25 mayo 2013

HAVER K ASEMO AORA

Las últimas semanas han sido un despiporre.
Por una parte, he tenido un montón de entrevistas para el puesto "ya te llamaremos", y creo que he debido conseguir el trabajo en todas porque aquí estoy, esperando que me llamen.
Por otra, es época de preinscripciones, solicitudes y becas, y me he pasado varios días corriendo de un lado a otro para entregar impresos por triplicado y fotocopias.
Además he tenido exámenes. Un montón. Las notas todavía no han salido, y teniendo en cuenta lo mal que me ha ido más les vale no salir.
También hemos pasado por un "virus", que en klingon significa "irse por la patilla a saco a la vez que devuelves a saco y no sabes qué parte del cuerpo acercar al retrete hasta que al final decides que da lo mismo y que ya te ducharás cuando pase, si es que pasa, y si es que sobrevives".
Entre medias hemos estado en Barcelona. A ese tema tengo que dedicarle más tiempo, creo.
Y por si eso no fuera poco, el INEM ha decidido que si no encuentro trabajo es porque no quiero, y me ha metido en un programa de búsqueda de empleo activo que consiste en que cada vez que voy a una entrevista tengo que pedir un justificante y llevarlo al INEM.
-Pero, ¿las entrevistas me las buscáis vosotros o qué?
-No, no, las entrevistas las buscas tú.
-A ver si lo entiendo... Tengo que encontrar ofertas de empleo, que ya de por sí hay pocas. Tengo que conseguir que me llamen para hacer una entrevista entrevista. Y una vez que estoy allí, en lugar de centrarme en conseguir el empleo, tengo que pedir un justificante para el INEM.
-Eso es.
-¿Y no creéis que andar tocándole las narices al entrevistador puede limitar mis posibilidades de conseguir el puesto?
-Lo que pasa es que no tienes iniciativa para el empleo, espíritu proactivo y afán emprendedor.
-No, no, por suerte estoy al día de todas mis vacunas.
Pero lo que más tiempo me ha robado ha sido un curso que estoy haciendo. Tenía varias posibilidades, pero lo hice online porque odio a la gente y pensé que así no tendría que relacionarme con nadie no tengo tiempo para ir a clase, y es una pena, con los sociable que yo soy.
Por suerte, existe el wahtsapp.
Yujú.
Y las chicas del curso pensaron que sería una buena idea crear un grupo de whatsapp.
Yujú.
De esta forma podríamos hablar entre nosotras y socializar.
Yujú.
Ahora recibo unos cincuenta mensajes diarios sólo de ese grupo, pero no me importa, porque son superinteresantes, por ejemplo:

"XIKAS, SABEIS N LA PREGUNTA 9 SI AI K PONERLO TODO LO K PREGUNTA O K?"

Yo no lo sé. Lo que sí sé es que al final del tema están las soluciones para que resuelvas todas las dudas que te puedan surgir.

"NO LO SE, LE AS PREGUNTAO A LA TUTORA"

"SI, LE MANDAO UN MENSAGE PERO NO CONTESTA"

A lo mejor es porque son las doce de la noche y está durmiendo. Los profesores es que son todos unos vagos, todo el mundo lo sabe.

"PUES NO SE, HAVER SI MAÑANA T DISE ALGO"

Os lo juro, era todo así. Continuamente. Y a medida que se acercaban los exámenes fue a peor.

"XIKAS, K ME AN DIXO QUE LOS EXAMENES SON MUY DIFICILES", decía una.

"KIEN T A DIXO ESO"

"UNA AMIGA K TIENE UNA AMIGA QUE TIENE UNA AMIGA K UNA VEZ SE CRUSO POR LA CAYE CON UNA XICA K SE AVIA PRESENTAO"

"K FUERTE, VAN A PIYAR, K ME LO HAN DIXO UN DIA QUE FUI A SECRETARIA A PREGUNTAR, K TODOS LOS AÑOS VAN A PIYAR"

Yo me imagino a la chica en cuestión, en la secretaría.
-Hola, ¿tienen hora?
-¡Van a pillar! ¡Que lo sepas! ¡Todos los años van a pillar!

"SON UNOS SINVERGENZAS, VAN A SAKARNOS EL DINERO NA MAS"

Cada asignatura cuesta 9 euros. Esto es robo a gran escala y lo demás son tonterías.

"K SI K ME LO HA DIXO MI PRIMA K TODO EL MUNDO SUSPENDE"

Y así todo.
Yo normalmente ignoraba todos los mensajes, hasta que un día no pude aguantar el ambiente de conspiranoia y decidí intervenir.

"Vamos a ver, no os dejéis llevar por el pánico. Esa gente que dice que los exámenes son muy difíciles ¿te ha explicado por qué? ¿Las preguntas son muy rebuscadas? ¿Preguntan cosas que no están en temario? ¿Puntúan a la baja?"

Después de una larga espera, recibí la respuesta.

"K SON UNOS CABRONES Y KITAN PUNTOS X LAS FALTAS DE ORTOGRAFIA"

Vale, sí, dejaos llevar por el pánico.

11 mayo 2013

Al colecho, pecho.

