30 junio 2015

Crowdfunding para torpes, explicado por la mayor torpe de todas

Ahora que el #Lorzfunding ha acabado y parece que ha acabado bien, me siento capaz de compartir con los demás todo lo que he aprendido en el proceso, a saber:

1. ¿Qué es un crowdfunding? 
Dice la Wikipedia: 
Micromecenazgo (en inglés crowdfunding), también denominado mecenazgofinanciación masivafinanciación en masa o por suscripcióncuestación popularfinanciación colectiva microfinanciación colectiva, es la cooperación colectiva llevada a cabo por personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos.
Después de leer esto seguro que os habéis quedado con las patas colgando. Yo también.
A ver si lo aclaramos:
Un crowdfunding consiste en financiar un proyecto gracias a pequeñas aportaciones de terceros.
Como tiene un nombre muy largo, muy raro, y con muy pocas vocales nos puede parecer algo muy moderno. Pues no.
¿Alguna vez has vendido o comprado papeletas para pagar un viaje de fin de curso?
Enhorabuena: ya has participado en un crowdfunding.
¿Has oído de algún monumento "erigido por suscripción popular"?
Crowdfunding.
¿Le has pedido a tu familia que en vez de regalarte 16 bufandas por navidad, se ponga de acuerdo para comprarte una bici?
Crowdfunding.
¿Te han invitado a una boda, y has calculado el regalo para "pagar el cubierto"?
Crowdfunding.
La diferencia es que ahora se organizan a través de internet, y pueden llegar a tener una gran proyección gracias a la redes sociales.

2. Un crowfunding no sirve para ganar dinero. 
Un crowdfunding sirve para financiar un proyecto. Quizá, una vez desarrollado, ese proyecto se pueda comercializar y obtener beneficios, eso sí. Pero el crowfunding, en sí mismo, no está pensado para lucrarse.

3. Es más, lo más probable es que con el crowfunding pierdas dinero. 
Un crowdfunding consiste en pedir ayuda a los demás para sacar adelante un proyecto. Pedir ayuda significa que tú ya estás poniendo de tu parte todo lo que puedes.
En nuestro caso, pusimos nuestra casa, luz e internet, por supuesto, pero sobre todo pusimos mano de obra, horas y horas de trabajo (que disfrutamos a tope, no penséis que me quejo). A veces se nos echaba el tiempo encima y teníamos que pedir comida para cenar. O necesitábamos paz, y llevábamos a Bebé-chan al parque de bolas para poder escribir. O, simplemente, se nos acababan las pegatinas y bajábamos al chino a por más, y no íbamos a andar descontando un mísero euro del #Lozfunding... Todo eso son gastos que vas acumulando de la manera más tonta.
Repito: no me quejo. Éramos conscientes de que esto iba a pasar, y lo hicimos con todo el placer del mundo. Solo lo digo porque si estáis pensando en montar vuestro propio crowdfunding os interesa tenerlo en cuenta.
Dicho lo cual...

4. El crowdfunding es una actividad económica. 
Y toda actividad económica tiene repercusiones legales y administrativas.
Me refiero, sobre todo, a HACIENDA.
Recordad que hacienda somos todos, y que si de uno en uno ya somos porculeros, todos juntos y en forma de institución no os quiero ni contar.
Informaos muy bien de todas las normas, regulaciones, obligaciones y demás morondangas, y cumplidlas a rajatabla. Lo más seguro es que para cuando hayáis terminado hacienda ya haya encontrado nuevas maneras de tocaros las narices, pero bueno, lo importante es minimizar el daño.

5. Búscate un gestor que te guíe por el laberinto. 
En internet podéis encontrar muchos anuncios de supuestos asesores especializados en crowdfunding. Estos asesores te cobran entre 150 y 200 € por una hora de aleccionamiento vía Skype, y luego si te he visto no me acuerdo: todo el papeleo lo tendréis que hacer vosotros, y las consultas adicionales (que habrá, porque en cada paso surgen nuevas dudas) se tienen que pagar aparte.
Mi consejo no solicitado es que os busquéis a un gestor de los de toda la vida, alguien que no piense que puede cobrar más solo porque la palabra crowdfunding está de moda.
Nosotros tuvimos dos, a Carmelo Medina, de Wacowebs, como guía espiritual (también nos regaló vino, no necesariamente relacionado con lo anterior), y a Kinema, que se encargó de todo el papeleo.
Si antes de llegar a este paso queréis haceros una idea del berenjenal en el que os estáis metiendo, os recomiendo la Guía del Autónomo, de Blackie Books.

6. Elige dónde quieres alojar tu proyecto. 
Hay muchas (cada vez más) páginas web dedicadas a alojar crowdfundings. Ya sabéis que yo estoy encantada con Verkami, pero se trata de que encontréis una que se adapte a vuestras necesidades.
Todas se llevan una comisión por la gestión que realizan.
Si queréis ahorraros esta comisión, también podéis montar vuestra propia página. Wordpress, por ejemplo, tiene una plantilla para que lo hagáis vosotros mismos. Eso sí, va a implicar mucho más trabajo por vuestra parte, y, si queréis que quede algo molón, también de parte de algún colega que sepa de diseño web. A la larga, puede que os compense pagar la comisión y dedicar este tiempo a mejorar y promocionar vuestro proyecto.

7. Haz las cuentas. Y luego, hazlas otra vez.
Que no se te olvide nada, especialmente las comisiones de la página de proyecto, paypal y los bancos, además de los gastos administrativos, las recompensas y el propio proyecto, claro.
Mucho ojo con los gastos de envío que son muy traicioneros (otro día os cuento esa historia).
Si queréis haceros una idea de con qué gastos os podéis encontrar, las cuentas del #Lorzfunding están aquí. 


