02 octubre 2017
Un mes con HBO
Y luego pensé, bueno, pues me lo voy a gastar en suscribirme a HBO.
Más o menos.
Porque mi madre me había dado el dinero en efectivo y HBO se paga con tarjeta y además el primer mes es gratis y para cuando pasó el primer mes ya me había gastado en libros así que qué más da.
Lo que pasa es que quiero hacerme escritora de verdad y he leído una entrada de facebook que dice que poner personajes secundarios añade profundidad a la trama, que digo yo que más que profundidad lo que añadirá será cantidad, pero bueno, que tampoco voy a ir yo de que sé más que facebook, y además alguna excusa le tenía que poner a ZaraJota.
Resumiendo: que me apunté a HBO, y luego me puse a buscar la app en la tele, pero no aparecía por ninguna parte y tuve que recurrir a una medida desesperada, o lo que es lo mismo, preguntarle a Sark, porque todo el mundo dice que sabe mucho de tele y además es prácticamente la única persona del mundo que todavía me contesta los whatsapp, probablemente porque se los suelo mandar de madrugada y siempre le pillo desprevenido.
-No hay app para las teles samsung -me dijo.
Entonces me acordé de que al principio de los tiempos de Netflix me pasó lo mismo, y me pude conectar a través de la play.
Pero eso fue ANTES.
Porque ahora no sé qué pasa, que cada vez que enciendo la play se empieza a reproducir Frozen automáticamente, tanto si está el disco dentro como si no. De hecho no hace falta ni tener la tele encendida: en cuando Nena-chan dice "Quiero ver..." la película se reproduce sola.
Es que ya se la sabe de memoria.
En esta ocasión, por si acaso, optamos por sacar el disco. Al principio nos costó, pero una vez que le apliqué KH7, un martillo hidráulico y un lanzallamas salió sin mayor problema.
Entonces descubrí que hace algo así como mil años quitamos el cable de la play porque total, solo la usábamos para ver Frozen, para qué tener un cable por ahí colgando.
-No te preocupes -me dijo ZaraJota-creo que sé dónde está.
-¿Ah, sí? ¿Dónde?
-En una de las cajas de detrás del sofá.
-¿Hay CAJAS detrás del sofá?
-Sí, todas las que no hemos abierto desde la mudanza.
-¿Y sabes en cuál está el cable?
-Uy, ni idea.
Varias cajas más tarde, ZaraJota consiguió conectar la play a internet.
-M**r* -dijo.
-¿Qué pasa?
-Que hay que actualizarla.
-Anda ya. ¿Eso no se actualiza solo?
-¿Para qué se va a actualizar, si solo la usamos para ver Frozen?
-Pues también es verdad. Pues nada, actualiza, actualiza.
Un par de horas más tarde la play terminó de actualizarse y le pidió a ZaraJota una contraseña.
-M**rd*.
-¿Qué pasa ahora?
-Que no me acuerdo de la contraseña de la play.
-¿Has probado con "Frozen"?
-Estoy bastante seguro de que no usé "Frozen" como contraseña.
-Tú prueba.
-¡Anda, funciona!
-Pues claro que funciona. Este cacharro tiene el síndrome de Estocolmo.
-Lorz, ahora tienes que poner la contraseña de HBO.
-...
-Has creado la cuenta hace menos de media hora.
-... ¿algo con "culo"?
No os voy a decir la contraseña porque la uso mucho, pero efectivamente era algo con culo.
Es lo bueno de conocerme de toda la vida, que ya me veo venir.
Entonces me pidió la contraseña del control parental.
-Lorz, ¿has puesto control parental?
-Sí.
-¡Si los niños no saben poner la smart tv!
-Bueno, por si algún día viene mi hermano.
-¡Que tu hermano tiene cerca de cuarenta años, por el amor de dios!
-¡Bueno, pues a mi casa que no venga a ver guarrerías!
-Vale, mantengamos la calma. ¿Te acuerdas de la clave?
-¿Asterisco, asterisco, asterisco, asterisco?*
Una vez más os ahorraré los detalles porque ZaraJota se pone muy tenso cuando me río de él en público, porque es un intolerante que no respeta mi libertad de expresión aunque yo tenga razón y él no.
En fin, ya que solo habíamos tardado dos o tres horas en entrar a HBO y los niños estaban con los abuelos, pensamos estrenar la plataforma viendo Juego de tronos, una serie que llevábamos sin vez desde aproximadamente 2014 y que retomamos en 2017 sin mayor dificultad, que lo mismo es para plantearse si no han estado mareando la perdiz más de la cuenta en estos tres años.
Primer problema (aparte de los anteriores): queremos ver la serie en inglés porque somos de esos.**
También queremos subtítulos para poder indignarnos cuando la traducción está mal.
Ya os he dicho que somos de esos.
La aplicación tenía subtítulos en castellano pero no dejaba seleccionarlos, lo que está muy bien pensado para las personas sordas: si quieren ver películas que aprendan idiomas, que todo se les va en poner peguitas.
Pusimos los subtítulos en inglés. O eso creemos. Porque los subtítulos era muy pequeños. Muy, muy, pequeños. En plan así de pequeños. Y además eran blancos, una gran elección en una serie que transcurre así como el 50% en la nieve.
Y cuando ya pensaba que no podía ir a peor, se ponen a cantar y de pronto... ¡aparecen los subtítulos en castellano! ¡ENCIMA de los subtítulos en inglés! ¡Y no coinciden en absoluto con lo que están diciendo!**
Ahora bien, el auténtico problema llegó cuando nos quisimos ir a dormir, porque nos habían dicho que HBO no recuerda dónde te has quedado.***
Obviamente nosotros somos incapaces de recordarlo, y tuvimos que buscar otras soluciones,
Lo primero que se nos ocurrió fue dejar la tele encendida toda la noche, lo que pasa es que tenemos programada para que se apague cuando lleve dos horas seguidas sin tocar ningún botón del mando, y no lo sabemos quitar.
