, luego cruza los resultados con los horarios de colegio de Nena-chan y los de comida de Bebé-kun para acabar determinando, en un informe de cinco páginas, que la única opción es ir a la matinal del domingo, y saltarse una toma. Para que el nene no pase hambre, la madre pasa semanas sacándose leche con una bomba y congelándola. Por desgracia un día decide hacer una prueba (bueno, tenía que ir al dentista, lo mismo da) y cuando descongela la leche le entra la paranoia y se empeña en que huele mal y la tira por el desagüe del fregadero mientras llora a todo llorar por, ejem, la leche derramada. Entonces decide que a la mierda y que que le den a todo: el día que vaya al cine le dejará a la abuela un biberón de leche artificial. Pero por supuesto, antes hay que hacer una prueba, no vaya a ser que el nene sea alérgico a la leche de fórmula y haya que salirse de la película a mitad para ir al hospital. Unos días antes le da al nene un poco de leche artificial para probar.
El nene la prueba y le sugiere a la madre un lugar donde puede meterse el biberón con todo su contenido. Y que la fuerza le acompañe, si quiere.
Una madre decide entonces que no va a ir a ver la nueva de Star Wars.
Puede que eche una lagrimita o dos.
-Solo es una puta película -dice el padre de la criatura, que se muere de ganas de ir a verla pero ha decidido, galantemente, que si no va la madre no va él.
Y la madre piensa, pues es verdad.
Además, una vez que se para a considerarlo, lo que le hace ilusión de verdad no es VER la película, sino ver la película CON SU FAMILIA. Y si para eso tiene que esperar, digamos, cuatro o cinco años, se espera.
Sabe que va a merecer la pena, por que en el fondo, y a pesar de la legislación vigente, la madre sigue siendo friki.
Lo que pasa es que se le nota menos, porque ha subido varios niveles de dificultad.


15 diciembre 2015

Que vayáis a votar, cojones


A los que os ponéis un lacito rosa, rojo, amarillo o negro,

A los que  donáis sangre,

A los que compartís fotografías de perritos que buscan un hogar,

A los que recolectáis tapones de plástico,

A los que colgáis batas blancas en la barandilla de la terraza,

A los que colaboráis en las campañas de recogida de alimentos, ropa o material escolar,

A los que conducís un coche eléctrico,

A los socios y voluntarios de ongs,

A todos vosotros, 

os digo:
Lo que hacéis es muy bonito. Útil, incluso, a una escala muy pequeña.
Muy, muy pequeña.
A gran escala, sin embargo, las soluciones dependen de una sola cosa: la política, y sus políticos.
¿De verdad creéis que a los políticos les importan vuestros lacitos y vuestros retuits?
Bueno, a lo mejor para colgarse medallas y salir en la foto. Pero a la hora de la verdad, a los políticos sólo les interesa una cosa: nuestro voto.
Si no votamos, ¿para qué se van interesar por nosotros y nuestros problemas? ¿Qué recurso nos queda para negociar?
Nada.

Lo que intento deciros con esto, por si el título no os ha dado ninguna pista, es que votéis.
Por favor.
A la mejor opción, o al mal menor, 
A los viejos o a los nuevos. 
A los que os convenzan con sus ideales o a los que os parezcan estúpidos, aunque inofensivos.
Lo que sea. 

Porque si hay algo seguro es
que la abstención no cura el cáncer,el voto en blanco no otorga becas,
el voto nulo no crea puestos de trabajo, 
y la rodaja de chorizo, por increíble que parezca, no cambia la vida de la gente que rebusca en los contenedores para comer.

Por eso este 20 de diciembre, os lo suplico,  
ejerced vuestro derecho constitucional al voto. 

Cojones .

11 diciembre 2015

Perfectamente normal

¿Os acordáis de cuando Nena-chan tuvo anginas?

