19 noviembre 2014

Full power análisis

De vez en cuando me pongo malita, muy malita, malita de despertarme en el hospital con una vía puesta.
Los médicos han estado mirándome por aquí y por allí durante mucho tiempo, sin encontrar un motivo, y me han ido poniendo tratamientos que no hacían más que parchear.
A fin de cuentas la medicina es como todo: hay que dar con la tecla.
Hace una semanas el médico de cabecera se puso muy serio.
-Voy a hacerte análisis DE TODO.
-¿Cómo que de todo?
-Azúcar, colesterol, hematíes...
-Ah, bueno, lo de siempre.
-...sida, hepatitis, dengue, malaria...
-Estooo...
-... fiebregrís...
-¡Eso ni siquiera existe!
-¿Sabes tu grupo sanguíneo?
-A+
-Vale, pues esa prueba nos la ahorramos.
Yuju.
Me fui a la enfermera y le enseñé el volante que me había dado el médico. La enfermera miró ese papel lleno de marcas y luego me miró a mí con el respeto que se reserva a los agonizantes.
-Ven, cariño, siéntate aquí -me dijo.
-¿Por qué me hablas así?
-No te hablo de ninguna manera, cielo. 
-¡Que no me estoy muriendo!
-Claro que no, claro que no. Es muy importante mantener el optimismo.
Y a continuación me sacó sangre como para alimentar a varios vampiros durante toda su vida inmortal.Así, sin exagerar.
Unos días más tarde fui a la consulta del médico de cabecera para que me diera los resultados.
-Lorz, -me dijo-, todo está dentro de los parámetros normales, pero hay varias cosas que están en el límite y eso me preocupa.
-¿Y eso por qué?
-Bueno, pueden ser indicios de una infección. O diabetes. O hígado graso. O de que ibas a estar con el periodo...
-No me diga: O malaria. O dengue. O fiebregrís.
-No digas bobadas.
-Bueno, entonces, ¿qué hacemos? ¿Repetimos las pruebas?
-No, no. No hace falta. Lo mejor es que hagas dieta sana y mucho ejercicio.
-¿Y eso?
-Bueno, si tienes diabetes o hígado graso, te irá bien. Y si no -me miró de arriba a abajo-, tampoco te va a ir mal.
Al final todo se reduce a llamarme gorda.


15 noviembre 2014

Sobre la ExpoTesla

Lo más interesante que me ha pasado esta semana (y probablemente en los últimos seis meses, también) no os la puedo contar. Al menos hasta que pasen cinco años y haya prescrito.
Pero también he estado en la exposición de Tesla, y eso sí os lo puedo contar.
Nikola Tesla era un señor serbio, aunque nació en Croacia y tenía nacionalidad estadounidense porque los serbios son así: nacen donde les da la gana.
Antes de ser señor fue niño. Niño jodón, para más señas. Un día estaba acariciando su gato y saltaron chispas (imaginaros el sobe que le estaría dando al pobre bicho): así fue como empezó a interesarse por la electricidad.
De sobar gatos a convertirse en padre de la electricidad hay solo un paso, aunque, solo para dejarlo claro, Tesla no inventó la electricidad: lo que inventó fue un sistema para aprovecharla. Lo sé porque lo he preguntado. No os puedo dar más detalles, porque mis conocimientos de electricidad son los justos para saber que si pulso un interruptor la luz del baño se enciende. Y ya.
Tesla inventó muchísimas cosas. De hecho, estaba tan ocupado inventando que muchas veces se olvidaba de patentar, así que de vez en cuando llegaba un listo, registraba en invento como suyo y se forraba.
Y como además Tesla era un poco... snob, prepotente, columbosexual, gordofóbico, proeugenesia, ...particular, poco a poco fue quedándose solo y olvidado.
Entonces llegaron los frikis.
¿Hay algo que le guste más a un friki que un genio un poco maniático maltratado por una sociedad que le odia y teme?
Vale, sí, las tetas, pero no me cambiéis de tema ahora.
El fenómeno Tesla ha ido creciendo los últimos años, hasta ser lo bastante grande como para que la Fundación Telefónica le dedique una exposición.
La inauguración fue este miércoles, y allí fuimos Zarajota y yo, con la esperanza de que hubiera croquetas.
-Pase lo que pase, intenta no tirarle a nadie una gamba -le dije.
-Y tú intenta no enseñarle a nadie la hucha.
Zarajota es que es así: no perdona una.
Primero hubo una presentación y luego nos dieron jamondelgüeno y champán.
-No hay gambas -dijo Zarajota. Parecía decepcionado y todo.
Después nos dejaron subir a la exposición, pero casi no pudimos ver nada porque yo había quedado y tenía que encontrarme allí con varias personas. Hasta ahí, bien.
El problema es que no las había visto nunca, y no tenía ni idea de su aspecto.
Eso dificultaba un poco el tema.
-¡Tengo una idea!
-¿Vas a llamarles por teléfono y preguntarles dónde están?
-¡No digas bobadas! Voy a hacerles un google y ver si hay alguna foto suya.
-¿Y luego qué? ¿Vas a ir persona por persona mirando si se parecen a su foto de perfil de facebook?
-¿A que es una idea GENIAL?
-Creo que necesito más champán.
Que ya me dirás a qué venía eso, pero es que Zarajota es así, todo YO, YO, YO.
Así que fui por toda la expo pegando el móvil a la cara de la gente.
-No, tú no eres. Tú tampoco. ¿A ver, tú? ¿Te importa ponerte de perfil? No, tú tampoco eres.
Cuando llevaba un rato la gente empezó a mirarnos raro y tuvimos que irnos.
-¿Se te ha ocurrido -sugirió Zarajota-, que quizá estas personas no quieran verte a ti?
Pues va a ser eso, sí.

