18 marzo 2019

La mani-fiesta-acción

No sé de dónde sacó la idea, pero Nena-chan me dijo que quería ir conmigo a la "mani-fiesta-acción" del 8 de marzo.
Yo era reticente.
No es que fuera su primera mani-fiesta-acción y la anterior había ido muy bien.
Por otra parte, la anterior la había organizado el colegio y todo había sido muy niño-friendly.
–Y además ahora la niña ya sabe leer –me recordó una compañera de trabajo, provocándome un microinfarto instantáneo solo de pensar en la niña llegando al colegio el lunes y gritando según qué cosas.*
Lo que pasa es que la niña insistió, insistió, insistió e insistió y... ¿lo digo o no lo digo? En el trabajo de una "amiga mía", ya sabéis, algunas compañerAs intentaron presionar para que las demás no hicieran huelga porque, en fin, un año está muy bien por hacer la gracia, pero seguir insistiendo año tras año cuando las mujeres ya han alcanzado la igualdad con los hombres es un poco como de rencorosas.
Sin comentarios.**
Y como a mi amiga le gusta llevar la contraria, pues hizo huelga total, aunque inicialmente tenía pensado teletrabajar (para quedarse con los niños y que las maestras pudieran hacer huelga) y rendir como cualquier otro día o más.
En fin.
Que me desvío del tema.
Pues nada, le colgué a la nena un cartel con su nombre y mi teléfono, recogimos a mi madre, que se apunta a un bombardeo, y nos fuimos a la mani-fiesta-acción.
La cosa empezó mal porque aunque la mani era a las 19, a las 17 ya era imposible subirse a los autobuses y el tráfico estaba cortado porque había una marea morada por la calle. Mi plan era unirme a las Mujeres del Libro, pero fue imposible dar con ellas, así que mi madre, la nena y yo nos fuimos por libre.
Nena-chan estaba encantada de la vida. Unas chicas le dieron un globo MORADO y la abuela le trajo un bocadillo DE CHORIZO y nos lo comimos en mitad de LA CALLE y además cantamos "Un bote, dos botes, nosequé el que no vote" y todo el mundo SALTABA.
Pero no sé muy bien cómo acabamos al lado de un sindicato de muy izquierdas. Eran señoras de mediana edad y pensé que estábamos a salvo de consignas peligrosas.
Pero no.
–¡¡¡MADRID SERÁ / LA TUMBA DEL MACHISMO!!!
–Mamá, ¿qué es una tumba?
–El sitio donde se entierra a la gente cuando... eh... se muere y tal.
–¡¡¡ESTAMOS HASTA EL CULO / DE TANTO MACHIRULO!!!
–Mamá, ¿qué es un machirulo?
–Eh...
–¡¡¡LA TALLA TREINTA Y OCHO / ME OPRIME EL CHOCHO!!!
–Mamá, ¿qué es la talla treinta y ocho?
Llegado ese punto mi madre decidió cambiar bruscamente de tema.
–Lorz, ¿has hecho una foto para la Tita del Puerto?
Que ya me dirás tú para qué necesita la Tita del Puerto una foto al azar del 8-m, pero bueno, en ese momento cualquier distracción me parecía una idea estupenda.
–Anda, pues no.
Saqué el móvil y me puse a hacer fotos y así estaba cuando de reojo vi a una niña con el mismo abrigo rojo que Nena-chan pasar por delante de mí y perderse entre la multitud a mi izquierda.
Levanté la vista del móvil y le pregunté a mi madre:
–¿Dónde está Nena-chan?
–Contigo, ¿no?
–¿No está contigo?
–No.
–MIERDA, MIERDA, MIERDA, MIERDA.
En fin. Si habéis visto las noticias seguramente sabéis que a esa mani apenas fue gente: solo la justa para llenar de lado a lado las calles desde la estación de Atocha hasta Cibeles y luego desde Cibeles hasta plaza de España. Y a Nena-chan se la había tragado la multitud.
Empecé a llamarla a gritos mientras apartaba a la gente a empujones, corriendo hacia donde creía que podía estar.
–¡NENA-CHAN! ¡NENA-CHAN!
Nena-chan se volvió hacia mí tan tranquila y me contestó:
–¿Qué?
–¿Dónde vas?
Nena-chan se miró la mano. Estaba cogida de una señora.
–Creía que era la mano de la abuela.***
–¡Pero Nena-chan! ¿Cómo has podido pensar que era la mano de la abuela?
A mi madre le faltan varios trozos de la mano y os aseguro que cuando le das la mano SE NOTA. Pero es que además las manos de la abuela tienen una característica única: al otro lado del brazo suelen llevar pegada a la abuela. No a otra señora al azar que nos hemos encontrado por ahí. A la abuela.
–No sé.
La niña soltó a la señora, la señora se perdió entre la multitud y la nena y yo volvimos con mi madre.
El resto de la mani-fiesta-acción transcurrió sin incidentes reseñables y al final de la noche la niña declaró que aquel había sido el mejor día DE TODA SU VIDA.
Seis años, tienen.
Por mi parte, cuando llegué a casa todavía me temblaban las patas por aquello de haber perdido a la niña en mitad de una manifestación multitudinaria y tal. 
–Qué mal lo he pasado –le dije a ZaraJota–. Lo único en lo que pensaba era en que tendría que decirle a la policía que había perdido a la niña por estar mirando el móvil y seguro que me miraban mal.
–¿Y no se te ocurrió pensar en cómo te miraría yo?
Desde luego es que no falla: es entrar en escena un tío y ya tiene que hacerse el protagonista.


* Unos días antes nos enteramos de que la niña había contado a sus amiguitos que iba a ir a una mani-fiesta-acción para odiar a los hombres. El bocinazo que se llevó todavía retumba.
** El mismo día de la manifestación, alguien envió al WhatsApp de padres un enlace para pedir que se prohibiera la manifestación, porque era "cristofóvica" [sic] y porque las feministas no son más que pobres mujeres manipuladas por los políticos. Una vez más, sin comentarios.
*** La niña creía que tenía cogida la mano de la abuela, pero la señora en cuestión también tenía los ovarios de plomo. O sea, ¿no se había dado cuenta de que llevaba una niña pegada? ¿Creía que estaba haciendo la conga o qué? 

11 marzo 2019

Superar la timidez

Pues hará como un mes o así estuve en la librería La Sombra, adonde voy de vez en cuando para cambiarles libros de sitio, usar su baño, quejarme porque no me dan la clave del WiFi y cosas así.
Estaba merodeando por la sección de infantil en busca de libros nuevos del Pollo Pepe cuando me encontré con Gastón.

Nadie más que Gastón 
tiene siempre razón.
La postura, la tripita y la forma de medio taparse los ojillos me recordaron mucho a Nene-kun, que es de lo más tímido que hay, así que cogí el libro y me lo llevé a casa.
Puede que incluso lo pagara. Cosas más raras se han visto.
Llegué a casa y le dije a Nene-kun:
–Mira lo que te he traído, pero no estoy insinuando nada, GUIÑO GUIÑO CODAZO CODAZO.
Pero antes de que Nene-kun rozara el libro, Nena-chan ya le había dado un repelón.
–Mamá, ¿este es un libro para no ser tímido?
–Sí.
–Pues yo lo necesito porque soy muy tímida.
–¿Desde cuándo eres tú tímida? ¡Si te suelto en el parque y a los cinco minutos ya tienes una muy mejor amiga, los juguetes de una segunda y una galleta que te ha dado la madre de una tercera.
–Ya, pero es que yo soy tímida A LA GENTE.
–...
–¿Puedo llevármelo para leer en el autobús?
–Bueno, vale.
Nos subimos al bus y nos sentamos.
Al lado tenemos a un niño al que no conocemos de nada y que ni nos mira.
Pero eso a la señorita tímida le da igual.
–Hola, me llamo Nena-chan, tengo seis años. Mi hermanito se llama Nene-kun, tiene tres. Vamos al mismo colegio pero él va con los pequeños y yo con los mayores. ¿Tú vas a mi colegio? ¿A qué colegio vas? ¿Ya sabes leer? Yo sé leer. Tengo un libro. Mira. Mi mamá me lo ha comprado porque soy muy tímida A LA GENTE.
La madre del otro niño me mira en plan si esta es la tímida de la familia no quiero ver a la extrovertida.
–El libro le ha ayudado mucho –le digo.
Quizá debamos ofrecernos para promocionarlo o algo así.

04 marzo 2019

La galleta del señor

Seguimos con los tiempos interesantes.
En medio del trajín, una tarde me llevé a Nene-kun a hacer papeleos varios, y rematamos la tarde en una oficina en la que había varios chavales jovencitos.
Y digo "chavales jovencitos" por no decir "niños", porque para mí que tenían como doce años el que más, pero bueno.
Cuando vieron a Nene-kun empezaron a hacerle cucamonas, le sacaron pinturas, le inflaron un globo, yo qué sé.
–Es que me recuerda a mi hermano pequeño –me decían, y yo pensaba: si tu hermano pequeño tiene tres años, ¿cuántos años tienes tú, Harry Potter? O sea, que la vida fértil de una mujer no da para tanto. ¿Seguro que tienes edad para trabajar?
En fin, que yo me callé porque soy muy educada, pero en una de estas llega un chaval y le dice al niño:
–Hola, campeón, ¿qué has hecho hoy?
–...
Nene-kun cortocircuitó del todo porque es un poco literal para sus cosas y cuando le preguntan qué ha hecho hoy siempre se queda pensando en plan te lo tengo que contar todo o qué.
Pero el chaval era inmune al desaliento.
–¿Has merendado?
–Tí.
Yo sabía perfectamente que el niño no había merendado y me vi venir lo peor.
–¿Qué has merendado?
–Tí.
Estaba claro que Nene-kun solo había entendido la palabra "merendado" (y tampoco del todo) y pensaba que era un ofrecimiento.
Tragué saliva.
El chaval no se había dado cuenta.
–¿El qué? ¿Qué has merendado?
–Tí.
Por favor, pensé para mis adentros sin saber cómo evitar el drama en ciernes, no insistas.
–¿Galletas? ¿Has merendado galletas?
–Tí, grasias.
Y Nene-kun extendió la manita.
Al chaval le hizo una gracia loca, le hizo al niño un par de carantoñas y se fue riéndose, sin saber que había desencadenado fuerzas que escapaban a su comprensión.
–Mamá. tero llalletas.
–Claro que sí, ahora mismo.
–Ahora mismo no, ahora-ahora.
–Es que no tengo galletas.
–Ese señor tene.
–No, no tiene.
–Sí tene. Me lo ha disido a mí. Llalletas merendar.
Ay...
–Espera, gordito, voy a ver si tengo algo en el bolso.
Rebusqué en el bolso y di con una tortita de arroz tan rancia que al olerla se me puso el pelo verde.
–Mira, lechoncillo, mamá tiene una galleta.
–¡NOOOOOO! ¡ESA LLALLETA NOOOOOOO! ¡QUERO LA LLALLETA DEL SEÑOR!
¿La galleta del señor?
Creo que de pronto entiendo la expresión "pedir una hostia a gritos".