Por supuesto solo había una solución lógica: ponernos el despertador cada hora y cincuenta y nueve minutos para levantarnos y tocar un botón del mando. Por el lado positivo, así como a media noche nos dimos cuenta de que no hacía falta que nos levantáramos, porque desde la cama podíamos apuntar el mando al espejo del baño y se reflejaba hasta la tele. Por el lado negativo, como el botón que estábamos apretando era el del volumen al final la tele estaba tan alta que apenas podíamos dormir entre alarma y alarma.
A la mañana siguiente estábamos hechos polvo, y encima todo nuestro esfuerzo no había servido de nada porque nos teníamos que ir a trabajar, y necesitábamos que alguien le diera al botón en nuestra ausencia.
Por suerte nos acordamos que nuestra vecina trabaja en turno de noche, y ¿para qué están los vecinos si no es para ayudarse?
Pues se ve que para otra cosa.
A la vecina le molestó mucho que la despertáramos para, cito textualmente, "semejante estupidez". También dijo algo que no entendí muy bien, aunque me pareció entender que no estaba muy impresionada por nuestro nivel intelectual. Con todo, aceptó ayudarnos a cambio de que le prometiéramos no volver a dirigirle la palabra nunca más en la vida.
Aceptamos. Total, seguro que se muda enseguida.
Es que los vecinos no nos duran mucho, no sé por qué.
Y bueno, casi mejor, porque menuda irresponsable, la tía: cuando volví a casa, la tele estaba apagada.
Llamé a la vecina, indignada.
-¡NO LE HAS DADO AL BOTÓN!
-Lo sé, lo siento, es que me han llamado del hospital porque mi madre...
"¡Mi midri, mi midri!". Desde luego es que la gente no tiene claras sus prioridades.
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* Era 1234.
**En realidad es porque cuando los niños están despiertos es imposible oír nada, y cuando están dormidos quitamos directamente todo el sonido, por si acaso. Gracias a esto cada día estamos más sensibilizados hacia las dificultades de las personas sordas.
*** Esto me pasó en todas las series que vi, incluido en Girls, donde al menos dos protagonistas son cantantes y la letra de las canciones es importante para la trama.
**** Suele recordarlo, pero no siempre. Por ejemplo, si hoy ves medio capítulo 1, mañana recordará que estabas ahí y podrás ver la segunda mitad del 1 y el 2 completo. Cuando pasado intentes ver el 3, se empeñará en que te quedaste a mitad del 1 y tendrás que ir manualmente. Otras veces, por el contrario, recuerda el último capítulo completo que hayas visto, pero no el que te hayas dejado a medias. Y cuando se siente realmente gracioso, recuerda el capítulo que te dejaste a medias, pero no lo reanuda en el mismo punto, sino quince minutos antes, diez minutos después o donde le parezca. Aparte la aplicación tiene otros problemillas como que no permite descargar nada, así que es imposible ver nada sin conexión a internet (adiós a ver series en el transporte público) y aunque estés conectado a la red de casa, los capítulos tardan mucho en iniciarse, se quedan colgados continuamente, y de vez en cuando decide que ya has visto mucho tele por hoy y te echa. Os sorprenderá saber que me di de baja antes de completar el mes de prueba.
25 septiembre 2017
Vacaciones en el pueblo, 4 y ya, que estaréis deseando saber si nos cambian el horno; nosotros también
El cochino jabalín.
Pues veréis.
Cada vez que mis niños corrían por la calle, o saltaban en la venera, o chapoteaban en la fuente, o recorrían a pie el kilómetro y pico hasta la piscina, o, simplemente, flotaban piscina arriba, piscina abajo, siempre había un amable viej... anciano nativo que, mirándolos con una sonrisa de oreja a oreja, decía:
-¡Qué bien se lo están pasado! ¡Esta noche van a caer rendidos!
El problema, creo, es que me lo decían a mí, y los niños no se daban por enterados, y cuando llegaba la noche estaban tan frescos.
Pero yo no.
Y una noche, después de parque, piscina, venera, todo ello intercalado con mucho subir piso arriba y piso abajo, Bebé-kun no se dormía, y no se dormía, y no se dormía, y no se dormía, y no se dormía, y no se dormía y de pronto ¡plof! se durmió.
Y entonces unos niños pasaron por debajo de mi ventana gritando algo así como "marcoasensio", sea lo que sea eso.
Bebé-kun abrió un ojo y lo volvió a cerrar.
Vale, no pasa nada.
Las calles son estrechas y retumban mucho y la gente pasa hablando alto sin darse cuenta, pero ha sido un momento y ya está.
Y entonces otra vez:
-¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO!
Los niños estaban dando carreras alrededor de la manzana y gritando "marcoasensio" a todo pulmón a las mil de la noche así, porque sí, y cada vez que pasaban Bebé-kun abría el ojillo y se removía, y, la verdad, por mí como si se ponía a bailar la macarena, pero es que solo se duerme con la teta en la boca, y aquella noche ya tenía la "nita" en carne viva y no podía más.
La decimocuarta vez que pasaron gritando por debajo de mi ventana, Bebé-kun se despertó y, sorpresa, pidió teta.
Así que a la decimoquinta vuelta me asomé a la ventana y les dije a los niños muy amablemente que se fueran a gritar a su p*t* casa.
Puede, PUEDE, que en ese momento llevara una teta al viento y pelos de loca.
Lo único que puedo deciros con seguridad es que los marcoasensios desaparecieron como si les persiguiera una loca asesina, que no era el caso, porque a mí lo de matar me da como mucha pereza, y además llevaba un camisón blanco que luego se lava fatal.
Me volví a la habitación muy satisfecha de mi victoria, pero apenas me había dado tiempo a tuitearlo cuando ya tenía a los niños otra vez.
Solo que esta vez no daban vueltas, sino que se quedaban directamente debajo de mi ventana en plan serenata.
-¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO!
La p*t*...
