20 enero 2015

BUELA DICE CALLA

De la entrada anterior se desprende que mi abuela se inventó lo de "perder el tiento", que no sé ni de qué me extraño.
Tampoco estoy en posición de criticar porque no le canto a Bebe-chan ni una canción a derechas y le cambio el argumento de los cuentos porque simplemente están todos mal escritos y punto.
El problema es que a la nena está entrando en una edad muy peligrosa porque:
1 ella empieza a acordarse de las cosas
2 los demás empezamos a entender lo que dice

La primera señal de alarma se disparó por culpa de el tito, que cuando estuvimos en su casa nos agasajó con un guiso de carne con patatas que nos dejó con las patas colgando.
Bebé-chan se zampó dos platos (el suyo y el mío) y luego dos helados (el suyo y el mío) y después de aquello cada vez que yo le daba de comer algo que no le apetecía mucho preguntaba por el tito, la pequeña cínica.

Otra señal de alarma sonó una tarde que pasó con los abuelos.
-¿Te lo has pasado bien? -le pregunté cuando fui a buscarla.
-TIIII.
-¿Qué has hecho con los abuelos?
-BUELA DICE "¡CALLA!", BUELO DICE "¡CALLA TÚ!"
Tan pequeñita y ya los tiene calados, pensé.
(Perdonad si ya habéis oído antes la historia, es que no me canso de contarla).

Cuando fuimos a Barcelona una noche preguntó por el pollo Pepe.
-Nos lo hemos dejado en casa, petitona.
No volvió a mencionar el asunto y creímos que se le había olvidado, pero cuando volvimos a Madrid cuatro días más tarde se fue corriendo a la cama, se tumbó, y una vez preparada nos dijo:
-ARA CUENTO POLLO PEPE.

Luego tuvo lugar el incidente de los zapatos.
Bebé-chan tiene muchos vestidos monísimos y zapatitos de charol que no se puede poner casi nunca, porque no le sirven ni para ir a la guardería ni a las clases de música, así que se los encasquetamos todos los domingos para ir a comer a casa de la abuela.
Puede que le hayamos creado un condicionamiento pauloviano de esos, porque ahora oye la palabra "abuela" y se va corriendo a ponerse los zapatos de charol.
Hace unos días se levantó de mal humor y gritando "NO QUERO GUARDE QUIERO BUELA".
-¿Sí? -le dije-. Pues estás de suerte, porque hoy la abuela va a ir a buscarte a la guarde.
Bebé-chan se lo pensó un momento.
-QUERO PATOS BUELA-BUELO.
-No, a la guarde no puedes ir con los zapatos de charol. Te voy a poner las botas.
-QUERO. PATOS. BUELA-BUELO.
-Que no. Botas.
-QUERO PATOS BUELA-BUELO. ARA.
-Mira, Bebé-chan, a la guarde no se puede ir con zapatos de charol, Y PUNTO.
Cuando llegamos a la guarde, la seño miró a Bebé-chan con extrañeza.
-¿Por qué viene con zapatos de charol?
En fin...

Pero lo peor ha sido lo de hoy.
Le hemos enseñado que cuando salimos de casa puede llevar solo UN juguete, y tiene la norma tan interiorizada que todos los días selecciona el juguete con mucho cuidado, y luego me levanta el índice y me grita "MIRA MAMÁ UN GUGUETE CHOLO".
Pero hoy ha cogido dos.
-Bebé-chan, solo un juguete.
-TIIII, CHOLO UNO.
-Llevas dos.
-NOOO... NENA LLEVA UN GUGUETE CHOLO.
-¿Y el otro?
-OTRO LLEVA MAMÁ.
Ahora también sabe de estadística, la enana.

