31 octubre 2014

Halloween 2014

La Vieja y Malvada Bruja se sentía un poco sola últimamente.
Quizá una mascota me haría compañía, pensó, así que se fue a lo más alto de la más alta torre y secuestró a un dragón.
Había allí también una princesa, y no le hubiera importado quedársela también como mascota, pero empezó a hacer muchos aspavientos, y a darle besos y abrazos y a ponerse a sus pies y a agradecerle que la hubiera salvado de tan horrible monstruo. La bruja se lo pensó menor y decidió llevársela, sí, pero para merendar por el camino.
El dragón, que dijo llamarse Molón, se adaptó perfectamente a la vida en la cabaña de la bruja:

El dragón Molón
Se levanta con ilusión
Desayuna cacao
Para hacerse mayor
Va a la guarde muy contento
A aprender un montón
A la hora de comer
Usa siempre tenedor
Termina y duerme una siesta
Tumbadito en su colchón
Por la tarde sale al parque
A jugar con un balón
Va después directo al baño
Con espuma de jabón
Cena mucho y toma leche
Que se bebe de un tirón
Y a la cama, que ya es hora
Ten dulces sueños, mi amor

Me estoy ablandando, piensa la Vieja y Malvada Bruja mientras calienta en el microondas unos restos de princesa que se ha encontrado en la nevera.

25 octubre 2014

La maldición de los calzoncillos

ZaraJota™ tiene unos calzoncillos de Star Wars. Se los trajeron los Reyes Majos de Andalucía hace un par de años, y son muy bonitos: de color negro con cascos de soldado imperial estampados.
Súpersexis.
Los calzoncillos de Star Wars tienen muchas ventajas.
Para empezar, se le quedan muy pegaditos al pompis. También son muy suaves, y entre una cosa y otra, cuando se los pone se le caen los pantalones y los lleva asomando, en plan modelo de lencería de Calvin Klein, si los modelos de Calvin Klein llevaran calzoncillos de Star Wars en vez de... bueno, calzoncillos de Calvin Klein. Pero lo mejor es cuando los usa para dormir, porque son súpersuavitos y es muy relajante tocarle el pompis así como quien no quiere la cosa.
Por desgracia, los calzoncillos de Star Wars también esconden un oscuro secreto.
-Estos calzoncillos están malditos -me dijo un día ZaraJota™-, cuando me los pongo nunca jugamos al parchís. 
-Hombre, tienes muchos calzoncillos, no les puede tocar siempre a todos.
-Que no, que no, estos son los únicos con los que nunca hemos jugado al parchís. 
 -No me lo puedo creer. ¿Hemos jugado al parchís con los calzoncillos de Spiderman?
ZaraJota™ tiene unos calzoncillos de Spiderman. Son rojos y azules y llevan impresa la máscara de Spiderman en... bueno, os ahorro los detalles.
-Sí, hasta con esos. Con todos menos con estos. Hemos estado a punto muchas veces, pero en el último minuto surge algo, y nos quedamos con las ganas, o peor, a medias.
-No puede ser.
-¿Te acuerdas de cuando estábamos jugando al parchís y tu madre se presentó en casa?
-Sí.
-Calzoncillos de Star Wars.
-Jo.
-¿Te acuerdas de cuando estábamos jugando al parchís y Bebé-chan empezó a llorar, y fuiste a calmarla y te devolvió encima, y la soltaste en nuestra cama para cambiarte y volvió a devolver, y la cogí en brazos para que cambiaras las sábanas y volvió a devolver, y acabamos teniendo que pintar todo el piso?
-Sí.
-Calzoncillos de Star Wars.
-Vale, me has convencido: los calzoncillos están malditos.
Aunque lo que de verdad me preocupaba era cómo lo sabía ZaraJota™. ¿Lleva un diario en el que anota cuándo jugamos al parchís y que calzoncillos llevaba puestos? ¿O pone marcas en los calzoncillos?
-Tenemos que romper la maldición -dijo.
Ahora es cuando la cosa se pone ridícula.
Más ridícula, quiero decir.
-¡Hoy tenemos que jugar al parchís! -decía ZaraJota™.
-¿Hoy? Si tenemos diarrea, apenas nos mantenemos en pie, y Bebé-chan ha dormido tres horas de siesta y va a estar dando saltos en la cama hasta el amanecer...