En cuanto oyeron que subía la persiana salieron revoleados, pero poco. Se pararon nada más doblar la esquina. JUSTO DELANTE DE MI OTRA VENTANA. Porque, por un extraño fenómeno de la naturaleza, cuando una casa hace esquina lo normal es que las dos paredes que se tocan le pertenezcan. Pero se ve que dios o te da pulmones para gritar o cerebro para pensar, y en este caso estaba claro lo que había tocado en el reparto.
Total, que se pusieron delante de la ventana de mi cocina a maquinar un plan.
-Contamos hasta diez, y cuando yo diga YA salimos todos corriendo y volvemos a gritar fuerte, ¿vale?
Estuve muy tentada de asomarme por la ventana de la cocina y decir "vale", pero es que lo mismo les daba por infartar y encima la culpa me la iba a cargar yo.
Es ese momento me planteé varias vías de actuación:
-Escupir. Idea rechazada porque eran muchos y no me iba a cundir.
-Llenar el orinal con fluidos corporales y vaciarselo encima. Idea rechazada porque no me apetecía hacer pipí.
-Usar la pistola de agua de Nena-chan para lanzarles tomate frito. Esta era la idea que más me tentaba porque iban todos de blanco y tonos pastel. Por otra parte, me daba un poco de miedo manchar las paredes de la casa de enfrente.
Al final opté por lo que me pareció más sensato. Los dejé dar un par de vueltas alrededor de la casa, y cuando ya se estaban envalentonando abrí de pronto la puerta y se encontraron conmigo de morros.
(Inciso: ya me había guardado la teta)
-¡Tú, tú, y tú! ¡Quiero hablar con vuestra madre AHORA MISMO! -les dije.
-¿Para qué?
-¡Para intercambiar recetas, no te j*d*! ¿A vosotros os parecen horas para estar gritando por la calle? ¡En esta casa vive un bebé! ¡En esa, un anciano al que acaban de operar del corazón! ¡Y en esa otra... -lo único que recordaba de los otros vecinos es que de su casa salía un olor como a incienso, no sé si me explico-, en esa otra...!
El marcoasensio nº 1 aprovechó que yo estaba perdiendo carrerilla.
-¡Esto es el colmo! -me dijo, indignadísimo. Y se fue corriendo.
Me senté en el escalón de la entrada a esperar que volvieran. Hacía fresquito y olía a incienso y se estaba muy bien. Además, la calle hace como un embudo, y podía oír a los marcoasensios hablar con su madre.
-Mamá, ¡una señora gorda nos está diciendo COSAS!
Jopé, pensé, pues sí que les ha cundido el camino, les ha dado tiempo a hablar con otra persona y todo.
-¿Qué señora ni qué señora? -les contestó la madre-. Anda, iros a jugar a la calle y dejadme un rato tranquila.
Me da a mí que esto no va a funcionar.
* * *
Al día siguiente, cuando Nena-chan y Bebé-kun estaban jugando en la venera, aparecieron los marcoasensios e intentaron arrinconarlos, pensando, al parecer, que la media docena de adultos de alrededor no iba a hacer nada al respecto.
A saber de que experiencia vital propia habían sacado semejante conclusión.
Total, que les planté cara.
-Vosotros sois los que estabais gritando anoche, ¿no?
Los marcoasensios se quedaron callados, mirándose entre ellos, hasta que uno dice:
-Yo no, fueron este, este, y este.
De verdad, qué familia más encantadora.
* * *
Esa tarde, al fin, dí con la madre.
.¿Son tuyos los niños que gritaban ayer?
-No, los míos estuvieron todo el día en casa, no salieron a la calle hasta que empezó el partido del Madrid.
Ajá...
* * *
Cuando le conté la historia a mi padre le quitó importancia.
-Cuando el alcalde era pequeño también se venía a hacer gamberradas a nuestra casa, es prácticamente una tradición local.
Pues ya les podía dar por la castración ritual o algo.
Fin
18 septiembre 2017
Vacaciones en el pueblo, 3
La gente, que es muy guarra.
A los cuatro días o así de estar en el pueblo ZaraJota dijo que se iba a por tabaco y ya no lo volvimos a ver, que no es que me importe, es que se llevó el coche y en ese pueblo es todo cuesta arriba.
Casualmente, el mismo día que ZaraJota se fue apareció Hermano Mediano, que como especialista en el Camino de Santiago y en el contrabando de latas de fabada Asturiana a China tiene soluciones para todo.
-Conozco una ruta facilísima para ir andando a la piscina.
-¿Con los niños?
-Sí, sí, es facilísima.
-Vale. ¿Me llevo el carrito?
-Sí, sin problema.
-¿De verdad? Puedo llevar al niño en la mochila.
-De verdad, es totalmente niño-friendly, podemos ir con el carrito.
Y eso hicimos.
Al principio todo fue bien: el camino era un poco tosco, pero transitable, corría el agua, había moras, vimos caballos y vaquitas...
Hasta que de pronto, no sé ni cómo, estábamos en mitad del las zarzas, trepando por un pedregal, yo con Bebé-kun en brazos, Hermano Mediano con el carrito a cuestas, y Nena-chan tan pichi porque su tío le había prestado un palo de senderismo ROSA.
Ojalá me hubieran prestado a mí media docena.
Con todo, íbamos considerablemente felices.
-Mira, Nena-chan, ¡esto es una AVENTURA! -le dije.
-¡Sí!
-¡Vamos por el bosque!
-¡Como Caperusita!
-Sí... y escucha un momento... oigo pasitos... creo que... ¡nos sigue un conejito!
-¡Como el de Alisia en el País de Ramavillas!
-¿Rama...? Vale, sí, como el de Alicia, ¿lo oyes?
-Sí, ¡está supercerca!
-No grites, ¿vale? Que lo vas a asustar. Vamos a hablar bajito a ver si se acerca...
Mientras tanto, Hermano Mediano no decía nada. Pensé que se estaba concentrando en orientarse con las estrellas o en buscar agua potable o a punto de reventar o yo qué sé.
No comentó nada del conejo hasta que no llegamos a la dichosa piscina y los niños estuvieron chapoteando alegremente en el agua.
-Lorz, ¿te acuerdas del conejo que has oído antes?
