26 abril 2013

Gran reserva. Epílogo

Cuando ya estábamos de vuelta en Madrid, Bebé-chan volvió a la guardería.
-¿Qué tal os ha ido en el pueblo?-preguntó la seño. 
-Bueno...
Si tenéis o habéis tenido un bebé ya sabéis que la rutina es el P*T* AMO. 
Los bebés encuentran consuelo y seguridad en la repetición de los hábitos de la vida diaria: comer, dormir, bañarse... todo a la misma hora, en el mismo sitio y con los mismos instrumentos.
Cuando los sacas de la rutina se ponen más nerviosos que un hámster con la jaula limpia. 
Eso no quiere decir que no se lo pasen bien durante el día: sólo que se van a poner de los nervios por la noche, que es mejor momento. 
Yujú. 
Además los bebés absorben las emociones de su alrededor. Si estás estresada, ten por seguro que tu bebé lo va a estar. Si estás relajada, coges al bebé en brazos y se queda sobado mirándote. 
En el pueblo Bebé-chan estuvo muy bien, pero si mezclamos la salida de la rutina, que hizo poco ejercicio, y el estrés de la situación... digamos que el resultado fue lo que los mejores pediatras del mundo denominan "síndrome de cagada la hemos, Luke". Bueno, en realidad, no, pero molarían mucho más si lo hicieran.  
A la vuelta Bebé-chan y yo estábamos con los nervios tiesos. 
-Bueno -le dije a la seño-, si hoy la puedes dejar descansar un poco, mejor. 
La seño le ha preparado a Bebé-chan una Programación Didáctica que ríete tú de los entrenamientos del equipo nacional de natación sincronizada: hacen psicomotricidad, pilates, juegos... de todo. Y Bebé-chan, encantada. Para mí el único problema es que cuando no va a la guarde demanda el mismo ritmo de actividad  y yo no estoy para estos trotes.
-Haré lo que pueda. 
-Verás, es que se ha pasado los cuatro días casi sin poder jugar, y el ambiente no ha sido el más adecuado...
-Mujer, no pasa nada. Los niños se acostumbran a todo.
-Tú no conoces a mi familia: nadie se acostumbra a eso nunca, cómo mucho aprendes a sobrevivir como George en la Jungla. Y este viaje no ha sido de placer, teníamos que arreglar cosas. Cosas desagradables. Y Bebé-chan ha estado ahí, en medio de todo...
-Vaya, lo siento.
-La verdad es que ha sido todo un poco traumático.
-¿Para ella o para ti?
-¡NECESITO UN ABRACITOOOO!

22 abril 2013

Día del libro 2013

Cuando estaba embarazada de cinco meses se me inundó la casa y me puse a mover muebles como una loca para evitar que se mojaran. En medio del frenesí cartero del Titanic me apañé para hacerme mucha pupa en una rodilla.
Mucha, mucha, mucha.
El médico me dijo que, al estar embarazada, no podía recetarme nada más que reposo absoluto.
Y por supuesto, no le hice ni torta caso.
Cuando estaba más o menos de siete meses el obstetra me dijo que Bebé-chan tenía un nosequé en el nosecuántos, y que o me relajaba yo o me relajaban los señores de la bata blanca en el hospital.
Para entonces pesaba unos trescientos kilos, Madrid estaba pasando la tercera o la cuarta ola de calor, y no me quedó más remedio que empezar a pasar al menos una parte del día tirada en la cama.
Más o menos por entonces mi madre me regaló el libro Cómo no ser una drama mamá.
El regalo iba con retintín, como sólo una madre puede hacerlo.
El mensaje explícito del regalo, como ella misma dijo, era:
- Para que veas que todas las madres acabamos haciendo lo mismo.
El mensaje implícito era:
"Ahora que vas a ser madre comprenderás lo que he tenido que pasar".
Y llevaba corolario:
"Si crees que vas a ser mejor madre que yo, vas de culo".
¡LLevaba incluso puntilla!:
"Te voy a estar vigilando. Puede que tarde meses. Puede que tarde años. Pero al final cometerás un error y todo el mundo sabrá que YO TENÍA RAZÓN".
Razón así, en general, como concepto. No os vayáis a creer que era por nada en concreto.
Las madres somos así. Queremos que nos den la razón incluso cuando no hemos dicho nada.
Total, que como no tenía nada mejor que hacer me empecé el libro sin mucho convencimiento. Me gustó tanto que me lo leí en dos tardes... y habría tardado menos si no fuera porque a veces me reía tanto que se me caía, y al menos una vez ZaraJota™ me lo confiscó.
-Esto no puede ser bueno- me dijo-. ¡Que la niña va a salirnos centrifugada!
La cuestión es que, a pesar de las risas, no se me sentí nada identificada. Mi madre no dice cosas como esas (por suerte). Peeeeero dice otras cosas.
Y siempre me he reído de ella por decirlas.
Y siempre me juré que no las diría.
Y ahora que soy madre, adivinad qué: las digo.
Peor aún: empecé a decirlas antes de ser madre, prácticamente desde el primer día de convivencia con ZaraJota™, probablemente porque no hay nada más maternal que doblarle los calzoncillos a otra persona.

Pues eso. Que como hoy es el día del libro, voy a hacer un homenaje al libro que más me ha hecho reír en e último año recopilando las cosas que dice mi madre y que para mi desgracia estoy repitiendo.

Aquí huele a cachorrito.
Cuando éramos pequeños y llegaba la hora del baño, mi madre asomaba a nuestra habitación y decía:
-Venga, al baño, que aquí huele a cachorrito.
En algún momento de la adolescencia la frase evolucionó a:
-A bañarse ya, ¿eh? Que aquí huele a choto.
Todavía sigo sin saber
a) qué es un choto
b) cuándo ha tenido mi madre la oportunidad de oler uno
c) por qué no puede decir, simplemente, "a bañarse ya" y tiene que añadir el comentario zoológico.
"Bebé-chan huele a cachorrito" fue una de las primeras cosas de mi madre que empecé a repetir.
Cuando empezó a comer sólidos la frase evolucionó a "aquí huele a mierda que echa de espaldas".

¿Esto es limpio o sucio?
Tú estás en tu habitación tan feliz. Tu madre entra y no te alteras: crees que está todo en estado de revista.
Pues te equivocas.
Porque las madres tienen una supervista y un superolfato y unas superganas de tenerlo todo escamondao.
Mi madre era capaz de detectar un calcetín debajo de una cómoda. Lo sacaba, lo cogía con la punta de los dedos y estiraba el brazo, como si fuera tóxico, y decía:
-¿Esto es limpio o sucio? Porque como lo tienes aquí tirado, echo un gurruño, vete tú a saber. Que es que yo no sé para qué plancho, si luego lo metes en el armario de cualquier manera.
Porque mi madre plancha los calcetines. Y los trapos de cocina. Y las bragas. Los tangas no, a ver si os pensáis que está loca.
Yo nunca he usado esa frase con Bebé-chan, porque es muy pequeña y total, no me iba a contestar.
Con ZaraJota™ sí que la uso, más o menos un día de cada dos. Es que es un poco desordenado, el chaval.


¿A una madre?
Esta es una frase comodín para cuando hacemos/decimos algo que no le gusta.
-¿A una madre le vas a contestar?
-¿A una madre le vas a decir tonta?
-¿A una madre le vas a dar una patada?
Con el tiempo la frase quedó reducida.
-¿A un madre? -decía, simplemente.
Mi versión es
-¿A mamá se le muerde? -pregunto. Bebé-chan sigue mordiéndome-. Lo tomaré como un sí.


¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar?
Ni se te ocurra dejar una croqueta.
Hacer el favor de comeros eso ahora mismo. 
Los restos mortales.  
Si tienes cinco personas a comer y haces comida como para cincuenta, sorprendente pero cierto, suele ocurrir que sobre comida.
Si además, en vez de hacer plato único, haces un poco de cocido, un poco de ensalada, un poco de embutido, un poco de empanadillas, lo normal es que sobre un poco de todo.
Eso a mi madre le sienta fatal.
La pelea suele empezar en la mesa, cuando ve el panorama desolador.
-¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar? -me pregunta. No tengo ni idea de por qué me pregunta a mí, si a mí no me gustan las croquetas y si alguna vez me como alguna es por educación-. Ni se te ocurra dejarme una croqueta, que luego tengo la nevera de restitos, un platito de esto, un platito de aquello... todo lleno de restos mortales que no sirven para nada. Ahora mismo te comes esa croqueta, hombre.
Cuando me fui a vivir con ZaraJota™ tuve una brillante idea: si el domingo cocinaba el doble de cantidad, ya tenía la comida del lunes apañada. Me equivoqué. Lo único que conseguía es que sobrara una mierdicroqueta.


Un día de estos revientas. 
Esta frase es de mi abuela y la incluyo porque es el caso opuesto a la anterior.
A mi abuelo le gustaba comer. A lo grande. Podía comerse tres platos de cocido con una barra de pan mojada en sopas, y luego no necesitaba ni siesta ni nada. Lo que sí necesitaba era rematar la comida con una manzana.
-¿Una manzana te vas a comer ahora?-preguntaba/gritaba mi abuela.
-Sí mujer.
-¿Es que no has comido bastante?
-¿Qué pasa, no me puedo comer una manzana?
-Por mí, haz lo que quieras, pero que sepas que un día de estos revientas. Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
Mi abuela remataba el discurso cogiendo la manzana, lanzándola con violencia sobre el frutero, agarrando el frutero y llevándoselo a la cocina sin parar de rezongar.
En cuanto la abuela salía del comedor, el abuelo, que había aguantado el chaparrón sin inmutarse, se giraba hacia mí, que siempre me sentaba a su lado.
-Niña, ve a la cocina y tráeme una manzana, pero que no te vea tu abuela, ¿eh? Y si te ve dile que es para ti.
Esto se repetía en cada comida familiar, para regocijo generalizado, porque si bien todos estábamos de acuerdo en que el abuelo comía demasiado, no acabábamos de entender que la abuela le dejara comerse tres platos de cocido sin rechistar y montara el número por una mísera manzana.
Con los años he también he creado mi propia versión:
ZaraJota™ llega a casa del trabajo con cara de lástima.
-Tengo gusita -dice.
-¿Te hago algo para merendar?
-No, no, ya me hago algo yo.
Entonces se corta una triste y miserable rodaja de fuet.
-¿Esa mierdimerienda te vas a hacer?
-Sí...
- Pues ten cuidado, no vayas a reventar... Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
A estas alturas ZaraJota™ todavía se está preguntando qué tendrá que ver el fuet con el inserso.