La semana pasada fuimos a la fiesta de cumpleaños de una amiguita de Nena-chan porque nos habían invitado porque todavía no nos conocen porque estamos intentando parecer normales.
Sin mucho éxito, dicho sea de paso.
Para los que no hayáis frecuentado este tipo de eventos os voy a explicar como funciona con un ejemplo:
En un capítulo de Las chicas Gilmore, Lorelai coge una bolsa de lechuga precortada, la abre, le echa varios ingredientes y aliño, la cierra sujetándola con el puño y la agita hasta que se convierte en una bola verde, húmeda y pringosa, que devora a toda velocidad metiendo el tenedor directamente en la bolsa. 
Quedaos con esa imagen en la cabeza: la bolsa de lechuga ES el cumpleaños.
Bueno, no exactamente: la lechuga no grita. Pero vaya.
Cuando sacamos de allí a Nena-chan estaba tan cubierta de sudor, kétchup, tarta de chocolate del mercadona y fluidos corporales (nasales, en su mayoría) ajenos que cuando llegamos a casa la metimos directamente en la bañera.
Después, para compensar toda la porquería que había comido, le dimos de cenar ensalada con tomate y mozzarella.
La niña está harta de comer tomate y mozzarella, pero debía andar escasa de defensas, o sobrada de ganas de marcha. Una de las dos. 
-Babá, be dica la dengua -nos dijo después de cenar. 
-Uy, Nena-chan, qué interesante, cuéntaselo a papá, que mamá está haciendo pipí
-Babá, be dica la dengua.
-Lorz, ¿es normal que Nena-chan tenga la cara cubierta de erupciones y la lengua, roja e hinchada, le cuelgue por la comisura de la boca?
-Depende, qué tengo que decir para que me dejes mear en paz?
-¡No estás meando! ¡Te has metido en el baño a echar una microsiesta!
-¡¡¡NO PUEDES DEMOSTRARLO!!!
-¡¡¡CLARO QUE PUEDO!!! ¡¡¡LA NIÑA HA DEJADO LA PUERTA ABIERTA!!!
Maldita la hora en la que instalamos la puerta corredera en el baño. 
-Ed que be dica bucho...
-Venga, vamos a urgencias.
Pensábamos ir los cuatro porque cada vez que vamos nos dan un punto, y después de conseguir la sandwichera, el juego de maletas y el recogemigas de mesa ahora estamos intentando reunir los puntos para el fin de semana en Eurodisney. Pero luego me di cuenta de que era una idea bastante estúpida, incluso para nuestros niveles habituales.
-Ve tú con la niña -le dije a ZaraJota-, y yo me quedo con Bebé-kun.
-¡TÚ LO QUE QUIERES ES DORMIR OTRA VEZ!
-¿CÓMO QUE "OTRA VEZ"? ¡¡¡PARA QUE SEA "OTRA VEZ" TIENE QUE HABER PRIMERO "ALGUNA VEZ"!!!
El pediatra de guardia dijo que era una reacción alérgica, probablemente al tomate, y que no tenía la menor importancia. 
-Hay que darle esto cada ocho horas durante tres días; esto, casa seis horas durante dos; esto, una semana en cada comida; esto, solo si tiene un brote fuerte; esto... -me contó ZaraJota, mientras acumulaba botecitos sobre la mesa del comedor. 
-Pues a no tener importancia requiere más cálculos que el lanzamiento de un cohete. 
-Y me ha dicho que volvamos el miércoles por la tarde, aunque cree que no será necesario. 
Ajá. 
El médico tenía razón: no hacía falta que fuéramos el miércoles por la tarde, porque el miércoles por la mañana...
-Lorz -me dijo ZaraJota-, ¿es normal que los ojos de Nena-chan estén rojos, hinchados, y cubiertos de una costra amarilla?
-Depende, ¿qué hora es?
-Las seis de la mañana.
-¡PERFECTAMENTE NORMAL!¡SIEMPRE LOS TUVO ASÍ Y SIEMPRE LOS TENDRÁ!
-Me tengo que ir a trabajar, ¿puedes llevarla tú a urgencias?
En urgencias nos dijeron que era conjuntivitis. 
Para los que no tengáis hijos, creo que es importante que sepáis que la conjuntivitis es la PEOR enfermedad que puede coger un niño, probablemente peor que el ébola. 
Porque veréis: 
Si pilla un virus intestinal le da por devolver e irse por la patilla. Es una porquería, pero el niño se debilita y solo le apetece estar tumbado viendo dibujos. 
Si tiene fiebre, el niño se debilita y solo le apetece estar tumbado viendo dibujos. 
Si le duele la garganta, no puede hablar, y solo le apetece estar tumbado viendo dibujos
¿Veis a dónde quiero ir a parar?
Cuando tiene conjuntivitis, a no ser que sea grave, el niño se encuentra perfectamente. Tiene la misma energía de siempre, pero no puede ir al colegio para desgastarla porque existe el riesgo de que contagie a otros niños. Y en casa hay que vigilarlo permanentemente para que no se toque los ojos y vaya a peor. 
¿Os acordáis de la bolsa de lechuga de antes?
Pues imaginad que en vez de lechuga lleva dentro una cabra epiléptica: cogéis la bolsa, la agitáis un poco, y luego la abrís en un piso de cincuenta metros cuadrados. Y esperáis tres días. 
Eso es tener un hijo con conjuntivitis. Mientras tanto, Bebé-kun estaba en plena crisis de crecimiento: comía cada dos horas durante el día, y de forma perpetua durante la noche. 
Así que, básicamente, me he pasado la última semana sentada con un bebé en el regazo, mientras la niña-cabra saltaba a mi alrededor como... bueno, como una niña-cabra. 
Viendo el lado positivo, he aprendido a sujetar el móvil entre el niño y la teta, y he visto dos temporadas de Vampire Diaries en tres días.
Esta mañana, por fin, parecía que las cosas habían vuelto a la normalidad (dentro de nuestras posibilidades), y he tenido incluso tiempo de mirarme al espejo. 
-Nena-chan -le he dicho, porque siempre que entro al baño ella entra también-, ¿es normal que mis ojos estén rojos, hinchados y cubiertos de una costra amarilla?
-Si. 
Cuánta razón.


