29 julio 2016

Star Trek Beyond

-¿Sabes que van a hacer un preestreno de Star Trek para fans? -me dijo un día ZaraJota, con esa carita manga que se le pone cuando algo le hace ilusión.
-Ah, qué bien. Ojalá pudiéramos ir.
-Ehhh... bueno, el caso es que he pedido acreditación de prensa.
-¿Sí? Pero seguro que hay tortas para eso...
-Bueno, el caso es que me la han dado. -Yo estaba flipando. Está claro que hoy en día acreditan a cualquier idiota-. De hecho, me han dado dos. Podrías venir tú también -lo que yo decía: a cualquier idiota-. Pero claro, no puedes porque tienes que quedarte en casa con los niños.
-¿Peeeeerdonaaaaa?
-Es a las 10 de la noche. Ya sabes que a esas horas Bebé-kun siempre pide teta.
-¿Y por qué no te quedas tú?
-Eh... Yo no puedo... Ya sabes... Dar teta. Porque soy un hombre y eso.
-Claaaaaro y dar teta es cosa de mujeres.
Maldito machista opresor falocéntrico de tetas inútiles...
-Bueno, a lo mejor podemos cuadrar horarios y dejarlo con alguien. ¿Crees que tu madre querrá quedarse con los dos niños?
Llamé a mi madre.
-Madre, ¿podrías quedarte una tarde con los niñ...?
No había acabado de hablar cuando oí un portazo al otro lado del teléfono. Acto seguido, alguien empezó a dar hachazos en mi puerta hasta que la echó abajo. En el dintel, rodeada de serrín en suspensión y con un hacha en la mano, estaba mi madre. Tiró el hacha, cogió a los dos niños en brazos y salió corriendo.
-¡Hoy no! ¡La semana que viene! -le grité por el hueco de la escalera mientras ella bajaba a tal velocidad que era apenas un bulto borroso.
Volví a casa.
-Que dice mi madre que a ella no le importa quedarse con los niños -le dije a ZaraJota-. Devolverlos, ya no sé. Pero lo que es quedárselos, sin problema.
Nos miramos con la boca abierta: no nos lo podíamos creer. Íbamos a ir al cine juntos, los dos solos, sin los niños.
-No recuerdo la última vez que fuimos solos a algún lado.
-Yo sí -fue dijo ZaraJota: fue el 25 de agosto del año pasado. Tus padres se quedaron con la niña, y nosotros nos fuimos al hospital porque habías roto aguas.
Planazooo...
Pensamos que ya que estábamos podíamos irnos a cenar también. Volví a llamar a mi madre.
-ESTE ES EL CONTESTADOR AUTOMÁTICO DE TU MADRE -respondió- NO SÉ DE QUÉ NIÑOS ME HABLAS. AQUÍ NO HAY NINGÚN NIÑO.
-Abuela, ¿es mi mamá?
-NO ES TU MAMÁ. PARA QUE FUERA TU MAMÁ TENDRÍAS QUE ESTAR AQUÍ. Y NO ESTÁS.
Colgué.
-A mi madre no le importa -le dije a ZaraJota-. Y puede que después del cine necesitemos una orden judicial...
Cuando salimos a la calle nos sentíamos rarísimos.
Yo no sabía que hacer con los brazos.
Jo, pensé. Qué mal. Me tenía que haber traído el carrito, aunque fuera vacío.
ZaraJota no paraba de palparse el cuerpo y mirar alrededor, como si no se acordara de si había perdido el móvil o se lo había debajo en casa.
Intentamos darnos la mano un par de veces, pero no resultó.
-Es que yo así, una mano limpia, no sé, me da como cosa -le dije-. ¿No puedes, yo qué sé... lamértela un rato y después estrujar unos monchitos?
Cuando llegamos a cenar fue peor.
ZaraJota tardó unos tres segundos en terminarse su cena.
-¿Cómo lo has hecho?
-No te lo vas a creer, pero se come mucho más rápido cuando tienes las dos manos libres.
-¿En serio?
-Sí. Incluso he usado esas cositas brillantes que nos ponen siempre.
-¿Los cubiertos?
-¡Eso!
Yo lo intenté también, pero no podía. La comida se me caía todo el rato.
-Parece que estuvieras teniendo un ataque epiléptico -me dijo ZaraJota.
-Creo que mi cuerpo está tan acostumbrado a compensar el movimiento de un niño saltándome por encima que ahora no es capaz de parar. Además, la comida no me está gustando nada: la hamburguesa está caliente, el pan está tierno, la mayonesa no tiene esa costrita naranja que le sale a la nuestra, y no hay absolutamente nada flotando en mi vaso.
-Si quieres podemos pedir en la cocina un saco de patatas y lo coges en brazos hasta que la comida esté a tu gusto.
-No me parece bien que compares a tu hijo con un saco de patatas, con lo pequeño que es. Una garrafa de agua, quizá...
Pero lo peor de lo peor de lo peor fue el cine.
Llegamos, nos sentamos, y apagaron la luz.
-¿Y ahora qué?
-Ahora vemos la película.
-Ya, ¿y qué más?
-¿Qué más quieres, Lorz?
-Pues no sé, aprovechar el rato y coser un botón, planchar...
-Intenta ver la película, ¿quieres?
Jo, y yo quería. Lo que pasa es que no paraba de pensar en que ojalá me hubiera llevado algunos calcetines para doblar. Además como normalmente solo veo cosas mientras doy el pecho, ahora cada vez que me siento y miro una pantalla me pican los pezones. Y estaba todo el rato en tensión, esperando el tradicional "¡MAMAAAAA! ¿ME LIMPIAS EL CULETE QUE HE HASIDO CACAAAAAA?", que al final me planteé seguir a alguien que fuera al baño y ofrecerme a limpiarle el culete, pero ZaraJota me dijo que no lo hiciera y que si era tonta o qué, que para mí que una cosa no tiene nada que ver con la otra y no entiendo la pregunta.
Para rematar, la película no me gustó nada. Nada de nada. Pero no era capaz de decir exactamente por qué, las dos anteriores me gustaron mucho.
-Qué raro se me ha hecho, -dijo ZaraJota al salir-, ver una película sin los niños parloteando alrededor.
Uy. Uy, uy. A ver si el problema es que esta vez estaba escuchando los diálogos...