25 febrero 2019

Tiempos interesantes

Estoy viviendo tiempos interesantes.
Interesantes en plan bien.
La única pega es que las cosas interesantes quitan mucho tiempo y cansan mogollón.
Sobre todo lo de cansar.
Hay días que los niños se duermen temprano y podría dedicar dos o tres horas a escribir, pero estoy tan cansada que no me siento capaz de pensar o, justo al contrario, mi cerebro es un avispero del que es imposible sacar nada en claro.
Me han asegurado que esta situación interesante se prolongará, como mucho, hasta principios de abril. Eso espero porque, francamente, ya tengo una edad, y además solo cuando escribo me siento persona.
Hasta que vuelva a ser poco interesante, no puedo estar segura de cuando actualizaré, o cómo.
Por supuesto, seguiré leyendo todos vuestros comentarios, los correos (podéis escribirme a lorzagirl@gmail.com) y, obviamente, también estoy en twitter.
SIEMPRE estoy en twitter.
Y para aquellos que tengáis mi teléfono, no dudéis en darle al whatsapp full power: suelo tener el móvil silenciado : )

Seguimos en contacto.

11 febrero 2019

Una tarde en el museo

Este año nos hemos hecho amigos del Museo del Prado porque somos de ese tipo de personas que solo hacemos amigos a cambio de dinero.
El primer día iba muy ilusionada porque El Prado me gusta más que a un tonto un lápiz, entre otras cosas porque tiene calefacción y por esas fechas estábamos bajo cero. Nena-chan estaba muy ilusionada porque le molan las princesas y visitar a Margarita de cuando en cuando. ZaraJota estaba ilusionado porque le gusta ir a sitios donde nadie nos conoce y no pueden relacionarnos.
Y Nene-kun estaba de mal humor.
Probablemente necesitaba una siesta, no digo yo que no. Está durmiendo mal últimamente porque intenta subir la media nacional de mocos per capita el solito.
Así que entramos, dejamos la mochila en consigna, empezamos a ver el museo y a los cinco minutos o así Nene-kun empezó a gritar que quería beber agua.
–¡QUERO AGUAAAAAA! ¡QUERO AGUAAAAAAA!
Nos habían confiscado el agua a la entrada, así que salimos corriendo a un baño y le ayudamos a beber agua en el lavabo.
Seguimos recorriendo el museo y a los cinco minutos o así Nene-kun empezó a gritar que quería agua. Otra vez.
–¡QUERO AGUAAAAAA! ¡QUERO AGUAAAAAAA!
Salimos corriendo al baño. Otra vez.
–¡NOOOO! ¡QUERO AGUA DE VERDAAAAAAA! ¡EN UN VASOOOOOOO!
Intentamos convencerlo de que el agua de grifo es DE VERDAD pero no hubo forma, así que salimos corriendo otra vez hacia consigna para recuperar la mochila donde siempre llevamos un vaso de plástico porque ya sabemos que Nene-kun es muy especial con sus cosas.
Volvimos a pasar el control con el vaso de plástico, nos fuimos al baño, llenamos el vaso, Nene-kun se bebió el agua, pidió más, se la bebió de nuevo, dijo "Yatá", secamos el vaso y reanudamos la visita al museo, que ya habíamos cruzado de lado a lado tres veces, para que luego digan que no se puede ver El Prado en una tarde.
Pensé que a la tercera va la vencida y que podríamos empezar una visita decente.
Por fin.
Pero no.
Ya os he dicho que Nene-kun tenía un mal día.
–Mamá, disiste que íbamos a ver cosas chulas.
–Esto es muy chulo, ¿no?
–No, son pinturas nada más.
–Pero son muy chulas, ¿no?
–No. Quero cosas chulas.
–Vale. ¿Quieres ver un tesoro? Es superchulo.
–Sí. Pinturas no, solo chulo, ¿vale?
–Vale.
Nos volvimos a cruzar el museo de lado a lado para ver el tesoro del Delfín, que antes estaba en un sótano en unas estanterías del tipo que usan las abuelas para guardar los recordatorios de las comuniones y ahora está en una sala que parece una nave espacial.
A los niños les flipó todo.
Nene-kun no paraba de preguntar.
–¿Qué es eso?
–Una copa.
–Aaah. ¿Y eso?
–Otra copa.
–Aaah.¿Y eso?
–Otra copa.
Y así dos vueltas a la nave espacial, con visita intermedia al baño para beber más agua, dios bendiga al vaso de plástico.
Pasadas las vueltas de rigor, optamos por irnos. Solo que estábamos totalmente desorientados, así que nos metimos en un ascensor.
–Yo le doy al botón –dijo Nene-kun apenas un segundo antes de darle al botón de alarma.
¿Cómo decir esto suavemente?
Empezó a sonar la alarma.
Mucho.
Y después, a todo volumen, algo así como 
"LLAMANDO A LA CENTRAL DE ALARMAS. POR FAVOR, ESPERE A SER ATENDIDO. TUUUUUUUU. TUUUUUUU. TUUUUUUUU...".
ZaraJota y yo nos miramos con cara de pasmo, pero Nene-kun no cejaba en su empeño.
–No se cierra puerta. Le doy otra vez.
–¡¡¡NOOOOO!!!
Ha llegado el momento de felicitar a los vigilantes de sala, porque llegaron walkie en ristre a una velocidad prodigiosa.
–El niño... le ha dado al botón... normalmente no están tan bajos...
–Es que esto no es un ascensor, es un montacargas para sillas de ruedas.
–Estooooo... es que estábamos en el tesoro del Delfín... nos hemos desorientado... queríamos salir...
–Y la salida está en otra dirección.
No, si al final nos quitarán el carnet de amigos en la primera visita.

04 febrero 2019

Los pajaritos

Total, que nos fuimos a Barcelona al bautizo de uno de los niños más guapos del universo. 
Fue un viaje exprés: creo que no llegamos a estar fuera ni veinticuatro horas. De hecho íbamos tan justos de tiempo que alquilamos un coche para movernos más rápido. 
Que el dios del transporte público nos perdone.
Encima llegamos tan tarde que ZaraJota tuvo que salir corriendo para la oficina de alquiler de coches porque cerraba en veinte minutos o así, mientras yo cruzaba Sants ligeramente más despacio, con un gripazo que no veía, los dos niños a rastras (Nene-kun dormido y con unos mocarros que le caían barbilla abajo, Nena-chan renqueando por un esguince y con un flemón), las maletas, la bolsa con la merienda, en fin, los cien quilos de impedimenta obligatorios para cualquier madre. 
Conseguimos llegar a la oficina, montar las sillas de los niños que venimos cargando desde Madrid porque la oficina de alquiler "no garantiza la disponibilidad", nos montamos en el coche, atamos a los niños con los variados sujetatrones de las sillas y arrancamos. 
Y como al medio minuto o así, ZaraJota me dice: 
–Lorz, pon el tontón, que no sé ir. 
–No sabes ir. 
–No.
–A casa de tu madre. 
ZaraJota tuvo la decencia de parecer avergonzado. 
–Es que Barcelona ha cambiado mucho en los últimos años. 
–Estamos en la Diagonal. Lleva cayendo en selectividad unos cuarenta años o así. 
–¿Y qué?
–QUE NO HA CAMBIADO UNA M**RD*.
Estábamos debatiendo amistosamente si la Diagonal ha cambiado una m*rd* o no cuando se pusieron a nuestra altura dos furgonetas blindadas de los mossos. 
Ya está, me dije, hemos herido su orgullo nacional o algo, con tanta Diagonal y tanta m**rd* en la misma frase. Nos paramos en un semáforo, las lecheras se pararon a nuestro lado y el copiloto de la primera bajó la ventanilla, se asomó y nos hizo pincitas con las manos. 
–ZaraJota, el mosso te está intentando decir algo. 
–¿A mí?
–Eso o está bailando "Los pajaritos", pero no me parecen horas. 
ZaraJota se volvió hacia el mosso, le sonrió y le levantó la mano en plan "gracias por avisar" y los mossos se fueron y nos dejaron allí. 
–¿Qué querían? –le pregunté a ZaraJota. 
–Uy, ni idea. 
–"Los pajaritos", te lo digo yo, que se le veía muy animado.
Llegamos a casa de mi suegra sanos y salvos gracias al tontón y al día siguiente nos fuimos al bautizo del nene, que era en un pueblo. Primero a la iglesia, luego a un bar, luego a un restaurante, de lado a a lado con el coche. Debían ser como las doce de la noche e íbamos en dirección contraria por un polígono porque es que Barcelona ha cambiado mucho y eso cuando me dice ZaraJota: 
–Uy. 
–¿Qué pasa?
–Te vas a reír. 
–Son las doce de la noche, llevo diez horas con unos zapatos de tacón nuevos, tengo fiebre y vamos en dirección contraria por un polígono industrial a oscuras.
–Por eso. Ya sé por qué está todo tan oscuro: resulta que el botón al que le estaba dando no era el de las luces. 
–¿Y qué era?
–Bueno, lo único que puedo decirte es que no era ni el asiento eyector ni las luces. 
–Lo mismo era eso lo que nos quería decir el mosso. 
–Seguramente. 
Me gustaba más la opción de "Los pajaritos", para qué nos vamos a engañar. 

21 enero 2019

La incursión

Bueno, estaba aquí que si lo cuento que si no, y como no se me ocurre nada mejor lo voy a contar.