02 diciembre 2015

Un día complicado

Decíamos ayer que la semana pasada Nena-chan estuvo malita con anginas y Bebé-kun penando con los dientes y yo con ambos.
De día se turnaban para llorar y que los cogiera en brazos: cogía a Bebé-kun y lloraba Nena-chan, cogía a Nena-chan y lloraba Bebé-kun, y a veces lloraban los dos y los cogía a los dos. Gracias al sonambulismo que parecen haber heredado ambos, las noches eran igual de interesantes.
El viernes por la tarde, además, fui al dentista.
Cuando llegué allí me preguntó qué tal, porque hacía mucho tiempo que no me veía. 
-Bien, ya he tenido al niño -le dije, señalándome la barriga por si no se había dado cuenta. 
-¡Qué bien, enhorabuena! Espera... ¿le estás dando pecho? 
-Sí, pero me dijeron que no había ningún problema.
-Bueeeenoooo... eso dicen... Prefiero que, por si acaso, te saltes una toma o dos. 
-Eso pensaba, pero justo hoy he sacado mis reservas de leche congelada y las he tenido que tirar porque me olían raro. 
-Qué mala suerte... Bueno, podemos hacer una cosa: pasa a la consulta y veo qué te puedo arreglar sin anestesia. 
Os ahorraré los detalles porque en el fondo os aprecio. 
La cuestión es que al día siguiente estábamos invitados a la inauguración de una librería. Bueno, en realidad no, pero sabíamos que no iban a pedir la invitación en la puerta, así que lo mismo nos daba. 
La inauguración era a las siete. Una pena, tendría que haber sido a las cuatro, que era la hora en la que todavía iba todo bien: niños limpios, comidos y contentos. A las cuatro y cinco, por desgracia, Nena-han hizo eso que hace a veces de cerrar los ojos y roncar. A las cinco decidimos que ya había dormido bastante y empezamos a intentar despertarla, proceso que culminó a las seis de la tarde, cuando Bebé-kun empezó a llorar de hambre. Le enchufé la teta al enano: inmediatamente Nena-chan empezó a llorar porque tenía hambre también. ZaraJota le preparó la merienda para que se la comiera mientras vestíamos a Bebé-kun; luego vestimos a Nena-chan, momento que aprovechó su hermano para hacerse una caca sobaquera. Volvimos a cambiar a Bebé-kun. 
Debían ser las siete pasadas cuando llegamos a la parada de autobús, solo para descubrir que la línea estaba cortada por un partido de fútbol. 
-No pasa nada, a dos manzanas está la parada del 119, que va para el mismo lado -le dije a ZaraJota. 
Caminamos las dos manzanas y miramos la marquesina del bus. 
-Pues por aquí no parece que pase. 
-Uy...
Vale, quizá fueran cuatro manzanas. 
Con los niños en brazos y el bolso cambiador colgando. 
Y frío. 
Cuando por fin llegamos a la parada tuvimos suerte porque justo pasaba un autobús, nos subimos y cuando fui a frotar mi tarjeta... BIP. 
-¿Qué coño...?
La volví a pasar.
BIP.
BIP.
BIP.
-Señora, por más que frote la tarjeta va a seguir estando caducada -me gritó el busero.
Mierda... como llevaba toda la semana sin salir de casa no lo había notado.
Eché mano al bolso para pagar el billete sencillo y entonces me di cuenta de que no llevaba el bolso.
Mierda.
-Eh... ZaraJota, ¿tienes dinero para el bus?
-No, no llevo nada. Espera, sí, creo que tengo las vueltas del pan... ¡Mierda!
-¿Qué pasa?
-Que me han colado diez pesos.
Después de un buen rato haciendo malabarismos en el autobús en marcha con Bebé-kun colgado, conseguí pagar y sentarme.
-Qué bien estamos, ¿verdad? -le dije a Bebé-kun, que me respondió potándome en el escote.
Qué calentito...
Cuando llegamos a la librería estaba llenísima, y la gente empezaba a desparramarse por la acera. Nos encontramos con gente conocida y en algún momento Fanshawe pasó por ahí y pensé que iba a saludar, pero me pareció que dudaba.
Esto es que no se acuerda del nombre, pensé.
-Hola, soy Lorz.
-Eh... ya lo sé, ya nos conocemos.
-Eh... sí.
-Escribiste aquel post, ¿te acuerdas?
-Sí.
-Claaaaro. Claaaaaaro.
Vale, había quedado como una loca otra vez. Por suerte cuando vas con niños siempre tienes alguna excusa para huir.
En este caso, Bebé-kun estaba pidiendo teta.
Me dijeron que estaría más cómoda en el último piso, y cuando subí me encontré a otras mamás en proceso de alimentar a su progenie. Me senté y me coloqué al enano. Al lado mía había una señora dando biberón a su nieto.
-Come muy bien -le estaba diciendo a otra señora. Y en ese preciso instante le retiró el biberón de la boca y el niño... no sé cómo describirlo. Imaginaos que el niño fuera el Vesubio y la señora Pompeya, y de pronto todo estaba cubierto de una lava patrocinada por Nestlé. Pues así.
Bebé-kun me vio reírme por lo bajini y pensó en repetir el chiste potándome de nuevo, pero esta vez falló: en vez de a mí empapó toda su ropita.
Mierda.
Por supuesto todos los aparejos del bebé se habían quedado en la calle, con ZaraJota.
Mierda.
Y entre ZaraJota y yo se interponían varios millones de personas y una mesa con canapés.
Mierda.
Cuando ZaraJota consiguió llegar, arrastrando la bolsa y a la niña. miré alrededor buscando una superficie para cambiar al bebé, pero no encontré ninguna.
-Me parece fatal -le dije a ZaraJota-, ¡tienen todos los libros por medio!
Un alma caritativa despejó una estantería, y así fue como Bebé-kun acabó desnudo en la trastienda de una librería en su fiesta de inauguración.
Ahora que lo pienso, dicho así suena muy mal.
Mientras tanto Nena-chan se estaba portando muy bien y pensé que merecía un premio.
-Escoge un libro, el que quieras -le dije-, que con toda esta gente seguro que lo podemos mangar.
Era broma, ¿vale? Lo que pasa es que mi sentido del humor es tan sofisticado que Nena-chan no lo entiende.
-¡¡¡NOOOOOOOO!!! ¡¡¡NO QUERO MANGAR!!!
-Shhhh... ¡Era broma! ¡Era broma! Mamá lo paga, ¿vale? ¿Te gusta este?
-¡¡¡NO LO TOQUES!!!
Nena-chan me quitó el libro de las manos y fue a leerlo en una esquina, de espaldas a mí, protegiéndolo con su cuerpo.
Ay.
Al final conseguí convencerla de que escogiera un libro y nos fuéramos a pagar.
Entonces Bebé-kun volvió a pedir teta. Claro, como no para de potarla no le cunde nada.
-Vámonos a cenar, anda -le dije a ZaraJota.
Íbamos de camino al restaurante  cuando nos dimos cuenta de que el Chache no venía. EmeA y Scarlett volvieron a buscarle, pero ya se había ido.
-No entiendo nada -dijo ZaraJota-, le dije que se viniera con nosotros.
-Dime, por favor, cuáles fueron tus palabras exactas.
-Yo le dije "luego vamos a cenar por aquí", y él me contestó "yo también" y se fue.
Sin comentarios.
Más o menos entonces nos dimos cuanta de que EmeA y Scarlett se habían traído a cenar a una tía que no conocíamos de nada.
"¿Y esta quién es?", le pregunté a ZaraJota telepáticamente.
"Ni idea"
"¿Será amiga de EmeA?
"No sé, parece que Scarlett la conoce también"
"Mierda, ¿crees que estuvo en su boda?"
"Es posible"
"Joder, joder, joder, si estuvo en la boda SEGURO que nos la presentaron"
"Joder, joder, joder... ¿qué hacemos?"
"Disimular"
Y eso hicimos: durante toda la cena intentamos mantener un equilibrio social de manera que si la conocíamos no pensara que éramos unos bordes, y si no la conocíamos no pensara que nos tomábamos demasiadas confianzas. El resultado debía parecerse bastante a un sociópata bipolar con sonrisa profidén.
Para rematar, algo así como a las diez de la noche se me escapó un grito.
-¿Qué pasa? -me preguntaron todos a la vez.
-¡Que había quedado con Hermano Pequeño!
-¿Cuándo?
-¡HACE UNA HORA!
-Mierda, mierda, mierda, voy a mandarle un mensaje...
Mientras esperábamos que contestara pedimos la cuenta. Y por supuesto, cuando la trajeron nos acordamos de que ZaraJota no traía dinero encima, y yo me había dejado el bolso en casa.
Mierda.
Mientras nos rebuscábamos los bolsillos, EmeA se ofreció amablemente a pagar.
-¡No hace falta! ¡No somos pobres, solo somos muy, muy idiotas!
-Ajá.
Todavía me sentía bastante abochornada cuando me subí al bus y froté la tarjeta.
BIP
-Señora -me gritó el busero-, tiene la tarjeta caducada.
Mierda...
Tenía que haberle pedido a EmeA que me diera también para el bus.



