29 noviembre 2015

Adiós

Esta semana comenzó con el anuncio de que Sheena, Tama, se moría.
La noticia, por desgracia, no nos pillaba por sorpresa. Lo que sí era nuevo era la inmediatez del hecho.
Tama se moría YA. Esa misma tarde, quizá. Esa misma noche, probablemente.
Pertenezco a una generación que tiene la fortuna de no estar familiarizada con la muerte. Por eso, dicen, nos resulta tan fácil despreciar las vacunas, las medicinas y la alimentación que tantos siglos de esfuerzo nos ha contado conseguir.
Por eso, también, todo el que muere nos parece joven para hacerlo.
En este caso no se trata de que lo pareciera, es que lo era. Tama era muy joven, y deja atrás un viudo muy joven y dos niñas muy, pero que muy jóvenes, una de ellas demasiado, incluso, para recordar a su mamá cuando crezca.
Y eso es una mierda.
Yo conocía a Tama desde hace diez años, pero no la conocía suficiente, como suele suceder con las personas con las que siempre quedas en grupo. Por eso no voy a decir cosas bonitas sobre ella: muchas, y con más sentido, han dicho ya quienes la conocían mejor que yo.
Lo que os voy a decir hoy, prometiendo que volveré a mis chorradas habituales en breve, es:
acordaos de reír y comer y besar y pasear y nadar y amar y abrazar y disfrutar y aprender y nadar y leer y cocinar y viajar y saltar y reír y reír y reír y reír siempre que tengáis la oportunidad, porque a veces la vida parece que tenga un guionista, y que sea un grandísimo hijo de puta.

23 noviembre 2015

Hoy no puedo escribir nada...



Es que me distraigo con cualquier tontería.


Editado 25/11/2015
A pesar de las apariencias, Nena-chan tenía un poco de fiebre.
Si yo hubiera tenido que ir a trabajar, le habría zumbado apiretal, calculando cuidadosamente el momento para que el máximo efecto tuviera lugar a la hora de entrar al cole, y luego habría cruzado los dedos para que aguantara al menos hasta la hora de comer.
A eso las madres lo llamamos "conciliación".
Como no tenía que ir a trabajar, le dije que se podía quedar en casa y menos mal, porque al rato de grabar el vídeo Nena-chan tenía más fiebre, por la tarde, mucha fiebre, por la noche, la topota madre que parió a la fiebre, y a la mañana siguiente se levantó con la cara tan hinchada que no podía cerrar la boca.
Uy, qué mal rollo...
Me colgué a Bebé-kun en la mochila, subí a Nena-chan al carrito, y me fui a urgencias con los dos.
-¿Prefiere que la atiendan ahora o esperar a que venga su médico esta tarde? -me preguntaron en el mostrador.
Ni siquiera contesté, pero debí poner tal cara que me atendieron en diez minutos.
-Estreptococo -dijo el pediatra.
-Ah, pensé que serían anginas.
-Es lo mismo.
Mierda de superhéroes, cuánto daño han hecho con la tontería de la identidad secreta.
El pediatra dijo que era MUY contagioso, aunque Bebé-kun no estaba en peligro porque los bebés a esa edad no pueden contagiarse.
"Por fin un reto", debió pensar Bebé-kun: por la tarde tenía fiebre también, en este caso, por dientes.
Ay.
Ahora los dos están semipochos y mimosoides y solo quieren estar en brazos. Y yo no iba a escribir, pero he pensado que debía aclarar que sí, la enana estaba malita de verdad. Lo que pasa es que al apiretal le echan drogas.

14 noviembre 2015

Haikus

Hoy, o ayer, no sé, los días empiezan a ser una sucesión confusa para mí, me han echado en cara que ya no escribo haikus.
Jo.
Que no perdonáis ni una.
Y es verdad que no los escribo, pero los pienso, continuamente: tengo esa manía y la de hacer operaciones matemáticas con los números de las matrículas hasta que el resultado final sea el número 20.
Ya, estoy muy loca.
Pensándolo bien, tengo muchas manías más:
No soporto las bolsas de plástico usadas, por ejemplo.
Me pone muy nerviosa que haya alguien de pie detrás mía, sobre todo si me está mirando.
No puedo dormir si los zapatos no están bien colocados, uno junto al otro. En realidad, últimamente no duermo de ninguna de las maneras, así que lo mismo los zapatos no tienen la culpa.
No me gusta comer cosas hechas con diferentes tipos de carne como salchichas (las frankfurt no cuentan porque no me creo que lleven carne de verdad), croquetas, hamburguesas o incluso sopa, porque... a ver cómo lo explico... me da pena obligar a mezclarse a animales que no se han conocido en vida. Me parece algo así como obsceno. Una fosa común alimenticia, digamos.
Lo llevo mejor si soy yo la que hace la comida, porque mientras la preparo dedico un momento a pensar en cómo serían la vaca, el cerdo o la gallina, y a imaginármelos en el mismo establo.
Ya os he dicho que estoy muy loca.
Volviendo a los haikus, los pienso, pero no los escribo, porque

Me paso el día
Cuidando de dos niños
Hiperactivos

Bueno, en realidad no está demostrado que sean hiperactivos, pero tampoco que no lo sean. Digamos que la cosa está al 50%.

El día empieza
despertando a la niña
que feliz duerme

Porque alguien tiene que dormir en esta casa.

Vamos al cole
la niña cree que yo
la espero fuera

Uno de los motivos por los que Nena-chan va tan feliz al colegio es porque cree que Bebé-kun y yo nos quedamos esperándola en la puerta todo el rato. Piensa que somos unos pringados y que es una afortunada por poder entrar.

De nuevo en casa
la vecina está echando
su piso abajo

"Reforma integral", lo llama ella. "Su fruta madre", lo llamo yo.

Bebé-kun llora
los ruidos que no cesan
niño no duerme

La mejor parte de la obra de la vecina es que cuando acaben en su casa tienen que venir a la mía a arreglar el baño.

Corro al colegio
es la hora de buscar
a la princhesa


Me coloco en la puerta del colegio como si no me hubiera movido de ahí desde las nueve de la mañana.

Luego en el bus
la niña siempre dice
que se micciona

Inevitablemente, en cuanto estamos subidas en el autobús Nena-chan dice que se hace pipí.

Hazlo en el cole
a la hora del recreo
por tos tus muertos

Una vez llegó a hacérselo encima. Otra vez me bajé del bus y volví al cole a que hiciera pipí. Otra vez bajé a mitad de camino para que lo hiciera en un arbusto (se negó). Ahora ya paso mucho: si llega a casa, bien, y si no, lavadora y punto.

De nuevo en casa
ZaraJota me llama
mientras comemos

Es una gilipollez, pero si me llama en su hora de la comida y estoy comiendo es como si comiéramos juntos. O algo.

Pasamos las horas
intentando hacer algo
con nuestras vidas

Este me ha quedado así como profundo.
La actividad por la tarde se resume en coger en brazos a los niños por turnos. Básicamente.

Llegan las siete
ZaraJota está en casa
descanso brazos

Más o menos: ahora cojo al mismo niño todo el rato, mientras ZaraJota se ocupa del otro.

Hora del baño
agua formando olas
hasta el pasillo

A Nena-chan le gusta chapotear. Mucho.

Luego la cena
un ratito de Peppa
niña inconsciente

¡Una menos! A por el otro.

La última toma
una tripita llena
niño inconsciente

Son las nueve de la noche y tengo a los dos niños dormidos. Me froto las manos: esta noche nos ponemos con el tema parchís, que lo tenemos muy desatendido. Me vuelvo a ZaraJota y

Está roncando
nuestra vida sexual es
muy complicada

Bien, supongo que al menos eso me deja un poco de tiempo para mí. Enciendo el ordenador e intento escribir algo pero

No se me ocurre
porque no he hecho nada
en todo el día

O algo así.




Pd: Espero que con esto tengáis haikus para una temporada.

09 noviembre 2015

El colecho fijo discontinuo itinerante en diferido

Mucha gente me pregunta si Bebé-kun es bueno y nos deja dormir por las noches.
Voy a intentar responder lo más sencillamente que pueda a esa pregunta.

La noche empieza con todos en sus posiciones de salida:
ZaraJota y yo dormimos juntos en una cama de matrimonio, a nuestro lado duerme Bebé-kun en un moisés, y Nena-chan duerme en su dormitorio, en una cama gigante.

0:00
Bebé-kun es pequeño y todavía come cada tres horas, aunque por la noche aguanta más: normalmente pide teta sobre las doce de la noche, y luego aguanta hasta las cinco.
Creo.
Y digo creo porque cuando llega la toma de las doce me levanto, cojo en brazos al niño, me meto en la cama, me saco una teta y le digo:
-Tú ve comiendo, que mamá va a cerrar los ojos un segundito -y ya no los vuelvo a abrir.

