22 mayo 2016

El crujimiento

Todo empezó porque me dolía la espalda.
Pensé que sería por la boba, que aunque os sorprenda no soy yo, sino una mochila.
Entonces pedí una manduca, que aunque os sorprenda no es comida, sino otra mochila.
Jo, ser madre es superconfuso.
Pensaba que cambiando de mochila dejaría de dolerme la espalda, pero no: un día me tumbé en la cama para echarme la siesta y cuando los niños me despertaron (unos diez segundos más tarde o así) ya no me pude levantar y llamé a ZaraJota y le dije oyetú, trae la escoba, a ver si me puedes levantar haciendo palanca, y el me dijo que vale, y acto seguido trajo la escoba y empezó a darme escobazos y yo le preguntaba que si seguro que era así como se hacía palanca y él me decía que sí, que lo había visto en una película.
En fin.
El caso es que al día siguiente dejé a ZaraJota al cuidado de Nena-chan (la escoba la escondí, por si acaso) y me fui al médico con Bebé-kun colgado, porque el pequeño petardillo nos ha salido un poco dependiente y
a) solo quiere estar conmigo
b) pide teta cada diez minutos o así.
Total, que fui al ambulatorio y después de esperar tan solo dos o tres horas de pie con el niño en brazos me hicieron entrar en la consulta.
-Hola, Lorz -me dijo el médico-, ¿cómo estás?
-Muy bien, gracias. ¿Y usted? ¿Su familia bien?
-Que por qué has venido.
-Ah, eso. Me duele la espalda.
-Entiendo. ¿Dónde te duele?
-Pues... no sé. En todas partes: en casa, en el trabajo, en el metro...
-...
-... en el supermercado, en el cine, en el parque...
-...
-... aquí en la consulta también, por supuesto...
-Que en qué parte de la espalda te duele, Lorz.
Jo, los médicos de hoy en día es que se expresan fatal.
-Por los doquieres, de arriba para abajo.
-¿Has levantado algún peso últimamente? -preguntó, mirando de reojo a Bebé-kun. Es que es un niño guapísimo.
-No.
-Ajá. Y este niño, ¿cuánto pesa exactamente?
Entonces me di cuenta de a dónde quería ir a parar.
-Ay... Siete kilos... Lo sé, lo sé, sé que es poquísimo... El pediatra dice que no importa pero yo lo he mirado en internet, ¿sabe usted? Y siete kilos para un niño de nueve meses es muy poco, muy poco.¿Y qué le hago yo, si el niño solo quiere teta y teta y teta y teta? Y pan. Y teta. Ay, estoy desesperada... ¿Qué hago, señor, QUÉ? ¡Estoy dispuesta a lo que sea pero por favor SALVE A MI NIÑO!
-Lorz, estoy seguro de que el niño está bien.
-¿Sí?
Jo, ¿entonces por qué me pregunta cuánto pesa? ¿Me está vacilando o qué?
-Seguro que sí. Lo que intento decirte es, a ver, ¿lo tienes siempre en brazos?
-¡Por supuesto que no!
O sea, a veces va a la guardería.
-Bueno, pues tienes lumbalgia. Así que el los próximos días intenta no levantar mucho peso, ¿vale?
-Vale.
Y cuando iba a salir, todavía con el nene en brazos, el médico me llamó de nuevo.
-Lorz, el niño pesa siete kilos.
-Pero habíamos quedado en que está bien, ¿no?
Desde luego a los médicos de hoy en día no hay quién los entienda.

