23 marzo 2017

La dichosa merienda

Dos trabajos.
Dos niños.
Dos horas de transporte público diarias.
Pero lo que REALMENTE me impide actualizar con más frecuencia es que a pesar de tener mis dos cuentas de gmail perfectamente instaladas, hay días en que Google no reconoce la de lorzagirl@gmail.com y no hay manera de acceder al blog.


Estoy harta de las meriendas del colegio.
Ya está, ya lo he dicho.
Hay veces en las que pienso que nos quedan diez años de colegio con sus correspondientes meriendas y me entra una congojo existencial muy gordo.
Técnicamente, la culpa no es de la merienda.
Es decir, la merienda no tiene la culpa de que mi despertador suene a las 6:30, pero Bebé-kun se aferre a la teta hasta las 7:30, y luego tenga que hacer el desayuno, la merienda y mi tupper a toda prisa, con el niño todavía colgando del pecho y la niña negándose a colaborar.
Y desde luego, la merienda no tiene culpa de que después de todo el esfuerzo, Nena-chan no se la coma.
Y eso que lo he probado todo.
Incluido un aproximado millón de veces que he abierto la nevera en el último momento, he visto que no quedaba nada de fruta, y le he metido en la mochila un zumo (sí, con azúcar) y cuatro galletas (sí, con azúcar).
Ni el otro millón de veces aproximado que, en las mismas circunstancias, le he metido una gelatina de esas de chupar. 
Solo soy humana, y además no consigo que me funcione el giratiempos. 
Primero le compré unos tupper monísimos (de Frozen) y no se comía la merienda.
-Es que la mamá de Amiga-chan le pone la merienda en una bolsa de PLÁSTICO.
-¡Pero tu tupper mola más que una bolsa de plástico!
-¡Es que le pone una pinza ROSA! ¡Y le escribe COSAS!
Después de dirigirle mentalmente un par de apelativos a la madre de Amiga-chan, renuncié a los tuppers de Frozen. Pero Nena-chan seguía sin comerse la merienda.
-Es que el plátano estaba asqueroso ASQUEROSO -me dijo un día. Viendo el aspecto del plátano, tenía toda la pinta de que "alguien" se hubiera sentado encima.
-Es que la manzana me picaba en la boca -probablemente porque después de pasar ocho horas a una temperatura de 22 ºC en una bolsa de plástico había macerado hasta alcanzar estatus de sidra.
-Es que no queriba pera -eso es de vez en cuando, que tiene un día sincero.
Entonces empecé a ser creativa.
Le cortaba los sandwiches con un cortapastas de figuras.
Le ponía tomatitos cherry con queso picado.
Le hacía dibujos con rotulados en el plátano.
Por cierto, mala idea. Con el calor despinta. 
Le hacía bocaditos de galleta integral y queso de untar.
Y, el gran golpe maestro: volví a meterle la merienda en un tupper cuyo principal atractivo era... ¡pertenecer a su hermano!
Vivir para ver. 
Cada vez que introducía en el menú algo nuevo funcionaba un par de veces (no consecutivas) y luego volvíamos a las andadas.
-Nena-chan, no te has comido los tomatitos...
-Es que SIEMPRE me pones tomatitos y mis amigas disen que eso no puede ser.
Primero: una vez por semana no es siempre.
Segundo: nos espera una adolescencia terrible.
A la mañana siguiente le pregunté directamente qué quería merendar, porque total, toda resistencia es fútil.
-No lo sé.
-A ver, ¿qué te gusta?
-Lo que tú no me prepares.
-Sí, ya me voy dando cuenta.
Nena-chan se lo pensó un poco.
-Un día mi amiga trajió unos sereales con leche DENTRO. Yo QUIERO.
-Pero entonces te los habré preparado yo y ya nos los querrás, ¿no?*
-...
-Tengo una idea: como estoy casi segura de que la otra niña le pide a su mamá lo mismo que te hago yo a ti, vamos a seguir como hasta ahora y lo compartís.
-¡NOOOOOO! Yo quiero lo mío para mí. Pero que sea lo de ella.
Creo que a partir de ahora voy a optar por el robo organizado de meriendas.