Te voy a cambiar por dos de quince
Esta frase es de mi padre.
Cuando mi madre tenía treinta, si mi padre se enfurruñaba con ella le decía:
-¡Te voy a cambiar por dos de quince!
Con los años, mi padre ha ido actualizando la frase, hasta llegar a:
-¡Te voy a cambiar por dos de veinticinco!
A lo que mi madre contesta:
-¡Si hombre! ¿Tú, con dos de veinticinco? Pues anda que nos son largas las de veinticinco de hoy en día. Te iban a dar más vueltas que a un tonto.
-Uy, uy, tienes razón, que yo con mi rodilla chunga ya no estoy para esos trotes.
Ahora cuando Bebé-chan se hace caca, le digo.
-Te voy a cambiar... ¡por dos de tres meses!- y luego añado-. Uy, quita, quita, que pereza...

Es mi vida, flas, flas. 
Esta tiene mérito, porque no es una frase que mi madre me haya pegado a mí, sino al contrario.
Cuando todavía vivíamos todos en casa, y teníamos turnos de trabajo, clase y gimnasio diferentes, mi madre se volvía loca para programar las comidas.
-Hoy voy a hacer paella -anunciaba-. ¿Quién va a venir a comer?
Hermano Mediano y yo decíamos que sí, que no, o todo lo contrario. Hermano Pequeño no decía nada.
-Y tú, ¿qué? -preguntaba mi madre.
Hermano Pequeño suspiraba, ponía los ojos en blanco y se iba de la habitación agitando la lustrosa melenita, flas, flas.
-¿Eso es que sí o que no?- insistía mi madre.
-No sé, mamá, no sé...
-Hombre, tan difícil no será saberlo.
-¡Ya me estás controlando la vida!
-¡Si yo lo único que controlo es que el arroz no se pase!
Con el tiempo mi madre dejó de preguntarle a Hermano Pequeño y empezó a preguntarme a mí.
-¿Sabes si tu hermano viene a comer?
-Es mi vida -constestaba yo, poniendo los ojos en blanco-, flas, flas -añadía, meneando mi lustrosa melenita.
Con el tiempo mi madre interiorizó la frase de tal manera que cuando le digo a Bebé-chan, por ejemplo:
-¿Te vas a dormir o qué?
Mi madre contesta por ella:
-Es mi vida, mamá, flas, flas.


Sois todos mutontos. 
Que tontos son mis hijos.
Mis hijos es que hay que ver los tontos que son.
Estas frases son muy buenas para fomentar nuestra autoestima y además valen para todo.
Imagina que tienes lumbago y tus hijos aprovechan que estás tumbada y sin poder moverte para pintarte cosas en las piernas con rotulador indeleble.
-Sois todos mutontos.
Imagina que estás viendo Gladiator y tus hijos usan el móvil para grabarte roncando.
-Que tontos son mis hijos.
Imagina que tu hija tiene un blog y lo usa para reírse de ti:
Mandar un guasap al grupo "familia":
"Mis hijos hay que ver lo tontos que son".
Acto seguido Hermano Pequeño me manda otro guasap a mí sola:
"¿Qué has escrito ahora?".
Y así todo.
Yo nunca le digo a Bebé-chan que es mutonta, porque eso es malo para su autoestima. A quién si se lo digo es a ZaraJota™, porque total, su autoestima ya no tiene remedio.
-Tu papá es un poco tonto.
-¡No le digas eso! -protesta ZaraJota™.
-Si no se entera...
Hace unos días Bebé-chan estaba entusiasmada diciendo papá:
-Pa-pa, PA, pa... papapa, pA, pa-pa -y de pronto, añadió- TO TO -y luego lo repitió, por si no nos había quedado claro-: pa-pá to-to.
Otra que está condenada a repetir las frases de su madre.








Pd: Que sí, que sí, que el día del libro es mañana, que le he dado a publicar en vez de a guardar otra vez.
Lo que pasa es que esta vez, en lugar de borrarlo como si fuera el community manager de un político cualquiera, lo he dejado. ¡Si hasta he confesado y todo!:

19 abril 2013

Gran Reserva VIII y ya

Previously in Lorz...
Esto es más largo que el día ese del año en el que se atrasa la hora y tú ves que no anochece y piensas, "pues será temprano", y miras el reloj y no es temprano y encima mañana hay que ir a trabajar y te da una pereza que te mueres. 


Mi padre tiene un problema de puntualidad, en concreto, de exceso de la misma.
En realidad no, porque la puntualidad consiste en llegar justo a la hora acordada, mientras que lo que hace mi padre es llegar tres horas antes, y si puede se queda a dormir en la puerta toda la noche para estar el primero, bien tempranito.
Cuando estaba embarazada mi padre me llevaba a hacerme todas las ecografías, análisis y pruebas, y me llevaba tan pronto que a veces nos encontramos el centro médico cerrado, y nos íbamos a desayunar para hacer tiempo... sólo que por lo general yo no podía desayunar porque tenía que hacerme alguna prueba en ayunas, así que le miraba desayunar. Os podéis imaginar la ilusión que me hacía.
Este afán madrugador tiene algún sentido cuando vas al médico, pero lo tiene menos cuando vamos a comer a su casa. Si quedas a las dos, y a las dos menos un minuto no has llegado, te llama.
-¿Dónde andas? -pregunta.
-En el portal de tu casa.
-¿Y por qué no subes?
-Porque me estás llamando al móvil y en el ascensor no hay cobertura.
Después de muchas protestas, conseguimos que dejara de llamarnos. Ahora lo que hace es decirle a mi madre que nos llame.
-Llama a la niña, que son las dos menos veinte y no ha venido.
-Estará de camino.
-A ver si le ha pasado algo, llámala.
-Llámala tú, no ves...
Al final mi madre me llama.
-Filla -mi madre sólo me llama filla cuando sabe que va a decir algo que me va a tocar las narices-. ¿Venís o qué?
-Ya vamos, ya vamos, que hemos quedado a las dos y no son todavía.
-¡HA SIDO TU PADRE!
Con los viajes mi padre entra en punto crítico.
-¿A qué hora salimos? -le pregunto.
-Sobre las ocho.
-O sea: a las siete y media.
-No, mujer, no seas exagerada...sobre las ocho o así.
Al día siguiente a las siete y media está mi padre llamando al telefonillo.
-Pues ahora te esperas que no estoy preparada.
-¿Cómo que no? ¡Si te dije a las ocho!
-¡Pero es que son las siete y media!
-Ya, pero entre que salimos de Madrid y nos metemos en la autovía...
Ah, vale. Que a las ocho salimos del país, no de mi casa. Haberlo aclarado, hombre.
Para ser sincera, al principio mi padre se comportó muy bien.
Antes de irnos le expliqué que la niña tenía sus normas, sus rutinas y sus necesidades, que no entiende de horas ni de autovías y que la única forma de que mantenerla tranquila era manteniéndonos tranquilos los demás. Es decir: que una cosa es ir deprisa y otra ir con prisas, y con un bebé se tiene la una o la otra, pero ambas no porque son mutuamente excluyentes.
El viaje de ida fue muy tranquilo.Salimos muy bien. Cuando Bebé-chan tuvo hambre paramos a desayunar, y mi padre esperó pacientemente a que Bebé-chan se acabara el biberón, estuviera limpia, jugara un ratito para desentumecer el cuerpecillo. Mi padre se mantuvo impasible el ademán, aunque cualquiera que lo conozca se habría dado cuenta de que le picaba el asiento.
A la vuelta anunciaron nieve.
-Pues salimos inmediatamente después de comer, que no nos pille de noche y nevando -anunció mi padre.
Lo que en klingon significa: " a las siete de la mañana os estoy levantando".
Pues a las siete no, pero a las ocho me estaba preguntando si se podía llevar a Bebé-chan para enseñársela a unos amigos.
-¿A estas horas? ¿Esos amigos te caen mal o algo?
-Es que luego se hace tarde y va a nevar y...
Un par de horas más tarde, mi padre volvió a intentarlo.
-¿Está Bebé-chan vestida?
-Eh... sí.
-¡Pues me la llevo!
Antes de que me diera cuenta estaba corriendo pasillo adelante, con Bebé-chan sobre el hombro cual cochinillo mientras gritaba y agitaba los bracitos.
-¡El abrigo! ¡Los zapatos! ¡Que estoy en pijama!-gritaba yo, mientras intentaba alcanzarle.
-¿Tú también vienes?
Hombre, si te parece... que mi padre es capaz de coger a la nieta y volverse a Madrid, y a los demás que nos la pique un pollo. Yo mientras tenga a mi hija no le pierdo de vista ni para ir al baño.
Un par de horas más tarde, después de que mis padres llevaran a Bebé-chan a hacer el Simba por todo el pueblo, mi padre anunció que nos íbamos.
-Que han dicho que va a nevar -nos recordó.
-Pues es que Bebé-chan tiene que comer -le dije.
-¿Ahora?
-Cuando tiene hambre, es una costumbre tontísima que tiene.
-Es que como no me has avisado...
-Come cada tres horas. No sabía que tenía que anunciarlo en el BOE cada vez.
Para cuando Bebé-chan terminó de comer mi padre ya estaba dando saltitos de impaciencia. Mi yo interior, también, porque esto de dar pecho con tu padre intentando calcular mentalmente los centilitros que puede haber en cada teta y lo que puede tardar Bebé-chan en bebérselos, como que te corta el rollo.
-Bueno -dijo al final-. ¿Nos vamos ya o qué?
-Espera un momento, que tengo que cambiarle el pañal.
-¡No me has dicho que la tuvieras que cambiar!
Pues en esto estamos empatados, porque ella tampoco me ha dicho que tuviera que cagar.