13 enero 2015

Un cuento de mierda

Cuando era pequeña mi abuela solía contarme un cuento.
Matizo. Cuando era pequeña mi abuela, que probablemente llevaba toda la tarde aguantando a cinco nietos gritones y estaba ya hasta el orto, nos decía:
-¿Queréis que os cuente un cuento?
-¡Sí!
-Pues os voy a contar el cuento de María Sarmiento...
Vamos a hacer esto bien, porque el cuento de María Sarmiento se merece un análisis en profundidad:

Os voy a contar el cuento
de María Sarmiento
Obsérvese con qué valor el poeta abre esta pieza con una ritma consonante, sin miedo a la pesada carga que supondrá en versos futuros.

que fue a cagar y perdió el tiento.
Este verso siempre me ha intrigado: ¿de qué perdió el tiento? Eso es que hizo caca de más o de menos?
Una vez mi abuela me explicó que en su época no había cuarto de baño sino que hacían sus cosas en cuclillas al fondo del patio. "Perder el tiento" es estar en cuclillas y perder el equilibrio... con resultados que no voy a detallar porque lo mismo estáis comiendo.

Y cagó tres pelotillas:
Decepción. Visto el nivelón del cuento yo esperaba que soltara un truño, un ñordo o un mojón, no "tres pelotillas" de mierda (nunca mejor dicho).

una para Juan...
Jajaja, pringao.

otra para Pedro...
Jajaja, otro pringao.

y otra para el que hable primero.
¡Mierdaaa (nunca mejor dicho)! Por muchas veces que mi abuela nos contara el cuento, siempre me llevaba la sorpresa al final:
¡¡¡QUE NO ES UN CUENTO, QUE ES UNA TRAMPA PARA QUE NOS CALLEMOS!!!
¡Será hijafruta, la abuela! ¡Que nos ha distraído con la mierda (nunca mejor dicho) de las pelotillas y el tiento y nos la ha colao bacalao!Ayer
Miraba a mis hermanos y primos en plan "¿habéis visto la hijafruta?" pero claro, no podía decir nada porque si era la primera que hablaba me llevaría la pelotilla... Aunque ahora que lo pienso, siempre me acababa llevando la pelotilla de todas formas, así que no sé por qué no aceptaba lo inevitable y punto.
En fin.
Ayer me encontraba un poco mal y ZaraJota™ me mandó a la cama.
-Yo me ocupo de Bebé-chan -dijo mientras me arropaba. Y se fue.
Volvió en menos de cinco minutos.
-Que no me acordaba de que me tengo que duchar. ¿Puedes vigilar a la nena un rato?
-Claro. Traémela a la cama y le cuento un cuento.
ZaraJota™  se lo pensó.
-¡El de María Sarmiento?
-¡De eso nada!
Que seguro que me vuelve a tocar a mí la pelotilla.




Pd: Ayer pregunté en twitter quién había escuchado este cuento alguna vez y hubo diversidad de opiniones. Se ve qué a más de uno le ha tocado la pelotilla alguna vez XD