*Efectivamente, cuando le compré los cereales no los quiso.








07 marzo 2017

Más caca. Lo siento. Es que los niños son en parte catalanes.

Hace unos días nos fuimos al pediatra porque hacía mucho que no íbamos Bebé-kun tenía fiebre y el pediatra lo miró por todos lados y nos dijo:
-Este niño está con gripe.
-Ay, pobre, la gripe ahora...
-No, no, ahora no. La semana pasada, está acabando ya. ¿No habéis notado nada?
Y ZaraJota y yo nos miramos en plan somos lo peor, pero yo qué quieres que le haga si el niño no ha tenido ni fiebre ni tos ni un triste moco hasta hoy.
-¿Y no ha tenido diarrea? Este año la gripe viene con diarrea.
Pues podía venir con un cromo de regalo, francamente te lo digo, que tendría más éxito y la gente lo llevaría mejor.
-Pues no.
-Bueno, se habrá librado. Pues nada, está estupendo, vente un día de estos que le ponemos la vacuna de los 18 meses.
Y eso hice. Un par de días más tarde cogí al chiquillo y le dije a ZaraJota que me iba a que lo vacunaran.
-No me llevo ni el bolso de los arreitos, es un momento y estaremos aquí a lado.
Bebé-kun tiene tendencia al estreñimiento, que es una caca (obsérvese el brillante juego de palabras) pero tiene la ventaja de que puedes salir de paseo alegremente con un paquete de toallitas y un pañal acartonado que lleva en mi bolso ni se sabe el tiempo, porque total, ya sabemos que caca, lo que se dice caca, no va a hacer.
Íbamos de camino a la consulta de la enfermera cuando nos cruzamos con el pediatra, y claro, Bebé-kun lo vio y tuvo como un flashback.

"Este año la gripe viene con diarrea... ea... ea..."

Y me dijo:
-Oh-oh.
Y sonó "PPPPPRRRRROPOPOPOPÓ".

Y entonces LO OLÍ.

Me gustaría poder decir que Bebé-kun se había hecho caca, pero aquello no era una caca: era una m**rd* con todas sus letras.
Y en qué cantidades.
Le rebosó por encima del pañal y empapó, líquida y calentita, el body y la camiseta.
Menos mal que le había quitado el abrigo.
Le rebosó por debajo del pañal y chorreó pantalón abajo.
Y luego empapó los calcetines. Y llenó los zapatos. Y empezó a rebosar los zapatos.
Ay.
Llamé a ZaraJota.
-¿Puedes venir al ambulatorio con una muda para Bebé-kun y tres botes de ambientador?
-Acabo de meter a Nena-chan en la bañera.
-¿Eso es que sí o que no?
-Dame quince minutos.
-¿ESO ES QUE SÍ O QUE NO?
Bebé-kun, felizmente aliviado de su angustia interior, correteaba por el ambulatorio dejando estela. Era como un incensario humano, solo que no olía a incienso.
(Olía a caca. Por si os habéis perdido en mi trepidante ritmo narrativo)
Cuando se sentó en el suelo se oyó "chof" y al levantarse dejó una distintiva marca de humedad.
(Un charco de caca, vaya)
No podíamos esperar quince minutos.
Me lo llevé al cambiador y lo desnudé.
Ay, ay, ay.
Tenía caca aproximadamente desde el sobaco hasta las uñas de los pies. La cabeza se había salvado. Bueno, se salvó hasta que se la tocó con la mano llena de caca.
La sudadera también estaba relativamente bien. Bueno, lo estaba hasta que Bebé-kun la pisó con el pie lleno de caca.
Ay, ay, ay...
Os voy a ahorrar los detalles.
Con mucha dificultad (y caca) limpié al niño, le puse el pañal acartonado que llevaba, lo envolví en mi camisa (agradezco a mi oficina que siempre haga tanto frío y me obligue a llevar tres camisetas interiores) y lo dejé en el carrito, junto a la puerta del cuarto cambiador. Volví a entrar y lo limpié todo lo mejor que pude.
Cuando salí, Bebé-kun se había quitado mi camisa y la había tirado al suelo. La criatura estaba en el carrito en todo su esplendor, sonriendo en topless como un pequeño Buda de percentil 3.
-¡Bebé-kun!
Le eché por encima la camisa y la volvió a tirar y al final pensé que a la m**rd* (exactamente) todo, que total, en ese ambulatorio hace siempre muchísimo calor.
Cruzamos la sala de espera, Bebé-kun saludando como en una carroza de samba y yo evitando cuidadosamente el contacto visual con los demás pacientes, y de pronto va una viej... anciana y me dice:
-Pero mujer, ¿cómo llevas al niño así? ¡Que se va a resfriar!
Debe ser la madurez, porque en vez de mandarla a la m**rd* verbalmente la mandé a la m**d* olfativamente, pasándole bien cerquita con el carro.
Me acababa de sentar delante de la consulta de la enfermera cuando salió y nos llamó.
-¡Aquí estamos! -le dije mientras se me escapaban los lagrimones de la emoción.
La enfermera nos miró a los dos. Sobre todo al chiquito.
-¿Ya le has quitado la ropa? Pues sí que tienes ganas de que lo vacune.
Es que somos unos cagaprisas.