Pd. Cuando los astros se alinean y tenéis un ratito a solas con el/la churri, ¿sois capaces de hablar de algo que no sean los niños? ¿de qué?


20 julio 2016

Oda a la bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar

Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar, amiga de la preñada,
consuelo de la lactante,
placebo que alivia
mi falta de sueño,
chispitas oscuras
de felicidad somera.
Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar,
qué mala estás, jodía.
Con los suspiros de los calcetines
que en la lavadora se pierden
gentes tristes te fabrican.
Estás hecha del alma negra
de nazis caníbales veganos y runners.
Me recuerdas aromas
de caucho quemado,
de zapatos viejos,
de ropa interior sudada
que en una taquilla olvidé.
Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar,
qué mala estás, jodía.

11 julio 2016

Las profesiones

La última vez que fui a hablar con la seño de Nena-chan me dijo que estaban dando la unidad de las profesiones, pero que no les estaba yendo demasiado bien: ni los niños de tres años están preparados para entender las profesiones del siglo XXI (¿alguien sabe, por ejemplo, lo que es analista de sistemas?) ni los libros de texto saben que ya estamos en el siglo XXI.
-Algunas de las profesiones que aparecen en el libro son carnicero,  pescador, granjero... Hoy en día lo compramos todo en bandejas de supermercado, los niños no tienen ni idea de lo que les estoy hablando.
Así que entre los conceptos que tenemos que trabajar este verano están las profesiones.
-Nena-chan -le decía-, ¿sabes lo que hace papá en el trabajo?
-No.
-Hace CHACA CHACA CHACA -le decía, fingiendo que tecleaba con furia en un ordenador invisible.
-¿Y mamá qué hace?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Y la buela?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Y el buelo?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Todos haséis lo mismo?
-Eh... No, no...
-Todos ¡CHACA CHACA CHACA!
-No, bueno, sí. Pero es distinto. A ver, como explico esto... Papá... Cuando se te rompe un cristal, llamas a papá, papá hace ¡CHACA CHACA CHACA! en el ordenador y un señor va y arregla el cristal.
Así, resumiendo mucho.
-¿Y el buelo?
-Pues... Cuando alguien se pierde, llama al buelo, y el buelo hace ¡CHACA CHACA CHACA! En el ordenador y le dice por dónde tiene que ir.
Que el convenio colectivo me perdone, no sé cómo explicarlo mejor.
-¿Y la buela?
-Ah, no, lo de la buela no intentes entenderlo, yo llevo años y sigo sin enterarme. Y mamá, ¿te acuerdas de cuando estuviste en el trabajo de mamá?
La nena ha venido mucho a la oficina porque mi trabajo era children friendly. Y digo "era" porque llevamos una semana con el aire acondicionado roto y ahora es mas fried que friendly.
-Mamá hace ¡CHACA CHACA CHACA! en el ordenador y hace libros.
-Eso es -dije, y entonces pensé que podía entrar en el Reino del aprendizaje significativo por la puerta grande y añadí-: ¿y sabes qué pasa luego con los libros?
-No, ¿qué pasa?
-¡Que van a la tienda del tío Sark y los vende!
Lo intenta, vaya.
-¿A quién?
