24 julio 2017

La cocina del infierno, parte 6

Previously in Lorz…
Que sí, que el niño es de bajo peso.


Estaba deseando que Bebé-kun dejara de cantar y se durmiera, y ya se sabe que hay que tener cuidado con lo que se desea: Bebé-kun dejó de cantar porque se puso a mil (aproximadamente) de fiebre, y la fiebre le debió dar sed, y no mamá el suero no me apetece pero un poco de tetita…
Diooooooooooooooos que calooooooooooooooor…
En fin. Seré breve.
Bueno, no. 
Al día siguiente, en realidad no era el día siguiente sino un par de horas más tarde, me sentía un poco así como cansada y no fui a trabajar, y ahora que me doy cuenta habría sido mejor ir, porque en el trabajo por lo general no me paso ocho horas dando teta de pie mientras canto “Five Little monkeys”.
Por lo general. Que yo por un módico precio hago lo que sea.
Pero bueno, no había muchas opciones, porque Bebé-kun no puede permitirse el lujo de estar un día sin comer, y ese día lo único que podía comer era teta, y eso me hacía algo así como necesaria en casa.
Es que solo le gusta directa de la ubre, que ya sé que me vais a venir todos con que me la saque (la leche) y tal.
Bueno, se me está yendo la mano con los preliminares. Porque realmente la obra propiamente dicha no empezó hasta el día siguiente, que además coincidió con que era el primer día sin cole de nenachan.
Bieeeeeeeeeeeeeen…
Bueno, no os preocupéis, porque el ayuntamiento de Madrid ofrece campamentos de verano.
Solo que no conseguimos plaza.
Pero no pasa nada porque encontramos una ludoteca estupenda.
Solo que entonces anunciaron el cierre de la línea 5 y ya no nos cuadraba.
Y luego encontramos otra.
El único problema de todo esto es que hemos hecho un esfuerzo gigante para que durante el curso escolar los niños no estén más de siete horas institucionalizados, y justo ahora que llegan las vacaciones van a estarlo nueve.
Hola, ¿es el Premio a los Peores Padres de la Historia? Pónganme en lista de espera, por favor.
Y eso significa que tenemos que salir de casa a las 7:30 de la mañana.
Subiendo puestos en la lista de espera…
Y era el primer día.
Y teníamos toda la cocina desmontada.
Y yo estaba muy, muy cansada.
Así que Nena-chan se hizo el desayuno más o menos sola (leche fría y Nesquik rosa), mientras que a Bebé-kun le di un yogur de chupar para que se lo tomara en el carrito, de camino.
Ya sé que soy lo peor, no hace falta que venta el tío de los terrones de azúcar a hacerme una foto.
Y se lo tomó. Y pidió más.
-Jajaja, menos mal que he traído otro… Toma.
-SLURP. YATÁ. ERO MÁS.
-Ay, pues ya no tengo más.
-ERO MÁS.
-No hay, lechoncillo.
-ERO COMÉ. ERO BOBÚ. ERO OTO. COMÉ.
-Es que no tengo más yogur.
-TÍ. BOBÚ. COMÉ. ÑAAAAAAM. BOBÚ.
Genial, mi hijo no tiene dos años y ya cree que soy idiota.
-Ya sé que quieres comer, es que no tengo más yogur.
-¡¡¡BUAAAAAA!!! ¡¡¡ERO COMÉ!!! ¡¡¡ERO COMÉ!!!
Dejé a Nena-chan en su ludoteca (“Hola, me llamo Nena-chan, tengo cuatro años, voy a cole de MAYORES pero hoy no porque son VACASIONES y vengo a la DUDOTECA, este es mi hermanito, se llama Bebé-kun, no tiene dos años porque todavía no es su CUMPLEÑAÑOS, está llorando porque tiene mucha HAMBRE porque mi mamá no le da de SISIYUNAR. Es que es un poco TONTA, jijiji, qué GRECIA”) y salí corriendo a toda velocidad, con el objetivo de parar en un bar, el que fuera, a darle algo de desayunar a Bebé-kun.
Bueno, quizá me precipité un poco con “el que fuera”.
Para empezar el camarero estaba fumando en la puerta, que ya me tenía que haber echado para atrás, pero Bebé-kun estaba gritando mucho y cuando Bebé-kun grita yo ni pienso ni nada.
El camarero me miró mal pero entró, llevando consigo una nube de humo de tabaco tóxico, y me puso el vaso de leche más diminuto de la historia, junto con un vaso de agua del mismo calibre, y un croasán tan duro que tenía miedo de que se me cayera encima del niño y le abriera una brecha.
Bebé-kun se negó a comerse aquello porque es pequeño pero no es imbécil, y rápidamente recurrió al plan T.
-¿TETA-TETITA?
-Ay, no, aquí no.
-ERO COMÉ. ETO NO. TETA-TETITA.
-Ay…
Me saqué la teta y fue como magia: de pronto yo tenía más público que la tele. El camarero no me quitaba ojo. Intenté concentrarme en mirar para abajo pero era uno de esos bares en los que a cada mesa le asignan una mosca, y la nuestra estaba dándolo todo, ahora me poso en tu brazo, ahora en tu teta, ahora en la cara de Bebé-kun, y yo estaba ahí con las teta al viento y agitando los brazos, que parecía una estríper con epilepsia. 
Entonces el camarero, que se ve que ya no podía aguantar más, se acercó a nuestra mesa.
-Pero a ver, ¿este niño cuántos años tiene?
-UBO -respondió Bebé-kun con un dedillo levantado. Es que hemos estado practicando para epatar a las viej...ancianas del autobús.
 -¿Y no es muy mayor para teta?
Bueno, teniendo en cuenta que usted no le quita ojo, yo diría que la teta no tiene edad.



