01 mayo 2016

Ser madre es...

Hacer tus necesidades con un libro de colorear en las rodillas porque Nena-chan quiere TÚ PINTA ARA.

Acostarte, no poder dormir por tener los pies fríos, estar demasiado cansada para ir a por calcetines, y quedarte sin dormir.

Mentir a toda tu familia durante tres días para asegurarte de que eres la primera en abrazar a tu bebé.

Recibir ocho pinchazos de epidural, que no te haga efecto, y que lo único que te preocupe mientras te cosen es marearte y que se te caiga el niño.

Ir de boda y que no te importe no beber porque estás absolutamente agilipollada con lo guapos que son tus hijos.

Meterte en un ave durante tres horas con una niña de tres años, un niño de una semana, media docena de maletas y un flotador para sentarte.

Ver una sonrisa en una contracción involuntaria de los músculos faciales.

Llorar de impotencia porque de pronto el colegio te deja sin extraescolares y parece que no podrás volver a trabajar.

Odiar los conflictos y decidirte a plantar batalla porque tus hijos así lo necesitan.

Renunciar a una casa más grande, a un coche o a las escapadas a Londres para ver musicales, y convencer a tu marido de que lo realmente necesitáis es pillar ambos la reducción de jornada para Disfrutar De Los Niños.

Explicarle a #nenachan que Rachel es la hija de Letigó para que te deje ver Glee.

Que te parezca perfectamente razonable rodear el árbol de navidad con una muralla.

Vivir con el corazón fuera del cuerpo. (No recuerdo dónde lo leí, ¿os suena?)

Esterilizar biberones sabiendo que el niño se bebe el agua de la bañera en la que previamente ha meado, y que de todas maneras no se los va a tomar porque los odia.

No soportar que nadie le diga a tus hijos Lo Que Son, porque te estás dejando la vida para que lo descubran ellos mismos.

Que te convaliden medicina. (No lo digo yo, lo dice Bulma Salgueiro)

Ir al dentista con alegría porque ahí te dejan sentarte media hora.

Oír "mira, mamá, estoy volando" y hacerte pis encima de la impresión.

Ver esta foto y pensar que lleva el fular de porteo mal puesto.
  


Que los reyes magos vayan a tu casa cuando les dices, no cuando quieran.


Levantarte un 1 de enero antes de que empiece el concierto de Brandenburgo.

Que para ir al cine a la sesión de doce (de la mañana, por supuesto) tengas que levantarte a las seis de la mañana; preparar dos mudas completas para cada niño, además del gorrito por si hace calor y la rebequita por si hace frío, pañales, toallitas, cremita por si se irrita el culete, el orinal portátil para la nena, algo para picar por si le entra hambre, agua por si le entra sed, zumo por si ve los refrescos y se pone muy pesada, pañuelos de papel, dos pinipones (el segundo para cuando se pierda el primero), dos sonajeros (el segundo para cuando se caiga el primero), un mordedor, la mantita y media docena de baberos; salir de casa tarde y cargada como una mula; llegar al cine a la carrera; hacer equilibrios con los niños y las mochilas porque, por supuesto, la nena quiere palomitas; tolerar que miren mal por entrar a la sala con dos niños pequeños, cuando sabes perfectamente que los frikis que van de sobrados molestan mucho más que tú; estar dispuesta a salir en cuando los nenes hagan el más mínimo ruido; y aún pensar que merece la pena por ver la cara de la niña cuando se enciende la pantalla.

Ir por la calle, que un vendedor te pregunte si tienes un minuto y reírte hasta que te duela la tripa.

Que un hijo se ponga enfermo y tengas que hacer media docena de llamadas para comunicarlo.

Saber que la ropa con vómito hay que lavarla dos veces para eliminar completamente los tropezones.

Tardar un mes en darte cuenta de que te han vendido las zapatillas disparejas.

Hincharse de orgullo porque la gente te para por la calle para babear mirando a Bebé-kun, y ver cómo se quedan boquiabiertos al reparar en Nena-chan. (Estoy pensando en sacarlos a la calle con una bolsa de papel en la cabeza, para evitar tanta interacción social).

Llevar tanta impedimenta infantil que no te das cuenta de que te has dejado el bolso en casa hasta que llegas al metro.

Descubrir que no eres un ser humano, porque ninguno aguanta tantos días seguidos sin dormir.