Pues veréis: teníamos un montón de trozos de porexpan, 60 metros de luces de navidad y un faldón con el nombre del colegio. Entonces la junta municipal del distrito nos dio un camión y lo convertimos en una carroza para la cabalgata de reyes.
De paso, aprendí una valiosa lección: no hay nada que no se pueda resolver con bridas y cinta de doble cara.
La pistola de silicona, en cambio, deja de ser práctica en cuanto las temperaturas bajan de cero. Por si os lo estáis preguntando. 
Bueno, pues hicimos la cabalgata y así como a las nueve de la noche teníamos a dos niños hiperexcitados, revolucionados y hasta arriba de azúcar, y no de los caramelos (que eran sin azúcar) sino de la merendola que nos habíamos zascado in itinere.
ZaraJota, que acababa de andarse seis kilómetros en el cordón de seguridad de la cabalgata, observó a los niños así como de soslayo y me dijo:
-Me voy a ayudar con el desmontaje me la carroza.
Y se largó, y me dejó a mí con los niños hiperactivos, que no sé por qué nos cogimos el autobús de vuelta porque tal y como estaban podían haber vuelto a casa corriendo. Tres veces. Conmigo en brazos.
Total, que llegamos a casa, consigo tranquilizarlos, los mando a la cama con la vaga promesa de que los mismo vienen los reyes magos esa noche (o no), y me siento en el sofá a tomarme El ColaCao de La Paz, que yo sé que es muy malo y tiene mucho azúcar y lo mismo ya soy un poco mayor, pero esos cinco minutos de tranquilidad mirando al vacío mientras me lo tomo son gloria bendita.
Entonces el grupo de WhatsApp de padres se volvió loco.
"Alguien ha entrado a robar al colegio ☹️"
"Cómo?"
"No puede ser 😥"
"Que sí, que alguien ha entrado a robar"
"Hoy?"
"Ha ido la policía?"
"TODAVÍA ESTÁN DENTRO"
"Hay luz en la biblioteca 😨😨😨"
Entonces recibí una llamada de ZaraJota.
-Soy yo.
-Ya sé que eres tú, lo pone en la pantalla del móvil.
-No, el del colegio.
-¿Y qué haces robando en el colegio?
No es por nada, pero puestos a robar mejor se va uno a otro sitio, sobre todo porque los Reyes Magos y la junta del distrito estaban repartiendo chocolate a menos de cincuenta metros y estaba aquello de bote en bote. 
O sea: repartiendo. Comida gratis. En Carabanchel.
No cabía una viej... anciana más, así os lo digo.
Pero ZaraJota seguía ahí, a lo suyo.
-QUE NO ESTOY ROBANDO, JODER. 
-Claro que no.
Y le guiñé un ojo. Pero él no lo vio y se lo tomó fatal. 
-QUE HE VENIDO A TRAER LOS MATERIALES DE LA CABALGATA.
-Pero hombre, cómo se te ocurre encender las luces del colegio en plena noche, que las ha visto todo el barrio y se han pensado que eran ladrones.
-Si te parece me meto en el colegio a oscuras.
-Hombre, tanto como a oscuras no, con una linterna o algo.
-Claro que sí, y un pasamontañas también.
-¿Un pasamontañas? ¿Por qué? ¿Tienes frío?
-QUE LES DIGAS QUE NO LLAMEN A LA POLICÍA.
-Creo que han llamado ya.
-Ay... espero que el AMPA tenga presupuesto para fianza.
-Pues no sé si el AMPA estará para muchos dispendios: se ve que esta noche han entrado a robar al colegio.

14 enero 2019

La ballena

Aunque es un poco tarde, voy a contar esto porque no me lo quiero guardar dentro.

Este año, el AMPA del colegio al que van Nena-chan y Nene-kun ha tenido la oportunidad de participar en la cabalgata del barrio. 
A mí estas cosas me gustan más que a un tonto un lápiz. O sea: manualidades+hacer el payaso+caramelos. ¿Qué puede salir mal?
Luego me enteré de que estaban trabajando con una pistola de silicona caliente. 
EL SUEÑO DE MI VIDA HECHO REALIDAD AL FIN. 
Lo que pasa es que por cuestiones laborales no pude participar hasta el final. 
-Uy, uy -me dijo ZaraJota, que se implicó en el proyecto desde el principio-, que pena que justo cuando tú te incorporas a los talleres yo tenga que dejarlos. 
-Pero si son por la tarde y tú solo trabajas por la mañana... 
-QUÉ PENA QUE TENGA QUE DEJARLO. 
A pesar de la deserción de ZaraJota me fui a los talleres con mucha ilusión.
Bueno, ilusión y un jersey fino, porque ZaraJota me había dicho que en los talleres pasaba mucho calor. 
Lo que no me había dicho es que hasta entonces los talleres habían sido en días lectivos, por la tarde, cuando la calefacción ya llevaba siete u ocho horas funcionando y los niños cinco o seis emanando calor humano... Mientras que cuando yo fui el colegio llevaba cerrado una semana, con la calefacción apagada y las ventanas del taller abiertas (por la pintura). 
Y estábamos bajo cero. 
Y yo llevaba un jersey fino. 
A dios pongo por testigo que jamás en la vida he pasado tanto frío como sentada en aquel suelo helado, en un pasillo lleno de corrientes, con todas las ventanas abiertas de par en par, en pleno enero. 
Hacía tanto frío que la pantalla táctil del móvil no reconocía mis dedos como algo vivo. 
Hacía tanto frío que no me animaban ni los vapores combinados del pegamento y la pintura. 
Hacía tanto frío que cuando salimos a la calle nos pareció que hacía calor. 
Por el lado positivo, ya tengo congelados unos cuantos óvulos, por si acaso. 
Cuando llevábamos dos o tres horas haciendo el remake en seco de Titanic, llegó el momento culminante: había que pintar una lona con spray. 
La lona era muy grande y no cabía en el taller. Ni en el pasillo. 
-Saquémosla al patio. 
Eran las ocho de la tarde y el patio estaba a oscuras. La temperatura ambiente ni la menciono porque creo que ya os habéis hecho una idea. 
Extendimos la lona donde parecía que había un poco más de luz y nos encontramos con otro problema: teníamos que pisarla y se iba a manchar. 
Entonces se me ocurrió una idea genial. 
-Deberíamos quitarnos los zapatos. 
En mi defensa debo decir que al resto de los padres presentes les pareció buena idea (o al menos no manifestaron lo contrario). 
Así fue como acabamos: tres adultos descalzos en el patio de un colegio, bajo cero, en la noche del dos de enero, a oscuras, pintando con spray. 
A esas alturas yo solo me preocupaban tres cosas: que no se me necrosaran los dedos de los pies, cómo era posible tener un corte de digestión si no me estaba bañando a la hora de la siesta, y que los vecinos llamaran a la policía. 
En realidad, más que la policía me preocupaba la directora. 
No importa la edad que tengas: nadie quiere acabar en el despacho de la directora. 
Pero decidí disimular, porque se supone que soy un adulto responsable y eso. 
-Oye -le dije a ZaraJota, que al final había aparecido por allí y también estaba descalzo, spray en ristre-, y si viene la policía, ¿qué le decimos?
ZaraJota se lo pensó. 
-Que traigan mantas. 

07 enero 2019

Solo sé que no sé nada, 5 y ya

Previously in Lorz...
El wifi, mi archienemigo.


Pues estaba yo tan tranquila sin meterme con nadie durmiendo la siesta mientras mi madre se ocupaba de mis dos hijos en pleno subidón de azúcar cuando llegó la Tita del Puerto.
-Niña, tú que estás más acostumbrada a internet, ¿me ayudas, que quiero comprar una cosa y no puedo?
Me levanté inflada como un pavo. SuperLorz al rescate de la sesentona analógica, allá voy.
Me senté delante del portátil. La Tita ya tenía abierta la web de la tienda.
-A ver, ¿tienes cuenta?
-Claro, mujer: una para los gastos diarios, otra para mis ahorritos...
-De correo. Cuenta de correo. Para entrar en la web.
-Claro: canario@correo.es
Como os podéis imaginar, los datos son falsos. 
Pero el resto os juro por la gloria de mi madre que es 100% verídico. 
Tecleé canario@correo.es y en la pantalla apareció

cnrio@correo.es

-Pero qué coj...
-Ay, sí, niña, que la a no funciona. Espera -mi tía sacó de detrás del portátil un teclado inalámbrico-. Toma usa este. Es el que uso yo.
Empecé a teclear en el inalámbrico.

canrio

cnari

canao

caca

caca

caca

-¿Qué te pasa?
-No sé, que no me apaño con el teclado inalámbrico.
Entonces mi tía tuvo una idea genial.
Probablemente la más genial de la historia.
-Vale, pues escribe con el teclado normal, y yo pongo las aes cuando me avises.
-Vale.
Que conste en acta que en aquel momento nos pareció superlógico.
¿Habría sido más lógico que ella escribiera todo donde yo le fuera indicando?
Seguramente sí.
¿Por qué no lo hicimos así?
Porque no se nos ocurrió, señores del jurado. NO SE NOS OCURRIÓ.
Así que tecleé una c.
Le dije a mi tía que pusiera una a.
Tecleé una n.
Le dije que pusiera una a.
Tecleé rio@correo.es.
-Ya está le dije. ¿La contraseña?
-Alpiste.
-Vale, pulsa una a...
Bueno, os vais haciendo una idea...
Pues no. No os hacéis una idea. Porque después de pasar por todo el proceso nos salió este bonito mensaje:

El nombre de usuario o la contraseña son incorrectos. 

-Ay, pues nada, prueba con "arroz".
-Vale, pulsa una a...
Media hora más tarde...
-No, arroz tampoco.
-Prueba con "ananas".
-Vale, pulsa la a...
Pero tampoco era ananas, ni amanda, ni lalala...
Entonces se me encendió la bombilla.
-Tita, ¿seguro que tienes cuenta?
-Claro.
-¿Como cliente? ¿De esta tienda online?
-Ah, no. Es la primera vez que entro.
-Ajá.
-¿Pulso una a?
-No. Vamos a crearte un usuario nuevo, ¿vale?
-Vale.
Entramos a crear el usuario nuevo y, salvo el diminuto problema con la a, todo fue más o menos bien.
Los problemas empezaron cuando llegamos a la dirección.
-Voy a ponerlo todo en mayúsculas -le dije-, que queda como más lustroso.
-Vale.
-A ver, dime la dirección.
-Calle Latinoamérica, residencial Argentina, edificio La Pampa, escalera A, puerta A, El Puerto de Santa María, Cádiz.
Esto debe ser el famoso humor gaditano, porque si no no me lo explico.
-Tiene que ser broma -le dije a mi tía.
-No.
-Vale.
Para entonces ya estábamos perfectamente compenetradas, y tecleamos del tirón.

CaLLELaTINOaMERICa

Espera, ¿qué?
-Tita -le pregunté, porque ya me esperaba cualquier cosa-, ¿en ese teclado no funcionan las mayúsculas?
-Claro que funcionan: le estoy dando sin problemas cada vez que tengo que poner una a. 
-Ay. A ver. Si yo tengo marcadas las mayúsculas en este teclado, y tú le vuelves a dar en ese, lo que hace el ordenador es QUITAR las mayúsculas. ¿Entiendes?
-No. 
-NO TOQUES LAS MAYÚSCULAS. 
-Vale. 
Volvimos a teclear.

