18 septiembre 2017

Vacaciones en el pueblo, 3

Previously in Lorz...
La gente, que es muy guarra.


A los cuatro días o así de estar en el pueblo ZaraJota dijo que se iba a por tabaco y ya no lo volvimos a ver, que no es que me importe, es que se llevó el coche y en ese pueblo es todo cuesta arriba.
Casualmente, el mismo día que ZaraJota se fue apareció Hermano Mediano, que como especialista en el Camino de Santiago y en el contrabando de latas de fabada Asturiana a China tiene soluciones para todo.
-Conozco una ruta facilísima para ir andando a la piscina.
-¿Con los niños?
-Sí, sí, es facilísima.
-Vale. ¿Me llevo el carrito?
-Sí, sin problema.
-¿De verdad? Puedo llevar al niño en la mochila.
-De verdad, es totalmente niño-friendly, podemos ir con el carrito.
Y eso hicimos.
Al principio todo fue bien: el camino era un poco tosco, pero transitable, corría el agua, había moras, vimos caballos y vaquitas...
Hasta que de pronto, no sé ni cómo, estábamos en mitad del las zarzas, trepando por un pedregal, yo con Bebé-kun en brazos, Hermano Mediano con el carrito a cuestas, y Nena-chan tan pichi porque su tío le había prestado un palo de senderismo ROSA.
Ojalá me hubieran prestado a mí media docena.
Con todo, íbamos considerablemente felices.
-Mira, Nena-chan, ¡esto es una AVENTURA! -le dije.
-¡Sí!
-¡Vamos por el bosque!
-¡Como Caperusita!
-Sí... y escucha un momento... oigo pasitos... creo que... ¡nos sigue un conejito!
-¡Como el de Alisia en el País de Ramavillas!
-¿Rama...? Vale, sí, como el de Alicia, ¿lo oyes?
-Sí, ¡está supercerca!
-No grites, ¿vale? Que lo vas a asustar. Vamos a hablar bajito a ver si se acerca...
Mientras tanto, Hermano Mediano no decía nada. Pensé que se estaba concentrando en orientarse con las estrellas o en buscar agua potable o a punto de reventar o yo qué sé.
No comentó nada del conejo hasta que no llegamos a la dichosa piscina y los niños estuvieron chapoteando alegremente en el agua.
-Lorz, ¿te acuerdas del conejo que has oído antes?
-Sí.
-Pues era un jabalí.
Definitivamente esa no es la versión de Alicia que yo recuerdo.


¿Continuará?

11 septiembre 2017

Vacaciones en el pueblo, 2

Previosly in Lorz...
Tengo pipí.


Resulta que mientras en mi pueblo nos encontramos un charco y lloramos porque nunca habíamos visto tanta agua junta, en el pueblo al que habíamos ido de vacaciones había tanta agua que corría por la calle.
"Venera", lo llaman.
Tienen tanta agua que en vez de piscina municipal lo que han hecho es acortar con redes un trozo de río y hala, que corra el agua sucia pabajo, qué cloro ni qué cloro...
Eso tiene sus desventajas.
La temperatura del agua es ideal para criogenizar espermatozoides, por ejemplo.
Bebé-kun estaba encantado: se ve que en verano la leche le apetece fresquita.
Menos mal.
Porque por esos días andaba estreñido (para variar) y comía poquísimo, se debía notar molestias en la tripita o algo. De hecho, a veces decía "CACA" y se ponía en cuclillas, pero al poco se levantaba ('¡YA-TÁ!") y el pañal seguía limpito, pobrecito mío.
Por eso cuando se puso en cuclillas en el borde de la piscina y luego gritó "¡YA-TÁ!" no me preocupé demasiado.
Lo que pasa es que luego se metió en la piscina y el agua se enturbió a su alrededor.
"Será de haber estado jugando con la arena", pensé.
Pero después de haberlo remojado bien seguía enturbiando el agua a su alrededor así que al final reuní valor, eché un vistazo al pañal y tuve que admitir que no era arena sino Bebé-kun... infusionando. 
Lo tumbé en una toalla y le quité el pañal.
Oh. Dios. Mío.
Aquello era... bueno. Imaginad que tenéis una dieta tan variada como la de un adulto. Un adulto que lleve una semana comiendo platos combinados. Y que haya pasado esa misma semana sin... liberar carga. Y que cuando por fin se haya decidido a hacer bum-bum, haya remojado la... sustancia durante un buen rato.
Resumo: de pronto Bebé-kun estaba retozando en un charco marrón.
Aquello no tenía solución. Envolvimos al niño en una toalla y nos fuimos a casa a bañarlo.
-Venga, Nena-chan, cuando acabe tu hermanito te vamos a bañar a ti también.
-¡Si ya me he bañado en la pichina!
-Ya, pero el agua de la piscina no es limpia-limpia.
-¿Porque la gente hace sus cosas en el agua?
Sí, sí. La gente. 