Preguntarte con desesperación "¿es que todo tengo que hacerlo yo?" y descubrir que la respuesta es siempre "sí".

Y que aunque a veces protestes, te enfades o llores de pura impotencia, en el fondo te guste.



Bonus track.
-Mira, mamá, te he hecho un guegalo con la ticha de inglés.
-Gracias, es muy bonito.
-Y por detrás he hecho un dibujo.
-Anda, ¿soy yo?
-No, soy yo.
-Y esos brazos tan largos, ¿son para abrazar a mamá?
-Claro que no.
Ah, pues nada.






22 abril 2016

Día del libro 2016

Cuando era pequeña, en plan, más pequeña que ahora, o sea, lo que viene a ser más joven, vivía en un pueblo pequeño, en plan pequeño de verdad, en el que lo más interesante que podías hacer era leer.
Bueno, a juzgar por la ratio de embarazos adolescentes seguro que había algo más interesante que hacer, pero a mí en concreto no me interesaba (por entonces).
A mí lo que me gustaba era leer.
Primero me leí todo lo que había por mi casa, incluida la enciclopedia; luego todo lo que había en la casa de mis abuelos, incluidos los Caballo de Troya; luego todo lo que había en el cortijo, incluidas las revistas de crucigramas.
En serio, leía mucho. Una vez mi padre me llevó a Montilla (un pueblo ligeramente más grande que el nuestro y que nos parecía La Civilización) no me acuerdo a qué, y como premio por haberme portado bien me dijo que me comoraría un libro nuevo, pero no pudo porque ya me había leído todo lo que  tenían en la librería.
 La librera, de hecho,  me llamó "monstruito", por haberme leído ya todos los tomitos de Mafalda, si no recuerdo mal.
Tras rematar las bibliotecas familiares la emprendí con la biblioteca del pueblo, empezando por los infantiles. Ya me había terminado la balda de Stephen King y no sabía por dónde seguir cuando decidí leerme toda la biblioteca, por orden. Cogía prestado un libro, lo leía del tirón y lo  devolvía, por lo general al día siguiente.
Ya os he dicho que no había nada más interesante que hacer.
Total, que ya llevaba un tiempo con esta actividad cuando la bibliotecaria me cogió por banda. Pensé que me iba a echar la bronca por leer libros de mayores, pero no.
Me echó la bronca, sí, porque cogía muchos libros prestados. "Si no te los vas a leer, ¿para qué te los llevas?". Intenté explicarle que sí me los leía, pero no me creyó. No le entraba en la cabeza que un niño leyera, y mucho menos tantos libros y a esa velocidad. Pero lo que más le molestaba era tener que colocar los libros cada día. "Que yo no estoy aquí para eso", dijo.
Me confiscó el carnet.
No lo eché de menos mucho tiempo: después he tenido otros muchos, de otras muchas bibliotecas; y en cuanto tuve mi propia casa la llené de libros hasta que no cupo ni uno solo más.
Llevo años comprando, leyendo, oliendo, sobando, recolocando, regalando y apilando libros, y al final he acabado aceptando que sí, en la vida hay cosas más interesantes que leer.
Lo sé a ciencia cierta porque todas ellas caben en un buen libro.