Jajaja, me mondo yo sola. 

28 febrero 2017

Carnaval

Educar niños frikis es un deporte de riesgo, aunque uno muy satisfactorio, eso sí.
Cada vez que Nena-chan ve una camiseta/póster/muñeco/lo que sea de Darth Vader y se pone a gritar "¡MIRA, MAMÁ! ¡ES EL PAPÁ DE LA PRINSESA!" se nos caen los lagrimones, y no solo por el pedazo de spoiler, también por el orgullo paterno desaforao que nos entra.
Y cuando se pone el disfraz de Epiriman y va por la calle agitándole a la gente la manita con el índice y el meñique levantados, además de temer por nuestra integridad física, nos llenamos de orgullo y satisfacción.
Tiene sus desventajas, sin embargo.
Por ejemplo, los otros niños del colegio no entienden ni una palabra de lo que la chiquilla les cuenta, lo que en el fondo es un alivio, no digo yo que no. Por ejemplo:
-Mamá-á, hoy le he disido a mis amigos del cole de mayores que mis papás son marionetas que salen por la tele y cantan.
Ay, ay, ay...
-¿Y qué te han disi... dicho?
-Que es MENTIRA.
Alabado sea el señor.
Otras veces, en cambio, nos sale peor.
-Mamá-á, le he disido a mis amigos del cole de mayores que hemos ido al CARNAVAL.
-Muy bien, muy bien.
-Y que yo me he disfrasao de Lerigó...
-De ELSA...
-Y mi hermano de Yoga...
-De YODA
-Y mi mamá de ruja.
-De BRUJA.
-Y mi papá...
-Ay, ay, ay, dime que no lo has dicho...
-Mi papá se ha disfrasao de PAPÁ PRINSESA.
-Iba de jedi.
-¡Como papá prinsesa!
Ay, ay, ay... No me lo puedo creer...
Que sí, que es verdad que a veces ZaraJota se pone mi ropa interior. "Por accidente", según él. Pero no quiero ni imaginar lo que habrán pensado en el colegio cuando hayan oído lo de "papá prinsesa". En Darth Vader seguro que no.
-¿Y qué te han dicho? -le pregunté.
-Que eso no puede ser...
-Ay...
-Porque si mi papá se viste de prinsesa, mi mamá se tiene que vestir de prínsipe.
Visto así tiene su lógica.