Acostarse con niños es un delito de colecho


Una de las cosas en las que tienes que pensar cuando vas a tener un bebé es en cómo, dónde y cuándo va a dormir.
Es muy importante que los padres de la criatura hablen del tema y decidan juntos lo que quieren hacer, de esta forma cuando el bebé nazca y haga lo que le salga del piticlín los dos padres se sentirán igual de estúpidos. A esto se le llama "responsabilidad compartida".
ZaraJota™ y yo estuvimos barajando varias opciones. Para ser sinceros, yo barajé varias opciones y ZaraJota™ manifestaba acuerdo o disconformidad con diversos movimientos de ceja.
-La cuna no cabe en nuestra habitación. El moisés sólo le dura unos meses. Podíamos probar el colecho.
Angua, que es mi gurú de parenting, hablaba muy bien del colecho, y me daban ganas de probar.
-No, no -dijo ZaraJota™-. El colecho es cosa de políticos.
-...
-A todos los acusan de lo mismo: prevaricación y colecho.
-Creo que lo de los políticos es "cohecho".
-¿Sí? Entonces, ¿el colecho qué es?
-Acostarse con niños.
-Entonces no es cosa de políticos sino de curas.
-Vale, ¿el moisés lo pido en blanco o en rosa?
Creía que comprando el moisés ZaraJota™ se quedaría tranquilo, pues no.
Durante los dos meses que Bebé-chan durmió ahí, ZaraJota™ lo llamó insistentemente noé. Además, como Bebé-chan tenía el perolo tirando a grande, el moisés se inclinaba hacia abajo por el lado de la cabeza, por lo que acabamos poniendo un biberón lleno de agua en el extremo de los pies para hacer contrapeso.
Cuando por fin el noé moisés se quedó pequeño y lo desmontamos, descubrimos que ZaraJota™ lo había atornillado mal, y por eso se inclinaba...
Volviendo al colecho, durante los primeros meses cuando la niña pedía comida la sacaba del noé moisés, me iba al sofá con ella a ver Bones, y cuando se dormía con la tripa llena la devolvía al noé moisés y seguíamos durmiendo todos tan ricamente.
Hasta que se acercó el invierno.

TIII NO
TINO NINO
TINO NIII
tinonino
tinonino
tinonino
TIII NO
TINO NINO
TINO NIII

De pronto bajaron las temperaturas y me encontré a las tres de la mañana sentada en el sofá, viendo Bones con la teta al viento, pelada de frío, mientras ZaraJota™ roncaba plácidamente debajo de nuestras dos colchas nórdicas (somos muy frioleros, ¿qué pasa?). Y pensé, ¿y si en vez de dar teta aquí me siento un poquito en la cama, bien tapadita? Será sólo un momentito y luego la llevaré a la cuna.
Lo siguiente que supe es que era de día y ZaraJota™ me estaba hablando.
-Lorz, que la niña está en nuestra cama.
-¡ME DIJO QUE ERA MAYOR DE EDAD! ¡LA CULPA ES DE LAS MADRES QUE LAS VISTEN COMO P*T*S!
-No deberías dejarla aquí. ¿Y si no nos damos cuenta y le damos un golpe o la aplastamos?
-Hombre, pesa seis kilos. Tampoco es como si fuera una florecilla del campo...
-Prefiero que te la lleves a la cuna.
-Y yo prefiero que le des teta tú, y me aguanto.
Desde esa noche establecí el sistema de Colecho Fijo Discontinúo, también conocido como Teta Self-service, que consiste en que acostamos a Bebé-chan en su cuna, peeeero si en cualquier momento de la noche decide comer, la traigo a la cama, me dejo una teta fuera y cuando tenga hambre que se sirva ella misma, que dar pecho es una experiencia maravillosa pero dormir lo es aún más.

Durante los primeros meses todos estuvimos felices con el sistema:
La madre en cuestión, que soy yo, dormía mucho más.
El bebé en cuestión, que es Bebé-chan, tenía la teta presta cada vez que la necesitaba, y muchas veces no llegaba ni a despertarse para comer.
El papá en cuestión, que es ZaraJota™, abría los ojos y veía tetas.

Luego Bebé-chan empezó a moverse y descubrimos que:

1.- Es casi imposible aplastar un bebé mientras duerme. Los pequeños c*br*nc*t*s defienden su espacio con uñas y dientes.

2.- Si tu bebé se hace una bolita para dormir en su cuna, lo más probable es que duerma totalmente despatarrado en tu cama, ocupando el máximo de espacio posible.

3.- Un bebé dormido puede caerse de su cama, pero nunca de la tuya, porque eso implicaría dejarte más espacio a ti Y DE ESO NADA.

4.- El bebé puede decidir que abrazar la almohada es mejor que abrazar a mamá, ocupando aún más espacio si cabe.

5.- Si el bebé necesita más espacio, patadas, bofetadas y arañazos son perfectamente admisibles. Si fuera al contrario los Servicios Sociales intervendrían.

6.- Si el bebé, que lleva un body y un pijama de franela, siente calor, es perfectamente capaz de retirar dos fundas nórdicas, dejando la teta de mamá al viento toda la noche. Cualquier intento de volver a taparse es totalmente inútil.