PD:
Orden 1234/2013, de 19 de abril, por la que se regula la ingesta y expulsión de alimentos por parte de Bebé-chan.
1.Los bebés en general, y Bebé-chan en particular, tienen la costumbre de comer para subsistir. Lo hacen aproximadamente cada tres o cuatro horas, según su edad, peso, estado de salud y otros condicionantes, entre los que destaca el hambre. 
2.Los bebés, una vez comen, tienden a hacer popó tarde o temprano, generalmente en el momento más inoportuno para la padre, madre, o tutor/es legal/es, sin previo aviso de ningún tipo, salvo en algún caso un ligero rubor facial provocado por el esfuerzo del bebé al apretar. 
3.Una vez el bebé ha hecho pipí o popó es recomendable cambiar el pañal, por el bien del bebé. Si te vas a meter en el coche con las ventanillas subidas y la calefacción puesta también es recomendable cambiar el pañal, por el bien de los demás. 


11 abril 2013

Gran Reserva VII

Previously in Lorz...
Estuve tres días en el pueblo y voy a tardar dos meses en contarlo. 
Creo que empiezo a chochear. A fin de cuentas, ser madre es el primer paso para ser abuela. 

Titapepi está hecha una pupa de arriba a abajo.
Literalmente.
Empezando por los pies (juanetes), pasando por la cadera (Robocop), los riñones (uno está en paro y el otro convocado a huelga), los ojos (ni torta), los oídos (ligera sordera) y además todo lo habitual cuando uno tiene más de setenta años: azúcar, colesterol, ácido úrico...
El estado de pupez es tal que si Terminator la mirara con su escáner ocular (que a pesar de su nombre está en el ojo, no en el culo), le saltarían todas las alarmas y en vez de dispararle le daría un par de palmaditas en la espalda y le diría "ea, ea".
Para mantener ese cuerpo puposo en funcionamiento Titapepi tiene que seguir una dieta estricta, baja en sal, baja en azúcar, baja en grasas... baja en todo lo bueno, vaya. La cosa es tan grave que si se hace una ensalada, no puede echarle tomate (ácido úrico), ni aceitunas (sal), ni maíz (azúcar). Así que se echa un poco de lechuga. Pero poca, ¿eh? Que la lechuga es muy indigesta y muy pesada.
Y así todo.
A pesar de la dificultad, Titapepi sigue su dieta a rajatabla. La idea es que si se porta bien todos los días, pero todos todos, en ocasiones especiales puede hacer un excesito, como chupar un grano de maíz o algo.
No creáis que los hace mucho. Normalmente se reserva para cuando tiene gente en casa.
Y claro, cuando estuvimos en su casa, tenía gente en casa.
Ha quedado claro, ¿no?
Que conste que ella planeaba portarse bien, y que fui yo la que provoqué.
-Niña, ¿tú que quieres cenar esta noche?
Eran las seis de la tarde, pero eso no importa. En mi familia sólo hay una cosa que nos guste más que comer: hablar de comida.
-Pues había pensado que podíamos pedir una pizza. Si no quieres, no, lo que tú digas.
No te vaya a dar un chungo, pensé, que las transaminasas son unas p*t*s traicioneras.
-No, mujer, si a mí me gusta la pizza, y por un día que coma no pasa nada.
-Pues nada, luego la pedimos.
Jo, pensé, pobre Titapepi, ella aquí haciendo esfuerzos heroicos para mantener los triglicéridos controlados y llegamos nosotros y se los descolocamos todos, desde luego... Me daba mucho apuro pensarlo, es que es muy fuerte... Que lo mismo a la pobre ni le apetece ni nada, y sólo se come la pizza por no hacernos el feo.

-Niña, ¿pedimos ya la pizza?-me preguntó más tarde.
-Eh... es que son las siete, igual es un poco pronto, ¿no?
-Sí, igual sí.

Y al rato...
-Niña, creo que voy a pedirla ya, que aquí se lo toman con calma.
-Espero que se lo tomen con mucha calma, porque son las siete y cinco.

Y al rato...
-Niña, ¿ tus padres dónde han ido?
-Creo que están de cañas.
-Tardan mucho, ¿no?
-No sé, se habrán encontrado a alguien.
-Oye, ¿no estarán cenando por ahí? ¡A ver si van a cenar y luego no quieren que pidamos la pizza!

Y al rato...
-Niña, yo he pedido ya la pizza. ¿Con cuatro tendremos bastante?
¡Halaaaaaa!
-Depende, ¿cuántos meses vamos a estar aislados por la nieve?

Y al rato...
-Niña, que la pizza ya está aquí. ¿Tus padres cuando vienen?
-Ni idea.
-¿Tanto se tarda en tomar una caña?
-No creo que se hayan tomado una caña...

Y al rato...
-Niña, que esto se va a enfriar. Yo voy a ir empezando.
Pero por no hacernos el feo, ¿eh? No os vayáis a creer.



Continuará (sólo uno más y ya)...

03 abril 2013

Gran Reserva VI

Previously in Lorz...
No seas vago y léelo tú mismo. Está justo debajo de este.
Que tengo que hacerlo yo todo, c*ñ*. 


Ya que estaba  en el pueblo aproveché le ocasión para quedar con Ephedro.
-¿Quién es Ephedro?-preguntó La Tita del Puerto.
-Un amigo.
-¿Un amigo especial?
-No lo sabes tú bien...
Ephedro nos llevó a Bebé-chan y a mí a comer a un sitio muy bonito. Cuando salimos, sacó una supercámara megamolona, de esas que tienen megapíxeles chorreando por todos lados.
-Ponte, que os hago una foto.
Y me puse, y me hizo una foto.
Y un borracho señor en riesgo de exclusión social que había en la puerta del bar de al lado lo vio con la cámara supermolona, lo confundió con Peter Parker, y le dijo:
- ¡Cucha! ¡Ahme una fotamí!
-¿...?
-¡Enga, mushashooo, ahme una fotooo!
-¿Tú quieréhuna fotooo? -dijo Ephedro, que aprovecha cualquier momento para alardear de que sabe idiomas y mimetizarse con los nativos-. Yo tagu-nafotoo.
Y le hizo una foto.
Y entonces el  borracho señor en riesgo de exclusión social se mosqueó.
-Ehpeeera... ¿tú paquéquiereh una fotoo mía?
-Eh... tú me has pedido que la hiciera -con el shock a Ephedro se le olvidó mimetizarse con los nativos y todo.
-¿Y quévasertú con mi fotoo?
-Nada.
-¿No la puedo veh?
-Si quieres yo te la mando -cara de pasmo del borracho señor en riesgo de exclusión social-. Me das tú dirección y yo te la mando. ¿Tienes correo?
-Claroquetengocorreoo...
-Pues yo te mando la foto a tu dirección.
-¿Túsabeh ondetá mi caasa?
-Dirección de correo electrónico.
-...
-De internet.
-...
-¿Whatsapp?
-...
-¿SMS?
-...
Mira que Ephedro tiene mundo y recursos para todo, ¿eh? Pues por un momento pensé que iba a colapsarse allí mismo.
-Está bien, vamos a hacer una cosa: yo te doy mi tarjeta, viene mi dirección de corre... de internet. Tú busca algún amigo, algún sobrino, alguien, que sepa de internet, y le dices que se ponga en contacto conmigo en esa dirección, ¿vale? Y yo le hago llegar la foto.
Admitámoslo: dicho así sonaba a timo. Y el señor estaba  borracho en riesgo de exclusión social, pero no era tonto.
-¿Quemevah cobrah?
Mientras Ephedro le explicaba al señor que no le iba a cobrar, que sólo quería hacerle llegar la p*t* foto, que encima que le hacía un favor le estaba tocando las narices, a mí y a Bebé-chan se nos acercó otro borracho señor en riesgo de exclusión social.
-¿Queh niñoniñaa?
-Niñaa -m**rd*, pues no se me está pegando el acento y todo.
-Tedi sinqueuroh por eella.
-¿Cinco euros? De eso nada.
-Dieh.
-¡Que no!
-¡Sivahtar mehó comigo que contigoo!
-¡Y UN C*J*N! ¡Ephedro, vámonos, que la niña se está poniendo nerviosa!
-Veh como conmigo ehtá mehó...
-Espera, Lorz, que le estoy explicando a este  borracho señor en riesgo de exclusión social cómo se inventó la imprenta.
-¡QUE NOS VAMOS!
Y nos fuimos. De camino a casa de Tita Pepi, le iba echado la bronca.
-Es que sólo se te ocurre a ti... blablabla... internet... blablabla... negra me tienes... blablabla.
Estábamos en esto cuando se nos cruzó un perrito y Ephedro que es que no aprende, el tío, le hizo una foto.
-¡Arg! -le dije-. ¿Qué no has tenido bastante o qué?
-Si es sólo un perrito -dijo.
No había acabado de decirlo, cuando apareció el dueño del perrito.
Miró a Ephedro.
Miró la supercamara megamolona con los megapíxeles chorreando por todos lados.
-Safotoo cajechoo, ¿pa que eh?
-Para nada -se apresuró a decir Ephedro-, para nada.
-¿No lavahseñáh?
-No, no.
-Hombre, enargún sitioo la pondráh que se veaa. ¿No tienehanquesea un bloh o un feihbu paponehla?
Desde luego, es que no tienen término medio.



Pd:
Cuando llegué a casa de Tita Pepi le conté a mi madre lo que me había pasado.
-Jo, mamá, que me han intentado comprar a Bebé-chan por cinco euros.
-¿Cinco euros? De eso nada. Mi nieta vale por lo menos cincuenta.
Por lo menos.


Continuará...

25 marzo 2013

Gran Reserva V

Previously in Lorz:
Yo tenía razón. Como siempre.