2:00
Más o menos.
Porque resulta que Nena-chan es sonámbula: prácticamente desde que nació, canturreaba dormida, y  a medida que ha ido adquiriendo destrezas ha ido aumentando sus habilidades nocturnas. Ha hecho de todo, desde hablar hasta pasearse por la casa, intentar saltar por encima de los barrotes de la cuna, golpearse la cabeza contra el cabecero pensando que se sale por ahí...
El pediatra nos dijo que era habitual en los niños alrededor de un año, y que luego se le pasaría. Menos mal que el buen hombre se hizo pediatra, porque como adivino habría sido una mierda. Hasta que Nena-chan cumplió dos años, la única forma de garantizar su seguridad por las noches era que durmiera en nuestra cama, con ZaraJota a un lado cogiéndole del brazo toda la noche, y yo al otro con mi mano en su tripa para despertarme si se movía. Aún así, se nos cayó de la cama dos veces.
Con el tiempo, los episodios noctámbulos se han reducido (que no desaparecido) y ha empezado con los terrores nocturnos, que son como pesadillas a lo bestia. El espectáculo suele empezar cada noche sobre las dos de la mañana.
ZaraJota se levanta con un ojo pegao y se va a la cama de Nena-chan a abrazarla hasta que se calma.

3:00
ZaraJota vuelve a nuestra cama y se queda dormido de inmediato. Nena-chan, absolutamente dormida, nota que está sola y se viene también. Ya somos cuatro en una cama de uno cincuenta, y me gustaría decir que el espacio se reparte a partes iguales, pero lo cierto es que Nena-chan utiliza patadas voladoras sonámbulas para hacerse con aproximadamente la mitad de la cama, mientras Bebé-kun se asegura su espacio vital gruñendo como un animalito cada vez que alguien se le acerca.
Para que luego digan que el colecho es peligroso.
Cuando me harto de hacer equilibrios aferrada al travesaño de la cama mientras recibo patadas y gruñidos, cojo al niño en brazos y me voy a dormir a la cama de Nena-chan.

4:00
Abro un ojo y en la penumbra veo a un tío parado en mitad de la habitación.
-¡¡¡AAAAARRRRG!!!
-Soy yo, soy yo -dice ZaraJota-, Nena-chan se ha dormido y vengo a traerla a su cama.
-¿Y por qué no la dejas en la nuestra?
-Me está crujiendo a patadas... pensaba irme al sofá pero no encuentro la manta. Haz sitio.
Cojo a Bebé-kun en brazos, lo llevo a su moisés y me acuesto en mi cama. ZaraJota suelta a Nena-chan en su camita y se vuelve a la nuestra.
Hemos vuelto a la posición de salida.

5:00
Bebé-kun se despierta porque le toca comer. Lo vuelvo a meter en mi cama y no me desabrocho el camisón porque cuando voy a hacerlo me doy cuenta de que ya está abierto y que llevo toda la noche con una teta fuera.
Luego que si me resfrío.
-Tú ve comiendo -le digo a Bebé-kun-, que mamá va a cerrar los ojos un segundito.

6:00
Suena el despertador de ZaraJota

6:05
Suena el despertador de ZaraJota

6:10
Suena el despertador de ZaraJota

6:15
Suena el despertador de ZaraJota

6:20
Suena el despertador de ZaraJota

6:25
Suena el despertador de ZaraJota

6:30
ZaraJota corre por la casa agitando los bracitos mientras se viste.

6:45
ZaraJota se va.
Por mucho cuidado que ponga cerrando la puerta, Nena-chan siempre la oye. Lo siguiente que sé es que está otra vez en mi cama.
-Quero con mamá.
-Vale, un ratito solo.

7:00
Suena mi despertador.

Esto sucede con ligeras variantes casi todas las noches, y a veces se adereza con enfermedades, potas, "accidentes" de pipí, caídas de la cama...
Por eso cuando la gente me pregunta si dormimos, contesto que no.
Porque mi familia no duerme: mi familia se baraja.






Pd: Bebé-kun también es sonámbulo. Creo que estamos muuuuuuuy jodidos.


03 noviembre 2015

La voz de dios

Cuando tienes tres años, a lo más que puedes aspirar en la vida es a adquirir autonomía.
Para los adultos, que un niño adquiera autonomía significa que sea capaz de hacer sin ayuda cosas como, por ejemplo, quitarse y ponerse los zapatos.
Para los niños, adquirir autonomía significa que ya que pueden quitarse y ponerse los zapatos sin tu ayuda, lo van a hacer cuando quieran, donde quieran y como quieran, tanto si te parece bien como si no.
No creáis que es cosa mía, con la constitución ha pasado lo mismo.
Si tenemos en cuenta la definición de autonomía de un adulto, Nena-chan es bastante autónoma.
Si tenemos en cuenta la definición de autonomía de un niño, Nena-chan es muy autónoma. Demasiado autónoma, incluso. Freelance, diría yo.
La autonomía de Nena-chan se manifiesta, sobre todo, en los zapatos: si le compras un par, más te vale asegurarte de que le van a gustar, porque si no no conseguirás ponérselos ni por la fuerza (y tenemos unas zapatillas sin estrenar que lo demuestran). Y aunque le gusten, nada te garantiza que se los vaya a poner cuando tú quieras, porque de pronto puede decidir que quiere ir en zapatos de charol aunque esté nevando, o en botas de esquiar aunque sea agosto y estés en plena ola de calor,o directamente descalza porque caminar por Madrid con zapatos es de cobardes.
Hace unos días teníamos que salir a la calle y era tarde ya, y no conseguíamos que Nena-chan se pusiera los zapatos, ningunos zapatos, ni argumentando, ni pidiéndoselo por favor, ni con promesas, ni con la madre que la parió.
-¡Que te pongas los zapatos y punto! -le dije.
En vez de alterarse, Nena-chan me sonrió.
-Ara no puedo. Tengo que ir a jugar al salón.
Y se fue al salón, y yo me quedé en su habitación con cara de gilipollas.
En fin.
Creo que por lo general tengo bastante paciencia, al menos con Nena-chan, pero hay días y días y ese día había dormido poco, Bebé-kun estaba llorando, estábamos todos sin desayunar, teníamos prisa... qué sé yo.
Ya estaba preparada para ir detrás de Nena-chan y ponerle los dichosos zapatos por la fuerza cuando me acordé del telecomunicador de bebés, que nunca usamos para nada pero ese día estaba encendido dios sabrá por qué. Así que en vez de ir al salón a buscar a Nena-chan me fui a mi dormitorio y cogí el comunicador.
-Nena-chan -dije- ponte los zapatos.
Y en el salón, donde estaba el otro comunicador al máximo de volumen, sonó:
-¡NENA-CHAAAN! ¡POOOOOOOONTEEEEEEE LOOOOOOOOS ZAPATOOOOOOOOS!
Rápidamente Nena-chan echó a correr, se metió en su habitación y empezó a ponerse los zapatos.
-¿Qué haces? -le pregunté.
-Me pongo los chapatos.
-¿Y eso?
-Por que lo ha dicho la señorra.
Ay...
Entonces me fui a buscar a ZaraJota.
-Tengo una noticia mala y una buena.
-No sé qué has roto esta vez, pero no creo que puedas convencer al seguro de que ha sido un terremoto.
-No es eso... Puede ser que quizá haya hecho algo que haya hecho creer a Nena-chan en una entidad superior que nos vigila.
-Ay, dios.
-Exactamente.
-¿Y la buena noticia?
-Bueno... al menos cree que es una mujer.

30 octubre 2015

Halloween 2015

-Mamá, pinta una bruja, favor. 
-Mira. 

-¡No, así no! ¡Una bruja buena!
-Esta es buena. 
-¡No es buena! ¡Es fea!

La bruja apagó la bola de cristal de un manotazo. El que escucha lo que no debe se arriesga a oír cosas que no le gustan, se recordó a sí misma. Aún así... estaba indignada.
¿Qué tendrá que ver ser mala con ser fea?
La bruja rebuscó en el armario hasta dar con un espejo. Estaba roto, por supuesto: a todas las brujas, cuando se compran una casa, sus madres les regalan un espejo roto para que les dé malvada suerte. La bruja miró su rostro separado en mil pedazos. Desde luego... Si  era cierto eso de que a los feos no les queda más remedio que ser simpático, ella era simpatiquísima.
Pero no lo era. Era más bien tirando a mala. Comía niños, secuestraba princesas, maltrataba príncipes, entrenaba dragones... Una vez incluso tiró una bolsa de basura orgánica al contenedor amarillo, aunque luego se arrepintió mucho y nunca más lo volvió a hacer.
La otras brujas la miraban con respeto y buscaban su consejo. No es que lo encontraran, pero eso es lo de menos. Los aldeanos temblaban cuando la veían. Bueno, puede que eso fuera porque en la dichosa aldea hacía siempre un frío espantoso. Las hadas le habían jurado odio eterno; las hadas es que son muy de odiar. Cientos de príncipes habían intentado matarla solo para demostrar su hombría, sin éxito en la empresa, obviamente.
Sí, la bruja era mala. Muy mala.
Pero no era mala por ser fea.
Lo de ser fea era, simplemente, un plus.