Continuará…

17 julio 2017

La cocina del infierno, parte 5

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Bebé-kun ya pesa más de nueve kilos, y lo demás no importa.


A Bebé-kun le dieron jarabe, esperamos media hora a ver si su cuerpo lo echaba o qué, su cuerpo o qué, y le autorizaron a beber suero, a razón de 3 ml cada cinco minutos.
La primera dosis no le hizo mucha gracia porque ya está muy resabiao y desconfía de los señores de bata blanca que pretenden meterle cosas en orificios.
La segunda la rechupeteó bien a gusto.
La tercera le supo a poco.
-ERO MÁS.
-No puede ser, lechoncillo.
-¡ERO MÁS!
-Hay que esperarse, ¿vale?
-¡ERO MÁS! ¡ERO ESO! ¡MÁS! ¡MAMÁ! ¡ERO ESO MÁS ERO ESO! ¡MÁS!
Me fui a una enfermera y le pregunté si podía darle más. Vaya, que estábamos a 40 ºC y esa tarde el niño había potado hasta la última gota de agua de su organismo.
-Un poquito, pero muy poco, que es un bajo peso.
Precisamente porque es de bajo peso, cuando me dice que quiere tomarse algo voluntariamente y sin recibir presión externa me cuesta mucho negarme, oigausted, pero bueno, yo soy mucho de hacer lo que los señores y señoras de la bata blanca me digan.
-ERO MÁS.
-Ya te he dado un poco más, y ahora hay que esperar un poco.
-ERO ESO MÁS.
Entonces llegó el pediatra.
-¿Cómo está ese niño?
-ERO MÁS.
-Bueno, si lo pide dale todo el suero que quiera, pero despacito que es un bajo peso.
A la mierda el suero: traedme tequila y cada vez que digáis “bajo peso” me tomo un trago yo.
El nene se bebió medio vaso y luego pidió más y entonces el pediatra dijo que estaba perfectamente recuperado y que nos podíamos ir a casa, pero que lo observáramos bien porque, bueno, nunca adivinaríais qué: es un bajo peso.
Mientras tanto al niño le había dado un subidón que no podía con él, e iba por la calle cantando que la vida es un carnaval (“NANANÁ, NANA NA NANANÁ, JEI, JEI”) a voz en grito. Viendo las cosas desde el lado positivo, para mucha gente empezaba a ser hora de levantarse, así que mira qué bien, despertador que se ahorran. 
Cuando llegué a casa, de madrugada, empujando el carrito, tuve la suerte de que me abriera un vecino.
-Espera, que te abro la puerta. ¿Te ayudo a subir el carrito por las escaleras?
-Gracias, puedo yo sola: es que es de bajo peso, ¿sabe?
-¿El niño o el carrito?

Uy, pues ahora que lo dice, voy a tener que preguntárselo al  pediatra la próxima vez. 


Continuará...