-Sí.
-Pues era un jabalí.
Definitivamente esa no es la versión de Alicia que yo recuerdo.
¿Continuará?
11 septiembre 2017
Vacaciones en el pueblo, 2
Tengo pipí.
Resulta que mientras en mi pueblo nos encontramos un charco y lloramos porque nunca habíamos visto tanta agua junta, en el pueblo al que habíamos ido de vacaciones había tanta agua que corría por la calle.
"Venera", lo llaman.
Tienen tanta agua que en vez de piscina municipal lo que han hecho es acortar con redes un trozo de río y hala, que corra el agua sucia pabajo, qué cloro ni qué cloro...
Eso tiene sus desventajas.
La temperatura del agua es ideal para criogenizar espermatozoides, por ejemplo.
Bebé-kun estaba encantado: se ve que en verano la leche le apetece fresquita.
Menos mal.
Porque por esos días andaba estreñido (para variar) y comía poquísimo, se debía notar molestias en la tripita o algo. De hecho, a veces decía "CACA" y se ponía en cuclillas, pero al poco se levantaba ('¡YA-TÁ!") y el pañal seguía limpito, pobrecito mío.
Por eso cuando se puso en cuclillas en el borde de la piscina y luego gritó "¡YA-TÁ!" no me preocupé demasiado.
Lo que pasa es que luego se metió en la piscina y el agua se enturbió a su alrededor.
"Será de haber estado jugando con la arena", pensé.
Pero después de haberlo remojado bien seguía enturbiando el agua a su alrededor así que al final reuní valor, eché un vistazo al pañal y tuve que admitir que no era arena sino Bebé-kun... infusionando.
Lo tumbé en una toalla y le quité el pañal.
Oh. Dios. Mío.
Aquello era... bueno. Imaginad que tenéis una dieta tan variada como la de un adulto. Un adulto que lleve una semana comiendo platos combinados. Y que haya pasado esa misma semana sin... liberar carga. Y que cuando por fin se haya decidido a hacer bum-bum, haya remojado la... sustancia durante un buen rato.
Resumo: de pronto Bebé-kun estaba retozando en un charco marrón.
Aquello no tenía solución. Envolvimos al niño en una toalla y nos fuimos a casa a bañarlo.
-Venga, Nena-chan, cuando acabe tu hermanito te vamos a bañar a ti también.
-¡Si ya me he bañado en la pichina!
-Ya, pero el agua de la piscina no es limpia-limpia.
-¿Porque la gente hace sus cosas en el agua?
Sí, sí. La gente.
¿Continuará?
04 septiembre 2017
Vacaciones en el pueblo, 1
Mi abuelo tenía una casa en la playa, y la vendió para comprarse una casa en ruinas en mitad de ninguna parte.
Me dan escalofríos solo de pensarlo. Por eso intento no pensarlo. De hecho, por eso intento no pensar en nada, no vaya a ser que acabe pensando en lo que no debo por accidente. ¿Me seguís? Pues mal hecho. Seguir gente es acoso. Acoso malo, acoso malo. Creo que me he pasado comiendo lacasitos.
Después de la obra no teníamos ni presupuesto ni energías para irnos de vacaciones, hasta que mi abuela dijo oye, que la casa del pueblo está ahí para quien quiera, y pensamos oye, pues lo mismo queremos, y la abuela dijo uy, uy, pues es que yo en agosto tengo muchas cosas que hacer en Madrid, así que ir vosotros ya si eso.
Y eso hicimos.
Antes de nada creo que es necesario recordaros que somos unos locos de esos que no tienen coche sino que van en transporte público a todos lados, por lo que nuestros hijos no están acostumbrados a montar en coche y no entienden el concepto ese de estar atados en una silla durante una hora, y ya no digamos dos.
La respuesta de Nena-chan me dejó ojiplática perdida, y solo se me ocurrió decirle a ZaraJota que parara en la primera gasolinera que viera para cerrar bien la puerta.
ZaraJota paró.
-¿Dónde estamos? -le pregunté.
-A 30 kilómetros de Madrid.
-No vamos a llegar en la p*t* vida.
Cerramos la puerta, arrancamos de nuevo, nos reincorporamos a la autovía y entonces...
-Mamá, tengo pipí.
-¡Si has hecho antes de salir!
-No.
-¿No te hemos dicho que hagas pipí antes de salir?
-No.
J*d*r, j*d*r, j*d*r, me van a quitar el p*t* carnet de madre...
-¿Y no puedes aguantar un poquito?
-Nooooo... me se saleeeeee...
Volvimos a parar en una gasolinera. Otra vez. Por segunda vez en una hora. Por segunda ven en cincuenta kilómetros.
Nena-chan hizo pipí. Y también hice pipí, porque sospechaba que a ZaraJota no le haría gracia parar una tercera vez.
Y después nos subimos al coche y nos reincorporamos a la autovía, otra vez.
Apenas habían pasado cinco minutos cuando...
-Mamá, tengo sed.
-Toma, agua.
-...
-¿Qué pasa? ¿Creías que me ibas a pillar? ¿Creías que tendríamos que parar otra vez? ¡Pues estabas muy equivocada! ¡MUAJAJAJA!
-Mesacaído la botella debajo de tu asiento.
-Pues te aguantas. Me da igual. No vamos a parar más. Solo tenemos quince días de vacaciones y no me gustaría pasarlos en el coche. ¿Entendido?
-...
-¿ENTENDIDO?
-Mamá...
-¿QUÉ?
-Has dispiertado al hermanito.
-¡BUAAAAAAAAAA!
La madre que parió a la...
Tres horas y media para doscientos kilómetros de autovía.
-¿Cómo es que habéis tardado tanto? -me preguntó mi padre-. ¿Habéis pillado atasco?
Pues mira, se podría decir así.
¿Continuará?
Pd: Sé que estáis preocupados por mi horno. Todavía no hemos conseguido contactar con el instalador. Seguiremos informando.
26 agosto 2017
Que no cumple uno...