26 octubre 2015

La desinformación

Cuando vas a recoger a tu hijo a la guardería, lo normal es que su seño te informe.
Te dice, por ejemplo, qué ha comido, cuándo y cuánto, si ha hecho pis o caca, si ha dormido, qué han aprendido. No es porque las madres seamos unas obsesas del control. Bueno, sí, principalmente es por eso. Pero también es para que, por ejemplo, planifiques la cena. 
Si la seño es buena en su trabajo, y la de Nena-chan lo era, además te cuenta alguna anecdotilla sobre tu hijo, y te vas tan contento. 
En el colegio es diferente. Aunque las maestras están a tu disposición para contestar preguntas, así, de entrada y por principio, no te cuentan nada, porque se supone que un niño de tres años ya puede contártelo por sí mismo. 
Ciertamente, lo que es poder, puede. Lo que hace falta es que quiera: los niños de tres años tienen bastante tendencia a la dispersión. 
Así, cada día, cada puñetero día, a la salida del colegio, le hago a Nena-chan exactamente la misma pregunta: 
-¿Qué has hecho hoy en el cole?
-Muy bien -responde. 
-Ah... Me alegro. Pero ¿qué has hecho?
Bebé-chan pone los ojos en blanco. 
-Muy bien -que no te enteras, mamá.
-Eh... vaaaaaleeee.... ¿Y has pintado con los colores?
-No. Jugando. 
-Claro, eso en el recreo, ¿no? 
-No. 
-¿No? ¿Qué haces en el recreo?
-Un niño me pega.*
Mi primer instinto fue localizar al agresor y partirle las piernas, pero Nena-chan no parecía afectada en absoluto. 
-Bueno... si te vuelve a pegar se lo dices a la seño, 
-La seño está enfadada. 
-Anda, ¿y eso por qué?
-Porque no está contenta. 
Ante semejante alud de información, empecé a temer el día que Nena-chan fuera al comedor. Intenté retrasar el momento todo lo posible, pero al final me tuve que rendir a la evidencia: no nos daba tiempo a ir a casa a comer y luego volver a la extraescolar de inglés. 
El primer día de comedor estuve atacada toda la mañana. ¿Y si no le pasan nota a la seño y deja salir a la niña a las dos? ¿Y si no la deja salir, y la nena no lo entiende y se va? ¿Y si alguien reclama a la niña y se la lleva? ¿Y si...? No me malinterpretéis; yo no soy una de esas madres locas que no confían en los profesores: soy una madre loca que no confía en NADIE. 
Cuando por fin llegó la hora y la niña salió, le hice la pregunta de siempre. 
-¿Qué has hecho hoy en el cole?
-Muy bien.
Señor, dame fuerzas, porque como me des un hacha la liamos...
-¿Te ha gustado la clase de inglés?
-Sí. 
-¿Cómo se llama la seño de inglés?
-Tiicha.
-Ay... -eso me pasa por preguntar obviedades- ¿Y el comedor?
-Muy bien. 
-Eh... me alegro que le des tu aprobación. ¿Qué has comido?
-Un chumo. 
-¿Nada más?
-Y llalletas.
-Eh... eso es lo que te ha puesto mamá para el recreo: zumo y galletas. Pero luego has ido al comedor, ¿a que sí?
-Vale. 
¿Cómo que vale? ¿CÓMO QUE VALE?
-Eh... ¿y qué has comido en el comedor?
-Chumo y llalletas. 
-Mira, Nena-chan... yo no digo que no te crea, ¿eh? Nada más lejos de mi intención el minar tu autoestima dudando de tu testimonio, pero es que el zumo y las galletas eran para el recreo. Si te los has comido en el comedor, no pasa nada, pero digo yo que algo más te habrán dado, ¿verdad?
-Sí. 
Bien, parece que nos acercamos a alguna conclusión.
-A ver, ¿qué has comido EN EL COMEDOR?
Nena-chan se lo pensó.
-¡Cocholate!
Me rindo. 






*Según varias niñas "mayores" (ancianas de cinco años) que fueron testigos del suceso, Nena-chan iba corriendo sin mirar e impactó de cabeza contra otro niño de su clase que iba corriendo sin mirar. No hubo que lamentar víctimas mortales gracias a la rápida intervención de una de las seños, que hizo sana-sanas y repartió besos en la zona afectada. 

19 octubre 2015

Con un par

Bebé-kun tiene testículos. Bueno, y pene. Suelen venir juntos, por lo que he oído.
No es que me haya pillado totalmente de sorpresa: empecé a sospechar cuando, revisión tras revisión, los médicos miraban las ecografías y me decían "es un niño".
Seguí con la mosca detrás de la oreja cuando en el paritorio se acercó la pediatra y levantó la manta que nos tapaba al niño y a mí:
-Solo voy a mirar que tiene todo lo que tiene que tener, no vaya a ser que lo registre como Bebé-kun y sea una Bebé-chan... -dijo-. Uy, sí. Definitivamente, tenemos un Kun.
Los primeros cambios de pañal los hizo ZaraJota y no pude confirmar mis sospechas hasta el día siguiente, cuando vino la enfermera.
-Vengo a ayudarte con el primer baño -en ese hospital no separaban al niño de la madre para nada-. ¿Estás sola?
-Mi marido ha salido a desayunar.
-No te preocupes, ve desnudando al niño.
Desnudé al niño, le quité el pañal y lo vi: el mondongo.
Ay.
Y ahora, ¿qué hago yo con esto?
La enfermera salió del baño y me encontró mirando al niño con cara de pasmo.
-¿No tienes más hijos?
 -Sí, pero es una niña.
-Pues es lo mismo.
-¡No es lo mismo para nada! Este tiene... colita. Nunca he tocado una -la enfermera levantó una ceja. Es lo que pasa cuando estás ingresado en maternidad: todo el mundo da por hecho que has tenido contacto con al menos una colita. La gente es así, tiene muchos prejuicios-. Bueno, sí. He tocado muchas. Bueno, tampoco muchas. O sea, lo normal. Estamos en el siglo XXI... soy joven... moderadamente atractiva...
-Lorz, se está enfriando el agua.
-Lo que quiero decir es que mi amplia experiencia manipulando colitas no se ha centrado precisamente en la higiene de las mismas.
La enfermera cogió en brazos al niño y lo bañó sin hacer más comentarios.
Pensé que me había librado, pero por supuesto llegó el momento en el que tuve que bañar yo a Bebé-kun.
La cuestión es que he bañado a Nena-chan millones de veces. Le he limpiado el culo y lo que no es culo otros varios millones. Le he puesto y quitado pañales, bragas y bañadores. La he cogido en brazos de todas la maneras posibles... Y nunca jamás me ha preocupado el estado de su piticlín, probablemente porque yo tengo uno, y ya sé cómo funciona el tema.
Pero con Bebé-kun era diferente.
Para empezar, los genitales estaban FUERA.
Mi primera preocupación era que aquello estuviera oprimido.
-¿Y si le aprieta el pañal? -le pregunté a ZaraJota.
-No le aprieta.
-¿Y si le aprieta el body?
-No le aprieta.
-¿Y si le aprieta el pantalón?
-No le aprieta.
-¿Y tú qué sabes?
Luego empezó a preocuparme que lo oprimiera yo.
-¿Y si lo cojo en brazos y se lo chafo?
-No lo chafas.
-¿Y si le abrocho el cinturón de la sillita y se lo chafo?
-No lo chafas.
-¿Y si lo pongo en la mochila portabebé y se lo chafo?
-En serio, Lorz, eso no se chafa tan fácilmente.
-¿Y tú qué sabes?
Además, los genitales eran PEQUEÑOS. Bueno, no tan pequeños, ¿eh? En una proporción adecuada, digamos. La enfermera me había dicho que tenía que levantárselos para limpiarlos bien.
-¿Y por dónde los agarro? -le decía a ZaraJota.
ZaraJota suspiraba.
-Por donde sea.
-¿Y si le rompo un hueso?
-¡Ahí no hay ningún hueso!
-¿Y tú qué sabes?
ZaraJota volvía a suspirar. Se ve que es de esas personas que en otoño se mustian un poco.
Pero además es que los genitales masculinos son IMPREVISIBLES.
Bueno, para ser sincera eso ya lo sabía de antes.
Cuando nació Nena-chan aprendimos rápidamente que a los bebés les encanta hacerse pis cuando están tumbados en el cambiador. ¿Qué hicimos? Tener siempre una toalla debajo. Si estábamos fuera de casa, doblábamos el pañal sucio sobre sí mismo y lo dejábamos debajo del culete mientras poníamos otro. Así se impide que el pipí resbale por el cambiador y acabe sobre los pies del progenitor de turno. Al menos, si tienes una niña.
La primera vez que cambié a Bebé-kun hice lo mismo: le doblé el pañal debajo del culete, estiré el brazo para coger las toallitas y ¡ffffffffff!
-¡¡¡AAAAAAAARRRRRG!!!
ZaraJota vino corriendo.
-¡Apaga el secador! ¡Apaga el secador! Ah, si no te estás peinando... Creía que te habías vuelto a pillar el flequillo intentando ver lo que hay detrás de la rejilla del secador de pelo.
En serio, ZaraJota, solo me ha pasado cuatro o cinco veces. Supéralo, ¿quieres?
-¡Bebé-kun se me ha hecho pis encima! -le dije.
-Eso te pasa por no ponerle el pañal antes de cogerlo en brazos.
-¡No lo tenía en brazos! ¡Me ha manchado desde el cambiador! ¡Es como un pequeño aspersor rosita!
-Ya, los niños hacen pipí así.
-Claaaaaaaaro, el señor lo sabe todo siempre...
-Bueno, entiendo que en las actuales circunstancias se te haya olvidado, pero verás: yo... tengo un pene.
Claaaaaaro, y como tiene pene ya se cree que tiene razón siempre.

