04 octubre 2012

Poner a parir III

Previusly in Lorz...
Una imagen vale más que mil palabras. 

Cuando estaba de 34 semanas, el obstetra me revisó de arriba a abajo otra vez.
-Bien, esto está estupendo. Ahora sólo quedan por hacer un par de pruebas más, toma nota:
en la semana 35 te hacemos análisis y un exudado vaginal, 
en la semana 36 tienes que llevarle los resultados de los análisis al anestesista para que te haga la prueba de la epidural, 
en la semana 37, con los resultados de los análisis y del anestesista, te vienes de nuevo, 
¿lo has entendido? 
-No.
-Espera, que te lo apunto. Y no pierdas el post-it, que te veo venir. 
Siguiendo las instrucciones del post-it, al llegar la semana 36, me fui a hacer los análisis.
Una vez que tuve los resultados llamé al hospital para pedir cita con el anestesista.
-Recuerda que tienes que venir en ayunas -me dijo la señorita de recepción.
-¿Por qué?
-Para hacerte los análisis. 
-¡Pero yo ya me he hecho los análisis!
-Tú vente en ayunas y ya.
El día de cita, en ayunas otra vez, mi padre me llevó al hospital en coche. Debió notarme más callada de lo normal y decidió compensar suministrando la conversación él mismo.
-Pues no va tu madre y dice que no compre jamón de sobre, que se reseca... Si hombre, se va a resecar, ¡si no da tiempo! ¿Tú sabes lo que come tu hermano? Pero nada, ya sabes cómo es tu madre, que se empeña en una cosa y no hay quien la saque de ahí... así que ahora tenemos que ir un día a comprar un jamón, para que ella vaya cogiendo según necesite y esté siempre recién cortadito, tierno, jugoso... 
-Padre, tengamos la fiesta en paz, que llevo ocho meses sin probar el jamón y encima hoy voy en ayunas.
Después de mi sutil indirecta mi padre decidió dejar el tema del jamón en paz.
Dicho sea de paso, un par de semanas más tarde compraron el susodicho jamón, ¡y les salió malo! Eso es justicia divina y lo demás son tonterías.
-Bueno, ¿qué te van a hacer hoy?
-Pues ni idea, en el volante sólo pone "prueba de la anestesia".
-Que raro...
-No sé, ¿me pincharán un poco como en la prueba de la alergia?
-Y luego, ¿qué hacen? ¿Te mandan a casa toda endrogá? 
-Ni idea, a lo mejor me tengo que quedar hasta que se me pase, ¿no? Oye, igual tienes que entrar conmigo, por si me mareo.
A mi padre se le cambió la color, porque las cosas de médicos le dan mucho repelús. Me lleva a todas las revisiones, pero no entra nunca conmigo, no mira las ecografías con la carita de su nieta, y nunca, nunca, me toca la tripa. Es más, desde que me quedé embarazada sólo me mira de cuello para arriba, por si acaso ve algo que le de repelús.
Total, que llegamos al hospital, nos sentamos a esperar y mi padre se puso a leer un libro.
-¿No te has traído tu ebook? -preguntó.
-No.
-¿Y eso?
Pues porque me parecía feo pedirte que me acompañaras y luego ponerme a leer, padre.
-Se me ha olvidado.
Mejor no se lo digas, pensé, que se sentirá obligado a dejar su libro, con lo entretenido que está leyendo, que ni tiene ganas de hablar de jamón ni nada.
-Ah. 
Mi padre estuvo leyendo hasta que casi era mi turno de entrar.
-La siguiente soy yo.
-Ah... pues... creo que me voy a la cafetería. 
-¿No podemos ir luego?
-Sí, sí, luego te llevo a desayunar... voy ahora para... eh... para ver donde está. 
-Sabes que lo de entrar conmigo a la prueba era broma, ¿verdad?
-Claro, claro... ahora vengo. 
Y salió corriendo. Bueno, más o menos. Mi padre tiene artritis en las rodillas. Cuando digo "correr" quiero decir "arrastrarse agónicamente ayudado por un bastón".
En cuanto se fue me llamaron para entrar a la prueba.
-Hola Lorz -me dijo el anestesista- ¿Has traído los análisis?
-Sí, tenga.
-Muy bien, esto está muy bien. Quítate la camiseta y túmbate en la camilla. 
Y eso hice, porque soy muy obediente.
-Ahora te voy a poner unas ventositas para hacer un electrocardiograma. 
-¿A mí o al bebé?
-A ti. Hoy la importante eres tú.
-Vaaaaaaya... ¡hace al menos ocho meses que no oía eso!
-Mientras sale, te voy a hacer algunas preguntas, ¿vale?
-¿Ese "vale" cuenta como una?
-Eh... no. ¿Alergia a algún medicamento?
Las primeras preguntas eran más o menos lo que se puede esperar. Alergias, operaciones, antecedentes... Luego empezaron las raras:
-¿Has usado corsé alguna vez?
-¿Has usado algún  aparato? 
Que para mí eran sólo por cotillear, porque ya me dirás que tiene que ver mi vida sexual con la anestesia.
Después de un montón de preguntas el médico me dijo que ya me podía ir.
-¿No me van a hacer análisis? -pregunté.
El anestesista me miró como si fuera una loca peligrosa.
-No, eh... ya los tienes hechos... eh... me los has dado tú, ¿te acuerdas, verdad?
-Ya lo sé, es que la chica del teléfono me dijo que tenía que venir en ayunas de todas formas.
-Sí, bueno, es porque hay gente que se olvida de traer los análisis y hay que hacérselos aquí, así que os decimos que vengáis en ayunas por si acaso. 
-¿Y no sería más práctico recordarnos que trajéramos los resultados?
-Eh... 
Cuando salí de la consulta mi padre me llevó a desayunar.
Estábamos saliendo de la cafetería cuando tuve una contracción y me quedé doblada en mitad del pasillo.
-Espera... un... momento -le dije a mi padre.
-¿Qué te pasa? 
-Contracción...
-Mujer, eso no es nada. 

Lorzconsejo: Por tu propia seguridad NUNCA le digas a una mujer embarazada de ocho meses que una contracción "no es nada". Especialmente si eres hombre.

-Y una... m**rd* no es nada...
-Que no, mujer, que eso son los dolores de encajamiento. 

Lorzconsejo: Cuando algo duele, es que duele, y da igual que lo llames "contracción", "dolores de encajamiento" o "pepino metido por el culo". Duele y punto. En cualquier caso, si una embarazada de ocho meses te dice que tiene una contracción, es que tiene una contracción. Te tienes que fiar, porque para un observador externo es imposible saber qué pasa dentro de ese cuerpo sólo mirando. Otra cosa sería que el observador externo tuviera visión de rayos-X, entonces podría decir "no hija, no son contracciones, es que tienes un pepino metido por el culo" y le tendría que dar la razón.

-Que... dolores de encajamiento... ni que p*ll*s...
-Que sí, que sí, si lo sabré yo que he pasado por tres embarazos. 

Lorzconsejo: Padre, vamos a ceñirnos al jamón como tema de conversación, que va a ser más seguro para tu integridad física.



Continuará....



01 octubre 2012

Poner a parir II

Previously in Lorz...
Tenía que haber comprado el azul. Era más bonito. 


En este post hay al menos una imagen que puede herir la sensibilidad de los lectores. 
Avisados quedáis, que luego vienen las quejas. 





De todo el embarazo lo peor, lo peor, lo peor, han sido las clases de preparación al parto. 
P*t* c*ñ*z*.

La mejor anécdota de las clases la protagonizó mi suegra, una tarde que nos llamó por teléfono.
-Hoy hemos empezado con las clases de preparación al parto -le dijo ZaraJota™.
-Que bien, ¿ya está Lorz haciendo ejercicio en pelotas?
-Mamá, que cosas tienes, ¿cómo va a hacer ejercicio en pelotas? Que son un montón de chicas, que no se conocen, y con todos los maridos mirando... 
-Hijo, no te pongas así... que lo he visto en la tele y es muy normal. 
-¡Que va a ser normal! ¡Además es un edificio moderno, con las paredes de cristal! ¡Las detendrían por escándalo público!
-Anda ya, si están muy graciosas, todas tan gorditas, con sus pantalones de deporte, sentadas en esas pelotas de colores tan grandes. 
Ahí se demostró que ZaraJota™ tiene la mente sucia.

