28 septiembre 2016

Las vacaciones del horror, 5

Previously in Lorz...
This girl is on fireeeeee! 


No estoy segura de estar contando las cosas en el orden correcto...
El caso es que volvimos a Madrid. Todavía me quedaba una semana de vacaciones y decidí que las iba a disfrutar a tope.
Así que me levanté temprano, hice la comida, cogí a los niños y me fui a hacienda.
Más o menos. Cuando llegué a la calle pensé que no sabía si había cerrado la puerta, que no me acordaba, creía que sí, pero no estaba segura al 100%, ¿y si no la había cerrado?
Volví a subir con los dos niños y todo, pero no pasa nada porque lo hago todos los días.
Estoy mal de la cabeza, ya lo sé.
Cuando llegué a la calle por segunda vez pensé que no sabía si después de hacer la comida había apagado el fuego, que no me acordaba, creía que sí pero no estaba segura al 100%, ¿y si no lo había apagado?
Pero esta vez fui firme.
Lorz, me dije, no puedes ser tan insegura. Que pareces g*l*p*ll*s, subiendo y bajando tres veces para cada salida. Seguro que has apagado el fuego, igual que habías cerrado la puerta y creías que no... Un momento, he comprobado que había cerrado la puerta la primera vez, pero ¿y  si cuando la he abierto para comprobar que estaba cerrada me la he dejado abierta? Quizá debería subir y...
¡LORZ! Retiro lo que de que pareces g*l*p*ll*s. ERES g*l*p*ll*s.
Ni se te ocurra volver a subir.
Y deja de hablar sola, que la gente te está mirando.
Está bien, haré lo que me dice la voz de mi cabeza para demostrarle a los vecinos que no estoy loca...
Me fui a hacienda.
-Hola, es que soy trabajadora por cuenta ajena a tiempo completo, y me ha salido un trabajo extra, y lo quiero todo superlegal, y que cómo lo hago.
-Me parece muy bien, señora, pero yo soy el bedel.
Uy, mierda.
Me fui a la ventanilla.
-Hola, es que soy trabajadora por cuenta ajena a tiempo completo, y me ha salido un trabajo extra, y lo quiero todo superlegal, y que cómo lo hago.
-Tienes que darte de alta como autónoma. 
-¡Pero va a a ser un trabajo superpuntual, y voy a cobrar poquísimo! ¡Probablemente incluso menos que lo que vaya a pagar de autónomos!
-Ya, no te merece la pena. Lo mejor es que no lo hagas.
-Eh... pero... es que yo he leído que si es puntual y vas a cobrar menos que con el salario mínimo interprofesional y además ya estás cotizando todo lo que tienes que cotizar a la seguridad social, pues que no tengo que darme de alta como autónomo.
El funcionario puso los ojos en blanco.
-No sabes lo harto que estoy de forocoches.
-Eh... no lo he leído en forocoches.
Vaya, ni siquiera tengo cuenta en forocoches. No está demostrado, al menos.
-Mira, si vas a cobrar poco lo mejor es que no lo hagas porque no te va a compensar.
Ahí, animando al emprendedor.
Me fui bastante disgustada, porque jo, si los propios funcionarios tienen esta actitud, no me extraña que la gente trabaje en negro. Y como mucha gente curra en negro, el resto tenemos que compensar pagando más impuestos, y hay gente que no puede pagar tanto y curra en negro, y se va haciendo una bola gorda, gorda, gordaaaaa...
Iba pensando en esto cuando me metí en el ascensor con los niños colgados y me llegó un olor a chamusquina.
Ay.
AY.
Pensé mientras el ascensor subía lentamente los cuatro pisos.
El descansillo del cuarto estaba lleno de humo.
SÚPER AY.
Y cuando abrí la puerta de casa había MÁS humo.
Y cuando miré la olla...
cuando miré la olla...


lo que yo decía, trabajando en negro.






Pd: Milagrosamente, lo único que resultó dañado fue la olla, que acabó en la basura. Tuvimos que comer, cenar y dormir fuera de casa. Ha pasado más de un mes y la cocina sigue oliendo a quemado.



Continuará...

20 septiembre 2016

Las vacaciones del horror, 4

Previously in Lorz...
La mancha de mora con mora se quita. 

Resumiendo mucho, fuimos de Madrid a Salou en transporte público con dos niños (uno de ellos permanentemente enganchado al pecho), un carrito de bebé, una maleta, una mochila y un bolso.
Resumiendo nada, fuimos de Madrid a Sants en ave; de Sants a Paral-lel, de Paral-lel a la Trinidad y de la Trinidad a Sants en metro; de Sants a la estación de trenes de Tarragona en cercanías; de la estación de trenes de Tarragona a la estación de autobuses de Tarragona andando; y de la estación de autobuses de Tarragona a Salou en autobús con dos niños (uno de ellos permanentemente enganchado al pecho), un carrito de bebé, una maleta, una mochila y un bolso.
Tardamos tres días.
Cuando por fin llegamos al camping y vi las tres piscinas suspiré muy hondo muy hondo muy hondo y me relajé.
Quizá me pasé relajándome, porque acto seguido me vino el periodo.
-¡Me c*g*nt* lo que se menea! Pues yo no me quedo sin piscina, con lo que nos ha costado llegar hasta aquí.
Y me puse un tampón.
Y los tampones me dan alergia.
Y puede que con la hinchazón se quedara atascado, y puede que me costara sacarlo y puede que me hiciera todavía más daño en el proceso.
No voy a entrar en detalles. Además, Alicia Keys lo cuenta mejor que yo.

Total.
Cuando volvimos al bungalow me hice una bolita (de fuego) en la cama mientras ZaraJota preparaba a los niños para dormir. Entonces apareció Nena-chan.
-Mamá, papá ha rompido el sofá.
-No lo ha rompi... roto. Lo ha abierto.
-¿Para romperlo?
-No, no. Es así.
-¿Y por qué tenemos un sofá rompido?
-Es un sofá cama. Se abre para dormir. Verás que bien vas a dormir esta noche ahí.
-¡Yo no quiero dormir en un sofá rompidooooo!
-¡Si es muy chulo! Ven, vamos a llamar a la abuela.
A ver si me dice qué puedo hacer con mi angustia interior.
-¿Para disirle que papá ha rompido el sofá?
O no.
Al día siguiente me encontraba muy mal.
Fui incapaz de ponerme otro tampón. Ahora que lo pienso, quizá fue mala idea intentarlo.
Acompañé a ZaraJota y a los niños a la piscina con la idea de quedarme en una tumbona hecha una bolita (de fuego). Pero de camino me empecé a marear y empecé a sentir una necesidad imperiosa.
Volvimos al bungalow corriendo.
Bueno, corriendo, lo que se dice corriendo... Yo volví a gatas, mientras ZaraJota se arrastraba con los dos niños y todos los arreos de la piscina.
Llegué a tiempo al baño (¡bieeeeen!).
-Quédate en la cama -me dijo ZaraJota cuando salí-, yo me llevo a los niños a la piscina para que descanses.
Y se fue.
Acababa de salir cuando vi su móvil encima de la mesa y pensé que era mejor que se lo llevara, por si me ponía peor y tenía que llamarle.
Cogí el móvil y grité "¡ZaraJotaaaa!". Y poté en el sofá.
Bueno, no fue exactamente así. El bungalow era muy pequeño. Poté sobre las paredes, el suelo, la cocina, la mesa Y el sofá. Pero así mayormente, en el sofá.
Ay.
Limpiar aquello fue una odisea, sobre todo porque yo seguía... interesante.
Tardé casi toda la mañana, pero al final lo conseguí; todo limpio y seco, menos el sofá: tuve que desmontarlo entero para limpiarlo, y dejé las piezas desperdigadas para que de secaran.
Acababa de meterme por fin en la cama para hacerme una bolita (de fuego) cuando oí de nuevo la vocecita de Nena-chan, muy cerca de mi oreja.
-Mamá, ¿por qué has rompido el sofá?


Continuará...

14 septiembre 2016

Las vacaciones del horror, 3

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Con un seis y un cuatro.


