02 febrero 2014

On fire

-Jo, Lorz, tú antes molabas.
-¿Antes molaba? ¿Y me lo dices ahora? Eres peor que mi abuela, que solo te dice que has perdido peso si después puede añadir “pero ahora has vuelto a engordar”.
-Es que solo escribes chorradas sobre Bebé-chan.
-Bueno, acabo de escribir una historia sobre el bluray de ZaraJota™.
-Chorradas sobre Bebé-chan, chorradas sobre ZaraJota™... Es la misma mierda siempre.
-Vale. A ver qué te parece esto...
Entonces, para demostrarle al mundo (léase Sark) que era capaz de escribir otras cosas, escribí un post porno.
MUY porno.
Tan porno que solo lo ha leído ZaraJota™, y desde entonces me sonrojo cuando me mira.
Bueno, eso ya me pasaba antes, y no tiene nada que ver con el porn...
Ejem. 
Lo importante aquí es que he aprendido una valiosa lección: cualquier idiota puede escribir porno, pero nadie escribe chorradas sobre Bebé-chan y ZaraJota™ como yo.
Aclarado este punto, voy a contar una historia en la que aparecen mencionado Bebé-chan y ZaraJota™. Y al que no le guste, que no mire.

Durante toda mi vida he pensado que depilarse era una decisión personal que cada uno tomaba según le apeteciera, pero esta semana, gracias a un sesudo debate en twitter, he aprendido que el futuro del feminismo internacional se esconde en nuestros matojos íntimos, a saber:
1.- No te depilas: eres una guarra.
2.- Te depilas: eres una víctima de la sociedad falocéntrica imperante y deberías salir a la calle y quemar tu sujetador de inmediato. A ser posible lejos de un área infantil, gracias.
Con lo feliz que era yo pensando que lo que pasara en mis sobacos era solo asunto mío, y ahora vivo atenazada por la angustia de no saber si mis sobacos son políticamente correctos.
Mi único consuelo es que, sea cual sea el veredicto, mi herencia genética tiene mucho de lo que responsabilizarse.
Por una parte, mi madre. Mi madre tiene tan poco vello corporal que para ella depilarse consiste en coger unas pinzas y contorsionarse en busca de algún pelillo rebelde.
Por otra, mi padre. Mi padre tiene exactamente tres pelos en el pecho. Tres. Y le han salido pasados los cuarenta años. Los tres pelos de mi padre se consideran Especie Protegida: una vez se tiró de uno y Greenpeace organizó una protesta. El vello facial sigue la misma tónica: por lo general la decisión de dejarse barba implica un plan quinquenal.
-Lo que pasa es que estoy muy evolucionado -suele decir mi padre cuando sale el tema.
La teoría de la supuesta evolución de mi padre no se sostiene, entre otras cosas, porque su hijo, Hermano Mediano sí tiene pelos: todos en la cara. Como es moreno y de pelo rizado, cuando se dejaba la barba mi madre lo llamaba "mi pequeño talibán". La broma dejó de tener gracia después del 11-M: de pronto no podía subirse al metro con una mochila sin que los cabrones racistas  seguratas se le echaran encima.
Luego está Hermano Pequeño. Hermano Pequeño no tiene pelos en la cara. Ni uno. Cada vez que intenta dejarse barba se pasa meses oyendo "tienes algo raro en la barbilla". En cambio sí tiene pelos en el cuerpo. No es que se los hayamos visto: lo sabemos porque hemos oído historias terroríficas sobre cómo se los quita. Obviamente, Hermano Pequeño necesita salir a la calle a quemar su sujetador YA.
Y por último estoy yo, que me he dejado a mí misma en último lugar porque soy muy educada.
Mi historia con el vello corporal es tosca y se mete por doquier.
No, no era eso.
Da igual.
Yo no tengo pelo en la cara.
No importa lo que os haya dicho Sark: no tengo bigote.
Es un efecto óptico, ¿vale?
De vez en cuando voy a la peluquería a que me quiten cuatro pelos de las cejas, y lo hago principalmente porque luego me dan un masaje que me deja nueva.
El resto del cuerpo lo tengo a parches.
Nunca he tenido mucho pelo en las piernas, pero después de usar medias seis días en semana durante cuatro años (por motivos laborales) los pocos pelos que tenía empezaron a crecer raquíticos y luego dejaron de crecer. Ahora solo me salen algunos parches en las zonas en las que las medias no rozaban. Hace unos años le pedí a mi peluquera que me hiciera la cera.
La peluquera me miró las piernas con el ceño fruncido.
-Tenemos que esperar a que te crezcan un poco.
Seguimos esperando.
Tampoco tengo mucho pelo en las axilas. Una es casi calva porque tengo una cicatriz; y si no me depilo la otra me siento desequilibrada: como andar con una zapatilla en un pie y un zapato en el otro. Eso me llevó hace unos años a probar la depilación láser. Solo aguanté cuatro sesiones, así que no os preocupéis: el feminismo universal está a salvo por esa parte.
Lo que me da más problemas es el piticlín. Tampoco es que haya mucho donde rascar ahí. Además, las señoritas no se rascan ahí.
A la mierda el feminismo universal.
Los problemas vienen por causas ajenas a mi voluntad: por ejemplo, cuando me hicieron la cesárea las enfermeras decidieron que, para lo que había, "no merecía la pena rasurar". Luego me pegaron encima todo el esparadrapo de las vendas. Y luego... me lo quitaron. Entre la cicatriz de la cesárea y la depilación en seco del esparadrapo mi piticlín ya no es lo que era: ahora pasa muchísimo más frío.
Con todo, lo más dramático que le ha ocurrido a mi vello corporal no ha sido una depilación, sino un teñido.
(Esto ya lo conté una vez hace mucho tiempo en los comentarios, así que los lectores más veteranos se lo pueden saltar)
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, me compré un bikini de color blanco.
-Eso en cuanto se moje se va a transparentar -profetizó mi madre.
Así que me metí en la ducha con el bikini puesto, para demostrarle que no tenía razón.
Y la tenía.
¡Maldita sea! ¿Por qué las madres siempre tienen razón y ahora que yo soy madre no la tengo nunca?
En aquel momento mis opciones eran limitadas:
No podía devolverlo porque ya me había bañado con él.
No podía comprar otro porque me iba de vacaciones al día siguiente y no me daba tiempo.
Mi única salida era atacar la raíz del problema: los pelos.
Primero pensé en depilarme, pero estaba segura de que cuando volviera a crecer iba a picarme un puñao. Además existía la remota posibilidad de que a mi novio de entonces le gustara el resultado y se empeñara en que lo llevara depilado siempre, y la verdad, pasarme la vida quitándome pelos del piticlín me parecía un coñazo (literal y figuradamente).
Así que me lo teñí de rubio. Usé crema andina y no importa lo que te digan: escuece una barbaridad.
CHIRRI ON FIRE.
Big time.
Es una pena que por entonces todavía no existiera la canción de Alicia Keys, porque me había venido que ni al pelo (literal y figuradamente) para expresar mis sentimientos al respecto.


Incluso después de quitarme la crema (con agua HELADA) tuve que estar un buen rato abanicándome el piticlín, y estuve andando como John Wayne al menos semana.
Ahora sí, me quedó monísimo. Gran éxito de crítica y público. Una pena que enseguida empezaron a verse las raíces...
Bueno, no a verse: por lo general no se veían. A ver, que una es muy decente, y por lo general sale a la calle con las bragas (limpias) puestas.
Pero estaban ahí, como acechando.
Por entonces tenía una compañera de trabajo a la que le encantaba la expresión "rubia de bote, chocho negrote". Para mí que sospechaba algo, pero no acababa de saber el qué.
En fin, que así en general no tengo una política muy firme en lo que a vello corporal se refiere: me depilo si me apetece, me dejo greñas si quiero, me tiño cuando no tengo aprecio a mi bienestar físico...
Y esto me lleva a preguntarme: si a mí no me importa lo que pasa en mis sobacos, ¿por qué tendría que importarle al feminismo internacional?








24 enero 2014

El bluray y la tele de chorrocientas pulgadas

Como he recibido quejas sobre la abundancia del contenido materno-filial hoy voy a hablar de otra cosa.
Ya pueden retirar el caballo muerto de mi cama, gracias. 
Bien.
Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana (Carabanchel) ZaraJota™ estaba empeñado en que nos compráramos un bluray. Sus motivos eran extremadamente lógicos:
-¡Es que Atreides tiene uno!
-¿Y si Atreides se tirara por un puente tú también te tirarías?
-¡Nooooo! ¡Aprovecharía para ir a su casa y robarle el bluray! ¡Y la tele de chorrocientas pulgadas!
Por desgracia yo no quería un bluray (ni una tele de chorrocientas pulgadas), y mis motivos también eran extremadamente lógicos:
-¡Que he dicho que no y es que no!
-¡No es justo! ¡Siempre decides tú lo que compramos y lo que no!
-¡Pues apréndete el pin de la tarjeta, que pareces tontito!
Entonces me quedé embarazada (Esto no es contenido materno-filial, esto se llama "contexto"), y ZaraJota™ vio lo que hoy en día llaman "ventana de oportunidad". Sin motivo aparente. Con "oportunidad" sobra, digo yo. ¿Para qué quiere la oportunidad una ventana? ¿No era calva? ¿A cuento de qué viene esto?
La familia venía y preguntaba:
-¿Qué queréis que le regalemos a la niña cuando nazca?
Y antes de que me diera tiempo a contestar, saltaba ZaraJota™.
-¡UN BLURAY!
-Ejem... ¿no os valen unos patuquitos?
Y luego nació Bebé-chan. Y llegó la navidad. Y la familia preguntaba:
-¿Qué le ha pedido Bebé-chan a los Reyes Majos?
ZaraJota™ contestaba:
-¡UN BLURAY!
Y luego Bebé-chan creció. Y antes de que nos diéramos cuenta había pasado un año. Y la familia preguntaba:
-¿Qué quiere Bebé-chan por su cumpleNO VAMOS A COMPRARTE EL PUTO BLURAY!
Parece ser que ya como que se lo veían venir o algo.
Y entonces llegó esta navidad.
Y la familia ni preguntó.
-¡Que no! ¡Que no te compramos el bluray de los güevos! ¡Que el regalo es para la niña, no para el pelma del padre!
-¿Y una PSP? ¿Una pequeñita?
-¡QUE NO!
-Jo...
Y no sé si fueron las hormonas, la falta de sueño, la escasez de sexo o qué, pero me dio mucha pena el pobre. Entonces le escribí una carta a los Reyes Majos:

Queridos Reyes Majos de Andalucía

dos puntos

Sí, soy yo. No llaméis a la policía, por favor. Solo quiero un bluray. Una pequeñito. 
No es para mí, es para un colega. 