-¿Cómo que a quién? A cualquiera. A quien se deje.
-¿A la gente?
-Sí.
-Pero los libros son de mamá.
-Bueno, no exactamente.
-Yo no quiero que se los lleve gente.
-No te preocupes, mamá SÍ quiere...
-¡NOOOOOOO! ¡YO NO QUIERO QUE SE LLEVEN LOS LIBROOOOOS! ¡SON DE MI MAMÁ!
Pues si esto te parece mal, espera a que descubras el concepto de plusvalía.


29 junio 2016

Children friendly

Este se lo dedico a Pierre Patán y a todos sus ancestros.


El sábado pasado estuvimos en el Hul, no saludando a gente que no recordábamos que nos hubieran presentado (ejem), y recociéndonos a fuego lento mientras Nena-chan participaba en todas las actividades infantiles a su alcance (aquí el robot resultante).
Luego nos íbamos a comer con Tow y sus niñas, pero no sabíamos dónde ir.
-Esperad un momento -nos dijo-, voy a preguntarle a Pierre Patán si hay algún sitio children friendly por aquí.
Al rato volvió muy satisfecho.
-Dice que hay uno estupendo muy cerca, donde el Imparcial.
Y allá que nos fuimos todo contentos, tres adultos, dos carritos de bebé cargados hasta arriba (una muda por si se mancha, rebequita por si refresca, gorrito por si hace sol, la merienda, la remerienda, juguetes... en fin, os hacéis a la idea), dos niñas y dos bebés (que por supuesto no querían ir en el carrito ni a la fuerza).
Debían ser las dos de la tarde, unos 40°C, cuatro niños revolucionados, y cuando llegamos al local...
-Hola, venimos a comer.
-Claro, suban.
Y entonces vimos las escaleras.
Peaso escaleras.
Dos pisos de escaleras.
Cuando aterrizamos en el piso superior a los camareros se les cambió la cara.
-A la sala del fondo -dijeron al unísono.
Mientras la chiquillería saltaba y gritaba como poseída, nos llevaron a una sala aparte, y no cerraron la puerta por la política de prevención de incendios, que si no fijo que nos encierran allí y tiran la llave.
Tow estaba flipando.
-Pierre Patán me ha dicho que esto era children friendly.
-Pero a ver, ¿qué ha dicho exactamente?
-Que la semana pasada estuvo aquí muy a gusto con sus sobrinos y...
-Quieto parao un momento... ¿Los niños no eran suyos?
-Eh... creo que no...
Claro, con razón estuvo a gusto el cabrón...

En fin.
Como no es la primera vez que alguien nos dice que un sitio es ideal para los niños y luego como que no, la Obra Social Lorzagirl™, inspirada por esta historia, ha elaborado una lista de los atributos necesarios para que un restaurante se considere children friendly, a saber:

1 Accesible
Que haya dos o tres tramos de escaleras puede parecer una buena política comercial a corto plazo, porque los padres llegan arriba con más hambre (y sed) que el perro de un cortijero. A largo plazo, sin embargo, es nocivo, ya que hay pocas posibilidades de que los susodichos vuelvan... Claro que lo mismo era la idea desde el principio.
Por otra parte, que no tenga escaleras no lo convierte automáticamente en accesible: algunos tienen puertas estrechas, recodos junto a la puerta o, mi favorita, la doble puerta que te obliga a sostener una con una pierna, otra con la otra, y empujar el carrito sin moverte un milímetro, no se vayan a cerrar.

