Ya es oficial: Bebé-chan va a tener un hermanito. Con O. De niño.
Todo el mundo se pone muy contento cuando lo digo.
-¡Qué bien! -dicen-. ¡La parejita!
Yo al principio no entendía nada:
Parejita sería si fueran dos niñas, ¿no?
Un par de niñas. Una pareja. La parejita.
Una niña y un niño, en cambio, no son una parejita, salvo, quizá en el antiguo Egipto y en Juego de Tronos, ¿no?
Pero la gente no paraba de decírmelo con muchísima alegría, así que yo no paraba de darle vueltas al tema porque oye, yo fe en la estupidez humana tengo muchísima, pero tampoco hay que pasarse.
En serio, ¿por qué es tan importante tener la parejita?
Aquí mis teorías:
Porque así si estás en la calle y a los dos les da gana de hacer pipí a la vez, mamá puede acompañar a la niña al baño de las niñas y papá al niño al baño de los niños y nadie se estresa.
Porque hay personas que creen que hay juguetes de niña y juguetes de niño, y al tener un niño y una niña te ganas el derecho a tener de los dos.
Porque convivir con el sexo opuesto te ayuda a comprenderlo, apreciarlo y respetarlo y reduce el riesgo de crecer con prejuicios.
Y mi favorita:
Porque así si hay un Apocalipsis Nuclear™ y son los únicos supervivientes tendrán que procrear entre ellos y surgirá una nueva civilización basada únicamente en los genes de ZaraJota y los míos.
Para ser sincera, la parte del incesto me da un poco de asquito, pero luego me acuerdo de la parte de Dominar el Mundo™ y se me pasa.
Quise poner a prueba mis teorías, así que al siguiente que me soltó eso de "¡qué bien, la parejita!", le pregunté:
-¿Qué bien por qué?
-Bueno, mujer -me contestó-: así tienes uno de cada.
Aaaaah...
Así que era eso...
¡Resulta que son coleccionables!
Pd. ¡Hazte con todos!
22 abril 2015
14 abril 2015
09 abril 2015
Ejercicio moderado
Esta semana santa estábamos dudando entre irnos a la playa o quedarnos en casa poniendo orden a nuestras vidas, cuando mi suegra dijo que venía a visitarnos y la cuestión quedó resuelta.
-Decidido: ¡a la playa!
Pero ZaraJota no estaba de acuerdo.
-¡No podemos irnos justo cuando viene mi madre!
-Pues no entiendo por qué.
Lo entendí después: la suegra se presentó en casa con una mona.
La mona de pascua es una ideaca catalana que consiste básicamente en chocolate: en la versión más sencilla es simplemente una figurita de chocolate, y en la versión mi suegra era un bizcocho recubierto de chocolate que servía de base a una casita de chocolate cubierta de mariquitas de chocolate. También llevaba una Peppa Pig, pero era de plástico. Sí, lo comprobé.
Cuando la vi miré a mi suegra con cara de "estoy a dieta y os odio a todos".
-Ha sido idea de tu cuñada -dijo.
Así que le mandé un mensaje a mi cuñada en plan "estoy a dieta y os odio a todos".
"¿No te gusta?", contestó ella, "¡lleva chocolate y marihuana!"
Y yo:
"..."
"¡Jajaja! ¡Mariquitas! ¡Lleva mariquitas! ¡El corrector! ¡Jajaja!"
En fin.
Ya que estábamos en Madrid y hacía un tiempo estupendo decidimos aprovechar y Disfrutar del Aire Libre.
Así que un día nos fuimos a Madrid Río y alquilamos una de esas bicis-carrito para cuatro personas porque siempre me ha parecido muy divertido.
Una hora más tarde seguía pareciéndome muy divertido; lo que ya no me parecía era adecuado para una mujer embarazada, sobre todo porque en el carrito, que vacío ya pesaba, iban cuatro personas (y un feto) y solo pedaleaban dos (una de ellas portando un feto), y porque hacía mucho calor, y porque de pronto todo el p*t* Madrid Río parecía estar cuesta arriba, y porque la gente que iba en otros carritos parecía deslizarse grácilmente y sin esfuerzo, mientras que ZaraJota y yo gemíamos y sudábamos como dos ballenas jugando al parchís, pero sin el gustirrinín.
Yo pensaba que iba a ponerme de parto de un momento a otro, pero no me puse, y eso me animó muchísimo.
-¿Qué hacemos ahora?
Mi suegra parecía preocupada.
-¿Seguro que deberías estar haciendo esfuerzos?
-¡Claro! El médico dice que puedo hacer "ejercicio moderado".
Sea lo que sea eso.
Así que en los días siguientes visitamos el Jardín Botánico, recorrimos el Retiro enterito, subimos y bajamos por el Rastro en hora punta y (esto ya sin mi suegra) jugamos repetidamente al parchís.
Y para rematar, cada vez que nos topábamos con un parque infantil, Bebé-chan me decía:
-¡ARA MAMÁ!
Y a mí me hacía mucha gracia y me subía en lo que ella dijera, ya fuera columpio, balancín o tobogán.
Ay.
El lunes estaba un poco como que me moría y tal.
Pensé que era síndrome postvacacional o algo y me fui a trabajar, pero por la tarde estaba peor y me fui a urgencias, porque hacía mucho tiempo que no iba y me debían estar echando de menos.
-Y bien -dijo el médico-, ¿has hecho algo fuera de lo normal estos días?
Me lo tuve que pensar un rato, porque la palabra "normal" siempre me desorienta un poco.
-Bueeeeno... -dije al final-. Mi suegra ha venido a visitarnos y he estado tomando marihuana.
Así, en plan resumido.
-Decidido: ¡a la playa!
Pero ZaraJota no estaba de acuerdo.
-¡No podemos irnos justo cuando viene mi madre!
-Pues no entiendo por qué.
Lo entendí después: la suegra se presentó en casa con una mona.
La mona de pascua es una ideaca catalana que consiste básicamente en chocolate: en la versión más sencilla es simplemente una figurita de chocolate, y en la versión mi suegra era un bizcocho recubierto de chocolate que servía de base a una casita de chocolate cubierta de mariquitas de chocolate. También llevaba una Peppa Pig, pero era de plástico. Sí, lo comprobé.
Cuando la vi miré a mi suegra con cara de "estoy a dieta y os odio a todos".
-Ha sido idea de tu cuñada -dijo.
Así que le mandé un mensaje a mi cuñada en plan "estoy a dieta y os odio a todos".
"¿No te gusta?", contestó ella, "¡lleva chocolate y marihuana!"
Y yo:
"..."
"¡Jajaja! ¡Mariquitas! ¡Lleva mariquitas! ¡El corrector! ¡Jajaja!"
En fin.
Ya que estábamos en Madrid y hacía un tiempo estupendo decidimos aprovechar y Disfrutar del Aire Libre.
Así que un día nos fuimos a Madrid Río y alquilamos una de esas bicis-carrito para cuatro personas porque siempre me ha parecido muy divertido.
Una hora más tarde seguía pareciéndome muy divertido; lo que ya no me parecía era adecuado para una mujer embarazada, sobre todo porque en el carrito, que vacío ya pesaba, iban cuatro personas (y un feto) y solo pedaleaban dos (una de ellas portando un feto), y porque hacía mucho calor, y porque de pronto todo el p*t* Madrid Río parecía estar cuesta arriba, y porque la gente que iba en otros carritos parecía deslizarse grácilmente y sin esfuerzo, mientras que ZaraJota y yo gemíamos y sudábamos como dos ballenas jugando al parchís, pero sin el gustirrinín.
Yo pensaba que iba a ponerme de parto de un momento a otro, pero no me puse, y eso me animó muchísimo.
-¿Qué hacemos ahora?
Mi suegra parecía preocupada.
-¿Seguro que deberías estar haciendo esfuerzos?
-¡Claro! El médico dice que puedo hacer "ejercicio moderado".
Sea lo que sea eso.
Así que en los días siguientes visitamos el Jardín Botánico, recorrimos el Retiro enterito, subimos y bajamos por el Rastro en hora punta y (esto ya sin mi suegra) jugamos repetidamente al parchís.
Y para rematar, cada vez que nos topábamos con un parque infantil, Bebé-chan me decía:
-¡ARA MAMÁ!
Y a mí me hacía mucha gracia y me subía en lo que ella dijera, ya fuera columpio, balancín o tobogán.
Ay.
El lunes estaba un poco como que me moría y tal.
Pensé que era síndrome postvacacional o algo y me fui a trabajar, pero por la tarde estaba peor y me fui a urgencias, porque hacía mucho tiempo que no iba y me debían estar echando de menos.
-Y bien -dijo el médico-, ¿has hecho algo fuera de lo normal estos días?
Me lo tuve que pensar un rato, porque la palabra "normal" siempre me desorienta un poco.
-Bueeeeno... -dije al final-. Mi suegra ha venido a visitarnos y he estado tomando marihuana.
Así, en plan resumido.
28 marzo 2015
El cerezo. Drama costumbrista en tres actos.
ACTO PRIMERO
Delante de la guarde de Bebé-chan hay un árbol mutante de esos que echan las flores antes que las hojas, llámese cerezo, almendro o dubidubidubidú.
Ha estado pelón todo en invierno y de pronto PLUF: una mañana estaba cuajadito de flores.
-Mira, Bebé-chan -le dije-, mira el árbol.
Pero Bebé-chan es un animal de costumbres y aquello no le hizo ninguna gracia.
-¡BUAAAAAA! ¡EL ÁRBOL ESTÁ CHUCHIO!
-¡No está sucio! ¡Mira, son flores!
-¡NOOOOOO! ¡ETÁ TORO CHUCHIOOOO!
Entonces la cogí en brazos para que lo viera de cerca.
-Mira, ¿ves? Son FLORES. ¿A que son bonitas?
-¡CHIIII!
-Tócalas, ¿ves? ¡También son suaves!
-¡OOOOH!
Bebé-chan estaba encantada.
Entonces la cogí en brazos para que lo viera de cerca.
-Mira, ¿ves? Son FLORES. ¿A que son bonitas?
-¡CHIIII!
-Tócalas, ¿ves? ¡También son suaves!
-¡OOOOH!
Bebé-chan estaba encantada.
ACTO SEGUNDO
Al día siguiente salimos de casa como siempre.
"Como siempre" en klingon significa "tarde, Bebé-chan haciendo masillas con una galleta y yo cargando con su mochila, mi bolso y mi tupper mientras intento no potar".
"Como siempre" en klingon significa "tarde, Bebé-chan haciendo masillas con una galleta y yo cargando con su mochila, mi bolso y mi tupper mientras intento no potar".
Comodísimo todo.
Estábamos a punto de entrar en la guarde cuando Bebé-chan empezó a gritar.
-¡NOOOO! ¡GUARDE NOOOO! ¡ÁRBOL! ¡QUERO TOCAR FLORES ÁRBOL!
Suspiré. Cogí a Bebé-chan en brazos, me acerqué al árbol, acariciamos las flores ("MIRA MAMÁ SON ROCHAAAA") y Bebé-chan se fue a la guarde feliz como una perdiz.
Al día siguiente volvió a hacer lo mismo.
Y al otro.
Y al otro.
Y al otro.
-No te imaginas las ganas que tengo de que se caigan las p*t*s flores -le dije a ZaraJota.
Estábamos a punto de entrar en la guarde cuando Bebé-chan empezó a gritar.
-¡NOOOO! ¡GUARDE NOOOO! ¡ÁRBOL! ¡QUERO TOCAR FLORES ÁRBOL!
Suspiré. Cogí a Bebé-chan en brazos, me acerqué al árbol, acariciamos las flores ("MIRA MAMÁ SON ROCHAAAA") y Bebé-chan se fue a la guarde feliz como una perdiz.
Al día siguiente volvió a hacer lo mismo.
Y al otro.
Y al otro.
Y al otro.
-No te imaginas las ganas que tengo de que se caigan las p*t*s flores -le dije a ZaraJota.
ACTO TERCERO
Un día el suelo de delante de la guarde amaneció cubierto de flores.
-¡BUAAAAAA! -gritó Bebé-chan-. ¡EL CHUELO ETÁ CHUCHIOOOO!
-No está sucio -le expliqué-, son las flores del árbol, que se caen.
-¿FLORES ÁRBOL CAEN?
-Sí -y le di un toquecito a una rama y cayeron unas cuantas flores-. ¿Ves?
-¡BUAAAAAA!
-¿Qué pasa?
-¡¡¡NO QUERO FLORES CAEN!!! ¡¡¡NO QUERO!!! ¡¡¡QUERO TOCAR FLORES ROCHA ÁRBOOOOOL!!!
Ay...
-¡BUAAAAAA! -gritó Bebé-chan-. ¡EL CHUELO ETÁ CHUCHIOOOO!
-No está sucio -le expliqué-, son las flores del árbol, que se caen.
-¿FLORES ÁRBOL CAEN?
-Sí -y le di un toquecito a una rama y cayeron unas cuantas flores-. ¿Ves?
-¡BUAAAAAA!
-¿Qué pasa?
-¡¡¡NO QUERO FLORES CAEN!!! ¡¡¡NO QUERO!!! ¡¡¡QUERO TOCAR FLORES ROCHA ÁRBOOOOOL!!!
Ay...
EPILOGO
-Esta primavera -dijo ZaraJota un día-, podíamos llevar a Bebé-chan al Jardín Botánico a que vea las flores.
Lee mis labios: Y UN COJÓN.
Lee mis labios: Y UN COJÓN.
21 marzo 2015
El día del nombre
-Si tenemos una hija, quiero que se llame Paula. Y si es un niño, Marc -me dijo ZaraJota™ un día.
En concreto, el mismo día que nos enrollamos. O así.
...repelús...
Yo acababa de salir de una relación larga y no tenía ganas ni de nada serio ni de hacer planes para el futuro, y menos con el pringao este, por muy bien que jugara al parchís, así que le dije:
-Vale.
Ay, mierda.
Bueno, qué más da.
Total, ¿qué posibilidades había?
Cinco años y tres bodas más tarde tuvimos una hija y ZaraJota me recordó que tenía que llamarse Paula por contrato.
-¿Qué contrato?
