27 agosto 2016

¡Feliz cumpleaños, Bebé-kun!

Me gusta que te frotes los ojitos para despertarte, como si el sueño fuera algo que te ha caído encima.

Me gusta cómo me sonríes cuando me despiertas, como si verme abrir los ojos fuera lo mejor que te hubiera pasado en la vida.

Me gusta que me trepes por encima, para un lado y para el otro. Me hace sentir un poco tobogán.

Me gusta que te subas a mi regazo y des saltitos para que juegue contigo.

Me gusta  que te eches para atrás, pidiéndome que te ponga boca abajo, y esa sonrisa bobalicona que te sale de lo más hondo.

Me gusta verte gatear por toda la casa, riéndote de tu propia velocidad.

Me gusta cómo juegas a perseguir a tu hermana, y te tronchas de la risa cuando la oyes reír.

Me gustan todas tus palabritas. "Teta" fue la primera. Después vino "Paaa-pa", que no es papá, sino el nombre de tu hermana. Luego, "aba", para el agua, "tetaa", para galleta, y finalmente mamá. Tu padre todavía está esperando que digas "papá". Que se joda. Sin presiones, ¿eh? Tú a tu ritmo.

Me gusta tu sonrisa de felicidad cuando respondemos a tus intentos de comunicarte. "¿Ta?", sí, hijo, ta.

Me gusta cómo saludas y te aplaudes a ti mismo, y cómo a veces te haces un lío entre ambas cosas y te metes unas tortas de impresión.

Me gusta cuando tus ojitos se iluminan porque reconoces las canciones que has oído una y otra vez desde que estabas en la tripa.

Me gusta cómo te enfrentas a la comida con resignación. El pediatra dice que quizá seas celiaco, o algo peor. Sea lo que sea, eres mi héroe.

Me gusta cómo has renunciado a chupetes, tetinas y leche artificial así, por principios, y no ha habido forma de convencerte de lo contrario.

Me gusta que mires la teta con adoración, y la tomes entre tus manitas como si de un porrón se tratase.

Me gusta cómo te dejas caer sobre mí con la boca abierta, confiando en que el pezón encontrará mágicamente su lugar.

Me gustan tus siestas bobas, y cómo pareces dormirte contra tu voluntad, como si te rindieras.

Me gustan tu cabecita pedrazas, tus orejitas élficas, tu sonrisa lalo y tus patitas drogueras (yo me entiendo). Y me da la risa porque me acuerdo del Primo Guapo: "¡No a los niños Mr Potato! ¡Di no a los niños hechos con piezas de otras personas!".

Me gustan tus cuatro dientecillos afilados, y ese quinto que no se decide a salir, por más que mordisqueas tu dedo índice no hay manera.

Me gustan tus ojitos bellos de canica.

Me gusta que intentes levantarte poniéndote a cuatro patas y bamboleando el culete. Te falta pulir algunos detalles, pero ya estás en el buen camino.

Me gusta que entres al autobús saludando, esperando que te digan lo guapo que eres.

Me gusta que en cuanto me descuido te bajas solo de la cama, o te subes a la mesilla de noche de tu padre para encender la lámpara. (Pero no lo hagas más, ¿quieres? Que te la vas a pegar)

Me gusta que lleves juguetes al azar hasta la nevera e intentes que se queden pegados a la puerta como los imanes, y tu carita de frustración cuando no lo consigues.

Me gusta verte sacar y meter cosas de cajas, da igual que sean pinzas, legos, bragas o boniatos

Me gusta la adoración que sientes por tu hermana, que es mutua y espero que dure. Me gusta cómo la buscas con la mirada, cómo la llamas, "Paa-pa", cómo le echas los bracitos y le acaricias el pelo. Me gusta cuando os quedáis dormidos (en mi cama y ocupándola toda, por supuesto) y os abrazáis en sueños.

Me gusta tu recién descubierto amor por las patatas fritas, pero que nadie se entere.

Me gustan tus pequeños triunfos.

Me gustas tú.


18 agosto 2016

Star Trek: más allá

Como mañana se estrena en España Star Trek: más allá, creo que ha llegado el momento de hacer mi reseña.