Volviendo a las clases, la primera fue muy bien. 
Nos presentamos, y luego la monitora empezó a preguntarnos por las molestias o dificultades que nos estábamos encontrando. 
-Yo me mareo cuando plancho -decía una. 
-Intenta planchar poniendo el pie contrario a la mano con la que sujetas la plancha sobre un cajón o un libro gordo -recomendaba la fisioterapeuta..
Y oye, funciona. 
-A mí se me hincha el tobillo derecho -decía otra. 
-Intenta dormir del lado izquierdo. Si así te molesta la ciática, ponte una almohada entre las rodillas. 
Y oye, también funciona. 
-Estoy estreñida. 
-Siéntate en la taza, abre las piernas y sube las rodillas por encima del nivel del culete. Apoya los pies en un libro gordo o en un cajón si es necesario. 
Y oye, también funciona, o eso dicen: yo esta en concreto no la he probado, porque a mí con tomar el suplemento de hierro se me acababa el estreñimiento a toda velocidad. 
Luego hicimos un ratito de pilates y a casa, felices como perdices por todo lo que habíamos aprendido. 
A la siguiente clase fui entusiasmada. Error. 
La monitora era otra, y la clase consistió en una hora y media de presentación de powerpoint. 

Lorzconsejo: como profesora doy fe de que los powerpoint son muy útiles. Somos la generación de lo audiovisual y cuando nos explican algo necesitamos ver para entender. Sin embargo, los powerpoint deben ser siempre un apoyo: un esquema con los puntos más importantes, gráficas o imágenes que ilustren, amplíen o ejemplifiquen la explicación. Si vas a poner un powerpoint lleno de texto de arriba a abajo y la clase va a consistir en leer el texto palabra por palabra, mira, bonita, ya lo leo yo, y nos ahorramos tu puesto de trabajo, ¿me explico?

Para empeorarlo, el contenido de las diapositivas era, como poco, especial. 
O eran cosas tan generales que todo el mundo sabe (recuerdo con horror la de "alimentos que contienen vitamina B") o tan específicas que no aportaban nada (no necesito saberme el nombre de todos los músculos que hay en mis bajos, con saber que el bebé sale por ahí ya me vale). 
La peor fue la dedicada a las molestias "mecánicas" del embarazo, que son los dolores musculares o de huesos. En esa clase se alternaba la molestia y la solución. Por ejemplo:

Molestia: Dolor lumbar. 
Solución: El dolor lumbar puede aliviarse con ejercicios adecuados de pilates, dirigidos por una profesional especializada en el tema. Consulte en recepción los horarios y precios de nuestros grupos especiales". 

Y así durante una hora y media. 
Embarazada de siete meses.
En una silla de madera.
En pleno julio y sin aire acondicionado. 
Eso, señores, no es preparación al parto. Es el entrenamiento que hacían los marines antes de ir a Vietnam para prepararlos por si les capturaban y torturaban los charlies. 

Después de varias sesiones igual de fascinantes acabamos con la monitora y vino una matrona a hablarnos de lo realmente importante: el parto. 
Creo que ya lo he dicho antes: el parto no me preocupaba demasiado. Es decir, una vez que asumes que va a ser largo, difícil y doloroso no queda mucho margen para la preocupación. Aunque eso fue antes de ver un programa en la tele que... bueno, de eso mejor hablo otro día. 
La matrona lo primero que hizo fue preguntarnos qué hospital habíamos elegido. Cuando yo dije el nombre del mío, torció el gesto. 
-¿Qué pasa? ¿Van a robarme a mí bebé? -desde que me enteré de que era un hospital de monjas empecé a temer que me robaran el bebé, no sé de dónde habré sacado la idea...
-No, es que en ese hospital tienen la costumbre de poner un espejo. 
-¿En el baño?
-No, entre tus piernas. Un espejo de cuerpo entero, para que veas bien como nace tu bebé. 
-Ah, no, ah, no, ni hablar...
-Dicen que es muy bonito...

Vamos a aclarar las cosas:  
Bonito es sentir a tu bebé moverse en tu tripa cuando le cantas. 
Bonito es abrazar a tu bebé y olerle la cabecita. 
Bonito es que tu bebé cierre sus deditos alrededor de tu pulgar. 
Bonito es ver la cara de felicidad que pone cuando le das el pecho.

Ver un bulto sanguinolento salir con dificultad por una vagina sobredimensionada y palpitante...
Eso no es bonito.
Eso se llama gore, y está muy bien para verlo en la tele, con los ojos tapados y ZaraJota™ avisándote de cuando puedes mirar.

-En ese hospital también tienen otra costumbre, con el padre.
ZaraJota™ puso cara de terror.
-¿Me van a obligar a comerme la placenta? -preguntó. A esas alturas ya nos esperábamos cualquier cosa.
-No... seguramente te van a preguntar si quieres cortar el cordón umbilical.
-¡ARG!
Y se fue a potar.
La monitora torció el gesto otra vez, no sé por qué.
 -Es que sois tontos -nos explicó Sark más tarde-. La respuesta correcta era "no queremos cortarlo, preferimos dejarlo largo".
Jo, para haberlo sabido.
Bueno, pues la clase continuó con una explicación sobre el proceso interno del parto.
-Os voy a poner unas imágenes ilustrativas -dijo la matrona.
-Por favor, un vídeo del parto no, un vídeo del parto no.
A ver, si ya he dicho que no quiero ver mi vagina durante mi parto, ¿qué te hace pensar que querré ver la vagina de otra mujer durante el suyo?
Por suerte, no era un vídeo sino, ¿adivináis qué? ¡Un powerpoint!
Y qué powerpoint...
Me hubiera gustado hacerle fotos, porque ahora nadie me va a creer.
La explicación del parto era más o menos así:

Diapositiva 1: la dilatación. 

Diapositiva 2: el parto. 


Diapositiva 3: el nacimiento. 



-¿Y a esto lo llaman ilustrativo? -rezongué por lo bajo.
-Calla -me dijo ZaraJota™-. Mejor esto que un vídeo del parto. 
-Y una vez el bebé haya nacido -continuó la matrona- sale la placenta.
Pulsó el mando y en la pantalla apareció la siguiente imagen...

(y que conste que he tenido suerte y he encontrado en google exactamente la misma foto):

Diapositiva 4: la placenta.

Ves, esto sí que se puede definir como ilustrativo.

Continuará...



Gracias ZaraJota™ por los dibujos!

27 septiembre 2012

Poner a parir I

Esta es uno de esos post de ganarse collejillas.
Mamá, en la cabeza no, que estoy dando el pecho.


Cuando hablas con la gente del embarazo siempre hay alguien que te sale con lo del "milagro de la vida".
-Es fascinante -te dicen- ser testigo cómo se desarrolla tu hija dentro de tu cuerpo. 
Y sí, lo es. 
De lo que nadie te habla es de una transformación más fascinante aún: sentir como se desarrolla una abuela dentro del cuerpo de tu madre. 
Te pone los pelos como escarpias.
Luego está la transformación de tu padre en abuelo. De esa mejor hablo otro día. 
Durante los meses del embarazo mi madre, que estaba ligeramente entusiasmada, ha intentado ayudarme y aconsejarme con todo el amor y la buena voluntad del mundo. Y entusiasmo, ¿lo he dicho ya? Porque entusiasmo había como para tres o cuatro abuelas. 
Que conste que la mayoría de los consejos de mi madre me los he apuntado, ¿eh? Que cuando mi madre tiene razón es que tiene razón, la jodía. 
De otros me he choteado abiertamente. Que no quiere decir que no tuviera razón ella en su consejo, pero yo también tenía razón en mi choteo, lo que pasa es que nadie me comprende. 
-A los bebés los colores fuertes no les pegan -me dijo un día-. Yo a esa gente que los lleva de rojo, de verde... así, tan pequeñitos, es que no lo entiendo. 
Y claro, era decirme eso y yo me iba directa a comprar ropita roja, que Bebé-chan no va a vestir de otro color hasta que se case, y ya veremos.
-¿Te puedes creer que al niño de no-sé-quién le ponen vaqueros? ¡Un mesesito tiene, y venga, los vaqueros! Que ni es cómodo ni le pega ni nada. 
Para mi madre ponerle vaqueros a un bebé es motivo suficiente para que los servicios sociales intervengan y arranquen al pobre niño de los brazos de esa madre descastada. Vaqueros. Desde luego la gente...
Y claro, era decirme eso y yo me iba directa a comprar vaqueritos de bebé. 
Ahora que lo pienso, a lo mejor lo que pasa es que mi madre lleva comisión en la tienda, porque si no no me lo explico. 
Luego estuvo una temporada rondando con el tema de la canastilla. 
-Necesitas una canastilla de mimbre para poner las cositas básicas de cambiar al bebé: un par de pañales, toallitas, cremita...
-Ya lo tengo todo en la estantería.
-En una caja. 
Dicho así parece que hubiera metido las cosas del bebé en una caja que me encontré recogiendo cartones por la calle. Era una caja nueva, muy bonita, rosa por abajo y con rayas rosas y blancas por encima, y, lo más importante, del tamaño justo de la estantería. 
-Sí, es una caja. 
-Eso no es práctico. Tiene que ser una cestita con asa, para llevarla de un lado a otro. Así, si Bebé-chan se hace caca en el sofá, pero no una caca normalita, no, una de esas que te lo ponen todo pingando, no tienes que moverla, vas a por tu canastilla y cambias a la niña en el sofá. 
-Pero si del sofá al cambiador no hay ni dos metros, que lo midió el fontanero cuando explotó la tubería. 
-Ay, hija, se nota que eres novatilla -eso es para reforzar mi autoestima-, no sabes cómo se ponen los bebés a veces de caca, que no sabe uno ni de donde agarrarlos y hay que cambiarles el pañal in situ. 
-Entonces, para no llenarme yo de caca, lo que hago es dejar a Bebé-chan sola, desatendida en el sofá, retozando en su propia m**rd*, y yo me voy a buscar la canastilla. 
-Exac... ¡Lo estás retorciendo! ¡Eso no es lo que digo! Desde luego hay que ver como eres... 
Al final mi madre compró la canastilla. Y cremitas. Y champús. Y toallitas. Y un mordedor. Y una mochila. Y... y...