16 abril 2016

El cinturón de castidad

Era hora de salir para el cole, los dos niños estaban llorando por motivos desconocidos, llovía y yo no encontraba mi cinturón. 
Por eso cuando vi el cinturón de ZaraJota, solito y desvalido, aproveché la oportunidad y me lo puse. 
Total, él tiene muchos, porque cada vez que vamos de vacaciones se olvida de meter alguno en la maleta, y tiene que comprarse otro en destino. Y diréis, ¿para qué se compra otro? ¿no lleva uno puesto? No. ZaraJota nunca lleva puesto cinturón cuando viaja, porque debe tener cara de sospechoso o algo y siempre que pasa el control del aeropuerto acaba en un aparte rodeado de guardias de seguridad. Así que ha optado por no ponerse cinturón, y cuando llega el turno de la exploración rectal puede bajarse los pantalones muchísimo más rápido. 
Total, que me puse el cinturón y me fui a trabajar, y como siempre llegué haciéndome pipí, porque desde que nació Bebé-kun tengo el muelle un poco flojo y subir escaleras hace que me entre una incontinencia muy mala. Pero cuando quise ir al baño me dijeron que había una avería y no lo podríamos usar hasta pasadas un par de horas. 
Qué horas más largas. 
Primero crucé las piernas, luego los pies, luego los dedos de los pies y hasta el alma hubiera cruzado. Cuando ya estaba pensando en hacer pis en la papelera y echarle la culpa a otro por fin tuvimos permiso para ir al baño.
Obviamente, fui corriendo y agitando los bracitos pero con dignidad, sin gritar "¡QUE ME MEO TOAAAA!" ni nada. Una vez en el baño fui a desabrocharme el cinturón y no pude. 
Jijiji.
Venga, hombre...
Jijiji.
Si ha entrado tiene que salir. 
Jijijiji.
Pues no sale.
Jijiji.
Me hago mucho pipí.
Salí del baño, cogí unas tijeras y corté el puto cinturón. 
Luego me deshice de las pruebas, por supuesto. No iba a dejar que me descubrieran. 
Esa noche vi a ZaraJota preparándose la ropa y se me empezó a escapar la risa.
-Tranquila, Lorz -me dije-. No te delates. 
-¡Pero se va a dar cuenta! -me contesté a mí misma.
-Lo más probable es que piense que lo ha perdido -me contesté a la contestación. Jo, esto es muy complicado, voy a tener que poner nombre a mis voces. El problema es el de siempre: primero les pones nombre y al final te las acabas quedando. 
-Pero...
-De pero nada. 
-Lorz -dijo entonces ZaraJota -. ¿Te das cuenta de que estoy aquí mismo y oigo todo lo que dices?
-Es tu palabra contra las mías. Y además, es culpa del cinturón por atascarse. 
-¿Que cinturón?
-El que había encima de la mesilla. Me lo puse y se atascó y no salía, y lo tuve que cortar porque me hacía mucho pipí.
-Pues yo me lo puse ayer sin problema. 
-Pues será que la hebilla me odia, porque se ha atascado y no había manera de abrirla. 
-Pero tú sabes que la hebilla es decorativa y se abre por el lado, ¿verdad?
Ya salió el listo que todo lo sabe. 

10 abril 2016

Mi piso y el de al lado, 2

Previously in Lorz...
Se murió. No sabemos dónde. Probablemente en el piso de al lado. 

Muchas ñapas más tarde, un infeliz señor compró el piso de al lado y lo echó abajo enterito para reformarlo. Todo iba bastante bien, hasta que el fontanero la emprendió con el baño. No había quitado ni tres baldosas cuando vino a hacerme una visita.
-Hola, soy el fontanero de la casa de al lado.
-Hola, soy Lorz. Y este es el bebé al que usted no deja dormir con los mamporros.
Obsérvese la sutil indirecta.
-Bueno... he empezado a quitar los azulejos del baño y resulta que las tuberías pasan todas por tu casa.
-Sí, lo sé; tengo hasta un plano con el recorrido que hacen:

-Su puta madre.
-Ya.
-Pues es que la única forma de arreglar este desbarajuste es echar abajo los dos baños a la vez.
-Pues nada, adelante, y ya que está, me reforma el baño entero.
-Chachi.

El fontanero nos dijo que reformar el baño entero nos llevaría una semana, y que nos cobraría un total de 2000 euros. Él se ocuparía de comprar los sanitarios, pero los azulejos los teníamos que comprar (y cargar) nosotros porque él no tenía tiempo para esas cosas. ZaraJota y yo nos pedimos vacaciones, asaltamos nuestros ahorros y esperamos la llamada de confirmación del fontanero.