14 octubre 2015

El bingo de la madre reciente

¿Eres madre y viajas con tus hijos en transporte público?
Está claro que te gustan las emociones fuertes.
¿Quieres añadir aún más emoción a tus trayectos?
Es muy fácil, solo necesitas acordarte de llevar siempre, además de los niños, los carritos si son necesarios, la mochila del cole, la bolsa de la merienda, el bolso cambiador, el abrigo por si hace frío, el gorrito por si hace calor, el paraguas por si llueve, tu bolso, las llaves de casa y la gallina, porque si algo te falta es una gallina... acuérdate, decía, de llevar siempre encima tu papeleta del bingo de la madre reciente, y una petaca con tequila.

  
El bingo de la madre reciente
¿Es niño o niña?
Como no lleva pendientes...
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
No lo cojas en brazos que se acostumbra.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
Lo que tienes que hacer es darle un chupete.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
¿Tan grande y con chupete?
Abrígalo que hace frío.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
Llora porque tiene calor.

¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
Yo tengo un nieto de la misma edad.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?

Sujétale la cabecita.
Solo llora para llamar la atención.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
Si no le rapas el pelo no le va a crecer nunca.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
Si lo llevas en la mochila se le deforman las piernas.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
Si duerme en tu cama nunca querrá dormir solo.
Qué muñeca tan bonita, ¿me la das?
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
Toma este caramelo de menta de origen dudoso.
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
¿Tienes celos de tu hermanito? ¿No? ¡PUES ME LO LLEVO!
¿TODAVÍA LE DAS EL PECHO?
¿Te vienes a vivir conmigo? Tengo un perrito.
@lorzagirl



También sirve para reuniones familiares y charlas informales con otros papás en la puerta del colegio. Funciona así:
Cada vez que una viej... anciana (o pariente, o padre) diga una de las frases de la papeleta, le das un buchito a la petaca de tequila.
Si tu interlocutor procede al contacto físico no deseado con tu hijo, doble buchito. 
Si completas la tabla, te bajas del autobús con los niños, los carritos si son necesarios, la mochila del cole, la bolsa de la merienda, el bolso cambiador, el abrigo por si hace frío, el gorrito por si hace calor, el paraguas por si llueve, tu bolso, las llaves de casa y la gallina, porque si algo te falta es una gallina... y te compras otra botella de tequila, que te la has ganado. 
Recuerda que si estás amamantando a tu hijo no deberías beber alcohol. Claro que, bien pensado, si no te importa beber tequila a las ocho de la mañana, en el autobús, mientras llevas a tu otro hijo al colegio, lo de la lactancia tampoco debería ser un impedimento.



Pd: Creo que le voy a sacar el abono a Nena-chan y que se vaya en el bus ella sola. Ya tiene tres años y va siendo hora de que espabile, ¿no? 

Editado: echadle un ojo, en los comentarios, a las respuestas que propone AnaConda

08 octubre 2015

Precisión militar

Según Google Maps, vivimos a 170 metros de un colegio. En realidad no: esa sería la distancia a la puerta principal, y hay otra más cerca. Varios de los excompañeros de guarde de Nena-chan van a ese colegio, y sus madres están muy contentas. Tiene un huerto, una biblioteca muy activa y abierta a los padres, un hilo musical que eligen los niños, un comedor separado por edades y una zona infantil muy mona con macetitas.
Lo único que le falta es justo lo que una madre trabajadora necesita: clases extraescolares para niños de infantil. Y las que hay para niños mayores terminan alrededor de las cuatro. Como para una prisas.
Por eso en vez de llevar a la nena a un colegio que está a, literalmente, dos minutos andando, nos hemos ido a uno que está a unos dos kilómetros. En fin, al menos es cuesta abajo, en línea recta y bien comunicado. Llevar y recoger a Nena-chan de camino al trabajo va a ser relativamente sencillo.
La cuestión es que ahora estoy de baja por maternidad y claro, Bebé-kun no va todavía a la guardería, y además, estando yo todo el día en casa, ¿para qué tener a Nena-chan todo el día en el colegio?
A ZaraJota le preocupaba que no pudiera apañarme yo sola.
-¿Cómo vas a ir y volver en el autobús, tú sola, con los dos niños y las cosas del colegio?
-El autobús es la parte fácil: el niño en la mochila y la nena de la mano. Lo que me preocupa es que consigamos salir de casa... Pero no pasa nada, lo tengo todo previsto con precisión militar:
7:00, suena el despertador. Le doy a la nena el primer aviso, y me meto en la ducha mientras se despereza.
7:30, segundo aviso a la nena, acompañado de colacao. Mientras se lo toma le enchufo la teta a Bebé-kun.
8:00, tercer aviso. Es que le cuesta arrancar por las mañanas. Mientras se asea, visto al nene, luego visto a la nena.
8:30, salimos de casa a todo meter.
8:50, en la puerta del cole.
-¿Estás segura?
-Claro que sí, ¿qué puede salir mal?

DÍA 1
7:00, suena el despertador.
Todo sale a la perfección, según el horario previsto.
-¿Ves? -le dije a ZaraJota-. No era tan difícil.

DÍA 2
7:00, suena el despertador.
Me levanto, me asomo al moisés de Bebé-kun y descubro que ha echado un poquito durante la noche y que tiene una costra de pota seca pegada al pelo.
Ya me ducharé luego, pienso. Baño a Bebé-kun. Nena-chan se despierta sola y viene a ver qué hacemos. Gracias a eso nos adelantamos media hora.
-Pues al final nos ha ido hasta bien -le dije a ZaraJota-. Creo que voy a empezar a bañar siempre al nene por las mañanas.

DÍA 3
7:00, suena el despertador.
Abro el ojo y descubro que el nene ha vuelto a echar, solo que como me dormí antes de dejarlo en el moisés ha potado en mi cama, y luego ambos nos hemos remozado en la mancha.
Lo baño. La nena ya sabe de qué va el tema y ni se inmuta.
-Venga, pedorrilla, despierta -le digo.
Termino de vestir al nene y me meto en la ducha, que en esta ocasión es impostergable.
Salgo de la ducha, Nena-chan sigue dormida.
-Venga, hay que ir al cole.
Bebé-kun empieza a llorar y le enchufo una teta.
-¿Mamá?
La nena se ha despertado con el llanto.
-¡Un momento!
-Tengo pipí.
-Ve, corre.
-No puedoooo...
Voy al baño con el niño enganchado al pecho y me encuentro a la nena intentando bajarse las braguitas, que se le han enrollado por detrás y no bajan. Sin soltar al niño me pongo en cuclillas e intento ayudarle con una mano... tarde.
Suelto al niño y, mientras berrea, baño y visto a a Nena-chan. Me coloco la mochila, coloco al niño, me saco una teta y salimos de casa a toda mecha.


DÍA 4
7:00, suena el despertador. Lo apago.
7:30, suena el despertador.
Mierdaaaaaaaaaaaaa...
Salgo de la cama y voy a despertar a Nena-chan. Ni se inmuta. Le retiro las mantas para que el fresco la espabile. En lugar de eso, se hace pis en la cama.
Mientras la estoy bañando, Bebé-kun pide comida. Me pongo la mochila, coloco al niño y me saco una teta. Visto a la nena y le doy el desayuno con el niño colgado y sin parar de mamar.
Estamos terminando: solo me falta ponerle a Nena-chan la chaqueta y podremos salir de casa.
Me agacho a abrocharle los botones y Bebé-kun suelta la teta y me pota en el escote.
Premio a la puntería.
-Si esto sigue así -le digo a ZaraJota-, voy a empezar a dormir en el colegio para ahorrarme el mal rato.


DÍA 5
7:00, suena el despertador.
Todo vuelve a ir como la seda y llegamos a la puerta del colegio sin contratiempos.
Le estoy cogiendo el tranquillo, me digo, puedo hacerlo, puedo hacerlo, puedo hacerlo...
-Mamá -me dice la niña-, ¿dónde está la bolsa de mi merienda?
-Hoy no hay que traer merienda.
-¿Por qué?
-Porque ayer me diste un papel donde ponía que hoy es el cumpleaños de un amiguito y no hay que traer merienda.
-No.
-Claro que sí. ¿A que la seño te dio un papel ayer?
-Yo lo cojo del suelo.
Tu fruta madre.
Salgo corriendo con Bebé-kun colgado de la mochila y la niña a rastras. Por suerte hay un mercado cerca, y algunos puestos están abiertos. Compro dos mandarinas, las pelo, las meto en una bolsita.
A las 8:58 estamos de nuevo los tres en la puerta del colegio, pringosos de sudor y mandarina y oliendo a pota (nota mental: a Bebé-kun no le gusta que corra cuando lo llevo colgado).
Nos tropezamos con otra mamá, que lleva una bolsa enorme con zumos y galletas.
-Hoy es el cumple de mi nena -me dice-, ¿te has acordado de no traer merienda?
-Claro, claro -le digo mientras escondo las mandarinas en mi bolso-. Nos dieron un papelito ayer, ¿verdad, Nena-chan?
-Sí, la seño me da papel, y se cae, ¡pero no pasa nada porque yo lo cojo del suelo!
A este ritmo me vas a tener que recoger a mí también.