2 Amplitud.
Un niño no es más que el epicentro de una pequeña espiral de caos. Los espacios amplios y despejados permiten limitar los daños a terceros.
Además, en algún sitio tienes que aparcar el carro mientras el niño no lo usa (o sea, todo el tiempo).

3 Adaptado
Mucha gente considera que un restaurante es children friendly si tiene tronas.
Pues no.
Para empezar, depende de la trona, la higiene de la trona y el humor del niño que tiene que sentarse en la trona.
Y para seguir, la verdad es que un niño puede sentarse en cualquier silla normal. Ojo, NORMAL. Un taburete no es una silla normal. Eso que diseña tu primo con tubos de escape retorcidos no es una silla normal. Lo que tiene tu abuela en el recibidor con tapizado Luis XIV no es una silla normal. El trono de hierro no es una silla normal.
Una silla normal es, así mayormente, normal.

4 Resistente
Las mesas de cristal y las vajillas de porcelana fina añaden a cualquier cena una dosis de emoción considerable, tirando a excesiva, por no hablar del riesgo físico que entraña para los comensales.

5 Digerible
Os sorprenderá saber que la mayoría de los niños pueden comer (casi) de todo. Otra cosa muy diferente es que quieran.
Como norma general, si una abuela no sabe cocinarlo (y pronunciarlo), un niño no querrá comérselo.

6 Limpio
Los niños tienden a tocarlo todo y a arrastrarse por el suelo.
Bueno, allá ellos.
El problema es que después pretenden tocarte A TI.
Evita daños permanentes en tu salud mental y tu ropa visitando sitios relativamente limpios.

7 Pero no demasiado
Para que cuando tus hijos dibujen a Peppa Pig con ketchup en las cortinas exista una duda razonable sobre si ya estaba así cuando llegaste.

8 Higiénico
Los niños tienden a expulsar sus excrementos cuando sus padres están comiendo.
Científicos de la Universidad de Wisconsin han estudiado el fenómeno y están perplejos; tan perplejos como tú cuando llevas dos horas esperando tu comida y nada más llegar uno, varios o todos tus retoños anuncian que se hasen pipí. Mucho pipí. AHORA.
Los niños son demasiado bajitos para hacerlo de pie, y las niñas todavía no han desarrollado la capacidad adulta de hacerlo en cuclillas mientras sostienen la puerta con una mano, el bolso con la otra, y los pantalones con las rodillas para que no caigan hasta el suelo y se empapen de pis ajeno. Es decir, que tienen que sentarse en el inodoro. Y como por lo general tienen miedo de caerse, además de sentarse se aferran con las manos a la taza. ¿Veis a dónde quiero ir a parar?*
En el caso de los bebés, algunos restaurantes tienen cambiador. Suele ser un artefacto plegable en inicio marrón, pero tornasolado por diversas capas de sustrato orgánico, al que con el uso y el paso del tiempo se le va aflojando el mecanismo hasta que se convierte en un tobogán. Para añadir más emoción, en algunos locales faltos de espacio los colocan dentro de algún cubículo, peligrosamente cerca de un inodoro que suele estar invariablemente sucio.
Y ojo, que no lo digo en concreto por el vips de Gran Vía 43, ¿eh? Lo digo así en general, sin pensar en ningún sitio en concreto.
Es mucho mejor un baño amplio (y limpio), con una encimera amplia (y limpia), con colchoneta o no (limpia)

9 Rápido
Asúmelo: no eres tan chachi como te crees.
Cuando los niños lleven un rato sentados se aburrirán de ti, de tus amigos y/o de cualquier cosa que tengáis que contaros.
No abuses de su paciencia: hazlo breve.

10 Indoloro 
Salir por salir no tiene sentido.
Hazlo solo cuando podáis hacerlo con un grado razonable de comodidad para todos.
Serán más veces de las que crees, y lo pasarás mejor cada vez.