7.- La madre tiende a dormir pegada al bebé. El padre tiende a alejarse lo más posible. El resultado es que con frecuencia la mitad de la cama está vacía, en la otra mitad duermen la madre y el bebé, y el padre duerme colgando de un lado, aferrado al travesaño como Spiderman.

8.- Si mamá duerme con la boca abierta, el bebé siente la imperiosa necesidad de meter la mano dentro.

9.- Los bebés hablan en sueños. MUY ALTO. Y se ríen, muy alto también.
-¿No te hace feliz que sea feliz? -le preguntaba yo a ZaraJota™ cada vez que a Bebé-chan le daba un ataque de risa en mitad de la noche.
ZaraJota™ se daba la vuelta y se tapaba la cabeza con la almohada.
-¡Pues el que calla asiente!

10.- No hay felicidad más grande que despertarse en mitad de la noche y encontrarse rodeado por papá y mamá, y nada expresa mejor la felicidad que patalear como si estuvieras poseído.







Pd: Para más información, Kamasutra del colecho. (Gracias Adrag por en enlace).

04 mayo 2013

Día de la madre 2013

Que os veo venir. 
"Que el día de la madre es mañana."
Muy bonito, contestando a una madre. 
¿A una madre le vais a decir cuando es el día de la madre?
¿Eh? ¿Eh?
El día de la madre es cuando las madres dicen. 
Que para eso somos madres. 
Y cuando seáis madres, comeréis huevos, lo que en klingon significa que se acabó y punto y como vaya para allá con la zapatilla sus vais a enterar. 





Ser madre es:


Encontrarse pegotes de diferentes fluidos humanos en el pelo, en la cara, en la ropa.

Que todos los coitus sean interruptus. 

Salir de casa con tanta prisa que te paras en mitad de la acera a revisar que te has acordado de ponerte pantalones. 

Ir a comprar los zapatos que tú necesitas y volver con los que Bebé-chan no necesita, porque mira que monos que son. 

Elegir restaurante en función de si tienen cambiador y cómo es. 

Cargar con el carro a pulso tres tramos de escaleras para coger el metro sólo para darte cuenta de que estás en el andén equivocado. Volver a subir el carro a pulso. Repetir. 

Salir de la ducha empapada y con jabón en el pelo porque te parece que quizá a lo mejor has oído algo que se parece remotamente al llanto. 

Descubrir que de pronto cuando llaman por teléfono y preguntan por "la niña" ya no eres tú. 

Empaparte cada vez que llueve porque o empujas el carrito o sujetas el paraguas, pero las dos cosas como que no. 

Cantar Susanita tiene un ratón trescientas veces al día. Cantarla con la a. Con la e. Con la i. con la o. Con la u. Cantarla con ritmo country. Cantarla en balleno. Cantarla dormida. Cantarla mientras vas sola por la calle. Planear mil formas de torturar y asesinar a la p*t* Susanita y el c*br*n del ratón. 

Convertir "ajo" en tu palabra favorita y repetirla unas mil veces al día, con diferentes entonaciones. 

Quitar un pañal sucio, que Bebé-chan  aproveche para hacerse pis, y cuando la has cambiado de arriba a abajo que vomite y haya que volver a empezar. 

Enviar mensajes de móvil en los que pone lhghfvljhcfo.

Inventarte una canción para cada función corporal, por ejemplo: 
     Estoy oyendo tus ruiditos de giñar
     Y estoy oliendo tu perfume embriagador
     Te cambiaré 
     Te cambiaré
     Porque esto ya no se puede aguantar
     
Imaginarte que "nguee" significa "mamá" y "bububu", "papá". Que, pasados unos meses, la muy traidora sólo diga "papá". Esperar con ilusión que "mamá" sea su segunda palabra, para encontrarte con que prefiere "cocó". Pasarte el día oyendo "papá, cocó" mientras te acuerdas en su madre, porque lo que es ella no se va a acordar. 

Hacer tus necesidades con la puerta del baño abierta y cantando "Hola don Pepito" para que sepa que no la has dejado sola. Repetir hasta que cuando oigas la canción sientas la inmediata necesidad de ir al baño. 

Tomarte el almuerzo frío para que Bebé-chan  se lo tome caliente. No tomarse la cena porque te duermes sobre la encimera de la cocina. No tomarte el desayuno porque la cena sigue en el microondas y no tienes fuerzas ni para sacarla de ahí.  

Pasarte la vida esterilizando biberones a sabiendas de que, cuando no miras, Bebé-chan está chupando las ruedas del carrito. 

No ser capaz de vivir sin un paquete de toallitas húmedas al alcance de la mano. Tener un paquete de toallitas abierto en cada habitación, además de uno en el cambiador, otro sobre la mesa, y otro debajo de la almohada. 

Asumir que merendar media mandarina implica fregar el suelo, cambiar la funda del sofá, una muda limpia y un concienzudo lavado de pelo. 

Acordarte del nombre del Poni Penny, la Abeja Pelleja, la Mariposa Golosa, la Libélula Crédula, la Araña Ramón, la Flor Amor, la Jirafa Rafa, el Conejo Mulder y el Conejo Scully... y cuando crees que tu memoria no da más de sí, que el bebé empiece a jugar en la bañera, y tener que añadir a la Rana Montana, la Mariquita Bonita, el Abejorro Pedorro....