-Hay que ver la de cosas que necesitan los niños cuando viajan- dijo mi madre cuando empezamos a planear el viaje-. Y cuanto más pequeños, más cosas necesitan.
Pues no es verdad.
Los niños pequeños sólo necesitan una cosa: a su mamá.
A ser posible, con la teta presta, gracias por preguntar.
Los que necesitan muchas cosas cuando viajan son los padres. Especialmente las madres.
Mientras hacía la maleta, Bebé-chan me miraba escandalizada:
¡Pañales! ¡Ropa de cambio!
¡Con lo bien que se está en pelota picá!
¡Biberones! ¡Papillas!
¡Que manía con el destete!
¡Baberos! ¡Toallitas!
¡Que empeño en frotar la cara con cosas!
 Y así todo.
Si por mí fuera, habría llevado tres o cuatro maletas, pero el maletero del padremóvil no daba para tanto y la cosa quedó en un necesercito.
Y una bolsa.
Y mi bolso.
Y el bolso cambiador.
Y el carrito.
Aún así, hubo cosas ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLES que me dejé atrás, como la garrafa de agua mineral de cinco litros, pensando que ya la compraría cuando llegara.
Por eso cuando llegamos a casa de Titapepi y nos instalamos y todo, le dije:
- Me voy al supermercado a comprar agua mineral.
-¿Para la niña?
-Sí.
-¿Está malita?
-No.
-Pues dale agua de grifo, mujer.
-Siempre le damos mineral.
-¿Y eso? ¿Es mala el agua de Madrid?
-El agua de Madrid es muy buena. Lo que son malas son las tuberías.
En los edificios antiguos las tuberías son de plomo y con el tiempo aparece corrosión, que viene a ser que las tuberías se oxidan y se pudren. Esa podredumbre sale por el grifo y nos la bebemos alegremente y no nos morimos porque lo que no mata engorda.
-Bueno, mujer, pero eso en el agua del pueblo no pasa.
Mi pueblo está situado sobre una capa freática muy abundante. Por desgracia, gran parte de ella es salada porque procede de un mar que desapareció gracias al movimiento de placas. La otra parte tiene tanta cal que los cubitos de hielo siempre salen blancos. Gracias a eso, el agua de mi pueblo es más apta para deshacerse de un cadáver que para bebérsela. Y eso, en el mejor de los casos. En años de sequía se intenta suplir la falta de agua con exceso de productos químicos, y a veces se echa tanto, tanto, que una vez me salió sarpullido al lavarme la cara, no digo más. Desde entonces no he vuelto a lavarme, y me va estupendamente.
-Prefiero darle agua mineral, por si acaso.
-Desde luego, hoy en día se hacen unas cosas... yo les daba a mis hijos agua del grifo -y así se han quedado, pensé para mis adentros, pero no se lo dije porque soy muy educada-. Ni tampoco esterilicé los biberones. ¿Tú los esterilizas?
-Sí, claro.
-Pues eso es una tontería. Los esterilizas, y luego, ¿qué? Como no están en un ambiente estéril se desesterilizan en cuanto los sacas.
Titapepi se doctoró en farmacia en unos tiempos en los que las mujeres con aprender a escribir ya iban sobraditas. Así de lista es. Y claro, hablas con ella de cualquier cosa y tarde o temprano acabas sintiéndote bastante estúpida, por comparación.
-Algo le hará, ¿no? -pregunté.
-Perder el tiempo, eso hace.
-Bueno, pues si tú dices que no sirve de nada, mientras esté en tu casa le doy agua de grifo, no esterilizo, y que le pique un pollo a todo y ya está.
-Me parece lo más razonable.
-Ahora, si a la niña le da una cagalera, los pañales se los cambias tú.
Titapepi valoró sus opciones por un momento.
-Entonces -me dijo-. ¿De qué marca le compramos el agua mineral?
Ya os dije que era una chica lista.

Continuará...

17 marzo 2013

Gran Reserva IV

Previously in Lorz...
Va a hacer mucho frío, pero no pasa nada porque el saquito es sueco.


Como mañana es el día del padre y, en algunos casos, de la madre, voy a aprovechar para hablar de mi padre y de mi madre, que además es lo que toca. 
La c*g*st* burlancaster. 

Mis padres llevan 33 años casados y a pesar de eso se quieren y todo. 
Yo aún diría más: según ciertos y muy dramáticos testimonios, se quieren demasiado.
En concreto, demasiado a menudo, demasiado alto, y con la puerta demasiado abierta, y no voy a dar más detalles porque esto luego esto lo leen los niños. 
Después de tantos años han creado una relación simbiótica cuya manifestación más característica es lo que yo llamo "el rezongue", Hermano Mediano llama "festival del humor", y Hermano Pequeño no lo llama porque él es más de borrar los recuerdos traumáticos.
El rezongue consiste en hablar solo. 
Todos hablamos solos cuando estamos solos, ¿no?
La diferencia es que mis padres hablan solos el uno con el otro
Continuamente. 
Sin parar.
Sin escucharse y, lo que es peor, sin darse cuenta de que lo hacen. 
El rezongue es una conversación en piloto automático que se desarrolla en círculo, dando vueltas y vueltas sobre sí misma hasta alcanzar un punto crítico, en el que es necesario desbloquearla preguntándole a un tercero "¿a que YO tengo razón?".
Los terceros en cuestión, que somos sus hijos, huimos del rezongue como de la peste porque:
a) Es un c*ñ*z* oírles.
b) La mayor parte de las veces no tenemos ni idea de qué están hablando.
c) Digas lo que digas, al final la culpa es tuya. 
Por eso, una de las cosas que más miedo me daba de irme con mis padres al pueblo era estar cuatro horas ATRAPADA en el asiento de atrás mientras ellos rezongaban. 
-Prometemos portarnos bien y estar calladitos -dijo mi madre.
-No me lo creo. 
-Que sí, que sí. 
Cuando llegó el día F (de "frío que vamos a pasar, y Bebé-chan tan pequeña, aunque el saquito es sueco y abriga mucho, ¿eh? que a veces pasa calor y todo"), mis padres vinieron a buscarnos, y nos montamos en el coche. Apenas acabábamos de arrancar cuando sonó el móvil de mi padre.
-¡Un guasap! ¡Me ha llegado un guasap!
Mi padre no quería ponerse guasap porque decía que era una tontería y un c*ñ*z*.
Ahora que lo tiene sigue diciendo que es una tontería y un c*ñ*z*... y no para de usarlo.
-Pues luego lo lees -contestó mi madre.
-Es que puede ser del trabajo...
-Bueno, pues si es del trabajo que se aguanten, que estás conduciendo.
-¿No me lo puedes leer tú?
-¿Y si es del trabajo qué les digo?
-No sé, tú léemelo y ya te diré.
-Es que no entiendo tu móvil.
Después de forcejear un rato con la pantalla táctil, mi madre lee el guasap y contesta siguiendo las instrucciones de mi padre.
Acto seguido, el móvil vuelve a pitar.
-¡Un guasap!
-¿OTROOO? -dice mi madre, como si ella no recibiera unos trescientos diarios.
-Míralo, anda.
-A ver si ahora me voy a pasar todo el viaje leyéndote guasaps...
-¿Qué pasa, tienes algo mejor que hacer?
-No, pero esto es un no parar.
-Sólo han sido dos.
-De momento, que eres mupesao todo el día con el guasap.
-Mira quién fue a hablar. Todo el día mandándote cosas con Lorz -sabía que me iba a salpicar tarde o temprano, lo sabía-. Venga a mandaros fotitos de Bebé-chan. Y a mí no me mandáis ninguna. Como a mí nadie me quiere...
A mi padre no le mando guasaps porque dice que son una tontería y un c*ñ*z*. A no ser que los mande él, que entonces son lo mejor que hay en el mundo mundial y siempre llegan exactamente en el momento oportuno.
-¿Me lo vas a leer o qué?
-Ya lo leo, ya lo leo, es que no entiendo tu móvil.
A la tercera vez que se repitió la conversación le requisé el móvil a mi padre, lo apagué y me senté encima.
Por si acaso.
Entonces mi madre se empezó a rebullir en el asiento y a rebuscar en el bolso.
-¿Te quieres estar quieta? -le preguntó mi padre. Creo que era una pregunta retórica, porque a estas alturas ya debe saber que mi madre y lo de estar quieta, como que no es lo suyo. Además mi madre tiene una habilidad especial: cuando ella se mueve, lo mueve todo a su alrededor.
Si la realidad fuera un flan, mi madre sería el platito temblón.
-Es que no encuentro mi móvil.
-¿Y para qué quieres el móvil ahora?
-No sé, para mirar si tengo un guasap.
-Yo no he oído nada.
-¿Y si me lo he dejado en casa? -dijo, y siguió dando bolsazos a diestro y siniestro-. A ver si quiere salir...
¿Salir?, pensé. Ese no sale. Viendo lo que le estás haciendo al bolso yo tampoco saldría.
-¿Cómo te lo vas a dejar en casa, si has llamado a Lorz cuando veníamos?
-Pues no sé, se me habrá caído.
-¿Y no lo puedes buscar luego?
-¡Que quiero ver si tengo un guasap!
-¿Tan urgente es?
-Claro, si es TU guasap es urgente, si es MI guasap puede esperar...
-A mí me da igual lo que hagas con el guasap, pero deja de darme bolsazos ya, que estoy intentando conducir.
-Que te molestará a ti mucho lo que yo haga con el bolso...
-Pues sí, porque estoy conduciendo y me distraes.
-¿Yo te distraigo? Te distraes tú solo, que tienes que estar a todo.
-Ya estamos, al final siempre es culpa mía.
-Hombre, culpa mía no va a ser. Además, has empezado tú.
-No es verdad -el rezongue había alcanzado el punto crítico. Podía sentir el cerebro de mis padres encendiendo el radar en busca de apoyos para el desempate... y lo único que había a mano era yo-. Lorz -m**rd*, me pilló- ¿a que siempre empieza ella?
-¡A mí no me metáis en vuestras discusiones!
-Pero...
-¡Y dejarme tranquila, que estoy ocupada!
-¿Sí? ¿Qué haces?
Intentar desinstalaros el p*t* guasap.