07 noviembre 2014

[una ordinariez]

En cuanto Bebé-chan empezó a hablar (más o menos) todo el mundo nos advirtió.
-Tened cuidado con lo que decís en casa,  que los niños lo repiten todo.
Mi padre estaba especialmente ilusionado con la idea.
-Sí, sí, porque yo me sé de UNA -UNA soy yo, por si os habéis perdido en la sutileza del argumento-, que un día entró en casa de los abuelos y les soltó "mi papá llama a mi mamá [una ordinariez]".
A mi padre le encanta esa anécdota, porque la tiene catalogada como "Anécdota Humillante de la Infancia de Lorz" (o de UNA, para que no os confundáis).
Yo le digo que la anécdota es humillante, eso seguro, pero que no está tan claro para quién.
-¿Llamabas a mamá [una ordinariez]? -le pregunté.
-Sí.
-Tu padre es que siempre ha sido muy romántico -dijo mi madre.
-¿Y tú le dejabas?
-¿Qué iba a hacer?
-No sé, si Zarajota me llamara [una ordinariez] a mí le partiría la cara así con el canto la mano.
Generalmente no soy partidaria de la violencia conyugal, pero todos tenemos nuestros límites.
-Claro, claro. Como si Zarajota no te llamara cosas a ti.
-¡No es lo mismo!
En los momentos de intimidad en los que se deja llevar por el romanticismo, Zarajota me llama cieliamor.
Sin duda es sonrojante, pero si un día Bebé-chan llega a la guardería y dice a voz en grito:
-¡¡¡MI PAPÁ LLAMA A MI MAMÁ CIELIAMOR!!!
Pensarán que somos unos cursis, no que hay que llamar a los servicios sociales.
Creo.
-Además, padre no te lo decía en los momentos de intimidad: te lo decía delante de tus tres hijos.
-No, no, mujer, eso era antes de que Hermano Pequeño naciera -se ve que después se le quitaron las ganas de [una ordinariez]-. Erais muy pequeñitos.
-¡Peor me lo pones!
-Los niños de esa edad no se enteran.
A ver, en qué quedamos: ¿se enteran o no se enteran?
Una tarde dejamos a Bebé-chan con los abuelos. Y cuando fuimos a por ella, le pregunté:
-¿Te lo has pasado bien con los abuelos?
-¡TIIII!
-¿Qué habéis hecho?
-BUELA DICE "¡CALLA!". BUELO DICE "¡CALLA TÚ!"
Hay que ver cómo ha evolucionado [una ordinariez] en treinta y cinco años de matrimonio.

















