05 febrero 2016

La bandera de nuestros hijos

Me gusta MUCHO disfrazarme, y a ZaraJota no. Es por lo de ser un sieso y tal. Durante todos estos años he sufrido en silencio... bueno, en silencio no, pero sí que he sufrido mucho, porque claro, yo sola no me iba a disfrazar. 
Que queda raro.
Así que pensé en una forma de arreglarlo.
-Pues nada, voy a tener hijos y ya está.
-¿Y si tampoco les gusta disfrazarse, qué? -preguntó ZaraJota, que además de sieso es un poco agonías-. ¿Les vas a obligar?
-¿Yo? ¡Por supuesto que no! Para eso está el colegio. 
Yo ya me veía rodeada de metros y metros de tela para hacer disfraces de extraterrestre, princhesa, jedi, o las tres cosas a la vez.
Lamentablemente, el colegio tiene sus propias ideas, y más lamentablemente aún, estas ideas son de la peor especie: de las sensatas. 
Jo. 
Efectivamente, la semana pasada recibimos la correspondiente circular, junto con las instrucciones y los materiales para hacer el disfraz; entre ellos, una bolsa de basura. Nada más verla me acordé del disfraz de bolsa de basura de Drama Mamá y me entró la risa floja.
-La niña va a ir saladísima -le dije a ZaraJota.
-Pues será del sudor, porque como la tengan toda la mañana metida en la bolsa de basura y con estos calores ya me dirás.
La ejecución del disfraz era sencillísima, pero nos llevó toda la tarde ajustarlo porque la bolsa de basura venía en talla única para todo el colegio: en concreto, la única lo bastante grande para meter dentro a un niño de doce años. A Nena-chan (tres años, un metro de alto, quince kilos de peso) le quedaba, por decirlo suavemente, ancho de sisa. Nada que dos o tres rollos de celo no arreglen. 
-Mamá, ¿qué haces? -preguntaba Nena-chan desde el interior de la bolsa de basura. 
-Acordarme de tu colegio, de su madre, de la madre de su madre, de la madre de la madre de su madre...
-¿Y por qué jugas con la bolsa?
-Eso mismo digo yo. Las bolsas no son juguetes, Nena-chan, las bolsas no son juguetes, ¿te enteras?
-Sí.
-¡¡¡PUES TU COLE SE VA A ENTERAR TAMBIÉN!!!
Más difícil de arreglar era el tema de la bandera. El disfraz requería pintar la bandera de un país, y se sugería que podía ser la de nuestro país de origen.
Es que son ganas de provocar.
-Pues yo no la mando con la bandera española -le dije a ZaraJota.
Que luego la que tiene que aguantar a la familia catalana soy yo.
-Pues yo no la mando con la bandera catalana -dijo ZaraJota-, que no quiero perder días de vacaciones yendo a tutorías.
Al final optamos por la vía cobarde:
Dibujamos dos líneas como si hubiéramos querido hacer la bandera española, pero luego le dijimos a la niña que la coloreara con los colores que ella quisiera.
Pensamos que elegiría colores al azar, y bueno, supongo que eso hizo...

Preveo una tutoría en breve. 

30 enero 2016

La OTRA venganza de los Reyes Majos, que tardé casi un mes en descubrir

Es una verdad universalmente conocida 
que los seres humanos no están hechos 
para soportarse sin interrupción 
durante períodos prolongados de tiempo.
Lorz Austen