Bonus track.
Esto es lo que va a pasar ahora.
Mi padre leerá el post y llamará a mi madre.
-¿Has visto como yo tenía razón?- le preguntará.
-De eso nada, está clarísimo que me está dando la razón a mí...
Cinco minutos de rezongue más tarde le preguntarán a Hermano Mediano.
Hermano Mediano huirá corriendo y agitando los bracitos hasta ponerse a salvo, y luego me mandará un guasap.
"No les provoques que luego los tengo que aguantar yo".
Entonces le enviaré un guasap a mis padres.
"Dejad tranquilo a Hermano Mediano, que bastante tiene ya".
"¿Qué pasa? ¿Ya os estáis riendo de nosotros a nuestras espaldas?", contestará mi madre.
"Sí".
Mi madre lo rumiará un rato, y al final llegará un guasap al grupo familiar que dirá, simplemente:
"Sois todos mutontos".
Bien pensado, creo que yo también voy a desinstalarme el guasap.


Continuará... 

11 marzo 2013

Gran Reserva III


Previously in Lorz...
Ya van dos, y todavía no hemos llegado al pueblo. 
Se nota que soy chica, porque voy a estar más rato con los preliminares que con el asunto. 


Dos días antes de ir al pueblo, estaba toda la familia reunida celebrando el cumpleaños de mi abuela y hablando del sexo de los ángeles* cuando de pronto mi padre dijo:
-Pues a mí no me parece bien que vengas con la niña al pueblo, pero claro, como te has empeñado en venir...
La cara tonta que se me quedó.
-¡Si ha sido madre!
-¡No es verdad! -saltó mi madre, que siempre me ha apoyado mucho.
-¿Tú sabes el frío que hace en el pueblo?
¿Que si lo sé? Como si hubiera vivido allí 16 años con sus inviernos incluidos. Y recuerdo con claridad meridiana cuando me decían “hay que ver esta niña, tapada hasta las orejas está, ni que hiciera tanto frío”. Pero claaaro, si su hija tiene frío que le pique un pollo, ahora a la nietísima ni tocarla.
-¡Claro que lo sé! ¡Y más en casa de Titapepi!
Titapepi es una señora muy pequeña que vive en una casa muy grande, por lo que existe un desequilibrio matemático evidente entre el calor que emite su cuerpecillo y el calor que necesita esa casaza. 
Para los que no sean tan expertos en matemáticas como yo: hace un frío de morirse.
-No deberías venir -repitió mi padre, ignorando las miradas asesinas de mi madre-. La niña es muy pequeña.
-¡Si la niña es la única que no va a pasar frío! ¡Llevo pijamas de forro polar, todos los jerséis que tiene, y el saquito del coche es noruego! ¡Deberías preocuparte por los demás, que se nos va a quedar el chirri como las cuevas de Altamira!
-La verdad es que ese saquito abriga mucho -concedió mi padre-. Como es noruego...
El saquito del carro abriga tanto que tengo que meter a la niña en camiseta porque si no llora de calor. A veces me planteo si no me a más rentable sacar a la niña del carro y usar el saco para criar pollos.
-Los demás sí que vamos a pasar frío. No ella -repetí, para dejar claro que la nietísima estaba a salvo.
-Es que va a hacer mucho frío para llevar a la niña.
-En el saquito va bien -repetí-. Es noruego.
-Sí, la verdad es que sí... A veces llora del calor que pasa dentro...
-¿Ves?
-Pero es que va a hacer mucho frío para llevar a la niña.
-¡CALLARSE YA C*Ñ*!-gritó de pronto Latita, que llevaba un rato siguiendo la conversación como quién ve un partido de tenis-. ¡ QUE LLEVÁIS MEDIA HORA EN BUCLE CON EL FRÍO QUE HACE EN EL PUEBLO Y EL CALOR QUE HACE EN EL SACO SUIZO DE LAS NARICES! ¡VAMOS A CAMBIAR DE TEMA, J*D*R! Ejem... ¿Lorz, fuiste ayer a la manifestación?
-No.
-¿Y eso?
-Es que hacía mucho frío para llevar a la niña.





Continuará...


*Los ángeles no tienen sexo porque no están casados


06 marzo 2013

Gran Reserva II

Previosly in Lorz...
Mi madre quiere coger a Bebé-chan y salir corriendo mientras grita y agita los bracitos.

El siguiente paso fue decírselo a ZaraJota™, que estaba totalmente de acuerdo.
-No me hace ninguna gracia -me dijo-. ¿Y si le pasa algo?
-Pues como si le pasa algo estando en casa. Si va a ser lo mismo, pero en vez de estar las dos solas en casa todo el día estaremos en otra casa y con mi familia.
-Esa es la parte que me preocupa.
-Son sólo dos días.
-Con tu familia, dos días son como el brillo de la luna reflejándose sobre el infinito de las olas.
-Jo, con la ilusión que le hace a mi madre llevarla al pueblo para hacerle un Simba...
-Que he dicho que no, y es que no, y no hay más que hablar.
-Jooooo... Pobre Bebé-chan, que no conoce a la mitad de su familia. ¿No te da pena?
-Pues si te digo la verdad, más que pena me da una envidia que no veas.
Finalmente ZaraJota™ me dio permiso para llevarme a Bebé-chan.
-Con algunas condiciones -me advirtió.
-Vale.
-Primero: no subas escaleras con la niña en brazos, que las escaleras de Titapepi son muy malas y tienen pinta de escurrir.
-Vale.
-Segundo: no subas cuestas con la niña en brazos. Mejor pensado: no salgas de casa, que ese pueblo no tiene más que cuestas, y todas son para arriba, que parece un cuadro de Escher.
-Jo...
-Tercero. nada de animales lamiendo a la niña. Ni perros, ni gatos, ni canarios, ni nada. Y nada de “si mi perro está limpísimo” ni “si está muy vacunado”, que de un bicho que saluda a sus amigos lamiéndoles el culo se puede esperar cualquier cosa.
-Vale.
-Cuarto: nada de ir al campo, que la última vez casi me pegan un tiro.
-¡Porque de lejos pareces un jugoso conejo silvestre!
Media hora más tarde, ZaraJota™ seguía.
-Quincuagésimo tercero, Artículo II, Sección 1º, párrafo B...
-Ya me he olvidado del primero.
-Me lo temía. Da igual: todo se resume en una:
no pierdas NUNCA de vista a la niña.
-¿Y si me tengo que duchar?
-¡DE DUCHA NADA! Son tres días, y con el frío que va a hacer ni se huele ni nada.
-Bueno, pero en algún momento tendré que hacer pipí.
-Pues dejas a la niña en el bidet.
-Jo... es que si me miran no me sale el chorrito...
-¡PUES LA PONES BOCA ABAJO!

Continuará...

01 marzo 2013

Gran Reserva I


La semana que viene padre y yo tenemos que ir al pueblo -me dijo mi madre un día.
-Uf, que pereza.
-Ya, y encima va a hacer un frío horrible.
-Eso dicen... ¿vais mucho tiempo?
-Sólo un par de días, vamos a casa de Titapepi y no queremos darle mucho trabajo, que ya está mayor.
-Al menos es poco tiempo.
-Sí, sí, poco, pero no veas la de equipaje que llevamos... vamos hasta arriba, como siempre.
-Pues yo estaba pensando apuntarme a ir con vosotros para que Bebé-chan conozca a la familia, pero va a ser mejor que no.
El tono de mi madre cambió al momento.
-¿Por qué no, mujer?
-Es que va a hacer mucho frío.
-Que exagerada eres, no será para tanto. Allí de día sube muchísimo la temperatura. Prácticamente en manga corta, vamos a estar. Yo estoy pensando echar el bikini y todo, no te digo más.
-Bueno, tampoco quiero causarle molestias a Titapepi, que está mayor.
-Andá ya, si sólo tiene 76 años, está en la flor de la vida. Tendrías que verla, una vitalidad, una alegría, un caminar brioso...
-Y luego está el maletero, que no van a caber nuestras cosas, el carrito y toda la parafernalia de Bebé-chan.
-¿Cómo no va a caber? Ordenándolo bien cabe todo, mujer.
-Ya, y si no cabe eres capaz de hacer 400 km corriendo detrás del coche con el equipaje a cuestas, con tal llevarte a tu nieta, ¿no?
-Porfiporfiporfiporfiiiiiiii...


Continuará...  