-El que firmaste de "renuncio al derecho a poner nombre a mi primogénita a cambio de que ZaraJota™ siga jugando conmigo al parchís".
Mierda. Es que juega muy bien al parchís, el jodío.
Por entonces la abuela de ZaraJota™ se había empeñado en que me llamo Paula, así que pensé que llamar así a la niña sería una buena obra: la mujer tendría más posibilidades de acertar cuando llamara por teléfono.
Dos años y ninguna boda más tarde (más) volvía a estar embarazada.
-¡Si es niña se va a llamar Lucía y me da igual lo bien que juegues al parchís! -le dije.
-Vale, pues si es niño, Marc.
-De eso nada.
Mi familia es andaluza. Seguro que todos lo llamarían Mah.
-¡Me lo prometiste! ¡A cambio del parchís!
-¡Y MIRA DÓNDE NOS HA TRAÍDO EL PARCHÍS!
Después de una ardua negociación decidimos que si era niño se llamaría Enrique.
A la familia de ZaraJota™ le gustó mucho el nombre.
-¡NOOOOOO! ¿POR QUEEEEEÉ? -gritaron.
Aunque no lo parezca, sí que les gustó: lo sé porque les pregunté.
-¿Qué pasa, no os gusta?
-Noooo, mujer, que va, imaginaciones tuyas.
De hecho les gustó tanto que cuando llaman por teléfono siempre me preguntan:
-¿Todavía quieres que se llame así?
Mi familia fue menos sutil.
-¿Y no prefieres llamarlo de otra forma? -dijo mi padre- no sé, por ejemplo, como yo. Por sugerir un nombre al azar.
-No.
Mi abuelo, mi padre y mi hermano se llaman igual.
Yo me llamo igual que dos tías y una prima.
Todo es muy confuso siempre.
-No queremos repetir nombres de la familia -explicó ZaraJota™.
Mi madre no dijo nada. En aquel momento no me di cuenta de que estaba buscando argumentos.
Tardó un poco, pero los encontró; las madres es que somos así, muy de argumentar.
Un día, sin venir a cuento ni mediar provocación, me dijo:
-Yo tengo un primo segundo que se llama José Enrique.
Al principio no tenía ni idea de qué me estaba hablando. Lo primero que pensé fue que le había dado por el flamenco.
Luego ya caí.
-¡QUE ME DA IGUAL CÓMO SE LLAME TU PRIMOOOO!
-Ah, bueno, nada, como no queréis repetir...
-¡DENTRO DE LA FAMILIA DIRECTA! ¡NO DE UN PRIMO SEGUNDO AL QUE NOS VES DESDE HACE TREINTA AÑOS Y NO RECONOCERÍAS SI TE LO CRUZARAS POR LA CALLE!
-Mujer, tanto como eso...
-¡QUE ME DA IGUAL!
-Bueno, bueno, nada.
Unos días más tarde se fue al pueblo.
-Por favor, dime que no vas a ver si te cruzas con el tal José Enrique solo para llevarme la contraria.
-No, no. Tenemos que hacer unas cosillas -me dijo.
Llevaban allí unos cinco minutos cuando me mandó un mensaje.
"Uno de mis tataratatatarabuelos se llamaba Enrique"
Para mí que "hacer unas cosillas" significa "revisar los archivos parroquiales" en klingon.
Pd: y que caló que caló tengo, que guapa soy y que tipo tengo.
En concreto, el mismo día que nos enrollamos. O así.
...repelús...
Yo acababa de salir de una relación larga y no tenía ganas ni de nada serio ni de hacer planes para el futuro, y menos con el pringao este, por muy bien que jugara al parchís, así que le dije:
-Vale.
Ay, mierda.
Bueno, qué más da.
Total, ¿qué posibilidades había?
Cinco años y tres bodas más tarde tuvimos una hija y ZaraJota me recordó que tenía que llamarse Paula por contrato.
-¿Qué contrato?
-El que firmaste de "renuncio al derecho a poner nombre a mi primogénita a cambio de que ZaraJota™ siga jugando conmigo al parchís".
Mierda. Es que juega muy bien al parchís, el jodío.
Por entonces la abuela de ZaraJota™ se había empeñado en que me llamo Paula, así que pensé que llamar así a la niña sería una buena obra: la mujer tendría más posibilidades de acertar cuando llamara por teléfono.
Dos años y ninguna boda más tarde (más) volvía a estar embarazada.
-¡Si es niña se va a llamar Lucía y me da igual lo bien que juegues al parchís! -le dije.
-Vale, pues si es niño, Marc.
-De eso nada.
Mi familia es andaluza. Seguro que todos lo llamarían Mah.
-¡Me lo prometiste! ¡A cambio del parchís!
-¡Y MIRA DÓNDE NOS HA TRAÍDO EL PARCHÍS!
Después de una ardua negociación decidimos que si era niño se llamaría Enrique.
A la familia de ZaraJota™ le gustó mucho el nombre.
-¡NOOOOOO! ¿POR QUEEEEEÉ? -gritaron.
Aunque no lo parezca, sí que les gustó: lo sé porque les pregunté.
-¿Qué pasa, no os gusta?
-Noooo, mujer, que va, imaginaciones tuyas.
De hecho les gustó tanto que cuando llaman por teléfono siempre me preguntan:
-¿Todavía quieres que se llame así?
Mi familia fue menos sutil.
-¿Y no prefieres llamarlo de otra forma? -dijo mi padre- no sé, por ejemplo, como yo. Por sugerir un nombre al azar.
-No.
Mi abuelo, mi padre y mi hermano se llaman igual.
Yo me llamo igual que dos tías y una prima.
Todo es muy confuso siempre.
-No queremos repetir nombres de la familia -explicó ZaraJota™.
Mi madre no dijo nada. En aquel momento no me di cuenta de que estaba buscando argumentos.
Tardó un poco, pero los encontró; las madres es que somos así, muy de argumentar.
Un día, sin venir a cuento ni mediar provocación, me dijo:
-Yo tengo un primo segundo que se llama José Enrique.
Al principio no tenía ni idea de qué me estaba hablando. Lo primero que pensé fue que le había dado por el flamenco.
Yo tengo un primo
Yo tengo un primo
Yo tengo un primo que se llama José Enrique
Que me dice mia mia
Que me dice qué caló
Luego ya caí.
-¡QUE ME DA IGUAL CÓMO SE LLAME TU PRIMOOOO!
-Ah, bueno, nada, como no queréis repetir...
-¡DENTRO DE LA FAMILIA DIRECTA! ¡NO DE UN PRIMO SEGUNDO AL QUE NOS VES DESDE HACE TREINTA AÑOS Y NO RECONOCERÍAS SI TE LO CRUZARAS POR LA CALLE!
-Mujer, tanto como eso...
-¡QUE ME DA IGUAL!
-Bueno, bueno, nada.
Unos días más tarde se fue al pueblo.
-Por favor, dime que no vas a ver si te cruzas con el tal José Enrique solo para llevarme la contraria.
-No, no. Tenemos que hacer unas cosillas -me dijo.
Llevaban allí unos cinco minutos cuando me mandó un mensaje.
"Uno de mis tataratatatarabuelos se llamaba Enrique"
Para mí que "hacer unas cosillas" significa "revisar los archivos parroquiales" en klingon.
Pd: y que caló que caló tengo, que guapa soy y que tipo tengo.
11 marzo 2015
Yo soy la brisa. Yo soy el viento.
-Hola, me llamo Lorz y llevo cinco días sin potar.
-Hola, Lorz.
Mi primer embarazo empezó con una frase épica:
-Joder, me encuentro fatal, creo que me va a venir la regla.
Nueve meses más tarde la regla no se había dignado a aparecer, pero había potado como para toda la vida (o eso creía yo).
El médico lo llamaba "náuseas matutinas", término que ha recibido recientemente el premio al eufemismo del siglo porque
1 "náuseas" son "ganas de potar". Y yo no me quedaba precisamente con las ganas.
2 "matutinas" son "relativas a la mañana", y yo potaba durante todo día y gran parte de la noche.
El médico me recetó una pastilla para evitar las presuntas náuseas.
-Tómala DESPUÉS del desayuno -dijo.
Y eso hice. Y luego poté. Y, no sé por qué, la pastilla no me hizo efecto.
-Tómala ANTES del desayuno -dijo el médico en la siguiente visita.
Y eso hice: me tomé la pastilla, me tomé el desayuno. Y poté. Y la pastilla siguió sin hacerme efecto.
-Tómala DESPUÉS de la cena -dijo el médico.
Y eso hice. Me tomé la cena, me tomé la pastilla. Y en mitad de la noche me levanté con ganas de potar, calculé mal las distancias y me pegue un guarrazo contra la pared que se me quedó tatuado todo el gotelet en la frente. Y me da que la pastilla tampoco me hizo efecto, porque acto seguido poté sobre la cama.
Gracias Ikea por hacer rellenos nórdicos lavables.
-Lo siento -le dije a Zarajota.
-No te preocupes. Mientras no vuelvas a potarme en la cara mientras jugamos al parchís no pasa nada.
ZaraJota es que es así: tiene muchas manías con el sexo.
Volví al médico.
-Toma la pastilla ANTES de...
-¿CUÁNDO? ¡Al ritmo que vamos me la voy a tener que tomar el año pasado!
Dejé de tomarme la pastilla.
Para entonces me había leído un libro de esos de la-maternidad-es-maravillosa-y-si-sientes-molestias-es-porque-no-tienes-la-actitud-adecuada-cacho-puta.
El libro no tenía desperdicio y durante un tiempo pensé en hacer un post recopilando las estupideces más gordas, pero luego me di cuenta de que tendría que teclearlo a mano prácticamente entero y me dio mucha pereza.
Este libro afirmaba que para evitar las náuseas los único que tienes que hacer es imaginar que te acaricia una brisa fresca.
Perdón, es que me ha dado un ataque de risa y he echado la fanta por la nariz.
Yo me esmeré mucho en imaginarme la puta brisa.
Yo soy la brisa, me decía a mí misma, yo soy el viento.
Como no funcionaba, y el libro dejaba claro que lo único que podía fallar era mi actitud, le puse más empeño.
A gritos.
-¡YO SOY LA BRISA! -gritaba-. ¡YO SOY EL VIENTO! ¡YO SOY...!
-¡TONTA DEL CULO! ¡Y COMO ME VUELVAS A DESPERTAR A GRITOS A LAS TRES DE LA MAÑANA VAS A SER UNA TONTA DEL CULO DIVORCIADA!
Zarajota es que es así: nunca me apoya en nada.
El segundo embarazo va mejor: esta vez estoy teniendo náuseas matutinas de verdad.
Bueno, en realidad las tengo todo el día, pero al menos son solo náuseas.
Bueno, en realidad también he estado potando. Pero solo una o dos veces al día. Y así, como de soslayo.
Así que he pasado de pedir la pastilla y he ido directa a la brisa fresca.
-Yo soy la brisa -le decía a Bebé-chan cuando la acompañaba a la guardería-. Yo soy el viento.
-Yo soy la brisa -decía en el metro, y aún así la gente fingía no verme para no tener que cederme el sitio-. Yo soy el viento.
-Yo soy la brisa -me repetía a mí misma (en voz baja) en el trabajo-. Yo soy el viento.
-Yo soy la brisa -decía mientras jugaba la parchís con Zarajota-. Yo soy el viento.
-De verdad que nuestras relaciones conyugales con cada día más raras, Lorz.
ZaraJota es que es así: nunca está contento con nada.
Pd: agua con mucho hielo bebida a sorbitos. Más efectiva que la puta brisa, garantizado.
-Hola, Lorz.
Mi primer embarazo empezó con una frase épica:
-Joder, me encuentro fatal, creo que me va a venir la regla.
Nueve meses más tarde la regla no se había dignado a aparecer, pero había potado como para toda la vida (o eso creía yo).
El médico lo llamaba "náuseas matutinas", término que ha recibido recientemente el premio al eufemismo del siglo porque
1 "náuseas" son "ganas de potar". Y yo no me quedaba precisamente con las ganas.
2 "matutinas" son "relativas a la mañana", y yo potaba durante todo día y gran parte de la noche.
El médico me recetó una pastilla para evitar las presuntas náuseas.
-Tómala DESPUÉS del desayuno -dijo.
Y eso hice. Y luego poté. Y, no sé por qué, la pastilla no me hizo efecto.
-Tómala ANTES del desayuno -dijo el médico en la siguiente visita.
Y eso hice: me tomé la pastilla, me tomé el desayuno. Y poté. Y la pastilla siguió sin hacerme efecto.
-Tómala DESPUÉS de la cena -dijo el médico.
Y eso hice. Me tomé la cena, me tomé la pastilla. Y en mitad de la noche me levanté con ganas de potar, calculé mal las distancias y me pegue un guarrazo contra la pared que se me quedó tatuado todo el gotelet en la frente. Y me da que la pastilla tampoco me hizo efecto, porque acto seguido poté sobre la cama.
Gracias Ikea por hacer rellenos nórdicos lavables.
-Lo siento -le dije a Zarajota.
-No te preocupes. Mientras no vuelvas a potarme en la cara mientras jugamos al parchís no pasa nada.
ZaraJota es que es así: tiene muchas manías con el sexo.
Volví al médico.
-Toma la pastilla ANTES de...
-¿CUÁNDO? ¡Al ritmo que vamos me la voy a tener que tomar el año pasado!
Dejé de tomarme la pastilla.
Para entonces me había leído un libro de esos de la-maternidad-es-maravillosa-y-si-sientes-molestias-es-porque-no-tienes-la-actitud-adecuada-cacho-puta.
El libro no tenía desperdicio y durante un tiempo pensé en hacer un post recopilando las estupideces más gordas, pero luego me di cuenta de que tendría que teclearlo a mano prácticamente entero y me dio mucha pereza.
Este libro afirmaba que para evitar las náuseas los único que tienes que hacer es imaginar que te acaricia una brisa fresca.
Perdón, es que me ha dado un ataque de risa y he echado la fanta por la nariz.
Yo me esmeré mucho en imaginarme la puta brisa.
Yo soy la brisa, me decía a mí misma, yo soy el viento.
Como no funcionaba, y el libro dejaba claro que lo único que podía fallar era mi actitud, le puse más empeño.
A gritos.