13 febrero 2017

La crisis de los cuarenta

Mis amigas están empezando a cumplir cuarenta años y eso me preocupa porque empiezo a pensar que es algo que le puede pasar a cualquiera, incluso a mí.
En la familia de mi madre cumplir cuarenta se consideraba un hito importante y se celebraba con una fiesta sorpresa.
Bueno, "sorpresa".
La primera fue sorpresa, la segunda fue sorpresa, la tercera ya empezaba a oler y para la cuarta pues mira, como que se veía venir.
Después ya perdimos un poco el interés, pero no porque las fiestas no fueran sorpresa, sino porque tenemos una capacidad de concentración muy limitadita.
A mis amigas por suerte no les ha dado por el temita sorpresivo, pero fiesta sí.
La última fue el sábado pasado y yo lo tenía ya todo previsto:
10:00 piscina con Bebé-kun.
12:00 piscina con Nena-chan.
14:00 llevar a los niños en casa de los abuelos.
15:00 comer o jugar al parchís con ZaraJota, preferentemente lo segundo, que engorda menos.
17:00 ir al cine a ver La la land, que resulta que sí es una película de verdad, y no que os hubierais puesto todos de acuerdo para reíros de mí.
20:00 cenar usando las dos manos.
22:00 cumpleaños.
22:05 gran regocijo.

Es que soñar es gratis.

El viernes Bebé-kun amaneció ardiendo de fiebre, pero ardiendo en plan mira yo apago la calefacción que el niño gasta menos luz.
Nena-chan solo tenía decimitas, pero se le había puesto esa cara mustia de vete preparando un viaje a urgencias y sacando el bajo de los pantalones que se me van a quedar cortos en una noche.
Y, lo que es peor, de pronto empezó a hacer eso que ella llama "gomitar". Os evitaré los detalles. Baste decir que las camas con dosel no son TAN buena idea como parece.
-Mañana yo me quedo con los niños y tú te vas a la fiesta -me dijo ZaraJota con mucha abnegación.
-Tú lo que quieres es quedarte viendo Netflix.
-Sí, pero con mucha abnegación.
La que de verdad estaba abnegada era mi madre.
-¿CÓMO QUE NO ME TRAES A LOS NIÑOS?
Bueno, "abnegada". Es un decir.
Nena-chan se pasó la noche gomitando por doquier, y ya de madrugada se durmió un par de horas, solo para despertar al grito de "¡mamá, tengo HAMBRE! ¿Me vas a dar el sisiyuno o qué, hombrepordios?".
-Creo que ya está mejor -le dije a mi madre por teléfono.
-Si está mejor se puede venir a casa y así tú te vas al cumpleaños.
-Da igual, ZaraJota se va a quedar en casa con Bebé-kun.
-Ya, pero si me traigo a la niña estará más tranquilo.
-Bueno, supongo que...
No había terminado de hablar cuando oí el helicóptero acercarse a nuestro edificio. Del helicóptero cayó una cuerda y mi madre, vestida de camuflaje pero monísima, se descolgó por la fachada, atravesó la ventana de la terraza en medio de una lluvia de cristales, agarró a Nena-chan y después se lanzó al vacío.
ZaraJota y yo las vimos alejarse, colgando del helicóptero. Con lo que llovía.
-Yo no sé para qué le hemos dado llave a tu madre -me dijo ZaraJota mientras barría los cristales-, con lo que le gusta entrar rompiendo cosas.
Bebé-kun seguía con mucha fiebre y yo me fui al cumpleaños con mucha penita. Y mira que me hacía ilusión ir, pero de pronto estaba como flojita.
Estuve en el cumpleaños apenas un par de horas, pero volví hecha polvo.
-Solo me he tomado una Fanta y encima me ha sentado mal. Debe ser un corte de digestión.
Y entonces empecé a gomitar como si no hubiera un mañana. Por todos los orificios. Os ahorraré los detalles. Baste decir que si lo llego a saber no habría fregado el baño el día de antes. Ni los cinco años anteriores.
ZaraJota me miraba en plan "ya te dije yo que los garbanzos con Nutella no eran buena idea" así como sintiéndose muy superior, y de pronto puso mala cara y salió corriendo al baño, y entonces nos dimos cuenta de que los garbanzos con Nutella no habían sido mala idea (la duda ofende) y que aquello no era una intoxicación sino un virus, y no un virus mortal sino algo mucho peor: UN VIRUS DE COLEGIO.
Las horas siguientes fueron un continuo expulsar fluidos intercalado con peleas a muerte por usar nuestro único baño.
Os ahorraré los detalles. Una imagen vale más que mil palabras.
Gasto de papel higiénico
 per capita disparado. 