23 febrero 2013

Las mamás son la leche

Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos mamás.
Winston Lorzill


Bebé-chan ya va a la guardería. 
Y se la sopla. 
Bebé-chan es una niña feliz y le da lo mismo estar en casa, con los abuelos, tirada de cualquier manera en un banco del Vips (verídico) o en la blanca superficie de la luna... mientras no tenga hambre o frío y pueda ver lo que pasa alrededor. 
Para mí la adaptación ha sido un poco más difícil. 
Elegir la guardería ya fue un trauma, porque por más que leía y llamaba y preguntaba me seguía faltando información.
-¡Si tienes hasta el árbol genealógico de las cuidadoras! -me decía ZaraJota™- ¿Qué más necesitas?
-Jo, no sé, que me digan si van a maltratar a la niña.
-¡Eso no te lo van a decir en un folleto!
-Pues no entiendo por qué, sería mucho más cómodo para todos.
-Vamos a ver, Lorz... Si en la publicidad de la guardería pusiera "maltrato individualizado" o "expertos en pederastia" nadie llevaría a sus hijos.
-No sé, no sé... ¡hay gente para todo!
Aparte de la seguridad de Bebé-chan, lo que más me preocupaba de la guardería era tener que socializar con otras mamás.
En general no soy una persona sociable (aunque comparada con ZaraJota™ soy Miss Abrazos Gratis, ¿eh?), y si a alguien se lo he parecido alguna vez es porque he hecho un curso de Habilidades Sociales.
De hecho, lo que más me gusta de Madrid es que puedes salir a la calle y no tienes que hablar con nadie... a no ser que tengas un bebé.
Porque cuando tienes un bebé, gente a la que no conoces de nada siente la imperiosa necesidad de hablar contigo cuando te la cruzas por la calle. La mayoría se limitan a decir "que niño más guapo" o te preguntan qué edad tiene. Y luego está la pequeña minoría.
Aparentemente, existe una pequeña minoría de seres humanos que cree que tener un hijo ya te convierte en un experto en crianza, y que cree que su deber, no, su obligación es ir aleccionando a los demás por la calle.
Mi primera experiencia con este colectivo de madres aleccionantas fue en el hospital, con las enfermeras.
-Le das teta cada vez que lo pida -dijo la primera.
-Aunque no te lo pida, le das teta cada tres horas-dijo la segunda-, y la dejas ahí hasta que la suelte.
-Le das teta diez minutos cada tres horas -dijo la tercera-, y si con eso se queda con hambre ya espabilará en la próxima toma.
Cuando el pediatra vino al día siguiente me dijo que la niña había perdido más peso del normal.
-¿Cómo le estás dando de comer? -preguntó.
-Pues verá, como las enfermeras no se ponían de acuerdo, al final le he comprado una pizza y le he dicho "mira bonita, cuando tengas hambre te la calientas en el microondas", y no debe tener mucha hambre, porque de momento la pizza ni mirarla.
Cuando Bebé-chan tenía un mes o así, íbamos las dos en el autobús, balanceándonos de un lado a otro a toda velocidad, cuando se nos acercó una viej...anciana.
"Viene a ofrecerme el asiento", pensé, y le sonreí y todo.
Pues no, no quería cederme el asiento, porque lo que me dijo fue:
-Vergüenza te tenía que dar sacar a una niña tan pequeña a la calle.
-Tengo que llevarla al pediatra.
-¡Qué pediatra ni qué pediatra! ¡En mis tiempos no había tanto pediatra y tanta tontería como ahora!
En sus tiempos cuando una viej... anciana se rompía la cadera se quedaba inválida para siempre y se tenía que quedar en su casa.
Por desgracia, no podemos volver a esos felices tiempos.
En otra ocasión, también en el autobús, Bebé-chan se puso a llorar.
-Tiene hambre -dijo una viej... anciana.
-Tiene sueño -dijo otra.
-Tiene frío -dijo otra.
Lo que tiene son tres viej... ancianas gritándole a un palmo de la cara, más bien.
Y así todo.
Con las otras mamás es peor.
Científicos de todo el mundo han demostrado que las mamás son los animales más competitivos de la naturaleza, sólo superados por las abuelas, que a fin de cuentas no dejan de ser mamás al cuadrado.
Para comprobarlo no tenéis más que acercaros una tarde a su hábitat natural, el parque, y escuchar alguna de las conversaciones.
-Mi Yosua se comió ayer un plátano- dice una de las madres congregadas.
-Pues mi Nazan dos -contesta la otra.
-Pues mi Kevin tres -remata la última.
Que te dan ganas de preguntarles qué hacen perdiendo el tiempo en el parque, con la pasta que se podrían sacar alquilándolos a un seminario.
Curiosamente la competitividad se aplica a lo bueno y a lo malo.
-Mi Yosua tiene mocos.
-Pues mi Nazan tiene gripe.
-Pues mi Kevin tiene ébola, y acaba de estornudarle encima al tuyo.
Y así todo.
Mi último descubrimiento es la relación matemática directa entre la competitividad de la madre y la fealdad del hijo.
-Que grande está tu niña -me dijo una un día-. Eso es porque le das teta.
No le dije nada, porque la leche materna no es precisamente desnatada.
Y al día siguiente:
-Que ojos tan azules tiene tu niña. Eso es porque le das teta.
Infeliz de mí, pensando que era por las leyes de Mendel.
Y al otro:
-Que espabilada está tu niña. Eso es porque le das teta.
La teta de la sabiduría, así la voy a llamar.
Al final hubo un día que no me pude contener.
-Que guapa está tu niña -empezó-. Eso es porque le das teta.
Entonces miré a la mamá. Miré al niño. Volví a mirar a la mamá, y le dije:
-Tú al tuyo le das leche artificial, ¿no?
-Sí, ¿cómo lo has sabido?
Ahora es cuando se lo explico y me parte la cara.


14 febrero 2013

La jungla del culo

-Jo, que pena -me dijo un día ZaraJota™.
-¿Qué pasa?
-Nada, que me han mandado un mail para el pase de prensa de La Jungla de Cristal 5 (lo del culo).
-¿Y te da pena por eso? Pues sí que debe ser mala.
-No, me da pena porque no puedo ir.
-¿Y yo?
-No, tú tampoco... Es el día 14 por la mañana.
-Jo... Espera, sí es por la mañana sí que puedo. Me da tiempo a dejar a Bebé-chan en la guardería y volver.
-¿Quieres que te apunte?
-Jo, no sé. Es que ir sola me da pereza.
-Ya.
-Podías pedirte el día en el trabajo y venir conmigo.
-¿QUÉ? Lorz, no puedo pedirme el día para ir a ver La Jungla de Cristal 5 (lo del culo)...
-¡Por supuesto que no! Te lo pides para llevar a Bebé-chan en la guardería .... y para matar el tiempo hasta que sea hora de recogerla.
-Que no.
-Venga, va... Sería como una cita... el día de San Valentín, tú y yo solitos, el cine, una peli romántica...
-¿Romántica? ¿La Jungla?
-Bueno, es más romántica que las m**rd*s que me llevas a ver habitualmente.
-Que no, Lorz, que no.
-¡Pues como no vengas conmigo me enfado y no respiro!
Y así fue como Hermano Pequeño acabó solo en el pase de prensa de la película.
-Recuérdale -me dijo ZaraJota™- que luego tiene que escribir una reseña, que siempre dice que sí que sí, y en el momento de la verdad es que no, que no.
-No te preocupes, ya la escribo yo.
-¡Si no vas a ver la película!
-No pasa nada, Hermano Pequeño la ve y luego me la cuenta. No sería la primera vez*.
-No nos volverán a invitar, ya verás...
Esta mañana Hermano Pequeño me ha mandado un whatsapp para avisarme de que ya había terminado.
"Vale", le he contestado, "dime algo de la película para que escriba la reseña".
La respuesta no se ha hecho esperar:
"Las malas llevan escote".
Muy bien, muy bien... si la reseña fuera para Interviu.










*Bonus track:
Hace unos años estaba mi abuelo rodeado de sus cinco nietos.
Como era un hombre generoso, echó la mano a la cartera, sacó un billete de 10 euros y con aire de gran satisfacción nos dijo:
-Tomad, para que os vayáis al cine.
Se veía tan contento que nadie se atrevió a decirle que con 10€ nos daba, con suerte, para una entrada y media. Cogimos el billete y le dimos las gracias muy educadamente, mientras pensábamos para nuestros adentros si el abuelo estaba chocho o qué.
-¿Qué hacemos? -pregunté.
-Muy fácil -dijo Hermano Mediano-:yo voy al cine y luego os lo cuento.
Más tarde, el abuelo fue a echar mano a su cartera y se encontró un billete de 50 €.
-Anda c*ñ*... -se dijo-. Si el de 50 está aquí, ¿qué le he dado yo a mis nietos?
Una anécdota, abuelo, una anécdota.

09 febrero 2013

El panda del acoso sexual

La culpa de todo la tiene mi suegra. Mejor dicho, la culpa de todo la tiene el salto generacional entre mi suegra y yo.
Me explico:
Desde el principio de los tiempos los padres orgullosos han hecho fotos a sus bebés, y las fotos de los bebés han evolucionado para reflejar los gustos de cada época. 
Por ejemplo, cuando mis padres nacieron la moda era hacer las fotos así:
Este es mi padre. Le hicieron la foto en pelota picá para que la familia que vivía lejos viera "lo hermoso que estaba". Mira tú que bien: tráfico postal de fotos de niños en bolas. Para que veáis que ya está todo inventado.
Dentro de lo que cabe, mi padre fue muy afortunado. Mi tía lo tuvo peor.
-Tu tía era tan fea -me explicó mi abuela-, que no le hicimos foto hasta que tuvo dos años, y sólo porque nos la hizo un feriante y nos la tuvimos que quedar.
Hace poco mi tía confesó que, por motivos que no alcanzamos a comprender, siempre ha tenido complejo de fea.
-Pues no entiendo por qué -contestó mi abuela-, bien guapa que eres ahora.
Eso, abuela, arréglalo...

Pasaron los años, pasaron las modas.
Cuando yo nací, aparentemente, la moda era hacer fotos a los niños así:


Esta soy yo en lo que llamo estilo "niño en ataúd". Para mi gusto a la foto le falta un ramito de crisantemos, unas velitas rojas o una figurita de la Virgen, que así queda todo como muy pobre. 
Cuando el niño en cuestión, o sea, yo, crecía un poquito, se pasaba al estilo "niño en colcha":
Esta soy yo practicando para hacerme bailarina de striptis en Eurovegas. 
La colcha era obligatoria y aparentemente se la iban prestando uno a otros, porque el 90% de los niños de la época tienen foto en colcha y con diferentes cantidades de ropa.
Como mi padre, yo también fui muy afortunada. 
Primero porque mis fotos estilo "niño en colcha" son con ropa. 
Segundo, porque otros niños lo tuvieron peor. Por ejemplo:
No sé qué me inquieta más, si la cara de "ven aquí que te voy a dar con tó lo gordo" que tiene el oso, la cara de acojone que tiene ZaraJota™, o el ambiente de Panda del Acoso Sexual que tiene la foto en general. 