No me malinterpretéis: si por mí fuera, estaría con los niños siempre. Lo que pasa es que a veces hay que echarse un poco de menos para no echarse de más. 
Esta semana pasada me he reincorporado mi puesto laboral, y ahora todo el mundo me pregunta cómo lo llevo "con los niños y tal".
Pues lo llevo exactamente igual que cuando no trabajaba, solo que ahora estoy obligada, por contrato, a estar en un sitio donde pretenden que pase un bien número de horas sentada. 
La vida a veces es maravillosa.
Es más: en las ocasiones que estoy de pie, ¡nadie espera que me balancee rítmicamente! Por el contrario, si alguien me sorprende en el cuarto de la fotocopiadora balanceándome y tarareando, ¡les parece hasta raro y todo! 
Yo misma me siento rarísima. Por ejemplo: ¿siempre había tenido dos brazos? Estaba convencida de que mi cuerpo de componía de pierna izquierda, niña derecha, brazo derecho y niño izquierdo... Y ahora me miro los brazos y me digo: "Mira, si hay dos. Son tan largos y paralelos... Pueden levantar grandes pesos, aunque ellos mismos son tan ligeros...". 
Otra cosa que he descubierto es que todavía tengo reflejo: entre que llevo meses sin mirarme al espejo y que estoy viendo todas las series de vampiros a mi alcance no estaba segura de tenerlo todavía. Pero ahí está. No es que me alegre especialmente: la primera vez que te miras al espejo después de varios meses de maternidad se produce el Efecto Qué:
Qué pelos llevo.
Qué cara.
Qué tripa. 
Y qué pintas... 
No me puedo creer que haya estado saliendo así a la calle, menos mal que siempre voy con el bebé, que es un escudo deflector estupendo.
Lo del pelo tiene fácil arreglo: te lo rapas y punto. Volverá a crecer, o casi mejor que no crezca, que no estoy para ir mucho a la peluquería.
Lo de la cara es peor: cuando te has pasado cinco meses mirando sin descanso la carita perfecta de un bebé y de pronto miras la propia es difícil no hacer comparaciones. La falta de sueño, de alimentación y de cuidado tampoco ayuda mucho. Por cierto, ¿alguien sabe si es normal que la crema hidratante tenga una capita como de pelusilla verde por encima? Juraría que no estaba ahí cuando me la compré, pero hace tanto tiempo que no estoy segura del todo. 
De la tripa prefiero no hablar. Me siento como esa bolsa de plástico vieja y arrugada que alguien olvidó y flota llevada por el viento, solo que está llena de piedras y en vez de flotar se arrastra penosamente cuesta arriba. Así. Eso sí, para compensar tengo un escote estupendo. Bueno, casi todo el tiempo. A lo largo del día, y según cuántas horas lleve el enano sin comer, mi delantera evoluciona desde "pasita arrugada" hasta "ubre reventona". Calculo que mi mejor momento es a media mañana o así.  
Lo de la ropa ha sido lo peor. Me he pasado los últimos meses alternando vaqueros viejos, en su mayoría con costras de pintura de dedos seca que no se va por mucho que las lave, y camisetas con el cuello cedido y de fácil acceso pectoral. Un par de días antes de reincorporarme al trabajo abrí el armario, esquivé en plan Matrix los murciélagos que salían espantados, y me puse a buscar algo ponible. Después de un rato, mis estándares de calidad se rebajaron a "cualquier cosa que no esté manchada de pintura de dedos y/o fluidos corporales, o al menos que no se note mucho y/o no huela". 
Encontré un único pantalón, y, como no tengo mucho tiempo de andar probándome cosas, me lo llevé a la tienda y compré uno exactamente igual. Pero cuando me lo llevé a casa, no me cabía. 
En serio, ¿cómo es posible? ¡Si era la misma talla y todo! Pues no me entraba ni la punta del pie. 
Volví a la tienda para cambiarlo, y le expliqué a la dependienta lo que pasaba. 
-Es que no lo entiendo -le dije-. ¡Tendrían que ser idénticos! Pero los viejos me caben y los nuevos, no. 
-Buenos, seguramente a medida que tú has ido engordando tus pantalones han ido cediendo. 
Todavía no sé lo que pretendía insinuar. 
Además, estaba preocupada por el tema de los zapatos, básicamente porque llevo mucho tiempo recorriendo el mundo con unas zapatillas viejas y comodísimas, y estaba segura de que el día que las dejara para ponerme otra cosa me iban a doler los pies a lo grande. Por suerte los Reyes Majos ya habían pensado en esa posibilidad, y me habían traído unas zapatillas. 
Comodísimas. 
Bueno. 
Más o menos. 
Por algún extraño motivo, la izquierda era mucho más cómoda que la derecha, que además se me salía todo el rato, como si me estuviera grande. 
Jo, pensaba. Estoy amorfa perdida. No sabía yo que el embarazo te cambiara tanto el cuerpo. ¡Hasta los pies me los ha dejado tontos! 
Al final, un día me harté de que se me saliera la dichosa zapatilla y la cogí para ver si es que se me había movido la plantilla o algo. 
Y no, la plantilla estaba perfectamente bien. 
El resto de la zapatilla, en cambio...