10 julio 2017

La cocina del infierno, parte 4

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Si tengo que sentarme a esperar yo me siento sin problemas, que no se diga.




Pues salí de casa con un Bebé-kun en modo aspersor así como a las diez de la noche, y según salí a la calle me asaltó una señora.
-¿Tiene un minuto para que le hable de Dios?
-¡No!
-Seré muy breve… -miró a Bebé-kun. Bebé-kun vomitó en plan niña del exorcista- ¡QUE DIOS LE BENDIGA, ADIÓS!
Pues sí que ha sido breve, sí.
Como suele ocurrir, cuando llegamos al hospital Bebé-kun se había quedado frito.
En la garita de seguridad de la puerta nos dieron el alto.
-Señora, ¿dónde va?
-A urgencias.
-¿Sabe dónde es?
-Eres nuevo, ¿verdad?
Pues claro que sé dónde está urgencias, si han puesto una placa en mi honor y todo: “Gracias a Lorz por generar empleo en este hospital”.
Pues nada, llegué a urgencias y como siempre, “hola, Lorz, ¿a qué vienes hoy? No, no me des la tarjeta sanitaria que ya me sé el número de memoria, no te preocupes, tú ve pasando que ya sabes dónde es. Creo que el asiento que te gusta está libre”. Y lo mismo en triaje, “anda, Lorz, que hace por lo menos un mes que no te vemos, ¿todo bien? Bueno, pasa a la consulta que más te guste, que tú esto del triaje lo tienes superado”.
Total, que pasamos y lo primero fue pesar a Bebé-kun, que por cierto ya pesa nueve kilos y un poco, y le empecé a hacer fiestas en plan “qué bien, gordito, ya pesas como un niño de nueve meses, o como tu hermana con seis, enhorabuena, campeón, se nota que comes fenomenal, ven que te doy un achuchón”, mientras la pediatra nos miraba con el ceño fruncido.
-Este niño está bajo de peso.
-Ya, ha tenido dificultades.  
-Sí, lo he visto en su expediente.
Que es como la enciclopedia británica, no sé si me explico. Pesa más el expediente que el niño.
-¡Pero ya pesa nueve kilazos! ¡Se me está poniendo gordo!
Si fuera un hámster, por ejemplo, estaría gordísimo.
-¿Cuántas veces ha vomitado?
-Pues la verdad es que ni idea, pero hemos cambiado el agua de la fregona unas tres veces, y luego dos veces las sábanas de mi cama, la funda del sofá, las cortinas…
-Gracias por compartir conmigo semejante imagen.
-… una alfombra, un par de toallas [gracias Tama], la alfombrilla del baño… Prácticamente todo menos su cuna, que es lo único a lo que no se acerca jamás.
-Vale, pues vamos a darle un jarabe y a dejarlo en observación.
-¿Y no lo pueden observar así por encima y nos vamos a casa? Vaya, que es pequeño, no hay mucho que ver.
-Es mejor que se quede porque es un bajo peso.  
-Pues es la primera vez que me lo dicen, oiga.
-Ya te he dicho que me he leído el historial.
Para que luego digan que leer es bueno. 


Continuará...

03 julio 2017

La cocina del infierno, parte 3

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Sin wifi no se puede vivir. 


