26 junio 2017

La cocina de infierno, parte 2

Previously in Lorz
Pues no, no se podía hacer en una tarde.

A nosotros perder un día más de vacaciones en una tontada más se nos hacía un poco cuesta arriba, para qué nos vamos a engañar. Que entre las pupeces de los niños, los días sin cole, los festivales, las emergencias y demás rara vez podemos usar las vacaciones para, bueno, irnos de vacaciones.
Pero bueno, como este año hemos estado en Eurodisney llegamos a la conclusión de que con eso ya vamos surtidos de diversión para todo el año, y decidimos sacrificar todavía dos días más a la causa.
-Me los cojo yo -le dije a ZaraJota-, y así plancho.
Que ZaraJota me deja las camisas que es para verlas.
-Lorz -me dijo ZaraJota-, no quiero reventar tu burbujita de felicidad, pero me temo que el electricista tendrá que cortar la luz.
-Bueno, a mí no me molesta, anda que no entra luz por la ventana.
-¿Y dónde piensas enchufar la plancha?
-Uy. Bueno, pues aprovecho y actualizo el blog.
-Mira, Lorz, yo sé que te cuesta mucho entender estas cosas que son como magia y tal, pero el ordenador también funciona con electricidad.
-¡Finciini cin ilictricidid! ¡Finciini cin ilictricidid! Ya lo sé. Lo dejo cargando toda la noche y ya está.
-Pero Lorz, tú sabes que no vas a tener internet, ¿verdad?
-Anda ya. ¿Por qué?
-Pues porque sin electricidad no va el módem.
-No pasa nada: para eso tenemos wi-fi, ¿no?
ZaraJota suspiró. Se pone melancólico, a veces. 
-La wi-fi sale del módem.
Jo.

El mundo está lleno de sutilezas que escapan a mi comprensión. 


Continuará...

23 junio 2017

La cocina del infierno, parte 1

Me van a arreglar la cocina. 
Vale, es mentira. 
Para empezar no es "me" porque con lo que sale de esa cocina comemos todos, pero bueno. 
Y luego, no me pueden arreglar la cocina porque no tengo cocina, lo que tengo son cuatro muebles sueltos de ikea (uno de ellos con una vitrocerámica encastrada) pegados a una pared del salón (sí, la vitro está enchufada directamente un enchufe normal de la pared). 
Seguramente estáis pensando que ningún ser humano puede sobrevivir en semejantes condiciones de vida, y así es. Pero es que yo no soy humana: soy de pueblo.
He visto cosas que no creeríais. 
He visto gente bebiendo agua de pozo. 
El agua de mi pueblo es prácticamente cal, y eso lo mata todo. 
He visto pavos decapitados correr por el patio. 
He visto salamanquesas del tamaño de mi brazo.
Bueno, debía tener unos cuatro años o así entonces, tampoco es que mi brazo fuera TAN grande. 
Y he visto vuestros pisos compartidos en Malasaña, así que no me vayáis de finos ahora. 
A lo que iba. 
Estábamos pensando en vender el piso y mudarnos a uno más grande y al final hemos pensado que mejor esperamos a que nos llegue uno de esos famosos "INVERSOR CHINO COMPRA PISOS POR LA ZONA" que según los papelitos de las farolas están por todas partes, y nos suelte la millonada por el nuestro. Mientras aparece, vamos a arreglar la cocina porque Nena-chan está empeñada en ir a Masterchef y me da a mí que con una cocina como la nuestra lo más lejos que va a llegar es a PincheChef, que no sé si existe pero habría que inventarlo, en plan un concurso donde se cortaran verduras en juliana, se fregaran ollas y se limpiara el pescado, por ejemplo. 
Total, que fuimos a encargar la cocina, pero no a ikea, sino a una tienda del barrio porque hay que apoyar al pequeño comercio y además estoy engordando y no me conviene comer perritos, aunque mi teoría es que los perritos de ikea no engordan, porque no contienen ningún ingrediente que el sistema digestivo humano esté preparado para digerir. 
Ahora me apetecen perritos calientes por vuestra culpa. 
El pequeño comercio nos dijo que muy bien todo, pero que eso de enchufar la vitro en el mismo enchufe de sobremesa que usamos para cargar los móviles como que no, y mira, para mí que tiene razón, porque claro, tampoco es plan de apagar la vitro cada vez que queramos cargar el móvil, que luego se me quedan duros los garbanzos. 
Así que como paso previo a que nos pongan la cocina, y digo "cocina" en plan "los muebles de la cocina", tenemos que tener una "cocina", en plan un espacio físico con enchufes, tomas de agua y demás tonterías modernas que se ponen ahora, no como antes que se encendía fuego en mitad del salón y a tomar viento todo. 
Lo que significa que hay que poner varios puntos de luz, mover varios otros, desmontar el termo (también tenemos el termo en el salón, es que somos una familia muy unida) y volverlo a instalar un par de metros más allá. 
-Y todo eso... ¿se puede hacer en una tarde? -preguntó ZaraJota, al que a veces le dan prontos como de optimista de la vida. 
Al electricista le entró la risa. 
Jo. 