La culpa de todo la tiene la seño de #Bebekun, que amaestró al niño para que cuando alguien gritara "Enri" él respondiera "¿QUÉ?".
Entonces se me ocurrió enseñarle que si alguien decía "uno, dos..." él tenía que gritar con todas sus fuerzas "¡TRES!".
Pronto se volvió plenamente autónomo y empezó a gritar por su cuenta "TATETÍ... ¡TEEEES! ¡BEEEEEEN!". Y después se aplaudía, porque no tiene ni idea de lo que dice, pero la autoestima la tiene estupenda.
Entonces pensé que podía enseñarle a responder "¡uno!" y levantar el índice cuando le preguntaban "¿Cuántos añitos tienes?".
A las viejas del autobús las volvía locas, así que todos los días repetíamos el número.
-¡Enri...!
-¿QUÉ?
-¿Cuántos añitos tienes?
-¡UBO!
-Uno, dos y...
-¡TEEEES! ¡BEEEEEEN! [autoaplauso]
Todo iba bien hasta que me di cuenta de que Bebekun estaba a punto de cumplir dos años.
Así, de casualidad.
No es que haya estado contando los días para destetarlo ni nada parecido.
El número se nos quedaba anticuado, así que le dije:
-Oye, Bebe-kun, este domingo vas a cumplir dos añitos, así que a partir de ahora cuando alguien te pregunte cuántos añitos tienes, tienes que contestar "DOS" y levantar dos deditos, así, ¿vale?
-VALE.
-Yo digo "¿cuántos añitos tienes?" y tú dices "DOS", ¿entendido?
-TÍ.
-Muy bien, probemos: hola guapo, ¿cuántos añitos tienes?
-¡UNO!
-¡Nooooo! ¡Dos!
-¡Y TEEEES! ¡BEEEEEEN!
Ahora me diréis que me lo he buscado yo solita.
21 agosto 2017
La cocina del infierno, parte 10 y ya que estaréis hartos
En agosto, frío en el rostro. Porque lo que es calor, tal y como está el horno, poquito.
Además de pintar, intercambiar las habitaciones, modificar la instalación eléctrica y de fontanería de la cocina y poner muebles de cocina pensamos que, por si nos aburríamos, también podíamos poner un aparato de filtrado de aire muy chulo que además quita humedades y que es lo más en la vida.
El técnico nos dijo que tendría que hacer un agujero en la pared para que entrara el aire y eso.
-Pero a ver -le dije-. ¿Un agujero muy grande?
-No, no, pequeño.
-Ah, vale.
Al día siguiente ZaraJota me mandó un whatsapp.
"Tengo una noticia buena y una mala"
"¿La buena es que has comprado helado y la mala es que es de turrón?"
"No. La buena es que ya está aquí el técnico y ha empezado a trabajar"
"Chachi. ¿Y la mala?"
"..."
Pues menos mal que el agujero era pequeño, que si llega a ser grande nos hunde el edificio.
Fin.
14 agosto 2017
La cocina del infierno, parte 9
Al que madruga dios lo deja tirado en Puerta de Toledo con una niña inconsciente y sin haber desayunado.
Entretanto, en el maravilloso mundo de la cocina, nos habían dicho que los muebles tardarían veinte días, así que en cuanto el electricista terminó pensamos, oye, pues este finde pintamos la cocina.
Mandé a ZaraJota a comprar la pintura con Nena-chan porque lo que es yo por las tardes bastante tengo con dar teta.
-¿Cuánta pintura compro? -me preguntó.
-No sé, dile al señor de la tienda, que seguro que sabe.
Y tanto que sabe, el de la tienda, porque ZaraJota volvió con un bote de cincuenta litros de pintura.
-¿Pero dónde vas con eso?
-A pintar la cocina.
-¿La nuestra y la de cuántos más?
-No sé, es que no quería quedarme corto.
-Ay, ay... bueno, pues ya que estamos pintamos el piso, que hace por lo menos un año que no lo pintamos entero y me están entrando como picores...
Y entonces se me ocurrió que ya que teníamos que vaciar las habitaciones al completo, podíamos aprovechar y hacer un cambio: que los nenes se quedaran con la habitación grande, y nosotros con la pequeña.
-Total, nosotros solo usamos el dormitorio para dormir, y la mitad de noches ni siquiera eso.
Así que vaciamos los dos dormitorios al completo (algunos muebles hubo que desmontarlos) y los amontonamos en el salón durante un par de días, aunque ahora mismo no me acuerdo de por qué, no tiene ningún sentido que no los colocáramos de inmediato, aunque por otra parte nos pega mogollón.
Pues debía ser algo así como un lunes a las seis de la tarde y teníamos el salón como el nido de un hámster cuando nos llamaron los de los muebles de cocina.
-Que mañana a las nueve de la mañana vamos a hacer la instalación.
-¿QUE QUÉ?
-Mañana, a las nueve de la mañana...
-¡Nos dijeron veinte días!
-¡Sí! Qué suerte, ¿eh?
-¡Y son las seis de la tarde! ¡No podemos pedirnos el día libre así, a estas horas y de un día para el otro! ¿No puede ser pasado?
-Uf, imposible... si no es hoy no puede ser ya hasta agosto.
-¡Pero si es cuatro de julio!
-Ya le digo, el próximo hueco en la agenda del instalador es en agosto.
-Bueno, adelante, ya nos apañaremos.
Empezamos a vaciar los muebles de la (ex) cocina a toda prisa, metiendo las cosas en bolsas de cualquier manera y amontonándolas sobre los muebles acumulados en el salón como buenamente podíamos porque total, el Apocalipsis había llegado y qué más daba ya todo.
-Bueno, Lorz -me decía ZaraJota, que a veces parece hasta sensato-, es una paliza, pero ya mañana terminamos con todo, y se acabó.
Y yo le decía sí, sí, muy bien todo, Apocalipsis.
Pero ZaraJota tenía razón: al día siguiente nos trajeron la cocina, y esa misma noche el ayuntamiento recogió los muebles viejos, y el fin de semana colocamos el resto, y cuando por fin estuvo todo en su sitio estrenamos la cocina a lo grande, haciendo pizza.