Gracias. 

Y los Reyes Majos le trajeron a ZaraJota™ un bluray, uno pequeñito.
Un bluray pelao y mondao, sin nada más que el bluray y el mando. Y ni siquiera es bonito.
Vaya, el bluray que había de oferta.
Los muy tacaños.
ZaraJota™ le dio igual.
-¿Un bluray? -dijo cuando abrió su regalo- Si no quería...
-Mira, majo, no me toques las narices, que llevas siglos incordiando con el bluray.
-Ya, pero era broma, jajaja.
-¡PUES AHORA TE LO QUEDAS!
-Ya, jaja, es que te vas a reír, jaja, pero nuestra tele no tiene entrada para bluray, jaja, ¿a qué es gracioso?
-...
-¿No te parece gracioso?
-Eh... ¿Te acuerdas en Apolo XIII cuando tienen que encajar una cosa redonda en una cuadrada y si no lo consiguen se van a morir por falta de oxígeno?
-Sí.
-Pues hazte a la idea de que el bluray es la cosa redonda, la tele la cuadrada, y yo la falta de oxígeno.
-Ya veo.
ZaraJota™ lo intentó. Lo intentó durante todo un domingo. Lo intentó de todas las maneras posibles.
Pero nada: aquello era como intentar que un elefante se zumbara a una hormiga.
Al final, cuando se quedó sin ideas, cogió el puñetero bluray, se lo llevó a casa de mis padres, e intentó enchufarlo en su televisión.
-Tengo una noticia buena y una mala -me dijo cuando volvió a casa con el cacharro bajo el brazo.
-¿La buena es que llueven piruletas, y la mala es que caen con el palo pabajo?
-Eh... no. La buena es que el bluray funciona perfectamente, y la mala es que nuestra tele no.
-...
-Podemos devolverlo si quieres.
-Mira, ZaraJota™, llevas años dando la brasa con el bluray. AÑOS. Yo ya no puedo más. El bluray se queda. Así que dime lo que tenemos qué hacer para que funcione. Me da igual. Lo que sea.
-Bueeeeeeno... podríamos comprar una tele nueva.
-Está bien...
-Con una de chorrocientas pulgadas bastaría...
-No tientes tu suerte.
Entonces nos compramos la tele. No es de chorrocientas pulgadas, pero al menos admite el formato bluray. Tardaron casi una semana en traerla a casa, y cuando llegó ZaraJota™ consiguió que funcionara a la primera.
-¡Ya está! -anunció.
-¡Bieeeeeeen!
-¿Y ahora qué?
-Pues ahora habrá que ver algo en el bluray, ¿no?
-Claro, cualquier DVD.
-Ah, no. Ahora que tenemos bluray yo quiero ver un bluray de los de verdad.
-Eh... sí. Pues entonces tengo una noticia buena y una mala.
-¿La buena es que llueve chocolate y la mala es que cae de canto?
-Eh... no. La buena es que tenemos un bluray...
-Ya.
-Y la mala es que tenemos UN bluray.


Creo que me habría ido mejor si los Reyes Majos hubieran llamado a la policía.  







19 enero 2014

Para el Primo Buena Persona y su santa

Mi primo Buena Persona es muy pesao.
Y cuando sea padre va a ser un padre pesao, pesao, de esos que pesan la caca del bebé todos los días y si un día hace tres gramos menos de caca va corriendo a urgencias corriendo y agitando los bracitos y cuando llega allí se dan cuenta de que ha salido de casa con tanta prisa que se ha dejado el bebé atrás, probablemente jugando a lamer la plancha encendida dentro de la bañera o algo peor.
De esos.
Y lo vamos a comprobar muy pronto, porque su señora santa sale de cuentas en breve.
La última vez que lo vimos ya miraba a Bebé-chan con suspicacia, como si su futura hija hubiera enviado un agente infiltrado. De vez en cuando superaba el recelo y me hacía una pregunta. Pero rara, rara, ¿eh? Que la gente normal pregunta cosas como qué marca de pañales usas, y mi primo preguntaba cómo funciona mi secadora.
Y esta es la cuestión: incluso cuando preguntaba, no me atrevía a decirle gran cosa, porque no hay nada más irritante que un padre primerizo que intenta darse aires aleccionado a otro. Y de esos hay mogollón, porque solo hay una cosa que le guste a la gente más que los bebés, y es demostrar que saben más de bebés que nadie.
Por eso los padres primerizos se ven obligados a sufrir un aluvión de consejos no-solicitados cuyo único fin no es ayudar, sino subir la autoestima del padre supuestamente experimentado que los da, y que busca reafirmarse a costa de la menor pericia del otro.
Por supuesto también hay un montón de consejos bienintencionados muy prácticos y hechos con muchísimo amor. Tengo una lista muy larga de personas a las que me gustaría comer los morros por haber dicho la palabra oportuna en el momento apropiado y haberme salvado la vida como madre primeriza; a la cabeza de la lista está Angua, a la que nunca podré comerle los morros porque su marido es muy grande y tiene aspecto de violento.
Bien. Los consejos no-solicitados que recibes son de todo tipo y algunos te dan ganas de matar gente, pero no lo haces porque en el fondo estás pensando "¿y si tienen razón? ¿y si lo estoy haciendo mal? ¿y si soy un mal padre? ¿Y si mi bebé acaba siendo el líder de una banda de moteros drogadictos ninfómanos o peor, ministro?"
Y bueno, también porque matar está mal y eso.
Si te pillan. 
Porque resulta que los padres primerizos, como especie, son muy inseguros, como cualquiera que hace algo extremadamente importante, por primera vez, solo y sin manual de instrucciones.
Los consejos no-solicitados no solo no les ayudan, sino que encima les hacen pensar "todo el mundo lo tiene dominado menos yo, lo voy a hacer fatal, soy un puto desastre".
Por eso yo no quería dar consejos no-solicitados... al principio.
Porque ahora lo estoy pensando y a lo mejor, si le dejo claro que se los envío desde el cariño, el respeto y el entusiasmo por el advenimiento de mi primera (de la que espero que sea una larga serie) sobrina, no le importa que le no-solicitee un poco.
No creas que te voy a no-solicitear con lo primero que se me pase por la cabeza, ¿eh? Llevo pensando por lo menos diez minutos y este es el resultado.



COSAS QUE ME HUBIERA GUSTADO SABER CUANDO NACIÓ BEBÉ-CHAN
(y que a nadie se le ocurrió decirme) 

1.-Los bebés recién nacidos solo conocen dos conceptos: gustito y disgustito.

2.-La definición de gustito y disgustito es más o menos la misma para todos los bebés, por ejemplo: "en brazos de mamá con la tripita llena" suele entrar en la categoría gustito, mientras que "un loco de bata blanca me pincha el talón para sacarme sangre y encima me dice que es por mi bien" suele calificarse como disgustito. 

3.-Peeeeeero hay excepciones. Los bebés son personas, cada uno tiene derecho a tener su propia personalidad y sus propios gustos, y a veces lo que para un bebé es gustito para otro puede ser disgustito, o al revés. Eso significa que a lo mejor el sobrino segundo de tu vecina se dormía estupendamente con el disco del concierto de Aranjuez, pero eso no significa que tu bebé tenga que hacerlo (aunque, en momentos de gran desesperación no está de más probar; nunca se sabe).

4.- Los bebés son más inteligentes que los adultos. Ellos comprenden que no podemos adivinar sus gustos así como así. A ver, que nos acabamos de conocer. Si es tu pareja, que lleva años aguantándote, y a veces te mira como si no supiera de dónde has salido, ¿no? Pues con el bebé igual. Bueno, sí que sabes de dónde ha salido, pero aparte de eso no lo conoces de nada. Por eso cuando están a disgusto te lo comunican, para que lo sepas.

5.-El problema es que la única forma que tienen de comunicarse es llorando. Este es el quid de la cuestión: los bebés lloran. En cualquier momento y lugar, siempre que no están a gustito. Un bebé que llora mucho no es ni más malo ni más bueno que uno que llora poco, simplemente tiene más que comunicar. Los bebés no son ni malos ni buenos, solo son bebés. Lo que pasa es que a la gente le encanta poner etiquetas: un bebé que llora mucho molesta, por tanto es malo. Y si el bebé es malo, es fácil saltar a la conclusión de que sus padres no lo están haciendo bien. Pues no. El bebé llora porque está a disgusto, y sabe que llorando sus padres lo sabrán e irán a ayudarle. ¿Sabes qué bebés no lloran nunca, nunca, nunca? Los que saben que por mucho que lloren nadie les va a ayudar.

6.-El problema del llanto es que significa que el bebé no está a gusto, pero no te explica por qué, y tienes que adivinarlo tú. La única forma de hacerlo es por descarte.
-¿Hambre?
-Nop.
-¿Caca?
-Nop.
-¿Sueño?
-Nop.
-Joder. ¿Comodín del público?
-Lo gastaste ayer con el incidente de los gases.
-Mierda.
-Nop.
Y así hasta que atines.

7.-A veces, por más que lo intentes, no vas a conseguir adivinar qué coño le pasa. Si ha comido, está limpito, está descansado, está sano... ¿por qué sigue llorando? ¿eh? ¿eh? ¿EH?
Esto va a pasar alguna que otra vez, y en esos casos lo único que puedes hacer es darle mucho amor y esperar que pase.
Una vez más: esto no significa necesariamente que seas un mal padre, solo que eres un padre en prácticas.

8.- El bienestar del bebé es responsabilidad tuya, pero no siempre vas a poder garantizarlo. A veces sucederán cosas que no está en tu mano evitar.
Eso no te hace un mal padre, solo te hace un ser humano.

9.- Todo es cuestión de práctica. Lo que no hagas bien el primer día ya lo harás bien el segundo o el tercero. Y si nunca terminas de hacerlo bien, tampoco pasa nada. Lo importante es participar.

10.- El bebé, cuando nace, está programado para quererte y por su parte lo único que necesita es que lo quieras. Todo lo demás no son más que detalles sin importancia.



Corolario: vais a ser unos papás estupendos, disfrutad de vuestra pequeña y todo irá bien.


11 enero 2014

Sinonimia aplicada

Bebé-chan ya dice muchas cosas, por ejemplo:
PAPÁ: mamá.
MAMÁ: caca.
ÑAM-ÑAM: comer.
BIBEBEBE: biberón para el bebé.
ATETA: galleta.
ALA: hola.
YA-TÁ: ya está.
NEIN: no.
OH, OH: yo no he sido, ya estaba así cuando llegué.
PAPPA PIG: Peppa Pig (lo dice con la musiquita y todo).
pato: pato.
patata: todo lo demás. 