Supongo que ahora nunca sabremos si se puede hacer en una tarde o no. 


Continuará...

18 junio 2017

Incisito.

Güeno.
El otro día estuve en un sitio con gente haciendo cosas, ahí, concretando, y hablando de sexo o, mejor dicho, de su escasez cuando tienes niños pequeños en casa y no voy a repetir lo que allí se dijo porque después me trajeron en coche y ahora saben dónde vivo y no es plan de que vengan a partirme las piernas, pero quiero dejar claro que le he estado dando vueltas al tema desde entonces porque, no nos vamos a engañar: jugamos menos al parchís que antes. Pero vaya, tampoco hemos dejado de practicar del todo; no lo llevamos tan mal.
Me preocupan más otras cosas.

Y hoy tenía ya algo a medio escribir y pensaba rematarlo y subirlo y plin y resulta que no puedo porque tengo eso ahí atravesado y me lo tengo que quitar de encima.

Así que ahí va, y me van a perdonar ustedes por esto. O no. 

Te quiero, ZaraJota.
Que no se te olvide, aunque a veces a mí me cueste recordar que estás ahí.
Perdóname si paso días enteros sin mirarte a la cara, semanas enteras en las que solo hablo contigo para decirte que te acuerdes de poner la lavadora o que no encuentro el uniforme de los niños.
No me lo tengas en cuenta si a veces vas a tocarme y me aparto. A veces estoy tan cansada, me duele todo tanto.
Sé que no te hago caso. Sé que no me río como antes. Sé que a veces asiento y no tengo ni idea de lo que me acabas de decir, porque simplemente ahora las voces de otros suenan más alto (a veces, literalmente más alto), que la tuya.

Me digo a mí misma que no tenemos tiempo, pero eso no es exactamente cierto, ¿verdad? Estoy escribiendo justo ahora, sin que nadie me moleste.
Tenemos tiempo. No lo tenemos a la vez. 
Nuestros ciclos han cambiado, y no siempre van al mismo ritmo.
Por eso quería recordarte que te quiero, y por escrito porque, ¿cuándo voy a encontrar el momento de decírtelo a la cara?
Y además, ya ves, quiero que se entere todo el mundo. Por si a ti se te olvida y yo no te lo puedo recordar, que no falte quien te lo diga cuando haga falta.


Pd. Una última cosa:








Esto va a ser del calor. 

10 junio 2017

Las alas

La semana pasada tuve una idea genial:

ZaraJota se quedaría en casa planchando, y yo me iría a la Feria del Libro con los niños.
Un  fin de semana.
En transporte público.
A 30 ºC.
¿He dicho ya que iba con los niños?
Todo fue bien al principio. ¿Sabéis por qué? Por que si algo va mal al principio lo normal es que desistas y no pueda ir a peor. Si todo va bien, en cambio, te confías, y cuando menos te lo esperas ¡ZASCA!
Como decía, las cosas fueron bien al principio. Así, aproximadamente, hasta que nos bajamos del autobús delante del Jardín Botánico y empezamos a subir La Cuesta.
Bueno, en realidad cuando digo "empezamos" me refiero solo a mí, que iba empujando el carrito con Bebé-kun sentado encima y Nena-chan a remolque.
Me sentía como Sísifo con su piedra, con la diferencia de que la piedra al menos no lloraba.
-¡Estoy cansaaaaaadaaaaaaa!*
*El cansancio se evaporó mágicamente cuando llegamos a los columpios.  
-Ya... casi... llegamos...
-¡No puedo más!*
*Ese mismo día estuvimos en el parque hasta las diez de la noche, y porque la sacamos a rastras de allí. 
-Ya... casi... llegamos...
-¿Cuánto faltaaaa?
-Poco... mira, ¿quieres que juguemos al mapa del tesoro?
-No.
-Claro que sí. Ahora tenemos que andar recto hasta que veamos una estatua de un ángel.
-No veo ninguna estuatua.
-Pues seguimos andando hasta que la veas.
-Es que no la veo.
-Pues. Seguimos. Andando.
-No. La. Veo.
-Mira bien.
-Estoy mirando.
-¡Si está justo delante nuestra!
-Es que eso no es un ángel, es un señor con alas.
Bien pensado; solo porque tenga alas no deberíamos visibilizarlo como ángel, porque al hacerlo le ponemos etiquetas y condicionamos su desarrollo personal, obligándole a ser un ángel cuando lo mismo lo que el hombre quiere es ser un centollo, por ejemplo.
Pero vaya, que tampoco me puedo quejar porque al menos en esa parte del trayecto Bebé-kun iba en el carrito y estaba más o menos controlado.
Las cosas se empezaron a poner muy feas cuando llegamos al cuentacuentos y bajé al niño al suelo.
¿Sabéis la velocidad a la que se mueve un niño de casi dos años cuando lo depositas en el suelo tras dos horas en el carro?
A chorrocientos kilómetros hora.
Veamos el lado positivo: esta vez al menos Bebé-kun llevaba ropa. 
Y claro, pasó lo que tenía que pasar: se tropezó.
Todo fue a cámara lenta: miré el pantalón corto... miré las rodillas al aire... miré el suelo irregular del Paseo de Coches... me acordé de cuando me caí, casi en ese mismo punto y me rompí el culo... me lancé a por Bebé-kun en plan Benji, vaya, que tardé cuatro o cinco capítulos en alcanzarlo... calculé mal y en vez de sujetarlo le metí un bofetón que sonó ¡PLAAAAAAAAAAS! en mitad del parque... la fuerza de la toña se sumó a los 9,8 m/s2 multiplicando la velocidad de la caída... Bebé-kun impactó sonoramente contra el suelo.
-¡BUAAAAAAAAAAA!
Levanté al niño y evalué los daños: rodillas raspadas por el asfalto y una herida en la ceja por, presuntamente, impacto de alianza de hierro macizo contra cara.
Mierdaaaaaa...
Le eché un poco de agüita por encima así como para disimular, pero el agua es que tiene un problema: con la tontería esa de que es transparente no disimula nada.
Mierdaaaaaa...
Así que después de pensarlo mucho, al final tomé la decisión más madura: le hice dos agujeros a una bolsa de la feria del libro y se la puse al niño por encima para que nadie le viera la cara, lo que pasa es que la gente es muy de sospechar, y cuando veían la bolsa andando con las dos patitas asomando por debajo nos miraban raro de todas formas, así que nos volvimos para casa.
Nada más entrar en casa ZaraJota, que es muy perspicaz, se dio cuenta de que algo no iba bien.
-¿Porqué lleva el niño una bolsa por encima?
-Le he buscado un trabajo de hombre anuncio.
-Lorz..
-Es una manifestación en apoyo de las pequeñas librerías.
-Lorz...
-Vale, se ha caído.
-A ver... ¿y este corte en la cara?
-Ha sido mamá -intervino Nena-chan-. Le ha dado una gofetada.
No ha sido una gofetada, ha sido una mano con alas.


26 mayo 2017

La bombilla del baño

Después de años de leal servicio la bombilla del baño ha optado por fundirse.
A mí realmente me da igual porque hace años (4) que no me miro en el espejo de casa más que para hacerme selfies, pero a Nena-chan lo de hacer pipí a oscuras como que no le parecía lo mismo.
Que tiene 4 años. Mea más tranquila si no tiene que poner el culete en un agujero negro.
ZaraJota cambió la bombilla y por una vez no rompió el plafón y yo se lo agradezco mucho, porque estoy engordando y no me viene bien ir a Ikea a comer perritos.
Al día siguiente Nena-chan descubrió que la bombilla volvía a funcionar.
-Yo creo -me dijo muy seria- que ayer estaba rompida porque me disiste muchas veses "lávate los dieeeeentes, veeeeeenga, lávate los dieeeeentes, que nos tenemos que ir al cooooole".
Me dio mucha penita. Es que jo, desde pequeñitos los culpabilizamos y los responsabilizamos se todo. Si no haces esto, tal. Si no haces eso, cual. Al final, los pobres acaban cargando el peso del mundo sobre sus hombros.
-¿Crees que la luz se ha roto porque no me hiciste caso? -le pregunté, con la lagrimilla colgando.
-Nooo -contestó-: se ha rompido porque eres muy pesada.
Gracias, ya me siento mejor.

