23 marzo 2017

La dichosa merienda

Dos trabajos.
Dos niños.
Dos horas de transporte público diarias.
Pero lo que REALMENTE me impide actualizar con más frecuencia es que a pesar de tener mis dos cuentas de gmail perfectamente instaladas, hay días en que Google no reconoce la de lorzagirl@gmail.com y no hay manera de acceder al blog.


Estoy harta de las meriendas del colegio.
Ya está, ya lo he dicho.
Hay veces en las que pienso que nos quedan diez años de colegio con sus correspondientes meriendas y me entra una congojo existencial muy gordo.
Técnicamente, la culpa no es de la merienda.
Es decir, la merienda no tiene la culpa de que mi despertador suene a las 6:30, pero Bebé-kun se aferre a la teta hasta las 7:30, y luego tenga que hacer el desayuno, la merienda y mi tupper a toda prisa, con el niño todavía colgando del pecho y la niña negándose a colaborar.
Y desde luego, la merienda no tiene culpa de que después de todo el esfuerzo, Nena-chan no se la coma.
Y eso que lo he probado todo.
Incluido un aproximado millón de veces que he abierto la nevera en el último momento, he visto que no quedaba nada de fruta, y le he metido en la mochila un zumo (sí, con azúcar) y cuatro galletas (sí, con azúcar).
Ni el otro millón de veces aproximado que, en las mismas circunstancias, le he metido una gelatina de esas de chupar. 
Solo soy humana, y además no consigo que me funcione el giratiempos. 
Primero le compré unos tupper monísimos (de Frozen) y no se comía la merienda.
-Es que la mamá de Amiga-chan le pone la merienda en una bolsa de PLÁSTICO.
-¡Pero tu tupper mola más que una bolsa de plástico!
-¡Es que le pone una pinza ROSA! ¡Y le escribe COSAS!
Después de dirigirle mentalmente un par de apelativos a la madre de Amiga-chan, renuncié a los tuppers de Frozen. Pero Nena-chan seguía sin comerse la merienda.
-Es que el plátano estaba asqueroso ASQUEROSO -me dijo un día. Viendo el aspecto del plátano, tenía toda la pinta de que "alguien" se hubiera sentado encima.
-Es que la manzana me picaba en la boca -probablemente porque después de pasar ocho horas a una temperatura de 22 ºC en una bolsa de plástico había macerado hasta alcanzar estatus de sidra.
-Es que no queriba pera -eso es de vez en cuando, que tiene un día sincero.
Entonces empecé a ser creativa.
Le cortaba los sandwiches con un cortapastas de figuras.
Le ponía tomatitos cherry con queso picado.
Le hacía dibujos con rotulados en el plátano.
Por cierto, mala idea. Con el calor despinta. 
Le hacía bocaditos de galleta integral y queso de untar.
Y, el gran golpe maestro: volví a meterle la merienda en un tupper cuyo principal atractivo era... ¡pertenecer a su hermano!
Vivir para ver. 
Cada vez que introducía en el menú algo nuevo funcionaba un par de veces (no consecutivas) y luego volvíamos a las andadas.
-Nena-chan, no te has comido los tomatitos...
-Es que SIEMPRE me pones tomatitos y mis amigas disen que eso no puede ser.
Primero: una vez por semana no es siempre.
Segundo: nos espera una adolescencia terrible.
A la mañana siguiente le pregunté directamente qué quería merendar, porque total, toda resistencia es fútil.
-No lo sé.
-A ver, ¿qué te gusta?
-Lo que tú no me prepares.
-Sí, ya me voy dando cuenta.
Nena-chan se lo pensó un poco.
-Un día mi amiga trajió unos sereales con leche DENTRO. Yo QUIERO.
-Pero entonces te los habré preparado yo y ya nos los querrás, ¿no?*
-...
-Tengo una idea: como estoy casi segura de que la otra niña le pide a su mamá lo mismo que te hago yo a ti, vamos a seguir como hasta ahora y lo compartís.
-¡NOOOOOO! Yo quiero lo mío para mí. Pero que sea lo de ella.
Creo que a partir de ahora voy a optar por el robo organizado de meriendas.






*Efectivamente, cuando le compré los cereales no los quiso.








15 comentarios:

Mamá en Bulgaria dijo...

Jo Lorz, cada niño es un mundo. Los míos son bestias devoradoras de todo lo que les pones delante y cuando terminan se zampan lo que tengan cerca, normalmente mi comida o la de sus amiguitos. No existirá un agradable término medio??

Genín dijo...

jajajaja Pobrecita, es increíble la paciencia que tenéis las madres, yo ya la hubiera despellejado viva, es broma, es un decir, que ahora hay que tener mucho cuidado con lo que se escribe, le meten a uno en la cárcel por cualquier tontá que diga en las redes... :(
Salud y besitos

Necio Hutopo dijo...