Y claro, de pronto me he empezado a preocupar porque repita las cosas que yo digo, porque yo digo muchas, muchas, muchas palabrotas, y no me apetece que Bebé-chan las repita porque cuando eres madre te vuelves un poco gilipollas (que significa "hipócrita" en klingon). 
La cuestión es que dejar de decir palabrotas no es tan fácil como parece: intenté dejarlo de golpe y no funcionó, intenté dejarlo gradualmente y no funcionó y ahora estoy intentando el método de la sustitución, de mucha tradición entre abuelas y señoras de pueblo. 
Me he hecho un listado y todo, a saber: 

PUTA: fruta
HIJO DE PUTA: hijo de fruta
peeeero
TU PUTA MADRE: topota madre
ME CAGO EN TU PUTA MADRE: topota madre y sus siete topotitos
HOSTIA: ostras
COJONES: cajones
CABRÓN: carbón. Esta está inspirada en una canción de la Trinca que además viene muy al pelo con este tema.
COÑO: moño o piticlín.
POLLA: pilila o piticlín.
Bien pensado, debería decir siempre piticlín, porque fomenta la igualdad entre sexos.
CULO: culete.

Hasta ahí, bien. Lo que ha dado más problemas son las funciones corporales:

MIERDA: al principio empecé a decir CACA, pero al parecer tampoco está bien visto en la guarde, así que rápidamente los sustituí por CAQUITA, y al principio me fue bien porque sí, un bebé de cuatro kilos que solo se alimenta de leche materna hace CAQUITA.
El problema es que el bebé de cuatro kilos que solo se alimenta de leche materna se transforma rápidamente en una bestia parda de diez kilos que come kebab, y ya no hace CAQUITA, hace MIERDACA.
GRANDE. APESTOSA.CALENTITA. CHORREANTE.
Entonces volví a usar la palabra, CACA pero seguía sin estar bien vista en la guarde, y al final la tuve que cambiar por CACOTA, aunque no tiene ninguna lógica, porque para mí que CACOTA es más que CACA, como se puede apreciar en este gráfico.

CAGAR: hacer cacota.
PIS: pipí.
MEAR: hacer pipí.
ME MEO TOA: superpipí.
PEDO: pet.
ZaraJota™ parece pensar que en catalán suena todo como más moñas, así que las palabras que no tienen forma políticamente correcta las dice en catalán: pets, moquets, calçotets...

De todas las funciones corporales ha habido una especialmente problemática, FOLLAR/JODER/SIMILARES. Le hemos dado muchas vueltas, y finalmente hemos encontrado un sinónimo perfectamente apropiado, en concreto:

FOLLAR/JODER/SIMILARES: me CAGO en la HOSTIA, Bebé-chan, duérmete de una PUTA vez, que papá y mamá están salidos y quieren echar uno rapidito aunque sea, COJONES.


Y ahora unos minutos musicales.

04 enero 2014

Yaestuvieronaquí los Reyes Majos

Hoy voy a vivir locamente y no voy a poner asteriscos. 

Decíamos ayer anteayer la semana pasada que para mi familia los Reyes Majos vienen el día treinta y uno de diciembre, o mejor dicho, no vienen y cada uno que se las apañe.
Cabrones.
Este año, con el fin de no confundir a Bebé-chan, intenté mover el reparto de regalos al día de Reyes, pero no hubo forma y tuve que recurrir al Plan B.
-¿Y si alguien se disfraza de Rey Majo? -le propuse a mi madre.
-¿Quién?
-Hermano Pequeño. Ya le he preguntado y está de acuerdo.
-¿De verdad?
-Más o menos.


>>>>¡Flashback!

-Oye, Hermano Pequeño, ¿quieres ver lo que puedo hacer con tres agujas de punto, un soplete y tus testículos?
-Eh... no especialmente. 
-¡PUES YA TE ESTÁS PONIENDO EL DISFRAZ Y LA BARBA, Y RAPIDITO, QUE ES NAVIDAD Y ME PONGO MUY NERVIOSA! 

¡Flashback back!<<<<

Hermano Pequeño, salvando sus testículos.

-¿Y cómo lo hacemos? -preguntó mi madre.
Por suerte yo ya lo tenía todo pensado porque veréis, a mi familia hay que darle todo masticadito. No porque sean tontos, que va: es que si no se lo das todo hecho van y opinan. Y se entusiasman. Y cuando te quieres dar cuenta estás alquilando un helicóptero para que el Rey Majo se tire en paracaídas, pero como hablan todos a la vez y nadie escucha el Rey Majo acaba saltando con una sombrillita de cóctel en vez del paracaídas y se pega un guarrazo, y en vez de repartir regalos acabamos todos en urgencias, mientras mi madre repite lo tontos que son sus hijos. Y todo así.
Pues eso, que tenía un plan:

1.-Mi madre distraería a la concurrencia con los canapés.
2.-Hermano Pequeño se escabulliría discretamente para disfrazarse con la ayuda de la Tita del Puerto.
3.-Cuando estuviera listo, la Tita del Puerto cerraría discretamente la puerta del salón,.
4.-El Rey Majo, también conocido como Hermano In Disguise saldría discretamente de casa.
5.-El Rey Majo llamaría al timbre.
6.-Bebé-chan y yo iríamos a abrir la puerta, para ¡TA-CHAN! encontrarnos allí al Rey Majo.
7.-El Rey Majo distraería discretamente a Bebé-chan en la puerta.
8.-El resto de la familia metería discretamente los regalos en el salón.
9.-Cuando todo estuviera listo el Rey Majo cogería a Bebé-chan en brazos e iría al salón.

Para asegurarme de que todo el mundo sabía lo que tenía que hacer mandé las instrucciones por escrito al grupo de whatsapp que tengo con mis padres y hermanos, al grupo que tengo con mi madre y mi tía, al grupo que tengo solo con mis hermanos, a cada uno de manera individual y luego a todos los contactos del móvil, por si acaso.
Esto me recuerda que tengo que cambiar de dentista. 
Las únicas a las que no avisé fue a Latita y la abuela, por aquello de que alguien se sorprendiera de verdad, pero por lo demás hasta los peces radiactivos del Manzanares lo sabían.
¿Qué podía fallar?

Ejem...

Para empezar la concurrencia cayó sobre los canapés como una plaga de langosta y en menos de cinco minutos había arrasado.
-Creo que deberías ir a cambiarte -le dije a Hermano Pequeño así, discretamente.
Hermano Pequeño fue a cambiarse, pero no encontraba el disfraz, así que empezó a correr por toda la casa agitando los bracitos mientras gritaba:
-¿Dónde está la Tita del Puerto? ¡NECESITO A LA TITA DEL PUERTO!
Así, discretamente.
Cuando la localizó se encerraron en una habitación para vestirse. El problema es que Hermano Pequeño ya se había metido en el papel, y en lugar de vestirse se quedó tieso mientras la Tita del Puerto le ponía el disfraz como el que viste a un torero.
Tardaron siglos, y al final fui a ver qué pasaba.
-Ya casi estamos -dijo la Tita del Puerto.
-Vale, pues ahora cuando termines cierras la puerta del salón.
-¿Y si preguntan por qué cierro?
-Pues les dices que vas a fumar.
-Es que ahora no me apetece fumar.
-No hace falta que fumes, solo que cierres la puerta.
-Bueno, yo cierro la puerta, me fumo un piti, y luego...
-¡Nada de piti! ¡Nada de piti! Ya cierro la puerta yo.
Pero cuando fui a cerrar la puerta descubrí que mi padre tenía algo que hacer urgentemente en la cocina. No me acuerdo qué era, algo sumamente importante como estar por medio en el momento más inoportuno. Prácticamente tuve que arrastrarle de vuelta al salón, y entonces llegó la Tita del Puerto y cerró la puerta... quedándose en el lado de fuera.
La Tita del Puerto reaccionó rápidamente: abrió la puerta y la volvió a cerrar, esta vez con ella dentro.
Muy discreto todo.
Y entonces nos sentamos y esperamos.
Y esperamos.
Y esperamos.
Y esperamos.
-¿No tendría -pregunté- que sonar un timbre?
-Uy, mierda.
La Tita del Puerto se levantó, abrió la puerta del salón, salió del salón, cerró la puerta del salón, abrió la puerta de la calle, gritó "que llames al timbre", cerró, volvió al salón, cerró la puerta y se sentó como si fuera lo más normal del mundo.
Discretísimo.
Para entonces Latita y la abuela, sin motivo aparente, habían empezado a sospechar algo.
-No sé que estáis tramando -anunció Latita- pero disimuláis de puta pena.
Por suerte entonces sonó el timbre.
-UY, UY, ¿QUIÉN SERÁ? -vale, ser actriz no es lo mío- VAMOS, BEBÉ-CHAN, VAMOS A ABRIR.
Y fuimos y abrimos la puerta y nos encontramos a Hermano Pequeño descalzo y a oscuras.
-Su Alteza Real no lleva zapatos -le dije.
-No me jodas ahora... quiero decir... ¿HAY AQUÍ UNA NIÑA QUE SE LLAMA BEBÉ-CHAN?
Lo de actuar tampoco es lo suyo.
A todo esto Bebé-chan...
Veréis, Bebé-chan tiene una forma muy especial de mirar, que en general llamamos la mirada "te tengo a prueba", pero que también podría llamarse mirada de "te perdono la vida", "no me simpatizas", "tu mera existencia es un insulto a la vida" y otras variantes. Bebé-chan tiene esa mirada en su repertorio desde que nació: a veces cuando le daba el pecho me sentía como una vaca en un koljós.
Pues cuando Bebé-chan vio al Rey Majo primero le echó esa mirada. Entonces el Rey Majo intentó ganársela con halagos.
-ME HA DICHO TU MAMÁ QUE HAS SIDO MUY BUENA.
Y la mirada de Bebé-chan evolucionó a un "no engañas a nadie, mamarracho".
-¿QUIERES QUE TE COJA EN BRAZOS PARA QUE NOS HAGAN UNA FOTO?
En la foto, la mirada de Bebé-chan es de "he perdido la fe en toda la raza humana y si no lloro es porque tengo más dignidad que tú".
Entonces el resto de la familia decidió salir en comandita a ver qué estaba pasando.
Muy discretamente.
-¡UN REY MAJO! ¡UN REY MAJO! ¡QUE FUERTE, HA VENIDO UN REY MAJO! 
Con el revuelo y los gritos parecía que Bebé-chan empezaba a reconciliarse con la idea de estar en la calle sentada en el regazo de un tipo descalzo vestido de mamarracho, así que nos decidimos a entrar al salón, donde estaba mi abuela esperando.
-Mirad, mirad quién ha venido -anunciamos.
-Anda, si es Hermano Pequeño disfrazado.
Así, discretamente.