06 octubre 2015

Mi gran boda logia


8 de diciembre de 2014
-A ver: mis días fértiles son el 14 y el 15. Si me quedo embarazada este mes, saldré de cuentas para mediados de septiembre, ¿cómo nos va?
-Bueno, está el cole de Bebé-chan.
-No pasa nada, para entonces ya habrá empezado.
-Y el día 5 tenemos la boda.
-Uf... voy a salir gordísima en las fotos.
-¿Pero podremos ir?
-Claro, hay muchísimo margen.

8 de enero de 2015
-Lorz, estás embarazada.
-No, si ya.
-La fecha prevista de parto es el 7 de septiembre.
Su fruta madre.
-Es que el 5 tengo una boda.
-Pues yo de ti no me compraría el modelito.

Ir a una boda dos días antes de salir de cuentas no es imposible (a no ser que las puertas del recinto sean estrechas, claro), pero sí es incómodo. Especialmente si te pones de parto durante la ceremonia, porque es un momento en el que a las novias les da un pronto rarísimo y se empeñan en ser las protagonistas. Como si pensaran que la gente está allí por ellas o algo, no sé.
Por suerte Bebé-kun fue amablemente desalojado dos semanas antes de lo previsto, dejándonos vía libre para ir a la boda. O sea: una niña de tres años, un bebé de diez días, y una madre con un costurón en el piticlín, ¿qué podía fallar?
Lo primero en fallar fue que, unos días antes de la boda, Nena-chan se dió un trompazo contra el quicio de una puerta y le salió un morado en mitad de la frente. Parecía un unicornio.
-Para eso están los flequillos -dije.
Lo segundo fue el modelito de Bebé-kun, o, mejor dicho, la ausencia del mismo.
Por una parte, la ropa de 0-3 meses de su hermana sufrió un accidente en la secadora, por lo que había muy poco que heredar. Por otra, al estar yo de baja no había podido irme de compras. Y cuando intenté irme después me encontré con que ya estaban poniendo la ropa de invierno, y de verano solo quedaban los restos, es decir: lo que era tan feo que nadie lo había querido. Y encima eran tallas sueltas, y no encontrábamos nada de la suya.
-Pijamita y manta hasta las orejas -dije.
Luego estuvo el tema de los puntos.
La gracia de la episeotomía es que durante los primeros días no duele absolutamente nada. Al contrario: los cabrones de los puntos duelen más a medida que se van secando. Así fue como después de una semana de felicidad, de pronto, el día de la boda descubrí que no podía sentarme sin ver las estrellas, lo que, ahora que lo pienso, suena hasta romántico.
-Pues me llevo el flotador de la niña y me siento encima -dije.
-Sabes que tiene una cabeza de dinosaurio, ¿verdad?
-¡DETALLES!
Al final me llevé una toalla, que enrollé y enrosqué formando un donut. Glamour total.
Y cuando parecía que ya estaba todo dominado, plaf, la mancha.
No tengo ni idea de cómo fue, yo lo tenía todo cuidadosamente planeado.
-Para evitar accidentes, primero nos vestimos tú y yo -le dije a ZaraJota-, y en el último minuto vestimos a los niños.
Así lo hicimos. Y cuando ya íbamos a salir de casa me miré de reojo en el espejo, ya sabéis, la última miradita de soslayo antes de salir. Entonces fue cuando me vi LA MANCHA. En MI VESTIDO.
No sabía si era un escape de leche, un salpicón de caca de Bebé-kun, el lugar donde Nena-chan se había limpiado los churretes de zumo... Fuera lo que fuera, era tan grande y estaba tan estratégicamente situada que parecía como si alguien me hubiera pintado un pezón en... bueno, aproximadamente donde suelen estar.
Lo primero que hice fue frotar con toallitas húmedas, que por lo general lo limpian todo. Por lo general. En este caso en particular, no solo no limpiaron la mancha, sino que hicieron aparecer un cerco gigante a su alrededor. Ahora parecía un pezón... perfectamente enmarcado en su teta.
Genial.
Bien. Opciones:

  • Ponerme un broche. Por desgracia, no tenía a mano ningún broche de unos 30 centímetros de diámetro. 
  • Echarme un chal por encima. Pero tendría que haberlo colocado de tal manera que hubiera parecido la libertad guiando al pueblo hacia su brillante futuro. Teta fuera incluida.
  • Cambiarme de vestido. 

No sé vosotros, pero lo que es yo, vestidos de boda aptos para lactancia, capaces de disimular la braga pañal postparto, de verano y que me cupieran solo tenía uno: el que llevaba puesto. Presa del pánico empecé a revolver en el armario en busca de algo ponible.
Por el lado positivo, así descubrí que incluso recién parida todavía me caben vestidos que llevé a bodas de hace diez y quince años.
-Estoy superbuena -le dije a ZaraJota.
-La oxitocina te está afectando al cerebro.
Por el lado negativo, a medida que me iba probando cosas me iba dejando el maquillaje en el forro de los sucesivos vestidos (que al día siguiente tuve que lavar a pesar de no haberlos usado, porque parecían el modelito santo de Turín), y se me iba encrespando el pelo que me había secado y peinado con mucho amor.
Al final localicé un vestido que parecía cumplir todos los requisitos, a saber:

  • No se me marcaba la braga pañal. 
  • No se me notaba la tripa fofa postparto. 
  • Me cabía
  • Se abría por arriba para lactar. 

Perfecto. La única pega era que cuando me compré el vestido tenía un pecho normalito, mientras que ahora, con la subida de la leche y demás tenía, digamos, unas ubres que me rebosaban por encima del escote. Para evitar la sobreabundancia (sobreubrendancia) tetil y que no se me vieran las carnes turgentes me tuve que poner un imperdible, que me pasé perdiendo toda la noche, como su propio nombre indica.
Lo importante era que tenía vestido. Ya no me daba tiempo a peinarme y maquillarme otra vez, pero al menos no iba en bolas.
Con gran dificultad conseguimos salir de casa, meter a los niños en sus respectivas sillitas de coche, y arrancar.
Acto seguido, Bebé-kun empezó a llorar de hambre.
-Anda, para -le dije a ZaraJota.
ZaraJora volvió a aparcar.
-¿Qué pacha? ¿Ya hemos llegado?
Gracias por tu apoyo, Nena-chan.





Editado: Genín, he visto tu comentario en la entrada anterior demasiado tarde. ¿Estás mejor? ¡Cuídate, que no estoy para estos sustos!

28 septiembre 2015

Operación Timey Wimey, bonus track

No podía dejar esto sin contar.




La maravillosa y fascinante historia 
de por qué Lorz no podía parar de reír 
mientras paría,
para desconcierto de propios y extraños



Durante los cursos de preparación al parto nos dijeron que el dolor puede controlarse con una respiración adecuada, y nos enseñaron unos ejercicios para practicarla. Como soy muy obediente, estuve practicando todo el verano, por lo general con la ayuda de la niña entonces conocida como Bebé-chan.
A Bebé-chan le encantaban todos los ejercicios preparto: el gato, el ascensor, la campana... Pero por algún motivo desconocido no soportaba los ejercicios de respiración.
Así que cuando yo tomaba aire con fuerza:
-Uuuuuuuuuuuuf...
y luego lo soltaba a intervalos regulares:
-Fu... Fu... Fu...
la niña se cabreaba como una mona:
-¡FU NO! -gritaba-. ¡FU NO!
Y si yo insistía (el ejercicio dura un minuto), Bebé-chan acababa llorando.
-¡NOOOOOOOO! ¡FU NOOOOOOO! ¡POR FAVOOOOOOOR!
Tuve que empezar a hacerlo a escondidas.
Cuando llegó el momento de la verdad nada me impedía hacer Fu a gusto; en cuanto las contracciones empezaron a subir de intensidad yo empecé a tomar aire con fuerza... lo retenía un momento... y después lo soltaba, controlado y regular: Fu... Fu... Fu
-Lorz -me dijo ZaraJota, cuando ya llevaba un rato fufeando-. FU NO. FU NO.
Así fue como empezaron los ataques de risa, que son maravillosos, porque cuando te ríes las contracciones no duelen. Lo que pasa es que se te descoloca el cinturón del monitor, no quedan bien registradas, y las matronas se piensan que no están subiendo de intensidad, y cuando les explicas que sí, te dicen que si estuvieran subiendo no te reirías tanto, y a ver cómo les explicas que te ríes porque has hecho Fu. ¡Que lo mismo te quitan la custodia del niño antes de que nazca!
Después de varios incidentes con el Fu decidí cambiarlo por un gemidito.
Tomaba aire con fuerza... lo retenía un momento... y después lo soltaba, controlado y regular: Mmmmmf... Mmmmf... Mmmmmf...
El resultado era bastante pornográfico, para qué nos vamos a engañar.
-Ya no sabes qué hacer para provocarme -me dijo ZaraJota.
-Uy, pues si además te digo que no llevo bragas...
-¡Ya está, vamos a tener que jugar al parchís ahora mismo!
-¿Jugar al parchís? ¡Será jugar a los médicos!
Cuando la matrona volvió a entrar nos estábamos riendo otra vez.
-Me da que esto no está haciendo nada -dijo, mirando acusadoramente al gotero.
Entonces ZaraJota y yo dejamos de decir estupideces.
Bueno, un rato.
La cosa se estaba poniendo seria y empezaba a doler, y como no podía ni hacer Fu ni gemir empecé a sacar la lengua. Por entretenerme con algo, supongo.
-¿Qué puedo hacer? -me preguntó ZaraJota con su cara de preocupado.
-Distráeme. Dame conversación.
-Eh... -todo el que conoce a ZaraJota sabe que la conversación no es precisamente su punto fuerte-. Pues sí, pues sí...
-¡Pues no, pues no!
-Joooo... es que me cuesta mucho hablar.
-¿Más de lo que me va a costar a mí expulsar a tu hijo DE MÁS DE TRES KILOS por mi vagina?
-Probablemente.
-Si lo llego a saber te habría preparado una lista con temas de conversación. "El tiempo", "Belén Esteban", "Las tendencias alcistas de la producción de trigo en Polonia durante el siglo XIX"... Lo que sea.
-Bueno... yo me había preparado un par de cosas por si tenía que distraerte. Pero no creo que quieras verlas justo ahora.
-¿Por qué no? Sí que quiero. Enséñamelas.
-Pues por ejemplo tengo esto:



Cuando la matrona volvió a entrar no estábamos riendo otra vez.