A media mañana nos rendimos y le pedimos a mi madre que se llevara también a Bebé-kun.
-Pero usa la puerta, por lo que más quieras, que nos sales carísima.
Mi madre se llevó a Bebé-kun (por la puerta). ZaraJota y yo dibujamos un círculo de tiza (rosa) en el suelo, tiramos dentro una navaja y nos dispusimos a pelear por el siguiente turno en el baño.
Esa noche, con el sistema digestivo más vacío que un arca municipal, estábamos tumbados en la cama y pensando en la eutanasia cuando ZaraJota se volvió hacia mí.
-Lorz -me dijo-. Ya no te gusto. Llevamos prácticamente todo el día en la cama y no hemos jugado al parchís ni una sola vez.
Pues eso va a ser la crisis de los cuarenta, ya verás.




31 enero 2017

Lo normal

Bebé-kun se acaba de dormir, 
Nena-chan se acaba de dormir. 
ZaraJota me ha dicho que se iba a duchar y lleva media hora en el baño, que no quiero ni pensar en lo que estará haciendo allí (lo más probable es que se haya quedado dormido de pie mientras se ducha). 

Y yo iba a escribir algo, pero solo se me ocurre una cosa y no sé si es buena idea, probablemente no. 

Ahora que Bebé-kun ya no mama cada hora nos hemos apuntado a matronatación, que es eso de que llevas a tu bebé a la piscina y lo lanzas al agua y nada perfectamente y entonces comprendes que la Madre Naturaleza es sabia y todos estamos en perfecta comunión con ella, y entonces te dan ganas de tomarte un tinto, porque siempre que oyes la palabra "comunión" te entran ganas de beber tinto, aunque nunca entenderás por qué. 
Lo que pasa es que algo hemos debido hacer mal, porque la primera vez que solté a Bebé-kun en el agua en vez de nadar se hundió del todo y encima el monitor se enfadó conmigo, y por más que intenté explicarle que con esa actitud JAMÁS iba a entrar en comunión (mmmm... tinto) con la naturaleza no me hizo caso, y Bebé-kun acabó envuelto en diversas capas de gomaespuma: un churro anudado en la cintura, una placa metida en el bañador y unos manguitos de la talla del niño. 
Y cuando digo que los manguitos eran de la talla del niño me refiero a que eran de su tamaño. Exactamente su mismo tamaño. 
El monitor me dijo que lo sostuviera por la tripa, pero entre todo aquello yo no veía la tripa por ninguna parte, y además después del experimento de lanzarlo al agua el niño como que me había cogido manía: cada vez que me acercaba empezaba a darme manotazos y a gritar. Así que me pasé prácticamente toda la clase fingiendo que lo sostenía, mientras La-Bola-De-Gomaespuma-Antes-Conocida-Como-Bebé-kun nadaba de un lado para el otro él solo, canturreando. 
La primera sesión, quitando el tema del hundimiento, fue un completo éxito: Bebé-kun estaba encantado. Bueno, esto fue hace ya cuatro o cinco meses, en una época en la que el pobre chiquillo hacía poco más que llorar y retorcerse de dolor, así que verlo reírse durante media hora a la semana a mí me parecía lo más de lo más.
-Vamos a seguir yendo -le dije a ZaraJota, en casa, mientras preparaba la comida.
ZaraJota suspiró. 
-Sabes que eso implica hacer algunos sacrificios. 
-Lo sé, lo sé... Pero he estado pensando mucho, y creo que puedo hacerlo. 
-¿Hablar con otras mamás? ¿En el vestuario? ¿Como si fueras normal?
-Lo que sea por Bebé-kun -le contesté con lágrimas en los ojos. 
Es que estaba picando cebolla. 
Pues bien, los meses pasaron y no os lo vais a creer, pero seguimos con las clases de matronatación, sin cejar en nuestro empeño, y poco a poco fuimos conociendo a otras mamás y a sus enanos, e incluso mantuve conversaciones con ellas. Conversaciones normales de persona normal
Bueno, de persona normal no, de madre. Pero de madre normal
Hasta la semana pasada. 
El día de la clase nos levantamos tempranísimo, como siempre.
Desayunamos a toda prisa, como siempre. 
Preparamos todos los arreos, como siempre. 
Salimos corriendo a matronatación, como siempre. 
Llegamos al vestuario, como siempre. 
Le puse el bañador a Bebé-kun, como siempre. 
Me despeloté, como siempre. 
Me vino la regla a chorro, como siem... ¡ME C*G* EN TÓ LO QUE SE MENEA!
El vestuario estaba a rebosar de mamás y sus respectivos niños, y yo estaba ahí en plan, bueno, ya os imagináis, y Bebé-kun había salido corriendo mientras agitaba mis braguitas (manchadas de ya-sabéis-qué) en la mano, que ahora que los pienso la culpa va a ser de su padre por ponerle Dragon Ball
En fin, no voy a entrar en detalles. El caso es que volví a casa una hora antes.
-Uy -me dijo ZaraJota-, ¿es cosa mía o es que hoy has vuelto antes de lo normal?
-Bueeeeno... define normal. 