Los resultados de las pruebas de Bebé-kun iban a tardar un par de semanas, y pensamos que en vez de esperar en Madrid como unos tontos pálidos podíamos esperar en la playa como unos tontos morenos. 
Queríamos ir a un camping en El Puerto de Santa María, así que como es lógico acabamos en Salou. Y de paso, hicimos una paradita en Barcelona, en casa suegra. 
Estábamos una tarde allí viendo una de esas joyas para cinéfilos de las que ponen en antena 3 después del telediario cuando se nos ocurrió subir al castillo de Torre Baró, así, un sábado de agosto a las cuatro de la tarde, lo normal. ←Primera señal del Apocalipsis. 
-En autobús no se tarda nada -me aseguró ZaraJota.
Preparamos a los niños (niño, niña, carrito, bolso, merienda...) y salimos, pero cuando llegamos a la parada del autobús descubrimos que acaba de pasar y que el siguiente tardaría más de media hora. 
Mucho criticar las frecuencias de Madrid, pero en Barcelona también tienen tela, ¿eh?
ZaraJota miró el horario de autobuses, miró el termómetro, nos miró a los niños y a mí, torrándonos, y dijo:
-Pues la verdad es que andando tampoco es tanto... según google maps es poco más de un kilómetro.
-Bueno, pues vamos andando. ←Segunda señal del Apocalipsis.
Lo que a ZaraJota y a google maps se les olvidó mencionar es que es poco más de un kilómetro CUESTA ARRIBA.
De hecho, el trayecto es tan cuesta arriba que en algunos tramos hay escaleras mecánicas.
QUE ESTABAN PARADAS.
-Es que a los niños les gusta jugar a darle al botón de freno -nos explicó una vecina, mientras yo me replanteaba mi postura sobre el maltrato infantil. Mucho.
Subíamos casi a gatas, y en cada esquina preguntábamos a los lugareños.
-¿Por aquí vamos bien para el castillo de Torre Baró?
-Pero... ¿vais andando?
-Sí.
-Pues no vais bien, no. De la cabeza por lo menos no vais bien en absoluto.
A mitad de camino Nena-chan dijo que no podía más.
-No pasa nada -le dije-, tú te subes en el carrito y mamá lleva al hermanito en la mochila. ←Tercera señal del Apocalipsis.
A partir de ese punto ZaraJota tuvo que empujar el carrito con el peso añadido de Nena-chan, mientras que yo tuve que cargar con el peso añadido de Bebé-kun que además ya que tenía mis tetas a mano me bajó la camiseta y se enchufó a la barra libre allí mismo.
Cinco de la tarde. Agosto. Barcelona. Subiendo una cuesta. Con un niño colgado. Dando tenta.
-Tengo mucha sed... -le dije a ZaraJota-, y no he traído agua para mí.
-No pasa nada -me contestó-, al lado del castillo hay un bar.
Por supuesto, cuando llegamos arriba el bar estaba cerrado. ←Cuarta señal del Apocalipsis.
-¿Cómo iba yo a saber que estaba cerrado? -protestó ZaraJota, intuyendo mi ansia asesina por como le miraba. Bueno, por eso y porque me había puesto a afilar un palo.
-Tienes razón. ¿Cómo ibas a saberlo? Ojalá el ser humano hubiera inventado algún aparatito mágico de bolsillo en el que se pudiera consultar todo tipo de información...
-¡Que no es culpa mía que google maps no sepa lo que es una cuestaaaa!
Lo que nos salvó de la destrucción mutua asegurada fue que empezó a llover. ←Quinta señal del Apocalipsis.
Por supuesto no llevábamos paraguas, pero eso era lo de menos: con la lluvia empezó a oler a tierra mojada, primero, y a moras, después.
-Por aquí hay moras... -dije, olisqueando.
Cuando era pequeña mis padres nos facturaban un mes enterito a Blanes con mis abuelos, y justo detrás de su casa había muchísimas zarzamoras que para finales de agosto se ponían a reventar de moras.
Jo, me encantan las moras.
Pensé que a nena-chan le haría tanta ilusión como a mí, así que todavía con el niño colgado y la teta al viento salí disparada hacia la primera zarzamora que vi, y con gran riesgo de mi vida (y la de bebé-kun) conseguí coger una triste mora, más dura que una piedra.
-Mira, nena-chan, una mora.
-¿Como la de Peppa Pig?
-Eh... sí. ¿Quieres comértela?
-No, no se puede comer. Las moras son para hacer pasteles.
-... ¿perdona?
-Peppa no se come las moras. Las coge y las lleva a Granny Pig, y Granny Pig hace un pastel. ¿Le llevamos la mora a mi abuela para que haga un pastel?
Dudé un momento. Por una parte, la idea de ver a la abuela intentando hacer un pastel con una simple mora tenía su gracia. Por otra, no me apetecía hacer todo el camino de vuelta con la mora, cada vez más chuchurría, en la mano.
-No, ¿vale? Si tú no la quieres se la come mamá.
Y me metí la mora en la boca.
-¿No deberías lavarla antes? -terció ZaraJota, que como es de ciudad es un poco tiquismiquis.
-Hombre, es una triste mora. No es como si me fuera a dar cagalera ni nada de eso, ¿verdad? ←El Apocalipsis ha llegado. 


continuará...

06 septiembre 2016

Las vacaciones del horror, 2

Previously in Lorz...
Bebé-kun es un intolerante.


-Lo primero que tenemos que hacer -dijo el pediatra suplente- es averiguar si el niño es celíaco. Te voy a dar un volante para que le hagan análisis de orina y sangre.
-¿Y no sería más fácil si le preguntáramos directamente?
-Tiene once meses.
-"No soy celíaco". ¿Ves? Dice que no es celíaco.
-El niño no ha dicho nada. Has sido tú poniendo vocecitas.
Jo. Siempre me pillan. No sé cómo lo hacen, deben tener telepatía o algo.
-¡Pero soy su representante legal y puedo hablar en su nombre!
-A ver, ¿sabes cómo se recoge la orina de un bebé?
-Pues si tienes suerte, con un pañal. Si no, con la fregona.
-Eh... no.
-Pues entonces llevo cuatro años haciéndolo mal.
-Mira, te voy a dar una bolsita -dijo el pediatra, y me dio esto:

 -Uy, qué bonita.
-Tienes que lavarte muy bien las manos, sacarla de ahí con mucho cuidado e introducir los genitales del niño por el agujero con más cuidado aún...
-¿Este agujero?


-Sí, Lorz, ese agujero...
-¿Y esto amarillo qué es?
-Es una pegatina. 
-Parece un marco. Como para un retrato o así.
-Pues es una pegatina. Cuando hayas metido los genitales del niño por el agujero CON MUCHO CUIDADO LORZ QUE TE ESTÁS VENTILANDO EL PRESUPUESTO DE URGENCIAS TÚ SOLA, le pegas esa pegatina a la piel para que el pipí no se salga.
-Ajá. 
-Lorz, ¿me estás prestando atención?
-Claro, claro...


Continuará...


30 agosto 2016

Las vacaciones del horror, 1

Parecía que estaba todo controlado y que nos podríamos ir de vacaciones cuando...
eh...
no sé cómo decir esto suavemente...
mejor lo suelto y ya está...
pues veréis, a Bebé-kun empezó a salirle sangre por el culete.
-¡Nooooooo! -exclamé-. ¡Ahora noooo! ¡Esto se hace en periodo lectivo, para que yo pueda darme importancia delante de las otras mamás! ¡Deja de sangrar ahora mismo!
Pero Bebé-kun siguió ahí, a lo suyo. Los niños es que son muy egoístas.
Llamé a ZaraJota y echamos un piedra-papel-tijeras mental para decidir quién se iba al hospital con el nene y quién se quedaba en casa con la nena.
-Tú vas al hospital -dijo ZaraJota después de unos segundos de furiosa batalla.
-¿Eso es que he ganado o que he perdido?
-No estoy seguro -dijo ZaraJota, mirando de reojo la tele con Word Party a todo volumen, el suelo prácticamente cubierto de juguetes y churretes de zumo y la niña hiperactiva saltando en el sofá.
Me fui a urgencias. Por supuesto, de camino (y son CINCO frutos minutos, el hospital está literalmente al final de la calle) el niño no solo dejó de sangrar, sino que empezó a reírse más feliz que una perdiz. Para cuando llegamos a la sala de espera estaba haciendo los cinco lobitos y cantando teee-ta tetiiita, teee-ta tetiiita... Yo empecé a pensar en autolesionarme, al menos que pareciera que teníamos algún motivo razonable para estar allí. Y tuve MUCHO tiempo para pensar, ¿eh?, porque resultó que solo había un pediatra de guardia y se había ido a atender a una mujer de parto, que digo yo que si no podía atendernos a nosotros antes y que esperara la parturienta, que a fin de cuentas estaba tumbada y le daba igual, pero bueno.
En fin. Porque en el fondo os tengo así como cariño, os voy a ahorrar lo que pasó en el hospital y voy a ir directa a la "revisión en una semana con su pediatra habitual".
Pues para empezar, su pediatra habitual no estaba, y casi me alegré porque no me acaba de convencer*.
El pediatra suplente me vio entrar con los dos niños y se echó las manos en la cabeza.
-Pero, pero... ¡esta niña está fatal! ¿No se ha dado cuenta usted de que está llena de eccema?
-Eh... sí, pero su pediatra dice que no es nada y ya se le pasará.
-Pero mujer, ¿cómo se le va a pasar solo...? Y eso son picaduras que se han enquistado por no tratarlas.
-Es que el pediatra dijo que no las tocáramos, que se irían solas.
-... y esto es costra lactea! ¡TODAVÍA tiene costra lactea!
-El pediatra...**
-Bueno, toma: esto para el eccema, esto para las picaduras, esto para la costra, esto para renunciar a la custodia de la niña a favor de los servicios sociales...
-Estooo... Gracias, gracias, pero yo venía por el nene.
El pediatra suplente me miró mal.
-Desnúdelo que lo voy a pesar.
-¡Está bajo de peso! -le dije, mecánicamente. Cada vez que acudimos a consulta el pediatra lo pesa, y cada vez que lo pesa me dice que está bajo de peso, y al final me ha creado un condicionamiento y cada vez que veo una báscula tengo que decir "¡está bajo de peso!" o reviento. Hace meses que el mercado me ha prohibido la entrada, no digo más.
-A ver, ¿qué es bajo de peso, según tú...? ¡UUUUUH! ¡ESTE NIÑO ESTÁ BAJO DE PESOOO!
-Ya.
-A ver el expediente... Pero, pero, ¿usted no había notado nada?
-Claro que sí, ¿por qué cree que lleva los pantalones grapados al pañal? ¡Porque veo que se le caen! Pero su pediatra dice que la felicidad no se mide en kilos, sino en sonrisas.***
-¡Una cosa es que no haya que obsesionarse, y otra que no se observe la evolución!
-¡SI YO OBSERVO! ¡PERO LUEGO NADIE ME HACE CASO! ¡NI EL PEDIATRA, NI LA MATRONA, NI LA ASESORA DE LACTANCIA NI MARÍA LA CANTAORA!
Entonces el pediatra suplente empezó a preguntarme cosas, y a hacer una cosa rarísima. Mientras yo hablaba, no se puso a teclear en el ordenador y a decir "ajaaaaa" a intervalos regulares. En vez de eso se quedó mirándome y asintiendo. Era como... no sé... como si me escuchara a mí de verdad, en vez de oír solo las cosas que confirmaran sus ideas previas. Y cuando acabé, no me dijo que no importara, ni que las madres somos todas unas locas, ni hizo ningún comentario sobre si doy el pecho o no o cómo o cuánto, ni le quitó importancia a lo que le acababa de contar.
En vez de eso me dijo lo que yo llevo repitiendo ya ocho meses: a este niño le pasa algo. Seguramente no es ni grave ni malo ni importante, pero algo le pasa.
-Vamos a hacerle pruebas -me -dijo-, pero tiene toda la pinta de ser celíaco.
-No, no -le dije-. Es Virgo, como su hermana y como yo.
ZaraJota es Acuario. Si sois aficionados a la astrología, ya habréis deducido que su vida es un fruto infierno.
-Me refiero a que es intolerante al gluten.****
No lo pude evitar, se me saltaron los lagrimones del disgusto. Así que yo aquí como una idiota explicándole que los niños pueden tener dos papás o dos mamás, que la belleza está en el interior, y que todos somos iguales hasta que abrimos la boca y metemos la pata, intentando educarle en la diversidad y el respeto... ¡y va el niño y se me hace intolerante de todas formas!