06 enero 2015

El roscón de reyes

El domingo pasado toda mi familia se vino a comer a mi casa sin motivo aparente.
Estábamos ya con los postres cuando empezamos a planear la merienda del día de reyes, porque mi familia es así: en cuanto ve que una comida se está terminando empieza a pensar en la siguiente.
-Yo compro el roscón -anunció mi madre-, que el del año pasado estaba malísimo.
-El del año pasado lo compraste tú -le dije, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-¿Cómo os gusta?
Mis hermanos y yo nos miramos como de soslayo, porque gustar, lo que se dice gustar, el roscón de reyes no nos gusta a ninguno, y solo nos lo comemos porque mi madre lo compra y luego empieza con "¿para esto compro yo el roscón, para que no os lo comáis?" y nos lo incrusta en el gaznate ayudándose con un palo.
-A mí no me gusta -declaré, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-A mí me gusta sin nada -anunció mi madre, y entonces nos dimos cuenta de que ya no servía de nada objetar porque había cogido carrerilla y estaba soltando el discurso de todos los años-, pero claaaaaro, a vosotros os gusta con mucha nata, venga nata, de verdad, que no sé como a la gente le puede gustar con tanta nata...
Obsérvese como de pronto éramos "gente".
-Que no nos gusta.
-O trufa. La manía con la trufa. Claro, como a vosotros os gusta todo bien cubierto de chocolate...
Mi madre cree que nos alimentamos básicamente de chocolate. Que adoramos el chocolate. Que olemos chocolate y nos hacemos pis de gusto encima... Vale, esto último puede que sea cierto.
-La trufa no es chocolate. Y me gusta menos que el roscón. Si cabe.
-Pues yo de trufa no lo compro. Voy a comprar uno sin nata para mí, que no me gusta tanta tontería, y otro con nata para vosotros.
Mi madre es que desde que es terrateniente se ha visto poseída por el espíritu del capitalismo. Vaya: un roscón para ella y otro para compartir entre siete, en fin...
-¿Madre, no crees que es un reparto un poco... desigual? -le dije, pero me ignoró vilmente porque los capitalistas son así.
-Pero con nata de verdad, ¿eh? No CHANTILLÍ de ese.
Mi madre es una optimista de la vida y no conoce el rencor o el odio. Casi. Pero el chantillí siempre saca lo peor de ella. Mis hermanos y yo nos miramos nerviosos. Presentíamos el desastre.
-Lo que prefieras.
-Que te lo venden como nata, y cuando vas a comértelo no es nata, es CHANTILLÍ de ese. Y el CHANTILLÍ no es nata: es CHANTILLÍ. No sabe igual: ni se le parece. Anda que no está malo. Y a la gente le encanta, pero eso no es nata. Y YO LO QUIERO CON NATA.
-¿No habías dicho que el tuyo era sin nada?
Mi madre se quedó desconcertada unos segundos y aproveché para sacar el café y unas galletitas.
Ilusa de mí, entre las galletas había oreos.
A Hermano Pequeño se le iluminó la cara y comentó el elaborado ritual que implica comer oreos: coge una, quita la galleta de un lado, lame el relleno mientras lanza gemidos de puro placer...
-¿Eso que es? -preguntó la Tita del Puerto, que también estaba presente.
-Una oreo.
-Yo no sé cómo os puede gustar eso. 
A la Tita del Puerto no le gustan las oreos.
-Más hay para mí.
-Es que los niños ven eso negro y se piensan que es chocolate -intervino mi madre, ajena al hecho de que Hermano Mediano va a cumplir treinta años y a estas alturas ya conoce perfectamente la composición de una oreo.
-Me da igual, está buenísima.
-¿Y lo de dentro qué es?
Hermano Pequeño dio otro lametón y fingió pensarlo durante unos segundos.
-Es... CHANTILLÍ.
Es que Hermano Pequeño todavía confunde sinceridad y suicidio.

31 diciembre 2014

La sopa de pelota

Los que me seguís en Twitter ya sabéis que mi cuñada intentó asesinarnos en navidad por el sencillo método de hacernos explotar de tanto comer cosas ricas.
Para la cena de navidad cocinó, además de los entremeses variados, sopa de pelota (una monstruosidaed que lleva pasta gigante, garbanzos, verdura, carne de cocido y además albóndigas), pollo relleno con patatas asadas, canelones, dos tartas y el clásico surtido de dulces navideños.
Puso la mesa muy bonita, con todo el despliegue de mantelería, vajilla, cubertería y cristalería, y colocó toda esa comida, artísticamente presentada, en la mesa, rodeada de decoración navideña y velas de olor.
Nos sentamos a la mesa, y colocamos a Bebé-chan en la presidencia.
-Mira, petitona, hay sopa de pelota, pollo y canelones. ¿Qué quieres?
-FRANFUR KECHUP.
Y dejarse de mariconadas.
Mi cuñada, que llevaba al menos una semana cocinando todo aquello, se ofreció rápidamente a hacer un par de FRANFUR KECHUP. Nos negamos, y le pusimos a Bebé-chan un poco de sopa de pelota.
Bebé-chan la miró de soslayo (¿a quién intentas engañar? ¡esto no es frankfurt con ketchup!).
-Venga, solo pruébala, y si no te gusta ya vemos.
Bebé-chan probó una cucharadita. Y otra. Y otra. Cuando nos quisimos dar cuenta se había comido su ración y estaba intentado robar la albóndiga del plato de ZaraJota™.
Desde entonces, cada vez que le pregunto qué quiere comer, me dice:
-QUERO MÁS CHOPA, MAMÁ.
Pues a ver si nos ponemos de acuerdo, maja.