OJO CUIDAO QUE HAY SPOILERS

Fui a verla con mucha emoción porque el guion es parcialmente de Simon Pegg, que es muy fan de la serie desde niño. Y, desde luego, se nota, porque parece escrita por un niño de 12 años.
Donde más se nota es en Uhura, que no llega a pisar el puesto de mando en toda la película, y que parece estar ahí solo como novia de... y porque siempre hace falta alguien para que el malo (sin motivo aparente), le cuente su maléfico plan. Su papel se diluye tanto, pero tanto tanto, que su mayor aportación a la trama OJO AQUÍ SPOILER GORDO es llevar encima, sin saberlo, el equivalente vulcano a un chip de perro. Que encima es radiactivo y para qué se lo vamos a contar, con lo contenta que está ella, ya se sabe, a las tías les mola la bisutería.
En su lugar aparece una Tía Que Da Patadas. No hay ningún motivo razonable para que sepa dar patadas, no aporta nada especial a la trama, tiene la personalidad de un zapato, pero las Tías Que Dan Patadas molan y debería haber una por película. Por lo menos.
Ya que estamos con los personajes femeninos, en esta película hay otro que merece mención (aparte de Señora Madura que Muestra Sutilmente al Héroe su Verdadero Camino) porque es un bonito homenaje a todas esas mujeres que arriesgan su vida transportando contrabando escondido en su vagina.
El resto del elenco hace lo que puede con un guion que recuerda muchísimo a Moffat (¡sin Tardis, sin destornillador y en tan solo una hora!): muchos golpes de efecto, y el resto ya si tal. Hay hasta hologramas y juegos de espejos. Si hubieran matado definitivamente a algún protagonista seis veces hasta podría pasar por un Doctor Who.
Bueno. Cuando digo el resto del elenco me refiero a los principales, porque la Enterprise parece estar llena de gente cuya única función es correr de un lado para el otro para hacer bulto (de hecho SUPERSPOILER al final de la película descubres que toda la tripulación se compone de tan solo cuarenta personas).
Sí, el guión es tirando a malillo. Tan malillo que el punto de partida es que la Enterprise llega por fin al último confín del universo. Está tan lejos que han tardado tres años y medio en llegar... pero la familia de uno de los tripulantes parece haber llegado allí sin ningún problema (¡timey wimey!), incluida una niña de corta edad que, bueno, obviamente es adoptada, pero la debieron adoptar por amazon porque si no no me lo explico...
El montaje también es un poco peculiar. Su mejor momento es cuando Kirk se las apaña para cambiarse de modelito de arriba a abajo mientras su cápsula se estrella. Eso sí: le queda monísimo.
Con todo, lo que más me ha molestado de la película es el recurso emocional fácil. Que Sulu sea SPOILEEEEEEER gay es un detalle bonito. Que cada vez que se cae un edificio estén su pareja e hija amazon basic debajo porque Sulu es gay mirad os hemos dicho ya que es gay porque es gay y tiene una hija y es gay porque apoyamos los derechos de los gays y necesitamos desesperadamente que está película le guste a alguien y a los gays también es un poco cansino. Enseñar la imagen de la tripulación original otra vez es marrullero.  Y la idea de Spock de SPOILER dejar el servicio para, literalmente, contribuir a la reproducción de la especie es inclasificable (tengo que dejar de trabajar para irme a zumbar vulcanas, nadie ha sufrido tanto desde que Neo tuvo que decidir si se acostaba con Monica Bellucci para salvar el mundo... y por ciento, ¿alguien le ha preguntado a las vulcanas lo que opinan del plan?) te acaba dando bastante igual (anda, vete, so cansino).
No sé si lo he dejado bastante claro, pero no me ha gustado nada. Creo que es de las peores películas de Star Trek que he visto, y eso que ZaraJota me obligó a ver la de las ballenas.
Pero, PERO, os recomiendo que vayáis a verla.
Por aquello de mal de muchos...

03 agosto 2016

La boda de la hermana de Ana ¿1?