CaLLELaTINOaMERICa

-¡Tita, le estás dando a las mayúsculas!
-¡Es que no puedo evitarlo, es como un tic nervioso!
-Venga, intentémoslo de nuevo: yo pulso la C. Tú NO PULSAS LAS MAYÚSCULAS y le das a la A...

Media hora más tarde:

CALLELATINOAMÉRICA

Espera, ¿qué?
-Ay, niña. Que se me olvidó decirte que en ese teclado tampoco funciona la barra espaciadora.
-Es un programa de cámara oculta, ¿verdad?
-No te preocupes: tú le das a todo en el teclado del portátil, y yo le doy al espacio y a la a...
-SIN PULSAR LA MAYÚSCULA.
-...sin pulsar la mayúscula, en el teclado inalámbrico.
-Vale.

No me voy a entretener en describir la pesadilla que es escribir

CALLE LATINOAMÉRICA, RESIDENCIAL ARGENTINA, EDIFICIO LA PAMPA, ESCALERA A, PUERTA A, EL PUERTO DE SANTA MARÍA, CÁDIZ

con un teclado al que no le funciona la a ni la barra espaciadora, y teniendo que avisar a tu tía para que le dé a la a SIN PULSAR LA MAYÚSCULA y a la barra espaciadora en un teclado inalámbrico cada vez que lo necesitas.
Para cuando terminamos yo sudaba como un jamón del güeno y había perdido cinco kilos, que lo mismo tengo que hacerlo más a menudo, no digo yo que no.
-Bueno, pues ya está -le dije a mi tía cuando por fin completamos la dichosa compra.
-Ay, niña, gracias.
Gracias, dice.
-De nada.
-Es que de verdad, si lo tengo que hacer yo sola hubiera tardado una hora. Pero la gente joven es que abre la pantallita y todo les parece fácil.
"Fácil", dice.

31 diciembre 2018

Solo sé que no sé nada, 4

Previously in Lorz...
Blanca navidad.


Mientras los niños y yo estábamos en El Puerto con la Tita y mi madre, ¿dónde estaba ZaraJota, el amor de mi vida, el padre de mis hijos y buen tío en general?
En casa.
Con wifi.
Y yo, ¿tenía wifi?
No, señores del jurado.
NO.
-Tita, ¿tienes wifi?
-Claro, niña.
Le di a buscar red en el móvil y efectivamente me salían varias redes, todas ellas con su candadito porque la gente hoy en día ya no sabe lo que es la generosidad.
-¿Y cuál es la tuya?
-Churruflex
-Eh... ya, pero me salen varias. ¿Sabes cuál es la tuya?
-Fibra.
Miré en el móvil todas las redes disponibles y había cinco Churruflex_Fibra.
Vale, no son tantas. Puedo probar en todas.
-¿Y la contraseña?
-Contraseña1.
Me puse a probar Contraseña1 en todas las Churruflex_Fibra, y no pude acceder a ninguna.
-¿Te acuerdas de si pusiste Contraseña1 en mayúscula o minúscula?
-¿Contraseña1?
-La contraseña del wifi.
-No, si el técnico me la cambió por EstaEsLaContraseñaDelWifi la última vez que vino.
-¿Y eso?
-Para que no se me olvidara.
Vale, no pasa nada. Solo son cinco Churruflex_Fibra, puedo escribir EstaEsLaContraseñaDelWifi en el bloc de notas del móvil, y copiarla y pegarla para probar en las cinco.
Fácil.
No pude acceder a ninguna.
-¿PERO QUÉ COJONES LE PASA A MI FAMILIA CON EL PUÑETERO WIFI?
Primero mi padre y ahora...
¡Mi padre!
Mi padre padece un severo caso de memoria fotográfica y es capaz de recordar las contraseñas del wifi, incluso las que son una mezcla de números y letras en mayúscula y minúscula. Que lleve veinte años trabajando en el soporte técnico de Churruflex lo mismo tiene algo que ver.
Le mandé un mensaje.
"Papá, no puedo conectarme al wifi de la Tita"
"La contraseña es EstaEsLaContraseñaDelWifi"
"Ya, lo que no sé es la red"
"¿Has probado a mirarlo en el módem?"
Ya salió el listo que todo lo sabe.

24 diciembre 2018

Solo sé que no sé nada, 3

Previously in Lorz...
Si alguna vez necesitáis una coartada, no se la pidáis a la Tita del Cuerto y del Sur y de Todos los Santos.


Cuando llegamos a casa de la Tita, ella estaba, mira qué casualidad, a punto de ponerse a decorar la casa, y tenía todos los adornos navideños perfectamente organizados en la mesa, que parecía aquello un especial del ¡Hola!.
-Niños, ¿queréis ayudarme a decorar el árbol?
-¡Siiiiii!
-Lorz, tú no.
-Jo.
Desde que tengo hijos todo el mundo se empeña en tratarme como un adulto, es horrible.
-Bueno, niños, esperad un momento que traigo el árbol.
Los niños se quedaron en el salón expectantes hasta que mi tía apareció con, no sé cómo explicarlo mejor, cuatro ramas peladas y blancas metidas en un jarrón de cristal.
Muy bonitas. Muy de catálogo de decoración.
Pero lo que se dice un árbol, como que no.
A los niños se les cayó la mandíbula hasta el suelo. O sea: la decepción. Nena-chan es una optimista de la vida, pero en aquel momento estaba claro que ni siquiera ella se sentía capaz de arreglar aquello. 
-Eh... ¿Tita? -dijo-. No tiene hojas.
Que lo mismo es que la Tita no se había dado cuenta, ¿eh? No perdamos la esperanza.
La tita miró el jarrón.
-Ya, es que no es un árbol-árbol. Son unas ramitas, de decoración. Queda muy fino y elegante.
Los niños miraron a la Tita, intentando decidir si se había vuelto loca o se estaba burlando de ellos.
-Ajá.
-A... a mí me gusta mucho, ya verás que bien queda.
La Tita estaba perdiendo convicción, probablemente porque mi madre y yo nos estábamos riendo de la situación disimuladamente.
Bueno, disimuladamente no.
Ahí, en toda la cara de los tres.
-Bueno -insistió la Tita-, vamos a decorarlo, ya verás qué bien queda.
-¿Tienes bolas?
-Eh... no... eh... yo le pongo unos... adornitos... mira.
-¿Todos son rojos?
-Sí, rojos y dorados. Queda muy fino y elegante.
Nena-chan suspiró: ni hojas, ni bolas, ni colorines... Eso ni era un árbol de navidad ni era nada. Pero ya os he dicho que es una optimista de la vida, así que ayudó a mi tía a decorar aquello, y Nene-kun siempre imita a su hermana, así que "decoraron" el "árbol" y les quedó muy bien.
Muy fino y elegante.
-Ahora me vais a ayudar con el belén.
-Vale.
Las cosas como son: a esas alturas Nena-chan desconfiaba.
-Las figuritas ya están puestas -dijo mi tía, porque una cosas es el amor a los sobrinos y otra dejarles manipular figuras de cerámica pintadas a mano-. Pero me podéis ayudar a echar un poquito de nieve por encima.
Mi tía sacó entonces una bolsa de nieve de porexpán, la abrió, cogió un pellizquito y los espolvoreó suavemente sobre las figuritas del belén.
A los niños se les pusieron los ojos como bolillas. Agarraron la bolsa, empezaron a coger nieve a puñaos y a arrojarla en plan temporal sobre el belén.
Había nieve por todas partes.
POR TODAS.
Si la Virgen llevara bragas, se había encontrado nieve debajo.
La nieve superó la repisa donde estaba el belén, inundó la de abajo, llegó al suelo, y se expandió por la casa, afectando especialmente a la ropa y al pelo de los niños.
Cuando la bolsa se quedó vacía, los niños me llamaron.
-Mira, mamá, ¿a que ha quedado bonito?
-Uy, sí, precioso.
Muy fino y elegante.

17 diciembre 2018

Solo sé que no sé nada, 2

Previously in Lorz...
Yo qué sé.