Ch*ch*loco.


Lo siento, papá, se me ha vuelto a escapar.
Es como un tic nervioso que tengo.

31 octubre 2014

Halloween 2014

La Vieja y Malvada Bruja se sentía un poco sola últimamente.
Quizá una mascota me haría compañía, pensó, así que se fue a lo más alto de la más alta torre y secuestró a un dragón.
Había allí también una princesa, y no le hubiera importado quedársela también como mascota, pero empezó a hacer muchos aspavientos, y a darle besos y abrazos y a ponerse a sus pies y a agradecerle que la hubiera salvado de tan horrible monstruo. La bruja se lo pensó menor y decidió llevársela, sí, pero para merendar por el camino.
El dragón, que dijo llamarse Molón, se adaptó perfectamente a la vida en la cabaña de la bruja:

El dragón Molón
Se levanta con ilusión
Desayuna cacao
Para hacerse mayor
Va a la guarde muy contento
A aprender un montón
A la hora de comer
Usa siempre tenedor
Termina y duerme una siesta
Tumbadito en su colchón
Por la tarde sale al parque
A jugar con un balón
Va después directo al baño
Con espuma de jabón
Cena mucho y toma leche
Que se bebe de un tirón
Y a la cama, que ya es hora
Ten dulces sueños, mi amor

Me estoy ablandando, piensa la Vieja y Malvada Bruja mientras calienta en el microondas unos restos de princesa que se ha encontrado en la nevera.

25 octubre 2014

La maldición de los calzoncillos

ZaraJota™ tiene unos calzoncillos de Star Wars. Se los trajeron los Reyes Majos de Andalucía hace un par de años, y son muy bonitos: de color negro con cascos de soldado imperial estampados.
Súpersexis.
Los calzoncillos de Star Wars tienen muchas ventajas.
Para empezar, se le quedan muy pegaditos al pompis. También son muy suaves, y entre una cosa y otra, cuando se los pone se le caen los pantalones y los lleva asomando, en plan modelo de lencería de Calvin Klein, si los modelos de Calvin Klein llevaran calzoncillos de Star Wars en vez de... bueno, calzoncillos de Calvin Klein. Pero lo mejor es cuando los usa para dormir, porque son súpersuavitos y es muy relajante tocarle el pompis así como quien no quiere la cosa.
Por desgracia, los calzoncillos de Star Wars también esconden un oscuro secreto.
-Estos calzoncillos están malditos -me dijo un día ZaraJota™-, cuando me los pongo nunca jugamos al parchís. 
-Hombre, tienes muchos calzoncillos, no les puede tocar siempre a todos.
-Que no, que no, estos son los únicos con los que nunca hemos jugado al parchís. 
 -No me lo puedo creer. ¿Hemos jugado al parchís con los calzoncillos de Spiderman?
ZaraJota™ tiene unos calzoncillos de Spiderman. Son rojos y azules y llevan impresa la máscara de Spiderman en... bueno, os ahorro los detalles.