8. Calcula tu capital social.
Esto va a sonar muy interesado, pero es lo que hay.
Vuestro capital social es la gente a la que sois capaces de llegar: familia, amigos (los de verdad y los de facebook), seguidores en otras redes sociales, los lectores de vuestro blog... Pero también compañeros de trabajo, miembros de club de petanca, la panadera que puede pegar un cartel en la puerta de la tienda...
Toda esa es gente a la que podéis informar de manera directa sobre vuestro proyecto. Eso no significa que vayan a participar, pero al menos van a saber que existe e igual se lo cuentan a sus colegas, dándole difusión.
Una de las razones por las que nosotros nos llevamos una agradable sorpresa con el #Lorzfunding fue porque calculamos mal nuestro capital social. En lugar de mirar las visitas al blog o el número de seguidores, nuestra cuenta fue la siguiente:

A nuestra boda vinieron 100 personas.
Eso significa que en el mundo hay 100 personas que nos quieren lo suficiente como para ponerse traje y torrarse a 35º durante una hora.
Luego nuestro capital social es de 100 personas.

Pero esto nos podía haber salido rematadamente mal.
Así que calculad bien vuestro capital social, porque si sois ermitaños que viven en una cueva aislada de las montañas rodeados de cabras (que molan mucho, pero no suelen tener paypal) y solo tenéis tres seguidores en twitter y encima dos de ellos son bots... bueno, es posible que vuestro proyecto no reciba demasiado apoyo.

9. Aprende de los grandes. 
La mejor forma de aprender cómo funciona un crowdfunding es participar en uno.
ZaraJota, que es muy minucioso, ha participado en muchos: el primero, el de Veronica Mars, y luego otros muchos, entre ellos un disco de Un Pingüino en mi Ascensor y un documental de Lolo Rico; aunque creo que el que le inspiró para que montáramos el nuestro fue el de Murfila.
Ser mecenas te permite estar informado a tiempo real de cómo se organizan otros proyectos, cómo responden a los problemas que les surgen, y conocer el final feliz. Además, te mandan a casa cosas chulas.
Otra forma de aprender es leer sobre el tema. Y, ya que vamos a aprender de los grandes, os recomiendo El arte de pedir, de Amanda Palmer, cuyo nombre no os sonará de nada, pero es la tía que va a traer al mundo otro hijo de Neil Gaiman y solo por perpetuar esos genes merece adoración eterna (la primera mujer de Neil Gaiman también, pero como no ha hecho un crowdfunding no viene al caso). Amanda montó un crowdfunding para financiar un disco: pedía 100.000 €, y consiguió 1.000.000. ¿Cómo? Leed el libro. Bueno, os doy una pista: está como una regadera. Pero, por otra parte, está casada con Neil Gaiman, así que supongo que va un poco en el trabajo.

10. Subid vuestro proyecto, compartidlo en redes, y luego a la cama. 
O al cine o al gimnasio o a dar un paseo. Y no os llevéis el móvil, que ya os veo venir.
Los primeros minutos (u horas) con el contador a cero pueden ser muy angustiosos y quedaros frente a la pantalla dándole a F5 solo servirá para que os salga una úlcera antes de tiempo.
Nosotros, ya lo sabéis, nos fuimos a la cama y nos juramos mutuamente que NO miraríamos la página del proyecto hasta el día siguiente. Pero de madrugada Bebé-chan empezó a potar y cuando cogimos el móvil para ver cuántas horas de sueño nos quedaban y autocompadecernos nos encontramos sopocientas notificaciones de twitter, y el objetivo ya cumplido.
Nos quedamos de pasta boniato, como os podéis imaginar.

11. Planifica una campaña de promoción. 
Ponte en lo peor y prepárate para convencer a los mecenas uno a uno y luchar por cada euro.
Aquí no puedo dar ningún consejo: nuestra campaña de promoción no llegó a usarse nunca, porque una vez alcanzado el objetivo nos daba vergüenza seguir pidiendo más. Así que no sé si habría funcionado o no (supongo que lo averiguaré cuando escriba el siguiente).
Piensa también qué harás si se supera el objetivo antes de tiempo: ¿ampliarás el proyecto? ¿ofrecerás nuevas recompensas? ¿cogerás la pasta y huirás al Caribe?
Lo que sea.
Nosotros jamás pensamos que lo conseguiríamos tan pronto (de hecho, estábamos preparados para poner los últimos 100 o 200 € si hacía falta) y cuando lo vimos nos quedamos a cuadros. Tardamos un poco en reaccionar, y seguramente podíamos haberlo hecho mejor.
Así que pensad en todo, porque nunca se sabe.

12. El fracaso no existe. 
Una de las cosas que más nos echaba para atrás cuando empezamos en esto era el miedo al fracaso. O lo que es lo mismo: lo que nos daba miedo era que NADIE participara y que TODO el mundo lo supiera.
Qué vergüenza.
Luego nos dimos cuenta de que la verdadera vergüenza estaba en no intentarlo.
Es importante recordar que si no conseguís el objetivo económico en el plazo marcado por la plataforma elegida, NO PASA NADA.
Bueno, sí; habéis perdido el tiempo empleado en planificarlo, y encima no habéis sacado adelante el proyecto y eso siempre es un poco plof. Pero nada os impide volver a intentarlo, ni modificar lo que sea necesario hasta que deis con la tecla.