Ser madre es...
Ser madre es  lo mejor que me ha pasado nunca. 





Lo siento, ZaraJota™, has bajado al tercer puesto, justo detrás del e-book.








26 abril 2013

Gran reserva. Epílogo

Cuando ya estábamos de vuelta en Madrid, Bebé-chan volvió a la guardería.
-¿Qué tal os ha ido en el pueblo?-preguntó la seño. 
-Bueno...
Si tenéis o habéis tenido un bebé ya sabéis que la rutina es el P*T* AMO. 
Los bebés encuentran consuelo y seguridad en la repetición de los hábitos de la vida diaria: comer, dormir, bañarse... todo a la misma hora, en el mismo sitio y con los mismos instrumentos.
Cuando los sacas de la rutina se ponen más nerviosos que un hámster con la jaula limpia. 
Eso no quiere decir que no se lo pasen bien durante el día: sólo que se van a poner de los nervios por la noche, que es mejor momento. 
Yujú. 
Además los bebés absorben las emociones de su alrededor. Si estás estresada, ten por seguro que tu bebé lo va a estar. Si estás relajada, coges al bebé en brazos y se queda sobado mirándote. 
En el pueblo Bebé-chan estuvo muy bien, pero si mezclamos la salida de la rutina, que hizo poco ejercicio, y el estrés de la situación... digamos que el resultado fue lo que los mejores pediatras del mundo denominan "síndrome de cagada la hemos, Luke". Bueno, en realidad, no, pero molarían mucho más si lo hicieran.  
A la vuelta Bebé-chan y yo estábamos con los nervios tiesos. 
-Bueno -le dije a la seño-, si hoy la puedes dejar descansar un poco, mejor. 
La seño le ha preparado a Bebé-chan una Programación Didáctica que ríete tú de los entrenamientos del equipo nacional de natación sincronizada: hacen psicomotricidad, pilates, juegos... de todo. Y Bebé-chan, encantada. Para mí el único problema es que cuando no va a la guarde demanda el mismo ritmo de actividad  y yo no estoy para estos trotes.
-Haré lo que pueda. 
-Verás, es que se ha pasado los cuatro días casi sin poder jugar, y el ambiente no ha sido el más adecuado...
-Mujer, no pasa nada. Los niños se acostumbran a todo.
-Tú no conoces a mi familia: nadie se acostumbra a eso nunca, cómo mucho aprendes a sobrevivir como George en la Jungla. Y este viaje no ha sido de placer, teníamos que arreglar cosas. Cosas desagradables. Y Bebé-chan ha estado ahí, en medio de todo...
-Vaya, lo siento.
-La verdad es que ha sido todo un poco traumático.
-¿Para ella o para ti?
-¡NECESITO UN ABRACITOOOO!

22 abril 2013

Día del libro 2013

Cuando estaba embarazada de cinco meses se me inundó la casa y me puse a mover muebles como una loca para evitar que se mojaran. En medio del frenesí cartero del Titanic me apañé para hacerme mucha pupa en una rodilla.
Mucha, mucha, mucha.
El médico me dijo que, al estar embarazada, no podía recetarme nada más que reposo absoluto.
Y por supuesto, no le hice ni torta caso.
Cuando estaba más o menos de siete meses el obstetra me dijo que Bebé-chan tenía un nosequé en el nosecuántos, y que o me relajaba yo o me relajaban los señores de la bata blanca en el hospital.
Para entonces pesaba unos trescientos kilos, Madrid estaba pasando la tercera o la cuarta ola de calor, y no me quedó más remedio que empezar a pasar al menos una parte del día tirada en la cama.
Más o menos por entonces mi madre me regaló el libro Cómo no ser una drama mamá.
El regalo iba con retintín, como sólo una madre puede hacerlo.
El mensaje explícito del regalo, como ella misma dijo, era:
- Para que veas que todas las madres acabamos haciendo lo mismo.
El mensaje implícito era:
"Ahora que vas a ser madre comprenderás lo que he tenido que pasar".
Y llevaba corolario:
"Si crees que vas a ser mejor madre que yo, vas de culo".
¡LLevaba incluso puntilla!:
"Te voy a estar vigilando. Puede que tarde meses. Puede que tarde años. Pero al final cometerás un error y todo el mundo sabrá que YO TENÍA RAZÓN".
Razón así, en general, como concepto. No os vayáis a creer que era por nada en concreto.
Las madres somos así. Queremos que nos den la razón incluso cuando no hemos dicho nada.
Total, que como no tenía nada mejor que hacer me empecé el libro sin mucho convencimiento. Me gustó tanto que me lo leí en dos tardes... y habría tardado menos si no fuera porque a veces me reía tanto que se me caía, y al menos una vez ZaraJota™ me lo confiscó.
-Esto no puede ser bueno- me dijo-. ¡Que la niña va a salirnos centrifugada!
La cuestión es que, a pesar de las risas, no se me sentí nada identificada. Mi madre no dice cosas como esas (por suerte). Peeeeero dice otras cosas.
Y siempre me he reído de ella por decirlas.
Y siempre me juré que no las diría.
Y ahora que soy madre, adivinad qué: las digo.
Peor aún: empecé a decirlas antes de ser madre, prácticamente desde el primer día de convivencia con ZaraJota™, probablemente porque no hay nada más maternal que doblarle los calzoncillos a otra persona.