Epílogo.
Hermano Pequeño respondió a mis mensajes de madrugada: "Lo siento, no me acordaba de que habíamos quedado. He tenido un día complicado"
Conozco la sensación.




29 noviembre 2015

Adiós

Esta semana comenzó con el anuncio de que Sheena, Tama, se moría.
La noticia, por desgracia, no nos pillaba por sorpresa. Lo que sí era nuevo era la inmediatez del hecho.
Tama se moría YA. Esa misma tarde, quizá. Esa misma noche, probablemente.
Pertenezco a una generación que tiene la fortuna de no estar familiarizada con la muerte. Por eso, dicen, nos resulta tan fácil despreciar las vacunas, las medicinas y la alimentación que tantos siglos de esfuerzo nos ha contado conseguir.
Por eso, también, todo el que muere nos parece joven para hacerlo.
En este caso no se trata de que lo pareciera, es que lo era. Tama era muy joven, y deja atrás un viudo muy joven y dos niñas muy, pero que muy jóvenes, una de ellas demasiado, incluso, para recordar a su mamá cuando crezca.
Y eso es una mierda.
Yo conocía a Tama desde hace diez años, pero no la conocía suficiente, como suele suceder con las personas con las que siempre quedas en grupo. Por eso no voy a decir cosas bonitas sobre ella: muchas, y con más sentido, han dicho ya quienes la conocían mejor que yo.
Lo que os voy a decir hoy, prometiendo que volveré a mis chorradas habituales en breve, es:
acordaos de reír y comer y besar y pasear y nadar y amar y abrazar y disfrutar y aprender y nadar y leer y cocinar y viajar y saltar y reír y reír y reír y reír siempre que tengáis la oportunidad, porque a veces la vida parece que tenga un guionista, y que sea un grandísimo hijo de puta.