-Lo sé, lo sé, ¡pero llevo puestos los calzoncillos de Star Wars y tenemos que romper la maldición!
O, por el contrario:
-Oye, ZaraJota™, ¿te apetece jugar al parchís un ratito?
-Ni hablar, ¡los calzoncillos de Star Wars están en la lavadora!
Ogino habría estado muy orgulloso de nosotros.
Pues bien, la semana pasada fue el tercer aniversario del musical de El Rey León en Madrid. Como ZaraJota™ fue uno de los 10 primeros en comprar entradas para el día del estreno, la productora tuvo el detalle de invitarnos a asistir a la función. Nos enseñaron el backstage, nos dieron canapés, y al final de la representación, ZaraJota™ subió al escenario para cantar el cumpleaños feliz. 
¿Y esto qué tiene que ver?
Absolutamente nada, es solo por presumir.
Para que pudiéramos ir al teatro, Bebé-chan se quedó a dormir en casa de los abuelos.
-Podemos aprovechar para jugar al parchís -le dije a ZaraJota™.
-No lo creo. Seguro que llegamos a casa tarde y cansados.
-Menudo espíritu, chaval.
-Además, llevo puestos los calzoncillos de Star Wars.
Jo.
Al día siguiente, ZaraJota™ estaba pletórico.
-¿Te lo pasaste bien ayer? -le pregunté.
-Mucho, mucho.
-El backstage molaba millones.
-Sí, es una pasada.
-Y lo de subir al escenario, ¿eh?
-Sí, sí, es impresionante, cantar sobre el escenario, con tanta gente aplaudiendo...
-¿Qué fue lo que más te gustó?
ZaraJota™ se lo pensó un momento.
-¡Que rompimos la maldición de los calzoncillos de Star Wars!
Está bien: creo que alguien necesita redefinir sus prioridades...

17 octubre 2014

Gazpacho asesino

A Bebé-chan le gustan los peces.
Creo que la culpa es de la Tita del Puerto, que le regaló unos peces de plástico para jugar en la bañera que le encantaron y sigue usando todos los días.
Bebé-chan, no la Tita.
El año pasado estuvimos en Valencia y la llevamos al Oceanogràfic.
La enana apenas se mantenía en pie sobre sus patitas gordezuelas, pero se pegaba al cristal de los acuarios con la boca abierta:
-¡OOOOOH! ¡PEEEES!
Todavía ahora, cuando vamos al supermercado, la pescadería es parada obligatoria:
-¡HOLA PES! -le grita al pescado cuando llegamos-. ¡ADIOS PES! -le grita al pescado cuando nos vamos.
Y hace un mes o así, fui a la tienda de animales para comprar un pez, y me volví con dos, porque el dependiente me dijo que uno solo se estresaría. Luego miró a Bebé-chan, que estaba aporreando el cristal del acuario al grito de "¡UN PES! ¡UN PES!" y añadió que se iban a estresar de todas maneras, y que mejor me llevaba también algo para que se escondieran dentro.
Los peces, uno rojo y otro amarillo, se adaptaron bien a nuestra casa. Parecía que se llevaban bien entre ellos, pero cuando ya habían pasado varios días, el pez amarillo desapareció.
-Qué c*ñ*...
Apareció detrás del filtro, muerto con un billete para Ratónpolis.
En la tienda me habían dicho que tenían garantía, y que si alguno se moría se iba a Ratónpolis solo tenía que llevar el cadáver el billete y me darían otro. Pero no podía acercarme a la tienda hasta la semana siguiente.
-¿Qué hago? -le pregunté a Zarajota-, ¿lo congelo hasta que podamos ir?
-¿Los peces se pueden congelar?
-Claro, para el anisakis.
Zarajota votó por no congelar el pez.
-Que no, que no, que me recuerda al gato de tu tía.
~~~~~~~
Flashback
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Mi tía tenía un gato y se murió.
El gato, no mi tía.
Como tenía un horario de trabajo muy complicado no pudo ocuparse del cadáver de inmediato y claro, ¿qué iba a hacer con un gato muerto en casa tres o cuatro días?
Pues congelarlo.
Luego lo metió en una caja de corcho blanco, porque tenía que coger el tren y no era plan de que el gato de descongelara por el camino.
Se ve que pierden propiedades o algo.