Vale, no tan a lo grande. Después la obra teníamos el presupuesto un poco perjudicado.
Encendí el horno y esperé pacientemente a que precalentara.
Vale, no, no esperé.
Porque no tengo paciencia y porque nada más encenderlo empezó a oler a quemado.
-¡Lorz! -gritó ZaraJota. Por costumbre, más que nada.
-¡Que esta vez no he sido yo! ¡Que no he hecho nada!
-¿Y por qué huele a quemado?
-¡Yocosé de la vida!
Apagamos el horno y lo inspeccionamos cuidadosamente.
Bueno, en realidad ZaraJota lo inspeccionó cuidadosamente mientras yo gritaba y corría en círculos a su alrededor agitando los bracitos.
Que hay que explicarlo todo.
-Vale -dijo al final- hay una pegatina de plástico que tenemos que quitar antes de encenderlo, pero no puedo quitarla, voy a tener que desmontarlo.
-¡Mi horno! ¡Mi precioso horno!
-Es solo sacarlo de ahí, Lorz...
ZaraJota es que se cree muy listo solo porque hizo la instalación de toda la cocina anterior. Y del baño. Y sabe programar el vídeo.
En el caso de que alguien tenga todavía uno.
Sacó el horno con mucho cuidado y se quedó pasmado mirándolo.
-¿Qué pasa? -le pregunté, porque tenemos las tareas de casa divididas y normalmente la que se pasma soy yo.
-Mira.
-¡H*s*t** p*t*! ¿Lo has roto?
-¡No! Estaba así cuando lo he sacado.
-¿Así?
-Así.
-Ay, ay, mi horno presuntamente nuevo.
-No te preocupes, voy a llamar a ver qué me dicen.
ZaraJota llamó al instalador y le dijo que el horno estaba roto.
-Pues yo no he notado nada raro, pero bueno, si quiere se lo cambio.
-Hombre, pues sí.
-Vale, pues la semana que viene lo tiene.
Pero la semana siguiente no lo tuvimos, así que volvimos a reclamar, y nos dijeron que sí, que sí, que la semana siguiente lo tendríamos, pero no lo tuvimos, así que la semana siguiente lo volvimos a reclamar, y así hasta que de pronto había pasado un mes y seguíamos con el horno así.
(Bueno, así no, lo volvimos a colocar en su sitio, pero la chapa seguía igual).
Así que al final ZaraJota dijo que a la m**rd* todo, que nos íbamos a la tienda a montar un pollo, y yo me puse muy contenta hasta que me explicó que era una forma de hablar y que no había ningún pollo implicado, y yo le dije que vale, que me daba igual que fuera otro animal, que yo no soy especista de esos, y entonces ZaraJota me dijo que mejor iba yo sola a la tienda, porque la mejor defensa es un buen ataque y yo soy un arma de destrucción mental masiva.
Total que me planté en la tienda y me la encontré cerrada y con un cartel en la puerta.
CERRADO POR VACACIONES
DURANTE EL MES DE AGOSTO
Ahora entiendo por qué el instalador tenía un hueco en su agenda.
Continuará...
07 agosto 2017
La cocina del infierno, parte 8
P*t* conciliación.
Pues más o menos por esas fechas metro de Madrid decidió cerrar la línea 5 (lo del culo) enterita porque total, el verano solo trabajan los pobres.
Anunciaron un servicio alternativo de autobuses, pero sorprendentemente un autobús avanzando por la vía pública (semáforos, paradas, atascos) no va a la misma velocidad que el metro que va por la vía bajo tierra y a su rollo, y calculé que tardaría aproximadamente una hora más en cada trayecto.
Entonces tenía dos alternativas:
levantar a los niños a las 6 y desayunar en casa
o
levantar a los niños a las 7 y que desayunaran en sus respectivos coles, que, por si metro me está leyendo, es un servicio que tiene coste, y además luego descubrimos que la leche del cole ponía enfermo a Bebé-kun, pero bueno esa ya es otra historia.
Optamos por dormir.
Así que el primer día del metrocalipsis vestí a los niños dormidos, y solo los desperté en el último minuto, cuando ya era hora de salir de casa.
Como iban medio amodorrados, no notaron nada raro, pero a medio camino Nena-chan empezó a llorar porque tenía hambre, y cuando estaba explicándole que llegaríamos enseguida se desplomó en la calle, sin que el comité de expertos reunido a tal efecto haya determinado todavía si de sueño o de hambre.
Por suerte ese tramo de la acera estaba en obras y cayó en blandito, sobre un montón de arena.
Por desgracia, los carritos de bebé no ruedan del todo bien sobre la arena, y en ese momento yo estaba llevando el carrito de Bebé-kun a pulso.
Llegamos a la parada del servicio especial con ligeras dificultades. El autobús pasa puntualmente cada tres minutos namekianos, así que solo tenemos que esperar unos diez a que pase. Bien ahí.
Cuando por fin llega y nos subimos, se sube también una señora.
-¿Cómo es eso de que el metro está cerrado?
-Está cerrado por obras -le contesta el busero.
-¿Y por qué no me han informado?
-Bueno, ha habido carteles, se ha informado por megafonía...
-¡Pero A MÍ no me ha informado nadie!
Esperamos pacientemente a que el busero aplaque a la señora. Y digo pacientemente porque en todo el rato no le tiré nada a la señora, entre otras cosas porque no tenía nada a mano, y además eran las siete de la mañana y no es esa una hora decente para agredir a nadie.
Cuando por fin arrancamos, nos metimos directos en un atasco, que no es que me importe mucho, pero con tanta acelerada y frenazo Bebé-kun se espabiló del todo y se dio cuenta de que le habían tangao.
-¡ERO MOMER! ¡MAMÁ! ¡ERO MOMER!
-Ya llegamos a la guarde, lechoncillo.
-¡ERO NITA! ¡ERO MOMER! ¡MAMÁ! ¡BUAAAAAA! ¡ERO MOMER!