23 noviembre 2015

Hoy no puedo escribir nada...



Es que me distraigo con cualquier tontería.


Editado 25/11/2015
A pesar de las apariencias, Nena-chan tenía un poco de fiebre.
Si yo hubiera tenido que ir a trabajar, le habría zumbado apiretal, calculando cuidadosamente el momento para que el máximo efecto tuviera lugar a la hora de entrar al cole, y luego habría cruzado los dedos para que aguantara al menos hasta la hora de comer.
A eso las madres lo llamamos "conciliación".
Como no tenía que ir a trabajar, le dije que se podía quedar en casa y menos mal, porque al rato de grabar el vídeo Nena-chan tenía más fiebre, por la tarde, mucha fiebre, por la noche, la topota madre que parió a la fiebre, y a la mañana siguiente se levantó con la cara tan hinchada que no podía cerrar la boca.
Uy, qué mal rollo...
Me colgué a Bebé-kun en la mochila, subí a Nena-chan al carrito, y me fui a urgencias con los dos.
-¿Prefiere que la atiendan ahora o esperar a que venga su médico esta tarde? -me preguntaron en el mostrador.
Ni siquiera contesté, pero debí poner tal cara que me atendieron en diez minutos.
-Estreptococo -dijo el pediatra.
-Ah, pensé que serían anginas.
-Es lo mismo.
Mierda de superhéroes, cuánto daño han hecho con la tontería de la identidad secreta.
El pediatra dijo que era MUY contagioso, aunque Bebé-kun no estaba en peligro porque los bebés a esa edad no pueden contagiarse.
"Por fin un reto", debió pensar Bebé-kun: por la tarde tenía fiebre también, en este caso, por dientes.
Ay.
Ahora los dos están semipochos y mimosoides y solo quieren estar en brazos. Y yo no iba a escribir, pero he pensado que debía aclarar que sí, la enana estaba malita de verdad. Lo que pasa es que al apiretal le echan drogas.

14 noviembre 2015

Haikus

Hoy, o ayer, no sé, los días empiezan a ser una sucesión confusa para mí, me han echado en cara que ya no escribo haikus.
Jo.
Que no perdonáis ni una.
Y es verdad que no los escribo, pero los pienso, continuamente: tengo esa manía y la de hacer operaciones matemáticas con los números de las matrículas hasta que el resultado final sea el número 20.
Ya, estoy muy loca.
Pensándolo bien, tengo muchas manías más:
No soporto las bolsas de plástico usadas, por ejemplo.
Me pone muy nerviosa que haya alguien de pie detrás mía, sobre todo si me está mirando.
No puedo dormir si los zapatos no están bien colocados, uno junto al otro. En realidad, últimamente no duermo de ninguna de las maneras, así que lo mismo los zapatos no tienen la culpa.
No me gusta comer cosas hechas con diferentes tipos de carne como salchichas (las frankfurt no cuentan porque no me creo que lleven carne de verdad), croquetas, hamburguesas o incluso sopa, porque... a ver cómo lo explico... me da pena obligar a mezclarse a animales que no se han conocido en vida. Me parece algo así como obsceno. Una fosa común alimenticia, digamos.
Lo llevo mejor si soy yo la que hace la comida, porque mientras la preparo dedico un momento a pensar en cómo serían la vaca, el cerdo o la gallina, y a imaginármelos en el mismo establo.
Ya os he dicho que estoy muy loca.
Volviendo a los haikus, los pienso, pero no los escribo, porque

Me paso el día
Cuidando de dos niños
Hiperactivos

Bueno, en realidad no está demostrado que sean hiperactivos, pero tampoco que no lo sean. Digamos que la cosa está al 50%.

El día empieza
despertando a la niña
que feliz duerme

Porque alguien tiene que dormir en esta casa.

Vamos al cole
la niña cree que yo
la espero fuera

Uno de los motivos por los que Nena-chan va tan feliz al colegio es porque cree que Bebé-kun y yo nos quedamos esperándola en la puerta todo el rato. Piensa que somos unos pringados y que es una afortunada por poder entrar.

De nuevo en casa
la vecina está echando
su piso abajo

"Reforma integral", lo llama ella. "Su fruta madre", lo llamo yo.

Bebé-kun llora
los ruidos que no cesan
niño no duerme

La mejor parte de la obra de la vecina es que cuando acaben en su casa tienen que venir a la mía a arreglar el baño.

Corro al colegio
es la hora de buscar
a la princhesa


Me coloco en la puerta del colegio como si no me hubiera movido de ahí desde las nueve de la mañana.

Luego en el bus
la niña siempre dice
que se micciona

Inevitablemente, en cuanto estamos subidas en el autobús Nena-chan dice que se hace pipí.

Hazlo en el cole
a la hora del recreo
por tos tus muertos

Una vez llegó a hacérselo encima. Otra vez me bajé del bus y volví al cole a que hiciera pipí. Otra vez bajé a mitad de camino para que lo hiciera en un arbusto (se negó). Ahora ya paso mucho: si llega a casa, bien, y si no, lavadora y punto.

De nuevo en casa
ZaraJota me llama
mientras comemos

Es una gilipollez, pero si me llama en su hora de la comida y estoy comiendo es como si comiéramos juntos. O algo.