14 mayo 2016

La siesta de los sábados

-Mamá, ¿qué hases en la cama?
-Voy a dormir la siesta.
-¡Jaja! ¡Nooooo! ¡De día no se duerme!
¿Y de noche sí? ¿Desde cuándo?
-Hoy mamá está un poco cansada y quiere descansar un poquito ahora que el hermanito está dormido.
¡Diez minutos! ¡Cinco! ¡Un minuto. ¡Dejando un ojo abierto! ¡Lo que sea!
-¡Yo también quiero descansar con mamá!
-Espera, espera, deja de saltar en la cama... Mira, mamá descansa SOLITA diez minutos y luego descansa contigo. ¿Vale?
-¿Y elemanito?
-Ehhh...
El hermanito vive perpetuamente aferrado al pecho de mamá. Científicos de todo el mundo han intentado despegarlo de ahí, de momento sin éxito.
-Yo quiero dormir la siesta con mamá y elemanito.
-Ay... Venga, ven.
-¡BIEEEEN!
-¡Shhhhh! No despiertes al hermanito.
-Yo no lo dipieto, ¿a que no lo dipieto? ¿A que no? ¿Eh? ¿A que no lo dipieto yo al manito poque no lo dipieto?
-¡NO! ¡NO LO DIPIETAS!
-¡BUAAAAAAA!
-Mamá, has dipietado a elemanito.
-¿Es que no podéis dejarme dormir diez minutitos de nada?
-Es que no estás durmiendo, mamá.
-Pero QUIERO.
-Pos yo quiero jubar con mamá y elemanito.
-Vale, ¿jugamos a que tú te escondes una hora y mamá no te busca?
-No. Jubamos a que mamá es un cocorilo y nos come a elemanito y a mí pero yo le pego con un palo.
-Eh... ¿Y si te vas a ver Mulan con papá?
-Vale. ¡PAPA! ¡AMOS A VER MULAN TELEEEEEEE!
-¡BUAAAAAA!
-Lorz, ¿tú le has dicho a Nena-chan que puede ver la tele?
-Sí.
-Vale, pues le pongo Mulan. Tú intenta dormir.
-PAPAAAAAAAAA QUERO MULAAAAAAN
-Ay dios, ya va...
-¡Ya empieza! ¿Qué es eso?
-El emperador.
-¿Y por qué lleva un cubo en cabesa?
-Es su gorro.
-¿El gorro es un cubo?
-No.
-¿Y poqué se pone cubo en cabesa? Los cubos no se ponen en cabesa. ¿A que no se ponen los cubos en cabesa, eh, papá, a que no se ponen los cubos en cabesa?
-¡QUE NO ES UN CUBO!
-¡BUAAAAAAAA!
-¿ES QUE NO HAY FORMA DE DORMIR EN ESTA CASA?
-No rites, mamá, que vas a dipiertar a elemanito.
No me digas.

07 mayo 2016

Tiran más dos tetas...

Hace tres años.

-¡Corre, ZaraJota, ven!
-¿Qué pasa? ¿Has vuelto a pillarte la lengua con la puerta del microondas?
-No, hoy todavía no. ¡Bebé-chan ha dicho "mamá"!
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-¿Ves?
-¿Seguro? Parece que dice "más"...
-Dice "mamá". Si hasta me mira cuando lo dice.
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-Porque tienes la papilla en la mano.
-¡Me está echando los bracitos!
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-Quiere quitarte la cuchara.
-Tonterías. Lo que pas... ¡ME HA QUITADO LA CUCHARA!


Hoy.
-¡Corre, ZaraJota, ven!
-¿Qué pasa? ¿Has vuelto a tragarte las pinzas de freír pescado?
-No, hoy todavía no. Es Bebé-kun, está diciendo "papá".
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Está pidiendo teta.
-Que va. Lo que pasa es que "teta" y "papá" suenan muy parecido.
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Si tiene la vista fija en tu escote.
-¡De eso nada!
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Está intentando levantarte la camiseta.
-¡Levantar la camiseta es "papá" en lenguaje de signos!