Después de largas peripecias llegó con el gato congelado a Las Vegas, donde lo enterró y después plantó un pino.
Ahora que habéis visualizado a mi tía volando a Estados Unidos para enterrar al gato y después cagarse sobre su tumba, será mejor que aclare que Las Vegas es el nombre de un cortijo y que lo que plantó sobre la tumba fue un arbusto, no un cagarro, que mi tía es muy fina para sus cosas.
~~~~~~~~~
Flashforward
~~~~~~~~~
Debido al trauma de Zarajota tuvimos que tirar al pez por el váter.
-El váter es la entrada a Ratónpolis -dijo Zarajota, sin pensar en que puede llegar el día en que Bebé-chan decida enviar nuestros teléfonos a Ratónpolis.
En cuanto pude fui a la tienda y me compré otro pez rojo. Ya que no los podíamos distinguir por el color les pusimos nombres: Gazpacho (el que ya teníamos) y Flamenquín (el nuevo).
Gazpacho y Flamenquín parecían llevarse bien, aunque a veces Gazpacho golpeaba repetidas veces a Flamenquín hasta que lo arrinconaba para no dejarlo comer pero bueno eso son cosas normales entre colegas, ¿verdad? ¿verdad? ¿VERDAD?
Un día, Flamenquín desapareció.
Lo encontramos más tarde, muerto, debajo de su refugio.
-Gazpacho lo ha matado -dije.
-Anda ya. Se habrá muerto él solo. Los peces tienen esa costumbre.
-Que no, que si se hubiera muerto solo habría aparecido flotando panza arriba. Gazpacho lo ha matado, ¡y luego ha escondido el cadáver!
Ya no compré más peces. Gazpacho parecía feliz estando solo. Muy feliz. MUY MUY MUY feliz.
-¿Ves? -le dije a Zarajota-. No solo los mata: además disfruta.
-Por última vez: los peces de colores no se matan entre ellos.
-Pues a lo mejor era un pez transgénero. Piraña por dentro, pez de colores por fuera, mirándose al espejo sin reconocerse a sí mismo...
-No como tú, que eres tonta por dentro, tonta por fuera, y encima se te ve en la cara perfectamente.
Zarajota es que es así: te lanza indirectas y no sabes cómo interpretarlas.
Pronto descubrimos que, además de un asesino, Gazpacho era un guarro. En filtro no daba abasto y cada pocos días le tenía que limpiar el acuario. Y en una de las veces, Gazpacho se me cayó.
-¡AAAAAAARG! -grité.
-¿QUÉ PASA? -gritó Zarajota.
-¡EL PEZ! ¡EL PEZ! ¡EL PEEEEEEEZ!
El pez se había caído al fregadero, el fregadero estaba lleno de espuma porque acababa de limpiar el acuario y el desagüe no va bien, y no podíamos ver nada.
-¡ECHA AGUA!
Abrí el grifo al máximo para que cayera agua (probablemente caliente), y por fin vimos al pez atascado en la rejilla del desagüe.
-¡CÓGELO!
-¡NO ME ATREVO! ¡PODRÍA HACERLE DAÑO!
-¿MÁS DEL QUE YA LE HAS HECHO?
Ante semejante argumento no me quedó más remedio que coger al pez y devolverlo a la pecera.
El pez parecía estar bien.
Bueno, no. Parecía que le hubieran dado una paliza.
Bueno, no. Se la habíamos dado.
Al principio parecía que nadaba, luego nos dimos cuenta de que solo nadaba en círculos, y acabó nadando en círculos panza arriba.
El espectáculo era lamentable, y pensamos en darle matarile agilizar su viaje a Ratónpolis, pero ninguno de los dos era capaz de sacarlo del agua así, a sangre fría, así que el pobre bicho siguió nadando en círculos cada vez más despacio hasta que paró.
Zarajota se ocupó de tirarlo por el váter enviarlo a Ratónpolis.
-Jo, que pena -le dije.
-Lo sé, lo sé.
-Aunque fuera un asesino, yo quería mucho a mi pez.
-¡No era un asesino!
-Mató dos peces.
-Tú has matado uno.
De verdad que es que cuando empieza con insinuaciones soy incapaz de seguirle.

09 octubre 2014

Música en movimiento

A Bebé-chan le gusta tocar la guitarra.