Pasamos las horas
intentando hacer algo
con nuestras vidas

Este me ha quedado así como profundo.
La actividad por la tarde se resume en coger en brazos a los niños por turnos. Básicamente.

Llegan las siete
ZaraJota está en casa
descanso brazos

Más o menos: ahora cojo al mismo niño todo el rato, mientras ZaraJota se ocupa del otro.

Hora del baño
agua formando olas
hasta el pasillo

A Nena-chan le gusta chapotear. Mucho.

Luego la cena
un ratito de Peppa
niña inconsciente

¡Una menos! A por el otro.

La última toma
una tripita llena
niño inconsciente

Son las nueve de la noche y tengo a los dos niños dormidos. Me froto las manos: esta noche nos ponemos con el tema parchís, que lo tenemos muy desatendido. Me vuelvo a ZaraJota y

Está roncando
nuestra vida sexual es
muy complicada

Bien, supongo que al menos eso me deja un poco de tiempo para mí. Enciendo el ordenador e intento escribir algo pero

No se me ocurre
porque no he hecho nada
en todo el día

O algo así.




Pd: Espero que con esto tengáis haikus para una temporada.

09 noviembre 2015

El colecho fijo discontinuo itinerante en diferido

Mucha gente me pregunta si Bebé-kun es bueno y nos deja dormir por las noches.
Voy a intentar responder lo más sencillamente que pueda a esa pregunta.

La noche empieza con todos en sus posiciones de salida:
ZaraJota y yo dormimos juntos en una cama de matrimonio, a nuestro lado duerme Bebé-kun en un moisés, y Nena-chan duerme en su dormitorio, en una cama gigante.

0:00
Bebé-kun es pequeño y todavía come cada tres horas, aunque por la noche aguanta más: normalmente pide teta sobre las doce de la noche, y luego aguanta hasta las cinco.
Creo.
Y digo creo porque cuando llega la toma de las doce me levanto, cojo en brazos al niño, me meto en la cama, me saco una teta y le digo:
-Tú ve comiendo, que mamá va a cerrar los ojos un segundito -y ya no los vuelvo a abrir.

2:00
Más o menos.
Porque resulta que Nena-chan es sonámbula: prácticamente desde que nació, canturreaba dormida, y  a medida que ha ido adquiriendo destrezas ha ido aumentando sus habilidades nocturnas. Ha hecho de todo, desde hablar hasta pasearse por la casa, intentar saltar por encima de los barrotes de la cuna, golpearse la cabeza contra el cabecero pensando que se sale por ahí...
El pediatra nos dijo que era habitual en los niños alrededor de un año, y que luego se le pasaría. Menos mal que el buen hombre se hizo pediatra, porque como adivino habría sido una mierda. Hasta que Nena-chan cumplió dos años, la única forma de garantizar su seguridad por las noches era que durmiera en nuestra cama, con ZaraJota a un lado cogiéndole del brazo toda la noche, y yo al otro con mi mano en su tripa para despertarme si se movía. Aún así, se nos cayó de la cama dos veces.
Con el tiempo, los episodios noctámbulos se han reducido (que no desaparecido) y ha empezado con los terrores nocturnos, que son como pesadillas a lo bestia. El espectáculo suele empezar cada noche sobre las dos de la mañana.
ZaraJota se levanta con un ojo pegao y se va a la cama de Nena-chan a abrazarla hasta que se calma.

3:00
ZaraJota vuelve a nuestra cama y se queda dormido de inmediato. Nena-chan, absolutamente dormida, nota que está sola y se viene también. Ya somos cuatro en una cama de uno cincuenta, y me gustaría decir que el espacio se reparte a partes iguales, pero lo cierto es que Nena-chan utiliza patadas voladoras sonámbulas para hacerse con aproximadamente la mitad de la cama, mientras Bebé-kun se asegura su espacio vital gruñendo como un animalito cada vez que alguien se le acerca.
Para que luego digan que el colecho es peligroso.
Cuando me harto de hacer equilibrios aferrada al travesaño de la cama mientras recibo patadas y gruñidos, cojo al niño en brazos y me voy a dormir a la cama de Nena-chan.

4:00
Abro un ojo y en la penumbra veo a un tío parado en mitad de la habitación.
-¡¡¡AAAAARRRRG!!!
-Soy yo, soy yo -dice ZaraJota-, Nena-chan se ha dormido y vengo a traerla a su cama.
-¿Y por qué no la dejas en la nuestra?
-Me está crujiendo a patadas... pensaba irme al sofá pero no encuentro la manta. Haz sitio.
Cojo a Bebé-kun en brazos, lo llevo a su moisés y me acuesto en mi cama. ZaraJota suelta a Nena-chan en su camita y se vuelve a la nuestra.
Hemos vuelto a la posición de salida.

5:00
Bebé-kun se despierta porque le toca comer. Lo vuelvo a meter en mi cama y no me desabrocho el camisón porque cuando voy a hacerlo me doy cuenta de que ya está abierto y que llevo toda la noche con una teta fuera.
Luego que si me resfrío.
-Tú ve comiendo -le digo a Bebé-kun-, que mamá va a cerrar los ojos un segundito.