12. Comunícate con tus mecenas. 
Hay dos estupendas razones:
La primera es que tú tenías un sueño, que a cualquiera le hubiera parecido una locura, y estas personas que no te conocen de nada decidieron apoyarte y darte su dinero para que lo hicieras realidad. Les debes, como mínimo, mantenerles informados de lo que haces, y pedirles su opinión sobre lo que vas a hacer.
La segunda es que tú tenías un sueño, que a cualquiera le hubiera parecido una locura, y estas personas que no te conocen de nada decidieron apoyarte y darte su dinero para que lo hicieras realidad. Y eso solo puede significar una cosa: están aún más locos que tú. Mantenlos vigilados. Por tu propio bien.

13. Intenta no quedarte embarazada hasta que lo termines. 
Me explico. El embarazo es perfectamente compatible con un crowdfunding... al menos hasta que el carboncete de tu médico te pone a dieta y una de las recompensas que ofreces a tus mecenas consiste en sugus y además como vas un poco sobrada de presupuesto has decidido enviar chocolatinas también y toda tu fruta casa huele a vainilla mientras tú desayunas un fruto kiwi y un fruto yogur desnatado que ni es de coco ni nada.
Que no lo digo por mí, lo digo por una amiga que le ha pasado.

14. Disfruta del proceso. 
Es agotador, es estresante, es como tener 310 voces dentro de tu cabeza e intentar agradar a todas a la vez... Y a pesar de eso, o precisamente gracias a todo eso, es una experiencia maravillosa, que te pone en contacto con personas maravillosas, y con la que sacas adelante un proyecto que no puedo llamar maravilloso porque sería poco modesto, así que lo vamos a dejar en apañadito.
Así que si tenéis una idea y no podéis hacerla realidad vosotros solos, os animo a probar este gran salto al vacío que es el crowdfunding.
Y luego venid a contármelo, que nunca se sabe en qué locura estoy dispuesta a participar.

28 junio 2015

Vacaciones de relax, 4 y ya

Previously un Lorz...
Pis... ci... na...

Al final lo de "llevarnos a otro bungalow" resultó ser un eufemismo de esos, porque nosotros mismos recogimos todo. Y con todo, me refiero a MUCHO. Por que cuando uno viaja con niños el equipaje se multiplica por diez o doce (cuánto más pequeño es el niño, más equipaje) y porque cuando uno convive con niños descubre que todo tiende a expandirse hasta ocupar un máximo de superficie, así que nos pasamos horas recogiendo juguetes, calcetines y vasitos adaptados de los doquieres del bungalow inundado.
Además, estábamos en pleno proceso de mudanza cuando apareció un señor en el bungalow nuevo.
-Hola, soy carpintero, vengo a arreglarle la puerta.
-¡LE JURO POR DIOS QUE YO NO LA HE TOCAO!
-No, no, me ha avisado el encargado de que ya estaba rota.
Su fruta madre, las ganas que tienen de matarme a sustos entre todos.
Para cuando terminamos con la mudanza y las reformas del hogar ya era hora de comer y habíamos perdido medio de nuestros cuatro preciosos días de vacaciones, con lo cual nuestro nuevo alojamiento no despertaba nuestras simpatías, precisamente.
Aparte, tenía sus desventajas.
-No tenía cama de matrimonio. "Pues junten las camas", nos dijo el fontanero. Y eso hicimos. Pero siempre quedaba un hueco en medio, y como yo no puedo dormir sin achuchar a Zarajota y Bebé-chan no puede dormir sin achucharme a mí, acabamos los tres en una cama de noventa, que es buenísimo para mantener el calor humano pero para la espalda un poco menos.
-El porche estaba pegado al de los vecinos y nos veíamos y oíamos perfectamente, y como nosotros somos un poco asociales tanto contacto humano nos daba un poco de repelús.
-Uno de los vecinos tenía puesta la música a toda leche continuamente. Podría perdonárselo si no tuvieran también la barbacoa encendida continuamente: la usaban hasta para calentar el café. Yo oscilaba entre la fascinación y la intoxicación por inhalación de humos.
-El tendedero era uno plegable, exactamente igual que el que tenemos en casa. Mismo color y todo. Esto parecerá una tontería, pero es que estábamos de VACACIONES, y cada vez que veía el tendedero tenía como dejavús de esos.
-Además, claramente no tenían previsto ocupar el bungalow en breve, porque faltaban algunas cosas del ajuar doméstico, por decirlo finamente. En concreto, apenas quedaba papel higiénico y una de las toallas estaba sucia.
Pero lo que de verdad no podía perdonarle al bungalow era el tic-tac.
No oímos un ruido en todo el día (probablemente gracias a la música de los vecinos) pero en cuanto nos acostamos y apagamos la luz empezamos a oír el tic-tac tic-tac tic-tac tic-tac...
Buscamos el origen por todas partes, sin resultado, y al final, ZaraJota, que es un hombre pragmático, se dio la vuelta y se quedó dormido.
Pero yo no podía dormir.
Seguramente habéis oído que las embarazadas no pueden hacer esfuerzos ni cargar peso. Tonterías. Claro que pueden. El problema es lo que pasa después.
En mi caso, lo que pasa después de pensar que tu marido ha muerto en una explosión, retirar muebles de cocina empapados y trasladar maletas de un bungalow a otro es que cuando llega la noche y me relajo empiezo a tener contracciones hasta que me duele la tripa como si fuera a explotar.
Y resulta que eso me impide dormir. Así que me quedé despierta abrazándome la tripa y oyendo el tic-tac y poniéndome cada vez más nerviosa.
Tic-tac. Tic-tac. Qué raro. No recuerdo haber visto ningún reloj. Tic-tac. Tic-tac.¿Será el mío? Tic-tac. Tic-tac. Juraría que en Madrid no suena tan fuerte, pero aquí con la paz del campo y esas mierdas... Tic-tac. Tic-tac. Voy a ver. Tic-tac. Tic-tac. No, me lo he dejado en casa. Tic-tac. Tic-tac. ¿Qué puede ser? ZaraJota no usa reloj, y Bebé-chan tampoco. Tic-tac. Tic-tac. Y sí... ¿y si hay OTRA PERSONA en el bungalow? Tic-tac. Tic-tac. Podría ser. No esperaban que viniera nadie. Tic-tac. Tic-tac. Si no hubiera explotado el calentador no nos habrían traído aquí. Tic-tac. Tic-tac.Y la puerta estaba ROTA. Tic-tac. Alguien podría haber forzado la puerta para entrar y vivir aquí a escondidas. Tic-tac.Tic-tac. POR ESO QUEDABA POCO PAPEL HIGIÉNICO. Tic-tac.Tic-tac. Y LA TOALLA SUCIA. Tic-tac.Tic-tac. Seguro que cuando nos oyó entrar se escondió en un armario y ahora está esperando que nos durmamos PARA SALTAR SOBRE NOSOTROS CON UN HACHA. 
Tic-tac.Tic-tac.Tic-tac.
Está bien. Tic-tac. Cálmate, Lorz. Tic-tac. Vamos a ser razonables.
¿De verdad piensas que puede haber alguien escondido en un armario con un hacha?
Tic-tac.
Vale, no. Claro que no. Tic-tac. Es imposible. Tic-tac. Cuando llegamos abrí todos los armarios buscando las toallas. Tic-tac. Jajaja. Tic-tac. Que tonta soy. Tic-tac. Por supuesto que no hay nadie escondido en el armario con un hacha...
Tic-tac.
Tic-tac.
Tic-tac.
Debajo de la cama, en cambio...