La canastilla en cuestión. 
Que no me quejo, ¿eh?
Es muy bonita y muy práctica, y tiene lacitos por todas partes, que es lo más importante. 
La voy a usar todos los días.
Que quede claro, mi madre tenía razón.
Que luego por cualquier malentendido de nada de desata la violencia.

De todas las anécdotas que ha dejado mi madre-en-vías-de-ser-abuela, la mejor es la del carrito.
Sí, mamá, lo voy a contar.
El carrito nos lo regaló la Tita del Puerto. Estuvo unos días en Madrid, y aprovechamos una mañana para ir a comprarlo, así, en plan excursión, ZaraJota™, mi madre, la Tita y yo.
Sé que hay gente que dedica mucho tiempo a investigar cual es el mejor modelo de carrito. Conozco a una chica que todavía es capaz de recitar de memoria las características técnicas de los carritos que había a la venta cuando nació su hijo. Pobrecita. 
Yo he pasado bastante, y sólo tenía tres requisitos:
-Que fuera Chicco, porque es la única marca de carritos que me suena de cuando yo era pequeña y oye, si han aguantado tanto tiempo en el mercado será por algo.
-Que fuera plegable, porque cuando tienes un piso de 50 metros todo lo plegable te parece que es lo más.
-Que tuviera un color sufridito. "Sufridito" es un adjetivo que sólo puedes usar cuando eres madre, y significa "que se limpia bien y/o que disimula las manchas".
Llegamos a la tienda, y sólo había un modelo que cumpliera con mis requisitos. Ese modelo se vendía en dos colores: azul marino y rojo.
-Vosotros escogéis el que más os guste -dijeron mi madre y la Tita, y digo dijeron porque cuando están juntas hablan las dos a la vez, a gritos y sin escucharse-. Pero el azul es más bonito. 
-Quiero el rojo.
Que a mí me daba igual uno que otro, era por llevar la contraria. Mi madre es que no aprende, si quería que me comprara el azul que hubiera dicho que le gustaba el rojo, que a veces parece boba.
-Pues si quieres el rojo, el rojo, y que no se hable más. Aunque el azul es más bonito, donde va a parar. 
La chica de la tienda percibió la tensión y decidió intervenir.
-¿Quieren que les enseñe cómo funciona?
-Sí, por favor -suplicó ZaraJota™.
La chica de la tienda inició una demostración que ríete tú de los artistas del circo.
ZaraJota™ la miraba con la concentración total del que sabe que va a tener que repetir el numerito con un bebé en un brazo y una bolsa con juguetes en el otro.
Yo miraba de reojo, porque me fío lo justo de la capacidad para el bricolaje de ZaraJota™.
Mi madre y mi tía, mientras tanto, a lo suyo.
-A nosotras -sí, cuando están juntas hablan en plural- nos gusta más el azul porque tenemos un gusto más clásico -léase "elegante y refinado"-, tú es que tienes un gusto diferente -añádase "como de hippy zarrapastrosa".
-A mí me gusta el rojo.
-Claro, claro. ¿Y ZaraJota™ que opina?
-El rojo. 
"A mí me daba igual", confesó ZaraJota™ más tarde, "yo lo que quería es que pareciera que mi opinión también contaba".

El carrito en cuestión. El azul era más bonito.

Unos días más tarde, mi madre me pilló contándole la historia a alguien. Creo que fue a mi padre. Mi padre ha perdido tanto peso últimamente que a veces mi memoria no lo registra.
-¡No fue así! -saltó mi madre-. ¡Tú elegiste el que querías!
-Claro que sí, y no tuve ningún tipo de presión para elegir uno o otro... aunque el azul era más bonito.
-¡Lo estás exagerando! 
Miré a ZaraJota™ en busca de apoyo. ZaraJota™ se escondió debajo de la mesa. Cobarde...
-Fue así.
-¡Que no! ¡Que no! ¡Que lo tergiversas todo!
-¡Yo no tergiverso! ¡Embellezco!
-Pues que ni se te ocurra embellecerlo en el blog, que te doy una colleja que te enteras. 
Mi madre es que todo los soluciona con la violencia.
Desde entonces, cada vez que sospecha que me choteo de ella, o sea, casi siempre, me acaba la conversación con un "pues que ni se te ocurra embellecerlo en el blog, que te doy una colleja que te enteras".
Hasta que un día vio ante sí la solución al problema.
-Sí, sí, ríete de la pesada de tu madre, ya hablaremos cuando nazca la niña.
-¡Pero si yo no he dicho nada ahora!
-Cuando nazca la niña no vas a tener tiempo para nada, que lo sepas. 
-Ya lo sé... Estoy preparando tuppers...
-A ver si te crees que lo arreglas todo con tuppers.
Pues no, mamá, todo, todo, no. Lo que pasa es que para mí, en mi faceta de ama de casa, la única tarea acuciante es preparar el tupper, porque ZaraJota™ necesita uno, ineludiblemente, todos los días. El resto de tareas (limpiar, planchar, ducharme) me parecen perfectamente postergables. Aunque eso a una madre no se le puede decir.
-Al menos teniendo tuppers comeremos.
Ni caso.
-Porque los primeros días todo es un mundo. Os va a faltar el tiempo. Y más a vosotros, que sois novatillos -está pesadísima con lo de que somos novatillos. Al parecer somos los únicos padres primerizos del mundo: el resto empezaron directamente por el segundo-. Por muchos tuppers que tengas, no tendrás tiempo para nada. Ni para el blog. 
Lo dijo así, como triunfal. Como si acabara de matar a su archienemigo o algo.
Jo, ni que estuviera todo el día metiéndome con ella... ¡a veces me meto con otras personas también!

En fin, que por mucho que me ría de ella, tengo que admitir que mi madre tenía razón en una cosa.
Bueno, en casi todo, pero especialmente en una cosa:
El azul era más bonito.
No, no era eso..

Bebé-chan necesita mi atención las 24 horas del día.
No me queda tiempo para nada, madre, ¿contenta?

Por otra parte toda la conversación de los padres novatillos, los tupper, el blog y manipular la realidad me dieron una idea. Igual que preparo comida con antelación, puedo preparar los post, ¿no?
Total, si la mayor parte de las veces me los inven... eh... ¡mira, un elefante que vuela!

Resumiendo, que aunque ahora no tenga tiempo para nada, me quedan post congelados para rato.
¡Lorzagirl ha vuelto! ¡Y espera que sea para quedarse!



Continuará...

24 septiembre 2012

A mi preciosa, no tan diminuta niña

Una vez alguien nos dijo a tu papá y a mí que nos queremos tanto, que en nuestro cuento no queda sitio para un dragón.
Pues no, no nos cabe.
Además, ¿qué hacemos nosotros con un dragón?
Son grandes, escupen fuego, comen carne humana... ¡y deben hacer unas cacas enormes! 
Que no, que no, que son muy poco prácticos.
Además, lo que papá y yo queríamos no era un dragón, sino un bebé.
Es lo que pasa cuando te sale el amor a borbotones, ¿sabes?
Nuestra pequeña familia se nos quedaba aún más pequeña por falta de gente a la que querer.

Entonces mamá tuvo un accidente. Ya hablaremos de eso cuando seas mayor. Ahora lo único que importa es que el médico le dijo a mamá que iba a tener muchas dificultades para tener hijos.
Eso dolió más que el accidente, mucho, mucho más.

Después hubo otro accidente. Sí, también hablaremos de eso cuando seas mayor. Esta vez el médico dijo que mamá iba a tener muchas dificultades para tener hijos, y que de todas maneras quizá era lo mejor para todos.
Ni que decir que no estaba de acuerdo, no lo estaba en absoluto.

Hizo falta otro médico diferente, mucho tiempo después.
-Tienes un útero precioso -dijo.
-¿Y eso que significa?
-Que eres tan fértil que te puedes quedar embarazada bebiendo del mismo vaso que tu marido.
El médico exageraba, no es así como se tienen los bebés... ya te lo explicaré cuando seas mayor. Muy mayor. Unos cincuenta o sesenta o así.