¿Continuará?


04 septiembre 2017

Vacaciones en el pueblo, 1

Os voy a contar una historia breve de terror: 

Mi abuelo tenía una casa en la playa, y la vendió para comprarse una casa en ruinas en mitad de ninguna parte. 

Me dan escalofríos solo de pensarlo. Por eso intento no pensarlo. De hecho, por eso intento no pensar en nada, no vaya a ser que acabe pensando en lo que no debo por accidente. ¿Me seguís? Pues mal hecho. Seguir gente es acoso. Acoso malo, acoso malo. Creo que me he pasado comiendo lacasitos. 

Después de la obra no teníamos ni presupuesto ni energías para irnos de vacaciones, hasta que mi abuela dijo oye, que la casa del pueblo está ahí para quien quiera, y pensamos oye, pues lo mismo queremos, y la abuela dijo uy, uy, pues es que yo en agosto tengo muchas cosas que hacer en Madrid, así que ir vosotros ya si eso.
Y eso hicimos.
Antes de nada creo que es necesario recordaros que somos unos locos de esos que no tienen coche sino que van en transporte público a todos lados, por lo que nuestros hijos no están acostumbrados a montar en coche y no entienden el concepto ese de estar atados en una silla durante una hora, y ya no digamos dos.

En el coche con los niños (dramatización) 

Lamentablemente en casa tenemos una norma que no nos saltamos jamás: 
el que plancha elige la película, y el que conduce elige la música. 
Y ese día conducía ZaraJota, lo que en el fondo deberíais agradecer todos porque yo no tengo el carnet, y además no llego al pedal de freno.
Llevábamos apenas media hora de viaje y solo habíamos escuchado 'Let it go' unas doce veces cuando el coche empezó a pitar como un loco. 
Al principio no le di importancia porque no sería el primer cacharro que se nos suicida después de una dosis intensiva de 'Frozen', pero cambiamos la canción ('You're welcome') y seguía pitando, y ahí sí que nos empezamos a preocupar, y entonces miré para atrás y vi que Nena-chan había abierto la puerta, y que íbamos por la autovía con dos niños y una puerta abierta, y además teníamos puesto el aire acondicionado y se nos estaba escapando todo el fresquito, con la de gasolina que chupa el aire acondicionado. 
Me retorcí en el asiento sin quitarme el cinturón de seguridad (por si la policía está leyendo) y tiré de la puerta, pero se quedó de esto que ni fu ni fa. 
-¡Nena-chan! -le grité a la niña-. ¡Te podías haber caído! 
Vamos, lo que es poder, poco, porque siguiendo la normativa vigente los niños llevaban más ataduras que la tía de '50 sombras de Grey', pero bueno. 
-Pero no me he caído, ¿verdad? -me contestó la niña, y entonces me acordé de una de las anécdotas más conocidas de mi abuelo (este abuelo).


Flashback

Iban mis bisabuelos y mi abuelo en uno de esos coches antiguos que para arrancarlos había que girar una manivela. 
Vaya, que yo juraría que desaparecieron antes de que mi abuelo naciera, pero en la tradición familiar era un coche de manivela y yo no soy nadie para llevarle la contraria a la tradición familiar salvo en lo de casarse por la iglesia, bautizar a los niños y estar un poco mal de la olla. 
Los bisabuelos iban en el asiento delantero, y mi abuelo en el trasero, y en un momento del viaje decidió encenderse un piti, que ahora que lo pienso no estoy segura de que fuera un piti, porque probablemente no se había descubierto América todavía. 
Al darse cuenta mi bisabuelo le gritó "Te tengo dicho que no fumes delante de mí", a lo que mi abuelo contestó, con toda la calma: "No estoy delante, estoy detrás". 