*

Bebé-kun solo quiere teta.
Bueno, solo no. Ya come una amplia variedad de cosas que van desde la verdura hasta las pelusillas que se va encontrando. Y luego pide teta. Cada dos horas. Durante una hora cada vez. Teta y más teta. Y solo le valen las mías: por algún motivo inexplicable, el musculoso (y peludo) pecho de ZaraJota no le sirve.
Y yo estoy hasta el piticlín de la teta. 
Ya está, ya lo he dicho.
Que no puedo más. Que hay mañanas que antes de irme a trabajar ya le he dado dos tomas, y tardes en las que le doy otras dos antes de la cena. ¡Y cenamos a las ocho! ¡Y después de cenar pide teta otra vez!
A ver, que yo soy muy prolactancia. Que yo no digo de destetarlo del todo, solo un poquito. Lo justo para que pueda ir al baño de vez en cuando.
He consultado mi problema con varias asesoras de lactancia y todas me dicen lo mismo:
-La OMS recomienda la lactancia materna EX-CLU-SI-VA hasta el año. 
Bueno, la OMS también recomendó que nos limpiáramos los mocos en el codo para sobrevivir a la gripe A, así que lo mismo hay que tomarse lo que diga con un poquitín de perspectiva.
-Los niños no están preparados para digerir alimentos hasta que les salen los dientes.
A una de mis retías le nació un niño con todos los dientes. Por el mismo razonamiento, ya estaba listo para comerse un whopper, ¿no?
-¿A que tu hijo se estriñe? Eso es porque le das alimentación complementaria y su cuerpo no está preparado para digerirla.
Bebé-kun tiene problemas de estreñimiento desde que nació, supongo que porque ya sabía que con cuatro meses le iba a dar papilla. Su hermana, en cambio, apenas los ha tenido, supongo que porque todavía no se ha dado cuenta que la desteté a los ocho meses.
-Las papillas de cereales son muy malas porque llevan gluten.
Y el gluten es malo per se, en su propia esencia, sea cual sea, porque no tenemos claro ni qué es...
-El gluten es un invento de la industria alimentaria para vender más.
O algo así. Cada vez que empiezo a oír hablar de lo malísimo que es el gluten desconecto.
-Y provoca muchas enfermedades. Algunos niños se ponen muy malitos.
Sobre todo los que son alérgicos o intolerantes al gluten, aunque seguramente sea casualidad.

Después de oír lo mismo una y otra vez empezaba a pensar que ciertas personas (que no todas, que las hay muy serias, muy formadas y muy competentes) se han aprendido una retahíla de clichés y se han autodenominado asesoras de lactancia solo para mangonear a las otras mamás a su antojo.
Y mis sospechas se confirmaron hace unos días.
Estaba en un curso (no relacionado con la lactancia) y Bebé-kun empezó a llorar.
-Venga, que mamá te va a dar ya la papi -le dije.
Y la del curso saltó rápidamente.
-¿Ya le das papilla?
-Sí.
-Pues no deberías, ¿sabes?
-Ya. Eso he oido.
-Yo es que además de esto soy asesora de lactancia.
Con un título de Yo Sé Más Que Tú acreditado por la universidad de Oxford, sin duda.
-Ay, no.
-¿Sabías que la OMS recomienda la lactancia materna EX-CLU-SI-VA hasta el año?
De verdad, a veces me pregunto si la carrera se Asesora de Lactancia Materna tiene una asignatura solo para aprender a decir "EX-CLU-SI-VA" correctamente.
-Ya. Pero es que el niño va a la guardería porque yo tengo que trabajar.
-¿Y? ¿Para qué tienes la hora de lactancia?
-Para salir una hora antes y que el nene no esté mil horas en la guarde, tan pequeñito.
-Bueno, pero es que la hora de lactancia no está para que tú salgas antes, está para que des el pecho.
Por supuesto. En el mágico reino de la piruleta.
-Es imposible, tardo media hora solo en llegar, por no hablar de que no tengo forma de adivinar a qué hora va a querer comer.
Imaginaros el panorama: al niño llora, la seño me avisa de que tiene hambre, dejo cualquier cosa que esté haciendo, cojo el metro, media hora de trayecto, llego, me saco una teta y me voy, con la teta al aire, porque en media hora tengo que estar de vuelta y es justo lo que tarda el metro... practiquísimo.
-Pues entonces lo que tienes que hacer es pedir que te pongan una sala de lactancia en el trabajo.
-¿Que QUÉ?
-La ley te ampara.
Da la casualidad de que mi curro es niño friendly al 100%, pero todos los trabajos no son como el mío.
Creo.
Yo misma he tenido trabajos que no se parecían nada al que tengo ahora. Si cuando estaba en el súper hubiera pedido una sala de lactancia, seguramente me habrían mandado a lactar a mi casa, con carácter permanente.
-Pero -le dije-, entiendes que eso es imposible, ¿verdad?
-Imposible no. Lo que pasa es que hay gente muy tonta que en lugar de exigir sus derechos traga y traga. Y como son mayoría, las que DE VERDAD nos preocupamos por nuestros hijos nos tenemos que aguantar. Y luego pasa lo que pasa, que vienen las alergias, por culpa de la gente como tú.
Al final va a resultar que el gluten soy yo.