 

21 enero 2016

La venganza de los Reyes Majos

Me imagino que a estas alturas estáis ya todos hasta el potorro de oírme hablar de los biberones de Bebé-kun. 
Yo también.

Como he dicho millones de veces, en mi casa los Reyes Majos vienen el 31 de diciembre. 
Bien pensado, no es mi casa, sino la casa de mis padres. 
Desde que nació Nena-chan he estado intentando convencer a los dichosos Reyes de que traigan los regalos el día que corresponde, pero no hay manera. 
-Es que el 31 de diciembre es el único día que estamos todos -repite mi madre-. Bueno, salvo tu tía, que se va, tu primo, que no viene, tu padre, que al día siguiente madruga, tus hermanos, que salen tarde de trabajar...
El uso que hace mi madre de la palabra "todos" es ocasionalmente preocupante. 
Al final he aceptado caballerosamente la derrota, y he llegado a un acuerdo amistoso: 
dejo a mi familia que reparta sus regalos de reyes cuando le salga de la punta el nabo, y, pase lo que pase, el día 5 me voy con los niños a la cabalgata y a la vuelta, plof, los reyes han dejado en casa alguna cosita para ellos. 
Es como magia. 
Este año, una vez más, los regalos se repartieron en casa de los abuelos el día 31. 
-Creí que iba a ser el día 5 -me dijo Hermano Pequeño-. Me he pedido la tarde libre y todo. 
-Bueno, pues te vienes a la cabalgata con nosotros. 
-Ah -me dijo mi madre-, si Hermano Pequeño va a la cabalgata yo también voy.
-Bueno -le dije a ZaraJota-, si van a venir mi madre y mi hermano más me vale invitar al otro hermano y a mi padre también.
Invitados todos y asistencias confirmadas, me di cuenta de que tenía que avisar a los Reyes Majos de que tenían que traer cositas para más gente. Rápidamente me puse en contacto con ellos por internet, y más rápidamente aún tuve la respuesta por correo electrónico: 

Gracias por realizar su pedido. 
Ha elegido usted entrega urgente 24 horas. 
Fecha estimada de entrega: 26 de enero - 1 de marzo. 

¿Que QUÉ?
¿Más de un mes para recibir los regalos?
¿Es que los traen en camello o qué?
Para entonces Nena-chan ya estaba muy ilusionada con los Reyes Majos, y me daba mucha pena que descubriera que son unos vagos de mierda, así que pensé... por favor, no me juzguéis, que lo hice con muy buena intención... pensé que yo... ay, qué vergüenza... pensé que yo podía comprar los regalos de mi familia y ponerlos bajo el árbol como si los hubieran traído los Reyes. 
Ya está, ya lo he dicho. 
El problema era que los niños ya no tenían colegio ni guardería y, fuera dónde fuera, tenía que ir con ellos. Entonces me acordé de una mamá del colegio. Bueno, y de la guarde. Qué más da, ella ya sabe quién es (¡Hola!). Esta mamá me contó que se había encontrado en una situación parecida, y se había ido de compras con los niños, y que lo hizo tan bien y con tal disimulo que los niños no se enteraron de nada. 
Y pensé que si ella había podido, yo también. ← Quedaos con esta frase, que ha ganado el Premio Internacional a Soy Tontalculo 2016.
Me fui con los niños al centro y compré cuatro chorraditas para mis padres y mis hermanos, y efectivamente los niños no se pisparon de nada en ningún momento. Bueno. No se pisparon de nada hasta fui a salir de la tienda y saltó la alarma, y un amable guardia de seguridad me vació las bolsas una por una delante de los niños. 
Ay. 
No pasa nada, me dije. Son regalos-rollo de adulto. Nena-chan ni se ha fijado. 
Nos fuimos a casa, los empaqueté, los escondí...
El día 5 nos fuimos a la cabalgata de reyes y cuando volvimos... no os lo vais a creer: había un montón de regalos debajo del árbol de navidad. Estaban ahí hasta los que yo había comprado, que si eso no es un milagro navideño ya me dirás.
Yo estaba supernerviosa, y no paraba de mirar a Nena-chan por si ataba cabos, pero no. Habiendo por medio tantos juguetes, ¿para qué iba a fijarse en los regalos-rollo de los adultos?
Efectivamente, la niña no hizo ningún comentario, al menos ese día. Ni al siguiente. Ni al siguiente. Ni al siguiente. De hecho, ya habían pasado dos semanas el día que nos subimos al autobús y un señor saludó a Nena-chan. 
-Hola, bonita, ¿cómo te llamas?
Y entonces, sin mediar provocación alguna, fue Nena-chan y le soltó: 
-Los Reyes Magos me traen muchos guegalos para mí porque yo me porto bien mucho pero a la buela le traen una caja de galletas que compra mamá. 
Mira, niña, si crees que la abuela no se ha portado bien este año dilo claramente. 