-Sí, hasta con esos. Con todos menos con estos. Hemos estado a punto muchas veces, pero en el último minuto surge algo, y nos quedamos con las ganas, o peor, a medias.
-No puede ser.
-¿Te acuerdas de cuando estábamos jugando al parchís y tu madre se presentó en casa?
-Sí.
-Calzoncillos de Star Wars.
-Jo.
-¿Te acuerdas de cuando estábamos jugando al parchís y Bebé-chan empezó a llorar, y fuiste a calmarla y te devolvió encima, y la soltaste en nuestra cama para cambiarte y volvió a devolver, y la cogí en brazos para que cambiaras las sábanas y volvió a devolver, y acabamos teniendo que pintar todo el piso?
-Sí.
-Calzoncillos de Star Wars.
-Vale, me has convencido: los calzoncillos están malditos.
Aunque lo que de verdad me preocupaba era cómo lo sabía ZaraJota™. ¿Lleva un diario en el que anota cuándo jugamos al parchís y que calzoncillos llevaba puestos? ¿O pone marcas en los calzoncillos?
-Tenemos que romper la maldición -dijo.
Ahora es cuando la cosa se pone ridícula.
Más ridícula, quiero decir.
-¡Hoy tenemos que jugar al parchís! -decía ZaraJota™.
-¿Hoy? Si tenemos diarrea, apenas nos mantenemos en pie, y Bebé-chan ha dormido tres horas de siesta y va a estar dando saltos en la cama hasta el amanecer...
-Lo sé, lo sé, ¡pero llevo puestos los calzoncillos de Star Wars y tenemos que romper la maldición!
O, por el contrario:
-Oye, ZaraJota™, ¿te apetece jugar al parchís un ratito?
-Ni hablar, ¡los calzoncillos de Star Wars están en la lavadora!
Ogino habría estado muy orgulloso de nosotros.
Pues bien, la semana pasada fue el tercer aniversario del musical de El Rey León en Madrid. Como ZaraJota™ fue uno de los 10 primeros en comprar entradas para el día del estreno, la productora tuvo el detalle de invitarnos a asistir a la función. Nos enseñaron el backstage, nos dieron canapés, y al final de la representación, ZaraJota™ subió al escenario para cantar el cumpleaños feliz. 
¿Y esto qué tiene que ver?
Absolutamente nada, es solo por presumir.
Para que pudiéramos ir al teatro, Bebé-chan se quedó a dormir en casa de los abuelos.
-Podemos aprovechar para jugar al parchís -le dije a ZaraJota™.
-No lo creo. Seguro que llegamos a casa tarde y cansados.
-Menudo espíritu, chaval.
-Además, llevo puestos los calzoncillos de Star Wars.
Jo.
Al día siguiente, ZaraJota™ estaba pletórico.
-¿Te lo pasaste bien ayer? -le pregunté.
-Mucho, mucho.
-El backstage molaba millones.
-Sí, es una pasada.
-Y lo de subir al escenario, ¿eh?
-Sí, sí, es impresionante, cantar sobre el escenario, con tanta gente aplaudiendo...
-¿Qué fue lo que más te gustó?
ZaraJota™ se lo pensó un momento.
-¡Que rompimos la maldición de los calzoncillos de Star Wars!
Está bien: creo que alguien necesita redefinir sus prioridades...