Creo que mi suegra habría admitido fotos de Bebé-chan de cualquier estilo: niña en bolas, niña en ataúd, niña en colcha, niña con Panda del Acoso Sexual...
Por desgracia, se tiene que conformar con las fotos que yo le mando, que suelen ser de este estilo:
Yo a esto lo llamo estilo "a internet no se suben fotos de bebés que hay mucho guarro suelto". 
Estas fotos no tienen mucho éxito con mi suegra. 
-¿Has visto la foto que te ha mandado Lorz? -le pregunta ZaraJota™ cuando la llama por teléfono. 
-Sí, sí...
-¿No te ha gustado?
-Hombre, no es eso... es que no se le ve la cara. No el cuerpo. Ni nada.
-Tanto como nada... se le ve una mano. 
-Ya.
Debe ser por eso que cuando el hermano de  ZaraJota™ vio a Bebé-chan por primera vez le faltó tiempo para sacar la cámara.
-Voy a hacerle una foto de verdad, no como esas m**rd*s que nos mandáis. 
Todavía le estoy dando vueltas a qué habrá intentado decir con eso. 

Bien, pues hace unos días llevé a Bebé-chan al fotógrafo para hacerle fotos de carnet. El fotógrafo la sentó en un taburete y le hizo una foto de carnet tan bonita que me animé a pedirle que le hiciera otra de estudio.
-¿Cómo la quieres?
-No sé, así mismo, sentadita. 
Antes de que me diera cuenta, el fotógrafo había sacado un trozo de seda y había colocado a la niña boca abajo, tal que así. 
Mi opinión sobre Anne Geddes y su obra es que tarde o temprano Garzón la acabará trincando por crímenes contra la humanidad y la dignidad de la infancia. Mientras tanto cruzo los dedos para mantenerme lo más alejada de ella que pueda. 
-No, así no... -le dije al fotógrafo-. Yo quiero algo más, no sé, natural.
-¿Así?
¿Esto es natural? 
¿Por qué?
¿Porque lleva una planta?

-No, más natural. 
-¿Así?
Tres plantas son más que una, eso es innegable.
Ahora, que la foto de tres niños en macetas sea más natural que la de un niño en maceta es más discutible. Digamos que la naturalidad no se mide en cantidad sino en calidad. 
-Más natural -le repetí. y luego añadí, para dejarlo claro-: sin plantas. 
-Entendido. Natural y sin plantas... 
 
... un oso. ¿Qué te parece?
Pues me parece que mi suegra va a recibir otra foto de mano, eso me parece. .

02 febrero 2013

Los pelos del desagüe comen rabos

Se me cae el pelo más que a una Barbi de todo a cien.
El médico dice que es porque la lactancia "coge lo mejor de lo que comes para dárselo a la niña".
-Que lista. Se queda ella todo chocolate y los perritos de IKEA y las galletas integrales mercadona para mí, ¿eh? -le dije al médico.
-Eh... no, no es así como funciona exactamente, Lorz...
-Claro, claro, encima ponte de su parte.
El médico me mandó vitaminas, pero la verdad es que no me hacen nada.
-Si no te las tomas no pueden hacerte efecto -dijo el médico, cuando volví a consulta.
-Claro, claro, siempre es todo culpa mía.
La caída de pelo llegó a ser tan grave que cada vez que me duchaba atascaba el desagüe de la bañera.
-Como esto siga así voy a empezar a venderlo para hacer pelucas -me dijo ZaraJota™ después de hacer un desatasco casero por enésima vez.
Y me dio mucha lástima. Por mi pelo, no por ZaraJota™.
-Pues me lo corto -le dije.
Una mañana dejé a Bebé-chan con su abuelo y me fui a la peluquería.
-Quiero que me cortes el pelo a lo bestia -le dije a la peluquera.
-¿A lo bestia cómo? ¿Con un hacha?
-Eh... No, que me lo cortes muy corto.
-¿Cómo lo quieres?
-Me da igual, siempre que me dejes tapadas las orejitas para que no se me enfríen y que sea fácil de peinar.
En media hora la peluquera me había hecho esto.

-¿Te gusta? -me preguntó.
-¡ME ENCANTA!
-Te queda muy bien.
-Creo que te quiero...
-¿Te importaría que te hiciéramos una foto para nuestra página web?
-No.
Total, con este aspecto de estrella de hollywood adolescente no me va a conocer ni mi madre, como si me queréis hacer una foto del culo, pensé.
-Pues espera un momento que te vamos a hacer unos retoquillos -me dijeron-, para que no salgas con brillos y tal.
-Vale.
Antes de que terminara de decirlo saltaron sobre mí dos de las chicas, una con una plancha del pelo y otra con una paleta de pinturas.
Una hora más tarde, gracias a los retoquillos, estaba así:

(Por cierto, si todavía no habéis visto Reefer Madness ya estáis tardando).

Que no está del todo mal, lo que pasa es que yo me dejé llevar por el pánico y me vi así:


-¡Estás ideal! -me dijo la peluquera.
Sí, para chupar rabos, añadí para mis adentros.
-¡Tu marido va a estar encantado! -añadió.
Bueno, eso depende de quién sea el rabo que chupe.

25 enero 2013

Los cinco lobitos y el riesgo de exclusión social

Una de las cosas que más molan de tener un bebé es que tengo una excusa para cantar continuamente.

Puedo cantar en casa sin que los vecinos protesten.
Mejor eso que un bebé llorando, dicen.

Puedo cantar en la calle sin parecer loca.
Bueno, sin parecer más loca.

Puedo cantar de noche sin que ZaraJota™ intente ahogarme con la almohada.
Otra vez. Es un tic nervioso que tiene.

El afán cantarín comenzó cuando estaba embarazada. Se supone que si durante el embarazo le cantas a tu bebé la misma canción, una y otra vez, cuando están fuera les relaja porque les recuerda la seguridad y comodidad del útero.
Muy obediente, durante todo el embarazo me dediqué a cantar con entusiasmo la Canción para bañar la Luna.
 
Puede que me pasara con el entusiasmo, porque ahora cada vez que intento cantarla Bebé-chan me mira de reojo con un odio y un rencor demasiado grandes para un cuerpo tan pequeño.
Lo único que hemos sacado la experiencia es que a Bebé-chan le encantan las canciones. Puede tirarse horas mirando embobada la tele, siempre y cuando haya música en ella, y creo que  ya dije que cuando tenía los famosos cólicos del lactante sólo se calmaba con Susanita tiene un ratón.

A estas alturas ya nos hemos inventado una canción para casi todo: hay una canción para la Araña Ramón, otra para el Moscardón Zumbón, otra para los berrinchillos de "necesito mucho amor"...
Nos las inventamos porque a mí las canciones tradicionales no me gustan. No lo puedo evitar, me resultan muy inquietantes.
Pongamos un ejemplo: Los cinco lobitos

Dice la canción:
Cinco lobitos tiene la loba 
¿CINCOOOO? ¿Es que no ha oído hablar de la planificación familiar o qué? ¿O es que el lobo es de esos machistas que no se ponen preservativo"porque no sienten nada" y la loba que se las componga?

Cinco lobitos detrás de la escoba 
Los cinco caben detrás de la escoba. No me digas más: famélicos. Tal y como están las cosas y con cinco bocas que alimentar... Pues normal, no da para todos.

Cinco parió, cinco crió 
Espera, espera, espera. "Cinco parió", bien. Bueno, bien no, pero si le pusieron la epidural y eso pues nada, quien pare uno pare cinco, y aquí paz y después gloria. "Cinco crió"... ¿ella sola? ¿Y el lobo? ¿Es una manada monoparental? ¿O es que el lobo pasa de cuidar a sus lobitos, el muy machista?

Y a todos ellos la leche les dio
Malos tratos. Se veía venir. El padre un machista, la madre agobiada con las cargas familiares, la crisis, y luego pasa lo que pasa, que se pierden los nervios y colleja va colleja viene.

Cinco lobitos tiene la loba
Que sí, que ya me he enterado.

Blancos y negros detrás de la escoba
¡NOS HA J*D** MAYO CON LAS FLORES! ¡Que cada uno es de un padre! ¡Y ninguno de los padres ayuda a la pobre loba! ¡Esto no es una familia, esto es un drama social!

Cinco parió cinco crió 
Ya, ya... menudo panorama...

Y a todos ellos tetita les dio.
Me imagino, la situación:  la pobre loba dando teta y sacando adelante a sus pobres lobitos ella sola entre escobazo y escobazo luchando por sacar adelante a su familia y mientras tanto los lobos por ahí pasándolo bien... ¡con cualquier zorra!

Otro ejemplo: Los patitos


Vamos directos al estribillo, que es donde está la mandanga.

Dos patitos en el agua
Nada sorprendente aquí. A fin de cuentas se está mejor en el agua que en el menú de un restaurante chino.

Meneaban la colita
¿Que hacían QUÉ?

Y uno al otro, se decían...
"...¿te gustan las ostras o los caracoles?"

Para complicar las cosas, la recomendación pedagógica a partir del cuarto mes de vida es cantar canciones "que les enseñen los números y las diferentes partes del cuerpo".
-Yo no me sé ninguna -dijo ZaraJota™.
-Yo sí. Me la enseñaron los primos Guapo y Buena Persona cuando estuvieron aquí.
-¿Sí? ¿Y cómo es?
-Veamos...
CON LOS DEDOS DE LA MANO
CON LOS DEDOS DE LOS PIES
CON LA PICHA Y LAS PELOTAS 
TODO SUMA VEINTITRÉS

Mucho mejor que las canciones tradicionales, donde va a parar...




Pd: Al final resultó que ZaraJota™ sí se sabía una canción de partes de cuerpo para niños.

17 enero 2013

Elmo cara culo

Toda la noche dando vueltas. Lo cuento... No lo cuento... Lo cuento... No lo cuento...
Y encima, como no es época de margaritas, he tenido que usar un cactus, que no es lo más recomendable ni para la persona humana ni para el cactus, que no tiene la culpa de nada.
El motivo de tanta duda es que no está bien reírse de alguien que te ha hecho un favor muy grande y muy bien hecho. Especialmente cuando, ejem, vas a tener que pedirle más del mismo estilo. Después me he acordado de que cada vez que intento reírme de mis padres todo el mundo se pone de su parte y al final lo único que consigo es darles armamento, así que en el fondo les estoy haciendo un favor.
Además, los abuelos que cambian pañales son sexis y molones.
Padre, no me estoy riendo de ti: te estoy haciendo publicidad.