Una semana antes de la fecha de principio de la obra el fontanero pasó por casa para confirmar los trabajos que había que hacer: echarlo abajo entero, enderezar el entuerto de las tuberías, y volverlo a levantar.
-Uy, pues eso no me da tiempo en una semana.
-¿Cómo que no?
-Necesito por lo menos semana y media.
-¿Para esta mierda de baño?
Mi baño es muy pequeño. Muy, MUY pequeño. Es tan pequeño que Necio Hutopo (que tampoco es que sea muy grande) estampó la cabeza contra la pared cuando intentaba lavarse el pelo. Tan pequeño que tuvimos que poner una puerta corredera porque cuando estaba embarazada no podía entrar. Tan pequeño que Nena-chan ya ha tenido varios rifirrafes en el colegio, porque cuando dan la unidad de la higiene personal y le preguntan que dónde se guardan los peines ella responde "en mi estibasión"; y ya he tenido que aclarar varias veces que sí, que en nuestro baño no caben. Que es muy pequeño.  Tan pequeño que, de hecho, en el diseño original de la casa esa habitación no era un baño sino un armario empotrado.
-En los baños pequeños se tarda más porque no caben dos personas trabajando a la vez.
Ah, será eso.
Por desgracia, nosotros no podíamos permitirnos estar de obra tantos días.
-Bueno, pues arregle las dichosas tuberías, cambie el suelo, y si encuentra un inodoro más pequeño que este nos los cambia, por favor. Ya haremos el resto más adelante.
El fontanero nos dio un nuevo presupuesto de 500 euros y dijo que nos volvería a llamar.

Un día antes del inicio de la obra el fontanero se puso en contacto de nuevo.
-Bueno, que mañana a las 9 estoy allí, ustedes me dejan las llaves y se van.
-No.
-Se tienen que ir porque no van a tener baño.
-Ya, nos vamos a ir a un hotel. Pero alguien se quedará en casa con ustedes.
Llamadme loca, pero darle mis llaves a unos desconocidos y pirarme no me hacía ninguna gracia. Ya no es que nos podían robar cualquier cosa, es que me los imaginaba probándose mi ropa interior y haciéndose selfies, por ejemplo. Además, alguien "de la casa" tenía que estar allí por si surgía algún problema, digo yo.
-Ah, no, pues entonces cancelamos la obra.
-¡DE ESO NADA! Que ya tenemos pagado el hotel, las maletas hechas, las vacaciones pedidas y la madre que nos parió.
-Bueno, ustedes verán lo que hacen. Mañana a las nueve estoy ahí.

Día 1
Al día siguiente, a las nueve, no estaba allí. Ni a las nueve y media, ni a las diez. A las diez y cinco apareció y me dijo que en esas condiciones no podía trabajar.
-¿Qué condiciones?
-¡Los niños! ¡No se puede hacer nada con ellos!
-Hombre, limitan mucho, pero le aseguro que a mí no me han impedido trabajar, ocuparme de la casa o incluso hacer una escapadita de vez en cuando.
-Pues yo voy a cortar el agua, y ustedes verán como se apañan.
Como si una madre no pudiera solucionarlo todo con salivilla, hombrepordios.
Viendo que había una cierta hostilidad me llevé a los niños de paseo. Cuando volví, menos de una hora más tarde, no había nadie en casa.
-¿Qué cojo...?
Pero entonces llamaron a la puerta.
-Soy el fontanero -me gritó desde el otro lado. Abrí, y efectivamente era UN fontanero, pero no EL fontanero, a no ser que se hubiera cambiado la cara por arte de magia, que tampoco lo descarto porque, viendo como trabaja, seguramente sea una estrategia de supervivencia muy acertada.
El fontanero nº 2 estuvo un rato dando martillazos durante aproximadamente una hora, y luego me dijo que hasta mañana y se fue.
Será mejor que os lo resuma porque con tan frenética actividad seguramente no habéis seguido el hilo:
Un fontanero vino a las 10 de la mañana, se fue a las 13 horas, y en medio se tomó un descanso para desayunar y hacerse la cirugía estética.