17 octubre 2014

Gazpacho asesino

A Bebé-chan le gustan los peces.
Creo que la culpa es de la Tita del Puerto, que le regaló unos peces de plástico para jugar en la bañera que le encantaron y sigue usando todos los días.
Bebé-chan, no la Tita.
El año pasado estuvimos en Valencia y la llevamos al Oceanogràfic.
La enana apenas se mantenía en pie sobre sus patitas gordezuelas, pero se pegaba al cristal de los acuarios con la boca abierta:
-¡OOOOOH! ¡PEEEES!
Todavía ahora, cuando vamos al supermercado, la pescadería es parada obligatoria:
-¡HOLA PES! -le grita al pescado cuando llegamos-. ¡ADIOS PES! -le grita al pescado cuando nos vamos.
Y hace un mes o así, fui a la tienda de animales para comprar un pez, y me volví con dos, porque el dependiente me dijo que uno solo se estresaría. Luego miró a Bebé-chan, que estaba aporreando el cristal del acuario al grito de "¡UN PES! ¡UN PES!" y añadió que se iban a estresar de todas maneras, y que mejor me llevaba también algo para que se escondieran dentro.
Los peces, uno rojo y otro amarillo, se adaptaron bien a nuestra casa. Parecía que se llevaban bien entre ellos, pero cuando ya habían pasado varios días, el pez amarillo desapareció.
-Qué c*ñ*...
Apareció detrás del filtro, muerto con un billete para Ratónpolis.
En la tienda me habían dicho que tenían garantía, y que si alguno se moría se iba a Ratónpolis solo tenía que llevar el cadáver el billete y me darían otro. Pero no podía acercarme a la tienda hasta la semana siguiente.
-¿Qué hago? -le pregunté a Zarajota-, ¿lo congelo hasta que podamos ir?
-¿Los peces se pueden congelar?
-Claro, para el anisakis.
Zarajota votó por no congelar el pez.
-Que no, que no, que me recuerda al gato de tu tía.
~~~~~~~
Flashback
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Mi tía tenía un gato y se murió.
El gato, no mi tía.
Como tenía un horario de trabajo muy complicado no pudo ocuparse del cadáver de inmediato y claro, ¿qué iba a hacer con un gato muerto en casa tres o cuatro días?
Pues congelarlo.
Luego lo metió en una caja de corcho blanco, porque tenía que coger el tren y no era plan de que el gato de descongelara por el camino.
Se ve que pierden propiedades o algo.
Después de largas peripecias llegó con el gato congelado a Las Vegas, donde lo enterró y después plantó un pino.
Ahora que habéis visualizado a mi tía volando a Estados Unidos para enterrar al gato y después cagarse sobre su tumba, será mejor que aclare que Las Vegas es el nombre de un cortijo y que lo que plantó sobre la tumba fue un arbusto, no un cagarro, que mi tía es muy fina para sus cosas.
~~~~~~~~~
Flashforward
~~~~~~~~~
Debido al trauma de Zarajota tuvimos que tirar al pez por el váter.
-El váter es la entrada a Ratónpolis -dijo Zarajota, sin pensar en que puede llegar el día en que Bebé-chan decida enviar nuestros teléfonos a Ratónpolis.
En cuanto pude fui a la tienda y me compré otro pez rojo. Ya que no los podíamos distinguir por el color les pusimos nombres: Gazpacho (el que ya teníamos) y Flamenquín (el nuevo).
Gazpacho y Flamenquín parecían llevarse bien, aunque a veces Gazpacho golpeaba repetidas veces a Flamenquín hasta que lo arrinconaba para no dejarlo comer pero bueno eso son cosas normales entre colegas, ¿verdad? ¿verdad? ¿VERDAD?
Un día, Flamenquín desapareció.
Lo encontramos más tarde, muerto, debajo de su refugio.
-Gazpacho lo ha matado -dije.
-Anda ya. Se habrá muerto él solo. Los peces tienen esa costumbre.
-Que no, que si se hubiera muerto solo habría aparecido flotando panza arriba. Gazpacho lo ha matado, ¡y luego ha escondido el cadáver!
Ya no compré más peces. Gazpacho parecía feliz estando solo. Muy feliz. MUY MUY MUY feliz.
-¿Ves? -le dije a Zarajota-. No solo los mata: además disfruta.
-Por última vez: los peces de colores no se matan entre ellos.
-Pues a lo mejor era un pez transgénero. Piraña por dentro, pez de colores por fuera, mirándose al espejo sin reconocerse a sí mismo...
-No como tú, que eres tonta por dentro, tonta por fuera, y encima se te ve en la cara perfectamente.
Zarajota es que es así: te lanza indirectas y no sabes cómo interpretarlas.
Pronto descubrimos que, además de un asesino, Gazpacho era un guarro. En filtro no daba abasto y cada pocos días le tenía que limpiar el acuario. Y en una de las veces, Gazpacho se me cayó.
-¡AAAAAAARG! -grité.
-¿QUÉ PASA? -gritó Zarajota.
-¡EL PEZ! ¡EL PEZ! ¡EL PEEEEEEEZ!