Pd: ¡Feliz año a todos!



27 diciembre 2014

Los Reyes Majos son las suegras

La pasada semana hemos estado en Barcelona, porque se ve que ZaraJota™ tiene familia y de vez en cuando tiene que ir a verla.
Yo no lo sabía, pero se ve que los Reyes Majos pasan antes por Barcelona que por Madrid. Se trata de un fenómeno muy particular, que han intentado explicar varias teorías:
- Los Reyes Majos vienen de Oriente; Barcelona está mucho más cerca de Oriente que Madrid, así que es lógico que lleguen antes.
- Los Reyes Majos han visto el tratamiento que recibe el pobre Caga Tió, y han decidido que mejor reparten los regalos lo antes posible por si acaso.
- La familia de ZaraJota™ no puede evitar cubrir de regalos a Bebé-chan cada vez que va, y cualquier excusa les parece buena.
Otra cosa que yo no sabía es que los Reyes Majos usan la casa de la madre de ZaraJota™ como almacén.
Tiene toda la lógica del mundo: los Reyes Majos reparten muchos juguetes, los camellos ya son viejitos, y mi suegra tiene una casa grande y vacía en la que casi nunca entra ningún niño. Es perfectamente lógico que les preste, digamos, por ejemplo, la habitación de invitados para guardar los juguetes durante unos días.
Eso creo.
Pero claro, este año Bebé-chan ha ido a visitar a su abuela paterna por navidad, y, eh, bueno, se ve que la abuela no sabía que íbamos a ir, o no pudo avisar a los Reyes Majos, o a los Reyes no les dio tiempo a recoger los juguetes... el caso es que cuando llegamos a casa de la madre de ZaraJota™ había un montón de juguetes encima de la cama, bien a la vista y sin envolver.
Voy a repetirlo porque creo que no me he explicado bien.
EL DÍA 22 DE DICIEMBRE, CUANDO BEBÉ-CHAN ENTRÓ EN LA CASA DE SU ABUELA, LA PUERTA DEL DORMITORIO ESTABA ABIERTA DE PAR EN PAR, Y ENCIMA DE LA CAMA HABÍA UN MONTÓN DE JUGUETES BIEN A LA VISTA Y SIN ENVOLVER.
Rápidamente me di cuenta de lo que había ocurrido (los Reyes acojonaos por su les dan una paliza como al Caga Tió, los camellos viejitos, la necesidad imperiosa de guardar los juguetes en algún sitio durante unos días...) y, antes de que Bebé-chan pudiera darse cuenta también, cerré la puerta.
Puede que diera un portazo. Si lo hice, fue por la emoción. Que quede claro.
Entonces intenté decirle sutilmente a mi suegra que no volviera a abrir la puerta.
-He dejado cerrada la puerta de la habitación porque he visto que había... cosas.
Quizá fui demasiado sutil y no pilló la indirecta. O quizá mi suegra estaba tan emocionada por que los Reyes Majos hubieran elegido precisamente su dormitorio de invitados como almacén que no se acordó de que Bebé-chan estaba delante. Lo que sea. El caso es que, lejos de mantener la puerta cerrada, la volvió a abrir.
-¡Ah, sí! ¡Mira!
Y empezó a enseñarnos los juguetes.
Eran unos juguetes MUY bonitos. Pero a ZaraJota™ y a mí nos preocupaba que Bebé-chan los viera, y, yo qué sé, llegara a la estúpida conclusión de que los Reyes Majos son las suegras o algo, así que empujamos a la pobre mujer y a sus juguetes de vuelta a la habitación.