-¡YO SOY LA BRISA! -gritaba-. ¡YO SOY EL VIENTO! ¡YO SOY...!
-¡TONTA DEL CULO! ¡Y COMO ME VUELVAS A DESPERTAR A GRITOS A LAS TRES DE LA MAÑANA VAS A SER UNA TONTA DEL CULO DIVORCIADA!
Zarajota es que es así: nunca me apoya en nada.
El segundo embarazo va mejor: esta vez estoy teniendo náuseas matutinas de verdad.
Bueno, en realidad las tengo todo el día, pero al menos son solo náuseas.
Bueno, en realidad también he estado potando. Pero solo una o dos veces al día. Y así, como de soslayo.
Así que he pasado de pedir la pastilla y he ido directa a la brisa fresca.
-Yo soy la brisa -le decía a Bebé-chan cuando la acompañaba a la guardería-. Yo soy el viento.
-Yo soy la brisa -decía en el metro, y aún así la gente fingía no verme para no tener que cederme el sitio-. Yo soy el viento.
-Yo soy la brisa -me repetía a mí misma (en voz baja) en el trabajo-. Yo soy el viento.
-Yo soy la brisa -decía mientras jugaba la parchís con Zarajota-. Yo soy el viento.
-De verdad que nuestras relaciones conyugales con cada día más raras, Lorz.
ZaraJota es que es así: nunca está contento con nada.
Pd: agua con mucho hielo bebida a sorbitos. Más efectiva que la puta brisa, garantizado.
01 marzo 2015
Carta a un político español. O a varios.
En septiembre mi hija empezará a asistir al colegio, y estos últimos días he estado visitando diversos centros para "elegir" el que más nos guste; y digo "elegir" porque la impresión que da es que lo que se dice elegir puedo elegir poco.
Lo que más me ha sorprendido de los colegios públicos es el profesorado. Esta gente, a la que han recortado la nómina (cuando no suprimido) varias veces, y que trabaja en unas condiciones a veces muy difíciles, desprende un entusiasmo, una dedicación, una profesionalidad que deja boquiabierto. Deberían ustedes subirles el sueldo. O, al menos, pagárselo íntegro. Vamos, como sugerencia y tal.
Pero eso no ha sido lo único que me ha sorprendido.
Va aquí una selección de lo que he estado oyendo estos días.
- "Cuando un niño se hace pipí encima, no lo cambiamos. Llamamos a sus papás para que vengan a cambiarlo, y el pobre se queda mojado lo que tarden en venir. No nos queda más remedio. El ministerio ha metido en los colegios a niños de tres años sin pensar en sus necesidades, como, por ejemplo, que todavía no controlan del todo los esfínteres. A las maestras nos les importaría cambiarles la ropa, pero para eso tendrían que dejar desatendidos a los otros niños de la clase. Es imposible". Pongamos que Bebé-chan se hace pipí encima, nos llaman para que vayamos a cambiarla, y solo localizan a ZaraJota, que gracias a Cercanías y Metro de Madrid tarda como mínimo una hora y media en llegar al colegio. Pues nada, Bebe-chan se espera una hora y media con la ropa empapada. En fin. La idea me molesta, como se puede usted imaginar, pero lo que realmente me saca un poco de quicio es que si el ministerio no ha sido capaz de entender una necesidad tan básica y universal como la de hacer pipí, vaya usted a saber qué otras necesidades menos evidentes pueden estar pasando por alto. Lo que me lleva al siguiente comentario.
-"Nos gustaría tener un sitio más cómodo para que los niños durmieran, pero los inspectores consideran que los niños de tres años no necesitan dormir siesta, y tenemos que hacerlo así, medio a escondidas". Estoy plenamente de acuerdo con los inspectores: dormir está sobrevalorado, como, no sé, la asistencia médica universal gratuita o tener trabajo.
-"Este año, como hay elecciones, es más fácil que nos concedan todo el personal que necesitamos. El año que viene, ya veremos". Es muy tranquilizador pensar que la calidad en la educación de nuestros hijos, e incluso el trato que reciben, depende de si hay elecciones o no. A lo mejor deberíamos tener elecciones todos los años, mira tú.
-"El uniforme de las niñas es una falda de tablas y una camisa blanca. El de los niños un chándal, nos da igual el modelo, pero que no sea de pantalón corto, que luego se caen y se destrozan las rodillas". Ya me parece grave que en un colegio público se segregue por sexos, pero lo que no tiene nombre es que los niños lleven las rodillas protegidas y las niñas no. ¿Qué pasa, las niñas de este cole no se caen? ¿Es os que si se hacen daño no importa? Oye, que igual se lo merecen y todo, por querer correr como los niños y tal.
-"Hemos estado intentando mantener los mismos libros de curso en curso, y favorecer el intercambio entre familias. Además de por ahorrar, lo hacemos porque creemos que bueno para los niños: les enseña a cuidar más el material. Pero ahora, con la nueva ley, vuelven a cambiar todos. Intentaremos elegir los que sean más baratos. Y bueno. si alguien viene con fotocopias... ¿qué le vamos a hacer?". Vamos a ver, señores, en medio de una crisis como esta, ¿de verdad era tan urgente cambiar la ley, sabiendo lo que implica para las familias? ¿No se dan cuenta de que los niños que no puedan tener los libros nuevos parten con desventaja con respecto al resto? ¿No se supone que la escuela pública está para garantizar la igualdad de oportunidades?
-"Este año solo usamos la mitad del comedor. Cada vez vienen menos niños". Qué bien, ¿no? Cada vez más niños comen con sus papás y sus mamás. Debe ser por los extraordinarios avances en conciliación laboral que ha hecho este gobierno. O, o, igual es los papás y las mamás están en paro. Que también podría ser.
Y lo que me parece más grave.
-"Hemos tenido que anular las excursiones. Cada vez había más niños que no podían ir, y nos parecía injusto que se tuvieran que quedar atrás". La excursión en cuestión costaba 20 €. Esto significa que un número significativo de padres no pueden pagar 20 € una vez al año para que sus hijos pasen un día en la granja escuela.
Lo voy a repetir.
HAY FAMILIAS QUE NO SE PUEDEN PERMITIR PAGAR 20 EUROS UNA VEZ AL AÑO.
SON LO BASTANTE NUMEROSAS COMO PARA QUE LOS CENTROS LO NOTEN.
Y ESTO AFECTA AL DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES EDUCATIVAS HABITUALES.
Por no hablar de como afecta al desarrollo de los propios niños y sus padres.
Porque, si los padres no pueden permitirse estos miserables 20 €, a saber qué otras cosas tampoco pueden pagar. Como vacunas. Medicinas. Dentista. Gafas. Alimentos de calidad, sanos y equilibrados.
En fin, esas bobadas.
Yo no me voy a meter en cuestiones educativas.
No voy a decir lo que opino de que en algunos centros haya dos o tres profesores de religión y ninguna enfermera.
O de que una sola maestra tenga que ocuparse de veinticinco niños de tres años, la mayoría de ellos con escaso control de esfínteres, y algunos con discapacidades físicas o mentales.
O de que parece haber más centros bilingües concertados que públicos.
O de que haya clases de danza "para las niñas".
O de que los niños que no dan religión católica tengan que meterse en cualquier zulillo a matar el tiempo mientras el resto se quedan en clase.
O de que sean las ampas las que cubran las necesidades de actividades extraescolares.
O de que todos los comedores los lleven subcontratas, y que el personal que atiende a los niños no tenga que saber nada de nutrición, pediatría, pedagogía o cualquier otra cosa relacionada.
Pero lo que están haciéndole a las familias no tiene nombre.
Espero que algún día se lo pongamos.
Y que estén ustedes delante para verlo.
Lo que más me ha sorprendido de los colegios públicos es el profesorado. Esta gente, a la que han recortado la nómina (cuando no suprimido) varias veces, y que trabaja en unas condiciones a veces muy difíciles, desprende un entusiasmo, una dedicación, una profesionalidad que deja boquiabierto. Deberían ustedes subirles el sueldo. O, al menos, pagárselo íntegro. Vamos, como sugerencia y tal.
Pero eso no ha sido lo único que me ha sorprendido.
Va aquí una selección de lo que he estado oyendo estos días.
- "Cuando un niño se hace pipí encima, no lo cambiamos. Llamamos a sus papás para que vengan a cambiarlo, y el pobre se queda mojado lo que tarden en venir. No nos queda más remedio. El ministerio ha metido en los colegios a niños de tres años sin pensar en sus necesidades, como, por ejemplo, que todavía no controlan del todo los esfínteres. A las maestras nos les importaría cambiarles la ropa, pero para eso tendrían que dejar desatendidos a los otros niños de la clase. Es imposible". Pongamos que Bebé-chan se hace pipí encima, nos llaman para que vayamos a cambiarla, y solo localizan a ZaraJota, que gracias a Cercanías y Metro de Madrid tarda como mínimo una hora y media en llegar al colegio. Pues nada, Bebe-chan se espera una hora y media con la ropa empapada. En fin. La idea me molesta, como se puede usted imaginar, pero lo que realmente me saca un poco de quicio es que si el ministerio no ha sido capaz de entender una necesidad tan básica y universal como la de hacer pipí, vaya usted a saber qué otras necesidades menos evidentes pueden estar pasando por alto. Lo que me lleva al siguiente comentario.
-"Nos gustaría tener un sitio más cómodo para que los niños durmieran, pero los inspectores consideran que los niños de tres años no necesitan dormir siesta, y tenemos que hacerlo así, medio a escondidas". Estoy plenamente de acuerdo con los inspectores: dormir está sobrevalorado, como, no sé, la asistencia médica universal gratuita o tener trabajo.
-"Este año, como hay elecciones, es más fácil que nos concedan todo el personal que necesitamos. El año que viene, ya veremos". Es muy tranquilizador pensar que la calidad en la educación de nuestros hijos, e incluso el trato que reciben, depende de si hay elecciones o no. A lo mejor deberíamos tener elecciones todos los años, mira tú.
-"El uniforme de las niñas es una falda de tablas y una camisa blanca. El de los niños un chándal, nos da igual el modelo, pero que no sea de pantalón corto, que luego se caen y se destrozan las rodillas". Ya me parece grave que en un colegio público se segregue por sexos, pero lo que no tiene nombre es que los niños lleven las rodillas protegidas y las niñas no. ¿Qué pasa, las niñas de este cole no se caen? ¿Es os que si se hacen daño no importa? Oye, que igual se lo merecen y todo, por querer correr como los niños y tal.
-"Hemos estado intentando mantener los mismos libros de curso en curso, y favorecer el intercambio entre familias. Además de por ahorrar, lo hacemos porque creemos que bueno para los niños: les enseña a cuidar más el material. Pero ahora, con la nueva ley, vuelven a cambiar todos. Intentaremos elegir los que sean más baratos. Y bueno. si alguien viene con fotocopias... ¿qué le vamos a hacer?". Vamos a ver, señores, en medio de una crisis como esta, ¿de verdad era tan urgente cambiar la ley, sabiendo lo que implica para las familias? ¿No se dan cuenta de que los niños que no puedan tener los libros nuevos parten con desventaja con respecto al resto? ¿No se supone que la escuela pública está para garantizar la igualdad de oportunidades?
-"Este año solo usamos la mitad del comedor. Cada vez vienen menos niños". Qué bien, ¿no? Cada vez más niños comen con sus papás y sus mamás. Debe ser por los extraordinarios avances en conciliación laboral que ha hecho este gobierno. O, o, igual es los papás y las mamás están en paro. Que también podría ser.
Y lo que me parece más grave.
-"Hemos tenido que anular las excursiones. Cada vez había más niños que no podían ir, y nos parecía injusto que se tuvieran que quedar atrás". La excursión en cuestión costaba 20 €. Esto significa que un número significativo de padres no pueden pagar 20 € una vez al año para que sus hijos pasen un día en la granja escuela.
Lo voy a repetir.
HAY FAMILIAS QUE NO SE PUEDEN PERMITIR PAGAR 20 EUROS UNA VEZ AL AÑO.
SON LO BASTANTE NUMEROSAS COMO PARA QUE LOS CENTROS LO NOTEN.
Y ESTO AFECTA AL DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES EDUCATIVAS HABITUALES.
Por no hablar de como afecta al desarrollo de los propios niños y sus padres.
Porque, si los padres no pueden permitirse estos miserables 20 €, a saber qué otras cosas tampoco pueden pagar. Como vacunas. Medicinas. Dentista. Gafas. Alimentos de calidad, sanos y equilibrados.
En fin, esas bobadas.
Yo no me voy a meter en cuestiones educativas.
No voy a decir lo que opino de que en algunos centros haya dos o tres profesores de religión y ninguna enfermera.
O de que una sola maestra tenga que ocuparse de veinticinco niños de tres años, la mayoría de ellos con escaso control de esfínteres, y algunos con discapacidades físicas o mentales.
O de que parece haber más centros bilingües concertados que públicos.
O de que haya clases de danza "para las niñas".
O de que los niños que no dan religión católica tengan que meterse en cualquier zulillo a matar el tiempo mientras el resto se quedan en clase.
O de que sean las ampas las que cubran las necesidades de actividades extraescolares.
O de que todos los comedores los lleven subcontratas, y que el personal que atiende a los niños no tenga que saber nada de nutrición, pediatría, pedagogía o cualquier otra cosa relacionada.
Pero lo que están haciéndole a las familias no tiene nombre.
Espero que algún día se lo pongamos.
Y que estén ustedes delante para verlo.
23 febrero 2015
Body painting
Previously in Lorz...
50% pequeño
Primero se lo explicamos a Bebé-chan.
-Vas a tener un hermanito -le dijimos-. Ahora está en la tripa de mamá; dentro de unos meses saldrá y papá y mamá te querrán mucho más que ahora porque serás la Hermana Mayor y eso mola mucho.
-...
Pero Bebé-chan no parecía entenderlo.
-Dentro de la tripa de mamá hay un hermanito -insistí.
-...
-Espera -le dije. Cogí un rotulador, me levanté la camiseta y me pinté un hermanito en la tripa-. ¿Ves? Un hermanito. En la tripa de mamá.
-¿MANITO TRIPA MAMÁ?
-¡Eso es!
-¿ARA PINTAR MANITO TRIPA NENA?