Pues eso. Que como hoy es el día del libro, voy a hacer un homenaje al libro que más me ha hecho reír en e último año recopilando las cosas que dice mi madre y que para mi desgracia estoy repitiendo.

Aquí huele a cachorrito.
Cuando éramos pequeños y llegaba la hora del baño, mi madre asomaba a nuestra habitación y decía:
-Venga, al baño, que aquí huele a cachorrito.
En algún momento de la adolescencia la frase evolucionó a:
-A bañarse ya, ¿eh? Que aquí huele a choto.
Todavía sigo sin saber
a) qué es un choto
b) cuándo ha tenido mi madre la oportunidad de oler uno
c) por qué no puede decir, simplemente, "a bañarse ya" y tiene que añadir el comentario zoológico.
"Bebé-chan huele a cachorrito" fue una de las primeras cosas de mi madre que empecé a repetir.
Cuando empezó a comer sólidos la frase evolucionó a "aquí huele a mierda que echa de espaldas".

¿Esto es limpio o sucio?
Tú estás en tu habitación tan feliz. Tu madre entra y no te alteras: crees que está todo en estado de revista.
Pues te equivocas.
Porque las madres tienen una supervista y un superolfato y unas superganas de tenerlo todo escamondao.
Mi madre era capaz de detectar un calcetín debajo de una cómoda. Lo sacaba, lo cogía con la punta de los dedos y estiraba el brazo, como si fuera tóxico, y decía:
-¿Esto es limpio o sucio? Porque como lo tienes aquí tirado, echo un gurruño, vete tú a saber. Que es que yo no sé para qué plancho, si luego lo metes en el armario de cualquier manera.
Porque mi madre plancha los calcetines. Y los trapos de cocina. Y las bragas. Los tangas no, a ver si os pensáis que está loca.
Yo nunca he usado esa frase con Bebé-chan, porque es muy pequeña y total, no me iba a contestar.
Con ZaraJota™ sí que la uso, más o menos un día de cada dos. Es que es un poco desordenado, el chaval.


¿A una madre?
Esta es una frase comodín para cuando hacemos/decimos algo que no le gusta.
-¿A una madre le vas a contestar?
-¿A una madre le vas a decir tonta?
-¿A una madre le vas a dar una patada?
Con el tiempo la frase quedó reducida.
-¿A un madre? -decía, simplemente.
Mi versión es
-¿A mamá se le muerde? -pregunto. Bebé-chan sigue mordiéndome-. Lo tomaré como un sí.


¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar?
Ni se te ocurra dejar una croqueta.
Hacer el favor de comeros eso ahora mismo. 
Los restos mortales.  
Si tienes cinco personas a comer y haces comida como para cincuenta, sorprendente pero cierto, suele ocurrir que sobre comida.
Si además, en vez de hacer plato único, haces un poco de cocido, un poco de ensalada, un poco de embutido, un poco de empanadillas, lo normal es que sobre un poco de todo.
Eso a mi madre le sienta fatal.
La pelea suele empezar en la mesa, cuando ve el panorama desolador.
-¿Esa mierdicroqueta me vas a dejar? -me pregunta. No tengo ni idea de por qué me pregunta a mí, si a mí no me gustan las croquetas y si alguna vez me como alguna es por educación-. Ni se te ocurra dejarme una croqueta, que luego tengo la nevera de restitos, un platito de esto, un platito de aquello... todo lleno de restos mortales que no sirven para nada. Ahora mismo te comes esa croqueta, hombre.
Cuando me fui a vivir con ZaraJota™ tuve una brillante idea: si el domingo cocinaba el doble de cantidad, ya tenía la comida del lunes apañada. Me equivoqué. Lo único que conseguía es que sobrara una mierdicroqueta.


Un día de estos revientas. 
Esta frase es de mi abuela y la incluyo porque es el caso opuesto a la anterior.
A mi abuelo le gustaba comer. A lo grande. Podía comerse tres platos de cocido con una barra de pan mojada en sopas, y luego no necesitaba ni siesta ni nada. Lo que sí necesitaba era rematar la comida con una manzana.
-¿Una manzana te vas a comer ahora?-preguntaba/gritaba mi abuela.
-Sí mujer.
-¿Es que no has comido bastante?
-¿Qué pasa, no me puedo comer una manzana?
-Por mí, haz lo que quieras, pero que sepas que un día de estos revientas. Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
Mi abuela remataba el discurso cogiendo la manzana, lanzándola con violencia sobre el frutero, agarrando el frutero y llevándoselo a la cocina sin parar de rezongar.
En cuanto la abuela salía del comedor, el abuelo, que había aguantado el chaparrón sin inmutarse, se giraba hacia mí, que siempre me sentaba a su lado.
-Niña, ve a la cocina y tráeme una manzana, pero que no te vea tu abuela, ¿eh? Y si te ve dile que es para ti.
Esto se repetía en cada comida familiar, para regocijo generalizado, porque si bien todos estábamos de acuerdo en que el abuelo comía demasiado, no acabábamos de entender que la abuela le dejara comerse tres platos de cocido sin rechistar y montara el número por una mísera manzana.
Con los años he también he creado mi propia versión:
ZaraJota™ llega a casa del trabajo con cara de lástima.
-Tengo gusita -dice.
-¿Te hago algo para merendar?
-No, no, ya me hago algo yo.
Entonces se corta una triste y miserable rodaja de fuet.
-¿Esa mierdimerienda te vas a hacer?
-Sí...
- Pues ten cuidado, no vayas a reventar... Y si crees que me va a importar, vas apañao, porque pienso irme con el inserso de juerga toldía. Pues anda que no se ponen guapas las viudas cuando se libran de los maridos...
A estas alturas ZaraJota™ todavía se está preguntando qué tendrá que ver el fuet con el inserso.