Continuará....







* En teoría en la comunidad de Madrid hay libre elección de médicos, así que una vez intentamos cambiarnos. Obsérvese el "intentamos". En el ambulatorio nos dijeron que sí, incluso nos pegaron la pegatina nueva detrás de la tarjeta. Pero la primera vez que  intentamos pedir cita, descubrimos que el cambio no se había autorizado porque "el médico de nuestra elección" (no habíamos elegido ninguno, solo pedimos que NO fuera el que teníamos) ya tenía demasiados pacientes. La carta informándonos la recibimos meses después. Seguimos con el mismo pediatra.
**¿Veis por qué no me gusta nuestro pediatra habitual?
***Sonreír engorda, no hay más que verme a mí.
****La versión seria del asunto, aquí. (solo para amigos de FaceBook, me temo).

27 agosto 2016

¡Feliz cumpleaños, Bebé-kun!

Me gusta que te frotes los ojitos para despertarte, como si el sueño fuera algo que te ha caído encima.

Me gusta cómo me sonríes cuando me despiertas, como si verme abrir los ojos fuera lo mejor que te hubiera pasado en la vida.

Me gusta que me trepes por encima, para un lado y para el otro. Me hace sentir un poco tobogán.

Me gusta que te subas a mi regazo y des saltitos para que juegue contigo.

Me gusta  que te eches para atrás, pidiéndome que te ponga boca abajo, y esa sonrisa bobalicona que te sale de lo más hondo.

Me gusta verte gatear por toda la casa, riéndote de tu propia velocidad.

Me gusta cómo juegas a perseguir a tu hermana, y te tronchas de la risa cuando la oyes reír.

Me gustan todas tus palabritas. "Teta" fue la primera. Después vino "Paaa-pa", que no es papá, sino el nombre de tu hermana. Luego, "aba", para el agua, "tetaa", para galleta, y finalmente mamá. Tu padre todavía está esperando que digas "papá". Que se joda. Sin presiones, ¿eh? Tú a tu ritmo.

Me gusta tu sonrisa de felicidad cuando respondemos a tus intentos de comunicarte. "¿Ta?", sí, hijo, ta.

Me gusta cómo saludas y te aplaudes a ti mismo, y cómo a veces te haces un lío entre ambas cosas y te metes unas tortas de impresión.

Me gusta cuando tus ojitos se iluminan porque reconoces las canciones que has oído una y otra vez desde que estabas en la tripa.

Me gusta cómo te enfrentas a la comida con resignación. El pediatra dice que quizá seas celiaco, o algo peor. Sea lo que sea, eres mi héroe.

Me gusta cómo has renunciado a chupetes, tetinas y leche artificial así, por principios, y no ha habido forma de convencerte de lo contrario.

Me gusta que mires la teta con adoración, y la tomes entre tus manitas como si de un porrón se tratase.

Me gusta cómo te dejas caer sobre mí con la boca abierta, confiando en que el pezón encontrará mágicamente su lugar.

Me gustan tus siestas bobas, y cómo pareces dormirte contra tu voluntad, como si te rindieras.

Me gustan tu cabecita pedrazas, tus orejitas élficas, tu sonrisa lalo y tus patitas drogueras (yo me entiendo). Y me da la risa porque me acuerdo del Primo Guapo: "¡No a los niños Mr Potato! ¡Di no a los niños hechos con piezas de otras personas!".

Me gustan tus cuatro dientecillos afilados, y ese quinto que no se decide a salir, por más que mordisqueas tu dedo índice no hay manera.

Me gustan tus ojitos bellos de canica.

Me gusta que intentes levantarte poniéndote a cuatro patas y bamboleando el culete. Te falta pulir algunos detalles, pero ya estás en el buen camino.

Me gusta que entres al autobús saludando, esperando que te digan lo guapo que eres.

Me gusta que en cuanto me descuido te bajas solo de la cama, o te subes a la mesilla de noche de tu padre para encender la lámpara. (Pero no lo hagas más, ¿quieres? Que te la vas a pegar)

Me gusta que lleves juguetes al azar hasta la nevera e intentes que se queden pegados a la puerta como los imanes, y tu carita de frustración cuando no lo consigues.

Me gusta verte sacar y meter cosas de cajas, da igual que sean pinzas, legos, bragas o boniatos.

Me gusta la adoración que sientes por tu hermana, que es mutua y espero que dure. Me gusta cómo la buscas con la mirada, cómo la llamas, "Paa-pa", cómo le echas los bracitos y le acaricias el pelo. Me gusta cuando os quedáis dormidos (en mi cama y ocupándola toda, por supuesto) y os abrazáis en sueños.

Me gusta tu recién descubierto amor por las patatas fritas, pero que nadie se entere.

Me gustan tus pequeños triunfos.

Me gustas tú.


18 agosto 2016

Star Trek: más allá

Como mañana se estrena en España Star Trek: más allá, creo que ha llegado el momento de hacer mi reseña.

OJO CUIDAO QUE HAY SPOILERS

Fui a verla con mucha emoción porque el guion es parcialmente de Simon Pegg, que es muy fan de la serie desde niño. Y, desde luego, se nota, porque parece escrita por un niño de 12 años.
Donde más se nota es en Uhura, que no llega a pisar el puesto de mando en toda la película, y que parece estar ahí solo como novia de... y porque siempre hace falta alguien para que el malo (sin motivo aparente), le cuente su maléfico plan. Su papel se diluye tanto, pero tanto tanto, que su mayor aportación a la trama OJO AQUÍ SPOILER GORDO es llevar encima, sin saberlo, el equivalente vulcano a un chip de perro. Que encima es radiactivo y para qué se lo vamos a contar, con lo contenta que está ella, ya se sabe, a las tías les mola la bisutería.
En su lugar aparece una Tía Que Da Patadas. No hay ningún motivo razonable para que sepa dar patadas, no aporta nada especial a la trama, tiene la personalidad de un zapato, pero las Tías Que Dan Patadas molan y debería haber una por película. Por lo menos.
Ya que estamos con los personajes femeninos, en esta película hay otro que merece mención (aparte de Señora Madura que Muestra Sutilmente al Héroe su Verdadero Camino) porque es un bonito homenaje a todas esas mujeres que arriesgan su vida transportando contrabando escondido en su vagina.
El resto del elenco hace lo que puede con un guion que recuerda muchísimo a Moffat (¡sin Tardis, sin destornillador y en tan solo una hora!): muchos golpes de efecto, y el resto ya si tal. Hay hasta hologramas y juegos de espejos. Si hubieran matado definitivamente a algún protagonista seis veces hasta podría pasar por un Doctor Who.
Bueno. Cuando digo el resto del elenco me refiero a los principales, porque la Enterprise parece estar llena de gente cuya única función es correr de un lado para el otro para hacer bulto (de hecho SUPERSPOILER al final de la película descubres que toda la tripulación se compone de tan solo cuarenta personas).
Sí, el guión es tirando a malillo. Tan malillo que el punto de partida es que la Enterprise llega por fin al último confín del universo. Está tan lejos que han tardado tres años y medio en llegar... pero la familia de uno de los tripulantes parece haber llegado allí sin ningún problema (¡timey wimey!), incluida una niña de corta edad que, bueno, obviamente es adoptada, pero la debieron adoptar por amazon porque si no no me lo explico...
El montaje también es un poco peculiar. Su mejor momento es cuando Kirk se las apaña para cambiarse de modelito de arriba a abajo mientras su cápsula se estrella. Eso sí: le queda monísimo.
Con todo, lo que más me ha molestado de la película es el recurso emocional fácil. Que Sulu sea SPOILEEEEEEER gay es un detalle bonito. Que cada vez que se cae un edificio estén su pareja e hija amazon basic debajo porque Sulu es gay mirad os hemos dicho ya que es gay porque es gay y tiene una hija y es gay porque apoyamos los derechos de los gays y necesitamos desesperadamente que está película le guste a alguien y a los gays también es un poco cansino. Enseñar la imagen de la tripulación original otra vez es marrullero.  Y la idea de Spock de SPOILER dejar el servicio para, literalmente, contribuir a la reproducción de la especie es inclasificable (tengo que dejar de trabajar para irme a zumbar vulcanas, nadie ha sufrido tanto desde que Neo tuvo que decidir si se acostaba con Monica Bellucci para salvar el mundo... y por ciento, ¿alguien le ha preguntado a las vulcanas lo que opinan del plan?) te acaba dando bastante igual (anda, vete, so cansino).
No sé si lo he dejado bastante claro, pero no me ha gustado nada. Creo que es de las peores películas de Star Trek que he visto, y eso que ZaraJota me obligó a ver la de las ballenas.
Pero, PERO, os recomiendo que vayáis a verla.
Por aquello de mal de muchos...

03 agosto 2016

La boda de la hermana de Ana ¿1?