Y volvimos a cerrar la puerta.
Puede que diéramos un portazo. La emoción es lo que tiene.
El caso es que al día siguiente nos fuimos de paseo y cuando volvimos la madre de ZaraJota™ había convertido la mesa del salón en un taller de empaquetado y estaba, ¿lo adivináis?, envolviendo regalos a plena vista. Se ve que los Reyes Majos le habían llamado para decirle que iban muy mal de tiempo y que iban a necesitar un poco de ayuda, y mi suegra les había dicho que no se preocuparan, que ella les echaba una mano.
¿A que es un amor?
Llegó el día 24 de diciembre, y nos fuimos a cenar a casa de hermano de ZaraJota™. Cuando íbamos a salir, vimos que la madre de ZaraJota™ cogía un montón de regalos y los metía en una bolsa. Se ve que los Reyes Majos le habían llamado para decirle que ya llevaban muchísimo peso, y que si le importaba llevar algunos de los regalos ella misma. Y claro, mi suegra les había dicho que no se preocuparan, que ella llevaría los más grandes.
¿A que es un encanto?
Los regalos estaban envueltos en papel de Peppa Pig y eran muy bonitos. Incluso llamativos, diría yo. Y la bolsa que escogió mi suegra era bastante transparente. Y cuando llegamos al metro, la soltó delante de Bebé-chan, bien a la vista, se ve que estaba muy orgullosa de que los Reyes Majos la hubieran elegido para tan importante misión.
¿Quién no lo estaría?
El problema es que Bebé-chan, que hasta entonces había conseguido no enterarse de los negocios que se trae la abuela con los Reyes Majos, vio los regalos. En concreto, vio el papel de regalo.
-¡MIRA, MAMÁ, PEPPA!
-Sí, amorcita, es Peppa.
-QUERO PEPPA, MAMÁ.
Para ser justos con Bebé-chan, lo que quería no eran los regalos (ni se acercó a ellos), sino ver Peppa Pig, porque, básicamente, el papel de regalo le había recordado su existencia.
-Ahora no hay Peppa, petitona.
-¡SÍ PEPPA! ¡MIRA MAMÁ! ¡PEPPA AHÍ!
Y señalaba los regalos.
Me hubiera encantado ponerle los dibujos, pero estábamos en el metro, nos habíamos dejado atrás la tablet, y ni siquiera teníamos cobertura para buscarle un poco de Peppa en YouTube.
El viaje se me hizo larguísimo.
Llegamos a casa del hermano de ZaraJota™, cenamos, y en un momento dado Bebé-chan y yo nos fuimos al baño. Cuando volvimos al salón, ¡sorpresa! ¡Los Reyes Majos había dejado un montón de regalos debajo del árbol! ¡Qué fuerte! ¡Y nosotras nos lo pedimos! ¡Qué rabia! A ellos les hubiera encantado esperar para saludarnos, pero no habían podido: todavía tenían que visitar a muchos niños.
Una pena.
Total, que Bebé-chan entró al salón y vio debajo del árbol todos esos paquetes, incluidos unos envueltos en papel de regalo de Peppa Pig que le resultaban vagamente familiares.
-¡Son para tí, Bebé-chan! ¡Ábrelos!
Bebé-chan miró los regalos, me miró a mí y levantó una ceja que venía a decir, en resumidas cuentas:
¿Estás segura, mamá?