No, empecemos por el principio.
Zarajota tiene una guitarra.
La tiene aunque no sabe tocar la guitarra ni tiene intención de aprender nunca; y la conserva año tras año a pesar de que no sabe tocar la guitarra ni tiene intención de aprender nunca y vivimos en un piso muy pequeño que cada vez se nos queda más pequeño, lo que me ha obligado a tirar mis apuntes de la universidad y vender gran parte de mis libros pero no pasa nada, que tu p*t* guitarra la guardamos, ¿eh?
Sin rencores.
Hace unos meses bajé la guitarra del altillo para tirarla, la saqué de la funda para asegurarme de que estaba dentro cuando la tirara y Bebé-chan la vio.
Se le pusieron los ojos como bolillas, trepó a la cama, se agarró a la guitarra como pudo y rasgó las cuerdas mientras cantaba:
-¡Ooooooh! ¡La-la-laaaa!
Como Zarajota no toca la guitarra (no sé si lo he mencionado antes), solo pudimos encontrar una explicación: que hubiera visto tocar la dichosa guitarra en la guarde.
-No -contestó la seño sin inmutarse lo más mínimo-. Aunque a veces hacemos air guitar.
Me quedé pasmada. Eso es un contenido curricular básico, y lo demás son tonterías.
Así que, en vez de tirar la guitarra, la hemos dejado a la vista de Bebé-chan. Se la damos cuando la pide. Ella se pone muy seria y la aporrea con mucho entusiasmo. Cuando vamos por la calle no se le escapa un músico callejero ni una funda de instrumento, le da lo mismo que sea de violín que de contrabajo.
-¡UNA QUITARRA! ¡UNA QUITARRA! -grita mientras señala, con mucha discreción.
Y ya que Zarajota no sabe tocar (¿lo había dicho antes?), hemos intentado buscar un profesor para la nena, sin mucho éxito, hasta que al final nos recomendaron que nos apuntáramos a clases de música en movimiento, que son clases en las que... bueno, hay música y hay movimiento.
El primer día fui muy ilusionada. Por desgracia, también fui muy tarde: cuando entramos en la clase el resto de papás, mamás y bebés ya estaban sentados en el suelo formando un círculo y haciendo... bueno, música en movimiento.
Hay niños que, cuando están en un lugar desconocido rodeados de personas desconocidas haciendo cosas desconocidas (léase ridículas) se asustan y lloran o se aferran a sus madres. Bebé-chan no. Bebé-chan levanta una ceja. Y esa ceja levantada, en éste caso, significaba: "madre, estoy rodeada de imbéciles, y TÚ eres uno de ellos".
Nos quitamos los zapatos y nos unimos a la clase: yo llena de entusiasmo y Bebé-chan con su ceja levantada. No puedo decir que la nena se lo pasara mal, en realidad participó en todo, muy seria y con la ceja cada vez más arriba, echándome reojos de "mira lo que me estás obligando a hacer", "me avergüenzo de que seas mi madre", y así, hasta que casi al final de la clase, después de cantar, bailar y tocar las maracas, los padres nos volvimos a sentar en el suelo con los churumbeles en las rodillas.
-Y ahora, ¿queréis que hagamos un juego? -dijo la monitora.
Bebé-chan se levantó con gran dignidad y me miró a los ojos.
-NO. NO QUERO. MAMÁ, VAMOS CALLE.
Todavía no sé qué estaba intentando decirme.

01 octubre 2014

#Cumplechan

El asunto del termo era especialmente importante porque se acercaba el cumpleaños de Bebé-chan y los cumpleaños de Bebé-chan están en proceso de convertirse en macrofiestas.
El año pasado, la madre de ZaraJota™, que vive en Barcelona, dijo que venía "porque es el primer cumpleaños, y cumplir un año es muy importante". Pensamos que tenía razón, y organizamos un cumpleaños estilo boda gitana, que empezó el viernes con fiesta en la guarde, continuó el sábado con toda la familia en el musical de El rey león y cena, y rematamos con un día salvaje en Faunia.
-Nunca más -le dije a ZaraJota™-, nunca más.
Pero este año la madre de ZaraJota™ dijo que venía "porque es el segundo cumpleaños, y cumplir dos años es muy importante". 
Empiezo a ver una pauta aquí...