Pd: sin ser yo asesora de lactancia con un título de Yo Sé Más Que Tú acreditado por la universidad de Oxford, tengo la teoría de que la leche materna solo alimenta si la madre la ofrece voluntariamente, a gusto, de buen grado y con amor. 

01 mayo 2016

Ser madre es...

Hacer tus necesidades con un libro de colorear en las rodillas porque Nena-chan quiere TÚ PINTA ARA.

Acostarte, no poder dormir por tener los pies fríos, estar demasiado cansada para ir a por calcetines, y quedarte sin dormir.

Mentir a toda tu familia durante tres días para asegurarte de que eres la primera en abrazar a tu bebé.

Recibir ocho pinchazos de epidural, que no te haga efecto, y que lo único que te preocupe mientras te cosen es marearte y que se te caiga el niño.

Ir de boda y que no te importe no beber porque estás absolutamente agilipollada con lo guapos que son tus hijos.

Meterte en un ave durante tres horas con una niña de tres años, un niño de una semana, media docena de maletas y un flotador para sentarte.

Ver una sonrisa en una contracción involuntaria de los músculos faciales.

Llorar de impotencia porque de pronto el colegio te deja sin extraescolares y parece que no podrás volver a trabajar.

Odiar los conflictos y decidirte a plantar batalla porque tus hijos así lo necesitan.

Renunciar a una casa más grande, a un coche o a las escapadas a Londres para ver musicales, y convencer a tu marido de que lo realmente necesitáis es pillar ambos la reducción de jornada para Disfrutar De Los Niños.

Explicarle a #nenachan que Rachel es la hija de Letigó para que te deje ver Glee.

Que te parezca perfectamente razonable rodear el árbol de navidad con una muralla.

Vivir con el corazón fuera del cuerpo. (No recuerdo dónde lo leí, ¿os suena?)

Esterilizar biberones sabiendo que el niño se bebe el agua de la bañera en la que previamente ha meado, y que de todas maneras no se los va a tomar porque los odia.

No soportar que nadie le diga a tus hijos Lo Que Son, porque te estás dejando la vida para que lo descubran ellos mismos.

Que te convaliden medicina. (No lo digo yo, lo dice Bulma Salgueiro)

Ir al dentista con alegría porque ahí te dejan sentarte media hora.

Oír "mira, mamá, estoy volando" y hacerte pis encima de la impresión.

Ver esta foto y pensar que lleva el fular de porteo mal puesto.
  


Que los reyes magos vayan a tu casa cuando les dices, no cuando quieran.


Levantarte un 1 de enero antes de que empiece el concierto de Brandenburgo.

Que para ir al cine a la sesión de doce (de la mañana, por supuesto) tengas que levantarte a las seis de la mañana; preparar dos mudas completas para cada niño, además del gorrito por si hace calor y la rebequita por si hace frío, pañales, toallitas, cremita por si se irrita el culete, el orinal portátil para la nena, algo para picar por si le entra hambre, agua por si le entra sed, zumo por si ve los refrescos y se pone muy pesada, pañuelos de papel, dos pinipones (el segundo para cuando se pierda el primero), dos sonajeros (el segundo para cuando se caiga el primero), un mordedor, la mantita y media docena de baberos; salir de casa tarde y cargada como una mula; llegar al cine a la carrera; hacer equilibrios con los niños y las mochilas porque, por supuesto, la nena quiere palomitas; tolerar que miren mal por entrar a la sala con dos niños pequeños, cuando sabes perfectamente que los frikis que van de sobrados molestan mucho más que tú; estar dispuesta a salir en cuando los nenes hagan el más mínimo ruido; y aún pensar que merece la pena por ver la cara de la niña cuando se enciende la pantalla.

Ir por la calle, que un vendedor te pregunte si tienes un minuto y reírte hasta que te duela la tripa.

Que un hijo se ponga enfermo y tengas que hacer media docena de llamadas para comunicarlo.

Saber que la ropa con vómito hay que lavarla dos veces para eliminar completamente los tropezones.

Tardar un mes en darte cuenta de que te han vendido las zapatillas disparejas.

Hincharse de orgullo porque la gente te para por la calle para babear mirando a Bebé-kun, y ver cómo se quedan boquiabiertos al reparar en Nena-chan. (Estoy pensando en sacarlos a la calle con una bolsa de papel en la cabeza, para evitar tanta interacción social).