Flashforward

La respuesta de Nena-chan me dejó ojiplática perdida, y solo se me ocurrió decirle a ZaraJota que parara en la primera gasolinera que viera para cerrar bien la puerta.
ZaraJota paró.
-¿Dónde estamos? -le pregunté.
-A 30 kilómetros de Madrid.
-No vamos a llegar en la p*t* vida.
Cerramos la puerta, arrancamos de nuevo, nos reincorporamos a la autovía y entonces...
-Mamá, tengo pipí.
-¡Si has hecho antes de salir!
-No.
-¿No te hemos dicho que hagas pipí antes de salir?
-No.
J*d*r, j*d*r, j*d*r, me van a quitar el p*t* carnet de madre...
-¿Y no puedes aguantar un poquito?
-Nooooo... me se saleeeeee...
Volvimos a parar en una gasolinera. Otra vez. Por segunda vez en una hora. Por segunda ven en cincuenta kilómetros.
Nena-chan hizo pipí. Y también hice pipí, porque sospechaba que a ZaraJota no le haría gracia parar una tercera vez.
Y después nos subimos al coche y nos reincorporamos a la autovía, otra vez.
Apenas habían pasado cinco minutos cuando...
-Mamá, tengo sed.
-Toma, agua.
-...
-¿Qué pasa? ¿Creías que me ibas a pillar? ¿Creías que tendríamos que parar otra vez? ¡Pues estabas muy equivocada! ¡MUAJAJAJA!
-Mesacaído la botella debajo de tu asiento.
-Pues te aguantas. Me da igual. No vamos a parar más. Solo tenemos quince días de vacaciones y no me gustaría pasarlos en el coche. ¿Entendido?
-...
-¿ENTENDIDO?
-Mamá...
-¿QUÉ?
-Has dispiertado al hermanito.
-¡BUAAAAAAAAAA!
La madre que parió a la...
Tres horas y media para doscientos kilómetros de autovía.
-¿Cómo es que habéis tardado tanto? -me preguntó mi padre-. ¿Habéis pillado atasco?
 Pues mira, se podría decir así.

¿Continuará?




Pd: Sé que estáis preocupados por mi horno. Todavía no hemos conseguido contactar con el instalador. Seguiremos informando.

26 agosto 2017

Que no cumple uno...

La culpa de todo la tiene la seño de #Bebekun, que amaestró al niño para que cuando alguien gritara "Enri" él respondiera "¿QUÉ?".
Entonces se me ocurrió enseñarle que si alguien decía "uno, dos..." él tenía que gritar con todas sus fuerzas "¡TRES!".
Pronto se volvió plenamente autónomo y empezó a gritar por su cuenta "TATETÍ... ¡TEEEES! ¡BEEEEEEN!". Y después se aplaudía, porque no tiene ni idea de lo que dice, pero la autoestima la tiene estupenda.
Entonces pensé que podía enseñarle a responder "¡uno!" y levantar el índice cuando le preguntaban "¿Cuántos añitos tienes?".
A las viejas del autobús las volvía locas, así que todos los días repetíamos el número.
-¡Enri...!
-¿QUÉ?
-¿Cuántos añitos tienes?
-¡UBO!
-Uno, dos y...
-¡TEEEES! ¡BEEEEEEN! [autoaplauso]
Todo iba bien hasta que me di cuenta de que Bebekun estaba a punto de cumplir dos años.
Así, de casualidad.
No es que haya estado contando los días para destetarlo ni nada parecido.
El número se nos quedaba anticuado, así que le dije:
-Oye, Bebe-kun, este domingo vas a cumplir dos añitos, así que a partir de ahora cuando alguien te pregunte cuántos añitos tienes, tienes que contestar "DOS" y levantar dos deditos, así, ¿vale?
-VALE.
-Yo digo "¿cuántos añitos tienes?" y tú dices "DOS", ¿entendido?
-TÍ.
-Muy bien, probemos: hola guapo, ¿cuántos añitos tienes?
-¡UNO!
-¡Nooooo! ¡Dos!
-¡Y TEEEES! ¡BEEEEEEN!
Ahora me diréis que me lo he buscado yo solita.