Nena-chan fue a su primera boda antes de cumplir los tres años.
Y claro, no sabía lo que era eso.
-Una boda -le expliqué-, es un invento de la sociedad falocéntrica patriarcal heteronormativa para apropiarse de la capacidad reproductiva de la mujer, que sus vientres estériles envidian secretamente.
-...
-La tía Scarlett, que se va a vestir de princesa.
"Princhesa" sí era un concepto con el que estaba familiarizada. A fin de cuentas, todas las chicas somos un poco princhesas por dentro, salvo cuando llevamos vestido largo, que lo somos por fuera.
Casi un año más tarde, es decir, el fin de semana pasado, nos fuimos a otra boda.
-Vamos a ver a una princesa -le dije a Nena-chan.
-¿A dónde?
-A su castillo.
Bienaventurados sean los cielos por inventar las bodas medievales.
-Y esa princesa, ¿tiene papá y mamá?
Nena-chan ha visto las suficientes películas de Disney como para empezar a sospechar que los papás y mamás de las princesas tienen una esperanza de vida ligeramente inferior a la media.
-Claro que sí, un papá y una mamá. Y también una hermana.
-¿Y cómo se llama la hermana suya?
-Ana.
-¡¿COMO LA DE FROZEN?!
-Claro, es que verás: todas las hermanas del mundo tienen que llamarse Ana. Es la ley. Así siempre puedes decir "mi hermana Ana" y rima.
-¡Lorz! -dijo entonces ZaraJota. Es que me quiere tanto que a veces no puede evitar gritar mi nombre.
Mientras tanto la niña estaba procesando la información.
-"Mi hermana Ana" -dijo-. Pero yo tengo un hermano.
Creo que ha llegado el momento de cambiar de tema.


¿Continuará?
Ni idea.
Estoy recibiendo presiones tanto para que sí como para que no...
Depende de si consigo poner tierra de por medio.

29 julio 2016

Star Trek Beyond

-¿Sabes que van a hacer un preestreno de Star Trek para fans? -me dijo un día ZaraJota, con esa carita manga que se le pone cuando algo le hace ilusión.
-Ah, qué bien. Ojalá pudiéramos ir.
-Ehhh... bueno, el caso es que he pedido acreditación de prensa.
-¿Sí? Pero seguro que hay tortas para eso...
-Bueno, el caso es que me la han dado. -Yo estaba flipando. Está claro que hoy en día acreditan a cualquier idiota-. De hecho, me han dado dos. Podrías venir tú también -lo que yo decía: a cualquier idiota-. Pero claro, no puedes porque tienes que quedarte en casa con los niños.
-¿Peeeeerdonaaaaa?
-Es a las 10 de la noche. Ya sabes que a esas horas Bebé-kun siempre pide teta.
-¿Y por qué no te quedas tú?
-Eh... Yo no puedo... Ya sabes... Dar teta. Porque soy un hombre y eso.
-Claaaaaro y dar teta es cosa de mujeres.
Maldito machista opresor falocéntrico de tetas inútiles...
-Bueno, a lo mejor podemos cuadrar horarios y dejarlo con alguien. ¿Crees que tu madre querrá quedarse con los dos niños?
Llamé a mi madre.
-Madre, ¿podrías quedarte una tarde con los niñ...?
No había acabado de hablar cuando oí un portazo al otro lado del teléfono. Acto seguido, alguien empezó a dar hachazos en mi puerta hasta que la echó abajo. En el dintel, rodeada de serrín en suspensión y con un hacha en la mano, estaba mi madre. Tiró el hacha, cogió a los dos niños en brazos y salió corriendo.
-¡Hoy no! ¡La semana que viene! -le grité por el hueco de la escalera mientras ella bajaba a tal velocidad que era apenas un bulto borroso.
Volví a casa.
-Que dice mi madre que a ella no le importa quedarse con los niños -le dije a ZaraJota-. Devolverlos, ya no sé. Pero lo que es quedárselos, sin problema.
Nos miramos con la boca abierta: no nos lo podíamos creer. Íbamos a ir al cine juntos, los dos solos, sin los niños.