Llevar tanta impedimenta infantil que no te das cuenta de que te has dejado el bolso en casa hasta que llegas al metro.

Descubrir que no eres un ser humano, porque ninguno aguanta tantos días seguidos sin dormir.

Preguntarte con desesperación "¿es que todo tengo que hacerlo yo?" y descubrir que la respuesta es siempre "sí".

Y que aunque a veces protestes, te enfades o llores de pura impotencia, en el fondo te guste.



Bonus track.
-Mira, mamá, te he hecho un guegalo con la ticha de inglés.
-Gracias, es muy bonito.
-Y por detrás he hecho un dibujo.
-Anda, ¿soy yo?
-No, soy yo.
-Y esos brazos tan largos, ¿son para abrazar a mamá?
-Claro que no.
Ah, pues nada.






22 abril 2016

Día del libro 2016

Cuando era pequeña, en plan, más pequeña que ahora, o sea, lo que viene a ser más joven, vivía en un pueblo pequeño, en plan pequeño de verdad, en el que lo más interesante que podías hacer era leer.
Bueno, a juzgar por la ratio de embarazos adolescentes seguro que había algo más interesante que hacer, pero a mí en concreto no me interesaba (por entonces).
A mí lo que me gustaba era leer.
Primero me leí todo lo que había por mi casa, incluida la enciclopedia; luego todo lo que había en la casa de mis abuelos, incluidos los Caballo de Troya; luego todo lo que había en el cortijo, incluidas las revistas de crucigramas.
En serio, leía mucho. Una vez mi padre me llevó a Montilla (un pueblo ligeramente más grande que el nuestro y que nos parecía La Civilización) no me acuerdo a qué, y como premio por haberme portado bien me dijo que me comoraría un libro nuevo, pero no pudo porque ya me había leído todo lo que  tenían en la librería.
 La librera, de hecho,  me llamó "monstruito", por haberme leído ya todos los tomitos de Mafalda, si no recuerdo mal.
Tras rematar las bibliotecas familiares la emprendí con la biblioteca del pueblo, empezando por los infantiles. Ya me había terminado la balda de Stephen King y no sabía por dónde seguir cuando decidí leerme toda la biblioteca, por orden. Cogía prestado un libro, lo leía del tirón y lo  devolvía, por lo general al día siguiente.
Ya os he dicho que no había nada más interesante que hacer.
Total, que ya llevaba un tiempo con esta actividad cuando la bibliotecaria me cogió por banda. Pensé que me iba a echar la bronca por leer libros de mayores, pero no.
Me echó la bronca, sí, porque cogía muchos libros prestados. "Si no te los vas a leer, ¿para qué te los llevas?". Intenté explicarle que sí me los leía, pero no me creyó. No le entraba en la cabeza que un niño leyera, y mucho menos tantos libros y a esa velocidad. Pero lo que más le molestaba era tener que colocar los libros cada día. "Que yo no estoy aquí para eso", dijo.
Me confiscó el carnet.
No lo eché de menos mucho tiempo: después he tenido otros muchos, de otras muchas bibliotecas; y en cuanto tuve mi propia casa la llené de libros hasta que no cupo ni uno solo más.
Llevo años comprando, leyendo, oliendo, sobando, recolocando, regalando y apilando libros, y al final he acabado aceptando que sí, en la vida hay cosas más interesantes que leer.
Lo sé a ciencia cierta porque todas ellas caben en un buen libro.