Día 2
Me levanté a las 6:30, dejé a los niños donde buenamente pude, y a las 9 llegué a casa, con la lengua fuera, para esperar al fontanero. A cualquier de ellos. Francamente, no me importa mucho lo que hicieran con sus caras mientras terminaran la puta obra.
Así como a las 10:30 apareció un tercer fontanero (o el mismo, con su tercera cara), que me dijo que por qué no le había avisado, que el estaba abajo esperando y no había querido subir para no molestar.
Pero hombre, ¿cómo te voy a avisar si no sé ni qué cara tienes?
El fontanero nº 3 se puso a trabajar en el baño. Pero poco.
-Que me voy a cortar una baldosa -me dijo cuando llevaba unos tres minutos. Y desapareció durante media hora.
Volvió, colocó la baldosa, y se volvió a levantar.
-Que me voy a cortar una baldosa -y volvió a desaparecer durante otra media hora.
Yo ya tenía el tic en el ojo como para alquilárselo a una central eólica y sacarme unos duretes.
El fontanero nº3 no volvió. En su lugar, baldosa cortada en mano, apareció el fontanero nº 1, que debía haber estado agazapao en el descansillo todo el rato, porque si no no me lo explico.
-Señora -me dijo-, estos azulejos que ha comprado son muy malos.
-Le recuerdo que no quiso venir con nosotros a elegirlos.
-Pues mire -dijo-, en cuanto les das un poquito se rompen -y empezó a golpear brutalmente la baldosa con un pico hasta que se rompió.
-Ya... veo...
-Es lo que pasa cuando las eligen las mujeres, que solo miran lo bonito, y las engañan con las calidades.
Salvo en el caso de los fontaneros, que no los elegimos ni bonitos ni de calidad, por lo visto.
-Si cree que son malos ponemos otro y ya está. Total, solo son dos metros de suelo.
-No, mujer, que ya he cortado dos baldosas y no voy a empezar de cero. Mejor le pongo este y en un par de meses vuelvo y se lo cambio.
¿QUÉ?
Como ya era casi la una, el fontanero empezó a recoger para irse, así que me apresuré a preguntarle qué pasaba con el inodoro.
-Le voy a volver a poner este.
-No, no. Quiero que me lo cambie.
-¡Si este está estupendo!
-Pero es el modelo más grande que hay en el mercado, y yo tengo el baño más pequeño del universo.
-Uf, pues si le tengo que poner el inodoro van a ser 300 euros más.
-Vale.
-Espere, ¿yo cuánto le dije que le iba a cobrar por esto?
¿En ese presupuesto detallado por partidas que me entregó en ese albarán invisible?
-500 euros.
-¿500? ¡Tendré que cobrarle aparte los materiales!
-Hombre, si las baldosas las he comprado yo.
-¡Pero es que entonces no gano nada! Tenga en cuenta que aquí ha habido tres personas trabajando durante toda una semana.
¿Qué QUÉ?
Primero; estábamos a martes, llevaban dos días.
Segundo; en esos dos días habían trabajado un total de cuatro horas.
Tercero; bueno, sí, habían trabajado, por decir algo, tres fontaneros. Pero nunca a la vez, y todavía me estoy preguntando para qué hacía falta que se turnaran..
-Tengo que hablarlo con mi marido -le dije, por ganar tiempo.
-Bueno, lo hablan y mañana me dicen si cambian el inodoro o no.

Día 3
Me fui a trabajar con lágrimas de emoción en los ojos.
ZaraJota, menos contento, se quedó en casa.
El fontanero apareció a las 10 pasaditas.
-Es que he tenido que ir a comprar el inodoro.
-Pero... Lorz me dijo que estaba esperando a que nos decidiéramos.
-Es que he pensado que  era mejor comprarlo.
-Ah, bueno, pues nada.
-El viejo se lo dejo aquí mismo en la ducha.
-¡De eso nada! El viejo se lo llevan.
-¿Y para qué quiero yo eso?
-¿Y para qué lo queremos nosotros?
-Es que no tengo bolsa de escombro.
ZaraJota no se atrevió a preguntar dónde habían estado tirando los escombros hasta entonces.
-Pues usted verá.
Al rato el fontanero anunció que la obra había terminado.
-Pero... nos dijeron una semana.
El fontanero sonrió satisfecho.
A ZaraJota se le cayó el alma a los pies. A mí también.
-Podían habernos reformado el baño entero, habría dado tiempo de sobra -decía yo-. ¡Si solo han echado seis míseras horas de trabajo! ¡Si hubieran aprovechado el día nos podrían haber hecho todo de una vez!
-Hemos tirado una semana de vacaciones -se lamentaba ZaraJota-. Por no hablar de la pasta de irnos a vivir a un hotel todo ese tiempo.
-Y seguimos con el baño a medio arreglar, con las ganas que tenía yo de verlo ya bonito.
-Bueno -me dijo para consolarme-, al menos hemos conseguido librarnos del inodoro.


O eso pensábamos.
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03 abril 2016

Mi piso y el de al lado, 1

Ya no aguantaba más : ) 






Estos son mi piso y el de al lado.
Vale, sí, es una mierda de cuadrado coloreado con el paint. ¿Qué pasa? 
¿Me voy un par de semanas y ya os creéis todos arquitectos? 