En ese momento decidí fingir que se me habían desabrochado las cordones de los zapatos y me agaché y metí la cabeza en el cesto del carrito para que nadie me viera la cara y pudiera decir mira, mira esa, es una mala madre que mata a su pobre niño de hambre, pobrecito, mira qué delgadito está, se nota que no le dan de comer, pero ella bien que está de buen año, desde luego, vamos a tirarle piedras, yo no tengo ninguna piedra, pues tírale un zapato, es que entonces me quedo solo con uno, pues tírale un moco, yo qué sé, que tienes que ponerle pegas a todo.
Cuando llegué a la guardería de Bebé-kun descubrí con gran alivio que tenían una ventana abierta, así que lancé el niño y salí corriendo, lo que pasa es que tenían echada la mosquitera, rebotó, me dio en la cabeza y tuve que volver, porque cuando uno tiene el día malo es que lo tiene para todo.
Entonces agarré a Nena-chan de un pie y la arrastré hasta la parada del servicio especial.
Otra vez.
Esteramos los 3 minutos namekianos de rigor y nos subimos al autobús.
Expertos de todo el mundo han debatido sobre lo que pasó a continuación, llegando a tres conclusiones:
1 Al subirme al autobús y sentarme me bajó la adrenalina y me quedé ligeramente traspuesta o, como prefiere decir mi madre, meditando.
2 El servicio especial no hace exactamente el mismo recorrido que la línea 5.
3 Cuando me quise dar cuenta estaba en Puerta de Toledo, que, a pesar de su nombre, no está en Toledo, sino en Madrid, así que me pregunto si en Toledo habrá una Puerta de Madrid, así en plan intercambio de rehenes.
Resumiendo: mierda, mierda, mierda. Mierda.
Nos bajamos. Nena-chan va totalmente Walkind Dead pero en monísima. La arrastro hasta la ludoteca no sé ni cómo. Va tropezándose con sus propios pies y llegamos a las mil y monas: el horario de desayuno ha terminado hace siglos.
-Por favor... la niña... desayuno... por favor...
-Bueno, hoy le vamos a dar de desayunar... ¡pero mañana hay que levantarse antes!
Creo que me voy a levantar ya, para estar segura.
Continuará
31 julio 2017
La cocina del infierno, parte 7
No tengo edaaaaaaad
No tengo edaaaaaaaaaaaaad...
Bueno, pues después de dejar a los niños en sus respectivas instituciones me volví a casa a esperar al electricista, que por lo general trabaja solo, pero se vino con un par de colegas para que le ayudaran a mover cosas y eso porque debió pensar que si tenía que contar conmigo lo llevaba claro.
Yo les dije que tenía que trabajar, que es lo mismo que le digo a Nena-chan cuando me voy a actualizar el blog y el día que descubra que en realidad me vengo a aquí a blogger a hacer el chorra ya verás el trauma, y me escondí en la habitación con el ordenador.
-¡Pero avisadme cuando vayáis a cortar la luz para que guarde antes!
-Claro, claro.
Pues adivinad qué.
Después de que me cortaran la luz un par de veces dejándome con el documento sin guardar empecé a medio pegar la oreja, y en una de estas se ponen a hablar de que la instalación está hecha una mierda (sorpresón) que van a tardar más de lo que esperaban, que ni de coña terminan antes de comer y que mira las horas que son.
Y va el jefe y les dice:
-¿Qué hacemos? ¿Nos vamos a comer y volvemos después hasta que acabemos o seguimos del tirón y comemos después?
-Es que... -dijo uno de los señores- es el último día de guardería de mi niña y quería ir a buscarla yo.
Y me dio como mucha cosita, porque ir a recoger a los niños del colegio es como lo mejor que hay en el mundo mundial, porque te miran como si te quisieran y se alegraran de verte, y además me parecía supertierno que fuera un papá, porque por lo general a la salida del cole ves a más mamás y además las hormonas de la teta me están volviéndo loca, ¿vale? Que hay que decirlo todo.
-Bueno, pues no te preocupes, que ya me ocupo yo.
Estuvieron trabajando un rato más y a las tres o así fui convocada a su presencia y me encontré la cocina hecha un caos, cables colgando, enchufes sin poner... Pesadilla en la cocina. Pero de verdad.
(Testimonio gráfico)
Como sé que andáis todos deprimidos porque mañana es lunes, os voy a enseñar cómo está mi cocina en estos momentos: pic.twitter.com/GPSU2NUyKO— Lorzagirl (@lorzagirl) 25 de junio de 2017
-Señora, lo vamos a dejar aquí por hoy.
-Pero esto está sin terminar... -digo yo, que soy muy de recalcar lo evidente.
-Ya, pero es que verá, me faltan piezas, no tengo herramientas, es mejor que venga otro día... No le importa, ¿verdad?
Y ahora con qué cara le digo yo que sí.
Continuará...
24 julio 2017
La cocina del infierno, parte 6
17 julio 2017
La cocina del infierno, parte 5
10 julio 2017
La cocina del infierno, parte 4
03 julio 2017
La cocina del infierno, parte 3
26 junio 2017
La cocina de infierno, parte 2
23 junio 2017
La cocina del infierno, parte 1
18 junio 2017
Incisito.
El otro día estuve en un sitio con gente haciendo cosas, ahí, concretando, y hablando de sexo o, mejor dicho, de su escasez cuando tienes niños pequeños en casa y no voy a repetir lo que allí se dijo porque después me trajeron en coche y ahora saben dónde vivo y no es plan de que vengan a partirme las piernas, pero quiero dejar claro que le he estado dando vueltas al tema desde entonces porque, no nos vamos a engañar: jugamos menos al parchís que antes. Pero vaya, tampoco hemos dejado de practicar del todo; no lo llevamos tan mal.
Me preocupan más otras cosas.
Y hoy tenía ya algo a medio escribir y pensaba rematarlo y subirlo y plin y resulta que no puedo porque tengo eso ahí atravesado y me lo tengo que quitar de encima.