Papá y mamá empezaron a beber del mismo vaso en noviembre del 2011, pero no te fabricaron hasta la navidad de ese mismo año, una de las más tristes que hemos tenido.
A la tita del Puerto le acababan de detectar un cáncer de pecho, y no se podía mover de su casa porque iban llamar para que se operara en cualquier momento. Los abuelos se fueron al Puerto con ella, para que no pasaran la navidad sola. A cambio dejaron a sus hijos solos en Madrid. Que es verdad que ya éramos mayorcitos, pero, ¿te imaginas una cena de navidad sin los abuelos?
Sin los gorritos absurdos de la abuela, sin el abuelo de los nervios porque alguien llega cinco minutos tarde, sin las toneladas de comida, sin el cabreo porque ha salido una botella de cocacola en la foto, sin las velitas y el “mira que mono me ha quedado el árbol”.
No es lo mismo, ¿verdad?

Al final a la tita del Puerto la operaron el mismo día que supimos que venías de camino.
Papá y mamá acordaron no decirle nada a nadie, ¡eras tan pequeñita, tan frágil! Pensábamos que con sólo nombrarte el viento se te llevaría.

Aunque ocultarlo era difícil. Mamá estaba hecha una pupa. Devolvía, se mareaba, le dolía todo, a veces se quedaba dormida de pie... lo que pasa cuando tienes un bichillo inquieto creciendo dentro de ti.
A pesar de todo, ese segundo fin de semana de enero nos fuimos al Puerto a ver a la tita. Nada más verme, me cogió del brazo y me llevó aparte; la tita era la única que sabía que te andábamos buscando.
-¿Que tal?
-¡Creo que estoy embarazada!
A la tita se le cambió la cara.
-¿Seguro?
-El palito dice que no, pero yo lo sé, estoy tan malita...
Y mamá, tan malita como estaba, sonreía.
-¿Se lo vas a decir a tu madre?
-No, no se lo digas, es muy pronto...
Papá y mamá pasaron el fin de semana en el Puerto haciendo equilibrios para que nadie notara nada. La tita, recién operada como estaba, se dedicó a cubrirnos. Creo que en el fondo se lo estaba pasando hasta bien. Y entre unas cosas y otras, nadie notó las escapadas para devolver, o que mamá esquivaba ciertas comidas y luego comía frutos secos y manzanas todo el día, o que apenas tocaba a los gatitos.

Volver a Madrid sólo fue un alivio en parte.
Porque verás, mi niña, cuando estás embarazada (y prométeme que tú tardarás mucho, mucho en estarlo) necesitas mucho a tu mamá. No sé si es el instinto, o que necesitas mimitos, o qué, el caso es que así es. 
Y justo, justo cuando mamá necesitaba a su mamá, la abuela estaba en el Puerto. Un mes entero, y que largo que fue.
Todos los días hablábamos por teléfono, y cuando colgaba me sentía más frustrada que antes, porque no se lo podía decir; la abuela ya lo estaba pasando bastante mal: 
Estaba preocupada por la tita, porque un cáncer no es cosa de broma.
Estaba preocupada por su trabajo, porque para cuidar de la tita había tenido que pedir una excedencia; una suspensión de empleo y sueldo durante un mes, y no sabía si a la vuelta seguiría teniendo trabajo, tal y como estaban las cosas.
Estaba preocupada por el dinero, claro, porque un mes sin sueldo no es algo que una familia pueda asumir así como así.
Estaba preocupada por sus hijos, porque estaban solos en Madrid. Por aquel entonces el más pequeño tenía 26 años y vivía con su pareja, pero los hijos son siempre niños.
Estaba preocupada por el abuelo, porque ya sabes que los abuelos se pasan el día rezongándose, y luego no pueden estar el uno sin el otro.
Y además, “¡a saber cómo me está dejando la casa! Porque ya sabes cómo son los hombres, que limpian, pero no afinan. Le temo, le temo a lo que me voy a encontrar cuando vuelva”. Las cosas de la abuela.

Al final, la tita me convenció para que se lo contara.
Me dijo que la abuela estaba muy triste. Me dijo que eso la animaría. Me dijo que le haría sonreír. Y sobre todo, me dijo que o se lo contaba yo, o se lo contaba ella, que no podía guardarse un secreto tan gordo ni un día más.
Ya sabes cómo son los abuelos. Si se lo hubiera dicho antes a la abuela, el abuelo se habría enfurruñado, “nadie me quiere”, “nadie me cuenta nada”, “no pinto nada en esta casa” y todo lo demás. Si se lo hubiera dicho antes al abuelo, la abuela no me habría vuelto a hablar en la vida. Que ahora que lo pienso, así a largo plazo, igual era una ventaja.
La solución fue mandar un mensaje al móvil, a los dos a la vez, y si uno lo leía antes que el otro era su problema, ¿no?
Ellos no lo vieron así. Sobre todo la abuela. “Mira que decirme una cosa así por mensaje”, decía. El cabreo le duró poco: iba a ser abuela, y estaba muy ocupada anunciándolo a gritos por la calle.

Por aquel entonces eras tan pequeña que papá y yo te llamábamos Cigotito: medías 9 milímetros. Nos parecía mentira que aquella manchita diminuta fuera a convertirse en un bebé, y aún así, empezamos a prepararnos para tu llegada.
Conseguimos una hipoteca, todavía no sabemos muy bien cómo, y nos compramos un piso con una habitación grande y ventilada para ti.
Peleamos con pintores, albañiles, técnicos y papeleos de diverso tipo.
Y luego nos mudamos.

Hija, si puedes, no te mudes nunca, o mejor, múdate mil veces, pero ve ligera de equipaje. Una mudanza es como el infierno, con cajas y pelusas en vez de llamas y diablillos.
La mudanza fue especialmente traumática para Arale-Chan, durante un tiempo pensamos que no lo superaría. 

No te preocupes,  lo superó.


Cuando acabamos las reformas, la mudanza y nos asentamos, ¡pluf! Reventó una tubería que nos inundó la casa. Por suerte el fontanero, no te lo creerás, estaba en el edificio, y actuó rápido. Bueno, actuamos: el fontanero, papá, tú en la tripa y yo, recogiendo agua, apartando muebles, construyendo pequeños diques con toallas... En medio del desbarajuste, mamá se hizo daño en la rodilla, y por eso se pasó los siguientes meses cayéndose de todas partes: de las escaleras, del autobús, andando en llano por la calle... Cada caída era un susto, porque te podías haber hecho daño tú también.


Apenas nos habíamos recuperado de la emoción de tener un parque acuático en casa cuando la tía Noli nos llevó a Eurodisney. Tú ya eras un bichillo de tamaño considerable, empezabas a dar patadas y con ellas jugábamos a imaginar lo que te gustaba y lo que no.

Por entonces, cuando parecía que todo estaba perfecto y listo para la llegada de nuestra pequeña, mamá se quedó sin trabajo. Económicamente no suponía ningún problema, mamá llevaba muchos años trabajando, y tenía derecho a su prestación. El problema era, precisamente, que mamá llevaba muchos años trabajando, y no sabe estar parada. Y por mucho que buscó trabajo, con cinco millones de parados como había, a ver quién contrataba a una embarazada.
Al final mamá se resignó y se dedicó a estudiar. La de horas que habremos pasado, tú y yo, recitando lecciones de inglés, de historia, de arte. La de exámenes que hemos hecho juntas, escritos y orales, y lo que nos hemos reído cuando los examinadores veían a esa opositora de tripa enorme acercándose a la tarima...

Nada más acabar los exámenes, cuando ya me saboreaba un mes de paz, tranquilidad y piscina, la tita del Puerto tuvo un accidente de coche. El coche quedó como un acordeón. Por suerte la tita llevaba el cinturón puesto, así que en vez de quedar hecha mermelada y que la tuvieran que recoger del asfalto con una palita, sólo se hizo un magullón en el pecho que durante unos días le impidió moverse con normalidad. Para que veas lo importante que es el cinturón, hija, hay que ponérselo siempre. Y si alguna ves no te apetece, piensa si prefieres moratón o mermelada, porque de eso se trata.
Lo peor para la tita fue el bajón, porque acabar un tratamiento de cáncer y justo tener un accidente es como para deprimir a cualquiera. Por eso le dije que me iba con ella unos días.
Eso me costó una bronca con tu padre. Ya sabes que tu padre y yo no discutimos, y no es por que yo no lo intente, que va, es culpa suya, que lo único que hace es levantar una ceja y así no hay manera de discutir con nadie, que poca consideración.
Esta vez, en cambio, tu padre no tuvo bastante con levantar una ceja.
-Es que no entiendo que tengas que ir tú.
-Porque mi madre no puede pedirse más días en el trabajo.
-¿Y no hay nadie más?
-Sí, pero...
-Que no es porque vayas, que ya sabes que no... Es que estás de siete meses, tienes una rodilla inútil, anemia, nauseas casi todas las mañanas y contracciones casi todas las tardes... Que no estás para ayudar a nadie, estás para que te ayuden.
-Bueno, no sé, al menos le haré compañía, ¿no?
Tu padre accedió al fin a regañadientes.
Luego, cuando llegué al Puerto y la tita me vio puso cara de espanto.
-¡Yo no sabía que estabas así!
Que tampoco era para tanto, es que ya sabes lo exageradas que son.