-Pero no esperes gran cosa, ¿eh? -le advertimos-, solo una merienda tranquila, en casa.
Con mi familia, claro, porque la familia de ZaraJota™ vive en Barcelona, que no es que lo hayamos hecho aposta ni nada.
-Vale, vale, si es solo por ver a la niña -contestó la buena mujer.
Una semana antes del mágico evento, llamó la hermana de ZaraJota™.
-Que yo también voy.
-Vale, vale, pero no esperes gran cosa, ¿eh? -le advertimos-, solo una merienda tranquila, en casa.
Lo que pasa es que no estaba tan claro que la merienda fuera a ser tranquila, porque para entonces ya teníamos doce invitados, dos de ellos a pernoctar, cinco sillas y cero agua caliente.
-Nos apañaremos -le dije a ZaraJota™.
Mis padres nos prestaron taburetes, compramos vajilla de plástico y convertimos la merienda en un buffet libre de cucharada y paso atrás.
Y cuando parecíamos tenerlo todo controlado, una tarde, cuando llegué a casa, me encontré a ZaraJota™ sonriendo como un maníaco.
-¿Qué te pasa?
-Nada, ¿tiene que pasarme algo?
-Estás... sonriendo.
-Es que tengo una buena noticia que darte. JA. JA. JA.
-ZaraJota™, me estás asustando.
-Es que ha llamado mi hermano. Que dice que también viene.
-Ay...
-Con su mujer, y las niñas.
-Ay...
Lo siguiente que recuerdo es que ZaraJota™ me estaba dando de bofetadas.
-¡Reacciona, Lorz, reacciona!
-¡Y UNA MIERDA VOY A REACCIONAR! ¡SI ME ESTÁS TOÑANDO POR NO HACER NADA IMAGINA SI VOY Y REACCIONO!
-Es que te has quedado pallá...
-De la impresión. Pero ya está, no pasa nada. Solo somos dieciséis, nos apañaremos.
-Sí, sí, además mi hermano dice que no quiere molestar.
-Si no es molestia.
Es física. En concreto, física espacial.
-Se van a ir a un hotel a dormir.
-Pues ya que están, podían llevarse a tu madre con ellos.
Que no es por quitármela de encima, es que tiene setenta años y no está para dormir en un sofá.
-No, no puede, porque mi madre no sabe que vienen. Mi hermano quiere darle una sorpresa.
-Bueno, pues ya veremos cómo quedamos con ellos.
-No, no, mi hermano dice que no quieren quedar con nosotros. Que quiere que sea una sorpresa.
-Pero hombre, al menos vendrán al cumpleaños de la nena, ¿no?
-Sí, sí, a última hora o así. Es que quieren que sea una sorpresa.
Ya, ya, sorpresa. ¡Este lo que quiere es esconderse! 

28 septiembre 2014

El termo

Cuando volvimos de vacaciones empezó a pasar una cosa muy extraña: todas las noches, ponía mi teléfono móvil a cargar en el enchufe de la cocina, y todas las mañanas, cuando iba a buscarlo, estaba exactamente en el mismo sitio, pero en medio de un charco de agua.
-Creo que mi teléfono ya no controla los esfínteres -le expliqué a ZaraJota™.
ZaraJota™ tenía otra teoría.
-Creo que el termo pierde agua.
Revisamos el termo milímetro y milímetro y descubrimos que sí, debía tener un porito abierto en alguna parte, y de vez en cuando se escapaba una gotita.
-No pasa nada -dijimos-, le ponemos un cubo debajo y ya está.
Al día siguiente el termo supuraba por todas las junturas.
Caía agua a chorros por el termostato.
Caía agua a chorros por los mandos.
Caía agua a chorros por los remaches.
Caía agua a chorros... os ahorraré los detalles. Caía mucha agua. Por doquier.
-Creo que vamos a tener que comprar otro termo -dijo ZaraJota™. Es que es así, le encanta regodearse en lo obvio.
En la tienda nos dijeron que éramos muy afortunados porque habíamos elegido un modelo del que todavía estaba en existencia.
-Tardará solo dos semanas -nos anunciaron.
-¿Dos semanas? ¡Mierda! ¡Teníamos que haber elegido que no existiera!