13 enero 2016

Como el Hindenburg

Bebé-kun no quiere el biberón. La madre que lo parió, que casualmente soy yo.
Uy, qué bonito me ha quedado, voy a repetirlo con unas palmitas:

La madre que lo parió
Plas, plas
Que casualmente soy yo
Plas, plas
Plas
Plas, plas

Yo componiendo sevillana habría triunfado.

El niño no quiere el biberón y no hay manera. Ya lo hemos probado TODO:
Con mi leche, con leche artificial, con seis modelos de biberón diferentes, uno de ellos con dos tetinas diferentes, dándole la leche ANTES de que tuviera mucha hambre, esperando a dársela a que tuviera mucha hambre, dejándolo solo con su padre durante horas...
Por cierto, gracias a todos por vuestros consejos y el pitorreo (especialmente por el pitorreo, al menos me he reído). Uno de mis favoritos es este, de Jota EmeE (@privateonof):

"Sácate la leche. Métela en un bibe. Ponle a mamar. Mete tu dedo entre el pezón y su lengua. Sustituye el dedo por el bibe. Suerte!"

Es una idea buenísima, y la probamos hace un par de semanas: el resultado es que ahora el nene se engancha a la teta con las uñas para que no le den el cambiazo. Que es pequeño, pero no tonto. Y tiene una mala lecheeeee...
Jajaja, mala leche. hoy estoy que me salgo.

Al final decidimos consultar con el pediatra.
-El niño, que no quiere el biberón -le dije.
-¡Estupendo! La lactancia materna es el mejor regalo: no solo el mejor alimento, sino que estar en el regazo fomenta el vínculo madre-hijo, le da seguridad, les inicia en el lenguaje...
-Es que tengo que reincorporarme al trabajo.
-Pues estás apañada.
-¿Esa es su opinión profesional?
-Bueno, como ya tiene cuatro meses, empieza con las papillas. ¿Qué es, el segundo? Pues ya sabes de qué va el tema.
Cuando eres el segundo la vida es así de dura: no te hace caso ni el pediatra.
Empecé la introducción de alimentos y fenomenal: el niño se lo come TODO. Algunas cosas las prefiere en papilla, y otras en baby guarring, pero en general todo le parece bien, con una única condición: un chupito de teta de vez en cuando.
El pediatra tenía razón: estoy apañada.
ZaraJota, en cambio, no parecía preocupado.
-Si hay algo que he aprendido de la experiencia con Nena-chan, es que la seño de la guardería lo va a conseguir a la primera.
-Ya, se le da muy bien.
-No es por eso: es que los niños son capaces de cualquier cosa con tal de dejar mal a los padres.
Bueno, también.
Pero ZaraJota se equivocaba. Por primera vez en tres años, la seño, y las ganas de dejarnos mal de nuestros hijos, nos fallaron.
El niño se negó a comer, y lo poco que le entró en la boca de pura casualidad lo acabó devolviendo.
Y solo me quedan unos diez días para volver al trabajo.
Estoy MUY apañada.
Así que ayer me planté. Me puse una camiseta de cuello vuelto, metí un biberón en el bolso y me fui a la calle con Bebé-kun.
-Y esto es lo que hay -le dije.
Durante toda la mañana, cada vez que pedía teta, sacaba el biberón del bolso y se lo enchufaba. El niño lo escupía y cerraba la boca apretando los dientes. Bueno, apretando las encías. Era como Yoda, pero en rosita.
A las tres de la tarde el niño y seguíamos con los dientes (y las encías) apretadas. El biberón estaba frío, al niño le sonaban las tripas, y yo tenía las ubres como el Hindenburg. El pequeño mamoncete, que habitualmente pide teta cada dos horas, llevaba seis horas sin comer, y ni siquiera lloraba: se limitaba a mirarme con rencor.
Como decía mi abuelastra: cabechota hahta dechpuéh de muehta.
-Pues no pienso darte teta -le dije-, así que tú verás lo que haces con tu vida.
-¡¡¡BUUUUUUUUUUUUUUUAAAA...
Hay una cosa que nunca te cuentan en los cursos de preparación al parto: los pechos llenos, duelen. Y, sin motivo aparente, cuando el niño llora duelen MÁS. Y si te has saltado varias tomas y tienes la leche acumulada, y además el niño llora...