Al final, Bebé-kun nació casi doce horas antes de lo previsto. Las matronas nos dijeron que era porque habíamos tenido una actitud "positiva". Para que luego digan que los ejercicios de preparación al parto no sirven de nada.





Pd: no hemos encontrado la fuente de la foto; es una penita porque me encanta y creo que merece todo el crédito del mundo.






24 septiembre 2015

Operación Timey Wimey, 5 y ya

Previously in Lorz...
Lo del culo. Sí, otra vez. Las historias de partos es lo que tienen.


Es una verdad universalmente reconocida que las mujeres solo se dejan fecundar con un objetivo: para poder pasar el resto de su vida contando batallitas del parto. Esta entrada está dedicada a las mías.
Avisado estáis.




Pues la cosa fue más o menos así:
A las nueve de la mañana me colocaron en el brazo un gotero con oxitocina, que es una hormona (creo) que tiene la gracia de provocar contracciones, aumentar su potencia, y acelerar el parto.
Resumiendo: la oxitocina es redbull para el útero.
Pero la matrona no era tan optimista.
-Esto va para largo -dijo.
-¿Puedo irme a desayunar? -le preguntó ZaraJota.
-Claro, vete, tienes tiempo de sobra.
-¿Yo también puedo? -pregunté.
-No, tú no.
Mierda, casi cuela...
-No te preocupes, Lorz, me tomo un cafelito rápido y vengo.
ZaraJota tiene la costumbre de desayunar un colacao o un café sin nada más y a media mañana se le pone una cara de mustio que no puede con ella.
-Haz el favor de desayunar bien -le dije-, que luego te quedas con hambre.
-Pues si me da hambre salgo luego.
-De eso nada, que no sabemos luego cómo va a estar la cosa. ¿Y si a la hora de comer estamos en plena faena, qué? ¿Te vas a ir a comer?
-No, claro.
-Pues haz el favor de comer, que con este calor y en ayunas eres capaz de marearte. Y que sepas que si te desmayas durante el parto ahí te quedas hasta que acabemos. ¿verdad, señora matrona?
-Nosotras estamos a lo que estamos -confirmó la matrona.
-Está bien.
ZaraJota se fue a desayunar y al rato volvió afirmando que se había tomado un café y un bikini, porque lleva diez años en Madrid y todavía lo no lo hemos civilizado lo suficiente como para que diga "sangüish mijto".
Entonces fue cuando ocurrió el incidente de las camisetas. Y a continuación mi familia llegó al hospital y ZaraJota salió a verles para que no sospecharan que estábamos de parto, y de paso recoger la camiseta limpia que mi madre le había traído.
Mi madre, muy sensata ella, había escogido una camiseta azul marino, muy discretita, muy limpia y muy planchadita. Desgraciadamente, su gato la había escogido también, pero para dormir la siesta, porque las camisetas recién lavaditas y planchaditas son las más cómodas. Y ya se sabe lo que pasa con los gatos: si son negros, toda la ropa clara va siempre cubierta de pelos negros, y si son blancos, toda la ropa oscura va siempre cubierta de pelos blancos. Mis padres, que son muy previsores, se buscaron un gato gris: así los pelos se ven perfectamente sobre todos los colores.
Resumiendo: la camiseta azul marino estaba cubierta por completo de pelos de gato.
En serio.
Era como un kiwi hecho camiseta.
Intenté quitar los pelos con la mano, pero lo único que conseguí fue cargarlos de electricidad estática y que fueran más difíciles de quitar.
Su fruta madre...
-Bueno, no pasa nada, luego me pondrán una de esas batas verdes, ¿no?
-Eso espero.
Para entones ya tenía unas contracciones de lo más interesantes. Pero no me servían de nada porque... a ver cómo lo explico. Soy de risa fácil. Lo soy en condiciones normales, pero también en condiciones anormales. Para mi desgracia, cuando estoy tensa, nerviosa, asustada o dolorida también me entra la risa. No lo puedo evitar. Esto tiene su lado bueno: en las entrevistas y exámenes orales siempre parezco tranquila y a mis anchas. También tiene su lado malo: algunas personas se lo toman como desinterés o falta de respeto. Y la matrona no se lo tomó precisamente por el lado bueno.
-Mucho te ríes tú para que te esté doliendo -me decía.
Y el mensaje era: si no te duele es que no tienes contracciones, si no tienes contracciones es que la oxitocina no te está haciendo efecto, y si la oxitocina no te hace efecto tenemos un problema.
Uno de los gordos.
Entonces se acercaba al gotero, le metía un meneo, empezaba a caer más y yo veía las estrellas, me reía más y no avanzábamos nada, hasta que decidió "echarme un vistazo" y cambió bruscamente de opinión.
-Si quieres la epidural hay que ponértela YA -anunció.
-¡Quiero! ¡Quiero!
Entonces hicieron salir a ZaraJota de la habitación, entró el anestesista, y empezamos con la acrobacia cirquense.
Resulta que para ponerte la epidural tienes que sentarte muy recta, encorvarte sobre ti misma para que las vértebras se marquen claramente en tu espalda, y después mantenerte inmóvil mientras te pinchan.
Fácil, ¿eh?
Ahora imagina que estás en bolas, con tubos por todas partes, una compresa que debes sujetar entre las piernas, una barriga el tamaño de Júpiter y contracciones. Y, por si esto no fuera poco, añade ciertos... problemas personales.
-No te encuentro la columna -me dijo el anestesista.
-¿No estoy bien colocada?
-No, no, es por la grasa.
-Eh... gracias.
-A ver, inclínate más... Ay... es que tienes una escoliosis tremenda. A ver... no . Y ahora... no. Voy a intentarlo una vez más...
El anestesista se disculpó. Me dijo que tenía tal escoliosis que la única forma era ir probando hasta atinar con el punto.
-Tú pincha todo lo que haga falta, pero la epidural me la pones cueste lo que cueste.
Y eso hizo.