19 diciembre 2014

Cortylandia

Se ve que hay gente que no sabe lo que es Cortylandia, y eso solo puede significar una cosa:
El Corte Inglés ya no es lo que era.
O no habéis tenido infancia.
O ambas.

Todas las navidades, desde el inicio de los tiempos o así, El Corte Inglés de la calle Preciados convierte una de sus fachadas en un espectáculo infantil llamado, en un exceso de imaginación, Cortylandia.
La idea tampoco es que sea muy original: son marionetas-robot que cantan y bailan al estilo de Un Pequeño Mundo. Cada año se centran en una temática distinta ("Nos hemos quedado de piedra", cantaban el año dedicado a las pirámides) y la decoración varía (un año hubo un Gulliver gigante, cuyas piernas enmarcaban el acceso a la tienda).
Por supuesto, el único fin de Cortylandia es atraer compradores, ya sea porque los niños se quedan absortos y los papás puede aprovechar para hacer compras, o a través de la publicidad no-tan-subliminal ("todos los juguetes están en la exposición de la planta séptima de El Corte Inglés", anuncian al final de la función los pingüinos cantarines de este año).
Pero la gracia de Cortylandia no es Cortylandia. La gracia de Cortylandia es que forma parte de La Experiencia Navideña™.
Cuando era pequeña, mi familia vivía en un pueblo, y en los años ochenta eso era algo.
Para empezar no teníamos internet, pero eso quizá fuera lo de menos. Tampoco teníamos calefacción, y aunque sí teníamos un calentador de agua, esta no salía con presión suficiente como para activarlo, así que podíamos ducharnos con agua caliente, por ejemplo, pero nos lavábamos cara y manos con agua helada.
Y no teníamos calefacción. Lo repito porque en el colegio tampoco, y era donde más se notaba porque pasábamos muchas horas inmóviles. De ahí me viene esta tos que vuelve cada vez que cojo un poco de frío, y que me dura semanas enteras cada vez.
Pero lo peor era lo otro.
Hoy en día, por suerte, se habla mucho del bullying o acoso escolar. En los ochenta no se le daba importancia al acoso (se suponía que tenías que aprender a defenderte) y de todas formas tampoco era exactamente escolar: en una época y un lugar en que los niños estaban todo el día en la calle, el bullying era una más bien experiencia envolvente: todo el día, todos los días, existía la posibilidad de salir a la calle y ser maltratado, insultado o humillado.
En los pueblos, ya se sabe, todo es siempre como más auténtico.
Os cuento esto no para que me tengáis pena, que ni falta que me hace, sino para que entendáis lo que era venir a Madrid en navidad.
Madrid era calidez.
Madrid era correr descalza por el suelo de madera.
Madrid era comer sin tener la urgente necesidad de devolver después.
Madrid era salir a la calle sin miedo.
Madrid era mis padres pendientes de mi y mis hermanos, sin las distracciones habituales de la casa, el trabajo, o los amigos.
Y Madrid eran cosas bonitas, cosas que estimulaban mi imaginación: cine, marionetas, luces de navidad, música... Un mundo de colores fuera del páramo intelectual que era el pueblo.
En Madrid había tiendas en las que vendían libros.
Era lo más.
Cada navidad, al menos una vez, mis padres nos llevaban al centro. Veíamos las luces, recorríamos los puestos de la Plaza Mayor, nos comprábamos gorritos ridículos, comíamos castañas asadas, y, como mágico fin de fiesta, íbamos a helarnos mientras veíamos Cortylandia.
Era solo un día al año, pero valía casi tanto como el año entero.
Con el tiempo mi familia se vino a vivir a Madrid (probablemente el giro ar0gumental más importante de mi vida), y al hacerse cotidiana, la ciudad perdió parte de su magia... Pero no toda. Sigue habiendo magia en ir al centro en navidad, en recorrer los puestos de la Plaza Mayor, en merendar tortitas y ver las luces.
Así que a mí me daba igual que Cortylandia sea cada año más cutre, que las canciones sean lamentables o que apenas se oigan por encima de los crujidos de la maquinaria. Quería saber si Bebé-chan también podía tener esa magia.
Al principio parecía que no. A fin de cuentas, Bebé-chan está acostumbrada a Madrid. Y a las pelis en 3D. Y a la música en directo. Y a ir a la librería donde trabaja Sark y comerse con los ojos todos los libros del mundo.
Ver a un montón de robots-pingüino destrozando un amago de canción no parecía entusiasmarle mucho.
A nuestro alrededor, los papás les decían a sus churumbeles:
-Mira, Pepito, ¡los pingüinos cantan!
Yo miré a Bebé-chan, que estaba encaramada sobre los hombros de Zarajota, pero antes de que pudiera decir nada, habló ella.
-¡MIRA, MAMÁ! ¡GÜINOS CANTAN!
Y luego puso los ojos en blanco, en un gesto supremo de vergüenza ajena y superioridad moral.
Bebé-chan no es una niña como la que era yo.
No necesita la magia de Cortylandia.
Ella es magia









Y con esto nos despedimos hasta... yo que sé... hasta que vuelva a tener una conexión decente a internet, como dentro de una semana o así.
También podéis seguirme en directo en twitter.
Y aunque el objetivo se haya conseguido, todavía podéis conseguir camisetas, chapas y sugus en el #Lorzfunding.

¡Felices fiestas! 