-No recuerdo la última vez que fuimos solos a algún lado.
-Yo sí -fue dijo ZaraJota: fue el 25 de agosto del año pasado. Tus padres se quedaron con la niña, y nosotros nos fuimos al hospital porque habías roto aguas.
Planazooo...
Pensamos que ya que estábamos podíamos irnos a cenar también. Volví a llamar a mi madre.
-ESTE ES EL CONTESTADOR AUTOMÁTICO DE TU MADRE -respondió- NO SÉ DE QUÉ NIÑOS ME HABLAS. AQUÍ NO HAY NINGÚN NIÑO.
-Abuela, ¿es mi mamá?
-NO ES TU MAMÁ. PARA QUE FUERA TU MAMÁ TENDRÍAS QUE ESTAR AQUÍ. Y NO ESTÁS.
Colgué.
-A mi madre no le importa -le dije a ZaraJota-. Y puede que después del cine necesitemos una orden judicial...
Cuando salimos a la calle nos sentíamos rarísimos.
Yo no sabía que hacer con los brazos.
Jo, pensé. Qué mal. Me tenía que haber traído el carrito, aunque fuera vacío.
ZaraJota no paraba de palparse el cuerpo y mirar alrededor, como si no se acordara de si había perdido el móvil o se lo había debajo en casa.
Intentamos darnos la mano un par de veces, pero no resultó.
-Es que yo así, una mano limpia, no sé, me da como cosa -le dije-. ¿No puedes, yo qué sé... lamértela un rato y después estrujar unos monchitos?
Cuando llegamos a cenar fue peor.
ZaraJota tardó unos tres segundos en terminarse su cena.
-¿Cómo lo has hecho?
-No te lo vas a creer, pero se come mucho más rápido cuando tienes las dos manos libres.
-¿En serio?
-Sí. Incluso he usado esas cositas brillantes que nos ponen siempre.
-¿Los cubiertos?
-¡Eso!
Yo lo intenté también, pero no podía. La comida se me caía todo el rato.
-Parece que estuvieras teniendo un ataque epiléptico -me dijo ZaraJota.
-Creo que mi cuerpo está tan acostumbrado a compensar el movimiento de un niño saltándome por encima que ahora no es capaz de parar. Además, la comida no me está gustando nada: la hamburguesa está caliente, el pan está tierno, la mayonesa no tiene esa costrita naranja que le sale a la nuestra, y no hay absolutamente nada flotando en mi vaso.
-Si quieres podemos pedir en la cocina un saco de patatas y lo coges en brazos hasta que la comida esté a tu gusto.
-No me parece bien que compares a tu hijo con un saco de patatas, con lo pequeño que es. Una garrafa de agua, quizá...
Pero lo peor de lo peor de lo peor fue el cine.
Llegamos, nos sentamos, y apagaron la luz.
-¿Y ahora qué?
-Ahora vemos la película.
-Ya, ¿y qué más?
-¿Qué más quieres, Lorz?
-Pues no sé, aprovechar el rato y coser un botón, planchar...
-Intenta ver la película, ¿quieres?
Jo, y yo quería. Lo que pasa es que no paraba de pensar en que ojalá me hubiera llevado algunos calcetines para doblar. Además como normalmente solo veo cosas mientras doy el pecho, ahora cada vez que me siento y miro una pantalla me pican los pezones. Y estaba todo el rato en tensión, esperando el tradicional "¡MAMAAAAA! ¿ME LIMPIAS EL CULETE QUE HE HASIDO CACAAAAAA?", que al final me planteé seguir a alguien que fuera al baño y ofrecerme a limpiarle el culete, pero ZaraJota me dijo que no lo hiciera y que si era tonta o qué, que para mí que una cosa no tiene nada que ver con la otra y no entiendo la pregunta.
Para rematar, la película no me gustó nada. Nada de nada. Pero no era capaz de decir exactamente por qué, las dos anteriores me gustaron mucho.
-Qué raro se me ha hecho, -dijo ZaraJota al salir-, ver una película sin los niños parloteando alrededor.
Uy. Uy, uy. A ver si el problema es que esta vez estaba escuchando los diálogos...