6:00
Suena el despertador de ZaraJota

6:05
Suena el despertador de ZaraJota

6:10
Suena el despertador de ZaraJota

6:15
Suena el despertador de ZaraJota

6:20
Suena el despertador de ZaraJota

6:25
Suena el despertador de ZaraJota

6:30
ZaraJota corre por la casa agitando los bracitos mientras se viste.

6:45
ZaraJota se va.
Por mucho cuidado que ponga cerrando la puerta, Nena-chan siempre la oye. Lo siguiente que sé es que está otra vez en mi cama.
-Quero con mamá.
-Vale, un ratito solo.

7:00
Suena mi despertador.

Esto sucede con ligeras variantes casi todas las noches, y a veces se adereza con enfermedades, potas, "accidentes" de pipí, caídas de la cama...
Por eso cuando la gente me pregunta si dormimos, contesto que no.
Porque mi familia no duerme: mi familia se baraja.






Pd: Bebé-kun también es sonámbulo. Creo que estamos muuuuuuuy jodidos.


03 noviembre 2015

La voz de dios

Cuando tienes tres años, a lo más que puedes aspirar en la vida es a adquirir autonomía.
Para los adultos, que un niño adquiera autonomía significa que sea capaz de hacer sin ayuda cosas como, por ejemplo, quitarse y ponerse los zapatos.
Para los niños, adquirir autonomía significa que ya que pueden quitarse y ponerse los zapatos sin tu ayuda, lo van a hacer cuando quieran, donde quieran y como quieran, tanto si te parece bien como si no.
No creáis que es cosa mía, con la constitución ha pasado lo mismo.
Si tenemos en cuenta la definición de autonomía de un adulto, Nena-chan es bastante autónoma.
Si tenemos en cuenta la definición de autonomía de un niño, Nena-chan es muy autónoma. Demasiado autónoma, incluso. Freelance, diría yo.
La autonomía de Nena-chan se manifiesta, sobre todo, en los zapatos: si le compras un par, más te vale asegurarte de que le van a gustar, porque si no no conseguirás ponérselos ni por la fuerza (y tenemos unas zapatillas sin estrenar que lo demuestran). Y aunque le gusten, nada te garantiza que se los vaya a poner cuando tú quieras, porque de pronto puede decidir que quiere ir en zapatos de charol aunque esté nevando, o en botas de esquiar aunque sea agosto y estés en plena ola de calor,o directamente descalza porque caminar por Madrid con zapatos es de cobardes.
Hace unos días teníamos que salir a la calle y era tarde ya, y no conseguíamos que Nena-chan se pusiera los zapatos, ningunos zapatos, ni argumentando, ni pidiéndoselo por favor, ni con promesas, ni con la madre que la parió.
-¡Que te pongas los zapatos y punto! -le dije.
En vez de alterarse, Nena-chan me sonrió.
-Ara no puedo. Tengo que ir a jugar al salón.
Y se fue al salón, y yo me quedé en su habitación con cara de gilipollas.
En fin.
Creo que por lo general tengo bastante paciencia, al menos con Nena-chan, pero hay días y días y ese día había dormido poco, Bebé-kun estaba llorando, estábamos todos sin desayunar, teníamos prisa... qué sé yo.
Ya estaba preparada para ir detrás de Nena-chan y ponerle los dichosos zapatos por la fuerza cuando me acordé del telecomunicador de bebés, que nunca usamos para nada pero ese día estaba encendido dios sabrá por qué. Así que en vez de ir al salón a buscar a Nena-chan me fui a mi dormitorio y cogí el comunicador.
-Nena-chan -dije- ponte los zapatos.
Y en el salón, donde estaba el otro comunicador al máximo de volumen, sonó:
-¡NENA-CHAAAN! ¡POOOOOOOONTEEEEEEE LOOOOOOOOS ZAPATOOOOOOOOS!
Rápidamente Nena-chan echó a correr, se metió en su habitación y empezó a ponerse los zapatos.
-¿Qué haces? -le pregunté.
-Me pongo los chapatos.
-¿Y eso?
-Por que lo ha dicho la señorra.
Ay...
Entonces me fui a buscar a ZaraJota.
-Tengo una noticia mala y una buena.
-No sé qué has roto esta vez, pero no creo que puedas convencer al seguro de que ha sido un terremoto.
-No es eso... Puede ser que quizá haya hecho algo que haya hecho creer a Nena-chan en una entidad superior que nos vigila.
-Ay, dios.
-Exactamente.
-¿Y la buena noticia?
-Bueno... al menos cree que es una mujer.

30 octubre 2015

Halloween 2015

-Mamá, pinta una bruja, favor. 
-Mira. 

-¡No, así no! ¡Una bruja buena!
-Esta es buena. 
-¡No es buena! ¡Es fea!