HINDENBURG. 

-No... pienso... ceder...
-...AAAAAAAAAAAA!!!
-Toma la tetica, toma la tetica rica, ¿te gusta la tetica? Aquí la tienes, mi amor...
Así que básicamente, nos habíamos pasado una mañana entera los dos sufriendo, para nada. Bueno, para nada no; al menos le había dejado claro quien manda aquí.
Él, claro.




Editado: me dice la seño que hoy ha conseguido que se tome casi medio biberón. Plas, plas.

03 enero 2016

El chantaje del rey

Esta es la primera navidad que Nena-chan es realmente consciente de lo que pasa a su alrededor.
Aunque en casa no hemos hablado mucho del tema, sus amigas del colegio se han encargado de explicarle lo esencial de estas fiestas, a saber:

Los Reyes Magos traen regalos en camello.

La niña no tiene idea de lo que es un rey, un mago o un camello, pero sí tiene bastante claro lo que es un regalo.
Más o menos.
Durante las semanas previas a navidad nos pasamos días haciéndole la misma pregunta:
-Y tú, ¿qué le vas a pedir a los reyes magos?
-Regalos.
-Eh... Ya. ¿Qué regalos?
-Muchos.
-Por supuesto, pero ¿muchos qué?
-Regalos -ojos en blanco.
-Claro, pero DENTRO del regalo, ¿qué hay?
-...
-Los Reyes Magos traen REGALOS, y los dejan debajo del ÁRBOL, y entonces los ABRIMOS y...
-No se abren.
-Claro que sí, rompemos el papel y...
-¿Rompemos?
-Claro, rompemos el papel de regalo y...
-¡NOOOO! ¡NO QUERO ROMPER MI REGALOOO!
Ay.
Mi madre lo intentó también, recurriendo a sutiles técnicas de manipulación mental.
-Nena-chan, ¿qué le vas a pedir a los reyes?
-Regalos.
-Eh... ya. Y esos regalos, ¿cómo son?
-De juguetes.
-¿Y qué juguetes son?
-De regalos.
Llegado este punto, mi madre renunció a la sutileza y le colocó a la niña delante el catálogo de Playmobil.
Coñoyá.
-Mira, Nena-chan, mira cuántos juguetes.
-Sí.
-¿Cuál le pedimos a los Reyes Magos?
-Este -mi madre sonrió triunfal, anotando mentalmente el juguete señalado-. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este. Y este...
Para intentar explicarle que la navidad es algo más la llevamos a una exposición de belenes del mundo que hay en Matadero. La niña iba de belén en belén buscando a los Reyes Magos, hasta que de pronto se volvió hacia mí y me dijo:
-Mamá, mira, ahí hay un bebé.
-Sí, suele ocurrir.
Y en el siguiente belén:
-¡Otro bebé!
-Ya.
-Y aquí otro también.
-Lo sé.
-¡Hay bebé en todos!
Ya ves, debe ser la moda ahora.
Por suerte o por desgracia, en mi familia el asunto reyes dura poco, porque los regalos se entregan religiosamente el 31 de diciembre.
No preguntéis, es mejor no saber.
Antes los regalos los repartíamos nosotros mismos, pero casualmente desde que nació Nena-chan todas las navidades vienen los Reyes Magos en persona.
Bueno, en realidad es solo un Rey Mago.
Bueno, en realidad es Hermano Pequeño disfrazado.
No tenemos tanto caché como para que vengan los de verdad.
El año pasado se disfrazó de Melchor, pero este año pensó que Nena-chan podía reconocerlo, así que se disfrazó de Baltasar: se puso la misma túnica, la misma barba blanca, se pintó la cara de negro y se pegó unas cejas blancas a lo Gandalf. Y luego se escondió en el descansillo de la escalera a esperarnos. Con esas pintas. Yo porque me lo esperaba, pero la vecina del sexto se lo encontró a oscuras y se le reinició el marcapasos de la impresión.
Nena-chan se quedó extasiada.
Un Auténtico Rey Mago.
En el descansillo de casa de los abuelos.
Qué. Fuerte.
El Rey Mago le dio a la niña sus regalos y antes de irse, le dijo que si se portaba bien el año que viene le daría más.
Puto chantajista de mierda... quiero decir... mira qué majo.
-Seguro que te traigo muchos, porque te vas a portar muy bien, ¿verdad?
-...
Unos días más tarde estábamos en una tienda de disfraces y Nena-chan vio una diadema con unas antenitas azules. Nena-chan rara vez pide algo cuando estamos de tiendas, pero esa vez me las pidió. Es que eran MONÍSIMAS.
-Mamá, quero esto.
-¿Se lo pedimos a los Reyes Magos?
-No, mejor las paga mamá.
Por si acaso.