16 abril 2016

El cinturón de castidad

Era hora de salir para el cole, los dos niños estaban llorando por motivos desconocidos, llovía y yo no encontraba mi cinturón. 
Por eso cuando vi el cinturón de ZaraJota, solito y desvalido, aproveché la oportunidad y me lo puse. 
Total, él tiene muchos, porque cada vez que vamos de vacaciones se olvida de meter alguno en la maleta, y tiene que comprarse otro en destino. Y diréis, ¿para qué se compra otro? ¿no lleva uno puesto? No. ZaraJota nunca lleva puesto cinturón cuando viaja, porque debe tener cara de sospechoso o algo y siempre que pasa el control del aeropuerto acaba en un aparte rodeado de guardias de seguridad. Así que ha optado por no ponerse cinturón, y cuando llega el turno de la exploración rectal puede bajarse los pantalones muchísimo más rápido. 
Total, que me puse el cinturón y me fui a trabajar, y como siempre llegué haciéndome pipí, porque desde que nació Bebé-kun tengo el muelle un poco flojo y subir escaleras hace que me entre una incontinencia muy mala. Pero cuando quise ir al baño me dijeron que había una avería y no lo podríamos usar hasta pasadas un par de horas. 
Qué horas más largas. 
Primero crucé las piernas, luego los pies, luego los dedos de los pies y hasta el alma hubiera cruzado. Cuando ya estaba pensando en hacer pis en la papelera y echarle la culpa a otro por fin tuvimos permiso para ir al baño.
Obviamente, fui corriendo y agitando los bracitos pero con dignidad, sin gritar "¡QUE ME MEO TOAAAA!" ni nada. Una vez en el baño fui a desabrocharme el cinturón y no pude. 
Jijiji.
Venga, hombre...
Jijiji.
Si ha entrado tiene que salir. 
Jijijiji.
Pues no sale.
Jijiji.
Me hago mucho pipí.
Salí del baño, cogí unas tijeras y corté el puto cinturón. 
Luego me deshice de las pruebas, por supuesto. No iba a dejar que me descubrieran. 
Esa noche vi a ZaraJota preparándose la ropa y se me empezó a escapar la risa.
-Tranquila, Lorz -me dije-. No te delates. 
-¡Pero se va a dar cuenta! -me contesté a mí misma.
-Lo más probable es que piense que lo ha perdido -me contesté a la contestación. Jo, esto es muy complicado, voy a tener que poner nombre a mis voces. El problema es el de siempre: primero les pones nombre y al final te las acabas quedando. 
-Pero...
-De pero nada. 
-Lorz -dijo entonces ZaraJota -. ¿Te das cuenta de que estoy aquí mismo y oigo todo lo que dices?
-Es tu palabra contra las mías. Y además, es culpa del cinturón por atascarse. 
-¿Que cinturón?
-El que había encima de la mesilla. Me lo puse y se atascó y no salía, y lo tuve que cortar porque me hacía mucho pipí.
-Pues yo me lo puse ayer sin problema. 
-Pues será que la hebilla me odia, porque se ha atascado y no había manera de abrirla. 
-Pero tú sabes que la hebilla es decorativa y se abre por el lado, ¿verdad?
Ya salió el listo que todo lo sabe. 

10 abril 2016

Mi piso y el de al lado, 2

Previously in Lorz...
Se murió. No sabemos dónde. Probablemente en el piso de al lado. 

Muchas ñapas más tarde, un infeliz señor compró el piso de al lado y lo echó abajo enterito para reformarlo. Todo iba bastante bien, hasta que el fontanero la emprendió con el baño. No había quitado ni tres baldosas cuando vino a hacerme una visita.
-Hola, soy el fontanero de la casa de al lado.
-Hola, soy Lorz. Y este es el bebé al que usted no deja dormir con los mamporros.
Obsérvese la sutil indirecta.
-Bueno... he empezado a quitar los azulejos del baño y resulta que las tuberías pasan todas por tu casa.
-Sí, lo sé; tengo hasta un plano con el recorrido que hacen:

-Su puta madre.
-Ya.
-Pues es que la única forma de arreglar este desbarajuste es echar abajo los dos baños a la vez.
-Pues nada, adelante, y ya que está, me reforma el baño entero.
-Chachi.

El fontanero nos dijo que reformar el baño entero nos llevaría una semana, y que nos cobraría un total de 2000 euros. Él se ocuparía de comprar los sanitarios, pero los azulejos los teníamos que comprar (y cargar) nosotros porque él no tenía tiempo para esas cosas. ZaraJota y yo nos pedimos vacaciones, asaltamos nuestros ahorros y esperamos la llamada de confirmación del fontanero.