Había todavía una cosa más. Para que el electricista, el fontanero y todos los demás pudieran hacer su trabajo, teníamos que despejar toda la pared del salón a la que normalmente llamamos “cocina”.
Que no es que sea mucho, la verdad sea dicha.
Pero cuando salí del trabajo descubrí que había refrescado un poco y se podía andar por la calle sin morir, así que se me olvidó del todo que tenía que ir a casa rápido para despejar la cocina y me entretuve haciendo recados, y en vez de llegar a casa a las cinco y media llegué raspando las siete.
-Mierdaaaaaaaa –dije cuando llegué a casa y vi todos los muebles y cosas en el mismo sitio de siempre.
-Ya -dijo ZaraJota.
-BLUUUUAAAAAAAARP –dijo Bebé-kun. Y a partir de ese momento ya no paró de potar, o, para usar la sofisticada expresión de Nena-chan, “gomitar”.
Nena-chan siempre ha sido de “gomitar” (aunque cuando lo hace ella lo llama elegantemente “escupir”) y está más que acostumbrada, pero el pobre Bebé-kun nunca ha comido lo suficiente para echar nada, y estaba bastante pasmado con que le salieran cosas de la boca, y cada vez que echaba salía corriendo en la dirección opuesta, esparciendo… amor a su paso.
Me puse a despejar la cocina mientras ZaraJota iniciaba un ciclo de niño vomita, corre, lo limpio, vomita, corre. Os ahorraré los detalles: lo único que se salvó de la lluvia de fluidos corporales fue la cocina, ysolo porque como yo la estaba moviendo era más difícil acertar.
Debían ser como las diez de la noche o así cuando terminé con el realojo de todos nuestros artefactos de cocina, y la limpieza de la superficie correspondiente. Entonces volví a prestarle atención a ZaraJota.
-Bebé-kun no para de devolver. Estoy esperando a que pare para limpiar… ya sabes, TODO.
Me asomé a la habitación para ver cómo estaba aquello, pero no hizo falta porque solo con el olor ya me lo podía imaginar.
-Me lo llevo a urgencias -le dije.
 -Puedo ir yo. Total, si allí lo único que hacernos es esperar sentados.
-¡PIDO YO! ¡PIDO YO! ¡PIDO YO!



Continuará...

26 junio 2017

La cocina de infierno, parte 2

Previously in Lorz
Pues no, no se podía hacer en una tarde.

A nosotros perder un día más de vacaciones en una tontada más se nos hacía un poco cuesta arriba, para qué nos vamos a engañar. Que entre las pupeces de los niños, los días sin cole, los festivales, las emergencias y demás rara vez podemos usar las vacaciones para, bueno, irnos de vacaciones.
Pero bueno, como este año hemos estado en Eurodisney llegamos a la conclusión de que con eso ya vamos surtidos de diversión para todo el año, y decidimos sacrificar todavía dos días más a la causa.
-Me los cojo yo -le dije a ZaraJota-, y así plancho.
Que ZaraJota me deja las camisas que es para verlas.
-Lorz -me dijo ZaraJota-, no quiero reventar tu burbujita de felicidad, pero me temo que el electricista tendrá que cortar la luz.
-Bueno, a mí no me molesta, anda que no entra luz por la ventana.
-¿Y dónde piensas enchufar la plancha?
-Uy. Bueno, pues aprovecho y actualizo el blog.
-Mira, Lorz, yo sé que te cuesta mucho entender estas cosas que son como magia y tal, pero el ordenador también funciona con electricidad.
-¡Finciini cin ilictricidid! ¡Finciini cin ilictricidid! Ya lo sé. Lo dejo cargando toda la noche y ya está.
-Pero Lorz, tú sabes que no vas a tener internet, ¿verdad?
-Anda ya. ¿Por qué?
-Pues porque sin electricidad no va el módem.
-No pasa nada: para eso tenemos wi-fi, ¿no?
ZaraJota suspiró. Se pone melancólico, a veces. 
-La wi-fi sale del módem.
Jo.

El mundo está lleno de sutilezas que escapan a mi comprensión. 


Continuará...