31 diciembre 2015

Estimado 2016

Estimado 2016

dos puntos.

Aunque todavía no nos conocemos, tengo la impresión de que vamos a pasar mucho tiempo juntos.
Como un año o así.
Mi madre suele decir que más vale una colorá que cien amarillas, y por eso he pensado que es mejor dejar las cosas claras desde el principio:

No nos toques los cojones, 2016.

Llevamos ¿siete? ¿ocho? años de crisis y estamos un poco jarticos ya. "Refugiado" es la palabra del año. Y hemos descubierto que "cambio climático" significa "cocerse a 50º C durante dos meses" en klingon.
Por poner unos ejemplillos nada más.
Y eso que a mí en 2015 me ha ido bastante bien, hasta me ha tocado la lotería y todo. Bueno, cien euros. Y ya me los he gastado. A lo que voy es que cada cosa estupenda que me ha pasado ha quedado empañada por alguna circunstancia mierder de mi entorno.
Y así no hay manera.

En fin, que tú verás lo que haces. Luego no digas que no te avisé.

23 diciembre 2015

Colacao comunitario

La semana pasada...

no sé ni por dónde empezar.

Se me acabó la baja de maternidad, aunque por suerte todavía me queda un mes largo de vacaciones y cuando me reincorpore al trabajo voy a tener un horario chupi. Creo. De vez en cuando me pellizco para estar segura de que no lo estoy soñando.
Entonces fui al colegio a confirmar que Nena-chan empezaría con el horario ampliado en enero, y me dijeron que no quedaban plazas.
-¡Pero si me dijeron que había plazas ilimitadas!
-Eso era cuando lo organizaba el AMPA, ahora lo organiza el ayuntamiento y como es gratis, las plazas son limitadas. Y claro, como es gratis, se han acabado.
-¿Y no podemos ampliar aunque sea pagando?
-No, no, el ayuntamiento no lo permite porque claro, la gente que tenga que pagar se quejaría.
-¡Pero yo quiero pagar y no me quejo! Bueno, sí me quejo, pero solo porque es parte de mi encanto.
Por suerte, la semana anterior había apuntado a Nena-chan a todas las extraescolares que se me habían ocurrido.
Más o menos.
Había ido a apuntar a Nena-chan, pero me habían dicho que estaban muy liados con los recibos del mes en curso, y que volviera otro día, que había plazas de sobra y podíamos hacerlo con más calma.
Y cuando volví resultó que ya no quedaban plazas.
Así que de pronto me encontré con que se me había acabado la baja, y que no tenía dónde dejar a Nena-chan por las tardes. Menos mal que me quedaban vacaciones, ¿eh?

Por su parte, Bebé-kun tiene que incorporarse a la guardería, pero para eso antes tiene que acostumbrarse al biberón. Y no.
Ya lo hemos probado todo:
Darle el bibe antes de que tenga mucha hambre, para que esté más dispuesto a probar.
Dárselo cuando ya tiene mucha hambre, para que esté desesperado y trague con todo.
Darle el pezón, y hacerle el cambiazo a mitad de toma.
Da igual, la respuesta de Bebé-kun es siempre la misma: que me introduzca el biberón por cualquier de mis orificios. Me deja hasta elegir.