22 enero 2017

La culpa de todo la tiene un tal Antonio

Apuesto a que ya pensabais que no iba a retomar esto jamás.  


La vuelta al cole ha sido muy dolorosa, pero no tanto como torta que me pegué contra el suelo del pasillo.
Aparte del esguince en el tobillo también me hice daño en un brazo (todavía me duele), un muestrario de moratones (ahora "amarillones") y una hernia de orgullo.  
Pero lo peor era el atasco.
Adiós. 

No, espera, no era eso.
P*t* autocorrector...

A Dios pongo por testigo que no entiendo qué F*CK*NG F*CK*D F*CK le pasa a las tuberías de este edificio (y colindantes). Llevamos apenas cinco años viviendo aquí y si contáramos las capas de pintura como si fueran anillos de un árbol parecería que llevamos un siglo. 
Aunque para ser justos algunas no se corresponden con obras sino con los vómitos masivos de Nena-chan, pero no vamos a entrar en detalles sin importancia. 
Que acabo de comer. 
Como decía antes de pasarme dos semanas con el brazo pocho, era 31 de diciembre y teníamos un atasco, y la mala costumbre de ducharnos al menos una vez al año. Ya sabéis, en año nuevo. 
LO NORMAL. 
ZaraJota echó líquido desatascador y nada, 
Metió una guía y nada. 
Dijo palabrotas y nada. 
Los días pasaban y pasaban y el atasco cada vez iba a peor, tanto que para ducharme (ya sabéis, año nuevo) tenía que abrir el grifo, mojar una parte del cuerpo, cerrar el grifo, esperar que el desagüe tragara, enjabonar, esperar que el desagüe tragara, aclarar, dejar que... Bueno, ya os hacéis una idea. 
El único que estaba feliz con la situación era Bebé-kun, que en cuanto nos despistábamos se iba a chapotear en agua sucia... y eso cuando no se la bebía, que la leche del biberón le da mucho asco, pero el agua de segunda mano ya si tal. 
En fin, que viendo que aquello no se solucionaba terminamos llamando a nuestro fontanero de confianza, al que llamamos así porque viene a casa con tanta frecuencia que al final le hemos dado una llave.
El fontanero estuvo toda la tarde tumbado en el suelo de nuestro baño, enseñando la hucha y emitiendo gruñidos y al final tuvo su veredicto: 
-Esto va a ser comunitario. 
ZaraJota y yo respiramos aliviados porque de pronto el atasco se había convertido en El Problema de Otro. 
-Bueno, pues nada, avisamos a la comunidad y que envíen un desatasco y...
-No, no, va a haber que picar. Pero no os preocupéis. Como mucho serán una par de paredes del baño, y probablemente el suelo. 
-O sea, todo el baño. 
-Jajaja, no, mujer, todo el baño no. No creo que haga falta quitar el plato de ducha. 
A mí me entraron unos sudores fríos intermitentes con probabilidad de chubasco a media tarde. 
-Es que... es que... no hace ni un año que nos reformaron el baño entero...
-Los atascos son así. Bueno, voy a hablar con el administrador para que me autorice la obra y mañana llamo a Antonio. 
-Vale. 
Todos los fontaneros que pasan por mi casa se empeñan en llamar a un tal Antonio, y no sé para qué, porque luego siempre terminan llamando a ZaraJota, que para mí que el tal Antonio es mas inútil que la última rebanada del pan de molde, pero bueno. 
El fontanero se fue y yo me senté en mitad del pasillo a llorar. 
Los niños lo hacen continuamente, y oye, ahora entiendo por qué: el pasillo tiene una cierta cualidad reconfortante. 
Lloré porque estoy muy cansada, 
y lloré porque estoy harta de vivir en una obra permanente, 
y lloré porque me esfuerzo para que los niños lleven una vida medio normal y no hay manera,
y sobre todo lloré porque últimamente ando medio deprimida y cualquier excusa es buena, para que nos vamos a engañar. 
Estaba disfrutando a lo grande de mi berrinche cuando me interrumpió ZaraJota, que es que no tiene respeto por el dolor ajeno, si lo llego a saber me caso con el tal Antonio, que debe ser muy apañao porque si no los fontaneros no le llamarían tanto, digo yo. 
-Lorz -me dijo-, me acabo de duchar. 
-Guay, hasta el año que viene. 
-No es eso, es que de pronto el desagüe va perfectamente. 
-No me jodas. 
-Ya sabes que no, Bebé-kun tiene el sueño muy ligero. Pero volviendo al tema del atasco, ha desaparecido por completo, voy a llamar al fontanero para que no venga mañana. 
-¿Ves? Ese es nuestro problema: NOSOTROS llamamos a los fontaneros. Deberíamos hacer como el tal Antonio, que deja que los fontaneros le llamen A ÉL. Por eso le respetan...
ZaraJota llamó al fontanero. 
-Hola, le llamo para decirle que el atasco ha desaparecido de pronto. 
-¿Ah, sí? Pues eso debe ser que lo he arreglado yo sin darme cuenta. Son 50 €. 
Jo, pues si llega a darse cuenta nos cruje. 