23 junio 2017

La cocina del infierno, parte 1

Me van a arreglar la cocina. 
Vale, es mentira. 
Para empezar no es "me" porque con lo que sale de esa cocina comemos todos, pero bueno. 
Y luego, no me pueden arreglar la cocina porque no tengo cocina, lo que tengo son cuatro muebles sueltos de ikea (uno de ellos con una vitrocerámica encastrada) pegados a una pared del salón (sí, la vitro está enchufada directamente un enchufe normal de la pared). 
Seguramente estáis pensando que ningún ser humano puede sobrevivir en semejantes condiciones de vida, y así es. Pero es que yo no soy humana: soy de pueblo.
He visto cosas que no creeríais. 
He visto gente bebiendo agua de pozo. 
El agua de mi pueblo es prácticamente cal, y eso lo mata todo. 
He visto pavos decapitados correr por el patio. 
He visto salamanquesas del tamaño de mi brazo.
Bueno, debía tener unos cuatro años o así entonces, tampoco es que mi brazo fuera TAN grande. 
Y he visto vuestros pisos compartidos en Malasaña, así que no me vayáis de finos ahora. 
A lo que iba. 
Estábamos pensando en vender el piso y mudarnos a uno más grande y al final hemos pensado que mejor esperamos a que nos llegue uno de esos famosos "INVERSOR CHINO COMPRA PISOS POR LA ZONA" que según los papelitos de las farolas están por todas partes, y nos suelte la millonada por el nuestro. Mientras aparece, vamos a arreglar la cocina porque Nena-chan está empeñada en ir a Masterchef y me da a mí que con una cocina como la nuestra lo más lejos que va a llegar es a PincheChef, que no sé si existe pero habría que inventarlo, en plan un concurso donde se cortaran verduras en juliana, se fregaran ollas y se limpiara el pescado, por ejemplo. 
Total, que fuimos a encargar la cocina, pero no a ikea, sino a una tienda del barrio porque hay que apoyar al pequeño comercio y además estoy engordando y no me conviene comer perritos, aunque mi teoría es que los perritos de ikea no engordan, porque no contienen ningún ingrediente que el sistema digestivo humano esté preparado para digerir. 
Ahora me apetecen perritos calientes por vuestra culpa. 
El pequeño comercio nos dijo que muy bien todo, pero que eso de enchufar la vitro en el mismo enchufe de sobremesa que usamos para cargar los móviles como que no, y mira, para mí que tiene razón, porque claro, tampoco es plan de apagar la vitro cada vez que queramos cargar el móvil, que luego se me quedan duros los garbanzos. 
Así que como paso previo a que nos pongan la cocina, y digo "cocina" en plan "los muebles de la cocina", tenemos que tener una "cocina", en plan un espacio físico con enchufes, tomas de agua y demás tonterías modernas que se ponen ahora, no como antes que se encendía fuego en mitad del salón y a tomar viento todo. 
Lo que significa que hay que poner varios puntos de luz, mover varios otros, desmontar el termo (también tenemos el termo en el salón, es que somos una familia muy unida) y volverlo a instalar un par de metros más allá. 
-Y todo eso... ¿se puede hacer en una tarde? -preguntó ZaraJota, al que a veces le dan prontos como de optimista de la vida. 
Al electricista le entró la risa. 
Jo. 

Supongo que ahora nunca sabremos si se puede hacer en una tarde o no. 


Continuará...

18 junio 2017

Incisito.

Güeno.
El otro día estuve en un sitio con gente haciendo cosas, ahí, concretando, y hablando de sexo o, mejor dicho, de su escasez cuando tienes niños pequeños en casa y no voy a repetir lo que allí se dijo porque después me trajeron en coche y ahora saben dónde vivo y no es plan de que vengan a partirme las piernas, pero quiero dejar claro que le he estado dando vueltas al tema desde entonces porque, no nos vamos a engañar: jugamos menos al parchís que antes. Pero vaya, tampoco hemos dejado de practicar del todo; no lo llevamos tan mal.
Me preocupan más otras cosas.

Y hoy tenía ya algo a medio escribir y pensaba rematarlo y subirlo y plin y resulta que no puedo porque tengo eso ahí atravesado y me lo tengo que quitar de encima.

Así que ahí va, y me van a perdonar ustedes por esto. O no. 

Te quiero, ZaraJota.
Que no se te olvide, aunque a veces a mí me cueste recordar que estás ahí.
Perdóname si paso días enteros sin mirarte a la cara, semanas enteras en las que solo hablo contigo para decirte que te acuerdes de poner la lavadora o que no encuentro el uniforme de los niños.
No me lo tengas en cuenta si a veces vas a tocarme y me aparto. A veces estoy tan cansada, me duele todo tanto.
Sé que no te hago caso. Sé que no me río como antes. Sé que a veces asiento y no tengo ni idea de lo que me acabas de decir, porque simplemente ahora las voces de otros suenan más alto (a veces, literalmente más alto), que la tuya.

Me digo a mí misma que no tenemos tiempo, pero eso no es exactamente cierto, ¿verdad? Estoy escribiendo justo ahora, sin que nadie me moleste.
Tenemos tiempo. No lo tenemos a la vez. 
Nuestros ciclos han cambiado, y no siempre van al mismo ritmo.
Por eso quería recordarte que te quiero, y por escrito porque, ¿cuándo voy a encontrar el momento de decírtelo a la cara?
Y además, ya ves, quiero que se entere todo el mundo. Por si a ti se te olvida y yo no te lo puedo recordar, que no falte quien te lo diga cuando haga falta.


Pd. Una última cosa:








Esto va a ser del calor.