Después de pasar cuatro días con la tita, contracción va, contracción viene, la tenía tan asustada que me acompañó a Madrid porque tenía miedo de lo que me pudiera pasar si me venía sola.
Ya ves, como si no hubiera ido yo sola, para empezar.
Porque había una cosa que tuve clara desde el principio: estar embaraza no es estar enferma.
Bueno, a veces lo es. No en mi caso, no en nuestro caso.
Es verdad que tenía días en los que se encontraba muy mal, y tenía que quedarme en la cama abrazándome la tripita y repitiendo “es por mi bebé, es por mi bebé” como forma de consuelo.
En cambio, la mayoría de los días, hemos hecho de todo juntas, tú y yo.
Hemos hecho exámenes, hemos ido en avión, nos hemos montado en atracciones de Eurodisney. Hemos estado en la playa, y en el cine, y en una obra de teatro en la que mamá se rió tanto que papá dijo que al final nos ibas a salir centrifugada.
Hemos ido a la piscina y nadado largos a un lado y al otro como si nos fuera la vida en ello. Hemos hecho pilates, y ejercicios para embarazadas, y otro tipo de ejercicios de los que te hablaré cuando seas mayor. 
Hemos hecho vida normal, la limpieza de los viernes, la intensiva premudanza y la general de otoño (un poco adelantada), ido a la compra, cargado con el carrito hasta los topes, cocinado cosas ricas para papá, incluso cuando a veces mamá no era capaz de comer nada después.
Hasta el último día, hemos ido a todas partes en autobús y en metro, salvo cuando el abuelo nos hacía de taxista. Una vez hicimos la croqueta en el suelo de un interurbano. Otra, el abuelo nos prestó el coche, se nos rompió en un túnel de la M30 y nos tuvo que sacar la grúa. Hemos viajado en ave, y en un ascensor con sorpresa.
Hemos subido y bajado miles de escaleras, a veces a pie, y a veces dando saltitos sobre el culo de mamá. Ya pasados los ocho meses de embarazo, subimos tres pisos a pie para secuestrar un gato.

Hemos reído hasta llorar, y hemos llorado hasta que papá nos ha hecho reír contándonos chistes de pollos.
Hemos puesto el hombro para que lloraran otras personas, y no quiero señalar a nadie.

Hemos oído miles de horas de música clásica, cantado, escuchado los cuentos que leía papá para que te acostumbraras al sonido de su voz.
Todas las noches le hemos dado el beso de buenas noches a papá, y todas las mañanas hemos recibido los suyos de buenos días, uno para mí y otro en el ombligo para ti.

Y todo eso, mi pequeña, cuando no eras más que un bultito dentro de la tripa de mamá.
Estoy deseando ver todo lo que somos capaces de hacer los tres juntos ahora que estás fuera.








Pd: Un post moñas al año no hace daño, ¿no?


Pd2: Ya está cambiada la errata, quejicas. Así, tecleando con el índice de la mano derecha y sujetando a Bebé-chan con la izquierda.
Gracias a todos por vuestros comentarios (los de este post y los del anterior). Me gustaría responderlos uno a uno, aunque creo que no voy a tener tiempo para hacerlo hasta dentro de unos 18 años o así.

21 septiembre 2012

#porrabebechan

Si estáis leyendo esto es porque el gobierno me ha descubierto y ha decidido silenciarme para siempre.

No, espera, no era eso...

Si estáis leyendo esto es porque con un poco de suerte todo ha salido bien, y ahora mismo estoy en una habitación de hospital mirando con arrobo a Bebé-chan.

Eso significa que grotec, beita_6, lordlibo, rmoner han ganado el sugus de piña que, como ya dije, me voy a comer a su salud.
(MUA-JA-JA)

Seguiremos informando.






23 agosto 2012

Baja de maternidad


Estoy demasiado gorda para seguir escribiendo.
Bueno, vale, no: si estar gordo fuera un impedimento para escribir, blogger se habría hundido la primera semana, los foros no existirían, y Juego de Tronos jamás se habría publicado. 
Lo que pasa es que mi embarazo se aproxima a su fin y cada vez me cuesta más a) sentarme delante del ordenador y b) concentrarme en lo que escribo. Hace días que pienso que debería darme a mí misma la baja por maternidad, y no me decidía... hasta el incidente de hoy.

Hoy he ido al médico de cabecera para ver si ya me había librado de la infección de orina. He salido de casa feliz como una perdiz, y cuando estaba de camino he empezado a tener contracciones, no de esas que no duelen (¡JA!) sino de las de verdad.
Y sí que duelen, sí.
He llegado al médico agarrándome la tripa porque tenía la impresión de que Bebé-chan se me iba a caer en cualquier momento, y he tenido tan mala suerte que me ha vuelto a dar otra contracción justo cuando me sentaba en la consulta.
-¿Qué te pasa? -me ha preguntado el médico.
-Tengo contracciones.
-¿Y te vienes AQUÍ?
-No, he venido porque tenía cita para otra cosa.
-¿Y vienes CON CONTRACCIONES?
-No, venía sin contracciones, me han dado de camino...
-...
-Que no lo he hecho aposta, jooo...
-Ya me imagino, mujer. Creo que deberías irte al hospital.
-No hace falta. Seguro que no es nada.
-Por tu cara no parece que no sea nada. 
-Seguro que se me pasa.
-Aún así, es mejor que vayas al hospital ahora mismo. Así nos quedamos tranquilos. 
-Que no...
El médico se ofreció a llamar a una ambulancia, a mi familia, a un taxi... Al final llegamos a un acuerdo: irme a casa, esperar media hora, y si las contracciones continuaban plantarme en urgencias.
Salí del médico y llamé a ZaraJota™.
-Que dice el médico que me vaya a urgencias.
-¿Y eso?
-Porque a lo mejor estoy de parto.
-¿Y ESO?
-Porque he tenido un par de contraccioncillas de nada.
-¿Le has explicado que son de esas de Braxton Higgs y que no pasa nada? 
-No creo que sean de esas,  duelen un po... ¡H*ST** P*T*! ¡M**RD* C*Ñ* J*D*R! ¡Otra!
-Vete al hospital AHORA. 
-¿Llamo a mi padre para que me lleve?
-¡AHORA! ¡He dicho AHORA!
-Vale, pero tú te quedas en el trabajo hasta que el médico nos diga si estoy de parto o no. 
-¡Si hombre!
-Imagina el cachondeo de tus compañeras mañana si resulta que es una falsa alarma.
-Yo me quedo en el trabajo y ya me llamas si eso. 
Estaba ya en el taxi cuando me dio otra contracción.
-¿Te encuentras mal? -preguntó el taxista-. Tienes mala cara. 
-No es nada, una contraccioncilla diminuta. 
-Esas cosas pasan, mujer, ¿de cuánto estás?
-De YA. 
De pronto al taxista empezó a acelerar como si le fuera la vida en ello. Se ve que llegaba tarde a alguna parte, el hombre. Pues si tenía que irse que no me hubiera cogido, ¿no?  Es que a los taxistas no hay quien los entienda. 
Llegué a la clínica en un tiempo récord y me fui a recepción. 
-Hola, ¿me puede ver un obstetra de urgencias, por favor?
-¿Qué te pasa?
-Mi médico de cabecera cree que puedo estar de parto.
-¿Y tú que sientes?
-Ahora mismo, mucha vergüenza. 
-¿Has roto aguas?
-No.
-¿Has tenido contracciones?
-Un par. 
-¿Y por qué crees que estás de parto?
-Yo no creo que... da igual, ¿podría verme el obstetra?
La recepcionista cogió el teléfono y llamó a la obstetra. 
-Oye, que tengo aquí una gordi que no sabe si está de parto. 
-Dicho así suena muy ridículo, ¿sabe?
-No te preocupes, si nunca has estado de parto no tienes por qué saber cómo es. Anda, pasa a consulta. 
Y pasé a consulta. 
-¿Qué te pasa? -preguntó el obstetra.
-Nada, el médico de cabecera me ha dicho que venga porque he tenido una infección de orina y hoy he tenido algunas contracciones y dice que es mejor que me revisen. 
El obstetra me miró por todas partes.
Bueno, mentira. Los obstetras sólo te miran por una parte. Es que sólo piensan en una cosa, los muy pervertidillos. 
-No estás de parto -me dijo después-. Todo está bien: la placenta bien, el bebé bien, el cuello de tu útero bien...
-¿No voy a ponerme de parto antes de tiempo?
-Por supuesto que no.
-Me quedo más tranquila. 
-Muy bien, pues entonces nos vemos la semana que viene.
-Vale. 
-Si es que llegas.
Bien, borra la parte de que me quedo más tranquila. 