29 diciembre 2013

Yantanquí los Reyes Majos

El año 2013 ha sido un año de extremos: me han pasado cosas extremadamente buenas y extremadamente malas. Como no quiero alardear de las cosas buenas, porque es gafe, y no quiero regodearme en las cosas malas, porque es deprimente, este año no hay balance y vamos directos al turrón. 



A mi casa vienen los Reyes Majos. No Papá Noel, ni Santa Claus, ni nada porque mi madre, que se ha apuntado rápidamente a la moda de Halloween, de las fajitas, de la cebolla frita de Ikea, y que tiene una bandera republicana en casa (para cuando va de manifestación) insiste en que los Reyes Majos son "más españoles" que Santa Claus. 
Y tanto: son tres para hacer el trabajo de uno, lo hacen dos semanas más tarde, y encima hay que darles de comer. ¡Más español no se puede ser! 
Cuando éramos pequeños y vivíamos en el pueblo los Reyes Majos venían el día 5 de enero. 
Nos mandaban a todos los niños a la cabalgata con instrucciones de reunirnos después en casa de los abuelos. Y cuando llegábamos a casa de los abuelos maternos, que tiene un portal muy bonito, nos encontrábamos todos los regalos amontonados en la escalera, y los adultos histéricos: 
-¡Que han venido los Reyes! ¡Que han venido los Reyes! 
Molaba mil. 
Un año decidieron gastarnos una broma: en lugar de poner los regalos en las escaleras los escondieron detrás de las cortinas del salón, donde hay unos ventanales muy grandes. Por desgracia se les olvidó cerrar las contraventanas, y al pasar por la calle vimos todos los regalos allí apelotonados contra los cristales. Cuando entramos nos encontramos a los adultos de moco caído.
-Que no han venido los Reyes... Que no han venido los Reyes...
A los niños, que habíamos visto los regalos a través del cristal y los bultos a través de la cortina, se nos quedó una cara de pasmo que para qué.
¿Qué pasa? ¿Son tontos o se lo hacen? 
Incapaces de decidir cuál de las posibilidades era más turbadora optamos por seguirles la corriente, por si eran peligrosos o algo. 
-¿No han venido los Reyes?
GUIÑO-GUIÑO, CODAZO-CODAZO
-No...
-Vaya...
-¡Que sí, que los Reyes están detrás de la cortina!
SORPRESÓN.
-¡Jajaja, la cara que se os ha quedado, jajaja! ¡Pensabais que no había regalos, jajaja!
La historia les hizo tanta gracia que lo volvieron a repetir año tras año. 
-¡Jajaja, la cara que se os ha quedado, jajaja! ¡Pensabais que no había regalos, jajaja! -repetían cada vez. 
A ver que me explique. 
Primero: incluso si el primer año te hubiera pillado de sorpresa, a partir del quinto año ya como que te lo hueles. 
Segundo: algunos de los "niños" ya teníamos pelos en el piticlín. 
Tercero: si vais a insistir con la broma año tras año al menos cerrad las p*t*s contraventanas, c*ñ*, que no es tan difícil. 
Cuando nos mudamos a Madrid los Reyes Majos empezaron a venir a casa de los abuelos paternos. Se ve que el padrón les vende los datos, o que les informan de las actualizaciones o yo qué sé. 
Pero en casa de los abuelos paternos había un problema: mi tía estaba separada
Lo escribo así porque así es como lo decía mi abuela en esa época, "mi hija es que está... separada". Mi abuela también dice que los vecinos son de fuera o que alguien es de la otra acera. Esta forma de hablar tiene mucho mérito, sobre todo porque mi abuela es capaz de decirlo así, y a la vez a gritos.  
Bien, pues como mi tía estaba separada mis primos tenían que dividir las vacaciones entre su padre y su madre, y no sabemos cómo lo hacían que siempre les tocaba pasar los reyes con su padre. 
Entonces empezamos a dar los reyes en nochebuena. Pero entonces no sé por qué, mis primos empezaron a pasar la nochebuena con su padre también. Les gustaría más su pavo, digo yo. 
Solo nos quedó la nochevieja, y como mis abuelos eran fieles a la política "aquí los Reyes Majos vienen cuando estemos todos o no vienen", y los Reyes Majos no se atrevían a desafiar a mi abuelo (menudo era) empezaron a venir en nochevieja, después de las uvas. 
Bueno, a venir no, porque se ve que por convenio los Reyes Majos no trabajan en nochevieja, así que nos traían los regalos antes, con el nombre del destinatario en una pegatina, y los repartíamos nosotros mismos. 
Como además daba la casualidad que el 1 de enero era el cumpleaños de mi abuelo todo quedaba como muy festivo. 
Desde entonces los Reyes Majos han seguido no viniendo en nochevieja; se ve que la última reforma laboral no les afecta.Y este año me he plantado. 
Todo empezó porque le pregunté a una compañera venezolana cuándo se daban los regalos en su casa. 
-El 24 de diciembre, ¿y en la tuya?
-El 31 de diciembre. 
-¿Y eso? ¿Es una costumbre española?
-Bueno... Si consideras "no hacer nunca nada todos a la vez" como una costumbre española...
Entonces fue cuando me di cuenta de que lo que estábamos haciendo era absurdo porque para empezar mis primos hace años que son mayores de edad y pasan las fiestas donde les sale del piticlín, y para terminar uno de ellos ni siquiera vive en Madrid, y mi abuelo murió hace años, y todos, lo que se dice todos, no estamos nunca. 
Así que fui a mi madre: 
-Madre, esto no puede seguir así, que Bebé-chan empieza a darse cuenta de las cosas y esto es muy confuso para un niño. 
Y para un adulto. Y para cualquiera. 
-Ya hija, pero es que yo no tengo la culpa de que tengamos este gobierno...
-Los Reyes Majos, mamá, me refiero a los Reyes Majos.
-Ah. ¿Cuándo los damos? ¿En nochevieja? 
-Hombre, lo suyo sería que vinieran el día de Reyes. 
-¡Pero es que en Reyes no estamos todos!
-¿No estáis?
-Anda, pues sí. 
-Pues los damos en Reyes.
-Es que... ya hemos dicho que en nochevieja... y además...
-Que ya los tenéis y padre no es capaz de aguantar para darlos, ¿eh?
-Más o menos...
-Jo, es que me hacía ilusión que para Bebé-chan los Reyes vengan en reyes...
-Bueno, lo que podemos hacer es darlos en nochevieja, ¿vale? Lo que pasa es que los escondemos, y después de cenar decimos que han venido los Reyes y los sacamos. Pero en vez de repartirlos nosotros como estos años los escondemos, y cuando terminemos de cenar decimos que han venido los Reyes y los sacamos. 
-Bueeeeno... ¿y dónde los escondemos?
-Pues no sé... ¡detrás de la cortina del salón! 
Lo sabía. 


22 diciembre 2013

El mal de ojo

Navidah, navidah en canar sul,
navidah, navidah en canar sul,
nuehtra navidah...



Cuando éramos pequeños mi madre ponía un belén  muy grande.
Teníamos unas figuritas horrorosas, de plasticorro, pintadas a mano. Y sabíamos a ciencia cierta que eran pintadas a mano porque ni una tenía el ojo pintado en su sitio, oye, ni una.
Además teníamos un montón porque cuando veníamos a Madrid a ver a mis abuelos siempre comprábamos alguna nueva en los puestos de la plaza Mayor. Teníamos todo el reparto:
El san José con cara de mustio y un ojo más grande que el otro.
La virgen de rodillas, que es lo más normal después de soltar un niño de la mitad de su tamaño, y un ojo más grande que el otro.
El niño Jesús en pelota picá en mitad de diciembre y un ojo más grande que el otro.
La mula y el buey, mirándose con arrobo y un ojo más grande que el otro.
El ángel, que no se sostenía de pie y tenía un ojo más grande que el otro.
Y una población aproximada de unas cien figuritas más, todas ellas con un ojo más grande que el otro.
El casting incluía una rica fauna, formada por animales que tenían un ojo más grande que el otro y de dudosa escala: el gallo era mucho más grande que las ovejas, aunque lo mismo daba, porque las ovejas tenían unas patillas esmirriadas (y un ojo más grande que el otro) y siempre se estaban cayendo, que a veces más que un rebaño parecía una masacre.
La adquisición más celebrada fue la de las luces. Era una ristra verde con luces de colores que parpadeaban... Para que os hagáis una idea, eran exactamente como las de ahora. Se ve que el campo de las luces de navidad alcanzó su cima en los años 90 y desde entonces no han evolucionado una m**rd*.
Mi madre, que es muy del rigor histórico, siempre insistía en que en el portal teníamos que poner una hoguerita, "para calentar al niño". Que digo yo que si a su propia madre no le importaba un pimiento tener al niño en paños menores en pleno diciembre por qué nos teníamos que complicar la vida nosotros. Y es que la hoguerita consistía en cuatro palitos y una lucecita de navidad debajo, y mi madre insistía en que esa, precisamente esa, tenía que ser roja.
Todos los años pasaba lo mismo: el enchufe en un lado, el portal en el otro, y en medio la lucecita roja, que no llegaba. Y cuando llegaba teníamos otro problema, porque el número de lucecitas rojas era limitado. Poníamos una en el portal, otra con los pastores (los pastores tenían que tener otra hoguera también, los pesaos) y antes de que nos diéramos cuenta sólo quedaban luces rosas y verdes. Así es como la castañera acababa siempre asando castañas a la luz de un fuego verde (de probable origen extraterrestre) y la posada acababa iluminada por una luz rosa intermitente.
-Parece un puticlub -decía mi madre.
Y es que lo parecía. Tanto que con el paso de los años la pobre casita de corcho acabó siendo conocida por todos como "el puticlub", y le adjudicábamos la luz rosa aunque hubiera otra libre.
Nos los currábamos mucho. Íbamos a la carpintería a pedir serrín (hace un par de meses me he enterado de que la carpintería estaba en la casa que se jugó mi abuelo a las cartas, así que todo quedaba en familia), y un año que no conseguimos serrín usamos arena de gato. Limpia, ¿eh? Al menos estaba limpia cuando la pusimos. Luego la encontró el gato, y ya se sabe que los gatos son animales de costumbres: el nuestro se había acostumbrado a la arena y, bueno, el sitio le pareció un poco incómodo, pero claro, si la arena estaba allí sería por algo, ¿no?
Poníamos arena, poníamos el consabido río hecho con papel de plata con los patos gigantes de color amarillo fosforescente... y poníamos musgo.
El musgo requería de una expedición al campo. Mi madre cogía su coche, un Dyane 6 de decimosexta mano, metía en el asiento de atrás a todos los niños que se encontrara rondando por casa, y nos íbamos en busca de musgo, que a ver si os pensáis que encontrar musgo en Córdoba es tan fácil.
En mi tierra el campo está ocupado por olivos. Hay olivos hasta en lo más empinado. Hay olivos incluso en sitios donde la maquinaria no puede acceder y tienen que arar con una mula. Todo está lleno de olivos.
¿Todo? ¡No! Porque en mitad de las tierras de la familia hay una colina tan llena de meños y tan inclinada que ni las cabras pueden subir, y en ese peñascal vertical y lleno de zarzas nos metía mi madre para buscar musgo, ramitas, piedrecitas y cualquier cosa que sirviera para el belén.
Para darle más emoción en diciembre todavía es temporada de caza y, ¿adivinad qué? ¡El meño aquel era coto de caza!
Pero no pasaba nada, porque mi madre tenía un plan.
-Vamos a cantar algo para que si los cazadores ven movimiento sepan que somos personas y no nos disparen.
Y oye, a nosotros nos parecía de lo más razonable y cantábamos como posesos hasta que se nos acababa el repertorio.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Pues cantamos otra.
-Es que ya no nos sabemos más.
-Pues nos la inventamos.
Y mi madre se inventó una bonita canción que decía así:

Vamos de excursión
todos a mogollón
y si encontramos culebras
les tiraremos una piedra
y si encontramos un bicho
le pegaremos con un pincho...

La canción seguía hasta completar todo el repertorio animal de la agreste campiña cordobesa, pasando por los saltamontes, los murciélagos y los topos. Era como el Pollito Pío en rústico, y repartiendo leña a todos, porque al que no le pegábamos con un pincho le dábamos de collejas (había uno al que solo le gritábamos "fuera, fuera", pero no me acuerdo de cuál era el afortunado). Que ahora lo pienso, y entre que por una parte estábamos arrasando con la flora y que por otra amenazábamos con maltratar a la fauna no sé yo cómo no intervenían los de Montes.
La canción acabó siendo la Banda Sonora Oficial Para Ir A Jugarnos La Vida Recogiendo Musgo Para El Belén™ y la cantábamos cada año, hasta que nos mudamos a Madrid y el belén empezó a ser más reducido y sin musgo. Como hace ya casi veinte años lo lógico sería que la canción se me hubiera olvidado del todo (por eso de borrar los recuerdos traumáticos y tal), pero hace un par de días estaba adornando el árbol de navidad y se me vino a la cabeza.
Y claro, le pregunté a mi madre.
-¿Te acuerdas de la canción que te inventaste cuando fuimos a por musgo al campo?
-No.
-Sí, la del bicho que le pegábamos con un pincho.
-Hija, no me suena de nada.
Ahora me pregunto si además de musgo recogíamos también setas.





Pd: Y lo bien que nos lo pasábamos.


13 diciembre 2013

De como Lorçagirl fue a la Biblioteca Nacional, de las muy fabulosas cosas que allí acontecieron, y grandes y prolijas enseñanças sobre por qué no puede volver

Tenía que hablar del puente de la Inmaculada Constitución, y de los extraños y diversos sucesos que acontecieron, pero recientemente he sufrido una experiencia traumática que necesito compartir.

Esta semana he tenido que ir a la Biblioteca Nacional.
El primer día iba toda de novatilla y me pillaron de marrón porque entrar a la Biblioteca Nacional no es tan fácil como parece: para empezar hay que subir un montón de escaleras y una ya no está para estos trotes.
Luego hay que pasar un primer control, donde enseñas el carnet, te ponen una pegatina según lo que vayas a hacer, y te preguntan si llevas un ordenador.
Después pasas por otro control donde enseñas el carnet, pasas el bolso por un escáner y el cuerpo humano por un arco detector de metales y te preguntan si llevas un ordenador.
Después pasas por el guardarropa, donde te vuelven a preguntar si llevas un ordenador.
-Tienes que dejar aquí el abrigo y el bolso.
-¡Pero si llevo mil cosas!
-Lo que necesites...
-¡Todo!
-...puedes meterlo en esta bolsa.
La señorita del guardarropa me dio una bolsa transparente de estilo carcelario y metí mis cosas a toda prisa dentro... sin saber que en el cuarto control (porque hay un cuarto control) tienes que volver a sacarlas de la bolsa para que las inspeccionen.
El señor de seguridad inspeccionó primero todos mis papeles. Uno a uno.
-Este no vale.
-¿Ese? ¿Por qué?
-Motivos de seguridad.
Luego me pidió que sacara el ipad de la funda y lo inspeccionó por todos lados.
Después inspeccionó los seis paquetes de pañuelos de papel con los que voy a todas partes desde que Bebé-chan empezó a ir a la guardería y a pegarme todos los virus que se encuentra tirados por ahí.
Y por último llegó a mi bolsita íntima.
  -¿Esto que es?
-Son artículos de higiene femenina.
-...
-Compresas, ¿vale? Compresas.
El señor de seguridad esparció mis compresas por el mostrador para revisarlas. Viendo que me estaba poniendo colorada como un tomate, se apiadó de mí.
-Es que nos ha pasado de todo, ¿sabe?
No me preguntó si llevaba un ordenador. La verdad es que me quedé con las ganas.
El sexto paso, si no tienes carnet, es ir a información a que te informen. De ahí te mandan a otro mostrador a que te hagan el carnet (séptima parada...), y te lo hacen en el momento.
Una vez que tienes tu carnet en la mano vas a otro mostrador a que te asignen un pupitre (¡ocho!), y te vuelven a preguntar si llevas un ordenador (en serio, ¿es que han perdido el suyo o qué?).
Y cuando tienes tu pupitre, si los libros que quieres consultar no están en sala, vas a otro mostrador para pedirlos.
El primer día tardé una hora en hacer todo el recorrido.
La novatada y eso.

El segundo día me preparé para que no me volviera a pasar.
Antes de salir de casa saqué el ipad de la funda y lo metí en la bolsa transparente con todas las cosas que iba a necesitar, salvo los artículos de higiene íntima, que me guardé en un bolsillo.
M**rd*, no tenía que haberlo dicho, la próxima vez me mirarán los bolsillos también...
Cuando llegué a la Biblioteca subí las escaleras, pasé el primer control ("no llevo ordenador"), pasé el segundo ("no llevo ordenador"), llegué al guardarropa ("no llevo ordenador")...
-Tienes que dejar aquí el abrigo y el bolso, solo puedes pasar las cosas que necesites...
-En una bolsa transparente -exclamé triunfal-. Lo sé, la tengo preparada.
Abrí el bolso para sacar la bolsa (que raro queda así escrito) y algo brilló en el fondo.
-¿Llevas comida ahí dentro?
-No.
-Parece que llevas algo.
M**rd************... ¡El p*t* turrolate!
El turrolate es un dulce típico de mi tierra que me encanta. En Madrid no lo venden, y por eso siempre que vamos al pueblo hago acopio. En la última visita, Hermano Pequeño compró para mí y se me olvidó pagárselo me regaló un paquete.Yo lo eché al bolso, se me olvidó que estaba ahí y lo paseé durante varios días sin darme cuenta.
-Es una... chocolatina -le dije a la señorita del guardarropa.
Cuando dices "turrolate" la gente te mira raro, y no hay otra palabra en castellano que defina al turrolate salvo, quizá, turrolate.
Si llevas comida tienes que dejar el bolso en consigna, ahí enfrente.
-¡Si ayer lo dejé en el guardarropa sin problemas!
-¡Porque nos ocultaste que llevabas comida!
-Está bien.
Me fui a consigna. La consigna funcionaba con monedas de un euro y yo llevaba en total 80 céntimos y un billete de 10 euros.
Volví al guardarropa a ver si me cambiaban el billete.
No tenían cambio.
-Creo que será mejor que tire el... la chocolatina.
-No la tires, mujer.
-Pues como no me la coma...
-...
-Está bien, me la como.
-Pero aquí no, tienes que salir fuera.
Entonces consideré mis opciones:
Por una parte, si salía tenía que volver a pasar todos los controles otra vez, probablemente agitando los bracitos y gritando "¡no llevo ordenador! ¡no llevo ordenador!".
Por otra, el turrolate no es algo que te puedas comer así como así. Para que os hagáis una idea,el turrolate es como si mezclas un polvorón con mantequilla de cacahuete, haces una masilla, le das forma de mojoncito y la envuelves en celofán. Por mucho que te guste (y a mí me gusta mucho), para comértelo te tiene que apetecer. En ese momento no me apetecía nada, y mucho menos si implicaba salir a comérmelo bajo cero a la calle y volver a pasar media hora de mostrador en mostrador.
-Pues lo tiro.
Y con gran dolor lo tiré a la papelera.
Ese día, como ya tenía hecho el carnet, tardé solo media hora en pasar todos los controles.

El tercer día estaba decidida a batir todos los récords.
¡Hoy voy a tardar menos de media hora en entrar!, me dije.
Lo preparé todo muy bien en la bolsa carcelaria, revisé el bolso en busca de comida que no recordara llevar, separé las hojas de papel presuntamente peligrosas de las presuntamente inocuas... Cuando me aseguré de que todo estaba en perfecto estado de revista me empecé a vestir, con tan mala suerte que a mitad de proceso Bebé-chan se despertó, y de muy mal humor además. Acabé de prepararlo todo con la nena en brazos y a toda prisa, salí corriendo, dejé a la nena en la guarde, cogí el metro, cogí el cercanías, llegué a la Biblioteca, subí las escaleras, pasé el primer control ("no llevo ordenador"), pasé el segundo ("no llevo ordenador"), llegué al guardarropa ("no llevo ordenador")...
-Tienes que dejar aquí el abrigo y el bolso.
-Sí, sí.
Y cuando me estaba desabrochando el abrigo me di cuenta de que con las prisas no había cogido el jersey y que debajo del abrigo sólo llevaba una camiseta interior térmica.
Ejem...

El cuarto día no volví.

05 diciembre 2013

La Inmaculada Constitución

Mañana es el día de la Constitución Española, que como todo el mundo sabe
ni es Constitución (porque es una Carta Magna),
ni es Española (porque a estas alturas todavía estamos discutiendo qué es España),
ni es un día (porque son tres).
Y había pensado que para celebrarlo podía leérmela y analizarla.