Llegó un punto en que la única que no sabía el secreto de la sorpresa era Nena-chan, precisamente la persona que iba a darla.
Eso sí, ella estaba emocionadísima.
El día D a la hora H, mi madre y yo nos subimos al tren con los dos niños, los abrigos, dos maletas, su bolso, mi mochila, la mochila de los juguetes, la bolsa de la merienda, la bolsa con los sándwiches de Rodilla que un niño más grande y más fuerte que ella le había obligado a comprar, un ramo de flores y una caja con pasteles.
-Lo bueno de ir a casa de tu tía -me dijo mi madre-, es que tiene de todo y no hace falta que llevemos mucho equipaje.
Yo no hice ningún comentario, pero la verdad es que si eso le parecía poco equipaje me gustaría saber exactamente qué llevaba cuando se fue con mi padre a recorrer Italia, y si alquilaron un remolque o directamente un camión de dos cuerpos.
Mientras nosotras colocábamos la impedimenta, Nena-chan y Nene-kun habían localizado sus asientos, habían bajado las bandejas y dispuesto los juguetes en lo más parecido posible a un bazar.
Mi madre se quedó boquiabierta.
-Estos niños, ¿es que no se extrañan de nada?
Que una vez más me tuve que callar, pero cómo se van a extrañar de nada estos niños, si les hacemos cada cosa que ya están curados de espanto con todo.
Entre nuestros grandes hits vacacionales: tomar un tren, un cercanías y un autobús que nos dejó en mitad de un descampado, desde donde tuvimos que cargar con los dos niños y toda la parafernalia hasta un cámping; alquilar un coche automático que ZaraJota claramente no sabía manejar, y del que nuestras costillas todavía se acuerdan; equivocarnos de parada y bajarnos dos antes, y tener que andar dos kilómetros por un polígono desierto y bajo cero; perdernos en mitad del bosque, por supuesto a pie y con un jabalí acechando; y por favor no olvidemos aquella vez que me pareció una idea grandiosa ir con Nena-chan, entonces un Bebé-chan de un año, y equipaje para un mes a Barcelona, en metro y vuelta hasta la Boquería para ver a la familia de ZaraJota, después en cercanías hasta Blanes, luego en autobús hasta la casa del Tito, autobús y cercanías de vuelta para Barcelona y tren hasta Valencia, donde nos estaba esperando ZaraJota. Y luego que por qué me duele la espalda. 
En cualquier caso, los niños estaban encantados con el viaje, la sorpresa, los juguetes y las chuches que les había comprado con la esperanza de comérmelas yo.
Vana esperanza, diría. 
Además yo empecé en plan telonero a caldear el ambiente.
-¿Dónde vamos?
-¡Al Cuerto de Santa María!
-¿A quién vamos a ver?
-A la tita del Cuerto y del Sur.
Y de Todos los Santos, amén. 
-¿Y ella lo sabe?
-Nooooooo, es una SORPRESA.
-Anda, ¿y cómo vamos a hacer para que nos abra el portal sin enterarse?
-...
-Ya sé, podemos decir que somos un cartero comercial.
-¿Cartero comercial?
-Es el señor que deja en el buzón los folletos de juguetes.
Entre otras muchas mierdas que no voy a entrar a describir. 
-Ahhhh.
-A ver, Nena-chan, cómo lo dices.
-Cartero comercial.
-No, no. La voz más grave.
-Cartero comercial. 
-Perfecto. Sigue practicando hasta que lleguemos, que mamá se va echar una siesta.
Pues como diez mil horas más tarde, porque los viajes con los niños siempre son eternos, llegamos a la puerta de la Tita del Cuerto, del Sur y de Todos los Santos. Le endosamos el ramo de flores a la niña, los pasteles al niño, y llamamos al telefonillo.
-Holaaaaa, ¿quién es?
-Cartero comercial. 
-Ah, sí, pase, pase.
La verdad sea dicha: Dios no llamó a mi tía para el mundo de la actuación. Pero la niña estaba tan emocionada que le dio lo mismo.
Subimos a casa de mi tía, plantamos a la niña, al niño, el ramo de flores y los pasteles delante de la puerta, llamamos al timbre y mi madre y yo nos escondimos en el hueco de la escalera, riéndonos discretamente a todo volumen.
Dios tampoco nos ha llamado para ser actrices, para qué nos vamos a engañar.
Mi tía abrió la puerta y se encontró el panorama niña, niño, flores, pastel.
-Ay, qué sorpresa más grandeeeeee.
Lo siento, Tita, este año el Oscar tampoco.
Mi madre y yo salimos del escondite y entramos todos a la casa, donde mi tía estaba explicándoles a los niños que ella no se lo esperaba PARA NADA.
-Ay, ay, como no habéis avisado no tengo juguetes para vosotros.
-Bueno, no pasa nada -dije.
-¿Qué tal el viaje?
-Mátame -mi madre me dio un codazo. Es que está en contra de la violencia en general, pero no contra mí en concreto.
-Ay, pobres. ¿Queréis tomar algo? Tengo zumos, colacao, franfurkechu, chocolate y galletas. Pero de casualidad, ¿eh? Porque yo no tenía ni idea de que veníais. 
Menos mal que era un viaje sorpresa, porque si llegamos a estar encubriendo un asesinato lo llevábamos claro.

06 diciembre 2018

Solo sé que no sé nada

Bueeeeeno, estoy escribiendo directamente en la app de blogger para móvil y tiene literalmente 3 (tres) opciones así que puede pasar cualquier cosa, desde que esto se suba un martes a que se suba tres veces al día o nunca, pero quién dijo miedo.

La culpa de todo la tiene la comunidad de Madrid por declarar el 7 de diciembre no lectivo.
Alguien se tenía que quedar en casa con los niños y me tocó a mí en un sorteo, que para mí que hubo tongo porque ZaraJota dijo:
-Elige un número del 1 al 10.
-38.
-¡Justo el que estaba pensando!
-Jo.
-Lo siento, Lorz, el azar es así.
Ya que tenía que gastar un día de vacaciones, le dije a mi madre que si le apetecía que nos fuéramos a las jornadas de puertas abiertas del congreso de los diputados, que es una cosa muy chula que siempre he querido hacer con mi madre.
-Ay, pues pensaba irme al Puerto para darle una sorpresa a la Tita. Pero me puedo llevar a los niños.
-Bueno, si vas con los niños yo también voy.
-Bien pensado, Lorz, tampoco tengo tanto interés por ir.
-¡Que sí! ¡Ya verás lo bien que nos lo pasamos!
-Me lo pasaría mejor si fuera sola con mis nietos.
-¡Y conmigo!
-Yo. Con mis nietos. Sola.
Empezaba a sospechar que mi madre quería decirme algo, pero no sabía qué y estaba demasiado emocionada con lo de darle una sorpresa a la Tita.
No paraba de imaginarme su cara cuando abriera la puerta, cuando nos viera a los cuatro, cuando le diera un soponcio, cuando la reanimaran...
Estaba tan emocionada que se lo conté a todo el mundo. ¡Tres hurras por WhatsApp!
Pero no a la Tita. Porque era una sorpresa, claro.
Hasta dos días antes del puente, cuando llegó un mensaje del Primo Guapo al Grupo Reprimos:
"Lorz, ¿vais a venir al pueblo en el puente?".
A lo que yo muy sabiamente contesté algo así como:
"Pero si ya te he dicho que en el puente vamos al Puerto para darle una sorpresa a la Tita".
En el grupo se hizo un silencio que se podía cortar con un cuchillo y entonces me di cuenta: la Tita también está en el grupo.
Mierda, mierda, mierda, mierda.
Lorz, elimina mensaje.
¿Eliminar para mí o eliminar para todos?
Eliminar para mí.
¡Nonononononono!
Mierda, mierda, mierda, mierda.
Entonces me fui al Grupo Familia, en el que NO está la tita.
"MADRE, LA HE LIADO PARDA"
"Lorz, sigue el protocolo: corta la luz y echa arena al microondas hasta que se apague el fuego"
"No, eso no"
"..."
"Vale, eso también. Pero además he chafado la sorpresa de la Tita"
"No te preocupes Lorz"
"CÓMO NO VOY A PREOCUPARME HE CHAFADO LA SORPRESA SE VA A DAR CUENTA JODER JODER JODER"
"La Tita ya lo sabe"
"?"
"¿Cómo vamos a presentarnos cuatro personas en su casa sin avisar? Se lo he dicho. Y ella va a fingir sorpresa porque parece hacerle ilusión a cierta persona infantil e inmadura. Y a los niños también".
Vale. La Tita leerá el mensaje y fingirá no haberlo leído para que yo no me dé cuenta de que sabe que vamos y poder fingir sorpresa.
Efectivamente, la Tita no dijo mi mu.
La sorpresa, o al menos el fingimiento de la sorpresa, estaba a salvo.
Todo lo a salvo que puede estar algo en lo que yo tenga que ver.
Porque aquella tarde me di cuenta de que mi abrigo tenía un agujero enorme y entré en pánico porque soy muy friolera.
Así que volví al grupo.
"La estación espacial internacional me ha dicho que tengo tal bujero en el abrigo que lo están viendo hasta ellos.
Tita,
cuando vayamos a verte este finde, ¿me puedes llevar de shopping?".
A mi favor debo decir que esa vez no fue necesario que se hiciera el silencio para que yo me diera cuenta.
Todo lo demás fue exactamente igual:
Mierda, mierda, mierda, mierda.
Lorz, elimina mensaje.
¿Eliminar para mí o eliminar para todos?
Eliminar para mí.
¡Nonononononono!
Mierda, mierda, mierda, mierda.
Entonces me fui al Grupo Familia, en el que NO está la tita.
"MADRE, LA HE LIADO PARDA"
"Hija, plantéate hacerte crudivegana, que no ganamos para incendios"
"No, eso no. La Tita. Que la he vuelto a liar. Con la sorpresa"
"Ya te he dicho que ella lo sabe"
"Pero no sabe que yo sé que ella lo sabe"
"Sí lo sabe"
"¿La Tita sabe que yo sé que ella lo sabe?"
"Sí"
"Pues si la Tita sabe que yo sé que ella lo sabe. ¿Por qué vamos a hacer como si fuera una sorpresa?"
"Pues si te digo la verdad, no lo sé"
Mira que lo sabía...

03 diciembre 2018

El pequeño Spider-error

Cometí un error, ¿vale?
Eran las ocho de la mañana, iba en el autobús con los dos niños, las mochilas, los paraguas, de pie, intentando a la vez que los críos no acabaran incrustados contra el parabrisas o contra un culo, no perder ninguna pieza, que no me robaran el móvil (otra vez) y sonarle los mocos a Nene-kun, todo a la vez. 
Entonces pasó a nuestro lado un autobús con publicidad de Billy Elliot
-Mamá -preguntó Nena-chan, que desde que aprendió a leer tiene más peligro que un pirómano en una gasolinera-, ¿quién es Billy Elliot?
¿Os he dicho ya que eran las ocho de la mañana?
Tenedlo en cuenta. 
Porque sin pensarlo le contesté: 
-Spiderman de pequeño. 
Seguramente estáis pensando que sí, que fue un error, porque el niño de Billy Elliot era Jamie Bell, mientras que el nuevo Spiderman, Tom Holland, era el niño de Lo imposible.
Pues no. Porque no estábamos hablando de la película, sino del musical, así que...




-¿Billy Elliot ES Spiderman?
-No, Spiderman ERA Billy Elliot, cuando era pequeño y eso. Venga, que es nuestra parada y nos tenemos que bajar.
Y me olvidé totalmente del asunto.
Pero Nena-chan no.
Pasados unos días ZaraJota Me dijo que Nena-chan quería ver Billy Elliot.
-Está emperrada con ir a ver Billy Elliot. Se ve que alguien le ha dicho que Billy Elliot es Spiderman de pequeño.
-...
-Has sido tú, ¿verdad?
-...
-¡Lorz! ¡No le digas tonterías a la niña!
-¡No son tonterías! -le dije-. Es... ¡frikismo básico!
-Ay, Lorz. A ver cómo lo arreglo.
ZaraJota es que es así: se cree supermaduro y superresponsable solo porque es él quien recoge a los niños del colegio, les da de merendar, los lleva a extraescolares, les ayuda con los deberes, los baña, les da la cena, se asegura de que se laven los dientes y los acuesta.
-Nena-chan, Billy Elliot no es Spiderman de pequeño.
-¿No?
-No. Mamá te ha dicho eso porque el actor que hace de Spiderman también hacía de Billy Elliot cuando era pequeño.
-¿El actor?
-Eso es.
-Entonces... ¿Spiderman no existe de verdad?
Arregla eso ahora, señor supermaduro.




-------------
Arreglado. 
El sábado pasado fuimos a ver Spider-Man: Un nuevo universo, que es una maravilla y recomiendo 100% (aunque quizá no para niños tan pequeños). Ahora sabemos que hay muchos universos paralelos con muchos Spiderman diferentes. 
¿Hay un universo en el que a Billy Elliot le picara una araña y se transformara en Spiderman? No veo por qué no. 