Nena-chan fue a su primera boda antes de cumplir los tres años.
Y claro, no sabía lo que era eso.
-Una boda -le expliqué-, es un invento de la sociedad falocéntrica patriarcal heteronormativa para apropiarse de la capacidad reproductiva de la mujer, que sus vientres estériles envidian secretamente.
-...
-La tía Scarlett, que se va a vestir de princesa.
"Princhesa" sí era un concepto con el que estaba familiarizada. A fin de cuentas, todas las chicas somos un poco princhesas por dentro, salvo cuando llevamos vestido largo, que lo somos por fuera.
Casi un año más tarde, es decir, el fin de semana pasado, nos fuimos a otra boda.
-Vamos a ver a una princesa -le dije a Nena-chan.
-¿A dónde?
-A su castillo.
Bienaventurados sean los cielos por inventar las bodas medievales.
-Y esa princesa, ¿tiene papá y mamá?
Nena-chan ha visto las suficientes películas de Disney como para empezar a sospechar que los papás y mamás de las princesas tienen una esperanza de vida ligeramente inferior a la media.
-Claro que sí, un papá y una mamá. Y también una hermana.
-¿Y cómo se llama la hermana suya?
-Ana.
-¡¿COMO LA DE FROZEN?!
-Claro, es que verás: todas las hermanas del mundo tienen que llamarse Ana. Es la ley. Así siempre puedes decir "mi hermana Ana" y rima.
-¡Lorz! -dijo entonces ZaraJota. Es que me quiere tanto que a veces no puede evitar gritar mi nombre.
Mientras tanto la niña estaba procesando la información.
-"Mi hermana Ana" -dijo-. Pero yo tengo un hermano.
Creo que ha llegado el momento de cambiar de tema.


¿Continuará?
Ni idea.
Estoy recibiendo presiones tanto para que sí como para que no...
Depende de si consigo poner tierra de por medio.

29 julio 2016

Star Trek Beyond

-¿Sabes que van a hacer un preestreno de Star Trek para fans? -me dijo un día ZaraJota, con esa carita manga que se le pone cuando algo le hace ilusión.
-Ah, qué bien. Ojalá pudiéramos ir.
-Ehhh... bueno, el caso es que he pedido acreditación de prensa.
-¿Sí? Pero seguro que hay tortas para eso...
-Bueno, el caso es que me la han dado. -Yo estaba flipando. Está claro que hoy en día acreditan a cualquier idiota-. De hecho, me han dado dos. Podrías venir tú también -lo que yo decía: a cualquier idiota-. Pero claro, no puedes porque tienes que quedarte en casa con los niños.
-¿Peeeeerdonaaaaa?
-Es a las 10 de la noche. Ya sabes que a esas horas Bebé-kun siempre pide teta.
-¿Y por qué no te quedas tú?
-Eh... Yo no puedo... Ya sabes... Dar teta. Porque soy un hombre y eso.
-Claaaaaro y dar teta es cosa de mujeres.
Maldito machista opresor falocéntrico de tetas inútiles...
-Bueno, a lo mejor podemos cuadrar horarios y dejarlo con alguien. ¿Crees que tu madre querrá quedarse con los dos niños?
Llamé a mi madre.
-Madre, ¿podrías quedarte una tarde con los niñ...?
No había acabado de hablar cuando oí un portazo al otro lado del teléfono. Acto seguido, alguien empezó a dar hachazos en mi puerta hasta que la echó abajo. En el dintel, rodeada de serrín en suspensión y con un hacha en la mano, estaba mi madre. Tiró el hacha, cogió a los dos niños en brazos y salió corriendo.
-¡Hoy no! ¡La semana que viene! -le grité por el hueco de la escalera mientras ella bajaba a tal velocidad que era apenas un bulto borroso.
Volví a casa.
-Que dice mi madre que a ella no le importa quedarse con los niños -le dije a ZaraJota-. Devolverlos, ya no sé. Pero lo que es quedárselos, sin problema.
Nos miramos con la boca abierta: no nos lo podíamos creer. Íbamos a ir al cine juntos, los dos solos, sin los niños.
-No recuerdo la última vez que fuimos solos a algún lado.
-Yo sí -fue dijo ZaraJota: fue el 25 de agosto del año pasado. Tus padres se quedaron con la niña, y nosotros nos fuimos al hospital porque habías roto aguas.
Planazooo...
Pensamos que ya que estábamos podíamos irnos a cenar también. Volví a llamar a mi madre.
-ESTE ES EL CONTESTADOR AUTOMÁTICO DE TU MADRE -respondió- NO SÉ DE QUÉ NIÑOS ME HABLAS. AQUÍ NO HAY NINGÚN NIÑO.
-Abuela, ¿es mi mamá?
-NO ES TU MAMÁ. PARA QUE FUERA TU MAMÁ TENDRÍAS QUE ESTAR AQUÍ. Y NO ESTÁS.
Colgué.
-A mi madre no le importa -le dije a ZaraJota-. Y puede que después del cine necesitemos una orden judicial...
Cuando salimos a la calle nos sentíamos rarísimos.
Yo no sabía que hacer con los brazos.
Jo, pensé. Qué mal. Me tenía que haber traído el carrito, aunque fuera vacío.
ZaraJota no paraba de palparse el cuerpo y mirar alrededor, como si no se acordara de si había perdido el móvil o se lo había debajo en casa.
Intentamos darnos la mano un par de veces, pero no resultó.
-Es que yo así, una mano limpia, no sé, me da como cosa -le dije-. ¿No puedes, yo qué sé... lamértela un rato y después estrujar unos monchitos?
Cuando llegamos a cenar fue peor.
ZaraJota tardó unos tres segundos en terminarse su cena.
-¿Cómo lo has hecho?
-No te lo vas a creer, pero se come mucho más rápido cuando tienes las dos manos libres.
-¿En serio?
-Sí. Incluso he usado esas cositas brillantes que nos ponen siempre.
-¿Los cubiertos?
-¡Eso!
Yo lo intenté también, pero no podía. La comida se me caía todo el rato.
-Parece que estuvieras teniendo un ataque epiléptico -me dijo ZaraJota.
-Creo que mi cuerpo está tan acostumbrado a compensar el movimiento de un niño saltándome por encima que ahora no es capaz de parar. Además, la comida no me está gustando nada: la hamburguesa está caliente, el pan está tierno, la mayonesa no tiene esa costrita naranja que le sale a la nuestra, y no hay absolutamente nada flotando en mi vaso.
-Si quieres podemos pedir en la cocina un saco de patatas y lo coges en brazos hasta que la comida esté a tu gusto.
-No me parece bien que compares a tu hijo con un saco de patatas, con lo pequeño que es. Una garrafa de agua, quizá...
Pero lo peor de lo peor de lo peor fue el cine.
Llegamos, nos sentamos, y apagaron la luz.
-¿Y ahora qué?
-Ahora vemos la película.
-Ya, ¿y qué más?
-¿Qué más quieres, Lorz?
-Pues no sé, aprovechar el rato y coser un botón, planchar...
-Intenta ver la película, ¿quieres?
Jo, y yo quería. Lo que pasa es que no paraba de pensar en que ojalá me hubiera llevado algunos calcetines para doblar. Además como normalmente solo veo cosas mientras doy el pecho, ahora cada vez que me siento y miro una pantalla me pican los pezones. Y estaba todo el rato en tensión, esperando el tradicional "¡MAMAAAAA! ¿ME LIMPIAS EL CULETE QUE HE HASIDO CACAAAAAA?", que al final me planteé seguir a alguien que fuera al baño y ofrecerme a limpiarle el culete, pero ZaraJota me dijo que no lo hiciera y que si era tonta o qué, que para mí que una cosa no tiene nada que ver con la otra y no entiendo la pregunta.
Para rematar, la película no me gustó nada. Nada de nada. Pero no era capaz de decir exactamente por qué, las dos anteriores me gustaron mucho.
-Qué raro se me ha hecho, -dijo ZaraJota al salir-, ver una película sin los niños parloteando alrededor.
Uy. Uy, uy. A ver si el problema es que esta vez estaba escuchando los diálogos...



Pd. Cuando los astros se alinean y tenéis un ratito a solas con el/la churri, ¿sois capaces de hablar de algo que no sean los niños? ¿de qué?


20 julio 2016

Oda a la bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar

Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar, amiga de la preñada,
consuelo de la lactante,
placebo que alivia
mi falta de sueño,
chispitas oscuras
de felicidad somera.
Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar,
qué mala estás, jodía.
Con los suspiros de los calcetines
que en la lavadora se pierden
gentes tristes te fabrican.
Estás hecha del alma negra
de nazis caníbales veganos y runners.
Me recuerdas aromas
de caucho quemado,
de zapatos viejos,
de ropa interior sudada
que en una taquilla olvidé.
Bebida refrescante de extractos con sabor a cola sin cafeína sin azúcar,
qué mala estás, jodía.

11 julio 2016

Las profesiones

La última vez que fui a hablar con la seño de Nena-chan me dijo que estaban dando la unidad de las profesiones, pero que no les estaba yendo demasiado bien: ni los niños de tres años están preparados para entender las profesiones del siglo XXI (¿alguien sabe, por ejemplo, lo que es analista de sistemas?) ni los libros de texto saben que ya estamos en el siglo XXI.
-Algunas de las profesiones que aparecen en el libro son carnicero,  pescador, granjero... Hoy en día lo compramos todo en bandejas de supermercado, los niños no tienen ni idea de lo que les estoy hablando.
Así que entre los conceptos que tenemos que trabajar este verano están las profesiones.
-Nena-chan -le decía-, ¿sabes lo que hace papá en el trabajo?
-No.
-Hace CHACA CHACA CHACA -le decía, fingiendo que tecleaba con furia en un ordenador invisible.
-¿Y mamá qué hace?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Y la buela?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Y el buelo?
-¡CHACA CHACA CHACA!
-¿Todos haséis lo mismo?
-Eh... No, no...
-Todos ¡CHACA CHACA CHACA!
-No, bueno, sí. Pero es distinto. A ver, como explico esto... Papá... Cuando se te rompe un cristal, llamas a papá, papá hace ¡CHACA CHACA CHACA! en el ordenador y un señor va y arregla el cristal.
Así, resumiendo mucho.
-¿Y el buelo?
-Pues... Cuando alguien se pierde, llama al buelo, y el buelo hace ¡CHACA CHACA CHACA! En el ordenador y le dice por dónde tiene que ir.
Que el convenio colectivo me perdone, no sé cómo explicarlo mejor.
-¿Y la buela?
-Ah, no, lo de la buela no intentes entenderlo, yo llevo años y sigo sin enterarme. Y mamá, ¿te acuerdas de cuando estuviste en el trabajo de mamá?
La nena ha venido mucho a la oficina porque mi trabajo era children friendly. Y digo "era" porque llevamos una semana con el aire acondicionado roto y ahora es mas fried que friendly.
-Mamá hace ¡CHACA CHACA CHACA! en el ordenador y hace libros.
-Eso es -dije, y entonces pensé que podía entrar en el Reino del aprendizaje significativo por la puerta grande y añadí-: ¿y sabes qué pasa luego con los libros?
-No, ¿qué pasa?
-¡Que van a la tienda del tío Sark y los vende!
Lo intenta, vaya.
-¿A quién?
-¿Cómo que a quién? A cualquiera. A quien se deje.
-¿A la gente?
-Sí.
-Pero los libros son de mamá.
-Bueno, no exactamente.
-Yo no quiero que se los lleve gente.
-No te preocupes, mamá SÍ quiere...
-¡NOOOOOOO! ¡YO NO QUIERO QUE SE LLEVEN LOS LIBROOOOOS! ¡SON DE MI MAMÁ!
Pues si esto te parece mal, espera a que descubras el concepto de plusvalía.