Te voy a cambiar por dos de quince
Esta frase es de mi padre.
Cuando mi madre tenía treinta, si mi padre se enfurruñaba con ella le decía:
-¡Te voy a cambiar por dos de quince!
Con los años, mi padre ha ido actualizando la frase, hasta llegar a:
-¡Te voy a cambiar por dos de veinticinco!
A lo que mi madre contesta:
-¡Si hombre! ¿Tú, con dos de veinticinco? Pues anda que nos son largas las de veinticinco de hoy en día. Te iban a dar más vueltas que a un tonto.
-Uy, uy, tienes razón, que yo con mi rodilla chunga ya no estoy para esos trotes.
Ahora cuando Bebé-chan se hace caca, le digo.
-Te voy a cambiar... ¡por dos de tres meses!- y luego añado-. Uy, quita, quita, que pereza...

Es mi vida, flas, flas. 
Esta tiene mérito, porque no es una frase que mi madre me haya pegado a mí, sino al contrario.
Cuando todavía vivíamos todos en casa, y teníamos turnos de trabajo, clase y gimnasio diferentes, mi madre se volvía loca para programar las comidas.
-Hoy voy a hacer paella -anunciaba-. ¿Quién va a venir a comer?
Hermano Mediano y yo decíamos que sí, que no, o todo lo contrario. Hermano Pequeño no decía nada.
-Y tú, ¿qué? -preguntaba mi madre.
Hermano Pequeño suspiraba, ponía los ojos en blanco y se iba de la habitación agitando la lustrosa melenita, flas, flas.
-¿Eso es que sí o que no?- insistía mi madre.
-No sé, mamá, no sé...
-Hombre, tan difícil no será saberlo.
-¡Ya me estás controlando la vida!
-¡Si yo lo único que controlo es que el arroz no se pase!
Con el tiempo mi madre dejó de preguntarle a Hermano Pequeño y empezó a preguntarme a mí.
-¿Sabes si tu hermano viene a comer?
-Es mi vida -constestaba yo, poniendo los ojos en blanco-, flas, flas -añadía, meneando mi lustrosa melenita.
Con el tiempo mi madre interiorizó la frase de tal manera que cuando le digo a Bebé-chan, por ejemplo:
-¿Te vas a dormir o qué?
Mi madre contesta por ella:
-Es mi vida, mamá, flas, flas.


Sois todos mutontos. 
Que tontos son mis hijos.
Mis hijos es que hay que ver los tontos que son.
Estas frases son muy buenas para fomentar nuestra autoestima y además valen para todo.
Imagina que tienes lumbago y tus hijos aprovechan que estás tumbada y sin poder moverte para pintarte cosas en las piernas con rotulador indeleble.
-Sois todos mutontos.
Imagina que estás viendo Gladiator y tus hijos usan el móvil para grabarte roncando.
-Que tontos son mis hijos.
Imagina que tu hija tiene un blog y lo usa para reírse de ti:
Mandar un guasap al grupo "familia":
"Mis hijos hay que ver lo tontos que son".
Acto seguido Hermano Pequeño me manda otro guasap a mí sola:
"¿Qué has escrito ahora?".
Y así todo.
Yo nunca le digo a Bebé-chan que es mutonta, porque eso es malo para su autoestima. A quién si se lo digo es a ZaraJota™, porque total, su autoestima ya no tiene remedio.
-Tu papá es un poco tonto.
-¡No le digas eso! -protesta ZaraJota™.
-Si no se entera...
Hace unos días Bebé-chan estaba entusiasmada diciendo papá:
-Pa-pa, PA, pa... papapa, pA, pa-pa -y de pronto, añadió- TO TO -y luego lo repitió, por si no nos había quedado claro-: pa-pá to-to.
Otra que está condenada a repetir las frases de su madre.








Pd: Que sí, que sí, que el día del libro es mañana, que le he dado a publicar en vez de a guardar otra vez.
Lo que pasa es que esta vez, en lugar de borrarlo como si fuera el community manager de un político cualquiera, lo he dejado. ¡Si hasta he confesado y todo!:

19 abril 2013

Gran Reserva VIII y ya

Previously in Lorz...
Esto es más largo que el día ese del año en el que se atrasa la hora y tú ves que no anochece y piensas, "pues será temprano", y miras el reloj y no es temprano y encima mañana hay que ir a trabajar y te da una pereza que te mueres. 