04 enero 2017

El regalo de reyes

Sí, el vecino tenía una fuga en la bajante de fecales.
Pero nosotros teníamos algo peor: un atasco en la bajante de la ducha.
Nos dimos cuenta en la tarde del día 31 de diciembre, cuando ZaraJota quiso ducharse y el desagüe, en vez de tragar agua como es su obligación, empezó a escupirla.
A chorro.
En grandes cantidades.
ZaraJota reaccionó rápidamente: salió de la ducha, agarró la fregona y empezó a dar fregonazos full power.
Yo oí ruidos, me asomé al pasillo, y me lo encontré en pelota picada, con todo colgando, fregona en ristre e impasible el ademán.
-¡¡¡ARRRGH!!! ¿¿¿QUÉ HACES???
-¡¡¡RECOGER AGUA!!!
-¡¡¡PERO ESTÁS EN PELOTA PICADA!!!
-¿¿¿YA NO TE GUSTO O QUÉ???
-¡¡¡ME GUSTAS MUCHO, PERO SI NENA-CHAN CUENTA EN EL COLEGIO QUE SU PADRE ES UN PORNOCHACHO A LA REUNIÓN CON LA DIRECTORA VAS TÚ!!!

Flashback.
Hace unos días mi padre dijo "bueno, me voy ya a trabajar, que tengo que echar gasolina al coche". 
Lógicamente, mi padre se refería a que salía de casa un poco antes de lo normal porque tenía que parar en la gasolinera de camino al trabajo. Obvio, ¿no? 
Bueno, pues no debe ser tan obvio, porque ahora nena-chan está convencida de que el abuelo trabaja en una gasolinera, en concreto en la de la calle Antonio López (no me preguntéis por qué). 
Ahora cada vez que pasamos por delante pregunta si puede ir a ver al abuelo, y cuando le decimos que el abuelo no trabaja ahí se echa a llorar porque el abuelo no tiene trabajo.  
Con esto de las profesiones hay que tener mucho cuidado. 
Flashforward.