Así que ahí va, y me van a perdonar ustedes por esto. O no.
Te quiero, ZaraJota.
Que no se te olvide, aunque a veces a mí me cueste recordar que estás ahí.
Perdóname si paso días enteros sin mirarte a la cara, semanas enteras en las que solo hablo contigo para decirte que te acuerdes de poner la lavadora o que no encuentro el uniforme de los niños.
No me lo tengas en cuenta si a veces vas a tocarme y me aparto. A veces estoy tan cansada, me duele todo tanto.
Sé que no te hago caso. Sé que no me río como antes. Sé que a veces asiento y no tengo ni idea de lo que me acabas de decir, porque simplemente ahora las voces de otros suenan más alto (a veces, literalmente más alto), que la tuya.
Me digo a mí misma que no tenemos tiempo, pero eso no es exactamente cierto, ¿verdad? Estoy escribiendo justo ahora, sin que nadie me moleste.
Tenemos tiempo. No lo tenemos a la vez.
Nuestros ciclos han cambiado, y no siempre van al mismo ritmo.
Por eso quería recordarte que te quiero, y por escrito porque, ¿cuándo voy a encontrar el momento de decírtelo a la cara?
Y además, ya ves, quiero que se entere todo el mundo. Por si a ti se te olvida y yo no te lo puedo recordar, que no falte quien te lo diga cuando haga falta.
Pd. Una última cosa:
Esto va a ser del calor.
10 junio 2017
Las alas
ZaraJota se quedaría en casa planchando, y yo me iría a la Feria del Libro con los niños.
Un fin de semana.
En transporte público.
A 30 ºC.
¿He dicho ya que iba con los niños?
Todo fue bien al principio. ¿Sabéis por qué? Por que si algo va mal al principio lo normal es que desistas y no pueda ir a peor. Si todo va bien, en cambio, te confías, y cuando menos te lo esperas ¡ZASCA!
Como decía, las cosas fueron bien al principio. Así, aproximadamente, hasta que nos bajamos del autobús delante del Jardín Botánico y empezamos a subir La Cuesta.
Bueno, en realidad cuando digo "empezamos" me refiero solo a mí, que iba empujando el carrito con Bebé-kun sentado encima y Nena-chan a remolque.
Me sentía como Sísifo con su piedra, con la diferencia de que la piedra al menos no lloraba.
-¡Estoy cansaaaaaadaaaaaaa!*
*El cansancio se evaporó mágicamente cuando llegamos a los columpios.
-Ya... casi... llegamos...
-¡No puedo más!*
*Ese mismo día estuvimos en el parque hasta las diez de la noche, y porque la sacamos a rastras de allí.
-Ya... casi... llegamos...
-¿Cuánto faltaaaa?
-Poco... mira, ¿quieres que juguemos al mapa del tesoro?
-No.
-Claro que sí. Ahora tenemos que andar recto hasta que veamos una estatua de un ángel.
-No veo ninguna estuatua.
-Pues seguimos andando hasta que la veas.
-Es que no la veo.
-Pues. Seguimos. Andando.
-No. La. Veo.
-Mira bien.
-Estoy mirando.
-¡Si está justo delante nuestra!
-Es que eso no es un ángel, es un señor con alas.
Bien pensado; solo porque tenga alas no deberíamos visibilizarlo como ángel, porque al hacerlo le ponemos etiquetas y condicionamos su desarrollo personal, obligándole a ser un ángel cuando lo mismo lo que el hombre quiere es ser un centollo, por ejemplo.
Pero vaya, que tampoco me puedo quejar porque al menos en esa parte del trayecto Bebé-kun iba en el carrito y estaba más o menos controlado.
Las cosas se empezaron a poner muy feas cuando llegamos al cuentacuentos y bajé al niño al suelo.
¿Sabéis la velocidad a la que se mueve un niño de casi dos años cuando lo depositas en el suelo tras dos horas en el carro?
A chorrocientos kilómetros hora.
Veamos el lado positivo: esta vez al menos Bebé-kun llevaba ropa.
Y claro, pasó lo que tenía que pasar: se tropezó.
Todo fue a cámara lenta: miré el pantalón corto... miré las rodillas al aire... miré el suelo irregular del Paseo de Coches... me acordé de cuando me caí, casi en ese mismo punto y me rompí el culo... me lancé a por Bebé-kun en plan Benji, vaya, que tardé cuatro o cinco capítulos en alcanzarlo... calculé mal y en vez de sujetarlo le metí un bofetón que sonó ¡PLAAAAAAAAAAS! en mitad del parque... la fuerza de la toña se sumó a los 9,8 m/s2 multiplicando la velocidad de la caída... Bebé-kun impactó sonoramente contra el suelo.
-¡BUAAAAAAAAAAA!
Levanté al niño y evalué los daños: rodillas raspadas por el asfalto y una herida en la ceja por, presuntamente, impacto de alianza de hierro macizo contra cara.
Mierdaaaaaa...
Le eché un poco de agüita por encima así como para disimular, pero el agua es que tiene un problema: con la tontería esa de que es transparente no disimula nada.
Mierdaaaaaa...
Así que después de pensarlo mucho, al final tomé la decisión más madura: le hice dos agujeros a una bolsa de la feria del libro y se la puse al niño por encima para que nadie le viera la cara, lo que pasa es que la gente es muy de sospechar, y cuando veían la bolsa andando con las dos patitas asomando por debajo nos miraban raro de todas formas, así que nos volvimos para casa.
Nada más entrar en casa ZaraJota, que es muy perspicaz, se dio cuenta de que algo no iba bien.
-¿Porqué lleva el niño una bolsa por encima?
-Le he buscado un trabajo de hombre anuncio.
-Lorz..
-Es una manifestación en apoyo de las pequeñas librerías.
-Lorz...
-Vale, se ha caído.
-A ver... ¿y este corte en la cara?
-Ha sido mamá -intervino Nena-chan-. Le ha dado una gofetada.
No ha sido una gofetada, ha sido una mano con alas.