A la mañana siguiente vino a visitarnos el vecino del bungalow de al lado.
-Quería preguntaron una cosa -nos dijo-. ¿habéis oído como un tic-tac dentro de vuestro bungalow?
-Sí -contestó ZaraJota.
-Ah, menos mal. Es que en el nuestro también. Jajaja. Me estaba volviendo loco. ¡No he pegado ojo en toda la noche! ¿Y vosotros?
-Ah, no -dijo ZaraJota-. Nosotros hemos dormido perfectamente.
Verás tú si al final la que sale del armario con un hacha voy a ser yo.





Pd: Al final conseguimos ir a la piscina. Bebé-chan cogió una infección de oído, yo cogí una infección de orina, y ZaraJota le cogió manía a ir a la piscina con nosotras. Pero mereció la pena. Ahora Bebé-chan nos pregunta cuando volvemos a la CASA DE MADERA CON PISCHINA.
Cuando termine de afilar el hacha, le contesto. No parece entender la respuesta.

Pd": Me doy cuenta, por vuestros comentarios de ¡QUE NO HE EXPLICADO EL ORIGEN DEL TIC-TAC!
En realidad, nunca llegamos a descubrirlo. Creemos, porque nos parece lo más lógico, que procedía del calentador eléctrico (¿el termostato? ¿la válvula de presión? ¿el asesino del hacha que habita dentro?) que no podíamos ver porque estaba empotrado en el falso techo del cuarto de baño (que, por cierto, era lo bastante amplio como para que cupiera un calentador y un asesino con un hacha). Quizá la próxima vez tenga que hacer un agujero en el yeso para comprobarlo. 

20 junio 2015

Vacaciones de relax, 3

Previously in Lorz...
Quiero mi piscina y la quiero ya.


ZaraJota entró en el bungalow, presuntamente para fregar los platos. Desde el porche, Bebé-chan y yo oímos como abría el grifo.
Y luego oímos una explosión.
Lo primero que pensé es que había explotado el calentador y que ZaraJota estaba fregando los platos justo al lado y empecé a llamarlo pero no contestaba y entré corriendo en el bungalow esperando encontrarme lo peor por favor por favor por favor que no le haya pasado nada y llegué a la cocina y ZaraJota no estaba.
¿Qué?
En ese momento ZaraJota salió del baño y a dios pongo por testigo que jamás en la vida me he alegrado tanto de que le hubiera dado un apretón.
Mientras tanto, de la pared de la cocina salía agua a chorros. Como tenemos mucha experiencia en estas lides (ZaraJota dice que cuando estoy embaraza tengo el superpoder de hacer reventar tuberías, yo creo que más bien es que el árbol Voldemort que teníamos delante nos había echado una maldición ), rápidamente quitamos el microondas de debajo de la catarata, cortamos el gas, cortamos la luz... Lo que no pudimos cortar fue el agua, porque no encontramos la llave de paso.
-Deberían decirte donde está cuando te dan las llaves -dijo ZaraJota.
-Claro. "Y aquí está la llave de paso por si les explota el calentador". Eso siempre da mucha confianza a los huéspedes.
-Bien pensado, mejor no.
-Creo que deberíamos avisar a recepción.
Y entonces ZaraJota salió corriendo mientras gritaba y agitaba los bracitos, presuntamente para avisar a recepción.
-¡Por teléfono! -le grité cuando estaba a unos cien metros.
ZaraJota volvió sin correr ni gritar, pero todavía agitando los bracitos. Inercia, supongo.
Mientras, yo busqué en teléfono del camping por internet, y llamé.
-Para información y reservas pulse uno, para...
Escuché toda la grabación, pero no había ningún "si le ha explotado el calentador del bungalow pulse x", así que pulsé 1, pensando que era lo más parecido: tenía una información que dar, y muchas reservas sobre cómo iban a tomársela.
Pero se lo tomaron bien, y me dijeron que mandaban a alguien a mirar.
ZaraJota, Bebe-chan y yo nos sentamos a esperar en el porche con el canto de los pájaros y el sonido del agua de fondo. Era muy relajante.
Los fontaneros aparecieron en menos de cinco minutos y cortaron el agua en unos tres segundos. Entonces por fin pudimos ver de donde salía el agua.
Los fontaneros nos dijeron que nunca habían visto una tubería explotar así, y al principio no nos lo creímos: "nunca había visto nada como esto" es una frase que todos los fontaneros tienen la obligación de decir, por convenio, en cada avería. Las otras son "porque es usted, señora, que si no yo no meto la mano ahí" y "¿pero quién le ha hecho esta chapuuuuuzaaaa?".
Nos dijeron que la tubería estaría cambiada en media hora y así fue.
El problema es que cuando abrieron el grifo de nuevo en vez de agua salió vapor a presión.
-Uy...
Resulta que el calentador estaba estropeado y calentaba agua sin parar, aunque no hubiera ningún grifo abierto; eso hizo que el agua dentro del circuito se calentara tanto que la tubería no pudo aguantar más la presión y explotó.
-Esto no lo vamos a poder arreglar hoy -nos dijeron-; les vamos a llevar a otro bungalow.
-¿Uno como este?
El fontanero nos miró de arriba a abajo.
-No, uno con termo eléctrico. 
A ver si ahora encima va a ser culpa muestra.