¡Bieeeeeen!

Pero luego he visto que es muy larga, no tiene dibujitos, y está llena de palabros raros y he pensado que ya si eso otro día.
Ejem.
No pasa nada.
Porque con el paso del tiempo la Constitución y la Transición se han acabado identificando con una canción, Libertad sin ira, que resume su el espíritu y nos explica claramente en qué estaban pensando los españoles que votaron "sí" a la Constitución.




Claramente, no estaban pensando en las pintas que me llevaban.
Y para meternos en sus mentes no hay más que analizar la letra de la canción.
Allá vamos:

Dicen los viejos
Bonita forma de dirigirse a las personas mayores.

que en este país
Pase lo que pase no digas "España", que la gente se pone a gritar "¡UNAGRANDELIBRE!" y la cagamos.

hubo una guerra
Si el problema no fue la guerra, y menos con la tecnología punta en armamento que llevaban en el frente. El problema fue lo que pasó detrás de las líneas del frente, y después de la guerra.

y hay dos Españas
Es una, lo que pasa es que se mueve mucho.

que guardan aún el rencor de viejas deudas.
Sólo para aclararlo: las viejas deudas no son "te dejé cinco duros y no me los has devuelto". Son más del tipo "tu padre quemó a mi madre, mató mi casa y violó a mi pobre conejito". Y la gente esas cosas tiende a tomárselas mal.

Dicen los viejos
Y los viejos, ya se sabe, CHOCHEAN.

que este país
Muy bien, sigue así.

necesita
Dos puntos:

palo largo
¡UN PALO! ¡UN PALO!

y mano dura 
para evitar lo peor.
El Apocalipsis Zombi.

Pero yo sólo he visto gente
Bien, de momento hemos esquivado el Apocalipsis Zombi.

que sufre y calla 
dolor y miedo.
P*t*s hemorroides.

Gente que sólo desea 
su pan, su hembra
¿Que QUÉ?
Estoy hay que mirarlo despacito:
"La gente desea pan". Hasta ahí bien. Está demostrado que el pan no engorda, lo que engorda es rellenarlo de panceta.
"La gente desea hembra".
¿Hembra?
Esto significa:
Primero, que esa gente de la que nos están hablando son sólo los hombres.
Los hombres heterosexuales, claro.
Los hombres homosexuales, como su propio nombre indica, no desean hembra.
Las mujeres homosexuales, por lo general, tampoco desean hembra: tienden más a desear a otras mujeres. Son así de raras: les gusta que las consideren personas, no instrumentos para procrear.
Pues ea, por tiquismiquis, tampoco son gente.

y la fiesta en paz.
No, claro, después de lo que acabas de soltar te habrás quedado a gusto, majete.

Libertad, libertad, sin ira libertad
Este es el estribillo. Bonito, ¿eh?

guárdate tu miedo y tu ira
Si mi padre quemó a tu madre, mató tu casa y violó a tu pobre conejito, te aguantas, que este no es momento de andar discutiendo por pequeñeces.
So rencoroso.

Porque hay libertad, sin ira libertad
¿Te das cuenta de que si tienes que repetirlo tanto es porque a lo mejor no hay tanta como dices?

y si no la hay sin duda la habrá
Tienes respuesta para todo, ¿no?

Dicen los viejos
Y nosotros no somos viejos. Somos jóvenes. Somos enrollaos. Somos progres.

Que hacemos lo que nos da la gana
Si el hacer no es problema. El problema es el pensar.

Y no es posible que así pueda haber
gobierno que gobierne nada
Ya. Yo también veo la tele.

Dicen los viejos
Y no queremos ser como los viejos, ¿verdad?

Que no se nos dé 
rienda suelta
que todos aquí llevamos
la violencia a flor de piel
Es por las videoconsolas y los juegos de rol.

Pero yo sólo he visto gente
Léase "hombres heterosexuales no zombis que creen que el sexo es para la procreación".

muy obediente hasta en la cama.
A ver si os pensáis que con esto de la libertad, la revolución sexual y el destape vamos a empezar con la vida salvaje y el desenfreno. No os preocupéis, que por mucha libertad que haya seguiremos con el misionero, tapaditos hasta el cuello y a oscuras, no vaya a ser que por casualidad nos encontremos un clítoris de esos y a ver qué hacemos.

Gente que sólo pide
Y pide. Y pide. Y pide. Un no parar.

vivir su vida, sin más mentiras
Porque los políticos de las democracias no dicen mentiras. Y pueden curar a la gente con tocarla y sus pedos huelen a colonia de bebés.

y en paz.
Sí, anda, que te estás luciendo.

Libertad, libertad, sin ira libertad,
guárdate tu miedo y tu ira
porque hay libertad, sin ira libertad
y si no la hay sin duda la habrá.
Así que a callar y aguantarse, que estamos trabajando en ello.

30 noviembre 2013

De la paz a la gamba

Ayer ZaraJota™ y yo estuvimos en el Museo Thyssen en la presentación del libro 1914. De la paz a la guerra, que va de nunca-adivinaréis-qué. Pero no creáis que íbamos a divertirnos: ZaraJota™ y yo teníamos una misión: atiborrarnos de canapés conseguir que la autora nos firmara un ejemplar para mi padre.
En teoría era tan fácil como entrar allí y pedírselo, pero había ciertos... impedimentos.
-Es mejor que yo no me acerque a ella -le dije a ZaraJota™.
-Ni a nadie.
Esa no era la primera vez que me había cruzado con la autora. De hecho, habíamos incluso hablado en una ocasión.
En inglés y todo.
Más o menos.
Porque cuando me vio luchar con las palabras, me preguntó, muy educadamente, si estaba acostumbrada a hablar en inglés.
A dios pongo por testigo que lo que quise contestar era "sí, pero normalmente hablo inglés con frikis como yo, no con una historiadora brillante a la que admiro mogollón".
Por desgracia, lo que salió de mi boca fue:
-Sí, pero normalmente es con gente joven.
Después de eso no me quedó más remedio que esconderme en posición fetal detrás de un ficus y todavía no he salido. Es un poco duro ir a todas partes sujetando la maceta, pero peor sería salir y dar la cara, digo yo.
Total, que le dije a ZaraJota™ que tendría que ir él, porque solo me faltaba acercarme con el ficus y sacarle el ojo a alguien con una ramita.
ZaraJota™ es un hombre valiente: me ve cocinar todos los días y ni se altera. Cogió nuestro ejemplar de 1914 y salió a la caza y captura de una firma.
Al rato volvió, colorado como un tomate.
-Jopé que mal, jopé que mal... -decía
-¿Qué ha pasado?
-Pues nada, que he ido a que me firmara y se estaba tomando un cóctel, y me ha dicho que se lo sujetara mientras me firmaba, y cuando se lo estaba sujetando...
-¿Qué? ¿QUÉ?
-¡Pues que le he tirao una gamba!
Vamos a necesitar otro ficus por aquí...

22 noviembre 2013

50 aniversario Doctor Who

Mañana se emite (por fin) el capítulo especial que conmemora el 50 aniversario de Doctor Who y como siempre ya tenemos EN EXCLUSIVA las primeras imágenes:

 

O quizá no.

16 noviembre 2013

Maldita semántica!

Vosotros no lo sabéis, porque no me gusta mucho hablar del tema, pero el caso es que el año pasado tuve una Bebé-chan. 
Mejor dicho, me la tuvieron, porque fue cesárea y lo único que tuve que hacer es tumbarme en una camilla y evitar quedarme dormida.
Y creo que tampoco lo he contado para no regodearme en el tema, pero por un error de las enfermeras se olvidaron de rasurarme (que en klingon significa "afeitar el piticlín") y cuando fui a quitarme los puntos padecí un dolor insoportable (que en klingon significa "me afeitaron el piticlín de un tirón").
Mientras lloraba en posición fetal debajo de la camilla, el médico me dijo:
-Y no olvides volver dentro de tres meses para que te hagamos una revisión. 
Bien. 
Las revisiones ginecológicas son muy importantes, por eso apenas un año más tarde conseguí reunir el valor suficiente para volver. 
-Hola, vengo a mi revisión. 
-¿Cuál? ¿La de la menopausia? ¡Te dije tres meses!
-Es que he estado ocupada y tal...
Viéndome crecer el pelo del piticlín, básicamente. 
El ginecólogo me hizo una citología, que en klingon significa "rascar el interior del piticlín con un palo".  
-Te vas a hacer unos análisis de sangre DE INMEDIATO, ¿me oyes?
Las revisiones ginecológicas son muy importantes, por eso apenas dos meses más tarde conseguí reunir el valor suficiente para hacerme los análisis y volver. 
-¡¡¡TE DIJE DE INMEDIATO!!!
-Es que tenía que hacer una cosa...
-¿QUÉ COSA?
-Esconderme...
-Ay... Bueno, Lorz, he estado mirando tu citología y está muy bien. 
-Me alegro por ella. 
-De hecho estás en un momento estupendo para ir a por el segundo. 
-Que bien. ¿El segundo qué?
-Embarazo.
-...
Mi abuela tuvo gemelos.
Una de mis primas se quedó embarazada de gemelos el año pasado.
Otra de mis primas se ha quedado embarazada de gemelos este año.
Si creen que yo también voy a jugar a la primera señora Von Trapp van listos.
-Bueno Lorz, vamos a ver esos análisis de sangre... uf... no me gustan nada tus tiroides.
-Pues bien bonitas que son. 
-Están altísimas. 
-Mejor. Así alcanzan los vasos del estante más alto. 
-¿No has notado nada? ¿Estás más cansada últimamente?
-Sí.
-¿Desde cuando?
-Desde que me abrió usted en canal y me sacó un Bebé-chan de dentro.Aunque reconozco que ha ido a peor desde que trabajo a jornada completa, y a mucho peor desde que Bebé-chan ha aprendido a andar. ¿Es por las tiroides?
-Creo que eso es por ser madre trabajadora. 
-Que cosas...
-Bueno, la cuestión es que mientras estén las tiroides así no puedes quedarte embarazada.
-¡YUJÚ! Quiero decir... que mal, ¿no?
-Vamos a hacerte más análisis. ¿Qué anticonceptivo vas a usar?
-Las tiroides esas, ¿no? Lo acaba de decir usted. 
Que parece tonto...
-¿Yo? No. 
-Me ha dicho que mientras tenga las tiroides así no puedo quedarme embarazada.
-Me refería a que no debes quedarte embarazada. 
Ya está la m**rd* de la semántica dando por c*l* como siempre. 