Hasta que de pronto noté que se incorporaba.
-Estoooo... tú no tendrás sida, ¿verdad?
-No, ¿por?
-Nada, nada. Que me he pinchado yo.
-¡De eso nada! ¡Que la epidural es para mí!
-Voy a llamar a mi compañera a ver si ella puede.
-¿Y si no puede?
-No te preocupes: esto es como abrir un bote de mayonesa: te tiras horas intentándolo, y luego el primero que pasa lo abre sin esfuerzo.
Y así fue. Entre tanto, yo había conseguido perder la compresa y que se me soltara la vía. Entre eso y el autopinchazo del anestesista, cuando ZaraJota entró a la habitación las sábanas estaban llenas de sangre.
-¿PERO QUÉ HA PASADO AQUÍ?
-No te preocupes, no es toda mía.
-¿Y se supone que eso me tiene que tranquilizar?
Me cambiaron toda la ropa de cama y me dijeron que me echara la siesta.
-Y tú aprovecha para irte a comer -le dijeron a ZaraJota.
-¡Pero no puedo dejarla así!
-Si quieres puedes comprarte un bocadillo y comértelo aquí.
Yo estaba alucinando.
-Y UN GÜEVO VAS A COMERTE UN BOCADILLO EN MI CARA MIENTRAS ESTOY DE PARTO.
Que llevo en ayunas desde ayer, coñoyá.
ZaraJota se fue a comer. Cuando volvió, yo estaba sudando como un pollo. Hacía muchísimo calor.
-¿Me abanicas?
ZaraJota sacó el abanico de mi abuela y empezó a darme airecito con tan poco gracia que le acabé quitando el abanico. ¿Por qué los hombres no saben abanicar? En serio, no es tan complicado. Mira Locomía.
Visto el éxito, cambiamos el abanico por un trapito empapado en agua que me ponía en la frente de vez en cuando. Cuando volvió la matrona, le pedí permiso para beber agua.
-¡Solo sorbitos pequeños! -me advirtió.
-Sí, sí. Es que tengo calor.
La matrona me miró de arriba a abajo.
-¿Y por qué estás tapada con la colcha?
-Eh...
La parte positiva es que así me di cuenta de que, efectivamente, la epidural había empezado a hacerme efecto.
Al rato la matrona volvió para explorarme. Otra vez.  A esas alturas yo ya me sentía como el puto río Congo.
-Todo va bien, pero el niño no ha entrado en el canal de parto. Vamos a tener que sacarlo con unas ventosas. Voy a prepararlo todo y ahora vengo.
-¿Y yo qué hago? -pregunté. Que lo mismo podía ayudar dándome golpecitos en la cabeza, tipo bote de ketchup.
-Nada.
-Es que tengo ganas de empujar.
-Bueno, pues empuja, que mal no te puede hacer.
Se fue a por las ventosas y cuando volvió a asomarse a mis bajos se le cambió la cara.
-¡QUE YA ESTÁ AQUÍ! ¡QUE LE VEO EL PELITO!
-No puede ser -le dije-. Nadie en mi familia ha parido un niño con pelo desde que el mundo es mundo.
Pero ya no me hacían caso. De pronto había un montón de gente desmontando partes de la cama y montando otras. Una señora me bañó en un líquido rosa.
-Es desinfectamente -me dijo.
Otra me colocó una especie de manta verde en las piernas.
-Es aséptica -me dijo.
ZaraJota me agarró la mano, y yo miré la camiseta llena de pelos de gato.
Ay, dios... Tiene pelos como para rellenar un colchón.
¿No le van a poner una bata verde ni nada?
¿Será que lo van a echar?
ZaraJota se aferró a mi mano y se concentró en poner cara de "yo no llevo una camiseta cubierta de pelos de gato". Lo debía estar haciendo muy bien: nadie parecía fijarse en él.
-Bueno -dijo la matrona-, a ver si podemos hacer esto nosotras y no hace falta meter a "los hombres".
Los hombres, ya lo sabía yo, eran los ginecólogos, y yo era la última interesada en que intervinieran, así que cuando me dijeron que agarrara la barra la agarré, cuando me dijeron que intentara arrancarla lo intenté, y cuando me dijeron que me metiera los dedos en la vagina para tocar la cabeza del niño... me negué en redondo. Que una tiene un límite.
-¡Que sí, boba, verás lo cerca que está!
Ay, lo que tiene que hacer una poco los hijos...
Y obedecí.
Ostras.
Que está ahí mismo. ¡Esto está hecho!
Entonces la matrona se volvió a ZaraJota.
-¿Quieres tocar tú? -le preguntó.
Yo miré de reojo la camiseta llena de pelos.
"Que diga que no, que diga que no..."
-No, gracias. Quizá en otra ocasión.
Volví a mirarle de reojo y le mandé un mensaje telepático.
"¿En otra ocasión? ¿EN OTRA OCASIÓN?"
"¡Que me he liao! ¡Que estoy muy nervioso!"
La matrona interrumpió nuestra conversación telepática para anunciarnos que iba a tener que recurrir a la episeotomía, que es un cortecito que se hace en una parte muy delicada del organismo para evitar que se rompa accidentalmente y sea peor.
-Claro, claro, lo que haga falta -le dije.
Entonces fue cuando me di cuenta de que la epidural no había quedado bien puesta, y solo tenía dormidas algunas partes del cuerpo, y no precisamente la más importantes para el proceso.
En fin. No voy a entrar en detalles. Lo importante es que Bebé-kun salió rápido y bien.
Me lo pusieron encima, con su olor a barquillos de vainilla y los ojitos muy abiertos, y las enfermeras le colocaron un gorrito sospechosamente parecido a las redes para los garbanzos del puchero.
Con el hambre que yo tenía, ya son ganas de provocar.
Nos dijeron que teníamos que estar dos horas "en observación", y nos dejaron solos para que descansáramos.
Aprovechamos para llamar a mis padres, lo que, ahora que lo pienso, igual era un poco incoherente.
-Hola -les dije-. ¿Está por ahí Bebé-chan?
Obsérvese que todavía era Bebé-chan por entonces.
-Sí.
-Que se ponga.
-Espera, que le pongo el manos libres... Dile hola a mamá.
-HOLA MAMÁ.
-Hola piojito. Soy mamá. ¿Y sabes quién está conmigo? El hermanito, que ya ha salido.
Entonces oí de fondo la voz de mi padre.
-¿Y CUÁNDO NOS LO PENSABAS DECIR?
Uy, uy, que para mí que mis padres empiezan a sospechar algo.




Fin.





21 septiembre 2015

Japiberdei tu bebechan

Interrumpimos la emisión porque hoy, 21 de septiembre de 2015, Bebé-chan cumple tres añazos y es oficialmente ascendida a Nena-chan.
Para celebrarlo, vamos a hacer un concurso.
¿Preparados?

Como sabéis, los estudios de cine y televisión tienen expertos en publicidad, márketing y estudios de mercado que les ayudan a decidir qué títulos poner a sus producciones.
A Bebé-chan Nena-chan estas decisiones le importan un pimiento: ella llama a las cosas como le da la gana, y a veces adivinar lo que está pidiendo es bastante complicadito.
Y de eso va el concurso:
 Bebé-chan Nena-chan regala un libro del #Lorzfunding a la primera persona o persono que envíe un mail a lorzagirl@gmail.com con los títulos oficiales de las siguientes películas, series y programas de la tele:


1. Letigó

2. El papá de la princhesita

3. Angüisin (antes conocida como Cacabebes)

4. La película de la rana

5. Tele-Dudo

6. Tetera café

7. Señorita tiene pie grande, tiene pie pequeño

8. Bajo del mar

9. Los banana

10. Niños cochina

11. Epidermán

12. Pingüinos cantan

13. Llora Llora

14. Perro que corre

En caso de que nadie acierte todos, el ganador será el primero que acierte más.
Y si el ganador lo prefiere, en lugar de libro le enviaremos una camiseta.
¿Está claro?

¡Mucha suerte y que gane el más rápido!


Pd: Hemos deshabilitado temporalmente los comentarios para evitar trampucias. Los volveremos a activar en cuanto tengamos un ganador. Para cualquier duda os podéis dirigir a lorzagirl@gmail.com




EDITADO 22/09/2015
El plazo para participar ha finalizado. 
En breve nos pondremos en contacto con el ganador y haremos públicas las respuestas. 


EDITADO 22/09/2015, UN PAR DE CAMBIOS DE PAÑALES MÁS TARDE

Lo primero, las respuestas correctas.


1. Letigó
Si tienes que ver Frozen unas quinientas veces al día, al menos que sea en la versión de Idina Menzel.


2. El papá de la princesita
Cualquiera de Star Wars en la que salga Darth Vader, el papá de la princesita.

3. Angüisin (antes conocida como Bancabebés)
Lo de Nena-chan con Blancanieves fue amor a primera vista, y aunque después hemos pasado rachas de Frozen o de Enredados, siempre acabamos volviendo al clásico, que empezó llamando Cacabebés, luego Bancabebés, y ahora ha evolucionado a Angüisin.
Blancanieves, por la primera canción que canta la susodicha mientras la acosa el príncipe stalker.


4. La película de la rana
Enredados. Ya no sabemos cómo explicarle que es un puñetero camaleón.



5. Teledudo
El centro del universo es un lugar excavado en la roca y llamado Fraggle Rock. Y Dudo es el fraggle que más mola de todos, aunque solo sea porque es el único del que tenemos peluche.


6. Tetera café
La bella y la bestia. La nena tiene claro dónde estaba el talento en esa película.


7. Señorita tiene pie grande, tiene pie pequeño
Cenicienta.


8. Bajo del mar
La Sirenita, a pesar de que jamás ha oído la canción en castellano.


9. Los banana
Cualquiera en la que salgan minions, por razones obvias.  



10. Niños cochina
Masterchef en cualquiera de sus ediciones, incluida la junior y el espanto de Cocineros al volante.


11. Epidermán
Spíderman. Cualquiera de ellas. no creo que haya visto más de cinco minutos de ninguna, pero eso es lo de menos. Le encanta Spiderman: tiene uno tamaño Gi-Joe y otro tamaño pinipón: dice que son Epidermán Mamá y Epidermán Bebé. Por suerte para mi salud mental, Epidermán Mamá no ha oído hablar de los beneficios de la lactancia materna y alimenta a su vástago con biberón.


12. Pingüinos cantan
Happy feet, aunque técnicamente va de un pingüino que no puede cantar.


13. Llora llora 
Dora, Dora, Dora 
La exploradoooora...

Pero Nena-chan prefiere cantar

Llora, llora, llora
la exploradoooooora...

y es raro, porque cada vez que sale en la tele la que llora soy yo.


14. Perro que corre
Bolt.
¿Por qué? Ni idea.  Como bien ha dicho uno de los participantes, "hay muchas películas de perros que corren". De hecho, los perros no pueden hacer mucho más que correr, ladrar y olerse el trasero unos a otros. Pero para Nena-chan el perro que corre es solo Bolt.




Gracias a todos por participar.
Vuestras respuestas han sido muy... interesantes. Sí. Eso.
Preocupantes, también, en algún caso. Pero bueno, yo no soy nadie para criticar: a fin de cuentas soy la que le ponía Spiderman a una niña de dos años.

En fin.