13 junio 2015

Vacaciones de relax, 2

Previously in Lorz...
Yo lo único que quiero es ir a la piscina.

Al día siguiente estábamos desayunando en el porche del bungalow,  que es como el culmen del relax, siendo "culmen" una palabra para decir que era lo más; no tiene nada que ver con culos (lo he mirado), a no ser que los culos te parezcan lo más, que entonces sí, los culos son el culmen.
Todo estaba en silencio salvo los pajaritos, que empezaban a acercarse a ver si se nos caía algo o qué.
-Mira, Bebé-chan, ¡un pipi! -le dije-. ¿Le damos de comer?
-¡SIIII!
Le echamos una miguita al primer pajarito y enseguida vinieron otros: gorriones, la mayoría, pero también unos más grandes de color negro y otros de color negro y blanco, a los que llamaremos por su nombre científico: PIPI GRANDE y PIPI MÁS GRANDE.
Bebé-chan y yo seguíamos echando miguitas y los pajaritos nos lo agradecían con piiiiiiips y tararís y una especie de fifufí que daba un poco de miedo.
-¿Qué hacen los pipis?
-SE LO COMEN TORO!
Bebé-chan no cabía en sí de gozo.
-¿Y qué dicen?
-DISEM PIIIIIP Y DISEN TARARÍ Y DISEN FIFUFÍ Y DISEN...
Y entonces Bebé-chan abrió mucho los ojos, espantada.
-¿Qué pasa, amorcita?
-¡LOS PIPIS NO DISEN PÍO!
Casi podíamos oír su corazoncito romperse a medida que la inesperada revelación se abría paso entre sus más profundas convicciones:

LOS PÁJAROS NO DICEN PÍO.
Y eso solo puede significar una cosa:
TODA MI VIDA ES UNA FRUTA MENTIRA.

-No pasa nada, petitona.
-NO DISEN PIO.
Bebé-chan estaba al borde de las lágrimas, y es normal. Imagina que vas a la guardería y que aproximadamente el 90% del temario es "los gatos dicen miau, los perros dicen guau, y los pájaros dicen PÍO". Y que, no contentos con eso, todos los frutos días te cantan la canción de los pollitos que dicen pío porque tienen hambre porque tienen frío. Y cuando por fin te encuentras un pájaro DE VERDAD, el fruto bicho te suelta un fifufí.
Y Bebé-chan está en una etapa de su vida en la que cree que todo lo que le cuentan los adultos es verdad.
Pobre infeliz.
Una revelación como esta podría hacerle perder la fe en su seño, en sus papás, en su abuela... ¡seguramente le haría perder la fe en toda la raza humana! Era simplemente cuestión de tiempo de agarrara un hacha y empezara a matar gente. Yo sabía que tenía que decir algo antes de que mi hija se convirtiera irremediablemente en una asesina en serie, pero no se me ocurría qué, y miré a ZaraJota en busca de ayuda.
ZaraJota asumió un aire resuelto y se levantó.
-Me voy a fregar los platos -dijo.
Eso. Huye, cobarde, huye.