Durante los últimos cincuenta años han pertenecido a la misma señora, que los ha ido modificando según le venía bien: primero estuvieron separados, luego juntos, luego juntos pero separados por una puerta cerrada con llave, luego separados pero no siguiendo la disposición original y finalmente separados de nuevo. 
Para añadir más confusión, el marido de la antigua propietaria decidió reformar la parte de mi piso para alquilarlo, pero murió durante la reforma. 

Bueno, en realidad lo que la señora nos dijo es que murió antes de terminar la reforma, no tenemos pruebas de que muriera mientras hacía la reforma en nuestro piso. Por lo que sabemos, el pobre hombre pudo morirse en cualquier parte. 
Mejor. 

A pesar de que estaba a medio arreglar, la buena mujer decidió alquilar el piso de todas formas, con tan buena suerte que el nuevo inquilino lo destrozó. Bueno, tampoco hay que exagerar: un par de baldosas arrancadas por aquí, un agujero por allá, las paredes a medio pintar de colores, la pintura sobrante tirada por el inodoro (todavía no he conseguido quitarla)...
Después de aquello y sin motivo aparente, la propietaria le cogió manía al piso y decidió venderlo.
Entonces fue cuando lo compramos Zarajota y yo. 
Jo, ya era hora. O sea, que la protagonista soy yo, no la antigua propietaria. Si quiere que hablen de ella que se abra su propio blog o algo. 
Nosotros sabíamos que el piso necesitaba reformas. Para empezar, no tenía persianas. Ni una. Pronto descubrimos que las persianas son muy importantes, sobre todo si la ventana de tu dormitorio mide dos metros y medio de ancho y otros dos de alto, y has tenido la grandiosa idea de poner unas cortinas blancas de muselina. A veces pienso que los vecinos acabaron tan hartos de verme en bolas que se vieron abocados al homoerotismo. 
Tampoco tenía cocina (siendo estrictos, sigue sin tener).
En algunas partes faltaban baldosas, y en una pared había un agujero del tipo "cañonazo en fachada de catedral". Además, en el dormitorio, tenemos una toma de luz que no se correspondía con ningún interruptor (después nos han confirmado que el piso de al lado tiene un interruptor que no se corresponde con ninguna toma de luz). Y alguien había metido los cables por la preinstalación del aire acondicionado. Para que estuvieran fresquitos, sin duda. 
De hecho, al señor que mediohizo la reforma le debía preocupar mucho el fresquito, porque también dejó la instalación de fontanería llena de piezas mal encajadas y agujeritos por los que salía el agua tan ricamente. Era como tener nuestro propio parque acuático.
Por desgracia a ZaraJota lo de tener agua cayendo sobre sus cómics no le hacía ninguna gracia, y cada vez que reventaba una tubería por aquí o por allá me obligaba a llamar a un fontanero. El pobre hombre me decía lo mismo cada vez que venía. 
-Me cagontó...
-Yo también, pero lo mío es porque he vuelto a confundir los laxantes con caramelos. 
-Este piso ¿no estaría antes unido con el de al lado?
-Uy, no, que va... ¿de dónde saca semejante conclusión?
-Pues... bueno, he estado mirando su instalación, y sus tuberías tienen este recorrido:

-Oh, ah, gran sorpresa. 
-Puedo arreglar esta avería, pero que sepa que mientras esto siga así va a seguir reventando por todos lados, y el seguro no te va a cubrir nada porque se debe a un defecto de construcción. 
-¿Y no se puede arreglar del todo en vez de hacer otra ñapa?
-Claro. Solo habría que tirar abajo todo tu piso y el de al lado. 
-¡Ñapa! ¡Ñapa! ¡ÑAPA! 



Continuará...


PD. He leído (y seguiré leyendo) todos los comentarios y mails, aunque la vida no me cunde lo bastante para responderlos todos. Gracias por vuestro apoyo. 

07 marzo 2016

Ayer...