No ha habido ningún participante que acertara las 14 películas (ahí si que me habría empezado a preocupar de verdad por vuestra salud mental).
En cambio, sí que tenemos una acertante de 12. Asegura que ha sido por casualidad, y por tanto su estado mental no supone ningún peligro para las personas que le rodean...
En cualquier caso, enhorabuena, ¡en breve nos pondremos en contacto contigo para hacerte llegar el premio!



PD. vuelvo a activar los comentarios, aunque me dais un miedo...

17 septiembre 2015

Operación Timey Wimey, 4

Previously in Lorz...
Lo del culo.

El equipo médico al completo me había dejado claro que lo mejor que podía hacer para acelerar el parto era relajarme y disfrutar. Me dieron incluso una explicación médica, pero como no me acuerdo he pensado que mejor me invento una:
Resulta que si el embarazo empieza exactamente como comenzó, te dan puntos de feng shui y luego puedes cambiarlos por un ipad.
Por ejemplo.
Para garantizar que nadie venía a aturdirnos con su amor, ZaraJota y yo pusimos en marcha la Operación Timey Wimey, que se basaba en tres puntos:

1. NEGACIÓN PAUSIBLE
En realidad, más que negación pausible era negación sin pausa.
-¿Cuánto tiempo estarás ingresada? -me preguntaban.
-No lo sé.
-¿Cuándo podrás recibir visitas?
-No nos lo han dicho.
-¿Van a provocarte el parto?
-No nos han informado.
-¿Estás tonta o qué?
-No tenemos confirmación.
Y todo así.
-Pues vaya con la seguridad social -me dijo mi madre por teléfono al segundo día de ingreso-, que no te dan explicaciones de nada.
Entonces empezó a preocuparme que mi madre se plantara en el hospital, con los brazos en jarras y los dientes apretaos, a montar el pollo porque no nos daban explicaciones, y cambiamos de táctica: en lugar de negación pausible optamos por "según evolución".
-¿Cuánto tiempo estarás ingresada? -me preguntaban.
-Según evolución.
-¿Cuándo podrás recibir visitas?
-Según evolución.
-¿Van a provocarte el parto?
-Según evolución.
-¿Estás tonta o qué?
-Según evolución.

2. CORTINA DE HUMO
El personal me dejó llevarme el teléfono móvil a todas partes, incluido el paritorio, y lo pude seguir usando hasta que necesité las dos manos libres (la matrona, que se empeñó en que arrancara una barra de la cama, dios sabrá para qué).
Así pude estar pendiente de Bebé-chan, contestar mensajes, y twittear con mucho cuidado para que nadie sospechara.



Bueno, más o menos.

3. ESCÓNDETE DETRÁS DEL MORENO
Cuando fuimos a urgencias pensábamos que seguramente no sería nada y que nos mandarían de vuelta a casa, así que en vez de ir al hospital que teníamos previsto, nos fuimos al que nos pillaba más cerca, que casualmente es un hospital militar. Eso nos vino muy bien porque cada vez que alguien detectaba algún agujero en nuestra historia, simplemente decíamos "es que es un hospital militar".
Y a todo el mundo le parecía de lo más razonable. Gracias, Expediente X, por convencer a la humanidad de que los militares son raros.

En fin.
A pesar de que ZaraJota miente de p*t* pena, la Operación Timey Wimey funcionó perfectamente:
durante dos días, nuestras familias estuvieron convencidas de que estábamos en el hospital "en observación", por "una cuestión de puro procedimiento" y porque "los militares son así". Y no era mentira: estaba de lo más observada y procedimentada.

El primer día me pusieron la dichosa prostaglandina y no me hizo nada, así que el segundo día directamente me llevaron a la sala de dilatación y me pusieron un gotero con oxitocina que, por lo que he oído, es algo así como polvos pica-pica para el piticlín.
-Y ahora, a esperar -dijo la matrona.
Como teníamos mucho tiempo por delante, ZaraJota y yo nos dedicamos mirar los piquitos de las contracciones en el monitor. Nos habíamos inventado un juego, "adivina cuánto duele": ZaraJota intentaba adivinar, solo mirándome a la cara, a que número de la gráfica llegaríamos. Se le daba muy bien hasta que llegamos al ocho y empecé a poner la misma cara en todas (más tarde descubriría, con gran felicidad, que a partir del doce saco la lengua).
Estábamos en esas cuando mi madre envió un mensaje al GRUPO FAMILIA.
"Bebé-chan no tiene camisetas de manga corta"
Dejé de mirar el monitor para contestar.
"Tiene que haber, metí dos mudas completas en su mochila"
"Pues no hay. y es que hemos pensado ir al parque, y justo hoy hace calor, y solo hay camisetas de manga larga, y se va a cocer"
Esperé a un hueco entre contracciones y la llamé.
-¿Qué pasa?
-Que estoy mirando la maleta de la niña, y solo tiene camisetas de manga larga.
-No puede ser, metí dos mudas completas, mira a ver...
-No, no hay.
-A ver, dime lo que hay.
-¡Viene otra! -me avisó ZaraJota, que parecía creer que si no me avisaba no me iba a dar cuenta o algo-. Esta va a ser un ocho, por lo menos.
-Hay unos leggins, una camiseta de Frozen de manga larga, ¿ves? Es de manga larga.
-¿Y... no hay... una blanca de manga corta?
-No.
-¿No?
-Ah, sí, aquí está.
-Pues... ponle... esa -por dios, ponle esa, ponle un saco, ponle un tanga de leopardo, me importa un pedo de gamba.
-Es que es interior.
-No... es... interior -es una p*t* camiseta blanca, es interior, es exterior, es lo que te dé la gana.
-Es que no lleva dibujo, Y tú siempre le pones camisetas con dibujo.
-La cami... seta de Frozen se transparenta... por eso debajo... le pongo camiseta... sin... dibujo -maldita sea la camiseta de Frozen, maldita sea Frozen, maldita sea la madre del guionista de Frozen por toda la eternidad.
-Ah, pues le pongo esta.
-Eso... -esa, otra, la de más allá, no me importa, de verdad, si no me voy a enterar, y si no, en vez de ir al parque te quedas en casa y le soplas en la cara para que parezca que le da el aire.
-Es que la he visto y como tú siempre le pones camisetas con dibujo pues he pensado, esta va a ser interior, y la otra era de manga larga, y he pensado, esto va a ser que hizo la maleta esos días que refrescó, ¿te acuerdas la semana pasada que refrescó?, y luego se ha olvidado de meter cosas así como más de veranito, y es que hoy hace mucho calor, y queremos ir al parque y he pensado que como le ponga la camiseta de manga larga se va a cocer, pobrecita mía, con esa piel que tiene, y claro, como solo había camisetas de manga larga y la otra no tenía dibujo y yo creía que era interior...
-Uy, que cara estás poniendo -me dijo ZaraJota-. Eso es que va a ser un nueve por los menos.
-BUENO MAMÁ PUES NADA RESUELTO YA SI ESO HABLAMOS LUEGO.
Al rato recibí otro mensaje de mi madre.




--------------------------------------
Aprovecho para hacer un inciso:
Dios, si existes y de verdad te gusta mandar gente al infierno, hazme el favor: no envíes a los homosexuales, que no le han hecho nunca nada malo a nadie. Envía en su lugar al hijo de la gran p*t* que inventó los grupos de whatsapp. Anda. Hazlo por mí.
--------------------------------------




Y el mensaje de mi madre decía:
"Vamos para el hospital a recoger los justificantes para el trabajo"
Como yo estaba ingresada, mi madre se había cogido tres días por "ingreso hospitalario de familiar en primer grado" para quedarse con Bebé-chan.
"¿Y lo necesitas YA-YA-YA?", pregunté. O sea, que estoy pariendo y tal.
"Yo no, pero tu padre sí"
"Creía que había ido a trabajar"
"Y ha ido"
Me rindo. Prefiero no saberlo. Venid a por el p*t* justificante si os hace tan felices.
"Vale, avisad cuando lleguéis para que salga ZaraJota a ver a Bebé-chan"
Y entonces miré a ZaraJota y por primera vez me fijé en su camiseta.
-¿Esa no es la misma camiseta que llevabas ayer? -le pregunté.
-Sí, es la que me puse para venir al hospital.
-¡Hace dos días de eso!
-Ya, es que no me acordé de coger una muda para mí.
-¡Pero estuviste en casa recogiendo cosas! ¡Dos veces!
-Ya, es que se me olvidó coger otra camiseta.
-POR LOS CLAVOS DE MI BILLY, ¿QUÉ COJONES OS PASA HOY A TODOS CON LAS CAMISETAS?
Bueno. Pensé. Vamos a calmarnos. Ya que mis padres van a venir al hospital podían traerle una camiseta limpia. Hermano Mediano, que vive con ellos, tiene millones de camisetas, y no sería la primera vez que le presta alguna a ZaraJota. Así que mandé un mensaje al GRUPO FAMILIA.
"Ya que vais a venir, ¿podéis traerle a ZaraJota una camiseta?"
Mi madre, siempre solícita, no tardó en contestar.
"Claro, ¿cuál?"
Miré a ZaraJota con desesperación. ¿Cómo que cual?
"Una camiseta, la que sea. La que quiera prestarle Hermano Mediano"
"Ok", contestó, "¿de manga larga o de manga corta?"
¿Sabéis lo que os digo? Que os metáis la camiseta por el culo.

Continuará...