Dejar a Bebé-chan con quien sea me produce mucha ansiedad, y esto sólo se soluciona acostumbrándome. Por eso he ido practicando poco a poco con mis padres:

Un día mi madre se quedó con ella mientras yo iba a la compra.
Jamás en la vida he hecho la compra tan rápido.

Otro día la dejé con mi madre para irme a ver El Hobbit.
Jamás en la vida una película se me ha hecho tan larga, aunque por lo que he oído es posible que no tuviera nada que ver con Bebé-chan.

Otro día mi padre cogió al carrito y se fue "un momento" a por el pan. Tardó dos horas en volver.
-La niña, que ha querido parar a tomarse una cañas.
-¡Si tiene dos meses!
-Esta juventud de hoy en día, es que hay que ver...

Otro día dejé a Bebé-chan en casa de mis padres y me fui a IKEA. Cuando volví no había nadie en casa y no me cogían ninguno de los teléfonos (y sólo mi madre lleva dos en el bolso siempre).
Al final resultó que habían salido a dar un paseo y hacerle a la niña un Simba...

"¡Mirad mi nieta! ¡Mirad mi nieta!", gritaban a los estupefactos transeúntes.

...y a mitad de camino la niña les había convencido, no, obligado, a parar a tomarse unas cañas.

Ese día comprendí dos cosas:
Una, que Bebé-chan es una mala influencia para mis padres.
Dos, que tengo el corazón a prueba de bombas, porque si no me habría petado ya.

Como a pesar de todo Bebé-chan está muy a gusto con sus abuelos, el martes se la dejé de nuevo a mi padre mientras me iba a hacer una entrevista de trabajo.
-Vete tranquila -me dijo-, que yo esto lo tengo dominado.
-No me lo digas: os vais a ir de cañas.
-¡Por favor, Lorz! ¡De cañas! ¡Que la niña tiene sólo cuatro meses! ¡Dices unas tonterías!
Viendo que mi padre parecía tener la situación controlada, me fui muy tranquila bastante tranquila tranquila me fui.
Tres horas más tarde volví y me encontré a Bebé-chan durmiendo como un bebé(-chan) y con todas sus extremidades en perfecto funcionamiento.
-Le he dado un biberón y le he cambiado el pañal -me informó mi padre.
-¿Le has cambiado el pañal? ¿Tú?
-Pues claro. ¡Anda que no te habré cambiado yo pañales a ti!
-Ya, ya, pero de eso hace treinta años.
-Lorz, hay cosas que nunca se olvidan.
Y con esto cogí a Bebé-chan y me fui a casa. Y cuando llegamos a casa y la cogí en brazos para sacarla del carrito noté que tenía la espalda empapada con una sustancia húmeda, blanda y calentita.
-¿Qué ha pasado? -le pregunté a Bebé-chan.
-Aajo...
-Eso, tú cambia de tema, como siempre.
Cuando le quité la ropita vi claramente lo que había pasado, y para explicároslo voy a contar con un voluntario porque al parecer subir a internet fotos de bebés desnudos está mal.

"Hola, soy un voluntario"


Esto es un pañal del siglo XXI, que no se parece en nada a los pañales de tela que mi padre tiene tanta experiencia cambiando. 

La complejidad de su uso es tal que la marca fabricante se ha visto obligado a dibujar una carita sonriente para mostrar que ese lado va delante.

El pañal bien colocado, queda así:
Casi puedo oír a Coco: 
"La carita de Elmo va DELANTE.
El culito de Elmo va DETRÁS.
DELANTE.
DETRAS.
Ahora REPITE conmigo..."

Mi padre no vio a Coco porque no veía Barrio Sésamo, y no vio a Elmo porque no se puso las gafas de cerca. El resultado es que puso el pañal así:

Elmo sonriendo sin saber que va de culo

Que tiene mérito. A mí me ha costado muchísimo ponerlo así, y eso que Stitch me estaba ayudando. No quiero ni pensar lo difícil que tuvo que ser ponerlo con Bebé-chan moviéndose y amenazando con hacer pis en cualquier momento.
Además de la dificultad, mi padre tuvo mala suerte, porque una de las pegatinas que sujetan el pañal, en vez de quedar completamente pegada al susodicho, se soltó y se pegó sobre sí misma, tal que así:


Después de una hora en el carrito, el pañal estaba así:
 Yo no he hecho una carrera para acabar haciéndole fotos sugerentes al culo de Stitch.

Y entonces fue cuando Bebé-chan decidió hacer su contribución y hizo caca. El resultado fue este:
Verídico. 


Creo que prefiero cuando se van de cañas.

09 enero 2013

Los dientes prominentes

Bebe-chan es una niña buenísima.
Desde recién nacida comía cada tres horas, como si alguien le hubiera explicado que eso era así.
Con un mes empezó a aguantar sin comer cuatro o cinco horas por la noche.
Con tres meses empezó a dormir entre seis y siete horas seguidas por la noche, aunque no se dormía antes de las doce ni pidiéndoselo por favor.
Y si para dormir es buena, despierta ni te cuento.
Le da lo mismo tomar teta o biberón, aunque prefiere la teta y si le damos biberón nos mira de reojillo, como si quisiera dejar claro que sabe que se la estamos colando.
Se entretiene solita, bien en la hamaca, bien en la mantita de juegos, sólo llora cuando realmente le pasa algo y aún así, antes de llorar intenta llamar entonando un "ajo" lastimero. Incluso cuando pasó por los famosos cólicos del lactante se calmaba si le cantaba en bucle Susanita tiene un ratón.
No le importa que la cojan, no extraña los desconocidos, y sonríe a cualquiera que le diga tonterías.

Si digo todo esto no es por alardear.
Bueno, sí, un poco también.
Lo digo porque el problema de tener una niña tan tranquila y tan buena es que cuando tiene una rabieta sabes sin lugar a dudas que le pasa algo. Algo grave. Probablemente MORTAL.
Cuando Bebé-chan cumplió tres meses los cólicos del lactante desaparecieron de pronto y tuvimos una semana de paz y tranquilidad hasta que empezó de nuevo a rabiar.
La pequeñilla lloraba como una loca mientras intentaba meterse en la boca el brazo hasta el codo. Y cuando estaba tranquila, babeaba tanto que hacía burbujitas, y como tragaba tanta babita se le ponía el culito rojo como el de un mandril y le escocía. Por si no tuviera bastantes pistas, cuando se enganchaba al pecho podía notar el pinchazo de los incipientes dientecillos. Dicho sea de paso, pupita gorda...
Bebé-chan parecía sufrir tanto que, incluso sabiendo lo que le pasaba, la llevé al pediatra.
Bueno, ya sabéis como es esto.
Tienes una tos horrible, y cuando llegas a la consulta no toses.
-Tosa -te dice el médico.
-cof, cof -dices, y sabes perfectamente que el médico no se cree que tengas tos ni de c*ñ*.
Pues bien, cuando llegué a la consulta del pediatra, Bebé-chan estaba dormida. No, más que dormida. Estaba despatarrada en el carrito, la boca abierta, un hilito de baba chorreándole por la barbilla y roncando a todo roncar, porque si Bebé-chan tiene un defecto es que ronca como un viej... anciano de 80 años que haya pasado 60 fumando puros dentro de una mina de carbón.
-Bien, ¿qué le pasa a esta niña? -preguntó el pediatra.
-Eh... que lo está pasando muy mal con los dientes.
-¿Sí?
El pediatra mira a la niña, viva imagen de la placidez.
-Eh... sí...
-Ya.
No sé por qué me dio la impresión de que el pediatra no me creía.
-Llora mucho, está muy inquieta, le... le cuesta... ejem... dormir... -expliqué, mientras por dentro rezaba para que Bebé-chan se despertara y se pusiera a llorar antes de que el pediatra llamara a los señores de la bata blanca.
-Vamos a ver.
El pediatra se acercó al carrito y sacudió un poco a Bebé-chan para despertarla. Después de insistir un rato, Bebé-chan abrió un ojo lleno de rencor, y echó al pediatra una mirada asesina antes de cerrar el ojo de nuevo y seguir roncando.
-Eh... llora... nerviosa... codo... -insistí, sin mucha convicción.
El pediatra abandonó sus intentos por despertar a Bebé-chan y se volvió hacia mí.
-Echar los dientes no duele.
-¿No?
-Aunque en las farmacias suelen tener productos para madres... eh... ansiosas.
¿Que me está llamando QUÉ?


Hoy hago un cameo aquí.

03 enero 2013

Carta a los Reyes Majos 2013




Bonus track:

Ufff, que triste está este post, sólo con el vídeo y ni una mísera línea de texto ni nada.
Vamos a meterle algo de mondongo.

Ayer vino a traerme la compra el señor de siempre, que es muy majo y muy simpático y siempre me echa una manilla con las cosas que pesan.
Entre las cosas de la compra venía un rollo de papel de regalo.
-Acuérdate que tienes "esto" -me dice, señalando el rollo-. Aunque claro, tu niña todavía es muy pequeña para darse cuenta de todo el tema de los reyes.
-Sí, de momento sí.
-Al mío se lo hemos tenido que contar esta navidad.
-Pobrecillo... ¿cómo se lo ha tomado?
-Fenomenal. Para él ha sido un alivio saberlo.
-¿Sí?
-Por eso se lo hemos contado, porque el pobre estaba asustadísimo.
-¿De los Reyes Majos?
-Sí, claro, imagínate, el pobre decía "estos tipos se esperan a que esté dormido, se meten en mi habitación, y ahora si me muerde un camello qué hago, ¿eh?"
Así visto tenía razón el niño.

¡Que los Reyes Majos os traigan muchas cosas y que no os muerda un camello!