25 noviembre 2018

Problemas técnicos

Debido a problemas técnicos que incluyen dolor de ciática, de espalda, contractura cervical, vértigos, la mano izquierda que se me duerme intermitentemente, algo en las encías que sangra cuando mastico, falta de sueño generalizada y lo que parece ser el inicio de una gripe, esta semana no me siento con energía ni humor para escribir nada.
Buscadme en twitter, que de a poco en poco me resulta más fácil.

19 noviembre 2018

Compartir

-Mamá, quero ese gugeteeeeee.
-Es que lo tiene Nena-chan ahora.
-¡Es que me la quitato!
-No es verdad, Nene-kun. Tú estabas viendo la tele y Nena-chan estaba jugando.
-¡Pero es que lo queroooooo!
-Bueno, vamos a hacer una cosa: ve a Nena-chan y le dices, "Nena-chan, ¿me prestas un rato el juguete, por favor?". Y seguro que te lo presta.
-Vale.
Nene-kun se acerca a Nena-chan con una sonrisa amistosa, y cuando está como a diez centímetros le dice:
 -¡Nena-chan, dame el gutete! -y acto seguido se lo quita y le mete un bofetón.
 -¡Nene-kun! -le digo-. ¡Muy mal! ¡No se quita! ¡No se pega! ¡Eso no es lo que te ha dicho mamá!
Nene-kun me pone cada de inocente.
 -Pero mamá, es que hay que compartiiiiir...
Verás si al final me va a salir communista estalinista...



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12 noviembre 2018

El lolinal

Nene-kun es muy pequeño.
La gente me dice:
-No te preocupes que ya crecerá.
Y yo no me preocupo, pero tampoco puedo negar que la pequeñez de Nene-kun ocasiona leves problemas de logística: por ejemplo, tuvimos que retrasar algunas vacunas porque no daba la talla o, mejor dicho, el peso. Tampoco podía tomar algunos medicamentos, por lo mismo.
Cuando se sienta en los asientos plegables del cine acaba convertido en un sándwich y si se monta en un balancín lo más probable es que acabe experimentando el vuelo sin motor. (Una vez se chocó con el triciclo contra un bordillo y salió disparado, dio una voltereta en el aire y aterrizó en el suelo cuan largo era, o sea, poco, mientras ZaraJota y yo mirábamos ojipláticos, que no sabíamos si recogerlo o puntuar el salto).
Encontrar ropa es un número: lo que le está bien de ancho le está corto, lo que le está bien de largo, se le cae (una de sus primeras frases completas fue "se me caen los lalones"). Encima fue muy precoz con el despañale, que quieras que no el pañal hace bulto, y la única forma de conseguir calzoncillos para ese culete era comprarlos de algodón y lavarlos a 60º para que encogieran.
En los últimos tres años me he hecho una experta mundial en poner elastiquillos, meter anchos y encoger ropa interior.
Debería ponerlo en mi currículum.
Os cuesto esto para que entendáis porqué Nene-kun, con sus tres años ya pasados, no usa el inodoro: básicamente, no le llegan las patas. No, ni con el escalón universal de Ikea.
Pero como nuestra vida está falta de emociones últimamente hemos decidido que va siendo hora de decirle adiós al orinal.
Que estoy del orinal hasta el potorro.
O al menos decirle adiós a la costumbre milenaria de hacer caca en el orinal justo cuando es hora de salir de casa para el colegio.
Por favor. 
Así que le dije a Nene-kun:
-¿Qué te parece si hoy hacemos pipí en el váter?
A lo cual Nene-kun respondió:
-No.
Vale, quizá fuera necesario otro enfoque.
Esa noche, cuando Nene-kun se durmió, subí el orinal al sitio más alto que se me ocurrió, esto es, al mueble que hay encima del lavabo, que es donde ZaraJota me pone el rollo de papel higiénico en curso cuando quiere reírse un rato de lo canija que soy.
El muy c*br*n.
A la mañana siguiente Nene-kun fue a hacer pipí y no encontró el orinal por ninguna parte.
-No tá lolinal. Sa ío -anunció.
Y acto seguido hizo pis en el váter, y ZaraJota y yo le aplaudimos y le dijimos que lo había hecho muy bien, y el niño nos miró en plan mis padres son idiotas, y para mí que esto se hereda.
Por desgracia ZaraJota es mala persona.
Esa tarde bañó a Nene-kun y luego lo puso de pie en nuestra cama para vestirlo, que diréis, pues vaya sitio tan raro, pero cuando tienes un niño al que le gusta saltar cuando está desnudo lo menos que puedes hacer es llevarlo a un sitio donde si se cae caiga en blando, que luego en urgencias hay que dar muchas explicaciones.
Y ¿qué se ve perfectamente cuando saltas desnudo en la cama de nuestro dormitorio?
Lo que hay encima del mueble del baño.
Así es como descubrí lo del papel higiénico, obviamente.  
Nene-kun vino a buscarme corriendo (y desnudo).
-¡Mamá! ¡Tá ahí lolinal! ¡Mira!
Y claro, no me quedó más remedio que fingir sorpresa y bajarlo.
-Anda, ¡mira dónde estaba! ¡Menos mal que lo has encontrado!
LÁGRIMAS NEGRAS EN MI CORAZÓN; SI LO LLEGO A SABER PASAMOS DEL BAÑO.
Dejé que el niño usara el orinal un par de días y después, aprovechando que no estaba en casa, lo metí en un armario. Al orinal, no al niño.
A tomalpolculo. 
Cuando el niño volvió, me dijo:
-Mamá, teno caca.
-Claro, amor, ve a hacer caca.
-Es que no tá lolinal. Sa ío.
-No pasa nada, gordito, tú ya eres muy mayor, ¿a que sí?  ¡No necesitas el orinal para hacer caca!
-Vale.
Nene-kun se fue al baño y volvió dejando estala y con un bulto muy raro en los pantalones.
-Bene-kun, ¿te has hecho caca en los pantalones?
-Shiii.
-¿Y eso por qué?
-Soy mu mayó. No nesesito lolinal. 
Me da que la comunicación ha fallado en algún punto.


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05 noviembre 2018

Los efectos secundarios

Pues esta es la situación.
A la enésima vez que fui al médico de cabecera con una contractura muscular en el cuello y/o la espalda y andando como las muñecas de Famosa se dirigen el portal para regalarle al niño su cariño y su amistad y Jesús en el pesebre sonríe porque está alegre nochebuena de amor, navidad jubilosa, es el mensaje feliz, de las muñecas Famosa, es que una vez que empiezo o la canto entera o no me quedo a gusto, el médico me dijo:
-Esto es por la tensión.
-Ah, por eso voy siempre dando calambre.
-No, por la electricidad no. Por el estrés.
-Ah.
Se ve que cuando estoy en tensión, que es prácticamente siempre, aprieto tanto la mandíbula que me hago daño en el cuello.
Después de saber esto, ZaraJota perdió súbitamente todo interés por el sexo oral. 
-¿Has pasado últimamente por alguna situación estresante? -me preguntó el médico.
-Pues verá...
Seis horas más tarde salí de la consulta con una receta para un antidepresivo, que ahora que lo pienso no sé si era para mí o para el médico, que después de escucharme tenía muy mala cara.
Simultáneamente una persona de mi entorno cuyo nombre no desvelaré para garantizar su derecho a la intimidad también fue al médico porque tenía un derrame en el ojo.
-Hola -dijo-. Soy ZaraJota. Vengo porque tengo un derrame en el ojo.
El médico le miró el ojo y dijo:
-Esto es por la tensión.
-Ya.
Se ve que cuando esta persona anónima cuyo nombre no vamos a mencionar está en tensión los ojitos le hacen "pop".
-¿Has pasado últimamente por alguna situación estresante?
-Defina "últimamente".
Seis horas más tarde la persona anónima salió de la consulta con una receta para un antidepresivo.
Ambos compramos nuestro antidepresivo y lo llevamos a casa.
Yo empecé a tomarlo y me pasé el primer día riéndome como una loca, el segundo en posición fetal mirando la pared con los ojos vacíos, y a partir de ahí, muy bien.
O sea, tampoco es que fuera dando saltos por la calle.
Que tengo la espalda hecha m**rd*. 
Pero de pronto desapareció mi bola de angustia.
Llevaba tanto tiempo ahí que ya no me acordaba de que se podía vivir sin ella.
De hecho, me cuesta mucho escribir sin ella. Me falta como... odio. 
Para ser sincera, no recuerdo haber vivido sin ella. Nunca.
Y además, no notaba ningún efecto secundario.
 Aparte de que me cuesta mucho más escribir personajes repugnantes a los que asesinar brutalmente después. Pero creo que puedo vivir sin eso. 
Estaba encantada con mis pastillitas.
Pero cuando se me acabó la primera caja y fui con mi receta electrónica a comprar más, el farmacéutico me dio unas totalmente diferentes.
-Creo que esto no es -le dije.
-Sí es. Es lo que pone en tu receta.
-Pero lo que yo estaba tomando venía en una caja verde, y esta es rosa.
-Pues lo que tienes recetado es esto.
-¿No será que han cambiado la caja?
-Siempre ha sido así.
-¿Y si la otra vez me dieron un genérico o algo?
-No hay genérico de esto, señora.
-Tiene que haber un error.
El farmacéutico me enseñó la pantalla y efectivamente, me estaba dando exactamente lo que me habían recetado.
Me fui a casa con mis pastillas, un poco confusa.
¿Me habrá cambiando el médico la receta por su cuenta?
¿Se puede hacer eso?
¿Se confundiría el primer farmacéutico?
¿O el segundo?
A lo mejor era lo mismo, pero de dos marcas diferentes, y cada farmacéutico tenía sus manías.
Ni idea.
Bueno, empecé a tomarme mis nuevas pastillas y, definitivamente, aquella no era la misma mandanga.
Me sentaba muy mal.
Ya no es que no pudiera escribir gore, es que todo lo que escribía parecía sacado del BOE. Y la bola de angustia volvió convertida en BOLÓN. Casi no podía respirar. Y solo pensaba en COMER.
Cuando llevaba varios días comiendo donuts coincidí por ahí con la persona anónima de la que hablaba antes.
En concreto, coincidimos en la cama, porque esa noche nuestros hijos habían decidido dormirse cada uno en la suya, para variar.
Y le conté la situación.
-Creo que estas pastillas no son las mismas de antes, pero el farmacéutico dice que son las que tengo en la receta.
-¿Cuáles son?
-Estas.
-No puede ser, nos habían recetado lo mismo a los dos, ¿no?
-No lo sé. ¿Cuál es la tuya?
-Una verde.
-Como la mía. ¿Y te sentaba bien?
-Ah, es que no me la estoy tomando.
-¿Y eso?
-Porque no las encuentro por ninguna parte. Las dejé en tu mesilla y cuando fui a buscarlas la caja verde había desaparecido, solo había una caja rosa.
-Ay.
-No me gusta ese "ay".
-ZaraJota, creo que llevo un mes tomándome tus pastillas.
-Ay.
Bueno, pues después de eso tuve que volver al médico para una consulta "de seguimiento".
No sabía muy bien cómo explicarle la situación porque, admitámoslo, "es que las pastillas de mi marido me sientan mejor que las mías" suena un poco a vieja loca adicta a "Saber vivir".
Y eso, siendo optimista.
Pero el médico se lo tomó muy bien.
Es que ya me conoce y eso. 
-No te preocupes, Lorz, las dos son prácticamente lo mismo.
-¿En serio?
-Sí, solo se diferencian en un efecto secundario sin importancia: la rosa abre el apetito y muchos pacientes engordan cuando la toman.
"Sin importancia", dice.