El pez se había caído al fregadero, el fregadero estaba lleno de espuma porque acababa de limpiar el acuario y el desagüe no va bien, y no podíamos ver nada.
-¡ECHA AGUA!
Abrí el grifo al máximo para que cayera agua (probablemente caliente), y por fin vimos al pez atascado en la rejilla del desagüe.
-¡CÓGELO!
-¡NO ME ATREVO! ¡PODRÍA HACERLE DAÑO!
-¿MÁS DEL QUE YA LE HAS HECHO?
Ante semejante argumento no me quedó más remedio que coger al pez y devolverlo a la pecera.
El pez parecía estar bien.
Bueno, no. Parecía que le hubieran dado una paliza.
Bueno, no. Se la habíamos dado.
Al principio parecía que nadaba, luego nos dimos cuenta de que solo nadaba en círculos, y acabó nadando en círculos panza arriba.
El espectáculo era lamentable, y pensamos en darle matarile agilizar su viaje a Ratónpolis, pero ninguno de los dos era capaz de sacarlo del agua así, a sangre fría, así que el pobre bicho siguió nadando en círculos cada vez más despacio hasta que paró.
Zarajota se ocupó de tirarlo por el váter enviarlo a Ratónpolis.
-Jo, que pena -le dije.
-Lo sé, lo sé.
-Aunque fuera un asesino, yo quería mucho a mi pez.
-¡No era un asesino!
-Mató dos peces.
-Tú has matado uno.
De verdad que es que cuando empieza con insinuaciones soy incapaz de seguirle.

09 octubre 2014

Música en movimiento

A Bebé-chan le gusta tocar la guitarra.
No, empecemos por el principio.
Zarajota tiene una guitarra.
La tiene aunque no sabe tocar la guitarra ni tiene intención de aprender nunca; y la conserva año tras año a pesar de que no sabe tocar la guitarra ni tiene intención de aprender nunca y vivimos en un piso muy pequeño que cada vez se nos queda más pequeño, lo que me ha obligado a tirar mis apuntes de la universidad y vender gran parte de mis libros pero no pasa nada, que tu p*t* guitarra la guardamos, ¿eh?
Sin rencores.
Hace unos meses bajé la guitarra del altillo para tirarla, la saqué de la funda para asegurarme de que estaba dentro cuando la tirara y Bebé-chan la vio.
Se le pusieron los ojos como bolillas, trepó a la cama, se agarró a la guitarra como pudo y rasgó las cuerdas mientras cantaba:
-¡Ooooooh! ¡La-la-laaaa!
Como Zarajota no toca la guitarra (no sé si lo he mencionado antes), solo pudimos encontrar una explicación: que hubiera visto tocar la dichosa guitarra en la guarde.
-No -contestó la seño sin inmutarse lo más mínimo-. Aunque a veces hacemos air guitar.
Me quedé pasmada. Eso es un contenido curricular básico, y lo demás son tonterías.
Así que, en vez de tirar la guitarra, la hemos dejado a la vista de Bebé-chan. Se la damos cuando la pide. Ella se pone muy seria y la aporrea con mucho entusiasmo. Cuando vamos por la calle no se le escapa un músico callejero ni una funda de instrumento, le da lo mismo que sea de violín que de contrabajo.
-¡UNA QUITARRA! ¡UNA QUITARRA! -grita mientras señala, con mucha discreción.
Y ya que Zarajota no sabe tocar (¿lo había dicho antes?), hemos intentado buscar un profesor para la nena, sin mucho éxito, hasta que al final nos recomendaron que nos apuntáramos a clases de música en movimiento, que son clases en las que... bueno, hay música y hay movimiento.
El primer día fui muy ilusionada. Por desgracia, también fui muy tarde: cuando entramos en la clase el resto de papás, mamás y bebés ya estaban sentados en el suelo formando un círculo y haciendo... bueno, música en movimiento.
Hay niños que, cuando están en un lugar desconocido rodeados de personas desconocidas haciendo cosas desconocidas (léase ridículas) se asustan y lloran o se aferran a sus madres. Bebé-chan no. Bebé-chan levanta una ceja. Y esa ceja levantada, en éste caso, significaba: "madre, estoy rodeada de imbéciles, y TÚ eres uno de ellos".
Nos quitamos los zapatos y nos unimos a la clase: yo llena de entusiasmo y Bebé-chan con su ceja levantada. No puedo decir que la nena se lo pasara mal, en realidad participó en todo, muy seria y con la ceja cada vez más arriba, echándome reojos de "mira lo que me estás obligando a hacer", "me avergüenzo de que seas mi madre", y así, hasta que casi al final de la clase, después de cantar, bailar y tocar las maracas, los padres nos volvimos a sentar en el suelo con los churumbeles en las rodillas.
-Y ahora, ¿queréis que hagamos un juego? -dijo la monitora.
Bebé-chan se levantó con gran dignidad y me miró a los ojos.
-NO. NO QUERO. MAMÁ, VAMOS CALLE.
Todavía no sé qué estaba intentando decirme.