ZaraJota abandonó la pornolimpieza y se fue a vestirse.
-¡Ahora sigo! -me gritó. No sé por qué no podía seguir limpiando yo. Ah, sí, tenía a Bebé-kun enganchado al pecho. Y cuándo no.
Al rato ZaraJota salió perfectamente vestido, y me dijo con mucha satisfacción que ya había recogido el agua.
-Genial, Bebé-kun ya ha soltado la teta. Voy a arreglarme.
Me levanté, crucé el pasillo, pisé un charco de agua, resbalé y, durante lo que parecieron horas, floté ingrávida mientras mi vida pasaba ante mis ojos: preparando el desayuno, dando teta, trabajando, dando teta, haciendo la comida, dando teta, duchándome, dando teta...
Muchas, muchas tetas más tarde, aterricé de nuevo en el suelo. Pero no vayáis a pensar que caí de cualquier manera, ¿eh? Que una tiene una gracia y un saber estar que no es ni normal.
La pierna derecha se dobló en su sentido natural, de manera que frené la caída con la rodilla derecha, mientras que la pierna izquierda se retorció varias veces sobre sí misma antes de aterrizar sobre la rodilla izquierda. Y luego me caí de culo.
ZaraJota oyó los numerosos crujidos, vino a buscarme y me encontró de rodillas en el suelo, con los lagrimones cayendo, que solo me faltaba el cirio pascual para quedar estupenda en una procesión.
-Losientolosientolosientolosiento... me he debido dejar un poco de agua... ¿Te has hecho daño?
-Solo en los músculos y en los huesos...
ZaraJota no ha visto Los Simpsons, así que puedo soltarle frases de Homer cuando quiero y siempre piensa que soy muy ocurrente. Y un poco lerda.
Las cosas como son: me dolía mucho el cuerpo entero. Pero era nochevieja, era algo así como el décimo aniversario de cuando no empezamos a estar juntos, y, lo más importante de todo, tenía que estrenar mis zapatos nuevos:

Yo tengo claras mis prioridades. 

-Seguro que si me quedo sentadita un rato se me pasa -le dije.
Como era de esperar, al día siguiente me dolía todo, y especialmente el tobillo izquierdo.
-Bueno, seguro que si me quedo todo el día estiradita se me pasa.
-Claro.
-Pero primero voy a hacer la comida.
-Ajá...
-Y luego tengo que planchar.
-Ajá...
-¿Me ayudas a quitar las cortinas?
Al día siguiente del siguiente tenía el tobillo izquierdo como el culo de un elefante.
-Creo que voy a ir a urgencias -le dije a ZaraJota.
-De inmediato.
-Sí, sí, en cuanto acabe de hacer las camas, fregar el baño y hacer la comida.
-Lorz, DE INMEDIATO.
ZaraJota es que es así, no tiene claras sus prioridades.
Me fui a urgencias donde, por cierto, me estaban echando de menos.
-Hola, Lorz, ¡cuánto tiempo! No te vemos desde el año pasado.
-Estuve el viernes.
-¡Pero todavía era 2016!
-Ah, claro, jo, el tiempo vuela.
-A ver, ¿qué te ha pasado ahora?
-¡Mi marido ha intentado asesinarme con un charco de agua! Sin duda pretendía que pareciera un accidente. ¡Desde que se hizo pornochacho no ha vuelto a ser el mismo! Ese trabajo te cambia... 
-...
-Me he resbalado.
-Ya veo... Te has hecho un esguince.
-Ah, genial. Pensaba que sería algo chungo y que no podría ir a la cabalgata de Reyes.
-Lorz, no vas a poder ir a la cabalgata.
-Jo.
Nada más salir de la consulta llamé a ZaraJota.
-Bueno, la mala noticia es que no voy a poder ir a la cabalgata.
-¿Y la buena?
-Que ya estoy envuelta para regalo.