Además, me robaron el móvil con tooooodas las fotos de los niños. Y cuando fui a denunciarlo, un tipo entró en comisaría gritando y agitando los bracitos, y cuando la policía lo paró, se negó a quitarse el abrigo, y casi nos hacemos caca encima del susto. Bueno, Bebé-kun se la hizo, pero no del susto. Es que es un bebé.

Después de todo esto, el viernes por la tarde, sin motivo aparente, tenía un tic en el ojo.
-Mañana yo me llevo a Nena-chan a clase de música y tú te quedas en la camita descansando, ¿vale? -me dijo ZaraJota.
-Vale.
Pero se ve que se le olvidó consultarlo con Bebé-kun: a las seis de la mañana del sábado estaba ya despierto y con ganas de fiesta.
-Ajo. Jijijijijiji. Ajo. Jijijijijijijiji. Brrrrrrrrrrup. Ajo. Jiji. Ajo. Babababababababa. Jijiji.
Me lo llevé al salón.
-A las nueve despierto a ZaraJota -me dije.
Pero a las nueve Bebé-kun estaba comiendo.
-Bueno, supongo que ZaraJota se habrá puesto el despertador.
A las nueve y media, viendo que nadie se movía, fui a despertar a ZaraJota. Entonces Nena-chan inició una guerra de cosquillas y me vi tristemente envuelta en el conflicto. No hubo que lamentar pérdidas mortales, pero cuando por fin cesaron las hostilidades eran las diez muy pasadas, estábamos en pijama, sin desayunar, y la clase empezaba a las once.
-Mierdaaaaaaa...
Nos vestimos a toda velocidad, embutimos los múltiples arreos de música en la mochila, salimos de casa...
-Mamá. tengo hambre.
-Mierdaaaaaaaaaaaa...
Hice un colacao a toda prisa, lo metí en un vasito con tapa y se lo di a la cría.
-Que se lo vaya tomando por el camino -le dije a ZaraJota.
Y abrí la puerta del ascensor y a la niña se que cayó todo el colacao dentro.
Enterito.
Vaya mierda de vaso con tapa, por cierto.
ZaraJota se fue con Nena-chan a clase, y yo dejé a Bebé-kun en el carrito y fregué el ascensor y el descansillo de nuestra planta, mientras pensaba que qué suerte que no se le hubiera caído por la ranura entre el ascensor y el suelo, jajaja, menos mal... porque no ha caído, ¿verdad?
Presa de un horrible presentimiento, cogí al niño en brazos, me metí en el ascensor y bajé un piso. La puerta estaba llena de chorreones de colacao y, cuando la abrí, me goteó colacao calentito en la cabeza.
Ay.
Bajé otro piso. Igual.
Otro. Igual.
Otro... en fin. Os hacéis a la idea.
Subí de nuevo a casa a por una bayeta, momento que aprovechó Bebé-kun para anunciar que hacía por lo menos una hora que no comía y que tenía hambre. Me lo enganché a la teta, me volví a meter en el ascensor, y fui bajando piso a piso, limpiando las puertas por dentro con la bayeta.
Cuando llegué al primero una vecina abrió la puerta.
Me miró. Miró al niño, a la teta y a la bayeta.
Yo le devolví la mirada, intentando poner cara de "hoy es el día internacional de Friega el Ascensor con una Teta al Aire, ¿no lo sabía usted?".
La vecina cerró la puerta sin hacer ningún comentario. Supongo que bajó andando. Vaya, vive en el primero; ya hay que ser vaga para bajar en ascensor, digo yo.
Cuando terminé volví a casa, me cambié de ropa, cambié al nene, y volví a salir, porque tenía que ir a la tienda a recoger mi móvil nuevo. En el banco del portal estaba la vecina de antes, con varias de sus muy mejores amigas octogenarias.
En cuanto me vieron se callaron y se hizo un silencio denso.
Jaja, menos mal. Pensé que estarían hablando de mí, pero no, ni siquiera están hablando, jajaja.
Me miraron. Miraron a Bebé-kun.
-Pues sí, pues sí...
-Ya ven.
Claramente la vecina nos les había contado nada. Apenas.
Menos mal.
Me fui al a tienda pensando que ya no me podía pasar nada más, pero cuando llegué el dependiente estaba en la puerta helándose de frío.
-No te lo vas a creer -me dijo-, he salido a fumar y me he dejado las llaves dentro.
Que va. Yo ya me lo creo todo.