*Esto nos ha salvado el piticlín.

19 junio 2016

El gato se ha subido a un árbol

Mis padres tienen dos gatos.
Bueno, tenían.
Uno de ellos se ha ido a Ratónpolis hace unos días, a la tierna edad de 18 años.
Y claro, algo había que decirle a Nena-chan.
-Pues hacemos como si nada y ya está -sugirió ZaraJota.
-Claro. "¿Gato? Aquí nunca ha habido ningún gato". Seguro que no sospecha nada.
-Bueno, pues le decimos que se ha escondido.
-Claro. Se ha escondido tan bien que de aquí a veinte años no habremos sido capaces de encontrarlo.
-Bueno, pues tú verás. A mí ni siquiera me gustan los gatos.
Entonces empecé a pensar: voy a decirle que se ha ido. Eso. A Ratónpolis.
-Si le dices una mentira te lo echará en cara cuando sea mayor -me advirtió mi madre.
Bueno, pensé, eso no es del todo cierto. Mi primo el guapo todavía cree que su perrito se fue para casarse con una perrita de la que se había enamorado, cuando todos sabemos que... eh... sí, bueno, eso. Lo de la perrita.
Además, una mentirijilla piadosa siempre será mejor que cuando mi padre nos soltó, con 13, 10 y 7 años, "bueno, el abuelo se ha muerto, no me montéis un drama ahora que no es para tanto". Y tenía razón: no era para tanto. Con lo bruto que era ¡habría sido mucho peor que se fuera a Ratónpolis! ¡Pobres ratoncitos!
Total, que ya que estaba pensando en la sofisticada gestión del duelo de mi familia, me acordé de que mi abuelo no había sido "mi primer muerto" porque cuando yo tenía 3 años o así ya se había muerto mi bisabuelastra, a saber, la madre de la madrastra de mi madre.
En aquella ocasión me dijeron que se había dormido (cierto), no se iba a despertar más (cierto) y se la habían llevado al cielo (pendiente de demostración empírica). Aquello me preocupó muchísimo porque para entonces ya me había dado cuenta de que el cielo estaba MUY alto. Sabía que había cosas como aviones que VOLABAN, pero en mi pueblo no había ninguno. Tampoco había ascensores. Mi abuelo (el que luego NO fue a Ratónpolis) tenía una escalera muy alta que usaba para subirse a la higuera (yo qué sé, todos tenemos nuestras aficiones) pero me habían dicho que solo se podía subir él. Para lo pequeña que era, le di bastantes vueltas al tema. Por supuesto, con el tiempo me di cuenta de lo que había pasado en realidad: obviamente habían usado una catapulta.
Volviendo al gato y a Nena-chan, llegué a la conclusión de que lo mejor era contar la verdad. Aunque costara.
-Nena-chan -le dije-, ¿te acuerdas de Mini?
-Sí.
-Pues verás, se ha puesto muy malita, muy malita, muy malita.
-Pero no pasa nada porque la cura vitilinario.
-Era muy viejita. El veterinario no la ha podido curar y se ha muerto.
-...
-Eso significa que cuando vayas a casa del abuelo y la abuela ya no estará.
-¿Y Niobe se ha muerto?
-No, el otro gato está bien.
-Pero... -carita triste, lágrimitas asomando-. ¡Niobe quiere estar con Mini!
-Mira que lo dudo, ¿eh?
-¡Sí quiere! ¡No quiere estar solita! ¡Quiere estar con Mini!
Bueno, esto se arregla fácil: cojo una piedra, voy a casa de mi madre y en cuanto se descuide mando al gato a Ratónpolis de una pedrada en la cabeza.
-Es que no puede ser, Mini se ha muerto, ya no está.
-¿Y dónde está?
¡En Ratónpolis!
-Eh... Bueno... pues... ahora la abuela llamará al veterinario para que se la lleve.
-¿A dónde?
¡A Ratónpolis!
-Pues... bueno, el veterinario recoge a todos los animalitos que se mueren y -¿los lleva a una fosa común? ¿los incinera? ¿los vende a una fábrica de violines?- los lleva a un sitio donde... eh... pueden estar todos juntos.
Qué casualidad: ¡como en Ratónpolis!