07 junio 2015

Vacaciones de relax, 1

Yo lo que quería era descansar unos días, a ser posible en un sitio en el que no hiciera mucho calor. 
Un camping, por ejemplo. 
Vale, quizá un camping no sea el mejor sitio para una embarazada, pero este tenía unos bungalows monísimos, y estaba muy cerca de Madrid y tenía PISCINA. 
Y aunque, como me dijeron por twitter, "una madre nunca descansa", digamos que una madre se cansa menos si su progenie puede corretear todo el día libremente en taparrabos, comer bocadillos, y vivir sin horarios en general. 
¿He dicho ya lo de la piscina?
Para optimizar el descanso al máximo, incluso nos llevamos comida preparada y trescientos millones de mudas: nada de cocinar, nada de limpiar, nada de nada. 
Solo PISCINA. 
La cosa empezó medio regular porque ZaraJota y el tomtom no se entienden demasiado bien y puede que diéramos más vueltas de las necesarias, siendo las necesarias ninguna. Además el aire acondicionado tenía el día vago y solo salía una brisita anémica que no llegaba al asiento de atrás. La pobre Bebé-chan estaba prácticamente en coma. 
Para cuando llegamos al bungalow estábamos asados de calor, y mientras ZaraJota descargaba el coche le pregunté a Bebé-chan si quería beber algo fresquito y me dijo que sí, que quería un CHUMO DE FRECHA, que es un batido de fresa de los de toda la vida. 
Le di su batido y se lo bebió de una sentada y luego pidió otro y se sentó en una silla a tomárselo muy formal hasta que de pronto hizo COF-COF. 
-¿Y esa tos? -le pregunté. Por darle conversación, más que nada.
Y entonces todo el batido de fresa que había ingerido salió de su boca como de un surtidor y se espació por todo el salón y los muebles del bungalow. 
-Uy. 
Bebé-chan es de pota fácil y yo ya estoy acostumbrada a que pasen estas cosas, pero no es lo mismo que te pasen en tu casa, donde tienes previsoramente preparados cientos de toallas, que cuando acabas de entrar por primera vez en una casa totalmente desconocida, sin saber dónde están las cosas de la limpieza, si hay, o el baño, si hay, o la tinaja con ácido, si hay. 
Así que en vez de reaccionar con rapidez me quedé mirando el charco rosa fosforescente.
-MIRA, MAMÁ, ESTOY CHUCHIA -dijo Bebé-chan. 
-Sí, sí. 
Entonces entró ZaraJota y preguntó qué había pasado, que para mí que era una pregunta retórica porque estaba más que claro. 
-Creo que hay una toalla azul en el coche -le dije-, ve a buscarla, porfi. Yo voy a ver si encuentro una fregona o algo. 
ZaraJota se fue y yo me dediqué a abrir armarios y la verdad que me olvidé del todo de la nena hasta que la oí decir: 
-MIRA, MAMÁ, YA LO HE LIMPIARO TODO.
Ay, me dije, Seguí la vocecita hasta lo que resultó ser el cuarto de baño. 
Bien, me dije, Bebé-chan ha encontrado el baño. 
Por desgracia Bebé-chan también había encontrado las toallas, de blanco impoluto, del bungalow, y se había dedicado a frotarse con ellas. Ahora las toallas tenían manchas rosa fosforito y no os voy a decir cómo olían porque en el fondo os aprecio. 
Por suerte, en mi interior habita una gran hipócrita, y fui capaz de poner una sonrisa de oreja a oreja:
-¡Muy bien, Bebé-chan! ¡Lo has limpiado todo tú sola! -le dije mientras un grueso lagrimón me resbalaba mejilla abajo. 
-SIII. 
Entonces entró ZaraJota con la toalla azul en la mano y preguntó qué había pasado. La verdad es que el pobre no estaba en su momento más brillante. 
-Bebé-chan lo ha limpiado todo -le dije. 
-Ay.
-Exacto. 
-¿Qué hacemos? 
 -Tú baña a la niña, y yo voy a lavar las toallas. 
Ahora que lo pienso, seguramente podía haber llamado a centralita a pedir toallas nuevas, pero en aquel momento me pareció buena idea tener algo que golpear, no sé si me explico. 
Lavé las toallas a mano con jabón de fregar los platos, las tendí y volví al bungalow a decirle a ZaraJota que o me metía rápido en la piscina o no respondía de mí misma. 
-Vale, vale. 
ZaraJota se fue al coche a buscar no sé qué y yo me quedé embadurnando a Bebé-chan con protector solar para niños, que es como el normal solo que parece aguaplast, huele a aguaplast, y se absorbe con la misma facilidad que el aguaplast. Cuando terminé, Bebé-chan era ligeramente azul y resbalosa.
-TENO PIPÍ.
-Claro, pero tienes que hacerlo en el váter de mayores, ¿vale?
-VAAALE. 
Bebé-chan se encaramó al váter de mayores y yo empecé a embadurnarme de crema. 
-MAMÁ, ME CAIGO -me gritó desde el baño. 
Suspiré. Bebé-chan siempre cree que se va a caer dentro del váter, pero nunca se cae. 
-No pasa nada, agárrate fuerte y no te caes. 
-SÍ QUE ME CAIGO, MAMÁ. 
Entonces me dí cuenta de que la voz de Bebé-chan sonaba rara, y me asomé al baño. Bebé-chan estaba dentro del váter: lo único que asomaba era una cabecita pelirroja rodeada de manos y pies. 
-¿VES, MAMÁ? ME CAIGO. 
Lo veo, lo veo. 
Lo que pasa es que no me lo creo. 