Mientras llegaba el nuevo termo seguimos usando el antiguo. Lo teníamos apagado todo el día, y cuando llegábamos a casa poníamos debajo un cubo y lo encendíamos lo justo para ducharnos, y lo apagábamos justo después.
Por desgracia, tanto ZaraJota™ como yo tenemos trazas de trastorno obsesivo compulsivo, así que todos los días, según nos montábamos en el metro, empezábamos a mandarnos mensajes.
"Mierda, mierda, mierda, creo que me he dejado el termo encendido, mierda", decía ZaraJota™.
"No te preocupes, lo he apagado yo"
"¿Estás segura, Lorz? ¿Estás del todo segura?"
"Mierda, no. Voy a volver a comprobarlo"
Por supuesto, cuando llegaba a casa el termo estaba perfectamente apagado, y llegaba tarde a trabajar, que no es que a nadie le importe, pero aún así.
Mañana, me prometía a mí misma, lo comprobaré tres veces antes de salir.
Y eso hacía, pero de todas formas en cuanto llegaba al metro empezaba a pensar si de verdad lo había comprobado correctamente, y qué pasaba si no, y si no debería volver y comprobarlo una cuarta...
Hasta que un día me planté.
"Mierda, mierda, mierda, creo que me he dejado el termo encendido, mierda", dijo ZaraJota™.
"No te preocupes, lo he apagado yo"
"¿Estás segura, Lorz? ¿Estás del todo segura?"
"No, no lo estoy. Pero esto no puede seguir así. Si hoy lo compruebo cuatro veces, mañana querré comprobarlo cinco, pasado seis, y antes de que me dé cuenta estaré llamando tres veces a la puerta antes de entrar y desinfectándome las manos cada vez que alguien me toque. Así que no, no estoy segura, pero voy a confiar en mí misma, voy a confiar en que lo he hecho bien, y aunque me pase el día pensando que no lo he apagado, voy a decirme a mí misma que sí. Y cuando volvamos a casa esta tarde, no habrá pasado nada, porque estas dudas son solo estrategias de nuestro cerebro psicótico intentando tomar el control".
Por supuesto, cuando volvimos a casa se nos había inundado el salón.
Mierda...
-Bueno, no parece que haya salido mucha agua, ¿no? -le dije a ZaraJota™, justo antes de descubrir que
1- sí había salido más agua
2- estaba toda dentro de los muebles de la cocina
3- necesitaba un cubo, con urgencia
Las dos semanas de espera se nos hicieron larguísimas...
El final, una mañana, vino el técnico a instalarnos el termo nuevo.
Primero, con gran satisfacción por nuestra parte, desmontó el antiguo.
-¿Y esto para qué lo tienen? -nos preguntó, sosteniendo una pieza en la mano.
-Es una válvula reductora de presión -explicó ZaraJota™-. Tuvimos que instalarla porque el agua entra con mucha fuerza y hacía saltar el antiguo termo continuamente.
-¡Tonterías! ¡Esto no sirve para nada!
Y la desmontó.Luego colocó el termo nuevo.
-¿Ves? ¡Perfecto!
-Eh... está perdiendo agua por ahí.
ZaraJota™ es que es así: siempre se centra en  los detalles sin importancia.
-Hombre, es muy poco... Lo único que tienes que hacer es poner un cubo.
No sé por qué, pero me da la impresión de que no hemos avanzado nada.



21 septiembre 2014

Vacaciones 7 y ya

Previously...
Me duele la cabeza, ¿y a ti?


Cuando Bebé-chan tenía un año y medio o así empezó a hartarse de llevar "EL CACAS" (el pañal, en klingon) y a interesarse por cómo hacían pipí los mayores.
En concreto, cada vez que nos metíamos en el baño se ponía a aporrear la puerta gritando "MAMÁ CACA, MAMÁ CACA" hasta que no te quedaba más remedio que abrir, y luego se te quedaba mirando mientras hacías tus cosas, que no sé a vosotros, pero a mí me corta el rollo mogollón.
Después de estudiarnos durante una temporada, Bebé-chan puso en marcha su propia versión del proceso: ella seguía haciendo sus cosas en el pañal, y luego iba al baño, arrancaba trozos de papel higiénico que esparcía, convertidos en confeti, por toda la casa, y finalmente volvía al baño y tiraba de la cisterna.
Vaya, que más o menos entendía cómo funcionaba el asunto, pero no acababa de entender los detalles.