29 junio 2016

Children friendly

Este se lo dedico a Pierre Patán y a todos sus ancestros.


El sábado pasado estuvimos en el Hul, no saludando a gente que no recordábamos que nos hubieran presentado (ejem), y recociéndonos a fuego lento mientras Nena-chan participaba en todas las actividades infantiles a su alcance (aquí el robot resultante).
Luego nos íbamos a comer con Tow y sus niñas, pero no sabíamos dónde ir.
-Esperad un momento -nos dijo-, voy a preguntarle a Pierre Patán si hay algún sitio children friendly por aquí.
Al rato volvió muy satisfecho.
-Dice que hay uno estupendo muy cerca, donde el Imparcial.
Y allá que nos fuimos todo contentos, tres adultos, dos carritos de bebé cargados hasta arriba (una muda por si se mancha, rebequita por si refresca, gorrito por si hace sol, la merienda, la remerienda, juguetes... en fin, os hacéis a la idea), dos niñas y dos bebés (que por supuesto no querían ir en el carrito ni a la fuerza).
Debían ser las dos de la tarde, unos 40°C, cuatro niños revolucionados, y cuando llegamos al local...
-Hola, venimos a comer.
-Claro, suban.
Y entonces vimos las escaleras.
Peaso escaleras.
Dos pisos de escaleras.
Cuando aterrizamos en el piso superior a los camareros se les cambió la cara.
-A la sala del fondo -dijeron al unísono.
Mientras la chiquillería saltaba y gritaba como poseída, nos llevaron a una sala aparte, y no cerraron la puerta por la política de prevención de incendios, que si no fijo que nos encierran allí y tiran la llave.
Tow estaba flipando.
-Pierre Patán me ha dicho que esto era children friendly.
-Pero a ver, ¿qué ha dicho exactamente?
-Que la semana pasada estuvo aquí muy a gusto con sus sobrinos y...
-Quieto parao un momento... ¿Los niños no eran suyos?
-Eh... creo que no...
Claro, con razón estuvo a gusto el cabrón...

En fin.
Como no es la primera vez que alguien nos dice que un sitio es ideal para los niños y luego como que no, la Obra Social Lorzagirl™, inspirada por esta historia, ha elaborado una lista de los atributos necesarios para que un restaurante se considere children friendly, a saber:

1 Accesible
Que haya dos o tres tramos de escaleras puede parecer una buena política comercial a corto plazo, porque los padres llegan arriba con más hambre (y sed) que el perro de un cortijero. A largo plazo, sin embargo, es nocivo, ya que hay pocas posibilidades de que los susodichos vuelvan... Claro que lo mismo era la idea desde el principio.
Por otra parte, que no tenga escaleras no lo convierte automáticamente en accesible: algunos tienen puertas estrechas, recodos junto a la puerta o, mi favorita, la doble puerta que te obliga a sostener una con una pierna, otra con la otra, y empujar el carrito sin moverte un milímetro, no se vayan a cerrar.

2 Amplitud.
Un niño no es más que el epicentro de una pequeña espiral de caos. Los espacios amplios y despejados permiten limitar los daños a terceros.
Además, en algún sitio tienes que aparcar el carro mientras el niño no lo usa (o sea, todo el tiempo).

3 Adaptado
Mucha gente considera que un restaurante es children friendly si tiene tronas.
Pues no.
Para empezar, depende de la trona, la higiene de la trona y el humor del niño que tiene que sentarse en la trona.
Y para seguir, la verdad es que un niño puede sentarse en cualquier silla normal. Ojo, NORMAL. Un taburete no es una silla normal. Eso que diseña tu primo con tubos de escape retorcidos no es una silla normal. Lo que tiene tu abuela en el recibidor con tapizado Luis XIV no es una silla normal. El trono de hierro no es una silla normal.
Una silla normal es, así mayormente, normal.

4 Resistente
Las mesas de cristal y las vajillas de porcelana fina añaden a cualquier cena una dosis de emoción considerable, tirando a excesiva, por no hablar del riesgo físico que entraña para los comensales.

5 Digerible
Os sorprenderá saber que la mayoría de los niños pueden comer (casi) de todo. Otra cosa muy diferente es que quieran.
Como norma general, si una abuela no sabe cocinarlo (y pronunciarlo), un niño no querrá comérselo.

6 Limpio
Los niños tienden a tocarlo todo y a arrastrarse por el suelo.
Bueno, allá ellos.
El problema es que después pretenden tocarte A TI.
Evita daños permanentes en tu salud mental y tu ropa visitando sitios relativamente limpios.

7 Pero no demasiado
Para que cuando tus hijos dibujen a Peppa Pig con ketchup en las cortinas exista una duda razonable sobre si ya estaba así cuando llegaste.

8 Higiénico
Los niños tienden a expulsar sus excrementos cuando sus padres están comiendo.
Científicos de la Universidad de Wisconsin han estudiado el fenómeno y están perplejos; tan perplejos como tú cuando llevas dos horas esperando tu comida y nada más llegar uno, varios o todos tus retoños anuncian que se hasen pipí. Mucho pipí. AHORA.
Los niños son demasiado bajitos para hacerlo de pie, y las niñas todavía no han desarrollado la capacidad adulta de hacerlo en cuclillas mientras sostienen la puerta con una mano, el bolso con la otra, y los pantalones con las rodillas para que no caigan hasta el suelo y se empapen de pis ajeno. Es decir, que tienen que sentarse en el inodoro. Y como por lo general tienen miedo de caerse, además de sentarse se aferran con las manos a la taza. ¿Veis a dónde quiero ir a parar?*
En el caso de los bebés, algunos restaurantes tienen cambiador. Suele ser un artefacto plegable en inicio marrón, pero tornasolado por diversas capas de sustrato orgánico, al que con el uso y el paso del tiempo se le va aflojando el mecanismo hasta que se convierte en un tobogán. Para añadir más emoción, en algunos locales faltos de espacio los colocan dentro de algún cubículo, peligrosamente cerca de un inodoro que suele estar invariablemente sucio.
Y ojo, que no lo digo en concreto por el vips de Gran Vía 43, ¿eh? Lo digo así en general, sin pensar en ningún sitio en concreto.
Es mucho mejor un baño amplio (y limpio), con una encimera amplia (y limpia), con colchoneta o no (limpia)

9 Rápido
Asúmelo: no eres tan chachi como te crees.
Cuando los niños lleven un rato sentados se aburrirán de ti, de tus amigos y/o de cualquier cosa que tengáis que contaros.
No abuses de su paciencia: hazlo breve.

10 Indoloro 
Salir por salir no tiene sentido.
Hazlo solo cuando podáis hacerlo con un grado razonable de comodidad para todos.
Serán más veces de las que crees, y lo pasarás mejor cada vez.







*Esto nos ha salvado el piticlín.

19 junio 2016

El gato se ha subido a un árbol

Mis padres tienen dos gatos.
Bueno, tenían.
Uno de ellos se ha ido a Ratónpolis hace unos días, a la tierna edad de 18 años.
Y claro, algo había que decirle a Nena-chan.
-Pues hacemos como si nada y ya está -sugirió ZaraJota.
-Claro. "¿Gato? Aquí nunca ha habido ningún gato". Seguro que no sospecha nada.
-Bueno, pues le decimos que se ha escondido.
-Claro. Se ha escondido tan bien que de aquí a veinte años no habremos sido capaces de encontrarlo.
-Bueno, pues tú verás. A mí ni siquiera me gustan los gatos.
Entonces empecé a pensar: voy a decirle que se ha ido. Eso. A Ratónpolis.
-Si le dices una mentira te lo echará en cara cuando sea mayor -me advirtió mi madre.
Bueno, pensé, eso no es del todo cierto. Mi primo el guapo todavía cree que su perrito se fue para casarse con una perrita de la que se había enamorado, cuando todos sabemos que... eh... sí, bueno, eso. Lo de la perrita.
Además, una mentirijilla piadosa siempre será mejor que cuando mi padre nos soltó, con 13, 10 y 7 años, "bueno, el abuelo se ha muerto, no me montéis un drama ahora que no es para tanto". Y tenía razón: no era para tanto. Con lo bruto que era ¡habría sido mucho peor que se fuera a Ratónpolis! ¡Pobres ratoncitos!
Total, que ya que estaba pensando en la sofisticada gestión del duelo de mi familia, me acordé de que mi abuelo no había sido "mi primer muerto" porque cuando yo tenía 3 años o así ya se había muerto mi bisabuelastra, a saber, la madre de la madrastra de mi madre.
En aquella ocasión me dijeron que se había dormido (cierto), no se iba a despertar más (cierto) y se la habían llevado al cielo (pendiente de demostración empírica). Aquello me preocupó muchísimo porque para entonces ya me había dado cuenta de que el cielo estaba MUY alto. Sabía que había cosas como aviones que VOLABAN, pero en mi pueblo no había ninguno. Tampoco había ascensores. Mi abuelo (el que luego NO fue a Ratónpolis) tenía una escalera muy alta que usaba para subirse a la higuera (yo qué sé, todos tenemos nuestras aficiones) pero me habían dicho que solo se podía subir él. Para lo pequeña que era, le di bastantes vueltas al tema. Por supuesto, con el tiempo me di cuenta de lo que había pasado en realidad: obviamente habían usado una catapulta.
Volviendo al gato y a Nena-chan, llegué a la conclusión de que lo mejor era contar la verdad. Aunque costara.
-Nena-chan -le dije-, ¿te acuerdas de Mini?
-Sí.
-Pues verás, se ha puesto muy malita, muy malita, muy malita.
-Pero no pasa nada porque la cura vitilinario.
-Era muy viejita. El veterinario no la ha podido curar y se ha muerto.
-...
-Eso significa que cuando vayas a casa del abuelo y la abuela ya no estará.
-¿Y Niobe se ha muerto?
-No, el otro gato está bien.
-Pero... -carita triste, lágrimitas asomando-. ¡Niobe quiere estar con Mini!
-Mira que lo dudo, ¿eh?
-¡Sí quiere! ¡No quiere estar solita! ¡Quiere estar con Mini!
Bueno, esto se arregla fácil: cojo una piedra, voy a casa de mi madre y en cuanto se descuide mando al gato a Ratónpolis de una pedrada en la cabeza.
-Es que no puede ser, Mini se ha muerto, ya no está.
-¿Y dónde está?
¡En Ratónpolis!
-Eh... Bueno... pues... ahora la abuela llamará al veterinario para que se la lleve.
-¿A dónde?
¡A Ratónpolis!
-Pues... bueno, el veterinario recoge a todos los animalitos que se mueren y -¿los lleva a una fosa común? ¿los incinera? ¿los vende a una fábrica de violines?- los lleva a un sitio donde... eh... pueden estar todos juntos.
Qué casualidad: ¡como en Ratónpolis!