Mi padre tiene un problema de puntualidad, en concreto, de exceso de la misma.
En realidad no, porque la puntualidad consiste en llegar justo a la hora acordada, mientras que lo que hace mi padre es llegar tres horas antes, y si puede se queda a dormir en la puerta toda la noche para estar el primero, bien tempranito.
Cuando estaba embarazada mi padre me llevaba a hacerme todas las ecografías, análisis y pruebas, y me llevaba tan pronto que a veces nos encontramos el centro médico cerrado, y nos íbamos a desayunar para hacer tiempo... sólo que por lo general yo no podía desayunar porque tenía que hacerme alguna prueba en ayunas, así que le miraba desayunar. Os podéis imaginar la ilusión que me hacía.
Este afán madrugador tiene algún sentido cuando vas al médico, pero lo tiene menos cuando vamos a comer a su casa. Si quedas a las dos, y a las dos menos un minuto no has llegado, te llama.
-¿Dónde andas? -pregunta.
-En el portal de tu casa.
-¿Y por qué no subes?
-Porque me estás llamando al móvil y en el ascensor no hay cobertura.
Después de muchas protestas, conseguimos que dejara de llamarnos. Ahora lo que hace es decirle a mi madre que nos llame.
-Llama a la niña, que son las dos menos veinte y no ha venido.
-Estará de camino.
-A ver si le ha pasado algo, llámala.
-Llámala tú, no ves...
Al final mi madre me llama.
-Filla -mi madre sólo me llama filla cuando sabe que va a decir algo que me va a tocar las narices-. ¿Venís o qué?
-Ya vamos, ya vamos, que hemos quedado a las dos y no son todavía.
-¡HA SIDO TU PADRE!
Con los viajes mi padre entra en punto crítico.
-¿A qué hora salimos? -le pregunto.
-Sobre las ocho.
-O sea: a las siete y media.
-No, mujer, no seas exagerada...sobre las ocho o así.
Al día siguiente a las siete y media está mi padre llamando al telefonillo.
-Pues ahora te esperas que no estoy preparada.
-¿Cómo que no? ¡Si te dije a las ocho!
-¡Pero es que son las siete y media!
-Ya, pero entre que salimos de Madrid y nos metemos en la autovía...
Ah, vale. Que a las ocho salimos del país, no de mi casa. Haberlo aclarado, hombre.
Para ser sincera, al principio mi padre se comportó muy bien.
Antes de irnos le expliqué que la niña tenía sus normas, sus rutinas y sus necesidades, que no entiende de horas ni de autovías y que la única forma de que mantenerla tranquila era manteniéndonos tranquilos los demás. Es decir: que una cosa es ir deprisa y otra ir con prisas, y con un bebé se tiene la una o la otra, pero ambas no porque son mutuamente excluyentes.
El viaje de ida fue muy tranquilo.Salimos muy bien. Cuando Bebé-chan tuvo hambre paramos a desayunar, y mi padre esperó pacientemente a que Bebé-chan se acabara el biberón, estuviera limpia, jugara un ratito para desentumecer el cuerpecillo. Mi padre se mantuvo impasible el ademán, aunque cualquiera que lo conozca se habría dado cuenta de que le picaba el asiento.
A la vuelta anunciaron nieve.
-Pues salimos inmediatamente después de comer, que no nos pille de noche y nevando -anunció mi padre.
Lo que en klingon significa: " a las siete de la mañana os estoy levantando".
Pues a las siete no, pero a las ocho me estaba preguntando si se podía llevar a Bebé-chan para enseñársela a unos amigos.
-¿A estas horas? ¿Esos amigos te caen mal o algo?
-Es que luego se hace tarde y va a nevar y...
Un par de horas más tarde, mi padre volvió a intentarlo.
-¿Está Bebé-chan vestida?
-Eh... sí.
-¡Pues me la llevo!
Antes de que me diera cuenta estaba corriendo pasillo adelante, con Bebé-chan sobre el hombro cual cochinillo mientras gritaba y agitaba los bracitos.
-¡El abrigo! ¡Los zapatos! ¡Que estoy en pijama!-gritaba yo, mientras intentaba alcanzarle.
-¿Tú también vienes?
Hombre, si te parece... que mi padre es capaz de coger a la nieta y volverse a Madrid, y a los demás que nos la pique un pollo. Yo mientras tenga a mi hija no le pierdo de vista ni para ir al baño.
Un par de horas más tarde, después de que mis padres llevaran a Bebé-chan a hacer el Simba por todo el pueblo, mi padre anunció que nos íbamos.
-Que han dicho que va a nevar -nos recordó.
-Pues es que Bebé-chan tiene que comer -le dije.
-¿Ahora?
-Cuando tiene hambre, es una costumbre tontísima que tiene.
-Es que como no me has avisado...
-Come cada tres horas. No sabía que tenía que anunciarlo en el BOE cada vez.
Para cuando Bebé-chan terminó de comer mi padre ya estaba dando saltitos de impaciencia. Mi yo interior, también, porque esto de dar pecho con tu padre intentando calcular mentalmente los centilitros que puede haber en cada teta y lo que puede tardar Bebé-chan en bebérselos, como que te corta el rollo.
-Bueno -dijo al final-. ¿Nos vamos ya o qué?
-Espera un momento, que tengo que cambiarle el pañal.
-¡No me has dicho que la tuvieras que cambiar!
Pues en esto estamos empatados, porque ella tampoco me ha dicho que tuviera que cagar.