09 noviembre 2013

Love and marriage

El otoño ya llegó
Ya llegó, ya llegó.
Y la lluvia comenzó
Comenzó, comenzó

Toda la semana dándole vueltas a esta tontería para que hoy amanezca soleado y sin una p*t* nube a la vista...
Cuando era pequeña me gustaba mucho la lluvia, probablemente porque vivía en un pueblo donde si llovía tres veces al año teníamos suerte.
Bueno, suerte, lo que se dice suerte, no, porque llovía tres puñeteras veces al año y las tres puñeteras veces se nos inundaba todo el puñetero pueblo.
En serio.
Cada puñetero año.
Cualquiera podría pensar que ya se lo tendrían que ver venir, ¿no?
Pues nada, cada año lo mismo, un no parar.
Al final hace unos años encauzaron el puñetero río y ahora en vez del puñetero pueblo se inundan las puñeteras tierras de mi madre y de vez en cuando la riada se lleva un puñetero olivo y mi madre va al campo, mira el agujero que han dejado las raíces del olivo y dice:
-Es sorprendente la fuerza que llega a tener el agua.
Impresionante. Increíble. Apabullante. Lo que quieras, madre, pero a estas alturas sorprendente ya no.
¡Si pasa cada puñetero año!
Desde que vivo en Madrid la lluvia me gusta menos.
A ver, que la lluvia no tiene nada de malo, lo que pasa es que en Madrid la lluvia acarrea tres catastróficas consecuencias:
- A la gente se le olvida cómo conducir.
- El metro funciona peor. Sí, PEOR.
- Dejo de recibir wifi y me quedo sin internet.
Repito:
ME QUEDO SIN INTERNET. 
Además en Madrid todo está lejos, no es como en el pueblo, que si empieza a llover vas a casa en un momento y coges el paraguas. Aquí como se ponga a llover y vayas desparaguado te empapas y punto.
Por eso en cuanto empieza la temporada de lluvias echo un paraguas al bolso y lo llevo encima siempre, siempre, siempre.
ZaraJota™ nunca lleva paraguas.
Nunca, nunca, nunca.
Y rara vez se abriga, pero esa ya es otra guerra.
ZaraJota™ nunca lleva paraguas, lo que me lleva a preguntarme para qué tiene la aplicación del tiempo en el móvil, si total le va a dar lo mismo.
Cuando salimos y empieza a llover siempre hace igual.
-Anda, está lloviendo -dice.
-Lleva tres días lloviendo. Tu aplicación te ha avisado de que está lloviendo. Te has asomado a la ventana y has visto que estaba lloviendo. Exactamente, ¿qué esperabas que pasara cuando saliéramos a la calle?
-Que no estuviera lloviendo.
-...
-Pues no llevo paraguas.
-No pasa nada, yo llevo uno en el bolso.
Y saco mi paraguas.
-¡Pero este paraguas es muy pequeño!
-Es mejor que nada.
-Deberías llevar uno más grande.
-Si fuera más grande no cabría en el bolso, no lo llevaría siempre encima y ahora no tendríamos ninguno.
-¡Pero es que este es muy pequeño! ¡Me voy a mojar por todos lados!
-¿Quieres que lo guarde y además te mojas por encima?
-Nooo...
-Pues a callar.
Hace unas semanas ZaraJota™ salió de paseo con Bebé-chan y a mitad de camino les sorprendió una tormenta. Cuando volvieron ZaraJota™ empuñaba triunfalmente el paraguas más grande que he visto en mi vida: puesto de pie me llega hasta el sobaco. Y es verdad que yo soy bajita, pero soy de sobacos altos así que si algo me llega a los sobacos es porque es muy alto.
-Lo he comprado en un todoacién -anunció ZaraJota™-: un paraguas de verdad, y no como la birria que llevas siempre en el bolso.
-¡Por eso lo llevo en el bolso, porque es PEQUEÑO!
Hace unos días volvió a llover. Seguro que os disteis cuenta: salió en las noticias y todo, en una sección que se llama "El Tiempo".
Yo no me enteré porque Bebé-chan tenía uno de esos días. Salí de casa corriendo, con el bolso en una mano, la mochila de la guardería en la otra, Bebé-chan en la boca como un cachorrillo, y me encontré el Diluvio Universal ™. Me puse a rebuscar en el bolso con la única mano que tenía libre, que era NINGUNA. El paraguas no aparecía por ninguna parte. Solté a la niña y la mochila en el portal y vacié todo el contenido del bolso en el suelo.
Nada.
Volví a recogerlo todo y subí a casa.
Solté a la niña y la mochila en el felpudo y vacié todo el contenido del bolso en el suelo porque ahora lo que no aparecían eran las llaves.
Encontré las llaves, abrí la puerta, volví a recogerlo todo y entré en casa.
Busqué por todos lados, pero lo único que encontré fue el paraguas de ZaraJota™, y claro, me llevé ese.
Cuando ya estaba en el metro le mandé un mensaje a ZaraJota™.
"Creo que he perdido mi paraguas, me he tenido que llevar el tuyo".
"No lo has perdido, lo he cogido yo"
"¿Y porqué no has cogido el tuyo?"
"Es que es muy grande y no cabe en la mochila"
No me digas...









Pd: Y a esto, niños y niñas, se le llama "estar casado"

30 octubre 2013

Halloween 2013

La bruja ha vuelto a mirar la bola de cristal y sigue viendo lo mismo que la última vez, y encima peor porque cuando llueve la wifi le va fatal.
Está mosqueadísima.
¿Qué le pasa a la gente del futuro? ¿Es tonta o qué? ¿No se dan cuenta de que así no van a ningún lado?
La vieja y malvada bruja ha metido la bola en el cajón de los calcetines disparejos y los tangas que se clavan, lo ha cerrado con llave y luego se la ha tragado.
Estaba correosa, pero se dejaba comer.
La vieja y malvada bruja ha decidido olvidarse de la gente del futuro y deleitarse en los recuerdos del pasado.
Aquí van...


La vieja y malvada bruja
siente algo en su interior,
como un vacío que crece,
como un molesto picor.

Presa de terrible angustia
la bruja sale a buscar
un remedio que sus males
sea capaz de curar.

Busca por llanos y montes,
por desiertos y ciudades,
busca por reinos remotos,
también por las vecindades.

Llegada a un claro del bosque
la bruja no puede más:
"No encontraré mi remedio,
estoy destinada a penar"

La lágrima de la bruja
cae sobre una flor,
un rayo de luna la toca,
empieza a oírse un tambor.

Son los cascos de un caballo
que se acerca a paso presto:
"Soy un unicornio", dice,
mostrando su cuerno enhiesto.

"He oído tus lamentos,
tu tristeza y tu penar,
vengo a concederte un deseo
que te los pueda aliviar"

La bruja mira al caballo,
mira su brillante cuerno,
piensa en su angustia que crece,
y dice...





"...caramba".

26 octubre 2013

Esto es jalogüin! Esto es jalogüin! Jalogüin! Jalogüin! JA-LO-GÜIN!

Se acerca Halloween, y todos sabemos lo que eso significa: un montón de gente quejándose de que eso es una americanada.
Todos los años lo mismo.
Y no entiendo por qué: la patata, el tomate, el maíz, el chocolate y los pantalones vaqueros también son americanadas, y oigo a nadie quejarse hasta que se le quedan pequeños y tiene que dar saltitos para que entren y poder abrocharse el botón.
Que no lo digo por mí, lo digo por una amiga que le ha pasado...
Halloween.
Esta año la cosa está muy chunga, pero para disfrazarse y hacer el tonto no hace falta mucho dinero: con aproximadamente tres euros vamos que zumbamos.
Y como os conozco y a la primera de cambio me salís con excusitas, esta vez ni siquiera hay que coser.
Estoy que me salgo.

Necesitamos:

Una víctima propiciatoria hija dispuesta a disfrazarse con lo que le vayas a hacer. La hija tiene que ser los bastante mayor como para tenerse en pie, pero no lo bastante como para darse cuenta de que le estás tangando con un disfraz casero cuando ella lo que quiere es uno de princesa de los que se compran.

Tul. El tul es esa tela que parece rejillita.

El tul tiene dos ventajas: es barato (1,55 € el metro me costó a mí) y no hay que coger dobladillos. La cantidad depende del tamaño de la víctima hija, yo solo he necesitado un metro. 

Cinta elástica; no me acuerdo de cuanto me ha costado pero en los todoacién hay. La cantidad depende de la cintura de la víctima hija.

Tijeras

Dos alfileres.

Lo primero es saber el largo de la falda; para eso lo más fácil es medir el largo de otra falda.
Ese largo, al que llamaremos Pepito, lo multiplicamos por dos y le sumamos cinco: al resultado lo llamaremos Manolito.
Está clarísimo.
¿no?
Da igual.
No tiene que ser exacto.
Ahora tenemos que doblar la tela sobre sí misma hasta dejarla en unos cinco centímetros de ancho y Manolito de largo, y la sujetamos con unos alfileres.

Si sois de esas personas que no tienen costurero en casa, os compadezco podéis usar una pinza de las de tender la ropa.
Si tampoco tenéis pinzas para tender la ropa, por favor, enviadme el nombre y el teléfono de vuestra madre a lorzagirl@gmail.com, que le tengo que decir un par de cosas sobre la educación que os ha dado.
Lo siguiente es meter la tijera por todos lados como si no hubiera un mañana.

No hace falta que quede perfecto: al contrario, cuanto más imperfecto más rizadito queda luego.

Tampoco os paséis, ¿eh? Que estamos haciendo una falda, no un nido para un hámster.
Ha llegado el momento de coger a nuestra víctima hija, o, en este caso, anónimo voluntario y rodear su esbelta figura con la cinta elástica.

Si la víctima hija se deja se le puede dar un beso en el ombligo. Aprovechad para dar besos en el ombligo mientras podáis, que el tiempo pasa volando y antes de que os deis cuenta os está gritando

"¡¡¡J*D*R MAMÁ QUÉ HACES QUE ESTOY EN UNA ENTREVISTA DE TRABAJO Y NO ES MOMENTO!!!". 

Hijas... ¿Quién las entiende?
Marcamos y cortamos.
Como os prometí que no hacía falta coser, hacemos un nudo.

(Aunque queda más mono si cosemos...)

Esto no es obligatorio, pero os será mucho más cómodo seguir si estiráis la cinta elástica... esto es una de esas cosas de uso misterioso que vienen en la caja cuando compras un microondas.