Creo que la solución pasa por darle la merienda diciendo que es la de Amiga-Chan.

Anónimo dijo...

Y si pruebas la psicología inversa? "Mira, Nena-chan, te pongo aquí este bocata para que me lo guardes, que cuando te recoja lo voy a necesitar, pero ni se te ocurra comértelo!" Y para despistar le pones una manzana de merienda. Ya verás como el bocata se vuelve irresistible.

Anónimo dijo...

Mi hermana y yo lo llamábamos "el síndrome del bocadillo de pamplonés ajeno". Nuestra madre no compraba nunca pamplonés, así que cuando veíamos uno era en plan "ooooh, eso no lo tengo yo en casa", comíamos y sabía a gloria. Cuando ya fuimos "mayores", nos compramos pamplonés para hacernos un bocata, pero no era lo mismo, así que se lo hacía una y le robaba bocados a la otra... Imagina las risas un día que salió Jordi Mollá en la tele comentando justo que el bocadillo del pamplonés sólo le sabía bueno cuando era de otro :D

Mi Álter Ego dijo...

Jajajaja. Eso es "tocapelotismo" nivel experto. Besotes!!!

GarcíaOrive dijo...

Yo ya de pequeña tenía problemas de colesterol alto. Mi madre me ponía sándwiches de pavo (exótico y carisimo en aquellos tiempos remotos) o vegetales caseros. Yo los cambiaba sistemáticamente por bocatas de mortadela, foiegras o chorizo del más casposo y grasiento.

Anónimo dijo...

Y si te relajas ... que te de igual no se lo coma ... Creo que más sano para ambas.

Anónimo dijo...

Lo mismo no tiene hambre en la hora de la merienda. En mi época la merienda se tomaba en casa, pero el almuerzo en el cole, nunca fui niña de comer entre horas, y veía a los niños con almuerzo y me parecía delicioso, sólo porque era lo que tocaba y otros comían, pero si me lo ponían ni me apetecía, claro, ya había desayunado bien y no tenía hambre hasta la comida. En fin, cada niño es un mundo, pero igual es menos grave de lo que parece si no merienda y tú vives más tranquila.

Estrellita dijo...

Que complicado debe ser.. pero que te da historias para el blog, te las da.. y las cuentas de lo mas gracioso..
suerte con las meriendas, que coma algo la niña.. beso

Luisa dijo...

A mí me pasa algo muy, muy parecido. No hay manera de que se tome el desayuno de media mañana en el cole, ni tupper de la frozen, ni de la patrulla, ni de "dibujico sin más" y por supuesto da igual lo que vaya dentro del tupper y el problema es que no toma nada desde que se va de casa hasta que vuelve, miento, a veces toma un bocado (literal) de una galleta, así que por la mañana se va una niña normalita y a mediodía vuelve una monstruita hambrienta y despeinada con la que es difícil el entendimiento... señorrrr ilumíname o dame paciencia!!!

ALEJANDRA dijo...

Ideas molonas,básicamente brochetas : (se me ocurre que como una vez vacía la brocheta puede ser claramente peligrosa, uses un tallarín o un espaguetti)

https://www.google.es/search?q=fruta+para+ni%C3%B1os&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ved=0ahUKEwiNirWb6_TSAhWhCsAKHZsoCegQsAQIGw&biw=1366&bih=671#tbm=isch&q=brochetas+fruta+para+ni%C3%B1os&*

Envasado al vacío casero, para que no se estropee la fruta: Puedes echarle un poco de zumo de limón recién cortada.

https://youtu.be/CmWmz3bmjpw

He visto algún vídeo en el que el agua era muy fría y aparentemente quedaba aún mejor.

Que la fuerza y la paciencia te acompañen!!.

Maribel dijo...

Dios mío qué paciencia tenéis las madres de hoy en día!!! Aún a riesgo de que me excomulguen las madres coraje del mundo, te aconsejo que hagas lo que hacía la mía, que era madre soltera y trabajaba como una mula y no tenía tiempo para cortar tomatitos cherry... a mi me daban 50 pesetas y me compraba un bollycao en el colmado de la esquina. Un bollycao o lo que me apeteciera, así, fomentando el libre albedrío!!!

Y oye, aquí estoy a mis 40 años más sana que una pera (una pera de esas que Nena-Chan no quiere comerse...)

Un beso!

Gema Suárez González dijo...

Multiplica esa experiencia por los 10 años que tiene el mío y acabarás en los Smint de naranja para el recreo. Y que salga el sol por Antequera.

pseudosocióloga dijo...

joerrrrrr