Hasta aquí hemos llegado.  Volveré en cuanto Bebé-chan me lo permita;  espero seguir por twitter al menos hasta que la matrona arranque el móvil de mis temblorosas manos de parturienta. Las actualizaciones de twitter se pueden ver aunque no tengáis cuenta propia, como ha descubierto mi familia recientemente. 

M**rd* de listillos...
Y ya que estamos os animo a todos a participar en la porra con la fecha del feliz evento. Entre los acertantes sortearemos un sugus de piña que en cualquier caso me pienso comer yo, que si no nos van a salir más caros los sellos que el sugus, hombreyá. 





31/08/2012
¡Gracias a todos por los los twits, los comentarios y por participar en la porra!De momento Bebé-chan no quiere salir. 
Cada vez que voy al médico pasa lo mismo:
-A la semana que viene no llegas -me dice el médico. 
Bebé-chan se lo toma como un reto. 
-¿Que no llego? ¿Que no llego? ¡Y una m**rd* que no llego!
Y llega.
La tripa ha dejado de crecer hacia adelante y se está desplazando hacia abajo. Vista desde arriba, que es como yo la veo, cada vez hay menos, es como si me despreñara.Desgraciadamente mis tetas, que estaban sujetas por la bola como si de un wonderbra se tratara, han empezado a bajar a la par. 
P*t*`s traidoras...
También ha bajado el peso de Bebé-chan. Ahora es como si tuviera un meloncillo atascado entre las piernas. Ando como un vaquero y hago pis como una vaca. Al menos en cantidad. De la frecuencia prefiero no hablar, porque me dan ganas de ir otra vez.
Eh... vuelvo en un segundo. 




En fin, como dice mi madre, "todo son ventajas".
Al menos hace fresquito y ya no sudo como Jabba el Hut en una sauna. 
Seguiremos informando. 


11/09/2012
¡¡¡Inesperado giro de los acontecimientos!!!
Mi móvil ha muerto. 
El nuevo tardará una semana (pero... pero... ¿lo traen en camello o qué?) y mientras tanto tengo que usar uno que... no puedo... no puedo... venga, Lorz, tienes que ser fuerte... tengo que usar un móvil viejo que no tiene internet. 
Ya está, ya lo he dicho. 
Y ni siquiera puedo usarlo mucho porque... eh... no encuentro el cargador. Voy a salir a la caza de uno en cuando amanezca, aunque no creo que llegue muy lejos porque ahora mismo las contracciones son cada media hora o así y cuando me muevo se aceleran un montón. 
Para darle más emoción al asunto, supongo. 
En fin, que no tengo guasap, sólo puedo acceder a twitter desde el ordenador, no creo que me dejen meter el ordenador en el paritorio (si llega a darse el caso). Los médicos de hoy en día tienen unas manías rarísimas. Además, aunque me dejaran meterlo, ¡son capaces de no tener wi-fi! 
¿Os imagináis?
No sé como la raza humana ha sobrevivido tanto tiempo, con las mujeres pariendo en estas condiciones...

Resumiento: si alguien quiere contactar conmigo, mejor que contacte con Zarajota, que le a a salir más a cuenta. 

17/09/2012 Bebé-chan no quiere salir. 
Todos los días me hace un simulacro: durante dos o tres horas, empiezan las contracciones, primero cada diez minutos, luego cada cinco, cada tres... y cuando estoy a punto de coger la maleta y salir corriendo al hospital... ¡plaf! Se paran de golpe. 
Creo que me está vacilando. A veces incluso me da la impresión de que la oigo reírse,
-Jijiji...
El médico dice que eso es bueno, que significa que mi útero está "entrenando". A este paso cuando llegue le momento tendré un útero superguerrero y la niña va a salir disparada como de un cañón de feria. 
El viernes pasado batimos un récord: desde las ocho de la tarde hasta las dos de la mañana sin parar. Parecía que era la definitiva. Me fui al hospital llena de entusiasmo y nada más cruzar la puerta... nada. 
La matrona que me atendió en urgencias me dijo que era una falsa alarma. 
-No puedes venir a la primera contracción que tengas.
-¡Si llevo seis horas! 
-Porque aumentan al andar. Lo que tenías que haber hecho es meterte en la cama. 
-Son las dos de la mañana. ¿Dónde cree que estaba? 
Por la cara de la matrona, corriendo la San Silvestre Vallecana con el único fin de fastidiarle la noche, parece ser. 
Cuando me mandaron a casa, ligeramente humillada, pude oír la risa de Bebé-chan claramente: 
-¡¡¡MUA-JA-JA!!!
La he castigado una semana sin tele, pero como los bebés sólo ven los objetos a menos de 25 centímetros, no perciben los colores, y de todas maneras la programación es un asco, creo que le da bastante igual. 
En fin, quedan entre dos y cuatro días para salir de cuentas, según el médico al que le preguntes. 
Seguimos esperando...


17 agosto 2012

Las mujeres obedientes

Todo empezó con el obstetra, cuando estaba de tres meses.
-Ahora que has superado el primer trimestre -me dijo- puedes volver a tener relaciones sexuales otra vez. 
-¿Otra vez?
-Sí, todo va bien, no hay ningún riesgo, no hay motivo para que no vuelvas a tener relaciones. 
-No, no, no me ha entendido, ¿volver? ¿Tenía que haber parado en algún momento?
-Eh... sí. 
-Pues a buenas horas me lo dice.
-Eh... bueno... no creí necesario decirlo. Durante el primer trimestre la mayoría de las mujeres se encuentran mal y pierden el apetito sexual. 
Salí de la consulta con la sospecha de que me acababan de llamar guarrilla, pero esto no acabó ahí.

Más tarde empezamos con las clases de preparación al parto, que son como para escribir un libro aparte.
-La semana que viene -dijo la monitora- agradecería que no vinieran los futuros papás, porque vamos a hablar de un tema delicado y muchas señoras se sienten incómodas hablándolo delante de sus parejas. 
 La semana siguiente fui a clase acojonada. ¿De qué nos irá a hablar la buena mujer?
-Hoy -nos dijo-, vamos a dedicar la clase al masaje perineal. 
 El masaje perineal se hace para prevenir ciertas molestias durante y después del parto, cuyos detalles no voy a dar porque estoy desayunando. El masaje perineal, muy resumido, consiste en introducir uno o dos dedos en la vagina y hacer estiramientos de los músculos de la misma.
-Con el tripón casi no os vaís a llegar, es mejor que os lo haga vuestra pareja. 
A mí me dio la risa floja, porque conozco a ZaraJota™ y ya me veía venir en qué iba a acabar el masaje perineal si me lo hacía él.
Mis compañeras, al parecer, no compartían mi entusiasmo.
-¿Eso me lo tiene que hacer mi marido ahí
Por sus caras de espanto cualquier hubiera pensando que se habían quedado embarazadas usando una jeringuilla para rellenar pavos.
Después de aquello me volví a sentir un poco guarrilla.

La siguiente clase volvía a ser sin maridos.
-¿Habéis practicado el masaje?
A mí me volvió a dar la risa floja.
-Sí -contesté.
-¿Sola o con tu pareja? 
-Con mi pareja.
-¿Y que tal fue? 
Por decirlo suavemente, cuando tienes un marido joven y saludable que por algún extraño motivo te encuentra atractiva, no puedes decirle que te de un masaje en la vagina sin que se distraiga y acabe haciendo otras cosas.
-Eh... bueno... el resultado fue muy satisfactorio, aunque no creo que fuera el que tú querías.
Y me puse colorada. La monitora no parecía nada sorprendida.
-Sí, a algunas mujeres les sucede. 
Yo no sabía donde mirar, no tenía claro si con "algunas" se refería a las que lo hacían en pareja, a las jóvenes o saludables, o simplemente a las guarrillas.
-No te preocupes. El coito hace el mismo efecto que el masaje perineal, o incluso más, porque se hace más a gusto. 
 Mis compañeras volvían a estar ojipláticas.
-Pero... ¿es seguro tener relaciones durante el embarazo? 
Ahora la que estaba ojiplática era yo, porque para entonces estábamos más o menos de siete meses, y la pregunta implicaba que al menos alguna se los había pasado a dos velas.
-Siempre que os apetezca y el médico no os diga lo contrario, por supuesto. 
La monitora nos explicó entonces que el coito estimula la circulación sanguínea del feto, entrena al útero para las contracciones y además relaja mogollón. También nos dijo que según algunos estudios, las mujeres que mantienen una vida sexual activa hasta el final del embarazo tienen partos más rápidos y fáciles, se recuperan más rápido después, y sufren de menos depresión postparto.
Según esta monitora el sexo era la solución para casi todos las cosas que nos preocupaban del parto:
¿Se retrasa?
Sexo.
¿Tienes contracciones pero no con la frecuencia necesaria?
Sexo.
¿Tienes contracciones pero no dilatas?
Sexo.
Y así sucesivamente. La verdad es que me parecía muy raro que el sexo fuera parte de la solución cuando, para empezar, fue el sexo el que me metió en el problema, si no protesté fue porque me di cuenta de que en realidad esta teoría me convenía: ya tenía una excusa para seguir con la actividad sin sentirme una guarrilla.
No soy una guarrilla, no, no, no, yo lo que pasa es que le hago caso a la matrona porque soy muy obediente.
Mis compañeras no parecían muy convencidas, y creo que la monitora debió notarlo, porque terminó la clase con un:
-Y si no funciona, al menos que os quiten lo bailao.