-Claro, ¿quieres uno? Te lo pinto.
Pero cuando iba a pintar un bebé en la tripa de Bebé-chan a ZaraJota le dio un ataque de histeria.
-¡NO! Nena manito tripa, NUNCA, ¿entendido? Si acaso de aquí a cincuenta o sesenta años, a lo mejor, y siempre que estés CASADA...
Como ZaraJora estaba un poco tenso decidí dejar el tema.
Al día siguiente volví a insistir.
-Mira Bebé-chan, ¿ves la tripa de mamá lo gordota que está? ¡Es porque dentro hay un hermanito!
-¡MANITO TRIPA MAMÁ!
-El hermanito te quiere mucho. Está deseando tener una hermana mayor, ¿sabes?
-CHIIII.
-Y tú, ¿quieres tener un hermanito?
-¡¡¡NOOOO!!! ¡¡¡NENA MANITO TRIPA NUNCA!!!
Creo que la estamos confundiendo.
50% pequeño
Primero se lo explicamos a Bebé-chan.
-Vas a tener un hermanito -le dijimos-. Ahora está en la tripa de mamá; dentro de unos meses saldrá y papá y mamá te querrán mucho más que ahora porque serás la Hermana Mayor y eso mola mucho.
-...
Pero Bebé-chan no parecía entenderlo.
-Dentro de la tripa de mamá hay un hermanito -insistí.
-...
-Espera -le dije. Cogí un rotulador, me levanté la camiseta y me pinté un hermanito en la tripa-. ¿Ves? Un hermanito. En la tripa de mamá.
-¿MANITO TRIPA MAMÁ?
-¡Eso es!
-¿ARA PINTAR MANITO TRIPA NENA?
-Claro, ¿quieres uno? Te lo pinto.
Pero cuando iba a pintar un bebé en la tripa de Bebé-chan a ZaraJota le dio un ataque de histeria.
-¡NO! Nena manito tripa, NUNCA, ¿entendido? Si acaso de aquí a cincuenta o sesenta años, a lo mejor, y siempre que estés CASADA...
Como ZaraJora estaba un poco tenso decidí dejar el tema.
Al día siguiente volví a insistir.
-Mira Bebé-chan, ¿ves la tripa de mamá lo gordota que está? ¡Es porque dentro hay un hermanito!
-¡MANITO TRIPA MAMÁ!
-El hermanito te quiere mucho. Está deseando tener una hermana mayor, ¿sabes?
-CHIIII.
-Y tú, ¿quieres tener un hermanito?
-¡¡¡NOOOO!!! ¡¡¡NENA MANITO TRIPA NUNCA!!!
Creo que la estamos confundiendo.
17 febrero 2015
El tamaño no importa
Previously in Lorz...
50% embarazada
Una semana exacta más tarde dejamos a #bebechan con la abuela y nos fuimos al médico. Fue un viernes, me acuerdo perfectamente porque después conocimos a Fle.
El médico me preguntó la fecha de la última menstruación y yo se la dije y abrió mucho los ojos.
-¡Pero si estás de NADA!
-Estoy de un mes. Desde el día ocho -Zarajota me dio una patada por debajo de la mesa. Debe ser un tic nervioso que tiene.
-Bueno, vamos a verlo... Si es que hay algo que ver, claro.
Me subí al potro de tortura y abrí las patitas y no voy a entrar en detalles porque ya sabéis de qué va el tema.
-Pues sí -dijo el médico-. Ahí está... Mira, eso que parpadea es el corazón...
-Ooooooh...
-...que ni suena ni nada, claro, es que es pequeñísimo.
-¿Y para cuando es?
-Es muy pronto para confirmarlo, todavía es pequeñísimo... Yo diría que para la primera semana de septiembre.
-Jijijiji... tenemos una boda el día cinco.
El médico se lo pensó.
-Yo de ti no me compraría el modelito todavía. Aunque ya veremos, todavía es...
Ahí se me hincharon los ovarios. O sea, más.
-Pequeño, ¿no? Desde luego... ¡Ya estamos prejuzgando a la gente sin conocerla! ¿A ver? ¿Qué es pequeñísimo, según tú?
-2,6 milímetros.
Pues sí que es un poco mierder, sí.
Un mes más tarde volvimos al médico y me hicieron otra ecografía.
Después el médico nos dijo que tenía que contarnos algo.
-El tamaño del bebé no se corresponde con el tiempo que tiene.
-Ya. Es pequeño.
-No. En realidad... ahora es grande. De hecho, bastante más grande de lo que le corresponde.
Desde luego, la cosa es ponerle faltas
50% embarazada
Una semana exacta más tarde dejamos a #bebechan con la abuela y nos fuimos al médico. Fue un viernes, me acuerdo perfectamente porque después conocimos a Fle.
El médico me preguntó la fecha de la última menstruación y yo se la dije y abrió mucho los ojos.
-¡Pero si estás de NADA!
-Estoy de un mes. Desde el día ocho -Zarajota me dio una patada por debajo de la mesa. Debe ser un tic nervioso que tiene.
-Bueno, vamos a verlo... Si es que hay algo que ver, claro.
Me subí al potro de tortura y abrí las patitas y no voy a entrar en detalles porque ya sabéis de qué va el tema.
-Pues sí -dijo el médico-. Ahí está... Mira, eso que parpadea es el corazón...
-Ooooooh...
-...que ni suena ni nada, claro, es que es pequeñísimo.
-¿Y para cuando es?
-Es muy pronto para confirmarlo, todavía es pequeñísimo... Yo diría que para la primera semana de septiembre.
-Jijijiji... tenemos una boda el día cinco.
El médico se lo pensó.
-Yo de ti no me compraría el modelito todavía. Aunque ya veremos, todavía es...
Ahí se me hincharon los ovarios. O sea, más.
-Pequeño, ¿no? Desde luego... ¡Ya estamos prejuzgando a la gente sin conocerla! ¿A ver? ¿Qué es pequeñísimo, según tú?
-2,6 milímetros.
Pues sí que es un poco mierder, sí.
Un mes más tarde volvimos al médico y me hicieron otra ecografía.
Después el médico nos dijo que tenía que contarnos algo.
-El tamaño del bebé no se corresponde con el tiempo que tiene.
-Ya. Es pequeño.
-No. En realidad... ahora es grande. De hecho, bastante más grande de lo que le corresponde.
Desde luego, la cosa es ponerle faltas
09 febrero 2015
Estadística aplicada
Lo primero es lo primero: gracias por los cienes y cienes (o decenas) de comentarios del post anterior. Los he leído todos. Contestarlos ya es más difícil. Así que gracias.
Y ahora, al turrón.
El 8 de diciembre de 2014 Skynet tomó conciencia de sí misma.
No, espera, no era eso.
El 8 de diciembre de 2014 Zarajota y yo jugamos una partida de parchís que quedará para los anales de la historia, y luego nos echamos la siesta.
No sé donde estaría Bebé-chan; supongo que jugando con un martillo o algo.
Cuando me desperté, le dije a Zarajota:
-¡¡¡ESTOY EMBARAZADA!!!
-¿Qué? ¿Qué? ¿Cómo?
Vale, igual habría sido mejor esperar a que él estuviera despierto también.
-Que estoy embarazada.
-¡Imposible!
-Hombre, tanto como imposible... Acabamos de jugar al parchís a pelo.
-Pero...
-¿Qué pasa? ¿Intentas desentenderte de tus responsabilidades?
-No, pero...
-¡ES QUE TODOS SOIS IGUALES! ¡A LA HORA DE AGITAR EL CUBILETE TODO SON PROMESAS PERO UNA VEZ QUE OS COMÉIS LA FICHA SI TE VISTO NO ME ACUERDO!
-Por dios, baja el tono, que vas a despertar a Bebé-chan... -ah, es verdad, la nena estaba durmiendo la siesta-. Lo que intento decir ES QUE NO HA DADO TIEMPO. A estas horas mis... fichas todavía deben estar dando vueltas en círculo: llevan mis genes, son incapaces de preguntar por la dirección. Y aunque alguna hubiera llegado de pura casualidad, es imposible que notes nada todavía.
-Pues yo estoy embarazada.
-Pero a ver, qué notas?
-Pues... La tripa al ralentí.
Cuando éramos pequeños mi abuelo usaba un motor de gasoil para sacar el agua del pozo. El motor hacía un ruido espantoso, pero estábamos tan acostumbrados que solo lo notábamos cuando se apagaba. Mi tripa era el motor de gasoil en marcha, haciendo ruido en la caseta sin que nadie lo escuchara.
-¡Te lo estás inventando!
-¡Qué sabrás tú del milagro de la vida, so opresor falocéntrico!
La cosa quedó ahí.
Pero al día siguiente mis tetas no cabían en el sujetador y tenía los pezones como para cortar cristales. Me sentía como una muñeca inflable.
-Estoy embarazada -le dije a Zarajota-. Mira mis tetas.
ZaraJota las miró con atención.
-No sé, no sé... Creo que tengo que hacer un estudio más detallado.
-Eso, encima de falocéntrico, pervertido.
Otro día fuimos al súper y no pude ni acercarme a la pescadería del asco que me entró. Y otro día puede (solo puede) que potara en el baño de la primera planta del Istituto Italiano de Cultura (lo dejé muy limpio después).
Para entonces tenía un gripazo del copón y no me atrevía a tomarme nada porque estaba convencida de que estaba muy preñada. No tenía fiebre, pero sí una tos espantosa que no me dejaba hablar, para felicidad de propios y extraños. Y en la farmacia solo quisieron darme un mejunje que olía (y sabía) como la lejía de fregar el baño, y que hacía aproximadamente el mismo efecto.
Pero lo que de verdad me estaba matando era la ciática, sobre todo porque Bebé-chan estaba rebosante de energía y me obligaba a perseguirla por los doquieres y cada vez que podía tumbarme un rato saltaba sobre mí y me gritaba DIPIERTA MAMÁ DIPIERTA.
Al final no pude más y me fui a la farmacia:
-Necesito algo para el dolor de la pierna, pero creo que estoy embarazada.
-¿Cómo que crees? ¿Cuanto retraso tienes?
No estaba segura de si lo del retraso se refería a mi regla o a mi cerebro. Decidí ir a por lo primero.
-¿Retraso? Ninguno. ¡Si no me toca hasta la semana que viene!
La farmacéutica me miró como si hubiera confirmado lo segundo.
-Verás, si crees que puedes estar embarazada no puedo darte nada. Pero me acaban de llegar unos test de embarazo que funcionan desde el día siguiente a... la concepción. Hazte uno y si sale que no vuelves y te doy algo.
Y eso hice.
Salió negativo y lo celebré tomándome un ibuprofeno.
Diiiiiiiiiios... qué maravilla...
-Supongo que todos los síntomas eran de la propia gripe -le dije a ZaraJota. -Aunque nunca he oído hablar de una gripe que te ponga los pezones como el casco de un vikingo.
Pasaron los días y la gripe y la ciática fueron a mejor, pero yo seguía con la tripa al ralentí y cada vez tenía más ganas de potar y empezaba a tener superolfato que te cagas y eso empeoraba lo de las potas porque lo olía TODO, tanto que un día fuimos a brunchear a casa de Mahira y Mahira tiene un erizo y el erizo come comida de gato y la comida de gato estaba en una bolsa CERRADA pero yo podía olerla desde el otro extremo de la habitación y solo pensaba en que iba a potar en el sofá de Mahira y en que el sofá de Mahira es BLANCO y que seguramente Mahira lo ha comprado así a propósito porque ME ODIA y al final le hice un gesto a Zarajota y nos inventamos no sé qué excusa y salimos corriendo y creo que pensaron que éramos muy raros y sus razones tendrían, no digo yo que no.
Para nochevieja ya iba con retraso, así que me pasé la cena viendo a mi familia ponerse morada de ibéricos.
-Anda, que ayer te pusiste morada de jamón -me dijo la Tita del Puerto al día siguiente.
Lorzconsejo: Tita del Puerto, necesitas revisar la graduación de tus gafas.
Y luego ZaraJota se fue a trabajar y yo me fui a la farmacia y me compré otra prueba de embarazo, que tardó aproximadamente tres segundos en dar positivo.
Podía haber llamado a ZaraJota en ese mismo momento para regodearme.
Yo tenía razón.
Yo tenía razón.
Yo tenía razón.
En vez de eso envolví el test en papel de regalo y se lo di a Bebé-chan.
-Es un regalo para papá, ¿vale? Dáselo cuando venga.
Y eso hizo.
-TOMA PAPÁ, UN GUEGALO.
ZaraJota desenvolvió el regalo y se quedó mirando el palito un rato con mucha concentración.
-Estadísticamente -me dijo- solo estás medio embarazada.
Ya no sabe qué hacer para eludir sus responsabilidades.
Pd: mandarme los datos para el #Lorzfunding ya, coñe.
Y ahora, al turrón.
El 8 de diciembre de 2014 Skynet tomó conciencia de sí misma.
No, espera, no era eso.
El 8 de diciembre de 2014 Zarajota y yo jugamos una partida de parchís que quedará para los anales de la historia, y luego nos echamos la siesta.
No sé donde estaría Bebé-chan; supongo que jugando con un martillo o algo.
Cuando me desperté, le dije a Zarajota:
-¡¡¡ESTOY EMBARAZADA!!!
-¿Qué? ¿Qué? ¿Cómo?
Vale, igual habría sido mejor esperar a que él estuviera despierto también.
-Que estoy embarazada.
-¡Imposible!
-Hombre, tanto como imposible... Acabamos de jugar al parchís a pelo.
-Pero...
-¿Qué pasa? ¿Intentas desentenderte de tus responsabilidades?
-No, pero...
-¡ES QUE TODOS SOIS IGUALES! ¡A LA HORA DE AGITAR EL CUBILETE TODO SON PROMESAS PERO UNA VEZ QUE OS COMÉIS LA FICHA SI TE VISTO NO ME ACUERDO!
-Por dios, baja el tono, que vas a despertar a Bebé-chan... -ah, es verdad, la nena estaba durmiendo la siesta-. Lo que intento decir ES QUE NO HA DADO TIEMPO. A estas horas mis... fichas todavía deben estar dando vueltas en círculo: llevan mis genes, son incapaces de preguntar por la dirección. Y aunque alguna hubiera llegado de pura casualidad, es imposible que notes nada todavía.