02 junio 2015

La vela

Estoy de 26 semanas, que en klingon significa estar algo así como de seis meses. 
Un poco menos, en realidad. 
Me quedan todavía tres meses de embarazo y en estos momentos estoy así:



Bueno, esta foto es de la semana pasada; esta semana ya no me he podido hacer porque se me sale la tripa del espejo.
Y mi ombligo, esa víctima inocente, está... bueno, está a punto de dejar de estar:

La gente por la calle ya ha empezado a preguntarme si me queda poquito y yo ni les pego ni nada, lo cual dice mucho de mí.
En concreto, dice mucho de mi pérdida de movilidad.
Cuando les digo que me quedan todavía tres meses me dan palmaditas en la espalda; supongo que para ver si soy como un bote de ketchup y el niño sale ya por el otro lado, no lo sé.
Al médico la barrigota no parece preocuparle demasiado, pero está empeñado en que no gane más peso.
-¡Si solo he hecho tres kilos! -protesté en la última visita. Se supone que entre placenta, líquido amniótico, bebé y... bueno, tetas, un embarazo implica algo así como como un kilo extra al mes. En seis meses he hecho tres. Eso significa que Bebé-kun ha ganado los otros tres a mi costa.
Pero el médico lo veía de otra forma.
-Ni uno tenías que haber hecho.
Y me puso a dieta, que no es mala idea así en general, pero si sumas todo lo que las embarazadas no pueden comer por estar embarazadas y todo lo que yo no puedo comer por estar a dieta, el resultado es que básicamente me alimento de agua con un chorrito de limón. Eso sí: ahorro muchísimo.
El médico también me recomendó que hiciera deporte.
-¡Estupendo! Siempre he querido hacer puenting.
-Eh... mira, tú anda mucho y ya está.
Pero lo de andar está difícil porque estamos a algo así como 35º, y yo tengo la tensión muy baja y me mareo, y además tendría que ir a andar con Bebé-chan y en cuanto llevamos un rato enseguida me dice TOY CANCHADA QUERO BRACHOS MAMÁ, y entonces la cojo en brazos, y estamos a algo así como a 35º y yo tengo la tensión muy baja y me mareo, y hace un par de semanas me desplomé en la calle con Bebé-chan en BRACHOS, y desde entonces como que le he cogido tirria al tema de andar sin necesidad. Manías tontas que coge una.
Entonces pensé en ir a la piscina pero me dijeron que el curso de natación para embarazadas termina en junio, que para mí que está un poco mal planteado el tema pero yo no digo nada porque no soy partidaria de criticar a los demás solo porque sean tontos del culo.
Descartada la piscina, la única opción que cuadraba con mis horarios era el pilates.
-¿Me enseñarán a matar con las manos desnudas?
-Eh... no -dijo la recepcionista del gimnasio-. Pero te ayudará a reforzar tu suelo pélvico.
-¿Y podré matar con el suelo pélvico desnudo?
-Eh... no.
Pues vaya mierda.
La recepcionista, ajena a mi decepción, empezó a explicarme cómo iban las clases.
-En realidad no es una clase específica para embarazadas -me dijo.
-¿Entonces?
-Es una clase mixta, vienen alumnos de básico, de avanzado, con lesiones específicas... La monitora hace algunos ejercicios comunes, y otros específicos para las necesidades de cada uno. Pero tú no te preocupes, que ya me encargo yo de avisar a la monitora de que estás embarazada.
Avisar, dice. Ni que estuviera ciega, la tía.
Los primeros días fueron muy bien. La monitora me dijo que de entrada yo podía hacer todos los ejercicios, y que si había alguno que no, me avisaría.
Así que yo iba haciendo todos los ejercicios, hasta que en alguno la monitora gritaba:
-¡LORZ! ¡ESTE NO LO HAGAS! ¡POR DIOS!
Y yo no lo hacía.
Un día, cuando ya llevaba un par de semanas, vino una monitora diferente. Se presentó y nos dijo que tendría en cuenta nuestras peculiaridades, y empezó la clase.
-Ahora vamos a hacer el no sé qué -decía-. Fulanita, tú no.
O bien:
-Ahora vamos a hacer el no sé cuántos -decía-. Menganita, tú no.
Y llegó un momento en el que dijo:
-Ahora vamos a hacer el ejercicio de la vela.
El ejercicio de la vela consiste en tumbarse, levantar la piernas hasta que se quedan en posición vertical, subir la espalda hasta que queda en posición vertical, y luego flexionar las rodillas.
¿Que qué?
Esto:


En fin. Como no me habían dicho nada, yo levanté mis piernas. Bien.
Luego levanté la espalda. Bien.
Luego flexioné las rodillas. Bien.
Y luego perdí el equilibrio y mis rodillas cayeron sobre mí cara, pero antes toparon con mi tripa y ahí me quedé, hecha una bola, y ni para adelante ni para detrás.
-So-co-rro... -dije.
La monitora vino a mi lado y me ayudó a desenredarme y a quedarme tumbada, y luego se ofreció a ayudarme a repetirlo para que saliera bien.
-Creo que no debería hacer este ejercicio -le dije.
-¿Por qué? ¿Tienes alguna lesión?
-Eh... no. Tengo una preñez.
-¿En serio? No me había dado cuenta.
Pues lo mismo sí que había que avisar a las monitoras...