Le compramos un orinal de Ikea y lo pusimos con todos sus juguetes para que, bueno, para que jugara con él. A veces se sentaba, totalmente vestida, y hacía sus cosas. Como llevaba pañal no le lucía mucho, pero en estos casos la intención es lo que cuenta.
Un día, en la guarde, vio a otro nene hacer pipí en el orinal, le dijo a la seño que ella también quería, la despelotaron, se sentó e hizo su pipí.
Cuando me lo dijeron me entró un ataque de pánico.
-Pero esto es bueno, ¿no? -decía Zarajota.
-¡NOOOOO!
-No entiendo nada.
-¡Cuando no lleve pañal podrá hacerse sus cosas ENCIMA! ¡CUANDO MENOS NOS LOS ESPEREMOS! ¡EN CUALQUIER SITIO!
-Venga, Lorz, no será tan grave...
-¿Alguna vez has ido andando por la calle y has visto a una señora metida en el hueco entre dos coches, sosteniendo a un niño con el culo en pompa?
-Sí, claro.
-Cuando Bebé-chan no lleve pañal, ESA SEÑORA PODRÍAS SER TÚ.
Zarajota y yo decidimos que era mejor esperar un poco para quitarle el pañal. Por el bien de la niña. Por supuesto.
Pero el último día de curso, la seño se puso muy seria.
-Esta niña ya está preparada para quitarse el pañal. Para cuando vuelva de las vacaciones tiene que ir sola al baño perfectamente. Es el momento de dejarse de tonterías y empezar a madurar.
-Mujer, tanto como madurar... Tiene solo dos años.
-Lo digo por ti.
-Ah.
Después de esa sutil indirecta no nos quedó más remedio que empezar el potty training. Durante todas las vacaciones, mientras estábamos en casa, teníamos a la niña en pelota picá, para que cuando tuviera ganas pudiera ir corriendo al orinal y hacer sus cosas.
Y la niña iba y las hacía, no os vayáis a creer.
-¡Esa Bebé-chan, como mola, hace caca ella sola! -le cantábamos. Y Bebé-chan daba una vuelta triunfal alrededor del orinal.
Pero luego nos fuimos a Barcelona, y había demasiada gente y cosas que hacer, y luego a Blanes, y allí estábamos más tranquilos, pero el orinal no era el mismo que teníamos en casa y Bebé-chan se negó a usarlo en redondo, en cuadrado y en triángulo, y porque son las únicas formas geométricas que conoce, que si no se habría negado a más.
Cuando llegaron mi madre y mi tía me puse seria:
-Tu misión, si decides aceptarla -le dije a mi madre-, es conseguir que esta niña se siente en el orinal.
Mi madre se puso a ello con todo su empeño.
-Mira, Bebé-chan, ¡qué orinal más bonito!
-NO.
-¿Nos sentamos un poquito?
-NO.
-Venga, va, siéntate un poquito...
-NO. A PINTAR.
-Vale, vamos a hacer una cosa: tú te sientas en el orinal, haces un pipí, y la abuela te dibuja lo que tú quieras.
-NO. A PINTAR. TÚ.
-Sí, tú te sientas, y la abuela te pinta lo que tú quieras.
-¿GÜELA CACA PINTAR?
-Sí, eso es. La abuela te pinta lo que tú quieras.
Bebé-chan se sentó en el orinal e hizo un pipí.
-¡Qué bien! ¡Has hecho un pipí!
-ARA TÚ. A PINTAR.
-Claro, la abuela te pinta lo que tú quieras. ¿Qué quieres?
-FUEGUTOTUTE.
-Eh... ¿qué?
-FUEGUTOTUTE. ARA TÚ. FUEGUTOTUTE. PINTAR. GÜELA. FUEGUTOTUTE.
-Eh... Lorz, Bebé-chan quiere que le pinte un FUEGUTOTUTE y no sé lo que es.
-Yo tampoco.
-Eh... Es que le he prometido que le pintaría lo que ella quisiera.
-¿Y por qué le prometes cosas que no puedes cumplir?
-¡Porque no sabía que me iba a pedir un FUEGUTOTUTE!
Ya estamos con las excusitas.



Pd: Hoy Bebé-chan cumple dos años, y solo usa pañal para dormir. Y eso mola.


Fin...