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29 octubre 2018

Halloween 2018

La vieja y malvada bruja
quiso sacarse un dinero
supo que había una feria
y allá fue con su puchero.
En el centro de la feria
ella montó un tenderete
y puso el puchero al fuego
y empezó a cortar filetes.
Ancas de rana,
muslos de rata,
también una araña
con todas sus patas.
Y mientras cocía
escribió un letrero:
"por una moneda
cuenco de puchero".
Pasó una señora,
pasó un caballero,
miraron con asco
a bruja y puchero.
Pasó una anciana
vio ancas de rana
y salió corriendo
sin bastón ni nada.
¡La bruja mohína
porque ella creía
ser la más mejor
en una cocina!
Pasó un pequeñajo
cubierto de andrajos
miraba el puchero
con cara de anhelo.
La bruja suspira
y sopa le da;
total, va a tirarla,
que le importa ya.
El niño se come
todo el contenido,
la bruja lo observa
comer entre gruñidos.
Termina el primero,
un segundo y un tercero;
la bruja le ofrece
cucharón y puchero.
Se lo come todo,
apura y rebaña,
¡está tan delgado
y tiene tanta gana!
La bruja lo mira,
medita y cavila
si llevarlo a casa
y darle más comida.
Está tan flaquito
ese pobre niño...
necesita comida
y necesita mimos.
Con mucho cuidado
engorda seguro...
¡y entonces la bruja
se lo come crudo!


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22 octubre 2018

Lo del wifi, bonus track

Venga, va.
La última.

Por suerte, no todo en el vida es el wifi: también están los datos del móvil.
Y además, ¿quién se acuerda de internet en vacaciones? 
Yo, j*d*r, yo, quiero internet, NECESITO internet, y me da igual si soy una adicta, ¿me oís? ME DA IGUAAAAAAL...
Lo bueno de las vacaciones en el pueblo es que además se pueden hacer muchísimas cosas chulas. A veces todas el mismo día. 
Es lo que pasa cuando no tienes internet, que te sobra el tiempo por todos lados. 
Había días que nos levantábamos al amanecer, nos íbamos a coger moras y semillas de donpedro (si la próxima primavera empezáis a ver donpedros por Carabanchel ya sabéis de dónde han salido), luego al mercadillo, luego a la compra, a la una estábamos comiendo, y todavía nos daba tiempo a ir a la piscina hasta que caía el sol, volver a casa, ducharnos, pasear por el pueblo, cenar, ir al cine de verano, llegar a casa y decir, anda, si todavía no son las once de la noche y además da igual la hora que sea porque los niños todavía están dando saltos. 
O, como muy sabiamente lo expresó mi madre: "Menos mal que existe Ladybug, porque ya no puedo más"(acto seguido echó la cabeza para atrás y se quedó frita en el sofá).
Cuando los niños se quedaban dormidos por fin me los llevaba a la cama y me quedaba mirando al techo, insomne perdida, con un niño a cada lado.
Empezamos a dormir juntos porque durante los primeros días estuvimos en la casa ciento cien personas (nueve)  y no quedaban camas, pero cuando se fueron todos y me quedé a solas con mi madre siguieron durmiendo conmigo porque esa casa de noche me da un miedo que te c*g*s y no quería dormir sola para que no pasaran miedo por la noche, pobrecitos. 
Pero los niños y el miedo que te c*g*s no eran la razón por la que no podía dormir. 
Tampoco los gritos de los vecinos que hacían barbacoa nocturna debajo de mi ventana un mínimo de diez veces por semana, os lo juro, jamás he visto a una gente que le gustaran tanto las barbacoas, de verdad que su médico tendrían que decirles algo, que se les van a poner las transaminasas por las nubes. 
Si no podía dormir es porque padecía un caso grave de maternitis aguda: estaba tan cansada y me dolía todo tanto que no podía conciliar el sueño, y me quedaba mirando al techo, viendo como giraba lentamente y sin razón alguna la lámpara, o como la araña que tenía también en el techo, justo a la altura de mi cabeza, hacía bolitas con los mosquitos que cazaba y los ponía a curarse como un jamón de bellota, pero en mejor porque las moscas tienen más patas que los cerdos y lógicamente cunde más. 
Así que una noche me tomé media (ahí, locamente) pastilla para dormir antes de irme a la cama. De hecho, ni siquiera era una pastilla para dormir, sino un lorazepam. Bueno, uno no, medio. Que me pierdo yo sola.
Gracias al abuso de estupefacientes caí en la cama como una piedra, con un niño debajo de cada sobaco, y dormí hasta la mañana siguiente, eso sí, pero tuve una pesadilla horrible: soñé que volvía a darle teta al artista antes conocido como Bebé-kun. Mejor dicho, soñé que Nene-kun, aprovechando la nocturnidad, la cercanía y que la camiseta del pijama me quedaba ancha había vuelto a la no-tan-lejana costumbre del buffet libre nocturno.
Cuando me desperté sentí muchísimo alivio: solo había sido una pesadilla. Me cosquilleaban las tetas, pero seguramente era solo sugestión, por la pesadillas. Y tenía la camiseta levantada, pero vaya, con lo que me muevo dormida podía ser cualquier cosa. Y tenía un cerco de leche en la camisera pero bueno, a mí no me gusta exagerar pero quizá sea el momento de que cunda el pánico.
Venga, Lorz, me dije. Mantén la calma.
Piensa que las hormonas son muy hijafrutas.
Es posible que al estar tantos días durmiendo con el niño se hayan, yo qué sé, reactivado de alguna manera.
Además, el artista antes conocido como Bebé-kun estaba a punto de cumplir tres años, y aunque yo no me notaba especialmente mustia por lo rápido que pasa el tiempo y hay que ver, que mi bebé está creciendo y todo eso, más bien al contrario porque han sido tres años larguísimos y difíciles y no veía el fin, era posible que a nivel subconsciente sí.
Seguro que es eso, me dije.
Hormonas, cansancio y penita porque el niño se hace mayor.
Nada de qué preocuparse.
Jajajajajajajaja.
Qué boba.
Estaba riendo histéricamente de buena gana cuando se despertó el niño.
-Hola, gordito.
-Quero sayunar.
-Claro. ¿Quieres colacao?
-No, quero más netita.
Quizá haya llegado el momento de que cunda el pánico. 

15 octubre 2018

Lo del wifi, 7

Previously in Lorz...
Enseñando el matojo a toda la villa.

Pues cuando llevaba tres días en la casa con nosotros mi padre dijo que se volvía a Madrid.
-Tengo que trabajar.
-Pero si tenías dos semanas de vacaciones.
-¡Falso!
-Mira, nos hiciste un cuadrante y todo.
-Bueno, pues... me han llamado. Sí. Eso. Tengo que cancelar mis vacaciones con vosotros y volver a Madrid urgentísimamente.
Y me tiró el router a la cara y salió corriendo y agitando los bracitos.
Se ve que había aparcado lejos o algo, yo qué sé.
Fue mi momento de triunfo: al fin tenía el router en las manos.
Lo abrí, conseguí la contraseña, lo volví a cerrar, lo enchufé para cargarlo y lo encendí...
Y nada.
Pero nada de nada.
Aquello no pillaba señal lo pusiera donde lo pusiera, ni siquiera en el sobrao inquietante, ni siquiera en el alfeizar de la ventana, ni siquiera atándolo a un palo y agitándolo sentada en el alfeizar de la ventana.
Mi padre me había dicho que la señal era mala porque las paredes de la casa son muy gordas, pero el maldito cacharro no pillaba señal ni en la calle, que a lo mejor es que la tecnología ha avanzado tanto que aunque estés en mitad de la plaza el servidor dice "a esa no le des señal, que es la de la casa con paredes gordas", pero vaya, yo diría que no.  y gastando MIS DATOS DE MI TELÉFONO, que si eso no es violencia estructural ya me dirás tú qué es.
Como no podía entretenerme con internet me entretuve haciéndole fotos a las lámparas y a mandárselas a mi padre por whatsapp porque siempre dice que las lámparas de esa casa le dan miedo y pensé PUES SI ME DEJAS SIN WIFI TE VOY A LLENAR EL WHATSAPP DE LÁMPARAS.
Sin rencores.
Entonces fue cuando me di cuenta: el papel de plata.
Estaba en el calentador.



Y pensé: lo mismo no está bien sellado y pusieron papel de plata para evitar que salga el humo.
No es que sea la mejor solución, pero en un momento de emergencia te hace el apaño. 
También había papel de plata en la lámpara de la cocina.

Bueno, pensé, igual el cable estaba un poco pelado y le pusieron papel de plata para taparlo. Que no digo yo que poner algo metálico en una conducción eléctrica sea la mejor de las ideas, pero bueno, yo tampoco soy la más brillante de las personas así que no puedo criticar. 
Más difícil de explicar fue lo de la reja de la cocina. 