Pd: chistaco.
Esto era un señor que se fue de viaje, y de pronto recibió un telegrama de su mejor amigo: "Tu gato ha muerto".
El señor se enfadó mucho con su amigo.
-Hombre -le dijo cuando volvió-, eso no se puede decir así de pronto, so bruto. Tenías que haberme preparado un poco: primero "el gato se ha subido a un árbol", luego "se ha caído", "está muy grave"... ¿Entiendes?
-Claro, claro.
Al poco tiempo el señor volvió a irse de viaje, y volvió a recibir un telegrama de su amigo: "tu abuela se ha subido a un árbol".

11 junio 2016

Vuelta gato, vuelta perro

Lo mejor que he hecho en la vida es apuntar a Nena-chan a baile: llega a casa tan cansada que a veces se duerme sobre el plato de la cena. Y eso que cenamos a las ocho.
El primer día le preguntamos qué había bailado.
-Aldesingel leidis.
-Muy bien, muy bien.

Aldesingel leidis, aldesingel leidis.
Jandsap. Ap indaclab...

 Pasado un tiempo, anunció que habían empezado con "Maruja Milón".

Atención al decorado, Maruja Milón. 
Es lo último en diseño, Maruja Milón.

También nos pareció muy bien, aunque con Nena-chan es peligroso mezclar música y limones: durante un tiempo estuvo cantando "parese un limón" y nos llevó meses descubrir a qué se refería.

¿Qué es? ¿Qué es? 
Parece un limón. 

Luego empezó con "la cansión de los números". Y yo:
-El uno es un sol da doooo
Haciendo lains truc ción...

No es por nada pero yo la canto mejor. 

 -¡Nooooo! ¡Esa no!
-¿Cuál?
-¡La de los números!
-Pues no sé... ¿cómo es? A ver, cántala tú.
-¡Ya están aquí los números, ya están aquí!

¡Pin, pon fuera, se me sale la chamiseta fuera!

Nuestro último reto ha sido la canción "vuelta gato, vuelta perro".
-Mamá, ¿me cantas la canción de vuelta gato, vuelta perro?
Y yo:
-Son
Ochenta días son
Ochenta nada más...

La única canción de Mocedades que me sé. 

 -¡Noooo! ¡Esa no es!
Es verdad, esa sería "vuelta gato, vuelta león".
-Pues no sé, ¿me la cantas tú a ver?
-No, mamá la canta.
-Es que mamá no se la sabe.
-¡Sí se la sabe!
-No me la sé.
-¡Sí se la sabe! ¡BUAAAAAAA!
-Vale, me la sé, ¿empiezas tú?
-¡Sa! ¡Sa! ¡Sa!
-Estooo... Dame más pistas... ¿quien la canta?
-Un señor.
-Genial. ¿Dónde?
-En la tele.
Os sorprenderá saber que con esas pistas fui incapaz de adivinar la canción. No hubo forma. Me falló google. Me falló siri. Me falló la red tuitera. Y al final le pregunté a la seño. Por favor, seño. Pon fin a esta intriga que me devora por dentro. ¿Cuál esa canción de vuelta gato vuelta perro?
-"Suavemente".
Ah, claro. ¿Cómo no se me habrá ocurrido?

¡SuAve! ¡SuAve! ¡SuAve! 
Estaba clarísimo. 

 -Es que cuando hacemos parejas en vez de asignar rol de chica o chico los dividimos en perros y gatos, y les vamos diciendo"ahora vuelta gato, ahora vuelta perro".
Como dijo alguien por ahí, a los profesores habría que pagarles un plus por la imaginación. Y por la paciencia. Y por existir.
Así que esa noche estaba acordándome de la historia y empecé a canturrear: "suavemente, be-sa-mé..." y la nena arrugó el ceño.
-¿Ves como si se la sabe mamá?
-Claro, es que mamá sabe mucho.
Lo que no hace todavía es adivinar.

30 mayo 2016

No lo limpies, planta patatas

Yo no soy ninguna obsesa de la limpieza, lo que pasa es que ZaraJota cree que sí porque él es un guarro recio hombretón que durante el servicio militar se acostumbró a vivir en condiciones extremas; por ejemplo, a veces les daban sanjacobos para cenar y no había mayonesa.
A mí, de verdad, la limpieza no me importa tanto.
De hecho, últimamente me estoy relajando mucho. Los cristales, por ejemplo. El único cristal que limpiamos habitualmente es el espejo del lavabo, y solo porque mi madre entra al baño cada vez que viene a casa (probablemente para ver si tengo limpio el espejo). En cuanto al resto... como tenemos mosquitera en todas las ventanas ya estamos acostumbrados a ver la calle borrosa, ¿para qué los vamos a limpiar? Además, los rayos ultravioleta son muy peligrosos: lo de nuestros cristales no es roña, es protección solar. 
Otra cosa en la que me he relajado mucho es en el tema de las sábanas: antes las cambiábamos una vez por semana. Ahora, solo cuando los niños tienen algún "accidente", cosa que ocurre dos o tres veces por semana, a veces incluso todas las noches y a veces varias veces en una misma noche hasta que ya no quedan sábanas limpias y entonces nos vamos al sofá y vuelve a ocurrir otro accidente y acabamos los cuatro durmiendo en el cesto del pan a menudo. Vale, quizá en el tema de las sábanas no me he relajado tanto como parece. 
Con las toallas también me había relajado, pero ahora Nena-chan insiste en lavarse la cara "ella chola", un sistema de limpieza que consiste en dejar correr el grifo durante media hora, quejarse de que es absolutamente imposible lavarse la cara porque el agua está demasiado fría/caliente, regular la temperatura durante otra media hora, meter un dedito bajo el agua, y rozarlo levemente contra la cara, para después frotársela a conciencia con la toalla, que invariablemente queda hecha un cromo: tiesa, peguntosa y a todo color. Así que la relajación me ha durado poco porque lo mismo estoy loca, pero cuando me lavo la cara espero que quede más limpia que antes, no al contrario. 
En fin entre las sábanas, las toallas y la ropa de los niños la pobre lavadora no da abasto, así que con mi ropa he aprendido a considerar las costras de mocos, babas o galleta no como manchas, sino como souvenirs. Mira, esto es de cuando Nena-chan se ha abrazado a mis rodillas. Mira, esto es de cuando Bebé-kun me ha potado en el escote para poder seguir comiendo. Mira, esto no sé lo que es, parece galleta... Los souvenirs no se borran, ¿no? De hecho, no: si no se ponen en remojo, los souvenirs NO se borran.  
En fin. 
Con lo que sí me he relajado muy mucho es con la limpieza del suelo. No es que no limpiemos, no. Es que hemos racionalizado la limpieza, y ahora solo barremos y/o fregamos después de analizar cuidadosamente el estado del suelo: 

1-Pelusas
Las pelusas son buenas, las pelusas son tus amigas, las pelusas también tiene derecho a vivir. ¿No te da pena quitarlas?

2-Crujiente
Dios inventó las migas para que siempre puedas saber, de oídas, por dónde andan los niños. ¿Por qué limpias las migas? ¿Te crees mejor que dios o qué?

3-Peguntoso
Enhorabuena: los restos de zumo, leche, yogur o chuches han creado una película adherente en el suelo que impide que tus hijos se resbalen. ¿Deberías fregarlo? Por supuesto que no: no es mugre, es prevención de riesgos domésticos. 

4-Mullido
¿Cada vez que se cae un juguete al suelo sufres por la vecina de abajo? Tu suelo no tiene la suficiente roña. Un suelo empieza a estar sucio de verdad cuando los pinipones aterrizan sobre un blando colchón de porquería. ¿Deberíamos plantearnos fregar? No. Piensa en la vecina de abajo, piensa en su bienestar.


5-Patatal
Francamente, quizá deberíamos plantearnos fregar, pero los huertos urbanos están TAAAAAAAAN de moda...




...
¿En vuestra casa se limpia o qué? ¿Por qué las otras casas siempre parecen impolutas? ¿Es que vuestros hijos no comen galletas? ¿Es que no usan la funda del sofá de pañuelo? ¿De dónde sacáis el fruto tiempo para limpiar los cristales? ¿De verdad hay gente que limpia los marcos de las puertas por encima? 