Una semana antes de la fecha de principio de la obra el fontanero pasó por casa para confirmar los trabajos que había que hacer: echarlo abajo entero, enderezar el entuerto de las tuberías, y volverlo a levantar.
-Uy, pues eso no me da tiempo en una semana.
-¿Cómo que no?
-Necesito por lo menos semana y media.
-¿Para esta mierda de baño?
Mi baño es muy pequeño. Muy, MUY pequeño. Es tan pequeño que Necio Hutopo (que tampoco es que sea muy grande) estampó la cabeza contra la pared cuando intentaba lavarse el pelo. Tan pequeño que tuvimos que poner una puerta corredera porque cuando estaba embarazada no podía entrar. Tan pequeño que Nena-chan ya ha tenido varios rifirrafes en el colegio, porque cuando dan la unidad de la higiene personal y le preguntan que dónde se guardan los peines ella responde "en mi estibasión"; y ya he tenido que aclarar varias veces que sí, que en nuestro baño no caben. Que es muy pequeño.  Tan pequeño que, de hecho, en el diseño original de la casa esa habitación no era un baño sino un armario empotrado.
-En los baños pequeños se tarda más porque no caben dos personas trabajando a la vez.
Ah, será eso.
Por desgracia, nosotros no podíamos permitirnos estar de obra tantos días.
-Bueno, pues arregle las dichosas tuberías, cambie el suelo, y si encuentra un inodoro más pequeño que este nos los cambia, por favor. Ya haremos el resto más adelante.
El fontanero nos dio un nuevo presupuesto de 500 euros y dijo que nos volvería a llamar.

Un día antes del inicio de la obra el fontanero se puso en contacto de nuevo.
-Bueno, que mañana a las 9 estoy allí, ustedes me dejan las llaves y se van.
-No.
-Se tienen que ir porque no van a tener baño.
-Ya, nos vamos a ir a un hotel. Pero alguien se quedará en casa con ustedes.
Llamadme loca, pero darle mis llaves a unos desconocidos y pirarme no me hacía ninguna gracia. Ya no es que nos podían robar cualquier cosa, es que me los imaginaba probándose mi ropa interior y haciéndose selfies, por ejemplo. Además, alguien "de la casa" tenía que estar allí por si surgía algún problema, digo yo.
-Ah, no, pues entonces cancelamos la obra.
-¡DE ESO NADA! Que ya tenemos pagado el hotel, las maletas hechas, las vacaciones pedidas y la madre que nos parió.
-Bueno, ustedes verán lo que hacen. Mañana a las nueve estoy ahí.

Día 1
Al día siguiente, a las nueve, no estaba allí. Ni a las nueve y media, ni a las diez. A las diez y cinco apareció y me dijo que en esas condiciones no podía trabajar.
-¿Qué condiciones?
-¡Los niños! ¡No se puede hacer nada con ellos!
-Hombre, limitan mucho, pero le aseguro que a mí no me han impedido trabajar, ocuparme de la casa o incluso hacer una escapadita de vez en cuando.
-Pues yo voy a cortar el agua, y ustedes verán como se apañan.
Como si una madre no pudiera solucionarlo todo con salivilla, hombrepordios.
Viendo que había una cierta hostilidad me llevé a los niños de paseo. Cuando volví, menos de una hora más tarde, no había nadie en casa.
-¿Qué cojo...?
Pero entonces llamaron a la puerta.
-Soy el fontanero -me gritó desde el otro lado. Abrí, y efectivamente era UN fontanero, pero no EL fontanero, a no ser que se hubiera cambiado la cara por arte de magia, que tampoco lo descarto porque, viendo como trabaja, seguramente sea una estrategia de supervivencia muy acertada.
El fontanero nº 2 estuvo un rato dando martillazos durante aproximadamente una hora, y luego me dijo que hasta mañana y se fue.
Será mejor que os lo resuma porque con tan frenética actividad seguramente no habéis seguido el hilo:
Un fontanero vino a las 10 de la mañana, se fue a las 13 horas, y en medio se tomó un descanso para desayunar y hacerse la cirugía estética.