21 agosto 2017

La cocina del infierno, parte 10 y ya que estaréis hartos

Previously in Lorz...
En agosto, frío en el rostro. Porque lo que es calor, tal y como está el horno, poquito. 


Además de pintar, intercambiar las habitaciones, modificar la instalación eléctrica y de fontanería de la cocina y poner muebles de cocina pensamos que, por si nos aburríamos, también podíamos poner un aparato de filtrado de aire muy chulo que además quita humedades y que es lo más en la vida.
El técnico nos dijo que tendría que hacer un agujero en la pared para que entrara el aire y eso.
-Pero a ver -le dije-. ¿Un agujero muy grande?
-No, no, pequeño.
-Ah, vale.
Al día siguiente ZaraJota me mandó un whatsapp.
"Tengo una noticia buena y una mala"
"¿La buena es que has comprado helado y la mala es que es de turrón?"
"No. La buena es que ya está aquí el técnico y ha empezado a trabajar"
"Chachi. ¿Y la mala?"
"..."

Pues menos mal que el agujero era pequeño, que si llega a ser grande nos hunde el edificio.


Fin.


14 agosto 2017

La cocina del infierno, parte 9

Previously in Lorz...
Al que madruga dios lo deja tirado en Puerta de Toledo con una niña inconsciente y sin haber desayunado. 


Entretanto, en el maravilloso mundo de la cocina, nos habían dicho que los muebles tardarían veinte días, así que en cuanto el electricista terminó pensamos, oye, pues este finde pintamos la cocina.
Mandé a ZaraJota a comprar la pintura con Nena-chan porque lo que es yo por las tardes bastante tengo con dar teta.
-¿Cuánta pintura compro? -me preguntó.
-No sé, dile al señor de la tienda, que seguro que sabe.
Y tanto que sabe, el de la tienda, porque ZaraJota volvió con un bote de cincuenta litros de pintura.
-¿Pero dónde vas con eso?
-A pintar la cocina.
-¿La nuestra y la de cuántos más?
-No sé, es que no quería quedarme corto.
-Ay, ay... bueno, pues ya que estamos pintamos el piso, que hace por lo menos un año que no lo pintamos entero y me están entrando como picores...
Y entonces se me ocurrió que ya que teníamos que vaciar las habitaciones al completo, podíamos aprovechar y hacer un cambio: que los nenes se quedaran con la habitación grande, y nosotros con la pequeña.
-Total, nosotros solo usamos el dormitorio para dormir, y la mitad de noches ni siquiera eso.
Así que vaciamos los dos dormitorios al completo (algunos muebles hubo que desmontarlos) y los amontonamos en el salón durante un par de días, aunque ahora mismo no me acuerdo de por qué, no tiene ningún sentido que no los colocáramos de inmediato, aunque por otra parte nos pega mogollón.
Pues debía ser algo así como un lunes a las seis de la tarde y teníamos el salón como el nido de un hámster cuando nos llamaron los de los muebles de cocina.
-Que mañana a las nueve de la mañana vamos a hacer la instalación.
-¿QUE QUÉ?
-Mañana, a las nueve de la mañana...
-¡Nos dijeron veinte días!
-¡Sí! Qué suerte, ¿eh?
-¡Y son las seis de la tarde! ¡No podemos pedirnos el día libre así, a estas horas y de un día para el otro! ¿No puede ser pasado?
-Uf, imposible... si no es hoy no puede ser ya hasta agosto.
-¡Pero si es cuatro de julio!
-Ya le digo, el próximo hueco en la agenda del instalador es en agosto.
-Bueno, adelante, ya nos apañaremos.
Empezamos a vaciar los muebles de la (ex) cocina a toda prisa, metiendo las cosas en bolsas de cualquier manera y amontonándolas sobre los muebles acumulados en el salón como buenamente podíamos porque total, el Apocalipsis había llegado y qué más daba ya todo.
-Bueno, Lorz -me decía ZaraJota, que a veces parece hasta sensato-, es una paliza, pero ya mañana terminamos con todo, y se acabó.
Y yo le decía sí, sí, muy bien todo, Apocalipsis.
Pero ZaraJota tenía razón: al día siguiente nos trajeron la cocina, y esa misma noche el ayuntamiento recogió los muebles viejos, y el fin de semana colocamos el resto, y cuando por fin estuvo todo en su sitio estrenamos la cocina a lo grande, haciendo pizza.
Vale, no tan a lo grande. Después la obra teníamos el presupuesto un poco perjudicado.
Encendí el horno y esperé pacientemente a que precalentara.
Vale, no, no esperé.
Porque no tengo paciencia y porque nada más encenderlo empezó a oler a quemado.
-¡Lorz! -gritó ZaraJota. Por costumbre, más que nada.
-¡Que esta vez no he sido yo! ¡Que no he hecho nada!
-¿Y por qué huele a quemado?
-¡Yocosé de la vida!
Apagamos el horno y lo inspeccionamos cuidadosamente.
Bueno, en realidad ZaraJota lo inspeccionó cuidadosamente mientras yo gritaba y corría en círculos a su alrededor agitando los bracitos.
Que hay que explicarlo todo.
-Vale -dijo al final- hay una pegatina de plástico que tenemos que quitar antes de encenderlo, pero no puedo quitarla, voy a tener que desmontarlo.
-¡Mi horno! ¡Mi precioso horno!
-Es solo sacarlo de ahí, Lorz...
ZaraJota es que se cree muy listo solo porque hizo la instalación de toda la cocina anterior. Y del baño. Y sabe programar el vídeo.
En el caso de que alguien tenga todavía uno.
Sacó el horno con mucho cuidado y se quedó pasmado mirándolo.
-¿Qué pasa? -le pregunté, porque tenemos las tareas de casa divididas y normalmente la que se pasma soy yo.
-Mira.