10 diciembre 2014

CACA VIENE

Dedicado a Mahira, que nos invitó a su casa, y cuando encendió la tele, ¡tachán! Estaban poniendo Blancanieves.
Si eso no es una señal del universo ya me dirás tú lo que es.


A Bebé-chan le encantan las películas: en concreto, sacarlas de la caja y frotar el disco contra diferentes superficies para ver como suena:
En el suelo, zis zis
En la pared, ras, ras.
Y todo así.
En algún momento dio el salto mental y empezó a relacionar esos círculos metálicos ("CULOS", diría ella) con lo que sale por la tele ("TELE"; eso lo dice perfectamente). Y poco después de eso, descubrió Blancanieves ("CACA VIENE", aunque recientemente lo ha perfeccionado a "BANCA BEBES", que suena a tráfico de niños pero a ella no le importa).
Aunque la mayor parte de las niñas del planeta están locas con Frozen, y mi favorita es La sirenita, y la de Zarajota, El rey león, a Bebé-chan le hemos puesto todas las películas Disney a nuestro alcance. Por eso no entendemos qué le puede interesar precisamente de Blancanieves, que es lenta, sosa y sombría.
A ella le encanta.
La vemos todos los días, mínimo una vez (siempre dentro del Rato de Televisión Autorizado, que coincide astutamente con el Rato en el que Hago la Cena). Y claro, cuando la has visto, no sé, unas cien o doscientas veces, empiezas a fijarte en detalles en los que no te habías fijado al principio.
A saber:
  • La Malvada Reina tiene un Espejo Mágico al que puede preguntarle Cualquier Cosa Que Desee. ¿Y qué le pregunta? ¿Cómo curar el cáncer? ¿Si debe comprar acciones de Apple? ¿El tiempo que hará mañana? No señor. Lo único que la señora reina pregunta, una y otra vez, es ¿Quién es la Más Guapa del Reino?. 
  • La Más Guapa del Reino vive en su misma casa y la Malvada Reina no lo sabe. O sea. En serio, tía. ¿No te habías dado cuenta? Sobre todo cuando aparentemente en el Reino solo viven dos mujeres. Vaya, tenía un 50% de posibilidades de acertar. 
  • La Más Guapa del Reino no tiene barbilla ni nariz, pero vaya, que la belleza está en el interior y tal.
  • La Más Guapa del Reino se pasa la vida esclavizada y cubierta de harapos, y cuando le dicen que se ponga un vestido bonito y se vaya a lo más profundo del bosque con Un Señor Inquietante NO SOSPECHA NADA LA MUY LERDA.
  • Si entras en una casa y ves que todas las sillas son pequeñas, lo más lógico es pensar que está habitada por niños, aunque haya un pico minero clavado encima de la mesa. 
  • Los animalitos del bosque le ponen mucha voluntad, pero no pueden ser más guarros ni cagando. 
  • Los enanitos se pasan la vida sacando los diamantes de las entrañas de la roca... para luego tirarlos de cualquier manera en un armario QUE ESTÁ EXCAVADO EN LA MISMA ROCA. 
  • Después de limpiar supuestamente a fondo toda la casa, es normal descubrir que hay una escalera que conduce al piso superior. En serio, ¿cómo de profunda ha sido esa limpieza que no has visto la puta escalera?
  • La mierda en la planta baja es inaceptable, pero echarse a dormir en una habitación llena de telarañas, en unas camas cuyas sábanas no han sido cambiadas desde dios sabe cuándo, es perfectamente razonable. 
  • Sí, el corazón que le dan a la Malvada Reina no es de Blancanieves sino el de un cerdo. Pero va en una caja mo-ni-si-ma.
  • Nunca confíes en una vieja de aspecto vicioso que aparece sin motivo aparente en la puerta de tu casa acompañada de dos buitres y que te da la única manzana del cesto que es totalmente diferente al resto. 
  • Fabricar un ataúd de cristal y rendir culto a una completa desconocida con la que has convivido apenas 24 horas, la mayor parte de las cuales ha dedicado a mangonearte, es perfectamente razonable y normal.  
  • Si un completo desconocido llega al entierro y pide comerle los morros a la muerta, pues nada, adelante. Tampoco es como si se fuera a quejar.