PD:
Orden 1234/2013, de 19 de abril, por la que se regula la ingesta y expulsión de alimentos por parte de Bebé-chan.
1.Los bebés en general, y Bebé-chan en particular, tienen la costumbre de comer para subsistir. Lo hacen aproximadamente cada tres o cuatro horas, según su edad, peso, estado de salud y otros condicionantes, entre los que destaca el hambre. 
2.Los bebés, una vez comen, tienden a hacer popó tarde o temprano, generalmente en el momento más inoportuno para la padre, madre, o tutor/es legal/es, sin previo aviso de ningún tipo, salvo en algún caso un ligero rubor facial provocado por el esfuerzo del bebé al apretar. 
3.Una vez el bebé ha hecho pipí o popó es recomendable cambiar el pañal, por el bien del bebé. Si te vas a meter en el coche con las ventanillas subidas y la calefacción puesta también es recomendable cambiar el pañal, por el bien de los demás. 


11 abril 2013

Gran Reserva VII

Previously in Lorz...
Estuve tres días en el pueblo y voy a tardar dos meses en contarlo. 
Creo que empiezo a chochear. A fin de cuentas, ser madre es el primer paso para ser abuela. 

Titapepi está hecha una pupa de arriba a abajo.
Literalmente.
Empezando por los pies (juanetes), pasando por la cadera (Robocop), los riñones (uno está en paro y el otro convocado a huelga), los ojos (ni torta), los oídos (ligera sordera) y además todo lo habitual cuando uno tiene más de setenta años: azúcar, colesterol, ácido úrico...
El estado de pupez es tal que si Terminator la mirara con su escáner ocular (que a pesar de su nombre está en el ojo, no en el culo), le saltarían todas las alarmas y en vez de dispararle le daría un par de palmaditas en la espalda y le diría "ea, ea".
Para mantener ese cuerpo puposo en funcionamiento Titapepi tiene que seguir una dieta estricta, baja en sal, baja en azúcar, baja en grasas... baja en todo lo bueno, vaya. La cosa es tan grave que si se hace una ensalada, no puede echarle tomate (ácido úrico), ni aceitunas (sal), ni maíz (azúcar). Así que se echa un poco de lechuga. Pero poca, ¿eh? Que la lechuga es muy indigesta y muy pesada.
Y así todo.
A pesar de la dificultad, Titapepi sigue su dieta a rajatabla. La idea es que si se porta bien todos los días, pero todos todos, en ocasiones especiales puede hacer un excesito, como chupar un grano de maíz o algo.
No creáis que los hace mucho. Normalmente se reserva para cuando tiene gente en casa.
Y claro, cuando estuvimos en su casa, tenía gente en casa.
Ha quedado claro, ¿no?
Que conste que ella planeaba portarse bien, y que fui yo la que provoqué.
-Niña, ¿tú que quieres cenar esta noche?
Eran las seis de la tarde, pero eso no importa. En mi familia sólo hay una cosa que nos guste más que comer: hablar de comida.
-Pues había pensado que podíamos pedir una pizza. Si no quieres, no, lo que tú digas.
No te vaya a dar un chungo, pensé, que las transaminasas son unas p*t*s traicioneras.
-No, mujer, si a mí me gusta la pizza, y por un día que coma no pasa nada.
-Pues nada, luego la pedimos.
Jo, pensé, pobre Titapepi, ella aquí haciendo esfuerzos heroicos para mantener los triglicéridos controlados y llegamos nosotros y se los descolocamos todos, desde luego... Me daba mucho apuro pensarlo, es que es muy fuerte... Que lo mismo a la pobre ni le apetece ni nada, y sólo se come la pizza por no hacernos el feo.

-Niña, ¿pedimos ya la pizza?-me preguntó más tarde.
-Eh... es que son las siete, igual es un poco pronto, ¿no?
-Sí, igual sí.

Y al rato...
-Niña, creo que voy a pedirla ya, que aquí se lo toman con calma.
-Espero que se lo tomen con mucha calma, porque son las siete y cinco.

Y al rato...
-Niña, ¿ tus padres dónde han ido?
-Creo que están de cañas.
-Tardan mucho, ¿no?
-No sé, se habrán encontrado a alguien.
-Oye, ¿no estarán cenando por ahí? ¡A ver si van a cenar y luego no quieren que pidamos la pizza!

Y al rato...
-Niña, yo he pedido ya la pizza. ¿Con cuatro tendremos bastante?
¡Halaaaaaa!
-Depende, ¿cuántos meses vamos a estar aislados por la nieve?

Y al rato...
-Niña, que la pizza ya está aquí. ¿Tus padres cuando vienen?
-Ni idea.
-¿Tanto se tarda en tomar una caña?
-No creo que se hayan tomado una caña...

Y al rato...
-Niña, que esto se va a enfriar. Yo voy a ir empezando.
Pero por no hacernos el feo, ¿eh? No os vayáis a creer.



Continuará (sólo uno más y ya)...