-¡H*s*t** p*t*! ¿Lo has roto?
-¡No! Estaba así cuando lo he sacado.
-¿Así?


-Así.
-Ay, ay, mi horno presuntamente nuevo.
-No te preocupes, voy a llamar a ver qué me dicen.
ZaraJota llamó al instalador y le dijo que el horno estaba roto.
-Pues yo no he notado nada raro, pero bueno, si quiere se lo cambio.
-Hombre, pues sí.
-Vale, pues la semana que viene lo tiene.
Pero la semana siguiente no lo tuvimos, así que volvimos a reclamar, y nos dijeron que sí, que sí, que la semana siguiente lo tendríamos, pero no lo tuvimos, así que la semana siguiente lo volvimos a reclamar, y así hasta que de pronto había pasado un mes y seguíamos con el horno así.



(Bueno, así no, lo volvimos a colocar en su sitio, pero la chapa seguía igual).
Así que al final ZaraJota dijo que a la m**rd* todo, que nos íbamos a la tienda a montar un pollo, y yo me puse muy contenta hasta que me explicó que era una forma de hablar y que no había ningún pollo implicado, y yo le dije que vale, que me daba igual que fuera otro animal, que yo no soy especista de esos, y entonces ZaraJota me dijo que mejor iba yo sola a la tienda, porque la mejor defensa es un buen ataque y yo soy un arma de destrucción mental masiva.
Total que me planté en la tienda y me la encontré cerrada y con un cartel en la puerta.

CERRADO POR VACACIONES
DURANTE EL MES DE AGOSTO

Ahora entiendo por qué el instalador tenía un hueco en su agenda.


Continuará...


07 agosto 2017

La cocina del infierno, parte 8

Previously in Lorz...
P*t* conciliación. 