22 mayo 2016

El crujimiento

Todo empezó porque me dolía la espalda.
Pensé que sería por la boba, que aunque os sorprenda no soy yo, sino una mochila.
Entonces pedí una manduca, que aunque os sorprenda no es comida, sino otra mochila.
Jo, ser madre es superconfuso.
Pensaba que cambiando de mochila dejaría de dolerme la espalda, pero no: un día me tumbé en la cama para echarme la siesta y cuando los niños me despertaron (unos diez segundos más tarde o así) ya no me pude levantar y llamé a ZaraJota y le dije oyetú, trae la escoba, a ver si me puedes levantar haciendo palanca, y el me dijo que vale, y acto seguido trajo la escoba y empezó a darme escobazos y yo le preguntaba que si seguro que era así como se hacía palanca y él me decía que sí, que lo había visto en una película.
En fin.
El caso es que al día siguiente dejé a ZaraJota al cuidado de Nena-chan (la escoba la escondí, por si acaso) y me fui al médico con Bebé-kun colgado, porque el pequeño petardillo nos ha salido un poco dependiente y
a) solo quiere estar conmigo
b) pide teta cada diez minutos o así.
Total, que fui al ambulatorio y después de esperar tan solo dos o tres horas de pie con el niño en brazos me hicieron entrar en la consulta.
-Hola, Lorz -me dijo el médico-, ¿cómo estás?
-Muy bien, gracias. ¿Y usted? ¿Su familia bien?
-Que por qué has venido.
-Ah, eso. Me duele la espalda.
-Entiendo. ¿Dónde te duele?
-Pues... no sé. En todas partes: en casa, en el trabajo, en el metro...
-...
-... en el supermercado, en el cine, en el parque...
-...
-... aquí en la consulta también, por supuesto...
-Que en qué parte de la espalda te duele, Lorz.
Jo, los médicos de hoy en día es que se expresan fatal.
-Por los doquieres, de arriba para abajo.
-¿Has levantado algún peso últimamente? -preguntó, mirando de reojo a Bebé-kun. Es que es un niño guapísimo.
-No.
-Ajá. Y este niño, ¿cuánto pesa exactamente?
Entonces me di cuenta de a dónde quería ir a parar.
-Ay... Siete kilos... Lo sé, lo sé, sé que es poquísimo... El pediatra dice que no importa pero yo lo he mirado en internet, ¿sabe usted? Y siete kilos para un niño de nueve meses es muy poco, muy poco.¿Y qué le hago yo, si el niño solo quiere teta y teta y teta y teta? Y pan. Y teta. Ay, estoy desesperada... ¿Qué hago, señor, QUÉ? ¡Estoy dispuesta a lo que sea pero por favor SALVE A MI NIÑO!
-Lorz, estoy seguro de que el niño está bien.
-¿Sí?
Jo, ¿entonces por qué me pregunta cuánto pesa? ¿Me está vacilando o qué?
-Seguro que sí. Lo que intento decirte es, a ver, ¿lo tienes siempre en brazos?
-¡Por supuesto que no!
O sea, a veces va a la guardería.
-Bueno, pues tienes lumbalgia. Así que el los próximos días intenta no levantar mucho peso, ¿vale?
-Vale.
Y cuando iba a salir, todavía con el nene en brazos, el médico me llamó de nuevo.
-Lorz, el niño pesa siete kilos.
-Pero habíamos quedado en que está bien, ¿no?
Desde luego a los médicos de hoy en día no hay quién los entienda.

14 mayo 2016

La siesta de los sábados

-Mamá, ¿qué hases en la cama?
-Voy a dormir la siesta.
-¡Jaja! ¡Nooooo! ¡De día no se duerme!
¿Y de noche sí? ¿Desde cuándo?
-Hoy mamá está un poco cansada y quiere descansar un poquito ahora que el hermanito está dormido.
¡Diez minutos! ¡Cinco! ¡Un minuto. ¡Dejando un ojo abierto! ¡Lo que sea!
-¡Yo también quiero descansar con mamá!
-Espera, espera, deja de saltar en la cama... Mira, mamá descansa SOLITA diez minutos y luego descansa contigo. ¿Vale?
-¿Y elemanito?
-Ehhh...
El hermanito vive perpetuamente aferrado al pecho de mamá. Científicos de todo el mundo han intentado despegarlo de ahí, de momento sin éxito.
-Yo quiero dormir la siesta con mamá y elemanito.
-Ay... Venga, ven.
-¡BIEEEEN!
-¡Shhhhh! No despiertes al hermanito.
-Yo no lo dipieto, ¿a que no lo dipieto? ¿A que no? ¿Eh? ¿A que no lo dipieto yo al manito poque no lo dipieto?
-¡NO! ¡NO LO DIPIETAS!
-¡BUAAAAAAA!
-Mamá, has dipietado a elemanito.
-¿Es que no podéis dejarme dormir diez minutitos de nada?
-Es que no estás durmiendo, mamá.
-Pero QUIERO.
-Pos yo quiero jubar con mamá y elemanito.
-Vale, ¿jugamos a que tú te escondes una hora y mamá no te busca?
-No. Jubamos a que mamá es un cocorilo y nos come a elemanito y a mí pero yo le pego con un palo.
-Eh... ¿Y si te vas a ver Mulan con papá?
-Vale. ¡PAPA! ¡AMOS A VER MULAN TELEEEEEEE!
-¡BUAAAAAA!
-Lorz, ¿tú le has dicho a Nena-chan que puede ver la tele?
-Sí.
-Vale, pues le pongo Mulan. Tú intenta dormir.
-PAPAAAAAAAAA QUERO MULAAAAAAN
-Ay dios, ya va...
-¡Ya empieza! ¿Qué es eso?
-El emperador.
-¿Y por qué lleva un cubo en cabesa?
-Es su gorro.
-¿El gorro es un cubo?
-No.
-¿Y poqué se pone cubo en cabesa? Los cubos no se ponen en cabesa. ¿A que no se ponen los cubos en cabesa, eh, papá, a que no se ponen los cubos en cabesa?
-¡QUE NO ES UN CUBO!
-¡BUAAAAAAAA!
-¿ES QUE NO HAY FORMA DE DORMIR EN ESTA CASA?
-No rites, mamá, que vas a dipiertar a elemanito.
No me digas.

07 mayo 2016

Tiran más dos tetas...

Hace tres años.

-¡Corre, ZaraJota, ven!
-¿Qué pasa? ¿Has vuelto a pillarte la lengua con la puerta del microondas?
-No, hoy todavía no. ¡Bebé-chan ha dicho "mamá"!
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-¿Ves?
-¿Seguro? Parece que dice "más"...
-Dice "mamá". Si hasta me mira cuando lo dice.
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-Porque tienes la papilla en la mano.
-¡Me está echando los bracitos!
-¡MA! !MA! ¡MA! ¡MA!
-Quiere quitarte la cuchara.
-Tonterías. Lo que pas... ¡ME HA QUITADO LA CUCHARA!


Hoy.
-¡Corre, ZaraJota, ven!
-¿Qué pasa? ¿Has vuelto a tragarte las pinzas de freír pescado?
-No, hoy todavía no. Es Bebé-kun, está diciendo "papá".
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Está pidiendo teta.
-Que va. Lo que pasa es que "teta" y "papá" suenan muy parecido.
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Si tiene la vista fija en tu escote.
-¡De eso nada!
-¡TETA! ¡TETA! ¡TETA!
-Está intentando levantarte la camiseta.
-¡Levantar la camiseta es "papá" en lenguaje de signos!


*

Bebé-kun solo quiere teta.
Bueno, solo no. Ya come una amplia variedad de cosas que van desde la verdura hasta las pelusillas que se va encontrando. Y luego pide teta. Cada dos horas. Durante una hora cada vez. Teta y más teta. Y solo le valen las mías: por algún motivo inexplicable, el musculoso (y peludo) pecho de ZaraJota no le sirve.
Y yo estoy hasta el piticlín de la teta. 
Ya está, ya lo he dicho.
Que no puedo más. Que hay mañanas que antes de irme a trabajar ya le he dado dos tomas, y tardes en las que le doy otras dos antes de la cena. ¡Y cenamos a las ocho! ¡Y después de cenar pide teta otra vez!
A ver, que yo soy muy prolactancia. Que yo no digo de destetarlo del todo, solo un poquito. Lo justo para que pueda ir al baño de vez en cuando.
He consultado mi problema con varias asesoras de lactancia y todas me dicen lo mismo:
-La OMS recomienda la lactancia materna EX-CLU-SI-VA hasta el año. 
Bueno, la OMS también recomendó que nos limpiáramos los mocos en el codo para sobrevivir a la gripe A, así que lo mismo hay que tomarse lo que diga con un poquitín de perspectiva.
-Los niños no están preparados para digerir alimentos hasta que les salen los dientes.
A una de mis retías le nació un niño con todos los dientes. Por el mismo razonamiento, ya estaba listo para comerse un whopper, ¿no?
-¿A que tu hijo se estriñe? Eso es porque le das alimentación complementaria y su cuerpo no está preparado para digerirla.
Bebé-kun tiene problemas de estreñimiento desde que nació, supongo que porque ya sabía que con cuatro meses le iba a dar papilla. Su hermana, en cambio, apenas los ha tenido, supongo que porque todavía no se ha dado cuenta que la desteté a los ocho meses.
-Las papillas de cereales son muy malas porque llevan gluten.
Y el gluten es malo per se, en su propia esencia, sea cual sea, porque no tenemos claro ni qué es...
-El gluten es un invento de la industria alimentaria para vender más.
O algo así. Cada vez que empiezo a oír hablar de lo malísimo que es el gluten desconecto.
-Y provoca muchas enfermedades. Algunos niños se ponen muy malitos.
Sobre todo los que son alérgicos o intolerantes al gluten, aunque seguramente sea casualidad.