La bruja apagó la bola de cristal de un manotazo. El que escucha lo que no debe se arriesga a oír cosas que no le gustan, se recordó a sí misma. Aún así... estaba indignada.
¿Qué tendrá que ver ser mala con ser fea?
La bruja rebuscó en el armario hasta dar con un espejo. Estaba roto, por supuesto: a todas las brujas, cuando se compran una casa, sus madres les regalan un espejo roto para que les dé malvada suerte. La bruja miró su rostro separado en mil pedazos. Desde luego... Si  era cierto eso de que a los feos no les queda más remedio que ser simpático, ella era simpatiquísima.
Pero no lo era. Era más bien tirando a mala. Comía niños, secuestraba princesas, maltrataba príncipes, entrenaba dragones... Una vez incluso tiró una bolsa de basura orgánica al contenedor amarillo, aunque luego se arrepintió mucho y nunca más lo volvió a hacer.
La otras brujas la miraban con respeto y buscaban su consejo. No es que lo encontraran, pero eso es lo de menos. Los aldeanos temblaban cuando la veían. Bueno, puede que eso fuera porque en la dichosa aldea hacía siempre un frío espantoso. Las hadas le habían jurado odio eterno; las hadas es que son muy de odiar. Cientos de príncipes habían intentado matarla solo para demostrar su hombría, sin éxito en la empresa, obviamente.
Sí, la bruja era mala. Muy mala.
Pero no era mala por ser fea.
Lo de ser fea era, simplemente, un plus.

26 octubre 2015

La desinformación

Cuando vas a recoger a tu hijo a la guardería, lo normal es que su seño te informe.
Te dice, por ejemplo, qué ha comido, cuándo y cuánto, si ha hecho pis o caca, si ha dormido, qué han aprendido. No es porque las madres seamos unas obsesas del control. Bueno, sí, principalmente es por eso. Pero también es para que, por ejemplo, planifiques la cena. 
Si la seño es buena en su trabajo, y la de Nena-chan lo era, además te cuenta alguna anecdotilla sobre tu hijo, y te vas tan contento. 
En el colegio es diferente. Aunque las maestras están a tu disposición para contestar preguntas, así, de entrada y por principio, no te cuentan nada, porque se supone que un niño de tres años ya puede contártelo por sí mismo. 
Ciertamente, lo que es poder, puede. Lo que hace falta es que quiera: los niños de tres años tienen bastante tendencia a la dispersión. 
Así, cada día, cada puñetero día, a la salida del colegio, le hago a Nena-chan exactamente la misma pregunta: 
-¿Qué has hecho hoy en el cole?
-Muy bien -responde. 
-Ah... Me alegro. Pero ¿qué has hecho?
Bebé-chan pone los ojos en blanco. 
-Muy bien -que no te enteras, mamá.
-Eh... vaaaaaleeee.... ¿Y has pintado con los colores?
-No. Jugando. 
-Claro, eso en el recreo, ¿no? 
-No. 
-¿No? ¿Qué haces en el recreo?
-Un niño me pega.*
Mi primer instinto fue localizar al agresor y partirle las piernas, pero Nena-chan no parecía afectada en absoluto. 
-Bueno... si te vuelve a pegar se lo dices a la seño, 
-La seño está enfadada. 
-Anda, ¿y eso por qué?
-Porque no está contenta. 
Ante semejante alud de información, empecé a temer el día que Nena-chan fuera al comedor. Intenté retrasar el momento todo lo posible, pero al final me tuve que rendir a la evidencia: no nos daba tiempo a ir a casa a comer y luego volver a la extraescolar de inglés. 
El primer día de comedor estuve atacada toda la mañana. ¿Y si no le pasan nota a la seño y deja salir a la niña a las dos? ¿Y si no la deja salir, y la nena no lo entiende y se va? ¿Y si alguien reclama a la niña y se la lleva? ¿Y si...? No me malinterpretéis; yo no soy una de esas madres locas que no confían en los profesores: soy una madre loca que no confía en NADIE. 
Cuando por fin llegó la hora y la niña salió, le hice la pregunta de siempre. 
-¿Qué has hecho hoy en el cole?
-Muy bien.
Señor, dame fuerzas, porque como me des un hacha la liamos...
-¿Te ha gustado la clase de inglés?
-Sí. 
-¿Cómo se llama la seño de inglés?
-Tiicha.
-Ay... -eso me pasa por preguntar obviedades- ¿Y el comedor?
-Muy bien. 
-Eh... me alegro que le des tu aprobación. ¿Qué has comido?
-Un chumo. 
-¿Nada más?
-Y llalletas.
-Eh... eso es lo que te ha puesto mamá para el recreo: zumo y galletas. Pero luego has ido al comedor, ¿a que sí?
-Vale. 
¿Cómo que vale? ¿CÓMO QUE VALE?
-Eh... ¿y qué has comido en el comedor?
-Chumo y llalletas. 
-Mira, Nena-chan... yo no digo que no te crea, ¿eh? Nada más lejos de mi intención el minar tu autoestima dudando de tu testimonio, pero es que el zumo y las galletas eran para el recreo. Si te los has comido en el comedor, no pasa nada, pero digo yo que algo más te habrán dado, ¿verdad?
-Sí. 
Bien, parece que nos acercamos a alguna conclusión.
-A ver, ¿qué has comido EN EL COMEDOR?
Nena-chan se lo pensó.
-¡Cocholate!
Me rindo. 






*Según varias niñas "mayores" (ancianas de cinco años) que fueron testigos del suceso, Nena-chan iba corriendo sin mirar e impactó de cabeza contra otro niño de su clase que iba corriendo sin mirar. No hubo que lamentar víctimas mortales gracias a la rápida intervención de una de las seños, que hizo sana-sanas y repartió besos en la zona afectada.