22 mayo 2015

Los caballitos

ZaraJota y yo estábamos jugando al parchís. Y esta vez no lo digo por presumir: es que es importante para el resto de la historia.
Tampoco hay mucho de lo que presumir:  estoy demasiado embarazada para hacer acrobacias, y demasiado cansada para hacer esfuerzos como quitarme el camisón. O mover los brazos para que ZaraJota me lo quite. O lo que sea. Y no queríamos hacer ruido para no despertar a Bebé-chan.
Así que el resultado era bastante para todos los públicos, pero tampoco nos vamos a quejar.
Estábamos en plena partida cuando oí un ruido.
-Creo que la niña está despierta -le dije a ZaraJota, y el me dijo algo así como "sí, sí, lo que sea", y entonces oímos:
-HOLA, MAMÁ.
Y los dos giramos la cabeza y ahí estaba Bebé-chan, parada en mitad de la habitación, todavía medio dormida pero con esa sonrisa satisfecha de hija única que dice "lo sé, lo sé, el mundo es mejor conmigo en él".
-Eh... Hola amorcilla -le dije, como si fuera lo más normal del mundo-, ¿quieres un cao?
-SÍ.
Y entonces me levanté como pude y me la llevé a desayunar, y ZaraJota se fue a darse una ducha; sus motivos tendría, no digo yo que no.
Mientras Bebé-chan se tomaba su cao yo la observé buscando algún signo de que estuviera traumatizada para siempre, pero no parecía afectada en lo más mínimo. De hecho, no parecía que lo que había visto le hubiera llamado la atención en absoluto.
Con lo que ZaraJota y yo hemos sido, y para lo que hemos quedado.
Lo hemos hecho muy bien, me dije. Hemos reaccionado con normalidad, y la nena se lo ha tomado como algo normal. No hay nada de lo que preocuparse.
A no ser.... Todos los lunes en la guarde la seño les pregunta a los niños si han hecho algo especial.
Y resulta que los niños son algo así como personas de verdad, con sus propios recuerdos y vivencias e interpretaciones de la realidad. Y nunca sabes por dónde te van a salir.
A lo mejor ese fin de semana lo has dado todo y la has llevado al zoo, a la piscina y al parque de atracciones, y cuando la seño pregunta si han hecho algo especial le contestan "¡SIIII! ¡HE COMIDO FRANFURKECHU!".
O justo ha sido un fin de semana tranquilo, pero la nena va y cuenta una aventura que no sabes de donde ha salido (ante la duda, han sido los abuelos).
O estás de obras, y dice " HAY UN SEÑOR METIDO EN EL ARMARIO DE MAMÁ", y acabas teniendo una conversación muy incómoda con la seño.
O dice "PAPÁ SE PONE CORONA ANA-ELSA Y CANTA LETIGÓ", y acabas teniendo otra conversación incómoda.
Ahora que lo pienso, desde que Bebé-chan empezó a hablar mantengo muchas conversaciones incómodas.
Total, que aunque parecía que lo que había visto no le había afectado en nada, no sabíamos lo que podía contar al día siguiente, y pensamos que lo mejor era darle algo más interesante para recordar.
-Vámonos a la verbena -le dije a ZaraJota.
Y nos fuimos a la verbena de san Isidro, para darlo todo: jugamos en los columpios, le compramos un globo, y para rematar fuimos a los caballitos.
-Mira, Bebé-chan, ¡caballitos! ¿Quieres subir?
-¡SIIIII!
Pero cuando vio aquello de cerca no le hizo ni fruta gracia y se agarró al cuello de ZaraJota como si quisiera estrangularlo. Ahora que lo pienso, quizá quería estrangularlo.
-¡NO QUERO CABALLITOS! ¡NO GUTA CABALLITOS!
Tuvimos que salir de allí a toda velocidad.
Por la noche me eché con ella en la cama para repetir el ritual de todos los domingos, que establecimos como una forma de control de daños después de tener varias conversaciones incómodas en la guarde.
-¿Te lo has pasado bien este fin de semana con papá y mamá?
-SIII.
-¡Claro! Hemos jugado con una niña...
-¡CON JUDIT!
-No se llama... Da igual. Hemos ido a los columpios...
Pero Bebé-chan se quedó callada.
-¿No te han gustado los columpios?
-NO GUTA CABALLITOS, MAMA.
Ay.
-Ya lo sé, amorcilla.
-TENO SUTO CABALLITOS.
-No pasa nada, lo intentaremos de nuevo cuando seas mayor.
-¡NOOOOO! ¡NO QUERO SER MAYOOO! ¡CABALLITOS SUTOOO!
Entonces se levantó y fue corriendo con ZaraJota.
-PAPÁ, NO QUERO CABALLITOS. CABALLITOS SUTO.
Y se le echó a los brazos y se le hizo una bolita como si pensara que los caballitos iban a venir a por ella en cualquier momento.
-Creo que la hemos traumatizado -me dijo ZaraJota.
-¡Objetivo conseguido!
-¡LORZ!
-¿Qué? ¿No queríamos que se olvidara de ya-sabes-qué? Pues ya está: olvidado.
Al día siguiente lo comenté a la seño y me dijo que lo mejor que podíamos hacer era no mencionarlo, que a la nena se le olvidaría y seguro que la próxima vez que intentáramos montarla en los caballitos le gustaría mucho.
Y eso hicimos.
Pero más tarde, cuando fui a hacer pipí, me encontré una mancha de sangre en las braguitas, que es una cosa que te da mucha alegría cuando NO quieres estar embarazada pero es un poco mierda cuando SÍ.
La Tita del Puerto me dijo que antes de entrar en pánico mirara bien de donde salía la sangre, así que aparqué a Bebé-chan delante de la tele, me fui a mi habitación, me quité los pantalones, e intenté mirar qué tenía por ahí abajo, pero tenía toda la tripa por medio y no veía nada, así que cogí un espejito, pero la tripa seguía en medio, así que me tumbé en la cama a ver, pero la tripa seguía en medio, así que probé a levantar el culete.
Y ahí estaba: en pelota picada, haciendo el pino puente inverso mientras me contorsionaba para ver el espejo que sostenía entre las piernas, cuando oí una vocecita justo al lado de mi oreja.
-MAMÁ, ¿QUÉ HASE?
Bien, me dije, actúa con normalidad y la niña se lo tomará con normalidad.
-Pues verás amorcilla...
-¿SIII?
-¡¡¡NOS VAMOS A LOS CABALLITOS!!!