Pd. Cuando los astros se alinean y tenéis un ratito a solas con el/la churri, ¿sois capaces de hablar de algo que no sean los niños? ¿de qué?


20 julio 2016

Oda a la bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar

Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar, amiga de la preñada,
consuelo de la lactante,
placebo que alivia
mi falta de sueño,
chispitas oscuras
de felicidad somera.
Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar,
qué mala estás, jodía.
Con los suspiros de los calcetines
que en la lavadora se pierden
gentes tristes te fabrican.
Estás hecha del alma negra
de nazis caníbales veganos y runners.
Me recuerdas aromas
de caucho quemado,
de zapatos viejos,
de ropa interior sudada
que en una taquilla olvidé.
Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar,
qué mala estás, jodía.

11 julio 2016

Las profesiones

La última vez que fui a hablar con la seño de Nena-chan me dijo que estaban dando la unidad de las profesiones, pero que no les estaba yendo demasiado bien: ni los niños de tres años están preparados para entender las profesiones del siglo XXI (¿alguien sabe, por ejemplo, lo que es analista de sistemas?) ni los libros de texto saben que ya estamos en el siglo XXI.
-Algunas de las profesiones que aparecen en el libro son carnicero,  pescador, granjero... Hoy en día lo compramos todo en bandejas de supermercado, los niños no tienen ni idea de lo que les estoy hablando.
Así que entre los conceptos que tenemos que trabajar este verano están las profesiones.
-Nena-chan -le decía-, ¿sabes lo que hace papá en el trabajo?
-No.
-Hace CHACA CHACA CHACA -le decía, fingiendo que tecleaba con furia en un ordenador invisible.
-¿Y mamá qué hace?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Y la buela?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Y el buelo?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Todos haséis lo mismo?
-Eh... No, no...
-Todos ¡CHACA CHACA CHACA!
-No, bueno, sí. Pero es distinto. A ver, como explico esto... Papá... Cuando se te rompe un cristal, llamas a papá, papá hace ¡CHACA CHACA CHACA! en el ordenador y un señor va y arregla el cristal.
Así, resumiendo mucho.
-¿Y el buelo?
-Pues... Cuando alguien se pierde, llama al buelo, y el buelo hace ¡CHACA CHACA CHACA! En el ordenador y le dice por dónde tiene que ir.
Que el convenio colectivo me perdone, no sé cómo explicarlo mejor.
-¿Y la buela?
-Ah, no, lo de la buela no intentes entenderlo, yo llevo años y sigo sin enterarme. Y mamá, ¿te acuerdas de cuando estuviste en el trabajo de mamá?
La nena ha venido mucho a la oficina porque mi trabajo era children friendly. Y digo "era" porque llevamos una semana con el aire acondicionado roto y ahora es mas fried que friendly.
-Mamá hace ¡CHACA CHACA CHACA! en el ordenador y hace libros.
-Eso es -dije, y entonces pensé que podía entrar en el Reino del aprendizaje significativo por la puerta grande y añadí-: ¿y sabes qué pasa luego con los libros?
-No, ¿qué pasa?
-¡Que van a la tienda del tío Sark y los vende!
Lo intenta, vaya.
-¿A quién?
-¿Cómo que a quién? A cualquiera. A quien se deje.
-¿A la gente?
-Sí.
-Pero los libros son de mamá.
-Bueno, no exactamente.
-Yo no quiero que se los lleve gente.
-No te preocupes, mamá SÍ quiere...
-¡NOOOOOOO! ¡YO NO QUIERO QUE SE LLEVEN LOS LIBROOOOOS! ¡SON DE MI MAMÁ!
Pues si esto te parece mal, espera a que descubras el concepto de plusvalía.


29 junio 2016

Children friendly

Este se lo dedico a Pierre Patán y a todos sus ancestros.


El sábado pasado estuvimos en el Hul, no saludando a gente que no recordábamos que nos hubieran presentado (ejem), y recociéndonos a fuego lento mientras Nena-chan participaba en todas las actividades infantiles a su alcance (aquí el robot resultante).
Luego nos íbamos a comer con Tow y sus niñas, pero no sabíamos dónde ir.
-Esperad un momento -nos dijo-, voy a preguntarle a Pierre Patán si hay algún sitio children friendly por aquí.
Al rato volvió muy satisfecho.
-Dice que hay uno estupendo muy cerca, donde el Imparcial.
Y allá que nos fuimos todo contentos, tres adultos, dos carritos de bebé cargados hasta arriba (una muda por si se mancha, rebequita por si refresca, gorrito por si hace sol, la merienda, la remerienda, juguetes... en fin, os hacéis a la idea), dos niñas y dos bebés (que por supuesto no querían ir en el carrito ni a la fuerza).
Debían ser las dos de la tarde, unos 40°C, cuatro niños revolucionados, y cuando llegamos al local...
-Hola, venimos a comer.
-Claro, suban.
Y entonces vimos las escaleras.
Peaso escaleras.
Dos pisos de escaleras.
Cuando aterrizamos en el piso superior a los camareros se les cambió la cara.
-A la sala del fondo -dijeron al unísono.
Mientras la chiquillería saltaba y gritaba como poseída, nos llevaron a una sala aparte, y no cerraron la puerta por la política de prevención de incendios, que si no fijo que nos encierran allí y tiran la llave.
Tow estaba flipando.
-Pierre Patán me ha dicho que esto era children friendly.
-Pero a ver, ¿qué ha dicho exactamente?
-Que la semana pasada estuvo aquí muy a gusto con sus sobrinos y...
-Quieto parao un momento... ¿Los niños no eran suyos?
-Eh... creo que no...
Claro, con razón estuvo a gusto el cabrón...