Ayer escribí una parrafada explicando por qué me he puesto candadito en twitter e instagram y por qué ya no puedo seguir con el blog ni un día más.
Pensaba subirla esta misma tarde, pero nada más salir del trabajo me he encontrado con esto:
Y he pensado que lo mismo es una señal para que me lo piense un poco más antes de empezar a borrar, bloquear y eliminar como una loca.
Quizá lo que necesito no es mandarlo todo a la mierda YA, sólo tomarme mi tiempo para redefinir lo que quiero.
Quizá así pueda invertir esas energías en la segunda parte de "Vayamos por partes" (y en la tercera, en la cuarta... por falta de material no será), o en la media docena de novelas que he ido escribiendo en trocitos de papel que ahora pululan por los cajones.
No lo sé.
Sólo sé que ayer tomé una decisión, y que hoy de pronto no parece tan decisiva.
Y creo que volveremos a vernos.
Pronto.
: )

27 febrero 2016

...y cebolla

Se ve que los gripazos de la leche (nunca mejor dicho) no se curan simplemente bebiendo agua.
Sorpresón.
Por el contrario, en vez de irse se atascan en la garganta y se convierten en una tosesilla.
Volví a la farmacia y me dieron un licor de hierbas con alcohol, eucalipto, alcohol, miel, alcohol, limón... Ahora que lo pienso, creo que también llevaba alcohol. Me lo empecé a tomar y bueno... La tos no se me iba, pero no veas lo contenta que estaba.
Con los días la tosesilla se convirtió en tos, y la tos en tos del carajo, y luego en súper-mega-leche-de-tos.
Volví al médico, pero no al mismo.
-Que es que tengo mucha tos.
-Pues tómate algo mujer.
Ah, que idea más buena, no se me había ocurrido a mí.
-Es que estoy lactando.
-Jodeeeer... -y empezó a darse cabezazos contra la mesa. La gente es que hace muchas tonterías para alisarse el flequillo-. Bueno, hay una cosa que va muy bien: coges una cebolla, la picas, le echas tres cucharadas de azúcar moreno, la dejas macerar y luego te bebes el caldito.
-Suena delicioso -delicioso en plan #no.
-Está muy bueno.
-Ya.
Si hay algo que sé de la vida es que cuando un médico dice "sabe muy bien", "no te va a doler" o "venga, sólo un empujoncito más, que ya le veo la cabeza" estás más jodido que un calamar en un bocata.
-Bueno, también puedo mirar si hay algo compatible en e-lactancia.org.
No. Me. J*d*s.
El médico dio con un jarabe compatetible, me apuntó en nombre en un papelito, y me fui corriendo a la farmacia.
Bueno, corriendo. Es un decir. No paraba de toser.
La farmaceútica miró el papelito.
-¿Esto te vas a tomar?
-Mayormente.
-Es que tengo otra cosa que es mucho mejor.
-No me lo diga: cebolla con azúcar.
Un remedio que no te quita la tos: la hace huir de espanto.
-No, es un remedio homeopático.
-Prefiero lo que me ha mandado el médico.
-¿Qué pasa, no crees en la homeopatía?
-Yo creo lo que me diga el médico.
Que digo yo que de algo le habrá servido estudiar medicina.
-Es que lo que yo te digo es buenísimo, mira.
-¡Si es el licor de hierbas que llevo tomando una semana!
-¿Y no te ha quitado la tos?
-No, y además me da resaca.
-Bueno, que no te haya hecho efecto no significa que no funcione.
Juraría que "no hacer efecto" es la pura definición de "no funcionar", pero vaya, tampoco vamos a discutir con la farmaceútica, que también habrá estudiado lo suyo, digo yo.
-Yo solo quiero mis drogas...
La farmacéutica me dio el jarabe y me lo tomé y el efecto se notó muy rápido y despareció igual de rápido también.
-Me... ahogo...
Volví al médico a todo meter. Bueno, ya sabéis.
-Es el problema de los medicamentos compatibles con la lactancia, que siempre son más suaves que los demás...
-¿Y qué hago?
-Bueno... creo que lo mejor es que estés sin hablar hasta que dejes de toser.
Si lo llego a saber me quedo con la cebolla.






Epílogo.
-Mamá, ¿me cuentas un cuento?
Miro a ZaraJota con ojitos de cordero degollado para que intervenga.
-Mamá no puede hablar.
-Vale. Mamá, ¿me cuentas un cuento?
-No puede hablar, Nena-chan.
-Vale, no quero que hable: quero que me cuente un cuento.
Esto va a ser más duro de lo que me pensaba.