Después de oír lo mismo una y otra vez empezaba a pensar que ciertas personas (que no todas, que las hay muy serias, muy formadas y muy competentes) se han aprendido una retahíla de clichés y se han autodenominado asesoras de lactancia solo para mangonear a las otras mamás a su antojo.
Y mis sospechas se confirmaron hace unos días.
Estaba en un curso (no relacionado con la lactancia) y Bebé-kun empezó a llorar.
-Venga, que mamá te va a dar ya la papi -le dije.
Y la del curso saltó rápidamente.
-¿Ya le das papilla?
-Sí.
-Pues no deberías, ¿sabes?
-Ya. Eso he oido.
-Yo es que además de esto soy asesora de lactancia.
Con un título de Yo Sé Más Que Tú acreditado por la universidad de Oxford, sin duda.
-Ay, no.
-¿Sabías que la OMS recomienda la lactancia materna EX-CLU-SI-VA hasta el año?
De verdad, a veces me pregunto si la carrera se Asesora de Lactancia Materna tiene una asignatura solo para aprender a decir "EX-CLU-SI-VA" correctamente.
-Ya. Pero es que el niño va a la guardería porque yo tengo que trabajar.
-¿Y? ¿Para qué tienes la hora de lactancia?
-Para salir una hora antes y que el nene no esté mil horas en la guarde, tan pequeñito.
-Bueno, pero es que la hora de lactancia no está para que tú salgas antes, está para que des el pecho.
Por supuesto. En el mágico reino de la piruleta.
-Es imposible, tardo media hora solo en llegar, por no hablar de que no tengo forma de adivinar a qué hora va a querer comer.
Imaginaros el panorama: al niño llora, la seño me avisa de que tiene hambre, dejo cualquier cosa que esté haciendo, cojo el metro, media hora de trayecto, llego, me saco una teta y me voy, con la teta al aire, porque en media hora tengo que estar de vuelta y es justo lo que tarda el metro... practiquísimo.
-Pues entonces lo que tienes que hacer es pedir que te pongan una sala de lactancia en el trabajo.
-¿Que QUÉ?
-La ley te ampara.
Da la casualidad de que mi curro es niño friendly al 100%, pero todos los trabajos no son como el mío.
Creo.
Yo misma he tenido trabajos que no se parecían nada al que tengo ahora. Si cuando estaba en el súper hubiera pedido una sala de lactancia, seguramente me habrían mandado a lactar a mi casa, con carácter permanente.
-Pero -le dije-, entiendes que eso es imposible, ¿verdad?
-Imposible no. Lo que pasa es que hay gente muy tonta que en lugar de exigir sus derechos traga y traga. Y como son mayoría, las que DE VERDAD nos preocupamos por nuestros hijos nos tenemos que aguantar. Y luego pasa lo que pasa, que vienen las alergias, por culpa de la gente como tú.
Al final va a resultar que el gluten soy yo.









Pd: sin ser yo asesora de lactancia con un título de Yo Sé Más Que Tú acreditado por la universidad de Oxford, tengo la teoría de que la leche materna solo alimenta si la madre la ofrece voluntariamente, a gusto, de buen grado y con amor. 

01 mayo 2016

Ser madre es...

Hacer tus necesidades con un libro de colorear en las rodillas porque Nena-chan quiere TÚ PINTA ARA.

Acostarte, no poder dormir por tener los pies fríos, estar demasiado cansada para ir a por calcetines, y quedarte sin dormir.

Mentir a toda tu familia durante tres días para asegurarte de que eres la primera en abrazar a tu bebé.

Recibir ocho pinchazos de epidural, que no te haga efecto, y que lo único que te preocupe mientras te cosen es marearte y que se te caiga el niño.

Ir de boda y que no te importe no beber porque estás absolutamente agilipollada con lo guapos que son tus hijos.

Meterte en un ave durante tres horas con una niña de tres años, un niño de una semana, media docena de maletas y un flotador para sentarte.

Ver una sonrisa en una contracción involuntaria de los músculos faciales.

Llorar de impotencia porque de pronto el colegio te deja sin extraescolares y parece que no podrás volver a trabajar.

Odiar los conflictos y decidirte a plantar batalla porque tus hijos así lo necesitan.

Renunciar a una casa más grande, a un coche o a las escapadas a Londres para ver musicales, y convencer a tu marido de que lo realmente necesitáis es pillar ambos la reducción de jornada para Disfrutar De Los Niños.

Explicarle a #nenachan que Rachel es la hija de Letigó para que te deje ver Glee.

Que te parezca perfectamente razonable rodear el árbol de navidad con una muralla.

Vivir con el corazón fuera del cuerpo. (No recuerdo dónde lo leí, ¿os suena?)

Esterilizar biberones sabiendo que el niño se bebe el agua de la bañera en la que previamente ha meado, y que de todas maneras no se los va a tomar porque los odia.

No soportar que nadie le diga a tus hijos Lo Que Son, porque te estás dejando la vida para que lo descubran ellos mismos.

Que te convaliden medicina. (No lo digo yo, lo dice Bulma Salgueiro)

Ir al dentista con alegría porque ahí te dejan sentarte media hora.

Oír "mira, mamá, estoy volando" y hacerte pis encima de la impresión.

Ver esta foto y pensar que lleva el fular de porteo mal puesto.
  


Que los reyes magos vayan a tu casa cuando les dices, no cuando quieran.


Levantarte un 1 de enero antes de que empiece el concierto de Brandenburgo.

Que para ir al cine a la sesión de doce (de la mañana, por supuesto) tengas que levantarte a las seis de la mañana; preparar dos mudas completas para cada niño, además del gorrito por si hace calor y la rebequita por si hace frío, pañales, toallitas, cremita por si se irrita el culete, el orinal portátil para la nena, algo para picar por si le entra hambre, agua por si le entra sed, zumo por si ve los refrescos y se pone muy pesada, pañuelos de papel, dos pinipones (el segundo para cuando se pierda el primero), dos sonajeros (el segundo para cuando se caiga el primero), un mordedor, la mantita y media docena de baberos; salir de casa tarde y cargada como una mula; llegar al cine a la carrera; hacer equilibrios con los niños y las mochilas porque, por supuesto, la nena quiere palomitas; tolerar que miren mal por entrar a la sala con dos niños pequeños, cuando sabes perfectamente que los frikis que van de sobrados molestan mucho más que tú; estar dispuesta a salir en cuando los nenes hagan el más mínimo ruido; y aún pensar que merece la pena por ver la cara de la niña cuando se enciende la pantalla.

Ir por la calle, que un vendedor te pregunte si tienes un minuto y reírte hasta que te duela la tripa.

Que un hijo se ponga enfermo y tengas que hacer media docena de llamadas para comunicarlo.

Saber que la ropa con vómito hay que lavarla dos veces para eliminar completamente los tropezones.

Tardar un mes en darte cuenta de que te han vendido las zapatillas disparejas.

Hincharse de orgullo porque la gente te para por la calle para babear mirando a Bebé-kun, y ver cómo se quedan boquiabiertos al reparar en Nena-chan. (Estoy pensando en sacarlos a la calle con una bolsa de papel en la cabeza, para evitar tanta interacción social).

Llevar tanta impedimenta infantil que no te das cuenta de que te has dejado el bolso en casa hasta que llegas al metro.

Descubrir que no eres un ser humano, porque ninguno aguanta tantos días seguidos sin dormir.

Preguntarte con desesperación "¿es que todo tengo que hacerlo yo?" y descubrir que la respuesta es siempre "sí".

Y que aunque a veces protestes, te enfades o llores de pura impotencia, en el fondo te guste.



Bonus track.
-Mira, mamá, te he hecho un guegalo con la ticha de inglés.
-Gracias, es muy bonito.
-Y por detrás he hecho un dibujo.
-Anda, ¿soy yo?
-No, soy yo.
-Y esos brazos tan largos, ¿son para abrazar a mamá?
-Claro que no.
Ah, pues nada.






22 abril 2016

Día del libro 2016

Cuando era pequeña, en plan, más pequeña que ahora, o sea, lo que viene a ser más joven, vivía en un pueblo pequeño, en plan pequeño de verdad, en el que lo más interesante que podías hacer era leer.
Bueno, a juzgar por la ratio de embarazos adolescentes seguro que había algo más interesante que hacer, pero a mí en concreto no me interesaba (por entonces).
A mí lo que me gustaba era leer.
Primero me leí todo lo que había por mi casa, incluida la enciclopedia; luego todo lo que había en la casa de mis abuelos, incluidos los Caballo de Troya; luego todo lo que había en el cortijo, incluidas las revistas de crucigramas.
En serio, leía mucho. Una vez mi padre me llevó a Montilla (un pueblo ligeramente más grande que el nuestro y que nos parecía La Civilización) no me acuerdo a qué, y como premio por haberme portado bien me dijo que me comoraría un libro nuevo, pero no pudo porque ya me había leído todo lo que  tenían en la librería.
 La librera, de hecho,  me llamó "monstruito", por haberme leído ya todos los tomitos de Mafalda, si no recuerdo mal.
Tras rematar las bibliotecas familiares la emprendí con la biblioteca del pueblo, empezando por los infantiles. Ya me había terminado la balda de Stephen King y no sabía por dónde seguir cuando decidí leerme toda la biblioteca, por orden. Cogía prestado un libro, lo leía del tirón y lo  devolvía, por lo general al día siguiente.
Ya os he dicho que no había nada más interesante que hacer.
Total, que ya llevaba un tiempo con esta actividad cuando la bibliotecaria me cogió por banda. Pensé que me iba a echar la bronca por leer libros de mayores, pero no.
Me echó la bronca, sí, porque cogía muchos libros prestados. "Si no te los vas a leer, ¿para qué te los llevas?". Intenté explicarle que sí me los leía, pero no me creyó. No le entraba en la cabeza que un niño leyera, y mucho menos tantos libros y a esa velocidad. Pero lo que más le molestaba era tener que colocar los libros cada día. "Que yo no estoy aquí para eso", dijo.
Me confiscó el carnet.
No lo eché de menos mucho tiempo: después he tenido otros muchos, de otras muchas bibliotecas; y en cuanto tuve mi propia casa la llené de libros hasta que no cupo ni uno solo más.
Llevo años comprando, leyendo, oliendo, sobando, recolocando, regalando y apilando libros, y al final he acabado aceptando que sí, en la vida hay cosas más interesantes que leer.
Lo sé a ciencia cierta porque todas ellas caben en un buen libro.