Día 2
Me levanté a las 6:30, dejé a los niños donde buenamente pude, y a las 9 llegué a casa, con la lengua fuera, para esperar al fontanero. A cualquier de ellos. Francamente, no me importa mucho lo que hicieran con sus caras mientras terminaran la puta obra.
Así como a las 10:30 apareció un tercer fontanero (o el mismo, con su tercera cara), que me dijo que por qué no le había avisado, que el estaba abajo esperando y no había querido subir para no molestar.
Pero hombre, ¿cómo te voy a avisar si no sé ni qué cara tienes?
El fontanero nº 3 se puso a trabajar en el baño. Pero poco.
-Que me voy a cortar una baldosa -me dijo cuando llevaba unos tres minutos. Y desapareció durante media hora.
Volvió, colocó la baldosa, y se volvió a levantar.
-Que me voy a cortar una baldosa -y volvió a desaparecer durante otra media hora.
Yo ya tenía el tic en el ojo como para alquilárselo a una central eólica y sacarme unos duretes.
El fontanero nº3 no volvió. En su lugar, baldosa cortada en mano, apareció el fontanero nº 1, que debía haber estado agazapao en el descansillo todo el rato, porque si no no me lo explico.
-Señora -me dijo-, estos azulejos que ha comprado son muy malos.
-Le recuerdo que no quiso venir con nosotros a elegirlos.
-Pues mire -dijo-, en cuanto les das un poquito se rompen -y empezó a golpear brutalmente la baldosa con un pico hasta que se rompió.
-Ya... veo...
-Es lo que pasa cuando las eligen las mujeres, que solo miran lo bonito, y las engañan con las calidades.
Salvo en el caso de los fontaneros, que no los elegimos ni bonitos ni de calidad, por lo visto.
-Si cree que son malos ponemos otro y ya está. Total, solo son dos metros de suelo.
-No, mujer, que ya he cortado dos baldosas y no voy a empezar de cero. Mejor le pongo este y en un par de meses vuelvo y se lo cambio.
¿QUÉ?
Como ya era casi la una, el fontanero empezó a recoger para irse, así que me apresuré a preguntarle qué pasaba con el inodoro.
-Le voy a volver a poner este.
-No, no. Quiero que me lo cambie.
-¡Si este está estupendo!
-Pero es el modelo más grande que hay en el mercado, y yo tengo el baño más pequeño del universo.
-Uf, pues si le tengo que poner el inodoro van a ser 300 euros más.
-Vale.
-Espere, ¿yo cuánto le dije que le iba a cobrar por esto?
¿En ese presupuesto detallado por partidas que me entregó en ese albarán invisible?
-500 euros.
-¿500? ¡Tendré que cobrarle aparte los materiales!
-Hombre, si las baldosas las he comprado yo.
-¡Pero es que entonces no gano nada! Tenga en cuenta que aquí ha habido tres personas trabajando durante toda una semana.
¿Qué QUÉ?
Primero; estábamos a martes, llevaban dos días.
Segundo; en esos dos días habían trabajado un total de cuatro horas.
Tercero; bueno, sí, habían trabajado, por decir algo, tres fontaneros. Pero nunca a la vez, y todavía me estoy preguntando para qué hacía falta que se turnaran..
-Tengo que hablarlo con mi marido -le dije, por ganar tiempo.
-Bueno, lo hablan y mañana me dicen si cambian el inodoro o no.

Día 3
Me fui a trabajar con lágrimas de emoción en los ojos.
ZaraJota, menos contento, se quedó en casa.
El fontanero apareció a las 10 pasaditas.
-Es que he tenido que ir a comprar el inodoro.
-Pero... Lorz me dijo que estaba esperando a que nos decidiéramos.
-Es que he pensado que  era mejor comprarlo.
-Ah, bueno, pues nada.
-El viejo se lo dejo aquí mismo en la ducha.
-¡De eso nada! El viejo se lo llevan.
-¿Y para qué quiero yo eso?
-¿Y para qué lo queremos nosotros?
-Es que no tengo bolsa de escombro.
ZaraJota no se atrevió a preguntar dónde habían estado tirando los escombros hasta entonces.
-Pues usted verá.
Al rato el fontanero anunció que la obra había terminado.
-Pero... nos dijeron una semana.
El fontanero sonrió satisfecho.
A ZaraJota se le cayó el alma a los pies. A mí también.
-Podían habernos reformado el baño entero, habría dado tiempo de sobra -decía yo-. ¡Si solo han echado seis míseras horas de trabajo! ¡Si hubieran aprovechado el día nos podrían haber hecho todo de una vez!
-Hemos tirado una semana de vacaciones -se lamentaba ZaraJota-. Por no hablar de la pasta de irnos a vivir a un hotel todo ese tiempo.
-Y seguimos con el baño a medio arreglar, con las ganas que tenía yo de verlo ya bonito.
-Bueno -me dijo para consolarme-, al menos hemos conseguido librarnos del inodoro.


O eso pensábamos.
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