En fin.
Como no es la primera vez que alguien nos dice que un sitio es ideal para los niños y luego como que no, la Obra Social Lorzagirl™, inspirada por esta historia, ha elaborado una lista de los atributos necesarios para que un restaurante se considere children friendly, a saber:

1 Accesible
Que haya dos o tres tramos de escaleras puede parecer una buena política comercial a corto plazo, porque los padres llegan arriba con más hambre (y sed) que el perro de un cortijero. A largo plazo, sin embargo, es nocivo, ya que hay pocas posibilidades de que los susodichos vuelvan... Claro que lo mismo era la idea desde el principio.
Por otra parte, que no tenga escaleras no lo convierte automáticamente en accesible: algunos tienen puertas estrechas, recodos junto a la puerta o, mi favorita, la doble puerta que te obliga a sostener una con una pierna, otra con la otra, y empujar el carrito sin moverte un milímetro, no se vayan a cerrar.

2 Amplitud.
Un niño no es más que el epicentro de una pequeña espiral de caos. Los espacios amplios y despejados permiten limitar los daños a terceros.
Además, en algún sitio tienes que aparcar el carro mientras el niño no lo usa (o sea, todo el tiempo).

3 Adaptado
Mucha gente considera que un restaurante es children friendly si tiene tronas.
Pues no.
Para empezar, depende de la trona, la higiene de la trona y el humor del niño que tiene que sentarse en la trona.
Y para seguir, la verdad es que un niño puede sentarse en cualquier silla normal. Ojo, NORMAL. Un taburete no es una silla normal. Eso que diseña tu primo con tubos de escape retorcidos no es una silla normal. Lo que tiene tu abuela en el recibidor con tapizado Luis XIV no es una silla normal. El trono de hierro no es una silla normal.
Una silla normal es, así mayormente, normal.

4 Resistente
Las mesas de cristal y las vajillas de porcelana fina añaden a cualquier cena una dosis de emoción considerable, tirando a excesiva, por no hablar del riesgo físico que entraña para los comensales.

5 Digerible
Os sorprenderá saber que la mayoría de los niños pueden comer (casi) de todo. Otra cosa muy diferente es que quieran.
Como norma general, si una abuela no sabe cocinarlo (y pronunciarlo), un niño no querrá comérselo.

6 Limpio
Los niños tienden a tocarlo todo y a arrastrarse por el suelo.
Bueno, allá ellos.
El problema es que después pretenden tocarte A TI.
Evita daños permanentes en tu salud mental y tu ropa visitando sitios relativamente limpios.

7 Pero no demasiado
Para que cuando tus hijos dibujen a Peppa Pig con ketchup en las cortinas exista una duda razonable sobre si ya estaba así cuando llegaste.

8 Higiénico
Los niños tienden a expulsar sus excrementos cuando sus padres están comiendo.
Científicos de la Universidad de Wisconsin han estudiado el fenómeno y están perplejos; tan perplejos como tú cuando llevas dos horas esperando tu comida y nada más llegar uno, varios o todos tus retoños anuncian que se hasen pipí. Mucho pipí. AHORA.
Los niños son demasiado bajitos para hacerlo de pie, y las niñas todavía no han desarrollado la capacidad adulta de hacerlo en cuclillas mientras sostienen la puerta con una mano, el bolso con la otra, y los pantalones con las rodillas para que no caigan hasta el suelo y se empapen de pis ajeno. Es decir, que tienen que sentarse en el inodoro. Y como por lo general tienen miedo de caerse, además de sentarse se aferran con las manos a la taza. ¿Veis a dónde quiero ir a parar?*
En el caso de los bebés, algunos restaurantes tienen cambiador. Suele ser un artefacto plegable en inicio marrón, pero tornasolado por diversas capas de sustrato orgánico, al que con el uso y el paso del tiempo se le va aflojando el mecanismo hasta que se convierte en un tobogán. Para añadir más emoción, en algunos locales faltos de espacio los colocan dentro de algún cubículo, peligrosamente cerca de un inodoro que suele estar invariablemente sucio.
Y ojo, que no lo digo en concreto por el vips de Gran Vía 43, ¿eh? Lo digo así en general, sin pensar en ningún sitio en concreto.
Es mucho mejor un baño amplio (y limpio), con una encimera amplia (y limpia), con colchoneta o no (limpia)

9 Rápido
Asúmelo: no eres tan chachi como te crees.
Cuando los niños lleven un rato sentados se aburrirán de ti, de tus amigos y/o de cualquier cosa que tengáis que contaros.
No abuses de su paciencia: hazlo breve.

10 Indoloro 
Salir por salir no tiene sentido.
Hazlo solo cuando podáis hacerlo con un grado razonable de comodidad para todos.
Serán más veces de las que crees, y lo pasarás mejor cada vez.







*Esto nos ha salvado el piticlín.