-Pues yo estoy embarazada.
-Pero a ver, qué notas?
-Pues... La tripa al ralentí.
Cuando éramos pequeños mi abuelo usaba un motor de gasoil para sacar el agua del pozo. El motor hacía un ruido espantoso, pero estábamos tan acostumbrados que solo lo notábamos cuando se apagaba. Mi tripa era el motor de gasoil en marcha, haciendo ruido en la caseta sin que nadie lo escuchara.
-¡Te lo estás inventando!
-¡Qué sabrás tú del milagro de la vida, so opresor falocéntrico!
La cosa quedó ahí.
Pero al día siguiente mis tetas no cabían en el sujetador y tenía los pezones como para cortar cristales. Me sentía como una muñeca inflable.
-Estoy embarazada -le dije a Zarajota-. Mira mis tetas.
ZaraJota las miró con atención.
-No sé, no sé... Creo que tengo que hacer un estudio más detallado.
-Eso, encima de falocéntrico, pervertido.
Otro día fuimos al súper y no pude ni acercarme a la pescadería del asco que me entró. Y otro día puede (solo puede) que potara en el baño de la primera planta del Istituto Italiano de Cultura (lo dejé muy limpio después).
Para entonces tenía un gripazo del copón y no me atrevía a tomarme nada porque estaba convencida de que estaba muy preñada. No tenía fiebre, pero sí una tos espantosa que no me dejaba hablar, para felicidad de propios y extraños. Y en la farmacia solo quisieron darme un mejunje que olía (y sabía) como la lejía de fregar el baño, y que hacía aproximadamente el mismo efecto.
Pero lo que de verdad me estaba matando era la ciática, sobre todo porque Bebé-chan estaba rebosante de energía y me obligaba a perseguirla por los doquieres y cada vez que podía tumbarme un rato saltaba sobre mí y me gritaba DIPIERTA MAMÁ DIPIERTA.
Al final no pude más y me fui a la farmacia:
-Necesito algo para el dolor de la pierna, pero creo que estoy embarazada.
-¿Cómo que crees? ¿Cuanto retraso tienes?
No estaba segura de si lo del retraso se refería a mi regla o a mi cerebro. Decidí ir a por lo primero.
-¿Retraso? Ninguno. ¡Si no me toca hasta la semana que viene!
La farmacéutica me miró como si hubiera confirmado lo segundo.
-Verás, si crees que puedes estar embarazada no puedo darte nada. Pero me acaban de llegar unos test de embarazo que funcionan desde el día siguiente a... la concepción. Hazte uno y si sale que no vuelves y te doy algo.
Y eso hice.
Salió negativo y lo celebré tomándome un ibuprofeno.
Diiiiiiiiiios... qué maravilla...
-Supongo que todos los síntomas eran de la propia gripe -le dije a ZaraJota. -Aunque nunca he oído hablar de una gripe que te ponga los pezones como el casco de un vikingo.
Pasaron los días y la gripe y la ciática fueron a mejor, pero yo seguía con la tripa al ralentí y cada vez tenía más ganas de potar y empezaba a tener superolfato que te cagas y eso empeoraba lo de las potas porque lo olía TODO, tanto que un día fuimos a brunchear a casa de Mahira y Mahira tiene un erizo y el erizo come comida de gato y la comida de gato estaba en una bolsa CERRADA pero yo podía olerla desde el otro extremo de la habitación y solo pensaba en que iba a potar en el sofá de Mahira y en que el sofá de Mahira es BLANCO y que seguramente Mahira lo ha comprado así a propósito porque ME ODIA y al final le hice un gesto a Zarajota y nos inventamos no sé qué excusa y salimos corriendo y creo que pensaron que éramos muy raros y sus razones tendrían, no digo yo que no.
Para nochevieja ya iba con retraso, así que me pasé la cena viendo a mi familia ponerse morada de ibéricos.
-Anda, que ayer te pusiste morada de jamón -me dijo la Tita del Puerto al día siguiente.
Lorzconsejo: Tita del Puerto, necesitas revisar la graduación de tus gafas.
Y luego ZaraJota se fue a trabajar y yo me fui a la farmacia y me compré otra prueba de embarazo, que tardó aproximadamente tres segundos en dar positivo.
Podía haber llamado a ZaraJota en ese mismo momento para regodearme.
Yo tenía razón.
Yo tenía razón.
Yo tenía razón.
En vez de eso envolví el test en papel de regalo y se lo di a Bebé-chan.
-Es un regalo para papá, ¿vale? Dáselo cuando venga.
Y eso hizo.
-TOMA PAPÁ, UN GUEGALO.
ZaraJota desenvolvió el regalo y se quedó mirando el palito un rato con mucha concentración.
-Estadísticamente -me dijo- solo estás medio embarazada.
Ya no sabe qué hacer para eludir sus responsabilidades.
Pd: mandarme los datos para el #Lorzfunding ya, coñe.
04 febrero 2015
Siempre hay que guardar el ticket de compra
¿Os acordáis de esto?
Pues os voy a decir una cosa:
No os recomiendo esa marca.
Me pregunto si me devolverán el dinero.
31 enero 2015
Noticias breves
Este es un aviso importante para todos los #Lorzfunders:
Me da la impresión de que algunos no recibís los mails que envío a través de Verkami.
En algunos casos es porque la cuenta de correo que habéis usado para registraros no es la que usáis habitualmente, y ni la miráis ni nada.
En otro, porque los mails van directos a la carpeta de spam.
Sea como sea, lo que está claro es que los mails no os llegan, así que haciendo una excepción voy a intentar comunicarme desde aquí:
Necesito vuestros datos.
En concreto, estos datos, pero sobretodo, necesitamos saber qué nombre, nick o palabra mágica tenemos que poner en los agradecimientos.
Hasta que no tengamos todos los nombres, nicks o palabras mágicas no podemos seguir adelante con el libro.
Y hasta que no tengamos el resto de los datos no podemos empezar a enviar recompensas.
Lo único que tenéis que hacer es enviarme un correo a lorzagirl@gmail.com.
Gracias por vuestra colaboración.
Me da la impresión de que algunos no recibís los mails que envío a través de Verkami.
En algunos casos es porque la cuenta de correo que habéis usado para registraros no es la que usáis habitualmente, y ni la miráis ni nada.
En otro, porque los mails van directos a la carpeta de spam.
Sea como sea, lo que está claro es que los mails no os llegan, así que haciendo una excepción voy a intentar comunicarme desde aquí:
Necesito vuestros datos.
En concreto, estos datos, pero sobretodo, necesitamos saber qué nombre, nick o palabra mágica tenemos que poner en los agradecimientos.
Hasta que no tengamos todos los nombres, nicks o palabras mágicas no podemos seguir adelante con el libro.
Y hasta que no tengamos el resto de los datos no podemos empezar a enviar recompensas.
Lo único que tenéis que hacer es enviarme un correo a lorzagirl@gmail.com.
Gracias por vuestra colaboración.
20 enero 2015
BUELA DICE CALLA
De la entrada anterior se desprende que mi abuela se inventó lo de "perder el tiento", que no sé ni de qué me extraño.
Tampoco estoy en posición de criticar porque no le canto a Bebe-chan ni una canción a derechas y le cambio el argumento de los cuentos porque simplemente están todos mal escritos y punto.
El problema es que a la nena está entrando en una edad muy peligrosa porque:
1 ella empieza a acordarse de las cosas
2 los demás empezamos a entender lo que dice
La primera señal de alarma se disparó por culpa de el tito, que cuando estuvimos en su casa nos agasajó con un guiso de carne con patatas que nos dejó con las patas colgando.
Bebé-chan se zampó dos platos (el suyo y el mío) y luego dos helados (el suyo y el mío) y después de aquello cada vez que yo le daba de comer algo que no le apetecía mucho preguntaba por el tito, la pequeña cínica.
Otra señal de alarma sonó una tarde que pasó con los abuelos.
-¿Te lo has pasado bien? -le pregunté cuando fui a buscarla.
-TIIII.
-¿Qué has hecho con los abuelos?
-BUELA DICE "¡CALLA!", BUELO DICE "¡CALLA TÚ!"
Tan pequeñita y ya los tiene calados, pensé.
(Perdonad si ya habéis oído antes la historia, es que no me canso de contarla).
Cuando fuimos a Barcelona una noche preguntó por el pollo Pepe.
-Nos lo hemos dejado en casa, petitona.
No volvió a mencionar el asunto y creímos que se le había olvidado, pero cuando volvimos a Madrid cuatro días más tarde se fue corriendo a la cama, se tumbó, y una vez preparada nos dijo:
-ARA CUENTO POLLO PEPE.
Luego tuvo lugar el incidente de los zapatos.
Bebé-chan tiene muchos vestidos monísimos y zapatitos de charol que no se puede poner casi nunca, porque no le sirven ni para ir a la guardería ni a las clases de música, así que se los encasquetamos todos los domingos para ir a comer a casa de la abuela.
Puede que le hayamos creado un condicionamiento pauloviano de esos, porque ahora oye la palabra "abuela" y se va corriendo a ponerse los zapatos de charol.
Hace unos días se levantó de mal humor y gritando "NO QUERO GUARDE QUIERO BUELA".
-¿Sí? -le dije-. Pues estás de suerte, porque hoy la abuela va a ir a buscarte a la guarde.
Bebé-chan se lo pensó un momento.
-QUERO PATOS BUELA-BUELO.
-No, a la guarde no puedes ir con los zapatos de charol. Te voy a poner las botas.
-QUERO. PATOS. BUELA-BUELO.
-Que no. Botas.
-QUERO PATOS BUELA-BUELO. ARA.
-Mira, Bebé-chan, a la guarde no se puede ir con zapatos de charol, Y PUNTO.
Cuando llegamos a la guarde, la seño miró a Bebé-chan con extrañeza.
-¿Por qué viene con zapatos de charol?
En fin...
Pero lo peor ha sido lo de hoy.
Le hemos enseñado que cuando salimos de casa puede llevar solo UN juguete, y tiene la norma tan interiorizada que todos los días selecciona el juguete con mucho cuidado, y luego me levanta el índice y me grita "MIRA MAMÁ UN GUGUETE CHOLO".
Pero hoy ha cogido dos.
-Bebé-chan, solo un juguete.
-TIIII, CHOLO UNO.
-Llevas dos.
-NOOO... NENA LLEVA UN GUGUETE CHOLO.
-¿Y el otro?
-OTRO LLEVA MAMÁ.
Ahora también sabe de estadística, la enana.
Tampoco estoy en posición de criticar porque no le canto a Bebe-chan ni una canción a derechas y le cambio el argumento de los cuentos porque simplemente están todos mal escritos y punto.
El problema es que a la nena está entrando en una edad muy peligrosa porque:
1 ella empieza a acordarse de las cosas
2 los demás empezamos a entender lo que dice
La primera señal de alarma se disparó por culpa de el tito, que cuando estuvimos en su casa nos agasajó con un guiso de carne con patatas que nos dejó con las patas colgando.
Bebé-chan se zampó dos platos (el suyo y el mío) y luego dos helados (el suyo y el mío) y después de aquello cada vez que yo le daba de comer algo que no le apetecía mucho preguntaba por el tito, la pequeña cínica.
Otra señal de alarma sonó una tarde que pasó con los abuelos.
-¿Te lo has pasado bien? -le pregunté cuando fui a buscarla.
-TIIII.
-¿Qué has hecho con los abuelos?
-BUELA DICE "¡CALLA!", BUELO DICE "¡CALLA TÚ!"
Tan pequeñita y ya los tiene calados, pensé.
(Perdonad si ya habéis oído antes la historia, es que no me canso de contarla).
Cuando fuimos a Barcelona una noche preguntó por el pollo Pepe.
-Nos lo hemos dejado en casa, petitona.
No volvió a mencionar el asunto y creímos que se le había olvidado, pero cuando volvimos a Madrid cuatro días más tarde se fue corriendo a la cama, se tumbó, y una vez preparada nos dijo:
-ARA CUENTO POLLO PEPE.
Luego tuvo lugar el incidente de los zapatos.
Bebé-chan tiene muchos vestidos monísimos y zapatitos de charol que no se puede poner casi nunca, porque no le sirven ni para ir a la guardería ni a las clases de música, así que se los encasquetamos todos los domingos para ir a comer a casa de la abuela.
Puede que le hayamos creado un condicionamiento pauloviano de esos, porque ahora oye la palabra "abuela" y se va corriendo a ponerse los zapatos de charol.
Hace unos días se levantó de mal humor y gritando "NO QUERO GUARDE QUIERO BUELA".
-¿Sí? -le dije-. Pues estás de suerte, porque hoy la abuela va a ir a buscarte a la guarde.
Bebé-chan se lo pensó un momento.
-QUERO PATOS BUELA-BUELO.
-No, a la guarde no puedes ir con los zapatos de charol. Te voy a poner las botas.
-QUERO. PATOS. BUELA-BUELO.
-Que no. Botas.
-QUERO PATOS BUELA-BUELO. ARA.
-Mira, Bebé-chan, a la guarde no se puede ir con zapatos de charol, Y PUNTO.
Cuando llegamos a la guarde, la seño miró a Bebé-chan con extrañeza.
-¿Por qué viene con zapatos de charol?
En fin...
Pero lo peor ha sido lo de hoy.
Le hemos enseñado que cuando salimos de casa puede llevar solo UN juguete, y tiene la norma tan interiorizada que todos los días selecciona el juguete con mucho cuidado, y luego me levanta el índice y me grita "MIRA MAMÁ UN GUGUETE CHOLO".
Pero hoy ha cogido dos.
-Bebé-chan, solo un juguete.
-TIIII, CHOLO UNO.
-Llevas dos.
-NOOO... NENA LLEVA UN GUGUETE CHOLO.
-¿Y el otro?
-OTRO LLEVA MAMÁ.
Ahora también sabe de estadística, la enana.
13 enero 2015
Un cuento de mierda
Cuando era pequeña mi abuela solía contarme un cuento.
Matizo. Cuando era pequeña mi abuela, que probablemente llevaba toda la tarde aguantando a cinco nietos gritones y estaba ya hasta el orto, nos decía:
-¿Queréis que os cuente un cuento?