Vale, me dije, lo más seguro es que estuviera un poco oxidada y lo hayan tapado con papel de plata para que no manche. A diferencia del calentador y del cable presuntamente pelado aquí si me atreví a investigar, pero no hubo forma: aquello estaba repegao y no hubo forma de quitarlo. 
Daba igual, porque ahora que me había fijado en el papel de plata ya lo veía por todas partes: en la lámpara del pasillo:


En la lámpara del dormitorio: 


En el marco de un cuadro: 



Vale. 
Podía entender que se pusiera un poco de papel de plata en el tubo del calentador. En las lámparas. Incluso en la reja de la cocina. Pero ¿en un cuadro? ¿En el marco de madera? ¿Por qué?
Solo había una explicación posible: mi padre había forrado la casa con papel de plata para evitar que entrara la señal de internet. 
Me fui hasta mi madre con los brazos en jarras. 
-¡Padre ha arruinado mi vida!
-Creía que habíamos dejado esta etapa atrás. Hace como veinte años o así. 
-¡Ha forrado la casa con papel de aluminio para que no coja wifi!
-...
-Mira, mira: el calentador, las lámparas, ¡el cuadro, j*d*r, el cuadro!
-Lorz, eso siempre ha estado así. 
-¡No me lo creo!
Que una ha leído a Stephen King y sabe que cuando algo ha estado siempre así es que ayer no existía. 
-Tengo fotos.
M**rd*.
Mi madre no ha aprendido todavía a usar el filtro beauty del móvil, así que era impensable que hubiera trucado las fotos. No me quedaba más remedio que aceptar la realidad: el papel de plata siempre había estado ahí. 
Pero ¿por qué? 
Después de pensarlo mucho, en plan como diez segundos o así. 
-Creo que ya sé por qué hay tanto papel de plata por todas partes. 
-Por favor no me digas que es una conspiración del gobierno para que no tengas wifi. 
-¡Por supuesto que no! Es para que los extraterrestres no nos lean el cerebro. 
Mi madre se lo pensó también mucho, en plan cinco segundos, puede que diez. 
-Puede ser... Porque como lean el tuyo, nos aniquilan sin dudarlo. 


Fin





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Si quieres. Que no es obligatorio. Ojito cuidao ahí que nos ponemos muy tensos a veces.

08 octubre 2018

Lo del wifi, 6

Previously in Lorz...
Libando rocío con las hadas.


Para tranquilidad de Necio Hutopo lo primero que os voy a decir es que Hermano Mediano estaba en casa tan tranquilo, tirado en el sofá y jugando con la Nintendo Switch.
En su defensa diré que está muy lesionado de varias partes de su cuerpo, que necesita una especie de tobillera para andar, que con la tormenta se le había mojado y que después de quitársela estaba rabiando de dolor y sin poder ponerse de pie.
Hermano Pequeño y yo fuimos a comprarle una tobillera de urgencia en cuanto solucionamos el resto de la papeleta.
Y había mucha papeleta que solucionar.
El carrito tenía como cinco centímetros de agua dentro.
Niños y adultos estábamos ensopados.
Toda la ropa, la merienda, las toallas, los millones de juguetes, todo, estaba chorreando agua.
Parecíamos supervivientes del Titanic.
Y encima mi padre no paraba de hacer preguntas estúpidas.
-Pero ¿por qué no me habéis llamado para que os fuera a recoger con el coche?
Vale, a lo mejor la pregunta no era tan estúpida.
-No se nos ocurrió. 
Puede, PUEDE, que cuando empezara a llover me viera en mitad del campo con dos niños pequeños y entrara en pánico sin tener en cuenta que me rodeaban cuatro adultos más, y que mi padre estaba en casa con el coche perfectamente aparcado y las sillas de los niños puestas.
Puede que Hermano Pequeño también entrara en pánico debido a un razonamiento similar y saliera corriendo con el carrito sin pararse a pensar en nada.
Puede que mi madre llegara a las mismas conclusiones y saliera corriendo también.
Puede que los tres hiciéramos el camino gritando, corriendo y agitando los bracitos mientras la Tita del Puerto y Hermano Mediano nos seguían sin entender qué mosca nos había picado de pronto.
Puede.
Lo importante era que ya estábamos en casa.
Mi madre se puso a bañar a los niños y yo me puse a achicar agua del carro, a tender toallas, a buscar ropa seca, qué se yo.
En algún momento me di cuenta de que estaba tiritando, pero solo pensaba en que los niños no pillaran frío, así que me quité el bañador para no coger lo que mi abuela llama "una infersión en el chichi" y seguí con el vestido mojado en plan comando para arriba y para abajo.
Ya había parado de llover, los niños estaban limpios, secos y tomando leche calentita, y pensé en llevarme el carro a la fuente para limpiarle el barro que tenía por todas partes. Lo arrastré hasta la fuente y lo miré por todas partes: parecía que lo mejor era ponerlo bocabajo y echarle cubos de agua a saco. Me agaché para volcarlo y entonces sentí una brisilla en cierto sitio.
M**rd*.
Cuando volví a casa con el carro limpio me encontré a mi madre en el pasillo.
-Madre -le dije-: no llevo bragas.
-Filla: preferiría no saberlo.
-Creo que los vecinos también, pero no les he dejado elección.



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01 octubre 2018

Lo del wifi, 5

Previously in Lorz...
Llevas un router en el bolsillo os es que te alegras de verme.

Pues al día siguiente decidimos irnos todos en comandita a la piscina.
Bueno, todos no.
-Lo he mirado en internet -dijo mi padre, que no dejaba pasar ocasión de presumir de que el sí tenía conexión- y hay un 10% de posibilidades de lluvia.
A nosotros nos entró la risa floja porque somos de Córdoba, o sea, un 10% de posibilidades de lluvia es como cuando haces un examen y te ponen un 1 por poner el nombre.
Lo que viene siendo el premio de consolación.
Así que mi madre, la Tita, Hermano Mediano, Hermano Pequeño, Nena-chan, el artista antes conocido como Bebé-kun y yo nos fuimos a la piscina, y mi padre se quedó rumiando que él no iba porque seguro que llovía y él no iba.
La piscina está a una distancia razonable: según google maps, un kilómetro y medio.


Lo que no te dice google maps es que a la vuelta es un kilómetro y medio cuesta arriba.
Sí, a la vuelta. Cuando ya vas cansado y empapado y cargando con todas las toallas mojadas y uno o dos niños dormidos.
Pensando en esa circunstancia, nos habíamos hecho con un vehículo de tracción animal, siendo normalmente el animal ZaraJota.

Por desgracia, en cuanto apareció mi familia ZaraJota recordó que tenía un compromiso urgente en Madrid, así que tuvimos que probar otras alternativas, algunas de ellas no muy acordes con la Declaración Universal de los Derechos de los Niños.

O sea, que el animal acabé siendo yo. 
Total que aquel día llegamos a la piscina, instalamos el chiringuito: aparcamos el carro, extendimos las toallas, sacamos la merienda, nos quedamos en bañador, nos pusimos los zapatos de bañarse en el río sin sufrir lesiones permanentes, hinchamos los manguitos... y empezó a chispear. 
Miramos alrededor: los nativos ni se alteran. 
Luego nos dimos cuenta de que los nativos van a la piscina en coche y si de pronto se desatan las furias del infierno no tienen más que subir al coche y en tres minutos están en casa. 
Pero en aquel momento solo vimos que ellos no se movían, y que nosotros no íbamos a ser menos. 
Entonces empezó a tronar. 
Ahí ya no empezamos a poner nerviosos porque una cosa es mojarse y otra cosa electrocutarse.
Pero los nativos seguían sin moverse. 
Por suerte en aquel momento el artista entonces conocido como Bebé-kun empezó a amoratarse y temblar y pensamos: Nos vamos, pero por el niño, pobrecito, que está helado. 

No tenemos miedo, nos vamos porque queremos.

Total, que empezamos a subir la cuesta con el carrito, los niños, la impedimenta, mi madre que está fatal de lo suyo, la Tita que está fatal de lo suyo, Hermano Mediano que está fatal de lo suyo, Hermano Pequeño que está fatal de lo suyo... y como a mitad de camino empieza a diluviar
Y mi madre, que no ve una m**rd* dicho sea de paso, otea el horizonte y dice: 
-¡Refugiémonos debajo de aquel árbol! 
A lo que Hermano Mediano, que habitualmente es puro zen pero todo en la vida tiene un límite, le contesta: 
-CLARO QUE SÍ, MADRE, EN MITAD DE UNA TORMENTA ELÉCTRICA, SUBIDOS A UN CERRO Y DEBAJO DEL ÚNICO ÁRBOL, A VER SI SALIMOS EN LAS NOTICIAS. 
A mí lo de salir en las noticias me parecía bien, pero se ve que mi familia es tímida y decidieron seguir adelante, que total estábamos empapados, qué más daba ya. 
Una señora que estaba en la puerta de su chalet observando el apocalipsis nos ofreció refugio hasta que pasara la tormenta, pero muy dignamente le dijimos que no.  
-¿Tormenta? ¿Qué tormenta? No habíamos notado nada. 
Entonces fue cuando empezó a granizar. A LO BESTIA. Unos granizos como cerezas, que se note que estamos en el valle del Jerte. 
Los granizos rebotaban y se colaban dentro del carrito, que ya tenía como dos dedos de agua en el fondo. 
Quizá fue ese el momento en el que entramos en pánico. 
Hermano Pequeño, que en esa ocasión se había ofrecido amablemente a tirar del carrito, empezó a CORRER. 
Pero a CORRER A SACO. 
Yo iba como a 100 metros detrás suya, gritándole que parara, pero no me hacía ni caso. Qué velocidad. Luego se queja de que se le cargan las piernas. 
Le alcanzo como a diez metros del pueblo. Hay que cruzar la calle, pero no hay calle: solo hay agua, como a treinta centímetros de altura. 
-¿Qué hacemos? -pregunta. 
-Cruzamos, pero deja que te ay...
Hermano Pequeño sale disparado tirando del carrito, lo hunde en el agua, cruza la calle y lo sube a empujones por el otro lado. 
-Uy -dice. 
-¿Los niños están bien? ¿Qué pasa?
-Nada, creo que se te ha roto el carrito. 


Ahora será culpa mía.
Estamos mirando la rueda con cara de pasmo mientras nos chorrea agua por la cara cuando nos ofrecen refugio otra vez. Una pareja nos deja pasar a su portal, nos da toallas, nos arregla la rueda...
-Podéis quedaros aquí hasta que pare de llover -nos dicen.
Entonces se me acerca Hermano Mediano.
-Oye, ¿estás bien? ¿Los niños están bien?
-Sí, sí. Están un poco asustados pero bien.
-Vale, pues yo me piro que mi sudadera es impermeable.
-¿QUÉ?
Pero Hermano Mediano ya no me oía. Iba calle adelante, con su sudadera impermeable. El muy c*br*n.
Bueno. Una tormenta tan intensa no podía durar mucho, así que poco a poco empezó a escampar.
Nos despedimos de la amable familia y recorrimos los escasos cien metros que nos quedaban. En la puerta de la casa, perfectamente sequito y con una sonrisa de oreja a oreja, nos estaba esperando mi padre.
-¿Qué, os ha pillado la tormenta?
-No, es que hemos estado libando rocío con las hadas, no te j*d*.



Continuará...








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