Cogemos una de nuestras tiritas de tela, la doblamos por la mitad, y la atamos sobre la cinta elástica así:



No se ve una m**rd*, ¿no?
Bueno, atadla como buenamente podáis, que os lo tengo que explicar todo.
Apretamos.

Repetimos.
Repetimos.

Repetimos...
Unos cien "repetimos" más tarde, el resultado es este:
Esta faldita, dependiendo del largo, el color y los complementos, sirve para disfrazarse de todo: princesa, hada, bruja, sol, animalito o bichito de cualquier tipo... os pongo un ejemplo con el único fin de humillar a nuestro voluntario.

Antes de que alguien me diga "esto lo has sacado de...": hay un millón de tutoriales con variantes de este disfraz: intentar encontrar el origen es como buscar al creador de la tarta de galletas. Yo en concreto saqué la idea de este vestido; y más concretamente de su precio.
 -¿40 eurazos? -me dije-. ¡Si esto lo hago yo en dos patás!
Y así supe que mi transformación en madre había sido completa.

16 octubre 2013

La plancha y el planchazo

 Recientemente he cambiado de trabajo.
A mejor, creo.
Eso espero.
Ohdiosmíoquéhehechoquéhehechoquéhehecho...
El cambio de trabajo ha supuesto un cambio de horarios, el cambio de horarios un cambio de rutinas y el cambio de rutinas nos ha llevado al total y absoluto caos doméstico durante un par de semanas.
A la tercera semana me rendí.
-ZaraJota™ -le dije- yo no puedo seguir así.
-Pues baja la pierna izquierda, que ya te dije que ir a la pata coja a todas partes era una estupidez.
-¡Eso no! ¡La casa!
-¿Qué le pasa?
ZaraJota™ se perdió algunos capítulos de Barrio Sésamo y es incapaz de distinguir los conceptos limpio/sucio, ordenado/desordenado y planchado/arrugado.
A lo largo de los años he ido elaborando algunos trucos memotécnicos* como

si al suelo te quedas pegado
necesita un buen fregado

también

si no puedes caminar
las cosas hay que ordenar

y mi favorito

¿ES QUE ERES TONTO O QUÉ?**

-Es que llego tarde a casa y no me cunde.
-Ya, a mí tampoco.
-Tenemos que buscar a alguien que nos limpie -dije.
-¿Aquí? ¿En casa?
-No, en casa de otro. ¡Pues claro que en casa!
-Es que me da cosa que venga una extraña a limpiar a casa mientras no estamos.
-Pues que venga cuando estamos.
-Es que también me da cosa.
-Pues nada, ¿eh? Ya lo hago yo todo si eso.
-Vale.
-¡DE VALE NADA! Mira, si no quieres que venga nadie a limpiar nos apañamos nosotros, pero necesito ayuda con algo. Con lo que sea -y entonces se me ocurrió la genial idea-. ¿Qué te parece si buscamos a alguien que nos planche? Le llevamos la ropa a su casa, la recogemos allí, y nos ahorramos un montón de tiempo.
Para mí fue una decisión muy dolorosa porque me encanta planchar. Eso de tener algo arrugado y dejarlo todo lisito y dobladito... pero lo cierto es que desde que Bebé-chan se ha vuelto móvil planchar no sólo es más difícil (le gusta tirar del cable de la plancha) sino que además no sirve de nada (le gusta subirse a los montones de ropa recién planchada y, estooo, reinventarla).
Una vez que nos pusimos de acuerdo, el siguiente paso fue encontrar quien nos planchara. Para eso pedimos informes a la Vecina Redonda, a la que llamamos así porque:
a) es más ancha que alta
b) somos incapaces de recordar cómo se llama
La Vecina Redonda nos recomendó a la Vecina del Pelo Rizado a la que llamamos así porque:
a) tiene el pelo rizado
b) somos incapaces de recordar cómo se llama
-Se acaba de quedar en paro, la pobre, con un niño que tiene -nos dijo-, le hemos dado varios trabajillos para que limpie aquí y allí, porque toda la ayuda que le podamos dar es poca.
Y así fue como una tarde acabé llamando a la puerta de la Vecina del Pelo Rizado.
-Hola -le dije-, soy Lorz, del 4º.
-¿La que ha inundado todos los pisos de la otra escalera?
-¡No han sido todos, sólo los pares!
-...
-Bueno, que vengo a preguntarte si te viene bien plancharme un poco.
-¿Cómo? ¿A h*st**s?
-Eh... no, te traigo la ropa y... bueno, tú la planchas y... esteeeeee... claro... bueno, eh... yo te pagaría y...
-¿Pero tú te crees que yo estoy para plancharle a nadie?
-Eh... bueno... es que me han dicho que estabas en paro y...
-¿QUE TE HAN DICHO QUÉ?
-... que estabas en paro... 
-¿Quién te ha dicho eso?
¡La Vecina Redonda! M**rd*, no puedo decirle eso.
-Nadie.
-Pues dile a quien haya sido que yo tengo trabajo, y más del que necesito. Menuda la gracia, por una vez que le limpio a las vecinas por hacerles el favor y ahora me salen con estas. ¡En paro! ¡Yo no estoy en paro! ¿Te ha quedado claro?
No del todo: ¿me vas a planchar o no?




*"Memotécnico" significa "técnicas para memos" en klingon.
** ¡O qué! ¡O qué!

06 octubre 2013

La pelandrusca

Sicilia, 1957. Una joven de enormes pechos...
No, espera, eso no era.

Este fin de semana la familia se ha reunido en Madrid para celebrar el cumpleaños de Primo Buena Persona. Era una fiesta sorpresa, porque en mi familia es costumbre hacerte una cuando cumples 40 años. Eso de ser tradición las convierte en las fiestas sorpresa menos sorpresa de la historia: el año que te toca estás desde el uno de enero con la mosca detrás de la oreja, sabiendo que tu familia puede estar agazapada detrás de cualquier arbusto con una tarta. Sorprender al sorprendido empieza a ser un poco difícil: a este ritmo tendremos que dejar de llamarlo fiesta sorpresa y empezar a llamarlo emboscada.
Pues nada, hace unos días estaba hablando con la Tita del Puerto por teléfono y me dijo que ella no podría venir.
-Es que últimamente no paro, tengo la agenda como un ministro...
-Sí, sí.
Mientras hablaba Bebé-chan estaba intentando quitarme el teléfono, así que a durante un buen rato estuve diciendo "sí, si" sin tener ni idea a qué.
-Pero bueno, parece que ya vamos saliendo...
-Sí, sí..
-La vida es así, son rachas. Hay rachas buenas, hay rachas malas... Y, ¿sabes qué? Que al final de todo se sale.
-Sí, sí.
-Mira la abuela, por ejemplo. Anda que no lo pasó mal.
-Sí, sí.
-Ella, que estaba acostumbrada a tener su criada.
-Sí, sí.
-Y la casa, lo bonita que era...
-Sí, sí.
-Pero claro, como el abuelo se la jugó a las cartas.
-Sí, s... ¿el abuelo hizo QUÉ?
-Se jugó la casa a las cartas.
-¿EL ABUELO SE JUGÓ LA CASA A LAS CARTAS?
-Claro, ¿por qué creías que nos fuimos a vivir a Gerona?
-Creía que el abuelo se había fugado con una peladrusca.
-¡No digas tonterías! ¿Cómo se va a fugar con una pelandrusca?
Hace unos años alguien me dijo que mi abuelo se había tenido que ir del pueblo porque era un golfo. Como no me quisieron dar más detalles llegué a la conclusión de que había una pelandrusca de por medio, cuando al parecer lo más lógico hubiera sido pensar que se había jugado la casa a las cartas.
-No sé...
-Pues eso hizo. Y luego hizo la maleta y se fue, camino a Francia, sin dejar ni una nota... Desapareció, se pensaban que se había suicidado, y empezaron a mirar por todos los pozos...
-¡Anda ya!
¿Es que no se les ocurrió llamarlo al móvil? Que gente más torpe.
-Pero luego llegó a Gerona, encontró trabajo, y cuando estuvo asentado mandó una carta a la abuela, pidiéndole perdón y que se reuniera con él. Y la abuela podía haberse quedado en casa de la bisabuela, con todos los lujos y las criadas, pero no quiso...
-Normal.
Sobre todo, conociendo a la bisabuela.
-Se fue a Gerona, ella sola en el tren con las niñas, que cuando llegamos allí no teníamos ni uniforme para ir al colegio.
Mi tía sin nada que ponerse. eso sí que es un drama y lo demás son tonterías.
-Que mal, tita...
-Pero, ¿ves?, al final salieron adelante.
-Claro, claro.
Mi tía no tenía ni idea de la bomba que había soltado.
Vale, sí, no es que fueran exactamente noticias de última hora, pero, ¿no os ha pasado nunca que creéis que conocéis a una persona, y de pronto hace o dice algo y os dais cuenta de que no lo conocéis en absoluto?
Pues así estaba yo con mi abuelo.
En cuanto mi tía colgó el teléfono me metí en el grupo de WhatsApp que tengo con mis padres y mis hermanos y les conté lo que me había dicho.
Mis hermanos no tenían ni idea y fliparon tanto como yo.
Mi madre flipó porque no sabía que no teníamos ni idea.
Mi padre flipó porque mi madre flipara porque no teníamos ni idea.
Resumiendo: durante un rato estuvimos todos mirando el móvil y flipando.
-Pero a ver -decía mi madre-, ¿por qué creías que nos fuimos a Gerona?
-Creía que el abuelo se había fugado con una pelandrusca.
-¡Que pelandrusca ni que pelandrusca!
-Pues la pelandrusca. La pelandrusca del abuelo.
-¡No había pelandrusca!
-Pues es una pena, porque la historia sería mucho más interesante -intervino Hermano Mediano.
-¡Me da igual!
-Lo estoy viendo: un corazón frío y lleno de ambición, un cuerpo hecho para el pecado...
-¡Que no había pelandrusca!
-Que tú sepas. La gente te sorprende a veces. Mírame a mí: hasta hace cinco minutos no sabía que mi abuelo se había escapado con una pelandrusca -intervino Hermano Pequeño.
-¡Porque no lo hizo!
-Claro que sí. Yo lo vi claramente a medida que me lo iba inventando.
-¡QUE HE DICHO QUE NO HABÍA PELANDRUSCA Y NO HABÍA Y PUNTO YA!
-Vaaaale, vaaaaale.
Unos días más tarde volví a hablar con mi madre por WhatsApp.
-Madre, ¿te importa si cuento la historia del abuelo en el blog?
-No sé... Depende de lo que vayas a contar.
Pues que el abuelo se fugó con una pelandrusca, por supuesto.