Un par de días más tarde tuvimos clase con la matrona.
-Hoy vamos a hablar del parto. Decidme, ¿os preocupa? 
-No demasiado -dije-. Las mujeres de mi familia tienen fama de que más que parir los hijos se les caen.
-La facilidad para el parto no es hereditaria -dijo.
Desde mi punto de vista la matrona era un poco lerda. Se supone que las clases de preparación al parto están ahí para darnos tranquilidad y ánimo, no para preocuparnos más; si yo estoy tan feliz pensando que mi parto va a ser maravilloso, ¿para qué me quitas la ilusión, piltrafilla?
Aquel día no me sentí nada guarrilla; al menos no en el mismo sentido: más bien  me sentía un poco mierda.
Luego, cuando llegué a casa, empecé a darle vueltas.
Vale, la facilidad para el parto no es hereditaria...
Entonces, ¿porqué todo el mundo dice los mismo de mi abuela, mi madre, mi prima...?
Es mucha casualidad, ¿no?
Si el parto fácil no es hereditario, tiene que haber algo que tengan todas en común y que haya provocado esos partos fáciles.
 Esa noche, mientras, ejem, practicábamos el masaje perineal, se me encendió la bombilla, entre otras cosas.

Las mujeres que mantienen una vida sexual activa hasta el final del embarazo tienen partos más rápidos y fáciles...

había dicho la monitora.
¿Y si el secreto de las mujeres de mi familia es que son todas muy obedientes?
 Pero claro, no tenía forma de comprobarlo.

Más o menos por esas fechas empecé a tener contracciones a saco. Que sí, que sí, que son falsas contracciones de esas que no duelen (¡JA!)  y no significan nada, pero aún así en la siguiente visita el médico se lo comenté.
-No te preocupes, Lorz, es normal que tengas una o dos contracciones al día -me dijo.
-Es que no son una o dos. A veces tengo muchas y muy seguidas.
-Ya. Bueno, esto lo pueden provocar varios factores: deshidratación, golpes de calor, estrés... ¿has notado algo de esto? 
-No.
En realidad sí. Tenía mucha sed, pero bebía mucha agua. Hacía un calor espantoso, pero lo hacía todos los días, y no todos los días tenía contracciones. Y estaba estresada, sí, ¿y cuándo no?
-Otro factor desencadenante son las relaciones sexuales -continuó el médico.
Ostras...
Unos días más tarde iba de paseo con mi madre y me preguntó por las contracciones.
-Sí, todavía sigo teniendo...
-¿Lo has hablado con el médico? 
-Sí... bueno, al parecer puede ser porque ZaraJota™ y yo no paramos de darle al tema.
Mi madre empezó a reírse y se puso colorada.
-¿Que pasa?
-Nada, que cuando yo estaba embarazada tenía también un montón de contracciones. 

Comprobado: el parto fácil no se hereda, pero ser muy obediente, sí.





Pd: Como el karma es un h*j* de p*t* seguro que ahora tengo un parto larguísimo y espantoso, por lista.

14 agosto 2012

Lo del culo

-Tenemos que hacerte análisis otra vez -me dijo el obstetra cuando entré en el tercer trimestre del embarazo.
-¡Si ya me he hecho un montón! 
-Y ya que estamos te vamos a hacer un exudado vaginal. 
-¿Van a hacer que me sude el piticlín?
-Eh... no, no exactamente. Tú no te preocupes, cuando estés en la semana 35 te vienes una mañana y te lo hace la enfermera. 

Llegó la semana 35, y me fui una mañana a la consulta con un montón de volantes del médico. 
-Pasa a la otra sala que te hago los exudados -me dijo la enfermera después de sacarme sangre. 
-¿Los? ¿Más de uno? 
-Sí son dos: uno vaginal y otro rectal. 
Aquello no me sonó nada bien. Con esto del embarazo ya me he acostumbrado a que cualquier desconocido se tome libertades con mi vagina, y en la mayoría de los casos con mi madre y/o mi suegra y/o mi marido mirando. Esperaba que al menos mi recto pudiera conservar su dignidad.
Además, he leído lo bastante sobre extraterrestres como para que cualquier prueba médica que incluya al recto me haga sospechar que voy a acabar con un transmisor alien metido por el culo. 
-¿Y eso duele?
-El vaginal no duele nada. 
-¿Y el rectal?
-...
-Anda, anda, que tarde se me ha hecho... Será mejor que me vaya, y ya volveré otro día sí eso, ¿eh?
-No. Venga, quítate las braguitas y súbete a la camilla. Muy bien, ahora voy a introducir este bastoncillo por la vagina y frotarlo contra las paredes para tomar una muestra, ¿vale?
-¿Así, sin unas flores ni unas velitas ni un poco de magreo previo ni nada?
-Intenta relajarte. 
-¡Lo intento! ¡Para eso quiero las velitas!
-Ya está... ¿Ves cómo no ha sido nada?
-¿Ya me puedo ir?
-No ahora toca el exudado rectal. 
No voy a entrar en detalles, si queréis saber más volver a leer el trozo anterior cambiando "vagina" por "recto". El recto, por cierto, es el culo. Así que básicamente, un "exudado rectal" consiste en que te metan un palito por el culo y lo retuerzan. La verdad es que no duele tanto, es más la pérdida de dignidad y el escocimiento posterior. 
Cuando llegué a casa me llamó mi madre. 
-¿Que tal?
-¡Me han hecho un exudado rectal! 
-Anda ya, ¿y eso para qué? 
-Ni idea. 
-Desde luego, ya no saben como dar por culo...
Exactamente. 

10 agosto 2012

El momento Memento, parte IV

Previously in Lorz...
Otro hiper al que no puedo volver. 


¿Quién dijo que echaba de menos a las viej... ancianas?
 Salimos del hiper, pasamos por una cafetería para recuperar fuerzas, y después nos fuimos a la parada del autobús a esperar.
 -¿Cuánto falta? -pregunté a ZaraJota™

Línea: 34 
Destino: Cibeles 
Tiempo estimado: 9 minutos 

-No me j*d*s... 
Esperamos los nueve minutos mientras la parada se iba llenando de viej... ancianas, hasta que finalmente el autobús llegó... y pasó de largo sin parar.
-No puede ser, no puede ser, ¿seguro que ese era nuestro autobús? ¿No será que vienen dos seguidos?
-Voy a ver. 

 Línea: 34 
Destino: Cibeles 
Tiempo estimado: +20 minutos. 