-¡Sí!
-Pues os voy a contar el cuento de María Sarmiento...
Vamos a hacer esto bien, porque el cuento de María Sarmiento se merece un análisis en profundidad:
Os voy a contar el cuento
de María Sarmiento
Obsérvese con qué valor el poeta abre esta pieza con una ritma consonante, sin miedo a la pesada carga que supondrá en versos futuros.
que fue a cagar y perdió el tiento.
Este verso siempre me ha intrigado: ¿de qué perdió el tiento? Eso es que hizo caca de más o de menos?
Una vez mi abuela me explicó que en su época no había cuarto de baño sino que hacían sus cosas en cuclillas al fondo del patio. "Perder el tiento" es estar en cuclillas y perder el equilibrio... con resultados que no voy a detallar porque lo mismo estáis comiendo.
Y cagó tres pelotillas:
Decepción. Visto el nivelón del cuento yo esperaba que soltara un truño, un ñordo o un mojón, no "tres pelotillas" de mierda (nunca mejor dicho).
una para Juan...
Jajaja, pringao.
otra para Pedro...
Jajaja, otro pringao.
y otra para el que hable primero.
¡Mierdaaa (nunca mejor dicho)! Por muchas veces que mi abuela nos contara el cuento, siempre me llevaba la sorpresa al final:
¡¡¡QUE NO ES UN CUENTO, QUE ES UNA TRAMPA PARA QUE NOS CALLEMOS!!!
¡Será hijafruta, la abuela! ¡Que nos ha distraído con la mierda (nunca mejor dicho) de las pelotillas y el tiento y nos la ha colao bacalao!Ayer
Miraba a mis hermanos y primos en plan "¿habéis visto la hijafruta?" pero claro, no podía decir nada porque si era la primera que hablaba me llevaría la pelotilla... Aunque ahora que lo pienso, siempre me acababa llevando la pelotilla de todas formas, así que no sé por qué no aceptaba lo inevitable y punto.
En fin.
Ayer me encontraba un poco mal y ZaraJota™ me mandó a la cama.
-Yo me ocupo de Bebé-chan -dijo mientras me arropaba. Y se fue.
Volvió en menos de cinco minutos.
-Que no me acordaba de que me tengo que duchar. ¿Puedes vigilar a la nena un rato?
-Claro. Traémela a la cama y le cuento un cuento.
ZaraJota™ se lo pensó.
-¡El de María Sarmiento?
-¡De eso nada!
Que seguro que me vuelve a tocar a mí la pelotilla.
Pd: Ayer pregunté en twitter quién había escuchado este cuento alguna vez y hubo diversidad de opiniones. Se ve qué a más de uno le ha tocado la pelotilla alguna vez XD
Matizo. Cuando era pequeña mi abuela, que probablemente llevaba toda la tarde aguantando a cinco nietos gritones y estaba ya hasta el orto, nos decía:
-¿Queréis que os cuente un cuento?
-¡Sí!
-Pues os voy a contar el cuento de María Sarmiento...
Vamos a hacer esto bien, porque el cuento de María Sarmiento se merece un análisis en profundidad:
Os voy a contar el cuento
de María Sarmiento
Obsérvese con qué valor el poeta abre esta pieza con una ritma consonante, sin miedo a la pesada carga que supondrá en versos futuros.
que fue a cagar y perdió el tiento.
Este verso siempre me ha intrigado: ¿de qué perdió el tiento? Eso es que hizo caca de más o de menos?
Una vez mi abuela me explicó que en su época no había cuarto de baño sino que hacían sus cosas en cuclillas al fondo del patio. "Perder el tiento" es estar en cuclillas y perder el equilibrio... con resultados que no voy a detallar porque lo mismo estáis comiendo.
Y cagó tres pelotillas:
Decepción. Visto el nivelón del cuento yo esperaba que soltara un truño, un ñordo o un mojón, no "tres pelotillas" de mierda (nunca mejor dicho).
una para Juan...
Jajaja, pringao.
otra para Pedro...
Jajaja, otro pringao.
y otra para el que hable primero.
¡Mierdaaa (nunca mejor dicho)! Por muchas veces que mi abuela nos contara el cuento, siempre me llevaba la sorpresa al final:
¡¡¡QUE NO ES UN CUENTO, QUE ES UNA TRAMPA PARA QUE NOS CALLEMOS!!!
¡Será hijafruta, la abuela! ¡Que nos ha distraído con la mierda (nunca mejor dicho) de las pelotillas y el tiento y nos la ha colao bacalao!Ayer
Miraba a mis hermanos y primos en plan "¿habéis visto la hijafruta?" pero claro, no podía decir nada porque si era la primera que hablaba me llevaría la pelotilla... Aunque ahora que lo pienso, siempre me acababa llevando la pelotilla de todas formas, así que no sé por qué no aceptaba lo inevitable y punto.
En fin.
Ayer me encontraba un poco mal y ZaraJota™ me mandó a la cama.
-Yo me ocupo de Bebé-chan -dijo mientras me arropaba. Y se fue.
Volvió en menos de cinco minutos.
-Que no me acordaba de que me tengo que duchar. ¿Puedes vigilar a la nena un rato?
-Claro. Traémela a la cama y le cuento un cuento.
ZaraJota™ se lo pensó.
-¡El de María Sarmiento?
-¡De eso nada!
Que seguro que me vuelve a tocar a mí la pelotilla.
Pd: Ayer pregunté en twitter quién había escuchado este cuento alguna vez y hubo diversidad de opiniones. Se ve qué a más de uno le ha tocado la pelotilla alguna vez XD
06 enero 2015
El roscón de reyes
El domingo pasado toda mi familia se vino a comer a mi casa sin motivo aparente.
Estábamos ya con los postres cuando empezamos a planear la merienda del día de reyes, porque mi familia es así: en cuanto ve que una comida se está terminando empieza a pensar en la siguiente.
-Yo compro el roscón -anunció mi madre-, que el del año pasado estaba malísimo.
-El del año pasado lo compraste tú -le dije, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-¿Cómo os gusta?
Mis hermanos y yo nos miramos como de soslayo, porque gustar, lo que se dice gustar, el roscón de reyes no nos gusta a ninguno, y solo nos lo comemos porque mi madre lo compra y luego empieza con "¿para esto compro yo el roscón, para que no os lo comáis?" y nos lo incrusta en el gaznate ayudándose con un palo.
-A mí no me gusta -declaré, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-A mí me gusta sin nada -anunció mi madre, y entonces nos dimos cuenta de que ya no servía de nada objetar porque había cogido carrerilla y estaba soltando el discurso de todos los años-, pero claaaaaro, a vosotros os gusta con mucha nata, venga nata, de verdad, que no sé como a la gente le puede gustar con tanta nata...
Obsérvese como de pronto éramos "gente".
-Que no nos gusta.
-O trufa. La manía con la trufa. Claro, como a vosotros os gusta todo bien cubierto de chocolate...
Mi madre cree que nos alimentamos básicamente de chocolate. Que adoramos el chocolate. Que olemos chocolate y nos hacemos pis de gusto encima... Vale, esto último puede que sea cierto.
-La trufa no es chocolate. Y me gusta menos que el roscón. Si cabe.
-Pues yo de trufa no lo compro. Voy a comprar uno sin nata para mí, que no me gusta tanta tontería, y otro con nata para vosotros.
Mi madre es que desde que es terrateniente se ha visto poseída por el espíritu del capitalismo. Vaya: un roscón para ella y otro para compartir entre siete, en fin...
-¿Madre, no crees que es un reparto un poco... desigual? -le dije, pero me ignoró vilmente porque los capitalistas son así.
-Pero con nata de verdad, ¿eh? No CHANTILLÍ de ese.
Mi madre es una optimista de la vida y no conoce el rencor o el odio. Casi. Pero el chantillí siempre saca lo peor de ella. Mis hermanos y yo nos miramos nerviosos. Presentíamos el desastre.
-Lo que prefieras.
-Que te lo venden como nata, y cuando vas a comértelo no es nata, es CHANTILLÍ de ese. Y el CHANTILLÍ no es nata: es CHANTILLÍ. No sabe igual: ni se le parece. Anda que no está malo. Y a la gente le encanta, pero eso no es nata. Y YO LO QUIERO CON NATA.
-¿No habías dicho que el tuyo era sin nada?
Mi madre se quedó desconcertada unos segundos y aproveché para sacar el café y unas galletitas.
Ilusa de mí, entre las galletas había oreos.
A Hermano Pequeño se le iluminó la cara y comentó el elaborado ritual que implica comer oreos: coge una, quita la galleta de un lado, lame el relleno mientras lanza gemidos de puro placer...
-¿Eso que es? -preguntó la Tita del Puerto, que también estaba presente.
-Una oreo.
-Yo no sé cómo os puede gustar eso.
A la Tita del Puerto no le gustan las oreos.
-Más hay para mí.
-Es que los niños ven eso negro y se piensan que es chocolate -intervino mi madre, ajena al hecho de que Hermano Mediano va a cumplir treinta años y a estas alturas ya conoce perfectamente la composición de una oreo.
-Me da igual, está buenísima.
-¿Y lo de dentro qué es?
Hermano Pequeño dio otro lametón y fingió pensarlo durante unos segundos.
-Es... CHANTILLÍ.
Es que Hermano Pequeño todavía confunde sinceridad y suicidio.
Estábamos ya con los postres cuando empezamos a planear la merienda del día de reyes, porque mi familia es así: en cuanto ve que una comida se está terminando empieza a pensar en la siguiente.
-Yo compro el roscón -anunció mi madre-, que el del año pasado estaba malísimo.
-El del año pasado lo compraste tú -le dije, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-¿Cómo os gusta?
Mis hermanos y yo nos miramos como de soslayo, porque gustar, lo que se dice gustar, el roscón de reyes no nos gusta a ninguno, y solo nos lo comemos porque mi madre lo compra y luego empieza con "¿para esto compro yo el roscón, para que no os lo comáis?" y nos lo incrusta en el gaznate ayudándose con un palo.
-A mí no me gusta -declaré, pero en bajito porque no hay que confundir sinceridad con suicidio.
-A mí me gusta sin nada -anunció mi madre, y entonces nos dimos cuenta de que ya no servía de nada objetar porque había cogido carrerilla y estaba soltando el discurso de todos los años-, pero claaaaaro, a vosotros os gusta con mucha nata, venga nata, de verdad, que no sé como a la gente le puede gustar con tanta nata...
Obsérvese como de pronto éramos "gente".
-Que no nos gusta.
-O trufa. La manía con la trufa. Claro, como a vosotros os gusta todo bien cubierto de chocolate...
Mi madre cree que nos alimentamos básicamente de chocolate. Que adoramos el chocolate. Que olemos chocolate y nos hacemos pis de gusto encima... Vale, esto último puede que sea cierto.
-La trufa no es chocolate. Y me gusta menos que el roscón. Si cabe.
-Pues yo de trufa no lo compro. Voy a comprar uno sin nata para mí, que no me gusta tanta tontería, y otro con nata para vosotros.
Mi madre es que desde que es terrateniente se ha visto poseída por el espíritu del capitalismo. Vaya: un roscón para ella y otro para compartir entre siete, en fin...
-¿Madre, no crees que es un reparto un poco... desigual? -le dije, pero me ignoró vilmente porque los capitalistas son así.
-Pero con nata de verdad, ¿eh? No CHANTILLÍ de ese.
Mi madre es una optimista de la vida y no conoce el rencor o el odio. Casi. Pero el chantillí siempre saca lo peor de ella. Mis hermanos y yo nos miramos nerviosos. Presentíamos el desastre.
-Lo que prefieras.
-Que te lo venden como nata, y cuando vas a comértelo no es nata, es CHANTILLÍ de ese. Y el CHANTILLÍ no es nata: es CHANTILLÍ. No sabe igual: ni se le parece. Anda que no está malo. Y a la gente le encanta, pero eso no es nata. Y YO LO QUIERO CON NATA.
-¿No habías dicho que el tuyo era sin nada?
Mi madre se quedó desconcertada unos segundos y aproveché para sacar el café y unas galletitas.
Ilusa de mí, entre las galletas había oreos.
A Hermano Pequeño se le iluminó la cara y comentó el elaborado ritual que implica comer oreos: coge una, quita la galleta de un lado, lame el relleno mientras lanza gemidos de puro placer...
-¿Eso que es? -preguntó la Tita del Puerto, que también estaba presente.
-Una oreo.
-Yo no sé cómo os puede gustar eso.
A la Tita del Puerto no le gustan las oreos.
-Más hay para mí.
-Es que los niños ven eso negro y se piensan que es chocolate -intervino mi madre, ajena al hecho de que Hermano Mediano va a cumplir treinta años y a estas alturas ya conoce perfectamente la composición de una oreo.
-Me da igual, está buenísima.
-¿Y lo de dentro qué es?
Hermano Pequeño dio otro lametón y fingió pensarlo durante unos segundos.
-Es... CHANTILLÍ.
Es que Hermano Pequeño todavía confunde sinceridad y suicidio.
31 diciembre 2014
La sopa de pelota
Los que me seguís en Twitter ya sabéis que mi cuñada intentó asesinarnos en navidad por el sencillo método de hacernos explotar de tanto comer cosas ricas.
Para la cena de navidad cocinó, además de los entremeses variados, sopa de pelota (una monstruosidaed que lleva pasta gigante, garbanzos, verdura, carne de cocido y además albóndigas), pollo relleno con patatas asadas, canelones, dos tartas y el clásico surtido de dulces navideños.
Puso la mesa muy bonita, con todo el despliegue de mantelería, vajilla, cubertería y cristalería, y colocó toda esa comida, artísticamente presentada, en la mesa, rodeada de decoración navideña y velas de olor.
Nos sentamos a la mesa, y colocamos a Bebé-chan en la presidencia.
-Mira, petitona, hay sopa de pelota, pollo y canelones. ¿Qué quieres?
-FRANFUR KECHUP.
Y dejarse de mariconadas.
Mi cuñada, que llevaba al menos una semana cocinando todo aquello, se ofreció rápidamente a hacer un par de FRANFUR KECHUP. Nos negamos, y le pusimos a Bebé-chan un poco de sopa de pelota.