Pd: chistaco.
Esto era un señor que se fue de viaje, y de pronto recibió un telegrama de su mejor amigo: "Tu gato ha muerto".
El señor se enfadó mucho con su amigo.
-Hombre -le dijo cuando volvió-, eso no se puede decir así de pronto, so bruto. Tenías que haberme preparado un poco: primero "el gato se ha subido a un árbol", luego "se ha caído", "está muy grave"... ¿Entiendes?
-Claro, claro.
Al poco tiempo el señor volvió a irse de viaje, y volvió a recibir un telegrama de su amigo: "tu abuela se ha subido a un árbol".

11 junio 2016

Vuelta gato, vuelta perro

Lo mejor que he hecho en la vida es apuntar a Nena-chan a baile: llega a casa tan cansada que a veces se duerme sobre el plato de la cena. Y eso que cenamos a las ocho.
El primer día le preguntamos qué había bailado.
-Aldesingel leidis.
-Muy bien, muy bien.

Aldesingel leidis, aldesingel leidis.
Jandsap. Ap indaclab...

 Pasado un tiempo, anunció que habían empezado con "Maruja Milón".

Atención al decorado, Maruja Milón. 
Es lo último en diseño, Maruja Milón.

También nos pareció muy bien, aunque con Nena-chan es peligroso mezclar música y limones: durante un tiempo estuvo cantando "parese un limón" y nos llevó meses descubrir a qué se refería.

¿Qué es? ¿Qué es? 
Parece un limón. 

Luego empezó con "la cansión de los números". Y yo:
-El uno es un sol da doooo
Haciendo lains truc ción...

No es por nada pero yo la canto mejor. 

 -¡Nooooo! ¡Esa no!
-¿Cuál?
-¡La de los números!
-Pues no sé... ¿cómo es? A ver, cántala tú.
-¡Ya están aquí los números, ya están aquí!

¡Pin, pon fuera, se me sale la chamiseta fuera!

Nuestro último reto ha sido la canción "vuelta gato, vuelta perro".
-Mamá, ¿me cantas la canción de vuelta gato, vuelta perro?
Y yo:
-Son
Ochenta días son
Ochenta nada más...

La única canción de Mocedades que me sé. 

 -¡Noooo! ¡Esa no es!
Es verdad, esa sería "vuelta gato, vuelta león".
-Pues no sé, ¿me la cantas tú a ver?
-No, mamá la canta.
-Es que mamá no se la sabe.
-¡Sí se la sabe!
-No me la sé.
-¡Sí se la sabe! ¡BUAAAAAAA!
-Vale, me la sé, ¿empiezas tú?
-¡Sa! ¡Sa! ¡Sa!
-Estooo... Dame más pistas... ¿quien la canta?
-Un señor.
-Genial. ¿Dónde?
-En la tele.
Os sorprenderá saber que con esas pistas fui incapaz de adivinar la canción. No hubo forma. Me falló google. Me falló siri. Me falló la red tuitera. Y al final le pregunté a la seño. Por favor, seño. Pon fin a esta intriga que me devora por dentro. ¿Cuál esa canción de vuelta gato vuelta perro?
-"Suavemente".
Ah, claro. ¿Cómo no se me habrá ocurrido?

¡SuAve! ¡SuAve! ¡SuAve! 
Estaba clarísimo. 

 -Es que cuando hacemos parejas en vez de asignar rol de chica o chico los dividimos en perros y gatos, y les vamos diciendo"ahora vuelta gato, ahora vuelta perro".
Como dijo alguien por ahí, a los profesores habría que pagarles un plus por la imaginación. Y por la paciencia. Y por existir.
Así que esa noche estaba acordándome de la historia y empecé a canturrear: "suavemente, be-sa-mé..." y la nena arrugó el ceño.
-¿Ves como si se la sabe mamá?
-Claro, es que mamá sabe mucho.
Lo que no hace todavía es adivinar.