-No puede ser...
Las viej... ancianas no estaban mucho más contentas.
-No tienen vergüenza. 
-Siempre estamos igual. 
-Cada vez ponen menos autobuses, pero para cobrar bien que se dan prisa. 
-Sí, y encima nos suben el billete. 
-La culpa es de los que roban. 
-Sí, de Zapatero. 
Esto es Zapatero que se levanta una buena mañana y dice, ¿qué hago hoy? Pues voy a hacer que el 34 se salte una parada, ya verás que risas.
-No, de Zapatero no: de todos. Todos son iguales. 
-Sí, sí, el de la barba también. 
El de la barba debe ser Rajoy. O puede que no. Aparentemente todavía no ha conseguido que la gente sea capaz de acordarse de su nombre. No se preocupe, señor Rajoy, de su madre si que nos acordamos.
-Y los peores, los catalanes. 
Así, en bloque, todos ellos, escondidos en sus masías con sus barretinas y conspirando secretamente para que el 34 llegue tarde. Miré a ZaraJota™, que había agachado la cabeza y empezaba a reírse por lo bajini.
Por favor no digas nada, le dije con las ondas esposa telepáticas.
No voy a decir nada, hay al menos una docena de viej... ancianas cabreadas, no quiero que me linchen, contestó telepáticamente.
-Esos son los peores, no hacen más que chupar del bote, y los madrileños a pagar. 
¡Malvados catalanes! ¡Venga a chupar del bote y ni ofrecen ni nada!
-Es que se creen que el dinero crece de debajo de las piedras, venga a pedir, venga a pedir... 
-Sí, vienen aquí a que se lo den todo... 
Ya no sabía si estaban hablando de Zapatero, de Rajoy, de los catalanes o de la reina de los mares.
-¡Y venga a tener hijos, venga a tener hijos!
Muy despacio me empecé a hacer una bolita, para protegerme la tripa en caso de que alguna viej... anciana intentara asesinar a mi bebé semicatalán no-nato.
-Esa es otra, que tienen hijos y espera que los mantengamos. 
 Yo creía que era al contrario, que teníamos hijos para que con el tiempo mantuvieran el sistema de pensiones por nosotros, aunque no tuve el valor de decirlo.
-Todos son iguales. 
 Resumiendo: Zapatero, Rajoy, los catalanes y los padres de familia estaban conspirando para que el 34 llegara tarde.
-Pues cuando llegue yo no pienso picar. 
-¡Eso, eso!
-Si el servicio es malo no tengo que pagarlo. 
-¡Eso, eso! 
-Así aprenderán. 
-¡Eso, eso! 
-Y si el conductor me dice algo, que llame al interventor, que le voy a decir cuatro frescas. 
-¡Eso, eso! 
ZaraJota™ y yo nos mirábamos de reojo. Sólo queríamos llegar a casa cuanto antes, y si teníamos que esperar a que viniera el autobús, la señora se amotinara, y viniera el interventor a poner paz no íbamos a llegar nunca a casa.
Vamos a morir aquí, le transmití por las ondas esposa.
 Sin duda alguna, contestó.
Veinte minutos de proclamas revolucionarias más tarde, llegó el autobús. ZaraJota™ y yo fuimos de los primeros en subir, nos fuimos al fondo, y miramos ansiosamente cómo se subían las viej... ancianas, en espera de que estallara el motín.
 Subieron dos o tres, y después le llegó el turno a la que decía que se iba a negar a pagar.
-Señora -le dijo el busero- no puede subir: ya llevo tres carros de la compra y el suyo sería el cuarto. Tendrá que esperar al siguiente. 
-Ah, vale, gracias. 
Y se bajó sin protestar.
Pues vaya chasco, jo.

04 agosto 2012

El momento Memento parte III

Previously in Lorz...
Mi suegra ha venido a verme unos días y ya no sé por dónde iba con la historia... Ah, sí...

Después de las contracciones y el encuentro interdimensional ZaraJota™ y yo pensamos que ya habíamos montado el número como para toda la semana y que nos podíamos arriesgar a salir a la calle sin mayor riesgo.
Errooooooor...
El sábado por la mañana nos fuimos al hiper más cercano a comprar comida para Arale-Chan. No estoy segura de si llegué a entrar en el hiper por mi propio pie. De pronto tenía calor y no veía nada y los oídos me hacían el mismo ruido que hacían las teles antiguas después de la carta de ajuste.
Oía a ZaraJota™ como si estuviera muy lejos.
-¡Ayuda! ¡Alguien! ¡Una silla o algo! 
Una chica con uniforme se le acercó.
-¿Y de dónde quieres que saque yo una silla?
Yo quería explicarle que detrás de la consigna hay un despacho y en el despacho hay dos sillas y un botiquín, pero no me salía la voz.
-¡Está embarazada y se va a caer al suelo! -gritaba ZaraJota™.
De alguna parte salió una silla, ZaraJota™ me dejó caer y empezó a abanicarme. En los últimos meses se ha vuelto un experto con el abanico, no veas el arte que tiene; a veces hasta me planteo comprarle una peineta.
Al rato empecé a darme cuenta de lo que había alrededor.
ZaraJota™ con el abanico...
Una dependienta con un puñado de caramelos...
El prosegur...
Media docena de viej...ancianas mirando...
Por suerte me encontraba demasiado mal para sentir vergüenza.
-Ya estoy bien, ya estoy bien.
-No estás bien, no hay más que ver la cara tan descompuesta que tienes -dijo el prosegur.
-Siempre tiene esa cara- explicó ZaraJota™. Ten maridos para esto.
-Yo voy a llamar al médico. 
Ese hiper es tan grande que tiene su propio médico en plantilla. Lo sé porque estuve trabajando en ese mismo hiper hace años, y el médico tuvo que remendarme más de una vez.
-No me coge el teléfono. 
He dicho que tienen un médico en plantilla, no que tenga que hacer nada útil.
-Voy a llamar al samur. 
-Ya estoy bien.
-Puede que tú estés bien -me dijo el prosegur-, pero, ¿y tu hijo?
¡¡¡CHA-CHA CHA CHAAAAAAAN!!!
El prosegur llamó al samur.
-Que ya vienen -y según lo estaba diciendo, apareció una pareja del samur por la puerta- ¡Ya están aquí!.
La pareja del samur pasó de largo.
-Eh! ¡Que es aquí! -gritó el prosegur, y salió corriendo detrás de ellos.
Al rato volvió, sólo.
-Que dicen que han venido a comprar, y que de todas formas no nos podrían atender porque no han recibido el aviso. 
Al parecer el samur no actúa sin aviso, así que si alguna vez vais a tener un infarto aseguraos de llamar con antelación, porque si no aunque te vean agonizando no hacen nada.
¿A que da mucha tranquilidad saberlo?
Seguimos esperando... yo ya me encontraba mejor, y estaba casi segura de que estaría bien del todo si en vez de estar en mitad del hiper en una silla con todo el mundo mirando estuviera en una cafetería bebiendo algo frío y zampándome una tapita o dos, pero el prosegur no me dejaba irme.
Entonces apareció el jefe del hiper, que no me reconoció, pero yo a él sí, porque era el mismo que había cuando yo trabajaba allí, y me ha debido firmar permisos de examen, cambios de turno y vacaciones como para aburrir a un tonto.
-¿Qué ha pasado?
-Una mujer embarazada, que se ha mareado. 
-Estoy delante, y estoy bien.
-He llamado al samur. 
-Lo único que necesito es comer algo...
-No podemos dejar que te levantes hasta estar seguros de que te encuentras bien. 
Me estaba empezando a encabronar de verdad.
Porque como ya he dicho, había trabajado en el este hiper antes.
Y porque una vez, años ha, me hice un corte en la pierna mientras trabajaba. Me dieron permiso para subir a la enfermería, a condición de que luego me quedara un rato más hasta terminar lo que estuviera haciendo. El médico me dio cuatro puntos, y me mandó de vuelta al trabajo, con las medias rotas y un zapato inundado de sangre, y encima tuve que quedarme media hora más para compensar el tiempo perdido.
-Sigues teniendo mala cara. ¿De cuánto estás?
-De siete meses.
-Ah, bueno, a esas alturas todas tenéis mala cara. 
-Gracias.
-Yo es que tengo tres hijos, ya sé cómo va esto. 
-Aix...
-Deberías inclinarte hacia un lado. 
-No voy a inclinarme a un lado, todavía soy capaz de caerme.
-Que sí, que sí, que las embarazadas tenéis una vena que se aprieta y os da mareos, pero te tumbas de lado y se te pasa. 
Bueno, más o menos. La vena cava la tenemos todos. Es verdad que durante el embarazo a veces recibe más presión de la que debe, la presión no deja pasar la sangre y eso provoca mareos, que se pasan enseguida si te tumbas sobre el costado izquierdo.
-Mi vena cava está bien, ha sido un mareo por el calor, sólo necesito desayunar.
-Que sí, que sí, que te inclines, ya verás que bien.
Así que allí estaba, en una silla en mitad del hiper, torcida como una vespa, rodeada de viej... ancianas mientras ZaraJota™ me abanicaba, cuando llegó la pareja del samur que sí había recibido el aviso.
La pareja del samur me tomó la tensión, el pulso y el pelo. Sobre todo me tomó el pelo, porque para entonces ya estaba perfectamente bien, y seguramente pensaron que era una loca histérica que les había llamado para nada.
-Todo está bien -me dijeron al final-. Lo único que necesitas es desayunar.
-Es lo que llevo diciendo una hora.
Me levanté, devolví la silla, di las gracias a todo el mundo y ya nos íbamos cuando volvió a aparecer el jefe.
-¿Dónde vas?
-A la cafetería.
-No, no puedes. 
Eso fue lo que me terminó de cabrear.
-¿Cómo que no puedo? ¿Que es esto, un secuestro? El samur dice que estoy bien y que sólo necesito desayunar. Estoy harta, tengo hambre, me voy a a ir a la cafetería y no me importa lo que me digáis.
-Está cerrada por reformas.  
Ya empezamos con la excusitas.



Continuará...