Bebé-chan la miró de soslayo (¿a quién intentas engañar? ¡esto no es frankfurt con ketchup!).
-Venga, solo pruébala, y si no te gusta ya vemos.
Bebé-chan probó una cucharadita. Y otra. Y otra. Cuando nos quisimos dar cuenta se había comido su ración y estaba intentado robar la albóndiga del plato de ZaraJota™.
Desde entonces, cada vez que le pregunto qué quiere comer, me dice:
-QUERO MÁS CHOPA, MAMÁ.
Pues a ver si nos ponemos de acuerdo, maja.
Pd: ¡Feliz año a todos!
Para la cena de navidad cocinó, además de los entremeses variados, sopa de pelota (una monstruosidaed que lleva pasta gigante, garbanzos, verdura, carne de cocido y además albóndigas), pollo relleno con patatas asadas, canelones, dos tartas y el clásico surtido de dulces navideños.
Puso la mesa muy bonita, con todo el despliegue de mantelería, vajilla, cubertería y cristalería, y colocó toda esa comida, artísticamente presentada, en la mesa, rodeada de decoración navideña y velas de olor.
Nos sentamos a la mesa, y colocamos a Bebé-chan en la presidencia.
-Mira, petitona, hay sopa de pelota, pollo y canelones. ¿Qué quieres?
-FRANFUR KECHUP.
Y dejarse de mariconadas.
Mi cuñada, que llevaba al menos una semana cocinando todo aquello, se ofreció rápidamente a hacer un par de FRANFUR KECHUP. Nos negamos, y le pusimos a Bebé-chan un poco de sopa de pelota.
Bebé-chan la miró de soslayo (¿a quién intentas engañar? ¡esto no es frankfurt con ketchup!).
-Venga, solo pruébala, y si no te gusta ya vemos.
Bebé-chan probó una cucharadita. Y otra. Y otra. Cuando nos quisimos dar cuenta se había comido su ración y estaba intentado robar la albóndiga del plato de ZaraJota™.
Desde entonces, cada vez que le pregunto qué quiere comer, me dice:
-QUERO MÁS CHOPA, MAMÁ.
Pues a ver si nos ponemos de acuerdo, maja.
Pd: ¡Feliz año a todos!
19 diciembre 2014
Cortylandia
Se ve que hay gente que no sabe lo que es Cortylandia, y eso solo puede significar una cosa:
El Corte Inglés ya no es lo que era.
O no habéis tenido infancia.
O ambas.
Todas las navidades, desde el inicio de los tiempos o así, El Corte Inglés de la calle Preciados convierte una de sus fachadas en un espectáculo infantil llamado, en un exceso de imaginación, Cortylandia.
La idea tampoco es que sea muy original: son marionetas-robot que cantan y bailan al estilo de Un Pequeño Mundo. Cada año se centran en una temática distinta ("Nos hemos quedado de piedra", cantaban el año dedicado a las pirámides) y la decoración varía (un año hubo un Gulliver gigante, cuyas piernas enmarcaban el acceso a la tienda).
Por supuesto, el único fin de Cortylandia es atraer compradores, ya sea porque los niños se quedan absortos y los papás puede aprovechar para hacer compras, o a través de la publicidad no-tan-subliminal ("todos los juguetes están en la exposición de la planta séptima de El Corte Inglés", anuncian al final de la función los pingüinos cantarines de este año).
Pero la gracia de Cortylandia no es Cortylandia. La gracia de Cortylandia es que forma parte de La Experiencia Navideña™.
Cuando era pequeña, mi familia vivía en un pueblo, y en los años ochenta eso era algo.
Para empezar no teníamos internet, pero eso quizá fuera lo de menos. Tampoco teníamos calefacción, y aunque sí teníamos un calentador de agua, esta no salía con presión suficiente como para activarlo, así que podíamos ducharnos con agua caliente, por ejemplo, pero nos lavábamos cara y manos con agua helada.
Y no teníamos calefacción. Lo repito porque en el colegio tampoco, y era donde más se notaba porque pasábamos muchas horas inmóviles. De ahí me viene esta tos que vuelve cada vez que cojo un poco de frío, y que me dura semanas enteras cada vez.
Pero lo peor era lo otro.
Hoy en día, por suerte, se habla mucho del bullying o acoso escolar. En los ochenta no se le daba importancia al acoso (se suponía que tenías que aprender a defenderte) y de todas formas tampoco era exactamente escolar: en una época y un lugar en que los niños estaban todo el día en la calle, el bullying era una más bien experiencia envolvente: todo el día, todos los días, existía la posibilidad de salir a la calle y ser maltratado, insultado o humillado.
En los pueblos, ya se sabe, todo es siempre como más auténtico.
Os cuento esto no para que me tengáis pena, que ni falta que me hace, sino para que entendáis lo que era venir a Madrid en navidad.
Madrid era calidez.
Madrid era correr descalza por el suelo de madera.
Madrid era comer sin tener la urgente necesidad de devolver después.
Madrid era salir a la calle sin miedo.
Madrid era mis padres pendientes de mi y mis hermanos, sin las distracciones habituales de la casa, el trabajo, o los amigos.
Y Madrid eran cosas bonitas, cosas que estimulaban mi imaginación: cine, marionetas, luces de navidad, música... Un mundo de colores fuera del páramo intelectual que era el pueblo.
En Madrid había tiendas en las que vendían libros.
Era lo más.
Cada navidad, al menos una vez, mis padres nos llevaban al centro. Veíamos las luces, recorríamos los puestos de la Plaza Mayor, nos comprábamos gorritos ridículos, comíamos castañas asadas, y, como mágico fin de fiesta, íbamos a helarnos mientras veíamos Cortylandia.
Era solo un día al año, pero valía casi tanto como el año entero.
Con el tiempo mi familia se vino a vivir a Madrid (probablemente el giro ar0gumental más importante de mi vida), y al hacerse cotidiana, la ciudad perdió parte de su magia... Pero no toda. Sigue habiendo magia en ir al centro en navidad, en recorrer los puestos de la Plaza Mayor, en merendar tortitas y ver las luces.
Así que a mí me daba igual que Cortylandia sea cada año más cutre, que las canciones sean lamentables o que apenas se oigan por encima de los crujidos de la maquinaria. Quería saber si Bebé-chan también podía tener esa magia.
Al principio parecía que no. A fin de cuentas, Bebé-chan está acostumbrada a Madrid. Y a las pelis en 3D. Y a la música en directo. Y a ir a la librería donde trabaja Sark y comerse con los ojos todos los libros del mundo.
Ver a un montón de robots-pingüino destrozando un amago de canción no parecía entusiasmarle mucho.
A nuestro alrededor, los papás les decían a sus churumbeles:
-Mira, Pepito, ¡los pingüinos cantan!
Yo miré a Bebé-chan, que estaba encaramada sobre los hombros de Zarajota, pero antes de que pudiera decir nada, habló ella.
-¡MIRA, MAMÁ! ¡GÜINOS CANTAN!
Y luego puso los ojos en blanco, en un gesto supremo de vergüenza ajena y superioridad moral.
Bebé-chan no es una niña como la que era yo.
No necesita la magia de Cortylandia.
Ella es magia
Y con esto nos despedimos hasta... yo que sé... hasta que vuelva a tener una conexión decente a internet, como dentro de una semana o así.
También podéis seguirme en directo en twitter.
Y aunque el objetivo se haya conseguido, todavía podéis conseguir camisetas, chapas y sugus en el #Lorzfunding.
¡Felices fiestas!
El Corte Inglés ya no es lo que era.
O no habéis tenido infancia.
O ambas.
Todas las navidades, desde el inicio de los tiempos o así, El Corte Inglés de la calle Preciados convierte una de sus fachadas en un espectáculo infantil llamado, en un exceso de imaginación, Cortylandia.
La idea tampoco es que sea muy original: son marionetas-robot que cantan y bailan al estilo de Un Pequeño Mundo. Cada año se centran en una temática distinta ("Nos hemos quedado de piedra", cantaban el año dedicado a las pirámides) y la decoración varía (un año hubo un Gulliver gigante, cuyas piernas enmarcaban el acceso a la tienda).
Por supuesto, el único fin de Cortylandia es atraer compradores, ya sea porque los niños se quedan absortos y los papás puede aprovechar para hacer compras, o a través de la publicidad no-tan-subliminal ("todos los juguetes están en la exposición de la planta séptima de El Corte Inglés", anuncian al final de la función los pingüinos cantarines de este año).
Pero la gracia de Cortylandia no es Cortylandia. La gracia de Cortylandia es que forma parte de La Experiencia Navideña™.
Cuando era pequeña, mi familia vivía en un pueblo, y en los años ochenta eso era algo.
Para empezar no teníamos internet, pero eso quizá fuera lo de menos. Tampoco teníamos calefacción, y aunque sí teníamos un calentador de agua, esta no salía con presión suficiente como para activarlo, así que podíamos ducharnos con agua caliente, por ejemplo, pero nos lavábamos cara y manos con agua helada.
Y no teníamos calefacción. Lo repito porque en el colegio tampoco, y era donde más se notaba porque pasábamos muchas horas inmóviles. De ahí me viene esta tos que vuelve cada vez que cojo un poco de frío, y que me dura semanas enteras cada vez.
Pero lo peor era lo otro.
Hoy en día, por suerte, se habla mucho del bullying o acoso escolar. En los ochenta no se le daba importancia al acoso (se suponía que tenías que aprender a defenderte) y de todas formas tampoco era exactamente escolar: en una época y un lugar en que los niños estaban todo el día en la calle, el bullying era una más bien experiencia envolvente: todo el día, todos los días, existía la posibilidad de salir a la calle y ser maltratado, insultado o humillado.
En los pueblos, ya se sabe, todo es siempre como más auténtico.
Os cuento esto no para que me tengáis pena, que ni falta que me hace, sino para que entendáis lo que era venir a Madrid en navidad.
Madrid era calidez.
Madrid era correr descalza por el suelo de madera.
Madrid era comer sin tener la urgente necesidad de devolver después.
Madrid era salir a la calle sin miedo.
Madrid era mis padres pendientes de mi y mis hermanos, sin las distracciones habituales de la casa, el trabajo, o los amigos.
Y Madrid eran cosas bonitas, cosas que estimulaban mi imaginación: cine, marionetas, luces de navidad, música... Un mundo de colores fuera del páramo intelectual que era el pueblo.
En Madrid había tiendas en las que vendían libros.
Era lo más.
Cada navidad, al menos una vez, mis padres nos llevaban al centro. Veíamos las luces, recorríamos los puestos de la Plaza Mayor, nos comprábamos gorritos ridículos, comíamos castañas asadas, y, como mágico fin de fiesta, íbamos a helarnos mientras veíamos Cortylandia.
Era solo un día al año, pero valía casi tanto como el año entero.
Con el tiempo mi familia se vino a vivir a Madrid (probablemente el giro ar0gumental más importante de mi vida), y al hacerse cotidiana, la ciudad perdió parte de su magia... Pero no toda. Sigue habiendo magia en ir al centro en navidad, en recorrer los puestos de la Plaza Mayor, en merendar tortitas y ver las luces.
Así que a mí me daba igual que Cortylandia sea cada año más cutre, que las canciones sean lamentables o que apenas se oigan por encima de los crujidos de la maquinaria. Quería saber si Bebé-chan también podía tener esa magia.
Al principio parecía que no. A fin de cuentas, Bebé-chan está acostumbrada a Madrid. Y a las pelis en 3D. Y a la música en directo. Y a ir a la librería donde trabaja Sark y comerse con los ojos todos los libros del mundo.
Ver a un montón de robots-pingüino destrozando un amago de canción no parecía entusiasmarle mucho.
A nuestro alrededor, los papás les decían a sus churumbeles:
-Mira, Pepito, ¡los pingüinos cantan!
Yo miré a Bebé-chan, que estaba encaramada sobre los hombros de Zarajota, pero antes de que pudiera decir nada, habló ella.
-¡MIRA, MAMÁ! ¡GÜINOS CANTAN!
Y luego puso los ojos en blanco, en un gesto supremo de vergüenza ajena y superioridad moral.
Bebé-chan no es una niña como la que era yo.
No necesita la magia de Cortylandia.
Ella es magia
Y con esto nos despedimos hasta... yo que sé... hasta que vuelva a tener una conexión decente a internet, como dentro de una semana o así.
También podéis seguirme en directo en twitter.
Y aunque el objetivo se haya conseguido, todavía podéis conseguir camisetas, chapas y sugus en el #Lorzfunding.
¡Felices fiestas!
10 diciembre 2014
CACA VIENE
Dedicado a Mahira, que nos invitó a su casa, y cuando encendió la tele, ¡tachán! Estaban poniendo Blancanieves.
Si eso no es una señal del universo ya me dirás tú lo que es.
A Bebé-chan le encantan las películas: en concreto, sacarlas de la caja y frotar el disco contra diferentes superficies para ver como suena:
En el suelo, zis zis
En la pared, ras, ras.
Y todo así.
En algún momento dio el salto mental y empezó a relacionar esos círculos metálicos ("CULOS", diría ella) con lo que sale por la tele ("TELE"; eso lo dice perfectamente). Y poco después de eso, descubrió Blancanieves ("CACA VIENE", aunque recientemente lo ha perfeccionado a "BANCA BEBES", que suena a tráfico de niños pero a ella no le importa).
Aunque la mayor parte de las niñas del planeta están locas con Frozen, y mi favorita es La sirenita, y la de Zarajota, El rey león, a Bebé-chan le hemos puesto todas las películas Disney a nuestro alcance. Por eso no entendemos qué le puede interesar precisamente de Blancanieves, que es lenta, sosa y sombría.
A ella le encanta.
La vemos todos los días, mínimo una vez (siempre dentro del Rato de Televisión Autorizado, que coincide astutamente con el Rato en el que Hago la Cena). Y claro, cuando la has visto, no sé, unas cien o doscientas veces, empiezas a fijarte en detalles en los que no te habías fijado al principio.
A saber:
Si eso no es una señal del universo ya me dirás tú lo que es.
A Bebé-chan le encantan las películas: en concreto, sacarlas de la caja y frotar el disco contra diferentes superficies para ver como suena:
En el suelo, zis zis
En la pared, ras, ras.