30 mayo 2016

No lo limpies, planta patatas

Yo no soy ninguna obsesa de la limpieza, lo que pasa es que ZaraJota cree que sí porque él es un guarro recio hombretón que durante el servicio militar se acostumbró a vivir en condiciones extremas; por ejemplo, a veces les daban sanjacobos para cenar y no había mayonesa.
A mí, de verdad, la limpieza no me importa tanto.
De hecho, últimamente me estoy relajando mucho. Los cristales, por ejemplo. El único cristal que limpiamos habitualmente es el espejo del lavabo, y solo porque mi madre entra al baño cada vez que viene a casa (probablemente para ver si tengo limpio el espejo). En cuanto al resto... como tenemos mosquitera en todas las ventanas ya estamos acostumbrados a ver la calle borrosa, ¿para qué los vamos a limpiar? Además, los rayos ultravioleta son muy peligrosos: lo de nuestros cristales no es roña, es protección solar. 
Otra cosa en la que me he relajado mucho es en el tema de las sábanas: antes las cambiábamos una vez por semana. Ahora, solo cuando los niños tienen algún "accidente", cosa que ocurre dos o tres veces por semana, a veces incluso todas las noches y a veces varias veces en una misma noche hasta que ya no quedan sábanas limpias y entonces nos vamos al sofá y vuelve a ocurrir otro accidente y acabamos los cuatro durmiendo en el cesto del pan a menudo. Vale, quizá en el tema de las sábanas no me he relajado tanto como parece. 
Con las toallas también me había relajado, pero ahora Nena-chan insiste en lavarse la cara "ella chola", un sistema de limpieza que consiste en dejar correr el grifo durante media hora, quejarse de que es absolutamente imposible lavarse la cara porque el agua está demasiado fría/caliente, regular la temperatura durante otra media hora, meter un dedito bajo el agua, y rozarlo levemente contra la cara, para después frotársela a conciencia con la toalla, que invariablemente queda hecha un cromo: tiesa, peguntosa y a todo color. Así que la relajación me ha durado poco porque lo mismo estoy loca, pero cuando me lavo la cara espero que quede más limpia que antes, no al contrario. 
En fin entre las sábanas, las toallas y la ropa de los niños la pobre lavadora no da abasto, así que con mi ropa he aprendido a considerar las costras de mocos, babas o galleta no como manchas, sino como souvenirs. Mira, esto es de cuando Nena-chan se ha abrazado a mis rodillas. Mira, esto es de cuando Bebé-kun me ha potado en el escote para poder seguir comiendo. Mira, esto no sé lo que es, parece galleta... Los souvenirs no se borran, ¿no? De hecho, no: si no se ponen en remojo, los souvenirs NO se borran.  
En fin. 
Con lo que sí me he relajado muy mucho es con la limpieza del suelo. No es que no limpiemos, no. Es que hemos racionalizado la limpieza, y ahora solo barremos y/o fregamos después de analizar cuidadosamente el estado del suelo: 

1-Pelusas
Las pelusas son buenas, las pelusas son tus amigas, las pelusas también tiene derecho a vivir. ¿No te da pena quitarlas?

2-Crujiente
Dios inventó las migas para que siempre puedas saber, de oídas, por dónde andan los niños. ¿Por qué limpias las migas? ¿Te crees mejor que dios o qué?

3-Peguntoso
Enhorabuena: los restos de zumo, leche, yogur o chuches han creado una película adherente en el suelo que impide que tus hijos se resbalen. ¿Deberías fregarlo? Por supuesto que no: no es mugre, es prevención de riesgos domésticos. 

4-Mullido
¿Cada vez que se cae un juguete al suelo sufres por la vecina de abajo? Tu suelo no tiene la suficiente roña. Un suelo empieza a estar sucio de verdad cuando los pinipones aterrizan sobre un blando colchón de porquería. ¿Deberíamos plantearnos fregar? No. Piensa en la vecina de abajo, piensa en su bienestar.


5-Patatal
Francamente, quizá deberíamos plantearnos fregar, pero los huertos urbanos están TAAAAAAAAN de moda...




...
¿En vuestra casa se limpia o qué? ¿Por qué las otras casas siempre parecen impolutas? ¿Es que vuestros hijos no comen galletas? ¿Es que no usan la funda del sofá de pañuelo? ¿De dónde sacáis el fruto tiempo para limpiar los cristales? ¿De verdad hay gente que limpia los marcos de las puertas por encima?