Pues más o menos por esas fechas metro de Madrid decidió cerrar la línea 5 (lo del culo) enterita porque total, el verano solo trabajan los pobres.
Anunciaron un servicio alternativo de autobuses, pero sorprendentemente un autobús avanzando por la vía pública (semáforos, paradas, atascos) no va a la misma velocidad que el metro que va por la vía bajo tierra y a su rollo, y calculé que tardaría aproximadamente una hora más en cada trayecto.
Entonces tenía dos alternativas:
levantar a los niños a las 6 y desayunar en casa
o
levantar a los niños a las 7 y que desayunaran en sus respectivos coles, que, por si metro me está leyendo, es un servicio que tiene coste, y además luego descubrimos que la leche del cole ponía enfermo a Bebé-kun, pero bueno esa ya es otra historia.
Optamos por dormir.
Así que el primer día del metrocalipsis vestí a los niños dormidos, y solo los desperté en el último minuto, cuando ya era hora de salir de casa.
Como iban medio amodorrados, no notaron nada raro, pero a medio camino Nena-chan empezó a llorar porque tenía hambre, y cuando estaba explicándole que llegaríamos enseguida se desplomó en la calle, sin que el comité de expertos reunido a tal efecto haya determinado todavía si de sueño o de hambre.
Por suerte ese tramo de la acera estaba en obras y cayó en blandito, sobre un montón de arena.
Por desgracia, los carritos de bebé no ruedan del todo bien sobre la arena, y en ese momento yo estaba llevando el carrito de Bebé-kun a pulso.
Llegamos a la parada del servicio especial con ligeras dificultades. El autobús pasa puntualmente cada tres minutos namekianos, así que solo tenemos que esperar unos diez a que pase. Bien ahí.
Cuando por fin llega y nos subimos, se sube también una señora.
-¿Cómo es eso de que el metro está cerrado?
-Está cerrado por obras -le contesta el busero.
-¿Y por qué no me han informado?
-Bueno, ha habido carteles, se ha informado por megafonía...
-¡Pero A MÍ no me ha informado nadie!
Esperamos pacientemente a que el busero aplaque a la señora. Y digo pacientemente porque en todo el rato no le tiré nada a la señora, entre otras cosas porque no tenía nada a mano, y además eran las siete de la mañana y no es esa una hora decente para agredir a nadie.
Cuando por fin arrancamos, nos metimos directos en un atasco, que no es que me importe mucho, pero con tanta acelerada y frenazo Bebé-kun se espabiló del todo y se dio cuenta de que le habían tangao.
-¡ERO MOMER! ¡MAMÁ! ¡ERO MOMER!
-Ya llegamos a la guarde, lechoncillo.
-¡ERO NITA! ¡ERO MOMER! ¡MAMÁ! ¡BUAAAAAA! ¡ERO MOMER!
En ese momento decidí fingir que se me habían desabrochado las cordones de los zapatos y me agaché y metí la cabeza en el cesto del carrito para que nadie me viera la cara y pudiera decir mira, mira esa, es una mala madre que mata a su pobre niño de hambre, pobrecito, mira qué delgadito está, se nota que no le dan de comer, pero ella bien que está de buen año, desde luego, vamos a tirarle piedras, yo no tengo ninguna piedra, pues tírale un zapato, es que entonces me quedo solo con uno, pues tírale un moco, yo qué sé, que tienes que ponerle pegas a todo.
Cuando llegué a la guardería de Bebé-kun descubrí con gran alivio que tenían una ventana abierta, así que lancé el niño y salí corriendo, lo que pasa es que tenían echada la mosquitera, rebotó, me dio en la cabeza y tuve que volver, porque cuando uno tiene el día malo es que lo tiene para todo.
Entonces agarré a Nena-chan de un pie y la arrastré hasta la parada del servicio especial.
Otra vez.
Esteramos los 3 minutos namekianos de rigor y nos subimos al autobús.
Expertos de todo el mundo han debatido sobre lo que pasó a continuación, llegando a tres conclusiones:
1 Al subirme al autobús y sentarme me bajó la adrenalina y me quedé ligeramente traspuesta o, como prefiere decir mi madre, meditando.
2 El servicio especial no hace exactamente el mismo recorrido que la línea 5.
3 Cuando me quise dar cuenta estaba en Puerta de Toledo, que, a pesar de su nombre, no está en Toledo, sino en Madrid, así que me pregunto si en Toledo habrá una Puerta de Madrid, así en plan intercambio de rehenes.
Resumiendo: mierda, mierda, mierda. Mierda.
Nos bajamos. Nena-chan va totalmente Walkind Dead pero en monísima. La arrastro hasta la ludoteca no sé ni cómo. Va tropezándose con sus propios pies y llegamos a las mil y monas: el horario de desayuno ha terminado hace siglos.
-Por favor... la niña... desayuno... por favor...
-Bueno, hoy le vamos a dar de desayunar... ¡pero mañana hay que levantarse antes!
Creo que me voy a levantar ya, para estar segura.



Continuará