Y todo así.
En algún momento dio el salto mental y empezó a relacionar esos círculos metálicos ("CULOS", diría ella) con lo que sale por la tele ("TELE"; eso lo dice perfectamente). Y poco después de eso, descubrió Blancanieves ("CACA VIENE", aunque recientemente lo ha perfeccionado a "BANCA BEBES", que suena a tráfico de niños pero a ella no le importa).
Aunque la mayor parte de las niñas del planeta están locas con Frozen, y mi favorita es La sirenita, y la de Zarajota, El rey león, a Bebé-chan le hemos puesto todas las películas Disney a nuestro alcance. Por eso no entendemos qué le puede interesar precisamente de Blancanieves, que es lenta, sosa y sombría.
A ella le encanta.
La vemos todos los días, mínimo una vez (siempre dentro del Rato de Televisión Autorizado, que coincide astutamente con el Rato en el que Hago la Cena). Y claro, cuando la has visto, no sé, unas cien o doscientas veces, empiezas a fijarte en detalles en los que no te habías fijado al principio.
A saber:
- La Malvada Reina tiene un Espejo Mágico al que puede preguntarle Cualquier Cosa Que Desee. ¿Y qué le pregunta? ¿Cómo curar el cáncer? ¿Si debe comprar acciones de Apple? ¿El tiempo que hará mañana? No señor. Lo único que la señora reina pregunta, una y otra vez, es ¿Quién es la Más Guapa del Reino?.
- La Más Guapa del Reino vive en su misma casa y la Malvada Reina no lo sabe. O sea. En serio, tía. ¿No te habías dado cuenta? Sobre todo cuando aparentemente en el Reino solo viven dos mujeres. Vaya, tenía un 50% de posibilidades de acertar.
- La Más Guapa del Reino no tiene barbilla ni nariz, pero vaya, que la belleza está en el interior y tal.
- La Más Guapa del Reino se pasa la vida esclavizada y cubierta de harapos, y cuando le dicen que se ponga un vestido bonito y se vaya a lo más profundo del bosque con Un Señor Inquietante NO SOSPECHA NADA LA MUY LERDA.
- Si entras en una casa y ves que todas las sillas son pequeñas, lo más lógico es pensar que está habitada por niños, aunque haya un pico minero clavado encima de la mesa.
- Los animalitos del bosque le ponen mucha voluntad, pero no pueden ser más guarros ni cagando.
- Los enanitos se pasan la vida sacando los diamantes de las entrañas de la roca... para luego tirarlos de cualquier manera en un armario QUE ESTÁ EXCAVADO EN LA MISMA ROCA.
- Después de limpiar supuestamente a fondo toda la casa, es normal descubrir que hay una escalera que conduce al piso superior. En serio, ¿cómo de profunda ha sido esa limpieza que no has visto la puta escalera?
- La mierda en la planta baja es inaceptable, pero echarse a dormir en una habitación llena de telarañas, en unas camas cuyas sábanas no han sido cambiadas desde dios sabe cuándo, es perfectamente razonable.
- Sí, el corazón que le dan a la Malvada Reina no es de Blancanieves sino el de un cerdo. Pero va en una caja mo-ni-si-ma.
- Nunca confíes en una vieja de aspecto vicioso que aparece sin motivo aparente en la puerta de tu casa acompañada de dos buitres y que te da la única manzana del cesto que es totalmente diferente al resto.
- Fabricar un ataúd de cristal y rendir culto a una completa desconocida con la que has convivido apenas 24 horas, la mayor parte de las cuales ha dedicado a mangonearte, es perfectamente razonable y normal.
- Si un completo desconocido llega al entierro y pide comerle los morros a la muerta, pues nada, adelante. Tampoco es como si se fuera a quejar.
01 diciembre 2014
Creo que se me olvida algo...
El jueves pasamos la tarde trabajando contrarreloj para terminar a tiempo el #Lorzfunding.
El viernes por la tarde cruzamos todo Madrid bajo la lluvia para ir a hacerle un encargo a los Reyes Majos. Luego volvimos a cruzar Madrid bajo la lluvia para asistir a una conferencia en el c*l* del mundo. Cuando volvíamos a casa nos equivocamos de línea de metro y acabamos cenando en un restaurante en mitad de ninguna parte, para después llegar a casa bien pasada la medianoche.
El sábado nos levantamos temprano para ir a la clase de música, y luego cruzamos Madrid bajo la lluvia para pasar el día en la Madrid Horse Week, donde habíamos ido para un rato pero había tantas actividades que nos acabamos quedando casi todo el día. Volvimos a cruzar Madrid bajo la lluvia y llegamos a casa tirando a tarde. Creo que no cenamos.
El domingo cruzamos Madrid para ir a la casa de mis padres a robar una cama.
-Al menos no llueve -dije.
Por supuesto, cuando salimos de la casa de mis padres con la cama a cuestas, diluviaba.
La cama entera no cabía en el coche, así que volvimos a cruzar Madrid bajo la lluvia, tres veces: una para llevarnos el colchón, otra para llevarnos el somier, y la última para llevarnos a Bebé-chan, que se nos había quedado atrás.
Con todo el trajín, Bebé-chan no se echó la siesta hasta las siete de la tarde, se despertó a las ocho con energías renovadas, y cuando a las diez le dijimos de irnos a la cama nos mando AL CACAS, por decirlo finamente.
Lo último que recuerdo antes de dormirme es a Bebé-chan saltando alegremente sobre mis costillas al grito de "¡QUERO CUENTO POLLO PEPE! ¡QUERO CUENTO POLLO PEPE!"
Y lo siguiente que recuerdo es que Bebé-chan estaba llorando. Encendí la luz y miré el reloj: las cinco de la mañana.
Palpé a la pobre criatura para ver qué le pasaba, y noté que estaba empapada.
-Creo que la niña tiene fiebre -le dije a ZaraJota™-. Está sudando como un pollo (Pepe).
Zarajota empezó a palpar también.
-Pues no la noto caliente.
-M**rd*, se le ha debido volver a escapar el pipí del pañal. De verdad, estos pañales cada vez empapan menos.
-Igual es que necesitan más tiempo para absorber -dijo ZaraJota™-, déjala un ratito a ver.
ZaraJota™ se levanta todos los días a las seis de la mañana y padece de una cierta intolerancia hacia los imprevistos nocturnos. Eso, si llega a enterarse cuando ocurren.
-Voy a cambiarle el pañal.
Empecé a desnudar a la pobre criatura, pero cuando le quité los pantalones en lugar de encontrarme un pañal me encontré un culo. En concreto, el culo de Bebé-chan.
-ZaraJota™, creo que anoche nos olvidamos de ponerle el pañal a la nena.
-Mejor, ¿no? Así no tienes que cambiárselo.
Para mí que no ha pillado el concepto.
Soy la peor madre del planeta.
El viernes por la tarde cruzamos todo Madrid bajo la lluvia para ir a hacerle un encargo a los Reyes Majos. Luego volvimos a cruzar Madrid bajo la lluvia para asistir a una conferencia en el c*l* del mundo. Cuando volvíamos a casa nos equivocamos de línea de metro y acabamos cenando en un restaurante en mitad de ninguna parte, para después llegar a casa bien pasada la medianoche.
El sábado nos levantamos temprano para ir a la clase de música, y luego cruzamos Madrid bajo la lluvia para pasar el día en la Madrid Horse Week, donde habíamos ido para un rato pero había tantas actividades que nos acabamos quedando casi todo el día. Volvimos a cruzar Madrid bajo la lluvia y llegamos a casa tirando a tarde. Creo que no cenamos.
El domingo cruzamos Madrid para ir a la casa de mis padres a robar una cama.
-Al menos no llueve -dije.
Por supuesto, cuando salimos de la casa de mis padres con la cama a cuestas, diluviaba.
La cama entera no cabía en el coche, así que volvimos a cruzar Madrid bajo la lluvia, tres veces: una para llevarnos el colchón, otra para llevarnos el somier, y la última para llevarnos a Bebé-chan, que se nos había quedado atrás.
Con todo el trajín, Bebé-chan no se echó la siesta hasta las siete de la tarde, se despertó a las ocho con energías renovadas, y cuando a las diez le dijimos de irnos a la cama nos mando AL CACAS, por decirlo finamente.
Lo último que recuerdo antes de dormirme es a Bebé-chan saltando alegremente sobre mis costillas al grito de "¡QUERO CUENTO POLLO PEPE! ¡QUERO CUENTO POLLO PEPE!"
Y lo siguiente que recuerdo es que Bebé-chan estaba llorando. Encendí la luz y miré el reloj: las cinco de la mañana.
Palpé a la pobre criatura para ver qué le pasaba, y noté que estaba empapada.
-Creo que la niña tiene fiebre -le dije a ZaraJota™-. Está sudando como un pollo (Pepe).
Zarajota empezó a palpar también.
-Pues no la noto caliente.
-M**rd*, se le ha debido volver a escapar el pipí del pañal. De verdad, estos pañales cada vez empapan menos.
-Igual es que necesitan más tiempo para absorber -dijo ZaraJota™-, déjala un ratito a ver.
ZaraJota™ se levanta todos los días a las seis de la mañana y padece de una cierta intolerancia hacia los imprevistos nocturnos. Eso, si llega a enterarse cuando ocurren.
-Voy a cambiarle el pañal.
Empecé a desnudar a la pobre criatura, pero cuando le quité los pantalones en lugar de encontrarme un pañal me encontré un culo. En concreto, el culo de Bebé-chan.
-ZaraJota™, creo que anoche nos olvidamos de ponerle el pañal a la nena.
-Mejor, ¿no? Así no tienes que cambiárselo.
Para mí que no ha pillado el concepto.
Soy la peor madre del planeta.
28 noviembre 2014
#Lorzfunding 2
Anoche, después de hacer público el #Lorzfunding, me fui a la cama, y me tapé la cabeza con la manta: estaba aterrorizada.
Y tenía motivos para estarlo.
¿Y si nadie participa porque nadie me quiere y soy lo peor y es mejor que muera y deje de consumir oxígeno que podría venirle bien, no sé, a los mosquitos de la malaria?
He dicho que tenía motivos, no que fueran motivos lógicos.
Cuando me he levantado esta mañana, lo primero que he visto es que habíamos superado los 500 euros que nos habíamos marcado como objetivo.
-¿Qué coño...?
Por lo que he leído en twitter, los 500 € se alcanzaron en apenas dos horas.
Guau.
Gracias, gracias a todos por vuestra colaboración, ayuda, ánimo, preguntas extrañas (no, el sugus NO está chupado).
Ahora tenemos para hacer un libro decente, con todas las de la ley, e incluso pagar a mi asesor de wacowebs.com, al que hasta ahora estoy compensando con pelusillas.
Pero,
siempre hay un pero,
aunque ya hayamos conseguido los objetivos, el crowdfunding seguirá en activo hasta el día 6 de enero. Las normas son así, no las he hecho yo. (Ha sido verkami). Así que seguiremos dando la brasa durante, por lo menos, 39 días más.
¿Por qué seguir aportando?
En primer lugar, porque es poco posible que el libro digital salga a la venta en ninguna parte: si no lo conseguís como recompensa va a ser muy difícil que lo podáis leer.
Y aunque consiguiéramos ponerlo a la venta en alguna parte, seguramente será mucho más caro.
Aquí podéis conseguirlo por tan solo 2 euros.
En segundo lugar, porque tengo la casa llena de chapas y me gustaría deshacerme de ellas.
Y por último, porque a mi lo que me hacía ilusión de toda esta esta historia era hacer un montón de camisetas, y luego cruzarme por la calle a gente que las lleve, así que ese objetivo por lo menos está a medio conseguir.
¿Qué pasa si sobra dinero?
Hay varias posibilidades: hacer un segundo libro, donar a una ong, irnos al Caribe y no volver nunca más...
En cuanto terminemos el proyecto os presentaremos todas las cuentas, y decidiremos entre todos qué es lo mejor.
Y ahora será mejor que me vaya trabajar.
Una vez más, gracias a todos.
Y tenía motivos para estarlo.
¿Y si nadie participa porque nadie me quiere y soy lo peor y es mejor que muera y deje de consumir oxígeno que podría venirle bien, no sé, a los mosquitos de la malaria?
He dicho que tenía motivos, no que fueran motivos lógicos.
Cuando me he levantado esta mañana, lo primero que he visto es que habíamos superado los 500 euros que nos habíamos marcado como objetivo.
-¿Qué coño...?
Por lo que he leído en twitter, los 500 € se alcanzaron en apenas dos horas.
Guau.
Gracias, gracias a todos por vuestra colaboración, ayuda, ánimo, preguntas extrañas (no, el sugus NO está chupado).
Ahora tenemos para hacer un libro decente, con todas las de la ley, e incluso pagar a mi asesor de wacowebs.com, al que hasta ahora estoy compensando con pelusillas.
Pero,
siempre hay un pero,
aunque ya hayamos conseguido los objetivos, el crowdfunding seguirá en activo hasta el día 6 de enero. Las normas son así, no las he hecho yo. (Ha sido verkami). Así que seguiremos dando la brasa durante, por lo menos, 39 días más.
¿Por qué seguir aportando?
En primer lugar, porque es poco posible que el libro digital salga a la venta en ninguna parte: si no lo conseguís como recompensa va a ser muy difícil que lo podáis leer.
Y aunque consiguiéramos ponerlo a la venta en alguna parte, seguramente será mucho más caro.
Aquí podéis conseguirlo por tan solo 2 euros.
En segundo lugar, porque tengo la casa llena de chapas y me gustaría deshacerme de ellas.
Y por último, porque a mi lo que me hacía ilusión de toda esta esta historia era hacer un montón de camisetas, y luego cruzarme por la calle a gente que las lleve, así que ese objetivo por lo menos está a medio conseguir.
¿Qué pasa si sobra dinero?
Hay varias posibilidades: hacer un segundo libro, donar a una ong, irnos al Caribe y no volver nunca más...
En cuanto terminemos el proyecto os presentaremos todas las cuentas, y decidiremos entre todos qué es lo mejor.
Y ahora será mejor que me vaya trabajar.
Una vez más, gracias a todos.
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