21 mayo 2017

La autorización

Una de las cosas que más me gustan en la vida es hacer la declaración de la renta, porque por lo general siempre me sale a devolver, salvo un año que me salió a pagar y me acordé de su fruta madre mogollón.
Pero este año lo tenía todo supercontrolado y pedí la cita superpronto y me fui a la oficina de hacienda supercontenta. 
Todo súper. 
Era una oficina de hacienda en la que no había estado nunca, y eso ya es una novedad porque lo mío con hacienda es un poco como lo mío con urgencias, o sea, frecuente. 
Yo es que soy muy de ganar dinero, declararlo y gastármelo todo en impuestos. 
Total, que entré a la oficina aquella y me quedé esperando junto al control de seguridad de la entrada a que viniera alguien o algo, pero nadie vino, y al final me asomé por el arco y vi a un señor. 
-Pase, pase -me dijo. Y pasé, pero un poco como asustada porque oye, lo mismo soy peligrosa, y estoy pasando sin que me miren el bolso ni nada, que por otra parte me alegro porque llevo medio plátano y lo mismo lo ve por el escáner y se piensa que es un consolador, y vaya, que a mí me da igual lo que piense de mí la gente, pero es que hacienda no es gente, y lo que piense hacienda de uno es superimportante, que luego pasa lo que pasa. 
El señor apuntó mi nombre en una lista. 
-Suba, suba -me dijo, y yo subí. 
Al final de la escalera había otro señor con otra lista. 
-Siéntese que yo la llamo cuando le toque. 
Y me senté. 
Estaba un poco mosca porque si hay algo que les gusta en hacienda es que pidas número. Varias veces, a ser posible. Y luego poner pantallas gigantes en las que llaman a los números aleatoriamente, en plan ahora el A123, luego el B80000, luego el A45, y, cuando crees que ya lo has visto todo, el ABA123/8000/45. Pero en vez de eso teníamos a un señor que se levantaba, gritaba un nombre y al afortunado que le tocaba le decía "pase, pase". 
"Creo que estoy haciendo la renta en 1986", tuiteé. 
En aquel momento me pareció supergracioso. 
Es que estaba teniendo un día super, ya lo que dicho antes, por favor estad atentos que si no yo no puedo. 
Cuando por fin me tocó el turno, me metí en el cubículo agraciado con el "pase, pase" y le dije al señor que lo habitaba:
-Hola, vengo a hacer la declaración. 
Y le puse delante mi dni y encima la fotocopia del dni de ZaraJota. El señor me miró muy serio. 
-Para hacer la declaración necesito la autorización de su marido. 
-Jajajaja, qué gracioso -dije, pensando, estúpidamente, que el señor había leído mi tuit. 
-No es broma. 
-Jajaja, claro, jajaja, autorización de mi marido... 
-Eh... sí. 
-Jajaja, pero usted sabe que Franco ha muerto, ¿verdad? Jajajaja, y que las mujeres tenemos derecho a voto y todo. Jajaja... ¡con lo que me gusta a mí el topless!
El señor estaba cada vez más serio. 
-Señora, entienda usted que necesito la autorización de su marido. 
-Pues no lo entiendo -admito que empezaba a estar un poco acojonada porque oye, primero el Brexit y luego Trump y además me acabo de leer 'El cuento de la criada" y es que ya me lo creo todo, pero lo que más me preocupaba era que lo mismo durante el ratito que me había atocinado en el metro había viajado en el tiempo.  
Saqué el móvil del bolso y le eché un vistazo a la cobertura. 100%. O el 4G iba genial en los 70, o seguía en 2017. O en 2015, por lo menos. 
-Hace siete años que estoy casada, y nunca me ha hecho falta la autorización de mi marido para nada -insistí, tan indignada con el heteropatriarcado falocéntrico opresor recaudatorio que se me olvidó que ZaraJota no me deja usar el microondas, las cerillas o cualquier instrumento afilado sin su autorización previa. Y nunca me la da.  
-Señora -insistió el señor con paciencia infinita-; entienda usted que no puede hacer la declaración de su marido si él no lo autoriza. 
-Ah... -uy uy uy uy uy-. Es que... Eh... yo solo quería hacer la mía. 
-¿Y por qué me da el dni de su marido? 
Por que soy superidiota, oiga usted. 






Pd: Qué vergüenza. Me pongo colorada solo con acordarme. "Franco ha muerto". No sé como no me lanzó la grapadora a la cara...